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“LA ESCLAVITUD DE LOS CHINOS EN EL PERU”* “The Chinese Bondage in Peru” es el titulo de una excelente monografia publicada por la Universidad de Duke; traducido al castellano significa “El cautiverio o la esclavitud de los chinos en el Pera”. La divulgacién en castellano del libro escrito por Watt Stewart, profesor de la Universidad de Duke, en la Revista Oriental, se realizé en los mimeros de 1954 bajo el titulo de “Inmigracién China en el Pert”. Quizds la palabra cautiverio 0 esclavitud ha sido considerada demasiado dura por el traductor, por lo que ha preferido usar inmigracién, que es mds suave. Pero el mérito de la obra, que por primera vez se da a conocer en castellano, radica en ayudar a iluminar hechos histéricos poco conocidos o piadosamente olvi- dados por nuestros estudiosos, algunos de los cuales, influenciados por determinados prejuicios, prefieren no tocar el problema de la esclavitud china en nuestra patria. Es impresionante el libro de Stewart en sus narraciones de los pa- decimientos de los infelices que eran embarcados en naves de vela que ” hacfan la carrera del puerto de Macao a nuestras costas; tales narra ciones se basan en documentos cuidadosamente estudiados. Pero esto no es lo fundamental; del estudio “The Chinese Bondage in Pert” surge una conclusién inevitable: la Megada del chino al Per fue un aporte valioso para el crecimiento de la poblacién peruana que a mediados del siglo pasado era de dos millones y se mantenfa semiestancada en su au- mento. Otro aspecto histérico que menciona es que los chinos trajeron el vicid del opio, pero se constata que los braceros del Celeste Imperio *Publicado en la revista Folllore Americano. Afio II, n. 2, octubre de 1954, pp. 161-168. Resefia del libro de Watt Stewart. Chinese Bondage in Peru. A History of the chinese coolie in Peru, 1849-1874. New York. Duke University Press, 1951. 260 Emilio Choy fueron de importancia decisiva en el desarrollo econémico del Peré que se encontraba en crisis por la falta de brazos, hecho que impedia que las haciendas costefias aumentasen el volumen de su produccién. Cuando César Antonio Ugarte sostenia en su “Bosquejo de‘Historia Econémica del Pera”, que lo que necesitabamos no eran “brazos”, sino “hombres” para fecundar la agricultura; este economista, a pesar de sus ideas liberales, e. taba desconociendo o negando la calidad de hombres a los esclavos; por eso los calificé de “brazos”. Histéricamente, la agricultura costefia fue fecunda en la colonia, Si se ignora los tremendos obstdculos impuestos por los intereses de la metrépoli y los del monopolio comercial limefio, nunca llegaremos a com- prender los esfuerzos de los agricultores para impulsar los cultivos a pesar de la competencia de los productos similares extranjeros. El Dr. P.M. Oliveira, en su tesis sobre “La Politica Econémica de la Metrépoli”, hacfa notar cémo se prohibié el cultivo de la vid y los sembrios de caiia. Bravo de Lagunas, en su Voto Consultivo, nos aclara cémo se unieron los importadores del trigo chileno y los navieros, con los panaderos para no adquirir la produceién de trigo local, por favorecer intereses fordneos. En este asunto del trigo anduvo metido hasta el virrey Abascal, poste- riormente, como sostuvo Riva Agiiero. No obstante tales impedimentos, la agricultura se desenvolvid con cierto éxito en la colonia. Esto ocurrié no por el sudor del trabajador blanco. Asi como la mita enriquecia a los mineros y a algunos hacendados ala vez que cimentaba las creaciones coloniales, el negro, con su esfuerzo, fue un factor importante en la agricultura de la costa. Sin el negro habrfan sido improductivas muchas explotaciones de azticar; el cultivo de los campos en donde el clima y la modalidad del trabajo presentaba demasiados inconvenientes al indio. Segiin el censo de 1812, habfan en el Peré unos 40 mil esclavos ne- gros. El precio méximo que se pagaba por cada uno era de 600 pesos. Esta suma constitufa una cantidad elevada para aquellos tiempos, pero se trataba de una buena inversién, porque se adquirfa un elemento in- dispensable para que las plantaciones dieran ganancias; no podia ser el espafiol 0 el mestizo el que hubiese fecundado la tierra con el esfuerzo de sus “brazos”. El negro aporté su contribucién; fue el hombre que hizo posible el desenvolvimiento de ciertos trabajos necesarios, de otra manera no se explicaria la recia oposicién que habfa de parte de los propietarios criollos en las Cortes de Cadiz, contra las medidas aboli- “La esclavitud de los chinos en el Peri” 261 cionistas propugnadas por los diputados que coincidfan con la campafia inglesa de prohibir el tréfico negrero y la esclavitud. Hay economistas que se preguntan si el trabajo que rendia el negro durante su vida valfa los 600 pesos que se pagaba por el esclavo. La respuesta nos la da José G. Paz Soldan en su alegato presentado a Mr. Pitt Adams, el 19 de enero de 1846. Por intermedio del canciller peruano hablaban 53 hacendados de los mas notables, tratando de conmover a} gobierno de Su Majestad. Aunque la memoria que presentaban no tenia carActer de oficial, se habfa utilizado un canal diplomético para solicitar la introduccién de algunos millares de esclavos para salvar la agricultura costefia de la crisis en que se encontraba. Los esclavos no se capturarian en Africa, se comprarfan en Nueva Granada, La marina inglesa impedia el trAfico negrero. El autor de la memoria escribfa: “Si la importacién de esclavos ascendiese a cuatro mil, cosa muy posible, rendirian seiscientos mil pesos anuales, que, en diez afios, serian seis millones, y en veinte, doce millones. {Y cual de las industrias presentes es capas de agregar al capital nacional una suma tan considerable?” Una simple operacién aritmética nos permite calcular que anualmente un esclavo rendia apro- ximadamente unos 150 pesos y en veinte afios, con el trato que recibia del hacendado, fécilmente produciria unos 3,000 pesos. Dejo a la ima ginacién de nuestros economistas deducir si el negro valfa los 600 pesos que se pagaba por su adquisicién. Volviendo a la demanda de los “53 hacendados”, parece que la can- cilleria britanica consideraba que nuestros hacendados no eran tan su- misos y “bondadosos” como los del Ecuador o el Brasil, paises con los que suscribié tratados para tolerar la introduccién de esclavos de otros lugares de América. Pero el fondo de la intransigencia briténica no obe- decfa a una sincera piedad por la suerte de los esclavos, al impedir eu ingreso en el Perd; la tolerancia de la city se med{a por la mayor o menor dominacién econémica que ejercfa en un pais. La ruina de la agricultura peruana parece que estaba dentro de los cAlculos de los ca- pitalistas ingleses y el camino més corto era impedir la entrada de los esclavos granadinos que demandaban los terratenientes costefios. Frente a los hacendados conservadores que propiciaban el tréfico ne- grero habfa otra corriente, la de los hacendados de tendencias liberales que habfan comparado la existencia de las ventajas de la liberacin, pero no habfan dejado de estudiar las desventajas. La forma como estaba organizada la produccién era esencialmente mercantilista; el mercado 262 Emilio Choy principal que atrafa las miradas de los hacendados era Europa. Pero las crisis econémicas que sacudian a los paises industriales, repercutian en la economfa peruana. Eran afios en que la baja cotizacién de los produc- tos conyertia al esclavo en improductivo, porque a un esclavo habia que mantenerlo en afios buenos y malos; era como una bestia que habfa que cuidar porque era un bien que se adquiria para toda la vida. Cuando ocurria una baja en los precios de las exportaciones, que determinaba hasta la paralizacién de una parte de la produccién agricola, la manu- tencién del esclavo se constitufa en un problema. En las faenas habfa que ser hasta tolerante con el negro. Si se cuidaba una mdquina de diffcil adquisicién, con mayor razén se debfa cuidar al esclavo porque ademés de ser su valor intr{nseco elevado, la tenaz persecucién inglesa contra el trdfico negrero, no permitia conseguir facilmente los repuestos de esclavos que demandaban los propietarios costefios. Los duefios de esclavos se deshicieron de sus bestias humanas ante el decreto de Castilla, que los declaraba libres. Acaso los propietarios dieron este memorable paso s6lo por el hecho de haber recibido del Go- bierno 8 millones de pesos por la manumisién proclamada el 5 de enero de 1854. Otra causa, también poderosa, fue la introduccién en el Peré de un elemento més favorable, més conveniente para la explotacién agricola de la costa, Ese elemento que vino a América con las esperanzas de aportar su condicién de hombre fue el “contratado” chino. Los enganchadores hacfan creer a los que deseaban emigrar, que si iban a trabajar como pe- ones, serfa durante una determinada cantidad de ajios, al fin de los cuales podrfan regresar 0 quedarse en el Perd, a trabajar por su cuenta. Pero por la forma inhumana en que fueron enganchados para ser retenidos, en las haciendas, viene la frase criolla tan conocida de “hacer el chino”, que tenia su equivalente en el idioma chino “Chui Chai Jac”, que quiere decir “chanchito viajero”. Para atraerlos cualquier medio era bueno, in- clusive el rapto. Bl gobierno peruano subvencionaba a los introductores de inmigrantes con la suma de 60 pesos que después fue rebajada a 30. Cuando los barcos legaban, los hacendados con desesperacién descono- cida “se abalanzaban” a disputarse los chinos sobrevivientes del largo viaje, que demoraba hasta cuatro meses. El porcentaje de fallecidos debido a las condiciones pavorosas de los barcos “chineros”, fluctuaba 1Dialecto cantonés.. “La esclavitud de los chinos en el Pert” 263 entre el 7 y el 30 por ciento de los “contratados”. Se les Hamaba “con- tratados” porque el precio que abonaba el hacendado era por ocho afios de servicios. Surge a este respecto la interrogante de que mas barato resultaba el esclavo negro, ya que se adquirfa para toda la vida. Pero es que el hacendado, en esos ocho afios, podfa hacer trabajar ilimitada- mente al contratado; y en tiempo de crisis era posible librarse de él, evitando su manutencién. Cuando terminaba el contrato, por lo general el “contratado” chino se habfa convertido en un guifiapo humano. Juan de Arona ardiente defensor de la inmigracién china, en su notable es- tudio La Inmigracién en el Perd, publicado en 1891, relata cémo eran adquiridos grupos de veinticinco hasta trescientos peones para ser envia~ dos a las haciendas, donde eran alojados en enormes galpones. El trato que recibfan era el mds duro, ya que su misién era reemplazar al esclavo negro. Si las condiciones de los barcos eran peores que las de la mds horrible cércel, la hacienda tampoco ofrecia un paraiso. Arona cuenta que los &grillos, la platina, el cepo, el ldtigo, no andaban bobos, como se dice, fuera del maltrato general que recibfan de sus inmediatos capataces, hombres de color los mds, y esclavos en su tiempo y manumisos més tarde. Ya se comprenderé la safia vengativa y el placer feroz con que esos manumisos 0 esclavos blandirian sobre el cuerpo ajeno el mismo létigo que tantas veces habia lacerado sus propias carnes. No hay tradicién de que un chino haya encontrado piedad en un hombre de color, contribuyendo también, en mucho, las preocupaciones religiosas, que firmemente hacian creer a los otros coloreados que los chinos no eran gente. Los negros en la esclavitud no tuvieron mas tiranos que los blancos; los chinos a los blancos y negros”. “En medio de este régimen depresivo y embrutecedor, el espfritu de la victima reaccionaba lentamente”; cortamos la descripcién tan vivida que hace Arona de la suerte del “contratado”. El romdntico Arona, sin embargo, describié pero no condené el sistema que transformé al hombre que venfa engafiado, en un esclavo. Si el negro abusé como verdugo fue por instigacién de los hacendados, que estimulaban, por conveniencia el odio de los negros contra los asidticos. Hasta los que no eran negros participaban de este odio tremendo que parece aumentar mas cuando el gobierno imperial de Pekin logré impedir, con el apoyo 264 Emilio Choy para no decir instigacién de la cancillerfa inglesa, que no continuara el sistema de emigracién, para Ienar la demanda de los hacendados que necesitaban “contratados”. El odio de los cholos y negros contra el chino tenfa un motivo a- Parente: se acusaba al intruso de ser el culpable de que no niejoraran de condicién econémica, porque la abundancia de inmigrantes introducfa una competencia inevitable, en la que el chino por su sobriedad resultaba al fin imponiéndose en muchas de las actividades, no sélo comerciales sino en oficios de lo mas diversos. Ahondando el error de este odio racial consiguieron ventajas quienes lo propiciaron. La agricultura arrojé magnificas ganancias con la llegada de los hijos del celeste imperio, la explotacién del guano se abaraté y la construccién de las formidables obras de penetracién ferrocarrileras de Meiggs también demandé peones chinos. Fue tal el volumen de la inmigracién china, que merece ser estudiado. Stewart en su obra, parece que no tuvo como fuente de informacidn el valioso cuadro que José Clavero publicé en el Tesoro Americano, Lima, 1896 (pag.68): Aiio de ‘Ton. de Chinos Muertos Valor Importacién Buques Registro embarcados en el mar en pesos De 1831 a 1840 7 49,560 3,538 561 De 1841 a 1850 40 30,610 20,120 2,100 De 1851 a 1860 95 72,100 48,502 545 De 1861 a 1869 92 65,600 43,320 1,236 De 1870 a 1874 93 70,394 46,100 3,047 En 43 aiios 327 288,264 161,670 7,889 4’500,000.00 Se puede calcular la suma aproximada de chinos que ingresaron al perdi, sélo hasta 1847, en 150 mil, deduciendo los fallecidos y los polix nesios que también vinieron. La introduccién de chinos se inicié, segin Clavero, por ley de 21 de diciembre de 1831, que autorizé a un grupo de comerciantes para formar la compaiiia Asidtica e introducir en el Pert individuos de esa procedencia. Los datos son consignados por Clavero sin dar mayores explicaciones. Pero volviendo al asunto central, nos preguntamos: jFue 0 no fue necesaria la corriente inmigratoria china? Explica Stewart que era im- posible esperar la Megada de una poderosa corriente inmigratoria de procedencia europea; més porvenir existfa en la Argentina, para no men- cionar Estados Unidos. El pasaje a estos paises no sélo costaba menou “La esciavitud de los chinos en el Peru” 265 al viajero que salfa para mejorar de situacién econémica, también habia que afiadir las penurias del largo recorrido por los mares meridionales hasta Hegar a las costas peruanas. Esto explica por qué los inmigrantes de origen europeo no se dirigieron al Pert durante varias décadas des- pués de la independencia. Otro inconveniente que seiiala el profesor norteamericano es la forma ya establecida de propiedad de la tierra: los mejores terrenos de la costa peruana tenian propietarios que no estaban dispuestos a venderlos. El inmigrante de Europa no iba a emprender una larga travesia, gastando una fuerte suma de dinero, para llegar a una hacienda y trabajar como un infeliz peén, pues para eso, mejores condiciones existfan en su pafs de origen. Habfa tierra sélidamente dis- tribuida; lo que faltaba eran peones para hacerla producir bien. Sélo la formidable contribucién humana que vino desde el puerto de Macao, hizo posible que los hacendados costefios pudieran renovar sus viejos equipos de la época colonial, e importar maquinaria moderna, hasta lograr acre- centar la produccién azucarera, la cual legé a dos millones de quintales con un valor de 12 millones de soles en 1875, suma que se consideré un récord no superado en el siglo pasado. Estos datos se encuentran en Ja Historia Econdémica del Pert: de Emilio Romero, pero sin explicarnos los factores que realmente determinaron tan pronunciado avance en la industrializacién y progreso de la agricultura. La fuerza humana, que ingresé en 1870 a 1874, fue de 46,000 contratados; una parte de ella se empleé en las obras ferrocarrileras de Meiggs, pero en su mayor parte fue el factor decisivo para establecer el récord de produccién a que nos hemos referido. Un economista tan leno de prejuicios raciales como Mario E. del Rio no pudo dejar de reconocer la importancia del bracero chino, en la vida nacional, cuando escribié: “esta desastrosa inmigracién (entre 1848 y 1874, ingresaron al pafs 87,393"), que no podemos dejar de lamar asf, no obstante haber contribuido, en parte, al auge material de la agricul- tura en los valles de la costa, durante algiin tiempo; y tener los chinos, individualmente juzgados, algunas virtudes domésticas, sentimientos hu- manitarios y despejada inteligencia”. Para el autor de La Inmigracion y su desarrollo en el Perd, lo desastroso no era tanto la inmigracién ni los abusos que se cometian con el bracero, ya que era importante para el “auge material”; lo que vefa con malos ojos era “el concepto, que, con ?Cifra inexacta porque fue mayor la cantidad de inmigrantes. 266 Emillo Choy rara uniformidad, existe respecto a dicha perniciosa inmigracién, desde los puntos de vista racial y ético”. Esta contradictoria forma de pensar que el chino, por sus cualidades, servia como “la tinica providencia para el solitario viajero que se interna en los inhospitalarios y desolados parajes, que tanto abundan en nuestro grande y desértico pafs y donde es su infeliz duefio —mu- chas veces el solo representante de la raza en esa comarca— el tinico que tiene voluntad y puede ofrecer, a cambio de unos cuan- tos céntimos, alguna bebida caliente, o brindar un poco de agua que mitigue la sed abrasadora de quien ha recorrido los caldeados arenales y médanos de la costa, o haga circular la sangre en el entumecido cuerpo dandole calor y volviéndole a la vida, después de una horrorosa jornada entre el viento helado, la tempestad y la nieve”; pero por su raza no servfa para integrarse en la nacionalidad. Este criterio no es de aparicién reciente, siempre el hombre calificé de “in- feriores” a los pueblos que oprimieron o dominaron, como ocurrié con algunos de los letrados de la conquista que no sdlo consideraron a los indios de raza inferior sino que pusieron en duda su condicién humana. Lo que lama Ia atencién es que los liberales, que hubieran podido humanizar la “contrata” de los chinos, no hicieron nada positivo para variar la condicién del “enganchado”. Sélo patrocinaron la inmigracién caudalosa para mejorar “la moribunda”, “la desfalleciente” agricultura del pafs. Pero si esta comprobacién, disminuye en parte el mérito de los liberales, no podemos dejar de reconocer que la postura que asumieron frente a los conservadores 0. monarquistas, como los denomina Bilbao, fue necesaria para los destinos nacionales. Estos tiltimos al insistir en el trAfico negrero y la esclavitud insistieron en la conservacién de un callején sin salida. La crisis de la agricultura en el aspecto de la falta de brazos, jamés la hubieran solucionado hombres de mentalidad esclavista, que no verfan el porvenir sino ligado a las viejas formas a que estaban acos- tumbrados hacia siglos. Por eso prohibieron la inmigracién china bajo el pretexto de que eran tratados en forma inhumana, con la ley del 17 de noviembre de 1853, de poca duracién. Echenique y Paz Sold4n no dero- gaban la introduccién de esclavos chinos por humanidad; prueba de ello es que el mismo José Gregorio Paz Soldan se habfa mostrado igualmente enérgico, anteriormente, en 1846, insistiendo ante el gobierno inglés por “La esclavitud de los chInos en el Peru” 267 la continuacién del tréfico negrero. El objeto de la ley del 17 de noviem- bre no significaba que quienes la decretaron fueran més liberales que los que acompafiaban a Castilla en esos momentos. En sus memorias, el gen- eral Echenique relata que la hacienda que habla adquirido era excelente, no solo por el terreno sino por su abundante esclavatura. La finalidad de la ley era la de perjudicar econémicamente a los capitalistas como Don Domingo Elias, conocido también como el “Hombre del Pueblo”, y a Don Juan Rodriguez e impedir la culminacién de los esfuerzos de los liberales como don Pedro y José Galvez y otros hombres enemigos de la esclavitud negra que trataban de abolir esta institucidn; y esa fi- nalidad Ja lograron al reemplazar la esclavitud con 1a introduccién en gran escala de los “contratados”. Don Domingo Elias, como burgués emprendedor, no sdlo tuvo en mente propiciar el aumento de su capital al beneficiarse con la importacién; comprendié las enormes ventajas de inmigracién de los esclavos por tiempo limitado, que venfan del Lejano Oriente. Inglaterra no iba a tolerar el tréfico negrero en el Pert pues las haciendas ain no estaban bajo su control; en cambio, en otros pafses, para proteger los intereses de los sitbditos de Su Majestad habja mas tolerancia o menos control. La agricultura peruana no podria depen- der més del trdfico de esclavos negros. En cierto modo “el hombre del pueblo” hacfa honor a su mote, al luchar hasta con métodos nuevos por contener la penetracién britdnica en la agricultura peruana, asumiendo la defensa de los intereses del propietario nacional. La esclavitud negra era cosa del pasado; los nuevos tiempos exigian nuevas modalidades de explotacién, y la solucién estaba en la introduccién de docenas de miles de chinos a cuya inmigracién Inglaterra no podia oponerse; aunque des- pués lo hizo precisamente cuando el gobierno peruano ofrecié mejorar las condiciones, dando otro trato al inmigrante chino. Insistimos en que el aspecto negativo de la inmigracién de esclavos de Asia fue el trato injusto que se le dio al inmigrante. Su contribucién, que pudo ser mayor, sin embargo, sirvié para contener la politica ex- tranguladora de los muy activos miembros de la cancillerfa de St. James. Inglaterra no sélo era la fragua del mundo, también ambicionaba poser, de hecho,,todo lo que le convenfa en el mundo. Mas, cual fue la contribucién del chino a la cultura peruana? Es indudable que no ejercié la influencia que tuvo la africana en la misica y coreografia nacionales; pero hay que considerar el constante aporte hu- mano del continente negro, durante cerca de tres siglos. La proporcién 268 Emilio Choy de negros alcanzé el 40 por ciento de la poblacién limefia,? en el siglo XVIII, por eso lo negro tuvo trascendencia innegable en la cultura y so- bre todo en el desarrollo econémico de la sociedad peruana. La influencia china no fue tan directa debido al menor tiempo que duré la inmigracién, comparandola con la africana; pero el aporte de un pueblo a la cultura no sélo se manifiesta a través de su miisica, sus cantos, sus leyendas, etc.; da también su contribucién al acelerar las diversas formas del desarrollo social, para que sobre éstas se estructuren modalidades culturales genui- nas y nuevas, y acaso es esto lo mds importante. Por algo los liberales clamaban por la inmigracién y Don Domingo Elfas reclamaba en especial la del Celeste Imperio, tanto que este punto fue una de las bases de su partido progresista en 1851.4 Serfamos injustos si midiéramos el interés personal de Elfas como causa exclusiva de la inmigracién china. Ella se debié igualmente a la insistencia del grupo o clase que representaba; este hombre con las limitaciones de su tiempo,® se valié de la esclavitud por ocho afios para superar la esclavitud permanente, poblar en parte el “de- sierto”, ala ven que impulsar la industria y la produccién agricola, base sobre la que podria desenvolverse con més posibilidades el capitalismo costefio y sus manifestaciones culturales, siempre tan debilitado por los poderosos intereses extranjeros a través de la historia. *Fernando Romero, “De la Zamba de Africa a la Marinera del Pent”, Actas del XXVII Congreso de Americanistas, Lima, 1939. ‘Basadre, Iniciacién de la Reptiblica y Peri: Problema y Posibilidad. *Garibaldi se hizo stibdito peruano y recibié el nombramiento de capitin de la marina mercante nacional. Parece que el famnoso liberal y héroe de la independencia italiana se dedicaba al trdfico del Peri con la costa china, Trabajada con la firma Denegri, a mediados del siglo XIX.

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