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ENSAYOS CRITICOS Viaje intelectual Migraciones y desplazamientos en América Latina (1880-1915) Beatriz Colombi SA CsPi AS Joa BEATRIZ VITERBO EDITORA Notas Carlos Ripoll aports interesantes datos sobre este tema, ademas de dos de Moore” en . eee Mien pr ei nu, Norm froiacas Jot Mant (163) “En ue Obes ae copaducenparcele fe un diacuanen gle de an Cayo Hoan ars 19640 900-088 "De envayer, onan vero de conjgaen Legal "Sabre la seal entre Marty Vitor Hage vate Saez Laén (1952) "El eerie dnpasad cam adit ee ecnene onl edit Tt noaaricana, Fray Sorvands Terns de Mir hace printer eadesén do ‘lanes ota aos parson, csand coat abjoy eo con Simin Rodrigue, cnsiga ano Bomoos que tne deer petmoren com Pradoro de io fo el lane Ghateavbrand ah come o asbeenove Présimo an New Yok a vneslano Peres Bona qu wad, ne ter toxin, “Bleue da Eagar Alan on Rn are Manuel Ugur oriqe Gomes Cari, abaaren con tradusars pre Garnier ots eta "Ward wad poss de Horst mero, Langa, Po y Meare aqui consideraré sdlo algunos de estos textos. Seeeee *Spvin allyhala de et rnin cme dunn enema de eau’ (Maly 1999) ever de tznados y velludos pechos rodean el yunque, cada une con tén todos en espera, un gran ealor proviens del fuego. Ds 3 proviene del fuego. Desde el ‘umbral esparcido de cenizas sige sus movimientos, in flexible diafanided de sus cinturas armoniza con sus rotundes brazos, levantan ritmicamente las rmazas, Ins levantan tan despacia, las levantan tan preciso, no so apresuran, cada hombre golpea en su punto.” La traducsiGn os is, ; Marti también traduee de Emerson "Gracias al mar espumante” que revela un mayor trabajo de correecion y pulid. 70 3. El relato como epigrama. Del Plata al Nidgara de Paul Groussac La condicién de escritor huésped en el Buenos Aires de ontresiglos le deparé a Groussac, antes que la marginacién, la més indiscutible de las centralidades. En el nimero homenaje que le brindé Nosotras en 1929, donde participaron muchas de Jas figuras més representativas del campo intelectual de los treinta, José Bianco lo llama ol organizador de nuestra vida intelectual. E] consenso (no exento de polémicas) sostenido por ‘gus contemporéneos declinara con el tiempo, hasta la reciente recuperacién y reflexién sobre su incidencia tanto en la consti. tucién de disciplinas —Ia critica literaria, la historiografia~ como en el perfil do la cultura nacional entre el fin de siglo y las primeras dos décadas del siglo XX." El “francais déraciné” -francés desarraigado, como solia de- signarse~ se instalé en una zona limite, adentro y afuera del sistema a un mismo tiempo, como participe y fiscalizador de ‘una operacién cultural en la que comprometié las pasiones que sélo las causas nacionales suelen coavocar. “Hombre de fron- tera” Jo Hlamé Alfonso Reyes, quien proporeioné una interpreta- ‘cién psicoanalitica de su condicién migrante fundada en dos traumas, el dela adolescencia que lo empujé al viaje y justifies esa “acritud de censor insobornable” y el “complejo de nostal- sia” de Francia, que lo acompaiié como una fastidiosa carga curante toda su larga vida. Migrante rara avis, version aggiornada del viajero conquistador europeo, Groussac desple- 6 multiples estrategias para consolidar la norma cultural fran- cesa como garantia de esa “empresa civilizadora” que se propu: 50 en su destino rioplatense. Sus intervenciones asentaron el Prestigio de lo que Hamé la “civilizacién latina’, que entré en Ln campo discursivo de disputas y contaminaciones con otras formaciones identitarias o metaforas culturales en el novecien. tos. El acercamiento a Paul Groussac en este capitulo busea establecer la articulacién entre sus textos de viaje y la proyec- cin de una versién del latinismo finisecular. Particularmente en Del Plata al Nidgara \as sociedades se le ofrecen como un gran desierto o un confuso bazar donde deposita una mirada orientalista desfasada en el espacio y en el tiempo. Uno de los, desprendimientos de este escrutinio es el diseurso calibanesco del cual se vuelve el primer adaptador y difusor. Sus figuracio- res determinan una de esas ficciones del viaje ~el poder de la de los espacios (Said 1990)- que operara de modo persuasivo sobre el imaginario de rarrativa viajera sobre la representaci Jos intelectuales hispancamericanos en el fin de siglo, Viaje intelectual Groussac equiparé al viaje con ia lectura, lo consideré una via para el conocimiento tan Uicita como el estudio y, como no rodia ser de otro modo, Ia préctica y el género no quedaron excluidos de sus intereses, mucho menos de su intervencién reflexiva, Era, por otra parte, un “método experimental” per se, ademas de ser un género que conjugaba la exactitud de la cien- cia y las bondades del arte, una modalidad casi hecha a su me- dida. Con ol titulo de El viaje intelectual. Impresiones de natu- raleza y arte, publicé dos series en 1904 y 1920, respectivamen- te. En ambos casos retine escritos de muy distinto cardcter y €poca. La primera serie consiste en articulos fechados entre 1884 y 1908, siendo la gran mayorfa de la déeada del 90. La segunda tiene procedencia mas diversa atin, desde Ins escritos en ocasién del viaje a Montevideo y Paris de 1883 ~que pueden leerse como una unidad- hasta el viaje a Iguazti de 1913*. Al previsible cambio de escenario geografico, se afiade el inespe- rado efecto de salto temporal y a éste se suma la sorprendente heterogencidad tomética. Estamos fren‘e al tipieo libro-misce lanea de fin de siglo que da cabida a articulos de prensa, conte Teneias y escritos inéditos, en una convivencia muchas vee forzada, compendiando estampas de escritores ilustres, espec- taculos naturales, pasajes autobiogrifizos, ensayos, interven- ciones pablicas, bibliogréficas y critica literaria El hecho no pasa desapercibido para Groussac. Por eso la justificacién de esta promiscuidad textual serd el eje de los pro- Jogos donde su autor salta del tolerante“muestrario” al impla- cable “eajén de sastre” para legar al conciliador “viaje intelec- tual’, Esta formula le permite acogerse al amparo de un género particularmente digresivo y metaférico, asi como usufructuar Jas ventajas de la distancia (el “viajero” siempre est afuera de la circunstaneia que contempla). El sintegma “viaje intelectual” remite también a una tradicién letrada a partir de la cual mu- chos eseritores pudieron no tan sélo transmitir sus “sensacio- nes’, o incidir en la transformacién de los diseursos sobre la representacién de las sociedades, sino tembién dar curso a una escritura de la memoria, que muchas veces se transforma en autobiografia intelectual. En el prefacio a Los que pasaban apunta que el relato de viaje, asi como la memoria y la carta, es lun género“necesariamente personal”, por eso aloja a un yo siem- 73 pre protagénico, enunciado que se ajusta al modo egotista con que Groussac describe los fenémenos: Le moi eat haissuble. Es cosa sabida; y también lo es quo, al formular su iguroso anatema, Pascal apuntabs a Montaigne en cuyos Essais (que nadie conocia ni admiraba mas que su censor), el yo retoza perdidamente. No debe busalse de was eentencia quo, tomada al pie de Ia lotea, eondenaria en globo (reso cuatro géneros literarios ~memorias, epistolas, relaciones de viaje, ete necesariamente personales y a los que debemos no pocas obras maestra (Grousene 2001: 43). Es asf que la puesta en escena de una trama autobiografica en El viaje intelectual (primera y segunda serie) permite acce- der a distintos momentos de su trayectoria intelectual. Desde el joven literato que vuelve a su Francia natal, hasta el aveza- do critieo que puede dictaminar sobre cualquier materia, na- cional o internacional. Estos dos momentos se superponen en la lectura donde el joven profetiza al viejo en el texto y el viejo le habla y corrige al joven en las notas a pie de pagina, El des- doblamiento entre texto y nota, entre el pasado de la escritura y el presente de la enmienda, fue una de las marcas mas distin tivas de su estilo, conduciendo a textos si no polifénicos, al me- nos, notablemente dialégicos entre mas de una temporalidad de] mismo sujeto. El procedimionto fue tan conscientemente narcisista que Groussac Iloga a preguntarse sobre la evidente fatuidad de su empleo en Los que pasaban: “zhabré realmente inmodestia en compararse una a sf mismo y cotejap su yo de hoy con el de ayer?” (Groussac 2001: 166). ‘Temporalidades simulténeas (hoy-ayer) asf como espaciali~ dades ubicuas (aqui-alla) definen al migrante, quien, segdn Abril ‘rigo, sufre siempre una fractura de identidad: “Toda migra. cin constituye, no obstante, una experiencia traumética de tipo acumulativo cuyos efectos, no siempre visibles, promueven una ‘crisis radical de la identidad’.” ('rigo 2000; 273). El egotismo de Groussac puede ser leido como una estrategia de afirmacién 4 de una identidad escindida, Pero no es la sicologia sino la teo- ria del determinismo el instramento tesrico del que se vale para analizar eu duelo de desprendimiento: He suftido, pues, la ley del medio; y acaso més intensamente que otros, habiendo necido y educddome en Francia, para sufrir, en pleno desarrollo, tan brusce trasplante y vauubiv de uluiefera. A la speraciu niempre delicad de ingerir en un cerebro adulto un nuevo instrumento verbal, se agregaba en ii caso a permanencia en un ambiente exatico, que no es el del tronco ni propia: monte o) del injerto, (Groussse 1904: 9), Tronco, injerto, trasplante, las metéforas provienen de las ciencias naturales que legitiman todo juicio que se precie de voraz y, a partir de cllas, Groussac traiuce cu desarraigo como una “perturbacién orgénica”, argumento central de su captatio benevolentiae, Enunciadas las “dificultades”, “dolores” y “aflic- ciones" predispone a su lector a ser indulgente con su “prosa francesa de emigrado”. También en el caso de la lengua aplica Ia doble perspectiva del joven y el adulto y los aos que sepa- ran la eseritura de la edicion de los textos le permite evaluar con satisfaceién los progresos: “Salvo algunos galicismos, mas gordos de los que ahora se me escapan -o cometo a sabiendas— veo que en lo principal, ya posefa entences todo el vocabulario castellano ~a la verdad no muy opulento~ que hoy me aleanza para el gasto” (Groussac 1920: XID. Desde el espanol rudimen. tario que aprende hacia 1870 entre vaseos y paisanos en lo que amo su “pasantia de ovejero” en San Antonio de Areco, “inicia- cidn algo somera en la elocuencia castellana” (Groussac 2001 53), hasta los primeros escritos en la “mnedia lengua” o “el cuasi castellano” de su Ensayo histérico sobre el Tucumdn (1882), para Megar, pasado los aiios y completada Ia instruccién, a las sui les anotaciones de fildlogo frente a los usos pronominales de los provincianos (inmigrantes) en la capital. Como cuando es- cucha a Nicolas Avellaneda y apunta; “quedé mucho tiempo 75 perplejo ante esa eeuacién de ti y vos” (Groussac 2001: 204), 0 cuando subraya en Sarmiento Ia mezcla continua de persona en singular y verbo en plural, “vgr., tt sois, te udis, ete. Solecis- mo en él inextirpable a pesar de vivir tantos afios en Chile, codedndose con Andrés Bello y sosteniendo con él polémicas literarias!” (Groussac 1920: 0). Groussac contaminé el espaiiol de matices, nuances, flexiones nuevas que le aportaron prestigio y hasta una cierta impuni- dad, como sefiala Ezequiel Martinez Estrada: “Toda su preocu- pacién la puso en crearse un instrumento de expresién irrepro- chable, que nadie pudiera quebrarle, porque era en defensa de su vulnerabilidad.” (Martinez Estrada 1967: 113). La lengua francesa le garantiza precisién, estilo y maleabilidad, caracte- risticas ausentes de la prosa espafiola finisecular que conside- ra aquejada de “floripondios*, “pompa ret6riea”, redundancia: “Bs la trompeta de bronce, estrepitosa y triunfal, empero sin escala cromatica” (Groussac 1925: XIX). Aboga por un “estilo argentino” que tienda a la “saneta simplicitas” y el pedido evi- dencia el otro procedimiento de autorizacién de su prosa ~la cita clasica. Su modelo es, podemos inferir, la clase de Renan analizando un pasaje de la Biblia en hebreo en la Ecole de France, Como el maestro francés, exhibe una erudicién filolégica que excede sobradamente la de su pubblico lector. ¥ es este exce- so lo que fe otorga también esa autoridad intelectual que facil a el autoritarismo. mente se desliza hai Visita a hombres ilustres, parodia y grand tour Para ocupar el lugar del viajero intelectual, Groussae des- autoriza a dos grandes escritores-viajeros del siglo KIX, Vietor Hugo y Sarmiento. Al primero, en “Vistas parisienses”, relato de la visita a Paris de 1883, ciudad donde permanece durante casi todo ese afio. Después de diecisiete afios de residencia en Ja Argentina, vuelve a Francia repitiendo, como tantos otros eseritores hispanoamericanos, la perogrinacién en busqueda de reconocimiento en otro espacio, que en su caso es, paraddjica. mente, el propio. En la huella de esta tradicién Groussac reali- za tres visitas, primero a su admirado Renan en el Colegio de Francia, luego a Edmont de Goncourt y por tiltimo a Vietor Hugo, pero en lugar del dios tutelar de su adolescencia literaria, en- cuentra an anciano somnoliento que se esfuerza por cumplir un burocratico ritual La verdadera raz del desgano, qu todos eaten y nade express, esque no ao haa sonido sine ofr al gue eal para levers y conserva como regu ave monoret palabras, Pero so hay auien se atreva» perturba Ia ‘ud yal paveer honda abtractn del macatrotactuurno ele ve por me IDentos dejo eer cus parpatos sobre a inclerta mira etando, 0 raon Teagshe mulenetio que an otremovere «sori peeibe un soni area indo on agin grayo, ure Incinnree a mecas cr vage ami de sera! sient Por stect def costumbre. asin noctnsonaiens, que sabe 9 ‘Mrnecimtente qued flan, se que td nee ane el promancinda ha Or Comtener una sfabanas;y por exo etal onto riculey chocente ealudnen forma saya fn ventora, (Groosne 1920-19), Como resultado, no obtiene una charla, ni siquiera en In media voz de la causerie, una palabra, una mirada de aproba cidn del gran vate, que muchos ya estimen muerto como dice al pasar, y coneluye “THe venido tarde, Bl gran poeta est muy vie- jo para maestro y yo también para diseipulo” (190: 125). Des morona en este relato, jocosamente irreverente, el “eulto hugolatrico", consumando algo mas que wn parricidio literario. Si el encuentro con el maestro era Ia convalidacion de una ca rrera y la sefial confirmatoria de una vecacién, 1a experiencia en el salon parisino le ofrece la contracara de esta promisoria expectativa. Inaugura, con Ia sutil parodia del encuentro, una redefinicién del protocolo del reconocimiento. Pero la ceremo- 7 nia perdurara de modo vicario en los monumentos. Unos afios después, en 1907, Ricardo Rojas visita la casa de Victor Hugo, un viejo edificie de Place des Vosges, convertido en sitio hist6ri- co por la Municipalidad de Paris. Como concurre un dia lunes, cuando todos Jos museos de la ciudad estan cerrados, tiene el privilegio del recorrido exclusivo guiado por la conserje, celosa guardiana de las objetos y del recuerdo del insigne eseritor. Si Rojas no obtiene el reconocimiento del maestro al menos se hace merecedor de la aprobacion de su cicerone, quien luego de un nutrido intercambio de datos y lecturas “empieza a tratarme como a un visitante digno de aquella casa” (Rojas 1908). En estos mismos afios Horacio Quiroga, Rubén Dario o Gémez Ca- rrillo comprobarén Jas falacias de la poregrinacion hacia el do- mine, una de las practicas mas persistentes del viaje letrado.* Groussac hace de otro viajero ~quizés el més ilustre en la tradicion nacional- el blanco de similar operacién en “Sarmiento en Montevideo” (Viaje intelectual, 1920). Su itinerario se sobre- imprime en varios puntos sobre el mapa del viajante de 1846, a quien encuentra casualmente en Montevideo, camino a Paris. Se trata de un Sarmiento achacado y sordo ~se dirfa, una anti- cipacién de Victor Hugo- al que reverencia y corrige, admira y remeda. Adquiere los Viajes en una libreria préxima al hotel, donde ha coincidido con el visitante argentino: “Compro el libro de los Viajes, menos sabido que el eterno Facundo, y, vuelto a mi cuarto, bien repantigado en ol sofa de esterilla, unico lujo de Ja vivienda, me pongo a releer los primeros capitulos. Son los que tienen, a mi ver, lo mas interesante del libro; y esto, no s6lo en razén de mis actuales circunstancias viajeras, sino porque alli escribié Sarmiento de lo que -exceptis excipiendis~ real- mente entendfa y sentia” (Groussac 1920: 8). Lee relajado y con evidente fruicién. Pero lee y corrige. Asi apunta que en la pri- mera edicién donde dice “baluartes*, debfa decir “bulevarderos”. 18 Mas adelante sefiala otras imprecisiones. La isla de Robinson Crusoe no era la isla de Mas afuera, sino la de Mas a tierra; ademas, Sarmiento confunde a Cook, que nunca estuvo allt, con Anson, La nota al pie funciona como lugar de creseendo ironico de la fe de errata, de modo que lo que se dice en clave de humor en el cuerpo del texto, se extrema en clave de escarnio en la nota: “Sarmiento, como su amigo Vicente F. Lépez, profes6 siem- pre el més soberano desdén por la exactitud, debido en parte a 1a falta de disciplina intelectual, pero mucho més, quizés, a un achaque de la raza” (Groussac 1920: 8), El viejo escritor argen- tino escapa a la precision y profesa todas las formas de la “inaccuracy”: del solecismo a la anfibologia, esto hace de su pros una extrafia combinacion de robustez y barbarismo, de “puris- mo remilgado” y “desenfreno churrigueresco”. Su genialidad es producto de motivos aleatorios: “En lo intelectual: un autodi- dacto, admirable escritor de instintiva espontaneidad, y educa- dor motu propio, con informacién rudimental, ocasional, en cuyo campo enmalezado brotan las intuiciones geniales junto a erto- res primarios y lagunas infantiles; un corebro tumultuoso cuya amplitud eaética remeda un ciclo cargado de espesos nubarro- nes, en que, a falta de la apacible luz solar, se eruzan deslum- brantes reldmpagos.” (1920: 7). El grupo argentino que acompafia a Sarmiento se propone una visita al Salpétriére montevideano para tener, desde su altura, una vista que promete ser excepcional de la ciudad. Camino al lugar, Groussac sefiala las discordancias entre re- cuerdo y escritura en su personaje: “A pesar de lo dificil que fuera a ratos oirle bien, por entre las ruidosas sacudidas del coche en el empedrado, no he dejado de comprobar de paso que algunas de sus reminiscencias actuales estan en contradiccion con las antiguas, consignadas en su litro de Viajes.” (1920: 20) Ataca precisamente aquello que convalida a cualquier viajero, 19 su memoria, Sarmiento vuelve a la escena de los hechos y cam- bia las versiones. Una vez alcanzada la terraza del edificio, ob- jetivo ultimo de la expedicién, Sarmiento permanece indiferen- te a la vista, nueva renuncia a su viejo papel: “Después de pa- sar una mirada distrafda y casi indiferente por Ia maravillosa perspectiva que ante nosotros se desenvolvia, volvié a bajar, solo, como habia subido” (1920: 26). Si el escritor esta sordo y un poco loco, e] viejo pasajero se ha vuelto insensible al pano- rama. Y es el momento del relato en que Groussac aprovecha para introducir “su pasaje”, lirieo, pietorico y pintoresco, digno representante de una “escritura artista’:“Era la hora en que el mar de lapislazuli se hincha blandamente a la brisa acari cindora, cual seno de mujer adormecida. La atmésfera, de elisea transparencia, perfila las naves ancladas en la rada”(1920: 26), Asestando su golpe de gracia al personaje, argumenta que Sar miento nunca fue un buen deseriptor ni paisajista, dates litera- rias negadas al que llama, en nota al pie, el “Chateaubriand cuyano”, Reparara més tarde la evidente exageracién de su re- trato de 1883, Bn el articulo que escribe en acasién de la muer- te de Sarmiento en septiembre de 1888 dira que es el represen. tative man del intelectual amerieano producto de “dos textos entreverados”, “la mitad de un genio, tinico ejemplar de su es: pecie en la historia patria” (1904 30), otore del baquiano y negindole | -andole las virtudes del rastreador. Como siempre valiéndose de la ambigtiedad del litote, pas mal. Del Plata al Niégara® Groussac viaja entre marzo de 1893 y enero de 1894 por Santiago de Chile, la costa del Pacifico, Lima, Colén, Belize, Panama, México, California, Utah, culminando su gira en la Exposicién Internacional de Chicago y una breve visita al 80 Niagara. Su itinerario coincide, en algunos puntos, con el de Miguel Cané de 1882 ~Colén, Panama, New York, el Nidgara~ que da origen a En viaje (1884), También como Cané hace de su relato de viaje un diagnéstico del continente, pero a diferencia de un cierto optimismo del argentino", tiene una mirada des peetiva, como un rigide inspector Je escuclas que examina a pobres esLablecimientos de frontera: Oh! jel espectieulo politice de esta América espanela, que acabo de atra resar y ya conozce casi én su conjunto, es sombrioy desalentador! Por todas partes eldesgobierno, ln estérilo sangrianta agitacion, la desenfeenada anar. quia con remitencias (sie) de despotism, la parodia del *sufragio popular" Te mentiea de las frases sonoras y huecas como campanas, los “sagrados de- rechos" de las mayorine compucstas de rebafos humanos que visten poncho ozarupe y tienen una tinaja de chicha o pulque por urna electoral, ~el eterno Sarcasmo y el excamoted de la efimera y vigésims Constitucién, (Growssac 1025: 20 Ciencia y conciencia de superioridad se conjugan haciendo de su excursién por los paises del sur un ejercicio mas de megalografia."' En el comienzo del relato emerge un viajero positivista que procura imponer al diseurso del viaje ~como lo hizo con Ia historia o la critica literaria—un método. Sus anota- ciones quieren apartarse de cualquier imputacién de subjetivi dad, por eso ge apoya en una reticula que oficia de contralor de cualquier juicio apurado: Je un breve resumen do datos y rasgos sigaificativos procuraré asen: tar un juicio hipotetico, uns conclusién previsioral, que someteré luego a 18 tontraprueba de mis observaciones sucenivas. Avaque fugaces y fragmenta: rina, éotns sordn reintivamente probantes si concusrdan coi la teoris. No creo (que exista otro métode para que la impresisn casi epentina del viajera que 90 tes simple descriptor, aleance alguna eficacia documentaris, (1925: 103 Durante toda la gira desde Chile a MSxico, y entrado en Los Bstados Unidos, el observador tendré actitudes de frendlogo ¥, 81 1 pesar de haber refutado en “Estigmas fisicos del genio” las teorias de Lombroso, puede recurrir a ellas siempre y cuando le sirvan para habilitar el juego satirico que caracteriza a su escritura. Los cuerpos tendran su propia elocuencia, sobre todo cuando se trata de otras razas, Por momentos la causticidad requiere una suspensién de Ia credulidad, eomo en Merida de Yucatan donde confirma la “ley transformista” de la adapta- cién de un érgano a su nueva funcidn. Lo hace al reparar que los aguadores Ilevan la carga en la frente en lugar de ha- cerlo en 1a espalda porque “No teniendo que emplearla en pen: sar, lo que seria una sinecura, la eabeza ha vuelto a ser para ellos una vértebra, como en su origen anatomieo” (1925: 153) La hipérbole busca la reaccion hilarante del lector antes que la “eficacia documentaria” del viajero. El procedimiento crea un efecto parodico tanto de lo observade como de 1a herramienta de vbservacion (el discurso de Ja ciencia) quedando ambos invali- dados. En estos momentos el positivista confronta con el satfri- co pero le cede, complacido, el lugar. La diceién mas earacteris- tica de este iltimo sera la perifra 8, que asistida de Ja urbani- dad y la elegancia, se hard cargo de las eontorsiones mas arbi- trarias del discurso. Las hipstesis tranquilizan, las tipologias conceden seriedad y peso al relato que apunta a destrabar el enigma det atraso ameri cano. Las jerarquias son otro modo de establecer un orden y sus- traerse a la fragilidad de las “impresiones” viajeras, asi Chile y ‘Argentina son “civilizaciones secundarias”, mientras México y Pert “civilizaciones primarias” ~como Rgipto y la India, Bu México se manifiesta el viajero-historiador que, Irustrado por la falta de v tigios del Mexico antiguo, se consuela diciendo que tampoco que~ daba mucho de Jerusalén cuando Chateaubriand 0 Lamartine la vieron surgir entre las mezquitas turcas, comparandose con aque los primeros viajeros-arquediogos y orientalistas, Hl paralelismo desliza una scercta eomplacencia: sentirse como ellos un ojo dis- 82 tante y jerdrquico autorizado para representar y juzgar la civili- zacidn diferente. * Una vez frente al trépico, el higienista y veedor de las sociedades atrasadas y débiles adopta el rol del viajero ex- tasiado, Pero a diferencia de Humboldt, a naturaleza no redime ni cambia sus argumentos respecto a América. Groussac repite la misma légica distributiva curocéntrica que habia asignado a Amé rica el beneficio de su naturaleza en desmedro de su cultura, En la adjetivacién se concentran las operaciones para desautorizar a las sociedades americanas; en ellas todoes advenedizo, artificial o postizo y el intelectual americano no escapa a la impugnacién.”” Su argumento para desprestigiar a este sector ~al que describe con notable iniquidad- radicard en la imitacion, la falta de origi nalidad y el cardeter epigonal, Un viajero (agente) francés en Porespolis David Vitias sefiala que Groussae asume un punto de obs vacién fluctuante y # la vez distante, la ventanilla del tren en to, que Le provee “lateralidad” y posibilidad de “espio- naje” y “curiosee ironico”. Creo que esta mirada no es exclusi- vamente un fisgoneo indiscreto para alimentar su ya excedida ironfa. Toda Heva a pensar qu “agente frances” en busca de evidencias domesticas o publicas para sostener el esta aparentemente protegido por el vidrio, el mirador esta le e Groussac se comporta como un “disc 10 latino”, Y si su lugar de observacion jos de ser aséptico, por el contrario, el tren resulta un espacio, especular de lo que encuentra del otre lado: “Cuando, por ejem- plo, el sirviente negro bebe en nuestros vasos, se zambulle en nuestro Javabo y concluye su horripilante toilette a nuestra vista y paciencia, siento en mi epidermis el roce brutal de tanta de- moeracia” (1925: 258). Para su disgus:o, la democracia no pus de ser examinada sin contaminarse con ella, Desile el camarote 83 husmea el interior de la casa del jefe de estacién y a través de las cortinas de muselina descubre algunas de las recénditas virtudes nacionales: el orden y el aseo, Luego agregaré otras como la solidaridad y la fraternidad. Pero no muchas mas a lo largo de ocho meses y doscientas setenta paginas. Su relato, insensible a ewalquier opinién sopesada y tentado en todo mo. mento por la moquerie, s¢ acerca al tono de Pobre Bégica de Baudelaire, donde el viaje es entendido como un ojercicio del agravio. Detengémonos un momento en el significado del evento al que concurre Groussae. La World's Columbian Exposition fu la conmemoraein mas importante del descubrimiento de Am rica en el continonte y Ia mas grande feria internacional del siglo desde la inauguracin del Crystal Palace de Londres en 1851. Habfa sido pensada como una celebracién de la civiliza- cidn norteamericana y convalidacién de su nuevo liderazgo mundial en cultura, comercio y tecnologia, De mayo a octubre de 1893 alojé a mas de veintisiete millones de visitantes que tomaron contacto con los nuevos avances tecnolégicos, en par- ticular la electricidad, el teléfono, el fondgrafo y el cine. A par- tir del énfasis otorgado a las artes en todas sus manifestacio: nes, con importantes exhibiciones de pintores americanos » europeos, los organizadores impulsaban la consigna de una nueva América en paridad con Europa. Bl slogan progreso con refinamiento fue impuesto por los voceros oficiales de la feria y reproducido por todos los poriédicos y comentaristas de la épo- ca. Con la exeopeién de Groussac que se dedica a contradecitlo sistematicamente en su visita, y ni siquiera hace Ia mas mfni- ‘ma mencién al celebrado pintor americano de la época, el retra- ade tista de Ia burguesia americana, Jobn Singer Sargent. v las principales atracciones culturales del evento. Podriamos, inclusive, inferir que el discurso calibanesco que aqui se preci- pita ~su retérica de la confrontacién, sus argumetos ignoran- 84 tes de cualquier medida en Ja afrenta~ nace como respuesta a Ia explosién nacionalista norteamericana de 1893 La metéfora predilecta del pa(s es el mamut: “Mammoth’ os el simbolo yanqui de la magnificencia, de la grandeza, de la belleza natural y artistica” (1925: 318), La prosopopeya animal, se sabe, es una de las constantes del discurso orientalista, Flaubert compara a los srabes con monos en sus Cartas del viaje a Oriente (1849-1851), otro tanto hace Kipling con los ja- poneses en su Viaje al Japén (1889). Pero en Groussac importa més la magnitud que la analogia zoolézica y el gigantismo seré el topico articulador de todas las percepciones: “Todo es aqui excesivo, recargado, desproporcionado” (1925: 337), las sequoias giganteseas del Yosemite Valley, el Yellowstone Park, el Niagara, el Capitolio de Washington, el Auditorium, George Simmel sos tiene que toda impresién estética esta determinada por dos fac- tores, Ia forma y la magnitud. La medida tiene la capacidad de alterar la forma, ya sea por la magnificacién 0 minimizacién del objeto e incide en el valor estético que asignemos a lo con templado o representado. En el paisaje alpino la significacién reposa mas en Ia magnitud que en la forma, ya que de esta propiedad deriva su carécter trascendente, su capacidad de simbolizacién y el sentimiento de liberacién que proporciona (Simmel no alude a lo sublime, pero esté implicito en ostas atri- buciones)."® Pero la magnitud, como toéa alteracion de las pro: poreiones, puede tener también otras connotaciones. El gigan- tismo es una figura comtin a muchos de los relatos sobre Esta dos Unidos desde mediados del XIX. Sarmiento observé la di- mensién fuera de escala de los “hoteles monstruos”, como el San Carlos, que llegé a comparar a los falansterios, como un programa social utépico en espontinea realizacién. Con todo, en Sarmiento el gigante nunca es cfelope ni monstruo amena- zante: “No es aquel cuerpo social un ser deforme, monstruc de las especies conocidas, sino como un animal nuevo producido por la creacion politica, extrafio como aquellos megaterios cu yos huesos se presentan aun sobre la superficie de la tierra” (Sarmiento 1993; 290). Eu Groussac, en cambio, el gigantismo se relaciona con el escaso nulo valor estético que encuentra en los Estados Unidos, por eso impone a su representacién las variahles de la percepeién del objeto kisteh (que opera, como sefiala Abraham Moles, con la alteracién de los tamafos). En Groussac la magnitud se relaciona con lo informe y grotesco, lo “incompleto, insuficiente y grosero” (1925: 302), también con lo barbaro o salvaje, por eso encontrara ta sistematizaci6n de to- das estas constantes en la imagen de Caliban. Rubén Dario se vale del mismo repertorio figurative en textos como "Edgar Allan Poo” o “El triunfo de Caliban", tema sobre el que volveremos en el préximo capitulo. Por su parte, Justo Sierra diré que es el pais de las “hiperbélicas dimensiones” y todo le resultard enor- ‘me o colosal, en particular, durante su inspeccion del Capitolio en Washington. Si bien Marti no acude explicitamente a esta convencién la inclusion de los “gigantes” al comienzo de Nues- tra América es una asociacién con estas representaciones, pero en su caso la magnitud no es torpeza estética sino peligro poli- tico. O amenaza de hegemonia econdmica: “B} monopolio es un gigante negro” (Marti 1964 X: 84-85). Si el gigantismo atenta contra la proportio, la mezcla desa- fia la dispositio, 1.a ciudad es un “carnaval arquitecténico” don- de se suceden columnas y capiteles base romanica, cuerpo medieval, copula Renacimiento- plagios y “rapsodias” de fer mulas extranjeras, que en su conjunto asemejan un “volaptik de la arquitectura” (1926: 340-341)."" El escandalo arquitects- nico es reprodueido en ese doble de la ciudad que es la White City, el predio de la feria. “La ciudad expliea la Exposicion esta completada por ella, constitnyendo el conjunto un retra- to tan fiel y el resumen esquematico tan exacto de los Estados Unidos actuales, que aquello compendia, si no suple, el exa- 86 men directo del resto del pais.” (1925: 916), Lo “real” y lo “impostado" no ofrecen diferencias, sino que pueden integrar una misma serie, donde las similitudes entre feria, ciudad y pais rovelan un vértigo de copias y reproducciones al infinite. En El viaje imposible Marc Auge sostiene que el parque tema tico y el turismo producen un efecto du "sobrerrealidad” (de representaciones sobre representaciones) que desrealizan 10 real (Augé 1998: 23-32). Groussae sugiere algo semejante en su gira: conociendo la feria de Chicago, “r% sumen” del pais, se hace innecesario el viaje por su territorio, Desealifica asi su objeto que deja de tener cualquier interés para el viajera en busca de la autenticidad. Como un moderno etaclogo contun dido en una selva de signos inconsistentes sélo encuentra en su viaje psudo-lagares." Groussac lee en la cultura norteamerieana todas | ehales del raté, esa figura advenediza de las Jetras a la que tantas veces recurrié en sus bibliograficas. Los norteams perpetuos epigonos: “Bn tas bellas artes son imitadores déciles, meritorios algunos, desgraciados lus mas, todos subalternos. La demacracia igualadora en el orden intelectual produce la uni- forme mediocridad.” (1925: 823). La democracia igualadora solo puede redundar en un dispositivo de reproduccién y copia Fenimore Cooper de Walter Scott, William Prescott de Barante, Hawthorne de Hoffmann. Ni siquiera los presuntamente origi naies como Edgar Allan Poc y Kalph W. Emerson pueden esgrimirse como ejemplos de independencia cultural. La for mula de reduceién consiste en t americanas y europeas haciendo reeaer sobre las primeras el peso de una ironia como efecto de lu (pretendida) despropor- cin entre uno y otro término. Sarmiento viajero es el “Chateau- briand cuyano”, Bello estilista es e) “Boileau venezolano” y Emerson “una suerte de Carlyle americano, icanos son paralelos entre figuras in el estilo aguido ni la prodigiosa visisn histériea del escocés” (1925: 431). Aun: 87 que se ve obligado a admitir: “Algunos modernos, para salir de la huella imitativa, han dado un brusco tirén hacia el monte Jn originalidad yanqui revienta en el enorme balbuceo tupido, de Walt Whitman o el clawnismo humoristico de Mark Twain. (1925: 452). No obstante, el elogio queda neutralizade ya que in parecer favorable puede embozar una eritica 6 un oximoron encubrir una acusacién, formas que obedecen a ese “ritual del juego satirico” que sefialara Borges." Del Plota al Nidgara adop- ta la forma de un gigantesco epigrama con recovecos donde se alojan el oximoron, la ironia, el sareasmo, la atenuacién, Ja alu- n, Ia hipérbole, el pastiche satirico. La diltima excursién de la gira es al Niagara, Groussac rea. liza Ia visita no sin antes desdoblarse en nuevos sujetos, el tu rista snob y el viajero eritico que se disputan distintas aprecia- ciones del espectaculo: “En lugar de correr derechamente « Nueva York, vuelvo sobre mis pasos: luego de una larga dispu: ta entre mis dos yo, ~el viajero un poco ‘snob’ en busca de ‘im: presiones’ cepcidn. Este se declara vencido: jvoy a visitar las Niagara!” (1925: 346). Este punto del viaje a los Estados Uni dos se vuelve tin ritual de pasaje con diversas respuestas por parte de los visitantes, ya que, casi sin excepcién, no hay relato dol siglo XIX que no Io incluya. Sarmiento, Eduarda Mansilla, Miguel Cané, Paul Groussac, Justo Sierra, entre otros, oftecen distintas versiones de un mismp tema como intérpretes virtuo- | critico avisado que de antemano prevé una de- itaratas del sos de una pieza consagrada, que en poesia tendra también su exprosion, desde la Oda al Nicigara (1824) del cubano José Mar Heredia (1803-1839) al Poema al Nidgara (1882) del venezola- no José Antonio Pérez Bonalde (1846-1892). Sarmiento se ex- pone al vacfo de la caida enfundado en su capa de goma y cali- fica a la experiencia de “sublime”, un t6pico del viaje romantic que la modernidad ira erosionando. Eduarda Mansilla se abs- tione, temiendo desbocar su corazdn propenso al vértigo emo- 88 cional y prefiere la contemplacién, en el lobby del hotel, del cua dro que reproduce la catarata, con el trasfondo del estruendo amortiguado por los vidrios. Justo Sierra presiente Ia melanco- lia de la desilusion, aunque una vez en el mirador Ilegue al Itmite de la alucinacién que se prolongard como una borrache. ra, Groussac intenta un desvio sacralizador: la visita noeturna. Como un pintor impresionista, sorprende a las eataratas en su hora mas secreta. Como el mas romantico de los escritores, cli ge la noche (cita a Chateaubriand y su Voyage en Amerique). De este modo, e! retato puede finalizar con el tono alte de una au tenticidad recuperada luego de tanta profanacién democratica Coda. Los encuentros La logiea del camino, que constituye un azar como cual quier otro, hizo que el viajera francés y el corresponsal de La Nacién se encontraran, como suelen racerlo los viajeros de ley. en uno de esos eruces del itinerario, cuarto de hotel 0 es quina tumultuosa de una gran ciudad. Bn 1893 Paul Groussac y José Marté comparten una jornada en Washington que re. parten entre visitas a los monumentos capitalinos y al museo del banquero Corcoran, la Coreoran Gallery. Asi evoca Groussac este momento Visité In galeria Corcoran can ese pobre iluminado de José Marti. entance lean de brins @ ilusiones emaneipadoras, y que habia de caer esterilmente. un nivo despuds, bajo una de aeas balas anonimas que tanto despreciaba. ¥ In triste memoria evoca a otra mas triste aun, que parn mi se adhiore indetobla ‘los alrededores tan pintorescs y apacibles del distrite Federal. (1925: 364 Seguramente ambos pesarian las palabras y los juicios para no entrar en el penoso tramite de la di usin, Es probable que 89 no tocasen los temas que los podrfan enfrentar. Como la “civili- zacion manvut”, por ejemplo, wje de la mirada de Groussac. Marti habia acudido a la misma metafora, imprimiéndole otro senti do, en su cronica del puente de Brooklyn, al com:parar las pare- des de cuerdas del puente con la huella dejada por la dentada de un mamut en una montatia (“este puente colgante de Brook- lyn, entre cuyas paredes altisinas de cuerdas de alambre sus- pensas ~como de diente de un mamooth que hubiera podido de una hozada desquiciar un monte”), Tampoco hablarian de la reciente Exposicién Colombina de Chicago. Pocos anos antes Marti habia escrito una croniea memorable de La Exposieién de Ganado de 1887 en Madison Square, donde hizo la apologia de esta industria en todas sus etapas convirtiéndola en el eje de la riqueza nacional ~de hecho la economia americana estaba sus- tituyendo la base agraria por la ganadero-industrial, fenémeno que se afirmé con la Exposicién de 1893. Marti establecié ana- logias entre las reses del Madison Square y los bueyos homéricos y comparé el toro campeon del evento, Pedro, con Apis, el buey Sagrado de los antiguos egipcios. Quizas vislumbraba la posibi- lidad de una industria moderna que no destruyese la cultura estétiea, cifrada aqui en las citas literarias e histricas que ar- man una red metaforica contrastante con las referidas a Chicago ~ventro de la faena ganadera~ como “poredpolis” o “ciudad ma- tadero” elegidas por Groussac, Sierra o Dario, Del narigon lo llevaba el zagal, por una vara enganchada en Jas argolas, seguide de sz hembras, El, corpulento, impetuose, dure al palo: elias peque: Das. adlamadas, mansas, cote traidas a tierra por el peso de las ubres. Mi cabeceaba, parecia hender con la pezufa la tierra cada vex que asentaba el paso elastica. La eabezs pequeda, el cuerno poco, la mirada sanguinosa, alta Tn eru, el fom ondeado, Ia grapa baja y eaida, parecia digao Pedro, come los taros Apis, de las danzas ardientes en que se ofrecian a la vista de la divinidad pujante las donceltas; los perfumes del temple merecian su hermosura: et lis ‘astas y lomos le hubieran eatado bien las guirnaldas de lores. ("Gran exposi- ‘ign de ganado" LN, 2/07/1887, 1954 XII: 490, 90 Con todas estas virtuales exclusiones, pocos temas no polémicos quedarian entre estos dos extranjeras que paseaban por la amable y soleada planicie de Washington. Lo mas proba ble es que hablasen de la crdnica sobre la inauguracién de la Estatua de la Libertad que Groussac habia vertide al francés, Quizds solo discutiesen sobre la escasa fidelidad de las pala- bras, sobre los riesgoa de la traduccidn, tema del que ambos sabian bastante v1 Notas " Algunos de estos testimonios dicen: “Growssae ha side ereador en nuestra pais de Ia ertiea cientifien” (Ramén J, Carenno, 22), “Groussae nos ha enseha do. constivir ta aba hishiriea” Juve Luis Rowres0,207),"le Peunsin educa ‘abe nos presents en este trabajador serio y s6lido, que nos ensets las prime- ‘ras nociones del métada” (Alberto Gerchtinoff, 62) “Le ha incumbide a un ex: teanjero Ia taren de organiear nvestra vida intelectual” (Joe6 Bianco, 81). Ba cl numero también colaboran Jarge Luis Berges, Alejandre Korn, Ricardo Levene, Alfonso Reyes, Raberto Giusti, entre otras, Nosotros. a, XXIL, n, LXV. 1929. Tambien la revista Siatesia, Artes, Ciencias y Leras, a IH, p. 27,1929, e Aeieo arciculos de Juan Canter, Narciso Binaviin y Amado Alonso * Vanse Ricardo Piglia Crition » Bieewsn (1990), Miguel Vitagliano “Paul Grousene y Ricardo Rojas 0 el lugar de los intoloctuales" (1998), Miguel Dalamaroni "Literacura y Estado iPayré. Groussse, Lugones)” (2000), Alejan- ‘les Bujanian “Estadio preliminar’ a Los que pasaban (2001) y "Paul Groussac wl eritiea historiograiea” :2003) Alejando Eujaninn sefala que Is elaboracign de au autoimagen responde a 1s eonjuncién de marginalidad y emnipresencia, yaradoja que define muy bien su estratagia de ineorporacién al medio extranjero (Eujanian 2003) " Alfonso Reyes, “El seereto dolor de Groussae” (Nasotrox 1928: 208.208), *Bntre una y otra serie se ubica la gira de 1898 que da lugar a Del Plata al Migara, isste participa en «nn pelémica sobre el idioma nacional en 18919 frente a las propuestas “eriollistas” su posicion sera eonservar la lengua o5pa- ola, tradicién viva de la raza ~concepto ligado al pensamiento de Renan-, pero apartindose del uso literario a la nianera espafola, Véase el andlisis de ‘esta polemiea en Arturo Costa Alvarez, "“Groussac y Ia lengua” Wosorros 1929: 119-138), Reunido en Viaje intelectual. Segunda serie (1920), “Bin fos relatos dle viaje del siglo XX una de las msds memorables entzevis tas es la de Paul Theroox a Jorge Luis Berges, "El subterraneo de Buenos Aires" (Theroux: 1981: 311-223), Las notas aparecieron originariamente en Lo Nacivn, La Biblioteca y Le Courrier de La Plata y fweron recopiadas en libro en 1897. Bn una “Notice bibliographique’ eserita en mayo de 1924, donde se reeonoee como “eseritor francés ¢ hispanoamericano’, seialaba que cate libro era considerado "a los jos de alunos, como su mejor obra” (Benards 1998: 97), 92 4S "-Recibimos un munda nuevo, birbaro, despedtede, sin el menor sintoma do organizacin nacional jmirese la América de hey, cuentense los centenares ide millares de extranjeros que viven falices en su suolo, nuestra industria, 1a texplotacién de nuestras riquezas, el refinamiente de nuestro gustos, las for mas definitivas de nuestro organisino politics, y digasenos qué pedazo del mundo ha hecho una evolucién semejante en media siglo” (Cané 1996: 14-15) "Bl desplazasniente « eontrapelo de las propusstas de Groussac. al menos pace los paises del sue ea Ia gita de Manel Ugarte de 1911-1913, evocnda en FET destino de wn contenente (1923) donde uno de lus propdsitos eeatrales sers la refutacin de Ins teorias raciales, También José Vaseancelos en el marco de su gira per Beasil y Argentina reunida ex Le raza eosmtea (1825), confronta homénalmente el darwinisme soctal y el pensamieato positivista, no obstante, ferinina exgrimiendo un mestizaje con restriccienes, sustentando una teoria biologista de Ia “eugenesin estétien", para conformar une raza edsmics que tendria su asiento en América: "Las tipos bajos deta especie serin absorbidos por el tipo superior. De ests suerte podria redimirse, por ejemplo, el negro. y poco a poeo, por extincidn veluntaria, las antirpes mda fens iran cediendo el pniso @ las ms hermosas.” Vaseoncelos 1980: 31), "in ais resefin sobre Def Plata al Nidgara, Manuel Lines sefala esta simotria, buseada por Groussae y neeptada por sus lectores y evidentemente, también por au critica) "Ni Larroument ni Deschamps, cuyos libros similares, porun aeaso feliz, fenemas ala mano, han puesto tanto de sf mismo al servicio the Ia observacion recopida sabre el terreno, en sus viajes por los camings de [Asia y los vorieuotos det Levante, como Groussae visitando estas tierras ca- fientes y desoladas de Ins costas de esa Siria americana y de los paises calet- pnados det Pacifica, plantados asf como un problesa de estilo al viajera Litera tia?” Bn EI Diarvy, Buenos Aires, 20 de noviembre de 1987. © Sostione en Los gue porohan: "En aquel en:onces (1860), la actitud del Intelecto argentino, asi en el arte y In ciencia como on Ins aplicaciones practi- casera (rancamente discipular. (,Habré mocha diferencia con la presente, n9 Siendo que hoy se disimula o disfraza lo que entences se confesaba ingenus. tnente?y, (Grousene 2001: 210) "S Ew "Groussae: Ins ironies y los privilegios” Via lo earactoriza como un “turista sefiorial” consustanciado con los valores ie los gentleman del 80 (Vi fast998) La Warle’s Columbian Exposition es consderada como un hito de 1a modernizacion de Estados Unidas en el fin de In Gilded Age. Véase Robert W. Hydell (1841 AU! the World's A Fair: Visions of Empire at American International Expositions, 1876-1916, Chieago, University of Chicago Press y Alan Trachtenberg (1982) Te Incorporation of America: Culture and Society inv the Gilded Aye, NY, TE & Wang. ‘Ling Alpes" (Simmel 1988 125-183) 93. -Tenemos ~dicen teas Ins cusas mis grandes del mundo!” en efecto, ‘estamos alli en ef pais de Brobdingnig: tienen el Niagara, el puence de Brooklyn, la estatua de ia Lihertad, loa cubes de vesnte pinos, el eaten de dinainita, Vanderbilt, Gould, sus diaries y sus pate.” (Dario 1998; 482), "s Justo Sierra, visitante de Chieago corcluida la Bxposicign, bara obser vaviones semejantes eespecto al porpourrt arquiteeténico, la falta de estilo y In sordides de In ciudad-matadero:"#ra claro que entrabamos en una inmensa viscera. en uaa formidable entrasia de uno de joa tees o cuatre euorpos quo en tl erden econdmica componen la Union; Chicago no es un cerebro. ni un eora- 26n, e8 un estomage a cosa asi turbio, fro, incoloro, compuesto de mass de Construcciones toveas sin In meno? intencida estétiea, pero grandisimss. pero defarmas, aquella ciudad que tiene dos tercios de siglo de edad, me hizo el bleeto de una Nueva York deseascarada de todo estilo, de toda hermesura, de todo color y originalidad”. (Sierra 2000; 418). Los panilicadares del terreao Aedicado al certamen habian aptade por un estilo nevelésien eritieado on su tnemento por eonsiderarse retardatario de la arquitectura mederaa norteame: rieana, Vense Kennzbeyg, Melvin y Carroll W Pursell Jrceds, 1981 Historia lela tecnnlogia. La docnven en Oveidonte dv Ja Prohestoria a 1900, Barcelona, Gustave Gill En este sentido, Washington ha sido comparada con Disneyland por Paul Fussell: "Por ser tina ciudad que ha side construida con el propdsito de ser reconccida como una imagen familiar, Washington es un rldsico seudlo-luger siende similar a Disnoyland en dete como en otros aspects” ussell 1980: 4, la tradaceion es mia.! Dice Borges en “Atte de injuriar’:"Vindiear realmente wna causa y pro: digas lus exageraciones burleseas, las Falsas caridades, las concesiones trai cicnerss y e1 paciente desdén, na sen actividades incompatibles, pero af tan diversas que nadie las ha conjugado hasta ahora.” (Borges 1974: 419-423), BI puente de Brooklyn", en Le America, New York, junio de 1883 oa 4. El triunfo de Caliban y el discurso latino El crucero Maine envuelto en Hamas figuré en las paginas centrales de los periddicos americanos, pocos dias después del 15 de febrero de 1898, Una explosiou, cuyo origen nunca pudo esclarecerse, hizo naufragar el barco en las aguas de la bahia de La Habana, No fueron necesarios muchos mas motivos para que Estados Unidos y Espana definieran el espacio bélieo en el que se jugaria la suerte de las titimas colonias espaiiolas, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Con la derrota de la armada espafiola en Filipinas a comienzos de mayo, el desentace de la guerra no ofrecia otras alternativas. En este dima de perdida y orgullo nacional herido, 1a Comision Directiva del Club Espanol de Buenos Aires auspieié un acto para conmemorar la fecha pa- Lia del Dos de Mayo en el Teatro Victoria.’ Para sumar volun: tades y voces autorizadas a la causa espafiola, la Comisién la- m6 a figuras de la elite intelectual portena, Participaron come oradores Paul Groussae por Francia, Roque Saenz Pena por la Argentina y por Italia, su delegado, José Tarnassi. Si en este grupo falté, como es evidente, una representacion continental, su mansfestacién no se hizo esperar mucho tiempo mas. Un par de semanas més tarde, el nicaragitense Rubén Darfo, por aque- Mos aiios residente en la ciudad y cronista en varios periédicos porteiios, publicé “El triunfo de Caliban” en El Tiempo de Bue- nos Aires, texto que perduraria como la mas enérgica respues- ta.ala guerra por Cuba y como una proclama de identidad con- tinental que traseendora mae alld de los oucesoa.? Dario define en este texto un espacio identitario que, por multiples motives, sera lamado “latino”, reflotando un concepto arraigado en el iglo XIX e imprimiéndole una orientacién moderna de acuer- doa la nueva alineacién del continente. Los oradores del Victo- ria contribuirdn, desde distintos flancos, a la configuracién de esta metafora de identidad que supone la amalgama de diver- 508 criterios, juridicos, eulturales, territoriales y lingiifsticos El primer expositor de la noche es Roque Saenz Pefia, Su refloxién se contra en la faz juridica de la guerra y expone el principio de soberania de los pueblos y Ia doctrina de no inter- vencién consagrada por el derecho internacional. Su discurso puede leerse a la luz de los preceptos sostenidos en Ia Confe- rencia Internacional Americana de Washington en 1889-1890, cuando habia presidido la representacién argentina liderando para satisfaceién de José Marti~ la oposicién a la propuesta del Secretario de Estado James G. Blaine, el principal portavoz en esos afios de la doctrina del “Destino manifiesto”. En aque- la oportunidad, Séenz Pefia habia acufado el lema “América ja doetrina Monroe (1823) levantada sobre ta divisa “América para los americanos", que para la humanidad” en respuest: retornaba embozada bajo 1a nueva oferta norteamericana del “panamerieanismo” de fin de siglo.* En el Vietoria y ante la evi- dencia de una nueva acometida intervencionista, Saenz Pena no puede dejar de mencionar los preliminares de 1889 y remar- car la confluencia de una misma politica: “La doctrina de Mackinley es simplemente el epilogo de Ia de Monroe y de la de Polk, no con tres doctrinas, son tres actos consagrando una sola 96 AS usurpacion: Ia intervencién de los Estados Unidos en los desti- nos y en la vida de los pueblos americanos”.‘ Pero si en las jor- nadas de Washington el tema cubano estuvo ausente de sus consideraciones, ahora la referencia a Cuba se hace inevitable, “Cuba ha debido ser libre”, “Cuba ha podido ser libre”, reitera, inteutandu severtic wns siluacidn para Ia cual las palabras s0- lidarias Hegan demasiado tarde, Sobre todo, demasiado tarde para Marti, que habria apreciado una respuesta de este tenor lunos pocos afios antes. Roque Sienz Pefa alienta la suposicién =que de algin modo condona la inercis continental frente al cago cubano~ de que la propia Corona estaba pronta a anun- ciar al Parlamento Espaiiol el desprendimiento de Cuba. Aho- ra, en cambio, tal descolonizacién se producta a costa de“la hu- millacién y del ultraje a la nacién espaiola’” Con el trasfondo de los acordes de la Marsellesa tocados por Ia banda municipal minutos antes de su participacidn, inter- viene Groussac en segundo término.' Dete primero aludir a otro hecho, la invasién napoleénica a Espafia, que la efeméride del Dos de Mayo no le deja pasar por alto, menos aun tratandose do un francés: “La conciencia francesa no ha justificado atin, ni iado, la invasion a Espaiia". Pero otra coinci siquiera amni dencia lo asiste y le permite restafiar el honor hispanico, Tam- bin un 2 de mayo de 1493 Colén habia entregado a los Reyes Catélicos los titulos de posesion de Cuda y la reconstruccién minuciosa de esta escena lo autoriza a asumir un flanco hispa: nista apropiado para In circunstancia y reivindicar la conquis: ta espafiola, contraponiéndola a la actual amonaza a la isla caribesia. Hechas las imprescindibles salvedades y establecida Ia disculpa, puede aludir a la “agresion barbara” contra Cuba y Filipinas: Por entre abismes y sangrientas colisiones, ligubres rotrocesos y Iarg0s esfaltecimientos, la eivitienetén farina tiene ta gloria inmortal de haber ex 97 ‘minado durante mil ochosientos als con las ajos al cielo... He aqui, aiora {gue en of uibeal del sigha XX ella mira erguirse nn enemniga mas formidable y temible que las horas bArbaras, a cuye empuje eueumbis la civiizaciéo ant ula. Bs el yankiome demoecratica, ateo de tedo ideal, que invade el mundo. (Groussae 1904; 100 En la cita se evidencia la dinamica de contrarios Ia civili- zactén latina contra la barbarie yanquee— eje de la nueva en- tente cultural que aleanzara amplio consenso entre los secto- res letrados hispanoamericanos, lo suficientemente abareadora como para alojar bajo su esfera posiciones muy disimiles, El concepto de lo “latino” no era nuevo ni habia estado despojado de intereses expansionistas europeos ya desde sus primeras formulaciones a mediados del siglo XIX, Arturo Ardao sostiene que el “latinismo” surge en el primer tercio de esa centuria en el pensamiento romantico francés como une consigna étnico. cultural bajo el rectorado de Francia, para lograr su consolida- cién y difusion después de la guerra hispano-norteamericana de 1898," La argumentacion latinista de Groussac se reproduce copiosamente en el articulo que Darfo publica dos semanas nas tarde, En “El triunfo de Caliban” Dario acuna diversos lemas culturales ~"vena latina’, “raza latina”, “alma latina’ y propo- ne un programa de alianza continental, ta Unién Latina ~que abarcaria desde México hasta Tierra del Puego- para oponer a la inminente alianza de los imperios —Kstados Unidos e Ingla- terra, También Roque Saenz Pea se encolumna bajo la misma entidad al invoear en su alocuciéin “el alma y el corazon latino” En suma; tanto los oradores del Victoria de esta noche conme- morativa como su comentarista esgrimen un frente comin vo- bijado bajo la misma idea rector. En el fin de siglo lo “latino” conformara una comunidad ima- ginaria’ de cardcter supranacional, como otras formaciones identitarias continentales, nuestra América, la patria grande, hispanoamerieanismo, iberoamericanismo, que nacen, muchas 98 veces, de esta escritura externa o desterritorializada.* En los proximos meses Dario divulgara desde las columnas de Espa fia contemporanea la flexion del hispanoamericanisma, deslin- de fundador de um hispanismo moderno. Pera el diseurso det latinismo en particular apela a partir de 1880 al recurso de la invectiva para definir sus fronteras. Groussac reedita en su disertacién la retérica de su viaje de 1893 ~Del Plata al Nidgara~ donde habia insistide sobre la monstruosidad y la ausencia de ideal que caracterizan ala sociedad del norte. Am. plificaré su argumentacion en esta oportunidad con ta asevera- cidn “Aquello no es una nacién”, aonds resuena una respuesta a Ja pregunta homénima de Renan, y en esa medida, aportara un grado mayor de desprestigio a la eivilizacién del norte. Se trata de un “monstruoso organismo coleetivo", una "masa adventi- cia”, un “agropamiento fortuito”, sin que si alguna vez el pais del norte tuvo alma, ésta se refugio en Nueva Inglaterra, pero después de la Guerra de Secesion y de la avanzada sobre el Oeste, “se ha cesprendido libremente el espiritu yanguee del cuerpo informe y ealibaneseo” ees ni tradiciones, ya Bsts civilizacion, embrionaria ¢ incompleta en su defuemidad, quiere sus tituir larson con ln Fuwr2a, ks aspiraeiin generosa con la satisfaction egoista, la calidad con Ia eantidad, la honradez con la nobleza, el sentimiento de Io hello y lu bueno con In sensacion de ja plebera, et derecho y la justicin con ta Igislaciin orasional de sus nsambleas. Confunde el progrese histarico con el dlesuerollo material; crve que Ia democracia consiate en la igualdad de todos poor la comin vulgaridad, y aplica a sw modo el principio darwinista de te seleeciin, climinando desu sene las ariatoceaeins de la maralidad ¥ el talento. Natiene alma, mejor dieho: sale posee ex alaia apetttini que en el sishema de Platon es fuente de las pasiones groverat ye lo inatintos fsicas. (Groussae 1903: 10» Fi fragmenta es un decdloge de las tensiones centrales que articulan este discurso: altos ideales versus intereses egoistas, calidad versus cantidad, belleza y verdad versus ostentacion y 99 lujo, idoalismo versus materialismo, democracia y vulgaridad versus aristocracia intelectual, Pero un término tendr la vir- tud discursiva de condensar todos estos sentidos: calibdn. Su atribucién a la civilizacién yanquee data de su viaje a Chicago de 1893 cuando aclimata el vocablo a la lengua: “El espectaculo prolongado de la fuerza inconsciente y brutal alcanza a cierta hermosura‘Calibanesca” (Groussac 1925: 345)." La imagen pro- viene de la lectura de Caliban (1878) de Renan, del conocimiento de experto en la obra de Shakespeare y, por cierto de la asocia- cién entre ambas representaciones, como podemos leer en su comentario sobre La tempestad de 1900: Como easi siempre ceurre con Shakespeare, los personajes han legade a ser otros tantos tipos literarios, cuya substancia no agotaran tres siglos de citas y comentarios. Pero, min mas que tipos, Miranda. Prospero, Ariel. Calibsin, han reveatide la fornia aérea y luminosa de simbolos. Después de Individualizar al mismo poeta, su “magico prodigioso” ha venido represen. tando a la ciencia vencedora del grosero materialisino. Calibsin ha sido la barbarie elemental, In bestia humana recisn desprendida del limo native: Ariel Ia fantasia postien: Miranda Ia Peiquis romantien: el alma de ilusién y ‘candor, tan inacente y pura, que no aleansa a empasar ou cristal la sombra de la curiosidad, Mas tarde, el simbolism se ha sutilizado atin, perdiendo su Aparieneia irisada para toraarse uns entidsd abstracts, una metafora. Y asi para Renan, nuestro Platén eontempordneo, Caliban v Peéspero han repee= rentado los signos de la democracia en pugas con la aristocracia; la lucha ‘eterna y desigual entre Ia muchedumbee ¥ el grupo selecto y superior: In sérdida protesta del apetita y del instinta contea los ideale de In conciencia vy el expiritu, (Grouasne 1904: 272), Bn Ia genealogia de la figura y sus sucesivas transforma- ciones, que en su transito espacio-temporal va sufriendo tan- tas apropinciones y trasplantes, Caliban se vuelve, en la cul- tura latinoamericana, un ideologema que ha servido a inntimeros relatos." Seguin Fredric Jameson: “El ideologema e¢ una formacién anfibia, caya caracteristica estructural esen- cial puede ser descripta como su posibilidad de manifestarse 100 A> ya sea como tna pseudo idea ~un sistema conceptual o creen- cia, un valor abstracto, una opinién 0 prejuicio- 0 como una pseudo narrativa, un tipo de fantasia de clase sobre los ‘carae- teres colectivos™ (Jameson 1981: 87). Dasde tipo literario en Shakespeare a un progresivo desprendimiento de su fuente literaria para transformarse on simbole de la barbarie y, fi nalmente, metafora de democracia, muchedumbre, apetito & instinto, Caliban es una unidad minima de una profusa na- rracién finisocular donde confluyen tanto idelogias libertarias (antiimperialistas) como conservadoras (elitistas, asentadas on la clase). De alli deviene su caraeter anfibio, contradieto rio, paraddjico, pero también su capacidad de consenso y su gran persistencia cultural en esta época Rubén Dario también habia aludido a la imagen de Caliban en su articulo sobre Edgar Allan Poe, unode sus raros, publica- doen la Revista Nacional en 1893, el mismo afio en que Groussac da a conocer sus crénicas de la Exposicién de Chicago en la prensa portefia. En este texto de Dario afloran tanto las per cepeiones de au breve paso par New York en 1893, con ese incipit dol relato de viaje ("En una mafana fria y htimeda Hegué por primera vez al inmenso pais de los Estados Unidos"), como sus recientes lecturas sobre el pais: 10s celopes.." dice Groussac; esos feroces Calibénes..” eseribe Peladan, {favo razon el raro Saral lamar asia estos hombres de la América del Norte? Galibin reina on In isin de Manhattan, en San Brancisca, on Boston, en Was: hhington, en todo el pais, Ha conseguid ostablecer el imperio de Ia materia desde su estede misterioso con Bison, hasta la apoteosis del puereo, en esa, abrumadora ciudad de Chicago, “Edgar Allan Poe’. Darfo 1984: 53) En el “El triunfo de Caliban” también resuenan las créni- cas de Marti que Dario habia seguido como lector de La Na cidn, pero su tono lo distancia de la retfeula martiana. Los procedimientas del desdoro, patentados por Groussac, confor. 101 ‘man un completo repertorio que Dario continua, plegandose a una estrategia de confrontacién que no es inusual en su prosa politiea."" Las intervenciones de Groussac y de Dario, aunque tenidas por distintas perspectivas, entran en didlogo e inter- pelan a un mismo antagonista. Gestado Caliban por estos di cursos del desplazamiento y de desplazados (Groussae, Dario), queda organizado el campo para la emergencia de Ariel en el hovecientos, Pero si coinciden en la vision calébanesca y en la identidad “latina” que ambos esgrimen, se separan en cambio en la consi deracion de Bspaita, de Cuba y del mismo Martf. Groussac eali- fica a la tentativa de independencia de Cuba en su discurso como candida y prematura José Marti habia sido “ardiente” e “iluso”— haciéndose eco de una vorsién sobre Ia lucha ~sostiene que Ja campafia encubria un plan do anexin de los revolucio- narios, en cual el mismo Marti se habria visto implicado- que Jos independentistas negarn. Groussae arguye, con la escasa temperancia que lo caracteriza, que Cuba no era para Espana una colonia sine una provincia, reduciendo los anos de enfren- tamiento a una reyerta interna equiparable con las guerras carhistas en la Peninsula, Dario, en cambio, recupera la imagen wolucionaria de Marti y lo exime de cualquier sospecha de anexionismo (responde en esto a Groussac): “Qué diria hoy el cubano al ver que so color de ayuda para la ansiada Perla, el monstruo se la traga con ostra y todo?” (Dario 1998: 453), Marti habia caracterizado a Espafia como una “madre filicida”, ape- Jando por ello a una maternidad autogestada, “Madre Améri- Dario revisa su relacién con Espafa hasta Namarla “la Madre de América’. Entre el flicidio y la maternidad se des- plegaran las retéricas del viaje a Espaita, tema de los siguien- tes capitulos. Notas | Bp “Rubén Dasie y Feancisen Grandmontagne an Buenos Aires de 1898" Ignacio Garcia analiza la transformacion del discurso del hispaniamie en el Fuenos Aires de fin de siglo. en el que inciden intelectuales de la talla de Dario y Grandmontagne, ust come la colonia expat mnsy activa a teaves de lapreaea e instituciones eultorales, Garcia sostione que Ia Asociacton Pateis ‘ica Bspaiola, constituida en 1896, fue In responsable dela convoeatorin en el Victoria que lave el earicter de tn mitin: “Bn el pronuncian disenrsos, en cepresentacion de Italia, Franeia y Argentina ~“madre*,"hermana" e "hija" de Espana on el referente simbélico de la época~ al italonrgentino José Tarnassi elfrancoargentino Paul Groussne,y el que sera futuro presidente Roque Saenz Pea’ (Garcia 2002: 53 Ruben Davia, “El triunfo de Caliban, BI Tiempo de Buenos Aires, 20 de mayo de 1898. reproducide en BI Cojo Hustraco de Caraeas eb 1 de octubre de 1898, Siga la edicion anotada por Carlos Jsurogui (1098: 454-465), * Dice al respeeto Dario en su nota: “Sienz Peia habls conmovide en esa noche de Espana, y no se podia menos que evosar ans triuntos de Washington. [Asi debe haber sorprendide al Blaine de Ins engadifas, con su neble elocuen, a, al Blaine y todos sus algodoneros, tocinens y loeomotaroe!” 453 “EL Curreo Espunol. 2 de muya de 1898, Sint Pedin alude a los presiden tes ames Moneoa 1817-18251, James Polk (1845-1849) 9 William Mekinley (1897-19019 El discurso titulade "Espasa y Batadee Unidos” fue reproducido en Bb oiaye intelectual, impresiones de noturaleen y arte, Primera serie (A304 87-196) * Sopiin Ardao el eoacepto nace wn Francia en 1830 can el sansimaniane Michel Chevalier; mas adelante, en ta déeadade 1850, el nombre es adoptado por uo miiclea de letrados hispanoamericanos residentes en Paris, en 1861 #1 solembiano José Maria Tarres Caicedo lanza la Liga Latine-Amerieana y pu: Lien el libra Union Latinoamericana contra la doctrina norteamerienna dl ‘destino mapifiesto”, alcanza mayor difwsién hacia 1890 y se afianaa en 1900 despues de la guerra hispano-norteamericans. Ardao (1990: 15-80) y (1998). Carlos Jauregui, en su detallado analisis y anotacion de “El triunfo de Caliban”, te refiere al "panlatiaismo” como In idea estracturadera de esta pre uesta: "BI Panlatinisio en Ia segunda mitad del siglo estaba ligado a los intereses debs politica exterior francesa que queria colocarse al frente de paises latinos y hacer contrapeso a las “naciones anglosajonas’. Desie Ia dé dda de 1850 ena idea tuvo defensores como Michal Chevalior (1806-1879) y Ernest Renan (1825-1892) que habian impulsade un nadelo geoideolégico que logiti- 103 maba la expansién econémica de Francia y su patronasgo cultural. En Sur américa Ia idea resurge a partir de Ia década de 1880 y es ucada por los medernistas contea los Estados Unidos (Phelan 5-21" auregui 1998-445) " Vease Benedict Anderson (1999) * Dice Julio Ramos al respecto: “Comenzando con el ensayo fundacional de José Marts, Nuestra Amériea'y la sarie de textos sabre el Panamerianismo ‘que preparan y anticipan Ia escritura de este enavo en 1891, el latinoame: Fleanisme vernacular ha sido a menudo invocado come una defensa de fo local fen diversas instancias de globalizacion y mundializacién. De alli nuestra afr macida de que 1898 y la recontfiguracisn del dominio hemistérice a 1a vuelta de ta Giltima centuria marcan un momento decisive en Ia histaria del Latino- americanisina” ‘Ramos, 2001: 244), nota donde aparece eata renin, titulada “Chicago. La ciudad y la ‘exposicién’.esté fechada en cetubre de 1893, por lo que podemos estimar st fecha de publicaciéa on la prensa dentro de ese meso los siguientes. Jéuregui citando a David Allen, ubica la fecha, erréneamente, una decada antes. en 1883. "Para un panorama do estas tranafermaciones véase “Para Ia historia de Caliban” de Roberto Ferndndez Retamsr, ansilisis de su historia, usys y suce= sivas signifienciones “desde barlaro a eolonizada~ en Calén, Montaigne, Shakespeare, Renan, Roda, Mannons, Fanon y Césaire, (Rernéndea Retamar 1984: 17-425, a critica de Dario hacia ¢] imperialisme inglés por eu intromisién en los asuntos de América Central data de mucho antes, uno de los articulos mas fencendidos al respecto es “Jobn Bull for ever, publieado on La Nacién el 23, de marzo de 1898. 104 aq 5. Retéricas del viaje a Espatia Por eso, aconseja Reyle, no se deberian comprar grabados de hermosos panoramas ni ponorimicas que se ven cuando se esta de viaje, porque un grabado ocupa pronto todo el espacio de un recuerdo, incluso podria afirmarce que acaba con él. W.G.Sebald, “Beyle o el extrario hecho det amor”, Vértigo El epigrafe de Sebald alude a dos dimensiones del viaje que comprometen su escritura, siempre y cuando admitamos que la escritura viajera nace de un desplazamiento en el espacio y no exclusivamente- de una navegacién de biblioteca, como cier- tas novelas de Julio Verne segiin Michel de Certeau.’ Una de estas dimensiones, no necesariamente Ja primera, es la memo- ria, of lugar donde se imprimen las iniciales sensaciones dol pasajero frente a su objeto, pantalla dispuesta a disolverse 0 conjugarse con otras imagenes, recuerdos y asociaciones. La otra, que me interesa destacar aqui, es la representacién 0 re- presentaciones que intermedian —los “grabados” de la cita de Sebald u otras versiones sobre el mismo espacio visitado, Me- moria del viaje y representaciones mediadoras establecen una cireularidad cuya primera escena es casi improbable determi nar y, seguramente, infructuoso buscar. En toda invencién viajera es posible descubrir lugares de engranaje entre una y otra operacién. El viajero americano, como ya hemos advertido, instala un didlogo intertextual con interpone dis- los modelos centrales con respecto a las cual tancias 0 refutaciones. En el caso de Bspaia, esta dialéctica se extrema, porque la deuda colonial interpola un pasado (otra narvacién) que hard oscilar el relato entre el ajuste de cuentas y el pacto de reconciliacién.* Por otra parte, una construccién, topogritica supone una inversién emocional ~un despliegue de vineutos filicos 0 fobicos— que determina el lenguaje figurado bajo el cual se producira el relato, Como reticulaciones textua. les, las figuras (esos morfemas de la pasion, segun Barthes), la hipérbole, Is ironta, el clogio, la pretericién 0 1a atenuacién dan homogenvidad a los incidentes, accidentes y digresiones de todo Viaje, imponiéndole una retorica. Las diversas combinaciones de Ja triada memoria, representacién y figu cen este apartado, desde las ficciones de confrontacién de Fray Servando en el ochocientos y Sarmiento en el medio siglo hasta Jas de pacifivacion de Dario y Reyes en el novecientos, cuando el tiempo aquicta las pasion: 9 al menos, cambia su signo. Fray Servando y una Espada hiperbéliea D le fa conquista es politica constante de nuestro Gabinete tener fuera de América todo hijo suyo que sobresaiga yatraiga la atencion de sus paisanos. Fray Servando Teresa de Mier, Memorias. Qué era la religion de los mexieanos sino un cristianismo transformado por el tiempo y la naturaleza equivoca de los jeroglifieos? ‘ervando Teresa de Mier, “Carta de Fray despedida a los mexicunos.” 106 Fray Servando, sostiene José Lezama Lima en La expresién americana, e3 Ia figura representativa del pasaje entre el se ior barroco y el desterrado roméntico. Si el primero se caracte- riza por la fijeza que le permite el distrute de sus posesiones y jerarquias (primer instalado on lo nuestro, lo ama) el segun- do, por ol contrario, entra on el torbeltino de la migracion que se adhiere como una sombra al destino letrado amerieano. Via- jero a pesar de si mismo, Fray Servando deja México en 1795 con destino a un prolongado destierro de diez anos en Europa, durante los cuales alterna la prisién y la fuga eon los viajes Francia, Italia, Espafia e Inglaterra, Emergente de los sectores criollos, Seryando es el tipo de letradp tradicional respaldado en la autoridad delegada por la jerarquia eclesiastica. Bl hecho de que su primer ataque sea contra esta jerarquia y por eleva- cin contra la corona espanola, revela que la extremosidad! sera su politica desde su primera ruptura con Espaia. Habis Hega do a ella argumentando sobre la presencia de Santo Tomas en México previa a la entrada de los espanoles, teoria que des- acreditaba una de las justificaciones de Ia vonqui presa evangelizadora~ y que le valié el castigo de la deporta- cidn, Alfonso Reyes resume asi su herejia ala em La Virgen de Guadalupe ~mantiene Fray Servando- habia tenida culto en ico desde antes de la Conquista. Santa Tomis ol Apéstol, yue ara o1 propie Me Quetzaleéatl, ya habia predicado en México el Evangelio antes que lus con suistadores espanoles. La imagen de la Virgen wo estaba pintada en la manta {1 Indio Juan Diego, sino en la de Santo Tomas (Reyes 1956 Lk: 437), El viaje de Pray Servando por Europa exige del Jector una voluntaria suspension de 1a credulidad en todos sus trames, pero es en Espafa donde aleanza su culiminacién, Como es sa- bido, la matriz de sus Memorius es la picaresca, afirmada en el texto por esas caminatas infatigables marcadas por la hambruna 107 y la fuga de Ia ley, es decir, por el uso del tépico del camino, del hambre y del delito, triada inseparable del género. Pero a esta formula afade la exageracién.* Lezama Lima ha interpretada este exceso no como sintoma de rebeldia americana, sino como obstinacidn en esa misma tradicién hispanica Bn Fray Servando, en esa transicién del barroco al romanticismo, sorpren: demos acultas sorpresas muy ameriesnas. Cree romper eon la tradieidn, evs dd In agranda, Asi, evand cree sopararse do lo hispanics, lo reencuentra en l,agrandade, Reformar dentro del ordenamiento previo, no romper, sino ret: mar el hilo, eo que es hispanico, Pray Servando lo espuma y acrece, lo leva a la temaridad. (Lezama Lima 1988: 249), Bl texto puede colocarnos frente a esta paradoja de un antihispanismo declamado y un hispanismo formal y gestual Pero, como sabemos, toda parodia se aproxima por fuerza a lo parodiado, como las Memorias del fraile pueden parecerse, en ciertos momentos, al Buscén de Quevedo. Al mismo tiempo, el cardcter de los sucesos narrados emparienta las Memorias con otra tradicién. Me refiero al viaje imaginario, prodigioso o filo- séfico cuyos paradigmas més préximos son Las aventuras del Bordn de Miinchhausen de C.A. Burger, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift Céndido de Voltaire. Como en Ia historia dol eapitan Lemuel Gulliver, los fantasiosos vuelos dol baron 0 los dislates del viaje americano de Candido, las fugas de Servando son un ejemplo apropiado de los trazos fabulosos de su relato, Preso en Burgos en el convento de San Francisco pien- sa en escapar echandose a volar con un paraguas, propésito del que desiste al constatar los peligros de la altura; para atrave- sar la frontera francesa se maquilla con lunares y tras su iilti- ma fuga de la eéreel de Cadiz, asicte, en un tour de force de ta verosimilitud, a la batalla de Trafalgar. La eétira era un procedimiento propio del relato de viaje del XVIII, como es evidente en el Céndido de Voltaire. En Servanda 108) 24 el modelo deviene pastiche satirico® y funciona a modo de des- quite criollo y revancha literaria por largas centurias de colo- nialismo, discurso retributive que invierte los lugares institu- dos por la conquista. La exageracién de todas ias circunstan- cias brinda una Espafia desquiciada donde la hipérbole da lu- gar a una retérica de los extremor, a una postica de la ofensa propia del perfodo independentista, cusndo se escenifican las polémicas coloniales con similar mordasidad en casi todos los eros, Su uso no es privativo de Servando, pero alcanza en su viaje tn virtuosismo tal que se convierte en el régimen sobre ol cual deseansa toda In complexién del texto. En la gira por Espafa, traza circuitos que aparecen con re- gularidad y que responden a tres figuras de traslado: la cami- nata, Ia fuga y el recorrido del espinol baroerético. De acuerdo con esta iiltima, transita desde los estratos mas bajos de La jus ticia, como las covachuelas u oficinas pablicas, hasta la Corte, desde las prisiones hasta el Consejo de Indias, Se destiza por tal, en Ta que Hega a sentirse un legajo més: “Se presents Ia orden real al alealde mayor del Valle de Carriedo y tuve que volver a ser archivado en las Caldas, como un eédice oxtraviada” (Mier 1988 I: 231), Servando se metaforiza en el trémite (legajo) para mostrarse como sujeto pasivo de una politica centralista y arbitraria, Pero Jn figura remite no solo a la inquina del agitador eontra Espa a, sino también a tna critiea mas radical: el modelo mond quico absolutista e todos los recavecos de la maquinaria es carnado en la Peninsula. Con Servando los topicos de la corrupcién y Ia venalidad, Ia prevaricacién y el maquiavelismo, normalmente atribuidos a la administracién colonial en América ~baste recordar las admoniciones de Feli- pe Guamén Poma de Ayala en Peri se trasladan a la metrépo- lis y se adhicren al topos Espaiia. El criollo en Ia corte de C: Jos IV desnuda el corazén del pais, sus instituciones jur 109 gubernamentales o religiosas, y al hacerlo desacredita la legt timidad de cualquier discurso que desde ellas pueda provenir El viaje renacentista (que luego se trans{ormaria en el grand tour) imponia a los letrados una promenade institucional y cul tural por las cortes, tribunales, iglesias, antigiiedades, ruinas, bibliotecas y colecciones de arte, entre otras actividades, segun la detallada preseripeion de Lord Bacon en De los viajes, verda- dera pauta fundacional del viaje letrado.* El itinerario por es tos lugares disponia el orden narrativo de los relatos. Fray Servando sigue esta ruta pero de modo avieso y parédico. La corte es un lupanar (1: 264); los areos de ingreso a Madrid, dos columnas de estiércol (II: 160); en 1a ciudad "No hay edificios de provecho" y las iglesias son pobres capillas (II: 179); el e0- rreo no tiene escaleras; la Gaceta de Madrid es la mas desin- formada de Europa (Il: 185). Para alcanzar la eficacia buscada la lengua de! fraile se vuelve escatolégica, Hay calles en Ma drid que se Naman “Arranca-culos” (If: 160), los vendedores de leche pregonan “Quién me compra esta leche v esta mierda” UL 160}. No escatima detalles para describir los habitos sanitarios de los madrilerios: “De los balcones se arrojaban los bacines a Ja calle diciendo: ‘Agua va’, como todavia se hace en Portugal Carlos IIT se empeas en quitar esta porqueria de la calle, y los madriledus se cesistieron” (Ii: 180). El juego de la eacografia haciendo un analisis de su situacién toca al propio viajero qu desventurada y en un destiz homofone se Hama a si mismo “el padre Mier, 0 mierda” (1: 276), Teniendu en cuenta que el arco de ingreso a Madrid ests hecho de estiéreol, Ia contaminacién del narrador con su objeto se hace inevitable, y remite a la ase- veracion de Lezama Lima: cuanto mas intenta apartarse de Jo hispanico, més se aproxima. La conciencia metadiscursiva del texto no se detiene en el nivel fonologico. Como Sterne en el Tristan Shandy, Servando se desliza de lo narrado a la narracion, para recordarnos la 110 materialidad de la escritura y reenviarnos a la escena de su ejecucién, “Ya que me ha sobrade este pedazo de papel” (II: 192), nos hace partieipes de la decodificavién de un mensaje de do ble sentido, come el siguiente Rodeado de aquella multitud de fariseos fui evade al trote para ta cancel pablica,Adentro me desataron, y cuando a la ptseta de wn calabore me iba 9 registrar, advirtiondo que tenis ua papelilly en franeés que hahia quitade a son guarsia de Corps, lo vasgué pur medio. El alcaide se mie echd encima para quitarme el papel, y me ret mucho despues cusndo le vi miuy pegade 8a los utes. ra una eartita que leida seguida era ray buena, y se intitulaba Carte den vicario general a una Joven convertide pore leidn no mas basta la muita deta lane, doblado a lo larga el papel, era una carta indecentisima de wo aie a una col Bl ignorante alenide habia creido que eta uns cosa de Estado, 0 conspiracién, «11 201) Asi comp el papelillo del fragmento leon su licencia barroca, el equivoco, y su destino buroeratieo, lcs autos}, Pray Servando 8 un viajero con dobleces, que se desplaza de la procacidlad ala politica cun extremada soltura, haviendo de sus Memorias tan- to un viaje fabuloso como un manifiesto de emancipacion. No obstante, {a “Espana” de Servando no recibe a menude los be- neficios desdoblados del mensaje en clave o la atenuacién iro: nica: tiende a ser una y dniea en su plama desaforada y justi ciera. Fray Servando hace de 1a difamacion su dieta penins lar. En el pais del despotismo “no se puede decir la verdad de Espaia, sin ofender a los espaiioles" (I: 126), que son “todos fieros y soberbios", *ignorantes y supecsticiosos” (Il: 139), una encrada” (I: 160), en suma, .os bdrbaros de Europa ion de Espana intermedia el diseurso que el iluminismo hal a difundido respectoa la conquista y del cual Servando se apropia con fines libertarios. “ dice, citando al arzobispo de Malinas (11:74), con un orientalismo avant la ledtre, que sélo desarrollaran plenamente los voménticos franceses, con diverse signa. Interludio. La Espaia pintoresca de los franceses Lamour est un oiseau rebelle Que nul ne peut apprivoiser, Ex c'est bien en vain quion Vappelle S'il lui convient de refuser Carmen, Georges Bizet ‘Phéophile Gautier emprende su recorrido por Espafia en 1840. Lleva su cuaderno de notas y un daguerrotipo, especial mente adquirido para la excursisn, con el que aleanza a retra. tar las dos agujas de la catedral de Burgos y su imponente por- tico. El artefacto g coineidencia no escapa al viajero, que se autodefine como turis- ta descriptive y daguerrotipe literario, modo de sincerar la im- pronta pictérica y el ralenti de su narracién. Gautier, como Stendhal, construye su relato a partir de la deseripeién pinto- sea del objeto cultural o natural, desde la catedral de Burgos a la meseta espafola, obtenida mediante la fusion del eédigo lingitistico con el plastico. A partir de sus crénicas de viaje, publicadas en La Presse de Paris, los grandes pintores espaioles, hasta entonces parcial- mente conocidos en Europa, como Goya, Velézquez, Zurbaran, Ribera, E1 Greco o Murillo pasaran a formar parte de los eata- logos de arte, completando la difusién de la importante exposi- cién pictorica espaiola realizada en Paris en 1836. Gautier en- tra por el norte de la peninsula y la recorre de norte a sur y de arda una estrecha relacidn con su estilo; la este a oeste, constatando a su paso la devastacién, la aridez y In desolacién consecuentes de una inmemorial decadencia, pero sobre todo, de la guerra civil que enfrenta a carlistas ¢ isabelinos desde 1834, favoreciendo la guerrilla, el bandidismo y la mise- ria generalizada, Pero no todo es destruccidn a su paso. O, en 12 23 todo easo, dela destruccién proviene el eneantamiento, que pro. mueve cimbronazos de arrobamiento y admiracién a su paso. Desde 1820 Espaia se habfa vuelto la tierra privilegiada de Ja imaginacién y la peregrinacién estética francesa’, convirtién dose en un semillero del pintoresquisme y color local, al que Gaulier aporta importantes ingredientes, Los tipos nacionales -amanolas, chulos y otros~ son retratados con cierta nostalgia; ya no llevan aquella prenda, aquel ribete, aquel zapato de raso que la pintura les habia atribuido como constitutives del perso ngje. La constatacién de esta pérdida alinenta la decepeién que todo viaje romantico promete, cl infaltable topico del swerto trai cionado. Como todo viajero central, Gautier es un buseador de dades Ia autenticidad que tiene su \iltimo refugio en las 0 barbaro", “primitive” y primitivas, el pais le resulta “salvaje”, por eso mismo, espléndido y apetecible Su relato asienta el mito orientalista, Asi, sugiere que el pin- tor Descamps -jefe oficial de la escuela pictorica orientalista en Paris deheria inspirarse en los muros espafioles tanto como en los muros quemad cidn es continua a lo largo del texto; en el eamino de y resquebrajades de Asia Menor. La compal sledlo s Madrid Jos parajes tienen una “simplicidad oriental” que lo transportan a Argelia. Si bien Gautier no es el primer productor de imagenes tipifieadoras, es el responsable de nu: merosas cristalizaciones de la espafiolada y el orientalismo en su Voyage en Espagne (18: ). Sus representaciones se vuelven Ia fuente autorizante de todo cuanto se diga sobre este espacio: cl archivo y modelo estilistico al que acuden la mayoria de los escritores-viajeros, norma de la que no escapan los hispano- americanos. Cuando Alexandre Dumas tpadre) resliza su pri mer viaje a Eapafia en 1846 conoce el libro de Gautier y su mi. rada exaltada sobre el pais, no obstante, se inclina por un tono irnico, que retacea el elogio y agiganta la mordacidad, con afi us. maciones concluyentes como “Africa comienza en los Pirineos™, frase que sin ser de su propio cufio propagandiza y paternaliza, impartiendo una nueva leyenda negra sobre la ya aflictiva fi- guracién de ls peninsula, Sarmiento: orientalismo, espafiolada y prisma europeo"” La Bsp: Pintoresca y Monumental son grabadas 0 litegrafiacdas en Paris para venderlas en Espaiia. Sarmiento, Viajes Nosotros somos una segunda, tercera o cuarta edicién de la Esparia; no a la manera de los libros que corrigen y aumentan en las reimpresiones, sino como los malos grabados, cuyas wltimas estumpas salen cargadas ile tintas y apenas inteligibles Sarmiento, ‘Las obras de Larra”, 31 de agosto ue 1847 Sarmiento coloca con frecuencia su relato hispanico al horde de ly admisible. La mimica ("Se me antoja eseribiros, oh Lastarria!”) y el remedo de la prosodia (“Aspana”) se le revelan como las formulas mas eficientes para la reduecién satiriea descle el primer parrafo de la carta, que se inscribe en la tradi- cién discursiva del escarnio (como las Memorias de Fray Servando). La metafora-baliza de la narracién es el cadaver el Escorial “es un cadaver fresco atin, que hiede e inspira disgus~ to” (1993: 156)- surgida del espectaculo de hecatombe, carne a4 palpitante y santos desollados. La tesis es cristalina: Espana es un organisme purulento y decadente que es necesario ente rrar para salvaguardar a América de su influencia mérbida La hispanofobia de Sarmiento ha tenido distintas lecturas. Miguel de Unamuno sostiene que ésta es, paradsjicamente, prucba de eu hiepanidad (similar al razonamicnto de Lezama respecto a Servando) “Siempre que leo las invectivas de Sar- miento contra Espatia, me digo: Pero sieste hombre dice contra Esparia lo mismo que decimos los espatioles que mas y mejor la queremos!” (1977: 198). Para Sylvia Molloy, la hispanofobia es sintoma de una lucha pasional entre el amor y el odio: “E] texto de Sarmiento es un texto a dos voces, en ol que se eseenifiean los vaivenes de su autor con respecte « Espana, sus contradic- ciones, su basica ambiguedad. Pervade (sic) la carta una inne- gable atraccion, que también ‘viene de adentro’, por aquello que se critica, y que no deja de recordar 1a mezcla de seduc- cidn y rechazo presente en el Facundo” (1987: 50). Adriana Rodriguez Pérsico, por su parte, seficla la “posicién ambiva- ente del narradc es preciso que os introduzca a Espana por dos caminos. Hay dos caminos en Espana para diligencia'. El enunciado que sir- ” eseindido entre la barbarie y el arte:“Mas ve en el plano aneeddtico para denostar los medios de trans- porte, rige la vision de una Espafia atravesada por oposici- nes que articulan no solo los fragmentos costumbristas sino tambien la posicién ambivalente del narrador, fiseal y espec tador fascinado” (1992: 290) Podria aducirse, en este sentido, qu tuena por Burgos le depara uno de los mom« Ja peregrinacién noc tos mas intensos de su estadia europea (“Yo no recuerco excursion alguna que me haya Henado, como ta de aquella roche, de tan vivas ciones” Sarmiento 1993: 135) y el espectacule del toreo, el en- cuentro con una de las experiencias de lo sublime (“He visto los 1s toros, i sentido todo su sublime atractivo. Espectaewlo harbaro, terrible, sanguinario, i sin embargo, Ueno de seduccion i de es- timulo” 1993: 147), entre varios otros momentos que abonarfan Is atraccién hispana de Sarmiento, No discutiré e! cardeter de este conflicto, que as lecturas meni das se encargan de mbio, en determinar emo Sarmi ahondar. Me oeuparé, en en ns to se vale de un imaginario europeo para armar su propio rela- to en los Iimites de estas convenciones. Su visién de Espaiia esté atravesada por dos formaciones asentadas entre 1800 y 1840: el orientalismo y la espaitolada Sarmiento se sirve de ambas, intorviniendo en una disputa por la representacién a la que el viajero procedente de “las tierras, bajas” (1993: 7) aporta su propia y descentrada perspectiva. Haeia el final de su gira dira que la imprenta y el grabado han deeaido tanto en el pais que “La Espaita Pintoresca y Monu- mental son grabadas o litografiadas en Paris para venderias en Espatia” (1993: 166). A los fines de esta lectura, podria pensar se que la observacién, ademas de apuntar una vez mas al retar do ¢ indolencia peninsular, sugiere que Espaiia es una inven: cidn de Francia, una fieciin que se dedicara a desmantelar. Mérimée, Vietor Hugo, Dumas y Gautier son los responsables de la tepresentacién de Los viajeros romanticos franceses Espana a partir de determinado repertorio del color local: pa deretas, manolas, bandidos en los caminos, pobreza y gratesco. El desarrollo del dispositiva del color local esta ligado a tres Grdenes de la deseripeiin -tipismo, pintoresquisma y costum- brismo-, aplicados a sujetos, espacios naturales y cuadros s0- ciales, respectivamente. Las tres formas confluyen on ol desa: rrollo de un género paralelo al relato, la guia de viaje", de gran difusién durante el siglo XIX debido a la democratizacién y ex pansion de ests prictica en la sociedad moderna, Sobre todo el tipismo, como senala Barthes, esta relacionado con la produc: cin de los estereotipos nacionales: Li6 235 Para la Guia Azul los hombres sélo existen camo “tipos". En Eepaia, por ejemplo, el vasco es un marine aventurero, el levastino un jardinero alegre, el Catalan wn habil comerciante y el edatabre un mentanés sentimental. Valve tos 4 encontrar aqui el virus de la egencia que esta en el fonde de toda mito login burguesa del hombre motive par el eval tropezamos com ella tan n me- nude, (Barthes 1970: 124-128), Estas especies discursivas estan afineadas on ol relato de viaje eurapeo, como es evidente, pero en lugar de seguir décil mente su modelo, Sarmiento se dedicaré a desvirtuarlas. Un modo de hacerlo sera contraponer su propio enfoque con el de otro personaje, potencial visitante, mencionado como “el extran- ero” o “el viajero”, portador de una actitud crédula y despreve- ida, Actitud ésta de la que se instruye #aficiontemente duran. te los cinco dias que comparte la imperial con M. Giraudet, de. Iegado de Ia Illustration de Paris y M. Blanchard, admirador incondicional de Esparia: “El extranjero que no entiende aque- Ha granizada de palabras incoherentes, se cree en un pais en- cantado, abobado con tanta borlita i zarandaja, tanta bulla i tanto campanilleo, mas sideral, mas postico, mas extra. jamsis" (1993: 130). EL sin a Gautier, que si bien no aparece mencionado directamen. te, es el mentor del imaginario que Sarmiento discute, Como sefiala Rubén Benitez (1993) en su notable estudio contextual sobre el viaje a Espafia, Sarmiento coincide en su gira con la primera incursién de Alexandre Dumas (padre) y la segunda de Gautier, ambos enviados par periédizos franceses con oca- declara a la Espafia el pais mas romanesco, jundanal que pudo sofiarse nfasis en la adjetivacién parece una alu- sién de los festejos por la boda real. Sarmiento se encuentra con Dumas, sin embargo, parece no haber conocido a Gautier aunque podemos inferir, por estas referencias, que si tuve con tacto 0 noticias de su Voyage en Espagne," Bn todo caso, pole- miza (en la idealizacién) con Gautier y compite (en Ia ironia) con Dumas, ut Ese viajero modelo (basicamente, el francés) tiene una mi- rada que eclipsa lo historico e ignora la confrontactén entre la imagen y la realidad politica: “Pero el viajero que va arrastrado por Ja dilijencia no detiene por lo jeneral su pensamiento ni sobre lo pasado ni sobre el porvenir de este pais” (1993: 133). Para Sarmiento, Espaia es una construccién de viajeras: Fabuladores, como Alexandre Dunas, que ha deserito admira- bles paisajes sin haberlos visto, o Chateaubriand, que ha exa- gerado sobre la belleza de Ia mezquita de Cordoba, Despreacu- pados de la historia o desprendidos de la verdad, estos viajeros ‘europeos oftecen versiones que Sarmiento se propone revisar rebatir, Por eso, en un nivel, escribe contra Espatia (como viaje. 10 criollo ante la metropolis) pero en vtro, contra las imagenes fijadas por la tradicion viajera europea. Un ejemplo apropiado de este dispositive son los mendigos, Personajes de la pintura -desde los hampones y borrachos de Velazquez y los ninios men- digos de Murillu a los pordioseros en los caprichos de Goya y Ge la literatura ~desde la picaresea del XVI al costumbrismo de Larra-, conforman uno de los tipos nacionales mas constantes de Is cultura peninsular, A su paso por Burgos, Thénphile Gautivr los describe asi fos nndeajos custellanos ¢ manitiestan alli ua tudo su caplendor. Ed wis insignificante mendigo va uneuclts nebkesieute eu su capa, come un empere Hor romano en su piirpwra. Tales capas, por la ealidail del color. pueden eon avurse, a mi parccer. con grandes trozos de yexen revurtados por el horde. La apa de don César de Bazan, en el uy Blas, nb se utoren # triunfantes dies ai Ulorioses ping:yes «...) Sige cogieen um pedaco de tela y duraite wu degiears von persona a ensuelarla, race, afajerearlo, remen arlo y haseste perder su cular primitivo, nase logatia a esta sublivaidad del nd 1934. 5551 Para Gauticr ol atuendo del mendigo puede ser esplendoro- soy hasta sublime en su deterioro, lo que pone en evidencia su optica part pris en oi relate, Apartandose del programa 8 estetizante del viajero francés, Sarmiento verd en estos ewifiag pos el mapa politico del pais. El personaje no es una curiosided ni una eseacia nacional, mucho ma sino un signo donde leer la historia institucional de esa eccte- dad, una huella a partir de ia cual ol r adivina ia gran silueta del Estado" os ana fuence de lirisme, treador sanjuanine EI paieano espaol posee, ademés, todas las cunsidades uecesarins pst sjercitar coa éxito la profestin de mendigo, Unaire grave, ita memoria rect jada de ornciones piadosas. BI pane burdo de que el pusblo wepaniol vise, ee dde color i consiatencia caleulades para resisti «la action ue ios sighs. yorda- ders muraila tras dv la eual el cuespo vata al abrige del sob. del aire y del a que esta toda su vida peleado irrecnuciliablemente, Cuando ale senbre por nn code 0 una fulia, bastienes avanaados de quella forbfescion, una pieza de nuevo pano ls cierra nmadiatamente, 1a lo dive 502 ininistros que han desgobeenado la Epaa #n estos altinos tiempos, bu hiesen hecho obligatorios sus colores, los vestilos del pula espanol serian hoi un euadro fiel de los movimiientes pohitiens de los Ultimas vointe anos trans curridas, El sistema de remiencdos se apliea igualment en Espasa Iva refor maz politicas 1 sociales; aubre un foro astigue troide, sw apbien wh renticonts colorado que quiere deeir constituciin, evra verde quie quiere decir Ithertad otro amarillo. en fin, que postria sipnifieat wevtinscran. Ky Ia tiaral 9 6n to fiesea ne conozco un poeble mas remendada, six contar todas las weujero qu fun le quedan por tapae" 1983: 136), Sarmiento hace de an objeto precileety dei eostumbrisme como es 1a ropa, una sefal de historia, un drapeade de politica, esencias inmutalles, Bn el Faewndla habia sos el reverse de La tenido que “Poda civilizaci indica un sistema de ideas entero’, principwo que aplice a su se eapresa en trajes, ieada braje rulato expafoi, donde rechaza iu anecaotico dei detaile, privile~ giando ef sistema que lo organiza." Bn este mismo pasaje de Facundo agrega que la moda os signa de progreso, pur eso en las regiones atrasadas, como Asia, el hombre eva el vestida talar desde los tiempos de Abraham. Sarmiento demuestra que mpes brogresa, no se actualiza, no se moderniza), en cambio, no pite aunque el traje del ¢ no espanol resiste a im mous (no na de resistir a la historia, que se inscribe en su superficie de par- ches y remiendos. Para la construccidn de la imagen del mendigo retoma, como es sabido, el costumbrismo critico de Larra, autor citade al ini- cio del viaje, de quien proviene In ironia desgranada al comien- 20 del fragmento trascripto, la ‘profesion de mendigo’, Recuér- dese el artfeulo “Modos de vivir que no dan de vivir. Oficios menudos”, donde el espafiol repasa las profesiones mendicantes: el portador de la candela, la trapera, el zapatero de viejo, entre tantos otras (Larra 1968: 199-211}. Larra le ofrece el modelo de tun costumbrismo politizado, distante de la perspectiva inma- nente del viajero francés." Como dijimos, Sarmiento salta de la acumulacién de los detalles al andlisis de la jerarquia que és tos aleanzan en un conjunto." Por eso inserta al mendigo en una feoréa del mendigo. pudiendo asi argumentar sobre su ori- gen y sentido: “Fl paisano trabaja en Expaia, mientras sus fuer zas se lo permiten; cuando el peso de los anos va agobiandolo demasiado, deja el arado por el bastén de mendigo i eseoge un punto del camino como teatro de su nueva industria” (1993: 135), A partir de un razonnmiento mas 0 menos absurdo o mas 0 menos risuefio— construye un ciclo, eon lo que vuelve legible un signo que tan s6lo era funcional al sistema naturalizado (y adi- tivo! del “color local’ Gautier convoca continuamente un cuadro donde prevalece el listado 0 catlogo de elementos en un orden estatico: “Pam. bin encontrabamos recuas de mulas, enjaezadas de una ma adora, con caseabeles, mantas y alforjas abigarra. lo pinto. 34: 102, n comienzo que todo lo pintoresey desaparecers pronto: los monjes, los bandi- das y conducidas por arrieros armados de carabina: resco, fan deseado, aparecia en abundancia.” (Gautier 19 la cursiva es mia), Sarmiento advierte desde dos en los caminas, y hasta los mismos mendigos, por euya con. 2G servaci6n artistica reclama. Los tipos sen una creacién renova- da por cada nuevo visitante, una fabulacién en Ia que puede croerse ono. Sarmiento resuelve destruir el espejismo, Gautier sufre vértigo frente al espectéculo de lanaturaleza y desea fun- dirse con la inmensidad y la magnificeneia del paisaje, esos ~agradables panoramas” inventados en Europa desde el Siglo XVII como modo de organizacién, disposicién y administracion del espacio rural (Williams 2001; 163-179). Sarmiento huye tam- bién de esta mistificacién, recorriendo Ios caminos sin mayores efusividades. Tampoco el espacio naturel merece ser ennobleci do con 1a prosa cuidada de una vist ocuadro en la tradicion del gran viajero del ochocientos, Humboldt. En suuma, escamotea todlos los formulas descriptivas de Bs- des- cribir monumentos que podéis ver mejor en una litografia” (1995: 225). Gautier se precia de ser un “daguerrotipo literario”. Sar- miento delega a Ia litografia esta funcié secundaria: no quiere ineurrir en la toutologia de que imagen y eseritura digan lo mismo. Prosentarse como un viajero fastidiado de su funcién descriptiva es el mejor modo de retirar toda libido de su objeto y hacer que la deseripeién pierda toda funcionalidad, o, al me- tan autorveflexiva como para anular cusl- pafia y hasta reniega de este procedimiento: “Me fastidi hos, que se vuely quier efecto mimético, Su precoz alegate contra el color local en el relato de viaje sélo podra equipararse con las impugnaciones de Borges a tal recurso en “El escritor argentino y la tradicisn” La otra formacién que interviene, como ya advertimos al co mienzo, es el orientalismo: "El aspecto fisico de la Espaiia trac en efecto a la fantasia In idea del Africao de las planicies asis. (1993: 131). Su perspectiva sobre el atraso y la barbarie se refugia en la analogia oriental, come una continuidad de fa establecida en el Factunco (Piglia 1980). Rn Espana su enfoque esti mas proximo ala consigna de Dumas (Africa comienza en 12a Jos Pirineos") que al encandilamiento de Gautier, aunque sufti 14 desplazamientos en su proxinio destino, Argeha, En el viaje 2 Ares vospecto a Oriente, al que puede accederse, exclusivamente, por intermediation del cristalinu europea define ciertas colocaciones relativas del americano Arjel basis, con efecto, para darnos una idea de las enstumbees § modes de ser orieatales; que en cuanto a Orienle, que tantus prestijins tiene para #! euvopeo, 2us antigiedades y tradiciones son letra muerta para al americans, hijo menor de la tamilia eristiana, Nuestro Oriente es Ia Eusopa, 1 si alguna luz britla mas allé. questros ojos no estan preparados yara recibirla, sino al raver del pristan europes, (2993 1721, A nesar de esta declamada posicién subsidiaria, a lo largo del relate ir desplazando el prisma para lograr otros enfoques que se desvian de la clasica oposicion este/oeste. Asi, el Oriente en Sarmiento asume mas de un sentido y direccién, eseapando a las formulaciones antinémicas para afrecer nuevos repliegues. En aia primera aprosimacién, responde a la ecuacién orienta- lisme igual a barbaric y despotismo, tal como aparece en el Fu: cundo (Altamirano, 1994), La hipotesis oriental se ve corrobo- rada en el viaje a Argelia, donde la comparacién, realizada esta vez desde el Este, le devuelve las mismas analogias que antes ado desde el Oeste, las razeias de los orientales son como los malones do los indios, las tiendas de los descen- habia artic diontes de Abraham, como los toldos de los pampss, Pero aqui ‘as categorins comienzan a contaminarse;“montoneras arabes’ 1993; 186), “gauchos arabes” (186), “baqueanos érabes” (198), hasta la completa continuidad entre el paisaje del Sahara y el de la Pampa. Una segunda acepeién de lo oriental tiene un cariz estético: erdtico-exotista, En su visita al Louvre de 1846 habia contem- plado los cuaéros de Horace Vernet (1789-1863), perteneciente age al movimiento orientalista que en la plastica lideraban Alexandre Decamps y Eugene Delacroix, viajeros a Marruecos y Africa del Norte en la década de 1830. Informacion pictoriea que viene a sumarse a su leetura de viajeros a Oriente, como. Volney 0 Chateaubriand. Sarmiento no dejara de incurrir en los topicos provistos por la moda orientalista. Edward Said se- nala que el viaje a oriente precipita la fusion de erotisio y exo- tismo, expresada en un éxtasis de lo corpéreo, Ki pasajero a Oriente sufre transformaciones y mimetismos que mente comprometen su autoimagen: raparse la cabeza, tenirse itus de Jas uilas, comer con las manos o vestir el albornoz son inieiacidn irrecusables para cualquiera que ingrese en este te rritorio. En Sarmiento Ja ley se confirma en el galope a eampo traviesa 0 el uso del albornoz que arregla con secreta satisfac cién (y evidente dandismo). KI gosto delata un deslizamiento desde 1a condena del “traje talar” del arabe en Facundo 0 la timenta atemporal del mendigo espanol, hasta la revalo racion del vestido oriental Por iltimo, la conjuncién erotismo-sxotismo no esta ausente ‘a me paseaba en el camino en circunstancias que una comitiva de mujeres se de su contemplacién de las mujeres: “En Masa acereaba, i que al verme se cubrieron todas completamente ol vostro. La que venia a la caboza deseubria, por el garbo de su talle, finura y limpieza de sus envo'torios, lo maciso de los Erilletes i cierta coqueteria en el talante, que era una dama de distineién; pero jeomo verle el velado semblante?” (1993: 198) Bl viajero azuzara el inger desnudar el rostro de la “beldad arabe" (194). Sila primera con- © para despertar la curinsidad y notacién de lo oriental (barbarie) acarrea la condena, la segun. da (erotismo), en cambio, le provee una euforia insospechaia y una revelacién que despunta en Espana, se precipita en Al y se verbaliza en su regreso a América. En Recuerdos de pre vincia se ufana de su linaje arabe por via materna, Albarracin ~ Al Ben Razin: *...i digo la verdad, que me halaga i sonrfe esta Jenealojia que me hace presunto deudo de Mahoma” (Sarmien- to 1850: 20). Bl viajero se ha desplazado no solo en el espacio, Jas representaciones y Ia memoria, sino también en Ia percep- cién de su propia identidad, que ya admite contaminaciones, pasajes y traslaciones. Espaiia contemporanea La metafora predilecta de Darfo para aludir a Espana en sus afios argentinos fue “la muralla”, Con todo, logré atravesar- 1a cuando fue enviado como corresponsal de La Nacién para cubrir ol panorama del pais después de la derrota bélica de 1898. Miré entonees on dos direcciones. Del pasado recupers el cast Mo como modo de insuflar grandeza al alicaido espiritu nacio- nal y, en el futuro, identifies el affiche catalan, policromo, au- daz, actual, signo de una Espa wa nueva que el viajero america- ho busca incansablemente durante su estadia en ose pais y que hara surgit, con evidente voluntarismo, de sus erénicas.'* Bl relato sufre el desdoblamiento de una mirada retrospec- tiva que busca las constantes, y otra prospectiva que anuncia el porvenir, disefiando un sujeto a medias nostalgico y a me- dias profétieo, aunque siempre, inequivocamente, optimista, La retérica del optimismo da cohesidn tonal a las sucesivas entre- gas y su vehemencia sanadora incide con el enuneiador lirica de “Salutacién del optimista” (“Inclitas razas ubérrimas, san- gre de Hispania fecunda, espiritus fraternos, Iwminosas almas, isalve!”). El poema-himno transforma la derrota en esperanza, como las crénicas de la postquerra transformarsin la Hispania de las desgracias en la Hispania fecunda, Paro la operacion sélo ioe es posible porque se construye un campo de identidad comin entre el viajero y su objeto, “la latina estirpe.” No obstante, la nueva alianza con Espafia en estas notss no supuso una cone ‘ign munifica, sino una negociacién, La mirada redime pero no ‘oculta. Regenera pero no escamotea la asimetria de la relacién, donde In utopia del abrazo aleanzn su justo limite Si Sarmiento se propuso hurgar en las “Ilagas” de Ja penin sula usando el estilete de su palabra (“apricto malieiosamente para que le ucla’, dice) Daria cauteriza no solo esta herida sino también las que deja la guerra hispano-norteamericana de 1898, Aungue persiste la metafora mérbida, “Hay en la at- mésfera una exhalacién de organisme descompuesto” (Dacfo 1987: 43), se produce, paralelamente, una gran rotacién en su discurso que acude a In atenuacién o al silencio, a la preteri- cin y a vecos al cufemismo, para desmontar ose mecanismo de 14 confrontacion que habia earacterizado a la retorica del viaje a Espana." Dario permuta el interrogatorio inquisitorial por una escucha terapéutica que reconoce los sintomas, hace eor- tes, retine sentidos diseminados, repite, responde, ilumina, transfiere, transforma y eventualments, cura la llaga Las crénicas incorporan los diseursos que participan del de. bate por la déblécle nacional: el ultramontano, el catdlico, el romsntico, el dureo, el negro, el restaurador, el derrotista, el moderno,el de Ta “social”, el de carlistas y republicanos. Largas citas de Ia prensa espai spaiiol” “an amigo”), giras impersonales (se piensa’, “se dire”) y en: mentarios de Ja calle se van sucediends sin ninguna jerarquia ola, opiniones anénimas (“un en particnlar. El viajero esta atento alas manifestaciones del fracaso, de los traumas, de las cuentas impagas, por eso dira u sello, Unamuno: “sus juicios, sin dejar de ser suyos y Hevar se nos presentan como sintesis de juicios que flatan en el am- biente intelectual madvileno.”® Dario no sélo reproduce y transeribe estas autorrepresen- taciones hispanicas, tambien interviene y polemiza. Si alguna voz ultramontana desconfia de Ia exactitud de la leyenda ne #9, el visitante menciona la relacion del padre Las Casas; si Unamuno 0 Pardo Bazan rechazan la leyenda a rea por haber perpetuado el espojismo heroico, confia en revisar la version dorada. Se hace eco de loz argumentos de la generacion del 98, que oscilan entre el escepticismo radical y los programas de Fecuperacién nacional. Su inclusion en una de las primeras nominas del grupo, aunque errénea, es senal de este didlogo integrador. Comparte con ellos la ideologizacién espiritualis. ta quo le hace atribuir la decadeneia del pais al malestar espi- ritual por sobre las motivaciones politicas, sociales o econémi- cas de la erisis. También asume, como este contingente, ese ‘uevo protagonismo y visibilidad publica de los intelectuales en el fin de siglo. De este modo, el imaginario del artista deca dente pierde la consisten: que habia tenido en sus eseritos porteiios, posibilitando el pasaje do “los raros" del 96 a “los in- telectuales” del 98, Su participacidn en los debates hizo tomar conciencia de que el problema espaol no era exclusivamente nacional, sino que implicaba el destino de un ares cultural. Frente a esta Espana desarticulada (pero no agénica) América se dimensiona como una vanguardia moderna donde el proceso de innovacién esté- tica no solo ha sido previo sino también auténomo: “Nuestro modernismo, si es que asi puede lamarse, nos va dando un puesto aparte, independiente de la literatura castellana” (“EL modernismo”, 257). El viajero americano pasa los limites del observader, para situarse como mediador y organizador de las nuevas corrientes estéticas frente a los resabios de realismo, naturalismo y academicismo, tendencias imperantes en las pro. ducciones literarias, dramaticas, plasticas y eriticas. Abundan las manifestaciones de reprobacién al clientelismo y a la con. 126 doscendencia con el mercado, 1a rep-esentaciin mimética, la pobreza del periodismo y del mundo editorial y librero. Sobre ese balance negativo, proyecta la novedad, por eso Esparia contempordnea ha sido considerado un manifiesto del Modernismo espanol (Vilanova 1987:9-26). Dario dispone Ia sucesién entre los escritores de Ja Restauracion** y la nueva generacion, Ramon del Valle Inclan, Antonio Machado, Juan Ramon Jimenez, ademas de proyectar al emergente modernis- mo catalan, con las figuras de Juan Mavagall Ranson Casas y Santiago Rusiiol.* El affiehe callejero catalan es el emblema oun arte cosmopolita donde sconfanden los raza de William Morris, Mucha, Casas, Utrillo y Rusinol, el primitivismo, el prerrafaclismo, las cintas, volutas y lineas geométricas. Ast como el affiche callejero, Dario se vuelve un poeta en la calle, regis: trando a ras del suelo las mas minimas sefales de esta cultura aqueada por el fracaso, ‘wegen atravesar la moral, Dario rvis os topisos de vie 4 Espaia, armando una nueva reticulacidn de ese espacio. Uno de los relatos peninsulares mas constantes en el siglo XIX se articulé sobre un criterio de polaridad, que dividia para repre- sentar (Granada y Toledo, sol y piedra, fiesta y procesién). Dario acude a imagenes integradoras que cierran la fisura abierta por estas disociaciones. Entre lus tépicos revaluados esté le barbarie kispana, cuya manifestacién predilecta fue la corrida de toros. La ceremonia habia sido condenada por ot iluminista espaiiol Gaspar Melehor de Jovellanos, considerada “barbara diversion” por Pray Servando yexpectaculobérbaro”yseduc: or” por Sarmiento. Dario confiesa su propia ambigtedad: e| tereo"domina'y-repugne'al mismo tempo, Pero de de ad el estigma antimoderno y la moralina iluminista, sustituyén. dolos por la idea de “fiereza” 0 “perversidad”, juicio tamizado vor sus lecturas decadentes liberadoras de preconceptos y sen sibles a las manifestaciones de lo irracional: “Pero si no hay duda de que colectivamente el espanol es la mas clara muestra de regresién a La fiereza primitiva, no hay tampoeo duda de que en cada hombre hay algo de espaiol en ese sentido, junto con el de Ia perversidad, de que nos habla Poe.” (119). Dario desplaza, @ partir de esta sustitucion, el andilisis hacia motivaciones in. conscientes que no son privativas de Espaiia y reivindica la tauromaquia como propia del cardcter nacional, inaugurando tanto un cambio axiolégico como un fuerte t6pico literario en el siglo que se inicia. Del mismo modo, argumenta por el reseate de la Espaiia mora, las “tierras solares”, reflotando con signo Positivo ese “oriente” contenido en Ia geografia peninsular, lo que arraiga una nueva mirada sobre Andalucia Como todo viajero americano, Dario arma su prisma obser- vador sobre un tripode, euya tercera pata se asienta en un pres- tigioso antecesor, Théophile Gautier, figura tutelar en max de tun pasaje de Ia Espafta contempordnea: “Facil es imaginarse el entusiasmo de Gautier por esta Espaia que aparecfa en el pe- riedo romdntico como ana peninsula de cuento; la Esparia de Jos chéfeux, Ia Espana de Hernani y otra Espana mas fantasti- ca si gustais, y 1a cual, aun cuando no existiese, era preciso in. ventar.” (115, 1a cursiva es mfa). Convalida In invencian de Gautier como modo de aproximar el propio texto a la alta tradi- cidin estética del viaje, pero también se distancia de éste y otros viajeros franceses. Como de Barrés, responsable del mito con- temporaneo de Toledo y figura central en esa ficcisn finisecular de Ja Espaia negra pasada por el tamiz decadentista (la triada sangre, voluptuosidad y muerte), que tanto eco tondria a co: mienzo de siglo entre los eseritores hispanoamericanos, como Enrique Larreta o Amado Nervo, La escritura de Dario deia de lado los procedimientos del colorismo a lo Gautier o del anacro nismo, a lo Barres, para elegir la elipsis y la yuxtaposicién sintaetiea, en la busqueda de un ritmo que se ajuste al andar apresurado y moderno. 128 BA En “Andares de la ciudad” Michel de Certeau sostiene que el modo de desplazarse de los paseantes disefa “figuras” en el texto de Ia ciudad hasta constituir una “‘retorica caminante” en Ia cual los trayectos presentan una serie de vueltas y rodeos susceptibles de asimilarse a los “giros”o figuras de estilo en la eseritra “Agrogarta quo ol espacio geométrico do tos urbanistas y los arquitectos pareceria funcionar como el ‘sentido propio’ construido por los gramaticos y los lingttistas 2 fin de disponer de un nivel normal y normativo al cual referie las desviacion del ‘sentido figurado’, En realidad, este sentido ‘propio’ (sin fi- gura retdriea) resulta imposible encontrarlo en el uso corrien. te, verbal 0 peatonal; es solamente fa fiecién producida por un uso también particular, el uso metalinguistice de la ciencia que se singulariza por esta misma distincién.” (De Certeau 1996. 112). Poclemos pensar que los viajeros, en tanto paseantes, vuel- ven legibles a las ciudades a partir de embas acciones, sus pa- sos y su escritura, Moviéndose a nivel de Ia calle, disenan tra. yeetos premeditados (un four, un relato lineal) o imprevisibles (una flanerie, un callejeo, un relato radiado}. Imitan la ociosi- dad del dilettante en la mareha muchas veces accidental de los relatos 0 el programa del tour en el caraeter sistemtico de los recortidos, O bien se localizan en una altura arquiteeténica y enunciativa asumiéndose como lectores, descifradores y orga- nizadores de todo el mapa de ta ciudad La vision panoramica desde las edspides es propia del fin de siglo siendo favorecida por las nueva elevaciones arquitecténicas, Torre Biffel o rasea- cielos, que permiten una nueva inteleccién urbana! Darfo hace uso de todas estas posibilidades espaciales y enunciativas en sus erénieas, incorpora, ademas, una figura re- de Ia aceleracidn: la torica (y paseante) acorde a los tiempe clipsis. La elipsis, segin Barthes, es la figura que corresponde “a Ia censura de todo lo que molesta a le pasién” (Barthes 198) 781, es decir, un procedimiento relacioneco, en este caso, con la 129 atenuacién o silencio estratégico de los conflictos que peson en la relacién América-Espafa. Pero la elipsis se eorresponde tam- bien con un modo de desplazarse, la del globbe-trotter, que con- jad en el espacio.** To iret significa moverse a una velocidad intermedia entre cami- nary correr, haciendo pequerios pasos répides. El globbe- trotter practica, podemos pensar, une aceleracién contvolada, un des- plazamiento ospasmédico. De modo andlogo, la supresién de nexos desmantela la continuidad del relato. Los relatos no son redes, sino filtros, y se adaptan al capricho del paseante, defi- niendo una linea de flotacién y estabilidad provisional. El paso rapido ~ya casi futurista~ permite otra resolucion retériea. Un pasaje de “Barcelona” permite apreciar estas nuevas operacio- nes de escritura nota diversidad, frecuencia y simultane Una hors después estoy on el hervor de la Rambla. Bs esta ancha calle como sabreis, de un pintoresco euriaso y digno de nota, baraja social, revela- or termémetro de una especial existencia ciudadana. En la larga via van y vienen, rozanddose, el sombrero de copa y la gorra obrera, el smoking y Ia bl 4a, a seftorita y Ia monegilda, Entre el caus de drbolos donde chilia y charla tun milln de gorriones, vael rio humane, en un incoatenido movimiento. A los lados estan los puestas de flores variadas, de uvas, de aaranjas, de datiles frescos de Africa, de pajaros. Y florecida de caras freseas y lindas, la muche- umbre clea, Si voestre espiritu se aguze, he ahi que se transperenta el alma urbana, Alli, al pasar, aotdis algo nuevo, extraio, que se impone. Bs un fer mento que se denuncia inmediato y dominante. Fuera de la energia del alm: catalana, fuera de ese tradicional argullo duro de esta pais de conguistadores ¥y menestrales, fuera de lo permanente, de lo hietrieo, triunfa un viento mo: ‘erno que trae algo del porvenir, es Is Social que esta en el ambiente; es la Impasicion del fendmens future que se daja ver: os el secreto a voces de la bluua y dela gorra, que todos saben, que todos sienten, que todos comprenden., ¥ que en ninguna parte come aqui resalta de manora tan palpable en magnit Covalto relieve. (24) La deseripeién evita el cuadro completo y privilegia la ilu- minacién de pequefos fragments de la cultura mediterranea (los puestos callejeros) y del ambiente urbano, donde la blusa y 130 Ja gorra aparecen como sinéedoques de la “Social”, la vanguar- dia politica tan importante cuanto la estética que anima a Bar celona. Bl cosmopolitismo se traduce en la amalgama léxica que admite el hispanismo (menegilda, en Madrid y otras regiones, criada de servicio), el cultismo (mene: xgismo (olea), el probable galicismo del “hervor de la Rambla (giro aplicado frecuentemente al boulevard parisina). La deixis eva la atencién de un asunto a otro con rapidez conformando un relato tipo radiado (que avanza y diversifica los motivos) propio del caminante en la gran ciudad. En algan momento in: terrumpe el paseo para foealizar una vista panoramica y resu- mir la vision fragmentada (“Y florecida de caras frescas y lin- das, la muchedumbre olea”)* Variedad, ritmo, segmentacién, stral por obrera), el neolo- estilo sincopado confieren una nueva estética a 1a crénica de viaje que contagia de su novedad expresiva al referente, impri- miendo una nueva postal contempordnea, casi moderna. En al- gunos momentos, futura Versiones del hispanismo rioplatense Hacia 1910 Espatia se volver el baluarte del nacionalismo argentino conformado esa nueva coyuntura cultural que Osear Teran ha Namado “BI dispositive hispanista” (1992). Segin nto de lo que José Luis Ro- ‘Teran el hispanismo, desprendin mero Ham6 el *nacionalismo latino”, obedecié a un “operative re-hispanizante” levado a cabo por la generacién del 98, sobre todo por una de sus figuras més visibles, Miguel de Unamuno. ‘Toran recorta tres respuestas a esta politica en Argentina da das por Ricardo Rojas, Manuel Galver y Manuel Ugarte, cada cual con actitudes diferenciadas. En el primero, un hispanismo anticlerical y filo-moderno, en el segundo, una fuerte impronta catolica, castellanizante antimoderna, en ambos, el rechazo al 131 materialismo y la desconfianza en la inmigracién. Ugarte repre- senta, en cambio, la adscripcién a los valores franceses, pese a su aproximacién al hispanismo —sobre todo como proyecto lin- gilfstico unificador—en ciertos momentos de Visiones de Espana. En BI solar de {a raza (1913) Manuel Galvez identifica en Espana Ia cantera de su campaiia regeneradora y nacionalista, cuyo programa esta anticipado en el primer capitulo del libro. Segiin Galvez, la “raza” 0 “estirpe” espaiiola es el depésito de los mas altos valores del misticismo y la fe. La catedral se im- pone on todos sus recorridos ya que Espaia es un “hogar para el alma” (25) —toma la metéfora de Barrés~ que debe servir de contrapeso a la operacién de “descaracterizacién” nacional He- vada a cabo por Ia afluencia inmigratoria en la Argentina, Galvez absuelve a Espaiia del peso de ta leyenda negra escuiléndose en un criterio relativista: “La barbarie de algunas guerras modernas ha sobrepasado, como es notorio, la tan men- tada barbarie de la conquista de América” (47), y Lava las le- yendas pasadas y presentes identificando a sus detractores entre “los normalistas, los patrioteros, los anticlericales, los mulatos y los hijos de italianos” (55) Con la misma prolijidad xendfoba con que caracteriza al antihispanismo, Galvez también divide a su objeto en cuatro zonas culturales: 1a Espaia castiza, latina, africana y vascon- gada, para consumar una identifieacién excluyente con a pri- mera de ellas. Sélo Castilla, el “solar de la raza”, es la parcela que ofrece fa mayor resistencia a la modernidad, reforzando ese circuito turistico-literario-cultural que ya habia sido esta- blecido por los apologistas de la “vieja Espaiia” (de Barrés a Larreta)~ Segovia, Tuledo, Avila, Salamanca. Andalucia, en eam- bio, es un territorio negado por Galvez. Resistento a los mestizajes, desecha cualquier marca musulmana haciendo des- aparecer tendenciosamente la impronta “africana” u “oriental” de modo de exeluir cualquier elemento extranjero de su utopia 132, 33 cultural. Su eatedral enstellana no admite, no podria admitin, resabios de ninguna mezquita. Ricardo Rojas recorta sobre Espafia su vocacion archivista Es un viojero documental™, ya que una de las metas de su viaje seré organizar el pasado cultural americano y, en particular, argentino. En Retablo espaiiol (1948), que corresponde a su viaie de 1908, Rojas instala un contrapunto con Sarmiento, a quien confronta por el “sistematico prejuicio antiespafol”, la superfi- cialidad del viaje y el silencio frente a las verdaderas causas de la decadoncia espanola. La censura del viaje sarmientino es también la consura de su programa liberal. Rojas, como Galvez, se propone liberar a Espana de cargos y culpas y su condona- cidn abarea desde los Habsburgo a los Rorbones, desde Ia con- guista a Ia independencia, El relate de viaje funciona como un ensayo cuya argumentacién apunta a diluir la historia negra que pesa sobre esta relacién, Su otro objetivo es “buscar las claves de nuestro origen”, las sefiales fandacionales que ayu- den a definir lo nacional. Por oso se comporta siempre como & atento organizador y catalogador del legado hispanico. Las marcas del pasado americano se hacen nitidas en determina dos espacios: el museo, la biblioteca, la librerfa de viejos. Los momentos de plenitud del viaje coinciden con el contacto ~casi sagrado y ceremonial~ con el documento colonial que parece contagiar su aura de originalidad al visitante: “Guardanse aqui viejos planos de nuestras ciudades, informaciones sobre los pueblos indigenas, probanzas de servicios, noticias de la tierra y de su cultura.” El viaje para Rojas fue un modo de constatar el origen y recibir el espaldarazo de la tradi Las metaforas de Espaia son elocuentes. Bs un lupanar para Servando que retribuye la moralina de la conquista y toma re~ vancha de tres centurias de colonialismo Bi liberalismo romain- tico exaspera el tono y arroja Ia imagen del cadaver fresco en Sarmiento. En Dario se impone la muralla, signo del aislamien- 133 to, que sera revertido en castillo y affiche. Bs una casa solavie- ga 0 una catedral en Manuel Gélvez, que levanta nuevamente el resguardo del dogma, Ricardo Rojas elige el retablo ~con re- miniscencias religiosas y arcaizantes, aunque su representa. cidn sea laica y desplazada en el tiempo- que connota la re- unin en un pequeno receptéculo de los valores perdurables Con Alfonso Reyes, se volvera “carton” goyesco o tarjeta postal, espacio estético donde se han disuelto, parcialmente, los anta. gonismos, 134 Notas “Los viajus de Vere son Geeiones inseripias sabre fcelones de vinje. Ba uma, fo suyo es un arte de la memoria hecha de los ruil y un modos de eom- poner un simuilacro con vestipios” (De Certana 1986: 127-149, la traducein "Bl toma de la relacion de los letrados e intelectuales hispanosmericanes ‘con Bspana ocupa un importante lugar en nuestra historia cultural, para con- frontar algunas de las ideas que sostengo en este capitulo vaage Carlos Rama Historia de las relacionee culturales entre Espa y la América Latina (1982), Bwilia Zuleta Relaciones literarias entre Espada y ta Argentina (1988), Talio Halperin Donghi "Espana e Hispanoamérica; micadas a través del Atlantico 11895-19757" (1987), Oscar Terdn “BI dispositive higpanista’ (1992) ‘Al hablar de “extremosidad" soy conacients de retrotraer a Servando a su ‘ondicién de “sefor barroco” tanto en sus gestos como en su eseritura. ya que remito a la categoria definida por José Antonio Maravall: "El autor barroco puede dejarse llevar de la exuberancie o puede atenerse a una severa senci Nez. Lo mismo puede servirle a aus fines un cosa que otra. En general, of ftaplen de una W otra, para aparecer como barroce, no requiere mas que una condieién: que en ambos casos se produzean Ia abundancia o le simplicidad, ‘extremadamente, La extremosidad, ose #1 aeriaun recurso de accibn psicologi ‘a eobro Ins gentes, ligade estrechameate a oe supuestos y fines del Barvoco.” ‘Maravall 1975: 426), “Baltasar Gracisn en Bf Critic refiere al"pasmo en el exceso” que pro= ‘duce la contemplacion de E Bxcorial -que sers, por olza parte, un espacio de prucba para In venssbilidad vinjera americans, Servando se pliega a eata im- pronta barroca que hace de lo desmedido su postica. " Entiendo al "pastiche sstirico" como “iritaeidn estilistiea cou funcida critica o riioulizadora” (Genette 1964: 31), por lo que sugiere que Servando once, usa y exagera los modelos satiricos europeos. Véase, por otra parte eb tacelente andlisis de la maguerie de Fray Servando en Bite (1882). "Dice Bacon en “De los viajes": "Las cosas que conviene ver y observar son: las cortes de los principes, particularmente cuando eoaceden audiencia a em- bbxjadores; los tribunales, cuando se resinen para osevchar a los Litigantes: y ‘simismo los consistorios eclesidstiens: las iglesias y monasterios, con los mo- umentos que encierran; las murallas yfortfieaciones de eiudades y pueblos, 135 as como fondeaileros y puertos: antigdedades y ruinas: bibliotecas; asambleat tiscasiones y conferencias, donde las hoya: buques y armadas; ediicis y ja dines publicos y de roereo, coremnos a grandes cledades; armerins; arsenales; almacenes; lonjat: bolaas: depdsitos; sjercicios de equitacién, esgrina, adies. tramionto de soldados, y demés por el estilo; comedins, de las que acuden a ver 4a mejor clase de personas; tesoros de alhajas y de repajes;colecciones de arte ¥y de rarezas: y, para terminar, todo lo que haya de memorable en el lugar ‘donde van. De todo ello los precoptores o servidoree deberian hacer diligente averiguacién, Bn cuanto a desfiles, mascaradas, fiestas, bods, funerales,eje- Cciones eapitales y exhibiciones por el estilo, los hombres no tienen neces Gad de recordarlaa: sin embargo, no han de desdefarse." Bacon prescribe, ade- ida, la eseritura durante el viaje, (Bacon 1950: 9-10) " Pere Salavert define lo pintoresco como un relacidn entre naturaleza y cultura’ "To pintoresca sora pies el efecto visual de an fendmeno eon dos ea as, Una es que Ins cosas del arte pueden presentarse on un punto tal de ogradacidn o de dejados quo al espectador le sugiera la necisn de wan Natu raleza reapropidnvdose de la Cultura”, en este primer caso, remite a las ruinas romantias. Luego agregn:"La atra eara es que el propio paiaaje natural ses capaz, bajo determinndas condiciones perceptivas, de tugerienos una escondi ‘dn obediencia de In Naturalezn a alguna intencién a designio que nosotros atribuimes als Cultura. En este ease se trata del pnisaie digao de ser pinta, yes cuando aparece el “viaje pintoresca” Ia eaza de cunros en la Naturale za" (Salabert 1995: 58, * Entre loz importantes textos que conforman esta tradicién aon. sin dua, centrales, Lettres d' Espagne (1891-1883) y Carmen (18451 de Mérimee, Voyage en Espagne (1843) de Gautier, Hernani +1990) de Vietor Hugo y De Paris 0 Cadis (1846) de Alexandre Dumas, Citada por Nicolas Campos en Ciudades x paisajes de ta Mancha vistos biajerns rondnticns (1994: 56) por Sarmiento viaja a Fspana en 1846 como parte de ana gira por Europa, Africa y Estados Unidos financisda por el gobierno chilono paca investigae el ‘estado de la engellanza primaria; su paso por Maclrd tiene por motive presen: iar lus bodas renles de la infanta Isabel 1. Sobre las condiciones y eb dia a din Al viaje venga el minueiose trabajo de Kubsn Benitez “El viaje a Kapadia elgg 717-7879 " Sepin Normand Dorion en “Linrt de voyager” (1988) ta emergencia del relato de viaje en el siglo XVI produce Ia aparicién de un genero literario conexa, el “arte de viajar” tratado sobre camo viajar que delerminara las es ‘cructuras narrativas del relate. En esta forma paralela puede encontrarse el antecedente de la guia de viaje, aunque ésta sélo aleansa su pleno desarralla fen el sighe XIX. Asi, Janes Buzard en “A continent of Pictures: Refleetions on the "Burne" of Ninetoenth-Century Posrist” (1993) sostians que entre 1820 y 136 1830 las editoriales Murray y Baedeker estublecieron una forma nueva ¥ sin proasdentes en libros giuias, en lot que no sélo s» provein de informaciones précticas, sino también ee consteufa van Burnpa ‘postien" y oatetionda, YBa un discursa pronuncindo en noviembre de 1889 divé: Critica expa~ foles han declarade unn de Ins més grficas descripciones de los toro Reales de Espana, la que so encuentra en Viaies por Burcpa. Africa y América. supe rior a la que de Ins mismias fiestas presididas por Ia Reina dieron A. Dumas (padre! y Phéaphile Gautier, y he visto repraducica en francés y en inglés en tstos altimos tiempos. La rnzin es clara, Nosotros mos mds bsiebaros que los franceses, y para descrihir cornadas cuanto mas barbaro es el eseritor tanto mejor” ‘Sarmiento 1913 XXH 206), fin su imagen del rastreador, en Focunda, habia dicho: *;Queé poder mi ceroscépica se desenvuelve en el dryano de lu vista de estos hombres?” (Sar mmiento 1948: 551, Similac Facultad escopica despliegt en su calidad de viajer. "Sobre el vastide como sistema semiolsgien vénse Roland Barthes, £7 ss temo de lo moda (2003), Dice Sarmiento en Las abras de Lares”, publiendo en Mercurio (Santia ol el AL do agosto do 1841 “Las sales con que sazona su eritica nn son el Inayor mirito de estos excritos de circunstancias: hay ademas una tendencia ta ellon fan pronunciads, tan sostenida, a referile todo a la polities. al das: edlto de las ideas vijas, «In difusion y walimiento de las liberales. que pur lledecirse de aquella. que la exitien apliend a los intereses sociales; ¥ don. le quiers que haya gobierno par establecerse, costambes anejas que coms batie (qaisquillas de nacionalidad que moderar,¢ dens nuevas que introdueir, Larra ‘era el libro-ameno, util ¢ instructive." (Sarmiente 2001: 391. Sobre la presen. ciade Larva y el eostumbrismo en Satmiento vest Salomon (1968), Verdevaye A197, Orin 11988) Philippe Hamon sedala cia Ia desctipeisn por su enrdcter orwamental, excesivo a digresive que swe: le comprameter Is unidad de Ia obra, hneho por *t cual, frecuentemente. se le impane un discurso normative: "Lea tedrives, pues, ao parecen haber vis: to en una descripein mds més que una ‘deriva’ alentoria de detalle en Hletalle, procedimiente que, sobre todas las eoscs, amenaza Ia homogenvi tad, la cohosion y la dignidad de la obra, Para la mayor parte de los tevri tos clasicns el ‘detalle” debe en primer lugar ser reducido, suprimmido, ¥ 8 ontinuacion dehe ser hormogeneizado, integrado a uns serie de detalles ‘equivalentes" lo que suspende y anula su categoria misma del elemento ‘en relieve” (Hanon 1891: 26}, En sus deseripefonas expanolns, Sarmiento evita la ncumulactén de los detalles y favorece el sometiiiento de los mis mos a wna serie regulada "Sin abusat de las anticipaciones, el pracedinientn se repite en Ios pase jee de "El otra cielo” de Julio Cortazar la desconfianza de los tratndes rotérieas ha 137 “Las erdnieas, fochadas entve el de diciembre de 1898 y el 7 de abril de 1900, fueron luege reunidas en Espada Contemporduca y publicadas en Pavis por Garnier (1901). Sobre el viaje de Dario # Bspana vease Arcadio Diaz Quinones “1892: Los intelectuales y el discurso colonial” 11994), Rafael Gutierrez Girardot "Robéa Dario y Madrid" (1994), Antonia Vilanova “Polo 0" a Bapaiic contempordnea (1897), Cuadernus Hispanoamericanos, £198 visto desde América (1998), Claire Paller “Lenvoye spécial de La Nacion de Buenos Aires: Kubéa Dario a Madrid, 1898" (1898), Carlos Jauregui “Caliban, icone ‘del 98. A propésito de ua articulo de Rubén Dario" (1908), Rotacién que en Dario tiene su antecedeate en articulos come “El ere: pisculo de Espana", “Maria Guerrero" (La Nacion, 11 de junio de 1897) y "El triunfo de Caliban” (£1 Tiempo, 20 de mayo de 1898). Miguel de Unamuno, La Lectura, Madr, julio de 1903, reproducide en Dario (1987: 321), Bn una nota de 1810 de Azoria donde figura junto Valle Inclan, Baroja, Unamuno, Maeztu y Jacinto Benavente, Citado por Shave (1977; 17) 7 Lia generacién del 98 es considerada como la primera en asumir este nuevo rol, dice al respocte Inman Fox: “Ia introduecién del sustantivo inte: lectus” fue debide a los del 1898. ¥ el dato ayuda a definir esta generacién ‘coma la primera que como tal expressba la aecesidad de influir culturalmente fn el rumbo de su pais’. “El ade 1898 y el origen de los “intelectuales” en Rico (1980: 34. © En su primer viaje de 1892, cuando concurte como miembro de ta dele- zgacidn de Nicaragua a las fiestas coamemorativas del IV Centenario del Des- eubrimienta de América, Dario habia conocide a Ins figusas mas representai- vas de la intelligentsia espatioly: Juan Valera, Emilio Castelar. Gaspar Nanee de Arce. Antonio Canova del Castille, Marcelina Menanier y Pelayo, Jose Zorrila, Bilis Pardo Bazan, 5 Dird on su autobiografia, aoa maz tarde“. eaparci entre La juventad los principios de libertad intelectual y de personalism artistico, que habia sido a base de nuestra vidu nueva en el pensamiento y ef arte de escribir hhinpanoamericanes y que causaron alla espanto y enajo entre los ntenasigen- tos. La juventud vibrante me aiguis, y hay muchos de aquellos jdvenes Hleyaa, Jos primeros numbres de la Espa literaria,” (Dario 1968: 129), El interés por la provincia y las manifestaciones populares que demues ‘tra Dario en algunas de estas erinicas, como en "Fiusla campesina”, e2 un tépico en comin con los hombres del 98 y con los poctas del modernismo espa ‘ol BI ema de Andalucia figura ya en "Portico", introdueeion de Dario al libro En tropel de Salvador Rueda de 1892 ® Roland Barthes ostablece el comienze de la vista panoramica con el te manticisino, fecalizacion que llega a su apugeo con In Torre Eiffel. “Rl siglo XIX, unos eincuenta aos antes de la Turve, produjo efectivamente dos obras 138 on Jas que la fantasia (quiz muy viela) de la visién panorémien recibe el aval {de yn gran escritura poétiea: son, por ona parte, ol capitule de Notre Dame de Paris dedicad a Pacis a vista de pajaro,y, por otra parte, el Tableau re la France de Michelet. Ahora bien, lo que hay de sdmirable en estas dos grandes pperspectivas eaballeras, una de Paris y otta de Francia, es que Hugo y Michelet Comprondiezon muy bien que, al maravillose alivio de Ia altura, la vision po- foramica le afadia un poder incomparable de inteleccion: la vieta de pajare, gue todo visitante de la Torre puede aduptar por un instante, otrece un mando legible. y a0 solamente perceptible; por eso eorresponde a una sensibilidad nueva de la visién: viajar, en otra tiempo (pensemos en algunos paseos, por lo emis admirablea, de Reucsenu, suponia estar enterrado en la sensacion y 00 percibir mas que uaa especie de ras de las cosas; al contrario, la vista de pajaro ligurada por nuestros escritores rumintices, como si hubiosen presen tido a Ja vex Ia edifiencion de la Torre y el nacimionto de la aviacion, perinite superar Ia sensacion y vor laa cosas en su estructura.” (Barthes 2001, 62) ? El callejco en el fin de siglo reconoce a uaa figura menos enigmatica que cl flancur y definitivamente mas vulgar que el globibe crater, se trata del bodoud. et wirén, o eallejero cusieso que se deja encandilar por et foticho svodorne Lejos del laneur y cerca del turista,¢] badaud us la figura pasennte de una modevaidad degradada y mercantilizada * Bn su hibbiografien sobre et libra de Dario, Unumuno apunta ls proe rmientos que producen efectos de corte y discontinuidad en ol diseurso ~‘ina ticulado", “desgranade”, “invectebrado”, “mis que linea seguida, sigue linen untead", “cinematogrsfico”, “palpitante” -pera cerrar su analisis con ona motafora de Ia escritura dariana como un “espeje on mosaica”. imagen apro Finda pace hablar de ese doavio do Ia longwa del visitante. Ea La Lectura Madeid, julie, 2901. reproducida en Dario (1987: 822, » A partir de Ja figura de José Enrique Koco ¥ de las seenelas que el pro- arama de Ariel dejaria en las nuevas generaciones. Luis Alberto Sanchez deri v8 tres grupos de intolectuales del novecientos, lor que Hamé “arisles”, ‘alibanes" y “documentales”. Los “arieles” extrematan ef alardr estélicn, el \desdén por it mucheddumbre, lw deseonfianza en la democracia, adhiviende ta rmayoria 9 teorias raciales, la ndmina ineluye a Carlos Arturo Torres, Francis- ca Gareia Calderin, Cevar Zameta, Pedro Emilio Coll, Manuel Diss Rodrigues, Jose de la Riva-Aguoro, entre otros. Los “ealibanes" optaron por la conjuncion de aretismo, ética y clencia, ademss de oponese al imperialismo v resistir a los gobiernos dictatoriale, integran sus ilas Algjnndre Korn, Jose Ingenieros, Carlos Vaz Ferreira, Manuel Ugarte, Allredo Palacios, Emilio Frugoni, José Vasconcelos, Joaquin Garcia Monge, watre otros, Nétese Ja inversién de los Lrminos, calibin deja de tener In eonnotacién dada por Rodé para pasar a designar al grupo de intelectuales evitieos. Un tercer deaglose, los “dveumen {les", tommron a su cargo la exégesis de la vida cultural amurieans a partir 139 ‘de métodos modernos de investigacisn, Algunos ee sus nombras se euperponen ‘con los “ealibanes”: Jonquin Garcia Monge, Alfonse Reyes, Pedro y Max Henriquer Urena. Genara Estrada, Rufino Blanco Fombona, Sania Cano, Aleides Arguedae, Rieatdo Rojas, Alberto Zim Felde, Paul Growseac, Ventura Garsia Calderon (Saachex 1956) 140 a> Alfonso Reyes y la cultura del viaje Yo de ta tierra hut de mis mayores Gay casa mfa grande, easa tinica!) Cardos traje prendidos en ta tunica al entrar en el valle de las flores.” Alfonso Reyes, “Fantasta del viaje" (1915) AY sabes que Heredia, que si habia visto et Nidgara, se basd en Chateaubriand, que no la habia visto? Pedro Henriquez Urena a Alfonso Reves Mientras sigue los incidentes del conflicto en un mapa don- de clava alfileres y banderas, lee El hifroe y El discreto de Gracin. Se dirfa que las lecturas lo orientan hacia su préximo destino, A esta altura de los acontecimientos, es peligroso per- manecer con su esposa y st pequefto hijo en Paris, sometidos al desabastecimiento, los bonos de Ia guerra y los continuos bom- bardeos, Ignora ademés cual es efectivamente su situacién en Jn Legacisn diplomatiea, ya que pasan los dias y no le legan noticias ni mucho menos dinero de México. Sélo sabe que des- pués de la caida de Vietoriano Huerta el caos politico y social se ucesos y carente de interlocutores, a no ser por el amigo dominicano con quien man: ha aduefiado del pats. Embotado por los tiene un continuo intercambio epistolar, intuye un lugar posi ble en su horizonte mas inmediato. Tantc Ja leccion del discreto in de suporvivencia le indi- can que ese lugar es Espafia, “Mis proyectos: a Paris no se po- Graciiin, como el sentido més com dré volver. Aun cuando triunfen, aquella quedara imposible. Yo por des me doy, desde luo ituide, No me queda mas que Bs. paiia. A México, jamas. Madrid es un campo mediocre, pero aquién sabe?” (Henriquez Urefia-Reyes 1981 I: 54).! Su corresponsal tampoco tiene una residencia estable, de modo que le informa de probables estadias en Esparia, México, Santo Domingo, Cuba o Estados Unidos. Las eartas entre Al- fonso Reyes y Pedro Henriquez Urea, que muchas veces co. ren el riesgo de pérdida entre tantos inciertos domicilios, sien- tan uno de los didlogos mas apasionantes sobre la literatura y Ja formacién de un intelectual en estos aiios. Para una lectura en busca de encrucijadas, hoteles y esquinas donde los eserito- 's desplazados de su medio se encuentran y restituyen, que sea de modo vicario, 1a comunidad perdida, estas misivas se vuelven un espacio ideal de inmersion. Para Reyes y Henriquez Urea la vuelta al pais natal seré una meta cada vex mas distante y diferida, Por eso, en Ia intimidad de las en- tregas, comparan sus vidas con una novela bizantina cuya tra ma, plagada de descncuentros ¢ incidentes en los caminos, al- guna vez los reuniria en la misma ciudad. Fuera de esporadi- cos encuentros, este escenario sélo se hard realidad en Buenos Aires, muchos afios mas tarde, entre 1927 y 1929, Pero volvamos a nuestra época y lugar. Paris, 1914. Desde su cargo en la Legacion mexicana, Reyes habia organizado la salida de gran parte de la colonia hispanoamericana de la ciw dad, as absolutamente dedicado al servicio de la Legacién (a veces has- ta las 12 de la noche), Nos hemos hecho cargo de todos los lati- noamericanos que desean salir a Espaia. A diario despacha- mos cineuenta.” (13 de agosto de 1914, Henriquez Urefa-Reyes 1981 1: 11), Finalmente, deja Paris en soptiembre de 1914, para establecerse en Madrid un mes més tarde. Ha debido despren- derse tanto de su biblioteca como de sus privilegios consulares y su nueva cireunstancia le ofrece una vida precaria (una exis- Ie confiard a Pedro Henriquez Urena “Por ahora estoy 142 tencia davtada, al decir de Adorno), acechada por el hambre, 1a pobreza y el frio. Asi lo consignaré en ese lenguaje telegrfico al que lo obliga el espacio restringido de 1a postal con la que se comunica habitualmente con su amigo: “Frio terrible. Casa nue- va helada, Pobreza, no calefaccion. Piso no-de-madera. Calam- bres de frio en los pies. Imposible escribir, sino en Ja cocina y junto al fogon.” (Henriquez Urefia-Reyes 1981 II: 147), Pero ‘encuentra, en cambio, otro tipo de calor y bienestar que Jo com- pensar con ereces. A medida que consigue la insercién intelec- tual en el campo extranjero va, paralelamente, estableciendo una relacién cada vex mas cordial y complacida con Espasa, como quien se acomoda en un mullido off después de una dura jornada, “Vida suave, trato bondadoso, buen sol, buena comida” (Henriquez Urefia- Reyes 1981 II: 148) Entrenado en una metédiea ratina de estudio, Reyes desti- na buena parte de su dia a la seccién Raros de la Biblioteca Nacional de Madrid donde localiza manuseritos mexicanos e investiga sobre literatura espanol, Seré admitido como 1 bro del Centro de Estudios Historicos en su Seccién de Bilolo- gia, dirigida por Ramén Menéndez Pidal, donde incorpora las pautas del trabajo intelectual’, aprendizaje que se fusiona con el que le provee Henriquez Ureiia en las cartas, donde se rev la como eu guia intelectual, consejero de lecturas, corrector de erratas y, sobre todo, infatigable y entusiasta interlocutor de cada nueva empresa. El intorcambio llega a perfilar un género al que podriamos Hamar “cartas de formacién”, como las Car- tas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke. La misiva permite Ja intimidad para decirlo todo, o casi todo, por eso Reyes le pe- dird, sin ambages, “Sigueme contandode la Habana y cuidame: constriyeme” (Henriquez Ureiia-Reyes 1981 I; 228, la cursiva es ma), y en otra oportunidad “Has sustituédo a mi coneiencia” (Henriquez Ureiia-Reyes II: 33, |a cursiva es mia), expresiones 143 muy claras del Lazo afectivo y discipular que tan estrechamen. te loune en la distancia Poco a poco, ¥ después del inicial recelo, Espaia se vuelve el escenario no solo adecuado sino también tinico para el escritor hispanoamericano en la Europa de la Primera Guerra. El des- arraigo y la melanculia que la breve experiencia parisina le aportara es sustituida ahora por la insercién en uno de los equi- pos intelectuales més destacadas del nuevo pais de residencia, donde su propia proyeccién sera tan importante como Ia de su contertulio epistolar: “Todo el mundo me pregunta aqui por ti tienes una sélida y envidiable reputacién” (Henriquez Ureiia Reyes II, 95). En poco tiempo, Reyes conereta una importante cantidad de trabajos, ensayos, teatro, erénieas, traducciones, edi ciones criticas, construyendo una s6lida obra de scholar. Entre la pasién erudita y la arqueologia de biblioteca, va desplegando las facetas de una obra definida por el rigor, la libertad, la mul- tiplicidad y el placer que brindan los sucesivos objetos puestos bajo su atencién. Pero, por sobre todas las cosas, por la aspira cidn a integrar lo mexicano con lo universal, proyecto muy niti do de esta etapa espanola. Primeros pasos hacia ese programa de ecumenismo formulado luego en “Lo mexieano y lo univ sal” de 1932, donde pedira“pudor” en el amor patrio y reclama- 1 por el comin patrimonio cultural de la humanidad: “,Quién pide hurgar en el comin patrimonio del espivity con el mismo sefiorio que los demas?.” (Reyes 1986: 87), Coincidle en este punto con Pedro Henriquez, Urefia en sus Seis ensavos en busca de nuestra expresion (1928) y anticipa a Borges en “El eseritor argentino y Ia tradicion” (1951).* Resulta un prolegs meno también de 1a autonomia cultural propuesta en “Notas sobre la inteligencia americana” (1936), donde advertira sobre Ia nueva concordia inaugurada con Espana y el retardo ameri cano frente a la civilizacién europea, clesventaja que finalmen. 144 39 te porn ser revertida por los hombres de su generacién: “Hace tiempo que entre Espaiia y nosotros existe un sentimionto de nivelacién ¢ igualdad. Y ahora yo digo ante el tribunal de pen sadores internacionales que me escucha: reconucemos el dere cho a Ia ciudadania universal que ya hemos conquistado, He mos alcanzando la mayoria de edad. Muy pronto os habituardis ‘a contar con nosotros.” (Reyes 1991: 235). 21 viaje y su cultura le confirieron las credenciales para esa ciudadanta Visién de Andhuae y Ja cultura del viaje Bs probable que Visién de Anéhuac haya nacido del aura de autentieidad que le eontagian esos manuseritos mexicanos des- cubiertos con exeitacién y entusiasmo en la Biblioteca Nac nal de Madrid o quizas de la frecuentacidn de lax erdnieas de Ta conquista para escribir Ia Historia de la literatura mexicana En todos sus proyectos se puede percibir el empeito de recupe racidn de un legado, que dadas las convulsiones del pats por la revolucién y la distancia con estos sucesos tan entrafables, se le aparece como un bien en riesgo de pérdida definitiva:"Como México va a desaparecer, hay que apresurarse a darle sentide ideal.” (Henriquez Urena-Reyes 1981 11-97). Visidn de Andhuac exhibe una escritura poética, cifrada, de gran poder de sintesis y sugerencia, Como Henrfquez Urenia Reyes desconffa de una estétien de la sencillez para Jas cultur zadas como frigiles y necesitadas del entrenamiento intelectual que sdlo las estéticas de alta com plejidad, como el modernismo o el gongorismo, eran eapaces dv provecr. No obstante esta coincidencia de criterios, Henrique Ureiia le devuelve el primer capitulo de Visién de Andituac con anotaciones y sugerencias para hacerlo mas inteligible, destrabando los numerosos supuestos y complicidades que el texto plantea con un lector erudite, Pero Reyes se nies a mo: Jificarlo, en rebeldia con su maestro epistalar Obedeci tis nolus eo fo que pude hacerlo rapidanionte, y donde wm, no. No aclare nada, porque nin deseo que eso sea eeteitlo, 0, La inpresin que te rays of a yuo yo huecabo. Ye guise hacer humo de flores y torbellinos de angeles y paiurus Nu seein la mismo hos de Inds capitulos, ai ers posible Los arcaisinos praceden de ta peosa de Cortes, » Bernal I Dine 9 Gn ue he aprovechads abundantemente como advertirds, haciende circular par ella una cocriente de ritmo, Los ruids oratories ae deben a los trozos de antigua eonferuncia sobre el palsaje que apraveche. sin corragiv mas que lo ‘iu absurdo. (Hentiguez Urena-feyes 198% HUIS y 1 De acuerdo al propésito anunciado por Reyes, Vision de Anahuac adopta ta forma de wn retublo enn kaminas v seceiones numeradas de uno a cuatrs, disposicion interpretada diver samente por lu eritiva." Andre: Zamora senala la presencia de una estructura de distribucion tematica tripartita con una cola como sintesis y conclusion det conjunte: “una primera parte sobre fa naturaleza, otra solve la ciudad, y una altima seein, sobre la flor, planta y signo a la vez, objeto natural y humane, meiudadan revnge y explica, como en el desealace de an ea temas del niismo, a partir de una nu (Zamora 1996: 2: Alvarez encuentra aun tiempo. El ensayo se cierra eon ana coda que ba, todas Jos organizacion ternar arte, Magadalena Perkowska- la estructura cuatripartita un sistema de *simultaneidad de visiones” que apoya su hipdtesis de una im. 2). Por sw pronta cubista en el texto: "Lo significative de esta compos es que no siga el principio de Ia representacion lineal o sucesi sino el de Ja simultaneid objeto dnicu: el en: \d de visiones que eomponen un ‘0 comienza con una vision general que se extiende, sin seguir un orden cro ‘a hasta el siglo XX, contin oldgica, desde Ja epoca prebispai a presentando la (s) vi 146 sida (es) de los col nizadores del siglo XVI, después, retrocede ep el Liempe enfocando la cultura indigena desde dentro (su creacion literaria), para volver, al firal, a una vision general, pero centrada esta vez en el México coctaneo al ueto de escriti- ra," (Perkowska-Alvares 2001: 89) La forma elegida remite al (riptice medieval cuyo dispositi- vo en tres hojas plegables (tris, tres, plykhe, pliegue) connota una forma narrativa no necesariamente seeuencial aunque in- variablemente vineulada, que admite la simultaneidad de lee- turas. Un punto de articulaeién entre las hojas del triptico son Jos epigrates (de Humboldt, Bernal Diaz del Castillo, EI Nigro- ante y Bunyan) que junto con el cuarto fragmento-coda fan civnan, por su earacter metatextual, como las leyendas en las asin nedievales, gulando el sentido hacia {esis final: “Si esta tradhicion nos fuera ajena, estai come quiera en nuestras manos, y solv nosotros disponemos de ella. No re- nunciaremos ~Oh Keats~ a ningun objeto de belleza, engen. drador de cterans goces." (Reyes 1991. 17). Bl texto eoluca como objetivo ulterior la conservacion de un patvimonie nacional in- acion, Ja forma tripartita miles momen cludible, Hn este movimiento de pres permite establecer log do esta sumaria historia mexicana (mundo prehispanico, fw de la enunciacion), sino tambien, na sintesis no solo entre di conquisti entre dispares resuluciones esléticas distribaidas volomia, prese: porticular en cada fragmento del ensayu. Vanguardia, barroco y clusicismo se conjugan en los intereses de Reyes hacia 1915 cuando ya ha hecho una importante irvestigacion en la ubra de Gongora, ba incorporado a los clitsivus desde la experiencia en el Aleneo de In Juventud y ha estab.ecido un contacto fluido con las vanguardias durante su breve estadia parisina. De ma hora que Vision de Andhuae es a al mismo tiempo un retablo churrigueresco ~complejo, barruco, recamado-, y un objeto van- anardis a que obedece a Ia logiva del montaje, la yustaposicién 447 y la simultaneidad del cubismo.’ Pero también responde a una estética clésiea ty de algan modo modernista) en su busqueda de equilibrio, armonia y sintesis de todos los elementos Las hojas o secciones de Visién de Andhuac establecen un sistema parcelado concordante con ese cardeter fragmentario que Theods: Adorno atribuye ef ensayo." La eritica ha discuti- do la tipologia genérica ambigua de este texto, ya sea inscri- biéndole como ensayo de interpretacién nacional, ensayo histé- rico @ ensayo poematico, No intentaré discutir ninguna de es- tas vertientes que indudablemente concurren en la pluralidad do significaciones que el texto ofrece. Por el eontrario, apunta. ré a multiplicar sus pertenencias, reforzando una mas en su facetado discurso: el viaje. Visién de Andhuac comienza con un desprendido del cuerpo inicial del texto en Ia p edicign~ que puede leerse como una interlocucidn con el pre- sunto lector: “Viajero: has legado a la regién mas transparente del aire.” Esta inseripeién primera, tomada de Humboldt, apela a un topico comin entre las formulas del exordio ~el mismo que usa Marti al inicio de su prélogo al “Poema del Niagara” aquel que hace del lector un paseante detenido en su marcha para ser espectador de la irrupeién del discurso. Mas adelante, cuando Andhuac entre en foco, la apelacisn se repite como una nueva instruccién de contemplacién: “Deténganse aqui nues- epigrate tros ojos". Pero en su primera aparicién en el epigrafe, su fun- cidn retoriea consiste en habilitar el comienzo del discurso. Este inciptt setiala por una parte una matriz central para la intelee cidn del texto, el viaje, y por otra, anticipa cuales seran los pro. cedimientos centrales de su construceién: la cita y la pardfia. sis. Andhuac es un paisaje discursive donde confluyen una gran variedad de mediaciones. Entre todas, son particularmente pri vilegindas aquellas relacionados con la cultura del viaje (ma- pas, rlescripciones, ersnicas, traducciones). Ademits, todo su sis. 4A. tema enunciativo promueve el desplazamiento simultaneo del sujeto (ese “viajero americano” aludido en el texto), el objeto (el espacio de Andhuac y sus sucesivas representaciones), y el re- ceptor (indicado como “viajero” al comienzo} La “visién” en el titulo del ensaya de Reyes se ha prestado a variadas lecturas. Para Yvette Jiménez de Baez constituye una forma de conocimiento que no remite a un ‘ver” pragmatico, sino una facultad de aprehensiin de lo real prehispanica:"Esto equivale, en el Ambito de Ia vision, al principio de rai lo ojos para ver en profundidad el senti- revelara prehispanica de cecr: do de las cosas. Lo imaginado, el discursc de la utopi asi, por contraste, el discurso de la Historia.” (Jiménez de Baez 1989: 468), Andrés Zamora sostienen que la visién “funciona como una prolepsis, un presagio” (227), en afinidad eon ol tono ‘utépico del conjunto del ensayo. Magdalena Perkowska-Alvarez relaciona “visién” eon la exploracidn de los nuevos procedimien tos espacialos del cubismo pietorico que construye el objeto a partir no de uno sino de miltiples plans, ensamblajes y rela ciones simultiineas. La visién es también la propiedad adivina: toria de la poesia que en un texto de intensa traza liriea como el de Reyes no podemos soslayar. Por sus proyecciones como niento, subjetiva, emocional 0 nueva herramienta de conoe: intuitiva, la “vision” es la pieza de choque y cl emergente mas ismio como filoso- claro de una polémiea sorda contra el pesiti fia oficial del porfiriato.” A todas estas significaciones de vision coma develamiento intuitive, como previsién de futuro, como marea vanguardista, como facultad poetics. poclemas afiadir la del viajero, como fue preci- visién como competencia distintiv: sada por Humboldt, Recuperemos por un momento sus planteos. Un problema central para Humboldt fue expresar, a partir de un eddigo lin- niiistico apropiads, las sensaciones que la contemplacién del 149 espacio americano propareionaba al vinjero, En el prélogo a Cuadros de la Naturateza reflexiond sobre los limites que la lengua impone a tales manifestaciones emacionales: on elerta modestia, presente al publico uns serie du trabajos que se orizi= faron ante la presencia de los mas nubles obyetos de la naturaleza, Océano, en la selva del Orinoco, ~en lax subanas de Venezuela y en las soledades de las montanas peruanas y mexicanas. Algunos jragnientos sepo- rados, estritos eh es0s precisos Jugires, han sido. desde entonees, elaborados ‘nun toda. Una snvestigeciin de la nsturaleza en protundidad —prosba de la cooparacién de las fuerzas-y una renooucidie def goce que wl uspecto inmedia- {ode los paises tropicales produce ua of ubservador wusceptible, 30n los objetos 4 Jos que apnate. Cada ensayo fue ilelinesde para ser enmplsta en si mismo: ¥ tana misma Londencia impregoa el tude. Este node esteieu de tratar los abun tos de Ja Historia Natural ha ide acompagade por grandes dificultades en a jecusion; # pesar del macavillose vigor y Mesibilidad de ani longus nativa. Lit naravitlosa lwuria de Ia naturaleca presenta una acumulacion de imagenes Scpuvuclas, I aetemilacion perturba fe armwnutr y elefeeta de wna pentara Cuando los sentimientos y Ia imaginacien estan exeitadas, ef estilo es apte a Gesviarse hein la prosa postiva, Peru estas ideas uo eequieren de anplilice: Clones aqut ya aue las paginas siguientes affeern abundsntes wiemplas de tal esviscion y (sl busier ile wnidad. & pest de estus deectos, que puedo jor pareibir que enmendar, dejeseme eaperar que estes “Curve” ofrecer al lector, al menos slguna parte del disfrase que una mente sensible rocibe de Ix mmediata contemplicion de Is naturueza, Come este distrute € Aumenlada por un discernimiento interno con las eonexiones de las faerena ‘cultas, he adjuntado a vala tratady cientifico dusteaciones y adiciones (Von Humboldt 1875: DEX, la traduccisn y eursiva son mins on el fragmento, Humboldt recorre las operaciones erazi- das de memoria y escritura en el género viaje. La inmediatez de las notas tomadas en “esos precisos lugares” permiten el tra siego de la emocion pero produce, al mismo tiempo, un proble- ma de inteleceidn del todo, ya que silo se obtienen fragmentos, que el viajero aspira @ concertar on una totalidad, aludida como todo, armonia, unidad. La reeseritura posterior intenta recons- iruir (revivir) ese primer momento de cercania y conmocion. Pero la lengua, escandida en su lineahdad y temporalidad, es 150 menos eficaz que Is pintura para dar cuenta de lo maltiple si- multaneo, Bs por este motivo, como he sefalado Otmar Ete”, que Humboldt acude a numerosas metaforas visuales relacie: nadas con el campo de la pintura, introduciendo et eoncepto de cwadro 0 vista como construecion expresiva, que permite 1a sin tesis descriptiva y pictorica de la heterogeneidad de) mundo natural, complementada por sus prop:0s dibujos."" Para Hum boldt, ia ejercitacion del espiritu frente a lo bello de In natura- eza provee la experiencia de lo sublime y forma parte de una “educacién estética”, garantia de libertad humana segiin le poe= tiea de Schiller, asi dice en este mismno texto: tovlas partes la atencidn del Ieetor esta dirigida ala perpetus influen cia de) ejercicio fisica de la uaturalcen subre la condicuin moral ¥ subse ot tiestina del havwbre. Ks para las meutes uprinidus de preorwpacica que estas faginas se consuigran especialmente. Agus! que ha escapade de las olas tor Inentooae de 1a Vida feliamente me seguira en to profunddo de Ine sole ws, 50 hire las estepas y pradesas sin limite, ya ls elevadas alturas de los Andes, A clestan ditigisne Ins palabras del coru que preside los destinus de la htm ida Bn fas mantasos esta la hbertod! BI halito de la decadeseia Nunes empnna el suave y freseo aire Ob! Ls uaturilera ne perfects donde ses qu nos extravientes Ks el hombre quien Ta defor (laas versos son de Sehille 1 cow aus preecapaciones, Retomando ahora nuestro texto, podenios decir que no hey’ en Reyes una emulacién de la busqueda romantica de to subh me hiberador al que conduce el programa estetica-naturalista de Humboldt, pero si una evidente reescritura de algunos de sus prineipios. En el contrapunte entre ambos se hacen evi dentes las coincidencias programaticas, como la preeminencia de la emocisn y La imaginacién per sobre la razén, el tratamien- to estético de ta historia (en Humboldt la historia natural, eo Reyes, la historia nacional), In descripeién pietoriea como sin 151 tesis, la centralidad del disfrute o goce en la contemplacién, ta confianza en una armonia que surgira de la unidn del sujeto con su espacio, esa planicie rielante, garantia de comunién en Reyes: “Nos une también la comunidad, mucho mas profunda, de la emocién catidiana ante el mismo objeto natural. El cho: que de la sensibilidad con el mismo mundo labra, engendra un alma coniin.” (Reyes 1991; 16, la cursiva es mia} A partir de este primer intertexto (Humboldt), el enunciador de] ensayo asume Ia voz de un erudito, biblisfilo y “viajero ame- vicano” que, podemos inferir, recorre los anaqueles de una bi blioteca conde se archivan narraciones geogréficas, crénivas de Indias, mapas renacentistas, traducciones de poesia prehis- pinica, en busca de todas las representaciones existentes so- bre Andhuac. Giovanni Battista Ramusio y su Delle Navigation: et Viaggi, publicado en Venecin en 1550, le ofrece un primer ingreso al tema. La eleecin de la fuente bibliogrsfica encierra una paradoja que se amplificara a lo largo del texto, consisten te en que toda representacién de América ha supnesto una tra duccidn, una mediacidn y hasta un desvio, como es el easo cita- do de Solis leyendo las Cartas de Cortés en italiano, en a com- pilaci pre habra versiones, variaciones, transcripeiones, esa es la pro- n de Ramusio."" Bn la base de la imagen americana siem puosta de Reyes, que confia en la semiosis de las trastados y Ios enewentros fortuitos La iconogratia del libro de Ramusio responde, de modo ee: rril, a la imaginaciéin exotis europea del seiscientos que pla- ga los mapas de América de fconos ingenuos o monstruos mari nos, proyectando ya sea quimeras o querubines, tanto da, sobre el nuevo mundo, Bl esquematismo cartografieo europeo hace dle la flora una “flora emblematica” concebida silo para “bi nar un escudo”, reducida a su minima figuracién: “En los agus dos contornos de [a estampa, fruto y hoja, tallo y ratz, son caras 43 abstractas, sin color que turbe su nitidez” (Reyes 1991: 4). El texto da cuenta de las sucesivas transformaciones de la silucta de Anahuae, Primero es bosquejada en les mapas del Siglo XVI como un signo comprimido de alta concentracion (emblema) y bajo rigor descriptivo (contornos). Luego, en un largo proceso dle casi quinientos anos, es transformada en 1m paramo por la accién de los “creadores del desierto”, as sucesivos estades que desecaron el valle, Netzahualcdyotl, el virreinato, Porfirio Diaz, Emblema 0 desierto, ambas imagenes conducen a la sobriedad y estilizacién que se vuelven su marca distintiva. Anahuac pier- de consistencia para evaporarse en un perfil tan incierto e im- preciso como un espejismo, de modo que cuando el “viajero americano” tiene que explicar al europea su propia paisaje, debe establecer nuevamente cotejos con el paisaje europeo para vol- verto inteligible: Bl vinjero americans rath conslennde a que les europeos le progunten si hay en Américn muchos srboles. Les soxprenderiames hablanvdles de unt Castilla americana mae alta qite lade ellos, mas armonigsn. menos agin se aramente ‘por mucha ue en sea de eainas In qiehren anorimes montanae donde el aire brilla come espejo y se goza de un otoho perenne, La llawura castellana sugiere pensamientos arcsticns el valle de México, més bien pon Samivntos feiles y sobrias. Le que una sana en le tragic, Ia atee en plisticn Fatundidad. (Reyes 1991: 4. Reyes reproduce la analogia fundacional de los conquista- dores, aceptando que Ia versién de Andhuac inventada por los curapeos (tanto en sus mapas y croquis, come en su sistema de ealidad, Reeseribir de el presente as afinidades del pasado posiby similes) ha tenido, finalmente, peso sobre la des recneuentro cultural que esta en Ia base ideoldgica y en el pro. rama estético-politico del texto. La visién de Ansinuac es, en por eso el enunciador va confrontanda eon el archivo de retratos europeos que se hicie realidad, “las visiones de Andhua ron cargo de modelarla, aceptando o bien rechazando las dis tintas figuraciones. Asi la selva exotiata de los romanticos, de Chateaubriand hacia adelante, connotada por el desorden y la voluptuosidad y textualizada en una “poesia de hamaca y aba- nico” propia de las regiones meridionales, declina en la expre- sin de lo nacional frente al deséerto-vacto que configura la metifora preferida de Andhuac, Para asentar este imaginario requiere nuevamente la mencién del gran viajero Lo nuestro, lo do Anahuae es cosa mejor y miis toniea. Al menos. para los ‘que gusten de tener a toda hora alerta lo Voluatad y el ponsamiento claro. L vision mas propia de nuestra naturaleaa esta en las regions de Ia mesa cen- tral all In vepetacion arisea y heraldiea, el paisaje organizad, la atmdstera de extremada nitide2, en que los colores mismas so ahogan ~compensandato la ‘anionia genecal del dibuin;l étee lumineao en qua s0 adelantan ls cosas con ‘un resale individual; y, ea fin, para de una vez decirlo en las palabras del mnoilesta y sensible Fray Manuel de Navarrete Uni luz reaplandecionte aque hace brillar la eava se los ciclos, Ya lo abservaba un grande viajeeo, que ha sanciouade con su nombre ef orgullo do la Nueva Espa: tin hombre sigsicn y waiversal como los que cria bel Renacimiento, y que resvcito en su siglo Ia sntigua manera de adquirir la sabiduria viajando, y el habito de escribir inicamente sobre recuerdos y meditaciones de Ta prupia vida: en su Ensayo politicy, el Bacéa de Humboldt fotaba bs extrafia raverberacion de los rayos solares en la miasa montanosa de le altiplanieie contral, donde el sire se purifica, (Reyes 1991. 5) Humboldt (observese la cvineidencia, cldsico y wntversal) confirma la progresiva “desrealizacién” de Anahuac, de emble- ma a desierto y luego, tan sélo aire. Reyes sigue los trazos de un Anahuac impalpable y abstracto que ya esta inseripto como tal en sus propios comiengos, Abstraccion y geometrizacion ganan desde siempre la forma de Tencchtitlan, sorprendiendo a los conquistadores con la regularidad de sus lineas trazadas a punzén, con la turbadora simetria que rinde al visitante a su atmésfera: “A sus pies, en un espejisme de cristales, se adia la pintoresca ciudad, emanada toda ella del templo, ext por manera que sus calles radiantes prolongaban las aristas de la pirémide.” (Reyes 1991: 6) La primera lamina del reta. blo de Reyes se contamina de la representacion de las van- guardias, las figuras se descomponen en formas geométricas que evitan el gravamen de eualquier perspectiva y se expre san en rispidos filos, 0 en punteades imaginarios que unen las calles de Tenochtitlan con su pirémide central, La segnn- du lamina del retablo, en cambio, es una explosion barroca sobre la sobriedad (cldsica y vanguardista a un mismo tiem- po) asentada en este primer momento. Entre la primera y segunda lamina un pliegue permite unir la pulsiin de abs tracein (cubos) ¥ la pulsion decorativa barroca Uabores? rGpanse los edificios en masas cubicas; la piedra esta Ie na de labores, de grecas.” (Reyes 1991: 6) El viajero-bibliofilo que hasta el primer pafio del retablo f despleyailo su pulsidn eseopica, siendo prioritariamente un “ojo”, va despertando a otras pereepeiones « medida que se aproxima a su objeto en un fravelting acelerado que lo interna par el tem- plo, lo conduce al ras de las calles del mereado y lo deposita en cl palacio de Moctezuma, Asi como la musica necesita del tiem- pe para d movimiento, Consiguen este efecto la “queja de la chirimia", “el latido del salvaje tambor’, y mas adelante todo el repertorio de instrumentos ~zampoias, flautas, earacotes, huesos y atabales— asi como los “dul su performance, del misine modo los sonidos de Andbuac vongelan la primera estampa fije y colucan la imagen en ss chasquidos” de Jas voces: “Esas xés, esas tlds, esas chés que tanto nos alarman eseritas, eseurren de los labins del indio con una suavidad de aguamiel.” (Reyes 1991 6), que anuncian al vi como veremes mas adelante. Paralelamente, los colores ~au- jero-auditive de Cartones de Espana, sentes en el primer panel, eclipsados por la blancura del sol y ol resplandor dol desierto~ adquieren gamas preeisas y varia dias, mientvas izrumpen los olorea y sabores, Esta operaciones 155 perceptivas dan paso a la cornucopia barroca que sustituye ala primera lamina abstracta de la apertura, por eso el cotejo que establece Reyes es con Brueghel, y si bien no lo aclara, parecie- ra corresponder a Jan Brueghel “De Velours” pintor de tablas alegéricas y de escenas populares, levemente caricatureseas, como la Boda Campestre, probablemente aludida sidn de alimentos en la plaza de Tenochtitlan: en Ta profa- EL gumbar y ruido de la plaza ~diee Bernal Diaz nsombra a tos mismos |que han estado en Constantinopla y en Roava. Rs como un mareo de loa sent. dos. como un suefo de Brueghel. dande las alegorins de la materia cobren un calor espiritual. Bn pintoraseo atolondramiento, el conquistador va y viene por lus calles de la feria, y conserva de sus reeuerdas la emocion de un raro y pralpitante eos’ as formas se fnden entre si estallan en eohete los colores, el spetito despierta al olor picante do las yeebas y ne eapecins. Rueda, se desbor- dn det arafate todo el paraiso de In fruta: globos de color. ampollas transpa- rentes, racimos de tanzas, pias escamosas y cogolloa de hajns, En Ins batens redondas de snedinas. giran los reflejos de plata y de azafran, Ine orlae de aletas y colas en pincel: de una euba sale In bestial exbeza del pescado, bigot: Alay atonito, (Reyes 1991: 6.91 La lémina dos, churrigueresea y colmada, introduce el gran movimiento de un escenario operistico y popular. También, pro- pone un viaje en el tiempo al afo en que todos los calendarios de Tenochtitlan se desquiciaron, 1519, euando el ingreso de Cortés en tierra mexica. Para conseguir este efecto, tan retros pectivo como anaerdnico, y tan polifénico como profuso, Reyes acude a las Cartas de Relacién de Herndn Cortés, la Historia verdadera de ta Nueva Espana de Bernal Diaz del Castillo, y a textos de Francisco Lopez de Gémara, el Conquistador Anéni- mo y el Baron de Humboldt, serie eslabonada por la mirada extranjera y extrafinda del viajero. El conquistador, el soldado cristiano, el eronista real 0 el gran naturalista son eitados, glo- sados 0 literalmente transeriptos para reconstruir ese momen- to primigenio: 156 4S El templo mayor os un alarde de piedra. Desce las montanas de basalto y de pérfida que cercan el vallo, s0 ban hecho rodar moles gigantescas, Pocos hueblor ~escribe Humboldt habréx removide meyores masas. Hay wn tire de huallesta de esquine a esquina del cuaidrado, base de la pirémide. De la altura puede contemplasse todo el panorama chineseo. Alza el temple euarenta to tes, hordadas por fuera, ¥ eargadas en lo interior de imaginaria. aaquizamies y maderamiento picado de figuras y monatraos. Los gigantescos idolos ~afir- Ing Cortés estén hechos con una mezcla de todas Ina sexillae ¥ legumbres ‘que son alimento del azteca. ‘Reyes 1991: 7 Sin embargo, la parafrasis de los eonquistadores (ice Bernal. declara Gémara, afirma Cortés) no reviste el rango de cita autorizante concedida al texto de Humboldt, como vimos al co- mienzo, Con estas otras voces el enunciador apunta a la eficaz distancia de la ironia, atin cuando el fragmento trasladade, transfundido o literalmente citado beneficie a la grandeza mexi intoresca y refina- cana y ala armonia de su sociedad plural. da. Por eso Bernal “quiere hacernos creer” que por el mercado de Ja plaza principal discurren sesenta mil hombres por dia y cae en “pintoresco atolondramiento” mientras va y viene por las ealles de Ia feria, Bl intertexto de los conquistadores puede adoptar un tono ludico, deslizarse haciael pastiche, perder cre dibilidad. Reyes matiza las palabras jaqueando Ia verosimili tud de las crénicas, aprovecha lo vivido lla impresidn inmedia ta del viajero) que ellas aportan, pore trastoca su eentido, Deja de lado también Ia violencia dificilmente disimulada en estos primeros discursos de los conquistadores, atentos a tas alturas estratégicas, a los puentes de acceso a ia ciudad 0 a cualquier senal de riqueza y oro escondidos en el palacio. Tales mencio. nes no aparecen en este cnadro de prodigalidad y belleza. Re- yes cierra el ojo de la codicia para dejar abierto, tinicamente, el de Ja admiracién y el asombro, A partir de las enume que en los textos de Los conquistadores funcionaron como daderos inventarios de bienes para el sequeo, Reyes restablece e] mito de México como cornucopia, como dijimos, (insinuada 157 en una de las primeras imagenes, “La mazorea de Ceres y el plitano paradisiaco, las pulpas frutales lenas de una nied des- conocida”, 4). Pero una eornucopia sin valor mereantil, tan solo acumulacion postiea de biene simbélicos. Aspira, asi, a reeu- perar una escena que pueda revertirse en objeto estético, pla- gado de voces, colores y ruidos armoni hacionalidad us, fundadora de la Segun la cronica de Gomara lu mas admir je de ia plaza son las pequefias piezas artesanales hechas por los indios que reproducen todos los objetos del reino. Mariposa, arbul, rosa, flor, yerba o pea. Moctezuma atesora estas miniaturas —tem- pranos souvenirs que pasan a ser dobles diminutos de sus do- minjos: “El emperador tiene contrahechas en oro y plata y pie dras y plumas todas las cosas que, debajo del cielo, hay en su senorio” (Reyes 1991: 10). En el recuento detallado de cada ob. jeto irradia el deleite por el arcaisma un el léxico. Reyes redime de las erénicas las palabras pero tambien las estructura sinta ticas, come las enumeraciones precedidas por la anatora ("Hay", “tienen” o las formas deictico distributivas (de ellos adobados y de ellos sin abobar"), La aperacién delata en cl eseritor ta misma pasién de coleccionista del emperador. En este sentido, Vision de Andhwac es también una contrahechura y una con- tra-conquista, que al citar reescribe los textos fuente de los que se provee, creando utra realidad, otra ylass menagerie textwal Reyes vuelve sobre Jas palabras de los conquistadures y viaje: ros europeos que dieron consistencia verbal al espacio mexica: no articulandolas desde otre Angulo, logrando ast ofectos de eco, resonancias y rebotes semanticos. Aprovecha esa mirada ajena y extrafada con que fueron pronunciadas, ese “exotismo” que aun las recubre como una piel irrenunciable, para reinsertarlas en el armado de un retablo, no solo churrigtteresco y vanguar- dista, sino y sobre todo, irreverente. B] texto se resuelve en un palimps ssto logrado a partir de la combinatoria de intertex- 158 tos pera tambien de procedimivalos barrecos, ckisicos y van: guardistas En la tercera lamina del retablo, retoma ta palabra el erudi. to biblidgrafo, que eita tanto el Cédiee Vatieano como alude ala escritura jeroglifica azteca, Nuevamente son los signos los que ‘vcupan al enunciador, y entre todos, uno central para La alta callura precortesiana: Ia flor, Nuevamente, todo se somete al sistema de la estilizacion mareado en el pano primero: Floy era anv de Jos veinte siynus de los dias; ht Mor es tambien sigue de to noble ¥ lo preciess, y.simismo, represeats Ios perfumes y las bebidas. Tam: Ingn surge de Ia sangre det sacrifiio, yvoroan el signa jerozliica de la rato ria Las guirnatdas, ol srbol, ef maguey y el maiz allernan en los jevoghifieos Ge lugares. La flor pinta de un modo osgacindtien, reducida a estrietesime fra. ya Sista por et purl o ya por la byes ce la corule, (Reyes 1991, 12, la Sila Limina dos insiste en Is proliferacion barroca, delatan- do ese contayio con Ia escritura europea renacentista, en los fragmentos uno y tres, en cambio, prevalece una estilizacion que v bien Gende a la nueva figuracion de la vanguardia, o bien intenta establecer correlatos con vl orden clasico, Como diji- mos, en Reyes se conjugan cl afan universalista y la vocacién bumanista eon la revaloracién de ta cultura clasica, to que lo Hevard a comparar a Moctezuma con el rey Latino de ta Eneida, quien se cntregé a los Lroyanos como Io bi floctezuma y la ‘Kneida Mexi- 0 el rey azteca a Cortes, analogia que sostiene en cana’.” Reyes 1991: 18: En este sector del triptico reproduce un cantar nahus esta- bleciendo simetrias del mismo orden, aun cuando advierte de aciones semdnticas, Asi al disew- los riesgos de tales contami de la naturaleza en Jos cantares nahuas, veeoge las sugerencias de su traductor al inglés, Brinton, cuan- do éste la relaciona con Ia busqueda de la inspiracién en rrir gobve Ja presenci 159 Wordsworth, Del mismo modo, el ritual dramético del poeta nahua distribuyendo flores entre los comensales le evoca el rito ionisiaco de la antigua Grecia, 0 la interrogactén del poeta al Pajaro oa la mariposa, las preguntas de Sulamita a su amado.en el Contar de Cantares. A posar de advertirlo, Reyes repite Ia misnia operacion traduetora sobre Ia poesia prehispénica que carga de connotaciones estéticas oecidentales a los enigméticos versos de los poetas de la flor y del eanto, euando no de inclu siones extemporaneas propias de Horacio o Salomén, Somotidas ala mano rtstica de algtin misionero escribiente, la poesia nahua puede Hegarnos adulterada, se ve precisada a admitir. Pero, al igual que el trazo estilizado de la flor en Ja cerémica, la poesia nahua atraviesa vietoriosa la traduceién y los desplazamientos de sentido, porque algtin rasgo en ella confirma todavia su legi- timidad: “En los viejos cantares nahoas, las metifora van cierta audac cierta aparente incongruencia, acusan una ideacion no europea.” (Reyes 1991: 14, la cursiva es mia) Una ideacion no europea. No se lea ta frase como una bits queda falaz de autenticidad 0 autoctonta, sino como el resguar- do de una cultura que debe aceptar la transcodificacisn para no “desaparecer”. De hecho, citar a una poesia nahua que ha sido traducida del inglés implica toda una declaracién de prineipios de Ia universalidad a la que Reyes aspira, Podria decirse que este es un modo de prestigiar lo americano desde los primeros momentos de nuestra historia letrada, cuando el [nea Garcilaso de la Vega comparé el Incario del Cuzeo con Grecia y Roma. Fero en Reyes existe un designio que excede este propésito, y antes que admitir apaciblemente la analogia Anahuae-Oceiden. t racién genera. El hecho estético americana debe proyectarse més alla de la fidelidad historica o de la disparidad de las com- parnciones, Por eso Visidn de Andhuac resuena como la *Fi dacién mitica de Buenos Aires trabaja sobre las tensiones y contradiceiones que tal compa. de Borges que también habla 160 de un inicio legendario, sospechoso, hasta irrisible, aunque ne- cesario."* Los “barquitos pintados” del pyema de Borges recu dan al mapa del Ramusio en el texto de Reyes, donde “los bar- cos diminutos se deslizan por una raya que cruza el mar” (Re ‘yes 1991: 3), asi como el erudite-biblidfilo que lee la poesia néhua traducida del inglés, se relaciona con Ia paradoja de Pierre Menard, En el barro del rio o en la transparencia del ire, Re- xyes y Borges revisan los relatos de la eonquista, y Io que ellos nos quieren hacer creer (como Bernal Diaz del Castillo), para producir nuevos espacios estéticos, auténomos y modernos."* Intento que en Reyes se eslabona con la formula enunciada en su correspondencia en estos afios, cuando habla de darle un sentido ideal a su propia cultura, religarse a ta cultura ospaiio- Ine insertarse en Ia cultura universal." Sin embargo, nada mas lejos de Reyes que establecer un “mito de origen” como aclara en un paréntesis preventivo de tal pe samiento, “no soy de los que suefian en perpetuaciones absur- das de Ja tradicién indigena, y ni siquiera fro demasiado en perpetuaciones de la espaniola” (Reyes 1991: 16). Reyes no se propone falsificar un pasado sino inventar una tradicién cons ciente de su fragilidad. ” Si hay un origen, este debe leerse a trasluz de los textos de viaje europeos (mapas, erénicas, tra- ducciones, transcripciones) aceptando la fatalidad de la pér da. La patria del emigrado no es una regisn idealizada por la distancia, sino un patchwork de palabras heredadas al que debe otorgarle un sentido estético y politico." Espafia en un carton" Si Vistén de Andhuac es una “fundacién mitica” de México, In reinvencién de un espacio cuya precariedad reclama la evo cacion, los primeros textos sobre Espana requieren también Ia 161 creacién de nuevas imagenes sobre un territorio cartografiudo por otros viajeros (europeos e hispanoamericanos) durante el siglo XIX. En ambos cages el propésite no es una mitificacién de perdidos origenes o provistas tradiciones, por el vontrario, se trata de no abandonar un legado por istante, disperso 0 doeacreditado que éste sa encuentre.” BI primer texto que sur ge de Ia estadia de més de una década en Espaiia es Cartones de Espaiia mencionade en su correspondencia con Pedro Henn! quez Urea del 15 de agosto de 1915 ensayitos diminatos sobre Madrid, pero temo sean muy int mos para periddico®. No obstante este repara, fueron publica- dos como notas en Bi Heraldo de Cuba y después camo libro en 1917, con considerable éxito.” Vimos que en Vision de Andhuac el narrador es privilegia- damente un ojo que encuadra una vision, por eso la retoriea de la representaciones, de mapas a laminas y dibujos, de cronicas a relatos viajeros, aunque no deje de atender a los sonidos de la plaza, Bn Cartones de Bsparia ta audicidn se agudiza. Sus amis- tades filolégicas de Ia poca ~Ramén Menendez Pidal, América Castro, Federico de Onis, Tomas Navarro Tomas-, companeros a veces de estos recorridos por las sierras de Guadarrama 0 por ciudad, preparan la sensibilidad para entregar- “Por ahi tengo unos ocho frasis aparece aplicada a la transposicidn de todo tipo de Jas calles de tn se al registro fuido de las voevs, Este cambio en el modo de percepeion se explicita en la dedicatoria del libro, “A mis ami- gos de Mexico y de Madrid, salud”, que comienza diciendo: Gautier pintor antes que potts, ae quciaba de que nuestra eivilizciin Iuese poco calarista, Despues de el, har fracasado las tltimas teorias litera ras del color: chay cosa mas desueceltadi, cm eucto, que lus teurins del color focal? Buscamis ahora la cenlidad algo mas alla de los ojos. Loe missnos pint res han comenzado-a desdesar el dato nsturalista de los ojos, y ya los cubistas se precian de ver von las manos, eon el aentiniento muscular de la forma. Ne sin cietto repocijo, cum el estoleo, pcece gritas nuestra cvilizacion: “jPerds Si agus (Reyes S56 U1 47 162 El fragmento nos caloca frente a la inversién de un principio del velato de viaje del XIX. Con el declinar del color local litera: rio y de su ma viaje procura nuevas resnluciones. inso exponente ~Gautier- el diseu EI viajero de Reyes se vuel ve un reculector de Ja oratidad de las ciudades europeas apli- candose uhora a otre tipo de recortes, didlogos. pregones, diseu- siones, toda Ja inagotable venera de los intereambios calleje- pre ros. Reyes privilezia el modo de pereepeién y resolucién textual inaugurada por las vanguardias que se hard evidente, como en Vision de Anahuoe, en la iragmentacidn de las escenas, reduci- das a pequenos bosquejos o aguatuertes. Pese a las reminiscen- cias pietoricas de estas metaforas, el viajero-auditivo compar jo antes sélo cedide al viajero-pintor:“Conue la pipa de Matlarme engendra un viaje, asi me resucitan las ciudades on un ruide, en una tonuda eallejera” (Voces de la calle”, Car- tones de Bspuia 1956 II. 73), Baudelaire habia creado la figura del ofor local en su Pobre Belgica: tira el esp: e dice que cada ciudad, cada pais tiene su olor Paris, se dice, huete a sepull agrio, EL Cabo huule « exrnero, Hay isis tropicales que huelen a toma, alivizcleo acute de cose, Rusia huele # euero, Lyon hucle a earbsn, El Oriente Ihuele w almizele y enctotia. Bruselas huele a jabin negeo. Las Habitaciones de los hoteles huelen a Jabon negra, Las camas huelen a jabon negro. ensa que fgonudea el ixonsnio en las primeree dina (Baudelaire 1999: 24) Para Kipling los olores hablan de los centros urbanos y son como para Proust los r esta posibilidad analogiva se deposita en el oido: “El ofdo posee Ja misma virtud de evocacién. Los gritos de la calle contienen, vortes de la rememoracidn. Para Reyes en potencia una ciudad, como el S.P.Q.F res de Cartago.” (Reyes 1956 II, 73-1), natal recordara aquel pregén, mezela de disparate y pleonasmo ~-iNayada de nueces!...” (74), de Paris Jas gritos del mereada proximo a su baleon, de Buenos Aires le sonoridad ligeramente 0 como el pellejo de la side su. Monterrey 168 exética y marcadamente aguda del nombre de sus calles: “Las calles de Buenos Aires / tienen nombre tan gentil, / que dan ganas de bailar / cuando se las nombra asf: /-Sarandi ~Sarandi ~Maipi- /—Tacuari- Gualeguay y Galeguaych4 /-Bamba-Jujuy- Bacacay” (*Candombe portefio”). De Madrid, las voces iracun- das o las imprecaciones destempladas, las conversaciones non- sense de cada café: —iHtolat —iHtotat i aquello? —iTomat Pues aquello.. Asi, asi, nada més, —jMombee! {Pues claro! —Pero jy la cosa esa? —iVamost ;Quita alla! —Bs que. Quid, hombre! —iAnda! {¥ éste? .Qud se ha fgurao? Bueno, hombre, bueno! iP ies hombre!, (Da eapal (Topicos de cafe”, Calendario, Los efsperas de Espa, Reyes 1956 It 278) La escena es un verdadero alarde de comunicacidn sin men. saje, hecha de funcidn fictica y énfasis interjectivo, Los carto nes madrilefios se Henan de estas voces populares, casi coma cintas magnetofonicas manejadas por un estudioso de campo (no hay que descartar este interés filolégico en el registro). El callejeo esta unido al parloteo y la tertulia puede instalarse en cualquier esquina 0 rinedn citadino. Han transcurrido mas de cineuenta arios desde que Sarmiento dictaminara que el espa- fol no esta dotado para practicar Ia /ldnerie, lo cual segtin este Viajero seria una redundancia ya que su actitud natural es el ocio: “EI espanol no tiene una palabra para indicar aquel Farniente de los italianos, el fléner de los franceses, porque son uno y otro su estado natural.” (Sarmiento 1993: 99).* 164 Los ojos del viajero no desaparecen esta en la alusién icénica y goyesca que da titulo a Ia eoleccién, “cartones" pero miran por una reticula de contornes barroco-vanguardistas que hace de la tarjeta postal un verdadero caligrama, como el dislogo de café reproducido més arriba, cuyas entradas en la pagina dibu- jan un absurdo lingutstico, Nada de aspivacién de mfmesis alli, silo ocupacién del espacio por Ia palabra.” En “BI derecho ala locura”, recopilado en Cartones de Kapaa, Reyes trazard co- rrespondencias entre el barroco y el cubismo espaitol, exhibiendo en esta fusién su propio procedimiento en la construccién de Espaa giro moderno y cosmopolita. La Espai . consistente en una recuperacién de lo cldsieo con un de la “muralla’, resis- tente a la innovacién y antimoderna, se convierte con Reyes on una “Europa sui géneris", sintonizada con el presente, como sostione en “Paris eubista” de 1914 Adeoés, algo de espadol tiene en sus origenes el eubismo, dejande aparte Ja nacionalidad de Picaso vel espiiolisme dol Greea y sus humanaa clare vibrators. Ha poco. Eugenie [Ors le desin:gquién mas espa) que don Fran. cisco de Quevedo y Villegas, ni quién mis cubista? El. Gracian, todo et conceptisoo, y avo el mismo Gingora ~aunque és'e por procedimiento distin ‘a- nos dan ejemplo de esa vision rotativa y envolente que domina, que doma al objeto. lo observa par totos sus puntos yuna vee que ha lograde stventto de luz. descubre que todo él esta movindose, latiendo, arrojando comunicacio fies ~comio los atomes del fldsofo materialista- 2 las abjetos vecinos y re 1990-91), higndolns de ellos, Reyes en Perea El viaje letrado ha dejado de ser un recorride por institueio- perceptible en la ma- hes, museos o monumentos, navegaci yoria de los relatos viajeros del XIX, para responder a una tografia literaria, 0 “geografia literaria” como Hamaré Virginia Woolf a Ia acetsn det imaginario de los eseritores sobre los es- pacios (Woolf 2001: 79-83). Por eso Reyes perseguira en Paris, Burgos y Madrid los pasos de Fray Servando Teresa de Mier emprendiendo en los afios madrilenos la edicién de las Memo: 165 rics (1917) del ingenioso practicante del “arte de la fuga”. Y las mediaciones estaran dadas por la pintura Velazquez, Goya- Is literatura, sobre todo el siglo de oro en su versiones mas populares, las letrillas de Géngora, los bajos tondos de Quevedo » los picaros cervantinos. Reyes-viajero define un nuevo four que desplaza la ruta habitual « instaura una toponimia imagi- 166 Notas "Toute ls estas ue ta correspondencia tom extratdns de Postra Henriques ef y Allbaso Reyes, Bpestotario farinan (1983) Faktel Gutiaree2 Girardat sostivne que si incorparacidn 9 Ia Escuela de Madrid tuvo un efecto negativw por el rigor acaiemica que In impuro" tse previo con justa gratitud y sefterio, aunque sus primerus ensayos de Cues fiones Esieticas muestran, 51 se los compara eon. los que recogid en las dos series le sus Copitulos ie Hireratura expavinta, que es Jamosa “Escuela” seco ‘sus injpulsos estéticos y bajo la pretension de un supueate rigor flologice es tava a punto de transformarlos eo cumplimiente de up expedieate burocrati co" Guitérrez Girardot 1931: XD, "fin estos aiios madrilenos Reyes eamprende ta iculos du corte eritieo acasemice, coma el destinado al eriyuill Sarniont, prepara ediciones de la obra de Jusn Ruiz de alareén y Fray Servando Teresa tie lier. publica #1 easiular. EI plano oblicue,Higenta cruel. Caries de Espa fia, un Historia de fa Nteratara Mesieana, Vsion de Anudawe para la calee iow ke Jong ia Mongo, ontve otros “Las eaisignas son conaeidas peru val Ia pee revordarlas, En Henriques Leena," Tenenios derecho # tomar de Europa byque nos plazes. tenemos dere tho # todos log beneticias de ta cultura occidental” (enriques Uren 1928 41%; an Borges, “Creo que nuostea tradieion es tada lo culluea accidental, ¥ crew tambien que tenemos derecho a esta tradicion, mayor que el yue pueden tener los hnbitantes de una w utra nacion occidental." (19TH: 2721 Bn carta del 29 ie octubre ee 1913 fe dira Pedro Henrique Ure Alfonso Reyes: "En Ausérica nucesitass de eseuslas alamnbieadas y compliea ‘las, de eseuelas que obliguen al escritor a rebuscar ya pensar, como el ongorismo v el modernisme”, “Somos pueblos isnorantes y necesitans es elas sabias y exigentes qué nos obliguen a aprendes” (Menriquer Urena eyes 19811: 170), La propwesta de Henriquee Ureia eoineide con In senten cia que are La expresion Americana de Lexan Lisna, “Silo lo dificil es ti amlante”, vita de up concepto de Gi Sabre al tema véase dean Rose “Lecture de Vision de Anihuce” 11968), Dawid Foster "La tranatextwalizacidn literaria en Vision de Ande de Alfon so Reyes” (188%), YvetLe Jimenez de Baez "Ei discurso omitilo en Vision de Anahwae” (1989), Andres Zamora “Alfonso Reyes: el intelectual o 1a efimera ‘magia de tn palabea” 11996), Magelalena Perhowska-Alwares "La lorma y el compromive en Visi de Aniline de Alfons Reyes” (2001 167 Sobro la rolacién entre Vision de Andliae ¥ In eatética de vanguardia, en particulaclcubieme, véase el agudo anslisia le Magdalena Perkowska-Alvarer fen ol articule citade. Tambien Héctor Perea remaren “las muches eqras posi bles de todo un pueblo plasmadas en un solo lienzo cubista” (Perea 1990) 7) “Adorno, “Fl ensayo como form” 11962), Véase al respecto Foster (1983), Perkowska-Alvarer !2001) y Zamora (1996) en los estuilos citados. En “Transatiantie Perceptions: A Contrastive Reading of the Travels of| Alexander von Humboldt and Fray Servando Teresa de Mier” «Ete 18821 Vease de Alberto Castrilin Aldana, Alejandro de Humboldt, del catalo 0 al patsaje:“Bl concepto de evade define, en Humboldt, la reiacian entee Daturaleza fisiea y naturateza humana, entre la perspeeties humana y la pre sentaciéin primera de un paisaje, El cundre opers Ia unifiencién de la diversi dad del mundo vegetal y de fos fendmonos naturales par medio de la homogeneizacign fisionémiea. El cuadra transmite Ia sintesis que contiene la lunidad bajo la diversidad dle [a naturalera ¥ es si expension material” sCastrillin Aldana 2000: 671 "2 Seguin Friedrich Schiller (Sobre fa sublimed en In experiencia de lo su blime se produce una confrontacidn entye seotido y razén pot In cual el hom, bre enfveata la incomprensibie que lo alemoriaa y fo deshorda, sin poder, al rismo tiempo, ustraerne m oxta sonsacién. En esto gesto de avider de cono- cimiento y lucideg de Ia frustroeion reside su propia libertad (Sehiller 1943) Mary Lovise Pratt en Ojns iniperiaies 11997) dice que Humbotdt aplica el program exptesto por Schiller en la Educacian estética del hambre (W795) eurso de sus viaje, América es vista por Reyes como une prediceién, presagino invencisn de Jn imaginacion europen, asi sostiene en “BI prosagio de Ameriea” (1956) “An ts le sor descubierta, América o74 va presentida en loa auefon de la poesis ¥ en loa atisbos de la ciencia (Reyes 1991: 225). Una Amérien “inventada” por Europa sera ls hipétesis de Edmundo O'Gorman en La inven de Amerie 119581 y de Miche! de Cortent en La eseritue dee historia 1995), "EL pocma pertenoee a Cuadleram de San Martin (1929)"2¥ fue par este rio de sueiera y de barro / que Ins proae vinieran a fundarme ts patrin’/ Irian 1 los Lumbos los baequitas pintados / Batre los eamalotes de In corriente 2a na". FA mi se me hace cuento que etnpezs Buenos Aires: / Ia juagn tan terna como el agua y el aire” Borges 1974: 811 "Yulia Halperin Donghi dieo respect Ia “madurez hispanonierienna” ‘de“Fandacion mitien ss Buenas Aires" "Agu la imagen dela Esparia conquis- tadera ten que el tono solemne de In invecacién inicial a “las prons que vinie- zona fundarae la patria” se hace #Invez afectuoso y burtén pasa deseribirlas ‘come Ina de “unos barquites pintadas” que “irfan 9 los Lumbog en Ia corriente ain”) os de inmediato eancelads por 1a inveneidn de una ciudad primigenia 168 {que posee ya al nacer los rasgos de In que su poeta aprendié a querer en Ia large costumbre de vivir en ells. Bl corolari lo olrece el misma poeta en dos versos destinados a ser los mas eélebres entre Ios sues. por lo menos en su eradecida ciudad nativa: "A mise me hace cuenta que empezs Huienos Ainos In jazge tan eterna como el agua ¥ el aire"; para su posta, Buenos Aires hn uirido una realidad tan sustantiva que,si asi puede decirse, se ha emanei prado de sus origenes.” (Halperin Donghi 1987: 95) *Rneste xentido aostians Ratsel Gutisrea Girardot an “Lo concepeidn de Lispanoamérica de Alfonso Reyes /1889-1960)"-"Al miomo tiempo, surgié la reconstraceién histérice-poética de Ia primera imagen que tuvieran, los eejnficles de In tierra conquistada, Vision de Avmhuae (1917). Lo que habia sido insinuado, pues, en sus ensayas iniciales, este 08. el paraleliame del inte: ris por su ral mexienna y por se tradieida eaprfala. adguiere una mayor conciencia en el contacto con Ia realidad peainsular. Reyes no se espanoliva, sino acentia su conciencia de hispanoamericano y mexieane. pera eontiema ‘que e0 tradicion os tambien Ia expafialn” (Gutiderex Girardat 1994:12), °F Vanse de Brie Hobsbasen “Inventando Tradiciones", Historin Soil, 2 40, 2001, pp. 203-214 "Bl carseter polemico-potitico de Vision de Arcuae y su enfrentamiento on Bapaia on ol positivisme come ideologin ofseial del porfiriato ha side sesalads por Magdalena Perkowska-Alvares: "La feagmentacisn que introduce unt hoterngeniedad de lenguajes, discursos, visiones ¥ géneros pone en dada el etude positivista basndo en la ebservacién “eientiiea”, vl materialism v la recionalidad y sugiore 0! iamessza valor de otros aceresmientos come ta subj. tividad. In emocin yn intuicidn, En s9 ensayo, Reyes expresa su compromiza ron Anshhuae-México ¥ con au alia por medio de la forma. ¥ propone wn desti fa, porque al transformar el modo de mirar ach 6} pasada xe formals ani fauevi manera de actus en el futuro” |Perkuweasa-Alsaree 2001: 96%. Tam bien Andes Zamora analiza In dinideneia de Reyes con In historiogralia posi Livista y su pape! de intelectual eompeometide Zamors 1986, Reyes reine sus primers impresinnes tots: Kspana en Cartanes de Bspaia. Mésieo, Cultura, 1917, Iyego incivido eon otros textos del periode 1914-1924 en Las nfsperns de Espha, publienda vor Sur en Buenos Aires en 1987 De eata coleceion dice Gutiérrez Girardot:"Algunas de esas paginas sen “eunddros” roves que podrian tener au antecedente en los “euadeas de cost les" de Mesonero Romanos. Si asi fuera, Reyes depurd el posible modelo: re Hyjo el euro alo exencil. le quits In alabanza pulvorienta nacionalista y, en algunos casos. dio Ia palabra con simpatia alos espafoles para que ellos mis thos denunciaran valuntariamonte sus vieios: en "Tépices da ents" y en "En ol hotel”. por ejemplo. el anspulose nete de no decir nada; en “El entoliciemo pa ano”, el hilarante doginatisina iuconsciente, Pere estos “euadros" presentan Comubien vietudes, cam la le la cartesia del pueblo, o cultos camo el de ka 169 muerte, de moda que Las visperas de Bs sana constituyen Ie materia social vivid y observada personalmente que subyace a Ie literatura.” (Gutiérrez Girardot 1991; XX), Sobre la relacién de Reyes y Bspata vease la antologia campilada por Tector Perea, Expaia en la ubra de Alfonso Reyes (1990. Reyes dri en Fronferas (Las visperas de Espa‘ia) “Los hispanoamerica roe de mi edad ereen todas, ya, en Espana. Antes de venir aqui, yo erela con rresiricciones, aituralimente- en cigrtas grundezns del pasado eapanl y en la feeundidad avial de ese pasado. en la fecunidad posible. Ahora. que estoy ‘st presente y en su porvenis Sole hay que entenderse”. (Reyes aqui ree 1956 [1561 % Dice Reyes en el Epistolaria intimo: “Aqui ha gustado la presentaciéa’ “Mis Gurtones de Madrid” han sidu bien reeibides, sin que se dé nadie por ‘fendislo”,"Los Cattones de Madrid (tienes?) han sido aguf y en México un Gxitu franco” (Henriques Uresa-Reyes 1981 111: 57, 62, 86 respectivamentel “ Baudelaire decia algo semejante de Bruselas, ciudad que fue merocedora fe todo su rechaze. "No hay eseaparates en las tiendas. La flanerie que tanto feusta a los pueblos con imaginacion, es imposible en Bruselas. Nada para ver {yeaminog imposibles.” Bawdelaire 1093: 24) °! Cerca, también, de Culcananiay (1925) de Oliveri Gironde. + Yeage tninbien de Walter Benjamin “Paris, la ciudad en el espejo" (1992: 2.4 7. Vocacion migrante y viaje intelectual. Manuel Ugarte. Viajdbamos para encontrornos a nosotros mismos ¥ para encontrar la nacionalidad superior: Manuel Ugarie, La dramatica intimidad de una gencracion El intelectual desprendido de su pais de origen ha sido un fendmeno tan frecuente desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX que es posible leer gran parte de los movimien: tos culturales de esta época como una sartografia de estos des- plazamientos. Como ha puesto en relieve la critica anglesajona fn Jas tiltimas décadas, la estampa del escritor inigrante resul- ta insuslayable para entender las grandes renuvaciones esteti- cas modernas y contempordneas. Para Malcolm Bradbury (1976), en su clasico libro sobre le emergencia del modernismo europeo, el viaje estetico fue responsable de los movimientos artisticos de comienzos de siglo, también Raymond Williams (1997) atribuye a los intelectuales cosmopolitas la innovacion de las vanguardias historicas. James Clifford (1997) sostiene que la emergencia del surrealismo se debio al encuentro de es- critores extranjeros en Paris, del mismo modo que Herbert Lottman (1994) atribuye a la fest generation, eongregada en esa citidad, la renovacién de Ja figura del escritor compromet doen ta década del treinta, Para George Steiner (2000) ol eseri- tor moderno es un desplazado de su propio origen y lengua, en un sistema donde centro y periferia, lengua y nacién, redefinen su dinamica. En el ambito hispanoamericano se prodace una compleja trama de desplazamientos tanto de objetos culturales como de instituciones © individuos durante todo el fin de siglo, Releva- dos del contacto directo con las culturas nacionales o provin- ciales, los migrantes de fin de siglo se expusieron a las trans- forniaciones que acarrea la dislocacién de su comunidad. En el ambiente dinémico y moderno de las grandes capitales curo- peas, la fuerza de In tradicién pasé a un segundo plano y este dostizamiento les permitis conformar nuevos micleos de iden- tid de lenguajes cosmopolitas y de espacios donde se proyectaron como traductores, mediadores y apropiadores de normas y paradigmas metropolitanos.! dy pertenencia, La escena exterior facilité la adquisicién Manuel Ugarte se ubiea como el memorialista de esta expe- riencia que toco a un nutrido numero de hispanoamericanos. En su recuperacién de ese contingente, al que Hamé la “genera- cidn viajera", pesa algo mas que el juicio mas o menos enalteci- do sobre un conjunto de ese tores e intelectuales, la mayoria de ellos muertos para la épaca en que se dedica a organizar sus recuerdos. Si toda autobiografia parte de una autojustificacidn, esta memoria colectiva de Ugarte acude con frecuencia a la fi- gura del descargo que, previsiblemente, incluye a su autor. Ea el primer libra donde aparece esta mirada retrospectiva, E dolor de escribir (1933) (Ugarte 2000), los retratos oscilan entre el perfil intelectual y cl dato preseindible, entre Ia intimidad de los cuartos compartidos en el faubourg Montmartre y los distanciamientos politicos y estéticos, prevaleciendo la reeupe- racién de una suerte de juvenilia nostalgica.t Pero es en Escré tores iberoamericanos dei 900 (1941) donde Ia tesis del grupo desplazado cobra euerpo.t Predomina nuevamente el anecdo- tario ~extenso y estructural a la concepeién del libro-, si bien vertebra ahora su argumentacién en torno a “la verdadera si tuacion del escritor en América” (1951: 14), Mirada autorre- us flexiva sobre la profesién que caracteriza a los escritores his- panoamericanos de 1a época, como es el caso, en el Rio de Ta Plata, de Manuel Galvez, Horacio Quiroga « Leopoldo Lugones, Circulan en esta época tanto la teoria generacional que Or tega y Gasset elabora en el periodo de la entreguerra en En torno a Galileo (1933) (Ortega y Gasset 1964 V: 29-66), como los postulados de la historiografia literaria slemana sobre el tema. Seguramente Ugarte tuviese conacimienta de Las generacio- nes literarias de Julius Petersen y de sus prineipios organi. zativos: el nacimiento en el mismo afio, Ia homogeneidad en la formacién, las relaciones personales que leva a asumir a sus Inteprantes la conciencia de uma comunidad, la vivencia de un acontecimionto histérica comin, Ia existencia de un Lenguaje compartido, la voluntad de liderazga y cl anquilosamiento de la generacion precedente." Con todo, Ugarte implementa catego- asad hoc para definir al grupo que habfa intentado colocar a Ja cultura hispanoamericana en el concierto cosmopolita. Estos nes politicas o por nedio, Ja cunsecuencia ¥ continuidad rasgos comunes son: Ia expatriacién por ra incompatibilidad con el con los precursores, la bésqueda de una literatura nueva, la in, Ja defensa de un programa iberoamericanista que regularmente coincide con una concien necesidad de profesionalizaci cin antiimperialista, la intervencién publica en los sucesos de Ia época y, finalmente, un deseniace prematuro 6 traigico. Tadas las condiciones parecen calcadas en sus propias eircunstancias, inclusive la Ultima, que puede ser leida como una anticipacion {tobiograf ya que Ugarte muere a causa de un eseape de fas en su residencia de Niza en 1951 y la sospecha de su res- n que ponsabilidad sobre este acto lo relacionan con la dec tomaron muchos de su “Existencias atormentadas” es uno de los tantos modos dra- mations de connotar estos destinos migrantes, orientando la lvctura hacia el mismo campo seméntico de tragedia y desven- pares y amigos generacionales, 473 tura, la trama argumental central de esta biografia grupal. La estrategia discursiva consiste on dar una épica de la pérdida al grupo que se afianza sobre la idea de una “generacion malogra- da” 0 “generacién vencida”, sintagmas que remiten a Ia fost generation norteamericana, con su espacio de confluencia tam- bien en Paris. En esta construccion, Ugarte proyecta al conjuin to la decepeién de su propia experiencia, marcada por la exclu- sién, ol deserédito y el destierro, situaciones que siempre adju- dicara a “la insidia, la trampa y la mala fe", como dira en EU dolor de escribir 2A partir de este estigma, Ugarte sostendra la tesis de la productividad del destierro al decir que la mayoria de estos escritores “dio su mejor frute en el extranjero”, aleja- dos de los valores jerdrquicos, cerrados o limitados det medio intelectual americano. El viaje a Europa es aclemas el disposi= tivo para que las historias individuales se intercepten en un relato mayor cuyo sentido podra desentranar el bidgrafo generacional.* Dos fraymentos permiten aeceder a la pumina y el aleance atribuide a esta migraciin Me refiero especialmente al nuclen que al comenzarel sige. formaron, entre Daria Maieid ee" sntelectual de aquellas epecas~ Rua Harv, Amado Nero lhuis Becatoux, Gomez Carrilo, fast Santis Chora dose Mavia Varga Via {Cais Urbina, Florencio Sanches, Praacives Contreras, Lsopelio Lugo Jose Ingenieros, Belisario Roldan y oteos escritores reprosentatives, Rufino Blanes Fombona muria después, Butre los que viven ain, Alcides Arguedas, Hugo Dariagelate, Gabeisls Mistral, Alejaadra Sux, fos hermanos Garvia Calder oaguin Euwards Hell, sass Vasconeslas y quton eseribe este libre 1851: 13) [Al instatarnos entre Maulrid iponte de partidar y Paris sanbiente espiri jue nuestra production se enlazaba tual) deseubiimos dos verdades. Peier: Uentro de una rola literatura. Segunda, que, individuatinente, pertenes fauna wacionaliad sinica consideranlo « Vaeraamevica desde ropa en tor tng psinoramaien. MABE 204) De ta experiencia grupal del desplazamiento surge una cul- tura supranacional aludida como Ia “nacionalidad superior” 174 (1954: 23) que organiza un campo de identidad, et *nacianalis- mo ibercamerieano” (1952; 206). Entre las varias narracinnes continental finiseculares articuladas sobre amalyamas cul turales (hispano, latino, ibero), Ugaste seude al iberoame reanismo advirtiende que esta eonjuncisn express una “naeva ‘emocidn”, es decir, fundamenta su cleccion sobre elementos de ‘orden afectivo que recuperan un pasado comin, como toda dis curso formador de comunidades (Anderson 1993). Al mismo tiempo. es una formacion “cosmapolita’ que rechaza la regional asi como el false apego a las culturas del criollisina, indigenisme, costumbrismo v Iocalismo, con las qu> Ugarte estableee una distancia polémica BI grupo migrante opera una reconjuista del espacio euro- peo ignorando las nacionalidades partieulares para establecer «trvs campos simbolivos, come ese nueva dominio Paris-Madrid, sobre ¢] cual se proyeeta un sistema itinerante, con un “punto, de partida’’o platsforma (Madrid) y una meta o espacia de rea- Jemareada entre estas Tigactin | Paris), La polaridad de la 201 espunde a esa situavion migrante de “es enire®, en este ease, redoblada, ya que la inter-territorialidad dos ciudades cor ho solo esta tensionada entre el uqui Cextranjero) y el alla (pas triv-continental) sino Lambien depositads en coordinadas mo- viles donde se establece, provisoriamerite, un espacio de opera- ciones eulturoles conjuntas. Los desplazam continente coneeden una repentina faniliaridad, tr entox en el viejo hucida en una cartogratia domestica superadora del fetichismo sobre el espacio europeo que habia side establecido por Las anteriores yencraciones: "Ademas, en esa Europa tan chica, comparada con las enormes ¢ tensiones de América, recorriamos como locos as ciudades y at la rapidez de Ins transportes y la variedad de los ambientes 11951: 86), La democratizacién de los medios de comunicacidn les da ingreso ab conocimiento dirceto de la diversidad de las wwesdbamos las fronteras, deslumbrados por culturas y acceden, por primera vex de modo generalizado y democratico, al viaje como experiencia de formacién letrada. Frecuentan los lugares de deseanso, Niza, los Ingos suizos, Mallorca, las playas francesas, de Dieppe hasta Arcachon. Al- gunos viajes son turisticos, de reposo 0 terapéuticos Dario haco su “italoterapia”, siguiendo los pasos de Guethe-, pero también ¢l trabajo de corresponsal los lleva a destinos tan dispares como Inglaterra, Rusia o Argel Como advertimos, en la memoria de su generacién, Ugarte recurre con frecuencia a la retérica de la defensa, como si cons- tantemente debiera refutar una acusacién asentada en los car- 0s de ser “dosertoros”, “epictireos” o“parasitos”. Excluye, igual- mente, toda atribucién de oportunismo politico, ambicién de dinero, apetencia de gloria o arribismo de cualquier tipo. Por eso construye la identidad grupal con elementos de la bohemia, que si bien es un tanto démodé para la époea, mantiene cierta pervivencia en el imaginario de los escritores: “Llegamos a Pa- ris cuando la Vie de Boheme de Murger era una especie de Bi- blia para los j6venes” (1951: 27). De alli el desinterés por el dinero, el rechazo hacia toda consastracién espuria u oficial, 0 cualquier concesién al filistofsmo*Ninguno aspiraba a merecer Ja aprobacién burguesa,” (1951; 22), Las consignas, por el con- trario, so concentran en la profesionatizacidn y la autonomta que Ia oxistencia de an mercado (editorial, de Ja prensa, de las revistas) garantizaba al escritor en Europa: Las musas no aumitian seborne. $i alguien publieaba un bro por ay even: ta quedaba descalificado, No cobra en Ins thats has calaboraeiones era pasar por esquirel. Habia que entrar a la literatura con todas tas de [a ley, por la puerta grande, con la colaboracién de los editores conangrados, percibiendo un tanto por ciento 0 vandiendo en firme las obras, Tendeneia sana y encomiahte ‘que cerraba {a puerta del dilettantismo y afianzaba ln responsabilidad profe sional (1951: 48) v6. Esa responsabilidad profesional compromete la mt cial del eseritor, uno de los caracteres centrales de la nueva figura de intelectual impulsada por Ugarte, quien, desde sus ios portefios, habia rechazado la faz decadente y afrancesada del modernismo, ast como 1a concepeién torremarfilista del es- critor, Primero, en sus colaboraciones en In Revista Nacional, dirigida por José Rods y Victor Péro7 Petit y después desde La direceisn de La Revista Literaria (1895-1896), donde da Ingar « una polémica de Francisco Morena con Darfo por Ia publicaciéin de Los raros, se aproxima a ia poesia spcial de Almafuerte y a las eleceiones politicas de Ghiraldo.’ En Europa ven contacto con Anatole France, Jean Jaurés, Emile Zola, Henri Barbusse con quien comparte el viaje a Rusia de 1927~ su ideologia de exeritor termina de eristalizarse. La experieneia en Ins gran des motrdpolis y centros europecs le ofrecen el modelo de inte- lectual con intervencién en ta vida pibliza que adopters para si y hard extensive a su grupo generacional, Bn Visiones de Fsparia (1903) sostiene que, después del prolongado reinado del simbolismo, las nuevas corrientes del arte ~el naturalism, el humanismo y el arte social~ impulsan a *vivir eon Ia spec”, de alli que el escritor deba ser ol traductor de la mentalidad de su tiempo. Citando a Remy de Gourmont en Le Probleme dn style para quien “una forma general de sensibilidad se impane épnen", Ugarte asienta o: nueva sonsibilidad sobee tees prineipins: Ia demoeracia, la ua turaleza y la sineoridad. La tendencia hscia La naturaloza im plica una nueva eleccién de objetos ¥ una superacion del arte “artificial y enfermizo que domind en Francia hacia 1880". La sinceridad debe Hevar al escritor a abandonar la “pose” ~el dan dismo tan cultivado en el periodo precedente ~ ¥ optar por la nos decir, una nueva pose tolstoiana. Sobre la a todos los hombres de una misin sencillez, podri orientacién democratica, aviade: Hacia la demmeracia. Casa individuo empuja personalmente hacia ese fi, Unos se alistan en los partidos avanzades; otros obran al margen, sin adiitir Jasifieasion, er tales eorpbaten wl stavisano guerrero, lo titania del eopital yl puser religiosa, No st limitan a vanns deelamacines y entran de eno en In batalla: eseritien en periddicos de lucha, dan conterencias en las Universi fade ves, go mezclen al pueblo que después zetratan y enaltocen en Joras. Ha laa grandes agitaciones (lo hemos visto en el asuate Dreyfust fycuyan resuel.aunente su puesto de combate. Y sou al propio Lempo que bue- ns attstas, #Xvelentes eiudadanos, (Wgarte 1908: 158) FJ fragmento caracteriza la figura del intelectual moderno: compremiso politico, autonomfa respecto al Estado, participa- cin piibliea y eontaeto popular Volviendo sobre los principios plante \dos por Ugarte, democracia, naturaleza y sinceridad, gno in Cantos de vida y esperanza (1905) de Dario, en algunas nuevas posiciones que en este poemario se esgri me 's 1 topico de la sinceridad o la imagen del eseritor 1u tiempo y en contacto inevitable con tas “muche- restienan ést 2, came insmerso ¢ dumbres” Ese poeta que esume una voz continental, que in crepa a Roosevelt y revisa su pasado elitismo estético (“Yo soy auucl que ayer na mids decia/el verso azul y la cancién profe- na’), gko evidencia, acaso, una contaminacién con estos postu- lads de Ugarte? Dario parece responder no tan solo a Rodd en u eritiea respeeto @ ser o no ser el poeta de América, como sustiene Sylvia Molloy (1988), sino también dialogar con los nuevos supuestos sobre el papel del escritor que textos como el do ligarte colacaban en el eje de discusién entre los migrantes ientos. La posicién de Ugarte respecto al toma no ten- dra mayores Variantes, sino una progresiva afirmacién del mis- mu argumento. En “Literatura de drogueria” (El arte y la de- >mucracia, 1906) insiste en el abandono del decadentismo por el “arte social”, que permitiria armonizar verdad, justicia y arte y, posteriormente, en “Las razones del ‘arte social” (Burbujas de Ja veda, 1908) discute Ja legitimidad del arte por el arte y pro- niueve la recuperacion del rol del eseritor como idedlogo.” 178 Exposicién, itinerancia y disenso fueron las actitudes pro pias del escritor en la diaspora finisecular, cuando tis emergen cia del expansionismo curopeo y norteamericano hizo visible ese pacto neocolonial que sefalara Tulio Halperin Donghi (1974), Las conferencias panamericanas de 1889/1890. 1906, 1910, la guerra de Cuba de 1898, la creacion del estadu de Pa nama en 1902, asi como las intervenciones en Centro America y el Caribe, fueron algunos de los incidentes que uriginaron los discursos de resistencia cultural que excedian, muchas veces, los limites del continente. Filipinas, Argelia, Gibraltar, Pekin, Ia guerra de los boers, constituyen otras t manifestarse. Dario recorre el museo europeo autorigandy sw relato con nutridas citas y homenajes a los vinjeros de wna tra dicidn literaria, pero la situacion colonial aparece una y etra ‘es on sus consideraciones. La presencia de los ingleses en Gi braltar es un quiste incémodo en Tésrras solares, “Conviens hablar claro y que lo proclamemos muy alto; ¢s indispensable que Espana lo sepa: exisie de hecho, eaclayada en los dumm sins de la monarquia espafola, una provireia inglesa de Gibraltar, de la cual el Pendn es ta cabeza y Is ciudadels” (1904: 148), como lo eran los pabellones de las colonias inglesas ~que parti cipaban por primera ver del evento~en la Feria de! 900 en Pe regrinaciones, o la situacion de Panama en La earavana pusic Entre madonnas italianas y cuadros de 1a Secesion view viaje estético se politiza En el grupo Paris-Madrid, Ugarte se vuelve ol portaves y principal objetor de esta dinamica dispar entre imperivs y culo nias. En la tradicidn de José Marti y de modo paraluly # oteus plas ecasiones para hispanoamericanos, como José Ingenieros, César Zuin| Maria Vargas Vila o Rufino Blanco Fombona, da ini a su cam- paiia antiimperialista con la publicacion de articulus en Lu Epoca de Madrid, La Revue de Paris y B! Pais de Bucnos Aires En “El peligro yanqui” (1901), primera nota dedivada ai tens) 179,