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Hombre de celuloide

La vieja Francia
La historia la hemos visto mucho: un maestro cambia la vida de sus alumnos mal
portados en una escuela marginal. Lo que hace muy buena La melodía es lo
importante del contexto en el que está escrita. “Los niños siempre son
encantadores,” dice la madre del maestro de violín. “Mamá,” responde el músico,
“estos no son niños como los que conociste.” Y en efecto, son hijos de
inmigrantes árabes, africanos, latinoamericanos. Todo aquello que hace temblar
al conservadurismo occidental. Y, marginales o no, son muchos y son fuertes en
sus convicciones familiares, religiosas y hasta sexuales. Mientras la burguesía
francesa expira en un oh là là decadente, estos niños de periferia están listos
para la revolución demográfica, para apoderarse de Francia reproduciéndose. La
película Entre los muros, del 2008 señalaba ya las dificultades de incorporar a
estos muchachos a un continente que había renegado de su cultura, del
pensamiento judeocristiano sobre el que construyó sus sistemas judiciales,
educativos y políticos. Si acaso Europa reduce todo lo que fue a una palabra:
“democracia.” Pero ¿basta la democracia para asimilar a todos estos
inmigrantes? Tal vez como piensa Houellebecq en la novela Sumisión es ella
misma la que hará que Europa termine por convertirse en continente musulmán.
En todo caso La melodía encuentra algo en el pasado europeo de lo que no es
posible avergonzarse. Es un sistema que se inventó en un monasterio medioeval
y que hoy llamamos equívocamente “música clásica.” Aprendiendo a tocar el
violín estos niños tal vez encuentren a la vieja Francia, a esa que creyó en la
fraternidad, la igualdad y la libertad de los pueblos del mundo, la que creyó, con
Rousseau, que el hombre es bueno por naturaleza. Gracias a la música, un
maestro blanco y un niño huérfano y con orígenes en Costa de Marfil pueden
volverse amigos para dar una segunda oportunidad a este continente que,
avergonzado justamente por su pasado imperial, se quedó sin identidad.
Pasmado con las reglas de la corrección política. Pero en La melodía no se
habla una sola vez de tensión racial o religiosa. Sólo está ahí y ya no es
necesario ni siquiera mencionarla. Es el telón de fondo sobre el que suena el
elegante sonido de un violín.

La melodía (La Mélodie). Dirección, Rachid Hami. Guión: Rachid Hami, Guy Laurent, Valérie Zenatti.
Fotografía, Jérôme Alméras. Con Kad Merad, Samir Guesmi, Slimane Dazi, Mathieu Spinosi. Francia, 2017.

Fernando Zamora

@fernandovzamora