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Decía Ramón Gómez de la Serna en una de sus greguerías que cuando te asomas al abismo de la vejez llega

un niño por detrás y te empuja. Podrías pensar: pues que cabrón el niño. Hay una niña en primaria, Valeria,
que cada día pasa por mi clase y, haya chicos o no en el aula, ella entra, me da un abrazo y besos, muchos
besos, muchos de ellos volados. Supongo que es su manera de rescatarme de ese abismo.