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Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

Queridos hermanos:
La fiesta de la Inmaculada entona perfectamente con el espíritu del Adviento; mientras la
Iglesia se prepara a la venida del Redentor, es muy justo acordarse de aquella mujer – la
Purísima – que fue concebida sin pecado porque debía de ser madre.
Pensaba en esta mañana, al salir el sol, y considerar este día el significado de la inmaculada
concepción de la virgen María. Una frase que en la novena solemne a su pura y limpia
concepción que, en Nicaragua, mi patria, se dice constantemente en cada amanecer a la
preparación del privilegio singular de su pura y limpia concepción. Y dice así: Para dar luz
inmortal siendo vos alba del día, sois concebida María sin pecado original.
Considero que esta frase devota y cargada de amor a nuestra Señora nos retrata de palabras
sencillas la misión para la cual Dios eligió a esta Mujer con mayúscula, su misión no es otra
que la de dar luz inmortal, no en vano y acertadamente la patrística le confiese y le celebra
como la aurora de la salvación, es la aurora que anuncia la llegada del sol de justicia, que no
es otro que el fruto bendito de su seno, Jesucristo nuestro Señor.
Sí, la vocación mariana por excelencia no es otra que esta, la de dar luz inmortal, vocación
que también nosotros, sin tener algún privilegio de nuestra parte por nuestra miseria y por
nuestro pecado, también debemos procurar imitar a nuestra Señora, desde el misterio de su
inmaculada Concepción.
Por una gracia del todo singular, y en atención a los méritos de Cristo, Nuestra Señora fue
preservada inmune de toda mancha del pecado original, en el primer instante de su
concepción. Sin embargo, el privilegio de la Inmaculada no consiste sólo en la ausencia del
pecado original, sino mucho más en la plenitud de su gracia.
Por ello, recurrimos a ella y la celebramos con especial devoción porque es la sede de las
gracias divinas, adornada con todos los carismas del Espíritu Santo, hasta el punto de no
haber estado nunca bajo el poder del mal. Porque Dios la amó por encima de todas las
creaturas, que en sólo ella se complació con señaladísima benevolencia.
Dentro del cantoral mariano de mi tierra nicaragüense, también hay un contemplar extasiado
ese privilegio de ese regalo y don maravilloso que Dios hace al mundo al escoger a esta
Madre pura, santa, inmaculada desde su concepción para siempre. Así, el canto bellísimo
afirma: Sale al mundo, esta creatura, desplegando candor y hermosura.
Efectivamente, esa hermosura y ese candor que los cristianos vemos en María es el inicio del
cumplimiento de la promesa que Dios hace a la humanidad, desde el momento mismo en que
la humanidad cae en el pecado en aquellos nuestros primeros padres allá en el paraíso
terrenal, pongo hostilidad perpetua entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya y ella
aplastara tu cabeza cuando tu le quieres morder su talón (Gn 3, 15). Es esta profecía que se
llama proto-evangelio, lo que anuncia desde el inicio desde el génesis de la historia mundo,
la misión tan significativa que tiene nuestra Señora para todo el mundo.
De los títulos, más abundantes y hermosos marianos que todos degustamos y conocemos,
resalto el de Madre de la misericordia, y en dos sentidos: misericordia en la persona del fruto
bendito de su seno, que es Jesucristo nuestro Señor, él es la misericordia misma. Y
misericordia en el sentido de compadecerse ella de nuestras miserias, de nuestras debilidades
y de nuestras tantas caídas. Quiero terminar estas sencillas palabras pidiendo por la paz del
mundo, este es el deseo primordial de nuestra Señora, paz que no vendrá si no se viene
construyendo el reino de la justicia y de la verdad, solamente será posible en la medida en
que nosotros reconozcamos nuestras miserias y pecados y pidamos perdón al señor y por su
gracia nos levantemos siempre de la postración del pecado y como sacerdotes ayudar a los
demás a levantarse del pecado.

¡Oh Reina Purísima de ángeles y de los hombres! Mil gracias y alabanzas te damos, porque
a la puerta de la vida hallaste la dracma preciosa que perdimos todos en nuestro primer
principio, hallando la gracia que te salió al encuentro y a la Divinidad que te esperaba en los
umbrales de la naturaleza, tomando tus potencias en el primer instante de tu ser, al nobilísimo
objeto que las estrenó, porque se creaban sólo para Él.
Te rogamos, Purísima Señora, que pues, no hubo en tu Purísima Concepción ser sin conocer
a Dios, ni conocimiento sin amor ni amor sin merecimiento, nos concedas conocer a nuestro
Buen Padre Dios, para que conociéndole le amemos, amándole le poseamos y poseyéndole
le gocemos por toda la eternidad. Amén.