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Eneida_Maqueta Clásicos Adaptados 11/04/14 08:25 Página 3

Penelope Lively

En busca de una patria


La historia de la Eneida

Ilustrado por Victor G. Ambrus

Introducción
Stefano Baldini

Notas y actividades
Manuel Otero

Traducción
Susana Camps
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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN
Virgilio y su época . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
La Eneida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
La adaptación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31

EN BUSCA DE UNA PATRIA


Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
La caída de Troya . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
Los peligros del mar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
Bienvenida en Cartago . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Dido y Eneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
Exequias fúnebres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80
Descenso a los infiernos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
Rumores de guerra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98
El presagio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 104
Niso y Euríalo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
El regreso de Eneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122
Camila . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
La muerte de Turno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139
Epílogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 150
Mapa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152
Vocabulario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
Notas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
Personajes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167

ACTIVIDADES
Guía de lectura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177
Personajes y temas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 186
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INTRODUCCIÓN

VIRGILIO Y SU ÉPOCA

Publio Virgilio Marón, el autor de la Eneida, llegó al mundo en una de las


épocas más convulsas de la historia de Roma: el siglo i a.C. Para entonces,
hacía largo tiempo que Roma había dejado de ser una simple ciudad situa-
da en la Italia central, pues se había convertido en una gran potencia que
extendía sus dominios por buena parte de Europa, Oriente Próximo y el
norte de África. En una época primitiva, Roma había estado a merced de
reyes etruscos, pero desde el año 509 a.C. se había constituido en una re-
pública. Su principal órgano de poder era el Senado, que estaba formado
por unos trescientos patricios, hombres de alta relevancia social que des-
cendían de los linajes más antiguos de Roma y poseían grandes extensio-
nes de tierra. El Senado tomaba las decisiones necesarias para el control
del Estado, que eran ejecutadas por dos cónsules, gobernantes elegidos por
la ciudadanía que se hallaban al frente del ejército. En el fondo, Roma era
una oligarquía dirigida por las clases altas, que manejaban el poder pen-
sando tan sólo en sus propios intereses; sin embargo, los romanos conside-
raban que su sistema político suponía un gran avance con respecto a la
monarquía.
La situación cambió de forma drástica en el año 60 a.C., cuando los
generales Julio César, Pompeyo y Craso se aliaron para controlar el poder.
Surgió así el llamado triunvirato, que acabó por degenerar en una guerra
civil entre Pompeyo y César. Tras una larga sucesión de batallas, César lo-
gró imponerse sobre su adversario en el año 45 a.C., y desde entonces dis-
El poeta Virgilio flanqueado por Clío y Melpómene, musas respectivas de la Historia y la Tragedia. frutó en Roma del poder absoluto propio de un dictador. Sus intenciones
Mosaico romano del siglo IV conservado en el museo de El Bardo de Túnez. parecían claras: liquidar la república y proclamarse rey. Sin embargo, los

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introducción virgilio y su época

barcos, pero incurrió en toda una serie de errores tácticos que le hicieron
perder el combate. A la humillación de la derrota se sumó entonces el peli-
gro real de caer en manos de Octavio, así que Marco Antonio tomó una
decisión drástica muy habitual entre los generales romanos derrotados: se
quitó la vida.
Vencido su adversario, Octavio se convirtió en amo absoluto de Roma
y sus provincias. Años atrás, nadie podía haber previsto aquella apoteosis,
pues Octavio siempre había sido un hombre enfermizo y parecía poco do-
tado para la guerra. Sin embargo, acabó por revelarse como un político ca-
paz, sabio y astuto, juicioso y prudente. No sólo impuso la paz, sino que
restauró el Estado y promovió la regeneración civil y moral de Roma. Los
romanos acogieron sus medidas con entusiasmo, a sabiendas de que Octa-
vio era el hombre fuerte que les hacía falta tras tantos años de guerra y
confusión. En el año 27 a.C., el senado le otorgó el título honorífico de
El asesinato de César en el senado fue recreado en este óleo de Jean-Léon Gérôme fechado en 1867. «Augusto», palabra que significa ‘de buen augurio’, y cuatro años después
lo proclamó emperador. Desde entonces, y durante cuatro décadas, Octa-
romanos aborrecían la monarquía, así que César se ganó muchos enemi- vio gozó de un poder absoluto: concentró en su persona todos los cargos,
gos. Algunos de ellos se conjuraron para asesinarlo, siniestro plan que por controló el ejército y convirtió sus deseos en ley. Roma, pues, había dejado
fin llevaron a cabo el 15 de marzo del año 44 a.C. Aquel día, nada más en- de ser una república y se había convertido en un imperio. En los siglos que
trar en el Senado, César recibió veintitrés puñaladas que le provocaron la siguieron, el destino del inmenso territorio romano quedó en manos de
muerte. Los asesinos pertenecían a relevantes familias senatoriales, y entre una sola persona, el emperador, quien, al contrario que los antiguos cónsu-
ellos se hallaban algunas personas en las que César confiaba ciegamente. les, no había sido escogido por la ciudadanía sino nombrado por el empe-
Tras el magnicidio, Roma quedó sumida en la mayor confusión. Varias rador precedente.
facciones intentaron entonces hacerse con el poder, lo que desencadenó
una nueva guerra civil. Al final, la lucha se decidió entre dos hombres:
Un poeta reconocido
Marco Antonio y Octavio. Marco Antonio reclamaba su derecho a con-
vertirse en jefe supremo de Roma porque había sido el lugarteniente de La suerte de Virgilio estuvo muy vinculada al destino del emperador Au-
César, pero Octavio era sobrino nieto del líder asesinado además de su hijo gusto. El poeta nació en el año 70 a.C., en la aldea de Andes, cerca de la
adoptivo, lo que lo convertía en heredero natural de César. Así las cosas, el ciudad de Mantua. Su padre era un campesino acomodado que se empeñó
imperio quedó dividido en dos: Marco Antonio logró el control del en darle una educación esmerada, así que lo envió a Milán para que apren-
Oriente, mientras que Octavio mantuvo el poder sobre la parte occidental diera retórica, el arte de hablar en público con propiedad y convicción.
del imperio. El 2 de septiembre del año 31 a.C., los dos hombres se en- Más tarde, Virgilio se trasladó a Roma para completar sus estudios. Su
frentaron en la batalla naval de Accio, frente a la costa occidental de Gre- propósito era iniciar una carrera como político o abogado, pero pronto se
cia. Marco Antonio contaba con una flota más numerosa y con mejores hizo evidente que no había nacido para ejercer ninguna de esas profesio-

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introducción virgilio y su época

nes, pues, si bien conocía a la perfección las técnicas de la retórica, era in-
capaz de hablar en público con soltura: padecía una invencible timidez
que, según parece, en algunas ocasiones le hacía tartamudear. Así que, al
final, abandonó los caminos de la abogacía y la política y se consagró a la
poesía, para la que estaba prodigiosamente dotado.
Cuando tenía unos veinte años, Virgilio decidió abandonar Roma, cu-
yo ambiente de bullicio y constantes intrigas políticas siempre le había dis-
gustado. Se dirigió entonces a Nápoles, donde frecuentó el círculo del filó-
sofo epicúreo Sirón y llevó una vida apartada, dedicada al pensamiento y a
la literatura. Hacia el año 42, sin embargo, regresó a Roma, donde habría
de escribir su primera gran obra: las Bucólicas, conjunto de diez extensos
poemas que destacan por su perfección formal y por la cuidada sencillez de
su lenguaje. Los protagonistas de las Bucólicas son pastores que viven en un
marco natural sereno y lleno de encantos: la mítica Arcadia. Pero, lejos de
dedicarse al cuidado del ganado, consagran todo su tiempo al amor, las
confidencias sentimentales y los certámenes de canto, como si en verdad
fuesen exquisitos cortesanos a los que el poeta ha disfrazado de gente rús-
tica movido por un simple capricho literario. Las Bucólicas ofrecen una
«Mecenas presenta las artes liberales al emperador Augusto», cuadro pintado por el italiano Giovanni
imagen sensual e idealizada del campo que convida a la evasión y el ensue-
Battista Tiepolo en 1745. Se conocía con el nombre de “artes liberales” a las que, por ejercerse sin afán
ño, pues Virgilio deseaba ofrecerles a sus lectores un libro que les ayudara de lucro, “hacen libre” al hombre, como sucede con la pintura, la música y la poesía.
a olvidarse de la realidad cotidiana, marcada por el caos político y las gue-
rras civiles. Pero, por eso mismo, en las Bucólicas se reconoce con facilidad pues el cultivo del campo había entrado en decadencia por culpa de las
el deseo de que Roma viva un cambio político que garantice una paz dura- continuas guerras civiles. El resultado fueron las Geórgicas, un poema de
dera. Tal ilusión cristaliza en el mito de la edad de oro, una época remota unos dos mil versos que Virgilio publicó en el año 29 a.C. tras siete inten-
en la que todo era bienestar y concordia porque no existían el asesinato ni sos años de trabajo. Las Geórgicas constituyen un auténtico canto a las la-
la guerra, la codicia ni la envidia: lo que espera Virgilio, por lo tanto, es bores campesinas en el que Virgilio adoctrina a los lectores sobre el cultivo
que Roma viva una segunda edad de oro. de los cereales y los árboles frutales, la cría del ganado y la apicultura, a la
Gracias a que las Bucólicas obtuvieron un éxito considerable, Virgilio se vez que exalta la fecundidad de la primavera y la vida instintiva y sencilla
hizo con una sólida reputación de buen poeta y fortaleció su amistad con de los labradores. Con tales ideas, el poeta se proponía reforzar la política
Mecenas, un rico aristócrata que ejercía como consejero de Augusto y que social de Augusto pero al mismo tiempo expresaba un sentir sincero, pues
financiaba las obras de los mejores poetas de su tiempo para que pudieran Virgilio había nacido en un medio rural y siempre adoró el campo.
dedicarse a escribir sin tener que pensar en su sustento. Mecenas convenció Augusto conoció las Geórgicas antes de que se publicasen. A su regreso
a Virgilio para que escribiera un poema didáctico sobre la agricultura, acti- de la decisiva batalla de Accio, recaló en una de las villas de Mecenas para
vidad que Augusto deseaba fomentar para regenerar la economía de Roma, curarse una amigdalitis, y allí Virgilio y Mecenas le leyeron las Geórgicas

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En busca de
una patria
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ayuda de las ninfas

—¡Basta! —bramó—. No favoreceré a los latinos ni a los troyanos, pues


serán los hados quienes decidirán el signo de la victoria.
Entretanto, Eneas había logrado el apoyo del rey de los etruscos, que se
llamaba Tarcón y que había puesto al servicio de los troyanos treinta bar-
cos con sus mejores capitanes.55 En plena noche y a bordo de una nave que
tenía la proa decorada con dos leones tallados, Eneas surcaba el plácido
mar. La impaciencia por reunirse con los suyos le impedía dormir. A su la-
do, viajaba el valiente y joven Palante, y, en las otras naves, les seguían los
más aguerridos capitanes de Etruria, que mandaban sobre miles de solda-
dos. De pronto, por entre la espuma del mar emergió un coro de ninfas.
El regreso de Eneas Una de ellas, llamada Cimodocea, se aferró a la nave de Eneas y dijo con
voz dulce:
Mientras el combate entre los latinos y los troyanos seguía indeciso, Júpi-
ter convocó a los dioses en su esplendorosa morada del Olimpo y les re-
convino* así:
—¿Por qué habéis provocado esa guerra en el Lacio? ¿Acaso no os ad-
vertí de que la estirpe de Eneas debía ser bien acogida en Italia? Ya vendrá
un tiempo en que la guerra resultará del todo inevitable, cuando la fiera
Cartago, abriéndose paso por los Alpes, causará grandes estragos a la gente
de Roma.54 Pero por ahora debéis abandonar vuestros litigios* y sellar una
plácida alianza.
—¡Apiádate de los troyanos, padre Júpiter! —dijo entonces la rubia Ve-
nus—. Los hombres de Turno cercan su campamento y el jovencísimo As-
canio sufre lejos de su padre. La rencorosa Juno empuja con saña a los lati-
nos para que la estirpe de Eneas desaparezca de la faz de la tierra. Pero
¿acaso los troyanos no han padecido ya bastante? Si estaban condenados a
morir, ¿qué necesidad había de hacerles sufrir el destierro y la aspereza del
mar? ¡Mejor hubieran acabado sus días entre las cenizas de Troya!
Al oír aquello, Juno gritó enfurecida:
—¡Fue el propio Eneas quien encendió la chispa de la guerra al provo-
car a Turno!
Divididos en dos bandos, los dioses empezaron a murmurar. Unos apo-
yaban a Venus y otros a Juno, pero Júpiter les obligó a guardar silencio a
todos por igual.

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el regreso de eneas muerte de palante

—Querido Eneas de divino linaje, ¿no nos reconoces? Hace algunos cuerpo de Eneas, pues la atenta Venus se afanaba en desviarlos para que
días, éramos tu flota. Turno intentó prendernos fuego y entonces nos hun- no acertaran en el blanco. Los dos bandos, en fin, luchaban con titánica
dimos como delfines en el agua para salvarnos de sus antorchas encendi- fiereza, lo que hacía imposible adivinar quién obtendría la victoria. Las
das. Ahora somos ninfas y habitamos en el fondo del mar. Pero lo que he- huestes chocaban entre sí con furia de ciclón: se trababan en tropel* pie
mos venido a decirte es otra cosa. Debes apresurarte, Eneas. Tu hijo Asca- con pie y hombre con hombre.
nio y el resto de los troyanos están sitiados y luchan desesperadamente. La Ante el avance de los rútulos, el ejército de Palante, el hijo del rey
caballería que mandaron Evandro y el etrusco Tarcón ya ha llegado a la Evandro, emprendió una loca y vergonzosa retirada, y entonces Palante
llanura, pero no ha podido romper el cerco que oprime al campamento comenzó a gritar:
troyano. ¡Toma el invencible escudo que te forjó Vulcano y corre, Eneas, a —¿Adónde huís, cobardes? ¿Es que tenéis miedo? ¿Acaso los latinos no
auxiliar a los tuyos! son mortales como nosotros? ¡Abrid a hierro vuestro camino, porque la
Tras decir esto, Cimodocea empujó la popa del barco, que avanzó sobre patria de mi padre debe veros regresar victoriosos!
las olas veloz como una flecha, mientras las otras ninfas hacían lo mismo Y, para predicar con el ejemplo, él mismo se lanzó al combate con arro-
con el resto de las naves. Así que, en poco rato, la flota alcanzó el campa- jo admirable. El latino Lago, que igualaba a Palante en juventud y noble-
mento troyano. En aquel momento estaba amaneciendo, y Eneas levantó za, se interpuso en su camino, pero Palante lo atravesó con su poderosa
su escudo al sol. Desde el campamento, Ascanio y sus compañeros divisa- lanza. Airado, Turno avanzó al galope gritándoles a los suyos:
ron el resplandor del bruñido* acero y distinguieron la flota que encabeza- —¡Abridme paso, porque voy a acabar con Palante!
ba Eneas. Los latinos obedecieron y, cuando Turno se halló ante Palante, saltó de
—¡Mi padre ha encontrado refuerzos! —exclamó Ascanio, y el júbilo su carro de combate para entregarse a una lucha cuerpo a cuerpo. Palante
cundió entre los troyanos. arrojó su lanza con vigoroso ímpetu, pero apenas si rozó el hombro de su
Al oír los gritos de alegría que venían del campamento, Turno quedó enemigo. En respuesta, Turno alzó un afilado dardo y lo lanzó contra Pa-
desconcertado. Se preguntaba qué razones podían tener los troyanos para lante, que en vano trató de protegerse con su escudo de bronce. Certero e
mostrarse felices. Pero, cuando miró hacia el mar, lo comprendió todo. Las implacable, el dardo atravesó el escudo y la loriga de Palante y se clavó en
aguas aparecían tachonadas* de naves, y en mitad de la flota se erguía la su joven corazón. El muchacho trató de arrancarse el dardo y, al hacerlo, la
fornida* figura de Eneas, cuyo casco lanzaba incesantes destellos, igual que sangre y el alma se le escaparon por la herida. Ya sin sentido, cayó de bru-
un cometa en el oscuro cielo de la noche. ces,* y sus convulsos labios toparon con la tierra. ¡Triste fue, en fin, el des-
—¡Corred hacia la playa! —gritó Turno—. ¡Venceremos a Eneas y a tino de Palante, pues en un mismo día había conocido la alegría de su pri-
todos los que vienen con él! mer triunfo y la desgracia de morir en la flor de la edad!
Y Turno y los suyos corrieron hacia la orilla con las armas en alto. Al ver muerto a Palante, Turno sonrió más satisfecho que nunca. Ajeno
—¡Desembarcad! —gritó entonces Eneas. a toda piedad, puso su pie izquierdo sobre el cadáver y exclamó con desga-
El propio Eneas fue el primero en saltar a tierra. Moviéndose con gran rradora fiereza:
agilidad, logró abrir una brecha en la escuadra de Turno y dio muerte con —¡Escuchadme, soldados de la Arcadia, aquí tenéis el cuerpo de vues-
su espada a un sinfín de guerreros: el gigantesco Terón, el férreo Ciseo, los tro capitán, muerto como merece! Podéis llevárselo a Evandro, para que
jactanciosos* Licas y Farón… Los dardos pasaban silbando junto a su ca- durante el resto de su vida se arrepienta del apoyo que le ha prestado a
beza: algunos rozaban su escudo y su yelmo pero ninguno se clavaba en el Eneas.

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el regreso de eneas

Eso dijo, y, sujetando el cadáver con el pie, lo despojó de su enorme ta-


halí dorado. Y, de esa manera, Turno dejó constancia de que era tan cruel
en la guerra como desmesurado en la victoria.
Cuando Eneas supo que Palante había muerto, lanzó un horrendo grito
de dolor. Estaba tan furioso que se abrió camino por el campo de batalla
arremetiendo contra todo el que se cruzaba en su camino. Era como un león
a la caza de Turno, y no dejó de sembrar muertes y causar estragos hasta
que logró romper el cerco que formaban los latinos en torno al campa-
mento troyano. Y, como al fin lo consiguió, Ascanio y sus compatriotas
pudieron salir al campo de batalla.
Entonces, Júpiter se dirigió a Juno con sarcasmo:
—¿Así que era Venus quien decidía con su ayuda la victoria de los tro-
yanos? Pues a la vista está que Eneas y los suyos tienen fuerza y coraje su-
ficientes para vencer sin ayuda de nadie a cuantos ejércitos sea necesario.
—Esposo mío, no me humilles más —respondió Juno, muy compungi-
da—. Bastante sufro ya al ver a los troyanos tan crecidos. Pero ¿no sería
posible salvar a Turno? A fin de cuentas, también él tiene sangre divina en
sus venas. Recuerda que es hijo de la ninfa Venilia y hermano de Yuturna,
la semidiosa de los ríos.
—Aleja a Turno del campo de batalla si lo deseas —dijo Júpiter—, pe-
ro sólo conseguirás aplazar su muerte, que ya es inevitable, porque no
cambiaré el signo de esta guerra, que es favorable a los troyanos.
Cuando supo el terrible destino que acechaba a Turno, Juno rompió a
llorar. Rota de dolor, descendió de los cielos envuelta en una nube y se di-
rigió hacia las huestes troyanas. Y entonces llevó a cabo un prodigio: creó
por medio de unos vapores un fantasma idéntico a Eneas y lo armó con
una espada, un escudo y un yelmo como los que usaba el troyano. Después,
situó a aquel espectro en el centro del campo de batalla, donde el falso
Eneas comenzó a llamar a gritos al combate. Turno respondió al desafío y
arrojó su lanza contra el fantasma, que no fue alcanzado. Entonces, el falso
Eneas se dio media vuelta como si estuviera aterrorizado por la fiereza de
Turno y se alejó corriendo.
—¿Adónde huyes, Eneas? —gritó Turno con fanfarronería, y echó a
correr tras el fantasma.

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el regreso de eneas

El falso Eneas siguió huyendo durante un buen rato, y Turno lo persi-


guió sin tregua. Al fin, el espectro llegó a la orilla del mar, subió en un na-
vío que se hallaba atracado y se escondió en su interior.
—¡No te ocultes, Eneas! —le gritaba el jactancioso Turno tras subir al
barco—. ¿Acaso ya no deseas esta tierra a la que viniste desde tan lejos?
Entonces, veloz como el rayo, Juno cortó las amarras y empujó la nave
hacia el mar. Turno buscaba a Eneas por todos los rincones del barco, sin
saber que estaba persiguiendo a un fantasma. Hasta que, de pronto, el falso
Eneas salió de su escondrijo, remontó el vuelo y se deshizo en el aire como
una suave neblina. Al ver aquello, Turno se volvió lleno de rabia. No com-
prendió que, al alejarlo del campo de batalla, Juno acababa de salvarle la vi-
da y, lejos de agradecer el regalo, tendió las manos hacia el cielo y clamó:
—¡Qué gran ignominia,* qué duro castigo! ¡Mis guerreros creerán que
los he abandonado a su suerte en el campo de batalla!
Turno estaba tan desesperado que pensó incluso en darse muerte con su
propia espada. Pero no lo hizo, con lo que postergó durante algún tiempo
su inevitable final.
Mientras tanto, la batalla aumentó su fragor bajo la atenta mirada de
los dioses. En los dos bandos perecían soldados, pero nadie cometía la co-
bardía de huir. Una muchedumbre de troyanos acosaba al aguerrido Me-
cencio, pero él se revolvía como una fiera furiosa. Eneas, sin embargo, no
le tenía miedo, y no dudó en ponerse a su alcance con el propósito de darle
muerte. Mecencio arrojó su lanza contra Eneas, quien logró interceptarla
con su escudo. En cambio, Mecencio no tuvo tanta suerte, pues la lanza de
su rival atravesó las tres capas de bronce de su armadura y lo hirió en la in-
gle. Eneas supo que era el momento de rematarlo, y se precipitó sobre
Mecencio espada en mano. El hijo de Mecencio, el joven Lauso, se deses-
peró al ver que su padre había caído en combate, y se colocó ante él para
salvarle la vida. Eneas gritó: de sufrir un padre cuando ve morir a un hijo. Movido por la piedad, Eneas
—¡Apártate, muchacho! tomó en brazos a Lauso y llamó a los latinos para que acudieran a recoger
Pero Lauso se negó a obedecer, y la poderosa espada de Eneas atravesó su cuerpo. Mecencio, que se había alejado un tanto para recuperarse de su
su loriga y su sayo* de hilos de oro y quedó sepultada en su joven pecho. herida, se incorporó sobre su muslo destrozado y, cuando vio que le traían
La última mirada de Lauso fue aterradora. Al verla, Eneas quedó tan el cadáver de su hijo, enloqueció de rabia y dolor. Sin pensarlo dos veces,
conmovido que comenzó a gemir de dolor, pensando en lo mucho que ha montó en su caballo y fue al encuentro de Eneas.

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NOTAS cloaca, escalar de noche los muros de bían sido enterrados y homenajeados
Troya… con el ritual de las exequias fúnebres
5 La ciudad de Micenas estaba situada no podían entrar en el Hades, el más
en la península griega del Peloponeso y allá, así que vagaban eternamente sin
era la capital del reino de Agamenón, encontrar descanso.
jefe supremo de las tropas griegas que 12 La isla de Delos pertenece al archipié-
batallaron en Troya. lago de las Cícladas, que está situado
6 Es decir, ‘te encomienda su religión’. en el mar Egeo. Según el mito, la ma-
Las aras eran los altares en que se dre de Apolo, que se llamaba Leto, ha-
ofrecían sacrificios a las divinidades, bía sido perseguida por la iracunda Ju-
mientras que los penates eran los dio- no mientras estaba embarazada de su
ses que protegían el hogar, y que fue- hijo. Para que Leto no pudiera dar a
ron adorados con gran fervor en Ro- luz, Juno prohibió que se le diera asilo
1 Tal y como se explicó en la Introduc- la muralla de Troya antes de abando-
ma. Virgilio nos da a entender que en ningún lugar. Pero, tras errar du-
ción, la familia de Julio César, a la que narlo a merced de los perros y las aves
Eneas es el depositario de la religión rante mucho tiempo, Leto encontró
pertenecía el emperador Augusto, se de rapiña. En un combate posterior se
troyana, que se convertirá a la larga en cobijo en la isla de Delos, que vagaba a
jactaba de ser descendiente de Eneas, produjo la muerte de Aquiles, que pe-
la fe oficial de los romanos. la deriva y era un lugar estéril. En con-
héroe mitológico que, a su vez, era hijo reció tras ser herido por una flecha en
7 Los antiguos griegos y romanos creían secuencia, fue allí donde nació Apolo,
de Venus, la diosa del amor. Según la el único punto vulnerable de su cuerpo:
que los dioses manifestaban su volun- quien premió a Delos fijándola en el
leyenda, Eneas había sido engendrado el talón.
en un encuentro amoroso que el troya- tad a través de los fenómenos de la na- fondo del mar por medio de cuatro co-
3 Minerva era la diosa de la inteligencia turaleza: los rayos y truenos, por ejem- lumnas para que dejase de ser una isla
no Anquises había tenido con Venus y la astucia. En general, las divinidades
siendo joven. La diosa exigió a Anqui- plo, solían considerarse como una ex- errante.
tienen una presencia constante en la presión de los sentimientos de Júpiter, 13 Apolo era el dios de la adivinación, así
ses que no le contara a nadie aquel en-
Eneida, y Virgilio narra a menudo las el dios supremo del Olimpo. que los fieles acudían a sus templos pa-
cuentro, pues Júpiter no toleraba que
asambleas que mantienen los dioses en 8 Fortuna era una diosa romana a la que ra consultar su oráculo, es decir, para
Venus tuviera amores con seres morta-
su hogar, situado en la cima del monte se solía representar ciega. Dirigía el conocer qué les depararía el porvenir.
les. Pero, durante una borrachera, An-
Olimpo. Para ganarse la benevolencia rumbo de la vida de los hombres para 14 Teucro y su padre, el dios-río Esca-
quises reveló el secreto, y Júpiter se in-
divina, los hombres recurren a las ofren- conducirlos a la alegría o la tristeza, la mandro, salieron de la isla de Creta
dignó tanto que lo castigó lanzando
das (‘regalos’), las oraciones o plegarias prosperidad o la miseria. para establecerse en otro lugar. El orá-
contra el troyano un rayo que lo dejó
cojo. y las libaciones (‘ceremonia que consis- 9 Con el nombre de lucero de la mañana culo les había dicho que debían asen-
tía en derramar vino u otro licor en ho- o lucero del alba se conoce popular- tarse allí donde sufriesen un ataque de
2 El pasaje resume la leyenda de la gue-
nor de los dioses’). mente al planeta Venus, que brilla con “los hijos del suelo”. Una mañana al
rra de Troya, a la que se aludió en las
pp. 14-16 de la Introducción. La con- 4 Los hados habían dispuesto que los fuerza tanto en el amanecer como en el despertarse en un lugar situado en la
tienda, hecho histórico distorsionado griegos sólo podrían tomar Troya atardecer. actual Turquía, Teucro y Escamandro
por la leyenda, quedó inmortalizada cuando hubiesen robado el Paladio, 10 Tracia es una región situada al noroes- descubrieron que, durante la noche, los
por Homero en la Ilíada, poema que mágica estatua divina que representaba te de Grecia, en la zona que actual- ratones les habían roído las armas y los
relata una serie de sucesos acaecidos en a la diosa Minerva y que protegía la mente ocupan el sur de Bulgaria y la escudos: habían sido atacados por “los
el décimo y último año de la guerra. ciudad. Ulises y Diomedes lograron Turquía europea. Es una zona agreste hijos del suelo”, así que decidieron
En la obra se explica cómo el griego robarla tras entrar en Troya de incóg- y montañosa cuyos habitantes tuvieron fundar allí su nueva patria: Troya.
Aquiles mató a Héctor, el heroico jefe nito, aunque existen versiones diversas fama en la antigüedad de ser bárbaros 15 Todas las islas citadas se encuentran en
militar de los troyanos. Impulsado por sobre lo que hicieron para pasar desa- y crueles. el Egeo, a medio camino entre la ac-
la cólera, Aquiles ató el cadáver de Héc- percibidos: disfrazarse de mendigos, 11 Tanto los griegos como los romanos tual Turquía y la península griega del
tor a su carro y lo arrastró alrededor de infiltrarse en la ciudad a través de una pensaban que los muertos que no ha- Peloponeso.

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• Atenas
Micenas • • Corinto
Drépano • • Érix Zacinto ARCADIA Delos
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C Etna Mesina
I ESTRÓFADAS • Esparta
L Olearo Naxos
I
• Cartago A
ISLAS CÍCLADAS
L I B I A

C R E T A
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ACTIVIDADES
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El principio del capítulo «Camila» relaja la tensión dramática con que Turno le comunica a Latino su intención de entablar una lucha singular con
1.11 culminaba el capítulo anterior, pues el crudo dinamismo de la guerra Eneas, pero Yuturna trata de impedirla.
es reemplazado por la dolorosa calma propia de las ceremonias fúnebres. La a) Durante su conversación con el rey Latino, ¿qué nueva prueba da Tur-
necesidad de honrar a los muertos facilita un encuentro pacífico entre Eneas no de su característica arrogancia? (p. 139) Sin embargo, ¿qué pala-
y los latinos. bras dejan claro que el héroe intuye su trágico destino? (p. 139)
a) ¿Por qué se sorprenden tanto los latinos de la actitud que adopta Eneas? b) ¿Qué estrategia utiliza Yuturna para impedir la lucha singular de su
(p. 131) ¿Qué buenas intenciones manifiesta el anciano príncipe Dran- hermano con Eneas? (pp. 141-142)
ces? (p. 131)
Un inesperado contratiempo dilata el duelo entre los héroes y deja otra
Entre los adversarios de Eneas cunden las diferencias. Así lo demuestra la vez a los troyanos en situación de inferioridad.
asamblea que los latinos celebran en torno a su rey, en la que Drances y Tur-
no se prodigan los reproches. c) ¿De qué contratiempo se trata y cómo se resuelve? (p. 142)

b) ¿De qué se acusan mutuamente esos dos personajes? (p. 132) ¿Cuál de Eneas anhela el combate singular con Turno, pero el duelo se retrasa de
ellos está más cerca de la opinión del rey Latino? (p. 133) Sin embar- nuevo porque el rútulo parece rehuirlo. Sin embargo, Turno no es culpable
go, ¿qué posición acaba triunfando? de su propia huida.

De vuelta al campo de batalla, Virgilio se centra en la aristía de la amazo- d) ¿Por qué? (p. 143)
na Camila, que encabeza el bando latino por decisión de Turno. e) Al ver que no puede enfrentarse a Turno, ¿qué táctica pone en marcha
c) ¿Por qué se ausenta Turno del campo de batalla? (p. 133) Eneas para obligar a los latinos a replegarse? (p. 143)

d) ¿Qué intervención divina determina la muerte de Camila? (pp. 134- La epopeya llega a su final con el duelo entre Turno y Eneas. Las inter-
136) ¿Qué fin tiene Arrunte? (p. 136) venciones de los dioses han dejado muy claro quién vencerá el combate, pero
la intriga persiste, pues ignoramos cómo se producirá la muerte de Turno.
La muerte de Camila provoca el desconcierto de los latinos y proporciona
a los troyanos una situación de ventaja. Turno decide entonces acudir en f) ¿A qué se debe el miedo que manifiesta Turno? (p. 148) ¿Opinas que la
ayuda de los suyos y luchar con Eneas, pero Virgilio utiliza un subterfugio confesión de sus temores es un gesto de autenticidad que lo humaniza
para retrasar el enfrentamiento entre los dos héroes. o más bien una debilidad que lo humilla? ¿Crees que la súplica que
Turno le hace a Eneas es propia de un personaje como él? (p. 149)
e) ¿Por qué queda postergada la lucha entre Eneas y Turno al final del ¿Cuál es la razón por la que finalmente Eneas se niega a perdonar a
capítulo? (p. 138) ¿Qué efecto literario se consigue con ese aplaza- Turno? (p. 149)
miento?

El capítulo «La muerte de Turno» pone punto final a la trama de la


1.12 Eneida. Desde el principio queda claro que Turno está condenado a un
final trágico, pero el desenlace se posterga una y otra vez, en buena medida
gracias a la intervención de una hermana del héroe, la semidiosa Yuturna.

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e) En los momentos previos al viaje al más allá, ¿cómo queda de mani-


fiesto que Eneas es un elegido de los dioses? (p. 91)

El descenso a los Infiernos es un duro rito iniciático que culmina con un


proceso de iluminación.
f) ¿Qué revelación recibe Eneas gracias a su visita al más allá? (p. 97)

2 2.2
El rival más poderoso con el que topa Eneas en su proyecto de asen-
tarse en el Lacio es el rútulo Turno, que cuenta con el firme apoyo de
PERSONAJES Y TEMAS la diosa Juno.
a) ¿Cuáles son los rasgos más destacados del carácter de Turno? ¿Es un
hombre impetuoso o más bien prudente, maduro o más bien inmadu-
En la épica arcaica, tan bien representada por la Ilíada, el poeta solía
2.1 poner de manifiesto la grandeza del héroe subrayando su valor en la
ro, generoso o más bien egoísta? ¿Crees que la actitud que adopta con
Eneas puede explicarse por un exceso de orgullo? ¿Qué papel desem-
guerra. Por el contrario, la superioridad de Eneas radica menos en su ardor
peña el resentimiento en el comportamiento de Turno?
guerrero que en valores como la religiosidad, el amor a la familia, la capaci-
dad de sacrificio, la caridad con los muertos e incluso la voluntad de com- b) Pese a los excesos que comete el personaje, ¿qué características positi-
prender al enemigo. Durante la caída de Troya, por ejemplo, Eneas no desta- vas podríamos destacar en Turno? ¿Consideras justas sus reclamacio-
ca sólo por la defensa de su patria, sino también por la atención que presta nes?
al bienestar de su familia.
Como ya se explicó en la «Introducción», Virgilio no presenta a los anta-
a) Señala esa alternancia entre lo épico y lo familiar en las actitudes que gonistas de Eneas desde una perspectiva maniqueísta, pues no se ceba en sus
manifiesta Eneas en las pp. 42-46. defectos, sino que hace todo lo posible por dignificar su comportamiento.
b) ¿Cómo demuestra Eneas que es un hombre respetuoso con los muer- c) Explica cómo se produce esa dignificación en el caso de un personaje
tos y con los ritos fúnebres? (pp. 48, 80 y 131) tan autoritario y cruel como Mecencio (pp. 128-130).
c) ¿En qué pasajes se muestra Eneas solidario con el dolor del enemigo? d) ¿Qué virtudes tiene Camila? (p. 134) ¿Por qué crees que Virgilio evita
(pp. 128-129 y 131) que Camila se enfrente a Eneas o que sea éste su vencedor?

Tal vez la característica más sobresaliente de Eneas sea su pietas, es decir, e) En general, ¿qué causas podrían explicar que Virgilio no denigre a los
su voluntad férrea de obedecer los mandatos de los dioses. rivales de Eneas? (Consulta la p. 24 de la «Introducción»)

d) ¿Por qué la decisión de abandonar Cartago es tan reveladora de la reli- Virgilio libera a los antagonistas de Eneas de gran parte de su responsabi-
giosidad de Eneas? (p. 74) lidad al dejar claro que son meros títeres a merced de los dioses.

La pietas de Eneas es recompensada por los dioses, quienes le conceden f) Ejemplifica esta afirmación reparando en el comportamiento del per-
al héroe la gracia de visitar el Infierno en vida. sonaje de la reina Amata (pp. 100-101).

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