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GUÍA METODOLÓGICA

1. Introducción
El proceso de capacitación de nuestros jueces y fiscales en el área de los Derechos Humanos, no solo implica
transmitirles un conjunto de conocimientos sobre el contenido y alcances de esta disciplina, sino
fundamentalmente, formarlos en la cultura de los Derechos Humanos. Y cuando lo que verdaderamente nos
preocupa es formar más que informar, estamos ante una gran responsabilidad, ya que en este rubro la
formación se enclava en los terrenos de la educación con sus más profundas implicaciones. Así, formar es
llevar, conducir al que aprende a través de los caminos del conocimiento, buscando la mejor manera de
adecuarlos; es hacer de los contenidos y de los símbolos objeto de estudio, una persuasiva invitación a
considerarlos parte de uno mismo, a integrarlos permanentemente a nuestro pensamiento, a nuestro actuar, a
enriquecer nuestra vida cotidiana con lo recién aprendido. 1

La capacitación-formación en la cultura de los Derechos Humanos conlleva entonces la ardua tarea de darlos
a conocer, no solo en forma enunciativa, sino en su esencia, de hacerlos parte integral de la persona, para que
pueda gozarlos no solo como un derecho propio, sino vivirlos como la mejor expresión de reconocimiento y
respeto a los valores que todos los seres humanos tenemos, simplemente por el hecho de ser personas. 2

Capacitar y formar requieren del instruir. La instrucción representa el esfuerzo de quien instruye para
“construir dentro de la mente” de quien aprende lo que en un primer momento solo le era “mostrado”. En
este complejo proceso de formación, no sólo son importantes los contenidos. En efecto, el capacitador así
como los métodos, las técnicas y los recursos didácticos que este utilice, jugarán también un papel relevante,
ya que nos van a proporcionar el cómo y el con qué lograr un aprendizaje significativo, que no se reduzca a
la memorización o repetición de lo enseñado, sino que se vuelva parte de nuestro pensamiento y de nuestro
diario quehacer.3 Este proceso puede ser representado bajo el siguiente esquema:

1
NOVAK, Fabián y otros. Derechos Humanos. Manual para Promotores. Lima: Instituto de Estudios Internacionales
(IDEI) de la Pontificia Universidad Católica del Perú – Ministerio de Justicia, 1995, p. 21; AGUILAR CUEVAS,
Magdalena. Manual de Capacitación. Derechos Humanos. México: Comisión Nacional de Derechos Humanos, 1994, p.
197.
2
AGUILAR CUEVAS, Magdalena. Ob. cit., p. 197.
3
En este mismo sentido se manifiesta BASOMBRÍO, Carlos. Educación y Ciudadanía. La Educación para los
Derechos Humanos en América Latina. Lima: IDL – CEAAL, 1992, pp. 213-214: «La tarea del educador en y para los
derechos humanos no se agota en la transferencia y producción de conocimientos, ni tampoco en la toma de conciencia.
En derechos humanos, en forma especial, es capital aprender a actuar y a comportarse en la defensa, promoción y
vigencia de los derechos propios y de los demás».
1
Enseñar Instruir Formar: Aprendizaje Significativo

Mostrar Construcción de Integración de lo aprendido a la propia


estructuras mentales persona, como parte misma de su
pensamiento, del quehacer cotidiano, de su
vida.

En consecuencia, además de un contenido sólido y adecuado que transmitir, existen otros dos elementos
fundamentales que pueden contribuir a la formación en derechos humanos de nuestros magistrados, como
son: por un lado, el capacitador y, por el otro, la metodología y técnicas de capacitación a ser empleadas por
éste, durante el proceso de formación. Veamos con mayor detalle estos dos últimos puntos.

2. El Capacitador
En cuanto al capacitador, se debe precisar que se trata de la persona encargada de la conducción del proceso
de capacitación-formación; el cual debe ser un líder formal que oriente, estimule, despierte la curiosidad,
desenvuelva el espíritu crítico y muestre los valores propios de la cultura de los Derechos Humanos. 4

El perfil del capacitador en Derechos Humanos va a contener una serie de cualidades que expresaremos en
términos ideales, estando convencidos de que dichas cualidades (todas ellas) son habilidades que pueden ser
desarrolladas por quien se involucra auténticamente con su labor. 5

a) Aptitudes intelectuales
El educador en Derechos Humanos debe poder expresarse oralmente y en forma escrita sin dificultad, tener
la capacidad de discutir y de escuchar para defender sus opiniones. Es importante que sepa reconocer los
prejuicios, los estereotipos y las discriminaciones; tener curiosidad y gusto por la investigación.

b) Capacidad técnica
El capacitador debe tener dominio de los temas a tratar; la habilidad para conocer con precisión aquello que
va a ser enseñado.

c) Capacidad didáctica
Significa habilidad para la adecuación de contenidos, métodos, técnicas y material didáctico, para llevar a
cabo la enseñanza de manera sistemática y ágil.

d) Sinceridad y consecuencia

4
AGUILAR CUEVAS, Madgalena. Ob. cit., p. 197.
5
Ibid., pp. 201-203.
2
Es necesario que el formador en Derechos Humanos los sienta como parte de sí mismo, para que pueda
comunicarlos y transmitirlos a los demás. Es fundamental que, afectivamente, el educador se sienta
convencido de su utilidad para la construcción de una sociedad más humana. 6

e) Capacidad de adaptación
El formador necesita ponerse en contacto con quienes aprenden y su medio, para conducirlos en el proceso
enseñanza-aprendizaje de acuerdo con las posibilidades y necesidades del grupo y para propiciar un clima de
mayor confianza y comunicación.

f) Sentido del deber


Solamente el sentido de responsabilidad lleva a la auténtica compenetración con el trabajo.

g) Capacidad de conducción
Se refiere al aspecto orientador de quien enseña, pues a veces se le demanda orientación, más que
información.

h) Capacidad de empatía
Es simpatía por quienes aprenden, búsqueda de identificación con el grupo.

i) Disposición
Es estar siempre abierto a quien aprende, cuando necesita de nosotros.

Ahora bien, debemos recordar que el punto de partida y el punto de llegada de nuestra capacitación-
formación en Derechos Humanos es cada uno de nuestros magistrados, por lo que es necesario considerar
que cada uno de ellos tiene características propias, esto es, posee capacidades, posibilidades y aun
limitaciones únicas y diferencias derivadas del contexto biológico, psicológico y social, como: edad, sexo,
temperamento, rasgos de personalidad, patrimonio hereditario, formación universitaria, e influencias del
medio ambiente, a las cuales responde de acuerdo con sus modalidades personales y sus experiencias
pasadas.

Es necesario tomar en cuenta entonces las características específicas de los grupos a quienes nos vamos a
dirigir, pues ello facilitará, por una parte, la adecuación de nuestra enseñanza, y por otra, la relación
capacitador-participante.

3. Metodología y Técnicas de Capacitación

6
INSTITUTO PERUANO DE EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS Y LA PAZ. «Una Metodología para
educar Derechos Humanos», en: Revista Pedagógica Maestros, n.º 17, vol. 7, Lima, p. 51.
3
En pedagogía, la teoría es el método. Y es que aún cuando se cuente con valiosos contenidos y expertos
capacitadores, si no se les pone en juego dentro de un método rico en expresión y comunicación, no se llega
muy lejos. De ahí la importancia de contar con una metodología adecuada.

En cuanto a la metodología específica a ser recomendada para la capacitación en derechos humanos de


nuestros magistrados, conviene hacer algunas recomendaciones prácticas que pueden ayudar a favorecer el
aprendizaje de los participantes A este fenómeno se le conoce como motivación. La motivación puede
lograrse empleando algunas técnicas sencillas, entre las que podemos destacar: 7

a) Conocer la preparación académica media del grupo con el que vamos a trabajar, de tal manera que
nuestro lenguaje, y en general nuestra enseñanza, se adecue y sea fácilmente entendida por el grupo.

b) Hacer saber a los participantes cuáles son los fines u objetivos que pretendemos en cada tema; esto
promueve el interés y puede incentivar la curiosidad y el deseo de investigación. Por esta razón, se fija al
inicio de cada capítulo del Manual de Derechos Humanos, los objetivos que se persiguen alcanzar en
cada caso.

c) Insistir en los conceptos o ideas principales que nos interesa destacar, ya que esto ayuda a consolidar lo
aprendido. Para facilitar esta labor, al final de cada capítulo del Manual, se insertan un conjunto de
preguntas destinadas a evaluar el aprendizaje de los conceptos e ideas principales.

d) Buscar durante la capacitación ejemplos que los participantes reconozcan como familiares. En tal
sentido, se recomienda apelar a hechos o casos nacionales que puedan ser conocidos por todos los
participantes con una técnica de aprendizaje como el juego de roles, que permita a los magistrados
ubicarse en el papel de la víctima o del abogado de la víctima, enriqueciendo su visión de los hechos.

e) Propiciar situaciones que hagan a los participantes experimentar sensación de triunfo. Por ejemplo,
destacando la importancia de sus intervenciones, de manera tal de estimular al participante a continuar
aprendiendo.

f) No hacer sesiones exhaustivas, es decir, hacer pausas cuando la exposición o el trabajo se ha prolongado
demasiado.

7
AGUILAR CUEVAS, Magdalena. Ob. cit., pp. 203-204. Véase también OLGUIN, Leticia. «Enfoques Metodológicos
en la Enseñanza y Aprendizaje de los Derechos Humanos». En: Educación y Derechos Humanos (Cuaderno de
Estudio). San José: Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1988, pp. 45-48.
4
g) Búsqueda de una relación con la realidad, a partir de hechos reales y concretos existentes en el ambiente
inmediato. De esta manera, el proceso de formación no se entiende como algo desconectado con la
realidad.

h) Participación activa y directa: se debe hacer sentir al participante responsable del desarrollo del curso, a
través de sus aportaciones, comentarios, críticas, preguntas y con su activa y constante participación.
Esto es lo que se conoce como el método activo. En virtud de este, el conocimiento es construido entre
varios actores: educador y educando, participativamente, en pie de igualdad. 8 Para tal efecto, resulta
fundamental que se asigne antes de cada clase, la lectura de un número de páginas del Manual, a ser
discutidas en la próxima sesión, de manera tal de lograr que los magistrados participen activamente en
las clases. De igual forma, se pueden analizar situaciones reales (casos) de infracción a los derechos
humanos, de manera que los magistrados apliquen al caso los conocimientos adquiridos y elaboren una
“resolución modelo”. Estos casos podrían ser trabajos también en grupos (asignándose un rol a cada uno
de ellos: juez, demandante y demandado), para luego ser discutidos en una sesión plenaria. Existe
también la técnica del interrogatorio, mediante la cual se puede estimular la participación de los jueces y
fiscales, a través de preguntas dirigidas individual o colectivamente a los participantes. Finalmente, para
el éxito de este método resultará fundamental trabajar con grupos reducidos de participantes (no más de
20).

i) Comunicación horizontal: un aspecto fundamental al educar en derechos humanos es el desarrollo de una


comunicación horizontal entre los sujetos involucrados en el proceso. Sólo pueden dialogar quienes están
seguros que todas las personas valen igual y que es posible aprender unos de otros. 9

j) Interés por el participante: es la mejor manera de motivar, pues nada hay que suscite mayor atención y
esfuerzo que el sentimiento de ser digno de interés y atención personal.

k) Incentivos: se refiere a todos los estímulos exteriores destinados a excitar el interés y la colaboración del
participante, tales como un diploma, regalos de publicaciones relativas a Derechos Humanos, puntos en
la evaluación general por respuestas o por participación en clases, etc.

4. Evaluación
La evaluación del aprendizaje es el proceso de atribuir valores o notas (calificaciones) a los resultados
obtenidos en la verificación del aprendizaje. La evaluación se da siempre en función de objetivos que el
capacitador se propuso, los cuales se expresan de manera escrita. La evaluación tiene entonces como
finalidad diagnosticar el control del proceso de formación, por lo que nos ayuda a:

8
BASOMBRÍO, Carlos. Ob. cit., p. 218. Véase también ONU. La Enseñanza de los Derechos Humanos. Nueva York:
Centro de Derechos Humanos, 1989, p. 7.
9
INSTITUTO PERUANO DE EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS Y LA PAZ. Ob. cit., p. 53.
5
Determinar si se logran los objetivos;
Observar si los contenidos van acordes de los objetivos;
Apreciar si la metodología y técnicas usadas son las apropiadas; y
Valorar el aprovechamiento, tanto individual como grupal.

En este sentido, mas allá de la evaluación periódica (EP) destinada a controlar la lectura y comprensión del
contenido del Manual por parte de los magistrados, se sugiere evaluar la participación en clase de cada uno
de ellos (EC) a efectos de estimular la colaboración de los participantes, así como un trabajo final (EF) que
bien puede ser la elaboración de una resolución judicial destinada a resolver una situación hipotética de
violación de derechos fundamentales. De esta forma, la evaluación estaría compuesta de la siguiente manera:

3.5 (EP) + 3 (EC) + 3.5 (EF) = Promedio Final

De otro lado, evaluar el grado de concientización e interiorización adquirida por los participantes dentro del
proceso de educación-formación en Derechos Humanos es muy difícil; los resultados de los cursos
únicamente podrán ser medidos en el cambio de actitud por parte de los participantes, proceso que
únicamente podrá ser evaluado por medio de la observación a través del tiempo, es decir, transcurridas
algunas semanas, meses, e incluso años después de haber sido realizado el curso. Por otro lado, una actitud
se evalúa en la realización de acciones, las que se ejecutan, la mayoría de la veces, fuera de los muros del
salón.10 Por tal razón, se sugiere llevar adelante una labor de seguimiento que esté destinada precisamente a
evaluar este aspecto de la capacitación.

10
NOVAK, Fabián y otros. Ob. cit., p. 43.
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