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Test proyectivos: Más allá que sólo

herramientas clínicas durante el proceso de


psicodiagnóstico con niños.

Integrantes:
Macarena Constanza Acevedo Ruiz
Mediante este trabajo se pretendera visibilizar la función de los test
proyectivos más allá de los objetivos específicos para los cuales fueron construidos
y su aporte para el proceso de psicodiagnóstico. Para esto se utilizará la experiencia
de un caso clínico con un niño de 8 años a quien se le administraron tres pruebas
proyectivas durante el proceso de diagnóstico, estas son: dibujo libre, la persona
bajo la lluvia y el dibujo de la familia.
Por temáticas éticas nombraremos a este niño como “M” durante el desarrollo
de este trabajo.
“M” es un niño de 8 años de edad que llega a consulta por derivación directa
de la institución escolar a la cual pertenece. Este en cuanto ingresa se observa
retraído y destaca de forma inmediata un notorio conflicto fono articulatorio que
dificulta enormemente la expresión verbal de su problemática haciendo que se
requiera de un esfuerzo mayor por parte del terapeuta en su escucha.
Al abordar temáticas especialmente conflictivas para el paciente esté se
observa inquieto, comienza a realizar actos autodestructivos como apretar
fuertemente sus dedos con objetos punzantes, con los lápices que se encuentran en
sesión, además comienzan a manifestarse ciertas incongruencias, negaciones, giros
imprevistos en el relato que nos podrían estar dando cuenta de un fenómeno
cognitivo o quizás ser una manifestación más de su problemática, aquello que lo
aqueja y su limitación de traer esta conflictiva a la expresión de lo verbal.
Por otro lado se presenta una madre, quien es quien trae a “M” a sesión, que
aparenta no comprender sobre la conflictiva que afecta a su hijo, no obstante sitúa
ciertos hechos de importancia vital en torno a lo familiar, además expresa que su
hijo se comporta de una determinada manera en su hogar y de otra diametralmente
distinta en el colegio, suceso que le preocupa.
Ante esta situación cabe preguntarse desde lo clínico ¿Cómo podríamos
facilitar la expresión de la conflictiva de “M” para su eventual comprensión ?
teniendo presente sus dificultades en la expresión de lo lingüístico y además
respetando los procesos psíquicos-subjetivos que enmarcan la niñez.
Se sabe que en este periodo vital es esencial la expresión lúdica o el juego
como componente creativo en donde el niño es capaz de simbolizar, ensayar roles,
expresar ideas, etc. Tal es su relevancia que incluso se es capaz de entender el
mundo infantil a partir de él. Para Ferro (1998) el juego es considerado como “Un
medio utilizado por los niños para dramatizar, representar, comunicar, descargar sus
propias fantasías inconscientes, y también para elaborar y modular el ansia y las

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angustias conectadas con estas fantasías, y además para probar las
<<identificaciones anticipadas>>”.
Por otra parte autores como Gojiman (1998) indican que en la infancia el
juego sería uno de los primeros intentos de dominio y control sobre el mundo
interno, acto que en sí mismo intenta sublimar experiencias sufridas o
protagonizadas permitiendo así revestir las situaciones límites favorecidas por la
inmadurez.
Dentro de los juegos que pueden ser utilizados en sesión que no están
directamente ligados con lo verbal es el dibujo. Para Untoiglich (2009) el dibujo es
pensado como una “narración” gráfica, en donde la hoja posee un valor para el
armado de la subjetividad de los niños, además agrega que “ El dibujo no sería sólo
un medio de expresión de un estado de las cosas, sino un modo propio de
elaboración simbólica(...) el trazo traza su propia subjetividad”.
Ahora bien ¿Puede ser considerado los test proyectivos como una forma
creativa de facilitar la expresión de la conflictiva en un niño como “M” durante el
proceso de psicodiagnóstico?.
La experiencia clínica con “M” durante las primeras sesiones así lo confirman.
Al momento de aplicar los test proyectivos con la finalidad de recabar información
relevante del caso, utilizando estos como herramientas clínicas para las cuales
fueron construidas , en el caso de la persona bajo la lluvia como una forma de dar
cuenta de las defensas y las ansiedades, el dibujo de la familia para conocer las
relaciones vinculares del niño con su núcleo familiar, cómo él posiciona a la familia,
cómo la familia lo posiciona a él y en el caso del dibujo libre como una forma de
indagar en la conflictiva con la cual el paciente se presenta en sesión. Todas y
cadas unas aplicadas como una forma de responder y evaluar a una inquietud
hipotética necesaria para realizar por cierto el proceso de psicodiagnóstico, no
obstante en plena aplicación se es posible observar como “M” poco a poco va
pudiendo expresar en el campo de la palabra temáticas relacionadas con su
conflictiva mientras va dibujando en plena realización de los test, si bien aún incurre
en ciertas conductas autodestructivas mencionadas anteriormente ( apretarse los
dedos con los lápices que se encuentran en sesión) existe una mayor despliegue
del orden de lo verbal en él, de pronto se observa más dispuesto a tocar temáticas
conflictivas, se comprende mucho más aquello que quiere expresar, a pesar de

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seguir existiendo un notorio conflicto fono articulatorio y las incongruencias o
negaciones en el relato.
Durante la aplicación de los test se observa en “M” algo que va mucho más
allá que la mera consecuencia de la aplicación del test como herramienta, algo
comienza operar desde el orden de lo creativo, de lo lúdico, del juego, que posibilita,
elabora, sublima permitiendo así que se abra una puerta hacia la conflictiva del
paciente mediatizando aquello que quizás de otra forma hubiera sido imposible,
lograr desde el proceso de psicodiagnóstico que el paciente puede aproximarse
quizás por primera vez a su problemática a través de lo verbal.
Lunazzi (s.f) plantea una clínica de la pantalla, para ella es una forma de
concebir los test proyectivos que se utilizan durante el proceso de psicodiagnóstico.
El concepto de pantalla lo visualiza como un lugar en donde “ Se registran los
procesos mentales de los sujetos siendo el psicólogo el encargado del revelado”,
además define a esta pantalla como teñida por las conceptualizaciones que pueda
tener el terapeuta “Así el psicólogo pasa a concebirse como un componente activo
del proceso de evaluación”. Por otro lado expresa que el proceso de
psicodiagnóstico y las herramientas que se usen en el
“ Le ofrecerá al paciente una pantalla en donde pueda, a través de las tareas
que le requieren las distintas consignas técnicas, expresar, hacer manifiesto y
observables, aspectos disímiles de sí mismo (...). Así el proceso de psicodiagnóstico
le facilitará una pantalla mediadora donde reflejarse y empezar a veces, a
reconocerse(...). El proceso de psicodiagnóstico será así para el sujeto una pantalla
por medio de la cual podrá plasmar aspectos conocidos y desconocidos de sí mismo
dentro de una situación interpersonal especializada”.
Desde esta perspectiva que nos plantea Lunazzi podemos comprender cómo
los test proyectivos pueden operar mucho más allá de la forma para la cual fueron
construidos. Esta visión de pantalla que le adjudica a las herramientas clínicas
favorece y moviliza la comprensión de las problemáticas de los pacientes, pero no
tan sólo eso, también permite que estos mismos sean capaces de manifestar su
malestar, y tomar cuenta de este incluso mucho antes del inicio de un proceso
psicoterapéutico, ya que , estos funcionan como movilizadores, mediadores de su
propia subjetividad, de los aspectos negados o no de sí mismos, entregándoles un
lugar, un espacio en donde desplegar su problemática de forma segura, no

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ansiogenizante, es aquí en donde adquiere valor la concepción de la clínica de la
pantalla.
Esta clínica como tal dependerá de la perspectiva, visión y ética que cada
psicoterapeuta tenga con respecto al quehacer clínico, en este caso durante el
proceso de psicodiagnóstico y las herramientas clínicas que se usen durante el
desarrollo de este, ya que, es el terapeuta quien otorgando este valor abre la
posibilidad del despliegue subjetivo desde una finalidad mucho más allá que la mera
investigación hipotética de la problemática de los pacientes. El terapeuta en este
sentido adquiere un rol fundamental en tanto se lo visualice en una relación
intersubjetiva, quien aporta y moviliza en relación o en conjunto con quien llega a
terapia.
En este sentido podemos observar como la dupla psicoterapéutica quien
atendió a “M” logró movilizar aspectos más lúdicos y creativos de los test
proyectivos permitiendo así que aquél niño de 8 años quien llegó a consulta sin
poder verbalizar con claridad temáticas sobre su problemática pudiera desplegarse
mediante la aplicación de las herramientas clínicas y así dar indicios sobre aquello
que lo aqueja verbal y gráficamente, permitiéndole a él un espacio seguro de
comprensión sobre su conflictiva, situación que también enriquece y complementa la
comprensión que los terapeutas deben poseer sobre el paciente y su problemática
durante el proceso de psicodiagnóstico.

Bibliografía

Ferro, A (1998). El juego. En: Técnicas del psicoanálisis infantil. Madrid. Biblioteca nueva

Gojiman, L (1998). Asociación libre, juego y actuación en el psicoanálisis del adolescente.


En: La clínica psicoanalítica de niños y adolescentes. Buenos aires, ediciones Lumen.

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Luisa, W., Gisela, U., & Graciela, S. (2009). Patologías actuales en la infancia. Bordes y
desbordes en clínica y educación Bs. As. Noveduc.

Lunazzi, H (s.f). La clínica de la pantalla: aspectos psicoterapéuticos del proceso


psicodiagnóstico en sí mismo. Recuperado de
http://cepsifotocopiadora.com.ar/archivos/folios/32590_2015918.pdf

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