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LOS INSTRUMENTOS DE LOS MINISTRILES

Ya desde la Edad Media al músico profesional dedicado al mester de


juglaría, es decir intérprete de música profana, se le denominaba ministril
porque ejercía un oficio o ministerium. Por lo general, y exceptuando
aquellos que estaban contratados de manera permanente por alguna
casa noble, se trataba de instrumentistas que vendían sus servicios de
forma ocasional e independiente.

En el siglo XV los ministriles se agrupaban en “coplas” o conjuntos que


tocaban puntualmente tanto en celebraciones religiosas como civiles. Su
repertorio era amplio y variado: desde música religiosa hasta danzas y
canciones de moda de la época.

Aparte de la corte, algunas altas casas señoriales contaban con su propio


grupo fijo de ministriles, algo que solamente se podían permitir las
familias más opulentas dado el elevado coste de mantener “en plantilla” a
un conjunto de músicos. Como curiosidad, mencionar que la galera
capitana de la armada real contó con un conjunto fijo de ministriles
turcos durante el siglo XVII.

Donde sí se crearon plazas fijas para ministriles fue en las capillas


musicales de las catedrales a partir del siglo XVI. Fue pionera en este
particular la catedral de Sevilla contratando en 1526 a cinco ministriles
asalariados: tres chirimías, tiple, tenor y contratenor, y dos sacabuches,
pues como expresa un documento del templo “será muy honroso en esta
santa iglesia y en alabança del culto divino”.

En 1544 se funda una capilla de ministriles en la catedral de León y en


1554 se aprueba la creación de la de Burgos. El arzobispo de Valencia
hace lo propio en 1560 contratando a cuatro tañedores de chirimía,
sacabuche, flauta, corneta, orlo y trombón, bajo la dirección del maestro
Lope del Castillo. La catedral de Palencia cuenta con músicos asalariados
desde 1567, la de Oviedo desde 1572, Huesca a partir de 1578 y en
Zaragoza, en 1582 el Pilar y en 1591 la Seo.

Ya en el siglo XV comenzó a establecerse la diferencia entre ministriles


“de cuerda” y “de boca” en función del tipo de instrumento interpretado,
aunque con el tiempo el término “ministril” acaba haciendo alusión
exclusivamente a los músicos que tocaban la chirimía.
La chirimía era un instrumento de viento con doble lengüeta, de forma
cónica que se abre en el extremo. Por cómo es representada en la
iconografía de la época, debía ser muy parecida a la dulzaina actual. Al
Igual que ésta, emitía un sonido muy alto y penetrante que le valió a sus
intérpretes la denominación de “ministriles altos”. En cualquier caso era
un instrumento ideal para que la música se pudiese escuchar en
ambientes bulliciosos festivos.

A mediados del siglo XV, la primera mención es de 1468, desde Francia


llega el sacabuche para acompañar a la chirimía en los conjuntos de
ministriles. El sacqueboute, en su denominación original, es el
antepasado del moderno trombón: la técnica se basa en una pieza
deslizante que permite variar la longitud del tubo produciendo un sonido
bajo.

El sacabuche ofrecía el contrapunto grave al sonido estridente de la


chirimía como expresa Sebastián de Covarrubias (Tesoro de la lengua
castellana o española, 1611): “en la copla de los chirimías hay tiples,
contraltos y tenores; acomódanse con el sacabuche, que tañe los
contrabaxos.” Parece ser que este instrumento vino a sustituir a la
chirimía baja que tenía un tubo de dos metros y que resultaba muy
incómoda de interpretar, especialmente si el músico tenía que
desplazarse durante la interpretación.

A finales del siglo XV las coplas de ministriles incorporaron la corneta,


un instrumento que desciende del cuerno medieval, pero que es más
versátil que éste, pues gracias a una serie de orificios podía emitir
sonidos de diferentes alturas.

Finalmente, para reforzar los sonidos bajos los conjuntos de ministriles


adoptaron el bajón, un instrumento de alrededor de un metro de
longitud, de un solo bloque de madera, que presenta dos conductos
comunicados a través de una pieza, lo que da lugar a un sonido
doblemente grave. La primera referencia al bajón en nuestro país es de
1530, en la catedral de Pamplona, en un documento donde se encarga a
un tal Juan de la Rosa la reparación de unos bajones propiedad del
templo.

La chirimía, el sacabuche, la corneta y el bajón fueron los


principales instrumentos interpretados por los ministriles, lo que no
impedía que en ocasiones también tocasen ocasionalmente otros como
flautas u orlos, que son aerófonos con forma de “J”.

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