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Diócesis de Carúpano

Rito de Ordenación Presbiteral


de los Diáconos

Simón José Antonio Carrión Tineo


Jesús Eduardo Villarroel Rodríguez
José Gregorio Montaño Zapata

Por Imposición de Mano y Oración


Consacratoria del
Excmo. Mons.

Jaime José Villarroel Rodríguez


Obispo de Diócesis de Carúpano

En el Marco de la Celebración del Año Vocacional

06 de enero del 2018


Edo. Sucre, Carúpano, Venezuela
Monición Ambiental

Queridos Hermanos este día estamos celebrando la Solemnidad de la


Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo. Esta solemnidad nos enseña a vivir el
misterio litúrgico de la Manifestación de Dios hecho hombre a toda la
humanidad, ya que tres son los misterios que se han consolidado para celebrar
esta fiesta; estos acontecimientos salvíficos son: la Adoración de los Magos, el
Bautismo de Cristo por Juan y el primer milagro que Jesucristo, por intercesión
de su madre, realizado en las bodas de Canaá y que, como lo señala el
evangelista Juan, fue motivo de que los discípulos creyeran en su Maestro como
Dios.

En el marco esta Solemnidad, también nuestra Diócesis nos reúne hoy en


esta Iglesia Catedral Santa Rosa, para celebrar junto a ella, la Ordenación
Presbiteral de sus tres Diáconos: Simón José Antonio Carrión Tineo, Jesús
Eduardo Villarroel Rodríguez y José Gregorio Montaño Zapata.

Por imposición de manos de Mons. Jaime José Villarroel Rodríguez, ellos


participaran de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y rige su
cuerpo, por la Unción del Espíritu Santo, quedan marcados con un carácter
especial que los configura con Cristo Sacerdote, de tal forma que puedan obrar
en nombre de Cristo Cabeza. Pidamos al Señor que sean buenos pastores a
ejemplo de Cristo que apacentó a sus ovejas y dio la vida por ellas.

Con júbilo empezamos nuestra celebración, recibiendo a nuestro obispo


Mons. Jaime José Villarroel Rodríguez, Mons. Douglas Regattieri, Obispo de
Cesena-Sarsina y Mons. Enrique Pérez Lavado, Obispo de Maturin y a los
sacerdotes Concelebrantes y Diáconos. Puestos en pie los recibimos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Monición a la primera lectura: Isaías 60:1-6

El profeta Isaías proclama con gran exaltación la Buena Nueva a la gente


que caminaban en la oscuridad. Una gran luz brilla, aparece la gloria de Dios.
De esta manera el signo que muestra esta lectura es la luz. El profeta no
deja de gritar, sino que anuncia un amanecer luminoso, a ese pueblo que, como
nosotros, siente la oscuridad de la condición humana; y les hace ver que la
claridad se extiende a todo el universo.
Escuchemos atentamente.

Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 60:1-6

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla


sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las
naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las
naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.
Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus
hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás
radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los
tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.
Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de
Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las
alabanzas del Señor.

Palabra de Dios

Salmo 71 (71), 1–2. 7–8. 10–13

R/Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra

Oh Dios, concede tu justicia al rey y tu rectitud al descendiente de reyes,


para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz, mientras dure la


luna; que domine de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los
confines de la tierra. R.

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los
reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan
homenaje y lo sirvan todas las naciones. R.

Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que está


desamparado. Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida
de los indigentes. R.
Monición a la segunda lectura: 1 de Pedro 5,1-4

La carta del apóstol San Pedro nos deja claro el verdadero trabajo del
presbítero, que es Apacentar el rebaño a él encomendado, ya que el mismo
apóstol recibe este mismo mandato del Señor “Apacienta mis ovejas”.
A ejemplo de Cristo ha de estar dispuesto a dar su vida por sus ovejas.
Porque el verdadero pastor es el jefe del rebaño, del que depende su beatitud.
Un pastor sin rebaño se pierde.
Por eso el premio a su trabajo, es recibir una corona que no se marchita,
que es la Gloria eterna como premio de su victoria en el sufrimiento diario.
Escuchemos atentamente

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5, 1-4

Queridos hermanos:

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de


los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os
exhorto:
Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo,
gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por
sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de
Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.
Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que
no se marchita. Palabra de Dios.

Monición al Evangelio: Mateo 2:1-1 2

La manifestación de Dios a los sabios, es lo que nos cuenta el evangelista


Mateo. Y el asombro de quienes no quisieron ver al Señor en Belén se hace
manifiesto cuando los Magos preguntan por Él.
Hoy estamos invitados a encontrar a Cristo, esta estrella que nos guía y
nos conduce a cumplir la misión como cristianos.
Puestos de pie nos disponemos a escuchar el Santo Evangelio y cantamos
el aleluya.
Lectura del Evangelio según San Mateo 2:1-1 2

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos


magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el
rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y
hemos venido a adorarlo". Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y
con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo,
para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, -le
respondieron-, porque así está escrito por el Profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de
ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel"”.
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar
con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén,
diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo
hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en
Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa,
encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje.
Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. Y como
recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes,
volvieron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor


ORDENACIÓN PRESBITERAL

Comienza, Seguidamente, la ordenación de los Presbíteros. El Obispo mitrado se


acerca si es necesario a la sede preparada para la ordenación, y se hace la presentación de
los candidatos.

Presentación de los Candidatos

Monición:
A partir de este momento se inicia el Rito de la Ordenación Presbiteral. El
Presbítero Wuilians José Moreno, Vicario General de Nuestra Diócesis, presenta
ante nuestro Obispo Mons. Jaime Villarroel a los candidatos al Orden
Presbiteral, pidiendo en nombre de la Iglesia que se les conceda el Orden del
Presbiterado a estos Diáconos.

Los ordenandos son llamados por el diácono de la forma siguiente:

Acérquense los que van a ser ordenados presbíteros:

Simón José Antonio Carrión Tineo


Jesús Eduardo Villarroel Rodríguez
José Gregorio Montaño Zapata

E inmediatamente los nombra individualmente; cada uno de los llamados dice:

Presente.

Y se acerca al obispo, a quien hace una reverencia.

Estando todos situados ante el obispo, un presbítero designado por el obispo dice:

Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que ordenes


presbíteros a estos hermanos nuestros.

EL OBISPO LE PREGUNTA: ¿Sabes si son dignos?

Y ÉL RESPONDE: Según el parecer de quienes los presentan, después


de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido
considerados dignos.

EL OBISPO: Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador,


elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los presbíteros.
DECIMOS TODOS: Demos gracias a Dios.

Homilía

Promesa de los elegidos

Monición:
Dentro del Rito del Orden de los Presbíteros, los Candidatos son
interrogados para asumir el compromiso de entrega al Pueblo santo de Dios y
en presencia de Monseñor Jaime José Villarroel Rodríguez y de todos los fieles,
manifiestan la voluntad de cumplir su Ministerio, según el deseo de Cristo y la
Iglesia.

Después de la homilía, solamente se levantan los elegidos y se ponen de pie ante


el Obispo, quien los interroga conjuntamente con estas palabras:

Queridos hijos: Antes de entrar en el Orden de los presbíteros debéis


manifestar ante el pueblo vuestra voluntad de recibir este ministerio.

EL OBISPO: ¿Estáis dispuestos a desempeñar siempre el ministerio


sacerdotal con el grado de presbíteros, como buenos colaboradores del Orden
episcopal, apacentando el rebaño del Señor y dejándoos guiar por el Espíritu
Santo?

LOS ELEGIDOS: Sí, estoy dispuesto.

EL OBISPO: ¿Realizaréis el ministerio de la palabra, preparando la


predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y
sabiduría?

LOS ELEGIDOS: Sí, lo haré.

EL OBISPO: ¿Estáis dispuestos a presidir con piedad y fielmente la


celebración de los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la
Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, para alabanza de Dios y
santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia?

LOS ELEGIDOS: Sí, estoy dispuesto.


EL OBISPO: ¿Estáis dispuestos a invocar la misericordia divina con
nosotros, en favor del pueblo que os sea encomendado, perseverando en el
mandato de orar sin desfallecer?

LOS ELEGIDOS: Sí, estoy dispuesto.

EL OBISPO: ¿Queréis uniros cada día más a Cristo, sumo Sacerdote,


que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con él consagraros
a Dios, para la salvación de los hombres?

LOS ELEGIDOS: Sí quiero, con la gracia de Dios.

Monición:
Seguidamente, los elegidos se acercan a la sede y de rodilla, ponen las
manos juntas entre las del Obispo. Así, manifiestan públicamente su
compromiso de configuración a Cristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia, para estar
unidos radicalmente y de todo corazón al servicio de Dios y los hombres.

Seguidamente cada uno de los elegidos se acerca al Obispo y, de rodillas ante él,
pone sus manos juntas entre las manos del obispo, el obispo interroga al elegido,
diciendo, si es su ordinario:

EL OBISPO: ¿Prometes respeto y obediencia a mí y a mis sucesores?

EL ELEGIDO: Prometo.

EL OBISPO CONCLUYE SIEMPRE: Dios, que comenzó en ti la obra


buena, él mismo la lleve a término.

Súplica litánica

Monición:
En este momento la Postración es el signo de humildad y pequeñez del
hombre ante Dios. Mediante este gesto, los diáconos piden fuerza y la
protección de Dios Padre, para ejercer el ministerio que hoy la Iglesia les
confiere. Nosotros, como participes de esta celebración, nos unimos en oración,
cantando las letanías de los Santos, pidiendo que Dios consagre, bendiga y
santifique a estos hermanos nuestros, elegidos para el Orden del Presbiterado.

Seguidamente, todos se levantan. El Obispo, dejando la mitra, de pie, con las


manos juntas y de cara al pueblo, hace la invitación:
EL OBISPO: Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que
derrame generosamente sus dones sobre estos elegidos para el ministerio de
los presbíteros.

Entonces los elegidos se postran en tierra, y se cantan las letanías, respondiendo


todos. El diácono dice:

Monitor: Pongámonos de rodillas.

Los cantores comienzan las letanías:

Señor, ten piedad Señor, ten piedad


Cristo, ten piedad Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad Señor, ten piedad

Santa María, Madre de Dios Ruega por nosotros


San Miguel Ruega por nosotros
Santos Ángeles de Dios Rueguen por nosotros
San Juan Bautista Ruega por nosotros
San José Ruega por nosotros
Santos Pedro y Pablo Rueguen por nosotros
San Andrés Ruega por nosotros
San Juan Ruega por nosotros
Santa María Magdalena Ruega por nosotros
San Esteban Ruega por nosotros
San Ignacio de Antioquía Ruega por nosotros
San Lorenzo Ruega por nosotros
Santas Perpetua y Felicidad Rueguen por nosotros
Santa Inés Ruega por nosotros
San Gregorio Ruega por nosotros
San Agustín Ruega por nosotros
San Atanasio Ruega por nosotros
San Basilio Ruega por nosotros
San Martín Ruega por nosotros
San Benito Ruega por nosotros
Santos Francisco y Domingo Rueguen por nosotros
Santo Tomas de Aquino Ruega por nosotros
San Buenaventura Ruega por nosotros
San Juan de la Cruz Ruega por nosotros
San Isidro Labrador Ruega por nosotros
San Francisco Javier Ruega por nosotros
San Juan Eudes Ruega por nosotros
San Juan María Vianney Ruega por nosotros
Santo Toribio de Mogrovejo Ruega por nosotros
San Martín de Porres Ruega por nosotros
San Juan Bosco Ruega por nosotros
San Antonio María Claret Ruega por nosotros
Santa Catalina de Sienna Ruega por nosotros
Santa Teresa de Ávila Ruega por nosotros
Santa Rosa de Lima Ruega por nosotros
Santa Teresa del Niño Jesús Ruega por nosotros
Todos los Santos y Santas de Dios Ruegue por nosotros

Muéstrate propicio Líbranos, Señor


De todo mal Líbranos, Señor
De todo pecado Líbranos, Señor
De la muerte eterna Líbranos, Señor
Por tu encarnación Líbranos, Señor
Por tu muerte y resurrección Líbranos, Señor
Por la efusión del Espíritu Santo Líbranos, Señor

Nosotros que somos pecadores Te rogamos, óyenos


Para que gobiernes y conserves
a tu santa Iglesia Te rogamos, óyenos
Para que asistas al Papa
y a todos los miembros del clero
en tu servicio santo Te rogamos, óyenos
Para que concedas paz y concordia
a todos los pueblos de la tierra Te rogamos, óyenos
Para que nos fortalezca y asistas
en tu servicio santo Te rogamos, óyenos

Para que bendigas + a estos elegidos Te rogamos, óyenos


Para que bendigas +
y santifiques + a estos elegidos Te rogamos, óyenos
Para que bendigas, +
santifiques +
y consagres +a estos elegidos Te rogamos, óyenos
Jesús, Hijo de Dios vivo Te rogamos, óyenos

Cristo, óyenos Cristo, óyenos


Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

Acabadas las letanías todos continúan de rodillas en oración por los candidatos,
mientras el Obispo se coloca de pie y con las manos extendidas, dice:
Monitor: Solamente el Obispo se pone en Pie.

EL OBISPO: Escúchanos, Señor, Dios nuestro, y derrama sobre estos


siervos tu Espíritu Santo y la gracia sacerdotal; concede la abundancia de tus
bienes a quienes consagramos en tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

TODOS: Amén.

EL DIÁCONO: Podéis levantaros.

Y todos se levantan.

Imposición de manos y Plegaria de Ordenación

Monición:
La imposición de manos y la oración Consacratoria son el centro de la
Ordenación Presbiteral. Con este gesto es invocado el Espíritu Santo en su
plenitud, ya sea para realizar una curación, transmitir una gracia, un carisma o
consagrar a un elegido para una función determinada dentro de la comunidad
cristiana.
Este gesto era utilizado por las primeras comunidades cristianas,
especialmente por los apóstoles, así, este poder se ha ido transmitiendo de
generación en generación.

Los elegidos se levantan; se acerca cada uno al Obispo, que está de pie delante de
la sede y con mitra, y se arrodilla ante él.
El obispo impone en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los
elegidos.
Después de la imposición de manos del Obispo, todos los presbíteros presentes,
vestidos de estola, imponen igualmente en silencio las manos sobre cada uno de los
elegidos. Tras dicha imposición de manos, los presbíteros permanecen junto al obispo
hasta que se haya concluido la plegaria de ordenación, pero de modo que la ceremonia
pueda ser bien vista por los fieles.
Estando todos los elegidos arrodillados ante él, el Obispo, sin mitra, con las
manos extendidas, dice la plegaria de ordenación:

Monitor:
En este momento el Señor Obispo hará la Oración Consacratoria sobre
los Diáconos, este es el momento cumbre de toda este Rito.
A
sístenos, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, autor de la
dignidad humana y dispensador de
todo don y gracia; por ti progresan tus criaturas y
por ti se consolidan todas las cosas. Para formar el
pueblo sacerdotal, tú dispones con la fuerza del
Espíritu Santo en órdenes diversos a los ministros
de tu Hijo Jesucristo.

Y
a en la primera Alianza aumentaron los
oficios, instituidos con signos sagrados.
Cuando pusiste a Moisés y Aarón al
frente de tu pueblo, para gobernarlo y santificarlo,
les elegiste colaboradores, subordinados en orden
y dignidad, que les acompañaran y secundaran.

A
sí, en el desierto, diste parte del espíritu
de Moisés, comunicándolo a los setenta
varones prudentes con los cuales
gobernó más fácilmente a tu pueblo. Así también
hiciste partícipes a los hijos de Aarón de la
abundante plenitud otorgada a su padre, para que
un número suficiente de sacerdotes ofreciera,
según la ley, los sacrificios, sombra de los bienes
futuros.

F
inalmente, cuando llegó la plenitud de los
tiempos, enviaste al mundo, Padre santo, a tu
Hijo, Jesús, Apóstol y Pontífice de la fe que
profesamos. Él, movido por el Espíritu Santo, se
ofreció a ti como sacrificio sin mancha, y habiendo
consagrado a los apóstoles con la verdad, los hizo
partícipes de su misión; a ellos, a su vez, les diste
colaboradores para anunciar y realizar por el
mundo entero la obra de la salvación.

T
ambién ahora, Señor, te pedimos nos
concedas, como ayuda a nuestra limitación,
estos colaboradores que necesitamos para
ejercer el sacerdocio apostólico.
TE PEDIMOS, PADRE TODOPODEROSO,
QUE CONFIERAS A ESTOS SIERVOS TUYOS LA
DIGNIDAD DEL PRESBITERADO; RENUEVA EN
SUS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SANTIDAD;
RECIBAN DE TI EL SEGUNDO GRADO DEL
MINISTERIO SACERDOTAL Y SEAN, CON SU
CONDUCTA, EJEMPLO DE VIDA.

S
ean honrados colaboradores del orden de
los obispos, para que por su predicación, y
con la gracia del Espíritu Santo, la palabra
del Evangelio dé fruto en el corazón de los
hombres y llegue hasta los confines del orbe. Sean
con nosotros fíeles dispensadores de tus misterios,
para que tu pueblo se renueve con el baño del
nuevo nacimiento, y se alimente de tu altar; para
que los pecadores sean reconciliados y sean
confortados los enfermos. Que en comunión con
nosotros, Señor, imploren tu misericordia por el
pueblo que se les confía y en favor del mundo
entero.

A
sí todas las naciones, congregadas en
Cristo, formarán un único pueblo tuyo que
alcanzará su plenitud en tu Reino. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

Imposición de las Estola y la Casulla.

Concluida la Plegaria de Ordenación, se sientan todos. El Obispo recibe la mitra.


Los ordenados se levantan. Los presbíteros presentes tornan a su puesto; pero algunos
de ellos colocan a cada ordenado la estola al estilo presbiteral y le visten la casulla.

Monición:
Desde este momento, Simón José Antonio Carrión Tineo, José Gregorio
Montaño Zapata y Jesús Eduardo Villarroel Rodríguez, reciben las vestiduras
propia del Orden Presbiteral, que son la estola, utilizada para la celebración de
los sacramento y la casulla, que representa la presencia de Cristo a través del
sacerdote como instrumento propio del uso litúrgico.

Unción De Las Manos

Monición:
El Señor Obispo unge con el Santo Crisma las manos de los ordenandos,
como signo de total consagración, de entrega y pertenencia a Dios.

Seguidamente, el ordenando se arrodilla ante el Arzobispo y le unge con el


Sagrado Crisma las palmas de las manos del ordenando diciendo:

J esucristo, el Señor, a quien el


Padre ungió con la fuerza del
Espíritu Santo, te auxilie para
santificar el pueblo cristiano y para
ofrecer a Dios el sacrificio.

Entrega de la Patena y Cáliz

Monición:
Mons. Jaime José Villarroel Rodríguez, Obispo de nuestra Diócesis, hace
entrega del Cáliz y la Patena, que serán sus principales instrumentos sagrados
para la Celebración de la Eucaristía.

Seguidamente, el Diácono lleva el pan sobre la patena y el cáliz, ya con el vino y el


agua, para la celebración de la Misa. Lo recibe y se lo entrega al Obispo, quien a su
vez lo pone en las manos del ordenando, arrodillado ante él, diciendo:

R
ecibe la ofrenda del Pueblo
Santo Para presentarla a
Dios. Considera lo que
realizas e imita lo que conmemoras, y
conforma tu vida con el misterio de la
cruz del Señor.

Abrazo de paz

Monición:
Con el abrazo de la paz, nuestro Obispo, manifiesta su alegría al recibir a
nuestros hermanos al ministerio del presbiterado y sus hermanos del clero
también le manifiestan su alegría y bienvenida dentro del Colegio Presbiteral.

Finalmente, el Obispo besa a los ordenando, diciendo:

OBISPO: La paz contigo.

ORDENANDO: Y con tu espíritu.