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Título: El urbanismo en “Declaración de odio” de Efraín Huerta

Autor: Raúl Alexis Durán Hernández

Tema: Estudios críticos de literatura mexicana

Institución de origen: Universidad Autónoma de Sinaloa

Correo electrónico: raulduran765@gmail.com

RESUMEN

El siglo XX, en México y los demás países, fue una época de grandes cambios en el

ámbito social, político y económico. Gracias a la industrialización y el “éxito” de los nuevos

sistemas económicos las ciudades sufren expansiones y transformaciones en su organización

que, inevitablemente, cambian el estilo de vida de quienes las habitan. En la Ciudad de

México estos cambios fueron radicales; por un lado, el desarrollo urbano a un ritmo

exorbitante; por el otro, la acentuación de los contrastes sociales. Efraín Huerta, “el poeta

de la ciudad”, da testimonio de la cruda realidad social que aprisiona a sus conciudadanos,

asimismo, nos brinda un retrato apasionado y descarnado del urbanismo. En el presente

trabajo se analiza a nivel semántico el poema “Declaración de odio”, que forma parte del

libro Los hombres del alba (1944), resaltando el elemento del espacio urbano, así como la

ruptura que representa con la línea poética de entonces.


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EL URBANISMO EN “DECLARACIÓN DE ODIO” DE EFRAÍN

HUERTA

Efraín Huerta es, sin duda, uno de los autores más importantes en la poesía del siglo

XX de América Latina. Su dominio del arte poético, aunado a su vitalidad expresiva, la

profundidad de sus temas y su compromiso político lo convierten en un referente importante

del grupo que integró la generación de Taller (1938-1941), denominada así por haberse

concretado en torno a una revista literaria del mismo nombre. Esta revista agrupó a varios

poetas, narradores y ensayistas como: Octavio Paz, Rafael Solana, Neftalí Beltrán, Carmen

Toscano, entre otros, y cuyo principal punto de concordancia era un rechazo al esteticismo

que pregonaban los Contemporáneos; generación precedente dentro de la cual se encuentran

poetas de la talla de Gilberto Owen, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y José Gorostiza.

La crítica coincide en señalar que dentro del grupo que integró la generación de

Taller, Efraín Huerta se distinguió por su sana conciencia lírica, por su apasionado interés

por la redención del hombre y el destino de las naciones que buscan en su organización

nuevas normas de vida y de justicia. Sus primeros libros: “Absoluto amor” y “Línea del alba”

están incluidos en Los hombres del alba (1994). El amor y la soledad, la vida y la muerte, la

rebeldía contra la injusticia, la política y la ciudad de México, son los temas más frecuentes

de su poesía.

Justamente Los hombres del alba (1944) es considerada como la obra máxima de

Huerta. En este poemario el poeta refleja la realidad de la ciudad de México, evidenciando

así una preocupación genuina por los problemas sociales que enfrentan los habitantes del

país, hombres y mujeres que tratan de mejorar las condiciones en las que viven. Sobre esta
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obra David Huerta, hijo de Efraín y también poeta, señala en el prólogo del libro Poesía

completa (1995), compilado por Martí Soler:

… en sus páginas recoge y proyecta la experiencia poética de la ciudad

moderna en que se ha convertido la capital de nuestro país . . . el dramatismo

de la expresión se conjuga con una ternura indeleble ante la formidable,

perturbadora y totalizadora irrupción de las injusticias del capitalismo; porque

. . . encuentra su voz, como suele decirse, y la convierte en un instrumento de

afirmación y protesta… (7)

Se trata, entonces, de un libro decisivo no sólo para el autor sino para la poesía

mexicana, pues se rompe con la línea culta e introspectiva que la caracterizaba hasta entonces

al utilizar como materia poética elementos presentes en la cotidianeidad de la ciudad, con la

intención de retratar el deterioro de la misma, así como su acelerada modernización. El

ensayista José Joaquín Blanco comenta en su Crónica de la poesía mexicana (1977) algo

interesante respecto al cambiante espacio poético de ese entonces: “El lector y el poeta ya no

se configuran como inspiración clara o inteligente. La visión ordenadora [recordemos Muerte

sin fin de Gorostiza], sino como la voz inerme y exasperada de la esquizofrenia, la impotencia

y la miseria reinantes” (207).

Y éste es un rasgo notable en Los hombre del alba (1944), donde si bien hay

solemnidad, también hay miseria y asco. Ningún poeta mexicano había logrado o acaso

intentado lo que Huerta consolida con ésta, su máxima obra; un retrato apasionado y

descarnado del urbanismo.

Es precisamente este aspecto el que motiva nuestro análisis, pues nos interesa hacer

una lectura de nivel semántico que dé cuenta de los modos de representación del urbanismo,
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es decir, de la ciudad y sus componentes en el poema “Declaración de odio”, el cual forma

parte de Los hombres del alba (1944).

Empecemos por decir que a Huerta se le denomina “el poeta de la ciudad”, y es que

antes de él nadie había evocado con tanta vivacidad, cariño y crudeza el paisaje urbano.

Siguiendo esta línea de lectura, podemos decir que a nivel temático en “Declaración de odio”

se pone en juego una visión sentimentalista y a la vez crítica de la sociedad moderna, pues el

poeta nos brinda de manera implícita una profunda crítica social, todo esto sin denotar su

postura ideológica como se observaría, por ejemplo, en los Poemas de guerra y esperanza

(1943). Pues este poema, tal como lo menciona David Huerta en el artículo “Notas sobre la

poesía de Efraín Huerta”:

… tiene una alta temperatura amorosa y lírica, y los momentos explícitos de

rebeldía militante política, son relativamente escasos (otra cosa es la corriente

subterránea, implícita, de acerba crítica social, si así puede llamarse a los

versos más violentos de la obra)… (párr. 10)

Desde mi parecer, esto dota al poema de mayor universalidad, pues no es preciso que

el lector comparta posturas políticas con el autor para captar y concordar con la visión de

mundo que éste le ofrece. Por ello, “Declaración de odio” es uno de los poemas más

contundentes en la obra de Huerta, donde el espacio urbano y su realidad, sin importar cuán

burda o desagradable sea, son retratados con profundidad; representando una ciudad que se

expande a un ritmo monstruoso de la mano de un proceso de modernización que se emparenta

con un declive social. Así, desde las primeras líneas del poema se proyecta la imagen de una

ciudad que crece al tiempo que se deteriora en lo físico y en lo social, especialmente cuando

leemos: “Esta ciudad de ceniza y tezontle cada día menos puro, /

de acero, sangre y apagado sudor”. (20-21)


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De este modo, el Yo lírico configura una imagen de ciudad en la que viven y conviven

con indiferencia hombres, mujeres y animales pertenecientes a los sectores sociales más

elevados y más marginados, una:

Amplia y dolorosa ciudad donde caben los perros,

la miseria y los homosexuales,

las prostitutas y la famosa melancolía de los poetas,

los rezos y las oraciones de los cristianos. (22-25)

Efraín Huerta le confiere a la ciudad un carácter humano al usar adjetivos como

“dolorosa”, “colérica” y “cruel”, brindando así una visión más pasional y no por ello menos

crítica de la misma. Pero la ciudad no se concibe como un elemento aislado o aparte de sus

habitantes, sino que los engloba a todos, por lo que se vuelven también objeto de la crítica.

Así, pues, el declive moral de estos se hace palpable desde el momento en que se nombran a

la cobardía y el cinismo como alimento diario de mujeres y hombres, las unas denominadas

asnas y los otros vacíos.

Con todo, la visión humanizada de la ciudad que nos ofrece la voz lírica del poema,

y la obra de Huerta en general, representa una innovación en la poesía mexicana. Pues, como

se ha mencionado, se rompe con el hilo introspectivo o intimista imperante. Se dejan de lado

elucubraciones para servirse de la realidad tal como se presenta a nuestros ojos. Así lo señala

José Joaquín Blanco al hablar del panorama social y poético de entonces:

En las ciudades contaminadas y tecnificadas, en la explosión demográfica, en

la destrucción de la ecología, en el tumulto moderno de la nueva

cotidianeidad, la poesía intimista se siente por lo menos hecha a un lado de la

realidad. (231)
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Estas dos palabras: “nueva cotidianeidad” nos dicen que con una nueva ciudad viene

un nuevo estilo de vida, en este caso, no necesariamente mejor sino más bien apresurado,

monótono y degradado porque se viven: “Los días pesadísimos / como una cabeza cercenada

con los ojos abiertos. (37-38)

Gracias a estas imágenes tenemos un cuadro general de la ciudad, específicamente de

las formas de vivirla y sufrirla; esto, al proyectar la imagen de una vida urbana sofocante,

cuya cotidianeidad termina por llevar al Yo lírico al hartazgo, hasta el punto de generar un

sentimiento de odio; un estallido colérico donde sólo se atisba condescendencia al evocar el

fervor de los incipientes movimientos sociales.

Recordemos que el año en que Los hombres del alba se publica, ya había estallado

la Segunda Guerra Mundial, y la Unión Soviética, del lado del bando que sería el victorioso,

expande su ideología paulatinamente, concretando así el denominado ‘telón de acero’. En

América Latina se despertaba un interés por el comunismo y el socialismo cuyo primer fruto

se consolidaría hasta los 50 con la Revolución cubana. Huerta, desde los 40, militaba en el

Partido Comunista mexicano, es por ello que en este poema se percibe de manera implícita

su simpatía por dicha doctrina. Entonces, de manera ambivalente, por un lado imprime el

desprecio que le provoca su ciudad y, por otro, cierta admiración al presenciar las

movilizaciones comunistas:

Ciudad negra o colérica o mansa o cruel,

o fastidiosa nada más: sencillamente tibia.

Pero valiente y vigorosa porque en sus calles viven los días rojos y

azules

de cuando el pueblo se organiza en columnas,

los días y las noches de los militantes comunistas,


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los días y las noches de las huelgas victoriosas… (29-34)

En este poema se hace presente una voz colectiva para reflejar una condición de

desamparo. Podría decirse que mientras la ciudad y su población se expanden rápidamente,

cada individuo que la integra se siente más solo y, si hay alegrías, estas son efímeras. Nótense

estos aspectos en los siguientes versos:

….páramo sofocante, nido blando en que somos

como palabra ardiente desoída,

superficie en que vamos como un tránsito oscuro,

desierto en que latimos y respiramos vicios,

ancho bosque regado por dolorosas y punzantes lágrimas,

lágrimas de desprecio, lágrimas insultantes. (50-55)

De este modo, el Yo lírico recupera e incluye en su voz a todos esos seres que

conviven sin mirarse y sin oírse en un mismo espacio urbano, cuyas calles albergan también

miseria, dolor y vicios: sectores marginales y populares que desmienten aquel aforismo

mexicano de “aquí no pasa nada”.

Toda la recreación del contexto urbano va adquiriendo fuerza a lo largo del poema

para desembocar en la declaración del odio hacia la ciudad misma y sus estratos sociales. El

sentimiento se nutre de la condición de ciudad en proceso de modernización, y así es como,

desde mi parecer, se refleja la concepción del cambiante espacio urbano para el habitante:

“Te declaramos nuestro odio perfeccionado a fuerza de sentirte cada día más inmensa, / cada

hora más blanda, cada línea más brusca”. (63-64)

Igualmente, para reiterar la fidelidad a la realidad que representa el urbanismo se

alude directamente a lugares como la plaza Garibaldi o la calle de San Juan de Letrán. Este
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aspecto sería un factor constante en la obra poética de Huerta, remito al lector a poemas

emblemáticos como “Avenida Juárez” o “Juárez – Loreto”.

Como poeta y habitante de la ciudad, evidentemente Efraín Huerta no era ajeno al

ámbito literario local. Sin embargo, la postura que mantendría este poeta sería de disidencia

hacia las vulgarmente denominadas “mafias literarias”, es por ello que en este poema la voz

lírica satiriza a sus contemporáneos creadores y críticos tildándolos de “asnos en busca de

una flauta” y “niños de la teoría”, denunciando un apego de éstos al canon o establishment

literario. Ese apego representa para nuestro poeta un enajenamiento hacia la verdadera

realidad, la que está plagada de contrastes sociales, de esta manera reafirma su interés y

compromiso por la situación política y social de la que es testigo:

ruines abandonados a sus propios orgasmos . . .

especulando en libros ajenos a lo nuestro.

¡A lo nuestro, ciudad! Lo que nos pertenece,

lo que vierte alegrías y hace florecer júbilos,

risas, risas de gozo de unas bocas hambrientas,

hambrientas de trabajo,

de trabajo y orgullo de ser al fin varones

en un mundo distinto. (79-87)

Así, después de tanto odio, el poeta vuelve al cariño hacia su ciudad, el cual se

fundamenta, como he mencionado, en el compromiso social que pregona en su obra. Esta

esperanza en el progreso se manifiesta mediante el elemento de el alba, de ahí que el

poemario y un poema se titulen Los hombres del alba y además cante en los últimos versos:

la táctica en vilo de quienes hoy te odian

para amarte mañana cuando el alba sea alba


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y no chorro de insultos… (96-98)

La visión del urbanismo en el poema no es una visión apocalíptica y meramente

decadente a fin de cuentas, sino una visión que denuncia las problemáticas sociales que se

viven en la ciudad, abanderando una idea en qué creer. Como menciona el filólogo Jorge

Ortega respecto a la poesía de este autor:

integra . . . el prisma de las preocupaciones más sustanciales del género en la

primera mitad del siglo XX, apurada por . . . la responsabilidad con el

momento histórico . . . la fusión con los semejantes a través de la solidaridad,

el amor, la camaradería. (241)

Para finalizar, en cuanto a la importancia del tema del urbanismo en la poética de este autor

y, particularmente en “Declaración de odio”, hay que subrayar se hace presente de una

forma innovadora, pues, si bien Efraín Huerta no es el primero en evocar el espacio urbano,

sí lo es en retratarlo con sus contrastes, una burda cotidianeidad en tanto antisolemne. Otro

aporte a mencionar es que concibe a la ciudad como un personaje al dotarla de

sentimentalismo, personaje que igualmente se nutre de los individuos que lo habitan. En su

conjunto, es un reflejo crudo y aún vigente de la sociedad contemporánea.


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BIBLIOGRAFÍA

1. Blanco, José Joaquín. “El Espacio Poético de los Sesentas”. Crónica de la Poesía

Mexicana. México: Universidad Autónoma de Sinaloa, 2da ed. 1978. Impreso.

2. Enciclopedia de la Literatura en México. “Efraín Huerta”. Elem. Fundación para las

Letras Mexicanas y CONACULTA. 2014. Web. 21 nov. 2014.

http://www.elem.mx/autor/datos/1843

3. Huerta, David. “Notas sobre la Poesía de Efraín Huerta”. Revista de la Universidad

de México. Número 126. 2014. 21 nov. 2014.

http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/index.php/rum/article/view/16

280/17889

4. -----. Prólogo en Poesía Completa, 2da ed. Por Efraín Huerta. México: Fondo de

Cultura Económica. 1995. Impreso.

5. Huerta, Efraín. “Declaración de Odio”. Poesía Completa, comp. Martí Soler, 2da

ed. México: Fondo de Cultura Económica. 1995. 102-105. Impreso.

6. Ortega, Jorge. “Del Modernismo al Poeticismo”. La Literatura en los Siglos XIX y

XX. Antonio Saborati, Ignacio M. Sánchez y Jorge Ortega (ed). México:

CONACULTA. 2013. Impreso.