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TÍTULO:

Bolivia, el “corazón continental” de Sudamérica y los interés detrás de su posición


estratégica.

AUTORA:

Silvia Raquel Veintimilla Quezada

Breve reseña personal:

Abogada de la Universidad Nacional de Loja, Maestrante de Relaciones Internacionales


y Diplomacia con mención en política exterior del Instituto de Altos Estudios Nacionales,
poseedora de un Diplomado en Protección Internacional de los Derechos Humanos en la
Universidad de Zaragoza y Centro Latinoamericano de Derechos Humanos; activista y
capacitadora de Derechos Humanos y Género. raquel.veintimilla@gmail.com

Quito, agosto 2017


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El escritor cubano José Martí, reconocido por su incansable anhelo de ver una América
unida a través de sus luchas políticas y literarias, inmortaliza en su poema Abadala las
siguientes frases en alusión a la patria: “El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo
a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; Es el odio invencible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca” (Martí, 2005 (1977): 11). Bajo esta perspectiva
¿Cómo podemos definir o delimitar el espacio geográfico que habitamos para sentirlo
nuestro? ¿Qué tiempo debe transcurrir para sentir algo como nuestro? Ya nacemos
perteneciendo a un país, ostentamos una nacionalidad, conocemos los límites y fronteras
de nuestra patria, entonces ¿Estamos destinados a que nuestros mandantes decidan hasta
cuándo será así o estamos a la deriva de las circunstancias históricas? Tomando en cuenta
que aquella área a la que llamamos casa, barrio, ciudad, provincia, región, país, ha sido
una construcción histórica reflejo de aquello que conocemos, con lo que nos sentimos
identificados, a aquello que sentimos pertenencia y es relativo a una identidad colectiva.
Es así que asociamos todo aquello que representa la geografía de nuestra identidad como
una constante, creyendo que quizá no está sujeta a cambios o inclusive que no es
importante a la hora de predecir otros fenómenos sociales como las guerras, la integración
o el uso de recursos estratégicos. Sin embargo, la formalización del espacio significada
por el mapa no es gratuita ni desinteresada, constituyéndose más bien en un medio de
dominación indispensable, un medio de dominación del espacio (Lacoste, 1977: 4).

En el desarrollo de este ensayo demostraré la influencia de la geopolítica no solo en el


uso estratégico de los espacios geográficos de los Estados, sino develando su visión
tridimensional al buscar abarcar no solo temas de seguridad o defensa sino también
ámbitos políticos y económicos, con el fin de mantener la hegemonía del poder en el
marco del sistema internacional, caso representado a través de las circunstancias que
consideran a Bolivia el “corazón continental” en Sudamérica y por ende el posible interés
de la integración regional.

Para ello, en primer lugar desarrollaré una conceptualización de geopolítica y cómo ésta
tiene relación con la teoría del denominado “Heartland” o “corazón continental”
presentada por Mackinder; en segundo lugar relacionaré dicha conceptualización
proyectando a Bolivia como aquel espacio estratégico en territorio Sudamericano; en
tercer lugar realizaré un breve relato histórico de lo que significó la Guerra del Pacífico y
la importancia del poder naval, con el fin de establecer un nexo entre dicho suceso

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histórico y la imposibilidad de Bolivia de acceder al mar y sus consecuencias; finalmente
derivado de esta presentación de hechos y teorías, realizaré un análisis de cómo esta visión
ha sido aprovechada para hacer uso de este espacio estratégico.

Halford Mackinder, geopolítico y geógrafo inglés fue autor de la teoría del área pivote y
posterior Heartland, a través de la cual dividía al mundo en tres secciones: La isla
continente que comprendía Asia, Europa y África, las islas continentes de menor impacto
que las constituían América y Australia y finalmente pero no menos importante el área
que ocupaba el Océano. En 1919 en su obra sobre el Heartland resume su teoría
afirmando que aquel que logre gobernar Europa del Este dominaría el Heartland, que
quien gobierne el Heartland dominaría la isla- mundial, y quien gobierne esta isla-
mundial podría entonces controlar el mundo. Esta isla-mundial se extiende desde el río
Volga hasta el río Yangtze y desde el Himalaya hasta el Océano Ártico, ocupando un
espacio terrestre indiscutiblemente influyente, cercado de elementos geográficos como
desiertos, cadenas montañosas y glaciales, por lo que se constituía en un área
presumiblemente difícil de penetrar y por lo tanto desde ese punto podía más bien
extenderse y conquistar todo el territorio que le rodeaba. El Hertland “es una idea
estratégica diseñada teóricamente en el comienzo del siglo y probada empíricamente a lo
largo de dos guerras mundiales” (Mackinder, s/f : 45), tomando en cuenta que la noción
del Heartland es un concepto clave que constituye la piedra angular del poder terrestre,
que tiene su cumbre teórica en una época histórica en la cual la estrategia militar buscaba
descubrir las mejores maniobras que les permitan a los países mantener su hegemonía.

Íntimamente relacionado a ello está precisamente por su influencia, la conceptualización


que se hace sobre la geopolítica, como una rama autónoma de las ciencias políticas que
tienen por objeto el estudio de las relaciones y mutuas interacciones entre el Estado y su
geografía (Houshofer, 1975: 82). Esta geopolítica se representa en aquel lazo que une las
características de una zona específica, que ha sido estudiada por la geografía, sobre todo
al “encarar mediante procedimientos que no son evidentes utilidad práctica del análisis
del espacio” (Lacoste, 1977: 5), y aquel aparataje institucional que reacciona interna y
externamente en base a dichas características.

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Otra definición que fue incluida en el libro de Kjellen mientras se suscitaba la Primera
Guerra Mundial, fue el de considerar a la Geopolítica como el estudio del Estado como
organismo geográfico, esto es, como fenómeno localizado en cierto espacio de la Tierra,
luego del Estado como país, como territorio, como región o más característicamente
como dominio político (Castro, 2005:18). A través de lo cual se complementa la visión
de Mackinder al darle al Heartland el enfoque de un espacio que si bien es cierto estaba
caracterizado precisamente por sus elementos geográficos, no se los puede divorciar de
los intereses políticos que involucran intenciones que traspasan los deseos de expansión
militar. Sobre la pugna del poder y cómo se distribuye, es Mackinder quien afirma que
el equilibrio real del poder político en un momento dado es, por supuesto, el producto de
condiciones geográficas, tanto económicas como estratégicas, por una parte, y del
número relativo, la virilidad, los equipos y la organización de los pueblos en pugna, por
la otra (Mackinder, 2010: 318).

Estas teorías geopolíticas tuvieron una importante influencia en los espacios de estudio
sudamericano, pero que lejos de ser analizada críticamente, fue asumida como lo ha sido
generalmente como una materia a ser dirigida exclusivamente por el Estado a través de
su poderío militar. Esto, ya que la geografía se ha constituido en un saber estratégico
estrechamente unido a un conjunto de prácticas políticas y militares (Yves, 2010: 24). Sin
embargo, a inicios del siglo XIX las teorías europeas y estadounidenses no sólo habían
extendido su influencia en Sudamérica sino que nuevamente se estaba aplicando el
concepto de la teoría del Heartland de Mackinder, pero esta vez el continente era otro, así
la teoría geopolítica se trasladaba a América del Sur a buscar su consolidación empírica.

Bolivia, un país predominantemente andino que proyecta ocupar un lugar privilegiado en


el sur del continente, ha sido considerado según enfoques geopolíticos latinoamericanos
como el “corazón terrestre” sudamericano. Este país, al igual que la “isla-continente” ya
abordada por Mackinder, posee particularidades geográficas importantes y
características. Bolivia está integrado entre otros, por poblaciones de Santa Cruz de la
Sierra, Cochabamba y Sucre, un área que posee abundantes recursos naturales y que a la
vez forma parte de espacios a los cuales se les imposibilita el ingreso de flota marina, con
importante desarrollo poblacional y además un clima templado atractivo. Respecto de su
ubicación fue también nombrado como el “Triángulo o Audiencia de Charcas” donde se

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unen dos de las vertientes hidrográficas más importantes tanto del Océano Pacífico como
del Atlántico, configurándose en un importante potencial del Estado Boliviano para
someter a los países vecinos en temas de movilidad, direccionamiento económico y
aprovechar la fortaleza que crean las cadenas montañosas que configuran la geografía
boliviana. Estos aspectos fueron de relevancia para que el diplomático estadounidense
Lewis Tambs, afirmara que quien dirigiera Santa Cruz, dominaría Charcas y que aquel
que dirija Charcas entonces dominaría el Heartland, por consecuencia dominaría
Sudamérica. Sin embargo hay quien atribuye dicha frase al “ilustre cruceño Lic. Josecito
Ortiz Mercado, durante los debates parlamentarios en el Congreso de la República de
Bolivia” (Capobianco, 2014: 2).

De esta forma lo reitera Thenon, especificando los puntos álgidos que se presentan en la
circunscripción territorial de Bolivia:

El territorio boliviano comprende 1.098.581 kilómetros cuadrados, pero debido a


su posición central en el continente el espacio boliviano queda ligado a las
mayores regiones naturales de Sudamérica. En efecto, su territorio integra
espacios tan diversos como los Andes, los llanos del oriente, las sabanas herbáceas
y las selvas asociadas con ríos amazónicos tales como el Mamoré y el Beni;
finalmente, en el extremo sudeste boliviano encontramos cursos de cabecera
pertenecientes a la alta cuenca rioplatense (Thenon, 2008 :6).

La dicotomía entre los intereses de Brasil1 y Argentina siempre ha estado presente en esta
área, precisamente por su intención de dominar esta zona estratégica que incluye además
ciudades mineras con el fin de defender su hegemonía geopolítica en la región. El espacio
o la posición de los recursos naturales y humanos de un país son factores de poder que
afectan la toma de decisiones en el campo de las relaciones interestatales (Haushofer,
1975: 82).

Así lo afirmaba Ratzel:


El conocimiento geográfico siempre ha demostrado su eficacia política. Se puede
citar un número incalculable de acciones que malogran a causa de un horizonte
político - geográfico deformado o imaginario, un mal conocimiento del país y de

1
El interés de Brasil se concentró en dos ejes: uno en la cuenca amazónica y otro en el “triángulo mágico”
que forman las ciudades de Cochabamba, Sucre y Santa Cruz (Klare, 2008: 90).

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los hombres, del suelo y del clima; e incluso ejemplos de proyectos políticos
conscientemente fundados en la Geografía (Ratzel, 1987: 120).

Años después de la Independencia de España, muchos de los países que ya se


encontraban con sus fronteras geográficamente distribuidas y con gobiernos establecidos,
aún se encontraban explorando y explotando sus recursos naturales con el fin de sostener
sus economías nacionales, que en la mayoría de los casos siguieron ligadas a las antiguos
Estados conquistadores. En el caso de Bolivia no fue diferente, compartiendo frontera
con Chile y Perú, el sector salitrero de Antofagasta, perteneciente en aquel momento a
Bolivia, estaba siendo explotado por capitales chilenos. Elaborando una breve reseña
histórica al respecto, recordamos que en 1878 Bolivia establece un nuevo impuesto, a
pesar de haber firmado un tratado en 1874 que lo prohibía, a la compañía chilena
Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta. Al negarse el gobierno chileno a tal
pago, el gobierno boliviano suspende el permiso de la compañía para funcionar,
embargando sus bienes y rematándolos. Para 1879 fuerza militar chilena ocupa
Antofagasta y se declara la guerra a Bolivia y al aliado de Perú. En el campo de la
geografía, es el campo de la política externa y su tipo particular de análisis que usa los
factores geográficos para ayudar a la formulación de políticas adecuadas para lograr
ciertos propósitos justificables (Spykman, 1944: 6).

Es importante precisar que las teorías respecto del inicio de este conflicto se constituyen
gracias a la condensación de varios temas álgidos que fueron minando las relaciones
interestatales y que van desde los roces administrativos de los respectivos Ejecutivos, la
imprecisión exacta de los límites fronterizos, el hallazgo de importantes establecimientos
de guano2 y nitrato y posteriores fuentes de salitre. Esta combinación se presume habría
sido el detonante de la también llamada Guerra del Pacífico, que tras vestidores
mantenían el interés de acaparamiento de las importantes fuentes económicas que
existían y aún existen en la región. El conflicto armado culminó en 1884 con la firma del
Pacto de Tregua Indefinido, definiéndose las fronteras definitivas entre Chile y Bolivia
con el Tratado de 1904, mientras que las fronteras limítrofes entre Chile y Perú se las

2 Se descubre en la época, específicamente en la costa de Bolivia, reservas de guano, es decir excremento


tanto de murciélagos como pájaros. Gracias a los altos niveles de nitrógeno, fosfatos y amoníaco, se lo usó
como fertilizante, sobre todo para su exportación para el uso en las tierras agrícolas europeas pobre en
fertilidad, lo que causó una alta demanda europea.

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resolvió a través del Tratado de Lima en 1929. Es en este proceso donde Bolivia pierde
su única salida al mar.

En el transcurso de esta guerra, se pudo evidenciar cómo la fuerza chilena naval se


impuso ante los otros dos países, lo que permitió que cuando Chile tomó el control total
tanto de las costas de Perú y Bolivia, fuera fácil realizar una incursión terrestre, que
garantizó su éxito en este conflicto armado. Cuando dos territorios de desigual magnitud
se hallan juntos, el mayor de ellos prepondera sobre el más pequeño, como expresión de
poder (Ratzel, 1975: 31).

Se demuestra la creciente necesidad de aumentar y mejorar los medios y estrategias que


garanticen la soberanía de los Estados principalmente a través del poder militar,
especialmente el marítimo. Para la época los nuevos alcances del poder militar se habían
transformado y el poder de los países era medible a través de su poder naval. De esta
forma, los buques que salen y vuelven, necesitan disponer de puertos seguros donde
refugiarse, como también ir protegidos, en lo posible, por su nación durante todo el
trayecto del viaje.

Bajo estas precisiones históricas, se reconoce que la capacidad del Estado para usar el
mar, se expresa en la proyección no sólo bélica sino también económica y política que
pueda generar, sin ser menos importante el uso de dichos recursos.

Al respecto Mahan lo reafirma de la siguiente manera:

El aspecto más visible que nos ofrece primeramente el mar, al considerarlo desde
el punto de vista político-social, es el de un gran camino, o mejor dicho, una vasta
extensión de propiedad común por la que el hombre puede trasladarse en todas
direcciones; sólo que lo frecuentado de ciertos trayectos ha hecho que existan
poderosas razones para elegir con preferencia determinados caminos o derroteros.
A estos caminos se les conoce con el nombre de rutas comerciales (Mahan,
1999:4).

Existen diversos argumentos sobre la relación que existe entre el acceso de los países al
mar y su ventaja o desventaja frente a los demás países en el marco del sistema mundial,
o si quizá es la suma de otros elementos lo que lo determina. Sin lugar a dudas, la temática

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que envuelve el acceso o no de los países al mar ha sido ampliamente discutida y genera
polémica constante, por lo cual la comunidad internacional ha puesto especial énfasis en
este tema, con la finalidad de superar precisamente diferencias entre Estados y responder
bajo un marco normativo consensuado al esclarecimiento de los límites fronterizos
marítimos y demás disposiciones administrativas y técnicas relativas al argumento. De
esta forma en relación a ello, es importante regresar a la historia y recordar que luego de
haberse celebrado las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en
1958 y 1960, en 1982 se aprueba uno de los más importantes tratados multilaterales
denominado Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).

De vuelta a los antagonismos entre Chile y Bolivia, éstos no cesaron con el fin de la
Guerra del Pacífico, es más, a lo largo de los años hasta la actualidad Bolivia ha intentado
a través de varias vías diplomáticas e instancias internacionales reclamar, lo que ellos
consideran, su salida soberana al mar, que hasta el momento no ha dado frutos concretos.
Desde la firma del Tratado de 1904, se plantearon un sinnúmero negociaciones con el fin
de alcanzar el objetivo planteado, que habían fracasado entre otras cosas por la fluctuante
política doméstica de cada uno de los países, que en ciertos casos estaban de acuerdo en
los términos de las negociaciones y en otros casos no, lo que hacía imposible llegar a un
acuerdo conjunto y permanente respecto de la salida al mar de Bolivia.

Ante este contexto en el año 2013 el presidente boliviano Evo Morales presenta a nombre
del Estado de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya una demanda con
el fin de este organismo internacional pudiera fungir como intermediario ante una
negociación que permitiera a Bolivia el acceso soberano al mar. Sin embargo Chile
mantiene su postura de rechazo a la petición, alegando que los límites se fijaron en 1904.
Este hecho soberano, sin embargo ha tensionado las relaciones diplomáticas entre ambos
países, que en un marco de integración latinoamericana debilita la unión ante las
instituciones intergubernamentales de Sudamérica. Al momento se espera que se la Corte
comunique los plazos para los alegatos y posteriormente se pronuncie al respecto.

En relación a los costos económicos para Bolivia se constituye en uno de los elementos
base, tomando en cuenta que Bolivia posee por ejemplo los costos de transporte más altos
de América del Sur. Actualmente, Bolivia gana según fuentes de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe, alrededor de 300 millones de dólares por exportar gas a
países como Brasil y Argentina, por lo que en el presunto de que pudiera acceder al
océano Pacífico, entonces sus ganancias se multiplicarían al ampliar su mercado a Asia o

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a países del Hemisferio Norte. Sin embargo, Chile afirma que dicho reclamo violenta el
Tratado de Paz de 1904 y que no posee temas pendientes respecto a fronteras limítrofes,
haciendo hincapié además en que es el mismo gobierno boliviano el que fija las tazas de
preferencias arancelarias relacionadas a su capacidad de importación. Dadas las
circunstancias modernas, el comercio interior de un país que tenga costa, no es más que
una fracción de las transacciones totales hechas por la comarca; esto ya que actualmente
muchas necesidades y lujos que no pueden satisfacerse más que importando los medios
del exterior por vía marítima (Mahan, 1999: 5).

Bolivia por sus características geográficas se ha constituido en un espacio valioso y de


vital importancia geopolítica para la región. Al ser el territorio uno de los elementos
indispensables que componen los Estados, estas características que reúne Bolivia, son
precisamente los elementos que fungen como un eslabón entre el ejercicio del poder frente
a los demás Estados y el uso estratégico, planificado y proyectado de los recursos
naturales. Poniéndose en evidencia que el espacio territorial boliviano ha sido motivo de
discusiones que han permitido poner en relevancia la pugna de poderes e intereses
económicos y políticos que existen alrededor del mismo, tanto para Bolivia como para
los países vecinos. Esta herramienta ha sido utilizada principalmente en la negociación
del abastecimiento de gas a los países más cercanos, principalmente aquellos con los que
comparten frontera. El actual orden mundial obliga a los Estados a utilizar mecanismos
que le permitan seguir siendo un jugador importante en el sistema internacional,
utilizando tácticamente sus recursos estratégicos, más aún si los países vecinos son tus
principales socios comerciales.

Klare ya lo refiere, al aseverar que las proyecciones no son prometedoras, sobre todo si
nos situamos en un mundo que por un lado está en un proceso de crecientes poderes y por
el otro lado van reduciendo sus recursos, entonces destinado a una apremiante
competencia entre un grupo de naciones que consumen energía para el control de las
reservas restantes de hidrocarburos del planeta y otros materiales industriales clave
(Klare, 2008: 7).

Por las pugnas históricas, en las cuales se notaba de forma evidente el sello de los intereses
comerciales, después de la Guerra del Pacífico, el país boliviano se desmiembra e inicia

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una serie de acciones bélicas que durarían alrededor de treinta años, hasta que finalmente
firma un Acuerdo para el cese al fuego indefinido; sin embargo, no fue sino hasta casi
treinta años más que se firma el Acuerdo en el cual se establecen las descripciones
limítrofes de los países en conflicto, en el que sin lugar a dudas terminó desfavorecido
Bolivia, su salida al mar había sido suprimida de los mapas desde ese momento hasta la
actualidad.

Esta imposibilidad de salida al mar, no refleja solamente un acto de posesión o


diferenciación limítrofe de cualquier país Sudamericano, sino uno que conoce de su
potencialidad y busca ejercer su poder de decisión. En relación a la realidad actual, el
futuro respecto del reclamo de Bolivia por su acceso al mar frente a la Corte Internacional
de Justicia, aún es incierto, y aún más incierto cómo esta decisión pudiera cambiar la
geografía sudamericana.

Esto, nos lleva a una última precisión, al reconocer la importante incidencia geopolítica
de Bolivia y su afán de aumentar su influencia en la región es latente. Sin embargo y a
pesar de no haberse tratado el tema sobre su papel en la integración regional en el presente
documento, considero de vital importancia plantearse la interrogante del camino que
tomará en el futuro Bolivia frente a las posición y elaboración de políticas de algunos
mecanismos de integración regional como UNASUR, ALBA, MERCOSUR, CELAC,
organismos a los cuales pertenecen países como Chile y que podrían constituirse en
razones para frenar un proceso de integración, esto, recordando que precisamente uno de
los elementos que ha propugnado la integración regional propugnada en Sudamérica,
pone en manifiesto el rol del Estado que propende una política de protección y de
priorización de la soberanía en los recursos naturales, frente a otros actores como las
empresas y compañías multinacionales en representación de la tan ansiada hegemonía. Es
así como el papel estatal y regional siguen en un proceso de búsqueda con el fin de
constituirse en actores relevantes en la incidencia geopolítica de América y el mundo.

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