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Tema 1º - “¿DÓNDE ESTÁS?

EL PROYECTO DE DIOS AMOR


Tema 2º - UN AMOR QUE NO SE ACABA.
RESPUESTA DEL HOMBRE
Tema 3º - AMOR POR AMOR: REPARACIÓN
Tema 4º - DAR Y BUSCAR: REPARACIÓN
Tema 5º - LAS COMPAÑÍAS: PROCESO DE
EUCARISTIZACIÓN DE LA VIDA.

TEMA 6º - COMPAÑÍA DE PRESENCIA:


ESTAR

Tema 7º - COMPAÑÍA DE COMPASIÓN:


UNIÓN DE SENTIMIENTOS

1
Tema 8º - COMPAÑÍA DE IMITACIÓN:
DISCIPULADO

Tema 9º - COMPAÑÍA DE CONFIANZA:


RETORNO DE AMOR

Tema 10º - EUCARISTÍA Y MISIÓN I: ID


Tema 11º - EUCARISTÍA Y MISIÓN II:
EUCARISTIZAR

2
Con el lema: “¡Vive!... ¡Anuncia la VIDA!”, seguiremos la
formación personal y en nuestros grupos UNER durante
este curso 2010-2011.

Aún están resonando en nuestros oídos las palabras que se


nos decían en la plaza de San Pedro de Huelva, con motivo
de los actos de clausura de nuestro primer centenario UNER:
“La misión es una consecuencia del apasionamiento por
Jesucristo… Toda la familia Eucarística Reparadora en
tensión por eucaristizar”.

Durante estos dos próximos cursos, en nuestro proceso de


formación, vamos a ir profundizando en algo tan esencial y
específico nuestro como es: el Abandono, la Reparación, y
las cuatro clases de compañía de las que nos habla el Beato
Manuel González en su libro “El Abandono de los Sagrarios
Acompañados”.

Creemos que si no estamos bien arraigados en nuestro


carisma eucarístico - reparador, y con un enamoramiento y
apasionamiento grandes por Jesús, difícilmente sentiremos
la necesidad de anunciar la VIDA, saliendo al encuentro del
hermano, descubriendo en este también el abandono del
Señor y tratando de dar respuestas concretas al hombre de
hoy, respuestas que deben brotar de nuestra intimidad con
Él, y que tenemos que dar a nivel personal y en cada uno de
nuestros grupos, según nuestras posibilidades; pero “nada
de cruzarnos de brazos…”.

1
“¡Vive!... ¡Anuncia la VIDA!”, es la invitación que se nos
hace en estos momentos históricos que nos toca vivir.

“Unión Eucarística Reparadora, ya sabes, se nos piden


obras, obras de reparación eucarística de atracción al
Sagrario, de, permitidme la palabra, eucaristización del
mundo…” (Beato Manuel González).

Septiembre 2010.

2
Objetivo
Ir adentrándonos en el temario del curso.

Idea esencial
Tomar conciencia de que toda nuestra vida es una bendición de
Dios. ¿Cuál es la respuesta del hombre? ¿Cuál mi respuesta?

Iluminación bíblica
bíblica
Génesis 1,1-2; 2,15-25; 3,1-8.

Introducción
Volvemos sobre algo tan esencial para nuestra Obra como es “El
Abandono”. Este es, sin duda, un tema muy tratado y a la vez,
quizás, desconocido. Cuando el Beato Manuel González, nuestro
Fundador, grita ante el abandono del Sagrario, no está haciendo
un descubrimiento nuevo, está denunciando una realidad que tiene
tantos años como el hombre mismo sobre la tierra.
Para percibir y profundizar hasta el fondo de este mal –causa de
todos los males- hemos de conocer, contemplar y “saborear” el
amor de Dios al hombre. El amor de Dios a ti, a mi y a nosotros.
El amor de Dios manifestado de tantos modos diferentes y
siempre con tanta fidelidad.

3
Power Point del Himno:
imno:
(Si no utiliza esta presentación puede leerse el himno)
“Y vio el Señor que las cosas eran buenas”
Y dijo el Señor Dios en el principio:
«¡Que sea la luz!».
Y fue la luz primera.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y dijo Dios:
«¡Que exista el firmamento!»
Y el cielo abrió su bóveda perfecta.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y dijo Dios:
«¡Que existan los océanos,
y emerjan los cimientos de la tierra!».
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y dijo Dios:
«¡Que brote hierba verde,
y el campo dé semillas y cosechas!».
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y dijo Dios:
«¡Que el cielo se ilumine,
y nazca el sol, la luna y las estrellas!»

4
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y dijo Dios:
«¡Que bulla el mar de peces;
de pájaros, el aire del planeta!».
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y dijo Dios:
«¡Hagamos hoy al hombre,
a semejanza nuestra, a imagen nuestra!».
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya!
Y descansó el Señor
el día séptimo.
Y el hombre continúa su tarea.
Y vio el Señor
que las cosas eran buenas:
¡Aleluya! ¡Aleluya! Amén.

Desarrollo del tema


1- Bendición de Dios
Toda nuestra vida es una bendición de Dios. Él pronunció con
amor nuestro nombre desde toda la eternidad. El nos hizo existir
desde la nada y nos mantiene a cada instante en el ser, nos hace
crecer y nos conduce hacia la plena realización. Él nos hizo a
imagen suya, nos hizo hombre y mujer para que
experimentásemos, como Él, la dicha de ser “el uno para el otro”
y de realizarnos ayudando a los demás a crecer.

5
Para nosotros creó todas las demás criaturas, como escenario de
nuestra vida y testigos de su sabiduría y bondad, y para que
admirándolos y cuidándolos, participásemos de su misma
providencia.
Dios crea todo por amor a través de su Palabra: “Dijo Dios
¡Hágase! Y se hizo” y a continuación dice el texto “y vió Dios que
era bueno”. Esta valoración tiene gran importancia. Dios aprecia
las cosas que hace, pero no solo esto: el estribillo expresa la
belleza de cada criatura y es el mismo estribillo que acompaña la
oración de Israel y que se repite con frecuencia en los salmos:
“Alabad al Señor porque es bueno”.
La bondad de las criaturas corresponde a la bondad del Creador.
Reconocer la bondad de las criaturas significa alabar a su Creador.
Pero también a la inversa, la alabanza del Creador, la oración, es
la condición para descubrir la bondad de la creación.

2- A imagen y semejanza de Dios


Para cuidar de lo creado puso Dios al hombre en el paraíso. Varón
y hembra, hombre y mujer, han sido creados a imagen de Dios ,
pero ¿quien es ese hombre creado a imagen, según nos dice el
texto bíblico? No es cualquiera, sino un hombre que está por
encima de cualquier otro, es decir es el rey de la creación. El
honor que el hombre tributa a Dios consiste, esencialmente, en
vivir su propia vocación originaria: ser “imagen y semejanza” del
Creador. El hombre, ciertamente es la criatura visible más
preciosa. A todas las criaturas Dios las llevó al ser con una sola
palabra: “sea esto, y fue”, al hombre, en cambio, lo plasmó y lo
exaltó con sus propias manos (Cf. Gn 2,7); a todas las otras cosas
les ordenó que estuvieran al servicio del hombre y atentas a su
felicidad, mientras que al hombre lo hizo rey de todo lo creado.
Al principio se confió a ambos -al hombre y a la mujer- la tarea de
conservar su propia semejanza con Dios, dominar sobre la tierra y
propagar el género humano. Ser todos de Dios, entregarse a Él, a
6
su servicio, por amor, esa es la vocación del hombre, de todo
hombre, -según el plan de Dios-. El hombre ha recibido el
mandato de someter la tierra y dominar sobre todos los seres
vivos. Puede disponer de todos los árboles a su gusto, salvo de
uno, un árbol extraño del que no se habla en ninguna mitología,
que proporciona el “conocimiento del bien y del mal”. Mientras
respete el límite podrá disfrutar de todo lo creado.

3- La respuesta del hombre


El hombre se deja llevar del afán de “ser como Dios” y
desobedece el mandato de su Creador. El pecado original consiste
en querer ser “ilimitados” como Dios. El libro sagrado no quiere
enseñarnos el origen del mal en el mundo, que sigue siendo un
hecho misterioso, sino el origen y la dinámica del pecado humano
como un proceso sutil y progresivo de desobediencia a la Palabra
de Dios. El egoísmo y la autosu-ficiencia nos cierran y nos
arrastran lejos de nosotros mismos. Es palabra de engaño, que
hace leer de modo distorsionado la realidad del mundo, de
nosotros mismos y de Dios, y conduce al desolador descubri-
miento de nuestra propia vulnerabilidad y débil condición.
“...por la fe y por la experiencia sabemos que hay dentro de
nosotros un artífice tan desordenado en sí como desordenador e
influyente en todas las manifestaciones de la vida del ser
humano. Se llama amor propio, que debiendo ser por institución
de Dios el amor más legítimo del hombre después del que debe
a su Creador, por el desorden y la rebeldía que introdujo el
pecado original, es o trata de ser, desde entonces, siempre al
acecho para ser el amor primero, el único, envenenador del
actuar del hombre influyendo en él haciéndole esclavo del
engaño y del embuste”.1

1
MANUEL GONZÁLEZ, Jesús callado, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 1434.

7
4- El Abandono
El hombre ha querido prescindir de Dios, piensa sólo en sí mismo,
quiere alcanzar lo que creía era su mayor triunfo: ¡ser como Dios!
Pero en su afán desmedido de orgullo ha roto su amistad con Dios
y es entonces cuando se descubre desnudo y se oculta. Adán se
esconde, (así hace todo hombre, porque todo hombre es Adán y
nos encontramos en la situación de Adán cuando pecamos), Adán
se oculta avergonzado para no tener que dar cuentas, para huir de
la responsabilidad de su propia vida, le ha fallado a Dios y tiene
miedo de un castigo. Aquí comienza la historia de lo que nuestra
Obra llama ABANDONO. Dios abandonado por el hombre en el
Paraíso. Comienza la historia que San Pablo llama de “iniquidad”.
Dios, en un puro acto de misericordia busca al hombre,
precisamente para salirle al encuentro y decirle que a pesar de su
abandono –su pecado- Él no lo abandonará. “¿Dónde estás?”.
Pregunta el Creador a su criatura. Adán no contesta. Dios sin
respuesta.
5- Mi respuesta hoy
¿Dónde estás tú? Nos dice a cada uno de nosotros. Cada vez que
Dios plantea una pregunta así no es por curiosidad sino para
provocar en el hombre una reacción, para que le impacte y se deje
impactar por ella en el corazón.
Un hombre que quiere vivir sin Dios porque él mismo quiere ser
como Dios. Es la entraña de la cultura moderna, del materialismo
ateo. Hoy, el hombre sigue empeñado en quitar a Dios de todos
los estamentos de la vida. Cada uno tiene la experiencia de su
momento de “dejar sin respuesta a Dios”.
La vida nos presenta a menudo, por no decir siempre, la dolorosa
condición de comprobar nuestras carencias, y las trágicas
situaciones que dominan el mundo “sin Dios” ¿Qué hacer? Es

8
preciso tener la valentía de mirar con ojos nuevos, purificados con
un sincero arrepentimiento y por la oración.
En la oración es donde podemos encontrar a Dios, conocerlo,
hablarle, pero sobre todo escuchar su voz. Le iremos descu-
briendo tan grandioso, y sin embargo tan cercano, benévolo,
paciente, misericordioso. En la oración aprendemos a descubrir
las huellas de Dios, las semillas de bien, ocultas, pero reales, en la
historia personal y universal.
Cuanto más nos adentramos en la inmensidad de la bondad divina,
tanto más vamos adquiriendo conocimiento de nosotros mismos,
descubrimos nuestra pequeñez inmensamente amada, y seremos
capaces de amar. La transformación que esta bondad de Dios hace
en nosotros nos da esa mirada nueva para ver desde el Amor de
Dios todas las cosas, para amar como Él las ama.

Reflexión personal y de grupo


Leamos en Génesis 3,9: “Mas Yahvé Dios llamó al hombre, y le
dijo: ¿Dónde estás tú?”.
Una de las necesidades más grandes del hombre es saber dónde
está, saber dónde se encuentra.
¿Dónde estás tú? Cuando las cosas no han ido bien y le has fallado
a Dios…
¿Tratas de esconderte de Dios?
¿Dónde estás tú? Cuando el compromiso apremia y el “arrimar el
hombro” es una urgencia. ¿Estás tratando de huir?
¿Dónde estás tú? Cuando es la hora de estar con el Señor, de
hacerle una visita, dedicarle un tiempo de escucha y oración.
¿Estás a los pies de Jesús escuchando sus Palabras?

9
Oración
Que tu misericordia, Padre,
nos acompañe siempre y en todas partes,
en el huerto y en el desierto,
porque solo de ella tenemos necesidad.
Haz que nunca sintamos la tentación de pensar
que algo es más importante que tu misericordia:
ni nuestra necesidad de conocer,
ni nuestro deseo de triunfar,
ni nuestras ganas de sobresalir.
En el huerto cuando es posible todo sueño,
nos resulta fácil dejarnos seducir.
Llévanos al desierto, tierra sin refugio,
para comprender de qué vive el hombre.
Padre nuestro,
precisamente en el pecado
aprendemos tu compasión.
Amén.

Bibliografía
MANUEL GONZÁLEZ, Jesús callado.
El Banquete del Señor (Tema de estudio de Equipos de
Nuestra Señora)
“Lectio Divina”, Tomo 9, Ed. Verbo Divino.
JULIÁN DE ARMAS, Formación de Animadores UNER,
Folleto publicación UNER, 22007.

10
Objetivo
Descubrir las consecuencias del abandono.

Idea esencial
Adentrarnos en el abandono desde los escritos de nuestro
Fundador.

Iluminación bíblica
Os 4,12b; Sal 55; Is 1,2-3; 29,13; 49,15; Mt 26,40; Lc 17,17; Jn
1,11; 1P 2,15.

Introducción
La Unión Eucarística Reparadora, “reconoce como el mayor de
todos los males en el orden práctico y causa a su vez de los más
graves daños a la Iglesia, a la sociedad, a la familia y a las almas,
el abandono del Sagrario, y contra él viene a trabajar”.2

Cuento:
El Pandit Athavalejí cuenta:
Viajaba en tren por el norte de la India, atravesando terrenos
yermos donde, en las escuetas estaciones, apenas había otra cosa

2
MANUEL GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 80.

11
de beber que agua, y aún ésta había que comprarla a los
muchachitos que, cántaro en mano, se acercaban a las ventanillas
voceando su mercancía en cuanto el tren paraba en el andén. Junto
con el cántaro llevaban unos pocillos de barro seco, en los que
estaba sentado enfrente el Pandit se asomó a la ventanilla y llamó
a un vendedor de agua. Se acercó el muchacho, y el señor le
preguntó:
- “¿Cuánto cobras por el pocillo?”.
- “Cincuenta céntimos de rupia, contestó el muchacho”.
- “Te doy treinta”, regateó el viajero.
Y el muchacho del agua, sin hacerle caso, siguió adelante hacia
otras ventanillas. El señor se molestó y le gritó: “Te he llamado yo
primero”, y el muchacho se volvió hacia él y, con una dignidad
estatuaria, con sus pies descalzos y su cuerpo medio desnudo, le
contestó: “A usted no le vendo agua, Señor. Usted no tiene sed. Si
tuviera sed, no regatearía”. Y se alejó dejando sin agua al perplejo
viajero.

Desarrollo del tema


1- ¿Sin Dios?
Cuando el Beato Manuel, nuestro Fundador, descubre el
Abandono del Sagrario, lucha con todos sus medios por quitar
esos abandonos.
Ser miembro de la UNER, es haber optado por la redención del
hombre, una redención que ha de lograr que Dios no esté sin
hombres y que los hombres no estén sin Dios.3
Necesitamos llegar a lo hondo, a la raíz de la misma realidad del
abandono. Salir al encuentro del Abandonado hoy, significa
meternos, introducirnos en el misterio de la “iniquidad” para

3
Cf. Estatutos, 8.

12
denunciar y atacar el mal moral que hace sufrir al hombre, “que
afea su rostro”, como nos afirma el Concilio Vaticano II.
No podemos entender el abandono, sino es desde el amor que
Dios tiene al hombre. Quien es capaz de amar mucho, siente el
desamor y el abandono de la persona amada.
“Por muy fuerte que pueda ser la resistencia de la historia
humana; por muy marcada que sea la heterogeneidad de la
civilización contemporánea; por muy grande que sea la negación
de Dios en el mundo, tanto más grande debe ser la proximidad a
ese misterio que, escondido desde los siglos en Dios, ha sido
después realmente, participado al hombre en el tiempo mediante
Jesucristo”.4
Juan Pablo II, en la encíclica “Dives in misericordia”, podemos
decir, nos habla del “abandono” con la imagen de una sociedad
que quiere organizarse sin Dios y que se vuelve consecuen-
temente, contra el hombre mismo que se va hundiendo en la
desesperación y la angustia.

2- ¿Y sin los hermanos?


El Sagrario es Luz, una luz que disipa las tinieblas. Pero no
obstante, hay hombres que siguen prefiriendo la tiniebla a la luz
(Cf. Jn 1,4-5). La tiniebla endurece el corazón y lo hace
vengativo, violento…
“Del altar eucarístico, corazón pulsante de la Iglesia, nace
constantemente el flujo evangelizador de la palabra y la caridad.
Por ello, el contacto con la Eucaristía ha de llevar a un mayor
compromiso por hacer presente la palabra salvadora de Cristo en
todas las realidades humanas. El amor en la Eucaristía ha de

4
JUAN PABLO II, Dives In Misericordia, 15.

13
impulsar a poner en práctica las exigencias de justicia, de
fraternidad, de servicio, de igualdad entre los hombres”.5
“¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si
el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al
hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de
Cristo” (San Juan Crisóstomo).6

3- Porque hemos abandonado al Señor


“El Evangelio no es sólo la historia de las mayores finezas y
generosidades divinas, sino la de los mayores abandonos
humanos […] ¡Eucaristía! ¡Evangelio siempre nuevo y siempre
vivo! ¡Historia viviente de finezas y generosidades divinas, pero
sin fin! ¡Hombres! ¡hombres!, ¿será también la Eucaristía la
historia de vuestros grandes abandonos?...”.7
“¿Hay abandono de Sagrario?
Para responder, dirá D. Manuel, con rigor lógico, distingo dos
clases de abandono de Sagrario: uno que pudiera llamarse
exterior y otro interior o espiritual.
Llamo abandono exterior a la ausencia habitual y voluntaria del
Sagrario por parte de los católicos que lo conocen y pueden ir a
visitarlo […] El abandono interior es ir al Sagrario con el cuerpo
y no con el alma. Ir a él y no estar en él”.8
Más adelante dirá: El abandono de la Eucaristía es mal “de los que
saben que se sacrifica Él –Jesucristo- por ellos en cada Misa que
se celebra, y ellos no se sacrifican por Él asistiendo a una sola o
con el cuerpo nada más. De los que saben que Él es alimento del
alma que sacia todas sus hambres y prefieren morir de inanición

5
JUAN PABLO II, Sevilla, 13 de junio 1993.
6
Homilías sobre el Evangelio de Mateo 50,3-4; PC 58, 508-509.
7
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 81996, 63; Obras
Completas I. Escritos Eucarísticos, 62-63; OC I, 155. Ver en el cap. VII: Las
profundidades del mar del abandono. Historia de las generosidades de Jesús.
8
Ibíd., 41.48; OC I, 141 y 144.

14
y no comulgan o comulgan mal. De los que saben que el
Sagrario es la casa donde se quedó a vivir para estar cerca de
sus hijos y acompañarlos todos los días de su vida, y ellos lo
9
dejan solo días y días, años y años…”.
Juan Pablo II dirá también: “Hay sitios donde se constata un
abandono casi total del culto de adoración eucarística…”.10
Volvamos a leer una vez más y dejémosno cuestionar por
algunos de los escritos de nuestro Fundador:
“Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan
de misión y alientos para llevarlo a cabo. Pero sobre todo
encontré... Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y su-
ciedades, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a
un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que
me miraba... Sí, parecíame que después de recorrer con su vista
aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y supli-
cante, que me decía mucho y me pedía más […] Una mirada en
la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia
infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido...
Una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio: lo
triste del «no había para ellos posada en Belén». Lo triste de
aquellas palabras del Maestro: «Y vosotros ¿también queréis de-
jarme?» ¿Verdad que la mirada de Jesucristo en esos Sagrarios
es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca?”.11
“De mí sé deciros que aquella tarde en aquel rato de Sagrario,
entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no
había ni soñado […] Ser cura de un pueblo que no quisiera a
Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi
sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que su vida
de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo
con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo
contra el abandono y la ingratitud. Proporcionar desahogos a su

9
Ibíd., 55; OC I, 150.
10
JUAN PABLO II, Ecclesia de Eucharistia, 2003, 10.
11
M. GONZÁLEZ, Aunque todos…, 15.

15
Corazón con mis santos Sacrificios. Servirle de pies para llevarlo
a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aún
a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por
Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo... hasta
que lo oigan y lo sigan... ¡Que hermoso sacerdocio!”.12
“!Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi
alma! ¡Ay! ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y
todo el bien que por él dejaba de recibirse!”.13
“¡Oh, Dios mío! ¡Los Sagrarios abandonados! ¡Sagrarios de
llaves enmohecidas de no servir; de vecinos que no conocen ni
las palabras Eucaristía, Comunión, Santísimo Sacramento! Los
Sagrarios sin niños que cariñosamente alboroten. Sin doncellas
que perfumen con su pureza y su recato. Sin viejecitas que se
consuelen. Sin lágrimas de arrepentidos. Sin suspiros de
amadores. Sin rodillas de agradecidos. Sin... ¡Dios mío, Dios mío,
sin nada que te halague, que te confiese, que te haga sentir! ¡Sin
nada!”.14
“Si fuéramos consecuentes con nuestra fe en la presencia real de
Jesucristo en nuestros Sagrarios, ¡cómo deberíamos pensar,
querer, sentir y proceder de manera distinta a la forma en que
pensamos, queremos, sentimos y procedemos!”.15
“Ya lo sabéis, se nos piden obras, obras de reparación eucarís-
tica, de atracción al Sagrario, de, y permitidme la palabra,
eucaristización del mundo [...] Eucaristizar: La acción de volver a
un pueblo loco de amor por el Corazón Eucarístico de Jesús”.16
“Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al
Sagrario, y yo sé que andando por ese camino encontraré
hambrientos de muchas clases y los saciaré de pan; descubriré

12
Ibíd., 17-18.
13
Ibíd., 20.
14
Ibíd., 37.
15
M. GONZÁLEZ, Artes para ser Apóstol, 62010, 82.
16
M. GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en OC, 115.

16
niños pobres y pobres niños, y me sobrará el dinero y los
auxilios para levantarles escuelas y refugios para remediarles
sus pobrezas; tropezaré con tristes sin consuelo, con ciegos, con
sordos, con tullidos y hasta con muertos del alma o del cuerpo, y
haré descender sobre ellos la alegría de la vida y de la salud.
Yo no quiero, yo no ansío otra ocupación para mi vida de obispo
que la de abrirle muchas trochas a ese camino del Sagrario.
Trochas entre ese camino y los talleres, y las fábricas de los
obreros, y las escuelas de los niños, y las oficinas de los hombres
de negocios, y los museos y centros de los doctores, y los
palacios de los ricos, los tugurios de los pobres…”.17
“Pido ser enterrado junto a un Sagrario para que mis huesos,
después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén
siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No
dejadlo abandonado!”.18

Reflexión personal y grupal


1. ¿Qué te sugiere y te dice hoy la relectura de estos textos del
abandono?
2. Consecuencias de ese abandono eucarístico en nuestro mundo.
3. Ante este abandono ¿qué respuesta estás dispuesto a dar tú?
4. Enumerar los distintos abandonos y las respuestas que desde tu
grupo se pueden empezar a dar.
5. ¿Has experimentado en tu vida que no se puede entender el
abandono sino es desde el amor?

Oración
¿Qué quiero, mi Jesús Eucaristía?
Quiero amarte,
quiero cuanto hay en mí del todo darte,

17
CAMPOS GILES, El Obispo del Sagrario Abandonado, 41950, 231.
18
Ibíd., 577.

17
sin tener más placer que el de agradarte,
sin tener más temor que el de perderte.
Quiero olvidarlo todo y conocerte,
quiero dejarlo todo y buscarte,
quiero perderlo todo y hallarte;
quiero ignorarlo todo por saberte.
Quiero amarte, Jesús, quiero abismarme
en ese dulce abismo, en tu amor.
Quiero, en Aquel que quiero, transformarme,
morir a mí, para vivir tu vida,
perderme en ti, Jesús, y no encontrarme.
Quiero, Santa María,
Madre de Dios y Madre nuestra,
que me enseñes a creer, esperar y amar
contigo y como Tú.
Amén.

Bibliografía
JUAN PABLO II, Carta Encíclica Dives In Misericordia, 1980.
“ Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, 2003.
MANUEL GONZÁLEZ, Obras Completas I. Escritos Eucarísticos (ver los
libros en notas a pie de página).
J. CAMPOS GILES, El Obispo del Sagrario Abandonado, EGDA,
Palencia, 41950.
JULIÁN DE ARMAS, Formación de Animadores UNER, folleto
publicación UNER, 22007.

18
Objetivo
Poner las bases de la Reparación a la luz de las Escrituras y el
Magisterio de la Iglesia.

Idea esencial
Desde esta historia de Amor de Dios y la falta de respuesta de los
hombres, dar una respuesta de amor al Amor a Jesús en la
Eucaristía, en todas sus manifestaciones, y buscar que los demás
conozcan este Amor, anunciándolo y ayudando a creer en Él,
presente en medio de nosotros.

Iluminación bíblica
Jn 15,5.9-17.

Introducción
Cada palabra carismática tiene su historia y detrás de cada palabra
y de su historia hay una vida. O muchas vidas e historias
personales, las vidas de cuantos hicimos de ésta palabra
carismática la fuente de donde beber, el punto de referencia para
nuestro estilo de vida y de misión apostólica y, en último término,
el lugar donde hundimos nuestras raíces y al que debemos nuestra
fecundidad.
La reparación es un concepto central en nuestro carisma, un
concepto con una larga historia en la Iglesia que ha sido un
referente clave para muchas generaciones de creyentes, como
nosotros. La reparación es el fundamento de nuestra espiritual-

19
lidad, vivencia y sentido; desde el que queremos vivir y dar vida a
otros, conscientes del gran don que el Espíritu regala a su Iglesia
en forma de nuestro carisma.
La noción cristiana de reparación se ha convertido en un término
con mala fama, un término que normalmente hay que defender
cuando hablamos sobre él, lo sabemos por experiencia propia. Por
eso vamos a acudir a la Escritura, al Magisterio de la Iglesia y al
Beato Manuel González, para ver algunos elementos valiosos que
nos ayuden en la comprensión de nuestro Carisma.
Cuento: La collar de turquesa
Detrás del mostrador el hombre miraba distraídamente hacia la
calle mientras una pequeña niña se aproximaba al local.
Ella aplastó su naricita contra el vidrio del espectacular aparador y
de pronto sus ojos color miel brillaron cuando vio determinado
objeto.
Ella entró decididamente en el local y pidió ver un hermoso collar
azul que le había llamado la atención y le dijo al vendedor:
- “Es para mi hermana. ¿Podría hacerme un lindo paquete?”
El dueño del local, quien estaba a un lado, miró a la chica con
cierta desconfianza y con toda tranquilidad le preguntó:
- “¿Cuánto dinero tienes, pequeña?”
Sin alterarse ni un instante, la niña sacó de su bolsillo un atadito
lleno de nudos, los cuales delicadamente fue deshaciendo uno por
uno.
Cuando terminó, colocó orgullosamente el pañuelo sobre el
mostrador y con inusitado aplomo, dijo:
- “¿Esto alcanza, no?”
En el pañuelo solamente había unas cuantas monedas.
Mirando al dueño con una tierna mirada que expresaba una
mezcla de ilusión y tristeza le dijo:
- “Sabe, desde que nuestra madre murió, mi hermana me ha
cuidado con mucho cariño y la pobre nunca tiene tiempo para

20
ella. Hoy es su cumpleaños y estoy segura que ella estará feliz con
este collar, porque es justo del color de sus ojos.”
El empleado miraba al dueño sin saber qué hacer o decir, pero éste
sólo le sonrió a la niña, y se fue a la trastienda, y personalmente lo
envolvió en un espectacular papel plateado e hizo un hermoso
moño con una cinta azul.
Ante el estupor del empleado, el dueño colocó el hermoso paquete
en una de las exclusivas bolsas de la joyería y se lo entregó a la
pequeña diciéndole:
- “Toma, llévalo con cuidado.”
Ella se fue feliz saltando calle abajo.
Todavía no había terminado el día cuando una encantadora joven
de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio.
Colocó sobre el mostrador el paquete desenvuelto y preguntó:
- “¿Este collar fue comprado aquí?”
El empleado cortésmente le pidió que esperara un momento y fue
a llamar al dueño, quien de inmediato regresó, y con la más
respetuosa sonrisa le dijo:
- “Sí, señora, este collar es una de las piezas especiales de
nuestra colección exclusiva y en efecto, fue comprado aquí esta
mañana.”
- “¿Cuánto costó?”
- “Lamento no poder brindarle esa información, señora. Es
nuestra política que el precio de cualquier artículo siempre es un
asunto confidencial entre la empresa y el cliente.”
- “…Pero mi hermana sólo tenía algunas monedas que ha juntado
haciendo muñecas de trapo con ropa vieja, pues mi sueldo es
demasiado modesto y apenas nos alcanza para sobrevivir. Este
collar ciertamente no es de fantasía, y ella simplemente no tendría
dinero suficiente para pagarlo…”
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio casi ceremo-
niosamente, y con mucho cariño colocó de nuevo la cinta diciendo
mientras se lo devolvía a la joven:

21
- “Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede
pagar: Ella dio todo lo que tenía.”
El silencio llenó el local y las lágrimas rodaron por el rostro de la
joven, mientras sus manos tomaban el paquete y salía de allí
lentamente, abrazándolo fuerte contra su pecho.
«Si un día tienes que elegir entre el mundo y el amor, recuerda: Si
eliges el mundo quedarás sin amor, pero si eliges el amor, con él
conquistarás al mundo»
Albert Einstein.

Desarrollo del tema


1- Dios, origen de la reparación
La salvación –según el testimonio del Nuevo Testamento- es el
proceso iniciado por Dios viniendo al hombre en la historia para
conducirlo y llevarlo a su plenitud de vida en la comunión con Él.
Dios, hombre, historia, plenitud, se convierten en las realidades
que entran en juego a la hora de comprender la salvación. Y aquí
es dónde se inserta también la salvación como reparación.
Si miramos el diccionario, reparar es en su primera acepción:
“componer, arreglar, restaurar una cosa que ha sufrido
menoscabo”. Al hablar de reparación, hablamos de una situación
previa positiva a la que hay que volver mediante un cambio de la
situación actual. Podríamos hablar de un volver a un estado
original. Para la teología de la salvación es aún más: se trata de
volver al deseo original de Dios, pensado y previsto de antemano
por él, que quiere llevarlo a cabo por medio de su Hijo y de su
Espíritu Santo, y que se realizará plenamente en el futuro. “En
Jesucristo Dios no sólo habla al hombre, sino que lo busca. La
Encarnación del Hijo de Dios testimonia que Dios busca al
hombre. De esta búsqueda Jesús habla como del hallazgo de la
oveja perdida (Cf. Lc 15,1-7). Es una búsqueda que nace de lo
íntimo de Dios y tiene su punto culminante en la Encarnación del
Verbo. Si Dios va en busca del hombre, creado a su imagen y

22
semejanza, lo hace porque lo ama eternamente en el Verbo y en
Cristo lo quiere elevar a la dignidad de hijo adoptivo […] Dios
busca al hombre movido por su corazón de Padre”.19 Así la
salvación podemos entenderla como un proceso histórico que nace
de Dios y a Dios vuelve y en el que Cristo es el centro que abarca
y abraza la creación entera, desde la creación hasta su
consumación, pasando por la Encarnación y la Pascua (Cf. Ef 1,3-
14; Jn 1,1-14; Col 1,15-20; Fil 2,6-11).
El origen de todo movimiento reparador está en Dios. Dios es el
que nos reconcilia con Él; Yahvé es el verdadero reparador, sólo
Dios puede reparar en nosotros el quebrantamiento de la Alianza y
restablecer la relación de comunión con Él.
Efesios 2,4-5: “Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor
con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos,
nos vivificó juntamente con Cristo, por gracia habéis sido
salvados”.
“Jesús tiene voluntad decidida de dejarse encontrar por todo el
que lo pierda y cuantas veces lo pierda […] en el doble camino
del hombre en busca de Jesús perdido y de Jesús haciéndose
encontrar del hombre que lo perdió, es siempre Jesús quien
lleva la delantera: Primero nos amó Él…”.20 “¡Necesito tanto tu
mirada para empezar y acabar de convertirme!”.21

2- Repuesta de amor
A nosotros se nos invita a poner en acto nuestra libertad y
nuestros deseos, colaborando para acoger y facilitar la acción
divina; ése dejarse encontrar de Jesús interiormente, del que habla
N. Fundador “se traduce –dice él– en inspiraciones, mociones,
19
Carta Apostólica “Tertio Millennio Adveniente”, 7.
20
MANUEL GONZÁLEZ, Rosario Sacerdotal en Obras Completas II. Escritos de
espiritualidad sacerdotal, 2470 y 2473.
21
M. GONZÁLEZ, Que hace y que dice el Corazón de Jesús en el Sagrario, en
Obras Completas I. Escritos Eucarísticos, 405.

23
remordimientos y en un sin número de gracias actuales con que
el Espíritu Santo responde –en nosotros- a su gemido”.22
Es así, acogiendo su gracia e incorporándonos a la entrega de
Cristo como es posible nuestra respuesta, que entendemos como
retorno de amor = redamatio (San Clemente de Alejandría).
Este retorno de amor tiene un doble movimientos: la iniciativa que
parte de Dios y nuestra respuesta de amor; así lo indica S.
Agustín: “En esto se ha manifestado la caridad de Dios por
nosotros. Tenemos en estas palabras la exhortación a amar a
Dios. Pues ¿podríamos amarlo si no hubiera sido Él el primero
en amarnos? Si hemos sido negligentes en amarlo no lo seamos
ahora en retornar al amor”.23 La redamatio es una posibilidad
que Cristo nos otorga, es Él mismo quien nos capacita y hace
posible en nosotros la respuesta, es un amarlo de vuelta.
Nuestro Fundador ve la reparación como repuesta de amor, como
restauración de la relación con Dios: “¿Verdad que, si amor con
amor se paga, el amor mayor de Cristo debe pagarse con el
amor mayor del cristiano? Es decir, con amor hasta el sacrificio y
por toda la vida. Si el amor que me tiene mi Jesús es amor de
24
Hostia, yo debo ser para Jesús hostia de amor”.
“Buscad por el mundo a ver si encontráis un corazón más
generoso, más desinteresado, más exquisitamente fino que el
Corazón aquel de nuestro Sagrario… ¿No os parece que esa
ocupación tan poco conocida y agradecida del Corazón de Jesús
pide en retorno de vosotros ansias de verlo y de sor-prenderlo e
ingeniosidades de amor para agradecerlo?”. 25
Recordemos su experiencia carismática en Palomares: “Una
mirada en la que se reflejaba unas ganas infinitas de querer y

22
M. GONZÁLEZ, Rosario Sacerdotal en OC II, 2472.
23
AGUSTÍN DE HIPONA, In 1 Johannis 7,7.
24
M. GONZÁLEZ, Que hace y que dice… en OC I, 477.
25
Ibíd., 483.

24
una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera
ser querido”.26 ¿Mejor definición de abandono?
“Yo no sé que nuestra religión tenga un estímulo más poderoso
de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte
de acción que un rato de oración ante un Sagrario
abandonado”.27
“Siempre a Jesús y a mí nos quedará el consuelo de tener una
por lo menos abierta: Él, la de mi corazón y yo la del suyo”.28

3- Cuestión de amor
Al hablar de reparación lo que está en juego es una cuestión de
amor, un exceso de amor (distinto de justicia, distinto de
expiación), un “plus de amor” como lo define Benedicto XVI.29
Y el Beato Manuel González sintoniza expresamente con esto:
“Por eso yo pido a las almas eucarísticas no sólo compañía de
presencia corporal […], sino algo que valga más, que llegue más
adentro, que acompañe más íntimamente… Ese más que os
vengo pidiendo hace tiempo, en una forma u otra, es la
compañía de la imitación y de la compasión. ¿Cómo? Haciendo
de vuestra alma lo que Jesús se hace cada día en el pan del
sacrificio: una hostia. ¡Almas-hostias!”.30
En la reparación, dirá Juan Pablo II, lo esencial es la relación con
26
M. GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 15.
27
Ibíd., 17.
28
Ibíd., 19.
29
Comprender el sentido de la reparación -dentro del movimiento del “amor
infinito que entra en este mundo en Cristo- como ese plus de amor que se
expresa en la entrega de la propia vida. En este movimiento de entrega, en este
ejercicio de sobreabundancia de amor, somos invitados a insertarnos”
(BENEDICTO XVI, 17 de marzo 2007, Encuentro en la Basílica de Santa
Anastasia.
30
M. GONZÁLEZ, Mi Comunión de María, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 1415.

25
Cristo: “Se trata aún hoy de guiar a los fieles para que
contemplen con sentido de adoración el misterio de Cristo,
Hombre-Dios, a fin de que lleguen a ser hombres y mujeres de
vida interior, personas que sientan y vivan la llamada a la vida
nueva, a la santidad y a la reparación”.31 Y algo parecido nos
dijo al día siguiente de la beatificación de D. Manuel, en la que
nos animaba "a permanecer siempre fieles a nuestro carisma,
acompañando a los hombres y mujeres de hoy a escuchar la voz
de Jesucristo, camino, verdad y vida, presente en el Sagrario".32

4- Vivir y testimoniar el amor experimentado


Al hablar de “reparación” el acento no puede quedarse en la
compensación que podamos más o menos ofrecerle. Lo central de
la cuestión radica en nuestra participación en la persona y misión
de Cristo, y desde ésta es desde donde propiamente podríamos
hablar de “nuestra reparación con Cristo”. “La verdadera
reparación consiste en solidarizarse con la obra de la
Redención”, nos dice Juan Pablo II.33
Y nuestro Fundador nos invita a “presentarle mi alma entera […]
y mi cuerpo entero […], para que se llenen y empapen de
sentimientos, ideas y afectos de Jesús Redentor encarnado y
sacramentado”.34
De esta comunión con Cristo brota la participación en su obra
redentora (buscar – llevar compañía – misión). D. Manuel va más
allá de la sola devoción: “despreocúpate tú de la sugestión del
número preocúpate más de la calidad. Más que llenarme de
gente mis iglesias, preocúpate en llenármela de buen olor de
comuniones fervorosas, de adoraciones rendidas, de suspiros de

31
Mensaje con motivo del centenario de la Consagración del género humano
al Sagrado Corazón realizada por León XIII, Varsovia, 11 de junio de 1999.
32
Mensaje en la audiencia a los peregrinos, 30 de abril de 2001.
33
Varsovia, 11 de junio de 1999.
34
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 81996, 151s.

26
35
amor, de…, de vida intensamente eucarística”. ACOMPAÑAR
nos lleva a un compromiso por un mundo más justo y evangélico,
más lleno del Amor de Dios y ésta es la raíz de su obra social:
“quiero que sean hasta mi último aliento mi doctrina y mis
orientaciones. Esto es, que sigo creyendo que mientras no
llevemos nuestro amor al Corazón de Jesús y a los prójimos por
Él, hasta la chifladura, o llámese con nombre más serio o técnico
lo que eso representa, esa pobre cuestión social no la resuelve
36
nadie. ¡Nadie!”. Y recordemos su gran y extensa obra social.
Y nos urge en esta colaboración con la Redención haciendo “lo
posible y lo imposible por devolver al Amor (a Jesucristo) a sus
Sagrarios predilectos, las almas, en donde pueda morar
contento de ser conocido, amado e imitado”.37
En una carta dirigida al P. Kolvenbach (1986), Juan Pablo II, nos
da lo que podemos señalar como su definición de verdadera
reparación: “Junto al Corazón de Cristo (podríamos decir: en
compañía de Cristo Eucaristía), el corazón del hombre aprende a
conocer el sentido verdadero y único de su vida y su destino, a
comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a
evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor
filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así, y ésta es la
verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador, sobre
las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá
construir la civilización del corazón de Cristo”. La reparación
adquiere un sentido profundo, ligada:
- Al conocimiento íntimo de Cristo y del sentido de la propia
vida;
- A la purificación del corazón;

35
M. GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en OC I, 54.
36
M. GONZÁLEZ, Lo que puede un cura hoy en Obras Completas II. Escritos de
espiritualidad sacerdotal, 1880.
37
M. GONZÁLEZ, Florecillas de Sagrario, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 721.

27
- Al amor a Dios y al prójimo;
- A la reconstrucción del pueblo de la Alianza.
Dice Benedicto XVI: la Eucaristía "tiene un carácter social,
porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor
como todos los demás que comulgan: «El pan es uno, y así
nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo,
porque comemos todos del mismo pan», dice San Pablo (1Co
10,17). La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos
los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo
para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los
que son suyos o lo serán. La comunión me hace salir de mí mismo
para ir hacia Él, y por tanto, también hacia la unidad con todos
los cristianos. Nos hacemos «un cuerpo», aunados en una única
existencia. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente
unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende,
pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la
Eucaristía: en ella el agapé de Dios nos llega corporalmente para
seguir actuando en nosotros y por nosotros. Sólo a partir de este
fundamento cristológico-sacramental se puede entender correc-
tamente la enseñanza de Jesús sobre el amor. [...] En el «culto»
mismo, en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser
amados y el amar a los otros. Una Eucaristía que no comporte un
ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma".38
La reparación no queda solo en las dimensiones litúrgicas o en las
prácticas devocionales, sino que conduce realmente a la
transformación de la propia vida y del mundo. Reparación es una
llamada a optar por vivir en mi vida el mismo amor de Cristo, es
decir, un amor hasta el extremo; o lo que es lo mismo, hacer de mi
vida una vida de hostia que contribuya a construir la civilización
del amor.

38
Carta Encíclica Deus Cáritas, 14.

28
Reflexión personal y en grupo
Este trabajo quiere ayudarnos a revitalizar el carisma recibido
como don. Por eso es importante que entres en contacto con los
textos y lo que estos suscitan y despiertan en tu interior. Acércate
a ellos abierto a la “escucha” y deja que ilumine tu vida.
1- Elige un apartado, un aspecto del tema que te llame
especialmente la atención.
2- Dedica un tiempo a la reflexión personal e incluso de oración:
a. Lee despacio, intenta comprender bien lo que dice.
b. Confróntalo con la vivencia, espiritualidad y mensaje de
nuestro Fundador: qué dice respecto a eso, qué actitudes
manifiesta en su vida y en su pastoral.
3- Después llévalo a tu vida: ¿qué te descubre? ¿qué te ilumina?
¿a qué te compromete? ¿qué interrogantes te plantea?

Oración
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
eres maravilloso, único y admirable
en ti mi corazón se siente bien y en paz.
Las obras de tus manos son verdad y transparencia;
en ti, Señor, no hay doblez ni engaño: eres verdadero;
eres leal, eres fiel, eres sincero, eres auténtico,
y en ti yo puedo confiar porque sé que me amas.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno;
te damos gracias, porque es eterno tu amor.
Proclamamos desde nuestra experiencia que nos quieres;
decimos a las gentes que has estado grande con nosotros.
¡El amor de Dios alegra nuestro corazón!
En nuestra aflicción a ti gritamos y nos diste respiro.
Tú estás por nosotros:¿quién podrá hacernos daño?

29
no tenemos miedo porque tu amor es nuestra defensa;
Tú estás siempre con nosotros.
Nosotros queremos vivir, queremos sellar contigo la alianza;
queremos vivir el Amor derramado en nuestros corazones,
en la fuerza y el poder de tu Espíritu de Vida.
Tu gracia y tu verdad es más fuerte que nuestra flaqueza.
¡El amor de Dios alegra nuestro corazón!
Danos a entender, Señor, que tú lo das todo y lo pides todo.
Danos a entender que todo es gracia y todo exige esfuerzo.
Danos a entender que tu amor es siempre grande, sin medida.
Danos a entender, Señor, que somos siervos inútiles a tu lado.
Danos a un corazón capaz de compartir con los hermanos.
Danos a un corazón capaz de ser, en el amor, los primeros.
Llena nuestra aljaba de tu amor.
Abre nuestra vida al don y que dejemos en nuestro camino huella.
Ayúdanos a descubrir que hay más gozo en dar que en recibir.
Danos un corazón libre, capaz de caminar “ligeros de equipaje”.
Corazón de mi Jesús, que en punto a amor ni Tú ni yo digamos
basta. Amén.

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I y II, (ver los libros en
notas a pie de página).
MANUEL GONZÁLES, El abandono de lo Sagrarios Acompa-
ñados.
HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, “Reparación”, Ponencia a las
Misioneras Eucarísticas de Nazaret,
Palencia, septiembre de 2009.

30
Objetivo
Profundizar, desde nuestro carisma eucarístico, en el dar y buscar
compañía reparadora.

Idea esencial
La reparación pasa por conocer cada vez más a Jesús Eucaristía y
darlo a conocer por todo los medios que el ingenio y el amor nos
dicte.

Iluminación bíblica
Jn 1,35-46; Lc 17,17.

Introducción
Escuchemos el testimonio de un sacerdote y escritor espiritual
Henri Nouwen:
“Todos los días celebro la Eucaristía. Unas veces en mi
parroquia, ante cientos de personas; otras en la capilla del
amanecer, con los miembros de mi comunidad; ocasionalmente,
en una habitación de hotel con unos cuantos amigos; y otras
veces en el salón de la casa de mi padre, solos él y yo. Muy pocos
días pasan sin que yo diga: “Señor ten piedad”; sin mis lecturas
diarias y las correspondientes reflexiones; sin pronunciar la
profesión de fe; sin compartir el cuerpo y la sangre de Cristo; sin
una oración para que el día sea fructífero y propicio...
Sin embargo, no dejo de preguntarme: ¿Sé lo que estoy haciendo?
¿Saben en qué están participando los que se encuentran conmigo

31
alrededor de la mesa? ¿Saben lo que es la Eucaristía, la
desean?...”.
Lo hemos comentado muchas veces. Es una pena que para no
pocos cristianos la Eucaristía se haya convertido en un rito de
costumbre, un precepto sin sentido, un culto que nada tiene que
ver con la vida, una celebración que no me compromete a nada.
¿Y yo?, ¿la vivo haciendo de ella el centro de mi vida cristiana?
¿Se lo que estoy haciendo cuando estoy alrededor de la mesa
eucarística? ¿Sucede realmente algo que influya en mi vida diaria
aunque me resulte tan familiar? ¿Cómo puede ser eucarística toda
mi vida y cómo puede la celebración y adoración de la Eucaristía
ayudarme a conseguirlo?

Desarrollo del tema


l- Conocer y darlo a conocer
Con estos interrogantes en nuestro corazón, comenzamos nuestra
reunión, teniendo presente:
La UNER queremos proponernos y proponer como meta lo que
nuestro fundador, Beato Manuel González, define como la única
aspiración de su vida: “¡Conocer y dar a conocer a Jesús!
¡Conocerlo y darlo a conocer todo lo más que se pueda! ”,39 “por
todos los medios que el celo dicte”.40
La Eucaristía es el mismo Cristo total, presente y actuante
sacramentalmente en su Iglesia. Santo Tomás decía que en la
Eucaristía «Cristo está presente no sólo a través de su gracia, sino
personalmente».

39
MANUEL GONZÁLEZ, Así ama Él, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 234.
40
M. GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 61 y 111.

32
Dios, que plantó su tienda entre nosotros por la Encarnación de su
Hijo, quiere que esa tienda permanezca por la Eucaristía, como
lugar donde cada uno podemos experimentar el amor sin vuelta
atrás de nuestro Dios, su oferta de salvación sin condiciones, su
insistente invitación y gratuidad.
La presencia eucarística prolonga la Encarnación en la historia
humana, el misterio del Dios con nosotros. En el culto eucarístico
el hombre puede leer continuamente los «signos del amor de Dios
en Cristo y signos concretos, reales». Es cercanía de Dios que
viene a nosotros y nos hace partícipes de su Vida.
Por eso, poner como única clave de nuestra vida la total vivencia
del misterio eucarístico, de la que brota cada uno de los elementos
de la vida cristiana: la comunión entre todos los fieles, el
compromiso de anuncio y testimonio del Evangelio, el ardor de la
caridad hacia todos.41
Cimentar nuestra vida en Cristo conocido, amado y experimen-
tado en su Palabra viva y en la Presencia eucarística, en el
magisterio (que son los tres pilares sobre los que se cimienta una
espiritualidad firme y profundamente renovadora).
• Conocido = “porque conociéndolo bien –dice D. Manuel- se
le ama necesariamente […] Y la causa de que muchos no le
amen es que no lo conocen o lo conocen muy a medias”.42
Por eso lo primero que él pide a la UNER es que sean
conocedores de Jesús.43
 Experimentar = hacer experiencia (podemos conocer muchas
cosas, hacemos experiencia sólo de unas pocas). Ir
aprendiendo en mi propia vida qué significa y qué me aporta

41
Cf. HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en el XXIII Encuentro de Delegados
Diocesanos de Pastoral Vocacional, Madrid, 18 de septiembre de 1999.
42
M. GONZÁLEZ, Así ama Él…, 234.
43
Cf. M. GONZÁLEZ, Florecillas de Sagrario, en Obras Completas I. Escritos
Eucarísticos, 612.

33
la Eucaristía, por qué y cómo es centro de mi vida, cómo la
afecta...
Esto es lo que queremos profundizar nosotros y ofertar a la
Iglesia, desde nuestra pobreza, como camino a la evangelización
de nuestra sociedad ¡CONOCERLO Y DARLO A CONOCER!
Y es que el cristianismo es mucho más que una doctrina que debe
ser creída, un seguimiento de leyes morales o una liturgia a
celebrar… El cristianismo es un acontecimiento, es antes que todo
una Presencia, una experiencia de fe que ha de ser vivida, ofrecida
y comunicada a otros; es «Buena Noticia». Entre las
incertidumbres y distracciones de la vida cotidiana, imitar a los
discípulos de Emaús y decirle a Jesús: “Quédate con nosotros”
(Lc 24,29). Que nunca falte el Pan Eucarístico en la mesa de
nuestra existencia. ¡De este pan podemos sacar fuerzas para dar
testimonio de nuestra fe!
2- Vida eucaristizada
La Eucaristía es realmente centro de la Iglesia, de la comunidad y
de nuestra vida cristiana44. Y la espiritualidad de la UNER se
sintetiza precisamente en “vivir la Eucaristía”.45 No se vive la
Eucaristía sólo en el momento de la Misa, o cuando hacemos un
rato de oración, o cuando hablamos de Él o en su nombre, sino
que vivimos la Eucaristía a lo largo de toda nuestra vida. Pero es
preciso que ella pase de ser una idea de la que estamos
plenamente convencidos, a ser una realidad en nuestra vida diaria,
que la celebración y la adoración nos lleven a una vida
eucaristizada.
Así toda nuestra vida será eucaristía: oración, apostolado y
servicio a los más necesitados, pero también nuestra vida con-
yugal y familiar, el trabajo y el descanso, las distintas pruebas que

44
JUAN PABLO II, Ecclesia de Eucharistia, 3.
45
Estatutos, 8.

34
tenemos en la vida… nuestro pensar, obrar, actuar, acoger,
perdonar, nuestro entregarnos “al estilo y por la gracia de Jesús
comulgado y asimilado”. A ser, como dice nuestro Beato Manuel,
46
“Evangelios vivos”, “Sagrarios ambulantes”.
3- A más abandono más compañía
Todo esto es lo que el Beato Manuel resume en una sola palabra:
compañía.
Pero, claro, él mismo advierte de un peligro y da un remedio:
1) “Que por la limitación y flaqueza de nuestra condición, por la
dificultad que le cuesta vivir en la fe, y lo penoso de ir contra
la corriente de la naturaleza sensible, y a pesar de las
frecuentes Comuniones y visitas al Sagrario, tendemos a
cansarnos, distraernos, aflojarnos y entibiar-nos y hasta
incomunicarnos en nuestro trato con quien no podemos
conocer, amar ni gozar en la presente vida, sino por medio
de la fe viva y de la propia negación.
2) Que para contrarrestar esa tendencia y evitar el peligro de
aquellos cansancios e incomunicaciones, no hay otro medio
ni camino que el de fomentar esa fe viva y esa propia
negación.
Sólo los que así se acerquen darán al Corazón de Jesús toda la
compañía que Él desea y tiene derecho a esperar, y recibirán de
Él todos los frutos que de comerlo y unirse con Él, pueden
esperarse. Y con ellos el fruto de los frutos y fin supremo del
Sagrario, a saber: la formación de tantos Jesús como
comulgantes.
Y, al revés, que si esto no hay; si en vez de fe viva, hay languidez
de fe, o ignorancia de catecismo; si en vez de abnegación hay
vanidad, orgullo, dureza de corazón, o sea, corazones ocupados
de sí, no será raro ni inexplicable que, comiéndose el más sano
de los alimentos, no se esté más sano y fuerte. Que, aumentando

46
M. GONZÁLEZ, Así ama Él…, 260.

35
las Comuniones de Jesús, se disminuyan las comuniones con
Jesús. Que sentándose muchos más a su mesa, le ayuden muchos
menos a llevar la cruz. Y, en suma, que estando Él más
acompañado por fuera, se sienta más solo por dentro.47
“¡Frente al abandono, la compañía!
Ante el abandono, que pone frío de muerte y polvo de ruina y
tristeza de desolación en el Sagrario de Jesús, reparación no con
pies, sino con alas que vuele a través de montes y collados, de
dificultades y molestias a llevar a Jesús triste, consuelo, al
Sagrario frío, calor y a los oídos y corazones de sus vecinos,
gritos de alarma de que ¡Jesús está solo y no debe estar solo!”.48
“¡Guerra a muerte al abandono de los Sagrarios! […] Proclamar
esa guerra es unirse a los que acompañan, para que crezca el
número de éstos e infundirles, si se puede, nuevos estímulos,
modos y perfecciones de compañía. Es meterse entre los que
abandonan para hablarles de lo que ya ni nombran, para
empujarlos hacia la casa paterna que dejaron o no pisaron
jamás. Es poner en el acento de la palabra y en el gesto de la
cara y en la delicadeza de la acción y en la intimidad de la
súplica, y sobre todo, en la generosidad del sacrificio, toda la
vehemencia y expresión y atractivo del celo más ingenioso, del
amor más lastimado, y me atrevería a decir, de la pasión más
santamente avasalladora, que todo eso debe inspirar la
compasión por ese mal, el más injusto, triste y funesto de todos
los males”.49
"Cierto, muy cierto que, a pesar de todos esos abandonos más o
menos voluntarios, Jesús quiere ser recibido en Comunión y
estar en el Sagrario. Y cierto que, a pesar de nuestra flaqueza e
ingrata correspondencia, ¿qué digo a pesar?, precisamente por

47
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, EGDA, Madrid,
8
1996, 38-39; OC I, 140.
48
M. GONZÁLEZ, Florecillas…, 625.
49
M. GONZÁLEZ, El abandono…, 43-44; OC I, 143.

36
eso, debemos y nos tiene mucha cuenta comulgar más y
rozarnos más con Él”.50
La Eucaristía es un misterio de fe, misterio que ha suscitado
discusiones desde su anuncio: “Es duro este lenguaje, ¿quién
puede escucharlo?” (Jn 6,60).
La Presencia sacramental espera respuesta de acogida. Podemos
decir que no actúa si no se la encuentra, y no se la encuentra si no
es acogida.
Es una llamada que está continuamente emitiendo y hace falta un
receptor que sintonice. La Presencia de Cristo es siempre
autodonación, orienta hacia la comunión y nuestra primera actitud
ante ella deberá ser la de aceptar este don, recibirlo, agradecerlo.
Acoger a Cristo es la actitud fundamental de toda vida cristiana,
acoger en “gratuidad”, en el reconocimiento y en la alabanza.
Por eso tiene gran importancia la adoración eucarística dentro del
proceso cristiano: ante la Presencia de Jesús sacramentado, nos
descubrimos a nosotros mismo como objeto del amor de Dios,
como “hecho”, como creado por Dios, como alguien por quien
Cristo se entregó en la Cruz.

Reflexión personal y de grupo


1) ¿Cómo estamos viviendo en el grupo: el DAR y BUSCAR
compañía reparadora?
2) Comentar alguna experiencia vivida últimamente, sobre algo
que haya hecho para dar a conocer a Jesús.

50
Ibíd., 37; OC I, 138.

37
Oración
“No tengo nada en mis obras de las que pueda gloriarme,
no tengo nada de qué enorgullecerme
y, por tanto, me gloriaré en Cristo.
No me gloriaré porque soy justo,
sino porque he sido redimido.
No me gloriaré porque estoy exento de pecados,
sino porque se me han perdonado.
No me gloriaré porque he ayudado,
ni porque me han ayudado,
sino porque Cristo ha sido mi abogado ante el Padre”.
(S. Ambrosio)

“Corazón de mí Jesús, que lo que yo haga y diga en mi vida sea


un eco fiel de lo que hace y dice el Corazón de Jesús en el
Sagrario”.
(Beato Manuel González)

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I y II, (ver los libros en
notas a pie de página).
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acom-
pañados, EGDA, Madrid, 81996.
HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en el XXIII Encuentro de De-
legados Diocesanos de Pastoral Vocacio-
nal, Madrid, 18 de septiembre de 1999.

38
Objetivo
Adentrarnos en la profundización de las compañías.

Idea esencial
La vivencia de las compañías constituyen un proceso para el
encuentro y la comunión con el Dios vivo presente en la
Eucaristía; proceso que nos conduce a la transformación profunda
de nuestra vida en una vida eucaristizada.

Iluminación bíblica
Jn 15,1-18; Rm 12,1; Gal 2,20; Flp 3,13-14.

Introducción
Cuento: Un árbol…
En algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que
podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín con manzanos,
naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y
satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol
profundamente triste.

41
El pobre tenía un problema: no sabía quién era. “Lo que te falta es
concentración -le decía el manzano- Si realmente lo intentas,
podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡ve que fácil es!”. “No lo
escuches” -exigía el rosal- Es más sencillo tener rosas y ¡ve que
bellas son!”. Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le
sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada
vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al
ver la desesperación del árbol, exclamó: “No te preocupes, tu
problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre
la Tierra. Yo te daré la solución... No dediques tu vida a ser como
los demás quieran que seas. Sé tú mismo, conócete, y para
lograrlo, escucha tu voz interior”. Y dicho esto, el búho
desapareció.
“¿Mi voz interior? ¿Ser yo mismo? ¿Conocerme?”. Se pregun-
taba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió. Y
cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo
escuchar su voz interior diciéndole:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni
florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble,
y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves,
sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión:
¡Cúmplela!”.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de si mismo y se dispuso a ser
todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su
espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el
jardín fue completamente feliz.

Yo me pregunto al ver a mi alrededor, ¿Cuántos serán robles que


no se permiten a si mismos crecer?... ¿Cuántos serán rosales que
por miedo al reto, sólo dan espinas?... ¿Cuántos, naranjos que no
saben florecer?

42
En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que
llenar. No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y
compartir la maravillosa esencia de nuestro ser y de nuestra
vocación…

Desarrollo del tema


El camino de la Iglesia, en estos últimos años “se ha
caracterizado indudablemente por un fuerte sentido eucarístico”.1
Recordemos sólo la abundancia de documentos y eventos de los
últimos años: el Congreso Eucarístico Internacional 2004, año de
la Eucaristía, Sínodo sobre Eucaristía 2005; la Carta Apostólica
Mane nobiscum Domine de Juan Pablo II y su Encíclica Ecclesia
de Eucharistía; la Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis
de Benedicto XVI, etc. Toda esta abundancia nos ha dejado una
segura referencia magisterial sobre la doctrina eucarística y han
surgido en las diócesis numerosas iniciativas para despertar y
acrecentar en los creyentes la fe eucarística, así como para
profundizar en la dimensión de solidaridad que brota de la
Eucaristía como sacramento de la caridad. Hemos de señalar el
profundo convencimiento -expresado por el Papa- de que
“gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo. Que
toda gran reforma está vinculada de algún modo al
redescubrimiento de la fe en la presencia eucarística en medio de
su pueblo”.2 Convencimiento que para nosotros es parte de
nuestro bagaje carismático. Precisamente ésa es la intuición de
Ntro. Fundador: “el retorno al Evangelio por el camino del
Sagrario”.3 Recuperar, renovar la vida cristiana a través de una
profunda vivencia del misterio eucarístico.
En este sentido, podríamos decir, que esta renovación que
ansiamos parte de la vivencia profunda y convencida de ese

1
BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis, 4.
2
Ídem., 6.
3
MANUEL GONZÁLEZ, En busca del escondido, 5ª ed., p. 110.

43
horizonte espiritual y apostólico que para el Beato Manuel
González es el compendio de nuestra vocación en la Iglesia: Dar y
buscar COMPAÑÍA = Retorno de amor.

l- Despertar el corazón
Reparar, ésa es nuestra vocación en la Iglesia: una llamada a dar
una respuesta de amor al amor redentor de Jesús, responder con
un amor de vuelta a Aquel que siempre nos ama primero y hasta el
extremo (Cf. 1Jn 4,19; 13,1). Y responder con un amor que cada
vez se vaya asemejando más al suyo. Esto es lo que Ntro. Padre
define como compañía. Compañía es vivir eucarísticamente, vivir
haciendo de nuestra vida una entrega al estilo de Cristo Eucaristía,
amando hasta el extremo. El don que nos fue dado4 y la exigencia
que comporta el hacerlo nuestro -poniendo en acto nuestra
libertad y nuestros deseos, acogiendo su gracia e incorporándonos
a la entrega de Cristo- es una llamada a ser personas eucarísticas,
a la plenitud de semejanza con Cristo Eucaristía. Esta vida
eucarística es reflejo de lo que voy viviendo en mi encuentro con
Él. Entonces también nosotros podremos comunicar a nuestros
hermanos con convicción “lo que hemos visto y oído” (1Jn 1,3).
Dar y buscar compañía. “Acompañar a los hombres y mujeres de
hoy a escuchar la voz de Jesucristo, camino, verdad y vida,
presente en el sagrario”.5 Una llamada explícita a participar de
su obra redentora -esa es la raíz de nuestra misión-. Cuando
entramos al fondo de esta invitación, encontramos su valor
permanente como respuesta a una realidad que, por desgracia,
sigue siendo muy actual hoy, el abandono.
¿Qué quiere decir el Beato Manuel cuando habla de abandono?
Abandono para con la Eucaristía es su forma de definir en una

4
No olvidemos que el origen de todo movimiento reparador está en Dios que restablece
en nosotros la comunión con Él. Ver tema 3, p. 23.
5
JUAN PABLO II, Audiencia a los peregrinos con motivo de la beatificación de D.
Manuel González García, 30 abril de 2001.

44
sola palabra la indiferencia y el alejamiento de los hombres de
Dios, ese alejamiento que empobrece -sin que lo sepan casi- a los
mismos que abandonan. Que empobrece nuestra propia vida
humana, que sin Dios, se queda sin horizonte y sin sentido pleno:
“Tengo la persuasión firmísima de que prácticamente el mayor
mal de todos los males y causa de todo mal, no sólo en el orden
religioso, sino en el moral, social y familiar, es el ABANDONO DEL
SAGRARIO. Si no hay otro nombre en el que pueda haber
salvación fuera del nombre de Jesús. Si la sagrada Eucaristía,
adorada, visitada, comulgada y sacrificada, es la aplicación de
esa salud y por tanto, la fuente más abundante de gloria para
Dios, de reparación por los pecados de los hombres, y de bienes
para el mundo, el abandono de la sagrada Eucaristía, al cegar la
corriente de esa fuente, priva a Dios de la mayor gloria que de
los hombres puede recibir y a éstos de los mayores y mejores
6
bienes que de Dios pueden esperar”.
El impulso misionero, por tanto, es parte constitutiva de nuestra
forma eucarística de vida cristiana, de nuestro propio ser
carismático: dar y buscar. Y nos lo dice claramente el Papa en su
Exhortación Sacramentum Caritatis en el nº 84: “no podemos
acercarnos a la Mesa eucarística sin dejarnos llevar por ese
movimiento de la misión que, partiendo del corazón mismo de
Dios, tiende a llegar a todos los hombres. No podemos guardar
para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Éste
exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el
mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en
Él”.
Tenemos necesidad de despertar el corazón con la pasión de este
dar y buscar compañía. Porque sólo así, sólo despertando el
corazón de cada uno, lograremos llevar esta misma pasión a
nuestras familias, comunidades y parroquias. Y podremos tener la
inspiración, la motivación y la energía para responder a las

6
MANUEL GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en Obras Completas I, 80.

45
esperanzas de Dios y a las necesidades del hombre de hoy con
nuevas iniciativas, nuevos senderos. ¿Cómo? nuestros corazones
sólo se despertaran si logramos sentir de verdad la pasión de Dios
por los suyos; aún más, sentirla junto con Él, a un mismo ritmo, en
el sentido paulino de “llegar a tener los mismos sentimientos de
Cristo” (Flp 2,5). Y esto no un rato, sino toda la vida. Para el
Beato Manuel “sentir con él” no es sentimentalismo, es hacer de
ella -de ésta pasión- “principio de una actividad incansable y de
un ingenio creciente para remediar el mal que la motiva -Jesús
abandonado-, ese es un hondo sentir, el más hondo”.7 A esto nos
conduce la vivencia de las compañías y como culmen y plenitud
de éstas compañías alcanzaremos lo que él define como: ser
hostia; “el grado de María perfecta es el de aquella que
acompaña habitualmente a Jesús con su alma trocada en
8
hostia”.

2- Compañía, reto y programa espiritual y apostólico


“Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado,
alimentándose de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar
la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo,
profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita
en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar
testimonio. (…) entrar en comunión con Cristo en el memorial de
la Pascua significa experimentar al mismo tiempo el deber de ser
misioneros del acontecimiento actualizado en el rito. La
despedida al finalizar la Misa es como una consigna que impulsa
al cristiano a comprometerse en la propagación del Evangelio y
en la animación cristiana de la sociedad”.9
Programa que hemos de asumir personalmente para volver a
encontrarnos con el sentido y el fin originarios de nuestra misión.

7
MANUEL GONZÁLEZ, Florecillas del Sagrario, en Obras Completas I, 627.
8
Ídem., 645.
9
JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 24.

46
D. Manuel expresa pedagógicamente este programa y su
profundidad de vida en sus cuatro compañías: compañía de
presencia, de compasión, de imitación y de confianza. Un
proceso10 que tiene una dimensión mística puesto que nos conduce
a la transformación profunda de nuestra vida en una vida
eucaristizada, es decir: en hostias. Nuestro deseo de seguir
radicalmente a Jesús hasta dar la vida como Él, se va realizando
poco a poco en un largo proceso de asimilación a sus
sentimientos; proceso que, no olvidemos, es una posibilidad que
Cristo nos otorga, es Él mismo quien nos capacita y hace posible
en nosotros este amor de vuelta.
Así, como proceso con tiempos establecidos y donde Cristo lleva
la iniciativa, lo plantea Ntro. Beato Manuel cuando habla de la
elaboración de un apóstol por parte del Corazón de Jesús, en su
vida mortal y en su vida eucarística; esa elaboración que él dice
“lenta, gradual, dura a veces, frustrada otras, difícil siempre” Y
que dice ser “¡lo que más cuesta al Corazón de Jesús! Para hacer
de un pescador de peces un pescador de hombres, ¡cuántos
pasos, cuántas instrucciones, cuántos ejemplos, cuánta
paciencia, cuánto tiempo!”.11
Como veremos al profundizar en cada una de las compañías, cada
una de ellas presupone las anteriores, pero ninguna de ellas se da
nunca por completo sino que cada una sigue siendo un ideal por
alcanzar.
Ni qué decir que el camino supone un continuo caer, levantarse,
avanzar con muchas preguntas y algunas respuestas… y comer día
a día el Pan de la Vida. Sentiremos más de una vez en nuestra
carne las punzadas del crecimiento, de pasar de lo viejo a lo
nuevo. Lo único que ha de sernos ajeno si queremos avanzar en
esta experiencia de vida es la apatía y la pasividad: “a un apóstol

10
En Florecillas del Sagrario, él habla de grados en las compañías. Ver Obras
Completas I 645.
11
MANUEL GONZÁLEZ, Así Ama Él, en Obras Completas I, 262.

47
12
le es todo permitido menos el estarse quieto”. En proceso, en
crecimiento. Y es que la misma Eucaristía tiene una dinámica
interna que conduce a la transformación de la persona que la
recibe y hace de cada uno de nosotros una persona eucarística y,
en consecuencia, un apóstol, si no ponemos obstáculos.

3- Un camino de vida en plenitud


Y tras este proceso de crecimiento espiritual que son las
compañías, no es difícil intuir las líneas fundamentales de un
proceso de crecimiento personal que nos lleva a vivir en plenitud,
puesto que “el hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a
sí mismo debe acercarse a Cristo. Debe entrar en Él con todo su
ser, debe apropiarse y asimilar toda la realidad de la
Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo. Si se
realiza en él este hondo proceso –dice Juan Pablo II- entonces él
da frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda
maravilla de sí mismo”.13
 Proceso que comienza por dejarnos encontrar por Dios que
nos ama tal como somos e ir a su encuentro, estar con él en el
Sacramento y con los hermanos: compañía de presencia.
 La compañía de compasión nos enseña a salir de nosotros
mismos, del mundo pequeño de nuestro propio “yo”, a
olvidarnos de nosotros mismos en el amor a Dios y a los
hermanos. Agranda nuestro corazón a la medida del corazón
de Cristo, de “el mayor amor”. Y el amor es la perfección de
nuestra naturaleza humana.
 Aceptar el Amor como nuestra vocación y misión especí-
fica identificándonos con su urgencia apostólica, la compañía
de imitación, configura nuestra vida en hostia, llenándola de
sentido.

12
Ídem., 259.
13
JUAN PABLO II, Redemptor Hominis, 10.

48
 Es el compromiso con una Persona en la que podemos
creer y a la que podemos consagrarnos y por la que dar la
vida. Esto hace que todos los esfuerzos resulten significativos
y valiosos. Una vida eucaristizada. Estamos ya en la compañía
de confianza. Retornar amor, dar y buscar compañía.
Ésta es la descripción no ya sólo de personas de un hondo calado
espiritual, sino -al mismo tiempo- de personas que viven en una
ilusionada situación de crecimiento hacia la plenitud de su ser
persona. Personas vivas que aman mucho y aman de veras; que
sienten la alegría de estar vivas y ser quiénes son. En continuo
proceso, siempre en crecimiento. Abiertas a toda la experiencia
humana y de fe.
Las compañías entendidas así, como proceso de crecimiento
humano y espiritual, nos da un importante marco de referencia
para comprendernos a nosotros mismos, a nuestros hermanos, el
sentido de la vida y el mundo desde el plus de amor de Dios. Una
vez más, hay que decir que el factor decisivo es nuestra
experiencia personal de Dios. Es necesario que nos dejemos
comprometer activamente y educar por el Espíritu Santo, que es
único que puede hacer de cada uno de nosotros una persona
creyente, una Marías de los Sagrarios, un Discípulo de San Juan,
una eucaristía viva, una hostia.

Reflexión personal y de grupo


1) ¿Qué crees tendríamos que hacer para renovar, a nivel
personal y de grupo, la vivencia eucarística?
2) Compañía es vivir eucarísticamente. Compartir experien-
cias concretas, tanto a nivel personal como de grupo, de
vivencia eucarística.
3) ¿Cómo estáis viviendo en el grupo las palabras que nos
dijo Juan Pablo II el día de la beatificación de D. Manuel
González? Ver texto en la página 35.

49
4) ¿Qué piensas de que las compañías son un reto, un
programa de vida espiritual y apostólica?

Oración
Hoy me he encontrado en las manos con tus regalos, Señor:
Nueva vida, nuevo tiempo, nueva lluvia, nuevo sol… Por eso,
para este tiempo que estreno con ilusión, quiero, Señor, y te pido
también un nuevo reloj.
Un reloj que mida el tiempo como lo mide tu amor; que se pare
cuando te voy a visitar en el sagrario o cuando lleguen las
personas a mi rincón, para escuchar, compartiendo alegrías y
dolor.
Un reloj que me sitúe la mente y el corazón en el momento
presente, que es tu momento, Señor, en el quehacer cotidiano, que
es lugar de encarnación.
Un reloj que mida el tiempo con tu paciencia, Señor: con el ritmo
y la medida universal del amor; despertador de rutinas, vigilante,
ayudador; que nunca mida la entrega del tiempo y del corazón.
Con la vida, con el tiempo que hoy me regalas, Señor, para darme
sin medida, espero un nuevo reloj.

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I y II, (ver los libros en
notas a pie de página).
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompa-
ñados, EGDA, Madrid, 81996.
HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en Proceso de eucaristización de
la vida. Las cuatro compañías. Conferencia en
el Encuentro de Formación de las Misioneras
Eucarísticas de Nazaret, Palencia 2010.

50
Objetivo
Profundizar en lo que significa e implica “estar” con el Señor.

Idea esencial
La presencia supone alguien que está presente y Alguien por
quien se está presente, supone una comunicación recíproca. Es
mucho más que estar simplemente en un lugar, es estar estando.
La compañía de presencia por tanto exige la presencia corporal y
espiritual.

Iluminación bíblica
Mt 28,20; 26,40; Mc 3,13-14; Jn 6,56.

Introducción
Estar estando
La compañía de presencia significa estar, pero significa mucho
más que encontrarse en un lugar, porque se puede “ir al Sagrario
con el cuerpo y no con el alma. Ir a él y no estar en él”.1 ¿Cómo
me hago yo presente a alguien? ¿Qué quiero decir cuando digo “te
tengo presente”? La presencia auténtica es personal, me implica,
me complica, dice relación de personas que nos encontramos

1
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 48.

51
desde lo que somos, que nos acogemos el uno al otro, y que nos
damos mutuamente. ¿Verdad que se puede estar presente y
totalmente ausente? También Jesús Eucaristía espera nuestra
respuesta de acogida. Se está dando continuamente y nuestra
primera actitud ha de ser la de acogida en gratuidad, nuestra
presencia.
Internémonos en la experiencia humana de alguien que está
realmente con nosotros. En momentos de dolor y sufrimiento:
¿cuando recibimos verdadero alivio y consuelo? Cuándo escu-
chamos palabras de apoyo y esperanza. Pero lo que realmente
cuenta en esos momentos es que alguien permanezca a nuestro
lado, aunque no sepa qué decir o qué hacer. Cuando una perso-na
nos dice en un momento de dolor o de dificultad: “No sé qué
decirte, pero estoy contigo”, entonces sabemos que contamos con
un amigo y eso nos proporciona consuelo y alivio.
Vivimos en una época tan saturada de métodos y técnicas ideadas
para cambiar a la gente, para influir en su conducta, que hemos
olvidado el simple pero difícil don de estar mutuamente presentes.
Y lo hemos perdido porque hemos llegado a creernos que la
presencia, como todo en este mundo nuestro materialista, tiene
que ser útil. Decimos: “¿Cómo voy a visitar a esa persona? No
tengo nada que decirle, ni puedo serle útil en nada”. Y olvidamos
que con frecuencia en la mutua presencia “inútil”, sin pretensio-
nes, humilde, sentimos consuelo y alivio. Es el simple pero difícil
don de estar presente, de hacerme presente, de estar estando.
Estar presente también ante Jesús Eucaristía y “obsequiarle y
honrarle -dice el Beato Manuel González- con toda nuestra
presencia; presencia consciente y activa, presencia de todo
nuestro ser racional y vivo: trabajar, andar, descansar, reír, llorar
de cara al Sagrario (…) presencia mutua, espiritual, de los que
de verdad se quieren (…) porque el amor se goza en la pre-
sencia”. 2

2
Ídem., 145-149.

52
Desarrollo del tema
1- Dios-con-nosotros: la primera presencia
San Mateo comienza su evangelio con un anuncio: Dios, al
encarnarse, ha elegido ser “Dios-con-nosotros” (1,23). “Se trata
de una cercanía y un como acompañamiento permanente, que nos
recuerda cómo nuestro Dios no es un Dios lejano y ausente, sino
encarnado y cercano, que cual hermano y compañero comparte
con nosotros todos los momentos de la vida, las alegrías y los
problemas, que nunca nos deja solos, dándonos su fuerza para
vivirlas en la fe, el amor y la esperanza, siguien-do su ejemplo”.3
Ésta Presencia de Cristo en todo tiempo de la historia, en cada
persona, es base de la vida cristiana. Es un hecho que sostiene la
fidelidad de la Iglesia. “Sabed que yo estoy con vosotros todos los
días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Así acaba el Evangelio
de Mateo, el Señor no se ha ido, sino que permanece. Es la
promesa del Resucitado antes de la Ascensión. La promesa con la
que comenzaba Mateo, es ya una realidad permanente. Jesús no es
Alguien que ha dejado de actuar en nuestra historia, ¡No! ¡Él vive!
Y ésta Presencia continúa en el signo del pan y del vino
consagrados. Dios, que plantó su tienda entre nosotros por la
Encarnación de su Hijo, quiere que esa tienda permanezca por la
Eucaristía, como lugar donde cada uno podemos experimentar el
amor sin vuelta atrás de nuestro Dios, su oferta de salvación sin
condiciones, su insistente invitación y gratuidad. “El amor de
Jesús a los hombres, no saciado con darles su vida mortal, le
sugiere la Eucaristía, traza divina de vivir siempre, sin morir,
junto a sus hijos, los hombres. ¡Eucaristía! ¡Evangelio siempre
nuevo y siempre vivo! ¡Historia viviente de finezas y genero-
sidades divinas, pero sin fin!”.4

3
Eucaristía y Nueva Evangelización, 106.
4
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 63.

53
2- Acoger la Presencia en gratuidad
Esta presencia sacramental de Jesús espera respuesta de acogida,
respuesta que exige creer en Él, acogida de su plan de salvación y
disponibilidad en su seguimiento. La presencia de Dios-con-
nosotros nos invita a abandonar nuestros miedos y a entrar con Él
en la vida de Dios mismo y de los hermanos.
Cuando los fieles vienen a arrodillarse ante la Presencia
eucarística, se habla de visita al Santísimo Sacramento. En estas
visitas, no se trata tanto de acudir al Señor para hablarle, sino más
bien para ponerse a la escucha de su Palabra, en una actitud de
acogida, meditación y adoración. En esta como en las otras formas
de culto eucarístico, el creyente muestra al Señor lo que la misma
palabra “eucaristía” significa: “nuestro agra-decimiento, nuestra
alabanza por habernos redimido con su muerte y hecho
participantes de su vida inmortal mediante su resurrección”.5 En
realidad no son los creyentes orante los que van a visitar a su
Señor; es Cristo el que desde la casa del Padre, hasta el final de la
historia y sin abandonarlos, se hace presente a su comunidad en la
tierra. La Iglesia acoge esa presencia que la visita.6
El Beato Manuel González, expresa así la fe y acogida a esta
presencia de Jesús en el Sacramento:
“El Maestro está aquí... ¡Está aquí! ¡Santa, deliciosa, arrebata-
dora palabra que dice a mi fe todas las maravillas de la tierra y
todos los milagros del Evangelio, que da a ni esperanza la
posesión anticipada a todas las promesas y que pone
estremecimiento de placer divino en el amor de mi alma!
Sabedlo (…), que el Fuerte, el Grande, el Magnífico, el Suave, el
Vencedor, el Buenísimo Corazón de Jesús está aquí, ¡aquí en el
sagrario! Padre eterno, ¡bendita la hora en que los labios de
vuestro Hijo unigénito se abrieron en la tierra para dejar salir

5
JUAN PABLO II, Dominicae Cenae, 3.
6
Cf. DÍEZ VALLADARES, Acoger la presencia, 156.

54
estas palabras: Sabed que yo estoy todos los días con vosotros
hasta la consumación de los siglos! Padre, Hijo y Espíritu Santo,
benditos seáis por cada uno de los segundos que está con
nosotros el Corazón de Jesús en cada uno de los sagrarios de la
7
tierra. ¡Bendito, bendito Emmanuel!...”.
Por eso tiene gran importancia la adoración eucarística dentro de
un proceso cristiano: ante la presencia de Jesús Sacramen-tado,
nos descubrimos a nosotros mismos como objeto del amor de
Dios, como “hecho”, como creado por Dios, como alguien por
quien Cristo se entregó en la Cruz.
Para acoger mejor la presencia se nos piden tiempos de silencio,
tiempos de intimidad, tiempos de encuentro: breves unos, como el
acostumbrarnos a saludar a Jesús Eucaristía al entrar y salir de la
parroquia, el comenzar y terminar siempre nuestras reuniones y
encuentros en su presencia, compromiso personal de la “visita
diaria” fomentar “el roce” con la Eucaristía y la oración
eucarística, personal y de grupo.
Y después… estar presente, entrar con amor, en la vida de los
demás. Es la misión que nace del misterio eucarístico para toda la
Iglesia que, transformada por Cristo y a imitación de Él, se presta
a acompañar a los hombres en el camino de la existencia
(hacernos presentes) abriéndoles la puerta de la riqueza que lleva
dentro: el mismo Cristo.8 Aquí daríamos paso a la compañía de
compasión.
Ntro. Fundador habla de dos clases de compañía de presencia
nuestra ante Jesús Sacramentado: corporal y espiritual.
La presencia corporal: Ir a estar un rato con Jesús Eucaristía
todos los días, a “echar un rato con Él”.9

7
MANUEL GONZÁLEZ, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el sagrario, en Obras
Completas I, 3 - 375.
8
Cfr. ROUCO VARELA, Homilía en la clausura del Congreso....
9
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 144.

55
La presencia espiritual: “Trabajar, andar, descansar, reír, llorar
10
de cara al Sagrario, mirando a Él, como si se estuviera ante Él”.
Él está allí y te espera porque te ama. Jesús Eucaristía sigue
dándose continuamente a quien quiere acercarse, escuchar,
contemplar, alabar y acoger su don. No cesa de amar a los
hombres, de estar con nosotros en todos los momentos y
situaciones de la vida. ¿Respondemos con nuestra presencia? En
la medida que en nuestra oración nos abrimos y acogemos este
don, meditamos la Palabra, asumimos los compromisos y valores
de la Eucaristía y nos disponemos a ir viviéndolos, nuestra vida
gana en sentido, en amor a Dios y a los demás, en esperanza.
La adoración, la oración reposada, centrada en Jesús Eucaristía,
centra toda nuestra vida en Jesús. Es la mejor forma de conse-guir
que lo que celebramos en la Misa, se vaya haciendo realidad en
nuestra vida, lo vayamos asumiendo y asimilando.
¿Por qué?
Porque la adoración, la oración reposada ante el Sagrario o el
Santísimo expuesto implica:
 un tiempo y un espacio exterior, en el que dejamos toda
otra actividad, para dedicarnos en exclusiva al Señor.
 un tiempo y un espacio interior, por el que nuestros
sentimientos, la mente y el corazón, los centramos en
agradecer y reconocer a Jesús presente entre nosotros y en
entregarnos a Él.
¡ATENCIÓN! Las compañías tiene una doble cara: DAR Y
BUSCAR. No podemos conformarnos con una compañía inti-
mista, unilateral… La reparación eucarística siempre ha tenido
una connotación eclesial, universal, apostólica:

10
Ídem., 147.

56
“La espiritualidad de la Obra, se sintetiza en ‘vivir la Eucaristía’
de forma contemplativa y activa, en la comunidad parroquial
preferentemente, con espíritu de reparación a Jesucristo
Sacramentado, para cumplir la ‘misión esencial’ que le señala el
Fundador: «llevar compañía a la Misa y al Sagrario no
frecuentados o abandonados». Que no haya Sagrario sin un
grupo -al menos- de fieles que vivan de la Eucaristía”.11

Reflexión personal y en grupo


1) Comentar como veis ese “estar estando”.
2) Dialogar sobre lo que nos dice el Fundador: “Presencia
de todo nuestro ser…”, en la pág. 53.
3) Según el nº 8 de los Estatutos, la compañía de
presencia tiene dos vertientes, ¿evaluad en el grupo si
se están realizando estos dos aspectos y cómo?

Oración
Jesús, el gran Amigo
Eres el AMIGO, Señor, el gran amigo
que creas cada amistad y nos ofreces la tuya.
Eres el AMIGO IDEAL,
que no decepcionas jamás y que mantienes lo prometido.
Eres el AMIGO GENEROSO,
que no mides lo que das y nunca niegas tu ayuda.
Eres el AMIGO VIGILANTE,
que te interesas por todo lo que nos concierne
y provees lo que necesitamos.
Eres el AMIGO ACOGEDOR,

11
Estatutos de la UNER, 8.

57
que recibes con simpatía nuestras confidencias,
compartes nuestras penas y alegrías.
Eres el AMIGO BUENO,
lleno de amor por nosotros,
lleno de comprensión por nuestras faltas.
Eres el AMIGO DELICADO,
que multiplicas tus atenciones, y buscas que seamos felices.
Eres el AMIGO SONRIENTE,
siempre dispuesto a darnos ánimo
y mostrarnos lo positivo de nuestra vida.
Eres el AMIGO SEGURO,
siempre presente en las horas difíciles,
fiel hasta el final a pesar de nuestra infidelidad.
Eres el AMIGO ABSOLUTO,
como sólo DIOS puede serlo haciéndose HOMBRE
porque nos AMA.

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I y II, (ver los libros en
notas a pie de página).
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompa-
ñados, EGDA, Madrid, 81996.
HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en Proceso de eucaristización de la
vida. Las cuatro compañías. Conferencia en el
Encuentro de Formación de las Misioneras
Eucarísticas de Nazaret, Palencia septiembre
2010.
HNA. Mª TERESA CASTELLÓ, Un carisma Eucarístico-Reparador,
Roma, 1997.

58
Objetivo
Descubrir la profundidad de la compañía de compasión.

Idea esencial
La compañía de compasión es la compañía de presencia interior,
que pone comunicación entre Jesús y yo de tal manera que me
hace mirar, hablar, oír, pedir, recibir, confiar, sentir y amar como
Él y con Él.

Iluminación bíblica
Mc 6, 34-42; Flp 2,5; 1Jn 3,16-17.

Introducción
Le acompañé a llorar por la muñeca.
La mamá ha mandado a la niña por un recado a la tienda y se está
retrasando más de la cuenta. Al volver, le pregunta por la razón de
su retraso:
Una amiguita se le ha roto su muñeca, explica la niña.
- ¿Y te has detenido para ayudarlo a arreglarla?, dice su madre.
- No, dice Mary, me he parado para ayudarle a llorar.

59
Compañía de compasión, un compromiso con la vida…
Lo hemos comentado muchas veces. Es una pena que para no
pocos cristianos la Eucaristía se haya convertido en un rito de
costumbre, un precepto sin sentido, un culto que nada tiene que
ver con la vida, una celebración que no me compromete a nada...
¿Y yo? ¿La vivo haciendo de ella el centro de mi vida cristiana?
¿Se lo que estoy haciendo cuando estoy alrededor de la mesa
eucarística? ¿Sucede realmente algo que influya en mi vida diaria
aunque me resulte tan familiar? ¿Cómo puede ser eucarística toda
mi vida y cómo puede la celebración y adoración de la Eucaristía
ayudarme a conseguirlo?
La Eucaristía es realmente centro de la Iglesia, de la comunidad y
de nuestra vida cristiana.1 Pero es preciso que esto pase de ser una
idea de la que estamos plenamente convencidos, a ser una realidad
en nuestra vida diaria, que la celebración y la adoración nos lleven
a una vida eucaristizada.

Desarrollo del tema


Esto es lo que el Beato Manuel González resume en una sola
palabra: compañía. Es todo un estilo de vida: es dejar que Jesús
Eucaristía invada nuestra vida y la llene de sentido y de fuerza.

1- Cómo está Jesús en el Sagrario


En la Eucaristía, Jesús ha puesto su tienda entre nosotros, vive
entre nosotros: consuela a los tristes, nos da fuerza, nos enseña
con su Palabra, nos invita a ser como Él... Es una cercanía y
acompañamiento permanente, como el hermano y compañero que
comparte con nosotros los problemas de la vida, dándonos su
fuerza para vivirlos en la fe, el amor y la esperanza.

1
Cfr. JUAN PABLO II, Ecclesia de Eucharistia, 3.

60
“Jesús está presente en el Sagrario con sus ojos que me miran…
con sus oídos para oírme… con sus manos rebosantes de dones
para los necesitados que se lleguen a pedírselos… con el
Corazón palpitante de amor sin fin a su Padre y de amor hasta el
fin a nosotros… Jesús está en el Sagrario para prolongar,
extender y perpetuar su Encarnación y su Redención”.2
De Jesús sabemos casi todo, pero nos falta por experimentar
mucho. No basta con saber cosas de Dios, eso no cambia nuestra
vida. Sólo cuando abrimos el corazón ante Él, le dejamos entrar y
cambiarnos por dentro, sólo entonces alcanzamos a saber algo de
Él y éste conocimiento transforma nuestra vida.
Cuando en nuestros ratos de oración saboreamos que es Alguien
que sale siempre a nuestro encuentro en el camino -pensemos en
tantos momentos en que nos sorprendió...-, que está siempre
presente en la Eucaristía para nosotros -“me mira como si no
tuviera que mirar a nadie más que a mi”-,3 que me ama sin
condiciones, que me da su fuerza y su apoyo, y hace posible que
le siga con gozo y alegría...
Necesitamos saborear estas cosas, llenar nuestro corazón de ellas,
experimentarlas... Todos tenemos necesidad de sentirnos queridos,
saber que tenemos a Alguien siempre a nuestro lado, y la oración
serena ante un Sagrario nos hace conocer y experimentar su
Amor. Y ¡claro!, experimentado esto, cuando sé por experiencia
que Él camina conmigo, es difícil que no sintamos con Él, que no
nos importen sus cosas, que no nos preocupen nuestros hermanos
como le preocupan a Él, que no queramos que todos se enteren de
su gran Amor por ellos y lleguen un día a vivir esta misma
experiencia que nosotros vivimos...
Ya lo hemos indica, la presencia de Jesús en el Sacramento es una
presencia personal, no una fuerza ciega, por tanto exige

2
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 150 - 151.
3
MANUEL GONZÁLEZ, Que hace y que dice, en Obras Completas I, 400.

61
reciprocidad, amistad en sentido estricto: “dos corazones con el
4
mismo ritmo son un solo corazón”.

2- Unión de sentimientos
“Si todo esto es así, yo debo estar ante el Sagrario con todo mi
corazón y con todo el amor de él, para sumergirme en aquel
Corazón y palpitar con sus mismas palpitaciones y amar como Él
ama (...), disponiéndome a darme por Él de todos los modos a
mis prójimos hasta el fin, sin esperar nada… Ésta, ésta es la
compañía de compasión, la que pone entre Jesús y yo presentes
comunicación y cambio de miradas, de palabras, de necesi-
dades, de afectos... La que me hace mirar, hablar, oír, pedir,
5
recibir, confiar, sentir y amar como Él y con Él...”.
A su lado, estando con Jesús íntimo, “contemplando su rostro
eucarístico”,6 en ese convivir diario voy conociendo no sólo lo
que hace sino el por qué lo hace; soy testigo “de los porqué, los
cómo y los para qué de su decir, de su hacer, de su padecer, de
su proyectar y de su entregarse cada día y cada hora a su única
aspiración, su sueño, su Obra: sacrificarse por la glorificación de
su Padre y la redención de los hombres”,7 llego a co-sentir con
él, a apasionarme por el Reino con él y como él. Y eso es lo que
quiere para nosotros: que lleguemos a tener los mismos senti-
mientos de Cristo. Esa es la compañía de compasión “que nuestro
corazón y nuestra vida se conviertan en eco del Corazón y de la
Vida que palpitan en nuestro Sagrario”.8

4
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 153. Dirá también D.
Manuel: “que el grado de María perfecta es el de aquella que acompaña
habitualmente a su Jesús con su alma trocada en hostia, como Hostia es el Jesús
de nuestra Misa, de nuestra Comunión y de nuestros Sagrarios” (Florecillas de
Sagrario en Obras Completas I, 645).
5
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 151 - 152.
6
JUAN PABLO II, Ecclesia de Eucharistia, 7.
7
MANUEL GONZÁLEZ, Así ama Él, en Obras Completas I, 270.
8
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 153.

62
Bien, ésta ha de ser también la señal en nuestra vida: a través de
nuestro amor, de nuestra compasión, los hombres han de expe-
rimentar el Amor y la ternura de Dios. A esto nos llama la
compañía de compasión: “a tener en nuestra vida los mismos
sentimientos de Cristo” (Flp 2,5). Sentir por el hermano lo que
siente Él, sentir la pasión de Cristo por los suyos; que no es lo
mismo que tener lástima.
La Eucaristía es un misterio de amor hasta la entrega: “Habiendo
amado a los suyos, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1), es una
escuela de amor. Un “camino de amor”. También nosotros
debemos dar la vida por nuestros hermanos. Quizá los demás no
necesiten de nuestro bienes, pero sin duda necesitarán de nuestro
amor.
Nos dirá el Beato Manuel:
“Llena el alma de ese vivir sintiendo y compadeciendo con Él,
procura no ver, ni oír, ni sentir, ni querer las cosas, los
acontecimientos y a las personas, sino como Jesús desde su
Sagrario las ve, oye, siente y quiere. Y de esta suerte la
presencia nuestra ante el Sagrario, que por ser corporal está
limitada sólo al tiempo en que estamos delante de El, por esta
compasión le podemos acompañar no a ratos, sino siempre,
siempre... Por esta compañía de compasión, nuestro corazón y
nuestra vida se convierten en eco del Corazón y de la Vida que
palpitan en nuestro Sagrario...”.9
A propósito de esta unión de sentimiento, Benedicto XVI dice:
“La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los
demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para
mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que
son suyos o lo serán. La comunión me hace salir de mí mismo
para ir hacia Él, y por tanto, también hacia la unidad con todos
los cristianos. Nos hacemos « un cuerpo », aunados en una única

9
Ídem., 152.

63
existencia. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente
unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende,
pues, que el agapé se haya convertido también en un nombre de la
Eucaristía: en ella el agapé de Dios nos llega corporalmente para
seguir actuando en nosotros y por nosotros. Sólo a partir de este
fundamento cristológico-sacramental se puede entender correc-
tamente la enseñanza de Jesús sobre el amor”.10

Reflexión personal
personal y de grupo
1) Comentar lo que es, según el Beato Manuel, la compañía
de compasión.
2) ¿Cómo crees que se esta viviendo esta compañía a nivel de
grupo? ¿Qué podríamos hacer para vivirla mejor?
3) Sabrías decir algún texto bíblico y de D. Manuel que hagan
referencia a lo que es esta compañía.

Oración
Ven y sálvanos
de nuestra ceguera para descubrirte presente,
de nuestra pereza para caminar contigo,
de nuestras excusas para alejarnos de ti.
Ven y sálvanos
de nuestra sordera a tu palabra,
de nuestros desplantes injustificados,
de nuestro gusto por el hombre “viejo de Egipto”.
Ven y sálvanos
de nuestra dureza para comprender las Escrituras,
de nuestras luchas por los primeros puestos,
de nuestra desconfianza en la semilla del Reina.

10
BENEDICTO XVL, Deus Caritas est, 14.

64
Ven y sálvanos
de nuestra comodidad puesta como valor primordial,
de nuestra falta de comprensión hacia los otros,
de nuestro egoísmo disimulado.
Ven y sálvanos
de nuestra superficialidad,
de nuestra insensibilidad por las cosas de arriba,
de nuestra pérdida de sentido.
Ven y sálvanosle
los dioses que nos hemos fabricado,
de la rutina que nos aprisiona,
de nuestras miras pequeñas.
Ven y sálvanos,
Dios salvador nuestro,
Dios amigo nuestro,
Dios anunciado por Jesús. Amén.

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I y II, (ver los libros en
notas a pie de página).
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompa-
ñados, EGDA, Madrid, 81996.
HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en Proceso de eucaristización de
la vida. Las cuatro compañías. Conferencia
en el Encuentro de Formación de las
Misioneras Eucarísticas de Nazaret, Palencia
septiembre 2010.
HNA. Mª TERESA CASTELLÓ, Un carisma Eucarístico Repara-
dor, Roma, 1997.

65
Objetivo
Descubrir que ser eucarística es reproducir la vida de Cristo con
mi estilo de vida.

Idea esencial
El trato con Jesús Eucaristía, que es don de su propia vida al Padre
y a los hermanos, nos lleva a ser también eucaristía, sagrario
ambulante que con la vida anuncia la vida que de Él brota, esa es
la compañía de imitación.

Iluminación bíblica
Rm 8,29; 1Cor 11,1; Ef 5,1; Gal 1,10.

Introducción
Introducción
Cuento: La niña de las manzanas
Un grupo de vendedores fueron a una Convención de Ventas.
Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo
para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención
terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto.

67
Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los
pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó
con una mesa que tenía una canasta de manzanas.
Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni
voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas
alcanzaron a subirse al avión. Todos menos UNO.
Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de
compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus
amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar
llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más
tarde. Luego se regresó a la Terminal y se encontró con todas las
manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse
cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró
llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas.
Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas,
mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin
importarle su desdicha.
El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la
canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo
hacía, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban
magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó,
sacó su cartera y le dijo a la niña:
- “Toma, por favor, estos cien pesos por el daño que hicimos.
¿Estás bien?”.
Ella, llorando, asintió con la cabeza. Él continuó, diciéndole:
- “Espero no haber arruinado tu día”.
Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó:
- “Señor...”.
Él se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó:
- “¿Es usted Jesús...?”.

68
Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar
otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma:
- “¿Es usted Jesús?”.

Y a Ti, ¿la gente te confunde con Jesús? Porque ese es nuestro


destino, ¿no es así?
Parecernos tanto Jesús, que la gente no pueda distinguir la
diferencia. Parecernos tanto a Jesús, conforme vivimos en un
mundo que está ciego a su Amor, su Vida y su Gracia. Si decimos
que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría
Él. Vivir su palabra cada día, identificarnos con Él cada día

Desarrollo
Desarrollo del tema
Como veíamos viendo, las compañías son un proceso: por la
compañía de presencia estoy con Jesucristo y él en mí, vividos a
través de la celebración, de la contemplación del misterio y la
adoración del Señor crucificado y resucitado presente en la
Eucaristía.
Naturalmente esta experiencia no es automática, porque como
todos los actos humanos también puede convertirse en rutina y
costumbre vacía. Ni tampoco el único camino de encuentro con
Dios. Pero si es uno de los medios que mejor la hacen posible, por
el silencio, la meditación, la contemplación, el diálogo, la apertura
que debe suponer.
A su lado, estando con Jesús íntimo, llego a co-sentir con él, a
apasionarme por el Reino con él y como él, es la compañía de
compasión, que lleva a la comunión más intensa en la entrega de
la propia vida, a vivir eucarísticamente.
Este trato con Jesús, que me lleva a conocerlo cada vez más, “se
va convirtiendo en simpatía, compenetración, en amor de Jesús y

69
1
de todo Jesús, y el amor en imitación interior y exterior”. Ahora
sí, me envía a vivir como él, esto es la compañía de imitación:
“Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19).

1- Hostia por Hostia


Dice el Beato Manuel González:
“Si la presencia real de Jesús en su Sagrario pide y exige la
compañía nuestra de presencia corporal y espiritual viva y
animada, esto es, si su presencia con sus sentimientos y afectos
pide de nosotros la compañía de compasión, el modo de su
presencia en la Eucaristía merece la compañía de imitación. Jesús,
en cuanto hombre, es siempre imitable: ese precisamente fue uno
de los principales fines de hacerse hombre: enseñar con su
ejemplo a dar gloria a Dios santificándonos”.2
“Una María –un miembro de la UNER- es un retrato de la Hostia
por dentro”.3
El mismo Jesús en el Evangelio nos invita a esta imitación:
 Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con
vosotros (Jn 13,15);
Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón (Mt 11,29)
El Beato Manuel, al explicar la compañía de imitación, se fija en
tres aspectos, de la presencia de Jesús en la Eucaristía, que él
considera fundamentales dicha imitación:
Que está (presencia real permanente);

1
MANUEL GONZÁLEZ, Así ama Él, en Obras Completas I, 270-271.
2
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 155.
3
MANUEL GONZÁLEZ, Florecillas de Sagrario, en Obras Completas I, 645. Dirá más:
“Más de una vez he dicho y escrito que una María de verdad es la fotografía de
una Hostia por dentro. Las Marías han venido al mundo para aliviar y desagraviar
con su compañía el mal del abandono de la Eucaristía, causa de todos los males
que afligen y lastiman al Corazón de Jesús, y dañan a las almas”.

70
Que está dispuesto a darse a todos en comida (Comunión);
Que está como Cordero sacrificado al Padre por todos (Misa).4
Fascinado por la Eucaristía, para D. Manuel imitar a Jesús significa
vivir la realidad eucarística. La Eucaristía es el encuentro con Cristo
que vive, que está sacramentalmente presente a nosotros y que se
nos da, se nos entrega. ¿Cómo podemos entonces vivirla?
Estando en el propio deber: invitación a la fe, a la confianza,
a la cercanía del Señor;
Dándonos a nuestros prójimos: invitación al amor, a la
caridad que se da sin esperar nada;
Muriendo a nosotros mismos: invitación a la obediencia, a la
entrega abnegada e incondicional de nuestro propio ser.5
Ha de estar dispuesto a repetir el gesto de Jesús: “tomad y
comed… mi cuerpo entregado y mi sangre derramada”. Y dirá el
Papa: “El cuerpo y la sangre de Cristo se nos dan para que a su
vez nosotros mismos seamos transformados. Nosotros mismos
debemos llegar a ser cuerpo de Cristo, sus consanguíneos”.6
Quien celebrar la Eucaristía, quien comulga, está llamado a:
Ser pan partido y entregado. Ser eucaristía como Jesús.
Poner en el altar la propia vida y hasta la muerte.
Y, además, nada más salir a la calle al término de la Misa,
hemos de ponernos a realizar lo que hemos dicho.
Así, nuestra vida tiene sentido. Ya no existen vidas inútiles, nadie
podrá decir: ¿De qué sirve mi vida? ¿Para qué estoy en el mundo?
Estás en el mundo para el fin más sublime que existe: para ser un
sacrificio vivo, una eucaristía con Jesús.

4
Cfr. M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañado., 159.
5
Cfr. Ídem., 156-160.
6
BENEDICTO XVI en Colonia el 21.08.05.

71
2. Condición de discípulo
Quien entiende que la Eucaristías es el don de la vida y de la
muerte de Jesús, ha de asumir la condición de discípulo. Hasta
llegar a decirnos con el evangelista “Ya no os llamo siervos, sino
amigos” (Jn 15,15). Comentando esta cita el Beato Manuel dirá:
“Los llama amigos, porque antes los hizo sus íntimos…Y porque
lo aman tanto, que padecen las mismas penas y pasan por las
mismas pruebas que Él… Antes que apóstoles suyos y maestros
del mundo, los quiere amigos íntimos”.7 Ahora sí, me envía a mis
hermanos, viviendo y entregándome como Él. La compañía de
imitación es la compañía del discípulo que sigue a su Maestro, ya
es apto para el apostolado, para la misión. Lo sabemos de sobra,
nuestro mundo más que palabras, necesita testigos, y el testigo lo
es de lo que él ha vivido.
Esto es el apóstol, “un enviado de Jesús con una sola ocupación:
ir, y un solo fin: salir de Jesús haciendo de Jesús -¿Qué significa?
Significa hablar de y como Jesús, obrar con su estilo, amar por y a
lo Jesús- y volver después de haber hecho a Jesús en muchas
8
almas”. Aún dirá más D. Manuel, es un “sagrario ambulante”, es
el “evangelio vivo”,9 en el que se ve a Jesús a través de sus
palabras, sus obras, su cuerpo y su alma.
“Ésta es la cadena: apóstoles en cuanto testigos. Testigos en
cuanto amigos. Amigos en cuanto íntimos. Romped o quitad uno
de los eslabones, y frustraréis la obra maestra de Jesús, y la
acción de su apóstol”.10 Me pregunto si no podemos aplicar esta
misma regla a nuestros apostolados hoy que decimos que nos falta
impulso apostólico.
Aceptar el Amor como nuestra vocación y misión específica,
identificándonos con su urgencia apostólica. La compañía de
7
MANUEL GONZÁLEZ, Así ama Él, en Obras Completas I, 288.
8
Ídem., 259.
9
Ídem., 260.
10
Ídem., 290l

72
imitación, configura nuestra vida llenándola de sentido. Es el
compromiso con una Persona en la que podemos creer y a la que
podemos consagrarnos y por la que dar la vida. Esto hace que
todos los esfuerzos resulten significativos y valiosos.

Reflexión personal y en grupo


Comentar en el grupo experiencias que hemos ido teniendo sobre
esta compañía de imitación.

Oración
¡Hostia callada del Sagrario! Yo quiero seguirte con la boca de mi
amor propio cerrada.
¡Hostia, siempre Hostia del Sagrario! Yo quiero seguirte no siendo
más que hostia de gloria de Dios y de amor a mis hermanos.
Madre Inmaculada, que el compendio de mi vida y el eco de mis
pasos sobre la tierra sean esta palabra DICHA y HECHA ante tu Hijo
sacramentado.
¡Emmanuel querido! ¡HOSTIA POR HOSTIA!11

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I (ver los libros en notas a
pie de página).
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompa-
ñados, EGDA, Madrid, 81996.
HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en Proceso de eucaristización de la
vida. Las cuatro compañías. Conferencia en el
Encuentro de Formación de las Misioneras

11
MANUEL GONZÁLEZ, Mi comunión de María, en Obras Completas I, 1297.

73
Eucarísticas de Nazaret, Palencia septiembre
2010.
HNA. Mª ANTONIA MORENO, en Eucarísticos por vocación.
Espiritualidad UNER. Charla en el Encuentro
de Animadores UNER, Madrid 2003.
HNA. Mª TERESA CASTELLÓ, Un carisma Eucarístico-Reparador, Roma,
1997.

74
Objetivo
Descubrir que una condición esencial de la compañía es
abandonarnos en cada momento en las manos amorosas de Dios
Padre.

Idea esencial
El que es tan rumboso en dar lo más, que es su propia Carne y
Sangre, ¿va a ser corto en darme lo menos, que son sus auxilios a
mis cuidados? Por tanto, la compañía de confianza es la unión con
Jesús que lleva al olvido de sí mismo y el abandono con amor, con
gozo y con confianza a su Corazón.

Iluminación bíblica
Mt 11,28; 14,27; Lc 12,27-28; Jn 16,33; Rm 10,9-11; Flp 4,13;
Sal 23,1; 34,8.

Introducción
El pájaro y la oración.
¿Has visto un ave durmiendo en una rama o en un cable, sin
caerse? ¿Cómo lo consigue? Si nosotros intentáramos dormir así,
nos caeríamos…
El secreto está en los tendones de las patas del pájaro que tienen

75
una forma tal que, cuando la rodilla está doblada, la pata toma
firmemente cualquier cosa.
Los patas no se sueltan de la rama hasta que él desdoble la rodilla
para volar.
La rodilla doblada es lo que le da la fuerza para asirse a cual-
quier cosa.
¿No es una maravilla? Es un diseño increíble que el Señor ideó
para el ave.

Pero… no es tan diferente en nosotros:


Cuando nuestra “rama” en la vida se quiere romper… cuando todo
está amenazado con caerse… la mayor seguridad, la mayor
estabilidad, nos viene de una rodilla doblada… hincada… en
oración.
Si alguna vez, las dificultades te desaniman y pierdes la fe…
ponte de rodillas y dialoga con Dios… percibirás que no estás
solo… que Él quiere caminar contigo… solo tienes que hablarle…
vaciar lo que guardas en lo profundo de tu ser… y permitir que Él
lo llene con su Luz.
Es Él quien renueva fuerzas, esperanza y fe… y si Él cuida de un
ave, imagina lo que hará por ti que eres su hijo amado…
“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid todo lo que queréis, y se os dará” (Juan 15,7)
“Confiadle todas vuestras preocupaciones, puesto que Él se
preocupa de vosotros” (Pe 5,7).

Vivir la confianza es oír a Dios que nos dice –como a María- que
para Él “nada es imposible” (Lc 1,37) y, en consecuencia, lo úni-
co que se me pide a mí es “hacer bien lo que tengo que hacer

76
1
ahora y Él se cuidará de lo demás”.

Desarrollo del tema


l- Vivir en la confianza
“Cuando los discípulos de Emaús pidieron a Jesús que se
quedara ‘con’ ellos (cfr. Lc 24,25) -petición que nace de la
confianza obtenida por el trato con Él por el camino- Jesús
contestó con un don mucho mayor. Mediante el sacramento de la
Eucaristía encontró el modo de quedarse ‘en’ ellos”.2
La compañía de confianza es acoger que Jesús viva en mí. Es una
entrega total al Señor: “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive
en mí” (Ga 2,20). Tan entera es esta confianza que uno de los
matices propios de nuestra espiritualidad es el olvido propio,3
dejando en las manos de Dios la propia vida: “vivir el alma tan
unida y compenetrada con el Corazón de Jesús sacramentado,
que no se ocupe ni preocupe de sus propios cuidados y gustos,
sino de esto sólo: de que Él esté contento”.4
Esta confianza se da en tanto en cuanto hay un amor de entrega.
No basta con amar a Cristo de cualquier manera, ni amar al
prójimo de cualquier modo. Ha de ser un amor a toda prueba, en
todo momento, no sólo durante las horas de culto, o en el momen-
to de fervor, o en la desgracia. Confianza en Jesús, sencillamente,
porque es Jesús. Así lo expresa el Beato Manuel:
“¿Por qué no hemos de contar sin titubeos ni vacilaciones, sino

1
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 164.
2
JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 19
3
A propósito del olvido propio, no deja de ser interesante lo que indica, San Pedro de
Alcántara, sobre la desconfianza: “Para la desconfianza, el remedio es considerar que
este negocio no se ha de alcanzar por solas tus fuerzas, sino por la divina gracia, la
cual tanto mas presto se alcanza, cuanto mas el hombre desconfía de su propia virtud y
confía en sólo la bondad de Dios, a quien todo es posible” (Tratado de la oración y
meditación, 11, 4, aviso 7°).
4
M. GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompañados, 164.

77
con la confianza más cierta e inconmovible, con el amor
misericordioso y omnipotente del Jesús de nuestro Sagrario y de
5
nuestra Comunión, porque es Jesús?”.
La confianza plena para un miembro de la UNER no es dejar de
ser él mismo sino serlo en plenitud, asumiendo con responsabili-
dad, la propia vida como lo asumió Jesús: con amor y fidelidad
absoluta al designio del Padre y a favor de los hombres.
“Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4,13), exclama
San Pablo porque sabía que toda su vida estaba sostenida y
corroborada por la misma fuerza de Dios.

2- Retorno de amor
La compañía de confianza es “la misma unión con el Corazón de
Jesús que produce la compañía de compasión, llevada hasta el
olvido de sí propio y el abandono total a su Corazón”.6
Abandonarme con amor, con gozo y con confianza en sus manos.
Poner en ellas todas mis cosas, deseos, ilusiones, esperanzas; la
cruz y el gozo de la vida de cada día, en una palabra: todo,
absolutamente todo. Dios me ama y quiere una respuesta de amor
por mi parte:
 Abierto a su voluntad
Es vivirlo todo en Dios. Desde una vida de oración y de encuentro
con el Señor, cada uno de nosotros tendrá que intentar “descubrir”
qué es lo que espera el Señor de mí. Aceptando por adelantado y
sin condiciones su plan de amor, caminando sin cálculos, sin
miedos, con la confianza en Él.
 En fidelidad
Una fidelidad, que se manifestará en las grandes opciones de la
vida y en las pequeñas cosas de cada día. Es disponibilidad. Una
5
Ídem., 167.
6
Ídem., 163.

78
actitud de donación y obediencia al Padre consciente de que al
encontrarte con Jesús, entras en un ritmo de cambio y no querer
todo hecho desde el primer momento.
 Con corazón de pobre
Un corazón humilde, sencillo, auténtico, transparente, abierto a
Dios. Es reconocer mis limitaciones, mis fragilidades... reconocer
mi tendencia al pecado y mi ilusión por seguir a Jesús. Sentirme
pequeño, como un niño y no confiar tanto en mis propias fuerzas,
sino poner mi confianza en el Señor y esperarlo más de su amor
que de mi propio esfuerzo.
En definitiva, la compañía de confianza, es aquella compañía que
no me separa de Cristo, a pesar de mi pobreza. El Card. Newman
lo expresa bellamente:
“Buscad el rostro de Aquel que habita siempre, con presencia
real y corporal, en su Iglesia. Haced, al menos, lo que hicieron
los discípulos. Tenían sólo una fe débil, no tenían una gran
confianza ni paz, pero por lo menos no se separaban de Cristo
[...] No os defendáis de Él, antes bien, cuando estéis en apuro
acudid a El, día tras día, pidiéndole fervorosamente y con
perseverancia aquellos favores que solo Él puede otorgar. Y así
como en esta ocasión que nos narran los Evangelios, El reprochó
a sus discípulos, pero hizo por ellos lo que le habían pedido, así,
aunque observe tanta falta de firmeza en vosotros, que no debía
existir, se dignará increpar a los vientos y al mar y dirá: ‘Paz,
estad tranquilos’. Y habrá una gran calma”.7

Conclusión
La reparación no se queda solo en las dimensiones litúrgicas o en
las prácticas devocionales, sino que conduce realmente a la
transformación de la propia vida y del mundo. Reparación es una
7
Card. J. H. NEWMAN, Sermón para el Domingo IV después de Epifania, Cat. S. Chaud
1848.

79
llamada a optar por vivir en mi vida el mismo amor de Cristo, es
decir, un amor hasta el extremo; o lo que es lo mismo, hacer de mi
vida una vida de hostia que contribuya a construir la civilización
del amor. Una vida eucarístizada -una vida entregada en las
manos del Padre y dedicada a su proyecto, el Reino- se va
haciendo, se va fraguando poco a poco a través de las compañías.
Como vemos, es todo un programa de vida, un estilo de ser y vivir
de acuerdo con el carisma que el Señor nos ha dado.
Celebrar la Eucaristía, tener un rato de adoración, de oración, debe
llevarme a una vida “eucaristizada”. A ser, como dice D. Manuel,
“Evangelios vivos”, “Sagrarios ambulantes”. Dejar que la
Eucaristía invada toda nuestra vida de sentido y de fuerza y que se
traduzca en nuestro pensar, obrar, actuar, acoger, perdonar,
nuestro entregarnos al estilo y por la gracia de Jesús comulgado y
asimilado.
Que nuestra vida muestre siempre a los demás que Jesús vive
entre nosotros. Y éste sea nuestro anuncio gozoso.

Reflexión personal y de grupo


1) ¿En quien o qué confías de verdad?
¿De verdad tienes tu confianza puesta en Dios?
¿Te apoyas en Él en todo momento y circunstancia?
2) Comentar alguna experiencia vivida de confianza y
abandono en Dios.

Oración
Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
80
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.
Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.8

Bibliografía
MANUEL GONZÁLEZ, El abandono de los Sagrarios acompa-
ñados, EGDA, Madrid, 81996.

HNA. Mª AUXILIADORA MEDINA, en Proceso de eucaristización de


la vida. Las cuatro compañías. Conferencia
en el Encuentro de Formación de las
Misioneras Eucarísticas de Nazaret, Palencia
septiembre 2010.
HNA. Mª TERESA CASTELLÓ, Un carisma Eucarístico Repara-
dor, Roma, 1997.

8
CHARLES DE FOUCAULD, Oración de entrega.

81
Objetivo
Descubrir la urgencia de la misión y que es parte constitutiva de
nuestro ser cristiano.

Idea esencial
Ante la realidad que el mundo vive, urge una nueva
evangelización, que sigue siendo la realización del encuentro y
comunión con Cristo, tarea fundamental de la Iglesia y que nos
incumbe a todos.

Iluminación bíblica
Mt 28,19-20; Mc 16,15; 1Cor 9,16.

Introducción
Cuento: La sopa de piedra
Cierto día llegó a un pueblo un hombre bien vestido y pidió a una
mujer que le diese algo que comer.
- “Lo siento -dijo ella-, pero en este momento no tengo nada en
casa”.
- “No se preocupe -dijo amablemente el extraño-, tengo una
piedra de sopa en mi cartera. Si Ud. me permitiera ponerla en
una olla de agua hirviendo, yo haría la mejor sopa del mundo”.

83
La mujer buscó la olla más grande, la puso en el fuego con agua y
comunicó el secreto de la piedra de sopa a sus vecinas. Cuando el
agua empezó a hervir ya estaba todo el vecindario en torno a aquel
extraño que, tras dejar caer la piedra en el agua, probó una
cucharada exclamando:
- “¡Deliciosa! Lo único que necesita son unas patatas”.
Una mujer se ofreció de inmediato para traerlas de su casa. El
hombre probó de nuevo la sopa, que ya sabía mucho mejor, pero
echó en falta un poco de carne.
Otra mujer voluntaria corrió a su casa a buscarla. Y con el mismo
entusiasmo y curiosidad se repitió la escena al pedir unas verduras
y sal. Por fin pidió:
-“Platos para todo el mundo”.
La gente fue a sus casas a buscarlos y hasta trajeron pan y frutas.
Luego se sentaron todos a disfrutar de la espléndida comida
sintiéndose extrañamente felices de compartir, por primera vez, su
comida.
Y aquel hombre extraño desapareció dejándoles la milagrosa
piedra de sopa, que podrían usar siempre que quisieran hacer la
más deliciosa sopa del mundo.

El impulso misionero, es parte constitutiva de nuestra forma de


vida cristiana y de nuestro propio ser carismático: “dar y buscar”.
Ya nos lo dice claramente la Exhortación Sacramentun Caritatis nº
84: “No podemos acercarnos a la mesa eucarística sin dejarnos
llevar por ese movimiento de la misión que partiendo del corazón
mismo de Dios, tiende a llegar a todos los hombres”. No podemos
guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento.
Este exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que
el mundo necesita es el amor de Dios. Encontrar a Cristo y creer
en él. “Acompañar a los hombres y mujeres de hoy a escuchar la

84
voz de Jesucristo, camino, verdad y vida, presente en el
Sagrario”.1

Desarrollo del tema


Si echamos un vistazo a nuestra realidad constatamos que “nos
encontramos en un momento histórico de grandes cambios y
tensiones, de pérdida de equilibrio y de puntos de referencia. Esta
época nos lleva a vivir cada vez más sumergidos en el presente y
en lo provisional, haciendo siempre más difícil la escucha y la
transmisión de la memoria histórica, y el compartir valores sobre
los cuales construir el futuro de las nuevas generaciones. En este
cuadro la presencia de los cristianos, la acción de sus
instituciones, es percibido en modo menos espontáneo y con
mayores sospechas; en las últimas décadas se han multiplicado
los interrogantes críticos dirigidos a la Iglesia y a los cristianos,
al rostro del Dios que anunciamos. La tarea de la evangelización
se encuentra así frente a nuevos desafíos, que cuestionan
prácticas ya consolidadas, que debilitan caminos habituales y
estandarizados; en una palabra, que obligan a la Iglesia a
interrogarse nuevamente sobre el sentido de sus acciones de
anuncio y de transmisión de la fe”.2

1- Nueva Evangelización
La nueva evangelización3 es el nombre dado a esta nueva aten-
ción de la Iglesia a su misión fundamental, a su identidad y razón
de ser.

1
JUAN PABLO II, Audiencia a los peregrinos con motivo de la beatificación de D.
Manuel González García, 30 de abril 2001.
2
Sínodo de los Obispos, XIII Asamblea General Ordinaria, La nueva evangeli-zación
para la transmisión de la fe cristiana. Lineamenta, 2 de febrero 2011, 3.
3
La expresión “nueva evangelización” Había sido introducido por el Papa Juan Pablo II,
inicialmente -sin un particular énfasis- durante su viaje apostólico a Polonia en 1979. El
término ha sido retomado y relanzado por el mismo Papa en su discurso a la XIX

85
No se trata de hacer nuevamente una cosa que ha sido mal hecha
o que no ha funcionado; no es una reduplicación de la primera, no
es una simple repetición, sino que consiste en el coraje de
atreverse a transitar por nuevos senderos, frente a las nuevas
condiciones en las cuales la Iglesia está llamada a vivir hoy el
anuncio del Evangelio…. “Hoy la Iglesia debe afrontar otros
desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la
primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de
pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo. Hoy se pide a
todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia
universal la misma valentía que movió a los misioneros del
pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del
Espíritu”.4 “La Iglesia tiene que dar hoy un gran paso adelante
en su evangelización; debe entrar en una nueva etapa histórica de
su dinamismo misionero. En un mundo que, con la desaparición
de las distancias, se hace cada vez más pequeño, las comunidades
eclesiales deben relacionarse entre sí, intercambiarse energías y
medios, comprometerse a una en la única y común misión de
anunciar y de vivir el Evangelio”.5

2- Su finalidad, encuentro y comunión con Cristo


El mandato misionero, “id”, que los discípulos han recibido del
Señor (cfr. Mc 16,15) contiene una explícita referencia a la
proclamación y a la enseñanza del Evangelio cuando Jesús les
dice: “enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”
(Mt 28,20). Por tanto, la misión de la Iglesia consiste en realizar el
anuncio y la transmisión del Evangelio, que es “fuerza de Dios

Asamblea del CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana) en marzo de 1983. La


introduce como un medio de comunicación de energías en vista de un nuevo fervor
misionero y evangelizador. A los Obispos de América Latina se dirige así: “La
conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es
un compromiso… no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva
en su ardor, en sus métodos, en su expresión”.
4
JUAN PABLO II, Redemptoris Missio, 30.
5
JUAN PABLO II, Christifideles laici, 35.

86
para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16). El objetivo de
la transmisión de la fe es la realización de este encuentro con
Jesucristo, en el Espíritu, para llegar a vivir la experiencia del
Padre suyo y nuestro.
Transmitir la fe significa crear en cada lugar y en cada tiempo las
condiciones para que el encuentro entre los hombres y Jesucristo
se realice. La fe como encuentro con la persona de Cristo asume la
forma de la relación con Él, de la memoria de Él (en la Eucaristía)
y de la formación en nosotros de la mentalidad de Cristo, en la
gracia del Espíritu. Y como dice Benedicto XVI: “No se comienza
a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el
encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un
nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva
[...] Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero, ahora el
amor ya no es sólo un ‘mandamiento’, sino la respuesta al don del
amor, con el cual viene a nuestro encuentro”.6
Transmitir la fe en Cristo significa crear las condiciones para una
fe pensada, celebrada, vivida y rezada, y esto implica entrar en la
vida de la Iglesia.
Por lo tanto, transmisión de la fe implica la fe de los cristianos y la
vida de la Iglesia. No se puede transmitir aquello en lo cual no se
cree y no se vive. Un signo de fe consolidada y madura es,
precisamente, la naturalidad con la cual comunicamos la fe a los
otros.
Diría el Beato Manuel González que no se puede amar lo que no
se conoce, escuchémosle:
“¡Conocer y dar a conocer a Jesús! ¡Conocerlo y darlo a conocer
todo lo más que se pueda! He aquí la suprema aspiración de mi fe
de cristiano y de mi celo de sacerdote, y la que quisiera que fuera
la única aspiración de mi vida. Y no digo conocer y amar, y darlo a
conocer y amar, porque, con que se conozca, basta. El que conoce

6
Deus caritas est, 1.

87
con toda evidencia una verdad no puede negarla, no es libre para
no admitirla. El que conoce ciertamente un bien, tampoco es libre
para odiarlo o quererlo. El bien conocido y reconocido como tal
bien, es necesariamente querido. Cuando odiamos un bien es
porque no lo conocemos del todo o nos engañamos tomándolo por
mal. Cuando queremos un mal, no es porque lo tengamos por mal,
sino que, engañándonos, lo tomamos por bien. Jesús es verdadero
y bueno. Más aún, es la Verdad y el Bien, y se le odia, sin embargo.
7
¿Por qué? Porque no se le conoce, o se le conoce muy a medias”.
Y para conocer a Jesús hay que estar con Él.
No es casual que el Evangelio deje bien indicado la razón por la
que Jesús escogió a sus apóstoles:
“Llamó a los que él quiso... para que estuvieran con él, y para
enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14).
No se puede transmitir el Evangelio sin saber lo que significa
“estar” con Jesús, vivir en el Espíritu de Jesús la experiencia del
Padre; así también, paralelamente, la experiencia de “estar” con
Jesús impulsa al anuncio, a la proclamación, al compartir lo que se
ha vivido, habiéndolo experimentado como bueno, positivo y
bello.
“Recordáis la terminación de aquel encantador diálogo de los
primeros discípulos de Jesús: -«¿En donde vives, Maestro?» –
«Venid y ved». «Fueron y estuvieron con Él todo el día». ¿El fruto de
estar aquel día con Jesús? Nos lo presenta el grito que proferían al
separarse de Jesús y ver a sus hermanos: «Hemos encontrado al
Mesías» (Jn 1,41). ¡Habían comenzado a conocer a Jesús!”.8
El Evangelio nos refleja que saben contagiar a Cristo aquellos que
se han encontrado con Él:
 Los primeros discípulos → Mc 3,13-14; Jn 1,35-46.

7
MANUEL GONZÁLEZ, Así ama Él, en Obras Completas I, 234.
8
Ídem., 269a.

88
 La samaritana → Jn 1,7-30.
 María Magdalena → Jn 20,10-18.
El encuentro con Cristo lleva a ser testigo.
El cristiano y la Iglesia o son misioneros o no son tales. Quien
ama la propia fe se preocupará también de testimoniarla, de
llevarla a los otros y permitir a los otros participar en ella. La
falta de celo misionero es carencia de celo por la fe. Al contrario,
la fe se robustece trasmitiéndola. ¿Tenemos interés en transmitir
la fe? ¿Estamos empeñados de corazón con la misión?

3- Un deber que nos incumbe


“Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es
más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el
Evangelio!” (1Cor 9,16).
Juan Pablo II, en la Christifideles laici nº 3, insistía en “la acogida
por parte de los fieles laicos del llamamiento de Cristo a trabajar
en su viña, a tomar parte activa, consciente y responsable en la
misión de la Iglesia en esta magnífica y dramática hora de la
historia, ante la llegada inminente del tercer milenio. Nuevas
situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas
y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción
de los fieles laicos. Si el no comprometerse ha sido siempre algo
inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie
le es lícito permanecer ocioso”.
La Unión Eucarística Reparadora, todos sus miembros, deben
sentirse cuestionados por estas palabras de Juan Pablo II.
Copiando sus palabras afirmamos: en la UNER nadie puede estar
ocioso. “No es licito permanecer ocioso”.
El Beato Manuel nos diría: “¡Ser siempre apóstol! (…) Estar
siempre haciendo algo con la palabra o la intención para que
Jesús, el Jesús-Rey de nuestro corazón y centro de nuestra vida, sea

89
un poquito más conocido, amado, servido, imitado y glorificado,
¿qué alma sinceramente cristiana no lo desea y procura?

“No tengáis miedo de hablar de Dios y de manifestar a los ojos de


vuestros contemporáneos la luz de Cristo”,9
“No tengamos miedo al que dirán, que siempre hace abortar
hermosos proyectos. No tengamos miedo a ser pocos, porque la
levadura es siempre poca, pero hace fermentar la masa. No
tengamos miedo a que no nos entiendan, porque la semilla
demuestra que es fértil después de brotar y madurar”. (Mons.
Palentini)
“El cristiano es, en la Iglesia y con la Iglesia, un misionero de
Cristo enviado al mundo. Ésta es la misión apremiante de toda
comunidad eclesial: recibir de Dios a Cristo resucitado y
ofrecerlo al mundo, para que todas las situaciones de
desfallecimiento y muerte se transformen, por el Espíritu, en
ocasiones de crecimiento y vida”.10
“La misión de los católicos es poner amor donde haya odio;
unión donde haya división; solidaridad donde haya egoísmos e
individualismo; compromiso donde haya indiferencia; paz donde
haya corazones angustiados; entusiasmo por el anuncio de la
Buena Noticia donde haya escepticismo e indiferencia religiosa;
compromiso con el hermano donde haya intereses mezquinos de
personas o corporaciones” (Martín Zabala).
No podíamos acabar sin unas palabras de Ntro. Fundador
animándonos a la urgencia del apostolado eucarístico:
“Hermano mío, sembrador de las almas (…), cuenta que todavía
la mayor parte de los hombres no han querido recibir o no han
dejado arraigar esa semilla. Todavía siguen en espantosa
mayoría las almas situadas junto al camino, las ahogadas por los

9
BENEDICTO XVI, en Fátima, 13/5/2010.
10
BENEDICTO XVI, en Oporto, 14/5/2010.

90
abrojos y las secas y duras como piedras... Y, sin embargo,
todavía no ha alumbrado el sol un día a la tierra en el que no se
hayan abierto las puertas de miles de Sagrarios para dejar salir
al Sembrador divino a sembrarse a Sí mismo en las almas.
Sembrador, sembrador, cada vez que oigas rechinar las puertas
del Sagrario girando sobre sus goznes, hazte cuenta que desde
allá dentro te dicen:
-Sembrador, siembra hoy también...
-Siembra a pesar de los malos que ayer te persiguieron a cara
descubierta; a pesar de los buenos que no te entienden, te
interpretan mal y tratan de cansarte a fuerza de murmuraciones,
reticencias y explosiones de celo amargo; a pesar de los
achaques de tus años y de tu salud y de los cansancios e
inconstancias de tus (compañeros)..., a pesar de todo eso y,
sobre todo, de tu amor propio herido y humillado, sigue
sembrando hoy con la misma paz que el día de tus más copiosas
11
cosechas”.

Reflexión personal y en grupo


1) ¿Que retos nos marca a nosotros en concreto este tema?
2) ¿Que experiencia de misión tiene y está viviendo el grupo?
3) ¿Sientes, que tanto a nivel personal como de grupo “no se
permanece ocioso”?

Oración
Bienaventuranzas del cristiano misionero
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como lo más
necesario y absoluto, porque no quedará defraudado.

11
MANUEL GONZÁLEZ, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario, en
Obras Completas I, 442.

91
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que cada mañana dice "Padre Nuestro", llevando en su corazón
todas las razas, pueblos y lenguas; que es agradecido al don
gratuito de Dios amor, porque no se conformará con una vida
mezquina.
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
con un corazón puro y transparente, que sabe descubrir el amor y
la ternura de Dios sin complicaciones, porque Dios siempre se le
revelará.
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que reconoce y acepta sus limitaciones y debilidades y no
pretende ser invencible, y sin embargo se esfuerza cada día en
superarlas, porque Dios se complace en los humildes.
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que sabe discernir con sabiduría lo que conviene callar y hablar en
cada circunstancia, porque nunca tendrá que arrepentirse de haber
ofendido a un hermano.
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que no puede vivir sin la oración ante el Sagrario, sin saborear las
riquezas de la Palabra de Dios, y sin la Eucaristía, porque esto
dará sentido a su vida.
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que anuncia a Jesucristo Vivo entre nosotros y denuncia las
injusticias que oprimen a los hombres, porque será llamado
profeta de los signos de los tiempos.
 Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero,
que sabe asumir y valorar la cultura de los pueblos, porque habrá
entendido el misterio de la Encarnación.
Bienaventurado el miembro UNER que se siente misionero, que
tiene tiempo para hacer felices a los demás, que encuentra tiempo
para los amigos, la lectura, el esparcimiento, porque ha

92
comprendido el Mandamiento del Amor y se conoce humano y
necesitado

Bibliografía
Sínodo de los Obispos, XIII Asamblea General Ordinaria, La
nueva evangelización para la transmisión de
la fe cristiana. Lineamenta, 2 de febre-ro
2011.
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I (ver los libros en notas a
pie de página).

93
Objetivo
Profundizar que nuestra misión evangelizadora es “eucaristizar.

Idea esencial
La misión evangelizadora de la UNER tienes dos vertientes: el
compromiso-testimonio y el compromiso-eucaristizador.

Iluminación bíblica
Mc 16,15; Lc 24,13-35; Hch 26,28; Rm 10,14; 2Cor
4,13; 1P 3,15.
Introducción
Cuento: El árbol generoso
Érase una vez un árbol denso y fuerte. Sobre todo fuerte, frente a
la lluvia y el viento huracanado. Pero el árbol denso y fuerte tenía
una debilidad: un niño a quien amaba más allá de sí mismo.
Cuando lo veía venir, agitaba sus ramas muy contento y le gritaba:
- Ven, ¿quieres jugar? Vas a ser el rey de la selva. Trepa sobre mi
tronco y colúmpiate en mis ramas y come manzanas y juega a mi
sobra y sé feliz. Toma mis hojas, haz una corona y póntela sobre
tu cabeza.
Nadie puede detener la vida. El niño creció y ya no quería jugar a

95
ser el rey de la selva. Su corazón quería cosas, cosas y más cosas.
- ¿Por qué estás tan triste?, le pregunta un día el árbol.
- Porque necesito cosas y no tengo dinero. ¿Puedes darme un
poco de dinero?
- Lo siento, dijo el árbol, no tengo dinero. Pero no sufras por eso.
Súbete a mis brazos, coge todas mis manzanas y véndelas en el
mercado de la ciudad. Así tendrás el dinero que necesitas y serás
feliz.
En seguida el muchacho subió al árbol, cogió sus manzanas y se
las llevó. Y el árbol fue feliz... Y el muchacho se alejó. Y el árbol
fue feliz ofreciendo el fruto de sus ramas. Pasó el tiempo. Tiempo
de soledad para el árbol, pero un día se estremeció su corazón de
madera. El niño de otros tiempos, que era ya un hombre, volvió.
Eso sí, muy serio.
- ¿Qué te pasa ahora? ¿Por qué estás tan serio?
- Porque quiero hacerme una casa de madera y no tengo madera.
Necesito el calor tanto como el comer. Quiero una esposa y unos
hijos y por eso necesito una casa.
- Yo no tengo casa, dijo el árbol. El bosque es mi casa. Pero no te
preocupes por eso, le dice el árbol. Toma tu hacha y corta mis
ramas mejores, hazte una casa y sé feliz.
Así lo hizo el niño de entonces y ahora un hombre maduro. Cortó
las ramas y se las llevó para construir la casa. Y el árbol era feliz.
Cuando el muchacho, hecho un hombre, regresó, el árbol no podía
hablar embargado por la emoción. Pero el corazón de aquel
hombre seguía hastiado.
- ¿Qué te pasa ahora? ¿No te he dado la leña para hacerte tu
casa?, preguntó el árbol.
- Sí, pero estoy aburrido de ver siempre el mismo paisaje. Me han
dicho que lejos de aquí hay paisajes muy hermosos.

96
- No llores por eso. Corta mi tronco a raíz del suelo y hazte una
barca. Y luego con las pocas ramas que me quedan, hazte unos
remos y vete a navegar y sé feliz. Y el árbol se quedó feliz con la
ofrenda de su tronco.
Pasó mucho tiempo; tanto que apenas el árbol podía respirar por
unos tallos verdes. Hasta que un día, empinándose sobre la hierba,
vio venir a su amigo. Casi no le reconoció. Volvía encanecido y
agotado.
- Ven viejo amigo, le dijo el árbol agotado. Y ahora, ¿qué
necesitas?
- Nada, ahora no necesito nada. Estoy cansado de tanto viajar y
sólo quiero descansar.
- Ven, le dijo el árbol, siéntate en el tronco que cortaste a ras de
tierra y descansa. Es lo único que me queda. Se sentó a descansar
y el árbol era feliz... feliz... muy feliz...

Misión es darse. Quien no comunica la verdad del Amor al


hermano no ha dado todavía bastante.
A pesar de todo, las personas siguen teniendo hambre de Dios,
aunque no lo expresen así, siguen teniendo hambre de felicidad,
de sentido para sus vidas, de llenar ese “vacío” que parece
instalarse en lo más profundo de sus vidas, allí donde las pregun-
tas fundamentales siguen sin encontrar respuesta, allí donde se
encuentran solos consigo mismo y donde descubren el sinsentido
de sus vidas que no les puede llenar...
Juan Pablo II decía: “los hombres de nuestro tiempo, quizá no
siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo
‘hablar’ de Cristo, sino en cierto modo hacérselo ‘ver’. ¿Y no es
quizás cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada
época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante

97
las generaciones del nuevo milenio?”.1
Esta es nuestra llamada –como bautizados y como UNER-: ser
reflejo de la luz de Cristo, hacer ver el rostro de este Cristo que
continúa presente y vivo en medio de nosotros.
Somos enviados por Dios a la sociedad en la que vivimos para
anunciar que Cristo sigue viviendo en medio de nosotros, a llevar
la Buena Noticia de Dios-con-nosotros. De Dios hecho Eucaristía.

Desarrollo del tema


En la Eucaristía, Cristo sigue uniéndonos a Él como discípulos y
amigos, y nos asocia a su obra evangelizadora: “Haced esto en
memoria mía” (Lc 22,19). Nos encomienda su misma misión. Lo
que realizó en su vida histórica (palabras, gestos, actitudes…) y lo
que sigue realizando hoy en su vida eucarística, nosotros hemos
de acercarlo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Que
nuestra vida muestre siempre a los demás que Jesús vive entre
nosotros. Y este sea nuestro anuncio gozoso.

1- Vida eucaristizada: coherencia y testimonio


Decía Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto
a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a
los que enseñan, es porque dan testimonio. [...] Será sobre todo
mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia
evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de
fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes
materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una
palabra de santidad”.2
Coherencia eucarística, “es a lo que está llamada objetivamente
nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un

1
JUAN PABLO II, Novo Millennio Ineunte, 16.
2
PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 41.

98
acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras
relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la
propia fe”.3
Por eso, es necesario comprender las relaciones entre la Eucaristía
y la vida cotidiana. “La espiritualidad eucarística -nos dice
Benedicto XVI- no es solamente participación en la Misa y devo-
ción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera. Y es que
uno de los efectos más graves de la secularización consiste en
haber relegado la fe cristiana al margen de la existencia, como si
fuera algo inútil en el desarrollo de la vida de los hombres. El
fracaso de este modo de vivir ‘como si Dios no existiera’ está
ahora a la vista de todos. Hoy se necesita redescubrir que
Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina
abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es
capaz de renovar la vida de todos. Por eso la Eucaristía, como
fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, se tiene
que traducir en vida según el Espíritu”.4
La misión primera y fundamental que recibimos de la Eucaristía
que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida.
Pero, ¿somos conscientes del don5 que hemos recibido?
“El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo imprime
en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser
testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por
nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se
comunica. Se puede decir que el testimonio es el medio con el que
la verdad del amor de Dios llega al hombre en la historia, invi-
tándolo a acoger libremente esta novedad radical”.6

3
BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis, 83.
4
Ídem, 77.
5
“La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre
otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia” (Ecclesia de
Eucharistia, 11).

99
El don que nos fue dado y la exigencia que comporta el hacerlo
nuestro es una llamada a ser personas eucarísticas. Recordemos el
significado literal de eucaristía: “me conduzco como quien ha
recibido un buen regalo y está agradecido”. Podríamos definirlo
de otra manera: ser hostia, expresión que utiliza mucho el Beato
Manuel González.7
Por otra parte, en nuestra vida misionera el encuentro con Cristo
Eucaristía nos lleve a vivir unas actitudes eucarísticas: solidaridad,
perdón, comunión, acogida, sencillez, alegría, silencio…, tan
urgentes y necesarias hoy en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad,
una sociedad secularizada “que lleva a la marginación de Dios en
la vida... Se absolutiza una libertad sin compromiso por la verdad
y se cultiva como ideal el bienestar individual a través del
consumo de bienes materiales y experiencias efímeras,
descuidando la calidad de las relaciones con las personas y los
valores humanos más profundos; se reduce el amor a una
emoción sentimental y a la satisfacción de impulsos instintivos,
sin esforzarse por construir vínculos duraderos de pertenencia
recíproca y sin apertura a la vida”.8
Pero “no podemos olvidar que la primera tarea será siempre ser
dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que
acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el
corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo
la Palabra del Evangelio, se requiere ante todo hacer una
experiencia profunda de Dios”.9 Y ese Espíritu es el que nos va
transformando en hostias… Oigámosle mejor al Beato Manuel:
“Esa elaboración y conversión gradual y constante de nuestro ser
en hostia por acción de las Hostias de nuestras Comuniones, ésa es

6
BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis, 85.
7
Obras Completas I: nn. 325, 326, 1143 y 2751. “Ser hostia es darse a Dios y en favor de
los prójimos del modo más absoluto e irrevocable” (nº 1143).
8
BENEDICTO XVI, Homilía durante el viaje apostólico a Croacia, 05-06-2011.
9
BENEDICTO XVI, Ubicumque et semper (para la institución del Consejo pontificio para
la promoción de la nueva evangelización) 21 de septiembre de 2010.

100
la verdadera vida interior o espiritual, porque es el Espíritu Santo,
el gran Agente de esa misteriosa digestión y asimilación de la
Hostia, el que con el jugo de la caridad divina, que cada Comunión
infiltra en nuestro ser, y con el ejercicio de nuestra libre
cooperación y adaptación, va elaborando al hombre nuevo, al
hombre-hostia, de modo semejante, aunque desde luego no igual,
a como elaboró en el seno purísimo de la Virgen Inmaculada el
10
cuerpo perfectísimo de su Hijo Jesús”.
El ejemplo de Ntro. Fundador nos alienta y acompaña para vivir la
misión desde la llamada del Señor y la urgencia evangelizadora:
“Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de
misión y alientos para llevarlo a cabo. ¡Qué claro me hiciste ver
todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de
recibirse! ¡Qué bien me diste a entender la definición de mi
sacerdocio haciéndome ver que un sacerdote no es ni más ni
menos que un hombre elegido y consagrado por Dios para pelear
contra el abandono del Sagrario!”.11
El testimonio más fuerte, y no solo de los primeros cristianos sino
también de todos los siglos hasta hoy, es el testimonio hasta el don
de sí mismos, hasta el martirio, cumbre del nuevo culto espiritual.
Podríamos leer un fragmento de una carta de San Ignacio de
Antioquía a los Romanos. El anciano obispo de Antioquía es
transportado por un pelotón de soldados desde Siria hacia la capital
imperial, donde será echado a los leones en el circo romano, el año 110.
San Ignacio enfrenta con valentía la pena de muerte antes de renunciar a
su fe. Sus palabras estremecen por ser las de un hombre al borde del
martirio, con un apasionado deseo de derramar su sangre por Cristo. Es
un ejemplo cumbre del discipulado cristiano:
“Lo único que para mí han de pedir es que tenga fortaleza interior y
exterior, para que no sólo hable, sino que esté también interiormente
decidido, a fin de que sea cristiano no sólo de nombre, sino también de
hecho. Si me porto como cristiano, tendré también derecho a este

10
MANUEL GONZÁLEZ, Mi Comunión de María en Obras Completas I, 1163.
11
MANUEL GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, en Obras Completas I, 15.20.

101
nombre y, entonces, seré de verdad fiel a Cristo, cuando haya
desaparecido ya del mundo… Soy trigo de Dios y he de ser molido por
los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo… Ahora
es cuando empiezo a ser discípulo”.
D. Manuel, con palabras claras, nos urge, a todos los miembros
UNER al apostolado eucarístico por el testimonio de vida:
“Apóstoles de la presencia de Jesús, salid en su nombre por todas
partes enseñando más con vuestras obras que con vuestras
palabras, y de todos los modos que os sugiera el Espíritu Santo
esta grande y consoladora verdad: Que Jesús, no sólo está
realmente en los Sagrarios, sino en las almas y en la vida de los
12
buenos comulgantes...”.
¡ATENCIÓN!!! Algo muy importante nos dice el Fundador:
“trabajad con vuestros pies, con vuestras manos, con vuestras
bocas, con vuestra cabeza, con todo vuestro corazón..., pero por
Dios, no olvidéis el trabajar de rodillas..., esto es, descansad un
poco ante vuestro Sagrario antes de empezar vuestros días y
vuestra labor y después de darle remate. No hay trabajo más
fecundo que el que se hace de rodillas; y sin él los demás, tarde o
temprano son infecundos”.13

2- El apostolado por medio de la Eucaristía14


“Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorpren-
didos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle
y comunicar a los otros la amistad con él”.15 “Esta afirmación
asume una mayor intensidad si pensamos en el Misterio
Eucarístico. En efecto, no podemos guardar para nosotros el
amor que celebramos en el Sacramento. Éste exige por su natura-
leza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el

12
MANUEL GONZÁLEZ, Apostolados menudos, en Obras Completas III, 4918.
13
MANUEL GONZÁLEZ, Florecillas de Sagrario, en Obras Completas I, 795.
14
M. GONZÁLEZ, Artes para ser apóstol, 4790.
15
BENEDICTO XVI, homilía durante la Celebración Eucarística con la que ha iniciado
solemnemente su ministerio en la Cátedra de Pedro, 19 abril 2005.

102
amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él. Por eso la
Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo
es también de su misión: «Una Iglesia auténticamente eucarística
es una Iglesia misionera». También nosotros podemos decir a
nuestros hermanos con convicción: «Eso que hemos visto y oído
os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros» (1 Jn
1,3)”. 16
“Subrayar la relación intrínseca entre Eucaristía y misión nos
ayuda a redescubrir también el contenido último de nuestro
anuncio. Cuanto más vivo sea el amor por la Eucaristía, tanto
más clara tendremos la tarea de la misión: llevar a Cristo. La
Eucaristía, como Sacramento de nuestra salvación, nos lleva a
considerar de modo ineludible la unicidad de Cristo y de la
salvación realizada por Él a precio de su Sangre”.17
“Los dos discípulos de Emaús, tras haber reconocido al Señor,
‘se levantaron al momento’ (Lc 24,33) para ir a comunicar lo que
habían visto y oído. Cuando se ha tenido verdadera experiencia
del Resucitado, alimentándose de su Cuerpo y de su Sangre, no se
puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con
Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística,
suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de
evangelizar y dar testimonio”.18
La fuerza que brota de la Eucaristía es el corazón que dinamiza
nuestra misión reparadora. En palabras de Ntro. Fundador:
“eucaristizar, la acción de volver a un pueblo loco de amor por
el Corazón Eucarístico de Jesús”,19 es decir, colaborar con Cristo,
por la fuerza transformadora del Espíritu, en la re-conducción del
mundo a la plenitud del Amor.
El Beato Manuel dejó a la Unión Eucarística Reparadora un plan
16
BENEDICTO XVI, Sacramentum Caritatis, 84.
17
Idem, 86.
18
JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 24.
19
M. GONZÁLEZ, Aunque todos… yo no, 6.

103
de vida personal y eclesial, fundamentado en este verbo
eucaristizar: “Estoy convencido y persuadido de que en la
eucaristización de la escuela, del púlpito, de los centros de
acción, de los procedimientos apostólicos, de todo el trabajo y
de las orientaciones todas de la vida cristiana está el summum
de su seguridad, eficacia y prosperidad, y esta persuasión de tal
modo me empuja, preocupa y absorbe, que hoy por hoy, y Dios
sea bendito por ello, cuanto pienso, digo, escribo y aliento a esto
sólo va: a que de papeles, obras, niños, viejos, hombres, mujeres
y de todo cuanto me rodee o afecte, brote perennemente en un
tono o en otro y cada cual en su len-guaje, el Tantum ergo
Sacramentum de la fe, del reconocimiento y del amor al
20
Corazón de Jesús Sacramentado” .
“La Eucaristía concluye con una misión: ‘Id y contadlo’. Las
palabras latinas ‘Ite Missa est’, con las que el sacerdote solía
concluir la Misa, significaban literalmente: ‘id, ésta es vuestra
misión’. El final no es la Comunión, sino la Misión. La Comunión,
esa sagrada intimidad con Dios, no es el momento final de la vida
eucarística. Le hemos reconocido, sí, pero el reconocimiento no es
sólo para saborearlo nosotros solos ni para mantenerlo en secreto.
Al igual que María Magdalena, los de Emaús, han escuchado muy
dentro de sí las palabras ‘id y contadlo’. Esa es la conclusión de la
celebración eucarística; y ése es también el llamamiento final de la
vida eucarística: ‘Id y contadlo’. Lo que hemos visto y oído no es
para nosotros solos. Es para los hermanos y hermanas y para todos
quienes estén dispuestos a recibirlo. Id, no os demoréis, no esperéis,
no dudéis; poneos en camino…”.
En la Eucaristía se nos pide que abandonemos la mesa y que
vayamos con nuestros amigos a descubrir juntos que Jesús está
realmente vivo y nos llama a todos a formar un nuevo pueblo: el
pueblo de la resurrección.21

20
MANUEL GONZÁLEZ, En busca del Escondido, en Obras Completas II, 2812.
21
HENRI J. M. NOUWEN, Con ascuas en el corazón.

104
“El apostolado más eficaz... y el que hoy quieren el Corazón de
Jesús y la Madre Iglesia que se emplee, no con exclusión, pero sí
con preferencia a todas las demás obras apostólicas, es el
apostolado por medio de la Eucaristía (...) orientar nuestra
actividad para que el Evangelio vivo sea conocido, el Pan vivo
sea comido, el Maná escondido sea gustado, el Dios del Sagrario
sea reverenciado, la Providencia que en él vive sea tenida en
22
cuenta y el Modelo vivo que en él se exhibe sea copiado”.
Es la hora de la misión. Este grito ha de resonar en nuestra
conciencia, independiente de la edad, situación personal y de las
urgencias del momento. No es el momento de “dar largas” a la
llamada de Dios: “No guardéis a Cristo para vosotros”, como decía
el Papa recientemente a los jóvenes en la Jornada Mundial de la
Juventud de Madrid.

Reflexión personal y en grupo


1) ¿Cuáles, te parece, son las exigencias y cualidades que
debe tener nuestra acción misionera dentro de la Iglesia?
2) ¿Sientes que como UNER, tomamos en serio el
compromiso misionero?
3) Enumerar los distintos compromisos misioneros que están
haciendo tanto a nivel personal, como de grupo.
4) No podemos perder de vista que siempre hemos de
eucaristizar: a nivel de grupo ¿están comprometidos en
acciones concretas dentro de la parroquia y asumen
también compromisos diocesanos?

Oración
“No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; y os
he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto
permanezca” (Jn 15, 16).

22
M. GONZÁLEZ, Artes para ser apóstol, 4790 y 4812.

105
Yo te elegí y te puse para... ¿te acuerdas? ¡te impresionó tan
dolorosamente aquel no estar nunca nadie conmigo en mi Sagrario,
que te decidiste a quedarte tú y a llamar para siempre al Sagrario
mío el Sagrario tuyo!
Sí, para eso te elegí y te puse, para que de tu boca, de tu cariño, de tu
trabajo, de tus lágrimas, de tu cruz de cada día, exhalaras ante el
Sagrario tuyo y mío el buen olor de todas esas cosas.
Te puse para que fueras mi lámpara viviente.
Te puse para que fueras la mano que siempre señalara hacia Mí, la
voz que de Mí siempre hablara, el pie que hacia Mí siempre se
dirigiera, el corazón que siempre me quisiera...
Te puse para que fueras un Sagrario mío en donde Yo entrara cada
mañana por la santa Comunión y de donde nunca saliera...
Te puse, en una palabra, para contar contigo...
¿Podré contar contigo?... ¿Siempre? ¿En triunfos y derrotas?
¿Siempre?23

Bibliografía
MANUEL GONZÁLES, Obras Completas I - II - III (ver los libros en
notas a pie de página).
HNA. Mª TERESA CASTELLÓ, Eucaristizar: desafío de ayer y hoy.
Recorrido histórico de la espiritualidad UNER,
Ponencia en la Asamblea Internacional UNER,
Fátima, 2005.

23
Cfr. MANUEL GONZÁLEZ, Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario, en
Obras Completas I, 433-437.

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