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Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus

Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430),1 es


un santo, padre y doctor de la Iglesia católica.
El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según
Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad.2 Autor prolífico,3 dedicó gran
parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de
Dios sus obras más destacadas.

Nacimiento, infancia y adolescencia[editar]


San Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste (en la actual Argelia), pequeña
ciudad de Numidia en el norte de África, que por entonces integraba el Imperio romano.
Su padre, llamado Patricio, era un pequeño propietario pagano y su madre, la futura Santa
Mónica, es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana,
de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su
familia, aún bajo las circunstancias más adversas.4

San Agustín y Santa Mónica (1846), por Ary Scheffer.

Mónica le enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana y al ver cómo el joven
Agustín se separaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante en medio
de un gran sufrimiento. Años más tarde Agustín se llamará a sí mismo "el hijo de las lágrimas
de su madre".5 En Tagaste, Agustín comenzó sus estudios básicos, posteriormente su padre
lo envió a Madaura a realizar estudios de gramática.6
Agustín se destacó en el estudio de las letras. Mostró un gran interés hacia la literatura,
especialmente la griega clásica y poseía gran elocuencia.7 Sus primeros triunfos tuvieron
como escenario Madaura y Cartago, donde se especializó en gramática y retórica.6 Durante
sus años de estudiante en Cartago desarrolló una irresistible atracción hacia el teatro. Al
mismo tiempo, gustaba en gran medida de recibir halagos y la fama, que encontró fácilmente
en aquellos primeros años de su juventud. Durante su estancia en Cartago mostró su genio
retórico y sobresalió en concursos poéticos y certámenes públicos. Aunque se dejaba llevar
por sus pasiones, y seguía abiertamente los impulsos de su espíritu sensual, no abandonó sus
estudios, especialmente los de filosofía. Años después, el mismo Agustín hizo una fuerte
crítica sobre esta etapa de su juventud en su libro Confesiones.
A los diecinueve años, la lectura de Hortensius de Cicerón despertó en la mente de Agustín el
espíritu de especulación y así se dedicó de lleno al estudio de la filosofía, ciencia en la que
sobresalió. Durante esta época el joven Agustín conoció a una mujer con la que mantuvo una
relación estable de catorce años y con la cual tuvo un hijo: Adeodato.
En su búsqueda incansable de respuesta al problema de la verdad, Agustín pasó de una
escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus
inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un
modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente,
decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la
pasividad del bien ante el mal.7
Sumido en una gran frustración personal decidió, en 383, partir para Roma, la capital del
Imperio romano. Su madre quiso acompañarle, pero Agustín la engañó y la dejó en tierra
(cf. Confesiones 5,8,15).
En Roma enfermó de gravedad. Tras restablecerse, y gracias a su amigo y
protector Símaco, prefecto de Roma, fue nombrado magister rhetoricae en Mediolanum, la
actual Milán.
Agustín, como maniqueo y orador imperial en Milán8 era el rival
en oratoria del obispo Ambrosio de Milán.

Conversión al cristianismo[editar]
Fue en Milán donde se produjo la última etapa antes de la conversión de Agustín al
cristianismo.
Empezó a asistir como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del obispo Ambrosio,
quedando admirado de sus prédicas y su corazón. Fue Ambrosio quien le hizo conocer los
escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso. Por medio de estos escritos se convirtió
al cristianismo.
Entonces decidió romper definitivamente con el maniqueísmo.
Esta noticia llenó de gozo a su madre, que había viajado a Italia para estar con su hijo, y que
se encargó de buscarle un matrimonio acorde con su estado social y dirigirle hacia
el bautismo. En vez de optar por casarse con la mujer que Mónica le había buscado, decidió
vivir en ascesis; decisión a la que llegó después de haber conocido los
escritos neoplatónicos gracias al sacerdote Simpliciano. Los platónicos le ayudaron a resolver
el problema del materialismo y el del mal.
Agustín es bautizado por el obispo Ambrosio

El obispo Ambrosio le ofreció la clave para interpretar el Antiguo Testamento y encontrar en


la Biblia la fuente de la fe. Por último, la lectura de los textos de san Pablo le ayudó a Agustín
a solucionar el problema de la mediación -vinculado al de la Comunión de los Santos- y al de
la Gracia divina. Según cuenta el mismo Agustín, la crisis decisiva previa a la conversión, se
dio estando en el jardín con su amigo Alipio, reflexionando sobre el ejemplo de Antonio, oyó la
voz de un niño de una casa vecina que decía
Tolle lege

que en español significa


toma y lee9 10

y entendiéndolo como una invitación divina, cogió la Biblia, la abrió por las cartas de san Pablo
y leyó el pasaje.9
Nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias.
Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus
concupiscencias. (Rom. 13, 13-14).11
Al llegar al final de esta frase se desvanecieron todas las sombras de duda. 12

En 385 Agustín se convirtió al cristianismo.13


En 386 se consagró al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo. Renunció a
su cátedra y se retiró con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán, para
dedicarse por completo al estudio y a la meditación.
El 24 de abril de 387, a los treinta y tres años de edad, fue bautizado en Milán por el santo
obispo Ambrosio. Ya bautizado, regresó a África, pero antes de embarcarse, su madre Mónica
murió en Ostia, el puerto cerca de Roma.14

Monacato, sacerdocio y episcopado[editar]


Cuando llegó a Tagaste, Agustín vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió
entre los pobres. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer
allí vida monacal. Años después esta experiencia fue la inspiración para su famosa Regla. A
pesar de su búsqueda de la soledad y el aislamiento, la fama de Agustín se extendió por todo
el país.
En 391 viajó a Hipona para buscar a un posible candidato a la vida monástica, pero durante
una celebración litúrgica fue elegido por la comunidad para que fuese ordenado sacerdote, a
causa de las necesidades del obispo Valerio de Hipona. Agustín aceptó, tras resistir, esta
elección, si bien con lágrimas en sus ojos. Algo parecido sucedió cuando se le consagró
como obispo en el 395. Entonces abandonó el monasterio de laicos y se instaló en la casa
episcopal, que transformó en un monasterio de clérigos.
La actividad episcopal de Agustín fue enorme y variada. Predicó y escribió incansablemente,
polemizó con aquellos que iban en contra de la ortodoxia de la doctrina cristiana de aquel
entonces, presidió concilios y resolvió los problemas más diversos que le presentaban sus
fieles. Se enfrentó a maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos, priscilianistas, académicos,
etc. Participó en los Concilios regionales III de Hipona del 393, III de Cartago del 397 y IV de
Cartago del 419, en los dos últimos como presidente y en los cuales se sancionó
definitivamente el Canon bíblico que había sido hecho por el papa Dámaso I en Roma en el
Sínodo del 382.
Ya como obispo, escribió libros que lo posicionan como uno de los cuatro principales Padres
de la Iglesia latinos. La vida de Agustín fue un claro ejemplo del cambio que logró con la
adopción de un conjunto de creencias y valores.

Fallecimiento[editar]

Tumba de san Agustín en la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía.


Agustín murió en Hipona el 28 de agosto de 430 durante el sitio al que
los vándalos de Genserico sometieron la ciudad durante la invasión de la provincia romana de
África.
Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerdeña y, hacia el 725, a Pavía, a la basílica
de San Pietro in Ciel d'Oro, donde reposa hoy.

La leyenda del encuentro con un niño junto al mar[editar]


Una tradición medieval, que recoge la leyenda, inicialmente narrada sobre un teólogo, que
más tarde fue identificado como san Agustín, cuenta la siguiente anécdota: cierto día, san
Agustín paseaba por la orilla del mar, junto a la playa, dando vueltas en su cabeza a muchas
de las doctrinas sobre la realidad de Dios, una de ellas la doctrina de la Trinidad. De pronto, al
alzar la vista ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena. Le observa más de cerca y
ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua del mar, y vuelve donde estaba antes
y vacía el agua en un hoyo. El niño hace esto una y otra vez, hasta que Agustín, sumido en
una gran curiosidad, se acerca al niño y le pregunta: «¿Qué haces?» Y el niño le responde:
«Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo». Y San Agustín dice:
«¡Pero, eso es imposible!». A lo que el niño le respondió: «Más difícil es que llegues a
entender el misterio de la Santísima Trinidad».
La leyenda es usada en muchos lugares como verdadera; sin embargo, se trataría de una
invención sin fundamento real, pero que se inspira al menos en la actitud de Agustín como
estudioso del misterio de Dios.15

Doctrina[editar]
Razón y fe[editar]

Detalle de San Agustín en una vidriera por Louis Comfort Tiffany en el Lightner Museum.

San Agustín, a los diecinueve años, se pasó al racionalismo y rechazó la fe en nombre de la


razón. Sin embargo, poco a poco fue cambiando de parecer hasta llegar a la conclusión de
que razón y fe no están necesariamente en oposición, sino que su relación es de
complementariedad.16 Según él, la fe es un modo de pensar asintiendo, y si no existiese el
pensamiento, no existiría la fe. Por eso la inteligencia es la recompensa de la fe. La fe y la
razón son dos campos que necesitan ser equilibrados y complementados.16
Esta postura se sitúa entre el fideísmo y el racionalismo. A los racionalistas les
respondió: Crede ut intelligas («cree para comprender») y a los fideístas: Intellige ut
credas(«comprende para creer»). San Agustín quiso comprender el contenido de la fe,
demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas.

Interioridad[editar]
Agustín de Hipona anticipa a Descartes al sostener que la mente, mientras que duda, es
consciente de sí misma: si me engaño existo (Si enim fallor, sum). Como la percepción del
mundo exterior puede conducir al error, el camino hacia la certeza es la interioridad (in
interiore homine habitat veritas) que por un proceso de iluminación se encuentra con las
verdades eternas y con el mismo Dios que, según él, está en lo más íntimo de la intimidad.
Las ideas eternas están en Dios y son los arquetipos según los cuales crea el Cosmos. Dios,
que es una comunidad de amor, sale de sí mismo y crea por amor mediante rationes
seminales, o gérmenes que explican el proceso evolutivo que se basa en una constante
actividad creadora, sin la cual nada subsistiría. Todo lo que Dios crea es bueno, el mal carece
de entidad, es ausencia de bien y fruto indeseable de la libertad del hombre.
Agustín también reflexiona sobre el tiempo desde la perspectiva de la conciencia subjetiva. El
interior del hombre, dotado de memoria, está disperso entre el pasado y el futuro y anhela lo
imperecedero. Es a través del examen de la propia trayectoria existencial y la introspección en
la propia alma, donde Agustín expresa sus convicciones.

Ciudad de Dios[editar]
En la historia coexisten la Ciudad del Hombre, volcada hacia el egoísmo, y la Ciudad de Dios
que se va realizando en el amor a Dios y la práctica de las virtudes, en especial, la caridad y
la justicia. Ni Roma ni ningún Estado es una realidad divina o eterna, y si no busca la justicia
se convierte en un magno latrocinio. La Ciudad de Dios, que tampoco se identifica con la
Iglesia del mundo presente, es la meta hacia donde se encamina la humanidad y está
destinada a los justos.

Lucha contra las herejías[editar]


Agustín acusa al pelagianismo de no creer en el amor gratuito de Dios. La salvación para él no
es un merecimiento del hombre por sus buenas obras, sino pura gracia.
Agustín también ataca al donatismo. Este no admite a los que en las persecuciones renegaron
de la fe. Agustín aboga por la acogida y el perdón.

Ética[editar]
El amor agustino se basa en el amor a Dios. Este amor libera al ser humano permitiéndole
hacer lo que él quiera. Ello, en tanto tiene como base el amor a Dios.
Para san Agustín
el amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, y si se posee,
sobra todo lo demás.

San Agustín también dijo que


Nos hiciste Señor para Tí, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Tí.

Para el santo, Dios creó a los seres humanos para Él, y por ello los seres humanos no van a
estar plenos hasta que no descansen en Dios.
Como para otros Padres de la Iglesia, para Agustín de Hipona la ética social implica la
condena de la injusticia de las riquezas y el imperativo de la solidaridad con los
desfavorecidos
Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas mismas son injusticia, por
cuanto tú tienes y otro no tiene, tú vives en la abundancia y otro en la miseria.
Psalmos 48

Agustín de Hipona defendió asimismo el bien de la paz y procuró promoverla


Acabar con la guerra mediante la palabra y buscar o mantener la paz con la paz y no con la guerra es
un título de gloria mayor que matar a los hombres con la espada.
Epístola 229

Recepción[editar]

San Agustín de Hipona, uno de los Padres de la Iglesia más activos contra el priscilianismo.

San Agustín tiene gran importancia en la historia de la cultura de Europa.


Sus Confesiones suponen un modelo de biografía interior para muchos autores, que van a
considerar la introspección como elemento importante en la literatura.
Concretamente, Petrarca fue un gran lector del santo: su descripción de los estados amorosos
enlaza con ese interés por el mundo interior que encuentra en san Agustín. Descartes
descubrió la autoconciencia, que señaló el inicio de la filosofía moderna, copiando su principio
fundamental (cogito ergo sum/pienso luego existo) no literalmente pero sí en cuanto al sentido,
de san Agustín (si enim fallor, sum/si me equivoco, existo: De civ. Dei 11, 26). Por otro lado,
San Agustín va a ser un puente importante entre la antigüedad clásica y la cultura cristiana. El
especial aprecio que tiene por Virgilio y Platón va a marcar fuertemente los siglos posteriores.
Dos son las principales escuelas del pensamiento filosófico y teológico católico: la platónico-
agustiniana y la aristotélico-tomista. La Edad Media, hasta el siglo XIII y el redescubrimiento
de Aristóteles, va a ser platónica-agustina.

Agustín y la ciencia[editar]
Según el científico Roger Penrose, san Agustín tuvo una «intuición genial» acerca de la
relación espacio-tiempo, adelantándose 1500 años a Albert Einstein y a la teoría de la
relatividad cuando Agustín afirma que el universo no nació en el tiempo, sino con el tiempo,
que el tiempo y el universo surgieron a la vez.17 Esta afirmación de Agustín también es
rescatada por el colega de Penrose, Paul Davies.
Agustín, quien tuvo contacto con las ideas del evolucionismo de Anaximandro, sugirió en su
obra La ciudad de Dios que Dios pudo servirse de seres inferiores para crear al hombre al
infundirle el alma, defendía la idea de que a pesar de la existencia de Dios, no todos los
organismos y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas en tiempos
históricos a partir de creaciones de Dios.
 SAN AGUSTIN (354- 430)
Personaje muy importante xq fusionó la fe y el platonismo lo cual supuso un paso muy
importante para frenar las disputas entre teología y filosofía aunque estas siguieran muchos
siglos mas.
 la Fe y Razón no están separadas y están vinculadas pensamiento que se refleja claramente en sus dos
famosas afirmaciones: “hay q creer para entender”y “entiende para creer”.
 Tª del conocimiento (dialéctica) supone una critica al escepticismo, puesto k el escéptico al afirmar q
no se puede tener certeza de ningún juicio, se contradice, ya q al menos esta seguro de la verdad del juicio
“no podemos estar seguros de nada”; además suponiendo q siempre me equivocara como existo es
indudable la verdad del juicio ya que un ser inexistente no puede dudar ni engañarse.
 Distingue entre varios tipos de conocimiento:
o El sensible: es sensación y opinión realizadas por el alma ya que los estímulos externos hacen que el
alma sienta.
o El racional inferior: es ciencia, conocemos lo universal y necesario relativo a lo temporal. Lo produce
la razón.
o El raciona superior: iluminación que Dios concede al alma y a la razón y nos lleva al conocimiento
filosófico que es la autentica sabiduría.
La iluminación consiste en que Dios concede poderes a la razón que en su estado natural y
normal no tiene y con los cuales puede alcanzar las verdades eternas.
 El hombre esta compuesto de materia (cuerpo) y forma (alma) unidas de forma accidental.
 El alma es sustancia espiritual, simple, indivisible e inmortal.
S.Agustín explico el origen del alma dudando entre 2 explicaciones:
El creacionismo (si Dios crea el alma cada vez q surge un nuevo ser humano, como el alma
tiene el pecado original, Dios crea un alma en pecado)
El generacionismo (si el alma es generada por los padres, a la igual q el cuerpo, no puede
tener simplicidad)
 La existencia de Dios se demuestra mirando al interior de nuestra alma.
Los seres humanos tenemos una serie de verdades eternas (2+2=4), cada verdad tiene que
tener su fundamento y x tanto estas verdades eternas no pueden estar fundamentadas en las
cosas cambiantes sino q como son eternas deberán fundamentarse en un ser eterno e
inmutable, al cual llamamos Dios.
 Su ética es una síntesis del platonismo, estoicismo y cristianismo.
Tiene una curiosa concepción del mal:
“todo el universo y las cosas que lo integran son imitaciones de ideas divinas. Por tanto el ser
no es malo por lo que es sino por lo que no es, ya q Dios creó al ser y solo crea bien”.
La alegoría de la caverna (también conocida por el nombre de mito de la caverna, aunque
en realidad solo es una alegoría de intenciones pedagógico-filosóficas, no un mito, pues no
aparece reflejado como tal en los escritos de Platón ni en ninguna otra obra antigua, ni
siquiera entre los mitógrafos) se considera la más célebre alegoría de la historia de la
filosofía1 junto con la del carro alado.2 Su importancia se debe tanto a la utilidad de la
narración para explicar los aspectos más importantes del pensamiento platónico como a la
riqueza de sus sugerencias filosóficas.
Se trata de una explicación metafórica, realizada por el filósofo griego Platón al principio del
VII libro de la República, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto
del conocimiento.3 En ella, Platón explica su teoría de cómo podemos captar la existencia de
los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible
(sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón).

Índice
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 1Historia
 2Interpretación esotérica
o 2.1Ontología subyacente en la alegoría
o 2.2La epistemología subyacente en la alegoría
o 2.3La educación subyacente en la alegoría
o 2.4La política subyacente en la alegoría
 3Interpretaciones exotéricas
 4Véase también
 5Referencias
o 5.1Bibliografía
 6Enlaces externos
Historia[editar]

Alegoría de la caverna, por Markus Maurer.

Platón describió4 en su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentran


un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y
las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin
poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y,
seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de
la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de
objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que
los prisioneros pueden ver.
Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a
las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y
cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a
sus espaldas.
Continúa la narración contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y
obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva
realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la
primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el
hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la
caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior
(hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las
anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol
y lo que le es propio",5 metáfora que encarna la idea de bien.
La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para
"liberar" a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que haría que éstos se rieran de él. El
motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el
paso de la claridad del sol a la oscuridad de la cueva. Cuando este prisionero intenta desatar y
hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que éstos son capaces de
matarlo y que efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad,6 con lo que se entrevé
una alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la verdad y a su
fracaso al ser condenado a muerte.

Interpretación esotérica[editar]
La interpretación de la alegoría de la caverna hay que buscarla muy al final del libro VI y en el
libro VII de la República de Platón, una interpretación que es puramente epistemológica, no en
vano comienza la historia con estas palabras:
-Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la
educación o falta de ella, se encuentra nuestra naturaleza.7
Pero bajo su sentido epistemológico esconde connotaciones propias de la
metafísica8 platónica, así como de su política dado que la República es un tratado político.

Ontología subyacente en la alegoría[editar]


Nada más terminar la narración del mito nos cuenta Platón, por boca de Sócrates, qué
representa cada una de las imágenes que se exponen en él.9 Corresponde a las sombras y a
los hombres que las producen en el mundo que percibimos por los sentidos o mundo sensible;
y la hoguera al Sol que todo lo ilumina y nos permite ver. La ascensión al exterior de la cueva
figura el ascenso al mundo inteligible, mundo en el que se encuentra la idea de
Bien10 representada por el Sol.
Ambos mundos son reales, pero el inteligible posee más entidad siendo fundamento de todo lo
sensible. Pertenecen a este mundo las esencias o ideas y, de entre ellas, la idea de Bien es
fundamento de todas las demás ideas y por ende de lo sensible.
Pero, con todo, esta explicación que nos da Platón no es más que una nota al margen de lo
que esta alegoría pretende dar a entender. Eso sí, es necesaria para entender el camino del
alma hacia el mundo inteligible.11

La epistemología subyacente en la alegoría[editar]

Alegoría de la caverna, de Platón, grabado de Jan Saenredam (1604).

Se trata de la parte central de la narración, pero antes de exponerla es preciso contextualizar


la epistemología de Platón. Tanto Heráclito como Parménides habían comenzado dos
caminos opuestos para avanzar hacia el conocimiento de la realidad, el primero atendiendo a
lo mudable,12 el segundo a lo eterno e imperecedero: y fue el propio Parménides el que puso
nombre a ambos: vía de la opinión y vía de la verdad, respectivamente. Platón, dialéctico él,
conjugará ambas vías, si bien dando más importancia y validez a la parmenidea. A estos
autores hay que mirar para entender lo que se esconde tras el mito de la caverna.
Según Platón, a cada tipo de realidad le corresponde un tipo de conocimiento apropiado, y
éstos a su vez se subdividen en otros dos tipos distintos, cada cual más cierto13 cuanto mejor
aprehenden lo inteligible. Así, para conocer el mundo sensible disponemos de la opinión, que
siendo conocimiento es un saber que puede contener error, y que viene a coincidir con la vía
abierta por Heráclito. Por otra parte, para conocer el mundo inteligible contamos con
la ciencia que nos proporciona un conocimiento cierto de la realidad, camino propuesto por
Parménides. La opinión o doxa, como ya ha sido dicho, se divide a su vez en dos subtipos de
conocimiento: la imaginaciónn o eikasia; y la creencia o pistis. A su vez, para el conocimiento
del mundo inteligible, la ciencia o episteme se divide a su vez en pensamiento o diánoia que
capta las esencias y la razón o noesis que capta la idea de bien.14
De este modo, el conocimiento adquirido por la contemplación de las sombras se identificaría
con la fiabilidad del conocimiento que proporciona la imaginación, similar a tomar con una
certeza más allá de lo deseable a imágenes reflejadas en espejos, o a imágenes pintadas o
esculpidas, o incluso a la misma alegoría de la caverna. La visión de los hombres que
caminan por la cueva mostrando objetos y la hoguera misma con la creencia, similar a tomar
con una certeza más allá de lo deseable el conocimiento adquirido por la mera observación de
la naturaleza en la que todo es mutable. La contemplación del mundo exterior a la cueva
representa al pensamiento, el paso al conocimiento del mundo inteligible en el que se
encuentran las esencias u oὒσία, un conocimiento que deja de ser una opinión con posibilidad
de error, para ser un conocimiento cierto, acorde con la realidad ya que todas las cosas
sensibles son imágenes de sus propias esencias. Y por fin, el conocimiento adquirido con la
contemplación del sol representa el conocimiento que se obtiene con la contemplación de la
idea de bien o razón. Se trata de un conocimiento que supera al mismo pensamiento tanto en
cuanto que el que lo posee conoce todas las esencias del mundo inteligible porque se fundan
en ella y, a través de ellas, todas las realidades del mundo sensible, mientras que el que sólo
usa del pensamiento, sólo conoce las esencias que va descubriendo en su pensar.

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