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SUMARIO
EDITORIAL
INVITADOS
SELECCIÓN DE CUENTOS
TEXTOS DE FGR
AGRADECIMIENTOS

EDITORIAL
Por: Federico G. Rudolph
FUNDADOR Y DIRECTOR DE EL RENDAR

A este segundo número de Revista Literaria El Rendar


quisimos darle un toque especial, y optamos por dedi-
carlo casi en su totalidad a la Ciencia Ficción. Son siete los
cuentos seleccionados que lo integran, escogidos riguro-
samente de entre los más de ochenta que recibimos en
las apenas tres semanas que duró la convocatoria para
esta edición. Participaron escritores de nueve países
(Argentina, Chile, Colombia, Cuba, España, EEUU, México,
Perú y Uruguay). Y con los textos seleccionados armamos
una colección que, de seguro, agradecerá el lector.
Tuvimos de todo: desde cuentos que no pertenecían al
género o que no cumplieron con alguna de las bases de la
convocatoria —algunos de los cuales ni siquiera pudimos
aceptar en la misma (por lo que el número de participan-
tes, en realidad, fue un poco mayor)—, hasta aquellos
que consideramos que era necesario publicar. La selec-
ción no ha sido fácil; muchos de los textos participantes
no alcanzaron la calidad que deseábamos —quizás
porque el género en sí mismo exige lo que otros no—.
Pero, al final, logramos apartar los suficientes. Fue una
cosecha que valió todo el esfuerzo puesto en ella. Y,
como en nuestro número anterior, cada texto que pasó a
integrar esta edición de la revista ha sido revisado y corre-
2 la difusión de autores emergentes y de su
material. Un espacio para escritores que
gido antes de su publicación. De hecho,
se ofrece de igual a igual y al que segui-
hemos vuelto a convertir la etapa de selec-
remos invitando a participar.
ción en una especie de taller de correc-
¡Esperamos que les guste!
ción literaria. Lo cual, por supuesto, los
El lanzamiento de este número estaba
autores han sabido agradecer.
previsto para fines de noviembre. Una
Como cultor del género, a esta colec-
operación de columna y los padeci-
ción se le suman tres cuentos escritos por
mientos anteriores y posteriores a la
quién suscribe, el director de la revista; misma retrasaron su aparición, ¡cosas de
uno de ellos, tomado de mi libro Cuentos la vida...!, que se le va a hacer. Pero lo
poco conocidos Vol.II y, los otros, escritos logramos por segunda vez: ¡El Rendar
especialmente para esta edición. Y para vuelve a salir a la luz!
inaugurar nuevas secciones contamos
con la participación de distintos autores
invitados. En este número, nos vuelve a
acompañar Mauro Barea con una reseña
de una novela premiada a principios de
este año: La Carcoma; y se le suman:
Daniel Fiopani, autor del mencionado
libro; y Eduardo J. Carletti, director de la Revista Literaria El Rendar
página Axxón de ciencia ficción, a quien Año 1 · Número Uno · Diciembre de 2017
tuvimos el agrado de haberle hecho una Ciudad de La Falda, Pcia. de Córdoba
larga entrevista —que respondió con República Argentina
muchísimo gusto y que podrán encontrar,
ustedes, en la página central—. Hemos Contacto editorial
añadido, también, alguna que otra reco- revistaelrendar.wordpress.com
mendación de libro por allí. facebook.com/RevistaLiterariaElRendar
Este segundo número, el Número Uno revista@elrendar.org
de El Rendar —porque, a causa de alguna TE / WhatsApp +54 9 3548 404 854

extraña razón marcada por el destino,


empezamos a contar desde Cero—, trae
alguna que otra cosilla nueva e, incluso, un
cambio de formato, anticipándose a lo
que serán sus próximas apariciones.
Gracias a todos por volver a confiar en
este espacio destinado, antes que nada, a
robots que en nada se parecían a los nuestros,
de pantallas táctiles donde nos mostraban

LA MUERTE imágenes en dos y tres dimensiones de su


planeta natal —parecidas a las que usábamos
nosotros, pero mucho más avanzadas—, de sus
DE LA CIENCIA FICCIÓN traductores universales neurolingüísticos sin
Federico G. Rudolph los cuales sería imposible poder comunicarnos
con ellos, de un sistema de propulsión que
«No hay nada nuevo bajo el sol...», o al menos, jamás se nos hubiera ocurrido inventar... ni
eso me habían dicho cientos de veces aquellos siquiera en nuestros mejores cuentos. ¿Y qué
editores que tanto se negaron a recibir mis decir de su fisonomía? Una tremenda variedad
manuscritos sin leerlos siquiera. Entré en páni- de tonos de piel que, suponíamos, era la forma
co... o, tal vez, en depresión. Escribir sobre otros que ellos tenían para poder distinguirse los
temas había dejado de apasio- unos de los otros —a nosotros
narme hacía rato. En algún nos parecían todos iguales,
punto de mi historia personal, excepto por ese sutil detalle.
yo había quedado atrapado Nada nuevo quedaba por
por la necesidad exclusiva de contar: ellos nos regalaron
plasmar naves, planetas, alie- algunas de sus obras de histo-
nígenas, máquinas del tiempo ria, geografía, política, econo-
y viajes espaciales en mis mía, filosofía, arte, ciencia...
textos y por sobre cualquier redactadas en sus más de
otra cosa. Llené mis cuadernos ciento setenta lenguas
de notas al pie, de diagramas y —aunque nos dijeron que en
dibujos, de todo tipo de argu- su mundo se hablaban más de
mentos y situaciones ligadas a mil—, nos mostraron fotos de
la ciencia ficción, pero la planetas, estrellas y galaxias
realidad era muy dura, mis que desconocíamos y que
editores —aunque, si bien, estaban por completo fuera
nunca lo alzanzaron a ser, en realidad— tenían del alcance de nuestros telescopios. Hermosas
toda la razón, no se le podía extraer más jugo al imágenes, hermosas historias. Me sentí derro-
género: todo se había escrito al respecto. tado por completo. Pero en el fondo, siempre
Entonces, ocurrió lo impensable, el cielo temí que algo así pudiera llegar a suceder. ¿Qué
ardió una mañana, y descendieron cientos de haré a partir de ahora, ya que no hay nada sobre
extraños vehículos tripulados sobre la super- lo cual yo quiera escribir?
ficie de nuestro planeta —sinceramente, el Por las noches, me siento, junto a muchos
único que creíamos habitado—. Y me sentí más otros de mis congéneres, alrededor de aquellas
derrotado todavía: no solo que la temática fogatas simuladas que organizan los extrate-
estaba agotada, sino que la realidad finalmente rrestres para escuchar sus historias que, en
superaba, enterraba a la ficción. Los extrate- cierto modo, me complacen. Otras veces, dis-
rrestres venían acompañados de una tecno-
logía totalmente desconocida para nosotros, de 3
fruto de las imágenes en movimiento que pro-
yectan sobre las paredes de algunos de nues-
tros edificios —como si nosotros no tuviéramos
salas específicamente diseñadas para ello— o ACOMPAÑANTE
me regocijo cuando sacan a relucir sus filma-
ciones en tres dimensiones —realmente, uno
ROBÓTICO
se zambulle dentro de ellas—. Me agrada su Mayra A. Iglesias, Argentina
forma de ser; aventureros, sin duda, que han
recorrido cientos o miles de sistemas con pla- La aparición de los autómatas hiperrealistas
netas como el nuestro, y que lo han visto todo. empezó como una excentricidad, un juguete de
El hecho de que ellos estén aquí sobrepasa millonarios. En pocos años, al igual que había
ampliamente a toda nuestra ciencia ficción: pasado con los celulares y las computadoras, la
aquella escrita y aquella que quedó por escribir. industria apostó por su venta masiva y a la
Ya no vale la pena dedicarme a ello. ¿Enton- creación de diferentes modelos; algunos,
ces…? Sufro, sí. Mas, me intriga el origen de lujosos y complejos —casi impagables—; otros,
aquel blasón que cuelga en el exterior de sus básicos y económicos. Pronto, la mitad de la
naves —no nos han contado mucho al respec- población contaba ya con unos de estos
to—; el mismo que llevan en sus trajes espa- pesados robots, capaces de realizar tareas
ciales a la altura del pecho y del que se sienten sencillas, y que no eran más que perfectas
orgullosos cada vez que apoyan su mano imitaciones de un ser humano. En contra de
derecha sobre él; el mismo al que le rinden tan ellos, una ferviente minoría pedía que fueran
extraño homenaje a manera de arcana y primi- prohibidos porque fomentaban el aislamiento y
genia ceremonia. Y me vuelve el deseo de la soledad en una sociedad, ya de por sí, indivi-
escribir —quizás, sobre ellos—. Y me pregunto dualista.
sobre la razón de ese blasón y de sus colores, Ingrid y Alexis no tenían una opinión for-
de esas líneas blancas y rojas que lo cruzan de mada sobre los autómatas. Algunos de sus
manera horizontal, y sobre el amigos disfrutaban de ellos —aunque nunca
significado que le dan a aque- quedaba del todo claro qué tanto compartían
llas figuras blancas y puntia- con sus robots—. La abuela de
g u d a s p i n t a d a s s o b re e l Alexis había comprado uno,
recuadro azul que aparece en según ella, para que le ayudara
una de sus esquinas. ¿De a levantarse de la cama o para
dónde surgió? ¿Cómo lo conci- apoyarse en él cuando se le
bieron? ¿Cuál es su historia...? aflojaban las piernas…, pero
nunca explicó por qué motivo,
el modelo elegido por ella, era
una réplica exacta de Elvis
Presley.
Una de las características
más atractivas de los autó-
matas hiperrealistas era que
4 podían personalizarse total-
mente, tener la cara de un famoso, la de un más alto, musculoso y lampiño que su novio. La
vecino o hasta la de uno mismo; y sus cuerpos recorrió un escalofrío: al levantar al robot para
podían ser anatómicamente correctos o des- conectarlo a su cargador, se dio cuenta de que
proporcionados. La imaginación y el presu- la piel de silicona con la que estaba fabricado se
puesto del comprador eran el límite. sentía, al tacto, completamente igual a la de una
Cuando Alexis fue invitado a participar en persona, vivo e incluso cálido.
una expedición al ártico en busca de litio fue la Al día siguiente, lo encendió. El autómata
primera vez que pensó seriamente en comprar reveló el color de sus ojos al abrirlos por pri-
uno de los famosos robots: él estaría seis meses mera vez: un celeste profundo y brillante. Su
fuera, y poder llevarse una versión artificial de dueña descubrió entonces otro detalle hipe-
Ingrid al desierto nevado lo reconfortaba un rrealista: el robot respiraba o, al menos, movía
poco. A ella la idea le causó ternura y un poco de su pecho simulando hacerlo. Primero, lo vistió
gracia, pero no le dio importancia: simple- con la ropa de Alexis, pero esta no le sentaba del
mente, ella no quería que él fuera a ese viaje. todo bien; entonces, salió a comprarle ropa
Pero el dinero que le habían prometido a Alexis nueva. Podría vestirlo como ella siempre había
querido que su novio se vistiera.
era mucho, y el reconocimiento que ganaría la
Cuando Alexis volvió a su casa se espantó al
empresa de su prometido, aún mayor. Así que,
ver lo apegada que estaba su mujer al autómata
justo antes de irse, Alexis encargó un regalo
el cual ahora tenía nombre. Alexis sabía que era
sorpresa para su novia, esperando que ella
estúpido estar celoso de una máquina sin
olvidara su preocupación.
mente ni voluntad, pero ella no se apartaba ni
Antes de entrar Ingrid a su departamento la
un minuto del robot: dormía en la cama con
misma tarde en que se despidieron, el portero
ellos, ella lo besaba más a menudo que a él, y
del edificio la interceptó. Había llegado un
todo el departamento parecía lleno de fotos de
paquete a nombre de ella. Cuando vio la caja de
ambos, tomadas en su ausencia. Alexis no sabía
casi dos metros de altura apoyada cerca del
cómo abordar el tema y su mujer no captaba
ascensor, supo enseguida qué era lo que conte-
indirectas, así que un día explotó.
nía. Riendo nerviosa, pidió ayuda para entrarla a
—No me voy a volver a ir, ya podes tirar esa
su casa. Lo primero que hizo al abrir la caja fue
cosa.
leer el manual de instrucciones. Alexis le había
—Nunca— le respondió ella.
comprado un autómata de calidad media alta,
—¿No te das cuenta de que estás enamo-
capaz de barrer, planchar, caminar, mover sus rada de un manojo de cables, plástico y acero?
brazos, manos y dedos a voluntad. No podía Es él o yo. Y Él o, mejor dicho, Eso es igual a estar
mojarse, exponerse al fuego ni hablar, pero sola.
—para su asombro— el manual decía que tenía —Entonces, tal vez quiero estar sola —le
una lengua por completo funcional: el robot contestó.
podía besar. Por un momento, Alexis pensó en destruir a
Ingrid desarmó la caja desparramando en el su rival —un poco de agua y sería chatarra—,
suelo el material que protegía a su contenido de pero desistió: ella podía comprar otro.
los golpes. El autómata se encontraba desnudo
y dormido, completamente inanimado. No le
hacía recordar a Alexis, para nada; el robot era 5
6 chequeo final de los envíos de abastecimien-
to, es la más alejada de la ciudad dormitorio;
cerca de ella se alza Gestión, el núcleo mismo
LA LOCURA de la estación que aloja la cámara de Clepsi-
dra. Existen, además, dependencias auxilia-
DE CLEPSIDRA res: las centrales de energía, las de defensa y
Juan Pablo Goñi Capurro, las de eliminación de residuos. A estas últimas
se envían los desechos mediante basuductos
Argentina
—unos tubos cilíndricos transparentes que
recorren la estación.
Las órdenes de suministros han sido des-
Clara no avanza. El organigrama es ininteli-
viadas otra vez: los drones han descargado
gible. Hasta donde sabe, depende todo de
estufas en las colonias desérticas ecuatoria-
Clepsidra. ¿Y si algún programador escondió
les, las naves hidrantes han depositado
código malicioso en alguna parte? ¿Y si la
extractores acuíferos de profundidad en la
invadieron hackers anarquistas? Clara rastrea
zona de los lagos, los uniformes enviados a los
el historial de organigramas: Clepsidra es la
hielos consistieron en remeras antisudor y
creadora del sistema jerárquico vigente, en el
pantalones cortos. Clara Hepstron lleva doce
cual no existe una persona que pueda autori-
años en Control; ha chequeado cada sello y
zar su revisión. Piensa en las colonias desérti-
puede asegurar que todo estaba correcto. Los
cas, desprovistas de agua; en la gente de los
cambios en las órdenes han partido de Clepsi-
lagos, vistiendo uniformes asfixiantes de
dra. La computadora madre organiza el abas-
zonas frías; en la de los hielos, sin calefacto-
tecimiento de las regiones del planeta que
res… ¿Nadie más se ha dado cuenta del pro-
han perdido poder de auto sustentación: los
blema? Su turno finaliza, pero quiere saber
desiertos ecuatoriales, la línea de los hielos y
qué ocurre. Está agotada y le gustaría tomar
las depresiones lacustres formadas por los
un baño.
hundimientos de las cordilleras.
Ya en su dormitorio, Clara duda frente al
Estos cambios la alteran; ha completado un
vestidor. Marianne, su compañera de cuarto,
informe solicitando una evaluación de los
es quien habitualmente le ayuda a elegir, pero
sistemas de Clepsidra, pero ignora ante quien
no ha vuelto aún de Administración. Clara
presentarlo. Sus compañeros rehúyen hablar
chequea los turnos para ver si contará con ella
del tema; acabados sus turnos, van a diver-
para poder decidirse —Marianne es la encar-
tirse a la ciudad dormitorio. Nadie la acompa-
gada de la recepción de las provisiones del
ña. Clara estudia, en el monitor hologramáti-
centro y no siempre sus horarios coinciden—:
co, el organigrama de conducción. No com-
a Marianne le toca trabajar hasta mediano-
prende quién manda allí: todas las ramas del
che, y Clara sabe que su amiga no dejará de ir
organigrama ostentan las mismas categorías,
a la zona de los bares y que no volverá al dor-
es imposible distinguir un nivel jerárquico de
mitorio, sino recién por la mañana y en un
otro.
estado calamitoso, además —si es que antes
La estación se divide en cinco áreas; la de
no se le da por visitar una cabina de copula-
embalaje, donde su departamento realiza el
ción. ticos no han sido instalados: temen fallas
Antes de volver a salir, Clara la llama para —los primeros saltaron a la estratósfera—.
avisarle que ella ya está de regreso, y le cuenta Extraño, en el resto del mundo no hay incon-
que ha notado órdenes extrañas provenien- venientes. ¿Otro error de Clepsidra?
tes de Clepsidra. Su amiga le dice que ella Toma un pasillo circular. Gira en espiral,
también, que le intriga el excesivo aumento en pasa delante de un centenar de cubículos. En
el consumo de frutas en Administración. una vuelta, se da cuenta que está frente al
«¿Exceso de frutas?», piensa Clara. Marianne se pasillo que conduce al área de Clepsidra —ha
despide, está muy ocupada. memorizado todo el plano de la estación—.
Ante la falta de Marianne, Clara escoge una Por un instinto inexplicable, toma por él. Cinco
falda y la blusa oficial de salida, carga el androides la escanean. Teme ser detenida. Sin
informe en su dispositivo pulsera y, una vez de embargo, los drones se apartan. Clara está
regreso en la estación, ingresa en los túneles parada frente a la puerta de acero. Del otro
q u e c o r re n p o r d e b a j o . lado, la máquina que coor-
Observa los marcadores dina la vida de la estación y de
atmosféricos. ¡Un día respira- sus colonias. Cámaras de
ble! Cambia de planes, abre vigilancia la apuntan. No
una escotilla y sale al aire encuentra un botón que sirva
libre. Sierras, árboles y lago. para abrir la cápsula o dónde
Las cintas transportadoras pasar una tarjeta. El sistema
funcionan, la cúpula de cristal de seguridad de Clepsidra es
del centro de administración perfecto. Entiende que única-
refulge. Dos drones planean mente ante un corte de ener-
en descenso —una nueva gía se activará el picaporte.
función que les permite aho- Frustrada, tiene una reac-
rrar energía—. Piensa en el ción infantil: gira el picaporte
informe. ¿Lo presentará ante y abre la puerta. Los androi-
des no se mueven. Ingresa a
Administración? ¿Ante Soft-
una estructura similar a la cúpula del centro.
ware? ¿Ante defensa?
Advierte, a la derecha, la boca de un basuduc-
Observa los basuductos. Cada veinte minu-
to. Una cáscara de banana choca contra un
tos ve pasar un lote de basura hacia el centro
borde y cae al piso. Temerosa, rodea la
de procesamiento ubicado debajo de la ciu-
máquina y se enfrenta a lo inesperado: Ogubi,
dad. El reciclado provee la energía para la
el chimpancé del circo dado por muerto dos
iluminación. Se encienden las turbinas, pasa
meses atrás, pulsa iconos al azar en la pantalla
un alijo. Tiene razón Marianne: un exceso de
de Clepsidra.
restos de fruta, cáscaras de banana, restos de
kiwi y carozos sale de Administración.
Se acerca a la boca de ingreso. Abre la esco-
tilla y entra al vestíbulo junto a la terminal de
escaleras mecánicas. Los ascensores neumá- 7
8 Un poderoso pitido salió de los altavoces del
arca. La trifulca se paró de inmediato. Segundos
después, todas las pantallas de la nave se
EL ARCA encendieron, mostrando a un vitago dirigién-
dose a nosotros.
Michel M. Merino, México
—Agradecemos por su comprensión, y
lamentamos haberlos hecho esperar tanto…
Las arcas estaban a reventar, y seguían reci-
—se disculpó en nombre de todos ellos.
biendo gente. Faltaban menos de dos horas
—¿¡Por qué no hemos despegado!? —gritó
para que la Tierra colapsara, y no había señales
alguien, entre la multitud, pero la transmisión
de que fuéramos a despegar.
parecía ser solo de una vía.
—¡Respeten la fila! —nos ordenaban los
—…Hemos tenido algunos inconvenientes al
vitagos empuñando sus extrañas armas.
recolectar algunas de las fascinantes especies
Varias horas atrás, todos los teléfonos, com-
de flora y fauna que habitan su
putadoras y dispositivos elec-
planeta, ¡no imaginábamos
trónicos sobre el planeta
que fuesen tantas…! —con-
habían transmitido en dis-
tinuó explicando el vitago,
tintos idiomas el mismo y
como si a alguien le importara.
desolador mensaje: «La Tierra
—¡A la mierda con las flores!
está a punto de morir».
—gritó alguien más—. ¡Ya
Tras advertirnos del inmi-
vámonos!
nente destino de nuestro
—…Su planeta es real-
mundo, los vitagos —seres
mente sorprendente… Es una
venidos de un sistema solar
pena que no lo supieran valo-
cercano al nuestro— pusieron,
rar…
a disposición de la humanidad,
—¡Hey! ¿¡Adónde se fueron
grandes naves espaciales para
los alienígenas!? —Los vitagos
transportar a toda la población
con las armas habían desapa-
mundial a un lugar seguro.
recido.
«Lleven solo lo indispensa-
—…Pero no se preocupen —prosiguió el de
ble», decía el mensaje.
la pantalla—. Nos encargaremos de cuidarlo
Mientras esperábamos a que las arcas des-
muy bien.
pegaran, la gente comenzó a desesperarse.
Todos enmudecimos, pasmados.
—¡Cálmense! —vociferaban los vitagos.
El vitago sonrió con malicia, y dijo:
El tiempo se agotaba; en el arca no cabía más
—¿De verdad creyeron que les volveríamos a
gente. ¿¡A qué carajos estábamos esperando!?
dar otra oportunidad?
Por lo que sabíamos, a la tierra le quedaba
El mensaje terminó, y en su lugar apareció
menos de una hora cuando las cosas se
una cuenta regresiva: 5, 4, 3…
salieron de control.
—¡Conserven la calma! —gritaban los
vitagos apuntando sus armas hacia la turba
enfurecida—. ¡Despegaremos pronto!
para asegurarme; el autor podrá reírse de mi
ingenuidad, pero es así.
Ya con el café aceitando las bujías y pistones
de mi cansado cerebro, empecé por formular la
idea central de la novela. Estoy seguro que
Fopiani no se ha cansado de leer las numerosas
interpretaciones que ha generado su prosa y
puede que le suene repetitiva mi conclusión. La
idea central es la soledad, el miedo antedilu-
viano a quedarse aislado y sin que nadie te
escuche. Y no solo en términos del terror que
esto conlleva para algunas personas que viven
en soledad cuando escuchan a mitad de la
noche un ruido que semeja pasos en el salón,
un trasteo furtivo en la cocina. Bajo las sábanas,
acechando entre la oscuridad, suelen perderse
todas las nociones de realidad y adultez.
Pero la soledad también se vive en términos
depresivos; por ejemplo, el fracaso que repre-
senta no encontrar a nadie con quien compartir
la mitad de la cama o la soledad del vacío que
nos golpea cuando un ser querido se va. Daniel

ANOCHE SOÑÉ ha logrado retratar esto en la ficción del perso-


naje de Ramsés, «el escritor en horas bajas», un
CON LA CARCOMA tópico que, en La Carcoma, encuentra un res-
piro y un nombre propio, y permite una historia
Por: Mauro Barea, España
desafiante desde el inicio.
COLABORACIÓN PARA LA REVISTA Llama mi atención, de primera mano, el
prólogo. Escrito por Benito Olmo, nos introduce
Terminé de leer la novela de Daniel Fopiani y, de forma peculiar a la manera del prólogo de
con pensamientos rebullendo todavía en la César Pérez Gellida para la novela del mismo
cabeza, me fui a dormir. No sé qué sucedió, Olmo, La maniobra de la tortuga (2016), donde
pero al levantarme esta mañana para escribir la nos hace una introducción del autor a la
reseña y, aún sin el café que me permite ser manera del género policial —más bien, una
persona cada día, las imágenes del pueblo extensión del yo del autor, en un falso inicio de
perdido en la sierra de Cádiz permanecían en novela al estilo de Calvino—. Hay una intere-
mi mente con una nitidez avasallante. «No se te sante cadena de prólogos entre Fopiani, Olmo
olvide que ese pueblo es ficticio. Lo ha creado y Gellida, y me parece una original muestra de
Fopiani», pensaba una y otra vez, pero mi aprecio hacia el escritor prologado.
cabeza embotada no alcanzaba a creerse este Daniel Fopiani no es nuevo en esto de escri-
axioma, lo más normal es que ese pueblo exis-
tiese. Busqué La Carcoma en Google Maps, solo 9
10 La Carcoma es una novela que no se puede
soltar por el reto implícito que nos ofrece Daniel
bir, y se nota. Él mismo ha referido en entre- desde las primeras páginas. Es lo que me gusta
vistas que lleva cerca de diez años aprendiendo de este tipo de historias, que el autor nos
y coqueteando con este mundo complicado y espolee sin mayores pretensiones y busque en
enrevesado, el de la Literatura con L mayúscula. cada lector el punto de inflexión que permite
Y es de hacer notar que lo haga con la humildad pasar páginas como si no hubiese un mañana.
del aprendiz, teniendo semejante narrativa Por lo pronto, ya espero su próximo trabajo.
entre manos. Se ha llevado el premio Alfons El
Magnànim con una novela inteligente, bien
pensada, planeada y ejecutada. Parafraseando
a Stephen King, cuando habla sobre su novela
Salem's Lot, La Carcoma tiene sus pequeños LA CARCOMA
rayones y abolladuras, pero eso no desluce Novela de Daniel Fopiani, Premio Valencia
ante el sólido chasis con el que está ensam- Nova de Narrativa Alfons el Magnànim 2017.

blada. El trabajo de pulido y cromado final hace


que la novela tenga una excelente razón de ser. Sinopsis
No desvelaré nada sobre la historia, pues en Un escritor en horas bajas es incapaz de escribir
nada decente. El éxito comercial de su última
las sinopsis hay más que suficiente al respecto.
novela parece haberle arrastrado hasta un bucle
Sí haré un énfasis en las locaciones, idea con la de inseguridad que lo mantiene bloqueado ante
que estoy completamente a favor: hay que la página en blanco. Se obliga a tomar unas
escribir de donde uno es, aunque sea una vez vacaciones y aislarse durante un tiempo en la
en la vida, y Daniel lo hace sin medias tintas, sin Sierra de Cádiz. Con el paso de los días descubre
que, en la cabaña donde se aloja, aparece un
sentimentalismos paternalistas, y logra una
nuevo número pintado en la pared cada maña-
evocación personal del sur de España. En su
na. Una cuenta atrás sin explicación aparente
alquimia narrativa, nos presenta gente y pai- que termina sumiéndolo en la mayor de las
sajes gaditanos sin devanarse en poesía edul- obsesiones. Es probable que su vida corra
corada. De manera sobria y sin muchas floritu- peligro y el tiempo apremia. Los números no
ras, el autor embona el puzle del éxito narrativo: perdonan. Una crisis creativa, un cambio de
escena, sucesos misteriosos, muerte, amor y
somos lanzados sin piedad al ruedo de las
reconciliación con uno mismo. Todo ello con un
acciones, donde los personajes toman el sabor profundamente rural y gaditano, contado
mando. El pueblo en su totalidad se hace con la con una narrativa fresca, ágil y sin tapujos. Estos
mente y los sueños de uno; eso fue lo que me son rasgos distintivos de Fopiani que lo hacen
pasó al enterrar la cabeza en la almohada la destacar dentro del género con toques ligera-
noche anterior. mente underground.

Eso sí, mientras leía y avanzaba a gran veloci-


dad, no podía más que preguntarme, «¿cómo Daniel Fopiani Román
Militar y escritor, nació en Cádiz en1990. Con
cojones le va a hacer Daniel para salir de esto, a ese
múltiples premios literarios en su haber, forma
ritmo tan endiablado?». Se antojaban complica- parte de diversas antologías de relatos, colabora
ciones, cosas tremebundas narrativamente como columnista en varios periódicos y es
hablando… Y el final sorprende. Y, mientras se director de la revista cultural RSC.
cierra el telón, está permitido aplaudir.
LA CARCOMA
EN PALABRAS DE SU AUTOR
Por: Daniel Fopiani, España
ESCRITOR INVITADO

Cuando me anunciaron que había ganado el


Premio Valencia Nova de Narrativa con la novela
La Carcoma, no fui consciente de lo que ello
significaba hasta pasados unos días. El jurado
estaba compuesto por Alicia Giménez Bartlett
(Premio Planeta 2015), Santiago Posteguillo
(Premio de Literatura Histórica 2013), Care
Santos (Premio Nadal 2017) y Eva Olaya (Edito-
rial Versátil). Ellos habían leído mi obra y la
habían seleccionado entre todas las candida-
tas. Entonces supe que, después de muchos
años de trabajo, había conseguido lo que
FOTO Y TEXTO: Gentileza de Daniel Fopiani
siempre había deseado: estaba trabajando en
para Revista Literaria El Rendar
la dirección correcta.
La Carcoma apenas lleva un par de meses en
la calle, y ya ha recibido decenas de reseñas
elogiosas por parte de varios críticos literarios,
se ha colocado en las listas de los libros más
vendidos en algunas librerías y ha llamado la
atención de medios tan influyentes como El de la cabaña donde se aloja el protagonista,
Mundo, 20minutos, Zenda libros o Culturamas. crímenes, suspense. Una novela negra recién
Hablo de todo esto porque, mientras estaba salida del horno y que promete tener bastante
escribiendo la novela, nunca pensé en la reper- recorrido en el panorama literario. Ya solo falta
cusión mediática que podría llegar a tener. que me mandéis vuestras opiniones si algún
Simplemente quería contar la historia de un día os animáis a leerla. No hay mejor manera de
escritor. Hablar, reflexionar sobre el oficio de seguir aprendiendo que con las opiniones de
juntar letras y hacer que nuestro trabajo lle- los lectores.
gase a más gente. Hacerlo cercano. Recordar, Un abrazo a la dirección de la revista literaria
una vez más, que escribir no es solo un hobby. El Rendar y a todos sus lectores.
Es algo mucho más que eso. Gracias por leer.
Una cuenta atrás, unos números que apa-
recen sin explicación aparente en las paredes 11
12 ciencia ficción». Sin embargo, y después de
veintiocho años dirigiendo una revista que es
referente indiscutible del género en español,
Entrevista a ¿qué opinión te merece ese comentario?
R: Lo he oído y no solo una vez, pero sí existe.
Eduardo J. Carletti Los norteamericanos y europeos no paran de
Fundador, director, editor y estudiar nuestras obras. He tratado con espe-
cialistas en ciencia ficción de varias universi-
asesor literario de Axxón, revista
dades que han publicado libros de análisis y
argentina de ciencia ficción (editada hasta antologizado ficciones argentinas. No lo
actualmente en formato HTML) harían de no existir la ciencia ficción aquí.

ESCRITOR INVITADO P: Estimativamente, ¿cuántos escritores de


ciencia ficción crees que hay en Argentina y
en otros países de habla hispana? ¿Qué
P: Si bien tendemos a asociar la ciencia fic-
proyección haces respecto del crecimiento,
ción con el futuro de la tecnología, no deja de
difusión y presencia de la ciencia ficción en
ser una excusa para extrapolar sucesos socio-
la literatura en español respecto de obras de
políticos a sociedades tecnológicamente avan-
otros géneros?
zadas. Luego de casi tres siglos de existencia y
de la presencia, ya hoy, entre nosotros de ade- R: Hay muchísimos, no tengo un censo, pero
lantos que muchos autores han anticipado, me atrevo a decir miles. Nosotros hemos publi-
¿tenemos ciencia ficción para rato o es un cado centenares de firmas, y hay muchos más
género que ha llegado a un punto donde no publicados en otros medios, sea en Internet, en
queda más jugo para exprimir? revistas y libros en papel, en antologías.
R: Hace décadas que se escucha que ya no P: Apuntando a que haya ciencia ficción para
hay posibilidad de ideas nuevas en la ciencia rato, ¿qué temas falta tratar a través del
ficción, pero la realidad nos demostró que género? ¿Deben los autores abocarse a
NUNCA se agotan. Ocurre que no es una litera- tratar estos temas?
tura de divulgación de la ciencia ni de anticipa- R: Me gusta que los autores me sorprendan;
ción, es literatura de especulación. Hay mucho no quisiera poner temas y así acotar la imagina-
por especular, basta con leer Nature. ción de los que producen textos. La imagina-
P: Desde tu experiencia, ¿qué relata en ción de un colectivo libre siempre será más
realidad la ciencia ficción? grande y sorprendente que la de cualquier
R: Es una literatura de fronteras, de pioneros individuo, aunque sea el genio más grande o un
que se lanzan a cruzar bordes, de modo que es estudioso experimentado.
muy difícil decir «este es el tema, aquí está aco- P: Yendo a lo puntual o a algún subgénero
tado lo que contiene». Porque la naturaleza nos dentro del género, ¿consideras que la ciencia
demuestra, a medida que avanza la ciencia, que ficción ha agotado alguna temática o
los límites siempre son desplazables y que los siempre se le puede dar una vuelta de rosca
corsets se rompen. más?
P: Algún autor argentino supo declarar hace R: Debería pensar mucho. Pero si digo que
un tiempo que en nuestro país «no existe la algún tema (o enfoque) está agotado, entraría
en contradicción con lo respondido antes, e
incluso con mis más profundas convicciones
artísticas.
P: Novela o cuento, ¿alguna preferencia?
R: Si es para escribir yo, prefiero un cuento. Si
la pregunta se dirige al EJC lector o selector de
texto, solamente que sea bueno, que deje
impacto en mi mente, sin importar la longitud.
P: ¿Las tuyas son simples historias o
apuntas a tratar algún tema en particular?
R: Todo lo que escribo sale del inconsciente,
de ese escritor fantasma dentro de uno que de
vez en cuando pareciera que «se da» con algo y
te empieza a dictar a loca velo-
cidad. Siempre escribí así, en
trance y afiebradamente,
antes de que la historia de vaya
de mi cabeza. Nada de plan.
P: ¿Sigues escribiendo
obras de este género? ¿Pró-
ximos títulos o proyectos en
los que estés trabajando?
R: No puedo decir que sí…
tampoco que no. El trance se
cortó en muchas historias que
comencé y están allí, espe-
rando que ese escritor fan-
tasma que se oculta en las
sombras, que es quien me «las
sopla», se decida a terminarlas.
P: ¿Un libro, libros, autor o
grupo de autores del género
y de lectura obligada
(nuevos o viejos, no impor-
ta)?
R: Nadie debería dejar de leer a Cordwainer Smith. Me limito a
un nombre y una obra, o si no saldría una lista muy amplia. Pero
ninguno con tanto impacto en mí como el que nombré.
P: ¿Qué importancia le confieres a las revistas literarias?
¿Son necesarias? ¿Son suficientes? ¿Tienen la suficiente
13
14 P: Desde tu perspectiva, ¿conviene mezclar
ciencia ficción con otros géneros o es, sim-
calidad? ¿Sirven a la difusión del género? plemente, algo que se da per se (como la
¿Les sirven a los autores? vida misma)?
R: Son necesarias. ¿Suficientes?: en internet R: Depende de la mezcla y por qué la hizo el
o en PDF hay muchas, lo importante es cuan autor. Si es para «colgarse» de una moda, como
buenas y cuidadas (en todos los sentidos) son. vampiros, zombis, lo medieval, la magia y las
En papel hace falta algo fuerte, algo que llegue. escuelas de magia, requiere MUCHA cintura
Pero no podemos soñar demasiado, no nos ha artística. Yo no lo haría jamás.
ido bien históricamente. La difusión es impres- P: Talleres, cursos, lecturas, carreras litera-
cindible, hecha con calidad y prestigio, sino es rias, ¿qué debe buscar uno para mejorar
un espacio más de miles de millones en la web o como autor?
en las mesas de librerías de saldo. O peor, en los R: Lo mejor —en mi experiencia— es un
centros de reciclado. Los autores NECESITAN las taller entre pares. No me gusta mucho el resul-
revistas. tado que puede producir el «curso» de algún
P: ¿Qué te ha brindado Axxón durante tallerista famoso —y hay algunos muy bue-
estos veintiocho años? nos—, pero si el escritor luego va a otros talleres
R: Axxón es como un hijo (una hija): me del mismo tipo, pero varios, entonces sí, saldrá
ofreció todas las emociones que quieras imagi- enriquecido.
nar, incluyendo los momentos más amargos P: ¿Axxón sigue brindando talleres litera-
que puedas imaginarte. Muchas otras cosas a rios? ¿Qué experiencia rescatas de ellos?
las que les hubiese dedicado igual cantidad de ¿Estás satisfecho con los resultados?
tiempo y emoción me hubiesen dejado más, sin R: No, no hay talleres literarios en marcha en
duda. Tengo dolorosos ejemplos. Pero si exis- Axxón. Los resultados de talleres entre pares,
tiera un rewind en la vida, volvería a hacerla. sin «maestros», a mi gusto, son los más enrique-
P: ¿Qué valor le das a la verosimilitud en cedores… y forman mejor.
las historias de ciencia ficción? P: ¿Alguna recomendación para los escri-
R: TODO, TODO el valor. El escritor debe dedi- tores que quieran desarrollarse en este
carse a lograr que su trabajo sea verosímil o su género (o a los escritores, en general)?

obra no valdrá nada. R: No me gusta repetir consignas… y hay


muchas. Les diría: «sigan si les gusta» y no bus-
P: Las obras llevadas al cine, ¿respetan la
quen resultados puntuales, como premios,
cuestión científica o, necesariamente,
dinero o fama. Si se hace lo que a uno le gusta
deben contener una cuota más alta de fan-
como ARTE puro, se puede llegar. Como una lista
tasía que el libro en el cual se basan para
de metas… a mí no me parece ni bueno, ni posi-
atraer a los espectadores?
ble. Pero eso para mí.
R: El cine es un arte diferente, muy diferente,
P: ¿Palabras finales?
a la literatura. Pocas veces se logra la traslación
R: Larga vida y prosperidad J.
artística. Prefiero películas con guiones origi-
nales a adaptaciones de novelas. Y prefiero que
la películas, en lo posible, no provengan de la
máquina de hacer chorizos llamada Hollywood.
cercana a la puerta. Allí quedó petrificado, mien-
tras el espejo le mostró cosas increíbles.
Entre vaos de vapor, vio altísimos castillos de
LAS PROFECÍAS vidrio nunca imaginados, carrozas que se movían
sin caballos, sendas oscuras y enormes por las
EN EL ESPEJO que caminaban multitudes con curiosos vestidos;
Daniel Frini, Argentina máquinas gigantes que remontaban vuelo como
los pájaros. En los mares, vio naves sin velas y que
no eran de madera. Vio armas que no existían y
Entre maitines y laudes del dos de julio del año
explosiones gigantes y guerras que desafiaban la
del Señor de mil quinientos cuarenta y uno,
imaginación. Vio luces brillantísimas y de colores
mosén Miquel bajó a las cavas de la Abadía de
extraños. Y el espejo le habló en idiomas descono-
Nôtre-Dame d'Orval —cerca de la muy cristiana
cidos y le hizo escuchar músicas nuevas; le mostró
Villa de Florenville entre los bosques de Watinsart y
pestes mucho peores que la Peste Negra y enfer-
Houdrée— en busca de una botella del licor fabri-
medades sin nombre y muertes
cado por los monjes cister-
atroces. Miquel vio barcos flo-
cienses para llevárselo al abad a
tando fuera de la Tierra, y a la
la sala capitular.
Tierra desde la Luna; y vio que la
El hermano Miquel llevaba
Tierra era redonda. Y conoció el
sólo una semana en el monaste-
hielo que flota en el mar y
rio, por lo que los pasadizos
animales rarísimos…
subterráneos le eran desconoci-
La sucesión de cosas
dos; y, a pesar de las indica-
extraordinarias continuó
ciones recibidas, la escasa luz de
durante horas. Finalmente
las candelas hizo que Miquel
Miquel, con una enorme aflic-
desviase su rumbo y llegase, sin
ción en el pecho, ya incapaz de
querer, a las mazmorras; las
soportar lo que veía, tomó una
mismas donde, casi cinco siglos
piedra desprendida de la pared
antes, Pedro el Ermitaño incitara
de la celda, y la arrojó a las imá-
a Godofredo de Bouillon a mar-
genes.
char a Jerusalén; las mismas
El espejo estalló en un fogonazo apagado. Y
donde, se dice, estuvo guardado el Santo Grial.
quedó en el suelo. Mudo. Destruido.
Tratando de encontrar el camino, Miquel abrió
Hasta dentro de unos cuatrocientos cincuenta
una vieja puerta de goznes herrumbrosos y entró
años en el futuro nadie volvería a ver un televisor
a una pequeña habitación de no más de dos varas
de pantalla de cristal líquido, de cuarenta pulga-
de altura.
das.
Allí encontró el espejo.
Mosén Miquel, Michel de Nôtre-Dame, Nostra-
Estaba en el centro de la estancia, tapado con
damus, salió al sol del dos de julio del año del
una tela de hilo, muy vieja, que se deshizo al
Señor de mil quinientos cuarenta y uno, en Orval.
tocarla. Era extraño, más ancho que alto, muy
Su vida había cambiado para siempre. Era ya la
opaco y apenas reflejaba las velas.
hora tercia.
Mosén Miquel pasó su mano por el marco, y en
cierto instante el espejo cobró vida. Asustado, el
monje cayó hacia atrás, sentado, contra la pared
15
16 de lo que habían previsto. El fuselaje se sobre-
calentó y algunas de las antenas sufrieron
daños estructurales. La comunicación con la

PROYECTO plataforma estelar quedó interrumpida.


—¿¡Qué demonios ha sucedido!? —pre-
SPERMATA guntó el comandante.
—No estamos seguros, señor —respondió
Juan Pedro Agüera Ortega,
en tono marcial el planificador de vuelo—. El
España nivel de oxígeno en la atmósfera del planeta
llega al 45%: por encima de toda previsión.
Los científicos fueron concluyentes: «La —¿Está insinuando que ha alcanzado niveles
sobreexplotación de la Tierra producirá su colapso similares a la Tierra? —intervino Peter.
en menos de un siglo». Los gobernantes solían —Así lo indican los sensores externos,
desoír tales advertencias, pero la pertinaz señor.
sequía, las hambrunas generalizadas y el —Si no lo viese con mis propios ojos, diría
aumento de catástrofes naturales sirvieron de que es algo imposible. Seguramente, los sper-
argumento para convencerlos. En la Confe- mata han mutado y se han multiplicado de
rencia Mundial del Planeta 2112 se formó una forma exponencial.
comisión de expertos en busca de soluciones. —Para eso fueron diseñados —intervino
Su trabajo, avalado por los últimos avances Linda—. Poseen la capacidad replicativa de los
científicos, dio lugar al Proyecto Spermata para retrovirus y la resistencia molecular de las bac-
la colonización de nuevos planetas. terias quimiolitótrofas, encontradas en lugares
tan extremos de la Tierra como el río Tinto en
Año 2142. La nave de exploración espacial Iberia.
Anaxágoras XXV desciende sobre Marte. A —Conozco sus investigaciones, doctora
bordo se encuentra el equipo científico respon- —replicó algo irritado Peter—, pero ni en las
sable del análisis de habitabilidad del planeta más optimistas proyecciones se alcanzaban
vecino. A cargo de la protección de la expedi- tales niveles de crecimiento spermático.
ción, al mando del 1º de Infantería Espacial, está —Para eso estamos aquí, doctor, para com-
el coronel Gutiérrez. probar la evolución del proyecto y para valorar
—¿No es asombroso? —preguntó Peter, su viabilidad para la colonización —concluyó
científico jefe de la expedición, expresando en tajante Linda.
voz alta un pensamiento, más que buscando —¡Comandante!
una respuesta entre sus compañeros. —¿Sí, tripulante jefe?
—¡Sin lugar a dudas! —exclamó Linda, doc- —La zona prevista para el aterrizaje resulta
tora en biogenética transmutada—. Hace impracticable, señor.
veinte años, la vida en Marte era algo impensa- —¿Cómo es posible? Los informes de la
ble, pero ahora... sonda mostraban una planicie terrosa y despe-
Ante sus atónitas miradas, el antaño planeta jada.
rojo presentaba una densa franja verde, en su —Así es. Los estudié junto a usted, señor.
ecuador, de más de mil kilómetros de ancho. Pero son de hace más de dos meses. La sonda
La entrada en la atmósfera fue más violenta
fue desviada al polo sur del planeta para reunión.
recabar información sobre ciertas perturba- —Señores, la situación es crítica. Si no con-
ciones magnéticas detectadas en ese sector, seguimos posar la nave en menos de unas
pero desde entonces hemos perdido contacto horas, habrá que abortar.
con ella. —¡Eso es inadmisible! —exclamó Peter—.
—¿Y cuál es el problema? ¡Hemos dedicado años a preparar esta misión,
—Compruébelo usted mismo, señor. La ¿y vamos a suspenderla por un problema técni-
planicie ha sido engullida por la selva. co?! ¡Me niego en rotundo!
—¡Mande sondas de corto alcance a explo- —O abortamos o no podremos regresar.
rar! Necesitamos un sitio donde posar la nave lo ¿Qué prefiere? ¡Son muchas vidas las que están
antes posible o agotaremos el combustible en juego!
necesario para retornar a la plataforma estelar. —Hay otra opción, comandante —intervino
—¡A sus órdenes, señor! el coronel—, habría que valorarla.
—¿Qué sucede comandante? —preguntó el —Por eso les he reunido. ¿Quién está a favor
coronel Gutiérrez entrando en la sala de mando del uso de bombas incendiarias...?
de la nave.
—La zona prevista para el descenso ha sido ...Peter fue el primero en poner un pie sobre
ocupada por las plantas. Estamos buscando la superficie calcinada del exterior. A escasos
otro lugar para aterrizar. cien metros la vegetación se recuperaba del
—¿Cuánto se demorará? impacto de las bombas. Árboles y todo tipo de
—No mucho, esperemos, o tendremos que plantas parecían sobreponerse al holocausto.
abortar la misión. Mecidos por el intenso viento marciano, emi-
—Puedo sugerirle una alternativa, señor. tían un amenazante arrullo...
—Por supuesto.
—Podríamos limpiar la zona. —¡...Anaxágoras XXV, Anaxágoras XXV, con-
—¿Limpiar la zona? ¿Qué está insinuando? teste! ¡Aquí Plataforma Estelar estableciendo
—Solo son plantas, señor. comunicación! ¡Responda...! —Hubo una
—No creo que nuestros pausa, en espera de alguna
colegas científicos aprueben respuesta—. Nada, señor.
esa opción. Pero no la descar- Igual que en el último mes.
temos. Primero, analicemos Solo esa extraña interferencia,
los informes de las sondas... como el sonido de plantas
mecidas por las corrientes.
—¿...Algún resultado, tripu-
lante jefe?
—Negativo, señor. Las
zonas no selváticas son dema-
siado abruptas. Seguimos
explorando.

Horas después el coman-


dante convocó una nueva 17
18 cuello y emitieron una descarga eléctrica que
por poco te cuesta la vida.
Caíste al suelo, y el humanoide colocó uno de
INDUCCIÓN sus dos dedos finos en tu frente. Se oyó
entonces un zumbido y luego nada.
OCULTA No lo alcanzaste a notar, pero en donde
Alessandra Waitomo, debiera tener sus ojos —o su ojo— existía una
placa verde traslúcida a través de la cual se
Argentina
alcanzaba a distinguir un pequeño sujeto con
forma de cucaracha operando unos controles
Te borraron la memoria.
dentro de esa cabina, la cabeza del androide.
Estabas recorriendo la granja cuando apare-
Luego del ataque, el humanoide comenzó a
cieron dos objetos en el cielo, ambos con forma
recorrer los alrededores y, con un objeto con
de hongo invertido y luces parpadeantes de
forma de lapicera, disparó
color anaranjado que salían de
selectivamente una luz violeta
sus bases.
sobre una vaca, un ciervo, dos
Era una mañana gris, y sur-
gallinas, tres patos, varios
gieron de las nubes como dos
insectos y plantas, y hasta
gotas de lluvia oscuras. Pero
sobre uno de tus cercos,
cuando percibiste su movi-
haciéndolos desaparecer
miento, poco usual, supiste
instantáneamente.
que se trataba de algo mucho
Después, el robot se sujetó
más grande que pizcas de
del caño virtual y subió lenta-
agua.
mente por él. Una vez adentro
Conforme fueron acercán-
de la nave, se cerró la com-
dose, te echaste a correr, pero
puerta de donde provenía la
la velocidad de estos objetos
irradiación y el objeto flotante
impidió que pudieras esca-
siguió la misma dirección que
parte de ellos.
su compañera.
Una de las naves siguió su camino, mientras
Pudiste despertar después de varios
que la otra se situó sobre tu cabeza, abrió una
minutos y no recordaste nada de nada. Tenías
compuerta y proyectó una luz blancuzca sobre
un par de líneas rojizas que comenzaban en tu
ti. En el corazón de esa luminosidad había una
cuello, continuaban por tus brazos y termi-
especie de caño virtual por el que descendió un
naban en la punta de tus dedos, líneas por
ser metálico, un robot de apariencia huma-
quemaduras de electricidad.
noide. Medía unos tres metros de alto y su
Hoy, no te explicas la desaparición de tantos
figura era muy delgada. Sus piernas y brazos
animales de tu granja, de un sector de tu casa,
daban miedo de lo finos que eran. Parecían
del resto de los cercos, ni tampoco los vacíos en
cuatro alambres que se meneaban como las
las plantaciones de hortalizas.
patas de una araña.
Debes entender: ellos te marcaron y están
No pudiste moverte, porque los miembros
robando tus cosas poco a poco. Llevarán tu vida
superiores del extraño ser te sujetaron del
a otro planeta y no te darás cuenta, porque
borrarán de tu mente cada encuentro. pado en mi propia inmortalidad —maldición
Despertarás una mañana contemplando un vedada al resto de los hombres—; regalo adqui-
nuevo sol, sin saber que es ajeno. Ordeñarás las rido cerca de mis cuarenta años de edad en las
vacas, esquilarás tus ovejas, juntarás los huevos afueras de Uruk por haber salvado la vida de un
y los frutos de tu huerta y seguirás tu vida nor- extraño ser proveniente de un lejano planeta:
mal, sin saber que pequeños seres, ultra saga- Utnapishtin era su nombre; qué ha sido de él,
ces, te conservarán como rata de laboratorio. nunca lo sabré —a veces pienso que su mundo
estaba extinto cuando nos conocimos, que él fue
el último de su raza y que la inmortalidad que me
legó no fue, sino una manera de permanecer en
el recuerdo de alguien más.
Soles rojos, blancos, azules, amarillos y hasta
TREINTA MIL SOLES algunos de tonalidades naranjas, violáceas y
verdosas han quedado grabados en mi retina y
Y UNA SOLEDAD en mi memoria. Seres de todos los colores, tama-
Federico G. Rudolph ños, pieles y formas he conocido, muchos de los
cuales han sido objeto de mi admiración. Alguna
TRIBUTO A LUCHO OLIVERA
vez, me he vuelto a cruzar con los humanos. Las
(1942 - 2005) comidas más exóticas han llenado, de placer, mi
paladar. Ciudades tan pequeñas como las
«Y admirarás, entre las dunas de Laset er Nogor, pequeñas islas que ocupaban, asentadas en
bellezas nunca antes vistas, y conocerás la paz de la planetas más pequeños aún, y otras, tan grandes
cual surgió el universo», rezaban aquellos anti- como sistemas solares enteros, me han cobijado
guos poemas de Ugir No, el Máximo Poeta. Y le dentro de sus muros. Seres de la más extraña
creí. variedad he conocido. Tecnologías portentosas
He escuchado todas las historias que se —como el invento de la teletransportación— he
escribieron sobre ella, sobre aquel desierto que llegado a presenciar luego de que decidí aban-
desafía la lógica de cualquier otro desierto, de donar la tierra, hace de ello tanto tiempo —igual,
sus arenas atravesadas por refulgentes ríos muy poco para un inmortal—: ya no había nada
celestes, plagadas de la más extraña vegetación. más para mí, allí.
Vegetación que nace, crece y muere en un solo Y sin embargo, en ninguno de mis viajes, de
día. Leí también sobre la vida que evoluciona en mis expediciones, pude dar con el paradero de
ella y que se extingue en un santiamén, de sus Laset er Nogor. Dudo dar con ella algún día. Ni
tres lunas, de su único sol. Un sol que muda siquiera creo que Laset er Nogor exista en reali-
permanentemente de color pasando por toda la dad, pero la seguiré buscando hasta que me
gama del espectro visible e invisible, un sol que canse de hacerlo o hasta que encuentre otro
quema solo lo suficiente. Laset er Nogor, una motivo mejor para continuar adelante mientras
roca perdida en el océano cósmico, una roca de se extingue el universo —y, con suerte en ello,
la cual sé todo lo que se puede saber sobre ella. hasta el final de mis días.
He vagado a bordo de mi nave durante más La belleza de la paz, tan solo..., otra mentira.
de treinta mil años viajando a velocidades cer-
canas a la de la luz por infinitud de galaxias y
sistemas solares buscando aquel mundo, atra- 19
20 denses todo el mundo es su país—. Y en
cuanto a libros, solo recuerdo haber leído una

UNA única novela apocalíptica o postapocalíptica


en mi vida, y eso hasta no hace mucho: 666,
APOCALÍPTICA… de Hugo Wast —seudónimo de Gustavo
Adolfo Martínez Zuviría, un controvertido
PERO SIN ZOMBIS autor nacido en la provincia de Córdoba
SOBRE LA TIERRA PERMANECE (Argentina)—. Excelente novela, por cierto,
DE GEORGE R. STEWART pero que poco y nada tiene que ver con la
ciencia ficción —temática que buscamos
Por: Federico G. Rudolph
abordar a través de este número de la revis-
LIBRO RECOMENDADO ta—: sobra decir por qué.
Sí, he visto innumerables películas y series
Antes de la película La noche de los de TV futuristas, apocalípticas y postapocalíp-
muertos vivientes (Night of the living dead) de ticas, antes que leer novelas sobre ello: Fuga
1990, los zombis que yo conocía eran resul- en el siglo XXIII (Logan's Run) —una de mis
tado más bien de alguna magia vudú, que de favoritas— o Westworld y sus secuelas, por
algún virus mutante que el ejercito de los poner alguno que otro ejemplo. Pero, vol-
EEUU había lanzado «accidentalmente» sobre viendo al tema que nos ocupa: el destino de la
la población —es que, para los estadouni- humanidad después de su casi extinción total
a causa de algún virus mutante, y saliendo un
poco de la pantalla chica o grande, ¿dónde
encuentra uno una novela que no sea de
zombis?
Hace no más de cinco años, di con una de
ellas —la que inició todo, diría yo—: La tierra
permanece (Earth abides) de George R. Ste-
wart. Una novela de 1949, ganadora del
Premio International Fantasy de 1951, promo-
vido por los británicos: John Wyndham, Frank
Cooper, G. Ken Chapman y Leslie Flood —la
misma mención que recibiera J. R. R. Tolkien
por su obra El Señor de los anillos (The Lord of
the Rings) seis años después, es decir, en
1957.
La visión que tiene Geoge R. Stewart del
futuro de la humanidad, dentro de esta
novela y luego de una catástrofe a escala
mundial a raíz de un virus es, más que nada,
verosímil. Aquí no hay elegidos, ni MacGyver
que valga. Cada quien se las 21
tiene que arreglar como
puede con lo poco que sabe.
Una humanidad a la que no le
termina de caer la ficha de
que la cultura que conocen EL REY DE LA
ha dejado de existir o dejará
CIENCIA FICCIÓN
de existir con los años debido
a que no hay gente capaz de RECORDANDO A ISAAC
sostenerla. Pero la huma- ASIMOV
nidad persiste en su intento Por: Federico G.
de sobrevivir. Y la sociedad va
Rudolph
cambiando con el paso del
HOMENA JE
tiempo, como tiene que ser, y
el humano sigue buscando conquistar el
Si alguien ha sabido jugar con robots,
planeta —no más allá de los muros que es
alienígenas y futuros distantes —alguna vez con
capaz de construir— aunque se vuelve más demonios, también—, ese ha sido Isaac Asimov.
amigable con la naturaleza en el proceso Creador de las leyes de la robótica y de una
—porque no le queda otra. fantástica saga galáctica y divulgador científico
Una novela que recomiendo leer a los como pocos —tomemos el caso de Carl
cultores de The Walking Dead, Z Nation y Sagan—, rescato de él un pequeño relato que
demás zombis que caminan como muertos, siempre me ha llamado la atención: La última
por ahí. Una lectura segura —que les comerá pregunta.
Y digo que siempre me ha llamado la
el cerebro, pero por lo bien realizado de su
atención porque, aún antes de haberlo leído,
trama—. Seguramente, la novela que dio
tuve la idea de escribir algo similar, en cuanto a
inicio al planteo de qué será la humanidad
la temática abordada por Asimov y contenida en
cuando solo unos pocos queden para con- el título de esta pequeña gran obra. Es que, mi
tarlo, una novela que nos muestra como lo primer relato, El Expreso, concluye de forma
que realmente somos al desnudo: una parecida. Un cuento que escribí en 1999 y que
especie que vive o muere, no importa, pero es terminó formando parte de El Rendar —ya no de
la Tierra la que en realidad permanece. esta revista, sino de mi libro homónimo.
Un libro, quizás, difícil de encontrar, pero Pero esto no queda allí… Con el tiempo, otras
digno de disfrutar y del cual hay mucho para obras de distintos autores he visto parecidas a
estas dos. Y entonces se me ocurre preguntar:
aprender.
¿Por qué? Sin llegarla a responder, podría decir
—ya que a veces lo siento así— que se trata de
una especie de rito iniciático, un primer o último
texto que nos marca como escritores de ciencia
ficción, bien podría decir. Pero, claro, no es más
que una suposición. ¿Alguien más coincide en
que pudiera ser así?
EVOLUCIÓN
Ariel Oscar Garriga
Pérez, Argentina

La mano de largas uñas


esmaltadas movió la pieza de
PARAÍSO
marfil con suma delicadeza, y Federico G. Rudolph
ninguno de los presentes CUENTOS POCO
advirtió el malvado brillo de CONOCIDOS VOL. II (2017)
sus ojos avellanados. Fue un
movimiento inesperado, una
Desde la cima del barranco,
jugada que ofuscó la mente de todos y cada
Jorn-E55 admiraba el paisaje que se desplegaba
uno de los observadores que permanecían en
ante sus ojos. Frente a él, el flamígero astro
completo silencio en la sala octogonal. amarillo bañaba con su última luz aquel valle
—¡Jaque mate! —La voz firme y estridente que pronto se teñiría de anaranjado por efecto
resonó en la habitación, y llegó con suma del otro sol que asomaba a sus espaldas. Dos
nitidez a los millones de espectadores que de las cuatro lunas de Kepler-2457b colgaban
seguían la partida, incluso, más allá de los siete de aquel diáfano cielo cargado de colores, un
mares. cielo por completo ausente de nubes. En su
Su contrincante, un hombre de tez aceitu- lugar, unos hilos de gases iridiscentes flotaban
nada y grueso bigote negro, vaciló un en la atmósfera.
momento, antes de darle un manotazo al No existían dos días iguales en este pequeño
tablero y de desparramar aquellas figuras mundo. A veces, las pocas veces que caía la
detalladamente trabajadas. Un grito de furia noche, el cielo se poblaba de estrellas —ocultas
contenida salió de su reseca garganta. la mayor parte del tiempo, debido al brillo apa-
—¡¡MALDITA PERRA!! rente de aquel sistema binario—. En otras
Dos guardias de seguridad armados con ocasiones, los dos planetas hermanos de
pistolas de rayos fotónicos lo invitaron a aban- Kepler-2457b se dejaban ver como pequeños
donar la sala: el hombre se negó. Lo obligaron círculos brillantes durante el tránsito de sus
—al punto de maltratarlo físicamente—. En el órbitas.
mapa de holografía dinámica tridimensional, y Uno de ellos, el más cercano al dúo solar,
a la vista de todos, el sur de Francia pasó a había perdido su atmósfera hacía muchísimo
formar parte del Reino de España. tiempo, convertido ahora en una roca roja y
Corre el año 2067, y así se definen las hostili- negra —rica en minerales de todo tipo— que
dades entre los países en el mundo actual. podría ser explotada en el futuro —un futuro no
tan cercano, pensaba él—. El otro, el más ale-
jado de aquellos dos soles, no era sino un pla-
22 neta helado, rodeado de una fina capa de
metano y de otros gases inertes, incapaz de primera ola de terrícolas llegara para asentarse,
albergar vida propia. pensaba él.
En medio de ellos, Kepler-2457b se presen- En el planeta, la temperatura no variaba
taba como una prodigiosa arca, habitada por durante todo el año, la humedad era perfecta y
toda clase de seres de distintos tamaños y se producían lluvias suaves periódicamente,
colores. Una masa anaranjada, por ejemplo condiciones ideales para poder alojar a una
—un ser que no era animal ni vegetal—, se población humana de manera estable. El
desplazaba muy lentamente sobre el valle en paraíso, un perfecto paraíso del que Jorn-E55
busca de alimento. También, en el cielo —a un disfrutaba contemplar.
par de kilómetros de altura de la superficie— Jorn-E55 necesitaba compartir aquella vista
flotaban bandadas de bolas transparentes de con sus congéneres, al igual que los senti-
las que colgaban cientos de filamentos que mientos que emanaban de su ser cada vez que
utilizaban para atrapar a sus desprevenidas salía de su hogar o cuando su vista se perdía en
víctimas. el valle o cuando encontraba algún nuevo orga-
En el valle, ríos de agua corrían junto a otros nismo para clasificar o cuando descubría hasta
el más mínimo de los detalles de algún sistema
ríos que arrastraban líquidos de distinta fluidez
orgánico, o de alguno de los tantos hábitat que
y densidad. Ríos amarillos, transparentes, ver-
se desarrollaban en el planeta. Su trabajo era su
des, azules... Los colores inacabables eran la
esperanza. Cuarenta años de esperanza, de
marca distintiva de aquel bello planeta. Belleza
trabajo en total soledad.
que embriagaba a Jorn-E55, el único ser que no
Lo cierto es que Jorn-E55 ignoraba la verda-
pertenecía a ese lugar: una nave lo había aban-
dera razón por la cual estaba allí y por qué la
donado en su superficie, hacía cuatro décadas
nave que él tanto esperaba nunca había regre-
ya.
sado a buscarlo ni por qué nunca habría de
Desde entonces Jorn-E55 había recolectado
regresar —tal como le habían prometido.
suficiente información como para determinar
Jorn-E55 era un muy amado genio que se
las condiciones de habitabilidad de Kepler-
había perdido en la locura tras el grave daño
2457b. Información que había almacenado en
que le había causado a la población terrestre
la base de datos del servidor instalado en su
cuarenta años atrás. Millones de personas
hogar —en lo alto del barranco— esperando
habían muerto por su culpa, pero él... no lo
que sus investigaciones fueran útiles en el
recordaba.
futuro. Futuro que aguardaba anhelante y que Por ello, antes de abandonarlo a su suerte
llegaría el día que otra nave descendiera en el en la superficie de aquel exoplaneta, sus carce-
planeta —según le habían dicho. leros no tuvieron la valentía de explicarle que, a
Kepler-2457b era el paraíso. Al borde del causa de sus violentos crímenes, había sido
valle crecían formaciones atípicas —cuasi seres, confinado a vivir en solitario por el resto de sus
entre lo mineral y lo vegetal— que servirían, sin días en aquel lugar que tanto le maravillaba.
duda, para construir casas, edificios, diques o Kepler-2457b: prisión... y paraíso.
futuras carreteras. Entre los ríos se extendían
inmensos campos de vegetación muy baja que
podrían ser ocupados por algún sembradío
—siempre en un hipotético futuro, cuando la 23
ÍNDICE
EDITORIAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
LA MUERTE DE LA CIENCIA FICCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . 3
ACOMPAÑANTE ROBÓTICO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
LA LOCURA DE CLEPSIDRA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
EL ARCA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
RESEÑA DE LIBRO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
PALBRAS DE AUTOR . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
ENTREVISTA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
LAS PROFECÍAS EN EL ESPEJO. . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
PROYECTO SPERMATA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
INDUCCIÓN OCULTA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
TREINTA MIL SOLES Y UNA SOLEDAD . . . . . . . . . . . . . . . 19
UNA APOCALÍPTICA... PERO SIN ZOMBIS . . . . . . . . . . . . 20
EL REY DE LA CIENCIA FICCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
EVOLUCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
PARAÍSO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22

AGRADECIMIENTOS
Un medio no es nada sin aquellos que lo hacen posible, y esta
primera tirada impresa de 250 ejemplares de este segundo número
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contribuido para que podamos seguir transitando el camino que
creemos correcto.
Para quienes estén interesados, seguimos abiertos a recibir dona-
ciones y patrocinios de aquellos colegas, empresas e instituciones
que quieran colaborar con este proyecto independiente de difusión
de autores hispanos emergentes.

Copyright © 2017 por Federico G. Rudolph. Todos los derechos


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