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Los poemas recopilados aquí

constituyen una pequeña pero


representativa selección de la obra
de Robert Graves, extraída de su
último volumen Collected Poems,
publicado en Inglaterra en 1975.
Graves ocupa una posición solitaria
y única entre los poetas ingleses
del siglo XX; durante más de
sesenta años, como poeta
practicante y dedicado a su labor,
ha evitado todas las modas y
movimientos poéticos y ha
caminado siempre su propio
camino, siguiendo la tradición
inglesa del poema lírico clásico. Él
es el individuo, el forastero casi, de
la literatura inglesa
contemporánea.
Sus libros de poemas, mucho más
complejos que su obra narrativa,
hacen de él uno de los grandes
poetas en lengua inglesa de
nuestro siglo. La selección de cien
poemas que hoy ofrecemos ha sido
realizada y traducida
magistralmente por la también
escritora Claribel Alegría (en
colaboración con Darwin J. Flakoll),
que tuvo la ventaja de ser vecina
de Graves en el pueblecito de Deyá
y de poder consultar con él y
recabar su ayuda para mejor llevar
a término su trabajo.
Robert Graves

Cien poemas
Edición bilingüe

ePub r1.0
Titivillus 25.04.16
Robert Graves, 1981
Traducción: Claribel Alegría & Darwin J.
Flakoll

Editor digital: Titivillus


ePub base r1.2
Para Beryl
PRÓLOGO
Los poemas traducidos aquí por
Claribel Alegría y Darwin J. Flakoll
constituyen una pequeña pero
representativa selección de la obra de
Robert Graves, extraída de su último
volumen Collected Poems, publicado en
Inglaterra en 1975. Graves ocupa una
posición solitaria y única entre los
poetas ingleses del siglo XX; durante
más de sesenta años, como poeta
practicante y dedicado a su labor, ha
evitado todas las modas y movimientos
poéticos y ha caminado siempre su
propio camino, siguiendo la tradición
inglesa del poema lírico clásico. Él es
el individuo, el forastero casi, de la
literatura inglesa contemporánea.
Nació en Londres en 1895. Su madre
era alemana y descendía del gran
historiador alemán Leopold von Ranke,
a menudo llamado el primer historiador
moderno. Su padre fue Alfred Perceval
Graves, uno de los dirigentes del
renacimiento celta en Irlanda, presidente
de la Irish Literary Society y él mismo
un poeta.
Graves fue a un colegio privado
para recibir «a gentleman’s education»,
que él odiaba. Sin embargo, fue en ese
colegio donde descubrió los grandes
gozos de la poesía, el alpinismo y el
boxeo. Le gustaba mucho estudiar los
clásicos y ganó un concurso en
St. John’s College, Oxford.
Antes de empezar sus estudios, se
declaró la guerra contra Alemania, y
Graves inmediatamente entró a servir
como oficial en el regimiento del Royal
Welch Fusiliers, hizo allí su
entrenamiento y fue a pelear en las
trincheras al norte de Francia. Fue como
poeta de la guerra que primero llamó la
atención del público inglés. Al igual que
otros jóvenes poetas de la guerra (Isaac
Rosenberg, Wilfred Owen y el amigo y
compañero de batalla Siegfried
Sassoon), fue un impugnador de ésta,
reaccionó en sus poemas contra el
enorme horror y la inhumanidad que
experimentaba. Describe sus
experiencias en uno de sus mejores
libros de prosa, su autobiografía (escrita
en 1929 a la edad de treinta y tres años),
llamada Goodbye to All That y
considerada ahora como un clásico
moderno y la mejor descripción
contemporánea en inglés de las
condiciones en que se peleaba en la
Primera Guerra Mundial. En este libro
habló de sus poemas de guerra:
«Nosotros [Sassoon y Graves]
definimos la guerra en nuestros poemas
haciendo definiciones de paz. Siegfried
hablaba de la caza, la naturaleza, la
música y las escenas pastorales, yo casi
siempre de niños. Cuando estuve en
Francia, pasaba mucho tiempo jugando
con los niños franceses de los pueblos
en los cuales me alojaba. Los incluía en
mis poemas e incluí también mi propia
infancia en Harlech (Wales)».
Dichos poemas aparecieron, durante
la guerra y después de ella, en tres
volúmenes: Over the Brazier, Fairies
and Fusiliers y Country Sentiment. Son
poemas sencillos, reflexivos y
nostálgicos, llenos del suave paisaje del
campo inglés al estilo georgiano y llenos
también de niños, como él dice.
Sin embargo, en una serie de
antologías poéticas publicadas en 1926,
1938, 1947, 1959, 1965 y 1975, Graves
eliminó casi todos esos poemas de
juventud. Entre los pocos que dejó,
Claribel Alegría y Darwin Flakoll han
traducido dos: «Allie» y «Advertencia a
los Niños».
En julio de 1916, Graves fue
seriamente herido en una pierna y en un
pulmón en la batalla del Somme.
Inconsciente y dándolo por muerto, lo
sacaron del campo de batalla y lo
llevaron en ambulancia al hospital.
Advertido por los médicos de que el
caso era desesperado, su jefe notificó a
las autoridades y a la familia que
Graves había muerto de las heridas.
Pero para sorpresa de todos consiguió
vencerlas y fue enviado a Inglaterra,
donde se restableció y preparó sus
poemas para que fueran publicados.
Pocos meses después regresó al frente,
pero su salud y sus pulmones estaban tan
débiles y sufría tanto de bronquitis, que
el médico del ejército le ordenó: «O
regresas a Inglaterra o serás juzgado por
un consejo de guerra». La guerra había
terminado para Graves, que decidió irse
a Oxford a seguir su convalecencia y a
instruir a los cadetes del ejército. Fue
entonces cuando se casó con Nancy
Nicholson, hija de William Nicholson,
el pintor. Ella también era pintora y una
ardiente feminista. Graves sufrió mucho
de las neurosis producidas por la
guerra: «Aún estaba mental y
emotivamente organizado para la guerra.
A pesar de que compartía el lecho con
Nancy, tenía la impresión de que todas
las noches estallaban balas en nuestra
cama; durante el día personas
desconocidas asumían rostros de amigos
que habían muerto en la batalla. Cuando
estuve lo suficientemente fuerte para
escalar la colina detrás de Harlech y
visitar de nuevo mi campiña favorita, no
pude menos de verla como un posible
campo de batalla».
Después de vivir un año en Gales,
Graves por fin fue aceptado en la
Universidad de Oxford como estudiante
de literatura inglesa.
La experiencia de Oxford le gustó
mucho, pero encontraba el curso tedioso
y la seriedad de los profesores nada
inspiradora. Como ejemplo típico nos
cuenta esto: «Al final de mi primer
trimestre, asistí al tradicional consejo
universitario para rendir cuentas. El
interlocutor tosió y dijo de una manera
un poco bestia: “Entiendo, Sr. Graves,
que los ensayos que usted escribe para
sus preceptores son, por decirlo así, un
tanto temperamentales. Parece, sin duda
alguna, que prefiere unos autores a
otros”».
Graves vivía en Boars Hill, justo en
las afueras de Oxford, donde vivían
también John Masefield, Robert Bridges
y varios poetas más con los cuales
Graves trabó amistad. Su gran amigo en
Oxford fue T. E. Lawrence, «Lawrence
de Arabia», por entonces miembro del
All Souls’ College, que estaba
escribiendo un libro acerca de las
guerras árabes, Seven Pillars of
Wisdom. Cuando se conocieron, Graves
«no sabía nada acerca de su
organización de la revuelta árabe, sus
hazañas, sus sufrimientos en el desierto
y su entrada final en Damasco», pero
más tarde escribiría sobre todas estas
cosas en su biografía de Lawrence.
Graves y su mujer tuvieron cuatro
hijos en rápida sucesión, dos muchachos
y dos muchachas, y la pequeña pensión
del ejército no les bastaba para cubrir
sus crecientes obligaciones, así que
decidieron abrir una pequeña tienda de
comestibles donde también vivían.
Publicó otro libro de poemas llamado
The Pier Glass, que muestra claramente
el estado de «hechizamiento» en que la
neurosis de la posguerra lo había
dejado. Estaba enfermo y neurótico,
después de haber vivido tanto tiempo en
las terribles condiciones que ofrecían
las trincheras y con un miedo constante a
la muerte. Esto se reflejó en sus
escritos: «Pensé que a lo mejor le debía
a Nancy el ir a un psiquiatra para que
me curara; sin embargo no estaba
seguro. Presentía que el poder de
escribir poesía, que era para mí mucho
más importante que todo lo demás,
desaparecería si me dejaba curar. Mi
hechizo de Pier Glass se terminaría y yo
me convertiría en un escritor fácil y
aburrido. Era menos importante estar
bien que ser un buen poeta».
Sus problemas financieros se
multiplicaron, la tienda fue mal, y era
demasiado trabajo para Nancy, que tenía
que atender a cuatro niños, y para
Graves, que quería graduarse. Cerraron
pues la tienda, Graves dejó la
universidad y se mudaron a una casa de
campo en un pequeño pueblo cercano a
Oxford, llamado Islip. Allí él decidió
«abandonar todo trabajo, ver a tan poca
gente como fuera posible, leer libros de
psicología moderna, aplicarlos a mi
propio caso y curarme».
Durante ese período, Graves
escribió varios libros de prosa (The
Meaning of Dreams, Poetic Unreason,
On English Poetry, Another Future of
Poetry y Contemporary Techniques of
Poetry); en su mayor parte estos libros
mostraban el aspecto psicológico de la
poesía y particularmente su empleo
terapéutico como «El médico de
desórdenes mentales», y el aspecto
sensual de la poesía: «Estaba buscando
formas de capturar y mantener la
atención del lector por medio de la
sugestión hipnótica». Contemporary
Techniques of Poetry muestra que
Graves estaba muy enterado de los
experimentos que se hacían a su
alrededor. Sin embargo, continuó
empleando las formas tradicionales
basadas principalmente en la balada y
en la tradición de Skelton. Repudió la
mayor parte de esas tempranas teorías,
diciendo en 1938: «Todo lo que valga la
pena conservar de lo que escribí entre
1922 y 1926 fue escrito a pesar de mis
nuevas teorías, y no gracias a ellas».
En 1925 leyó por primera vez los
poemas y los trabajos críticos de Laura
Riding, y él y Nancy la invitaron para
que viniera a Islip desde los Estados
Unidos. Se conocieron en 1926 y fue por
ella, dice Graves: «que poco a poco
empecé a revisar mi actitud para con la
poesía». Así empezó una amistad y un
trabajo compartido que duraría trece
años. Graves fue designado como
Profesor de Literatura Inglesa en la
Universidad del Cairo en 1926 y Laura
Riding los acompañó a él, a Nancy y a
los cuatro niños a Egipto. Graves
encontró el trabajo fatigoso, poco
satisfactorio y a veces ridículo, y
decidió renunciar y regresar a Inglaterra.
En Inglaterra, sin embargo, sus
problemas domésticos se agudizaron, su
matrimonio con Nancy se deterioró y
ambos decidieron separarse; Graves
viajó al extranjero acompañado de
Laura Riding y resolvió no volver a
vivir nunca en Inglaterra —de ahí el
título de su autobiografía: Adiós a todo
eso.
Su crisis doméstica pudo haber sido
la provocación inmediata para dejar
Inglaterra, pero ya antes había decidido
que en su país había exceso de gente y
que estaba demasiado mecanizado para
su gusto. Viajaron a Europa y en la
Haute Savoie conocieron a Gertrude
Stein. Fue ella quien les recomendó
Mallorca como un lugar donde vivir. Sus
gentes, les dijo, son honradas y
amistosas y el clima uno de los mejores
de Europa. «Mallorca es el paraíso», les
aseguró, «si es que pueden
aguantarlo…». Se fueron pues a
Mallorca, y encontraron el pueblecito de
Deyá donde decidieron establecerse.
Graves construyó su propia casa con la
ayuda de obreros locales, mandó a
Inglaterra por sus libros y mobiliario; y
aún vive allí ahora, casi cincuenta años
más tarde.
Deyá es un pequeño pueblo de
pescadores en la rocosa costa del
noroeste, rodeado y avasallado por la
montaña del Teix, que tiene cerca de
1200 metros de altitud. Hay unos
cuatrocientos habitantes, y casi todas las
casas de piedra están construidas en la
ladera de una pequeña y empinada
colina situada frente a la montaña. La
iglesia, con su torre baja y ancha y su
pequeño cementerio, descansa en la
cumbre de la colina. Deyá es un lugar
espectacular y bello; los bancales de sus
grandes laderas fueron construidos hace
varios siglos por los moros, para
cultivar aceitunas.

El primer período de Graves en


Deyá, entre los años 1929 y 1938, fue
muy prolífico. Escribió seis volúmenes
de poesía y cinco novelas: The Real
David Copperfield (1933), I, Claudius
y Claudius the God (1934), Antigua,
Penny, Puce (1936) y Count Belisarius.
Graves dice que escribía novelas y
libros de prosa para ganarse la vida, ya
que era imposible vivir de su poesía,
«pues no hay dinero en la poesía —y no
hay poesía en el dinero». Su
«autobiografía» de Claudius, conocido
como «Claudius the Idiot», «Claudius
the Stammerer» o «Clau-Clau-
Claudius», que se convierte en
emperador de Roma a pesar suyo, está
considerada como una de las mejores
novelas históricas del siglo, ha sido
adaptada a la televisión y es popular en
todo el mundo. Además de poemas,
novelas y trabajos críticos, escribió
también cuentos cortos durante este
período, artículos y hasta una pieza
teatral.
Laura Riding influyó, sin lugar a
dudas, en la poesía y en la manera de
pensar de Graves. Sus poemas perdieron
todas sus características infantiles y
georgianas y se volvieron más
controlados e intelectuales; Graves
empezó a pensar de una manera distinta
acerca de la poesía, la historia y las
mujeres. La influencia de Laura Riding,
ha dicho Graves, es sobre todo «una
influencia mutua», el resultado natural
de haber vivido y trabajado juntos.
Escribieron dos libros de crítica
(Survey of Modernist Poetry y
Pamphlet Against Anthologies), y los
agudos métodos críticos que emplearon
en dichos libros dieron un nuevo rumbo
a la crítica literaria inglesa. Ambos
empezaron también un anuario crítico
que se llamaba Epilogue: A Critical
Summary, que apenas duró unos pocos
años. Casi todos los libros que
escribieron en esa época fueron
impresos en su propia prensa, instalada
en su casa, a la cual nombraron «The
Seizin Press».
La única contrariedad seria que
sufrieron durante su pacífica estadía en
Mallorca ocurrió en 1936, cuando las
fuerzas armadas de Italia y Alemania
decidieron intervenir a favor de Franco
en la Guerra Civil española, y se
aconsejó a todos los súbditos ingleses
que dejaran inmediatamente España para
evitar incidentes internacionales.
Graves, Laura Riding y su secretario
alemán fueron evacuados en un buque de
guerra británico, y durante los tres años
siguientes vagaron desconsoladamente
por Suiza, Francia y los Estados Unidos,
esperando que se les permitiera volver.
Fue, sin embargo, en los Estados
Unidos, donde la amistad y la
asociación literaria con Laura Riding
llegó a su fin. La Guerra Civil duró
hasta 1939, y para entonces la Segunda
Guerra Mundial era inminente, y Graves
tuvo que postergar su regreso a Deyá.
Cuando la guerra se declaró, él se
encontraba visitando Inglaterra y se
presentó como voluntario para las
fuerzas de infantería, pero cuando el
gobierno le informó de que sólo se le
encomendaría una «misión burócrata»,
él se retractó y volvió a la literatura.
Tres de sus hijos sirvieron en el
ejército; el menor quedó eximido debido
a una sordera causada por el sarampión
mal atendido en Egipto. Su hijo mayor,
David, que también se incorporó a los
Royal Welch Fusiliers, fue muerto en
acción en Birmania en 1943.

Graves se divorció de Nancy, se


casó de nuevo y tuvo otros cuatro hijos,
tres varones y una niña, de su segunda
mujer, Beryl Pritchard. Durante la guerra
vivieron en un pueblecito de
Devonshire, en Galmpton, donde Graves
escribió varios libros de prosa pero
pocos poemas. En 1940 escribió
Sergeant Lamb of the Ninth y el año
siguiente Proceed, Sergeant Lamb,
novelas históricas acerca de un miembro
de los Royal Welch Fusiliers durante la
guerra revolucionaria en Norteamérica.
Después colaboró con Alan Hodge en
una historia social de Gran Bretaña de
1918 a 1939, llamada The Long
Weekend, y en 1943 escribió otro libro
con Alan Hodge, un tratado de gramática
inglesa y del estilo en la prosa inglesa
llamado The Reader Over Your
Shoulder. En el mismo año escribió otra
novela histórica, esta vez acerca del
poeta inglés del siglo diecisiete, John
Milton, llamado Wife to Mr. Milton. Fue
hacia el final de la guerra, sin embargo,
cuando Graves escribió quizá su libro
más importante en prosa: The White
Goddess. Este libro, en el cual prueba la
existencia de una antigua fe religiosa en
la Diosa y afirma que su invocación es
la función de toda poesía verdadera,
marcó su obra y tuvo una gran influencia
en las ideas y las obras de muchos de
sus contemporáneos.
El tema, en pocas palabras, está
basado en su interpretación de un poema
galés medieval, «The Song of Taliesin»,
que hasta entonces se había considerado
sin sentido. Se trata, según Graves, de
una serie de adivinanzas
deliberadamente confusas que esconden
los nombres de las letras de un alfabeto
antiguo; este alfabeto, llamado el Beth-
Luis-Nion, que era sagrado y custodiado
celosamente por los poetas, servía
también como calendario: las letras
representaban una secuencia de árboles
(ya que «árboles» en todas las lenguas
celtas quiere decir letras o enseñanza),
las consonantes del nombre del árbol
representaban los meses de los cuales
los árboles eran característicos, y las
vocales representaban las estaciones
trimestrales del sol. Su contrapartida en
Grecia era el alfabeto órfico prefenicio
y ambos alfabetos estaban asociados con
la adoración de la triple diosa lunar
cuyos nombres son innumerables: es la
Diosa de la Montaña adorada en el
Helicón, el Olimpo y el Parnaso, es
Leucothea, la Diosa Blanca, la antigua
Diosa de Muerte-en-Vida, la Diosa del
Amor, de la Luna y el Mar y los
Arboles, es la Triple Diosa Musa y la
Madre Diosa, la Creatrix Rhea. Su
contrapartida en Irlanda es Brigit; en
Gales, Carridwen; y en Italia, Carmenta.
La Triple Diosa Musa que inspira a
los verdaderos poetas fue hace mucho
tiempo conquistada y relegada por el
dios solar Apolo; sus nueve musas
fueron transformadas en ninfas. Apolo es
el dios de lo racional y lo intelectual, es
el dios civilizado y habita en el Parnaso
inspirando el verso racional e
intelectual. La interpretación mitológica
de Graves acerca de la escritura poética
propone dos categorías muy distintas de
poesía: la poesía apolínea y la poesía de
la Musa. «La poesía apolínea se
compone en la parte delantera del
cerebro: ingeniosamente debe servir a la
ocasión, siempre razonablemente,
siempre sobre un plan preconcebido,
derivado de un conocimiento sólido de
la retórica, la prosodia, el ejemplo
clásico y la moda contemporánea. Lo
apolíneo no permite intrusas emociones
personales, ningún incidente inesperado
que rompa el musical y terso fluir de su
verso. El placer que ofrece es
conscientemente estético… La poesía de
la Musa se compone en la parte
posterior del cerebro: un producto
extraño de un trance en el cual las
emociones de amor, miedo, rabia o
dolor son profundamente padecidas pero
al mismo tiempo poderosamente
disciplinadas; en el cual el pensamiento
intuitivo reina supralógicamente y el
ritmo personal subyuga el metro a su
designio. El efecto de la poesía de la
Musa en los lectores, con sus polos
opuestos de éxtasis y melancolía, es lo
que los franceses llaman un frisson y los
escoceses grue —significando el
escalofrío provocado por experiencias
terribles o supernaturales».
Su tema central en este libro es, por
lo tanto, la persistente sobrevivencia de
la fe en la Musa entre los poetas
llamados «románticos», que derivan su
imaginería, ya sea consciente o
inconscientemente, del culto de la Diosa
Blanca. Quizá, continúa diciendo, la
magia que ejercen sus poemas depende
de su exactitud para describir la diosa o
su presencia. Keats y Coleridge
registraron su experiencia de ella en el
siglo diecinueve:

Sus labios eran rojos, su presencia


despreocupada,
sus rizos amarillos como el oro:
su piel blanca como la lepra,
la pesadilla Vida-en-Muerte era ella,
que espesa con frío la sangre del
hombre.
(El viejo Marino)

Para Keats ella era «La Belle Dame


sans Merci»:

Encontré a una señora en los Prados,


totalmente bella, hija de un hada:
su cabello era largo, su pisada ligera
y extraviados sus ojos.

La Musa no es ya una deidad


nacional sino personal, una para cada
poeta. Para experimentar la Musa el
poeta debe enamorarse de una mujer
«poseída» por la Musa. Su capricho y su
crueldad es lo que tiene que sufrir a
cambio de la inspiración que ella otorga
en una reactualización del antiguo mito
del cual Graves afirma que es el
arquetipo cuyas variaciones o
fragmentos son todos los poemas de
amor subsiguientes. Esto es lo que
quiere decir al principio de su primer
poema de la Diosa Blanca: «A Juan en
el Solsticio de Invierno».

Sólo hay una historia, una historia


sólo
que merezca ser contada por ti,
ya sea como bardo sabio o niño
talentoso…

Esta única historia o «tema», es lo


que describe Graves en La Diosa
Blanca: «… en pocas palabras es la
historia antigua que se divide en trece
capítulos y un epílogo, del nacimiento,
la vida, la muerte y la resurrección del
Dios del Año Creciente; los capítulos
centrales hablan de la batalla que va
perdiendo el Dios con el Dios del Año
Menguante por el amor de la caprichosa
y todopoderosa Diosa Triple, su madre,
novia y amortajadora. El poeta se
identifica con el Dios del Año Creciente
y su Musa con la Diosa; el rival es su
hermano de sangre, su otro yo, su sino.
Toda poesía verdadera celebra algún
incidente o escena en esta antiquísima
historia, y los tres caracteres principales
constituyen una parte tan importante de
nuestra herencia racial que, no sólo se
afirman en poesía, sino que vuelven en
ocasiones de fatiga emotiva en forma de
sueños y visiones paranoicas… La diosa
es una mujer adorable y esbelta de nariz
aguileña, rostro pálido como la muerte,
labios rojos como fruta de fresno,
asombrosos ojos azules y cabello largo
y rubio; repentinamente se transforma en
marrana, yegua, perra, zorra, burra,
comadreja, serpiente, lechuza, loba,
tigresa, sirena o repugnante bruja. Sus
nombres y títulos son innumerables. En
los cuentos de aparecidos a menudo
figura como “La Señora Blanca” y en
religiones antiguas, desde las Islas
Británicas hasta el Cáucaso, como “La
Diosa Blanca”. No puedo pensar en
ningún poeta verdadero desde Homero
en adelante que no haya registrado por
cuenta propia su experiencia de ella. La
prueba de la visión de un verdadero
poeta, podemos decir, es la precisión de
su retrato de la Diosa Blanca y de la isla
que ella gobierna. La razón por la cual
los pelos se erizan, los ojos lagrimean,
la garganta oprime, la piel se eriza, y un
escalofrío recorre el espinazo cuando
uno escribe o lee un verdadero poema,
es que un poema verdadero es
necesariamente una invocación de la
Diosa Blanca, o Musa, la Madre de
Todo Ser Viviente, el antiguo poder de
miedo y lujuria, la araña hembra o la
abeja reina cuyo abrazo es la muerte».
Aunque la mayor parte de los
poemas de Graves son fácilmente
comprensibles para los que no han leído
La Diosa Blanca, el poema que él
escribió cuando nació su séptimo hijo,
Juan, llamado «A Juan en el Solsticio de
Invierno», es una excepción y necesita,
creo, alguna explicación. El solsticio es
el cumpleaños de casi todas las
deidades solares: Apolo, Zeus,
Dionisio, Heracles, Adonis, Hermes, el
dios asirio Tamúz y los semidioses
irlandeses Lugh y Cuchulain. Si es de
árboles que hablas, «o de extrañas
bestias que te acosan / o de pájaros que
te croan la Triple-voluntad», es porque
los árboles y las extrañas y fabulosas
bestias como el unicornio, la quimera, el
fénix o la sirena y los pájaros proféticos
como la grulla, el cuervo, el buitre o el
búho, le pertenecen a ella y le son
sagrados. El zodíaco en el poema
simboliza el ciclo de la vida, el «nunca-
alterado circuito» del destino del poeta.
La Corona Boreal o Corona Borealis era
originalmente la corona de la Diosa
cretense Ariadna, que en el mito tracio-
libio que llegó a Bretaña en la Edad de
Bronce, era el purgatorio donde todos
los héroes solares iban después de su
muerte.
La Diosa en este poema toma la
forma de Afrodita, la diosa del Mar, la
diosa del Amor «… mitad mujer mitad
pez. En su mano izquierda lleva un
membrillo frondoso…». El membrillo,
un antiguo símbolo de fidelidad-en-el-
amor, es sagrado para Afrodita.

… la inmortal serpiente incubada en


el caos,
cuyos anillos contienen el océano…

Esta serpiente es Ofión que, según


los mitos de creación órficos y pelasgos,
fue creada del caos por Eurynome, la
diosa primordial de Todas las Cosas y
se unió a ella para formar la tierra y el
gran océano. La sexta estrofa («Cae
mucha nieve…») demuestra la notable
habilidad de Graves para evocar una
atmósfera de terror o misterio en una
descripción del paisaje. De pasajes así
él dice en La Diosa Blanca: «A veces,
leyendo un poema, los pelos se erizan
con una escena descrita allí
aparentemente despoblada de gentes y
acontecimientos, si los elementos
demuestran su presencia de una manera
suficientemente clara: por ejemplo,
cuando los búhos ululan, la luna corre
como un barco a través de una rápida
nube, los árboles se mecen juntos
lentamente sobre una cascada impetuosa,
y se escucha el distante ladrido de los
perros; o cuando el repique de campanas
en tiempo escarchado repentinamente
anuncia el nacimiento del Año Nuevo».
El gran jabalí salvaje al cual se
refiere en la última estrofa mata
prácticamente a todos los héroes solares
de la mitología (incluyendo a Zeus según
un relato) al final del año: «El año de la
hiedra es también el año del jabalí, mata
a Osiris de la hiedra, el amante de la
diosa Isis. Apolo, el dios solar griego,
disfrazado de jabalí, mata a Adonis, O
Tamuz, el asirio, amante de la diosa
Afrodita… Octubre era la estación de la
caza del jabalí de los Bassarids
coronados de hiedra. El jabalí es la
bestia de la muerte y el otoño del año
empieza en el mes del jabalí».
Este poema anuncia un nuevo
período en la poesía de Graves, más
rico y sutil. En «A Juan en el Solsticio
de Invierno», emplea estas imágenes
mitológicas con gran destreza, para
mostrar la crueldad y el misterio del
amor, el éxtasis y el terror
inextricablemente enlazados en el mito
de la Diosa Blanca.
Al descubrir por sí mismo el mito de
la Diosa Blanca y sus mitos periféricos,
clarificando así su comprensión de la
«mystique» del amor y las mujeres,
Graves pudo fundir en sus poemas toda
una gama de imágenes antiguas que
proveen un contexto unificador y que de
otra forma serían fragmentarias
presentaciones de su experiencia
personal. Registra, aún ahora, su
experiencia personal en los poemas —
sin duda alguna, en casi todos los
poemas que escribió Graves, está ahí, en
el centro, y sus reacciones y emociones
son siempre el tema central del poema
—, no puede hacer más, nos dice; para
experimentar la Musa el poeta debe
enamorarse de una mujer poseída por la
Musa, para que el amor personal pueda
relacionarse en los poemas con algo
mucho más amplio. Cuando lo
entrevistaron en The Paris Review
(número 47, verano de 1969) en cuanto
al papel de la musa personal, Graves
dijo: «Ella sirve como foco y como reto.
Da happiness (alegría). Uso aquí con
precisión el inglés -hap: happening
(suceso), happiness (alegría). La
tranquilidad no le sirve a la poesía. El
primero en emplear la Musa en el
sentido de la Diosa Blanca fue Ben
Jonson —después degeneró en una débil
autoinspiración de poetas jóvenes».

Al final de la guerra, Graves pudo


regresar a Mallorca. Él y su familia
fueron maravillosamente bien recibidos
por el pueblo de Deyá, donde encontró
su casa, después de casi diez años de
guerra, totalmente intacta, todo lo que
había dejado en ella (libros,
manuscritos, platería y ropa) había sido
amorosamente cuidado por la gente del
pueblo.
Desde la guerra, Graves «está
contento de informar que muy poco de
interés biográfico nos puede relatar».
Continuó viviendo con su familia en
Deyá, donde escribió sus libros a gran
velocidad, publicando a veces hasta seis
o siete títulos por año, y haciendo
visitas ocasionales a Inglaterra y a
América. Lo único que estorba su paz en
Deyá es el turismo. Afortunadamente,
las rocas de las cuales salta para nadar
en la Cala de Deyá son inaccesibles
para el turismo medio —y la falta de
arena en Deyá es quizá lo que ha
salvado al pueblo de grupos turísticos,
aunque ya hay bastantes extranjeros
ricos que se han trasladado a vivir allí y
han construido casas. El resto de
Mallorca, particularmente Palma, ha
sufrido los malos efectos del turismo. El
mismo Deyá no se ha librado del todo:
«El valor de los bienes inmuebles se ha
elevado no sólo en un cien por ciento
sino cien veces. Grandes urbanizaciones
nuevas han aparecido a lo largo de la
costa vecina; comerciantes pobres son
ahora lingüistas prósperos y los pueblos
de Mallorca casi se han quedado sin
trabajadores agrícolas. En Deyá
nosotros ahora (1965) empleamos
gitanos de Andalucía, a precios muy
elevados, para ayudar a cosechar la
aceituna; el año pasado algunos
hacendados dejaron que la cosecha se
pudriera en el suelo. Los bancales que
se caen no vuelven a ser reconstruidos.
Los olivos sirven ahora principalmente
para ser convertidos en ensaladeras y
cajas para los turistas. Como dijo un
mallorquín: Una vez corten todos los
olivos tendremos que ponerlos de
plástico para que ellos los puedan
admirar desde las ventanillas de sus
buses».
«No, nadie puede parar al progreso.
Sólo se puede pasar de lado. Pero el
interior de la isla que está aún sin
explotar se va encogiendo a medida que
los caminos mejoran. ¿Dónde nos
retiraremos?». Graves escribió eso en
un libro acerca de Mallorca en 1965;
desde entonces las cosas no han
cambiado demasiado en Deyá, aunque
hay algunas tiendas más, un banco y un
hotel para los turistas alemanes e
ingleses. Deyá es más próspera y por lo
tanto, en cierto sentido, está más cerca
de arruinarse.
Grandes autobuses pasan a toda
velocidad muchas veces al día, pero
casi nunca paran —salvo con alguna
excepción— frente a la casa de Graves,
para que el guía les señale el hogar del
«gran escritor americano, Robertson…».
De los libros en prosa que ha escrito
desde la guerra los más importantes son:
The Nazarene Gospel Restored (escrito
en 1953 en colaboración con el erudito
hebreo Joshua Podro), libro que
reconstruye, dentro del enfoque de los
modernos descubrimientos históricos y
arqueológicos, el Nuevo Testamento;
The Greek Myths (1955), un diccionario
enciclopédico de todos los dioses y
héroes griegos, incorporando las
conclusiones de la arqueología moderna,
y The Hebrew Myths (1964). En 1954
fue designado Clark Lecturer del Trinity
College, Cambridge, y de 1961 a 1966
fue Profesor de Poesía en la
Universidad de Oxford. Ha publicado
esas conferencias y otras que pronunció
en los Estados Unidos, muchos ensayos
y varias colecciones de cuentos.
También ha sido muy celebrado por sus
traducciones de algunos clásicos: El
Asno de Oro de Apuleyo, El Niño de la
Bola de Alarcón, Los doce Césares de
Suetonio, Farsalia de Lucano, La furia
de Aquiles de Homero, las comedias de
Terencio, el relato de George Sand de
cuando vivió con Chopin en
Valldemossa (pueblo vecino a Deyá) y
El Rubaiyat de Omar Khayam, que
tradujo en colaboración con Omar Ali
Shah de un manuscrito encontrado hace
poco tiempo, cuya autenticidad se
discute.
Ha ganado dos medallas olímpicas
por su poesía, una de ellas la Medalla
de Oro en las Olimpiadas Culturales de
México en 1968. En 1960 le fue
otorgada la Medalla de Oro de The
National Poetry Society of America, y
en 1968 la Medalla de Oro para Poesía
que otorga la reina de Inglaterra.
También en 1968 el pueblo de Deyá lo
nombró su hijo adoptivo, lo cual él
considera un gran honor.
El desarrollo poético de Graves ha
sido un proceso gradual pero continuo
de incorporación de las imágenes de la
mitología de la Diosa Blanca, dentro de
un lenguaje personal en sus poemas de
amor, y para usar su visión del universo,
para unificar su obra. Ha escrito cada
vez menos poemas acerca de la Diosa
Blanca como fenómeno mitológico y
cada vez más acerca de ella como
experiencia personal. Cada poema que
escribe delinea sus asociaciones con
ella en una u otra persona.
En su discurso de «Michaelmas» en
1963 como Profesor de Poesía en
Oxford, anunció una considerable
evolución en su mitografía personal: la
aparición de la Diosa Negra. Describió
su naturaleza y la explicó a sus
estudiantes de la siguiente manera: Los
Fragmentos Órficos cuentan cómo la
Noche dio luz al dios de Amor, Fanes,
que puso al universo en movimiento. La
Noche para los órficos apareció en
forma triple como Oscuridad (o, en otras
palabras, Sabiduría), Orden y Justicia.
En todo el Oriente la Noche era
considerada como una fuerza positiva y
no como una mera ausencia de la luz del
día; y el negro, como un color primario
y no como una ausencia de color, fue
celebrado por captar las virtudes del sol
más que cualquier otro color. Istar, la
reina de Babilonia y virgen original del
zodíaco, representada en algunas estelas
desnuda y cabalgando sobre un león (un
poeta), una de las formas de la Diosa
Blanca, no gobernaba sola; reconocía a
una hermana misteriosa, la Diosa de la
Sabiduría, cuyo templo era pequeño y
poco frecuentado. «… Llámenla la
Diosa Negra: “las vírgenes negras” de
Provenza y Sicilia son llamadas así
porque derivan de una antigua tradición
de la sabiduría como oscuridad. Esta
Diosa Negra, que representa una
certidumbre milagrosa en el amor,
ordena que el poeta que la busque debe
pasar sin quejarse por todas las pruebas
a que la Diosa Blanca lo pueda
someter». El gozo y el éxtasis que el
poeta siente cuando ella derrama su
amor sobre él, Graves lo compara a un
pájaro de fuego que es puesto en
libertad:

Y tus ojos negros de ágata, bien


abiertos, reflejan
al libertado pájaro de fuego
aleteando su camino
por una girante avenida de azules y
amarillos.

«La poesía, se puede decir, pasa a


través de tres etapas distintas: primero,
la iniciación al amor por Vesta en sus
antiguas formas de afecto y
compañerismo; luego, su experiencia de
la muerte y resurrección a cargo de la
Diosa Blanca, y por último la certeza en
el amor, otorgada por la Diosa Negra, su
más que Musa. Ella promete un nuevo y
apacible vínculo entre hombre y mujer,
correspondiendo a una realidad final del
amor, en la cual el vínculo patriarcal del
matrimonio va a desaparecer. A
diferencia de Vesta, la Diosa Negra ha
experimentado el bien y el mal, el amor
y el odio, la verdad y la falsedad, en la
persona de su propia hermana; pero ella
elige lo que es bueno, rechazando el
amor de serpiente y la carne de cadáver
que deleita a la Diosa Blanca. Fiel como
Vesta, alegre y aventurera como la Diosa
Blanca, ella conducirá al hombre de
nuevo al instinto seguro del amor, que él
desechó por el amor intelectual».
El paisaje que enmarca este amor no
está hecho de despojos helados y
misterioso terror sino de gran fertilidad
y profusión:

… Profusas las bayas del amor,


los moteados peces, las avellanas y la
hiedra blanca
que tú, sonriendo a medias, confieres
a tu deliciosa y ancha tierra
prometida
para mí, que nunca antes me atavié
con festivas plumas.
(La Diosa Negra)

En la entrevista de la Paris Review,


el entrevistador observó que no sólo
Graves había llegado tarde al amor en
su poesía, sino que sus poemas de amor
cobraban intensidad mientras más viejo
se volvía:

«GRAVES: Me acerco cada vez más al


centro del fuego, por decirlo así… Uno
llega al fondo de la cosa con una serie de
experiencias que tienen el mismo diseño
pero distintos colores.
ENTREVISTADOR: En otras palabras, usted
no aprende nada nuevo, pero llega a una
comprensión más honda.
GRAVES: Sí, una comprensión de lo que
son las ordalías del poeta. Los poemas de
amor deben ser rebotados desde una luna.
Las lunas varían. Ame a una mujer-musa
diferente, y recibirá un poema diferente».

Las mujeres poseídas por la Diosa


Negra que inspiraron su nueva poesía
produjeron por cierto una poesía distinta
en él: la recompensa de la agonía
sufrida por la Diosa Blanca, es una
poesía mucho más calma y plácida:
Ahora por fin, hondo en el sueño,
transportado
a su jardín de rosas en la alta colina,
seguro de que allí ella no te podrá
negar
ningún privilegio merecido,
por más discutible o nuevo que éste
fuera.
(«Tres veces enamorado»)

Graves ha alcanzado contentamiento


poético en el amor; ya no se queja:
«¿Debo forzar la pluma hasta que brote
sangre de mis uñas / y me falte el aliento
y tiemble de fiebre?». En 1969, en su
libro de ensayos llamado Difficult
Questions, Easy Answers, describe su
paraíso personal como nada más que una
celda desnuda en el castillo de la Musa,
donde él puede sentarse y escribirle
poemas «nutriéndome a todas horas de
verdadera magia / destilada de la poesía
—tal amor siendo sagrado / y su ruptura
más allá de toda absolución».
(«Verdadera Magia»).
Los poemas del período de la Diosa
Negra son casi todos más alegres, más
personales y más emotivos que sus
anteriores poemas de amor, y despliegan
en todo su esplendor su habilidad
técnica: Graves ha sido siempre más
perfeccionista que innovador o
experimentador y ha llevado a la
perfección el arte miniaturista del amor
lírico. A pesar de su intensidad emotiva
sus poemas son siempre muy
disciplinados y elegantes, no hay
sentimentalismo ni pensamientos
desordenados, sino gran claridad,
discernimiento y pasión.
Al principio del primer capítulo de
La Diosa Blanca, Graves explicó su
actitud hacia la poesía y los poetas:
«Desde que tenía quince años, la poesía
ha sido mi pasión dominante, y jamás me
he comprometido con un trabajo o
entablado relación alguna que fueran
incompatibles con los principios
poéticos, lo cual me ha ganado algunas
veces la reputación de excéntrico. La
prosa ha sido mi manera de ganarme la
vida, pero la he usado como un medio
para afilar mi sentido de la totalmente
distinta naturaleza de la poesía, y los
temas que elijo están siempre
vinculados en mi mente con grandes
problemas poéticos. A los sesenta y
cinco años de edad todavía me divierte
la paradoja de la obstinada continuidad
de la poesía en la presente fase de la
civilización. Pese a que está reconocida
como una profesión liberal, es la única
para cuyo estudio no hay academias
abiertas y en la cual no existe medida
alguna, por basta que sea, por medio de
la cual se pueda medir la pericia
técnica. Los poetas nacen, no se hacen.
La deducción que se espera que uno
saque de esto es que la naturaleza de la
poesía es demasiado misteriosa para ser
examinada: es, sin duda, un misterio más
grande que la misma realeza, ya que los
reyes se hacen tanto como nacen y las
expresiones que se citan de un rey
muerto tienen tan poco peso en el
púlpito como en el bar. La paradoja
puede explicarse por la sensación de
que la poesía, ya que desafía el análisis
científico, debe tener sus raíces en
alguna suerte de magia y la magia está
desacreditada. La sabiduría poética
europea está, sin duda, finalmente
basada en principios mágicos, cuyos
rudimentos formaron un apretado secreto
religioso durante varios siglos, pero que
al final se pervirtieron, quedaron
desacreditados y olvidados. Ahora, sólo
por raros accidentes de regresión
espiritual los poetas consiguen que sus
versos tengan potencia mágica, en el
sentido antiguo. De otra manera, la
práctica contemporánea de escribir
poemas recuerda los experimentos
fantásticos y precondenados del
alquimista medieval cuando quería
transmutar metal ordinario en oro; salvo
que el alquimista al menos reconocía el
oro puro al verlo y al tocarlo. La verdad
es que sólo el mineral de oro puede
convertirse en oro; sólo la poesía en
poemas. Este libro [La Diosa Blanca]
se refiere al redescubrimiento de los
rudimentos perdidos y a los principios
activos de la magia poética que los
gobierna».
En sus «Clark lectures» en la
Universidad de Cambridge, habló de lo
que llamó el «privilegio cumbre» del
poeta: «… Esto es, su calidad de
miembro de una profesión totalmente
anárquica. No hay escuela de arte que le
garantice diplomas; no hay academia
real que califique su capacidad técnica;
no hay autoridad constituida que le
aplique una disciplina. Su única
responsabilidad es con la Musa, una
patrona severa que nunca está satisfecha
con ninguna obra que se le ofrezca. El
poeta hablará sin ambages acerca de la
poesía, sin ningún rodeo cortés (a menos
de cometer una traición o de incurrir en
una calumnia obscena), pero permanece
siempre en una minoría de uno, a menos
que rompa con la tradición poética
organizando un grupo, capilla o
movimiento al estilo continental».
Graves siempre ha sido el forastero
de la poesía inglesa del siglo XX; ha
evitado juntarse con cualquiera de sus
contemporáneos o adherirse a sus
movimientos; ha manifestado muy poco
interés por la obra de Yeats, Eliot,
Pound, Auden o Thomas; ha mantenido
su individualidad absoluta, ha evitado
siempre lo que él llama «el cómodo
lugar de descanso» y no ha aceptado
vínculos que pudieran dañar su
independencia crítica, impedirle decir la
verdad acerca de cualquier cosa o
forzarlo a hacer nada que fuera ajeno a
su esencia. Esto es lo que él quiere decir
con probidad poética y, como W. H.
Auden escribió una vez acerca de
Graves: «Ningún poeta ha estado más
preocupado que Graves por la probidad
poética, por ser auténtico, cueste lo que
cueste, para con su verdadero yo».

PAUL O’PREY
RECONOCIMIENTOS
Deseamos agradecerle a Cassel & Co.
Ltd., London, el permiso para utilizar la
gran mayoría de los poemas aquí
incluidos, que fue ron seleccionados de
Robert Graves - Collected Poems
(1975), así como también a Chatto &
Windus Ltd., London, por su permiso
para utilizar «The Last Post» y
«Recalling War», extraídos de Men Who
March Away - Poems of the First World
War, por I. M. Parsons.
Por último queremos agradecerles
especialmente a Lucía Graves y a
Aurora Bernárdez sus valiosas
sugerencias y la revisión final de las
traducciones.
But this is truth
written by you only,
And for me only…
ALLIE
lie, llama a los pájaros,
a los pájaros del cielo!
ie llama, Allie canta
y ellos bajan
imero llegaron
s palomas blancas,
luego un gorrión desde su nido,
spués una gallinita enana y cloqueadora
y por último el petirrojo.
lie, llama a las bestias,
a todas sin excepción!
ie llama, Allie canta
y ellas acuden corriendo.
imero llegaron
s corderos negros,
luego una gruñona cerda de Berkshire,
spués un perro sin rabo
y por último una vaca blanca y colorada.

lie, llama a los peces,


a los peces del río!
ie llama, Allie canta
y ellos se acercan nadando.
imero llegaron
s peces dorados,
un pececito de río y un gobio,
go una multitud de pequeñas truchas
y las anguilas por último.

lie, llama a los niños,


llámalos del campo!
ie llama, Allie canta
y ellos acuden deprisa.
imero llegaron
más y Margarita,
luego Kate y yo
y nunca olvidaré
mo jugamos a la orilla del agua
hasta esa puesta de sol en abril.


EL ESPEJO
CANDELABRO

rdida casa solariega donde camino


siempre
mo un fantasma, aunque en carne y
sangre de mujer.
biendo tus anchas escaleras, subiendo
con abiertos dedos
eslizándome resuelto por tus corredores
go por costumbre nocturna a este cuarto,
n en sofocantes mediodías llego
ado por el hilo del recuerdo en tiempo
hundido.
cío, salvo la gran cama ceremonial
bierta por mohosas cortinas que
sesgadas cuelgan
n teatro de títeres donde un maligno
capricho
ebla del miedo los bastidores). A mi
derecha
nde un cordón deshilachado pronto
eclamar de los sombríos áticos
servicios de fantasmas más viejos;
aquí, a mi izquierda,
adusto espejo-candelabro, rajado de
lado a lado,
niega a mostrar el rostro (como los
espejos nuevos)
n un falso sonrojo, lo muestra
melancólico
álido, como se vuelven los rostros que se
miran en espejos.
o hay vida, nada salvo la delgada
sombra
l mudo presentimiento? ¿Nunca una rata
entre los muros
yendo un mendrugo? ¿O en la ventana
a mosca, un moscardón, una araña
famélica?
s ventanas enmarcan un panorama de
cielos fríos
medias fundidos con el mar, como en el
albor de la creación—
stracto, confuso oleaje. Vuélvete,
jor escudriña en el espejo una vez más,
toma nota
ti, los labios grises y el pelo largo en
desorden,
os fijos, con sueño. Ah, espejo, por amor
de Dios
me una señal de que aún permanece allí
mota —más allá de este misterio isleño,
entras sea de este lado de la Esperanza,
en alguna parte,
riachuelos, en pastos montañosos y
soleados—
verdadera vida, el natural respiro y no
este fantasma.


EL TOQUE DE
QUEDA

trompetero lanzó una llamada de alto


romance—
Apaguen las luces! ¡Apaguen las luces!»
a la plaza desierta:
las finas notas de bronce arrojó una
oración,
ios, si es esto para mí la próxima vez en
Francia…
otege a la trompeta fantasma mientras
yazgo
erto en gas y humo y estruendo de rifles,
erto en una fila con los otros heridos,
posando muy rígido y quieto bajo el
cielo,
gres jóvenes fusileros, demasiado
buenos para morir».
música cesó y el resplandor rojo del
ocaso
sangre en su cabeza mientras
continuaba ahí.


ADVERTENCIA A
LOS NIÑOS

ños, si os atrevéis a pensar


la grandeza, la rareza, la demasía,
escasez de este precioso, único
nfinito mundo en el cual decís
bitar, pensad en cosas así:
oques de pizarra circundando manchas
as y verdes, circundando redes
arillo leonadas, circundando blancas
egras superficies de dominó
nde un pulcro paquete de papel marrón
invita a que desates el cordel.
el paquete una pequeña isla,
la isla un gran árbol,
el árbol una fruta cascaruda.
ranca la corteza y hiende la piel:
la semilla verás
oques de pizarra circundados por
manchas
as y verdes, circundadas por redes
arillo leonadas, circundadas por
blancas
egras superficies de dominó,
nde el mismo paquete de papel marrón—
ños, no toquéis el cordel!
ien se atreve a desatar el paquete
encuentra de súbito dentro de él,
la isla, en la fruta,
oques de pizarra rodeando su cabeza,
encuentra circundado por manchas
rdes y rojas, circundado por redes
arillo leonadas, circundado por negras
lancas superficies de dominó,
n el mismo paquete de papel
n sin abrir en sus rodillas.
i entonces se atreve a pensar
la escasez, la demasía, la rareza,
grandeza de este infinito, único
recioso mundo en el cual dice
bitar —entonces desata el cordel.


MORIRÍA POR TI

oriría por ti o tú por mí,


son de violentos nuestros celos—
i dudas que digo la verdad
tame sin tardanza, a menos que yo te
mate.


LA TELARAÑA
FRESCA

s niños son mudos, no dicen qué caliente


es el día,
é caliente el perfume de la rosa de
verano,
é temibles los negros vacíos del cielo de
la tarde,
é temibles los altos soldados marchando
al tambor.

ro nosotros tenemos palabras para


enfriar al colérico día,
alabras para mitigar el cruel perfume
de la rosa.
njuramos a la noche amenazante,
njuramos a los soldados y al miedo.

y una fresca telaraña de palabras que


nos enreda,
ye del excesivo gozo o del miedo
excesivo:
s volvemos verde-mar al final y
fríamente morimos
salumbre y volubilidad.

as si dejamos nuestras lenguas sueltas,


rojando palabras y su abrazo de agua,
tes de nuestra muerte, en vez de cuando
llegue,
rentándonos al ancho resplandor del día
infantil,
rentándonos a la rosa, al cielo oscuro, a
los tambores,
duda nos volveremos locos y así
moriremos.


SIN RUMBO

minar sin rumbo


descuidado y seguro,
minar solo por las colinas
no me fue nunca fácil.

arrojaba al aire
una hoja, una ramita,
ya caída pudiese ser profética
apuntando «ahí»,

ien, supersticioso,
me desviaba apenas
una segura dirección
pero sin extraviarme,

mpezaba a subir
la cuesta que otras veces
día sin rumbo
o no había eludido,

lamaba de acompañante
a un fantasma sin ojos
uiendo su no rumbo
hasta que mis pies me perdían.


EL CASTILLO

uros, montículos, circundantes arrugas


oscuridad, luz de luna en hierba seca.
minando este patio, desvelado, con
fiebre;
culando emplear —pero por definición
hay salida, no hay salida—
calas de cuerda, andamiaje, poleas,
cohete silbando sobre muros y foso—
quinas fáciles de improvisar.
No hay escape,
da parecido; soñar con dimensiones
nuevas,
mpear el jaque mate pintando el manto
del rey
ra que se deslice como reina;
ritar «¡pesadilla, pesadilla!»
mo un cadáver en el foso de la cólera
jo una carga de cadáveres;
olpearse la cabeza contra estos muros
ciegos,
rar al calabozo, atormentar los ojos
n fantasmas encadenados de dos en dos
olverse frenético de miedo—
rir y despertar transpirando a la luz de
la luna
el mismo patio, desvelado como antes.


LAS PIERNAS

bía este camino,


ubía la colina
ajaba la colina
lrededor y adentro y afuera.

l tráfico eran piernas,


rnas de la rodilla para abajo,
ndo y viniendo
detenerse nunca.

as cloacas gorgoteaban
n el desborde de las lluvias,
as varas en el pavimento
lpeaban ciegas, golpeaban.

que impulsó a las piernas


ese interminable,
gustioso, insensato
stino de ser piernas.

ernas para el camino,


mino para las piernas,
initivamente a ninguna parte
ambas direcciones.

s piernas por lo menos


participaban en la huida:
bre la hierba a la orilla del camino
aba yo de cuerpo entero,

rando pasar las piernas


e no se detenían
siquiera un tropiezo
re pisada y pisada.

nque mi sonrisa era amplia,


piernas no pudieron ver,
nque mi risa era fuerte,
piernas no pudieron oír.

cabeza se aturdió:
pregunté de repente
yo también sería un caminante
las rodillas para abajo.

idadosamente toqué mis tibias.


duda las desencadenó:
rrieron por veinte charcos
tes de yo recuperarlas.


EN IMÁGENES
ROTAS

es rápido, piensa en imágenes claras;


soy lento, pienso en imágenes rotas.

se vuelve obtuso, confía en sus imágenes


claras;
me vuelvo agudo, desconfío de mis
imágenes rotas.

nfiando en sus imágenes, él da por


hecho su acierto;
sconfiando de mis imágenes, yo dudo de
su acierto.

ndo por hecho su acierto, él da por


hecho el hecho;
dando de su acierto, yo dudo del hecho.

ando el hecho le falla, él duda de sus


sentidos;
ando el hecho me falla, yo apruebo mis
sentidos.

continúa rápido y obtuso en sus


imágenes claras;
continúo lento y agudo en mis imágenes
rotas.
en una nueva confusión de su
entendimiento;
en un nuevo entendimiento de mi
confusión.


FRAGMENTO DE
UN POEMA
EXTRAVIADO

h el momento claro, cuando desde la


boca
a palabra vuela, circulando entre amigos
inmediato; o cuando un amoroso regalo
nos asombra
mo el deseo idéntico más cerca al
corazón;
uando una piedra, lanzada con peligro
imprevisto,
lpea en el hocico a la bestia rabiosa!
omentos en nunca…


RECORDANDO LA
GUERRA

ridas de entrada y salida relucen como


plata,
rastro duele sólo cuando la lluvia evoca.
rengo olvida su pierna de madera,
manco su articulado brazo de madera.
ciego mira con sus oídos y sus manos
nto o mejor que una vez con ambos ojos.
guerra fue librada hace veinte años
sume ahora el paisaje natural del
tiempo,
mo cuando el viajante matutino se vuelve
y mira
s salvajes tropiezos nocturnos,
cincelados en la colina.

ué es entonces la guerra? No mera


discordia de banderas
o infección del cielo cotidiano
e se curvaba aciago sobre la tierra
se a que la estación era el más aireado
mayo.
cía presión el cielo, y nosotros,
oprimidos, mostramos
gua jactanciosa, puño cerrado y
valiente verga.
s enfermedades comunes no estaban de
moda,
nuevo era joven la muerte: sola dueña
la muerte saludable, del prematuro
espasmo del destino.

miedo hizo buenos compañeros.


Enfermos de delicia
r el descubrimiento de la brevedad de la
vida,
estra juventud devino toda carne y
renunció a la mente.
nca hubo tal antigüedad de idilio,
sabrosa miel fluyendo del corazón.
jas importancias volvieron nadando—
o, carne, fuego de leña, un techo sobre
la cabeza,
arma en el muslo, cirujanos disponibles.
sta hubo otra vez una función para Dios

a palabra de rabia cuando faltaban
carne, vino, fuego,
ando dolían las heridas más allá de toda
cirugía.

erra era la vuelta de la tierra a la


horrible tierra,
erra era el fracaso de sublimidades,
inción de todo feliz arte y fe
r las cuales el mundo había aún
resistido, la cabeza en alto,
ofesando lógica o profesando amor,
sta que el insoportable momento golpeó

oculto grito, el deber de volverse locos.
ecordamos las alegres costumbres de los
cañones
rdisqueando los muros de fábricas y
templos
mo un niño la corteza de un pastel,
derribando arboledas
mo un niño dientes de león con una vara.
s ametralladoras suenan como juguetes
desde una colina,
en en fila los valientes soldados de
plomo:
cuadro para ser recordado en días
maduros
ando sabiamente consagramos el futuro
isiones aún más fatuas de
desesperación.

WM. BRAZIER

final de la calle Tarriers, que era la


calle
e nosotros los niños preferíamos
r los viejos olmos que brotaban del
pavimento
us ondulaciones, mientras las otras
calles eran rectas
empre, en el farol a la vuelta de la
esquina
aban esos peleadores y esas mariposas y
todos los de en medio
smeando las últimas novedades),
ía Wm. Brazier, con un letrero dorado,
eshollinador Experto». Tenía manos
negras,
tro negro, ropa negra, cepillos negros y
dientes blancos;
tineaba por el pueblo en una carretilla,
l nombre del caballo era Hollín y Hollín
era negro.
ro los adornos de bronce en la carreta,
las correas
la montura negra de Hollín, el extremo
del látigo negro
laban y brillaban como los botones de
un soldado.
o era lindo? Y cuando le hacíamos
burla:
Hola, Wm. Brazier! ¡Wm. Brazier cara
sucia!»,
hacía chasquear su látigo, nos sonreía y
con voz de trueno:
ola, queridos», decía (sólo si estaba
borracho, de lo contrario:
Lárguense de aquí hijos de putas
baratas!»).

jemos que lo copien en una página rosa


de sus álbumes,
dadosamente omitiendo las líneas entre
paréntesis.
una vieja historia
ro digna de ellos, los peleles.


INCIDENTE GALÉS

ero eso no fue nada comparado con las


cosas que salieron
las cavernas marinas allí por
Criccieth».
Qué eran? ¿Sirenas? ¿dragones?
¿fantasmas?»
ada parecido a esas cosas».
Qué eran entonces?»
«Toda una gama de cosas
raras,
sas de las que nadie ha escrito, que
nunca se han visto o escuchado,
y extrañas, nada galesas, cosas
totalmente
culiares. Oh, eran tan reales que podían
tocarse
alguien se hubiera atrevido. Maravillosa
creación,
riadas formas y tamaños y no tamaños,
das nuevas, cada una perfectamente
distinta de su vecina,
esar de que todas salieron juntas
moviéndose despacio».
escribe sólo una».
«No puedo».
Cómo eran sus colores?»
«Casi todos colores sin
nombre,
ores gratos de ver; pero una era lila
uizá más carmesí, pero no morada.
gunas no tenían color».
«Dime, ¿tenían piernas?»
i una pierna ni un pie entre esas que vi».
ero ¿salieron esas cosas en algún orden?
ué hora era? ¿Cuál el día de la semana?
uién más estaba allí? ¿Cómo era el
clima?»
eso iba. Eran las tres y media
martes de la última Pascua. El sol
brillaba.
banda municipal de Harlech tocaba
Marchog Jesu
treinta y siete instrumentos
resplandecientes,
cían una colecta de fondos para el
hospital Caernarvon.
s poblaciones de Pwllheli, Criccieth,
rtmadoc, Borth, Tremadoc,
Penrhyndeudraeth,
aban reunidas. El alcalde de Criccieth
se dirigió a ellas
mero en buen galés y luego en fluido
inglés,
roscando en los dedos su cadena
ministerial,
ndo a las cosas su bienvenida. Salieron a
la arena
seguir el ritmo de la banda, moviéndose
hacia el mar
silencio, a paso de caracol. Pero al fin
más extraña, la más indescriptible de las
cosas
e casi ninguno vio, tan asombrados
estaban,
o algo reconocible como algo».
ueno, ¿qué?»
«Hizo un ruido».
«¿Un ruido
aterrador?»
o, no».
«¿Un ruido musical? ¿Un ruido de
pelea?»
o, un ruido fuerte y respetable
mo gruñendo para sí en la capilla
domingo en la mañana, poco antes del
segundo salmo».
Qué hizo el alcalde?»
«A eso iba».


A PRIMERA VISTA

mor a primera vista», dicen algunos,


equivocando
descubrimiento del desamparo gemelo
nte al enorme arrastre de la
procreación.

ro ¿amistad a primera vista? Esto


también
gancha ferozmente al sorprendido
corazón
as mejillas palidecen y se sonrojan
luego.

SÓLO CON SUS
LABIOS

ta mujer honesta, desafiada en el ocaso


nto al portón del jardín, quizá bajo la
luna,
endo a madreselvas, se atrevió a negar
amor a un ardiente amante: sólo con sus
labios,
con su corazón. No había cita previa,
gida de sorpresa, ¿qué más pudo decir?
r los niños, fue venial la mentira;
or los niños», luchó con su conciencia.
ro una mentira mortal debe seguir antes
del alba:
safiada como siempre en su propio lecho,
declara su amor a un esposo apremiante,
con su corazón, sólo con sus labios;
or los niños», lucha con su conciencia,
or los niños» —repentinamente se vuelve
fría hacia ellos.


LOS
CORREDORES DE
BEDLAM

evenido de su locura:
ntro de tres días, al crepúsculo
domina el ataque.

ómo aguantar esos días?


revenido es pre-loco)
—Normalmente, normalmente».

urmurará con los niños,


cutirá con los mayores,
isará la cuenta.

Me volveré loco ese día—»


chismes, la discusión,
pulcra entrada marginal.

caso no es infrecuente,
pronuncian los médicos,
ro no recetan.

r loco no es fácil,
enas le valdrá
nicho en las noticias.
que mañana, niños,
ñana o el próximo día
mite de la empresa.

ambición de muchacho
a llegar a artista—
mo cualquier funcionario de la City.

os muros y los corredores de Bedlam


artista es bienvenido—
ncel valiente y paleta llena.

ravés de las rejas de su celda


servará a sus niños
y venir de la escuela.
Dejad que los niños
acerquen hacia mí
n su melena descuidada!»

a historia especial
ra sus amigos especiales—
allan en el relato:

algo perverso, armado,


lpeteando la puerta,
lpeteando el suelo,
n el tercer día, al crepúsculo».

dre en mangas de camisa


andiendo un hacha—
orran, niños, corran!

die pudo detenerlo,


die comprendió;
n los periódicos de la tarde…

minente genio,
oblemas en la oficina,
rmalmente, normalmente
mo si ya loco fuera).


ÉPOCAS DE
JURAMENTOS

contrar un tulipán
medio de primaveras silvestres de
túmulos silvestres,
n huevo de cuco en un nido de mirlos,
n hongo gigante, una cesta entera—
as memorables proezas de la niñez!
ce tiempo, junto a los terraplenes,
excavando en la tierra,
vara sacó a luz una cuenta de ámbar
romano…
extraviado, lo extravagante, lo
indescifrado
atraía: para cuadros simples no tenía el
ojo.
uré obediencia entonces
o inusitado y no (como pensaba) a la
verdad?—
Me convertí en virtuoso, y esto también,
s tarde, de cuadros simples, al cansarme
unicornios y ponzoñas?

lvidé cómo saludar con sencillez


e cuadro especial, cómo conocer
profundamente
placer compartido por corazones rectos?
tiene esto que empezar de nuevo, con
juramentos
bre el libro verdadero, en el nombre
verdadero,
tamudeando ahora mi alabanza de ti,
mo un muchacho que confiesa su primer
amor?


NUEVAS
LEYENDAS

tisfecho de ti,
drómeda serena,
ñora del aire y el océano
e cada dragón llameante,
cadenado a ningún abismo,
pedir rescate de mí.

tisfecho de ti,
alanta loca,
linándote sin pausa,
mpre adelante,
solviéndome de rivalidad.

tisfecho de ti
e conseguiste maravillar al rey Proteo,
mostrándole unidad
s allá de toda variedad.

tisfecho de ti,
obe sin hijos,
calamidad.

tisfecho de ti,
lena, demoledora de la belleza.


EL CLIMA DEL
PENSAMIENTO

clima del pensamiento pocas veces se ha


descrito.
es el terror de la escarcha caucasiana,
ese cavilante calor hindú
ra el que un taparrabos y un plato de
arroz
anza hasta que llega el pestilente
monzón.
ro, sin invierno, la sangre se
adelgazaría;
sin verano, los hogares arderían
demasiado.
el pensamiento las estaciones
coinciden.

pensamiento tiene un mar al cual mirar,


sin viajar;
inas para quebrar el borde de un cielo
blando,
e no deben escalarse en busca de un
paisaje aún más blando,
cos pájaros, lo bastante para los
gusanos
yo destino no es volverse mariposas;
cas mariposas, lo bastante para las
flores
e son el lujo de un huerto henchido;
gunas veces, viento, en las chimeneas del
atardecer;
via en el techo del alba, en la mirada
adormecida;
yas de nieve en la cumbre de la colina,
alimentando
tierno arroyo a la entrada del valle
e reverdece el valle y parte los labios;
sol, simple como un vecino del campo;
luna, grandiosa, sin nubes que la
adornen.


NO MÁS
FANTASMAS

lecho patriarcal de cuatro postes


e era refugio de fantasmas
arrastrado del desván oscuro
onvertido en muebles sanos para
cuartos sanos,

nde ellos (los fantasmas) confusos,


engañados, descarnados,
idándose de cómo suspiraban y
pecaban,
pueden disturbar nuestro metódico
reposo
vo como el polvo de verano que incita a
la nariz a estornudar.

mos vuelto a los días fáciles, nos hemos


liberado
los calambres de la oscura necesidad,
os reconocemos el uno al otro
r un inmediato amor que les hace guiños
a nuestros ojos.

ngún fantasma nuevo puede aparecer. Su


pobre causa
a que el tiempo se hiela y el tiempo se
deshiela;
ro aquí sólo pueden durar aquellos
amores
e no cabalgan sobre los tiempos del
pasado.


LOLLOCKS

r pereza, en dolor concebidos,


os Lollocks de facciones polvosas
cen al fondo
gavetas desordenadas.

egan al escondite
re cuellos y novelas
rascos vacíos de medicinas,
artas del extranjero
e nunca serán contestadas.

da noche sofocante
lestan a los niños,
rgoteando desde las cisternas,
mbando desde el aire,
sordenando la ropa de cama,
cudiendo las persianas.

ando los viejos imbéciles


dan mucho en morir
a enfermera dormita,
Lollocks suben saltando
r las andrajosas escaleras
untos hacen picardías
la sombra del lecho.

s signos de su presencia
n barros en la nuca,
lestos sueños recordados de pronto
medio de la mañana,
nguidez después de las comidas.

s hombres no pueden verlos,


hombres no pueden oírlos,
creen en ellos—
ro debido a eso sufren más
la nuca y en el vientre.

s mujeres pueden verlos—


esas perversas mujeres
e se sientan junto al fuego
scando pan y miel,
rándolos hacer travesuras
reojo,
ándolos, a escondidas, que les laman
dedos pegajosos de miel.

alibles contra los Lollocks


n la escoba dura y la escoba blanda,
ra peinarse bien el pelo,
ra cepillar bien el zapato,
agar las deudas
da vez que se vencen.


EL SUICIDA EN EL
MATORRAL

suicida, lejos de alegrarse,


ró con asombro su destrozado cráneo:
ue eso lo que quiso?

o había sido su intención


erarse de inoportunos y de deudas
n un cambio de escena?

alguna parte llegó un retumbo de risa:


bía aparecido así el día de su boda,
l día siguiente.
había dónde ir,
nguna diversión salvo la literatura
e los vientos pudieran soplar

ntro del matorral donde yacía su cuerpo:


a página deportiva de hacía un año,
arrugado ensayo de escolar.


LA PLAYA

ás fuerte que las gaviotas gritan los


niños
rastrados por sus padres a la espuma
jovial,
entras otros, sin miedo, se abalanzan
hundiéndose hasta el pecho,
ndo el agua salada de sus bocas—
roes del parvulario.

barquero calloso que ha visto ballenas


eces voladores, que ha navegado hasta
lugares tan remotos
mo Demerara y la Costa de Marfil,
advertirá, cuando se apretujen
alrededor para oír su cuento,
e todos los océanos huelen a alquitrán.


LA PUERTA

ando ella entró súbitamente


reció que la puerta no volvería a
cerrarse,
a ni siquiera la cerró —ella, ella—
cuarto quedó abierto a un mar visitador
e ninguna puerta podía frenar.

n embargo, cuando al fin sonrió,


ladeando la cabeza
ra decirme adiós,
í donde antes sonrió,
bía una puerta oscura cerrándose sin
fin,
olas se alejaron.


A LUCÍA, AL
NACER

nque la luna sonriendo maternal y


blanda
te saluda a ti, entre el enjambre de los
recién nacidos,
n un «bienvenida al mundo», recuerda
sin embargo
que su lujurioso y pálido unicornio
l león sanguinario están sueltos a sus
costados:
con estrépito de huesos y tantarará de
cuernos
rumboso cortejo cabalga por la tierra—
peste en la carretera, incendio en el
maizal.

oz sociedad en la que has nacido,


lunáticos de una era real ya
desaparecida.
lcula pues el tiempo por lo que eres y
haces,
no por las épocas de la guerra que ellos
riegan.
Escucha cómo braman, pero no hagas
caso.
da los cambiará, no dejes que a ti te
cambien.


ELLA CONFIESA
SU AMOR
MIENTRAS ESTÁ
MEDIO DORMIDA

a confiesa su amor mientras está medio


dormida,
en las horas oscuras,
con medias palabras, en susurros:
entras la tierra se mueve en su sueño
invernal
y hace germinar a la hierba, a las flores
a pesar de la nieve,
a pesar de la nieve que cae.

TESEO Y ARIADNA

o en su sofá labrado más allá de las olas


eña, recordando en el sueño su firme
caminar
r senderos de nácar bordeados de flores,
ravés de la sombría grama bajo las
viñas.
spira: «Profundamente hundido en mi
pasado erróneo
a vaga por las ruinas, los asolados
céspedes».

n embargo, ilesa, la mansión se mantiene


cida por el tiempo, avasallada por los
pinos
nde por vez primera él se fatigó de su
constancia.
lla va con paso más seguro que cuando
miedo a su odio era trueno en el aire,
ando los pinos agonizaron con ráfagas
de viento
as flores la miraban con frenéticos ojos.
l, ahora que todo ha concluido, ella
nunca le sueña,
s invoca una bendición viviente sobre
todo aquello
e él supone ser ripio y mala hierba;
gando a ser la reina para huéspedes más
nobles.


A JUAN EN EL
SOLSTICIO DE
INVIERNO

lo hay una historia, una historia sólo


e merezca ser contada por ti,
sea como bardo sabio o niño talentoso;
lla pertenecen todas las líneas o los
objetos triviales
e estremecen con su brillo
historias corrientes en que se
extravían.

s de árboles que hablas, de sus meses y


virtudes,
e extrañas bestias que te acosan,
e pájaros que te croan la Triple
Voluntad?
es del zodíaco, de cómo gira lento
jo la Corona Boreal,
sión de todos los reyes verdaderos que
han reinado?

ua al agua, arca de nuevo al arca,


mujer otra vez a mujer:
e cada nueva víctima camine sin vacilar
nunca alterado circuito de su destino,
yendo doce semejantes como testigos
su ascenso estrellado y su estrellada
caída.
es de la plateada belleza de la virgen,
tad mujer mitad pez?
su mano izquierda lleva un membrillo
frondoso,
entras con la derecha curva sonriente un
dedo.
ómo puede frenarse el rey?
n realeza entonces cambia vida por
amor.

es de la inmortal serpiente incubada en


el caos,
yos anillos contienen el océano,
ntro de cuyas fauces con espada desnuda
salta,
uego en agua negra, enredándose en los
juncos,
talla tres días con sus noches,
ra ser arrojada junto a su playa de
conchas?

e mucha nieve, los vientos braman


cavernosos,
ula el búho desde el saúco,
miedo en tu corazón implora el cáliz de
amor:
lor al dolor mientras las chispas se
alzan.
leño se queja y confiesa:
o hay una historia, una historia sólo.

bita en su bondad, habita en su sonrisa,


olvides las flores
e el gran jabalí pisó en tiempo de la
hiedra.
frente era cremosa como la cresta de la
ola,
s ojos gris-mar eran salvajes
ro nada se promete que no sea cumplido.


SIROCO EN DEYÁ

rece tan extraño, sin embargo, que justo;


mar como un gato frotado a contrapelo,
entras el siroco con su sabor a horno
furiosas vueltas alrededor del pueblo
desde todas direcciones —caliente como
una pistola barata»)
rancando aceitunas verdes de las ramas
volcadas,
ostando las rosas, cegando los ojos con
arena;
entras pérfidas lenguas en los pequeños
cafés
n las cerradas casas de piedra
pican difamación, incitan, invitan
os cuchillos a consumar sus crímenes…
ra hacia arriba, una gran nube gris
cavila indiferente
la cima de la montaña, trescientos
metros sobre nuestras cabezas,
móvil y túrgida, ocultando el sol,
sde allí nos sonríe burlón un diablillo
arrogante:
ólo un viento local, ¡no es mi
mensajero!»


DESDE LA
EMBAJADA

un embajador de Otra Parte


ra los estados desunidos de aquí y allá
zo (como dice la frase)
privilegios extraterritoriales.
n aquís y allás infrecuentemente llego a
las manos
ecesito como una vez proteger con sacos
de arena todas mis ventanas.

ese a que la moneda de Otra Parte


puede ser aún cotizada oficialmente,
cuentro menos obstáculos ahora con el
cambio.
siquiera mi atuendo se considera
extraño,
ímidas preguntas literarias
gan por el correo y por la puerta de
atrás.


LA DIOSA BLANCA

dos los santos la denigran, y todos los


hombres cuerdos
bernados por la regla de oro del Dios
Apolo,
menosprecio de la cual nos hicimos a la
vela para encontrarla
regiones distantes donde más
probablemente se halle,
uien por encima de todas las cosas
deseábamos conocer:
rmana del espejismo y del eco.

e una virtud no quedarse,


guir nuestro obstinado y heroico camino
scándola en la cima del volcán,
re hielo apretado o allí donde la pista se
había borrado
s allá de la caverna de los siete
durmientes:
ya ancha y alta frente era tan blanca
como la de cualquier leproso.
yos ojos eran azules, con labios como
bayas de fresno,
l cabello de miel ondulante cubriendo
sus caderas blancas.

a verde savia primaveral agitándose en


el bosque joven
prepara a celebrar a la Madre Montaña,
da pájaro cantor trinará un rato para
ella;
ro a nosotros se nos ha dado, aún en
noviembre,
estación más cruel, tal agudo sentido
su magnificencia desnuda
e olvidamos la crueldad y la traición
pasadas,
importarnos dónde puede caer el
próximo rayo.


EL CANTO DE
BLODEUWEDD
(Reconstruido del deliberadamente
confuso poema medieval «Câd
Goddeu», en el Red Book of Hergest,
considerado hasta ahora como
disparatado).

de padre ni de madre
mi sangre, fue mi cuerpo.
i embrujado por Gwydion,
mer hechicero de los bretones,
ando de nueve capullos me formó,
nueve botones de varias clases:
prímulas de la montaña,
ama, barba de cabra y cizaña,
todos entretejidos,
la alubia llevando en su sombra
espectral ejército
de tierra, de terrosa especie,
capullos de ortiga,
ble, espinosa y tímida castaña—
eve fuerzas de nueve flores,
nueve fuerzas en mí integradas,
nueve botones de planta y árbol
rgos y blancos son mis dedos
como la novena ola del mar.


INSTRUCCIONES
PARA EL ADEPTO
A LOS MISTERIOS
ÓRFICOS
(Traducido en parte de Timpone Grande
y Las Tablas Órficas de Campagno).

n pronto como tu confundido espíritu


descienda
la luz del día a la oscuridad, recuerda,
Hermano,
que has sufrido aquí en Samotrada,
que has sufrido.
spués de tu pasaje a través de las siete
inundaciones del Infierno,
yos vahos de azufre te habrán quemado
la garganta,
salas del Juicio surgirán ante ti,
milagro de jaspe y ónix.
mano izquierda borbotea una fuente
negra
sombrecida por un enorme ciprés blanco.
ita esa fuente, es la del olvido;
esar de que las multitudes se precipitan
a beber de sus aguas,
ita esa fuente!

mano derecha se encuentra un manantial


secreto
e bulle de truchas moteadas y pececillos
de oro;
avellano lo ensombrece. Ofión,
serpiente primordial, extraviada en sus
ramas,
nza su lengua. Este manantial sagrado se
alimenta
agua que gotea; hay guardianes
cuidándolo.
rre hacia ese manantial, el manantial de
la Memoria,
orre hacia ese manantial!

s guardianes van a escrutarte y te dirán:


Quién eres tú, quién? ¿Qué tienes que
recordar?
o temes la lengua revoloteadora de
Ofión?
rígete a la fuente que está bajo el ciprés,
uye de este manantial!»

s responderás entonces: «Estoy quemado


por la sed.
dme de beber. Soy hijo de la Tierra,
ro también del Cielo, vengo de
Samotracia.
mprobad el brillo de ámbar en mi frente.
la Pureza vengo, como podéis ver.
rtenezco también a vuestro linaje tres
veces bendito.
jo de la tres veces Reina de Samotracia;
he liberado totalmente de mis hechos
sangrientos,
sido por ella investido de púrpura
marina,
omo un cabrito he caído en la leche.
dme de beber, ahora me quema la sed,
adme de beber!»
ro ellos aún te preguntarán: «¿Qué es de
tus pies?»
debes responder: «Mis pies me han
traído aquí
ra de la rueda fatigada, de los años en
círculo,
sta esa quieta rueda sin rayos: —
Perséfone.
adme de beber!»
darán entonces la bienvenida con frutos
y con flores,
llevarán hacia el viejo avellano
goteante,
tando: «¡Hermano de nuestra sangre
inmortal,
be y recuerda la gloriosa Samotracia!»
tonces beberás.

berás ávidamente de esa refrescante


bebida,
ra convertirte en señor de los trinadores
fantasmas
iniciados, la innumerable población del
Infierno—
ra convertirte en héroe, jinete sobre
veloz caballo,
ra convertirte en héroe, caballero sobre
veloz caballo,
onunciando oráculos desde altas tumbas
blancas
ndidas por ninfas. Ellos con aguamiel
rramarán libaciones sobre tus formas de
serpiente,
ra que puedas beber.


LAMENTO POR
PASIFAE

ol agonizante, brilla tibio un poco más!


ojo, empañado por las lágrimas,
empañará el tuyo,
njurándote a brillar y a no moverte.
, sol, y yo hemos trabajado todo el
mediodía
jo una opresiva nube sin rocío—
vellón dorado ahora por nuestra pena
en común
rque ésta será una noche sin luna.
ol agonizante, brilla tibio un poco más!
a no fue infiel: era muy mujer,
nriendo con terrible imparcialidad,
berana, con corazón sin igual, adorada
por los hombres,
sta que el cuco de la primavera con
ajadas plumas
ovocó su piedad y traicionó su verdad.
e entonces cuando ella, que brilló para
todos, renunció a sí misma,
sta debe ser una noche sin luna.
ol agonizante, brilla tibio un poco más!


CONTANDO LOS
LATIDOS

, amor, y yo,
surra él), tú y yo,
i nadie más que tú y yo
ué nos importa a ti o a mí?

ntando los latidos,


ntando los lentos latidos,
desangrarse a muerte del tiempo en
lentos latidos,
cen despiertos.
a sin nubes,
noche y un día sin nubes,
ro un día la enorme tormenta estallará
sobre sus cabezas
sde un cielo amargo.

ónde estaremos?
surra ella), ¿dónde estaremos
ando golpee la muerte, dónde estaremos
sotros que fuimos tú y yo?

allá sino aquí


surra él), sólo aquí,
mo estamos aquí, juntos, ahora y aquí,
mpre tú y yo.
ntando los latidos,
ntando los lentos latidos,
desangrarse a muerte del tiempo en
lentos latidos,
cen despiertos.


LA PAJA

z, el salvaje valle surcado de torrentes,


a abubilla posada en su tibia roca. ¿Por
qué entonces
e temblor de la paja entre mis dedos?

ué puedo temer? ¿No tengo el testimonio


mado de su mano
que mi amor como un relámpago cayó
en su corazón?

tas preguntas, pájaro, no son retóricas.


ra cómo la paja se mueve y salta
mo si la tierra temblara en la distancia.

mor correspondido, pero mejor sin


corresponder
este casual instrumento me advierte
la lejana angustia cataclísmica.

estuviera tranquila, abrigada por mi


recuerdo,
o estaría mi mano firme como esta roca?
a habré dañado con mi vehemencia?


DESPOJOS

ando todo ha terminado y vuelves al


hogar,
fácil disponer de los despojos de guerra:
estandartes, las armas de combate, los
cascos, los tambores
eden decorar una escalera o un estudio,
entras otras minucias del campo de
batalla—
nedas, relojes, anillos de compromiso,
dientes de oro—
cambian en secreto por dinero contante.

s despojos del amor son un caso distinto,


ando todo ha terminado y vuelves al
hogar:
e bucle, esas cartas y el retrato
pueden exhibirse ni venderse;
ser quemados; ni devueltos (es obstinado
el corazón)—
ro tampoco se atreve uno a confiarlos a
la caja fuerte
r miedo a que fundan medio metro de
acero.


EL ROSTRO EN EL
ESPEJO

os grises absortos, clavando distraídos


la mirada
sde anchas órbitas dispares; una ceja
colgando
poco sobre el ojo
r una esquirla alojada aún
jo la piel, como un recuerdo de guerra.

riz torcida y rota —un recuerdo del


rugby—
jillas surcadas, pelo áspero y gris
flotando frenético,
nte arrugada y alta,
ominente quijada, orejas grandes,
maxilar de púgil,
cos dientes, labios llenos y rojos, boca
ascética.

e detengo con la navaja en alto,


rechazando con burla
hombre reflejado cuya barba exige mi
atención,
na vez más le pregunto por qué
n está dispuesto, con la soberbia de un
joven,
ortejar a la reina en su alto pabellón de
seda.

SÍNTOMAS DE
AMOR

amor es una jaqueca universal,


a mancha brillante en la visión
e empaña la razón.

s síntomas del amor


n flacura, celos,
roras rezagadas,

n augurios, pesadillas—
perando una llamada,
echando un signo:
roce de sus dedos
un cuarto sombrío,
a mirada exploradora.

n coraje, amante!
odrías resistir ese dolor
otras manos que las suyas?


BAJO LOS OLIVOS

nca nos hubiésemos amado si el amor no


hubiese martillado
s rápido que la razón y a pesar de la
razón:
jo los olivos, nuestras manos enlazadas,
dos guardamos silencio:
da uno acechando la respuesta—
suspiro irracional del otro—
ocente, suave, atrevido, duradero,
orgulloso.


VUELTA DE LA
LUNA

nca olvides quién trae la lluvia


sde un mar lejano en ásperos sacos de
piel de cabra:
la Luna mientras gira reparando
daños de largas sequías e insolaciones.

nca cuentes con la lluvia, nunca la


profetices,
rque ningún poder puede traerla
vo la Luna cuando gira, ¿y quién puede
gobernarla a ella?
partidaria de retrasar los diluvios
necesarios,
r temor a que tal regalo pueda volverse
obligación
r un mes, o dos, o tres; y repentinamente,
o cediendo por capricho,
izá conjure desde el oeste sin nubes
a solitaria gota de agua que sorprenda
con esperanza
da expectante y macilento rostro.

la Luna fuese un sol, contaríamos con


ella
ra traernos lluvias oportunas mientras
girara;
embargo no hay quién se acuerde de
darle gracias al metódico Sol
r brillar violento en el verano y tibio en
el invierno,
or qué debe la Luna padecer tal rutina?

ro si una noche nos trae, mientras gira,


a lluvia suave, continua, pareja, copiosa
e no le hace daño ni a la hoja ni a la flor
sino que cae dulcemente
ra tras hora, hundiéndose hasta las
raíces horadadas,
a tierra empapada exhala con el alba
largo suspiro perfumado de pura
gratitud,
a lluvia así —nos parece la primera en
nuestras vidas
o ha sido profetizada, ni lisonjeada, ni
esperada—
la mujer entregándose mientras ama.


LA TIERRA
SECRETA

da mujer de verdadera alcurnia posee


a tierra secreta más real para ella
e este pálido mundo exterior:

media noche cuando la casa está


silenciosa
a a un lado aguja o libro
a visita invisible.

rrando sus ojos, improvisa


portón de cinco barras entre altos
abedules,
ta por encima y toma posesión.

ego corre, o vuela, o monta un caballo


n caballo llegará al trote a saludarla)
iajará donde ella quiera;

ede hacer crecer la hierba, incitar a los


lirios
mudarse de botón a flor mientras ella
mira,
ar que los peces coman de su mano.

fundado ciudades, plantado arboledas


endecido valles por arroyos que corren
scos a una bahía cerrada.

nca me atreví a interrogar a mi amada


erca del gobierno de su reino
u geografía,

mpoco la seguí entre esos álamos,


orcajadas sobre el portón,
piando en la niebla.

n embargo me ha prometido, cuando yo


muera,
albergue bajo su palacio personal
un claro del bosque
nde crezcan las gencianas y los alhelíes
odamos a veces encontramos.


RARA VEZ, PERO
AHORA

ra vez pero ahora: la calidad


este violento amor entre nosotros—
ra vez el encuentro,
presencia siempre,
re de juramento o de promesa.

i no fuéramos así,
o pájaros de similar plumaje enjaulados
la paz de cada día,
onjuraríamos aún el incendio
la tierra, como ahora?

UN MUNDO
PERDIDO

mor, ¿por qué lloras


por la crueldad del tiempo?
nque hoy muera en el sueño
y sea llamado ayer,
nosotros, amor, permaneceremos».

loro por días que murieron


con antiguo amor que brilló
un mundo ancho y verdadero
antes de este nuevo
en el que brilla el tuyo».
No es éste mundo tan verdadero
como lo fue ese otro
e ha huido de ti ahora
como sombras de la hierba
cuando las nubes pasan?»

o obstante, por eso lloraría


dulcemente, antes de besarnos:
amor tiene una fe que guardar
con alegrías pasadas
que lloran por ésta».


SALA DE CIRUGÍA
PARA HOMBRES

go ocurrió después de la operación


e alarmó a los cirujanos (aunque no fue
culpa de ellos)
ya calma no me engañó mucho tiempo.
trás de los tímidos, preocupados rostros
de las enfermeras,
ojo único calentado al blanco me
enfocaba,
o brotar ríos de sudor desde el cráneo
hasta el vientre.
bé, di boqueadas o canté; blancos los
nudillos
reté el asidero de mi cama hasta casi
romperlo:
masiado orgulloso aún para soltar
aullidos de loco
raer a la enfermera corriendo por los
pasillos
n una aguja de morfina…
Señora Morfina—
beso de escorpión y oscuros sueños
giratorios—
sconfiando de ella me atrevía a desafiar
r dos minutos más de lo que parecía
posible
dolor, ese vago, incomparable elemento
s fuerte que el miedo o el pesar, más
extraño que el amor.

CANCIÓN: VEN,
GOZA TU
DOMINGO

us manos extendidas llegan


derramándose
galos de la cornucopia—
¿Qué más falta?,
n, goza tu domingo
entras puedas!

ja los trabajos innecesarios,


rretea por el verde mundo que se
ensancha,
enciende un puro largo,
n, goza tu domingo
entras puedas!

ué más, qué más? Resististe el desastre


una guerra larga, jamás reconociendo
a nadie como amo;
n, goza tu domingo
entras puedas!

enes miedo a la muerte? La muerte no


es nada:
sello de plomo aplicado a un frasco
repleto.
Si es vida lo que quieres,
n, goza tu domingo
entras puedas!

un médano tibio ahora, descansando


tendido
n poco en qué pensar, aprende a
despreciar la inhumana
inquietud del mar:
n, goza tu domingo
entras puedas!


AMATISTA Y RUBÍ

s mujeres: una buena como el pan,


atada a un marido fuerte.
s mujeres: una rara como la mirra,
sólo atada a sí misma.

s mujeres: una buena como el pan,


fiel a toda promesa.
s mujeres: una rara como la mirra,
nunca empeña su palabra.

primera lleva un rubí sin tacha


con placer tan inocente
e un ojo extraño puede pensar que es de
vidrio
y no mirarlo mejor.

s mujeres: una buena como el pan,


la más noble de la ciudad.
s mujeres: una rara como la mirra,
que no necesita alabanza.

pálida amatista rosa en su pecho


tiene tal jardín
e tus ojos pueden entrar allí durante
horas,
y asombrarse, y perderse.
bre su cabeza una golondrina gira
sin romper jamás el círculo:
oria y asombro de lo femenino
aún no manifiesta al hombre.

s mujeres: una buena como el pan,


resistente a todos los climas.
s mujeres: una rara como la mirra,
su clima solamente suyo.


OUZO
CRISTALINO

uí está el ouzo (dijo ella) para probarte:


jor no diluirlo,
jor no enfriarlo con hielo,
sorberlo cavilosamente,
beberlo en secreto.
belo (dijo) cristalino
un golpe, este alto vaso lleno,
ro mantén tus ojos en los míos
mo un arcadio devorador de bellotas.


NO ESPERES NADA

orga, no pidas nada, no esperes nada,


bsiste con migas, aunque no hayan sido
esparcidas
ra ti (sonríe ella) sino para los pájaros.
se a ser una dieta de ladrón, aplaza
inanición, ella no engorda
n el pan que desmiga; mientras la verdad
solitaria
amor es honrada y su palabra
empeñada.


UN ÚLTIMO
POEMA

último poema, un último de veras, y


todavía otro—
, ¿cuándo podré abandonar?
ebo forzar la pluma hasta que brote
sangre de mis uñas
me falte el aliento y tiemble de fiebre,
me siente bien envuelto en un manto
multicolor
í donde la luna brilla nueva a través de
Castle Crystal?
o la oiré nunca susurrar:
ero ésta es la verdad, escrita sólo por ti,
ólo para mí; por lo tanto, amor, ya
basta»?


EL HOMBRE
HACE, LA MUJER
ES

idadosamente, a la luz de una lámpara


estudié
palma de tu mano, su línea del corazón
ntica a su línea de la cabeza;
ú mediste el gesto aprobador.

tendí mis cartas sobre la mesa,


desafiarte a ti por las tuyas.
hombre hace; la mujer es—
uede un jugador discutir con su suerte?

LA DE TRES
ROSTROS

uién la llama dos caras? Rostros, tiene


tres:
primero inescrutable, para el mundo
exterior;
segundo encapuchado contemplándose a
sí mismo
tercero, su rostro de amor,
a vez, por un momento eterno, vuelto
hacia mí.


PÁJARO DEL
PARAÍSO

atardecer, sólo a su verdadero amor


pájaro del paraíso abrió anchas sus alas
splegando un plumaje esmeralda
punteado de oro
e ni siquiera él mismo sospechaba.
En verdad, esa
ancha cresta
bía ornamentado jerarquía real, y las
flores tropicales
ravés de las cuales voló dieron ejemplos
los intrépidos colores que la galantería
puede ostentar,
ro éstos eran otros. Ella se preguntó
temblando:
Qué hice para despertar semejante
esplendor?»


EL CASTILLO
VERDE

primer cielo es un florido llano;


segundo, una montaña de cristal;
tercero, igualmente terrestre,
un huerto cerrado, despejado
augurios de muerte o cambio
os deportes sangrientos del deseo:
estro paraíso infantil.

s próximos tres cielos, conocidos como


celestiales,
n difíciles de aproximar.
mente es el prudente jinete; el cuerpo,
el borrico
mpre disciplinado por un duro freno,
epta su diaria dieta de espinas
scasa agua nauseabunda;
nversa con los arcángeles.

séptimo cielo, distinto a esos otros,


que una vez logramos entrar
r un trance de amor, es un castillo verde
cundado por muros de mar azul;
encioso salvo el pausado baño de las
olas.
í Adán redescubrió a Eva:
a lo envolvió en sus brazos.
a aureola de verdad, aún evidente
spués de haber caído hacia la tierra,
asombró a todos salvo a los ciegos de
nacimiento
nte extraña nos detenía en el camino:
onfiesen dónde han estado».
sin saber qué hacer, respondíamos
balbuceando:
ue aquí, fue en ninguna parte—
oche nos alojamos en un castillo verde,
n el patio embaldosado de oro».


VIGILIA

sar la noche despierto, de pura alegría,


contar corderos, indiferente a las
campanas,
ibiendo radiante la conjura del alba
n sus hijos, los pájaros, que ociosamente
discuten
aginarios detalles de la inminente
llegada—
estirá de rojo, de bermejo, de azul,
e blanco puro? —Lo que lleve,
espléndido:
sar la noche despierto, de pura alegría,
es dado a muy pocos, por fin se me dio
a mí,
r eso cuando ría, me desperece y salte de
la cama,
jaré las escaleras deslizándome, mis pies
rozarán la alfombra
r simple cortesía a las normas del paso,
es si quisiera podría volar por la
ventana abierta
etenerme sobre una rama altiva,
indiscutible aliada
los pájaros, que avizores aún, continúan
entre ellos su secreto murmullo.


LA DIOSA NEGRA

encio, las palabras se destiñen en


simplezas,
prolonga el silencio con pensamiento
tan secreto
e acallamos a los cencerros y a la
estridente cigarra.

us ojos negros de ágata, bien abiertos,


reflejan
libertado pájaro de fuego aleteando su
camino
r una girante avenida de azules y
amarillos.
o debiera llorar? Profusas las bayas del
amor,
moteados peces, las avellanas y la
hiedra blanca
e tú, sonriendo a medias, confieres
u deliciosa y ancha tierra prometida
ra mí, que nunca antes me atavié con
festivas plumas.


LOS COLORES DE
LA NOCHE

Luna nunca emplea la paleta del Sol.


mira sus paisajes plateados, pero
abstente
registrarlos: a menos que más tarde
tengas la tentación
falsear los peligrosos colores de la
Noche
e son sangre del hombre arrojada sobre
la nube fugitiva.


EL JARRÓN HUNG
WU

n mujeres como María no hay reglas que


valgan.
e dónde sacan su desvergüenza? ¿Cómo
pueden hacerlo?

lió con furia, golpeando la puerta con


fuerza tal
e un jarrón, en el estante dorado de
arriba —tú lo viste,
tín del Palacio de Verano de Pekín
e valía por todos los bienes de mi
apartamento—
bamboleó y cayó…
Yo me serví un trago de
ginebra,
urándolo de un golpe. «¿Qué le íbamos a
hacer?»

ra vez la campana… María entró serena,


servó sobre la alfombra los pedazos de
porcelana roja,
ró hacia arriba, otra vez hacia abajo,
condescendiente,
uego, deslizándose a mi lado para
recoger un guante
pobre excusa por esa visita inoportuna)
surró: «Y una cosa que olvidé
mencionar:
jarrón Hung Wu era tan falso como tu
amor!»

ómo pueden hacerlo? ¿De dónde sacan


su desvergüenza?


BUENAS NOCHES
A LOS DIOSES
VIEJOS

enas noches, viejos dioses, todo este año


tan decaídos
ue tuvisteis que usar conchas para
sostener vuestros párpados pesados!
nque alguna vez os honramos como
gobernantes de esta tierra
ce cien generaciones y diez más,
estro ánimo ha cambiado: la boca os
babea,
estros tatuajes de helecho azul oscuro se
han vuelto verde desteñido,
estra atronadora furia degenera en
quejidos,
l amor en gemidos de indiferencia.
que más anheláis es descansar en una
gruta de piedra,
spertando, según la estación, con el
chillido ronco de las gaviotas
on las golondrinas, y volviendo otra vez
a dormir.

acostamos en hilera con vino frío de


palma
y cerca de los codos por si sufrís de sed,
ruta de árbol de pan apilada sobre
esteras a los pies;
ro no os daremos un guardia permanente.
nemos peces que coger en nuestra red,
taro que cultivar,
rdos que engordar, cocoteros que
escalar;
estros poetas no están tan anquilosados
mo para subir a una plataforma y alabar
en gastado verso
as descargas de relámpagos lanzadas por
vosotros
ntra gigantes en la primera aurora del
tiempo:
os cuales desarmasteis y extendisteis en
una gruta de piedra
y parecida a ésta —habéis olvidado
dónde.

NEGRO

negro bebe el sol y atrae los colores


hacia sí.
toy descolorido, mi travieso amor. Vuelve
mánchame con la intensidad del negro.


AMOR TOTAL

da elección es siempre equivocada,


do voto emitido siempre desechado—
ómo puede la verdad revolotear entre
alternativas?

mame entonces más que tiernamente,


ámame con amor total,
ame sin que pese la circunstancia,
mo he jurado por mi honor amarte a ti:

debilidad, sin especular


n lo que podría pasar si tú y yo
resultamos ser menos
e creadores de nuestra propia certeza.
nguno nació por azar: cada uno
presintió
extrema posesión en que hemos crecido.


CANCIÓN: LA
LEJANA FAZ DE
TU LUNA

lejana faz de tu luna es negra,


y gloriosa crece la viña;
deme lo mío que te falte,
pero sólo lo mío.

ya es la gran rueda del sol,


y tuyo el cielo sin nubes;
ma mis estrellas, tómalas todas,
mas llévalas al descubierto.
minando en esplendor a través del llano
para que el mundo vea,
es nadie que viva volverá a ver
una pareja como la nuestra.


EL P’ENG QUE FUE
UN K’UN
(Adaptación del chino de Lao Tse)

los mares del norte vagabundea un pez


llamado K’un,
uántas miles de leguas su largor? no lo
sé,
e se transformó en un pájaro llamado
P’eng—
uántas miles de leguas la anchura de sus
alas? no lo sé.
da mitad del año este P’eng que fue un
K’un
anica sus gloriosas plumas en el
remolino de viento
e remonta hacia la más austral poza del
paraíso.

pinzón y el gorrión, así informados,


debatieron:
osotros, con nuestros mayores esfuerzos
podemos volar solamente
sta el lejano olmo. ¿Cómo puede el
P’eng aventajarnos?»
nque, en verdad, ninguno de los dos
comenzó siendo pez.


EN PERSPECTIVA

ué? ¿mantener el amor en perspectiva?


—esa vieja mentira
zada por el ojo en la imaginación
e, mecánicamente controlada, nos dirá
mo rara vez los flancos de una mesa
corren paralelos;
mo la distancia nos reduce; cómo las
ruedas se encuentran
s a menudo ovales que redondas;
mo cada rincón del techo está torcido;
mo el ancho camino acaba en punta—
uede todo eso engañarnos a los
amantes? No por mucho tiempo:
luso el ciego presentirá que hay algo
equivocado.


LA LLAMA
ENCAPUCHADA

mor, aunque estoy triste, nunca he de


lamentarme:
mentarse es enlutarse por una llama
extinguida;
ristecerse, encontrarla encapuchada
para la hora
que influencias planetarias nos engañan
a esperanza como el vino se vuelve
agria.


CANCIÓN: GOTA
DE ROCÍO Y
DIAMANTE

diferencia entre tú y ella


ue una vez fue mi preferida)
muy fácil de aclarar:
a brilló como un diamante, pero tú
llas como temprana gota de rocío
posando sobre el pétalo rojo de una rosa.

gota de rocío acarrea en su ojo


ntaña y bosque, mar y cielo,
n cada vaivén del tiempo;
ersamente, el diamante rompe
panorama en inútiles pedazos
e nadie puede unir de nuevo.


TODOS SALVO
ANÍBAL

apados en un tétrico pantano, les dijo a


sus tropas:
No os recostéis, muchachos! Formad
vuestros grupos para comer
entaos en círculos, cada hombre contra
las rodillas
que está detrás; así nadie se
congelará».

edecieron sus órdenes, mientras se


ponía el frío sol,
rmitando toda la noche, sintiéndose en
deuda con el otro,
dos salvo Aníbal, quien eligió
propio muñón de árbol —¡Era uno de
esos!


REALIDAD DEL
ACTO

otro lado de la estrecha vereda del


mundo
ces tú en el lecho, tus jóvenes senos
hormigueando
besos imaginarios, tus labios fruncidos,
puños cerrados.

ñando contigo misma desnuda entre mis


brazos,
miedo a ser descubierta, bajo alguna
encina;
alto sol espiando a través de gruesas
ramas,
dos los vientos mudos.

erminablemente prolongas el momento


tu delirio: una primera batalla
enciosa, inevitable, temerosa,
lar.

erá así en realidad? ¿Reflejará la


realidad
éxtasis virginales:
rdadero amor, no circunstancial,
culpa, sin vergüenza?
i te toca, ahora, decir «ven»;
i te toca, ahora, preparar el lecho;
i te toca como la única anfitriona
tus blancos sueños—

i te toca abrir la puerta acerrojada,


i te toca sacudir las manzanas rojas,
i te toca partirlas con tus manos
ra que ambos podamos comer.

ro la expectación está tan lejos de la


realidad
mo el resplandor de la realidad en la
memoria;
realidad es un oscuro retorno a los
comienzos del hombre,
ueba de nuestra dureza, prueba de una
voluntaria
iega aceptación mutua
mo también seres de carne.


ESTAR
ENAMORADO

ltar impetuosamente por el aire y


quedarse
ando el aire tres latidos o cuatro,
scender luego despacio; o escalar
abismo inclinado sin asideros;
incorpóreo, llevar a casa rosas
jardín de una Reina —eso es estar
enamorado,
raciado con agilitas y subtilitas
e pocos amantes famosos jamás
adivinaron,
nque los niños puedan presentirlo en
profundo sueño,
os espíritus lamentarlo, rondando sus
propias tumbas,
os pavos reales gritarlo, a falta de
palabras.


ELLA A ÉL

nerlo, amado, es saber que lo tienes


s que pensar que lo tienes;
nsar que lo tienes es desear tomarlo,
nque después no lo tendrías—
or eso miedo a tomarlo.
ro si sabes que lo tienes, puedes tomarlo
aber que aún lo tienes.


LO AÚN
INDECIBLE

e siempre más cruel, más brillante, más


suave de lo que pudo ser dicho
n en palabras animadas por el oscuro
ojo de la verdad:
ausencia, remolino; su presencia,
diluvio;
tiempo, asombro; su magnitud,
a punta asesina de daga.
Así nosotros
abandonamos
estras voces a las secas hojas fugitivas
legimos nuestra propia senda
predeterminada hace mucho
sde lo no dicho a lo aún indecible
silencio de amor e intrepidez de amor.


RAZONABLEMENTE

s merodeado a través de tu mente


u perfecto cuerpo;
rendiendo así, razonablemente, dulce
muchacha,
do lo que vale la pena conocer.

a concisa sabiduría jamás alcanzada


por aquellos
dies sin cuerpo
e viajan pluma en mano a través de otras
mentes,
ro sin razón,
mentándose de múltiples
contradicciones.

edarme perplejo por las


inconsecuencias del amor
mo luciérnagas en tu cabello
istantes relámpagos de una tormenta
veraniega:
es son las punzadas de alegría que me
das
mí que también merodeo a través de mi
mente
ún imperfecto cuerpo.


EL HUERTO DE
OLIVOS

ora, por un repentino desvío del ojo,


mundo que había sido hasta aquí
ejemplar
bró de pronto salvajismo,
ájaros, árboles, vientos, incluso las
letras
alfabeto de nuestra infancia, se tornan
misterios de arco iris.

carne no es más carne, sino fuerza;


números ya no son aritmética
anzan como corderos, vuelan como
palomas;
silencio cae al fin, sólo unas suaves
ramas
edamente palpitan en el cercano huerto
de olivos
na nube imprecisa continúa su faena.

e quién fue ese golpe de genio veraniego


nzado desde la fortaleza de una montaña
nde el buitre-grifo se remonta,
e nos deja leer nuestro futuro embozado
n fácilmente como se lee un breviario
ierto sobre las rodillas?


CANCIÓN: MÁS
ALLÁ DEL DARSE

y un darse más allá del darse:


el tuyo hacia mí
ando desperté anoche, horas antes del
alba,
liberado
r un relámpago intolerable
que abrió el cielo,
ra entender lo que el amor niega en el
amor
y por qué.


CANCIÓN: SÓLO
AYER

ahora, ni mañana,
o ayer:
largo ayer
entado por nosotros para tragar
y con mañana.

uándo estuvo escondido tu poema


jo mi almohada,
ándo fue plantado tu rosal
jo mi ventana—
o ayer?
jas verdes, rosas rojas
ntadas en la nieve,
largo ayer,
y con mañana,
mpre y sólo.


CANCIÓN: OLIVO

rrama tu bendición
ese verde retoño,
a súbita bendición
r el amor verdadero
ra ese retoño verde
rdeado por la ventana
n sus hojas rutilando
entras despiertos yacemos.
s pájaros volaron de él
ojo de la mañana,
acudir al sol
s encogidas plumas.
gistrado el augurio,
emiada la visión
n una flecha volando,
n repentina punzada,
n segura bendición,
n una doble saeta,
n un anillo estrellado,
n música de montañas
el aire, en el corazón
a brillante mañana de mayo
percutiendo.


FLECHA EN LA
VELETA

bitamente, al fin, el enconado viento gira


nordeste al sudoeste. Está a tus
órdenes;
flecha en nuestra veleta oscila y se
mantiene
l a tu dirección. Ahora nada nos separa.
ué puedo decir? Nada que no haya
dicho,
importa cómo sopló el viento. Hago más
que amarte,
mo cuando me sacaste corporalmente de
entre los muertos.

EL JARDÍN

evada en una torre, dormida, soñando


con él,
botones gemelos de sus pechos
abriéndose como flores,
s dedos frondosos y vagabundos…
Más allá del pozo
rece un manzano, y una turba de pájaros
idando en la cerrada espesura de su
cabello
rmura en soñolienta disonancia,
mándolo al jardín, si él se atreve.


EL VELERO
VERDE

mos como palomas, nos hermanamos


bien
ando a través de un prado.
ajo, voces infantiles,
canción y su eco;

mo el cuervo, el reyezuelo o la corneja


e gritan y vaticinan,
ué es lo que no presagiamos,
sea hondo o llano?
mo el timón y la proa
un velero verde
e viaja nadie sabe cómo,
re la luna y la sombra;

mo el inquieto, continuo
recer de una rama,
mo el tanaceto, la violeta, la malva,
mo el sol crepuscular.

ué otra aguda semejanza


bo mostrarte aún
sta que tus ojos negros se angosten
urquen tu frente clara?

TESTAMENTO

elodía pura, amor, sin alteración,


ma sin humo, berros de un arroyo
limpio,
sol y la luna echando profusas lluvias
mo quien echa dados,
ga entonces el tranquilo momento de
evaluar,
primera y última línea de nuestro
testamento,
ntigo instalada alta en el torreón del
castillo,
nando tu oscuro cabello frente a un
espejo de plata,
o abajo, afilando de nuevo mi pluma.
te cuerpo es tuyo ahora; por lo tanto me
pertenece.
cuerpo es mío ahora; por lo tanto te
pertenece.
cuanto a nuestro único corazón, deja
que permanezca nuestro
que ninguno puede desecharlo
entras aún florece en el mismo sueño de
flores


LA ROSA

uándo juramos amarnos para siempre?


uándo este universo llegó por fin a ser?
mbas preguntas son una.

cánzame una rosa de tu rosal


ra bendecir esta noche y concederme un
sueño justo:
eño, no olvido.


RISCO Y OLA

sde que atrajiste mi ola irresistible


ra romperse en espuma sobre tu inmóvil
risco,
bos ocupamos la misma estación de ser

como en el matrimonio refugiándonos
juntos,
o más allá de la razón, co-idénticos.
ora cuando nuestros cuerpos arriesgan
un encuentro,
men desencadenar la furia de sus
sentidos,
ólo en el breve desmayo de la despedida
estremecerá tu risco o vacilará mi ola.

EL TÍTULO DE
POETA

s poetas son guardianes


una isla sombría
n granjas y bosques
entados por la luna.

uelve, niña, vuelve!


s estado muy lejos,
ojada entre fantasmas,
ervando silencio.

ienquiera que ame a un poeta


ntinúa sincero,
s otros amores y lealtades
ecisos y claros.

a es joven, él, viejo


oporta por su bien
miedos de incertidumbre
e la distancia provoca.

n embargo ¿cómo puede advertirle


é desastres naturales
otarán a quien se atreva
esdeñar a su poeta?
rque el título de poeta
ga sólo con la muerte.

CORONA LUNAR

fue la circunstancia de nuestro primer


amor:
r, silencio, luna llena.
n embargo, aún el mismo silencio
rregido por un ruiseñor lejano
sde el mismo pasado, y por el suave
oleaje,
me trae un renacer seguro de nuestro
sueño—
es estar en verdad contigo es dormir,
biendo ganado bien mi corona lunar
tener que contar los rituales corderos.

CANCIÓN:
CONVERTIRSE EL
UNO EN EL OTRO

ra amarte de veras
debo convertirme en ti,
sí para amarte a ti
debo dejar atrás
do lo que no eras tú:
todos los fantasmas enjoyados,
das las maquinaciones
de una mente celosa.

ra hombre y mujer
convertirse el uno en el otro
mucho menos duro
de lo que pareciera:
a eterna serpiente
con ojos de esmeralda
rmanece enroscada
a este árbol florido.

nque parezca tan viejo


como un torreón de castillo
ú tan joven
como la hierba al pie
es una gran tarea
convertirse el uno en el otro
nde nada que es honesto
le tiene miedo a la muerte.

LABRANZA
Robert Graves, el veterano inglés, ya no
está en la corriente poética. Todavía hace
uso de métrica y rimas tradicionales y de
anticuadas palabras tales como labranza;
negando su aprobación total también a
poemas contemporáneos que abogan por la
libertad sexual.
DE UN SEMANARIO DE CRÍTICA DE NEW
YORK

jos están los grises días lacónicos


ando «cultivo del campo» era aún
labranza;
probación total» era alabanza,
modernismo pornográfico», inmundicia.
e quedo sin embargo con labranza,
alabanza, inmundicia.


CANCIÓN: LA
PROMESA

entras me fuiste prometida


ro aún no concedida,
bía esto que decir:
nque los deseos pudieran ser deseos,
a promesa era una promesa—
mo la sombra de un cedro,
a luna en lo alto,
a firmeza de tus dedos,
a huella de tus besos,
o alado de tu paso,
una duda entre nosotros
a vez los murciélagos comenzaron sus
vueltas
re palmas y cedros
ue hora de dormir.


PESADILLA DE
SENILIDAD

ebo entonces castigarte con confianza


que no puedes más confiar en ti y temes
evas instigaciones para engañarme? ¿O
en vez de eso
bo premiarte con el engaño
amontonar carbones de fuego en mi
propia cabeza?
an muerto acaso la verdad y la amistad?

por qué debo, convirtiéndome en


pesadilla para ti,
cear mis mentiras para procurar
convertirlas en verdad?
si este Ahora fuese entonces, cuando
piadosamente
ndabas mis heridas, me besabas y me
alababas
unque estuvieras advertida de cómo
debían ser las cosas!

***
uy bien, entonces: mi cabeza en la tabla,
a sonrisa en tus labios apretados y el
hacha en alto
ra un descenso piadoso. Abasteciéndote
n en mi tormento, alabando tus muñecas
firmes,
resuelta postura… ¿De qué otra manera
puedo protegerte
la maldición que mi muerte debe llevar,
salvo
plorándote que no prolongues mi dolor
s allá de estos triviales años?
Soy joven de nuevo.
contemplo encogiéndote como una bruja
arrugada.
s besos se hacen repulsivos, se arrastran
tus pies.
vido tu nombre y olvido el mío…

importa, siempre fueron igualmente


«querido».
s poemas no eran mentiras; tú los
hiciste así
ra mistificar a nuestros amigos y a los
amigos de nuestros amigos.
imos la pareja más adorable:
todopoderosa además,
sta que llegaste a odiarme por el secreto
e nuestra leyenda arcaica exigía de ti.


ESOS CIEGOS DE
NACIMIENTO

os ciegos de nacimiento ignoran la falsa


perspectiva
los que ven. Sus ojos que miran hacia
adentro
ensanchan ni angostan ningún ángulo
recto;
a mansión lejana no se encoge para ellos
sta una caja de fósforos.

os ciegos de nacimiento viven de sus


cuatro sentidos saludables.
lo un necio disfraza voz y rostro
ando visita al ciego. Olfato, pisada y
apretón de manos
uncian justo el por qué y con qué humor
visita él
e lugar vigilante.


¿DEBIERA
INQUIETARME?

Debiera inquietarme?», preguntó ella,


«siendo mío su corazón,
su cuerpo es de otra?—
ebo anhelar niños y un cordel de ropa
tendida?
s niños, por supuesto, necesitan madres,
ero aún necesitan padres?
hora que el dinero lo gobierna todo
be un país necesitar un rey?»


UNIDOS
INDISOLUBLEMENT

idos indisolublemente por lo imposible,


duradero, el desprecio al cambio,
ra vez nos encontramos, rara vez nos
besamos, rara vez conversamos.
compartimos una almohada en una
pieza oscura,
biéndonos poetas gemelos, hombre con
mujer,
a coincidencia milenaria más allá de
todo argumento,
toda risa, de todo milagro.

SÓLO TRES
PALABRAS

otan de pronto
grimas de nuestros ojos
sta que las enjugamos
n el suave susurro
sólo tres palabras.

cómo ahogaríamos
dolor y los celos
e nos separan
no fuese por el oráculo
sólo tres palabras?
lo tres palabras,
te años esperando
n crueldad prolongada
che a noche sufrida
r sólo tres palabras.

mor, te quiero,
uí a los ojos del mundo
iempre he de quererte
n una fe perfecta
sólo tres palabras.

ctémonos los dos


ser aún poetas
ya fuerza y cuya fe
elga de este elevado altar
sólo tres palabras.


CANCIÓN: SIETE
AÑOS FRESCOS

s generaciones
paran nuestro nacimiento,
embargo podía aún amarte
s allá de todo encubrimiento,
todo miedo, de todo reproche,
sta que siete años frescos
bernando distancia y tiempo
bieron establecido nuestra verdad.

amor caviló sin apagarse


rante una nueva era amenazante;
jamos juntos
ravés de tormentos y errores
s allá de las épocas
medianoche y alba de los celos,
sta que siete años frescos
bernando distancia y tiempo
bieron establecido nuestra verdad.


PAISAJE DE
SEPTIEMBRE

rde-olivo, azul-celeste, marrón-grava,


n un suelo de algarrobas desplomadas,
lo largo de la vereda campestre
bel baila vestida de rojo,
guida, pensando en voz alta,
marcada contra una nube repentina
u promesa audaz de la lluvia que urge.


CRISOLES DE
AMOR

e dónde vienen los poemas?


e los talleres de la mente
mo las armas destructoras,
cálculos filosóficos,
planes para el mejoramiento del
hombre?

nacen los poemas simplemente


crisoles de amor?
o podríamos tú y yo juntos,
sortos el uno en el otro,
dir su longevidad?

es quién más puede juzgar méritos


efinir deméritos—
to continúa siendo tarea de enamorados
idos indisolublemente en el amor
e nadie más.


EN EL PORTAL

ónde están los poemas? ¿Por qué no


escribo ninguno?
es por falta de plumas o por falta de
amor,
izá se deba a la urgencia de un poco más
de magia—
ónde han huido de pronto mis viejos
poderes?

ta noche la vislumbré en el portal,


hando con un monstruo jamás visto por
nadie,
esnucándolo. ¿Habré llegado tarde?
s ojos lanzaban llamas, no pude mirar
más.

ué podría tener contra mí? Nunca hasta


ahora
había mentido o contrariado su deseo,
hazando plegarias que no podía olvidar
jamás,
bando hojas verdes para encender un
fuego ajeno.


LA SENTENCIA

s ésta una sentencia pronunciada contra


nosotros
r un amor demasiado ambicioso en la
separación:
como la intervención o intrusión de un
extraño
o como pesadez y silencio,
mo una muerte en ausencia?

mos vivido estos siete años sin poder


apelar,
da uno con su único amor por separado:
nombre dicho en susurro antes de que
nos venza el sueño,
tes de que la mañana nos despierte
algún lugar lejano.

sostengamos que uno u otro se apartó


r cansancio o rabia o aventura
a resolución de cuidar un sólo corazón…
ámalo un rayo irresistible.
fue mi culpa, amor, tampoco fue la tuya.


EL POEMA SIN
ESCRIBIR

ebo vagar sin arrugar el ceño, estos días


ociosos,
pelo oscuro invadiendo la pálida frente

es así, sin compañía o alabanza,
bo de nuevo visitar pantanos donde
croan las ranas
mo yo, imitando vías de penitencia?

stás aún anclada a mi lento, tibio


corazón,
spués de largos años de acercarnos más
cada noche
itando nuestra alcoba embrujada,
desordenando
ortunamente sus rincones con la escoba
escondida del amor?
aún así, no debemos separarnos?

ué es un poema si aún no ha sido escrito


nque verdadero y emancipado
lo que quizás nunca aparezca,
las riquezas floridas del canto aún
silencioso,
las horas doradas de la Primavera en
vela?
cércate a mí, Rima; aconséjame, Razón!
viento sopla suave de la cumbre del
monte.
jame que despliegue tres heridas
profundas
ancas y lisas en mi arrugada piel,
n desconocidas por la carne de abajo.

poema de pronto será atrapado aquí,


oyectando entre las hojas su cabeza de
sierpe,
ton ni son, mudo—
i no mudo, con una sola voz
bada de su coro.

uí asoma noviembre. ¿Cuándo fue la


última vez
e me acerqué al papel con pluma, tinta y
la media verdad?
conséjame, Razón!


LOS VERDES
PRADOS DE LA
INQUIETUD

ja que acaben las semanas como deben,


con nubes de polvo derramado
o en certeza pura de sol—
on suaves vientos rebasados
r el amor que disputamos
estos verdes prados de inquietud.
, amor, eres ciertamente la belleza
misma,
nca el austero orgullo de la necesidad.

ALLIE
ie, call the birds in,
The birds from the sky!
ie calls, Allie sings,
Down they all fly:
rst there came
o white doves,
Then a sparrow from his nest,
en a clucking bantam hen,
Then a robin red-breast.
ie, call the beasts in,
The beasts, every one!
ie calls, Allie sings,
In they all run:
rst there came
o black lambs,
Then a grunting Berkshire sow,
en a dog without a tail,
Then a red and white cow.

ie, call the fish up,


The fish from the stream!
ie calls, Allie sings,
Up they all swim:
rst there came
o gold fish,
A minnow and a miller’s thumb,
en a school of little trout,
Then the twisting eels come.

ie, call the children,


Call them from the green!
ie calls, Allie sings,
Soon they run in:
rst there came
m and Madge,
Kate and I who’ll not forget
w we played by the water’s edge
Till the April sun set.


THE PIER-GLASS

st manor where I walk continually


ghost, though yet in woman’s flesh and
blood.
your broad stairs mounting with
outspread fingers
d gliding steadfast down your corridors
ome by nightly custom to this room,
d even on sultry afternoons I come
awn by a thread of time-sunk memory.

mpty, unless for a huge bed of state


rouded with rusty curtains drooped awry
puppet theatre where malignant fancy
oples the wings with fear). At my right
hand
avelled bell-pull hangs in readiness
summon me from attic glooms above
rvice of elder ghosts; here, at my left,
ullen pier-glass, cracked from side to
side,
orns to present the face (as do new
mirrors)
th a lying flush, but shows it melancholy
d pale, as faces grow that look in
mirrors.
there no life, nothing but the thin shadow
d blank foreboding, never a wainscot rat
sping a crust? Or at the window-pane
fly, no bluebottle, no starveling spider?
e windows frame a prospect of cold skies
lf-merged with sea, as at the first
creation—
stract, confusing welter. Face about,
er rather in the glass once more, take
note
self, the grey lips and long hair
dishevelled,
ep-staring eyes. Ah, mirror, for Christ’s
love
ve me one token that there still abides
mote—beyond this island mystery,
be it only this side Hope, somewhere,
streams, on sun-warm mountain
pasturage—
ue life, natural breath; not this
phantasma.

THE LAST POST

e bugler sent a call of high romance—


ights out! Lights out!» to the deserted
square:
the thin brazen notes he threw a prayer,
od, if it’s this for me next time in
France…
spare the phantom bugle as I lie
ad in the gas and smoke and roar of
guns,
ad in a row with the other broken ones,
ng so stiff and still under the sky,
ly young Fusiliers, too good to die.»
e music ceased, and the red sunset flare
s blood about his head as he stood there.

WARNING TO
CHILDREN

ildren, if you dare to think


the greatness, rareness, muchness,
wness of this precious only
dless world in which you say
u live, you think of things like this:
ocks of slate enclosing dappled
d and green, enclosing tawny
low nets, enclosing white
d black acres of dominoes,
here a neat brown paper parcel
mpts you to untie the string.
the parcel a small island,
the island a large tree,
the tree a husky fruit.
ip the husk and pare the rind off:
the kernel you will see
ocks of slate enclosed by dappled
d and green, enclosed by tawny
low nets, enclosed by white
d black acres of dominoes,
here the same brown paper parcel—
ildren, leave the string alone!
r who dares undo the parcel
nds himself at once inside it,
the island, in the fruit,
ocks of slate about his head,
nds himself enclosed by dappled
een and red, enclosed by yellow
wny nets, enclosed by black
d white acres of dominoes,
th the same brown paper parcel
ll unopened on his knee.
d, if he then should dare to think
the fewness, muchness, rareness,
eatness of this endless only
ecious world in which he says
lives—he then unties the string.


I’D DIE FOR YOU

die for you, or you for me,


furious is our jealousy—
d if you doubt this to be true
l me outright, lest I kill you.


THE COOL WEB

ildren are dumb to say how hot the day


is,
w hot the scent is of the summer rose,
w dreadful the black wastes of evening
sky,
w dreadful the tall soldiers drumming
by.

t we have speech, to chill the angry day,


d speech, to dull the rose’s cruel scent.
spell away the overhanging night,
spell away the soldiers and the fright.
ere’s a cool web of language winds us in,
treat from too much joy or too much
fear:
grow sea-green at last and coldly die
brininess and volubility.

t if we let our tongues lose self-


possession,
rowing off language and its watery clasp
fore our death, instead of when death
comes,
cing the wide glare of the children’s day,
cing the rose, the dark sky and the
drums,
shall go mad no doubt and die that way.

IN NO DIRECTION

go in no direction
Surely as carelessly,
lking on the hills alone,
I never found easy.

her I sent leaf or stick


Twirling in the air,
hose fall might be prophetic,
Pointing «there»,

in superstition
Edged somewhat away
om a sure direction
Yet could not stray,

undertook the climb


That I had avoided
rectionless some other time,
Or had not avoided,

called as companion
An eyeless ghost
d held his no direction
Till my feet were lost.


THE CASTLE

lls, mounds, enclosing corrugations


darkness, moonlight on dry grass.
lking this courtyard, sleepless, in fever;
anning to use—but by definition
ere’s no way out, no way out—
pe-ladders, baulks of timber, pulleys,
ocket whizzing over the walls and moat

achines easy to improvise.
No escape,
such thing; to dream of new dimensions,
eating checkmate by painting the king’s
robe
that he slides like a queen;
to cry, «Nightmare, nightmare!»
ke a corpse in the cholera-pit
der a load of corpses;
to run the head against these blind
walls,
ter the dungeon, torment the eyes
th apparitions chained two and two,
d go frantic with fear—
die and wake up sweating by moonlight
the same courtyard, sleepless as before.


THE LEGS

ere was this road,


d it led up-hill,
d it led down-hill,
d round and in and out.

d the traffic was legs,


gs from the knees down,
ming and going,
ver pausing.

d the gutters gurgled


th the rain’s overflow,
d the sticks on the pavement
ndly tapped and tapped.

hat drew the legs along


s the never-stopping,
d the senseless, frightening
te of being legs.

gs for the road,


e road for legs,
solutely nowhere
both directions.

y legs at least
re not in that rout:
grass by the roadside
tire I stood,

tching the unstoppable


gs go by
th never a stumble
tween step and step.

ough my smile was broad


e legs could not see,
ough my laugh was loud
e legs could not hear.

y head dizzied, then:


wondered suddenly,
ght I too be a walker
om the knees down?

ntly I touched my shins.


e doubt unchained them:
ey had run in twenty puddles
fore I regained them.


IN BROKEN
IMAGES

is quick, thinking in clear images;


m slow, thinking in broken images.

becomes dull, trusting to his clear


images;
ecome sharp, mistrusting my broken
images.

usting his images, he assumes their


relevance;
strusting my images, I question their
relevance.

suming their relevance, he assumes the


fact;
estioning their relevance, I question the
fact.

hen the fact fails him, he questions his


senses;
hen the fact fails me, I approve my
senses.

continues quick and dull in his clear


images;
ontinue slow and sharp in my broken
images.

in a new confusion of his


understanding;
n a new understanding of my confusion.


FRAGMENT OF A
LOST POEM

he clear moment, when from the mouth


word flies, current immediately
ong friends; or when a loving gift
astounds
the identical wish nearest the heart;
when a stone, volleyed in sudden
danger,
ikes the rabid beast full on the snout!

oments in never…

RECALLING WAR

trance and exit wounds are silvered


clean,
e track aches only when the rain
reminds.
e one-legged man forgets his leg of
wood,
e one-armed man his jointed wooden
arm.
e blinded man sees with his ears and
hands
much or more than once with both his
eyes.
eir war was fought these twenty years
ago
d now assumes the nature-look of time,
when the morning traveller turns and
views
s wild night-stumbling carved into a hill.

hat, then, was war? No mere discord of


flags
t an infection of the common sky
at sagged ominously upon the earth
en when the season was the airiest May.
wn pressed the sky, and we, oppressed,
thrust out
astful tongue, clenched fist and valiant
yard.
tural infirmities were out of mode,
r Death was young again: patron alone
healthy dying, premature fate-spasm.

ar made fine bed-fellows. Sick with


delight
life’s discovered transitoriness,
r youth became all-flesh and waived the
mind.
ver was such antiqueness of romance,
ch tasty honey oozing from the heart.
d old importances came swimming back

ne, meat, log-fires, a roof over the head,
weapon at the thigh, surgeons at call.
en there was a use again for God—
word of rage in lack of meat, wine, fire,
ache of wounds beyond all surgeoning.
r was return of earth to ugly earth,
r was foundering of sublimities,
tinction of each happy art and faith
which the world had still kept head in
air,
otesting logic or protesting love,
til the unendurable moment struck—
e inward scream, the duty to run mad.

d we recall the merry ways of guns—


bbling the walls of factory and church
ke a child, piecrust; felling groves of
trees
ke a child, dandelions with a switch.
achine-guns rattle toy-like from a hill,
wn in a row the brave tin-soldiers fall:
ight to be recalled in elder days
hen learnedly the future we devote
yet more boastful visions of despair.


WM. BRAZIER

the end of Tarriers’ Lane, which was the


street
children thought the pleasantest in
Town
cause of the old elms growing from the
pavement
d the crookedness, when the other streets
were straight,
hey were always at the lamp-post round
the corner,
ose pugs and papillons and in-betweens,
sing and snuffling for the latest news)
ved Wm. Brazier, with a gilded sign,
ractical Chimney Sweep». He had black
hands,
ack face, black clothes, black brushes
and white teeth;
jingled round the town in a pony-trap,
d the pony’s name was Soot, and Soot
was black.
t the brass fittings on the trap, the
shafts,
Soot’s black harness, on the black
whip-butt,
inkled and shone like any guardsman’s
buttons.
sn’t that pretty? And when we children
jeered:
ello, Wm. Brazier! Dirty-face Wm.
Brazier!»
would crack his whip at us and smile
and bellow,
ello, my dears!» (If he were drunk, but
otherwise:
cum off, you damned young milliners’
bastards, you!»)

t them copy it out on a pink page of their


albums,
refully leaving out the bracketed lines.
an old story—f ’s for s’s—
t good enough for them, the suckers.


WELSH INCIDENT

ut that was nothing to what things came


out
om the sea-caves of Criccieth yonder.»
What were they? Mermaids? dragons?
ghosts?»
othing at all of any things like that.»
What were they, then?»
«All sorts of queer things,
ings never seen or heard or written
about,
ry strange, un-Welsh, utterly peculiar
ings. Oh, solid enough they seemed to
touch,
d anyone dared it. Marvellous creation,
various shapes and sizes, and no sizes,
new, each perfectly unlike his
neighbour,
ough all came moving slowly out
together.»
escribe just one of them.»
«I am unable.»
What were their colours?»
«Mostly nameless
colours,
lours you’d like to see; but one was puce
perhaps more like crimson, but not
purplish.
me had no colour.»
«Tell me, had they legs?»
ot a leg nor foot among them that I saw.»
ut did these things come out in any
order?
hat o’clock was it? What was the day of
the week?
ho else was present? How was the
weather?»
was coming to that. It was half-past
three
Easter Tuesday last. The sun was
shining.
e Harlech Silver Band played Marchog
Jesu
thirty-seven shimmering instruments,
llecting for Caernarvon’s (Fever)
Hospital Fund.
e populations of Pwllheli, Criccieth,
rtmadoc, Borth, Tremadoc,
Penrhyndeudraeth,
re all assembled. Criccieth’s mayor
addressed them
rst in good Welsh and then in fluent
English,
isting his fingers in his chain of office,
lcoming the things. They came out on the
sand,
t keeping time to the band, moving
seaward
ently at a snail’s pace. But at last
e most odd, indescribable thing of all,
hich hardly one man there could see for
wonder,
d something recognizably a something.»
Well, what?»
«It made a noise.»
«A frightening
noise?»
o, no.»
«A musical noise? A noise of
scuffling?»
o, but a very loud, respectable noise—
ke groaning to oneself on Sunday
morning
Chapel, close before the second psalm.»
What did the mayor do?»
«I was coming to that.»


AT FIRST SIGHT

ove at first sight,» some say, misnaming


scovery of twinned helplessness
ainst the huge tug of procreation.

t friendship at first sight? This also


tches fiercely at the surprised heart
that the cheek blanches and then
blushes.


WITH HER UPS
ONLY

is honest wife, challenged at dusk


the garden gate, under a moon perhaps,
scent of honeysuckle, dared to deny
ve to an urgent lover: with her lips only,
t with her heart. It was no assignation;
ken aback, what could she say else?
r the children’s sake, the lie was venial;
or the children’s sake,» she argued with
her conscience.

a mortal lie must follow before dawn:


allenged as usual in her own bed,
e protests love to an urgent husband,
t with her heart but with her lips only;
or the children’s sake,» she argues with
her conscience,
or the children» —turning suddenly cold
towards them.


THE HALLS OF
BEDLAM

rewarned of madness:
three days’ time at dusk
e fit masters him.

w to endure those days?


orewarned is foremad)
—Normally, normally.»

will gossip with children,


gue with elders,
eck the cash account.
shall go mad that day—»
e gossip, the argument,
e neat marginal entry.

s case is not uncommon,


e doctors pronounce;
t prescribe no cure.

be mad is not easy,


ll earn him no more
an a niche in the news.

en tomorrow, children,
morrow or the next day
resigns from the firm.
s boyhood’s ambition
s to become an artist—
ke any City man’s.

the walls and halls of Bedlam


e artist is welcome—
ld brush and full palette.

rough the cell’s grating


will watch his children
and from school.

uffer the little children


come unto me
th their neglected hair!»
ery special story
r their very special friends—
ey burst in the telling:

an evil thing, armed,


p-tapping on the door,
p-tapping on the floor,
n the third day at dusk.»

ther in his shirt-sleeves


ourishing a hatchet—
n, children, run!

one could stop him,


one understood;
d in the evening papers…

mminent genius,
oubles at the office,
rmally, normally,
if already mad.)


THE AGES OF
OATH

find a garden-tulip growing


mong wild primroses of a wild field,
a cuckoo’s egg in a blackbird’s nest,
a giant mushroom, a whole basketful—
e memorable feats of childhood!
ce, by the earthworks, scratching in the
soil,
y stick turned up a Roman amber bead…

e lost, the freakish, the unspelt


ew me: for simple sights I had no eye.
d did I swear allegiance then
wildness, not (as I thought) to truth—
come a virtuoso, and this also,
ter, of simple sights, when tiring
unicorn and upas?

d I forget how to greet plainly


e especial sight, how to know deeply
e pleasure shared by upright hearts?
d is this to begin afresh, with oaths
the true book, in the true name,
w stammering out my praise of you,
ke a boy owning his first love?


NEW LEGENDS

ntent in you,
dromeda serene,
stress of air and ocean
d every fiery dragon,
ained to no cliff,
king no rescue of me.

ntent in you,
ad Atalanta,
ooping unpausing,
er ahead,
quitting me of rivalry.
ntent in you
ho made King Proteus marvel,
owing him singleness
st all variety.

ntent in you,
obe of no children,
no calamity.

ntent in you,
len, foiler of beauty.


THE CLIMATE OF
THOUGHT

e climate of thought has seldom been


described.
s no terror of Caucasian frost,
r yet that brooding Hindu heat
r which a loin-rag and a dish of rice
ffice until the pestilent monsoon.
t, without winter, blood would run too
thin;
without summer, fires would burn too
long.
thought the seasons run concurrently.
ought has a sea to gaze, not voyage, on;
d hills, to rough the edge of the bland
sky,
t to be climbed in search of blander
prospect;
w birds, sufficient for such caterpillars
are not fated to turn butterflies;
w butterflies, sufficient for such flowers
are the luxury of a full orchard;
nd, sometimes, in the evening chimneys;
rain
the early morning roof, on sleepy sight;
ow streaked upon the hilltop, feeding
e fond brook at the valley-head
at greens the valley and that parts the
lips;
e sun, simple, like a country neighbour;
e moon, grand, not fanciful with clouds.


NO MORE GHOSTS

e patriarchal bed with four posts


hich was a harbourage of ghosts
hauled out from the attic glooms
d cut to wholesome furniture for
wholesome rooms;

here they (the ghosts) confused, abused,


thinned,
rgetful how they sighed and sinned,
nnot disturb our ordered ease
cept as summer dust tickles the nose to
sneeze.
are restored to simple days, are free
om cramps of dark necessity,
d one another recognize
an immediate love that signals at our
eyes.

new ghosts can appear. Their poor


cause
s that time freezes, and time thaws;
t here only such loves can last
do not ride upon the weathers of the
past.


LOLLOCKS

sloth on sorrow fathered,


ese dusty-featured Lollocks
ve their nativity in all disordered
cks of cupboard drawers.

ey play hide and seek


mong collars and novels
d empty medicine bottles,
d letters from abroad
at never will be answered.

ery sultry night


ey plague little children,
rgling from the cistern,
mming from the air,
ewing up the bed-clothes,
itching the blind.

hen the imbecile aged


e over-long in dying
d the nurse drowses,
llocks come skipping
the tattered stairs
d are nasty together
the bed’s shadow.

e signs of their presence


e boils on the neck,
eams of vexation suddenly recalled
the middle of the morning,
nguor after food.

en cannot see them,


en cannot hear them,
not believe in them—
t suffer the more
th in neck and belly.

men can see them—


hose naughty wives
ho sit by the fireside
unching bread and honey,
tching them in mischief
om comers of their eyes,
ly allowing them to lick
ney-sticky fingers.

vereign against Lollocks


e hard broom and soft broom,
well comb the hair,
well brush the shoe,
d to pay every debt
it falls due.


THE SUICIDE IN
THE COPSE

e suicide, jar from content,


ared down at his own shattered skull:
s this what he meant?

d not his purpose been


liberate himself from duns and dolts
a change of scene?

om somewhere came a roll of laughter:


had looked so on his wedding-day,
d the day after.
ere was nowhere at all to go,
d no diversion now but to peruse
hat literature the winds might blow

o the copse where his body lay:


ear-old sheet of sporting news,
rumpled schoolboy essay.


THE BEACH

uder than gulls the little children scream


hom fathers haul into the jovial foam;
t others fearlessly rush in, breast high,
ughing the salty water from their mouths

roes of the nursery.

e horny boatman, who has seen whales


d flying fishes, who has sailed as far
Demerara and the Ivory Coast,
ll warn them, when they crowd to hear
his tales,
at every ocean smells alike of tar.

THE DOOR

hen she came suddenly in


seemed the door could never close again,
r even did she close it—she, she—
e room lay open to a visiting sea
hich no door could restrain.

when at last she smiled, tilting her head


take her leave of me,
here she had smiled, instead
ere was a dark door closing endlessly,
e waves receded.


TO LUCIA AT
BIRTH

ough the moon beaming matronly and


bland
Greets you, among the crowd of the
new-born,
th «welcome to the world» yet
understand
That still her pale, lascivious unicorn
d bloody lion are loose on either hand:
With din of bones and tantarará of horn
eir fanciful cortege parades the land—
Pest on the high road, wild-fire in the
corn.
trageous company to be born into,
Lunatics of a royal age long dead.
en reckon time by what you are or do,
Not by the epochs of the war they spread.
Hark how they roar; but never turn your
head.
thing will change them, let them not
change you.


SHE TELLS HER
LOVE WHILE
HALF ASLEEP

e tells her love while half asleep,


In the dark hours,
With half-words whispered low:
Earth stirs in her winter sleep
And puts out grass and flowers
Despite the snow,
Despite the falling snow.


THESEUS AND
ARIADNE

gh on his figured couch beyond the


waves
dreams, in dream recalling her set walk
wn paths of oyster-shell bordered with
flowers,
ross the shadowy turf below the vines.
sighs: «Deep sunk in my erroneous past
e haunts the ruins and the ravaged
lawns.»

still unharmed it stands, the regal house


ooked with age and overtopped by pines
here first he wearied of her constancy.
d with a surer foot she goes than when
ead of his hate was thunder in the air,
hen the pines agonized with flaws of wind
d flowers glared up at her with frantic
eyes.
him, now all is done, she never dreams
t calls a living blessing down upon
hat he supposes rubble and rank grass;
aying the queen to nobler company.


TO JUAN AT THE
WINTER
SOLSTICE

ere is one story and one story only


at will prove worth your telling,
hether as learned bard or gifted child;
it all lines or lesser gauds belong
at startle with their shining
ch common stories as they stray into.

it of trees you tell, their months and


virtues.
strange beasts that beset you,
birds that croak at you the Triple will?
of the Zodiac and how slow it turns
low the Boreal Crown,
ison of all true kings that ever reigned?

ter to water, ark again to ark,


om woman back to woman:
each new victim treads unfalteringly
e never altered circuit of his fate,
inging twelve peers as witness
th to his starry rise and starry fall.

is it of the Virgin’s silver beauty,


fish below the thighs?
e in her left hand bears a leafy quince;
hen with her right she crooks a finger,
smiling,
w may the King hold back?
yally then he barters life for love.

of the undying snake from chaos


hatched,
hose coils contain the ocean,
o whose chops with naked sword he
springs,
en in black water, tangled by the reeds,
ttles three days and nights,
be spewed up beside her scalloped
shore?

uch snow is falling, winds roar hollowly,


e owl hoots from the elder,
ar in your heart cries to the loving-cup:
rrow to sorrow as the sparks fly upward.
e log groans and confesses:
ere is one story and one story only.

well on her graciousness, dwell on her


smiling,
not forget what flowers
e great boar trampled down in ivy time.
r brow was creamy as the crested wave,
r sea-grey eyes were wild
t nothing promised that is not performed.


SIROCCO AT DEYA

w most unnatural-seeming, yet how


proper;
e sea like a cat with fur rubbed the
wrong way,
the sirocco with its furnace flavour
shes at full tilt around the village
From every-which-a-way, hot as a
two-buck pistol»)
ipping green olives from the blown-back
boughs,
orching the roses, blinding the eyes with
sand;
hile slanderous tongues in the small cafés
d in the tightly-shuttered limestone
houses
ack defamation, incite and invite
ives to consummate their near-
murders…
ok up, a great grey cloud broods
nonchalant
the mountain-top nine hundred feet
above us,
otionless and turgid, blotting out the sun,
d from it sneers a supercilious Devil:
Mere local wind: no messenger of mine!»


FROM THE
EMBASSY

an ambassador of Otherwhere
the unfederated states of Here and There
joy (as the phrase is)
tra-territorial privileges.
th heres and theres I seldom come to
blows
need, as once, to sandbag all my
windows.
d though the Otherwhereish currency
nnot be quoted yet officially,
meet less hindrance now with the
exchange
r is my garb, even, considered strange;
d shy enquiries for literature
me in by every post, and the side door.


THE WHITE
GODDESS

saints revile her, and all sober men


led by the God Apollo’s golden mean—
scorn of which we sailed to find her
distant regions likeliest to hold her
hom we desired above all things to know.
ter of the mirage and echo.

was a virtue not to stay,


go our headstrong and heroic way
eking her out at the volcano’s head,
mong pack ice, or where the track had
faded
yond the cavern of the seven sleepers:
hose broad high brow was white as any
leper’s,
hose eyes were blue, with rowan-berry
lips,
th hair curled honey-coloured to white
hips.

een sap of Spring in the young wood


a-stir
ll celebrate the Mountain Mother,
d every song-bird shout awhile for her;
t we are gifted, even in November
west of seasons, with so huge a sense
her nakedly worn magnificence
forget cruelty and past betrayal,
edless of where the next bright bolt may
fall.


THE SONG OF
BLODEUWEDD
(Reassembled from the deliberately
confused medieval poem medley, Câd
Goddeu, in the Red Book of Hergest,
hitherto regarded as nonsensical.)

t of father nor of mother


s my blood, was my body.
was spellbound by Gwydion,
ime enchanter of the Britons,
hen he formed me from nine blossoms,
Nine buds of various kind:
om primrose of the mountain,
oom, meadow-sweet and cockle,
Together intertwined,
om the bean in its shade bearing
white spectral army
Of earth, of earthy kind,
om blossoms of the nettle,
k, thorn and bashful chestnut—
ne powers of nine flowers,
Nine powers in me combined,
Nine buds of plant and tree.
ng and white are my fingers
As the ninth wave of the sea


INSTRUCTIONS
TO THE ORPHIC
ADEPT
(In part translated from the Timpone
Grande and Campagno Orphic tablets.)

soon as ever your mazed spirit descends


om daylight into darkness, Man,
remember
hat you have suffered here in
Samothrace,
hat you have suffered.
er your passage through Hell’s seven
floods,
hose fumes of sulphur will have parched
your throat,
e Halls of Judgement shall loom up
before you,
miracle of jasper and of onyx.
the left hand there bubbles a black
spring
ershadowed with a great white cypress.
oid this spring, which is Forgetfulness;
ough all the common rout rush down to
drink,
oid this spring!

the right hand there lies a secret pool


ve with speckled trout and fish of gold;
hazel overshadows it. Ophion,
imaeval serpent straggling in the
branches,
rts out his tongue. This holy pool is fed
dripping water; guardians stand before
it.
n to this pool, the pool of Memory,
n to this pool!

en will the guardians scrutinize you,


saying:
Who are you, who? What have you to
remember?
you not fear Ophioris flickering
tongue?
rather to the spring beneath the
cypress,
ee from this pool!»

en you shall answer: «1 am parched with


thirst.
ve me to drink. 1 am a child of Earth,
t of Sky also, come from Samothrace.
tness the glint of amber on my brow.
t of the Pure I come, as you may see.
lso am of your thrice-blessed kin,
ild of the three-fold Queen of
Samothrace;
ve made full quittance for my deeds of
blood,
ve been by her invested in sea-purple,
d like a kid have fallen into milk.
ve me to drink, now I am parched with
thirst,
ve me to drink!»

t they will ask you yet: «What of your


feet?»
u shall reply: «My feet have borne me
here
t of the weary wheel, the circling years,
that still, spokeless wheel:—
Persephone.
ve me to drink!»

en they will welcome you with fruits and


flowers,
d lead you toward the ancient dripping
hazel,
ying: «Brother of our immortal blood,
ink and remember glorious
Samothrace!»
en you shall drink.

u shall drink deep of that refreshing


draught,
become lords of the uninitiated
ittering ghosts, Hell’s countless
populace—
become heroes, knights upon swift
horses,
onouncing oracles from tall white tombs
the nymphs tended. They with honey
water
all pour libations to your serpent shapes,
at you may drink.


LAMENT FOR
PASIPHAË

ing sun, shine warm a little longer!


y eye, dazzled with tears, shall dazzle
yours,
njuring you to shine and not to move.
u, sun, and I all afternoon have labored
neath a dewless and oppressive cloud—
leece now gilded with our common grief
at this must be a night without a moon.
ing sun, shine warm a little longer!

ithless she was not: she was very


woman,
iling with dire impartiality,
vereign, with heart unmatched, adored of
men
til Spring’s cuckoo with bedraggled
plumes
mpted her pity and her truth betrayed.
en she who shone for all resigned her
being.
d this must be a night without a moon.
ing sun, shine warm a little longer!


COUNTING THE
BEATS

u, love, and I,
e whispers) you and I,
d if no more than only you and I
hat care you or I?

unting the beats,


unting the slow heart beats,
e bleeding to death of time in slow heart
beats,
keful they lie.
oudless day,
ght, and a cloudless day,
the huge storm will burst upon their
heads one day
om a bitter sky.

here shall we be,


he whispers) where shall we be,
hen death strikes home, O where then
shall we be
ho were you and I?

t there but here,


e whispers) only here,
we are, here, together, now and here,
ways you and I.
unting the beats,
unting the slow heart beats,
e bleeding to death of time in slow heart
beats,
keful they lie.


THE STRAW

ace, the wild valley streaked with


torrents,
hoopoe perched on his warm rock. Then
why
is tremor of the straw between my
fingers?

hat should I fear? Have I not testimony


her own hand, signed with her own name
at my love fell as lightning on her heart?

ese questions, bird, are not rhetorical.


tch how the straw twitches and leaps
though the earth quaked at a distance.

quited love; but better unrequited


his chance instrument gives warning
cataclysmic anguish far away.

re she at ease, warmed by the thought of


me,
uld not my hand stay steady as this
rock?
ve I undone her by my vehemence?


SPOILS

hen all is over and you march for home,


e spoils of war are easily disposed of:
andards, weapons of combat, helmets,
drums
ay decorate a staircase or a study,
hile lesser gleanings of the battlefield—
ins, watches, wedding-rings, gold teeth
and such—
e sold anonymously for solid cash.

e spoils of love present a different case,


hen all is over and you march for home:
at lock of hair, these letters and the
portrait
ay not be publicly displayed; nor sold;
r burned; nor returned (the heart being
obstinate)—
never dare entrust them to a safe
r fear they burn a hole through two-foot
steel


THE FACE IN THE
MIRROR

ey haunted eyes, absent-mindedly


glaring
om wide, uneven orbits; one brow
drooping
mewhat over the eye
cause of a missile fragment still
inhering,
n deep, as a foolish record of old-world
fighting.

ookedly broken nose—low tackling


caused it;
eeks, furrowed; coarse grey hair, flying
frenetic;
rehead, wrinkled and high;
wls, prominent; ears, large; jaw,
pugilistic;
eth, few; lips, full and ruddy; mouth,
ascetic.

ause with razor poised, scowling


derision
the mirrored man whose beard needs my
attention,
d once more ask him why
still stands ready, with a boy’s
presumption,
court the queen in her high silk pavilion.


SYMPTOMS OF
LOVE

ve is a universal migraine,
bright stain on the vision
otting out reason.

mptoms of true love


e leanness, jealousy,
ggard dawns;

e omens and nightmares—


tening for a knock,
iting for a sign:
r a touch of her fingers
a darkened room,
r a searching look.

ke courage, lover!
uld you endure such grief
any hand but hers?


UNDER THE
OLIVES

never would have loved had love not


struck
ifter than reason, and despite reason:
der the olives, our hands interlocked,
both fell silent:
ch listened for the other’s answering
gh of unreasonableness—
nocent, gentle, bold, enduring, proud.


TURN OF THE
MOON

ver forget who brings the rain


swarthy goatskin bags from a far sea:
s the Moon as she turns, repairing
mages of long drought and sunstroke.

ver count upon rain, never foretell it,


r no power can bring rain
cept the Moon as she turns; and who can
rule her?

e is prone to delay the necessary floods,


st such a gift might become obligation,
month, or two, or three; then suddenly
t relenting but by way of whim
ll perhaps conjure from the cloudless
west
ingle rain-drop to surprise with hope
ch haggard, upturned face.

re the Moon a Sun, we would count upon


her
bring rain seasonably as she turned;
no one thinks to thank the regular Sun
r shining fierce in summer, mild in
winter—
hy should the Moon so drudge?
t if one night she brings us, as she turns,
ft, steady, even, copious rain
at harms no leaf nor flower, but gently
falls
ur after hour, sinking to the tap roots,
d the sodden earth exhales at dawn
ong sigh scented with pure gratitude,
ch rain—the first rain of our lives, it
seems,
ither foretold, cajoled, nor counted on—
woman giving as she loves.


THE SECRET
LAND

ery woman of true royalty owns


ecret land more real to her
an this pale outer world:

midnight when the house falls quiet


e lays aside needle or book
d visits it unseen.

utting her eyes, she improvises


ive-barred gate among tall birches,
ults over, takes possession.
en runs, or flies, or mounts a horse
horse will canter up to greet her)
d travels where she will;

n make grass grow, coax lilies up


om bud to blossom as she watches,
ts fish eat from her palm.

s founded villages, planted groves


d hallowed valleys for brooks running
ol to a land-locked bay.

ever dared question my love


out the government of her queendom
its geography,
r followed her between those birches,
ting one leg astride the gate,
ying into the mist.

she has pledged me, when I die,


odge beneath her private palace
a level clearing of the wood
here gentians grow and gillyflowers
d sometimes we may meet.


SELDOM YET
NOW

dom yet now: the quality


this fierce love between us—
dom the encounter,
e presence always,
ee of oath or promise.

d if we were not so
t birds of similar plumage caged
the peace of every day,
uld we still conjure wildfire up
om common earth, as now?

A LOST WORLD

ear love, why should you weep


For time’s remorseless way?
ough today die in sleep
And be called yesterday,
We love, we stay.»

weep for days that died


With former love that shone
a world true and wide
Before this newer one
Which yours shines on.»
this world not as true
As that one ever was
hich now has fled from you
Like shadows from the grass
When the clouds pass?»

et for that would I weep


Kindly, before we kiss:
ve has a faith to keep
With past felicities
That weep for this.»


SURGICAL WARD:
MEN

mething occurred after the operation


scare the surgeons (though no fault of
theirs)
hose reassurance did not fool me long.
yond the shy, concerned faces of nurses
ingle white-hot eye, focusing on me,
rced sweat in rivers down from scalp to
belly.
whistled, gasped or sang, with blanching
knuckles
utched at my bed-grip almost till it
cracked:
o proud, still, to let loose Bedlamite
screeches
d bring the charge-nurse scuttling down
the aisle
th morphia-needle levelled…
Lady Morphia—
r scorpion kiss and dark gyrating
dreams—
e in mistrust of whom I dared out-dare,
o minutes longer than seemed possible,
in, that unpurposed, matchless elemental
onger than fear or grief, stranger than
love.


SONG: COME,
ENJOY YOUR
SUNDAY!

o your outstretched hands come pouring


fts by the cornucopiaful—
What else is lacking?
me, enjoy your Sunday
hile yet you may!

ase from unnecessary labours,


unter into the green world stretching far,
Light a long cigar,
me, enjoy your Sunday
hile yet you may!

hat more, what more? You fended off


disaster
a long war, never acknowledging
Any man as master;
me, enjoy your Sunday
hile yet you may!

e you afraid of death? But death is


nothing:
e leaden seal set on a filled flask.
If it be life you ask,
me, enjoy your Sunday
hile yet you may!
a warm sand dune now, sprawling at
ease
th little in mind, learn to despise the
sea’s
Unhuman restlessness:
me, enjoy your Sunday
hile yet you may!


RUBY AND
AMETHYST

o women: one as good as bread,


Bound to a sturdy husband.
o women: one as rare as myrrh,
Bound only to herself.

o women: one as good as bread,


Faithful to every promise.
o women: one as rare as myrrh,
Who never pledges faith.

e one a flawless ruby wears


But with such innocent pleasure
tranger’s eye might think it glass
And take no closer look.

o women: one as good as bread,


The noblest of the city.
o women: one as rare as myrrh,
Who needs no public praise.

e pale rose-amethyst on her breast


Has such a garden in it
ur eye could trespass there for hours,
And wonder, and be lost.

out her head a swallow wheels


Nor ever breaks the circuit:
ory and awe of womanhood
Still undeclared to man.

o women: one as good as bread,


Resistant to all weathers.
o women: one as rare as myrrh,
Her weather still her own.


OUZO
UNCLOUDED

re is ouzo (she said) to try you:


tter not drowned in water,
tter not chilled with ice,
t sipped at thoughtfully,
r toped in secret.
ink it down (she said) unclouded
a blow, this tall glass full,
t keep your eyes on mine
ke a true Arcadian acorn-eater.


EXPECT NOTHING

ve, ask for nothing, hope for nothing,


bsist on crumbs, though scattered
casually
t for you (she smiles) but for the birds.
ough only a thief s diet, it staves off
re starvation, nor does she grow fat
the bread she crumbles, while the lonely
truth
love is honoured, and her word pledged.


A LAST POEM

ast poem, and a very last, and yet


another—
when can I give over?
ust I drive the pen until blood bursts from
my nails
d my breath fails and I shake with fever,
sit well wrapped in a many-coloured
cloak
here the moon shines new through Castle
Crystal?
all I never hear her whisper softly:
ut this is truth written by you only,
d for me only; therefore, love, have
done»?

MAN DOES,
WOMAN IS

udiously by lamp-light I appraised


e palm of your hand, its heart-line
entical with its head-line;
d you appraised the approving frown.

pread my cards face-upwards on the


table,
t challenging you for yours.
an does; but woman is—
n a gamester argue with his luck?

THE THREE-
FACED

ho calls her two-faced? Faces, she has


three:
e first inscrutable, for the outer world;
e second shrouded in self-contemplation;
e third, her face of love,
ce for an endless moment turned on me.


BIRD OF
PARADISE

sunset, only to his true love,


e bird of paradise opened wide his wings
splaying emerald plumage shot with gold
guessed even by him.
True, that wide crest
d blazoned royal estate, and the tropic
flowers
rough which he flew had shown example
what brave colours gallantry might
flaunt,
t these were other. She asked herself,
trembling.
What did I do to awake such glory?»


THE GREEN
CASTLE

e first heaven is a flowery plain;


e second, a glass mountain;
e third, likewise terrestrial,
an orchard-close unclouded
prescience of death or change
the blood-sports of desire:
r childhood paradise.

e next three heavens, known as celestial,


e awkward of approach.
nd is the prudent rider; body, the ass
sciplined always by a harsh bit,
cepts his daily diet of thorns
d frugal, brackish water;
lds converse with archangels.

e seventh heaven, most unlike those


others,
once contrived to enter
a trance of love; it is a green castle
rdled with ramparts of blue sea
d silent but for the waves’ leisured wash.
ere Adam rediscovered Eve:
e wrapped him in her arms.

afterglow of truth, still evident


hen we had fallen earthward,
onished all except the born blind.
angers would halt us in the roadway:
onfess where you have been.»
d, at a loss, we replied stumblingly:
was here, it was nowhere—
st night we lodged at a green castle.
courtyard paved with gold.»


NOT TO SLEEP

t to sleep all the night long, for pure joy,


unting no sheep and careless of chimes,
lcoming the dawn confabulation
birds, her children, who discuss idly
nciful details of the promised coming—
ll she be wearing red, or russet, or blue,
pure white?—whatever she wears,
glorious:
t to sleep all the night long, for pure joy,
is is given to few but at last to me,
that when I laugh and stretch and leap
from bed
hall glide downstairs, my feet brushing
the carpet
courtesy to civilized progression,
ough, did I wish, I could soar through
the open window
d perch on a branch above, acceptable
ally
the birds still alert, grumbling gently
together.


THE BLACK
GODDESS

ence, words into foolishness fading,


ence prolonged, of thought so secret
hush the sheep-bells and the loud
cicada.

d your black agate eyes, wide open,


mirror
e released firebird beating his way
wn a whirled avenue of blues and
yellows.
ould I not weep? Profuse the berries of
love,
e speckled fish, the filberts and white ivy
hich you, with a half-smile, bestow
your delectable broad land of promise
r me, who never before went gay in
plumes.


THE COLOURS OF
NIGHT

e Moon never makes use of the Sun’s


palette.
mire her silvery landscapes, but abstain
om record of them: lest you be later
tempted
counterfeit the dangerous colours of
Night
hich are man’s blood spurted on moving
cloud.


THE HUNG WU
VASE

th women like Marie no holds are


barred.
here do they get the gall? How can they
do it?

e stormed out, slamming the hall door so


hard.
at a vase on the gilt shelf above—you
knew it,
ot from the Summer Palace at Pekin
d worth the entire contents of my flat—
ppled and fell…
I poured myself straight gin,
wning it at a gulp. «So that was that!»

e bell once more… Marie walked calmly


in,
served broken red porcelain on the mat,
oked up, looked down again with
condescension,
en, gliding past me to retrieve a glove
er poor excuse for this improper call)
uttered: «And one thing I forgot to
mention:
ur Hung Wu vase was phoney, like your
love!»
w can they do it? Where do they get the
gall?


GOOD NIGHT TO
THE OLD GODS

od night, old gods, all this long year so


faint
u propped your heavy eyelids up with
shells!
ough once we honoured you who ruled
this land
e hundred generations and ten more,
r mood has changed: you dribble at the
mouth,
ur dark-blue fern-tattoos are faded
green,
ur thunderous anger wanes to petulance,
d love to groanings of indifference.
hat most you crave is rest in a rock-cave,
asonally aroused by raucous gulls
swallows, nodding off once more to
sleep.

lay you in a row with cool palm wine


ose at your elbows, should you suffer
thirst,
d breadfruit piled on rushes by your feet;
t will not furnish you a standing guard—
have fish to net and spear, taro to hoe,
gs to fatten, coco-trees to climb;
r are our poets so bedulled in spirit
ey would mount a platform, praising in
worn verse
ose fusillades of lightning hurled by you
giants in a first day-break of time:
hom you disarmed and stretched in a
rock-cave
t unlike this—you have forgotten where.


BLACK

ack drinks the sun and draws all colours


to it.
m bleached white, my truant love. Come
back,
d stain me with intensity of black.


WHOLE LOVE

ery choice is always the wrong choice,


ery vote cast is always cast away—
w can truth hover between alternatives?

en love me more than dearly, love me


wholly,
ve me with no weighing of circumstance,
I am pledged in honour to love you:

th no weakness, with no speculation


what might happen should you and I
prove less
an bringers-to-be of our own certainty.
ither was born by hazard: each foreknew
e extreme possession we are grown into.


SONG: THE FAR
SIDE OF YOUR
MOON

e far side of your moon is black,


And glorious grows the vine;
k anything of me you lack,
But only what is mine.

urs is the great wheel of the sun,


And yours the unclouded sky;
en take my stars, take every one,
But wear them openly.
lking in splendour through the plain
For all the world to see,
nce none alive shall view again
The match of you and me.


THE P’ENG THAT
WAS A K’UN
(Adapted from the Chinese of Lao
Tse)

Northern seas there roams a fish called


K’un,
how many thousand leagues in length I
know not,
hich changes to a bird called P’eng—its
wing-span
how many thousand leagues in width I
know not.
ery half-year this P’eng, that was a
K’un,
ns out its glorious feathers to the
whirlwind
d soars to the most Southerly pool of
Heaven.

e Finch and Sparrow, thus informed,


debated:
We by our utmost efforts may fly only
yonder elm. How can the P’eng outdo
us?»
ough, indeed, neither started as a fish.


IN PERSPECTIVE

hat, keep love in perspective?—that old


lie
rced on the Imagination by the Eye
hich, mechanistically controlled, will tell
w rarely table-sides run parallel;
w distance shortens us; how wheels are
found
al in shape far oftener than round;
w every ceiling-corner’s out of joint;
w the broad highway tapers to a point—
n all this fool us lovers? Not for long:
en the blind will sense that something’s
wrong.

HOODED FLAME

ve, though I sorrow, I shall never grieve:


ief is to mourn a flame extinguished;
rrow, to find it hooded for the hour
hen planetary influences deceive
d hope, like wine, turns sour.


SONG: DEW-DROP
AND DIAMOND

e difference between you and her


hom I to you did once prefer)
clear enough to settle:
e like a diamond shone, but you
ine like an early drop of dew
ised on a red rose-petal.

e dew-drop carries in its eye


ountain and forest, sea and sky,
th every change of weather;
ntrariwise, a diamond splits
e prospect into idle bits
at none can piece together.


ALL EXCEPT
HANNIBAL

apped in a dismal marsh, he told his


troops:
o lying down, lads! Form your own
mess-groups
d sit in circles, each man on the knees
the man behind; then nobody will
freeze.»

ey obeyed his orders, as the cold sun set,


owsing all night in one another’s debt,
except Hannibal himself, who chose
s private tree-stump—he was one of
those!


FACT OF THE ACT

the other side of the world’s narrow


lane
u lie in bed, your young breasts tingling
th imagined kisses, your lips puckered,
ur fists tight.

eaming yourself naked in my arms,


ee from discovery, under some holm oak;
e high sun peering through thick
branches,
winds mute.
dlessly you prolong the moment
your delirium: a first engagement,
ent, inevitable, fearful,
ney-sweet.

ll it be so in fact? Will fact mirror


ur virginal ecstasies:
ue love, uncircumstantial,
blame, no shame?

s for you, now, to say «come»;


s for you, now, to prepare the bed;
s for you as the sole hostess
your white dreams—
s for you to open the locked gate;
s for you to shake red apples down,
s for you to halve them with your hands
at both may eat.

expectation lies as far from fact


fact’s own after-glow in memory;
ct is a dark return to man’s beginnings,
st of our hardihood, test of a willful
d blind acceptance of each other
also flesh.


TO BE IN LOVE

spring impetuously in air and remain


eading on air for three heart-beats or
four,
en to descend at leisure; or else to scale
e forward-tilted crag with no hand-
holds;
disembodied, to carry roses home
om a Queen’s garden—this is being in
love,
aced with agilitas and subtilitas
which few famous lovers ever guessed
ough children may foreknow it, deep in
dream,
d ghosts may mourn it, haunting their
own tombs.
d peacocks cry it, in default of speech.


SHE TO HIM

have it, sweetheart, is to know you have


it
ther than think you have it;
think you have it is a wish to take it,
ough afterwards you would not have it—
d thus a fear to take it.
if you know you have it, you may take it
d know that still you have it.


THE YET
UNSAYABLE

was always fiercer, brighter, gentler than


could be told
en in words quickened by Truth’s dark
eye:
absence, whirlpool; its presence,
deluge;
time, astonishment; its magnitude,
murderous dagger-point.
So we surrender
r voices to the dried and scurrying
leaves
d choose our own long-predetermined
path
om the unsaid to the yet unsayable
silence of love and love’s temerity.


WITHIN REASON

u have wandered widely through your


own mind
d your own perfect body;
us learning, within reason, gentle one,
erything that can prove worth the
knowing.

oncise wisdom never attained by those


diless nobodies
ho travel pen in hand through others’
minds,
t without reason,
eding on manifold contradiction.
stand perplexed by love’s
inconsequences
ke fire-flies in your hair
distant flashes of a summer storm:
ch are the stabs of joy you deal me
ho also wander widely through my mind
d still imperfect body.


THE OLIVE-YARD

w by a sudden shift of eye


e hitherto exemplary world
kes on immediate wildness
d birds, trees, winds, the very letters
our childhood’s alphabet, alter
o rainbowed mysteries.

esh is no longer flesh, but power;


mbers, no longer arithmetical,
nce like lambs, fly like doves;
d silence falls at last, though silken
branches
ntly heave in the near olive-yard
d vague cloud labours on.

hose was the stroke of summer genius


ung from a mountain fastness
here the griffon-vulture soars
at let us read our shrouded future
easily as a book of prayer
read open on the knee?


SONG: BEYOND
GIVING

ere is a giving beyond giving:


Yours to me
ho awoke last night, hours before the
dawn,
Set free
one intolerable lightning stroke
That ripped the sky
understand what love withholds in love,
And why.


SONG:
YESTERDAY ONLY

t today, not tomorrow,


terday only:
ong-lasting yesterday
vised by us to swallow
day with tomorrow.

hen was your poem hidden


derneath my pillow,
hen was your rose-bush planted
derneath my window—
terday only?
een leaves, red roses,
azoned upon snow,
ong-lasting yesterday,
day with tomorrow,
ways and only.


SONG: OLIVE
TREE

ll down a blessing
that green sapling,
udden blessing
r true love’s sake
that green sapling
amed by our window
th her leaves twinkling
we lie awake.
o birds flew from her
the eye of morning
eir folded feathers
the sun to shake.
gury recorded,
ion rewarded
th an arrow flying
th a sudden sting,
th a sure blessing,
th a double dart,
th a starry ring,
th music from the mountains
the air, in the heart
is bright May morning
-echoing.


ARROW ON THE
VANE

ddenly, at last, the bitter wind veers


round
om North-East to South-West. It is at
your orders;
d the arrow on our vane swings and
stays true
your direction. Nothing parts us now.
hat can I say? Nothing I have not said,
wever the wind blew. I more than love,
when you drew me bodily from the dead.


THE GARDEN

hanced in a tower, asleep, dreaming


about him,
e twin buds of her breasts opening like
flowers,
r fingers leafed and wandering…
Past the well
ossoms an apple-tree, and a horde of
birds
sted in the close thickets of her hair
umble in dreamy dissonance,
lling him to the garden, if he dare.


THE GREEN-
SAILED VESSEL

are like doves, well-paired,


ering across a meadow—
ildren’s voices below,
eir song and echo;

ke raven, wren or crow


at cry and prophesy,
hat do we not foreknow,
hether deep or shallow?

ke the tiller and prow


a green-sailed vessel
yaging, none knows how,
tween moon and shadow;

ke the restless, endless


ossoming of a bough,
ke tansy, violet, mallow,
ke the sun’s afterglow.

sharp resemblances
hat further must I show
til your black eyes narrow,
rrowing your clear brow?


TESTAMENT

re melody, love without alteration,


ame without smoke, cresses from a clean
brook,
e sun and moon as it were casting dice
th ample falls of rain,
en comes the peaceful moment of
appraisal,
e first and last lines of our testament,
th you ensconced high in the castle
turret,
mbing your dark hair at a silver mirror,
d me below, sharpening my quill again.
is body is now yours; therefore I own it.
ur body is now mine; therefore you own
it.
for our single heart, let it stay ours
nce neither may disown it
hile still it flowers in the same dream of
flowers.


THE ROSE

hen was it that we swore to love forever?


hen did this Universe come at last to be?
e two questions are one.

tch me a rose from your rose-arbour


bless this night and grant me honest
sleep:
ep, not oblivion.


CLIFF AND WAVE

nce first you drew my irresistible wave


break in foam on your immovable cliff,
occupy the same station of being—
t as in wedlock harboured close
together,
t beyond reason, co-identical.
w when our bodies hazard an encounter,
ey dread to engage the fury of their
senses,
d only in the brief dismay of parting
ll your cliff shiver or my wave falter.


THE TITLE OF
POET

ets are guardians


a shadowy island
th granges and forests
rmed by the Moon.

me back, child, come back!


u have been far away,
used among phantoms,
serving silence.

hoever loves a poet


ntinues whole-hearted,
r other loves or loyalties
stinct and clear.

e is young, he is old
d endures for her sake
ch fears of unease
distance provokes.

how can he warn her


hat natural disasters
ll plague one who dares
neglect her poet?…
r the title of poet
mes only with death.

CORONET OF
MOONLIGHT

ch was the circumstance of our first


love:
a, silence, a full moon.
vertheless, even the same silence
mended by a distant nightingale
om the same past, and gently heaving
surf,
ings me no sure revival of our dream—
r to be surely with you is to sleep,
ving well earned my coronet of
moonlight
no mere counting of processional sheep.

SONG: TO
BECOME EACH
OTHER

love you truly


I must become you,
d so to love you
I must leave behind
that was not you:
All jewelled phantoms
fabrications
Of a jealous mind.

r man and woman


To become each other
far less hard
Than would seem to be:
eternal serpent
With eyes of emerald
ands curled around
This blossoming tree.

ough I seem old


As a castle turret
d you as young
As the grass beneath
s no great task
To become each other
here nothing honest
Goes in fear of death.

TILTH
Robert Graves, the British veteran, is no
longer in the poetic swim. He still resorts
to traditional metres and rhyme, and to such
out-dated words as tilth; withholding his
100% approbation also from contemporary
poems that favour sexual freedom.
FROM A NEW YORK CRITICAL WEEKLY

ne are the drab monosyllabic days


hen «agricultural labour» still was tilth;
d «100% approbation», praise;
d «pornographic modernism», filth—
still I stand by tilth and filth and praise.

SONG: THE
PROMISE

hile you were promised to me


t still were not yet given,
ere was this to be said:
ough wishes might be wishes,
promise was a promise—
ke the shadow of a cedar,
the moon overhead,
the firmness of your fingers,
the print of your kisses,
your lightness of tread,
th not a doubt between us
ce bats began their circling
mong the palms and cedars
d it was time for bed.


NIGHTMARE OF
SENILITY

en must I punish you with trustfulness


nce you can trust yourself no more and
dread
esh promptings to deceive me? Or
instead
ust I reward you by deceiving you,
heaping coals of fire on my own head?
e truth and friendship dead?

d why must I, turning in nightmare on


you,
wl out my lies as though to make them
true?
f this Now were once, when pitifully
u dressed my wounds, kissed and made
much of me,
ough warned how things must be!

***
ry well, then: my head across the block,
mile on your pursed lips, and the axe
poised
r a merciful descent. Ministering to you
en in my torment, praising your firm
wrists,
ur resolute stance… How else can I
protect you
om the curse my death must carry, except
only
begging you not to prolong my pain
yond these trivial years?
I am young again.
watch you shrinking to a wrinkled hag.
ur kisses grow repulsive, your feet shuffle
d drag. Now I forget your name and
forget mine.
matter, they were always equally
«darling».
r were my poems lies; you made them so
mystify our friends and our friends’
friends.
were the loveliest pair: all-powerful
too,
til you came to loathe me for the hush
at our archaic legend forced on you.


THOSE BLIND
FROM BIRTH

ose blind from birth ignore the false


perspective
those who see. Their inward-gazing eyes
oaden or narrow no right-angle;
r does a far-off mansion fade for them
match-box size.

ose blind from birth live by their four


sound senses.
ly a fool disguises voice and face
hen visiting the blind. Smell, tread and
hand-clasp
nounce just why; and in what mood, he
visits
at all-observant place.


SHOULD I CARE?

hould I care», she asked, «his heart


being mine,
his body be another’s?—
ould I long for children and a full
clothes-line?
ildren, indeed, need mothers,
t do they still need fathers?
d now that money governs everything
ould a country need a king?»


FAST BOUND
TOGETHER

st bound together by the impossible,


e everlasting, the contempt for change,
meet seldom, we kiss seldom, seldom
converse,
aring no pillow in no dark bed,
owing ourselves twin poets, man with
woman,
millennial coincidence past all argument,
laughter and all wonder.


THREE WORDS
ONLY

ars from our eyes


art out suddenly
til wiped away
the gentle whisper
three words only.

d how should we stifle


ief and jealousy
at would jerk us apart
re it not for an oracle
three words only?
ree words only,
ll seven years waiting
th prolonged cruelty
ght by night endured
r three words only.

eetheart, I love you


re in the world’s eye
d always shall do
th a perfect faith
three words only.

t us boast ourselves
ll to be poets
hose power and whose faith
ng at this tall altar
three words only.


SONG: SEVEN
FRESH YEARS

o full generations
d parted our births
still I could love you
yond all concealment,
fear, all reproach,
til seven fresh years
ling distance and time
d established our truth.

ve brooded undimmed
r a threatening new age,
we travelled together
rough torment and error
yond jealousy’s eras
midnight and dawn,
til seven fresh years
ling distance and time
d established our truth.


SEPTEMBER
LANDSCAPE

ive-green, sky-blue, gravel-brown,


th a floor of tumbled locusts,
d along the country lane
bel dances dressed in red
ect, thinking aloud,
amed against sudden cloud
d its bold promise of much-needed rain


CRUCIBLES OF
LOVE

om where do poems come?


om workshops of the mind,
do destructive armaments,
ilosophic calculations,
hemes for man’s betterment?

are poems born simply


om crucibles of love?
ay not you and I together
grossed with each other
sess their longevity?
r who else can judge merits
define demerits—
is remains a task for lovers
ld fast in love together
d for no others.


AT THE GATE

here are poems? Why do I now write


none?
is can mean no lack of pens, nor lack of
love,
t need perhaps of an increased magic—
here have my ancient powers suddenly
gone?

night I caught a glimpse of her at the


gate
appling a monster never found before,
d jerking back its head. Had I come too
late?
r eyes blazed fire and I could look no
more.

hat could she hold against me? Never yet


d I lied to her or thwarted her desire,
jecting prayers that I could never forget,
aling green leaves to light an alien fire.


THE SENTENCE

this a sentence passed upon us both


r too ambitious love in separation:
t as an alien intervention or intrusion
t as heaviness and silence,
a death in absence?

have lived these seven years beyond


recourse,
ch other’s single love in separation:
whispered name before sleep overtakes us
d before morning wakes us
some far-distant station.
t us not hold that either drew apart
weariness or anger or adventure,
the resolve to nurse a single heart…
ll it an irresistible thunderbolt.
was not my fault, love, nor was it your
fault.


THE UNPENNED
POEM

ould I wander with no frown, these idle


days,
y dark hair trespassing on its pale brow

so, without companionship or praise,
ust I revisit marshes where frogs croak
ke me, mimicking penitential ways?

e you still anchored to my slow, warm


heart
er long years of drawing nightly nearer
d visiting our haunted room, timely
ffling its corners with love’s hidden
mop?
d still must we not part?

hat is a poem if as yet unpenned


ough truthful and emancipated still
om what may never yet appear,
om the flowery riches of still silent song
om golden hours of a wakeful Spring?

proach me, Rhyme; advise me, Reason!


e wind blows gently from the mountain
top.
t me display three penetrative wounds
hite and smooth in this wrinkled skin of
mine,
ll unacknowledged by the flesh beneath.

poem may be trapped here suddenly,


rusting its adder’s head among the
leaves,
thout reason or rhyme, dumb—
if not dumb, then with a single voice
bbed of its chorus.

re looms November. When last did I


approach
per with ink, pen, and the half truth?
vise me, Reason!

THE GREEN
WOODS OF
UNREST

t the weeks end as well they must


t with clouds of scattered dust
t in pure certainty of sun—
d with gentle winds outrun
the love that we contest
these green woods of unrest.
u, love, are beauty’s self indeed,
ver the harsh pride of need.


ROBERT GRAVES nació en Wimbledon
el año 1895 y murió en diciembre de
1985 en Deyá (Mallorca), donde residió
habitualmente desde el término de la
Segunda Guerra Mundial. En 1961 fue
nombrado profesor de poesía en Oxford.
Ha escrito numerosas novelas —Yo,
Claudio y El dios Claudio y su esposa
Mesalina (ambas de 1934), El conde
Belisario (1938), La esposa de Mr.
Milton (1943), El vellocino de oro
(1944), El rey Jesús (1946) y La hija de
Homero (1955), algunas de las cuales
han tenido enorme difusión. Se le debe
también una espléndida autobiografía
—Adiós a todo eso (1929)—, diversos
ensayos críticos sobre literatura
—Sobre poesía inglesa (1922), El
asfódelo común (1949) y El máximo
privilegio (1955)— y algunos cuentos
para niños. Sus libros de poemas, mucho
más complejos que su obra narrativa,
hacen de él uno de los grandes poetas en
lengua inglesa de nuestro siglo.