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El Idealismo Trascendental de Immanuel Kant

1. Immanuel Kant – Biografía y Obra


2. El Idealismo Trascendental de Immanuel Kant
3. La Estética, La Analítica y La Dialéctica Trascendental de Kant
4. La Razón Práctica de Kant
5. Immanuel Kant, pone fin a la idea del ser en si, en forma radical
6. No hay objeto para conocer con una realidad trascendente, sin un sujeto pensante.
7. Para Kant, la filosofía principalmente es una teoría del conocimiento; y cuando
habla de conocimiento se está refiriendo a una ciencia como la físico matemática de
la naturaleza de Newton.
8. Esta ciencia está constituida por juicios, o sea enunciados objetivos de una cosa, que
pueden ser analíticos y sintéticos.
9. Los juicios analíticos enuncian verdades irrefutables como por ejemplo: El triángulo
tiene tres ángulos; y en cuanto a los sintéticos, son enunciados que tienen que ser
comprobados con la experiencia, por ejemplo: El calor dilata los cuerpos.
10. Los juicios analíticos no dependen de la experiencia, o sea que son “a priori” de los
hechos y se basan en el principio de identidad que dice que todo objeto es igual a si
mismo. Estos juicios son universales, válidos en todo tiempo y espacio, verdaderos
y necesarios.
11. La base de la legitimidad de los juicios sintéticos es la percepción sensible, son
verdadero en tanto se puedan comprobar con la experiencia, quiere decir que su
validez está limitada, son particulares y contingentes, o sea, no necesarios.
12. Los juicios analíticos no nos permiten descubrir nada nuevo y los sintéticos
tampoco porque están limitados al presente.
13. Por lo tanto, Kant propone que es indispensable que los juicios de la ciencia sean a
la vez sintéticos y “a priori”.
14. Significa que el conocimiento científico debe ser “a priori” o analítico, producto de
una intuición intelectual y también sintético avalado en el aquí y ahora por la
experiencia.
15. El conocimiento consiste en una serie de enunciados, cada uno de los cuales
incorpora un nuevo saber a los que ya han sido alcanzados.
16. Los juicios sintéticos comprobados por la experiencia, no tendrían ningún valor si
sólo tuvieran el fundamento de la percepción sensible, tendrían solamente una
validez precaria y nadie estaría seguro de lo que enuncian.
17. En su libro de 700 páginas, “Crítica de la razón pura”, Kant trata de contestar si son
posibles los juicios sintéticos y “a priori” en la matemática, en la física y en la
metafísica, y toda la filosofía de Kant se centra en estas tres preguntas.
18. En matemática, en física, en metafísica todo el conocimiento humano está formado
por juicios sintéticos y “a priori, o sea obtenidos por intuición, fuera del análisis
conceptual y del razonamiento e independientes de la experiencia.
19. El espacio “a priori” independiente de la experiencia, es la condición para que las
cosas sean objeto de conocimiento.
20. El espacio “a priori” es el supuesto de la geometría porque los conceptos
geométricos se construyen, no se definen.
21. Se puede aplicar la geometría a todas las cosas de la experiencia que están en
armonía perfecta entre la construcción mental geométrica y la realidad.
22. El espacio es la forma de la sensibilidad y nuestra capacidad de sentir le da a las
sensaciones la forma del espacio, que es la forma “a priori” de todas las cosas.
23. El espacio y el tiempo son la condición de la posibilidad de las cosas, es algo que
proyectamos en los objetos dándoles el carácter de espaciales que luego
encontramos siempre en la experiencia.
24.
25. IDEALISMO TRASCENDENTAL O CRÍTICO
26. TÍTULO CON EL QUE SE CARACTERIZA LA FILOSOFÍA KANTIANA.
27. Kant utilizó la expresión "idealismo trascendental" para designar su
propia filosofía y distinguirla del idealismo de Berkeley. Lo esencial de esta
doctrina es la afirmación de que el conocimiento humano sólo puede referirse a
los fenómenos y no a las cosas en sí mismas. Esta tesis implica, en primer
lugar, que en la experiencia de conocimiento el psiquismo humano influye en el
objeto conocido, y, en segundo lugar, la afirmación de los límites del
conocimiento humano. El idealismo filosófico se contrapone al realismo
filosófico, teoría según la cual la experiencia de conocimiento no influye o
determina al objeto conocido sino que en ella el objeto se muestra sin
distorsiones esenciales a la mente que lo conoce. Muchos autores creen que el
idealismo kantiano es una forma sofisticada de subjetivismo y de relativismo.

IDEALISMO
El idealismo es la teoría filosófica para la cual la realidad es una consecuencia de la
actividad del sujeto. Hay que tener cuidado con esta definición pues nadie niega que
existen ciertas realidades que son consecuencia de la actividad del sujeto: los objetos
artificiales los ha creado el hombre gracias a la intervención de su cuerpo, el artesano crea
físicamente un objeto a partir del movimiento de sus manos y de la planificación de su
mente; por otro lado, los objetos de la fantasía también dependen de nosotros, en este caso
no de nuestro cuerpo sino de nuestra mente. Cuando se indica que para el idealismo la
realidad es consecuencia de la actividad del sujeto no se quiere decir nada de lo anterior.
Esa actividad no es la de los órganos corporales del sujeto, y la realidad creada de este
modo no es una mera fantasía como en el caso de los productos de la imaginación. El
idealismo considera que en el acto de conocimiento el sujeto que conoce influye en la
realidad conocida, que la mente está sometida a unos procesos o mecanismos que
determinan y construyen la realidad del objeto conocido. Un ejemplo claro de idealismo es
el de la filosofía kantiana: Kant creyó que la mente impone a la realidad conocida
características que son consecuencia de la propia naturaleza de la mente (el tiempo y el
espacio, por ejemplo).

El idealismo filosófico se contrapone al realismo filosófico. Podemos comprender


qué es el idealismo si lo comparamos con el realismo, la posición filosófica opuesta:

1) para el realismo

 la realidad conocida existe aunque nosotros no la conozcamos;


 a la realidad conocida no le afecta para nada el hecho de que nosotros la
conozcamos, su ser no queda modificado por el acto de conocimiento, por el hecho
de haberla conocido o de estar ahora conociéndola;
en resumen, la cosa conocida es independiente del sujeto cognoscente;

2) sin embargo, para el idealismo

 la realidad conocida tiene existencia sólo en la medida en que nosotros la


conocemos;
 a la realidad conocida le afecta o influye el hecho de ser conocida por nosotros, es
como es porque nosotros la conocemos;
en resumen: la realidad conocida no es independiente del sujeto cognoscente.

Por estas tesis, para muchos autores el idealismo no es


otra cosa que una forma sofisticada de subjetivismo. El
idealismo es una concepción filosófica difícil de aceptar,
y ello precisamente porque parece contraria a nuestras
convicciones más básicas; se suele indicar que el sentido
común es realista que la actitud natural o espontánea de
las personas es realista pues de forma espontánea
tendemos a considerar que lo que conocemos (lo que
percibimos, lo que nos enseña la ciencia) está en la
realidad antes que lo conozcamos, que las cosas existen
fuera de nuestro pensamiento.

Se han dado distintas formas de idealismo, aunque curiosamente todas después de la


filosofía cartesiana. Hasta la Edad Moderna la filosofía había sido realista, con distintas
variantes y matices, pero en general realista. A partir de Descartes muchos autores han
defendido el idealismo, seguramente como consecuencia del descubrimiento de la
subjetividad como el ámbito de la evidencia absoluta y de la convicción cartesiana de que
el objeto inmediato de nuestro conocimiento no es la realidad en sí misma sino la
representación de la realidad en nuestra mente (las ideas). Las diferencias más importantes
entre los sistemas filosóficos idealistas las tenemos en las dos cuestiones siguientes:

 los límites en la tesis de que en el conocimiento el sujeto determina la realidad del


objeto conocido: así para el idealismo de Berkeley, Dios y las otras mentes existen
de modo independiente al propio pensamiento (no es idealista respecto de su
realidad), pero las cosas materiales agotan su ser en ser percibidas, en ser conocidas
(sí es idealista respecto de su realidad); para Kant nuestra mente influye en el
objeto conocido, pero más allá de la realidad conocida hay otra realidad plena,
independiente de nuestro pensamiento, incognoscible pero cierta: la cosa en sí; para
el idealismo hegeliano, todo es producto del pensamiento, no existe esa supuesta
realidad en sí que esté más allá de lo conocido;
 el problema de identificar quién es el sujeto que realiza las distintas síntesis o
actividades de conocimiento: para Berkeley el sujeto cognoscente es el hombre
concreto, cada persona que percibe y piensa; para Kant el sujeto cognoscente no se
puede identificar con el sujeto empírico, con el sujeto que se ofrece en la
experiencia y cuya mente se da ya en el tiempo y cuyo cuerpo en el tiempo y en el
espacio. Kant no aclaró adecuadamente quién o qué es el sujeto del cual se predican
las categorías y el resto de estructuras aprióricas que influyen en el conocimiento y
al que llamó sujeto trascendental. Para Hegel el sujeto del pensamiento en el que se
muestra y se crea la realidad no es el hombre concreto, el sujeto empírico; este
filósofo habla de la Razón, la razón con mayúscula, que parece identificar con lo
que ordinariamente llamamos Dios o Infinito.

Kant utilizó la expresión "idealismo trascendental" para designar su propia filosofía


y distinguirla del idealismo de Berkeley. Lo esencial de esta doctrina es la afirmación de
que el conocimiento humano sólo puede referirse a los fenómenos y no a las cosas en sí
mismas ni a las supuestas realidades trascendentes o metafísicas. Esta tesis implica, en
primer lugar, que en la experiencia de conocimiento el psiquismo humano influye en el
objeto conocido, y, en segundo lugar, la afirmación de los límites del conocimiento
humano. En su análisis del conocimiento humano, Kant estudió cada una de las facultades
cognoscitivas del ser humano, principalmente para descubrir qué depende de la experiencia
y qué del propio dinamismo y estructura del psiquismo. Las facultades cognoscitivas son
tres: la Sensibilidad o capacidad para tener sensaciones, el Entendimiento o capacidad
para disponer de conceptos y construir juicios o proposiciones y la Razón o capacidad para
argumentar. En cada una de ellas encontró un aspecto o dimensión empírica, consecuencia
del trato que el sujeto tiene con el mundo, y una dimensión a priori, que es lo que el sujeto
aporta o pone en el conocimiento, y en este sentido es anterior a la experiencia.

La relevancia de Kant para la psicología es múltiple: por una parte, negó la posibilidad de construir
teorías puramente racionalistas sobre el psiquismo, rechazando la llamada "psicología racional" del alma y
proponiendo el desarrollo de lo que se ha dado en llamar "psicología empírica" de la mente (de los
"fenómenos psíquicos"). Pero más interesante resulta su consideración de que el psiquismo, el sujeto, es
activo, no pasivo (no un "papel en blanco", al estilo de la concepción empirista). En el conocimiento el sujeto
aporta algo, trabaja sobre los datos inmediatos que se ofrecen a la experiencia, los estructura, les da una
forma, procurando distintas formas de orden y sentido a la experiencia. Con estas ideas, se puede afirmar que
Kant es un claro antecedente de algunas tesis y teorías psicológicas de claro interés, desde la noción de
"apercepción" de Wundt hasta las teorías cognitivas y constructivistas de tanta relevancia en la psicología
científica reciente.

¿Que es el Idealismo Kantiano?


También llamado IDEALISMO TRASCENDENTAL O CRÍTICO; Kant utilizó la expresión "idealismo
trascendental" para designar su propia filosofía y distinguirla del idealismo de Berkeley. Lo esencial
de esta doctrina es la afirmación de que el conocimiento humano sólo puede referirse a los
fenómenos y no a las cosas en sí mismas. Esta tesis implica, en primer lugar, que en la experiencia
de conocimiento el psiquismo humano influye en el objeto conocido, y, en segundo lugar, la
afirmación de los límites del conocimiento humano. El idealismo filosófico se contrapone al
realismo filosófico, teoría según la cual la experiencia de conocimiento no influye o determina al
objeto conocido sino que en ella el objeto se muestra sin distorsiones esenciales a la mente que lo
conoce. Muchos autores creen que el idealismo kantiano es una forma sofisticada de subjetivismo y
de relativismo.
PENSAMIENTO:

Immanuel Kant (1724-1804), filósofo alemán, es considerado por muchos como el pensador más
influyente de la era moderna. Sus obras más conocidas e influyentes son Crítica de la razón pura,
Crítica de la razón práctica y Fundamentación de la metafísica de las costumbres, entre otras.

El pensamiento de Kant surge motivado por la situación específica en la que se encontraban la


filosofía y la sociedad de su tiempo y por una exigencia de clarificación del hombre y de la
sociedad. Esta exigencia de clarificación fue asumida por la filosofía kantiana como su tarea
principal.

Las antagónicas interpretaciones de la razón (dogmatismo racional, positivismo empirista,


irracionalismo) y el modo en que los seres humanos viven la época de ilustración, le imponen,
según Kant, la necesidad de llevar a cabo su crítica de la razón.

Kant registra una situación humana de “minoría de edad”, propiciada por la pereza y la falta de
verdadera libertad. La tarea de la crítica de la razón tendrá como objetivo primordial la realización
de la libertad, la superación de la constricción civil y la constricción de la conciencia. Estas
limitaciones de la libertad coartan el uso de la razón sometiéndola a instancias ajenas a la legalidad
impuesta por ella misma.

La crítica de la razón será, pues, la exigencia de clarificación que el ser humano se impone sobre lo
que es y sobre sus últimos fines e intereses.

La filosofía kantiana incluye un doble elemento: una crítica de las desnaturalizaciones de la razón y
un proyecto de un estado nuevo de la humanidad e libertad. El cumplimiento de ambos objetivos
requiere descubrir y establecer cuáles son los principios, las leyes y los fines últimos que la razón
impone desde sí misma.

Según este proyecto, la “razón pura” significa la esencia de la razón en tanto que facultad que
establece desde sí misma:

· Los principios que rigen el conocimiento de la naturaleza.

· Las leyes que regulan el comportamiento en cuanto acción moral o libre.

· Los fines últimos de esta razón, así como las condiciones en que podrán ser alcanzados.

¿Qué es el idealismo trascendental?

Gustavo Bueno
Coincidiendo con el final del año 2004, en el que se ha conmemorado el bicentenario de la
muerte de Kant, se bosqueja el significado que pudiera atribuirse al idealismo trascendental
en el proceso de la llamada «civilización occidental», sin circunscribirlo a la perspectiva
que considera al idealismo como un episodio importante de la Historia de la Filosofía

El significado de la gigantesca obra que Kant, tras muchos años de esforzado trabajo,
designó como Sistema del Idealismo trascendental, puede medirse no sólo por la revolución
que, apoyándose sin duda en movimientos precursores, ella logró cristalizar en forma de un
sistema más o menos consistente, sino también, y sobre todo, históricamente, por la
influencia que este sistema logró ejercer sobre la posterioridad. Y no ya sólo en su
posterioridad inmediata (el idealismo alemán, el materialismo histórico, a través de Hegel
sobre todo), sino también en las ideologías de nuestro presente, a más de doscientos años de
distancia de su vida.

Kant, mediante el sistema del idealismo trascendental, logró reunir de un modo nuevo las
líneas maestras que venían desplegándose en las concepciones del mundo antiguas,
medievales y modernas. Con Kant comienza verdaderamente la filosofía contemporánea, y
no falta razón a quienes consideran a Kant como el Aristóteles de la época moderna.

Pero la revolución copernicana que Kant imprimió a la concepción cristiana del Mundo fue,
cuanto a su fondo metafísico, una revolución de 360º, es decir, una revolución
conservadora, una «transformación idéntica». El «espíritu» de esta revolución es el espíritu
de la Utopía, del pacifismo armónico, que confía en Dios, en la legalidad de la Naturaleza,
y aún en el Alma, de algún modo inmortal (o postulada como tal), para que sirvan, no sólo
de consuelo a los hombres, sino también de guía de sus normas y de garantía de su
tranquilidad. La única condición es que todos cumplan con su deber, con su imperativo
categórico. Lo demás «se nos dará por añadidura».

En nuestra época, muy pocos, entre los más «ilustrados», pueden representarse hoy esta paz
futura colectiva, o esa vida individual tras la muerte, al modo mitológico (el «estado final»,
la «isla de los afortunados», o la beatitud personal de ultratumba, que cada cual podría
alcanzar en los Campos Elíseos, provisto de una lira celestial con la que acompañarse para
cantar eternamente la gloria de Dios). Pero tampoco se hace ningún esfuerzo para dejar de
lado estas representaciones: sencillamente se mantienen las formas, dejando «fuera de
foco» sus únicos contenidos posibles. Esto parece suficiente.

Y esto es lo que hizo Kant: «legitimar» ante el racionalismo materialista ilustrado, que se
alimentaba de las nuevas ciencias emergentes (la Mecánica, la Biología, la Antropología),
la concepción tradicional espiritualista cristiana, del Alma, del Mundo y de Dios. La
«legitimación» se lleva a cabo interpretando los resultados de la Crítica de la Razón Pura
como orientados, no ya a destruir (como pretendía el materialismo) la fe tradicional en el
Alma inmortal, en el orden cósmico armónico, o el Dios justo (que el dogmatismo de la
metafísica tradicional pretendía demostrar científicamente), sino a poner coto a las
pretensiones del materialismo, un coto tan firme como se lo ponía el dogmatismo de la
metafísica tradicional.
Kant, una vez presentada su crítica a la metafísica espiritualista tradicional, y una vez
presentada la crítica al materialismo (considerado también como metafísico), cree haber
logrado «levantar una muralla» capaz de defender, contra el materialismo, la fe en el Alma,
en el Mundo y en Dios. Con razón ha sido considerado Kant como el verdadero fundador,
avant la lettre, del «agnosticismo», pero en un sentido aún más profundo del que dio a este
término su creador, Th. Huxley. Huxley entendió el agnosticismo, ante todo, como
«agnosticismo positivo», es decir, como suspensión del juicio ante la dogmática positiva
revelada de una Iglesia determinada. Pero el «agnosticismo de Kant» se establece en un
terreno más abstracto (compatible con el antignosticismo, con la crítica a toda revelación,
tal como se desarrolla en La Religión dentro de los límites de la razón pura). Por ello, el
agnosticismo de Kant es, si cabe, más insidioso que el agnosticismo positivo de Huxley.
(Una exposición más amplia de este concepto de agnosticismo en el Diccionario filosófico
de Pelayo García Sierra.)

Del agnosticismo de Kant podría decirse que estaba llamado a suministrar la cobertura
ideológica de las sociedades capitalistas, irracionalistas, pero no materialistas; de las
sociedades tolerantes, pacifistas. También de las democracias cristianas, y de la Iglesia
aggiornata que, una vez pasada la primera reacción contra Kant, verá en Kant un aliado
contra el materialismo.

Reiteramos nuestra afirmación de que no falta razón a quienes consideran a Kant como el
Aristóteles de la época moderna.

Época, la de nuestro presente, en la cual la influencia de Kant resulta ser más directa –una
vez retiradas las mediaciones hegelianas y marxistas– que la que tuvo en el siglo XIX y
XX, sobre todo después de la caída del fascismo y del socialismo real. Puede decirse que,
en general, la ideología de nuestros científicos (el teoreticismo, por ejemplo) es en gran
medida kantiana (aunque no porque la «ciencia misma» lo sea). Asimismo podrá decirse
que la ideología de la política democrática de mercado, una vez derrumbada la Unión
Soviética, tiene también en líneas generales la inspiración kantiana. Recordemos, por
ejemplo, la creación de la Sociedad de las Naciones por inspiración del Presidente Wilson,
que era kantiano; recordemos a Rawls y su teoría de la justicia; recordemos la teoría de la
paz perpetua entre las democracias de Michael Doyle, &c. También la metodología de la
Libertad, a través de la Cultura, asumida por la mayor parte de los estados democráticos, en
la época de la «Globalización», es también kantiana.

De todo lo cual podríamos concluir que una de las tareas principales que el materialismo
filosófico tiene que asumir en este bicentenario de la muerte de Kant sigue siendo la tarea
de demolición del sistema del idealismo trascendental, si es verdad que este sigue aún vivo
entre nosotros. Este es nuestro homenaje a Kant: reconocerle su vigencia y redefinir al
materialismo filosófico como un sistema que sólo toma su verdadera conciencia de sí
mismo por su oposición al idealismo kantiano.

2
EL CRITICISMO: RAZÓN TEÓRICA Y RAZÓN PRÁCTICA
Kant, movido por la situación específica en que se encuentran la filosofía y la
sociedad de su tiempo lleva a sus últimas consecuencias la acti
tud crítica característica de su época. Su crítica fecta a los fundamentos o raíces
mismas de la totalidad de la razón o conocimiento humano y va encaminada a
liberar al sujeto definitivamente de tutelas ajenas garantizando su autonomía o
libertad en el ámbito de lo práctico
.El principal problema al que tiene que enfrentarse la filosofía kantianaes de
carácter gnoseológico y viene planteado por las conclusiones a las que
llegantanto el racionalismo como el empirismo. Tiene que ver con el fundamento
de nuestras ideasy se puede formular así: si nuestras ideas se obtienen de la
experiencia (como afirman los empiristas) su valor está limitado por ella, por lo
tanto no es absoluto (la experiencia me aporta datos particulares y concretos de
hechos particulares y concretos) Si, por el contrario, admitimos (como afirman
los racionalistas) que las ideas alcanzan un valor absoluto al margen de la
experiencia, hemos de de justificar cómo se obtienen al margen de la experiencia
las ideas que actúan como fundamento de otras ideas. En el primer caso,
desembocamos en el escepticismo, en el segundo, en el innatismo.
Kant se hizo eco de este problema pese a su dificultad (estaba influido por su
maestro Wolff, que es el máximo representante del racionalismo en Alemania y
por la lectura de las obras de Hume) y comprendió muy pronto que la solución al
mismo pasaba necesariamente por “superar” el racionalismo y el empirismo sin
renunciar a los hallazgos de ambos. Cree haberla encontrado cuando intuye -en
1770- que no es el sujeto el que se adecúa al objeto cuando lo conoce sino el
objeto el que se configura según las reglas que el sujeto le aporta. El problema
consiste ahora en desarrollar racionalmente esta intuición. Piensa que si lo
consigue habrá solucionado los problemas que aquejan a la filosofía y, por
extensión, a la humanidad. Esta tarea le llevó doce largos años.
En el fondo, todo se reduce a intentar demostrar sila metafísica es o no posible
como ciencia.
Toda la filosofía kantiana no es otra cosa que un intento de fundamentar la
metafísica, pero la pregunta por el fundamento de la metafísicaes una pregunta
por el fundamento mismo del conocimiento. Se impone por tanto la necesidad de
someter a crítica las propias facultades cognoscitivas para determinar cuál es el
valor y los límites de la razón humana.
Tarea que nadie había realizado antes pues el análisis del conocimiento se había
centrado en la cuestión metodológica -cómo puedo conocer- pero no en la
cuestión fundamental -qué puedo conocer-.
Kant da por supuesto que se puede tener un conocimiento científico o verdadero
de los objetos y sepregunta acerca de qué es lo que convierte a estas disciplinas
en verdaderas ciencias. Como toda ciencia es un sistema ordenado de juicios,
comienza por estudiar las diferentes clases de juicios a fin de establecer có
mo deben ser los juicios científicos y si estos son
posibles en metafísica.
Puesto que
la ciencia es posible
sus juicios tienen que ampliar nuestro conocimiento
del mundo y, además ser universal y necesariamente
verdaderos. En definitiva, tienen que ser
sintéticos a priori
.
El problema está en encontrar cuál es el fundamento
de estos juicios,
o lo
que es lo mismo, en encontrar cuál es el fundament
o del conocimiento, puesto que el
conocimiento es una síntesis a priori.
3
EL CONOCIMIENTO es una síntesis a priori porque SE
APOYA EN DOS PILARES:
LOS CONCEPTOS que con anterioridad a la experiencia
(por lo tanto a priori)
elabora la
razón subjetiva Y LAS IMPRESIONES SENSIBLES aporta
das por la experiencia
(por lo tanto
a posteriori)
a las que se aplican esos conceptos. Si falta cual
quiera de esos dos elementos el
conocimiento no es posible.
Con Kant se inviertan las funciones que tradicional
mente le correspondían al sujeto y
al objeto del conocimiento
provocando una verdadera revolución en la forma de
entender el
conocimiento. Ahora el sujeto ya no es el que se ac
omoda a los objetos cuando los conoce sino
que
son los objetos -la experiencia- los que han de reg
irse y regularse mediante las estructuras
aportadas por la razón o el sujeto que conoce.
El criticismo kantiano supone un intento de concil
iación y superación del racionalismo y
del empirismo: aunque todo conocimiento ha de prove
nir de la experiencia, sin embargo no
todo conocimiento se agota en ella, ya que si no, n
o obtendríamos nunca certezas con carácter
universal y necesario.
LOS USOS TEÓRICO Y PRÁCTICO DE LA RAZÓN
En la
Crítica de la razón pura,
Kant hizo un considerable esfuerzo por explicar
cómo es
posible el conocimiento de los hechos
(es posible gracias a la conjunción de dos element
os: las
impresiones sensibles procedentes del exterior y ci
ertas estructuras a priori que el sujeto impone
a tales impresiones: las formas de espacio-tiempo y
las categorías o conceptos puros)
y hasta
dónde es posible el conocimiento de objetos
(el conocimiento objetivo sólo tiene lugar en la
aplicación de las categorías a los fenómenos; las d
octrinas metafísicas no proporcionan
conocimientos objetivos porque aplican las categorí
as más allá de la experiencia y eso no les está
cognoscitivamente permitido). Pero
la actividad racional humana no se limita al conoci
miento
de los objetos.
E
l hombre necesita conocer también
cómo ha de obrar.
La razón posee también
una función moral.
Esta doble vertiente de la razón -conocimiento de
objetos y conocimiento moral- puede
expresarse por medio de la distinción
razón teórica y razón práctica
. No se trata de dos razones
diferentes, sino de una misma razón con dos funcio
nes claramente diferenciadas.
La razón
teórica se ocupa de conocer cómo son las cosas y la
razón práctica se ocupa de cómo debe ser
la conducta humana.
A la razón práctica no le interesa cuáles son los m
otivos que determinan
empírica y psicológicamente a los hombres (deseos,
sentimientos...), sino cuáles deben ser los
principios que han de determinarle a obrar si es qu
e su conducta ha de ser racional y, por lo
tanto, moral.
Según Kant, la diferencia entre ambas actividades
racionales se manifiesta en el modo
totalmente distinto en que una y otra expresan sus
principios o leyes: la razón teórica -científica-
formula juicios, mientras que la razón práctica for
mula imperativos o mandamientos.
En su uso teórico, la razón se dirige a aquello que
puede conocer, ya sea científica o
metafísicamente.
El uso teórico de la razón responde a la pregunta
¿Qué podemos conocer? Se
4
trata de determinar la estructura de todo conocimie
nto en general, fundamentalmente del
conocimiento científico.
En su uso práctico la razón ha de determinar los pr
incipios que rigen nuestros
comportamientos y todas aquellas acciones en las qu
e intervenga la libertad
. Este uso
responde la segunda pregunta ¿qué debo hacer?
La razón humana, en sus distintos usos, se estudia
desde una perspectiva
trascendental o crítica. Es decir, interesan las co
ndiciones de posibilidad de todo
conocimiento, así como el establecimiento de sus pr
opios límites.
El desarrollo del método
trascendental se encuentra en las tres críticas kan
tianas: Crítica de la razón pura, Crítica de la
razón pura práctica y Crítica del juicio.
LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD DEL
CONOCIMIENTO
CIENTÍFICO
El principal problema al que tiene que enfrentarse
la filosofía kantiana
es de carácter
gnoseológico y
viene planteado por las conclusiones a las que lleg
an tanto el racionalismo
como el empirismo. Tiene que ver con el fundamento
de nuestras ideas
y se puede formular
así: si nuestras ideas se obtienen de la experienci
a (como afirman los empiristas) su valor está
limitado por ella, por lo tanto no es absoluto (la
experiencia me aporta datos particulares y
concretos de hechos particulares y concretos) Si, p
or el contrario, admitimos (como afirman los
racionalistas) que las ideas alcanzan un valor abso
luto al margen de la experiencia, hemos de de
justificar cómo se obtienen al margen de la experie
ncia las ideas que actúan como fundamento
de otras ideas. En el primer caso, desembocamos en
el escepticismo, en el segundo, en el
innatismo.
En la Crítica de la Razón Pura Kant se ocupa de la
determinación del problema del
conocimiento y del análisis de la posibilidad de la
metafísica como ciencia, con el mismo rigor y
exactitud que los empleados por la matemática y la
física de su época.
Kant entiende por metafísica la disciplina heredad
a de tradiciones filosóficas anteriores
(como la escolástica medieval o la escuela racional
ista) que era considerada como el fundamento
y la base no solo de todas las ciencias sino tambié
n de los valores, la moral, la política etc. pese a
haber caído en un desprecio general.
Según Kant, la matemática y la física han entrado
en el camino seguro de la ciencia, pero
la metafísica no, por las siguientes razones:

la falta de unanimidad. En la física todos los cien
tíficos están de acuerdo sobre las teorías,
pero en la metafísica reina el desacuerdo. Y lo peo
r de todo es que no existe ningún
criterio que permita saber cuáles de las afirmacion
es metafísicas son ciertas y cuáles no lo
son.

El estancamiento. Mientras que el resto de las cien
cias avanzaban la metafísica seguía
estancada, porque nadie se ponía de acuerdo.
Kant se preguntó si era posible la metafísica como
ciencia, pero resolver esta cuestión
obligaba a preguntarse cómo era posible la ciencia.
5
Al cuestionarse la posibilidad de la metafísica co
mo ciencia, Kant no se pregunta en
ningún momento si la ciencia es verdadera o no, pue
s está convencido de que lo es. Lo que le
interesa saber es por qué es verdadera. Quiere sabe
r qué elementos forman el conocimiento
científico, para compararlos con la metafísica y ve
r si ésta los cumple o puede llegar a cumplirlos
algún día para llegar a ser considerada como cienci
a.
Kant va a someter a la metafísica al tribunal de l
a crítica, entendiendo por crítica un
análisis o examen racional. La razón debe autoanali
zarse para conocer sus límites.
Tarea que
nadie había realizado antes pues el análisis del co
nocimiento se había centrado en la cuestión
metodológica -cómo puedo conocer- pero no en la cue
stión fundamental -qué puedo conocer-.
El racionalismo planteaba que la razón posee una s
erie de principios innatos y que, a
partir de estos principios, mediante deducción raci
onal, sin recurrir a la experiencia sensible,
podría levantarse el edificio del conocimiento, pod
ría conocerse lo real en su totalidad. Por su
parte, el empirismo, rechaza el innatismo racionali
sta y defiende que todo conocimiento procede
de la experiencia, desembocando finalmente en escep
ticismo. A Hume le ocurrió que como no
pudo demostrar la existencia de Dios, no pudo demos
trar la relación entre los pensamientos y la
realidad. Ni siquiera las leyes científicas son seg
uras. Si estas leyes son meras generalizaciones
de la experiencia y ésta es contingente y particula
r, nada me asegura que siempre y en todos los
casos los fenómenos naturales se vayan a comportar
de la misma manera. Hume llegaba a la
conclusión de que debemos admitir que la razón es i
ncapaz de proporcionarnos una
fundamentación del saber, por lo que, en lugar de b
uscar una certeza absoluta o metafísica para
el conocimiento, debemos conformarnos con una certe
za moral que nos baste para conducirnos
en nuestra vida cotidiana.
Kant cree que empiristas y racionalistas tienen pa
rte de razón. Afirma que todo
conocimiento humano tiene su punto de partida en la
experiencia, pero, por otro lado niega que
todo el conocimiento proceda de ella, puesto que ex
isten una serie de elementos innatos a la
razón humana que no proceden de la experiencia y qu
e aplicados a la experiencia dan al
conocimiento las notas de universalidad y necesidad
.
Para Kant solo aquello que contenga necesidad (que
sea necesariamente así y no pueda
ser de otra manera) y universalidad (que siempre oc
urra o actúe del mismo modo) puede
garantizar un conocimiento fiable. Las leyes cientí
ficas o tienen validez universal y expresan la
existencia de una relación necesaria en la naturale
za o no son leyes científicas.
Según Kant en todo tipo de conocimiento se dan dos
condiciones: unas son exteriores o
materiales, asociadas a los sentidos y, por tanto,
a posteriori, y otras son intrínsecas al individuo
o formales. Estas condiciones que la mente humana i
mpone a la información que procede del
exterior son elementos totalmente a priori.
El objetivo de Kant era encontrar y definir
estos elementos, es decir, averiguar
lo que
hay de a priori en el conocimiento
. La importancia de estos elementos a priori estrib
a en que la
universalidad y la necesidad del conocimiento solam
ente pueden provenir de ellos.
Lo que parece claro es que
si la ciencia es posible
(y Kant está convencido de que lo es)
sus juicios tienen que ampliar nuestro conocimiento
del mundo y, además ser universal y
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necesariamente verdaderos. En definitiva, tienen qu
e ser sintéticos a priori
.
El problema está
en encontrar cuál es el fundamento de estos juicios
,
o lo que es lo mismo, en encontrar cuál es
el fundamento del conocimiento, puesto que acabamos
de ver que el conocimiento es una
síntesis a priori.
ENTENDIMIENTO Y SENSIBILIDAD
La filosofía ha admitido desde siempre que nuestro
conocimiento se divide en dos ramas:
conocimiento por los sentidos y conocimiento por el
intelecto. Estas dos formas de conocimiento
son heterogéneas e irreductibles (ya lo había dicho
Platón). A través de los sentidos los objetos
nos son dados. A través del intelecto los objetos s
on pensados. Ahora bien, para poder ser
pensados por el intelecto los objetos nos tienen qu
e ser dados previamente por la sensación.
La sensibilidad es la capacidad de percibir repres
entaciones o ideas procedentes del
mundo exterior, también llamadas intuiciones. Los s
entidos nos ponen en relación con los
objetos del mundo, pero los datos que percibimos de
ellos serían una amalgama bruta y caótica
si la mente no aplicara los elementos a priori del
conocimiento sensible que son el espacio y el
tiempo. (También llamados formas puras de la sensib
ilidad).
El entendimiento es la función de la mente de comp
render lo percibido. Esta función se
lleva a cabo mediante conceptos que son l
os distintos modos en que el intelecto unifica o
sintetiza los datos (intuiciones) que le son aporta
dos por la experiencia sensible. A diferencia
de lo sostenido por Aristóteles que pensaba que las
categorías eran los modos de ser de los
seres, Kant considera que son simplemente reglas de
l pensamiento cuyo objetivo es
introducir objetividad y certeza en el conocimiento
. Por esta razón necesitan ser aplicados a
las impresiones sensibles.
Al igual que para conocer las cosas de modo sensib
le debíamos someterlas a las formas
de la sensibilidad, para pensarlas debemos someterl
as necesariamente a las leyes del
pensamiento. Los conceptos puros o categorías - que
son doce, pues doce son las diferentes
formas de juzgar- son las únicas condiciones en que
es posible pensar las impresiones sensibles.
Las categorías no tienen aplicación válida más all
á de los fenómenos de la experiencia.
Esto explica por qué los juicios sintéticos a prior
i son posibles en la física y en la matemática
pero no en la metafísica.
LOS JUICIOS SINTÉTICOS A PRIORI EN LA MATEMÁTICA Y
LA FÍSICA.
La tesis de Kant es que la geometría y la aritmétic
a se ocupan, respectivamente, del
espacio y del tiempo.
Los juicios sintéticos a priori son posibles en la
matemática porque
todos los objetos de la experiencia necesariamente
tendrán que darse en el espacio y el
tiempo, que son las intuiciones puras y las condici
ones trascendentales que hacen posible el
conocimiento sensible de los objetos.
Los juicios sintéticos a priori son también posible
s en la física
porque los juicios o
proposiciones que ésta utiliza se valen de concepto
s o categorías de nuestro entendimiento para
explicar los fenómenos que estudia. Ej. En el juic
io “
Todo lo que empieza a existir tiene una causa

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el concepto: todo lo que empieza a existir no está
dentro del concepto de causa, por lo que el
juicio es sintético. Y es a priori porque no necesi
tamos recurrir a la experiencia para saber que es
cierto. Todas las leyes físicas se basan en éste y
en otros principios del mismo tipo, de ahí
derivan su universalidad y su necesidad.
LA IMPOSIBILIDAD DE LA METAFÍSICA COMO CIENCIA.
Kant acaba de demostrar que para que el conocimient
o sea posible necesitamos
conceptos con sus correspondientes impresiones. Est
e principio hay que aplicarlo también a los
objetos metafísicos pero al intentar hacerlo Kant c
omprueba que no es posible porque ninguno
de ellos nos produce impresiones sensibles. Tenemos
el concepto de mundo como totalidad de
los fenómenos físicos, tenemos el concepto de alma
como totalidad de los fenómenos psíquicos y
tenemos el concepto de Dios como la totalidad absol
uta de lo real incluyendo el mundo físico y
el psíquico, pero ni del mundo, ni del alma ni de D
ios poseemos impresiones porque son
totalidades -noúmenos- creados por la razón, y nues
tra impresión sensible proporciona aspectos
parciales –fenómenos- pero no totalidades.
Al no poder realizar con los objetos de la metafís
ica la síntesis que nos proporciona
conocimiento científico – síntesis a priori o sínte
sis impresiones-conceptos-, Kant concluye que la
metafísica no es posible como ciencia, o lo que es
lo mismo, que no es posible obtener un
conocimiento teórico-científico de los objetos met
afísicos. La metafísica intenta obtener
conocimiento científico acerca de realidades que es
tán más allá de la experiencia, aplicándoles
las categorías, y por tanto, haciendo un uso ilegít
imo de éstas.
Kant llama ILUSIÓN TRASCENDENTAL al engaño necesar
io de la razón, que consiste
en creer que podemos ampliar el alcance del entendi
miento, en realidad limitado a la
experiencia sensible, hasta el conocimiento de las
cosas en sí.
La Crítica de la Razón Pura nos conduce a la conclu
sión de que la metafísica es
imposible, pero solamente como conocimiento científ
ico.
Lo que significa que hay que acceder
a los objetos de la metafísica por un camino que no
sea el científico.
Kant señala que el ser humano no se dedica solo a
la actividad científica, sino que
también desarrolla otras actividades, y entre estas
está la conciencia moral. La CONCIENCIA
MORAL es el sentido del bien y del mal, de lo justo
y lo injusto, de lo que se debe hacer y de lo
que no se debe hacer, que posee el ser humano, y po
r el cual los hombres rigen sus vidas.
También señala que el hombre no utiliza la razón só
lo para obtener científico, sino que también
hace un uso práctico de ella, llamado RAZÓN PRÁCTIC
A. Es precisamente el ámbito de lo
práctico el lugar apropiado que Kant encontró para
la metafísica.
EL COMETIDO DE LA
METAFÍSICA CONSISTE EN SER EL FUNDAMNTO QUE DA SENT
IDO A NUESTRA
ACCIÓN MORAL.
Esto quiere decir que si no suponemos o postulamos
que hay un alma
inmortal, que existe la libertad en el mundo y que
existe Dios como modelo de perfección,
nuestro esfuerzo por ser mejores o nuestro actuar c
onforme al deber pierde buena parte de su
fundamento y su sentido.
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por su capacidad racional, capacidad que implica la
capacidad de darse a sí mismo sus propias
leyes, incluida la ley moral. De este modo escapa a
l mecanicismo al que está sujeta la naturaleza
y se convierte en un ser libre. La libertad, para K
ant, es lo más propio del hombre, porque
justamente el hombre no es una cosa sino una person
a, que no sólo obra libremente sino que,
por medio de la razón, se transforma en autolegisla
dor de su libertad. Por otro lado, como la ley
es válida universalmente, es válida para el que leg
isla y para todos los hombres, para toda la
humanidad. La dignidad de la persona reside precisa
mente en el hecho de ser capaz de darse a
sí mismo la ley incluyendo al mismo tiempo en esa l
ey a toda la humanidad, consistiendo en esa
capacidad. En virtud de su dignidad la persona no
debe ser jamás tratada como una cosa, como
un medio, sino como un fin en sí mismo. Por eso el
hombre es en realidad el único fin posible al
cual se puede atender en una acción para que ésta
acción sea moral.
En la ética de Kant, la dignidad humana descansa en
la autonomía, es decir, en la
capacidad de dominio moral del ser humano
y ocupa un lugar central. Según esta perspectiva
el hombre es una realidad absoluta y no relativa, n
o se constituye en cuanto tal por referencia a
otro ser sino que es como un universo de carácter a
bsoluto con una dimensión moral.
El concepto moderno de la dignidad humana está est
rechamente unido a Kant y a
su filosofía. Según ésta, la imagen del hombre está
caracterizada por la idea de su autonomía
moral y de su calidad como sujeto, destacando aquí
el carácter único e irrepetible de cada
individuo. La libertad humana se manifiesta en la c
apacidad de la voluntad de adherirse
exclusivamente a la idea de razón pura. Según ésta,
la autonomía de la voluntad como
fundamento de la dignidad de la naturaleza humana o
de cualquier otra naturaleza racional
se basa en la facultad de la voluntad de darse a sí
misma las reglas, independientemente de
argumentos prescriptivos empíricos.
Kant traslada lo objetivamente correcto a la no
contradicción formal de una voluntad subjetiva, apt
a para ser generalizada.
El ser humano es,
por su naturaleza, persona y posee un valor absolut
o. Esta naturaleza como persona lo
diferencia a la vez de los seres sin razón, a los c
uales, por ser semejantes a objetos, «sólo les
corresponde un valor mínimo»
.
En la obra de Kant, la dignidad
es el criterio de todas las valoraciones singulare
s. Esta
clase de dignidad ha de ser entendida de manera tra
scendental, o sea, no vinculada a las
cualidades empíricas. Por eso dice una fórmula kant
iana: «Respeta la humanidad de cada
hombre». Es decir, dignidad
es un concepto de humanidad. Allí donde alguien per
tenece a la
humanidad, por ser un ser vivo humano, allí está pr
esente esta dignidad.
También Jürgen
Habermas se refiere a una ética del género humano.
Según su punto de vista, la pertenencia al
género del hombre cae desde el principio bajo el co
ncepto de dignidad.
Peter Singer, Hugo Tristram Engelhardt y John Har
ris, entre otros autores, no aceptan,
en términos generales, la argumentación kantiana s
egún la cual el ser humano es un fin en sí
mismo, mientras que todos los otros seres, incluido
s los animales superiores, deben ser
consideraciones como medios al servicio del ser hum
ano.