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31/12/2017 Ricardo Güiraldes quiso ser pintor antes que poeta

 05/04/2008 - 00:00 Ι Clarin.com Ι Sociedad

G»UIRALDES FUE UN VANGUARDISTA QUE VIVIO A CABALLO ENTRE BUENOS AIRES Y PARIS

Ricardo Güiraldes quiso ser pintor antes que poeta


La relación entre Güiraldes y el pintor Anglada Camarasa es el tema de un libro de María Babino.

Hay un Güiraldes desconocido, y la historiadora María Elena Babino se ha propuesto descubrirlo en su libro
Ricardo Güiraldes y su vínculo con el arte, editado por la Universidad Nacional de San Martín. El autor de Don
Segudo Sombra, fascinado por París, por la pintura de vanguardia, ratifica en Europa en los primeros años de la
década de 1920 su fervor por la literatura y las artes plásticas. Ya de chico, cuando escribió un diario y lo ilustró
con dibujos: como afirma la profesora Babino, en los textos del escritor existe siempre una descripción de la
naturaleza signada por un notable "modo cromático".

El libro nos muestra a un Güiraldes muy lejos del "tradicionalismo". Su trato con los vanguardistas de la época lo
sumerge en un mundo que lo atrapa de inmediato. En París conoce al pintor catalán Hermenegildo Anglada
Camarasa, que lo deslumbra con sus obras, llenas de intenso colorido, que no ocultan la influencia del francés
Toulouse Lautrec en muchos de sus cuadros. Maravillado con Anglada Camarasa (Barcelona 1871, Mallorca
1959), el joven Güiraldes, que todavía no ha definido su vocación literaria, decide inscribirse en los cursos
particulares que dicta el pintor catalán, concurridos por varios latinoamericanos.

Camarasa reparó en ese muchacho de contextura fuerte y extrovertido, muy bueno para las bromas. Y un día le
pidió que le enseñara a bailar el tango, que ya hacía furor en los salones más elegantes de la "Ciudad Luz".

Dentro del estilo vanguardístico, el escritor indaga -precisa Babino- en lo americano, lo vernáculo, lo primitivo.
En 1915, en plena Primera Guerra Mundial, Güiraldes proyecta, junto al pintor Alfredo González Garaño, el
diseño de un ballet, "Caaporá". "El lenguaje está filtrado por la experiencia de la vanguardia", resume Babino.
"La idea era llevar a escena una leyenda guaraní y hacer el primer ballet que diera cuenta de una estética
americanista renovada a la luz del arte contemporáneo". Y apunta la especialista: "En relación a este ideario,
resulta interesante recordar también que el despertar americanista se estaba dando cita en París, durante los
años posteriores al Centenario, cuando un grupo de artistas e intelectuales de nuestro continente convergían en
esa ciudad. (...) Tras los pasos del pintor Anglada Camarasa se nuclea en la capital francesa un grupo de
americanos, en el común interés por buscar nuevas vías de expresión para el arte americano".

Excelente dibujante, Güiraldes trabajaba con témperas y acuarelas sobre cartón. Y en su visión plástica
influyeron mucho las puestas en escena de los ballets rusos, que revelaban al público parisino una estética
"exótica" y revolucionaria. Adelina del Carril, su esposa, dejó escrito que la inquietaba el obsesivo interés que
Güiraldes demostraba por las artes plásticas, que lo "desviaban" de su tarea literaria (en marzo de 1926 terminó
de escribir Don Segundo Sombra).

En la isla de Mallorca, sobre el Mediterráneo, Güiraldes y sus amigos vanguardistas pasaron días de hedonismo
y de intensa creación. "En esa época, Mallorca era una suerte de arcadia, de paraíso", dice Babino. Pero unos
pocos años después, el 8 de octubre 1927, ya no hubo ninguna arcadia: un cáncer de garganta segó su vida en
París a los 41 años. Pero fueron años vividos plenamente. Entre la tradición y la vanguardia.

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