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ANÁLISIS DE UN HIMNO LATINO

(PANGE LINGUA GLORIOSI)

El himno ocupa un lugar muy peculiar en el repertorio gregoriano. A


diferencia de los cantos principales del misa y del oficio, los textos de los himnos no proceden
de los salmos, ni sus melodías tienen su origen en la recitación, sino que son composiciones
originales cuyos autores están, en muchos casos, identificados.

La estructura estrófica del himno, su métrica regular -frente a la irregularidad del versículo
gregoriano- y el estilo silábico de sus melodías lo convierte así en el género más llano y
pegadizo del repertorio gregoriano.

En este artículo estudiaremos este género tomando como muestra uno de sus ejemplos más
célebres, el himno “Pange lingua gloriosi”.

El himno medieval

San Ambrosio, introductor de los himnos en la liturgia latina durante el siglo IV.

El estudio del himno medieval ha revelado la existencia de al menos tres estratos: Uno
precarolingio (unos 16 himnos), con ejemplos que se remontarían a los tiempos de San
Ambrosio(s.IV), otro franco (entre 20 y 26 himnos), recogido en manuscritos del norte de
Francia y el sur de Alemania (s.VIII), y un tercero mucho más abundante compuesto desde el
siglo IX y hasta el final de la Edad Media (Latin Hymns in medieval England, Helmut Gneuss,
1974).
Esta datación afecta únicamente a los textos, no a la parte musical. Aunque los textos de los
himnos latinos más antiguos se remontan al siglo IV, la fuente más antigua con notación
musical -alfabética- data de fecha mucho más tardía, en torno al año 1000 (Himnario de
Kempten, Zentralbibliothek, Hs. Rh.83).

La influencia de mecanismos de transmisión oral como el contrafactum -intercambio y


préstamo de textos y melodías- impide establecer ningún tipo de continuidad entre las melodías
originales de los himnos anteriores al siglo X y las preservadas en los manuscritos.

Ello explica que mismo himno haya sido registrado con distintas melodías según una fuente u
otra. O el caso contrario, que encontremos himnos distintos con una misma melodía, fenómeno
auspiciado por el hecho de que la mayoría de ellos utilizan un mismo tipo de estrofa -cuatro
versos octosílabos-.

En el caso del himno “Pange lingua”, la tradición atribuye su autoría a Venancio


Fortunato, quien lo compondría en el siglo VI para acompañar la procesión del Viernes Santo.
Pertenece, por tanto, al estrato precarolingio. Posteriormente fue adaptado por Santo Tomás
de Aquino (s.XIII) para que acompañara la procesión del Corpus Christi.

El himno “Pange lingua” y la festividad del Corpus


Christi

Procesión del Corpus Christi en el siglo XV, con la exhibición del Santísimo Sacramento en
manos del obispo (The Lovell Lectionary. Harley 7026).

El texto del himno “Pange lingua” constituye una glorificación de la eucaristía, a la que se hace
referencia mediante la doctrina de la transubstanciación (“el pan verdadero convierte en carne
su palabra, y el vino puro en sangre de Cristo”), y la proclamación del nuevo rito como símbolo
del Nuevo Testamento frente al Antiguo (“Tan gran sacramento veneremos, pues,
postrados, y el libro antiguo ceda el puesto al nuevo rito”).

La puesta en polifonía de himnos vivió una etapa de esplendor durante todo el siglo XV que
coincidió con el auge de las celebraciones eucarísticas: La devoción popular por el
Santísimo Sacramento alcanzó tal intensidad, y suscitó tal cantidad de procesiones, que las
autoridades eclesiásticas debieron intervenir para frenar su expansión.
Así, en el Concilio de Colonia -celebrado en 1452 y presidido por el cardenal Nicolás de Cusa–
limitó la exhibición en procesión del Santísimo Sacramento a la festividad del Corpus Christi, a
su octava (una semana después), y una vez más al año en cada ciudad, villa o parroquia, pero
solo por “necesidad urgente” y con “permiso expreso” del obispo.

Ello explica la popularidad del “Pange lingua” -canto procesional eucarístico por antonomasia- y
de sus realizaciones polifónicas durante esta época. Con 50 versiones polifónicas
catalogadas entre 1400 y 1520 se sitúa en la cima solo por detrás de “Ave Maris stella” (61) y
por delante de “Veni creator spiritus” con 47 (Tom R. Ward, The Polyphonic Office Hymn, 1400-
1520, 1980).

Consta de seis estrofas, cada una con seis versos octosílabos.

Pange, lingua, gloriosi


Córporis mystérium
Sanguinísque pretiósi,
Quem in mundi prétium
Fructus ventris generósi
Rex effúdit géntium.
Canta, oh lengua,
el misterio del cuerpo glorioso
y de la Sangre preciosa
que en rescate del mundo.
fruto de un vientre generoso,
el Rey de las naciones derramó.
*
Nobis datus, nobis natus
Ex intácta Vírgine,
Et in mundo conversátus,
Sparso verbi sémine,
Sui moras incolátus
Miro clausit órdine.
Nos fue dado, nos nació
de una Virgen impoluta;
y tras pasar por este mundo,
y propagada la semilla de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
imponiendo un admirable orden.
*
In supremæ nocte coenæ
Recumbens cum frátribus,
Observata lege plene
Cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodenæ
Se dat súis mánibus.
En la noche de la Última Cena,
sentado a la mesa con sus hermanos,
después de observar plenamente
la ley sobre la comida,
a los doce alimenta
con sus propias manos.
*
Verbum caro, panem verum
Verbo carnem éfficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides súfficit.
El Verbo encarnado, el pan verdadero,
convierte en carne su palabra,
y el vino puro en sangre de Cristo.
y aunque fallan los sentidos,
para afirmar la verdad del corazón
basta sola la fe.
*
Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui:
Et antíquum documentum
Novo cedat rítui;
Præstet fides suppleméntum
Sénsuum deféctui.
Tan gran sacramento,
veneremos, pues, postrados,
y el libro antiguo
ceda el puesto al nuevo rito,
la fe reemplace
la incapacidad de los sentidos.
*
Genitori Genitóque,
Laus et iubilátio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque
Compar sit laudátio.
Amen.
Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y gloria,
fortaleza, honor,
poder y bendición.
A los que proceden el uno del otro,
adoremos igualmente.
Amén.
*

Análisis musical del Himno “Pange lingua gloriosi”


La melodía del himno está en modo de Mi auténtico (modo 3, frigio), y se desarrolla en
un marco de sexta Mi-Do ampliado hasta la octava por las bordaduras superior e inferior (Re en
ambos casos). Aparte del Mi -tónica- y el Do -la cuerda de recitación correspondientes al modo
3, aunque aquí el Do no ejerza realmente como cuerda de recitación- es el Sol (como final de
tres de los seis versos) el que acaba de configurar una estructura tonal que el oído moderno
identificaría como un Do mayor, pero con final en Mi.

Cambrai, Bibliothèque municipale, Impr. XVI C 4, f. 73v (c. 1508-1518).

La melodía es continua por partida doble: Por un lado, porque no repite ninguna frase, sino
que avanza libremente, repitiendo apenas alguna breve célula de vez en cuando. Por otro lado,
porque cada frase musical suele comenzar por la nota que finalizó la frase anterior (o, en su
defecto, desde un grado a distancia de segunda del anterior), lo cual confiere al conjunto la
apariencia de un gran arco melódico, cuarteado en segmentos periódicos por la intervención
de los versos literarios.

La anterior observación es matizable en un sentido, pues podríamos distinguir en realidad dos


arcos melódicos en el conjunto de la melodía: El formado por las cuatro primeras frases -que
parte del Mi, asciende rápidamente hasta el Do, y desciende suavemente hasta la subtónica
Re-, y el formado por las dos frases finales -que vuelve a partir de la tónica Mi, asciende
tímidamente hasta el Sol y retorna a la final Mi-, actuando así como una versión abreviada del
arco inicial.

Pese a los rasgos apuntados, la presencia de ciertas similitudes entre las frases permite a Willi
Apel (Gregorian chant, 1958) clasificar este himno como a b c d c’ d’, estructura de tipo Bar (A
B B’), donde A = a b y B = c d.

Frase Estructura
“Pange, lingua, gloriosi“ a (E → C)
“Corporis mysterium“ b (C → G)
“Sanguinisque pretiosi,“ c (G → G)
“Quem in mundi pretium“ d (A → D)
“Fructus ventris generosi” c’ (E → G)
“Rex effudit gentium.” d’ (A → E)