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J. Alegre Aragüés - L. Alonso Schökel


J. I. Blanco - J. Calvo
J. R. Flecha - P. I. Fraile
A. Gil Modrego - J. Ruiz Martorell
V. Morla Asensio

Personajes
del Antiguo Testamento
Vol. II

SEGUNDA EDICIÓN

EDITORIAL VERBO DIVINO


Avda. de Pamplona, 41
31200 ESTELLA (Navarra)
2005
Editorial Verbo Divino
Avenida de Pamplona, 41
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Tapa:
Ilustración tomada de la obra
Descubrir el Antiguo Testamento hoy,
Editorial Verbo Divino.

Fotocomposición:
Fonasa Pamplona (Navarra)

© Acción Social Católica, Zaragoza, 1998


© Editorial Verbo Divino, 1998
© De la presente edición: Verbo Divino, 2012

ISBN pdf: 978-84-9945-637-9


ISBN versión impresa: 978-84-8169-321-8

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Contenido

José Alegre Aragüés


Presentación ................................................................ 7
José Román Flecha
Josué: El talante de un líder joven ............................... 9
José Ignacio Blanco
Samuel y el desprestigio de las instituciones religiosas 21
Víctor Morla Asensio
Nabot: La dramática grandeza del débil ...................... 31
Javier Calvo
Amós: La denuncia profética ........................................ 49
José Ignacio Blanco
Oseas: El Dios enamorado ........................................... 67
Javier Calvo
Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo .. 77
Julián Ruiz Martorell
Jeremías: La pasión de una vocación ............................ 93
Víctor Morla Asensio
Habacuc: El centinela de la historia ............................. 109
Luis Alonso Schökel
Ezequiel: El profeta mudo ........................................... 131
José Ignacio Blanco
Jonás: El malestar ante un Dios desconcertante ........... 141
Ángel Gil Modrego
Job: La ausencia de Dios en el dolor ............................ 151
Julián Ruiz Martorell
Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia ........... 181
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6 Personajes del Antiguo Testamento

Luis Alonso Schökel


Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? ............. 201
Pedro Ignacio Fraile
Tobías: La religión en dificultades ............................... 213
Pedro Ignacio Fraile
Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? ....... 227
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Presentación

Aparece el segundo volumen de este proyecto sobre los per-


sonajes del Antiguo Testamento que con tanta ilusión comen-
zamos y que tendrá su continuidad con otros del Nuevo Tes-
tamento.
Nos alegra saber que hay personas esperándolo con interés.
Esperamos no defraudarlo sino aumentarlo.
Algo que hemos pretendido subrayar con estos libros es
que todos los personajes forman parte de una unidad global
que, en conjunto, constituye la Palabra divina en que se ex-
presa la experiencia humana de la vida como experiencia reli-
giosa. Porque ésta no es algo distinto, sino la dimensión más
profunda que va dando sentido, aire y esperanza a la humana.
Cada personaje es una palabra humana, demasiado huma-
na, en donde se expresa la Palabra de Dios, que es la más hu-
mana de todas.
No nos ha interesado hacer un libro de anécdotas ni de per-
sonajes curiosos, sino reflejar el modo como Dios nos habla
hoy a nosotros y lo que puede significar eso en nuestra vida.
Eso será posible si descubrimos cómo el autor ha perfilado
unos protagonistas del decir que hablan con su vida en un con-
texto.
No ha de darnos miedo que nos cueste entender la Biblia.
No es fácil. Si se escribió en un proceso muy largo de tiempo,
es lógico que su comprensión sea resultado de otro largo pro-
ceso.
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8 Personajes del Antiguo Testamento

En ello estamos. En el proceso de nuestra vida vamos des-


cubriendo, cayendo en la cuenta, profundizando, escuchando...
oyendo.
El ser humano es «el oyente de la Palabra» (K. Rahner). Y
lo es a lo largo y ancho de toda su existencia. También nues-
tros personajes lo fueron.
La Palabra de Dios es un inmenso espacio que, conforme
vamos introduciéndonos, sentimos que es Ella la que nos atra-
pa y seduce, y nos muestra nuevas fronteras y horizontes hacia
los que dirigir nuestra admiración.
Sugerente, seductora, tiernamente humana, profunda, mis-
teriosa, siempre inmensa y siempre cercana.
Prentendemos que este volumen sea una pequeña parte de
ese proceso de comprensión y escucha, y que sea tan bien aco-
gido como lo fue el primero. Agradecemos la acogida y el es-
fuerzo de los autores que prepararon y revisaron los originales.
Después de salir a la luz el volumen anterior, nos ha deja-
do, por su muerte, quien ha sido la vida de los estudios y la
espiritualidad bíblica en España. El Padre Luis Alonso Schö-
kel, el maestro, se fue. Nos legó algo de su ciencia, sabiduría
y sensibilidad. Nos despertó la pasión por la Biblia. Gracias,
maestro, por tu aportación. Gracias, Padre, por darnos figuras
como él.
José Alegre Aragüés
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Josué:
El talante de un líder joven
José Román Flecha

De Josué todo el mundo parece saber algo. Quizá sola-


mente una cosa, aparentemente la más llamativa: que en una
ocasión, no se sabe cómo, fue capaz de increpar al sol y el sol
se detuvo complaciente en su carrera para permitir al guerre-
ro redondear su victoria. Es ésa una interpretación demasiado
literal de una coplilla popular. Aquel vago recuerdo de epope-
ya se convertiría en fuente de dolor y discusión para Galileo
Galilei y de escándalo para muchos científicos, creyentes y no
creyentes. Una espina para todos los que siguen viendo insu-
perables incompatibilidades entre los caminos de la fe y los ca-
minos de la ciencia. Un dolor para el mismo Josué, sin duda,
si hubiera podido adivinar la trascendencia impensable de un
verso que le atribuye un cronista poeta.
Pero Josué no podía ni siquiera adivinar estas escaramuzas,
agazapadas en los futuros rincones de la historia. Josué sólo in-
tentaba adivinar y construir la historia, esforzada y difícil, de
su pueblo. Sólo pretendía vivir lo mejor posible su propia fi-
delidad.
Colocado en el umbral que separa la cultura nómada de la
cultura sedentaria, el Josué de la historia ha sido glorificado y
mitificado hasta confundirse con el Josué de la fe. El vago re-
cuerdo de una persona se ha constituido en paradigma de un
personaje de fe y de valentía. En modelo de una múltiple y di-
fícil fidelidad.
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10 Personajes del Antiguo Testamento

1. La fidelidad al guía
Dicen que la vida del ser humano comienza siempre a pro-
yectarse a la sombra de otras vidas. El adolescente sueña con
un modelo personal que, más o menos conscientemente, trata
de imitar y encarnar en su propio proyecto de vida. Es bueno
y estimulante encontrarse pronto con una figura seductora y
firme que ayude a soñar senderos bien perfilados para la per-
sonal empresa del futuro.
Pues bien, Josué vive al lado de Moisés. Tiene la suerte de
crecer y caminar junto a un hombre grande, soñador de liber-
tades y conductor de pueblos. Josué es el prototipo de todos
los jóvenes que han descubierto pronto el resplandor de las ta-
reas liberadoras, hechas vida en las vidas que se alzan y se mue-
ven a su alrededor.
Es cierto que hay un peligro en esas situaciones: el del
mimetismo de quien se limita a copiar los gestos del mode-
lo. Pero hay también un espléndido desafío: el de mantener
la fidelidad a los hombres de fuego y al ascua de sus idea-
les.

a. El monte o la cercanía en la oración de Moisés


Los primeros indicios de tal desafío se encuentran en el ám-
bito de la plegaria. Josué es fiel a Moisés en las horas del com-
bate. Aparece por primera vez, elegido por el guía, para luchar
contra los amalecitas en la batalla de Refidim, mientras Moi-
sés reza en la colina cercana (Éx 17,9.13). Pero Josué es fiel a
Moisés también en las horas de la oración.
No es fácil vislumbrar los caminos de Dios en la cercanía
alejadora de la nube, que representa su presencia.
En dos ocasiones recuerdan los textos sagrados que Josué ha
tenido la ocasión de presenciar la oración del elegido del Se-
ñor. Josué tiene el privilegio, no concedido a los ancianos, de
acompañar a Moisés a lo alto del monte en el que se le mues-
tra Dios y le entrega las tablas de piedra (Éx 24,13). Y más
tarde, por privilegio, pero también por atrevida y piadosa de-
cisión personal, Josué, hijo de Nun, permanece en la tienda en
la que Moisés habla cara a cara con su Dios, «como habla un
hombre con su amigo» (Éx 33,11-12).
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Josué: El talante de un líder joven 11

Ya en esto, la figura de Josué es paradigmática para un pue-


blo de creyentes. Entonces como ahora, el joven Josué apren-
de a descubrir el talante de Dios gracias a la oración de otros
creyentes que se han acercado al misterio de Dios. Eso marca
una vida para siempre.
Y la marca tal vez demasiado. Su fidelidad es demasiado ce-
losa. Es por entonces demasiado joven y no ha aprendido a vi-
vir en la paciencia (Nm 11,24-30). Se escandaliza del don de
profecía, concedido a dos ancianos sin la intervención personal
de Moisés: «como si la concesión de una gracia divina por un
canal diferente pudiera disminuir la autoridad o el prestigio
del gran profeta al que sirve» (A. M. Gerard).

b. El espionaje o los proyectos y esperanzas


Josué es fiel a Moisés en los proyectos y en la esperanza. To-
da su vida habrá de recordar la misión de espionaje que le fue
confiada. El texto bíblico se demora en recoger aquella anti-
gua tradición.
Eran doce jóvenes: uno por cada tribu de Israel. Él debía de re-
presentar a su tribu de Efraím en aquella expedición que partió
del desierto de Sin para ir por el sur a explorar el país de Canaán.
Fue aquél el momento en el que Moisés le cambió su nombre de
Hosea –«salvación»– por el de Josué –«Yavé es salvación»–, co-
mo para subrayar la importancia de su misión (Nm 13,16).
Nos parece descubrir las primeras pisadas, furtivas y tem-
blorosas, sobre la tierra tantas veces soñada durante el lento
peregrinar por las estepas. Era el tiempo de las primeras uvas.
De un valle cercano a Hebrón, los exploradores trajeron a sus
hermanos un espléndido racimo colgado de una pértiga. Se nos
recuerda luego el informe apesadumbrado de diez explorado-
res y el llanto de la multitud desalentada que quiere desandar
el camino de la liberación para volverse a Egipto. Pero se nos
recuerda también el testimonio ardoroso de Josué y de Caleb:
«La tierra que hemos recorrido y explorado es muy bue-
na tierra. Si Yavé nos es favorable, nos llevará a esa tierra y
nos la entregará. Es una tierra que mana leche y miel. No os
rebeléis contra Yavé, ni temáis a la gente del país, porque son
pan comido. Se ha retirado de ellos la sombra que los prote-
gía; y en cambio Yavé está con nosotros. No tengáis miedo»
(Nm 14,7-9).
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12 Personajes del Antiguo Testamento

Su fe y su confianza a punto están de ganarle una muerte


por lapidación. Es verdad que la empresa de conquistar aque-
lla tierra se promete ardua y peligrosa, pero en el nombre del
Señor será posible. La afirmación «Dios está con nosotros»
preanuncia ya los oráculos relativos al Enmanuel y las prome-
sas del Señor Jesús resucitado.
El relato se convierte en una parábola que se habrá de re-
petir por los siglos. Los hombres de la desesperanza perecen en
el camino. Sólo Josué y Caleb sobreviven a la desgracia pro-
clamada (Nm 14,38). La enseñanza resulta evidente. Sólo me-
recen el futuro los que han tenido el valor de soñarlo y de acep-
tarlo. Sólo entrarán en la tierra de las promesas los caminantes
que, como Josué y Caleb, tengan un corazón arriesgado para
creer en las promesas de Dios (Nm 14,30-31).

c. La unción o la disponibilidad al Espíritu


Josué es fiel a Moisés en la disponibilidad al Espíritu. Imitar
los gestos del gran personaje es relativamente fácil. Lo que ya
resulta más difícil es llegar a identificarse con su mismo espí-
ritu. Josué lo ha intentado respecto a Moisés. Su cercanía y su
devoción al guía de Israel han superado incluso a las de Aarón,
su hermano y portavoz.
El relato bíblico nos recuerda que Moisés pide a Dios que
elija un hombre de su pueblo que guíe a la comunidad de Ya-
vé «para que no quede como rebaño sin pastor» (Nm 27,17).
La expresión nos remite a la compasión que Jesús siente a la
vista de una multitud que se parece a un rebaño de ovejas sin
pastor (Mc 6,34). Para la tradición cristiana, en efecto, la fi-
gura de Josué se alza en el recuerdo como imagen y profecía
viviente del Mesías Jesús.
Pues bien, ante el ruego de Moisés, el mismo Dios elige a
Josué y lo distingue con su predilección:
«Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el es-
píritu, impónle tu mano, y colócale delante del sacerdote
Eleazar y delante de toda la comunidad para darle órdenes
en presencia de ellos y comunicarle parte de tu saber, con el
fin de que le obedezca toda la comunidad de los hijos de Is-
rael [...] A sus órdenes saldrán y a sus órdenes entrarán él y
todos los hijos de Israel, toda la comunidad» (Nm 27,18-
21).
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Josué: El talante de un líder joven 13

Moisés transmite ritualmente su propia misión al joven


que lo ha acompañado en la esperanza. Bastará tan sólo una se-
ñal, una imposición de manos, para que Josué esté pronto pa-
ra asumir su papel con esforzada dignidad (Nm 27,23).
Precisamente por eso, Josué podrá ser en adelante vínculo
de armonía para un pueblo siempre díscolo y dividido.

2. La fidelidad después del guía


Dicen que el joven que se identifica demasiado con un mo-
delo se desploma a veces cuando el modelo desaparece o se res-
quebraja. La señal de la madurez humana no es la fidelidad
mimética al guía omnipresente e imprescindible y absorben-
te, sino la fidelidad libre, espontánea y creativa a sus ideales
cuando el guía ya no está. La fidelidad a sus proyectos es más
difícil que la fidelidad a su persona. Pero es más humana y hu-
manizadora.
Josué tuvo la suerte de vivir al lado de un hombre grande,
de esos que no exigen fidelidades inconmovibles a su propia
figura. A la hora de morir, Moisés dirige a Josué unas palabras
ejemplares con las que le invita a depositar su confianza en Ya-
vé, con valentía y con firmeza:
«¡Sé valiente y firme! Tú entrarás con este pueblo en la
tierra que Yavé juró dar a sus padres y tú se la darás en po-
sesión. Yavé marchará delante de ti, él estará contigo; no te
dejará ni te abandonará. No temas ni te asustes» (Dt 31,7-8;
23).

Es la hora de la confianza en el Dios que camina con su pue-


blo. Es la hora de la fidelidad a una promesa divina, a un pro-
grama humano, a una esperanza compartida.

a. La herencia, o el ejercicio de la valentía


La valentía no es el fruto de la insensatez o de la altanería.
No ignora los peligros ni desprecia a quien los teme. Josué es
presentado por los textos bíblicos como el valiente líder que
afronta las dificultades que comporta la conquista de una tie-
rra. En su fidelidad, Josué tendrá que afrontar la guerra con
valentía.
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14 Personajes del Antiguo Testamento

Si es verdad que está lleno de sabiduría y cuenta para ello


con la obediencia de su pueblo (Dt 34,9), su corazón ha esta-
do muchas veces al borde del titubeo y de la duda. Pero en
momentos semejantes, el hombre Josué escucha de su Dios las
mismas seguridades que había escuchado del gran guía:
«Sé valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la
posesión del país que juré dar a sus padres [...] No tengas
miedo ni te acobardes, porque Yavé tu Dios estará contigo
dondequiera que vayas» (Jos 1,6-9).

Su valentía será fruto de la cercanía de su Señor y de la fi-


delidad a la palabra y al sentido de la Ley (Jos 1,7-8). Y su va-
lentía traerá el fruto de la posesión de la tierra de la identidad,
la antigua herencia prometida en otros tiempos a los padres.

b. Rajab o la atención a los marginados


En su fidelidad, Josué tendrá que mantener las promesas
dadas a los hombres. Si sus emisarios habían hecho un jura-
mento a Rajab, la prostituta de Jericó, que los había acogido
y defendido (Jos 2,8-21), Josué sabrá mantener con gratitud y
magnanimidad el juramento de los suyos (Jos 6,22-25).
El relato es toda una parábola de humanidad y de gracia.
Parece sugerir que también fuera del pueblo hay siempre per-
sonas que abrigan los altos ideales del pueblo. Puede enseñar
también que la conquista de la tierra nunca hubiera sido po-
sible sin la ayuda de una mujer pagana, extranjera y margina-
da.
Pero la parábola no sólo habla al pueblo, sino que nos re-
vela también el corazón compasivo de su guía. Es una especie
de mensaje sapiencial. Nunca basta con aprender la fidelidad
hacia los proyectos de Dios, si uno no ha aprendido a mante-
ner la fidelidad hacia los más marginados de entre los hom-
bres.
Josué parece haber entendido que se puede vivir en una
ciudad maldita sin tener un corazón de maldición. Que tam-
bién la ciudad –símbolo de la vida sedentaria– está llena de
corazones nómadas. La hospitalidad, virtud privilegiada por
los nómadas, es una seña de reconocimiento que alarga los
confines institucionales de su pueblo.
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Josué: El talante de un líder joven 15

c. El Jordán, camino de la liberación


En su fidelidad, Josué repite los pasos que hicieron posible
la experiencia de la liberación. Hay una curiosa simetría entre
sus gestos y los gestos de Moisés, subrayada explícitamente
por el texto bíblico, que pone esa intención en los mismos la-
bios del Señor:
«Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte a los ojos de
todo Israel, para que sepan que lo mismo que estuve con Moi-
sés, estoy contigo» (Jos 3,7).

Al paso del Mar Rojo, que había marcado en otro tiempo la


salida de Egipto hacia el largo peregrinaje bajo la mano de Moi-
sés, corresponde ahora el paso del Jordán, que señala la entrada
en Canaán, la meta del camino, alcanzada bajo la mano de Josué:
«Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yavé
se estuvieron a pie firme, en seco, en medio del Jordán, mien-
tras que todo Israel pasaba en seco, hasta que acabó de pasar
el Jordán todo el pueblo» (Jos 3,17).

La repetición de los hechos nos lleva a meditar sobre la con-


tinuidad del espíritu. La fidelidad a los ideales del guía Moi-
sés ha llevado a Josué a la identificación con su sueño y su pro-
yecto.
«Aquel día Yavé engrandeció a Josué delante de todo Is-
rael; y le miraron a él como habían mirado a Moisés durante
toda su vida» (Jos 4,14.23).

Hay hechos que son casi un sacramento. El paso del Jordán


es la esperanza hecha presente. El paso del Jordán es la liber-
tad sin retrocesos. El paso de la búsqueda al hallazgo.
Con razón, san Isidoro de Sevilla compara a Josué, hijo de
Nun, con Jesús, hijo de María: dos personajes, con idéntico
nombre, han bajado al Jordán para introducir a su pueblo en
la tierra de la libertad.

3. La fidelidad sin falsos guías


Dicen que el joven que consigue su independencia respec-
to al modelo que había querido copiar fielmente, cae con fre-
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16 Personajes del Antiguo Testamento

cuencia bajo la influencia tiránica de otros modelos menos fa-


miliares y benévolos. Otros guías se le imponen. Se pregunta
cuál es el camino y hasta si hay en realidad algún camino. Y
se le quiebran las certezas largamente modeladas en la arcilla.
Josué tiene la suerte –la gracia, sin duda– de vivir, de for-
ma misteriosa, inefable e invasora, la experiencia del Dios que
señala caminos exclusivos. El jefe del ejército de Yavé le hace
revivir la experiencia de contacto con la santidad del mismo
Dios. Moisés la había vivido, al comienzo de su aventura, an-
te la zarza ardiente del desierto como una revelación de su mi-
sión liberadora. Josué la vive, antes de la conquista de la tie-
rra, cerca de Jericó, como una revelación del sentido de la
conquista. Hay un detalle que se repite. Frente al misterio de
los proyectos de Dios, el líder Josué ha de despojarse de sus
sandalias, como entonces hiciera Moisés (Jos 5,13-15).
También esta teofanía tiene un valor sacramental. Ya no es
la hora de la fidelidad a un hombre concreto. Tampoco es el mo-
mento de la fidelidad a una gran idea. Es el tiempo, indefini-
ble y despojado, de la fidelidad a una experiencia totalizadora.

a. Jericó o la fe en lo imposible
Ahora ya se entiende lo de Jericó. Una fuente abundante
debió de favorecer el asentamiento de grupos humanos muy
antiguos en la zona. La inmensa zanja arqueológica nos descu-
bre unas murallas que se remontan al tercer milenio antes de
Cristo y que, por tanto, no corresponden a los tiempos referi-
dos en el texto. La entrada en la tierra prometida ha sido sin
duda embellecida por la leyenda mil veces recontada. Y mag-
nificada por la observación de unos muros enormes varias ve-
ces reconstruidos a lo largo de los siglos.
«Jericó estaba cerrada a cal y canto por miedo a los israe-
litas: nadie salía ni entraba. Yavé dijo a Josué: “Mira, yo pon-
go en tus manos a Jericó y a su rey. Vosotros, esforzados gue-
rreros, todos los hombres de guerra, rodearéis la ciudad,
dando una vuelta alrededor. Así harás durante siete días. El
séptimo día daréis la vuelta a la ciudad siete veces” [...] El
séptimo día se levantaron con el alba y dieron la vuelta a la
ciudad, según el mismo rito, siete veces. Sólo aquel día die-
ron la vuelta a la ciudad siete veces. La séptima vez, los sacer-
dotes tocaron la trompeta y Josué dijo al pueblo: “¡Lanzad el
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Josué: El talante de un líder joven 17

grito de guerra, porque Yavé os ha entregado la ciudad! [...]”


El pueblo clamó y se tocaron las trompetas. Al escuchar el
pueblo la voz de la trompeta, prorrumpió en gran clamor, y
el muro se vino abajo. La gente escaló la ciudad, cada uno
frente a sí, y se apoderaron de ella» (Jos 6,1-20).

¡Toda una epopeya para un pueblo humilde que llega del


desierto! Pero también ahora, la narración parece más religio-
sa que cronológica. Más que crónica, la historia se nos cuenta
como parábola.
A esa luz, ¿resulta tan extraño el relato de la conquista de
la ciudad, en una combinación de procesiones silenciosas y ala-
ridos de trompetas? (Jos 6,1-16). La tradición épica se torna
aquí simbólica para recordar que el triunfo sólo llega para
aquellos que tienen la osadía de creer en lo imposible. El si-
lencio humano se levanta vencedor contra el poderío de la ciu-
dad que confía en sus murallas.
Una certeza rebrilla en el subconsciente creyente de un
pueblo. Es el Señor quien lo ha hecho. Y la fuerza desvalida de
las gentes que han puesto en Él su confianza.

b. Gabaón o la fe que se esfuerza


Ahora ya se entiende también lo del sol que se detiene en
Gabaón (Jos 10,10-15). Las gentes recordaban la coplilla de
un canto popular, mil veces repetida en las plazuelas. Podría
acompañar los juegos de los niños. O bien pudiera ser una can-
ción para alabar la belleza idealizada del paisaje regional. Pe-
ro en el texto, aquel antiguo estribillo es retomado como pa-
ra evocar el señorío del hombre fiel sobre los mismos
elementos de la naturaleza:
«Deténte, sol, en Gabaón,
y tú, luna, en el valle de Ayalón».

Seguramente aquel día no fue más largo que los otros días.
Ni el sol se detuvo en su lenta caída hacia las colinas. Ni el re-
lato bíblico implica o replica el heliocentrismo de un sistema
planetario. El texto utiliza un lenguaje cantarín para ofrecer
una lección sapiencial.
Nada impedirá la victoria del que vive en una fidelidad he-
cha plegaria. Su victoria será un regalo asombroso e inexplica-
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18 Personajes del Antiguo Testamento

ble, tan sólo referible al son de la danza. Pero su victoria será


el fruto de su esfuerzo extenuante, alargado de sol a sol. Hay
una conclusión que se deduce por sí misma. No tienen dere-
cho al triunfo los que no han hecho de su fidelidad un com-
bate y una súplica.

c. Siquem o la alianza que da vida


Ahora ya se entiende, por fin, lo del pacto renovado allá en
Siquem (Jos 24). Un pozo en la vaguada, entre los montes Ebal
y Garizim, recuerda el abrevadero de los rebaños, el paso de
las caravanas, el sitio del descanso y del encuentro.
El típico lugar de las experiencias religiosas de Abraham y
de Jacob, padres del pueblo, será ahora el escenario para la re-
novación de la alianza religiosa de su pueblo. El recuerdo del
pasado se torna acuerdo con vistas al futuro. Si en otro tiem-
po adoraron a otros dioses, al entrar en la tierra que su Dios
les da, los hebreos han de prometer apartarse de todos los de-
más dioses. Los ídolos, adorados en otros tiempos o en otros
lugares, son guías ciegos que a ningún futuro conducen. La
verdadera fidelidad es exclusiva y excluyente. No admite la ve-
neración de falsos guías. Ésa es la lección de Siquem. Ésta es
la oferta de la fe yavista a otros grupos emparentados que tal
vez no han presenciado los prodigios del peregrinaje por el de-
sierto.
El texto pone en boca de Josué una auténtica profesión de
fe en el Dios que ha guiado a su pueblo. Es una apuesta, una
opción y una promesa:
«Ahora, pues, temed a Yavé y servidle perfectamente, con
fidelidad; apartaos de los dioses a los que sirvieron vuestros
padres más allá del Río y en Egipto y servid a Yavé. Pero, si
no os parece bien servir a Yavé, elegid hoy a quién habéis de
servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá
del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis
ahora. Que yo y mi familia serviremos a Yavé» (Jos 24,14-
15).

La fidelidad de Josué florece en la fidelidad de su pueblo,


que una y otra vez (Jos 24,16.18.21) grita y promete allá en
el valle: «A Yavé nuestro Dios serviremos y a su voz atende-
remos» (Jos 24,24).
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Josué: El talante de un líder joven 19

Antes de despedir a las tribus, que se dispersan para volver


cada una a su heredad, Josué levanta un monolito que ha de
permanecer como monumento y advertencia, como recuerdo y
testimonio de la fidelidad a voces prometida (Jos 24,27). Era
aquélla una costumbre habitual. Pero no hubiera sido necesa-
ria aquella piedra. La misma vida de Josué se elevaba como re-
cordatorio y exigencia de fidelidad para su pueblo.
Un hombre fiel hace fieles a mil. Si somos fieles a una per-
sona, a una idea, a una experiencia, es porque a nuestro lado
alguien ha recorrido los difíciles caminos de la búsqueda en la
fidelidad.

Conclusión
Debió de morir cerca del año 1200 antes de Cristo. La no-
ticia de su muerte es sobria y ejemplar: «Después de estos
acontecimientos murió Josué, hijo de Nun, siervo de Yavé, a
la edad de ciento diez años» (Jos 24,29). Ya no nos llama la
atención el dato sobre su longevidad, semejante a la del pa-
triarca José (Gn 50,22.26), que tantas veces se evoca para su-
brayar la bondad religiosa y moral del personaje, a quien Dios
ofrece en vida la retribución por su conducta. Más nos sor-
prende el hermoso título de «siervo de Yavé», que se había
aplicado a Moisés (Jos 1,1; Dt 34,5) y un día se aplicará a Da-
vid (Sal 18,1; 89,4,21). Ese mismo título servirá para cantar
la figura paciente y redentora del «Siervo de Yavé», que, ele-
gido por el Señor, salva a su pueblo por medio de sus dolores
(Is 42,1), como anuncio y profecía de Jesús de Nazaret.
Fue enterrado en Timnat-Séraj, en la montaña de Efraím,
al noroeste de Betel, en el territorio que él mismo había reci-
bido en el reparto de la tierra.
Una última nota queda flotando en el texto bíblico: «Israel
sirvió a Yavé todos los días de Josué» (Jos 24,31). Esas sobrias
palabras del libro santo son el mejor elogio para un hombre
esforzado que buscó siempre la liberación para su pueblo. Ca-
minó sin demasiadas palabras, pero con una osada esperanza
en lo que a todos parecía imposible. Con una infinita confian-
za en el Dios que señala los caminos. Con una valiente bús-
queda en la fidelidad. Como quien se mantiene en la firmeza
y camina en seguimiento del Señor.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 20

20 Personajes del Antiguo Testamento

Así lo recordaba su pueblo. Y así lo cantaría, siglos más tar-


de, en momentos de dificultad para su pueblo, Jesús, el hijo
de Sirac:
«Josué, hijo de Nun, fue valiente guerrero,
sucesor de Moisés en la misión profética.
Haciendo honor a su nombre,
se mostró grande para salvar a los elegidos...
Siguió Josué al Poderoso
y en los días de Moisés mostró fidelidad,
lo mismo que Caleb, hijo de Jefoné,
haciendo frente a la multitud,
apartando al pueblo del pecado
y acallando la inmoral murmuración.
Por ello sólo ellos se salvaron
entre seiscientos mil hombres de a pie,
para ser introducidos en la heredad,
en la tierra que mana leche y miel» (Eclo 46,1.7-8).

También la tradición cristiana volverá a él sus ojos para re-


cordar que, «por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó,
después de ser rodeados durante siete días» (Heb 11,30). La
fidelidad del joven líder se confundía ya en la memoria con el
brillo de la virtud y la experiencia de la fe.

Bibliografía
Auzou, G., El don de una conquista, Fax, Madrid 1967.
Flecha, J. R., Buscadores de Dios, II. Entre el recuerdo y la profecía, Ed. Ate-
nas, Madrid 1993, pp. 17-22.
Gerard, A. M., Diccionario de la Biblia, Anaya & Mario Muchnik, Madrid
1995, pp. 748-754.
Ibáñez Arana, A., «Josué», en S. Guijarro-M. Salvador (eds.), Comentario al
Antiguo Testamento, Madrid 1997, pp. 303-332.
De Vaux, R., Historia antigua de Israel, Cristiandad, Madrid 1975.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 21

Samuel
y el desprestigio
de las instituciones religiosas
José Ignacio Blanco

Introducción
Samuel ha dado nombre a dos libros historiográficos del
Antiguo Testamento. La mayoría de los autores consideran
que él no es el protagonista de los mismos, dejando este papel
para Saúl y David fundamentalmente.
Sin embargo, Saúl y David, en sus respectivos comporta-
mientos ambivalentes, deben mucho a personajes que se man-
tienen en la sombra o, cuando menos, van viviendo como Juan
el Bautista: menguando para que otros crezcan.
Samuel fue escogido por Dios para una labor nada fácil:
afrontar un cambio sociopolítico desde el discernimiento de lo
que Dios le pedía. También hubo momentos en que se equi-
vocó. Pero su fidelidad a lo que Dios le pidió brotó de la pro-
pia experiencia de saber que Dios había confiado en él al en-
cargarle una misión.
Vamos a tratar un poco con él.

1. Contexto en el que le toca vivir:


a caballo entre dos épocas
Cuando Samuel nace, el régimen político que se encuen-
tra es el de las tribus. Sin embargo, el número de doce tribus
no corresponde por sus nombres a las doce tribus entendidas
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 22

22 Personajes del Antiguo Testamento

como descendientes de los doce patriarcas. La tribu de Leví


no mantuvo territorio cuando fue encargada de actividades
cultuales; la de José fue instalada en dos «tribus» con los
nombres de los hijos de éste: Efraím y Manasés (Gn 48). En
todo momento, sin embargo, se mantuvo el número de doce
probablemente dictado por el turno mensual (o bimensual)
de sostenimiento del santuario central. Ésta, en algún mo-
mento llamada anfictionía israelita, difirió de las de otros te-
rritorios (Grecia y Roma, por ejemplo) no en su forma exter-
na, sino en la adhesión al Dios bajo cuya protección se formó
(Yavé).
Este sistema sociopolítico, en época de Samuel, no exigía
una dirección política centralizada más que en casos de extre-
ma necesidad o amenaza para una buena parte del territorio
ocupado por las tribus por parte de un enemigo extranjero al
que una tribu por sí sola no podía hacer frente. En estos casos,
Yavé suscitaba un líder, llamado juez (sofet) y las hazañas de los
principales están recogidas en el libro de los Jueces.
Puesto que la instalación en la tierra prometida se había
realizado de forma escalonada y por el sistema de conquista
teniendo que expulsar a otros pueblos, los miembros de las
tribus de Israel no estaban precisamente bien vistos por sus
vecinos (hititas, jeveos, joritas, jebuseos, pereceos, etc., cuyo
conjunto es conocido como pueblo cananeo). Estos pueblos son,
religiosamente, politeístas. El jefe de los dioses es Baal (= se-
ñor), título de Hadad, dios semita de las tormentas que rei-
naba como jefe de los dioses en una encumbrada montaña al
norte.
Entre las divinidades femeninas destacan Aserá, Astarté y
Anat, que representan el principio femenino en los cultos de
la fecundidad. Son representadas como prostitutas sagradas.
En el mito cananeo era importante la muerte y resurrección
de Baal, que correspondía a la muerte y resurrección anual de
la naturaleza. Cuando el mito era reactualizado mediante un
ritual se creía que las fuerzas de la naturaleza eran avivadas y
que la ansiada fecundidad del suelo, animales y personas que-
daba asegurada. Prostitución sagrada, homosexualidad, ritos
orgiásticos eran prácticas rituales de los cananeos. Pero es im-
portante no quedarse sólo en el aspecto envilecedor moral-
mente hablando de estas prácticas sino descubrir el aspecto de
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 23

Samuel y el desprestigio de las instituciones religiosas 23

esclavitud personal y colectivo que generan este tipo de ritos


y prácticas. No en vano la raíz hebrea «Baal» significa «se-
ñor», «dominador» que termina esclavizando a aquellos que
lo adoran. Conviene tener esto en cuenta a la hora de contem-
plar los enfrentamientos de Yavé con Baal.
En este momento Israel no fue un Estado ni tuvo gobierno
central, ni ciudad capital, ni burocracia administrativa. Las di-
versas tribus gozaban de completa independencia. La sociedad
tribal era patriarcal en su organización interna. Los ancianos
resolvían los litigios y sus prudentes consejos eran tenidos en
cuenta.
La «confederación» tenía su punto focal en el alto (tel) en
el que residía el arca de la alianza, situada, durante la mayor
parte del primer período, en Siló (territorio de Efraím, actual
Samaría). En los días festivos establecidos acudían gentes de
todas las tribus para buscar y celebrar la presencia de Yavé, re-
novar la alianza con Él e intercambiarse información acerca de
problemas que les iban surgiendo. En estas «romerías» empe-
zaron a originarse las primeras leyes de las tribus que surgían,
casi siempre, a raíz de problemas comentados allí.
Esta renovación de la Alianza con Yavé había sido realiza-
da solemnemente en tiempos de Josué y, tal como nos cuenta
el capítulo 24 del libro homónimo, fue realizada en Siquén
cuando los israelitas que se estaban instalando en la tierra de
Canaán son forzados por Josué a tomar una decisión con res-
pecto a Yavé, decisión que fue a favor de Éste. Pero dejaba un
amplio margen de libertad a la práctica religiosa de sus miem-
bros. Por ello, en esta época hay que distinguir bien entre re-
ligión nacional y tribal. Y de esta forma el culto yavista fue
penetrando poco a poco en los santuarios de las regiones don-
de se habían instalado las tribus. Entre éstos cabe destacar el
de Betel, que debió de ser el primer santuario de la confede-
ración tribal (Jue 20,18.26s). Posteriormente lo fue Siló (1
Sam 1ss) y, después de su destrucción, lo sustituyó por algún
tiempo Guilgal (junto a Jericó: 1 Sam 10,8; 11,14...).
En tiempos de Samuel la institución de los jueces toca a su
fin y empiezan a darse las circunstancias oportunas para que
empiece a plantearse un nuevo sistema político: la monarquía,
que, en el caso de Israel, cuyo jefe supremo es Yavé, va a tener
una problemática peculiar.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 24

24 Personajes del Antiguo Testamento

2. Presentación del personaje: Samuel


En torno al año 1070 a.C. nace Samuel, probablemente en
Ramá y, según el redactor deuteronomista, autor de estos re-
latos, como fruto de un regalo de Yavé a sus padres, ya ancia-
nos y estériles. Como correspondencia a este regalo sus padres
lo consagran al Señor como nazir 1.
Ateniéndonos a la etimología, Samuel significaría «su
nombre es Dios» 2. Sin embargo, no hay relación entre esta eti-
mología y la explicación que su madre Ana da cuando le im-
pone el nombre («se lo he pedido al Señor», 1 Sam 1,20) que
correspondería mejor a la raíz sam, «escuchar». En este caso Sa-
muel sería «Dios ha escuchado», identidad expresada en este
nombre y que permite comprender mejor la respuesta de Sa-
muel a la llamada de Yavé: si Dios escuchó la petición de mi
madre, ahora «habla, que tu siervo escucha», lo cual va a con-
vertirse en la misión de Samuel. Identidad y misión que bro-
tan de un diálogo personal y que manifiesta la estrecha rela-
ción existente entre la identidad nueva que da Dios cuando se
encuentra con el hombre, identidad que ya será orientada a
cumpir la Palabra de Aquel que ha llamado.
Como consecuencia de su consagración al Señor, Samuel
quedó en el santuario de Siló junto al sacerdote Elí (1 Sam
2,11).
Para muchas personas es conocido el relato de la vocación
de Samuel (cap. 3), percibido como una relectura de Samuel y
su misión a la luz del profetismo de los siglos VIII-V a.C. Sin
embargo, pocas veces contemplamos la primera misión que
Yavé le encomienda (1 Sam 3,11ss): tener que anunciar a Elí,
su educador, a cuyo lado creció en el santuario de Siló y por
quien sentía un gran aprecio, la destrucción de él y de sus hi-
jos y de toda su familia. Uno de los signos distintivos, para el
redactor deuteronomista, de los verdaderos profetas frente a
los falsos: el falso profeta anunciará lo que el oyente o el que

1
É. Lipinski. «Nazir: persona consagrada a Dios obligada a reglas precisas: de-
be abstenerse de vino y dejar crecer la cabellera. En tiempos de Samuel este voto
era ya temporal». Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Herder, Barcelona 1993, p.
1081.
2
J. Auneau, Diccionario enciclopédico de la Biblia, Herder, Barcelona 1993. Voz:
«Samuel», pp. 1390-1391.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 25

Samuel y el desprestigio de las instituciones religiosas 25

le paga quiere oír; el verdadero profeta tendrá que hacer de tri-


pas corazón para cumplir el mandato de Yavé aunque esto con-
lleve grandes rupturas a nivel humano. No es extraño que tu-
viera miedo de contarle a Elí el mensaje de Yavé (3,15).

3. Samuel y las instituciones religiosas


Teniendo en cuenta que Elí es sacerdote del santuario de Si-
ló, en cuyos muros se encuentra el arca de la alianza, podemos
empezar a ver desde aquí el contraste entre Samuel y las inci-
pientes instituciones religiosas (sacerdocio, santuario y arca).
El capítulo 2,12ss nos había puesto al corriente de la de-
generación y posterior desprestigio de la institución sacerdo-
tal a través de la narración del comportamiento de los hijos de
Elí: apropiarse de la ofrenda del Señor, prostituirse con las
doncellas que velaban a la entrada de la tienda del encuentro...
e, incluso, el reproche que hará Yavé al propio Elí por haber
consentido el comportamiento de sus hijos.
Con respecto a otro de los elementos institucionales reli-
giosos, el arca, era inusual llevarla hasta el mismo campo de
batalla 3 y el hecho de que sea capturada por los filisteos pone
de manifiesto el contenido religioso de las batallas entre Israel
y los pueblos vecinos.
Ambas actuaciones, la de los hijos de Elí y la utilización del
arca en la línea de combate, ponen en evidencia un comporta-
miento que el Antiguo Testamento trata siempre de corregir:
si los dioses de los pueblos circundantes utilizan a sus adora-
dores para satisfacer las necesidades que en ellos han «proyec-
tado» sus fieles, Yavé, dios de los ejércitos en esta época, no lo
consiente porque se ha ido manifestando como un Dios perso-
nal que, lejos de utilizar a sus fieles, ha establecido una Alian-
za con ellos, expresión de la libertad mutua y de algo más que
una satisfacción de necesidades. Por eso, suscitar a Samuel ha-
ce que las instituciones religiosas no tergiversen ni su identi-
dad ni su misión: servir a Yavé y no servirse de Yavé para in-
tereses personales u oscuros, con la conciencia de que, en el así

3
Comentario Bíblico «San Jerónimo», Cristiandad, Madrid 1971.Vol. I, p.
458.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 26

26 Personajes del Antiguo Testamento

llamado servicio a Yavé, la relación no es de esclavitud, sino


que el servicio a Dios se va revelando como la liberación pro-
gresiva del pueblo y de cada uno de sus miembros.
Paralelamente a esta realidad, me importa destacar el pro-
ceso que se produce en la progresiva identidad de Samuel. És-
te es presentado en el capítulo 3 como profeta de Yavé y así es
reconocido por todo Israel. Como elemento identificativo de
esta realidad aparece ya el hecho de que «el Señor revelaba su
palabra a Samuel» (3,21).
Sin embargo, en el capítulo 7,15, el redactor deuterono-
mista deja constancia de una identidad distinta: «Samuel ac-
tuó como juez de Israel durante toda su vida», recorriendo los
otros tres santuarios (Betel, Guilgal y Mispá) desde donde juz-
gaba a Israel. Pero la función de juez no conviene confundirla
con la posible proyección que nosotros podemos hacer desde
los jueces que conocemos ahora resolviendo litigios en las au-
diencias. En esta época, la raíz hebrea de sofet tiene un campo
semántico que significa el ejercicio de plenos poderes otorga-
dos de dirección y gobierno.
Puede ser cierto, desde el análisis de los textos, que el ca-
pítulo 7,3-17 no esté en el sitio adecuado 4, pero cuando el re-
dactor final lo ha colocado ahí no es descabellado pensar en la
intención del redactor que pudo querer poner de manifiesto, a
través de mostrarnos a Samuel primero como profeta y luego
como juez, no sólo el papel que desempeñó este personaje co-
mo bisagra entre el régimen de los jueces y el de la monar-
quía, sino también que el papel de los nuevos dirigentes y go-
bernantes de Israel debería ejercerse como resultado de haber
escuchado primero la palabra de Yavé, función que era exclu-
siva de los profetas, como se verá después en todo el profetis-
mo posterior y que comienza a ponerse por escrito en tiempos
de la consolidación de la monarquía (siglo VIII). Exactamen-
te lo mismo podemos decir de la función de los «videntes»
que, si bien conocen cosas ocultas y están relacionados con
funciones cúlticas 5 (7,10; 9), el hecho de que sea llamado así
Samuel en una parte del relato más posterior indicaría posi-

4
Ibid., p. 460.
5
J.L. Sicre, «Profetismo en Israel», Editorial Verbo Divino. Estella 1992, p.
78.
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Samuel y el desprestigio de las instituciones religiosas 27

blemente que esa función de conocimiento de las cosas ocul-


tas y las funciones cúlticas empiezan a tener que resituarse des-
de la escucha de la Palabra de Yavé.
Con respecto a la monarquía, que aparece como una insti-
tución político-religiosa en cuanto que el rey gobierna en
nombre de Yavé, el redactor deuteronomista nos ha dejado
constancia de las dos tendencias que había en Israel con res-
pecto a esta institución: una promonárquica y otra antimo-
nárquica.
Dentro de las posiciones antimonárquicas se encuentra Sa-
muel, quien, muy pronto y a pesar de haber aceptado a Saúl
como rey por presión de los ancianos de Israel, se separó del
primer rey y se convirtió en uno de sus enemigos. Religiosa-
mente, el advenimiento de la monarquía fue vivido por Israel
no sin dificultades, ya que significaba «desplazar» a Yavé co-
mo único rey hasta entonces, aunque la peculiaridad de la mo-
narquía israelita no influyó tan negativamente como a veces se
supone en la continuidad con el yavismo.
Desde el punto de vista político, Samuel representa el final
del sistema de las tribus y, con él, el final de la época de los
jueces como gobernantes del pueblo. Desde el punto de vista
religioso, Samuel representa la consolidación del profetismo
como sistema de relación entre Yavé y su pueblo, así como la
función que desempeñan los profetas en el control del monar-
ca y del pueblo, por lo tanto, garantes de la teocracia.
En cualquier caso, el paso del antiguo régimen tribal al mo-
nárquico no provocó una crisis intensa en el ámbito religioso
y cultual. Pero la confluencia en la persona de Samuel de esos
tres rasgos de identidad que hemos enumerado más arriba
(profeta, juez, vidente) hacen de nuestro personaje una expre-
sión singular de la evolución, sobre todo religiosa, que experi-
mentó el pueblo de Israel en un corto período de tiempo.
En efecto, Samuel comienza su educación y formación al
abrigo del sacerdocio cúltico de Elí en el santuario de Siló, cu-
yo fin debe anunciar como primera misión que Yavé le encar-
ga. Ser llamado «vidente» pone de manifiesto la existencia de
estas figuras que, como hemos referido más arriba, tienen la
capacidad de conocer las cosas ocultas y manipularlas para
controlar los acontecimientos. Sin embargo, cuando la Sagra-
da Escritura y, en este caso concreto, el redactor deuterono-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 28

28 Personajes del Antiguo Testamento

mista hace prevalecer la identidad de Samuel como profeta


que hace lo que Yavé le dice, aun en contra de sus propias ideas
o sentimientos naturales lo que está poniéndose de manifiesto
es una realidad que, según von Rad 6, fue fuertemente defen-
dida por el yavismo a lo largo de toda su historia: la aversión
y el rechazo que éste experimentó por y contra la magia y sus
manifestaciones. Los límites que puso la religión yavista a la
magia y a su deseo de controlar la divinidad se perciben en la
manifestación personal que Yavé ejercía. Esta actuación era
irreconciliable con el automatismo impersonal de las fuerzas
mágicas. Nadie podía alcanzar a Yavé con ayuda de influencias
mágicas ni podía defenderse de Él con invocaciones hechice-
ras. Por esto mismo, Israel empezó muy pronto a liberar sus
concepciones jurídicas de todo elemento mágico y no tardó en
sustituir la idea mágica de la culpa por conceptos bien claros
sobre la responsabilidad moral del individuo 7.
En este sentido, por tanto, nos encontramos, es cierto, con
unas instituciones religiosas precarias, cumpliendo su papel y,
viendo el comportamiento de Elí y sus hijos, ciertamente de-
cadentes y corruptas. Unas instituciones religiosas (sacerdocio,
santuario y arca) que corresponden a un estadio de la evolu-
ción religiosa todavía no demasiado definida: por un lado, Elí
custodia el arca como signo de la Alianza realizada con Yavé;
por otro, la sola presencia del arca en manos de los filisteos
provoca fenómenos mágicos que terminan por amedrentar a
los filisteos, los cuales acaban por devolver el arca a su dueños
(cap. 6). Presencia de una realidad ambivalente de la que el re-
dactor de estos libros ha ido dejando huellas en el relato, co-
mo se verá más tarde también en la visita de Saúl a la pitoni-
sa de Endor: pensamiento mágico, en el cual predomina la
vida afectiva sobre la intelectual cuando los acontecimientos
que no se controlan provocan miedo y temor y necesitan un
pensamiento mágico para canalizar y liberar la angustia que
provocan; claridad en el mensaje cuando Dios hace escuchar su
Palabra al profeta y va ayudando al pueblo a afrontar lo des-
conocido desde la confianza en momentos en los que se está
produciendo un cambio sociopolítico que no es ajeno a Yavé.

6
G. von Rad, Teología del Antiguo Testamento, Sígueme, Salamanca 1972. Vol.
I, pp. 61-62.
7
Ibid., p. 62.
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Samuel y el desprestigio de las instituciones religiosas 29

Pero, al mismo tiempo, iniciando Samuel (y ésta es sin duda


su grandeza) su labor profética desde la obediencia de la fe
(«habla, que tu siervo escucha», 3,10) cuando Yavé irrumpe
en su vida sin conocerlo (3,7), es entonces cuando aparece la
originalidad de Samuel frente a las instituciones religiosas
previamente existentes, dándoles un nuevo enfoque desde la
realidad profética: la dominación de las fuerzas ocultas (vi-
dencia) y el ejercicio del poder político y religioso (juez-mo-
narca) deberán ejercerse escuchando la Palabra de Yavé cuan-
do ésta tiene a bien revelarse, como queda esbozado en el
mismo nombre de nuestro personaje: «Dios escucha» expresa
la identidad del primer profeta y así se le llamó; su misión,
igualmente, estará marcada por escuchar a Dios y comunicar
su Palabra a los hombres.
Esta misión va haciendo avanzar la revelación de Dios a su
pueblo. Va manifestándose como un Dios personal, que dialo-
ga, que orienta el camino de la auténtica realización humana
y creyente. Nosotros lo vemos ahora como un paso pequeño,
pero necesario en el marco de la pedagogía de Dios: el profe-
tismo, en cuanto es un fenómeno de escucha de la palabra de
Dios y de ayuda a responder al pueblo y a sus dirigentes (tan-
to políticos como religiosos), va mostrando que el pensamien-
to mágico no es digno del hombre y, por no serlo, manifiesta
una de las esclavitudes más arraigadas en la conciencia huma-
na: el miedo a la finitud y a la muerte. Mientras que las prác-
ticas mágicas y el pensamiento mágico que manifiestan no li-
beran del terror, sino que lo van alimentando, la escucha de
Dios va haciendo crecer en confianza en Él y en los demás. Por
ello, cuando es invocado el espectro de Samuel por Saúl
(28,15), Samuel le responde de mal aire: «¿por qué me has
molestado»? Lo cual deja entrever la situación de bienestar en
que los difuntos se encontraban a juicio de la mentalidad de
la época.
Samuel, siendo primitivo pero primer profeta, está ya
apuntando hacia dónde camina el papel de las instituciones re-
ligiosas: en la medida en que éstas sean capaces de escuchar la
palabra profética de Yavé, serán mantenidas. En la medida en
que esas mismas instituciones se sirvan a sí mismas, se verán
destruidas.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 30
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 31

Nabot:
La dramática grandeza del débil
Víctor Morla Asensio

La historia de Nabot, que ocupa el capítulo 21 del primer


libro de los Reyes, está enmarcada en el amplio informe del
reinado de Ajab (1 Re 16,29-22,40), que gobernó Israel entre
los años 874 y 853 a.C. No es la única historia contada en es-
te informe, pues su figura señera, aparte del propio Ajab, es el
profeta Elías, cuyo ciclo comienza precisamente en el capítulo
17 del mismo libro. El informe del reinado de Ajab se carac-
teriza por los continuos enfrentamientos entre el rey de Israel
y el profeta de Yavé. En consecuencia, Nabot es una figura se-
cundaria, en el sentido de que, en el amplio marco narrativo
de la crónica del rey Ajab, está subordinado a la pareja Elías-
Ajab. Pero vayamos por partes.

1. Estudio de los operadores narrativos


a. Personajes
Aparte de Yavé, que en toda la obra deuteronomista apare-
ce como señor de la historia y conductor de todos los aconte-
cimientos, contamos con cuatro personajes principales: Nabot,
el rey Ajab, la reina Jezabel 1 y el profeta Elías.
El nombre de Nabot aparece en 19 ocasiones, entre los vv. 1
y 19. Su presencia es abrumadora hasta la intervención de Elías.

1
De aquí deriva el castellano «Isabel».
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32 Personajes del Antiguo Testamento

Cuando el profeta se enfrenta con el rey, Nabot y su recuerdo


desaparecen de escena en favor del enfrentamiento Elías (Yavé)-
Ajab.
A pesar de su frecuente mención, sólo oímos la voz de Nabot
en una ocasión, cuando se niega a acceder a la solicitud del rey:
«Yavé me libre de darte la heredad de mis padres». Eso es todo.
Es una figura a la vez presente (continuamente manipulada de
palabra y de obra) y ausente (nada sabemos de sus reacciones a
las manipulaciones de que fue objeto). El narrador no nos infor-
ma ni de su lugar de origen ni de su estatus. Está en boca de to-
dos, pero su personaje se caracteriza por el silencio. Es el símbo-
lo de la humillación y la manipulación. A partir de su decisión
de defender su dignidad de hombre libre a cualquier precio, va
desapareciendo devorado por la ambición, las insidias, el falso
testimonio y el asesinato. Muere como un perro; al parecer, ni si-
quiera es digno de una sepultura, como cualquier israelita cabal.
El rey Ajab es mencionado a lo largo de todo el relato. Ha-
bla con los otros tres personajes principales: Nabot, Jezabel y
Elías. Aparece en el v. 1 y no desaparece hasta el último ver-
sículo (v. 29). El autor lo nombra explícitamente en 19 oca-
siones, las mismas que Nabot. Sin embargo, su presencia en el
relato es más equilibrada que la de éste.
De Jezabel se habla explícitamente en 8 ocasiones (más una
recurrencia implícita). Su único interlocutor es el rey. Con
otros personajes sólo se comunica por escrito, o bien no se re-
produce el diálogo. Aparece en el v. 5 y desaparece en el v. 15,
aunque es mencionada en el oráculo de Elías y en el parénte-
sis moralizante de vv. 25-26. Su importancia es decisiva, pues
es en realidad quien desencadena el drama y quien provoca la
intervención del enviado de Yavé. Es decir, a Jezabel se debe
el impulso narrativo del relato.
Contamos con otra serie de personajes de menor importan-
cia: los ancianos y los notables (vv. 8.11), paisanos de Nabot;
y los testigos falsos (vv. 10.13) 2. De los primeros sólo sabemos

2
El hebreo dice benê belîya‘al, literalmente «personas sin-valor», «gente in-
útil». La falta de valía es probablemente social en su origen: gente desarraigada o
poco integrada en el cuerpo social, y por tanto no digna de fiar. Pero el término
acabó teniendo connotaciones morales: gente de poca valía ética, personas ruines
y sin escrúpulos. El hebreo belî ya‘al pasó a designar, en la apocalíptica, a la per-
sonificación del mal: Belial o Beliar.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 33

Nabot: La dramática grandeza del débil 33

que son los receptores y los ejecutores del plan de Jezabel. En


ningún momento oímos su voz. Desconocemos la procedencia
de los testigos falsos, aunque los vemos hablar en el v. 13:
«Nabot ha maldecido a Dios y al rey». Su voz es tan tenue
como la del acusado Nabot, de quien sólo se reproduce una
frase en todo el relato, como ha quedado dicho. En realidad,
Nabot había bendecido [respetado] a Yavé al negarse a des-
prenderse de su heredad (don del Dios de Israel); y Ajab se ha-
bía sentido maldecido [despreciado] por Nabot. Los falsos tes-
tigos dicen justo lo contrario de lo sucedido. Pero lo curioso
del contenido de la acusación es que el rey se equipara a Yavé,
como si una ofensa dirigida contra el monarca implicase auto-
máticamente al Dios de Israel. Por otra parte, la acusación en-
cierra cierta mordacidad, pues, en realidad, quien acaba mal-
diciendo a Yavé (y en consecuencia a sí mismo) es el propio
Ajab al asesinar y expoliar a Nabot, al derramar sangre ino-
cente. Es decir, conforme discurre la narración, el lector va
descubriendo que el sujeto del contenido de la acusación es el
propio rey. Al final, habría que decir: «Ajab ha maldecido a
Dios».
Yavé aparece en el v. 17 proclamando un oráculo por medio
de Elías y desaparece al final del relato (vv. 28-29) constatan-
do la humillación de Ajab (eficacia del oráculo) y retractándo-
se del mal personal que había decidido infligirle. Ambas in-
tervenciones son introducidas por el mismo elemento formal
oracular: «Fue dirigida entonces la palabra de Yavé a Elías el
tesbita diciendo». El oráculo de los vv. 17-24 es muy confu-
so. A primera vista da la impresión de que se trata de un tex-
to redactado torpemente a partir de algún oráculo original del
profeta y de otros elementos oraculares inventados por el re-
dactor para adecuar las palabras del profeta al curso de la his-
toria de Ajab y su familia y al destino de Jezabel. Pero volve-
remos más tarde sobre ello.

b. Acciones y pasiones
Fijémonos en primer lugar en los verbos: de locución, de
actividad y de movimiento. Más tarde consideraremos algunos
sustantivos.
1. Verbos. A lo largo de todo el relato predominan clara-
mente los verbos de locución: (1) dbr/’mr «hablar/decir» apa-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 34

34 Personajes del Antiguo Testamento

recen en 28 ocasiones (más cuatro veces el sustantivo dabar


«palabra»). Se reparten armónicamente por toda la narración,
desde el v. 2 al v. 28. «Hablan» todos los personajes, salvo los
ancianos y los notables, pero sobre todo Ajab, Jezabel, Elías y
Yavé. (2) qr’ «convocar» (sujetos, los ancianos; vv. 9.12). (3)
brk «maldecir» 3 forma parte del contenido del falso testimo-
nio contra Nabot (vv. 10.13). (4) ßm‘ «oír/escuchar» aparece en
los vv. 15 (sujeto Jezabel) y 16.27 (sujeto Ajab).
Los verbos de actividad se distribuyen por el relato de la si-
guiente forma: (1) El más importante, sin duda, es ntn «dar».
Se diría que es el verbo clave, pues aparece 11 veces. Ajab pi-
de a Nabot que le dé su huerto; Nabot rehúsa darle el huerto;
Ajab cuenta a Jezabel que Nabot no quiere darle el huerto; Je-
zabel asegura a Ajab que ella le dará el huerto; al final Yavé
va a dar (a entregar) la dinastía de Ajab. Resulta evidente la
importancia de este verbo y cómo el autor juega con su signi-
ficado: Ajab le arrebata a Nabot el huerto que éste se niega a
darle; Yavé arrebatará a Ajab su casa (dinastía) y se la dará a
otro. En este caso, es más importante para Yavé el huerto de
Nabot que la casa-dinastía de Ajab. Nabot actúa amparado
por el derecho divino; Ajab llega al crimen de estado y al ro-
bo de una heredad de Yavé movido por el capricho y la codi-
cia. Tanto el huerto (la heredad-regalo de Yavé) como la di-
nastía (regalo de Yavé a Israel) eran un don libre de Dios, que
Israel debía respetar escrupulosamente y el rey en concreto de-
fenderlo. (2) El verbo ’kl «comer» tiene una importante fun-
ción desde el punto de vista narrativo. Aparece en seis ocasio-
nes: dos grupos de tres, estratégicamente distribuidos (vv.
4.5.7; vv. 23.24bis). Las tres primeras veces se dice de Ajab:
el rey enrabietado se niega a tomar alimento. Los sujetos de las
otras tres recurrencias son animales: los perros y las aves de-
vorarán a Jezabel o a cualquier persona del círculo familiar de
Ajab que se encuentre seguro en palacio o inseguro en des-
campado. El rey enfadado no quiere comer; Yavé enfadado da-
rá de comer a los perros (animales impuros) la carne de su es-
posa y de sus allegados (carne regia). (3) El verbo ‘∂ h «hacer»,

3
En realidad este verbo significa «bendecir». Pero era tal el respeto que los
escribas tenían al nombre de Yavé, que, cuando tenían que escribir «maldecir a
Yavé», escribían en realidad «bendecir a Yavé». De esa forma evitaban reprodu-
cir por escrito una blasfemia. Tenemos el mismo caso en Job 1,5.11; 2,5.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 35

Nabot: La dramática grandeza del débil 35

de por sí genérico, se especifica merced a los complementos.


Aparece en cinco ocasiones: el sujeto es Ajab (tres veces; vv.
7.20.25), los ancianos y notables (hacen lo que les manda Je-
zabel; v. 11) y los amorreos (v. 26). Sorprende sobre todo el uso
de este verbo en el caso del rey; el contraste es brutal. Ajab,
representante de Yavé entre su pueblo, tiene que ejercer el
«oficio de la realeza» (‘å∂â melûkâ). Se lo recuerda Jezabel: «¿Y
eres tú quien reina en Israel?»; literalmente: «¿Y eres tú quien
hace (el oficio de) la realeza en Israel?». La pregunta de Jeza-
bel es perversamente irónica. Pero el sentido de la expresión
es claro en la Biblia: el oficio real («hacer la realeza») sólo se
justifica desde el ejercicio de la justicia. Y este estatuto real
contrasta brutalmente con los otros dos usos del verbo «ha-
cer» aplicado a Ajab: el rey «hizo el mal a los ojos de Yavé»
(vv. 20.25). Su conducta no es la de un israelita cabal, sino la
de un extranjero idólatra (los amorreos del v. 26). (4) El ver-
bo yrß es muy importante desde el punto de vista teológico.
Según conjugaciones, significa «recibir en herencia», «tomar
en posesión (como herencia)», «desposeer (para dar a otros en
herencia)». Con todos estos significados juega el autor del re-
lato (explícita o implícitamente). Es un verbo típico del Deu-
teronomio y de la teología deuteronomista, que indica dos ac-
tividades por parte de Yavé: desposeer de su tierra a los
cananeos y dársela en heredad a su pueblo Israel. Los israeli-
tas, por su parte, toman posesión de la tierra que Yavé les re-
gala. Yavé es dueño del país de Canaán, que entrega como don
a los israelitas para que se lo repartan y vivan en él en relacio-
nes de justicia. Los hijos de Israel (rey incluido) no son sino
administradores de la tierra. Desde esta teología de la tierra
resulta monstruosa una vez más la actuación de Ajab. El huer-
to de Nabot es la heredad de sus antepasados, concedida por
Yavé. El rey tenía la obligación de defender el derecho de Na-
bot. Pero el monarca actúa en contra del derecho divino, per-
virtiendo la justicia e incluso recurriendo al asesinato. Es nor-
mal entonces que Yavé quiera pagar a Ajab con la misma
moneda: la muerte ignominiosa y la pérdida de su casa (di-
nastía). (5) Finalmente el verbo mkr en Hitp «venderse», que
se dice de Ajab dos veces (vv. 20 y 25). Es Elías quien echa en
cara al rey esa actitud. Venderse significa entregarse a una ac-
tividad en la que uno pierde su libertad. ¿Encaja este signifi-
cado en el comportamiento de Ajab respecto a Nabot? Parece
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 36

36 Personajes del Antiguo Testamento

que no. Los redactores de este relato han mezclado la historia


del crimen de Ajab con la crítica de la tradición al culto que
dio Ajab a los ídolos extranjeros, inducido por su esposa Jeza-
bel, hija del rey de los sidonios (cf. 1 Re 16,30-33). De hecho,
en la intervención de Elías (vv. 17-24) parecen mezclarse dos
oráculos, uno referente al caso concreto de Nabot y otro rela-
tivo a la actividad idolátrica del rey (veladamente en el v. 22;
claramente en los vv. 25-26).
Éstos son los principales verbos de movimiento: (1) ß kb
«acostarse» se dice en dos ocasiones de Ajab. En el v. 4 el rey
se acuesta (en su cama) triste y malhumorado por la negativa
de Nabot; en el v. 27 se acuesta (sobre un saco) en señal de pe-
nitencia 4. En el primer caso, la tristeza era inmotivada, sólo
fruto de su orgullo herido; en el segundo, tiene motivos para
estar abatido: él va a morir como un animal y su reino pasará
a manos de otro. (2) qwm «levantarse». Implica decisión y po-
der. Jezabel pide a Ajab que se levante: «levántate y come» (v.
7); «levántate y toma posesión» (v. 15). La frustración inicial
es superada por la supresión del impedimento. «Se levantó
Ajab y bajó al huerto» (v. 16). Pero parece que el rey no con-
taba con otro poder capaz de tomar decisiones. Yavé da una or-
den a su siervo el profeta: «Levántate y baja al encuentro de
Ajab» (v. 18). ¿No resulta curiosa la correspondencia entre Ya-
vé-Jezabel y Elías-Ajab? Jezabel da la orden a Ajab de «le-
vantarse y bajar (a tomar posesión)»; Yavé da la orden a Elías
de «levantarse y bajar (al encuentro de Ajab)». Es decir, Ajab
es a Jezabel lo que Elías a Yavé. Dicho de otro modo, parece
que el enfrentamiento no se da entre Ajab y Yavé, sino entre
Jezabel y Yavé. No en vano, Jezabel es una princesa extranje-
ra, de un país idólatra, adoradora de Baal. Por una parte, nos
encontramos con la eterna lucha entre Yavé y Baal. Pero, por
otra parte, da la impresión de que el redactor pretende des-
cargar los desmanes del rey israelita en los débiles hombros de
Jezabel, a la que indirectamente hace culpable del asesinato de
Nabot y de la idolatría de Ajab. Cherchez la femme! (3) yrd «ba-
jar» aparece tres veces, dos con referencia a Ajab (vv. 16.18) y
una a Elías (v. 18). Rey y profeta «bajan», este último por or-
den de Yavé. Ajab baja de su palacio (poder) y se sitúa al ni-
vel del hombre de la calle. ¿De dónde baja Elías? Probable-

4
Recordemos el caso de David (2 Sam 12,16-17).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 37

Nabot: La dramática grandeza del débil 37

mente del monte Carmelo, donde al parecer residía habitual-


mente. Se trata de un monte con una tradición sagrada, como
muchos en Israel. De hecho, en el Carmelo había tenido lugar
la confrontación entre Yavé y su profeta, por una parte, y Baal
y sus profetas, por otra (1 Re 18,20-40). Es decir, el verbo «ba-
jar» aplicado a Elías indica que el profeta ocupa un lugar emi-
nente, tan digno como pueda ser el de Ajab. Elías baja de la
presencia de Yavé. (4) hlk «ir/andar» sólo se dice del rey. Dan-
do las espaldas a Yavé, había «andado» buscando seguridad
tras los ídolos (v. 26). Tras sufrir el acoso de la palabra de Ya-
vé anunciada por Elías, Ajab «andaba» taciturno. Cuando los
seres humanos no andan por el camino adecuado, acaban des-
viados, des-caminados, frustrados.
Dejamos para el final el verbo mwt «morir», pues no entra
en ninguna de las categorías anteriores (locución, actividad,
movimiento). Aparece en siete ocasiones con una dramática
monotonía (vv. 10.13.14.15[bis].16.24). Excepto en el último
caso, las otras veces se trata de la muerte de Nabot. El narra-
dor no se limita a contarnos la maquinación de Jezabel (v. 10)
y a llevarnos al lugar del crimen (v. 13), sino que repite la ac-
ción con una frase estereotipada que resuena con tristeza en el
interior del lector:
Orden de Jezabel: «Lo sacáis... y lo apedreáis hasta que
muera» (v. 10).
Ejecución de la orden: «Lo sacaron... y lo apedrearon has-
ta que murió» (v. 13).
Informe a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muer-
to» (v. 14).
Reacción de Jezabel: «Oyó... que había sido apedreado y
que había muerto» (v. 15a).
Jezabel informa a Ajab: «Nabot no vive; ha muerto» (v.
15b).
Reacción de Ajab: «Cuando oyó Ajab que Nabot había
muerto...» (v. 16).

Podemos observar la clara diferencia entre los cuatro pri-


meros casos y los dos restantes: cuando Jezabel actúa a espal-
das del rey se repiten con monotonía los verbos «apedrear» y
«morir»; cuando la reina informa a Ajab, oculta la lapidación.
No ha habido un crimen; Nabot simplemente «no vive; ha
muerto».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 38

38 Personajes del Antiguo Testamento

La última recurrencia del verbo «morir» (v. 24) subraya la


retribución divina: la muerte de Nabot exige en contrapartida
la muerte de algunos allegados de Ajab. Pero no se trata de un
simple «ojo por ojo»: los muertos de la casa real no tendrán un
entierro digno; serán pasto de animales impuros (perros y aves
carroñeras). El castigo puede parecer desmesurado, pero es que,
además de perpetrarse un crimen de estado, se ha conculcado
el derecho divino israelita. La dignidad de Nabot, pisoteada
por la casa real, exige la muerte indigna de los representantes
de la realeza. El estatuto de la monarquía se ha teñido de san-
gre inocente; sus mancilladores deben morir mancillados.
Más tarde nos enteraremos del trágico final de Ajab:
«Después de su muerte, llevaron al rey [Ajab] a Samaría,
donde lo sepultaron. Lavaron el carro en la alberca de Sama-
ría; los perros lamieron la sangre del rey y las prostitutas se la-
varon con ella, según las palabras del Señor» (1 Re 22,37-38).

¿Y cómo murió Jezabel? Esto nos dice la historia bíblica:


«Jehú entretanto llegó a Yezreel. Al enterarse Jezabel, se
maquilló los ojos, se arregló el pelo y se asomó a la ventana...
Se asomaron [también] dos o tres cortesanos. Jehú les dijo:
“Tiradla abajo”. La tiraron; su sangre salpicó los muros y los
caballos, y Jehú la pisoteó... Después ordenó: “Id... y sepul-
tadla”. Fueron a sepultarla, pero no encontraron más que el
cráneo, los pies y las manos... Jehú dijo: “Se cumple la pala-
bra que el Señor dijo por medio de su siervo Elías...: –Los pe-
rros comerán la carne de Jezabel en la heredad de Yezreel. Y
su cadáver será como estiércol sobre el campo, hasta el pun-
to que nadie podrá reconocerla”» (2 Re 9,30-37).

2. Otra terminología. Fijémonos para empezar en el voca-


bulario relativo al mal (ra‘/ra‘â), que se inscribe también en la
teología de la retribución. El sustantivo ra‘/ra‘â, que aparece
en cinco ocasiones, depende como complemento directo de dos
verbos, que establecen sendas fórmulas: ‘åsâ ra‘ «hacer el mal
(a los ojos de Yavé)» y hêbî’ ra‘â «traer el mal». La primera fór-
mula (vv. 20.25) se refiere a Ajab; la segunda (vv. 21.29bis) a
Yavé. Ambas fórmulas forman parte de un tejido oracular. Co-
mo Ajab «ha hecho el mal», Dios «le traerá el mal». Podemos
comparar esta insistencia en el mal con una fórmula relativa al
bien, utilizada por Ajab cuando se dirige a Nabot: ’im †ôb
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 39

Nabot: La dramática grandeza del débil 39

be‘ênêkâ «si te parece mejor...» (v. 2), literalmente: «si es bue-


no a tus ojos». La propuesta real le «parece mal» a Nabot:
«Yavé me libre...» (v. 3). Los «ojos» de Ajab no ven mal des-
poseer a un israelita de su heredad (la heredad del Señor); los
«ojos» de Yavé interpretarán la acción como «mal». Ajab cree
que el bien de la corona puede justificar el mal del pueblo. Ya-
vé, en cambio, cree que el mal del pueblo justifica la desgra-
cia y la aniquilación de la corona.
Merece la pena que nos detengamos un momento en el sus-
tantivo ƒ ôm «ayuno», a pesar de que sólo aparece en los vv. 9
y 12. La reina ordena que se convoque un ayuno, marco en el
que Nabot debe ser acusado en falso y ejecutado. Los ayunos
se convocaban en Israel con ocasión de amenazas o desgracias
locales o nacionales. Aquí se trata de un falso ayuno, tan falso
como las acusaciones lanzadas contra Nabot por dos «don na-
die». Ahora bien, al final vemos al rey ayunando (verbo ƒ wm),
arrepentido del mal ocasionado (v. 27). En este punto es ex-
trema la mordacidad del relato, con una dimensión personal
(Ajab) y otra social (pueblo): por una parte, el falso ayuno pro-
clamado contra Nabot es un preludio o anticipación del ver-
dadero ayuno que se ve obligado a hacer el rey; por otra par-
te, los presentes en el falso ayuno están adelantando los signos
de duelo que tendrán que hacer cuando sobrevengan sobre su
rey las desgracias anunciadas por Elías.
No cabe duda que esta historia de Nabot ha sido redactada
a la luz de la teología deuteronomista. Así lo pone de relieve
cierto vocabulario típico de esa corriente teológica 5. Constata-
mos en primer lugar el sintagma, ya comentado líneas arriba,
«hacer el mal a los ojos de Yavé», frecuente en Deuteronomio
(4,25; 9,18; 17,2; 31,29), Jueces (2,11; 3,7.12; 4,1; 6,1; 10,6;
13,1), 1 Reyes (11,6; 14,22; 15,26.34; 16,19.25.30; 21,20.25;
22,53) y 2 Reyes (3,2; 8,18.27; 13,2.11; 14,24; 15,9.18.24.28;
17,2.17; 21,2.20; 21,6.15s; 23,32.37; 24,9.19). A «hacer el
mal» por parte del hombre equivale «barrer/erradicar el mal»
por parte de Yavé (cf. verbo bi’er en v. 21 de nuestro texto). Is-
rael es un pueblo santo plantado en una tierra santa. Yavé, ar-
tífice y garante de esa santidad, no puede permitir que el mal

5
Prescindimos del verbo yrß «tomar en posesión (como herencia)» / «despo-
seer (para dar como heredad a otro)», mencionado más arriba.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 40

40 Personajes del Antiguo Testamento

(sobre todo la injusticia y la idolatría) arraigue en Israel. Cuan-


do la planta del mal germina entre los israelitas, Dios se ve
obligado a arrancarla cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
«Barrer/erradicar el mal de en medio de ti» leemos en Dt 13,6;
17,7; 19,19; 21,21; 22,21; 24,7; y «barrer el mal de en medio
de Israel» en Dt 17,12; 22,22; Jue 20,13. Con el crimen per-
petrado, Ajab se ha convertido en una mala hierba; Yavé no tie-
ne más remedio que arrancarla. Al agravante de la alevosía y el
falso testimonio se añade el hecho de que el rey era el encarga-
do de arrancar las malas hierbas de la injusticia. Esta terrible
paradoja multiplica la culpa de Ajab. Por otra parte, el Deute-
ronomio exige «barrer del país el asesinato de inocentes»: bi‘er
dam hannaqî o haddam hannaqî (19,13; 21,9). Se trata precisa-
mente del crimen consentido por Ajab.
Espigando entre el eventual vocabulario deuteronomista
recogemos también los verbos k’s «despreciar» y ™†’ en Hifil
«inducir a pecar a», ambos juntos en el v. 22. El primero, con
Yavé como complemento directo, es frecuente en el Deutero-
nomio y en 1-2 Reyes. El segundo, con el pueblo de Israel co-
mo complemento directo 6, es habitual en los libros de los Re-
yes (1 Re 14,16; 15,26.30.34; 16,2.13.19.26; 21,22; 22,53;
2 Re 3,3; 10,29.31; 13,2.11; 14,24; 15,9.18.24.28; 23,15).
Los sujetos inductores del extravío del pueblo son siempre los
reyes, como en nuestro caso: Jeroboán I, Nadab, Basá, Elá,
Zimrí, Omrí, Ocozías, Jorán, Jehú, Joacaz, Joás, Jeroboán II,
Zacarías, Menajén, Pecajías, Pecaj. ¿Y cuál es el pecado con-
creto del que acusa el deuteronomista a la monarquía israeli-
ta? La idolatría, que significaba la ruptura de la alianza e im-
plicaba el aniquilamiento de la parte infiel al tratado (el rey)
y el eventual abandono del pueblo de Israel a su destino 7. Pe-
ro contamos con otra fórmula que apunta también en la mis-
ma dirección: halak ’a™arê... «ir detrás de...» (v. 26). Con Baal
o los ídolos en general como complemento circunstancial, es-
ta fórmula es habitual en el libro del Deuteronomio (4,3; 6,14;

6
Con Judá en 2 Re 21,11.16.
7
A la luz de esta teología hay que leer el anuncio de la nueva alianza en Jer 31.
La antigua alianza careció de eficacia. ¿Cómo iba a poder ser fiel el pueblo si los pro-
pios reyes, al fomentar la idolatría, le inducían a la deserción? Yavé acabará actuando
por cuenta propia: «Pondré mi ley en su interior; la escribiré en su corazón... Me
conocerán todos... Perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados» (Jer
31,33-34). Tras este texto se esconde, sin duda, una velada crítica a la monarquía.
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Nabot: La dramática grandeza del débil 41

8,19; 11,28; 13,3.7.14; 28,14; cf. Jue 2,12.19). Es evidente la


acusación de idolatría dirigida contra Ajab en v. 26. Pero lo
mismo hemos de decir del final del oráculo de Elías: «por ha-
ber irritado y haber hecho pecar a Israel» (v. 22). Aquí no se
refiere el profeta al crimen perpetrado por Ajab contra Nabot,
sino a la habitual conducta inmoral (idolátrica) del rey.
De lo que venimos diciendo se desprenden al menos dos
consideraciones. El abigarrado y deshilachado oráculo de Elías
(vv. 17-24) no constituye una unidad. En él se mezclan redac-
cionalmente dos temas: crimen de estado y conducta idolátrica.
Dado el asunto que se ventila en el relato (asesinato de un ino-
cente a manos del poder real), lo lógico era que el oráculo pro-
fético se centrase en él, dejando a un lado el ramalazo pagano
de Ajab. Por eso, creo que es razonable pensar que el oráculo
original se ceñiría al laconismo del v. 19. Intentemos una re-
producción: «Así dice Yavé: Puesto que has asesinado y además
has desposeído, en el lugar en que lamieron los perros la sangre
de Nabot, también lamerán los perros tu sangre». Los vv. 20 y
21 son claramente redaccionales. El comienzo del v. 20 encie-
rra cierta comicidad («¿Ya has dado conmigo, enemigo mío?»).
Los capítulos anteriores de 1 Reyes nos hablan de continuos en-
frentamientos entre el profeta y el rey. Elías parece la sombra de
Ajab, que no puede ocultar ninguno de sus desmanes al profe-
ta. La pregunta retórica de nuestro texto quiere decir: «¿Pero es
que siempre tienes que estar encima de mí?». Por otra parte, el
v. 21 es una fórmula estereotipada, que reproduce casi al pie de
la letra las palabras que había dirigido el profeta Ajías contra el
rey Jeroboán (1 Re 14,10). En consecuencia, podemos afirmar
casi con toda seguridad que, a partir del v. 20, hace acto de pre-
sencia el redactor deuteronomista.
Decíamos al principio del párrafo anterior que, de la intro-
ducción del tema de la idolatría, se podían desprender al me-
nos dos consideraciones. Decir que se trata de un tema redac-
cional no justifica que se dé por zanjado el asunto. ¿Por qué se
introduce aquí el tópico de la idolatría? Es muy probable que
el redactor o redactores concibiesen la injusticia perpetrada
contra Nabot como un caso flagrante de idolatría. ¿Pero qué
aspecto: el crimen como tal o el robo de la heredad? Respon-
damos por partes. Ya hemos dicho más arriba que la tierra de
Israel era un don de Dios a todos los israelitas, que todo hijo
de Israel tenía derecho a un pedazo de tierra que le procurase
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 42

42 Personajes del Antiguo Testamento

la dignidad mínima de no tener que depender de nadie para


su sustento. La práctica del Año Jubilar en Israel trataba pre-
cisamente de paliar un daño que podía de lo contrario ser irre-
parable: la pérdida de sus tierras por parte de algunos agricul-
tores (sobre todo por endeudamientos). Pero todo esto no
dependía de una legislación positiva civil, sino del derecho di-
vino. Desposeer a un campesino de sus tierras implicaba una
gravísima conculcación del derecho de Yavé. Es decir, suponía
un desprecio y una renuncia a Yavé; en suma, una actitud ido-
látrica. Por otra parte, asesinar a un israelita cabal era derra-
mar sangre inocente, una acción infame que equivalía a un sa-
crificio humano. En consecuencia, es el hecho en su totalidad
(el asesinato y el robo de la heredad) lo que el redactor o re-
dactores conciben como una acción idolátrica.

c. Espacios
A decir verdad, a primera vista no parecen ser numerosos
ni importantes los espacios de este relato.
Tenemos dos espacios cerrados, huerto y casa del rey 8, que
representan a tres de los personajes principales (Nabot y
Ajab/Jezabel). Desde el primer momento, el lector ve con cla-
ridad la desproporción de los espacios y saca su propia con-
clusión: Nabot no tiene nada que hacer. El huerto (kerem en
hebreo 9) era un espacio generalmente tapiado, con una peque-
ña viña 10 y algunos árboles frutales. El propietario podía cons-
truir en él una cabaña de adobes o ramas, para guardar las he-
rramientas y protegerse de la intemperie, y cavar en el centro
un pozo. En la Biblia, el huerto es uno de los símbolos que
presagian tiempos de paz, esperanza de restauración y prospe-
ridad (Is 36,17; 37,30; Jer 31,5; 32,15; Ez 28,26; Os 2,17;
Am 9,14); negativamente, de desdicha y fracaso (Is 16,10; Jer
35,9; Am 5,11.17; Sof 1,13). Como tal, aparece con frecuen-
cia en los oráculos de salvación y de destrucción. Incluso es
imagen del pueblo de Israel (Is 3,14; 5,1ss; 27,2; Jer 12,10) y
del cuerpo de la amada en el Cantar (1,6; 7,13; 8,12).

8
El v. 1, que es redaccional, dice hêkal «palacio» en lugar de bayit «casa»
(real), que es el término habitual en el resto del relato.
9
De esta raíz semita deriva el castellano «carmen», con idéntico significado.
El término «carmen» se oye con frecuencia en Granada.
10
De ahí que, en ocasiones, kerem pueda y deba traducirse por «viña».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 43

Nabot: La dramática grandeza del débil 43

La «casa» del rey es el símbolo del poder político y de la


religión oficial. Estamos en Samaría, nueva capital de Israel
(con anterioridad habían sido Siquén y Tirsa), construida por
Omrí, fundador de una poderosa dinastía israelita. Ajab (874-
853) era hijo de Omrí. Somos testigos de una época relativa-
mente próspera, aunque empañada por los continuos enfren-
tamientos con Benadad, rey de Siria. Si tenemos en cuenta que
la construcción de Samaría era reciente y que Ajab necesitaría
espacio para las instalaciones reales, resulta verosímil la histo-
ricidad de nuestro relato.
Antes de seguir adelante, conviene tener en cuenta que el tér-
mino hebreo para casa (bayit) tiene también el sentido de «casa
dinástica», de dinastía. Con este doble sentido juega el autor de
la profecía de Natán en 2 Sam 7: David quiere construir al Se-
ñor una casa (templo), pero será el Señor quien construya a Da-
vid una casa para siempre (dinastía). Es decir, el término «casa»
puede tener un significado meramente espacial (en cuanto habi-
táculo humano) o incluir también un significado temporal (en
cuanto dinastía). Como veremos, el autor de nuestro relato se sir-
ve de este doble significado. (Existe en esta narración otro espa-
cio anónimo que, quizás por este motivo, carece de importancia
narrativa: el pueblo de Nabot, donde se perpetra el crimen.)
A lo largo del relato, la acción y la palabra se dilucidan en
torno a las realidades del huerto y de la casa. Ajab quiere am-
pliar su casa material con el huerto de Nabot. Para ello no es-
catima esfuerzos y recurre a la alevosía, a la mentira y al ase-
sinato. Dado que la heredad de Nabot tiene como garante al
derecho divino israelita, la toma de posesión por parte del rey
equivale a un desafío al propio Yavé. La acción no sólo tiene
dimensiones sociales, sino sobre todo teológicas. Ésta es la ra-
zón de la intervención de Yavé a través de su portavoz Elías.
El Dios de Israel actúa siguiendo la lógica de los hechos. Si la
abominable acción de Ajab ha sido motivada buscando el pro-
vecho de la «casa» real (palacio), Yavé descargará su castigo so-
bre la «casa» real (dinastía). En el v. 21 no se utiliza el térmi-
no «casa» (bayit), sino «descendencia». Pero, a partir de aquí,
contamos con la mención de la casa en dos ocasiones: vv. 22 y
29. Un rey israelita (cuya función es ser garante de la justicia
como representante de Yavé) que quiere cimentar su «casa ma-
terial» en la injusticia conculcando el derecho divino, no me-
rece vivir ni morir con dignidad: ni él ni su «casa dinástica».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 44

44 Personajes del Antiguo Testamento

Llegados a este punto, conviene hacer otra observación. Es-


tá claro, como acabamos de ver, que el autor del relato impri-
me al término «casa» un desplazamiento significativo: desde
vivienda material (v. 2) a dinastía (vv. 22.29). Es decir, el pa-
lacio real es elevado casi a categoría de símbolo: la realeza is-
raelita como tal. ¿Tenemos derecho a suponer en el término
«huerto» (kerem) del relato la existencia de un desplazamien-
to análogo? ¿Estaremos ante una categoría simbólica que es-
capa a la mera materialidad narrativa? Ya hemos dicho más
arriba que la palabra «huerto/viña» tiene un alto valor simbó-
lico en la Biblia, en cuanto aplicado al pueblo de Israel. ¿Po-
demos pensar que el valor simbólico del término «casa» en el
sentido de «dinastía real» atrae hacia sí, elevándolo también a
categoría simbólica, el término «huerto»? Es decir, ¿no habrá
que ver en la lucha del rey Ajab por hacerse con el huerto ma-
terial de Nabot el esfuerzo histórico de la realeza israelita por
ejercer un poder absoluto y despótico sobre el huerto-Israel?
En tal caso quedaría perfectamente justificada la acusación de
idolatría lanzada por el escritor bíblico contra toda la dinastía
israelita. En efecto, el único rey de Israel es Yavé; los reyes hu-
manos son simples representantes de esa realeza divina. En
consecuencia, una acción despótica e injusta por parte de un
rey humano implica desprecio y negación de esa realeza divi-
na: un acto de idolatría que desacredita y hace innecesaria a la
realeza de Israel.
Resulta a estas alturas aleccionadora la lectura del «estatu-
to de la realeza» de 1 Sam 8,11-17, un «vaticinium ex even-
tu» que sin duda fue escrito después de la fatal experiencia y
del fracaso de la monarquía histórica. «Os quitará vuestros
mejores campos, huertos y olivares para dárselos a sus servi-
dores» (v. 14).

2. Estructura del relato


Como ya hemos dicho, el v. 1 tiene en parte carácter re-
daccional: «Después de todo esto sucedió que...». A continua-
ción se exponen las circunstancias que originan y desencade-
nan el problema. Los vv. 25-26 constituyen una clara
interpolación deuteronomista. En consecuencia, habremos de
examinar la estructura de los vv. 2-24.27-29.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 45

Nabot: La dramática grandeza del débil 45

Dentro de esta gran unidad existe una cesura que, a pri-


mera vista, parece dividirla. Se trata del elemento formal in-
troductor del oráculo: «Fue dirigida entonces la palabra de Ya-
vé a Elías el tesbita diciendo» (v. 17). La fórmula se repite,
formando inclusión, en el v. 28. Tenemos, pues, dos oráculos
con distinto contenido, pero complementarios. En el primero
(vv. 17-24) Yavé condena la acción de Ajab (y Jezabel). En el
segundo (vv. 28-29) se anuncia una revocación parcial del cas-
tigo. Esta inclusión parece formar una unidad literaria aparte,
resaltada por la aparición de Yavé y Elías, que hasta este mo-
mento no habían hecho acto de presencia. Por otra parte, esta
unidad gira en torno al binomio huerto-casa dinástica: Ajab
ha desposeído; también él será desposeído.
La otra unidad (vv. 2-16) se caracteriza por una estructura
relativamente concéntrica, y gira en torno al binomio huerto-
casa/palacio. Percibimos en ella siete cuadros, determinados
por los personajes y por el contenido de la acción. En primer
lugar tenemos el encuentro entre Ajab y Nabot (vv. 2-3), que
parece desarrollarse en el huerto, pues el v. 4 dice que Ajab
«regresó a casa». El deseo de posesión del rey se frustra por la
negativa de Nabot. El segundo cuadro (vv. 4-7), ya en palacio,
tiene como protagonistas a Ajab y Jezabel. Abordan en su con-
versación el problema planteado por la negativa de Nabot. Je-
zabel y su fría y cruel maquinación ocupan el siguiente cuadro
(vv. 8-10). La acción continúa en palacio. La reina actúa motu
proprio, pero sin duda con el consentimiento de Ajab, pues usa
el sello real para remitir las cartas. En el siguiente cuadro (vv.
11-13) los notables del pueblo de Nabot ejecutan el plan de
la reina. Al igual que el anterior, se caracteriza por la fría pre-
cisión matemática en la ejecución de las órdenes reales. El
quinto cuadro (v. 14) tiene de nuevo lugar en palacio. El cen-
tro lo ocupa Jezabel. Ni siquiera se menciona a los emisarios:
«Mandaron entonces recado a Jezabel». El plan ha discurrido
a la perfección. El siguiente cuadro (v. 15), de nuevo en pala-
cio, tiene otra vez como protagonistas a la pareja real. El pro-
blema ha sido solventado. El séptimo y último cuadro (v. 16)
se desarrolla, como el primero, en el huerto de Nabot. El ac-
tor principal es Ajab, pero se cierne la sombra de Nabot, que
también es mencionado.
Nos encontramos, en consecuencia, con la siguiente es-
tructura:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 46

46 Personajes del Antiguo Testamento

A. Ajab y el huerto de Nabot (deseos de posesión). Lugar:


el huerto (vv. 2-3).
B. Ajab y Jezabel (problema planteado). Lugar: el palacio
(vv. 4-7).
C. Jezabel (urde el plan). Lugar: el palacio (vv. 8-10).
D. Notables (ejecución del plan). Lugar: pueblo de Nabot
(vv. 11-13).
C’. Jezabel (éxito del plan). Lugar: el palacio (v. 14).
B’. Ajab y Jezabel (problema solucionado). Lugar: el pa-
lacio (v. 15).
A’. Ajab y el huerto de Nabot (toma de posesión). Lugar:
el huerto (v. 16).

En el número de versículos correspondientes a cada cuadro


podemos descubrir con facilidad el ritmo narrativo. El plan-
teamiento del problema, la urdimbre del plan y su realización
ocupan un amplio espacio. La solución del problema requiere
tiempo. Una vez superado el obstáculo, se precipita la toma de
posesión del huerto. Los tres últimos cuadros tienen bastante
con sendos versículos.
Por otra parte, y a pesar del esquema concéntrico, convie-
ne tener en cuenta que los cuadros se vinculan entre sí de ma-
nera concatenada, mediante la repetición de frases o de ideas,
que engarzan el uno al otro. El primer cuadro termina con la
negativa de Nabot: «Yavé me libre de darte la heredad de mis
padres» (v. 3). Esta frase da pie a la introducción del cuadro
siguiente, donde la tristeza del rey se explica por lo que le ha-
bía dicho Nabot: «No te daré la heredad de mis padres» (v. 4)
/ «No te daré mi huerto» (v. 6). El cuadro termina con las pa-
labras de la reina, que repite el contenido y parte de la for-
mulación de la frase: «Yo te daré el huerto de Nabot el yez-
reelita» (v. 7). En el cuadro siguiente la reina maquina la
forma de dar el huerto a su marido. El contenido del plan se
repite con precisión matemática (e idéntico ritmo narrativo)
en el otro cuadro:
Cuadro tercero Cuadro cuarto
Convocad un ayuno Convocaron un ayuno
Sentad a Nabot a la cabeza Sentaron a Nabot a la cabeza
de la gente de la gente
Sentad frente a él a dos Los dos sinvergüenzas
sinvergüenzas se sentaron frente a él
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 47

Nabot: La dramática grandeza del débil 47

Que testifiquen contra Testificaron contra Nabot


él diciendo ante la gente diciendo
Has maldecido a Dios Nabot ha maldecido a Dios y
y al rey al rey
Lo sacáis fuera y lo apedreáis Lo sacaron fuera de la ciudad
y lo apedrearon
Hasta que muera Hasta que murió

La última frase del cuarto cuadro («Lo apedrearon hasta que


murió», v. 13) lo concatena al cuadro siguiente: «(Mandaron
recado...:) Nabot ha sido apedreado y ha muerto» (v. 14). Al
final de este quinto cuadro se reproduce la frase, aunque esta
vez maquillada por Jezabel: «Nabot no vive; ha muerto» (v.
15), que sirve para introducir el último cuadro: «Cuando oyó
Ajab que Nabot había muerto» (v. 16). Esta monótona caden-
cia de la noticia de la lapidación y de la muerte de Nabot tie-
ne como función complementaria imprimir dramatismo al re-
lato y acelerar el ritmo narrativo.
La escena segunda, centrada en Yavé y Elías, se compone,
como ya hemos dicho, de dos oráculos. Su estructura es simple:
A. Oráculo de condenación contra Ajab (y Jezabel). vv.
17-24.
B. Reacción positiva de Ajab. v. 27.
A’. Oráculo revocando parcialmente el castigo. vv. 28-29.

Aunque no podemos hablar de un dechado de estructura,


el autor o autores del relato han tratado de combinar armóni-
camente arte narrativo y teología. Desde el punto de vista li-
terario, la primera escena está mejor construida que la segun-
da. La pluma del narrador pretende informar de la gravedad
del crimen de Yezreel. La segunda escena da paso a la inter-
vención ardorosa del profeta. La fogosidad de Elías se pone in-
directamente de manifiesto en la irregular construcción del
oráculo (continuas intervenciones y cambios bruscos de inter-
locutor). No es lo mismo tener que elaborar la crónica de un
crimen que sentirse llamado a condenarlo.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 48
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 49

Amós:
La denuncia profética
Javier Calvo

La Biblia es un viejo libro. Sin embargo hay en ella textos


que son de toda actualidad. Encontramos sorprendentes seme-
janzas y paralelismos con nuestro tiempo. Ahí está, por ejem-
plo, el profeta Amós, que vivió alrededor del año 750 a.C. Ha-
ce más de 2.700 años. Pero qué cosas más interesantes se
cuentan de él en el Antiguo Testamento.

1. La situación
Son los años entre 780 y 740 antes de Cristo. Las tribus de
Israel en este tiempo ya no son un pueblo de nómadas. Se han
asentado en la tierra de Canaán; en su mayor parte son labra-
dores y ganaderos que viven en aldeas y pequeñas ciudades for-
tificadas.
También se tiene un Estado como los otros pueblos. Se tie-
ne un rey y un ejército, que junto con la rica clase alta rigen
el país. El reino del Norte alcanza su mayor prestigio. El rey,
Jeroboán II (786-746), es un hombre hábil. Las cosas marchan
bien. Son 40 años de prosperidad económica y de éxitos polí-
ticos. Los arameos han sido vencidos, los asirios no son peli-
grosos todavía. La otra gran potencia, que tan a menudo ha in-
fluido en Palestina, Egipto, es incapaz de intervenir en
Palestina por las rivalidades entre las dinastías.
Las fuentes hablan de un florecimiento del viñedo y de la
cría de ganado, y del intenso comercio. Florece la construc-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 50

50 Personajes del Antiguo Testamento

ción. Las casas se levantan sólidas y lujosas como no las había


habido hasta entonces en Israel.
También la vida religiosa se aprovecha de la próspera si-
tuación. Se transforman en templos los antiguos santuarios de
la naturaleza. Para tener un templo como Jerusalén, Jeroboán
mandó edificar también un santuario y allí había sacerdotes y
profetas a sueldo, que celebraban grandes fiestas de culto y
ofrecían sacrificios por el bien del rey y del reino. El culto en
Betel participa de este desarrollo económico: las ofrendas son
ricas, los días de fiesta se celebran con canto animado y músi-
ca. Reina la paz en el país.
Todo tiene sin embargo su cara negativa. En un tiempo de
prosperidad económica, los negocios marchaban, los balances
concordaban, le iba bien a la gente como hacía mucho tiempo
que no le había ido. Pero no a todos. La riqueza estaba reparti-
da muy desigualmente. Los unos se hacían cada vez más ricos,
los otros cada vez más pobres. Antes, como nómadas, el indivi-
duo estaba enraizado en su tribu, en su clan. Era una comuni-
dad de vida y de destino que le envolvía. Ahora se ha roto esta
solidaridad. Hay diferencias sociales enormes. Los unos viven en
la riqueza, duermen en lechos de marfil (Am 6,4), los otros son
tratados como mercancía; ellos y el trabajo de sus manos están
en manos de los ricos. Y jueces corruptos hacen todo para cubrir
con el manto de la legalidad esta injusticia que clama al cielo.

2. Amós, el pastor de Tecoa


En este tiempo y en estas condiciones sociales aparece un
profeta: Amós, un pastor del reino del Sur con una situación
económica desahogada; poseía una plantación de higueras en
Tecoa, una aldea a dos horas al sur de Belén. Un hombre que
vive en una situación tranquila y que un día comienza a exa-
minar los manejos de la clase alta. Con ojo avizor sigue lo que
pasa en la sociedad y en la política. Y un día le pasa algo que
sólo lo puede interpretar como venido de Dios. Tiene visiones.
Y todas estas visiones conducen a lo mismo: la corrupción se
oculta tras la brillante fachada que comienza a desmoronarse.
Viene la catástrofe.
Aunque no es sacerdote ni discípulo de profeta, el sencillo
labrador va a denunciar la cara negativa de este bienestar en
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 51

Amós: La denuncia profética 51

Betel, precisamente en el gran santuario nacional al norte del


país, donde se ofrecen sacrificios por el rey.
Es una acusación única la que proclama: no puede ir bien
si se lesiona el orden de Dios. Y protesta con una increíble
energía y vehemencia, en nombre de Dios.
Amós observa cómo los comerciantes falsean los pesos en el
mercado, cómo venden a la gente por buen dinero productos
sin valor. Son los precursores de nuestros adulteradores de ali-
mentos. Observa cómo los ricos comerciantes o terratenientes
se aprovechan desvergonzadamente de su posición de mono-
polio, cómo la gente humilde cae cada vez más en la depen-
dencia y en la pobreza. Amós dice con toda claridad lo que
piensa; más exactamente, lo que Dios piensa de ello.

3. La denuncia del profeta Amós


La actuación del profeta Amós muestra la praxis profética.
El pastor de ovejas del reino del Sur, que hacia 760 aparece en
Betel, el santuario del reino del Norte, y es expulsado con-
juntamente por el rey, el sacerdote y el pueblo a causa de su
anuncio profético, nos recuerda que, ante Dios, nadie que no
sea justo con el prójimo puede ser santo.
«Esto me mostró el Señor:
un cesto de higos maduros.
Me preguntó:
–¿Qué ves, Amós?
Respondí:
–Un cesto de higos maduros.
Me explicó:
–Maduro está mi pueblo, Israel, y ya no pasaré de largo.
Aquel día –oráculo del Señor– gemirán las cantoras del
templo:
“Cuantos cadáveres arrojados por todas partes. Chss!”»
(Am 8,1-3).
«Aquel día –oráculo del Señor–
haré ponerse el sol a mediodía
y en pleno día oscureceré la tierra.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 52

52 Personajes del Antiguo Testamento

Convertiré vuestras fiestas en duelo,


vuestros cantos en elegías,
vestiré de sayal toda cintura
y dejaré calva toda cabeza;
les daré un duelo como por el hijo único,
el final será un día trágico» (Am 8,9s).

a. La explotación de los pobres


La crítica del profeta es despiadada. El núcleo de la acusa-
ción es: «No saben obrar rectamente» (Am 3,10a).
«Así dice el Señor: A Israel, por tres delitos
y por el cuarto no le perdonaré:
porque venden al inocente por dinero
y al pobre por un par de sandalias;
revuelcan en el polvo al desvalido
y tuercen el proceso del indigente.
Padre e hijo van juntos a una mujer
profanando mi santo nombre;
se acuestan sobre ropas dejadas en fianza,
junto a cualquier altar,
beben vino de multas
en el templo de su Dios» (Am 2,6-8).

Tres puntos de acusación aparecen repetidamente:


1) Domina un capitalismo donde los ricos poderosos ex-
plotan brutalmente a la gente humilde. La clase alta, inde-
pendiente económicamente, vive a costa de los pobres. Amós
toma conciencia de que la riqueza de unos pocos sólo es posi-
ble cargando sobre las espaldas de muchos otros, que en el fon-
do son estafados por el producto de su trabajo. De este modo
se vuelven cada vez más necesitados, desvalidos y oprimidos.
Están entregados inocentemente a las exigencias y caprichos
arbitrarios de los ricos: en el terreno sexual, en los impuestos,
en los servicios.
Un día aparece el profeta en una fiesta en Samaría y pro-
nuncia el siguiente discurso dirigido a las damas prominentes
de la sociedad:
«Escuchad esta palabra, vacas de Basán,
en el monte de Samaría:
Oprimís a los indigentes, maltratáis a los pobres
y pedís a vuestros maridos: “Trae de beber”.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 53

Amós: La denuncia profética 53

El Señor lo jura por su santidad:


Os llegará la hora en que os cojan
a vosotras con garfios, a vuestros hijos con ganchos;
saldrá cada una por la brecha que tenga delante,
y os arrojarán al estiércol –oráculo del Señor–» (Am 4,1-3).

¡Una provocación increíble! ¿Cómo llama Amós a las da-


mas de la alta sociedad? ¡Vacas de Basán! Basán era una co-
marca especialmente fecunda en la desembocadura del Jordán
en el lago de Genesaret, donde el ganado engordaba especial-
mente bien. Vosotras vacas gordas, así las llama. Y cuando ha-
bla de garfios sigue con esas imágenes. ¡Un descaro sin igual!
Pero está claro por qué utiliza Amós este lenguaje. Esta vi-
da en el lujo y en el bienestar sólo es posible porque otros ha-
cen el trabajo para ello. En una sociedad que permita tales in-
justicias crasas, en una sociedad así, está ya en marcha la
putrefacción del ocaso. Sobre el trasfondo del desequilibrio ac-
tual entre Norte y Sur, entre países industriales y países en de-
sarrollo, las palabras de Amós son un reto incómodo.
2) Esta explotación de una población que se empobrece cre-
cientemente viene apoyada por la corrupción de la justicia.
Tiene lugar ciertamente un proceso judicial, que debe procu-
rar el derecho a los perjudicados. Sin embargo Amós descubre
lo que se practica en el juicio «en la puerta». A quien presta
apoyo al jurista, a quien testimonia la verdad se le persigue
con odio. Los jueces son venales. El soborno está a la orden del
día. «Aceptáis soborno y en las puertas hacéis perder al pobre
su causa» (Am 5,12). Así los pobres, los huérfanos, las viudas
no consiguen su derecho. Muchos acaban inocentemente en la
esclavitud por deudas.
3) El tercer punto de acusación es finalmente la perversión
del culto. Se hacían peregrinaciones a los lugares de culto tra-
dicionales y se comenzaron fiestas cultuales con cantos y mú-
sica. Pero ¿de qué valían ante Yavé las ofrendas de los que des-
preciaban su amor a la justicia? Esto nos conduce al corazón
de la crítica profética de Amós a Israel. Su acusación no es só-
lo de naturaleza social. Más bien la crítica de las irregularida-
des sociales es una parte de la crítica de las irregularidades re-
ligiosas. Todavía más: la crítica social sólo se comprende del
todo en su extensión si se toma como parte de la «crítica de la
religión». Casi todas las expresiones sobre el culto están mar-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 54

54 Personajes del Antiguo Testamento

cadas por una dura crítica, que no es fundamentalmente re-


chazo y condena del culto mismo, sino sólo de los abusos y ex-
cesos.

b. El incumplimiento de la alianza
El pueblo de Israel es consciente, con orgullo, de su elec-
ción por Dios que con mano poderosa lo sacó de Egipto y le
dio el país en el que puede vivir como pueblo de Dios.
Israel por la alianza ha sido llamado a ser una comunidad
santa. No se ha obligado en el Sinaí a los sacrificios, sino a ha-
cer lo recto. Su tarea principal no es el cumplimiento de la Ley,
ni la ofrenda de sacrificios, sino realizar toda la vida del pue-
blo según la voluntad de Dios.
Pero obran en contra de la intención de Dios. En lugar de
repartir justamente entre ellos las posibilidades ofrecidas por
Dios, viven los unos a costa de los otros. Saltan a la vista los
malos tratos por los poderosos, la oposición entre el plan de
Dios y la conducta de los ateos.
Amós argumenta consciente del objetivo:
– Dios los ha liberado de la esclavitud. Los poderosos y ri-
cos, por el contrario, hacen esclavos a los libres.
– Dios ha conducido a la vida. Los poderosos y ricos, por el
contrario, empujan a los pobres a la muerte mediante la opre-
sión y la injusticia, los pisotean, los «exprimen» (Am 8,4).
Amós invoca a los pueblos circundantes como testigos: «Con-
templad el tráfago en medio de Samaría, las opresiones en su
recinto» (Am 3,9b).
– Dios les dio la tierra. Los ricos poderosos, por el contra-
rio, roban a sus conciudadanos aquel país, que necesitan como
fundamento de su vida.
Lo que ya entre los pueblos paganos es una injusticia abo-
rrecible, adquiere proporciones desmesuradas en el marco de
las intenciones divinas para el pueblo. La injusticia entre los
hombres se convierte en ataque contra la misma voluntad de
Dios. Se ha perturbado así la relación del pueblo (en sus res-
ponsables) con su Dios. Se ha perdido con esto la relación en-
tre Dios y su pueblo, tan importante para el futuro y para la
vida, y a la que debe sólo su existencia. La Biblia emplea pa-
ra esto la palabra «justicia». Pero la justicia sólo surge cuan-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 55

Amós: La denuncia profética 55

do va acompañada del derecho. Y éste ya no sucede en Israel.


De ahí el mensaje de juicio y conversión que trae el profeta
Amós.
Desde este punto de vista se convierte en consecuencia
obligada la crítica al rico culto en Betel y en otros santuarios
oficiales de Israel. No puede agradar a Dios que se le presen-
ten ofrendas donde se hace escarnio de su plan de vida para la
convivencia de los hombres.
«Marchad a Betel a pecar, en Guilgal pecad de firme:
ofreced por la mañana vuestros sacrificios
y en tres días vuestros diezmos;
ofreced ácimos, pronunciad la acción de gracias,
anunciad dones voluntarios,
que eso es lo que os gusta, israelitas
–oráculo del Señor–» (Am 4,4s).
«Detesto y rehúso vuestras fiestas,
no me aplacan vuestras reuniones litúrgicas;
por muchos holocaustos y ofrendas que me traigáis,
no los aceptaré ni miraré vuestras víctimas cebadas.
Retirad de mi presencia el barullo de los cantos,
no quiero oír la música de la cítara» (Am 5,21-23).

Lo que Amós critica aquí no es el culto mismo. Sin em-


bargo pone en duda que los israelitas sean capaces de culto.
Todavía más, vuelve a la carga contra los que abusan del sába-
do contra la libertad de los hombres. Apenas pueden esperar
hasta que los tiempos protegidos por el culto hayan pasado,
para poder adquirir nuevas ganancias a costa de los pobres.
«Escuchadlo los que exprimís a los pobres y elimináis a
los miserables; pensáis: ¿Cuándo pasará la luna nueva para
vender el trigo o el sábado para ofrecer grano y hasta el sal-
vado de trigo? Para encoger la medida y aumentar el precio,
para comprar por dinero al desvalido y al pobre por un par
de sandalias. ¡Jura el Señor por la gloria de Jacob no olvidar
jamás lo que han hecho!» (Am 8,1-8).

Amós ataca monótonamente la inmoralidad de los nuevos


ricos. Tienen su pensamiento orientado del todo a lo econó-
mico. Los días de fiesta del novilunio y el sábado los perciben
como una interrupción molesta de sus negocios. Un día de
fiesta sólo significa para ellos una pérdida de ganancias.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 56

56 Personajes del Antiguo Testamento

Amós percibe con exactitud que se hunde la humanidad don-


de todo gira alrededor de la ganancia, donde sólo se ve al próji-
mo desde el punto de vista de aprovecharme de su fuerza laboral,
de conseguir su dinero en mi bolsillo. Cuando los días de fiesta
y las fiestas religiosas sólo se pueden ver como una perturbadora
pérdida de ganancias, se ha perdido la conciencia de que hay co-
sas más importantes que el dinero, que el negocio constante.

c. Anuncio del juicio


Amós no sólo acusa. Descubre adónde conduce la situación
con lógica irrefutable. Se anuncia el fin de Israel. La paz, que
reina en el país, se desenmascara como engañosa. Pero no está
amenazada en primera línea desde fuera, sino desde el mismo
interior. Si la podredumbre ha entrado en un cesto de fruta, se
extiende alrededor y echa a perder toda la fruta. La putrefac-
ción por eso no se puede contener. Está ya dentro del pueblo.
Su final es sólo una cuestión de tiempo. Pero llegará irreme-
diablemente. El mensaje de Amós ofrece un cuadro oscuro del
futuro. Para Amós ahora ya es el tiempo de entonar las elegías
sobre Israel a la vista del final que se contempla.
«Escuchad estas palabras que entono por vosotros:
Cayó para no levantarse la doncella de Israel,
está arrojada en el suelo y nadie la levanta.
Pues así dice el Señor a la casa de Israel:
La ciudad de donde partieron mil se quedará con cien,
de donde partieron cien, se quedará con diez» (Am 5,1-3).

Incluso para este resto no hay futuro, no hay escapatoria. Los


intentos de huir serán vanos. Ni siquiera los «cuernos del altar»
(Am 9,1), el último refugio protegido en Betel, estará abierto.
Pues, y aquí se agudiza drásticamente el discurso de des-
gracia del profeta: es Yavé mismo quien traerá la desgracia. El
autor del juicio es el mismo Yavé; los instrumentos son los
hombres o los acontecimientos naturales. Contra toda la espe-
ranza piadosa del pueblo, de que Yavé ayudará siempre y que
el pueblo en el «día de Yavé» encontrará en su Dios un aliado
fiel, Amós le quita al pueblo esa esperanza engañosa. El pueblo
podría apostar por esto –como otra vez en la historia– si vivie-
ra al lado de Yavé. Pero precisamente éste ya no es el caso. Por
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 57

Amós: La denuncia profética 57

la injusticia con los pobres, el pueblo ha roto la alianza, se ha


hecho adversario del mismo Yavé. Ahora no protege más a su
pueblo elegido contra sus enemigos, sino que con los enemigos
golpeará al mismo pueblo de Israel. Dirigirá sus ojos a su pue-
blo, pero no para salvación, sino para desgracia: «Clavaré en
ellos mis ojos para mal, no para bien» (Am 9,4). Precisamente
porque Yavé estará con su pueblo, pero como el que venga la
injusticia en sus pobres, nadie podrá escapar a esta desgracia.
«Vi al señor en pie junto al altar, que decía:
Golpea los capiteles y temblarán los umbrales;
Arrancaré a todos los capitanes
y daré muerte a espada a su séquito;
no escapará ni un fugitivo,
no se salvará ni un evadido.
Aunque perforen hasta el abismo,
de allí los sacará mi mano;
aunque escalen el cielo,
de allí los derribaré;
aunque se escondan en la cima del Carmelo,
allí los descubriré y agarraré;
aunque se me oculten en lo hondo del mar,
allá enviaré la serpiente que los muerda;
aunque vayan cautivos delante del enemigo,
allá enviaré la espada que los mate.
Clavaré en ellos mis ojos,
para mal, no para bien» (Am 9,1-4).

¿No hay por tanto en Amós ningún consuelo? ¿Promete só-


lo el fin de Israel sin solución? ¿Afecta el mal destino también
a los pobres, a los inocentes? ¿Cuál es el sentido de tal discur-
so profético? ¿A los inocentes, a los oprimidos no les queda al
final ninguna otra suerte que someterse a la perdición irreme-
diable? ¿No hay para el pueblo otro camino que cargar con su
propio ocaso como un acto de fidelidad a Dios?
Contra todo anuncio bíblico de salvación y redención, el
discurso de Amós está preñado de desgracia. El sentido de es-
te discurso ya no es despertar esperanza. La desgracia está ya
tan extendida... Incluso la petición que Amós presenta ante
Dios por sus compatriotas, vista en conjunto, parece inútil
(Am 7,1-6). Más bien se mira cómo Yavé ejecuta en su pueblo
la desgracia:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 58

58 Personajes del Antiguo Testamento

«Esto me mostró el Señor: estaba junto al muro con una


plomada en la mano. El Señor me pregunto: –¿Qué ves,
Amós? Respondí: –Una plomada. Me explicó: –Voy a echar
la plomada en medio de mi pueblo, Israel. Ya no pasaré de
largo; quedarán desolados los altozanos de Isaac, arruinadas
la ermitas de Jacob, empuñaré la espada contra la dinastía de
Jeroboán» (Am 7,7-9).

d. Esperanza para el futuro


A pesar de ese fondo lleno de desgracias, el discurso de
Amós no está totalmente cerrado a la esperanza. El fin y la in-
tención del anuncio del juicio como amenaza y predicción es
una última advertencia para que se conviertan, un último lla-
mamiento a la creación de aquellas condiciones de justicia,
rectitud y fraternidad sobre las que Dios puede facilitar a to-
do el pueblo seguridad y felicidad.
Al pueblo le queda todavía una elección: podría abandonar la
injusticia, que tiene lugar en medio de él, y volver de nuevo a
su Dios. Incluso la desgracia que Dios ya ha infligido a su pue-
blo es el intento de Yavé de traerlo de nuevo a su lado. Tanto en
la desgracia como en la amenaza de esta desgracia por parte de
Amós, Dios se muestra interesado por su pueblo y cercano a él:
«Por eso así te voy a tratar, Israel,
y porque así te voy a tratar,
prepárate a encararte con tu Dios (Am 4,12).
Así dice el Señor a la casa de Israel:
Buscadme y viviréis;
no busquéis a Betel, no vayáis a Guilgal,
no os dirijáis a Berseba;
que Gilgal irá cautiva y Betel se volverá Betaven.
Buscad al Señor y viviréis.
Y si no, la casa de José penetrará como fuego
y devorará inextinguible a Betel» (Am 5,4-6).

Detrás de todas las amenazas y de la desgracia que ya ha co-


menzado, se oculta aquel Dios Yavé que está apegado a su pue-
blo. Pero si cesa el pueblo de cumplir esta tarea eficazmente
–así la lógica del profeta– porque comete injusticias y por eso
no vive ya de una relación recta con Yavé, entonces Dios ani-
quila al pueblo. Pero con esto Dios no pone fin a su historia
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 59

Amós: La denuncia profética 59

con la humanidad. No cesa tampoco de hacer visible y perse-


guir sus metas con una parte escogida de la humanidad. Así
de las ruinas del pueblo aniquilado creará un nuevo pueblo.
Con todo el discurso de desgracia, el libro de Amós en su
trasfondo es de confianza. Existe una tensión entre la amena-
za del juicio y la esperanza de salvación, condicionada por una
parte por el pecado, la conversión y la rectitud de los hombres,
y por otra parte, por la justicia y la misericordia de Dios. Cier-
tamente la esperanza de salvación está condicionada.
Yavé, el Dios de la historia, tiene su marcha firme en su
mano. Él llega a su meta también a través de la desgracia. El
discurso profético de desgracia está rodeado de una esperanza
de salvación.
Desde aquí se puede entender también por qué en una re-
dacción posterior –en la época después del exilio– al discurso
lleno de desgracia de Amós se añadió una promesa de futuro.
«Aquel día levantaré la choza caída de David,
tapiaré sus brechas, levantaré sus ruinas
hasta reconstruirla como era antaño;
para que conquisten el resto de Edom
y todos los pueblos que llevaron mi nombre
–oráculo del Señor que lo cumplirá–.
Mirad que llegan días –oráculo del Señor–
cuando el que ara seguirá de cerca al segador
y el que pisa uvas al sembrador;
fluirá licor por los montes y ondearán los collados.
Cambiaré la suerte de mi pueblo Israel:
reconstruirán ciudades arruinadas y las habitarán,
plantarán viñedos y beberán su vino,
cultivarán huertos y comerán sus frutos.
Los plantaré en su tierra,
y ya no los arrancarán de la tierra que les di,
dice el Señor, tu Dios» (Am 9,11-15).

4. La denuncia profética
La praxis profética de Amós consta de advertencia, acusa-
ción y praxis.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 60

60 Personajes del Antiguo Testamento

a. Advertencia
Según Amós, el profeta habla porque Dios ha hablado; es
Yavé mismo el que ha hecho profeta a Amós: «Habla el Se-
ñor: ¿quién no profetizará?» (Am 3,8b). No es sorprenden-
te que el núcleo del quehacer profético de Amós sea la pa-
sión por Yavé, que es el único centro de la historia y del
mundo.
El profeta comprende a Dios, que le hace partícipe de su
visión del mundo. Desde la perspectiva de Dios ve más que los
demás hombres: mira a través de lo que está en primer plano,
desenmascara la trampa y el cartón en la vida humana, descu-
bre las causas del misterio.
Esta sintonía con Dios da al profeta una gran libertad de
expresión para no hablar nunca a las gentes según el gusto de
ellas, ni para callarse tampoco por una prohibición.
Tanto para los profetas como para una Iglesia profética, sur-
gen las siguientes preguntas: ¿Nos dejamos captar por Dios?
¿Escuchamos su palabra? ¿No le escuchamos muy poco antes
de ponernos en acción? ¿Estamos suficientemente atentos pa-
ra reconocer en los signos de los tiempos lo que Dios quiere
de nosotros y para nosotros?
Dicho de otro modo: ¿La praxis de la Iglesia no es por eso
tan débil, porque no se ha hecho desde Dios? Una Iglesia
que no ha aprendido a ver la historia desde el punto de vis-
ta de Dios, tampoco puede ser profética. Pero en ese caso la
Iglesia de Dios también comienza a tomar el rumbo de Is-
rael en tiempos de Amós. En lugar de actuar proféticamen-
te entre los pueblos, necesita un profeta que acuse al pueblo
elegido, que para ahorrarle el ocaso grite: «Buscadme y vi-
viréis» (Am 5,4), «prepárate a encararte con tu Dios» (Am
4,12b).
Sólo desde esta cercanía de Dios puede la Iglesia ejercer su
oficio profético en nuestro tiempo de un modo que sea tam-
bién esperanza para el mundo. Una Iglesia, por el contrario, a
la que caracteriza el «ateísmo eclesial», según la expresión de
P. Zulehner, se convierte en una fuerza social entre muchas
otras. Pero con ello no ofrece a la humanidad lo que es su ta-
rea en la historia, o sea aprender a ver la situación de la hu-
manidad con los ojos de Dios.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 61

Amós: La denuncia profética 61

b. Acusación
El acuerdo del profeta con su Dios le concede también una
visión de las porciones malignas en el mundo establecido. La
situación del mundo no es sólo mala. La tarea del profeta –y
de una Iglesia profética– es por una parte descubrir lo que ha-
ce tiempo que ya está ahí, de bueno y de verdadero en la his-
toria por la acción de Dios. Por otra parte, pertenece a la pra-
xis profética de la Iglesia esencialmente la crítica, la acusación.
La crítica del profeta Amós al pueblo de Israel fue despia-
dada. No hizo ninguna concesión. Incluso la expulsión del
país no le corrompió, al contrario, agudizó su acusación que
extendió a los que querían exiliarle.
Esta dura crítica tenía como fondo la voluntad de vida de
Yavé para su pueblo. Incluso en la denuncia crítica por el pro-
feta deberían experimentar la cercanía de su Dios. Esto hace
comprensible que la retirada de la palabra de Dios es la peor
amenaza de desgracia para Israel.
«Mirad que llegan días –oráculo del Señor–
en que enviaré hambre al país;
no hambre de pan ni sed de agua,
sino de oír la palabra del Señor;
irán errantes de levante a poniente,
vagando de norte a sur,
buscando la palabra del Señor,
y no la encontrarán» (Am 8,11s).

Con esta última frase desaparece toda duda de que estamos


ante una sentencia. Amós proclama un Dios que deja hambrien-
tos a los que no han buscado su palabra a su debido tiempo.

c. Praxis profética
También de los enemigos de Amós se puede aprender para
la praxis profética de la Iglesia. En el campo visual aparecen
los poderosos y sus sacerdotes así como el pueblo.

1) Los poderosos y sus sacerdotes


Se comprende que los discursos de Amós no dejen de ser
peligrosos para el profeta, tanto más en Betel, el santuario de
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 62

62 Personajes del Antiguo Testamento

Israel, donde era un extranjero. A la gente de entonces natu-


ralmente no le gustó la actitud de Amós, un perturbador de
la paz. Se extendió la indignación y se le denuncia al rey. Lo
podemos leer en el capítulo 7:
«Amasías, sacerdote de Betel, envió un mensaje a Jero-
boán, rey de Israel:
–Amós está conjurando contra ti en medio de Israel; el
país ya no puede soportar sus palabras. Así predica Amós: A
espada morirá Jeroboán. Israel marchará de su país al destie-
rro» (Am 7,10-11).

No es insoportable lo que está sucediendo, sino que alguien


lo llame insoportable. Un truco viejo que funciona hasta nues-
tros días. El sacerdote denuncia al profeta ante el rey como
enemigo del Estado y de la religión. No cuenta si las palabras
del profeta son verdaderas, sino sólo si son agradables a los oí-
dos del rey. Se prohíbe a Amós hablar y se le expulsa del país.
«Amasías ordenó a Amós:
–Vidente, vete, escapa al territorio de Judá; allí puedes
ganarte la vida y profetizar. Pero no vuelvas a profetizar con-
tra Betel, que es el santuario real y nacional» (Am 7,12-13).

Ademas no tiene ninguna legitimación ni formación como


profeta. ¡Así podría venir aquí cualquiera!
Este Amasías es un fiel servidor del culto. Está obligado
con el rey y la institución. Podríamos decir que era un teólo-
go dependiente del rey y de la institución. Y exactamente es-
ta dependencia le lleva en nuestra historia a una situación en-
marañada. Aparece este perturbador de la paz, Amós, y
denuncia las injusticias. Amasías por una parte está obligado
a avisar al rey –pues no puede permitir una revuelta– y esto
no lo hace él mismo sino que envía un mensajero al rey, que
debe informar de lo que dice Amós. Y casi al mismo tiempo,
nos podemos imaginar, va a Amós y le previene.
Amós no se deja intimidar. Es un carácter firme marcado
por el desierto y la estepa. Se escucha un pedazo de orgullo
campesino cuando dice:
«Yo no soy profeta ni del gremio profético; soy ganadero
y cultivo higueras. Pero el Señor me arrancó de mi ganado y
me mandó ir a profetizar a su pueblo, Israel» (Am 7,14s).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 63

Amós: La denuncia profética 63

No soy un profeta de la corte. Yo mismo me puedo ganar


el pan. Pero sé que aquí represento la causa de Dios y esto es
para mí suficiente vocación y legitimación.
Tenemos ante nosotros la alianza clásica de trono y altar.
Betel es el santuario del rey; el rey, podemos presuponer, ha
colocado al sacerdote Amasías. Allí, en el templo real, habla
Amós en nombre de Dios contra la casa real. Esto pone al
sacerdote en guardia. Anuncia al rey la inquietud que desen-
cadena el discurso profético. El sacerdote será también quien
comunica al profeta su expulsión.
El papel que desempeña el sacerdote es en el fondo perver-
so. En lugar de dar facilidades a la palabra de Dios, expulsa al
profeta de Yavé. Pone más interés en conservar la situación
existente, de la que se aprovecha, que en colaborar en la crea-
ción de aquella situación que Dios quiere hacer aparecer. Se ha
alineado con los poderosos y se pone del todo al servicio de la
conservación de un poder, que está edificado sobre la injusti-
cia. La participación en la injusticia es con ello para él mas im-
portante que comprometerse por el derecho y por Yavé, que se
ha colocado al lado de los pobres.
La relación entre el trono y el altar, la relación de la Iglesia con
el poder estatal es importante para la praxis profética en nuestra
Iglesia. Si es muy estrecha, el altar, el «sacerdote», pierde la fuer-
za profética. En interés de la tarea profética la Iglesia evitará y
deshará los lazos con los poderosos heredados del pasado.
En España la Iglesia ha aprendido con experiencias doloro-
sas. Hoy no es pensable para la Iglesia española ni involucrar-
se en una guerra civil ni restablecer el estrecho maridaje del
nacionalcatolicismo. La Iglesia ha optado por una Iglesia libre
en un Estado libre y ha mantenido este principio en su praxis.
Se da una tensión entre lo sacerdotal y lo profético. Max
Weber, en su análisis sobre los profetas, ha mostrado que este
conflicto entre sacerdotes y profetas se ha dado en todos los
tiempos y en todas las religiones. El «sacerdote» es el repre-
sentante de una larga y santa tradición, que es apoyada por los
poderosos, porque han logrado ponerlo a su servicio. El «pro-
feta» es el proclamador de una noticia de Dios, históricamen-
te joven y revolucionaria, que acusa a los que tienen el poder;
indirectamente afecta también al «sacerdote». El conflicto en-
tre un sacerdote tal y el profeta es inevitable.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 64

64 Personajes del Antiguo Testamento

También en nuestra Iglesia se da esa relación cargada de


tensión entre lo profético y lo sacerdotal, unas veces en el mis-
mo individuo, otras dentro de la institución. Sacerdotes como
Amasías hay muchos hoy. Los que se retraen a la rutina profe-
sional y convierten la vocación en una profesión. Languidece
el impulso del espíritu, se convierten en funcionarios de la ins-
titución y sobre todo prefieren una buena relación con los po-
derosos más que el compromiso profético con los pobres. La
leyenda del gran Inquisidor en Los hermanos Karamazov de
Dostoievski muestra que la tendencia en la Iglesia es satisfa-
cerse cuando la institución está floreciente, cuando la fachada
es hermosa, como si preocupase menos lo que hay detrás de la
fachada, que es lo más importante.
La voz del profeta resulta subversiva en estas circunstancias
y ha de beber el trago amargo de ser objeto de sospecha en el
interior de la propia comunidad cristiana. Las viejas estrategias
de la alianza de trono y altar se ponen en marcha también hoy:
silencio, expulsión, retirar la base vital, intentar comprar a los
profetas. Pero si la Iglesia quiere ejercitar su tarea profética en
la humanidad deberá tratar con especial cuidado a sus profetas.
¿Dónde están hoy los profetas? El don de la discreción de
espíritus es importante para la Iglesia, para reconocer a los pro-
fetas verdaderos, ya que más de uno se pone la etiqueta de pro-
feta y es sólo un descontento resentido. No hay que pasar por
alto que los profetas no siempre salen de las propias filas. Tam-
bién Amós vino del extranjero. ¿No podría ser que Dios tam-
bién hoy hace profetas a los que no pertenecen a su pueblo?
¿No se pueden encontrar hoy dones proféticos en los grandes
movimientos de la humanidad: el movimiento obrero, el mo-
vimiento feminista, el movimiento pacifista, el movimiento
ecológico? El papa Juan XXIII lo ha aceptado. En su encícli-
ca Pacem in terris ha valorado tres características de nuestra épo-
ca como signos de los tiempos: junto a la cuestión obrera y el
desarrollo de los pueblos, contó el hecho de que la mujer «se
hace cada vez mas consciente... de su dignidad humana».

2) El pueblo
Cuando el sacerdote Amasías se queja ante el rey sobre el
profeta Amós, se refiere al pueblo: «El país ya no puede so-
portar sus palabras» (Am 7,10b).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 65

Amós: La denuncia profética 65

De nuevo la situación es paradójica. El «sacerdote» no se


muestra –lo que sería su tarea– como uno que se preocupa por
el futuro del pueblo. Más bien busca asegurar sus propios pri-
vilegios, en contra de los intereses de supervivencia del pue-
blo. Los intereses del sacerdote no coinciden con los del pue-
blo.
Amós echa en cara a los responsables su falta de preocupa-
ción. Hacen todo lo demás, sólo no hacen una cosa: «No os do-
léis del desastre de José» (Am 6,6b). La expulsión del profeta
del reino del Norte es una parte notoria de este desinterés «sa-
cerdotal» por el pueblo, ya que se priva al pueblo de lo que
habría sido importante para el futuro: la palabra profética de
Yavé. Por eso los responsables, en primer lugar los sacerdotes,
serán culpables de que el pueblo perezca.

5. Compromiso político a partir de la fe


El libro de Amós es uno de los muchos ejemplos de la Bi-
blia de cómo la fe en Dios conduce por sí misma a un com-
promiso por más justicia, justicia para la gente humilde.
Amós habla de Dios no en un tono balsámico de púlpito, si-
no con imágenes de Dios desacostumbradas: Dios que ruge co-
mo un león (Am 1,2). La protesta apasionada de Dios contra
una sociedad que pisotea la dignidad de la gente humilde.
Tal protesta apasionada es la consecuencia de la fe: quien
cree en la dignidad de todo hombre, una dignidad que se ba-
sa en Dios, ve a Dios mismo lesionado; donde se pisotea esta
dignidad, él tiene que abrir su boca.
Para nuestra situación actual Amós nos da materia abun-
dante para meditar. Me cae simpático este profeta y a la vez
me inquieta.
Me cae simpático porque sin miedo aporta la voz de Dios
donde las ideas y las acciones de los hombres necesitan ser cen-
suradas, ya sean en el campo social, político o religioso. Amós
se coloca valientemente del lado de los perjudicados. Afirma
incluso que Dios prefiere la justicia con los débiles que el cul-
to con muchas ofrendas y música festiva. Así me gustaría po-
der hablar alguna vez. A pesar del miedo a ser expulsado, que
diga lo que tenga que decir en la sociedad y en la Iglesia cuan-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 66

66 Personajes del Antiguo Testamento

do la conciencia me lo exija. Y que diga también lo que Dios


tenga que decir.
Y me inquieta porque me pregunto si yo obraría igual en
tales situaciones. Pues creo que tales circunstancias las hay
también hoy entre nosotros. Y cada uno puede ser escogido
por Dios, como Amós. A saber, cuando como cristiano nota
que ciertas cosas sencillamente no las puede callar porque no
hay modo de conciliarlas con su conciencia. Los cristianos no
podemos permitirnos más ser meros espectadores en los he-
chos dramáticos del mundo.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 67

Oseas:
El Dios enamorado
José Ignacio Blanco

1. El profeta Oseas. Época, situación política y religiosa


«El ejército mexicano bloquea a los zapatistas insurgen-
tes»; «Estados Unidos concede una ayuda económica a Méxi-
co de 50.000 millones de dólares, a cambio de hipotecar el pe-
tróleo de México»; «la debilidad del dólar y la fortaleza del
marco alemán arrastran a la peseta, que casi está fuera del mer-
cado europeo»; «existen en la actualidad 44 guerras abiertas
en el mundo»; «la corrupción política y económica está pa-
sando factura a nuestro país, especialmente a los más po-
bres»...
«Los ídolos financieros», «la deuda externa», «el déficit
público», «la prioridad de la economía», «las esclavitudes se-
xuales», «separaciones matrimoniales», «infidelidades conyu-
gales», «infidelidades sacerdotales», «la supeditación de todo
a la utilidad inmediata», «la cultura del pelotazo a costa siem-
pre de los más débiles», «Rappel», «la bruja Aramis», «las
quinielas, la primitiva, loterías»... Todas estas realidades apa-
recen ante nuestro horizonte cotidiano y ya casi ni reacciona-
mos. Nos parece lo «normal».
Y la pregunta que surge también ante nuestro horizonte vi-
tal: ¿qué tiene que ver todo esto con Oseas?
Salvando las distancias en el tiempo, Oseas se encuentra an-
te un ambiente parecido hacia mediados del siglo VIII a.C.,
marcado, desde el punto de vista del profetismo, por un acon-
tecimiento relevante: en esta época es cuando los mensajes
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 68

68 Personajes del Antiguo Testamento

proféticos, hasta entonces transmitidos oralmente, empiezan a


ponerse por escrito 1, debido, casi con toda certeza, a que el
mensaje proclamado por Amós, Oseas e Isaías era captado por
los oyentes no como «reformista», sino como una auténtica
ruptura con lo escuchado hasta entonces: vista la situación co-
mo estaba, no cabían ya reformas sin ruptura, sino un vuelco
radical que implicaría rupturas, tanto políticas como religio-
sas. Esta novedad en el mensaje profético es lo que facilitará
su puesta por escrito.
Oseas comienza su actividad profética en los últimos años
de Jeroboán II, cuyo reinado va desde el año 782 hasta el 753,
poco después de que Amós, contemporáneo suyo, fuera expul-
sado del reino del Norte. Nuestro personaje desarrolla su ac-
tividad igualmente en el reino del Norte, que se ve dividido,
después de la muerte de Jeroboán II, en dos zonas llamadas por
el profeta «Israel» y «Efraím». En el año 745 sube al trono de
Asiria el rey Tiglatpileser III, excelente militar y deseoso de
ampliar su imperio (como casi todos los imperialistas). Sub-
yuga a Israel y le obliga a pagar un impuesto anual de 1.000
pesos de plata, que deben ser costeados por contribución de to-
dos los ricos de Israel 2.
En pocos años se suceden varios reyes en Israel (reino del
Norte) que se van sucediendo no por línea dinástica, sino por
asesinatos y «golpes de estado» hasta que Pécaj, en vez de
mantener la neutralidad israelí, se alía con Damasco (capital
de Siria) para atacar a Judá (reino del Sur). Judá, aliada de Asi-
ria, intenta reducir a Israel y, en el año 722, se produce el ase-
dio de Samaría por parte de Salmanasar V, al final del cual cae
en manos de la potencia imperial, desapareciendo el reino del
Norte para siempre, y sus gentes son deportadas a Asiria.
Estas continuas revueltas y asesinatos ayudan a comprender
las duras críticas del profeta contra sus gobernantes y la de-
cepción con que habla de la monarquía (a la que considera co-
mo castigo de Dios). Pero para entender el mensaje de Oseas
hay que tener en cuenta dos datos más: el culto a Baal y la in-
fidelidad de su esposa Gómer.

1
Sicre, J. L., Introducción al Antiguo Testamento, Ed. Verbo Divino, Estella
1992, p. 221.
2
Alonso Schökel, L.-Sicre Díaz, J. L., Profetas, 2 vols., Ed. Cristiandad, Ma-
drid 1980. Vol. II, p. 859.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 69

Oseas: El Dios enamorado 69

a. Culto a Baal
Cuando los israelitas llegan a Palestina, son un pueblo de
pastores seminómadas. La imagen de Dios que tenían era la de
un Dios de pastores que protegía sus migraciones y trashu-
mancias, los guiaba por el camino y los salvaba en los comba-
tes contra tribus y pueblos vecinos. Cuando se establecieron en
Canaán cambiaron, en parte, de profesión, haciéndose agricul-
tores. Y muchos de ellos, con una formación escasa y una ima-
gen de Dios imperfecta, no podían concebir que un Dios de
pastores les pudiese ayudar a cultivar la tierra, enviarles la llu-
via y garantizarles unas estaciones propicias. El dios especia-
lista de la agricultura era el dios cananeo Baal 3. Los israelitas
aceptaron este culto a pesar de que implicaba prácticas tan de-
gradadas como la «prostitución sagrada».
Acudir a Baal o a otro dios, en otro país, no hubiera causa-
do ningún problema, pues los dioses acostumbran a ser muy
tolerantes mientras sus necesidades estén satisfechas. Pero Ya-
vé es un Dios personal e intransigente que no permite compe-
tencia de ningún tipo. Esto lo describirá Oseas con imágenes
bellísimas y clarísimas.

b. Infidelidad de Gómer
Llama la atención que, al inicio del libro de Oseas, Yavé
manda al profeta que se case con una «prostituta». Este ma-
trimonio ha dado mucho que hablar a los estudiosos y exege-
tas. Lo más verosímil, a partir de los estudios existentes, es
pensar que Oseas se casó con una chica normal que, después,
le fue infiel y se marchó con otro. Experiencia que marcaría
profundamente al profeta y que le serviría de base para de-
nunciar las relaciones del pueblo con Yavé. Nos encontramos
así con un aspecto importante: las experiencias vividas por un
creyente en un determinado nivel de su personalidad (Oseas
experimenta la infidelidad a nivel psicológico-existencial) afec-
tan a la persona en su globalidad (por lo tanto también a su ex-
periencia de fe). El salto que Oseas da desde su experiencia per-
sonal a percibir en términos de infidelidad la relación del
pueblo con Yavé le permite una mirada de fe ante esta realidad

3
Baal, en hebreo, significa «el que domina a otro», «señor». Hemos de cons-
tatar que quien domina a otro produce siempre «esclavitud» en éste.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 70

70 Personajes del Antiguo Testamento

y ofrecerá una salida en los capítulos posteriores. Por ello, es


necesario descubrir la acción de Dios en nuestra vida corriente
y hacer de ella el camino «normal» de nuestro crecimiento glo-
bal (bio-psíquico, existencial y espiritual).

2. Mensaje de Oseas
Coincide con el de Amós en la denuncia de las injusticias y
de la corrupción reinante. Pero tiene aspectos nuevos que pode-
mos resumir en dos:

a. Fuerte condena de la idolatría en una doble vertiente:


cultual (religiosa) y política
1) La idolatría cultual consiste en la adoración de Baal con sus
ritos de fertilidad y en la adoración del becerro de oro 4. El culto
a Baal supone, por un lado, la transgresión del primer manda-
miento, ya que Dios no tolera rivales. ¿Cómo es posible que Dios
no tolere rivales? ¿Es un Dios celoso y, como tal, egoísta?
La respuesta está, a mi juicio, en el significado de la mis-
ma palabra Baal, que, como hemos visto, era «señor», «do-
minador». Dios se ha presentado como un Dios personal que
establece relaciones personales con su pueblo, capaz de amar
sin medida... Tolerar rivales como «baales» es dejar al hombre
dominado por las esclavitudes de estos ídolos, que no son otras
que las propias esclavitudes del hombre y que engendran odio,
destrucción, injusticia, corrupción y muerte. En el fondo, no
tolerar rivales es no tolerar que nadie esclavice al hombre, cria-
tura de Dios, y mostrar al propio hombre que sólo las relacio-
nes de amor con un Dios personal son las que liberan a los
hombres y a cada hombre, pues sólo el amor que se trascien-
de permite la auténtica libertad.
Por otro lado, la idolatría cultual contiene un elemento cla-
ve que aparece como resistencia para una relación de tú a tú
con el Dios personal que se revela tanto en el Antiguo Testa-
mento como en Jesucristo: confiar en los «baales» o en el «be-

4
Este becerro de oro no debe ser identificado con el del desierto del Sinaí (Éx
32). Este ídolo, al que hacemos aquí referencia, fue mandado construir por Jero-
boán I en Samaría en torno al año 930 a.C. en tiempos de Elías y Eliseo.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 71

Oseas: El Dios enamorado 71

cerro de oro» es fiarse de unos ídolos que «tienen boca y no


hablan, tienen ojos y no ven» (Sal 115). Esta confianza en los
ídolos supone, por un lado, un comportamiento mágico 5 que
tiene su origen en un predominio de la vida afectiva sobre la
intelectual, dejándose arrastrar por la propia vida afectiva;
arrastre que es expresión de que los sentimientos dominan a
quien la practica y no es el creyente quien domina sus senti-
mientos: esclavitud de fondo que todavía perdura en la ac-
tualidad cuando nos encontramos a tantas personas que dicen
creer en el Dios de Jesucristo y no tienen ningún pudor en
acudir a visionarios, echadores de cartas, en poner su confian-
za en horóscopos o en loterías. La actitud de fondo no es de
fe, puesto que sólo son dignas de fe las personas y un Dios
personal. Más bien es una actitud de búsqueda de seguridad pa-
ra lo cual hay que «manipular» al dios correspondiente, en es-
te caso al dios de la fertilidad, para que les mandase la lluvia
y les protegiese sus cosechas, actitud que refleja una relación
con Dios de tipo mercantil: «te doy para que me des, dame
para que yo crea».
2) Junto a esta idolatría cultual, Oseas denuncia otro tipo
de idolatría: la idolatría política.
A nuestro profeta le toca vivir una época de grandes con-
vulsiones políticas, en la cual está en peligro la propia sub-
sistencia del país. La tentación de los israelitas es buscar la
salvación fuera de Dios: en las alianzas políticas con Asiria y
Egipto, potencias militares del momento, que pueden pro-
porcionar caballos, carros y soldados. En ese momento Asiria
y Egipto dejan de ser realidades terrenas para convertirse, a
los ojos de Israel, en nuevos dioses capaces de salvarles. El
pueblo opta por aliarse con las potencias en vez de confiar en
Su Dios.
No es difícil percibir este tipo de idolatría perdurando in-
sistentemente a lo largo de la historia y en nuestro momento
actual. Las grandes potencias hoy tienen otros nombres, como
indiqué cuando hablé de Jonás: EE.UU., Japón, Rusia, Unión
Europea, OTAN, Wall Street, índice Nikei, Bolsa de Frank-
furt, operaciones de ingeniería financiera que pueden hacer,
sólo mediante un ordenador, tambalear la economía mundial...

5
Rey Ardid, R., Psicología médica, Ed. R. Rey Ardid, Zaragoza 1970, p. 229.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 72

72 Personajes del Antiguo Testamento

Tampoco es difícil darse cuenta en el discurso habitual de los


políticos de expresiones como: «es necesario que se estabilice
la vida política para permitir el crecimiento de la economía»;
«la inestabilidad impide que los inversores extranjeros vengan
a España»; «la insumisión militar es una expresión de insoli-
daridad con el resto de los ciudadanos...»
No me extraña que a Oseas le tacharan de «ridículo» y «ne-
cio que delira» (9,7). Pero sigue siendo demasiado acusada la
tendencia megalomaníaca del hombre actual como para dejar
de confiar en sus armamentos y sus economías y confiar en un
Dios que no sólo salvaría a los fabricantes de ídolos, sino que,
y sobre todo, salvaría a los dos tercios de la humanidad que su-
fren las consecuencias de esa idolatría actual.

b. Visión crítica del pasado


Otro elemento típico de la predicación de Oseas es su vi-
sión crítica del pasado. Oseas no ve el pasado de Israel como una
«historia de salvación». Este pueblo no tiene nada de qué glo-
riarse, excepto de su «pecado permanente». Toda la historia de
Israel es, a juicio de Oseas, una historia de pecado y rebeldía.
Historia de pecado y rebeldía que Oseas, desde la experiencia
de haber sido engañado por su esposa, extiende al pueblo pa-
ra describir cómo las relaciones pueblo/Yavé han sido de au-
téntica prostitución. La pregunta que se hace Oseas es qué acti-
tud tomará Dios ante toda esta cadena de infidelidades y
prostituciones.
Y es, precisamente con una imagen tan bella como provo-
cadora en el campo de la fidelidad/infidelidad, como Oseas
plantea tres posibilidades que Dios tiene ante el comporta-
miento infiel de su pueblo:
El poema que aparece en 2,4-25 nos las ofrece bajo la ima-
gen del pueblo como esposa infiel. Las soluciones serían:
a) Dios puede ponerle a su esposa una serie de obstáculos
para que no se vaya con sus amantes y termine volviendo al
marido (vv. 8-9).
b) Castigarla públicamente y con dureza (vv. 10-15).
c) Perdonarla por puro amor, hacer un nuevo viaje de no-
vios, un nuevo regalo de bodas que restaure la intimidad y sea
como un nuevo matrimonio (vv. 16-25).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 73

Oseas: El Dios enamorado 73

Lo que termina triunfando es el amor de Dios, que acoge


de nuevo a su esposa, incluso aunque ésta no se encuentre ple-
namente arrepentida. Este tema es importantísimo en Oseas.
Lo vuelve a retomar el profeta en el capítulo 11 bajo una nue-
va imagen: Dios ya no es el amante de su esposa infiel, sino un
Padre. Israel es el hijo, un hijo prototipo del hijo rebelde que,
según la Ley, debe ser ajusticiado (Dt 21,18-21). Ante la in-
minencia del castigo divino, Israel pide ayuda a Baal, pero sin
éxito. Cuando todo presagia el desastre total, Dios lucha consi-
go mismo y la misericordia vence a la cólera (11,8).
Por si todavía somos capaces de «digerir» más amor por
parte de Dios, el texto no habla para nada de la conversión pre-
via del hijo como, en el capítulo 2, no hablaba para nada de la
conversión previa de la mujer.
Ante un comportamiento así, por supuesto, no es difícil
que se nos «remuevan» nuestras interioridades y nuestros fon-
dos más hondos: «¡algún tipo de conversión o gesto de arre-
pentimiento será necesario para obtener el perdón de Dios!»,
nos surge casi espontáneamente por dentro; «¿cómo es posible
la justicia de Dios ante tanta infidelidad si su respuesta es el
amor?»; «ante un Dios así, entonces todo vale pues vamos a
ser perdonados igualmente».
Si este tipo de preguntas surgen en nosotros, lo mínimo
que se pone en evidencia es nuestra lógica que, en el fondo, se
apoya en la lógica del egocentrismo de quien se cree «justo y
bueno»: se comete un pecado, el pecador se arrepiente y, enton-
ces, se puede proceder al perdón. En el fondo de este esquema,
que es más corriente de lo que pensamos (echemos un vistazo
y agudicemos el oído cuando, por ejemplo, se habla del impe-
rio de la ley, acerca de la cual Pablo de Tarso nos situará con-
venientemente en su carta a los Gálatas), lo que está latiendo
es la necesidad de que el pecador se arrepienta, haga buenas
obras y, entonces, se le perdonará. El esquema se apoya en las
obras del pecador arrepentido.
La lógica «ilógica» de Dios va más en la línea de nuestro
refrán: «El corazón tiene razones que la cabeza no entiende». Su es-
quema se basa en amor de Dios-acogida de ese amor por parte del
hombre-conversión por amor y no por temor-amor del hombre que tra-
ta de corresponder. Si el pueblo de Israel y, por extensión, cada
uno de nosotros no nos convertimos por sentirnos amados in-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 74

74 Personajes del Antiguo Testamento

condicionalmente, sin requisitos previos, solamente por pura


gracia de Dios, no nos convertiremos por nada ni por nadie.
¿Quién no ha hecho los mayores esfuerzos por cambiar algún
comportamiento extraño en su vida cuando ese comporta-
miento no agradaba a la persona amada? ¿Acaso es duradera
una conversión cuando ésta se basa en los buenos propósitos
solamente?
Esta lógica de Dios, por otra parte, hace que nos tenga-
mos que apoyar en «Otro» y en el «Amor que es ese Otro», de-
jándonos sin la posibilidad de apoyarnos en algo nuestro (las
obras), lo cual nos deja un poco a la intemperie y con la so-
la posibilidad de arriesgarnos a dejarnos amar por un amor de
este calibre.
Y un amor de este calibre desestabiliza todos nuestros es-
quemas porque nos fuerza a «desmontar» nuestros egoísmos
más ocultos, nuestras justicias más sutiles, nuestros deseos
conscientes o inconscientes del «ojo por ojo y diente por dien-
te». Y aquí está, a mi juicio, la cuestión clave del mensaje de
Oseas: la resistencia que tenemos a cambiar de esquemas que,
en griego del Nuevo Testamento, será llamado metanoein, me-
tanoia para entrar en la lógica, gracias a Dios, irracional de Su
amor.
No es extraño que nuestro personaje concluya su libro con
una cuestión abierta (14,10):
«¿Quién es tan sabio como para entender esto?
¿Quién tan inteligente como para comprenderlo?
Los caminos del Señor son rectos,
por ellos caminan los inocentes
y en ellos tropiezan los culpables».

Lo entenderá muy bien, unos siglos más tarde, un tal Jesús


de Nazaret, quien, para revelarnos el corazón de Dios, tendrá
que ofrecernos, todavía en parábolas, los ejemplos de los jor-
naleros contratados a la viña a distintas horas del día cobran-
do todos lo mismo y el personaje que ha hecho llorar a más de
un pecador: ese hijo pródigo que, ante el amor incondicional
y sin reproches de su padre, deseará, como intuye muy bien
Neuwen 6, pasar de ser hijo a ser padre.

6
Neuwen, H. J. M., El regreso del hijo pródigo», PPC, Madrid 1995.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 75

Oseas: El Dios enamorado 75

Bibliografía
Sicre, J. L., Introducción al Antiguo Testamento, Ed. Verbo Divino, Estella
1992.
Alonso Schökel, L.-Sicre Díaz, J. L., Profetas, 2 vols., Ed. Cristiandad. Ma-
drid 1980.
Rey Ardid, R., Psicología médica, Ed. R. Rey Ardid, Zaragoza 1970.
Neuwen, H. J. M., El regreso del hijo pródigo, PPC, Madrid 1995.
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Babilonia:
El exilio como tiempo
de silencio fecundo
Javier Calvo

1. Condicionamientos geográficos
¿Por qué está Jerusalén donde está? Ésta es una pregunta
que me hice en la Ciudad Santa, atraída mi atención por la
geografía y la cultura del agua.
Jerusalén está donde está, según mi opinión, por la exis-
tencia de una fuente, de un manantial. Exactamente igual que
muchos de nuestros pueblos colocados defensivamente sobre
una colina con una fuente a sus pies. Del mismo modo que Je-
ricó está donde está por la existencia de un manantial muy
abundante. Y Jericó está allí desde hace por lo menos 8.000
años.
A los pies de la ciudad de David está la fuente que la Bi-
blia llama Gihon («que mana»). La fuente estaba en el fondo
del valle. Para que su uso fuera fácil en tiempo de paz y sobre
todo para que estuviera garantizado durante los asedios se in-
trodujo la fuente dentro del recinto amurallado. Una ciudad
fortificada con el abastecimiento de agua asegurado podía re-
sistir un asedio. En el segundo milenio a.C., en la ciudad de
los jebuseos, por tanto antes de David, se construyó el túnel
de acceso a la fuente que consta de tres partes. Hay un tramo
inferior, horizontal, de unos 30 metros, que conduce la fuen-
te al interior de la colina; a continuación, en un punto deter-
minado se inicia una chimenea vertical, de unos 13 metros de
altura y unos 50 centímetros de diámetro, a través de la cual
con cuerdas y recipientes se extraía el agua. El tramo superior
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 78

78 Personajes del Antiguo Testamento

está formado por una amplia galería cuyo entrada quedaba


dentro de las murallas de la ciudad. Es de suponer que la fuen-
te y el acceso al canalillo horizontal debían de estar ocultos de
algún modo.
Hebrón, la capital de la tribu de Judá, está al sur de Ca-
naán. David buscó una capital que más o menos se hallara en
el centro del territorio de Israel, pero sobre todo que estraté-
gicamente fuese fuerte. La fortaleza de Sión-Jerusalén respon-
día a todas estas necesidades: pero ciertamente se consideraba
como inexpugnable, tanto que los jebuseos que a la sazón la
ocupaban afirmaban despectivamente que bastarían ciegos y
cojos para defenderla.
«Los jebuseos dijeron a David: No entrarás aquí. Te re-
chazarán los ciegos y los cojos» (2 Sam 5,6).

Era una manera de decir que David no entraría. No obs-


tante David la conquistó. David debió de conocer por una ex-
ploración, o por una traición, la existencia del túnel. David ha-
bía dicho aquel día:
«Al que mate a un jebuseo y se cuele por el túnel...» (2
Sam 5,8) «lo nombro general en jefe» (1 Cr 11,6).

Fue Joab el audaz quien, después de recorrer la parte infe-


rior del túnel, trepó por el tramo vertical (pozo o chimenea)
entrando de esta manera en la ciudad; los defensores habían
descuidado imprudentemente este acceso por considerarlo im-
practicable.
Jerusalén está donde está a causa de una fuente. ¿Y dónde
se halla esta fuente? En la montaña, a 800 metros de altura.
Una fortaleza en la franja estrecha de comunicación, contacto
o lucha entre los grandes imperios junto a los grandes ríos. Los
imperios del Nilo y los imperios de Mesopotamia, a orillas del
Tigris y Éufrates.
El exilio de los judíos que vamos a considerar tiene dos ca-
ras. Considerado desde la historia profana, era inevitable. Es
una especie de fatalidad histórica. Sólo por su situación geo-
gráfica Jerusalén estaba destinada a ser repetidas veces asedia-
da, conquistada, incendiada, arrasada. El pequeño Israel tenía
que caer entre las ruedas de molino, es decir, entrar en con-
flicto con los grandes imperios de los grandes ríos: o por el sur
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 79

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 79

con Egipto, a orillas del Nilo, o por el norte con los asirios o
Babilonia, en Mesopotamia. Pero este destino aparentemente
inevitable lo ha entendido Israel como un claro castigo de
Dios. Vio una relación causal entre la deportación al extranje-
ro y sus «pecados» anteriores.

2. La amenaza del norte


Los fieles se siente cobijados bajo la protección de Dios;
aunque les amenacen peligros, permanecen tranquilos y rela-
jados:
«Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro;
por eso no tememos aunque cambie la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob» (Sal 23,2s).

Así de seguros se sentían los israelitas en Jerusalén, bajo la


protección del templo sagrado. Si los labradores y los pastores
se refugiaban en la ciudad, no tenían nada más que temer.
Aunque los enemigos sitiadores atacasen contra los muros de
Jerusalén, Dios es más poderoso que todos los imperios.
Pero el destino de Jerusalén aparece de otra manera. Nos
sorprende la sinceridad y fidelidad a la verdad con que la Sa-
grada Escritura narra cómo lenta e inevitablemente sobrevino
la ruina de la ciudad. A la luz del fuego de la catástrofe apa-
recen ante nuestros ojos los rostros misteriosamente claros de
las personas que intervienen: los reyes y sus ministros, los
sacerdotes y profetas, los revolucionarios y aventureros.
Entre todos los profetas destaca el profeta Jeremías. Lo en-
contramos por todas partes, en las calles de la ciudad, en el
templo, incluso en el palacio del rey, como el gran pregonero
de la conversión. Nadie le cree. Las gentes viven el día sin
preocupación, como si todo lo que atormenta al profeta fueran
sólo quimeras. No quieren ver el juicio. Lleno de amargo sar-
casmo, grita el profeta a la vista de la ciudad atea:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 80

80 Personajes del Antiguo Testamento

«Y tú, ¿qué haces que te vistes de púrpura,


te enjoyas de oro, te alargas los ojos con negro?
En vano te embelleces, tus amantes te rechazan,
sólo buscan tu vida.
Oigo un grito como de parturienta,
sollozos como en el primer parto:
el grito angustiado de Sión, estirando los brazos:
¡Ay de mí, que desfallezco, que me quitan la vida!»
(Jr 4,30s).

En la historia de Judá, Jeremías es una figura central cuan-


do anuncia la deportación del pueblo al exilio babilónico co-
mo una posibilidad inmediatamente amenazadora y cuando a
la vez trata de preservar a la ciudad de lo peor. ¡En vano! La
política real y el mensaje profético van cada uno por su lado.
El imperio de Babilonia crece en el nordeste cada vez más
poderoso y amenazador. ¿Comienza a cumplirse algo de lo que
había predicho Jeremías? Sin cesar había hablado de la ame-
naza que se cernía en el norte.
Por primera vez escucha con atención el pueblo. El asunto
se lleva a los ministros y finalmente al rey. Aunque los fun-
cionarios están muy asustados por las palabras de Jeremías,
Joaquín, rey de Judá, mucho más orgulloso, pasa de ellas.
«Y comunicaron al rey de palabra todo el asunto.
Entonces el rey envió a Yehudí a traer el rollo de la habita-
ción de Elisama, el secretario. Éste lo leyó ante el rey y ante los
dignatarios que estaban al servicio del rey. El rey estaba senta-
do en las habitaciones de invierno (era el mes de diciembre), y
tenía delante un brasero encendido. Cada vez que Yehudí ter-
minaba de leer tres o cuatro columnas, el rey las cortaba con
un cortaplumas (el cuchillo del escriba, utilizado para afilar las
plumas y hacer correcciones) y las arrojaba al fuego del brase-
ro. Hasta que todo el rollo se consumió en el fuego del brase-
ro. Pero ni el rey ni sus ministros se asustaron al oír las pala-
bras del libro ni rasgaron sus vestiduras» (Jr 36,20-25).

También el último intento de Jeremías fracasa. Queda des-


baratado por el orgullo del rey. El rey, oportunista y escépti-
co, no se dejó convencer por aquello que consideraba como im-
pertinencias de Jeremías. Iracundo pronuncia el profeta su
sentencia sobre Joaquín, que no se quiere convertir.
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Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 81

«Por eso, así dice el Señor a Joaquín, hijo de Josías, rey de


Judá:
No le harán funeral cantando: ¡Ay hermano mío, ay herma-
na!
No le harán funeral: ¡Ay Señor, ay Majestad!
Lo enterrarán como a un asno: lo arrastrarán
y lo tirarán fuera de Jerusalén» (Jr 22,18-19).

La desgracia no viene sobre el rey sólo, sino sobre todo el


país: Joaquín tiene que someterse al rey Nabucodonosor, que
lo deja mientras tanto en paz. Sin embargo, como Joaquín no
cumple sus obligaciones frente a Babilonia, Nabucodonosor
incita a los pueblos vecinos contra Judá, porque él mismo es-
tá en lucha en otras partes de su imperio con vasallos insu-
rrectos. El historiador del libro de los Reyes ve en ello el cas-
tigo de Dios:
«Durante su reinado, Nabucodonosor, rey de Babilonia,
hizo una expedición militar y Joaquín le quedó sometido por
tres años. Pero se le rebeló.
Entonces el Señor mandó contra él guerrillas de caldeos y
asirios, moabitas y amonitas; los envió contra Judá para ani-
quilarla, conforme a la palabra que había pronunciado por sus
siervos los profetas» (2 Re 24,1s).

Finalmente llega desde el norte el mismo Nabucodonosor.


Desaparecen todas las esperanzas de Joaquín acerca de la ayu-
da del faraón egipcio. En la extrema necesidad de su reino el
rey se acuesta para morir; tiene 36 años. Se ha cumplido amar-
gamente la palabra del profeta:
«consagraré a tus devastadores, cada uno con sus armas,
para que talen tus mejores cedros y los echen al fuego» (Jr
22,7).

3. La caída de Jerusalén
En largas filas, los campesinos del norte se refugian con su
ganado en las puertas protectoras de Jerusalén. Por el sur han
sido cortadas todas las comunicaciones con la capital. Suena
como un sarcasmo amargo de la boca del profeta:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 82

82 Personajes del Antiguo Testamento

«Di al rey y a la reina madre: Sentaos en el suelo


porque se os ha caído de la cabeza la corona real.
Los poblados del Negueb están cercados, nadie rompe el cerco,
todo Judá marcha al destierro, al destierro sin faltar uno.
Alza la vista y míralos venir por el norte;
¿dónde está el rebaño que te encomendaron?»
(Jr 13,18-20).

Quizá muchos respiraron cuando murió Joaquín. ¿No era él


culpable de toda la miseria del pueblo? ¿Quizá cambiará todo el
nuevo joven rey Jeconías? Pero Jeremías piensa de otro modo.
«¡Por mi vida! Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá,
aunque fueras el sello de mi mano derecha, te arrancaría
y te entregaría en poder de tus mortales enemigos,
de los que más temes: de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
y en manos de los caldeos.
Os expulsaré a ti y a tu madre, que te dio a luz,
a un país extraño, donde no nacisteis, y allí moriréis
y no volverán a la tierra adonde ansían volver» (Jr 22,24-27).

Jeconías no es mejor que su padre. ¿Cómo va a poder ayu-


dar?
«Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años y
reinó tres meses en Jerusalén... Hizo lo que el Señor reprue-
ba, igual que su padre» (Jr 24,8s).

Así el destino sigue su curso. Nabucodonosor mismo apa-


rece ante las puertas de la ciudad de Jerusalén. Entonces la
moral quedó por los suelos.
«En aquel tiempo los oficiales de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabuco-
donosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus ofi-
ciales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de
Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcio-
narios» (2 Re 24,10-12).

La ciudad cae sin lucha en manos de los enemigos y es sa-


queada. En el templo, en la casa del Dios eterno, se alojan los
soldados paganos.
Allí está la gloria del reinado de David, allí está la gloria
del templo. El pueblo se queja y se lamenta:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 83

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 83

«Rugían los agresores en medio de tu asamblea,


plantaron sus estandartes bien visibles.
Como uno que a hachazos se abre paso por la maleza
arrancaron los relieves, los destrozaron con martillos y ma-
zas» (Sal 74,4-6).

Los tesoros del templo son destruidos y los objetos sagra-


dos llevados a Babilonia.
«Se llevó los tesoros del templo y de palacio, y destrozó to-
dos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había he-
cho para el templo según las órdenes del Señor» (2 Re 24,13).

El rey marcha al destierro con muchos israelitas notables y


con toda su casa.
«Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó
deportados de Jerusalén a Babilonia, a la madre del rey, y a
sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los
ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil
deportados–, todos aptos para la guerra» (2 Re 24,15-17).

4. Camino del destierro


El mundo actual tiene una fuerte experiencia de exilio. En
Europa entre 1914 y 1960 fueron al exilio 65 millones de per-
sonas, deportadas, desplazadas, expulsadas o huidas.
La convulsión que arrastró a Israel fuera de la tierra de sus
padres no se desencadenó en un solo acto. El destierro del año
597 es como un preludio, un aviso de la catástrofe definitiva;
la oleada principal tuvo como consecuencias el hundimiento
general, la destrucción de Jerusalén y la deportación del año
586; la tercera oleada del año 582, como un rastrillo, dispersó
los restos turbulentos que quedaban después de la deportación.
Los deportados eran la flor de la nación: eran «ancianos»,
que por su aspecto ya inspiraban reverencia, «vírgenes», que
habían sido el orgullo de Israel. Pero reducidos ahora a un es-
tado lamentable, a lo largo de las etapas del duro viaje,
«Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos,
se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal;
las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza»
(Lam 2,10).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 84

84 Personajes del Antiguo Testamento

Y mientras los deportados marchaban, los caldeos


«Violaron a las mujeres en Sión
y a las doncellas en los pueblos de Judá;
con su manos colgaron a los príncipes
sin respetar a los ancianos» (Lam 5,11-12).

5. En Babilonia
Llegados a Babilonia, los deportados fueron destinados a
diversas tareas. Se los empleó como mano de obra en los tra-
bajos de construcción que había emprendido Nabucodonosor,
en las obras de canalización, tan esenciales en Babilonia, en los
trabajos del campo en las grandes posesiones del rey o al ser-
vicio de los santuarios babilónicos.
Entre los deportados se alimentaban unas falsas esperanzas.
El profeta Ezequiel, que formaba parte del primer grupo de
deportados, realizará una serie de acciones extrañas, simbóli-
cas, encaminadas a desarraigar esas esperanzas ilusorias. Pero
sin éxito. Consideraban a Ezequiel como un hombre de Dios
y como un profeta, pero de ahí a hacerle caso ya era otro can-
tar. Era imposible que el lejano templo pudiera ser destruido.
La gloria de Israel permanecería a través de los siglos.
Habían depositado en Jerusalén una confianza supersticio-
sa, como si la presencia del templo, morada de Yavé, fuera ga-
rantía segura contra toda incursión enemiga. En realidad, to-
do aquel maravilloso conjunto de edificios que constituían el
templo de Jerusalén, centro del pensamiento de todos los is-
raelitas («anhelo de vuestras almas»), sería profanado y pasto
de las llamas y todos los habitantes de la ciudad caerían a la
espada. Es el anuncio que desde hace años les estaba comuni-
cando, pero ahora estaban en el principio de la realización.
Y, sin embargo, un día fatal, llegó la noticia de la tragedia.
Todo había acabado. Ya no existía el templo, ni Jerusalén, ni
Judá. Lo único que quedaba de Israel era aquel grupo de de-
portados cuyas esperanzas quedaban sepultadas. Ezequiel, que
hacía poco había perdido repentinamente a su mujer, «el en-
canto de sus ojos», y que por orden de Yavé se había absteni-
do de un duelo exterior, fue verdaderamente la «contraseña» o
símbolo.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 85

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 85

«Esto dice el Señor:


Mira, voy a profanar mi santuario, vuestro soberbio baluarte,
el encanto de vuestros ojos, el tesoro de vuestras almas...
os consumiréis por vuestra culpa,
y os lamentaréis unos con otros.
Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho»
(Ez 24,21.23s).

Tras un intermedio fúnebre, el profeta comienza a rehacer


una nueva esperanza. Era el destino del profetismo: ir siempre
en contra de la corriente. Cuando todos tenían esperanzas,
Ezequiel se había desesperado; ahora que todo se había de-
rrumbado, se preocupaba de la reconstrucción y de infundir
aliento y esperanza.
Israel está –no por primera vez– en tierra extraña, en el exi-
lio, trasladado a la fuerza; ésta es la situación del texto de Je-
remías. La gente está en las últimas, ya que de año en año tie-
ne que vegetar en el destierro; todo futuro está cerrado, toda
esperanza perdida.
En esta situación catastrófica un profeta solitario se atreve
a pintar un cuadro de contraste. Tiene la osadía –se puede de-
cir– de hablar en nombre de Dios de un cambio totalmente
sorprendente de las circunstancias. Jeremías, del que sus con-
temporáneos no saben todavía si es un profeta del Dios bíbli-
co o uno de los muchos «chalados», recuerda el hecho origi-
nal del Dios de Israel: va a intervenir salvando y liberando;
como una vez en Egipto, su único interés es que los oprimi-
dos puedan respirar.
«Tengo pensamientos de paz y no de aflicción; me invo-
caréis y yo os escucharé; y os libraré de vuestra cautividad en
todos los lugares» (Jr 29,12-14).

6. Semejanzas y paralelismos
¿Qué paralelismos existen entre el pueblo judío camino del
exilio y la Iglesia de hoy? Israel es la Iglesia, somos nosotros
mismos. Los profetas son actuales. Su fascinación radica en que
no sabemos exactamente dónde estamos. ¿Estamos en una fa-
se del exilio? ¿O nos encontramos ya en el exilio? ¿O estamos,
ya de vuelta, camino de Jerusalén?
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 86

86 Personajes del Antiguo Testamento

Habitualmente se entiende como «exilio» sólo la cautivi-


dad en Babilonia del reino del Sur, cuya capital era Jerusalén,
que comenzó con las deportaciones del año 597 a.C. y termi-
na con el permiso para regresar en el año 538 (la repatriación
misma tuvo lugar a empujones en un período de tiempo de
más de 100 años). En un sentido más amplio pertenece a esto
también la deportación hacia Asiria de las gentes del norte de
Israel, cuyo centro era Samaría, que tuvo lugar ya en el año
722 y supuso la aniquilación del reino del Norte. La división
del pueblo unido bajo David y Salomón en un reino del Sur y
otro del Norte data ya de la muerte de Salomón en 926 a.C.
Está en primer lugar la ambivalencia de los antecedentes
entonces y ahora. Para los creyentes la situación actual de la
Iglesia tiene esta doble cara.
Por una parte están las diversas facetas de nuestra sociedad:
su carácter dinámico, la aldea global, la industrialización, el
proceso urbano, la tendencia a la democracia, el pluralismo, el
desarrollo de la sociedad de consumo, etc. El proceso de secu-
larización, que nos ha arrollado y ha diezmado nuestras filas,
se basa patentemente en modificaciones de estructuras de
nuestra sociedad, estructuras sociales, políticas, económicas.
Por otra parte, tiene rasgos que son indiscutiblemente
«culpa» de la cristiandad y en los que sus pecados anteriores
recaen sobre su propia cabeza. Piénsese solamente en la divi-
sión confesional, que llevó a Occidente, para poder sobrevivir,
a buscar un espacio de tolerancia y coexistencia neutral, libre
de las luchas por la fe, que fue dejando fuera de la religión to-
dos los campos de la vida: la política, la economía, el derecho,
la ciencia...
¿Es mera casualidad que en la historia del pueblo judío la
división del año 923 a.C. en un reino del Norte, Israel, y un
reino del Sur, Judá, precedió al exilio? La Iglesia se dividió en
una oriental y otra occidental, y ésta a su vez experimentó la
división en católicos y cristianos evangélicos.
Si a la vista de la historia de la Iglesia se hojean los profe-
tas menores, que anuncian la catástrofe del exilio, sus palabras
adquieren una terrible transparencia.
Pensemos en la eterna tentación de la Iglesia de, en nombre
de Dios, formular pretensiones en el ámbito secular (hasta la
teoría de las dos espadas de Bonifacio VIII); en Oseas se dice:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 87

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 87

«Se nombraron reyes sin contar conmigo, se nombraron


príncipes sin mi aprobación...» (Os 8,4).

Oseas habla de la «ingenua paloma atolondrada» (7,11)


que sin cabeza revolotea de Egipto a Asiria, pero «en cuanto
acudan echaré sobre ellos mi red y los abatiré como a pájaros,
los atraparé en cuanto escuche la bandada» (7,12), una ame-
naza que se ha repetido implacablemente en la Iglesia, tan
pronto como intentaba pactar, da igual con quién: si con los
militares españoles en la guerra de los Treinta Años, si con la
nobleza francesa de «l’ancien régime» o con la burguesía ca-
pitalista del siglo XIX o con los dictadores que le ofrecían
ayuda económica en nuestra generación, por no hablar de la
mezcla del trabajo misional con las potencias colonizadoras.
Un sociólogo, P. L. Berger, al comienzo de su estudio sobre
la relación de la Iglesia con la sociedad americana, coloca es-
tas palabras del profeta:
«Detesto y rehúso vuestras fiestas,
no me aplacan vuestras reuniones litúrgicas;
por muchos holocaustos y ofrendas que me traigáis,
no los aceptaré ni miraré vuestras víctimas cebadas.
Retirad de mi presencia el barullo de los cantos,
no quiero oír la música de la cítara;
que fluya como agua el derecho
y la justicia como arroyo perenne» (Am 5,21-24).

¿Se ha acostumbrado el Señor mientras tanto –en la Iglesia


de Cristo– al aparato de personas y material que se invierte en
el culto? ¿O este aparato sólo ha sido posible porque en la Igle-
sia de Cristo apenas se les concede la palabra a profetas como
Jeremías, Oseas y Amós?
Dice Cicerón que en la vejez la memoria disminuye a no
ser que la ejercites. Un conocido rasgo de la vejez es la mala
memoria. ¿No tendrá que ver con la vejez que por parte de la
Iglesia se asegura tan rápidamente que la Iglesia siempre es-
tuvo a favor de los obreros, a favor de la libertad religiosa y a
favor de la paz, que ha sido siempre tolerante, pluralista y ecu-
ménica? Se ha hecho viejo el pueblo de Dios,
«ya tiene los cabellos entrecanos
y él sin enterarse» (Os 7,9).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 88

88 Personajes del Antiguo Testamento

No nos compete suscitar estas imágenes de Oseas para sentar-


nos a juzgar los hechos de nuestros padres. Más bien vale lo que
Pablo dice de la comunidad cristiana en la carta a los Romanos:
«Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza fue
escrito a fin de que por la paciencia y por la consolación de
las Escrituras estemos firmes en la esperanza» (Rm 15,4).

En primer lugar, por tanto, para nuestra enseñanza, que re-


pasemos los pecados, desviaciones y conclusiones equivocadas
de nuestros padres. Reflexionamos poco lo que significa que el
exilio no tuvo lugar en un día, sino, hablando a bulto, en un
espacio de tiempo de doscientos años. El reino del Norte ha-
bía sido aniquilado hacía tiempo por los asirios, entonces se
pensó en Judá: ¡esto no nos puede pasar a nosotros!
Igualmente en España se ha podido tener la impresión de
que las cosas estaban controladas en cierto modo, mientras que
en el país vecino, en Francia, ya desde hace siglo y medio do-
mina una situación de exilio. Cuando en Francia y en buena
parte de Europa se vaciaban los seminarios, en España, reser-
va espiritual de Occidente, nos gloriábamos de tenerlos llenos:
¡esto no nos puede pasar a nosotros!
En muchas diócesis españolas existen hoy unas condiciones
de Iglesia de cristiandad junto a una diáspora en las ciudades
industriales de la misma diócesis. Uno de los aspectos del ca-
mino al exilio es que se tiene que ir en pequeños grupos, que
los signos de los tiempos, los síntomas de este proceso de
transformación, no son ni reconocidos por todos al mismo
tiempo ni juzgados igualmente en su alcance.
Y precisamente por eso un modelo como el del exilio judío
es tan importante para nuestra enseñanza.
Pero también para que «por la consolación de las Escritu-
ras estemos firmes en la esperanza». Esta esperanza puede te-
ner su comienzo con reflexiones muy sobrias sobre qué aportó
el exilio al pueblo de Dios.

7. La fecundidad del exilio


¿Qué puertas se le abrieron al pueblo judío en la oscuridad
del silencio de Dios? ¿Qué es lo nuevo, lo positivo que Israel
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 89

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 89

ha descubierto en el exilio en «nombre de Dios» sobre el te-


rreno de los hechos? ¿Cómo ha sobrevivido Israel?
En primer lugar, a Israel, en el silencio del exilio, se le afi-
na el oído y aprende a escuchar. Han perdido toda orientación
tras el profundo golpe de la deportación y constituye un enig-
ma la culpa y la causa del destierro. Un conjunto de aconteci-
mientos le empuja a recoger las palabras de los profetas en
busca de una interpretación de lo ocurrido. Así se llegó a co-
leccionar y codificar los libros que hoy designamos como el
Antiguo Testamento. También se establece una forma de cul-
to que no necesita del templo, ni de sacerdotes, ni de sacrifi-
cios de animales y que se centra en la palabra de Dios. Nace
la celebración sinagogal de la palabra que la primitiva comu-
nidad cristiana adoptará en su culto.
En segundo lugar, Israel sufre en el exilio la experiencia do-
lorosa de tener que corregir la imagen de Dios: Dios es mayor
que lo que nosotros pensábamos de Él, tan grande que se pue-
de volver contra su propio pueblo y golpearlo. Dios es distin-
to de como nos lo habíamos imaginado. Dios es capaz de ocul-
tarse y de guardar silencio. Y se oculta de su pueblo hasta
quedar éste aplastado bajo la burla de sus adversarios:
«Todo el día me repiten: “¿Dónde está tu Dios?”» (Sal
41,4).
Pero de la experiencia terrible del silencio de Dios se llega
luego a una nueva apertura en el conocimiento de Dios, tam-
bién en tierra extranjera:
«Me invocaréis, vendréis a rezar y yo os escucharé; me
buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón,
me dejaré encontrar» (Jr 29,12s).
Así se llega –en tercer lugar– a una nueva conciencia mi-
sionera. Se dice en el cántico de Tobías:
«Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos,
y nos mostró allí su grandeza.
Ensalzadlo ante todo viviente.
...Veréis lo que hará con vosotros, le daréis gracias a boca lle-
na...
...Yo le doy gracias en mi país de destierro» (Tob
13,3.4.7.8).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 90

90 Personajes del Antiguo Testamento

Apunta un estilo de misión de una presencia callada y pa-


ciente de los fieles entre los no creyentes. Un nuevo estilo de
misión de preevangelizacion redescubierto por Charles de
Foucauld (1858-1916). Hay de hecho circunstancias sociales
dentro de una sociedad pluralista en las que es mortal la im-
presión de que la Iglesia hace política de poder. Hay por tan-
to tiempos en los que en el pueblo de Dios, con una valora-
ción sobria de la situación y confianza en la fuerza de la gracia,
se tiene que cambiar a una actividad de partisanos, porque só-
lo la minoría queda suficientemente móvil y sólo quien no tie-
ne poder es todavía digno de crédito. A una institución de
Dios que aparece como un bloque cerrado se la mantiene en
jaque porque se la ve forzosamente como una coalición de in-
tereses; crece el afecto anticlerical, y conduce a otras tensiones
sociales.
Finalmente se trasluce –en cuarto lugar– la visión de una
nueva Jerusalén y, según Isaías III, ya no es un baluarte, sino
una ciudad abierta.
«Tus puertas estarán siempre abiertas,
ni de día ni de noche se cerrarán:
para traerte las riquezas de los pueblos» (Is 60,11).

Es una Jerusalén que tiene sitio también para los gentiles,


porque en el pueblo de Dios se comienza a creer que Dios pue-
de llegar a la victoria sin la aniquilación de sus enemigos. Juan
XXIII sorprendió al mundo cuando explicó que no tenía nin-
gún enemigo. A los ojos de la opinión pública Pedro ha en-
vainado de nuevo la espada. Sus salidas del terreno del Estado
Vaticano, como resto de la soberanía medieval de la Iglesia, se
entendieron no sólo como gestos de la solidaridad con los
hombres de la actualidad, sino como un traspasar unos lími-
tes, un paso cargado de futuro. No es mera casualidad que él,
según las indicaciones de su diario, precisamente en el tiem-
po de su «exilio» como Delegado Apostólico en el Próximo
Oriente, se convirtió en el papa de la paz y de la reconcilia-
ción, el profeta de la Iglesia una y de la humanidad una.
La Iglesia, desde que intenta aceptar su situación como
pueblo de Dios de camino hacia la dispersión, como pueblo de
Dios en flaqueza dentro de una sociedad pluralista, hace los
mismos descubrimientos que Israel en el exilio: una nueva
agudeza del oído para la palabra de Dios, una corrección do-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 91

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo 91

lorosa de la imagen de Dios, una nueva conciencia misionera


y una concepción purificada de las dimensiones del Reino de
Dios.
Precisamente como Iglesia camino del exilio reconoce tam-
bién que Jerusalén no queda sin más detrás de ella, sino pro-
piamente siempre delante de ella, porque el exilio no es la úl-
tima estación, sino el paso –ciertamente el único pasadizo– a
la ciudad, que no se construye por mano de hombre, sino, co-
mo dice el Apocalipsis, «desciende del cielo del lado de Dios»
(Ap 21,2).
Como conclusión, a lo largo de todas estas reflexiones se re-
pite con insistencia, a modo de un salmo responsorial, la Bue-
na Nueva del profeta:
«Tengo pensamientos de paz y no de aflicción; me invo-
caréis y yo os escucharé; y os libraré de vuestra cautividad en
todos los lugares» (Jr 29,12-14).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 92
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 93

Jeremías:
La pasión de una vocación
Julián Ruiz Martorell

El Diccionario de la Real Academia Española define «apa-


sionado» como: «poseído de alguna pasión o afecto». Jeremías
es simultáneamente un «apasionado» y una figura «apasio-
nante», un hombre que experimenta la pasión y la posesión
del afecto inquebrantable de Dios. Y, como profeta abierto,
nos presenta su intimidad llena de sufrimiento y de entrega.

Introducción. Relatos de vocación


Resulta muy interesante el estudio de W. Vogels, «Voca-
ción», en Diccionario Enciclopédico de la Biblia 1. Según este au-
tor, la Biblia contiene varios relatos de vocación, que se pue-
den agrupar de acuerdo con diversos tipos de llamada que
describen el encuentro íntimo entre el hombre y Dios que
cambia la vida del llamado.

a. Primer tipo: «Ve» (orden de misión y ejecución)


El primer tipo de relatos de vocación es el modelo más sim-
ple, que se define sencillamente: «Ve». Sólo se aprecian dos
elementos: una orden de misión y la ejecución de la orden. A
este tipo más escueto pertenecen las vocaciones de Abraham,
Elías, Amós, Oseas y Jonás. Se subraya especialmente el do-

1
Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Herder, Barcelona 1993, p. 1608.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 94

94 Personajes del Antiguo Testamento

minio de Dios. El hombre experimenta la vocación como una


invitación irresistible.

b. Segundo tipo: «Sí... pero» (orden de misión, objeción,


confirmación, signo o mandato)
El segundo tipo lo definimos: «Sí... pero». Contiene algunos
elementos: a) una orden de misión; b) una objeción; c) la confir-
mación y d) el signo o mandato. Lo encontramos en la vocación
de Moisés, Gedeón, Jeremías y Ezequiel. La vocación aparece co-
mo un diálogo, lo que subraya la gran intimidad del hombre con
Dios. El hombre es consciente de sus límites, titubea. Y la ob-
jeción no se acepta, puesto que el hombre no es elegido por su
propia capacidad y talento, sino que es enviado para una misión
de origen divino. Y, para ello, puede contar con Dios.

c. Tercer tipo: «Envíame...» (consejo divino, petición de


voluntario, alguien que se ofrece, orden de misión)
El tercer tipo responde a la exhortación: «Envíame...». Los
elementos son los siguientes: a) consejo divino, b) petición de un
voluntario, c) alguien que se ofrece, d) orden de misión. Este gé-
nero se da en Miqueas, hijo de Yimlá, Isaías, Ezequiel y el Ad-
versario que encontramos en los capítulos iniciales del libro de
Job. Se subraya la trascendencia de Dios, que se presenta como
un rey. Esto no dificulta la intimidad con ese Dios, como se des-
prende de los diálogos y de la presencia del hombre en el conse-
jo divino. Se nota el entusiasmo del hombre que se ofrece como
voluntario. Y Dios es el que confía una tarea y el que envía.

d. Cuarto tipo: «Repite... escucho» (descubrimiento gradual)


El cuarto tipo: «Repite... escucho», solamente se encuen-
tra en el relato de vocación de Samuel (1 Sam 3), aunque con-
tiene varios elementos de los modelos anteriores. Se sugiere en
el texto un tipo de llamada por etapas, un descubrimiento gra-
dual. Una primera llamada, seguida de otras, a las cuales el
hombre va respondiendo, pero sin comprender su importan-
cia. Oye, pero no capta desde el comienzo el verdadero signi-
ficado de la llamada. Posteriormente, a través de la reflexión y
la meditación, alcanza a comprender esa misteriosa vocación.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 95

Jeremías: La pasión de una vocación 95

Los cuatro tipos de vocación intentan traducir una expe-


riencia única que ha dado un giro nuevo a la vida del llamado.
La elección sigue siendo misteriosa, ya que en varios casos se
nos muestra que no depende nunca de las cualidades excepcio-
nales del hombre, sino que es Dios quien llama al hombre por
su nombre –aquí está el carácter personal de la vocación– y, a
veces, el nombre se repite dos veces para destacar la urgencia
de la llamada y la premura por parte de Dios. La vocación no
está orientada fundamentalmente al perfeccionamiento del in-
dividuo, sino que conlleva una misión, una elección de servi-
cio. El hombre ignora a qué se compromete; el porvenir se le
presenta incierto. Ello explica que el llamado titubee y tema;
pero, simultáneamente, tiene la seguridad de que Dios perma-
necerá con él con una fidelidad inquebrantable.
La edición de La Biblia de La Casa de la Biblia 2 reconoce
que el libro de Jeremías es ante todo una biografía profética
que nos remonta a las entrañas y a la misma esencia del pro-
fetismo. Nos pone en contacto vivo con la persona de un pro-
feta a corazón abierto, y nos transparenta su grandeza y su tra-
gedia. Jeremías recorre todo su libro con sus miedos, sus dudas
y sus debilidades a cuestas; pero también con la firme con-
fianza de que solamente Dios puede sostener y dar sentido a
una existencia como la suya. Una vida aparentemente marca-
da por la incomprensión y el fracaso. Como ningún otro pro-
feta, Jeremías nos acerca a la verdadera dimensión de la voca-
ción profética, a sus abismos de soledad y de abandono, a sus
riesgos y desafíos, y a esa fidelidad última a una palabra en-
cendida e introducida en las entrañas, que pugna por salir ven-
ciendo todas las decepciones y resistencias.

1. Marco histórico 3
a. Juventud
El marco histórico de Jeremías (en hebreo yirmeyah o yirme-
yahû: «Yavé levanta» o «Yavé abre») comienza con la juventud.

2
La Casa de la Biblia, La Biblia, Madrid 1992, p. 785.
3
En esta sección recogeremos las principales sugerencias de W. Vogels, Jere-
mías, en Diccionario Enciclopédico de la Biblia, o. c., pp. 809-810.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 96

96 Personajes del Antiguo Testamento

Jeremías era de origen rural. Procede del pueblo de «Anatot,


en el territorio de Benjamín» (Jer 1,1), aproximadamente a 6
kilómetros al nordeste de Jerusalén. Fue hijo de Jilquías, uno
de los sacerdotes perteneciente a la familia de Abiatar, descen-
diente de Elí de Siló, aquella familia sacerdotal que Salomón
había desterrado a Anatot (1 Re 2,26-27). En el libro aparecen
tres grandes reyes: Josías, Joaquín y Sedecías, bajo los cuales Je-
remías desempeñó su ministerio. No se mencionan otros dos
reyes (Joacaz y otro Joaquín) posiblemente debido a que fueron
reinados muy breves de tres meses cada uno. El ministerio del
profeta se divide en tres grandes bloques.

b. Reinado de Josías (640-609 a.C.)


Jeremías recibe su vocación (Jer 1,2) el año decimotercero del
reinado de Josías, aproximadamente el año 627 a.C. En este mo-
mento, Jeremías es un na’ar («adolescente»). Se puede concluir
que el profeta nació entre el 650 y el 645 a.C. En sus comienzos
predica contra la idolatría instalada en Judá, especialmente bajo
el rey Ezequías. Es un período repleto de entusiasmo. Segura-
mente inició su ministerio en Anatot y se trasladó con posterio-
ridad a Jerusalén hacia el 622, en el momento en que Josías co-
mienza una reforma religiosa que prescribía la centralización del
culto en Jerusalén. Un momento de euforia. Pero después de la
reforma se produce un silencio. Ya no existen oráculos de Jere-
mías en el período comprendido entre el 621 y el 609.

c. Reinado de Joaquín (609-598 a.C.)


Josías, un rey piadoso, había iniciado una reforma religiosa
profunda, pero murió en Meguido, cuando intentaba oponerse
a las tropas egipcias de Necao. Esta muerte trágica supuso un
escándalo. El sucesor, Joaquín, no prosiguió la reforma religio-
sa y se volvió a incurrir en la idolatría. A partir del año 605,
Israel está bajo la dominación de Nabucodonosor, rey de Babi-
lonia. Es un período doloroso para Jeremías. Se le ha denomi-
nado su «Getsemaní». Además de predicar, el profeta lleva a
cabo acciones simbólicas, y toda su vida se convierte en un sig-
no. Su celibato, descrito en 16,1-13, es anuncio de la inmi-
nencia del castigo: ¿Para qué seguir engendrando hijos? Dios
le pide que no se case. No tiene sentido engendrar descendien-
tes cuando el castigo es inminente. Jeremías acusa a las insti-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 97

Jeremías: La pasión de una vocación 97

tuciones de falsedad (caps. 7-20). Esta predicación, en especial


su discurso contra el templo (7,1-15), no fue bien recibida. El
profeta hubo de soportar la oposición de su propia familia y de
las autoridades: rey, magistrados, sacerdotes, profetas. Fue
arrestado (cap. 26). Se le impidió el acceso al templo. Recurrió
a la escritura para transmitir su mensaje con ayuda del escriba
Baruc (cap. 36). En este contexto se sitúan las «confesiones»,
que hablan de sus decepciones, de su desánimo, de sus súplicas
de venganza, de sus acusaciones contra Dios, de su conversión,
de la profundización en su vocación y de su fidelidad.

d. Reinado de Sedecías (797-787)


El rey Joaquín se había rebelado contra Babilonia y su suce-
sor se rindió ante Nabucodonosor, que sitió Jerusalén. En el año
598 a.C. se produce la primera deportación. Se sustituye al rey
por una marioneta: Sedecías. Es el período de la «madurez» del
profeta. Había un partido proegipcio que aconsejó al rey que se
rebelase contra el imperio de Nabucodonosor, y se apoyase en
Egipto, el reino del Sur. Jeremías, en contra de la opinión pú-
blica y de la corte, con la oposición de todos, predica la sumi-
sión a Babilonia y dice al pueblo que Dios es su único rey, su
única confianza, su única seguridad. El peligro es inminente y
las fauces del león están ya sobre ellos. No tiene sentido resistir.
Incluso, desde Jerusalén, escribe a los desterrados que estaban en
Babilonia, y que esperaban la llegada de un rey liberador, pre-
parándoles el ánimo para que renuncien a la esperanza. Y así fue.
Quienes aguardaban en Babilonia a un rey liberador, ven cómo
llega el rey, con las cuencas de los ojos vacías, y reteniendo co-
mo última imagen en su retina la escenas de sus hijos destroza-
dos contra las piedras. En esta época en que parece que todo se
viene abajo, Jeremías vuelve a pronunciar una palabra de alien-
to. Anuncia que para Judá todavía puede haber una nueva alian-
za (caps. 30-33). En el año 587, cuando es destruida Jerusalén,
el templo se viene abajo, y tiene lugar la gran deportación, Na-
bucodonosor nombra gobernador a un amigo del profeta: Go-
dolías. Pero unos fanáticos lo asesinan, y muchos que temen las
represalias de Nabucodonosor huyen a Egipto. Con ellos, arras-
trado, va Jeremías (caps. 40-44). En este contexto se sitúan los
últimos oráculos del libro. Desconocemos las circunstancias de
su muerte, pero algunos dicen que murió mártir en Egipto.
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98 Personajes del Antiguo Testamento

Este profeta ha ejercido su ministerio durante cerca de cua-


renta años. Estuvo implicado en los acontecimientos sociopo-
líticos de su tiempo hasta el trágico fin de Jerusalén. Su mi-
nisterio profético ocupó toda su vida. Su vocación se desarrolló
a lo largo de toda su existencia. Conoció el sufrimiento. La
sensibilidad de su carácter se desprende de los textos donde
nos habla de su vocación, de su personalidad y de sus propias
dudas.

2. Material vocacional 4
Estamos ante una obra salpicada de pasajes totalmente au-
tobiográficos.
El material vocacional que encontramos en este libro lo po-
demos dividir en tres secciones:
1) Narraciones biográficas en tercera persona.
2) Confesiones abiertamente autobiográficas.
3) Oráculos sobre la misión.

a. Narraciones biográficas en tercera persona


Nos dice en 19,1-3: «Entonces Yavé dijo a Jeremías: ve y
compras un jarro de cerámica; tomas contigo a algunos ancia-
nos del pueblo y algunos sacerdotes, sales al valle de Ben-Hin-
nom, a la entrada de las puerta de las Tejoletas, y pregonas allí
las palabras que voy a decirte».

b. Confesiones abiertamente autobiográficas


El profeta habla directamente en primera persona. Es el es-
tilo en que recuerda a los salmos y al género literario de las la-
mentaciones. Por ejemplo 11,18-20:
«Yavé me lo hizo saber, y me enteré de ello. Entonces me
descubriste, Yavé, sus maquinaciones. Y yo estaba como cor-
dero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tra-
maban maquinaciones: “Destruyamos el árbol en su vigor;

4
Cf. Martini, C. M.-Vanhoye, A., Jeremías: fe y vocación, en La llamada en la
Biblia, Atenas, Madrid 1983, pp. 78-79.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 99

Jeremías: La pasión de una vocación 99

borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a


mentarse”. ¡Oh Yavé Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los
riñones y el corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque
a ti he encomendado mi causa».

Son confesiones dramáticas, que en algunos momentos re-


visten tonos tremendamente angustiosos, rayantes en la tenta-
ción de la incredulidad. Son señal de las terribles experiencias
a las cuales la fe y la vocación de Jeremías han estado expues-
tas.

c. Oráculos sobre la misión


El profeta afronta en ellos su misión de un modo concreto.
Sobresalen aquellos que hacen referencia a su vida personal.
Destacamos 16,l-4:
«La palabra de Yavé me fue dirigida en estos términos:
“No tomes mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar. Que
así dice Yavé de los hijos e hijas nacidos en este lugar, de sus
madres que los dieron a luz y de sus padres que los engen-
draron en esta tierra. De muertes miserables morirán, sin que
sean plañidos ni sepultados. Se volverán estiércol sobre la haz
del suelo. Con espada y hambre serán acabados, y serán sus
cadáveres pasto para las aves del cielo y las bestias de la tie-
rra”».

Podemos sintetizar este material en algunos puntos signi-


ficativos. Algunos autores han intentado releer todo el texto
del profeta desde el punto de vista cronológico. Hemos hecho
ya un ligero apunte. Pero encontramos dificultades, lagunas y
deficiencias.

3. Experiencia vocacional 5
En la Biblia se establece un paralelismo entre la fe experi-
mentada en distintas épocas de la humanidad, con sus diver-
sos grados de acercamiento a Dios, y la fe vivida dinámica-
mente, desde la infancia hasta la edad adulta, por una persona

5
Cf. Martini, C. M.-Vanhoye, o. c., pp. 80-90.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 100

100 Personajes del Antiguo Testamento

en crecimiento. Por eso, vamos a hablar de la «experiencia vo-


cacional» de Jeremías, y vamos a describirla desde este punto
de vista de crecimiento y de maduración personal, siguiendo
la propuesta de E. Galbiati.

a. La vocación «receptiva» de la infancia


Hay un primer momento en que la vocación de Jeremías es
«receptiva», dado que, en este instante, todo es recibido. La
imagen de Dios a nosotros también nos viene dada, regalada,
a través de nuestros padres, y de ellos recibimos la vivencia de
la divinidad como un poder benéfico, totalmente dirigido ha-
cia nuestras necesidades, totalmente inclinado hacia nuestra
debilidad. Es la experiencia de la paternidad del Dios Omni-
potente que, para el niño, es el que todo lo puede.
Es la experiencia de una gran simplicidad y abandono. Una
situación de gran confianza. El hombre se siente en actitud de
deberlo todo a Dios, de estar completamente en sus manos.
En Jeremías encontramos expresiones típicas de una voca-
ción «receptiva». Dios es para él, antes que nada y por enci-
ma de todo, Aquel que le ha dado todo. Lo describe 1,5-10:
«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te co-
nocía, y antes que nacieses, te tenían consagrado: y profeta de
las naciones te constituí. Yo dije: “¡Ah, Señor Yavé! Mira que
no sé expresarme, que soy un muchacho”. Y me dijo Yavé:
“No digas: Soy un muchacho, pues adondequiera que yo te
envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas mie-
do, que contigo estoy yo para salvarte” –oráculo de Yavé–.
Entonces alargó Yavé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Ya-
vé: “Mira que he puesto mis palabras en tu boca. Desde hoy
mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos pa-
ra extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir
y plantar”».

Los hebreos piensan que Dios va realizando una tarea de


costura, de tejido, en el seno materno. Dios va configurando,
«tejiendo», al niño en el útero. Pues bien, antes de ser forma-
do en el seno de su madre, antes de que saliera de ese seno, Je-
remías ya es consagrado, constituido «profeta de las naciones».
No simplemente profeta para el pueblo, porque Israel distin-
gue entre el ’am («pueblo») y los goyim («naciones»). Profeta
universal, profeta para todos.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 101

Jeremías: La pasión de una vocación 101

Jeremías experimenta su debilidad, su fragilidad, su pe-


queñez:. «Soy un ’naar», un niño, un adolescente. Y el Señor
le dice: «No les tengas miedo, que contigo estoy yo para sal-
varte» (1,8). Siendo el profeta un individuo tímido, introver-
tido, le costaba mucho proclamar el mensaje. Y, además, el
contenido de su predicación era tremendamente agresivo e hi-
riente para sus contemporáneos. Se describe en seis verbos:
cuatro de destrucción, dos de construcción: «extirpar y des-
truir», «perder y derrocar»; y luego, propuesta de esperanza,
«reconstruir y plantar» (1,10). Era muy difícil para Jeremías
transmitir este mensaje.
Pero no puede pensar en su existencia sin percibir, a la vez,
que hay una llamada divina, una iniciativa de parte de Dios.
Y él vive la experiencia de una profunda primariedad, de la
honda primacía del amor divino inclinado sobre su persona.
Como el niño pequeño que al abrirse a la vida descubre que
sus padres le han preparado todo, así Jeremías en su experien-
cia inicial se encuentra desde el principio delante de la llama-
da de Dios, de la iniciativa de Dios y de la presencia divina.
En esta perspectiva de la fe receptiva, Jeremías experimen-
ta su vocación como un don total, en medio del cual Dios le
rebosa, le desborda, y tiene en sus manos el principio y el fin.
Dios va a ser su única seguridad, su única confianza. Pero si la
fe se bloquea en este estadio inicial, si la fe como pura recep-
tividad no queda purificada y clarificada, entonces se convier-
te en una pasividad ingenua. Por ello, al sentir el profeta que
Dios está con él, que Dios le llama, podría tener la tentación
ingenua de que todo le iba a ir bien, de que todo sería formi-
dable. Es la ingenuidad pasiva de quien aguarda el éxito fácil.
Por esta razón, junto con la actitud de receptividad, en Jere-
mías se aprecia la intuición de que comienzan a surgir los pro-
blemas. Hasta la maldición del día de su nacimiento. Son los
dos extremos de una misma realidad. Si Dios ha prometido
cercanía, presencia, tutela, custodia, ¿qué sucede ahora?, ¿ha
desaparecido?
«¡Maldito el día en que nací! ¡El día en que me dio a luz
mi madre no sea bendito! ¡Maldito aquel que felicitó a mi
padre diciendo: “Te ha nacido un hijo varón” y le llenó de ale-
gría! Sea el hombre aquel semejante a las ciudades que des-
truyó Yavé sin que le pesara, y escuche alaridos de mañana y
gritos de ataque a mediodía. ¡Oh, que no me haya hecho mo-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 102

102 Personajes del Antiguo Testamento

rir en el vientre, y hubiese sido mi madre mi sepultura, con


seno preñado eternamente! ¿Para qué haber salido del seno,
a ver pena y aflicción, y a consumirse en la venganza mis
días?”» (20,14-18).

El primer estadio: fe y vocación receptiva, que no impiden


padecer el fracaso, el resultado amargo, la sensación de estar
abandonado. En Jeremías encontramos esta doble experiencia:
por un lado, la receptividad, que, pasando a través de pruebas
purificadoras, llega a configurar su personalidad profética. Y,
por otra parte, la seguridad cuya fuerza aumenta en las difi-
cultades. Leemos en 20,11:
«Pero Yavé está conmigo, cual campeón poderoso. Y así
mis perseguidores tropezarán impotentes; se avergonzarán
mucho de su imprudencia: confusión eterna, inolvidable».

b. La vocación oblativa y adolescente


La fe de los jóvenes percibe pronto la posibilidad de hacer
algo por Dios. Es el momento de los actos generosos, de sa-
crificar cualquier cosa en favor de cuanto es percibido como
presencia de Dios en la propia vida. Y, a través de este salto
cualitativo, se pasa de una primera experiencia de tipo recep-
tivo a una experiencia de acción. Las propias actividades se
configuran como algo que se hace para Dios y por Dios.
En la historia de Jeremías encontramos estos aspectos en los
pasajes deuteronomísticos, que insisten en la ley, con la eufo-
ria de la reforma de Josías del 622 a.C. Lo que hay que hacer,
la ley como signo de la bendición de parte de Dios. Éste es el
tono del discurso que aparece en el capítulo 7, la centralidad
de la ley, de las obras, del «quehacer». No es solamente un
abandono simple e infantil en manos de Dios, sino que se tra-
ta de una serie de acciones responsables. Jeremías, como un
adolescente, comienza a percibir que si se sacrifica, si se com-
porta fielmente, podrá vivir una vida digna de un hombre; pe-
ro, si se deja arrastrar, no podrá construir su propia existencia.
«Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras,
si realmente hacéis justicia mutua y no oprimís al forastero,
al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este
lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, en-
tonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 103

Jeremías: La pasión de una vocación 103

que di a vuestros padres. Pero he aquí que vosotros fiáis en


palabras engañosas que de nada sirven, para robar, matar,
adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dio-
ses que no conocíais. Luego venís y os paráis ante mí en esta
Casa llamada por mi nombre y decís: «¡Estamos seguros!»,
para seguir haciendo todas esas abominaciones» (7,5-10).

Jeremías está comunicando la palabra de Dios que insiste


en una reforma enérgica de la conducta moral para que el
hombre, desde esta reforma, pueda construir su propio futuro.
Pero existe un doble riesgo:
1) El riesgo de construir una religión basada en la obser-
vancia de las reglas y en el mérito de esta observancia. Una re-
ligión en la que la esencia es el moralismo, pero sin profundi-
zación. Este estadio, si se estaciona y detiene aquí, llega a ser
limitativo, de tal manera que destruye la fuerza.
2) La falsa ilusión que puede hacerse el hombre de que es-
tá construyendo con sus propias fuerzas, de que está ejercien-
do su propia justicia. Pretensión falaz y engañosa.
Por eso, Jeremías critica severamente a su pueblo, y cuan-
do se da cuenta de que se pone la justicia en la mera obser-
vancia de las prácticas cultuales, entonces denuncia esta reli-
giosidad como un bloqueo del desarrollo dinámico del espíritu
religioso, como un crear ídolos, sucedáneos de Dios. En este
momento, el profeta escribe páginas inolvidables que son una
fuerte requisitoria contra el culto y una alta denuncia contra
todos los males sociales, las injusticias y las opresiones, con la
intención de que el pueblo reconozca su propia injusticia.
«Así dice Yavé Sebaot, el Dios de Israel. Añadid vuestros
holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne. Que
cuando yo saqué a vuestros padres del país de Egipto, no les
hablé ni les mandé nada tocante a holocausto y sacrificio. Lo
que les mandé fue esto otro: “Escuchad mi voz y yo seré vues-
tro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo cami-
no que yo os mandare, para que os vaya bien”» (7,21-23).

Aquí alcanza Jeremías el culmen de su vocación profética,


porque empieza a ayudar al pueblo a realizar el paso de una re-
ligiosidad de obras a una fe que es contacto personal con el Se-
ñor. De una religiosidad cultual a una religión del corazón, en
la cual todas las experiencias religiosas se iluminan por un en-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 104

104 Personajes del Antiguo Testamento

cuentro personal con el Dios que se manifiesta como amor. La


misión de Jeremías es proclamar al pueblo que no es por la jus-
ticia por lo que llegará a sobrevivir, sino por el amor miseri-
cordioso de Dios:
«De lejos Yavé se le apareció. Con amor eterno te he ama-
do: por eso he reservado gracia para ti. Volveré a edificarte y
serás reedificada, virgen de Israel; aún volverás a tener el
adorno de tus adufes, y saldrás a bailar entre gentes festivas.
Aún volverás a plantar viñas en los montes de Samaría: (plan-
taron los viñadores y disfrutarán). Pues habrá un día en que
griten los centinelas en la montaña de Efraím: “¡Levantaos y
subamos a Sión, adonde Yavé, el Dios nuestro!”» (31,3-6).

La experiencia de fe divina es en este momento una expe-


riencia de contacto, de proximidad, de relación personal con
Dios. El amor estaba ya presente en aquella experiencia infan-
til, pero todavía no había pasado a través de las pruebas, a tra-
vés del reconocimiento de la propia incapacidad para obtener
la salvación.
Jeremías comienza a proponer una salvación no por méri-
tos propios, sino por el amor de Dios:
«Sino que ésta será mi alianza que yo pacte con la casa de
Israel, después de aquellos días –oráculo de Yavé–: pondré mi
Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo se-
ré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que adoc-
trinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, di-
ciendo: “Conoced a Yavé”, pues todos ellos me conocerán del
más chico al más grande –oráculo de Yavé– cuando perdone
su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme» (31,33-34).

Estamos en el vértice de la vocación. El pueblo que pasa


con Jeremías de la experiencia del fanatismo a la promesa de
un nuevo encuentro-relación personal con Dios. La adolescen-
cia recibe en la amistad con el Dios vivo la plenitud de sus po-
sibilidades de expansión.

c. La vocación de la edad madura


Jeremías vive la experiencia de Dios no solamente como un
hecho de presencia y amistad personal, sino también como una
manifestación en la comunidad y en la vida de la humanidad.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 105

Jeremías: La pasión de una vocación 105

En esta experiencia final, definitiva, el corazón se amplía para


ver a Dios en todas las vicisitudes de la historia de la huma-
nidad; tanto si son manifestaciones triunfales, como si adop-
tan la forma humilde del fracaso.
El profeta se expansiona, al pasar de una preocupación re-
ligiosa, sentimental, de la relación con Dios, a una preocupa-
ción social. Es Jeremías el profeta de las naciones, aquel que
aparece en los oráculos sobre Israel y las demás naciones, y
contempla la salvación en un cuadro comunitario:
«Así dice Yavé el Dios de Israel: Escríbete todas las pala-
bras que te he hablado en un libro. Pues he aquí que vienen
días –oráculo de Yavé– en que haré tornar a los cautivos de
mi pueblo Israel (y de Judá) –dice Yavé– y les haré volver a
la tierra que di a sus padres en posesión. Éstas son las pala-
bras que dirigió Yavé a Israel (y a Judá)» (30,2-4).

El proceso de restauración, de renovación, de presencia del


Señor en un pueblo restaurado, que viene malherido de sus en-
cuentros con la historia, que viene enfermo y es sanado. Se tra-
ta de una relación comunitaria, social. Jeremías que va cono-
ciendo poco a poco a Dios, que va identificándose con su
vocación. Jeremías que puede encontrar incluso en el fracaso
la experiencia del Dios-amor.

4. El mensaje de Jeremías
Encontramos un buen resumen del mensaje del profeta en
la edición de La Biblia de La Casa de la Biblia 6. La síntesis se
resume en los verbos que ya hemos enunciado al principio:
«arrancar», «arrasar», «perder», «derrocar»; pero, finalmente
también, y como una propuesta de esperanza, «edificar» y
«plantar». Llega un momento en el que todo se le convierte
en crítico al profeta, y dice en 20,7-12:
«Me has seducido, Yavé, y me dejé seducir; me has aga-
rrado y me has podido. He sido la irrisión cotidiana: todos
me remedaban. Pues cada vez que hablo es para clamar:
“¡Atropello!”, y para gritar: “¡Expolio!”. La palabra de Yavé

6
O. c., p. 786.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 106

106 Personajes del Antiguo Testamento

ha sido para mí oprobio y befa cotidiana. Yo decía: “No vol-


veré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre”. Pero había
en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis
huesos, y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía. Escu-
chaba las calumnias de la turba: “¡Terror por doquier! ¡De-
nunciadle! ¡Denunciémosle!”. Todos aquellos con quienes me
saludaba estaban acechando un traspiés mío: “¡A ver si se dis-
trae, y le podremos, y tomaremos venganza de él!”. Pero Ya-
vé está conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis perse-
guidores tropezarán impotentes; se avergonzarán mucho de
su imprudencia: confusión eterna, inolvidable. ¡Oh Yavé Se-
baot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!,
vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado
mi causa».

Es, casi, el resumen de toda la vida del profeta que se sien-


te calumniado, incomprendido, perseguido, torturado, mal-
tratado. En un momento determinado hace un ejercicio de in-
trospección y quiere sofocar, ahogar esa palabra del Señor que
se convertía para él en oprobio y befa cotidiana. «No volveré
a recordarlo, no hablaré más en su Nombre.» El profeta no
quiere ser objeto de burla, no desea hacer el ridículo. Pero en
su corazón ardía un fuego ardiente. Siente que hay algo que
está prendido en sus entrañas, en sus huesos. Y aunque traba-
ja por sofocarlo, no puede.
A Jeremías se le propone anunciar que el designio de Dios
está ya marcado en la historia, que el pueblo ha de cambiar ra-
dicalmente de actitud. Pero esta propuesta le llega en una for-
ma y en un tono que él ha de asumir con paciencia.

a. Para arrancar y arrasar


Buena parte del mensaje se concentra en esta propuesta: de-
nunciar los pecados del pueblo, fustigar las falsas confianzas.
El pecado aparece en términos de desobediencia, infidelidad,
rebeldía. Jeremías se ha de enfrentar con los profetas de corte,
que sistemáticamente daban la razón al poder. Jeremías se en-
cuentra frente a un culto hipócrita, rechaza las injusticias so-
ciales y la idolatría. Aunque sus denuncias se dirigen a todo el
pueblo, tienen unos destinatarios especiales: el rey, los falsos
profetas y los sacerdotes. El castigo por tantos pecados será la
invasión del «enemigo del norte».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 107

Jeremías: La pasión de una vocación 107

b. Para edificar y plantar


Es el segundo tono, más optimista. La denuncia y el castigo
no son ni la única ni la última palabra. El profeta no es el que an-
ticipa el futuro, sino el que proclama una palabra ajena, pero que
ha interiorizado y transmite. El objetivo último es provocar la
conversión, el regreso al Señor. Esto es lo que pretende conseguir
a través de su intercesión solidaria. Por ello anuncia la conversión
y la salvación para quienes viven deportados. Para quienes resi-
den en Jerusalén, la salvación significa someterse al yugo babilo-
nio. Pero, cuando todo parece perdido, el profeta compra un cam-
po (cap. 32), como signo de que la suerte va a cambiar. Se trata
de un gesto grávido de significado. El mensaje final será la semi-
lla sobre el campo, como germen de esperanza. Los sucesores de
Jeremías podrán hablar a un pueblo con el que Dios ha estable-
cido una nueva alianza. El objetivo: «edificar y plantar»:
«He aquí que vienen días –oráculo de Yavé– en que sem-
braré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hom-
bres y ganados. Entonces, del mismo modo que anduve pres-
to contra ellos para extirpar, destruir, arruinar, perder y
dañar, así andaré respecto a ellos para reconstruir y replantar
–oráculo de Yavé–» (31,27-28).
«Con lloro partieron y con consuelos los devuelvo, los lle-
vo a arroyos de agua por camino llano, en que no tropiecen.
Porque yo soy para Israel un padre, y Efraím es mi primogé-
nito (31,9)».

El mensaje del profeta en 31,31-34, con una gran expresi-


vidad y fuerza interna, transmite con vehemencia el cambio
profundo que Dios realiza en el pueblo.

5. Teología 7
– En Jeremías se nos describe a un hombre predestinado
desde el seno de su madre (1,5).
– Un hombre llamado a ser profeta no sólo para el pueblo,
sino para las naciones (1,5).

7
Cf. L. Monloubou, L., «Jeremías, libro de», en Diccionario Enciclopédico de la
Biblia, o. c., pp. 812-813.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 108

108 Personajes del Antiguo Testamento

– Toda su vida está coloreada por la influencia de Dios (por


ejemplo, el celibato descrito en el cap. 16).
– Es predicador, pero también intercesor (18,20; 42,2).
– Sufre con el pueblo (8,18-21), pero también sufre a cau-
sa del pueblo. Hay algunos que le hacen sufrir especialmente.
– Sus palabras contienen una invitación a reconocer que
Yavé es el Dios que hace alianza, el que sacó al pueblo de Egip-
to (2,6) y le concedió la tierra. Aparecen las imágenes de
Oseas: noviazgo-boda (2,2), paternidad (3,4). Como Israel ha
sido infiel, el pecado es una idolatría. El pueblo se ha prosti-
tuido con los baales, con los dioses de la fecundidad, ha prac-
ticado los cultos prohibidos. El profeta habla de las injusticias
sociales.
– El verdadero conocimiento del Señor no está en el culto,
sino en la justicia (22,16).
– Jeremías invita a la conversión (3,12), una conversión de
corazón y del corazón. Pero es un objetivo difícilmente alcan-
zable, porque el pecado está hondamente arraigado. Única-
mente Yavé puede realizar la conversión.
– Yavé realizará la restauración, creará algo nuevo (31,22).
Reunirá un pequeño resto y lo conducirá a la tierra prometi-
da (23,3). Jerusalén será reconstruida a partir de un germen de
la dinastía davídica (23,5; 33,15). El Señor concluirá una nue-
va alianza que producirá una transformación interior (31,31s).
– Profeta de corazón abierto que transparenta su grandeza
y tragedia.

Bibliografía
Ábrego de Lacy, J. Mª, Jeremías, Madrid 1993 (El mensaje del Antiguo
Testamento - 13).
Martini, C. M.-Vanhoye, A., Jeremías: fe y vocación, en La llamada en la Bi-
blia, Ed. Atenas, Madrid 1983, pp. 78-90.
Monloubou, L., «Jeremías, libro de», en Diccionario Enciclopédico de la Bi-
blia, Herder, Bacelona 1993, pp. 812-813.
Vogels, W., «Vocación», en Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Herder,
Barcelona 1993, p. 1608.
Vogels, W., «Jeremías», en Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Herder,
Barcelona 1993, pp. 809-810.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 109

Habacuc:
El centinela de la historia
Víctor Morla Asensio

1. Marco histórico de la profecía de Habacuc


Nos encontramos ante un breve libro profético de cuyo
autor sólo sabemos su nombre. Únicamente por indicios po-
demos deducir que ejerció su ministerio en el reino del Sur:
Judá.
Según la gran mayoría de los intérpretes, parece que las tro-
pas asirias siguen todavía arrasando el Próximo Oriente (1,13-
17), pero en el horizonte se divisa la presencia de un pueblo
terrible y conquistador (1,5-11), posible referencia a la escala-
da del poderío neobabilónico. Si esto es así, tendríamos que si-
tuarnos en la segunda mitad del siglo VII a.C. Algunos histo-
riadores siguen concretando. La figura más importante de este
siglo, desde el punto de vista religioso, es el rey Josías (640-
609). Su reforma religiosa supuso, al menos al principio, una
ventana abierta a la esperanza. Si bien es verdad que algunas
de las medidas reformistas fueron de una crueldad inaudita y
que la reforma en sí pretendía impulsar un férreo centralismo
político-religioso, no es menos cierto que logró eliminar las
prácticas idolátricas y reconducir el yavismo a su inspiración
original. Los reinados de su abuelo Manasés (698-643) y de su
padre Amón (643-640) se habían caracterizado por la prácti-
ca a gran escala de la idolatría y por el asesinato político (2 Re
21,2-9.16.19-24).
Opino, sin embargo, que el libro de Habacuc no refleja en
ninguna de sus páginas el fundado optimismo que despertó
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 110

110 Personajes del Antiguo Testamento

entre la gente la reforma de Josías. Todo lo contrario, la amar-


ga queja con que empieza el libro (1,3-4) parece responder a
una situación social real de desorden y violencia. La acusación
de reyertas y contiendas es demasiado concreta y «casera» co-
mo para pensar que se trata de crímenes perpetrados por los
invasores fuera de los límites del estado de Judá. El profeta es
además testigo de todos estos desmanes: «me haces ver... me
enseñas... me pones delante». No parece un tono retórico que
encaje en el reinado de Josías, al menos según los datos con los
que contamos.
Por otra parte, como veremos más adelante, Habacuc era
probablemente un profeta cultual. En tal caso, ¿no habría re-
flejado su obra de algún modo la reforma religiosa alentada
por el rey Josías y los cuadros sacerdotales?
En consecuencia, resulta bastante evidente a mi juicio que
Habacuc no ejerció su ministerio durante el reinado de Josías.
Aparte de esto, poco podemos decir que no se mueva en el te-
rreno de las hipótesis. O bien situamos su profecía al final del
reinado de Manasés o durante el de Amón (lo cual resulta im-
probable, dado que el ejército caldeo no ha hecho su aparición
en Palestina), o bien la retrasamos a la época de desórdenes e
injusticias que surgió a la muerte de Josías, cuando la amena-
za babilónica era ya un hecho. Ésta es la hipótesis más proba-
ble, que resumo a continuación.
Muchos intérpretes se sienten incapaces de concretar el mi-
nisterio de Habacuc porque se empeñan en descubrir en su
texto, erróneamente, la presencia de dos imperios: el neobabi-
lónico (1,5-11) y el asirio (1,14-17). El primero tiene dos fun-
ciones: castigar los desmanes y la corrupción que reinan en Ju-
dá y acabar con la prepotencia y con el terror sembrado por el
ejército asirio. Pero el argumento falla por tres razones: una
histórica, otra narrativa y una tercera relacionada con la natu-
raleza retórico-teológica del libro de Habacuc.
Por una parte, los asirios nunca conquistaron Jerusalén, a
pesar de someterla a duros tributos. En segundo lugar, no se
percibe en la narración profética una clara línea divisoria en-
tre la descripción de los supuestos dos ejércitos. En concreto,
no se advierte la presentación narrativa del «segundo». Un
ejército está introducido oracularmente en 1,5ss: «Mirad a las
naciones... yo movilizaré a un pueblo...». ¿Dónde está intro-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 111

Habacuc: El centinela de la historia 111

ducido el segundo? Los vv. 12-14 reproducen una serie de re-


proches por parte del profeta. Bruscamente, el v. 15 empieza
diciendo: «Él los saca a todos...». ¿Quién es ese «él» al que na-
die ha presentado? Naturalmente no se trata de los supuestos
asirios, sino del imperio cuya presencia se ha anunciado en
1,5-11. Un imperio al que Yavé había constituido en juez de
su pueblo (1,12), pero que se ha atribuido con arrogancia y
crueldad una función que no estaba prevista. Ya no hace caso
del papel asignado por Yavé, pues su dios es su devastadora po-
tencia militar (1,15-16). Tampoco desde el punto de vista re-
tórico-teológico se explica la presencia de dos ejércitos. Como
veremos más adelante, el libro de Habacuc es una confesión de
fe que brota de una determinada teología de la historia. El
profeta ha pasado por una crisis de fe que ha resuelto median-
te la meditación, la contemplación y la plegaria: «El Señor es
mi fuerza, me da piernas de gacela, me encamina por las altu-
ras» (3,19). ¿Qué mejor fórmula para expresar la sensación de
haber remontado la desesperanza? En el primer capítulo, Ha-
bacuc contempla desolado las atrocidades y las injusticias co-
metidas entre su gente. Yavé le tranquiliza y responde a su do-
lor diciendo que ha dispuesto que un invasor extranjero
castigue tales desmanes. Hasta aquí 1,1-11. Pero el ejército
invasor se ha desmedido en sus funciones de «juez» y se ha
convertido en un cruel avasallador. El profeta se encuentra des-
concertado: «¿Y va a seguir vaciando sus redes y matando pue-
blos sin compasión?» (1,17). Habacuc prolonga su diálogo con
Yavé en el capítulo segundo, percibe en los ayes de 2,6b-20 la
ineluctable caída del enemigo y la contempla preanunciada en
la teofanía exódica del capítulo 3.
Pero veamos paso a paso los vericuetos literarios y teológi-
cos que desembocan en esta toma de posición crítica.

2. Características literarias y estructura


El libro de Habacuc se define a sí mismo como visión:
«Oráculo que vio Habacuc el profeta» (1,1; cf. 2,2-3). La vi-
sión está relacionada con la profecía (Is 1,1; Ab 1; Nah 1,1; Os
12,11; Ez 12,27) y con la apocalíptica (Dn 1,17; 8,1.2; 9,21;
10,14). La visión, pues, es una de las modalidades formales de
presentación del mensaje profético. No se refiere tanto a una
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 112

112 Personajes del Antiguo Testamento

visión física cuanto a una experiencia interior. Tampoco se tra-


ta de una visión puramente imaginativa, sino de una convic-
ción basada en la experiencia y en la reflexión, y formulada
mediante un caudal de imágenes y motivos literarios espiga-
dos en la tradición. «Visión» se refiere más a la formulación de
la experiencia (e.d. representación del contenido del mensaje)
que a su origen. Pero no es éste el marco más adecuado para
reflexionar sobre la dinámica psicológica y literaria del proce-
so de la visión profética.
El libro de Habacuc tiene una estructura relativamente cla-
ra. Se trata de un gran tríptico cuyas partes coinciden con los
tres capítulos de la obra: 1. Situación del país y descripción del
juez/enemigo; 2. Anuncio de condena; 3. Visión premonitoria
de la actuación de Yavé.

a. Primera tabla del tríptico: situación del país y descripción


del juez/enemigo (cap. 1)
El capítulo primero se compone de dos partes casi simétri-
cas: 1,2-11; 1,12-17. La primera de ellas comienza con una se-
rie de preguntas que pretenden despertar a Yavé de su apa-
rente indiferencia ante el medro de la injusticia (1,2-3). A las
preguntas sigue una consideración sobre el estado de la ley y
el derecho (1,4). Los vv. 5-11 describen con detalle la natura-
leza del enemigo que se avecina sobre el país. Se trata de una
«visión oracular», que aparentemente responde a los reproches
iniciales del profeta. El último hemistiquio («su fuerza es su
dios», v. 11b) sirve para enlazar esta sección menor con la si-
guiente: «¿No eres tú... mi Dios?» (v. 12a). La contraposición
«su dios/mi Dios» subraya el tono de reproche de esta prime-
ra tabla del tríptico y confiere unidad a todo el capítulo. ¿Aca-
so serán más poderosos los dioses extranjeros que el Dios de
Israel?
La segunda parte (1,12-17) presenta una distribución de
elementos formales y de motivos casi simétrica a la anterior.
Se repiten las quejas y reproches, disimulados unos (v. 12), pa-
tentes otros (v. 13b). Viene a continuación una consideración
sobre la incompatibilidad entre Yavé y la presencia del mal (v.
13a). Esta parte termina también con una descripción del ene-
migo (vv. 15-16). La pregunta final (v. 17) tiene una función
narrativa análoga a la del hemistiquio de la sección menor an-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 113

Habacuc: El centinela de la historia 113

terior (v. 11b): aquí, servir de enlace con la segunda tabla del
tríptico (cap. 2). En esta segunda tabla se responderá parcial-
mente a esta pregunta angustiosa del v. 17: «¿Y va a seguir
vaciando sus redes y matando pueblos sin compasión?». ¿Es
Dios ciego o no ama la justicia?
La simetría de las dos partes de que se compone esta pri-
mera tabla se percibe mejor en este diagrama:
1,2-4 Preguntas 1,12-14 Preguntas
y reproches y reproches
1,5-11 Descripción 1,15-17 Descripción
del enemigo del enemigo
(idolatría política, v. 11b) (idolatría política, v. 16a)

b. Segunda tabla del tríptico: anuncio de condena (cap. 2)


También esta tabla se compone de dos secciones: 2,1-6a;
6b-20. El profeta, que antes se quejaba sin más (1,2-4; 12-14),
adopta una postura activa. Ahora tiene encendida su esperan-
za (2,1). El comienzo de la primera sección (2,1) se correspon-
de estructuralmente con 1,2-4 (ambos textos sirven para in-
troducir la intervención oral de Yavé). Esta tensión teológica
recibe como premio un oráculo (2,2-6a), en el que Yavé res-
ponde a la pregunta de 1,2 («¿Hasta cuándo...?»). El final de
la primera sección («todos entonarán contra él [el enemigo]
coplas, sátiras y epigramas») sirve de enlace con la segunda,
integrada por una serie de cinco ayes.
Los cinco ayes comparten un esquema tripartito: a) Enun-
ciado del pecado; b) descripción del pecado; c) anuncio del cas-
tigo. El esquema, sin embargo, no es muy rígido. Puede fal-
tar el segundo miembro (tercer ¡ay!, vv. 12-14) o el tercero
(quinto ¡ay!, vv. 19-20).

c. Tercera tabla del tríptico:


visión premonitoria de la actuación de Yavé (cap. 3)
Nos encontramos con una plegaria hímnica compuesta de
distintos elementos. La súplica del v. 2 manifiesta una profun-
da convicción del profeta respecto a la intervención de Yavé.
Se trata de una disposición de ánimo que contrasta con las du-
das expresadas en las series de quejas y reproches del capítulo
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 114

114 Personajes del Antiguo Testamento

1 (vv. 2-4.12-14). Aunque, desde el punto de vista estructu-


ral, 3,2 (comienzo de la tercera tabla del tríptico) cumple
idéntica función narrativa que 1,2-3 (comienzo de la primera
tabla) y 2,1 (comienzo de la segunda tabla), observamos que
el ánimo del profeta ha cambiado, merced sin duda a la catar-
sis efectuada por la liturgia de los ayes del capítulo 2.
A la súplica del v. 2 sigue una amplia y detallada teofanía
(vv. 3-15), tejida con motivos mitológicos muy arcaicos, que
el autor sin duda reelabora a partir de la tradición literaria (ver
más abajo). Viene a continuación un relato en forma de confe-
sión, compuesto de dos partes: manifestación de angustia ante
el día del castigo (v. 16) y confesión de esperanza (vv. 17-19).

3. Comentario teológico
Una vez descrita a grandes rasgos la estructura del libro de
Habacuc y establecidas las principales formas literarias que lo
integran, pasamos a glosar el mensaje que Habacuc quiere
transmitir a sus contemporáneos a través de ellas.

a. Primera tabla del tríptico


El libro comienza con un reproche que nos recuerda la
amargura del salmista (Sal 13,2-3). Es el grito de quien, pre-
sa del sufrimiento y copado por la angustia en un callejón sin
salida, protesta ante el silencio de Dios (cf. Sal 83,2-5; Ap
6,10). Se diría que Dios es cómplice de las fuerzas aniquila-
doras del mal. Los reproches se amplían hasta el v. 5. El pro-
feta es testigo de crímenes, injusticias, violencia, destrucción,
reyertas y contiendas. La judicatura es una institución obsole-
ta; medran los sinvergüenzas y se consumen los inocentes (v.
4). Es difícil, como he dicho al principio, que se trate de atro-
pellos perpetrados por el enemigo. Habacuc está describiendo
casi con toda seguridad la situación de injusticia y anarquía
social en la que se halla enfangado el país.
Pero Yavé responde con una promesa de tal envergadura
que el pueblo no se la va a creer. ¿Por qué no la habría de
creer? ¿Por el terror que despertará en los injustos y crimina-
les que pueblan el país, o por la alegría de las víctimas ino-
centes de una injusticia institucionalizada? A quienes sólo
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 115

Habacuc: El centinela de la historia 115

confían en su ambición y se sienten seguros con su riqueza


acumulada, les parecerá mentira que todo pueda cambiar de la
noche a la mañana. Por el otro lado, quienes están ya roncos
de gritar «¿Hasta cuándo, Señor?» pensarán también que se
trata de una broma.
Yavé parece responderles: «¿No lo creéis? Pues mirad a las
naciones, contemplad y espantaos» (cf. v. 5). No hay más que
contemplar cómo van cayendo una a una las naciones que ro-
dean a Israel y esperar novedades. El poeta describe a continua-
ción la arrolladora presencia de un ejército (el neobabilónico)
que pronto hará justicia, pero una justicia punitiva decretada
por el propio Yavé contra su corrompido pueblo. Las conse-
cuencias de la invasión son tópicas pero suficientes: ocupación
de todo el Próximo Oriente, destrucción de ciudades, deporta-
ciones. La descripción del ejército no hace hincapié en la fuer-
za militar, sino en la agilidad y la velocidad: pantera y lobo. La
imagen del águila habla por sí sola: la presa advierte su presen-
cia cuando ya ha caído en sus garras. No hay rey ni plaza fuer-
te capaz de detener su avance (v. 10). Impone su voluntad y su
derecho (v. 7). Esta arrogancia y esta absoluta autonomía de-
sembocan en la terrible afirmación del final de la sección: «Su
fuerza es su dios». Una sucinta manera de formular lo que no-
sotros denominaríamos «idolatría político-militar». Conviene
tener en cuenta un detalle formulado al final del v. 6, donde se
dice que las tropas del poder imperial que se cierne sobre el Pró-
ximo Oriente conquista «poblaciones ajenas». Digamos que el
profeta concibe las conquistas imperialistas como auténticos ro-
bos, como un expolio que hoy llamaríamos «conculcación del
derecho internacional». Esta crítica del «derecho de conquista»
vuelve a repetirse en los ayes de la segunda tabla del tríptico
(2,6b-20). Se habla aquí de «bien ajeno y... objetos empeña-
dos». Las ciudades conquistadas no pasan a ser propiedad per-
petua del poder imperialista, sino a lo sumo meras «prendas»
(2,7) que podrán ser reclamadas a su debido tiempo. Tenemos,
pues, un punto estructural de contacto entre 1,6 y 2,6b-7.
La segunda sección de la primera tabla del tríptico (1,12-
17) parece abordar el problema que ha supuesto la presencia
neobabilónica en Palestina. Comienza con un reproche que, al
mismo tiempo, constituye una profunda confesión de fe. El
dios de los conquistadores, identificado con el poderío militar
(1,16), es tan efímero como éste. Es un dios cuya existencia de-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 116

116 Personajes del Antiguo Testamento

pende del porvenir del imperio. En cambio, el Dios israelita


existe desde antiguo y es inmortal (1,12a), es decir, indepen-
diente de los avatares históricos del pueblo de Israel.
Con un pragmatismo histórico muy propio de la profecía,
Habacuc piensa que la presencia de los neobabilonios tenía
una función judicial. El ejército invasor ha sido llamado por
Dios para castigar los desmanes de su pueblo. Así lo da a en-
tender el uso de los términos «tribunal» y «juzgar» (1,12b).
De todas formas, se percibe un tono de ironía en las pregun-
tas del profeta. ¿Cómo es posible que «el Señor» ceda a los
caldeos el puesto que le corresponde a él en el tribunal de las
naciones? ¿Cómo es posible que «la Roca» eterna se retire pa-
ra dejar paso a un poder humano efímero? A Habacuc le cues-
ta creer que el ejército enemigo haya sido citado por Yavé. No
entiende cómo es posible que los «ojos puros» de Dios puedan
contemplar las atrocidades que comete el enemigo con su pue-
blo (1,13). Nosotros diríamos que existe una absoluta incom-
patibilidad metafísica entre Dios y el mal. El profeta recurre
a la imagen de la pesca (1,14-15) para poner de relieve dos co-
sas: la impotencia del pueblo de Israel y la capacidad de agre-
sión del enemigo. Parece ser que, en la época de Habacuc, rei-
naba una auténtica anarquía social. El pueblo es descrito como
«peces/reptiles sin jefe», imagen de una sociedad invertebra-
da (1,14). La mención de las artes de pesca «anzuelo-red-
copo» simboliza la impunidad y la técnica militar del adver-
sario (1,15). La «risa» satisfecha del pescador-Babilonia, que
representa la ambición colmada del agresor, nos recuerda las
risas burlonas del mismo en 1,10: otro punto de enlace es-
tructural entre las dos secciones de la primera tabla del trípti-
co. Termina esta segunda sección con otro alarde de idolatría
político-militar: el conquistador se rinde en actitud cultual
ante su máquina militar (el «copo» y la «red» de 1,16). La sa-
tisfacción de los militares neobabilonios contrasta con la an-
gustiosa pregunta del profeta: ¿Va a seguir vaciando sus redes,
es decir, matando pueblos sin compasión? (cf. 1,17). Esta pre-
gunta que cierra el primer panel del tríptico forma inclusión
con la pregunta del principio: «¿Hasta cuándo, Señor?».
Si la primera parte del panel contempla a Babilonia como
ejecutor de la justicia de Yavé contra su pueblo, la segunda
parte percibe aterrada que el enemigo ha traspasado los lími-
tes (simple castigo temporal) que Yavé le había impuesto.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 117

Habacuc: El centinela de la historia 117

b. Segunda tabla del tríptico


La reclamación formulada por el profeta (1,17) recibe res-
puesta a continuación. La imagen del centinela (2,1) connota
en nuestra cultura aburrimiento y pasividad. No tenemos más
que pensar en las «imaginarias» de los cuarteles. En el Anti-
guo Testamento, sin embargo, el centinela es símbolo del pue-
blo que espera anhelante la luz de la aurora (Sal 130,7). La luz
matutina, por contraposición a la oscuridad de la noche (ima-
gen del abandono y de la muerte; Jl 2,2; 3,4; Am 5,18.20; Sal
107,10; Job 3,4; 10,21), coincide con el tiempo de la salvación,
con la manifestación liberadora de Yavé (cf. Is 9,1; 42,7; 58,10;
60,1-3; Sal 139,11-12; Job 17,12). Esta escena del profeta-
vigía oteando el horizonte, esperando que llegue algún mensa-
jero anunciando la caída del opresor, nos recuerda el oráculo de
Is 21,1-10, donde se proclama la caída de Babilonia. También
aquí se habla del profeta-centinela (Is 21,6.8) que aguarda im-
paciente que alguien llegue con albricias (Is 21,9).
No obstante, nuestro texto se desvía en cierto modo del
oráculo de Isaías que acabo de citar. El oráculo-visión de Hab
2,2ss combina formas proféticas y apocalípticas. No llega un
mensajero, sino Yavé en persona, que comunica al profeta su
designio secreto. La fórmula «Escribe la visión, grábala en ta-
blillas» nos recuerda el texto de Ap 1,11: «Escribe esta visión
en un libro».
Yavé hace saber a Habacuc que existe un plazo, un plazo
que se extiende desde la situación histórica real del profeta
hasta una meta señalada por Yavé y que sólo él conoce. Al ser
humano se le pide que cultive la esperanza en la convicción de
que todo llegará sin retraso, de que nada de lo decidido por
Yavé fallará. Merece la pena esperar, porque todo se cumplirá
a su debido tiempo. El mensaje es escueto, pero claro: «El
malvado/ambicioso fracasará, pero la confianza hará vivir al
justo/inocente» (2,4).
La conjunción «aunque» con la que empieza el v. 5 intro-
duce un apunte retórico que pretende consolidar la espera con-
fiada del justo. Pase lo que pase, las naciones oprimidas aca-
barán riendo y entonando coplas al conquistador herido de
muerte.
Los cinco ayes que dan inicio a la segunda parte del segun-
do panel del tríptico no son endechas que lamentan una muer-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 118

118 Personajes del Antiguo Testamento

te no deseada, sino coplas satíricas, epigramas que anticipan el


fracaso del asesino de pueblos y que, al mismo tiempo, pro-
claman la confianza en la palabra de Yavé. Quieren ser una res-
puesta a la «visión» de 2,4. Estos cinco ayes reúnen algunas
características típicas de los «dichos cultuales». Se diría que
tienen la función de exorcizar la presencia del enemigo. Por
una parte, la fórmula «Señor de los ejércitos» (2,13) es una
epíclesis cultual, relacionada con la presencia ceremonial del
arca de la alianza. También la crítica a la idolatría (2,18-19)
parece tener una sede cultual. Finalmente, la mención del «Se-
ñor en su santo templo» (2,20) apunta en la misma dirección.
¿Podríamos decir que Habacuc era un profeta cultual?
Los dos primeros ayes (6b-8; 9-11) critican el expolio impe-
rialista de los neobabilonios, que han desposeído a otras na-
ciones. Reaparece aquí el adjetivo «ajeno» de 1,6 (indicio sin
duda de que el poeta está pensando en el mismo agresor, no
en los babilonios en 1,6 y aquí en los asirios). Los saqueos del
conquistador son considerados «objetos empeñados», es decir,
se trata como mucho de bienes tomados en prenda. La imagen
del «acreedor» aplicada a los legítimos dueños del territorio
abunda en la idea. El «derecho de conquista» no es tal dere-
cho. El conquistador tiene que devolver lo robado, por las bue-
nas o por las malas (2,7), pues se trata de «ganancias injustas»
(2,9). Resulta sumamente atractiva la personificación de la ca-
sa en 2,11: sus paredes y vigas alzarán la voz reclamando su
devolución al propietario legítimo. El tercer ¡ay! (2,12-14) ha-
ce hincapié no tanto en el expolio material cuanto en un ele-
mento concomitante: los asesinatos. Una nación o ciudad asen-
tada sobre el crimen no puede sobrevivir: se autodestruirá
como consumida por el fuego, el fuego de su propio ardor des-
tructor; se fatigará en balde, en un ejercicio inútil que desem-
boca en la nada (2,13). La imagen del fuego se prolonga en la
del agua (2,14; cf. Is 11,9). La frescura vivificadora del cono-
cimiento de la gloria del Señor acabará con el ardor autodes-
tructor del ser humano. La gloria del Señor, es decir, la luz de
su amanecer salvífico que inunda de claridad la tierra se con-
trapone al panorama desolador de violencias y asesinatos que
ha dejado a su paso un poder militar que se tiene a sí mismo
por dios.
El cuarto ¡ay! (2,15-17), en contra de la opinión de nume-
rosos intérpretes, no se refiere a la depravación sexual de los
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 119

Habacuc: El centinela de la historia 119

neobabilonios. Los temas de la desnudez y de la copa están en


relación con la temática bélica en toda la tradición profética del
Antiguo Testamento. Existe una serie de textos proféticos en
los que la capital de un determinado país es comparada a un
cuerpo femenino. Los poetas en cuestión, cuando quieren ha-
blar de la falta de seguridad de la ciudad o de su inminente
caída en poder de las tropas enemigas, utilizan el tema de la
desnudez femenina. En estos textos, el desnudo es una imagen
de la falta de defensas en una ciudad, de la ausencia de guar-
nición en un país, o también de la inutilidad de dicha defen-
sa ante la violación militar por parte del enemigo y de las con-
secuencias humillantes de ésta. Leemos en Is 47,1-3 en
relación con Babilonia:
«Siéntate en el polvo, joven Babilonia... alza las faldas,
descubre el muslo... aparezca tu desnudez, véanse tus ver-
güenzas. Tomaré venganza inexorable».

El contexto es evidentemente bélico. La imagen literaria es


adoptada por Jeremías en un oráculo contra Jerusalén:
«Los disiparé como tamo arrebatado por el viento de la es-
tepa... Porque me olvidaste confiando en la mentira, también
yo te alzaré las faldas por delante y se verá tu vergüenza»
(13,24-26).

En un coetáneo de Habacuc leemos en relación con Nínive:


«Escuchad: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galo-
pe... jinetes al asalto... masas de cadáveres... ¡Aquí estoy yo
contra ti –oráculo del Señor de los ejércitos–. Te levantaré
hasta la cara las faldas, enseñando tu desnudez a los pueblos,
tu afrenta a los reyes» (Nah 3,5).

El contexto es claramente bélico. ¿Cómo queda Jerusalén des-


pués de haber sido arrasada por las tropas de Nabucodonosor?
Utilizando una vez más la imagen de la desnudez femenina,
nos dice el autor de Lamentaciones:
«Jerusalén ha pecado gravemente y ha quedado mancilla-
da; los que antes la honraban, la desprecian viéndola desnu-
da» (1,8).

El símil del cuerpo femenino resulta obvio si tenemos en cuen-


ta que en hebreo, lo mismo que en muchas lenguas modernas,
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 120

120 Personajes del Antiguo Testamento

las ciudades y los países tienen género femenino: son como la


madre que acoge en su regazo a sus hijos. El problema de
nuestro texto de Habacuc está en que el cuerpo descrito es el
de un hombre, no el de una mujer:
«¡Ay del que emborracha a su prójimo... para contemplar
sus vergüenzas. Bebe tú también y enseña tu pene sin cir-
cuncidar...!».

Pero, aunque la imagen sea novedosa, el resultado es el mis-


mo. El conquistador ha dejado al descubierto las «vergüenzas»
del país, que contempla satisfecho en son de burla. Pero no sa-
be que, tarde o temprano, también quedarán sus partes al des-
cubierto, pues caerá presa a su vez de otro invasor. La alusión
al prepucio se relaciona con el carácter incircunciso (un caso
de vergüenza e ignominia para los hebreos) de los conquista-
dores.
El tema de la copa (la copa drogada o la copa de vértigo)
no hace sino subrayar la temática bélica. Así lo podemos com-
probar en varios textos significativos. Leemos en Is 51,17-23:
«Despierta de tu borrachera, Jerusalén... que bebiste de la
mano del Señor la copa de su ira... has padecido ruina y des-
trucción, hambre y espada... Mira, yo quito de tu mano la co-
pa de vértigo, no la volverás a beber... la pondré en manos de
tus verdugos».

Yavé, que ha hecho beber a Jerusalén un cáliz de amargura, pa-


sará éste ahora a la mano de quienes la han castigado. Resulta
evidente la analogía con Hab 2,15-16. Jeremías retoma este
símbolo de la cólera bélica de Yavé:
«El Señor Dios de Israel me dijo: Toma de mi mano esta
copa de aguardiente y házsela beber a todas las naciones
adonde te envío. Que beban y se tambaleen y enloquezcan
ante la espada que arrojo en medio de ellos» (25,15).

Podemos leer también Ez 23,31-33 y Lam 4,21.


De todos estos datos se desprende que el cuarto ¡ay! de Hab
2,15-17 no tiene nada que ver con celebraciones orgiásticas,
sino con una acción bélica y sus resultados. Aunque sólo sea
de paso, digamos que los términos «Líbano» y «animales» de
2,17 tienen alcance metafórico. Con bastante frecuencia, el Lí-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 121

Habacuc: El centinela de la historia 121

bano hace referencia en el Antiguo Testamento a toda Palesti-


na, al monte Sión, o al conjunto arquitectónico de templo y
palacio real. Los animales son también imagen de los habitan-
tes de un país. Los paralelismos externos de 2,17 son elocuen-
tes a este respecto. Dice el texto:
A. La violencia hecha al Líbano te aplastará,
B. el degüello de animales te aterrará:
B’. por tus asesinatos y violencias
A’. en el país, en ciudades y poblaciones.
Resultan claras las correspondencias: Líbano = país, ciuda-
des; animales = asesinatos y violencias. Por otra parte, la men-
ción de los animales sacrificiales (= personas asesinadas) nos
pone en contacto con la lectura metafórica de las «ovejas y las
vacas» de 3,17c, como veremos más adelante.
El quinto ¡ay! (2,18-20) se centra en la idolatría. La temá-
tica no es nueva. Aparece magistralmente desarrollada en Is
44,9-20, y será después adoptada con arte por el autor del li-
bro de la Sabiduría (14,22-31). Los conquistadores tienen otro
motivo más de preocupación: sus dioses no tienen vida. Más
aún, están fabricados a partir de materia inerte, hechos a ima-
gen y semejanza del hombre. No tienen vida; ni sienten ni ha-
blan. ¿Cómo pueden enseñar? ¿Cómo puede el ser humano
confiar en ellos? La expresión «maestro de mentiras» se acer-
ca a nuestra definición de «alienación religiosa». El hombre se
engaña al atribuir a un ídolo sus propias convicciones, creen-
cias y decisiones. El ídolo no tiene alma (2,19); en cambio, el
Señor vive desde antiguo y no muere (1,12).

c. Tercera tabla del tríptico


Como hemos dicho líneas arriba, el último capítulo del li-
bro es una plegaria hímnica compuesta de cuatro piezas: sú-
plica introductoria (v. 2); teofanía (vv. 3-15); relato en forma
de confesión personal, que puede desglosarse en dos partes: an-
gustia y compasión ante el desastre que se avecina sobre el
opresor (v. 16) y esperanza a pesar de que el país está en rui-
nas (vv. 17-19).
La súplica del v. 2 empalma contextualmente con el final
de la segunda tabla del tríptico (2,20), donde el lector y el pro-
feta se encontraban en el templo en presencia del Señor. Y el
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 122

122 Personajes del Antiguo Testamento

templo es el marco más adecuado para la súplica. El profeta


intercesor, que sabe que el plazo se cumplirá sin retraso (2,3)
pero que quiere provocar la intervención de Yavé («realízala,
manifiéstala»), recurre al teologúmeno más importante del
Antiguo Testamento: la tradición del éxodo. Las expresiones
«oír la fama» y «ver la acción» de Yavé (3,2) aparecen en con-
textos (probablemente cultuales) donde se rememora la acción
salvífica de Dios en la historia. El verbo «oír» se explica des-
de las catequesis homiléticas del templo (también desde la ca-
tequesis familiar), donde se transmitía de generación en gene-
ración el recuerdo de la liberación de Egipto, hazaña suprema
del Dios de Israel. El verbo «ver» se refiere posiblemente a las
dramatizaciones procesionales y cultuales del evento del éxo-
do. Podemos consultar textos como Sal 44,2-3; 78,3; aunque
bastaría con leer 48,9: «Lo que oímos lo hemos visto en la ciu-
dad del Señor de los Ejércitos» (probable referencia al drama
cultual de la liberación del éxodo). Conviene tener en cuenta
un dato que sobrecoge por su humanismo religioso. El profe-
ta pide a Yavé que no se exceda en su cólera contra el enemi-
go de Israel, que se acuerde de su proverbial compasión.
La teofanía de vv. 3-15 reúne elementos literarios tradicio-
nales que tratan de dramatizar, en el plano del mito, la libe-
ración de Egipto. A los verbos «oír» y «ver» del v. 2 respon-
de adecuadamente lo que vamos a oír y ver en esta descripción
teofánica. Yavé es descrito como un Guerrero cósmico al que
está sometida la creación. La liberación de Egipto («el océano
fragoroso levanta sus brazos a lo alto», v. 10b; cf. Éx 14,21) es
definida en términos mitológicos: collados primordiales, ríos,
mar, aguas y torrentes son motivos creacionales, frecuentes en
la poesía antigua, particularmente en los salmos (18,5-16;
77,17-21; cf. Is 30,27-28). Lo sorprendente de esta arcaica
teología de la creación es su frecuente relación intrínseca con
la teología liberacionista del éxodo. Para describir la decidida
acción de Dios liberando a su pueblo, los poetas del Antiguo
Testamento recurren habitualmente a motivos teológicos to-
mados del mito de la creación. Las aguas primordiales del
caos (cf. Gn 1,2) son identificadas, en el plano simbólico, con
las aguas del mar Rojo. La base literaria de esta identificación
la encontramos sin duda en Éx 15,1-18. En este cántico de
Moisés se funden los motivos liberacionistas con los mitológi-
co-creacionales. En conclusión, podemos decir que esta fusión
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 123

Habacuc: El centinela de la historia 123

de motivos hace relación a la capacidad creadora y recreadora


de Dios. Lo mítico se funde con lo histórico, o mejor dicho, el
relato mítico sirve de cauce literario a la descripción del even-
to histórico, a su importancia y magnitud. Dios es capaz de re-
crear (liberar) históricamente a su pueblo porque es un Dios
creador, que existe desde siempre y para siempre (cf. Hab 1,12).
Toda esta teofanía del tercer panel del tríptico de Habacuc só-
lo pretende formular literariamente la fe del profeta en la ca-
pacidad de Yavé de liberar de nuevo a su pueblo, de arrancar-
lo de las garras de las potencias extranjeras, es decir, de
recrearlo. Algo tan nuevo que exige recurrir a lo viejo, al mo-
delo primordial.
La confesión del v. 16, donde el profeta, convencido ya de
la intervención salvífica de Yavé en favor de su pueblo, se an-
gustia al pensar en el sufrimiento que tendrán que soportar sus
enemigos, responde estructuralmente a 3,2: «en la ira acuér-
date de la compasión». Isaías reaccionó de forma parecida al
contemplar la caída de Babilonia:
«Al verlo, mis entrañas se agitan con espasmos, me aga-
rran angustias como angustias de parturienta; me agobia el
oírlo, me espanta el mirarlo; se me turba la mente, el terror
me sobrecoge, la tarde suspirada se me ha vuelto espanto»
(21,3-4).

Termina la tercera tabla del tríptico (y el libro de Habacuc)


con un canto a la esperanza (3,17-19): confiar a pesar de todo,
a pesar de contemplar un país desierto y arruinado. A prime-
ra vista, puede parecer que el profeta visualiza la ruina agríco-
la y ganadera del país: un aterrador desastre ecológico. Pero,
si recuperamos en el plano de la realidad virtual el valor ima-
ginativo de plantas y animales, veremos que no se trata tanto
de ecología o economía cuanto de sociología. En la poesía pro-
fética, higuera, vid y olivo son con frecuencia imágenes que
aluden referencialmente a las capas más nobles de la sociedad
israelita. No en vano se trata de los árboles y arbustos más em-
blemáticos de Palestina. En Jue 9,10-11 (parábola de Jotán)
encontramos el primer uso imaginativo del término «higue-
ra» referido a las personas más dignas, más adecuadas para la
colación de la realeza. Así lo ponen también de manifiesto Jer
8,13 y el símil de los higos de Jer 24. Más frecuente todavía
es el cultivo imaginativo del término «viña». También Jue
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 124

124 Personajes del Antiguo Testamento

9,12-13 nos proporciona el primer ejemplo literario del Anti-


guo Testamento. Pero son sobre todo los profetas quienes ela-
boran con precisión la imagen de la viña referida al pueblo de
Israel: Jer 2,21; 8,13; Ez 15; 17,5-10; Os 10,1. Por lo que res-
pecta al olivo, hemos de recurrir también, para empezar, a Jue
9,8-9. Pero el muestrario poético está bien surtido:
«Aquel día la nobleza de Jacob quedará pobre... como
cuando al varear el olivo quedan dos o tres aceitunas» (Is
17,4-6).

Podemos consultar también Jer 11,16-17; Os 14,7; Zac 4,11-


14. ¿Qué decir, por otra parte, de las ovejas y las vacas de
3,17c? De todos es conocida la imagen del rebaño aplicada al
pueblo de Israel (Is 53,6; 63,11; Jer 23,1-4; 25,34-36; 50,6-
7; Ez 24,5; 34; 36,37-38; Miq 2,12; 7,14-15; Zac 9,16; Sal
74,1; 77,21; etc.). También el salmista, al quejarse en ocasio-
nes de que el fiel es incompresiblemente maltratado por Dios,
recurre a esta imagen: «Nos entregas como ovejas para el con-
sumo... nos tratan como a ovejas de matanza» (Sal 44,12.23).
Las ovejas y las vacas son los animales más representativos de
las víctimas cultuales (cf. Os 5,6). Bien es verdad que el tér-
mino «vacas» de 3,17c no tiene el valor simbólico de las «ove-
jas» en la tradición del Antiguo Testamento. Sin embargo, la
fórmula «ovejas y vacas» es un cliché literario frecuente en di-
cha tradición. Es decir, que un término de la bina reclama en
ocasiones la presencia del otro. Por otra parte, es probable que
la mención del «degüello de animales» (= asesinatos) de 2,17
esté en función de esta parte final del libro, es decir, que la es-
casez de «ovejas y vacas» de 3,17c se refiera a que las matan-
zas de los caldeos han diezmado dramáticamente el país. Si mi
interpretación es correcta, Habacuc ve en sus paisanos muer-
tos a auténticas víctimas sacrificiales.
Es evidente que esta interpretación requiere un estudio más
detenido y riguroso de todos los datos bíblicos, pero creo que
todo lo dicho es suficiente para demostrar la adecuabilidad de
esta lectura simbólica a la tradición literaria del Antiguo Tes-
tamento.
El libro de Habacuc termina con un grito de esperanza
(3,19), que se corresponde estructuralmente con la exclama-
ción atormentada del comienzo (1,2). Si el libro empezaba con
la terrible pregunta «¿Hasta cuándo, Señor?», acaba con una
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 125

Habacuc: El centinela de la historia 125

hermosa fórmula de fe esperanzada: «El Señor es mi fuerza, me


da piernas de gacela, me encamina por las alturas». Se diría
que el profeta, mediante la meditación histórica, la verbaliza-
ción de su angustia, la puesta por escrito de su dolor y la ple-
garia, ha sufrido una catarsis liberadora análoga al desgracia-
do destino de su pueblo que con tanta angustia describe en el
libro. La obra de Habacuc tiene todos los ingredientes de una
confesión de fe: la trayectoria espiritual del profeta.

4. Algunas actualizaciones hermenéuticas


Sería pernicioso, por ilegítimo, hacer una trasposición acrí-
tica de la «visión» de Habacuc a la situación mundial actual.
Un ardoroso lector moderno, motivado por las dramáticas y
continuas conculcaciones de los derechos humanos perpetradas
sobre todo por las grandes potencias, pensaría tener razón al
reclamar la lectura literal del libro de Habacuc para iluminar
el deterioro de las relaciones internacionales. Pero estaría equi-
vocado. En primer lugar, no hemos de olvidar que el mensaje
de Habacuc está social, cultural y políticamente contextuali-
zado. Desde el punto de vista religioso-cultural, su palabra
profética responde a una ideología teocrática compartida por
casi todos los miembros del pueblo de Israel: Yavé, creador y
señor del universo, es el dueño de toda la tierra; e Israel es su
siervo encargado de proclamar ese señorío a todos los confines
del orbe. Yavé es el más grande de los dioses (si no el único),
y no tiene sentido que no quiera demostrar su poder destru-
yendo a las naciones adoradoras de otros dioses inferiores a él.
Si el libro de Habacuc está enraizado en esta ideología, resulta
evidente que los cristianos actuales, que no podemos compar-
tir esa visión del profeta, no tenemos derecho a hacer traspo-
siciones en estricto paralelismo. Aunque la situación retórica
de los hebreos contemporáneos de Habacuc sea idéntica a la de
las víctimas actuales de la explotación colonial y de la cultura
del racismo, las nuevas claves de la interpretación histórica nos
obligan a no sacar deducciones precipitadas de este libro.
Para respetar la contextualización sociorreligiosa de la obra
de Habacuc, no tenemos otra alternativa que llevar a cabo una
tarea de recontextualización, es decir, una lectura evocadora
del libro desde nuestro contexto religioso, cultural y sociopo-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 126

126 Personajes del Antiguo Testamento

lítico. Y para un cristiano, la referencia religiosa fundante por


excelencia es el Nuevo Testamento, aunque también hemos de
pasarlo por la criba de la recontextualización. La tarea herme-
néutica no resulta fácil ni cómoda.
Para empezar, hemos de prescindir de la ideología religio-
sa de Habacuc, que ve en Yavé al Dios supremo al que todos
los pueblos han de someterse, y en el pueblo de Israel al pue-
blo elegido, con más derechos que otros pueblos. Resulta teo-
lógicamente letal que un cristiano actual identifique a Yavé
con el Dios Padre de Jesús y a la «iglesia militante» con su
pueblo elegido. Por otra parte, es necesario también prescin-
dir (o al menos no dar carta de ciudadanía en el discurso cris-
tiano) del mundo de visiones mitológicas que sirven de cauce
expresivo a la teología del profeta. ¿Qué nos queda entonces?
Habacuc percibe con claridad meridiana la incompatibili-
dad entre Dios y el mal en sus múltiples manifestaciones.
Cualquier incursión del mal en el mundo de los seres huma-
nos debe ser denunciado y combatido sin contemplaciones. Un
mal pernicioso, según Habacuc, es el de la «idolatría político-
militar» (1,11; 1,16), que llega a poner en el lugar que co-
rresponde a Dios a los ídolos de la eficacia armamentista y del
imperialismo. Se trata de un mal que sigue azotando y devas-
tando las tierras del mundo y sus culturas. Pero Habacuc no
conocía la otra perversión idolátrica que acompaña actual-
mente a la violencia de las armas: las multinacionales de la
guerra, la inversión en proyectos científicos de destrucción, el
culto abierto o larvado a la carrera nuclear, el lucro insaciable
de quienes medran a cuenta de los muertos.
Aunque para nosotros resulte a estas alturas algo evidente,
Habacuc ofrece unas reflexiones de derecho internacional que
sin duda fueron novedosas para su tiempo. El profeta pone en
entredicho el «derecho de conquista». Un país conquistado
por la fuerza no pasa a ser posesión del agresor. Sus gentes tie-
nen la necesidad y la obligación de sentirse dueños de su des-
tino. Tarde o temprano lo reclamarán, como si fueran acree-
dores de algo dado en prenda; u otros a su vez desposeerán al
conquistador. Pero si Habacuc hubiese vivido en unas coorde-
nadas político-culturales más diferenciadas, como las nuestras,
no habría pasado por alto en su condena otras manifestaciones
más sutiles de dominio: la «ocupación cultural» de numero-
sos pueblos, que van cayendo paulatina e imperceptiblemente
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 127

Habacuc: El centinela de la historia 127

en las redes de otros países económicamente superiores, hasta


acabar siendo desposeídos de sus riquezas y perdiendo su iden-
tidad cultural y su autocomprensión histórica.
Toda esta presencia del mal, tan antiguo y tan nuevo, no
puede ser contemplada en una actitud de brazos cruzados, fru-
to de una comprensión azarosa de los acontecimientos históri-
cos. Se necesita una postura combativa de choque, como lo
ilustra Habacuc en su libro. Ahora bien, este mensaje proféti-
co se mueve dentro de unas coordenadas de filosofía política y
de teología de la historia que no podemos aceptar ni desde la
actual configuración laica de la comunidad internacional ni
desde una perspectiva cristiana. Para Habacuc, igual que para
otros profetas del Antiguo Testamento, la máquina destructo-
ra de las grandes potencias en el área del Próximo Oriente no
era percibida exclusivamente desde la perspectiva de las nece-
sidades económicas de expansión o de la voluntad imperialis-
ta de un líder militar, tal como nosotros lo concebimos. Si Ya-
vé es más grande que los dioses de las otras naciones, su pueblo
elegido debería en buena lógica ocupar el primer puesto en la
jerarquía de las potencias del Próximo Oriente. Cuando esto
no ocurre, cuando Israel se convierte en una caricatura de es-
tado, en una marioneta controlada por otros poderes militares
superiores, sólo puede haber una explicación: el azote extran-
jero ha sido concitado por Yavé para castigar los desmanes de
su pueblo. Naturalmente, esta visión teológica de la agresión
imperialista y de la praxis bélica no puede ser aceptada ac-
tualmente sin más. Ni los países subdesarrollados (víctimas de
la depredación económica y del acoso cultural) son culpables
de misteriosos pecados históricos ni las grandes potencias
agresoras son instrumentos en manos de un dios encolerizado.
La semilla sembrada por una lectura acrítica del mensaje pro-
fético del Antiguo Testamento, fecundada por el culto idolá-
trico al poder y al dinero, ha producido las malas hierbas del
imperialismo económico, el racismo y la intolerancia. En cier-
tos ámbitos de la cultura occidental se ha llegado a concebir
la blasfemia de que el «pueblo blanco de Dios» tenía una mi-
sión histórica que cumplir. Pero la actual comprensión de la
realidad económica y social a la luz de la declaración de los de-
rechos humanos y la aplicación justa y rigurosa del derecho in-
ternacional no deberían dejar margen alguno a la aplicación
acrítica de la teología de la historia cultivada por la profecía.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 128

128 Personajes del Antiguo Testamento

El problema está en que actualmente no siempre se respe-


tan los derechos humanos ni la legislación supranacional. So-
mos testigos de continuas agresiones militares, económicas y
culturales. Nos hallamos de algún modo en una situación re-
tórica análoga a la que vivió Habacuc. ¿Qué hacer cuando, a
pesar de los consensos patrocinados por organismos oficiales
internacionales, nos sentimos de repente retroproyectados a
una situación de barbarie que parecía ya superada? Habacuc
nos proporciona una triple respuesta. Por una parte, la ambi-
ción imperialista genera automática y «naturalmente» en su
interior un foco de autodestrucción que acabará, tarde o tem-
prano, reduciéndola a cenizas:
«El Señor de los Ejércitos ha decidido que trabajen los pue-
blos para el fuego y las naciones se fatiguen en balde» (2,13).

En efecto, ¿dónde han quedado Asiria, Babilonia, Egipto,


Grecia y Roma? A pesar de esta magnífica intuición, que po-
dría ocupar las primeras páginas de una manual de «psicolo-
gía del poder», no es posible en un contexto internacional co-
mo el nuestro, en que se han multiplicado casi hasta el infinito
la celeridad y la capacidad de destrucción, sentarse a la puer-
ta de casa y esperar a que pase el cadáver del enemigo. Si se
prolonga esa espera, pueden quedar para siempre en la cuneta
de la historia pueblos y culturas actuales. Se necesitan res-
puestas más rápidas y contundentes.
La segunda respuesta que nos ofrece Habacuc es la de los
ayes (2,6b-20). Se trata de una especie de liturgia de exorcis-
mo con la que se pretende acelerar la caída del agresor. El pro-
feta se mueve en el ámbito cultual, confiado en la eficacia de
la palabra. También nosotros tenemos la obligación de exorci-
zar los males que nos aquejan a escala planetaria. Pero la ex-
periencia nos enseña que la eficacia del recurso a la palabra re-
sulta evidentemente limitada, por lo que tal actitud debe ir
acompañada de un recurso a la acción. ¿Qué tipo de acción?
La inspirada en el respeto escrupuloso de los derechos huma-
nos y del derecho internacional. Pero, mientras escuchemos a
nuestro alrededor voces de seres humanos y de países, enron-
quecidas de tanto gritar «¿Hasta cuándo, Señor?», tenemos la
obligación de arbitrar soluciones prácticas y urgentes (a veces
violentas) para que nunca más en nuestro mundo vuelvan a
oírse esos gritos. ¿Pero cómo?
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 129

Habacuc: El centinela de la historia 129

La tercera respuesta del profeta empalma directamente con


una tradición del Antiguo Testamento que, aunque formula-
da con frecuencia en clave mitológica, constituye la columna
vertebral de la Biblia hebrea: la teología del éxodo, auténtica
experiencia fundante que dio forma a la fe de Israel y consoli-
dó para siempre su esperanza histórica. La fe de Israel es esen-
cialmente una fe exódica, liberacionista, de tales dimensiones
que la muerte y resurrección de Jesús sólo pudo concebirse ba-
jo esa clave. El Dios de Israel es un Dios que no soporta la es-
clavitud, la aniquilación de los seres humanos, el someti-
miento económico, político y cultural de los pueblos. Un Dios
que hará todo lo posible, con la colaboración de la gente ins-
talada en el amor, por desterrar para siempre de su creación to-
da la violencia que pueda mancillarla. Un mundo donde reine
la idolatría del poder, de la guerra y del dinero, con todas sus
secuelas de fanatismo, muerte y destrucción, no puede ser el
mundo que salió de manos del creador. Un mundo así necesi-
ta una recreación, un éxodo liberador que acabe con la tiranía
de la opresión y las desigualdades. Un cristiano animado por
el «éxodo de Jesús» y convencido de la fraternidad universal
se verá arrastrado a luchar en ese proyecto recreacionista.
Mientras sigan existiendo Guatemalas, Bolivias, Ruandas y
Etiopías; mientras el hambre y la guerra masacren poblaciones
enteras; mientras los niños sigan siendo las principales vícti-
mas de la barbarie humana; mientras las multinacionales de la
muerte se sigan enriqueciendo a expensas de los pobres de es-
te mundo; mientras el fanatismo religioso o racial no deje un
espacio vital a los disidentes y a los diferentes; mientras la san-
gre del Tercer Mundo siga regando los surcos de la abundan-
cia del Primer Mundo; mientras todo esto ocurra, la creación
de Dios exigirá a gritos una recreación. Sólo cuando logremos
subsanar estos males mediante la lucha diaria, el mundo habrá
alcanzado su destino. Sólo entonces le saldrán a la Humanidad
piernas de gacela que la encaminen por las alturas (cf. Hab
3,19).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 130
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 131

Ezequiel:
El profeta mudo
Luis Alonso Schökel

El comienzo del estudio de Ezequiel es lo más arduo, ya


que hay que recomponer el texto. Al principio, el escritor
tenía interés en presentar una síntesis con los temas más
importantes de su obra, pero en lugar de repetirlos, como
hace un músico en su obertura, prefirió arrancar algunos
versos y pasarlos al cap. 3. La cosa resultó un poco desca-
balada: en el cap. 24 hay una laguna que se completa con
lo que dice el cap. 3. Sigamos el orden de los aconteci-
mientos.
Cap. 24. Ha sucedido una gran tragedia: repentinamente
muere la esposa de Ezequiel –muerte que representa la pérdi-
da del templo, su incendio– y se le prohíbe llevar luto. Tras lo
dicho en el v. 25:
«Y tú hijo de Adán [apellido de todo hombre, y Dios tra-
ta a Ezequiel siempre así] el día que yo les arrebate su ba-
luarte, su esplendida alegría, el encanto de sus ojos, el ansia
de sus almas»,

encaja el cap. 3,25-26:


«...Y tú, hijo de Adán, mira que te pondrán sogas, te aga-
rrarán con ellas y no podrás soltarte. Te pegaré la lengua al
paladar, te quedarás mudo y no podrás ser el acusador, pues
son casa rebelde. Pero cuando yo te hable, te abriré la boca
para que les digas: Esto dice el Señor...»

Continúa el cap. 24,26:


Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 132

132 Personajes del Antiguo Testamento

«Cuando se te presente un evadido, para comunicarte una


noticia, ese día se te abrirá la boca y podrás hablar en pre-
sencia del evadido y no volverás a quedar mudo. Les servirás
de señal y sabrán que yo soy el Señor».

El desenlace, en el cap. 33,21:


«El año duodécimo de nuestra deportación, el día 5 del
mes décimo, se me presentó un evadido de Jerusalén y me dio
esta noticia: “Han destruido la ciudad”. La tarde anterior ha-
bía venido sobre mí la mano del Señor y permaneció hasta
que el evadido se me presentó por la mañana. Entonces se me
abrió la boca, y no volví a estar mudo».

Éste es el texto recompuesto.


Ezequiel marcha al destierro en la primera deportación, la
de los nobles, gente influyente y algún artesano cualificado.
Los invasores se los llevan a Babilonia, tras poner como rey a
Sedecías. En Jerusalén, empieza a predicar Jeremías, intentan-
do salvar lo insalvable, pero no lo consigue. Sedecías se suble-
va, y la reacción rápida y violenta de Nabucodonosor no se de-
ja esperar, enviando su ejército contra los rebeldes. Tras un
largo asedio, en julio del 586, los soldados abren brecha en la
muralla de la ciudad. Se suceden luchas callejeras, grandes ma-
tanzas, incendios, destrucción del templo; algunos ciudadanos
huyen, pero muchos caen prisioneros. Agosto del 586. El día
de la destrucción del templo, en Babilonia Ezequiel sufre un
ataque violento de afasia y una especie de parálisis. ¿Causas?
Nada se dice en el texto. Lo importante es que se queda mu-
do, como Zacarías más tarde, y no puede decir nada.
Entre los que escapan hay uno que recorre muchos kilóme-
tros hacia el norte, dobla por el Éufrates y baja a Babilonia,
donde llega en diciembre del siguiente año. Al llegar da la
triste noticia: la ciudad ha sido destruida. En ese momento
Ezequiel recobra el habla y empieza de nuevo su actividad pro-
fética. El hecho no deja de ser paradójico: el profeta recibe su
vocación precisamente en el destierro. Ezequiel, que era un
sacerdote de profesión y conocía muy bien todo ese mundo,
predicaba, con ardor, con dureza, contra la infidelidad, la ido-
latría... como lo hacía Jeremías en Jerusalén. Luchando por
mantener un grupo que fuera fiel al Señor sucedió la tragedia:
enmudeció cuando más falta hacía la palabra profética. El pro-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 133

Ezequiel: El profeta mudo 133

feta que hace resonar la palabra de Dios queda mudo, y un


profeta sin palabra es un contrasentido. Y cuando llega la no-
ticia se le suelta la lengua y empieza una nueva etapa en su
predicación, orientada toda ella a la esperanza. Así como su
primera etapa fue de denuncia, la segunda, tras la tragedia, es
de esperanza.
¿Qué ha provocado la mudez? ¿Significa algo esta afonía?
No hay que buscar enfermedad alguna; la causa está más bien,
tras seguir el itinerario o misión de Ezequiel, en el afán del
pueblo por neutralizar la palabra profética. A Ezequiel se le
deja hablar, que grite, que chille, pero se buscan artimañas pa-
ra neutralizar su palabra. Le quitan la fuerza como quien qui-
ta la espoleta y la bomba ya no puede explotar.
1) Una primera forma de neutralizar la palabra profética es
afirmar «Va para largo». El cap. 7, perteneciente al primer
bloque del libro, es una presentación martilleante del final que
ya llega. Ezequiel, como otros profetas, hace uso de una espe-
cie de oratoria callejera. Echándose a la calle, reúne a gente y,
en un lugar un poco elevado, empieza a hablar. Luego mar-
chará a otro sitio y predicará de nuevo. Ezequiel declama en
voz alta, en verso, que el fin se apresura, y el fin es la catás-
trofe. Lo que ha pasado hasta ahora no es más que el primer
acto, el ensayo general. Falta la catástrofe, y ésa ya se está
anunciando. Llega el fin, se cumple el plazo:
«Me dirigió la palabra el Señor. Tú, hijo de Adán, di: Es-
to dice el Señor a la tierra de Israel: ¡El fin, llega el fin: a los
cuatro extremos del orbe! Ya te llega el fin. Lanzaré mi ira
contra ti, te juzgaré como mereces y pagarás tus abomina-
ciones. No me apiadaré ni te perdonaré: te daré la paga que
mereces, te quedarás con tus abominaciones, y sabréis que yo
soy el Señor. Esto dice el Señor: Se avecina desgracia tras des-
gracia: el fin llega, llega el fin, te acecha, está llegando. Te
toca el turno, habitante de la tierra: llega el momento, el día
se aproxima, sin dilación y sin tardanza. Pronto derramaré mi
cólera sobre ti y en ti agotaré mi ira. Te juzgaré como mere-
ces y pagarás tus abominaciones. No me apiadaré ni te per-
donaré. Te daré la paga que mereces, te quedarás con tus abo-
minaciones y sabréis que yo soy el Señor que castiga. Ahí está
el día, está llegando, te toca el turno. Florece la injusticia,
madura la insolencia, triunfa la violencia, el cetro del malva-
do. Sin dilación y sin tardanza llega el momento, el día se
avecina...» (vv. 1-12).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 134

134 Personajes del Antiguo Testamento

Es lo que han estado oyendo declamar con fuerza por el pro-


feta. Pero lo anunciado no se cumple al día siguiente, ni al mes
siguiente..., y la gente empieza a burlarse del profeta inven-
tándose estos estribillos caústicos:
«Me dirigió la palabra el Señor: Hijo de Adán, ¿qué sig-
nifica ese refrán que decís en la tierra de Israel: “pasan días y
días y no se cumple la visión”? Pues diles: Esto dice el Señor:
Acabaré con ese refrán y no volverán a repetirlo en Israel. Di-
les tú este otro: “Ya está llegando el día de cumplirse la vi-
sión”... Porque yo, el Señor, diré lo que tenga que decir, y lo
que diga se hará. No se retrasará más; sino que en vuestros
días, casa rebelde, lo diré y lo haré –oráculo del Señor–»
(12,21-25).

Otra versión:
«Hijo de Adán, mira lo que anda diciendo la casa de Is-
rael: “Las visiones de éste van para largo, a largo plazo profe-
tiza”. Pues diles: Esto dice el Señor: No se retrasarán más mis
palabras. Lo que diga lo haré –oráculo del Señor–» (12,27-
28).

¿En qué consiste este mecanismo de neutralizar la palabra?


Ezequiel ha gritado que estuvieran preparados, que el fin ya
estaba encima. Al día, a la semana siguiente... no pasa nada.
Los oyentes dan la razón al profeta, sí va a pasar una catástro-
fe, pero quién sabe cuándo. Y como va para largo, no hay que
preocuparse. La neutralización es esa dilación en no tomar las
decisiones precisas. Actitud humanamente muy explicable,
pero con ella se elimina la fuerza del diagnóstico profético.
Hay dos versiones de esta neutralización. Una más prosaica,
las visiones de éste van para largo, y la otra, el juego de los es-
tribillos que se repiten como un eslogan y que suenan muy
bien; el profeta acuña entonces otro estribillo. En hebreo es
una frase muy sonora, una resonancia que intentamos repro-
ducir en esta traducción:
«Pasan días y días y no se cumple la visión.
Ya está llegando el día de cumplirse la visión».

Efecto siniestro del juego entre lo que ya se acerca y el ya


será. Éste es el primer ensayo de neutralizar la palabra profé-
tica, porque la conversión y el cambio tiene una sazón, y si se
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 135

Ezequiel: El profeta mudo 135

pasa la sazón, el fruto se pudre. Éste es el momento y hay que


intervenir, hay que recoger el fruto para que no se pudra.
2) Segundo intento, más sutil, de neutralizar la palabra: los
profetas enjabelgadores. Frente al verdadero profeta, Ezequiel,
surgen los falsos; se han autonombrado, se presentan con
oráculos del Señor y declaman como el auténtico profeta. El
pueblo no sabe a qué atenerse: Ezequiel dice esto, pero Ana-
nías, el otro profeta, dice lo otro. Juego que se repite, sobre to-
do, en épocas de crisis social. Entonces surgen falsos profetas
que traen remedio, solución a todo. Es la medicina paralela, el
remedio mágico que viene de Oriente... Es el grave peligro que
se avecina con la crisis del destierro. Al analizar los textos, des-
tacaremos algún rasgo psicológico interesante y ofreceremos
alguna imagen que describa el juego de los falsos profetas.
«Me dirigió la palabra el Señor: Hijo de Adán, profetiza
contra los profetas de Israel, profetiza diciéndoles: Escuchad
la palabra del Señor. Esto dice el Señor...» (13,1-3).

En el momento en que Ezequiel polemiza con estos falsos


profetas está sucediendo lo mismo en Jerusalén. Jeremías topa
con otros falsos profetas a los que dedica el largo cap. 23. Ya
en otro tiempo, el de Isaías, había surgido la plaga de los fal-
sos profetas. Como puede verse, se trata de un fenómeno bas-
tante general. Cuando Dios da su palabra, hay otros que se
aprovechan y quieren presentar la suya como si fuera divina.
Dios, al llamar a los profetas, acepta este riesgo.
«...¡Ay de los profetas mentecatos que se inventan profe-
cías, cosas que nunca vieron, siguiendo su inspiración! (Co-
mo raposos entre ruinas son tus profetas, Israel). No acudis-
teis a la brecha ni levantasteis cerca en torno a la casa de
Israel, para que resistiera en la batalla, en el día del Señor»
(13,3-5).

¿A qué se refiere el profeta? Una ciudad antigua, sobre to-


do si se trata de una capital, está siempre rodeada de talud, fo-
so, zanjas... y una muralla de diferente espesor, con salientes,
torreones... Naturalmente, una ciudad como Jerusalén tam-
bién tenía sus murallas. El enemigo, al llegar, le pone cerco,
la asedia. Y cuando el agua llega a escasear..., el enemigo de-
cide asaltarla por el lado que le parece más vulnerable; con sus
arietes y escudos, asalta la zona, y poco a poco logra abrir bre-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 136

136 Personajes del Antiguo Testamento

cha en sus murallas. ¿Qué han de hacer los defensores? Enviar


con toda urgencia un destacamento a la brecha para taponarla
con piedras, sacos... y que el enemigo no pueda entrar (de ahí
la metáfora «Hay que estar en la brecha»). Y para los judíos
de Jerusalén, ¿cuál es la muralla auténtica que los protege? Su
fidelidad a Dios. Si se mantienen fieles, el Señor les protege-
rá, pero si se abre brecha a su fidelidad, alguien tiene que acu-
dir a taponarla. Por eso allí está el auténtico profeta que pre-
dica la conversión e intercede por el pueblo, como Moisés que
«...se plantó en la brecha...» (Sal 106,23); no así los profetas fal-
sos, que sólo se dedican a inventar visiones bonitas, bellas; la
gente, escuchándoles, se siente encantada. Ante esta situación
hace Ezequiel un análisis psicológico:
«Visionarios falsos, adivinos de embustes, que decíais
“oráculo del Señor” cuando el Señor no os enviaba, esperan-
do que cumpliera su palabra. Vosotros habéis visto visiones
vanas y habéis pronunciado oráculos falsos diciendo “oráculo
del Señor”, cuando el Señor no hablaba» (13,6-7).

La definición es fuerte y enérgica. Dicen «Palabra del Se-


ñor», y llegan a autoconvencerse, esperando que se cumpla lo
que ellos mismos han inventado. Pura autosugestión.
«Por tanto esto dice el Señor: Por haber dicho mentiras y
haber visto engaños, por eso aquí estoy contra vosotros
–oráculo del Señor–. Extenderé mi mano contra los profetas,
visionarios falsos y adivinos de embustes; no tomarán parte
en el consejo de mi pueblo, ni serán inscritos en el censo de
la casa de Israel, ni entrarán en la tierra de Israel, y sabréis
que yo soy el Señor» (13,8-9).

Sigue desarrollando la imagen y el tema:


«Sí, porque habéis extraviado a mi pueblo, anunciando
paz cuando no había paz, y mientras ellos construían la tapia,
vosotros la ibais enluciendo... Cuando la pared se derrumbe
os dirán: “¿Qué fue del enlucido que echasteis?”» (13,10.12).

Continúa la imagen de la muralla y la brecha. La muralla


cede y se abre una brecha. El pueblo hace una tapia colocando
un adobe encima de otro. Vienen entonces unos profetas y le
dan una mano de cal para que quede hermosa. Es el oficio del
falso profeta: enlucir y poner bonita la tapia que les va a de-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 137

Ezequiel: El profeta mudo 137

fender, pero en cuanto sobrevenga una tormenta la tapia cae-


rá y los cogerá debajo:
«Cuando la pared se derrumbe os dirán: “¿Qué fue del en-
lucido que echasteis?”. Por tanto esto dice el Señor: Con fu-
ria desencadenaré un vendaval, una lluvia torrencial manda-
ré con ira, y pedrisco, en el colmo de mi furia. Derribaré la
pared que enlucisteis, la tiraré al suelo, quedarán al desnudo
sus cimientos; se desplomará y pereceréis debajo, y sabréis
que yo soy el Señor» (13,12-14).

Es el segundo intento de neutralizar la palabra auténtica de


Ezequiel con la falsa profecía.
3) Todavía queda un tercer recurso, sutil, en apariencia in-
genioso, y menos patético. Se describe en el cap. 33. Tras va-
rios años de destierro, la gente ya ha logrado situarse: tienen
casa, familia, un pequeño trozo de tierra. Viven en una ciudad
oriental, de calles estrechas donde se busca la sombra, de en-
tradas bajas, para defenderse mejor. Allí el grupo de desterra-
dos se reúne en corrillos. No es la gran ciudad, sino el grupo
de desterrados en la mediana o gran ciudad que forman su gru-
po aparte.
«Y tú, hijo de Adán, tus paisanos andan murmurando de
ti, al abrigo de los muros, y a la puerta de las casas, dicién-
dose uno a otro: “vamos a ver qué palabra nos envía el Señor”.
Acuden a ti en tropel y mi pueblo se sienta delante de ti; es-
cuchan tus palabras, pero no las practican; con la boca dicen
lisonjas, pero su ánimo anda tras el negocio. Eres para ellos
coplero de amoríos, de bonita voz y buen tañedor. Escuchan
tus palabras, pero no las practican. Pero cuando se cumplan,
y están para cumplirse, se darán cuenta de que tenían un pro-
feta en medio de ellos» (33,30-33).

Los desterrados comentan entre sí las últimas noticias so-


bre Ezequiel. Para los exiliados, los oráculos de Ezequiel sólo
son noticias curiosas. Nada más (detalle breve, pero certero ya
que hay que saber leer con imaginación lo que así se escribió).
Por la tarde, se reúnen a la puerta de la ciudad, sentándose en
corro en el suelo en torno al profeta que declama con su cíta-
ra. Pronuncia los oráculos canturreando, para que se escuche.
Es un cantautor, de voz agradable y que se acompaña con gra-
cia. Estas canciones de Ezequiel tienen su aguijón mordaz. Es
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 138

138 Personajes del Antiguo Testamento

coplero de amoríos. Se le alaba, se le estima..., pero llegará el


día en que esos oráculos se cumplan, y entonces sabrán que te-
nían un profeta entre ellos.
Frente a esos intentos de anular la palabra, Dios, de forma
sistemática, les envía el mensaje para que se conviertan, para
que vuelvan, y evitar así la catástrofe. No hacen caso, hasta que
ya no queda más remedio y se cumple el oráculo. Una tarde, de
repente, muere la mujer de Ezequiel, y Dios le ordena que na-
da de llevar luto ni de celebrar funerales. Mandato muy extra-
ño para aquella cultura. En su propia carne, en su propia vida
Ezequiel va a pronunciar el oráculo de la muerte de su esposa.
No se hace duelo, porque denota la destrucción del templo.
Tras esto le sobreviene el ataque de afasia, quedando mudo.
«No quieren escuchar mi palabra. Yo repito como un don
amargo que escuece pero que cura, mi palabra una y otra vez.
Y ellos no sólo escuchan. Escuchan para negarle su fuerza, pa-
ra embozarla, pues yo me callaré».

Entonces Dios decide callarse. Y para hacer sentir este si-


lencio de Dios, deja mudo a su profeta. Algo muy distinto se-
ría no enviar un profeta. Un Salmo reza así: «Ya no hay pro-
fetas, ni sabemos hasta cuándo». Pero lo tremendo es que hay
un profeta, y ese profeta no puede hablar porque esa mudez es-
tá gritando el silencio de Dios. Al callar el profeta, Dios calla.
Y el pueblo ha de sentir ese silencio, ahondar en él, y sentir
un vacío... capaz de prepararles para el momento de mayor
tristeza. Hace falta el vacío para abrirse y recibir de nuevo la
palabra de Dios. Cuando estaban llenos de todas estas cosas no
había sitio para la palabra divina. Al hacerse un vacío, una ne-
cesidad, una angustia... se siente la sed de la palabra divina.
Entonces están preparados y empieza Dios a hablar. Pero esto
acaece después de muchos meses, cuando al fin llega el evadi-
do, y trae la historia más trágica vivida por Israel: la caída de
Jerusalén, la deportación, la matanza. En ese momento se
cumple todo lo anunciado. Y el profeta empieza a hablar. Es
el inicio de una nueva etapa de su predicación.
Tras siglos de silencio profético, Dios vuelve, nuevamente, a
enviar su palabra en el Nuevo Testamento. Un precursor que
abra el camino, el Bautista, y después su Palabra; pero esta vez
su Palabra en carne y hueso. La palabra de Dios empieza a re-
sonar y a hacerse presente en Jesús de Nazaret. Predica, le es-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 139

Ezequiel: El profeta mudo 139

cuchan, hace milagros, pero no entienden, se resisten... Palabra


encerrada en la zona de Juda, Samaría, Fenicia... La resistencia
a esta palabra cada vez es más agresiva: que no suene, que se le
contraponga la Torá, las enseñanzas de Moisés, las rabínicas...
que se le neutralice... Y cuando se hace tan poderosa que ya re-
sulta imposible el neutralizarla, no queda más remedio que de-
jarla muda para siempre. Pero Él es todo palabra y no puede en-
mudecer. No queda más remedio que eliminarlo, dar muerte a
la Palabra. Encima le ponen una losa: se acabó la Palabra de
Dios. Tras el último grito de Jesús, tras su muerte, las tinieblas,
la sepultura... irrumpe el gran silencio de Dios en la historia de
la humanidad porque los hombres no han querido escuchar su
palabra. Pero este silencio no es definitivo; los hombres no pue-
den acallar esa palabra. Queda muda por un espacio de tiempo,
revelando el silencio de Dios sobre los hombres, pero la palabra
de Dios no está encadenada, ni siquiera por la muerte. Por eso
revive, surge de nuevo y se convierte en el nuevo mensaje de es-
peranza, en la nueva noticia que ha de difundirse por todo el or-
be. Lo mismo le ocurrió a Ezequiel en la segunda etapa de su
ministerio: tras el silencio, el anuncio de la esperanza. A esta
etapa pertenecen sus grandes oráculos: el de los huesos, el del
río, del agua, del templo y de la vuelta de la gloria.
Y nosotros, los cristianos, disponemos de la palabra de Dios
en los Evangelios y resto de Nuevo Testamento, en el Antiguo
Testamento, interpretado a la luz del Nuevo... El silencio de
Dios ha cesado. Disponemos de su palabra, pero ¿qué sucede?
¿Cómo reacciono ante ella? ¿Con decisión o con dilación? ¿Re-
godeándome en su belleza o dejándome interpelar? ¿Contra-
poniéndola a otros criterios, principios o valores? ¿No nos de-
dicamos a neutralizar la Palabra y convertirla en un rito más?
Dios va a dejar sentir su silencio para que se ahonde nuestro
vacío, para que crezca nuestra capacidad, para que nos dis-
pongamos a recibir la auténtica Palabra de Dios.
Y esto a nivel individual y también colectivo o histórico.
Los judíos de hoy preguntan: ¿Qué hacía Dios cuando mata-
ban sistemáticamente a los judíos en los campos de extermi-
nio? Dios callaba. Y nosotros, de vez en cuando, también nos
lo preguntamos, aunque seamos nosotros los culpables por in-
tentar neutralizar esa palabra. De vez en cuando, nos hacen fal-
ta profetas mudos que nos hagan sentir esa sed, esa hambre
que nos disponga a recibirla como se merece.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 140
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 141

Jonás:
El malestar ante un Dios desconcertante
José Ignacio Blanco

Introducción
Nos encontramos ante un «librito» pequeño en amplitud
(cuatro capítulos y poco más de dos páginas) pero rico en su
expresión narrativa y, sobre todo, revulsivo en su contenido
teológico.
Muchos de vosotros recordáis de Jonás que fue un persona-
je a quien una «ballena» lo traga y permanece en su vientre
durante tres días. Conviene advertir que este incidente, siendo
quizá el más conocido, no es, ni mucho menos, lo más impor-
tante del libro de Jonás. A través de lo que expongo a conti-
nuación, espero poder facilitaros la comprensión del conteni-
do, que es sustancioso.
El libro, que forma parte de los «doce profetas menores»,
es atribuido, ya en su primer versículo, a un tal Jonás, hijo de
Amitay. Un profeta del mismo nombre aparece en 2 Re
14,25, bajo el reinado de Jeroboán II. Sin embargo, no pode-
mos identificar ambos personajes y esto debido a algunas di-
ficultades:
– Durante el reinado de Jeroboán II, Nínive no era la capi-
tal de Asiria.
– Arqueológicamente se ha comprobado que Nínive no era
tan grande como afirma el libro de Jonás en su capítulo 3,3.
– Desde la historia de las religiones sabemos que Nínive
nunca se convirtió.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 142

142 Personajes del Antiguo Testamento

Estas cuestiones nos obligan a rechazar el carácter histórico


de este librito que nos proponemos estudiar 1.
Lo más probable es que el autor de esta narración atribu-
yera este nombre a nuestro personaje intencionadamente, re-
curso estilístico muy frecuente en la Biblia para dar mayor au-
toridad al contenido. Esto mismo pasa con algunas cartas
paulinas y con la 2 Pedro, por ejemplo.
Jonás, en hebreo, significa «paloma» y a un hebreo actual
le sonaría algo así como «Paloma, hijo de Veraz».
Su composición puede, con toda probabilidad, datarse en la
época del postexilio, ya que su temática y su dependencia lite-
raria de Joel y Jeremías nos invitan a situarlo en esa época.
Quienes defienden el siglo V como fecha de composición lo ha-
cen viendo en el libro de Jonás una reacción frente al exacer-
bado nacionalismo de Esdras y Nehemías; quienes lo datan a
finales del siglo IV lo hacen basándose en los elementos folcló-
ricos indios que contiene y que se conocerían mejor después de
las campañas militares de Alejandro Magno que antes de ellas.
En cualquier caso, en el año 200 a.C. ya se conocía este libro
como parte del conjunto de los «doce profetas menores» 2.
Su género literario puede considerarse como una «parábo-
la con fines didácticos». Este género, del cual hay amplios
ejemplos en la Biblia, viene muy bien para transmitir un men-
saje del autor a través de una historia que se inventa. La his-
toria narrada permanece en el ámbito de la ficción, pero el
mensaje que transmite es veraz. Y esto es lo que nos importa:
percibir el mensaje y no quedarnos en la superficie de la «his-
torieta».

1. Síntesis del argumento


Jonás es enviado por Dios a Nínive para pronunciar un
oráculo (1,2). Él se embarca en una nave con dirección diame-
tralmente opuesta: hacia Tarsis (geográficamente sigue siendo
probable la identificación con las costas meridionales de Es-

1
Alonso Schökel, L.-Sicre Díaz, J.L., Profetas, 2 vols., Ed. Cristiandad, Madrid
1980. Vol. II, p. 1007.
2
Ibid., p. 1011.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 143

Jonás: El malestar ante un Dios desconcertante 143

paña: Tartesos 3). Esta «resistencia» a obedecer la orden del Se-


ñor forma parte de varios relatos de vocación profética, lo que
hace pensar en una percepción que el pueblo de Israel ha ido
madurando a lo largo de su historia en las relaciones con Ya-
vé: que es costoso al profeta cumplir la misión encomendada
por Dios.
Durante la travesía, una tempestad amenaza con hacer nau-
fragar la nave, y el capitán y los marineros invocan a sus dio-
ses para calmarla. Al final, se dan cuenta de que la culpa es de
Jonás, quien, por propia voluntad, pide que se le arroje al mar
para que no perezcan todos por su culpa. Lo arrojan a las aguas
y es tragado por un «gran pez» que lo mantiene en su vientre
durante tres días. Es muy bello el cántico agradecido de Jonás
en el vientre del pez, que, al no cuadrar con el contexto de
queja y rebeldía, es considerado de añadidura posterior.
El pez lo arroja en tierra firme por orden de Dios y le vuel-
ve a mandar ir a Nínive, donde pronuncia el oráculo que Ya-
vé le ha encomendado decir: «Dentro de 40 días Nínive será
destruida». Nos damos cuenta de que este oráculo no es más
que una constatación de la destrucción que va a ocurrir. No
hay en el oráculo ninguna razón de dicha destrucción que in-
vite a los ninivitas a entender este oráculo como una adver-
tencia contra sus pecados. No obstante, el narrador nos lo pre-
senta de forma que nosotros, lectores, podamos intuir que ésa
es la razón de este oráculo. De hecho, los ninivitas reaccionan
en esta dirección: se convierten, se visten de sayal y ceniza y
muestran así su arrepentimiento. Esto produce el perdón de
Dios y la consiguiente irritación de Jonás.
Culmina el libro con una escena no por «bucólica» menos
dramática para nuestro protagonista. Esta escena del ricino
que crece y muere en 24 horas pondrá de manifiesto a Jonás la
importancia que tienen para Dios los habitantes de Nínive.

2. Contenido
El marco global en el que hay que insertar esta narración
es la concepción que el pueblo de Israel tiene de sí mismo co-

3
Ibid., p. 1017.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 144

144 Personajes del Antiguo Testamento

mo elegido por Dios y, en consecuencia, que la salvación ofre-


cida por Dios es solamente para ellos.
Así podemos empezar a adentrarnos en el contenido de es-
ta breve obra. Jonás es un hebreo (1,9) que es enviado a pro-
nunciar un oráculo a Nínive, ciudad de Asiria, país que per-
maneció durante mucho tiempo en la conciencia de los
israelitas como una de las potencias extranjeras que más daño
había causado a Israel. Hoy Nínive podría ser llamada Was-
hington, Moscú o Pequín 4.
Al corazón de esta potencia es enviado Jonás para anun-
ciarles su destrucción en cuarenta días. No es de extrañar que
Jonás se embarcara en dirección opuesta.
El relato de la tempestad y el lanzamiento de Jonás al mar
evidencian, cuando menos, que, para la mentalidad israelita,
es inútil pretender escapar de la voluntad de Dios y de sus pla-
nes. Con una gran belleza narrativa, el autor nos transmite es-
ta realidad.
A contrapelo va Jonás a pronunciar el oráculo a una ciudad
grande: «tres días hacían falta para recorrerla» (3,3). Aparece
aquí el primer paralelismo: tres días en el vientre del mons-
truo marino, tres días para recorrer la ciudad. ¿Tendrá algo de
monstruosa esta ciudad que sea capaz de destruir al profeta?
Una vez llegado a Nínive, la primera relación que aparece
en el relato es la que establece Jonás con los ninivitas, y pone
de manifiesto el contraste entre el comportamiento de los ju-
díos y el de los paganos 5. La penitencia de los ninivitas está
denunciando la contumacia, la dificultad para convertirse y la
persistencia en la dureza de corazón de los judíos que se creen
ya justos.
Los cuarenta días de plazo dan la impresión de una gran ge-
nerosidad para realizar la condena. Cuarenta días son también
un plazo no para anticipar cruelmente la angustia ante lo ine-
vitable, sino para provocar una reacción que lo evite.
Esta reacción de los ninivitas es sensacional: la ciudad ene-
miga por excelencia de Israel CREE en Dios. La reacción no es
matar al mensajero, ni refugiarse en sus ídolos, ni organizar

4
Ibid., p. 1013.
5
Los paganos son para Israel todas aquellas personas que no eran israelitas.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 145

Jonás: El malestar ante un Dios desconcertante 145

una evacuación. Lo que organizan es una penitencia colectiva:


creen que merecen el castigo y que aún pueden evitarlo. Y se
convierten. El rey refrenda, mediante un decreto, lo que el
pueblo ha creído y ha asumido. No es necesario ser un gran
investigador para captar que tanto el rey como Nínive son sig-
no de otros imperios y otros opresores.
En el mensaje que el rey y los nobles decretan (3,8.10) es-
tá otra idea central del libro de Jonás: Dios puede cambiar si el
hombre cambia 6. Esta reacción de Dios nos está indirectamente
indicando que el Dios que nos revela este texto es un Dios per-
sonal, no ídolo, y como tal capaz de relaciones interpersonales
con los hombres de tú a tú.
Realizada la conversión, el castigo no tiene lugar. Ahí po-
dría muy bien terminar el libro y, con él, el relato. Pero el ca-
pítulo 4 nos va a ofrecer, a través de la reacción de Jonás, algo
inaudito para un israelita de la época y que sigue siendo sor-
prendente y me atrevo a repetir también «revulsivo» para el
hombre actual, incluidos los cristianos actuales.
¿Cómo reaccionamos ante la pasividad internacional con
respecto a los bosnios musulmanes? ¿Acaso aprobamos la in-
tervención tan rápida de EE.UU. cuando Irak invadió Ku-
wait? ¿Y ante la masacre de Ruanda? ¿Y ante la persecución
sistemática contra las poblaciones indígenas de Guatemala o
México? ¿Y ante los asesinatos de ETA?
Preguntas que cada uno sabe cómo las responde. Vamos a
ver cómo reacciona Jonás ante el perdón de Dios a los opresores de su
pueblo.
Su reacción es de una gran «irritación» (enfado) contra
Dios. Esta irritación le hace encararse con Él. Esta capacidad
de encararse con Dios es un signo importante de «discerni-
miento» espiritual: indica que el profeta tiene ya una cierta
adultez en la fe, la cual permite considerar a Dios como un Tú
personal con el que caben todas las reacciones propias de una
relación entre adultos, incluido el enfado por un comporta-
miento que a Jonás no le «cuadra» ya que le está forzando a
cambiar la imagen de Dios que tenía hasta entonces. Sin em-
bargo, Jonás ya intuía algo en Yavé cuando en el capítulo 4,2
afirma:

6
Alonso Schökel, L.-Sicre, J. L., o. c., p. 1027.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 146

146 Personajes del Antiguo Testamento

«ya lo decía yo cuando todavía estaba en mi tierra. Por al-


go me apresuré a huir a Tarsis. Porque sé que eres un Dios
clemente, compasivo, paciente y misericordioso, que te arrepientes
del mal».

Nuestro protagonista no reacciona «resignándose» 7, acti-


tud que, a pesar de haber sido ampliamente enseñada y predi-
cada a lo largo de la historia del cristianismo, no es cristiana.
A Jesús de Nazaret lo llegaremos a ver irritado (cuando echa
a los vendedores del Templo) e, incluso, angustiado (en Get-
semaní). Pero nunca aparece resignado, sino aceptando por obe-
diencia filial a la voluntad del Padre aquello que se le presen-
ta como irremediable en el cumplimiento de su misión (la
cruz). No es lo mismo, por lo tanto, la aceptación de las difi-
cultades dándoles un sentido (Jesús lo hizo por obediencia al
Padre y solidaridad con los pecadores) que resignarse ante
ellas. No en vano Nietzsche afirmaba: «Quien tiene un por-
qué en la vida no le importa cualquier cómo».
Jonás llega a un estadio más profundo al darse cuenta del
comportamiento de Dios. Llega a la desesperación 8, pidiéndo-
le a Dios que le quite la vida antes que ver el perdón de los
opresores de su pueblo.
Si Jonás, como hemos visto, es la representación del pueblo
hebreo, elegido por Dios, que ha realizado una alianza especial
con ese pueblo y se irrita porque es un Dios clemente, com-
pasivo, paciente y misericordioso, este relato nos está ponien-
do en evidencia, por contraste, la dificultad del pueblo hebreo
para cambiar su imagen de Dios a medida que Dios va reve-
lando su imagen real. El relato nos manifiesta esta resistencia
al cambio de la imagen de Dios; pero también expresa hasta
qué punto tener que aceptar en Dios un comportamiento cle-

7
Lersch, Ph., La estructura de la personalidad, Ed. Scientia, Barcelona, 1971. p.
253: «La resignación es aquella emoción en la cual el horizonte de futuro aparece
como la imposibilidad de realización de valores vitales, de significado y de senti-
do y ese futuro se lleva como una carga que hay que soportar por la fatalidad del
destino».
8
Ibid., pp. 254-255: «En la desesperación la existencia, que tiende a la reali-
zación de valores, es llevada a un callejón sin salida donde queda afectada la vo-
luntad de existir, perdiendo la esperanza. Esta vivencia obliga a renunciar a la exis-
tencia misma. El gesto virtual de la autoaniquilación constituye la cualidad
mocional de la desesperación».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 147

Jonás: El malestar ante un Dios desconcertante 147

mente, misericordioso con los opresores de Israel, del propio


pueblo, puede llevar a la desesperación. Evidentemente, cues-
ta aceptar que la «justicia» de Dios no sólo no es una «pro-
yección» de nuestra justicia humana sino que la justicia de
Dios tiene un fundamento que la justicia humana no termina
de conseguir aceptar y aplicar: el co-razón y no la sola razón.
La cuestión que plantea este capítulo cuarto del libro de Jo-
nás es, a mi juicio, de las que «tocan fondo». ¿Cómo es posi-
ble perdonar a quien de forma sistemática y continuada está
haciendo daño a otras personas? ¿Cómo es posible que Dios sea
«justo» con los que oprimen a otros pueblos si los perdona?
La respuesta más completa la encontraremos en el evangelio
cuando Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos (Mt
5,43), y Él mismo acepte la pasión y la muerte siendo inocen-
te. De esta forma pondrá en evidencia que el único camino pa-
ra que las relaciones entre las personas y los pueblos se hagan
sólidas en la justicia, el amor y, consecuentemente, en la paz
es amar incluso a los que nos oprimen. La dificultad auténti-
ca está en que llegar a amar de esta forma es un proceso en el
cual es necesario descubrir qué resistencias tenemos dentro de
nosotros y cuáles tienen los demás para comprendernos mejor
a nosotros mismos y a los prójimos, comprensión que es el pri-
mer paso hacia el amor gratuito. Y entonces no es difícil per-
cibir que entre las resistencias aparecen el orgullo, el deseo de
poder, de prestigio, de seguridad, de acumular...
En este sentido, el pueblo de Israel había ido tomando con-
ciencia de que Dios premiaba a los buenos y castigaba a los ma-
los, y esta realidad la percibían ellos tanto en la salud y la pros-
peridad económica como en sus contrarios, la enfermedad o la
precariedad económica. El libro de Jonás da un paso sustancial
en esta imagen de Dios que, a su vez, desenmascara una acti-
tud no por humana menos esclavizadora: el deseo que tenemos
los humanos de tener todo «controlado»: el futuro, la salud, la
economía, los deseos de los hijos, las relaciones interpersonales,
la religión e, incluso, la salvación eterna. «Si hago el bien me
salvaré; si hago el mal me condenaré», decimos con cierta fre-
cuencia y nos lo dicen con cierta superficialidad. En el fondo
de esta concepción de la relación con Dios subyace el deseo del
hombre de poner nuestra propia realización y, en consecuencia,
nuestra salvación en nuestras propias fuerzas ignorando que
nuestro ser hombres y mujeres en plenitud y, consiguiente-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 148

148 Personajes del Antiguo Testamento

mente, nuestra salvación no depende de nuestro esfuerzo, sino


del amor gratuito de Dios que nos «ha amado primero» (1 Jn
4,10) y que hace que nos trascendamos, que salgamos de no-
sotros mismos, que nuestra autonomía es heteronomía.
Esta realidad que es descrita con toda claridad en el Nue-
vo Testamento empieza a esbozarse ya en el libro de Jonás:
Dios ama a los hombres con sus pecados – la conciencia de es-
te amor nos invita a acogerlo – la respuesta a este amor son lo
que nosotros conocemos como buenas obras y obras de justi-
cia porque esas obras son las que agradan a la persona amada
(en este caso Dios). Este esquema es el que nos transmite Jo-
nás y el Nuevo Testamento.
Mientras que el esquema por el que normalmente nos mo-
vemos, quizá sin responsabilidad por nuestra parte, es: yo pe-
co – tengo que arrepentirme para que Dios me perdone –
cuando me arrepiento obtengo el perdón de Dios. En el pri-
mer esquema la fuerza salvadora la ponemos en Dios y en su
gracia; en el segundo, la fuerza la ponemos en nuestras obras.
Convendría recordar aquí la «justificación por gracia» de san
Pablo para ir haciéndonos una idea de lo que el apóstol quería
decir en la carta a los Romanos.
Por ello, cuando nos situamos ante la imagen real que Dios
nos revela de sí mismo en este librito resulta que nos encon-
tramos con un Dios «incontrolable», «desconcertante» por-
que, siendo el creador de todo y omnipotente, escoge la mise-
ricordia y el perdón para mover a la conversión a los hombres 9.
Y la misericordia ajena y mucho más la de Dios se escapa a
nuestro control. Y nos quedamos como si desapareciera el sue-
lo bajo nuestros pies. Ya no podemos controlar a Dios y eso
nos desazona hasta el punto de irritarnos. Irritación que, en Jo-
nás, llega a producir desesperación.
En el fondo, no es solamente el fastidio porque Dios tenga
compasión de los «gentiles», sino porque la concepción de la
justicia de Dios tira por tierra nuestra concepción de justicia,
más parecida a la ley del Talión (ojo por ojo y diente por dien-
te) que a la justicia de Dios que actúa desde la misericordia
para «provocar» una reacción de conversión.

9
Sab 11,23: «Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes; y pasas
por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 149

Jonás: El malestar ante un Dios desconcertante 149

El libro de Jonás concluye con una pregunta de Dios a Jo-


nás que queda sin respuesta por parte de éste:
«Tú sientes compasión de un ricino que tú no has hecho
crecer, que en una noche brotó y en una noche pereció, ¿y no
voy a tener yo compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que
hay más de ciento veinte mil personas, que aún no distinguen
entre el bien y el mal, y una gran cantidad de animales?».

Tampoco tendrá respuesta el dueño de la viña que, en el


evangelio de Mateo (20,15), pregunta a uno de los quejosos
contratados de primera hora:
«¿No puedo hacer lo que quiera con lo mío? ¿O es que
tienes envidia porque yo soy bueno?».

Esta pregunta me daba la clave porque, en el fondo, la ac-


titud de Jonás revela la envidia hacia un Dios que es compa-
sivo incluso con los opresores. Creo que es de tal naturaleza el
amor que Dios nos revela en este breve texto que, de la mis-
ma forma que lo contemplaremos ante el misterio de la cruz y
la resurrección de Jesucristo, los hombres tenemos una gran
dificultad para poder «soportar» tanto amor como nos mani-
fiesta este texto. Y esta realidad pone en crisis nuestra falsa
concepción de la autonomía del hombre, como he apuntado
más arriba: el hombre no es más autónomo a medida que va
apoyándose más en sus propias fuerzas y posibilidades, sino en
la medida en que se trasciende, se abre a una realidad perso-
nal mayor que la suya y que no es otra que la de un Amor ab-
soluto que Dios tiene por todos los hombres y, por lo tanto,
también con los opresores.
En conclusión, sólo un Dios que mueve a nuestra conver-
sión perdonando porque siente compasión de nosotros, inclu-
so cuando nosotros nos convertimos en opresores, sólo un Dios
así es digno de fe, es digno de ser creído.

Bibliografía
Alonso Schökel, L.-Sicre Díaz, J. L., Profetas, 2 vols., Ed. Cristiandad, Ma-
drid 1980.
Lersch, Ph., La estructura de la personalidad, Ed. Scientia, Barcelona 1971.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 150
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 151

Job:
La ausencia de Dios en el dolor
Ángel Gil Modrego

1. ¿Qué es el dolor?
Tras describir el dolor corporal como desorden grave y agudo
del organismo, Pedro Laín Entralgo afirmaba del dolor en general:
«...Es el sentimiento agudo del choque del hombre con su
propio límite... Choca con su límite de muchos modos...:
porque quiso hacer cosas a las que no llegó..., sólo que este
dolor puede ser asumido con una cierta ironía y el dolor se
convierte en humor. O el dolor puede ser el soportar en la vi-
da suertes, destinos... que no responden a lo que uno quería.
Y de este dolor muy vivo se sale o con una aceptación iróni-
ca o con una rebeldía desesperada...» 1.

Espina dorsal de la humanidad


El dolor a todos nos alcanza. Sugerente es la evolución del
verbo «padecer» (< gr. pavscw). Su significado primero es

1
«Por favor» (año III, nº 96) 23-25.
La bibliografía sobre el dolor es muy abundante; pueden consultarse: C. S. Le-
wis, El problema del dolor, Madrid 1997; P. Ricoeur, Finitud y culpabilidad, Madrid
1982; H. W. Robinson, The Cross in the Old Testament, Londres 1955; J. A. San-
ders, Suffering as Divine Discipline in the OT and Post-Biblical Judaism, Rochester-
Nueva York 1955; A. D. Sertillange, Le problème du mal. ParÍs 1948; C. Werner,
Le problème du mal dans la pensèe humaine, París-Lausana 21946. Pueden consultar-
se los art.: «kakos», en TWNT III, 470-483; «lupè», TWNT IV, 321ss; «pais
theou», TWNT V, 676ss; «pasjô», TWNT V, 903ss.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 152

152 Personajes del Antiguo Testamento

neutro: «experimentar algo, bueno o malo, beneficioso o per-


judicial»; pero, poco a poco, queda restringido a su aspecto ne-
gativo: «sufrir». El dolor es el triste sino de todo mortal; de
él se han ocupado poetas, pensadores... de todas las épocas:
Tras morir Patroclo, el dolor y llanto se apodera de los ca-
ballos de Aquiles. Comenta Homero:
«Porque más desgraciado que el hombre no hay ser que
se encuentre entre cuantos respiran y se mueven sobre la tie-
rra» 2.

Según Eclesiastés, el dolor es inherente al hombre:


«Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol:
...tiempo de llorar, tiempo de reír,
tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar...» (Qoh 3,1-4) 3.

En Lamentaciones, el dolor del ser animado contagia lo ina-


nimado:
«Ya no acuden a concejo los ancianos,
ya no cantan los mozos;
ha cesado el gozo del corazón,
las danzas se han vuelto duelo...» (Lam 5,14-15).
«Los caminos de Sión están de luto porque nadie acude a
las fiestas;
sus puertas están en ruinas, gimen sus sacerdotes,
sus doncellas están desoladas, y ella misma llora de amargu-
ra» (Lam 1,4).

Con la destrucción de Jerusalén sonó la hora del dolor pa-


ra sus habitantes. La vida está entretejida de gozo y dolor que
alcanza su momento álgido en la angustia de la muerte.
Según León Felipe, duro y duradero:
«¡Qué día tan largo,
y qué camino tan áspero,
qué largo es todo, qué largo,
qué largo es todo y qué áspero!
En el cielo está clavado
el sol iracundo y alto.

2
Iliada 17, 446s, Barcelona 1980.
3
Las citas han sido sacadas de la Biblia del Peregrino, Ega, Bilbao 1995.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 153

Job: La ausencia de Dios en el dolor 153

La tierra es toda llanura, llanura, todo llanura, y en la


llanura... ni un árbol.
Voy tan cansado
que pienso en una sombra cualquiera. Quiero descanso,
descanso, sólo descanso,
¡Dormir! Y lo mismo me da ya bajo un ciprés que bajo
un álamo» 4.

También lo recuerda Job:


«Al acostarme pienso: ¿cuándo me levantaré?;
se hace larga la noche
y me harto de dar vueltas hasta el alba» (Job 7,4).

¿Cómo puede permitirlo el Señor?


Es muy conocido el terrible dilema de Epicuro:
«Deus aut vult tollere mala et non potest;
aut potest et non vult;
aut neque vult, neque potest;
aut et vult et potest.
Si vult et non potest, imbecillis est;
si potest et non vult, invidus.
Si neque vult, neque potest, et invidus et imbecillis est;
si vult et potest, quod solum Deo convenit,
unde ergo sunt mala? aut cur illa non tollit?» 5.

Platón en La República niega que la divinidad sea la cau-


sante del sufrimiento.
«–...Dado que dios es bueno, no podría ser causa de to-
do..., y si de las buenas no cabe haber otra causa que el dios,
de las malas debe buscarse otra causa...
–...Ni admitiremos tampoco que se diga que Zeus es...
dispensador de bienes y males... Y si algún poeta canta los

4
«¡Qué día tan largo!»
5
Lactacio, De ira Dei, cap. 13: PL 7,121. Traducción aproximada: «O Dios
quiere eliminar los males y no puede; o puede y no quiere; o ni quiere ni puede;
o quiere y puede. Si quiere y no puede, es impotente; si puede y no quiere, un
malvado. Si no quiere ni puede, impotente y malvado; si quiere y puede, que es
lo único apropiado a la divinidad, ¿de dónde provienen los males? ¿Por qué no los
elimina?».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 154

154 Personajes del Antiguo Testamento

padecimientos... no le hemos de permitir que diga que estos


pesares son obra de un dios...» 6.

2. Algunas respuestas al misterio del dolor


A este dilema han intentado responder las diversas religio-
nes al preguntarse por el origen del mal en el mundo. Res-
puestas:
1ª) Fuerzas malvadas: divinidades inferiores, sin conoci-
miento de los grandes dioses.
2ª) Grandes dioses irresponsables o enemigos entre sí. Así
en la religión de Zaratustra, Ahrimán, dios del mal, lucha con-
tra el dios del bien, Ahura Mazda 7. Dualismo que reaparece
en el maniqueísmo, marcionismo...
3ª) Faltas o pecados humanos. Casi todas las grandes reli-
giones hablan de retribución 8 individual o colectiva (sufri-
miento por solidaridad), anterior o posterior (vida eterna).
4ª) Pesimismo cósmico: el mundo creado nunca podrá sa-
tisfacer al hombre (budismo tradicional, Schopenhauer...). Ra-
zones: muchas son de tipo mitológico: a) monstruo vencido
que sigue actuando; b) creado como juego de dioses irrespon-
sables (muchos mitos babilonios); c) materia mala en la que las
almas han caído por su ligereza o debilidad (ciertas corrientes
neo-platónicas); d) está bajo el dominio de poderes malignos
que lo dominan de forma total y arbitraria.
5ª) Niegan el mal: tras el dolor topamos con la armonía del
mundo, irreconciliable con él 9. Nietzsche une el mal a la «mo-
ral de los esclavos»; más allá debe establecerse el super-hom-
bre. También el brahmanismo, bajo formas diversas.
6ª) Ciertos evolucionismos cósmicos (religiosos y filosófi-
cos). El sufrimiento es reliquia o poso inevitable de un mun-
do «in fieri», de un hombre aún niño, débil, lleno de maldad.

6
Platón, Diálogos, IV República, II, 379-380, b. Biblioteca Clásica Gredos, 94,
Madrid 1986.
7
J. Duchesne-Guillemin, La religion de l’Iran ancien, París 1962.
8
J. Pirenne, La religion et la moral dans l’Egypte ancienne, Neuchatel-París 1965.
9
M. Pohlenz, Die Stoa, Gotinga 1955-59.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 155

Job: La ausencia de Dios en el dolor 155

Dios ha hecho así el mundo para que el hombre lo acabara,


perfeccionándose a sí mismo. Este esfuerzo eliminará, de for-
ma progresiva, el dolor. Caben muchas matizaciones: a) el mal
es externo al hombre; b) nace de su inconsciente; c) tiene sus
raíces en la sociedad: la lucha de clases lo irá eliminando; d) es
nuestra ignorancia: la ciencia lo vencerá.
7ª) Existencialismos (religiosos o ateos): el hombre es una
pasión inútil (Sartre), una existencia absurda (Camus), un ser
para la muerte (Heidegger, Jaspers), un ser para la fe, único ac-
ceso a la verdadera existencia (Barth), un ser que se realiza por
su adhesión a un Tú absoluto que trasciende todo mal (Mar-
cel, Buber); el hombre supera el mal adhiriéndose al misterio
(Berdiaeff) 10.

3. Pensamiento bíblico
No podemos hablar de una respuesta única en la Biblia; es
muy diversa según épocas y autores. Resumiré alguna de las
más importantes.

Antiguo Testamento
1) Para algunos libros, como Génesis, la creación (el mun-
do) es «muy buena» (Gn 1,31). El mal proviene del rechazo
humano a la divinidad (Gn 3-11), a pesar de ser creado para
vivir en el jardín (símbolo de felicidad, Gn 2,8). La serpiente
(Gn 3; ser no-humano personificado, como en las fábulas) só-
lo sirve como interlocutor en una narración en la que no exis-
ten aún otros hombres.
2) En la tradición deuteronómica, el dolor es, ante todo,
una prueba pedagógica divina para que el hombre se com-
prenda (Dt 8,2-6; 30,1-14...). Puede verse también en los dis-
cursos de Elihú (Job 32-36, un añadido al libro).
3) Los profetas suelen hablar del sufrimiento causado por el
hombre: injusticias, opresión..., así como del castigo divino
que invita a la conversión. La profecía postexílica hablará del
inocente que sufre cargando en sus espaldas los pecados de los

10
Cf. J. Harvey, Job, Montreal 1967, pp. 48-58.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 156

156 Personajes del Antiguo Testamento

demás (satisfacción vicaria; cf. cánticos del Siervo: Is 52,13-


53,12...). Nuevo intento por explicar, de algún modo, el re-
parto misterioso del dolor.
4) Los amigos de Job defienden la sabiduría tradicional: se
establece una relación casi matemática entre pecado humano
y castigo divino (retribución automática). Perdurará mucho en
Israel, también en la Iglesia. Tipos de retribución: a) Colecti-
va (vg. Lamentaciones): solidarios con la culpa, el dolor alcan-
za a todos. En la Jerusalén vencida había gente inocente, sin
influencia político-religiosa, y ellos morían de hambre como
los demás. ¡Menuda gracia! b) Individual: para Ezequiel cada
uno es responsable de sus pecados. ¿Un inocente puede ser cas-
tigado por los pecados del pueblo? Isaías II así lo cree (Is 53,2-
5). A pesar de este caso heroico, tras la vuelta del destierro la
religión se convirtió, cada vez más, en algo personal: cada uno
es responsable de sus actos.
NB: Otras explicaciones sapienciales: la debilidad humana
que debe aceptarse resignadamente, el castigo divino...
5) Job, cf. después.
6) Algunos Salmos; discursos de Yavé (Job 38-41): el dolor
es un misterio que no podemos solucionar mentalmente; sólo
puede vislumbrarse por la fe, a través de un encuentro perso-
nal con Dios que el mismo sufrimiento puede favorecer. El
Dios que creó, con gran fantasía, el universo no tiene que dar
cuenta a la criatura; su única responsabilidad es de amor. «Te
conocía sólo de oídas, ahora te han visto mis ojos» (Job 42,5):
este descubrimiento es lo que da sentido al libro de Job y le
permite pasar del rechazo a la invocación 11.
7) Apocalíptica: fe en la vida eterna como solución al mis-
terio de ese aberrante reparto del mal y dolor en nuestro mun-
do. Vuelta al orden y felicidad fuera de este mundo presente
(Dn 12,2s...).

Nuevo Testamento
Extenso, y fuera de lugar, sería hacer un recorrido sobre el
dolor por el Nuevo Testamento.

11
G. Marcel, Du refus à l’invocation, París 1940, pp. 104s.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 157

Job: La ausencia de Dios en el dolor 157

Hay textos en los que perdura la idea de retribución auto-


mática: «¿Quién pecó para que naciera ciego?, ¿él o sus pa-
dres?», preguntan los apóstoles; y Jesús responde: «Ni él pe-
có ni sus padres» (Jn 9). Jesús se opone frontalmente a los
apóstoles y a la postura dominante del judaísmo contemporá-
neo de Jesús 12. ¡Es el gran sofisma de la apologética de todos
los tiempos, de muchos predicadores actuales!
Para el Nuevo Testamento, el sufrimento de Jesús es la cla-
ve que desvela, de algún modo, el misterio del dolor. Jesús
afirma que debe sufrir (Mc 8,31), morir de acuerdo a las pro-
fecías del Antiguo Testamento (Mc 9,31). Acepta la muerte de
cruz (Flp 2,6-11), se ofrece a sí mismo en sacrificio (Heb 7,27)
derramando no sangre de cabras sino la suya propia, total-
mente inocente (Heb 9,11-28; 13,11ss), para que los culpa-
bles tengamos vida. Al Príncipe de la vida dimos muerte (Hch
3,13.26...) «...para que, muertos al pecado, vivamos para la
justicia...» (1 Pe 2,22-25). El cristiano ha de seguir la ruta de
Jesús: llevar su cruz (Mt 10,38s; Mc 8,34ss; Lc 14,27), beber
su copa (Mc 10,38s), salvar la vida perdiéndola (Mc 8,35; Lc
17,33), aceptar el sufrimento (1 Cor 4,10-13), pasar por la
muerte sabiendo que «...si compartimos su pasión, comparti-
remos su gloria...» (Rom 8,17s; cf. 2 Cor 4,11).
La doctrina del Nuevo Testamento no explica tampoco el
misterio del sufrimiento, pero al menos el creyente encuentra
luz y esperanza.

4. Job, una respuesta más al misterio del dolor


Según la teología oficial de aquella época, desconocedora de
la vida de ultratumba, Dios aplicaba premios y castigos sólo
en esta vida. Riqueza, salud, vida longeva, prole numerosa,
éxito... eran baremo de santidad, mientras que pobreza, enfer-
medad, vida corta, esterilidad..., castigo por el pecado. Goza-
ban de prestigio el rico, la madre prolífica, el anciano... mien-
tras eran despreciados el enfermo, la estéril, el pobre... Con
frecuencia, la misma experiencia desmentía esta creencia: los
sinvergüenzas gozaban de todo favor mientras que los justos

12
J. Carmignac, «La théologie de la soufrance dans les Hymnes de Qumrân»,
Rev Qum 3 (1961/62) 365-386.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 158

158 Personajes del Antiguo Testamento

eran perseguidos (Sal 10,10s; 73,2-6). La misma historia bí-


blica lo confirma: reyes impíos, como Jeroboán II, gozaron de
un reino próspero mientras que el piadoso Josías muere en ple-
na juventud.
Los amantes de Dios intentarán superar esta teología egoís-
ta de la retribución. Es el caso del autor de Job que escribió su
revolucionario libro contra la teología oficial de aquel enton-
ces, dos o tres generaciones tras la vuelta del destierro.
Aunque el personaje sea ficción literaria sapiencial, su
mensaje es muy actual.
«Si Job es una ficción poética, si jamás ha existido, yo me
apropio sus palabras y asumo su responsabilidad» (Soren
Kierkegaard).

Y el Job del siglo XX continúa gritando:


«Tú creaste el dolor. Sobre el mundo se extiende... como
nube oscura, que nunca despeja. Como negro manto cubre a
toda criatura... tormento, angustia, horror, pánico. Y todo...
brota de ti..., Señor, todo fuera de ti está sumergido en el do-
lor...» 13.

a. Queja del hombre dolorido


Job 3
«Este poema es uno de los más admirables no sólo de la
Biblia sino de toda la literatura» 14.

Friedr. Delitzsch 15 le denominará el «Cantar de los Canta-


res del pesimismo». La palabra clave del capítulo es ¿por qué?:
«¿Por qué al salir del vientre no morí
o perecí al salir de las entrañas?
¿Por qué me recibió un regazo
y unos pechos me dieron de mamar?» (vv. 11-12)

13
Job de Lippert (obra teatral), citado por José Alonso Díaz, En lucha con el mis-
terio. El alma judía ante los premios y castigos de la vida de ultratumba. Col. «Palabra
Inspirada 2», Santander 1966, pp. 119s.
14
Dhorme, Le Livre de Job, París 1926.
15
Das Buch Hiob, Leipzig 1902.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 159

Job: La ausencia de Dios en el dolor 159

¿Pesimismo? ¿Impaciencia? Suele escucharse: «Tienes más


paciencia que el santo Job». Muchos sólo conocen al persona-
je de la prosa (1-2; 42,7-17): íntegro y cabal, al menos para
Dios. Satán (tentador) cree que su religión es interesada: ala-
ba al Señor porque le ha dado gran dicha. Con autorización di-
vina, toda suerte de desdichas le alcanzan: roban sus ganados,
sus criados mueren apuñalados, sus hijos perecen víctimas de
un huracán. Y en vez de revolverse contra Dios (1,22), le ben-
dice:
«Desnudo salí del vientre de mi madre
y desnudo volveré a él.
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó:
¡bendito sea el nombre del Señor!» (1,21).
Job sale victorioso, pero la prueba continúa: Satán sugiere
a Dios que le hiera en su cuerpo, y... su boca le maldecirá. «...E
hirió a Job con llagas malignas, desde la planta del pie a la co-
ronilla» (2,7). Su mujer le invita a maldecir a Dios, y Job le
llama insensata. «...Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no va-
mos a aceptar los males?...» (2,10). Al final del libro, Dios da
la razón a Job, a quien bendice con creces en ganados e hijos
mientras que recrimina agriamente a los amigos que se creían
poseedores de la verdad.
Pero este Job, preferido por la tradición espiritual, no se
parece en nada al Job maldiciente y luchador de la parte poé-
tica que comienza en el capítulo 3.
Función estructural de Job 3: discurso de Job que empalma
con el de los capítulos 29-31 y enmarca la triple rueda del diá-
logo con los amigos (Elifaz-Job; Bildad-Job; Sofar-Job: 3 x,
caps. 4-27). La queja inicial termina en desafío y pone en mar-
cha el diálogo, desafío que provocará la intervención de Dios
(caps. 38-42,6). Un discurso sapiencial (cap. 28) y el discurso
de Elihú (caps. 32-37) pueden leerse aparte (son de otro/s au-
tor/autores, con mentalidad muy diversa).
Espectadores del discurso: tres sabios amigos:
«...al enterarse de la desgracia que había sufrido, salie-
ron... para... consolarlo. Cuando lo vieron a distancia, no lo
reconocían y rompieron a llorar; se rasgaron el manto, echa-
ron polvo sobre la cabeza, hacia el cielo, y se quedaron con él,
sentados en el suelo, sin decirle una palabra, viendo lo atroz
de su sufrimiento» (2,11-13).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 160

160 Personajes del Antiguo Testamento

El fin es bueno: consolar; su sentimiento, noble: compartir


el dolor, llorar con él... Pero su dolor es tan atroz que no saben
qué decir: permanecen callados, sentados en el suelo. ¿Qué ocu-
rre para que se enzarzen con su amigo en una discusión tan
agria? La ocasión, la durísima lamentación de los capítulos 3-4:
Satán esperaba que Job maldijera a Dios («...hiérelo en la
carne..., y te apuesto a que te maldice en tu cara», 2,5; cf.
1,10-11); su esposa le incitaba a lo mismo («...¿Todavía per-
sistes en tu honradez? Maldice a Dios y muérete»); pero Job
no maldice al Señor (»...Hablas como una necia. Si aceptamos
de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?...»: 2,9-10).
vv. 3-10: Maldice sólo su dura existencia. Los muchos días
y noches se resumen en una noche y un día: concepción y na-
cimiento. Job maldice su existencia desde su inicio... 16 Total
inversión de valores: se prefiere la oscuridad, la tiniebla, la na-
da, la esterilidad... (// no-existencia) a la luz, al goce sexual del
acto amoroso, a la alegría del anuncio del embarazo... ¡Que
Dios se desentienda de hacer salir el sol cada mañana (= nue-
va creación) y reinen por siempre las tinieblas! ¡Que se borre
del cómputo de días-noches el momento de la concepción!
¡Que el vientre-vida se convierta en sepulcro-muerte! El gran
delito humano es haber nacido 17.
«¡Ay mísero de mí, y ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido:
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido» 18.

16
Cf. Jr 20,14-18. Puede consultarse Claus Westermann, Comentario al Profe-
ta Jeremías. Actualidad Bíblica, 27. Fax, Madrid 1972.
17
Debo muchas ideas al querido «Maestro» Luis Alonso Schökel. Pueden con-
sultarse sus obras: Job. Los Libros Sagrados, vol. VIII, 2, Madrid 1971 p. 29; L.
Alonso Schökel-J. L. Sicre Díaz, Job. Comentario Teológico y Literario, Madrid 1983.
18
Primer discurso de Segismundo en La Vida es Sueño de Pedro Calderón de la
Barca.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 161

Job: La ausencia de Dios en el dolor 161

vv. 11-19: Como no puede abolir el nacimiento, lo úni-


co que le queda es desear su muerte. ¡Que se le prive al ni-
ño del regazo y de los pechos acogedores de su madre! La
vida humana es esclavitud, prisión militar, dolor, amargu-
ra... por eso la muerte (negativo) es descanso, un bien (po-
sitivo):
«...allí reposan los que están rendidos,
con ellos descansan los prisioneros
sin oír la voz del capataz;
se confunden pequeños y grandes [= en sentido social]
y el esclavo se emancipa de su amo» (vv. 17b-19).

Conclusión: la no-existencia antes de la concepción (oscuri-


dad, tiniebla...) y la no-existencia, fruto de la muerte, son vis-
tas con nostalgia desde un existir en tinieblas 19.
vv. 20-26: Job describe su vida actual como un continuo so-
bresalto:
«Por alimento tengo mis sollozos
y mis gemidos desbordan como agua.
Lo que más temía me sucede, lo que más me aterraba me
acontece:
vivo sin paz, sin calma, sin descanso,
en puro sobresalto» (vv. 24-26) 20.

En los vv. 20-23, el sujeto es Dios. Los dos extremos de la


vida, el nacer y el morir, están en sus manos. Sólo Él es el res-
ponsable. Job no comprende y pregunta: ¿Por qué nos da la
vida para pasarla en la amargura? ¿Por qué mantiene la vida
al que desea la muerte? ¿Es la vida un bien, o es bien lo que
cada uno desea?
«¿Por qué dio a luz a un desgraciado
y vida al que la pasa en la amargura,
al que ansía la muerte que no llega
y escarba buscándola, más que un tesoro,
al que se alegraría ante la tumba
y gozaría al recibir sepultura,
al hombre que no encuentra camino
porque Dios le cerró la salida?» (vv. 20-23).

19
Alonso Schökel, L., Job..., p. 29.
20
Cf. Sal 38.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 162

162 Personajes del Antiguo Testamento

Job 7
¿Por qué el Señor se ensaña cruelmente, causándole tanto
dolor? Antes de dirigirse a Dios (vv. 7.21), Job enmarca su vi-
da en la común existencia humana (vv. 1-6) a la que compara
con el servicio militar de aquella época (diferente al actual:
gran riesgo de muerte y recompensa casi nula: cf. 14,14) y al
duro trabajo del jornalero que aguarda, ansioso, la hora de co-
brar el salario. En la antigüedad, estos dos tipos de vida eran
tenidos por proverbiales estados de miseria.
vv. 3-6: Si toda existencia humana es dura, mucho más la
de Job: ni tiene esperanza de salario, ni siquiera puede soñar,
tras la dura jornada, con una tonificante sombra (vv. 1-2). Su
vida es una mera sucesión de decepciones; su carne, purulen-
cia; y sus días corren rápidos y sin esperanza. Sólo le quedan
dos salidas: la muerte (vv. 6.8-10) o la salvación divina (im-
plica una súplica por su parte), pero él no acepta ninguna. Es-
ta indecisión confiere al capítulo un mayor interés.
vv. 7-16: Se dirige a Dios, causante del dolor. La palabra
«Recuerda» evoca la Alianza (Sal 25,6ss; 119,49), la fidelidad
entre criatura y creador. Job, cuyo destino es el de todo mor-
tal (7,1.17s), amplía esta fidelidad a nivel de alianza universal
o noáquica (fidelidad entre Creador y criatura) 21.
Caos y pesadillas nocturnas ahogan y desgastan la resis-
tencia de Job (vv. 12s). Alusión al motivo mítico del com-
bate del caos. No se celebra el poder divino sino que se le
reprocha resucitar una vieja querella que no tiene que ver
con Job: ¿En qué participa Job de las fuerzas del caos para
que Dios paralice su cuerpo con el sufrimiento y su espíritu
con la angustia y el miedo? (v. 11). Tampoco puede refu-
giarse en el alivio psicológico del sueño o del subconscien-
te. Los sueños pueden ser reveladores (4,12ss; cf. 33,16),
aquí sólo sirven para prolongar las angustias del día (7,4;
Eclo 40,1-7).
Reaparece el tema de la caducidad humana (v. 16 // 1ª es-
trofa). Cuando el hombre contempla su vida, caduca cual so-
plo o nube, de sus labios suele brotar una súplica, pero de los
de Job, sólo una amargísima queja (v. 11), un «déjame en paz»

21
Puede verse el comentario de Terrien, S., Job. Commentaire de L’Ancien Teste-
ment XIII, Nechâtel 1963.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 163

Job: La ausencia de Dios en el dolor 163

(vv. 12-16). Es el mismo grito que los israelitas dirigieron a


Moisés quejándose de haberles sacado para morir en el desier-
to (Éx 14,11s). Job, engañado y burlado por la divinidad, de-
sea escapar de su mirada y de su mano. Ansía que el Señor no
se acuerde más de él, pero para entenderlo es preciso analizar
la estrofa tercera.
vv. 17-21: Centinela del hombre. El segundo discurso de
Job alcanza su culmen con las eternas preguntas del «qué, por
qué» (vv. 17.18.20b.21) y «hasta cuándo» (v. 19 // lamenta-
ción colectiva: Sal 74,1.10s; 79,5.10...).
– vv. 17-18: La angustia y dolor de Job quedan enmarcados
en el destino de todo hombre (enoß; vv. 17s // 3; 7,1-4).
«¿Qué es el hombre para que le des importancia,
para que te ocupes de él,
para que le pases revista por la mañana
y lo examines a cada momento?» (vv. 17-18).

En Sal 8, la pregunta del v. 17 es un grito de admiración y


agradecimiento a Dios por haber hecho al hombre un poco in-
ferior a los dioses en gloria y esplendor (Sal 8,2). En Job, pues-
ta entre los deseos de los vv. 16.19, esta pregunta tiene un sen-
tido muy diverso: el hombre es tan poca cosa que Dios se equivoca
al preocuparse de él. Dios tiene cuidado o pasa revista al mortal
(pqd: v. 18 // Sal 8,5), pero mientras en el salmo el verbo con-
nota un recuerdo afectuoso, en Job es un incesante poner a
prueba (bhn): Dios le inspecciona pidiéndole cuentas sin cesar
(Is 37,3; Ez 26,16...). El texto parece una burda parodia del
Salmo; una vez más, el dolor lleva a Job a tener un concepto
negativo de sus relaciones con la divinidad.
– v. 19: Inversión de valores, con sentido parecido al «dé-
jame en paz» del v. 16. El verbo s‘h («apartar») connota una
relación buena: no sólo cuidar sino preocuparse, prestar aten-
ción a... (exigencia del fiel a Dios: Dt 4,31; 31,6.8; Eclo
51,10...); en el texto de Job, todo lo contrario: se pide que
aparte su mirada. ¿Prefiere la soledad y la desesperación? (cf.
v. 16b). Job aborrece esa mirada inquisitorial que escruta (v.
18).
– v. 20a-b: Si el hombre peca, ¿por qué un Dios lejano des-
pliega todo su poder contra un ser tan débil? ¿No sería más
natural su misericordia (Am 7,2.5; Sal 103,11-18) o, al me-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 164

164 Personajes del Antiguo Testamento

nos, su indiferencia? (cf. Is 18,4). Su dolor le lleva a una ima-


gen divina que no reconoce y, por tanto, rechaza. Esta decep-
ción, unida a su angustia, explican la ironía de la expresión
«centinela del hombre» (cf. Éx 34,7; Dt 32,10; Is 27,3; Sal
32,7). Que el humano sea custodiado por la divinidad es mo-
tivo de confianza y alegría, pero aquí sólo se trata de una cus-
todia para pedir cuentas. Lo que para los salmos es amor y fi-
delidad divina, para Job es intransigente observación de la
conducta humana.
– vv. 20c-21d: Final que retoma los dos temas esenciales
del capítulo: hostilidad divina y caducidad humana. Job ante
Dios se siente demasiado inútil... ¿Por qué, pues, el Señor se
fatiga por él? ¿Por qué se ensaña? ¿Por pecados involuntarios,
fruto de la debilidad humana? (cf. 4,17-21). Debería alejar su
culpa (v. 21a.b).
Job no reconoce la bondad de un Dios capaz de afligir así
al hombre. Albert Camus se niega a «...amar esta creación en
que los niños son torturados» 22. En La Peste, a la cabecera del
niño moribundo, el jesuita Paneloux murmura: «Dios mío,
salvad a este niño». Sin embargo el niño muere. El doctor
Rieux replica... al jesuita: «¡Ah!, al menos éste era inocente,
¡usted lo sabe bien!» 23.
– vv. 8b y 21d: En medio de tan densa oscuridad, una te-
nue esperanza: si el Señor no tiene piedad hoy, mañana puede
ser demasiado tarde. Dios le buscará tras su muerte (acostarse
en el polvo // descenso al ße’ol, cf. v. 21c), como antes él le bus-
có, pero no volverá a encontrar al compañero (ßi™ed connota,
de ordinario, búsqueda de relación interpersonal con la divi-
nidad: Is 36,9; Os 5,15). Si ahora Dios se olvida de sus debe-
res de creador, cuando quiera darse cuenta estará solo, nacien-
do en su corazón el pesar por haber perdido al amigo (reproche
casi blasfemo). Job intenta despertar a Dios para que se dé
cuenta de sus deberes como creador.
Para sus amigos, como para los teólogos de tantas épocas,
Job desvaría.

22
La Peste, p. 40, citado en Moeller, Ch., Literatura del siglo XX y cristianismo,
vol. I: El silencio de Dios, Madrid 1966, p. 37.
23
Idem, pp. 238s, citado en Moeller, Ch., Literatura del siglo XX y cristianismo,
vol. I, p. 37.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 165

Job: La ausencia de Dios en el dolor 165

Job 14
Job es un mortal más, lleno de inquietudes, y solidario con
todos en el dolor. Brevedad de la vida. Mientras pasa la cóle-
ra divina sueña con refugiarse en el Abismo, tiempo de espe-
ra en el que Dios no toma cuentas de la culpa (vv. 13-17), per-
dona a la criatura, tras sentir nostalgia de ella, e inaugura una
nueva etapa. Tras la muerte, ¿se hará el sueño realidad? ¿Sur-
girá una nueva vida? El ser humano ansía vivir.

b. Rifirrafe entre teólogos y Job (teoría ≠ vida)


A partir del capítulo 4, alternando con los de Job, los dis-
cursos de los teólogos oficiales Elifaz, Bildad y Sofar. Son gente
refinada, sesuda, culta... que, basándose en la visión (= revela-
ción), experiencia y estudio, como fuentes del saber, elaboran un
perfecto tratado de teología sobre el dolor. Todo lo explican me-
diante este rotundo silogismo: Dios premia al bueno y castiga
al culpable; Job padece; luego es culpable. Para poder recuperar
su bienestar sólo le queda confesar su pecado y arrepentirse.
Silogismo asaz simplón para ser verdadero y, además, lace-
rante para el que lo pasa mal. Su doctrina sobre la justicia re-
tributiva divina sólo es teoría, pura palabrería que soslaya el au-
téntico problema del dolor y que, en vez de consolar, como era
su intención, aumenta el desasosiego en Job. Hoy, los nuevos
amigos de Job serían los buenos convencionales que dan gra-
cias a Dios porque todo les sale bien (fariseo clásico), los teólo-
gos oficiales, aficionados a tantas recetas teóricas, alejadas de la
vida. Por el contrario, los verdaderos amantes del Señor inten-
tan superar esta teología egoísta de la retribución. Es el caso del
autor de Job que opone a un principio un hecho, a una idea, un
hombre. Job terminará refugiándose en el misterio divino 24.

Algunos textos de la teología tradicional (// amigos)


Job 4,7-11
«¿Recuerdas a un inocente que haya perecido?
...

24
L. Alonso Schökel, Job..., p. 11.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 166

166 Personajes del Antiguo Testamento

Yo sólo he visto a los que aran maldad


y siembran miseria, cosecharlas.
Sopla Dios y perecen,
su aliento enfurecido los consume» (vv. 7-9).

Dios siempre retribuye al justo. En los vv. 10-11, descrip-


ción del malvado con la imagen animal del león.

Job 5,17-27
Feliz el hombre a quien Dios corrige y escarmienta porque
«... él hiere y venda la herida,
golpea y cura con su mano» (v. 18).

Job debe aceptar esta corrección; así le irá bien en esta vi-
da (visión de paz: vv. 19-22) y su muerte será pacífica:
«Bajarás a la tumba sin achaques,
como una gavilla en sazón» (v. 26).

Job 8,4-7
«Si tus hijos pecaron contra él,
ya los entregó en poder de sus delitos.
Pero si tú madrugas por buscar a Dios
y suplicas al Todopoderoso,
si te conservas puro y recto,
él velará por ti y restaurará tu legítima morada;
tu pasado será una pequeñez
comparado con tu magnífico futuro».

Todo resulta demasiado simplón. ¿Se está riendo el autor


de esta retribución casi matemática? Sin quererlo, Bildad, con
su religiosidad interesada, se alínea con Satán. Contra ella y
contra Satán, el autor se apuesta a su protagonista.

Job 15,17-35
Una fuente del saber sapiencial es la tradición (vv. 17s). La
culpa del malvado (vv. 25-27) es castigada (vv. 20-24.27-35).
El perverso
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 167

Job: La ausencia de Dios en el dolor 167

«será cepa que daña sus agraces,


olivo que sacude su flor» (v. 33).

Job 18,5-21
Describe la muerte del malvado así como su presencia ade-
lantada, la enfermedad (vv. 12s). El discurso de Bildad no
prueba nada ya que la enfermedad, el fracaso, el terror, la
muerte... no son exclusiva de Job sino patrimonio de cualquier
mortal (la misma idea en el texto siguiente).

Job 20,4-29
Discurso de Sofar sobre el castigo de los malvados: su ale-
gría es efímera, fracasa su ambición, su fortuna, salud... se es-
fuman. Sus injusticias se vuelven contra ellos ya que los hom-
bres se vengan y Dios descarga su ira revelando su justicia (el
sufrimiento de Job es, pues, teofanía de su ira):
«Para que le llene el vientre
Dios le enviará el incendio de su ira,
como lluvia que le penetre en las carnes» (v. 23) 25.

Job 22,2-30
Job ataca a sus amigos con estas palabras: «¿Y me queréis
consolar con vaciedades? // Vuestras respuestas son puro enga-
ño» (21,34). Elifaz le responde con dureza buscando su confe-
sión y arrepentimiento.
Empieza describiendo el pecado de Job y sus consecuencias
(vv. 2-11):
«...arrancabas el vestido al desnudo,
no dabas agua al sediento
y negabas el pan al hambriento.
Como hombre poderoso...
despedías a las viudas con las manos vacías,
hacías polvo los brazos de los huérfanos» (vv. 6-9).
«Por eso te cercan lazos,
te espantan terrores repentinos» (v. 11).

25
La respuesta de Job se encuentra en 21,7-19.29ss, texto que se comentará
después.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 168

168 Personajes del Antiguo Testamento

Se cumple así la doctrina de la retribución (vv. 12-20). La


conversión lleva a la amistad con Dios y a la recuperación de
bienes materiales (vv. 21-30) 26.

Job responde a sus amigos


Job 6,2-13
La angustia de Job es tan intensa que puede desvariar:
«Si pudiera pesarse mi aflicción
y juntarse en la balanza mis desgracias,
serían más pesadas que la arena;
por eso desvarían mis palabras» (vv. 2-3).

El castigo divino se ha cebado en él: la desgracia es su re-


pugnante alimento (vv. 4-7). Job pide a Dios que le quite la
vida y así evitar renegar de Él (vv. 8-10). Su fuerza tiene un lí-
mite, su carne no es de bronce (vv. 11s). ¡Si al menos pudiera
apoyarse en los amigos! No es así, y Job se lo echa en cara a
Elifaz (vv. 14-21): la amistad, la lealtad, está por encima de las
creencias; debe ser firme, aunque el desesperado abandone a
Dios:
«Para el enfermo es la lealtad de los amigos
aunque olvide el temor del Todopoderoso» (v. 14).

Compara a sus amigos con las engañosas torrenteras de


Arabia Septentrional, que se secan con el primer calor y en va-
no las buscan las sedientas caravanas. Job, sediento de soledad,
sólo encuentra torrenteras sin agua de consuelo. Sus amigos se
han vuelto nada (vv. 15-21; Jr 2 y 15). Su doctrina es cohe-
rente, pero ¿tiene algún valor frente al drama existencial de
Job? Son teólogos sin escrúpulos que apuestan al hombre, trai-
cionan al amigo para probar una simple teoría. Más auténticas
son las palabras incoherentes del desesperado (vv. 25-27). Los
grandes problemas existenciales, como el misterio del dolor,
no admiten teorías coherentes. Su sangrienta experiencia refu-
ta las razones esgrimidas por los amigos. Job les pide honesti-
dad (vv. 28-30).

26
L. Alonso Schökel, Job...
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 169

Job: La ausencia de Dios en el dolor 169

Job 13,4-19
Job vuelve a la carga. Los amigos, con sus argumentos de
la tradición, son médicos matasanos y sus argumentos de la
tradición, pura mentira. Mejor sería callar (vv. 4-6).
«Vuestros avisos son proverbios polvorientos,
y vuestras réplicas son arcilla» (v. 12)
A Dios no se le puede defender con mentiras. Y si se trata
de ser parcial, el hombre debería ponerse de parte de su her-
mano, no de Dios:
«¿O es que intentáis defender a Dios
con mentiras e injusticias?
¿Queréis ser parciales a su favor
o haceros abogados de Dios?» (vv. 7-8).
Job va a hablar arriesgando su vida. Lo que diga podrá no
ser acertado, pero sus palabras son sinceras, valientes y nada
interesadas. ¡Que callen todos los que esgrimen píos y ridícu-
los argumentos teológicos ante la cruda realidad del dolor!
¡Que escuchen al que arriesga su vida aunque sus palabras les
suenen a blasfemia! (vv. 13-19).

Job 16,2-6
Es demasiado fácil hablar del dolor sin experimentarlo; su
consuelo de nada sirve:
«He oído ya mil discursos semejantes,
todos sois unos consoladores inoportunos»(v. 2).
¿Sólo Job, desde el dolor, podrá confortar a los que sufren?

Job 21
La prueba irrefutable de la justicia divina, según la doctri-
na tradicional, era el castigo del malvado. ¡Gran consuelo el
que otorgan los amigos a un hombre que sufre como Job! (vv.
1-3). Éste, apelando, como ellos, a la experiencia y tradición
(v. 29), refuta sus argumentos demostrando lo contrario: pro-
le fecunda, prosperidad material, vida y muerte feliz del mal-
vado frente a los honrados (bonitos los vv. 7-19.30-33). La
muerte iguala a todos. Las ideas de los amigos son pura canti-
nela (v. 34). Los malvados:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 170

170 Personajes del Antiguo Testamento

«...consumen su vida dulcemente


y bajan serenamente al sepulcro».
«...llega a la muerte sin un achaque,
su sexo lleno de vigor...» (vv. 13.23s).

Job 24,2-17
Nuevamente Job describe la vida feliz del malvado contra
la apologética barata de los amigos. Es interesante la lectura
de todo el capítulo.

Job 26,1-4 + 27,2-7


Job esperaba de los amigos una palabra de consuelo, y Bil-
dad acaba de dar una lección de cosmología (cap. 25). ¿Sirve
para explicar el dolor? Los amigos andan fuera de lugar, y la
teología tradicional es ridícula. ¿Hablan por boca de Dios o de
Satán? Con ironía comenta Job:
«¡Qué bien has ayudado al débil...!
¡Qué bien has aconsejado al ignorante...!
¿A quién has dirigido tus palabras?,
¿qué espíritu habla por ti?» (26,2-4).

Para que Job confiese su culpa y recupere su felicidad pri-


migenia, los amigos han recurrido a todo tipo de argumentos
y han aguantado los ataques de Job. Les preocupa el amigo,
pero mucho más el triunfo de una doctrina: la teología de la
retribución, aun a costa de la verdad. Job no está dispuesto a
mentir; es inocente:
«...mientras tenga respiro...
mis labios no dirán falsedades...!
¡Lejos de mí daros la razón!...
me aferraré a mi inocencia sin ceder:
la conciencia no me reprocha ni uno de mis días» (vv. 3-6).

c. Job quiere entablar juicio con Dios


Job 9
Job quiere llevar a Dios a juicio. Propósito totalmente des-
cabellado ya que el pobre mortal no puede competir con la di-
vinidad ni por la fuerza ni argumentando; aun en el caso de
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 171

Job: La ausencia de Dios en el dolor 171

que tuviera razón, siempre acabaría perdiendo. Pero Job sue-


ña con pleitear con Él para que le responda y reconozca su ino-
cencia. Es lo único que le importa:
«Soy inocente; no me importa la vida,
desprecio la existencia» (v. 21).

Dios deja obrar a las catástrofes ciegas, deja la tierra en po-


der de los malvados y venda los ojos de los gobernantes (vv.
22-24). Y la venda continúa cubriendo hoy los ojos de los que
mandan. Si no es así, ¡que se lo pregunten a los pobres que su-
fren años de cárcel por robos insignificantes mientras van tran-
quilos por la calle los que robaron miles de millones! Noso-
tros lo atribuimos a otras causas, no a Dios, pero el hecho es
el mismo.

Job 10
Hastiado de la vida, Job desahoga su alma dolorida en un
alegato contra el Creador, acusándole de malos tratos con la
criatura:
«Pediré a Dios: “No me condenes,
hazme saber qué tienes contra mí”.
¿Te parece bien oprimirme y desdeñas
la obra de tus manos...?» (vv. 2s)

Job 13
Job sabe que en poder de Dios está la vida y el acontecer
humano. Su sabiduría no es inferior a la de los amigos. ¡Que
callen y escuchen su alegato contra Dios! (12,1-13,2). En su
enfrentamiento con la divinidad sólo le pide que acepte las
normas procesales y que no recurra al juego sucio:
«...que mantendrás lejos de mí tu mano
y que no me espantarás con tu terror;
después acúsame y yo te responderé...» (vv. 21-22).

Si Dios acusa, que pruebe los delitos. Al parecer, se rego-


dea llevando cuenta de los pecados, incluso las locuras de la ju-
ventud. De acusado, Job pasa a acusador: que Dios dé pruebas
razonables de su conducta para que el hombre le comprenda.
Y si no los puede probar, ¿por qué se encarniza con el hom-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 172

172 Personajes del Antiguo Testamento

bre? ¿Es eso digno de la divinidad? ¿Quién es el hombre para


que Dios luche con él? Job no pide perdón, como querían sus
amigos, sólo quiere justicia (vv. 23-27).
«...Demuéstrame mis delitos y pecados.
¿Por qué... me tratas como a tu enemigo?,
¿por qué asustas a una hoja volandera...?» (vv. 23-25).

Job 16-17
Se concede a Job el juicio solicitado. Y aunque en sus ma-
nos no hay violencia (16,17), es detenido, abofeteado, acusado
y sentenciado. Juicio a todas luces injusto, y lo más grave es
que Dios es su autor (16,6-11). Al ser ejecutado, grita pidien-
do venganza al cielo y tierra y, sin esperanza, se entrega a la
muerte.
«¡Tierra, no cubras mi sangre!
¡No se detenga mi demanda de justicia!
Y ahora si está en el cielo mi testigo...
que juzgue entre un varón y Dios,
...porque pasarán años contados
y emprenderé el viaje sin retorno» (16,18-22).

Como en el caso de Abel, la tierra, cubierta de sangre, clama


venganza; pero ¿a quién se dirigirá el grito de Job si Dios es el
culpable? También Jesús grita al Padre desde la cruz; su sangre
inocente clama al cielo y su Padre le resucita derrotando a la
muerte. El cristiano no tiene explicaciones para el grito de Job
y de cualquier humano, pero trata de darle una respuesta.
Job tiene a Dios como culpable de su situación, pero con-
tinúa confiando en él:
«Desígname un fiador ante ti mismo,
¿quién si no será mi garante?» (17,3).

Job 19
La sed de justicia de Job es más firme que cualquier ins-
cripción en piedra (vv. 23s). Su grito desesperado obliga a in-
tervenir a Dios; en caso contrario, será responsable:
«Grito “Violencia”, y nadie me responde;
pido socorro y no me defienden» (v. 7).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 173

Job: La ausencia de Dios en el dolor 173

Por la corrupción del hebreo, resultan enigmáticos estos


versos:
«Yo sé que está vivo mi Vengador
y que al final se alzará sobre el polvo;
después de que me arranquen la piel,
ya sin carne veré a Dios;
yo mismo lo veré, no como extraño,
mis propios ojos lo verán...» (vv. 25-27).

El vengador de su sangre ha escuchado el grito que sube


desde la tierra y probará su inocencia. ¿Antes o después de la
muerte? Aquí no se habla de resurrección.

Job 23
Job se queja de Elifaz y de su concepción de la divinidad.
Desea verse directamente con Dios, no con un mediador o ven-
gador. Está tan seguro de su inocencia (vv. 11s) que saldrá ino-
cente del juicio divino (vv. 6-7.10). Pero topa con dos enor-
mes dificultades: no sabe cómo encontrarle (vv. 3.8) y, además,
ha dictado ya una sentencia inamovible (vv. 13-14). Por eso es
preferible la muerte (v. 17).
El hombre que sufre no sabe cómo encontrar a Dios, sólo
lo intuye en el terror en que vive envuelto. ¿Dónde estás, Dios
sordo? Si no responde a Job –al hombre que sufre–, ¿qué po-
demos esperar de Él?

d. Último desafío de Job y respuesta divina


Último desafío: Job 29-31
Enlazan con la lamentación inicial del capítulo 3. Los ami-
gos ni de lejos han rozado el grave problema del dolor; hablan
desde una perspectiva teórica, falsa.
En escena, sólo Job. Recuerda con nostalgia su pasado (cap.
29; evoca el prólogo): amistad con Dios, pacífica vida familiar,
prestigio social, buenas acciones (≠ opinión de sus amigos).
Por contraposición, el duro presente (cap. 30): burlas, ene-
mistad y abandono, sufrimiento corporal y angustia interna.
El Señor le ha humillado, es su verdugo (los dos capítulos son
muy bonitos):
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 174

174 Personajes del Antiguo Testamento

«Te has vuelto mi verdugo...


Me levantas en vilo, me paseas
y me sacudes en el huracán...
Esperé dicha, me vino desgracia,
esperé luz, me vino oscuridad» (vv. 21s.26).

Tras el recuerdo y la increpación, Job anhela encontrarse


con Dios para pedirle cuentas y jurar su inocencia (cap. 31).
Este juramento se extiende a quince delitos concretos: uno ge-
nérico (apartarse del camino), otro contra Dios (culto a los as-
tros), el resto hace referencia a actos de justicia. Job se rebela
contra el silencio divino, y ahí va su desafío final:
«¡Ojala hubiera quien me escuchara!
¡Aquí está mi firma! Que responda el Todopoderoso,
que mi rival escriba su alegato:
lo llevaría al hombro
o me lo ceñiría como una diadema;
le daría cuenta de mis pasos
y avanzaría hacia él como un príncipe» (vv. 35-37; cf. los
gritos de 13,22s; 19,23s y 23,2-4).

Job firma su confesión desafiante; es el turno del contrin-


cante. Si calla, es nadie, como un ídolo; si argumenta, Job le
refutará. ¿Escuchará Dios a Job? Cuando una criatura le invo-
ca, su silencio resulta insoportable. Job anhela encontrar al
Dios escondido.

Respuesta divina y confesión de Job: Job 38-42,6


El lector del libro sabe que Dios está en escena, escondido;
pero Job, no. Y el Señor va a manifestarse desde la tormenta
para increparle y hacer que madure su concepción de la divi-
nidad:
«¿Quién es ese que denigra mis designios
con palabras sin sentido?
...
¿Quiere el censor discutir con el Todopoderoso?
El que critica a Dios que responda» (38,2; 40,2).

Y se abre el interrogatorio divino recordando la fantasía del


creador y la total ignorancia de la criatura. Empieza con una
visión cosmológica y repaso de algunos fenómenos metereoló-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 175

Job: La ausencia de Dios en el dolor 175

gicos: tierra, astros, nubes, mar, luz, lluvia, trueno, hielo...


(38,4-35) para pasar a describir, a veces con gran detalle, la
maravillosa vida animal (38,5-41). Algunas descripciones son
bellísimas, como las del caballo (39,19-25), la del hipopóta-
mo (40,15-24), del cocodrilo (40,25-41,26).
Tanta fantasía, unida a la vivencia dura del dolor, llevan a
Job a intuir a Dios (42,1-6):
«Te conocía sólo de oídas;
ahora te han visto mis ojos» (v. 5).

Resumo el bello comentario que hace el inolvidable Luis


Alonso Schökel, en uno de sus últimos artículos 27 sobre la no-
che oscura de Job.
En su primera intervención, Elifaz se basaba en una visión
nocturna (cf. 4,12-21): ¿Hacía falta esta visión para probar una
verdad que conocen los doctos? Elifaz estima que no vale tanto
el saber empírico como la revelación que se impone y estreme-
ce. Es su premisa irrebatible, «la revelación nocturna». Job re-
petirá el principio sin discutirlo, pero no se trata de eso. La no-
che de Job es más tenebrosa, precisamente porque está repleta
de oscuridad y vacía de revelación. Es la noche de la ausencia de
Dios, del silencio divino. Es la noche de buscar sin encontrar, de
preguntar sin ser respondido. Es la noche de la sinrazón del su-
frimiento inocente.
Es obvio que Job es pecador como cualquier mortal. Pero
no es ése su problema. ¿Por qué maltrata Dios a su criatura?
¿Por qué se ensaña? Job carga con el dolor y el clamor de la
humanidad. Si Dios ha hecho al hombre animal racional, ¿por
qué no le da razones? En su exaltación, o en su exasperación,
Job emplaza a Dios con un juramento de inocencia: «¡Que res-
ponda mi rival!». Y Dios le responde desde el fulgor de la tor-
menta, iluminando paulatinamente su noche espiritual.
¡Qué mezquina resulta la revelación nocturna de Elifaz! ¿Se
había adentrado antes el doctor en la noche profunda? ¿O se
había detenido junto al cauce por donde fluyen los sueños hu-
manos? Job, en cambio, ha descendido a lo más hondo de la
noche. Allí le ha amanecido la revelación: «Te conocía sólo de
oídas; ahora te han visto mis ojos».
27
«Las diez y una noches», Sal Terrae (Diciembre 97) 867-876, pp. 870s.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 176

176 Personajes del Antiguo Testamento

5. Algunas consideraciones
1ª) En el grito de Job resuena hoy.
«...El fracaso colosal del mundo... Los incurables. Los hé-
roes inútiles y escarnecidos..., los maestros puestos en ridículo,
los maridos infieles engañados por sus propias amantes... Los
novilleros de 36 años. Las presas reventadas y los globos que
no pudieron subir... Los padres cuidadosamente relegados a la
sombra por sus propios hijos, demasiado brillantes y demasia-
do ruines para no avergonzarse de su modesta cuna... Las mu-
jeres estériles... Los versificadores. Los hijos que nacieron sin
piernas, las prostitutas envejecidas, los desterrados, los inverti-
dos, las monjas sin seso que pasaron su vida tejiendo y deste-
jiendo la estera de su alma... Los niños de luto. Los aduladores.
Los que se avergonzaron de llorar... Aquellos que preguntaron
para qué nacen los hombres y recibieron en respuesta: para sa-
ber que más convenía no haber nacido. Los impotentes..., los
ascetas que murieron creyendo amar a Dios sólo porque no
amaban a nadie más. Los sabios y sus víctimas» 28.

2ª) No deben importarnos los premios o castigos (retribu-


ción), sólo el Amor a Dios.
«Dios mío, si te he adorado por miedo al Infierno, haz que
me queme en su fuego.
Si es por deseo del Paraíso, prohíbemelo.
Pero, si te he adorado sólo por Ti, entonces no me prohí-
bas ver Tu rostro...
Yo no he adorado a Dios por miedo a su Infierno ni por
amor a su Paraíso.
En ese caso me habría comportado como un mal asala-
riado
que trabaja sólo porque le pagan.
Yo lo he adorado por amor a Él» (Rabi‘a, mujer sufí) 29.

La misma idea en este soneto anónimo, atribuido a Fran-


cisco Javier:

28
J. M. Cabodevilla, La impaciencia de Job. Estudio sobre el sufrimiento humano,
BAC 263, Madrid 1970, pp. 90s. Libro serio y delicioso, casi de obligada lectura.
29
Citado por C. Vega, «La cara oculta del Islam: los místicos sufíes», en Sal
Terrae (Mayo 1996), p. 393.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 177

Job: La ausencia de Dios en el dolor 177

«No me mueve, mi Dios, para quererte


el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera».

3ª) Job, prototipo de todo hombre que lucha en este mundo.


Job busca desesperadamente a Dios. No se queja de la jus-
ticia o ira divina, no duda de su inocencia..., sólo le interesa por
qué Dios le inflige tanto dolor, poniendo así en entredicho la
bondad de la creación. Si la vida es mala, ¿por qué la da?
El Job de Lippert grita y reta a Dios:
«Sí, quiero decirte que tú has sido mi inmenso enigma,
mi gran amor y el infinito dolor de mi vida –Tú–» 30.
«Tengo que hablarte... de mi ira y amargura..., de mi ver-
güenza y dolor... Puesto que quiero rezar, deja que mis pala-
bras sean sinceras y apasionadas...
Sí, quiero quejarme ante Ti, gemir ante Ti. Sólo ante Ti.
No quiero que Tú me tengas sólo por un narrador ameno.
¡No!, con el puño cerrado golpeo en tu puerta, y mi clamor
a Ti es tan tenaz y salvaje que tienes que atenderme. Mis ma-
nos te estrechan y con su mudo lenguaje te gritan: socorro,
socorro» 31.

La fe de Unamuno se parece a la del Job que quería citar a


juicio a Dios por malos tratos, porque «lo conocía de oídas»,
al Job maldiciente y luchador; no al paciente Job, preferido
por la tradición 32.

30
Citado por J. Alonso, o. c., p. 117.
31
Citado por Alonso Díaz, o. c., p. 119.
32
Cf. L. Alonso Schökel, «Poesía bíblica de Unamuno». Cuadernos Bíblicos 10
(1984) 1-46, pp. 2s.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 178

178 Personajes del Antiguo Testamento

Salmo I: ¿Existe Dios?


«Por qué, Señor, no te nos muestras
sin velos, sin engaños?
¿Por qué, Señor, nos dejas en la duda,
duda de muerte?
¿Por qué te escondes?
¿Por qué encendiste en nuestro pecho el ansia
de conocerte,
el ansia de que existas,
para velarte así a nuestras miradas?
...
Te buscamos y te hurtas,
te llamamos y callas.
...
Una señal, Señor, una tan sólo
...
una que dé sentido
a esta sombría que arrastramos...».

Más tarde evoca al Jacob luchador.


«¡Mira, Señor, que va a rayar el alba
y estoy cansado de luchar contigo
como Jacob lo estuvo!
¡Dime tu nombre,
tu nombre que es tu esencia!
¡Dame consuelo!
¡Dime que eres!...»

4ª) Y Dios sigue callando.


«¿Acaso me escuchas, Dios sordo?» 33 (J. P. Sartre). «Tú
eres el ser más silencioso... ¡Qué sabemos de tu justicia...,
Eterno Silencioso...! Ante los acontecimientos... no hablas
nada... No das respuesta alguna a mis preguntas. Contigo,
todos mis diálogos son monólogos. Y de mis obras..., de
mis grandes gestas y de mis maldades, tampoco dices na-
da... Tú callas ante todo lo que existe y sucede...» (Job de
Lippert) 34.

33
Cf. L. Barjon, Le silence de Dieu dans la Littérature contemporaine, París 1956.
34
Citado por Alonso Díaz, o. c., pp. 121s.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 179

Job: La ausencia de Dios en el dolor 179

Calla, sobre todo, ante el sufrimiento del inocente 35. Dios


es desconcertante:
«...Ha creado la luz y el rayo...; se muestra solícito... en
todo ser maternal y hace terrorífica la mirada de toda fiera.
¿Cómo puede provenir de ti todo esto? ¿Cómo rasgos tan
contradictorios pueden aparecer en tu semblante..., en el tim-
bre de tu voz, en las obras de tus manos? ¡Oh, esas manos tu-
yas! ¡Cómo pueden acariciar amorosas y abatir mortíferas, ha-
lagar y aplastar!» 36.

5ª) El dolor no tiene ninguna solución teórica.


Job no es una proposición teológica que se defiende sino un
hombre que sufre, tiembla y se retuerce de dolor. Es necesario
pasar por el dolor para poder comprender el desvarío de sus
palabras cuando se queja de sí mismo, de sus amigos (cap. 6).
Su mujer le abandona, los siervos ni se dignan responderle, los
niños se le mofan, y los amigos que vienen a consolarle no le
dicen más que impertinencias. Una muestra de Elifaz:
«Tú que a tantos instruías
y fortalecías los brazos inertes,
que con tus palabras levantabas al que tropezaba
y sostenías las rodillas que se doblaban,
hoy que te toca a ti ¿no aguantas?,
¿te turbas hoy que todo te cae encima?» (4,3-5).

La sabiduría de Israel tenía una respuesta simplona, la de


los amigos de Job, que perdura en muchas concepciones teo-
lógicas, pero
«...Que sepan... que no siempre es momento adecuado pa-
ra proclamar tus derechos; ...serán incuestionables, pero no
siempre son evidentes. Que no se precipiten tampoco a pro-
meter tus consuelos, los cuales tengo por bien experimenta-
do que son harto más discutibles de lo que ellos suelen creer
o aparentar creer. Es muy peligroso erigirse en abogado tuyo.
No hay nada que nos duela tanto como la vanidad de sus teo-
rías, la monotonía de sus sermones y el tono oficial de sus res-
puestas. Todas las explicaciones suelen ser inútiles para aquel

35
Las injusticias que hacen progresar el mundo, cf. Cabodevilla, o. c., pp. 211s.
36
J. Alonso, o. c., p. 117.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 180

180 Personajes del Antiguo Testamento

que sufre. Cojan entre los dedos las palabras que Vds. acos-
tumbran a repetir y pueden cascarlas a ver si contienen algo.
¿Es tan perfecto el mundo que tú has hecho? “Retírate de mí
para que pueda alegrarme un poco” 37» (10,20).

En un universo sin dolor, la persona no maduraría, no es-


taría hecho para mortales. Y ¿qué es la felicidad? Muy difícil
definirla. Los hombres mueren sin haber conocido la dicha.
Decía Kafka:
«Moisés no dejó de entrar en Canaán porque su vida fue-
ra demasiado corta, sino porque era una vida humana» 38.

La felicidad es «el triunfo de lo estadísticamente improba-


ble» (H. de Lubac).
Si Dios no se hubiera sometido a la condición humana, en-
tregando al sufrimiento a su Único Hijo (Jn 15,13; 1 Jn 4,9s),
el problema planteado por Job estaría sin solucionar y la apo-
ría de Epicuro carecería de solución o sería harto complicada.

37
Cabodevilla, o. c., pp. 86s.
38
Idem, p. 77.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 181

Rut, Judit, Ester...:


Mujeres que hacen historia
Julián Ruiz Martorell

Introducción
Las más elementales normas de metodología dicen que hay
que comenzar las cosas por el principio, hasta llegar al final. Pe-
ro en el título «Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia»
vamos a comenzar por los puntos suspensivos, por los nombres
de tantas mujeres que han hecho historia. Los hebreos dicen que
la verdad no sólo se «pronuncia», sino que se «hace». Y la his-
toria también se hace, no simplemente se lee o se reflexiona so-
bre ella. La historia es un quehacer, y en la historia del pueblo
bíblico hay mujeres que han dejado una honda huella. Con los
tres puntos suspensivos queremos rendir homenaje a muchas
mujeres que aparecen en la Biblia y que no vamos a mencionar
más que ahora, de pasada, al inicio, leyendo el índice del libro
de L. Asciutto 1, Eva y sus hermanas. Podríamos hablar de un gran
número de mujeres en la Biblia. Por ejemplo: Eva; Sara, esposa
de Abraham; Agar, esclava de Abraham; la mujer de Lot; las hi-
jas de Lot; Rebeca, esposa de Isaac; Lía y Raquel, esposas de Ja-
cob; Dina, hija de Lía y Jacob; Tamar, la mujer que se prostitu-
ye por fidelidad a su estirpe; la mujer de Putifar; Sifrá y Fuá,
comadronas de los hebreos en Egipto, las primeras objetoras de
conciencia, que se niegan a secundar la orden del faraón de no
asistir a las mujeres hebreas que daban a luz; Yocabed, madre de
Moisés; la hija del faraón; María, hermana de Moisés; Séfora, es-

1
L. Asciutto, Eva y sus hermanas, Ed. Atenas, Madrid 1993.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 182

182 Personajes del Antiguo Testamento

posa de Moisés; Rajab, prostituta de Jericó; Débora, profetisa y


guerrera; Yael, mujer de Jéber; la hija de Jefté; la madre de San-
són; Ana, madre de Samuel; Micol, hija de Saúl, esposa de Da-
vid; otras esposas de David: Ajinoán, Abigail, Maacá, Jagit,
Egla; Betsabé, esposa de Urías el hitita; Tamar, hija de David;
la mujer de Tecoa; Rispá, hija de Ayá y ex-concubina de Saúl;
Abisag, la sunamita que asiste y cuida a David en su vejez; las
dos mujeres que se disputan el hijo ante Salomón; la mujer
egipcia y el harén de Salomón (unas 600 concubinas); la reina
de Saba; la mujer de Jeroboán; la viuda de Sarepta, en tiempos
de Elías; Jezabel, esposa de Ajab, que fue quien mandó lapidar
a Nabot para arrebatarle la viña; la viuda socorrida por Eliseo;
la sunamita hospitalaria de Eliseo; Atalía, madre del rey Oco-
zías; la profetisa Juldá; Ana, esposa de Tobit; Sara, hija de Ra-
güel, esposa de Tobías; Edna, esposa de Ragüel, madre de Sara;
la reina Vasti, mujer del rey Asuero; la madre de los siete hijos
martirizados en el segundo libro de los Macabeos; la mujer de
Job; las mujeres que aparecen en los salmos; las mujeres que se
presentan en la literatura sapiencial (Proverbios, Qohelet, Sabi-
duría, Eclesiástico): la enamorada del Cantar; la mujer que pa-
sa de prostituta a esposa enamorada en Isaías; la hija de Sión en
Isaías; la esposa infiel, en el mismo profeta; las madres de los
muertos en Jeremías; la hija del amorreo y de la hitita en Eze-
quiel; Oholá y Oholibá: dos hermanas depravadas según Eze-
quiel; la esposa de Ezequiel; Susana, de gran belleza y fiel a Dios,
según Dan 13,2; Gómer, esposa infiel y rescatada de Amós.
En el Nuevo Testamento: María de Nazaret, madre de Jesús;
Isabel, madre de Juan Bautista; la profetisa Ana; la recién casa-
da del milagro de las bodas de Caná; Herodías y su hija; la sa-
maritana del pozo de Sicar; la suegra de Pedro; la viuda de Naín;
la mujer que perfuma a Jesús; Juana, Susana y otras mujeres que
siguen a Jesús; la hija de Jairo; la hemorroísa; la siro-fenicia que
tiene una hija maltratada por un demonio; la adúltera; Marta y
María, hermanas de Lázaro; la mujer encorvada; la mujer que es-
pera justicia del juez inicuo; Salomé, mujer de Zebedeo y ma-
dre de Santiago y Juan, la viuda pobre; las cinco vírgenes pru-
dentes y las cinco necias; la portera que reconoce a Pedro, la
mujer de Pilato; las hijas de Jerusalén que lloran por Jesús; Ma-
ría de Cleofás; María, testigo del resucitado; Safira, esposa de
Ananías, que, junto con su esposo, finge entregar a los apósto-
les lo recibido; las viudas desatendidas de Jerusalén; Tabita (Ga-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 183

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 183

cela) de la comunidad de Jafa; María, madre de Juan Marcos, y


Rosa, esclava de María; Lidia, vendedora de púrpura, la prime-
ra cristiana de Europa; la joven esclava con espíritu de adivina-
ción; Dámaris, mujer culta que frecuentaba el Areópago; Pris-
cila, mujer de Áquila, amigos de Pablo; las cuatro profetisas
hijas del diácono Felipe; Drusila, mujer de Félix, gobernador de
Judea; Berenice, hermana de Drusila y del rey Agripa; la diaco-
nisa Febe de la iglesia de Cencreas (Rom 16,1); Junias, men-
cionada en Rom 16,7 junto con Andrónico como «insignes en-
tre los apóstoles»; las mujeres de Roma que han trabajado por
el Señor; Estéfanas, primicia de Acaya; Evodia, de la comunidad
de Filipos; Loida, abuela de Timoteo; Eunice, madre de Timo-
teo; Claudia, de Roma; Apia, de la comunidad que se reúne en
casa de Filemón; Jezabel, la falsa profetisa; las imágenes del
Apocalipsis: la mujer vestida del sol, la gran prostituta, la no-
via del cordero, la esposa.
Puntos suspensivos, la memoria viva de las mujeres que de-
jaron su impronta en la historia.

1. Rut: corriente de brisa universalista


1. Argumento 2
Después de las tenebrosas y dramáticas páginas del libro de
los Jueces, encontramos en la Biblia un remanso de serenidad:
el breve libro de Rut. Nos habla del matrimonio formado por
Elimélec y Noemí, habitantes de Belén, que tienen que emi-
grar a Moab, al otro lado del mar Muerto, a raíz de una esca-
sez de alimentos. Allí, sus hijos varones se casan con dos mu-
jeres moabitas: Orfá y Rut. Los hijos se llaman Majlón, que
significa «languidez», y Kilyón, «consunción». Las moabitas
llevan por nombre Orfá (= la que da la espalda) y Rut (= ami-
ga). Noemí significa «mi dulzura», y Elimélec quiere decir
«mi Dios es rey». Muere Elimélec; más tarde fallecen los dos
hijos, y queda sola Noemí con sus dos nueras. La suegra no tie-
ne otros hijos que, según la ley del levirato, puedan asegurar
la descendencia a los hermanos difuntos, y recomienda a las
dos nueras que regresen a sus hogares paternos. Orfá, la que

2
Cf. L. Asciutto, o. c., pp. 63-64.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 184

184 Personajes del Antiguo Testamento

da la espalda, acepta; pero Rut se niega. En el capítulo 1, ver-


sículos 16-17, tenemos la contestación de Rut:
«Pero Rut respondió: “No insistas en que te abandone y
me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habi-
tes, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi
Dios. Donde tú mueras moriré y allí seré enterrada. Que Ya-
vé me dé este mal y añada este otro todavía si no es tan sólo
la muerte lo que nos ha de separar”».

Desde este momento, el destino de Rut, que tiene aquí una


magnífica declaración de amor hacia su suegra, se une íntima-
mente a Noemí, y por su fidelidad, condescendencia, ternura
y cariño Dios la va a recompensar posteriormente.
Rut va a espigar a los campos del rico Booz, un pariente de
Noemí que podía ejercer el derecho de rescate sobre la joven
viuda. Ésta, siguiendo las instrucciones de su suegra, se acues-
ta una noche a los pies de Booz y le propone ejercer el men-
cionado derecho de rescate. Booz comprueba que no hay otro
pariente más próximo que desee tomarla por esposa, y contrae
matrimonio con ella. Como fruto del matrimonio nace Obed,
que va a ser abuelo del rey David.
El cariño y el afecto de esta mujer extranjera por su suegra,
el empeño que tiene por garantizar la descendencia a la fami-
lia hebrea en la que se ha integrado, convierten a Rut en un
personaje de novela lírica. Lo mismo sucede con Noemí, la
suegra afectuosa, solícita, dispuesta a defender a su nuera en
medio de las inquietudes.
La descendencia llega por medio de Booz hasta Jesús, co-
mo nos narra Mt 1,5. La extranjera moabita, fiel al Dios de los
hebreos y a su ley, demuestra cómo solamente el amor es ca-
paz de superar las diferencias étnicas y culturales. Y esto con-
trasta dialécticamente con el capítulo 9 del libro de Esdras,
donde se prohibían los matrimonios con extranjeras.

2. Claves teológicas 3
El libro de Rut es una verdadera corriente de brisa univer-
salista. Es breve, pero hermosa, la historia popular que desfila

3
Cf. La Biblia, La Casa de la Biblia, Madrid 1992, p. 582.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 185

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 185

delante de nuestros ojos a través de unos personajes profunda-


mente humanos, sencillos y entrañables. Todo el libro, cuatro
capítulos, refleja un universo de valores: la fidelidad, la soli-
daridad, la piedad, la generosidad.
Se describen las peripecias de una familia cuyos personajes
son singulares. Los dos hijos varones, que llevan por nombre
«languidez» y «consunción», representan lo efímero. Los va-
lores permanentes y continuos aparecen en los personajes fe-
meninos.
Desde el punto de vista teológico, el libro admite varias
lecturas.

a) Canto a la providencia divina


Para algunos, el libro de Rut es un canto a la providencia
divina, que de una manera inadvertida interviene en las vidas
de los protagonistas. Rut y Noemí ven cómo Dios sale al pa-
so de su abandono e indefensión, a través de la lealtad y el
amor filial de Rut, para recompensar su fidelidad y abnega-
ción a través del generoso Booz. Se descubre que Dios no aban-
dona, que es providente, que no deja indefenso a nadie, pero
quiere realizar esta tarea de cuidado y solicitud por medio de
la lealtad y la fidelidad.

b) Historia de consolación
Para otros, se trataría de una historia de consolación, escri-
ta hacia finales del destierro y orientada a quienes podían en-
contrar en la situación de Rut y Noemí un reflejo de su pro-
pia situación. Como un espejo de las propias alienaciones y
destierros. En consecuencia, sería como una invitación a con-
fiar en el «rescate» inminente por obra de Dios, que redime al
pueblo. «Consolad, consolad a mi pueblo» dice el segundo
Isaías (Is 40,1), el profeta que escribe en el destierro. Cuando
no hay razones objetivas para la esperanza, brota la voz profé-
tica, que anuncia el gozo, el consuelo que llega del Señor.

c) Mensaje de apertura y de universalismo


Algunos lo comparan con el libro de Jonás. Sería una obra
escrita para contrarrestar la corriente exclusivista y rigorista de
la reforma de Esdras, que prohibía los matrimonios con ex-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 186

186 Personajes del Antiguo Testamento

tranjeros (Esd 9). Esdras había mandado expulsar de la comu-


nidad judía a las esposas extranjeras. Aquí tenemos precisa-
mente una mujer extranjera, no perteneciente al pueblo, una
moabita. Hay rasgos de esta apertura y universalidad que es-
tán esparcidos por todo el Antiguo Testamento.

d) Lectura davídica: respuesta al origen moabita de David


Para explicar el presunto origen moabita de David, que se
insinúa en 1 Sam 22,3-4:
«De allí se fue David a Mispé de Moab y dijo al rey de
Moab: “Permite que mi padre y mi madre se queden con vo-
sotros hasta que yo sepa qué va a hacer conmigo Dios”. Los
dejó con el rey de Moab, y se quedaron con él todo el tiem-
po que David estuvo en el refugio».

Cuando David comienza sus aventuras y capitanea un gru-


po, encomienda a sus padres al rey de Moab. Algunos han que-
rido ver ahí que David tendría raíces moabitas. La historia de
Rut ofrecería una justificación a este hecho. Aunque David tu-
viera una ascendencia moabita, la tendría a través de una mu-
jer ejemplar, que se abre al judaísmo para integrarse religiosa,
social y políticamente dentro de una familia de la tribu de Judá.
En la genealogía del capítulo primero de Mateo aparecen
cuatro mujeres, una de ellas Rut (Mt 1,5). Se trata de una de
las personas que contribuyeron a entroncar la vida de Jesús en
la historia humana.

2. Judit: encarnación de las más destacadas


virtudes de su pueblo
1. Argumento 4
Se narra la historia de una mujer que vivía, desde hacía tres
años y cuatro meses, viuda. Había fallecido su esposo Mana-
sés: Jdt 8,2:
«Su marido Manasés, de la misma tribu y familia que ella,
había muerto en la época de la recolección de la cebada».

4
Cf. L. Asciutto, o. c., pp. 111-112.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 187

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 187

Como nos dice el libro (Jdt 8,4-8):


«Judit llevaba ya tres años y cuatro meses viuda, vivien-
do en casa. Se había hecho construir un aposento sobre el te-
rrado de la casa, se había ceñido de saco y se vestía vestidos
de viuda; ayunaba durante toda su viudez, a excepción de los
sábados y las vigilias de los sábados, los novilunios y sus vi-
gilias, las solemnidades y los días de regocijo de la casa de Is-
rael. Era muy bella y muy bien parecida. Su marido Manasés
le había dejado oro y plata, siervos y siervas, ganados y cam-
pos, quedando ella como dueña, y no había nadie que pudie-
ra decir de ella una palabra maliciosa, porque tenía un gran
temor de Dios».

Una mujer que vive encerrada en su rica casa, y que ve que,


junto a su marido, ha muerto para ella todo deseo de entrete-
nimiento y de diversión.
Pero existe un peligro. El ejército de Nabucodonosor, man-
dado por el general Holofernes, ha devastado ya varias ciudades
de Judea, y ahora pone cerco a Betulia. Ignoramos la localización
de esta ciudad, pero es posible que el nombre derive de Bet-El
(«casa de Dios»). Judit significa «judía», y es un símbolo feme-
nino del pueblo judío, que va a salvar a la «casa de Dios».
Judit se enteró de que el pueblo, abatido por la falta de
agua, impuesta por el asedio del general Holofernes, se había
amotinado contra sus jefes, y también supo que Ocozías les ha-
bía jurado que entregaría la ciudad a los asirios al cabo de cin-
co días. Entonces, envió a su criada, la administradora de to-
dos sus bienes, a llamar a Jabrís y Jarmís, ancianos de su
ciudad. Cuando llegaron les dijo (Jdt 8,11-12):
«Escuchadme, jefes de los habitantes de Betulia. No es
acertado lo que hoy habéis dicho al pueblo. Habéis jurado en-
tregar la ciudad a vuestros enemigos si el Señor no os envía
ayuda. Pero, ¿quiénes sois vosotros para poner a prueba a
Dios y suplantarlo públicamente? ¡Os habéis atrevido a po-
ner a prueba al Dios Todopoderoso, vosotros que no sabéis
nada de nada!»

En estos momentos, Judit está defendiendo la integridad


de la fe judía (Jdt 8,16-17):
«No exijáis garantías al Señor nuestro Dios, pues Dios no
es como un hombre, al que se puede amenazar y presionar.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 188

188 Personajes del Antiguo Testamento

Por lo tanto, esperemos de él la salvación, solicitemos su ayu-


da y si le place nos escuchará».

Judit es la única persona que mantiene viva la esperanza,


que conserva recio el espíritu, y que pide que se invoque al Se-
ñor.
Todas las salidas de la ciudad están bajo el control de los
enemigos. Todos los manantiales de agua que los habitantes
solían utilizar han sido rodeados. A medida que avanza el ase-
dio, la situación empeora dentro de la ciudad: los víveres dis-
minuyen, se racionan drásticamente, y las autoridades han
previsto que, en esta situación, ya no van a poder resistir más
de cinco días. Y, si Dios no ayuda, habrá que rendirse al ene-
migo.
Cuando se entera de esa decisión, Judit habla a las autori-
dades y les anima a confiar plenamente en el Señor (Jdt 8,17):
«esperemos de él la salvación, solicitemos su ayuda y si le
place nos escuchará».

Esta mujer solicita, y obtiene, el permiso para salir de no-


che de la ciudad, junto con su criada, aunque con la condición
de que nadie sepa, por ahora, ni adónde va ni cuál es su pro-
pósito.
Antes de nada, Judit ruega al Señor. Reza de esta manera
(Jdt 9,11):
«Tu poder no está en el número, ni tu señorío se apoya en
los guerreros, sino que eres Dios de los humildes, ayuda de
los pequeños, defensor de los débiles, protector de los aban-
donados, salvador de los desesperados».

Esto contrasta con la actitud de los enemigos (Jdt 9,7-10):


«Los asirios se sienten fuertes por su ejército, se engríen
por sus caballos y jinetes, se enorgullecen del vigor de su in-
fantería, confían en el escudo, en la lanza, en el arco y en la
honda; pero no se dan cuenta de que tú eres el Señor que de-
cide las guerras. Tu nombre es el Señor. Destroza con tu fuer-
za su poder y hunde su dominio con tu ira, porque quieren
profanar tu santuario, manchar la tienda donde mora la glo-
ria de tu nombre y derribar con hierros los salientes del altar.
Mira su soberbia, descarga tu cólera sobre sus cabezas y con-
cede a esta viuda poder realizar lo que ha planeado. Que mi
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 189

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 189

lengua seductora sirva para golpear al esclavo con su jefe y al


jefe con su criado. Que mi mano de mujer quebrante su arro-
gancia».

La súplica de Judit es una enorme lección de teología, que pro-


sigue en estos términos:
«Tú que eres el Dios de mi antepasado y el Dios de la he-
redad de Israel, el dueño del cielo y de la tierra, el creador de
las aguas y el rey de toda la creación; escucha mi súplica y
dame palabras seductoras, para herir mortalmente a los que
han decidido cosas atroces contra tu alianza, contra tu santa
casa del monte Sión, la casa de tus hijos. Haz que todo tu
pueblo y todas las tribus vean y reconozcan que tú eres Dios,
Dios omnipotente y dominador, y que no hay fuera de ti nin-
gún otro protector de la raza de Israel» (Jdt 9,12-14).

Judit sabe que Dios puede servirse de una mujer débil pa-
ra derrotar al ejército enemigo, y que sólo Él puede salvar al
pueblo que ha elegido y ha liberado de Egipto. Esta mujer se
despoja de su atuendo de viuda, se baña, perfuma su cuerpo,
se engalana con sus vestidos más atractivos, coloca una diade-
ma en su cabeza, pone collares en su cuello y pulseras en sus
brazos, y así, resplandeciente de belleza, sale de la ciudad y se
dirige al campamento enemigo.
Ante tal esplendor, los centinelas deponen sus armas y la
llevan ante el general Holofernes. Judit le comunica que la
ciudad se va a rendir, que el pueblo es capaz de desobedecer a
Dios y que ella quiere informar al ejército sitiador del mo-
mento más propicio para el ataque, puesto que su fe le impi-
de permitir las transgresiones de la ley divina.
Holofernes queda fascinado por la belleza de la mujer y
queda atrapado en su estrategia. Manda preparar una tienda
para Judit y permite que entre y salga cuando lo desee para
sus oraciones. La tercera noche, la invita a comer y beber con
él, con el objeto de seducirla. Judit acepta, y cuando todos se
han retirado y se encuentra a solas con el general, que está bo-
rracho, toma el alfanje del invasor, invoca la ayuda del Señor,
y corta la cabeza de Holofernes, la envuelve en un paño, y sa-
le de la tienda para regresar con su criada a Betulia. La ciudad
se llena de alegría y, al día siguiente, los enemigos huyen
cuando se percatan de que su jefe ha muerto.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 190

190 Personajes del Antiguo Testamento

El momento dramático se describe en Jdt 13,4-8:


«Salieron todos de la alcoba y no quedó en ella nadie, ni
pequeño ni grande. Entonces Judit, de pie junto al lecho de
Holofernes, oró así en su interior: “Señor, Dios omnipotente,
fíjate ahora en lo que voy a realizar para exaltación de Jeru-
salén; porque éste es el momento de ayudar a tu heredad y de
ejecutar mi plan para destruir a los enemigos que se han al-
zado contra nosotros”. Avanzó hacia el poste que estaba a la
cabecera de Holofernes, tomó su alfanje, se acercó a la cama,
lo agarró por la cabellera y dijo: “Fortaléceme en este mo-
mento, Señor, Dios de Israel”. Le dio dos golpes en el cuello
con toda su fuerza y le cortó la cabeza».

Judit es un personaje emblemático en la trama bíblica, en


que Dios elige con predilección a los humildes, a los débiles,
para derribar a los poderosos. Y ella puede cantar al Señor
que «se sirvió de una mujer» (Jdt 16,5) para rechazar a los
enemigos. Se ha transformado en un emblema porque, a tra-
vés de su belleza, ha hecho que el general Holofernes caiga
en la trampa.
En todas las épocas y en todas las culturas los pueblos pro-
yectan sus rasgos más peculiares y sus más nobles ideales en
personajes-tipo que con sus gestas y acciones contribuyen a
moldear el carácter colectivo y a enaltecer su propia historia.
En estos momentos difíciles, los personajes prototípicos son
un punto de referencia, un modelo. Esto sucede en el libro de
Judit (la judía), que encarna las más destacadas virtudes de su
pueblo, para enfrentarse al potente agresor y convertirse en
mediadora de la salvación de Dios.

2. Ambientación histórica 5
El imperio griego-macedonio, que había sido creado por
Alejandro Magno, difundió una cultura dominante, atractiva,
que sedujo al pueblo de Israel, con el peligro de perder su
identidad cultual y religiosa. La gran tentación es hacer como
hacían las demás naciones (cf. 1 Sam 8,5).
En esta coyuntura, un autor anónimo comprende que, me-
ditando sobre la Escritura, se puede consolar y estimular la es-

5
Cf. La Biblia, La Casa de la Biblia, p. 604.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 191

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 191

peranza recordando que Dios ha salvado muchas veces a su


pueblo y que lo va a seguir haciendo, si se mantiene la fideli-
dad a la alianza y se cumplen los preceptos divinos.

3. Características literarias 6
Este libro de resistencia heroica está protagonizado por una
ciudad pequeña y una audaz mujer. Todo Israel está concen-
trado en Betulia. Todo el pueblo está personalizado en Judit,
personaje relevante que preside la narración. La estructura es
la siguiente:
1) Los tres primeros capítulos presentan la prueba.
2) En los capítulos 4-7 asistimos a la resistencia.
3) Desde el capítulo 8 al 16: la liberación, con la interven-
ción de Judit.
Hay una gran tensión narrativa, un recurso a la enumera-
ción y al énfasis. El libro abunda en inexactitudes, porque Na-
bucodonosor no era rey de Asiria, sino de Babilonia; Nínive
había sido destruida. Pero, a pesar de ello, tenemos una histo-
ria ejemplar con unas claves teológicas.

4. Claves teológicas 7
Las claves de lectura desde el punto de vista teológico son
las siguientes:

a) Orgullo altivo y prepotencia (Holofernes) frente a confianza


y fe en Dios
Se oponen dos concepciones de la vida y de la fe. El pode-
roso ejército del dominador que se enfrenta con la insignifi-
cante ciudad de Betulia, con la supuesta debilidad de una mu-
jer inerme. El enfrentamiento entre Holofernes y su ejército,
que representan el orgullo altivo y la prepotencia que confie-
ren el poder político y la fuerza de las armas, y Judit y Betu-
lia, que representan la confianza, la fe en el Dios de Israel. El
poder no reside en los ejércitos, pues Dios se revela a los dé-
biles, a los humildes, a los oprimidos.

6
Cf. O. c., p. 604.
7
Cf. O. c., p. 605.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 192

192 Personajes del Antiguo Testamento

b) Fe radical que no excluye los elementos humanos:


astucia, audacia, autodominio
Esta fe radical, que se demuestra en la obediencia a la ley y
en las prácticas piadosas (como la oración, el ayuno, la mortifi-
cación), no excluye elementos humanos. De hecho, la libera-
ción se lleva a cabo como consecuencia de la astucia, audacia y
autodominio de una mujer que, en un momento culminante de
su gesta, sólo pide a Dios fuerza y decisión, cuando es cons-
ciente de su responsabilidad (Jdt 13,4-5.7). Y hay otras reac-
ciones humanas: la pasión ciega, la soberbia, el desprecio, el pá-
nico, que completan el «milagro» de la liberación resultante.

c) El sufrimiento como prueba y enseñanza


El sufrimiento no es siempre y necesariamente expresión de
castigo por los pecados del pueblo. En Jdt 8,18.20 se dice:
«Porque no existe hoy en día entre nosotros tribu, clan,
pueblo o ciudad que adore a dioses fabricados por el hombre,
como sucedió en tiempos pasados. [...] Pero nosotros no hemos
reconocido a ningún otro Dios fuera de él; esperamos, por tan-
to, que no nos abandonará ni a nosotros ni a nuestro pueblo».

El pueblo se ha mantenido fiel a Dios. El sufrimiento pue-


de ser prueba y enseñanza, una invitación a una mayor virtud,
tiene una finalidad preventiva, terapéutica.

d) Crítica irónica del intento de Nabucodonosor de erigirse rey


Irónica crítica de las pretensiones de Nabucodonosor de
erigirse en dios universal (Jdt 3,8):
«...Tenía decidido exterminar a todos los dioses de la tie-
rra, para que todos los pueblos adorasen sólo a Nabucodono-
sor, y todas las lenguas y tribus lo invocasen como dios».

Este libro nos dice que ninguna realidad puede ser deificada.

e) Ausencia de interpretación rigorista de la ley


Se aprecia una cierta indiferencia frente a los detalles de la
ley.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 193

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 193

f) Talante espiritual abierto


Se da mayor predisposición a presentar al genuino Dios que
a proteger al pueblo a través de un cerco de prescripciones,
normas y preceptos. El libro de Judit es un elogio del espíri-
tu judío, expresión de la auténtica religiosidad.

3. Ester: afirmación de la providencia de Dios


que dirige la historia y defiende a su pueblo
1. Argumento 8
La reina Vasti, esposa del rey Asuero, ha caído en desgra-
cia, y el monarca convoca en el palacio a las jóvenes más her-
mosas del reino para elegir de entre ellas a la más bella con el
objeto de convertirla en nueva reina. En el grupo se encuentra
Ester, hermosa joven hebrea, huérfana de padres y adoptada
por su tío Mardoqueo. Hay largos preparativos, según narra
Est 2,12-13:
«Cuando una muchacha terminaba la preparación de do-
ce meses, tal como establecía el reglamento de las mujeres,
pasaba a presencia del rey Asuero. El tratamiento de belleza
consistía en seis meses a base de aceite de mirra y otros seis
con perfumes y cremas de belleza».

Después del tratamiento, llega Ester ante el rey y éste


«la prefirió a todas las demás mujeres, y la trató con más
amor y bondad que a las otras jóvenes; la coronó y la nombró
reina en lugar de Vasti» (Est 2,17).

Pero Ester es judía y su tío Mardoqueo le recomienda que,


por prudencia, una vez que ha ceñido la corona real, disimule
su origen y que se mantenga secretamente fiel a la religión de
sus antepasados.
El segundo personaje más influyente del reino, Amán, hi-
jo de Hamdatá, a quien el rey ha concedido «un cargo superior
al de todos sus compañeros oficiales» (Est 3,1), organiza una cruen-
ta y sistemática persecución contra los judíos («pensó extermi-

8
Cf. L. Asciutto, Eva y sus hermanas, o. c., pp. 115-117.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 194

194 Personajes del Antiguo Testamento

nar con Mardoqueo a todos los judíos que había en el imperio de Asue-
ro»: Est 3,6). La persecución llega casi al genocidio.
Al sentir la amenaza, Mardoqueo proclama la inocencia del
pueblo que va a ser exterminado y envía a Ester una copia del
decreto de exterminio rogando clemencia para su pueblo. Le
recordaba:
«Acuérdate de cuando eras de condición humilde y yo te
alimentaba. Amán, el segundo del reino por su rango, ha ha-
blado contra nosotros al rey. Líbranos de la muerte» (Est 4,8).
La protagonista manda recado a Mardoqueo diciéndole:
«Todos los miembros de la corte y los habitantes de las
provincias saben que cualquier hombre o mujer que se pre-
sente al rey en el palacio interior, sin haber sido llamado, es
reo de muerte» (Est 4,11).
Su tío le insiste:
«No creas que por estar en palacio vas a ser tú la única que
te salves de todos los judíos. Si en este trance te callas, la libe-
ración y la ayuda vendrán a los judíos de otra parte, pero tú y
toda tu familia pereceréis. ¡Y quién sabe si no habrás llegado a
ser reina precisamente para un trance como éste!» (Est 4,13-14).
De nuevo, el destino de todo un pueblo, pendiente de la
decisión de una mujer.
Al igual que Judit, que había rezado antes de dirigirse al
campamento de los enemigos, también ahora Ester ora al en-
frentarse con la prueba. Suplica recordando la elección que
Dios ha hecho de su pueblo:
«Señor mío, tú eres nuestro único rey; ayúdame, porque es-
toy sola, no tengo más protector que a ti, y el peligro me ame-
naza. Desde niña he oído en mi familia que tú, Señor, escogis-
te a Israel entre todas las naciones, y a nuestros padres entre
todos sus antepasados, como heredad perpetua, cumpliendo to-
das tus promesas. [...] Acuérdate de nosotros, Señor, y hazte pre-
sente en medio de nuestra tribulación [...] ¡Dios poderoso sobre
todos! Oye la voz de los que no tienen esperanza, líbranos del
poder de los malvados y quítame este miedo» (Est 4,17k.l.p.x).
Es muy bella esta oración en la que vemos a una mujer que
vacila, que duda y tiene miedo. Ha de tomar una decisión
arriesgada y con muchas consecuencias.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 195

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 195

La protagonista se pone sus vestidos de reina:


«Al tercer día Ester se puso sus vestidos de reina, y fue al
patio de palacio que había frente al salón del trono. El rey es-
taba sentado en el trono real, en el salón que está frente a la
puerta de entrada (Est 5,1). [Ester] franqueó todas las puertas
y llegó hasta la presencia del rey que estaba sentado en su tro-
no real, revestido de todos los ornamentos solemnes, cubierto
de oro y de piedras preciosas y con un aspecto impresionante.
Levantó el rey su rostro radiante de majestad y lanzó una mi-
rada tan llena de ira que la reina se desmayó (Est 5,1c.d). [Pe-
ro entonces] Dios cambió en dulzura el corazón del rey; se le-
vantó de su trono, la tomó en sus brazos hasta que volvió en sí
(Est 5,1e) [y] la besó diciendo: –Háblame» (Est 5,2a).

Ester quiere que el rey y Amán acudan a un banquete que


les va a preparar y Asuero accede.
Durante los brindis del banquete el rey dice a Ester:
«¿Cuál es tu petición, reina Ester? Se te dará todo. ¿Qué
deseas? Te daré incluso la mitad de mi reino» (Est 7,2).

La reina interviene como abogada de su pueblo, sin miedo


a confesar que forma parte de él:
«Respondió la reina Ester: “Si gozo, mi rey, de tu favor, si así
te place, concédeme la vida. Ésa es mi petición; mi vida y la de
mi pueblo; ése es mi deseo. Pues mi pueblo y yo hemos sido con-
denados a ser exterminados, matados y destruidos. Si nos hu-
bieran vendido como esclavos o esclavas, me hubiera callado, ya
que tal desgracia no sería tan grave como para importunar al
rey”. Preguntó el rey Asuero a la reina Ester: “¿Quién es? ¿Dón-
de está el que intenta hacer eso?”. Respondió Ester: “¡El opresor
y enemigo es ese malvado Amán!”. Amán quedó aterrorizado
ante el rey y la reina. El rey, en un acceso de ira, se levantó del
banquete, y salió al jardín de palacio, mientras Amán se queda-
ba para pedir a la reina Ester que le perdonara la vida, pues com-
prendía que el rey había ya decidido su desgracia» (Est 7,3-7).

En este intervalo, cuando Amán se reclina sobre el diván de


Ester para pedir clemencia, se produce una confusión. Regre-
sa el rey y piensa que el primer ministro quiere violentar a la
reina: «¿Acaso también vas a violentar a la reina en mi presencia y
en mi palacio?» (Est 7,8). Asuero manda que cuelguen a Amán
en la horca preparada para Mardoqueo.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 196

196 Personajes del Antiguo Testamento

Dios se ha servido de una mujer y de su belleza fascinante


para liberar al pueblo. Ester simboliza la preferencia de Dios
por los débiles a la hora de derribar a los poderosos. Ella re-
presenta la solidaridad profunda con el pueblo, cuyo destino
comparte y asume. Aunque en un primer momento titubee y
vacile, se siente solidaria y se arriesga. El bien de una persona
es también el bien de los demás.

2. Ambientación histórica 9
El libro de Ester nos ha llegado en dos versiones: una he-
brea, breve, y una versión griega, más larga. El texto hebreo
se integra dentro del tercer bloque del canon judío, que deno-
minan «Escritos» y es el último de los cinco rollos que se leían
en las grandes fiestas. La historia se ambienta en el período
persa, en la corte del rey Asuero, que se identificaría con Jer-
jes I (486-465 a.C.) en Susa. Pero este escenario histórico es
una ficción literaria que deja entrever una situación de diás-
pora y de dispersión religiosa. Las principales ideas que apare-
cen en el libro indican una posible fecha de redacción hacia la
segunda mitad del siglo II a.C. Un autor desconocido compo-
ne el libro para afirmar la providencia de Dios que dirige la
historia y defiende continuamente a su pueblo de las amena-
zas y adversidades. Las características literarias apuntan a una
gran concentración ideológica.
El libro no es una obra de historia. En tiempos de Jerjes I
la reina nunca fue extranjera, y se llamaba Ametris. Las cróni-
cas reales persas desconocen a los restantes personajes y los de-
cretos de exterminio de los judíos son inverosímiles. Con una
ficción literaria a modo de «historia ejemplar», los hechos y
los personajes están al servicio de una enseñanza: la providen-
cia divina que asiste al pueblo y lo libra de las amenazas.

3. Características literarias 10
El argumento entreteje una serie de intrigas cortesanas que
hacen peligrar la subsistencia de la comunidad judía dispersa,
que se salvará merced a la decidida intervención de Ester y de

19
Cf. La Biblia, La Casa de la Biblia, p. 623.
10
Cf. O. c., p. 623.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 197

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 197

su tío, Mardoqueo, judío discreto, sabio y fiel. Ester tiene el


apoyo de un hombre que sabe mantenerse en segundo plano.
Los exterminadores serán finalmente exterminados, de modo
que la comunidad judía podrá celebrar el alborozo y el regoci-
jo de la liberación a través de la fiesta de los purim («suertes»).
Existen semejanzas entre esta historia y la de José, que lle-
gó a ser primer ministro en Egipto y que consiguió salvar a
toda su familia. También recuerda la historia del Éxodo, don-
de se narra la intervención de Moisés cuando recaen los pro-
yectos amenazantes del faraón contra los mismos egipcios.
La estructura es concéntrica y en el centro se destaca la in-
tervención de Ester. Hay un prólogo, cinco secciones y un epí-
logo:
– Prólogo: el sueño de Mardoqueo (Est 1,1a-g).
1) Destitución de Vasti y entronización de Ester (Est 1-2).
2) Amán y Mardoqueo (Est 2,21-4,17x).
3) Ester ante Asuero (Est 5,1-14).
4) Mardoqueo y Amán (Est 6,1-9,16).
5) Fiesta de los purim (Est 9,17-10,3).
– Epílogo: explicación del sueño de Mardoqueo (Est 10,3a-
k).
Las secciones se concentran posteriormente y aparece en la
tercera sección el protagonismo de Ester.

4. Claves teológicas 11
Resulta sorprendente en la versión hebrea del libro el si-
lencio total sobre Dios, al que nunca se menciona. Tampoco se
habla del templo, la ley, el sacerdocio, el sábado, Jerusalén, las
más características instituciones del judaísmo postexílico. El
texto griego corrige la ausencia del nombre divino a través del
sueño de Mardoqueo, de las oraciones de este personaje y de
las plegarias de Ester. A pesar de este silencio, las claves teo-
lógicas fundamentales son:
1) La inviolabilidad del pueblo judío, con el cual Dios ha
hecho una alianza. Es Dios quien garantiza la supervivencia y

11
Cf. O. c., p. 624.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 198

198 Personajes del Antiguo Testamento

el triunfo de la comunidad judía. Es Dios quien dirige la ac-


ción y conduce los acontecimientos. Los personajes manifies-
tan su fe en esta providencia:
«Cuando Mardoqueo se enteró de lo que pasaba, rasgó sus
vestiduras, se vistió de sayal y se cubrió de ceniza, salió por
la ciudad gritando amargamente: “¡Un pueblo inocente va a
ser exterminado!”» (Est 4,1).

Dice Mardoqueo a Ester:


«No creas que por estar en palacio vas a ser tú la única
que te salves de todos los judíos. Si en este trance te callas, la
liberación y la ayuda vendrán a los judíos de otra parte, pero
tú y toda tu familia pereceréis. ¡Y quién sabe si no habrás lle-
gado a ser reina precisamente para un trance como éste!» (Est
4,13-14).

Se descubren las líneas directrices de la historia dirigidas


por el proyecto de Dios. Ester manifiesta su aceptación en la
respuesta a Mardoqueo:
«Ve a reunir a los judíos de Susa y ayunad por mí, sin co-
mer ni beber durante tres días y tres noches. Yo y mis cria-
das ayunaremos también; después me presentaré ante el rey,
aun en contra de su orden; y si he de morir, moriré» (Est
4,16).

2) El conflicto entre el pueblo de Dios y los poderes del


mundo, debido a la singularidad de la comunidad elegida.
3) El contraste entre la aparente debilidad del pueblo ele-
gido y la superioridad del enemigo. Un pueblo pequeño, dé-
bil, que contrasta con la superioridad de los enemigos.
4) La exaltación del inocente por parte de Dios cuando to-
do parece perdido. Dios emite un juicio histórico contra los
malvados.
5) La intervención decisiva de una mujer en el camino ha-
cia la salvación.
6) La conciencia de la identidad, de la unidad y el espíritu
de solidaridad de los israelitas dispersos.
Encontramos también un elemento que distorsiona este
universo teológico: la obsesión revanchista después de la
muerte de Amán y la anulación de su proyecto de exterminio.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 199

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia 199

Un «regodeo» en la venganza que aparece en el ahorcamiento


de los diez hijos de Amán, en el recuento de las víctimas y en
el alargamiento del plazo de la venganza.

Bibliografía
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Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 200
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 201

Qohelet:
¿Un postmoderno en la antigüedad?
Luis Alonso Schökel

Qohelet es un anticonformista que predica el conformarse,


un doctor que critica el saber. Dice que se olvida al hombre
después de la muerte, y se ha hecho inolvidable. Dice que no
hay nada nuevo bajo el sol, y escribe un libro novísimo, con
un estilo completamente nuevo. Ya con estos datos, podemos
ver lo extraño, lo curioso de esta personalidad. Al final de su
obra se leen unas famosas frases: «escribir libros no se acaba nun-
ca», «el mucho estudiar desgasta las fuerzas», y por eso escribe un
libro de doce capítulos, 20 páginas, que se siguen leyendo y
estudiando como un clásico de la literatura universal.
Para dar la semblanza del autor, vamos a ofrecer unas mues-
tras que nos permitan saborear su forma de pensar y su estilo
de exponer. Y comenzamos con el título de la obra, que no es
de él. Suena así: Discurso de Qohelet, hijo de David, Rey de Jeru-
salén. Título totalmente ficticio. Disertación, más bien una se-
rie de reflexiones, tratadillos o comentarios. Qohelet no es
nombre propio sino de oficio; sería el predicador, un ser anó-
nimo que guía a la asamblea. Hijo de David, Rey de Jerusa-
lén, es decir, Salomón. En la antigüedad, para dar prestigio a
una obra literaria, era costumbre atribuirla a un personaje. A
Salomón, como había patrocinado las artes de estudio, había
disertado, había compuesto textos literarios... se le atribuían
libros sapienciales. Según la tradición, Salomón habría com-
puesto tres libros: en su juventud, el Cantar de los Cantares,
un canto al amor; en su edad madura, los Proverbios, sensatez;
y de anciano, el Qohelet, la desilusión, el desencanto.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 202

202 Personajes del Antiguo Testamento

Leyenda simpática que no da en el blanco de la historici-


dad, pero perfila muy bien el tipo de los tres libros. Qohelet,
el libro de un anciano que se sienta con calma a hacer balan-
ce, y el balance es el programa. Hay que pesar en la balanza
para hacer balance. ¿Cuánto pesa todo el trabajo, las riquezas,
el esfuerzo, el afán? Pongámoslo en un platillo. Ni siquiera lo
que un soplo. Imaginemos que un soplo sopla. Soplo de soplo,
un vacío; soplo de soplos y todo es soplo. Venerable tradición
castellana que ha traducido por vanidad de vanidades, todo va-
nidad. Y vanus en latín significa «vacío», que no tiene consis-
tencia. El programa es el balance de toda una vida de pensa-
miento, esfuerzo, estudio, trabajo... Vanidad de vanidades,
todo vanidad. Esta frase que aparece como frontispicio del li-
bro se va a repetir al fin del mismo, clausurándolo. Cuando al
final salgamos por la otra puerta volveremos a leer lo mismo.
Algunas veces he dicho que este libro es para mayores de
40 años, por tener mezcladas entre sus páginas gotas de amar-
gor. En el cóctel de la vida siempre es preciso añadir gotas de
amargura para que salga bien.
Éste es su título, su ficticio autor –Salomón– y su progra-
ma. El Yo del libro que habla es este anciano que reflexiona y
da vueltas (palabra muy querida del autor). Toma la vida, la
deja girar. La primera faceta de la vida es vanidad; la segunda
y tercera, también vanidad... Una monotonía de vanidades.

1. Crisis de sabiduría y crisis personal


En este libro se revela la crisis de la sabiduría tradicional.
¿En qué consiste esta sabiduría? ¿Cómo le afecta la crisis? En
el Antiguo Testamento, la sabiduría es ejercicio de doctores o
pensadores. Puede perfilarse mejor contraponiéndola a la ley y
a la profecía. La sabiduría no tiene nada de ley; en el mundo
sapiencial sólo se dan consejos, reflexiones. Donde la ley dice:
«respetarás al padre y a la madre», un consejo inculca: «te reco-
miendo que respetes a tus padres». Pero no es Ley. Tampoco es pro-
fecía ya que el profeta siempre apela a Dios: «Así dice el Señor»,
«Palabra de Dios», «Oráculo del Señor»; nunca habla por cuen-
ta propia, siempre en nombre del Ser Supremo. Los sapiencia-
les apelan a la razón de la experiencia. Y este trabajo sapien-
cial se cultivó en Israel, llegando a cuajar en una serie de libros
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 203

Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? 203

que los católicos llamamos «Pentateuco sapiencial», porque


son cinco: Proverbios, Job, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabidu-
ría. Los hebreos reconocen sólo tres de los cinco.
La sabiduría tradicional es ejercicio de la mente que cuen-
ta con Dios, que conoce a los profetas..., pero que trabaja sin
una luz superior, sin recibir mensajes de la divinidad. Su úni-
co instrumento es la razón. La nacida escuela sapiencial trans-
mite proverbios, los crea, añade, los comenta... Crecen en pe-
queños tratados, en instrucciones..., y así nace la Gran
Tradición Sapiencial. Pero... ¿qué sucede con el tiempo? Al
trabajar sólo con la razón, experiencia y reflexión, llegará un
momento en que esa actividad sea sometida a crítica. Y la crí-
tica es doble, desde fuera y desde dentro. Desde fuera son los
profetas, ante todo Jeremías, llamando la atención a los sabios:
¡Cuidado, no confiéis plenamente en la razón, escuchad la pa-
labra de Dios! Pero la más interesante es la interna, ya que un
saber que se funda sólo en la razón, sin otra ayuda, se conver-
tirá, con el tiempo, en autocrítica. Es lo que sucede en los li-
bros de Job y Eclesiastés. Sus autores son anticonformistas des-
de dentro. Conocen muchos proverbios, y los citan para poner
peros; saben fabricarlos, y demuestran lo contrario relativizan-
do así su enseñanza. Están dentro de la tradición, pero no les
convence y se enfrentan. ¡Es saludable escuchar dentro de la
Biblia una voz anticonformista, no censurada! ¡Estamos tal vez
cansados de censura dentro de la Iglesia y hay que dejar que
se digan barbaridades...! Pero lo más inaudito es que estos
hombres que dicen barbaridades tienen el espaldarazo del es-
píritu; su palabra es palabra de Dios y ha sido recogida en la
Biblia como parte constitutiva de ella. ¡Qué gran tolerancia la
de permitir que Job, casi blasfemo, y Eclesiastés, tan desilu-
sionado de la vida, formen parte del Libro Santo! Éste es el an-
ticonformismo de Qohelet. Quien quiera leerlo ha de ser ca-
paz de abrirse y escuchar, ya que ahora le toca a él; después les
tocará a otros. No es lo último ni lo más elevado de la Biblia,
pero es una voz, y una voz que tiene derecho a hablar.
Pero además de esta crisis interna en el sistema sapiencial
tradicional, nace también una crisis en el interior del persona-
je. En un capítulo afirma que es mejor el día del sufrimiento
y pena que el del gozo, y en el otro sostiene que hay que apro-
vechar la juventud y gozar. ¿En qué quedamos? Tan pronto se
pone muy devoto como parece prescindir de Dios... A princi-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 204

204 Personajes del Antiguo Testamento

pios de siglo hubo autores, de tradición muy rígida y racional,


que cortaban en tiras el libro: una la asignaban a Qohelet, otra
a un piadoso... de forma que cada tira fuera perfectamente co-
herente. Tradición ya trasnochada; ni siquiera sospechaban
que dentro de una misma persona pueden entrar en conflicto
las ideas y sus soluciones. Es lo que le pasa con Qohelet: por
dentro no está de acuerdo consigo mismo. Esta idea la expre-
sa con gran belleza Antonio Machado:
«No extrañéis dulces amigos
que esté mi frente arrugada
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas».

También Qohelet vive en paz con los hombres y en guerra


con sus entrañas. Es la tensión, el dramatismo que ha logrado
introducir en su libro y que debemos saber escuchar. Su obra
no es coherente, acabada... sino tensa, contradictoria, con una
cierta desazón interna por algo que no encaja.

2. La muerte
Desazón, sobre todo, cuando el autor topa con la muerte co-
mo última y definitiva prueba, muerte que iguala todo y hace
ambigua nuestra existencia. La muerte nos llegará un día a to-
dos, pero al enviar a sus adelantados, el sufrimiento y el dolor,
ya está presente en nuestra conciencia y reflexión, llegando a
transformar el sentido de nuestra propia vida. Si todos vamos a
morir, ¿para qué estudiar?, ¿para qué ser buenos? Igual muere el
bueno y el malo. Leamos estas frases extremadas del capítulo 9:
«Todo lo que tiene el hombre delante es vanidad, porque
una misma suerte toca a todos: al inocente y al culpable, al
puro y al impuro, al que ofrece sacrificios y al que no los ofre-
ce, al justo y al pecador, al que jura y al que tiene reparo en
jurar. Esto es lo malo de todo lo que sucede bajo el sol, que
una misma suerte toca a todos, el corazón de los hombres es-
tá lleno de maldad, mientras viven piensan locuras, y después
a morir» (vv. 2-4).

Esa suerte es la muerte. La muerte anula, relativiza el valor


de la vida, pero también lo intensifica a la vez; sin la muerte
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 205

Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? 205

los gozos carecerían de valor. Si tenemos que morir... ¡A gozar


mientras vivamos! En su predicación, Qohelet insiste mucho
en lo que puede denominarse «goce calderilla»: disfrutar
mientras se vive. La muerte plantea la gran ambigüedad de la
vida. ¿Y la otra vida? Para el autor no hay otra vida; ni siquiera
la conoce. Lo mismo pasará con el Eclesiástico y con tantos
otros pensadores israelitas que ni siquiera la barruntaron.

3. Barrera de la injusticia
¿Justicia? La experiencia más bien nos dice que siempre to-
pamos con la injusticia, como barrera insuperable. Se hace jus-
ticia y vuelve a brotar de nuevo la injusticia, con un poder tre-
mendo tanto a nivel individual como de grupo, de nación...
Qohelet busca salida por un lado y otro, y tropieza siempre
con la barrera real de la injusticia, difícil de esquivar.
«Otra cosa observé bajo el sol: en la sede del derecho, el
delito; en el tribunal de la justicia, la iniquidad» (3,16).

¿Esto es postmoderno o moderno?


«También observé todas las opresiones que se cometen bajo
el sol: vi llorar a los oprimidos, sin que nadie los consolase, sin
que nadie les consolase del poder de los opresores» (4,1).

Lo peor de toda injusticia es que siempre engendra vícti-


mas. Y es terrible no sólo sufrir como víctima sino contem-
plarla impotente. Impotencia que hace absurda la vida, por-
que si lo que triunfa es la injusticia, ¿qué sentido tiene ser
hombre? Por eso continúa:
«Y llamé a los muertos que ya han muerto más dichosos
que los vivos que aún viven, y mejor que los dos el que aún
no ha existido, porque no ha visto las maldades que se co-
meten bajo el sol» (4,2).

Tremenda expresión que brota de la indignación frente a


toda injusticia y expresa el ansia de una justicia impotente.
¿Afirmación moderna o postmoderna? Aquí, algo suena a «sed
de justicia».
«Si ves en una provincia oprimido al pobre, conculcados
el derecho y la justicia, no te extrañes de tal situación: cada
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 206

206 Personajes del Antiguo Testamento

autoridad tiene una superior, y una suprema vigila sobre to-


das» (5,7).

Sobre la retribución tiene frases muy escépticas, pues, mu-


chas veces, la realidad contradice a la tradición: los malvados
son los que mejor lo pasan, y los que sufren son los inocentes.
La doctrina tradicional de la retribución no funciona.

4. ¿Qohelet, escéptico?
¿Podemos tacharle de escéptico? Al parecer, no. Escéptico es
el que no cree en ningún valor, el que duda de toda verdad en el
balance, en el consejo que da. No es escéptico; sí un desencanta-
do o desilusionado. De joven se hizo ilusiones..., y ahora se sien-
te decepcionado. ¿Qué tenemos que hacer? El goce en «calderi-
lla», en dinero suelto sin valor frente al tesoro o valor apreciable.
Ése es su gran consejo. Nada de heroísmos, ni triunfalismos fan-
tásticos... Hay que conformarse con sacar el jugo de lo que uno va
trabajando, disfrutarlo... sin grandes ilusiones, ni proyectos de fu-
turo. El goce, aunque pequeño, no hay que dejarlo para mañana.
«El único bien del hombre es comer y beber y disfrutar
del producto de su trabajo, y aun esto he visto que es don de
Dios. Pues ¿quién come y goza sin su permiso?...» (2,24s).

No se habla de comilonas y borracheras, sino sencillamen-


te de comer, beber y disfrutar del producto de su trabajo; que
no se lo lleve el otro, que no se malogre, que no lo dejemos
para después. Hay que vivir bien mientras se es joven.
«Y comprendí que el único bien del hombre es alegrarse
y pasarlo bien. Pero que el hombre coma, beba y disfrute del
fruto de su trabajo es don de Dios» (3,12-13).
«Y así observé que el único bien del hombre es disfrutar
de lo que hace; ésa es su paga; pues nadie lo ha de traer a dis-
frutar de lo que vendrá después de él» (3,22).

Una vez muerto no va a disfrutar; ha de gozar de su traba-


jo mientras viva, no dejarlo para después. Si se empeña en rea-
lizar grandes obras, grandes proyectos... cuando quiera disfru-
tarlo será demasiado tarde porque se habrá muerto. Ésta es la
lección concreta que saca este autor.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 207

Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? 207

«Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu vino,


porque Dios ya ha aceptado tus obras; lleva siempre vestidos
blancos, y no falte el perfume en tu cabeza, disfruta la vida
con la mujer que amas, todo lo que te dure esa vida fugaz,
todos estos años fugaces que te han concedido bajo el sol; que
ésa es tu suerte mientras vives y te fatigas bajo el sol. Todo
lo que esté a tu alcance hazlo con empeño, pues no se traba-
ja ni se planea, no hay conocer ni saber en el Abismo, adon-
de te encaminas» (9,7-10).

Se refiere al mundo de los muertos, al no ser. Esto es lo que


nos da el balance: saber disfrutar día a día del trabajo y no per-
derse en proyectos triunfalistas y fantásticos.
El pensar tradicional se basa en la experiencia. Y ha de ob-
servar lo personal en un acto de lucidez, de consciencia. El yo no
sólo actúa, también se mira a sí mismo; entonces la experiencia
deviene consciente, responsable. Implica además otro elemento:
el experimento, diverso de la experiencia. Experimentar es colo-
carse en una situación X para ver el desenlace. Se hacen experi-
mentos químicos mezclando los diversos ingredientes para ver su
reacción... Nuestro autor imagina al rey Salomón haciendo un
experimento de saber: disfruta, goza, monta un harén, se perfu-
ma, celebra banquetes... y ¡a ver qué pasa! Y el balance es vani-
dad. Al balance ha llegado a través del experimento, y éste me
da experiencia (forma de pensar del autor). Los sabios son gran-
des observadores; no viven dejando pasar la vida sino que siem-
pre examinan con detención su derredor. Esta observación, repe-
tida y cristalizada, cuaja en proverbios, refranes... que pueden
enseñar a otros a vivir. Pero a la observación hay que añadir la re-
flexión: se observa algo y se piensa en ello. La reflexión es tarea
intelectual; y lo curioso en este autor es que su reflexión es de se-
gundo grado: observa, reflexiona y después reflexiona sobre su re-
flexión. Lo cual supone un refinamiento casi morboso. Es su ma-
nera de trabajar. Luego viene la evaluación, que se manifiesta en
proverbios de tipo tradicional: el «más vale» del capítulo 7.

5. Estilo literario
Maneja el refrán, el aforismo, sabe citar el antiguo y crear
el nuevo, pero se desenvuelve mejor con el comentario. Se me
ocurre la imagen de un diario de reflexiones, como el de Una-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 208

208 Personajes del Antiguo Testamento

muno..., en el que cada día se escribe algo. Estilo sentencioso,


inconfundible.

6. Su influencia en la literatura
Esta obra ha generado una literatura denominada De con-
temptu mundi («Del desprecio del mundo»). Vamos a citar tres
ecos en nuestra poesía, en nuestra lengua.
Rubén Darío, en Canción de otoño en primavera:
«¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
¡Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...»

En el Poema de otoño:
«Tú has gozado de la hora amable
y oyes después
la imprecación del formidable
Eclesiastés».

Y Machado, en Meditaciones rurales, se pregunta:


«¿Todo es
soledad de soledades,
vanidad de vanidades,
que dijo el Eclesiastés?»

Y en Proverbios y Cantares:
«¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades».

Hay eco de este autor en Machado. Es una vena, no todo


Machado.

7. Dos ejemplos de estilo literario


1º) En el primer poema en prosa del Qohelet (cap. 1), el te-
ma es la cansada monotonía; hay una estrofa cósmica que bus-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 209

Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? 209

ca los elementos: el fuego del sol, el viento que gira, el agua y


la tierra inmóvil. Todo lo demás, un cansado virar:
1ª Estrofa (cósmica): El sol del Salmo 19 es apoteósico, triun-
fal: «Él, como un esposo, sale de su alcoba, contento como un
héroe, a recorrer su camino. Asoma por un extremo del cielo y
su órbita llega al otro extremo...» (vv. 6-7). El sol del Qohelet
es jadeante, cansado, llega a su término para volver a empezar, y
lo mismo al día siguiente. El mar se traga el agua de los ríos, se
lo entrega subterráneamente a Absu, para brotar en manantiales
y volver a los ríos... Sólo la tierra permanece inmóvil, quieta.
2ª Estrofa (humana): todos esos seres cósmicos perviven en
la repetición; los hombres, en la no repetición. Una generación
va, otra generación viene. Representan un mismo drama, pe-
ro los personajes son otros. Los hombres pasan, lo único que
queda es la tierra inmóvil. Nada es nuevo, todo es cíclico. Y
si a alguien se le ocurre decir que algo es nuevo es que ha ol-
vidado. ¿No han observado que una novela que leímos hace
años podemos releerla porque ya nos hemos olvidado de ella?
El olvido crea la novedad, pero en realidad no es nueva. Todo
es una cansada monotonía, y el estilo de repeticiones materia-
liza el ciclo, esta cansada monotonía.
«¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan
bajo el sol? Una generación se va, otra generación viene,
mientras la tierra siempre está quieta. Sale el sol, se pone el
sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Ca-
mina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento. To-
dos los ríos caminan al mar, y el mar no se llena, llegados al
sitio donde caminan, desde allí vuelven a caminar. Todas las
cosas cansan, y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los
ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír; lo que pasó eso pa-
sará; lo que sucedió, eso sucederá; nada hay nuevo bajo el sol.
Si de algo se dice: “mira, esto es nuevo”, ya sucedió en otros
tiempos mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los an-
tiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acorda-
rán de ellos sus sucesores» (Qoh 1,3-11).

2º) El péndulo de la existencia. Es un segundo ejemplo pa-


ra apreciar su estilo de repetición y monotonía. El estilo lite-
rario se plasma en el pensamiento.
El Salmo 30 ya había usado la imagen del «Vaivén»: el que
está a punto de morir salva su vida milagrosamente. Ya esta-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 210

210 Personajes del Antiguo Testamento

ba bajando a la fosa, ya tenía un pie en la tumba..., y Dios le


saca. En el Salmo 121 también se da ese sentido pendular.
Dios es el guardián de Israel que no duerme ni dormita: pro-
tege sus entradas y salidas, de día y de noche, del sol y de la
luna. Pero Qohelet lo va a resaltar más aún: la vida humana es
ese péndulo, todo es cuestión de tiempo y sazón. Así nos hace
asistir a estos 14 movimientos pendulares a los que se les po-
día dar el ritmo «tic-tac». Es el tic-tac de la vida hasta que el
reloj se pare. El primero de esos tic-tac sonará al nacer; el úl-
timo, al morir. Toda la vida humana es cuestión de tiempo y
sazón.
«Tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar,
tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiem-
po de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo
de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de
arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar,
tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder;
tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar,
tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo
de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz»
(Qoh 3,2-8).

Es el péndulo de la existencia que el autor comenta tras ob-


servar qué es lo que saca al obrero de sus fatigas:
«Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hom-
bres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al
hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abar-
ca las obras que hizo Dios, desde el principio hasta el fin»
(Qoh 3,10-11).

El final de la obra es una meditación sobre la vejez de tipo


poético-alegórico. Imaginémonos una finca o hacienda con ca-
sa, parque, pozo... y en esa finca se presentan de forma alegó-
rica los personajes asomándose a una ventana (los ojos). Exis-
te una puerta (la boca) y unos fuertes o firmes (la piernas)...
Están los que escuchan (los oídos)... Mezcla esa visión alegóri-
ca con una finca, donde todo se va apagando con la vejez: ya
no se escucha ni se oye; se rompe la polea; el cántaro descien-
de al agua de la vida... Todo es alegoría y lirismo poético; me-
lancólica meditación de la vejez. Y antes de entonar este can-
to póstumo a la vejez, sintiéndose cercana a la muerte, la
sabiduría da este consejo a los jóvenes:
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 211

Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? 211

«Dulce es la luz y los ojos disfrutan viendo el sol. Por mu-


chos años que viva el hombre, que los disfrute todos, recor-
dando que los años oscuros serán muchos y que todo lo que
viene es vanidad. Disfruta mientras eres muchacho y pásalo
bien en la juventud. Déjate llevar del corazón y de lo que
atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio, para dar
cuenta de todo. Rechaza las penas del corazón y rehúye los
dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras. Acuérda-
te de tu Hacedor en la juventud, antes de que lleguen los días
aciagos y alcances los años en que dirás: “No le saco gusto”»
(Qoh 11,7-12,1).

El hombre tiene que dar cuenta a Dios del tiempo del que
dispuso para disfrutar y no lo hizo. Gran honradez y honesti-
dad la de este hombre al afirmar que los tiempos son buenos
y que el único malo es él por no sacarles gusto. Ése es el con-
sejo sensato del anciano. Y ahora:
«Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las es-
trellas, y a la lluvia siga el nublado. Ese día temblarán los
guardianes de casa y los robustos se encorvarán, las que mue-
len serán pocas y se pararán, las que miran por las ventanas
se ofuscarán, las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del
molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las
canciones se irán callando, darán miedo las alturas y ronda-
rán los terrores. Cuando florezca el almendro y se arrastre la
langosta y no dé gusto la alcaparra [probable referencia se-
xual], porque el hombre marcha a la morada eterna y el cor-
tejo fúnebre recorre las calles. Antes de que se rompa el hilo
de plata y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro
en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la
tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Vani-
dad de vanidades –dice el predicador–, todo es vanidad»
(Qoh 12,2-8).
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Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 213

Tobías:
La religión en dificultades
Pedro Ignacio Fraile

«Fui joven, ya soy viejo: nunca he visto a un justo aban-


donado ni a sus hijos mendigando pan» (Sal 37,25).

1. El libro de Tobías
Vamos a coger entre las manos una obra pequeña, sólo 14
capítulos, que frecuentemente pasa desapercibida para los lec-
tores de la Biblia. Un libro ameno de lectura y con una serie
de rasgos propios que hacen de él una obra interesante y su-
gerente a la vez.
El libro de Tobías no es un caso único en la Sagrada Es-
critura, sino que forma parte de un conjunto más amplio di-
fícilmente clasificable en los esquemas bien conocidos de
«Ley», «Historia», «Profetas», «Poesía» y «Sapienciales».
Tobías, junto con los libros de Rut, Judit y Ester, forma par-
te de un reducido grupo que Alonso Schökel recoge en su
Nueva Biblia Española (NBE) bajo el título de «Narraciones».
Hoy la mayoría de los especialistas nos habla de que estamos
no tanto ante «relatos históricos» cuanto ante «relatos didác-
ticos». La finalidad, composición, recursos literarios emplea-
dos están lejos de la narración histórica. En el caso de Tobías
la trama se desarrolla en torno a los avatares de una familia
piadosa judía que se ve sometida al exilio en Nínive bajo el
dominio asirio.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 214

214 Personajes del Antiguo Testamento

¿Qué sabemos de estos libros «peculiares»? Son un peque-


ño grupo con características comunes: son traducciones de un
original que se ha perdido, son deuterocanónicos y tienen un
género literario común a todos ellos difícil de definir.

Tres traducciones para un original perdido


Al buscar los textos originales de la Biblia nos encontramos
con que no siempre podemos acceder a ellos. A veces sólo dis-
ponemos de traducciones. El caso más conocido es el del libro
del Eclesiástico, leído por generaciones en griego, hasta que
hace sólo unos años se encontraron partes de su texto original
hebreo. Lo mismo ocurre con el libro que nos ocupa.
Algunos críticos han defendido la opinión de que Tobías fue
escrito en griego, pero hoy está bastante generalizada la opinión
de que el texto original que se perdió estaba escrito en una len-
gua semítica, aunque no puede resolverse si fue el hebreo o el
arameo 1. Muy pronto el libro de Tobías fue traducido al griego.
Si tenemos una traducción en griego la cosa es relativamente
sencilla, ¿no? En absoluto, porque de esta traducción tenemos
tres versiones principales. Hoy la mayoría de las traducciones a
las lenguas vernáculas siguen la llamada «forma larga» 2.

Escogido de la Biblia griega


Al igual que sucedió con otros libros de su época, el de To-
bías forma parte de un pequeño grupo que conocemos como
«deuterocanónicos» 3. Su original semítico estaba perdido, por

1
En Qumrán se han encontrado cuatro fragmentos de Tobías en arameo y uno
en hebreo.
2
Tenemos una «forma larga», ampulosa y redundante. Es la más fiable y la
más cercana al original perdido. Representada por el Códice Sinaítico (S) y las ver-
siones latinas anteriores a la Vulgata. La «forma breve» sería una revisión de la an-
terior, en un texto más claro y sobrio. La encontramos en los Códices Vaticano (B)
y Alejandrino (A). Por fin la de la Vulgata, hecha a «vuela pluma» según recono-
ce san Jerónimo, en la que introduce glosas y comentarios de carácter moral.
3
Significa «segundo canon». Llamamos así a los libros que no fueron acepta-
dos en un primer canon de las escrituras por los judíos palestinenses por estar es-
critos en griego, lengua profana para ellos. La Iglesia reconoció como canónicos,
además de los contenidos en el canon hebreo, otros libros recibidos de la Biblia
griega (LXX) que la comunidad cristiana leía como inspirados: Judit, Tobías,
Eclesiástico, Sabiduría, Baruc, 1-2 Macabeos.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 215

Tobías: La religión en dificultades 215

lo que no entró a formar parte del estricto canon judío esta-


blecido en Yamnia. Sin embargo Tobías sí formaba parte de la
Biblia griega, también llamada de «los setenta» (LXX), que era
leída por la comunidad judía de Alejandría, de donde la Igle-
sia lo recibió como inspirado. Decimos «escogido» porque «la
biblia griega» de Alejandría (LXX) tenía otros libros que no
fueron adoptados como canónicos por la Iglesia naciente: Odas,
Macabeos III y IV, etc.

¿Estamos ante un «libro histórico»?


El ambiente que se refleja en el libro parece corresponder a
la diáspora judía de la época helenística. Muchos judíos vivían
entonces fuera de Israel, a menudo en condiciones difíciles que
ponían en peligro la propia identidad nacional, cultural y re-
ligiosa. Se hacía necesario, por tanto, afirmarse como pueblo y
fortalecer los lazos de unión con todos los judíos, pero de una
forma especial con los que vivían en la Diáspora.
Un judío piadoso salió al paso de esa necesidad escribien-
do este librito. Querría crear «modelos de identificación» que
mostraran con ejemplos palpables el amor a la ley y al Dios
que protege a los que siguen sus caminos; modelos que esti-
mularan la solidaridad entre los compatriotas dispersos, que
inculcaran la necesidad de una familia fuertemente unida y
protegida de influencias extrañas mediante una severa repulsa
de los matrimonios con extranjeros 4, y que orientasen todos
los corazones hacia Jerusalén como centro de unidad de todos
los judíos.
Desde la crítica histórica el libro tiene sentido si lo situa-
mos después del destierro de Babilonia (siglo VI), y no en el
destierro de Nínive (siglo VIII a.C.). Por otra parte, si nues-
tro acercamiento al texto es desde la literatura, descubrimos
que el género literario que emplea el autor de Tobías corres-
ponde claramente a una época muy tardía en la evolución de
la literatura judía. Podríamos matizar aún más, colocándolo en
torno al año 200 a.C. 5.

4
Cf. Esd 9.
5
Así lo aconsejan las numerosas analogías que presenta con el libro del Ecle-
siástico, escrito hacia el 190, y por el ideal espiritual que profesa y que anuncia ya
la espiritualidad de los fariseos.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 216

216 Personajes del Antiguo Testamento

2. Una narración edificante


Los avatares de una familia piadosa
La obra narra un drama familiar que tiene como principa-
les protagonistas al anciano Tobit, a su hijo Tobías, a la joven
Sara y al ángel Rafael.
La introducción (caps. 1-4) sirve de presentación de los dos
protagonistas principales y su situación particular. Tobit y Sa-
ra, judíos desterrados en distintas ciudades y emparentados
entre sí, comparten una misma suerte. Ambos son justos ante
Dios y cumplen fielmente la Ley de Moisés; sin embargo car-
gan sobre sus espaldas la persecución, la injusticia (Tobías) y
la desdicha continuada (Sara).
Tobit es un piadoso israelita de la tribu de Neftalí deporta-
do a Nínive; observante, caritativo, generoso. Tobit, por ser fiel
a la ley de Moisés, llega a enfrentarse a las autoridades asirias,
pues entierra a los judíos muertos contraviniendo la ley del rey
y poniendo en riesgo su vida. La doctrina clásica de la retribu-
ción en vida sufre un duro golpe: Tobit no recibe la debida «re-
tribución» a sus buenas obras, tal como predicaba el judaísmo
de la época, sino que es castigado por sus opresores, llegando a
la ruina, y en el colmo de sus desdichas queda ciego por un in-
fortunio al defecar un ave sobre sus ojos cuando descansaba.
La historia nos lleva de repente a muchos kilómetros de
distancia. En la ciudad persa de Ecbatana vive su pariente Ra-
güel con su hija Sara. La joven es ejemplo de paciencia y de vir-
tud. La misma noche de bodas ha visto morir a siete prometi-
dos a causa del demonio Asmodeo 6. La retribución debida a su
virtud tampoco se hace patente, sino todo lo contrario.
Tobit y Sara van a ser dos vidas paralelas. Ambos piden a Dios
que les libre de esta vida. El anciano ora acongojado: «haz con-
migo lo que te parezca bien, quítame la vida si quieres... más
vale morir que vivir porque se burlan de mí sin motivo y estoy
muy triste» (3,6). La joven llega a ser acusada de asesina: «Tú
eres la que matas a tus maridos... ¡Vete con ellos y que nunca
veamos un hijo o una hija tuyos!» (3,8.9), y en su desesperación

6
Asmodeo es el nombre de un demonio. Este nombre guarda relación con Esh-
ma-dewa, uno de los siete malos espíritus de los persas.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 217

Tobías: La religión en dificultades 217

grita al Señor: «¿Para qué quiero vivir. Pero si no me concedes


la muerte, escucha al menos cómo me insultan» (3.15).
El narrador se va a servir de las distintas circustancias de
un viaje para llevar adelante con maestría la situación. Entran
en escena dos nuevos personajes, Tobías y Rafael, que ocupan
el cuerpo del libro (caps. 4-12).
Tobías es el hijo de Tobit y debe ir a la ciudad de Ragués
para cobrar una suma de dinero por encargo de su padre, im-
posibilitado por la ancianidad y la ceguera. Al ir a buscar com-
pañero de viaje, un desconocido se le ofrece. Rafael va a ser en
todo momento la «mano providente de Dios», si bien Tobías
«no se dio cuenta de que era un ángel del Señor» (5,4). A par-
tir de este momento las casualidades son obra de la providen-
cia divina: Tobías coge un pez en el Tigris y por consejo del
amigo conserva las entrañas (6,1-9). Camino de Ragués paran
en casa de Sara y el «misterioso acompañante» le aconseja to-
marla por esposa (6,16-19). En la noche de bodas será el án-
gel de Dios quien le dirá cómo escapar de una muerte segura
para evitar la suerte de sus predecesores. Tobías quema en la
alcoba el corazón y el hígado del pez y pasa las tres primeras
noches en oración sin tocar a su mujer (7,1-8,21). Mientras
Tobías se queda con Sara, Rafael –¡en definitiva un extraño!–
irá a cobrar el dinero. Una vez en casa, según prescripción del
amigo, la hiel del pez devolverá a Tobit la vista. ¿Quién es es-
te misterioso compañero de viaje que «me condujo sano y sal-
vo, curó a mi mujer, me procuró el dinero y te curó a ti»?
(12,3). El «acompañante» les invita a ver la mano providente
y bondadosa del Señor y descubre su identidad: «Yo soy Ra-
fael, uno de los siete ángeles que asisten al Señor y pueden
contemplar su gloria» (12,15).
El libro se cierra en una tercera sección (caps. 13-14) con
un cántico de acción de gracias y los últimos consejos de To-
bit antes de morir.

Una historia ejemplar


El libro de Tobías da la impresión de ser una obra histórica
por la abundancia de detalles que ofrece sobre fechas, perso-
najes y lugares, así como sobre los episodios de la historia de
Asiria y de Israel. Esta primera impresión no deja de ser en-
gañosa.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 218

218 Personajes del Antiguo Testamento

Comencemos por caer en la cuenta de que el nombre de los


personajes no es casual. Tob en hebreo quiere decir «bueno»;
siguiendo dentro de esta familia semántica, Tobit significa
«bondad», Tobías significa «Yavé es bueno», y Tobiel, «Dios es
bueno». Para un lector hebreo, el nombre del protagonista, de
su hijo y de su familia evoca «bondad», «persona buena».
Por otra parte, una lectura de este grupo de escritos bíbli-
cos que hemos denominado más arriba «Narraciones» nos des-
cubre la constante de la imprecisión y la libertad con que tra-
tan la historia y la geografía.
Veamos algunas inexactitudes históricas. Según el texto,
Tobit en su juventud presenció la división del reino a la muer-
te de Salomón (año 933) (1,4); fue deportado con la tribu de
Neftalí (año 734) (1,5.10); y su hijo Tobías no murió hasta
después de la destrucción de Nínive (año 612) (14,15). O sea,
entre padre e hijo (dos generaciones), cubrirían un período de
tres siglos. Sabemos por la historia que no fue el rey asirio Sal-
manasar el que deportó a la tribu de Neftalí (1,2), sino Ti-
glatpileser III. Tampoco fue Senaquerib el sucesor de Salma-
nasar (1,15), sino Sargón.
Geográficamente tampoco se ajusta a la realidad el dato se-
gún el cual entre la ciudad de Ragués, situada en la montaña,
y la de Ecbatana 7, en medio de la llanura, no habría más de
dos días de camino (5,6). En la realidad Ecbatana se hallaba
mucho más alta que Ragués 8 (a 2.000 metros de altitud), y los
kilómetros que separaban a las ciudades eran 300, imposibles
de recorrer en dos jornadas.
Estas sorprendentes libertades sólo se explican si tenemos
en cuenta que el autor no ha querido escribir una obra de his-
toria. De lo contrario los errores evidentes la harían inviable.
Podríamos incluso pensar que se base en hechos reales, pero es
imposible determinar de qué hechos se trata, diluidos en el re-
lato al que sirven. Lo que importa, pues, es determinar su in-
tención y descubrir el mensaje que nos quiere transmitir.

7
Nombre griego de la ciudad persa de Hagmetana; capital de Media y más
tarde residencia de verano de los reyes persas (Esd 6,2). Jdt 1,1-3 da como su fun-
dador al rey medo Arpaxad.
8
Probablemente la actual Rai, a 10 kilómetros de Teherán. Capital de la an-
tigua Media. La ciudad fue reconstruida por el rey Sirio Seleuco IV Nicátor y to-
mó el nombre de Europos.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 219

Tobías: La religión en dificultades 219

El autor encuadra artificialmente su relato en un «marco


histórico geográfico» del pasado, lejano para el lector postexí-
lico, con el fin de darle sabor y autoridad sin preocuparse de-
masiado de la precisión de los datos concretos.
Otros datos en favor de la hipótesis de que el libro se desa-
rrolla en un marco didáctico nos los aporta la misma obra con
sus continuas alusiones a las prácticas de la oración, el ayuno,
la limosna, el enterramiento de los muertos, y toda clase de ob-
servaciones legales. Todos estos elementos éticos configuran la
moralidad y espiritualidad no de Israel de los siglos X-VII a.C.
en el que va enmarcado el libro, sino del judaísmo tardío al que
pertenece el autor de Tobías. La obra resultante es un buen ex-
ponente de narrativa popular, pudiendo clasificarla como «his-
toria ejemplar» o bien como una «narración edificante».
¿Cuál es su finalidad? Tobías intenta no sólo salvaguardar si-
no inculcar los valores más genuinos y representativos del judaís-
mo postexílico en continuidad con las tradiciones históricas, pro-
féticas y sapienciales de Israel en una comunidad que vive como
minoría en un ambiente hostil. El marco de la institución fami-
liar, lugar de vivencia y transmisión de las principales esencias y
enseñanzas judías, le servirá para llevar a cabo su propósito.

Relato colorista, expresivo, ingenuo


Podemos decir algo también de su estilo literario. Al na-
rrador le gusta dar colorido a las escenas y señala detalles pin-
torescos: se para en el perro que acompaña al joven Tobías tan-
to al partir como al regresar del largo viaje. De una gran
expresividad son los sollozos de la madre cuando marcha To-
bit de viaje y ante su tardanza (6,1; 10,4ss). Los episodios se
encadenan unos con otros con agilidad. Bien tramado por su
autor, todo sucede a su debido tiempo, aunque a veces la so-
lución a las dificultades narrativas pecan de ingenuidad. ¿Có-
mo entender si no tantas casualidades? Apenas decide Tobías
salir de viaje encuentra a un desconocido (Rafael) que se ofre-
ce a acompañarle y además se fía de él (5,4). Apenas surge la
menor dificultad, un pez ataca a Tobías (6,1-5), la adversidad
se torna en bendición, pues con las vísceras del pez Sara se ve-
rá libre del demonio Asmodeo (8,2-3) y su padre Tobit reco-
brará la vista (11,8). Ragüel reconoce a Tobías, a quien no ha
visto nunca, y lo recibe en su casa. Gabael, que no conoce a
Rafael, no pone impedimentos para devolver el dinero.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 220

220 Personajes del Antiguo Testamento

El ser y el sentir del pueblo judío


¿Dónde se inspiró el autor? ¿De qué fuentes bebió? Se po-
dría decir que el libro es una «caja de resonancia» de todo el
Antiguo Testamento, pues en él encontramos sus principales
géneros literarios:
El ambiente del libro tiene sabor «patriarcal» 9, así como al-
gunos de los motivos más relevantes (el viaje, la búsqueda de
esposa, el matrimonio de Tobías con Sara, el reencuentro de és-
te con sus padres). El «marco histórico» del capítulo inicial re-
mite a episodios destacados de los dos libros de los Reyes. Las
numerosas alusiones a la «ley de Moisés» son una evocación
constante del Pentateuco. De la «tradición profética» se cita
explícitamente a Amós y a Nahún y hay claras alusiones a la
profecía de Natán (véase 2 Sam 7) y a los himnos isaianos so-
bre la nueva Jerusalén (véase Is 60-62). Además el mismo To-
bit asume rasgos proféticos en el himno (Tob 13,5-8.14) y en
el testamento conclusivo (Tob 14,4-7). La «tradición poética de
Israel» está presente en las oraciones de Tobit (Tob 3,1-6) y Sa-
ra (Tob 3,11-15) y en el himno aludido (Tob 13). La «influen-
cia sapiencial» se hace especialmente notoria en las claras refe-
rencias a Job 1-2 (posible modelo de Tobit, paciente y fiel en
medio de la desgracia), en los consejos sapienciales de Tobit a
su hijo (Tob 4,3-19; 14,8-11) y del ángel Rafael a ambos (Tob
12,6-11), muy próximos a la sabiduría del Eclesiástico.
Tenemos que citar, además, como fuente extrabíblica la Sa-
biduría de Ajicar, obra clásica en todo el Oriente Medio duran-
te más de seis siglos. El autor de Tobías, consciente de su pres-
tigio y con el fin de reforzar la autoridad de su propia obra,
introduce al personaje de Ajicar, aunque un tanto forzadamen-
te, en la historia y la familia de Tobit, convirtiéndolo en judío
y sobrino de la protagonista. La dependencia afecta incluso a la
trama argumental, pues la misma historia personal de Tobit
parece imitar las vicisitudes de Ajicar (Tob 1,21-22; 14,10).
Podríamos añadir también otros libros, tales como El muer-
to agradecido, en el que se habla de un viajero que libra a un
muerto de la profanación dándole sepultura; del maleficio ba-
jo el que se encuentra una mujer a la que se le han muerto ya

9
Detrás del encuentro y del matrimonio de Tobías con Sara podemos ver el
viaje de Eliezer en busca de esposa para Isaac (Gn 24).
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 221

Tobías: La religión en dificultades 221

cinco maridos la noche misma de la boda... motivos que en-


contramos en el libro de Tobías.

3. El Señor recompensa la fidelidad en la adversidad


Los desterrados de Israel, reflexionando sobre su condición
de emigrantes, repensaron su vida, sus aspiraciones; buscaron
sus raíces y sus puntos de referencia, reafirmando algunos va-
lores fundamentales de su fe y de su cultura. ¿Cómo creer en
el Dios misericordioso y fiel en medio de las adversidades del
destierro? «Dios castiga, pero tiene compasión; hace bajar a
los abismos infernales, pero saca de la gran ruina» (Tob 13,2).
«Fui joven, ya soy viejo: nunca he visto a un justo abandona-
do ni a sus hijos mendigando pan» (Sal 37,25).
Este versículo del Salmo 37 es un buen resumen del men-
saje del libro de Tobías. Sus protagonistas principales, Tobías
y Sara, se ven sometidos a sucesivas pruebas de distinta índo-
le. Ellos se mantendrán fieles a la ley y a las prácticas de la es-
piritualidad judía, por lo que, según el autor del libro, Dios
no les negará su auxilio y les premiará su fidelidad. Veamos al-
gunas de las claves teológicas que nos ayuden a interpretarlo.

Judíos en la diáspora: el valor de la familia


El gran desafío de los hombres emigrados a países extraños y
desarraigados es abrirse a la novedad sin abandonar los valores
de su cultura. Vivir creativamente en el presente sin renegar del
pasado, abrirse a la diversidad desde la fidelidad, vivir la uni-
versalidad reafirmando la propia identidad. Bien es verdad que
este drama no es vivido ni por todos ni en todos sus aspectos.
Siempre han existido emigrantes o deportados que se han aco-
modado a la nueva tierra y a su cultura olvidando los valores más
profundos que conformaron su pasado comunitario y personal.
Tras la crisis de las instituciones nacionales producida en el
exilio (Monarquía, Templo) la familia se convierte en el ámbi-
to privilegiado donde se vive y se transmite la herencia espiri-
tual del judaísmo 10. Los judíos que viven en la diáspora consi-

10
1,8; 4,19; 14,3.8-9.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 222

222 Personajes del Antiguo Testamento

deran que estos valores familiares constituyen la nervadura de


su propia identidad entre hombres de una cultura extraña.
El autor insiste repetidamente en todas aquellas virtudes que
la protegen, cohesionan y prolongan. Así el matrimonio israeli-
ta asegura la continuidad de las sucesivas generaciones y garan-
tiza el porvenir. De ahí el relieve y centralidad que se le conce-
de al desposorio de Tobías y Sara, que ocupa, no casualmente, el
centro del libro (caps. 6-8). El autor lo presenta como voluntad
de Dios: «te la doy por esposa según lo prescrito en la ley del
Señor pues Dios mismo manda que te sea dada» (7,12ss).
El libro de Tobías reflexiona sobre los valores tradicionales
de la familia israelita: la limpieza sexual en la educación de los
jóvenes (3,14), la elección de esposa entre los miembros de la
propia estirpe (4,12); el amor a los hermanos y la laboriosidad
en la familia (4,13), el respeto fraternal entre los cónyuges
(10,13), la autoridad patriarcal y benévola de los ancianos
(11,7). Y, sobre todo, la evocación del diseño de Dios sobre el
matrimonio y la familia, subrayada por la oración de los jóve-
nes esposos en la noche misma de su boda (8,5-7).
El esquema de la familia patriarcal ha cambiado con los si-
glos, pero el libro mantiene los valores del amor y la entrega
generosa que, por encima de las ideologías dominantes y las
presiones sociales, hacen de la familia lugar de encuentro, so-
lidaridad y maduración personal.

La tentación del pacto: fidelidad y confianza


El pequeño grupo de creyentes sumergido en la mayoría de
una cultura indiferente u hostil hacia su propia fe siente con
frecuencia la tentación del «camaleonismo» o del «pacto». Les
resulta demasiado costoso y pesado diferenciarse de la mayo-
ría y sienten la tentación de creer que sería más fácil si camu-
flan sus creencias más hondas y se acomodan a los postulados
y costumbres del ambiente. Pactar es mejor que soportar una
presión agobiante. El creyente responde con los valores de la
fidelidad y la confianza en Dios.
El anciano Tobit es símbolo de esta fidelidad en la fe y de
esta valentía del creyente que se sabe en minoría. Tobit cum-
ple fielmente la ley de sus padres: «se acuerda de Dios con to-
da su alma» (1,12) y es sensible a las necesidades de sus her-
manos: «daba mis alimentos a los que tenían hambre y mi ropa
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 223

Tobías: La religión en dificultades 223

a los que estaban desnudos» (1,17); vive el espíritu de miseri-


cordia hasta el punto de poner en peligro su seguridad –«yo en-
terré a los que mandó asesinar Senaquerib... robé sus cadáveres
y los enterré a escondidas» (1,20)– y hasta su vida –«...lo bus-
caron para matarlo por una cosa así y ya está de nuevo ente-
rrando muertos» (2,8)–. El hombre de fe desafía con frecuen-
cia las imposiciones de los poderosos que pisotean la dignidad
de los hombres. El creyente que vive en minoría sabe que pa-
ga su osadía con el riesgo de su propia inseguridad. La fe se
convierte así en su testimonio: estar ahí siendo diferentes.
Unido a la fidelidad, el creyente está seguro de la provi-
dencia de Dios que vela incesantemente por su pueblo y por
sus fieles (3,1-7). El autor da un paso más; insiste en la forma
en que ésta se realiza, en medio de dificultades y pruebas. Pa-
ra ello se sirve de una secuencia de situaciones, aparentemen-
te casuales, pero que están presididas y guiadas por el desig-
nio providente y misterioso de Dios, misterio que será
desvelado a su debido tiempo. La providencia divina toma for-
ma en el ángel Rafael. Rafael será intercesor ante Dios –«cuan-
do tú y Sara orabais yo presentaba el memorial de vuestra ora-
ción delante de la gloria del señor» (12,12)– y ejecutor de sus
designios –«cuando estaba con vosotros no era por propia vo-
luntad sino por determinación de Dios» (12,8) 11–.

La tentación de la desesperanza: promesa y recompensa


Los hombres que viven en el exilio o en minoría viven con
frecuencia la tentación del pesimismo. Consideran que todo lo
bueno ha pasado y se refugian en el recuerdo. Desaliento y
nostalgia.
Tobit mantiene la mirada orientada hacia el futuro, confia-
do en las antiguas promesas. Su vida es una auténtica reflexión
sobre la historia y su sentido. A la luz de la fe considera el des-
calabro del exilio (2,6); pero a la luz de la fe descubre los pro-
yectos de Dios sobre la historia humana. El cántico a Sión es

11
En esta perspectiva el libro de Tobías señala un avance importante en el de-
sarrollo de la «angeleología», por cuanto que precisa el papel de los ángeles «bue-
nos» y «malos». Los nombres de Rafael (medicina de Dios) y de Asmodeo (el que
hace perecer) son significativos. Estas apreciaciones se dejan notar en otros libros
postexílicos sin duda bajo la influencia de la religión persa.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 224

224 Personajes del Antiguo Testamento

el grito de una fe que rehúsa la mordaza y la derrota: la pro-


clama insobornable de quien se resiste a aceptar las dificulta-
des del presente como el veredicto final sobre la historia. El
autor de Tobías ha constatado ya la caída de los imperios que
aplastaron a su pueblo, el retoñar de la esperanza, la recons-
trucción de Sión. Las experiencias pasadas lo empujan a aden-
trarse en el futuro de los tiempos mesiánicos: «todas las na-
ciones del universo se volverán a Dios en verdad» (14,6).
La dialéctica entre la promesa y el cumplimiento es el ner-
vio de su fe. Y la historia del deportado que mantuvo firme su
fe ante un ambiente hostil se convierte en paradigma de espe-
ranza: «los que aman a Dios en verdad se alegrarán» (14,7).
Por otra parte parecería que Dios abandona al justo, al
que obra el bien. La confianza total en el Dios que cumple
sus palabras y la insistencia en la práctica de las buenas
obras, hacen del libro de Tobías una aplicación popular y
práctica de la doctrina de la retribución individual, de hon-
do arraigo sapiencial. Este problema, que tan largamente ha
preocupado a Israel, aflora también tras las palabras de Ana,
la esposa de Tobit: «¿Dónde están tus limosnas? Ahora se ve
todo claro» (2,14). Todas las evidencias inclinan a pensar que
al hombre fiel y piadoso es abandonado hasta por el Señor en
quien confía.
Tobit tiene este profundo convencimiento: aunque el justo
se vea sometido a graves pruebas y dificultades, siempre que
se mantenga fiel, obtendrá la bendición de Dios. Dios vendrá
en su auxilio y le colmará de bienes y bendiciones 12. Lejos de
maldecir a Dios, Tobit es un hombre que reza en sintonía con
la tradición de su pueblo oración. A sus labios acuden las ex-
presiones más genuinas de la piedad de un pueblo que siem-
pre ha confesado a su Dios como el misericordioso y fiel: «Tú
eres justo, Señor, y justas son todas tus obras. Misericordia y
verdad son todos tus caminos. Tú eres el juez del universo»
(3,2).
En sus labios se refleja la típica oración israelita con la ben-
dición: «¡Bendito sea Dios! ¡Bendito su gran nombre!» (11,14).
«¡Bendito sea Dios que vive eternamente y bendito sea su rei-
nado!» (13,1).

12
3,17; 4,21; 11,17; 12,12-14.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 225

Tobías: La religión en dificultades 225

Haced el bien y bendecid a Dios en todo momento


Uno de los aspectos más resaltados en el libro es el com-
portamiento de sus protagonistas, especialmente el anciano
Tobit, cuya vida ha estado marcada por el cumplimiento ri-
guroso de la ley de Moisés y sus preceptos concretos, y por su
firme piedad manifestada en la práctica de las buenas obras,
entre las que destacan la oración y la limosna. La imposibili-
dad de acceder al templo y a su culto lleva a poner el acento
en los deberes personales y privados hacia Dios y el prójimo
(si bien éste se queda reducido a los familiares y a los compa-
triotas judíos).
Ya hemos hablado de los consejos que da Rafael con sabor
sapiencial: «haced el bien y el mal no os alcanzará» (12,7), «la
limosna hecha con rectitud vale más que la riqueza lograda
con injusticia» (12,8), «la limosna libra de la muerte y puri-
fica de todo pecado», etc. Entre estos deberes destacan, ade-
más de la limosna, la asistencia, la hospitalidad, la justa retri-
bución y dar sepultura a los difuntos.
Junto con la invitación a realizar siempre el bien, el autor
insiste en la alabanza a Dios. «Bendecid a Dios y reconoced
ante todos los seres vivos todo el bien que Dios os ha hecho
para que todos bendigan y alaben su nombre» (12,6); «es bue-
no guardar el secreto del rey y hay que proclamar las obras de
Dios abiertamente» (12,11), «bendecid a Dios por siempre...
bendecidlo y alabado día tras día» (12,18).
El libro de Tobías acaba con una invitación a la alabanza.
El Señor nunca abandona a su pueblo. Él ha tenido la expe-
riencia. Por eso desea que el lector se deje llevar por la con-
fianza en la providencia divina, sea fiel a la fe de su pueblo y
sus tradiciones, y así obtenga la bendición abundante de
Dios.

Bibliografía
Cazelles, H., Introducción crítica al Antiguo Testamento, Herder, Barcelona
1989.
Flecha, J. R., Buscadores de Dios II, Ed. Atenas, Madrid 1993.
González Lamadrid, A., Las tradiciones históricas de Israel, Editorial Verbo
Divino, Estella 1993.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 226
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 227

Judas Macabeo:
¿Adaptación o fundamentalismo?
Pedro Ignacio Fraile

1. La helenizacion de Palestina
El mundo según Alejandro Magno
La aparición de los «europeos» en Asia dio un giro radical
a la situación política y militar. El año 333 a.C. Alejandro
Magno derrota al rey persa Darío III en la batalla de Issos (Si-
ria). Continúa su incursión hacia el sur consiguiendo pacífica-
mente la sumisión de los judíos, manteniendo todos los dere-
chos adquiridos en tiempos de los persas, por lo que se le
consideró un «nuevo Ciro». Conquistó Egipto, fundó Alejan-
dría (331 a.C.) y, según Flavio Josefo 1, instaló allí la primera
comunidad judía autorizándola a vivir según sus costumbres.
A la par que la sumisión por las armas, Alejandro imponía
en su avance una nueva concepción del mundo. Todos los
hombres son ciudadanos de una misma ciudad, el Cosmos. En
la oikumene («tierra habitada»), todos sus súbditos, macedonios
y persas 2, son parientes. Incluso piensa que todos los hombres
son hijos de un mismo padre y la oración es la expresión de la
creencia que Alejandro tenía de haber recibido de Dios la mi-
sión de ser el reconciliador del mundo. Si esto puede ser le-
gendario en labios de Alejandro, corresponde sin embargo
muy bien al pensamiento del estoico Zenón, semita llegado de

1
Guerra Judía, 2, 487-488.
2
Pablo dirá «judíos y griegos».
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 228

228 Personajes del Antiguo Testamento

Chipre y que enseñó en Atenas alrededor del año 315. Zenón


soñaba con un mundo que no formase más que una sola ciu-
dad, bajo una sola ley divina, en la que todos los ciudadanos
estuvieran reunidos por el amor.
Esta «unificación» de la oikumene se llevó a cabo en primer
lugar por una emigración masiva de los helenos hacia todas las
regiones orientales. Al llegar a Palestina fundaron centros en-
cargados de difundir la cultura helenista y una lengua griega
común para todos (koiné) 3. En todos los sitios donde llegaban,
los griegos levantaban sus templos, pero también sus estadios
y sus teatros.
Los nuevos dominadores de Palestina introducen una ins-
trucción basada en la filosofía, en la discusión o diatriba como
nuevo modo de reflexionar 4. El nuevo espíritu va entrando po-
co a poco en el judaísmo. Este encuentro entre los judíos y los
griegos tiene distintas posibilidades: puede convertirse en una
relación fructífera que busque lo mejor de cada cultura y tra-
dición; puede convertirse en un sincretismo por fusión de am-
bas; o también en una oposición total a lo nuevo. Estas tres lí-
neas se fueron sucediendo y a veces coexistieron.

El judaísmo y el helenismo
a) Alejandría y la traducción de «los setenta» (LXX)
Tolomeo I, heredero de Alejandro Magno con dominio en
Egipto, deportó algunos judíos a la nueva ciudad de Alejan-
dría en donde llegaron a formar una colonia importante, no
sólo por su número, sino además por su riqueza comercial e
intelectual. Según Josefo, esta comunidad contaba con unas
100.000 personas en tiempos de Jesús 5. Muy pronto esta co-
munidad dejó de hablar en hebreo y en arameo, por lo que
fue preciso traducir los libros sagrados al griego koiné. La
Carta de Aristeas desarrolla toda una leyenda explicándonos
el motivo de este traducción. Tolomeo II Filadelfo habría de-

Llegó hasta la India y Egipto, como lugares extremos.


3

La diatriba (conversación) es un género literario que refleja la relación maes-


4

tro-discípulo; pretende no sólo comunicar un saber sino también educar y trans-


formar al estudiante. Los «gimnasios» serán los centros de este nuevo saber.
5
O sea, casi la sexta parte de la población de la Palestina judía.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 229

Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? 229

seado para su biblioteca una traducción de los libros sagra-


dos del judaísmo. ¿Acaso los mandamientos de Dios no es-
taban de acuerdo con los ideales morales de Grecia? ¿No eran
los filósofos griegos unos dignos discípulos de Moisés? Para
demostrar el profundo acuerdo que reinaba entre el pensa-
miento griego y judío, Tolomeo había invitado a setenta sa-
bios judíos, seis por cada tribu, a traducir todos los libros. Se
habrían dedicado a esta tarea cumpliéndola en setenta y dos
días con gran admiración de todos. De hecho, la traducción
debió ceñirse al Pentateuco y prosiguió hasta el siglo I con
mayor o menor fidelidad. La traducción se convierte a veces
en interpretación; hay que subrayar sin embargo el acuerdo
entre judíos y griegos; por ejemplo, desaparecen los antro-
pomorfismos demasiado groseros para los griegos y Dios se
convierte en algo más conforme con la razón; no es ya el que
dijo «Soy el que seré», sino según el ideal filosófico griego
«Yo soy el que soy». Del mismo modo, la idea de resurrec-
ción para dar sitio a la noción griega de «inmortalidad del
alma».

b) Judaísmo y filosofía griega


El encuentro entre el pensamiento judío y el griego llega
a veces más lejos todavía. Los judíos helenizantes no vacilan
en interpolar un texto griego con citas judías. Así la vieja si-
bila griega se convierte en testigo del Dios de Israel en el li-
bro de Oráculos sibilinos. Esta corriente favorable al hele-
nismo llegó a ser muy importante. Algunos incluso afirman
que los judíos y los griegos son descendientes de Abraham,
como vemos en la carta de Areios de Esparta, que menciona
1 Mac 12,21.
Sin embargo, para otros autores esta visión idílica es fal-
sa. Jesús ben Sira y el redactor del libro griego de Ester
denuncian los riesgos de sincretismo. Tampoco faltarán
quienes se opongan. En los libros de los Macabeos encon-
traremos la narración de la resistencia de unos pocos frente
a la arrogancia de los helenizantes apoyados por las autori-
dades. Igualmente en Tobías, narración popular de carácter
didáctico, el autor se muestra francamente hostil e invita a
los judíos de la diáspora a respetar estrictamente la ley de
Moisés.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 230

230 Personajes del Antiguo Testamento

c) Literatura judía en época helenística


La literatura judía fue abundante en esta época. Sólo la po-
demos enunciar, comentando un poquito los dos primeros li-
bros de los Macabeos porque nos interesan para seguir el tema
del artículo. Los libros de los Macabeos hablan del nuevo pe-
ríodo que se abre entonces para Judea: el libro primero, después
de una introducción sobre Alejandro y sus sucesores, refiere los
acontecimientos a partir de Antíoco IV, la sublevación de Ma-
tatías y de sus hijos hasta la muerte de Simón en el año 135.
Es un documento digno de crédito.
El libro segundo abarca el período 180-161. Se abre con dos
cartas dirigidas a la comunidad judía de Egipto invitándola a
una unificación del calendario para celebrar al mismo tiempo
en Jerusalén y en Egipto las fiestas de los tabernáculos y de
la purificación del templo. Este segundo libro es un resumen
de otra obra en cinco volúmenes de Jasón de Cirene, escrita
por el 160, pero que se ha perdido en la actualidad. Tal como
nos ha llegado, este libro se escribió sin duda en ambientes
farisaicos, a los que pertenece el autor, que añade al resumen
del libro de Jasón las dos cartas citadas anteriormente, lo cual
nos hace pensar en una redacción por el año 124. Por prime-
ra vez se menciona el libro de Ester 6. Además de la descrip-
ción de los acontecimientos, el libro nos abre a una piedad
nueva. Los mártires por la fe han hecho que se replantee el
problema de la muerte. Si la idea de la resurrección se en-
contraba ya en Isaías, ahora se percibe una verdadera espe-
ranza en la resurrección de aquellos que han dado su vida por
Dios. Los justos que han muerto pueden interceder delante de
Dios; y recíprocamente, es posible rezar para expiar las culpas
de los muertos.
Existe un tercer y un cuarto libro de Macabeos, apócrifos,
que no forman parte de los libros canónicos del Antiguo Tes-
tamento. El tercero es mucho más tardío y completamente le-
gendario, aunque puede aludir a una matanza de los judíos de
Egipto, que según Josefo habría tenido lugar en tiempos de
Tolomeo VII (145-116). El cuarto libro de los Macabeos, más
tardío todavía, recoge en parte lo que se dice en 2 Mac o en el
original de Jasón, empeñándose en ofrecernos un tratado filo-

6
2 Mac 15,36.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 231

Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? 231

sófico para demostrar el acuerdo existente entre la filosofía


griega y la ley de Dios, entre la moral judía y la griega 7.
La vanidad de Antíoco IV Epífanes, que intenta hacerse
adorar como si fuera Dios por todos los pueblos, da igual-
mente origen a otro tipo de literatura. En el libro de Judit la
heroína utiliza las mismas armas que Ester, la sensualidad, pa-
ra seducir y poder matar luego al general Holofernes que ame-
naza con exterminar a su pueblo. Judit no vacila en sacrificar-
se para salvar a su pueblo.
Daniel no pretende ser un libro histórico como 1-2 Mac.
Daniel quiere subrayar el coraje de los fieles desesperados:
Dios no puede faltar a su promesa, a pesar de que los aconte-
cimientos contemporáneos podrían indicar lo contrario. Todos
los imperios se vendrán abajo y entonces se levantará el «hijo
del hombre» (Dn 7,13). Daniel anuncia un nuevo nacimien-
to, la tierra quedará purificada para siempre y Dios establece-
rá su reinado definitivamente.

Evolución política de Judea


a) Tolomeos y Seléucidas
Al morir Alejandro el 323, sus generales, los diadocos, se
disputan la sucesión. Palestina se convierte en «manzana de
discordia» entre los «Tolomeos», que ocupan Egipto, y los «Se-
léucidas», que se han adueñado de Mesopotamia y de Siria. Es-
tá en juego el control de las rutas comerciales. En un primer
momento, es Tolomeo el que prevalece aprovechándose de las
dificultades de los seléucidas con los generales macedonios. La
dinastía tolomea dominará en Palestina y Fenicia durante un
siglo. No sabemos mucho de lo que ocurría en Judea en tiem-
pos de los Tolomeos. Tenemos noticias de una familia, los «To-
bías, de Amonítida, que son helenizantes convencidos. Por el
contrario, en Judea los judíos ortodoxos, los hombres piadosos,
los hassidîm, se agrupan en torno al sumo sacerdote Onías II pa-
ra luchar contra la influencia de la cultura griega.
En poco más de cien años Judea vuelve a cambiar de amo.
Antíoco III, seléucida, se hace con el poder. En Jerusalén en-

7
El canon católico no acepta los libros tercero y cuarto de los Macabeos.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 232

232 Personajes del Antiguo Testamento

contró apoyo, por lo que, como agradecimiento, Antíoco les


favoreció: autorizó a todos los judíos deportados durante las
guerras anteriores a volver a sus casas; prometió una ayuda pa-
ra la reconstrucción del templo. Se declaró exentos de im-
puestos al personal del culto, al consejo de los ancianos y a los
doctores de la ley 8. Lo más importante: los judíos podrían se-
guir con sus leyes nacionales 9. Simón II, Sumo Sacerdote que
representaba a los judíos ante Antíoco III, es alabado por Je-
sús ben Sirac, por haber restituido el culto en toda su pureza 10.
Sin embargo, el Sirácida siente que amenaza el riesgo de sin-
cretismo y prevé la oposición entre dos concepciones del mun-
do que él juzga inconciliables: «¡Ay del hombre que va por dos
caminos!» (Eclo 2,12). Todo su libro, incluso en estos tiempos
de paz, es una defensa de la ley de Moisés, de la única ley. No
hay otra sabiduría, no hay otros héroes superiores a los judíos
en las demás naciones. Le pide a Dios que acelere el día del
triunfo de Jerusalén sobre las naciones 11.
Antíoco III, metido en posteriores guerras, necesita dinero
y no encuentra otra solución que saquear los tesoros de los
templos, los únicos bancos de aquella época. Seleuco IV, su su-
cesor, siguió con los mismos problemas financieros. Intentó
saquear el Templo de Jerusalén pero encontró la firme oposi-
ción del Sumo Sacerdote Onías III que impidió el expolio.

b) Antíoco IV Epífanes: «la desolación abominable»


Un hermano de Seleuco, Antíoco IV, se hace con el poder
protegido por los romanos. Depone al Sumo Sacerdote Onías
III, acusado de malversación de fondos y de simpatías con sus
adversarios, los «tolomeos», poniendo en su lugar a su her-
mano, que tomó el nombre griego de Jasón. Por primera vez
el Sumo Sacerdote no es nombrado hereditariamente, sino que
compra su cargo y lo recibe de manos del extranjero. Este nue-
vo Sumo Sacerdote no tiene más que un objetivo: hacer que
triunfe la visión griega del mundo. Sus primeros gestos son
significativos: Jerusalén, lo mismo que todas las ciudades grie-

18
Cf. Dn 11,1-20.
19
Antigüedades judías, 12, 138-146.
10
Eclo 50.
11
Cf. Eclo 35,21-36,22.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 233

Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? 233

gas, debe tener su «gimnasio», su efebeio 12. De esta manera, po-


drá ser lo mismo que es ya Samaría, que se ha convertido en
colonia militar, y lo que es Rabat Amón, convertida en «Fila-
delfia», o también Acre, convertida en «Tolemaida». Jerusa-
lén podría llamarse «Antioquía». Jasón prometió un aumento
sensible de los impuestos debidos a la corona. Además de co-
mo sumisión política, la helenización se interpreta como apos-
tasía de la fe tradicional y triunfo del sincretismo. El libro de
los Macabeos expresa todo su horror en la fórmula: «disimu-
laron la circuncisión» 13. De hecho, muchos de los sacerdotes
abandonaron sus funciones y se empezaron a hacer ofrendas en
honor de Herakles 14.
El año 172 Antíoco IV depone a Jasón y nombra Sumo
Sacerdote a Menelao, que, apoyado por la familia de los To-
bías, asegura a Antíoco poder aumentar los impuestos sobre
los judíos y el templo. Desde entonces, el tirano seléucida se
portó con los judíos con «el furor de un tirano cruel y la ira
rabiosa de un animal salvaje» 15. En una revuelta, promovida
por el antiguo Sumo Sacerdote Jasón, Antíoco actúa con rapi-
dez sorpendiendo a la ciudad en el descanso sabático, la saquea
y la destruye en parte 16. Convierte a Jerusalén en colonia mi-
litar, manda construir una ciudadela para instalar una guarni-
ción griega 17, y por último puebla la ciudad con judíos adic-
tos a la causa del helenismo.
Los proyectos de Antíoco van aún más lejos. Quiere que to-
dos los pueblos de su reino formen un solo pueblo y que de-
saparezcan todas las costumbres particulares: quita a los judíos
todos los derechos que les había concedido Antíoco III; man-
da que cesen los sacrificios en el Templo, prohíbe las prácticas
del sábado; quedan también prohibidos bajo pena de muerte
la circuncisión y los libros sagrados. Castiga a los que se man-
tienen fieles a su credo:
«Al que le encontraban el libro de la alianza y al que ob-
servaba la ley se le condenaba a muerte de acuerdo con el de-

12
2 Mac 4,9.
13
1 Mac 1,15.
14
2 Mac 4,18-20.
15
2 Mac 4,25.
16
Dn 11,29; 1 Mac 1,29; 2 Mac 5.
17
El Acra.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 234

234 Personajes del Antiguo Testamento

creto real. Tal era el salvajismo con que día a día trataban a
los que sorprendían en las ciudades comportándose como fie-
les israelitas... A las madres que habían hecho circuncidar a
sus hijos las mataban, como ordenaba el edicto, con los niños
colgados al cuello; mataban igualmente a los familiares y a
los que habían realizado la circuncisión» (1 Mac 1,57-66).

En contrapartida hace erigir templos a los dioses griegos, y


el 6 de diciembre de 176 manda levantar un altar pagano en
el sitio que ocupaba el altar de los perfumes, en el corazón
mismo del templo de Jerusalén, dedicado a Zeus Olímpico 18.
Es la «desolación abominable». La misma suerte tuvo que co-
rrer también el templo samaritano del Garizim, que quedó
consagrado a Zeus Xenios. Todos los palestinos, judíos o no,
reciben la orden de sacrificar a los dioses griegos. Para Antío-
co IV se trataba de identificar a Zeus con Yavé, como había in-
tentado hacerlo toda una corriente que creía en la unidad po-
sible de todas las religiones. Los judíos ortodoxos quedaron
profundamente marcados por esta conducta y en adelante só-
lo sentirán ya desconfianza frente a los paganos.

c) La sublevación de «los macabeos»


El partido judío helenizante aceptó sin dificultad y el res-
to de la población aceptó por temor la nueva situación. Por las
colinas de Modín se oyó el grito de protesta:
«Aunque todos los súbditos de los dominios del rey le obe-
dezcan, apostatando de la religión de sus padres, y aunque pre-
fieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes vivi-
remos según la alianza de nuestros padres. El cielo nos libre de
abandonar la Ley y nuestras costumbres» (1 Mac 2,19-21).

Matatías fue la única voz crítica que se levantó en medio de


la sumisión general. Él y sus cinco hijos, una familia sacerdotal
refugiada en Modín, se negaron a ofrecer el sacrificio a los dio-
ses paganos y mataron al oficial encargado de hacer ejecutar las
órdenes del rey y se refugiaron en las montañas de Judá; fue el
comienzo de la revuelta 19. Pronto se les unió una tropa de gue-
rrilleros; se trataba de los «hombres piadosos de Israel». Los

18
2 Mac 6,2; Dn 11,31.
19
1 Mac 2.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 235

Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? 235

hassidîm sentían un anhelo tan grande de cumplir con la ley, que


muchos se hicieron matar antes que defenderse en día de sába-
do 20. Matatías tuvo que declarar abrogada la ley del sábado en
caso de conflicto. Matatías murió el 166 dejando a su hijo Ju-
das un ejército de unos 6.000 hombres. Por sus hazañas, Judas
recibió el nombre de «martillo», en hebreo «macabeo». Judas
era un terrible caudillo y estratega, venciendo sucesivamente a
los ejércitos que buscaban aplastar la sedición. Los clamorosos
éxitos de Judas se debían ciertamente a su habilidad, pero tam-
bién contribuyeron a ellos los acontecimientos exteriores 21.
En diciembre del año 164 pudo proceder Judas solemne-
mente a la purificación del Templo 22, reinaugurándolo más
tarde en la fiesta de la dedicación o hanukah («fiesta de la
luz»), ligada al candelabro de los siete brazos.
Posteriormente Judas Macabeo será vencido por Antíoco V,
si bien conseguirá una paz ventajosa para los judíos. Sin em-
bargo, vuelta la paz, la comunidad judía volvió a dividirse en
distintos «partidos». Por una parte, los «asmoneos» 23 no se
contentaron con la paz que habían alcanzado y prosiguieron la
lucha buscando conseguir la independencia total. Por lo con-
trario, los hassidîm se contentaban con la restauración del tem-
plo y la entronización del nuevo Sumo Sacerdote, Alcimo, de
la familia de Sadoq. Los judíos «helenizantes», reclutados
esencialmente entre la aristocracia sacerdotal, sólo pedían paz
y buena armonía con los seléucidas. Alcimon, aunque próxi-
mo a los hassidîm por algún tiempo, era ante todo un pro-se-
léucida y se volvió luego contra los mismos judíos, haciendo
ejecutar a más de sesenta con la ayuda del poder. Judas volvió
inmediatamente a la guerra con el apoyo de los romanos.

2. Judas Macabeo o la resistencia armada de un creyente


¿Quién era Judas «macabeo»? El apodo quiere decir «marti-
llo», significando claramente ser azote y terror de las tropas sirias.

20
1 Mac 2,29-39.
21
Antíoco estaba en guerra con los partos y por otra parte comenzaba la pre-
sión de los romanos.
22
1 Mac 4,41-56.
23
Llamados así por por el nombre de un antepasado de Matatías.
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 236

236 Personajes del Antiguo Testamento

Judas Macabeo «por sus hazañas se asemejó al león, y al cachorro


que ruge en busca de presa» (1 Mac 3,4). En las escaramuzas y en-
frentamientos con aquellos que eran superiores había aprendido a
arengar a los combatientes atemorizados, a rezar al Dios de sus pa-
dres por la victoria, y a recordar en la oración a sus muertos.

La audacia de la minoría
La lucha entre los rebeldes de las montañas de Judea y los
ejércitos del rey seléucida es a toda vista desigual. Ya habían
derrotado a Apolonio, el primer enviado de Antíoco, cuando
llegó el general Serón al mando del poderoso ejército sirio. Los
pocos hombres que acompañaban a Judas temblaron, pero él
tomo la palabra.
«Fácil cosa es entregar una muchedumbre en manos de
pocos, que para el Dios del cielo no hay diferencia entre sal-
var con muchos o con pocos; y no está en la muchedumbre
del ejército la victoria en la guerra: del cielo viene la fuerza.
Éstos llegan contra nosotros llenos de orgullo e impiedad pa-
ra apoderarse de nosotros, de nuestras mujeres e hijos, y sa-
quearnos, mientras que nosotros luchamos por nuestras vidas
y por nuestras leyes. Dios los aplastará a nuestros ojos; no
tengáis miedo de ellos» (1 Mac 3,18-22).

Las victorias de Judas se sucedían contra todo pronóstico,


pues sus hombres eran pocos y no disponían de las armas ne-
cesarias para hacer frente a un ejército numeroso y bien per-
trechado. En pocas palabras resume la fe de su pueblo y ex-
presa sus convicciones más hondas: Yavé es un Dios liberador
y salvador. Yavé es el Dios de la libertad y la vida y es seguro
que no abandona a su pueblo. Dios es fiel a su alianza con Is-
rael. Sin esa fe, su misma sublevación era impensable.
«No temáis su número ni os arredréis ante su empuje. Re-
cordad cómo se salvaron nuestros antepasados en el Mar Ro-
jo, cuando los perseguía el Faraón con un ejército. Gritemos
al cielo para que nos favorezca, acordándose de la alianza con
nuestros padres para que aplaste hoy a este ejército ante no-
sotros. Así todas las naciones reconocerán que hay alguien
que libra y salva a Israel» (1 Mac 4,8-11).

Pero su fe y su confianza en el Señor que actúa en la histo-


ria no le exime de su propia tarea: enviar espías, estudiar el te-
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 237

Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? 237

rreno, planear la estrategia. Los problemas se multiplican en-


tre la tropa: unos son hechos prisioneros con el riesgo de ser
vendidos como esclavos:
«Los mercaderes, al saberlo, fueron al campamento con
mucha plata, oro y cadenas para comprar como esclavos a los
israelitas. Se les unieron también muchos idumeos y filis-
teos» (1 Mac 3,41; 2 Mac 8,36).

Otros se pasan al enemigo, traicionando la causa nacional.


Judas, sin embargo, conservará la lucidez y la calma (1 Mac
7,14.23).

Orar en todo momento


Judas aparece continuamente como un hombre de ora-
ción. Sabe orar tanto en el campo de batalla, antes de entrar
en el cuerpo a cuerpo del combate, como en el Templo de
Jerusalén.
Sin duda han sido manipuladas las cifras de los combatien-
tes para subrayar la inferioridad de las tropas de Israel, pero la
oración de Judas es el claro reflejo de una forma de ser y sen-
tir en continuidad con toda la tradición bíblica. Antes de en-
frentarse a los ejércitos de Lisias, el hijo de Matatías ora en voz
alta y recuerda la historia de su pueblo:
«Bendito seas, Salvador de Israel, que quebrantaste el ím-
petu de gigante por mano de tu siervo David y entregaste el
campamento de los filisteos en poder de Jonatán [...] Da es-
te campo a manos de tu pueblo Israel y queden avergonzados
su ejército y su caballería. Infúndeles miedo, abate la pre-
suntuosa confianza en su fortaleza, se avergüencen de su de-
rrota [...] y entonen cantos de alabanza todos los que cono-
cen tu nombre» (1 Mac 4,30-33).

El punto de mira de la guerrilla macabea se dirigía hacia


Jerusalén. Allí Antíoco había humillado hasta el máximo el
orgullo del pueblo, sus leyes, sus tiempos sagrados, sus cos-
tumbres. El tirano había llenado de altares idolátricos el país;
ordenando que los sacerdotes sacrificaran a Zeus, llegando in-
cluso a tocar el corazón de la fe yavista, el Templo de Jerusa-
lén. La revolución de Judas unía inseparablemente una finali-
dad política –expulsar al tirano invasor– con otra religiosa
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 238

238 Personajes del Antiguo Testamento

–restaurar el culto yavista en toda su pureza–. Tras las prime-


ras victorias militares Judas y sus hermanos propusieron:
«Ahora que tenemos derrotado al enemigo, subamos a
purificar y consagrar el templo» (1 Mac 4,36).

Cuando consiguieron entrar, el espectáculo que contempla-


ron era lamentable:
«Vieron el santuario desolado, el altar profanado, las
puertas incendiadas, la maleza creciendo en los atrios como
matorrales en una ladera y las dependencias del templo des-
truidas» (1 Mac 4,38).

Pero lejos de desanimarse, Judas y sus guerrilleros purifi-


caron el Templo según las normas prescritas y lo consagraron
al Señor.
«El aniversario del día en que lo habían profanado los pa-
ganos, lo volvieron a consagrar, cantando himnos y tocando
cítaras, laúdes y platillos. Todo el pueblo se postró en tierra,
adorando y alabando a Dios, que les había dado éxito» (1 Mac
4,54-55).

Orar por los caídos en el combate


Asistimos en el libro de los Macabeos a la expresión de una
convicción profunda: la suerte de los que caen en el combate
está junto a Dios. Tras un combate contra Gorgias, Judas y los
suyos retornaron al campo para recoger a los caídos y sepultar
los amuletos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la ley
prohibía a los judíos. Judas exhortó a la tropa a conservarse sin
pecado, organizó una rogativa por los caídos y mandó hacer
una colecta entre las filas. Dos mil dracmas de plata envió a
Jerusalén para que ofreciesen sacrificios de expiación. La fe le
llevaba a descubrir una misteriosa solidaridad entre los hom-
bres, vivos o difuntos.
«Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, ha-
bría sido inútil y ridículo rezar por los muertos» (2 Mac
12,44).

La muerte alcanzará a Judas, que no se desalienta cuando


muchos de los suyos emprendieron la huida ante los hombres
de Báquides:
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Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? 239

«Dios me libre de huir ante ellos, exclamó. Si nuestra ho-


ra ha llegado muramos valerosamente por nuestros hermanos
y no empañemos nuestro honor» (1 Mac 9,20).

¿Adaptación o fundamentalismo?
Probablemente ninguna de las dos palabras sirven para
acercarnos a la figura de Judas Macabeo. Él representa la re-
sistencia de todo un pueblo a una cultura que se le quiere im-
poner por la fuerza. Es la resistencia ante la arrogancia del in-
vasor que exige cambio de costumbres, impone leyes contra la
conciencia, desprecia la tradición de los antepasados e ignora
la fe de todo un pueblo. Si lo vemos desde el punto de vista
de la tiranía a la que estaba siendo sometido el pueblo de Is-
rael, Judas Macabeo es la expresión de la resistencia popular.
Popular porque no olvidemos que muchos sacerdotes y
componentes de la «clase alta» jerosolimitana hicieron buenas
migas con el nuevo imperio y no dudaron en dejar a un lado
la fe de sus padres. La insurrección nació en un pueblecito,
Modín, y cuajó entre los judíos piadosos de las zonas rurales.
Bien es verdad que hubo también entre los judíos quienes
hicieron un esfuerzo por no cerrarse a la novedad rica que su-
ponía la cultura y las ideas que se introducían; hubo judíos que
se abrieron a las novedades de la filosofía griega, que supieron
establecer lazos con la nueva forma de pensar la fe sin por eso
renunciar al yavismo. El encuentro entre culturas siempre es
provechoso si la inteligencia se abre a lo nuevo y dialoga con
los valores que aparecen sugestivos, a la vez que ofrece al otro
la riqueza de su patrimonio y de su fe. Pero Judas tampoco es
de éstos. Judas Macabeo será siempre el corazón generoso, fiel
a sus convicciones profundas, a la fe de su pueblo, que no du-
dará en entregar su vida defendiendo lo que cree.

Bibliografía
Bright, J., La historia de Israel, Desclée de Brouwer, Bilbao 101989.
Castel, F., Historia de Israel y de Judá, Editorial Verbo Divino, Estella
5
1998.
Cazelles, H., Introducción crítica al Antiguo Testamento, Herder, Barcelona
1989.
Flecha, J. R., Buscadores de Dios I, 2 vols., Ed. Atenas, Madrid 1992.
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Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 241

Índice general

Presentación ............................................................................ 7
Josué: El talante de un líder joven ........................................ 9
1. La fidelidad al guía ..................................................... 10
2. La fidelidad después del guía ...................................... 13
3. La fidelidad sin falsos guías ......................................... 15
Conclusión ....................................................................... 19
Samuel y el desprestigio de las instituciones religiosas .......... 21
Introducción .................................................................... 21
1. Contexto en el que le toca vivir: a caballo entre dos
épocas ......................................................................... 21
2. Presentación del personaje: Samuel ............................. 24
3. Samuel y las instituciones religiosas ............................ 25
Nabot: La dramática grandeza del débil ................................ 31
1. Estudio de los operadores narrativos ........................... 31
2. Estructura del relato ................................................... 44
Amós: La denuncia profética .................................................. 49
1. La situación ................................................................ 49
2. Amós, pastor de Tecoa ................................................ 50
3. La denuncia del profeta Amós ..................................... 51
4. La denuncia profética .................................................. 59
5. Compromiso político a partir de la fe ......................... 65
Oseas: El Dios enamorado ..................................................... 67
1. El profeta Oseas. Época, situación política y religiosa ... 67
2. Mensaje de Oseas ........................................................ 70
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242 Personajes del Antiguo Testamento

Babilonia: El exilio como tiempo de silencio fecundo ........... 77


1. Condicionamientos geográficos ................................... 77
2. La amenaza del norte .................................................. 79
3. La caída de Jerusalén ................................................... 81
4. Camino del destierro ................................................... 83
5. En Babilonia ............................................................... 84
6. Semejanzas y paralelismos ........................................... 85
7. La fecundidad del exilio .............................................. 88

Jeremías. La pasión de una vocación ...................................... 93


Introducción. Relatos de vocación .................................... 93
1. Marco histórico ........................................................... 95
2. Material vocacional ..................................................... 98
3. Experiencia vocacional ................................................ 99
4. El mensaje de Jeremías ............................................... 105
5. Teología ...................................................................... 107

Habacuc: El centinela de la historia ...................................... 109


1. Marco histórico de la profecía de Habacuc .................. 109
2. Características literarias y estructura ........................... 111
3. Comentario teológico .................................................. 114
4. Algunas actualizaciones hermenéuticas ....................... 125

Ezequiel: El profeta mudo ..................................................... 131

Jonás: El malestar ante un Dios desconcertante ..................... 141


Introducción .................................................................... 141
1. Síntesis del argumento ................................................ 142
2. Contenido ................................................................... 143

Job: La ausencia de Dios en el dolor ...................................... 151


1. ¿Qué es el dolor? ........................................................ 151
2. Algunas respuestas al misterio del dolor ..................... 154
3. Pensamiento bíblico .................................................... 155
4. Job, una respuesta más al misterio del dolor ............... 157
5. Algunas consideraciones .............................................. 176

Rut, Judit, Ester...: Mujeres que hacen historia ..................... 181


Introducción .................................................................... 181
1. Rut: corriente de brisa universalista ............................ 183
2. Judit: encarnación de las más destacadas virtudes de su
pueblo ........................................................................ 186
3. Ester: afirmación de la providencia de Dios que dirige
la historia y defiende a su pueblo ................................ 193
Texto Personajes AT 18/11/05 12:35 Página 243

Índice general 243

Qohelet: ¿Un postmoderno en la antigüedad? ....................... 201


1. Crisis de sabiduría y crisis personal ............................. 202
2. La muerte ................................................................... 204
3. Barrrera de la injusticia ............................................... 205
4. ¿Qohelet, escéptico? .................................................... 206
5. Estilo literario ............................................................. 207
6. Su influencia en la literatura ....................................... 208
7. Dos ejemplos de estilo literario ................................... 208

Tobías: La religión en dificultades ......................................... 213


1. El libro de Tobías ....................................................... 213
2. Una narración edificante ............................................. 216
3. El señor recompensa la fidelidad en la adversidad ....... 221

Judas Macabeo: ¿Adaptación o fundamentalismo? ................. 227


1. La helenización de Palestina ........................................ 227
2. Judas Macabeo o la resistencia armada de un creyente 235