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BREVE INTERPRETACIÓN POR ESTROFAS


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CORO
. Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
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En el coro del himno se realiza una exhortación al pueblo argentino para
que se exalte el triunfo revolucionario y se sienta el orgulloso natural de ese
acontecimiento. Los laureles representan la coronación por el triunfo obtenido,
y ese triunfo es la obtención de la ansiada libertad por la que se luchó (en la
antigua Grecia, el triunfo era premiado con una corona de laureles). La
exhortación culmina planteando una sola posibilidad: vivimos en libertad o
morimos por ella.
. Oíd, ¡mortales!, el grito sagrado:
¡Libertad, Libertad, Libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas:
ved en trono a la noble Igualdad.
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La primera estrofa del texto original es la primera que se canta
actualmente en el himno que se adaptó en 1900, cuando se sancionó el
decreto para que así se cantara en las festividades oficiales o públicas, como
así también en los colegios o escuelas del Estado.
Se invoca a los pueblos de mundo para que oigan el grito de Libertad
que suena en Argentina, para que se enteren de que la dominación española
terminó y que la única “reina” es la Igualdad.
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Se levanta a la faz de la tierra
una nueva y gloriosa Nación:
coronada su sien de laureles
y a su planta rendido un León
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Se anuncia el nacimiento de una nueva Nación libre por haber derrotado
a su antiguo dominador: España. En diversos libros de la literatura clásica
española el “León” representa a España.
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De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos,
a su marcha todo hacen temblar.
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Aparece una nueva alusión a la antigüedad clásica: Marte, dios de la
Guerra. Bajo su influencia, los revolucionarios argentinos toman coraje, valor, lo
que los hace sentir invencibles y provocan temor a sus enemigos.
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Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovado a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
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Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.
. Las tumbas de los Incas son las de nuestros antepasados aborígenes,
las de los verdaderos dueños de la tierra que también lucharon contra el
invasor. Ahora se sienten orgullosos porque el espíritu libertario de entonces
sigue en pie y porque su lucha no ha sido en vano. Estas tierras al fin
recuperan su antiguo esplendor. Además se diseminó con gran entusiasmo a lo
largo y ancho de todo el país el sentimiento revolucionario que se fue
encarnando en cada uno de sus habitantes.
. En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel
su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
. Pero la lucha por el objetivo final no es fácil. El enemigo no ha perdido
todas sus fuerzas todavía y continúa la lucha bélica para no resignar el poder
definitivamente.
. ¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz.
Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
. ¿No los veis sobre el triste Caracas
luto llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
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Como muestra de que el enemigo sigue en pie y lucha por mantener su
poderío en el continente, se nombran diversas localidades donde España
pretendía seguir dominando ante la oposición de los pueblos americanos. La
lucha sangrienta y cruel se menciona constantemente en los versos de nuestro
himno.
. A vosotros se atreve, ¡Argentinos!,
el orgullo del vil invasor,
vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
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A pesar de que el nombre “Argentina” todavía no se había oficializado en
nuestro país, en distintos documentos ya se hablaba de “la Argentina” o se
utilizaba el adjetivo “argentina” para referirse a nuestra patria (derivado del latin
“argentum”, plata). De ahí la arenga hacia los “argentinos”, hacia el pueblo
argentino, en la que se advierte que el enemigo no hace caso a las glorias
obtenidas y continúa con su vil desafío.
. Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener.
A esos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
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Pero sabe del sagrado juramento hecho por el pueblo por mantener su
lucha por la libertad y su voluntad de defenderlo aun a costo del derramamiento
de sangre.
. El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra cual trueno
en los campos del Sud resonó;
. Los revolucionarios argentinos no tienen miedo y se enfrentan con
valentía por las armas al invasor. El clarín de guerra es un “grito” que invita a la
lucha armada y da coraje en el campo de guerra.
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Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.
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Ese clarín suena en todo el país, en todo el continente, y es Buenos
Aires quien se pone al frente de la lucha contra España.
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San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental;
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Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó.
Aquí el fiero opresor de la patria
su cerviz orgullosa dobló.
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Las distintas batallas ganadas son el ejemplo (el “letrero”) que sirve para
ilustrar la valentía y el honor de nuestros patriotas. En ellas el invasor claudicó,
cayó derrotado.
. La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
. Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.
. La gloria abraza a los argentinos y los invasores huyen de estas tierras.
Banderas y armas extranjeras son trofeos de guerra. Ya no hay más
dominación. El único soberano, “su majestad”, es el pueblo.
. Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
les repite ¡mortales! Oíd:
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¡Ya su trono dignísimo abrieron
las provincias unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!
.
Del triunfo argentino debe enterarse el mundo entero. Desde América, el
grito hacia la humanidad toda: Argentina es libre y recibe el saludo alborozado
de los demás pueblos soberanos del mundo.

Autor: Felipe Pigna.

Viernes 18

El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa


Mistletoe trayendo periódicos que confirmaban los rumores que circulaban
intensamente por Buenos Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón,
la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.
El viernes 18 el virrey Cisneros hizo leer por los pregoneros (porque la
mayoría de la población no sabía leer ni escribir) una proclama que comenzaba
diciendo: "A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires." El
virrey advertía que "en el desgraciado caso de una total pérdida de la
península, y falta del Supremo Gobierno" él asumiría el poder acompañado por
otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con
los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en
representación de Fernando. Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la
gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extraña y,
finalmente prevenía al pueblo sobre "los genios inquietantes y malignos que
procuran crear divisiones". A medida que los porteños se fueron enterando de
la gravedad de la situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los
cafés y en los cuarteles. Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas
sobre el futuro del virreinato.

La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo había


nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba
claramente cuestionada. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción
de los patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta
en la jabonería de Vieytes. La misma noche del 18, los jóvenes revolucionarios
se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la
convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el
virreinato después de los hechos de España. El grupo encarga a Juan José
Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.

Sábado 19

Las reuniones continuaron hasta la madrugada del sábado 19 y sin


dormir, por la mañana, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano le pidieron al
Alcalde Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto. Por su parte, Juan José
Castelli hizo lo propio ante el síndico Leiva.

Domingo 20
El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su
apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la
noche, Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de
cabildo abierto. El virrey dijo que era una insolencia y un atrevimiento y quiso
improvisar un discurso pero Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para
decidir. Cisneros le contestó "Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me
abandona, hagan ustedes lo que quieran" y convocó al Cabildo para el día 22
de Mayo. En el "Café de los Catalanes y en "La Fonda de las Naciones", los
criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción

Lunes 21

A las nueve de la mañana se reunió el Cabildo como todos los días para
tratar los temas de la ciudad. Pero a los pocos minutos los cabildantes tuvieron
que interrumpir sus labores. La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos
600 hombres armados de pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el
retrato de Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad
criollo-española desde la defensa de Buenos Aires. Este grupo de
revolucionarios, encabezados por Domingo French y Antonio Luis Beruti, se
agrupaban bajo el nombre de la "Legión Infernal" y pedía a los gritos que se
concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los cabildantes acceden al pedido
de la multitud. El síndico Leiva sale al balcón y anuncia formalmente el ansiado
Cabildo Abierto para el día siguiente. Pero los "infernales" no se calman, piden
a gritos que el virrey sea suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de
Patricios, Cornelio Saavedra quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo
militar a sus reclamos.

Martes 22

Ya desde temprano fueron llegando los "cabildantes". De los 450


invitados sólo concurrieron 251. También estaba presente una "barra"
entusiasta. En la plaza, French, Beruti y los infernales esperan las novedades.
La cosa se fue calentando hasta que empezaron los discursos, que durarán
unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir en su cargo o no. Comenzó
hablando el Obispo Lué diciendo que mientras hubiera un español en América,
los americanos le deberían obediencia. Le salió al cruce Juan José Castelli
contestándole que habiendo caducado el poder Real, la soberanía debía volver
al pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en
América. El Fiscal de la Audiencia, Manuel Villota señaló que para poder tomar
cualquier determinación había que consultar al resto del virreinato. Villota
trataba de ganar tiempo, confiando en que el interior sería favorable a la
permanencia del virrey. Juan José Paso le dijo que no había tiempo que perder
y que había que formar inmediatamente una junta de gobierno.

Casi todos aprobaban la destitución del virrey pero no se ponían de


acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios. Castelli propuso que
fuera el pueblo a través del voto quien eligiese una junta de gobierno; mientras
que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo
gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba
en que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían
apoyando al virrey.

"Modales"

El debate del 22 fue muy acalorado y despertó las pasiones de ambos


bandos. El coronel Francisco Orduña, partidario del virrey, contará horrorizado
que mientras hablaba fue tratado de loco por no participar de las ideas
revolucionarias "... mientras que a los que no votaban contra el jefe (Cisneros),
se les escupía, se les mofaba, se les insultaba y se les chiflaba."

Miércoles 23

Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día
anterior y elaboró un documento: "hecha la regulación con el más prolijo
examen resulta de ella que el Excmo. Señor Virrey debe cesar en el mando y
recae éste provisoriamente en el Excmo. Cabildo (...) hasta la erección de una
Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime
conveniente”.
Jueves 24

Se confirmaron las versiones: el Cabildo designó efectivamente una


junta de gobierno presidida por el virrey e integrada por cuatro vocales: los
españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui y los
criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, burlando absolutamente la
voluntad popular. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Castelli y
Saavedra renunciaron a integrar esta junta Muchos como el coronel Manuel
Belgrano fueron perdiendo la paciencia. Cuenta Tomás Guido en sus memorias
"En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento
de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala
contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la
indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con
el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la
casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y
poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: "Juro a la patria y a
mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no
hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas."

Por la noche una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se


presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su renuncia.
La Junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana
siguiente.

Así recuerda Cisneros sus últimas horas en el poder:

"En aquella misma noche, al celebrarse la primera sesión o acta del


Gobierno, se me informó por alguno de los vocales que alguna parte del pueblo
no estaba satisfecho con que yo obtuviese el mando de las armas, que pedía
mi absoluta separación y que todavía permanecía en el peligro de conmoción,
como que en el cuartel de Patricios gritaban descaradamente algunos oficiales
y paisanos, y esto era lo que llamaban pueblo, (..). Yo no consentí que el
gobierno de las armas se entregase como se solicitaba al teniente coronel de
Milicias Urbanas Don Cornelio de Saavedra, arrebatándose de las manos de un
general que en todo tiempo las habría conservado y defendido con honor y
quien V.M las había confiado como a su virrey y capitán general de estas
provincias, y antes de condescender con semejante pretensión, convine con
todos los vocales en renunciar los empleos y que el cabildo proveyese de
gobierno."

El 25 de mayo de 1810

Todo parece indicar que el 25 de mayo de 1810 amaneció lluvioso y frío.


Pero la "sensación térmica" de la gente era otra . Grupos de vecinos y
milicianos encabezados por Domingo French y Antonio Beruti se fueron
juntando frente al cabildo a la espera de definiciones. Algunos llevaban en sus
pechos cintitas azules y blancas, que eran los colores que los patricios habían
usado durante las invasiones inglesas.

Pasaban las horas, hacía frío, llovía y continuaban las discusiones. El


cabildo había convocado a los jefes militares y estos le hicieron saber al cuerpo
a través de Saavedra que no podían mantener en el poder a la Junta del 24
porque corrían riesgos personales porque sus tropas no les responderían. La
mayoría de la gente se fue yendo a sus casas y el síndico del Cabildo salió al
balcón y preguntó "¿Dónde está el pueblo?". En esos momentos Antonio Luis
Beruti irrumpió en la sala capitular seguido de algunos infernales y dijo
"Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias
de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces, Si hasta ahora hemos
procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El
pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran
parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren
ustedes verlo? Toque la campana y si es que no tiene badajo nosotros
tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia
echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora mismo, porque no
estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las
armas en la mano, no responderemos de nada." Poco después se anunció
finalmente que se había formado una nueva junta de gobierno .El presidente
era Cornelio Saavedra; los doctores Mariano Moreno y Juan José Paso, eran
sus secretarios; fueron designados seis vocales: Manuel Belgrano, Juan José
Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el sacerdote Manuel Alberti y los
comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu. Comenzaba una nueva etapa de
nuestra historia.

La Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII. Así lo


recuerda Saavedra en sus memorias "Con las más repetidas instancias, solicité
al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por
falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque
habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no
quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores
por aquel medio. Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor
Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus
providencias y mandatos."

Para algunos era sólo una estrategia a la que llamaron la "máscara de


Fernando", es decir, decían que gobernaban en nombre de Fernando pero en
realidad querían declarar la independencia. Pensaban que todavía no había
llegado el momento y no se sentían con la fuerza suficiente para dar ese paso
tan importante. La máscara de Fernando se mantendrá hasta el 9 de julio de
1816.

Pero los españoles no se creyeron lo de la máscara o el manto de


Fernando y se resistieron a aceptar la nueva situación.

En Buenos Aires, el ex virrey Cisneros y los miembros de la Audiencia


trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío (que no acataba la autoridad de
Buenos Aires y logrará ser nombrado virrey), pero fueron arrestados y enviados
a España en un buque ingl
La historia que se cuenta en las aulas
Entre la formación de identidad nacional y el estímulo del pensamiento
crítico, la enseñanza de la historia adopta en los colegios diversos matices; de
la escuela primaria, donde aún no se ha desarrollado la conciencia histórica, a
los libros que en los colegios secundarios promueven el debate
Colón llegó a América después del 25 de Mayo y un poco más tarde que
el 9 de Julio. Los chicos de primaria, los que tienen menos de 10 o 12 años,
creen que el pasado histórico se sucede según el orden de los actos escolares
que se celebran en la escuela. Así surge de la experiencia de muchos docentes
argentinos. Lo cuenta el investigador Mario Carretero, una de las voces de
referencia en el mundo pedagógico acerca del modo en que se construyen las
representaciones históricas en la mente de los alumnos de primaria y
secundaria en Argentina, en uno de los tantos trabajos de investigación que
viene desarrollando desde hace más de veinte años.
Montenegro es un jugador de Independiente y Montenegro se
independizó hace poco." El juego de palabras se lo propone un adolescente a
su hermano menor, Oliverio, un chico de 9 años de cuarto grado del colegio
Martín y Omar, en San Isidro, al que le encanta la historia. El hermano mayor
habla de fútbol mientras asocia a toda velocidad datos curiosos. Y lo llamativo
es eso, que el jugador de fútbol, el argentino Daniel Montenegro, y la República
Autónoma de Montenegro tienen algo en común: el nombre pero también su
condición de "independiente", en el caso del futbolista por el club donde patea y
en el caso de la república, por su independencia de Serbia, bastante reciente,
modelo 2006.
"¿Pero cómo la independencia en 2006? ¿No hay celulares en
Montenegro, no hay luz, se iluminan con velas?" Ésa es la duda existencial que
Oliverio le plantea a su mamá, Judith Rasnosky, cuando escucha hablar de un
proceso independentista en pleno siglo XXI. "Para los chicos -reflexiona
Rasnosky-, el período histórico viene como en un paquete: les cuesta distinguir
un proceso de independencia en sí mismo de las características históricas
particulares de la Independencia argentina. Es muy curioso cómo se
esencializan los procesos históricos aprendidos en la escuela."
Se trata de pensar qué hace la escuela con la historia. Y en ese punto,
es valioso el ejemplo que aporta Rasnosky. En la mente del alumno de cuarto
grado, el escenario "antiguo" del proceso particular de independencia, de ese 9
de julio de 1816 que aprendió en la escuela argentina, tiñe las características
estructurales de todo proceso de independencia, no importa si se da en la
Europa balcánica y en pleno presente. El color local y "de pasado" se integra
entonces al concepto "independencia" en la representación histórica que se
construye vía la didáctica escolar.
La reflexión de Rasnosky es de madre pero también de especialista.
Rasnosky es licenciada en Sociología, con veinte años de experiencia en el
mercado editorial, primero como autora de libros de ciencias sociales para
Santillana en los años noventa y luego como editora de libros de historia para
la escuela. Hoy es la gerente editorial de la editorial Estrada, especializada
desde hace décadas en textos escolares desde primer grado hasta quinto año.
Eso: Rasnosky es experta en manuales para la escuela. Por profesión y por
experiencia, conoce el mecanismo de construcción del pensamiento histórico,
conoce cómo elaboran el pasado los chicos y cómo lo hacen los maestros y los
historiadores. Sabe bien del desafío que representa esa construcción para el
sistema escolar y la enseñanza de la historia en el aula.

Porque ésa es la cuestión: hay un pensamiento y no es sólo lógico-


matemático. También hay "pensamiento histórico", con características propias,
reglas específicas para su construcción y habilidades puntuales que lo integran
y definen. El pasado se piensa y se lo piensa y elabora con un modo específico
que en general poco tiene que ver con ese esencialismo ahistórico al que
conduce sin darse demasiada cuenta la enseñanza de la historia desde el
jardín de infantes y la primaria. Tampoco necesariamente con el output que las
clases de la materia Historia producen muchas veces en la secundaria, y eso a
pesar de la actualización que tuvo la enseñanza de la historia en las últimas
décadas.
¿Qué hace la escuela con la historia? ¿Qué se enseña en la escuela
cuando se enseña historia? ¿Para qué se enseña historia? ¿Qué tiene que ver
lo que aprenden los alumnos en las clases de historia con un pensamiento
histórico analítico y crítico, con el pensar históricamente que define el trabajo
del historiador? ¿Poco, nada, mucho?

Es cierto: el pensamiento histórico se construye en la mente de los


alumnos. Pero no cualquier cosa puede ser predicada sobre el pasado: no todo
juicio y creencia sobre el pasado es un enunciado del pensar históricamente.
Entre la emoción y la razón

Aún antes de que el balbuceo infantil los abandone por completo. Aún
antes de que puedan escribir sus nombres. Antes de que puedan leer "uno"
donde está el número 1. Antes de todo eso, primero, pequeños argentinos y
argentinas de no más de metro de altura un día se disfrazan de mazamorreras,
de damas antiguas, de belgranos y de sanmartines y escuchan el Himno
Nacional, el Himno a Sarmiento y la Marcha de San Lorenzo, que resuena sin
sentido en sus cabezas.

Los chicos hacen los primeros pininos en historia argentina desde el


jardín de infantes a través de los actos escolares. Y lo que empieza en esos
años se repite en toda la primaria y en la secundaria, aunque en esta etapa
cambia sustancialmente el tipo de acto escolar.

La celebración de unas cinco efemérides nacionales clásicas, que


pueden ser más según la época, es obligatoria desde el nivel inicial hasta el
secundario inclusive: el 25 de Mayo, el Día de la Bandera en junio, el Día de la
Declaración de la Independencia en julio, la Muerte del Libertador General San
Martín en agosto y el Día del Maestro, por la muerte de Sarmiento, en
septiembre. Hasta 2007 también había actos por el Día de la Raza, en octubre,
que hoy se denomina Día de la Diversidad Cultural American
Son años y años de actos escolares que, fecha tras fecha, proponen los
mismos arquetipos, insisten con los mismos héroes y los mismos demonios,
machacan con idénticos estereotipos y congelan sin fisuras, con
tergiversaciones más o menos sutiles, en una sola fecha y unas pocas escenas
escolares, procesos y conceptos históricos de causas múltiples y diversas,
protagonizados por personajes y grupos sociales variadísimos. Y eso, desde el
principio de la escolaridad, para chicos que todavía no saben ni hablar ni leer ni
escribir ni conceptualizar ni concebir el paso del tiempo. El tiempo nada menos,
el eje de la historia.

En cada escena de un acto escolar protagonizado por chicos, la historia


genera afecto y refuerza una pertenencia. Con cada himno entonado como
banda de sonido perfecta para vivir la adrenalina de la gloria y la identificación,
ese pasado arquetípico encuentra el tono personal que los chicos necesitan
para hacer más propia la historia, sin distancia. Pura empatía acrítica. Y con los
discursos de la maestra, la emotividad acrítica encuentra las palabras que la
refuerzan. E inclusive, muchas veces, caen en una vinculación con el presente
que apunta al mismo sentido, subrayar la pertenencia, y que a veces se basa
en datos o perspectivas que difuminan la especificidad del pasado histórico. Y
hasta resultan en verdaderos errores históricos
"Belgrano peleó contra los monopolios." Enunciaba, firme y conmovida,
una maestra de cuarto grado en su discurso del Día de la Bandera. Era 2012 y
arreciaba por entonces, en el puro presente de la política local, la guerra entre
"corpos" y "monopolios" de todo tipo. La fuerza del presente condicionaba el
historizar de la maestra, que se equivocaba: "El fin del monopolio comercial
español había pasado en 1809: Cisneros ya había liberado el comercio". Me lo
decía el año pasado el historiador y también profesor de historia Gabriel Di
Meglio, una autoridad en historia de las clases populares en el siglo XIX.

Corren desesperadas las madres para el 25 de Mayo en busca de


alguna bombacha de campo y alpargatas: les toca a los varones hacer de
gauchos y, en el cuaderno de comunicaciones, la lista del vestuario pretende
dar precisión histórica al atuendo.

Pero se equivoca sin culpa, como si nada, la enseñanza escolar y su


visión de la historia: la bombacha de campo llegó a la campiña argentina
después de la Guerra de Paraguay, sobrantes de uniformes europeos usados
en la guerra de Crimea que el gaucho pobre empezó a vestir para trabajar en el
campo. Tampoco usaba alpargatas el gaucho colonial. La verdad histórica es
otra: el gaucho de la colonia andaba de chiripá y poncho y botas de potro, si
podía comprarlos. Si no, iba con el torso desnudo y descalzo. Otra vez era Di
Meglio el que aportaba estas precisiones hace unos meses.

Así se fijan los primeros sentidos del pasado entre los chicos de primaria
a la hora de aprender las lecciones de historia dentro de la escuela, que de
primer a tercer grado se organizan en tornos a las efemérides no ya sólo sobre
el escenario sino también dentro del aula. Emotividad, adscripción acrítica e
imprecisiones fijadas como si fueran certezas permean en toda la historia
curricular de los años iniciales de la escolarización.

Los libros de texto de primaria de hoy, de todas maneras, buscan


actualizar el acercamiento a las efemérides, por ejemplo. En los manuales de
los primeros grados, la historia ingresa como "ciencias sociales" y, al igual que
las ciencias naturales, está en un segundo plano en comparación con lengua y
matemática, que son los ejes de la enseñanza en esos años, según lo
establece el diseño curricular oficial. La historia entra, por ejemplo, en el caso
de la colección Áreas Integradas de Estrada, destinada a los primeros grados,
en la forma de sugerencias para "desestructurar" las efemérides, según explica
Rasnosky.

"Proponemos contenidos y actividades que buscan aprovechar la


efeméride para profundizar en cuestiones relacionadas con el lazo social
-explica-, con el sentido social de los símbolos patrios, por qué son necesarios,
el sentido de la promesa a la bandera
Sin embargo, y más allá de las buenas intenciones pedagógicas de
docentes y editores, es difícil neutralizar el poder contradictorio de las
efemérides, que enseñan y al mismo tiempo tergiversan. Porque tantos años y
tanta insistencia con las efemérides tienen efectos colaterales en el modo en
que los chicos construyen el pensamiento histórico. La idea es ésta y es de
Carretero y Miriam Krieger, que la exponen en el trabajo "La usina de la patria y
la mente de los alumnos. Un estudio sobre las representaciones de las
efemérides escolares argentinas". Las representaciones de la historia: los
objetivos que persigue la enseñanza y el aprendizaje de la historia en la
escuela son dos, un objetivo identitario romántico, como "fábrica" de identidad y
cohesión nacional a través de la emoción y la adhesión, y un objetivo
disciplinario ilustrado, que apunta a la construcción de un pensamiento histórico
en sentido estricto, crítico, basado en categorías racionales.

Y el problema es, precisamente, que la enseñanza de la historia en la


escuela resulta altamente efectiva en la configuración de "las voces de los
grandes relatos nacionales en la mente de los alumnos" en desmedro de la
construcción racional del pensar histórico. Es polémica pero interesante la tesis
de Carretero y Krieger a la hora de pensar qué hace la escuela con la historia.
Está claro: las efemérides no son simples herramientas pedagógicas
para enseñar historia. Son además dispositivos del Estado para generar un
sentido de nación y construir ciudadanos. Cumplen ese rol desde el nacimiento
del Estado nación y, en paralelo, del sistema escolar. Lo sabemos: los actos
escolares son máquinas de construir cohesión social en una nación armada
sobre la diversidad de pueblos -originarios, españoles, nacidos en el territorio,
inmigrantes de la vieja Europa, etcétera-. Esto es así desde fines del siglo XIX
y sobre todo desde principios del siglo XX, cuando las efemérides se instalaron
sin vueltas en la escuela.

Cantamos el Himno Nacional en los actos desde 1905. En 1908, quedó


fijado el ritual a seguir para celebrar el 25 de Mayo en el acto escolar. Con la
década del 30, llegó la versión oficial del Himno Nacional, el Día de la
Escarapela y el Día de la Bandera, que también ingresaron en el salón de actos
escolar.

La escuela hace lo que quiere con los saberes. Y la historia, y también


las efemérides, fueron usadas desde el vamos del sistema escolar argentino
como instrumento moral nacionalizante. Ese uso sigue pesando en la
enseñanza de la historia aunque creamos lo contrario.
Hay una razón detrás de la efectividad de la historia escolar organizada
en torno a las efemérides a la hora de cumplir con su objetivo identitario. "Hay
una adecuación importante entre los objetivos escolares surgidos en el
romanticismo nacionalista de finales del siglo XIX con las características
cognitivas de la forma de comprensión mítica y romántica." Es la tesis de
Carretero, que relaciona las representaciones históricas que construyen los
alumnos en cada etapa escolar con las posibilidades del propio desarrollo
cognitivo para la comprensión de los hechos sociales. El pensamiento de lo
social, igual que el pensamiento físico matemático, atraviesa etapas desde una
"visión concreta, personalizada y poco compleja hasta unos conceptos y
teorías más abstractos, estructurales y multicausales", explica Carretero.
Recién en la adolescencia llegan las conceptualizaciones más complejas.

Dotados de un pensamiento mítico, entre los 3 y los 6 o 7 años, y


romántico, entre los 8 y los 12 años, los chicos son todavía incapaces de poder
conocer la historia, de alcanzar representaciones de la historia que incorporen
la transformación, los conflictos y los sujetos históricos. Pero sí ingresan a lo
histórico con un lenguaje que la escuela les presta, unos símbolos y unos
hechos fragmentarios que les permiten montar narrativas que aportan algo de
conocimiento pero que, sobre todo, permiten alcanzar una adhesión a una idea
abstracta de "nación". La adscripción a un grupo y a un destino común.
Los efectos secundarios de tanta inmersión en identificaciones
nacionalistas mítico-románticas condicionan el aprendizaje de la historia en la
escuela. Lo subraya Carretero. La entrada "romántica" a la historia es un
obstáculo para que los alumnos, adolescentes que rondan los 16 años,
alcancen un pensamiento histórico abstracto, crítico y multicausal, que
incorpore el conflicto "como principio activo de la historia". El pensamiento
histórico se vuelve escurridizo.

Campo de batalla o de paz

Pero ¿qué es el pensar histórico? No es tan sencillo de concebir: mucho


más fácil es pensar en la existencia de un pensamiento matemático con
características propias. Pero ¿el histórico?

No se trata de la simple opinión personal sobre un acontecimiento del


pasado. Tampoco de la toma de partido o la aceptación resignada de un
subjetivismo relativista. No se reduce a una pretendida objetividad que cancela
cualquier punto de vista alternativo. Así de complejo es el pensamiento
histórico. Lo confundimos todo el tiempo con otra cosa.

El presente político nos complica: la puja ideológica por la legitimidad de


los relatos acerca del pasado irrumpe en la comprensión de la existencia
recortada de eso que se llama pensamiento histórico. También impacta en la
escuela, donde la militancia temprana construye esquemas del mundo y los
chicos, o los docentes, creen hacer historia en cada opinión sobre el pasado
cuando en realidad están haciendo algo distinto.
Enrique Vázquez, profesor de Historia de escuela secundaria, conoce
estos dilemas. Vázquez, de 55 años, es desde hace cinco años el vicerrector
del colegio Nicolás Avellaneda, un secundario clásico de la ciudad. Vázquez
hizo su secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires en una época bien
politizada, los años setenta, se graduó en la UBA y da clases de Historia en el
Avellaneda desde 1985. Pero además, desde la década de 1990, es autor de
libros de historia. Vázquez y María Ernestina Alonso son los autores de una
colección de historia muy leída en la escuela secundaria. Se trata de Historia
argentina, de editorial Aique, cuatro tomos de historia local desde 1800 hasta la
actualidad, dirigidos a los últimos años del secundario. Como colección de
historia, tiene una particularidad: el cuarto tomo llega exactamente hasta el año
pasado. Su título es Historia argentina (1976-2013). Proyectos de país en
pugna: de la última dictadura cívico militar al kirchnerismo.

Además Vázquez no oculta su simpatía kirchnerista, o mejor dicho,


peronista. "Desde el secundario que soy peronista. Y en ese sentido, es muy
difícil no ser kirchnerista: es una continuidad de la mejor tradición del
peronismo", explica. Sus colegas lo saben. Sus alumnos también, lo mismo que
sus padres.
¿Se puede pensar históricamente en el fragor de tanta adscripción
política? Vázquez está convencido de que sí. Primero, porque para el docente
la presión identitaria nacionalista que preocupa a Carretero y Krieger es, según
su perspectiva, parte constitutiva del pensamiento histórico. "Lo identitario y lo
disciplinar no son antagonistas. Son complementarios. Cuando discutimos
historia, estamos discutiendo política", argumenta. No le esquiva a la
perspectiva ideológica de quien hace historia, sea alumno o profesor.

"Es una cuestión de honestidad intelectual: cuido que mis propias


perspectivas no fuercen los acontecimientos y presionen sobre los alumnos. Y
trato al mismo tiempo de que los alumnos se apropien de las categorías de
análisis histórico que les permitan tomar distancia y cuestionar con fundamento
incluso mis propias perspectivas", desarrolla Vázquez.

La distinción entre los diversos planos de la vida social, desde el plano


cultural hasta el político, pasando por el económico y social. La distinción de
intereses particulares e intereses de los grupos. La noción de clase social.
Actores individuales y colectivos. Corta y larga duración. Cambio y continuidad.
Ésas son algunas de las categorías que lleva a clase y que exige en los
debates. "No acepto el 'a mí me parece' sin precisión analítica", dice.
Vázquez es optimista. Cree que con esta metodología incluso ciertas
identidades propias del presente pueden ser pensadas históricamente. Cuenta
una anécdota. Sucedió el Día de la Bandera, este año. Vázquez daba un
discurso que planteaba el concepto de "patria rioplatense". Una alumna lo
interrumpió en público para plantearle por qué no ir más allá todavía: "¿Por qué
patria rioplatense? La patria latinoamericana, profesor".

"Esa chica -dice Vázquez para explicar el sentido de la anécdota-, me


consta, tiene herramientas de análisis histórico y cursó Historia de América
Latina en cuarto año. Su apelación a la Patria Grande también es parte de este
tiempo político y de las identidades que en él se están gestando." En tal caso,
el historiar en la escuela permitirá al docente desandar el detrás de bambalinas
de esa otra categoría y ponerla en su contexto histórico. En eso confía
Vázquez.

Que los estigmas de época no nos confundan: Vázquez no tiene la


retórica ni el estilo de un fanático enceguecido. En absoluto: las respuestas que
da acerca del historiar y las presiones del presente político son analíticas y
desapasionadas, propias de un especialista que conoce su tema y tiene una
perspectiva personal sobre su actividad. Y lo cierto es que muchos de los
principios del modo de pensar histórico que propone a sus alumnos son los que
la historiografía actual considera propios de un pensamiento histórico crítico. La
necesaria habilidad para distinguir fuentes primarias de secundarias, por
ejemplo, para rastrear la fuente de la fuente y luego, para determinar su
autoridad. Para construir "un argumento original basado en la evidencia dada
por varias fuentes". Para reconocer la diferencia y extrañeza del pasado sin
perder en el camino cierta cercanía que profundiza la comprensión de los
procesos. "La habilidad de hacer preguntas de real valor inquisitivo: no
solamente qué pasó sino por qué pasó de esa manera y por qué no pasó de
otra manera", es decir, para "reconocer el rol de la causalidad".

Al menos éstas son algunas de las quince habilidades en las que T. Mills
Kelly, especialista en enseñanza y aprendizaje de la historia, sintetiza las
diversas posiciones de destacados historiadores acerca de las particularidades
del pensamiento histórico. La síntesis pertenece a su libro Teaching History in
the Digital Age ("Enseñando historia en la era digital"), publicado el año pasado
por la Universidad de Michigan.

Metahistoria en el secundario

Ahora la enseñanza de la historia en la secundaria intenta recorrer ese


camino, el que la historiografía viene haciendo hace décadas. Domina una
pretensión: acercar la enseñanza de la historia a "la idea de que la historia se
construye, que es un campo de conocimiento con sus leyes y reglas propias de
construcción de conocimiento y modos también particulares de validación". Así
lo explica Rascosky.

Los diseños curriculares de la historia en el secundario incorporaron con


decisión los aspectos constructivistas de la disciplina, en particular después de
la Ley de Educación Nacional de 2006
dice Rascosky. La colección Huellas, de Macmillan, destinada al
secundario, retoma esa idea. Incorpora, por ejemplo, entrevistas a historiadores
que reflexionan sobre su propio hacer histórico.
Los textos de historia vienen actualizándose de modos diversos desde
hace años. El primer salto estilístico respecto del manual clásico llegó en los
años noventa: "la etapa videoclip", con elementos para divertir a los chicos.
Hoy, el texto corrido, con una narrativa historiográfica ordenadora, recuperó
más espacio y se incluyen elementos no para animar la lectura sino con
carácter documental. Pero siempre con el juego de perspectivas.

Al aula también llegan hoy los textos especializados de historiadores


indiscutidos que los deslumbraron durante sus años formativos como docentes
de historia. O, en el otro extremo, los profesores de historia se lanzan
entusiastas a la literatura histórica de divulgación. En el origen de esta opción
está la impronta que dejó el trabajo de divulgación del profesor de Historia
Felipe Pigna a principio de la década de 2000. Por supuesto, el mundo
académico se resiste a estas aproximaciones. Pero a los docentes de
secundaria estas fuentes les rinden en el aula.

Hace veinte años que Carlos Lapelegrina se dedica a la docencia. Lo


hizo siempre dentro de la educación privada. Hoy es director de estudios del
Colegio Lincoln, en la ciudad de Buenos Aires. Desde hace cinco años es
además profesor de Historia en el Nicolás Avellaneda
A Lapelegrina le interesó el libro Maitland y San Martín, de Rodolfo
Terragno y lo llevó al aula en el Avellaneda. "Tenía que dar el clásico cruce de
los Andes de San Martín y su ejército. La investigación de Terragno sumaba un
elemento de polémica -la posibilidad de que fuera Maitland el primero en haber
elaborado el plan del cruce de los Andes- y daba espacio para que los chicos
intentaran elaborar sus propios argumentos y conclusiones."

Pero está claro: ya no las clases magistrales. Ya no las lecciones


expositivas ni la repetición fiel y acrítica de los dichos del profesor. Ya no la
historia hiperfáctica, del hecho histórico que se pretende dado y puro, que borra
su momento de construcción. Ya no el libro que fija una versión única del
pasado. La historia se enseña en la secundaria como un objeto al que se ve a
la distancia y se le pueden descubrir las puntadas.
En la hora de Historia, ahora manda el "debate" y la puesta en evidencia
de cómo se construyen las versiones históricas. Pero con esta matriz polémica,
los alumnos a veces se desconciertan. T. Mills Kelly recoge el punto. ¿Cómo
enseñar historia? La tensión se da entre el llamado "conocimiento del
contenido", los hechos, y el "conocimiento del procedimiento", el modo en que
los hechos son construidos por los intereses en pugna. Algo así como el foco
puesto en el metadiscurso, según el especialista estadounidense
hí es donde los alumnos se pierden. Y se enloquecen por volver a lo
simple y responderse preguntas más sencillas, asegura Mills Kelly: qué pasó,
cuándo pasó, quién fue el responsable, por qué pasó y un corolario. ¿Esto es
parte del examen?, bromea el especialista.

"Algo de eso hay -reconoce Vázquez-. En la reacción contra la historia


positivista, nos pasamos un poco de rosca. Pero los hechos son la carnadura.
Tienen que quedar claros". Entonces sí, en una segunda lectura, poner el
aparato historiográfico en escena en clase para empezar a pensar los hechos
históricamente. Críticamente.

Y teniendo en cuenta algo muy disruptivo para el pensar histórico que se


hace en la escuela. La historia curricular no está condenada al pensamiento
identitario tal como lo concebimos en la Argentina a partir del peso de las
efemérides. España, por ejemplo, organiza la enseñanza de la historia sin eso
de apelaciones emotivas. Canadá, lo mismo.

Ni un solo acto escolar por un héroe militar o político ilustre en el sistema


escolar de la provincia de Ontario. Ni por una batalla. Apenas dos fechas. Una
por el Día de los Veteranos, soldados anónimos de cualquier guerra en la que
haya participado Canadá, héroes populares sin nombre ni apellido, una idea
democrática e igualadora de homenaje a quienes prestaron su servicio a
valores universales como la libertad y la democracia. Se trata de una
celebración minimalista, sin discursos ni actuaciones, apenas un minuto de
silencio y un poema sentido, como mucho.
–------------------Apuntes para interpretar la Revolución de Mayo
A continuación reproducimos extractos de un artículo publicado en abril
de 2010, en el segundo número de la revista “Cuestionando desde el
marxismo”, a propósito del bicentenario de la Revolución de Mayo.
Mayo de 1810 se presenta en la historia oficial como el hito fundante de
la nación argentina. Según un discurso historiográfico extendido, desde
aquellos años, más allá de ciertos traspiés, la nación tomó la forma
“republicana” de gobierno y se conquistaron doscientos años de vida
“independiente”. Así, un mito de “origen” construido y difundido a través de
diversas instituciones estatales, buscó legitimar en el pasado la conformación
de una identidad y unidad nacional inexistente. Hoy este relato único se ha
desmembrado.

(…) Nuestra mirada confronta con la interpretación liberal nacida con la


obra de Bartolomé Mitre, en la cual se anuncia que la revolución de Mayo fue la
liberación de una nación argentina preexistente, que a través de la acción de
hombres “ilustrados” y “decididos” buscó romper las cadenas del realismo
español. (…)

Pero no seríamos justos si sólo hacemos mención a esta interpretación


de la historia argentina (…). A mediados del siglo XX, cuando la decadencia de
la “patria oligárquica” era un hecho y su historiografía liberal estaba
desacreditada, algunos historiadores polemizaron contra las ideas de esta
“historia falsificada”. Para el denominado revisionismo, las “élites”,
extranjerizantes y antinacionales, subordinadas a Gran Bretaña por sus
intereses económicos y a Francia por los principios liberales de la Ilustración,
“malograron la revolución” y desplazaron a las masas populares del lugar
central de la historia de Mayo. (…)

Ni una ni otra visión de la historia argentina revela la verdadera


naturaleza de los acontecimientos de Mayo de 1810. El mito fundante y la
historia oficial posterior han ocultado algunas verdades poco “gloriosas”. Por un
lado, a principios del siglo XIX no existía el Estado Nación, ni mucho menos, la
“nacionalidad” argentina. Éste nacerá del triunfo de una de las facciones de la
clase dominante criolla, la oligarquía porteña, rica propietaria de tierra y
sirvienta ejemplar del capital inglés. El Estado nacional recién se consolidará
en 1880 luego de la nefasta incursión argentina en la Guerra contra el
Paraguay. Por otro lado, la revolución de Mayo no conquistó la independencia
plena para la futura nación. Contra el discurso de “doscientos años de vida
independiente” hoy podemos constatar que la Argentina es una nación
semicolonial, como el resto de Sudamérica, sometida constantemente a la
presión del capital extranjero. Durante estos dos siglos las clases dominantes
han establecido y preservado un verdadero pacto neocolonial. (…)

1808 y la crisis imperial hispánica

Los acontecimientos de la Semana de Mayo no fueron un plan


premeditado de los criollos para lograr la independencia de España. Más bien,
la invasión de Napoleón a la península ibérica en 1808, que obligó a abdicar a
Fernando VII en nombre del hermano de Napoleón, José Bonaparte, mostró la
crisis que atravesaba una de las monarquías más importantes de la época. (…)
Estos acontecimientos darán inicio a lo que se conocerá como la revolución
liberal española, en donde un sector de la burguesía buscará terminar con
algunos privilegios del “antiguo régimen” como lo había hecho anteriormente la
burguesía francesa. (…) En América, también los acontecimientos peninsulares
de 1808 van a tener profundas consecuencias.

(…) Es frente a esta crisis inédita e inesperada de la monarquía, que


pegará un salto en 1810 cuando el ejército napoleónico derrota la Junta Central
de Sevilla ocupando casi toda la península y desplazando hasta Cádiz los
restos de la resistencia española, que las clases dominantes criollas buscarán
constituir, a través de la formación de Juntas en América, un poder político
propio y autónomo de la corona española. Los argumentos utilizados por los
criollos serán muchos (…). Pero, más bien, frente a la completa evidencia de la
debacle de la monarquía hispana, los criollos encontrarán la “oportunidad”,
para constituir su propio poder. (…)
España, quien fuera la máxima potencia mundial desde el siglo XV, irá
encontrando su decadencia durante el siglo XVIII, que repercutirá en todos sus
dominios coloniales. El ascenso, centralmente de Inglaterra y Francia como
potencias mundiales cuestionará el poderío colonial español. (…) el poderío de
la monarquía hispánica era un tesoro que las nuevas potencias querían
conquistar. Para darnos una idea de lo que ello implicaba, a fines de siglo XVIII,
cuando la monarquía española ya había perdido sus dominios continentales
como los Reinos de Nápoles, todavía mantenía colonias en casi todo el
continente Sud Americano, en las Antillas, en el norte de África y en las islas
Filipinas del Pacífico. Pero la clase dominante criolla era cada vez más
consciente de que “las Américas eran más ricas que las Españas”, y que el
orden colonial erigido durante más de tres siglos era un anacronismo.

De la autonomía criolla al enfrentamiento con la monarquía española

Frente a esta crisis de dominio imperial, los criollos porteños reclamaban


una mayor participación en las instituciones del poder colonial, como el
Cabildo, la Audiencia y el Consulado de Comercio de Buenos Aires, que les
permitiera mayor control de las cuantiosas riquezas que se producían en
América. Asimismo, peticionaban por la aplicación de medidas de libre
comercio (…).

(…) Sin embargo, este descontento criollo no se transformará en


revolución directamente, es decir, en el estallido de una lucha por la
independencia. Es por ello, que el intento de autonomía política, que sólo
busca en sus inicios algunas reformas en el régimen político y casi ninguna
modificación en la estructura social, será interpretada como una revolución
política. El marxista Milcíades Peña en sus apuntes sobre historia argentina,
enunciará que “la lucha de la independencia se llevó contra los funcionarios y
militares españoles. Por eso el objetivo y contenido de la revolución fue
puramente político, sin afectar la estructura de clases. (…) Todas las clases
dominantes de la colonia –criollas o españolas- deseaban prescindir de la
tutoría de Virreyes y tomar en sus manos el aparato estatal para realizar sus
propios fines. Para algunos sectores –los comerciantes y ganaderos de Buenos
Aires- se trataba de establecer así el trato directo con Europa sin la molesta
interposición de la corona española (…)” . Esta ubicación conservadora de las
clases criollas también será resaltada por Halperin Donghi (…).

Sin embargo, la corona española negará esta autonomía radicalizando el


proceso histórico. Desde el comienzo se suceden varios golpes contra las
Juntas en distintos puntos del continente, ejemplo de ello, son los realizados en
México en 1808 y en La Paz y Chuquisaca en 1809, donde los peninsulares
van a desatar una fuerte represión contra los criollos. (…)

Incluso, para los liberales españoles reunidos en las Cortes de Cádiz


entre 1810 y 1812, quienes intentarán dar forma constitucional a la revolución
liberal que se había desatado en 1808, el estatus de América no dejará de ser
colonial. (…) querían hacer una gran “nación hispana” que incluyera a América,
sin embargo, al momento de otorgar la representación a los americanos se
expresó una profunda desigualdad. (…)

Esto obligará a los criollos a enfrentarse militarmente en el continente


americano, lo que desencadenará la llamada “guerra de independencia”, que
durante los años que van de 1810 a 1825 irá mutando la dinámica del proceso
histórico. Ni la decadente monarquía hispánica, ni los liberales españoles,
quisieron perder sus colonias, como tampoco lo quiso hacer la burguesía
revolucionaria francesa. La independencia americana, pero centralmente la
revolución de los “jacobinos negros” en Haití, anunciaron la cuestión colonial
como contracara de las revoluciones europeas del siglo XVIII.

Guerra anticolonial, guerras civiles y pacto neocolonial

La denominada “guerra de independencia” ha tenido un lugar primordial


en la historia oficial, y siempre ha sido el mejor escenario para la construcción
de los mitos patrios. Pero la guerra, hecha de contragolpe por la resistencia
peninsular a la autonomía criolla, se transformará en una guerra anticolonial
que concentrará en su interior un conjunto de guerras civiles expresión de las
contradicciones internas del mundo colonial. (…)
En primer lugar, el intento limitado de las elites criollas de desarrollar una
guerra civil anticolonial en función de mantener la autonomía política
conquistada. Guerra que se expande y ocurre en el territorio americano y,
aunque concentra el enfrentamiento contra los peninsulares, los realistas y la
corona, va a entrelazar en los bandos militares a “españoles americanos” y a
“españoles europeos”.

(…) En segundo lugar, la otra dimensión de la guerra civil será el


enfrentamiento entre las heterogéneas fracciones de las clases dominantes
criollas. Aunque perviven luego de la revolución algunos de los elementos de la
antigua división territorial, lo que prima es un proceso de desintegración de los
viejos virreinatos y capitanías generales.

(…) Finalmente, la tercera forma de guerra civil es aquella que se


desarrolla entre las clases dominantes criollas y la insurgencia de las
heterogéneas clases subalternas, que en forma episódica y disgregada,
aprovecharán la crisis y la guerra para intervenir con sus propias demandas.
Esta emergencia de las clases explotadas y oprimidas, que desde nuestro
punto de vista es la más importante y que se encuentra completamente oculta
en la historiografía oficial, es la que explica la ambivalencia de los ricos criollos
tensionados entre la necesidad de imponer una serie de cambios políticos, la
revolución y el orden, y la urgencia por mantener el sometimiento de las clases
explotadas. (…)

Las clases peligrosas de la rebelión contra el orden colonial

Las tensiones sociales de la colonia, expresión de un régimen de


explotación que combinaba la servidumbre, la esclavitud, los obrajes, la mita y
el pago de tributo indígena, estallarán con la participación de las clases
subalternas en importantes manifestaciones y levantamientos.

(…) La guerra dará cauce a la aparición de insurgencias indígenas en el


área andina, a la actuación de pardos y negros en Nueva Granada, a peones,
gauchos y pequeños campesinos en la Banda Oriental, y a esclavos y mestizos
que integrarán las milicias y ejércitos de guerra.

Esta presencia popular y las necesidades impuestas por la guerra


anticolonial indujeron a los ricos criollos a tomar algunas de las medidas que
apuntaron a una transformación limitada del orden social. (…) Este carácter
limitado de las transformaciones ocurridas durante la guerra anticolonial
resultaron en que no se conquistará la independencia absoluta de las regiones
americanas, sino que se inaugurará un nuevo pacto neocolonial. (…)

Los resultados del proceso histórico: revolución política burguesa y


Estado semicolonial

Es una tesis ampliamente aceptada que el objetivo, el móvil de la


conquista española de América fue capitalista. (…) Lo que inmediatamente se
implanta es una estructura combinada en la cual una variedad de relaciones
sociales precapitalistas se adaptaron a fines capitalistas. (…) La hibridez y la
combinada característica de la estructura social tendrán consecuencias a largo
plazo. Una de ellas va a ser la heterogeneidad de la propia estructura de
clases, la diversidad de fracciones de la clase dominante criolla existente (…).
Las guerras anticoloniales reconfiguraron las clases dominantes criollas y
generaron rupturas. Pero también, a lo largo del siglo XIX encontraremos
muchas continuidades con la estructura económico-social colonial. En primer
lugar, la clase dominante criolla, una vez conquistada su autonomía en relación
con el poder de la corona seguirá ocupando su lugar hegemónico y dominante
en las relaciones de producción. (…) En segundo lugar, como contracara de
este proceso, las relaciones sociales de explotación de indígenas, mestizos y
esclavos continuarán. (…) Finalmente, las clases dominantes criollas
profundizarán su relación dependiente con el mercado mundial (…).

Un Estado políticamente independiente y económicamente subordinado


al capital inglés fue la conclusión del proceso iniciado con la Independencia.
Transformación que, por impulso de las burguesías criollas, permitió una
modernización subordinada y sentó las bases del desarrollo de un importante
proletariado. Hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX fue este
proletariado, nutrido de inmigrantes pobres de Europa y de trabajadores
desplazados del campo y del interior del país, quien enfrentó en combates
callejeros a la oligarquía criolla, comenzando a formular un programa
independiente. La necesidad de impulsar la unidad latinoamericana para
enfrentar la fuerte presión ejercida por el ascenso del imperialismo
norteamericano fue parte de ese programa. (…)

Las fronteras nacionales que separaron a México, Venezuela de Bolivia,


Paraguay o Argentina fueron las barreras levantadas por los ricos criollos para
hacer negocios con las potencias capitalistas y someter a las clases
subalternas. (…) Una verdadera unidad de los pueblos del subcontinente
americano, no una unidad para que se sigan enriqueciendo las clases
burguesas (…) sólo puede estar basada en la expropiación del capital
extranjero y de los grandes propietarios agrarios e industriales nativos. Estas
son parte de las tareas que los trabajadores y pueblos oprimidos tendrán que
llevar adelante mediante su intervención revolucionaria en la re

SIMBOLOS PATRIOS
Desde niños a los argentinos, a través de la escuela y la tradición
popular, se les enseña que Manuel Belgrano se inspiró en los colores del cielo
al crear la bandera argentina; del blanco de las nubes y del azul del
firmamento. Si bien esto no es totalmente cierto, algo de realidad hay en ello,
ya que el diseño final de la bandera proviene de una serie de factores y
acontecimientos históricos que se fueron sucediendo uno tras otro a lo largo de
un par de siglos, por los que indirectamente se puede llegar a encontrar el
origen del diseño de la enseña patria efectivamente en los colores del
firmamento.
El dogma católico de la Inmaculada Concepción de María tuvo un largo linaje
de devotos entre los reyes hispanos desde el medioevo; incluso algunos de
ellos portaban su estandarte durante las campañas militares. Fue tal la
devoción por parte de los españoles y pobladores de las colonias, que en el
año 1644 fue declarada patrona y protectora de España así como de todo el
Imperio Español. De hecho durante el siglo XVII (años 1600s) varios artistas
realizaron pinturas que representan a la Inmaculada Concepción vistiendo una
túnica blanca y un manto azul, habiendo sido elegidos esos colores como
representación en sentido figurado de la Virgen María que de acuerdo con el
catolicismo se considera la reina de los cielos; de ahí que los colores utilizados
en esas obras pictóricas sean el azul del cielo y el blanco de las nubes que lo
atraviesan. Las obras que más se destacan son la de José de Ribera del año
1630 y casi una veintena de obras pictóricas de Bartolomé Esteban Murillo,
siendo la principal de este último la Inmaculada Concepción del Escorial,
realizada entre 1660 y 1665.

Por aquellos tiempos, durante el siglo XVII, el actual territorio argentino


formaba parte del Virreinato del Perú y se encontraba subdividido en las
gobernaciones de Buenos Aires, Tucumán, y parte de la Capitanía General de
Chile; esto sería así hasta el año 1776 en que dichos territorios se separaron
del Virreinato del Perú para formar el Virreinato del Río de la Plata, que
finalmente a partir del 25 de mayo de 1810 se convertiría en las Provincias
Unidas del Río de la Plata, estado que luego fue oficialmente rebautizado con
el nombre de República Argentina.
Inmaculada Concepción del Escorial (años 1660-1665) - Bartolomé Esteban
Murillo. La obra que inspiró a Carlos III para elegir los colores de la Orden de
Carlos III
En el año 1771, el Rey de España Carlos III, creó la Orden de Carlos III de la
dinastía borbónica, la condecoración más importante que se entrega en
España a aquellas personas que hayan brindado algún beneficio a dicho país y
su Corona. Por aquellos tiempos el futuro rey y príncipe de Asturias, Carlos IV,
tras llevar cinco años de matrimonio sin ningún hijo, al nacer su primogénito, el
entonces rey y abuelo del recién nacido, Carlos III, quien era un fiel devoto de
la Inmaculada Concepción, en agradecimiento a la Virgen María, estableció
dicha orden en su honor; por eso los colores elegidos para sus preseas o
distintivos eran el celeste y blanco, habiéndose inspirado en las pinturas de la
Inmaculada Concepción realizadas por José de Ribera y Bartolomé Murillo en
el siglo XVII, especialmente la Inmaculada Concepción del Escorial, en la que
la Virgen María aparece con túnica blanca y manto azul en representación de
los cielos que, según el dogma católico, ella reina. El máximo título de Gran
Maestre de la Orden de Carlos III, siempre lo ostentan el Rey de España y los
herederos Borbones al trono; quienes deben llevar una banda con dos franjas
celestes y una blanca al centro; junto a una cruz de ocho puntas con una
imagen de la Inmaculada Concepción y la leyenda Virtuti et Merito (Virtud y
Mérito) con el número romano III en honor al rey Carlos III que estableció la
orden.
Orden de Carlos III
Cruz y banda celeste y blanca de la Orden de Carlos III de la Dinastía de los
Borbones Familia de Carlos IV de España - Pintura de Goya
Pintura de Goya en la que se ve el Rey de España Carlos IV de Borbón (hijo de
Carlos III, el creador de la Orden de Carlos III) y su familia. Tanto el rey como
sus herederos llevan bandas celestes y blancas de la Orden borbona de Carlos
III
El 25 de junio de 1806 las tropas británicas, bajo el mando del Comandante
William Carr Beresford, invadieron a la capital del Virreinato del Río de la Plata,
Buenos Aires, a la cual capturarían el 27 de junio del mismo año y donde
permanecerían por 46 días con la bandera británica enarbolada; hasta su
reconquista ocurrida el 12 de agosto de 1806 por parte de un ejército de miles
de criollos y españoles bajo el mando del Capitán de Puerto Santiago de
Liniers. Luego de la reconquista y la expulsión de los británicos, Santiago de
Liniers fue nombrado Capitán General por la Real Audiencia de Buenos Aires
(tribunal mayor del Virreinato del Río de la Plata). El 6 de septiembre, Liniers,
ante una posible nueva invasión (que efectivamente ocurrió en 1807) instó al
pueblo a organizarse en cuerpos milicianos de voluntarios para la defensa de la
ciudad organizados según el origen de sus miembros. Entre esos cuerpos de
batallones urbanos, se encontraba el más importante de todos, el Regimiento
de Patricios (compuesto por ciudadanos nacidos en Buenos Aires), cuyos
miembros vestían una casaca azul cruzada por dos bandas blancas y un
pantalón blanco; los colores de la Orden de Carlos III de la dinastía de los
Borbones.
Ya en 1810 España luchaba por su propia independencia, ya que en 1808
había sido invadida por las fuerzas napoleónicas, y su rey Fernando VII había
sido expulsado por José Bonaparte, por lo que la metrópoli debía luchar contra
los franceses por su propia independencia. Mientras tanto en América estaban
en pleno desarrollo las ideas emancipadoras y republicanas inspiradas en la
Revolución Estadounidense y la Revolución Francesa ocurridas durante el
último cuarto del siglo XVIII. Algunos adherían a la emancipación total de los
territorios americanos, otros simplemente apoyaban el regreso de Fernando VII
al trono y se negaban a obedecer a un rey extranjero por lo que defendían la
organización de un gobierno autónomo local provisorio hasta el regreso del
monarca español al trono; y otros más diplomáticos buscaban la emancipación
total pero pensaban que todavía no era el momento propicio para ello así que
apoyaban la idea de organizar un gobierno local provisorio en nombre de
Fernando VII pero que cuando fuese conveniente se apuntaría a la
emancipación, a esta tercera tendencia se la conoce como máscara de
Fernando VII; y fue la que prosperaría durante los primeros tiempos de la
Revolución de Mayo.
Rey Fernando VII con la banda de la Orden de Carlos III que deben portan los
reyes Borbones de España
Durante las jornadas previas al comienzo de la Revolución de Mayo, entre el 21
y 25 de mayo los patriotas de la Legión Infernal, cuyos jefes eran Domingo
French y Antonio Luis Beruti repartían cintas distintivas, denominadas cintillos,
entre los simpatizantes de la revolución para distinguirlos de los realistas
contrarios a la destitución del entonces Virrey Cisneros y la organización de un
gobierno autónomo local en manos de criollos. No se sabe con exactitud de
qué color eran estas cintas; una versión dice que eran rojas; otra dice que eran
blancas con una imagen del Rey Fernando VII; otra dice que eran rojo blanco y
celeste por los colores de la Revolución Francesa; y otra que eran celeste y
blanco por los colores de la orden borbónica de Carlos III y los del uniforme de
los soldados del Regimiento de Patricios; aunque la versión más acreditada es
aquella de las cintas blancas con la imagen de Fernando VII a la cual a partir
del 25 de mayo se les agregó una cinta roja como signo jacobino (de ideales
republicanos y defensores de la soberanía popular). Estas cintas eran
entregadas a los partidarios de la revolución para evitar ser atacados por los
chisperos (nombre con el que habían sido bautizados despectivamente por los
realistas los miembros de la Legión Infernal) en momentos de disturbios.
Uniforme utilizado por los soldados del Regimiento de Patricios
El 25 de mayo de 1810 se formó el primer gobierno patrio argentino, conocido
como Primera Junta y cuyo nombre oficial era el de Junta Provisional
Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don
Fernando VII; siguiendo la idea de que oficialmente no se trataba de un
movimiento emancipador sino más bien de un gobierno que administraría estas
tierras en nombre del Rey Fernando VII, quien se encontraba prisionero en la
ciudad francesa de Bayona, y hasta su restitución en el trono español; aunque
se considera que esta lealtad a Fernando VII no era real, y se trataba de un
pretexto (llamado máscara de Fernando VII) utilizado en un principio para evitar
futuras represalias hasta que fuera el momento propicio de declarar la
independencia total.
Muchos partidarios de la Primera Junta, llevaban distintivos celestes y blancos
(los colores de la Orden Borbónica de Carlos III) para expresar o dar a
entender que eran leales a Fernando VII y que estaban a favor de la monarquía
de los reyes Borbones, y no del liberalismo republicano francés; y que la
apoyarían como entidad gobernante en nombre del rey hasta el regreso del
monarca al trono.
El 27 de mayo de 1810, a dos días de su creación, la Primera Junta envió una
circular a las ciudades del interior de las Provincias Unidas del Río de la Plata,
para dar a conocer el establecimiento del nuevo gobierno, exigir su
reconocimiento y pedir el envío de diputados representantes de cada provincia
a Buenos Aires para su participación en un congreso. Según lo escrito en las
memorias del realista comandante de armas de la ciudad de Mendoza,
Faustino Ansay, el enviado de la Primera Junta a Cuyo, Manuel Corvalán, al
llegar el 6 de junio de 1810 a Mendoza llevaba un distintivo azul y blanco.
Ya hacia fines de 1810, José Moldes, un partidario de la emancipación total y
nombrado por la Primera Junta teniente gobernador de Mendoza, creó la
primera escarapela celeste y blanca históricamente documentada; al formar
dos compañías militares a quienes distinguió con dicha escarapela. A partir del
18 de diciembre de 1810 la Primera Junta de gobierno fue sucedida por la
Junta Grande; a esta última, Moldes envió una misiva pidiendo la aprobación
de la escarapela como distintivo nacional pero el tema no fue tratado. En la
misiva escribía:
A estas dos compañías he puesto escarapela nacional, que he formado con
alusión al sur, celeste, y las puntas blancas por las manchas que tiene este
celaje (cielo con nubes tenues) que ya vemos despejado.

La Junta Grande tenía una mayoría saavedrista (contraria a las ideas


republicanas y de soberanía popular de Mariano Moreno); por lo que el 21 de
marzo se formó la Sociedad Patriótica de ideales morenistas; y cuyos
miembros utilizaban cintas celestes y blancas en sus solapas o sombreros
como distintivos. Los mismos se reunían en el Café de Marco (popularmente
conocido como café del catalán) establecimiento que estaba ubicado en la
esquina de las calles Alsina y Bolívar de la Ciudad de Buenos Aires (frente a la
Iglesia de San Ignacio). En marzo de 1811 Cornelio Saavedra mandó a
encarcelar a jóvenes que utilizaran escarapelas celestes y blancas, por temor a
que estallara una revolución.
Manuel Belgrano
El 23 de septiembre de 1811, la Junta Grande fue reemplazada por el Primer
Triunvirato como órgano gubernativo de las Provincias Unidas del Río de la
Plata; opositora a Cornelio Saavedra. Ya hacia fines de 1811 aumentaron los
ataques de realistas en las costas del Río Paraná, por lo que el Triunvirato
envió en enero de 1812 al general Manuel Belgrano a Villa del Rosario, Santa
Fe (hoy ciudad de Rosario), para encargarse de la situación y hacer frente junto
a su ejército a los ataques realistas. Una vez controladas las agresiones
realistas, debía establecer dos baterías militares (fortines) en ambas orillas del
Río Paraná; la Batería Independencia en la isla Espinillo de la costa del lado
entrerriano y la Batería Libertad en las barrancas de Villa del Rosario,
exactamente donde hoy se encuentra el Monumento Nacional a la Bandera.
Pero a Belgrano le preocupaba que los soldados de los distintos cuerpos del
ejército patrio llevaban diversos distintivos; y que oficialmente el color utilizado
debía aún ser el rojo, el mismo que utilizaban los ejércitos españoles en sus
distintivos. Por lo que Belgrano sugería que todos los cuerpos del ejército patrio
tenían que llevar un mismo distintivo o escarapela y que necesariamente no
debía ser rojo para poder distinguirse de las fuerzas realistas enemigas que
combatían y evitar así confusiones. Fue entonces que el 13 de febrero de 1812
Belgrano envió una nota al Triunvirato, solicitando la creación de una
escarapela nacional:
Excmo. Señor,
Parece llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la
escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de
nuestros enemigos, y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio; y
como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que la llevan
diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyo nombre, si es
posible, debe alejarse, como Vuestra Excelencia sabe, me tomo la libertad de
exigir de Vuestra Excelencia la declaratoria que antes expuse. Dios guarde, etc.
Rosario, 13 de febrero de 1812.

Belgrano propuso los colores blanco y celeste, los cuales "convenían" al


discurso oficial sostenido por el Triunvirato, de que el objetivo de la Revolución
de Mayo era preservar estas tierras para el rey Fernando VII, quien aún seguía
siendo prisionero de Napoleón; ya que se trataba de los colores del principal
distintivo de la dinastía de los Borbones, la Orden de Carlos III, ya mencionada
en párrafos anteriores.
Fue así que el 18 de febrero de 1812, el Triunvirato reconoció y estableció la
escarapela nacional con el diseño propuesto por Manuel Belgrano:
El gobierno ha resuelto que se reconozca y se use por las tropas la Escarapela
Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que deberá componerse
de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida desde esta fecha la
roja que antiguamente se distinguía.
Escarapela argentina
Pero Belgrano, quien pensaba que ya era hora de dar un paso adelante y
apuntar hacia la independencia total de estas tierras; entusiasmado, el 23 de
febrero de 1812 le respondió con una nota al Triunvirato, en la que le
anunciaba que entregó las escarapelas celestes y blancas a los hombres de
sus tropas y agregaba la frase:
Acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que
estamos de sostener la independencia de la América.
Sin embargo el Triunvirato, a pesar que la guerra continuaba, evitaba la
utilización de cualquier término o acto oficial vinculado con la idea de la
independencia y pretendía seguir aparentando fidelidad a Fernando VII.
Además Gran Bretaña, que por aquel entonces era aliada de España en la
guerra contra Napoleón, recomendaba al Triunvirato mantener esa postura de
lealtad al monarca español cautivo por los franceses y evitar a toda costa tocar
el tema de la independencia; no obstante el Triunvirato no respondió a la nota
de Belgrano.
Belgrano que ya estaba muy convencido que era hora de dar el paso hacia la
independencia, pensó que como el Triunvirato le había reconocido rápidamente
y sin ningún tipo de impedimento ni excusa, la instauración de una escarapela
nacional con los colores blanco y celeste, tampoco le impediría la utilización de
una nueva bandera nacional para sus tropas, que reemplazara a la bandera
española utilizada hasta entonces por los gobienos patrios así como por las
tropas del ejército de la Provincias Unidas del Río de la Plata.
El 26 de febrero de 1812, a los tres días de haber repartido las escarapelas a
sus tropas, envió la siguiente nota al Triunvirato:
Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado;
pero ya que V.E. ha determinado la escarapela nacional con que nos
distinguiremos de ellos y de todas las naciones, me atrevo a decir a V.E. que
también se distinguieran aquéllas, y que en estas baterías no se viesen
tremolar sino las que V.E. designe. ¡Abajo, Excelentísimo Señor, esas señales
exteriores que para nada nos han servido y con las que parece que aún no
hemos roto las cadenas de la esclavitud!
Fue así que Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores de la
escarapela, blanco y celeste; que según la tradición popular mandó a
confeccionarla a María Catalina Echeverría de Vidal, una vecina de Rosario. El
27 de febrero de 1812 sería izada por primera vez en la historia la bandera
blanca y celeste, según la tradición en la Batería Libertad, donde hoy se
encuentra el Monumento Nacional a la Bandera; aunque por documentos
históricos y cartas de Belgrano, no menciona a la batería Libertad sino que a la
Independencia que se encontraba en la costa opuesta en la isla Espinillo en
Entre Ríos; por lo que ese sería el verdadero lugar donde se enarboló por
primera vez la bandera y no en Rosario. Además por cartas de Belgrano se ha
llegado a la conclusión de que hacia el 27 de febrero de 1812 la batería
Libertad todavía se encontraba en construcción. Quien la izó por primera vez
fue Cosme Maciel, también un vecino de la Villa del Rosario. Allí hizo jurar la
bandera a sus soldados.
Soldados de la Patria: En este punto hemos tenido la gloria de vestir la
escarapela nacional que ha designado nuestro excelentísimo gobierno: en
aquel, la batería de la Independencia, nuestras armas aumentarán las suyas.
Juremos vencer a los enemigos Interiores y exteriores, y la América del Sur
será el templo de la independencia y de la libertad.
En fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria!
Señor capitán y tropa destinada por primera vez a la batería Independencia; id,
posesionáos de ella, y cumplid el juramento que acabáis de hacer.
Primer enarbolamiento de la bandera argentina
Primer enarbolamiento de la bandera argentina en la Batería Independencia -
27 de febrero de 1812
A continuación envió una carta al Triunvirato para informarle del
acontecimiento:
Excmo. Señor:
En este momento que son las 6 y 1/2 de la tarde se ha hecho la salva en la
Batería de la Independencia, y queda con la dotación competente para los tres
cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición.
He dispuesto para entusiasmar a las tropas, y estos habitantes, que se formas
en todas aquellas, y les hablé en los términos de la copia que acompaño.
Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y
celeste conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la
aprobación de V. E.
Dios guarde a V. E. Muchos años,
Rosario 27 de Febrero de 1812.
Manuel Belgrano
Por descripciones que hizo en escritos Belgrano acerca de la primera bandera,
en los que la menciona como blanca y celeste, se supone que dicha bandera
tenía dos franjas horizontales, una blanca arriba y otra celeste; mientras que
otras suposiciones la ilustran como de tres franjas aunque con la distribución
de blanca, celeste y blanca.
Posible primera argentina bandera enarbolada Otra posible primera bandera
argentina
Diseño de las primeras banderas argentinas enarboladas en las baterías
Independencia y Libertad en febrero de 1812
El mismo 27 de febrero, el Triunvirato aún desconociendo las acciones de
Belgrano, le envió una nota a Rosario ordenándole que partiera
inmediatamente para hacerse cargo del Ejército del Norte, que había sido
derrotado por las fuerzas realistas bajo el mando del general José Manuel
Goyeneche en Huaqui.
Pero a los pocos días el Triunvirato recibió la nota enviada por Belgrano; y no le
gustó para nada esta acción intempestiva de Belgrano, así que el 3 de marzo
de 1812 le envió otra carta ordenándole que ocultara la bandera nacional y que
la reemplazara con una que se le enviaba, que era igual a la que se usaba por
aquel entonces en la capital de la Provincias Unidas del Río de la Plata, la
bandera española.
La situación presente, como el orden y consecuencia de principios a que
estamos ligados, exige por nuestra parte en materias de la primera entidad del
Estado que nos conduzcamos con la mayor circunspección y medida; por esto
la demostración con que Vuestra Señoría inflamó a las tropas de su mando
enarbolando la bandera blanca y celeste, es a los ojos de este gobierno de una
influencia capaz de destruir los fundamentos con que se justifican nuestras
operaciones y las protestas que hemos anunciado con tanta repetición, y que
en nuestras comunicaciones exteriores constituyen las principales máximas
políticas que hemos adoptado. Con presencia de esto y de todo lo demás que
se tiene presente en este grave asunto, ha dispuesto este gobierno, que
sujetando Vuestra Señoría sus conceptos a las miras que reglan
determinaciones con que él se conduce, haga pasar como un rasgo de
entusiasmo el enarbolamiento de la bandera blanca y celeste, ocultándola
disimuladamente y sustituyéndola con la que se le envía, que es la que hasta
ahora se usa en esta fortaleza y que hace el centro del Estado; procurando en
adelante no prevenir las deliberaciones del gobierno en materia de tanta
importancia...
Pero Belgrano ya no se encontraba en Rosario al momento de llegar la
notificación enviada por el Triunvirato, ya que se encontraba en camino para
hacerse cargo del ejército del norte; y no se enteraría de dicha respuesta hasta
varios meses después. Por lo que volvería a utilizar la bandera nacional en
algunas ocasiones más. Luego el 27 de junio de 1812, el Triunvirato le volvería
a enviar otra intimación donde se encontraba con sus tropas; la notificación
decía:
Cuando en 3 de marzo último se hallaba Vuestra Señoría en la batería del
Rosario, se le dijo lo que sigue:
(ahí se transcribe la notificación que le enviaron a Rosario el 3 de marzo).
Comparando, pues, este gobierno el contenido de este oficio con el de Vuestra
Señoría de 29 de mayo próximo pasado y la copia número 1 adjunta, le ha
herido una sensación, que solo pudo suspender el precedente concepto de sus
talentos y probidad. Los impulsos grandes que de cualquier punto de una
esfera se arrojen hacia su centro, ¿qué mas pueden hacerle que oscilarla y
excentrificarla? Tales, pues, son los efectos de los procedimientos de Vuestra
Señoría en parte. Los que constituyen esta superioridad, que hace el centro ó
punto en que gravitan los grandes negocios que el sistema de las relaciones
que han de formar ó aproximar á la dignidad de un Estado á unos pueblos
informes y derramados á distancias extraordinarias, pero que con sobrada
justicia y oportunidad se han avanzado y esfuerzan en constituirlo, no pueden
contenerse sino en el punto de un celo enérgico pero prudente. Á Vuestra
Señoría le sobra penetración para llegar con ella al cabo de la trascendencia de
tal proceder: el gobierno, pues, consecuente á la confianza que ha depositado
en Vuestra Señoría, deja á Vuestra Señoría mismo la reparación de tamaño
desorden; pero debe igualmente prevenirle que esta será la última vez que
sacrificará hasta tan alto punto los respetos de su autoridad, y los intereses de
la nación que preside y forma, los que jamas podrán estar en oposición á la
uniformidad y orden. Vuestra Señoría á vuelta de correo dará cuenta exacta de
lo que haya hecho en cumplimiento de esta superior resolución. Dios guarde á
Vuestra Señoría muchos años.
uenos Aires, 27 de junio de 1812. Al general en jefe Manuel Belgrano.
El 18 de julio de 1812, Belgrano respondería con una carta en la que se nota su
desilusión aunque no omitiría un poco de sarcasmo:
Debo hablar á Vuestra Excelencia con la ingenuidad propia de mi carácter, y
decirle, con todo respeto, que me ha sido sensible la reprensión que me da en
su oficio de 27 del pasado, y el asomo que hace de poner en ejecución su
autoridad contra mí, si no cumplo con lo que se manda relativo á la bandera
nacional, acusándome de haber faltado á la prevención del 3 de marzo, por
otro tanto que hice en el Rosario.
Para hacer ver mi inocencia, nada tengo que traer mas á la
consideración de Vuestra Excelencia, que en 3 de marzo referido no me
hallaba en el Rosario; pues, conforme á sus órdenes del 27 de febrero, me
puse en marcha el 1° ó 2 del insinuado marzo, y nunca llegó á mis manos la
contestación de Vuestra Excelencia que ahora recibo inserta; pues á haberla
tenido, no habría sido yo el que hubiese vuelto á enarbolar tal bandera, como
interesado siempre en dar ejemplo de respeto y obediencia á Vuestra
Excelencia, conociendo que de otro modo no existiría el orden, y toda nuestra
causa iría por tierra.
Vuestra Excelencia mismo sabe que sin embargo de que habia en el
ejército de la patria cuerpos que llevaban la escarapela celeste y blanca, jamas
la permití en el que se me puso á mandar, hasta que viendo las consecuencias
de una diversidad tan grande, exigí de Vuestra Excelencia la declaración
respectiva.
En seguida se circuló la orden, llegó á mis manos; la batería se iba á
guarnecer, no habia bandera, y juzgué que sería la blanca y celeste la que nos
distinguiria como la escarapela, y esto, con mi deseo de que estas provincias
se cuenten como una de las naciones del globo, me estimuló á ponerla.
Vengo á estos puntos, ignoro, como he dicho, aquella determinación,
los encuentro fríos, indiferentes y tal vez enemigos; tengo la ocasión del 25 de
mayo; y dispongo la bandera para acalorarlos y entusiasmarlos, ¿y habré por
esto cometido un delito? Lo sería, Excmo. Señor, si, á pesar de aquella orden,
yo, hubiese querido hacer frente á las disposiciones de Vuestra Excelencia; no
así estando enteramente ignorante de ella; la que se remitiría al comandante
del Rosario, y obedecería, como yo lo hubiera hecho si la hubiese recibido.
La bandera la he recogido, y la desharé para que no haya ni memoria
de ella, y se harán las banderas del regimiento n° 6 sin necesidad de que
aquella se note por persona alguna; pues si acaso me preguntaren por еllа,
responderé que se reserva para el dia de una gran victoria por el ejército, y
como esta está lejos, todos la habrán olvidado, y se ostentarán con lo que se
les presente.
El 8 de octubre de 1812 cayó el Primer Triunvirato y fue reemplazado por
el Segundo Triunvirato, el cual apoyaba las ideas que promovían la
independencia y que estaría influenciado por la Logia Lautaro, la Sociedad
Patriótica y el mismo San Martín; por lo que la Revolución experimentaría un
cambio de dirección con destino final la emancipación total de las Provincias
Unidas del Río de la Plata. Gracias a ello se revertiría la situación de Belgrano,
ya que le permitieron el uso de la bandera, además de que la Asamblea del
Año XIII, que comenzó a sesionar a partir del 31 de enero de 1813, también le
daría el visto bueno, aunque esta última lo haría en un principio porque la
consideraba como bandera del Ejército del Norte, para ser usada por las tropas
comandadas por Belgrano, y no como bandera oficial del estado.
Fue así que el 13 de febrero de 1813, las tropas del Ejército del Norte
comandado por Manuel Belgrano, tras cruzar el río Pasaje, pudieron jurar
oficialmente a la bandera; por lo que desde aquel momento ese río también es
conocido con el nombre de río Juramento, en honor a dicho evento.
El coronel Lorenzo Lugones describió el momento de la siguiente manera:
Llegamos al río del Pasaje, punto de reunión general para el ejército, y aquí se
recuerda un acto solemne, digno de la historia. Habiendo el ejército formado en
parada conforme á la orden general, se presentó en el cuadro, Belgrano con
una bandera blanca y celeste en la mano que la colocó con mucha
circunpección y reverencia en un altar situado en medio del cuadro, proclamó
enérgica y alusivamente y concluyó diciendo; "Este será el color de la nueva
divisa con que marcharán á la lid los nuevos campeones de la Patria"
El ejército ratificó su juramento besando una cruz que formaba la espada de
Belgrano, tendida horizontalmente sobre el asta de la bandera: con este
ceremonial concluyó el acto y el ejército quedó dispuesto para la primera señal
de partida.
De a poco la bandera celeste y blanca iría reemplazando cada vez más a las
insignias españolas.
Bandera Argentina 1812-1816
Desde el mismo 1812 -especialmente luego de la caída del Primer Triunvirato-
el diseño final de la bandera que se impondría cada vez más, sería el de dos
bandas celestes y una blanca en el medio
El 24 de mayo de 1812, durante una obra de teatro titulada El Veinticinco
de Mayo, su creador Luis Ambrocio Morante izó la bandera celeste y blanca.

Luego, el 23 de agosto de 1812, un grupo de patriotas enarbolaron una


bandera celeste y blanca en la iglesia de San Nicolás de Bari (que estaba
ubicada donde hoy se encuentra el Obelisco de Buenos Aires), siendo la
primera vez que se enarboló la bandera celeste y blanca en la ciudad de
Buenos Aires.

Durante la época colonial la ciudad de Buenos Aires tenía su estandarte


real; pero en 1813 el Segundo Triunvirato estableció que durante el desfile de
celebración del 25 de mayo, el estandarte real sería reemplazado por la
bandera con dos franjas celestes y una blanca central, la cual fue llamada
pendón de la libertad. Además ese día 25 de mayo de 1813, la bandera
española no fue puesta en el Fuerte de Buenos Aires (hoy Casa de Gobierno
del Poder Ejecutivo Nacional también conocida como Casa Rosada). De a poco
se irían quitando de todas partes las banderas españolas.

A partir del 31 de enero de 1814 el poder ejecutivo de las Provincias


Unidas del Río de la Plata pasaría del Segundo Triunvirato al Directorio, con un
Director Supremo al mando, una especie de sistema presidencial; dicho Dirctor
Supremo debería tener una banda con franjas azules en los costados y una
blanca en el centro; una tradición que llegaría hasta nuestros días con cada
uno de los Presidentes que tuvo la Argentina; y que probablemente estuvo
inspirada en la banda celeste y blanca de la Orden de Carlos III que llevan los
monarcas españoles.

Finalmente el 17 de abril de 1815 la bandera española dejaría de


flamear para siempre en el Fuerte de Buenos Aires para ser reemplazada por la
bandera celeste y blanca. En sus Memorias Curiosas, Juan Manuel Beruti
describió el acontecimiento de la siguiente manera:
Este nuevo día amaneció puesta en el asta de la Fortaleza, la Bandera
de la Patria, celeste y blanca, primera vez que en ella se puso, pues hasta
entonces no se ponía otra sino la española cuya bandera la hizo poner el
Comandante de la Fortaleza, que el día antes fue nombrado para su cuidado y
defensa, el Coronel Luis Beruti, con lo cual entusiasmó sobremanera el pueblo
en su defensa, y desde este día ya no se pone otra sino la de la Patria.

También a partir de 1815 los barcos de corsarios argentinos comenzaron


a llevar la bandera celeste y blanca.

El 20 de julio de 1816, once días después de declararse la


independencia, quedó establecida como bandera nacional la celeste y blanca a
través del siguiente decreto:

Después de leidos muchos pliegos y contestaciones á otros ántes


recibidos, se traxo á la vista el proyecto de decreto sobre la bandera menor
presentado por el secretario Serrano, encargado de su formacion, que fue
aprobada, y su tenor como sigue.

DECRETO
Elevadas las Provincias Unidas en Sud-América al rango de una Nacion,
después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar
distintivo la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente, y se
usará en lo sucesivo exclusivamente en los exércitos, buques y fortalezas, en
clase de bandera menor, ínterin, decrétada al término de las presentes
discusiones la forma de gobierno mas conveniente al territorio, se fixen
conforme á ella los geroglíficos de la bandera nacional mayor. Comuníquese a
quienes corresponda para su publicación.

Francisco Narciso de Laprida, diputado presidente. Juán José Paso,


diputado Secretario
Decreto del Congreso de Tucumán, 20 de julio de 1816
Bandera menor argentina
Bandera Menor de las Provincias Unidas del Río de la Plata establecida
por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816

Se haría justicia y finalmente Belgrano fue desagraviado, al establecerse


la bandera propuesta por él en febrero de 1812, como bandera de la nación
independiente.

El 25 de febrero de 1818, se establecería como bandera mayor o de


guerra la de dos franjas azules y una franja blanca en el medio con el Sol de
Mayo en el centro. El Sol de Mayo es el mismo que fue diseñado por el orfebre
peruano Juan de Dios Rivera, en 1813 para la primera moneda argentina, el
peso, equivalente a un Real de Ocho español. Este Sol tiene 32 rayos, de los
cuales 16 son flamígeros y los otros 16 rectos, y representa al sol inca
conocido como Inti. La denominación de de Mayo es por la revolución que
comenzó en el mes de mayo de 1810.

Bandera mayor de las Provincias Unidas del Río de la Plata


Bandera Mayor del ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Con diseño de dos franjas azules y una blanca con el Sol de Mayo en el centro
- Establecida el 25 de febrero de 1818

Durante la época de Rosas, entre 1836 y 1842; la Confederación


Argentina utilizó la bandera azul blanca y azul con cuatro gorros frigios en sus
esquinas. Luego mandó a oscureces aún más el azul porque consideraba que
el celeste era un color vinculado a los unitarios. Incluso en muchas banderas
incluyó la frase: ¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los Salvajes
Unitarios!

Bandera de la Confederacion Argentina durante la epoca de Rosas


Bandera de la Confederación Argentina durante la época de Juan
Manuel de Rosas 1836-1852
Ya caído Rosas, tras la Batalla de Caseros, en el año 1852, se utilizaron
banderas tanto en versiones celeste y blanca como azul y blanca. Aunque la
polémica de si debía ser azul o celeste siguió por años.

Bandera de la Confederacion Argentina en 1840 Bandera de la


Confederacion Argentina - 1860
Izquierda: Bandera de la Confederación Argentina del año 1840 -
Derecha: Bandera de la Confederación Argentina del año 1860

En 1869 Sarmiento autorizó embanderar las casas en fechas patrias,


algo que hasta entonces estaba prohibido y solamente reservado para edificios
y entidades públicas. Pero en 1884, un decreto del presidente Julio Argentino
Roca, prohibió a los ciudadanos el uso de la bandera de guerra con el Sol de
Mayo en el centro. En 1895 el presidente José Evaristo Uriburu estableció
finalmente el color celeste, mientras que el azul se dejaría de utilizar; dicho
dictamen fue confirmado por decreto el 24 de mayo de 1907 por el presidente
Figueroa Alcorta.

El 8 de junio de 1938, el Presidente Roberto Marcelino Ortiz decretó, con


aprobación del Congreso de la Nación, la ley 12.361 que establecía que el 20
de junio de cada año sería Día de la Bandera Argentina y feriado nacional.
Irónicamente esá no es la fecha de la creación de la bandera argentina sino la
del fallecimiento de Manuel Belgrano, ocurrida un 20 de junio de 1820.

A partir de 1943 durante el gobierno militar del presidente de facto Pedro


Pablo Ramírez, se decretó que la bandera con el sol sería utilizada por
entidades y dependencias estatales mientras que la que no tiene el sol por
ciudadanos particulares.

Finalmente, desde el 25 de julio de 1985, con la ley 23.208 se estableció


que la única bandera oficial de la República Argentina es aquella que tiene el
Sol de Mayo o Sol Inca en el centro; y puede ser utilizada tanto por entidades
estatales como por particulares.
Sintetizando:

Proceso de elementos que dan origen al diseño y los colores de la


bandera argentina:

- Inmaculada Concepción de María


- Pinturas del Siglo XVII de la Inmaculada Concepción de María
- Oden de Carlos III de la Dinastía de los Borbones
- Colores utilizados por el Regimiento de Patricios / Cintos utilizados por
los patriotas durante la Revolución de - Mayo 1810-1812
- Creación de la Escarapela Argentina - 18 de febrero de 1812
- Creación de la Bandera Argentina - 27 de febrero de 1812

Primera lugar donde se enarboló la bandera argentina: Batería


Independencia, Isla de Espinillo, Provincia de Entre Ríos, el 27 de febrero de
1812.
Diseño: Manuel Belgrano.
Confeccionada por: Según la tradición María Catalina Echeverría de Vidal.
Primera persona en izar la bandera: Cosme Maciel.
Día de la Bandera: 20 de junio.
Bandera de la República Argentina

ESCUDO NACIONAL

Escudo de la República Argentina


Escudo de armas de la
República Argentina

Entidad Bandera de Argentina República Argentina


Adoptado 12 de marzo de 1813
Blasón Escudo partido, de forma oval.
Timbre Sol de Mayo
Tenante Corona de laurel, atada con una cinta de colores blanco y
celeste en la punta.
El escudo de la República Argentina fue aceptado oficialmente el 12 de
marzo de 1813 por la Asamblea General Constituyente de ese año. Aun así, se
conservan documentos emitidos por la Asamblea que testimonian que antes de
conocerse el decreto que aprobara su diseño ya se empleaba el actual escudo,
habiéndose utilizado con anterioridad a este el escudo de armas del Virreinato
del Río de la Plata.
A pesar de la ausencia de sanción legislativa, el hecho de que Manuel
Belgrano lo usara como símbolo central del gallardete de las tropas
emancipadoras consagró el emblema, siendo adoptado por pueblos y
gobiernos como símbolo de la nacionalidad argentina.
La historiografía oficial considera que la Asamblea del Año XIII comisionó
al diputado por San Luis, Agustín Donado para que se encargara de la
confección del sello con el cual se autenticaría la documentación del Gobierno,
el grabado definitivo de tal sello fue realizado por el orfebre Juan de Dios
Rivera quien parece haberse inspirado en un escudo usado por los jacobinos
durante la Revolución francesa.1
En el AGN se halla el decreto del 12 de marzo de 1813 firmado por
Hipólito Vieytes y Tomás Antonio Valle, secretario y presidente respectivamente
de la Asamblea por el cual se ordena:
Que el Supremo Poder Ejecutivo use el mismo sello de este Cuerpo
Soberano con la sola diferencia de que la inscripción del círculo sea la de
Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Tras algunas modificaciones un tanto caprichosas en el diseño del


escudo, finalmente fue sancionado el diseño actual el 24 de abril de 1944
mediante decreto ley n.º 10302 del Poder Ejecutivo Nacional, estableciéndose
que se use exclusivamente el diseño origina
PARA QUE USAMOS LA ESCARAPELA
Otra dice que la escarapela argentina fue utilizada por primera vez por
un grupo de damas de Buenos Aires, cuando se presentaron a una entrevista
con el entonces coronel Cornelio de Saavedra, jefe del regimiento de Patricios,
el 19 de mayo de 1810.
Historia de la escarapela de Argentina
Escarapela de la Argentina.
La escarapela es uno de los distintivos nacionales de la República
Argentina que fue instituida por un decreto del Primer Triunvirato el 18 de
febrero de 1812.
El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que
fueron elegidos para simbolizar a la patria no pueden establecerse con
precisión. Una vez oficializada la escarapela, la bandera de la Argentina utilizó
sus colores.
Por resolución del Consejo Nacional de Educación del 4 de abril de 1941
se instituyó el 18 de mayo comoo Día de la escarapela, fecha que fue elegida
arbitrariamente.1
Índice [ocultar]
1 Versión de origen en el escudo de Buenos Aires
2 Versión del origen en las Invasiones Inglesas
3 Los chisperos
4 Versión del origen borbónico
5 La escarapela de Moldes
6 La Sociedad Patriótica
7 Oficialización de la escarapela a pedido de Belgrano
8 Referencias
Versión de origen en el escudo de Buenos Aires[editar]

Escudo de la Ciudad de Buenos Aires.


Según un estudio realizado por el psicólogo Alberto Perazzo, fundador
de la Asociación Argentina de Vexilología, los colores azul-celeste y blanco
derivarían del escudo de la Ciudad de Buenos Aires creado por el gobernador
Jacinto de Lariz en 1649. Este escudo figuraba en la fachada del Consulado de
Buenos Aires (creado en 1794), en el que Manuel Belgrano trabajaba. El
escudo es de forma ovalada y está dividido su campo en dos semióvalos, el
superior de color celeste representando el cielo y el inferior esmaltado en plata,
simbolizando el Río de la Plata, al plasmarse en tela, el plateado se volvió
blanco.2
El color celeste del cielo es el color del manto de la Inmaculada
Concepción, así como también era combinado con el blanco, el color de la casa
de Borbón, específicamente de la Orden de Carlos III.
Versión del origen en las Invasiones Inglesas[editar]
Una versión afirma que los colores blanco y celeste fueron adoptados
por primera vez durante las Invasiones Inglesas (1806 y 1807) por los patricios,
el principal cuerpo de milicia urbana del Virreinato del Río de la Plata y que
luego empezaron a popularizarse entre los porteños. Se afirma también que
otros cuerpos milicianos criollos, como los Húsares de Pueyrredón, habrían
utilizado escarapelas con los colores azul-celeste y blanco, pero no existen
constancias documentales al respecto. La bandera del Cuerpo de Patricios
correspondía a la prescripta para cuerpos de milicias: blanca con la Cruz de
Borgoña y el escudo celeste y blanco de Buenos Aires en los extremos de las
aspas. El uniforme era de casaca azul y pantalón blanco, y se afirma que su
sombrero llevaba un botón rojo con un penacho de pluma celeste y blanca.3
Esta versión se desacredita por no aparecer en las Memorias de Saavedra, jefe
del cuerpo, quien destacó ampliamente la participación de los patricios en la
revolución. Resulta también desacreditada por el hecho de que los adversarios
de Saavedra adoptaron esos colores para distinguirse, por lo que otros autores
creen que el penacho era blanco.4
Se afirma también que la escarapela argentina fue utilizada por primera
vez por un grupo de damas de Buenos Aires al presentarse a una entrevista
con el entonces coronel Cornelio Saavedra, jefe del Cuerpo de Patricios, el 19
de mayo de 1810.5 6
Los chisperos[editar]
La tradición considera que la escarapela argentina surgió, por lo menos,
entre los días 22 y 25 de mayo de 1810. En esas fechas de la Revolución de
Mayo, los patriotas llamados "chisperos" (apodo despectivo puesto por los
realistas que querían seguir subordinados a España), cuyos jefes más notorios
eran Domingo French y Antonio Luis Beruti, repartían cintas (cintillos) entre los
adherentes a la revolución. No se sabe exactamente qué colores tenían tales
cintas, hay quienes suponen que eran rojas; blancas con la figura del rey
depuesto; o celestes y blancas; otros dicen que eran rojo, blanco y azul claro,
al parecer porque se inspiraban en los colores de la Revolución francesa. La
versión más sostenida señala que French y Beruti repartieron el 22 de mayo en
la plaza de la Victoria cintas blancas con una estampa de Fernando VII, y el 25
de mayo le añadieron una cinta roja.
Un manuscrito anónimo que cita el historiador Marfany expresa que el
lunes 21 de mayo de 1810, los patriotas se identificaban con cintillos blancos
en sus casacas y sombreros. En sus Memorias Curiosas Juan Manuel Beruti
comenta el uso de un cintillo blanco en la casaca y en el sombrero una
escarapela encarnada acompañada con un ramo de olivo a modo de penacho.
Una misiva atribuida a Ramón Manuel de Pazos dice que el 21 de mayo
de 1810 Domingo French y Antonio Luis Beruti repartían tales cintas blancas
como signo de paz y unión entre los patriotas y los partidarios de España pero
que ante la hostilidad de los segundos, el 25 de mayo comenzaron a repartirse
cintas rojas como signo "jacobino", ambos colores fueron entonces los
adoptados por el cabildo de Tarija al sumarse a la Revolución de Mayo.
Bartolomé Mitre atribuyó a French la idea de repartir cintas blancas y
celestes:7
Al mismo tiempo que en las galerías altas de la Casa Capitular se
celebraba la sesión del Cabildo, una escena más animada se realizaba en la
Plaza. Como la reunión se engrosara por momentos y fuese necesario darle
una organización, imaginó French la adopción de un distintivo para los
patriotas. Entró en una de las tiendas de La Recoba y tomó varias piezas de
cintas blancas y celestes, colores popularizados por los patricios en sus
uniformes desde las invasiones inglesas, y que había adoptado el pueblo como
divisa de partido en los días anteriores. Apostando en seguida piquetes en las
avenidas de la Plaza, los armó de tijeras y de cintas blancas y celestes, con
orden de no dejar penetrar sino á los patriotas, y de hacerles poner el distintivo.
Beruti fue el primero que enarboló en su sombrero los colores patrios que muy
luego iban á recorrer triunfantes toda la América del Sur. Instantáneamente se
vió toda la reunión popular con cintas celestes y blancas pendientes del pecho
ó del sombrero. Tal fue el origen de los colores de la bandera argentina, cuya
memoria se ha salvado por la tradición oral. Más tarde veremos á Belgrano ser
el primero que enarbole esa bandera y el primero que la afirme con una
victoria.
Una comisión oficial nombrada en 1933 concluyó que Mitre atribuyó a
French la creación de la escarapela por haber recogido el testimonio de uno de
los chisperos, quien no le habría mencionado que esos colores ya estaban
siendo utilizados por partidarios de la revolución.8
Cornelio Saavedra en sus Memorias Póstumas publicadas en la Gazeta
Mercantil entre el 30 de marzo y el 28 de abril de 1830, refirió sobre el 20 de
mayo:
La Plaza de la Victoria estaba toda llena de gente, y se adornaban ya
con la divisa en el sombrero de una cinta azul y otra blanca, con el primor que
en todo aquel conjunto de Pueblo no se vió el más ligero desorden.

Versión del origen borbónico[editar]

Retrato de Fernando VII con uniforme de capitán general, por Vicente


López Portaña (c. 1814-1815). Óleo sobre lienzo, 107,5 x 82,5 cm Museo del
Prado (Madrid).
Una versión sostiene que los colores de las cintas celestes y blancas,
empleadas para distinguir a los partidarios del primer gobierno argentino,
provenían de los colores de la Casa de Borbón en España, a la cual pertenecía
el rey Fernando VII. Esta versión tiene en cuenta que algunos sectores que
apoyaban la creación de la Primera Junta, lo hacían como una forma de
gobernar en nombre del rey depuesto y así intentaban alejar cualquier
sospecha de conspiración antimonárquica y profrancesa. Mediante los colores
celeste y blanco, los patriotas querrían expresar que eran partidarios de la
monarquía y no del liberalismo republicano francés y que además eran leales al
rey Fernando VII, entonces prisionero de Napoleón Bonaparte en la ciudad
francesa de Bayona.
Una pintura de Fernando VII hecha por Francisco de Goya lo muestra
con una banda celeste, blanca y celeste. El actual rey de España, Juan Carlos
de Borbón, aún utiliza en las ceremonias oficiales una banda celeste y blanca.
Según otra tesis, el blanco identificaba a la monarquía absoluta europea
de origen divino, y el azul, la libertad de pensamiento y de expresión,
fundamento de la libertad política defendida por el liberalismo francés. De modo
que el celeste -resultado de la fusión del azul y el blanco- expresaba la idea de
conciliar ambas ideologías. Esta idea fue sostenida por muchos de los patriotas
que participaron en la Revolución de mayo de 1810. Sólo una minoría, cuyo
representante más conocido era Mariano Moreno, era decididamente
republicana y jacobina. Belgrano era uno de los más fervientes defensores de
establecer una monarquía parlamentaria americana. Las escarapelas eran
entregadas a quienes se consideraban aliados o fieles a la revolución y se
utilizaban como distintivo para no ser atacados por las tropas de los chisperos
en caso de disturbios.
El presidente Domingo Faustino Sarmiento en un discurso pronunciado
al inaugurar el 24 de septiembre de 1873 una estatua de Belgrano opinó que:
Las fajas celestes y blancas son el símbolo de la soberanía de los reyes
españoles sobre los dominios, no de España sino de la Corona, que se
extendían a Flandes, a Nápoles, a las Indias; y de esa banda real hicieron
nuestros padres divisa y escarapela, el 25 de Mayo, para mostrar que del
pecho de un rey cautivo tomábamos nuestra propia Soberanía como pueblo,
que no dependió del Consejo de Castilla, ni de ahí en adelante dependería del
disuelto Consejo de Indias.

La escarapela de Moldes[editar]
El subdelegado de la Real Hacienda y comandante de armas de la
ciudad de Mendoza, el realista Faustino Ansay, refirió en sus Memorias escritas
en 1822 que cuando Manuel Corvalán llegó a Mendoza el 6 de junio de 1810
con la comunicación de la instalación de la Primera Junta, llevaba una
escarapela azul y blanca. Refirió también Ansay que los partidarios locales de
la Junta usaron cintas blancas en sus vestimentas.9

José Moldes revolucionario independentista americano.

Escarapelas rioplatenses usadas entre 1807 y 1812.


La primera escarapela celeste y blanca fue elaborada hacia fines de
1810 por José Moldes, un partidario de la ruptura total con España, quien en
agosto de 1810 llegó a Mendoza nombrado como teniente gobernador por la
Junta bonaerense. Moldes formó dos compañías de alabarderos veteranos a
los que distinguió con esa escarapela. Pidió la aprobación del gobierno el 31 de
diciembre de 1810, pero la Junta Grande no llegó a tratar el tema:10
A estas dos compañías he puesto escarapela nacional, que he formado
con alusión al sur, celeste, y las puntas blancas por las manchas que tiene este
celaje que ya vemos despejado.

Oficio de Moldes a la Junta


La Sociedad Patriótica[editar]
Al crearse la morenista Sociedad Patriótica el 21 de marzo de 1811,
como opositora a la facción saavedrista mayoritaria de la Junta Grande, sus
miembros utilizaron cintas azul-celestes y blancas como distintivo en sus
sombreros o solapas para identificarse. El grupo se reunía en el café del
catalán Pedro José Marco (Café de Marco) desde enero de 1811 y fue disuelto
durante la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811. En marzo de 1811 Saavedra
hizo encarcelar a más de 80 jóvenes que utilizaban escarapelas celestes y
blancas, ante el temor de que estallara una revolución. En el interrogatorio a
que se los sometió se les preguntaba:11
¿Qué sabe Ud. de la escarapela blanca y celeste?

El ayudante mayor Martín Rivero, perteneciente al Regimiento de


América, declaró en un sumario por insubordinación contra el coronel del
regimiento instruido el 11 de junio de 1811, que en febrero de 1811 aparecieron
en Buenos Aires las escarapelas de “fondo celeste”.12
El deán Gregorio Funes expresó:
Los miembros de la sociedad patriótica usaban como distintivo y
bandera un lazo de cintas azul y blancas.

Circular a los pueblos, publicada en la Gaceta Extraordinaria de 15 de


abril de 1811
Oficialización de la escarapela a pedido de Belgrano[editar]

Manuel Belgrano.
Tras la caída de Saavedra y la asunción del Primer Triunvirato dominado
por sus opositores, mediante una nota del 13 de febrero de 1812 Belgrano
solicitó que se estableciera el uso de una escarapela nacional. Se fundaba en
que había cuerpos del ejército que usaban escarapelas de distinto color a la
roja oficial, y que era necesario uniformarlos a todos, puesto que defendían la
misma causa, además de que el color rojo era el mismo que usaban los
ejércitos realistas en sus cucardas:13
Excmo. Señor,
Parece llegado el caso de que Vuestra Excelencia se sirva declarar la
escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de
nuestros enemigos, y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio; y
como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que la llevan
diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyo nombre, si es
posible, debe alejarse, como Vuestra Excelencia sabe, me tomo la libertad de
exigir de Vuestra Excelencia la declaratoria que antes expuse. Dios guarde, etc.
Rosario, 13 de febrero de 1812.

Manuel Belgrano. Excmo. gobierno de las Provincias del Rio de la Plata.


El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la
Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los
colores blanco y azul celeste, aboliendo la roja, por lo que Belgrano la adoptó el
23 de febrero de 1812:13
El gobierno ha resuelto que se reconozca y se use por las tropas la
Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que deberá
componerse de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida desde
esta fecha la roja que antiguamente se distinguía.

Se emitió una circular:13


DECRETO.
Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Rio de la Plata
de color blanco y azul celeste, y comuniquese al gobernador intendente:
circúlese igualmente á los generales, etc., etc. — Se circuló

El comandante del Ejército del Norte, general Juan Martín de


Pueyrredón, acusó recibo con la nota en tono crítico:13
Excmo. Señor,
Se hará notoria en el ejército de mi mando la superior orden de Vuestra
Excelencia de 18 del anterior para que se use por las tropas de la patria la
escarapela nacional de dos colores blanco y azul-celeste, quedando abolida la
roja. Si le fuera permitido á mi experiencia, representaría con ella la impresión
que producen nimias innovaciones en unos pueblos que aún no se hallan en
estado de gustar de los síntomas de la independencia y se resienten de
cualquiera inoportuna que conciben, en la jurada representación de Fernando
VII, mucho más en circunstancias tan críticas de retrógrado y debilidad. Pero
Vuestra Excelencia está más al alcance de lo que conviene desplegar, variar y
promulgar, sin reducir por ahora los acuerdos y refrenar los discursos públicos
al sumo objeto de la seguridad de la patria, y sin desmentir los principios de
nuestra instalación con perjuicio de la opinión y crédito que influyen en los
progresos del sistema. Dios, etc.
Campamento general de Yatasto, marzo 19 de 1812.