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“¿HOY QUISIERA HACER UNA PREGUNTA,VOLVERÁ A VIVIR MI PAPITO VICTOR

ESPINOZA OTRA VEZ?”.

Él Salvador del mundo, que anduvo por los polvorientos caminos de los pueblos a los
que reverentemente llamamos la Tierra Santa; que hizo al ciego ver, al sordo oír, al cojo
caminar y a los muertos vivir; a Aquél que con ternura y amor nos aseguró: “Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida”3.

Jeremías el profeta registró:

“Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:

“Antes que te formase… te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta
a las naciones”6.

Desde el majestuoso mundo de los espíritus entramos al gran escenario de la vida para
probar que seremos obedientes a todas las cosas que Dios ha mandado. Durante la vida
terrenal avanzamos de una infancia indefensa, a una niñez inquisitiva y después a una
madurez reflexiva. Experimentamos gozo y dolor, logros y decepciones, éxito y fracaso;
saboreamos lo dulce y, no obstante, probamos lo amargo. Así es la vida.

Entonces, a la vida de cada uno llega la experiencia conocida como muerte; nadie está
exento; todos deben pasar por sus puertas.

Para la mayoría, hay algo siniestro y misterioso en cuanto a ese inoportuno visitante al
que llamamos muerte. Quizás sea el miedo a lo desconocido lo que hace que muchos
teman su llegada.

Mi papito Victor, murió tan abruptamnete; para otros la muerte es lenta. Sabemos, por
medio de la palabra revelada de Dios, que “los espíritus de todos los hombres, en cuanto
se separan de este cuerpo mortal… son llevados de regreso a ese Dios que les dio la
vida”7.

Les aseguro atodos Uds hermanos que nos acompañan que Dios nunca nos abandona;
que Él envió a su Hijo Unigénito al mundo a enseñarnos, mediante el ejemplo, la clase
de vida que debíamos vivir. Su Hijo murió en la cruz para redimir a toda la humanidad.
Las palabras que dijo a la angustiada Marta y a Sus discípulos nos brindan consuelo
hoy: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”8.

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; sí así no fuera, yo os lo hubiera dicho;
voy, pues, a preparar lugar para vosotros…

“…vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también
estéis”9.
Reiteré los testimonios de Juan el revelador y de Pablo el apóstol. Juan registró:

“…vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios…

“Y el mar entregó los muertos que había en él”10.

Pablo declaró: “…así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán
vivificados”11.

Expliqué que hasta que llegue la gloriosa mañana de la Resurrección, andamos por fe.
“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara”12.

Les aseguro y testifico que Jesús nos hace esta invitación a todos, cuando nos dice:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallaréis descanso para vuestras almas”13.

Como parte de mi mensaje, quiero testificarle que el señor nos sostiene y nos sostendrá
en nuestro dolor; que nunca nos encontraríamos en una trágica situación de una familia
que pierde a su hijo o pariente alguno y que, al ver el ataúd descender a la madre tierra,
decir: “Adiós, hijito; adiós papá, adiós para siempre”. Más bien, con cabeza erguida,
valor enardecido y fe inquebrantable, nosotros hoy decimos: “Adiós, Papito Victor, mi
papito querido. Adiós, hasta que nos veamos otra vez”.

Estimada familia, a todos Uds los que nos acompañan hoy día les estamos agradecidos
por acompañarnos. Con toda la fuerza de mi alma, testifico que nuestro Padre Celestial
nos ama a cada uno; Él oye las oraciones de los corazones humildes; Él oye nuestras
súplicas para recibir ayuda, así como esta mañana cuando mi familia nos arrodillamos
en oración, para recibir consuelo y entendimiento en esta hora de despedida a mi
querido Papito Victor. Lo extrañaremos, no habrá nada que cubra ese vacío que nos
dejas, pero más bien eso permitirá que nos esforcemos en hacer las cosas que
debemos hacer, para volvernos a ver.

Ruego que así sea, en el nombre de Jesucristo. Amén.