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Vivir bien: Infancia,

genero y economia
Entre la teoría y la práctica

Ivonne Farah
Verónica Tejerina
Coordinación
El Postgrado en Ciencias del Desarrollo es el primer postgrado en la Universidad Mayor de
San Andrés (UMSA) especializado en estudios del desarrollo; por su carácter multidiciplinario
depende del Vicerectorado de la UMSA. Tiene como misión formar recursos humanos
para el desarrrollo y contribuir a través de la investigación y la interacción social al debate
académico e intelectual en Bolivia y América Latina en torno a sus desafíos, en el marco
del rigor profesional y el pluralismo teórico y político, al amparo de los compromisos
democráticos, populares y emancipatorios de la universidad pública boliviana.

Esta publicación ha sido posible gracias al auspicio de UNICEF y Estación de Conocimiento para los
Derechos de la Niñez en Bolivia

Dirección CIDES-UMSA
Cecilia Salazar de la Torre

Representante UNICEF:
Marcoluigi Corsi

Responsables de la cooordinación:
Ivonne Farah
Verónica Tejerina

Coordinación editorial:
CIDES-UMSA

Revisión de estilo:
Isabel Mercado

Diseño y Diagramación:
Herminio Correa R.
Ma. Luisa Aguilar C.

ISBN: 978-99954-2-615-6
Depósito Legal: 4-1-23-13 P.O.

Primera edición febrero de 2013.


Impreso en Weinberg. La Paz - Bolivia
Índice

Presentación................................................................................................... 5

PARTE 1. VIVIR BIEN I: ENTRE LA TEORIZACIÓN Y LA VIVENCIA

El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien”


Rafael Bautista S....................................................................................... 11

Cosmovisión andina y Vivir Bien


Fernando Huanacuni M............................................................................ 35

Nada bien le hace al ¿nuevo? concepto del Vivir Bien, la “idelalización” de


los pueblos indígenas
Beatriz Ascarrunz S................................................................................... 55

PARTE 2. VIVIR BIEN II: ENTRE LA TEORIZACIÓN Y EL DISCURSO (DEL


DESARROLLO)

La liberación de América Latina como sistema-mundo:


Impactos sobre el entendimiento del desarrollo
Paulo Henrique Martins............................................................................ 67

Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema


Andrés Uzeda V. ........................................................................................ 89
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones
José Núñez del Prado.............................................................................. 107

PARTE 3. VÍAS HACIA EL VIVIR BIEN I: HUMANISMO, GÉNERO E


INFANCIA

El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos


Flavia Marco N....................................................................................... 133

El Vivir Bien y el derecho al cuidado


Fernanda Wanderley............................................................................... 153

La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural


Laura Camfield y Keetie Roelen.............................................................. 169

Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos.


Un punto de vista práctico.
Ludwig Guendel........................................................................................189

PARTE 4. VÍAS HACIA EL VIVIR BIEN II: CRÍTICA AL CAPITALISMO Y LA


“OTRA ECONOMÍA”

La economía social y solidaria: hacia la búsqueda


de posibles convergencias con el Vivir Bien
José Luis Coraggio.................................................................................. 215

Capitalismos, economía plural y Vivir Bien


Ivonne Farah H....................................................................................... 257

Economía comunitaria complementaria


Fernando Huanacuni M.......................................................................... 285
Presentación

Durante la gestión 2012, la Estación de Conocimiento para los Derechos


de la Niñez en Bolivia -creada por UNICEF con la participación de varias insti-
tuciones comprometidas con la niñez- y el Postgrado en Ciencias del Desarrollo
de la Universidad Mayor de San Andrés (CIDES –UMSA) decidieron impulsar
la cátedra “Interculturalidad, Niñez, Vivir Bien y Desarrollo”, con el propósito
de contribuir a ampliar los espacios de reflexión y análisis sobre la situación y
el ejercicio pleno de los derechos de la niñez. Esta iniciativa tiene también la
pretensión de construir una posición comprometida con la niñez, sobre la base de
conocimientos y argumentos sólidos, y respaldada en la necesidad de integrarla
con los derechos de las mujeres, como base indiscutible para la toma de decisio-
nes políticas orientadas a la construcción de una ciudadanía y bienestar plenos de
la infancia y de las mujeres.
En esta perspectiva, que empalma con otras iniciativas desarrolladas por
ambas instituciones, se acordaron actividades sistemáticas a mediano y largo pla-
zo que iniciaron con un ciclo de conversatorios sobre la relación niñez, equidad
de género, vivir bien y desarrollo -relación posicionada en los debates sobre los
sentidos y significados de los procesos de transformaciones sociales, económicas
y culturales actuales en el país y también en América Latina-, cuyos resultados se
presentan en este libro.
Como punto de partida, ambas instituciones comparten la convicción de la
importancia que está cobrando en la región (América Latina) la noción ética del
vivir bien como meta alcanzable a través de acciones políticas que muevan o desa-
rrollen las sociedades, en un contexto de estructuras socioeconómicas y políticas
complejas y contradictorias que exigen esfuerzos académicos y políticos -desde la
6

interculturalidad y la pluralidad- para apoyar su definición. En el caso particular de


Bolivia y Ecuador, la noción del Vivir Bien -incorporada como principio orientador
y ordenador de sus Constituciones Políticas de Estado- se instituye como finalidad
de un desarrollo alternativo que recupere valores y prácticas enraizados en sus vas-
tas estructuras y colectividades indígenas, sobre todo agrarias. Esta dimensión de
la realidad -que es fundamento esencial de la pluralidad e interculturalidad- sería
también un espacio potencial que nutre los horizontes alternativos de desarrollo.
En la medida en que uno de los objetivos de los conversatorios tiene que ver
con la posibilidad de aportar a los marcos de políticas de desarrollo en Bolivia que
presten atención a los derechos a favor de la niñez en asociación con la equidad
de género y generacional, gran parte de las reflexiones y análisis se han situado en
un nivel intermedio o meso. Es decir, entre los esfuerzos que giran alrededor de la
conceptualización de la noción del vivir bien (con base en tradiciones críticas del
pensamiento), y aquellas que parten de considerarlo como una vivencia y práctica
de colectividades indígenas; como un nivel de reflexión que permite trascender su
dimensión meramente discursiva, retórica y/o ilusoria, para identificar las estruc-
turas de relaciones, condiciones y mediaciones institucionales capaces de dar a su
horizonte normativo las condiciones de posibilidad y sustento material y subjetivo
en el contexto de la plural realidad boliviana en cuanto a su economía, composi-
ción humana y cultural de su sociedad.
Ante el acuerdo sobre el horizonte ético del vivir bien, sea que venga de lo
ancestral o de su vinculación con la tradición intelectual de crítica a la modernidad
capitalista, esta ubicación intermedia resulta imprescindible para abrir vías a la
acción e impulsar acciones e intervenciones concretas de aproximación hacia el
mismo.
Ello no excluye la necesidad de proseguir el debate sobre su estatuto acadé-
mico, más aún cuando se constata la discrepancia entre el discurso del vivir bien y
la realidad de las comunidades indígenas y campesinas del país. Y, en ese sentido,
este debate no estuvo ausente en las reflexiones realizadas en los conversatorios,
con sus diferentes matices.
A juzgar por sus términos, queda clara la importancia de los centros acadé-
micos universitarios no sólo como intérpretes culturales de la realidad y la imagi-
nación de caminos que conduzcan hacia el “vivir bien” -sustentados en estrategias,
políticas públicas y acciones concretas-, sino también en el despliegue de su espe-
cífica función cultural para reflexionar y teorizar sobre las relaciones entre el hori-
zonte del Vivir Bien y las alternativas de desarrollo en sus diferentes dimensiones
–en este caso en relación con la niñez desde un enfoque de género, y en relación
con la economía-; sobre las relaciones entre el discurso y las acciones (sociales y
estatales) que se abren paso en el marco de configuraciones socioeconómicas, polí-
Presentación 7

ticas y culturales que exigen moverse en la reflexión, conceptualización y reflexión


desde el necesario pluralismo teórico y metodológico que demanda la realidad.
En esa convicción, se ha dado el encuentro fructífero y prometedor entre
UNICEF y CIDES-UMSA, instituciones que hoy ofrecen a las y los lectores este
libro, que significa un nuevo paso en el objetivo de pensar cómo avanzar hacia el
vivir bien en condiciones de pluralidad de las diversas dimensiones de la realidad,
en relación con los derechos de la infancia y las mujeres, y con la apertura de es-
pacios para una economía social y solidaria.
Esperamos que el acuerdo de trabajo establecido entre el CIDES – UMSA
y UNICEF, siga fructificando en nuevos intercambios y esfuerzos de sistematiza-
ción que contribuyan a una subjetividad con capacidad de acción, movimiento y
cambio a favor del ejercicio de derechos y bienestar de la niñez y de la sociedad
en conjunto.
Con este libro pretendemos abrir nuevas conversaciones y diálogos en torno
a los desafíos pendientes de la reflexión sobre la relación entre vivir bien, ni-
ñez, equidad de género y solidaridad intergeneracional; sobre la relación entre
vivir bien, economía y desarrollo, tanto en términos teóricos como prácticos. Pero,
también, sobre muchas otras cuestiones que siguen pendientes y que deben ser
reflexionadas entre analistas y académicos en espacios de intercambio y discusión
francos, de cara al cambio histórico a favor de la ampliación de los horizontes
políticos y conceptuales de la justicia, la igualdad, la democracia, la ciudadanía,
desde la perspectiva principal pero no exclusiva de los derechos de la infancia y
de las mujeres.

Marcoluigi Corsi Cecilia Salazar de la Torre


Representante Directora
UNICEF CIDES-UMSA
PARTE 1.
Vivir Bien I:
Entre la teorización
y la vivencia
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien”
Por Rafael Bautista S.*

1. Contextualización

El contexto en el cual se produce la reflexión acerca de la necesidad de un


nuevo horizonte civilizatorio, que aparece en los términos propositivos del “vivir
bien”, es la crisis no sólo del proyecto del Estado criollo-republicano y su carác-
ter colonial (Bautista, 2010), sino la crisis civilizatoria global del sistema-mundo
moderno1. La modernidad2 aparece como sistema-mundo (mediante la invasión

* Escritor nacido en La Paz. Estudio música y filosofía; es autor de una decena de libros, entre los cuales cabe destacar:
Octubre: el Lado Oscuro de la Luna; Pensar Bolivia del Estado colonial al Estado plurinacional; La Masacre no
Será Transmitida: El papel de los medios en la masacre de Pando; ¿Qué significa el Estado plurinacional?; Hacia una
constitución del sentido significativo del Vivir Bien; etc. Es columnista en diversas páginas de información y pensamiento
alternativos, como rebelión, alainet, loquesomos, argenpress, aporrea, foromundialdealternativas, argenpress.
Dirección: bautistarafael@hotmail.com
1 O World-System, categoría que proviene de Immanuel Wallerstein (1984 y 1989); entendiendo por World-System la
expansión de Europa a partir del ocaso del siglo XV. Wallerstein quería significar, con esto, el comienzo del proceso de
colonización de, sobre todo, España y Portugal, como factor esencial del origen del capitalismo. Nosotros queremos
añadir, apoyándonos en la obra de Enrique Dussel (2008), que éste es también el origen de la modernidad.
2 “La modernidad es el proceso de constitución de la subjetividad europea en ‘Sujeto Absoluto’. Se origina en el proceso
que, aquella subjetividad, experiencia el señorío (nunca antes imaginado) como dominación: es el paso del hidalgo al
Yo, y de éste al ‘Sujeto Absoluto’. Superioridad fáctica (con todo el despojo del Nuevo Mundo) que necesita demostrar
su superioridad, no sólo al que ha constituido en inferior, sino ante aquellos otrora superiores (el mundo musulmán, el
Indostan y la China); por eso necesita constituir su subjetividad, culturalmente atrasada y subdesarrollada (como era
Europa hasta la conquista). Para constituirse en centro del mundo, necesita transformar la conciencia de inferioridad
que ella tenía de sí misma ante todas las civilizaciones que fueron en todo superiores a ella. Este es un proceso que, si vio
la luz con el ego conquiro de Cortés, tardará como dos siglos en conformar una subjetividad que hará de su superioridad
fáctica una superioridad absoluta, inventándose ideológicamente el destino de ser ‘centro y fin’ de la historia universal.
Para entender la política moderna debe primero entenderse la constitución histórica de la subjetividad europea; de
saberse milenariamente inferior ante lo civilizado (el mundo musulmán, el Indostan, la China), con la conquista, este
hidalgo (‘hijo de alguien’) desplegará una voluntad que se sabrá con el poder de decidir, como Dios, la vida y la muerte
del otro que sometió bélicamente; esta voluntad rubricará un Yo (en la cédula real) como antecedente de un ego que,
del ego cogito al ‘Sujeto absoluto’, secularizará para sí las determinaciones que constituían al Dios medieval; es decir, el
proceso de subjetivación de un individuo que jamás había poseído semejante poder y riqueza (como la que le brinda el
Nuevo Mundo) catapultará no sólo su superioridad sino su fetichización. Porque sólo el ser que no tiene determinación
alguna, fuera de sí, es aquel que realiza ‘la experiencia al interior de su conciencia’ como experiencia absoluta y universal;
y puede, porque no le debe nada a nadie, constituir al mundo, la realidad y a los mismos dioses, a imagen y semejanza
suya”. Bautista S., Rafael: Introducción a una Política Comunitaria, de próxima aparición.
12 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

y colonización europea, desde 1492), subordinando al resto del planeta en tanto


periferia de un centro de dominio mundial: Europa occidental3. Desde ese centro
se desestructura todos los otros sistemas civilizatorios de vida y se inaugura, por
primera vez en la historia de las civilizaciones, un proceso de pauperización a es-
cala mundial, tanto humano como planetario4. Se trata de una forma de vida que,
a partir de la conquista y la colonización del Nuevo Mundo, marca el inicio de
una época que, en cinco siglos, ha producido los mayores desequilibrios, no sólo
humanos sino también medioambientales.
Es decir, una forma de vida que, para “desarrollarse”, debe destruir constan-
temente5. Para encubrir esto, produce un conocimiento que justifica esta apuesta
como inevitable y, en definitiva, “buena” (antes, sólo los fuertes podían sobrevivir,
ahora, sólo los competitivos); lo que, en cuanto ciencia y filosofía, deviene en la
formalización y sofisticación de un discurso de la dominación, elevado a rango de
racionalidad: Yo vivo si tú No vives, Yo soy si tú No eres. La forma de vida que se
produce no garantiza la vida de todos sino sólo de los poderosos, a costa de la vida
de todos y, en definitiva, de la vida del planeta.
La economía depredadora que se deriva del proyecto moderno, el capita-
lismo, no sólo produce la pauperización acelerada del 80% pobre del planeta sino

3 “La expansión económica de Europa es también expansión bélica, gestionada por la política. Las colonias ya no
necesitan ser colonias: la política estructura una subordinación mundial. Ser ‘moderno’ es un imperativo que arrastra
a la periferia a un proyecto imposible: ser como el centro. Es un proyecto que el centro patrocina para conservar las
desigualdades: ‘modernizar’ es desarrollar al centro subdesarrollando a la periferia, mientras más se afana la periferia,
más se aleja el centro; es una aproximación asintótica que provoca, sistemáticamente, una destrucción acelerada: el
precio del desarrollo del centro es el subdesarrollo de la periferia”. Bautista S., Rafael: op. cit.
4 “El 79% de la humanidad vive en el gran sur pobre; 1000 millones de personas viven en estado de pobreza absoluta;
3000 millones (de 5.300 millones) tienen una alimentación insuficiente; 60 millones mueren anualmente de hambre (…)
Frente a este problema, la solidaridad entre los seres humanos es prácticamente inexistente. La mayoría de los países
ricos ni siquiera destina el 0.7% de su PIB, preceptuado por la ONU, a la ayuda a los países necesitados. El país más rico,
los EEUU, destina únicamente el 0.15% de su PIB (…) A partir de 1990 está desapareciendo una especie por día. De seguir
este ritmo, en el año 2000 desaparecerá una especie por hora”. (Boff, Leonardo, 1996: 13). En 1972 ya se constataba un
sistema económico mundial que producía riqueza a costa de la humanidad y del planeta: el 20% rico del planeta consume
y despilfarra el 80% de los recursos naturales; sólo EEUU, que no llega al 5% de población del planeta, consume (más
sus transnacionales y sus bases militares en el extranjero) más del 40% del petróleo mundial (en el 2009, China era el
segundo importador mundial de petróleo, con 8.6 millones de barriles al día, frente al primer lugar de Estados Unidos,
con 18.7 millones de barriles por día; ver el reporte El ejército de EU debe cambiar el petróleo en 2040, del centro de
pensamiento estratégico militar Center for The New American Security, de septiembre de 2010). Un informe reciente del
FMI destaca que el 5% rico del planeta posee el 90% de la riqueza global. Desde el documento presentado para el Club de
Roma, en 1972, hasta la fecha, las cosas no parecen haber mejorado para la humanidad. (Meadows, 1982).
5 “… ‘Vida o capital’ quería decir: toda recomposición de la lógica del capital es acceso, control, apropiación, regulación
y abuso de los recursos naturales, en beneficio apenas del 1% rico del planeta; quienes, para colmo, apenas son los
empleados de los dueños del planeta, aquellos que se aglutinan en torno a aquellos ámbitos oscuros e influyentes, como
el club Bilderberg. El 1% de ese 1% son los verdaderos dueños del mundo, quienes poseen las transnacionales como la
ostentación de sus business. Entre esos se encuentran las dinastías Rotschild y Rockefeller; cuya fortuna, si se repartiera
entre cada uno de los 7.000’000.000 de gentes que pueblan este planeta, deberían recibir, cada uno, a 3’000.000 de
dólares. Pero ni esa distribución produciría la felicidad, porque se trata de dinero maldito. Nada robado produce la
felicidad, y eso lo saben muy bien los ricos del primer mundo, por eso hasta se suicidan, teniendo todo”. (Bautista, 2011).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 13

destruye el frágil entorno que hace posible la vida humana; de esto se constata
una constante que retrata al capitalismo: para producir debe destruir. Por eso la
sentencia de un Marx, ecologista avant la lettre, es categórica: “el capitalismo sólo
sabe desarrollar el proceso de producción y su técnica, socavando a su vez las dos
únicas fuentes de riqueza: el trabajo humano y la naturaleza”6. Se convierte en una
economía para la muerte; y su proyecto civilizatorio objetiva eso, de tal modo que,
por ejemplo, cuando la globalización culmina en un proceso de mercantilización
total, la posibilidad misma de la vida, ya no de la humanidad entera sino de la
vida del planeta mismo, se encuentra amenazada. Por lo tanto, la constatación de
la crisis no es sistémica, y no supone reformas superficiales sino que reclama una
trasformación radical. Lo que está en juego es la vida entera. Una forma de vida
que, por cinco siglos, se impuso como la naturaleza misma de las cosas, es ahora
el obstáculo de realización de toda vida en el planeta.
Quienes optan por esta forma de vida, no toman conciencia de la gravedad
de la situación en la que nos encontramos, no sólo por ignorancia sino por la ce-
guera de un conocimiento que produce inconsciencia. En este sentido, el sistema-
mundo moderno genera una pedagogía de dominación que, en vez de formar, de-
forma. Desde la inconsciencia no se produce una toma de conciencia. Esta toma de
conciencia aparece, en primera instancia, en quienes han padecido y padecen las
consecuencias nefastas de esa forma de vida: la modernidad.
La toma de conciencia produce la crítica al sistema. La crítica, si quiere
ser crítica, sólo puede tomar como punto de referencia, la perspectiva de quienes
padecen las consecuencias nefastas de un sistema basado exclusivamente en la
exclusión, negación y muerte de la vida de los pobres, es decir, de las víctimas
de este sistema-mundo. Ellos nos constatan a dónde nos conduce esa forma de
vida. Se trata de un lugar epistemológico que tiene la virtud de juzgar al sistema
como un todo. La referencia trascendental se encuentra en un más allá del siste-
ma, lo que pretende negar: el grito del sujeto. Pero en este grito el sujeto incluye
otro grito aun más radical: el grito de la Madre Tierra, la Pachamama, el lugar
donde se origina la vida. Es decir, es la vida en su conjunto la que grita. Por eso
es un grito superlativo, aunque nos aparezca, en primera instancia, como grito
humano (y nos aparece, de ese modo, porque la responsabilidad por transformar
el desequilibrio y la irracionalidad de ese proyecto de la muerte, es responsabi-
lidad humana). La Madre delega esa responsabilidad a sus hijos. Y se trata de

6 El texto dice así: “… todo progreso realizado en la agricultura capitalista, no es solamente un progreso en el arte de
esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra, y cada paso que se da en la intensificación de su
fertilidad dentro de un periodo de tiempo determinado, es a la vez un paso dado en el agotamiento de las fuerzas
perennes que alimentan dicha fertilidad (…). Por tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la
combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la
tierra y el hombre” (Marx, Karl, 1973: 423).
14 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

un grito, no sólo porque es desesperado; sino porque la forma de vida que nos
tiene sometidos hace prácticamente imposible escuchar aquello. Las aporías que
se producen, destacan ésta: en la era de las comunicaciones, la comunicación ya
no es posible.
Se trata de una forma de vida que nos vuelve sordos. Ya no somos capaces
de escuchar, por eso se devalúan las relaciones humanas; incapaces de escuchar
nos privamos de humanidad. La mercantilización de las relaciones humanas hace
imposible cualquier cualificación de nuestras relaciones; todas se diluyen en la
cuantificación utilitaria de los intereses individualistas. El ismo del ego moder-
no es el que le ciega toda responsabilidad, al individuo, de sus actos. Incapaz de
responsabilizarse de las consecuencias de sus actos y sus decisiones, el individuo
colabora, sin saberlo, en la destrucción de la vida toda, incluso la suya propia. Se
convierte en suicida. Todos, al perseguir su bienestar exclusivamente particular,
colaboran en el malestar general. Toda aspiración choca con la otra, de modo que
las relaciones se oponen de modo absoluto. Sin comunidad, los individuos se con-
denan a la soledad de un bienestar que se transforma en cárcel. Los seres humanos
se atomizan: aparece la sociedad.
Esta viene a ser un conjunto en continuo desequilibrio, porque se funda en
el despliegue de una libertad que, para realizarse, debe anular las otras liberta-
des. La sociedad es el ámbito del individuo sin comunidad7; es un desarrollo que
no desarrolla, un movimiento que no mueve, cuya inercia consiste en el desgaste
que significa permanecer en el mismo sitio, pero agotado. Su no movilidad em-
pieza a mostrarse como el carácter de una época que debe de cambiar siempre
para no cambiar. Por eso produce cambios que no cambian nada. La moda es el
reflejo de ese carácter: lo nuevo no es nuevo sino variaciones de lo mismo. La
pérdida de sentido de la vida produce el sinsentido del cambio superficial: se
cambian las formas pero seguimos siendo los mismos de siempre, se produce el
maquillaje exagerado de una sociedad que, para no mostrar lo podrida que está,
debe continuamente negarse la posibilidad de verse de frente. Se le nubla la vi-
sión, ya no sabe mirar lo sustancial y sólo atiende a las apariencias: la sociedad
se vuelve un mundo de las apariencias.
La constatación de esta anomalía produce el desencanto, pero también una
lucidez macabra. Porque si el ser humano es aquel que para ser lo que es debe

7 Habrá que recordar la descripción del tránsito destructivo de formas de vida comunitarias a la forma sociedad, que
muestra Marx, señalando la correspondencia entre capitalismo y sociedad moderna. Al respecto Eric Hobsbawm destaca,
en Marx, “su odio y desprecio cada vez mayores hacia la sociedad capitalista (…). Parece probable que Marx, quien
antes había dado la bienvenida al impacto del capitalismo occidental sobre las estancadas economías precapitalistas
como una fuerza inhumana pero históricamente progresista, se sintiera cada vez más horrorizado por esta inhumanidad
(…). Y es indudable que después de 1857-58 –tanto en El Capital, III como el subsiguientes debates rusos– subrayó en
forma creciente la viabilidad de la comuna primitiva, sus poderes de resistencia a la desintegración histórica e incluso su
capacidad de transformarse en una forma superior de economía sin destrucción previa” (Hobsbawm y Marx, 1978: 36).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 15

transformarse siempre, la incapacidad de transformación se vuelve en resistencia


y negación de un cambio real. La tendencia conservadora empieza a manifestarse
no precisamente en los viejos sino en los jóvenes. No cambiar significa, en conse-
cuencia, afirmar el yo y sus certezas, cerrarse a toda apertura. La tendencia conser-
vadora es la que afirma el orden imperante y empieza a perseguir a todos aquellos
que sí proyectan cambios necesarios.
Si el afán de cambio no trastorna lo establecido, entonces ese afán es tolerado,
es más, es deseado, porque el sistema requiere siempre de reformas que lo adecuen
a las circunstancias. Pero si ese afán persigue un cambio total, entonces la reacción
no tarda en aparecer. Si la forma de vida es la que hay que cambiar entonces no hay
otra que cambiar de forma de vida. Si lo que se halla en peligro es la vida misma,
entonces la reflexión en qué consiste la vida, empieza a cobrar sentido.
Si los sentidos se diluyen entonces precisamos dotarnos de un nuevo sentido
que haga posible el seguir viviendo: sin sentido de vida no hay vida que valga la
pena ser vivida. Aquello que precisamente ocurre en la forma de vida moderna, cu-
yos sentidos se diluyen en puras formas sin contenido alguno. El mundo de las apa-
riencias nos priva lo sustancial de la vida. Se aprende a ver sólo las apariencias; de
modo que lo sustancial y esencial desaparece de nuestra visión. Incapaces de poder
advertir lo que realmente importa, nuestras propias vidas empiezan a carecer de im-
portancia. Nos movemos en lo frívolo y lo superfluo. Pero ese movimiento no es un
movimiento real, porque un movimiento real implica necesariamente un movimiento
de la conciencia. Pero en lo frívolo, lo que se mueve son exclusivamente las cosas,
las mercancías, quedando los seres humanos como meros portadores de estas; el
movimiento de las cosas es el que ordena el movimiento humano. La humanidad se
devalúa en la fetichización del mercado. En eso se advierte una situación paradójica:
el ser humano no es soberano en tal condición, tampoco es sujeto, porque se halla
sometido a leyes que actúan a sus espaldas. La colonización inicial que despliega
el mundo moderno, ahora es situación global que hace de la condición humana una
mediación para los fines que ya no controla la propia humanidad.

2. Del tránsito hacia un nuevo paradigma

En una situación colonial (como la nuestra), la clausura del individuo es la


constatación de la clausura que, como país, ha acontecido. Incapaz de proyectar un
desarrollo propio, nos condenamos a depender, es decir, a subdesarrollarnos. La
16 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

clausura es incapacidad de ser sujeto. Quien no enfrenta el desafío de ser sujeto, se


condena a ser objeto del desarrollo ajeno8.
La superación de semejante situación tiene que ver con un proceso crítico
de re-constitución, ya no sólo institucional sino, sobre todo, subjetiva9; lo que
vendría a conformar el sentido de un proceso de descolonización. La pertinencia
de la descolonización consistiría en ofrecer un marco de referencia que posibilita
juicios críticos de una condición que nos atraviesa. Lo que problematiza es la
realidad, una realidad que nos atraviesa y que es necesario desmontar para po-
sibilitar su superación: nuestra condición colonial (o la colonialidad de nuestra
condición10). El Estado mismo es atravesado por esta condición11, de modo que
su superación no es un simple cambio de nombre o cambio de actores sino de un
desmontaje, que tampoco puede ser sólo institucional o simbólico. El desmontaje
es subjetivo, porque la condición racional de toda legitimidad consiste en el acto
originario intersubjetivo de dotarse, una comunidad política, de un proyecto de
vida. Este proyecto, como tal, es un acto intersubjetivo que se produce histórica-

8 “Una sociedad es colonial cuando asume como propio un ideal que no le corresponde; es decir, cuando lo que proyecta es un
modelo que no se deduce de sus propias contradicciones, cuando persigue propósitos que no resuelven nada sino agudizan
una desestabilización como consecuencia de la adopción de modelos ajenos (que no hacen otra cosa que ‘normalizar’
el desorden creado por ellos). Una sociedad colonial provoca entonces su propia dependencia (…). Una sociedad es
subdesarrollada porque adopta un patrón de desarrollo que no se deduce de sus propias necesidades, postergándose
ella misma asegurando el desarrollo ajeno; o sea, la estabilidad de afuera es inestabilidad nuestra, el desarrollo del primer
mundo es subdesarrollo nuestro”. (Bautista, 2009: 199-200).
9 Como subjetividad no queremos indicar “lo subjetivo”, sino la racionalidad (el conjunto de concepciones que sostienen
una estructura significativa y le otorgan determinado sentido a la praxis que efectúa) con la cual se comprende y
comprende a su mundo uno mismo.
10 La colonialidad es una categoría que propone Aníbal Quijano como modo específico de estructuración moderna de
dominación global: “La colonialidad es uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder
capitalista. Se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de
dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia
social cotidiana y a escala societal. Se origina y mundializa a partir de América”. (Quijano, Aníbal, 2000: 342; cursivas
mías). Por eso colonialidad no es lo mismo que colonialismo: “Colonialidad es un concepto diferente de, aunque
vinculado a colonialismo, este último se refiere estrictamente a una estructura de dominación/explotación donde el
control de la autoridad política, de los recursos de producción y del trabajo de una población determinada lo detenta
otra de diferente identidad y cuyas sedes centrales están además en otra jurisdicción territorial. Pero no siempre, ni
necesariamente, implica relaciones racistas de poder. El Colonialismo es obviamente más antiguo, en tanto que la
Colonialidad ha probado ser, en los últimos 500 años, más profunda y duradera que el Colonialismo. Pero sin duda fue
engendrada dentro de éste y, más aún, sin él no habría podido ser impuesta en la intersubjetividad del mundo de modo
tan enraizado y prolongado”. Ibíd.: 381. También se sugiere Quijano, A. 1991. Lo que constituye a la colonialidad es la
imposición de una clasificación racial/étnica de la población mundial.
11 “… En el contexto en el que aparece la determinación de un nuevo Estado, como plurinacional, sucede una nueva
articulación que, más allá de una rearticulación de clases, proyecta una nueva recomposición nacional; la articulación, en
este caso, pasa por una recomposición del contenido que de nación había producido el Estado-nación o Estado moderno-
colonial. Esta identificación alude al modo específico del aparecer del moderno Estado-nación en países como Bolivia:
‘esto presenta una situación en apariencia paradójica: Estados independientes y sociedades coloniales. La paradoja es
sólo parcial o superficial’. Entonces, el Estado es colonial a pesar de su condición de independencia formal; a esto se
llama colonialidad del poder” (Bautista, 2010: 19-20).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 17

mente y donde concurren las subjetividades para reafirmar el sentido mismo del
proyecto: el horizonte12 utópico13 propio del sujeto.
Pero, un proyecto político degenera cuando su horizonte utópico desapare-
ce. Si se renuncia al horizonte propuesto, entonces toda lucha se reduce a incluirse
a lo ya establecido. Lo que se pretendía revolucionario se vuelve conservador. Si
no hay horizonte, tampoco hay proyecto, la lucha se pierde en el puro cálculo po-
lítico. Esta devaluación de la política tiene que ver con la pérdida de horizonte; sin
esta referencia, el único criterio posible es el poder. Aparece el mentado “realismo
político”; el revolucionario se hace reformista. Perdido el horizonte, su política se
reduce al puro cálculo de intereses.
El realismo que se abraza es un puro sofisma conservador. Cuando el realis-
mo es negación de toda utopía, el realismo es lo más irreal que pueda haber, porque
lo utópico no es lo opuesto a lo real. Lo que no hay es siempre apetencia, deseo,
esperanza; aquello que pone en movimiento a lo que sí hay. La ausencia hace acto
de presencia y hace que el presente se ponga en movimiento. Hay futuro porque
hay deseo presente. Sin esa capacidad fecundadora del presente, el futuro es una
pura inercia del tiempo lineal. No hay historia. Por eso, sin utopía no hay historia,
ni realidad.
Cuando desaparece el componente utópico en la lucha política, toda lucha
pierde horizonte; por eso lo único que aparece como programa viable es su rápida
inclusión en el orden establecido. Si su horizonte se diluye en éste, entonces su
lucha pierde toda trascendencia. No sabe ir más allá de los límites que le son per-
mitidos por el orden actual; pierde iniciativa, imaginación y, lo que es peor, pierde
coherencia. Lo que produce ya no es lo nuevo, sino lo mismo de siempre.

12 Un horizonte es trascendental porque es siempre el más allá de toda situación cuya referencia es aquél. En la progresión
de la existencia, el horizonte mismo es lo proyectado. El horizonte, como el sol, es punto de referencia; sirve, como las
estrellas, para localizar nuestra situación. En alta mar, las estrellas nos sirven para establecer nuestra localización, pero
pretender llegar a éstas en barco es absurdo; del mismo modo, un horizonte de significación es como una utopía, sirven
como criterio de evaluación de la existencia concreta, del aquí y ahora. Porque la existencia avanza, el horizonte, al cual
tiende, también avanza. La fusión empírica de ambos sería su mutua anulación.
13 “… Un modelo trascendental no puede sustituir a la realidad, así como toda realidad no puede prescindir de algún
modelo o principio regulativo; lo cual nos lleva a la tematización de la dimensión utópica como ineludible en la
constitución misma de lo humano. El problema radicaría en el tipo de aproximación empírica ilusoria que pretendiese
forzar a la realidad a concebirse de modos perfectos (tipos ideales); que sería el caso de la modernidad y el tipo de
aproximación asintótica de lo real a lo ideal. Este tipo de ilusión trascendental, aunque se presente como realista, es
profundamente ilusorio; pues hace abstracción de la misma realidad y la fuerza a actuar de modos que sólo son posibles
idealmente. Toda tematización de un modelo trascendental tiene necesariamente que realizar una crítica de la razón
utópica pues, de lo contrario, lo utópico se vuelve contra sí mismo y contra la humanidad, se vuelve utopismo: ‘Se trata de
una idealización absoluta de la realidad humana, una abstracción de la contingencia humana. En esta abstracción es que
se hace posible una ilusión metafísica: no hay límites, todo es posible, por eso los héroes nunca mueren. De ese modo
se pierde el sentido de realidad: lo que se abstrae es la contingencia del mundo, para imponerle un modelo que ya no
contiene esta contingencia; el mundo humano es forzado a aproximarse linealmente a este modelo sin contingencias, el
mundo pierde su realidad y se hace invisible en cuanto mundo contingente y empieza a tratársele de modos puramente
ideales’” (Bautista S., Rafael, 2010: 16-17). Sobre la conditio utópica y el utopismo. Cfr. Hinkelammert, Franz, 2002.
18 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

En ese sentido se hace necesario re-pensar en aquello que ha sido desdeñado


hasta por la tradición marxista: la tematización acerca de las utopías. No en vano
se pone de moda Walter Benjamin (alguien mal visto no sólo por los ortodoxos
sino hasta por la propia Escuela de Frankfurt)14. Tampoco Ernst Bloch es bien visto
por los marxistas. Por lo general la izquierda latinoamericana es profundamente
jacobina; prejuiciados por la modernidad, se han creído el cuento de que la política
es racional porque es científica y, porque es científica, no tiene nada que ver con
la teología. Pero una tematización acerca de las utopías o los modelos ideales no
puede prescindir de aquel ámbito de reflexión. Porque los modelos ideales15 tienen
que ver con los últimos sentidos de referencia de toda racionalidad y estos no son
precisamente racionales, sino míticos.
Los griegos ya sabían aquello: el mito es el fundamento del lógos16. El su-
puesto reino de la razón, la modernidad, tiene también sus mitos; para que se
imponga y se expanda su economía, tiene también que imponer y expandir sus va-
lores. Cuando estos valores constituyen ya objetivamente a la propia sociedad mo-
derna, entonces la ciencia moderna declara que ésta ya no tiene nada que ver con

14 “Una redefinición del contenido del concepto de revolución es tarea urgente en todo proceso actual de liberación. El
legalismo metafísico de la historia ha desplazado al sujeto a ser un mero agenciador de unas ‘leyes que actúan a sus
espaldas’; si el decurso histórico era inevitable entonces se entendía la anulación del sujeto histórico, pero aplazado
ese teleologismo dialéctico, el concepto de revolución ya no puede presuponer, de modo además ingenuo, un
adelante inexorable. El concepto se hace conservador porque arrastra una fe que permanece intacta: la fe moderna
en el progreso infinito. En esta concepción lineal del tiempo, la revolución sólo puede acelerar un destino que ahora se
evidencia de modo dramático: el suicidio colectivo de la humanidad. El ‘ir adelante’ ya no es más sinónimo de esperanza,
en una carrera irracional por la destrucción acelerada de todo. Por eso es digna de destacar la reflexión que hace Walter
Benjamin acerca de la historia: ‘Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Se ve en él un ángel al parecer en
el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas
tendidas. El ángel de la historia debe de tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros
aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las
arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta
desciende del paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. Esta tempestad lo
arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el
cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso’. La tempestad llamada progreso destruye todo a su paso; el futuro que
proyecta es la continua anulación del pasado, lo que hace de todo futuro un puro vacío sin consistencia. La revolución
no puede ser entendida como una ruptura sino como una sutura, no como un ir ciego hacia adelante sino inclusive
como un volver y un devolverse, como un redescubrir lo perdido, como un restaurar aquello que el mito del progreso ha
destruido” (Bautista S., Rafael, 2012: 174-175).
15 Un modelo ideal es un concepto límite trascendental; se trata de la especificidad que adquiere, para fines metodológicos,
un horizonte utópico determinado. Cfr. Hinkelammert, Franz, 2002 y 2008.
16 “… Cuando hacemos la referencia al mito fundacional, nos referimos al fundamento pre-conceptual que estructura toda
una racionalidad que se encarga de formalizar, al modo de un encubrimiento sistemático, la secularización de ese mito.
Una vez que el racismo está naturalizado en la subjetividad moderna, puede prescindir explícitamente de éste, ya que
todo nuevo aparecer contiene y parte de la clasificación que ha producido el racismo (la dicotomía civilizado-bárbaro,
será resemantizada por otras nuevas: desarrollado-subdesarrollado, atraso-progreso, etc.). Pero no se trata de un mito
en sentido clásico; es decir, no es un meta-relato en un tiempo anterior al tiempo histórico, sino la weltanschaung propia
y específica del proyecto moderno de conquista del mundo. En ese sentido, el mito no se contrapone a la razón moderna
sino se muestra como su fundamento. Por eso los mitos no son meras fábulas o ficciones sino referencias últimas de
sentido” (Bautista S., Rafael: La Primera Teoría de la Descolonización, de próxima aparición).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 19

los valores, sólo con los hechos. Esto lo hace Weber y veta al quehacer científico de
pronunciarse siquiera con respecto al modelo ideal que presupone el capitalismo,
es decir, el mundo moderno. Toda la espiritualidad contenida en las mercancías
modernas despiertan los deseos de los consumidores porque estos ya se entienden
a sí mismos desde los valores que impone el modelo ideal de la modernidad; por
eso los productos no son simples productos sino comprimidos de un sistema de
vida que penetra en la subjetividad para adueñarse de ésta. El afán de poseer más y
más es un afán cultural que patrocina una forma de vida que se expande a medida
que destruye lo que garantiza ese apetito desmedido: la humanidad y la naturale-
za. Pero no se trata de un simple afán materialista, sino de toda una espiritualidad
fetichizada que es capaz de resignificar hasta a las mismas religiones en torno a la
consagración del mercado y el capital, como los verdaderos ídolos de este mundo.
Cuando la ciencia no se pronuncia al respecto, es cuando pierde sentido crí-
tico y sólo se reduce a describir lo dado como lo que es y no se puede cambiar (los
analistas reflejan esta devaluación de la ciencia). Cuando la política parte de este
prejuicio, se amputa la posibilidad de trascender lo dado; porque para trascenderlo
necesita de otra referencia, un más allá de lo posible para el sistema, es decir, otro
modelo ideal.
Ahora bien, los modelos ideales no son invenciones sino actualizaciones de
los contenidos potenciales de los propios mitos. Nadie parte de sí sino de su propia
historia; si esto es así, todo proyecto político se circunscribe también a su historia
propia, por eso se dice: la esperanza es una memoria que desea. Walter Benjamin
lo dice de este modo: “sólo una humanidad redimida es receptora de la totalidad
de su pasado, lo que significa que sólo para una humanidad redimida el pasado es
convocable en todos sus momentos”17. Entonces, el horizonte utópico es posible
por esa re-conexión con nuestra historia, lo que hace que el presente se redima y se
reencauce a su verdadero tiempo: el Pachakuti.
Lo que no se ve también existe y tiene existencia, muchas veces, más con-
sistencia que lo visto. Y esto que no se ve es lo que mueve a un pueblo: el espíritu
de liberación. Si el político no sabe captar esto, no ha captado la esencia de lo po-
lítico. Lo que hace que uno dé la vida por el otro no es el cálculo ni el interés sino
la abnegación o, lo que decía el Che, el amor. Este amor no se ve pero se ven sus
efectos; del mismo modo, en la lucha no se ve el espíritu utópico pero se ve lo que
produce. Situarse en ese espíritu sólo es posible también de modo espiritual. Se
trata de situarse desde la perspectiva del sujeto que encarna y proyecta ese espíritu.
Si ese su espíritu utópico que contiene no se clarifica, su lucha política no
tiene futuro. Ahora bien, ¿qué tiene esto que ver con la descolonización?

17 Illuminations, Schoken Books, New York, 1969; citado en Delgado-P., Guillermo, 2012: 189.
20 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

La tematización de los modelos ideales tiene que ver con la reflexión acerca
del horizonte utópico que contiene un proyecto político determinado; es decir, en
última instancia, un proyecto de vida. Por eso, en resumidas cuentas, un proyecto
político tiene que ver con el todo de la vida, de lo contrario, no puede pretenderse
revolucionario. Un proyecto político se asume como tal cuando se asume como un
nuevo proyecto de vida, como consecuencia lógica de que el sistema de vida actual
es ya insostenible.
Pues bien, el sistema de vida actual, es el que por 500 años ha ido domi-
nando al planeta, globalizándose como sistema-mundo y, consecuentemente, ex-
cluyendo y aniquilando toda posible alternativa que pueda desafiar su pretendido
carácter providencial. Entonces, si lo que constatamos, de modo hasta empírico, es
la insostenibilidad de un sistema de vida que sólo sabe satisfacer el derroche de los
ricos del planeta a costa de la humanidad y la naturaleza, lo que se deduce, hasta
lógicamente, es la producción de nuevas alternativas.
Pero, abrazar una nueva alternativa sólo es posible si previamente ha ocurri-
do una toma de conciencia de la imposibilidad de seguir como hasta ahora. Se trata
entonces de un tránsito. Ante la crisis multiplicada que origina el sistema-mundo
moderno, un mundo nuevo ya no se hace sólo posible sino necesario. Lo posible
(la utopía: un mundo nuevo, más digno y más justo) es lo imposible para este mun-
do; pero ese imposible es el verdadero realismo. Lo que no hay pone en su lugar a
lo que hay. Desde lo que hay no puede haber transformación alguna; sólo desde lo
que no hay la transformación se hace inevitable. Si no transformamos el mundo,
nos morimos todos.
Tomar conciencia de esta situación implica transitar de una forma de vida
a otra, pasar de un modelo ideal a otro: abandonar mis creencias antiguas y pro-
ponerme nuevas. Transitar quiere decir desarrollar un proceso. Proponerme una
nueva forma de vida quiere decir: partir de nuevas certezas; para que mi exis-
tencia tenga un nuevo sentido, debo clarificarme el sentido de la vida. La cla-
rificación es producto del conocimiento que produzco en el mismo proceso. La
descolonización cobra entonces importancia, porque se trata de un proceso de
desmontaje sistemático del conocimiento que ha hecho casi imposible nuestra
libre y soberana autodeterminación. Es decir, para producir algo nuevo, debo des-
montar previamente el conocimiento que imposibilita mi reconstitución en cuanto
sujeto productor de lo nuevo.

3. El sentido significativo del vivir

La alternativa que se nos presenta, proyecta su sentido como algo cuyo con-
tenido viene señalado por nuestro propio horizonte significativo. Lo que se persi-
gue no es algo que viene de afuera sino algo que ha estado siempre entre nosotros.
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 21

La ceguera consistía en no haber producido nunca el conocimiento adecuado para


darnos cuenta de que las respuestas no están afuera sino adentro; que las preguntas
que hacíamos eran falsas preguntas porque no eran preguntas que se deducían de
nuestros problemas sino una ciega asunción de lo que se pensaba afuera. Presos de
una colonización de nuestra propia subjetividad, nunca supimos cómo desplegar
una forma de vida que asegure la vida de todos nosotros; presos del resplandor
moderno de las mercancías, también nos devaluamos, aun en nuestra miseria, a
desear aquello que nos sometía como nación y como pueblo.
Nunca nadie nos enseñó cómo “vivir bien”. Porque quienes nos podían ha-
ber enseñado aquello, eran quienes padecían el peso real del sometimiento estruc-
tural, sobre los cuales depositábamos las consecuencias de nuestras adicciones: in-
sertarse en la globalización representó, y representa, “morir como perros para que
otros coman como chanchos” (Zavaleta dixit). Para mirar adentro hay que aprender
a ya no mirar exclusivamente afuera; lo cual señala una propedéutica: ya no sólo
ser conscientes sino autoconscientes. Pasar de la conciencia a la autoconciencia
significa pasar del deseo de cambio al cambio efectivo.
El “vivir bien” es el horizonte que da sentido a nuestro caminar el proceso.
Hacia lo que tendemos, no es una invención de laboratorio o de escritorio sino lo
que permanece como sustancia en todas nuestras luchas, ya no solamente como
luchas emancipatorias criollas sino como lo que ha hecho posible inclusive a ellas:
las re-vueltas (Thomson, 2007) de liberación indígenas. En la estructura de las
mismas re-vueltas indígenas se puede condensar un afán que manifiesta el deseo
de vivir-de-otro-modo; esto podemos actualizarlo: vivir como se vive ahora no es
vida, vivir de modo digno no es posible en la forma de vida actual. Vivir como
se vivía antes tiene sentido, no como un retornar a un paraíso perdido sino un re-
cuperar la estructura ética que expresa un modo de vivir que, frente al actual, se
muestra más racional, más digno y más humano.
No se trata de retornar sino de recuperar, reconstituyendo la racionalidad de
aquella comunidad-de-vida ante los retos actuales, potenciando sus posibilidades
frente a la crisis civilizatoria que ha ocasionado la forma de vida moderno-occi-
dental. Por eso, en esta recuperación, nos recuperamos como sujetos; reconstitu-
yendo la racionalidad de nuestra comunidad-de-vida nos reconstituimos como lo
que somos, de ese modo proyectamos el proyecto histórico-político que se deduce
de aquello que nos constituye.
Por eso pervive, en nosotros, aquello que somos como horizonte: el “vivir
bien”. El vivir, por ejemplo en aimara, el qamaña, es cualificado por el “bien”, el
suma; es decir, no se trata de un vivir cualquiera sino de lo cualitativo del vivir. Por
eso, el suma no sólo es lo bueno sino lo dulce; es decir, la vida se mide de modo
ético y también estético. Una buena vida se vive con plenitud moral y rebosante
22 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

de belleza18. Por eso atraviesa todo el conjunto de los hábitos y las costumbres.
Se trata de una normatividad inherente al mismo hecho de vivir, no como meros
animales sino como verdaderos seres humanos; como mienta el contenido de jaqi,
el que está completo, quien accede a ser persona porque es par, es decir, porque ac-
tualiza el origen de la vida como generación de vida; ser par significa estar consti-
tuido como unidad y hay unidad en cuanto hay constitución común (la constitución
común provoca responsabilidad mutua); por eso estar completo es complementarse
y toda complementación es recíproca: yo soy si Tú eres.
Recuperar un horizonte de sentido propio no es, entonces, un volver al pa-
sado sino recuperar nuestro pasado, dotarle de contenido al presente desde la po-
tenciación del pasado como memoria actuante. El decurso lineal del tiempo de la
física moderna ya no nos sirve; por eso precisamos de una revolución en el pensa-
miento, como parte del cambio. El pasado no es lo que se deja atrás y el futuro no
es lo que, de modo inerte, nos adviene. Cuanto mayor pasado se hace consciente,
mayor posibilidad de generar futuro19. El verdadero asunto de la historia no es el
pasado en tanto pasado sino el presente, porque el presente es el que tiene siempre
necesidad de futuro, y de pasado20.
Para que la vida tenga sentido vivirla, ésta no puede carecer de proyecto;
pero el proyecto no es algo privado sino lo que se proyecta como comunidad, en
este caso, como comunidad en proceso de liberación. El sentido de la liberación
significa un echar por tierra toda relación de dominación. “Vivir bien” querría
decir: vivir en la verdad. Porque la verdad no es algo ajeno al sujeto; si la respon-

18 No se trata de la vida buena aristotélica, que es siempre individualista sino del vivir en comunidad; donde el sujeto no
es, como dice la ontología moderno-occidental, un arrojado en el mundo sino, más bien, un “enfamiliado” en el ayllu. La
pobreza es sólo posible en el primer caso, pues pobre no es el que no tiene nada sino el que no tiene a nadie.
19 Si tomamos dos vectores, uno horizontal (pasado-futuro) y otro vertical (presente), y trazamos desde el punto que
los une una elipse (horizontal), vemos que hay mayor proyección cuanto más impulso se genera. Lo mismo pasa con
la temporalidad humana: hay más posibilidad de futuro cuanta más memoria potencial impulsa la proyección de ese
futuro.
20 “… En tal caso, lo nuevo, sería además de lo contenido o potencial, lo inaudito en tanto Pachakuti, lo que el mismo
presente contendría como acumulación de la privación. Lo inaudito sería la presencia de la ausencia, lo incomprensible.
La recuperación histórica haría posible la comprensión de lo que en el presente hay de nuevo y verdadero, de modo
que el presente pueda ser lanzado, pero no a un futuro abstracto, sino al futuro que se deduce del pasado como
recuperación del sentido histórico; el eje de la política ya no sería el eje lineal presente-futuro sino la reunión proyectiva
de presente-pasado-futuro. Mirar al pasado no sería un ir hacia atrás (en los términos cronológicos) sino también un
ir hacia adelante pero, en este caso, el adelante es la recuperación del sentido del presente. ¿Cómo se entendería el
acontecimiento trascendental novedoso del presente? Por el pasado. Sin aquella memoria histórica (la otra historia),
lo que acontece en el presente se diluiría en la confusión. Es cierto lo que dice Zemelman, el presente reconfigura el
pasado, pero esa reconfiguración es una petición de sentido que hace el presente, porque el presente por sí solo no
podría otorgarse un sentido preciso. Sin pasado, el presente se queda huérfano. El presente, de este modo, clama por
el futuro porque reclama por el pasado para ser un presente procreador. Zemelman diría que sin futuro, el presente se
queda sin contenido; pero sería más bien el pasado el que le da contenido al presente. Un presente vacío de contenido
no podría proyectar ningún futuro posible. El futuro no puede ser un presupuesto de una cierta legalidad histórica; su
discernimiento depende, en última instancia, del discernimiento del presente. El marxismo del siglo XX olvidó que la
historia no es asunto de legalidad sino de creatividad” (Bautista, 2007 y Zemelman, 1983).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 23

sabilidad es el contenido ético del sujeto, entonces la última consecuencia de ello


es el responsabilizarse por el todo de la vida. Por eso, el concepto de comunidad,
el ayllu, no se circunscribe a lo específicamente humano sino a la comunidad toda;
es decir, a la vida como comunidad-de-vida.
En ese sentido, la relación que se establece con la naturaleza no puede ser
instrumental; por el contrario, la relación es de persona a persona, de Madre a
hijos: “… la tierra no es entonces un algo sino un alguien, cuyo artículo la deter-
mina también genéricamente, es decir, es Ella, la Tierra. Por eso se le dice Madre:
Pachamama. La relación que se establece es filial, es de Madre a hijos. Los hijos
hablan por la Madre cuando ésta se les es arrebatada. Los despojados de Tierra
son como huérfanos que lloran por la Madre cautiva. De tal modo que también la
Madre llora. Por eso se habla por Ella no en términos de propiedad sino de perte-
nencia. Nosotros pertenecemos a la Tierra como los hijos pertenecen a la Madre.
Las naciones indígenas y originarias hablan por la Tierra porque Ella se encuentra
cautiva. El rescate es necesario cuando ya no se trata sólo de la sobrevivencia de
los hijos sino de la vida misma de la Madre. La condición de propiedad socava la
existencia misma de la Madre. Los que la reclaman son los merecedores de llamar-
se hijos porque Ella misma no puede liberarse de una condición que la condena
a mera proveedora de riqueza para el disfrute de unos cuantos y la miseria de los
muchos. Una situación de miseria se traduce en la Tierra cuando ésta pierde su
capacidad reproductiva; lo cual señala un irracional (y literal) aprovechamiento de
sus generosos favores. Como Madre, la Tierra no puede negarse a dar a los hijos
lo que piden, hasta el extremo de privarse del propio alimento y condenarse a una
situación anémica (crisis ecológica que se traduce en la destrucción de su capaci-
dad reproductiva)” (Bautista, 2009: 455).
El “vivir bien” no es un vivir reducido a lo humano, sino el modo de vivir
responsable con la vida misma. Por eso, esta estructura de vida, en cuanto etici-
dad, no puede expresarse en una relación instrumental; si la relación simbiótica ser
humano-naturaleza genera un circuito natural recíproco, sólo una responsabilidad
plena implica el hacerse cargo de las consecuencias de toda acción humana. Si la
relación instrumental produce una acción racional que se expresa en la lógica me-
dio-fin (lógica simple, unilateral, no dialógica) (Hinkelammert y Mora, 2001), esta
otra relación produce una acción racional comunitaria expresada en otra lógica:
la complementariedad en la reciprocidad (Bautista, 2011a). La normatividad que
se deduce de esta eticidad es distinta y, lo que más nos interesa, es más racional;
porque si el criterio de la acción ya no es el interés individualista, entonces la posi-
bilidad de una nueva economía descansa en la asunción reflexiva, es decir racional,
de los criterios que emanan de una lógica comunitaria, responsable, cuyos marcos
racionales de acción incluyen la dignidad, no sólo de los hijos sino de la Madre.
24 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

4. La liberación de la tierra

El “vivir mejor” no puede expresar la estructura ética de la humanidad, más


al contrario, destruye todo aquello que hace posible toda ética: la vida misma. En
este contexto es que el “vivir bien” constituye una alternativa; porque las conse-
cuencias planetarias –que se manifiestan actualmente de forma más que evidente–
de la forma de vida moderna, reclaman un cambio de paradigma. Lo que se ofrece
como progreso ya no es garantía de vida; ese mirar adelante ya no inspira espe-
ranza sino desesperanza, el futuro mismo genera desconfianza. Por eso precisamos
voltear la mirada, ver de dónde hemos venido, dónde hemos extraviado el camino;
en eso consiste el recuperar el pasado, no para volver idílicamente a un origen
remoto sino para posibilitarnos un nuevo porvenir, un nuevo sentido de vida, un
nuevo destino. Y eso no se encuentra en un más allá imposible de realización, sino
se encuentra siempre en nuestra constitución como sujetos21.
¿Cómo accedemos al plano del sujeto? El modo de su acceso es siempre
epistemológico22; porque ser sujeto es una auto-producción que contiene la auto-
conciencia de re-conocerse como lo que es, eso lo que es se estructura siempre
como sistema de vida, es decir, como eticidad. Entonces, es en esa estructura éti-
ca23 que presupone –que no se muestra en elucubraciones morales de un supuesto
“reino de los valores”, sino en su propia comunidad-de-vida24, donde se encuentra
en estado de exposición25. En esta estructura ética, el modo cómo-se-es-lo-que-es,

21 “… El sujeto que toma aquí la palabra tiene muy poco que ver con el sujeto intelectivo de la ontología moderna; se trata,
más bien, del sujeto anterior al sujeto de la intelección: el sujeto trascendental: ‘Hablamos del sujeto corporal, viviente,
en marcada oposición al sujeto metafísico tal como se impone desde Descartes. La modernidad constituye su visión del
sujeto y de la subjetividad en cuanto individuo que ensayará el experimento de convertir al mundo en su imperio, de someter
a la realidad a su dominio y de hacer de ella un objeto de su posesión. Es la objetivación del sujeto por parte de una sociedad
que intenta transformarlo todo en objeto, inclusive al sujeto mismo” (Bautista, 2011a: 15).
22 “… el ángulo de lo político es una situación epistemológica del conocimiento; no es una descripción teórica, de la cual
se deduzca la realidad, sino es un modo de relacionarse con ella, de modo que la preeminencia está en la realidad y no en
un esquema teórico. El ángulo de lo político es el ámbito epistemológico pertinente a la consideración de lo complejo
de la realidad. Esta consideración muestra el carácter político de la epistemología, puesto que esta construcción de
voluntades no se agota en lo estrictamente teórico sino que reclama su realización en praxis. Entonces, el conocimiento
no es neutral, por eso su carácter no es descriptivo, es profundamente comprometido con los esfuerzos para darle a la
realidad una organización”. Bautista S., Rafael; op. cit., p. 114.
23 “El tema de la ética no es alcanzado por una reducción que lo presenta como una esencia pura (…) dicho tema se
encuentra en la más simple cotidianidad, en nuestro modo habitual de vivir. La tarea de la ética es describir la estructura
ética que el hombre vive en su situación histórica, vulgar e impensada”. Dussel, Enrique; Para una Ética de la Liberación,
vol. I, Siglo XXI, Argentina, 1973, p. 38.
24 Cambiaremos, en lo sucesivo, la categoría mundo-de-la-vida por comunidad-de-vida, para establecer las diferencias de
acceso. La categoría lebenswelt, de origen husserliano, se encuentra todavía al interior del paradigma de la conciencia.
Si bien con Heidegger aparece el mundo como anterioridad, no aparece en términos de comunidad.
25 “Situación es un estar situado de esta manera (un faktum y de allí que toda situación es un momento de la facticidad
humana) en el sitio de la existencia: ‘mi’ mundo (…). Esa situación cotidiana es lo que llamaremos ‘situación existencial,
en cuanto situación, es facticidad o determinación, en cuanto existencial es un modo de trascender” (Dussel, 2008: 40).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 25

encontramos lo que manifiesta su mismidad, expuesta no sólo como identidad on-


tológica -es decir, como eticidad- sino como horizonte trascendental.
El “vivir bien”26 constituye, en este sentido, el modo-de-existir donde se
reúnen la identidad y el horizonte trascendental que estructura éticamente al sujeto
como comunidad-de-vida; este modo, como modo-de-existir, es lo que estructura
también su estado de exposición. Esta exposición es expresión que, en principio,
no es expresión estética sino ética; en ella está comprometida la posibilidad de su
realización como sujeto. Su acceso a lo real, a crear realidad y un mundo pleno de
significatividad, sólo puede lograrse en tanto sujeto, cuyo horizonte trascendental
es el despliegue del “vivir bien” como su propia estructura-de-vida.
La forma comunidad sólo es posible estructurando el vivir en una eticidad que
se deduzca de la racionalidad que presupone la vida en y como comunidad: “Hablar
por la Tierra es hablar, en definitiva, por la vida. Hablar por Ella significa pensar
una economía del merecimiento, es decir, una economía para la vida. Se trata de una
economía que no se fundamente en optimizar la tasa de ganancias sino en asegurar la
vida de la comunidad toda y, en especial, la vida de la Madre. Las naciones indígenas
son las ahora portavoces de la Madre, porque el horizonte civilizatorio que les sos-
tiene presupone a la Tierra no como objeto sino como Sujeto, cuya jerarquía obliga a
la responsabilidad y la obediencia. Lo cual se determina política y económicamente
en lógicas más racionales y universales que la racionalidad moderno-occidental. Las
contradicciones que arrastra esta racionalidad no es sólo asunto de una séptima parte
de la humanidad, sino que arrastran a todo el conjunto de la humanidad cuando lo
que se encuentra en peligro no es una civilización, ni siquiera una cultura, sino la
vida misma del planeta. Reestructurar y recomponer otras formas de vida, en esta
coyuntura mundial, demanda no sólo su posibilidad sino su necesidad; sobre todo
cuando hablamos de restablecer una dignidad humana que supone el merecimiento
de un ser para la vida” (Bautista, 2009: 456).
La constitución del sujeto pasa por el restablecimiento y restauración de
relaciones comunitarias. La primera relación que aparece como la más necesaria
de transformarse es la relación de dominación paradigmática que ha producido la
modernidad: hombre-naturaleza. La comunidad, el ayllu, es un conjunto de rela-
ciones amplificadas (entre ser humano, pachamama y wacas –o los espíritus) de

26 Para evitar particularismos, acudiremos al término general “vivir bien”, para reunir en éste, de modo general, abstracto,
sin todavía la riqueza (que hace además de lo simple, complejo) de las singularidades que posee este vivir en cada
contenido cultural; de este modo pretenderemos reunir, siempre de modo abstracto, general, al suma qamaña, sumaj
qausay y yaiko kavi (que no es teko kavi como comúnmente se escucha; el teko parece indicar sólo el sentido neutro
del vivir como modo-de-ser, en cambio el yaiko contiene siempre un vivir en comunidad, que es el contenido fuerte que
adquiere un “vivir bien”). Modo general quiere decir describir, de modo hermenéutico, la estructura que se muestra
en estado de exposición. No nos interesa definir sino, de modo preliminar describir hermenéuticamente un modo-de-
existir. Lo deducido, como “vivir bien”, no es sino la exposición hermenéutica de la estructura ética del sujeto. Por eso,
el método no consiste en la contrastación bibliográfica o teórica de datos o hipótesis sino de la exposición de la eticidad
del sujeto que somos, en todo caso, nosotros mismos.
26 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

crianza27 continua y recíproca, como regeneración de la vida; siendo la vida misma


el ámbito de la crianza y el desarrollo de la vida en todas sus formas. Desarrollar y
hacer florecer todas las formas de vida significa criar, siempre de modo expansivo,
porque la vida no se circunscribe a lo dado sino a lo que está por darse; en este
sentido, dar significa dar-se28, prodigarse en el gusto de dar29.
Por eso, si no hay crianza, la vida no fluye por su cauce natural, su regene-
ración se estanca, su renovación se aplaza, la vida se apaga y con ella el sujeto. El
sentido de la vida se va perdiendo en el estancamiento de su expansión; estanca-
miento también del sujeto que, al no regenerarse la vida, él acaba degenerándose.
Esta situación se manifiesta como injusticia que producen los hijos y atestigua la
Madre: “Este hablar por la Tierra aparece en una situación crítica. Es un grito que
clama y reclama, que interpela y convoca a la lucha (porque es la vida lo que está
en juego); lo cual deriva en movilizaciones, levantamientos, violencia; porque se
trata del dolor de la Madre que desata la indignación de los hijos, pues son también
hijos quienes lastiman de muerte a la Madre por sus deseos de poder y riqueza. Eso
produce injusticia. A la Tierra le afecta la condición ética de quienes la habitan”30.
27 Ver Bautista S., Rafael: Introducción a una Política Comunitaria, Segunda Parte, de próxima aparición.
28 “La forma más agradecida de dar gracias no es la que agradece por lo que recibe sino por el hecho mismo de dar gracias;
es decir, se agradece el hecho mismo de poder agradecer. El que se reconoce como agradecido es aquel que tiene
memoria, es aquel que hace del acto de agradecer su condición humana. La lógica de la gracia no es la lógica de la deuda.
La deuda obliga y no perdona. En cambio la gracia se dona, desde una gratuidad que no obliga sino religa; por eso redime
al que da y al que recibe. Nadie se obliga a dar, tampoco a dar las gracias, es un acto de pura libertad. La lógica del don,
en oposición a la deuda, parte del presupuesto de que no somos dueños de nada, demos lo que demos no es propiedad
exclusiva de nadie; entonces, si todo lo que damos no nos pertenece, ¿por qué se dice que damos? Porque en el acto
de dar, lo que se da es un desprendimiento, libre y voluntario: en el dar sincero no medimos consecuencias, por eso el
desprendimiento es sobre-humano; por eso se dice ‘dar de corazón’, porque lo que se ofrece es algo que sí es nuestro,
el corazón: el desprendimiento no obligado de nuestro corazón. Por eso el dar gracias es la respuesta coherente a ese
acto: dando las gracias también ofrecemos nuestro corazón (lo que nos hace vivir)” (Bautista, 2009: 18).
29 “La fiesta guaraní no es sólo un ceremonial, sino la metáfora concreta de una economía de reciprocidad vivida […] El
intercambio de bienes, sean de consumo o de uso, se rigen por principios de distribución igualitaria, según los cuales
la obligación de dar supone la obligación de recibir, y recibir se toma a su vez obligación de dar. Por eso el intercambio
es de hecho un diálogo social mediante el cual lo que más circula es el prestigio de quien sabe dar y la alegría de quien
sabe recibir, según el modelo de los Primeros Padres y Primeras Madres que ya en los orígenes convidaban y eran
convidados” (B. Meliá, 2008: 92, en Dussel, 2008).
30 “… de otro modo no se podría entender la siguiente afirmación: ‘¿Qué has hecho? La voz de las sangres de tu hermano
está clamándome desde la tierra’. Y se dice ‘sangres’, en plural, porque la Tierra clama no sólo por Abel, el hermano,
sino por toda su descendencia, es decir, un acto injusto no perturba sólo el presente sino todos los futuros posibles (y el
pasado, pues la maldición que recae sobre el homicida maldice también su memoria: al convertirse en asesino convierte
en asesinos a todos sus antepasados). Es la Tierra la que clama la pérdida del hermano, porque es la Tierra la que recibe la
sangre derramada, como testigo impotente de lo que se comete contra el hermano. Como otras tradiciones anteriores a
la modernidad occidental, la tradición semita-hebrea tampoco responde a una relación sujeto-objeto. Es más, se podría
decir que la modernidad es la única cultura que se sostiene sobre esta relación; por eso su impacto sobre el resto del
mundo es contundente, pues esa relación hace posible una producción y concentración de la riqueza nunca antes vivida,
ni siquiera imaginada. El desarrollo de la tecnología moderna responde a una desmesura: la satisfacción de todos los
deseos, habidos e inventados. Las necesidades se dejan de lado y las preferencias aparecen como criterio único de
satisfacción; pero las necesidades se cumplen en su satisfacción, las preferencias no; de modo que estas se transforman
en deseo, en el afán desmedido de perseguir lo inalcanzable” (Bautista, Ibíd.: 456-457).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 27

Por eso la Madre no puede quedar reducida a condición de objeto, porque ella
misma da testimonio de la existencia humana; por eso se dice que la tierra no nos
pertenece, más al contrario, nosotros pertenecemos a ella: “La tierra no le pertene-
ce al hombre. Es el hombre el que le pertenece a la tierra. De eso estamos ciertos.
Todas las cosas están relacionadas entre sí como la sangre que une a una familia.
Todo está relacionado. Lo que hiere a la tierra, hiere también a los hijos de la tierra.
No fue el hombre el que tejió la trama de la vida: él es sólo un hilo de la misma.
Todo cuanto haga con la trama se lo hará a sí mismo”31.
Entonces, en el modo de relación que establecemos con la Tierra, nos de-
finimos: o nos reconciliamos o nos enajenamos. El reconocer nuestra pertenencia
pasa por el reconocimiento de su condición de sujeto. Si es sujeto, entonces tiene
derechos. Pero para el capitalismo y la modernidad no tiene derecho alguno, es
un objeto de la ciencia y una mercancía para la economía. ¿Qué derechos podría
tener? Pero si no es objeto ni mercancía, sino sujeto y, además, Madre, entonces
sus derechos nos obligan a tratarle como a una persona de derechos, o sea, con de-
recho a consulta. Los derechos son anteriores a todo Estado de derecho, ¿qué son
anteriores a todo Estado?; el ser humano y la Madre tierra, por tanto sus derechos
son anteriores y el Estado no puede concebirse (como hace el Estado moderno-li-
beral) como el fundamento de los derechos. No es el Estado quien otorga derechos
sino quien los reconoce.
Pero la sola enunciación discursiva no confirma el cambio de paradigma. Si
condición de la vida humana es que la Madre viva, esto no quiere decir que su vida
es su pura presencia fáctica. Toda vida no es sólo física sino también espiritual.
El contenido espiritual es lo que hace de la persona un ser sagrado, con dignidad
absoluta. La Madre no puede no poseer esa cualidad, por eso es sujeto de derechos,
si es así, lo más plausible es su reconocimiento pleno y no sesgado.
Si nuestra economía sigue girando en torno a los criterios capitalistas de
la competencia, la acumulación y la eficacia, es imposible que pueda dar el sal-
to hacia una economía de la reproducción de la vida de todos. Condición para
asegurar la vida humana es asegurar la vida de la Madre; pero esto pasa por
una re-significación de lo que es la vida. Por eso nuestro horizonte utópico se
determina como “vivir bien”. Para “vivir bien”, no podemos vivir a expensas
de la Madre. ¿Esto significa que ya no podemos producir? No. Significa que no
podemos producir destruyendo (como hace el capitalismo). Destruir, hoy en día,
es el modo más rápido de incrementar las ganancias. Cuanto más destruyen las

31 Se trata del famoso discurso del jefe Seattle, cacique de los Duwamish, pronunciado ante Isaac Stevens, gobernador del
estado de Washington en 1856. Publicado el 29 de octubre de 1877 en el Seattle Star.
28 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

transnacionales, más ganancias logran32. Esa es la irracionalidad de la racionali-


dad económica moderna.
Las civilizaciones precolombinas no destruían para producir, y lo que pro-
dujeron fue una economía sostenible por milenios. Ahora, más del 60% de la dieta
mundial proviene de esas civilizaciones; ellas, con sus descubrimientos, produc-
ción y diversificación de sus productos, han logrado alimentar al mundo. ¿Qué
sería del mundo sin la papa y el maíz, o el chocolate?, ¿qué sería de la industria
farmacéutica sin la coca y otros productos raptados de la medicina tradicional del
Nuevo Mundo?, sin mencionar lo que ha de significar la quinua, al amaranto, etc.
Ninguna civilización anterior a la moderna se había propuesto jamás el do-
minio de la naturaleza. Esa es una apuesta moderna. Ahora vemos planetariamente
las consecuencias de aquello. Recuperar su condición de Madre no es un afán
culturalista o romántico-ecologista. Se trata de que: si ella no vive, tampoco no-
sotros. La relación simbiótica que tenemos con la Madre nos sugiere un circuito
de reciprocidad que, si no es asegurado, aparece el desequilibrio. Su desequilibrio
nos afecta porque aquella relación no es posible de anular: lo que le sucede a ella
nos sucede también a nosotros. El malestar de la cultura no es un fenómeno sólo
cultural sino al interior de este circuito. El cuento de que somos más civilizados
cuanto más lejos estamos de lo natural es una pura falacia; es más bien al revés,
cuanto más natural soy, más humano me vuelvo. Lo que nos define es la relación
que establecemos. En una relación de dominación, nunca somos libres.
Entonces, no se trata de producir por producir. Se produce para satisfacer las
necesidades. La Madre es prodiga porque actúa como Madre: se desvive por sus
hijos; pero cuando sus hijos abusan de sus favores, entonces sufre en ese su brin-
dar. A la Madre le afecta la condición ética de quien la habita y la cultiva. No es lo
mismo producir para el capital que producir para la vida. La producción es un acto
sobre-natural porque lo que se produce en la producción es el ser humano mismo;
se produce para dominar o para liberar. En la producción produzco la relación con
la Madre. Por eso necesitamos descolonizar la producción, la distribución y hasta
32 En la actualidad, una sola transnacional, Monsanto, controla el 27% del mercado mundial de semillas (el 80% transgénicas);
junto a otras dos, Syngenta y Du Pont, logran controlar el 50% de ese mercado. Las semillas y los agrotóxicos que
comercian, a nivel global, son la base actual de la agroindustria, causante principal de la contaminación pluvial, la
desertificación de los suelos y, en general, la crisis climática. La presión política que ejercen estas transnacionales dieron
lugar, en muchos países del Tercer Mundo, al cambio en la leyes de salud (aumentando hasta en 200 veces el nivel
permitido de agrotóxicos en alimentos, legalizan su comercialización, aunque, en los hechos, constituyan un riesgo
mortal para la salud). Cada vez los transgénicos son adecuados para el mayor uso de agrotóxicos (como el endosulfán,
atrazina, dicamba y el 2,4D, que se dice ser un componente del Agente Naranja, una de las más famosas armas
químicas usadas por EEUU en Vietnam). Este uso intensivo ya no daña a la planta, pero mata todo a su alrededor. Las
consecuencias son fatales: la fumigación aérea, por ejemplo, esparce estos venenos hasta poblaciones rurales, aparte
de alterar la biodiversidad y contaminar sistemas acuíferos. Pero, las ganancias que logran –por la comercialización de
los transgénicos y los agrotóxicos– son fabulosas. EEUU e Inglaterra son el asiento financiero de estos carteles de los
alimentos (a los anteriores hay que sumar Midland, Unilever, Pillsbury, Cargill y Cadbury), quienes controlan el 64% del
núcleo financiero global que controla los precios de estos, ahora puestos a disposición sólo de la especulación financiera.
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 29

el consumo; porque en lo producido se comprime lo que de humano he producido.


La conciencia de esto es lo que constituye el verdadero alimento. Cuando lo que
me brinda la Madre no es producto de la explotación, lo que me brinda es su propia
generosidad, lo que cualifica al alimento.
Por eso la Madre ya no puede ser considerada simplemente como un me-
dio de producción sino un partícipe en la producción. Y, si es partícipe, entonces
tiene voz y voto. Su condición de sujeto es lo que se me presenta como el recono-
cimiento pleno de que no estoy ante un mero recurso a mi disposición. Si obvio
todo esto, entonces mi producción es una pura producción mercantil y mi criterio
es el mercado, no la vida. Pero si mi criterio es la vida, entonces mi producción es
una relación de re-conexión con lo que hace posible mi propia vida. Por eso a la
Pachamama se le agradece; eso es lo que les enseñaron los indios powatan a los
pilgrims: que hay siempre que agradecer33. El día de “Acción de Gracias” era, en
su origen, una fiesta india.
Consultar a la Madre entonces tiene sentido, pero sólo si se es capaz de ir
de una forma de vida a otra. La Madre tiene también sus portavoces y ellos son los
que han mantenido nuestra filiación recíproca con la que nos da todo. Los amautas
son los verdaderos médicos, porque si no restauramos la armonía con la Madre, no
puede haber armonía en la vida humana y, sin armonía, estamos expuestos siem-
pre a la enfermedad. Por eso la producción no puede estar dirigida por criterios
exclusivamente mercantiles (eso es fatal en la producción de alimentos, pues por
ganar más y ser más competitivo, los alimentos que produzco ya no tienen como
función nutrir sino exclusivamente lucrar, como sucede con las transnacionales de
los granos y los alimentos).
No se trata entonces de renunciar a la producción sino de transformar el
sentido mismo de la producción (los aymaras e incas también hicieron minería y

33 “En el norte de América, los indios conciben a la vida como el lugar que el Gran Espíritu habita y convida a todos a
formar parte de él. La estructura antropológica de la humanidad es inconcebible al margen de la naturaleza; la tierra y
el hombre forman una unidad indisoluble que la anima el Gran Espíritu, por eso era inconcebible una economía del lucro
y la ganancia, porque el ser humano no era como el conquistador: ‘un forastero que llega en el silencio de la noche y
arrebata de la tierra todo lo que necesita. La Tierra no es su hermana, sino su enemiga. Y después de conquistarla, se
marcha. Deja tras de sí la tumba de sus antepasados y no le importa. Arrebata la tierra de las manos de sus hijos y no
le importa. Olvida la sepultura de sus padres y el derecho de sus hijos a la herencia’. Las cosmovisiones indígenas son
holistas y reaccionan, ante la avalancha de la Conquista, con estupor: ‘¿Cómo puedes comprar o vender el cielo y el
calor de la Tierra? Tal idea nos es extraña. Si no somos dueños de la pureza del aire o del resplandor del agua, ¿cómo
puedes entonces comprarlos?’. Por eso la Conquista se la vive de modo traumático; porque trastoca todo, el mundo
y la vida (…) Para los indios wampanoag, ‘todo lo que tenemos es un regalo del Creador y por eso damos las gracias’;
por eso el ‘Día de Acción de Gracias’ era la base de toda su vida ceremonial: ‘compartir es una obligación –decían–, si no
compartimos ya no hay razón para que el Creador continúe regalando sus dones’”. Cfr. Bautista S., Rafael: La Primera
Teoría de la Descolonización, de próxima aparición.
30 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

nunca ocasionaron los desastres que ocasiona la explotación minera moderna34). El


bienestar general no es lo que miden los indicadores econométricos, sino lo que se
traduce como dignificación de la vida, y ésta no pasa por una mayor cuantificación
en la acumulación material sino en una cualificación del hecho mismo de vivir (¿de
qué me serviría tener todo si mi vida no tiene sentido?). Una verdadera revolución
productiva no quiere decir producir más para ganar más; una verdadera revolución
productiva produce en la producción nuestra liberación, pero se hace inevitable
esta condición: para liberarnos debemos primero liberar a la Madre. Es decir,
a la liberación humana le antecede la liberación de la Madre tierra; condición
para nuestra liberación es la liberación de Ella. ¿De qué nos liberamos? De toda
pretensión de dominación. De ese modo superamos al mismo socialismo; porque
éste critica la dominación del capital al trabajo humano pero deja incólume la do-
minación del trabajo sobre la naturaleza. La economía soviética también entendía
la riqueza en términos cuantitativos, por eso tampoco su crecimiento económico
consideraba límite alguno. Se había creído la ilusión moderna: que los recursos son
infinitos y, en consecuencia, el progreso y el crecimiento también lo son35.
Una nueva economía requiere de una nueva racionalidad; su marco catego-
rial no puede establecerse desde los criterios propios de la racionalidad moderna,
la racionalidad medio-fin debe subordinarse a una racionalidad acorde al circuito
natural que establecen ser humano y naturaleza. En el asunto de la producción, se
olvida que la Madre produce por cuenta propia, y produce aquello sin lo cual es
imposible la vida, por ejemplo el agua y el aire; toda futura producción no puede
permitirse la introducción de factores que puedan alterar el equilibrio natural, esto
significa también que a los costos de producción hay que añadir lo que le podría
costar a la Madre reproducir lo que se le ha extraído.
El pedir permiso para intervenirla no es una mera formalidad, sino la toma
de conciencia de su condición de sujeto, del respeto incluso a su negativa de al-
guna producción que pueda requerir (la racionalidad medio-fin puede hasta consi-
derar costos reales inmediatos, pero nunca costos futuros, esta inconsciencia es lo

34 El desarrollo de la minería, entre las culturas precolombinas, fue enorme, así como lo fueron las técnicas de fundición
y el arte con metales: “Aquí han puesto las planchas de tumbaga, de estaño y de cobre, con dibujos y grabados en
bajo relieve y a cincel de lapidario, hallados en los adoratorios de las dos islas. Estas planchas son quindena, llamadas
hieráticas o sagradas y muy anteriores a los Incas: los naturales las adoran y estiman sobre-manera. De su origen,
procedencia y cuando las fundieron y grabaron, hay su explicación y noticia en su Foja al número respectivo que se les ha
cincelado en uno de sus extremos. Aquí mismo se han puesto los idolitos y simulacros de dichos metales ordinarios; los
de oro como los de plata, de perlas y de piedras finas, con su balance y tasa, se han remitido al Exmo. Virrey”. (Viscarra,
J., 1901: 36-37).
35 “El ‘progreso infinito’ es una ilusión trascendental en que cae la ciencia moderna al considerar, a la naturaleza y a
la misma realidad, en términos puramente abstractos. Este tipo de progreso es una imposibilidad empírica, y su sola
postulación descubre el carácter ilusorio de toda la ciencia moderna: es imposible concebir un progreso semejante
sabiendo que los recursos naturales (y el trabajo humano) no son infinitos. Semejante postulación concibe como posible
la explotación infinita de recursos limitados; esto quiere decir: destruir para producir” (Bautista, 2010a: 11-12).
El nuevo horizonte civilizatorio del “Vivir Bien” 31

que produce, de modo no intencional, la crisis ecológica). Se le consulta a alguien


cuando se le considera partícipe y no mero espectador, menos cuando ha de ser
afectado por la decisión que se tome. El modo cómo produzco es lo que decide
no sólo la calidad de mi producción sino su dignificación y, desde que he toma-
do en cuenta, no sólo mis necesidades sino las de la Madre, he producido una
relación recíproca en la justicia, que se transfiere al producto; a esa producción
no puede corresponderle un consumo irracional, sino también, el consumo debe
resignificarse como finalidad de aquella producción. Entonces, si se produce ex-
clusivamente para ganar más, la producción genera consumismo y ese consumo
irracional fomenta también esa forma de producir; pero si produzco en la justicia,
produzco también una nueva forma de consumo; esto trastorna los hábitos y genera
una crisis que debemos saber enfrentar: para ser hombre nuevo hay que nacer de
nuevo. El vientre que hace posible este nuevo nacimiento nos lo ofrece la Madre.
Involucrar a la naturaleza como partícipe en este nuevo proyecto de vida, es un
reto para la propia concepción que de naturaleza tiene la ciencia y la economía
moderna. Devolverle su condición de sujeto es devolverle a la humanidad su con-
dición natural y esto quiere decir: humanizar a la humanidad. El hombre nuevo
es el hijo pródigo que regresa a los brazos de la Madre, que siempre han estado
abiertos, esperándole.

No somos individuos aislados sino somos, siempre y en primera instancia,


comunidad. Al habernos sido devuelto el sentido de comunidad, nos ha sido de-
vuelto el sentido de humanidad. Por eso nuestra lucha es ahora por la vida; eso
es lo que nos hace más solidarios, más justos, pero también más responsables, es
decir, más humanos; la lucha por la Madre es lucha por la humanidad. “Un mundo
en el quepan todos” es un mundo donde todos vivan dignamente, es decir, donde
el “vivir bien” sea el norte del nuevo horizonte civilizatorio que clama, ya no sólo
la humanidad sino también la Madre.
32 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

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Cosmovisión Andina y Vivir Bien
Fernando Huanacuni Mamani*

En términos generales, cosmovisión se entiende como la forma de ver, sen-


tir, percibir, expresar y proyectar el mundo y la vida; y en función a cómo vemos,
sentimos y percibimos, establecemos nuestras relaciones de vida. Algunos prefie-
ren llamarla “cosmobiovisión”, otros “cosmosentimiento” y otros “cosmovivien-
cia”. Actualmente, estamos viviendo relaciones sociales desde la lógica occidental
que emerge de una cosmovisión individualista, y esto ha generado la crisis de vida
que hoy vivimos. Entonces, vamos a introducirnos a la cosmovisión ancestral,
diferente a la forma de ver la vida desde la modernidad, para retornar a nuestro
camino, a nuestra identidad.

COSMOVISION
Forma

Ver Sentir Percibir Expresar Proyectar


El mundo y la vida
Generamos relaciones

sociales vida

Educativas Relación entre


Jurídicas las formas de
Económicas existencia
Culturales
Estructura del Estado

* Aymara, miembro de la Comunidad Sariri


36 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

Quien habla, no aprendió todo esto en la universidad, sino de la vivencia


directa con los abuelos, lo que me ha permitido escuchar y caminar juntamente con
ellos. Una forma diferente de enseñar y aprender: caminando, viviendo, sintiendo,
cantando, tocando, bailando….Con mucho respeto y cariño trataré de describir un
poco de lo que ha sido esa larga caminata, ayudado por algunas presentaciones pre-
paradas desde una visión lineal, para que puedan comprender, aunque la estructura
de nuestra cosmovisión no es lineal ni tampoco unidimensional. La lógica del que-
chua o del aymara no se explica de manera lineal, pues son distintas. Pero vamos
a tratar de explicar cómo vemos el mundo y la vida, cómo los sentimos, cómo los
proyectamos y en qué términos los podemos definir.
La “cosmovisión andina” básicamente tiene una lógica comunitaria, muy di-
ferente de la lógica individual predominante de Occidente. Cabe aclarar que cuan-
do nos referimos a “occidente”, la connotación no es geográfica, sino de una forma
de pensar y, por lo tanto, de vivir.
En la cosmovisión andina se conciben dos fuerzas, dos energías: una energía
que viene del cielo y otra energía que viene de la tierra. Pachamama (Madre Tie-
rra) es la energía telúrica y pachakama o pachatata (Padre Cosmos) es la energía
cósmica; todo lo que existe ha sido generado por el encuentro de Pachamama y
Pachakama.
La primera iwxa (principio o encargo) que nos enseñan los abuelos es: “Pa-
chakaman Pachamaman wawapatanwa”, “Somos hijos de la Madre Tierra y el
Padre Cosmos”; este es el principio de donde emerge nuestra cosmovisión. Por
lo tanto, lo primero que les enseñamos a nuestros hijos; es que no venimos de la
nada, sino de la interacción de dos fuerzas, de dos energías: una femenina y otra
masculina. Esa interacción también confluye en nosotros y en todas las formas de
existencia y todo lo que existe está unido, está interrelacionado y hay una palabra
quechua, aymara, que expresa esta conciencia de la unidad: Ayni. Esta se traduce
como ayuda, como reciprocidad.
Con todo, hemos tenido que replantear la traducción para explicar bien lo
que significa la palabra Ayni, ya que en el ámbito diplomático, reciprocidad impli-
ca “si me das, te doy”.
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 37

AYNI
Complementariedad
Es la Conciencia
• De que todo vive
• Que todo está conectado
• Interrelacionado
• Es interdependiente
• Es integrado

Por lo tanto

Emerge el respeto y el cuidado

A todo

Ayni para nosotros es la conciencia de que todo está unido, todo está inte-
rrelacionado, es interdependiente y está integrado. Todo es parte de un tejido de la
vida. Entonces, cuando despertamos a esta conciencia difícilmente vamos a hacer
daño a las personas, por el contrario, empezamos a cuidarlas; las abuelas tienen
esa capacidad, porque saben que todo se complementa. Nosotros exhalamos el an-
hídrido carbónico que las plantas absorben, y ellas exhalan ese elemento que para
nosotros es vital, el oxígeno. Y así nos vamos complementando; de tal forma que
un día vamos a comprender que todo es parte de todo.
A lo largo del río Pilcomayo, que nace en Potosí y sigue su curso por el sur
de Bolivia, Argentina y Paraguay, se han construido caminos y represas que ya no
permiten fluir al río con la misma intensidad. Un abuelo wenhayek explica la im-
portancia del río Pilcomayo, luego de que algunas ONG pretendieron cambiarles
de actividad indicando que si no pueden dedicarse a la pesca, les iban a enseñar
a sembrar y hacer artesanías. Él dijo: “No sé cuándo van a entender que el río es
algo importante para nuestras vidas. Cuándo van a entender que no es cuestión
sólo ingresos económicos o fuentes de trabajo, tienen que comprender que si el
sábalo no puede nadar en contra corriente hasta el centro de Potosí, no hay razón
para que fluya el río”. Pero esta lógica no es comprensible para el ser humano
de pensamiento occidental o racional. Hoy día, pese a las condiciones adversas,
el sábalo va nadando hasta Potosí, aunque pocos llegan a su destino, porque son
muchos los que mueren en el camino al chocar contra las represas o también al
38 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

cruzar las carreteras. Aún así, el sábalo sigue su camino impulsado por una fuerza
natural que interconecta la vida.
La abuela Biviana Mamani de la nación aymara dice: “Si un día se secan los
ríos, vamos a tener problemas en nuestra sangre y en nuestro corazón, porque el
río es la fuerza que hace circular nuestra sangre, así de unida está la vida, así de
unida está la Pacha.”
Esa es la conciencia del ayni. Los andinos, los quechuas, los aymaras, sabe-
mos que todo en la vida está unido. Ayni es la conciencia de que todo es parte de
un tejido; es decir, el daño a una de las partes es un daño al conjunto.
La cosmovisión occidental, distinta de la nuestra, es individual, desintegra-
da; asume que el ser humano es algo aislado de la naturaleza. Esta falsa dicotomía
ha afectado a muchas especies que son parte de un mismo tejido; no comprende
que de esta forma sólo se afecta a sí mismo. Me decía mi abuela: “Ayni es saber
que si haces algo, o te aproximas a algo, vas a afectar ese algo, y por eso debes
aproximarte con responsabilidad”. No hay ninguna aproximación a nada ni a nadie
que no afecte a ambas partes; Ayni es una conciencia y a partir de esa conciencia
vamos generando nuestras relaciones de vida.
En occidente sólo se enseña a cultivar relaciones sociales, y ni siquiera eso
se enseña bien; mucho menos se enseña sobre las relaciones de vida; es decir, no
se enseña a las personas a relacionarse con el agua, con el río, con la lluvia, con las
montañas, con la tierra. El ser humano moderno no conoce de la relación con otras
formas de existencia. Las relaciones entre seres humanos son precarias porque se
tiene una visión individual; se han generado abismos entre seres humanos, entre
familias, abismos entre padres e hijos, abismos entre regiones, etc.
Desde la cosmovisión andina tenemos una concepción de vida distinta, ge-
neramos relaciones de vida diferentes a las que hoy en día se están viviendo. Así
que traducimos ayni como complementariedad y reciprocidad, pero aclarando que
cuando hablamos de reciprocidad es de responsabilidad y no de interés u obligación.
Entonces el ayni es una palabra quechua aymara que hace posible vivir en
comunidad (común unidad). Cuando occidente se refiere a “comunidad” la define
como unidad y estructura solamente social, es decir, conformada por seres huma-
nos solamente. Desde nuestra cosmovisión, la cosmovisión de los pueblos ances-
trales y especialmente para los pueblos aymara quechua, la montaña es parte de la
comunidad, el río es parte de la comunidad, el árbol es parte de la comunidad…
El ayllu, por lo tanto, está conformado por lo visible: personas, animales, plantas,
montañas, ríos, mares y todo lo que nosotros podamos alcanzar a ver, a sentir. Pero
también está conformado por lo invisible: los ancestros, los espíritus y todo aque-
llo más allá de lo que vemos y conocemos. Entonces Ayllu se traduce y comprende
como la unidad y estructura de vida, es decir que todo es parte de la comunidad.
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 39

Cosmovisión de los pueblos ancestrales


indígena originario

Surge

Comprensión de la vida

emerge

Comunidad
Los Pueblos Ancestrales Indígena Occidente lo entiende como la:
Originario comprende como la: “Unidad y estructura social”
“Unidad y estructura de la vida”
(Comunidad natural)

Conformado por lo visible: Conformado solo por


personas, animales, plantas, los humanos
montañas, ríos, mar, etc.
y lo invisible: ancestros, etc.

En noviembre celebramos la fiesta ceremonia del Wiñay Pacha (tiempo eter-


no), que ahora se denomina Todos Santos. Nosotros acostumbramos preparar un
lugar especial para recibir a nuestros seres queridos que partieron y que en esa
época nos visitan. Los esperamos con alimentos, con panes, flores y otros elemen-
tos preparados con todo el afecto que hemos sentido y sentimos por ellos. Con-
cebimos que la vida es un viaje sagrado, así como venimos a este mundo cuando
nacemos, nos vamos en el momento oportuno, por lo tanto, en la concepción de
la cosmovisión ancestral no existe la muerte: lo invisible interactúa con nosotros
permanentemente.
Los yatiris, amawtas, aysiris, jampiris explican que hay enfermedades que
se solucionan desde lo invisible. Por ejemplo, cuando se llama el ajayu a una per-
sona que ha sufrido un susto.
Cuántas cosas de nuestras vidas están relacionadas con lo invisible. Desde
la cosmovisión andina, nosotros comprendemos que no solamente heredamos ape-
llido o características físicas; heredamos experiencias en la sangre. Por lo tanto,
somos también la consecuencia de las experiencias de nuestros ancestros. Por eso
40 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

dice el abuelo que al resolvernos nosotros, resolvemos a los ancestros y tenemos


también la posibilidad de resolver a los que vienen. Desde la cosmovisión andina
así pensamos, por eso sabemos que no todo se explica o resuelve desde lo racional.
Entonces, de la comprensión del ayni y el ayllu emerge el respeto a todo, en
la comunidad no se mueve una piedra, ni desviamos el curso del río, sin permiso.
Hay que preguntar a la Pacha, a los ancestros. El ayllu como unidad y estructura
de vida nos hace despertar en una conciencia distinta, ya no vamos a caminar por
caminar, mover por mover o relacionarnos por relacionarnos. Hay una aproxima-
ción con responsabilidad.
Pacha es otro término importante dentro de la concepción andina. Pacha, en
quechua y aymara, significa todo el multiverso, la vida; significa también tiempo y
espacio. Pacha es la interacción de las dos fuerzas que generan la vida pachakama
(Padre Cosmos) y Pachamama (Madre Tierra), pacha es el tiempo y el espacio en
equilibrio y armonía. Pacha es un término multisignificativo y multidimensional.

Pacha como espacio


• Manqha pacha en aymara y uqhu pacha en quechua, es el mundo o la di-
mensión de adentro, en el espacio, debajo de nosotros y refiriéndonos al ser
humano, dentro de nosotros.
• Akapacha en aymara y kaypacha en quechua, es el mundo o la dimensión
donde estamos interactuando.
• Alaxpacha en aymara y Hananpacha en quechua, es el mundo o la dimen-
sión de arriba. Estas tres pachas son descritas por los cronistas; pero en la
comunidad nos enseñan mucho más allá de las tres pachas que hasta aquí
se describen. La cuarta pacha para nosotros es el kawkipacha, un término
aymara que significa la dimensión desconocida, el plano desconocido. La
abuela decía: “Yo alcanzo a concebir hasta aquí. Pero no significa que so-
lamente exista hasta aquí”. ¿Cuántas cosas habrá más allá? Ese es el kaw-
kipacha. Cuando nosotros decimos kawkits jutta ¿de dónde vienes? porque
de lo que yo conozco no eres, estamos describiendo más allá de las tres
dimensiones conocidas. Es decir manqhapacha o uqhupacha, Akapacha o
kaypacha, Alaxpacha o hanan pacha. El quechua y el aymara son idiomas
de significado abstracto y concreto a diferencia del español, el inglés, el
alemán, que son lenguas concretas. Las lenguas ancestrales tienen la capa-
cidad de expresarse de manera concreta pero también de manera abstracta.
Se entendería bien si explicáramos sólo en quechua, sólo en aymara, sólo
en chiquitano o sólo en guaraní, porque cuando explicamos en español,
tenemos que adecuarnos a la lógica concreta y además unidimensional.
• El wiñay pacha es la dimensión o espacio eterno, es lo que articula todas
las pachas; la actual celebración “Todos Santos” se llama en realidad wiñay
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 41

pacha, tiempo eterno donde todas las dimensiones se confunden y por lo


tanto podemos encontrarnos con los ancestros.

Pacha como espacio

Alaj Pacha
Dimensión o
plano superior

Aka Pacha Kawki Pacha


Aka Pacha
Dimensión o Dimensión o pla-
Dimensión o
plano de este no desconocido
plano eterno
mundo

Manqha Pacha
Dimensión o
plano de abajo

Pacha como tiempo


El esquema que voy a utilizar para explicar y enseñar pacha como tiempo,
acude a una estructura lineal, unidimensional. A diferencia del español, el idioma
aymara es un idioma abstracto y multidimensional; por ejemplo, la palabra aymara
nayra significa adelante y atrás, no hay una palabra en español para poder traducir
nayra. También hay una diferencia sustancial, la diferencia de visiones; la visión
ancestral de tiempo es cíclica a diferencia de la visión occidental que es lineal. La
estructura de tiempo del idioma español, como del inglés es lineal, es decir que el
pasado se encuentra en un punto A y el futuro se encuentra en el punto B; alfa y
omega nunca se encuentran. En cambio en la estructura ancestral, incluso de Eu-
ropa y Asia, es circular.
42 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

Pacha como tiempo

Nayra Pacha
Tiempo pasado

Jicha Pacha Winay Pacha Jutir Pacha


Tiempo actual Tiempo eterno Tiempo que
viene

Sinti Pacha
Tiempo intenso

La circularidad es otra visión, otra acepción, otra comprensión de pacha


como tiempo. Pero sólo para fines de explicación vamos a utilizar la estructura
lineal. Entonces vamos a referirnos al pasado como: nayra pacha; jicha pacha:
tiempo actual y el futuro: jutir pacha. Entonces la estructura de Pacha como tiem-
po es la siguiente:
• Nayra pacha, que significa tiempo pasado.
• Jicha pacha, que significa tiempo presente.
• Jutir pacha, que significa tiempo futuro.
• Sinti Pacha, que significa tiempo intenso.

Para explicar el sinti pacha, vamos a acudir a la historia de don Mario Li-
nares, porque él tiene su sinti pacha, es decir su momento intenso cuando agarra
las gubias. Es alguien que hace esto no a cambio de una paga o por dinero, sino
por lo que siente haciéndolo. Porque con esa actividad renace, se fortalece y se
regocija; es algo que le hace brillar los ojos, que le da vida. Eso es sinti pacha.
Pero, en el mundo moderno, pocos podemos decir “estoy viviendo sinti pacha”,
porque estamos en lugares distintos de lo que quisiera hacer. Si todos hicieran
aquello que les gusta y para lo que creen han nacido; es decir, si desplegaran su
capacidad natural, todo sería distinto, el mundo brillaría. Pero como todos hacen
una actividad sólo para ganar dinero y subsistir, lo hacen sin cariño y mecánica-
mente; a diferencia de aquél que lo hace porque lo siente, porque vive y al hacerlo
brillan sus ojos. Mucha gente está en lugares totalmente distintos a su capacidad
natural. Allí nosotros, en educación comunitaria, planteamos que cada uno tiene
una capacidad natural; unos tienen buena voz; otros habilidad en las manos; otros
capacidad de pensamiento abstracto; otros de pensamiento concreto, unos tienen
fuerza para iniciar, otros para sostener, otros para terminar. Todos tienen una capa-
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 43

cidad natural; algo que hacen bien sin mucho esfuerzo. Pero el afán de “éxito”, en
términos occidentales, ha hecho seguir rumbos distintos a los que señala nuestra
capacidad. Hoy en día sinónimo de “éxito” es ser médico, abogado, administrador
de empresas, ingeniero. Si no eliges una de esas carreras no eres exitoso y dado
que nadie quiere perder, sino al contrario, tener éxito, así lo hacen aunque eso
implique alejarse de su capacidad natural. El mundo moderno nos ha apartado de
nuestra capacidad natural, por la falsa creencia de que hay profesiones mejores o
más exitosas que otras.
En aymara decimos jaqi y en quechua decimos runa; ambos significan gen-
te, responsabilidad. Antiguamente, el quechua se denominaba runa simi; que sig-
nifica “lengua de la gente”. En aymara decimos jaqi aru que significa lengua de
la gente y eso ocurre con todos los idiomas ancestrales. Pero ¿Qué es ser gente?
Es la pregunta fundamental en nuestras vidas. En el altiplano para ser gente, uno
tiene que asumir responsabilidades; muchos no han asumido todavía ninguna res-
ponsabilidad.
Una vez alguien acudió a mi abuela y decía:

- Ayúdalo pues a este mi hijo, no puede caminar muy bien, se están debili-
tando sus pies.
- Y, ¿qué edad tiene? Preguntó la abuela.
- Cuarenta años.
- Pero ¿en qué trabaja?
- No trabaja.
- Entonces, ese es el problema.

Cuando uno no asume su responsabilidad, algo se va deteriorando en su


vida y en su cuerpo. Runa, jaqi y en diferentes idiomas ancestrales se dice a quien
asume responsabilidad dentro de la comunidad, por lo tanto asumir un rol es muy
importante para ser parte de la comunidad. Actualmente en los ayllus de la parte
del valle, del altiplano, todavía hay que ser jaqi o runa, para ser parte de la comu-
nidad. Si no es parte de la comunidad, lo que hacen es llamarle el ajayu.

Pachakuti, el retorno al equilibrio y a la armonía

En nuestra vida y en la concepción andina es muy importante la conciencia


que se tiene de los ciclos de la vida y de la historia. La modernidad desde su vi-
sión lineal ya no toma en cuenta los ciclos ni de la Madre Tierra, ni los del Padre
Cosmos, ni de la vida y tampoco de la historia. No se sabe que está cambiando la
historia, que hay un amanecer y un atardecer de la historia. Hemos presenciado
el atardecer de la historia cuando finaliza un ciclo y se inicia otro el año 1992, y
44 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

desde entonces estamos viviendo el proceso de un nuevo amanecer. Pero para la


transición de un ciclo a otro hay una etapa que llamamos pachakuti en aymara y
quechua. Pachakuti: el retorno del tiempo, de la vida, del equilibrio, de la armonía.
Estamos en tiempos de Pachakuti. Los mayas llaman “el tiempo del no tiempo”.
Después del 2012, dicen ellos, entraremos al nuevo ciclo. Como Occidente ha
dejado de acompañar los ciclos de la vida y de la historia, al sumirse en la linea-
lidad continúa queriendo aferrarse a estructuras de un ciclo que ya ha concluido.
Tendríamos que recordarles que muchas culturas como Egipto o Roma tuvieron
un auge, un apogeo, pero ya que todo tiene sus etapas de ascenso y descenso, la
historia ha cambiado y va a seguir cambiando. Los países tienen que tener pre-
sente que la vida responde a un permanente equilibrio dinámico, es decir que hay
un estado permanente de cambio, pues la vida no es estática, es más bien cíclica.
Para nosotros, como en nuestra historia hemos aprendido a vivir en la noche de
los tiempos y no nos hemos desesperado, hemos esperado el Pachakuti y éste ha
llegado. Ahora estamos esperanzados en este nuevo tiempo, no es sólo una con-
vulsión social. Desde la cosmovisión andina, es una expresión de la naturaleza en
función a sus ciclos.
Un sol dura cuatro mil años, el sol anterior concluyó el año 1992, fecha en la
que se inicia otro sol; un nuevo ciclo de 4000 años, y desde entonces ha empezado
un nuevo tiempo, pero no empieza inmediatamente, hay un tiempo de transición
de un sol a otro, un tiempo de reordenamiento, a ese periodo llamamos pachakuti.
Algunos autores como Fernando Montes traducen pachakuti como cataclismo, los
amawtas nos dicen que las dos fuerzas que van a cambiar la vida en este tiempo
son el fuego y el agua.

PACHAKUTI
Fenómeno Eclipse Lunar
Astronómico Mayo-noviembre Eclipse Solar
Lunisolar Año 2003 Año 1994
Año 2012

9 años 9 años
Año 2010 Año 2001 Año 1992
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 45

El proceso de transición, o reordenamiento de la vida empieza, nos explican


los abuelos, el año 1992. Los amawtas para explicar el pachakuti, distribuyen este
tiempo en periodos de 9 años, por lo tanto un primer periodo de 9 años va desde
1992 al año 2001; un segundo periodo, desde el año 2001 al año 2010. Estos pri-
meros 18 años constituyen el primer pachakuti. El segundo pachakuti es hasta el
2028, pero vamos a detenernos en el primero que es el que estamos viviendo. El
año 92 es la transición en el calendario, 2 años después, en 1994, ocurre un eclipse
solar, con epicentro en Potosí, en Uyuni, concretamente, en la montaña Thunupa.
Dos años después del año 2001, se dan dos eclipses lunares muy particulares, en
Santa Cruz, en la parte amazónica. Es por eso que también esta parte de nuestro
país se ha removido fuertemente en los últimos años. Dos años después del 2010,
es decir, para el 2012 se prevé algún fenómeno astronómico luni solar. Allí hay
muchos parámetros de qué puede suceder, pero para nosotros simplemente es parte
del cambio. El abuelo dijo lo siguiente: va a llover fuego.

Pachakuti entonces, es una etapa de transición, un nuevo ciclo no termina


y empieza de inmediato, como cuando nos cambiamos de casa, no empezamos de
pronto, hay que reordenar nuevamente, buscar un nuevo equilibrio. Eso es Pa-
chakuti. Pachakuti está alentado por dos profecías: una de Pachakuti del retorno
del tiempo y la otra la “profecía del inkarri”; que cuenta que los amawtas se
percatan de todo el proceso de la noche del tiempo, es decir del descenso de la his-
toria. Dicen: en este tiempo, tenemos que guardar nuestra sabiduría, tenemos que
cuidar nuestra sabiduría, tanto que los amawtas se van a convertir en piedra y se
convierten en piedra para poder volver a despetrificarse en el tiempo de Pachaku-
ti, es decir en este tiempo. Entonces nos enseñan ahora que los amawtas se están
despetrificando, están volviendo para poder enseñar nuevamente esa sabiduría y
reenseñar el camino del vivir bien. Estas profecías están guardadas en la memoria
de los pueblos; entonces cuando se reconstituyen en su ajayu, hay una efervescen-
cia. Esas profecías están sumergidas en nuestra vida cotidiana, esas dos fuerzas
alimentan lo que va a ser el Pachakuti, el reordenamiento de la vida.
46 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

PACHAKUTI
Retorno al equilibrio y a la armonía
de 1992 a 2028
Inicia el Pachakuti
Empieza el reordena-
miento de la vida.
Profundos cambios, Se caen las estructuras
Se estabilizan los ciclos se reordena la vida a establecidas. Cambia la
en las condiciones. través de sismos, mare- Se rompen los estructura mental.
Nuevos ciclos y nuevas motos, tsunamis, etc. ciclos naturales de Comienza el retorno a
formas de existencia Cambia el tiempo y la la Madre Tierra y el la identidad.
emergen. geografía del planeta. Padre Cosmos. Despierta Abya Yala

2028 2019 2010 2001 1992

9 años 9 años 9 años 9 años

- Nuevos ciclos - Terremotos - Inundaciones y - Cae el muro de berlin


- Nuevas formas de - Maremotos sequías - Termina la guerra fría
existencia - Tsunamis - Llueve donde nunca - Se empieza a hablar
- Semillas, plantas, - Tornados llovía de Comunidad
animales, cambios - Nieva donde nunca - Empiezan a levantarse
genéticos, etc. nevaba los ancestros
- Frío extremo - Se reconstituyen los
- Calor extremo templos antiguos

Vivir Bien / Buen Vivir


Nuestro horizonte, nuestro camino, hacia donde estamos yendo, es el vivir
bien. En quechua decimos allin kawsay, sumaj kawsay; en aymara decimos suma
qamaña y en diferentes pueblos ancestrales hemos encontrado un horizonte en co-
mún: vivir bien o buen vivir. Y eso significa una nueva forma de relacionamiento
no solamente humano sino de vida. Suma jaqaña, estar bien; suma qamaña: vivir
bien; suma wiñay qamaña: vivir bien eternamente. El movimiento indígena origi-
nario del continente, tenemos claro que vamos a recuperar nuestra identidad, para
“vivir bien”.
Éste es un trabajo realizado no sólo desde una visión personal, se han re-
cogido experiencias y visiones de muchas organizaciones. A través de la CAOI,
llegaron aportes de organizaciones no solamente de Bolivia, sino también de Perú,
Colombia y Ecuador. Pero el planteamiento del Vivir Bien/Buen Vivir está en con-
tinuo debate y complementación, por lo que aún muchos pueblos tanto del Sur,
como del Centro y del Norte de Abya Yala, se siguen sumando para completar y
darle mayor riqueza a esta propuesta.
Vivir bien, decimos en Bolivia, buen vivir dicen en el Ecuador. Más allá de
si está bien traducido o no, tratamos de explicar lo mismo desde el Allin Kawsay,
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 47

Sumaj Kawsay o desde el Suma Qamaña, conceptos que se entienden fácilmente


desde nuestra cosmovisión, pero no desde la cosmovisión occidental, por lo tanto
también tenemos que explicar previamente nuestra cosmovisión.
La cosmovisión es una forma de ver, de sentir, de percibir y de expresar el
mundo y la vida. Y así como comprendemos el mundo generamos dos tipos de
relaciones: relaciones sociales y relaciones de vida.
Las relaciones sociales son aquellas que se establecen entre seres humanos,
pero las relaciones de vida son aquellas que establecemos con otras formas de
existencia. Cómo nos relacionamos con la Pachamama por ejemplo, porque no-
sotros sólo somos una parte del tejido de la vida. El principio de que todo vive y
todo es importante, genera otro tipo de relacionamiento, de cuidado, de respeto: la
casa no es solamente casa, el río no es solamente río, son seres, por lo tanto hablan
y escuchan también. La abuela siempre se detenía a escuchar el río. Decía “¿Qué
está sucediendo allí arriba? En otros pueblos tienen mucha tristeza”. O: “Ahora
viene alegría, qué bien”. Pero para el que no escucha, río es río no más, las nubes
también se mueven en una forma particular, y según por dónde está saliendo la
luna sabemos si viene o no la lluvia, etc. Ese es un lenguaje de relacionamiento,
que no conoce occidente.
Existen muchas diferencias entre el paradigma occidental y el paradigma
comunitario, por ejemplo, en el paradigma occidental la visión de la vida es li-
neal ascendente y sus estructuras de vida son jerárquicas, competitivas, homoge-
neizadoras, dialécticas y desintegradas frente al paradigma comunitario en el que
la visión de la vida es circular, cíclica; se promueven instituciones y estructuras
de equilibrio y de armonía, que respetan la diversidad. Son complementarias y
están integradas.

Paradigma Paradigma
Occidental Comunitario
• Líneal ascendente • Circular cíclico
• Jerárquico y competitivo • Equilibrio - Armonía
• Unidimensional • Multidimensional
• Homogenizador • Respeta la diversidad
• Dialéctica • Complementariedad
• Desintegrado • Todo está integrado
• Enfoque antropocéntrico • Enfoque comunitario
• Machismo • Paridad
• DINERO • VIDA
48 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

Entre los paradigmas de Occidente se pueden identificar dos extremos, el


paradigma individual extremo, cuya premisa es proyectar una “vida mejor”: el “vi-
vir mejor” y cuyo mayor valor es el dinero, lo material; y el paradigma colectivo
extremo, que proyecta solamente el bienestar del ser humano, su mayor valor tam-
bién es el dinero, lo material. Simplemente se diferencia del primero en la forma
como pretende distribuir la riqueza.
En cambio en el paradigma comunitario, la vida es lo más importante y su
horizonte es el vivir bien, preservando el equilibrio y la armonía del conjunto más
allá de solamente el ser humano.

PARADIGMAS
PUEBLOS
OCCIDENTE INDIGENA-ORIGINARIOS

Paradigma Paradigma Paradigma


individual - extremo colectivo - extremo Comunitario

Vivir Mejor Bienestar del Vivir bien


ser humano

El querer “vivir mejor” alienta el consumismo, la competencia y un estado


de insatisfacción permanente, sociedades desiguales, depredación de muchas es-
pecies y el deterioro de la vida en su conjunto. El vivir bien nos invita a retornar
a nuestra naturaleza, preservar el equilibrio de la vida y despertar en nuestras pro-
pias capacidades para vivir plenos. Expresar nuestras capacidades naturales nos va
a devolver la plenitud y permitirnos dejar de sufrir en el afán de competir; en el
afán de tener todo lo que alrededor te dicen que debes tener, y en actividades que
no tienen nada que ver con nosotros mismos.
Relacionarse otra vez con el entorno, generar relaciones de respeto con la
comunidad, recuperar nuestra sensibilidad natural, son características del paradig-
ma comunitario para vivir bien o para el buen vivir.
Para Occidente comunidad es una unidad y estructura de vida social con-
formada solamente por seres humanos; pero para el pueblo indígena originario es
todo, no solamente lo humano; es una comunidad y estructura de vida. Buscamos
la complementariedad porque tenemos la conciencia de que todo vive y si todo
vive, todo está conectado, interrelacionado, es interdependiente y está integrado.
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 49

Por lo tanto emerge el respeto y el cuidado para todo. Un logro importante del pue-
blo indígena originario es que a iniciativa de la delegación boliviana, se establece
un día al año como el “Día de la Madre Tierra”, que es distinto de “Día del Medio
Ambiente”, o “Día de la Ecología”, porque la ecología sigue considerando objeto a
lo que llama “el medio ambiente”, en el que se tienen “recursos”. Decir Madre Tie-
rra tiene una connotación totalmente diferente, porque es un ser, es nuestra madre.
Esto es un logro muy importante para explicar el vivir bien, el buen vivir,
nuestro camino, nuestro horizonte.
Diferentes pueblos, diferentes visiones, diferentes formas de vida pero con
un solo paradigma: el paradigma comunitario que está inmerso en los diferen-
tes pueblos antiguos. Es diferente la vestimenta, es diferente el idioma; pero hay
un paradigma, una matriz. Nosotros llamamos Pachamama, Madre Tierra; en la
Amazonía respetan al árbol más antiguo; lo propio, los hermanos Kunas en Centro
América, en Panamá y en Colombia dicen Madre Agua. Es decir cualquier pueblo
la respeta y considera un ser sagrado; el espacio en el que vive.

MAPUCHE
Kyme Mogen

Desde el Mapuche Vivir bien “Kyme Mogen” se concibe de


la siguiente forma:

• Una relación permanente con la naturaleza.


• Armonía y equilibrio con la Madre Tierra.
• Vivir sin violencia.
• Vivir con afecto y empatía.

El pueblo mapuche vive en Chile y Argentina, está en un proceso histórico


muy importante que requiere de una movilización permanente para defender sus
territorios e incluso sus vidas. En lengua mapuche vivir bien es Kyme Mogen y
concibe una relación permanente con la naturaleza: armonía y equilibrio con la
Madre Tierra, vivir sin violencia, vivir con afecto y empatía.
En el pueblo aymara, decimos suma qamaña y se traduce de la siguiente for-
ma: sumaj: plenitud, excelente, magnífico, hermoso; qàmaña: vivir, convivir. Enton-
ces la traducción de suma qamaña sería: vivir en plenitud, vivir bien, saber convivir,
vivir en equilibrio y armonía. Cuando se traducía al inglés para hacer una presenta-
ción en Canadá, encontrábamos dificultad con el verbo to be que significa ser y estar,
pues “ser” es distinto de “estar”, porque concebimos la acción permanente.
50 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

En Kichwa o quechua (Kichwa se dice en el Ecuador y quechua en Perú)


Sumaj kawsay se traduce de la siguiente forma: sumaj, plenitud, sublime, excelen-
te, hermoso, superior; kawsay, ser estando. Entonces la sabiduría es una causa, es
el proceso de la vida que nos rige la vida, que equilibra material y espiritualmente
la magnificencia en lo sublime, la armonía y el equilibrio interno están en la co-
munidad. El debate más amplio fue entre los quechuas y los Kichwas, pero fue un
debate enriquecedor porque se ha recuperado mucho, no solamente de las acepcio-
nes sino sus prácticas de vida. En Ecuador, en Perú y en Bolivia, se tiene carac-
terísticas particulares pero en consenso se traduce de esta forma: Sumaj Kawsay.
En Argentina, está el pueblo colla que son quechuas aymaras, ya que si bien
han olvidado un poco la lengua, todavía cultivan el vivir bien. Desde el pueblo
colla uno comparte los principios de vida en armonía y en comunidad, vivir en
comunidad, vivir bajo los principios de armonía y equilibrio, crecer con la natura-
leza y no en contra de ella. El ser humano es tierra que habla, somos Pachamama,
somos como una planta. Es una acepción muy interesante, que también abre un
debate dentro de la filosofía.

PUEBLOS DE COLOMBIA
El Vivir Bien desde los pueblos indígenas de la Amazonía de Colombia,
agrupados en la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la
Cuenca Amazónica (COICA), se refieren al concepto del vivir bien como
“Volver a la Maloka”.

Significa:

• Retornar hacia nosotros mismos.


• Valorar el saber ancestral.
• Relación armónica con el medio.
• Es sentir el placer en la danza que enlaza el cuerpo con el espíritu.
• Proteger nuetras sabidurías, tecnologías y sitios sagrados.
• Es no ser un ser individual sino comunitario.
• Vivir enel tiempo circular del gran retorno, donde el futuro está
siempre atrás.
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 51

Los pueblos de la Amazonía de Colombia, se refieren al vivir bien como


volver a la maloca. ¿Qué es maloca? Vientre, universo. Sí, “vivir es retornar a
nosotros mismos, valorar el saber ancestral, la relación armónica con el medio;
es sentir el placer en la danza que enlaza el cuerpo y el espíritu, proteger nuestras
sabidurías, nuestras tecnologías de siglos pasados… Es no ser un ser individual
sino comunitario, vivir en el gran tiempo circular del gran retorno donde el futuro
está siempre atrás”. Los pueblos que más han estado en debate en Colombia han
sido los kogui, los muisca, los emberá, los kankuamos, con los cuales estamos
dialogando permanentemente y complementándonos también.

MAYA
En la lengua maya, dos premisas son importantes para comprender su
cosmovisión:

- Ronojerl K’o uchak upatan: todo tiene una función y una razón de ser
- Ronojerl jastaq ki chapon kib’: todos los elementos del universo están
conectados e interconectados entre sí.

En la cosmovisión maya, el vivir bien, implica:

• Reconocer que la tierra es madre, que fecunda la vida, nos amamanta,


nos alimenta, nos cobija, nos escucha y nos cuida.
• Que los volcanes, montañas, bosques, cuevas, nacimientos de agua, ríos,
lagunas, mares, neblinas, astros y constelaciones, se comunican entre sí,
se comunican con los seres humanos y los ancestros.
• El ser humano es un elemento más del universo.
• Los aspectos rituales para agradecer, pedir y equilibrarse personalmente
y comunitariamente con la naturaleza.

El pueblo Maya tiene dos premisas que son importantes para comprender
su cosmovisión. La primera es que todo tiene una función y una razón de ser; to-
dos los elementos del universo están conectados entre sí. La cosmovisión maya,
reconoce que la tierra es madre que nos fecunda, nos amamanta, nos alimenta, nos
cobija, nos escucha y nos cuida; que los volcanes, montañas, bosques, cuevas, ríos,
lagunas, mares, neblinas, astros y constelaciones se combinan entre sí, se com-
binan con los seres humanos y los ancestros. El ser humano es un elemento más
del universo, los rituales permiten agradecer, pedir y equilibrarse personalmente y
comunitariamente con la naturaleza.
52 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

El pueblo guaraní dice teko kavi, ñandereko (tú estás bien cuando estás bien
con la naturaleza, con los espíritus, con los ancianos, con los niños y con todo lo
que está a tu alrededor). Eso es vivir bien.
En una de las declaraciones de los guaraníes, afirman de manera contunden-
te: “antes que ser bolivianos, brasileños o paraguayos somos guaraníes”, por lo que
se ha abierto un espacio de debate, los gobiernos se han asustado. Pero más bien se
trata de procesos de integración. La integración ha tenido varios procesos: UNA-
SUR, MERCOSUR, CAN, ALBA… Pero nosotros, los pueblos indígena origina-
rios, les proponemos la integración desde los pueblos ancestrales. Claro, es algo
que recién se está comprendiendo, pero que va a generar mucho debate todavía.
El pueblo Araona (que es un pueblo amazónico) concibe que vivir bien es
vivir en armonía, vivir con cariño, con amor, que no haya problemas, libre, con
tranquilidad y feliz.
Todavía continuamos recogiendo aportes sobre el vivir bien desde muchos
otros pueblos ancestrales no sólo del sur o del centro, sino también del norte de
Abya Yala. Por ejemplo, los hermanos de Alaska que dijeron que también querían
participar, la nación Dakota, los Navajos, Cheyenes, etc. Un pueblo que vive entre
Colombia y Panamá, en el Centro de Abya Yala, son los kunas, quienes también
nos cuentan lo que para ellos significa vivir bien.

KUNA
Para el pueblo Kuna (Panamá y Colombia) vivir bien (nued gudisaed) es
relacionarnos de manera permanente con la naturaleza. Como nos dice
el hermano Bolívar López “estar bien es trabajar el campo, yo vivo en una
casa con techo de paja y por eso los occidentales creen que soy pobre. Ellos
creen así porque hablan desde su visión, desde el desarrollo, el progreso,
desde el vivir mejor, ellos creen que mi casa debiera ser diferente”.
“En la comunidad (neggwebur), no hay pobreza, porque todos tienen
lo necesario para estar bien, para vivir bien. No existe nadie por ejemplo
pidiendo limosna en la comunidad, si lo hubiera, la comunidad lo resolvería
y si algún hermano kuna lo hiciera fuera de la comunidad sería seriamente
amonestado por las autoridades, pues no hay necesidad de hacerlo, en la
comunidad si uno trabaja no le falta nada”.

Articulando los diferentes conceptos de tantos pueblos originarios, encon-


tramos que vivir bien es el camino, es el horizonte de la comunidad. Esta vida en
plenitud implica primero saber vivir y luego convivir en armonía, en armonía con
los ciclos de la Madre Tierra, con los ciclos del Padre Cosmos, con los ciclos de
Cosmovisión Andina y Vivir Bien 53

la vida y con los ciclos de la historia; y en equilibrio con toda forma de existen-
cia. Cada ser tiene mucho que enseñar. Por lo general, se asume que los niños no
piensan. Pero no sólo piensan, sino que tienen mucha lucidez y son capaces de
devolvernos la alegría, la inocencia, la vitalidad, la firmeza, entre tantas cosas.
Hay ciclos de los que lamentablemente Occidente ha renegado, no valora. Por eso
a los niños se “los guarda” en la guardería y a los ancianos se los olvida en el asilo.
Creen que el ser humano es útil solamente en cierto rango de edad. Y no compren-
de que cada etapa, cada ciclo de la vida es importante y aporta de distinta forma a
la comunidad. En la relación comunitaria tenemos la participación de los abuelos
en la educación, para compartir las experiencias de vida. Algo que todavía no se
toma en cuenta es que desde el vientre, el ser humano ya puede aprender, escuchar
y formar su personalidad.
También la historia tiene ciclos; pero, algunos países no terminan de com-
prender, se piensan eternos, que van a ser por siempre potencias en el mundo. En
los Andes hemos sabido convivir durante el descenso de la historia y hemos espe-
rado, pacientemente, el nuevo ciclo el año 1992, en el cual estamos renaciendo y
a punto de despertar. Este proceso de despertar en el continente no es solamente
un movimiento cultural, es una manifestación de la Madre Tierra, de los signos de
la historia. Hay ciclos de la historia que hay que saber comprender. Cuando llegó
la noche de nuestra historia, supimos callar, pero ha regresado el tiempo en que
nuestras voces volverán a ser escuchadas y nuestra cultura volverá a brillar. El
equilibrio es una ley de la naturaleza, y todo va y vuelve otra vez.
La modernidad nos ha quitado la armonía con la Madre Tierra: ya no come-
mos los alimentos del tiempo que tienen un lenguaje complementario; la Madre
Tierra produce los alimentos que se requieren según las condiciones del tiempo;
pero, con las nuevas tecnologías se ha forzado a producir muchos alimentos, si
no todos, durante todo el año. Y esa producción forzada tiene un costo: alimentos
transgénicos o con muchos químicos y sin los nutrientes que antes tenían, cuando
se producían de manera natural.
Vivir bien significa muchas cosas. Hasta ahora la cosmovisión andina no
solamente es una retrospección, una añoranza del pasado; es recuperar una forma
de relacionamiento social, una forma de relacionamiento de vida basada en princi-
pios, en el respeto. Los principios, los valores, el respeto, no tienen tiempo ni es-
pacio. Y más que nunca necesitamos recuperar esos principios, esos encargos que
dejaron nuestras abuelas y nuestros abuelos. Otra iwxa dice: Qhip nayra uñtasis sa-
rantañawa, que significa “caminar hacia adelante viendo hacia atrás”. Mucha gente
nos pregunta por qué no utilizamos corbata, respondemos que porque tenemos un
principio en aymara, que en español significaría: “sin perder la cabeza, caminemos
la senda del corazón”. Entonces no podemos concebir un nudo que divida la mente
del corazón.
54 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

Otro principio que nos gusta repetir antes de comer es “que todos vayamos
juntos, que nadie se quede atrás, que todos tengan todo y que a nadie la falte nada”.
Así el abuelo, la abuela nos dejaron muchos encargos, muchos principios. Y si
ustedes recordaran qué encargos les han dejado los ancestros, encontrarían una
riqueza que no está en los libros, sino en nuestra cosmovisión.
Nada bien le hace al ¿nuevo? concepto del Vivir
Bien, la “idealización” de los pueblos indígenas1
Beatriz Ascarrunz*

Considero que la problematización que alude el Vivir Bien y, por tanto, la


conceptualización misma, han sido hace mucho tiempo abordadas por la crítica de
la economía que vino desde la antropología, incluyendo la larga discusión y pro-
ducción intelectual y académica en torno al tema “campesino”. Menciono como
ejemplos a Maurice Godelier, a Scott, a Marshal Sahlins, a Karl Polanyi, Jürgen
Golte, Michael Schulte y Olivia Harris, sólo para mencionar a algunos; igualmen-
te incluiría a Foucault, si bien ello puede parecer un exceso, ¿pero no es acaso él
quien delata la tremenda homogeneización del mundo?
En breve, esta es una arista en la discusión que no ha sido abordada (me
refiero a la discusión de la antropología económica y a la crítica de la modernidad
que, desde mi punto de vista, constituyen dos fundamentos ineludibles con los que
el Vivir Bien está vinculado) por cuanto se reitera de manera acrítica que el con-
cepto del Vivir Bien es ancestral. Y he ahí el gran empantanamiento que impide un
debate sólido al respecto, pues se alude frecuentemente al hecho de ser una “cons-
trucción conceptual de los pueblos indígenas” como el argumento que sustenta y
le da legitimidad per sé al Vivir Bien. Esto, por lo demás, pongo en duda, luego de
un trabajo de campo en 20 pueblos indígenas en Bolivia.
Normalmente, se sostiene que el Vivir Bien puede ser construido con base
en una recolección de interpretaciones sobre este concepto entre comunidades y
pueblos indígenas, principalmente andinos. A lo largo de esta ponencia veremos
que “hacerles decir a los indígenas” lo que es el vivir Bien, no sólo es engaño-

* Socióloga, investigadora en diversas instituciones académicas y de desarrollo y, actualmente, rectora del ISEAT.
1 Esta ponencia es el resultado de varios sub productos: en primer lugar, una investigación etnográfica que ha sido
ejecutada por un equipo de 10 antropólogos bajo mi coordinación, investigación a pedido de UDAPE; en segundo
lugar, mi experiencia en el gobierno como responsable del proyecto de Indicadores del Vivir Bien en el Ministerio de
Planificación y, finalmente, luego de mi experiencia docente en el ISEAT como coordinadora académica del diplomado
del Vivir Bien y, allá, como tutora de tres interesantísimas tesis que están a punto de publicarse.
56 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

so políticamente sino también metodológicamente incorrecto. Considero que el


Vivir Bien es heredero de una larga discusión que pone en duda el paradigma
economicista para interpretar tanto los hechos económicos como los sociales. Al
considerar el Vivir Bien como un concepto, nos movemos en un plano teórico y no
empírico; o, al menos, no solamente.
En este sentido, es importante distinguir la dimensión abstracta e incluso
arbitraria del Vivir Bien (como todo concepto) que nos alejan de las interpretacio-
nes “expontaneístas” que buscan en dicho concepto una lectura fiel a determinadas
formas de vida e, incluso, a determinadas conceptualizaciones que vendrían direc-
tamente de la voz de pueblos indígenas.
Cuando aludimos al Vivir Bien, estamos frente a un concepto o a un intento
de construcción conceptual que no es lo mismo que la recuperación textual de
distintas tradiciones y culturas. Si ello fuera así, estaríamos operando en un plano
de análisis empirista, expontaneísta, de la recuperación del “sentido común” como
si en ello estuviera la objetividad de la realidad misma. Por tanto, es importante
recordar que un “concepto social” no es la sumatoria de las declaraciones indivi-
duales tomadas textualmente2. Es probable que, por esta práctica y confusión, la
producción conceptual no ha podido avanzar y cuajar en una propuesta sólida, aún
admitiendo que, por supuesto, toda propuesta conceptual es siempre ad hoc, puesto
que debe llenar ciertos requisitos: su plausibilidad como instrumento explicativo
de la realidad, y su credibilidad dentro de una comunidad teórico-científica. Sobre
este tema, Caron Poupeau (2001) y Pierre Bourdieu (2001) nos recuerdan que:

“La dificultad del análisis sociológico reside en la naturaleza misma del


objeto político: los ´hechos´ no son dados, sino construidos por todos los
agentes del campo político, que buscan definir la interpretación en función
de sus intereses. La ilusión de tener que tratar directamente con “problemas
de actualidad” inmediatamente accesibles constituye así el primer obstáculo
epistemológico que hay que superar” (Poupeau, 2001: 115).

“No se puede pensar en someter la actualidad al análisis científico si no se ha


roto con la ilusión de comprender todo de golpe, ilusión que define la relación

2 “Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso. Aparece
en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto
de partida, y, en consecuencia, el punto de partida también de la intuición y de la representación” (Marx, cit. en Bourdieu
et.,all., 1998). “…la totalidad concreta, como totalidad del pensamiento, como un concreto del pensamiento, es in facta
un producto del pensamiento y de la concepción, pero de ninguna manera es un producto del concepto que piensa y se
engendra a sí mismo, desde fuera y por encima de la intuición y de la representación, sino que, por el contrario, es un
producto del trabajo de elaboración que transforma intuiciones y representaciones en conceptos” (Ibid). Estas dos citas
son clásicas para el método de las ciencias sociales porque denotan la diferencia que existe entre las pre-nociones, que
aparentemente vienen de la realidad, y el trabajo conceptual que es siempre un proceso de abstracción que se aleja de
la realidad empírica aún cuando la realidad es su fuente.
Nada bien le hace al ¿nuevo? concepto del Vivir Bien, la “idealización” de los pueblos indígenas 57

ordinaria con el dato inmediato de la experiencia social. Y la ruptura reside,


en efecto, en el hecho de constituir como discutible lo que parece fuera de
discusión, evidente, de esa evidencia que se impone a la indignación ética, a
la simpatía militante o a la convicción racional” (Bourdieu, 2001: 115).

Aunque por la extensión de este trabajo no es posible remitirme a una revi-


sión conceptual más exhaustiva, sostengo mi hipótesis de concebir al Vivir Bien
como heredero de una tradición intelectual de crítica a la modernidad y a la radical
homogeneización cultural que le viene acompañada.
En lo que sigue, se hará una breve síntesis introductoria sobre los pueblos
indígenas investigados (que se incluyen en el siguiente cuadro) y sobre algunas
conclusiones que, luego, serán ampliadas –aunque lamentablemente no con argu-
mentos sobre cada “caso investigado”- a través de una síntesis comparativa, dado
el escaso espacio que suele tener una ponencia.

Municipios y localidades donde se realizaron los estudios de caso


Pueblo indígena Municipios de estudios
Departamento Localidad
originario de caso 3
La Paz 1. Charazani Lunlaya
Cochabamba 2. Tarata Huasa Rancho
Quechua
Chuquisaca 3. Tarabuco Puka Puka
Potosí 4. Chayanta Aymaya
La Paz 5. Jesús de Machaca Jesús de Machaca
Aymara Oruro 6. Pampa Aullagas Estancia Florida
Oruro 7. Curahuara de Carangas C. de Carangas
Santa Cruz 8. San José de Chiquitos Pozo del Cura
Chiquitano
Santa Cruz 9. San Ignacio de Velasco Juan Masai
Santa Cruz 10. Charagua Taputá
Guaraní
Tarija 11. Huacaya Santa Rosa
Mojeño Beni 12. San Ignacio de Moxos Bella Vista
Movima Beni 13. Santa Ana Mapajo la Rampla
Guarayo Santa Cruz 14. Ascención de Guarayos San Pablo
T’simán Beni 15. San Borja Campo Bello
Tacana La Paz 16. San Buena Ventura Copaina
Leco La Paz 17. Guanay Waca Cala
S.A. de Chipaya y
Uru-chipaya Oruro 19. Chipaya
Camichi
Weenhayek Tarija 20. Yacuiba Capirendita
Mosetén Beni 21. Palos Blancos Covendo

3 Los municipios con nombres resaltados, son los que optaron por autonomías indígenas.
58 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

Veamos:
Existen serias dificultades de distintos órdenes que juegan en contra de una
aproximación conceptual y operativa del Vivir Bien. Por un lado, están los obstá-
culos propios de pasar directamente de un discurso de revalorización de formas
de vida rurales, campesinas e indígenas, en la medida que estas son diversas y
tan plurales como pueblos indígenas existen; pero, incluso, son tan inasibles como
expectativas de vida se van concibiendo en el devenir de un contexto histórico
que es cambiante. Si el anclaje del Vivir Bien alude a una cierta tradición o a una
supuesta “ancestralidad” de los pueblos, ésta no es de ninguna manera ni estática
ni ahistórica.
Esta realidad obliga a preguntarnos sobre el tránsito desde el discurso que
apela a las tradiciones hacia el concepto o a la conceptualización. Es de uso fre-
cuente aludir a la “tradición” como si esta fuera sempiterna e inerte, como si se
hubiese mantenido intacta. El trabajo de campo realizado en pueblos indígenas
nos muestra lo contrario; que lejos de ser estática, la tradición es cambiante y está
expuesta a un sinnúmero de presiones y disyuntivas desde el exterior de los pue-
blos indígenas, que los coloca en una situación de crisis o dificultades –por decir
lo menos- en su reproducción: la migración; los valores urbanos de demostración
de supuestas bondades de la modernidad, la crisis medio ambiental. Estos y otros
fenómenos ponen en ciernes la reproducción misma de las condiciones materiales
en las comunidades indígenas.
Dos confusiones son recurrentes en los ensayos sobre el Vivir bien, y que ya
fueron señalados líneas arriba. Por un lado, la pretensión de que las declaraciones
de los pueblos indígenas serían suficientes para darle un contenido conceptual. Y
aquí me remito a dos pasajes del Plan Nacional de Desarrollo 2006-2011 (PND
2006-2010):

“La nueva propuesta de desarrollo se basa en la concepción del Vivir Bien,


propia de las culturas originarias en indígenas de Bolivia” - Capítulo “El
Enfoque de Desarrollo del Plan Nacional de Desarrollo” (Resaltado nuestro).

“A partir de los elementos comunitarios enraizados en pueblos indígenas,


comunidades agraria, nómadas y urbanas de las tierras bajas y altas, el
Vivir Bien postula una visión cosmocéntrica que supera los contenidos
etnocéntricos tradicionales del desarrollo” (PND: 2) Es decir, desde el PND
se difundió ampliamente la dicotomía entre pueblos indígenas/perspectiva de
vida cosmocéntrica versus pueblos occidentales/perspectiva homocéntrica.

Por otro, la confusión radica en tomar de dichas declaraciones el sentido


mistificador “de los pueblos indígenas” como si las comunidades indígenas fueran
Nada bien le hace al ¿nuevo? concepto del Vivir Bien, la “idealización” de los pueblos indígenas 59

la muestra viva de ejemplos de armonía entre la comunidad y de ella con la na-


turaleza. Una u otra alternativa nos lleva a problemas de carácter conceptual que
producen, a su vez, imposibilidades a la hora de construir un concepto y, más aún,
cuando se quiere hacer un salto mortal para convertir este concepto (expontaneísta
como lo llamaría Bourdieu) en variables e indicadores.
Si la alternativa fuera la primera -es decir, tomar las declaraciones o las
percepciones del Vivir Bien como dadas- no sería posible llegar a una definición y
menos aún a una conceptualización, pues la diversidad de ellas juega en desfavor
a la necesaria abstracción y recorte que un concepto requiere. Hay que señalar,
además, que se da por sentado que existiría algo así como una concepción indígena
del Vivir Bien; esto, sin duda, es un supuesto forzado. Primero, porque sería un
exceso de ingenuidad imaginar que un “concepto” emana de la sumatoria de va-
rias declaraciones de pueblos indígenas y, segundo, porque los pueblos indígenas
no conceptualizan y, esta afirmación no se trata de ninguna subestimación de las
capacidades de los pueblos indígenas. Simplemente, las personas no conceptuali-
zamos en la vida cotidiana. El concepto es una función de las ciencias sociales.
Por ejemplo, un ciudadano americano no diría: “yo soy occidental y por tanto mis
principios están basados en el eurocentrismo y mi concepción de vida está susten-
tado en la maximización de las ganancias”. Tampoco un indígena diría lo siguien-
te: “el cosmos es el centro de mi dinámica espiritual, material, económica y social
y mi ética está basada en el Vivir Bien”. Estas afirmaciones son interpretaciones
conceptuales y lecturas académicas de estudiosos de la sociedad y de la cultura.
El Vivir Bien no está incorporado en el lenguaje de los pueblos indígenas,
no es parte de su coloquialidad. De hecho, en ninguno de los pueblos investigados
existe una comprensión ni una explicación clara sobre el significado del Vivir Bien
o su equivalente en otras lenguas, salvo en la semántica de los dirigentes políticos
quienes directa o indirectamente estuvieron expuestos al nuevo lenguaje constitu-
cional y gubernamental.
Si la alterntiva fuera la segunda -es decir, seguir insistiendo con las condicio-
nes idílicas en las que supuestamente viven los pueblos indígenas-, ello equivale a
concebir a las culturas indígenas inamovibles y rígidamente ubicadas en su origen
intemporal o, en todo caso, en una intemporalidad idéntica a sí misma lejos de la
influencia del mercado y de la modernidad, suponiendo un estado idílico y paradi-
síaco que, en la realidad, no existe. Seguir redundando en estas mistificaciones nos
lleva a invisibilizar la enorme destrucción medio ambiental que actualmente están
viviendo los pueblos indígenas, así como a negar las situaciones límite en las que
se encuentran a causa del asedio a sus territorios, y de factores internos y externos
que ponen en peligro la reproducción misma de sus comunidades.
Al evadir explícitamente una u otra interpretación, como punto de parti-
da, no significa negar la validez del Vivir Bien como noción normativa; pero sí
60 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

alertar sobre los peligros de la mistificación y de la ingenuidad que actualmente


es predominante alrededor del Vivir Bien. Es evidente que los pueblos indígenas
expresan una ética y un sentido que es muy particular y que, más allá de un con-
cepto incorporado o una noción clara para los pueblos indígenas, es una manera
de concebir las expectativas de vida, una manera de producir y de planificar el año
agrícola donde, en términos generales, la multiactividad económica de las familias
tendría que garantizar un consumo adecuado en el entorno familiar y comunitario.
Los 20 pueblos indígenas en estudio, nos muestran que este ideal de convivencia
fuertemente basado en la auto-subsistencia (aunque no exclusivamente) y en la
economía de subsistencia se encuentran puestos en duda por las contradicciones
internas de los pueblos y por otras razones de orden mayor que, actualmente, los
coloca en serias imposibilidades y limitaciones en su reproducción.
Si nuestro supuesto inicial en la investigación fue dudar sobre los métodos
directos de entrevista, de estilo más periodístico, y que supondrían preguntas del
tipo: ¿qué es el Vivir Bien para Usted?; o si, siguiendo con esta línea expontaneís-
ta, la opción es deducir de ello una suerte de media o moda para conceptualizar el
Vivir Bien, los resultados no sólo serían estereotipados sino forzados. Por tanto,
nuestra opción analítica fue contrastar un ideal sostenido por las poblaciones con
aquellos dilemas cotidianos a los que se enfrentan cada uno de los 20 pueblos, y
con los encuentros y desencuentros que se producen entre sus sentidos éticos y sus
prácticas en espacios heterogéneos y diversos en los que actúan: espacios inter e
intracomunitarios, donde las entradas y las salidas de las comunidades son la regla,
más que la excepción. Y es en esta contrastación, en este diálogo contradictorio,
frecuentemente desigual y no exento de conflictos, donde se replantean perma-
nentemente las identidades, las prácticas e incluso la ritualidad y, por supuesto,
las expectativas de lo que cada uno de ellos concibe como bienvivir, bien común,
bienestar; en suma, expectativas de vida como horizontes de proyección cultural-
mente definidos. En otras palabras, no es posible seguir repitiendo una visión idíli-
ca del Vivir Bien sin ser cómplices de la invisibilización del complejo panorama y
de las fuertes presiones que se están produciendo actualmente en la vida de la gran
mayoría de los pueblos indígenas.
En la medida en que el sentido y el significado atribuidos a un bien vivir
compartido colectivamente está en función al contexto y a las condiciones que esa
misma comunidad vive y enfrenta, en esta exposición reconstruimos brevemente
este significado a base de aquellos factores claves que intervienen positiva o ne-
gativamente para que los diferentes pueblos reproduzcan sus condiciones de vida
bajo sus propios criterios culturalmente construidos.
Para terminar, y dar paso a elementos para una franca y honesta discusión,
vale la pena reiterar tres conclusiones derivadas de una sistematización de las vein-
te etnografías realizadas.
Nada bien le hace al ¿nuevo? concepto del Vivir Bien, la “idealización” de los pueblos indígenas 61

Primera: El Vivir Bien muestra dos facetas.


Una, a nivel declarativo, que alude a ciertas imágenes de bienestar antiguo
en un sentido ideal: “como nuestros abuelos vivían”; “estamos perdiendo nuestras
costumbres”; y, con frecuencia, se recuerda ciertos usos y costumbres que han
perdido vigencia. Otro punto sobresaliente en este nivel declarativo son ciertos sa-
tisfactores para lograr este sentido ideal de bienestar identificados con “demandas
postergadas” de servicios.
Otra, en un segundo nivel que, en la mayoría de los casos, llama la aten-
ción sobre la contradicción entre el nivel primario/declarativo con las condiciones
reales y los contextos materiales en los que se reproducen la vida de los pueblos.
Y es en este nivel en el que intentamos mostrar las contradicciones y paradojas
complejas que matizan el abordaje ideal del Vivir Bien como alternativa frente al
desarrollo, que suelen presuponer que las comunidades indígenas están exentas de
influencias modernizadoras, como si ellas fueran una muestra de un idílico pacto
entre hombre/comunidad y naturaleza.
Segunda: Las presiones y las contradicciones, sobre el territorio, en cada
una de las comunidades visitadas son agudas y, en muchos casos, incluso ponen
allá en ciernes la propia reproducción de la vida.
Detectamos en la investigación presiones de dos características: (i) las in-
ternas, relativas al deterioro de los recursos naturales y las bases productivas de
las comunidades (que afecta particularmente a las comunidades de tierras altas),
y (ii) las presiones externas que están asediando a los pueblos de tierras bajas y
que están referidas a una disputa por los recursos naturales. Hay que mencionar
que entre los agentes en disputa están las empresas petroleras públicas y privadas,
las empresas madereras y los colonizadores, hoy llamados grupos interculturales,
e incluso el gobierno mismo. Todos ellos conciben el territorio como una suma
de oportunidades y de recursos disponibles, y que se contrapone a la visión de
los pueblos indígenas para quienes el territorio es el espacio vivificado donde se
reproduce la vida.
Una tercera conclusión, como no podía ser de otra manera, contradice a la
economía marginalista por varias razones. Particularmente, en relación con otras
formas de llenar de contenido y de sentido la vida “a partir del presente”, y que se
encuentran basadas fuertemente en la adecuación entre recursos y la satisfacción
de necesidades de forma minimalista, si vale el término. Esta forma no implica
necesariamente la constricción del consumo ni mucho menos, ni tampoco la
exaltación de las penurias; se trata más bien de la expresa decisión de dedicar una
fracción indispensable en tiempo (cantidad de horas) y en energía para satisfacer
las necesidades de la unidad familiar, sin la necesidad ni la presión social por la
intensificación del uso de sus recursos para generar lo que para las expectativas
occidentales se llama “productividad”. Más al contrario, hay una suerte de
62 PARTE 1. Vivir Bien I: Entre la teorización y la vivencia

valoración de la inactividad que es puesta al servicio de la contemplación, de los


paseos, de las visitas y de las fiestas. Aunque, vale recalcar, que este ideal de
plenitud es más acentuado entre los pueblos de tierras bajas que entre los pueblos
de tierras altas o andinas.
Para ilustrar lo anterior, cerramos esta presentación con la inclusión de dos
testimonios que constituyen fragmentos de dos tesis de diplomado y que muestran
las tensiones y contradicciones en una comunidad aymara y otra guaraní, a propósito
de la insistencia en la “armonía” como atributo fuertemente vinculado al Vivir Bien.

“Si tomamos en cuenta el contexto en el que emerge el Suma Qamaña,


encontramos explicaciones a los problemas que presenta, lo que pasa es
que necesitábamos hacer conocer al mundo que los indígenas tenemos
nuestra propia visión de vida y de desarrollo, pero la única forma de
hacernos conocer es por medio de la cultura del lápiz y el papel, o sea
la sistematización, por eso había la necesidad de traducir y escribir en
castellano que es el idioma dominante; la lucha política era dura y los
mestizos, criollos y blancos estaban y están todavía embelesados con la
cultura occidental, directamente son alter centristas y sienten desprecio
por lo indígena, […], así que era necesario mostrar una vía lo más
atractiva posible. […] yo creo que este ha sido el error inconsciente de los
proponentes del Suma Qamaña, me refiero a que necesitaban mostrar que
la vía indígena también tiene un Vivir Bien pero que es más rico y completo
que la Vida del desarrollismo […]. Si nos ponemos a pensar con frialdad
sobre el estado de la sociedad boliviana y mundial, nos damos cuenta que
no está preparada para asumir que el vivir está más allá de experimentar
situaciones buenas y malas, la población, al menos por ahora, no aceptaría
las situaciones o experiencias malas como parte del Vivir Bien, estamos
tan colonizados que pensamos que el Vivir Bien es estar todo el tiempo
felices y contentos, entonces había que hablarles en su mismo lenguaje,
creo que ese es uno de los motivos por el que el planteamiento está suelto;
[…] tengo la esperanza de que en el camino vamos a poder corregir este
problema.” Entrevista con Quispe, en tesis de diplomado de Alarcón Rosa:
“Vivir Bien y Estar bien”. ISEAT, 2012.

Suzane Cruyt, por su lado, hace una comparación entre el Suma Qamaña y el
Ñande Reko guaraní

“Tomando en cuenta este elemento fundamental de la identidad guaraní,


me pregunto si el concepto de armonía (usado mucho en relación con el
Nada bien le hace al ¿nuevo? concepto del Vivir Bien, la “idealización” de los pueblos indígenas 63

Vivir Bien) es lo correcto para entender el Vivir Bien desde la perspectiva


guaraní. De todos modos sería necesario definir bien a qué tipo de armonía
se refiere Medina (2002: 121), basándose en el libro de Bartomeu Meliá
sobre el Ñande Reko, que expresa que la reciprocidad (otro concepto muchas
veces mencionado en los análisis de Vivir Bien) tiene dos rostros en lo que
llama “la religión guaraní”: una reciprocidad negativa, que se traduce en
la venganza, y una reciprocidad positiva que se expresa en el convite”. En
tesis de diplomado de Suzanne Kruyt: “Vivir Bien es vivir sin patrones”.
ISEAT, 2012.
PARTE 2.
Vivir Bien II:
Entre la teorización
y el discurso (del desarrollo)
La Liberación de América Latina
como Sistema-Mundo: Impactos sobre el
entendimiento del desarrollo
Paulo Henrique Martins*

Nuestra idea es que la definición de América Latina como manifestación


particular del sistema mundo es importante para aclarar el entendimiento de las in-
novaciones teóricas, sociales, culturales e institucionales que se verifican en la re-
gión desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el carácter de esta
definición depende directamente de un entendimiento previo de lo que significa el
sistema mundo, porque si definimos el sistema mundo como una unidad homogé-
nea, no tiene sentido hablar de manifestaciones particulares de este sistema. Por
otro lado, si limitamos el sistema mundo al sistema capitalista, la idea de América
Latina como particularidad también quedaría limitada como región donde ocurren
procesos políticos y culturales libertarios y propios.
A partir de aceptar la idea de América Latina como una manifestación par-
ticular del sistema mundo, es posible dar un siguiente paso. A saber: los cambios
históricos, sociales, políticos, culturales y estéticos que en esta región se verifican
y siguen una lógica de tiempo lineal es producida por configuraciones o patrones
de desarrollo propios1. Estos procesos tampoco son homogéneos; revelan diferen-
tes movimientos sistémicos y alter-sistémicos que expresan las transformaciones
de los patrones de poder sobre los territorios nacionales y en los espacios transna-

* Profesor titular de Sociología de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), Brasil; coordinador del Grupo Nuevas
Epistemologías del Sur Global de la UFPE; presidente de ALAS (Asociación Latinoamericana de Sociología) para el
período 2011-2013.
1 Se trata de entender el desarrollo como fenómeno temporal dinámico del sistema mundo, que articula sus diversas
manifestaciones capitalistas y anticapitalistas. Los procesos de desarrollo son dominados por una lógica de temporalidad
histórica lineal que L. Tapia denomina flecha del tiempo lanzada hacia adelante y que sustituye concepciones cíclicas o
circulares del tiempo (Tapia, 2011: 20-21).
68 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

cionales2. Por consiguiente, la relación entre sistema mundo y desarrollo en gene-


ral, o de sistema mundo latinoamericano y patrones de desarrollo en particular, no
puede ser conjugada en singular sino en plural. En esta dirección, es más correcto
proponer que existen diversos sistemas mundos y procesos de desarrollos que po-
nen de manifiesto diferentes configuraciones de poder y modalidades de transfor-
mación de las estructuras sociales.
Sin embargo, estos diferentes patrones sólo pueden ser percibidos cuando
reflexionamos sobre la comprensión del sistema mundo y sobre los patrones de
desarrollo como movimientos sistémicos abiertos a las variadas expresiones y sig-
nificaciones de las luchas sociales que involucran tanto intereses mercantilistas
como anti-mercantilistas.
Para avanzar en nuestra reflexión necesitamos diferenciar tres nociones de
sistema mundo que, de modo amplio, dominan los imaginarios de las ciencias so-
ciales y que influyen en la discusión sobre desarrollo, tipos de desarrollo, y sobre
la superación del desarrollo. La primera noción busca reducir el sistema mundo al
sistema capitalista; aquí los términos se anulan: globalización significa capitalismo
y vice-versa. La segunda, diferencia entre sistema mundo y capitalismo y propone
que sistema mundo es un concepto más amplio que capitalismo. Sugiere que al
ampliarse la noción de sistema mundo más allá del sistema capitalista, es necesa-
rio incorporar elementos no económicos referidos a los cambios institucionales,
reconocer que existen varios sistemas mundos o movimientos sistémicos dentro
del sistema mundo. Sin embargo, esta tesis todavía mantiene la idea de que el euro-
centrismo es el centro de las diversas formas de organización de los movimientos
a favor y en contra del capitalismo.
La tercera noción, que parte del presupuesto de la amplitud histórica del
sistema mundo y de su existencia más allá del sistema capitalista, cuestiona ra-
dicalmente el eurocentrismo, o la idea de que Europa y su extensión -los Estados
Unidos de América- constituyen el centro del sistema mundial. Esto tiene como
implicación directa el reconocimiento de que hay varios centros y/o centros po-
2 Recordando la afirmación de I. Wallerstein que “lo que se desarrolla no es un país sino un patrón de poder” (Wallerstein,
1996: 195-207), Quijano aclara este planteamiento afirmando que el patrón de poder capitalista no existe de modo
homogéneo en el espacio mundial: “…este patrón de poder es mundial, no puede existir de otro modo, pero se desarrolla
de modo diferente y en niveles distintos en los diferentes espacios-tiempos o contextos históricos”. (Quijano, 2000: 75).
Sin embargo, para profundizar el desarrollo desde la perspectiva de los patrones de poder, nos parece importante
señalar que el poder económico capitalista es sólo una parte de las configuraciones de poder más amplias, que revelan
cuestiones filosóficas complejas sobre el trabajo creativo del ser humano en la organización de su mundo. El poder
capitalista no es auto-evidente y no funciona solo. Como nos explica M. Weber no hay “leyes económicas” en el sentido
de conexiones “regulares” de los fenómenos en el sentido de las ciencias de la naturaleza; pero sí existen “conexiones
causales adecuadas” expresadas en reglas y que luego pueden aparecer como “posibilidad objetiva” (pero no como
imposición necesaria de la realidad). Pues, como aclara, el número y la naturaleza de las causas que determinan cualquier
acontecimiento individual son siempre infinitos, y este caos solo puede ser ordenado cuando un hecho específico tiene
interés y significado para nosotros, además de encontrarse en relación con ideas que tienen una carga cultural al abordar
la realidad (Weber, 1979: 94-95).
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 69

tenciales de impulso del mundo que conocemos (que serían los márgenes como
centros), y que también hay varios movimientos sistémicos y alter-sistémicos que
mueven los impulsos hacia adelante. Esta tercera noción es fundamental para ela-
borar nuestra tesis de una América Latina como expresión particular del sistema
mundo, donde se manifiestan diversos tipos de patrones de poder.
A partir del reconocimiento de esta pluralidad de concepciones sobre el sis-
tema mundo, podemos avanzar con la idea de pensar América Latina como una
manifestación particular del sistema mundo, y como espacio de luchas entre fuer-
zas capitalistas y neocoloniales por un lado, y fuerzas anti-capitalistas y descolo-
niales por otro. En ese sentido, es fundamental incluir la idea de desarrollo como
patrón de poder, a la vez que la idea de desarrollo como pluralidad de posibilidades
de cambios sociales e históricos, que dependen de los acuerdos y luchas políticas.

1. Las tres interpretaciones del sistema mundo

Primera interpretación: El sistema mundo es igual al sistema capitalista

En esta interpretación, que es la base de la doctrina neoliberal, sistema mun-


do y sistema capitalista se identifican. El fundamentalismo económico define la
marcha del progreso de todos los países, y las alternativas se limitan a dos opcio-
nes: desarrollo con crecimiento económico o desarrollo con recesión económica
y crisis. Aquí, son las transformaciones del capitalismo las que definen las del
sistema mundo tanto en las etapas de crisis como en las de prosperidad; y las solu-
ciones son las de reforma -para los sistemas políticos liberales- o las de revolución
-para los sistemas políticos que se plantean como “anti-sistémicos”. Desde la pers-
pectiva marxista, como la que sostiene Wallerstein (2003), el sistema capitalista
se confunde con el sistema mundo; en consecuencia, la alternativa al capitalismo
se funda en la expectativa de que sus contradicciones generen su crisis y las reac-
ciones organizadas a la misma. Esto es muy problemático cuando hacemos una
retrospectiva de la historia reciente del capitalismo. Este balance permite verificar
que los momentos dramáticos del imperialismo eurocéntrico ocurrieron cuando
éste tuvo que confrontarse con las resistencias políticas y culturales orientadas
hacia otras modalidades sistémicas, y no hacia una regulación de la crisis para dar
continuidad al proceso de mercantilización.
En esta primera interpretación restrictiva, la comprensión del sistema-mun-
do está limitada por la presencia de un patrón de dominación económica capitalista
determinado por la economía de mercado, tal como se propone entre los liberales;
y, en particular, por la preocupación por el consumo, como plantean los margi-
nalistas. Estas interpretaciones también se apoyan en dos doctrinas importantes
que aparentemente son opuestas: el liberalismo y el marxismo. Ambas parecen ser
70 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

opuestas en la medida que proponen lecturas distintas de las bases causales de la


solidaridad social. Para el liberalismo, la sociedad es fruto de un contrato interesa-
do entre individuos libres, mediante el cual cada uno busca maximizar sus posibi-
lidades de placer y minimizar las pérdidas, tal como reza el difundido discurso de
la filosofía utilitarista inglesa (Caillé, 1989) que funda el mercantilismo colonial
como valor natural. Esta visión liberal está en la base de las teorías de la moder-
nización en América Latina. De otro lado, para los marxistas, la sociedad es fruto
de las luchas entre clases sociales por el control de los medios de producción co-
lectivos económicos. Sin embargo, en América Latina, en la práctica constatamos
que los grandes intelectuales marxistas, como José Carlos Mariátegui y Florestan
Fernandes, debieron integrar elementos no económicos -como los de etnicidad y
raza- para explicar su realidad compleja.
Sin embargo, ambas corrientes -liberal y marxista- quedan del mismo lado a
la hora de considerar que el motivo central –de los acuerdos espontáneos o de las
luchas sociales- es de naturaleza económica, como si el solo elemento económico
pudiera constituirse en una referencia meta-histórica con existencia propia e inde-
pendiente de las significaciones culturales que imprimimos a la realidad. En esta
dirección, muchos autores señalan que las dos tesis no rompen con el paradigma
utilitarista moderno (Caillé, 1989), en la medida en que el análisis de las socie-
dades contemporáneas se limita al de las clases sociales definidas a partir de los
conflictos económicos (marxismo), o por motivaciones económicas utilitaristas e
individuales (liberalismo). Es decir, no se consideran las significaciones morales,
políticas y culturales que contribuyen a la objetivación de la realidad. Así, es po-
sible concluir que unos y otros, en última instancia, reducen el sistema mundo al
sistema capitalista.
En esta lectura, la discusión sobre política y cultura queda subordinada a
la determinación económica principal, y el análisis de la crisis actual no logra
comprender la complejidad del cambio en el sistema mundo; aquel queda prisio-
nero de las previsiones en torno a la crisis inminente del capitalismo. Los análisis
predominantes devalúan las perspectivas de los contextos históricos y culturales
particulares y diversos que existen al interior del sistema mundo; o entienden que
la crisis es sólo una desregulación transitoria del sistema capitalista, que puede ser
corregida mecánicamente por el progreso económico y financiero. Si aceptamos
que la globalización capitalista involucra el sistema-mundo, como sugieren los
neoliberales y marxistas más ortodoxos, entonces estamos obligados a aceptar una
jerarquía cognitiva en la cual las determinaciones económicas subestiman las lu-
chas por otros modelos sociales y económicos, y por justicia social.
Esta jerarquía, sin embargo, nos parece ilusoria pues esconde el hecho de
que hay varios dispositivos políticos, culturales, morales y estéticos que influ-
yen en la reproducción del sistema mundo y del capitalismo a su interior. En este
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 71

sentido, si abrimos el abordaje economicista para incorporar elementos políticos,


culturales y simbólicos que amplíen la teoría de las clases y de la dominación con
la inclusión de teorías del reconocimiento y aquellas referidas a la deconstrucción
del patriarcado, entonces podemos organizar una comprensión más compleja del
sistema mundo. Esta comprensión debe considerar que las manifestaciones regio-
nales del sistema mundo operan sobre territorios políticamente movilizados por
actores conectados con la esfera económica y mercantil -pero igualmente con las
esferas raciales, étnicas, identitarias, patrimoniales, estatutarias, eco-sociales entre
otras, que contribuyen a la demonstración de la complejidad de las luchas y de las
acciones colectivas en los territorios políticamente organizados.
Contra la lectura determinista del sistema capitalista, preferimos considerar
que el sistema mundo es más amplio que el capitalista, y que las luchas en su con-
tra están dirigidas por movimientos “alter-sistémicos” que no quedan sometidos a
una jerarquía comandada por determinaciones únicamente económicas. Por eso,
tales movimientos apuntan hacia heterotopías (Foucault, 2010), como las de “alter-
globalización” o de “alter-desarrollo” por ejemplo, objetivando la posibilidad de
abrir el entendimiento humano hacia otros imaginarios socio-históricos. Así, nos
parece importante caminar por nuevos senderos epistemológicos que nos faciliten
el rescate de la complejidad histórica, social y cultural del sistema-mundo. Aquí,
admitimos que el sistema capitalista tuvo una gran importancia en su construcción
y éxito; no obstante, también aceptamos que este sistema-mundo es algo más am-
plio y complejo que la modernización capitalista, y que el desarrollo es un concep-
to que se desplaza entre diversos pactos de poder posibles.

Segunda interpretación: el sistema mundo es más amplio que el sistema


capitalista

La segunda noción propone que el sistema mundo es más amplio que el sis-
tema capitalista y que, por consiguiente, las transformaciones del sistema-mundo
exigen marcos interpretativos más complejos que los ofrecidos por las teorías eco-
nómicas. Al proponerse que el sistema-mundo es más amplio que el sistema capi-
talista, estamos obligatoriamente invitados a reflexionar sobre los otros elementos
no-capitalistas por naturaleza, que deben ser identificados como los necesarios
para explicar esa amplitud del sistema. En lo inmediato, nos parece importante su-
brayar dos aspectos: si el mundo no está conducido sólo por intereses capitalistas,
entonces deben explicarse los diversos motivos y los otros usos del poder político
que estimulan la variedad de movimientos sistémicos. Es decir, esta comprensión
amplia del sistema-mundo se apoya en un conjunto de críticas y prácticas anti-
utilitaristas y anticapitalistas.
72 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

En este contexto, el pensamiento crítico avanza en la discusión moral de


la modernidad eurocéntrica poniendo énfasis en los procesos de racionalidad co-
municativa sobre la modernidad inacabada (Habermas, 2003), en la ética de la
civilización tecnológica (Jonas, 1997), en la racionalidad del self moderno ex-
presivo que cuestiona el self instrumental (Taylor, 1997), en la exigencia de re-
conocimiento moral y afectivo de los sujetos en la vida cotidiana, en la crítica al
fatalismo económico (Caillé, 2005), y en la revisión de la idea de desarrollo como
un proceso técnico (Latouche, 1986). En este marco, el sistema-mundo aparece
como una estructura cultural y humana compleja, más amplia que el capitalismo
y que todavía es impulsado –en el buen y en el mal sentido– por el eurocentrismo.
Por tanto, el sistema-mundo y el desarrollo -como expresión concreta del
cambio histórico del sistema en la orientación del tiempo lineal-, siempre pueden
ser vistos desde una doble dimensión: la de la dominación de los intereses eco-
nómicos sobre el conjunto de motivaciones humanas, y la de las reacciones más
diversas contra este reduccionismo. Así, lo que caracteriza de hecho la compleji-
dad del sistema-mundo hoy, es la imposibilidad de reducirlo a una única cosa: a
una empresa económico-financiera, a un único patrón de poder, a una cultura de
consumo uniformizada, o a una única lengua.
La contribución de pensadores franceses es evidente, y ella se revela en tres
dimensiones. La primera -y más conocida- es la representada por las tesis post-es-
tructuralistas apoyadas en nombres como Foucault (1999) y Derrida (1967). La se-
gunda se revela en las contribuciones de la filosofía política del grupo de la Revista
Civilización y Barbarie, dirigida por C. Lefort (1986) y C. Castoriadis (1975),
quienes han avanzado elementos importantes para comprender los fundamentos no
económicos de las experiencias democráticas. La tercera está representada por los
aportes de los activistas de la Revue du MAUSS (Movimiento Anti Utilitarista en
las Ciencias Sociales) (MAUSS, 2010), que exploran la crítica moral del capitalis-
mo desde contribuciones de autores inestimables como Mauss y Polanyi (Caillé,
1989), con el propósito de plantear otros modos de pensar la economía (Revue du
MAUSS, 2007). Este movimiento constituye una de las bases centrales de la dis-
cusión sobre economía solidaria (França Filho y Laville, 2004).
La fuerza ética de la crítica francesa a la globalización económica no es
aleatoria; pero debe ser entendida como expresión de la tradición republicana e
iluminista del campo intelectual en este país que siempre reaccionó contra la pro-
puesta utilitarista anglosajona de mercantilización del mundo, propuesta que para
los franceses, siempre representó una amenaza directa al republicanismo liberal.
Tal vez aquí se encuentra uno de los puntos de diferencia entre el eurocentrismo
de inspiración francesa que articula el universalismo cognitivo y la política, y el
enfoque de inspiración anglosajona que está más directamente comprometido con
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 73

la mercantilización del mundo y con los modelos de gobernabilidad política que se


preocupan por la articulación del Estado y la Nación.
En América Latina, esta interpretación del sistema-mundo está representada
sobre todo por los teóricos de la dependencia, quienes entienden que las reacciones
políticas posibles al capitalismo se hacen necesariamente desde el reconocimiento
del imperialismo como el centro motor incuestionable. A pesar de los cambios
históricos, la interpretación dependentista cobra actualidad -como verificamos en
los análisis recientes de autores importantes de la teoría de la dependencia como
Theotonio dos Santos- al explicar las perspectivas de sistemas regionales, como
el de América Latina, en el sistema-mundo en el contexto contemporáneo (Santos,
2012). De hecho, cuando la internacionalización del capitalismo es priorizada en
la jerarquía cognitiva del sistema-mundo, entonces los movimientos sociales, cul-
turales y étnicos, las luchas democráticas y por justicia social, la ciudadanía repu-
blicana, la creatividad humana y las experiencias de solidaridad quedan sometidas
necesariamente a la idea de una solución económica en primera instancia, aunque
articulada con otros elementos no económicos.
No obstante, si la crítica teórica en el Norte fue importante para ampliar la
comprensión del sistema mundo más allá del sistema capitalista, tal crítica no es
aún suficiente para explicar que la relación centro - periferia no se limita a deter-
minaciones geográficas o históricas que ubican a Europa como centro, y a la no-
Europa como periferia. La crítica radical a esta ecuación jerárquica está todavía
siendo promovida por la crítica descolonial, como veremos a continuación.

Tercera interpretación: el sistema mundo es más amplio que el sistema


capitalista y se mueve desde varios centros de poder que cuestionan el
eurocentrismo

La difusión de interpretaciones que cuestionan radicalmente las ideas de


sistema-mundo y de desarrollo, están relacionadas con el llamado pensamiento
postcolonial y, en los últimos años, pensamiento descolonial. La descolonialidad
es una variable crítica de las tesis postcoloniales que problematizan la ecuación
centro y periferia como si fuera una realidad dada históricamente, por un lado; y
también de la idea de progreso económico como un reto incuestionable, por otro.
Las tesis descoloniales de E. Dussel, A. Quijano, A. Escobar y otros autores lati-
noamericanos (Lander, 2003) avanzan en dirección a problematizar el capitalismo
desde la crítica de un patrón de poder que se refiere simultáneamente –y sin sub-
ordinación jerárquica de los elementos- a la economía, a la política, a la cultura, a
la historia y, finalmente, a la diversidad de narrativas modernas que se combinan
desde patrones interpretativos diferenciados.
74 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

El avance de la crítica deconstruccionista está también contribuyendo a la


complejidad de la crítica teórica, al subrayar que la colonialidad se refiere simul-
táneamente al capitalismo y al patriarcado. En relación al capitalismo, la colonia-
lidad se refiere a la organización de la dominación mediante la clasificación social
con base en las clases sociales; en tanto, de cara al patriarcado, ella se refiere a
la organización de la dominación mediante la clasificación según elementos de
raza, género, sexo y control de la naturaleza (Lugones, 2010). Así, la dominación
colonial se ejerce por la vía de la explotación del trabajo e, igualmente, por la vía
de la explotación del deseo, de los sentimientos, de la reproducción humana y,
sobretodo, de la alienación del ser humano respecto a su complejidad como ser
vivo. Por eso, E. Dussel sugiere que la modernidad eurocéntrica se define por su
emancipación racional y cognitiva respecto a “nosotros”, pero igualmente por su
carácter mítico-sacrificial de los “otros” (Dussel, 1993: 188).
Este raciocinio nos parece adecuado para plantear con más detalles tanto la
comprensión teórica de la diferencia entre sistema-mundo y sistema capitalista,
como la profundización teórica de los patrones de dominación actuales, subra-
yando los aspectos epistemológicos y las condiciones culturales particulares de
las realidades locales, nacionales, continentales y globales. Por tanto, las críticas
sugieren que el sistema-mundo se mueve bajo varios movimientos sistémicos, des-
tacándose el movimiento capitalista -que nos habla de la reflexión anti-sistémica
del marxismo -, el movimiento del patriarcado -que se refiere al movimiento anti-
sistémico feminista-, y el movimiento colonial -que se explica a partir de las mo-
vilizaciones anti-sistémicas postcoloniales-.
Se trata, entonces, de demonstrar que el sistema-mundo revela la influencia
de patrones de poder que existían antes del capitalismo moderno, como es el del
patriarcado o de las culturas no europeas producidas en los últimos siglos al lado
y contra el capitalismo mercantilista. En esta segunda interpretación, el desarrollo
no se pronuncia en singular sino en plural y en relación con los patrones de poder
establecidos históricamente. Como nos aclaran I. Farah y F. Wanderley, contra
una visión restrictiva del desarrollo que valora sólo las estrategias de dirección
de los procesos económicos, hay que incluir sus horizontes como las perspectivas
de género, generación, ambientales entre otras, así como las temáticas de justicia,
derechos humanos, participación y deliberación ciudadanía y control social (Wan-
derley y Farah en Wanderley Coord., 2011: 11).
Esta no es solamente una sugerencia metodológica. Es sobre todo una rup-
tura metodológica que tiene impactos en la política. Se trata de entender las varia-
das y complicadas actividades del modo de producción, reproducción y consumo
“glocales” que están directamente conectadas a las estrategias de sobrevivencia de
las élites económico-financieras centrales y coloniales, por un lado; y a las reac-
ciones sistémicas, sociales, culturales y históricas más variadas que revelan que
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 75

la característica central del sistema-mundo no es su tendencia a la uniformización


planetaria sino su ambivalencia constitutiva (Martins, 1989) entre unicidad y di-
versidad, por otro.
Estos comentarios son importantes para hacer avanzar la tesis sostenida en
este texto que, recordamos, se funda sobre dos puntos. Primero, el desarrollo es
un concepto que se apoya sobre una variedad de motivos, incluso el económico,
pero no sólo en esta dirección. En este orden de ideas, el desarrollo se apoya en
la producción y la circulación del capitalismo, en la tradición patriarcal que es
anterior al capitalismo europeo, y también en su lado contrario: las reacciones
anti-sistémicas contra el capitalismo, contra el patriarcado y contra la coloniali-
dad, fundadas en las tradiciones históricas no europeas. Segundo, considerando
la complejidad del fenómeno, debemos pensar en la posibilidad de varios tipos
de desarrollo que reflejan diferentes modalidades de patrones de poder y diversas
modalidades de inserción de las sociedades nacionales en el contexto dinámico de
la matriz centro-periferia mundial.
La presencia del inglés en el sistema-mundo, es curiosa. Aparentemente,
esta presencia contradice lo que acá se señala, en la medida en que esta lengua es
hoy un sistema universal de organización del diálogo cultural mundial, y el eje
lingüístico de la dominación capitalista. Pero, en la práctica, lo que observamos
es que el inglés tradicional, que tiene sus orígenes en el mundo anglosajón, está
conociendo mutaciones muy importantes en su estructura, a medida que va siendo
apropiado y adaptado por diversas culturas; lo que nos hace recordar la historia
del latín en siglos pasados. Cuando analizamos la adaptación del inglés en otras
culturas como la ibérica, la india o la china, se puede entender que su avance se
hace simultáneamente a las mutaciones que sufre su estructura fonética al abrirse
a varios dialectos3.

3 Tuve esta impresión al observar las diferentes modalidades de hablar inglés durante el foro organizado por ISA
(Internacional Sociological Asociation) en Buenos Aires, agosto de 2012. Conversando con una ilustre colega de India,
la socióloga Sujata Patel, ella reclamaba por no entender casi nada de la traducción del castellano al inglés, hecha por
una traductora argentina. Por otro lado, varios colegas y estudiantes de lengua española y portuguesa reclamaban por
las dificultades que tenían de entender el inglés de los indios y de los chinos. Esto es un claro y pequeño ejemplo que
necesita ser profundizado, pero que sugiere que la lengua inglesa está conociendo mutaciones fonéticas y semánticas
importantes al ser apropiada por individuos de otras estructuras lingüísticas. En verdad, lo mismo ya ocurrió antes con
el latín durante el largo proceso de colonización; el portugués que se habla hoy en Brasil o Angola no es el mismo
portugués originario de Portugal. También podemos recordar en esta dirección que, hoy en día, el inglés que se habla
en Estados Unidos no es el mismo que se habla en Inglaterra. La particularidad del inglés es que está siendo apropiado
como dispositivo de traducción simbólica y cultural por individuos que mantienen sus estructuras lingüísticas originales.
Este simple ejemplo nos revela la complejidad histórico-cultural del sistema-mundo en la actualidad. Y podemos tomar
muchos otros ejemplos en las danzas, las fiestas, los rituales, las economías, entre otros para demonstrar que las
mediaciones lingüísticas son extremamente complejas y que la transmodernidad de la que nos habla E. Dussel (2012)
es fabricada por experiencias y prácticas variadas que se comunican, pero que no se disuelven en un patrón histórico y
cultural uniformizado.
76 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Para sintetizar la discusión de esta sección, podemos decir que el sistema-


mundo es una realidad humana variada y constituida por elementos muchas veces
irreductibles unos a otros (como estamos presenciando con los conflictos religio-
sos en la actualidad), y que el desarrollo es un concepto elástico que revela las
tensiones constitutivas del sistema-mundo en la dinámica del tiempo lineal.
Así, podemos avanzar con otra cuestión: entender la diversidad-particulari-
dad de América Latina dentro del sistema-mundo a partir del reconocimiento de
que la relación centro-periferia no es sólo un sistema mecánico producido por el
flujo económico internacional, sino que es un proceso político de dominación co-
lonial que revela las tensiones sistémicas más amplias que únicamente pueden ser
enfrentadas políticamente. Este es el aprendizaje que nos legó la CEPAL (Comi-
sión de Estudios de América Latina y Caribe), y que marca el desarrollo particular
del pensamiento crítico postcolonial y descolonial después de la Segunda Guerra
Mundial. Cuestión que vamos a discutir en lo que sigue.

2. La liberación de América Latina como sistema-mundo particular

Al analizar el rol de la Comisión Económica para América Latina y Caribe


(CEPAL) en la formación del pensamiento latinoamericano, constatamos que R.
Prebisch (1949) planteó una reflexión sobre el sistema-mundo que tiene mucho
más valor sociológico que la mirada de los economistas en su época. Queremos de-
cir que en el momento en que Prebisch y sus colegas, como C. Furtado, entienden
que el deterioro del intercambio económico internacional entre países productores
de manufacturas y países proveedores de materias primas agrícolas y minerales se
estaba profundizando y que no había solución para los países “subdesarrollados”
en el marco de la lógica económica de las “ventajas comparativas”, estos pensa-
dores logran producir una interpretación económica y política amplia del sistema
mundo. Esta comprensión del mundo emergente desde América Latina tuvo im-
portantes impactos prácticos.
En el campo del pensamiento podemos decir que la CEPAL introdujo un he-
cho nuevo para pensar el sistema mundo al dejar un claro testimonio de un despla-
zamiento en los centros de producción de ideas sobre el desarrollo. Hasta entonces
ese proceso se había dado desde el “centro” hacia el “centro” –desplazamiento
desde el imperialismo europeo hacia los Estados Unidos–. Con la emergencia del
pensamiento latinoamericano desde la CEPAL, ese desplazamiento se da desde el
centro hacia la periferia, dando origen al nacimiento de un pensamiento crítico en
los llamados márgenes. De hecho, la hegemonía imperialista norteamericana se
apoyó en la renovación de las tesis liberales sobre las teorías de la modernización
y en la idea de que el éxito de los países “subdesarrollados” dependía de su posibi-
lidad de seguir los pasos del crecimiento económico de los países “desarrollados”.
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 77

Las tesis desarrollistas y anticomunista de Rostow, expuestas en su libro


Etapas del crecimiento económico, son las más conocidas. Proponían que cada
país debería atravesar por cinco etapas: sociedad tradicional, transición (condi-
ciones previas para el “despegue económico”), despegue económico, camino a
la madurez, y consumo a gran escala (Rostow, 1993). En las universidades nor-
teamericanas se discutirían mucho los usos de estas teorías en relación a la mo-
dernización de América Latina en el periodo de post-guerra. Según esta ideología
del desarrollo, la superación de la condición del “subdesarrollo” dependía de la
capacidad de los líderes políticos y de los empresarios de los países subdesarrolla-
dos para incorporar o “copiar” los modelos exitosos de los países “desarrollados”,
cuyo mejor ejemplo eran los Estados Unidos.
En paralelo y contra esta lectura evolucionista de la modernización, la
CEPAL estimuló respuestas antiimperialistas e incluso anticapitalistas, las que se
manifestaron en importantes reformas de los Estados de la región, en luchas por
nuevas políticas públicas, y en la liberación de los movimientos sociales respecto
a las tesis coloniales. Tales reacciones están presentes en la teoría estructuralista
cepalina, en las teorías de la dependencia, en las teorías de la colonialidad, de la
liberación y, más recientemente, en las teorías de la descolonialidad.
En este sentido, podemos sugerir que desde los años 50, América Latina
se mueve entre dos campos de ideas: por un lado, las teorías de la modernización
estimuladas por las universidades norteamericanas para combatir el comunismo,
vis a vis el avance del imperialismo norteamericano como reconfiguración del eu-
rocentrismo; y, por otro, las teorías antiimperialistas que, al negar la distancia
estructural entre países desarrollados y subdesarrollados, entienden que América
Latina ha pasado a ser -desde entonces- también un nuevo centro de organización
del sistema mundo.

Teorías imperialistas del desarrollo

Este es un punto importante para hacer avanzar nuestra reflexión y debe


ser explicada para no exagerar el alcance de la ruptura crítica producida por la
CEPAL. En efecto, la crítica cepalina sólo rompió con un aspecto de la colonia-
lidad: el representado por el encubrimiento de la matriz de poder centro-periferia
del sistema-mundo mediante la ideología del equilibrio espontáneo del mercado.
Otro aspecto de la colonialidad puesto en cuestión por la crítica cepalina, es el de
la ideología del progreso por etapas, sugerida por las teorías de la modernización.
Esto significa que los teóricos cepalinos entendieron que la teoría liberal del mer-
cado económico libre o auto-regulado era falsa; sin embargo, no lograron romper
con los dogmas evolucionistas de la teoría de la modernización.
78 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Sin duda, necesitamos considerar los límites del contexto cepalino para en-
tender los alcances de sus propuestas, pues los movimientos sociales e intelectua-
les sólo se dan en el marco de ciertas condiciones históricas. No es posible conce-
bir la creatividad intelectual fuera del espacio y tiempo concreto. En este sentido,
entendemos que los hallazgos de la CEPAL tuvieron sus límites objetivos dados
por las tensiones entre la postcolonialidad y el imperialismo. La revolución cuba-
na, por un lado, y las dictaduras militares, por otro, revelan la intensidad de esas
tensiones políticas en América Latina como contexto para medir la consciencia e
importancia de una praxis de los márgenes. Estos hechos muestran los límites al
pensamiento poscolonial crítico que fueron impuestos, tanto externamente por el
imperialismo norteamericano, como internamente por las fuerzas oligárquicas de
base rural.
Por tanto, hay que subrayar que la incapacidad de los cepalinos de romper
con la ideología del crecimiento económico ilimitado no fue solo una dificultad
teórica de los académicos para criticar la teoría de la modernización por etapas,
sino también histórica. Estos movimientos intelectuales tenían que enfrentar dos
tipos de presiones políticas importantes: la de los intereses norteamericanos, y la
de las oligarquías conservadoras. Es decir, las resistencias de estas oligarquías a los
cambios de régimen de la propiedad y al uso colectivo de tierras inexplotadas eco-
nómicamente revelaban un cuadro de las relaciones de fuerzas entonces existentes.
Los intentos de implementar políticas de reforma agraria debían sortear las
dificultades propias de ejecutar reformas estructurales bajo un sistema de propie-
dad de base oligárquica y de políticas públicas controladas por el llamado autorita-
rismo burocrático. Esta tesis queda aún más clara cuando consideramos el interés
de los cepalinos por influir en las reformas del aparato estatal y en las políticas pú-
blicas, sobre todo económicas. O sea, si las políticas cepalinas fueron por un lado
audaces para su época, confrontándose incluso con los intereses oligárquicos en
relación con la reforma agraria; por otro lado, fueron conservadoras al encuadrar
tales reformas en el proyecto de organización de mercados internos de consumo
proyectados al interior de la matriz del crecimiento económico lineal y evolutivo.
Es decir, las teorías de la modernización -pensadas desde la idea de los Es-
tados Unidos de limitar la influencia soviética- sirvieron para actualizar los pactos
conservadores articulando a las oligarquías tradicionales y los intereses capitalis-
tas internacionales. La ecuación de las tesis de la modernización por etapas sigue
teniendo gran importancia en la actualidad. Ella fue la referencia para la penetra-
ción de las ideas neoliberales desde los años 80 (Martins, 2012). En consecuencia,
no es exagerado afirmar que esa tesis neoliberal, que disolvía la ecuación centro -
periferia planteada por CEPAL, tuvo consecuencias desastrosas sobre las creencias
poscoloniales que legitimaban el modelo de un Estado desarrollista centralizado.
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 79

En varios países de América Latina, en los marcos de procesos de redemo-


cratización durante la década de los 80, como fue el caso de Brasil, los economis-
tas de “izquierda”, legítimos herederos de la tradición cepalina, no tuvieron éxito
en sus intentos de reformar el aparato estatal para asegurar simultáneamente re-
distribución de ingresos y democratización social. No es exagerado afirmar que el
neoliberalismo contribuyó a desorganizar profundamente una parte de la izquierda
intelectual, sobre todo académica, que interpretaba la coyuntura de las socieda-
des nacionales periféricas desde las relaciones conflictivas entre Estado, o poder
central desarrollista, y los diversos intereses presentes en el escenario político y
partidario (Martins, 1992).
De este modo, el pensamiento crítico latinoamericano -estimulado por la
crítica poscolonial, estructuralista cepalina y postdependentista entre los 50 y 70-
conoció cierta recolonialidad desde los años 90 del siglo XX, provocada por de-
cisiones políticas más interesadas en indicadores de productividad académica que
en la construcción de una ciencia adecuada para apoyar los procesos de liberación
social. Esta recolonialidad ocurrió en Brasil, pero también -bajo diversos sende-
ros- en México, Argentina, Chile y varios otros países de la región.
En consecuencia, el pensamiento académico y universitario latinoamericano
hoy está muy marcado por procesos de recolonialidad del saber a causa de la profe-
sionalización de los estudios universitarios que vino con las reformas neoliberales
de la educación. Este hecho contribuyó a estrechar la cooperación entre las uni-
versidades latinoamericanas y europeas, y también norteamericanas, fragilizando
la cooperación universitaria entre sociedades latinoamericanas. En muchos países
se olvidó, de algún modo, la memoria de América Latina como una comunidad
de destino, siendo el Brasil un caso emblemático de esta alienación académica
(Martins, 2012).
La traducción de la ideología de la globalización en el glosario poscolonial
fue la disolución de la tensión centro-periferia en el sistema mundo. Muchos de
los postcolonialistas de izquierda sucumbieron bajo la fascinación del pensamien-
to único, en la medida que lo que ellos aspiraban: la realización del desarrollo
en condiciones de periferia, parecía súbitamente resuelto en la desaparición de la
tensión centro-periferia. En breve, para muchos de ellos –igualmente- no era más
necesario el Estado centralizado e interventor. Hay que reconocer, entonces, que
parte del pensamiento académico heredero de la crítica poscolonial quedó opacada
y absorbida por los nuevos dispositivos coloniales producidos en el campo acadé-
mico neoliberal, impactando significativamente el destino de parte de las ciencias
sociales regionales.
El proceso de recolonización del saber mediante las políticas de profesiona-
lización universitaria que valoran la subalternización del conocimiento al eurocen-
trismo, se verificó bajo procesos de reconstitución del poder destinados a asegurar
80 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

los cambios en el patrón político dominante, que permitan el avance del capitalis-
mo económico y financiero al interior de los Estados desarrollistas. En paralelo a
estos procesos, se debe registrar el avance de la crítica descolonial, o decolonial,
que se desarrolló de modo incierto y casi siempre fuera de la academia. Estas crí-
ticas se apoyan principalmente en una sociedad civil compleja que cuestiona las
estructuras coloniales desde abajo, desde el mundo de la vida, desde los conflictos
urbanos y rurales, desde los nuevos movimientos sociales conectados a las luchas
de las mujeres, de los sin tierras, de las personas sin hogar, de los sin ciudadanía,
de los ambientalistas, entre otros, como se analizará adelante.
La invención de la CEPAL fue una experiencia de descolonialidad; pero,
en nuestra revisión parcial, no rompió con la idea de centro - periferia como una
ecuación de validez ontológica y, en consecuencia, con la idea de crecimiento
económico ilimitado. Por otro lado, la idea de descolonialidad se refiere al cues-
tionamiento de la validad ontológica de la ecuación centro - periferia, abriendo a
los márgenes la posibilidad de movilizarse como centros autónomos y creativos de
producción de conocimiento sobre el desarrollo, e igualmente sobre la vida y los
derechos humanos.
Este es el contexto en que vamos a presenciar el surgimiento del movimiento
teórico descolonial, acompañado de las teorías postcoloniales, que objetive la des-
construcción radical de la colonialidad, desde marcos interpretativos que cuestio-
nan la idea misma de centro y periferia; cuestionamiento que propone liberar a la
periferia de su posición dependiente en el sistema-mundo, para que aparezca como
nuevo lugar de producción de saberes y experiencias del mundo.

Teorías antiimperialistas del desarrollo

El cuestionamiento político a la ecuación centro - periferia por parte de la


CEPAL tuvo impactos en la emergencia de un pensamiento crítico en los márgenes
del sistema mundial, que se abrió en variados senderos: el estructuralismo cepa-
lino, las teorías de la dependencia y de la liberación entre otros. Pero también, en
innovaciones y reformas institucionales y políticas de los mecanismos del Esta-
do modernizador, y en reacciones alter-sistémicas de la sociedad movilizada. El
desplazamiento de la mirada crítica sobre los centros de producción del sistema-
mundo, mediante el estructuralismo cepalino, se materializó a través de iniciativas
políticas deliberadas orientadas a organizar el desarrollo nacional: estimular la
industrialización nacional y la expansión del mercado interno. Las reformas del
sector estatal se hicieran primeramente en torno a los mecanismos cambiarios, y
luego avanzaron a través de iniciativas de reformas más profundas institucionales,
fiscales y financieras.
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 81

Es decir, el discurso capitalista colonial -teorías de la modernización que


reducían las relaciones entre naciones “desarrolladas” y subdesarrolladas” a un
problema de desigualdades económicas a ser eliminadas por las leyes espontáneas
del mercado-, fue contestado por otros discursos que entendían las relaciones in-
ternacionales como un problema político y epistemológico, y que revelaban ten-
siones entre los movimientos sistémicos del centro y de las periferias.
Sin embargo, las tensiones generadas en ese momento histórico de post-
guerra no se limitaron al debate académico en torno al pensamiento de la CEPAL,
sino que se desplazaron hacia la vida política y las calles, impulsadas en varios
momentos por sentimientos colectivos antiimperialistas. La campaña “el petróleo
es nuestro” en Brasil, a inicios de la década de los 50, generó reacciones naciona-
listas importantes que legitimaron la creación de PETROBRAS (Petróleo Brasi-
leiro), en 1953. Varios ejemplos similares se pueden recordar en otros países. Sin
embargo, es más importante subrayar que la crítica inicial a las relaciones centro-
periferia, de inicio fundada en razones económicas, pasó al plano de la política
generando sentimientos anticoloniales significativos. Se produjo, ya entonces, una
ruptura epistemológica importante que es fundamental para entender el desarrollo
del pensamiento crítico postcolonial y contextual en Latinoamérica, que le dife-
rencia de otros continentes. Esta observación es interesante para entender que lo
que llamamos genéricamente sistema-mundo es un fenómeno organizado desde
varios movimientos sistémicos, desde varias lógicas de organización de un mundo
humano que está siempre en movimiento, sea en direcciones hegemónicas o contra
hegemónicas.
La ruptura con la comprensión colonial tiene, luego, valores epistémicos y
políticos inestimables, que contribuyen a un desplazamiento hacia el sistema polí-
tico y las movilizaciones sociales; dimensiones que los colonizadores planetarios
querían limitar a un simple problema económico que se arregla en el largo plazo
mediante el “libre juego del mercado”.
La ruptura epistémica y epistemológica –que tiene efectos en la política y en
la organización del Estado, sobre todo del Estado Desarrollista- se reveló tanto por
la comprensión de que las ciencias sociales son un conjunto de saberes articulados
por un imaginario histórico compartido y que la disciplina económica requiere
una permanente evaluación política y social, como por el hecho de que el sistema-
mundo está constituido por tensiones de centralización y descentralización, o de
centro-periferia. O sea, el descubrimiento cepalino generó -además de rupturas
epistemológicas con impactos sobre el modelo de Estado y las políticas de moder-
nización regionales- una importante ruptura epistémica respecto a la desconstruc-
ción del imaginario de la colonialidad y la emergencia del otro, postcolonial, que
problematizó la dependencia económica y política.
82 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

En esta dirección, es importante recordar que no es mera coincidencia que


la creación de la CEPAL haya estado seguida de otras iniciativas institucionales
importantes como la creación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
(FLACSO), de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) que es la
más importante asociación continental del planeta, y de centros de investigación
sobre América Latina en distintas regiones. En este marco se destaca la importan-
cia del sociólogo mexicano Pablo González Casanova, quien fue el gran promotor
del Instituto de América Latina de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma
de México), con 60 años de existencia actualmente. La innovación producida por
CEPAL está, pues, en el origen de importantes movimientos teóricos y sociales
que se desarrollaron en la región desde los años 50. Y aquí, siguiendo reflexiones
de autores de la escuela peruana de sociología inspirada en la obra de A. Quijano
(Mejía, 2012), nos interesa diferenciar dos planos de análisis: el del movimiento
teórico poscolonial y el del pensamiento descolonial.
La renovación producida por la CEPAl, como vimos, significó una ruptura
importante con el imaginario colonial al liberar las semillas de la heterotopía de
una comunidad de destino solidaria (Martins, 2012), y también con el imperialis-
mo, pues desplazó la discusión de los cambios económicos internacionales desde
el plano de la economía hacia la política. La comprensión del deterioro de los tér-
minos de intercambio y, en general, de las relaciones económicas, significó pues la
importante inauguración de un nuevo paradigma interpretativo con implicaciones
prácticas en la organización de un pensamiento latinoamericano particular dentro
del sistema-mundo, que no tiene similitud en otros continentes.

Conclusión

No hay cómo negar los avances del pensamiento crítico latinoamericano


a partir del cuestionamiento político de las relaciones centro-periferia mediante
la idea del deterioro de sus términos de intercambio, por parte de la CEPAL al
final de la Segunda Guerra Mundial. Todas las teorías críticas posteriores son, de
algún modo, herencias del significado de esta ruptura epistémica en el interior del
sistema mundo y del surgimiento de fuerzas alter-sistémicas que cuestionan el ca-
pitalismo desde los márgenes de los países centrales. Por otro lado, no hay cómo
negar igualmente la importancia de las teorías de la modernización producidas en
las universidades norteamericanas para impulsar proyectos modernizadores que
legitimaron la expansión de prácticas capitalistas en la región, así como la forma-
ción de una élite de economistas que va a articular la neocolonización mediante el
neoliberalismo, al final del siglo XX.
Considerando el contexto del pensamiento crítico latinoamericano desde la
actual coyuntura, debemos reconocer que se han dado varios avances favorables
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 83

a una crítica descolonial y a una amplia praxis de resistencia. Sin embargo, estos
avances teóricos no han sido aún articulados en un sistema disciplinar o interdis-
ciplinario que sea ampliamente compartido por intelectuales, activistas, y movi-
mientos sociales y culturales; es decir, como fundamento epistemológico de un
pensamiento del sur o de los márgenes, que constituya una ruptura con el pensa-
miento eurocéntrico.
La sistematización de esta crítica de los márgenes es necesaria y está todavía
pendiente. Pero es imprescindible para profundizar la comprensión del sistema
latinoamericano como un conjunto de fuerzas sistémicas y alter-sistémicas que
se mueven entre el tiempo del desarrollo –el tiempo lineal– y otras modalidades
de tiempo a través de la creación de variados patrones de poder sobre el cambio
social denominados patrones de desarrollo, que son importantes para entender las
luchas actuales entre fuerzas descoloniales y neocoloniales en torno al futuro de la
humanidad y de América Latina.
A nuestro juicio, los impases de las teorías de la dependencia pueden ser
superados a partir de entender el desarrollo no sólo como un proceso económico
definido por las clases sociales, sino como procesos simultáneos económicos y no
económicos que generan varias ecuaciones políticas sobre los territorios política-
mente movilizados. En América Latina, los diversos patrones de poder se organi-
zan bajo la dialéctica centro - periferia del sistema mundo y del capitalismo global,
y bajo los dislocamientos de las tensiones de la producción de conocimiento entre
el Norte Global y el Sur Global. En esta dirección, pensamos que es posible orga-
nizar una tipología provisoria de patrones de desarrollo, inspirados en la tesis de
M. Weber sobre la importancia de la clasificación cognitiva provisoria para orga-
nizar el caos de la realidad (Weber, 1979)4.
En principio, nos parece que en Latinoamérica es posible observar cuatros
patrones de desarrollo que necesitan ser profundizados en otro momento. Aquí sólo
los mencionamos: a) patrón de desarrollo fundado en retos económico-financieros
que subordinan lo social al consumo; b) patrón de desarrollo fundado en retos
económico-financieros que indexan lo social a los derechos republicanos; c) patrón
de desarrollo basado en derechos colectivos solidarios con apoyo en políticas eco-
nómicas plurales; y d) patrón de desarrollo orientado a derechos igualitarios con
apoyo en políticas económicas colectivistas.
Tales patrones expresan las ecuaciones de poder que se forman en los terri-
torios nacionales, regionales, locales y transnacionales a partir de las diversas fuer-
zas presentes, las que pueden ser económicas –clases–, pero también de los diver-
sos grupos estamentales étnicos, de género, culturales, entre otros. En la lucha por
4 Pues, aclara él, el número y la naturaleza de las causas que determinan cualquier acontecimiento individual son siempre
infinitos y este caos sólo puede ser ordenado cuando un hecho específico tiene interés y significado para nosotros, y se
encuentra en relación con las ideas de valor culturales como abordamos la realidad (Weber, 1979:94-95).
84 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

la apropiación de los territorios política y socialmente movilizados, estas fuerzas


organizan los sentidos de sus acciones desde categorías que pueden ser capitalistas
(las clases económicas), pero igualmente, pueden ser patriarcalistas, religiosas,
coloniales y étnicas. Las diversas matrices que surgen de las combinaciones de
los intereses movilizados por las categorías cognitivas diferenciadas son la base
para la constitución de patrones de desarrollo que se distribuyen geográficamente,
según grupos de territorios o países, y al interior de los territorios nacionales.
En este sentido, podemos observar que el tipo uno sugerido, el patrón de de-
sarrollo fundado en retos económico-financieros que subordina lo social al consu-
mo, impacta horizontalmente sobre territorios donde el capitalismo subalternizó lo
social, como el caso de Brasil y México, y al interior de cada uno de ambos países.
Este patrón se funda en la hegemonía de los economistas neoliberales en la defini-
ción de los retos del desarrollo en términos claramente económicos y consumistas.
Aquí, lo social no es percibido como un sistema social que tiene su propio ritmo,
sino como un sub-producto del crecimiento económico. Desarrollo es aquí creci-
miento económico, y la función del Estado es apoyar la reproducción del patrón
de poder económico y financiero internacionalista; la ciudadanía queda limitada
a la inclusión de los individuos al mercado de consumo de bienes y servicios. En
el caso brasileño, vemos que el modelo de inserción de los individuos en la so-
ciedad organizada por el consumo de bienes durables y no durables, contribuyó a
un consumo irreflexivo que impacta negativamente sobre las condiciones de vida
en las grandes ciudades. Por otro lado, en el caso mexicano, que sigue en líneas
generales el mismo patrón de desarrollo, vemos que la subordinación de lo social
al capitalismo mediante el consumo, estimuló largamente la expansión del narco-
tráfico capitalista, junto y en articulación con el capitalismo liberal tradicional.
O sea, cada patrón de poder tiene impactos diferenciados según las modali-
dades de presencia histórica y cultural en los territorios políticamente movilizados.
En esta perspectiva, podemos afirmar que los demás patrones sugeridos también
obedecen a esas determinaciones generales. Así, el patrón de desarrollo fundado
en retos económico-financieros que indexan lo social a los derechos republicanos
se funda igualmente en la hegemonía de los economistas, como en el caso anterior.
Sin embargo, la aspiración de clasificar lo social como sub-producto del creci-
miento económico encuentra resistencia en la memoria de derechos de ciudadanía
republicana (al trabajo, a la libre expresión, a los servicios públicos básicos como
educación y salud etc.), que aún funciona como dispositivo de resistencia al neoli-
beralismo. Los ejemplos más típicos de este patrón son Chile y Costa Rica.
Por su lado, el patrón de desarrollo basado en derechos colectivos solida-
rios con apoyo en políticas económicas plurales, se basa en articulaciones amplias
de agentes sociales e institucionales, no sólo económicos, las que expresan cierto
tipo de rupturas con los patrones de poder típicos de la modernización conservado-
La Liberación de América Latina como Sistema-Mundo: Impactos sobre el entendimiento del desarrollo 85

ra (alianza de las oligarquías con el capitalismo internacional). Bajo la presión de


los movimientos sociales y de las fuerzas políticamente organizadas, los gobiernos
se ven obligados a hacer concesiones que impactan sobre la estructura del Estado
y de las políticas redistributivistas. La ruptura parcial del poder colonial también
estimula la emergencia de heterotopías importantes como la del “vivir bien” que
Farah y Gil definen como un potencial ethos, “una noción con pretensión alternati-
va a la valorización y acumulación, al individualismo y etnocentrismo capitalista,
cuyas referencias están acotadas, social, cultural y territorialmente” (Farah y Gil,
2012: 100). Aquí podemos recordar a Bolivia, Ecuador y Venezuela.
Finalmente, el patrón de desarrollo orientado a derechos igualitarios con
apoyo en políticas económicas colectivistas, se basa en articulaciones amplias de
agentes sociales e institucionales movilizados para asegurar el predominio de los
derechos igualitarios por sobre los intereses económicos. Hay ruptura con los in-
tereses oligárquicos tradicionales y con la burguesía colonial, y la actividad eco-
nómica es regulada por una burocracia implicada con los usos colectivos de los
recursos disponibles. Cuba nos parece el caso típico de este patrón de poder.
Finalmente, todos estos patrones son expresión de ecuaciones de poder
que presentan ciertas características compartidas por los pactos de dominación,
los que -sin embargo- se desdoblan de modos históricos diferenciados según las
particularidades de las luchas, resistencias, memorias y heterotopías de las po-
blaciones, movimientos y movilizaciones territoriales. El reconocimiento de esta
pluralidad de patrones de poder es una exigencia básica para pensar la liberación
de América Latina.
86 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

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Vivir Bien y desarrollo
Variaciones sobre el tema
Andrés Uzeda Vásquez*

Introducción

En el artículo que sigue a continuación se analizan las convergencias y di-


vergencias entre el vivir bien y el desarrollo.
Previamente, se hace un rápido recorrido sobre los aspectos principales del
progreso y desarrollo, mostrando cómo este último ha ido mudando y se ha remo-
zado constantemente. En el siguiente subtítulo se revisan las ideas que se han ido
elaborando sobre el vivir bien, no limitándose únicamente a sus particularidades
significativas o filosófico-culturales sino, en términos más sociológicos, sus inevi-
tables relaciones con el poder.
En la tercera sección, se hace una digresión sobre un tema estrechamente
vinculado al vivir bien: la descolonización, lanzándose algunas proposiciones para
el debate. En la cuarta, se aventura una hipótesis sobre una contra tendencia a la di-
versidad cultural: la homogenización global. Como complementación vienen dos
secciones que arguyen que el sostén material de la vida es más material que nunca,
llegando a “materializar” la vida misma. Finalmente, se discute el aparentemente
irreconciliable desencuentro entre el vivir bien y el desarrollo, encontrándose no
sin sorpresa que, como desafíos y aspiraciones humanas, tienen puntos de enlace y
guardan una relación de escala o complejidad.

Desarrollo y progreso, vueltos a visitar

En 1963 (son casi cincuenta años ya), y esbozando “algunos aspectos del
desarrollo económico” para sus jóvenes estudiantes de economía de la UMSS1, el
profesor Hugo Tórrez les decía:

* Sociólogo, investigador y profesor de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Fue director del Centro de
Investigaciones Sociológicas de la Facultad de Ciencias Sociales de la UMSS.
1 Universidad Mayor de San Simón
90 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Hace unos años, algunos años atrás, no se hablaba tanto del desarrollo, y si nos
remontamos mucho antes, los pueblos desarrollaban su vida económica y perseguían
ciertos objetivos. Siempre el hombre ha buscado un bienestar material, un equilibrio
entre su producción y sus necesidades, pero esto no se expresaba en esta fiebre, en
esta angustia por el desarrollo; ¿qué nos ha ocurrido ahora para confluir en esta
angustia por el desarrollo?... (Tórrez, 1964: 115, énfasis añadido).

En esta inspirada alocución hay dos tempranas preocupaciones que llaman


la atención. La primera está referida al hecho de que ya por aquellos años existía
una “fiebre” por el oro del desarrollo, la cual se había vuelto una verdadera angus-
tia que atormentaba a los hombres de mediados del siglo XX; la segunda hace re-
ferencia a que algo nos pasó, algo cambió en nosotros en algún momento, haciendo
que nuestro pensamiento se concentrara obcecadamente en el desarrollo. ¿Qué nos
ha ocurrido? Simplemente lo que sucede con todo discurso poderoso: hemos sido
conquistados, sometidos, “colonizados” por él.
Más de un medio siglo antes, entre 1925 y 1935 y desde la cárcel, Antonio
Gramsci, provisto del razonado escepticismo del filósofo, hacía una crítica de la
idea de progreso:

El progreso es una ideología, el devenir es una concepción filosófica. El


“progreso” depende de una determinada mentalidad, en cuya construcción
participan ciertos elementos culturales históricamente determinados;
el “devenir” es un concepto filosófico, del cual puede estar ausente el
“progreso”. En la idea de progreso está implícita la posibilidad de una
medición cuantitativa y cualitativa: más y mejor. Supone entonces una medida
fija o susceptible de ser fijada, pero esta medida parte del pasado, de una
cierta fase del pasado, o de ciertos aspectos medibles (Gramsci, 2007, citado
por Boniburini 2011: 3, traducción propia2).

Es preciso entonces distinguir entre la naturaleza ideológica del progreso y


la noción filosófica del futuro del cual el primero puede estar ausente (como el in-
vitado desdeñoso que nos defrauda con su inasistencia). En la construcción de éste
entran en juego elementos culturales históricamente determinados –aunque en la
del segundo, igualmente3-. Pero, aunque importante, éste no es el punto. La cues-
tión está en la victoria de la medición que, de algún modo, se garantiza o facilita
en la comparación con el pasado; con “una cierta fase del pasado”, o con “ciertos

2 Todas las traducciones que no indiquen lo contrario son del autor de este opúsculo.
3 Ya lo decía Francois Chatelet en relación a la razón que subyace a la filosofía occidental: “Yo creo que se puede hablar
de una invención de la razón. Y (…) comprender cómo la filosofía ha podido surgir como género cultural nuevo…”
(Chatelet 1992: 17).
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 91

aspectos medibles” de él. Esta victoria es llanamente: “estamos mejor que antes”
o, si las cosas no están bien como en cualquier crisis: “estamos mal, pero vamos
bien”. En todo caso hay progreso, tal como los gráficos y tablas de la economía
frecuentemente nos muestran –al contrario del adagio de cualquier tiempo pasado
fue mejor4-.
Algunos años después de la conferencia del profesor Tórrez, en 1969, Robert
Nisbet publicaba su trabajo, Social Change and History: Aspects of the Western
Theory of Development5; y en 1979 su conocido, History of the Idea of Progress.
En este último, en correspondencia con la crítica de Gramsci, nos dice:

La esencia de la idea occidental del progreso puede ser expresada con


simpleza: la humanidad ha avanzado en el pasado, está avanzando ahora,
y puede esperarse que continúe avanzando en el futuro. Pero, ¿qué, podrá
preguntarse, significa “avanzar”? (Nisbet, 1979: 2).

En su análisis histórico que se remonta hasta la edad clásica, Nisbet encuen-


tra que los significados de este avanzar van desde lo más sublime y espiritual hasta
“lo absolutamente físico o material”, es decir, lo más prosaico. Desde los griegos,
la forma más común de progreso estaría referida al avance del conocimiento, aquél
práctico que contiene a las artes y las ciencias, lo que ahora llamamos tecnología.
A esto debemos añadir el llegar a lo que los primeros cristianos denominaron como
el paraíso terrenal: un estado de exaltación espiritual que se hace total o completo
con la liberación del hombre de todas las “atormentadoras compulsiones físicas”.
En el mundo moderno la idea de progreso daría substancia a la esperanza de un
futuro “caracterizado por la libertad individual, la igualdad o la justicia” (Nisbet,
1979: 2).
Se pueden hacer dos anotaciones respecto a lo anterior. La primera como
pregunta: ¿pero hay, efectivamente, un avance en términos de un mejoramiento
(perfeccionamiento podría sonar un tanto peligroso) del hombre y la sociedad?
O, siguiendo la noción de devenir de Gramsci, ¿las cosas han devenido solamente
más complejas (como el conocimiento6 y la tecnología)? Hoy las cosas son re-
lativamente más fáciles, pero, ¿podemos afirmar que son mejores? La segunda
anotación cuestiona parcialmente lo afirmado por Nisbet para la época moderna.

4 Es la ventaja que otorga el t0: en una civilización todavía floreciente, en una economía que todavía crece y se “desarrolla”,
el pasado será siempre, en términos generales, menos que el futuro.
5 En este trabajo, Nisbet ataca frontalmente lo que considera “la característica más vulnerable de la teoría sociológica
occidental”, su “defectuosa” conceptuación de cambio social. El principal problema radicaría en el abuso de la metáfora,
llegándosela a confundir con atributos de la realidad.
6 La propuesta de Edgar Morin sobre el conocimiento complejo sería, en parte, ociosa porque lo que se ha ido haciendo
sin cesar –desde los griegos– es complejizar el conocimiento.
92 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Aunque discursivamente los ideales de justicia e igualdad permanecen, se habría


producido un distanciamiento del ideal griego y de una parte de las aspiraciones
de los primeros cristianos (de aquélla referida a la exaltación espiritual). En la
sociedad moderna –algo para lo que las fuerzas de la globalización han sido críti-
camente decisivas–, el progreso se ha identificado totalmente con lo material. Se
ha impuesto la supremacía del “progreso material” como la mejor respuesta a las
penurias materiales y los sufrimientos físicos que atormentaban a los hombres de
la cristiandad temprana (luego retomaremos esto).
Con referencia a la noción de desarrollo como tal, se puede argüir que la mis-
ma idea de desarrollo avanza o “se desarrolla”; así, podríamos hablar del desarrollo
del desarrollo.7 Para constatar este avance discursivo que es también de conocimien-
to, basta repasar las diferentes propuestas y modelos de desarrollo confeccionados
tanto académica como institucionalmente (sobre todo por los organismos multila-
terales) desde los años de la posguerra. Estas propuestas han sido maximalistas por
una parte, y minimalistas por otra; y, como la ilustración que sigue muestra, han ido
creciendo o “progresando” en el tiempo a la manera de una enredadera.

Ilustración 1
El bejuco discursivo del desarrollo
D.S. d.l. d.t.
d.h.l.s.
d.e.l. d.h.l.
D.H.S.

D.H.
Fuente: elaboración propia

D.S.: Desarrollo Sostenible


D.H.: Desarrollo Humano
D.H.S.: Desarrollo Humano Sostenible
d.l.: Desarrollo Local
d.e.l.: Desarrollo Económico Local
d.t.: Desarrollo Territorial
d.h.l.: Desarrollo Humano Local
d.h.l.s.: Desarrollo Humano Local Sostenible

7 Primero podríamos retomar la vieja definición de desarrollo de Perroux que redunda en lo económico: “La combinación
de los cambios mentales y sociales de una población que la vuelve apta para lograr un crecimiento acumulativo
y duradero de su producto real global” (Perroux 1969: 191). Luego, la más reciente y acorde a nuestros tiempos de
Sen: “El desarrollo puede verse (…) como un proceso de expansión de las libertades (substanciales) de la gente
(…) Las libertades no son sólo los principales fines del desarrollo, están también entre sus principales medios” (Sen
2001: 3-10). Los que se limitarían a ser solamente medios serían el crecimiento del PIB, de los ingresos individuales, la
industrialización, tecnología y demás.
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 93

A partir del gran discurso padre del desarrollo económico se ha llegado en


el presente a dos propuestas maximalistas emblemáticas: la del desarrollo soste-
nible y la del desarrollo humano. Más o menos recientemente, ambas han unido
sus lianas en una propuesta más irresistible y cautivante: la del desarrollo humano
sostenible (también se le incluye a menudo el término integral). De las dos grandes
propuestas se han desprendido los brotes minimalistas o “locales” que, desde una
perspectiva territorial de abajo hacia arriba, confluyen también en el desarrollo
humano local sostenible. Como es sabido, las enredaderas suelen crecer mucho y
la del desarrollo parece tener todavía bastante para trepar.

Vivir bien: el poder del concepto o el concepto del poder

A menudo las cosas suenan más novedosas de lo que son. Ya por el 335 A. C.
Aristóteles –y no desde el mundo “andino-amazónico”, ciertamente,– nos hablaba
ya del “vivir bien”. En su tratado sobre “the ultimate political animal” (Aristóteles,
1979: 1252b29-30) centra sus proposiciones en el vivir bien (εὖζῆν, donde “εὖ”
significa “bien” y “ζῆν” significa “vivir”) aunque las traducciones han sido muy
“liberales” yendo desde “buen vivir” o la “vida buena” hasta el bien común (sobre
este último volveremos al final del artículo).
Para Aristóteles, los hombres necesitan unos de otros para construir la “ciu-
dad” o la comunidad (volveremos sobre ello al final) y, así, vivir una vida buena.
Para el filósofo griego, la ciudad –como para Amartya Sen el desarrollo– es un
medio y un fin a la vez: “…al tiempo que cobra vida (la ciudad) en favor de la vida,
ella existe en razón del vivir bien” (1252b29-30). La ciudad existe no sólo para
sostener la vida sino también para que el hombre tenga una vida buena y significa-
tiva (que valga la pena). El vivir bien según Aristóteles está definido por el alcance
por parte del hombre de su meta final y decisiva: lograr la felicidad (lo que hoy en
Bután tratan de medir bajo los índices del progreso y veremos cómo esto atraviesa
todas las ideas sobre el vivir bien). Y aquí encontramos el ideal griego de la ex-
celencia: no se trata solamente de que el hombre sobrevivirá como un animalillo
del monte o del bosque, sino que prosperará una vez llegue a ser completamente
humano y por lo tanto feliz.
Con referencia al vivir bien desarrollado como idea en el mundo andino
(Suma Qamaña, Sumaj Kawsay, Allin Kawsay), tal como dice Simón Yampara
en un último ensayo, han aparecido “…demasiados conceptos y palabrerías, que
varios autores en el último tiempo han escrito...” (Yampara, 2012: 36). En efecto,
la literatura al respecto es abundante no sólo en el país sino en la subregión andina
y otros países latinoamericanos. Teniendo en cuenta los límites de extensión de
este artículo nos detendremos solamente en los aportes más recientes a esta noción.
94 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Para Fernando Huanacuni (2010: 21), suma qamaña se traduce como vivir
bien o vivir en plenitud, en armonía con todo o la totalidad, desde uno mismo hasta
el cosmos, sabiendo relacionarse y convivir con todas las formas de existencia. En
un esfuerzo de síntesis dada la complejidad del concepto, Pablo Mamani, sumando
los vocablos qamiri, qapha y jakaña nos dice que se trata de “...la dulzura de ‘ser
siendo’ frente a la dureza del ‘estar estando” (2011: 74). Rafael Bautista, buscando
determinar el horizonte de significación del vivir bien, propone que el vivir bien es
“...el modo-de-existir donde se reúnen la identidad y el horizonte trascendental que
estructura éticamente al sujeto como comunidad-de-vida” (2011: 98).
Simón Yampara, en el artículo citado arriba, nos presenta la complejidad y
profundidad del suma qamaña que consistiría en:

…saber procesar interactivamente las energías materiales-espirituales en


función del usufructo privado-comunitario por un lado y, por otro, saber vivir
y convivir, cultivando-cosechando las energías de los diversos mundos de la
naturaleza, donde la gente es un miembro más, no la más ni menos importante.
Es encontrar y cultivar el taypi (encuentro) haciendo t’inkhu entre el pasado-
futuro, tradición-modernidad, sistema andino-sistema capitalista (Yampara,
2012: 33).

No obstante, la cuestión no es tanto quién tiene la definición más acabada


y legítima de vivir bien, la idea más elaborada y más genuina, culturalmente ha-
blando; lo casi definitivo es quién la usa instrumentalmente del modo más exitoso
y efectivo para afianzar o extender su poder y esto lo han demostrado los líderes
políticos del actual gobierno desde la sede del “Gran Poder”; es decir, el poder del
Estado “centralista” (no de la “morenada centralista”). No en vano el lenguaje y
los discursos han sido estudiados como vehículos y generadores o alimentadores
de poder. Claude Raffestin sentencia sobre el primero:

El lenguaje es un instrumento de poder como cualquier otro, no es que pueda


ser objeto de apropiación privada sino que puede ser manipulado con mayor
o menor eficacia. Pero, ¿en relación a qué puede ser este poder significativo?
Sucede que la lengua es un modo de obrar, un modo de acción sobre el otro
(Raffestin, 2008: 97).

Sobre el discurso, Foucault trazaba su rol en procesos sociales de legitima-


ción y poder, enfatizando la construcción de verdades actuales: cómo se mantienen
vigentes y qué clase de relaciones de poder conllevan o suponen.
Se ha dicho que el vivir bien es un proyecto político, es más, constituiría
un paradigma. En cuanto a lo primero, a más de siete años del régimen vigente no
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 95

parece haber avanzado –progresado– mucho. Se ha reducido a ser una consigna


política bastante engañosa, casi vacía de contenido o, peor aún, se ha limitado a
ser una frase más de la propaganda electoral en época de elecciones que ha ido
perdiendo paulatinamente gran parte de su encanto original. Y en el renovado dis-
curso gubernamental de modernidad, desarrollo y progreso pos Tipnis no parece
tener mucho lugar8. Debemos reconocer, empero, que debido a lo abarcador del
concepto –en lo que se asemeja al desarrollo– y a su plasticidad, el gobierno y los
representantes campesino-indígenas que apoyan su gestión lo concilian fácilmen-
te con un discurso abiertamente desarrollista y modernizador. Haciendo evidente
que uno es el discurso y otra la práctica pero, al mismo tiempo y más allá de esa
verdad de Perogrullo, que ese discurso puede permitir o cobijar sin problema ésas
y otras prácticas.
En cuanto a lo segundo, el vivir bien como paradigma, aparte de los espacios
de debate académico y las publicaciones sobre el tema (las cuales han comenzado
a menguar) no parece estar en movimiento ni parece tener mayor repercusión o
incidencia en la vida social, la producción, el arte, la política o el pensamiento. Lo
que no quiere decir que alguna eventual revolución cultural del futuro retome las
apasionadas elucubraciones de sus apóstoles.
En resumen, se podría afirmar que si bien es potencialmente poderoso, el
vivir bien no ha llegado a manifestarse como una noción o idea verdaderamente
poderosa. Quien más lo ha capitalizado, pero como concepto del poder, ha sido el
Estado, en su momento de mayor resonancia y atractivo –coincidente con la época
dorada del actual gobierno-. No obstante, tampoco ha constituido una verdadera
consigna movilizadora del tipo de las que guiaban a los soviets o a los ejércitos de
Mao, se ha limitado a no ser más que el toque étnico de un decorado culturalista
y colorido. Por último, puede que, habiéndose agotado visiblemente la curiosidad
que despertaba, el gobierno vaya dejándola progresivamente en el olvido, pues ya
no capta el interés de su público ni de sus votantes.

La descolonización llevada a sus últimos extremos

El vivir bien ha sido considerado quizás como el principal instrumento de


descolonización: respuesta y alternativa vigorosa, pródiga a la modernidad, el ca-
pitalismo y el Occidente colonizador. En el país ha cobrado más fuerza desde la
elección del primer presidente indígena, aunque actualmente se le reprocha el ha-
ber abandonado esa lucha fundamental. La descolonización, de acuerdo a algunos
autores como Carrillo, es un concepto en construcción en Bolivia, pudiendo en-
8 En ese singular choque de “tierra” contra “territorio” se ha podido constatar la conflagración entre una visión agrarista,
productivista y otra espacial, más compleja, relativa a patrimonios múltiples. Para la primera, el camino asfaltado era una
verdadera “ruta al desarrollo”; para la segunda, el camino no era el camino.
96 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

tendérselo como: “…un proceso político, ideológico y sociológico, cuyo propósito


es dar fin a una situación colonial de un territorio habitado por pueblos y naciones
sometidas a una serie de sumisiones y explotaciones”. (Choque, 2011: 39, citado
por Carrillo, 2012: 10). Como sabemos el colonialismo no sólo es de ultramar, hay
uno interno y por ello la descolonización también implica: “Suprimir el colonia-
lismo interno en todos los aspectos socioculturales, jurídicos, religiosos, políticos,
económicos, y las prácticas coloniales…” (2012: 10).
El mismo autor nos recuerda un planteamiento de Silvia Rivera, en los años
90, en el cual la descolonización abarca una reconstitución o refundación. “La re-
construcción y reconfederación de los ayllu, marka, tenta y capitanías en una red
integrada de los pueblos de las tierras altas y de las tierras bajas” (Rivera, 1993,
citado por Carrillo, 2012: 16). En una publicación anterior, Eugenio Rojas sostiene
que la descolonización es recobrar la identidad, volver a ser uno mismo:

Trato de ser yo mismo, recuperar, pero difícilmente el hombre de manera fácil


cambia. Entonces yo entiendo de esa manera la descolonización, como la
lucha en ese ámbito de las instituciones donde estemos, para construir una
nueva forma de vida y esto en base a nuestros saberes y pensamientos y en
base a nuestras prácticas de las comunidades (Rojas, 2010: 106).

Pero, la descolonización no es un tema sólo de este lado, desde los estudios


culturales inter-Asia, Ichiyo Muto, y en complementación con el recobrar la iden-
tidad, esboza un proceso complejo que comienza con la des-identificación:

Y esto (descolonizar) significaría des-identificarse con el Occidente. Esto, por


supuesto, no significaría ir contra Occidente. Dejemos a un lado el “adorar los
valores asiáticos” como opuesto a los “valores occidentales” que propugnan
algunos políticos asiáticos fóbicos hacia los derechos humanos. Simplemente
significa que debemos reconocer con rigor cómo el poder originado en
Occidente es ejercido global, nacional, localmente; es más, en todos los
repliegues de nuestros cerebros debemos encontrar caminos para superarlo.
Sus efectos permean; capturan las mentes y los modos de vida de la gente
bajo la forma de una cultura global saturándola por medio de sensibilidades,
proyectando imágenes compartidas de una buena vida, e inculcando una
despiadada competencia como el único arte de sobrevivir (Muto, 2010: 2).

En este pequeño artículo nos permitimos aquilatar lo que consideramos dos


vías extremas –con sus alcances extremos también– de descolonización. La prime-
ra sería la verdadera descolonización o la descolonización absoluta y definitiva: la
descolonización por abandono y negación. Ésta, que de algún modo también podría
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 97

identificarse como “retro”, implicaría dejar, abandonar todo lo impuesto o traído por
los colonizadores: la religión, las formas políticas (la democracia occidental, vista
por los chinos como una telenovela), la vestimenta, la vivienda, la lengua y otras co-
sas culturales; la tecnología moderna (automóviles, luz eléctrica, televisión, internet,
etc.). Este abandono, negación, desprecio de todo lo ajeno inculcado o brutalmente
impuesto por el colonizador sería también un acto de devolución: devolución de
sus iniquidades. En los hechos, para los hombres del siglo XXI (indígenas o no),
acostumbrados a las facilidades y artefactos que nos da la modernidad significaría
algo así como un voto de pobreza. Dejar desairado al señor mercado con sus regalos
en la mano y, como los mayas antes, abandonar las ciudades enfermas y decadentes
en dirección de las montañas, no para iniciar ninguna guerra de guerrillas sino para
cultivar el vivir bien libre de toda contaminación colonizadora.
La segunda vía de descolonización –en sentido contrario a la anterior– se
podría designar como la descolonización por superación de la dicotomía coloni-
zador/colonizado. Ésta sería una descolonización astuta o inteligente o, mejor, re-
curriendo al calificativo que los colonizadores daban al indígena y al mestizo que,
aparte de su “idioma vernacular”, hablaba su lengua: una descolonización ladina.
Ésta consistiría en tomar lo que más nos sirve (lo significativo) y llevarlo más allá,
superando críticamente (en los dos sentidos del término: clara y radicalmente pero
igualmente ejerciendo una reflexión crítica) al colonizador.
El judío Paul Celán escribió una de las más bellas poesías del presente
en la lengua de sus enemigos –de los que masacraron a su familia y a su pue-
blo–, el alemán. Los romanos no desanduvieron la senda abierta por los griegos,
la proyectaron más allá. Ni los estadounidenses (tal vez los más colonizados, en
realidad autoexiliados) ignoraron la ruta a la modernidad abierta por unos isleños:
los británicos. Más creativamente, los japoneses, habiendo “robado” el alfabeto
chino, bajo esa gran influencia cultural, le dieron otros rumbos y grandeza a su
propia cultura9. Y los incas retomaron y aprovecharon muchas cosas del país de
los médicos (el Qullasuyu), siendo así, de algún modo, colonizados a su vez. En
casi todos los casos se puede ver que si bien militarmente victorioso, el coloniza-
dor (el “conquistador”) impone de manera general su lengua, sus formas de Esta-
do, economía, y sus sistemas normativos y simbólicos. En esa compleja relación
con el colonizado puede cambiar alternativamente de roles con éste, a veces de
manera imperceptible, temporal y, otras, de modo más visible y permanente (de
colonizador a colonizado y viceversa; cuando recibe y se somete a las influencias
del colonizado, la literatura sobre los episodios de brujería en África pueden ser
una muestra de ello). Por eso la desconfianza de los colonizadores originarios en
relación a los colonizadores nacidos en la colonia (los “criollos”).

9 Todo eso y aunque no sea del agrado de los antidesarrollistas ni de los posdesarrollistas, puede asimismo verse como
progreso o desarrollo.
98 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Las fusiones, como en la afamada cocina peruana, son entonces un resultado


inevitable y de gran creatividad e innovación.

La circularidad diacrónica de lo homogéneo

Cuando encontramos que al margen de los amautas andinos de la actualidad,


un filósofo en la Grecia antigua, hace más de 2300 años –muy lejos en tiempo y
espacio–, hablaba también como aquéllos del vivir bien, la pregunta clave no es
cómo habla de él o en qué difiere o se asemeja lo que dice al suma qamaña o sumaj
kawsay; o si se trata del mismo concepto o de otro. La verdadera pregunta es, por
qué puede hacerlo.
Para comenzar se puede decir que ambos, el célebre filósofo griego y los
prolíficos pensadores andinos son mamíferos, “y los mamíferos son bastante pare-
cidos entre ellos”, acotará un pez o un reptil. Este dudoso intento de humor quiere
significar que los hombres, en general, son bastante parecidos entre sí. Más si se
tiene en cuenta los procesos no sólo históricos sino aquéllos que desde la prehisto-
ria se han venido desarrollando y que han incluido varias olas de uniformización,
homogenización, en suma, de colonización.
Los hombres –como humanos y mamíferos– tienen las mismas necesidades
básicas y deseos, no somos muy diferentes. Seguramente lo somos en relación al
hombre de Cromañón o al Neanderthal. Se podría argumentar que luego de ellos y
sus particularidades evolutivas, el homo sapiens era bastante homogéneo durante
la prehistoria, desde cómo vivía, hasta sus actividades y comportamientos. Con la
revolución agrícola se dispara una gran diversidad cultural surgiendo las grandes
civilizaciones con sus grandes sistemas normativos y valorativos, y con el desa-
rrollo tecnológico. No obstante, aunque este desarrollo no se detiene, aparecen
sucesivas olas de uniformización: un progresivo retorno a lo homogéneo. Se trata
de tres grandes olas. La primera, la conquista de América que da inicio a toda la
secuela de colonización europea moderna: la saga heroica del Occidente expolia-
dor. La segunda ola viene con la revolución industrial que expande agresivamente
la producción y el mercado capitalista, haciendo de los sometidos y colonizados
clientes y consumidores. La tercera y última ola es la de la globalización, que lleva
este proceso a su culminación, alcanzando todos los rincones del mundo (tomán-
dose como broma cuando alguien habla de alguna “cultura no contactada”).
Entonces, esta circularidad nos muestra que de la homogeneidad prehistóri-
ca del homo sapiens se pasa a una verdadera explosión de diversidad, cuya com-
plejidad, sofisticación y desarrollo va conduciendo, inevitablemente, en el tiempo
histórico (diacrónica, longitudinalmente) a una homogenización global que, como
veremos en la siguiente sección, se funda decididamente en lo material. Volvemos
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 99

al homo sapiens homogéneo, pero no es el del principio de la prehistoria, sino el


del llamado “final de la historia”.

Bienvenido al mundo de las cosas

En The social life of things, Arjun Appadurai (1986: 3), enfocándose en las
formas de intercambio, argumenta que las mercancías, como las personas, tienen
vida social. Las cosas adquieren un ser social. Inversa y paralelamente, con la ex-
pansión del capitalismo y la globalización, se produce una suerte de cosificación
de la vida de los hombres; no es tanto que vean su existencia como una cosa, sino
que la reducen al deseo, adquisición y uso de cosas: al goce de poseerlas y dis-
frutarlas. Podría decirse de otra manera que se ha producido una materialización,
como nunca antes de la vida, de los hombres, en el sentido de que la existencia hu-
mana se ha vuelto –devenido, siguiendo la idea de Gramsci– vulgar y llanamente
materialista. Las cosas han adquirido vida y la vida se ha vuelto cosas.
Las máximas aspiraciones del esclavo de la globalización, que es el hombre
del presente, parecen ser adquirir los últimos aparatos y medios que el mercado
frenéticamente le mete por los ojos: automóviles, televisores de última generación,
tabletas, celulares cada vez más sofisticados, etc10. Regodearse con ellos y que los
otros vean que los posee, parece ser la última realización ontológica del prisionero
irreflexivo de la tecnología11. Se ha constatado y lo saben muy bien lo mercachifles
transnacionales: la tecnología nos conduce directamente al mundo de las cosas/
mercancías.
El mundo se halla dominado por las cosas o, más exactamente, por los que nos
venden cosas y quieren que vivamos comprándoselas. El oro de nuestras vidas por
sus baratijas (una de las traducciones de gadget es, precisamente, baratija). Como
en el período de la Conquista y el comienzo de la Colonia, nos dan ciertamente oro
por baratijas, nuestro tiempo, nuestra vida por unos espejitos-espejismos.
Cuentan que cuando los españoles dieron a Atahuallpa una biblia, éste –tal
vez confundiéndola con un teléfono celular– se la puso al oído para escuchar la pa-
labra de Dios; pero, al no recibir siquiera el backtone, arrojó lejos de sí el engañoso
objeto. En la Colonia, no todos tenían una biblia, lo que seguramente era el gran
sueño de todo catequista, evangelizador o misionero. Pero en nuestros días, ¡quién
no tiene un celular! Esto nos lleva a la penúltima sección.

10 Se podría decir que la sociedad actual es la sociedad del adminículo.


11 Desde la perspectiva de la lucha anticapitalista, autores como Echeverría y Navedo (2011: 302 y s.) hacen un análisis del
“hedonismo consumista” del neoliberalismo (aunque con la última crisis financiera y de la deuda, este término parece
haberse desprestigiado por completo). Diversos autores como Eduardo Galeano e Ignacio Ramonet (quien habla del
“delicioso despotismo”) han abundado también sobre el tema.
100 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Los campesinos andinos y Virginia Woolf: un placer compartido

Pierre Bourdieu, en La domination masculine (1998), toma algunos elemen-


tos de la obra de Virginia Woolf, entre ellos el “cruel” placer de desilusionar de
uno de sus personajes. Cuando nos preguntamos sobre el vivir bien ya no como
elaboraciones lúcidas y refinadas de pensadores indígenas, largamente debatidas
en conferencias y seminarios, sino como la manifestación de las prácticas y la vida
cotidiana de los campesinos de carne y hueso, no es solamente que no encontramos
muchos referentes empíricos o testimonios de cómo esta noción guía sus acciones
sino que parece que los campesinos andinos del siglo XXI están en otra cosa y no
tanto dedicados a cultivar el vivir bien.
La explosión de actividades económicas y negocios internacionalizados en
una ciudad indígena como El Alto; el envolvimiento a gran escala de comunida-
des y campesinos en el comercio y el floreciente contrabando, particularmente de
automóviles cuya posesión parece haberse convertido en uno de sus principales
objetivos; sus inversiones en transporte y en bienes raíces urbanos; su compe-
tencia y disputa con otros actores por recursos naturales como los minerales; su
involucramiento activo –relativizando los límites de lo legal/ilegal como sucede
con el contrabando– en actividades productivas o de transformación vinculadas
al narcotráfico… todo eso y más parece expresar un cruel placer de desilusionar
a los ideólogos del mundo andino que preconizan sin mucho éxito las virtudes
del vivir bien. No es que los grandes pensadores andinos estén ciegos o no quie-
ran ver estos notorios cambios y contradicciones; los perciben muy bien y hacen
referencia a ellos como una (cruel) crisis de los sistemas de valores, tanto en el
mundo indígena como en el otro. Sobre todo si prestamos atención a los jóvenes
indígeno-campesinos, a lo que quieren y esperan: sus expectativas y aspiracio-
nes, su entusiasta respuesta a los cantos de sirena del mercado. Tales cambios en
las representaciones, comportamientos y prácticas son como ese “mata-alegrías y
cómplice del orden imperante del mundo”, como dice Bourdieu en el libro citado
(29: 1998), que parece ir en sentido contrario a los preceptos del vivir bien.
Estar en otra cosa y no interesarse en los hechos por aquello que es el vivir
bien es un desaire similar al placer de desilusionar. Lo cierto es que, como ha ocu-
rrido antes con otras idealizaciones, al campesino de hoy parece tenerle sin cuida-
do lo que es o lo que debe ser el vivir bien, y esto será así en tanto éste no incida o
afecte directamente su vida y sus medios de vida. Entretanto, no se hace problema
alguno de hablar del vivir bien y mostrar su pleno acuerdo e identificación con el
mismo, sobre todo en períodos electorales.
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 101

Vivir bien y desarrollo

Volviendo al tema central del vivir bien y el desarrollo, y comenzando por este
último, se puede decir que -en la historia reciente- hemos sido testigos de cómo ha
terminado siendo siempre lo mismo, una y la misma cosa, por más apellidos pres-
tigiosos que se la hayan adosado (sostenible, humano, territorial, etc.). Al final ha
girado siempre en torno a las mismas variables sociales y económicas, recubiertas
de enfoques y métodos novedosos. Esto ha sido así porque se trata justamente del
desarrollo (como discurso moderno del progreso); de otro modo sería otra cosa y no
“desarrollo”. Una bicicleta ¿cuán diferente puede ser sin dejar de serlo?
Consiguientemente, no le podemos pedir al desarrollo más de lo que puede
dar: bienestar social y económico. Y lo más prudente y acertado sería ponerle lí-
mites, circunscribirlo a eso para que no siga expandiéndose haciéndole ofrecer y
prometer cosas que no podrá cumplir. No debería ser más que un sinónimo de la
satisfacción de las necesidades básicas: que nadie pase hambre, que nadie tenga
frío, que tengamos un hogar al volver por la noche para dormir confiados y tran-
quilos. Liberarlo de misiones rimbombantes e imposibles y concederle esa misión
acotada. Luego podremos pasar a las otras dimensiones y preocupaciones: ontoló-
gicas, espirituales, civilizatorias, etc. –que, de acuerdo a Cortázar, quien retoma el
dicho español, debería ser como “coser y cantar”-.
Si es exitoso y efectivo en esa misión simplificada no interesa en realidad
cómo se llame ni que apellidos tenga. Rigurosamente se podría argumentar que si
conceptualmente está definido como satisfacción de necesidades básicas no ten-
dría por qué tener otro nombre (“desarrollo”). Sobre esto volveremos al final.
Lo cierto es que, en cierta forma, el desarrollo se ha cumplido en lo que
Marx, en parte, buscaba y esperaba; aunque no –como pensaba él– acompañado de
un cambio (“desarrollo”) en las relaciones sociales de producción. Hemos llegado
a ese lugar que vislumbraba, de un desarrollo inusitado y extremo: el desarrollo de
las fuerzas productivas, ese lugar que la revolución industrial del siglo XIX hacía
soñar e imaginar a los pensadores de la época. El desarrollo actual de las “fuerzas
productivas” es de tal magnitud que se podría alimentar, dar abrigo, vivienda, etc.
a todo el mundo pero, como lo sabía Marx, las relaciones sociales “subdesarrolla-
das” no lo permiten.
El desarrollo como progreso, es material e inmaterial. En lo primero no
necesita llamarse desarrollo sino simplemente lo que se llama: satisfacción de las
necesidades básicas. Si lo hace respetando los límites ambientales, la naturaleza,
es un avance, es un desarrollo; y si es equitativo (en edad, género, etc. ) e “inclu-
sivo” es verdaderamente desarrollo, cualitativamente distinto de la mera satisfac-
ción de necesidades sin importar cómo (a cualquier precio): prudente, considerado,
consciente y reflexivo. Esto nos lleva a sus enlaces y diferencias con el vivir bien.
102 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Decimos que el desarrollo es sólo desarrollo. No es la felicidad infinita y


eterna. No es la exaltación espiritual de los primeros cristianos. Es menos que eso.
No es que sea diferente al Shangri-La, al Vivir Bien, a la Tierra sin Mal. Forma
parte de ellos, pero es menos que cada uno de ellos (comparado con la complejidad
pensada por Simón Yampara, por ejemplo12). Saludable, basado en la equidad, el
respeto a la naturaleza, etc., no es ajeno o contrario al vivir bien, por el contrario
puede ser parte fundamental de este último. Pero éste lo rebasa, lo desborda des-
mesuradamente como el contenido de un cántaro respecto de un vaso.
En esa línea podemos referirnos a las limitaciones del llamado “diálogo
inter-científico”. Se ha querido legitimar el saber indígena, local, equiparándolo
al conocimiento científico, dándole el mismo estatus (aunque no aplicándole los
mismos estándares) para un diálogo horizontal: el encuentro intercultural entre la
ciencia indígena y la ciencia occidental. Si bien en algunos aspectos son coteja-
bles (conocimientos sobre suelos, cultivos, clima, salud humana y animal), para
otras dimensiones que se conocen como “sabiduría” y que no casualmente se en-
cuentran mayormente en conocimientos no occidentales (orientales, indígenas), la
equiparación no hace más que empobrecer este conocimiento profundo y singular
al compararlo con algo tan pedestre y aburrido como el conocimiento científico.
El verdadero punto de enlace entre el vivir bien y el desarrollo se da en la
traducción liberal (y no literal) del vivir bien de Aristóteles como bien común. No
en vano se lo ha retomado en la actualidad como paradigma alternativo, alternativa
conceptual y política que expresa:

…una idea de sociedad diferente y profundamente en antítesis de aquélla


implícita en la ideología del “desarrollo”. Proponemos el concepto de
“bienes comunes” como alternativa, conceptual y política, para transformar
la sociedad y el hábitat del hombre en función del bienestar de los habitantes
de hoy y de los que están por venir, teniendo en cuenta la limitación de los
recursos naturales y del conocimiento humano, la diversidad de las culturas
y la dignidad que cada una de éstas posee y la prevalencia de los valores de
respeto, igualdad y paz (Boniburini, 2011: 1).

Acompañando a la perspectiva de los bienes comunes y –cómo se opone ésta


al desarrollo a ultranza– opuesto al sentido común estaría el buen sentido que es la
conciencia crítica, la reacción activa y no pasiva a los discursos; es decir, la base
para el cambio social. Pero más allá de eso lo que es realmente crítico es que, ata-
cando por sus dos flancos al desarrollo, el vivir bien y el bien común le demandan,

12 Como la satisfacción de adquirir un gadget electrónico, para un ferviente católico es menos –o debería serlo– que la
absolución de sus pecados, que el perdón de Dios.
Vivir Bien y desarrollo. Variaciones sobre el tema 103

le imponen, le envisten (y embisten, también) con una misión crucial, ya no aco-


tada, gracias a la cual el desarrollo aparece como un verbo transitivo: construir…
comunidad. Lo que hace de él un verdadero mejoramiento. El verdadero avance o
progreso como seres humanos gira en torno al bien común. La construcción de co-
munidad, su florecimiento, prosperidad y plenitud es lo que buscan los pensadores
andinos y lo que Aristóteles también buscaba para la ciudad.
Empero, hay que guardar dos precauciones respecto a ese destino o lugar soña-
do que es la comunidad ideal. Una tiene que ver con la faceta “opresiva” de la comuni-
dad, y la otra con las idealizaciones que no se quieren mirar en el espejo de la realidad.
En cuanto a la primera, se puede referir lo sucedido en un trabajo de inves-
tigación realizado en Perú y Bolivia sobre los derechos de las mujeres campesino-
indígenas y las situaciones de violencia que enfrentaban. Con extrañeza, las inves-
tigadoras encontraron que cuando se les preguntaba a estas mujeres sobre sus de-
rechos, ellas hablaban de sus obligaciones y deberes para con la comunidad. Esta
aparente confusión nos muestra, primero, que desconocían lo que es un derecho;
segundo, que ignoraban presumiblemente cuáles eran sus derechos; y, tercero, que
de lo que tenían conciencia –demasiada conciencia– era de sus obligaciones para
con la comunidad. Paradójicamente, para ellas sus derechos eran sus deberes. Es
ese peso excesivo de lo comunitario lo que llega a expresarse incluso inconsciente-
mente y que acaba por ser –como Alain Touraine ya lo delataba para las sociedades
“pre-modernas” – opresivo y asfixiante para el sujeto, llegando a borrarlo como in-
dividuo. Aquí, la precaución es que la ampliación del bien común, la construcción
de la comunidad debe evitar su dictadura y opresión.
En cuanto a la segunda precaución, no dejamos de mencionar las virtudes
de las ciudades-Estado griegas y de la comunidad andina; sólo que, como es sa-
bido, en las ciudades griegas había esclavos y en las comunidades indígenas y
campesinas hay desigualdades. Son las limitaciones del mamífero-hombre que la
historia nos ha enrostrado sin clemencia y sin pausa: no se ha conseguido nunca
una sociedad totalmente justa e igualitaria. Lo que nos queda es el recurso del más
y del menos posible: construir una comunidad lo más justa posible y lo menos
desigualitaria posible. Hasta el presente se ha visto que –como al desarrollo– no
podemos pedirle más al hombre.
Para concluir, si el vivir bien y el bien común pueden expresarse como el verbo
intransitivo ubuntu: “soy porque somos”13 (en tanto hay comunidad puedo ser per-
sona), la dinámica de la vida social, el tiempo y la acción de los hombres lo vuelven
verbo transitivo: soy y somos, pero asimismo devengo/devenimos algo, y por el deseo
y esperanza de que ese algo sea algo bueno le hemos llamado progreso y desarrollo.

13 Término o noción de la cultura xhosa africana que también implica, “¿cómo puede alguien de nosotros estar feliz si el
resto está triste?”.
104 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

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Una nueva vida como síntesis de múltiples
determinaciones
José Núñez del Prado*

Apertura

El presente ensayo representa una continuación de una primera reflexión


sobre el Vivir Bien, realizada en un artículo escrito en 2010 y publicado en 2011
por el CIDES (Núñez del Prado, 2011).
Sin duda, abordar un tema complejo como la dupla Desarrollo-Vivir Bien
conlleva dificultades metodológicas, entre otras los límites que impone un artículo
para precisar algo que no puede realizarse sin un mínimo de sustento. Por ello,
se ha hecho el esfuerzo de combinar un tratamiento académico y a la vez ilustrar
situaciones enriquecedoras y esclarecedoras. Igualmente, se incluye una especie
de estudio de caso al final, con el recorrido que está siguiendo esta temática en lo
reciente Bolivia.
Bajo los títulos de Apertura y Prospectiva prematura y diagnósticos fallidos
sobre la racionalidad capitalista, se inicia el debate recurriendo a la tesis de Max
Weber sobre la racionalidad capitalista y sus condiciones de reproducción. También
a la de Acemoglu, sobre la influencia de los tipos de colonización y sus instituciones
como determinantes del decurso de países del Norte y del Sur; y a las de Hernando
De Soto sobre los misterios que tiene el capital para no desplegarse en el Sur. Se
incluye la perspectiva teórica innovadora de Rosa Luxemburgo sobre el medio am-
biente no capitalista que rodea al capitalismo de manera clave para su reproducción.
Luego se analiza un nuevo clivaje correspondiente a los denominados tigres asiáti-

(*) Docente investigador del CIDES - UMSA, Doctor en Ciencias del Desarrollo especialista en estudios rurales.
108 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

cos y lo que se conoce como Chindia, que pone en entredicho -desde otra perspec-
tiva- la espiritualidad revisada y existente en Oriente, en Asia, mostrando que no
sólo Occidente es capitalista sino ahora muy claramente China e India.
De manera voluntaria y consciente se ha tomado la decisión de no incor-
porar ideas, ideologías, propuestas, sueños y aspiraciones presentes en corrientes
como las de los socialistas utópicos, los anarquistas, las del socialismo marxista y
las variantes mutualistas y de economía solidaria, autogestionaria, comunitaria o
del trabajo de América Latina, excluidas para ahorrar espacio en el artículo, sacrifi-
cando su riqueza y cualificación. Si bien ellas se incluyen en una diversidad de ex-
plicaciones (lo que nos brinda cierta flexibilidad), ello no compensa su ausencia.
En términos menos académicos y más con fines de seguimiento analítico
de políticas públicas sobre el tema que nos ocupa en Bolivia, se examina luego
y a grosso modo la novísima Ley Marco de la Madre Tierra, Desarrollo Integral
para Vivir Bien, mostrando que el país está en la encrucijada: tiene que evitar la
frustración que puede representar fracasar en el intento de avanzar seriamente en
el propósito planteado, o resignarse a seguir viviendo en la desesperanza. La pre-
misa autoimpuesta fue no concentrarnos en los aspectos positivos, en los aciertos
y las luces de la Ley que incluye de manera importante al Vivir Bien, sino en las
sombras, en la pedagogía de la crítica como método de superación y de los avances
acumulativos, a pesar de la antipatía que tal opción puede despertar. Seguramente
habrá errores de apreciación; pero tal vez uno que otro argumento podrá servir para
enmendar alguna arista en beneficio de todos.
Al cierre, se pretende emitir el mensaje de que una nueva vida, feliz, sólo
es posible como síntesis de múltiples determinaciones: de los imaginarios y es-
piritualidades desde Oriente/Sur, pero también de los valores más genuinamente
elevados y de orientación hacia el bien común o de la comunidad, gestados desde
Occidente/Norte.

Prospectiva prematura y diagnósticos fallidos sobre la racionalidad


capitalista

Partimos de los criterios de tres autores reconocidos para plantear como


problema el hecho de que, en términos generales y con algunas excepciones dentro
de cada uno, tres continentes enteros no pueden “cristalizar” el trayecto capitalista
en términos de su tipo ideal o emblemático, y que en pocos casos se lo hace sólo
como caricatura.
Parece ocioso abundar sobre esto desde el pensamiento de Weber -que es
por demás conocido-, pero es necesario anotar que él no solamente pensaba que
Occidente es racional y que las cosmovisiones son contemplaciones místicas irra-
cionales. Además, también pensaba que la confesión religiosa ascética virtuosa,
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 109

sobria, moderada es coincidente con el espíritu mercantil racional que conlleva el


protestantismo: y que esta es la ética que funciona como condición necesaria para
una evolución capitalista.
Weber se interroga sobre las circunstancias determinantes para que sólo en
Occidente hayan nacido ciertos fenómenos culturales que parecen marcar una di-
rección de alcance y validez universal. En India, China, Babilonia, Egipto hubo
también conocimientos empíricos, profundos y agudos sobre los problemas del
mundo y de la vida, no obstante, todos ellos fueron faltos de fundamentación y
experimentación racional (Weber, 1976: 5-8).
Entiende que el afán de lucro y enriquecimiento no tienen que ver exclu-
sivamente con el capitalismo, pues tales características y situaciones se habrían
presentado en todas partes del planeta y en diferentes momentos de la historia.
Arguye que la búsqueda de la ganancia y la rentabilidad por cálculo racional es lo
que sería exclusivamente occidental (Ibid: 8-9).
A partir de ello, lo que interesa es más bien complementar esta perspectiva
sobre la viabilidad del capitalismo, desde los criterios de uno de los economistas
institucionalistas más prestigiosos, como es Acemoglu, que arriba a conclusio-
nes que en nuestro criterio tienen las mismas implicaciones para el Sur que las
de Weber.
Acemoglu, junto a otros autores, propone una teoría de las diferencias
institucionales entre países colonizados, con dos características polares. Una de
colonización extractiva, donde se establecieron Estados extractivos sin protección
a la propiedad privada ni controles sobre el accionar del Estado, como las que tu-
vieron lugar en la mayoría de los países de África, Asia y América Latina; y otra,
de colonización con asentamientos, a partir de grandes emigraciones de europeos
que replicaron y hasta mejoraron las instituciones de los centros de origen, con
énfasis en la propiedad privada y el control sobre los gobiernos, como la registrada
en Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos. La hipótesis es que di-
chos modelos de colonización fueron el principal determinante de las instituciones
hasta el presente, que en el caso del tercer mundo se ratificarían en las políticas e
instituciones rentistas extractivistas (Acemoglu, Jonson y Robinson, 2004: 30-35).
El autor se interroga sobre el vuelco de la suerte y de la riqueza, y sobre el
desarrollo económico después de la colonización. Su pregunta más específica es:
¿Se mantuvo la riqueza en los lugares ricos, como plantea la hipótesis geográfica,
o se desvió sistemáticamente el destino de la economía a causa de los cambios
institucionales? La prosperidad económica sufrió un profundo vuelco. Algunas
de las civilizaciones más ricas en 1500 –como la Mugal en India y los aztecas e
incas en América- son ahora algunas de las sociedades más pobres. En cambio,
los países que hoy ocupan las tierras de las civilizaciones menos desarrolladas
de América del Norte, Nueva Zelanda y Australia, son mucho más ricos de lo que
110 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

fueron los mugal, los aztecas y los incas, ratificando que para entender por qué un
país es pobre o rico, hoy en día, conviene más concentrarse en las instituciones que
en la geografía (Acemoglu, 2003: 27-30).
Lo cierto es que sobre las situaciones de atraso, pobreza y niveles de vida
de alta vulnerabilidad en nuestro continente y en otros (que afecta especialmente
a grandes conglomerados de origen ancestral e indígena), influyen un conjunto de
factores históricos y contextuales estructurales; pero de ninguna manera se debe
descartar el hecho colonial por su lejanía en el tiempo. Tampoco se puede ob-
viar una crítica central a las tesis de algunos institucionalistas que, de manera
tendenciosa, hacen consentir que -por ejemplo- las instituciones mercantiles son
desconocidas y ajenas al mundo ancestral e indígena, o traídas desde los países
colonizadores. Como es objetivamente verificable, el mercado también fue una
institución pre existente al capitalismo y con mucha vigencia en las prácticas de las
poblaciones nativas en territorios aún no colonizados. Lo que se pretende afirmar
es que los hechos coloniales que generaron desarrollo, fueron los que trajeron su
gente y sus instituciones, básica y fundamentalmente el mercado y la democracia.
Los procesos que no se apoyaron en ello no tienen capitalismo hoy, equiparando
claro está, capitalismo con desarrollo.
Por otra parte, Hernando de Soto, en su famosa obra El misterio del capital,
también se interroga: ¿Por qué el capitalismo triunfa en Occidente y fracasa en
el resto del mundo? Le preocupa el “fracaso” de los muchos intentos fallidos por
crear capitalismo en el mundo, por ejemplo en Latinoamérica desde fines de la
colonia. Esta aseveración es muy concluyente y generalista, además de incierta,
porque no todo capitalismo tiene que ser calca del que tiene lugar en el Norte.
De Soto piensa que en el Tercer Mundo, todos quieren meterse en negocios.
No se puede soslayar su introducción metodológica, donde él y su equipo dicen ha-
ber investigado manzana por manzana de Asia, África, Medio Oriente y América
Latina. En todos esos rincones, sostiene, existe gente de mucho talento, entusias-
mo y habilidad para exprimir ganancias casi de la nada, pudiendo captar y utilizar
la tecnología moderna, adaptando todo invento occidental, desde el bolígrafo hasta
el reactor nuclear.
De Soto también piensa que los mercados no son monopolio occidental,
indica que ya Cristo votó a mercaderes de su iglesia y que los mexicanos mer-
cadeaban antes de Colón; pero, igual este capitalismo no produce riqueza como
en Occidente, lo que según este autor tendría una explicación en la barrera de la
producción de capital, que sería la savia del sistema capitalista.
Le parece increíble que la mayoría de los pobres posea los activos que preci-
sa para crear capital y capitalismo. Cree demostrar que, hasta en los países menos
desarrollados, los pobres ahorran y que sus recursos valorados y juntos superan
exponencialmente los recursos de la cooperación internacional. Pero, según De
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 111

Soto, se trata de una posesión defectuosa, pues las casas de los pobres están sobre
lotes con derechos de propiedad no bien definidos o inexistentes, y las empresas no
están constituidas con obligaciones claras. “Las industrias se ocultan donde los in-
versionistas y accionistas no pueden verlas: tienen casas, pero no títulos, cosechas
pero no certificados de propiedad, negocios pero no escrituras de constitución, ni
acciones que les permitan a sus activos realizarse. Posesiones que difícilmente
pueden convertirse en capital, que no pueden ser comercializadas fuera de peque-
ños círculos locales de confianza mutua, pues no sirven como garantía para un
préstamo ni como participación en una inversión. Son un capital muerto”.
En el Norte rico, los activos llevan una vida paralela a su vida material, y
Occidente inyecta vida a sus activos y los hace generar capital. La solución radica
en entender cómo los occidentales extraen capital de dichos procesos. Casi nos
indica que si se quiere capitalismo en el Tercer Mundo hay que descifrar el feti-
chismo de la mercancía, que radicaría -en su criterio- en esquemas burocráticos de
buen manejo y gestión de la propiedad intelectual de recursos, materiales, descu-
brimientos, que conllevan patentes y similares.
Desde la perspectiva teórica, histórica e ideológica del marxismo está la
visión de Rosa Luxemburgo, expresada en su libro sobre “La Acumulación de Ca-
pital”. En el marco de sus referencias al medio ambiente capitalista, ella sostiene
que los tres continentes del Sur persistirán en su situación marginal pero articulada
y funcional al capitalismo.
Para esta autora, el capitalismo viene al mundo y se desarrolla históri-
camente en un medio social no capitalista, un medio donde predomina tanto el
campesinado en la agricultura y el artesanado en la industria; es decir, la produc-
ción simple de mercancías. También lo rodea una enorme zona de culturas no
europeas, con todo tipo de evolución, desde hordas primitivas comunitarias de
cazadores nómadas y otras, medios en las cuales se abre paso la acumulación ca-
pitalista. Por lo tanto, una de las luchas del capital sería con la economía natural
y otra con la mercantil simple. Nos dice que el capitalismo necesita, para su exis-
tencia y desarrollo, estar rodeado de formas de producción no capitalista. Pero
al capitalismo no le basta cualquiera de estas formas. Necesita como mercados
a capas sociales no capitalistas para colocar su plusvalía. Ellas constituyen, a su
vez, fuentes de adquisición de sus medios de producción y reservas de obreros
para su sistema asalariado.
El capital no puede lograr ninguno de sus fines con formas de producción de
economía natural. En todas las formaciones de economía natural –unidades cam-
pesinas primitivas con propiedad comunal de la tierra, relaciones de servidumbre
feudal u otras-, lo decisivo es la producción para el propio consumo, de aquí que
la demanda de mercancías extrañas no exista o sea escasa y, por regla general, no
haya sobrante de productos propios o, al menos, ninguna necesidad apremiante de
112 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

dar salida a productos sobrantes. Para estas teorías, el sustento son las realidades
de India, China y otros lugares1.
No basta con sostener que el capitalismo vive de las formaciones no ca-
pitalistas, sino de su ruina, y que necesita el ambiente no capitalista como base
para la acumulación. Considerada históricamente, la acumulación de capital sería
un proceso de cambios de materias que se verifica entre la forma de producción
capitalista y las precapitalistas. Sin ellas, no puede verificarse la acumulación del
capital, pero se efectúa destrozándolas y asimilándolas. Ni la acumulación de ca-
pital puede realizarse sin las formaciones no capitalistas.
El proceso de acumulación tiende en todas partes a remplazar la economía
natural por la economía simple de mercancías, y a ésta por las formas capitalistas;
logrando que la acumulación de capital domine como la forma de producción úni-
ca y exclusiva en todos los países. La acumulación no es meramente una relación
interna entre las ramas de la economía capitalista, sino, ante todo, una relación
entre el capital y el medio ambiente no capitalista (Luxemburgo, 1980).
Lo cierto es que a pesar de los argumentos del pensamiento de los cuatro
autores seleccionados, esa prospectiva tal vez resultó prematura y sus diagnósticos
sobre la racionalidad capitalista un tanto fallidos, pues lo que en realidad su dio
fueron clivajes Norte/Sur (discordancias, disociaciones, segmentaciones, desaco-
plamientos y hasta fracturas de la ruta) y el posterior diseño del capitalismo, a
partir de pensamientos e imaginarios de Oriente y el Sur del planeta. ¿Si en Oriente
no hay ética protestante, qué espiritualidad hay y para qué tipo de sociedad? La
respuesta principal apunta a pensar en la enorme y rica gama de filosofías para
la vida que se despliegan en India y China y en otros países orientales, árabes
y del Islam, que de forma arbitraria y simplista podemos expresar en Nirvana y
Shangri-La2 (Zhongdian). De igual forma, están las que iluminan la vida en África

1 “La antiquísima organización económica de los indios –la comunidad rural comunista- se había mantenido en sus diversas
formas…En el siglo VI A.C. los persas penetraron en el territorio de los hindús y sometieron una parte del país. Dos siglos
más tarde vinieron los griegos. Los escitas salvajes invadieron el país. Durante siglos los árabes dominaron en la India.
Más tarde, bajaron de las alturas de Irán, los afganos, a pesar de las tormentas en las regiones políticas de las alturas.
Luego ahuyentados por las hordas tártaras señalaban el camino por el que pasaban los mongoles. Los conquistadores
mahometanos que se sucedieron, dejaron, en último término, intacta la vida social interna de la masa campesina y su
estructura tradicional. Pero, la comunidad rural india ha sobrevivido a todo esto. El período de apertura de China a la
civilización europea, esto es, el cambio de mercancías con el capital europeo, se inicia con la guerra del opio en la que
China se ve obligada adquirir el veneno de las plantaciones indias para convertirlo en dinero destinado a los capitalistas
ingleses…A comienzos del siglo XIX había disminuido de tal manera el precio que se convirtió rápidamente en medio de
consumo para el pueblo. Así termino la gloriosa guerra del opio. Por la paz de 1842 los ingleses obtuvieron la isla de Hong
Kong, además los puertos de Cantón, Amaoy, Fuchu, Ningpó, Shangai debían abrirse al comercio”. Luxemburgo Rosa. La
acumulación de capital. Ed. Grijalbo. México. 1980. P. 286- 299 – 302.
2 Paraíso perdido donde habitan hombres perfectos, la Kalapa de los hindúes. Fuente de la sabiduría eterna donde vivían
seres inmortales. Un lugar armonioso donde el sol y la luna habitan en la tierra, haciendo del lugar un paraíso, como esos
espejismos que en el desierto siempre están a unos pasos. El Dalai Lama decía: “Mi Tíbet fue durante mucho tiempo un
mundo en blanco y negro, el Shangri-La”. 
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 113

en medio de totemismo vitalista donde resalta el Ubuntu difundido por Mandela


para la reconciliación en su país y que es de tradición en todo ese continente como
representación de la idea de un renacimiento africano como centro de todo.
Sin embargo, también existen otros caminos posibles. Veamos.

Tigres asiáticos - Chindia: ¿Sólo Occidente es capitalista?

Iniciamos el artículo mostrando la prospectiva y otros diagnósticos sobre


la racionalidad capitalista que aparentemente sólo podría desplegarse en el Occi-
dente y Norte del planeta. Luego, como ratificando tales visiones, registramos los
clivajes, las rupturas, las fracturas desde Oriente y Sur del planeta respecto del
desarrollo capitalista, exhibiendo elementos estructurales históricos, coloniales,
religiosos y culturales que inhibían esa posibilidad.
Si los anteriores criterios tienen algún asidero, consecuentemente, una se-
gunda sección del artículo refleja que, en contraposición, Oriente y Sur del planeta
tendrían que ser la fuente y cantera de las ideas alternativas al desarrollo capitalis-
ta. Por ello indagamos en general sus idearios básicos de fondo cultural y religioso,
pensando que además esos trasfondos geohistóricos podían tener una coincidencia
con el planteamiento del Vivir Bien.
En la actualidad se presenta otro tipo de ruptura, otro tipo de clivaje, esta vez
de parte de algunos países considerables y representativos de Oriente y del Sur. En
la reflexión, también es posible demostrar la verificación de la hipótesis contraria
de los análisis conclusivos de Weber, Acemoglu y De Soto (que solamente son una
pequeña muestra de muchísimos e importantes intelectuales que comparten la mis-
ma hipótesis), a partir de un desenfrenado y vertiginoso ascenso de China, India
y Asia Oriental con un controvertido decurso capitalista -que ni siquiera todavía
puede calificarse como “desarrollo capitalista” por caracterizarse por la super ex-
plotación y desfalco de la fuerza de trabajo-.
Ya antes que Chindia tomara forma, a finales del siglo XX, sucedió el de-
nominado “milagro de los tigres asiáticos”, llamado así por su adhesión al libre
comercio con intervención estatal colectiva, aprendizaje e innovación tecnológica
que inscribieron nuevas líneas interpretativas del desarrollo frente a la teoría or-
todoxa, demostrando que desde los países del sur sí se puede exportar con valor
agregado y no solamente materia prima.
Los expertos en los cambios asiáticos muestran más que logros económicos.
China sería el centro de la unidad regional, étnica y económica, la denominada
Gran China, que incluye a Hong Kong (hoy incorporada a la RPCH) y Taiwan.
También es el eje central de la integración económica del conjunto de Asia Orien-
tal, incluyendo Japón y Corea del Sur. En lo específicamente económico, 10 de los
17 países de la región (incluido Hong Kong) en 1996 eran de los 21 principales
114 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

exportadores del mundo. Se trata de una región de heterogeneidad cultural, econó-


mica, social y política; un mosaico de razas, etnias, religiones, sistemas y niveles
de desarrollo económico y bandos políticos contrapuesto; todo ello, entrecruzado
con la economía super industrial madura de Japón y sociedades agrarias tradicio-
nales como Laos y comunidades tribales de montaña.
Los mismos expertos clasifican como países de reciente industrialización a
Corea Sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong; como países de economía semi indus-
trializada avanzada a Malasia y Tailandia; como países semi agrarios de industria-
lización acelerada a China, Indonesia, Filipinas; como países agrarios de indus-
trialización e internacionalización incipiente a Vietnam y Myamar. En la región
existirían tres grandes núcleos espaciales de articulación: Japón – China - ASEAN
(Association of South East Asian Nations) que agrupa 10 países (Singapur, Mala-
sia, Tailandia, Indonesia, Filipinas, Brunei, Vietnam, Camboya, Laos y Myamar)
y Corea del Sur, como potencia media en ascenso no independiente de los tres
anteriores (Dabat y Rivera, 2004).
Más recientemente, surge lo que se comienza a denominar Chindia y que, en
términos genéricos, es negador de la reflexión weberiana sobre la ética protestante
y el espíritu del capitalismo, además de otras prestigiosas teorías que comienzan
a declinar.
Fuera de los enormes problemas que afrontan China e India en materia de
degradación ambiental, de equidad social, productividad y condiciones sociola-
borales, no se puede eludir el proceso que viven actualmente y su influencia en el
mundo. En el caso chino, a partir de las políticas promovidas por Deng Xiao Ping
desde finales de los años 80, y en el caso de India con una historia más tranquila y
fuera del radar de EEUU hay quienes ya no tienen duda de que estamos hablando
de los próximos superpoderes del planeta.
Según fuentes de profusa circulación, China creció al 9.5% del PIB por dos
décadas sobrepasando a la mayor parte de las naciones europeas en tamaño econó-
mico, y a Japón como comerciante mundial. India se expandió a un ritmo de 6%
anual en un período largo. Se espera que a mediados del siglo la participación de
Chindia en la producción global aumente de 6% en la actualidad al 45%. Con base
en cualquier medida, hoy China como India superan a cualquier otra economía,
exceptuando Estados Unidos (EEUU). La inversión interna de China promedia
una proporción de entre 40% a 50% del PIB cada año. La de India entre el 22% y
23%. Chindia estaría entre los mercados de consumidores más grandes del mundo,
sobre todo China -porque su ingreso per cápita triplicaría al de India-, y cuenta
con 300.000 millonarios, mientras las capas medias están en ascenso en ambas
naciones. Tanto así que como explicación de la crisis alimentaria de 2008, se suele
agregar la producción de agrocombustibles y la expansión del consumo de trigo y
otros cereales y carne en China. El modelo chino se caracteriza por la movilización
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 115

masiva de capital y trabajo e inversión extranjera, fortaleza en manufactura a gran


escala y una fuerte intervención estatal. El modelo de India tiene notable fortaleza
en los sectores de ingeniería y servicios, mercados de capital privado, modelos
comerciales de alta calidad a bajo costo y manufactura de precisión de lotes pe-
queños. Según esas características, los expertos prevén que el crecimiento de India
superará al de China en un futuro próximo y se presentará como más sostenible.
Incluso EEUU se queda corto en comparación con Chindia. El mundo nun-
ca vio los despegues simultáneos y sostenidos de dos naciones que juntas suman
una tercera parte de la población del planeta. Calculan que dentro de tres décadas,
India habrá sobrepasado a Alemania como la tercera economía más grande del
mundo y para mediados de siglo, superaría a los EEUU ocupando el primer lugar
del mundo (Edgardio Pete, 2008).
Solamente para referencia conceptual hay que señalar la importancia que
se le está asignando a la dinámica y coincidencias de los denominados países
emergentes, refiriéndose a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, más conoci-
dos como (BRICS).
Vistas así las cosas, es frustrante el hecho de que buena parte, o por lo me-
nos los más importantes componentes paradigmáticos de las posibles fuentes de
cambios filosóficos, epistemológicos y de transformaciones en el modo de pensar y
realizar la vida (Oriente y Sur del planeta: Asia, África y América Latina), estén en
franco camino de negación de su potencial transformador en el sentido señalado y
que su particularidad cultural no constituya suficiente elemento para evitar su mar-
cha hacia la reproducción del capital. Ello disminuye las dimensiones y cualidades
de su estructura para aportar a los denodados esfuerzos y realidad que se necesitan
para forjar una nueva vida en lo que sigue siendo la mayor veta esperanzadora de
otro futuro, sin negar los aportes desde Occidente y el Norte del planeta.
En contrapartida, los imaginarios, filosofías e ideas encontradas al hus-
mear la situación en Oriente del planeta, se ve que tienen profunda ligazón con
sus creencias, religiones y confesiones, vinculando esa teología y fe con la cien-
cia de la sociedad en un bloque único de comprensión y práctica, donde también
se puede sostener la hipótesis de preeminencia antropocéntrica y no del cosmos.
En la estructura de ese pensamiento –excepción hecha, claro está, del Islam en lo
religioso- no se encuentra una actitud reactiva ni contestataria hacia Occidente/
Norte que se pretenda contra civilizacional en lo discursivo. Lo que se observa
es prescindencia, indiferencia, pues el capitalismo, el desarrollo y otras institu-
ciones no son el referente de la construcción de su ideario. Sin embargo, ello no
quiere decir que de allí no pueda surgir o utilizarse nada en ese sentido, todo lo
contrario. Esas visiones no son de corte ideológico y son más inflexibles para el
tratamiento político.
116 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

Bolivia en la encrucijada: evitar la frustración o resignarse a la


desesperanza

Una mirada unilateral muestra que lo que se tiene hasta el presente es un


proceso de abordaje y tratamiento del Vivir Bien con ideas y propuestas axioló-
gicas en construcción y no premisas definitivas o constituidas como cimientos de
un conocimiento universal. Desde un modesto entendimiento de toda la compleja
temática, lo que se está descubriendo tiene que ver con:

• Es sólo probable y, por tanto, no se puede asegurar que la generalización


teórica del Vivir Bien sea resultado de una práctica de origen ancestral.

• Por contrapartida, este tipo de fenómeno no deja de ser reiterado en varios


ámbitos y planos; es decir, puede haber hechos remotos que no siempre son
generalizados como teorías.

En el mundo andino, que nos ha entregado un legado inmenso en producción


intelectual, sobre todo desde las ciencias sociales, desde la historia, la etnografía,
la antropología y la sociología; la generalización teórica sobre el Vivir Bien, su sis-
tematización y emisión, no aparece como tal sino hasta hace unos pocos años, muy
correlacionados con los procesos sociopolíticos de Ecuador y Bolivia. Ello plantea
la hipótesis de que pueda tratarse de un constructo ideológico muy genuino, inclu-
so más como ideologema utilizado para dotar de sentido a un proceso sociopolítico
como el que se vive en algunas latitudes de nuestro continente.
En cuanto a sus contenidos sustantivos, resalta su estrecha e inseparable
relación con una centralidad cosmocéntrica, es decir de pensar al cosmos como la
fuente del orden del proyecto societal y de su estructura ideológica, con prelación
por sobre un antropocentrismo occidental, siendo que incluso una de sus expresio-
nes emblemáticas, la Madre Tierra, es sujeto de derechos.
En consecuencia, sería la base de un posicionamiento histórico contra hege-
mónico civilizatorio, diferente y antagónico a la civilización capitalista moderna
occidental, reactivo a ésta, afincado en el pasado, con parámetros en la coloniza-
ción, a pesar que desde la tetraléctica permite pensar que el futuro está atrás y ha-
cer un manejo de un tiempo no lineal sino circular (un nuevo tiempo, un Jachauru,
un Pachacuti). Se ha insistido que el Vivir Bien, si bien emerge desde el mundo
andino de Latinoamérica y en la Bolivia de las tierras altas andinas, representa
también el ideario y proyecto de los pueblos indígenas de tierras bajas de Bolivia
en su conjunto, si es que no recupera y encarna la ancestralidad e indigenidad ge-
neral con alcance y proyección universal de Oriente y Sur del planeta.
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 117

A nivel de idioma, ni el aymara ni el quechua ni las diferentes lenguas in-


dígenas incorporan la acepción de “desarrollo”, por no ser parte de su ideario o
proyecto concreto de vida. Por ello, la variante más radical del Vivir Bien, que
confronta antagónicamente instituciones consideradas occidentales y de la moder-
nidad capitalista, es la más coherente y perfila una variedad de teorías contestata-
rias. Pero también hay otras y distintas interpretaciones más cercanas a la realidad
actual, más afines y tolerantes con las instituciones mencionadas (desarrollo, mer-
cado, democracia), como se puede verificar en la nueva Constitución Política del
Estado (NCPE), en el Plan Nacional de Desarrollo y otros documentos oficiales,
y en la misma Ley de la Madre Tierra. Hasta el presente, circularon versiones de
todo tipo, incluso varias versiones oficiales dentro del propio gobierno, en medio
de contradicciones y generando confusiones.
El Vivir Bien fue mal administrado en su emisión oficial, con posiciones
de corrientes al interior del partido de gobierno y del gobierno mismo, unas en-
tendiéndolo radicalmente como se describió líneas arriba, y otras solamente para
adornar otras posiciones de su ideario y agrado, versiones ligth o maniqueas como
aquella que sostiene que Vivir Bien es absolutamente lo mismo que “socialismo
comunitario”. En la práctica, sin embargo, no se sumaron militantemente a dicho
ideario ni siquiera al Plan Nacional de Desarrollo y, más bien, presentaron desde
la Vicepresidencia una versión propia del Nuevo Modelo Económico Nacional
Productivo. Esto ha ocurrido porque tanto la NCPE como el Plan Nacional de De-
sarrollo (PND) incorporan el Vivir Bien de manera débil, acompañando parágrafos
que concluyen en otra cosa; es decir, adornando y no organizando el conjunto de
los textos constitucionales, de la vida y de la planificación nacional.
En septiembre de 2012, la Asamblea Legislativa aprueba la Ley Marco Ma-
dre Tierra y Desarrollo Integral Para Vivir Bien (LMTDIVB), que es promulgada
a mediados de octubre del mismo año, precedida por un adelanto presentado en
la Cumbre de Cancún: la Ley No. 071 de Derechos de la Madre Tierra. Aparen-
temente, este hecho marca un nuevo hito en el recorrido del Vivir Bien, y tendría
que implicar avances sustanciales a nivel conceptual y para su implementación, al
margen de que sea germinal; es decir, con legitimidad y credibilidad.
Partimos de una descripción de la LMTDIVB, seleccionando no la totalidad
de aspectos al nuestro parecer claves, sino aquellos esenciales en relación al pro-
ceso de construcción del Vivir Bien como concepción y posición sobre desarrollo,
neo y post desarrollo. En términos oficiales: la Madre Tierra sería el sistema vi-
viente dinámico conformado por la comunidad indivisible de todos los sistemas
de vida y los seres vivos, interrelacionados, interdependientes y complementarios,
que comparten un destino común.
El Vivir Bien (Sumaj Kamaña, Sumaj Kausay, Yaiko Kavi Päve) sería, en-
tonces, el horizonte civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo y a la moder-
118 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

nidad que nace en las cosmovisiones de las naciones y pueblos indígena originario
campesinos, que se alcanza de forma colectiva, en complementariedad, en armonía
y equilibrio con la Madre Tierra y las sociedades, en equidad y solidaridad, y eli-
minando las desigualdades y los mecanismos de dominación.
En consecuencia, Desarrollo Integral sería el proceso continuo de acciones
sociales, comunitarias, ciudadanas y de gestión pública para la creación de
condiciones, capacidades y medios materiales, sociales y espirituales para
alcanzar el Vivir Bien. Es decir no es un fin sino una fase intermedia para alcanzar
el Vivir Bien.
Queda señalado que el Estado promueve acciones de desarrollo integral que
priorizan a las personas de menores ingresos económicos ya que se afronta pobreza
material, social y espiritual. También incentiva la complementariedad, reciproci-
dad, solidaridad, redistribución, igualdad, sustentabilidad, equilibrio y armonía,
escenario en el cual la economía social comunitaria complementará el interés in-
dividual con el Vivir Bien colectivo, también entre los saberes y conocimientos
tradicionales y las ciencias.
La fase siguiente del Vivir Bien sería una sociedad justa, equitativa y soli-
daria sin diferencias de clases sociales y sin pobreza de ninguna naturaleza, por-
que Vivir Bien es saber crecer con espiritualidad y fe en el marco del respeto a
la libertad de religión; es saber alimentarse; saber danzar en gratitud a la Madre
Tierra; saber trabajar, considerando el trabajo como fiesta y felicidad; saber soñar;
saber escuchar, leer las arrugas de los abuelos, percibir, sentir y escuchar con todo
nuestro espíritu, conciencia y cuerpo; saber pensar, no sólo desde lo racional sino
desde el sentir, caminando en la senda del corazón.
No hay pruritos al sostener que la Madre Tierra puede ser objeto de aprove-
chamiento con fines de interés público y/o comercial y que se debe promover la
industrialización de los componentes de la Madre Tierra en el marco del respeto de
los derechos y de los objetivos del Vivir Bien y del desarrollo integral establecidos
en la presente Ley, empero, promoviendo por otro lado de forma sostenida y per-
manente procesos de desmercantilización de las relaciones entre los seres humanos
y la naturaleza.
Igualmente, se prevén actividades de exploración, explotación, refinación,
transformación, industrialización, transporte y comercialización de recursos mine-
ros e hidrocarburíferos, con las tecnologías más adecuadas y limpias reduciendo al
máximo los daños ambientales y sociales.
El Desarrollo Integral (DI) debería ser una fase en la cual se dé prioridad al
abastecimiento interno con producción nacional, se fomente el comercio justo y
solidario de productos agropecuarios y provenientes del bosque, se dé un poten-
ciamiento productivo de las diferentes formas de la economía plural con énfasis
en los pequeños productores y en la economía comunitaria, mediante la elimi-
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 119

nación del latifundio para lograr mayor equidad en el acceso a los beneficios de
la Madre Tierra. A la vez se apunta la necesidad del potenciamiento del sistema
productivo estatal.
Se ratifica en esta Ley la necesidad de desarrollar complejos productivos,
además de la agricultura, pesca y ganadería –ya no recolección, caza y pesca o
silvicultura-. Se retoma la importancia de encarar la revolución productiva comu-
nitaria agropecuaria; es decir, promover la Ley que existe para el efecto, estable-
ciendo como objetivo fundamental el logro de la soberanía con seguridad alimen-
taria -con un cambio respecto de la posición oficial en el encuentro de la OEA que
tuvo como consigna “Seguridad Alimentaria con Soberanía” que difiere mucho del
planteamiento de Soberanía Alimentaria-, priorizando las unidades familiares co-
munitarias, buscando el diálogo de saberes. Con todo, se mantienen las mismas y
criticadas posiciones sobre los transgénicos (sólo prohibiendo semillas de las que
Bolivia es centro de origen o diversidad y aquellas que atenten contra el patrimo-
nio genético, la biodiversidad, la salud de los sistemas de vida y la salud humana,
aunque por otro lado se prohíbe la producción de agrocombustibles).
La institucionalidad prevista incentiva la creación de un Consejo Plurinacio-
nal para Vivir Bien, como instancia de seguimiento, consulta y participación en la
elaboración de políticas, planes, programas y proyectos para el cumplimiento de
dicha Ley, que contará con una Secretaría Técnica dependiente del Ministerio de
Planificación del Desarrollo que coordine y articule el accionar de otros consejos
de carácter sectorial. También se prevé crear una Entidad Plurinacional de Justi-
cia Climática que sustituye al Programa Nacional de Cambio Climático. También
incorpora tres mecanismos: el Mecanismo Conjunto de Mitigación y Adaptación
para el Manejo Integral y Sustentable de los Bosques y la Madre Tierra; el Me-
canismo de Mitigación para Vivir Bien y el Mecanismo de Adaptación para Vivir
Bien, a lo que se suma el Fondo Plurinacional de Justicia Climática y la Defensoría
de la Madre Tierra. También hay el mandato para que el Ministerio de Planifica-
ción del Desarrollo ajuste el Plan General de Desarrollo Económico y Social, así
como los planes de las entidades territoriales autónomas, al enfoque del Vivir Bien
a través del desarrollo integral en armonía y equilibrio con la Madre Tierra, en un
plazo máximo de ciento ochenta días.
Antes que nada, hay que anotar que resulta muy extraño que a tan poco tiem-
po de contar con una NCPE emergida de una Asamblea Constituyente, por decisión
del propio oficialismo, la LMTDIVB se constituya como Ley Marco de preferente
aplicación para el desarrollo de leyes específicas, políticas, normas, estrategias,
planes, programas y proyectos. Para cualquier profano en constitucionalismo esto
suena a sabotaje a la NCPE y al proceso que la parió, porque es lógico que ahora
se cuenta con dos fuentes de gestación legislativa. ¿A cuál se atenderá, o se lo hará
discrecionalmente? También habrá quienes aduzcan, y no sin razón, la inconstitu-
120 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

cionalidad de la nueva Ley. En todo caso parece no ser resultado de ingenuidades


ni de equivocaciones, sino de un cálculo que busca dotarse de dos marcos jurídicos
que permitan “flexibilidad” y por lo tanto maniqueísmo y maniobra, posibilitando
que siempre se pueda culpar por todo al marco legal dual, a los vacíos jurídicos, a
la conflictividad jurídica, a los procedimientos y no así a las intenciones y volunta-
des que son las que cuentan; es como curarse en salud, incluso para no hacer nada
o no avanzar en el sentido anunciado cuando no convenga. De ninguna manera
este es un asunto menor, máxime si el Presidente del Estado Plurinacional arenga
afuera sobre la Madre Tierra y adentro nos dice que el ambientalismo es la nueva
forma de colonialismo.
En otro sentido, la Madre Tierra sería el “paraguas” que expresa operativa-
mente la cosmovisión ancestral de todos los pueblos indígenas, pero extremando
acepciones, se puede aducir que sobre todo representa a los aymaras, y aunque
también existió un Tata Inti incluso como Dios Sol para los quechuas, o el agua
como deidad de los Uru Chipayas y Puquinas, ambos en un sentido de religiosidad
panteísta, está claro y es aceptado por todos que la Madre Tierra cubre la identidad
de todos, es integral y representativa, incluso sujeto de derechos; no obstante, si
bien se puede calificar al Vivir Bien como parte de una cosmovisión, es parte de la
mitología indígena, especialmente aymara.
Sostener, sin abundar en detalles conceptuales ni de concreción, que el Vivir
Bien se alcanza en forma colectiva y que es la economía comunitaria la que armo-
niza con los intereses individuales, lleva a pensar que se trata de una propuesta aún
abstracta, como levitando sin aterrizar, porque en realidad todos los planteamien-
tos y utopías pretenden ser alcanzados no sólo social sino colectivamente y no de
manera individualísima y particular. Por supuesto, dentro de tal dimensión general
se tendría obligatoriamente que incluir los intereses específicos de individualiza-
ción. Con todo, no se trata de cualquier idea puesta al azar: el enfoque de análisis y
medición del Vivir Bien debe obligatoriamente ser con entrada y mirada colectiva.
Esto da lugar a que pueda recurrir a lugares comunes de ideales más genéricos o
generales, más abstractos y, por lo tanto, menos concretos en relación con los ni-
veles de vida, el progreso tecnológico, los procesos de generación de riqueza, las
metodologías de distribución de riqueza… Tanto así que en muy pocos momentos
y de manera aislada, aparece el concepto de reciprocidad separado del concepto
de don/donación /reciprocidad/redistribución como sistema alternativo al de inter-
cambio y mercado. A ello se añade la elevada presencia y lugar prominente de la
producción indianista e indigenista sobre la temática del Vivir Bien, que incluye
visiones sobre una nueva sociedad que regenera la ancestralidad e indigenidad.
Se advierte que el lenguaje introducido para tratar la Madre Tierra y el Vivir
Bien, no se alejan de las lógicas y pautas de la racionalidad occidental eurocéntri-
ca. Se trabaja un asunto enormemente importante y emergente, con mentalidad aje-
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 121

na y lenguaje del pasado; ignorando que hay otros lenguajes posibles, más amiga-
bles con íconos y con símbolos que son más gratos a los pueblos indígenas y a las
comunidades apegadas a dicho ideario. Se anuncia que el Vivir Bien debe lograr
equidad y solidaridad eliminando desigualdades y mecanismos de dominación,
categorías que pueden encontrarse en cualquier plan de país occidental capitalista,
incluso neoliberal, sin tomarse el cuidado de una conceptualización diferenciado-
ra. Cabe pensar en una intención deliberada en tal redacción para dejar márgenes
de flexibilidad a conveniencia.
Para una categoría fundamentalísima como es el Vivir Bien, tendríamos que
exigir en la LMTDIVB u otras entregas intelectuales, que se extremen recursos
para explicitar las diferencias filosóficas con aquello impregnado por la Revolu-
ción Francesa como emblema político de la modernidad y la democracia, es decir
libertad, igualdad, fraternidad; o con postulados marxistas para lograr igualdad
sin explotación económica ni dominación política y contra toda forma de enajena-
ción, desrealización humana.
Es decir, lo que se aspira es la emancipación total, para no mencionar otros
propósitos anarquistas y utopistas loables, que incluso tienen lugar en el Oriente
y otras latitudes del Sur del planeta, para que no se hagan conjeturas forzadas y
se pretenda marcar equivalencias con postulados ajenos y contrarios a lo que se
quiere inculcar. O, por el contrario, si como parece por la forma de emisión de la
LMTDIVB ya se zanjaron posiciones con el indigenismo radical, conviene más
bien señalar que interculturalmente, se recogen proactiva y sinérgicamente dichos
postulados para un procesamiento con adecuaciones a una nueva filosofía social.
Esta ausencia es reemplazada por generalidades cosmogónicas. Como el
Vivir Bien no se puede normar, se explicita lo que se quiere concretar mediante
el desarrollo integral, apuntando como vector hacia un Vivir Bien, un horizonte
que está aún lejos de alcanzar. El problema radica en que, a juzgar por la actual
práctica y oferta gubernamental, el peldaño intermedio o transición al Vivir Bien
no dista mucho de conceptos, categorías, variables, elementos, componentes,
flujos y procesos conocidos y practicados por otros países, economías y socie-
dades de raíz tradicional y que son convencionales y funcionales al sistema. Al
contrario, si las cosas se siguen haciendo como siempre, lo que está garantiza-
do es el resultado que conocemos: sociedades desiguales, mayorías explotadas,
deudas históricas, ambientales y sociales, sistemas de dominación reiterados en
el tiempo, y frustraciones que conlleva la modernidad capitalista occidental, en
materia ambiental y humana.
Lo que se quiere decir es que ni con la importante emergencia de la LMTD-
IVB se logra convencer más y mejor a todos, enamorar al país de manera contun-
dente para seguir un nuevo rumbo. Falta discutir a fondo el concepto de pobreza
que, supuestamente, no es parte de la racionalidad propia del mundo ancestral
122 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

indígena, y (este concepto) nuevamente aparece articulando estrategias porque no


se construyen nuevas formas de ver el mundo y la vida, salvo en el discurso.
Falta también discutir a fondo si el trabajo es la nueva deidad a la que hay
que adorar y rendir pleitesías, cuando aspirábamos que nos mueva a la felicidad,
la felicidad que proporciona el ocio o el tiempo para dedicarse a cultivar la vida
no sólo colectiva sino también individual. En fin, falta discutir muchas cuestiones,
como las concernientes a la vida en comunidad dentro del mundo rural, a la vida
en comunidad y la vida en general en el mundo urbano, pues no basta con inscribir
que se debe promover e incentivar la agricultura urbana y periurbana en armonía y
equilibrio con la Madre Tierra para el consumo familiar. Es entendible que ello no
se puede hacer a partir de una sola Ley; pero tampoco se encuentran explicitacio-
nes en otros materiales ni alocuciones sobre el particular.
Llama la atención que cuando se refiere a lo agropecuario y rural, a lo agra-
rio y a la ruralidad del país, se incorpore de manera rara y forzada la tríada agricul-
tura – pesca – ganadería, no así el formato conocido agricultura, ganadería con la
inclusión de lo forestal, de lo silvicultural que nítidamente hace más relación con
los pueblos indígenas de tierras bajas. ¿Qué hay con ellos? Tampoco, como alega
un destacado especialista internacional en estos temas, se incorpora el derecho a
la consulta previa, voluntaria e informada, con base en sus usos y costumbres, in-
curriendo en inconstitucionalidad y actitud anti indígena, contaminando toda una
Ley -y de semejante significado- con las querellas del gobierno contra los indíge-
nas del TIPNIS, batalla ética y moral ganada desde un principio por aquellos.
En este contexto, resulta grave la acusación respecto de que no se incorpora
la consulta por que la Ley trata asuntos universales, de la totalidad y no de parcia-
lidades de la población. Esta actitud está reflejando no solamente una mentalidad
en la redacción de la Ley, sino una intención que como mínimo se puede calificar
de autoritaria y mal intencionada respecto de ostentar en los hechos todo el poder
para definir como Estado y gobierno situaciones concretas convenientes o incon-
venientes para el propio poder, porque los derechos generan poder y de eso se trata
cuando se habla de derechos indígenas como parcialidad. Eso era lo que conside-
rábamos un avance (Clavero, 2012 y 2012a; Pacheco, 2012).
La mentalidad expresada entre líneas, pero claramente, es no solamente cen-
tralista, sino sobre todo mono o uni nacional, pero no de una “Nación” en sentido
histórico fuerte, sino de un gobierno; o peor, de un partido, que al descuidar hilva-
nar toda la Ley con el máximo cuidado, de ubicarla en el contexto de un nuevo tipo
de Estado (un Estado Plurinacional), echa por la borda dicho contenido, poniendo
gravísimos antecedentes en forma de barreras para la construcción de tal enuncia-
do constitucional superior y estratégico.
La Ley no solo triangula los conceptos de Madre Tierra-Desarrollo Integral-
Vivir Bien, sino involucra muy directamente otros como cambio climático, a la
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 123

vez de poner coto a las confrontaciones, confusiones y diletantismos sobre el Vi-


vir Bien en el marco oficial, desterrando las posiciones indianistas e indigenistas
radicales que, desde una visión de confrontación con Occidente, descartaban toda
su institucionalidad y su visión sobre el desarrollo (ya que esta Ley es justamente
también de sobre desarrollo, no sobre la vida como en su momento lo proponía,
criticando el PND, el Canciller Choquehuanca, cuya repartición es la que tiene que
ver con la versión de la que ahora nos ocupamos).
Como se indicó inicialmente, esta Ley no solamente arrincona a las posicio-
nes indianistas radicales, sino también a las que catalogamos como pensamiento
alambicado, que partiendo de un lugar, suben y bajan varias veces para llegar al
mismo lugar, como aquello de comenzar con capitalismo andino amazónico, luego
unificar y fusionar el Vivir Bien con socialismo comunitario que ya no aparece en
el espectro.
En lo personal, parece acertado vincular Madre Tierra y Vivir Bien con cam-
bio climático; pero, profundizando la búsqueda de respuestas enriquecedoras del
conocimiento sobre el tema, es que emerge una nueva interrogante respecto de
si en realidad el Vivir Bien solamente obtendrá plena vigencia como paraguas
defensivo y de emergencia ante situaciones climáticas catastróficas, de desastres
naturales de envergadura, que obliguen a retrotraerse en ideas que nos obliguen
a protegernos psicológicamente ante la depresión y la angustia por una situación
frente a la que estaríamos preparados porque la sentimos cercana, amenazante.
Conjeturas sobre la forma muestran que la aprobación de la LMTDIVB se
dio sin la agilidad de otras leyes promulgadas tras su aprobación en la Asamblea
Legislativa, y sin la algarabía que debería tener a tono con las emisiones simbóli-
cas como estila el Gobierno. A decir por la contundencia del discurso presidencial
en foros internacionales sobre estos temas, no deberían quedar dudas sobre la ne-
cesidad de que el país avance en este sentido; sin embargo, se entiende que no fue
una decisión fácil, y que enfrentar el extractivismo no es tarea sencilla, sobre todo
porque también hay una oferta industrialista acorde a la manera en que se encara
la economía del país en la actualidad. En todo caso, aunque la promulgación de la
Ley a todas luces estuvo rodeada de tensiones de fuerzas, dubitaciones y cálculos
de todo tipo al interior del gobierno, representa una decisión que intenta avanzar
en la política interna en consecuencia con el discurso oficial.
En otro sentido se especula que una Ley de la significación de ésta, tendría
como mínimo que compararse con la Ley de Reforma Agraria promulgada por
la Revolución Nacional de 1952, con la Ley de Participación Popular de 1994
y, desde luego, con algunas leyes importantes afines como la denominada Ley
INRA, de Reforma Educativa y otras. Se la aprobó y promulgó modestamente,
casi tímidamente, aunque circuló en algunos ámbitos afines al gobierno, entre or-
ganizaciones grandes y de peso que perdieron el sentido de movimientos sociales.
124 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

En breve, no fue objeto de una movilización y debate nacional a todo nivel para
lograr total legitimidad y credibilidad, para seducir a la gente y abrir un nuevo
tiempo. Podría haberse optado por una estrategia comunicacional y traducirse en
los idiomas nativos oficiales, constitucionalizados; pero no fue debatida en esas
lenguas nativas tampoco.
Preocupa que, a diferencia de la Ley de Reforma Agraria de 1953, donde se
definen sujetos concretos masivos que pierden la condición de servidumbre y se les
dota de título ejecutoriado que garantiza su acceso y tenencia de tierra con diferentes
variantes; o como la Ley de Participación Popular -más allá de sus cuestionamien-
tos- que concretiza su propuesta territorializando políticas y sujetos como las Orga-
nizaciones Territoriales de Base (OTB), movilizando recursos de coparticipación tri-
butaria y otros más; o la Ley INRA que materializa la implementación de Territorios
Indígenas y de Tierras Comunitarias de Origen (TCO hoy TIOC) con gran alcance,
aceptación y empoderamiento indígena; la LMTDIVB, a pesar de las buenas inten-
siones con las que emerge, es resultado de movidas en el poder, de correlaciones de
fuerzas que se juegan en los pasillos del Palacio, de forcejeos al interior del partido
de gobierno y no de un sinceramiento del poder con la sociedad por una nueva vida.
La Ley es abstracta porque nació desde arriba, desde el Estado, mientras
se esperaba que ella marque la diferencia. Ahora la gente y los sujetos involucra-
dos, es decir la totalidad de bolivianos y bolivianas, tendrán que hacer el esfuerzo
para visibilizar el espacio que habilita la Ley para su realización, y seguro que lo
encontrarán. Pero, el Estado podría habernos hecho más fácil el procedimiento y
ayudarnos a tomar la decisión firme de apoyar y practicar la nueva Ley porque nos
conviene a nosotros, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, en adelante.

Cierre: una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones

Si como siempre se argumenta: a declaración de parte, relevo de prueba, en


vez de incluir una justificación que muestre que el capitalismo, la modernidad y
Occidente con sus principales valores están en declive y que se requiere con urgen-
cia generar nueva teoría para transformar la realidad, basta revisar brevemente el
Manifiesto de rebelión de los estudiantes de economía en Harvard de 2011. Estos
estudiantes se declararon en huelga contra el fundamentalismo económico, contra
el pensamiento neoliberal hecho teoría, contra la falta de pluralismo y el exceso de
formalización en una enseñanza económica “sumergida en fantasías a la manera
autista”, para perpetuar la desigualdad en la sociedad de hoy, reclamando perspec-
tivas críticas con una nueva economía abierta e integral, en escala humana3.

3 Manifiesto de rebelión de los estudiantes de economía en Harvard. 2011


Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 125

Lo precedente busca relevarnos de abundamientos. Ya no sólo la economía,


sino la sociedad, el Estado, el mercado, los territorios, aguas y atmósfera, el medio
ambiente, la ecología y la biodiversidad, en otras palabras el desarrollo, no pueden
seguir como están porque no sirven a nadie, ni siquiera a los pocos ricos de un
mundo en zozobra.
Es cierto que también el desarrollo nos trajo elementos hermosos y útiles
para nuestra vida, que disfrutamos y a los que no queremos ni debemos renunciar;
pero éstos no llegan a compensar las falencias, fragmentaciones, desesperanzas,
inseguridades, vulnerabilidades y amenazas que nos rodean a unos y otros, con los
que vive a diario la mayoría en nuestra sociedad.
No hay duda que no se debe gastar más en estudios para producir prospecti-
vas con respuestas y soluciones, como nuevo proyecto societal. De lo que se trata
es de entender que este debate, que no comienza ahora ni aquí en Bolivia sino que
viene de lejos, se nos presenta (por determinadas circunstancias) como la posibili-
dad de enderezar la historia y encaminarnos hacia la búsqueda de una nueva vida,
una vida feliz y de realizaciones plenas para todos como iguales, en armonía con la
naturaleza y entre sociedades. Esta felicidad puede ser subjetiva individualmente
hablando, pero puede encontrar factores de asidero si se la considera como comu-
nidad, como sociedad; lo que ya no puede acicatearse en el crecimiento enloque-
cido y el consumo suntuario y grotesco, sino en un nuevo concepto de riqueza de
las sociedades, de las naciones, de la humanidad, a partir de parámetros modestos,
pero loables y dignos.
Creemos que -considerando espiritualidades, intersubjetividades, pulsiones
colectivas y hasta la mitología en las sociedades de Oriente/Sur-, junto a lo que
conocemos y vivimos como modernidad Occidental civilizatoria capitalista, es
posible incluir los elementos más conducentes de la propuesta que de inspiración
ancestral e indígena tiene el Vivir Bien. Es posible rescatar un nuevo desarrollo
para contribuir modestamente o para demostrar de buena manera, que ese sueño
de una nueva vida feliz es resultado de la dinámica, la interlocución e interacción
de múltiples determinaciones que pueden reconstituir la totalidad orgánica de la
realidad social y el planeta.
En nuestras búsquedas y análisis, hemos encontrado sucesivos y distintos
tipos de clivajes, desacoplamientos y hasta escisiones Norte/Sur, bajo el capitalis-
mo. Todo ello no ha evitado la aparición de otros nuevos clivajes como la emer-
gencia de los tigres asiáticos y Chindia.
Con todo, hemos arribado a la idea de que es posible vivir juntos entre to-
dos, que debemos organizarnos para ello, que requerimos urgentemente descubrir
y construir el nuevo sujeto histórico del cambio; que el futuro de nuestros sueños
no puede ni será solamente resultado de factores unilaterales, de cosmovisiones
sectariamente concebidas y desplegadas… Si no entendemos esto, trastocaremos
126 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

la casi sublime aspiración del Vivir Bien en un instrumento de nacionalismo étnico


que, como tal, solamente acarreará el poderío de nuevas elites para hacer prevale-
cer sus intereses.
Desde nuestro punto de vista, el debate intenso de los últimos años sobre
la espiritualidad inspirada en ancestralidades e indigenidades, nos enseña que un
mundo mejor, una nueva vida, será resultado del conjunto de elementos, factores,
y propósitos loables que conllevan filosofías, cosmovisiones, idearios, imaginarios
de distintas historias y geografías, de Oriente y Occidente. Ya sea desde la cuna de
Occidente (como oikonomía para Vivir Bien adversa a una crematística para vivir
en la molicie4), o del coincidente Vivir Bien del mundo andino, del Nirvana de la
India, del Ubuntu africano, estas u otras categorías del mismo significado no son
otra cosa que una carta de navegación, destino y utopía, que debería orientar nues-
tro recorrido. Lo grave, lo perverso y que envilece nuestra humanidad, es el alejar-
nos cada vez más de esos referentes y, peor aún, de manera consciente y voluntaria.
No hay pueblos elegidos o mesiánicos y, por ende, no hay culturas ni países
mesiánicos, tampoco continentes ni geografía alguna destinada a salvar al resto.
Nadie labra la felicidad de otros, menos la de todos; ella es siempre resultado del
esfuerzo de cada quien, de cada entidad, de multitudes y conglomerados cualitati-
vamente importantes, de múltiples determinaciones acumuladas.
Por otra parte, aunque parezca forzado y descontextualizado, es menester
justipreciar todos los esfuerzos y aportes, pues una nueva vida no rescatará todo
sino algunos ideales esenciales de los socialistas utópicos sobre comunidades
ideales donde todos serían libres. No son desechables sus críticas pertinentes y
oportunas a la economía, la industrialización y el capitalismo de su época, a la ci-
vilización urbana, el liberalismo, la explotación de que eran objeto los obreros, las
mujeres y niños y la desigualdad social en su época. Será difícil pasar por alto los
postulados de Fourier, Moro, Cabet, Saint-Simon, Blanqui y muchos más. Tam-
poco se podrá soslayar el ideario y la lucha de los anarquistas con sus principios
comunitarios de igualdad, que llamaban y llaman a la abolición del Estado, de
toda autoridad, jerarquía, norma o control social que se imponga al individuo, por
provenir de instituciones innecesarias y nocivas. El pensamiento de Proudhom y
Bakunin y de una pléyade de anarquistas de ayer y de hoy, difícilmente puede ser
desestimado del todo y, obviamente, no puede ser tomado del todo.
Aportes más recientes y desde América Latina, en relación a la economía
ética, la economía del trabajo, la descolonización de la economía, la economía
autogestionaria y solidaria, de reciprocidad y comunitaria, mutualista y coope-
rativa, asociativista, y otras fuerzas intelectuales que alimentan el camino de
4 Tendencia morbosa  al hábito del ocio, la pereza llevada al máximo, sin ningún esfuerzo que saque a la persona de su
estado inactivo y de comodidad., con abandono invencible al placer de los sentidos. Ver Aristóteles. Política y Carta a
Nicómano.
Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 127

crítica de situaciones aberrantes y salidas dignas como la ecología política, la


economía ecológica, o desde la distancia la lucha de la hindú Vandana Shiva
por la pequeña economía familiar campesina, tan coincidente en tiempos dife-
rentes con el postulado del alemán Schumacher en “Lo pequeño es hermoso”,
no podrán ser invisibilizadas de cara a mejorar y cualificar opciones porque otro
desarrollo es posible.
Sin embargo, debe quedar clara la idea completa; plantear que una nueva
vida es necesaria y posible, que será resultado de múltiples determinaciones, no
quiere decir que resultará en una heterodoxia total. Es obvio que en todo proceso
sociopolítico de selección “natural”, cultural, por historia y geografía común u
otros, se complementarán aquellas explicaciones y perspectivas compatibles que
tengan el mismo núcleo estratégico y el mismo sentido histórico, donde la fuerza
articuladora será la que pueda organizar al resto tras de sí.
Tal producto social no es inocente ni automático, sino resultado de tensio-
nes y lucha de posiciones e ideologías de respaldo que la viabilicen. Siempre se
ha necesitado una locomotora social que será una u otra, según los casos históri-
camente determinados. Si bien en el plano de las ciencias y de la generación de
teorías generales, se podrá contar con un marco referencial para todos los casos,
no es ni será posible una uniformización de opciones concretas: cada formación
social labrará lo suyo, utilizando lo que tenga que utilizar del plano teórico ge-
neral gestado.
Hasta aquí, la concepción materialista de la historia ha logrado explicacio-
nes estructurales incuestionables, no solamente frente al liberalismo sino también
frente al socialismo utópico y al anarquismo. Para el nuevo tiempo se vislumbra
el espacio para una saludable y fructífera como vigorosa confrontación de ideas
entre el marxismo como teoría de la historia y el socialismo marxista remozado
(alimentado con nuevos paradigmas y propuesta de sociedad, con los diferentes
indigenismos e indianismos y sus espiritualidades emergentes). Su resultado y sín-
tesis permitirá pasar a una nueva lectura y propuesta, integrado epistemológica-
mente con otros y nuevos paradigmas; tendremos una nueva vida como síntesis de
múltiples determinaciones tensionadas por la ideología, con un respaldo científico
de sustento.
A partir de investigaciones sobre territorios concretos de eco-regiones de
todo el país comienzan a circular conclusiones: como balance general de cuatro
trabajos, se puede señalar que, en todos ellos, el Vivir Bien constituye una intui-
ción subjetiva, dinámica, imprecisa, asociada a valores básicamente humanos,
y en proceso de construcción y cambio (Mamani Pacasi et. al., 2012). En este
artículo solamente hemos incluido la entrega más reciente, fresca y oficial sobre
el Vivir Bien, expresada en la Ley Madre Tierra, Desarrollo Integral Para Vivir
Bien, y que muestra contradicciones que pueden desnaturalizar su contenido, aun-
128 PARTE 2. Vivir Bien II. Entre la teorización y el discurso (del desarrollo)

que sin descalificar el concepto en sí. Hay otras investigaciones, como las que
incluye el Programa Nacional Biocultura -verdadero laboratorio sobre el Vivir
Bien en 25 municipios- cuyos resultados serán claves para calibrar este tema,
pues tratan de recoger las pulsiones desde la sociedad sobre el Vivir Bien y otras
temáticas afines (como la de moneda local), o las referidas a la revalorización de
saberes, innovación en la economía, conservación y aspectos organizacionales en
comunidades rurales5.

5 Programa Nacional Biocultura. PNB. Plan Rector. La Paz, Bolivia. 2010-2014.


Una nueva vida como síntesis de múltiples determinaciones 129

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PARTE III.
Vías hacia el Vivir Bien I:
Humanismo, género e infancia
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el
ejercicio de derechos
Flavia Marco Navarro*

1. ¿De qué estamos hablando?

Hablar del sistema de género en la niñez y adolescencia es referirse a las


desigualdades y diferencias inter e intragénericas; a las causales sistémicas de es-
tas desigualdades y sus consecuencias. Es también hablar de las mujeres como
responsables principales o exclusivas del cuidado de niñas y niños, en virtud de
un mandato del sistema de género que provoca desigualdades que perjudican a las
mujeres adolescentes y adultas en el uso del tiempo, en la culminación de la esco-
laridad, en la carga global de trabajo (trabajo remunerado y no remunerado), en sus
trayectorias laborales y en el empleo, lo que llega a determinar que haya mujeres
sin ingresos propios1.
Cuando el enfoque de género comienza a ser parte de la agenda política se
develan temas como el trabajo infantil de las niñas en sus propios hogares, el abuso
sexual y el comercio y explotación sexual donde las principales víctimas son las
niñas. Se aprecian también los efectos del mayor peso del trabajo remunerado en los
niños y las condiciones en que este trabajo se realiza. Surge además la interrogante
sobre diferencias entre los géneros que no vimos o naturalizamos, como por ejem­
plo las diferencias en rendimiento según materia entre niños y niñas; las diferencias
entre niños y niñas en el sistema de protección o como infractores; las diferencias
en el consumo de drogas, sobre lo cual hay evidencia en otros países de la región al
desagregar los datos por sexo, pero sobre lo que faltan explicaciones (Larraín, 2012).

* Investigadora independiente, consultora de la CEPAL, Santiago. Reside en Santa Cruz de la Sierra.


1 La categoría de ingresos propios es un indicador dado por el porcentaje de mujeres mayores de 15 años que no perciben
ingresos monetarios ni estudian sobre el total de población femenina de esas edades (CEPAL, 2012).
134 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Hablar de género y niñez es entonces demandar la superación de las des-


igualdades y el ejercicio pleno de derechos de niños, niñas y adolescentes, apelan-
do al rol del Estado, a su obligación de crear las condiciones para el ejercicio de
los derechos de todas y todos.
Por su parte, hablar del vivir bien es abordar una ruptura de paradigmas, una
cosmovisión, una aspiración, una utopía con arraigo cultural que se centra en la
armonía con la naturaleza y en el bienestar de las personas. Implica como es obvio
abandonar enfoques como los de la pobreza o la vulnerabilidad, pero incluso tam-
bién otros como el del desarrollo humano. Se trata por tanto de algo complejo y
no exento de imprecisiones y contradicciones.
Según la Constitución Política del Estado Plurinacional, el suma qamaña es
un principio ético-moral de la sociedad plurinacional asumido y promovido desde
el Estado, junto con otros como el ama qhilla, ama llulla y ama suwa (no seas
flojo, mentiroso ni ladrón), ñande reko2 (vida armoniosa), teko kavi (vida buena),
ivi marei (tierra sin mal)3 y qhapaj ñan (camino o vida noble)4. Surge entonces un
cuestionamiento obligatorio ¿por qué hablar solamente del vivir bien? ¿Por qué no
también de ñande reko o teko kavi o ivi marei? Desde el punto de vista académico,
contamos con estudios que exploran o intentan profundizar en los significados de
estos principios de los pueblos del oriente del país; no contamos, sin embargo, con
aproximaciones para viabilizarlos en el accionar del Estado o con pautas sobre
cómo estos pueblos quisieran hacer algo así. Por lo pronto, dejamos sentada esta
preocupación ¿cómo considerar todos estos principios provenientes de los pueblos
indígenas, sin privilegiar a unos por sobre otros? A niveles autónomos de gobierno,
esto podría traducirse en políticas de orientación diferenciada que consideren los
principios que correspondan según la pertenencia étnica de la población, pero a
nivel de políticas del Estado Plurinacional persiste el cuestionamiento.
El vivir bien es una cosmovisión andina, fundamentalmente aymara, que
según Núñez del Prado (2011) no tiene registros en las obras de los andinistas. Si
bien es posible que siendo ancestral no haya sido documentada por tratarse de cul-
turas de tradición oral, igualmente estamos ante un registro intelectual posterior,
es decir reinterpretado. Se trata entonces de una reinterpretación de reciente data,
una resignificación actualizada, ideologizada alrededor del proceso de cambio, o
incluso puede ser una construcción actual, una interpretación contemporánea del
pasado (Núñez del Prado, 2011).

2 Más entendido como modo de ser y estar


3 Tierra sin dueño, tierra buena, tierra nueva y de fiesta
4 Qhapaj ñan como camino del descubrimiento de la verdad. Se basa en la dualidad y el conocido equilibrio del mundo
andino
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 135

El canciller Choquehuanca, identificado por Núñez del Prado como uno de


los principales reivindicadores del vivir bien, señala que éste es uno de los obje-
tivos estratégicos de los pueblos indígenas, que apunta a recuperar la vivencia en
comunidad y la armonía con la naturaleza y la vida, a la salvación de la huma-
nidad y el planeta, en oposición al individualismo, al lucro o al consumismo. Es
un modelo tetraléctico (que supera el dialéctico occidental) del saber bien, hacer
bien, estar bien y sentir bien; es una visión cosmocéntrica y no antropocéntrica
donde hay equilibrio y horizontalidad para todas las formas no sólo de vida sino de
existencia, donde no cabe hablar de desarrollo porque no hay un estado anterior de
subdesarrollo ni otro posterior de desarrollo (Ministerio de Relaciones Exteriores,
2009, cit. en Núñez del Prado, 2011).
Puede parecer poco riguroso o contradictorio ideológicamente tratar de
compatibilizar la perspectiva del vivir bien con paradigmas que son occidentales:
reivindicar el papel del Estado y hablar de derechos humanos.
No se trata de obviar las dimensiones del vivir bien para centrarnos en el
Estado, pero sí de reconocer su rol como garante de derechos, en una visión que no
puede ser ahistórica, y que tiene que recuperar mínimos inherentes a la dignidad
humana, como son los derechos humanos.
Esto no desconoce el carácter sesgado que han tenido en su desarrollo los
derechos humanos, tanto en su formulación como sobre todo en la práctica, pen-
sados desde y para el hombre (masculino), occidental, blanco y de cierto nivel
de ingresos; carácter que tiene uno de sus más visibles cuestionamientos desde
el feminismo. Se trata más bien de destacar que este sesgo que atentaba contra la
noción misma de universalidad, esencia de estos derechos, viene siendo comba-
tido desde hace tiempo, tal como lo demuestra el proceso de generización5 de los
derechos humanos. Se trata de asumir que el vivir bien es una construcción que
está siendo reinterpretada, o incluso significada; que la cultura es dinámica, que
todos tenemos derecho a incidir en esa reinterpretación o en este proceso de cons-
trucción, ya que siendo propia del pueblo aymara va a orientar los destinos del país
-de los otros pueblos indígenas y de la ciudadanía mestiza- por lo que nos tiene
que reflejar a todos y todas.
Por lo demás, los esfuerzos por hacer compatibles visiones de procedencia
indígena con nociones e instituciones occidentales en el afán de empoderar a los
y las excluidas, de lograr mayor justicia social y mayor participación no son tan
nuevos. Mujeres indígenas, por ejemplo en México, han teorizado sobre las formas
de opresión que las aquejan usando nociones como las de ciudadanía y derechos,
cuestionando visiones estáticas y esencialistas de cultura, para demandar una ma-

5 El proceso de generización de los derechos humanos alude al fenómeno de la transversalidad o impregnación del
Derecho Internacional de los Derechos Humanos por el concepto de género y esta perspectiva de análisis (García, 2001).
136 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

yor participación en los espacios de poder y formas de justicia comunitaria que no


las discriminen. Por su parte, desde la antropología feminista se ha logrado con-
textualizar las diversas formas que asumen las relaciones de género para evitar el
universalismo feminista que caracterizó a la academia (Hernández, 2012).

2. Qué es vivir bien en la niñez y la adolescencia

Si aun siendo el vivir bien una visión cosmocéntrica y no antropocéntrica,


significa bienestar de las personas en armonía con la naturaleza, ¿qué implica esto
para los niños, niñas y adolescentes?, ¿qué conlleva para ellos el saber bien, hacer
bien, estar bien y sentir bien?
Desde nuestro punto de vista significa niños, niñas y adolescentes felices,
sanos, bien alimentados, con una educación de calidad, estimulados, cuya voz sea
escuchada y tomada en cuenta, que vivan en comunidades y barrios seguros y que
posibiliten el juego y el esparcimiento, en un medio ambiente sano y sostenible y
en un entorno familiar armonioso, libre de violencia con amor y cuidados. Signi-
fica también adolescentes informados y empoderados; niños y niñas que puedan
desarrollar sus potenciales sin las limitaciones e injusticias que significa un siste-
ma de género que se articula con otras fuentes de desigualdad, impidiendo saber,
hacer, estar y sentir bien. Como sabemos, esto está lejos de ser una realidad para
la mayoría de ellos y ellas.
Para garantizar a los niños, niñas y adolescentes lo que merecen, lo que
necesitan, a lo que “tienen derecho”, tenemos que pensar en el Estado y sus obli-
gaciones en la materia. No pretendemos un Estado totalizante, pero sí un Estado
garante; y para ello reivindicamos un enfoque de derechos en las políticas públicas
que, por lo demás, no consideramos contradictorio con el vivir bien.
El enfoque de derechos considera el marco conceptual de los derechos hu-
manos como legitimados por la comunidad internacional, ofreciendo un sistema
coherente de principios y pautas aplicables a las políticas. Entre ellos, la igualdad
y no discriminación; la información y rendición de cuentas; las posibilidades de
denuncia y reclamo ante la transgresión de derechos (Pautassi, 2007).
Este enfoque encuentra asidero incluso en la Constitución, pues ésta dis-
pone que “los derechos reconocidos por esta Constitución son inviolables, uni-
versales, interdependientes, indivisibles y progresivos. El Estado tiene el deber
de promoverlos, protegerlos y respetarlos” Art. 13.I, (el subrayado es nuestro).
La norma fundamental tiene un acápite referente a los Derechos de la Niñez, la
Adolescencia y la Juventud, donde se establece que ellos son titulares de todos los
derechos enunciados en la Constitución, además de otros inherentes a su proceso
de desarrollo.
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 137

De otra parte, la Constitución dispone que los convenios internacionales


de Derechos Humanos tienen rango constitucional (art. 410). Prácticamente todos
los tratados de derechos humanos son aplicables a los niños, niñas y adolescentes,
pero específicamente se destacan la Convención de Derechos del Niño (CDN) y la
Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), que abordaremos más adelante.

3. Ejercicio de derechos de niños, niñas y adolescentes

El vivir bien en la niñez y la adolescencia pasa por el ejercicio pleno de los


derechos de niños, niñas y adolescentes, lo que a su vez requiere políticas públicas
con enfoque de género y de derechos. Estas políticas deben tener como marco las
mencionadas convenciones: de Derechos del Niño, y Convención para la Elimina-
ción de todas las formas de Discriminación contra la Mujer.
Ambas convenciones son tratados hermanos que tienen por finalidad última
impulsar los derechos humanos de las mujeres, niños y niñas. Varios artículos de
la CEDAW abordan derechos que corresponden o engloban a la in­fancia, es así
como en el artículo 2, al condenar la discriminación, lo está haciendo para las mu-
jeres desde su nacimiento. Por su parte, la CDN establece que todos los derechos
declarados en su contenido tienen que respetarse sin discriminación por motivos
de sexo (artículo 2), lo que significa que se protejan a las niñas y niños contra la
discriminación de género. De la misma forma, la CEDAW abor­da la igualdad de
niños y niñas cuando se refiere a la protección de la maternidad, a la adecuada
atención en salud y, en su artículo 10, a las mismas condiciones en materia de
capacitación profesional, señalando que esta igualdad debe asegurarse desde la
ense­ñanza básica (Larraín, 2012).
En ambas convenciones hay otros artículos que son complementarios. Por
ejemplo, el artículo 5 de la CEDAW, que señala la responsabilidad común de hom-
bres y mujeres en la educación y desarrollo de sus hijos, se complementa con el ar­
tículo 18 de la CDN que señala que los Estados Partes pondrán el máximo empe­ño
en garantizar el principio de corresponsabilidad en que ambos padres tienen obli-
gaciones comunes en la crianza y el desarrollo de niños y niñas (Larraín, 2012).
“Los enunciados de la Convención y la Declaración de Derechos del Niño,
vertebrados en el deber ser, se dirigen al mundo adulto y a sus instituciones, se
sitúan en un plano institucional fundamentalmente, pero pueden ser aproximados
y vitalizados sirviendo de orientación para las prácticas sociales e individuales
cotidianas como señeros de relaciones a ser logradas para configurar un mejor
mundo.… Desde nuestros marcos sociales y culturales, desde convencionalismos
que restringen y reducen posibilidades de la vida, pensamos a los niños y niñas
de una manera uniforme y homogeneizada, fuera de latitudes y meridianos, sin
138 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

distinciones culturales, de etnia, raza, clase, género” (Grau, 2012: 54 y 55). Es


precisamente esta la contextualización que requiere el ejercicio de los derechos, la
vitalización de los mismos en las prácticas cotidianas donde derechos y vivir bien
en la niñez y adolescencias deberían encontrarse.

3.1 Dos focos de especial preocupación6

La falta de ejercicio de derechos y la imposibilidad de vivir bien afectan las


distintas etapas de la niñez, pero identificamos dos focos de especial preocupación:
la primera infancia y la adolescencia. Esto debido a que el primer segmento ha
recibido atención fundamentalmente frente a los problemas de desnutrición, pero
no más allá de ello; mientras que la situación de los y las adolescentes parece vi-
sibilizarse solamente cuando tienen problemas con la ley o cuando enfrentan otras
formas de estigmatización social.
En este contexto, creemos que la escuela se presenta como el gran espacio
de desafíos para el país; el espacio donde se materialicen una serie de derechos de
niños, niñas y adolescentes, donde participe la comunidad y el barrio, donde se
haga posible el vivir bien. Esto pasa por asumir realmente la educación como la
primera prioridad financiera del Estado, según lo establece la Constitución.
La Ley Avelino Siñani y Elizardo Pérez establece el vivir bien como una de
las bases de la educación, disponiendo que esto implica desarrollar una formación
integral que promueva la realización de la identidad, afectividad, espiritualidad y
subjetividad de personas y comunidades, así como vivir en armonía con la Madre
Tierra y en comunidad con los seres humanos (art. 3, inciso 11). Más adelante
ampliará los principios orientadores de la educación, estableciendo que “la edu-
cación asume y promueve como principios ético morales de la sociedad plural el
ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón),
suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena),
ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble), y los principios de
otros pueblos. Se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad,
libertad, solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, trans-
parencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la
participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y re-
distribución de los productos y bienes sociales, para Vivir Bien” (art. 3, inciso 13).
El desarrollo de una vida y de una sociedad para el vivir bien figura también
luego en los fines y objetivos de la política educativa (art. 4 y 5).

6 Se sigue aquí lo desarrollado por Marco (2012)


El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 139

a. La primera infancia

En Bolivia, los niños, niñas y adolescentes son más pobres que los adultos
y, dentro de la niñez, los más pobres son los menores de cuatro años, con una
marcada diferencia entre las áreas urbanas y rurales. Esto se da considerando las
especificidades de la pobreza infantil desde un enfoque de derechos, al que se co-
rresponde una metodología específica de medición multidimensional de la pobreza
que, además del nivel de gasto o consumo de los hogares, considera variables
como nutrición adecuada, salud, agua potable, servicios básicos, vivienda, educa-
ción e información. Con los indicadores resultantes de estas variables la pobreza
extrema infantil (entre 0 y 17 años) alcanza en el país un 48,6%, mientras que la
pobreza total un 77,2% en el año 2007. En las áreas rurales las cifras llegan a un
alarmante 78,2% y 99% respectivamente. Estos datos ubican a Bolivia como el
país con mayor pobreza extrema infantil de América Latina y como uno de los que
tienen mayor pobreza infantil total (CEPAL-UNICEF, 2010).
En el mismo sentido, el Índice Municipal de Desarrollo de la Infancia, Niñez
y Adolescencia7 (IDINA) muestra que los niños y niñas menores de seis años son
quienes tienen un menor ejercicio de sus derechos y que al nivel inicial correspon-
de una proporción muy pequeña de la inversión en educación8 (UDAPE-UNICEF,
2008 y 2009).
A pesar de lo expuesto, los hogares con niños y niñas de edades tempranas
son los que tienen menor cobertura de protección social, como muestra el cuadro
Nº 1 en la columna correspondiente a la etapa inicial del ciclo de vida familiar9.

7 El Índice Municipal de Desarrollo de la Infancia, Niñez y Adolescencia (IDINA) es un instrumento de medición del grado
de cumplimiento de derechos de los niños, niñas y adolescentes en el país, construido a través de la comparación relativa
de indicadores relacionados con cuatro dimensiones de análisis: salud, educación, capacidad económica, habitabilidad,
derecho a la identidad y protección contra los riesgos de explotación económica y maltrato
8 En el 2005 la inversión en educación inicial fue de 15,5 millones de $us, mientras que en secundaria de 80,5 y en primaria
de 288 millones. Considerando el presupuesto total en educación, el nivel inicial corresponde al 0,8 y 0,5% en las áreas
urbanas y rurales respectivamente (UDAPE, 2008).
9 Se distinguen cinco etapas del ciclo familiar: la pareja joven sin hijos; la inicial, cuando los hijos tienen menos de seis
años; la de expansión, cuando estos tiene entre 6 y 12 años; la de consolidación cuando tienen entre 13 años y 18 años;
la de salida, con hijos de 19 años y más; y la pareja mayor sin hijos. En América Latina se observa un descenso en las
proporciones de familias que transitan las etapas inicial, de consolidación y expansión, con un incremento de aquellas
que están en la de salida, así como de las parejas mayores sin hijos en el hogar. En este sentido, Bolivia escapa a la
tendencia regional, pues el peso de las familias en etapas inicial y de expansión y consolidación es considerable (Rico y
Maldonado, 2011).
140 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Cuadro No 1. Distribución de la protección social


según el ciclo de las familias (*)
Año 2007
Sólo prot.
Con Sólo prot. Sin prot.: Sin
contributiva
Total protección no j/c u otro ninguna
FAMILIAS (%) (j/c u
mixta contributiva jub/pens protección
otros)
% % % % % %
Pareja joven s/hijos 100.00 22.44 . 4.46 . 73.10
Etapa inicial 100.00 26.63 0.11 2.19 0.19 70.88
Etapa expansión 100.00 7.16 11.30 63.06 . 18.48
Etapa consolidación 100.00 15.21 10.22 43.57 0.18 30.82
Etapa salida 100.00 28.81 19.29 19.52 0.75 31.63
Pareja mayor s/hijos 100.00 10.28 27.20 33.41 0.17 28.94
Total 100.00 17.28 12.00 35.88 0.24 34.60
Fuente: CEPAL, División de Desarrollo Social en base a Encuesta de Hogares
(*)Etapas del ciclo familiar: la pareja joven sin hijos; la inicial, cuando los hijos tienen menos de seis años; la de expansión,
cuando estos tiene entre seis y 12 años; la de consolidación cuando tienen entre 13 años y 18 años; la de salida, con hijos
de 19 años y más; y la pareja mayor sin hijos

De otra parte, dentro de la inversión para la infancia, niñez y la adolescencia a


niveles subnacionales -que se distribuye entre las asignaciones familiares correspon-
dientes al subsidio de natalidad y lactancia y los gastos en alimentos del Programa
de Atención a la Niñez- la proporción destinada a atender las edades tempranas es
ínfima. Por ejemplo, la proporción del nivel inicial con relación al total del presu-
puesto en educación era de menos del 1% en el año 2005 (UDAPE-UNICEF, 2008).
El desarrollo de la niñez en la primera infancia es la base del desarrollo
humano. La exposición a riesgos como la pobreza, enfermedades, situaciones de
estrés de los padres o deficiente acceso a servicios básicos pueden tener efectos a
lo largo de la trayectoria de vida, redundando en más pobreza y exclusión. En este
contexto, la evidencia muestra que el desarrollo a edades tempranas tiene impactos
significativos en los resultados que puedan obtenerse en otras etapas de la niñez.
Así, la educación en la primera infancia incide en las capacidades de lectura y en
el desempeño escolar posteriores, mientras que los programas que tienden a for-
talecer las habilidades cognitivas y socioemocionales en los niños y niñas pueden
incluso reducir futuros problemas de salud (UNICEF, 2012). Las neurociencias
han mostrado que las experiencias durante la primera infancia modelan el desarro-
llo del cerebro, sobre todo en los tres primeros años de vida.
La educación en el nivel inicial (tanto en su primer ciclo de 0 a 3 años como
en el segundo de 4 y 5 años) tiene un efecto igualador al compensar las deficien-
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 141

cias de nutrición, educación, tiempo de cuidado y estimulación que pudiera haber


entre los hogares. En efecto, estudios longitudinales a través de un largo período de
tiempo en Argentina y Chile, han encontrado que el mayor efecto relativo de una
educación inicial de calidad se da en los niños y niñas de menor nivel socioeconó-
mico (Barbery y Del Barco, 2011).
El Estado tiene la obligación de disociar los logros y aprendizajes educati-
vos respecto de la condición socioeconómica de origen de la niñez y adolescencia,
y promover una mayor convergencia de estos logros en la sociedad. A pesar de los
avances en la cobertura primaria en la región, esta no logra operar sobre las des-
igualdades acumuladas en la fase anterior ni sobre las condiciones socioeconómi-
cas y educativas de los hogares. Esto hace que un alto porcentaje de niños y niñas
padezcan rezago escolar y bajos aprendizajes, y no consigan acceder a lenguajes
fundamentales (CEPAL, 2010).
La cobertura de la educación inicial es reducida. Como muestra el siguiente
gráfico no existen diferencias por sexo; las diferencias entre las áreas urbanas y ru-
rales deben ser considerables, pero la información disponible no permite desagre-
gar este dato. Estas cifras de coberturas se refieren al segundo ciclo de la educación
inicial, es decir a niños y niñas de 4 y 5 años. Para el primer ciclo de la educación
inicial, para menores de 4 años, las coberturas son directamente residuales. Así,
para el año 2008 alcanzaban a alrededor de 50.000 niños y niñas en todo el país,
según el Sistema de Información en Educación (Barbery y Del Barco, 2012).

Gráfico Nº 1. Cobertura neta de la educación pública,


nivel inicial, por sexo. Años 2000 a 2008
(en porcentajes)

32,3 34,0 33,2 34,3 35,8 36,2 35,7 34,0 28,1


32,9 35,9 33,9 34,6 36,2 36,6 36,3 34,1 28,4

2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008

Hombres Mujeres

Fuente: Elaboración propia con base en INE y Ministerio de Educación. Sistema de Información Educativa)
http://www.ine.gob.bo/indice/EstadisticaSocial.aspx?codigo=30202 visitada el 13.02.12
La cobertura neta se define como el número de alumnos inscritos en un determinado nivel de educación que tienen la
edad oficial para asistir a ese nivel
142 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

También se observa un descenso de la cobertura a partir del año 2006. Hasta


hace poco manejábamos la hipótesis de que esta disminución podía obedecer a las
transformaciones en el Programa de Atención Integral a la Niñez (PAN), destinado
a la infancia menor de seis años, que pasó de ser ejecutado por el gobierno central
a las gobernaciones y municipalidades con una ostensible disminución en su co-
bertura, debido a que no todas las municipalidades y gobernaciones acogieron el
programa o lo hicieron pero con una disminución de las coberturas. Sin embargo,
el caso del municipio de La Guardia, en Santa Cruz, parece refutar esta hipótesis y
nos deja abierta la interrogante respecto de las causas de este retroceso. En efecto,
en este caso, cuando el PAN se descentralizó y se independizó de la cooperación
internacional, el municipio asumió el 100% de los costos, hizo posteriormente una
serie de alianzas estratégicas, e incrementó el número de centros infantiles de 12
a 21 entre 2005 y 2011; y sin embargo, las cifras de cobertura también cayeron.
Ahora, el número absoluto de niños y niñas inscritos se incrementó entre 2005 y
2007 para tener un leve descenso en 2008, año hasta el cual se tienen datos. Podría
suponerse entonces que la baja en la cobertura responda, al menos en parte, al in-
cremento de niños y niñas de 0 a 6 años, y que la oferta de centros infantiles, aun
con el aumento de éstos, no abastezca para el crecimiento de población infantil.
A la baja oferta educativa para edades tempranas se suman una serie de
aspectos que limitan el acceso de niños y niñas a los centros infantiles: mandatos
culturales como la madre omnipresente, la desconfianza en los centros, la incom-
patibilidad de horarios, las distancias (Marco, 2008), los requerimientos de los
establecimientos hacia las madres, que recargan su ya escaso tiempo constituyén-
dose en un desincentivo para la concurrencia de la niñez a los centros.10 Por lo
mismo, se requiere tanto ampliar la oferta de servicios para la niñez de 0 a 6 años,
como mecanismos que incentiven la permanencia de niños y niñas en los mismos.
Por último, se debe destacar que respecto de la oferta de cuidado y educativa
para niños y niñas entre 0 y 4 años, la reforma educativa implementada por la Ley
Avelino Siñani y Elizardo Pérez representa un retroceso, pues asigna el cuidado
en estas edades a la familia; así la educación institucionalizada, denominada por la
reforma “Educación en familia comunitaria” se inicia a los cinco años.

b. La adolescencia

En todos los departamentos del país, los y las adolescentes tienen un mayor
ejercicio de derechos, medidos en el IDINA, en relación con la niñez y la infancia,

10 Este fenómeno fue identificado en una investigación en dos barrios de La Paz a cargo del CIDES de la Universidad Mayor
de San Andrés y está ligado a los requerimientos que los centros educativos hacen a las madres, por ejemplo llevar
comida preparada para todo el curso con ciertas especificaciones. La investigación es parte del proyecto “Cuidar a los
niños, emancipar a las mujeres”, expuesto en el Diálogo Político sobre cuidado con corresponsabilidad, Santa Cruz, 25
de enero de 2012.
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 143

sobre todo en ámbitos como la salud (UDAPE -UNICEF, 2009). Esto puede deber-
se a que ya tienen voz propia y cierta autonomía para desplazarse por las ciudades
y comunidades y auto-gestionarse para cubrir sus necesidades. Sin embargo, el
gráfico No 2 muestra la evolución de la cobertura de la educación secundaria,
apreciándose que todavía hay una importante deuda con niños, niñas y adolescen-
tes en esta materia y que la tendencia de una leve brecha de género a favor de los
varones se ha revertido. No obstante, a nivel local, en gran parte de los municipios
del altiplano, especialmente las adolescentes sufren de perjuicio laboral. El costo
de oportunidad de asistir a la escuela es más alto para ellas, pues deben combinar
trabajos pagados y no remunerados, que sumados a los costos indirectos de la edu-
cación, hacen que muchas familias opten por “turnar” a sus hijos para la asistencia
a la escuela, privilegiando a los varones (UDAPE -UNICEF, 2009).

Gráfico 2. Coberura neta de la educación pública,


nivel secundario, por sexo. Años 2000 a 2008
(en porcentajes)

39,5 42,2 45,3 47,3 48,9 49,1 48,5 46,7 44,7


37,4 39,4 43,2 45,6 47,4 48,1 47,9 47,3 46,0

2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008

Hombres Mujeres

Fuente: Elaboración propia con base en INE y Ministerio de Educación. Sistema de Información Educativa
http://www.ine.gob.bo/indice/EstadisticaSocial.aspx?codigo=30202 visitada el 13.02.12

En la adolescencia ya se ven más nítidamente las desigualdades y diferencias


de género, que remiten a problemáticas y necesidades específicas para hombres y
mujeres. Así el embarazo termina siendo un problema de las adolescentes que ven
interferida su escolaridad, que experimentan la vivencia temprana de la maternidad
y de las obligaciones que conlleva. Si a estas alturas de la vida la identidad de género
ya está formada, se refuerza y los roles se delinean con claridad. Por lo mismo, cuan-
do las adolescentes ingresan al trabajo remunerado lo suelen hacer en ocupaciones
afines a los trabajos de cuidado y domésticos. También se ven expuestas a formas de
violencia de género tanto en los espacios públicos como privados.
144 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Los adolescentes varones, en cambio, se ven compelidos en muchas ocasio-


nes a iniciarse en el trabajo remunerado o continuar en éste, sea para cumplir con
un temprano rol de proveedor de su familia de origen o de nuevas familias gene-
radas por la paternidad temprana, o sea para solventar sus propias necesidades de
subsistencia. Todo ello, una vez más, en una expresión de los mandatos del sistema
de género, en sociedades en que el trabajo brinda prestigio social a los hombres.
Estos mandatos también van determinando una imagen de hombría ligada a la
agresividad que se expresa en riesgos para la seguridad de los adolescentes en los
espacios públicos y en ocasiones en violencia. El modelo de masculinidad hege-
mónica va significando exigencias para los adolescentes, aunque también los va
señalando como detentadores de poder frente a las mujeres.
Como se aprecia en el promedio nacional, uno de cada cinco niños y niñas
de entre 6 y 13 años trabajaba en el país en el 2005, a pesar de que la edad legal
para trabajar con remuneración es a partir de los 14 años11. Por su parte, destaca
que el trabajo de los adolescentes entre 14 y 18 años es cinco puntos porcentuales
más alto en el caso de los varones. La contracara de esto es la mayor dedicación de
las adolescentes al trabajo no remunerado en el hogar.

Gráfico Nº 3. Población ocupada por tramo de edad,


sexo, área de residencia y pertenencia étnica. Año 2005
(En porcentaje)
65,5

70
Varones
55,5

60
49,3
47,9
45,6

50 Mujeres
39,3
Porcentaje

35,2

40
30,6

31,4
28,5

30
21,9

21,4
19,9

18,4
18,2

16,0

20
7,5
4,8

10
4,4
4,1

0
Niñez

Adolescencia

Niñez

Adolescencia

Niñez

Adolescencia

Niñez

Adolescencia

Niñez

Adolescencia

Nacional Área urbana Área rural No indígena Indígena

En este gráfico la “niñez” corresponde al tramo entre 6 y 13 años, pues así es considerada por la Encuesta de Hogares,
mientras que la adolescencia comprende el tramo entre 14 y 18 años.
Fuente: UDAPE con base en la Encuesta de Hogares del año 2005 en UDAPE-UNICEF (2009) Bolivia. Derechos e igualdad
de género en la niñez y la adolescencia. Índice de Desarrollo Municipal de la Infancia, la Niñez y la Adolescencia, La Paz

11 La edad establecida en la Convención 138 de la OIT es de 13 años, tratándose de trabajo ligero y 16 de trabajo en
condiciones normales no perjudiciales para la salud y 18 para los trabajos peligrosos.
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 145

El trabajo no remunerado se mide a través de las Encuestas de Uso de Tiem-


po. Lamentablemente, la única evidencia a escala nacional corresponde a la En-
cuesta de Hogares del año 2001, que incorporó un par de preguntas sobre el uso
de tiempo. Con estos datos se aprecia que al igual que sucede en la adultez, en la
niñez y adolescencia la carga total de trabajo (remunerado más no remunerado) es
mayor para las mujeres (Zapata, 2007).
Según estimaciones de UDAPE (2009) con base en la Encuesta de Hogares
del año 2005, los niños, niñas y adolescentes trabajadores tienen una menor pro-
babilidad de recibir educación que aquellos que no trabajan. Como se aprecia en el
siguiente gráfico, la brecha alcanza a los dos años de educación en el caso de los
adolescentes de 17 años.

Gráfico Nº 4. Años de educación promedio adquiridos


por la niñez y adolescencia según condición de actividad (2005)

9,9
10 No ocupado 9,1
8,3
Ocupado
8 7,3
Años de educación

6,7 8,1
5,6 7,8
6 6,9
4,9 6,5
6,0
3,8 5,1
4 3,1
4,4
2,1 3,4
2 1,1 2,7
1,4
0,6
0 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17
Edad

Fuente: UDAPE con base en la Encuesta de Hogares del año 2005 en UDAPE-UNICEF (2009) Bolivia. Derechos e igualdad
de género en la niñez y la adolescencia. Índice de Desarrollo Municipal de la Infancia, la Niñez y la Adolescencia, La Paz,
Ministerio de Planificación del Desarrollo UDAPE-UNICEF

Las estimaciones también muestran que entre la población entre 7 y 17 años


no matriculada, un 28,3 % aseguró que la razón de su falta de incorporación al
sitema educativo era el trabajo, mientras que para un 24,2% era la falta de dinero.
La información no es completamente clara respecto si se refiere a falta de dinero
para pagar los estudios o falta de dinero que obliga a trabajar y por tanto impide
matricularse. Por lo mismo, las razones de “trabajo” y “falta de dinero”, deben
leerse complementariamente. El siguiente cuadro muestra las diferencias de géne-
ro entre las razones, evidenciando que la falta de dinero es más relevante para los
146 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

niños y adolescentes, mientras que las labores del hogar y el embarazo lo son para
las mujeres.
Se aprecia entonces que la falta de matriculación escolar está relacionada
directamente con la temprana vivencia de los roles de género, pues desde la niñez
los varones deben ser proveedores y las mujeres encargarse de las labores del ho-
gar e incluso ser madres.
Con cifras un poco más actuales, se puede apreciar que tanto las tasas de
abandono como de promoción en secundaria presentan importantes desafíos, a la
vez se observa que no han mejorado sustancialmente los últimos años. Asimismo,
hacen presumir el mayor efecto del trabajo remunerado sobre la deserción escolar
en los niños y adolescentes que en las niñas.

Gráfico Nº5. Tasa de abandon en la educación pública secundaria,


años 2000 a 2008 (en porcentaje)

11

6
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008

Hombres Mujeres

Gráfico Nº5. Tasa de promoción en la educación pública,


nivel secundario, por sexo. Años 2000 a 2008...

86,3 87,4
83,8 84,1 84,2 85,2 84,5 84,3 84,8
79,8 80,5 80,9 82,6
79,0 79,3 79,2 79,0 79,6

2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008

Hombres Mujeres

Fuente: Elaboración propia con base en INE y Ministerio de Educación- Sistema de Información Educativa http://www.ine.
gob.bo/indice/EstadisticaSocial.aspx?codigo=30202 visitada el 13.02.12 En estos años la secundaria correspondía a los
cuatro últimos años del ciclo escolar
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 147

Las estadísticas disponibles del INE y el Ministerio de Educación no per-


miten desagregar estas cifras por áreas urbanas y rurales, por pertenencia étnica o
por tipo de educación (pública o privada), pero un procesamiento de la encuesta de
hogares de 2007 (hecho por CEPAL) revela importantes diferencias por sexo y por
área de residencia. Así, desde esta perspectiva, las niñas de las áreas rurales son las
más desfavorecidas, observándose brechas bastante pronunciadas.

Cuadro Nº 2. Deserción escolar en secundaria, por sexo


y área de residencia. Año 2007
Adolescentes que culminaron la primaria y deberían estar en secundaria
(En porcentajes)12

  Nacional Urbano Rural


Hombre 5.13 4.88 5.63
Mujer 5.74 3.74 10.36
Total 5.42 4.32 7.81

Fuente: CEPAL, División de Desarrollo Social en base a la Encuesta de Hogares de 2007

Al igual que en otros países de América Latina, los niños de mayor edad son
los que en mayor proporción han abandonado la escuela, sobre todo en las áreas ru-
rales. Esto ocurre en circunstancias en que la educación primaria no está asociada
a mayores niveles de remuneración en el mercado laboral, por lo que la conclusión
de la secundaria es esencial para que adolescentes y jóvenes eventualmente supe-
ren la pobreza (CEPAL-UNICEF, 2010).
Cabe destacar además que se requieren concretamente 12 años de estudio
para que la probabilidad de caer en la pobreza sea menor que la del promedio de
la población en Bolivia. De manera que la conclusión de la secundaria se presenta
como un piso para acceder a niveles mínimos de bienestar, para romper la repro-
ducción inter-generacional de la desigualdad y de la pobreza. Es decir, son 16 los
años de estudio requeridos para tener más ingresos laborales que el promedio.
Así, la conclusión de la secundaria es una condición para reducir los riesgos de las
personas de caer en una inserción laboral informal. Por cierto, esas probabilidades
disminuyen aun más con la educación terciaria y universitaria, como se aprecia en
el siguiente cuadro (CEPAL, 2010).

12 Nota: Este cuadro no es comparable con el Gráfico No 5, pues el primero se refiere a la educación pública, mientras
este abarca tanto la pública como la privada, los datos provienen además de fuentes distintas, uno del SIE y otro de la
citada Encuesta. Además se aclara que en el año 2007 el nivel primario incluía ocho años de estudio, entre los 6 y los
13 años de edad.
148 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Cuadro Nº 3. Tasa de inserción de los ocupados en el sector informal


según nivel educativo alcanzado por tramo de edades. Año 2007
(en porcentajes)
Baja Alta
Tramos de Primaria Primaria Secundaria Terciaria Universitaria
Secundaria Secundaria Total
edades incompleta completa completa incompleta completa
incompleta incompleta

15 a 29
89,7 88,3 84,8 81,4 66,7 38,9 7,6 70, 0
años
30 a 64
89,6 87,6 82,3 74,0 63,2 26,3 16,4 68,6
años
15 años y
91,0 88,3 83,6 78,9 64,9 31,7 14,4 71,2
más

Fuente: CEPAL (2010) Panorama Social de América Latina y el Caribe 2010, Santiago de Chile, CEPAL, sobre la base de
tabulaciones especiales a la Encuesta de Hogares

Debe considerarse que la Constitución establece que toda persona tiene


derecho a recibir educación en todos los niveles (artículo 17), y que la educación es
obligatoria hasta el bachillerato (artículo 81); es decir, hasta culminar la secundaria.

4. Desafíos

Si no integramos activamente a las nuevas generaciones a la sociedad, o si se


lo hace bajo condiciones de asistencialismo o disciplinamiento, sin considerarlos
como sujetos de derechos, no hay vivir bien posible.
En el esfuerzo por la integración y el ejercicio de derechos de niños, niñas y
adolescentes, debemos considerar que durante la infancia y la niñez se construyen
y naturalizan los roles dife­renciados por género, y se desarrollan las relaciones que
marcarán el lugar que ellos y ellas tienen y tendrán en la sociedad. Por lo tanto,
esto debe ser considerado al momento de diseñar políticas públicas que los tengan
como destinatarios.
Entre los desafíos para estas políticas señalamos una especial preocupación
por la primera infancia y la adolescencia. En el primer caso, la mayor pobreza
relativa de estos niños y niñas está violentando sus derechos y minando sus posibi-
lidades futuras. Está imposibilitando el vivir bien ahora y en el futuro.
La ausencia de cuidado y educación tempranos e institucionalizados com-
plica el panorama, pues agudiza las desigualdades sociales como ya fue expuesto.
Además, deja el cuidado y la educación como responsabilidad casi exclusiva de las
familias, es decir de las mujeres. El Estado debe también asumir su responsabili-
dad. Por ello, resulta apremiante aumentar la oferta educativa inicial para los dos
ciclos de niños y niñas entre 0 a 5 años. En este cometido, el rol de los municipios
El Vivir Bien de la niñez y la adolescencia y el ejercicio de derechos 149

puede ser protagónico, tal como lo demuestran el proyecto “Cuidar a los niños y
emancipar a las mujeres”, ejecutado en La Paz por el CIDES-UMSA, y la notable
ampliación de cobertura y mejora de los centros infantiles en el municipio de La
Guardia en Santa Cruz.
Recogemos también la propuesta de asegurar el financiamiento para ins-
titucionalizar el cuidado y estimulación de los menores de 6 años, considerando
adicionalmente que en la mayoría de los centros infantiles se brinda alimentación
a niños y niñas, con lo cual se contribuye además a la nutrición infantil y al pre-
supuesto familiar. Complementariamente, es necesario incorporar la propuesta de
CEPAL, de instalar una transferencia en efectivo a las familias con niños y niñas
de cero a cuatro años (CEPAL, 2010).
Respecto de las y los adolescentes, resulta necesario replantearse el rol de
la escuela, más allá de los contenidos académicos y las metodologías; la escuela
debe ser un espacio de motivación, debe atraer, generar confianza y realización
personal, satisfacción en el estudiantado, posibilitar el vivir bien. De lo contrario
los y las adolescentes privilegiarán trabajar con remuneración para tener tanto un
ingreso monetario para enfrentar las carencias y necesidades, como también una
fuente de prestigio social, pues sabemos que el empleo y el trabajo, aun en la ado-
lescencia, son vistos como dignificante, en nuestro país. Así, si además la escuela
se constituye en un espacio de confianza y realización, puede ser un ámbito de
detección y denuncia de problemáticas como la violencia o la explotación laboral
o de formación e información para la prevención del embarazo adolescente.
Para cerrar, reiteramos que el gran desafío pasa por replantearnos nuestras
prioridades como sociedad y como Estado. Sólo así será posible el vivir bien y el
ejercicio de derechos para niños, niñas y adolescentes.
150 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

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El Vivir Bien y el derecho al cuidado
Fernanda Wanderley*

En el marco del conversatorio “Vivir Bien, Cultura y Desarrollo”, promovi-


do por el CIDES-UMSA y UNICEF en el año 2012, asumí el desafío de reflexionar
sobre los conceptos de Vivir Bien, género e infancia, para lo cual elegí el concepto
de cuidado desarrollado por las pensadoras feministas como eje articulador de los
derechos de las mujeres, los derechos de los niños, niñas y adolescentes y el debate
sobre el Vivir Bien.
El concepto de Vivir Bien surgió desde experiencias reflexivas y movimien-
tos políticos muy diversos, constituyendo un campo nuevo y controversial. Mu-
chos autores plantean que la noción ética del Vivir Bien surgió principalmente
o únicamente de las cosmovisiones de pueblos originarios del mundo, mientras
otros autores argumentan que la noción del Vivir Bien constituyó el norte ético
de diversas corrientes de pensamiento crítico humanista, marxista, ambientalista,
feministas e inclusive religioso. Me alineo a estos últimos autores que resaltan
cómo diversas corrientes reflexivas buscaron alternativas de desarrollo y de trans-
formación social, cultural y económica más humanas, solidarias y equitativas. El
presente trabajo explora cómo el debate feminista sobre el cuidado contribuye y
dialoga con la discusión sobre el Vivir Bien.
Pese a las importantes divergencias al interior del debate sobre el Vivir Bien,
se puede identificar una base común que comparten los autores: la crítica al con-
cepto economicista y reduccionista de desarrollo que marginaliza la equidad social
y la conservación y respeto por el medio ambiente. De esta manera, y más allá
de las controversias, es posible ubicar un conjunto de valores que fundamenta el

* PhD en sociología económica por la Universidad de Columbia; docente investigadora del CIDES - UMSA
154 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

concepto del Vivir Bien. Estos son los valores de equidad, justicia, solidaridad y
cooperación.
Recuperando la propuesta de Ivonne Farah y Luciano Vasapollo (2011),
el Vivir Bien, Buen Vivir o Felicidad Pública son nociones éticas orientadas a la
construcción de una alternativa de organización social fundada en una relación
armónica y respetuosa entre los seres humanos y entre éstos y los otros seres vivos
que cohabitan la naturaleza. En sus palabras: “Lo que se trata, en definitiva, es de
impulsar modelos alternativos u órdenes sociales basados en justicia cultural, po-
lítica, social y redistributiva o económica, capaces de evitar la concentración de
los beneficios en muy pocos; y que admitan las exigencias de cuidado de la vida y
del ambiente” (Farah y Vasapollo, 2011: 17, énfasis propio). Según esta propuesta,
la noción del cuidado de la vida y del ambiente es central en este nuevo horizonte
ético que busca fundar un nuevo orden social que sería el del Vivir Bien.
En este marco discursivo, se puede plantear que el concepto de cuidado
incorpora la gestión y mantenimiento rutinario de la vida y la salud, a través de ac-
tividades de atención directa entre los seres humanos. Por lo tanto, esta noción de
cuidado revaloriza los lazos de cooperación y solidaridad entre los seres humanos
para dar vigencia a los derechos de protección y bienestar de todos los miembros
de una sociedad. Es así que el cuidado se eleva a un valor supremo ordenador de
las interacciones sociales y económicas en la búsqueda de la superación de la crisis
ético-política actual (Salazar, 2011).
Sin entrar en las diferentes aristas del rico debate sobre Vivir Bien, quisiera
enfatizar algunas interrogantes implícitas en el desafío de construcción de este
nuevo orden social más humano, más solidario, más cooperativo y -por supues-
to- más equitativo. Estas interrogantes tienen que ver con: ¿cuáles serían las de-
finiciones de políticas públicas concordantes con este nuevo paradigma?; ¿cómo
rescatar la reciprocidad, la cooperación y la equidad para el cuidado de la vida y la
satisfacción de necesidades humanas y naturales superando las desigualdades hoy
presentes en nuestras sociedades?; ¿qué tipo de política pública puede garantizar la
realización afectiva y espiritual de las personas en asociación familiar o colectiva
y en su entorno social amplio?
Estas preguntas encuentran gran afinidad con otras preguntas formuladas
por la reflexión feminista y los estudios de género. Es en esta afinidad de preocu-
paciones que ubico los importantes aportes de la reflexión feminista y los estudios
de género en el horizonte ético del Vivir Bien. Me concentraré en una de estas
contribuciones: el análisis de la crisis del tipo de organización social del cuidado
que no se funda sobre los principios de cooperación, reciprocidad y equidad. La li-
teratura y la lucha feminista no sólo exploraron las características y causas de esta
crisis, sino también sus consecuencias en la reproducción de la desigualdad entre
hombres y mujeres, y entre niños y niñas.
El Vivir Bien y el derecho al cuidado 155

Antes de abordar el desarrollo de la reflexión feminista, quisiera plantear el


significado del concepto de cuidado que resultó de ese debate. En términos muy
concretos, el cuidado es un conjunto de interacciones humanas que incluyen ali-
mentar, educar, curar, criar, atender y proteger. Estas interacciones están en el cen-
tro de la vida social y todos los seres humanos necesitan de cuidado. Sin embargo,
debido a su ciclo vital, algunos grupos necesitan más cuidado que otros como es
el caso de los niños, niñas, adolescentes, personas con discapacidad o enfermas, y
adultos mayores. Estos grupos necesitan atención a tiempo integral para que pue-
dan desarrollar todo su potencial y tener una vida digna.
La contribución feminista al problema del déficit de cuidado de la vida hu-
mana y de cómo superarlo para transitar al nuevo orden del Vivir Bien, tiene una
larga trayectoria. En un primer momento, las pensadoras feministas han visibiliza-
do las tendencias irreversibles de las transformaciones familiares, sociales y eco-
nómicas que demandan nuevas formas de organización social del cuidado. Un pri-
mer grupo de estudios ha mostrado la salida de las mujeres de la esfera privada de
los hogares y su creciente incorporación al mundo del trabajo y al mundo público
más general. Estos estudios visibilizaron la segregación ocupacional, las brechas
de ingreso entre hombres y mujeres, y las prácticas de discriminación en el merca-
do de trabajo (Boserup, 1970; Benería y Sen, 1982; Blau, y Faber, 1986; Benería y
Roldán 1987; Arriagada, 1990; Anker y Hein, 1986; García Fanelli, 1989; López y
Molly, 1992; Borderías y Carrasco, 1994; Wanderley, 1995; Kabeer, 1998).
Además, estos estudios mostraron la estrecha relación entre el trabajo remu-
nerado y el trabajo no remunerado en el hogar, y cómo la desigual distribución del
trabajo entre hombres y mujeres en la familia constituía una de las principales barre-
ras a la participación económica y social de las mujeres en igualdad de condiciones.
En este momento, la reflexión feminista se centró en la resistencia cultural y social
de los varones a compartir el trabajo de cuidado al interior de las familias, al mismo
tiempo que las mujeres asumían cada vez más la responsabilidad de proveer recursos
económicos al hogar (Tilly y Scott, 1978; Benerías, 1982; Bielby y Baron, 1986 y
1992; Andersen, 1991, 2006 y 2011; Glass y Cameron, 1992; Borderías y Carrasco,
1994; Kallenberg 1998; Wanderley, 2003; Farah y Sánchez, 2008).
Esta reflexión también aportó evidencias sobre las transformaciones fami-
liares a partir de la pérdida de importancia relativa de la familia biparental, com-
puesta por un papá proveedor de ingresos y una mamá disponible a tiempo com-
pleto para proveer cuidado en el hogar. La diversificación de los tipos de familias
incluye el incremento de las familias monoparentales con jefatura femenina, de
las familias biparentales donde ambos cónyuges comparten la responsabilidad de
proveer ingresos, y de las familias con orientaciones sexuales diversas (Paulson,
1996; Beck y Beck-Gernsheim, 1998; Alberdi, 1999; Jelin, 2000; INEGI, 2000;
Farah, 2002; Arraigada, 2004; Aguirre y Batthyány, 2007).
156 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Todas estas transformaciones sociales, económicas y familiares han agudi-


zado las tensiones entre la vida laboral y la vida familiar por la creciente dificultad
de las familias para conciliar la generación de ingresos y el trabajo de cuidado; y,
por lo tanto, para proveer cuidado a los miembros de sus familias que más lo nece-
sitan. Las mujeres son las que viven más intensamente este conflicto debido a las
relaciones de género todavía vigentes en nuestras sociedades. El mandato social y
cultural que les asigna la responsabilidad de cuidar a los miembros dependientes
del hogar al mismo tiempo que naturaliza el cuidado como un “no trabajo”, va en
contra ruta de las transformaciones socio-económicas y culturales manifiestas en
contextos de emancipación de las mujeres. Frente a esta situación de profundas
contradicciones, las modalidades de inserción laboral de las mujeres deben adap-
tarse o depender de las limitadas condiciones sociales que disponen para conciliar
las actividades de cuidado y las actividades generadoras de ingreso.
Bajo estas consideraciones, los estudios feministas plantean que las reali-
dades socio-laborales de hombres y mujeres están constituidas tanto por las acti-
vidades orientadas a generar ingreso como por las vinculadas con la reproducción
de las familias. Ambas actividades constituyen igualmente trabajo al requerir des-
pliegue de esfuerzo físico, emocional y psicológico, además de disponibilidad de
tiempo para producir bienes y servicios necesarios para la sociedad. Es decir, el
concepto de trabajo desde esta perspectiva es amplio, y abarca tanto las activida-
des generadoras de ingreso como también aquellas que agregan valor en el ámbito
de los hogares y comunidades. Aunque estas segundas actividades no generen un
ingreso monetario, son igualmente importantes para la reproducción de las per-
sonas, las familias y la sociedad en general. Por lo tanto, una de las principales
contribuciones de esta literatura es posicionar las actividades no remuneradas que
se realizan dentro de los hogares y comunidades al mismo nivel conceptual de las
actividades remuneradas. Ello ha permitido comprender y explicar las desiguales
oportunidades que enfrentan hombres y mujeres para generar ingresos de cara a
lograr el bienestar propio y de sus familias1.
En este sentido, los estudios feministas han mostrado que la naturalización
del cuidado como inherente a la condición femenina al interior de las familias y
las comunidades, sin cooperación de la sociedad ni del Estado, es la base de la
desigualdad entre hombres y mujeres, entre las familias y entre los niños, niñas
y adolescentes. Estos estudios aportaron abundante evidencia de que no todas las
familias pueden cuidar a sus hijos y familiares dependientes tal como lo desearían;
lo que se constituye en uno de los principales mecanismos de reproducción de las
desigualdades socio-económicas entre generaciones. En este sentido, los estudios

1 Para más detalle sobre esta discusión sobre el concepto de trabajo y cómo la noción ampliada de trabajo fue incorporada
a la nueva economía de la familia, consultar Wanderley, 1993.
El Vivir Bien y el derecho al cuidado 157

muestran que las familias de los estratos más pudientes tienen alternativas para
conciliar la vida laboral y la vida familiar mediante, por ejemplo, la compra del
servicio de cuidado sea bajo la modalidad del servicio de la trabajadora del hogar
o de servicios de cuidado institucionalizado, como son los centros infantiles y
otros que implementan actividades extra-escolares. En contraste, la mayoría de
las familias, concentradas en los estratos menos favorecidos, no pueden comprar
estos servicios en el mercado y tampoco cuentan con servicios públicos u otros
accesibles de calidad para el cuidado de sus hijos e hijas, mientras están ocupadas
en actividades de generación de ingreso u otras en la esfera pública.
En otras palabras, la organización del cuidado sin corresponsabilidad entre
familia, sociedad y Estado tiene resultados inequitativos a causa de la ausencia de
servicios públicos, accesibles y de calidad que apoyen a las familias más pobres,
asegurando que estas puedan garantizar que sus hijos e hijas estén bien cuidado
mientras desarrollan sus actividades extra-familiares. Esta situación obliga a estas
familias, y principalmente a las mujeres, a adaptarse al contexto social existente
a través de la “elección” de trabajos remunerados que les permitan estar con sus
niños y niñas, o de trabajos de medio tiempo o a domicilio. Es decir, la ausencia
de servicios públicos de cuidado impone a las mujeres con responsabilidades fa-
miliares, restricciones en sus oportunidades laborales, y también limitaciones en
sus oportunidades de formación o capacitación, o participación política. En otras
palabras, en este tipo de sociedades no están dadas las condiciones para el ejercicio
del derecho al trabajo remunerado, a la educación y a la participación política en
igualdad de condiciones (Gamundí y Levín, coord., 2007; Gutiérrez, coord., 2007;
Aguirre, 2007; OIT-PNUD, 2009; Wanderley, 2009b, Montaño y Calderón, 2010).
La tensión entre cuidado y trabajo remunerado conduce, además, a que mu-
chas familias no tengan otra salida que delegar las responsabilidades de cuidado
a los propios niños, niñas y adolescentes. Estos arreglos precarios de cuidado y
protección someten a la mayoría de los niños, niñas y adolescentes a la mayor
exposición de riesgos sicológicos, físicos y emocionales -como son las actividades
delictivas y el consumo de drogas-, al ingreso temprano en el mercado laboral en
detrimento de la formación educativa, a la inseguridad física y emocional como
la violencia sexual intra y extra-familiar. A ello se suman los problemas de salud
debido a su permanencia en espacios públicos inadecuados, como son los merca-
dos u otros espacios donde trabajan sus mamás o sus papás. Estos niños también
están expuestos a las deficiencias nutricionales, de estímulos cognitivos, físicos
y sociales que podrían brindar centros de atención infantil o centros de activida-
des extra-escolares complementarios a la escuela, mientras sus progenitores están
generando ingresos. Los centros profesionales y de calidad tienen la función de
brindar apoyo a las tareas escolares, actividades de deporte y arte así como cubrir
las necesidades nutricionales y de seguimiento a la salud (Marco, 2007; Ministerio
158 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

de Justicia, 2007; Pautassi y Zibecchi, 2010; Rico, 2011; Pautassi y Nieves, 2011;
Farah, 2012; Soares, 2012; UDAPE y UNICEF, 2004; UNESCO, 2005, 2008 y
2010; UNESCO y WCEECE, 2010).
Los problemas sociales como el embarazo adolescente y el abandono fami-
liar son también, en gran medida, resultados de arreglos precarios de cuidado y
protección. Es importante comprender que estos problemas podrían ser prevenidos
con una reorganización social del cuidado con corresponsabilidad entre Estado,
sociedad y familia, a través de políticas que apoyen a las familias para que pue-
dan conciliar las actividades de cuidado y la generación de ingresos. Por lo tanto,
estamos frente a un problema público que afecta a las familias principalmente de
estratos socio-económicos menos favorecidos. Toda esta realidad, analizada y do-
cumentada por las feministas y los estudios de género, nos lleva a comprender el
círculo vicioso a través del cual se reproduce la desigualdad y la pobreza de una
generación a otra.
En la discusión académica y política se cuestiona el supuesto cultural y so-
cial de que las familias/comunidades (léase mujeres) deben ser las únicas respon-
sables de proveer cuidado para la sostenibilidad de la vida y, en consecuencia, para
el Vivir Bien. Por lo tanto, las cuestiones concretas que plantean las feministas y
los estudios de género son: ¿Quiénes deben responsabilizarse de la provisión del
cuidado a las personas dependientes, especialmente niños, niñas y adolescentes,
frente a los cambios que están viviendo las familias, las sociedades y los mercados
laborales?, ¿cómo organizar el cuidado para que no existan vacíos o desigualdades
de resguardo y protección de los y las ciudadanas? y ¿cómo distribuir las responsa-
bilidades y el trabajo de cuidado en la sociedad para que no genere desigualdades
de género y generacionales?
La respuesta de esta reflexión es contundente: la responsabilidad del cuida-
do debe ser compartida entre el Estado, la sociedad y las familias. Esto es, las fa-
milias y las comunidades seguirán siendo el núcleo primario del cuidado, pero este
núcleo primario debe contar con las condiciones y apoyos de servicios públicos o
públicos-privados accesibles y de calidad para llevar a cabo el trabajo de cuidado
y protección a los niños, niñas y adolescentes. De esta manera es posible garantizar
que todos los ciudadanos y ciudadanas ejerzan su derecho al cuidado y protección
al margen de su condición socio-económica y de sus posibilidades de compra de
estos servicios en el mercado (Farah, Salazar, Sostres y Wanderley, 2012).
Toda la reflexión precedente fundamenta el concepto del cuidado como un
derecho social que debe ser reconocido, nombrado y explicitado para que podamos
transformar las condiciones institucionales y sociales actualmente vigentes de cara
al efectivo ejercicio de los derechos humanos y ciudadanos ya establecidos -los
derechos a la educación, a la salud, a la nutrición, al trabajo, a la igualdad, a la pro-
El Vivir Bien y el derecho al cuidado 159

tección e integridad física, emocional y psicológica-. Por lo tanto, es necesario ir


más allá de políticas sociales segmentadas y avanzar en la coordinación de las po-
líticas para enfrentar integralmente los problemas de pobreza y desigualdad social.
La literatura disponible identifica tres dimensiones del cuidado como derecho:

• Derecho a recibir cuidado, que dependiendo del ciclo de vida de las per-
sonas, requiere atención intensiva, ayuda, estimulación, desarrollo de ca-
pacidades y competencias en igualdad de condiciones.

• Derecho a cuidar, relacionado a la disposición de tiempo y condiciones


para conciliar la atención a los familiares que lo requieren con las activida-
des de formación, generación de ingresos y participación política y social.
Por lo tanto, el derecho a cuidar depende de la redistribución de las respon-
sabilidades de cuidado tanto al interior de las familias como de la sociedad
con la participación activa del Estado en la oferta de servicios para los ni-
ños en edad pre-escolar, y de servicios extra-escolares que complementen
la escuela para niños, niñas y adolescentes.

• Derechos laborales de las cuidadoras remuneradas que incluyen los de-


rechos de educadoras, parvularias, asistentes y otras que están empleadas
en actividades de cuidado en espacios institucionalizados y de las traba-
jadoras asalariadas del hogar en el ámbito de las familias. Esta tercera di-
mensión requiere la superación de la visión asistencialista de los servicios
de cuidado para avanzar el concepto de cuidado como trabajo profesional
que depende de conocimientos y disponibilidad emocional y física y, por
lo tanto, de un trabajo valorado social y económicamente y protegido por
la normativa laboral.

Como podemos ver, el concepto de cuidado articula los derechos de la in-


fancia y los derechos de las mujeres en la fundamentación de la necesidad de
replantear las políticas de bienestar social sobre los valores éticos del Vivir Bien:
la solidaridad, la justicia, la cooperación y la equidad. La noción de solidaridad
reconoce tempranamente el importante papel del Estado como proveedor de bien-
estar social a todos ciudadanos y ciudadanas. Noción que resurge como valor cen-
tral en la constitución de nuevos órdenes sociales que garanticen una coexistencia
horizontal y equitativa entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza. Por lo
tanto, para superar las injusticias que pesan sobre las mujeres y la infancia en las
sociedades que organizan el cuidado y la protección sin cooperación entre Estado,
sociedad, mercado y familia, se requiere la reconfiguración del sistema de bienes-
tar social que articule los valores de solidaridad, justicia, equidad y cooperación
160 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

en el diseño y gestión de las políticas públicas (Esping- Andersen, 2002 y 1993;


Arriagada, 2004 y 2007; Sunkel, 2006; Pautassi, 2007; Martínez, 2008; Wander-
ley, 2009; Orozco, 2010).
Aterrizando esta problemática en la sociedad boliviana, observamos que ya
se cuenta con una normativa que implícitamente reconoce el cuidado como dere-
cho, tanto a través de convenios internacionales firmados por Bolivia como tam-
bién en el marco legal. Podemos mencionar entre los primeros la Convención de
Derechos del Niño, Niña y Adolescente (1990), la Convención para la Eliminación
de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979) y el Convenio so-
bre el Trabajo Decente para todas las Trabajadoras y los Trabajadores Domésticos
(2012). El cuidado como derecho también está reconocido en nuestra Constitución
Política del Estado de 2009, en el Código del niño, niña y adolescente de 1999,
y en Ley General del Trabajo de 1938. De igual manera, el derecho al cuidado
está contemplado en el Plan Nacional para la Igualdad de Oportunidades. Mujeres
construyendo la Nueva Bolivia para Vivir Bien, aprobado en diciembre de 20082.
Pese a estos avances normativos, el cuidado en Bolivia sigue asociado con
la idea de que se trata de un problema privado de las familias y a su interior de
las mujeres. Por lo tanto, en nuestra sociedad la crisis de la organización del cui-
dado todavía no fue reconocida y, consecuentemente, no se ha elevado el cuidado
al estatus de problema público que demanda una respuesta política a través una
política pública de corresponsabilidad social entre el Estado, sociedad y familia.
(Wanderley, 2003, 2009 y 2011; Gutiérrez, 2007; PMA, 2008; Salazar, Jiménez
y Wanderley, 2010; Marco Navarro, 2011). De esta manera, el gran desafío de
los países comprometidos con un nuevo orden del Vivir Bien, como es el caso de
Bolivia desde 2006, radica precisamente en cómo traducir las bien intencionadas
declaraciones constitucionales y normativas en propuestas concretas y plausibles
de política pública. De la misma manera, la discusión académica y política sobre el
Vivir Bien enfrenta el desafío de avanzar en la conversión de los principios éticos
del Vivir Bien en un marco de política pública convergente y factible.
La discusión sobre el cuidado como derecho social contribuye a enfrentar
estos desafíos con propuestas concretas de transformación del sistema de bienes-
tar social, en el cual la redistribución de las responsabilidades del cuidado entre
instituciones públicas, privadas y familiares se constituya en un eje central para
superar las inequidades e injusticias sociales. La agenda política para hacer del
cuidado un bien público es amplia y exigente. En Bolivia se prioriza los siguientes
lineamientos:

2 Para un análisis más detallado sobre la legislación vigente sobre los derechos de las mujeres y los derechos de los niños
en Bolivia, consultar Farah, Salazar, Sostres y Wanderley, 2012.
El Vivir Bien y el derecho al cuidado 161

• Visibilización y valorización de las actividades de cuidado no remuneradas


y remuneradas al interior de las familias,
• Promoción de la democratización de las responsabilidades de cuidado en-
tre hombres y mujeres,
• Generación de un sistema integrado de servicios de cuidado y protección
a la primera infancia (niños menores a cinco años) y servicios de cuidado
y protección complementarios a la escuela para niños y adolescentes en
edad escolar. Estos servicios deben brindar alimentación, atención medica
y actividades extra-escolares,
• Implementación de políticas orientadas a la conciliación entre responsabi-
lidades familiares y laborales de los y las trabajadoras, incluyendo la apli-
cación del dispositivo legal de oferta obligatoria de servicios de cuidado
por parte de las empresas con más de 50 trabajadores,
• Inversión en infraestructura social que reduzca la carga del trabajo domés-
tico y de cuidado no remunerado (agua potable, electricidad, sistema de
transporte público), entre otros.

Quisiera enfatizar el eje referido a la creación de un sistema público inte-


grado de cuidado, que ofrezca un conjunto de servicios de apoyo a las familias
mediante la prestación de atención y protección de calidad al grupo mayoritario
que necesita cuidado en Bolivia: los niños, niñas y adolescentes. La solución insti-
tucional con base en el principio de socialización de las responsabilidades de cui-
dado es, sin duda, la política más eficaz para prevenir las consecuencias negativas
de soluciones inadecuadas e insuficientes de cuidado tanto para los grupos que
requieren de cuidado, especialmente los niños y niñas de 0 a 4 años, de 5 a 12 años
y de 13 a 18 años, como para los que brindan cuidado especialmente las mujeres.
De este modo, la coordinación de los derechos de la infancia y los derechos de las
mujeres se convierte en el eje central de un nuevo modelo de bienestar social que
crea las condiciones para el ejercicio de los derechos de ser cuidado y de cuidar;
derechos que están en el centro de un nuevo orden del Vivir Bien (Farah, Salazar,
Sostres y Wanderley, 2012).
En términos más específicos se pueden señalar los siguientes principios para
la creación de un sistema integrado de servicios de cuidado destinado a la primera
infancia (de 0 a 3 años) y a la segunda infancia (de 4 a 18 años). Para este segun-
do grupo, los centros deberían complementar la escuela en horarios alternos a
aquellos en los que niñez y adolescencia asiste al sistema escolar regular. Ambos
deberán incluir la oferta de alimentación, atención de salud y actividades extracu-
rriculares, con base en la mayor coordinación institucional posible en cada locali-
dad. Estos principios son:
162 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

• Superación del enfoque asistencialista y de caridad por el principio


de la solidaridad. La creación de un sistema integrado de servicios de
cuidado desde el enfoque de derechos de los niños y niñas, y del principio
de equidad de género implica la superación del enfoque asistencial y de la
caridad que todavía está vigente. Pagliccia (2011) cita al escritor Eduardo
Galeano para explicar la diferencia entre solidaridad y caridad: “a dife-
rencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la
caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera
ni un poquito las relaciones de poder” (2011: 151). El principio de la soli-
daridad se traduce concretamente en la garantía de la calidad de los servi-
cios y la generación de mecanismos de participación y control por parte de
las familias en una lógica de derechos y obligaciones tanto de los servicios
como de las familias.

• Núcleo común y diversidad cultural. Los servicios también deben estar


fundados sobre las características territoriales, sociales y culturales del
país. De esta manera se propone la generación de principios comunes com-
binados con principios específicos alrededor de las concepciones culturales
de cuidado en los diversos tejidos sociales de nuestra sociedad.

• Propuesta incremental sobre las redes sociales existentes. La construc-


ción del sistema integrado de servicios de cuidado se funda sobre una pro-
puesta de fortalecimiento de las redes de servicios públicos estatales y no
estatales existentes, en espacios locales específicos para, a partir de ello,
ampliar su cobertura, garantizando estándares de calidad.

• Calidad de los servicios con base en protocolos de atención. La calidad


de los servicios es condición fundamental para que este servicio se inscriba
en una lógica de derechos. Ello requiere el establecimiento de protocolos
con requisitos mínimos que deben cumplir los centros de cuidado infantil.

• Focalización como medio para la universalización de los servicios. La


política de cuidado desde el enfoque de derechos se funda sobre el prin-
cipio del acceso universal a los servicios, aunque en una primera etapa su
implementación requiera de mecanismos de focalización en los sectores
menos favorecidos. La superación del enfoque asistencialista, la garantía
de sostenibilidad financiera y el aseguramiento y mantención de la calidad
de los servicios de cuidado requieren que éstos no estén dirigidos única-
mente a las familias empobrecidas y que, más bien, atraigan a la clase
media; dejando de ser “servicios pobres para pobres”. Por esta razón, la fo-
El Vivir Bien y el derecho al cuidado 163

calización debe ser bien entendida como medio para lograr la universalidad
de los servicios. Este enfoque establece la necesidad de definir los criterios
de focalización desde el conocimiento específico de las necesidades locales
de cuidado y su proyección hacia la universalización.

• Cambios en la legislación. La inclusión del cuidado como derecho ciuda-


dano que debe ser garantizado por el Estado, requiere de la revisión de la
legislación nacional en concordancia con las Convenciones Internaciona-
les ratificadas por Bolivia, con la Constitución Política del Estado, el Có-
digo del Niño, Niña y Adolescente, el Plan de Infancia, el Plan de Igualdad
de Oportunidades, la nueva Ley de la Educación, y las diferentes leyes y
decretos relativos a la infancia, la familia y las mujeres, entre otras norma-
tivas departamentales y municipales, para definir:

- Las responsabilidades y jurisdicciones entre los entes públicos por nivel


de gobierno (central, departamental y municipal en la normativa, super-
visión y provisión de los servicios de cuidado).
- Los niveles de corresponsabilidad y coordinación entre los diferentes
entes gubernamentales para la gestión de los servicios de protección y
cuidado integral a los niños, niñas y adolescentes, en coordinación con
los organismos sin fines de lucro, las empresas y otros actores sociales.

• Coordinación entre diferentes prestadores de servicio. De igual manera,


la creación del sistema de servicios de cuidado se fundamenta en la coordi-
nación entre diferentes prestadores de servicios -organismos gubernamen-
tales, no gubernamentales, de la sociedad y entes privados- con base en las
realidades institucionales y sociales territoriales y según criterios mínimos
de calidad enmarcados en la normativa común.

Esta propuesta concreta de política pública, gestada en el seno de la re-


flexión feminista y los estudios de género, se funda sobre los valores de solidari-
dad, justicia, cooperación y equidad que busca la dignidad y el “buen convivir” de
las sociedades. Al elevar el cuidado a un derecho ciudadano, las feministas y los
estudios de género reivindican la cooperación y la solidaridad de la sociedad con
las familias, y de hombres y mujeres al interior de las familias en la provisión de
cuidado y protección de las personas que lo necesitan. Enfatizan la importancia de
la democratización del cuidado y la protección bajo un nuevo modelo de bienestar
social para lograr las transformaciones estructurales necesarias para la superación
de las injusticias e inequidades intra-generacional y entre generaciones en un nue-
vo orden del Vivir Bien.
164 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

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La pobreza y el bienestar infantil
en la Etiopía rural
Laura Camfield y Keetie Roelen*

Introducción

La pobreza en toda Etiopía está disminuyendo, pero lo hace a ritmos dife-


rentes para grupos diferentes. En este contexto, ¿cuál es la experiencia de los niños
etíopes del área rural y cómo la entienden ellos? Este ensayo responde en parte esta
pregunta utilizando para ello una base de datos cualitativos y cuantitativos origi-
nados en el estudio Young Lives (Vidas jóvenes) que analiza la pobreza infantil en
cuatro países en vías de desarrollo (www.younglives.org.uk/).
Las reducciones significativas en las tasas de pobreza en Etiopía, en los últi-
mos 15 años, reflejan las mejoras en las condiciones de vida en este país, tal como
se puede ver en una variedad de diversos estudios. Un informe del gobierno etíope
sobre el avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) hace refe-
rencia a una reducción en las tasas de pobreza, desde el 49,5% en 1994/95 al 38,7%
en 2004/05, y a una disminución estimada al 29,2% en 2009/10 (MoFED, 2010).
No obstante, continúan habiendo diferencias grandes y persistentes en la pobreza
entre diferentes áreas geográficas, entre grupos demográficos y entre estaciones
(Dercon y Krishnan, 2000; Devereux y Sharp, 2003; Devereux y Sharp, 2006). La
relación entre la pobreza económica y el bienestar infantil es compleja (Camfield,
2010; Roelen, 2010); del mismo modo, nuestros análisis de los datos del área rural
en Etiopía confirman los hallazgos de otros autores (por ejemplo Edmonds, 2009)
que señalan que un aumento en la riqueza no tiene una relación directa ni lineal
con un aumento en el bienestar de los niños (Camfield y Roelen, 2011).

* Investigadoras de la Universidad de East Anglia, y del Instituto de Estudios del Desarrollo sobre pobreza infantil y buen
vivir en Etiopía.
170 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

En este ensayo utilizamos datos del estudio Young Lives sobre la infancia y
la pobreza infantil con el objetivo de mostrar las realidades ocultas de la pobreza
en la Etiopía rural y, especialmente, de la pobreza crónica en los niños y sus fami-
lias. Para ello adoptamos un enfoque de métodos mixtos y utilizamos tres rondas
de datos cuantitativos y cualitativos para comprender mejor las vidas de una co-
horte de niños y sus familias, incluyendo la propia comprensión que tienen los ni-
ños y los adultos de la pobreza; así como también de sus experiencias al respecto1.
Los hallazgos confirman las evidencias sobre la existente pobreza de largo plazo
en Etiopía; pero, al mismo tiempo, generan una perspectiva más matizada a partir
de lo valioso de estos métodos mixtos para analizar la pobreza crónica.

Revisión de literatura y marco conceptual

La pobreza en Etiopía

Etiopía es uno de los países más pobres y más dependiente de los donantes
en África. Ocupó el lugar número 174 de 187 países en relación con el Índice
de Desarrollo Humano de 2011 (HDR, 2011), a pesar de las mejoras importantes
que se lograron en las tres últimas décadas. Entre ellas, la esperanza de vida ha
aumentado en 15,3 años entre 1980 y 2011 (de 43,9 a 59,3 años) y el producto per
cápita (PPP$ 2005) prácticamente se duplicó entre 1985 y 2011 (HDR, 2011). En
lo específico, se estima que las tasas de pobreza se han reducido en un 40% entre
principios de los años 1990 y fines de la primera década del 2000 (MoFED, 2010).
Sin embargo, mucha gente sigue viviendo en circunstancias de significativa
vulnerabilidad que tiene un impacto negativo en su desarrollo humano. Además,
se aprecian grandes diferencias entre estaciones, espacios y grupos sociales. Varios
estudios han señalado la importancia de la estacionalidad; por ejemplo, cuando la
lluvia y la pérdida de las cosechas ocasionan reducciones temporales en el con-
sumo afectando la seguridad alimentaria (Dercon y Krishnan, 2000; Devereux y
Sharp, 2003). Asimismo, la posibilidad de entrar y salir de la pobreza puede ser
muy diferente entre las regiones o comunidades. Devereux y Sharp (2006) afirman
que los niveles de indigencia y vulnerabilidad en Wollo han aumentado, mien-
tras que las cifras nacionales han reportado mejoras (ver Banco Mundial, 1999) y
se advierten diferencias a nivel comunitario (Dercon, 2006), según un estudio de
panel entre los hogares en seis pueblos, en los años 1989-95. Por último, las ex-
periencias diferenciadas en cuanto a la pobreza también persisten entre diferentes
grupos demográficos e incluso al interior de los hogares. Woldehanna et al. (2008)
encontraron que el porcentaje de niños menores que viven en hogares de estrato de

1 Los datos presentados en este capítulo vienen de tres documentos anteriores: Camfield, 2010; Camfield y Roelen, 2011;
y Roelen y Camfield, 2012.
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 171

escasa riqueza y pocos activos, bajó en todas las regiones de Etiopía, excepto en
Tigray, donde -por el contrario- ha aumentado el porcentaje de niños con bajo peso
en la cohorte de mayor edad.
Hace ya mucho tiempo que se ha reconocido el beneficio de utilizar méto-
dos combinados, por cuanto permiten alternar no sólo los métodos sino también
los datos cuantitativos y cualitativos para captar mejor estas experiencias diversas
(Appleton y Booth, 2001). Esa combinación permite no solamente una verificación
y triangulación, sino -además- permite obtener una comprensión más profunda y
detenida de las dinámicas y procesos subyacentes. En el estudio, hemos adoptado
un enfoque de integración holística (Shaffer et al, 2008) que recurre a múltiples
métodos sin ninguna priorización de los mismos, a objeto de generar un ‘archivo
de casos’ contextualizado. Utilizamos estudios de caso de niños individuales para
examinar la relación compleja entre la pobreza y el bienestar. También recurrimos
a trabajos anteriores sobre el análisis y comprensión de la pobreza en Etiopía,
que incluyen las Evaluaciones Participativas de la Pobreza de Rahmoto y Kidanu
(1999) y de Ellis y Woldehanna (2005), para escoger métodos que permitan explo-
rar la comprensión diferenciada de la pobreza entre los niños y los adultos.

Datos y metodología

Los datos de Young Lives

Young Lives es un estudio de la pobreza infantil en cuatro países (Etiopía,


India, Perú y Vietnam) que recopila datos de panel, tanto cuantitativos como cua-
litativos, a lo largo de un periodo de 15 años. Hasta ahora, se han analizado tres
rondas de datos cuantitativos y tres rondas de datos cualitativos; lo que ha hecho
posible que los investigadores sigan a las dos mismas cohortes de niños a lo largo
de siete años. En este trabajo, el análisis se centra en la cohorte mayor. La primera
ronda de recopilación de datos cuantitativos tuvo lugar en 2002, cuando los niños
tenían entre 7 a 8 años. La segunda ronda de recojo de estos mismos datos tuvo lu-
gar en 2006, es decir, cuando estos niños tenían ya entre 11 a 12 años; y la tercera
ronda, en 2009, cuando ya estaban entre los 14 y 15 años.
La muestra de Young Lives relativa a Etiopía cubre 20 sitios en las regiones
de base étnica de Amhara, Oromia, SNNP (Naciones, Nacionalidades y Pueblos
del Sur) y Tigray, y también en la capital Addis Abeba. Juntas, estas cinco regiones
representan diferentes características geográficas, diferentes niveles de desarro-
llo, diferentes realidades urbanas/rurales y diferentes características poblacionales
(Outes-Leon y Dercon, 2008). Trece de los sitios que se han clasificado como ru-
rales son los que constituyen la base de nuestro análisis. En la tercera ronda había
570 niños en la muestra rural (ver Cuadro 1).
172 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Cuadro 1. Tamaño y composición de la muestra


por cada ronda de la encuesta (En %)
  R1 R2 R3
Niños 52,1 51,9 52,5
Niñas 47,9 48,1 47,5

Amhara 25,0 24,5 24,7


Oromia 24,9 24,7 24,6
SNNP 25,0 25,2 24,9
Tigray 25,0 25,7 25,8
Total (n) 599 584 570

Adicionalmente, se recopilaron datos cualitativos entre los niños, en tres de


los 13 sitios rurales y durante los años 2007, 2008 y 2009 (este trabajo fue parte
de un sub estudio sobre protección social, vulnerabilidad y movilidad social). El
Cuadro 2 suministra detalles completos sobre estos aspectos, con base en métodos
utilizados con los niños y adultos que se describen en lo siguiente.

Cuadro 2. Descripción de los datos cualitativos


Enfoque de la Enfoque
Encuestados Estudio/etapa Pueblosa Regiones
investigación/método analítico

Niños de 13–14 2007 y 2008 Lo que los participan- Creación de una Leki, Amhara,
años, n=20 (un - trabajo tes perciben como vivir taxonomía Tach- Oromia,
grupo focal por de campo bien/mal para niños Meret, Tigray
sitio, con cinco cualitativo como ellos, las carac- Zeytuni
participantes) general terísticas de familias
pobres y no pobres;
cómo las familias se
convierten en pobres
o no pobres (se utiliza
el ‘árbol de la pobreza’
como una ayuda visual)
Niños de 11–15 2008 - estudio La exactitud y Creación de una Enkoy, Amhara,
años, n=40 financiado relevancia percibidas taxonomía Lomi, Oromia,
(dos grupos por el IDRC de los criterios para la Weyn, Tigray,
focales por sobre el situación de riqueza Gomen SNNP
sitio, con cinco impacto de o pobreza en relación
participantes) la protección a la inclusión en el
social en los Programa de Seguridad
niños Productiva (PSNP);b si y
cómo el PSNP apoya la
movilidad social
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 173

Adultos, n=80 2008 - estudio La exactitud y relevan- Creación de una Enkoy, Amhara,
(cuatro grupos financiado por cia percibidas de los taxonomía Lomi, Oromia,
focales por el IDRC sobre criterios para la situa- Weyn, Tigray,
sitio, con cinco el impacto de ción de riqueza o po- Gomen SNNP
participantes) la protección breza en relación con la
social en los inclusión en el PSNP; si
niños y cómo el PSNP apoya
la movilidad social
Adultos, n=28 2009 - sub La manera en que los Creación de una Leki, Amhara,
(un grupo estudio sobre hogares salen de la taxonomía Tach- Oromia,
focal por sitio, la protección pobreza crónica, los Meret, Tigray
con siete social, la gastos a ser realizados Zeytuni,
participantes). vulnerabilidad primero, la manera en Buna
y la movilidad que afectan a los niños
social en el hogar. Se les ha
pedido que identifi-
quen un umbral de
pobreza y que lo discu-
tan en relación con los
criterios de admisión al
y ‘graduación’ del PSNP
Adultos, n=56 2009 - sub Historias de vida que Comparar los Leki, Amhara,
(32 hogares, estudio sobre se enfocan en eventos factores que son Tach- Oromia,
dos personas la protección claves de los últimos percibidos como Meret, Tigray
por hogar de social, la 14-15 años, ver cómo los que apunta- Zeytuni,
ser posible). vulnerabilidad los hogares respondie- lan la entrada a Buna
y la movilidad ron a esos eventos (por y la salida de la
social ej., los recursos a los pobreza, y situar
que tuvieron acceso) y estos factores en
cómo tanto el evento las biografías de
como su respuesta al los individuos y
mismo afectaron a los sus hogares
niños en el hogar
Niños, n=20 2009 - sub Enfoque doble a: i) sus Lograr un en- Leki, Amhara,
(un niño de estudio sobre vidas cotidianas, inclui- tendimiento Tach- Oromia,
14-15 años por la protección das sus experiencias de más profundo Meret, Tigray
hogar). social, la trabajo, y ii) los even- de las vidas Zeytuni,
vulnerabilidad tos claves en su vida, de los niños y Buna
y la movilidad con información sobre los efectos de
social la forma en que ellos ambos shocks
y sus familias respon- –positivos y
dieron a los mismos negativos- y la
y cómo el evento y la forma en que
respuesta los afectaron los hogares res-
ponden a ellos

a Todos los nombres son seudónimos.


b El programa PSNP, que fue introducido en 2005, tiene el fin de reducir la vulnerabilidad de los hogares, mejorar la
resiliencia a shocks, y reducir la dependencia de ayuda alimentaria. El programa tiene más de 8 millones de participantes
y ofrece alimentos o efectivo a cambio de trabajo, tal como cavar zanjas; y además, presta ayuda directa a una pequeña
cantidad de hogares sin mano de obra adulta.
174 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Recopilación de datos cualitativos

Los datos que se analizan en la siguiente sección vienen de dos fuentes. En


primer lugar, de entrevistas grupales con personas adultas separadas en grupos
masculinos y femeninos, realizadas durante 2009 mientras se utilizaba la metodo-
logía de las ‘Etapas de Progreso’ de Krishna (2007), para captar la manera en que
la gente reflexiona y comprende las rutas que siguieron los hogares para salir de la
pobreza, y los umbrales que separan a los pobres de los no pobres (ver el ejemplo
de Uganda en la fig. 1 y citas de los grupos focales en el cuadro 3 en el apéndice).
El método de las Etapas de Progreso de Krishna fue desarrollado en Ra-
jasthan y, luego, fue aplicado en Gujarat y Andhra Pradesh, Kenia, Uganda, Perú
y Carolina del Norte. El método se desarrolla con base en actividades grupales es-
tructuradas para generar criterios que luego se utilizan para clasificar a los hogares
y hacer seguimiento de ellos en el tiempo. Después se crea un pseudo panel soli-
citando a los grupos de la comunidad que clasifiquen a los hogares considerando
su situación actual y su situación de hace 25 años atrás. Esta actividad en grupo se
complementa con las historias de los hogares, poniendo énfasis en el por qué algu-
nos hogares progresan mientras que otros, más bien, retroceden. A pesar de que el
método de Krishna se utiliza como el principal marco de trabajo, en este estudio no
fue aplicado en sentido estricto porque, como se describe más adelante, se recogió
sólo una parte de la información cualitativa que apuntala las Etapas de Progreso,
del mismo modo que solamente se seleccionó parte de los indicadores apropiados
según el método de Krishna. Estos estaban referidos a la pregunta explícita a los
encuestados sobre los pasos progresivos de tránsito desde la pobreza extrema a la
pobreza, y de ésta hacia la situación de no pobreza.

Figura 1
 Stage 1 Obtain food for the family
Stage 2 Obtain some clothes for the family
Stage 3 Send children to primary school
Stage 4 Repair the existing shelter Poverty Cut-Off hPoor
Stage 5 Buy sheep or goat iNon-Poor
Stage 6 Buy smal piece of land
Stage 7 Buy a bicycle for transportation
Stage 8 Buy more land Prosperity Cut-Off hNon-Poor
Stage 9 Build a permanent house iProperous
Start operating a small business of a few
Stage 10
farm products
Stage 11 Buy a car or build commercial property
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 175

En segundo lugar, uno de los investigadores realizó dos actividades grupales


con niños en 2007 y 2008; en ellas se les pidió a los niños que piensen en y dibujen
‘una niña o un niño de su edad en la comunidad que tiene una vida buena o mala’.
La ‘vida buena’ incluía el vivir bien en un sentido tanto material como moral (ver
Crivello et al., 2009 para más información sobre este método). En 2008 se les pidió
que discutan en qué consiste la pobreza, por qué se considera pobre a la gente, y
cómo esta situación afecta sus vidas.
En la primera actividad, los niños hicieron dibujos individualmente de niños
que viven bien o que viven mal, y los fueron explicando al grupo. Ello, muchas
veces dio lugar a respuestas críticas o difíciles (por ejemplo, se produjeron debates
sobre el hecho de si un niño de 12 años era demasiado joven para mascar chaat,
un narcótico suave). Luego se dio una discusión colectiva y se apuntaron las suge-
rencias de los niños en un papelógrafo dividido en la columna ‘una buena vida’ y
la columna ‘una mala vida’. Estas sugerencias pudieron ser fácilmente convertidas
en ‘indicadores’, los que fueron clasificados por los participantes.
En la segunda actividad se utilizó como medio visual el ‘árbol’ de pobreza.
En esta actividad se pidió a los niños que escriban o dibujen en tarjetas lo que con-
sideraban elementos que muestren las ‘raíces’ (orígenes) y las ‘frutas’ (efectos) de
la pobreza. Las actividades se realizaron de manera independiente con cinco niños
y cinco niñas de 11 a 13 años de edad, en cada uno de los sitios, utilizando para
ello algún salón de reuniones o algún espacio en las oficinas o instalaciones de la
administración o gobierno local.
El trabajo de campo fue realizado entre septiembre y noviembre cuando
los niños habían vuelto a la escuela; asimismo se programaron actividades alre-
dedor de la escuela y otras actividades. Del mismo modo, se prestó mucha aten-
ción a la composición del equipo de investigación y la índole y programación
de las actividades para que los encuestados se sientan a gusto con los investi-
gadores. Se obtuvo el consentimiento informado de los cuidadores al inicio del
proyecto; sin embargo, el equipo debió verificar regularmente la predisposición
de los adultos y niños participantes, haciéndoles recuerdo de que podían rechazar
o parar la actividad cuando quisieran. Este derecho fue ejercido en varias oca-
siones (Morrow, 2009).

Análisis de contenido

Recurrimos al análisis de contenido para explorar los datos de las activida-


des grupales y los grupos focales con los niños y los adultos a fin de lograr una
mejor comprensión de la percepción de los niños y de los adultos en cuanto al
vivir bien o vivir mal, las características de los niños pobres y sus hogares, y lo
que necesitan los hogares para salir de la pobreza. Para ello, utilizamos una forma
176 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

simplificada del análisis marco de Spencer y Ritchie (1994), que implica: i) la


lectura y relectura de las transcripciones, apuntando las ideas claves y los temas
recurrentes; ii) centrarse en los temas relacionados con las características del bien-
estar y la pobreza; iii) identificar y mapear las partes de los datos que corresponden
a cada o cierto tema; y iv) fijarse en la naturaleza/frecuencia de éstos en la muestra.

Taxonomía de la pobreza infantil basada en métodos mixtos (ver también


Roelen y Camfield, 2012)

El siguiente paso en esta investigación de múltiples etapas, consistía en la


elaboración de una taxonomía que permitiera clasificar a los niños y los hogares
en que viven como pobres extremos, pobres, casi pobres y no pobres. Para ello se
utilizó el concepto de las ‘Etapas de Progreso’ de Krishna (2007), tal como fue des-
crito en la anterior sección, con lo que se debía traducir la información cualitativa
disponible sobre lo que los niños y adultos asocian con pobreza o bienestar en una
taxonomía que permite agrupar a los niños y hogares sobre la base de los datos de
la encuesta cuantitativa. Los diferentes grupos representaron diferentes etapas de
progreso al salir de la pobreza, las que fueron consideradas en conjunto con los
datos de panel cuantitativos para ser traducidos en indicadores medibles. La taxo-
nomía clasifica a los niños y sus hogares en cuatro categorías diferentes, a saber
pobres extremos, pobres, casi pobres y no pobres. Los indicadores individuales y
los umbrales de las diferentes categorías se presentan en el Cuadro 3.

Cuadro 3. Indicadores y umbrales para la taxonomía


basada en métodos mixtos
Categoría Indicador Umbral
Pobre Niño Se considera que el niño/hogar es
extremo desnutrición (puntajes, estatura y pobre extremo si no llega al umbral
peso) en, al menos, dos de los indicadores
en esta categoría
En este momento no está inscrito en
la escuela
Hogar
No tiene animales
No tiene tierras que se utilizan para
agricultura
  Crédito no confiable (en una emer-
gencia se prestaría de usureros)
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 177

Pobre Niño Se considera que el niño/hogar es


Consume insuficientes alimentos pobre si no llega al umbral para, al
(menos de 3 comidas por día) menos, dos de los indicadores en esta
categoría
O si vive en un hogar que no tiene
Ha trabajado para ganar dinero en el animales de tracción o bueyes
último año
  Hogar
No tiene animales de tracción/bueyes
Casi pobre Hogar Se considera que el niño/hogar es casi
No es miembro de organizaciones pobre si no llega al umbral para al
que ofrecen capital político o crédito menos dos de estos indicadores
O si llega a los umbrales de cualquier
No tiene un techo de calamina combinación de, al menos ,dos indica-
dores en las categorías pobre extre-
mo, pobre y casi pobre
No tiene tierras, bajo riego

Estudios de caso

Por último, utilizamos estudios de caso para analizar los procesos por los
que los hogares se vuelven y siguen siendo pobres. Se procedió mediante las his-
torias de ciertos hogares: ‘lo que en realidad pasó en este caso específico, como
resultado del contexto, la dependencia de la trayectoria, las acciones e interaccio-
nes de los protagonistas, y los mecanismos, y procesos que se dan así como sus
consecuencias’ (Bevan, 2005:11). Se utilizaron estudios de caso para comprender
los hallazgos de la clasificación de la pobreza en función a la taxonomía basada
en métodos mixtos, y los efectos de las transiciones en los niños en hogares que
variaron su situación en comparación con el punto de partida (sobre todo los po-
bres extremos), y la dirección que siguieron a lo largo de las tres rondas de datos.
Se seleccionaron ocho estudios de caso en tres sitios diferentes (Leki, Tach Meret,
Semhal) para analizar los movimientos de entrada a y salida de la pobreza, sobre
la base de la taxonomía. Se incluyeron casos basados en entrevistas con niños e
historias de vida con sus padres.

Hallazgos

Los principales indicadores de pobreza para niños y adultos se derivaron del


análisis de los datos de los grupos focales y las actividades en grupo. Ellos se pue-
den ver en el Cuadro 4. Para los adultos, los principales indicadores de la pobreza
178 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

fueron (la falta de) alimentos, de ropa, animales/bueyes, y de acceso a tratamiento


médico. En orden aproximado de importancia, los alimentos y la ropa también
fueron las prioridades para los niños. Podemos ver que hay traslapes importantes
entre los datos de los adultos y de los niños, y que en los dos casos fue difícil ma-
pear estos indicadores específicos de cara al contexto analizado con base en los
datos cuantitativos; lo cual es importante para diseñar la taxonomía. Por ejemplo,
en vista de la importancia otorgada a la ropa para participar en la vida comunitaria
sin vergüenza, fue poco estimulante no poder captar esto o el acceso a tratamiento
médico, dado el papel de las enfermedades en los movimientos hacia la pobreza.

Cuadro 4. Comparación de los indicadores de niños y adultos


¿Mapeado en relación a datos
Adultos Niños
cuantitativos?
Alimentos Alimentos √ No se pudo captar ni la
variedad ni la calidad
Ropa Ropa x
No fue mencionado por Apariencia x
los adultos
Mencionado en un tercio Educación √ No hay datos sobre el
de los sitios desempeño y los costos de
la escolarización en todas las
rondas
Mencionado en un tercio Vivienda √
de los sitios
Tierra Sólo lo mencionan √ No se pudo captar ni la
los niños más variedad ni la calidad
grandes
Bueyes, animales Sólo lo mencionan √
los niños más
grandes

Acceso a tratamiento No lo mencionan los X


médico niños

Los hallazgos del uso de la taxonomía descritos en el Cuadro 3 (en anexo),


respaldan la imagen de una reducción general de la pobreza en la Etiopía rural.
El Cuadro 5, por su parte, muestra las proporciones de niños que han seguido una
trayectoria ascendente, descendente o estable entre 2002 y 2009. De acuerdo con
las estimaciones, más de la mitad de todos los niños sintieron una mejora en sus
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 179

condiciones de vida. Mientras que la mitad de todos los niños fueron identificados
como pobres en la ronda 1, además de los niños en situación de extrema pobre-
za, esta proporción bajó a menos de 20% en la tercera ronda. A grandes rasgos,
los hogares han seguido las etapas de progreso identificadas en la taxonomía, ya
que las estimaciones apuntan a un avance de la pobreza a la casi pobreza entre la
ronda 1 y la ronda 2, y entre la ronda 2 y la ronda 3. Uno de cada tres niños ya no
vivía en pobreza en la ronda 3, comparado con sólo uno de cada trece en la ronda
1. La mayoría de estos cambios pueden ser atribuidos a la creciente disponibili-
dad de animales de tracción en el hogar, y a las mejoras en las condiciones de la
vivienda, sobre todo en cuanto al techo.

Cuadro 5. % de niños en diferentes grupos de pobreza


Categoría R1 R2 R3
Ultra pobres 7 8,6 8,4
Pobres 49,8 24 17,2
Casi pobres 35,6 55,5 41,8
No pobres 7,7 12 32,6
Total 100 100 100

Sin embargo, las tasas de extrema pobreza se han mantenido -en gran me-
dida- en un nivel estable, incluso con un aumento temporal en la ronda 2. Este
aumento temporal puede estar relacionado con la sequía a principios de 2006,
seguida por inundaciones repentinas, desbordes de ríos y brotes de diarrea en la
segunda mitad del año. Es ampliamente conocida la noción de un grupo persistente
y difícil de alcanzar conformado por pobres extremos y pobres crónicos (Moore et
al, 2008; Shepherd, 2011). Ello también fue constatado en Etiopía (Sharp, 2007)
y, confirmado con nuestros datos al utilizar matrices de transición (Camfield y
Roelen, 2011), los que mostraron que ciertos grupos se encuentran atrapados en la
pobreza, y de manera desproporcionada los que viven en la región remota y mon-
tañosa de Tigray.

Ocho estudios de caso

Asimismo, fueron seleccionaron ocho estudios de caso de niños para ex-


plorar de mejor manera las migraciones de los pobres y casi pobres en las dos
direcciones, a lo largo de las tres rondas de recopilación de los datos cuantitativos
(2001/2 – 2009). Degife (niño), Dibaba (niño) y Naomi (niña) son de un lugar casi
rural en Oromia, donde muchos hogares tienen acceso sea a tierras con riego o sea
180 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

a trabajo en las granjas comerciales de verduras. Ninguno de estos tres niños ha


avanzado más allá del tercer grado en la escuela (a la edad de 15 años deberían
estar en el grado 8 o 9): Degife y Dibaba han abandonado la escuela en repetidas
ocasiones para ayudar a sus padres, y Naomi está enferma crónicamente.
Masresha (niño), Legesse (niño) y Gabra (niña) son de otro lugar igualmen-
te casi rural pero disperso, en las afueras de una localidad pequeña. Legesse y
Masresha están en el 6to grado, pero están teniendo problemas debido a su carga
de trabajo fuera de la escuela. Gabra está en el 8vo grado, a pesar de que tiene un
trabajo pagado de 45 horas a la semana, además de ayudar en la casa. Su padre
murió y ella está muy consciente de la diferencia entre la vida que tiene ahora y la
vida que ella quiere para sus hijos cuando esté en “una mejor posición económica”:
“Ahora, yo tengo zapatos de plástico. Pero mis hijos quizás tengan zapatillas de
deporte y zapatos de cuero […] Y mi ropa es como pueden ver [ropa tradicional
gastada], pero quizás mis hijos se vistan en seda y jeans”.
Finalmente, Ephrem (niño) y Miniya (niña) son de un lugar rural remoto en
Tigray, donde las principales actividades económicas son la ganadería y trabajar
en el programa PSNP o en la fábrica de trituración de piedras. Ephrem es el niño
más joven en su familia, así que él se encarga de los rebaños de animales y ayuda
en las actividades como ser la venta de piedras. No está inscrito en la escuela.
Miniya es una huérfana que vive con su abuela y que recibe ayuda financiera
de una tía que vive en la ciudad capital regional. Está en el 8vo grado y, además
de trabajar ocasionalmente durante las vacaciones escolares, sólo hace parte del
trabajo en el hogar.
En tres de los hogares hay una mujer como jefe de hogar (Miniya, Gabra y
Dibaba) y en uno de estos hogares la jefa del hogar es una persona de la tercera
edad (Miniya). Todos los niños en la ronda 2 vivían en hogares que recibían apoyo
social en dinero efectivo y/o en especie o alimentos (trigo, aceite) que, o bien los
recibieron a cambio de trabajo (‘alimentos por trabajo’) o -en el caso de jefes de
hogar muy mayores o con discapacidad- los recibieron incondicionalmente como
‘apoyo directo’. Sin embargo, en la ronda 3, sólo tres de cada ocho niños fueron
inscritos en el programa PSNP. Es difícil vincular esta información a los resultados
respecto de la pobreza, por cuanto esto podría parecer una indicación de condicio-
nes de vida mejoradas; es decir, que les fue tan bien a las familias que han podido
graduarse del programa (esto podría ser verdad para los hogares de Masresha,
Legesse y Ephrem que se encontraron en una trayectoria estable o hacia arriba).
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 181

Cuadro 6. Indicadores que muestran cambios


en la taxonomía en las tres rondas
Situación Situación
Nombre sexo Transición Indicador
en R1 en R3
Subiendo o estable

Masresha niño Hacia arriba Casi No pobre Hacia arriba: El hogar adquirió un
pobre techo de calamina

Legesse niño Hacia arriba Pobre No pobre Hacia arriba: El hogar adquirió
animales de tracción

Degife niño Hacia arriba Pobre No pobre Hacia arriba: El hogar adquirió
animales de tracción y un techo
de calamina, dejó de prestarse de
usureros

Ephrem niño Estable No No pobre No hay cambio: El hogar perdió


pobre su acceso a tierras bajo riego,
adquirió un techo de calamina
Bajando
Miniya niña Hacia abajo No Pobre Hacia abajo: El hogar perdió su
pobre ganado Hacia arriba: El hogar
tiene tierras para usar, pero
ahora está en una situación de
inseguridad alimentaria

Gabra niña Hacia abajo Pobre Pobre Hacia arriba: Gabra dejó de
extremo trabajar para ganar dinero, hay
seguridad alimentaria, el hogar
adquirió un techo de calamina
Hacia abajo: El hogar perdió su
ganado, Gabra de nuevo trabaja
para ganar dinero

Naomi niña Hacia abajo Pobre Pobre Hacia arriba: El hogar adquirió
extremo animales de tracción y tierras
bajo riego
Hacia abajo: El hogar se prestó
dinero de usureros, Naomi no
está inscrita en la escuela

No Hacia abajo: El hogar perdió sus


Dibaba niño Hacia abajo Pobre
pobre animales de tracción
182 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

El Cuadro 6 muestra los cambios en los indicadores que subyacen en la cla-


sificación de los niños y sus familias de acuerdo con la taxonomía basada en mé-
todos mixtos en las diferentes rondas. Las familias de Masresha, Degife y Ephrem
reemplazaron el techo en su casa por un techo de calamina, y las familias de Leges-
se y Degife adquirieron animales de tracción. La pérdida de animales de tracción
y ganado también juega un papel importante en la movilidad hacia abajo o descen-
dente y (en parte) subyace la reducción de la pobreza para Miniya y Dibaba. Los
datos cualitativos confirman la dirección del cambio en la taxonomía, y el cambio
en los indicadores individuales que apuntalan esos movimientos. Sin embargo,
los motivos que subyacen a estos cambios son más complejos de lo que se puede
captar en una taxonomía simple. En la siguiente sección, ponemos atención en los
efectos de estos cambios en dos de los ocho niños: Legesse y Gabra.
El hogar de Legesse es más próspero según muchos de los varios criterios
que estamos utilizando para indicar que se está saliendo de la pobreza. Por ejemplo,
han comprado animales de tracción (burros) para transportar piedras al mercado,
y han adquirido tierras bajo riego para producir verduras para su consumo propio.
No obstante, algunos de los cambios positivos en el hogar han sido en detrimento
de la salud y educación de Legesse. En 2008, él decía que “a veces [mis padres] me
hicieron abandonar la escuela y otras veces que “estoy [demasiado] cansado para
estudiar. Es decir que el cargar piedras no es bueno ni para mi educación ni para mi
salud porque las piedras me cortan [y] siento dolor de espalda”. Un año después, él
dijo que tenía malas notas porque “este último año, tenía una gran carga de trabajo.
Así que no pude estudiar suficiente”. No obstante, él ha apreciado el hecho de que,
gracias a su trabajo, “puedo comer hasta llenarme”. Su familia no fue incluida en el
PSNP porque tiene “una vaca, un buey, tres ovejas, un burro y un caballo”, además
de tener tierras en aparcería que son propiedad de un aldeano anciano.
El hogar de Gabra -donde la jefa de hogar ha sido su madre desde que murió
su padre en 2004- mostró algunas señales de mejora entre las rondas 1 y 2. Esto es
así porque se puso un techo de calamina en la casa, y porque la niña de nuevo fue
a la escuela y empezó a trabajar en la limpieza de judías blancas: “Sin el trabajo
no podría haber ido a la escuela porque hubiera tenido limitaciones financieras.
Además, ha mejorado nuestro nivel de vida desde que empecé a trabajar”. Pero
entre las rondas 2 y 3, el polvo que circula al limpiar judías blancas y la mala po-
sición durante el trabajo, que le produce cansancio, empezaron a afectar su salud
y educación: “Mi trabajo en la casa no afecta mi educación. Pero mi empleo tiene
efectos en mi salud y mi educación [porque] me quita tiempo para estudiar”. Había
un tiempo en que la familia no podía trabajar porque no había oportunidades; sin
embargo, Gabra explicó que esto significaba que “no teníamos tanto ingreso como
antes […] así que no había suficiente comida”. Al llegar a la tercera ronda, ella
estaba trabajando 45 horas por semana y no había asistido a la escuela durante 10
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 183

días por ganar el monto relativamente bajo de 40 ETB (ella trabaja con su madre y
hermana, y se les paga una tarifa base de destajo). No pueden tener acceso al PSNP
por el tamaño de sus tierras, incluso a pesar de que asignan la mayor parte de sus
tierras bajo contratos de aparcería.

Discusión y conclusiones

El análisis de la comprensión de la pobreza y el bienestar de parte de los


niños y adultos, en general respalda los hallazgos de estudios anteriores en Etio-
pía, como son los de la más reciente Evaluación Participativa de la Pobreza (Ellis
y Woldehanna, 2005). No obstante, nuestros hallazgos muestran un énfasis mucho
mayor en las relaciones y en las actitudes y conductas que subyacen las relaciones.
Con respecto a la dinámica de la pobreza, vemos una disminución en el porcentaje
de hogares pobres del 50% al 20% entre las rondas 1 y 3. Las trayectorias de la
mayoría de los hogares no fueron afectadas por la crisis económica que tuvo lugar
ni por los aumentos en los precios de los alimentos, a pesar de que este resultado
podría ser un reflejo del relativo aislamiento de buena parte de la Etiopía rural, y de
su aislamiento de los mercados mundiales. Los cambios en las trayectorias de los
hogares siguieron las etapas de progreso descritas en Roelen y Camfield (2012).
No obstante, la extrema pobreza que afecta a casi uno de cada 10 hogares (8%) pa-
rece persistir con los escasos cambios, en el tiempo, del tamaño y la composición
de este grupo. Las características de este grupo son muy diferentes en relación con
las características de los transitoriamente pobres. Por ejemplo, en el caso de Gabra,
cuyo hogar es pobre extremo, hay una mujer como jefe de hogar, tierras que se han
asignado bajo arreglos de aparcería y toda la familia sobrevive con trabajo a des-
tajo. Degife, cuyo hogar es transitoriamente pobre, quizás sólo tenga poca tierra,
pero además tiene cuatro hermano/as con acceso a educación que probablemente
apoyarán al hogar en el futuro.
El análisis de los resultados cuantitativos -en tándem con los datos cualita-
tivos- muestra el impacto en los niños de la duración y de los momentos en que
se dan los episodios de pobreza. Por ejemplo, en 2009 Gabra, cuyo hogar vive
del trabajo a destajo (limpieza de judías blancas), parece estar deprimida por sus
experiencias: “cuando pienso profundamente y trato de resolver problemas [ma-
temáticos] difíciles, mi mente se enferma y a veces pierdo la conciencia […]. Por
estar enferma, no he podido mejorar mis resultados escolares”. Degife y Naomi
han sufrido por los momentos en que sus hogares se han encontrado en situación
de pobreza, lo que -en sus casos- ha retrasado el inicio de su escolarización y sig-
nificado posteriores abandonos cíclicos. Los datos cualitativos además permiten
una exploración acerca de cómo los niños entienden los cambios en sus hogares:
Legesse proporciona una buena descripción del progreso de su hogar desde antes
184 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

de la ronda 1 cuando eran “muy pobres […] muy ocupados con trabajos difíciles
y duros”, entre las rondas 1 y 2 cuando todos “trabajaban muy duro para tener una
mejor vida”, y en la ronda 2 con menos trabajo, una mejor alimentación y más
tiempo para jugar.
Los datos dan ejemplos de los compromisos entre la prosperidad del hogar
y el bienestar de los niños, sobre todo cuando sus activos se basan en ganado y por
ende involucran a los niños en el pastoreo (tal como el caso de los hogares rela-
tivamente prósperos de Ephrem y Degife). Esto genera una situación contraria a
lo que se pensaría intuitivamente, pero probablemente bastante común de un niño
pobre en un hogar no pobre (lo opuesto puede darse en las áreas urbanas si ciertos
niños reciben apoyo directamente de ONG locales). Mientras que los indicadores
cuantitativos pueden apuntar a una mejora en las condiciones de vida observables,
como ser la adquisición de animales de tracción y tierras bajo riego, los datos
cualitativos matizan estas mejoras al señalar los grandes sacrificios en cuanto a
la educación y salud de los niños. El análisis además muestra un problema con
las medidas multidimensionales en que los hogares pueden tener una movilidad
ascendente (avanzar hacia arriba) en algunos aspectos, y hacia abajo en otros.
Por último, la combinación de los resultados cuantitativos con los datos cua-
litativos, incluidas las percepciones que tienen los niños en cuanto a los cambios
en su situación de vida, genera un panorama más rico y más diversificado de la
dinámica de la pobreza y las experiencias de los niños en cuanto a una vida en po-
breza. A pesar de que la taxonomía incluye un indicador de la inscripción escolar,
no capta el abandono, la regularidad en la asistencia y otros factores que afectan la
educación como el cansancio, el tiempo para el estudio, y las dificultades para con-
centrarse a causa del impacto psicológico de la pobreza crónica. Esta dimensión
subjetiva vital rara vez puede ser captada por medio de encuestas, porque es difícil
medir la calidad de las experiencias de las personas. Los estudios cualitativos tam-
bién reconocen la índole de doble filo de muchos resultados, sobre todo cuando la
adquisición de ganado aumenta la carga de trabajo de los niños y hace que el hogar
ya no tenga acceso al PSNP.
La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 185

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La pobreza y el bienestar infantil en la Etiopía rural 187

Cuadro 3. Ejemplo de datos de grupos focales que se utilizan para


alimentar la taxonomía y la selección de indicadores
Indicador Importancia Citas ilustrativas ¿Mapeado en
relación a los datos
cuantitativos?

Alimentos (fre- Mencionado en “Comen sólo salsa ‘shiro’, pero nosotros √ No pudo captar
cuencia, canti- primer lugar en comemos diferentes salsas todos los ni la variedad ni la
dad, variedad, todos los sitios días” (niños, Aseb) calidad
calidad) “Llevan el pan casero como si no fuera
nada, y nuestros niños los persiguen
para pedir un poco de pan” (hombres,
Tana)

Ropa Mencionado en “Se visten bien, entonces están orgu- X Mencionado


primer o segun- llosos de compartir con la comunidad sólo en R2 y 3
do lugar en casi en lugares públicos” (mujeres jefes de
todos los sitios hogar, Tana)
“Siempre compramos ropa nueva para
nuestros hijos para ir al colegio, de lo
contrario se quejarán y su moral bajará”
(adultos varios, Negele)

Animales (aves Mencionado en “Los que son ricos ordeñan la vaca, √


de corral, ovejas, casi todos los tienen cabras y ovejas. Sí, ha mejorado
cabras, ganado sitios, general- su vida” (mujeres, Tana)
vacuno) mente en tercer, “Un individuo puede comenzar por
cuarto o quinto comprar una cabra y después una oveja,
lugar luego un burro, luego un buey y así ir
mejorando con una mula o un camello ”
(adultos varios, Semhal)

Bueyes Mencionado en la “Si un individuo compra un par de bue- √


mayoría de los si- yes entonces se lo considera igual que
tios, generalmen- otros ya que puede trabajar su propia
te como el umbral tierra” (adultos varios, Leki)
entre pobre y no “[Los bueyes son] un medio de vida ya
pobre que pueden ser compartidos y ayudan a
un hogar a no tener que rentarlos para
cultivar” (adultos varios, Tach Meret)

Tierra Mencionado en “Los criterios dan más peso al tener √


la mayoría de los tierra que bueyes. Esto es porque el
sitios ganado se muere, pero la tierra no”
(hombres jefes de hogar, Tana)
“Nos estamos muriendo de hambre.
¿Por qué? No tenemos tierra. Antes
arrendamos tierras, pero los precios
subieron y ya no lo podemos pagar”
(hombres, Negele)
188 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Acceso a trata- Mencionado en “La gente prefiere ir a las aguas sagradas x Sólo se pregun-
miento médico la mayoría de los porque no tienen dinero para médicos y tó en respuesta a
sitios medicamentos” (niños, Aseb) enfermedad grave
“Si los padres tienen efectivo no duda- así que el número
rán en llevar a sus hijos al hospital si se de encuestados
enferman, pero si no tienen dinero las fa- fue limitado
milias que tienen ganado estarán en una
mejor posición porque podrían venderlo
para conseguir efectivo en una emergen-
cia” (niños, Tana)

Trabajo diario Mencionado en “Es muy baja y estacional la demanda x


por lo menos un de trabajo diario en nuestra comunidad,
tercio de los sitios [sólo hay dinero] en las ciudades gran-
des como Addis Abeba, donde hay una
demanda constante de trabajadores”
(adultos varios, Galafi)

Riego Mencionado en “Con tierras bajo riego, el hogar puede √


por lo menos un producir diferentes tipos de cultivos
tercio de los sitios como ser cebolla, tomates, etc. El in-
greso obtenido de la venta de verduras
ayuda a los propietarios a ampliar su
tierra bajo riego al arrendar tierras de los
pobres” (niños, Leku)

Tener un techo Mencionado en “Comen lo que quieren y tienen un √


de calamina por lo menos un techo de calamina” (mujeres, Tana)
tercio de los sitios

Desempeño en Mencionado en “El desempeño escolar de nuestros hijos x Mencionado


la escuela por lo menos un está mejorando [ahora tenemos más sólo en R3
tercio de los sitios dinero]. Por ejemplo, mi hija llegó al ter-
cer lugar en su clase. Nuestros hijos son
recompensados por su trabajo” (adultos
varios, Galafi)
Uniformes Mencionado en “Si van a la escuela sin sus uniformes, no x Mencionado
y materiales por lo menos un podrán entrar. Pierden clases por miedo sólo en R2 y 3
escolares tercio de los sitios a que esto pase” (niños, Negele)

Conexiones al Mencionado en “Los que no tienen nada, ni una gallina, √


gobierno por lo menos un mucho menos un buey, son excluidos
tercio de los sitios [del PSNP...]. Las élites del gobierno y las
élites locales incluyen a sus familiares
hasta llenar el cupo” (hombres, Tana)
Niños sin Mencionado en “Ser pobre es pensar en trabajar en la √
un empleo por lo menos un escuela, porque el trabajo diario es el
remunerado tercio de los sitios trabajo de los pobres” (niños, Leku)

Nota: Todos los grupos en Tigray mencionan el no tener que migrar y el tener una vivienda, pero esto no fue mencionado
en ninguna otra parte, lo que subraya la necesidad de ser sensible a las prioridades locales.
Reflexiones sobre Vivir Bien
y derechos humanos:
Un punto de vista práctico
Ludwig Guendel*

Planteo del problema

Una de las características más importantes del mundo contemporáneo es el


renacimiento de las culturas subalternas. Durante el siglo XX, la cultura occiden-
tal logró imponerse en el planeta, desdeñando los aportes de culturas milenarias
a la configuración política y científica actual. En la etapa de mayor desarrollo
del capitalismo, la globalización trae con mucha fuerza la reivindicación por el
reconocimiento de identidades y modos de vida diferentes a la cultura moderna.
Este proceso abre un interesante debate político y conceptual, asociado a nociones
éticas y morales de la vida y formas de organización político sociales que han per-
durado por siglos y que hoy constituyen importantes aportes a la humanidad. Este
aporte es particularmente valioso en momentos en que se reconoce que el mundo
dominado por la cultura occidental vive una crisis social y ambiental que adquiere
claras manifestaciones de ser una crisis civilizatoria. Asimismo, este debate está
asociado al resurgimiento de los derechos humanos, como paradigma que propone
recuperar al sujeto (individual y colectivo) para abordar muchos de los desafíos
que enfrenta actualmente la humanidad.
En contraste con lo que ocurría durante la Guerra Fría, hoy los derechos
humanos han dejado de concebirse como parte de un exclusivo debate ideológico
dirigido a mostrar la superioridad política y moral de Occidente y se presentan
como un espacio para discutir la centralidad del sujeto (ciudadanía, pueblo), en el
marco de los límites y alcances de la relación entre igualdad, libertad, solidaridad
* Representante adjunto de UNICEF-Bolivia, doctor en Sociología, Universidad Libre de Berlín Este artículo es estrictamente
personal y no representa las ideas de UNICEF.
190 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

y el desarrollo, de la mundialización del capitalismo y la globalización en todos


los ámbitos de la vida social.
La globalización no debe entenderse solamente como una profundización
del mercado capitalista, pues también ha abierto un espacio para que los pueblos
puedan levantar su voz; para la interacción y el reconocimiento de todas las cul-
turas. Así, ha contribuido a que el debate sobre el desarrollo humano incorpore
una nueva dimensión ética y moral del ser humano que postula la urgencia de
una convivencia en paz, generando acuerdos básicos entre las naciones que han
cristalizado por medio de un amplio espectro de instrumentos jurídicos (derechos
humanos) aprobados en las Naciones Unidas por representantes de las más diver-
sas culturas y tradiciones políticas. Con todo esto se construyen nuevos conceptos
de “lo social”.
La aplicación de tales instrumentos ha llevado a procesos de ratificación y
restructuración institucional, así como al impulso de políticas sociales y culturales
dirigidas a lograr transformaciones morales entre la gente. La adopción de princi-
pios, leyes y acuerdos programáticos muestran que el desarrollo de “un equilibrio
reflexivo” en el mundo, es posible. Así también que la institucionalidad es el cami-
no más idóneo para lograr la cristalización de esos acuerdos básicos a nivel mun-
dial y local, para reducir la distancia entre este enfoque normativo y la realidad
social. Se han creado, incluso, mecanismos globales de vigilancia y exigibilidad de
este proceso, que es evaluado y alentado permanentemente.
Si bien este promisorio avance pareciera garantizar un mundo basado en el
reconocimiento de los derechos, las amplias desigualdades y brechas existentes
expresadas en demandas sociales y políticas por mayor justicia social, sobre todo
en los países pobres, muestran que ello es insuficiente. La irrupción de indígenas,
feministas, ambientalistas, jóvenes y oprimidos en general, reivindican formas de
democracia que trascienden sus aspectos procedimentales, destacando el carácter
sociológico y político de los derechos que acentúa sus vínculos con las leyes so-
ciales y que, por consiguiente, se encuentran atravesados por el conflicto y/o el
antagonismo social. Es así como los derechos humanos no solamente son normas
jurídicas y morales sino, sobre todo, campos de lucha y de oposición entre intere-
ses e ideologías.
Hay que destacar que estos derechos no son nomológicos sino que tienen
diferentes vertientes, las cuales obedecen a distintas aproximaciones a la realidad
social. Una es la del liberalismo, que se presenta como la única portadora de los
derechos humanos. Esta concibe el derecho asociado a individuos egocéntricos y
entiende la libertad simplemente como “no intervención”. Otra es la de los apor-
tes socialistas para la cual los derechos están vinculados, sobre todo al principio
de igualdad: para lograr la igualdad en ocasiones hay que restringir la libertad de
otros, particularmente las elites, y esto plantea un amplio debate acerca del ejer-
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 191

cicio y, sobre todo, del acceso al poder.1 El republicanismo es otra corriente que
procura compatibilizar ambas vertientes ampliando la esfera pública, sin embargo
ello tiene obvios límites cuando se topa con estructuras de poder vinculadas con el
control de la riqueza y de los mecanismos de influencia social y política.
Todo esto está en debate hoy en día. La justicia, entendida como el acceso a
los derechos humanos, no puede alcanzarse si no hay, al mismo tiempo, una solida-
ridad expresada institucionalmente en una amplia política social y productiva dis-
puesta a garantizar, como señala Sen, la capacidad para el ejercicio de la libertad a
través del acceso a bienes, recursos y talentos, a diferencia de las concepciones que
privilegian el crecimiento económico y el efecto derrame para resolver el acceso a
la satisfacción de las necesidades básicas. De este modo, la libertad dejó de ser un
principio deus ex machina que define al sujeto simplemente como individuo auto-
centrado, para transformarse en una función de la distribución de la riqueza y del
acceso al poder político y social de las mayorías. De modo que el mundo pareciera
llegar a un punto en el que comienza a replantearse seriamente el orden vigente.
Este debate reconoce que el sujeto no puede limitarse a expresiones occiden-
tales sino, aceptando el valor de las culturas milenarias y sus aportes, incorporando
los derechos colectivos de los pueblos indígenas a organizarse como milenaria-
mente lo han hecho, y a legitimar e incorporar saberes y conocimientos anteriores
al proyecto de modernidad. El sujeto de derechos, en consecuencia, no solamente
es un sujeto individual sino un sujeto que vive y se constituye en comunidad.
Como lo explica Bautista, el “Vivir Bien” constituye, en este sentido, el modo-de-
existir donde se reúnen la identidad y el horizonte trascendental, que estructura
éticamente al sujeto como comunidad-de vida. (…) Su acceso a lo real, a crear
realidad o un mundo pleno de significación, sólo puede lograrse en tanto sujeto,
cuyo horizonte trascendental es el despliegue del Vivir Bien como “estructura de
vida” (Bautista, 2011: 98).
Los pueblos y mayorías culturalmente desconocidas emergen como una rea-
lidad política que no solamente pone en el centro del debate su visión del mundo,
sino que conduce a que los derechos como los conocemos deban ser revisados a
la luz de la experiencia y la validez de éstas. Como afirma este mismo autor, se

1 Se ha oscilado, en efecto, entre los derechos a la libertad y los derechos a la igualdad. Uno de los aportes recientes del
moderno “enfoque de derechos” es el reconocimiento de que lo jurídico no es una realidad exacta sino que expresa
relaciones de poder y que, en consecuencia, tales valores constituyen un sólido matrimonio en el cual no es posible la
disociación a no ser que se menoscabe uno u otro. De este modo, la libertad no es posible conseguirla sin una capacidad
asociada a la garantía de la igualdad, enterrando de esta manera esas concepciones egocéntricas e individualistas que limitan
el derecho a la capacidad de elección de las preferencias en el mercado. Pero al mismo tiempo, reconocen que el colectivismo
tampoco puede negar la autonomía del sujeto en el ámbito social y político, porque el poder social no se limita al mundo
formal. Existen poderes fácticos que definen las relaciones de género, generacionales y culturales. Sin embargo, desvincular
estos poderes del poder político y económico puede llevar, también, a construir formas esquizofrénicas de visualizar el
mundo de hoy. No es posible realizar un cambio cultural si al mismo tiempo no hay recursos institucionales y económicos
suficientes, pero ello choca con otro tipo de poderes fácticos: el poder de quienes controlan las fuentes de riqueza.
192 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

trata de un sujeto autoconsciente, un sujeto que en su constitución es capaz de “…


saberse como sujeto” (Bautista, 2011: 95), en otras palabras de configurarse como
actor social.
El ejemplo de los pueblos indígenas, particularmente en los países andinos,
es sintomático en este sentido, ya que no sólo han demandado el reconocimiento
cultural sino que alcanzaron protagonismo social y político, a tal punto que agre-
gan nuevos ingredientes a esta discusión asociados a nuevos conceptos y prácticas
políticas y sociales ancestrales. A diferencia del pasado, estas iniciativas dejaron
de ser insinuaciones o propuestas marginales de las ONG, organizaciones sociales
o de la cooperación internacional que apoyaban al movimiento indígena; ahora se
trata de decisiones de un Estado. Ello fuerza al mundo a un nuevo acuerdo cultu-
ral. En otras palabras, no se trata solamente de reconocer la lucha de estos pueblos
por una identidad, sino de que estas identidades ya están permeando a la sociedad.
Pero, al mismo tiempo, ese proceso de reconocimiento pone algunas de sus tradi-
ciones en discusión; ya que un rasgo de todo proceso identitario es precisamente
su carácter intercultural, este es un proceso de generación de intercambios y de-
bates que se dan desde una perspectiva crítica y constructiva. En este sentido, el
resurgimiento de tales culturas traza una interesante paradoja: la crítica a la cultura
occidental se orienta, como veremos posteriormente, al privilegio de la razón, sos-
layando las dimensiones espirituales y naturales de la vida. Pero, al mismo tiempo,
refuerza la idea de que “sin la razón” es imposible propiciar un acuerdo intercul-
tural que retrotraiga las concepciones ancestrales. La noción de interculturalidad
se encuentra basada en ese doble movimiento. Cualquier esfuerzo por realizar un
cambio cultural que recoja la cultura subalterna como un referente organizacional
requiere de un esfuerzo racional expresado en una política institucional y en una
lógica comunicativa. Pero, en este caso, el intercambio no se da en condiciones
de igualdad (aún cuando los pueblos indígenas estén ocupando cargos en el poder
del Estado): interculturalidad se entiende como diálogo en condiciones en las que
todavía debe garantizarse la equidad cultural.

La noción del “vivir bien” o “buen vivir”: tensiones y complejidades

La noción del “Vivir Bien” postulada en los países andinos como una con-
cepción del mundo social, espiritual y natural originario indígena, es un buen ejem-
plo de este dilema. Por un lado, se presenta como un horizonte ético y moral que
procura recuperar una concepción subalterna y superar la visión individualista y
hedonista del capitalismo y exhibe la perspectiva transformista del socialismo; por
otro lado, es una contribución implícita al esfuerzo nacional por forjar un desarro-
llo basado en la igualdad, equidad y el reconocimiento de los derechos humanos.
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 193

En realidad, es un régimen basado en el modo de vida ancestral preserva-


do por algunas comunidades rurales indígenas originarias en regiones como los
Ayllus de Potosí en Bolivia, muy diferente al occidental-moderno, y que, como
ha explicado Huanacuni (2010:37-49) y Albó (2011:137-138), es compartido por
aymaras, quechuas, guaranís y todos los demás pueblos que habitan el continente,
desde el norte hasta el sur, en lo que ha sido llamado por el pueblo Cuna como
Abya Yala (América precolombina). Este región constituye, además, una visión
claramente iusnaturalista y agrarista (Medina, 2006: 62-67), cuyo elemento gene-
rador de la sociedad es el mito que sincretiza lo espiritual, lo natural y lo humano.
Esta concepción es presentada como el eje ideológico que gobierna el cam-
bio político y social en estas naciones, acompañada de otras perspectivas también
presentes y de muy distinta fuente, (socialistas, desarrollistas, liberales y repu-
blicanas). Tal como lo ha reconocido Alberto Acosta, presidente de la Asamblea
Constituyente del Ecuador, “el Buen Vivir aparece como una categoría en la filo-
sofía de la vida de las sociedades indígenas ancestrales, que va perdiendo terreno
por efecto de las diversas prácticas y mensajes de la modernidad occidental. Sin
embargo, sin llegar a una equivocada idealización del modo indígena, su aporte
nos invita a asumir otros “saberes” y otras posibilidades. La visión andina, empe-
ro, no es la única fuente de inspiración para impulsar el Buen Vivir. Desde círcu-
los de la cultura occidental se levantan cada vez más voces que podrían estar en
sintonía con esta visión indígena y viceversa. (…) Además, el concepto del Buen
Vivir no sólo tiene un anclaje histórico en el mundo indígena, se sustenta también
en algunos principios filosóficos universales aristotélicos, marxistas, ecologistas,
feministas, cooperativistas, humanistas y otros” (Acosta, 2011: 191).
Este sincretismo cultural y político quedó plasmado en las nuevas consti-
tuciones políticas del Ecuador y Bolivia, y en los nuevos marcos institucionales
y amplios debates académicos con contribuciones diversas. Hay en este proceso
innegables aspectos positivos, siendo uno de los más destacables la transforma-
ción de una concepción ancestral en un principio ético y moral de la nación, que
vivía confinado en la cotidianidad de las comunidades indígenas originarias y que,
recientemente, ha comenzado a ser visibilizado y sistematizado por pensadores
indígenas, cientistas sociales y políticos en un proceso que pareciera no tener re-
torno. Otro es el camino institucional como vía para dirimir confrontaciones socia-
les atravesadas estructuralmente por fracturas culturales que se remontan a varios
siglos atrás y que provocaron odiosas y evidentes yuxtaposiciones culturales. En
este caso, a diferencia de lo ocurrido en Centroamérica durante la crisis política
de los años 60 y 80, se ha vivido como una “revolución pacífica”. Pese a esta
particularidad histórica, los regímenes políticos de estos países andinos se deba-
ten entre un proyecto nacional-popular, nacional-estatal o de una radicalización,
como es la construcción de un Estado plurinacional (Mayorga, La Razón, 2012).
194 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Esto ha generado que la demanda de reconocimiento cultural se haya bosquejado


como el reconocimiento de un derecho que corresponde a quienes se adhieren a
esos valores y costumbres, y como una reinstitucionalización de la sociedad. Si
bien esta los incorpora de manera privilegiada, lo hace en convivencia con fuerzas
sociales y políticas portadoras de otros valores y enfoques, generándose así un
claro sincretismo cultural. Por otra parte, las posiciones más ortodoxas de carácter
indigenista proponen la refundación de la sociedad en torno a los principios éticos
y morales que organizan los ayllus, entendidos como “células estatales” (Medina,
parafraseando a Albo, 2011: 51).
La emergencia de esta concepción ancestral trae consigo tensiones y com-
plejidades conceptuales y morales muy interesantes, que deben ser articuladas en
un concepto intercultural capaz de lograr el reconocimiento y la integración cultu-
ral de nociones modernas y ancestrales en una nueva idea de lo social y lo político,
en procura de construir sociedades integradas y dispuestas a la convivencia social
y política. Los pueblos indígenas, principalmente en Ecuador y Bolivia, proponen
la recuperación de su proyecto civilizatorio y, eventualmente, lo plantean como
una contribución a la crisis que vive la sociedad moderna capitalista.
No se trata, como se argumentó párrafos atrás, de una propuesta margi-
nal, sino de sujetos emergentes que hoy son capaces de determinar la historia y
de constituirse en una fuerza política viable; y que, por primera vez, ejercen una
influencia real (desde adentro) en las políticas del Estado como para incidir de
manera efectiva en la concepción ética y moral, y la dirección política de estas
sociedades. Este hecho es trascendental si se constata una historia política en la
que el indígena, a pesar de su importancia demográfica y política, siempre fue invi-
sibilizado o neutralizado por los discursos nacionalistas de las élites tradicionales.
Hoy, independientemente de las mediaciones, tiene una evidente presencia en los
espacios políticos, sociales y mediáticos, y en el discurso y la práctica estatal. Un
ejemplo de ello es el contenido de la madre de las leyes: la Constitución Política
del Estado, la cual reconoce el carácter plurinacional de estos países. Como escribe
José María Tortosa, “la idea sumaj kawsay o suma qamaña, nace en la periferia
social de la periferia mundial y no contiene los elementos engañosos del desarrollo
convencional. Ya no será cuestión del “derecho al desarrollo” o del principio de-
sarrollista como guía de la actuación del Estado. Ahora se trata del Buen Vivir de
personas concretas en situaciones concretas, analizadas concretamente, y la idea
proviene del vocabulario de pueblos otrora totalmente marginados, excluidos de
la respetabilidad y cuya lengua era considerada inferior, inculta, incapaz del pen-
samiento abstracto, primitiva. Ahora su vocabulario entra en dos constituciones”.
En estas naciones, este discurso de los pueblos indígenas consiguió transfor-
marse en un elemento articulador de las clases subalternas, conjugando la crítica al
neoliberalismo y a las estructuras políticas oligárquicas y excluyentes que surgieron
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 195

desde la conquista española, con la crítica abierta al proyecto de la modernidad occi-


dental. Es así como, clases medias y altas e inclusive empresarios vinculados al mer-
cado interno, movimientos populares (obreros, estudiantes, campesinos, feministas
y ambientalistas) y pueblos indígenas han comenzado a configurar, como ya planteó
el pensador italiano Antonio Gramsci, un nuevo bloque histórico, con las tensiones y
contradicciones naturales de los procesos institucionales de este género.
La emergencia de estos pueblos no se dio a través de procesos revoluciona-
rios sino a partir de rupturas pactadas y de una práctica republicana. En consecuen-
cia, estas tensiones han venido adquiriendo ricas formas de debate político que no
se ha limitado a la relación entre los grupos emergentes y los poderes precedentes;
también se ha dado entre las mismas fuerzas que postularon el cambio, las cuales
se vienen decantado entre conceptos y posiciones distintas acerca de cómo debe
abordarse el proceso de transformación. Ello ha planteado una riqueza política
aún mayor, y que le da ribetes muy interesantes al proceso de cara a una propuesta
institucional de transformaciones enmarcada en una visión sobre todo republicana.

El mito como elemento articulador

La diferencia entre la emergencia de los planteamientos indígenas y la situa-


ción de hoy, es su incidencia en el poder político. Esto permite que este discurso
emane desde estructuras ancladas en el Estado y levante una poderosa voz, antes
totalmente subordinada y a punto de la extinción. Como señala Choquehuanca
(Choquehuanca, 2011), una de las razones principales que ha permitido al mun-
do mirar con perplejidad la irrupción de culturas que solamente existían en “el
folklor”, es la vindicación de la identidad y no solamente de la dignidad. Ello es,
a juicio del mismo autor, lo que hace la diferencia con las miradas socialistas. El
mito social se transformó en el faro que permitió la resistencia y luego condujo
y alimentó la impresionante transformación cultural y política en curso. Como
argumenta Bautista, el mito es un referente de verdad que se basa en el conoci-
miento originario. “Todas las certidumbres no descansan en el vacío sino en cer-
tezas previas y fundacionales de toda certidumbre posterior” (Bautista, 2011: 99).
Según Choquehuanca, “sabíamos que nuestro arribo iba a llegar, sabíamos que
vamos a volver a ese camino de equilibrio, no podíamos estar en la oscuridad todo
el tiempo, sabíamos que vamos a volver, vamos a gobernarnos nosotros mismos”
(Choquehuanca, 2011: 79). Es así como, de acuerdo con este autor, esta añoranza
del regreso al poder (el mito) estuvo encarnada y fue alimentada, a través de lar-
gos 500 y más años, en Atawallpa, Tupaj Amaru, Katari y otros líderes indígenas.
Junto a ello, el mito también afloró alrededor de este concepto de vida que emerge
hoy como un referente ideológico significativo para estas naciones.
196 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Pero, las condiciones han cambiado y ese regreso se da en el marco del con-
cepto moderno de nación y de una sociedad en la que se mezcla el mestizaje, los
pueblos originarios, la exclusión cultural y social, las determinaciones culturales
y económicas del capitalismo en su fase globalizada, la democracia constitucional
como aspiración, y movimientos y organizaciones sociales que reflejan lo ances-
tral y lo moderno. Bajo ellas resurge ese regreso y aparecen muy complejos e in-
teresantes dilemas y desafíos, ya que el proyecto se presenta como una propuesta
articuladora bajo el matiz de lo indígena, de ahí que hayan cambiado el concepto
kelseniano de nación por la idea de un Estado Plurinacional, lo cual genera intere-
santes pero complejos desafíos institucionales y políticos.
No es cualquier mito, porque no fue cualquier cultura, la extraordinaria ca-
pacidad de generar conocimientos, resistir y mantenerlos a lo largo de siglos a
pesar de los procesos de aculturación y su imbricación en prácticas sociales, ar-
tísticas, estéticas y políticas capaces de filtrar la modernidad pero sin someterse
totalmente a ella, son algunos de los elementos que explican la razón por la cual
más de 500 años (sobre)vividos en condiciones adversas no fueron suficientes para
exterminar esta cultura. Es en este sentido que, a mi juicio, Bautista argumenta
que Vivir Bien significa “vivir como se vivía antes”, no como un retorno al paraíso
perdido, porque esto es ya imposible, sino como un recuperar esa estructura ética
(Bautista, 2011:109) y estética2. Este argumento tiene un valioso significado ya
que ese mito fundacional no es necesariamente volver a lo mismo, pero sí implica
mantener esa eticidad de la tradición.
Hay que destacar, sin embargo, que este proceso no está fundado solamente
en un pueblo indígena sino que reconoce un crisol de identidades y de pueblos
indígenas y grupos sociales excluidos que no se reconocen como tal, pero se adhie-
ren al proyecto. Además, se encuentra atravesado por las instituciones modernas,
los intereses, las tensiones y contradicciones sociales y políticas de la nación en
el sentido republicano del término. En razón de ello, estas identidades emergen-
tes son identidades ineludiblemente recortadas e influenciadas por el discurso aún
vigente de la modernidad (una cultura política) existente en estos países, lo cual
le otorga una cierta especificidad que es difícil de comprender y, además, deter-
mina la trayectoria y naturaleza de este proyecto de cambio. Por ello, el idealismo
que procura configurar una visión pura de esta concepción plurinacional choca
irremediablemente con una realidad cultural, política e institucional pre-existente
que le da un matiz complejo y conflictivo al proceso, y que no puede analizarse
con las miradas occidentales tradicionales. Para algunos dirigentes y pensadores

2 Choquehuanca hace una interesante reflexión reclamando el estatus de arte a toda la riqueza cultural indígena, que,
a su juicio, se soslaya desde lo occidental dándole el calificativo de artesanía o folklor, otra manera de minimizar los
aportes estéticos de los pueblos indígenas como arte (Choquehuanca, 2011: 75-92).
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 197

indígenas, sobre todo en Bolivia, se trata de restablecer las instituciones políticas y


sociales incaicas, la pregunta es si ello es viable. Sin embargo, ha habido esfuerzos
importantes como el de transformar el Estado nacional en plurinacional y recono-
cer la estructura político administrativa de la comunidad indígena originaria en un
nivel de autonomía similar al concepto moderno de municipalidad.

Interpretaciones del “Vivir Bien”

Intelectuales y científicos sociales indígenas, académicos, cientistas sociales


y políticos de izquierda se han dado a la tarea de interpretar, conceptualizar y sis-
tematizar esta noción del “Vivir Bien”. Asimismo, en cuanto ahora es un discurso
estatal y, no solamente subordinado, ha obligado a los técnicos a realizar un esfuer-
zo de operacionalización en estrategias, políticas, planes y programas (Plan Na-
cional de Desarrollo, en Bolivia y Ecuador). Hasta los tecnócratas internacionales
se han esforzado en traducir esta noción ética y moral en el discurso positivista del
indicador social. Pero, hay que reconocer que este es un discurso que ha logrado
preservarse, sobre todo, oralmente y ha sobrevivido en las prácticas sociales de
los ayllus o comunidades originarias. Este no es un relato que, como las nociones
pre-modernas de los griegos, pudo ser sistematizado en escritos originales, dado
que la conquista arrasó con íconos de una civilización que sólo ha podido ser re-
construida gracias a los esfuerzos arqueológicos y a la preservación de la tradición
oral. De ahí que se localicen importantes contribuciones e interpretaciones de este
concepto, que procuran realizar este esfuerzo.
Hay dos corrientes que pueden identificarse claramente y cuya producción
es tan reciente como los nuevos regímenes políticos: a) la visión en la que plani-
ficadores, científicos sociales y políticos, sobre todo de izquierda, proponen un
cambio social inspirado o que toma en cuenta como referente serio a esta noción,
formulando una interpretación que pone énfasis en el desarrollo sustentable o una
modernización con “rostro humano” en armonía con la naturaleza y los derechos
humanos; y b) la corriente indígena, que hace un esfuerzo por sistematizar el con-
cepto como una propuesta moral y filosófica capaz de presentar la organización
social indígena como una perspectiva distinta a las concepciones modernas del
capitalismo y socialismo.

El vivir bien como un concepto alternativo de desarrollo

La primera corriente hace una interpretación que rescata, sobre todo, el ca-
rácter anti-neoliberal y anti-capitalista del concepto Vivir Bien, basándose en sus
contenidos éticos que aluden a nociones modernas como la del desarrollo humano
198 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

vis a vis la modernización sin fin del capitalismo salvaje, y los derechos humanos.
Uno de los primeros intentos es la reflexión que se realiza en el marco del debate
constituyente en Ecuador, en el cual se hace un esfuerzo por conceptualizar suma
kawsay (buen vivir en quechua). Para Alberto Acosta, el Buen Vivir coincide con
una concepción de la economía basada en el ser humano y dirigida a privilegiar
la solidaridad sobre la competencia, los derechos humanos, incluyendo la libre
circulación y protección de las personas, y un esquema de descentralización y
autonomía que garantice la equidad y la participación. En tal sentido “…el suma
kawsay […] conmina a superar el extractivismo y a construir conscientemente
una economía post petrolera” (Acosta, 2009: 27). “Para alcanzar tal propósito se
debe reconocer que el principal factor de producción es el ser humano, el que, a su
vez, siempre viviendo en armonía con la naturaleza, es el objetivo del desarrollo”
(Idem.: 29). Para la feminista y economista Magdalena León, el desafío consiste
en “afrontar transformaciones de fondo que lleven a una economía centrada en la
acumulación y la tiranía del mercado, hacia una orientación de estabilidad de la
vida, la justicia y la democracia” (León, 2009: 63). Para ella, esta visión está en
la noción del suma kawsay, la cual “… hace parte de todas las formas de trabajo
y producción y reproducción orientadas a la subsistencia: en las propuestas de
economía solidaria (con sus alcances de modelo alternativo) y en la economía del
cuidado humano (protagonizado por mujeres en condiciones de subordinación); y
que constituye el centro de las formulaciones feministas de la economía y adquiere
singular fuerza y sentido contemporáneo en la economía ecológica” (Idem.: 64).
Otro intento es la elaboración de los planes de desarrollo tanto en Ecuador como
en Bolivia, los cuales ponen énfasis en el acceso a las necesidades básicas, entre
otras prioridades necesarias para una transformación productiva que genere un
mayor desarrollo en estas naciones. En este contexto, se realizaron debates acerca
del Buen Vivir y el Vivir Bien. En uno de ellos, el entonces ministro de Planifi-
cación del Ecuador, René Ramírez, definió el suma kawsay como “la satisfacción
de las necesidades de una calidad de vida y muerte dignas, el amar y ser amado,
y el florecimiento saludable de todos, en paz y armonía con la naturaleza, para la
prolongación de las culturas humanas y de la biodiversidad. El Buen Vivir supone
tener tiempo libre para la contemplación y la emancipación, y que las libertades,
oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos/colectivos
se amplíen y florezcan de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que
la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno – visto
como un ser humano/colectivo, universal y particular a la vez- valora como objeti-
vo de vida deseable (tanto material como subjetivamente, sin producir ningún tipo
de dominación a otro). Nuestro concepto de Buen Vivir nos obliga a reconstruir
lo público y lo común para reconocernos, comprendernos y valorarnos unos a otros
– y a la naturaleza- entre diversos pero iguales, a fin de que prospere la posibilidad
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 199

de reciprocidad y mutuo reconocimiento, y con ello viabilizar la autorrealización y


la construcción de un porvenir social compartido” (Ramírez, 2011: 61).
La vida buena de matriz aristotélica surge en el contexto de estos debates
como un referente importante para comprender esta noción del Vivir Bien. Pri-
mero, contribuye a establecer un ligamen con las civilizaciones occidentales que
alimentaron la modernidad. Segundo, coadyuva a estos autores a mostrar que estas
concepciones éticas basadas en una idea humanista no se limitan a los pueblos
indígenas de los países andinos, sino que forman parte de la recuperación, para
decirlo en términos de Habermas, de estas energías utópicas que definen el pro-
yecto de modernidad, el cual fue colonizado por las concepciones instrumentales
presentes en el capitalismo. La vida buena está asociada al logro de la felicidad
y vinculada con la virtud cívica. Últimamente, hay esfuerzos por incorporar estos
elementos y medir el bienestar como una función del acceso a bienes y servicios
básicos, y a ciertas condiciones como seguridad ciudadana, ausencia de conflicto
y cohesión social, que garanticen una mayor compenetración entre el individuo y
la sociedad. Pero Vivir Bien, como bien ha señalado Albó (2011:141), no puede
medir sólo el acceso a determinados bienes materiales, ni se puede realizar una
cuantificación económica, ya que esta noción incluye dos elementos adicionales,
que son centrales: la calidad de las relaciones sociales (por ello este autor define
Vivir Bien como convivir en paz) y la calidad de la Madre Tierra.

La concepción indígena

Contrariamente a la anterior concepción, que mezcla distintas fuentes del


pensamiento social y político modernos orientados a configurar una opción huma-
nista del desarrollo recogiendo aspiraciones de los pueblos indígenas, los intelec-
tuales indígenas ubican su concepto como una perspectiva anti-modernidad. El ac-
tual canciller boliviano, David Choquehuanca, es muy claro al establecer esta línea
divisoria: “A nosotros, nos han ofrecido dos caminos, un camino que va por el lado
del capitalismo y un camino que va por el lado del socialismo. Para el capitalismo,
lo más importante es la plata, la obtención de la plusvalía, la ganancia, el dinero; la
vida no importa. Por otro lado, para el socialismo lo más importante es el hombre,
el socialismo busca la satisfacción de las necesidades cada vez más crecientes, tan-
to materiales como espirituales, del hombre; esto he aprendido de Cuba. Para no-
sotros los indígenas, para el Vivir Bien, lo más importante no es el hombre ni es el
capital. Estamos contra el capitalismo porque el capitalismo no considera siquiera
la vida, por eso, tenemos muchas coincidencias con el socialismo. Buscamos la
satisfacción de las necesidades de los seres humanos, pero para nosotros lo más
importante es la vida, el hombre está en el último lugar, lo más importante para
nosotros son los ríos, las piedras, los árboles, las montañas, nuestros lagos, plantas
200 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

y animales. Después estamos nosotros, y nosotros somos una parte, una pequeña
parte del cosmos, simplemente somos eso” (Choquehuanca, 2011: 91).
La concepción indígena se basa en una idea multidimensional y espiritual
del mundo, que tiene arraigo en una visión naturalista y cosmológica de la vida. No
es una concepción moderna en sentido de que no le interesa el control y la razón
instrumental, aunque le da énfasis a la comunicación como elemento constitutivo
de la comunidad. Como señala Albó: “En el contexto aymara y andino (…) no
se trata de los bienes “materiales” sino también los espirituales, como son todos
los intercambios de reciprocidad, los compadrazgos y las celebraciones, que van
siempre cargados de afecto y cariño. Además, se podría añadir que las familias ay-
maras tampoco viven aisladas sino en una red de intercambio intenso con el resto
de la comunidad y el ayllu” (Albó, 2011: 136). Uno de los principales ideólogos
aymaras del Vivir Bien en Bolivia, Fernando Huanacuni, coincide con esta visión
del suma qamaña: “…es el proceso de vida en plenitud. La vida en equilibrio
material y espiritual. La magnificencia y lo sublime se expresa en armonía, en el
equilibrio interno y externo de una comunidad. Es el camino y el horizonte de la
comunidad, que implica primero saber vivir y luego convivir. Saber vivir, implica
estar en armonía con uno mismo: estar bien y luego saber relacionarse o convivir
con todas las formas de existencia” (Huanacuni, 2010:15). En tal sentido, Choque-
huanca afirma que “Vivir bien” es un concepto particular que se basa en principios
y conceptos de la vida y de la comunidad que responden a formas de vida y de
organización política social ancestral de los pueblos indígenas (Choquehuanca,
2011: 75-92).
Hay una eticidad clara en esta noción que de algún modo sistematizó Do-
minique Temple como “vivir como humanos, vivir en convivencia, intercambios y
reciprocidad, una valoración al otro distinto y una espiritualidad”. En el inevitable
juego de identidades del mundo moderno, ello conduce necesariamente a mostrar
la diferencia que existe entre ese ideal ético y la comprensión del ser humano
como parte de una lucha permanente por el éxito y por ser mejor. En este sentido,
hay una crítica a la modernidad (socialismo y capitalismo), a la cual considera
como la causa de los problemas que vive el mundo actual. Uno de los autores más
profundos sobre este tema, Javier Medina, le da un alcance aún mayor a este con-
cepto, destacando que responde a una lógica y una construcción del conocimien-
to -radicalmente distinta a la occidental- basada en ese equilibrio, reciprocidad y
complementariedad. Es así como “…dentro de la lógica de la complementariedad
de opuestos, llama la atención sobre nuestras otras potencialidades reales, ventajas
concretas y oportunidades, dentro del horizonte de la tercera revolución científico
técnica y el tercer ciclo rebelde anticolonial indígena, para construir una sociedad
de convivencia, de equilibrio y calidad de vida; eso, justamente, significa suma
qamaña” (2006: 26).
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 201

El concepto indígena no diferencia lo natural de lo social, como se hace en


las concepciones modernas (incluyendo el marxismo) y las principales fuentes
del pensamiento social de Occidente. Como bien señala el sociólogo ecuatoriano
Rafael Quintero: “lo que expresa el Buen Vivir es la aspiración del ser social, no
el reflejo de lo realmente existente, aunque su importancia radique en incorporar a
la naturaleza en la historia. Se trata de un cambio fundamental en la epistemología
moderna, porque si de algo se jactaba el pensamiento moderno es, precisamente,
de la expulsión que había logrado de la naturaleza de la historia. De todas las so-
ciedades humanas, la episteme moderna es la única que ha producido tal evento
y las consecuencias empiezan a pasar la factura” (Quintero, 2009: 89). La natu-
raleza constituye un ser vivo y es parte constitutiva del concepto de comunidad.
He ahí una de las principales diferencias entre la interpretación de los científicos
y políticos de esta noción y la de los indígenas. Comunidad es algo más que lo so-
cial, articula lo social, la naturaleza y el espíritu, en una unidad indisoluble, basada
en una concepción mítica del mundo, que la modernidad rompe proponiendo un
proceso no sólo de secularización de lo social, sino de expulsión y búsqueda de
control de la naturaleza.
En el mundo occidental monoteísta y antropocéntrico, el hombre es ima-
gen y semejanza de Dios, está por encima de la naturaleza y, por consiguiente,
aspira a ser como él. Su lucha es contra su naturaleza, de ahí que adopta la razón
como el mecanismo para acercarse a esa idea divina del hombre (Jesucristo) y en
ese afán pierde la dimensión espiritual de su ser (necesita asesinar al ungido para
mostrar que Dios no es hombre, pero que el hombre es una criatura de Dios). Para
los indígenas ocurre todo lo contrario, la comunidad incorpora a los ancestros
como elementos espirituales presentes en la vida de la persona y de la comunidad.
Comunidad equivale a tres dimensiones: hombre, espíritu y naturaleza, las cuales
deben estar en equilibrio y armonía. En este sentido, comunidad no es solamente
la integración de personas en un colectivo o totalidad, como es calificada por el
estructuralismo de Durkheim, cuya identidad se sobrepone a sus partes, sino que es
una célula viviente, vital, que integra las tres dimensiones de la vida. A diferencia
de la sociedad moderna, donde la identidad es un proceso de adscripción indivi-
dual, en la noción indígena del “vivir bien” no hay tal proceso de individualización
o de preferencias que se vive durante la sociedad moderna. Hay una jerarquía en
la cual están las personas mayores, las que tienen una conexión especial con el
cosmos y los ancestros, y las autoridades (rotativas); ambas tienen un peso funda-
mental en la guía de las decisiones pero se deben a la comunidad.
Los conceptos como complementariedad y reciprocidad son los que marcan
las relaciones entre las personas y las comunidades. Mujer y hombre son sujetos
complementarios dado que cumplen funciones diferenciadas en la sociedad. La
niñez, por su parte, es considerada un proceso de socialización hacia la adultez, no
202 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

una ruptura que establece un período de moratoria y de preparación para el trabajo,


como ocurre en la sociedad moderna. De ahí que conceptos modernos como escue-
la no forman parte de las costumbres ancestrales de esta sociedad.
Los valores que se traducen en prácticas sociales son concebidos como una
dinámica natural o “dones”, más que procesos de racionalización expresados en
instituciones organizadas conscientemente, tal y como lo conocemos en Occiden-
te. La competencia o el control social como factor ajeno a la sociedad no existe en
sentido estricto, todo es un proceso endógeno marcado por la comunidad. Asimis-
mo, el ancestro dentro de la concepción indígena tiene un destacado peso en la
comunidad, lo cual es un reconocimiento de su carácter histórico. El ancestro sigue
presente en el mundo y es un referente permanente. Esta presencia es histórica y
social, pero, sobre todo, espiritual e intersubjetiva. Mientras tanto, la sociedad
moderna se encuentra sometida a una modernización incesante que prácticamente
le niega la historicidad a la persona, ya que el afán es el cambio, la innovación, el
control del devenir, no importa el costo. Dos ejemplos de ello son los siguientes:
en las sociedades industrializadas no hay tiempo para cuidar a la niñez ni a los
ancianos, por lo tanto el cuidado deja de ser una función de la familia y se trans-
forma en un papel del Estado o del mercado. La historia deja de ser una realidad
cercana a la persona y los valores dejan de transmitirse familiarmente, los ancianos
ya no cumplen rol alguno en la sociedad y muchos de ellos, desmemorizados, son
recluidos en lugares especializados, mientras los jóvenes siguen la carrera deshu-
manizada por lograr el éxito y colonizar el futuro. Todos ellos están en función del
futuro (seguros, mercados a futuro, concepto de riesgo, etc).
El concepto ancestral no pretende colonizar el futuro, como la moderni-
dad, pero sí mantener el contacto con el pasado. El pasado es un referente para
construir un futuro ajustado a las enseñanzas de quienes acumularon experiencia
y sabiduría. No hay una obsesión por colonizar el futuro porque no hay la pers-
pectiva instrumental del control como eje de su sociedad, se trata de vivir bien el
presente en una situación de equilibrio y armonía natural, social y espiritual. Por
ello, la idea de que el futuro está en el pasado reafirma esa visión histórica de la
realidad y esa importancia que cobra el ancestro en la vida futura. La evolución de
la sabiduría es capaz de mostrar el camino correcto a todos.
Si bien esta concepción puede entenderse como una perspectiva mítica de lo
social, constituye -a decir verdad- una racionalidad diferente de la que predomina
en la sociedad moderna. Medina hace un esfuerzo muy sistemático por mostrar que
este concepto, en tal sentido, no sólo implica una manera diferente de concebir la
vida sino una lógica distinta (complementariedad de opuestos y tercero excluido),
que se esfuerza por comprender el mundo, conlleva un pensamiento o una apro-
piación muy diferente de la realidad que nos circunda. No hay, en consecuencia,
un concepto de desarrollo y menos de modernización tal y como se concibe en la
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 203

sociedad moderna, en la cual “todo cambia” y el mundo está en función del futuro,
entendido como colonización del mañana. Tampoco hay una noción de orden so-
cial y, por tanto, de conflicto social. El orden está establecido a partir de jerarquías
indisolubles e incuestionables de carácter natural en el marco de una comunidad
que se sobrepone sobre los individuos. La noción de democracia, por consiguiente,
no existe como tal, dado que es una forma moderna de racionalización de la parti-
cipación y el poder político. Menos aún, la noción de derecho humano que implica
otra racionalización, esta vez de la relación entre los individuos y la comunidad.
La política, desde esta perspectiva, tampoco existe porque no existen intereses
(es una sociedad pobremente diferenciada) y no hay un reconocimiento del poder
en virtud de que las relaciones son de complementariedad y reciprocidad y no de
competencia. Vivir bien es convivir en paz. Choquehuanca es bastante explícito
cuando critica a las posiciones de izquierda en el sentido de que los pueblos indí-
genas no luchan por la dignidad sino por la identidad.

Interculturalidad, derechos humanos y el vivir bien:


entre lo factico y lo ético

La incidencia de los pueblos indígenas en el ejercicio del poder del Estado


ha llevado a que su discurso adquiera viabilidad y facticidad, y se convierta en un
elemento generador de políticas públicas, lo cual implica que éste se encuentre so-
metido a procesos de rearticulación. Este es otro espacio, el espacio de la política
y la técnica, el cual filtra los conceptos, los contamina y los devuelve procesados.
Una cosa es la ética expresada en un discurso con pretensiones utópicas y otra la
“real politik” que se procesa en acuerdos programáticos y normas técnicas y admi-
nistrativas capaces de transformarse en acciones plausibles3.
La complejidad que ello tiene para los pueblos indígenas es que deben adop-
tar códigos de la modernidad para proponer un enfoque no moderno (a través de
un instrumento moderno como la política pública) que, con el afán de transformar
la filosofía en una política estatal, puede llevarlos a perder dimensiones de su pro-
puesta al mismo tiempo que incorporan elementos de las otras perspectivas. La vía
que proponen algunos de sus más representativos ideólogos para evitar este riesgo,
es limitar la política al reforzamiento de las Comunidades Indígenas Originarias
en el marco de transformaciones político administrativas a favor de su autonomía
y de las concepciones agraristas. Esto robustece la pervivencia del concepto, pero
tiende a limitar la potencialidad emancipatoria con la que irrumpe el movimiento

3 Hay que recordar que la formulación, adopción e implantación de las políticas no solamente es un proceso de
racionalización social que procura conducir la sociedad hacia un fin (estratégico y teleológico) sino que, además, implica
una condensación de fuerzas (coaliciones y tensiones entre grupos sociales y políticos) que redefine los términos
originales de la propuesta.
204 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

indígena desde los años 90. De hecho, lo que para algunos autores (Medina) es una
potencialidad, puede constituir al mismo tiempo una debilidad de la nueva pro-
puesta, ya que limitar la experiencia a lo rural -en que individuo, comunidad y na-
turaleza forman una unidad indisoluble- puede resultar contraproducente para sus
pretensiones de convertirse en un discurso hegemónico, en el sentido que postula
Ernesto Laclau, de que las naciones son hoy en día sociedades urbanas. Aunque la
problemática y cultura urbanas son muy distintas a las de las comunidades rurales,
preservan, como dice Albó, costumbres y valores indígenas. Al mismo tiempo, las
estrategias para adoptar políticas públicas alineadas con esta noción, posiblemente
sean muy diferentes a las implementadas en el área rural.
Como se puede imaginar, esta es una tarea compleja, desafiante y con enor-
mes riesgos. La hipótesis que se sostiene en este trabajo es que lo que está ocu-
rriendo es una yuxtaposición de posiciones entre las originarias y las funcionales,
que recuperan el concepto ancestral. Ello ha tendido, gradualmente, a generar in-
tercambios que parecieran ir propiciando un diálogo intercultural y la articula-
ción de nociones indígenas y modernas en un nuevo discurso plurinacional-estatal,
principalmente en el caso boliviano donde el protagonismo indígena es palpable.
El asunto es más que discursivo, enfrenta retos políticos alrededor de variables
estructurales de peso que otorgan al discurso indígena una mayor o menor inciden-
cia en el nuevo discurso hegemónico. Concretamente, se trata de atender algunos
dilemas producto de la exigencia económica y social inmediatas que enfrentan
estas sociedades para asegurar la solución de los graves problemas de pobreza y de
desigualdad; por ejemplo, la determinación extractivista de la economía, la trans-
formación productiva y la modernización, el desarrollo urbano y metropolitano,
el sistema político y la atención a las profundas desigualdades y exclusión de las
mujeres y la niñez, particularmente los que viven las zonas rurales. Dependiendo
de cómo se resuelvan estos dilemas la noción del Vivir Bien puede constituir tan
sólo un insumo de un discurso emancipador con fuertes rasgos occidentales o pue-
de transformarse en su eje articulador.
La experiencia de operacionalización del enfoque de los derechos humanos4
puede contribuir a trazar una ruta y a alimentar este inevitable diálogo intercul-

4 Es necesario hacer una precisión para dejar en su justo lugar a los derechos humanos, más allá de cualquier uso que se haya
hecho de este concepto. Estas normas y posiciones morales sobre el quehacer social y político nacen en el contexto del
inicio del capitalismo, el que se alimenta de las ideas más individualistas de las concepciones neoclásicas pero también de
las luchas del movimiento obrero y social por la defensa y garantía de sus derechos civiles y políticos. No es cierto que los
derechos humanos constituyan exclusivamente una concepción burguesa de la sociedad, una manifestación de ello es que
han venido ampliándose en la medida en que las demandas y luchas sociales se han extendido, incluyendo la demanda al
reconocimiento de los derechos de identidad de los pueblos indígenas. Sin embargo, ciertamente los derechos humanos
constituyen una expresión de la modernidad que procura “racionalizar” relaciones que hoy se reconocen mediadas por
el poder, como, por ejemplo, los derechos de la niñez que procuran alcanzar un reconocimiento entre la sociedad adulta
de sus derechos de libertad y autonomía; así como el derecho de acceso a un mínimo del bienestar o los derechos de las
mujeres que exigen igualdad y equidad con respecto a los hombres.
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 205

tural de una manera tal que refuerce la importancia estratégica de consolidar el


Vivir Bien como un paradigma de las políticas de cambio social y cultural. ¿Qué
es el enfoque de derechos humanos? El reconocimiento, en primer lugar, de que
las normas deben expresarse legalmente para cumplir un rol democratizador de
lo social5; pero, al mismo tiempo, no pueden reducirse a ellas ya que implican un
cambio cultural. Por tanto, en segundo lugar, significa que legítimamente tales
cambios deben expresarse en rutinas sociales nuevas o transformadas que fluyen a
través de las (nuevas) instituciones sociales y políticas. También implica, en tercer
lugar, generar una institucionalidad producida por políticas encargadas de organi-
zar el Estado y la sociedad hacia esos fines, y, por último, implica propiciar sujetos
capaces de reflexión y acción (actores sociales) enmarcados en una eticidad basada
en el reconocimiento recíproco.
Desde esta concepción progresista, el enfoque de los derechos humanos
puede contribuir a realizar la transición entre una filosofía de la vida y un paradig-
ma capaz de atravesar las instituciones. De hecho, una característica de los nuevos
regímenes con base indígena consiste en la refundación del Estado a través de un
nuevo marco jurídico que inició con una nueva Constitución Política del Estado
y ha continuado con una serie de importantes leyes que redefinen las relaciones
sociales y la organización jurídica, política y territorial. La falta de operacionaliza-
ción de este marco ético y normativo, también lo vivió el enfoque de los derechos
humanos en sus primeras etapas, que fueron promovidos, originalmente, por agen-
cias del Sistema de Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales. Este
enfoque se plantea un desafío semejante al que enfrenta la noción del Vivir Bien:
la transformación de las instituciones como vía más sensata para superar las rela-
ciones de desigualdad y de dominación entre hombres y mujeres, niñez y adultez,
pueblos indígenas y minorías étnicas, etc.
¿Cuáles son los aportes y sacrificios conceptuales para alcanzar una socie-
dad intercultural donde la noción del Vivir Bien se articule al concepto de los
derechos humanos? Primeramente, habrá que señalar que son perspectivas que
proponen planteamientos morales y éticos que procuran horizontes utópicos seme-
jantes y una crítica al reduccionismo instrumental de la sociedad moderna. Entre
sus similitudes están:
i) el carácter humanista y no instrumental de ambas concepciones. Los
derechos humanos ponen centralidad en el sujeto y se reconocen como
holísticos, mientras la concepción indígena apuesta a la vida como la
única manera de garantizar la existencia. Ambos parten de un ethos
similar;
5 El politólogo estadounidense David Easton definía a la política pública como una imposición autoritaria de valores. Este
es el sentido de la norma legal, un esfuerzo por cambiar la cultura y las instituciones de la aprobación democrática de
leyes, que deben ser de acatamiento obligatorio.
206 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

ii) el énfasis en el reconocimiento recíproco y la complementariedad. En


el primer caso, el reconocimiento implica la interlocución con el otro
sujeto en condición de igualdad y de complementariedad: reconocer la
diferencia. En el segundo caso, reconocimiento y complementariedad
implican aceptar el valor y la contribución del otro basado en el don de
reciprocidad;
iii) la importancia que le asignan a la convivencia en paz, el encuentro
como intercambio y comunicación. En la concepción de los derechos
humanos la acción comunicativa se asegura con el desarrollo de la esfe-
ra pública, mientras en el Vivir Bien en torno al concepto de comunidad
en la que hay un encuentro y una convivencia social.

Como ha podido verse, si bien cada uno de estos ámbitos de coincidencia


tienen sus matices, ofrecen condiciones para emprender un sincretismo cultural
que puede contribuir a proponer una modernidad diferente o, mejor dicho, una post
modernidad capaz de articular en un nuevo proyecto civilizatorio una perspectiva
que garantice la existencia de la vida en el planeta y de un sujeto social protagóni-
co que tiene como principal propósito ético y moral el bienestar, el equilibrio y la
participación plena. Los derechos humanos han evolucionado en la historia, ya que
son espacios para discutir la eticidad y moralidad de la sociedad contemporánea.
La noción del Vivir Bien contiene elementos que van más allá de las formu-
laciones institucionales y culturales occidentales, sobre todo respecto al concepto
de la vida. Sin embargo, puede retroalimentar la concepción de los derechos hu-
manos postulando nuevas perspectivas y obligando a su debate y reformulación.
Existen avances en este sentido, como la incorporación del pluralismo jurídico
dentro del Sistema de Administración de la Justicia en Bolivia, que puede consti-
tuirse en un acicate para organizar y reglamentar una forma ancestral de justicia y
para generar un debate interno en la institución de la justicia propiamente tal. La
Ley de la Madre Tierra recientemente aprobada, igualmente tiene como referente
los saberes y prácticas sociales indígenas y el concepto de la educación intra e in-
tercultural que incluye como uno de sus elementos fundamentales la recuperación
de las lenguas indígenas como lenguas del saber y no simplemente de la comunica-
ción. Ello implica la transmisión y preservación de los saberes ancestrales; además
de desafíos jurídicos, conceptuales y operativos que se traduzcan en políticas y en
cambio cultural.
Este diálogo entre culturas no está exento de tensiones; es un espacio para
alcanzar acuerdos interculturales dentro de un proyecto de cambio social dirigido
a asegurar el acceso al poder y la inclusión cultural. Ello es un campo de lucha
y de negociaciones donde el Vivir Bien ha dejado de ser un concepto de vida de
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 207

solamente los pueblos indígenas para transformarse en un discurso con posibilidad


de ser hegemónico. Este pensamiento es un tránsito ambicioso y, al mismo tiempo,
sinuoso. Hay que reconocer que el referente ancestral está mediado, pues además
de formas de comunidades indígenas originarias que se aproximan más al “mode-
lo” de vida social y natural del Vivir Bien, también es cierto que las comunidades
indígenas, incluidas las en estado más “puro”, están atravesadas por la modernidad
y sus consecuencias. En tal sentido, así como es posible concluir que en ninguna
sociedad los derechos humanos existen como una realidad absoluta también se
puede llegar a una conclusión semejante con el Vivir Bien. Algunas sociedades
se acercan más a este código moral que otras. Igualmente, algunas comunidades
indígenas o ayllus practican de manera más plena el Vivir Bien. Estas son nociones
normativas que proponen horizontes que orientan nuestras sociedades, son nocio-
nes que se encuentran atravesadas por tensiones y cuya aplicación resulta compleja
y mediada. De ahí que es necesario hacer la diferencia entre el concepto normativo
y la política. Mientras el primero tiene un cuerpo relativamente coherente, la se-
gunda está sujeta a interpretaciones. Es por ello que hoy podemos identificar esta
diferencia entre el concepto del Vivir Bien esgrimido por los ideólogos indígenas y
el recogido por los intelectuales, académicos y tecnócratas, y el expresado en polí-
ticas, planes y programas. Diferencia que reconoce Choquehuanca cuando analiza
los avances logrados en el texto del Plan Nacional de Desarrollo “Vivir Bien” del
primer período del gobierno del presidente Evo Morales Ayma, y las limitaciones
que presenta para expresar esta noción normativa de origen indígena.
También hay que recordar lo que hace ya bastantes años nos proponía el
economista y teólogo alemán Franz Hinkelammert: estos son conceptos límites
(horizontes utópicos) que no existen de manera pura, solamente en su eticidad. Por
ello se hallan sometidos a debates intensos y, en la medida que se plantean como
políticas, a modificaciones inevitables. Así, “las pérdidas” conceptuales pueden
constituirse en ganancias políticas si logran tener capacidad articuladora. Uno de
estos aspectos que puede refuncionalizarse es el mito, en la medida en que puede
transformarse en una aspiración de democracia e inclusión. Quizá esa perspecti-
va iusnaturalista puede ir abriendo paso a otra en la que se haga un esfuerzo por
recoger los principios y categorías centrales de la noción indígena del Vivir Bien,
articulándolos a una propuesta de racionalización social que recoja las dimensio-
nes emancipatorias de la modernidad, tal y como lo plantea Habermas cuando se
analiza críticamente su discurso.
En Occidente estamos acostumbrados a que cuando hablamos de democra-
cias, esfera pública o ciudadanía nos remontamos a los filósofos griegos o al dere-
cho romano. Por ello, para discutir el Vivir Bien, existe la tentación de remontarnos
a la fuente del pensamiento occidental: al concepto aristotélico de la buena vida,
aunque como señalan Choquehuanca y Medina, son conceptos muy diferentes. Lo
208 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

interesante es que tal práctica es común entre los intelectuales, a pesar de que las
fuentes originarias formaban parte de las concepciones míticas e iusnaturalistas
del mundo que la modernidad se propuso superar. Un ejemplo es el concepto de
felicidad que forma parte de la vida buena y es fuertemente combatido desde Kant
y remitido hoy a los confines de la vida privada. Son temas subjetivos ya que pos-
tulan una ética sin metafísica y ética sin religión (Rodríguez Dupla, 2006: 46). En
su lugar emergió la teoría de la justicia para debatir los temas de la moral y la ética
desde la perspectiva de los derechos humanos.
Hay una vasta discusión al respecto, sobre todo con el renacimiento de las
teorías aristotélicas y el comunitarismo. Existen también bastantes riesgos en el
retorno a un concepto que restituya la ética civil y se imponga una moral de vida
atendiendo a criterios subjetivos como definitivos y universalmente reconocidos
como obligatorios. Los derechos constituyen, en tal sentido, un avance en la me-
dida en que se reconoce como un mundo normativo institucionalizado, exigible
y producto de un debate público y un consenso; en este contexto, la autonomía
-como una dimensión de la libertad- es un avance que garantiza a la persona dere-
chos individuales, pero el debate actual de los derechos humanos plantea que ello
no es suficiente para las sociedades desiguales, ya que el ejercicio de la autonomía
depende de capacidades y oportunidades, lo que se encuentra pobremente distri-
buido en las sociedades contemporáneas, sobre todo en las sociedades pobres.
La capacidad se reconoce, en consecuencia, como un factor que garantiza el
ejercicio de esta libertad, la que, por consiguiente, depende del acceso a bienes y
talentos que permitan a todas las personas constituirse en sujetos y actores indivi-
duales y colectivos. Allí es donde la justicia va más allá del simple reconocimiento
del derecho como no intervención y se requiere incidir en las estructuras políticas
y sociales para evitar la dominación. Aquí es donde la noción kantiana de los de-
rechos se ve limitada y los aspectos subjetivos (libertades subjetivas) y programá-
ticos (accesos) alcanzan significación en un mundo en el que la reducción de las
desigualdades pasa por la intervención en ámbitos subjetivos, y la moral es recons-
tituida por el derecho. El Vivir Bien puede realizar una importante contribución a
este debate, constituyéndose, al igual que la vida buena, en una fuente para revisar
categorías políticas e interpretar los derechos, la ética y la moral. El carácter mítico
o iusnaturalista evidentemente no es una limitación, pero podría serlo si renuncia
a la posibilidad de construir un pensamiento universal y se limita a una perspec-
tiva particular. Al contrario, así como el pensamiento griego, la fuente ancestral
indígena puede ser un estimulante ingrediente para discutir los riesgos del futuro
de la humanidad si continuamos con un proyecto que insiste en el olvidarse del ser
humano y de la naturaleza.
El desafío que plantean Medina y Albó de proponer una eticidad a partir de
la riqueza conceptual y moral del modo de vida ancestral, es una ambición que va
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 209

más allá del reconocimiento antropológico; obliga a abordar y debatir la ciencia


social desde este ángulo; a aceptar el reto de un programa intercultural de investi-
gación, de reflexión sistemática y debate político. También obliga a su operaciona-
lización en políticas, planes y programas, pero desde un esfuerzo meso-analítico
de repensar las teorías de alcance medio y de proponer un itinerario sistemático
de discusión y debate de conceptos, políticas y estrategias, por ejemplo, en los
campos de la educación, la salud intercultural, el desarrollo sustentable. Desde
la perspectiva concreta de dar respuesta a los problemas que enfrenta la sociedad
actual en estas naciones es urgente resolver los problemas de acceso, calidad, equi-
dad a los servicios sociales de atención, entre otras urgencias. Este esfuerzo es el
que llevará finalmente a que esta noción se convierta en un eje del cambio social.

Conclusiones

Vivir Bien es una noción que ha adquirido vigencia con el cambio político
y cultural que viven los países andinos, particularmente Ecuador y Bolivia. Es una
sistematización del modo de vida de las comunidades originarias indígenas, prin-
cipalmente de las áreas rurales, aunque en el mundo urbano también se preservan
algunas costumbres y conceptos de la vida, sobre todo a nivel simbólico. Hoy va
más allá de cualquier estudio antropológico, constituye un referente jurídico y po-
lítico que forma parte de las constituciones políticas del Estado de estas naciones
y un paradigma de planes y programas. Es una noción no moderna, iusnaturalista
y mítica que postula conceptos que cuestionan las ideas de control y separación
de la naturaleza del hombre y de la mujer, de la modernización incesante basada
en el éxito, individualismo egocéntrico y el hedonismo que promueve el mercado.
Al igual que han hecho los pensadores occidentales con el concepto aristotélico
“vida buena” y con las nociones griegas de democracia, ciudadanía y esfera pú-
blica, Vivir Bien es una noción que puede contribuir, junto a otras concepciones
humanistas, al impulso de un proyecto civilizatorio centrado en el ser humano y
la naturaleza. También puede coadyuvar a alimentar el enfoque de los derechos
humanos y otros que buscan recuperar la preservación de la vida.
No obstante, Vivir Bien no es simplemente una filosofía, es un horizonte
ético y moral que busca constituirse en el cemento que articule una concepción
política y social que dirija el cambio social y cultural de estas naciones. Dejó de ser
un objeto de estudio antropológico y se transformó en un ethos. Como la vigencia
no es académica sino política y cultural, esta noción está atravesada de tensiones
y desafíos propios de todo proceso de esta naturaleza. Una paradoja del proceso
de cambio es que esa centralidad política lograda por los pueblos indígenas se en-
cuentra asociada a la configuración de un proyecto político capaz de articular a los
otros. Un esfuerzo importante, en este sentido, ha sido convertir su modo de vida:
210 PARTE 3. Vías hacia el Vivir Bien I. Humanismo, género e infancia

Vivir Bien, en un cemento ético, moral e ideológico a través de la implementación


de políticas públicas. Este hecho establece otra paradoja: el Vivir Bien es un dis-
curso no moderno que se encuentra compelido a traducirse operativamente a través
de este tipo de instrumentos racionalizadores de lo social. Estas paradojas derivan
en debates profundos y en dilemas bastante complejos.
La operacionalización de un horizonte ético de este talante no sólo no es algo
fácil sino que propicia un amplio espacio político y del saber para el desarrollo de
la interculturalidad. El mundo contemporáneo es sincrético, y uno de los logros
de este cambio político es reafirmar este sincretismo vis a vis las concepciones
monoculturales y racistas presentes en estas sociedades diversas y plurinacionales.
Cientos de años de desconocimiento plantean la importancia de la equidad cultural
y de la construcción de la igualdad. Por tal razón, algunas de las políticas públicas
en estas naciones tienen un ingrediente de reafirmación o de equidad cultural, que
ha sido denominada descolonización. Sin embargo, la construcción de la igualdad
como elemento articulador y cohesionador de la sociedad exige que ese esfuerzo
ético sea lo suficientemente abarcador. Esto plantea desafíos importantes para que
el Vivir Bien pueda ir más allá de un concepto tradicional y alimente una teoría
política y social capaz de desarrollar, por un lado, conceptos como democracia, co-
munidad, libertad, solidaridad, entre otras y, por otro lado, técnica y prácticamente
nociones como la pedagogía, el cuidado, el comunitarismo y otras que se expresan
en teorías de alcance medio y que pueden orientar tales políticas públicas. Este
esfuerzo implica ineludiblemente el debate y la incorporación de otros elementos
que contribuyan a forjar una ingeniería social, política y ambiental teniendo este
concepto como referente central. Para ello es necesario que se desarrolle una es-
trategia de gestión de conocimiento sistemática y bien articulada de soporte de las
políticas públicas.
Reflexiones sobre Vivir Bien y derechos humanos: Un punto de vista práctico 211

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PARTE 4.
Vías hacia el Vivir Bien II.
Crítica al capitalismo
y la “Otra Economía”
La economía social y solidaria:
hacia la búsqueda de posibles convergencias
con el Vivir Bien
José Luis Coraggio*

1. ¿Traducción o asimilación? La metáfora del Vivir Bien (VB) y el


lenguaje científico

Creemos que el alcance y sentido de la propuesta socio-cultural traducida al


español como “Vivir Bien” o “Buen Vivir”, debe buscarse en la comprensión de su
historia, que es la de los pueblos indígenas, y en la diversidad de relatos orales o
escritos por parte de miembros de las culturas Aymara y Quichua, respectivamen-
te. Existe ya una profusión de definiciones, interpretaciones y “lecturas” que se
hacen desde la cultura occidental, en particular desde las ciencias sociales hijas del
positivismo de la modernidad y de las disciplinas hermenéuticas, en muchos casos
buscando una traducción unilateral, no dialógica, de los contenidos.
Al respecto, dudamos de la pertinencia de algunos de los procedimientos
que se vienen manifestando, en particular del intento de recodificar esa cosmovi-
sión -para su uso en la coyuntura- en términos del lenguaje científico, analítico,
homogeneizante, como es propio de la modernidad. Un ejemplo de esto es la apu-
rada búsqueda de “indicadores objetivos”, particularmente cuantitativos, del Vivir
Bien. Se busca que puedan ubicarse en la misma métrica que los que provienen de
una versión de la utopía liberal de sociedad, del desarrollismo, del eficientismo y
del economicismo (en términos, en última instancia, de una economía y una socie-
dad de mercado, que funcionan como utopía y proyecto político) implantados des-
de la Segunda Guerra Mundial y afirmados durante 30 años de pensamiento único
en los lenguajes de la política pública. Nos parece que, aún cuando esa búsqueda
* Economista argentino. Director Académico de la Maestría en Economía Social, Instituto del Conurbano, Universidad
Nacional de General Sarmiento, Argentina.
216 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

se inscriba en la crítica de izquierda y moderna del capitalismo, se corre el riesgo


de empobrecernos al pretender reducir lo cualitativo a lo cuantitativo.
Es necesario aclarar que nos referimos a la traducción del Vivir Bien o del
Buen Vivir (BV) como propuesta de convivencia y no a las condiciones para al-
canzarla en una sociedad “moderna”. Efectivamente, una buena parte de esas con-
diciones, en particular las materiales, pueden expresarse según criterios técnicos
mediante indicadores cuantitativos, descriptivos o normativos (ejemplo: la distri-
bución de la tierra de diversa productividad entre sectores poblacionales, las tasas
de morbilidad, las correlaciones entre indicadores de acceso a bienes materiales y
sectores étnicos, las relaciones de densidad de población, etc. evaluados según cri-
terios de igualdad)1. Sin embargo, ¿cómo medir, por ejemplo, el “reconocimiento
del otro”, la “autonomía”, la “reciprocidad”, o la comunidad misma?
A la vez, ese tipo de intentos de traducción puede ser eficaz como parte de
una estrategia de alianza contra-hegemónica con las propuestas críticas que vienen
emergiendo desde el mismo campo de la ciencia y la hermenéutica occidental, con-
tra el desarrollismo y el pensamiento único aún vigentes. Sin embargo, al seguir
encuadrados en la metodología cuantitativista, las posiciones progresistas (lo que
además arrastra la carga de la definición moderna de “progreso”), no terminan de
salir de la matriz cognitiva subyacente al programa político neoliberal. Creemos
que esa contradicción debe explicitarse para vigilar que el procedimiento de diálo-
go no resulte ser un nuevo intento de asimilación2.
Un ejemplo de esto puede ser la denominación “derechos de la naturale-
za” de la Constitución ecuatoriana, que puede entenderse como una traducción de
la cosmovisión indígena a la cultura de los derechos humanos3. Por eso mismo,
puede afirmarse que la naturaleza es sujeto, recayendo en una concepción antro-
pocéntrica. Puesto así, esto no deja de ser conceptualmente problemático para la
geometría de la cultura occidental, incluso la de su izquierda. En todo caso, harán
falta actores sociales vicarios que defiendan esos derechos, sean del Estado o de
la sociedad civil.

1 Ver, por ejemplo, la profusión de indicadores cuantitativos propuestos en Carlos Camacho N. (2008).
2 Estamos usando el término “diálogo” en el sentido que le da Boaventura de Souza Santos: “Cuando mucho, los
antropólogos, los sociólogos y otros científicos sociales pueden funcionar como facilitadores del diálogo, promoviendo
aclaraciones analíticas y resultados de experiencias comparadas…. Entonces, a partir de ahí podemos crear un diálogo,
que ciertamente es tenso, que tiene problemas, pero que es la única salida posible contra la violencia y la opresión
cultural (que también es política, social y económica). Ver Miguel Chavarría y Fernando García, Diálogo con Boaventura
de Sousa Santos: “Otra globalización es posible”. A esto agregaríamos que la opresión y alienación no es sólo la de las
culturas indígenas sino la de las mayorías populares que se ubican en la occidental. Algo equivalente a la diferenciación
entre patriarcado y demanda de equidad de género.
3 La cultura andina afirma obligaciones hacia la comunidad antes que derechos: Ama sua (no robarás), Ama llulla (no
mentirás), Ama sipiq (no matarás), Ama q’ella (no serás ocioso).
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 217

Con las dificultades inevitables, parece prudente entablar un diálogo con


autenticidad y pleno reconocimiento de la diferencia y la irreductibilidad, en uno
u otro sentido. Sin pretender tampoco la “conversión” de unos por los otros, sino
apostando a una pluralidad cultural abierta a todos los aprendizajes y cambios de
mirada que resulten de un intercambio genuino entre pares, lejos de declarar supe-
rioridades o idealizaciones. Como propone Boaventura de Sousa Santos: “… todas
las culturas son incompletas y problemáticas en sus concepciones de dignidad hu-
mana”. “La incompletitud proviene de la existencia misma de una pluralidad de
culturas pues, si cada cultura fuese tan completa como se juzga, existiría una sola
cultura. El reconocimiento de las incompletitudes mutuas es una condición sine
qua non de un diálogo intercultural” (De Sousa Santos, 1997).
En esto hay que considerar que no se trata siempre de un diálogo con pre-
tensión de autenticidad. De un lado y otro habrá propuestas de agendas de debate
y defensa de conceptos centrales en busca de un lugar en el discurso político. En
el mismo sentido, las disputas entre organizaciones políticas pueden dar lugar a
confrontaciones conceptuales manipuladas estratégicamente. En este trabajo no
tendremos en cuenta tal posibilidad.

a. ¿Cuál es el alcance político del Vivir Bien?

¿Se trata de una demanda particular que cobra fuerza en la coyuntura de


crisis y transición indefinida actual? ¿Se demanda que cese el colonialismo y los
pueblos indígenas puedan vivir según su propia cultura conviviendo en una so-
ciedad intercultural? Esta particularidad, que se presenta como propia del mundo
ancestral andino, ¿tiene el potencial para asumir la representación del todo, como
proyecto civilizatorio alternativo? En todo caso tal demanda se encuentra con
otras, también particulares: las de los movimientos de liberación de la mujer, del
movimiento alterglobalización, de la vía campesina, del socialismo aggiornado al
Siglo XXI, de defensa de los derechos humanos, de las autonomías territoriales, de
la otra economía -social y solidaria (ESS)- … Ese encuentro ¿da o puede dar lugar
a una red de equivalencias entre luchas parciales (Laclau, 2005) que constituyen
al pueblo frente a un enemigo común? ¿Cuál es éste sino el capitalismo globali-
zado con su insistencia en sostener el proyecto histórico de la modernidad y en
profundizar su modelo antidemocrático de dominación y explotación? Puesto en
clave polanyiana: ¿es el Vivir Bien un componente aglutinador de ese más amplio
“segundo movimiento”, intercultural y plurisectorial, de defensa no sólo de una
cultura sino de la sociedad humana ante el neoliberalismo globalizador? En otros
términos: ¿puede el Vivir Bien ser un significante capaz de convocar a los sujetos
de otras reivindicaciones particulares para lograr una convergencia popular que no
dejará de ser contingente y, por tanto, objeto de la política?
218 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

Algunas convergencias de estos movimientos han sido el Foro Social Mun-


dial de Porto Alegre, las protestas de Seattle, el freno al ALCA en Mar del Plata,
la Cumbre de los Pueblos en Río de Janeiro, y muchas más. Y todo hace pensar
que no habrá intentos de organización abarcadora, menos aún de organización par-
tidaria en el sentido del siglo pasado, sino que la contingencia de lo político y de
movimientos sociales no estructurados son parte de su modo de su constitución. Es
en este sentido que nos preguntamos qué relación hay o puede haber entre el Vivir
Bien o Buen Vivir y la Economía Social y Solidaria.

2. El punto de partida

Podría discutirse si existe o debe existir un movimiento social particular


de Economía Social y Solidaria. Por lo pronto, en su concepción más abarcadora,
quienes sostienen la Economía Social y Solidaria plantean una demanda de rees-
tructuración del sistema económico global, hoy bajo hegemonía del capital y su
estrategia de globalización. En esta concepción se ha avanzado más allá de las
protestas y acciones compensatorias de grupos excluidos, planteando nuevas prác-
ticas orientadas por la construcción, con otro sentido, del sistema económico en
su conjunto. A la vez que se ha avanzado en propuestas de re-institucionalización
concreta de procesos económicos, como es el caso de las monedas sociales, el co-
mercio justo, o el trabajo asociado autogestionado, se proponen y sostienen accio-
nes de regulación o desplazamiento de la lógica del mercado total. La Economía
Social y Solidaria confronta al proyecto neoliberal no sólo por sus efectos actuales,
sino por su tendencia intrínseca a la destrucción de la vida en todas sus formas. A
nuestro juicio, la Economía Social y Solidaria es una contribución al diálogo antes
referido, aunque no necesariamente dé lugar a un movimiento social específico.
En los próximos acápites nos limitaremos a exponer esa propuesta, generada
originalmente dentro de la sociedad occidental, particularmente en Europa, como
parte del programa de emancipación de la naciente clase obrera. A diferencia del
sindicalismo, se buscaba la autonomización organizativa del trabajo respecto al
capital, como fue el caso de las cooperativas de producción o de las mutuales, di-
señadas para reducir la miseria que generaba el capitalismo naciente. En general
fueron formas de asociación libre de los trabajadores en el campo económico, que
buscaron contrarrestar la fragmentación de las comunidades y el individualismo
resultantes del emergente capitalismo industrial.
Tal propuesta se dinamiza en la actualidad por la crisis de reproducción de
las sociedades capitalistas y, más específicamente, por la crisis de reproducción de
la vida. La crisis de la sociedad salarial como forma paradigmática de integración
social de la economía capitalista es estructural, más profunda y decisiva que la
crisis resultante de la financiarización del capital, la que el capital global podrá
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 219

resolver a costa del sufrimiento extremo de las mayorías y la extensión de la irra-


cionalidad ecológica. La conceptualización de esa propuesta práctica se construye
a partir del desarrollo de la crítica del sistema capitalista, en particular de su abso-
lutización del mercado autorregulado y toda su institucionalidad4.

a. El punto de partida (i): algunas condiciones subjetivas

El capital globalizado genera fuerzas económicas que exacerban sus tenden-


cias intrínsecas depredadoras de la naturaleza en general, y de los seres humanos en
particular. El extractivismo, la sobre-explotación de los asalariados y de otras for-
mas de organización del trabajo, subsumidas al capital, son fenómenos producidos
por la lógica de acumulación ilimitada de capital, que dirige la nueva aceleración
de la innovación destructiva y la ola de consumismo de los sectores privilegiados.
En lo relativo a las condiciones humanas, produce la exclusión sistemática de mi-
les de millones de habitantes de un trabajo “digno” (incluso en los términos de las
mismas sociedades capitalistas). Genera la polarización de la sociedad entre un
grupo pequeño de propietarios de las condiciones de la producción y de limitadas
clases medias con acceso a la riqueza producida por un lado, y masas pauperizadas
y destituidas por el otro. Lo que la sociología denomina “nueva cuestión social”, es
decir la exclusión del trabajo asalariado “formal” (y sus derechos sociales vincula-
dos) y no ya la mera explotación del trabajo por el capital, es una manera benévola
y eurocéntrica de caracterizar la crisis de reproducción de la vida humana. Las dra-
máticas consecuencias sobre el circuito de la vida, los desequilibrios ecológicos, el
hambre, los desequilibrios sociales y psíquicos que genera, agravados por la utili-
zación de las guerras como parte del mecanismo de acumulación, son evidentes y
no requieren mucha investigación para ser advertidos.
Este proceso material conlleva efectos subjetivos que derivan de la hegemo-
nía de la cultura capitalista. Nos referimos concretamente al efecto de 30 años de
neoliberalismo que podemos resumir como la formación de un sentido común que
implica, como aceptación fatalista:

• la integración social de la economía a través de un conjunto de institucio-


nes propias de una economía de mercado (la economía de mercado es un
hecho irreversible, sólo se la puede moderar políticamente o limitar sus
fallas)

4 Por ejemplo: los sistemas jurídicos que garantizan la propiedad privada irrestricta (ahora a nivel global), la
conceptualización de la naturaleza como “recursos naturales” apropiables como mercancías, la generalización del
paradigma de trabajo asalariado, también tratado como “mercancía con derechos”, etc.
220 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

• la definición de la racionalidad como racionalidad instrumental, orientada


por la absolutización del utilitarismo de individuos o grupos particulares
(somos egoístas por naturaleza),

• el paradigma de la empresa de capital que implica identificar rentabilidad


con eficiencia, y competir antes que cooperar (debemos aprender de las
empresas a maximizar nuestros ingresos a costa de los demás);

• la definición de riqueza como masa de mercancías, ignorando la produc-


ción para el propio consumo familiar o comunitario (el modo de vida que
todos deseamos es el que da acceso a los bienes deslumbrantes producto de
la innovación empresarial);

• la identificación de la buena vida como acceso individual a opciones que


tienen en común la maximización del bienestar entendido como posesión
y consumo de mercancías (más tengo, más feliz soy y más me reconoce la
sociedad);

• la discriminación social entre los exitosos y los perdedores en el mercado,


así como entre las culturas afines al capitalismo y las regidas por otras
lógicas, particularmente las comunitarias (los indigentes lo son porque no
quieren trabajar);

• la cosificación y mercantilización de la naturaleza y de la vida humana en


todas sus expresiones (todo es recurso, cuya utilidad se mide por la ganan-
cia o ingreso que permite apropiar).

En síntesis, se asume una aceptación fatalista de la tendencia a autonomizar


y des-responsabilizar al sistema de mercado y todos sus valores y comportamien-
tos respecto a la sociedad, y al ciclo vital en general, sin asumir todas sus conse-
cuencias. El neoliberalismo ha exacerbado las tendencias individualistas y parti-
cularistas de la sociedad, así como la producción y el consumismo irresponsables.
Pero, sobre todo, ha introyectado en el sentido común la idea thatcheriana de que
no hay alternativa al mercado total, y que sólo resta luchar por integrarse a él; lo
que se traduce en el antisolidario “sálvese quien pueda”. Esto es parte inescindible
del difícil “punto de partida” subjetivo de toda transformación económica poco
proclive a la solidaridad y el reconocimiento del otro y sus necesidades.
El pensamiento crítico no sólo no ve estos procesos materiales y sus efectos
subjetivos como inevitables, sino que los considera éticamente inadmisibles. Y
anticipa que la política y los Estados, así como las prácticas cotidianas defensivas
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 221

de la vida de las mayorías, potenciadas por sujetos constituidos como movimientos


sociales, pueden contrarrestar esas tendencias intrínsecas del capital, no ya para
que se recupere el ritmo de acumulación de capital y el quimérico pleno empleo,
sino para garantizar la reproducción y desarrollo de la vida.

b. El punto de partida (ii): la economía mixta nacional

Otra faceta del punto de partida empírico de una economía periférica con
hegemonía capitalista, aunque con desarrollo desigual, es dividirla en tres sectores
agregados según el sentido y las formas de organización de los procesos económi-
cos: (i) el empresarial privado, (ii) el público estatal, y (iii) el de economía popular.
El sector de economía empresarial privada se organiza como un subsiste-
ma de empresas de capital más o menos articulado. Su articulación se realiza a
través de grupos económicos, fusiones, subcontrataciones formales, relaciones de
mercado recurrentes, etc. El sentido del sector, transmitido por las instituciones a
la subjetividad de los empresarios, es acumular capital, y para ello se debe compe-
tir, ganar y reinvertir sin límite en las actividades mercantiles más rentables. Para
lograrlo, se trata de aplicar la racionalidad instrumental, donde todo puede ser me-
dio (recurso) para lograr ese fin. Según la ideología económica hegemónica, para
sobrevivir en el sistema de mercado, toda forma económica tiene que asumir esos
criterios, sea el Estado, una ONG, o un emprendimiento familiar.
El sector de economía pública-estatal abarca las unidades administrativas
de organización de los Estados: instancias de gobierno central, provincias, muni-
cipios, empresas públicas, organizaciones que proveen servicios públicos (como
la escuela o el hospital), y para funcionar requieren recursos económicos que pro-
vienen del sistema fiscal de redistribución, de los excedentes que producen sus
empresas, o del crédito. Su articulación está dada por la rígida estructura burocrá-
tica y verticalista que une sus elementos. Sus sentidos no siempre son los mismos
para cada coyuntura, partido de gobierno o segmento del subsistema. En general,
pueden ser: incentivar y orientar la inversión y el proceso de crecimiento nacio-
nal, asegurar la gobernabilidad del sistema, acumular poder y, finalmente, lograr
el bien común. Uno puede subordinar a los demás, o darse una combinación más
pareja entre ellos.
El sector de economía popular tiene como base de organización económica
las unidades domésticas (UD), básicamente los hogares, sus extensiones (organi-
zaciones económicas asociativas de diverso tipo) y las comunidades. En general,
su principal recurso es el conjunto de capacidades de trabajo de sus miembros.
Este sector, lejos de estar articulado como tal, es magmático, fluye, cambia de
formas. Puede pasar de un predominio de la inserción en el mercado de trabajo en
relación de dependencia a la multiplicación de emprendimientos familiares o no
222 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

familiares (como son las cooperativas, asociaciones, o mutuales). Puede pasar de


comunidades bien consolidadas a comunidades en proceso de desintegración por
la migración, la dependencia del mercado, etc. Si acumula es a niveles elementa-
les, como inversión inmediata para los emprendimientos, o en la vivienda y sus
instalaciones (esta acumulación no es de capital; se trata de ahorros monearios o
de formas de riqueza para su uso final o productivo). Su sentido es la reproducción
biológica y comunitaria o social de la vida de sus miembros en las mejores con-
diciones posibles. Es de esperar que haya solidaridad entre dichos miembros, no
necesariamente con otras UD.
Diferenciando las diversas formas de organización económica por sectores
podemos graficar la economía mixta como sigue:

La Economía Mixta

Economía Pública Economía Empresarial-privada

Nación, Empresas,
regiones, grupos
provincias, económicos,
municipios, holdings,
empresas clusters
públicas

Emprendimientos
familiares,
sector informal,
autoconsumo,
trabajo asalariado

Economía Popular

Las intersecciones entre los tres octógonos reflejan formas combinadas


como una empresa cogestionada por patrones y trabajadores, o una empresa “mix-
ta” (privada-estatal), o una empresa de servicios públicos con participación de los
usuarios, etc.
Entre los tres sectores hay intercambios mercantiles, destacándose la compra-
venta de fuerza de trabajo, pero también transferencias unilaterales monetarias o
no monetarias (subsidios, impuestos, donaciones, bienes públicos, remesas, etc.),
cuya evolución, estructura y tendencias deben estudiarse en cada caso concreto.
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 223

La economía popular5

Para la Economía Social y Solidaria es particularmente relevante la econo-


mía popular. Entre sus agentes, grupos, ramas o regiones específicas hay relaciones
y flujos económicos. Pueden intercambiar bienes de consumo, servicios, insumos,
instrumentos, conocimientos y sus contrapartidas financieras y monetarias, o bien
trocarlos en especie.
Es un sector cuyos agentes emprenden a escala global (exportando, migran-
do y enviando remesas a su lugar de origen) y, sin embargo, en buena medida
está condenado a la ilegalidad en su origen (“informales” urbanos) o en su desti-
no (inmigrantes indocumentados). Esta es una de las características del mercado
capitalista. Institucionaliza las relaciones de producción y de propiedad según el
tipo ideal de la empresa de capital, generando normativas legales y costos de ac-
ceso a esas figuras jurídicas que son prohibitivos para muchos emprendimientos
económicos populares. Por otro lado, crea un “mercado” de fuerza de trabajo y un
“mercado” de capital, pero de manera asimétrica: mientras propende a la libertad
de movimientos del capital, limita o habilita la de los trabajadores según convenga
al proceso de acumulación.
En una sociedad salarial la economía popular en su conjunto vende prin-
cipalmente fuerza de trabajo que, como indica Polanyi6, funciona como una mer-
cancía ficticia, separable de las personas. En América Latina, la economía salarial
es parcial por no haberse generalizado esa forma de inserción del trabajo en la
economía, sea por la insuficiencia dinámica del mercado para absorber toda la
fuerza de trabajo como trabajo asalariado, o porque hay grupos sociales que pre-
fieren el trabajo autónomo. A esto se suman las formas de esclavitud que persisten
o se amplían, como es el caso actual. Esto es fuente de una heterogeneidad estruc-
tural, característica de la región, con importantes repercusiones sobre la sociedad
y la política.
Libradas a su lógica, las empresas compran la fuerza de trabajo como un
recurso más y pagan lo mínimo necesario para lograr los comportamientos produc-
tivos y la reproducción de la oferta de fuerza de trabajo. Salvo regulaciones polí-
ticas, no contratarán fuerza de trabajo que no sea rentable, ni pagarán lo necesario
para asegurar la reproducción de la vida de los trabajadores y sus familias, en cuyo
caso no sólo hay explotación sino sobre-explotación.
También la economía pública estatal contrata fuerza de trabajo necesaria
para producir los bienes y servicios públicos, aunque -a diferencia de las empresas-

5 Para un desarrollo adicional, ver José Luís Coraggio, 2007.


6 Ver Polanyi. Textos Escogidos, UNGS/CLACSO/Imago Mundi, Buenos Aires, 2012. En particular: “La economía como
proceso instituido (1957)”.
224 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

tendrá en cuenta efectos macroeconómicos como el que se expresa en la búsqueda


del pleno empleo, el crecimiento nacional o los requerimientos económicos de
gobernabilidad del sistema en su conjunto.
Se puede estar incluido a través del empleo asalariado y el consumo de
mercancías, y a la vez ser pobre por ingresos insuficientes. En principio puede
esperarse que, siendo generalizada entre las UD una estrategia de mezcla de in-
serciones, o de combinación de fuentes de ingreso, a mayor ingreso familiar por
vía del salario se requiera menor actividad de producción autónoma y de produc-
ción para el autoconsumo; o a menor posibilidad de obtener un salario suficiente
más se recurra a la producción mercantil o al trabajo doméstico de autoconsumo.
Esta preferencia por el trabajo en relación de dependencia se debe en parte a que
en gran medida los derechos sociales han sido asociados al estatus de trabajador
asalariado, y a las dificultades para competir con las empresas. Las UD combinan
producción y reproducción, pero raramente se aproximan a unidades totalmente
autárquicas capaces de resolver su sustento sin participar en el sistema social de
división del trabajo, particularmente en el ámbito urbano. A todo lo expuesto se
agregan las transferencias monetarias o de recursos materiales para el consumo, o
la producción que reciben o aportan las UD. Así, la asistencia pública resultante
del principio de redistribución, puede estar complementando la producción para el
autoconsumo y los ingresos mercantiles de hogares pobres.
Aunque la lucha por la supervivencia genera comportamientos individualis-
tas, en la economía popular hay comunidades originarias, redes de ayuda mutua,
asociaciones de productores que compran insumos, comercializan, generan ahorro
o se dan crédito solidario, o que circulan bienes y trabajos regulados por relaciones
de reciprocidad.
La capacidad de compra de bienes y servicios por la economía popular de-
pende no sólo de los precios a los que vende (sea su fuerza de trabajo o bienes y
servicios producidos autónomamente), sino también de los precios de lo que com-
pra. Los trabajadores organizados necesitan no sólo trabajar y sindicalizarse para
defender el salario nominal y las condiciones de trabajo, sino ejercer fuerza solida-
ria en el conjunto del campo de relaciones de la economía mixta (por ejemplo, las
movilizaciones de protesta o los movimientos organizados de usuarios de servicios
que pugnan por el acceso, por la gratuidad, o por evitar aumentos en los precios de
bienes y servicios públicos esenciales para la subsistencia).
El mercado no es exclusivo de la economía empresarial privada, en ocasio-
nes mal denominada sector de mercado. El mercado atraviesa también la econo-
mía popular y puede generar comportamientos altamente competitivos, como en
el denominado “sector informal urbano”. En la situación de exclusión masiva y de
dificultad para la reproducción, agravada en estos años, han resurgido formas de
organización de mercados como las ferias, por ejemplo, que son una forma de ins-
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 225

titucionalizar el intercambio como espacio de encuentro directo y solidario entre


productores y consumidores.
Es a esta complejidad de una economía mixta con amplios sectores sociales
excluidos o integrados de manera marginal, precaria y al borde de la mera supervi-
vencia, que se dirigen las propuestas de la Economía Social y Solidaria.

3. El significado de la Economía Social y Solidaria (i)

La Constitución del Ecuador afirma que la economía es social y solidaria.


Sin embargo la Economía Social y Solidaria es todavía una propuesta de caminos
prácticos a distinto nivel para defender la vida en el terreno mismo de lo econó-
mico (definido en sentido sustantivo, que veremos más abajo). Sin embargo, eso
no es separable de una contribución a la lucha simbólica contrahegemónica que
requiere confrontar el economicismo, avanzar ideas, discutir valores, elaborar
conceptos, analizar la realidad con criterios críticos, generar y sistematizar tam-
bién críticamente las prácticas colectivas que intentan avanzar hacia un proyecto
civilizatorio alternativo.
Como posiblemente ocurre con el Vivir Bien y el Buen Vivir, la historia del
concepto, las prácticas de Economía Social y Solidaria y la fenomenología de sus
sentidos actuales permiten identificar en su interior contenidos compartidos y a
la vez diferencias significativas, cuando no conflictos abiertos. Nos limitaremos
a América Latina, aunque algunas referencias a Europa podrán ser útiles. Ade-
lantamos desde ya nuestro desconocimiento de sus equivalentes en África y Asia,
tarea de reconocimiento que debe ser hecha pues, sin duda, encontraremos conver-
gencias y diferencias que iluminen las búsquedas de los movimientos sociales de
esta región. En lo que sigue expondremos lo que, a nuestro juicio, es una versión
integradora del conjunto de prácticas que se autodenominan de Economía Social
y Solidaria.
En primer lugar, es necesario ubicar la Economía Social y Solidaria en el
campo más amplio de la economía en general. Adoptamos la siguiente definición:

La economía es el sistema de principios e instituciones, normas y prácticas,


que se da (no ocurre por evolución natural, es una construcción histórica) una
comunidad o una sociedad de comunidades e individuos para proveer sus
bases materiales, definiendo (por ejemplo: ¿son lo humano y la naturaleza
“recursos”?) movilizando o generando, distribuyendo y organizando
combinaciones de recursos (no necesariamente escasos), con el fin de
producir, distribuir, intercambiar y utilizar bienes y servicios que sean
útiles (valores de uso, no necesariamente mercancías) para realizar, de la
mejor manera posible y, a través de las generaciones, las necesidades y
226 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

deseos que la sociedad considera legítimos, de todos sus miembros (no


sólo de los que tienen algún tipo de éxito). Cada tipo de institucionalización
de los procesos económicos se corresponderá con un tipo de sociedad (sus
estructuras, valores, reglas de comportamiento, etc.), no como determinismo
mecánico sino como relación dialéctica.

Para esta definición7, la racionalidad es una racionalidad reproductiva8, pues


una economía que no resuelve la reproducción de la vida de todos sus miembros
actuales y de las generaciones futuras, no es una buena economía, es irracional.
Producir armas para exterminar poblaciones puede ser un negocio para algunos,
pero es irracional desde este punto de vista. Minimizar costos per se (un criterio
fundamental de la economía neoliberal) puede significar reducción de los salarios,
pérdida de protección y de contribuciones patronales que aseguren los derechos de
los trabajadores, puede significar desempleo, exclusión y pérdida innecesaria de
vidas de los trabajadores que son una de las fuentes de la riqueza. El crecimiento
o la maximización de la producción per se puede significar acabar con los recur-
sos naturales, otra de las fuentes de la riqueza. Cada hecho o acción económica, o
cada encuadre institucional del conjunto de la economía, debe ser evaluado por su
efecto directo o indirecto sobre la reproducción de la vida en todos sus niveles y
componentes. Los criterios de eficiencia propios de la evaluación de inversiones
de capital privado o del consumidor que busca maximizar su placer, no son dejados
de lado sino subordinados a esta racionalidad considerada superior.
Por otro lado, la institucionalización de las prácticas no se reduce aquí a una
sola institución (el mercado y su ética utilitarista), ni lo económico se separa de la
sociedad como un mecanismo automático que determina la sociedad. Si se permite
que la economía se desarraigue de la sociedad, imponiéndole las consecuencias del
funcionamiento del mercado real que no es un mercado competitivo a secas sino
un mercado como campo de fuerzas donde imperan los monopolios y los Estados
capitalistas -como ha venido ocurriendo en los 30 años de neoliberalismo-, aquella
produce desastres sociales y ecológicos, como está a la vista. Para cumplir con el
objetivo de proveer las bases materiales para satisfacer las necesidades de todas y
todos, el proceso económico debe ser pautado, regulado y coordinado desde una
sociedad civil y un Estado democratizados, y ser abierto, combinando una plura-
lidad de formas de organización y principios económicos9, los que se manifiestan
como prácticas económicas institucionalizadas en momentos y culturas diversas
e irreductibles la una a la otra. Cada sistema económico especifica y combina de

7 Siguiendo a Polanyi esta definición se ubica dentro de lo que él denomina Economía Sustantiva.
8 Concepto propuesto por Franz Hinkelammert y Henry Mora, 2009.
9 Sobre esto, ver Jean Louis Laville (Comp.), 2004.
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 227

manera particular principios relativos a la organización del trabajo y sus relaciones


sociales y con la naturaleza, a la distribución primaria de la riqueza, a la redistri-
bución, a la circulación por reglas de reciprocidad o siguiendo las indicaciones del
mercado, al modo de consumo y, finalmente, al modo de coordinación de todos los
procesos que constituyen la economía10.
Volviendo a la Economía Social y Solidaria, hay algo común en todas sus
variantes prácticas, que es su objetivo de defender a las víctimas (individuos, fa-
milias, comunidades) de la insuficiencia de medios materiales para reproducir sus
vidas particulares. Esto puede ampliarse para cubrir el reconocimiento del otro y
sus necesidades; es decir, para asumir que la vida es vida en comunidad o sociedad
y que –por razones morales o estratégicas- cada uno debe compartir la responsabi-
lidad por la vida de todas y todos y, de manera más abarcadora, por los equilibrios
de la naturaleza. En lo relativo a los individuos o grupos victimados, encontramos
dos opciones más o menos explícitas: intentar su reinserción en el mismo sistema
económico que los excluyó, o avanzar hacia una transformación fuerte de ese siste-
ma. En los límites, se trata de apuntar a la mera sobrevivencia o a la emancipación.
Cuan cerca esté cada práctica de una u otra opción no puede ser determinado
aisladamente, sino que dependerá de su articulación con otros niveles o formas de
acción y de la coyuntura particular en que se desenvuelve. En particular, depende-
rá de su relación con lo político. Ya visto en su conjunto, el sentido de las prácticas
de Economía Social y Solidaria dependerá de su posicionamiento ante el conjunto
de instituciones asociadas al principio de mercado, absolutizado por el movimien-
to conservador neoliberal11. Aparecen dos variantes estratégicas: a) un intento de
retorno a formas de relación entre Estado, política y sociedad, propias del período
de los 30 años de Estado de bienestar y del Estado desarrollista modernizador; o b)
proponer otras formas de integración social, lo que implicaría una superación del
capitalismo y de la sociedad de mercado que produce.
Tres elementos empíricos fundamentan la necesidad de proponer nuevos pa-
radigmas económicos (variante b) y no sólo un retorno a instituciones que hicieron
más gobernable el sistema (variante a). Ellos son:

i. La estrategia de globalización del mercado impulsada por el capital im-


plicó un debilitamiento del Estado nacional ante las fuerzas globales, aún
cuando en algunos casos en América Latina se haya producido reciente-
mente una recuperación de su capacidad coyuntural de regulación interna
(se destacan Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela). La irreversibilidad

10 Sobre esto, ver José Luis Coraggio, 2010.


11 Para el programa conservador, toda actividad o necesidad humana que pueda ser negocio debe organizarse como un
mercado de propietarios sin otra restricción que la competencia y sus propios límites.
228 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

de la globalidad alcanzada en muchos sentidos (como la interdependen-


cia de los ecosistemas) hace improbable la sostenibilidad de los intentos
de volver al modo de regulación segmentado, propio de los 30 años que
mediaron entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la mitad de los 70,
donde el Estado nacional jugaba un papel central y había otra correlación
de fuerzas a nivel mundial por la presencia del bloque socialista;

ii. Las ya mencionadas transformaciones en el mundo del trabajo, donde otro


componente vital de los 30 años mencionados, la figura del trabajador asa-
lariado con derechos y los sindicatos como sus representantes, deja de ser
central (lo que mal se llama incorrectamente “fin del trabajo”). A la vez
-dentro del nuevo régimen de acumulación de capital- se produce una con-
tradicción estructural entre las posibilidades tecnológicas y la metas del
pleno empleo; y

iii. Las consecuencias ecológicas del sistema de industrialización capitalista


que ya se advertían desde los años 70 (pensadas como los límites de los
recursos no renovables al crecimiento económico), constituyen hoy un de-
sastre planetario, en algunos aspectos irreversible por muchas generacio-
nes si es que no siglos.

No existen paradigmas institucionales alternativos, como alguna vez lo fue


el llamado “socialismo real”. La propuesta de Economía Social y Solidaria que
presentamos intenta contribuir a orientar la transición a Otra Economía que aún
no está claramente delineada. Sin embargo, dada la urgencia de concentrar ener-
gías en frenar ya los efectos dramáticos de las fuerzas desatadas del capitalismo
financiarizado y los automatismos de mercado (Coraggio, 2004), una versión débil
de la Economía Social y Solidaria puede resultar siendo un mero paliativo para la
miseria extrema, sin fuerza para contribuir a otros proyectos civilizatorios. Por ello
es fundamental que la propuesta sea asumida en su integridad por la diversidad de
movimientos sociales y por los gobiernos populares.

4. El significado de la Economía Social y Solidaria (ii) y su ubicación en una


economía mixta

Cuando se adjetivan las prácticas económicas como “sociales” hacemos re-


ferencia no a la obviedad de que no existen sistemas económicos que no sean so-
ciales, sino a que los sujetos de esas prácticas son conscientes de que, al resolver
el problema económico, construyen determinados lazos sociales. Aquí nos concen-
traremos en el aspecto de la solidaridad.
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 229

Hay dos tipos predominantes de solidaridad en las sociedades modernas: la


solidaridad simétrica, como las redes de ayuda mutua, donde todos aportan aún
sin saber cuándo y cómo van a recibir, sin que ello implique cambios equivalen-
tes12. La otra es la solidaridad filantrópica, donde hay un donante y un receptor
que no está en condiciones de devolver, dándose una asimetría que crea dependen-
cia, un lazo social que la Otra Economía no propicia. En un sistema democrático,
la solidaridad puede ser el resultado de reivindicaciones colectivas que reclaman
reciprocidad por sus aportes a la sociedad, y ser institucionalizada como un sis-
tema de derechos sociales que la autoridad central debe garantizar13. En cambio,
el neoliberalismo ve los derechos sociales como un obstáculo a la eficiencia del
mercado. Por otro lado, el asistencialismo ejercido como favor y no como derecho,
también crea relaciones de dependencia, como es el caso del clientelismo político
(Laville, 2009).
Hay diversos niveles de solidaridad. El nivel micro-socioeconómico, en el
que hay solidaridad entre los miembros de una organización como una familia,
una comunidad, una cooperativa o una mutual. Esto puede ser compatible con
la competencia y comportamientos estratégicos respecto a otras organizaciones
igualmente solidarias. El nivel meso-socioeconómico, donde organizaciones si-
milares o diversas mantienen relaciones solidarias entre sí, por ejemplo, mediante
la formación de redes, formas de cooperación y complementariedad, u organiza-
ciones reivindicativas de segundo grado. Finalmente, el nivel sistémico, donde la
solidaridad está institucionalizada como estructura que enmarca el conjunto de los
procesos y actores económicos.
A medio camino entre los dos últimos niveles, para desarrollar un sector
orgánico (subsistema) de organizaciones de economía social (preocupadas por qué
sociedad producen sus acciones) y solidarias (responsables por la situación de to-
das y todos) se requiere la acción del Estado. Pero, para contar con esa fuerza ins-
titucionalizada hay que modificar la concepción usual entre los gobiernos de que
economía “social” implica “asistencia” subsidiada por donaciones, para atender
provisoriamente a la emergencia, a la pobreza y para pobres14.
Se trata de que la economía popular, la de los trabajadores y sus familias y/o
comunidades, les permita acceder colectivamente –sectorial o territorialmente- a

12 Por ejemplo: más allá del intercambio, las comunidades de pescadores donan pescado a las comunidades agrícolas
porque falló la cosecha y hay una devolución en situaciones inversas. Otro ejemplo: los aportes a un fondo mortuorio,
o a un sistema de seguridad social en general, o al presupuesto del Estado; cada uno no sabe qué va a recibir a cambio
(sabe que se va a morir, pero puede ser que emigre y no use el fondo).
13 Como vemos, en la realidad los principios no están separados totalmente (la redistribución tiene componentes de
reciprocidad y a la inversa).
14 De hecho, las políticas sociales focalizadas que desarrolló el neoliberalismo dieron lugar a programas de autoempleo
asociado, destinados a aliviar marginalmente la pobreza que las transferencias monetarias no alcanzan a resolver.
230 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

medios de vida para poder resolver directamente parte de sus necesidades; así
como acceder a medios de producción que les permitan desarrollar su potencial
productivo y reconstruir o construir un nuevo tejido social, hoy fragmentado por
las políticas neoliberales. Esto incluye, como aplicación del principio de redistri-
bución, condiciones de vida y trabajo tan importantes como los servicios públicos
gratuitos o subsidiados, de educación, salud, vivienda, agua, transporte, etc.15.
La solidaridad no se manifiesta solamente en la encarnación de principios
morales y comportamiento individual fraterno hacia las personas cercanas, sino en
consensos para lograr una institucionalización de las buenas prácticas existentes
como sistemas que son estructuralmente solidarios y depositan en una autoridad
legítima la función de legislar y redistribuir16.

“’Hacer’ Economía Social [y solidaria] es entonces un concepto para la


transición desde la periferia, que implica contribuir conscientemente a
desarticular las estructuras de reproducción del capital y a construir un
sector orgánico que provea a las necesidades de todos con otros valores,
institucionalizando nuevas prácticas en medio de una lucha contra-
hegemónica, contra la civilización capitalista, que afirme otro concepto de
la justicia social, que combine el mercado regulado con otros mecanismos
de coordinación de las iniciativas, que pugne por redirigir las políticas
estatales y en particular la producción de bienes públicos, pero que –salvo
excepciones puntuales- no puede por un tiempo (que resulta muy largo para
la sobrevivencia inmediata pero corto para el largo período histórico) dejar
de operar dentro de la existente” (Coraggio, 2007a: 39).

Se trata de una opción estructural que, durante un largo período de transi-


ción en que la economía del capital está lejos de desaparecer, implica un cambio

15 Por ejemplo, se puede pasar de subsidios individuales con contrapartida laboral o de obligaciones familiares (vacunar
los niños, enviarlos a la escuela) a programas que inviertan sistemáticamente en conjuntos locales articulados de
producción y servicios, centrados en el trabajo asociado y en el desarrollo de las capacidades de los trabajadores. Esto
puede ir acompañado de un subsidio universal en un nivel aceptable, posible, que de una base de sustentación para poder
emprender corriendo algunos riesgos. Por otro lado, más qué créditos individuales, corresponde financiar fondos de
desarrollo a nivel local, o a nivel sectorial, que sean administrados por fideicomisos donde participen las organizaciones
sociales y comunidades, de manera transparente, donde aportan la Economía Pública e incluso la Empresarial Privada, y
que sea un fondo revolvente que pone en marcha el proceso de desarrollo centrado en la auto-organización del trabajo
para la resolución de las necesidades. Hay que agregar que, en ese proceso de transición hacia formas más solidarias,
los ahorros de la economía popular, que hoy van al sector bancario empresarial, deberían quedar dentro de la misma
economía popular a través de la potenciación o la reactivación de las cajas de ahorro y crédito que fueron prácticamente
aniquiladas con las leyes neoliberales de reforma del sistema financiero (al menos en el caso de Argentina, no así en el
de Ecuador).
16 Un ejemplo son los sistemas de seguro social, donde cada uno aporta según sus posibilidades y recibe según sus
necesidades. Lo contrario de esto son los fondos privados de capitalización para retiro, que son individuales o a lo sumo
corporativos (y quiebran en las crisis financieras).
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 231

cualitativo de la economía, que beneficiará al conjunto de la sociedad dando bases


materiales a una mejor democracia, así como recursos que favorecerán la compe-
titividad del sector empresarial remanente y la viabilidad económica y legitimidad
del Estado. El subsistema de economía popular solidaria, en proceso de confor-
mación y consolidación, deberá coexistir con los otros sectores inicialmente más
estructurados. Deberá probar su capacidad de gestionar las necesidades colectivas,
pero inevitablemente -como sistema- pasará por fuertes conflictos internos dada
la heterogeneidad del punto de partida de los diversos segmentos populares. No
podrá librarse de la contradicción entre los intereses particulares y el (siempre
por definir) “interés común”. Deberá competir –política, económica, tecnológica y
culturalmente- con el sector de economía organizado como empresas capitalistas,
y disputar el sentido de la economía pública estatal.
La visión de la economía mixta de tres sectores en proceso de transición,
con un segmento que tienda a organizarse como subsistema de economía solida-
ria en su seno, es una aproximación para visualizar sistémicamente lo existente
(eludiendo el individualismo metodológico) y lo posible a corto y mediano plazo
(eludiendo el fatalismo de lo ya existente hoy). Se trata de incidir para que la
economía popular y la pública estatal se vuelvan interna y orgánicamente soli-
darias; para que la primera desarrolle sus capacidades mediante la asociación, la
construcción de formas de comercio solidarias con precios definidos de acuerdo a
criterios de justicia social, con sus propios centros de tecnología y educación, y se
apropie –por acceso en la redistribución que debe hacer el estado moderno o por
autogestión- de bienes públicos requeridos para su reproducción ampliada. Para
que intercambie con el sector de economía empresarial privada y con el sector
estatal; pero los términos de ese intercambio deben ser disputados en un campo de
fuerzas donde lo popular no esté disgregado, sino que sus diversas identidades e
intereses puedan converger en acciones conjuntas. Este proceso supone luchar por
radicalizar la democracia, porque las mayorías tengan otra posibilidad de definir
el sentido de lo público.
En esas tensiones será preciso pugnar por evitar la internalización de los
criterios de eficiencia del capital o los del clientelismo político estatal (contra-
hegemonía). De ninguna manera el segmento de economía popular solidaria se
agota en sí mismo; su sentido político debe estar marcado por la conjunción de
transformación interna en interrelación con la lógica de acumulación del capital
y la lógica de acumulación del poder político, encarnando y proyectando en esas
relaciones los valores e intereses de las mayorías crecientemente emancipadas.
Esta aproximación, orientada desde una perspectiva sistémica, debe con-
tribuir a evitar que nos perdamos en la acción localista, microsocial, esperan-
do que las transformaciones estructurales resulten por añadidura. También nos
ayuda a advertir que la economía solidaria no es sólo popular (y que no toda la
232 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

economía popular es solidaria), sino que incluye elementos de los tres sectores,
donde el papel de la economía pública solidaria es fundamental. Esto puede gra-
ficarse como sigue:

La Economía Solidaria en la Economía Mixta

Economía Pública Economía Empresarial-privada

Empresas, grupos
Nación, regiones, económicos,
provincias, municipios, holdings, clusters Empresas público
empresas públicas
Seguro privadas
social, salud,
educación,
planificación.
Organismos filantrópicos
Fundaciones, cogestión
obrera, cooperativas de
Presupuestos participativos capital y trabajo
Gestión asociada
Ongs, sociedad civil,
Emprendimientos actividades productivas
familiares, apoyadas por el Estado
sector informal,
autoconsumo,
trabajo asalariado
Cooperativas,
Economía Solidaria asociaciones, mutuales,
Economía Popular redes, comunidades

5. Las prácticas de la Economía Social y Solidaria

Siguiendo los tres niveles de solidaridad antes enunciados, distinguimos tres


niveles correspondientes de acción de los actores de la Economía Social y Solida-
ria. En la medida que las prácticas se limiten o concentren empírica y conceptual-
mente en uno u otro, nos referiremos a ellos como “corrientes” que difieren en su
apreciación del alcance de la Economía Social y Solidaria 17.

i. Un primer nivel, que trabaja a nivel microeconómico, se caracteriza por


un conjunto de prácticas de inserción que se focalizan en lograr el alivio de
la pobreza y la exclusión, por medio de la re-inserción (o la primera inserción)
de grupos de personas o familias excluidas del mercado de trabajo en sentido
amplio18. Así, promover y apoyar el surgimiento de emprendimientos asociativos
17 Aunque nos referimos a los promotores, lo que indicaremos es válido para los actores sociales involucrados directamente
en los procesos económicos solidarios, sean promovidos o actúen por motu propio.
18 Es decir que no nos limitamos al trabajo asalariado, sino a otras formas de trabajo, como la pequeña producción
mercantil que, estadísticamente es considerada como participante indirecta en dicho mercado. En cambio no se
considera el trabajo para el propio consumo o el trabajo comunitario..
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 233

locales, gestionados por sus trabajadores-propietarios, va en la dirección del au-


toempleo para producir y vender (o comprar y revender) en el mercado, y obtener
ingresos monetarios además del desarrollo de las capacidades por el aprendizaje
asociado a la práctica19. Para las estadísticas dejarán de aparecer como desocu-
pados. La promoción se compone de una serie de actividades más específicas, en
buena medida ya institucionalizadas en toda América Latina, que intentan crear
las condiciones requeridas por esos emprendimientos para surgir, consolidarse y
prosperar:

(a) formación: introyección de espíritu de empresa y su concepto de eficien-


cia, contabilidad y cálculo de costos y beneficios, conocimientos sobre los
trámites u otras relaciones con el Estado, identificación de mercados poten-
ciales, métodos de propaganda y comercialización, selección de técnicas
de producción, gestión elemental del negocio.

(b) donación de una dotación inicial de medios de producción o un crédito


inicial para adquirirlos.

(c) dar acceso recurrente a crédito para financiar parte de la actividad


económica.

En general, esta corriente tiene como paradigma la empresa de capital (ex-


plícita o implícitamente): su modo de cálculo de costos y resultados, el concepto
de ganancia y de capital; pero sobre todo, su concepto de eficiencia y de raciona-
lidad. Y evalúan las probabilidades de sostenibilidad de los emprendimientos por
su resultado económico y sobre todo financiero en términos del mercado: ingresos,
gastos monetarios, costos imputados de recursos utilizados, como alquiler de su
propia casa, servicios públicos, y su propio trabajo (Coraggio, 2009).
Esto da lugar a prácticas de microcrédito, las incubadoras universitarias o mu-
nicipales, las cartillas de formación, etc.; y a la búsqueda de regulaciones jurídicas
que reconozcan a estas formas en su especificidad, y faciliten su funcionamiento
(“formal” por oposición al informal): que puedan facturar sus compras y ventas, pa-
gar o ser exentos de impuestos, recibir apoyos del Estado, tener acceso a crédito, etc.

19 Por supuesto, hay programas de reconversión o capacitación laboral de individuos, usualmente como parte de las
políticas de los ministerios de trabajo. En tal caso se trata de trabajo asalariado. Estas intervenciones sin duda ayudan
a la economía popular pues generan ingresos para las UD, pero no desarrollan su solidaridad extra-familiar o extra-
comunitaria, sino que mantienen la impronta individualista. Por otro lado, mejoran las capacidades de los receptores del
programa para competir en el mercado de trabajo, pero no resuelven el problema del desempleo estructural ni siguen
la vía asociativa característica de la Economía Social y Solidaria. Aparte de esto, sí vemos como parte de la ESS a las
asociaciones sindicales, o de pequeños productores, de usuarios.
234 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

Otra característica es la separación propugnada entre el microemprendi-


miento (visto como semilla de una microempresa) y la economía doméstica/fa-
miliar o comunitaria (que no pertenecería al ámbito del mercado). Asimismo, se
busca evitar la proliferación de emprendimientos unipersonales por cuenta propia,
afirmando la necesidad de alcanzar escalas mínimas mediante la asociación. Esto
último, para formas de producción intensivas en fuerza de trabajo, implica que los
emprendimientos deben estar formados por un grupo de trabajadores asociados
que cooperan, creando así una capacidad mayor que la suma de las individuales.
El asociacionismo “utilitario”, en el interés material de los trabajadores, es carac-
terístico de esta corriente.
Estas prácticas de promoción son de nivel microeconómico y no dejan de
serlo porque posteriormente se incurra en relaciones mesoeconómicas buscando
mayores ingresos, se piense en cadenas de valor, mecanismos de abastecimiento
o comercialización conjunta. Sus promotores pueden ser ONG u organizaciones
sociales, pero también programas de gobierno financiados e impulsados desde or-
ganismos internacionales. No plantean una crítica al mercado como institución,
mucho menos al capitalismo, y se concentran en lograr una producción y circula-
ción competitiva de mercancías, procurando obtener el mayor valor neto posible
para esos trabajadores.
Agreguemos a todo lo dicho que estas prácticas suelen estar dirigidas a los
sectores más pobres, lo que establece un punto de partida débil en términos de
recursos, capacidades y autonomía, adquiridas previamente. Esto marca todo el
proceso de promoción, generando tendencias a la solidaridad unilateral y al clien-
telismo que deben ser contrarrestadas especialmente.

En resumen: es el nivel de acción más problemático y necesario, atiende


a la urgencia, lo que genera tendencias al asistencialismo, la solidaridad filan-
trópica, la búsqueda de satisfactores singulares, y al particularismo. Pero no se
desprende de la cultura del mercado.

ii. Un segundo nivel de acción se orienta hacia la creación de un sector


orgánico (subsistema) de Economía Social y Solidaria en coexistencia con la eco-
nomía empresarial y la pública. Incluye prácticas que, iniciadas como las ante-
riormente descriptas a nivel microeconómico, o saltando “etapas”, van más allá al
advertir que la eficacia social y la sostenibilidad de las iniciativas económicas no
se logran sólo con una mayor eficiencia definida como la de las empresas (resulta-
do monetario neto), ni con la eventual articulación de los microemprendimientos
asociativos a través de relaciones de mercado. Está claro aquí que hacen falta redes
de redes solidariamente competitivas, pero no meramente económicas sino con
complementariedades sociales y políticas. Esas solidaridades deben concretarse en
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 235

la formación de sujetos colectivos, como asociaciones locales pro desarrollo local,


o diversas asociaciones sectoriales y transversales de emprendedores.
Desde el comienzo de la intervención se trata de evitar la fragmentación de
los emprendimientos, y promover la conformación de un sector articulado orgáni-
co. Por “orgánico” nos referimos a algo más que una sumatoria mecánica, como
cuando se asocian productores para reclamar mejores precios. Ese término apela
a la idea de partes que cumplen funciones en un todo interdependiente y que, en
el caso de un organismo social, conlleva la emergencia de sujetos colectivos con
capacidad de planificar transformaciones de ese todo y, en general, de responder
conjuntamente al contexto socioeconómico y político cuando sus intereses y valo-
res compartidos están en juego.
Se trata también de actuar sobre el proceso económico en su conjunto: pro-
ducción, distribución, circulación y consumo, generando asociaciones de produc-
tores, de comerciantes, de financiadores, de consumidores; pero, además, con arti-
culaciones conscientes entre todos ellos y con diversas instancias del Estado. Re-
ferente a esto último, se trata de impulsar acciones colectivas para lograr mejores
relaciones de redistribución a través del Estado: asignaciones monetarias, ingreso
ciudadano, tasas de interés, tasas de servicios públicos, sistema fiscal, precios rela-
tivos, acceso a bienes públicos (salud, educación, servicios subsidiados como el de
transporte, energía, agua, etc.), pues sin ellas faltaría un piso básico que protege a
los productores contra la alta vulnerabilidad de sus emprendimientos.
El punto de partida es la economía popular del sistema capitalista que, aun-
que registra formas de solidaridad, está fuertemente condicionada por valores su-
bordinados e individualistas. El desarrollo de la solidaridad de segundo nivel es
central, articulando redes y territorios o grupos sociales heterogéneos (como es el
caso de las redes de comercio justo).
Con una visión más amplia de economía popular se incluye y promueve
-como actividad económica del subsistema- la producción colectiva para el auto-
consumo familiar o comunitario (huertos, infraestructuras, etc.).
Finalmente, se promueven formas participativas en las instancias locales de
gobierno, presupuestos participativos y la prestación de servicios públicos.
En este enfoque se trata de comenzar por una anticipación de los eslabo-
namientos o relaciones de resolución compartida de condiciones generales de la
producción, y desde esas opciones es posible ir generando paralelamente los em-
prendimientos que van a articularse mediados por el mercado o directamente20.

20 Por ejemplo: no se comienza con productores textiles a partir de materias primas compradas y con bocas de salida
usuales, sino que ya se incluyen de entrada los participantes potenciales para cubrir cada eslabón de la cadena:
productores de lana, transportistas, productores de hilo, de tejidos, confeccionadores, comercializadores, entidades
o mecanismos de financiamiento, vinculación con agencias de asesoría tecnológica, etc. O por lo menos se lo tiene
como horizonte antes de que el aislamiento sea un problema, mientras se avanza con grupos de productores que se van
organizando y compartiendo esa visión…
236 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

En esta perspectiva se plantean condiciones de escala y calidad. Por ejem-


plo, no alcanza con el crédito personal y pequeño; se requiere un sistema solidario
de ahorro y crédito de otra escala, con fondos públicos de garantía que le permitan
prestar para actividades productivas o un período más largo de recuperación (como
las inversiones en infraestructura), y con modalidades que admiten tomadores de
crédito colectivos. Casos de nuevas instituciones a este nivel son el de la Ley de
Economía Popular Solidaria del Ecuador, o el de las monedas sociales promovidas
por el Estado en Venezuela (Plasencia, 2012). Otro caso es la supervisión y certi-
ficación conjunta de bienes y servicios producidos por cada subsistema, tanto en
cuanto a la calidad de su valor de uso como a las condiciones de trabajo (relaciones
sociales sin explotación, comunitarias, relación equilibrada con la naturaleza).
Otra diferencia es que es posible superar la mera relación de mercado, ge-
neralmente asimétrica con empresas de capital, y abrir la posibilidad de negociar
conjuntamente los intercambios con ese sector. La sostenibilidad de los empren-
dimientos (ahora parte de un sector orgánico o subsistema) es socioeconómica o
económica, en el sentido sustantivo presentado anteriormente. En esta visión, los
subsidios (problema recurrente entre promotores y entre quienes están fuera de
este sistema, como las clases medias) son considerados una categoría permanente
necesaria que no es otra cosa que la aplicación del principio de redistribución para
sostener actividades. Los promotores de esta corriente incluyen actores colectivos,
como sindicatos, organizaciones ya existentes de emprendimientos solidarios, etc.

En resumen, este nivel de acción es fundamental para la emergencia de


actores sociales colectivos a partir de la articulación de prácticas, necesidades
y demandas económicas que surgen a nivel micro, pero aún se focaliza en la re-
solución de las necesidades de grupos particulares, por complejas que sean sus
interdependencias.

iii. Una tercera corriente, que piensa y actúa a nivel sistémico, va más allá
de la propuesta de construir un subsistema de Economía Social y Solidaria dentro
de una economía mixta. Es la que llamamos la Otra Economía. Sin pretender
abolir las formas empresariales capitalistas, se busca limitar su accionar irrespon-
sable y superar el sistema cultural capitalista, trabajando sobre las contradicciones
y conflictos, y sobre los acuerdos posibles disputando su hegemonía.
Un elemento económico importante en esa disputa es cuestionar el modo de
consumo propio de una economía de mercado, impulsora de deseos ilimitados, que
condena a los individuos a una insatisfacción permanente y al consecuente impul-
so a poseer objetos. Como opción cultural se plantea la racionalidad reproductiva,
la valoración de otras motivaciones y las relaciones basadas en el reconocimiento
del otro, el contexto de convivencia y la naturaleza de los satisfactores (Max-Neef
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 237

et al, 1986)21. La acción reflexiva en territorios es fundamental, entendido el te-


rritorio no como un mero segmento geográfico sino como un entramado histórico
y potencial de relaciones de complementariedad (que no obvia las diferencias y
conflictos) entre personas y grupos y con la naturaleza. El tratamiento conjunto de
necesidades locales y capacidades, afirmando el principio de autarquía relativa por
sobre el de competitividad en el mercado global, es un salto en calidad de estas
acciones comunitarias para la transformación del status quo local (un ejemplo es
la soberanía alimentaria).
La definición de esa economía tendría que saldar debates importantes, entre
otros, sobre el papel del Estado, el grado admitido de automatismo de mercado,
las formas de propiedad y apropiación, el papel y control del dinero y el grado de
mercantilización del trabajo y la naturaleza, así como sobre los valores morales
propugnados como constitutivos de la nueva economía. En todo caso, no está claro
ni es fácilmente decidible si se presenta como un principio de utopía o como una
propuesta de economía realizable. Con todo, es posible un largo proceso de acción
experimental, recuperación histórica, producción teórica y aprendizaje, en el que
las ideologías cristalizadas y autoreproductivas no ayudarían mucho. Las institu-
ciones de esa otra economía no están predeterminadas ni han sido deducidas de la
crítica al capital, ni se saldan con la discusión sobre el socialismo como transición
ya experimentada.
Un ejemplo “duro” de esta postura sería el de la economía socialista que se
inventó en la URSS, y que luego se modeló e implantó (con algunas variantes) en
Cuba. Otro menos “duro”, es el del estado de bienestar desarrollado en la posgue-
rra en Europa y Estados Unidos, que luego fue importado en versión lavada en
nuestra región como estado desarrollista. Existe aún otra, menos explícita como
sistema complejo, como fue la propuesta de Marcel Mauss o ahora de Paul Singer,
de construir un “mundo de cooperativas”, que algunos vinculan con la experiencia
del socialismo yugoslavo. Posteriormente, Mauss revisó su posición indicando que
no es posible imponer a la realidad un paradigma de cambio, sino que a lo sumo
la ley (o sea el Estado) sólo puede sancionar a partir de realidades, de prácticas
existentes, pues la sociedad real tiene una diversidad de formas que no se pueden
reducir mediante la imposición de un modelo uniforme. Esto cualifica el postula-

21 Manfred Max-Neef el al proponen categorías de necesidades, atendiendo al tener, hacer y estar, y la evaluación de los
satisfactores, diferenciando, por ejemplo, los singulares característicos de las políticas sociales neoliberales (atención
focalizada en una necesidad particular, ej: distribución de alimentos, vacunación), sinérgicos (la atención conjunta de un
complejo de necesidades: alimentación con productos producidos en comunidad, fortaleciendo lazos interpersonales;
relaciones simétricas y afectivas entre médicos y enfermos y co-construcción de programas de prevención). Por otro
lado, se ve las necesidades no meramente como carencias, sino como oportunidades de efectivización de las capacidades
humanas. Otra dimensión relevante es la relativa a las relaciones de género que realizan diversas formas de resolución
de las necesidades. (Quiroga, 2012).
238 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

do de que es posible construir otra economía; es posible, pero no será diseñando


prototipos y sobre-imponiéndolos a la realidad, en una suerte de ingeniería social.
En todo caso, ya no se trata sólo de proponer la construcción y desarrollo
de un subsistema dentro de otro sistema económico. Aquí se trata de la relación
de conjunto entre los campos interpenetrados de la sociedad, de la economía, de la
cultura y de la política, y de su posicionamiento en el sistema interestatal global.
Implica pugnar por revertir la autonomización del mercado profundizada por el
neoliberalismo. Supone avanzar en su regulación desde la sociedad y la política,
sin caer en la absolutización del principio de planificación. Se trata de ir a una so-
ciedad con mercado, no de mercado.
Implica, por ejemplo, no ver al sistema educativo formal como contexto
externo, sino de integrar sus elementos (maestros, alumnos, currículo) como parte
del subsistema. Otro tanto es necesario hacer con los centros de salud o con el
sistema de seguridad social. Estas condiciones de la reproducción suelen categori-
zarse como “sociales” aunque son claramente económicas, gestionadas –estatal o
no estatal- públicamente o mercantilizadas.
Se trata de redefinir los mecanismos y alcances del principio de redistri-
bución de dinero y bienes públicos, incorporando la redistribución de la tierra,
del agua, del conocimiento, el control del dinero como bien público y no como
mercancía controlada por bancos privados. Sin embargo, con respecto a esto úl-
timo, no se trataría sólo de distribuir de otra manera lo existente, sino de revisar
las reglas de apropiación y disposición de los medios productivos. Supone no sólo
redistribuir (algo que hoy caracteriza a los gobiernos de sentido popular, no nece-
sariamente autodenominados revolucionarios, en América Latina), sino transfor-
mar la estructura productiva interna atendiendo a criterios éticos (qué y cómo se
produce y bajo qué relaciones sociales). Supone reinstitucionalizar los modos de
legitimación de las necesidades y de consumo y las relaciones externas locales,
regionales, nacional y supranacionales (grado de soberanía alimentaria, energé-
tica, financiera…). Incluye redefinir las relaciones sociales y las que se dan entre
sociedad y naturaleza. Implica reestructurar el sistema de generación de conoci-
miento científico y tecnológico, hoy orientado a producir conocimientos patenta-
bles privadamente para hacer negocios, y el sistema educativo en su conjunto. Una
última característica de esta corriente virtual que estamos delimitando, es la que
propone orientar las prácticas con un horizonte de transformaciones radicales (con
tiempos a determinar en cada situación concreta), antes que quedarse en el alivio
de la pobreza.

En resumen: Este es el nivel en el que surgen o pueden surgir sujetos políticos


y constituirse en pueblo. La política no se limita a la administración de lo
existente sino a la transformación estructural; por ejemplo, incluyendo
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 239

reformas fuertes del sistema bancario y manejo de la moneda y no sólo


armando subsistemas de finanzas solidarias a su sombra. Los equilibrios del
ecosistema se convierten en una cuestión a la que la institucionalización de
los procesos económicos debe atender, más allá del territorio inmediato. Las
cadenas de valor y los entramados productivos regulados se convierten en
un medio para la realización de cadenas de valores de uso orientadas a la
resolución sinérgica de las necesidades de todos.

Es preciso aclarar que, a estas opciones, las llamamos “corrientes” en tanto


predomina entre los actores de la Economía Social y Solidaria una u otra práctica
y visión del alcance de la Economía Social y Solidaria. Sin embargo, visto des-
de la tercera corriente, se trata de tres niveles de intervención que se necesitan
mutuamente para poder concretarse como opciones efectivas a la economía de
mercado. Se puede actuar al nivel 3, pero sin el piso de las prácticas del nivel 2 y
1 no podría ser un proyecto eficaz, democráticamente incluyente y con potencial
emancipatorio. Se puede actuar al nivel 1, pero sin el nivel 2 se pierde eficacia y
sostenibilidad. Si no se llega al nivel 3, las realizaciones a nivel 1 y hasta 2 pue-
den quedar aisladas o subordinadas dentro de una economía donde predomina el
principio de mercado.

6. Los principios de acción de la Economía Social y Solidaria 22

Si se analizan el discurso y/o las prácticas que en América Latina se autode-


nominan de Economía Social y Solidaria, sin pretender que se cumplen en los tres
niveles antes enunciados, encontramos una amplia envolvente de rasgos usuales
o potenciales, sobre los cuales planteamos las hipótesis que siguen. Las opciones
que se presentan no están pensadas como normativas derivadas de la teoría, sólo
pretenden describir criterios o principios orientadores de las actuaciones que ob-
servamos, con la expectativa de que los actores de la Economía Social y Solidaria
puedan reconocerse en ellos. Sin embargo, al consolidarlos, en cada grupo se re-
saltan las “mejores propuestas o prácticas”, lo que implica asumir como horizonte
la perspectiva estratégica del nivel 3 antes descripto.

Relativos a la producción

• Trabajo digno para todos, especialmente el asociativo.


• Acceso de los trabajadores a todas las formas de conocimiento.
• Acceso de los trabajadores a medios de producción.

22 Para una ampliación de lo que sigue, ver José Luis Coraggio, 2010.
240 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

• Cooperación solidaria.
• Autogestión colectiva de las condiciones generales de la producción y la
reproducción (infraestructura, etc.)
• Producción socialmente responsable en cuanto a la calidad de los produc-
tos, cuidado de la biodiversidad.

Relativos a la distribución y redistribución

• Justicia social, garantía de la reproducción y desarrollo de la vida de todos,


particularmente a través de la inserción económica de los excluidos.
• Distribución a cada cual según su necesidad y su trabajo, evitando fuertes
diferencias.
• No explotación del trabajo ajeno.
• Redistribución colectiva del excedente al interior de cada unidad económica,
y a nivel del sistema mediante una autoridad central legítima.

Relativos a la circulación

• Autosuficiencia (autarquía).
• Reciprocidad. Evitar la filantropía (solidaridad asimétrica).
• Intercambio. Propuestas de regulación del mercado. Privilegio del
comercio justo; acercamiento socio económico y personalización de las
relaciones entre productores y consumidores. Reducción de los costos de
intermediación.
• El dinero no crea dinero (usura). El dinero como medio y no como fin.
Monedas sociales como creadoras de tejido social local.

Relativos a la coordinación23

• Comunidad. Privilegio a la concertación y complementariedad según cos-


tumbres o mediante programación en comunidades preexistentes o resul-
tantes de la libre asociación y de relaciones de proximidad.
• Mercado regulado desde formas políticas o de organización social.
• Planificación. Coordinación democrática de las iniciativas, previsión y
control de efectos no deseados.

23 Estos principios generalmente no han sido desarrollados en las prácticas de base de la Economía Social y Solidaria,
donde predomina la acción fragmentaria y microsocial.
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 241

Relativos al consumo

• Consumo responsable. Consumir lo suficiente (opuesto al consumismo) en


equilibrio con la naturaleza. Cuidado especial a la calidad de los satisfac-
tores, privilegiando los sinérgicos.

Transversales

• Libre iniciativa e innovación socialmente responsable.


• Pluralismo/diversidad. Admisión de múltiples formas de organización eco-
nómica y de propiedad.
• No discriminación de personas o comunidades. No se admiten relaciones
económicas o valoraciones asimétricas en la distribución primaria entre
géneros, generaciones, etnias, religiones, urbano/rural, etc.
• Complejidad/sinergia. Tendencia a la multiactividad respondiendo a la ar-
ticulación de necesidades y capacidades mediante la asociación en redes
dentro de una misma actividad o entre actividades complementarias (enca-
denamientos productivos, efectos de masa local).
• Territorialidad. Prioridad al tejido social de proximidad, valoración del lu-
gar y la comunidad. Se debe favorecer la autogestión de los recursos comu-
nes en el territorio de las poblaciones locales.

Es preciso tener presente el sentido posible de estas prácticas en la perspec-


tiva de la construcción de Otra Economía, si bien muchos actores y promotores no
le dan ese alcance. Se trata de avanzar hacia el desarrollo de economías integradas
en la sociedad sobre la base de relaciones de solidaridad, de justicia, de igualdad,
orientadas por el criterio de la reproducción ampliada de la vida o paradigma del
Buen Vivir o el Vivir Bien. Recordemos también que, dado el punto de partida,
esto supone grandes transformaciones y, por tanto, la articulación del plano econó-
mico con el cultural y el político.

7. El carácter político de la Economía Social y Solidaria

La propuesta de Economía Social y Solidaria debe pasar el test de la respon-


sabilidad, mostrando no sólo la deseabilidad sino la factibilidad de construir otra
economía. ¿Cómo se transita hacia otra economía? ¿Quién lo hace? Al hablar de
“construir” estamos diciendo que la economía actual no conducirá, por evolución,
a otra economía más justa, socialmente más eficiente, basada en la libertad positi-
va, en la innovación social, y en la reciprocidad. En suma, no será por sí solo que
emerja un sistema de principios, instituciones, valores y prácticas donde el interés
242 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

individual inmediato y la competencia de todos contra todos queden subordinados


a la solidaridad en la acción, al reconocimiento pleno del otro y sus necesidades, y
a la responsabilidad compartida por la vida de todas y todos.
Esto implica un imprescindible análisis crítico, en cada una de nuestras so-
ciedades, de los sistemas institucionales actuales, con formas particulares, pero
básicamente los mismos. Esto no quiere decir empeñarse en ver todo negativo,
sino en no ocultar con la indolencia, con mantos ideológicos, con el predominio de
intereses particulares, o con el oportunismo político partidario, la realidad de las
fallas y de los efectos no deseados de esos sistemas. Tampoco implica no analizar
críticamente los modos de gobernar de los nuevos gobiernos con orientación po-
pular. El mismo análisis crítico da bases firmes para pensar alternativas. Cuando
hablamos de “transformación” no se trata necesariamente de grandes trastroca-
mientos inmediatos; pueden ser reformas fuertes (como las que estamos presen-
ciando en algunos de nuestros países) que pueden visualizarse si tenemos presente
la realidad y posibilidad de la realidad actual.
Otro elemento importante son los componentes utópicos de nuestro razo-
namiento. No se afirma un sistema social ideal completo con sus instituciones
pre-figuradas, sino elementos utópicos que nos orienten sobre la dirección en que
“queremos” ir. Esto implica un “nosotros” que, en muchos casos, aún no existe
con suficiente potencia y auto-reconocimiento como para constituirse en sujeto
colectivo del proyecto de transformación social.
Elementos utópicos son, por ejemplo, los que conforman un ideal de so-
ciedad justa, una sociedad donde seamos mucho menos desiguales, donde todos
seamos solidarios, donde se respeten las culturas diferentes y se favorezca la bio-
diversidad. Se trata de negar la irracionalidad de las sociedades que dejan que su
economía destruya su cohesión y la calidad de su sociabilidad, y que además ero-
sionan irreversiblemente su base natural. Todo esto tiene que ver con la política.
Las prácticas de Economía Social y Solidaria se encuentran y lidian cons-
tantemente con situaciones particulares en que -de una u otra forma- se niega la
vida (zonas de pobreza, destitución, sujeción, estigmatización, contaminación, ex-
tractivismo) y se juzgan estas situaciones particulares como irracionales. El salto
en comprensión se da cuando se advierte que también es irracional el sistema eco-
nómico y cultural que sostiene esas negatividades, no sólo en coyunturas y lugares
particulares sino de manera extendida y estructural. Pero debe completarse esa
constatación crítica con propuestas de Otra Economía, y hacer plausible su fac-
tibilidad. Esto no es una mera cuestión de sabios ni de técnicos. Se trata de crear
alianzas por la vida, de constituirse en sujetos colectivos con capacidad y voluntad
para pensar alternativas de acción, para institucionalizar los comportamientos eco-
nómicos bajo la primacía de la racionalidad reproductiva. Y esto no está planteado
como un valor subjetivo, como una cuestión de preferencias, que unos pueden
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 243

compartir y otros no, sino como una condición necesaria de la vida. Es condición
para mantener y expandir la posibilidad de optar libremente por qué modo de vida
persigue cada uno, cada grupo, cada comunidad, limitados no sólo por la escasez
sino por el pleno reconocimiento de las necesidades de los otros y la naturaleza.
En primer lugar, tenemos que acordar que no habrá soluciones universales
como suponen las propuestas del mercado total o de la planificación total. Jugará
en ellas la historia particular, la cultura de cada sociedad, de cada región. Conside-
ramos que, lejos de pretender uniformar, la Economía Social y Solidaria debe ver
la plurinacionalidad e interculturalidad, la diversidad de instituciones, como fuen-
tes de enriquecimiento de la vida social y también de la economía. Asimismo, debe
defender el derecho de cada sociedad a decidir democráticamente, por parte de una
población bien informada de las opciones posibles, lo menos alienada posible, qué
sociedad (y qué economía) se quiere tener. Estamos acostumbrados a pensar que
eso mismo es una utopía. Sin embargo, una Asamblea Constituyente como las que
recientemente hubo en Venezuela, Ecuador y Bolivia eran posibilidades reales en
esas sociedades.
En la definición sustantiva que se dio de economía se especificó: “que se da
una sociedad”. La opción por la vida, resultante de la decisión colectiva, democrá-
tica, consciente, es la que se propugna en el entendido que plantean Hinkelammert
y Mora (2009) de que una sociedad no puede querer suicidarse. Pero también son
las sociedades las que pueden decidir, por defecto, reproducir estas economías. Por
ejemplo, a través de sus sistemas imperfectos de representación social y política,
de sus democracias de baja intensidad, de admitir que los medios de desinfor-
mación -que responden a intereses corporativos minoritarios- formen la opinión
pública, sedimentando un sentido común que ve como imposible o muy penoso
cualquier cambio importante (como hace el determinismo económico fatalista). En
todo caso, un factor fundamental será la voluntad política de los sujetos que, sien-
do críticos de la realidad actual, se proponen transformarla. Polanyi anticipaba, en
base a una proyección de la historia que analizó, que las sociedades confrontadas
con los efectos caotizantes y fragmentadores de la imposición y generalización
del mecanismo de mercado, terminarían resistiendo en eso que llamaba “segundo
movimiento”. Pero si esa resistencia no se procesa por instituciones al menos re-
lativamente democráticas, puede dar lugar a resultados también catastróficos. No
necesariamente. Polanyi decía que la economía que corresponde a una sociedad
plenamente democrática es una economía socialista. Tal vez hoy diría “una econo-
mía social y solidaria”, como manda la constitución ecuatoriana.
Esa resistencia masiva y frontal implica, creemos, haber llegado ya a situa-
ciones de crisis permanente de la vida cotidiana, como por ejemplo las hiperinfla-
ciones o los ajustes estructurales brutalmente agresores de las mayorías. Situacio-
nes extremas que no se pueden alentar ni celebrar en nombre de que generan las
244 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

condiciones para “el cambio”, porque implican mucho sufrimiento y porque, en el


intermedio, pueden dar lugar a acciones en defensa del sistema como fue el caso
del fascismo en Europa y las dictaduras militares en América Latina. Pero hay que
marcar otras diferencias. Una cosa es la rebelión o insurrección popular que puede
derrocar un gobierno (como los casos recientes de Ecuador, Bolivia, Venezuela
y Argentina); otra es poder impulsar y sostener un cambio en las instituciones
del poder simétrico, tener o generar una propuesta alternativa y ser sujetos de su
realización. Una larga práctica de Economía Social y Solidaria, de forjamiento de
valores contrapuestos a los hegemónicos, de comprobación de las propias capaci-
dades para modificar el entorno, pueden ser un suelo fértil para estos momentos de
reajuste de fuerzas y expectativas. Pero no se está afirmando que a fuerza de acu-
mular prácticas micro-socioeconómicas a nivel de la vida cotidiana, va a resultar
otro sistema económico.
¿Cuánto tiempo lleva construir una sociedad justa y una economía solida-
ria? Siguiendo a Gramsci, en materia social, las predicciones no son proyecciones
mecánicas como la que permite anticipar dónde y a qué hora podemos ver la luna,
sino que son anticipaciones de una realidad que se considera posible pero que, para
que se cumpla, deben configurarse sujetos colectivos que actúen con un proyecto
social compartido.
Ese proyecto, en lo fundamental, debe ser lógicamente coherente acerca de
los principios sobre cuya base se institucionalizaría la nueva economía. Por ejem-
plo, no es coherente proponer la absolutización del derecho a la propiedad privada
y la del derecho a la vida al mismo tiempo. ¿Cómo salir de esta contradicción sin
plantear una falsa opción: “o la propiedad privada o la vida”? Puede resolverse,
por ejemplo, admitiendo una pluralidad de formas de acceso a recursos y bienes,
como plantean Duchrow y Hinkelammert (2007), y ella ya es reconocida por las
constituciones antes mencionadas. Otro tanto ocurre con la vieja contraposición
entre mercado y plan. No se trata ni de la abolición del mercado ni de la propiedad
privada, sino de la regulación del mercado por un Estado democrático en defensa
de la comunidad humana y su base natural, y de imponer una responsabilidad so-
cial a quienes detentan propiedades privadas.
Es posible, seguramente, anticipar algunos rasgos de esas instituciones
básicas, así como una estrategia amplia y no rígida, sujeta al aprendizaje conti-
nuo. Una estrategia que oriente las respuestas tácticas ante cada coyuntura que se
vaya abriendo en el proceso de acción política; en este caso, la Economía Social
y Solidaria en su nivel 3 (la Economía Social y Solidaria definida como prácticas
de transformación, no como conformación de un sub-sistema estable dentro de la
economía mixta). Esa acción política será progresiva y desigual en sus ritmos, por
cuanto se propone algo tan ambicioso como transformar la economía de tal modo
que pueda aproximarse a la garantía de que se reproducirá el ecosistema Tierra,
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 245

y con él la vida digna de todas y todos. Se trata de algo sumamente complejo


como para dar respuestas universales, porque su punto de partida es una combi-
nación variable de situaciones y organizaciones que enfrentan opciones de acción
diversas, que comparten rasgos de un proyecto de transformación social; pero
también comparten un sentido común colonizado con el “sálvese quien pueda”,
y un cuadro institucional, incluso jurídico, que tiende a conservar el sistema que
queremos superar.
Un dilema recurrente dentro de las teorías y prácticas de Economía Social
y Solidaria y sus variantes es éste: ¿el impulso y la iniciativa deben partir y per-
manecer en el seno de una sociedad civil autónoma, y evitar que el Estado diri-
ja, controle o subsidie de diversas maneras a las organizaciones de la Economía
Social y Solidaria? Paradojalmente, en su versión fuerte, una respuesta positiva
lleva a una dependencia de las fuerzas del mercado. Otra posición es que sólo
desde el Estado es posible propiciar cambios estructurales que suponen grandes
desplazamientos de recursos (tierra, crédito, conocimientos, etc.), el desarrollo de
las capacidades de los trabajadores alienadas por el capital, transformaciones en
el sistema jurídico, etc.
Como casi siempre pasa, esa opción es un falso dilema. No hay que elegir,
en principio es preferible que la iniciativa esté en la sociedad civil, pero su Estado
debe acompañar y apoyar las demandas de recursos materiales, de políticas socia-
les y económicas, de legislación, etc. a favor del crecimiento de un sector orgánico
de emprendimientos económicos autogestionados por sus trabajadores (nivel 2).
Por otro lado, puede darse una situación, como la de la Revolución Bolivariana en
Venezuela, en que el Estado toma una posición protagónica; lo que puede justifi-
carse por la debilidad histórica de su sociedad civil y a condición de que uno de
sus objetivos sea abrir espacios públicos para el desarrollo democrático de organi-
zaciones autónomas.
Esto no significa caer en un relativismo sino en la responsabilidad que de-
ben tener quienes hacen propuestas sin “vender ilusiones”; es decir, ello implica
“hacer un análisis concreto de cada situación concreta” (Gramsci). La política
democrática se basa tanto en una crítica del sistema imperante como en la capaci-
dad de iniciar y continuar un proceso político que vaya avanzando con pequeñas,
medianas o grandes transformaciones (los tres niveles de la ESS que presentamos
pueden estar asociados a esto). Ese proceso debe hacerse preferentemente con
base en el consenso activo de los actores de esos cambios, consolidando al mismo
tiempo sujetos colectivos; es decir, que tales actores se asocien en base a proyec-
tos sociales compartidos.
Se trata de buscar amplias alianzas de sectores y movimientos sociales di-
versos para una lucha difícil y en varios niveles: desde lo cotidiano hasta las po-
líticas públicas, desde lo inmediato hasta lo estratégico; una lucha que enfrenta
246 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

no sólo fuerzas materiales poderosas –políticas y económicas- sino un sistema de


hegemonía cultural. Se requiere una cuidadosa autovigilancia para no quedar atra-
pados en la hegemonía del mercado capitalista en nombre del pragmatismo (como
cuando se acepta el concepto empresarial de eficiencia). Como ideal se requiere
una apertura de miras, capacidad para observar, comprender y aprender colectiva-
mente, evitando los productos enlatados (como el metodologismo al que se redu-
cen muchas cartillas) y el vanguardismo. Se requiere militancia y mística, aprender
a oír y a suscitar la comunicación horizontal, evitar reproducir la cultura de los
expertos. El pensamiento crítico no se aplica sólo a la realidad del capitalismo ni
a los discursos y acciones de otros. Se aplica directamente a las propias prácticas
de la Economía Social y Solidaria. La sistematización crítica de las experiencias
es fundamental. Y no se trata sólo del usual “intercambio de experiencias”. Es tan
importante aprender de los errores como de los éxitos.

8. No es posible construir Otra Economía sin (otra) Política

Atravesamos un dolorosamente largo momento de transición epocal (cam-


bio de época, de cultura, de valores, de teorías) en que no hay paradigmas sobre la
sociedad como un todo, ni teóricos ni empíricos, ni científicos ni utópicos. Hay que
actuar en un campo ambiguo, donde experimentamos trastrocamientos brutales de
lo que se consideraba un sistema injusto, irracional, pero que mostraba capacidad
de sostenerse. Este sistema incluía determinadas formas de resistencia en su inte-
rior (lucha sindical, reforma, acción colectiva) o iba acompañado de intentos de
transformación “desde afuera” (revolución, contrarrevolución). Hoy la crítica de la
modernidad capitalista permite advertir que esas formas de lucha eran propias de
esa misma modernidad, y que ahora está en cuestión la centralidad de la lucha con
base en las clases económicas. Hoy se pone en el centro a luchas como la crítica
del patriarcado, institución históricamente más amplia que la misma modernidad,
y emergen nuevas formas de pugna social.
Todo esto lleva a tematizar la relación entre política y Economía Social y
Solidaria (Coraggio, 2007a). Una razón de la eficacia del proyecto neoliberal ha
sido, justamente, lograr que la política fuera reducida a la mera gestión pública de
lo existente, o al arte de la gobernabilidad, dejando o impulsando que el mercado
produjera una sociedad cada vez más cercana a la sociedad de mercado. ¿Es eso la
Política (con mayúscula)?
Política, en un sentido no vaciado por el neoliberalismo, implica acción para
la transformación de sistemas sociales mediante un proyecto de sociedad democrá-
tica, solidaria, racional en términos de asumir el imperativo ético de la reproduc-
ción y desarrollo de la vida de todos. Partiendo de las sociedades existentes, esto
implica acciones estratégicas asumidas por un sujeto colectivo, un “nosotros” que
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 247

es parte de las tareas de la política construir, porque no está predeterminado desde


el seno mismo del capitalismo como postuló una versión de la izquierda marxista
(la clase obrera como el sujeto histórico).
El principio ético de reproducción y desarrollo de la vida de todos y todas
no es resultado de una afirmación a priori, basada en gustos o valores, sino -como
muestra Franz Hinkelammert- en una proposición fáctica: si no hay vida, no hay
posibilidad de ninguna institución, de procesos de decisión, de libertad. Por eso la
selección de fines y la racionalidad instrumental están subordinadas a la racionali-
dad reproductiva de la vida, incluida la naturaleza exterior. Esto no implica que no
haya acciones, instituciones y sistemas que violan ese principio ético, dando lugar
a sistemas irracionales y autodestructivos como el capitalismo globalizado. Incidir
sobre las posiciones de los actores sociales desde esta perspectiva, para evitar la
destrucción ya en marcha, no es una cuestión de esencias que se imponen, sino de
Política (Laclau, 2005).
Hoy estamos inmersos en un sistema hegemónico, donde no es la mera fuer-
za bruta militar la que nos domina, sino el convencimiento de que no se pueden
cambiar las cosas proveniente de lo que se ha llamado el “pensamiento único”: un
sentido común legitimador del sistema existente que nos inhabilita para inventar
o escuchar con simpatía propuestas de acción transformadora. Sentido común que
puede hacer que las resistencias populares sirvan sólo de alarma de que se han
superado los límites de lo soportable, y que -entonces- hay que aflojar un poco la
miseria que genera el sistema.
Pero la resistencia también puede no ser funcional, lo que Wallerstein llama
“movimientos antisistémicos”(Wallerstein, 2004) contrahegemónicos, como es la
resistencia de los pueblos originarios al colonialismo, la de ciertas vertientes eco-
logistas a la irracionalidad destructiva de la naturaleza, la de algunos movimientos
feministas al patriarcado, proponiendo, estos y otros movimientos, el Buen Vivir
o Vivir Bien.
Ni se puede, ni tendría el apoyo social necesario, pretender materialmente
“implementar” un nuevo sistema económico (que, por lo demás no se sabe cómo
sería efectivamente). De lo que se trata es de pensar en un proceso abierto de
transición, siempre en contradicción con este sistema opresivo e injusto. Eso sí, con
un eje-horizonte vertebrador que permita ir ganando en organicidad al nivel meso,
ir transformando progresivamente las estructuras económicas donde se generan
y distribuyen cotidianamente las bases materiales para la vida. Esas estructuras
no son meramente técnicas ni, por tanto, sujetas a la racionalidad instrumental;
son significativas, con valores, relaciones sociales, sentidos y culturas que operan
efectos sobre la subjetividad. Por ejemplo, si no se trasforma la subjetividad, el
mero cambio en las proporciones de la desigualdad mediante redistribución del
ingreso (vía bonos de asistencia a los más pobres) no permite avanzar hacia niveles
248 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

transformadores del contexto que regenera el problema social que se atiende. Los
“beneficiarios” podrán seguir como dependientes de esa ayuda clientelar o como
sujetos de derecho. Siendo muy importante la redistribución de ingresos, si no se
asume correctamente no generará otra relación entre sociedad, política y economía.

9. De agentes económicos a sujetos de Otra economía

Vale insistir en que todo proyecto social, para ser movilizador y durable,
tiene que ser ampliamente participativo en su diseño e implementación, particular-
mente por quienes serían los “beneficiarios-objeto”, devenidos en sujetos. Aquí es
importante plantear la diferencia entre agente, actor y sujeto. El agente es quien
actúa de acuerdo a las pautas que le marca su posición en la estructura de relacio-
nes en la cual se mueve. Esas pautas le indican qué hay que hacer o qué se espera
que haga en una situación determinada (que puede formalizarse como en el caso de
las cartillas mecanicistas). Lo hace por lo que Bourdieu llamó habitus, por costum-
bre, por la internalización de la eficacia de determinadas prácticas (como comprar
o vender, o trabajar, o desempeñarse como maestro o estudiante, o buscar empleo,
por ejemplo). El agente, sin proponérselo, reproduce las estructuras dentro de las
que actúa (Bourdieu, 2001).
El actor, en cambio, es consciente de la existencia de las instituciones en que
se mueve, de sus límites y posibilidades. Puede moverse dentro de los márgenes de
acción que toda institución permite. Así, puede practicar el comercio justo, puede
pagar “salarios dignos” a sus empleados o admitir la cogestión obrera; puede ser
un maestro que ve a sus alumnos como co-productores de conocimiento y no me-
ramente como receptores pasivos, o puede incorporar a las prácticas de asistencia
una dimensión de promoción de capacidades y posibilidades de autoempleo aso-
ciado, etc. Progresivamente y sin proponérselo, puede ir construyendo variantes de
las instituciones que pueden devenir en nuevas instituciones (el comercio justo, la
educación popular Freireana).
El sujeto, por su lado, tiene un alto grado de conciencia de las estructuras y
de la determinación y grados de libertad que producen, y agrega la capacidad de
pensar y sopesar alternativas estructurales y las estrategias para lograrlas, así como
de actuar de manera acorde movilizando recursos y voluntades. Definido de esta
manera, un sujeto con esa capacidad debe ser colectivo, y la democracia es una
condición y un resultado de su potencia.
En el espacio de las prácticas relevantes para las relaciones y procesos eco-
nómicos, interactúan los actores de la sociedad civil, el gobierno y sus diversas
instancias organizativas y los millones de personas, de unidades domésticas, de
comunidades de la sociedad que “hacen economía”. Tal como fue definido, no es
fácil encontrar los límites de lo económico. Lo religioso es parte de la cultura e in-
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 249

cide; incide la doctrina social de la Iglesia Católica. El surgimiento y perduración


de la corriente de la Teología de la Liberación tuvo y tiene un efecto muy profundo
sobre las prácticas económicas populares en América Latina, como lo tienen los
avances de los sectores evangélicos. Igualmente, el clientelismo político marca
al menos parte de muchas “políticas sociales”, y muchas prácticas económicas
populares se modifican si se da lugar a prácticas democratizantes. Los medios de
comunicación –tan influyentes sobre el imaginario económico- pueden jugar un
papel distinto si son democratizados por una ley de medios como la recientemente
aprobada en Argentina. La cosmovisión del Buen Vivir o Vivir Bien de los pue-
blos indígenas se vuelve inspiración para la política y las ciencias sociales. Las
corrientes feministas que se activan contra el patriarcado, sin duda tienen un efecto
directo sobre las prácticas de Economía Social y Solidaria. O corrientes político-
ideológicas lo hacen con diversas concepciones del sistema económico deseable.
No se incluyen aquí los movimientos más directamente económicos, como el Mo-
vimiento de los Sin Tierra en Brasil o el Mocase en Argentina, los movimientos
campesino, sindical y cooperativista, o la multiplicidad de movimientos reivindi-
catorios de condiciones puntuales de reproducción.
En general, las políticas públicas suponen que los agentes y actores son
utilitaristas, que actúan basados exclusivamente en el cálculo de su interés. En
tal caso, se basarán en la idea de diseñar un sistema de premios y castigos que
oriente las prácticas en uno u otro sentido. Un viejo ejemplo al respecto son las
leyes de cooperativas. Tampoco puede esperarse que las políticas públicas supon-
gan un mundo del desinterés individual o corporativo. Se trata de ir induciendo o
facilitando, en las prácticas económicas cotidianas, dimensiones de reciprocidad,
de donación, de cuidado del otro, de justicia, de valoración de la naturaleza, de
solidaridad, de libertad positiva. Hay que incidir sobre lo cotidiano, pero también
sobre lo trascendente, como es -por ejemplo- parar el avance sobre la Amazonia,
la simplificación de los ecosistemas, la destrucción irreversible de condiciones de
vida por la minería a cielo abierto en todo el mundo andino.
Otras combinaciones y jerarquizaciones de los principios éticos, y específi-
camente económicos, pueden ser favorecidas desde un gobierno democrático, con
legitimidad y autonomía relativa de los poderes económicos concentrados, o desde
organizaciones de la sociedad civil que también deben ser legitimadas. Sin duda,
también inciden la sociedad política, el parlamento y el sistema de justicia. Es de-
cir, las políticas públicas se definen dentro del Estado ampliado (Estado y sociedad
civil), y las prácticas de Economía Social y Solidaria sobre todo del nivel 3; en
breve, inciden sobre ese Estado y sus relaciones con la sociedad. Tampoco está ex-
cluida la acción desde la sociedad inorgánica o la espontaneidad, como fue el caso
de las asambleas que emergieron en Argentina con la crisis del 2001, o el movi-
miento de base de los trabajadores desocupados (¿quién hubiera anticipado que los
250 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

desocupados podían organizarse y actuar colectivamente de manera perdurable, en


lugar de competir despiadadamente entre sí por un puesto de trabajo?). Pero esa
energía social, esa potencia, para no ser cooptada, tiene que ser institucionalizada
para poder generar y sostener nuevas formas, nuevas relaciones económicas o, al
menos, su propuesta. Implica un desarrollo de pensamiento crítico que posibilite
visualizar el sistema que explica los fenómenos sociales indeseados y sobre esa
base pensar, proponer y construir formas alternativas.
Los gobiernos tienen por mandato constitucional la responsabilidad de de-
fender la vida de todos, y de cómo se asuma esto dependerá el alcance y el estilo de
gestión de sus políticas públicas, como las de redistribución y regulación del mer-
cado. Pero, además, tienen la responsabilidad de superar sus propias tendencias al
burocratismo, a la privatización de lo público y a los arreglos estabilizadores re-
gresivos con los grupos de poder económico. Tienen también la obligación de de-
fender el patrimonio público que la sociedad ha puesto bajo su tutela y de proteger
los comunes. Los gobiernos y los actores colectivos en general, para ser sujetos de
la transformación económica, tienen que transformarse a sí mismos en el proceso.
Se trata de que, desde el Estado en sentido ampliado, se contribuya a que los
actores socioeconómicos, normalmente fragmentados, se constituyan como sujetos
desde la misma base económica, con una unidad orgánica (generalmente impo-
sible) o con una convergencia contingente de sus reivindicaciones y propuestas,
desde donde puedan pugnar por la hegemonía alrededor de una propuesta de esa
Otra Economía, con más independencia.
Para eso, quienes desde el Estado en sentido amplio propongan alternativas
deberán ser creíbles, confiables, responsables en sus propuestas, tener argumentos
teóricos y empíricos sólidos, y estar dispuestos a oír disidencias y participar en la
complicada tarea de lograr consensos o convergencias a partir de intereses parti-
culares diversos. Política y éticamente es importante incorporar en este proceso
no sólo a las víctimas materiales extremas del sistema sino también a los sectores
medios, hoy atrapados en la ideología cínica del consumismo y en su “seguridad”
económica a cualquier costa. En lo fundamental, esos dirigentes y funcionarios de-
berán cumplir el mandato que les dio el pueblo, mandar-obedeciendo y no mandar-
mandando, como dicen los zapatistas.

10. Algunos desafíos de la Economía Social y Solidaria

Un desafío importante es como traducir intereses y valores no económicos


(culturales, étnicos, de género y generación, identitarios) y articularlos con los de
clase, en una propuesta de institucionalización del proceso económico de conjun-
to, interactoral e intercultural. Otro desafío es incorporar estas dimensiones en el
espacio de las políticas públicas (estatales y no estatales). Es importante reconocer
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 251

el pragmatismo inmediatista y el temor que la precariedad generada por la volati-


lidad de los mercados y la pérdida de protección ha introyectado en las mayorías.
Una Economía Social y Solidaria debe proveer mayor protección y posibilidades
de desarrollo a las personas y comunidades; y, sin embargo, dar márgenes amplios
para la iniciativa económica autónoma, el riesgo y la creatividad. Para ser plau-
sibles, las propuestas deberán combinar la anticipación de otro mundo posible y
creíble con demostraciones experienciales de que, avanzando en esa dirección, se
resuelven mejor los problemas cotidianos en el contexto de un nuevo pacto de con-
vivencia, como el del Sumak Kawsay o Suma Qamaña, Buen Vivir o Vivir Bien.
A lo dicho anteriormente debe agregarse que una de las condiciones para
lograr la sostenibilidad y desarrollo de un sector de economía solidaria, respon-
sable por los efectos que su actividad tiene sobre la sociedad, es la continuidad y
coherencia de las políticas públicas de Economía Social y Solidaria, no estatales y
estatales en sentido restringido. Cuando se habla de “políticas de Estado” general-
mente se hace referencia a que hay un acuerdo político sobre que, aunque cambien
los gobiernos, tales políticas se mantendrán. Sin embargo, esta no es la regla a la
que estamos acostumbrados. Las “innovaciones” o cambios de signo social y polí-
tico de los nuevos gobiernos o funcionarios, dan virajes que afectan los desarrollos
de nuevas formas económicas muy dependientes de la iniciativa y los recursos que
controla el Estado. 
Esto agrega otro desafío, el de la relación entre Estado y sociedad civil. Las
organizaciones y movimientos de la sociedad civil, que normalmente tienen más
permanencia que los gobiernos, deben ser potentes y jugar un papel central en las
políticas públicas. Pero esto no supone caer en la simplificación de que la sociedad
civil es la que debe impulsar la Economía Social y Solidaria, con la menor inje-
rencia posible de los gobiernos. Sin la fuerza y el poder investido en las instancias
de gobierno, no ha resultado posible realizar y sostener transformaciones cons-
cientes de alcance societal. Por lo demás, las sociedades civiles reales no pueden
ser idealizadas ni son una suerte de sujeto histórico del progresismo. Pueden ser
regresivas, incluso las organizaciones sindicales, y frenar cambios positivos que
vienen de la sociedad política y los gobiernos. Su vinculación con los poderes eco-
nómicos concentrados puede dar lugar a una sociedad manejada o amenazada por
el corporativismo. No por nada la lucha contrahegemónica, la guerra de posiciones
de Gramsci, se da en buena medida en la sociedad civil. En cada situación concre-
ta, los sujetos políticos y sociales podrán (o no) resolver esta compleja relación.
Por supuesto no hay ley de hierro en esto, y las coyunturas nacionales e
internacionales pueden influir mucho en un mundo en turbulenta transición. Sin
embargo, puede afirmarse -como lo hacen Hinkelammert y Mora (2009a)- que el
camino para fortalecer las capacidades de las mayorías para controlar una parte
creciente de la producción y gestión asociada de sus condiciones de vida (la Eco-
252 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

nomía Social y Solidaria), es un camino comunitario, más seguro que el individua-


lismo utilitarista, que la continuada búsqueda de una competitividad espuria (basa-
da en la degradación de la fuerza de trabajo y la naturaleza) y que una adaptación
compulsiva a los golpes de mercado.
La construcción de tejidos sociales y sujetos autónomos y con un grado
importante de autarquía, tanto como la protección político social ante las fuerzas
del mercado global, son imprescindibles para defender la vida. Pero esto es muy
difícil si estamos expuestos directamente a los procesos globales sin la mediación
de los Estados nacionales y sus alianzas (por ejemplo, el caso de UNASUR). El
concepto de comunidad no quiere decir ni pequeño ni puramente interpersonal, ni
local. Se puede y debe actuar solidariamente a todos los niveles, aunque a nivel
territorial (los tejidos sociales locales de proximidad y sus condiciones materiales)
la Economía Social y Solidaria debe asegurar las bases más esenciales de la sobre-
vivencia. La bandera de la soberanía alimentaria es expresión de la necesidad de
ganar autarquía y no dejar que algo tan elemental como la alimentación dependa
de las especulaciones del mercado financiero global.

Para resumir, concluimos con una cita de un trabajo del 2007:

La economía social y solidaria es entonces un modo de hacer economía,


organizando de manera asociada y cooperativa la producción, distribución,
circulación y consumo de bienes y servicios no en base al motivo de lucro
privado sino a la resolución de las necesidades, buscando condiciones de
vida de alta calidad para todos los que en ella participan, sus familiares y
comunidades, en colaboración con otras comunidades para resolver las
necesidades materiales a la vez que estableciendo lazos sociales fraternales y
solidarios, asumiendo con responsabilidad el manejo de los recursos naturales
y el respeto a las generaciones futuras, consolidando vínculos sociales
armónicos y duraderos entre comunidades, sin explotación del trabajo ajeno.

La promoción socioeconómica así encarada atiende tanto a las necesidades


materiales como a los valores y relaciones sociales [y políticas], y su coherencia
ética exige que los programas concretos sean acordados conjuntamente
entre las instancias públicas y las diversas organizaciones de la sociedad en
cada nivel de decisión relevante, con especial atención al nivel local. Siendo
necesario que el Estado proponga líneas de acción y asignación de recursos,
su diseño y aplicación contará con las capacidades, recursos e iniciativas
populares y atenderá a las prioridades y formas de acción conjunta acordadas
democráticamente por los actores de base expresando sus valores culturales.
Diversas formas de presupuestación, programación y gestación participativa
La economía social y solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien 253

serán diseñadas, sin modelo previo, con los actores, asumiendo públicamente
compromisos de lado y lado que podrán ser monitoreados por la población.

Mientras en la política neoliberal se hablaba sin lograrlo de la inclusión en


el sistema excluyente de mercado, en esta concepción se trata de la inclusión
en una sociedad multicultural pero igualitaria, a través del reconocimiento
y articulación de sistemas de producción alternativos, con la mira puesta
en los derechos sociales y políticos, individuales y colectivos, que deberán
desarrollarse simultáneamente. No hay contradicción entre individuos
y comunidades a las que pertenecen si predominan valores y relaciones
de solidaridad. El Estado cumplirá así con su obligación de garantizar la
efectivización de los derechos de la ciudadanía y de las comunidades que
establecen los compromisos constitucionales y legales, fuera ya de un sistema
estigmatizador, fortaleciendo la autodeterminación de las comunidades de
producción y reproducción.

Creemos que esta formulación de la ESS, una alternativa a la economía de


mercado de orientación neoliberal, converge con la propuesta del Vivir Bien o del
Buen Vivir.
254 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

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Economía plural y vivir bien.
¿Nuevo capitalismo o alternativa a la
modernidad capitalista?
Ivonne Farah Henrich

1. Capitalismos, economía plural y Vivir Bien

Las diversas crisis estructurales que atraviesa el capitalismo en la actualidad


y que han llegado a su centro global (Europa y Estados Unidos), están poniendo a
la deriva lo que fue su mayor conquista civilizatoria en Occidente: el estado social
protector de sus ciudadanos y la democracia. Esas crisis se intentan resolver con
la aplicación de ajustes neoliberales que fracasaron ya en nuestra región por sus
efectos perversos de diversa índole, y que generaron masivas movilizaciones de
resistencia que han rematado en transformaciones políticas profundas de carácter
post-neoliberal y, en casos, de aspiración anti o post-capitalista. Esas crisis y sus
respuestas en el Norte global contrastan con el espíritu de época emergente en
el Sur, originado en las impugnaciones y críticas a la lógica destructiva social y
natural del capitalismo, y que apuntala alternativas civilizatorias que parten del
reconocimiento de realidades culturales, económicas y sociales plurales que, en
buena medida, han nacido de la resistencia y crítica a los efectos, valores y prácti-
cas centrales del capitalismo como sistema histórico y su índole homogeneizadora
e individualista.
Las resistencias al capitalismo no son novedad, tienen raíces lejanas en el
pensamiento producido en torno a su crítica1 y, sobre todo, en las luchas y formas
sociales y políticas de lidiar cotidianamente con las contradicciones y efectos de
su específica forma de reproducción e institucionalización (Echeverría, cit en Gan-
dler, 2007). Al acompañarlo en su historia de siglos, ellas han logrado cristalizar
–en mayor o menor medida- en principios e instituciones tanto funcionales como
1 Como el humanismo social, marxismo, ambientalismo / ecologismo, feminismo, teología de la liberación, “indigenismo”,
entre otros.
258 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

contrarios a los del capitalismo; han cristalizado en formas distintas de concebir y


organizar la reproducción de la vida humana y natural, y la convivencia social a su
interior, encontrando las condiciones para resistir y/o sobrevivir bajo su dominio
sea en términos de cooperación o de conflicto.
Los conflictos y resistencias -emergentes de la capacidad de organización
y de la acción colectiva y consciente principalmente de los sujetos económicos-
han dado lugar casi siempre a reformas o transformaciones sociales en contextos
históricos y culturales concretos como diversos, han dado lugar a capitalismos
diferentes o -en palabras de B. Echeverría- a diferentes ethe de la modernidad
capitalista, los que se sustentan en estructuras socioeconómicas, culturales y polí-
ticas complejas y plurales. Aunque hablar de capitalismo histórico significa, cier-
tamente, hablar del dominio de la lógica de la acumulación incesante y privada
de riqueza en la reproducción de la sociedad; sin embargo, a su pesar, esa lógica
funciona en una sociedad constituida a partir de diversos ejes de división o con-
tradicción que se expresan en una cantidad, calidad y diversidad de sujetos o acto-
res sociales, políticos e institucionales que fundan su acción en una pluralidad de
lógicas, instituciones e interdependencias no exentas de contradicciones. Y estas
líneas de división (clivajes) son el soporte material, social y político sobre el que
se configuran las modalidades de relación entre Estado - sociedad y en el seno
de la sociedad misma. Así, el conflicto o la cooperación que de ellas emerge, se
mantiene por determinado tiempo requiriendo de instituciones políticas o norma-
tivas para procesarlos, entre las que destacan las propias acciones estatales bajo
la forma de políticas públicas.
En las formas de lidiar con los efectos y contradicciones capitalistas sub-
yacen subjetividades y/u horizontes diversos de pensamiento crítico de alcance
global, sectorial o intermedio de la realidad. Un eje fundamental del conflicto ha
girado y gira alrededor de la organización y reproducción de la economía capita-
lista, su fundamento en la separación capital-trabajo con sus específicas relacio-
nes de explotación y su lógica lucrativa de acumulación privada que deriva en el
desigual acceso a recursos y poder, en la progresiva privatización de bienes co-
munes y públicos, en la creciente explotación de los recursos naturales, la degra-
dación ambiental y de las condiciones de reproducción de la vida de la mayoría
de la gente, en el marco de una sociabilidad individualista basada en la búsqueda
de beneficios particulares.
Esta organización económica y su constante transformación tecnológica y
social, al reproducirse en el seno de una sociedad diversa y compleja social, políti-
ca e institucionalmente, ha generado una progresiva desafiliación laboral ahondada
por la discriminación, en directa relación con los dos fenómenos simultáneos pro-
ducidos por el capitalismo: desigualdad y exclusión social. Esta última sostenida
en relaciones de opresión erigidas sobre construcciones culturales y normativas
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 259

fundadas en las diferencias corporales e identidades de género, raza y etnia, edad y


otras, que hablan de unidades institucionales de prácticas diversas2.
Por ello, fue y es frecuente que los diversos sujetos económicos involucra-
dos y/o afectados por esa específica estructura productiva se organicen para repre-
sentar, defender intereses, negociar recursos, poder social y político ante el Estado
y/o ante la sociedad misma para garantizar su reproducción. En breve, la amplia
desigualdad y exclusión social, la degradación de las condiciones de reproducción
de la vida y del ambiente, han deslegitimado éticamente el capitalismo reforzan-
do el pensamiento crítico, las formas de resistencias y, también, las prácticas so-
cioeconómicas alternativas3.
El complejo proceso de expansión del capitalismo, de inicio mundializado
por el hecho de la colonización, fue articulándose en formaciones sociales diferen-
ciadas socioeconómica y culturalmente las que, según Echeverría (2002 y 2011),
podrían clasificarse siguiendo su hipótesis del “cuádruple ethos de la modernidad
capitalista”: realista, romántico, clásico y barroco4. Cada una de esas formaciones,
con sus modos particulares de recepcionar, lidiar o adaptarse a esa específica mo-
dernidad -y siguiendo ahora a Polanyi (2007 y 2009)-, presenta una pluralidad de
principios institucionalizados de integración socioeconómica: de reciprocidad, de
redistribución, de economía doméstica y de intercambios mercantiles más o menos
desarrollados y articulados de manera dinámica entre sí, como condición de repro-
ducción de la sociedad y sustento de la humanidad5. Esto en sí implica una relación

2 Nos referimos principalmente a las unidades domésticas o familiares, comunidades culturales específicas, entre otras.
3 Entendemos que de ello habla Coraggio cuando señala que “... toda economía real es una economía mixta” (Coraggio,
2007: 34)
4 En términos específicos, el ethos realista -cuyo origen sería la ética protestante y su versión contemporánea más extrema
el “american way of life”- consistiría en la intensificación del dominio de la forma valor sobre la forma natural, mientras el
ethos romántico, un intento de inversión de este dominio a través de la construcción de patrias nacionales; en cambio, el
ethos clásico sería una adaptación al capitalismo que intenta corregir los efectos perversos del mismo, pero sin atentar
contra él; finalmente, el ethos barroco, típico de América Latina, sería una forma de resistencia al sacrificio de la forma
social-natural que implica el capital. Ver Farah, Ivonne y Mauricio Gil, 2012.
5 Definidos en dos de sus textos fundamentales: La gran transformación, y El sustento del hombre, como sigue. i)
Principio de intercambio mercantil, cuya lógica de intercambio impulsa a los participantes a orientarse únicamente en
función de los precios; es decir, al margen de una relación social personalizada entre agentes durante la transacción.
Pese a ello, constituye una modalidad de ejercicio de la libertad (acto de voluntad y elección racional) que, sin embargo,
requiere para su realización no solo de instituciones de mercado sino –con frecuencia- también del apoyo de otras
como las redes sociales; ii) Principio de reciprocidad, referido a intercambios propios de estructuras sociales donde las
personas o grupos se reconocen en posición o estatus equivalente o simétrico, aunque ese reconocimiento no excluya
asimetrías y desigualdades reales. Es decir, ese reconocimiento permite la complementariedad y solidaridad propias
de la reciprocidad, sin que la complementariedad sea sinónimo de igualdad real, pero sí de intercambios recíprocos
duraderos en el tiempo con base en el lazo social/personal. Esta es su diferencia con los intercambios mercantiles donde
ese lazo es, por lo general, inexistente. iii) Principio de redistribución, se desarrolla al interior de una estructura política
centralizada y jerarquizada, y muchas veces articula las anteriores dos lógicas. Los bienes que se redistribuyen circulan
entre el centro político o el estado esencialmente y los otros espacios; tal es el caso de la redistribución de ingresos o
de bienes públicos (salud, educación, etc.). Este principio se enmarca en la relación estado – individuos mediada por la
ciudadanía; es decir, está inmersa en relaciones de dominación y/o de tutela. Se extiende este principio a los sistemas
260 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

entre estado, economía y sociedad. O, más propiamente, según Polanyi, implica


que toda economía está inserta en la sociedad; es decir, no solo toda economía es
plural sino, necesariamente, social. Y, particularmente, en el caso de la economía
capitalista6, lo es por la necesidad de “hacer vivible lo que es profundamente invi-
vible: la contradicción entre la tendencia creativa que emerge de la sociedad y la
tendencia destructiva inherente a la lógica capitalista” (Echeverría, 2002).
Articulando las reflexiones de Echeverría y Polanyi, podría decirse que exis-
ten variedades de capitalismos o de “modernidades capitalistas múltiples” que re-
flejan –entre otros elementos centrales (historias, geografías, culturas, etc.)- las
diferentes adaptaciones o reformas creativas a los valores y prácticas de la moder-
nidad capitalista realmente existente, según el mayor o menor peso que adquiere
cada uno de los principios de integración y el modo de interpenetrarse o tensio-
narse entre sí mediante las dinámicas políticas e institucionales fundadas en la
composición socioeconómica y cultural de cada formación social. En breve, el tipo
de capitalismo será producto de las correlaciones de fuerza y éticas en juego, del
empuje del pensamiento crítico y de las luchas o resistencias creativas que rematan
en decisiones políticas. Según su fuerza, los principios de solidaridad y justicia que
subyacen a los de reciprocidad y de redistribución, se podrán fortalecer sin cues-
tionar el principio de intercambio mercantil y el dominio del capital. Tal el caso de
la experiencia del capitalismo bajo el modelo de Estado de Bienestar sustentado
en un amplio despliegue del principios de redistribución y de economía doméstica.
Dicho de otro modo, según el peso -que es dinámico- de esos principios se pro-
ducirán las reformas o transformaciones sociales del capitalismo redefiniendo los
parámetros reproducción social, de los patrones de la acumulación y regulando los
comportamientos e intereses individualistas y competitivos que afloran en el mer-
cado libre. Como señala Hillenkamp (2011) citando a Laville, estas transformacio-
nes no ocurren exentas de conflictos, menos aún cuando cada uno de los principios
de acción se despliega en el marco de relaciones jerárquicas y/o contiene elemen-
tos opuestos a su interior y no sólo en el marco de sus articulaciones.
Por el contrario, un cambio hacia una modernidad realmente alternativa a la
capitalista tendría que fundarse en la neutralización o retroceso de la dominación
de la lógica capitalista, mediante un tránsito progresivo hacia el reconocimiento

comunitarios, los fundados en el patriarcado, o la filantropía (caridad, iglesias, etc.). iv) Lógica de la economía doméstica
se caracteriza por constituirse con base en relaciones primarias (familiares o de parentesco) y –en ese marco- compartir
recursos y medios de sustento al interior de la unidad doméstica para satisfacer las necesidades de sus miembros. Las
reglas o normas de intercambio, reciprocidad o redistribución a su interior no son necesariamente equitativas, pues
dependen de las jerarquías que funcionan a su interior con base en el trabajo, la edad, el sexo. Requiere articularse
con los otros principios para construir lazos societales y remontar su aislamiento (Ver Hillenkamp, 2011; y J.L. Coraggio,
2009). Como podrá verse, el principio de intercambio trasciende el intercambio mercantil y no está restringido a la
acumulación de capital; tal es el caso del intercambio en el marco de la reciprocidad y de la redistribución.
6 Aunque desde su lógica se haya producido la ideología o ficción de su auto-regulación por el mercado libre.
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 261

y jerarquización de los valores y prácticas socioeconómicas, culturales y políticas


apegadas a principios de reciprocidad y redistribución en su reproducción, más
afines con la ética de la sostenibilidad de la vida social y natural; y hacia una so-
ciabilidad que genere mayor cohesión social y humana. Avanzar en esa perspectiva
no plantea necesariamente un cambio en la organización misma de los procesos de
producción, pero sí en las instituciones y relaciones sociales, y en las lógicas de
articulación del funcionamiento de la economía en conjunto7.
Esta ruta sería concordante con el discurso y práctica de la “revolución de-
mocrática y cultural” que se ha propuesto transitar Bolivia; “revolución” que8,
igualmente, transcurre bajo la pluralidad de principios institucionales de integra-
ción y formas de organización de la reproducción de la vida, ya mencionados. Es
decir, se enfrenta a una multiplicidad de ámbitos de los que emergen relaciones
de poder (como la familia, el mercado, el Estado, la comunidad, la economía ca-
pitalista, etc.), que incluyen una organización plural (o mixta) de la economía
entendida en su sentido amplio como espacio complejo de relaciones sociales bajo
las que se producen las condiciones materiales que aseguran la reproducción de la
vida, que incluye formas de sociabilidad, de producción, distribución, intercambio
y consumo muy diversas; además de las capitalistas, están presentes las de la eco-
nomía doméstica, las de economías de reciprocidad y/o las mercantiles no impul-
sadas por la acumulación de capital sino por estrategias propias de reproducción y
construcción de mercados específicos. En gran medida, estas formas, junto a otras,
se vinculan con la hoy llamada economía social, étnica, popular y/o solidaria.
Además del carácter social de la economía, cuya reproducción involucra
instituciones sociales y políticas, es preciso reconocer la complejidad no sólo eco-
nómica sino también cultural y política de la pluralidad de formas de produc-
ción económica misma de bienes y servicios, a la vez conflictivas y complemen-
tarias en su accionar.
El redimensionamiento de la economía social como una economía plural
implica una pugna política por la lógica y ética de la economía en conjunto, ya no
sólo por su lugar en la sociedad sino por su sentido histórico y el carácter de sus
relaciones con la política, la sociedad y la cultura. En los hechos –más que en el
discurso y pensamiento- ello transcurre en la dinámica complementariedad/con-
tradicción, cuando no en el desplazamiento de alguna de esas formas fuera de la
esfera considerada económica, de manera formal (Wanderley, 2011). En el camino
hacia una modernidad alternativa a la capitalista, esa dinámica -en un contexto
de revolución democrática y cultural- podría procesarse por la vía de reformas y

7 Esta hipótesis se basa en la tendencia actual hacia una creciente función de responsabilidad social de las empresas, y
hacia a iniciativas de movimientos empresariales a favor de la conservación y uso sostenible de la biodiversidad (caso de
Natura en Brasil, por ejemplo).
8 Más allá de sus múltiples y complejas dimensiones y contradicciones.
262 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

transformaciones que involucren también a las instituciones, normas, decisiones y


regulaciones políticas de manera constante y progresiva hacia un fortalecimiento
tal de los principios y las formas de economías de reciprocidad solidaria y de insti-
tuciones de redistribución, que aseguren tanto su reconocimiento como su coexis-
tencia armoniosa de cara a un horizonte compartido. Es decir, hacia este horizonte
como deseado colectivamente y no solo como presencia fruto de las resistencias,
de iniciativas locales o de base.
En esta dinámica, la ética feminista, humanista, ambientalista y religiosa
se incorporan al debate universal sobre paradigmas alternativos. En términos más
locales, y en Bolivia en particular, la noción ética del Vivir Bien (VB) se añade a
ese debate alimentando las alternativas en el esfuerzo de armonizar o disciplinar
la lógica, valores y prácticas capitalistas a favor de un canon cada vez más amplio
de reciprocidad y redistribución; de un horizonte de sostenibilidad y defensa de la
vida humana, social y natural, y de la sociabilidad colectiva y solidaria que pro-
yecta la ética del VB. Esta noción se emparenta con valores y prácticas ancestrales
indígenas de reproducción, que cristalizan en formas económicas no capitalistas,
como la economía doméstica y las variadas formas de economía social y solidaria
(ESS). Así, algunas versiones de los debates sobre paradigmas post-capitalistas,
identifican a la economía social y solidaria (ESS) como la economía propia del VB.
Las acciones políticas para transitar en esa perspectiva deben enfrentar va-
rias preguntas. Entre ellas, la factibilidad de avanzar en esa dirección con base en
la pluralidad económica real (que es también cultural y política) y desde la subjeti-
vidad existente; qué posibilidad tienen las formas de economía solidarias, urbanas
y rurales -en sus expresiones bolivianas: economía cooperativa y social comuni-
taria- para liderar una transformación gradual y radical, en tanto representación
de una forma y práctica económica –que conceptualmente contradice la lógica
capitalista- y para empujar desde su sociabilidad y energías el proceso más allá de
los conceptos (Sousa Santos, 2011).
Los estudiosos de una economía otra coinciden en señalar que, si bien los
valores y las prácticas que le serían inherentes han nacido de la crítica y resistencia
a la lógica y contradicciones capitalistas, lo han hecho también a su interior; es
decir, el predominio del capitalismo no las excluye, las acepta, tolera y hasta las
expande; pero también puede contaminarlas (Sousa Santos, 2011) y sujetarlas a su
dominio. Muestran, pues, que esa inclusión es compleja; exige acciones políticas
que aporten a su sostenibilidad y fortalecimiento, y también reformas radicales que
regulen y/o transformen la economía capitalista de la que, hasta el presente, se ha
nutrido la sostenibilidad de otras formas de economía, incluida la economía soli-
daria. Son significativos los excedentes generados por la economía capitalista que,
directamente o mediante su centralización, se redistribuyen a través de diversos
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 263

mecanismos9. A ello hay que sumar el debate sobre el carácter capitalista o no de


las economías y empresas estatales orientadas a la generación de excedentes en su
relación -muchas veces- con empresas capitalistas mismas10.
Otra pregunta es la referida a la subjetividad de los agentes de las econo-
mías no capitalistas o solidarias, y su capacidad para proyectar su sentido, valores
y principios como horizonte y subjetividad compartidos, para enfrentar la des-
igualdad, exclusión social y el daño real causado a la naturaleza más allá de su
inmediato entorno, y para generar las condiciones generales de sostenibilidad de la
vida social en su conjunto. Ese horizonte y subjetividad deberían trascender a las
colectividades involucradas en las mismas y expandir el espacio de las formas de
producción social no capitalista (Sousa Santos, 2011).
Como sostiene Hintze, la “potencialidad de la economía social y solidaria en
América Latina como estrategia alternativa al capitalismo es una cuestión abierta.
Por potencialidad se entiende aquí aquello que está en lo posible y aún incipiente-
mente en acto, a la vez que refiere al poder y a la fuerza que requiera su construc-
ción” (Hintze, 2010: 16).
En el mismo sentido, quienes están reflexionando sobre la Economía So-
cial y Solidaria (Sousa Santos entre ellos), consideran como desafío principal la
elaboración de enfoques, políticas y prácticas a diferente escala que -en la transi-
ción- eviten que la articulación de las economías plurales no desvirtúe los valores
y principios de las economías solidarias o no capitalistas ni, por tanto, el horizonte
del Vivir Bien. Lo anterior significa que más allá de importantes batallas culturales
y políticas a favor de una nueva hegemonía (en el sentido gramsciano del térmi-
no), las acciones externas estatales y otras de principios afines, son importantes
en la constitución del sujeto político de esa otra economía, que trascienda a los
directamente involucrados en ella; en la adopción del reto del Vivir Bien y de con-
ducir la economía plural hacia un sentido post-capitalista de producir, distribuir y
consumir, sostenido en estructuras sociales y económicas regidas por principios de
solidaridad y justicia.
En lo que sigue, se intenta utilizar este marco general para analizar aspec-
tos del proceso actual boliviano en dos niveles. Un nivel más meso que hace una
aproximación al alcance del espacio de ESS en el país, y su relación con los nue-
vos marcos normativos que se gestan actualmente en Bolivia. En este caso, no nos
introducimos en el debate conceptual sobre ESS ni en los enfoques orientados a su
sostenibilidad11, simplemente intentamos interpretar su alcance desde el discurso

9 Como son, por ejemplo, la responsabilidad social empresarial, el sistema financiero de segundo piso, o las políticas
económicas y sociales.
10 Y en el caso boliviano, organizadas con base en la explotación de recursos naturales no renovables.
11 Ese debate es parte de un programa de investigación a iniciar durante 2013.
264 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

constitucional y el expuesto en documentos institucionales de representación de


los sujetos de economía social y solidaria. Y, un nivel más general o macro, en
torno al discurso oficial/estatal sobre el VB y el rumbo del desarrollo en el marco
de la “revolución democrática y cultural” en curso, considerando algunos de los
principales documentos normativos del Estado y los términos en que se concep-
tualiza la economía plural.

2. Bolivia: discursos sobre el movimiento de economía solidaria y


comercio justo (MESCJ)12

Lo que hoy llamamos economía social y solidaria (ESS)13 en Bolivia, tiene


una historia antigua que se vincula con el amplio espacio que tiene la persistente
organización de la producción agropecuaria en las comunidades y unidades do-
mésticas rurales, y la producción artesanal rural y urbana, y de manera escasa
cooperativas en el campo de la intermediación financiera de apoyo a la producción,
intercambio y consumo, y algunas experiencias en producción industrial y artesa-
nal14. Su amplitud está relacionada con las características y escasa extensión que
adoptó en Bolivia el desarrollo de la economía capitalista clásica, asociada con la
explotación de recursos naturales y con las finanzas, cuyos efectos multiplicadores
y de generación de empleo han sido escasos.
En general, esta economía social y solidaria se sustenta en las unidades do-
mésticas (hogares, familias) y comunitarias que se reproducen de manera dinámica
y cambiante según la naturaleza de sus energías propias, vínculos con la sociedad
y las economías más amplias (“construcción” propia de mercados, migraciones,
redes, etc.) y según sus propios alcances (subsistencia, generación de ganancias y
hasta algunos grados de acumulación de riqueza para asegurar una reproducción
ampliada de la vida personal, social y cultural); así como para una importante di-
versificación económica15.

12 Este apartado se nutre fundamentalmente del trabajo de I. Hillenkamp (2011), algunos documentos de la Plataforma
(2007) y el MESCJ (2011), otros promovidos por la FDMB (2006) y varias reuniones de trabajo sostenidas con la dirección
del MESCJ.
13 De manera general, se alude a diversas formas de organización de la producción que se basan en principios de
asociatividad, solidaridad y relaciones de reciprocidad, frecuente pero no exclusivamente fundadas en la propiedad
colectiva o de manejo colectivo, y cuya producción se destina a la subsistencia o también a la generación de excedentes,
pequeñas ganancias e incluso capital para asegurar la reproducción ampliada de la vida, primordialmente. Estas formas
suponen una importante articulación entre reciprocidad (con base en afinidades culturales) y amplios intercambios
mercantiles como principios no antagónicos, contradiciendo las propuestas más difundidas sobre la economía de
reciprocidad considerada como espacio de no mercado (Por ejemplo, D. Temple).
14 En este caso, nos referimos a la muy significativa experiencia de El Ceibo y su singular forma cooperativa de producir, y
ASARBOLSEM (Asociación de Artesanos de Bolivia “Señor de Mayo”).
15 Sobre esto último, ver Tassi, 2012.
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 265

Su reconocimiento en el concepto de Economía Solidaria es muy reciente


(2007); sus integrantes están relacionados con los procesos de constitución del
campesinado moderno y posterior diferenciación social entre las organizaciones
de productores campesinos, producto de la Reforma Agraria (1953) que vino con
la Revolución Nacional del 52 y que, en tierras altas, dio origen a la constitución
de unidades de productores campesinos organizados sobre la pequeña propiedad
familiar y vinculados al mercado16, sin que ello haya significado necesariamente
desestructurar la comunidad social y política o incluso la comunidad económi-
ca y/o de trabajo. También requirió que este sujeto campesino, en sus diferentes
formas y sentidos organizativos, configurara estructuras asociativas de coordina-
ción de su accionar socioeconómico bajo la influencia de modelos cooperativos y
“sindicales” difundidos en el país durante las décadas de los 60 y 70 (Hillenkamp,
2011: 66) y que aún siguen vigentes de manera amplia.
Desde las asociaciones o “sindicatos” agrarios de los pequeños (y medianos)
productores familiares principalmente de alimentos17, y de las de artesanos, se
han estructurado poderosas organizaciones como las Organizaciones Económicas
Campesinas (OECA) y su Comité de Integración de Organizaciones Económicas
Campesinas (CIOEC)18; y la Asociación de Organizaciones de Productores Eco-
lógicos de Bolivia (AOPEB), ambas creadas en 1991. Igualmente, están las aso-
ciaciones de artesanos (“Señor de Mayo” y Q’antati) con las cuales, además, se
constituye casi dos décadas después (2009) el Movimiento de Economía Solidaria
y Comercio Justo (MESCJ), como intento de contar con un sujeto sociopolítico
capaz de impulsar sus reivindicaciones.
Dos antecedentes importantes de este movimiento son, por un lado, la Red
Nacional de Comercialización Comunitaria (RENACC), creada en Bolivia a se-
mejanza de la Red Latinoamericana de Comercialización Comunitaria (RELACC)
que nace en Ecuador en 1991, cuya finalidad es el fomento de espacios de comer-
cialización directa sin intermediación (tiendas de barrios, ferias locales, regio-
nales y nacionales, actualmente vecinales), apertura de mercados y mejora de
las condiciones de venta a grandes comercializadoras. Y, por otro, la Plataforma
Multisectorial de Promoción y Desarrollo de la Economía Solidaria y el Comercio
Justo de Bolivia, creada en marzo de 2007.

16 Cuya dinámica organizativa y política ha tenido remates socioeconómicos, clasistas e ideológicos diferenciados.
17 Si bien existen importantes cooperativas como El Ceibo, fundamentalmente.
18 La acción política de las OECA tiene varias fases, desde la generación de servicios a los socios mediante la promoción
de la “comercialización comunitaria” (que para los 2000 pasa a comercio justo), asistencia técnica y capacitación en
los 90; hasta su brega por ser reconocidos como agentes económicos de la EBRP 2001, y su activa movilización por
una asamblea constituyente, para la cual elaboraron una primera propuesta sobre economía social (2005) y para los
regímenes económico y agrario (2006 y 2007).
266 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

El conjunto de organizaciones y asociaciones que conformaron la Plata-


forma19 incluye economías de subsistencia y, tal como su nombre indica, están
vinculadas al mercado como espacio de intercambio y de obtención de ingresos
monetarios que se orientan mayormente a su reproducción ampliada, con base en
mercados de productos orgánicos y de comercio justo a nivel internacional, sobre
todo. En su presentación, la Plataforma señala su intención de constituirse en “una
alternativa al sistema neoliberal y en una estrategia de lucha contra la pobreza”,
para lo cual se propone “generar cambio en la concepción tradicional de econo-
mía, mirando desde las necesidades concretas de los productores. Específicamente,
se busca la inserción de las prácticas de Economía Solidaria y Comercio Justo
en las políticas del Estado para asegurar el reconocimiento y la promoción de los
sectores desfavorecidos; y se demanda la creación de una Dirección de Economía
Solidaria y Comercio Justo dentro del gobierno para lograr el “cambio” que plan-
tea el actual gobierno al Estado” (Plataforma, 2007; cursivas nuestras)20. Es decir,
se incluye en esa formulación distintos niveles de desarrollo de esta economía:
como espacio de lucha contra la pobreza, como espacio económico no tradicional,
y como economía, por tanto, alternativa que esté en la base de los cambios.
Su acción política ha tenido incidencia significativa en el actual ciclo políti-
co boliviano que se refleja en la nueva Constitución Política del Estado aprobada
en febrero 2009 (NCPE 2009), a cuyo texto contribuyeron. Y, en efecto, esta NCPE
-además de señalar el sentido plurinacional de la reforma estatal y el horizonte
ético del Vivir Bien- reconoce un “modelo económico plural” fundado en una
economía plural constituida por las economías: estatal, privada, social comuni-
taria y cooperativa (Art. 306) de las cuales se espera eliminar la pobreza, mejorar
la calidad de vida, generar empleo, y proteger el medio ambiente; o sea el vivir
bien (Art. 312 y 313).
En cuanto al discurso sobre ESS originado en el actual ciclo de profundas
transformaciones políticas, la NCPE dispone que la economía plural “articula las
diferentes formas de organización económica sobre principios de complementarie-
dad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, seguridad jurídica, sus-
tentabilidad, equilibrio, justicia y transparencia”, en cuyo marco “la economía
social y comunitaria complementará el interés individual con el Vivir Bien co-
lectivo” (Art. 306, III, resaltados propios).

19 Además de CIOEC, AOPEB, asociación de artesanos “Señor de Mayo” y Q’antati, están UNAP-Bolivia, El Ceibo, Asia–
Chuquisaca, CEPAS–CARITAS Bolivia y CARITAS La Paz, Centro Gregoria Apaza, CDIMA, CECI Bolivia, RENACC La Paz,
Tarija, Oruro, Municipio de Sucre, CONACOPROQ (Comité Nacional de Competitividad y Productividad de la Cadena de la
Quinua), principalmente.
20 En la actualidad, a estas asociaciones de pequeños productores rurales se han venido sumando otras formas económicas
organizadas como auto-emprendimientos, que se fueron multiplicando a consecuencia de los ajustes neoliberales en la
década de los 90; los que también demandan un conjunto de políticas públicas para su sostenibilidad fundada sobre
todo en su reproducción ampliada.
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 267

En el marco de las políticas sectoriales, se señala que “el Estado protegerá y


fomentará las organizaciones económicas campesinas y las asociaciones u orga-
nizaciones de pequeños productores urbanos, artesanos, como alternativas solida-
rias y recíprocas. La política económica facilitará el acceso a capacitación técnica
y a la tecnología, a los créditos y a la apertura de mercados, y al mejoramiento de
sus procesos productivos”. Asimismo, apoyará la producción artesanal con identi-
dad cultural, dará asistencia técnica y preferencias a compras gubernamentales de
productos de los pequeños productores (Art. 334, cursivas propias).
Es decir, por un lado, se trataría de fortalecer deliberadamente desde el Esta-
do los principios y formas de sociabilidad no capitalistas, atribuidos a la economía
social comunitaria, cooperativa y, en cierta medida, también privada, para asegurar
su viabilidad o sobrevivencia en el contexto amplio de una economía plural de do-
minio capitalista, privada y estatal (De Sousa Santos, 2010). En este caso, se parte
del reconocimiento de que las formas de economía social y solidaria se reproducen
con apoyo de la lógica redistributiva del Estado, en el marco de una economía mix-
ta o heterogénea y de una multiplicidad de principios para su regulación.
Pero, por otro lado, vale la pena hacer notar que el texto constitucional deja
en claro que solo esta economía social y comunitaria se asocia al “vivir bien co-
lectivo”; que la economía solidaria queda adherida a las economías comunitarias
campesinas e indígenas originarias, y que es a ellas a las que se atribuye los valores
y prácticas del vivir bien. Esto pone una interrogante al alcance real de algunos
de los principios de articulación entre las diferentes formas de la economía plural,
antes señalados; lo que alude también a los horizontes normativos de los cambios
impulsados por el propio Estado.
Con todo, y aunque las acciones sectoriales no especifican aquellas relativas
a la subjetividad, la novedad de la NCPE está en la disposición de que “todas las
formas de organización económica establecidas en esta Constitución gozarán de
igualdad jurídica ante la ley” (art. 311, I, cursivas propias); es decir, establece su
igualdad de estatus. Un reconocimiento que equivale a la incorporación de la ESS
en el proyecto político en curso, al margen de cuánto se haya avanzado en ello; y
a la obligación del Estado para promover políticas a nivel meso que aseguren la
viabilidad y reproducción de la pequeña producción rural y urbana en el contexto
amplio de la economía plural. Si bien esta no es una cuestión menor en Bolivia,
donde la economía plural es aún de dominio capitalista privado, es también evi-
dente que la ESS deberá convivir con las otras economías en un contexto que
tiende a fortalecer cada vez más la economía estatal21.
Como se observa hasta acá, no se trata de conformar la economía solidaria
como estrategia alternativa o superadora de los espacios de la economía privada
y/o capitalista, sino un espacio económico de igual estatus y complementario al

21 Donde la frontera entre producción – reproducción, entre público - privado es todavía difusa.
268 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

que se le otorga prioridad solo en el “apoyo a la organización de las estructuras


asociativas de micro, pequeñas y medianas empresas de producción, urbanas y
rurales”, y sobre todo del ámbito rural (Art. 318, II y IV).
En consonancia con la idea y el discurso prevaleciente de un vivir bien in-
herente a las colectividades indígenas, que acompañó el proceso político iniciado
en 2006 sobre todo en sus primeros cuatro años y, por lo visto, con el texto cons-
titucional, el actual MESCJ reivindica su vínculo con las culturas indígenas (pro-
pias del origen de sus organizaciones afiliadas) y con los valores de solidaridad y
reciprocidad que darían fundamento a las prácticas económicas y simbólicas que
sustentan el vivir bien en convivencia.

“El movimiento de la Economía Solidaria y del Comercio Justo tiene raíces


muy profundas en las culturas originarias las que aun en el presente se
practican en los ayllus y las comunidades rurales. Los principios de la vida
comunitaria como la solidaridad, la reciprocidad y la equidad son principios
que busca el “vivir bien y en armonía” que traducido en aymara es el
“Suma Qamaña” (Plataforma Permanente Multisectorial para la Economía
Solidaria y el Comercio Justo en Bolivia, 2007: 6).

En general, pueden verse varios momentos en el proceso de estructuración


y desarrollo del MESCJ que, en términos ideológicos, parte de su identificación en
resistencia y cuestionamiento a los valores y prácticas hegemónicas de las econo-
mías capitalistas; sin embargo, como se ha visto en el texto constitucional, no se
plantea hasta el momento la sustitución de esas economías. Su demanda central ha
sido lograr su igualdad de estatus. En ese sentido, se observa un hito importante
con la aprobación (12/2011) de su “Estrategia Plurinacional de Economía Solida-
ria y Comercio justo para Bolivia”, donde se incluye como tarea fundamental la
elaboración y aprobación del proyecto de Ley de ES y CJ, como instrumento vin-
culante y requisito para lograr políticas de Estado que fortalezcan esta economía.

3. Realidad del Movimiento de Economía Solidaria y Comercio Justo

Desde su denominación y en coincidencia con el concepto constitucional de


economía solidaria, el MESCJ rompe con la idea de contraposición entre recipro-
cidad e intercambio mercantil, entre no mercado y mercado como medio de acceso
a ingresos monetarios; a la vez, no cuestiona la propiedad privada o individual.
Esta, en sus formas de propiedad familiar e individual: micro, pequeña y hasta
mediana y grande22 no es incompatible con la posibilidad de asociatividad solida-

22 Ver, por ejemplo, el caso de toda la cadena económica de la carne vacuna (ganaderos, productores o faenadores y
comercializadores) en la investigación de Tassi, 2012.
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 269

ria y de práctica de relaciones de reciprocidad. La solidaridad y reciprocidad que


prima en las relaciones internas y organizativas tampoco está reñida con el mer-
cado; éste más el apoyo de políticas públicas -para gran parte de las unidades- son
condiciones de su reproducción sea en términos de subsistencia o de generación
de excedentes. No está, pues, en discusión la necesidad del mercado ni se ignora
la distinción entre mercancía y capital que hace Echeverría (2011) al señalar que
el mercado es una “conquista civilizatoria” que solo en la modernidad capitalista
se convierte en un mecanismo para expropiar trabajo ajeno (Echeverría, 2011).
Esta distinción parece primar en las prácticas que lidian con el mercado existente
y aquellas que incluyen la construcción propia de mercados, principalmente sec-
toriales (Tassi, 2012).
Según los hallazgos de Hillenkamp (2011)23 sobre la dinámica de reproduc-
ción de la economía social y solidaria en Bolivia, su espacio No es un espacio ce-
rrado (doméstico, comunitario y/o local). La configuración del MESCJ da cuenta
de que el espacio de la economía social y solidaria, en Bolivia, se ha constituido en
buena medida, con base en la asociatividad de unidades de productores familiares
individuales o comunitarias, de propiedad individual. Esa asociatividad les da la
posibilidad de compartir recursos en los diferentes momentos del proceso de pro-
ducción social (producción, distribución e intercambio sobre todo: materias primas,
recursos financieros, medios de trabajo, clientes, escalas de ventas, otorgarse “cré-
ditos”, etc.) con base en relaciones mercantiles, pero generando espacios de discu-
sión y decisión colectiva. Sería esta asociación y sus consecuencias en el uso com-
partido de recursos lo que genera las condiciones para: (i) relacionarse en igualdad
de estatus con las otras formas de economía y principios, y (ii) mantener los valores
y prácticas solidarias al interior bajo relaciones de igualdad entre los asociados.
Sin embargo, la acción política del movimiento y de sus asociados no hace
referencia prioritaria a la comunidad, locus primario de la solidaridad y recipro-
cidad, no solo por su origen en la base familiar e individual ya mencionado, sino
también por el fuerte peso de regulaciones y normas externas que les afecta y que
sustentan su reproducción. Es decir, códigos modernos. Así, su reproducción no
se sustentaría únicamente en la posibilidad de compartir, sino en los intercambios
mercantiles que son complementados con ciertos mecanismos de redistribución
desde el Estado mediante sus políticas; y, en buena medida, basados principalmen-
te en el comercio justo a nivel internacional. Son más recientes los esfuerzos basa-
dos en el comercio a nivel nacional mediante ferias de venta directa de productor
a consumidor24.

23 En lo que sigue, las referencias a la dinámica del MESCJ tienen base en este trabajo.
24 El criterio de comercio justo en este caso hace referencia a un mejor precio para el productor y consumidor mediante la
eliminación de la intermediación comercial. Ver entrevista a presidente de CIOEC, Boletín PIEB, 2012.
270 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

Queda claro que el comercio justo y orgánico requiere del principio de re-
distribución, pues -además de capacitación y asistencia técnica- demandan fondos
financieros (rotatorios) para compra de materias primas, certificaciones de calidad
y otros, que son adicionales a los recurrentes y, por lo general, provistos por ONG,
cooperación internacional y/o el Estado. En suma, son fondos provenientes mayor-
mente del excedente capitalista internacional y nacional.
En este marco, las interdependencias en las relaciones entre las diferentes
formas y principios de regulación no están exentas de tensiones, ni de consecuen-
cias que pueden ser no deseables.
Por ejemplo, entre reciprocidad y redistribución, las relaciones entre uni-
dades de ESS y el Estado u ONG, con base en recursos financieros, pueden ge-
nerar dependencias que establecen jerarquías o relaciones de poder que niegan la
igualdad de estatus en sus relaciones mutuas, a pesar del discurso. En cuanto a las
relaciones de la economía solidaria con la economía capitalista como proveedora
de materias primas y otros medios, es difícil sustraer las relaciones de competencia
entre ambas; lo que pone en tensión los principios de reciprocidad y del intercam-
bio guiado por la acumulación (Hillenkamp, 2011).
Pero estas tensiones no son exclusivas de las relaciones entre formas y lógi-
cas económicas opuestas; también se dan en la relación entre economía solidaria y
la economía doméstica. Una dimensión central de ellas se funda en la inequidad de
género tanto en términos estructurales como dinámicos, a partir de la multiplica-
ción de organizaciones económicas compuestas por mujeres de manera exclusiva
o predominante, en respuesta a la necesidad de conciliar la generación de ingresos
con el trabajo de reproducción. La invariable naturalización del trabajo reproduc-
tivo como responsabilidad de las familias, vale decir de las mujeres, y la ausencia
de políticas redistributivas de protección y sostenibilidad de la vida en un contexto
en que la base organizativa de la economía solidaria es principalmente la unidad
doméstica, familiar o comunitaria, fomentan la articulación de espacio y tiempo
de producción y reproducción. Ello no solo refuerza esa naturalización, que nor-
malmente supone un subsidio de la economía doméstica al sustento de la economía
solidaria (también extensible al conjunto de la economía), sino que se traduce en
discriminación de las mujeres como gestoras de recursos25.

25 Esta cuestión merece una reflexión específica por ser constitutiva del conjunto de la economía. Pero, dado los principios
que moverían la ESS, es fundamental una evaluación de la situación actual de los derechos de las mujeres en el marco
de la ESS, así como del potencial de transformación social que ella puede tener para encararlos a partir de su diferencia
con la casi generalizada separación entre ambos espacio doméstico y espacio productivo en el contexto de la economía
capitalista. ¿Es la auto-organización de las mujeres en torno a experiencias de economía social un instrumento de
promoción de sus derechos, o es solo un instrumento más de la dominación y explotación fundadas en el género? ¿De
qué modo las relaciones de reciprocidad y solidaridad propias de la economía solidaria se proyectan a las relaciones en
las economías domésticas en términos de responsabilidad compartida del trabajo doméstico entre hombres y mujeres?
¿Puede considerarse la ES una economía alternativa a otras economías sin hacer de la equidad de género un elemento
distintivo de su carácter de transformación?
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 271

Hasta acá, pues, se muestra la dificultad de una reproducción de la economía


social y solidaria en términos materiales sin el apoyo o solidaridad interna y exter-
na; es decir, sin las otras economías y el principio de redistribución estatal, pero no
exclusivamente26. Como se vio en el discurso de la NCPE, las disposiciones rela-
tivas a la economía plural y a las políticas sectoriales favorecen el fortalecimiento
de la economía social, lo que ya refleja una voluntad estatal de apostar también por
el fortalecimiento del sujeto de la economía solidaria.
Sin embargo, no es suficiente la constitucionalización del principio de reci-
procidad y solidaridad; su protección requiere su institucionalización para regular
los intercambios en el marco de las tensiones más allá de las acá ilustradas. Pero,
sin duda, se requiere mucho más si la aspiración apuntara a hacer predominante
ese principio y el de la redistribución.
Es cierto, avanzar en esa dirección requiere no solo voluntad y acción esta-
tal sino también acción política. En este sentido, el Plan Estratégico 2010- 2014
del MESCJ ratifica su carácter de espacio de representación de las asociaciones
de organizaciones económicas campesinas y de artesanos, y con ello su decisión
de actuar políticamente. Un objetivo central de esa acción se orienta a “promover
la inclusión de la ES y CJ en las políticas gubernamentales como alternativa al
sistema neoliberal y una estrategia de lucha contra la pobreza” (cursivas nuestras).
Hacia allí se propone buscar “cambios en la concepción de la economía, mirando
las necesidades concretas de los productores” … “la inserción de las prácticas de
ES y CJ en las políticas del Estado para asegurar el reconocimiento y la promoción
de los sectores desfavorecidos”. Y se requiere la creación de una dirección de ES
y CJ dentro del Gobierno para lograr el “cambio que plantea el actual gobierno” y,
en lo específico, se demanda “el desarrollo y la generación de empleo digno” en el
marco de la equidad, de la reciprocidad, solidaridad y complementariedad practi-
cadas por los pueblos indígenas para “vivir bien y en armonía”.
El Plan plantea el vínculo directo e identificación entre el sentido de la ESS
y la ética del Vivir Bien; los valores y principios de armonía o reciprocidad entre
los seres humanos y entre estos y la naturaleza como afines a su movimiento; sin
embargo, sus objetivos no expresan un horizonte de cambios distintos a los cono-
cidos, o una pretensión política de trascender sus valores y prácticas más allá de su
propio espacio, de su estatus igualitario con los otros valores y prácticas económi-
cas. El VB es un objetivo (“para vivir bien...”); y el combate al sistema neoliberal
no es, estricto sentido, un combate a la economía capitalista, sino el reclamo de
fortalecimiento del Estado como mecanismos de dirección del desarrollo y del
principio de redistribución que le es propio, en su beneficio.

26 Algunos estudios muestran experiencias internacionales que señalan caminos de cómo avanzar en una perspectiva de
mayor auto-sostenimiento.
272 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

Esto puede ser resultado de lo que los escasos estudios (Hillenkamp 2009,
2010 y 2011) señalan sobre el MESCJ: la existencia de una gama heterogénea de
sujetos a su interior. En sus documentos puede verse que sus motivaciones privi-
legian las lógicas mercantiles sobre otras al apuntar a “aprovechar las oportuni-
dades del mercado para vender sus productos, desarrollar nuevas oportunidades
de venta al nivel local, nacional e internacional y asegurar su abastecimiento al
mejor precio”. En palabras de los dirigentes del MESCJ, se busca la “gestión de
la producción, generación de valor agregado, búsqueda de mercados” y en espe-
cial la “elaboración de estrategias de mercado para el comercio justo” (MESCJ,
2010: 18 y 21). El mercado aparece como principio articulador primordial entre
las diferentes formas de la economía plural, sin que ello signifique -ciertamente-
sacrificar sus espacios de economías asociativas y alternativas. Esa articulación
por el mercado, que incluye los varios mercados si bien se prioriza el de comercio
justo, no está exenta de tensiones en el ámbito de la economía plural. A priori, esta
economía plural no supone por definición simetría en las relaciones entre sus di-
versas formas, sino más bien conflictos sobre todo si la orientación de las políticas
privilegia una de ellas, hoy por hoy la economía estatal. Así, esa articulación gira
entre complementariedad y conflicto cuando no antagonismo.
Cuan complementarias y cuan antagónicas puedan ser las relaciones entre
las diferentes economías, va depender en gran medida de la naturaleza de las
lógicas que sustentan la acción política, sobre todo desde las políticas públicas
que se siguen formando e implementando desde el exterior del movimiento de
economía solidaria.

4. ¿Nuevo capitalismo barroco o modernidad alternativa?

Nuestra hipótesis es que, en la transición post-neoliberal que vive el país,


el proceso se orienta más a una nueva modernidad y profunda transformación del
capitalismo “barroco”, más social, justo y democrático, a partir -entre otras di-
mensiones- del reconocimiento de la diversidad de formas socioeconómicas y cul-
turales, y de la idea de igualdad de estatus jurídico concedido a cada una de las
formas de la economía plural. En esta transición se privilegia la economía estatal y
el principio de redistribución más que el principio de reciprocidad, como sustento
de un vivir bien que cada vez aparece más como objetivo o fin del desarrollo que
como paradigma civilizatorio, cuando no como horizonte de un espacio específico
constituido por la economía social comunitaria y cooperativa, sobre todo del mun-
do rural, o por la ESS.
Apoyan esta afirmación las formas y principios económicos priorizados en
las disposiciones constitucionales, las estrategias políticas públicas a nivel cen-
tral, y también las evidencias crecientes -y cada vez mayores- sobre nuevas (re)
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 273

configuraciones clasistas e institucionales, de subjetividades que se decantan en la


sociedad y al interior del nuevo bloque político en el poder, generando contradic-
ciones y pugnas por el sentido normativo del proceso.
En efecto, una característica esencial de la actual marcha de la “revolución
democrática y cultural” es el privilegio del papel del Estado no solo como direc-
ción política de la economía en su conjunto sino como actor mismo de ella, además
del protagonismo de un poderoso movimiento social campesino e indígena que,
como dicen Gaonkar y Chatterjee, se hace moderno y va (re)definiendo la identi-
dad del país con su cuestionamiento a su situación presente.
Este hecho, y lo anteriormente referido sobre el MESCJ, parece reproducir
en nuevos términos el ethos barroco que, según las tesis de B. Echeverría, predo-
minó en la vida social en América Latina y que “ … apareció primero como la
estrategia de supervivencia que se inventó espontáneamente la población indígena
sobreviviente del exterminio del siglo XVI y que no fue expulsada hacia regio-
nes inhóspitas” (2002: 9); lo que luego fue una estrategia de resistencia adoptada
no sólo para sobrevivir a la amenaza de violencia, sino ante su imposibilidad de
reconstruir sus mundos antiguos. Con esa estrategia, según este autor, se habría
evitado que los códigos de la población indígena hayan sido “devorados” por los
códigos civilizatorios de los colonizadores.
Si esa integración en resistencia significó que los códigos indígenas vivie-
ran silenciosamente, y se desplegaran de manera lenta pero firme e indetenible
hasta cobrar la visibilidad y sentido político en la actualidad, también significó
un ingreso sin salida de los códigos de la modernidad capitalista, refundando
otras formas de sociabilidad presentes en la vida cotidiana actual de Bolivia, que
muestran fidelidad a la dimensión cualitativa y estética de la vida y el mundo (Ver
Farah y Gil, 2012).
“Lejos de una uniformación moderna capitalista y de constitución de un hu-
mano universal, ese ethos barroco permite observar en la cultura latinoamericana
una peculiar adopción práctica, en la vida cotidiana, de una “convivencia en mestiza-
je” como estrategia de reproducción de la identidad social en términos de una moder-
nidad propia (Echeverría, 2011: 244). Este mestizaje se encontraría en la presencia
simultánea de distintos estratos de experiencia histórica concreta y de formación de
identidades múltiples, inherente al rechazo de la tendencia a uniformar.
Ya Silvia Rivera C. (2007) argumentó la idea de una modernidad indígena
formada a partir del “trajín colonial” de la coca que, a su vez, se expresó como
rebelión política en las grandes sublevaciones indígenas de finales del siglo XVIII.
Por su parte, René Zavaleta Mercado (1987, 2010) desarrolló una versión marxista
de la idea de modernidad barroca con su definición de Bolivia como “sociedad
abigarrada”, explorando la posibilidad de una alternativa moderna no capitalista
sobre la base de las resistencias “barrocas” a la modernidad capitalista. Y, a partir
274 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

de estas tradiciones teóricas, la discusión se complejizó durante el siglo XXI, por


las transformaciones políticas y económicas que produjo la amplia resistencia
nacional-popular al neoliberalismo y que hoy sostienen la “revolución democrática
y cultural” que está cambiando la cultura política, las relaciones entre estado,
sociedad y los sujetos de la política.
Esas ideas de modernidad indígena cobran hoy mayor presencia en pobla-
ciones indígenas urbanas y rurales vinculadas ya no sólo con la producción y co-
mercialización de la coca, sino con otras actividades productivas y comerciales
amplias que sustentan actuales e importantes debates sobre la emergencia de una
nueva capa socioeconómica mestiza que no se reconoce en el MESCJ.
Investigaciones recientes dan cuenta de la emergencia política autónoma y
masiva del campesinado indígena aymara y quechua, de sus actuales horizontes
de expectativas e intersubjetividad, de procesos de su constitución –en una amplia
franja de los mismos- como “nuevas mayorías mestizas” emergentes mediadas por
la migración, que buscan su expansión por todo el país aspirando a su hegemonía
territorial, económica, política y cultural a partir de su expansión territorial median-
te el comercio y la intermediación en el mercado capitalista; procesos en los que
no parecen reparar mucho en los principios de la diferencia27, de reciprocidad o de
justicia distributiva. La cara de estas nuevas mayorías mestizas es el desarrollo de
un nuevo y potente empresariado quechua y sobre todo aymara, organizado sobre
estructuras familiares y redes de parentesco o compadrazgo, vinculado al comercio
internacional, a ciertos rubros de producción nacional (alimentos) y/o globalizada,
al transporte y otras actividades vinculadas con la intermediación y los servicios, y
cuya reproducción va más allá de la simple subsistencia o superación de la pobre-
za. Si bien estos estudios no han indagado mucho en la índole y racionalidad de su
reproducción, lo evidenciado es que este nuevo sujeto va desplazando en términos
económicos a la clase empresarial tradicional, mantiene vínculos directos con el
poder estatal, configura rostros nuevos u otros del mercado -con base en valores y
prácticas culturales propios- y funda bases de una reproducción ampliada (Salazar
de la Torre, 2011; Llanque, 2011; Soruco, 2012, Tassi, 2012).
En su caso, la filiación étnica e indígena o la base asociativa familiar que
subyace la organización de sus emprendimientos económicos, no parecen suficien-
tes elementos para ir en la corriente de los discursos que atribuyen, sobre todo a
las organizaciones y movimientos sociales “indígenas” campesinos, esfuerzos por
reconstruir su memoria histórica, mejor si purificada, para ser incorporada como
ética de las transformaciones presentes, de identidad social y política de las mis-
mas, y sintetizada en la noción del vivir bien (Rivera en Soruco, 2012).

27 Un ejemplo emblemático al respecto, es el inacabado conflicto del TIPNIS.


Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 275

Aunque también usufructurarios de la Revolución 195228, estos sujetos se


decantan hoy en el marco de la revolución democrática y cultural, de la que son
protagonistas, y muestran objetivos de modernización económica y de constitu-
ción de condiciones de relativa igualación con base en su autonomía, a la vez que
de diferenciación cultural. Dan indicios de un nuevo horizonte de expectativas
que empujan la historia hacia delante, hacia un horizonte material futuro ajeno al
pasado, apuntando más bien a su negación desde la memoria de opresión y dis-
criminación vivida en ese tiempo. Es decir, apuntalarían expectativas de futuro
conforme a horizontes en construcción más apegados a principios de modernidad
en lo material, mientras concilian prácticas y valores tradicionales en el ámbito
de sus vínculos sociales y expresiones simbólicas y festivas. Es decir, se dotan
de una “lógica” que sustituye el principio organizador ancestral en lo económico,
adoptando un comportamiento más profano y menos sagrado de la naturaleza y el
mundo, como forma de aproximación a la obtención de efectos más favorables que
los logrables mediante una aproximación tradicional (Soruco, 2012).
En breve, en su experiencia del tiempo de la vida y del mundo: hacia adelan-
te y hacia el bienestar, hacia el mejoramiento que viene con el tiempo, no abando-
nan sus modos de sociabilidad ni sus prácticas rituales y estéticas que, en opinión
de los investigadores, podrían también ser instrumentalizadas de cara al fuerte én-
fasis indigenista en el discurso estatal del actual proceso. A pesar de los lazos con
el poder político, buena parte de estos sujetos emergentes tiene una visión de la
política que cristaliza en la idea del Estado como “superestructura” de la sociedad,
que puede fomentar sus expectativas por varias vías redistributivas; a la vez que su
reproducción fluye por mecanismos institucionales paralelos o no oficiales (Tassi,
2012). Estos grupos conviven en tensión entre un individualismo asociado al igua-
litarismo entre individuos –convicción democrática que construye una nación-, a
la vez que no se alejan del todo de la tradición ancestral del comunitarismo. Con
ello pueden dificultar la construcción del Estado Plurinacional.
Los hallazgos de los estudios recientes dejan muchas preguntas. Entre ellas,
si estas nuevas élites económicas mestizas podrán plantear demandas sociales que
rebasen los límites de sus intereses económicos específicos, o alejarse de la racio-
nalidad mercantil ligada a la acumulación para mantenerse en los marcos de una
reproducción ampliada de su vida material y espiritual. O si -a pesar de su fuerte
apego a ciertas tradiciones y relaciones primarias- insistirán o reforzarán horizon-
tes homogeneizantes que inclinen la complejidad de la realidad a su favor.
Estos procesos complejizan la realidad y discusión sobre economía plural y
la potencialidad de la ESS para permearla a favor de otra economía; si bien cons-
28 Lo que parece ratificar la tesis de I. Wallerstein, sobre que las “revoluciones” no realizan sus promesas de manera
inmediata ni son sus protagonistas los actores que las impulsan; sino que esas promesas se realizan siglos después, o
medio siglo después como sería en nuestro caso.
276 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

tituyen formas distintas de la economía fundada en la ilusión del mercado auto-


regulado, también se ven afectadas por la ambigüedad que rodea a las políticas
estatales en relación a la economía solidaria que, a pesar de su también ambigüe-
dad antes señalada, tiene un discurso claro en cuanto a reconocerse como prácticas
de economía solidaria y a reivindicar la ética del Vivir Bien. En este sentido, los
procesos antes mencionados ponen en duda que la noción y ética del Vivir Bien sea
inherente a las colectividades indígenas.

5. Vivir Bien y economía solidaria en la transición

En el contexto anterior, la noción del Vivir Bien es presentada como ho-


rizonte ético que proyecta la defensa de la vida en comunidad y en armonía con
la naturaleza, y la cultura fundada en el vínculo social y afectivo, propio de las
formas de economía comunitaria y cooperativa, más allá de otras connotaciones
del mismo29.
En este sentido, y más aún si el Vivir Bien no es inherente a las colectivi-
dades indígenas ni a su lenguaje cotidiano o a representaciones locales de las co-
munidades indígenas, como sugiere Uzeda (2010)30, el Vivir Bien sería tributario
del pensamiento crítico y las prácticas de resistencia a la modernidad capitalista
ya mencionados al inicio. Si su ética contradictoria con la valorización y la acu-
mulación de capital, con su énfasis en la dimensión cualitativa del mundo de la
vida y el privilegio de la producción de necesidades humanas, fuesen propios de
las prácticas y valores de las formas económicas solidarias, en ese caso, el fortale-
cimiento de esas economías podría iluminar la renovación de la sociedad presente
que no es todavía del Vivir Bien, pero que tiene un importante espacio para ser
potenciado. Es decir, el Vivir Bien como horizonte político de cambio histórico o
de desarrollo, tiene el desafío de volverse sentido común y subjetividad no solo
de los protagonistas del MESCJ, sino más allá. En este sentido de proyección po-
lítica amplia sería moderno. En tanto lo común del discurso del Vivir Bien es la
defensa de la vida en comunidad y en armonía con la naturaleza -bajo principios
de reciprocidad, complementariedad, solidaridad, relacionalidad inherentes a las
unidades económicas solidarias- su desafío es alcanzar ese horizonte sin quedar
aprisionado en territorialidades acotadas, en un contexto donde el vigor de las
mezclas y racionalidades socioeconómicas, cu lturales y étnicas es amplio, fuerte
y contradictorio, y –como fuera dicho- también contaminante.

29 Tales como respeto por el medio ambiente y uso sostenible de los recursos con base en una comprensión biocéntrica y
cósmica de la vida, como lógica fundada en la satisfacción de necesidades humanas que prioriza el valor de uso contra la
lógica del capital, y como la participación y ampliación de la democracia en perspectiva intercultural.
30 Como también es ilustrado por la investigación dirigida por Beatriz Azcarruns, cuya síntesis de resultados se exponen en
este mismo libro.
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 277

Por tanto, es importante indagar sobre cuáles son las perspectivas de persis-
tencia de un ethos barroco en términos nuevos; qué grados de apertura o cierre hacia
cada una de las formas de economía se promueven; qué prácticas, usos y valores
económicos convergen en una estrategia hacia el Vivir Bien y que predisposiciones
subjetivas pueden cristalizar ese horizonte. En un nivel más general o macro, es
importante indagar si es posible y bajo qué condiciones, un vivir bien en el contexto
de una pluralidad de lógicas económicas de igual importancia conceptual y práctica.
Además de las contradicciones inherentes a la heterogeneidad y pluralidad
de relaciones y principios, está la contradicción y dualidad entre el proyecto de fu-
turo (que vislumbra la NCPE) y la “vejez normativa, institucional y de los hábitos
cotidianos” del presente. En el discurso oficial, el marco constitucional se ha tradu-
cido en lineamientos que se resumen en tres ejes estratégicos identificados como el
“nuevo horizonte de época” hacia dónde camina el país: (i) Estado plurinacional,
(ii) autonomías, y (iii) industrialización, en el contexto de economía plural y de
estructuras socioculturales complejas o plurales (García Linera, 2011). Es decir, se
resumen en una nueva forma de ethos barroco que, en lo referente a nuestro tema,
la propuesta de un capitalismo industrial supone una apertura al reconocimiento de
una organización productiva plural.
En resumen, se produce una articulación contradictoria entre lo supuesta-
mente ancestral (economía comunitaria y cooperativa) y lo moderno (industriali-
zación) que, supone fortalecer las estructuras productivas plurales como soportes
del Estado plurinacional con autonomías.
Al estar este requisito de lo plural acompañado de la propuesta de industria-
lización -proyección moderna de la economía que sostenga los objetivos redistri-
butivos constitucionales instituidos en nueva generación de derechos, individuales
y colectivos- se recoge la historia y raíces del ethos liberal privado y estatista,
desarrollista, a la vez que se innova con el fortalecimiento de lo comunitario. Del
mismo modo, se plantean lineamientos políticos31 que resuelvan la desigualdad
social y la exclusión, cuyas raíces se atribuyen al “colonialismo” y al “patrón
primario exportador” de desarrollo, con base en cuatro pilares: (i) diversificación
productiva e industrialización, (ii) función central del Estado en la transformación
productiva, (iii) potencialidad de las formas plurales de producción, y (iv) carácter
estratégico de sectores capitalistas (privados o estatales) vinculados con la explo-
tación de recursos naturales y generadores de excedente bajo el control estatal
(Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010, cit. en Wanderley, 2009)32.

31 Plan Nacional de Desarrollo: “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien” (2006-2011), cuya
denominación como Plan de Desarrollo para Vivir Bien, muestra que el Vivir Bien no sustituye al desarrollo sino que
marca su horizonte normativo y ético.
32 Esto último es ya una paradoja, pues la actividad extractiva destinada a la exportación -responsable de la desigualdad y
exclusión- es considerada estratégica si bien como generadora de excedentes para su redistribución.
278 PARTE 4. Vías hacia el Vivir Bien II. Crítica al capitalismo y la “Otra Economía”

Es decir, las formas plurales avanzarían en la dinámica contradictoria de una


economía extractivista predominante -desarrollada en diferentes fases históricas
con base en la explotación desregulada de los recursos naturales-, al mismo tiem-
po que el proyecto post capitalista del Vivir Bien. La articulación constitucional
y normativa entre instituciones liberales modernas e indígenas o pluralistas, tanto
políticas como económicas (Wanderley y Mokrani, 2011), o entre lógicas y princi-
pios de regulación diferentes, es evidente.
¿Podría decirse que se trata de un proyecto de “mestización” del Estado
y la economía y, por tanto, de una modernidad capitalista alternativa bajo una
nueva forma del ethos barroco, y de convivencia con otros ethe y/o principios
de regulación?
Una respuesta es la del Vicepresidente García Linera al hablar de la existen-
cia de “tres modernidades: la industrial, la microempresarial urbana artesanal y la
campesina comunitaria”. “… Acá estamos imaginando una modernidad pluralista
…” “… tres modernidades en paralelo …” (cursivas propias). “Las posibilida-
des de transformación y emancipación de la sociedad boliviana apuntan a eso:
reequilibrar las formas económicas no capitalistas para que, con el tiempo, vayan
generando procesos de mayor comunitarización que habiliten pensar en un post-
capitalismo. El postneoliberalismo es una forma de capitalismo; pero creemos que
contienen un conjunto de fuerzas que, con el tiempo, podrían devenir postcapita-
listas” (Cit. en Svampa y Stefanoni, 2007: 146).
Esto ratifica la acción del Estado para garantizar la igualdad de estatus cons-
titucionalizada de las formas económicas, y acepta al menos dos racionalidades
contrapuestas en complementación dinámica y tensa donde está en juego cuál de
ellas dominará sobre la otra, si la del lucro o la del bien vivir, la de acumulación o
la de una economía social comunitaria o moral. Las posibilidades de un postcapi-
talismo, siempre en palabras del Vicepresidente, “dependerá de la correlación de
fuerzas” (Bartra, [2010] 2011); y, en las nuestras, de la fuerza de las nuevas élites
socioeconómicas emergentes, hoy ubicadas entre las formas no capitalistas de la
ESS y las capitalistas formales.
Esta misma mestización recorre las posibilidades del Vivir Bien. Según
García Linera, el Vivir Bien es un “paradigma” nacido de la comunidad para pro-
ducir satisfactores en armonía con la naturaleza; pero, el Vivir Bien “no se sostiene
sobre la miseria. Necesita educación, salud, carreteras, agua potable, electricidad
sin que esto suponga destruir el entorno”:… ”Manejar la tensión entre desarrollo
productivo y protección de la naturaleza: eso es Vivir bien” (cursivas propias) …
“Equilibrio es la clave” (Cit. en Bartra, 2011: 171).
Es decir, se mantiene el ethos barroco en la igualdad de estatus jurídico de
las formas de economía plural, en tanto el Vivir Bien –ahora- debe nutrirse del
abigarramiento de la sociedad y no solo de su base comunitaria: vivir fuera de la
Economía plural y Vivir Bien. ¿Nuevo capitalismo o alternativa a la modernidad capitalista? 279

miseria (o la subsistencia) requiere formas de economía estatal, industrializada si


no capitalistas. De nuevo, entonces, la reafirmación básica de Echeverría (2011:
258), de que la “identidad latinoamericana no expulsa sino requiere de la otredad”,
al menos en una larga transición.
Por lo anterior, Vivir Bien como ethos alternativo a la valorización y acu-
mulación, al individualismo y etnocentrismo capitalista, tiene referencias aco-
tadas social, cultural, económica y territorialmente: sería propio de estructuras
comunitarias de producción orientada al sustento de la vida; pero la reproducción
de estas estructuras no lograrían por sí solas el Vivir Bien. Necesitan de las otras
formas de economía, según el discurso prevaleciente. A pesar de que nacen en la
comunidad, las evidencias de transformaciones importantes en las comunidades
y en amplios grupos indígenas urbanos y rurales, su constitución como nuevo
“paradigma” civilizatorio tiene por delante el desafío de disputar el sentido de las
instituciones y de la subjetividad, y compartir con las ideas y aspiraciones de fe-
licidad, de buen vivir, que han est