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Variaciones del Autoconcepto en el ciclo vital:

Según Banaji y Prentice (1994). Citado en García, F., & Musitu, G, (1999), a lo largo de
la vida, el ser humano atraviesa períodos críticos, que exigen que el sujeto asuma nuevos
roles y se ajuste a nuevas demandas. “Con la edad se observa una progresiva comprensión
del autoconcepto en términos cada vez más precisos de tipo intencional, volitivo y
reflexivo, así como una tendencia a sistematizar conceptualmente los diversos aspectos del
autoconcepto en un sistema unificado.” (García, F., & Musitu, G., 1999, pág. 12)
Como señala Campo (2013), durante la infancia se comienzan a estructurar y afianzar
diferentes elementos fundamentales para para el desarrollo psicosocial. Uno de estos
corresponde al autoconcepto infantil, el cual es el resultado de un proceso activo de
construcción, desarrollado a lo largo de toda la vida.

“Según Gurney (1988), citado en Hidalgo, (2010). El autoconcepto se construye a partir


de la experiencia y las percepciones generadas por ella, las cuales se hacen
progresivamente más complejas en una secuencia de tres etapas: etapa del sí mismo
primitivo, del sí mismo exterior y del sí mismo interior.” (Campo, L., 2013, pg. 68).

“. En la primera de estas etapas, el niño menor de dos años parte del reconocimiento
visual de sí mismo, hasta llegar a percibirse como una realidad diferente de los demás
En la etapa del sí mismo exterior, el niño, hasta los doce años aproximadamente, va
adquiriendo elementos cada vez más complejos en su visión de sí mismo, a través de
experiencias de éxitos y fracasos, en las cuales, es decisiva la interacción con los
adultos. A esta edad, los niños se definen a sí mismos por rasgos y características
observables, mencionando comportamientos concretos, condiciones físicas específicas,
preferencias, hablando de destrezas particulares en vez de generalizar sus habilidades, es
decir, que el conocimiento de sí mismo, se da posterior al reconocimiento de los otros
(Ávila, 2009). La última etapa, el sí mismo interior, se ve permeada por una visión de sí
mismo más contextualizada y ajustada, producto del pensamiento abstracto y crítico que
caracteriza al adolescente. Al respecto, Arranz (2005) plantea cómo los niños seguros de
sí mismos serán más competentes socialmente y más empáticos y efectivos, al momento
de iniciar contacto con otros.” (Campo, L., 2013, pág., 69).
Según Bakhurst y Sypnowich, (1995); Palmonari, (1991), uno de los periodos de la vida
que se caracteriza por el cambio, así como por ser un momento donde se consolida la
identidad, es la adolescencia. Citado en García, F., & Musitu, G, (1999)

“El periodo adolescente puede considerarse a través de una serie de características,


“puntos de referencia” o “elementos críticos”. En conjunto, la literatura sobre la
adolescencia indica estos elementos como posibles perturbadores del autoconcepto
adolescente. No obstante, estos factores no deben ser conceptualizados por sí mismos
como críticos, ya que lo sean o no dependerá de variables personales y contextuales del
adolescente. Así pues, los cinco “puntos de referencia” vinculados a esta etapa evolutiva
son: cambio fisiológico, relaciones familiares, relación con los pares del mismo y
distinto sexo, crecimiento cognitivo o intelectual e identidad personal. Todos estos
cambios, en el transcurso de la adolescencia, implican aumentos graduales de la
conciencia de sí mismo. El joven debe ir reelaborando su propio autoconcepto para
adecuarse a cambios físicos inesperados, y a una posición social diferente a la que tenía
durante la niñez.” (García, I., 1998, pág. 163)

Referencias:

Ternera, L. A. C. (2014). El desarrollo del autoconcepto en niños y niñas y su relación con la


interacción social en la infancia. Psicogente, 17(31).

García, I. S. (1998). Autoconcepto y Adolescencia. Una linea de intervención


psicoeducativa. Educació i Cultura: revista mallorquina de Pedagogia, 11, 157-170.