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La desaparición de José AJmoina fue apenas una, en

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la larga secuencia de brillantísimas operaciones realizadas por
el coronel, que mataron o dejaron lisiados o malheridos a do-
cenas de exiliados, entre los más vociferantes, en Cuba, Méxi-
co, Guatemala, New York, Costa Rica y Venezuela. Trabajos

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elámpago y limpios, que impresionaron al Benefactor. Ca- versarios, pudieron establecer vínculo alguno entre estos ac-
la uno de ellos una pequeña o~~a maestra por la destreza y el cidentes y hechos horrendos y el Generalísimo. Una de las
igilo, un trabajo de relojería. La mayor parte de las veces, más perfectas realizaciones fue la de Ramón Marrero Aristy,
además de acabar con el enemigo, Abbes García se las arre- el autor de Over, la novela sobre los cañeros ele La Romana
gló para arruinarles la reputación. El sindicalista Roberto conocida en toda América Latina. Antiguo director de La
Lamada, refugiado en La Habana, murió a consecuencia de Nación, diario frenéticamente trujillista, Marrero fue secre-
una paliza que recibió en un prostíbulo del Barrio Chino, a tario de Trabajo, en 1956, y en 1959 lo era por segunda vez,
manos de unos rufianes que lo acusaron ante la policía de cuando empezó a pasar informes al periodista T ad Szulc, para
haber intentado acuchillar a una prostituta que se negó a so- que enlodara al régimen en sus artículos de The New York
meterse a las perversiones sadomasoquistas que el exiliado le Times. AJ verse descubierto, mandó cartas de rectificación al
exigía; la mujer, una mulata teñida de pelirroja, apareció en periódico gringo. Y vino con el rabo entre las piernas al des-
Carteles v Bohemia, llorosa, mostrando las heridas que le pacho de Trujillo, a arrastrarse, a llorar, a pedir perdón, a
infligió el degenerado . El abogado Bayardo Cipriota pereció jurar que él nunca había traicionado ni traicionaría. El Be-
en Caracas en una reyerta de maricas: lo encontraron apu- nefactor lo escuchó sin abrir la boca y luego, fríamente, lo
ñalado en un hotel de mala muerte, con calzón y sostén de abofeteó. Marrero, que sudaba, intentó sacar un pañuelo,
mujer, y la boca con rouge. El dictamen forense determinó y el jJfe de los ~yudantes militares, coronel Guaridhex Es-
que tenía esperma en el recto. ¿Cómo se las ingeniaba el co- trella Sadhalá, lo mató de un balazo en el mismo despacho.
ronel Abbes para trabar contacto, tan rápido, en ciudades Encargado Abbes Garcfa de rematar la operación, menos de
que apenas conocía, con esas alimañas de los bajos fondos, una hora después un coche se deslizaba --delante de testi-
pistoleros, matones, traflcames, cuchilleros, prostitutas, ca- gos- por un precipicio en la cordillera Central, cuando via-
fiches, ladronzuelos, que siempre intervenían en esas opera- jaba rumbo a Constanza; Marrero Aristy y su chofer queda-
ciones de página roja, que hacían las delicias de la prensa ron irreconocibles con el impacto. ¿No era obvio que el
sensacionalista, en las que se veían enredados los enemigos . coronel Johnny Abbes García debía reemplazar a Navajita a
del régimen? ¿Cómo logró montar por casi toda América la cabeza del Servicio de Inteligencia? Si él hubiera estado al
Latina y Estados U nidos una red tan eficiente de informantes frente de ese organismo cuando el secuestro de Galíndez en
y hombres de mano gastando tan poco dinero? El tiempo New York, que dirigió Espaillat, probablemente no hubiera
de Trujillo era demasiado precioso para perderlo averiguan- estallado aquel escándalo que tantb dafio hizo a la imagen
do los pormenores. Pero, a la distancia, admiraba, como internacional del régimen.
un buen c~nocedor una preciosa joya, la sutileza y originali-
dad con que Johnny Abbes G~rcía libraba al régimen de sus
enemigos. Ni los grupos de exiliados, ni los gobiernos ad-
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