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yúdenme he caido.

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©2009 Editorial Peniel

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Publicado originalmente en inglés con el título:


Help Me, I’ve Fallen and I Can’t Get Up
by Destiny Image
Shippensburg, PA, USA
Copyright© 1995
All rights reserved.

Jakes, T.D.
Ayúdenme, he caido y no puedo levantarme. - 1a ed. - Buenos Aires : Peniel, 2009.
128 p. ; 17x11 cm.
Traducido por: Beatriz Sesoldi
ISBN 10: 987-557-266-7
ISBN 13: 978-987-557-266-9
1. Vida Cristiana. I. Beatriz Sesoldi, trad. II. Título
CDD 248

Impreso en Colombia / Printed in Colombia

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Índice

Prólogo 5
Introducción 9

Capítulo 1
¿Qué sucede antes de una caída? 11

Capítulo 2
En tu hora más oscura 25

Capítulo 3
Regresar al vestigio 37

Capítulo 4
Sanidad de las heridas del pasado 49

Capítulo 5
Fortalecido para mantenerte en pie 65

Bonus track
Mujer, ¡eres libre! 75
¿Puedes mantenerte de pie para recibir la bendición? 101
Otros títulos por T. D. Jakes 121

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Capítulo 1

¿Qué sucede antes


de una caída?

Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería,


el fracaso.
–Proverbios 16:18

El orgullo es anterior a la caída. Pero, ¿qué


es el orgullo? El orgullo es definido como “tener
un concepto mayor de sí; mostrarse superior a
otros”. Otra definición declara: “El orgullo es un
sentimiento jactancioso de superioridad que tie-
ne una persona”. El orgullo ha causado la caída
de personas notables y dotadas.

El orgullo ha causado la caída de


muchas personas notables y dotadas.

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Ay ú denme , h e caído y no puedo levantarme

Cuando el ego es su dios


El primer ejemplo conocido de orgullo ocu-
rrió antes de la creación de la Tierra. Lucifer, el
ángel líder de la alabanza, decidió ser más gran-
de que Dios.

¡Cómo has caído del cielo, lucero de la mañana!


Tú, que sometías a las naciones, has caído por
tierra. Decías en tu corazón: “Subiré hasta los
cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las
estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo
norte, en el monte de los dioses (…) seré seme-
jante al Altísimo”.
–Isaías 14:12-14

Conducido por la autodecepción, orgulloso


autoengaño y autoimportancia, Lucifer se consi-
deraba mejor que Dios.
Lucifer, cuyo nombre significó en un mo-
mento “portador de luz”, fue derribado por Dios
a la Tierra, donde sería conocido como Satanás.
Ya no es más un líder de alabanza o un ángel ma-
jestuoso, sino que se convirtió en uno que deam-
bula sobre la Tierra como un león buscando a
quién devorar.

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¿Qué sucede antes de una caída?

El orgullo de Satanás condujo su caída. El or-


gullo y el egoísmo van de la mano. Usualmente,
donde hay orgullo también prevalece el espíritu
de egoísmo. El egoísmo es definido como “amar-
se primero a sí mismo”.
Satanás pensó que podía ser mejor que Dios.
Indiscutiblemente, estaba equivocado. Satanás
fue frustrado. Cómo pudo concebir tal pen-
samiento, es algo que escapa a nuestra imagi-
nación. Pero el orgullo nos ciega a la verdad e
impide que veamos la vida de manera realista.

El orgullo nos ciega a la verdad e impide


que veamos la vida de manera realista.

Como sabemos, Satanás nunca se arrepintió.


En lugar de ello, trata de engañar a tantos hijos
de Dios como sea posible, y arrastrarlos a com-
partir su terrible estado caído.

Un lugar peligroso
El profeta Daniel registra la caída del gran
rey de Babilonia, Nabucodonosor. Un día el
rey miró todo lo que había logrado y arrogan-
temente declaró: “¡Miren la gran Babilonia que

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Ay ú denme , h e caído y no puedo levantarme

he construido como capital del reino! ¡La he cons-


truido con mi gran poder, para mi propia honra!”
(Daniel 4:30).
Mientras aun estaba hablando estas pala-
bras con arrogancia, una voz desde el cielo dijo:
“Este es el decreto en cuanto a ti, rey Nabucodo-
nosor. Tu autoridad real se te ha quitado” (v. 31).
En ese mismo momento, el que una vez fue un
gran rey, perdió su razón y comenzó a actuar
como un animal, comiendo pasto y “hasta el
pelo y las uñas le crecieron como plumas y garras
de águila” (v. 33).
Nabucodonosor quitó sus ojos de Dios y co-
menzó a enfocarse en sus logros. Olvidando a
quien lo había hecho grande, el rey perdió todo
contacto con la realidad y negó la verdad, pen-
sando que era un hombre que se había hecho a
sí mismo y que no necesitaba a nadie.
Nabucodonosor no quiso dar a Dios la glo-
ria y la gratitud por el crecimiento y la majes-
tad del reino. Sentía que todo lo que tenía le
pertenecía porque había trabajado por ello. ¿Le
suena familiar?
Cuando llegan a un lugar de eminencia, mu-
chos hijos de Dios olvidan quien los llevó a ese

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¿Qué sucede antes de una caída?

lugar. Esta actitud arrogante y orgullosa ha he-


cho que muchos caigan del pináculo de éxito y
popularidad.
Durante los años 80, varios teleevangelistas
nacionalmente conocidos permitieron que la
fama y la fortuna los cegara. Como resultado, el
orgullo impidió que reconocieran su necesidad
de Dios. Consideraban que estaban fuera del al-
cance de todo reproche o consejo, y bajaron la
guardia. El pecado entró a sus vidas, y destruyó
sus ministerios, sus familias y sus reputaciones.
Cuando las personas –especialmente los
cristianos que no tienen fundamento en La
Palabra– comienzan a adquirir prestigio y ex-
perimentan prosperidad monetaria, a menudo
olvidan que no mucho tiempo antes no tenían
nada. Antes de poseer un hermoso auto nue-
vo, difícilmente podían afrontar el pago de un
boleto de ómnibus. Antes de vivir en una her-
mosa casa nueva, su familia de cinco vivía en
un apartamento de dos ambientes, sin tener se-
guridad de cómo iban a pagar la renta. Vivían
“el día a día”.
A pesar de la escasez, daban gloria a Dios de
labios, pero también daban ofrendas. Sabían que

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Ay ú denme , h e caído y no puedo levantarme

Dios supliría todas sus necesidades. Pero cuando


alcanzaron una posición de prosperidad, se olvi-
daron que fue Dios y solo Él quien los bendijo.
Ahora miran sus trabajos o negocios, o incluso
sus ministerios, como su fuente. Ese es un lugar
peligroso para estar.

Contentamiento versus autosuficiencia


¿Dónde comienza el desliz hacia la desilu-
sión? Con el descontento.
Nabucodonosor no estaba contento con su
crecimiento; quería más. Cuánto más bende-
cido era, más quería. El suyo es el claro caso
de codicia y autosuficiencia ocasionada por la
autodecepción.
La decepción es una trampa y una fortaleza
que enreda a muchos, especialmente a aquellos
que no están contentos con su situación presente
en la vida. La Biblia nos instruye que debemos
aprender a estar contentos en cualquier situa-
ción en la que nos encontremos. El apóstol Pablo
aprendió bien esa lección: “He aprendido a estar
satisfecho en cualquier situación en que me encuen-
tre” (Filipenses 4:11b).
Esto no implica que debemos estar satisfechos

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¿Qué sucede antes de una caída?

al estar atados por el diablo, o estar contentos


con la mediocridad; sino con el cumplimiento
del llamado de Dios en nuestras vidas. Tenemos
que trabajar para mejorar mientras que, al mis-
mo tiempo, permanecemos totalmente depen-
dientes de Dios.
La autosuficiencia significa ser “suficiente
en sí mismo”, y no poner su fe en la asisten-
cia de Dios. El contentamiento, por otro lado,
es saber con certeza y tener una convicción
absolutamente firme de que Dios es capaz de
satisfacer cada una de tus necesidades; que Él,
Jehová, es suficiente para ti. El contentamiento
significa que eres consciente de que no codicias
la posición, la propiedad, las posesiones o la
personalidad de otra persona. ¿Por qué? Porque
sabes y tienes la confianza de que todo lo que
actualmente posees y todo lo que eres hoy, es
más que suficiente en las manos de Dios. Aque-
llo que necesitas hacer para cumplir el propósi-
to de Dios, puedes hacerlo, no con tus propias
fuerzas, sino a través de la fuerza y el poder de
Cristo que mora dentro de tu ser interior.

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Ay ú denme , h e caído y no puedo levantarme

El contentamiento, por otro lado, es


saber con certeza y tener una convicción
absolutamente firme de que Dios es capaz
de satisfacer cada una de tus necesidades.

Pablo dijo:

Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir


en la abundancia. He aprendido a vivir en todas
y cada una de las circunstancias, tanto a quedar
saciado como a pasar hambre, a tener de sobra
como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece.
–Filipenses 4:12-13

Donde reina la confusión


En el caso de Nabucodonosor, la única ayuda
fue el arrepentimiento. Hasta que no fue capaz
de volver sus ojos hacia el Padre en busca de guía
y para reconocer al Señor como su fuente, fue
dejado en un mundo insano.
Puede ser que tú no entres a un mundo in-
sano como Nabucodonosor, pero la cobertura de
Dios será quitada si te permites caer en un esta-
do de desprotección.

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¿Qué sucede antes de una caída?

Si rechazas reconocer que has caído y que es-


tás separado de Dios, quien es la fuente eterna
de tu provisión, te hallarás en una condición de
caída, incapacitado para levantarte.
Como Nabucodonosor, puedes rechazar cla-
mar a Dios por su ayuda, pero como resultado de
esto reinará en tu vida la confusión.
El orgullo y la rebelión de Nabucodonosor
lo llevaron a perder su reinado hasta que estuvo
dispuesto a reconocer a Dios.
Pasado ese tiempo yo, Nabucodonosor, elevé
los ojos al cielo, y recobré el juicio. Entonces ala-
bé al Altísimo; honré y glorifiqué al que vive para
siempre (…) Recobré el juicio, y al momento me
fueron devueltos la honra, el esplendor y la glo-
ria de mi reino (…) Por eso yo, Nabucodonosor,
alabo, exalto y glorifico al Rey del cielo, porque
siempre procede con rectitud y justicia, y es capaz
de humillar a los soberbios (Daniel 4:34,36-37).
El arrepentimiento fue la clave para la sa-
nidad y liberación de Nabucodonosor. Cuando
reconoció su orgullo y comenzó a alabar y dar
honra a Dios, su juicio fue restaurado. Pero el
gran rey nunca olvidó que Dios es capaz de hu-
millar a los soberbios.

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Ay ú denme , h e caído y no puedo levantarme

Caer es algo malo, pero caer y no clamar por


ayuda, rechazar arrepentirse de sus pecados, es
peor que la caída misma. Algunas personas están
tan llenas de orgullo y consumidas con su propia
autosuficiencia, que piensan, “si yo no puedo le-
vantarme, no dejaré que alguien más me ayude”.

Caer es algo malo, pero caer y no clamar


por ayuda, rechazar arrepentirse de sus
pecados, es peor que la caída misma.

Tal vez sientas vergüenza al permitir que


otras personas sepan que has caído, porque no
quieres que ellos cambien el concepto que tienen
de ti. Es especialmente difícil pedir ayuda si has
hecho que las personas crean que tú eres grande,
un gigante espiritual, incapaz de caer de tu lugar
alto y sublime.
¿Es tan importante tu imagen que estás dis-
puesto a continuar en tu lamentable estado caí-
do? ¿Estás tan enceguecido que no puedes reco-
nocer que has pecado? Deja de ser tan orgulloso.
Después de todo, ¿no fue eso lo que ocasionó
que cayeras?
El orgullo es peligroso, porque te fuerza a

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¿Qué sucede antes de una caída?

permanecer inútilmente en un estado de deses-


peranza durante varios días, e incluso, a veces,
años. En cambio, si clamas inmediatamente por
ayuda, puedes levantarte y continuar con tu vida.

El camino de regreso
El rey David comenzó su descenso hacia el
pecado cuando codició una mujer que no era
su esposa y cometió adulterio. Cuando Betsabé
quedó embarazada, David decidió asesinar a su
marido.
El Señor envió a Natán, el profeta de Dios,
para revelar y convencer a David de sus pecados:

¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del


Señor haciendo lo que me desagrada? ¡Asesinas-
te a Urías el hitita para apoderarte de su esposa!
¡Lo mataste con la espada de los amonitas!
–2 Samuel 12:9

David, reconociendo que Dios sabe y ve to-


das las cosas, contestó con gran lamento y re-
mordimiento: “He pecado contra el Señor” (v. 13).
El Señor restauró la vida de David, pero el
hijo que concibió con Betsabé, murió.

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Ay ú denme , h e caído y no puedo levantarme

Cuando David se arrepintió de sus pecados,


Dios lo tomó y lo restableció sobre sus pies.
¿Qué hubiera sucedido si el rey David no reco-
nocía y confesaba sus pecados, aun después de que
el profeta viniera a él? ¿Qué hubiera sucedido si
David permanecía tan lleno de orgullo y negación
permitiendo que su reino fuera destruido antes
de clamar a Dios por perdón?
Muchos de ustedes están tan limitados por
el orgullo que permiten que todo lo importante
sea destruido y oprimido por el diablo, en lugar
de pedir ayuda a Dios. Algunas personas son tan
orgullosas que rechazan la ayuda, aun cuando el
Señor pone a alguien dispuesto a brindarla.
Tenemos que ser más como David. Cuando
reconocemos que hemos caído, ¡debemos arre-
pentirnos inmediatamente! Necesitamos arre-
pentirnos rápidamente y con sinceridad, como
lo hizo el rey David.
No permitas que Satanás te engañe hacién-
dote pensar que porque nadie te vio cometer tu
pecado, no tienes que arrepentirte. Ese engaño
hará que permanezcas en un estado de abati-
miento. No permitas que el orgullo te encierre
en un estado de falta de perdón.

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¿Qué sucede antes de una caída?

No permitas que el orgullo te encierre


en un estado de falta de perdón.

En algunos momentos caemos y no podemos


levantarnos ni pedir ayuda. En otros, caemos y
no queremos levantarnos ni intentarlo de nuevo,
porque tememos que podríamos caer otra vez.
No dejes de intentarlo. Como la mujer en el co-
mercial televisivo que mencioné en la introduc-
ción, cuando caigas, grita rápidamente: “¡Señor,
ayúdame! ¡He caído y no puedo levantarme!”

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Esperamos que este libro
haya sido de su agrado.
Para información o comentarios,
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que aparece debajo.

Muchas gracias.

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