Está en la página 1de 2

LECTOR LUDI-0

Hipótesis descabelladas de un aprendiz de lector lúdico


“La sombra del viento”, una novela de aventuras sobre la epifanía de la primera
lectura

Por Iván Rodrigo García Palacios

La sombra del viento


Autor: Carlos Ruiz Zafón
Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 2003 (479 p.)
Hacía tiempos que no me leía una de esas novelas que cortan el aliento, de esas que se
quieren leer de una sola tirada pero que se espera que nunca terminen. El ansia de
eterno retorno a esa lectura epifánica, a la primera lectura que jamás se olvida y marca
para siempre. “La sombra del viento” es esa novela que, en la mejor tradición
narrativa de aventuras a lo Alejandro Dumas o Joseph Conrad, un héroe, o protagonista-
narrador, para ser más posmodernos, entra en la trama a los diez años y va creciendo
con la intriga que él tiene que resolver a la manera de los más famosos detectives de la
literatura policíaca de todos los tiempos, mientras aprende sobre las cosas de la
existencia: el amor, el odio, la amistad, los amigos y los enemigos, la vida, la muerte, la
violencia, el terror, el poder, la ambición, la política, la corrupción, la guerra, la
dictadura, el misterio de los libros y los libros de misterio... en fin, una perpetua
ceremonia de iniciación que comienza cuando Daniel Sampere, el héroe, lee la novela
“La sombra del viento”, de Julián Carax, que ha encontrado en el Cementerio de los
Libros Olvidados, al que lo ha llevado su padre para que se le encomiende el libro
olvidado del que será protector.
Resulta que Julián Carax es un misterioso escritor barcelonés, que a pesar de haber
escrito unas novelas apasionantes, todas habitantes del mismo cementerio, es un
completo desconocido que ha tenido una vida trágica y cuyos libros son perseguidos, a
cualquier precio, por un ser maléfico que quiere incinerarlos, y que por el ejemplar de
Daniel se ve metido en su persecución, así como él se había metido en la lectura de su
ejemplar protegido, de la que, como lo dice, era entrar en el juego de las muñecas rusas,
y que como el lector sentirá, es tratar de descifrar el laberinto de espejos en la historia de
la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, pues, si el lector es curioso, o aprendiz de
lector lúdico, con sólo consultar en la Enciclopedia Encarta, podrá descubrir que algunos
de los nombres o apellidos de los personajes principales pertenecen a personajes reales
que por alguna razón tienen algo que ver con la historia, la de la novela y la otra,
abriendo sorprendentes cajas chinas y redes de araña en las cuales todos, de alguna
manera están pegados y a merced del destino que ellos mismos se han trazado. O, por
otra parte, si se interesa por la historia de Barcelona, se encontrará, con nombres
figurados, a grandes personajes y en especial, su paisaje gótico-barroco, que determina el
tono de la narración, y que fuera marcado, al final del siglo XIX y comienzos del XX, por
la arquitectura de Antoni Gaudí, con el patrocinio del magnate Eusebi Güell i Bacigalupi
(probablemente el Simón Aldaya de la novela), así como de la burguesía catalana,
quienes quisieron agregar su propio toque de eternidad a la Barcelona que todavía
conserva las huellas de su pasado arquitectónico desde los romanos hasta hoy, así sean
ruinas tenebrosas, elementos fundamentales en la acción y la trama de la novela. Como
fundamental es esa otra historia, unas veces diluida, otras ocultada y otras que parece
querer olvidarse, de la Guerra Civil Española y la dictadura franquista, que como un velo
negro marca las luces y sombras de la ciudad-catedral narrativa gótico-barroca en la que
Carlos Ruiz Zafón construye su novela, y, que, como he querido contar, va más allá de las
aventuras pérez revertianas y otras de moda, para profundizar en la exploración de las
tinieblas interiores del ser humano y su historia como humanidad: que las guerras,
particulares o generales, son un infierno al que se condenan los seres humanos, a pesar
de saber de sus horrores y terrores: la pesadilla que a todos quita el sueño.
Como aprendiz de lector lúdico, recomiendo a los lectores, tanto la lectura apasionada
que “La sombra del viento” provoca desde el primer párrafo, como a la más
apasionante e interesante aventura de descifrar las relaciones históricas
intertextualizadas que los llevarán al delicioso juego de abalorios de la lectura lúdica.
... Y, quisiera, que como en La sombra del viento, todos los padres que lean esta
novela, también ellos, algún día, lleven a sus hijos pequeños de la mano a una librería...
antes que tengan que enterrarlos en el Cementerio de los Libros Perdidos, pues como
dice Bea, uno de los personajes de la novela: “el arte de leer se está muriendo muy
lentamente, que es un ritual íntimo, que un libro es un espejo y que sólo podemos
encontrar en él lo que ya llevamos dentro, que al leer ponemos la mente y el alma, y que
ésos son bienes cada día más escasos”. Y, agrego yo, es la más rica herencia que los
padres y maestros podemos legar a los niños.

Intereses relacionados