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Jo grabara literalmente bajo el agua. Primero intenté cantar mientras hacia gargaras. Cuando esto no funcioné (casi se ahoga), empez6 a presionar para que le trajeran un depésito donde poder sumergirse. Mientras George Martin intentaba disuadirlo, me puse a pensar en una alternativa. ¢Por qué no hacer que John cantara con un micréfono sumergido en el agua? Teniamos algunos micros muy pequefios, y si conseguiamos envolver uno de ellos en algiin tipo de recipiente impermeable, tal vez pudiera funcionar. George me miré como si estuviera loco, pero como John le imploraba que me dejara intentarlo, al final dio su aprobacién a regafiadientes, no sin antes amenazar que s resultaba dafiado se me descontaria del sueldo. Sus palabras me hicieron vacilar (en aquella época yo no ganaba mucho), pero ya era demasiado tarde para echarse atras. Neil recibié 6rdenes de ir a buscar una botella de leche de cristal a la cantina y lenarla de agua, mientras Phil iba al armario de los micros a escoger el mas pequefio que pudiera encontrar. Estaba pensando en cémo impermeabilizarlo cuando John lamé a Mal y di —Qué tienes que pueda funcionar esta vez? Mal siempre estaba preparado para cualquier contingencia, porque si los Beatles querian algo y él no lo tenja, se las hacfan pasar canutas. Por eso, llevaba un maletin de médico, dentro del cual habia metido toda clase de cosas (ptias, cuerdas de guitarra, fusibles, patatas chips, galletas, incluso objetos de menaje como pajiuelos de papel, que sacaba si uno de ellos estaba resfriado). John debi de pensar que si alguien podia tener la solucién a nuestro dilema, tenia que ser Mal. Y Mal no nos decepcioné: guifiando el ojo y con una sonrisa maliciosa, el corpulento ayudante abrio el maletin, rebusc6 durante un instante, y alz6 jubiloso un condén. —jFelicidades, Malcolm! —proclam6 John mientras los demas estallaban de risa —. Al fin y al cabo, no queremos que el micrdfono deje a nadie embarazado, gverdad? Conteniendo yo mismo el ataque de risa, envolvi cuidadosamente el micréfono y Jo deslicé en el interior de la botella de leche, y luego la coloqué encima de uno de los teclados mientras Lennon acercaba una silla, preparandose para cantar. Entonces pensé: «jDios mio, si el director del estudio ve esto, me despide en el acto!». En ese preciso instante la puerta se abrié de par en par y aparecié nada menos que el Sr. E. H. Fowler, quien, por la raz6n que fuese, aquella noche se habia quedado a trabajar hasta tarde, y supongo que habia asomado la cabeza para ver si las luces estaban encendidas. Por suerte para mi, era un poco corto de vista. Cuando se acercé lo suficiente para ver lo que estabamos haciendo, John habja saltado de la silla, habia agarrado la botella de marras y se la habia escondido detras de la espalda, Mi corazén latia desbocado cuando Fowler se acercé. —,Todo va bien, chicos? —pregunté. el micréfono www.lectulandia.com - Pagina 121