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Cuando una persona escribe su biografía, miente.

Miente porque lo que menos le


interesa la verdad. Quiere la estatua.
Yo no. No voy a mentir. Sé que voy a decir cosas que me van a perjudicar, y está
bien. Pequeños lujos que uno se puede dar en cercanías de la muerte. Pero, ¿y los
hijos, doctor? ¿Pensé en sus hijos? Me importan un carajo mis hijos, y mis esposas,
y todo lo que suma y sigue. O no, no es que no me importen. Es que cuando muera,
yo no seré yo. No sé que seré, pero sé que no seré lo que soy ahora. Por eso no
dispuse ninguna voluntad final, ¿para qué? Que hagan conmigo lo que menos les
joda. Yo ya no seré yo.
Estoy esperando hace un rato ya al cagatintas que escribirá mis memorias. Yo le
puse así, Cagatintas. Él no lo sabe. Es joven, muy joven, ambicioso e inescrupuloso.
Tan joven que no debe saber que cagatintas se le decía, en mi juventud, a los
escribas por un sueldo. Cagatintas está contento porque además de la paga, que es
buena, piensa que va a acceder a no sé que cosa. Las fantasías de los trepadores,
con ellas se han hecho varios buenos libros y películas. Cagatintas las tiene.
Suena el timbre. Debe ser él.

(la otra voz es la del escriba, la historia es la del largavista)

" Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad?
¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con qué y
con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Estas son
las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o
mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final
responde con su vida entera."
Sandor Marai