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Los Colegas del Ministro

¿Cooperación o Competencia?

¿Cómo contemplamos nosotros a aquellos con quienes ministramos? ¿Son los ministros colegas que
compiten para lograr una meta espiritual, o son competidores que tratan de eclipsarse uno al otro?
¿Podrían los ministros competir realmente uno con otro? Consideremos algunos casos:

El Pastor Walter Mauricio acaba de ser llamado como pastor de la Iglesia Monte Horeb. Él tiene muchas
expectativas particulares de lo que logrará durante su ministerio en esa iglesia. Va a dirigir a la iglesia a
nuevos niveles de crecimiento; va a guiar la construcción del salón de recepciones que algunos miembros
de dicho comité aseguraron que la iglesia quería; desarrollará un plan de evangelización como nunca antes
se ha realizado, y con ello pretende el involucramiento de todo el liderazgo, y el establecimiento de un
buen programa para el mejoramiento de la recaudación de ofrendas en la iglesia. Sin embargo, Carlos
Zamora no contaba con el tío Francisco. Él es un miembro muy antiguo de la iglesia. Es presidente del
Comité de Finanzas, pero además de esto, no tiene ninguna posición oficial en la Iglesia. No obstante, el
tío Francisco ha funcionado en la Iglesia Monte Horeb durante años como un pastor subterráneo o dicho
de otra manera; la persona que “da los permisos” en la iglesia. No importa qué nombre aparezca en el
directorio de la iglesia como pastor, el tío Francisco es de hecho quien da permiso para que se adopten
los programas de la iglesia o, una vez adoptados, para que se realicen hasta su terminación. A él no le
interesa el crecimiento de la iglesia; no quiere a toda esa gente nueva en la iglesia. Más que construir un
nuevo salón de recepción, preferiría aumentar las reservas de efectivo de la iglesia en el banco. En lo que
se refiere a ofrendar a la iglesia, hace años él decidió la cantidad de dinero que daría cada año y nunca ha
cambiado. Considerando las expectativas con las cuales Carlos Zamora llegó al pastorado de la Iglesia
Monte Horeb ¿tiene competencia el ministro en esta iglesia?

El Pastor Danny Martínez se había unido recientemente al personal de la Iglesia Bautista del Pastor Carlos
Sierra, como ministro de adultos solteros. Anteriormente, esa responsabilidad había estado a cargo del
Pastor Walter Martínez, quien tenía dentro del personal el cargo de ministro a estudiantes, incluyendo el
ministerio a la juventud, los estudiantes universitarios y los adultos solteros. Como él era un adulto
soltero, sintió como si se le hubiera separado de su propio grupo al incorporar a Danny Martínez a dicho
personal. En sus conversaciones con otros adultos solteros, con frecuencia cuestionaba sarcásticamente
las estrategias Danny Martínez en el ministerio. En reuniones del personal desempeñaba el papel de
abogado del diablo – a menudo a manera negativa – sobre cualquier asunto que se relacionara con Danny
Martínez. Cuando él y el Pastor hablaban, Walter cuestionaba la lealtad de Danny hacia el pastor. En las
ocasiones en que invitaba al administrador de la iglesia a comer, le preguntaba cómo manejaba Danny
Martínez las cuentas por las que era responsable en su ministerio. El consideraba que siendo Danny
Martínez un pastor muy joven, tal vez no tenía mucha experiencia para mantener sus cuentas y que
fácilmente podría excederse. ¿Era Walter Martínez un colega cooperador o un competidor de Danny
Martínez?
La Pastora Jazmín de Escalante insistía en introducir sus distintivos denominacionales en cada discusión
en la Asociación de Ministros Evangélicos en Ahuachapán. A veces cuestionaba el grado de fe cristiana e

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incluso la salvación de los pastores en otras denominaciones. La iglesia que pastorea la Pastora Jazmin de
Escalante nunca participa en los servicios que se desarrollan a nivel de Asociación, ni siquiera en el día
nacional de Oración ¿La considerarían las otras iglesias en la comunidad una colega cooperadora o una
competidora?

Cada ministro sirve con otros ministros. Ciertamente somos “una parte del todo”. Nos relacionamos uno
con otro, ya sea cooperativamente o en competencia. Trabajamos juntos, ya sea voluntariamente o de
mala gana, ya sea uno con otro o uno contra otro.

Los ministros somos responsables ante Dios por nuestra vida personal y ministerial. También somos
responsables ante otros ministros. La responsabilidad se aplica a la profesión del ministerio como un
todo. Lo que un ministro hace puede impactar el ministerio de muchos otros aun cuando no trabajemos
en la misma denominación. La responsabilidad ministerial de uno hacia otro y a la profesión ministerial,
así como a Dios, es vital para el ministerio total y para el trabajo del Reino de Dios.

La relación con nuestros iguales es un asunto ético. Muchos códigos de ética entre los profesionales hacen
de la relación con iguales una preocupación primaria. ¿Nos relacionamos nosotros con nuestros colegas
en cooperación o en competencia?

Los líderes de la Iglesia Local

El fundamento de la relación de confianza


Obviamente, las relaciones entre los ministros y los líderes de la iglesia local son cruciales. La confianza
es esencial para que esta relación sobreviva y para que los ministros cooperemos con el liderazgo de la
iglesia, en lugar de competir con ellos. Los cambios que deben hacerse en una iglesia, pueden realizarse
porque la gente confía en nosotros para guiarlos en forma adecuada. Confían en que nosotros somos
sensibles a la dirección del Espíritu Santo, que estamos interesados en su bienestar espiritual más que en
nuestra reputación ministerial, y que somos personas íntegras dignas de confianza.

El trabajo de la iglesia es diferente de cualquier otro tipo de trabajo. En una iglesia, los miembros no son
solamente los “clientes” o “parroquianos”; sino también colegas. Nosotros ministramos a los miembros
de la iglesia, pero ellos también laboran con nosotros. En una iglesia donde el pastor es el único miembro
del personal, los oficiales de la iglesia se constituyen en nuestros colegas.

¿Qué tan importante es la confianza? El libro de Rut es la hermosa historia de Rut la moabita que siguió
a Noemí, su suegra, hasta su hogar en Israel. Al comprometer su palabra de amor a Noemí, Rut dijo que
el pueblo de Noemí sería su pueblo, y el hogar de Noemí su hogar, y el Dios de Noemí sería su Dios (Rut
1:16) Rut creyó en el Dios de Noemí porque primero había creído en Noemí. La gente va a creer en nuestro
programa, en nuestro proyecto o en nuestra predicación, porque primero han creído en nosotros.

¿Cuándo se rompe la confianza?


Una terminación forzosa del pastorado es la pesadilla de todo ministro. Puede venir por medio de un
grupo de la iglesia, de un comité de diáconos, que dicen: “Pastor, sentimos que ha terminado su

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efectividad en esta iglesia y consideramos que debe renunciar”. O la pesadilla puede tomar la forma de
una tormentosa sesión de negocios de la iglesia, cuando se ha enardecido a la gente con llamadas y
contactos de cada lado, algunos apoyando al ministro y otros pidiendo su dimisión. El incidente puede
ocurrir cuando alguien se pone en pie en alguna sesión de negocios y dice: “Propongo que declaremos
vacante el púlpito.”

Se reconoce a la terminación forzosa como la “separación de la relación formal entre el ministro y la


iglesia, sea por coerción o por voto.”

Existe un número de problemas éticos en torno al despido forzoso de los ministros. Estos problemas
incluyen:

 La falta de integridad personal del ministro.


 La no aceptación del valor del individuo como se refleja en la forma en que son tratadas las
personas.
 La falta de responsabilidad en desarrollar habilidades pastorales y competencia en el ministerio.

Evitando la terminación forzosa


El buen ministro en un mundo que no es tan bueno, no debe estar preocupado únicamente por evitar una
terminación forzosa. Nuestro objetivo debe de ser el desarrollar las habilidades del ministerio al grado
de que los ministros seamos tan competentes y efectivos que una terminación forzosa nunca se convierta
en algo real en nuestra vida ministerial.

La competencia ministerial comprende el desarrollo de las habilidades ministeriales necesarias para


ministrar efectivamente. En la discusión previa sobre el profesionalismo, definimos al profesional como
alguien que tiene habilidades particulares para responsabilidades específicas. La competencia ministerial
se desarrolla a través del proceso educativo, a través de la educación continua, a través de la lectura y del
entrenamiento sobre la marcha. Muchas de las habilidades ministeriales no se pueden enseñar sino que
se adquieren, haciendo. Se aprende a predicar, por ejemplo, predicando. Nosotros podemos aprender la
teoría y estudiar los métodos, pero realmente nunca aprendemos a predicar hasta que nosotros
predicamos. El desarrollo de las habilidades pastorales es un proceso de por vida. Nadie llega nunca
finalmente a la perfección total en cada área, por lo tanto los ministros estamos obligados éticamente a
continuar desarrollando las habilidades en el ministerio mientras continuemos ministrando a otros en el
nombre de Dios.

La competencia ministerial también comprende el desarrollar habilidades personales. La necesidad de


desarrollar habilidades interpersonales es evidente. Speed Leas del Instituto Alban, una autoridad
reconocida en el manejo de conflictos eclesiásticos, llevó a cabo un estudio que mostró que la carencia
de habilidades interpersonales del ministro causó un 46 por ciento de terminaciones involuntarias. En el
ministerio las relaciones interpersonales cuentan.

Tanto nosotros como los líderes de la iglesia debemos estar abiertos y ser honestos unos con otros. Si la
falta de comunicación es una de las causas mayores de la terminación forzosa, la práctica de una

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comunicación clara, abierta y honesta, sería un factor mayor para evitarlo. Si bien “comunicación” es un
apalabra que a menudo produce ruido, es también de importancia significativa en la estructura de la
iglesia.

En las iglesias, la comunicación se da en dos niveles: formal e informal. El nivel formal comprende aquellas
formas en las cuales alguien, intencional y conscientemente, trata de comunicar materiales y asuntos a la
iglesia. Estas incluyen cosas como:
 Anuncios públicos,
 Carteles,
 Letreros,
 Periódicos de la iglesia,
 Boletines,
 Anuncios publicitarios.

Los medios informales de comunicación comprenden:

 Conversaciones telefónicas,
 Discusiones en los pasillos,
 Informaciones a la hora del café,
 Discusiones entre amigos.

EL PERSONAL DE LA IGLESIA

Un incidente de la experiencia del éxodo de los hebreos que se relata en Éxodo 18:13-23, nos da un
modelo bíblico de cómo los miembros del personal de la iglesia están llamados a servir juntos. Después
que los hebreos cruzaron el mar Rojo y acamparon cerca del monte Sinaí, Jetro, el suegro de Moisés, llegó
a visitarle y notando la carga personal que esto le imponía, Jetro hizo una sugerencia. Le aconsejó a
Moisés que eligiera personas dentro del pueblo que podían servir como jueces sobre grupos de mil, cien,
cincuenta y diez. Estas personas decidirían sobre disputas menores. Moisés le enseñaría al pueblo y haría
las decisiones sobre los asuntos principales que otros le refirieran a él. Advirtamos lo que este pasaje
bíblico nos enseña a nosotros sobre las relaciones del personal y el servicio unido al Señor.

Llamados
Las personas que sirvieron con Moisés fueron llamadas de entre la congregación. Todos los ministros,
cualquiera que sea su función en el ministerio, hemos sido llamados por Dios de entre la congregación.
Este es un distintivo compartido por todos: Hemos sido llamados de entre el pueblo de Dios para servir.
Tanto Romanos 12 como 1 Corintios 12, indican que los cristianos somos dotados en diferentes formas.
Todos los dones son dones del Espíritu Santo. Y todos los dones son para usarse en la edificación de la
iglesia. Las responsabilidades pueden variar y las funciones pueden diferir, pero cada ministro del
personal de una iglesia es un ministro verdadero y cada ministerio es un ministerio válido. “Lo que otros
ministros hacen es, por cierto, tan ministerio como el que un pastor podría hacer. El ministerio es
ministerio por lo que se hace, más que por quién lo hace.”
Colegialidad

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El concepto de colaboración es un segundo concepto que se recoge de la experiencia de Moisés. Los
ministros sirven a Dios juntos. Sirven como colegas en el servicio del Señor. Un pastor comentó: “Cada
ministro entiende que su ministerio es significativo como una parte de un equipo pero, debido a la
variedad de talentos, experiencia y entrenamiento, la responsabilidad podrá no ser siempre totalmente
igual.” El pastor dijo también que el ministro principal es la clave para crear un clima de cooperación,
confianza, apoyo, comunicación, amor mutuo y comprensión.

La idea de un equipo ministerial viene del concepto de colegio. Y encontramos la base escritural para ese
acercamiento en 1 Corintios 3:9: "Nosotros somos colaboradores de Dios". Y hay dos asuntos en este
versículo que particularmente demuestran un ministerio de equipo: primero, "Trabajamos para Dios".
Todos los miembros de la iglesia trabajan para Dios en el ministerio, como lo hacen los ministros." El
segundo asunto deriva directamente de ese concepto: "Somos colaboradores".

Entender el ministerio de equipo como colaboradores en el ministerio encaja bien con las enseñanzas de
Jesús acerca del servicio. La interrelación y cooperación en el ministerio sigue un modelo de equipo antes
que un modelo jerárquico de organización. También sigue un modelo de siervo para su expresión. Jesús
desafió al liderazgo de su tiempo cuando enseñó a sus seguidores que la marca del liderazgo efectivo no
era el señorío sobre otros, sino el servicio a otros (Mr. 10:42-45). Sus ministros gobiernan sólo mediante
el servicio.

Características
Una descripción de las características que se esperan de un ministro nos viene del pasaje de Éxodo
(Ex.18:13- 23). La descripción de la clase de personas escogidas para ayudar a Moisés en su ministerio en
el versículo 21, describe las características básicas de un ministro.

 La primera es capacidad. La persona que sirve en cualquier labor ministerial debe ser capaz de
hacer el trabajo. La capacidad viene por 1) los dones espirituales dados por Dios, 2) los dones
naturales que posee la persona, y 3) Las habilidades adquiridas que el individuo obtiene mediante
la educación y la experiencia. A las personas, no se le llama a desempeñar una posición de
liderazgo de la iglesia solo porque son muy agradables, sino porque tienen la capacidad de realizar
esa labor ministerial.

 La segunda es compromiso. Esos líderes descritos como "temerosos de Dios". Se espera un


compromiso cristiano de cada líder, no solamente del pastor o del ministro principal. El ministro
cristiano está comprometido con Cristo, con la iglesia y con el reino de Dios. "El llamamiento del
ministro está vinculado con una visión del reino que domina en tal forma la vida de uno, que todos
los otros intereses se convierten en periféricos.

 La tercera es la aptitud. El relato del Éxodo dice que eran líderes "capaces". Las personas capaces
son personas dignas de confianza. Son competentes para la obra a la cual Dios y la iglesia los ha
llamado. La aptitud es un imperativo ético para cada persona que ministra en el personal de una
iglesia. Cada cargo en el equipo ministerial de una iglesia debe tener una descripción de los
lineamientos de las principales responsabilidades del cargo, así como las responsabilidades de esa
posición. La descripción debe presentar las expectativas para la realización de ese trabajo y
determinar la competencia del individuo para dicha posición. Recordemos que la meta principal
es hacer la obra del Señor a través de la iglesia.

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 La cuarta es carácter. Jetro describió como personas de carácter a aquellas "que aborrezcan las
ganancias deshonestas". Estas cuatro características se aplican a todas las personas que ministran
en el nombre del Señor Jesucristo. No es asunto de que algunos ministros más visibles posean
estas características y otros sean inmunes a ellas. No importa cuál sea la función del individuo en
una iglesia, son necesarias las características positivas de un ministro.

Consecuencias
Una consecuencia se relaciona con el ministro como persona. Jetro le dijo a Moisés: "Tu podrás resistir
(Ex.18:23). Las relaciones éticas y de cumplimiento en el liderazgo de una iglesia nos permiten trabajar
más eficazmente. Crear un ambiente en el que cada miembro del equipo pueda hacer mejor su trabajo,
es responsabilidad nuestra como ministros, logrando a su vez, aliviar algo de la presión del ministerio y
tener el desafío a niveles más altos de trabajo.

La segunda consecuencia de las relaciones éticas del liderazgo se relaciona con la iglesia. Jetro lo expresó
a Moisés, diciendo; “Todo este pueblo irá en paz a su lugar" (v.23). Esa clase de relación ética ayuda a
realizar el ministerio, llena las necesidades de la gente, ejemplifica el modelo de siervo en el ministerio y
satisface y alegra a la congregación en lugar de desagradarla a disgustaría.
Existen algunas "reglas del camino" relacionadas con las relaciones éticas del personal.

 Respetarse uno al otro como personas y como ministros.


 Darse mutuamente el don de la atención,
 Reconocer que todo liderazgo tiene problemas y debemos verlos como oportunidades para el
crecimiento y no la división.
 Manejar el conflicto con justicia.
 Tener algo de tiempo cuando el liderazgo pueda salir de las presiones de la iglesia y conocerse
unos a otros como personas.
 Corno miembros del personal de una iglesia, necesitamos recordar que nosotros modelamos las
relaciones para el resto de la iglesia.

El predecesor
En términos generales, el ministro que llega no necesita temer a quienes hablan bien de su predecesor.
Quienes amaron, apreciaron, respetaron y apoyaron al ministro anterior, probable-mente lo harán con el
nuevo ministro. El miembro de la iglesia con quien nosotros debemos ser cautelosos es aquel que habla
mal del pastor anterior. Quienes critican, encuentran fallas y expresan disgusto por el ministro anterior,
probablemente reaccionaran con el tiempo en forma similar hacia el nuevo ministro. Todos edificamos
sobre los fundamentos que otros han edificado. Somos recipientes del ministerio de nuestros
predecesores.

Honre y respete al ministro que le ha precedido. Después de todo, usted y yo tenemos más en común
con ese ministro que con la mayoría de los ministros. Nunca se exalte a sí mismo, rebajando a otro. No
se ve bien, ni actuamos éticamente, cuando criticamos o cuestionamos el carácter de quienes nos han
precedido. Estimulemos a los miembros de la iglesia a amar y a respetar a nuestros predecesores.

Invite a los ministros anteriores a volver para ocasiones especiales en la iglesia. Quizá se terminó un
edificio que un ministro anterior ayudó a planear o a adquirir la propiedad en la que se encuentra
localizado el templo. Invite al ministro anterior a dar un mensaje de dedicación cuando se dedique el
edificio. Otra opción es invitar al ministro anterior a predicar en una serse de servicios especiales. Si
nosotros nunca involucramos a los ministros anteriores en la vida de nuestra iglesia, solamente revelamos

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nuestra inseguridad al no reconocer la contribución que ellos hicieron.

Si es posible mantengamos informados de los eventos en la vida de la iglesia a los líderes anteriores. El
boletín de noticias de la iglesia hace una lista de los eventos principales en la vida de la iglesia, pero nunca
cuenta la historia completa. Hay eventos significativos que también ocurren en la vida de los miembros
de la iglesia, que no aparecen en el boletín de noticias. Una carta o una llamada por teléfono para
informar de esos eventos van a significar mucho para la persona que invirtió parte de su vida con esa
gente a quienes ahora nosotros estamos ministrando.

El sucesor
¿Y qué cuando usted es el predecesor? ¿Cuál es su relación con su sucesor? Nolan Harmon autor del libro
Ética y Etiqueta publicó lo siguiente:

“Sobre todo, cuando un hombre deja un cargo, debe dejarlo por completo. Ningún ministro debe
estar regresando constantemente para "chismear" con los hermanos o escuchar comentarios sobre
el trabajo del sucesor.” Por esta forma de actuar, algunos ministros han causado mucho daño. El
pastor saliente debe cargar todas sus cosas: sus baúles, sus cajas, sus barriles, su piano, su panera,
su manguera, su escopeta (si la tiene), todo cargado a un mismo tiempo. Debe decir su adiós,
haciéndolo tan sentimentalmente como quiera, pero una vez que el camión de carga ha salido ¡No
mire hacia atrás!...” "Aléjese y manténgase alejado" es la orden.

Obviamente el ministro va a dejar amigos atrás. Su interés y preocupación por ellos va a continuar. Sin
embargo, el trabajo de esa iglesia está ahora en manos de otro. La persona debe tener libertad para
dirigir ese ministerio sin la interferencia de un predecesor.

Probablemente van a llegar invitaciones para volver al antiguo lugar de servicio para asistir a funerales y
bodas. La sabiduría común entre los ministros es no aceptar esas invitaciones o, de aceptarlas, hacerlo
juiciosamente. El problema es, si algunas personas se sienten ofendidas cuando otras son afirmadas.

El nuevo ministro necesita conocer a las personas, hacer relaciones cercanas con ellas y llegar a formar
parte de sus vidas. La mejor manera de lograrlo es compartiendo los grandes acontecimientos de la vida
con ellas. Que el ministro anterior continué ejerciendo esas funciones defrauda al nuevo ministro y lo
pone fuera del desarrollo de esas relaciones. Así como el ministro anterior, en primer lugar, pudo crecer
cerca de la gente, el pastor actual necesita las mismas oportunidades.

Lo menos que se puede hacer, cuando se vuelve al antiguo lugar de servicio para una boda o un funeral,
es recibir la invitación a través del ministro actual. En lo posible, el pastor actual debe tener el papel
principal y el antiguo pastor servir como asistente.

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