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IDEALISMO

El Idealismo
El término “idealismo” tiene distintos significados. Desde el punto de vista metafísico es la
creencia en que el fundamento de la realidad es de índole espiritual o sea de poderes
ideales; y desde el enfoque epistemológico es la postura que sostiene que no existen cosas
reales fuera de la conciencia. O sea que al eliminar la existencia de todos los objetos,
quedan solamente como objetos reales los contenidos de la conciencia (representaciones,
imágenes, sentimientos, etc.) y los objetos ideales (la lógica y la matemática).
el idealismo
De esta manera surgen dos formas de idealismo: el subjetivo o psicológico y el objetivo o
lógico.
En el idealismo subjetivo o psicológico la realidad se encuentra contenida dentro de la
conciencia del sujeto. Los objetos son sólo contenidos de la conciencia, el ser de los objetos
consiste en ser percibidos por el hombre y cuando dejan de ser percibidos dejan también
de existir al no poseer ser, fuera de nuestra conciencia, que es lo único real. A esta posición
también se la llama consciencialismo.
El obispo inglés Berkely es el clásico representante de esta cosmovisión que identifica el
ser con el percibir y que considera a los objetos externos puras sensaciones de los sentidos.
Sin embargo, para Berkely, Dios, que es la causa de nuestras percepciones, y las almas;
tienen existencia independiente.

El idealismo de Berkely tiene base metafísica y teológica, característica que no aparece en


las nuevas formas de idealismo subjetivo como por ejemplo, el empiriocriticismo de
Avenarus y Mach, que creen nada más que en las sensaciones, y la filosofía de la
inmanencia de Schupe y de Schubert-Soldern, que proponen que todo es inmanente a la
conciencia. En el caso de este último lo único existente es la conciencia cognoscente.

En cuanto al idealismo objetivo o lógico es diferente, porque parte de la conciencia objetiva


de la ciencia, cuyo contenido es una suma de juicios lógicamente ideales, elementos
lógicos, que distinguen lo dado en la percepción de la percepción misma y consideran al
objeto como nacido del pensamiento, un producto del pensamiento, un concepto, un ser
lógico ideal, postura que es denominada panlogismo.

En la actualidad, esta posición la defiende el neokantismo, principalmente la escuela de


Marburgo, cuyo fundador es Hermann Cohen.

Pero el neokantismo no es la misma concepción de Kant, más bien Fichte es un sucesor


de Kant, que fue el que dio el primer paso para la aparición del idealismo lógico, con la idea
de un yo absoluto desde donde deriva toda la realidad. Pero al igual que Schelling, lo lógico
todavía se confunde con lo psicológico y lo metafísico.

Solamente Hegel fue el que hizo del ser de las cosas algo puramente lógico. Esta es la
distinción entre el panlogismo hegeliano del neokantismo, el haber establecido el puro
panlogismo.

A pesar de la división entre el idealismo subjetivo o psicológico y el objetivo o lógico, ambos


idealismos tienen en común la concepción fundamental de que toda realidad está contenida
en la conciencia, que es el principal argumento del idealismo.

Con la inmanencia, intentan probar que la tesis del realismo es lógicamente absurda; sin
embargo, la tesis del idealismo tampoco es consistente, porque se puede decir que el objeto
que pensamos es un contenido de la conciencia pero no que el objeto sea idéntico a este
contenido, sino que es una representación o un concepto que se refiere al objeto, que por
lo tanto sigue siendo independiente de la conciencia.

De manera que al afirmar que existen objetos independientes de la conciencia esta


independencia es un elemento del objeto y la inmanencia es el contenido del pensamiento,
o sea que lo propio del objeto es lo que no puede ser pensado.

•El idealismo es la familia de teorías filosóficas que afirman la primicia de las ideas o incluso
su existencia independiente. Un sinónimo es el inmaterialismo. Del idealismo existen dos
•variantes principales: el objetivo y el subjetivo.
IDEALISMO OBJETIVO Y SUBJETIVO

•Idealismo objetivo
•El idealismo objetivo sostiene que las ideas existen por sí mismas y que sólo podemos
aprenderlas o descubrirlas. Representantes del idealismo objetivo son: Platón (realismo
idealista o platónico), Leibniz, Hegel, Bolzano, Dilthey y Frege.
•Idealismo subjetivo
•El idealismo subjetivo sostiene que las ideas sólo existen en la mente del sujeto: que no
existe un mundo externo autónomo. Representantes del idealismo subjetivo son: Descartes
(en ocasiones), Berkeley, Kant, Fichte, Mach, Cassirer y Collingwood.
•La principal característica del idealismo subjetivo es que todo gira alrededor del sujeto
cognoscente (ser pensante que realiza el acto del conocimiento). Y existen, a suvez, dos
variantes. La versión radical sostiene que el sujeto construye el mundo: no existen cosas
por sí mismas sino que sólo existen cosas para nosotros (constructivismo). Según esta
concepción, la naturaleza no tiene existencia independiente. En cambio, la versión moderada
«afirma que las cosas son del color del cristal con que se miran».

•La ciencia y la tecnología no interfieren en el idealismo, pues ambas dependen sobre todo de la
percepción del mundo exterior para modificarlo conforme al conocimiento. Donde la percepción
en sí, no es ninguna temática contraria al idealismo.

•El simple aserto de que las ideas son importantes no lo califica de idealista. Casi tod

•os los materialistas y realistas admiten la existencia e importancia de las ideas, solamente niegan
su autoexistencia.

IDEALISMO OBJETIVO PLATON:


PLATÓN Y EL IDEALISMO

Como se puede ver en el “Mito de la Caverna”, Platón habla de un idealismo en el que las ideas
constituyen un nuevo mundo fuera del ser humano; un mundo suprasensible al que el hombre
debería aspirar.

Platón es de los primeros que menciona una posible explicación de los fenómenos por medios no
físicos, como lo hacían antes los filósofos naturalistas, “apelando a causas de tipo físico y mecánico
(agua, aire, tierra, fuego, calor, frío, condensación, etc.)” (Reale & Antiseri, 2001). Por ello, Platón
denomina una “segunda navegación”, que representa una segunda decisión de emprender el
camino del descubrimiento de las cosas por esfuerzo propio; en la cual se descubre lo
suprasensible liberándose de lo sensible y contando únicamente con el intelecto (ya que en la
primera navegación se está muy vinculado aún con los sentidos y a lo sensible).

De esta manera, las causas de todas las cosas o cualidades de las cosas físicas se encuentran en un
mundo aparte; son causas superiores, verdaderas y únicamente inteligibles; que se ven
“reflejadas” en el mundo sensible, de manera que lo que nosotros vemos son “con causas”, es
decir, las cualidades de una cosa que remiten a la causa superior, que posteriormente se
denominará causa “metafísica”.

A partir de esto, los filósofos posteriores ya empiezan a diferenciar lo físico y lo metafísico,


material e inmaterial, empírico y metaempírico, etc.

El mundo de las Ideas de Platón es justo ese mundo suprasensible donde se encuentran las causas
(ideas), de manera “invisible, metafenoménica, aprehensible sólo con la mente y, en
consecuencia, puramente inteligible” (Reale & Antiseri, 2001).

Las ideas (eidos) no son meras representaciones mentales de las cosas, sino que se encuentran
fuera de ellas como causas y fuera de la mente humana; es decir, no son pensamientos, “sino
aquello que piensa el pensamiento una vez que se ha liberado de los sensible (...) son el ser por
excelencia (...) son las esencias de las cosas” (Reale & Antiseri, 2001).

Platón enfrenta dos problemas al construir su teoría del mundo de las ideas: la multiplicidad y la
existencia del “no ser”; problemas ya planteados por el eleatismo y los pluralistas. El problema de
la multiplicidad se resuelve de manera muy general en la co existencia necesario del uno o la
unidad y la multiplicidad (los muchos). Es decir, no pueden existir los muchos sin lo uno, y
visceversa (ver diálogo Sofista). El problema de la existencia del “no ser” se resuelve en general al
considerar al “no ser” no sólo como negación absoluta del ser, sino también como alteridad. Es
decir, una idea es algo, y al mismo tiempo no es otras ideas. “Por ello, cada idea tiene
determinada dosis de ser, pero un infinito no ser...” (Reale & Antiseri, 2001).

El mundo de la ideas de Platón es en cierta manera un sistema organizado y con cierta jerarquía,
donde la Idea se encuentra en el vértice de ésta. La Idea es una condición para todas las demás
ideas, más no resulta condicionada por ninguna. Esta idea es la Idea del Bien como absoluto, que
produce al ser y a la sustancia (ver diálogo La República).
Dentro de la estructura del Mundo de las Ideas de Platón vienen contenidos dos principios: Uno y
Díada, que generan las ideas. -Debemos recordar que esta generación de ideas no se da en una
sucesión cronológica, sino más bien habla de una graduación ontológica.- Después de los
principios viene las ideas más generales, como los son Ser, Quietud, Movimiento, Identidad,
Diversidad, Desigualdad, Semejanza, Desemejanza, etc.

En esta jerarquía, se encuentran en la escalón más bajo los entes numéricos (números y figuras
geométricas) que son múltiples a diferencia de los números ideales que suponen una relación
análoga con otras ideas.

El mundo sensible, según Platón es de alguna forma una copia del mundo ideal; existe un Artífice
que ha hecho dicha copia. El mundo ideal es eterno, al igual que el Artífice. El mundo sensible
tiene en cambio un principio. Platón menciona que el Artífice engendró el mundo sensible “por
bondad y amor al bien” (Reale & Antiseri, 2001).

Anamnesis

Platón asegura, a diferencia de los erísticos y de muchos filósofos modernos y contemporáneos,


que la investigación y el conocimiento son posibles; esto por medio de la anamnesis, que es una
especie de recuerdo. Es decir, para Platón, el hombre antes de haber caído en su cárcel (el
cuerpo), conocía todo gracias a La Idea, que deja en el alma una “originaria visión metafísica del
mundo ideal que permanece siempre, aunque velada, en el alma de cada uno de nosotros” (Reale
& Antiseri, 2001). Ahora, lleva el “conocimiento” dentro, pero lo debe recordar (ver el Menón).
Para extraer y obtener las verdades que ya se encuentran dentro del hombre, Platón utiliza la
mayeútica socrática.

El término occidental “a priori” se ha relacionado con la idea de la reminiciencia de Platón; sin


embargo se ha llegado a confundir con el “a priori” subjetivista de Kant. Según la teoría de Platón,
por la reminiciencia se “captan” ideas, más no se producen como en el subjetivismo. Es decir, en el
idealismo de Platón las ideas existen independientemente de que lleguemos a su “conocimiento”
o no (conocimiento entendido como reminiciencia), en cambio en el llamado “idealismo”
subjetivista de Kant las ideas se construyen en el mismo pensamiento del hombre, no tienen ser
de manera independiente, y el hombre no puede conocer otra realidad más que sus propias ideas,
por lo que el orden y estructura que ésta tengan en nuestro pensamiento es de vital importancia,
pues realmente según Kant no tenemos conocimiento de nada más.

Neoplatonismo:
Neoplatonismo. Conjunto de doctrinas y escuelas de inspiración platónica que se
desarrollaron desde el siglo III al siglo VI, se presenta como la última gran expresión del
pensamiento pagano antiguo. En el neoplatonismo, la teoría de las ideas de Platón tomó la
forma de doctrina sobre la emanación mística (irradiación) del mundo material a partir de
un principio espiritual. La materia no es más que el eslabón inferior en la jerarquía del
universo, es una emanación del “alma del mundo”, sobre la que se eleva el “espíritu”, y aún,
más arriba, la esencia primera o “lo único”.
Definición
Con el término general de neoplatonismo se definen las aportaciones de las diversas
corrientes de pensamiento que habían caracterizado a la primera fase de la filosofía
helenista. Es la denominación historiográfica de diferentes momentos de la historia de la
filosofía en que se produjo una revitalización del platonismo (Platón, Academia de Atenas).

Neoplatonismo, denominación colectiva de las doctrinas filosóficas y religiosas de una


escuela heterogénea de pensadores que buscó desarrollar y sintetizar las ideas metafísicas
de Platón sobre todo en lo relacionado con su teoría de las formas. Esta síntesis se produjo
de modo especial en Alejandría con el judaísmo helenista, ejemplificado por el filósofo Filón
de Alejandría, entre otras tendencias. La doctrina conservó en esencia su carácter griego.
Por extensión, el término se aplicó a teorías metafísicas similares expuestas durante la
edad media, el renacimiento y en épocas modernas.

Es una variante de monismo idealista para el que la realidad última del universo era lo Uno,
perfecto, incognoscible e infinito. De este Uno emanan varios planos de realidad, siendo el
nous (inteligencia pura) el más elevado.
HISTORIA:
El neoplatonismo surge en Alejandría en el siglo III como importante sistema filosófico. Y, fue muy
difundido en diversas escuelas filosóficas en el siglo VI. Es una manifestación del platonismo; con
aportes de otras doctrinas como la de Pitágoras, Aristóteles y Zenón; pero sin apartarse
esencialmente del fundamento platónico. También, en el neoplatonismo se observan influencias
de origen hindú y judío.

Según los neoplatónicos, el principio de todo lo existente es la unidad absoluta, lo Uno, realidad
suprema, de la que surgen todas las demás realidades por emanación. El primer ser emanado del
Uno es el Logos, también llamado Verbo, Inteligencia, que contiene las ideas de las cosas posibles.
Después, la Inteligencia engendra el Alma, principio del movimiento y de la materia. El Uno, la
Inteligencia y el Alma son las tres hipóstasis de la Trinidad neoplatónica. El ser engendrado se
esfuerza en ascender hacia la perfección de que emana. Todo viene del Bien y tiende hacia el Bien.
Para que el Alma se una al primer principio es preciso que supere el pensamiento y que, por el
éxtasis, se confunda con Dios y pierda toda conciencia de sí misma. Cuando, por la ignorancia de
su verdadera naturaleza e identidad, el alma humana experimenta un falso sentido de distancia e
independencia, se vuelve presumida de un modo manifiesto y cae en hábitos sensuales y
depravados. El neoplatonismo mantiene que la salvación de esa alma es posible gracias a la virtud
de la libertad de la voluntad que le permitió elegir su camino de pecado. El alma debe invertir ese
curso, trazando en sentido contrario los sucesivos pasos de su degeneración, hasta unirse otra vez
con el origen de su ser.

Amonio Saccas aparece como el fundador de la doctrina. Plotino, su representante más


importante, permaneció once años junto a él antes de profesar su doctrina en Roma a partir de
244. Plotino estaba convencido de haber llegado, dos o tres veces en su vida, a esta unión íntima
con la más alta hipóstasia. Su discípulo Porfirio tomó la dirección de la escuela a fines del s.II; y
redactó las Enéadas tomando las ideas más importantes de su maestro y contiene una exposición
amplia de la metafísica neoplatónica. Jámblico, que había sido el editor de Porfirio en Roma, fundó
la escuela de Siria y enseñó en Apamea. Uno de sus discípulos, Edesio de Capadocia, fundó la
escuela de Pérgamo.

El neoplatonismo, con Porfirio y Jámblico, se opuso al cristianismo, y imputó cada vez más
jerarquía a los procedimientos prácticos destinados a provocar el éxtasis. Influyó en la patrística
cristiana (Dionisio Areopagita, Agustín de Hipona) y también, a través de ella, en el pensamiento
medieval y en la escolástica, hasta llegar al renacimiento (Marsilio Ficino, Pico della Mirandola).

La tradición filosófica del neoplatonismo se mantuvo en el s. V; fue enseñada a partir del 400 en la
escuela de Atenas, por Plutarco de Atenas, uno de cuyos sucesores fue Proclo. La escuela de
Atenas fue clausurada en 529 por un edicto de Justiniano; el diácono Damascio y Simplicio de
Cilicia se refugiaron en Persia. La escuela de Alejandría, que después de la muerte de Hipatia (415),
se había alejado del neoplatonismo y que, en el s. VI, había incluso llegado a ser un foco de
resistencia a las doctrinas neoplatónicas, subsistió.

Caracterización

Floreció en el mundo pagano de Grecia y Roma durante los primeros siglos de la era cristiana.

Se caracteriza por la oposición categórica que se plantea entre lo espiritual y lo carnal, elaborada a
partir del dualismo platónico de idea y materia, oposición que se produce mediante la hipótesis
metafísica de agentes mediadores, el nous y el alma universal, que transmiten el poder divino de
lo Uno a todo, mediante una aversión al mundo de los sentidos, y por la necesidad de la liberación
de una vida de sensaciones a través de una rigurosa disciplina ascética.

Los elementos del ascetismo y de lo no mundano en el neoplatonismo interesaron mucho a los


padres y doctores de la Iglesia cristiana. El prelado cristiano, San Agustín, en sus Confesiones,
reconoció la contribución del neoplatonismo al cristianismo e indicó la profunda influencia
ejercida por sus doctrinas en su propio pensamiento religioso.
Precursores

Entre los más o menos platónicos eclécticos, que son considerados como los precursores de la
Escuela Neoplatónica, los más importantes son Plutarco, Máximo, Apuleyo, Enesidemo y
Numenio.

Otros precursores

Amonio Saccas estibador de los muelles de Alejandría, se considera el fundador de la Escuela


Neoplatónica. Como no dejó escritos, es imposible decir cuáles fueron sus enseñanzas. Su fecha de
nacimiento se considera el 242.

Plotino, nacido en Licópolis de Egipto, vivió del 205 al 270, fue el primer filósofo sistemático de la
escuela. Cuando tenía 28 años fue llevado por un amigo a escuchar a Amonio y, desde entonces,
durante once años, continuó asistiendo con provecho a las lecciones del estibador. El punto de
partida de Plotino es el de un idealista.

Porfirio que en belleza y lucidez de estilo supera a todos los otros seguidores de Plotino y se
distingue también por la dureza de su oposición a los cristianos, nació en el 233 d.c.,
probablemente en Tiro

Jámblico, nacido en Siria, fue discípulo de Porfirio en Italia, y murió hacia el año 330, mientras que
fue inferior a su maestro en potencia expositiva, parece haber tenido una más firme comprensión
de los principios especulativos del Neoplatonismo y modificó más profundamente las doctrinas
metafísicas de la escuela.

Proclo, el más sistemático de todos los neoplatónicos y, por tal razón, conocido como “el
escolástico del neoplatonismo”, es el principal representante de la fase de pensamiento filosófico
que se desarrolló en Atenas durante el siglo quinto, y terminó en el año 529 cuando, por un edicto
de Justiniano, las escuelas filosóficas de Atenas fueron clausuradas.

Influencia

Los pensadores cristianos, casi desde el principio de la especulación cristiana, encontraron en el


espiritualismo de Platón una poderosa ayuda para defender y mantener una concepción del alma
humana que el materialismo pagano rechazaba, pero que la iglesia cristiana aceptaba
irrevocablemente. Todas las primeras refutaciones del materialismo psicológico son platónicas. Así
también, cuando las ideas de Plotino comenzaron a prevalecer, los escritores cristianos
aprovecharon del respaldo prestado por la doctrina de que hay un mundo espiritual más real que
el mundo de la materia.

NEOPLATONISMO
Neoplatonismo
Sistema de filosofía idealista y espiritualista tendiente al misticismo. Floreció en el
mundo pagano de Grecia y Roma durante los primeros siglos de la era cristiana. Es
de interés e importancia, no sólo porque es el último intento del pensamiento griego
por rehabilitarse a sí mismo y restablecer su vitalidad exhausta mediante el recurso
a las ideas religiosas orientales, sino también porque definitivamente entró en
servicio del politeísmo pagano y fue usado como arma contra el cristianismo. Su
nombre se deriva del hecho de que sus principales representantes obtuvieron su
inspiración de las doctrinas de Platón, a pesar de que es bien conocido que varios
de los tratados en que ellos se basaron no son obras genuinas de Platón. El
neoplatonismo se originó en Egipto, esta circunstancia, por sí misma, indicaría que,
no obstante el sistema haya sido un producto característico del espíritu helenista,
fue ampliamente influenciado por los ideales religiosos y las tendencias místicas del
pensamiento oriental.

Para entender el sistema neoplatónico, así como también entender la actitud del
cristianismo hacia él, es necesario explicar la doble finalidad que movió a sus
fundadores. Por un lado, el pensamiento filosófico del mundo helénico había
probado ser inadecuado para la tarea de la regeneración moral y religiosa. El
estoicismo, epicureismo, eclecticismo y aún el escepticismo se habían fijado, cada
uno, la tarea de hacer felices a los hombres y, cada uno a su turno había fallado.
Entonces surgió la convicción de que el idealismo de Platón y las fuerzas religiosas
del Oriente podrían unirse bien, en un movimiento filosófico que daría definición,
homogeneidad y unidad a todos los esfuerzos del mundo pagano por rescatarse a
sí mismo de la ruina que lo amenazaba. De otro lado, la fortaleza y, desde el punto
de vista pagano, la agresividad del cristianismo, comenzaban a desarrollarse. Llegó
a ser necesario, en el mundo intelectual, imponerse a los cristianos, mostrando que
el paganismo no estaba totalmente en bancarrota y, en el mundo político, rehabilitar
el politeísmo oficial del Estado proporcionando una interpretación de él, que debería
ser aceptable en el ámbito de la filosofía. El estoicismo especulativo había reducido
los dioses a personificaciones de fuerzas naturales; Aristóteles había negado
definitivamente su existencia; Platón se había reído de ellos. Era momento, además,
de que el creciente prestigio del cristianismo debiera ser opacado por una filosofía
que, invocando la autoridad de Platón, a quien los cristianos reverenciaban, no sólo
mantuviera a los dioses, sino que hiciera de ellos parte esencial de un sistema
filosófico. Este fue el origen del neoplatonismo. Sin embargo, se debe añadir que,
en tanto la filosofía que surgía de estas fuentes era platónica, no desdeñaba el
apropiarse de elementos del aristotelismo y aun del epicureismo, articulándose en
un sistema sincrético.

Precursores del Neoplatonismo.


Entre los más o menos platónicos eclécticos, que son considerados como los
precursores de la Escuela Neoplatónica, los más importantes son Plutarco, Máximo,
Apuleyo, Enesidemo y Numenio. El último mencionado, que floreció hacia el fin del
siglo segundo después de Cristo, tuvo una influencia directa e inmediata sobre
Plotino, el primer neoplatónico sistemático. Enseñó que hay tres dioses: el Padre,
el Hacedor (Demiurgo) y el Mundo. Filón el Judío (ver Filón Judío), quien destacó
en la mitad del siglo primero, fue también un precursor del neoplatonismo, aunque
es difícil de decir si su doctrina de la mediación del Logos tuvo una influencia directa
en Plotino.

Amonio Saccas

Amonio Sacas, un estibador de los muelles de Alejandría, se considera el fundador


de la Escuela Neoplatónica. Como no dejó escritos, es imposible decir cuáles fueron
sus enseñanzas. Sabemos, no obstante, que tuvo una extraordinaria influencia
sobre hombres como Plotino y Orígenes, quienes voluntariamente abandonaron a
los profesores profesionales de Filosofía para escuchar sus discursos sobre la
sabiduría. Según Eusebio, Amonio nació de padres cristianos, pero se convirtió al
paganismo. Su fecha de nacimiento se considera el 242.

Plotino

Plotino, nacido en Licópolis de Egipto, vivió del 205 al 270, fue el primer filósofo
sistemático de la escuela. Cuando tenía 28 años fue llevado por un amigo a
escuchar a Amonio y, desde entonces, durante once años, continuó asistiendo con
provecho a las lecciones del estibador. Al final del primer discurso que había
escuchado, exclamó: “Éste es el hombre que estaba buscando”. En el 242
acompañó al emperador Gordiano a Mesopotamia, pretendiendo ir a Persia. En el
244 fue a Roma, donde, durante diez años, enseñó Filosofía, contándose entre sus
oyentes y admiradores al Emperador Galiano y su esposa Solonia. En el 263 se
retiró a Campania con algunos discípulos, incluyendo Porfirio, y allá murió en el 270.
Sus obras, consistentes en cincuenta y cuatro tratados, fueron editadas por Porfirio
en seis grupos de nueve. Por esto son conocidas como las Enéadas. Las Enéadas
fueron primero publicadas en una traducción latina por Marsilio Ficino (Florencia,
1492); entre las mejores las ediciones recientes están la de Breuzer y Moser
(Oxford, 1855) y la de Kirchoff (Leipzig, 1856). Partes de las Enéadas han sido
traducidas al inglés por Taylor (Londres, 1787-1817).
El punto de partida de Plotino es el de un idealista. Enfrenta lo que considera la
paradoja del materialismo, es decir, la afirmación de que la sólo existe la materia,
con una enfática aserción de la existencia del espíritu. Si el alma es espíritu, se
sigue que no puede haberse originado del cuerpo ni de un agregado de cuerpos. La
verdadera fuente de la realidad está sobre nosotros y no debajo. Es el Uno, el
Absoluto, el Infinito. Es Dios. Dios excede todas las categorías del pensamiento
finito. No es correcto decir que Él es un Ser o una Mente. Es el Super-Ser, la Super-
Mente. Los únicos atributos que le pueden ser aplicados propiamente son Bien y
Uno. Si Dios fuera solamente Uno, debería permanecer en su unidad indiferenciada
por siempre, y no sería nada sino Dios. El es, sin embargo Bien y, la bondad como
la luz, tiende a difundirse por sí misma. Del Uno emana en primer lugar el Intelecto
(Nous), que es la imagen del Uno. Y es al mismo tiempo un derivado parcialmente
diferenciado, porque es el mundo de las ideas, en el que están los múltiples
arquetipos de las cosas. Del intelecto emana una imagen en la que hay una
tendencia a la diferenciación dinámica, es llamada el Mundo-Alma, es el lugar donde
residen las de fuerzas, como el Intelecto es el lugar donde residen las ideas. Del
Mundo-Alma emanan las fuerzas (una de ellas es el alma humana), éstas, por una
serie de sucesivas degradaciones hacia la nada llegan a ser finalmente materia, lo
no-existente, la antítesis de Dios. Todo este proceso es llamado emanación o flujo.
Es descrito en lenguaje figurativo, y su valor filosófico preciso no está determinado.
De modo similar el Uno, Dios, se describe como luz, y la materia se dice que es
oscuridad. La materia es, de hecho, para Plotino, esencialmente lo opuesto al Bien;
es el mal y la fuente del mal. Es irrealidad y, donde está presente, hay no sólo una
falta de bondad sino también una falta de realidad. Dios es el único que está libre
de materia; tan sólo Él es Luz; sólo Él es plenamente real. Por doquier hay parcial
diferenciación, parcial oscuridad, parcial irrealidad; en el intelecto, en el Mundo-
Alma, en las Almas, en el universo material. Dios, lo real, lo espiritual, es además
contrastado con el mundo, lo irreal, lo material. Dios es noumeno, todo lo demás es
apariencia o fenómeno.

El hombre, estando compuesto de cuerpo y alma, es parcialmente como Dios,


espiritual y, parcialmente como la materia, lo opuesto a lo espiritual. Es su deber
intentar retornar a Dios eliminando de su ser, sus pensamientos y sus acciones,
todo lo que es material y tiende a separarlo de Dios. El alma viene de Dios. Existe
antes de su unión con el cuerpo; su sobrevivencia después de la muerte es difícil
de probar. Retornará a Dios por medio del conocimiento, porque lo que la separa
de Dios es la materia y las condiciones materiales, que son sólo ilusiones o
apariencias engañosas. El primer paso, en el retorno del alma a Dios es el acto por
el que el alma, saliendo del mundo sensorial por un proceso de purificación
(catarsis), se libera por sí misma de la trama de la materia. Luego, habiéndose
retirado dentro de sí misma, el alma contempla en sí el Intelecto interior. De la
contemplación del Intelecto interior, alcanza la contemplación del Intelecto superior
y, desde éste llega a la contemplación del Uno. No puede, sin embargo acceder a
la última etapa sino por revelación, que es un acto libre de Dios, Quien, esparce a
Su alrededor la luz de su propia grandeza, enviando hacia el alma del filósofo y
santo una especial luz que lo capacita para ver a Dios en sí mismo. Esta intuición
del Uno llena de tal modo el alma que excluye toda conciencia y sentimiento, reduce
la mente a un estado de absoluta pasividad, y hace posible la unión del hombre con
Dios. El éxtasis (ektasis) por el que esta unión se alcanza es la felicidad suprema
del hombre, el fin de todo su comportamiento, la culminación de su destino. Es una
felicidad que no recibe incremento por que el tiempo se prolongue. Una vez que el
filósofo-santo la ha logrado, éste queda confirmado, por así decir, en gracia. De aquí
en adelante para siempre, él es un ser espiritual, un hombre de Dios, un profeta y
hacedor de maravillas. Comanda todas las potencias de la naturaleza, y aun
doblega, según su voluntad, a los mismos demonios. Ve el futuro y, en cierto sentido
comparte tanto la visión, como la vida de Dios.

Porfirio

Porfirio, que en belleza y lucidez de estilo supera a todos los otros seguidores de
Plotino y se distingue también por la dureza de su oposición a los cristianos, nació
en el 233 d.c., probablemente en Tiro. Después de haber estudiado en Atenas, visitó
Roma, y llegó a ser ahí un devoto discípulo de Plotino, a quien acompañó a
Campania en el 263. Murió hacia el 303. De su obra “Contra los Cristianos”, sólo
unos pocos fragmentos, conservados en las obras de los Apologistas Cristianos han
llegado hasta nosotros. A partir de esos pasajes se nota que dirigió su ataque a lo
largo de las líneas de lo que hoy llamaríamos criticismo histórico del Antiguo
Testamento y el estudio comparado de las religiones. Su obra “De Antro
Nympharum” es una elaborada interpretación alegórica y una defensa de la
mitología pagana. Sus Aphormai (Sentencias) son una exposición de la filosofía de
Plotino. En sus escritos biográficos, incluidas las “Vidas” de Pitágoras y Plotino, se
esfuerza para mostrar que estos hombres enviados por Dios, no fueron sólo
modelos de santidad filosófica, sino también thaumatourgoi o hacedores de
milagros, dotados de poderes teúrgicos. La más conocida de todas sus obras es un
tratado lógico titulado eosagoge, o “Introducción a las Categorías de Aristóteles”.
Según una traducción latina hecha por Boecio. Esta obra fue ampliamente usada
en la Alta Edad Media, y ejerció considerable influencia en el desarrollo de la
Escolástica. Tal como es bien sabido, un pasaje del “Isagogue”, dio ocasión para la
célebre controversia de los universales en los siglos once y doce. En sus obras
expositivas sobre la filosofía de Plotino, Porfirio pone mucho énfasis sobre la
importancia de las prácticas teúrgicas. Sostiene, por supuesto, que las prácticas
ascéticas son el punto de partida del camino de perfección. Uno debe comenzar el
proceso de perfección “adelgazando el velo de la materia” (el cuerpo), que se
mantiene entre el alma y las realidades espirituales. Entonces, como medio de
posterior avance, uno debe cultivar la contemplación de sí mismo. Una vez que la
etapa de contemplación de sí mismo ha sido alcanzada, el siguiente progreso hacia
la perfección depende de la consulta de oráculos, adivinación, sacrificios no
sangrientos a los dioses superiores, y sacrificios sangrientos a los demonios o
poderes inferiores.

Jámblico

Jámblico, nacido en Siria, fue discípulo de Porfirio en Italia, y murió hacia el año
330, mientras que fue inferior a su maestro en potencia expositiva, parece haber
tenido una más firme comprensión de los principios especulativos del
Neoplatonismo y modificó más profundamente las doctrinas metafísicas de la
escuela. Sus obras llevan el título comprehensivo de “Sumario de doctrinas
pitagóricas”. Ya sea él o un discípulo suyo es el autor del tratado "De Mysteriis
Aegyptiorum" (Primeramente publicado por Gale, Oxford, 1678 y después por
Parthley, Berlín, 1857), el libro es un producto de su escuela y prueba que, como
Porfirio, enfatizó el factor mágico o teúrgico en el esquema neoplatónico de la
salvación. Considerando el aspecto especulativo del sistema de Plotino, dedicó
atención a la doctrina de la emanación, que modificó hacia su acabamiento y mayor
consistencia. La naturaleza precisa de la modificación no está clara. Es seguro, sin
embargo, afirmar que, en general, anticipó el esfuerzo de distinguir tres momentos
o etapas subordinadas en el proceso de emanación.

Mientras estos defensores filosóficos del neoplatonismo fueron dirigiendo sus


ataques contra el cristianismo, representantes de la escuela en los aspectos más
prácticos de la vida y aun en los más altos lugares de autoridad, se movieron hacia
un campo de batalla más efectivo en nombre de la escuela. Hierocles, procónsul de
Bitinia durante el reinado de Diocleciano (284-305), no sólo persiguió a los cristianos
de su provincia, sino que escribió una obra ahora perdida, titulada “El discurso de
un amante de la verdad, contra los cristianos”, levantando los reclamos del rival de
la filosofía neoplatónica. Él, como Juliano el Apóstata, Celso, y otros, se activaron
principalmente a causa de la declaración hecha por el cristianismo de ser, no una
religión nacional como el judaísmo, sino una religión mundial, o universal. Juliano
resumió el argumento de la filosofía contra el cristianismo así: ”El gobierno divino
no se realiza mediante una sociedad especial (como la Iglesia Cristiana) que enseña
una doctrina con autoridad, sino a través del orden del universo visible y toda la
variedad de instituciones cívicas y nacionales. La armonía subyacente de ésta debe
descubrirse por el examen libre en que consiste precisamente la filosofía.”
(Whittaker, "Neo-Platonists", p. 155). A la luz de este principio de política pública es
que debemos ver el intento de Jámblico de ofrecer una sistemática defensa del
politeísmo. Sobre el Uno, dice, está el Absolutamente Primero. Desde el Uno, que
es en sí mismo un derivado, deriva el intelecto que, como Intelectual e Inteligible,
es dual. Tanto el Intelectual como el Inteligible están divididos en triadas, que son
los dioses supraterrenales. Debajo de éstos, y subordinados a ellos, están los
dioses terrenales, que subdivide en trescientos sesenta seres celestiales, setenta y
dos órdenes de dioses infracelestiales y cuarenta y dos órdenes de dioses
naturales. Próximos a éstos están los héroes semidivinos de la mitología y los
filósofos-santos como Pitágoras o Plotino. Según esto, es evidente que el
neoplatonismo cesó por entonces de ser una cuestión meramente académica. Entró
muy vigorosamente en la contienda concertada contra el cristianismo. Al mismo
tiempo, no cesó de ser una fuerza que podía invocar la unificación de los restos
sobrevivientes de la cultura pagana. Tal como lo sostuvo la filósofa Hipatia, cuya
suerte a manos de una turba cristiana en Alejadría, en el año 422, fue arrojada como
un reproche a los cristianos (ver Cirilo de Alejandría). Entre los contemporáneos de
Hipatia en Alejandría estuvo otro Hierocles, autor de un comentario de los “Versos
dorados” pitagóricos.

Proclo

Proclo, el más sistemático de todos los neoplatónicos y, por tal razón, conocido
como “el escolástico del neoplatonismo”, es el principal representante de la fase de
pensamiento filosófico que se desarrolló en Atenas durante el siglo quinto, y terminó
en el año 529 cuando, por un edicto de Justiniano, las escuelas filosóficas de Atenas
fueron clausuradas. El fundador de la Escuela de Atenas fue Plutarco, apodado el
Grande (no Plutarco de Queronea, autor de “Vidas de hombres ilustres”), que murió
en el 431. El más distinguido miembro de esta escuela fue Proclo, que nació en
Constantinopla en el 410, estudió lógica aristotélica en Alejandría y, cerca del 430,
llegó a ser discípulo de Plutarco en Atenas. Murió allí en el 485. Es autor de varios
comentarios sobre Platón, de una colección de himnos a los dioses, y de varias
obras de matemáticas junto con tratados filosóficos. Los más importantes son:
“Elementos de Teología”, stoicheiosis theologike, (impreso en la edición de París de
las Obras de Plotino); “Teología Platónica” (impreso en1618, en traducción al Latín,
por Aemilius Portus); tratados más breves sobre el Destino, el Mal, la Providencia,
etc., que existen sólo en una traducción latina hecha por Guillermo de Moerbeka en
el siglo trece. Estas obras están reunidas en la edición Cousin, “Procli Opera”, París,
1820-1825. Proclo intentó sistematizar y sintetizar los distintos elementos del
neoplatonismo por medio de la lógica aristotélica. El principio cardinal sobre el que
este intento descansa es la doctrina, ya prefigurada por Jámblico y otros, de que en
el proceso de emanación hay siempre tres etapas subordinadas, o momentos,
llamados: el original (mone), la emergencia del original (proodos) y el retorno al
original (epistrophe). La razón de estos principios se enuncia así: el derivado es a
la vez diferente del original y semejante a éste; su diferencia es la causa de su
derivación y, su semejanza es la causa o razón de su tendencia a retornar. Toda
emanación es, además, en serie. Constituye una cadena descendente desde el Uno
a su antítesis, que es la materia. De la primera emanación del Uno provienen las
“henadas”, los supremos dioses que ejercen la providencia sobre los
acontecimientos mundanos; de las henadas proviene la tríada, inteligible, inteligible-
intelectual, e intelectual, correspondiente al ser, a la vida y al pensamiento; cada
uno de estos es, a su vez, origen de una “hebdómada”, una serie correspondiente
a las principales divinidades del panteón pagano: de éstas derivan las “fuerzas” o
“almas”, que sólo son operativas en la naturaleza, aunque, dado que son los
derivados más inferiores, su eficacia es la menor. La materia, antítesis del Uno, es
inerte, muerta y, no puede ser causa de nada excepto de imperfección, error y mal
moral. El nacimiento de un ser humano es el descenso de un alma en la materia. El
alma, sin embargo, puede ascender y volver a descender en otro nacimiento. La
ascensión del alma es ocasionada por el ascetismo, la contemplación y la
invocación de poderes superiores por magia, adivinación, oráculos, milagros, etc.

Los últimos neoplatónicos

Proclo fue el último gran representante del neoplatonismo. Su discípulo, Marino, fue
maestro de Damasco, quien representó a la escuela en el momento en que fue
suprimida por Justiniano en el 529. Damasco fue acompañado en su exilio a Persia
por Simplicio, célebre comentador neoplatónico. Hacia la mitad del siglo sexto, Juan
Filopón y Olimpiadoro destacaron en Alejandría como exponentes del
neoplatonismo. Ellos fueron, como Simplicio, comentaristas. Cuando llegaron a ser
cristianos, el curso de la escuela de Platón terminó. El nombre de Olimpiadoro es el
último en la larga fila de escolarcas que comenzó con Espeusipo discípulo y sobrino
de Platón.

Influencia del Neoplatonismo

Los pensadores cristianos, casi desde el principio de la especulación cristiana,


encontraron en el espiritualismo de Platón una poderosa ayuda para defender y
mantener una concepción del alma humana que el materialismo pagano rechazaba,
pero que la iglesia cristiana aceptaba irrevocablemente. Todas las primeras
refutaciones del materialismo psicológico son platónicas. Así también, cuando las
ideas de Plotino comenzaron a prevalecer, los escritores cristianos aprovecharon
del respaldo prestado por la doctrina de que hay un mundo espiritual más real que
el mundo de la materia. Después, hubo filósofos cristianos, como Nemesio (que tuvo
su auge hacia el 450), quien asumió el entero sistema del neoplatonismo de manera
que fuera considerado consonante con el dogma cristiano. Lo mismo puede ser
dicho de Sinesio (Obispo de Ptolemaica, c.41), excepto que él, habiendo sido
pagano, aún después de su conversión, no abandonó la idea de que el
neoplatonismo tuvo valor como una fuerza que unificó los diversos factores de la
cultura pagana. Al mismo tiempo hubo elementos en el neoplatonismo a los que
recurrieron con fuerza los herejes, especialmente los Gnósticos, y estos elementos
fueron más o menos fuertemente acentuados en las doctrinas heréticas: así S.
Agustín, que conoció los escritos de Plotino según una traducción latina, se vio
obligado a excluir de su interpretación del platonismo varios de los postulados que
caracterizaron a la escuela neoplatónica. De este modo, llegó a profesar un
platonismo que, en varios aspectos está más cerca de la doctrina de los diálogos
de Platón que de la filosofía de Plotino y Proclo. El escritor cristiano cuyo
neoplatonismo tuvo más amplia influencia en la posteridad, y que además reprodujo
con mayor convicción las doctrinas de la escuela, es el Pseudo-Dionisio (ver
DIONISIO, EL PSEUDO AEREOPAGITA). Las obras “De divinis nominibus”, “De
hierachia coelesti”, etc., se admite ahora que fueron escritas el final del siglo quinto,
o durante las primeras décadas del siglo sexto. Provienen de la pluma de un
cristiano platónico, un discípulo de Proclo, probablemente un alumno inmediato de
este profesor, como queda claro por el hecho de que él incorpora, no sólo las ideas
de Proclo, sino además largos pasajes de sus escritos. El autor, ya sea
intencionalmente de su parte, o por algún error de parte de sus lectores, fue
identificado con Dionisio, quien es mencionado en los Hechos de los Apóstoles
como convertido por S. Pablo. Posteriormente, en especial en Francia, fue además
identificado con Dionisio el primer obispo de París. Ocurrió entonces que las obras
del Pseudo-Aereopagita, después de haber sido usadas en Oriente, primero por los
monofisitas y luego por los católicos, llegaron a ser conocidas en Occidente y
ejercieron una amplia influencia a través de toda la edad media. Fueron traducidas
al latín por Juan Escoto Eriúgena hacia la mitad del siglo noveno y, en esta forma
fueron estudiadas y comentadas, no sólo por escritores místicos, tales como los
Victorinos, sino también por típicos representantes de la escolástica como S. Tomás
de Aquino. Ninguno de los escolásticos posteriores, sin embargo, adoptó en su total
dimensión la metafísica del Pseudo-Aeropagita en sus principios esenciales, como
lo hizo Juan Escoto Eriúgena en su “De divisione naturae”.

Después de la supresión de la escuela de filosofía de Atenas por Justiniano en el


529, los representantes del neoplatonismo fueron, según se ha visto, a Persia. No
permanecieron por mucho tiempo en ese país. Otro éxodo, tuvo consecuencias más
permanentes. Un número de griegos neoplatónicos asentados en Siria llevaron
consigo las obras de Platón y Aristóteles, que fueron traducidas al siríaco y después
al árabe, hebreo y latín y así, hacia la mitad del siglo doce comenzaron a reingresar
a la Europa cristiana a través de la España morisca. Estas traducciones estuvieron
acompañadas de comentarios que continuaron la tradición neoplatónica comenzada
por Simplicio. Al mismo tiempo un número de obras filosóficas anónimas, escritas
en su mayor parte bajo la influencia de la escuela de Proclo, algunas de las cuales
fueron adscritas a Aristóteles, comenzaron a ser conocidas en la Europa cristiana,
y no dejaron de influir en la escolástica. Asimismo, obras como “Fons Vitae” de
Avicebrón, que fueron conocidas como de origen judío o árabe, fueron
neoplatónicas, y contribuyeron a determinar la doctrina de los escolásticos. Por
ejemplo la doctrina de Escoto de la materia primo-prima es reconocida por el mismo
Escoto como derivada de Avicebrón. No obstante todos estos hechos, la filosofía
escolástica fue aristotélica en su espíritu y método; explícitamente rechazó varias
de las interpretaciones neoplatónicas, tal como la unidad del Intelecto Agente. Por
esta razón todos los críticos sin prejuicios concuerdan que es una exageración
describir el conjunto de la escolástica meramente como un episodio en la historia
del neoplatonismo. En época reciente este punto de vista exagerado ha sido
defendido por M. Picavet en su "Esquisse d'une histoire comparée des philosophies
médiévales" (Paris, 1907).

Los elementos neoplatónicos en el “Paradiso” de Dante han tenido origen en su


interpretación de los escolásticos. No es sino hasta el surgir del humanismo en el
siglo quince cuando las obras de Plotino y Proclo fueron traducidas y estudiadas
con el celo que caracterizó a los platónicos del Renacimiento. Fue entonces cuando,
los elementos teúrgicos o mágicos presentes en el neoplatonismo se hicieron
populares. La misma tendencia se ha encontrado en “Eroici Furori” obra de Bruno,
interpretando a Plotino en la dirección de un materialismo panteísta. El rechazo
activo del materialismo por los platónicos de Cambridge en el siglo diecisiete,
consiguió que reviviera el interés por los neoplatónicos. Un eco de esto se aprecia
en la obra de Berkeley titulada “Siris”, la última fase de oposición al materialismo.
Cualquier elemento neoplatónico que sea reconocido en trascendentalistas, como
Schelling o Hegel, difícilmente puede citarse como sobreviviente de los principios
filosóficos. Ellos son más bien influencias inspirativas como las que encontramos en
poetas platónicos tales como Spencer y Séller.
El neoplatonismo y la corriente platónica
25 de marzo de 2007 Publicado por Christian
En sentido estricto, se denomina “neoplatonismo” a aquella corriente filosófica, de
carácter platónico, que tiene su origen aproximadamente en el siglo II con la obra
de Plotino, al cual dedicaremos ya en un futuro algún artículo relativo a su vida,
trabajo y obra.
El neoplatonismo se prolongaría, a su vez, en distintos lugares durante los siglos
posteriores, destacando neoplatónicos muy importantes, como Jámblico, Porfirio,
Edesio de Capadocia, o Proclo.

El filósofo Plotino
Tal y como hemos visto detalladamente en muchos post recogidos en este espacio,
Platón había distinguido dos mundos, el mundo inteligible (mundo de las ideas), y
aquel mundo sensible, construido a imitación de aquellas. Como ya sabemos, por
encima de estas últimas ideas colocó la idea de Bien, como realidad suprema y
principio primero. Pero, además de estos dos mundos, Platón había introducido
asimismo en su sistema el demiurgo, que consistía en el dios que construye el
mundo sensible tomando como modelo las ideas. No obstante, y como ocurre con
toda hipótesis o teoría, en este caso naturalmente filosófica, existían aspectos que
no estaban del todo claros: ¿dónde se hallan las ideas?, ¿qué relación existe entre
el Bien y el demiurgo?, ¿cómo, a partir de un principio supremo, se ha originado la
pluralidad de los seres tanto materiales como inmateriales?

La actitud de la corriente platónica ante, por ejemplo, la última de ellas (relacionada


con el origen propio del resto de los seres a partir del principio supremo, Dios, el
Bien), fue decisiva para la contestación misma de las otras dos anteriores.

Efectivamente, tanto los platónicos como luego los neoplatónicos insistían mucho
en esa trascendencia del principio supremo situado más allá de toda realidad. Y es
que, el abismo existente únicamente entre este mismo principio supremo y el mundo
sensible, se salva tejiendo un puente de realidades intermedias, cada vez más
próximas al mundo sensible, y alejadas de ese principio determinado.

En esta concepción de la realidad se cumple el denominado como principio de


plenitud, según el cual la totalidad de lo real constituiría una cadena en la que no
deberá faltar ningún eslabón, cuya perfección disminuye a medida que su lugar en
la escala se aleja del principio primero.
Definición de Cartesiano

El término 'cartesiano' se utiliza como un adjetivo para hacer referencia a todo


aquello que tenga que ver con las diversas y muy complejas teorías filosóficas y de
pensamiento propuestas por uno de los filósofos franceses más grandes de la
historia: René Descartes. Descartes es considerado por muchos especialistas del
área como uno de los primeros filósofos que postuló la importancia del uso de la
razón en las ciencias, especialmente en lo que respecta a los diferentes métodos
de comprobación y verificación de la verdad. Así, su importancia radica en el hecho
de que ya mucho antes de que surgieran las grandes ideas revolucionarias sobre la
importancia de la razón por sobre la religión (aquellas que a fines del siglo XVIII
pusieron fin al Antiguo Régimen), Descartes había planteado la idea más básica
pero al mismo tiempo más importante de todas: el ser humano es tal sólo a través
de la razón.

La teoría cartesiana o propuesta por Descartes parte de una inferencia muy simple
pero tan profunda y significativa que podría ser entendida como el centro mismo de
la existencia humana. Esta inferencia se hizo extremadamente famosa a partir de la
frase "Pienso, luego existo" que no quiere decir ni más ni menos que al darse cuenta
concientemente de su actividad mental, de su pensamiento, el ser humano
comprende entonces que existe. Ese pensamiento es lo que le asegura que está
vivo, que existe en el mundo, y esa es una verdad indiscutible porque todo aquel
ser humano que no piense no será existente.

A partir de esta base cartesiana, la ciencia comenzó a formular sistemas de trabajo


que se basan en el uso de la razón por sobre la justificación religiosa de la realidad.
Si bien Descartes no fue el primero en plantear semejante información, sí fue uno
de los primeros en clarificar el hecho de que sólo a través de la razón (y de que la
misma está siendo llevada a cabo por algún ser pensante) es que es posible
conocer la verdad de la realidad, ya sea para la física, para la biología, para la
historia, para cualquier ciencia. Descartes dividía la realidad en tres mundos: el de
la mente, el de la materia y el habitado por Dios. A pesar de ser un devoto católico,
Descartes proponía la preeminencia del primer mundo como base para encontrar la
verdad a un nivel científico.
ABC https://www.definicionabc.com/ciencia/cartesiano.php

CARTESIANOS:

(De Cartesius, n. latinizado de Descartes): m. Filosofía. Movimiento filosófico que


se inició en el siglo XVII bajo la influencia de Descartes, y que ha llegado hasta
nuestros días en la escuela denominada Espiritualismo francés. Los últimos
representantes del cartesianismo han sido Huet y Lemoine en Francia; Hanegraft y
Estapers en Bélgica, y Martín Mateos en España (V. Martín Mateos, Cartas
filosóficas a D.R. de Campoamor; Béjar, 1866).
La revolución filosófica iniciada por Descartes abraza todas las ciencias, y
además señala un período de completa renovación del sentido crítico. Con razón
se llama a Descartes el Sócrates moderno y padre de la filosofía moderna. Para
encontrar otro pensador que haya ejercido en su tiempo, y en los filósofos que le
han sucedido, influencia semejante a la ejercida por Descartes, hay que llegar a
Kant, fundador de la filosofía novísima, padre de ella, Vater, como respetuosamente
le llaman los alemanes. Cuantos elementos fermentaban, oponiéndose al exclusivo
imperio del formalismo escolástico y de su sentido autoritario con protestas selladas
por el sacrificio de la vida (V. SAN BRUNO), se condensaron en el movimiento de
independencia iniciado por Descartes y Bacon en el siglo XVII. Suele una crítica
superficial estimar las direcciones de Descartes y Bacon más que como opuestas,
cual radicalmente contradictorias, cuando constituyen movimientos concurrentes a
un mismo fin, según ha comprobado la historia de la filosofía y está patentizando el
estado actual del pensamiento contemporáneo. Ha acontecido algo semejante a
este error crítico con aquel otro en que se incurrió, al poner en parangón la doctrina
aristotélica con el platonismo, agotando los epítetos para calificar estas dos
direcciones, hijas de la filosofía socrática, como contradictorias, y tener que
reconocer más tarde que son factores comunes de un todo más general de una
semi-identidad de sentido. Disponer las fuerzas del espíritu por obra de la reflexión
para hallar un principio de certeza y de evidencia, es el problema que se propone la
filosofía moderna (sin romper la continuidad con la antigua) que, iniciada con igual
sentido y dirección por Bacon en las observaciones naturales, y por Descartes en
las investigaciones del espíritu, llega hasta nosotros en los días presentes, agitando
con más fuerza que nunca dicho problema, y mostrando, con las incertidumbres del
espíritu descontentadizo e inquieto de estos tiempos, los dolores y males sociales
que no encuentran lenitivo en eclecticismos parciales como el ideado por Leibniz.
La complejidad de la filosofía moderna va precedida en su aparición de un período
preparatorio (siglos XV y XIV). (V. L. Liard: La Methode et la Mathématique
universelle de Descartes, Revue Philosophique, tom. X) correspondiente al
conocido en la historia general con el nombre de Renacimiento. La gradual
emancipación del pensamiento de las trabas dogmáticas, consecuencia de la
protesta formulada por los nominalistas; la creciente admiración a los sistemas
filosóficos de la antigüedad y la aspiración nunca interrumpida a templar las
soluciones extremas de los sistemas filosóficos ya producidos, son los caracteres
predominantes en dicho período. Obra, más que de producción espontánea, de
reaparición semierudita de los sistemas filosóficos antiguos, ni halla ni sistematiza
la reflexión en este período nuevas verdades que iluminen el fondo todavía
indeterminado de la conciencia humana. Como dice Cousin (Véase su Historia de
la Filosofía en el siglo XVIII), la filosofía de los siglos XV y XVI educa el
pensamiento moderno por medio del pensamiento antiguo. Provisto el espíritu
humano mediante este período preparatorio de una libre espontaneidad en su
reflexión; emancipado por completo de toda influencia extraña, y secularizada en el
siglo XVII la obra emprendida, se comienza por indagar antes que nada un método
para el conocimiento y un principio de certeza para la verdad. Con semejante
propósito, que late en las obras de todos los pensadores, pierde la reflexión
filosófica la indeterminación de otros tiempos, logra simplificar y clasificar las
funciones intelectuales, asentando desde sus comienzos lo que llegó a ser el
resultado final de toda la filosofía griega, a saber: el problema del conocimiento ha
de hallar su solución o en las ideas racionales o en los hechos sensibles, o en algo
intermediario y copartícipe de ambos. Es este período importantísimo en la historia
del pensamiento, tanto por los puntos de contacto entre sus distintas direcciones,
cuyo entronque común es el cartesianismo, cuanto porque da carácter definitivo
(crítico) a la filosofía moderna, y sobre todo porque facilita la empresa de Kant que
recoge con gran agudeza de ingenio los términos del problema filosófico, hasta el
extremo de ser hoy su doctrina punto de partida obligado para todos los pensadores.
Se debe principalmente este fundamental progreso al cartesianismo. De él y de la
obra fundamental de Descartes (Discurso del método) dice Huxley: (Véase Huxley:
Sur le Discours de la Methode): «La proposición fundamental de este discurso es
que debe existir un camino que nos lleve a la verdad... y para ello hay una regla: la
de no admitir otras proposiciones que aquéllas cuya verdad es tan clara que no es
posible dudar de ellas. Desde este momento Descartes consagra la duda; pero la
llamada por Goethe escepticismo activo, cuyo único fin consiste en conquistarse a
sí mismo, y no la duda procedente de la ligereza y de la ignorancia que trata de
perpetuarse para servir de disculpa a la pereza y a la indiferencia... Descartes
encontró sólo la certeza en la conciencia, y el resultado de su manera de ver es el
idealismo, que nos lleva directamente al idealismo crítico de su gran sucesor Kant.
Pero el discurso nos indica otro camino bien diferente en apariencia (nueva
confirmación de que Bacon y Descartes coinciden, a pesar de su aparente
oposición) y que nos obliga a reconocer la correlación de todos los fenómenos del
universo, con la materia y el movimiento (el automatismo y la máquina corpórea);
esta doctrina es el punto esencial del pensamiento físico moderno, que la mayor
parte de los hombres llaman materialismo.

Abre, pues, el Discurso del Método dos vías: con Berkeley y Hume nos conduce la
primera a Kant y al idealismo; con Lamettrie y Priestley llega la segunda a la
fisiología y al materialismo. Nuestro tronco se divide, pues, en dos grandes ramas;
su fecundidad ha de depender de que se acerquen. Así, las diferencias entre la
metafísica y la física son complementarias, no contrarias, y el pensamiento humano
no quedará realmente fecundado sino cuando se hayan reunido.» No es sólo
Huxley, sino otro escritor también inglés (autoridades que no admiten tacha de
parciales), el que fija de modo definitivo la influencia del cartesianismo en la filosofía
moderna y en la reforma de las ciencias contra los que pretenden atribuir este mérito
a Bacon. Dice Mahaffy (V. J. P. Mahaffy: Descartes, Edimburgo y Londres, 1880):
«Nula y casi imperceptible fue la influencia de la espléndida retórica de Bacon en
las reformas de las ciencias. Sus métodos de indagación consisten únicamente en
una sagacidad bien ordenada, fundada en el desprecio de las autoridades de la
Edad Media, sin que se note la creación de una nueva escuela que influya en la
historia del pensamiento. Bien diferente es la obra de Descartes. Su método,
acompañado de descubrimientos matemáticos, implica la solución de los más altos
problemas, y aun cuando algunas de sus teorías sean falsas, indican el criterio para
corregirlas. Creó una escuela definida, y el siglo siguiente se dividió en cartesianos
y anticartesianos.»
La obra del cartesianismo es sumamente extensa: abraza las matemáticas, las
ciencias naturales, la del hombre y la de Dios. El germen de toda ella se halla en el
método: no admitir como verdadero sino lo evidente, evitando cuidadosamente la
precipitación y la prevención, no aceptando más que aquello que no es susceptible
de duda. El cartesianismo da el tono y carácter a todas las doctrinas filosóficas del
siglo XVII, igualmente independiente frente a la escolástica y a la antigüedad, como
fruto de indagación y método personales. Aunque el pensamiento de las antiguas
escuelas subsiste en lo que tiene de sólido y verdadero, y el comercio con ellas será
siempre fecundo, su influencia queda anulada desde que, con la aparición del
cartesianismo, el espíritu humano examina los mismos problemas con método
distinto y con formas diferentes.
El examen detallado de la doctrina cartesiana y la influencia eficacísima que ejerció
en los grandes pensadores que siguieron a Descartes, lo mismo que la exposición
de las consecuencias que de él dedujeran sus más preclaros discípulos, tendrán su
lugar adecuado cuando tratemos de Descartes, Malebranche, Spinoza, etc. La
historia del cartesianismo y la de sus vicisitudes hasta nuestros días se halla
expuesta en las siguientes obras: Baile, Recueil de pièces curieuses concernant la
philosophie de Descartes (Amsterdam, 1684); Huet, Mémoire pour servir l'histoire
du Cartesianisme (París, 1693); Baillet, Vie de Mr. Descartes (París, 1691); Cousin,
Mémoires sur la persécution du Cartesianisme, Fragments philosophiques et
Fragments de philosophie cartesienne; Bordas-Demoulins, Le Cartesianisme ou la
véritable rénovation des Sciences (París, 1843), y Bouillier, Histoire et critique de la
révolution Cartesiaenne (París, 1842). En nuestro país, además de las cartas
filosóficas del discípulo de Bordas-Demoulins, Martín Mateos, se ha publicado una
traducción de las obras de Descartes con un estudio preliminar sobre el pensador
francés, del malogrado Revilla.
Metodo Cartesiano de Rene Descartes
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Metodo CartesianoRené Descartes propone un método de búsqueda de la verdad:


La duda metódica, Para él, la duda es un momento necesario en el camino para
alcanzar la verdad: es metódica y constructiva porque implica, como punto de
arranque, poner en entre dicho la autoridad de los libros, los maestros y las
tradiciones, hasta superar la duda misma. No se trata de dudar de todas las ideas,
sino de cuestionar sus fundamentos.

“solo se puede llegar a la verdad cuando la duda ya no tenga lugar”

Como primer paso Descartes propone dudar de los sentidos, por que engañan
alguna vez y nadie asegura que no dañen siempre. De mismo modo se debe dudar
de la existencia de las cosas, pues igual se presentan en los sueños como en la
vigilia.
Luego Descartes introduce un nuevo motivo de duda: la que Dios halla puesto estas
ideas en su mente con la intención de engañarlo. Para evitar equívocos con la fe,
Descartes sustituye a Dios con la hipótesis de un genio maligno, que tiene la
voluntad de engañarlo en todo lo que piensa.

Llegando hasta este punto, Descartes aplica la duda a la propia duda y es en este
preciso momento cuando encuentra un principio que resiste a la duda: DUDO,
LUEGO PIENSO, PIENSO, LUEGO SOY, SOY, POR TANTO EXISTO.

Ante este hecho de dudar, aunque me esté engañando, siempre puedo tener la
certeza de que estoy dudando. Además sobre todo, Dudar implica pensar y a su vez
pensar implica existir. Por lo tanto tenemos aquí la primera verdad: “pienso, luego
existo”, a partir de la cual se puede construir conocimiento bien fundamentado.
El Método Cartesiano

Descartes comienza el Discurso del método diciendo:



La facultad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo ¡falso, que es
propiamente lo que llamamos ‘buen sentido’ o ‘razón’, es por naturaleza igual en
todos los hombres; por lo tanto,
la diversidad de nuestras opiniones no procede de que unos sean más racionales
que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por caminos
distintos, y no consideramos las mismas cosas. No basta, ciertamente, tener un
buen entendimiento: lo principal es aplicarlo bien”.
La cuestión que Descartes se plantea es la construcción de un método que permita
aplicar bien el “buen sentido” o “razón” que todos los hombres poseemos “por
naturaleza”, o dicho de otro modo, método que nos permita “dirigir” bien nuestra
facultad de conocimiento y aumentar nuestro saber.

El método ha de ser, pues, un “conjunto de reglas”, fáciles de usar y que permitan


aplicar bien nuestro “buen sentido” o “razón”, haciendo que se acreciente/progrese
nuestro conocimiento con el descubrimiento de nuevas verdades.

Nuestra razón (=buen sentido) es capaz por sí misma de distinguir lo verdadero de


lo
falso, sin embargo hay factores exteriores a ella (como una educación equivocada
o las pasiones que asaltan el alma o la impaciencia por conseguir un resultado, etc.)
que perturban su juicio y la llevan a cometer errores (= a tomar por verdadero lo que
es falso). De ahí que sea necesaria la existencia de algunas reglas de acuerdo con
las cuales guiar/aplicar las dos operaciones básicas de nuestra razón o
entendimiento: la intuición y la deducción.

- Por intuición Descartes entiende una actividad puramente racional en virtud de la


cual conocemos de modo inmediato (=sin necesidad de razonamiento alguno) la
verdad de una proposición; verdad que se nos presenta con tal evidencia que no
deja lugar a duda alguna.

- Por deducción, toda inferencia o razonamiento demostrativo en virtud del cual


llegamos a concluir alguna verdad a partir de otras verdades ya conocidas.
El método cartesiano está inspirado en el que utilizan las matemáticas, que toman
como punto de partida axiomas evidentes para ir deduciendo teoremas.

En la 2ª parte del Discurso expone Descartes las 4 reglas del método:

1ª) Regla de la evidencia: no se debe aceptar como verdadera afirmación alguna


cuya verdad no pueda ser intuída con absoluta evidencia. Dicho de otro modo: sólo
hay que admitir como verdaderas aquellas afirmaciones que nuestro pensamiento
intuye con tal claridad y distinción que no es posible dudar de ellas en absoluto.

2ª) Regla del análisis: hay que descomponer toda afirmación compleja (=no
evidente) en tantas afirmaciones simples como sea necesario para intuir su
evidencia.
3ª) Regla de la síntesis: hay que volver a unir mediante alguna cadena de
deducciones las afirmaciones simples obtenidas tras el análisis, para conocer la
relación lógica que las une en la afirmación compleja.
4ª) Regla de la enumeración: y, por último, hay que comprobar constantemente los
pasos dados en el análisis y en la síntesis con el fin de estar seguros de no haber
cometido ningún error en ellos.

Son cuatro reglas que persiguen un mismo objetivo: darnos la certeza (=seguridad
racional) de que toda investigación científica o filosófica que las utilice alcanzará la
verdad por difícil y compleja que pueda parecer. Así pues, nuestro conocimiento de
la realidad ha de ser construído deductivamente a partir de ciertas ideas o principios
evidentes. Tal método toma como ejemplo o modelo el que utilizan las matemáticas
(partir únicamente de axiomas, que son verdades primeras y evidentes, para ir
deduciendo de ellos teoremas).
Tal y como aconseja la 1ª regla no hay que admitir como verdadera ninguna
afirmación
que no sea evidente, por eso Descartes comienza su filosofía con la duda.

KANTISMO O KANTIANISMO

El kantismo abarca tanto los principios elementales del pensamiento del filósofo
alemán ilustrado Immanuel Kant, como el conjunto de corrientes y doctrinas que se
han inspirado en ellos.

Para el kantismo, la función de la filosofía es la de establecer los límites


trascendentales del conocimiento, de tal forma que sea posible conocer la manera
en la que debe comportarse la ciencia. Esto supone llevar a cabo un análisis de la
manera en la que el hombre se enfrenta a la realidad, en tanto que sujeto
cognoscente, y un establecimiento de la verdadera dimensión de la filosofía en tanto
que disciplina del pensamiento.

El objeto del conocimiento se constituye a través de la conjunción de dos instancias


heterogéneas: unos datos que proceden del mundo y que llegan al sujeto a través
de los sentidos, y unas facultades del conocimiento que están determinadas por
unas categorías a priori.
De esta manera, es elemental en el kantismo la distinción entre el fenómeno y el
noúmeno. El primero, que es el objeto del conocimiento, se trata de la imagen
mental que el hombre tiene de las cosas que hay en el mundo, y viene siempre
mediado por la experiencia directa de la realidad. El segundo, el noúmeno o cosa
en sí, hace referencia a lo que son las cosas que hay en el mundo al margen de la
actividad de las categorías trascendentales del sujeto sobre el ámbito de la
experiencia.

El kantismo establece de esta manera una nueva forma de realismo, que afirma la
existencia del mundo externo, pero a la vez reconoce que no es posible conocer
cómo son las cosas al margen de las categorías trascendentales que posibilitan el
conocimiento humano.

Es decir, únicamente se puede contar con las representaciones fenoménicas del


mundo, que sitúan las cosas en el espacio y en el tiempo; pero no se puede saber
cómo son esas cosas al margen de estas categorías a priori.

De esta analítica trascendental se derivan los límites del conocimiento humano. El


hombre sólo puede hacer ciencia de aquellas cosas que son fenómeno; es decir, de
aquellas cosas de las que se tiene una experiencia directa.

En consecuencia, el kantismo afirma que la metafísica no es una ciencia, al igual


que tampoco lo es la religión, ya que ambas tratan de realidades y cosas de las que
no se puede tener una experiencia sensible.

Sin embargo, no por ello hay que desechar la metafísica, ya que su función es la de
establecer los límites del conocimiento y la de describir los principios
trascendentales de los que dependen el hombre, Dios y el mundo.

En consecuencia, todas aquellas disciplinas y acciones intelectuales que no


dependen de las estrictas leyes de la ciencia son libres para extender sus funciones.
Si la Crítica de la razón pura plantea los límites legítimos dentro de los cuales puede
operar la ciencia, la Crítica de la razón práctica asume la absoluta libertad del sujeto
moral para definir lo conveniente y lo inconveniente.

Otra de las características más sobresalientes del pensamiento kantiano es la


constitución de una ética formal, que lejos de buscar contenidos normativos
materiales pretende hallar la manera correcta de identificar una norma moral
universalmente válida. Esta norma viene descrita en el principio categórico.

Por último, el kantismo supone además una estética, desarrollada de forma prolija
en la Crítica del juicio. En la obra se analiza la forma en la que el sujeto accede a la
belleza, y se define lo bello como aquello que sin concepto produce placer.

El influjo del pensamiento de Immanuel Kant en la filosofía que le siguió es enorme.


Así, es posible hallar su huella tanto en la obra de pensadores lógicos como Frege
y Wittgenstein, como en la de autores que se dedican a estudiar la justicia. Hasta el
filósofo irracionalista Arthur Schopenhauer, que trata de romper con la tradición
occidental moderna, se basó en el concepto de noúmeno para llevar a cabo su
distinción entre el mundo como voluntad y el mundo como representación.

A mediados del siglo XX, la obra de Kant sufrió diversas críticas de manos de los
autores posmodernos y críticos, sin embargo, aún en la actualidad se puede
encontrar su presencia en filósofos como Jurgen Habermas.
René Descartes, pionero de la filosofía moderna
En tanto, el filósofo francés René Descartes está considerado como el “padre” de la
Filosofía moderna porque su pensamiento lo llevó directamente a la creación de una
nueva ciencia matemática, de la geometría analítica y también a alcanzar la
conclusión de que para evitar el error no solamente basta con disponer de
inteligencia sino que a la misma hay que aplicarla adecuadamente, o sea, la misma
requiere sí o sí de un método, porque de lo contrario no sirve de nada la disposición
de inteligencia sin la presencia de un método para ejecutarla.

Descartes fue el promotor y pionero del racionalismo, doctrina que sostiene que la
realidad es racional y por caso es solamente comprensible mediante el uso de la
razón. La razón es la base y el método que propone incluye a las matemáticas, una
ciencia exacta.

Su propuesta fundamental fue la llamada duda metódica que implicaba someter a


juicio todos los conocimientos que existían para así hallar principios inequívocos
sobre los cuales se fundará el saber o conocimiento.

Una frase suya, que pasaría a la posteridad sella este pensamiento y método:
“pienso, luego existo”
El método cartesiano proponía para todas ciencias descomponer los problemas
complejos en partes más simples hasta encontrar sus elementos básicos, que se
presentan ante nuestra razón de manera evidente y así continuar a partir de las
mismas a reconstruir todo el complejo.

Pro no podemos soslayar la influencia del otro grupo que compuso y fue
determinante en la filosofía moderna y que acompañó a los racionalistas como
Descartes: los empiristas.
Pensamiento
Todo aquel que se ocupe de filosofía moderna no puede dejar de lado a Kant; tal
vez haya que decir lo mismo de todo aquel que se ocupe de filosofía. Su obra es
típicamente alemana, muy elaborada y un tanto nebulosa. Encerrado en su
gabinete, donde pasó su larga vida de casi 80 años, cuidaba poco el filósofo del
mundo banal, aun cuando lo frecuentaba con placer.

Encasillado en su subjetividad, a la manera de Descartes, da a sus teorías una


dirección muy distinta a la del filósofo francés. Descartes se adentra en su yo, pero
ha de encontrar el camino para elevarse a Dios, y a un tiempo, para dar
«certidumbre» al mundo físico o de la res extensa. Kant, encerrado en un mundo
fenoménico, ha de descalificar la posibilidad de contactar a las cosas en sí mismas,
sean las del mundo, la de Dios, o del alma.

La filosofía de Kant no niega la existencia de Dios, ni un orden moral, ni la realidad


pensable de un mundo físico. Lo que niega —salvo en lo moral— es que la razón
humana pueda trascender y llegar a esos entes en sí mismos: sean el «mundo»,
«Dios» o el «alma». Además Kant constituyó la idea de que el mundo, el Sol y todos
los planetas son complementarios unos con otros.
Kant parte de la conciencia, de las representaciones fenoménicas del yo, sean
provenientes del mundo externo o interno. Se aboca, desde un principio, a la
estética trascendental.

Kant entiende por sensación el efecto de un objeto sobre la facultad representativa,


en cuanto somos afectados por él. Se entiende que se prescinde por completo de
la naturaleza del objeto afectante y que solamente se presta atención al efecto que
se produce en nosotros, en lo puramente subjetivo.

La intuición empírica es una percepción cualquiera que refleja a un objeto, y así el


conocimiento es considerado como un medio. La intuición empírica es la que se
refiere a un objeto, pero por medio de la sensación. El fenómeno es el objeto
indeterminado de la intuición empírica. El árbol puede afectarnos y de él tenemos
una representación fenoménica. Nada podemos saber del árbol en sí. La realidad
de la cosa, en ella misma, es un noúmeno no alcanzable.
EL USO TEÓRICO Y EL USO PRÁCTICO DE LA RAZÓN
INTRODUCCIÓN

En la filosofía kantiana (“Idealismo transcendental”) culminan las tres corrientes


filosóficas principales de la Edad Moderna, racionalismo, empirismo e Ilustración: al
afirmar que el conocimiento se limita a la experiencia, Kant se aproxima al
empirismo, y al afirmar que no todo el conocimiento proviene de la expe- riencia se
acerca al racionalismo. Los dos grandes ilustrados, Newton y Rousseau, también le
influyeron: Newton representó el éxito definitivo que se puede alcanzar si limitamos
la ciencia al conocimiento de los fenómenos; Rousseau reforzó en Kant la
convicción de la autonomía de la moralidad frente a las leyes que rigen el mundo
objetivo y la pertenencia del hombre a dos mundos o reinos, el Reino de la
Naturaleza y el del Espíritu. El problema tratado por Kant fue el de la posibilidad de
lo metafísico, la aclaración de cómo el hombre es ciudadano de ambos reinos. La
filosofía kantiana es una filosofía crítica: se tratará de investigar la posibilidad y
límites de la Razón tanto en su aspecto teórico como en su dimensión práctica. Su
proyecto consiste en establecer los principios y límites del conocimiento científico
de la Naturaleza, descubrir los principios de la acción y las condiciones de la
libertad, y delinear el destino último del hombre.

A. EL USO TEÓRICO DE LA RAZÓN


A. I. PLANTEAMIENTO KANTIANO DEL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO

Responder a la pregunta ¿qué puedo conocer? exige señalar los principios y límites
del conocimiento científico. Kant defendió en un primer momento la metafísica
dogmática racionalista, para la que era posible, por pura deducción racional,
alcanzar el conocimiento metafísico de la realidad, pero la lectura de Hume le
despertó de este “sueño dogmático”. Kant creyó necesario para los intereses y fines
últimos del hombre una Crítica o examen de la propia Razón sobre sí misma y sus
límites, y propuso, frente a la “filosofía dogmática” una “filosofía crítica”. El problema
es el de si es posible la Metafísica como ciencia y para solucionarlo debemos
investigar antes las condiciones que hacen posible la ciencia. En esta tarea
distingue dos tipos de condiciones: empíricas (particulares y contingentes) y a priori
o transcendentales (universales y necesarias). La investigación de estas últimas
dará lugar a la filosofía transcendental. Puesto que la ciencia es un conjunto de
juicios, se preguntará por las condiciones que hacen posibles los juicios científicos.
Lo que exige establecer los tipos fundamentales de juicios, que clasificará así:
tenemos juicios analíticos si el predicado se incluye en el sujeto (no dan información
nueva alguna, no son extensivos) y juicios sintéticos cuando el predicado no se
incluye en el sujeto (son juicios extensivos y amplían nuestro conocimiento); y juicios
a priori si su verdad puede ser conocida independientemente de la experiencia, ya
que su fundamento no se halla en ésta (juicios universales y necesarios) y juicios a
posteriori si su verdad es conocida a partir de la experiencia (particulares y
contingentes). Los juicios más importantes son los juicios sintéticos a priori, que por
ser sintéticos amplían nuestro conocimiento, y por ser a priori son universales y
necesarios.

A. II. LA DOCTRINA DEL CONOCIMIENTO EN LA "CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA"

La tarea fundamental de esta obra es averiguar cómo son posibles los juicios
sintéticos a priori (tanto en Matemáticas como en Física) y si son posibles en
Metafísica. Veamos sus tres partes principales.

La Estética Transcendental se ocupa de la Sensibilidad (facultad de las


sensaciones) y trata de las condiciones transcendentales (universales y necesarias)
que permiten el conocimiento sensible. El efecto de los objetos en la Sensibilidad
son las sensaciones, que son dadas a posteriori y constituyen la materia del
conocer. Pero, gracias a la forma, las sensaciones se presentan ordenadas en
ciertas relaciones; la forma está ya a priori en el espíritu, como forma de la
Sensibilidad. La síntesis de sensaciones o datos empíricos, como materia, y la
forma a priori es el fenómeno. Las formas puras o principios a priori de la
Sensibilidad son el espacio y el tiempo. Espacio y tiempo son las condiciones de
posibilidad de toda experiencia, ahora bien, espacio y tiempo no son propiedades
objetivas de las cosas mismas, sino formas a priori de la Sensibilidad.

Percibir no es, aún, comprender los objetos; comprender los fenómenos es poder
referirlos a un concepto, y esta es la función propia del Entendimiento (facultad de
los conceptos). Kant la estudia en la Analítica Transcendental, y distingue dos tipos
de conceptos, empíricos, que proceden de la experiencia y son a posteriori, y
conceptos puros o categorías, que no proceden de la experiencia y son a priori: las
categorías (sustancia, causalidad, unidad...) son nociones que no se refieren a
datos empíricos pero tampoco son construidas empíricamente por el hombre, pues
pertenecen a la estructura del entendimiento. El conocimiento es posible porque
aplicamos las categorías a la multiplicidad dada en la sensación. Los conceptos
puros son condiciones transcendentales, necesarias, de nuestro conocimiento de
los fenómenos ya que el entendimiento no puede pensarlos si no es aplicándoles
estas categorías, pero las categorías solamente son fuente de conocimiento
aplicadas a los fenómenos y no tienen aplicación válida más allá de los mismos. El
error de la filosofía dogmática (basada en el uso puro de la razón) consiste en usar
las categorías para referirse a realidades transempíricas o trascendentes (Dios y el
alma, p. ej.).

La Dialéctica Transcendental estudia la Razón (facultad de las argumentaciones) y


el problema de si la Metafísica puede ser un saber a priori, y concluye que la
Metafísica como disciplina científica es imposible. La Metafísica quiere alcanzar las
cosas tal y como son en sí mismas, sus objetos son transcendentes ―no
empíricos―: el alma, Dios y el mundo como totalidad; pero la ciencia usa
necesariamente las categorías y éstas sólo pueden emplearse legítimamente
aplicadas a los fenómenos, a lo dado en la experiencia. Kant muestra cómo la
Razón realiza argumentos aparentemente correctos pero ilegítimos. Precisamente
las argumentaciones de la metafísica son de ese tipo. El conocimiento intelectual
formula juicios y conecta unos juicios con otros formando razonamientos. Pero hay
una tendencia peculiar en el uso de la Razón: la Razón busca encontrar juicios cada
vez más generales, aspira a lo incondicionado, al fundamento de los fundamentos.
Cuando la Razón, en esa búsqueda de las condiciones de lo condicionado, de leyes
más generales y profundas, se mantiene en los límites de la experiencia, su uso es
correcto y no da lugar a contradicciones; pero esa tendencia lleva inevitablemente
a traspasar los límites de la experiencia empírica en busca de lo incondicionado: los
fenómenos físicos se pretenden explicar por medio de teorías metafísicas acerca
del mundo, los fenómenos psíquicos de teorías metafísicas acerca del alma, y unos
fenómenos y otros se intentan explicar y unificar por medio de teorías metafísicas
acerca de una causa suprema de ambos tipos de fenómenos: Dios. "Dios", "alma"
y "mundo", son pues tres Ideas de la Razón; ideas que, sin embargo, no tienen una
referencia objetiva, pues no podemos conocer los objetos a los que se refieren.

A. III. EL IDEALISMO TRASCENDENTAL: EL "FENÓMENO" Y EL “NOÚMENO"

Para entender la aportación de su filosofía, Kant propone la analogía de la


revolución copernicana: al igual que Copérnico consiguió comprender el movimiento
de los astros modificando las relaciones que se creía que existían entre ellos y el
sol, Kant creerá que es posible comprender el conocimiento sintético a priori si
modificamos las relaciones entre el sujeto y el objeto: hasta Kant se había
considerado que el sujeto era pasivo en el acto del conocimiento y se tenía que
plegar al objeto para conocerlo; pero de este modo es imposible entender el
conocimiento a priori. El giro copernicano consiste en rechazar la concepción
tradicional del conocimiento y considerar que el sujeto es activo, que son las cosas
las que se deben someter a nosotros de cara al conocimiento: sólo podemos
conocer a priori de las cosas aquello que antes hemos puesto en ellas; podemos
comprender el conocimiento a priori si admitimos que conocemos únicamente los
fenómenos y no las cosas en sí mismas o noúmenos, tesis principal del Idealismo
Trascendental. El Idealismo Trascendental es la culminación del pensamiento
moderno, que comienza con el planteamiento cartesiano del problema del
conocimiento y que progresivamente va centrando en el sujeto el fundamento de la
experiencia humana. Toda la filosofía anterior a la modernidad, mantiene una
concepción realista del mundo: los objetos, sus propiedades y relaciones existen
independientemente de la experiencia que podamos tener de ellos. Pero con Kant
aparece la concepción idealista: no sabemos cómo puede ser el mundo
independientemente de nuestra experiencia de él; todo objeto del que tenemos
experiencia ha quedado influido por la estructura de nuestro aparato cognoscitivo.
Estas ideas llevan a los conceptos de Noúmeno y de Fenómeno: Noúmeno (o Cosa
en sí) es la realidad tal y como pueda ser en sí misma, independientemente de
nuestra experiencia de ella; Fenómeno es la realidad dependiente del Sujeto
Trascendental (el sujeto no empírico del cual se predican las formas aprióricas, es
la realidad estructurada por las formas de la Sensibilidad y las categorías del
Entendimiento. El sujeto no deja intacta la realidad conocida, la constituye en el
propio acto del conocimiento. Por ello, el Idealismo Trascendental se puede resumir
en la afirmación de que sólo conocemos fenómenos.

B: EL USO PRACTICO DE LA RAZÓN


B. I. LA RAZÓN PRÁCTICA Y EL CONOCIMIENTO MORAL

La Razón Teórica formula juicios y se ocupa de conocer cómo son las cosas; la
Razón Práctica ofrece imperativos y se ocupa de cómo debe ser la conducta de los
seres racionales. Punto de partida de la ética kantiana: en la experiencia moral hay
algo análogo al dato fundamental del conocimiento: el "factum de la moralidad", el
hecho moral, la existencia del deber: todos los hombres tienen conciencia de estar
sometidos a prescripciones morales, se sienten obligados a hacer ciertas cosas y a
evitar otras. Esta conciencia del deber es conciencia de una determinación de la
voluntad que posee características análogas a las de la experiencia de
conocimiento: la universalidad y la necesidad. La ética kantiana es un intento de
entender el factum de la moralidad y sus condiciones de posibilidad, del mismo
modo que la teoría del conocimiento kantiana es la investigación de las condiciones
de posibilidad de la ciencia.

Kant clasifica los principios prácticos del siguiente modo: las máximas expresan
cómo nos comportamos dadas tales o cuales circunstancias; hay máximas buenas
y malas. El hombre no está dirigido necesariamente a realizar el bien, por ello el
deber se le presenta como un mandato. Los imperativos o mandatos pueden ser
hipotéticos o categóricos; los imperativos hipotéticos mandan una acción porque
ésta es un buen medio para la realización de un fin. Los categóricos mandan la
realización de una acción porque esa acción es buena en sí misma. Un imperativo
es hipotético o categórico dependiendo del fundamento de determinación que el
sujeto ha tenido al realizar la acción: si ha seguido el precepto "debes hacer X" para
la realización de un fin suyo, entonces dicho mandato es un imperativo hipotético
("debes hacer X si quieres conseguir Y"). Si lo ha hecho exclusivamente por la
propia acción, entonces el mandato es categórico ("debes hacer X"). Los
imperativos hipotéticos son imperativos de la habilidad cuando el fin para el cual se
prescribe una acción como buena es un fin meramente posible (fin no común a todos
los hombres). Los imperativos hipotéticos son imperativos de la prudencia cuando
el fin es un fin real (un fin común a todos los hombres, la felicidad).

B. II. CRÍTICA DE KANT A LAS ÉTICAS MATERIALES

Hasta Kant las éticas habían sido materiales, frente a todas ellas, su ética es formal.
Son materiales aquellas éticas según las cuales la bondad o maldad de la conducta
depende de algo que se considera Bien Supremo (sea espiritual o material): los
actos serán buenos cuando nos acerquen a él y malos cuando nos alejen de él.
Toda ética material parte de que hay bienes, cosas buenas para el hombre,
determina cuál es su bien o fin supremo y establece las normas o preceptos para
alcanzarlo. Pero los preceptos de toda ética material son hipotéticos, empíricos, por
lo que no valen absolutamente, sino sólo de un modo condicional, como medios
para conseguir un fin. Kant creerá que los imperativos hipotéticos no reflejan la
auténtica experiencia moral porque ésta es sometimiento a un precepto universal y
necesario, y dichos imperativos no pueden ser universales y necesarios, ni los de la
habilidad ni los de la prudencia. Dado que las éticas materiales extraen su contenido
de la experiencia empírica y que ésta nunca puede dar universalidad ni necesidad,
dichas éticas únicamente podrían fundamentar mandatos a posteriori, particulares
y contingentes, pero nunca imperativos universales y necesarios, que son los
verdaderos preceptos morales, como expresa el factum de la moralidad. Además,
las éticas materiales son heterónomas: un sujeto es autónomo cuando tiene la
capacidad para darse a sí mismo sus propias leyes y es heterónomo cuando las
leyes no descansan en él mismo, cuando le vienen de fuera; las éticas materiales
son heterónomas porque describen una acción como buena sólo de forma
condicional, describen una acción como buena porque es un buen medio para la
realización de un fin querido por el sujeto. En las acciones heterónomas el sujeto se
tiene que someter a la realidad, es ésta la que impone sus condiciones; el sujeto
tiene que plegarse al orden del mundo.

B. III. LA ÉTICA FORMAL DE KANT

Podemos caracterizar la ética kantiana a partir de sus tres rasgos siguientes:


• Es formal: la materia del imperativo es lo mandado, la forma el grado de
universalidad del imperativo. La tesis esencial de la ética kantiana consiste en
indicar que una máxima describe propiamente una acción moral cuando cumple un
requisito puramente formal: que pueda ser universalizable.
• Es autónoma: un sujeto es autónomo cuando tiene la capacidad para darse a sí
mismo sus propias leyes, y es heterónomo cuando las leyes no descansan en él
mismo, cuando le vienen de fuera; la ética kantiana es autónoma al afirmar que sólo
las acciones morales son autónomas. Kant considera que sólo allí donde
encontramos acción moral encontramos libertad: cuando nos conducimos
moralmente el fundamento de determinación de nuestra voluntad no nos viene de
fuera, del mundo, o de la religión, sino de nosotros mismos, de nuestra conciencia,
pues es nuestra razón práctica la que nos da el criterio de la conducta buena y
permite la determinación de nuestra voluntad. En la experiencia moral somos
autónomos porque la ley a la que nos plegamos está en nosotros mismos.
• El fundamento de las acciones buenas es el deber, no la inclinación: para que una
acción sea buena no basta que sea conforme al deber, además ha de hacerse por
deber. El rigorismo kantiano implica el deber por el deber, aunque vaya en contra
de mi felicidad y de las personas que quiero, y el carácter universal de la bondad o
maldad de una acción, universalidad que impide aceptar excepciones en la validez
del impe- rativo categórico. Este imperativo prescribe una acción como buena de
forma incondicionada, manda algo absolutamente, declara la acción objetivamente
necesaria en sí, sin referencia a ningún propósito extrínseco. Sólo el imperativo
categórico es imperativo de la moralidad. Kant dio varias formulaciones generales
del imperativo categórico, entre las que destacan la “fórmula de la ley universal”, y
la “fórmula del fin en sí mismo”, que ordena tratar a la humanidad, tanto propia como
ajena, siempre como un fin en sí mismo.

B. IV. POSTULADOS DE LA RAZÓN PRÁCTICA

El Idealismo Trascendental rechaza la posibilidad del conocimiento metafísico (de


Dios, el alma, la libertad...); pero Kant no negará todo acceso a esa realidades, sólo
el intelectual, el conocimiento científico, pues únicamente cabe la ciencia de la
realidad fenoménica. Pero para Kant hay otra experiencia que puede vincularnos
con lo metafísico: la experiencia moral. Y ello a partir de los llamados postulados de
la Razón Práctica o proposiciones que no pueden ser demostradas desde la razón
teórica pero que han de ser admitidas si se quiere entender el "factum moral"; estos
postulados se refieren precisamente a la existencia de la libertad, la inmortalidad
del alma, y la existencia de Dios. Aunque desde la perspectiva de la razón teórica
se concibe al hombre como sometido a la ley de la causalidad y necesidad natural,
desde la perspectiva de la razón práctica podemos defender la existencia de la
libertad pues la libertad es la condición de posibilidad de la acción moral
(únicamente de las acciones libres podemos predicar valor y responsabilidad moral);
la libertad es la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según
leyes que son dadas por su propia razón; libertad equivale a autonomía de la
voluntad. Con el postulado de la libertad, Kant muestra que el hombre pertenece a
dos reinos: el fenoménico (o Mundo Sensible), en donde todo está sometido a la
causalidad, y el nouménico (o Mundo Inteligible o Reino de los Fines) en donde
rigen las leyes morales (la esfera de la libertad). Por otra parte, Kant llama “Sumo o
Supremo Bien" a la síntesis de virtud y felicidad, y defiende que su realización última
es la condición de posibilidad de la moralidad: nuestra conducta moral carecería de
sentido si no existiese la posibilidad de realizar la santidad; en éste mundo no la
podemos realizar, luego debe existir otra vida en donde tenga cumplimiento perfecto
el afán moral. Postulado de la inmortalidad del alma: la tesis del Supremo Bien
permite la defensa de la inmortalidad del alma, pues la virtud necesita de un tiempo
infinito para su realización plena. Postulado de la existencia de Dios: en este mundo
no coincide la realización de nuestra felicidad con la realización del bien por tanto
debemos pensar que existe Dios ya que únicamente Él puede hacer que coincidan
las leyes que rigen la realización de la felicidad con las leyes morales. Los
postulados de la razón práctica no se pueden demostrar científicamente, pero tienen
una validez subjetiva ya que sirven para que tenga sentido la experiencia moral, y
llevan a lo que Kant llama fe racional: fe porque de ellos sólo cabe un
convencimiento subjetivo, pero racional porque no vienen dados por urgencias de
la revelación sino de la propia razón.
Hegelianismo
El hegelianismo es el sistema filosófico fundado por Georg Wilhelm Friedrich Hegel,
según el cual «lo absoluto», que también llama «idea», se manifiesta evolutivamente
bajo las formas de naturaleza y de espíritu.

Índice [ocultar]
1 Filosofía de la Historia
2 Filosofía del Espíritu Absoluto
3 Influencia de Hegel
4 Las escuelas hegelianas
5 Véase también
6 Bibliografía utilizada
7 Enlaces externos
Filosofía de la Historia[editar]
La filosofía del Derecho de Hegel, su filosofía de la historia y su consideración del
Espíritu absoluto son las partes quizás más importantes e influyentes de su filosofía
y unas de las más fáciles para entender.

El Estado, dice, representa el estadio último de desarrollo del Espíritu objetivo. El


espíritu individual, que, en razón de sus pasiones, prejuicios, y ciegos impulsos, es
sólo en parte libre, sujeto del yugo de la necesidad (lo opuesto a la libertad), sólo
puede alcanzar su plena realización por medio de la libertad del ciudadano. Este
yugo de la necesidad se expresa primero como reconocimiento de los derechos de
los demás, luego como moralidad, y finalmente como moral social, en la que la
primera institución es la familia. La suma de familias forma la sociedad civil, que, sin
embargo, pese a su forma imperfecta de organización se compara con el Estado.
El Estado es el cuerpo social perfecto de la Idea, y en este momento del proceso es
Dios mismo. El Estado, estudiado en sí mismo, pone a nuestra consideración la ley
constitucional. En relación con otros Estados, desarrolla la ley internacional; y en su
curso general a través de las vicisitudes de la historia pasa a través de lo que Hegel
llama «dialéctica de la Historia». Hegel sostiene que la Constitución es el espíritu
colectivo de la nación y que el gobierno es el cuerpo de tal espíritu. Cada nación
tiene su propio espíritu individual, y el más grande de los crímenes es el acto por el
cual el tirano o el conquistador apagan el espíritu de la nación. La guerra, dice, es
un medio indispensable de progreso político. Ella es una crisis en el desarrollo de la
idea que toma cuerpo en los diferentes Estados, y sale victorioso de esta crisis,
ciertamente el mejor de los Estados. La «base» del desarrollo histórico es, entonces,
racional, puesto que el Estado es el cuerpo de la razón como espíritu. Todos los
aparentemente contingentes eventos de la historia son en realidad pasos lógicos en
el desarrollo de la razón soberana que es corporizada por el Estado. Pasiones,
impulsos, intereses, carácter, personalidad: todos ellos son la expresión de la razón
o instrumentos que la razón forma para su propio uso. Nosotros, por tanto, para
entender los acontecimientos históricos debemos verlos como el duro,
desagradable trabajo de la razón hacia la plena realización de sí misma en perfecta
libertad. En consecuencia, podemos interpretar en puros términos racionales, y
disponer en categorías lógicas la sucesión de los eventos históricos. De esta
manera, una amplia visión de la historia revela tres importantes pasos de desarrollo.
La monarquía oriental (el paso de la unidad, de la supresión de la libertad), la
democracia griega (el paso de la expansión, en que la libertad estaba perdida en
una demagogia inestable) y la monarquía constitucional cristiana (que representa la
reintegración de la libertad en el gobierno constitucional).

Filosofía del Espíritu Absoluto[editar]


También en el Estado, el espíritu está limitado por la sujeción a otros espíritus. El
Estado es la etapa final en el proceso de obtener la libertad, y recibe el nombre de
Espíritu Absoluto en el arte, en la religión y en la filosofía, en la que se hace sujeto
de sí mismo.

En el arte, el espíritu opera una intuitiva contemplación de sí mismo y la expresa en


el arte material, y el desarrollo de las artes ha sido condicionado por la siempre
creciente «docilidad» con que el arte material se ayuda a sí mismo en la
actualización del espíritu o idea.

En religión, el espíritu siente la superioridad de sí mismo frente a las limitaciones


particulares de las cosas finitas. Aquí, como en la filosofía de la historia, hay tres
grandes momentos: la religión oriental, que exagera la idea de infinito, la religión
griega, que da una indebida importancia a lo finito, y el cristianismo, que representa
la unión de lo infinito y lo finito. Por encima de ellas, el Espíritu Absoluto, como
filosofía, trasciende los límites impuestos a él también en el sentimiento religioso, y,
descartando la representación intuitiva, alcanza toda la verdad bajo la forma de la
razón. Sea lo que fuere de la verdad tanto en el arte como en la religión esta es
contenida en la filosofía, de una manera mucho más alta y más libre de todas sus
limitaciones. La filosofía es, entonces, «la más grande, libre y sabia fase de la unión
del espíritu subjetivo y objetivo, y el fin último de todo desarrollo».

Influencia de Hegel[editar]
La gran influencia de Hegel se debe en gran medida a la indudable vastedad del
esquema de la síntesis filosófica que concibió y parcialmente realizó. Una filosofía
que emprende la tarea desde la lógica abstracta hasta la filosofía de la historia,
posee un gran atractivo para aquellos que están inclinados hacia la metafísica.

Pero la influencia de Hegel es también debida en gran medida a dos circunstancias


extrínsecas. Su filosofía es la máxima expresión de aquel espíritu de colectivismo
que caracterizó al siglo XIX, y es también la aplicación más extendida del principio
de desarrollo que dominó el pensamiento del siglo XIX en literatura, ciencia e incluso
en teología. En teología, especialmente, Hegel revolucionó el método de
investigación. La aplicación de su noción de desarrollo al criticismo bíblico y a la
investigación histórica es obvia para cualquiera que compara el espíritu y el
propósito de la teología contemporánea con el espíritu y propósito de la literatura
teológica de la primera mitad del siglo XIX. En ciencia y también en literatura la
substitución de la categoría del hacerse por la categoría de ser es en verdad un
hecho patente, y es debida a la influencia del método de Hegel. En economía
política y en la ciencia política el efecto de la concepción colectivista del Estado en
Hegel suplanta en larga medida la concepción individualista que había dominado
desde el siglo XVIII hasta el XIX.

Las escuelas hegelianas


Artículo principal: Jóvenes hegelianos
Los seguidores inmediatos de Hegel en Alemania son generalmente divididos entre
hegelianos de izquierda y hegelianos de derecha. La derecha hegeliana desarrolló
su filosofía a lo largo de líneas que ellos consideraron de acuerdo con las
enseñanzas cristianas. Algunos de ellos fueron Eduard Gans, Karl Friedrich
Göschel, Johann Philipp Gabler, Karl Ludwig Michelet, Johann Karl Friedrich
Rosenkranz y Johann Eduard Erdmann. La izquierda acentuó las tendencias anti-
cristianas del sistema hegeliano y desarrolló las escuelas materialistas, socialistas,
racionalistas y el panteísmo. Algunos de ellos fueron Ludwig Feuerbach, Richter,
Karl Marx, Bruno Bauer y David Friedrich Strauss. Max Stirner socializó con los
hegelianos de izquierda pero construyó su propio sistema filosófico opuesto a estos
pensadores.

En Inglaterra, el hegelianismo fue representado durante el siglo XIX por James


Hutchison Stirling, Thomas Hill Green, John Caird, Edward Caird, Richard Lewis
Nettleship, J. M. E. McTaggart y Baillie, entre otros.

En Dinamarca, el Hegelianismo fue representado por Johan Ludvig Heiberg y Hans


Lassen Martensen desde los años 1820 al 1850.

En Estados Unidos es representado por Thomas Watson y William T. Harris. En su


más reciente forma parece tomar su inspiración de Thomas Hill Green, y cualquiera
que sea la influencia que ejerce ella es opuesta a la tendencia pragmática
prevalente.

En Italia el movimiento hegeliano tuvo muchos adherentes distinguidos, el más


notable entre ellos es Benedetto Croce, quien como exponente del hegelianismo
ocupa en su país la posición ocupada en Francia por Vicherot hacia el final del siglo
XIX. Entre los filósofos católicos que fueron influenciados por Hegel los más
prominentes son Georg Hermes y Antón Gunter. El hegelianismo también inspiró a
la filosofía de Giovanni Gentile del idealismo actual y el fascismo, un concepto que
alguna gente asocia con las ideas y el cambio social producido por sus líderes.
HEGELIANISMO

HEGELIANISMO: m. Sistema filosófico, llamado idealismo absoluto, fundado en la


primera mitad de este siglo XIX por Hegel, profesor de la Universidad de Berlín. En
esta voz se aspira la h.

- HEGELIANISMO: Filosofía. El hegelianismo es el sistema de Hegel, el idealismo


absoluto, que este gran pensador concibió para dar por resultado el problema de
Kant acerca del valor objetivo de nuestros conocimientos (V. FILOSOFÍA. III La
Filosofía en su historia). El sistema de Hegel, comprensivo de toda la realidad, se
halla expuesto en la Fenomenología del Espíritu (1807), La Lógica (1812, 1816),
Enciclopedia de las ciencias filosóficas (1817), Filosofía del derecho (1821),
Lecciones sobre la historia de la Filosofía, Estética y Filosofía de la Naturaleza.
Todas estas obras han sido traducidas al francés; al italiano ha traducido Vera La
Lógica, La Filosofía de la Naturaleza y La Filosofía del Espíritu, y al español ha
traducido el Sr. Fabié, y comentado, la obra fundamental, La Lógica.
El principio fundamental del hegelianismo es la identificación de lo real con lo ideal,
declarando lo absoluto inmanente en la naturaleza y en la humanidad. Lo absoluto
es el pensamiento (la idea) realizándose en un progreso indefinido, de donde se
infiere que la razón y la realidad son idénticas, o que todo lo racional es real y todo
lo real es racional. Lo absoluto no es o existe, sino que deviene, se hace (Werden),
mediante el progreso. La Lógica y la Metafísica son una sola y única ciencia, se
identifican del mismo modo que el pensamiento y la realidad. La Lógica abstracta
tiene por base el principio de contradicción, y la real y absoluta el de la identidad de
los contrarios. Los momentos de la evolución (del Werden) universal son
contradicciones realizadas y que concluyen en identidad, de suerte que la
Dialéctica, o método según el cual el pensamiento y el ser se desenvuelven,
procede fundamentalmente por tesis, antitesis y síntesis. Las antinomias kantianas,
aplicables, según el padre de la Critica, a determinadas nociones, son susceptibles
para Hegel de una aplicación universal, siquiera se resuelvan siempre en síntesis y
armonía. Toma como punto de partida para su Lógica la noción pura, indeterminada
del ser, que no es esto ni aquello, que carece de toda cualidad, que es la nada (das
nicht) e idéntico con su contrario el no ser, tesis ambas abstractas, que la realidad
viva resuelve en síntesis mediante el devenir (Werden).
Para concebir semejante intelectualismo, Hegel tenia la noción del ser tal como la
concibieran Aristóteles y la Escolástica, y en esa noción añade el venir a ser. Así ha
podido decirse de Hegel que es un Aristóteles dinámico. La evolución del ser y del
pensamiento se manifiesta en la realidad según dos formas principales: la
naturaleza y el espíritu, que se completan en la Historia. Las aplicaciones generales
y especiales de esta concepción universal al Arte, a la Historia y a la Religión,
conservan, al menos en su aspecto dialéctico, un rigor lógico, que produce cierta
obsesión del pensamiento. Porque la doctrina de Hegel, a más de enlazar, y aun
servir de cúpula a todo el idealismo alemán, es una enciclopedia de todo el saber
de su tiempo, saber interpretado con el parti pris de la fórmula tesis, antítesis y
síntesis. Es un error, pero un error lógico, hecho de una sola pieza y admirablemente
concebido. Basta atacarle en su base, mostrar la deficiencia de su primer principio
(identificación de lo real con lo ideal), y todo el edificio se derrumba. Pero los
materiales que han servido para su concepción y construcción son utilizables, y aun
utilizados se hallan, señaladamente en la teoría de la evolución.
La división del hegelianismo en Derecha, Izquierda y Centro precipitó su ruina y
excitó en el pensamiento especulativo la necesidad vivamente sentida de volver a
Kant, necesidad que ha determinado la aparición del neokantismo y la exaltación de
los procedimientos de observación y experiencia, tan menospreciados por el vuelo
genial e idealista de Hegel.
El Idealismo de Hegel
10 de junio de 2009 Publicado por Malena
Para Hegel el mundo tiene una belleza descarnada, metafísica y abstracta, la
belleza de la razón, la fría lógica de la razón.

La belleza del mundo y de la historia se pone de manifiesto en el mecanismo lógico


conceptual que funciona a la perfección.

Es un sistema bello en tanto que es lógico hasta el detalle más insignificante.

el-idealismo-de-hegel
Según Hegel todas las tragedias de la humanidad son necesarias en un momento
dado, de acuerdo al estado del desarrollo del espíritu.

Para él la felicidad, el gozo o la satisfacción no es el principal objetivo del hombre,


sino el deber del intelecto, del conocimiento y de la razón.

El hombre tiene que aceptar las cosas de la realidad como son y esto será positivo
para él.

La historia nos muestra que la felicidad no se encuentra en los grandes


acontecimientos y que los héroes no tienen una vida cómoda.

El altruismo para Hegel es impedir que las personas se ganen la propia dignidad de
lograr las cosas que le corresponden por si mismo, por lo tanto, la preocupación por
el prójimo no es la característica de los grandes hombres, así como tampoco la
dialéctica de la historia tiene en cuenta el bienestar de los hombres particulares.

Para este filósofo los momentos felices de la historia fueron páginas en blanco.

Hegel condena al inconformista que se cree superior al mundo en que vive. El mejor
hombre es el que comprende mejor su mundo, su realidad, su tiempo y el que puede
reconciliarse con su circunstancia.

La filosofía hegeliana es un idealismo por considerar a la idea como base de todo


conocimiento, para lograr la comprensión más auténtica de la realidad.

Hegel, al contrario de Marx, es a la vez idealista y espiritualista, porque considera


que tanto la idea como el espíritu son la esencia de la realidad.

El espíritu universal que rige el mundo es la sustancia como principio creador, que
a través de la razón intelectiva de la humanidad toma conciencia de si mismo y se
conoce.

Para Hegel, la idea es la realidad efectiva. Esta idea no se opone a la materia porque
la auténtica realidad tiene una existencia sensible que también es razón y espíritu,
que además de existir tiene una razón para existir.

El interés de Hegel está centrado en las cosas que existen que tienen una razón,
que se pueden comprender, que tienen espíritu.

Los filósofos pueden ver detrás de la auténtica realidad una profunda razón que se
puede entender y conocer y que responde a una ley oculta.

Hegel sabe que nadie puede entender el sentido de los acontecimientos de buenas
a primeras y que los hechos puedan ser considerados como meros accidentes sin
razón; porque la tendencia del hombre es evaluar los hechos según su propia manía
o enfermedad y guiado por sus emociones, sus sentimientos o sus pasiones, y es
la perspectiva del que contempla la que impide reconocer la grandeza.
Hegel cree que sólo desde la fría mirada de la filosofía a lo largo de la historia se
puede conocer y comprender la verdadera realidad, su necesidad y su fin.
ESCEPTISISMO

No afirma que todo necesariamente sea racional y real sino por el contrario que lo
verdaderamente real y racional es poco, pero ese poco es lo que le da sentido a
todo, porque es imposible conocer cualquier cosa racionalmente separada
totalmente de las otras.
Escepticismo filosófico
Para la actitud epistemológica y filosófica que cuestiona las teorías críticamente
pero acepta que pueda haber conocimiento, véase escepticismo científico.
Para otros usos de este término, véase Escepticismo.
En la filosofía clásica el escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda,
representada en la escuela por el filósofo griego Pirrón, quien decía que "no
afirmaba nada, solo opinaba".1 El escepticismo se diferencia del negacionismo por
exigir evidencia objetiva a las afirmaciones, y en caso de haber tal evidencia
aceptarla, en tanto que el negacionismo cuestiona o rechaza las evidencias.2

Índice [ocultar]
1 Características
1.1 Orígenes y exponentes
2 El escéptico
3 Véase también
4 Enlaces externos
5 Referencias
Características[editar]
El escéptico es alguien que profesa duda o está en desacuerdo con lo que
generalmente está aceptado como verdad. La palabra "Escéptico" viene del griego
skeptikoi (de skeptesthai que en griego significa examinar). La etimología de esta
palabra indica en su significado: "quien investiga". Los filósofos escépticos no creen
en una verdad objetiva, porque todo es subjetivo, dependiendo del sujeto que
estudia y no del objeto estudiado.
Una persona escéptica diría siento frío pero no hace frío, ya que solo puede saber
que ella tiene frío o calor. A esta postura de no emitir juicios sino exclusivamente
opiniones, se la llamó epojé (suspensión de juicio).

En filosofía, esta actitud los lleva a la ataraxia (paz mental) porque, al no creer en
nada, no entraban en conflictos con nadie y no se veían obligados a defender sus
opiniones ya que no existían verdades objetivas.

Orígenes y exponentes[editar]
La diversidad y oposiciones de sistemas, como los de Demócrito, Empédocles,
Platón, etc. que crean abstracciones y dudas. La influencia en la política exterior de
hechos como la muerte de Alejandro Magno y la diversidad en las costumbres,
religiones e instituciones de las ciudades.

Pirrón fue el creador del escepticismo. Un gran viajero que conoció muchas culturas
con los ejércitos de Alejandro Magno, cosa que le permitió dudar de las verdades
evidentes y tradiciones de su cultura. Se dice que Pirrón llevó al extremo la
suspensión de juicio, hasta el punto de sacarse las cuerdas vocales.

Otro importante escéptico fue Sexto Empírico, autor de Esbozos Pirrónicos. En esta
obra sostiene que en la vida práctica hay que seguir:

Las señales que aporta la naturaleza


Las necesidades del cuerpo
Las tradiciones y las leyes
Timón el Silógrafo continuó la tradición escéptica poniendo en duda las ideas
aristotélicas, dudando incluso de los primeros principios de la deducción aristotélica.

Sin embargo, el sistema socrático de hipótesis y deducciones nunca fue puesto en


duda por los escépticos, aunque se ganaron fama de desbaratadores y perdieron
popularidad al luchar contra los ritos, leyendas y supersticiones arraigadas.
Durante el siglo I a. C. el escepticismo volvió a cobrar importancia paulatinamente
hasta Luciano de Samosata y Sexto Empírico, que representan a los últimos
escépticos clásicos.

Ya en el Renacimiento, el médico Francisco Sánchez escribió una obra


fundamental, Quod nihil scitur (Que nada se sabe). El escepticismo no fue tomado
como una hipótesis válida para indagar en la verdad, de forma tal que constituyó el
fundamento primero de Descartes y su duda metódica, con la cual el escepticismo
vuelve paulatinamente a cobrar importancia hasta el Siglo de las luces donde
impregna todo el pensamiento ilustrado.

A mediados del siglo XIX, el Romanticismo ya domina la sociedad y reclama para


sí todo un modo de vida menos analítico, más evocativo donde se pueda mezclar
realidad y sabiduría

El escéptico[editar]
Pirrón abandona el juicio y cree que no hay nada verdadero o falso, bueno o malo,
herético o sagrado. Así, se pronuncia en contra del pensamiento dogmático. Pirrón
no dejó nada escrito, pero a él se le atribuyen frases como:

Nunca llegarás a conocer la verdad.


No digas "así es", sino "me parece que es".
La diversidad de opinión existe entre sabios igual que entre ignorantes. Cualquier
opinión que yo tenga puede ser repudiada por personas igual de listas y preparadas
que yo, y con argumentos tan válidos como los míos.
Escepticismo

Definición

"El escepticismo es la facultad de oponer, de todas las maneras posibles los


fenómenos posibles y los noúmenos; y de ahí llegamos, por el equilibrio de las cosas
y de las razones opuestas (isostenia), primero a la suspensión del juicio (epojé) y
después a la indiferencias (ataraxia)."

El escepticismo toma una actitud contraria al dogmatismo. Esta corriente tiene una
posición que el sujeto no puede aprehender al objeto.

"El sujeto cognoscente depende de una serie de factores que le impiden llegar al
objeto."

Para comprender el escepticismo es necesario saber que: "El escepticismo como


doctrina filosófica tiene dos aspectos: Uno teórico y otro práctico.

Desde el punto de vista teórico, el escepticismo es una doctrina del conocimiento


según la cual no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse nunca ninguna
opinión absolutamente segura. Desde el punto de vista práctico, el escepticismo es
una actitud que encuentra en la negativa a adherirse a ninguna opinión determinada
en la suspensión del juicio (epojé), la salvación del individuo, la paz interior."

El escepticismo no pone en duda el fenómeno, sino lo que se dice de él, y esto es


diferente del fenómeno mismo.

Origen del escepticismo

El escepticismo empezó propiamente en el siglo III a.C. con Pirrón de Elis y los
pirronáicos que fueron llamados escépticos. Pirrón fue influido durante su
expedición militar por la silenciosa sabiduría de los orientales.
Sentido y fases del escepticismo griego

El escepticismo griego tiene cuatro etapas bien definidas, aunque propiamente no


guardan relación entre sí:

El escepticismo, en cuanto actitud negativa ante la validez del conocimiento


científico aparece con Pirrón. Su actitud y sentido es moral, al estilo de las escuelas
socráticas menores en cuyo marco se encuadra el pensamiento.

La segunda fase del escepticismo se desarrolla en la Academia Platónica en lucha


contra el dogmatismo de los estoicos.

El escepticismo reaparece en forma más aguda a finales del siglo I a.C, con
Enesidemo y Agripa.

La última fase del escepticismo es representada por Sexto Empírico, médico que
perteneció a la escuela empírica del siglo II d.C., quien se proponía destruir toda
clase de dogmatismo especulativo, adoptando una actitud práctica empirista ante la
realidad.
Representantes del escepticismo antiguo

Pirrón

Pirrón nació en Elis, en Peloponeso, en el 360 a.C. y murió en el 270 a.C. Estuvo
primariamente en relación con Brisón de Heráclea. Anaxarco de Abdera lo inició en
el atomismo, al que daba un sentido práctico, como medio para hallar la felicidad.
Acompañó a Alejandro en su expedición a la India; se distinguió por su sencillez y
austeridad. No escribió nada.
Hacia el año 330 a. C., "años antes de la fundación del Liceo, abrió escuela en Elis,
fue muy estimado por sus conciudadanos que lo hicieron gran sacerdote de la
ciudad."

Pensamiento. "Enseñó que la razón humana no puede penetrar hasta la esencia


íntima de las cosas. Lo único que podemos conocer es la manera como las cosas
aparecen ante nosotros." Por lo tanto, de nada podemos estar ciertos, y el sabio
debe abstenerse de juzgar.

No podemos fiarnos ni de las percepciones sensibles ni de la razón. No se debe


admitir alguna afirmación teórica. Guardando estos principios se consigue la
tranquilidad del alma (ataraxia).

La preocupación de Pirrón no era la del mundo físico, era la virtud y la felicidad,


como también la crítica dialéctica de las opiniones contrarias.

La doctrina de Pirrón se puede reducir a lo siguiente: "No hay nada bueno sino la
virtud, ni malo, sino el vicio. La felicidad consiste en la paz y la tranquilidad del alma,
todo lo demás es indiferente."

Carnéades

Nació en Cirene en el 214 a.C. y murió en el 137 a.C. Discípulo de Hegésinos y del
estoico Diógenes de Babilonia. Fue un orador vigoroso, dialéctico crítico implacable
del dogmatismo de los estoicos, carismático. En un discurso a favor de la justicia
causó gran impresión sobre la juventud, hasta el punto que Catón el viejo rogó al
Senado que lo expulsara. Es el fundador de la tercera academia escéptica.

Pensamiento. "Seguidor de Arcesilao, Carnéades enseñó que el conocimiento es


imposible y que no existe criterio alguno de verdad."

Carnéades trató de excluir toda noción absoluta, apoyándose nada más que al
aspecto crítico y negativo, al relativismo, al probabilismo y a la verosimilitud.
"No hay ninguna doctrina que sea verdadera y cierta en sí misma. Todas tienen
solamente parte de verdad, y esa parte es suficiente, para fundamentar la acción
ateniéndose a la probabilidad."

Carnéades comprendió que la suspensión total del juicio es imposible y elaboró la


teoría de la probabilidad que abarca diversos grados y , es a la vez, necesaria y
suficiente para la acción.

La influencia de Carnéades va hasta el siglo I d.C., expresada en particular en la


mentalidad de Marco Tulio Cicerón.

Sexto Empírico

Nació en Grecia en el año 200 d. C., vivió en Alejandría y Roma. Es uno de los
principales representantes del escepticismo antiguo, considerado como
neopirrónico y seguidor de Enesídemo. Además fue médico.

Se conocen las opiniones de los escépticos por medio de resúmenes, explicaciones


argumentadas por Sexto en sus obras, las cuales constituyen una de las fuentes
capitales para el conocimiento antiguo. "Algunos historiadores consideran a Sexto
como un compilador poco sitemático."

Sus obras conservadas son "Los bosquejos pirrónicos", en tres libros; también se
conocen: La obra contra los dogmáticos, La obra contra los profesores
(matemáticas).

Pensamiento. Es con Sexto Empírico que se da la última etapa del escepticismo


antiguo en la forma de empirismo que desarrolla la lógica fenomenológica. "Así nace
una ciencia positivista, ni Hume ni Comte han inventado nada realmente".

Sexto sostiene que debemos suspender el juicio porque tanto la afirmación como la
negación son igualmente persuasivas. No hay criterio de verdad, las
demostraciones son relativas, la causa es incapaz de explicar los hechos. La única
actitud racional es la abstención de todo juicio, sólo así se logra la libertad del
espíritu, pues no se sujeta a ninguna escuela o dogma. Pretendía Sexto que el
escéptico debiera ser ante todo un observador, un buscador y cuestionador que no
niega ni afirma nada, teniendo en cuenta que el escéptico no pretende negar la
realidad, pero sí los juicios sobre la realidad.

Los argumentos más conocidos de Sexto se encuentran en los llamados "tropos",


en el octavo tropo Sexto dice: "Todas las cosas son relativas, nos vemos obligados
a sus pender nuestro juicio sobre lo que son absolutamente y por naturaleza."

Sexto está tan seguro de que todo es relativo, que al respecto expresa con fuerza:
"Aquél que niega que todo es relativo, confirma que todo es relativo, ya que muestra
que la proposición misma "todo es relativo" es relativa a nosotros, que no es
absoluta, por que él nos contradice."

En los tropos también se encuentran los argumentos contra el silogismo, contra la


noción de causa y contra la idea de providencia. En los argumentos contra el
silogismo declara que la conclusión silogística representa un círculo vicioso. En los
argumentos contra la noción de causa afirma que si la causa es una relación, no
puede existir objetivamente. En cuanto a la providencia Sexto destacaba las
antinomias cosmológicas (como la posibilidad de ser Dios finito o infinito) y las
antinomias morales (Como la contradicción entre la perfección divina y la existencia
del mal).

Finalmente dice Sexto: "Los tropos liberan al espíritu como un purgante libera al
intestino evacuándose a sí mismo. La conclusión no es pues "yo no se nada", sino
mas bien "yo me abstengo (de juzgar), examino, busco", o, mejor aún "qué es lo
que se ?, fórmula de la que hizo su divisa Montaigne."

El esceoticismo moderno

Los rasgos concretos de esta nueva época cobran plenitud y nitidez en la contra
imagen negativa del escepticismo. "Si se quiere llegar a comprender el escepticismo
como un factor necesario del pensamiento, no se debe perder de vista esta
significación y este rendimiento indirecto."
Las proposiciones escépticas, aunque por su contenido se remonten a las fórmulas
antiguas, aparecen bajo un signo opuesto. La filosofía griega vuelve a ser maestra;
pero lo es ahora en un sentido nuevo: "La época moderna se vuelve, no a sus
soluciones más maduras y más altas, sino a los últimos problemas y a las últimas
dudas a que llega y con que concluye, para asimilárselas interiormente y crear con
ello, la condición fundamental para su propia solución futura."

Lo que en la antigüedad aparece como resultado final de una desintegración


práctica, en esta etapa moderna se presenta como un punto de partida.

Representantes

Miguel de Montaigne

Nació en 1533, de origen francés, y murió en 1592 en su patria natal. De noble


familia, estudió leyes, con lo cual se convirtió en consejero del Tribunal de
Impuestos de Périgueux. Después, en 1557, ocupó el cargo de consejero en el
parlamento de Burdeos. En 1570 abandonó sus cargos para retirarse a sus tierras,
donde se dedicó a la meditación.

Obras. "En sus famosos ensayos es un fruto óptimo de su época, de su patria, del
Renacimiento Francés, al que propulsa y da feliz sentido identificándolo con el más
auténtico de la antigüedad clásica."

Su primera obra fue llamada "Ensayos" editada en 1580, en la que revela su


personalidad. Publica también un ensayo llamado "De la instrucción de los niños",
asunto que tanto preocupó a Montaigne. También se conoce un diario llamado
"Diario de viaje" (1580-1581). Es el creador del ensayo.

Pensamiento. Montaigne dibuja un perfil externo y trata la ordenación formal de su


doctrina en el capítulo II del libro de ensayos, titulado "Apología de Raimoud de
Sabonde. En este capítulo se notan rasgos del pensamiento de la Edad Media.
Para el autor de los ensayos, el gran problema del hombre se sitúa en el plano de
la existencia, es por eso que:

"La fuerza y la originalidad del escepticismo de Montaigne se manifiestan en el


hecho de que sabe forjar los resultados positivos y los títulos de legitimidad de la
nueva investigación, dialécticamente, en otras tantas armas contra el valor y el
criterio de la validez general del saber humano."

Montaigne ve la idea de la infinitud de los mundos para aislar al individuo y conferir


un valor simplemente relativo a la vigencia de sus leyes del conocimiento.

Establecer la armonía entre el pensar y el ser, conocer el espíritu humano como


imagen y símbolo de la realidad absoluta, éste es el problema central que aborda la
filosofía moderna.

El pensar y el ser no pueden llegar a una verdadera consonancia, mientras


pertenezcan a diferentes dimensiones lógicas, mientras el ser absoluto preceda el
pensamiento como un concepto general y superior y lo englobe como un caso
especial.

"El mérito lógico indirecto del escepticismo es haber desarrollado esta concepción
hasta darle completa claridad."

Para Montaigne, el saber no nos comunica la forma y naturaleza de las cosas, sino
solamente la peculiaridad del órgano sobre el que las cosas actúan.

En Montaigne el escepticismo desde un primer momento, al igual que el de la


antigüedad, contiene un criterio ético positivo, su meta final es la ataraxia. Se
entiende que: "El escepticismo precave al individuo contra el imperio de las pautas
morales impuestas desde fuera y, enfrentándose a todas las convenciones morales
arbitrarias, le asegura la libertad discursiva de su juicio."

El escepticismo montaigniano se eleva a la auténtica significación del no saber


socrático.
"La duda no se hunde en el vacío, sino que encuentra siempre su punto fijo de apoyo
y de anclaje en el suelo de la consideración de los valores."

Mientras el individuo sepa captarse en sí mismo y en toda su pureza, y sobre


poniéndose a todas las limitaciones impuestas por la sociedad, descubre en sí la
forma fundamental del espíritu de la humanidad en general, pues es en el hombre
mismo donde se halla la esencia y la verdad.

El problema de la muerte ocupa el centro de las consideraciones éticas de los


Ensayos de Montaigne: "Filosofar es aprender a morir", nos dice. "La muerte es
condición esencial de tu creación, parte de ti mismo: huyes de ti mismo cuando la
huyes." La vida para Montaigne, de por sí, no es ni un bien ni un mal, es la morada
del bien o del mal, según lo que tú hagas de ella.

La duda de Montaigne, expresa al mismo tiempo el presentimiento de los nuevos


problemas del conocer, él no llega a abordar de un modo positivo ningunos de los
problemas que ahora surgen, pero "con él se liberan por vez primera y emprenden
su vuelo las fuerzas fundamentales del espíritu que ayudarán a modelar el porvenir."

David Hume

Nació en Edimburgo en 1711 y murió el 25 de agosto de 1776. De familia


perteneciente a la pequeña nobleza escocesa. Tuvo amistad con Adam Smith;
frecuentó a los Enciclopedistas y discrepó con Rousseau. Se unió a la corriente
anticartesiana iniciada por Locke.

Obras. Tratado sobre la naturaleza humana (1739), Ensayos morales y políticos


(1742). Su obra está dividida entre una teoría empirista del entendimiento y una
teoría utilitarista de la vida social.
Pensamiento. El espíritu analítico le llevó al escepticismo, como dice él: "La estéril
roca en el que se ve reducido a casi la desesperación de reconocer la imposibilidad
de enmendar o corregir [...] la desventurada condición, debilidad y desorden de las
facultades."

Para Hume "un verdadero escéptico desconfiará de sus dudas filosóficas" lo mismo
que de sus convicciones filosóficas. La duda escéptica surge naturalmente de una
reflexión profunda e intensa sobre la cuestión de los hábitos de pensamiento.

"Quien profese un escepticismo estricto, habrá de enfrentarse, no sólo alembarazo


de tener que violar sus principios teóricos para atender a las exigencias prácticas,
sino también a la compulsión natural a romper con el intolerable talante de la
melancolía y delirio filosófico que toma posesión del escéptico tras un ataque de
concepciones metafísicas".

Hume, en más de una ocasión llegó a la existencia del genuino escéptico, y al


respecto nos dice: "Que el único resultado del escepticismo es un asombro
momentáneo, irresolución y confesión."

Si somos filósofos debemos permanecer sólo sobre principios escépticos. "Toda


realidad no es más que un puro fenómeno o hecho de conciencia, no hay sustancia
ni material ni espiritual, la sustancia no es más que un concepto complejo basado
en la relación de la identidad y de permanencia en el tiempo"; esto lo llevó a profesar
un fenomenismo escéptico.

Pedro Bayle

Nació en Carlat (Francia) en 1647, y murió en 1706. Estudió filosofía en el colegio


de los jesuitas de Puylaurens de 1666 hasta 1669. Se entregó a la lectura de
Montaigne desde los veinte años, adoptando su actitud escéptica.

Combatió siempre la intolerancia en materia de religión, consideraba inútiles las


disputas teológicas.
Obras. Es el autor de la primera enciclopedia, titulada Diccionario histórico y crítico,
en el cual establecía una oposición absoluta entre la fe y la razón.

Pensamiento. La táctica de Bayle consiste en plantear problemas por todas partes,


sin manifestar nunca su propio pensamiento. Acumula antinomias enfrentando la
ciencia a la fe. Su arma favorita es la historia.

Fue un escéptico puro y simple que manifestó en todo momento una cautela. Lo
que el propio Bayle escribió en el "Prefacio" de la primera edición del Diccionario,
parece confirmar esta opinión. Lo que pretendió fue poner de relieve la contradicción
entre razón y fe y la esterilidad de las controversias teológicas de su tiempo

"En vez de discutir, hay que ser tolerante con todas las opiniones, pasando de la
contradicción a la duda, de la duda a la indiferencia y de la indiferencia a la
tolerancia".

Voltaire ha dicho que en ninguna línea de Bayle hay un ataque directo al


cristianismo, pero tampoco hay una sola línea que no mueva al escepticismo y a la
irreligión.

Bayle no niega pues todo esto y se limita a señalar que en todas las cosas se
encuentran razones para dudar y que nuestra razón no es capaz de descubrir por
sí misma la verdad.

Actualidad del pensamiento

Angustia y fanatismo son dos de las dolencias capitales de nuestro tiempo, como lo
fueron, en distintas formas, del final del mundo antiguo. El intento de ir más allá fue
la ataraxia, en la versión negativa, la suspensión o la abstención, el desinterés, la
indiferencia no adoptando las formas positivas que son propias de una auténtica
ataraxia, las cuales son el estado de alerta y el activo tenso sosiego.

Para Ortega y Gasset, el escepticismo filosófico no debe ser una melancolía, ni un


dolor indefinible, ni una inquietud difusa que vagabundea por nuestro pecho: " El
escepticismo justificado como objeción a toda teoría, es una teoría suicida."
Ya que el escéptico se niega a seguir filosofando, son muy poco los escépticos
verdaderos y consecuentes en la historia de la filosofía. Si fuese necesario dar una
definición que conviniese a todas las formas de escepticismo que presenta la
historia del pensamiento filosófico, sería ésta: "El movimiento de disolución de un
dogmatismo." Esa es la función que ejerció el antiguo, el moderno y el actual
escepticismo.
Racionalismo
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Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación
acreditada. Este aviso fue puesto el 21 de septiembre de 2016.
Puedes añadirlas o avisar al autor principal del artículo en su página de discusión
pegando: {{sust:Aviso referencias|Racionalismo}} ~~~~
Este artículo trata sobre la corriente filosófica. Para el estilo arquitectónico, véase
Racionalismo arquitectónico.
El racionalismo es una corriente filosófica que se desarrolló en Europa continental
durante los siglos XVII y XVIII, formulada por René Descartes, que se complementa
con el criticismo de Immanuel Kant, y que es el sistema de pensamiento que
acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento, en contraste con el
empirismo, que resalta el papel de la experiencia, sobre todo el sentido de la
percepción.

El racionalismo se identifica ante todo con la tradición que proviene del filósofo y
científico francés del siglo XVII René Descartes, quien decía que la geometría
representaba el ideal de todas las ciencias y también de la filosofía. Descartes
aseguraba que solo por medio de la razón se podían descubrir ciertas verdades
universales. A partir de aquellas verdades es posible deducir el resto de contenidos
de la filosofía y de las ciencias. Manifestaba que estas verdades evidentes en sí
eran innatas, no derivadas de la experiencia. Este tipo de racionalismo fue
desarrollado por otros filósofos europeos, como el holandés Baruch Spinoza y el
pensador y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz. Se opusieron a ella los
empiristas británicos, como John Locke y David Hume, que creían que todas las
ideas procedían de los sentidos.

El racionalismo sostiene que la fuente de conocimiento es la razón y rechaza la idea


de los sentidos, ya que nos pueden engañar; defiende las ciencias exactas, en
concreto las matemáticas. Descartes quería volver a la filosofía en un conocimiento
científico, por lo tanto darle un método científico, por lo que se basó en las
matemáticas, que se consideraban como una ciencia segura, por ello se dio a la
tarea de describir el principio de la matematización, en su libro titulado Discurso del
método, para realizar una investigación filosófica, el método consiste de cuatro
reglas: 1.- Evidencia: solo es verdadero todo aquello que no emite ninguna duda al
pensamiento. 2.- Análisis: Reducir lo complejo a partes más simples para entenderlo
correctamente. 3.- Deducción: Permitir a la operación racional deductiva el peso de
la investigación, para encontrar las verdades complejas a partir de la deducción de
las simples. 4.- Comprobación: Comprobar si lo descubierto a partir de la razón fue
conseguido a través de estas reglas antes mencionadas.1

El racionalismo epistemológico ha sido aplicado a otros campos de la investigación


filosófica. El racionalismo en ética es la afirmación de que ciertas ideas morales
primarias son innatas en la especie humana y que tales principios morales son
evidentes en sí a la facultad racional. El racionalismo en la filosofía de la religión
afirma que los principios fundamentales de la religión son innatos o evidentes en sí
y que la revelación no es necesaria, como en el deísmo. Desde finales del siglo XIX,
el racionalismo ha jugado un papel antirreligioso en la teología.

El término racionalismo tiene un significado muy amplio: en general, llamamos


racionalista a toda posición filosófica que prima el uso de la razón frente a otras
instancias como la fe, la autoridad, lo irracional, la experiencia empírica, etc. Es
racionalista todo aquél que cree que el fundamento, el principio supremo, es la
razón. Junto con ello, cabe ser racionalista en relación con un género de cuestiones
y no serlo en relación con otro. El término racionalismo se usa comúnmente en la
historia de la filosofía para designar una cierta forma de fundamentar el
conocimiento: cabe pensar que el conocimiento descansa en la razón, o que
descansa en la experiencia sensible; así, puesto que valoraron más la razón que
los sentidos, podemos llamar racionalistas a Parménides, Platón y Descartes; y
podemos decir que Aristóteles, Santo Tomás y, por supuesto, Hume, tienden al
empirismo, dado el valor que dieron a la experiencia sensible o percepción.