Para una reencarnación de la economía1 Juan Carlos Skewes V.

2 Un nuevo barco no significa solamente un nuevo objeto utilitario; es un nuevo ser que nace, algo que estará ligado al futuro destino de los marinos y de lo que sus vidas dependerán Bronislaw Malinowski. Resumen Las escenas locales expresan la trama global pero la trama global no puede sino existir a través de estas escenas. La contradicción radica en que la trama global se nutre y crece a partir de la pauperización de aquello de lo que en definitiva depende: los seres humanos y sus espacios de vida. En un contexto de autonomización de la economía y frente a la desposesión de las poblaciones locales lo que cabe es, si lo que se pretende es neutralizar los efectos de este modelo de crecimiento, retrotraer la economía a su lugar: la sociedad. La expansión del mercado y la sujeción de la vida social a sus determinantes pone en jaque a la existencia humana: de una parte, la fragmentación de su propia constitución interna; de la otra, la amenaza cierta sobre las condiciones que hacen posible su continuidad tanto a nivel de la naturaleza como de la cultura. Frente a ello, la reencarnación de la economía supone su reapropiación por parte de la sociedad y, en ese escenario, cabe a la antropología económica una doble tarea: evidenciar la armazón cultural en que se sostiene la ideología del mercado y proponer vías para promover, desde la práctica, acciones para dicha reapropiación. La sustentabilidad de la sociedad y de la naturaleza en su mutua dependencia exige redefinir lo económico desde un punto de vista cultural. Palabras claves: Antropología económica; neoliberalismo; globalización; sustentabilidad social; capitalismo. 1. Introducción

Bronislaw Malinowski (1966), en Los Argonautas del Pacífico, define con precisión los alcances de la economía, a saber, el inextricable Este artículo se inscribe en el marco del Proyecto Fondecyt Proyecto F1090465: “Los Paisajes del Agua: Prácticas Sociales y Sustentabilidad en la Cuenca Hidrográfica del Río Valdivia”. 2 Instituto de Ciencias Sociales, Universidad Austral de Chile. jskewes@uach.cl Página 1 de 12
1

vínculo que crea entre los seres humanos y no humanos que mutuamente se dan y exigen vida. La descripción que Malinowski hace de la relación entre las embarcaciones y los seres humanos evidencia las conexiones directas que vinculan dialécticamente al ser humano y el mundo del que es parte. La proyección de esa descripción hacia la sociedad contemporánea invita a considerar la inevitabilidad de ser la especie humana parte de la ecósfera y, por tanto, unida simbiótica e indefectiblemente a los productos de su quehacer, sean estos obras arquitectónicas, desechos plásticos o radiactivos, obras literarias o containers. La presunción de Evans-Pritchard (1977) según la cual el mundo de las vacas no era sino la versión especular del mundo de los Nuer es una constatación necesaria de tener en cuenta al analizar los alcances que la planetarización que la economía de mercado acarrea consigo. La diferencia principal en el capitalismo es que la imagen especular pierde su simetría y comienza adquirir ribetes de monstruosidad, por un lado, y desvanecimiento, por el otro. Es, justamente en este polo, donde encontramos que las escenas locales de continuo se ven despojadas de su fuerza de trabajo y de su naturaleza. El capitalismo se sustenta en una triple alienación que separa a las personas entre sí, a las personas de sus medios de vida y de la naturaleza y a las personas de la cultura. Semejante alienación tiene el efecto adicional de invisibilizar las interrelaciones entre los diversos quehaceres humanos y su impacto en los mundos de vida. La operación de la economía descarnada prescinde del mundo que le sirve de asiento y el conjunto de sus operaciones pasan a ser ilusoriamente autorreferenciales, como lo sugiere Pierre Bourdieu (2002). La actuación de sus agentes, los procesos de toma de decisión y la dinámica de sus operaciones resultan ya no del mundo que hay allí sino de los indicadores que artificiosamente buscan representarlo y las valoraciones que de las cosas se hacen a través del dinero. Por esta vía terminan por imponerse mercados virtuales referidos ya no al mundo de las cosas (ni siquiera de las futuras) sino al de la negación de las cosas: el mercado de las carteras vencidas, de las deudas y de los inviables. Entretanto, el drenaje de los recursos locales, como quiera hayan sido definidos, continúa (Leff 1998). El futuro de cualquier entramado de seres humanos y no humanos depende de las prácticas culturalmente informadas que modelan el decurso de lo que llamamos economía, esto es, de los procesos de alocación y de apropiación de aquellos medios requeridos, tierra y trabajo, para hacer posible su sostenimiento (Polanyi 1944). La economía, en este sentido, se inscribe en los procesos sociales a los que sirve. El desarrollo del capitalismo desaloja la economía de su Página 2 de 12

entramado social, vuelco que somete el orden social al imperativo de la ganancia. A través del dinero como medio de cambio universal, la economía neoliberal logra consolidar la perspectiva según la que todo es intercambiable por todo y, al establecer una correlación ficticia, encubre las desigualdades profundas que concurren en la constitución del hecho económico. Tales desigualdades se definen en función del trabajo y la tierra encarnados en las mercancías comerciadas. Alf Hornborg (2007) demuestra, por ejemplo, que, en 1850, en el comercio de 1000 libras esterlinas de textil de algodón por 1000 libras esterlinas de algodón crudo de las colonias, Gran Bretaña ha canjeado 4000 horas de su trabajo por 33000 horas de trabajo ejercido en ultramar y menos de la hectárea usada para la producción de los textiles por 60 hectáreas en el extranjero. La dependencia de los centros respecto de la vastedad de sus hinterlands resulta evidente. La gran transformación corresponde al proceso creciente de deslocalización que termina con las autonomías locales, torciendo el curso de vida de las comunidades y sus entornos según las demandas del capital (Polanyi ob.cit.). La des-localización no es, obviamente, un proceso gratuito, y, sin mediar procesos de acumulación primitiva, resultan limitados sus alcances: la operación de esta gran transformación requiere “liberar” tierra y fuerza de trabajo para asegurar la acumulación propiamente capitalista (Marx 1980). Innecesario resulta insistir en el impacto que estos procesos han tenido en términos de pauperización, desigualdad y deterioro ambiental. No obstante la globalización no puede dejar de sostenerse sino en lo local y, por lo tanto, la paradoja es inevitable: la erosión creciente de la base constituye una perpetua amenaza para aventura cosmopolita del mercado. La antropología económica se encuentra en una encrucijada donde su quehacer puede tornarse prolífico. De una parte, un conjunto de definiciones y prácticas que opera al modo de un aeternitate mundi contra murmurantes (o, si se prefiere, el síndrome thatcheriano TINA, there is no alternative), y, del otro, intersecciones cuya naturaleza inestable las vuelve de modo ostensiblemente inescrutable. De una parte, se construye un mundo de definiciones que, paradojalmente, son arrancadas de los imaginarios de mundos anteriores y que, por lo mismo, se vuelven lábiles. La empresa como familia, su banco amigo, son definiciones que articulan una nueva forma de organizar las relaciones sociales (Bourdieu 2002). No obstante, las mismas definiciones, provenientes de horizontes culturales anteriores, pueden efectivamente reconstituirse en relación a nuevos contenidos. En este contexto, el neoliberalismo aparece como una ideología que, en nombre de la libertad individual, se constituye en una poderosa Página 3 de 12

maquinaria cuyo fin último es desagregar cuantas piezas sea necesario a objeto de constituirlas en mercancía, individuos o partes de ellos incluidos, transables en el mercado por el uso del dinero (Bourdieu ob.cit.; Bourdieu y Wacquant 2001). El aspecto más significativo que la cosmovisión neoliberal que Ricardo ayudó a consolidar es el de invisibilizar los contenidos sustantivos de los procesos económicos, a saber, la tierra y el trabajo (Honborg ob.cit). En adelante sólo se consideran las “utilidades”, cuantificables en dinero. De aquí la incomodidad que a los economistas plantea la noción de intercambios desiguales: las transacciones de mercado son, si es que son los precios la única medida que ha de considerarse, iguales. Se procura trocar la realidad en bienes y servicios valorizados y, a objeto de asegurar la realización del capital, se ensancha la capacidad de consumo a través del endeudamiento progresivo. La deuda y la inversión se inmiscuyen en un circuito de permanente reconstitución. Los efectos de la expansión mercantil son contradictorios. Sujetos históricamente oprimidos aprovechan las nuevas condiciones para reorganizar sus luchas. Los pueblos originarios, los movimientos ambientalistas y las mujeres han sido pioneros en ello. La recomposición de los grupos migrantes y las estrategias ideadas desde posiciones subalternas a fin de negociar los límites de la subordinación son circunstancias que ponen de manifiesto la multidireccionalidad de los procesos desencadenados a partir de la expansión capitalista, sin pretender con ello negar la fuerza hegemónica que, en efecto, polariza aún más la divisoria entre quienes padecen la historia y quienes la hacen (o creen hacerla). Desde esta perspectiva, lo que interesa es identificar las vías de escape o de confrontación ante la expropiación o el despojo. Estas vías importan dos niveles: las definiciones y las intersecciones o interfases. De una parte es preciso desenmarañar las raíces culturales que informan las prácticas de los actores económicos y, de la otra, proponer medios para encarnar la economía, esto es, para procurar su reapropiación por parte de la sociedad. 2. La cosmología neoliberalismo. occidental nativa y las amenazas del

Marshall Sahlins (1983; 1988) provee de un marco de referencia importante para entender la economía como un sistema de creencias. Los ingredientes que el autor plantea se refieren entre otros, a los siguientes aspectos: (i) El concepto de escasez depende de la definición que los actores den a sus necesidades, (ii) De igual modo, la transformación de la realidad en un conjunto de valores de carácter económico es fruto de los significados que se impongan (¿Qué es lo Página 4 de 12

comestible?, por ejemplo), y (iii) La naturaleza de los intercambios se relaciona de modo dialéctico con la naturaleza de las relaciones sociales en que se sostienen (desde el intercambio generalizado al intercambio negativo). La propuesta de Sahlins se complementa con la contribución de autores como Kopytoff (1991), Baudrillard (1996), Appadurai (1986) y Taussig (1993), e invita a problematizar el desarrollo capitalista a partir de definiciones culturales cuyo sentido se torna determinante en la sociedad contemporánea. Ideas según las que la satisfacción del interés propio asegura el bienestar colectivo (Adam Smith), o que los resguardos privados resultan más eficientes que los colectivos para la protección de los bienes comunes (Hardin 1968) o que la individualidad es el pilar del mundo moderno (ver Dumont 1987) son cruciales para el aseguramiento del modelo neoliberal. En esta perspectiva, Occidente asume como mito propio el ser una sociedad en perpetuo crecimiento, mito que asegura la solución a los problemas del mundo. Este ethos del crecimiento perpetuo se convierte en un imperativo institucional. Desde una perspectiva neoliberal, el crecimiento es un argumento central, lo que invita a diseñar indicadores a través de los que pueda ser medido y comparado. Tales indicadores se constituyen en torno a procesos virtuales mientras la economía real comienza a sentir los efectos de producir a un costo irreal los medios que aseguran la existencia de un régimen capitalista. En efecto, los indicadores, más que reflejar la realidad, la construyen y los agentes económicos deciden en función de las modalidades con que tales indicadores se les ofrecen. La metáfora de Manfred Max-Neef (comunicación personal) es, en este sentido, elocuente: el mejor indicador en la economía es el paciente en la unidad de tratamiento intensivo en torno de quien se incrementan groseramente las cifras económicas. El carácter cultural de las elaboraciones capitalistas y las prácticas que de ellas se desprenden tienen consecuencias reales: cuestiones como el “darwinismo social”, la competencia, el facebook y demás invenciones de la imaginería mercantil se tornan en imperativos para quienes procurar sobrevivir en este escenario y ni siquiera las y los más críticos pueden sustraerse a la condiciones que desde el punto de vista del mercado se les impone. El instrumental que se desprende de tales definiciones adquiere una fuerza devastadora a partir de su implementación por la vía del actor público cuya función en este escenario es la de facilitar la operación del mercado. El cientificismo es tal vez la modalidad más poderosa que permite a la economía de mercado apropiarse de la sociedad y reducir la naturaleza a la condición de elementos inorgánicos Página 5 de 12

para ser procesados en aras de las motivaciones de lucro. La palabra recursos tiene una conocida trayectoria en ese sentido (Escobar 1999). La ciencia, a su vez, ha permitido descorrer velos sucesivos de la naturaleza para desintegrarla en recursos para el fin señalado: sea uranio, biomasa, o genoma. Pero el ejercicio científico no es una exclusividad del poder. Buena parte de los conflictos ligados a la solidaridad alimentaria, a los derechos libres, a la biodiversidad y a la salud pasan por el tamiz de un cientificismo que es diferencialmente generado y apropiado por la pluralidad de actores que concurren en cada uno de estos conflictos (Skewes y Guerra 2004), los que a su vez, son fuente de conocimientos alternativos en la definición de soberanías locales (Mignolo 2003). 3. Para una reencarnación de las economías locales.

Lo local depende de lo extralocal pero, a su vez, lo extralocal siempre tiene un anclaje local. La expansión capitalista ha traído consigo una redefinición de las relaciones en todos los niveles: translocal, globallocal y global – global en paralelo a las relaciones internacionales. Ello no importa que lo uno haya reemplazado a lo otro o que lo sustituya. Lo que en definitiva ha cambiado es el tipo de interfase que se plantea entre flujos y localidades, donde los flujos dependen tanto de las localidades como las localidades de los flujos (Sassen 2000). La operación de una economía capitalista depende del desmembramiento local en a lo menos tres aspectos: (1) drenaje y contaminación de recursos naturales, (2) desposesión (separación del productor de los medios de producción) y liberación de la fuerza de trabajo, y (3) enajenación (separación del ser humano de su mundo de vida). La acumulación primitiva de Karl Marx se manifiesta bajo diversas formas de acumulación por desposesión (Harvey 2003). El desmembramiento producido por la intrusión capitalista socava las bases ecológicas (merma de recursos) y sociales (hostilidad al interior de la comunidad) de la sustentabilidad. Por la vía de la acumulación por desposesión la vida económica local se pauperiza pero la vitalidad del mercado no puede desvincularse de los procesos que soportan la vida y, desde un punto de vista global y en términos absolutos, no puede extinguirse (de Haan 2000). La enajenación plantea otro tipo de desposesión, o, si se quiere, una forma particular de desposesión: la de la cultura. A través del imperativo por el cual los sujetos se validan en el mundo a través del reconocimiento (Taylor 1993), la cultura pasa a incrementar su valor instrumental (utilidad), el que termina por hegemonizar el dominio social Página 6 de 12

(Bourdieu ob.cit.). La singularización constituye una necesidad de tal naturaleza que la cultura en tanto contenido de estos procesos inevitablemente se mercantiliza. La cultura – esto es, las experiencias compartidas que confieren sentido a la existencia humana – es dragada hacia el mercado. Pero, una vez más, hay un límite: el carácter convencional – y, por lo tanto, colectivo – que permite constituir significantes que tengan función singularizadora fuerzan a una convención anclada en el colectivo (Douglas 1978). El desafío para una reconfigurar la escena contemporánea pasa por definir fronteras para la expansión capitalista. Raúl Zibechi (2007: 48) plantea que, en efecto, los movimientos sociales en su condición actual “han abierto espacios-brechas en el sistema de dominación, espacios físicos y simbólicos de resistencia que se convierten en espacios de supervivencia, y para sobrevivir comienzan a producir y reproducir sus vidas en forma diferente a como lo hace el capitalismo”. Hay, en la construcción de estas “islas” dentro del capitalismo, dos procesos que merecen preocupación antropológica. Por una parte, está la lugarización del mundo, y, por la otra, a la generación de nuevos flujos entre lugares. La constatación principal, intuitiva si se quiere, de las redes comunitarias locales, pone de relieve el carácter extractivo de las definiciones territoriales con las que opera el Estado y cuya función última es la de someter a control el patrimonio local (Guerra y Skewes 2008; Scott 2005). Desde esta perspectiva, la definición y defensa de los espacios propios pasa a jugar un papel central en las prácticas de resistencia de las redes comunitarias (Skewes y Guerra 2004). De la otra, los espacios locales cobran vida a través de flujos y sistemas de vinculación que son extralocales y que merecen un estudio en mayor profundidad (Porto Goncalves 2001). La “comunidad” se extiende espacialmente a través de parientes y visitas, remesas y prestaciones recíprocas entre el medio urbano y rural (de Haan ob.cit.). Desde esta perspectiva no cabe comprender la comunidad como un sistema cerrado sino más bien en tanto redes comunitarias, heterogéneas en cuanto a sus identidades, que existen en localidades cuyo carácter es dinámico, con fronteras de naturaleza porosa, y cuya especificidad deviene de la hibridación histórica de relaciones tanto internas como externas. En suma, la localidad históricamente se produce en interacción con una variedad de conexiones externas, las que, a su vez, definen patrones distintivos de inequidad local interna (Sassen ob.cit.). La expansión capitalista no supone, al interior de las localidades, un simple cambio de poder sino una desestabilización de las jerarquías existentes a distintas escalas espaciales (Gupta and Ferguson 1997). Nuevamente, lo que en una aproximación aparece como desconcertantemente desestabilizador, desde otra mirada abre Página 7 de 12

posibilidades para nuevas formas de articular las relaciones desde la escala local a la global. Lo sustantivo del ejercicio emancipador, desde esta perspectiva, es la lugarización, esto es, la capacidad de los actores para constituir lugar. Es en estos espacios donde se resuelven para bien o mal las relaciones que vinculan a las comunidades locales con el contexto social global. De aquí la antropología económica y la antropología política vuelvan a encontrarse, bajo la inspiración de Pierre Clastres (1978; 1981), en la fórmula de la sociedad contra el Estado. Las poblaciones locales pueden disputar lo que de otra manera es vaporizado por la acción del mercado y que, simultáneamente, fractura su constitución interna. Sus posibilidades de sortear el escollo radican en establecer cotos que neutralicen, posterguen o inviabilicen la acción mercantil, a la vez que permitan elicitar los conocimientos propios para constituir una perspectiva propia del territorio (Mignolo ob.cit.). Tales cotos no pueden definirse en ausencia de soportes políticos, económicos, técnicos e identitarios. “En la producción”, señala Zibechi (ob.cit.: 48) “se busca el autoabastecimiento y la diversificación para depender menos del mercado; se busca producir sin agrotóxicos o productos contaminantes; buscan comercializar fuera de las garras del mercado monopolizado; intentan que todos los productores dominen todos los saberes de la producción; la división técnica del trabajo no genera jerarquías sociales, de género o etáreas y se trabaja por descongelar la división entre trabajo intelectual y trabajo manual; y entre quienes dan órdenes y quienes las obedecen”. Algunas pistas pueden encontrarse en la etnografía y a ello puede contribuir la antropología económica. Las pistas para avanzar en una reencarnación de la economía involucran la doble dimensión teórico-práctica de la que nos hemos ocupado en este artículo. En la primera de ellas está el desmantelamiento del andamiaje ideológico en el que se sostienen las definiciones y categorizaciones con las que opera la economía neoliberal y que se expresa en el discurso que los técnicos y administradores despliegan frente a las poblaciones locales. Tales definiciones, como lo sugiere Bourdieu (ob.cit.), se fundan en la disolución de toda forma de colectivo y en un desvanecimiento de los procesos reales a que responde el edificio virtual que se instala en la gestión de los mercados. Frente a ellas, cabe a la antropología económica desentrañar las formas de conocimiento local sobre las que se fundan principios propios de organización económica (Mignolo ob.cit) y de contribuir a la comprensión de los fenómenos económicos en su imbricación histórica, social y cultural.
Página 8 de 12

La comprensión de las imbricaciones locales supone ejercicios de aplicación que son cada vez más urgentes. De aquí que, en lo que atañe a la esta dimensión, es preciso identificar estrategias que permitan revertir la desigualdad en los términos de intercambio. Para ello, tal como Hornborg (ob.cit.) lo sugiere, el adversario principal es el dinero como medio universal de cambio y su antídoto es la economía multicéntrica. Como muchos otros pueblos, los Tiv descubrieron que su incorporación a la economía mundial fue orquestada por el dinero multipropósito, lo que les significó pérdida de control local, relaciones comerciales desfavorables, y degradación ambiental (ibid). La ruta puede ser transitada en sentido inverso, esto es, a través de monedas de uso local lo cual supondría la existencia de una economía bicéntrica y con ello algunos efectos benéficos como la contracción de la demanda por productos distantes y la reducción de los costos asociados al transporte, la substitución de materiales de desecho por componentes locales, a la vez que un sistema de producción local es más intensivo en el uso del trabajo que en el de capital, y, por tanto, menos dependiente de recursos externos. Con el uso de moneda local, plantea Honborg (ibid), se limita el incentivo para la explotación externa y se produce alimento de mejor calidad, promoviendo la diversificación de la producción local, con mayores de biodiversidad, y fortaleciendo los lazos comunales. La economía bicéntrica supone condiciones políticas, especialmente en lo que dice relación con la soberanía local, las políticas públicas y los pactos de sustentabilidad. En ausencia de ello las propuestas no pasan de ser una utopía más en una larga lista de deseos incumplidos. Tales propuestas no pueden sino surgir de las prácticas reales de los actores sociales, las que cabe comprender y profundizar. Aquí la etnografía contribuye a reencontrar aquellas rutas, embarcaciones y cosas que en su momento fueron arrebatadas a las poblaciones locales y que bien pueden hoy ser recuperadas por la vía de la reencarnación de la economía en los tejidos sociales a los que está llamada a servir. Conclusión El capitalismo, y el neoliberalismo como su expresión contemporánea, han desmantelado la organización territorial que caracterizó al estado keynessiano. Bajo este esquema, lo local se tornó especialmente difuso y fragmentario: La lógica neoliberal justifica técnicamente el desmantelamiento de las redes locales, enfatizando en la creación de utilidades como sustento de su lógica de operación. Con ello estimula la incorporación de la fuerza de trabajo y la apropiación del arsenal de los recursos productivos al mercado. El estado opera como Página 9 de 12

una fuerza organizadora y su sustrato principal es el tecnicismo que le proporcionan la ciencia y sus instituciones. Desde el punto de vista de las poblaciones locales, enfrentadas a su disolución y absorción por la acción del mercado, se plantean desafíos no menores. Contrarrestar el determinismo estructural impone desafíos frente a los que la antropología económica cobra plena vigencia. Tales desafíos involucran: a. Posibilitar una lectura alternativa de los fenómenos en curso que se haga cargo no sólo de los costos sustantivos de la operación económica, sino, además, de la naturaleza embrionaria que las prácticas de la vida cotidiana entrañan para la generación de modos alternativos de hacer economía. b. Comprender la situación actual a partir del enraizamiento amenazado, procurando fortalecer la reconstitución de los tejidos que históricamente aseguraron la sustentabilidad de las poblaciones locales. c. Orientar las políticas hacia el reconocimiento y fortalecimiento de los entramados en los que operan las poblaciones locales, y d. Proponer modelos alternativos basados en pactos de sustentabilidad y en la soberanía local, a través de los que se consagre el derecho de los actores a definir los términos de la relación que los vincula a los procesos globales. Bibliografía Appadurai, Arjun 1986 The social life of things. Commodities in cultural perspective. Cambridge: Cambridge University Press. Baudrillard, Jean 1996 El espejo de la producción o la ilusión crítica del materialismo histórico. I. Agoff, transl. Barcelona: Gedisa. Bourdieu, Pierre 2002 La esencia del neoliberalismo. In Pierre Bourdieu. Seis artículos de Pierre Bourdieu publicados en Le Monde Diplomatique. V.H. de la Fuente, ed. Pp. 9-16. Santiago de Chile: Editorial Aun Creemos en los Sueños. Bourdieu, Pierre, y L Wacquant 2001 NewLiberal Speak- notes on the new planetary vulgate. Radical Philosophy (105):2-5. Clastres, Pierre 1978 La sociedad contra el Estado. Caracas: Monte Ávila. — 1981 Investigaciones en antropología política. Barcelona: Gedisa. de Haan, Leo J. Página 10 de 12

2000 Globalization, localization and sustainable livelihood. Sociologia Ruralis 40(3):339-365. Douglas, Mary 1978 Símbolos naturales. Madrid: Siglo Veintiuno. Dumont, Louis 1987 Ensayos sobre el individualismo. Madrid: Alianza. Escobar, Arturo 1999 El Final del Salvaje. Naturaleza, cultura y política en la antropología contemporánea. Santafé de Bogotá: CEREC. Evans-Pritchard, Edward Evan 1977 Los Nuer. Barcelona: Anagrama. Guerra, Debbie E., y Juan C. Skewes 2008 ¿Vernaculización, hibridación, enajenación o patrimonialización? Disyuntivas locales en la construcción del paisaje. Conserva (12):5-37. Gupta, Akhil, y James Ferguson 1997 Culture, Power and Place: Ethnography at the End of an Era. En Culture, power and place: explorations in critical anthropology. A. Gupta and J. Ferguson, eds. Pp. 1-29. Durham and London: Duke University Press. Hardin, Garret 1968 The tragedy of the commons. Science 162:1243-1248. Harvey, David 2003 The new imperialism. Oxford, New York: Oxford University Press. Hornborg, Alf 2007 Learning from the Tiv: Why a Sustainable Economy Would Have to Be "Multicentric". Culture & Agriculture 29(2):63-69. Kopytoff, Igor 1991 La biografía cultural de las cosas: La mercantilización como proceso. In La vida social de las cosas. Perspectiva cultural de las mercancías. A. Appadurai, ed. Pp. 89-123. México: Grijalbo. Leff, Enrique 1998 Saber ambiental: sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder. México: Siglo XXI. Malinowski, Bronislaw 1966 Argonauts of the Western Pacific. London: Routledge & Kegan Paul. Marx, Carl 1980 El Capital: Crítica de la Economía Política. 8 vols. P. Scaron, trad. Volumen 3. Madrid: Siglo XXI. Mignolo, Walter 2003 Historias locales/diseños globales: Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo. Madrid: Akal. Polanyi, Karl
Página 11 de 12

1944 The great transformation. New York, Toronto: Farrar & Rinehart. Porto Goncalves, Carlos Walter 2001 Geo-grafías. Movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad. México: Siglo XXI. Saasen, Saskia. 2000 Spatialities and temporalities of the global: elements for a theorization. Public Culture 12(1):215–32 Sahlins, Marshall 1983 La sociedad de la opulencia. In La economía de la edad de piedra. Madrid: Akal. — 1988 Cultura y razón práctica. Barcelona: Gedisa. Scott, James C. 2005 Afterword to "Moral Economies, State Spaces, and Categorical Violence". American Anthropologist 107(3):395-402. Skewes, Juan C., y Debbie E. Guerra 2004 The Defense of Maiquillahue Bay: Knowledge, Faith, and Identity in an Environmental Conflict. Ethnology 43(3):217-332. Taussig, Michael 1993 El diablo y el fetichismo de la mercancía en Sudamérica. México: Nueva Imagen. Taylor, Charles 1993 El multiculturalismo y la política del reconocimiento. Mexico: Fondo de Cultura Económica. Zibechi, Raúl 2007 Autonomías y emancipaciones. Latinoamérica en movimiento. Lima: Universidad Mayor de San Marcos. Programa Democracia y Transformación Global.

Página 12 de 12

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful