Está en la página 1de 167

LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA EN VENEZUELA

VICISITUDES, APORTES A LA DEMOCRACIA Y RENDICIÓN DE CUENTAS

Eleazar Narváez

Caracas, mayo de 2008

1
A mis hijos, Tania
Elena y Carlos Ernesto,
con orgullo universitario y de padre.

2
ÍNDICE

Págs.

Introducción 5

Vicisitudes de la autonomía universitaria en Venezuela 10


desde el siglo XVIII hasta el siglo XXI

La autonomía universitaria y la democracia venezolana 59


en el siglo XX

Universidad autónoma y rendición de cuentas 67

Referencias bibliográficas 83

Anexos 88

3
…la universidad moderna debería ser sin condición […]
Dicha universidad exige y se le debería reconocer en
principio, además de lo que se denomina la libertad
académica, una libertad incondicional de cuestionamiento
y de proposición, e incluso, más aún si cabe, el derecho
de decir públicamente todo lo que exigen una
investigación, un saber y un pensamiento de la verdad.

Jacques Derrida

4
INTRODUCCIÓN

En nuestro tiempo, cuando se dice que el fin de la utopía ha dado lugar a


la sacralización de la urgencia –con la conversión de los actores sociales en
esclavos de los problemas inmediatos– uno de los desafíos a los que debemos
responder los educadores y los estudiosos de la educación es, precisamente,
contribuir a la búsqueda de sentido que la sociedad contemporánea nos exige,
en unas circunstancias en las cuales somos testigos de una obsesión por
vaciar nuestros discursos educativos actuales de los referentes y los orígenes
sobre los que se han erigido y desarrollado las ideas y las prácticas
pedagógicas más innovadoras de este tiempo en el que vivimos (Carbonell
Sebarroja, 2000). Tal responsabilidad es preciso que la asumamos con la
conciencia de saber que la educación ha de ser un instrumento fundamental en
la respuesta a dicha demanda de sentido y, al mismo tiempo, objeto de ésta.
Pensamos que la contribución de la Universidad venezolana, en la
búsqueda de sentido que nos exige en la actualidad la sociedad, implica
necesariamente la colocación del concepto de autonomía en el centro de
nuestra atención y desde una perspectiva histórica; todo esto con la convicción
de saber que el pasado representa una fuerza, y no una carga que el hombre
debe sobrellevar y de cuyo peso muerto podemos o debemos liberarnos en la
marcha hacia el futuro (Arendt, 2003). 1 Una fuerza en nuestro caso –la de la
autonomía–, que es menester resignificar con el propósito de reflexionar la
institución universitaria del país de cara a los diversos e ingentes desafíos que
nos plantea el mundo contemporáneo.
Esa reivindicación de la autonomía parte de la premisa de reconocer,
pues, que dicho principio –recordamos aquí las palabras de Weinberg (2001)–
1
Dice esta autora: “...no sólo el futuro –‘la ola del futuro’– sino también el pasado se ve como
una fuerza, y no, como en casi todas nuestras metáforas, como una carga que el hombre debe
sobrellevar y de cuyo peso muerto el ser humano puede, o incluso debe, liberarse en su
marcha hacia el futuro” (Arendt, 2003: 24).
5
es uno de esos temas de gran significación histórica que mantienen su vigencia
porque precisamente siguen conservando vivos sus fermentos y su mensaje. Y
también, al tomar en cuenta el carácter polémico de ese principio en su
trayectoria histórica, sostenemos que tal reivindicación exige una precisión del
significado de éste –además de su resignificación– dado que no se puede
obviar que dicho término, a lo largo de su historia, ha sido objeto de
interpretaciones diversas y hasta de definiciones contrapuestas (Finocchiaro,
2004) ligadas a saberes y hechos contextualizados en el tiempo, en un
espectro variado de posiciones donde destaca la de quienes, por un lado,
hablan de la autonomía universitaria como un mito que en lugar de esclarecer
oscurece y trabuca la realidad, y la de quienes, por el otro, optan por asumirla
como ejercicio de determinadas libertades por parte de los actores
fundamentales de la comunidad universitaria (Sosa Wagner, 2007).
Con base en estas ideas –y además con el convencimiento de que las
inquietudes que éstas generan es preciso contextualizarlas en cada país– el
autor del presente trabajo ha incursionado en el examen de la autonomía
universitaria en Venezuela, centrando su atención en tres objetivos básicos:
1) En primer lugar, relatar –con la complejidad que juzgamos
indispensable–2 las vicisitudes de la autonomía universitaria en su recorrido
histórico en Venezuela, desde el siglo XVIII hasta los primeros años del siglo
XXI, tomando como referencia fundamental el caso específico de la universidad
de mayor tradición, prestigio e importancia del país: la Universidad Central de
Venezuela.
De este modo, con ubicación en el contexto venezolano y en esta
institución, nuestro interés se centró en exponer, en ese período histórico, las
dificultades y bondades que han significado para el quehacer de la Universidad
esos avances y retrocesos en el ejercicio autonómico en sus distintas
dimensiones; en el entendido de que para alcanzar una Universidad autónoma,
sin aduanas para el pensamiento, con libros de las más heterodoxas doctrinas
filosóficas, con pleno derecho a la elección de sus autoridades académicas, se
necesitaron años y siglos de lucha (Leal, 1983).

2
Lo que quiere decir que se procurará siempre ir más allá del simple relato de fechas y hechos
con la incorporación de elementos de análisis que favorezcan la clara y cabal comprensión de
los avances y retrocesos de la autonomía universitaria, en sus diversas dimensiones y a lo
largo del período histórico considerado.
6
Tal aproximación histórica la consideramos de gran importancia para
mostrar –como dice Soriano (2005)– los elementos relevantes de la
peculiaridad venezolana de la autonomía universitaria y esclarecer su
circunstancia actual, en la perspectiva de contribuir a la comprensión de su
sentido y significado y a fin de saber, además, de qué manera esa práctica
autonómica ha dejado su huella ejemplar y eficiente en las diversas
expresiones de la vida venezolana a lo largo del tiempo. Aquí insistimos en
retomar la preocupación por la “adecuación histórica de la Universidad al país”:

Cuestiones como el concepto mismo de adecuación histórica, aplicado a la


Universidad; su medición y la objetividad posible en esta última tarea, así como
la evolución de aquel concepto, aplicado esta vez a la relación entre la
Universidad y el Estado venezolano, debían ser estudiadas si se pretendía
planificar el desarrollo de la institución. Es decir, que se necesitaba buscar en el
pasado las grandes líneas que, atravesando el presente, se proyectasen hacia
el futuro (Caballero, 1974: 5).

2) En segundo lugar, se insiste en contribuir a hacer más visibles


algunas contribuciones importantes de la Universidad autónoma –centrando la
atención en la Universidad Central de Venezuela– en lo atinente
fundamentalmente al forjamiento de la democracia en el país en el transcurso
del siglo XX, considerando específicamente la influencia de esa institución en la
generación de movimientos y en el papel e impacto de determinados actores
en la instauración y consolidación de los valores de la democracia en la vida
política de la sociedad venezolana durante el período antes indicado.
3) En tercer lugar, se trata de repensar, con base en la resignificación del
principio de autonomía universitaria, las respuestas a algunos de los retos
relevantes de la Universidad venezolana actual. Al plantear esto lo hacemos
con la convicción de que el repensar la Universidad venezolana, fundamentado
en el ejercicio autonómico, fortalece el mencionado principio y potencia ese
poder liberador del mismo, del cual nos habla Becerra (2003: 17): “…un poder
que tenía un profundo contenido liberador, compartido, democrático y
perfeccionador, que se extendía a todos los miembros de la comunidad
universitaria”.
Es importante tener en consideración que la referencia al carácter
dinámico de la autonomía universitaria en América Latina –y, por consiguiente,

7
la necesidad de repensarla– se sustenta en algunos casos bajo el argumento
de que hoy:

…no es posible seguir postulando el mismo tipo de categorías de análisis y los


mismos mecanismos institucionales de relación entre Universidad y Estado en
un contexto donde: (i) se tiende a reforzar la democracia, (ii) el Estado ha
perdido gran parte de los instrumentos que tradicionalmente le permitían
regular la economía, y (iii) asistimos a fenómenos muy importantes de erosión
del Estado-Nación, ya sea a través de procesos de descentralización o de
procesos de construcción de entidades políticas supranacionales (Tedesco,
2005: 80).

De modo similar, Vaccarezza (2006: 34) señala:

En la medida en que América Latina ha entrado en un largo período de


gobiernos constitucionales, el argumento de la reivindicación política de la
autonomía frente a la represión ha perdido capacidad de legitimación. En este
contexto, la cuestión de la autonomía se ha ido perfilando recurrentemente con
nuevas connotaciones y significados, poniéndose más en evidencia su carácter
polisémico.

Con este objetivo se ha querido argumentar, entonces, la necesidad


fundamental de repensar el principio de autonomía universitaria en la tarea de
construir las respuestas de la Universidad venezolana a algunos de los retos
que se le plantean hoy a nuestra educación superior, entre ellos, de manera
particular, el que tiene que ver, por ejemplo, con las exigencias de la rendición
de cuentas a la sociedad, el cual abordamos desde diferentes perspectivas y
en sintonía con las propuestas de reforma de ese nivel educativo que emergen
en distintos países –en especial en América Latina y el Caribe– a partir de la
década de los ochenta del siglo XX.
En esto nos animó el convencimiento de que es necesario que la
Universidad sea más proactiva que reactiva en la reivindicación de la
autonomía, a fin de responder a sus grandes desafíos actuales y futuros. No se
trata sólo de defender dicho principio ante cualquier intento de vulneración, sino
también de nutrirlo en su ejercicio, de potenciarlo cotidianamente como eje
transversal de las respuestas que debemos construir y desarrollar los
universitarios ante las exigencias que nos plantea la sociedad contemporánea.
En esta perspectiva pensamos que en este tiempo la tarea de repensar la
Universidad y el cometido de repensar y resignificar la autonomía universitaria
en Venezuela son dos exigencias fundamentales e indisociables. Sin duda

8
alguna, hoy siguen vigentes las palabras dichas por Febres Cordero (1959: 20)
a mediados del siglo pasado:

…autonomía y reforma son términos interdependientes y solidarios, una es


indispensable a la otra, y las dos concurren a una finalidad común: el
mejoramiento de la Universidad […] Conceder autonomía a una Universidad
que no se reforma, o trata de reformarse, es tan contraproducente o perjudicial,
como reformarla sin concederle su autonomía.

De allí que, en sintonía con el planteamiento anterior y siguiendo lo que


dice Castells (2006: 14-15):

…habrá que entrar en la letra pequeña de los cambios institucionales, en los


mecanismos concretos que aseguran la flexibilidad y la innovación sin perder la
autonomía y la libertad de cátedra. En fórmulas que aseguren la
responsabilidad social de los universitarios, su deber de servir a la sociedad y a
los estudiantes sin por ello desaparecer como comunidad científica
autogestionada. Precisamente porque los universitarios tenemos el privilegio de
ser el único espacio de libertad estatutariamente reconocido por la sociedad,
tenemos que respetar una deontología voluntaria que nos ponga al servicio de
la ciencia, la educación y el interés público, anteponiendo esta función social a
nuestros intereses personales y profesionales.

9
LAS VICISITUDES DE LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA EN VENEZUELA
DESDE EL SIGLO XVIII HASTA EL SIGLO XXI

10
…la autonomía universitaria, sin la cual la
vida académica corre riesgo de muerte por
asfixia, al no poder ventilar ideas y
proyectos en democracia y libertad.

Graciela Soriano

11
Desde que fue creada la primera universidad en Venezuela el 22 de
diciembre de 1721 –bautizada con el nombre de Real y Pontificia Universidad
de Caracas–, la autonomía universitaria se inscribe en un largo recorrido
histórico. A partir de aquella fecha hasta el presente, algunas universidades
venezolanas, llamadas universidades autónomas, contaron con múltiples
opciones para su existencia comunitaria 3 –vale decir, con esos distintos tipos o
especies de autonomía que Soriano (2005) identifica en el origen de la
Universidad– sin que todas ellas se hicieran presentes en el nacimiento o en
todos los momentos de la vida posterior de esas instituciones en nuestro país.
Soriano (2005: 9), al señalar que históricamente el concepto de
autonomía hace referencia a un cierto poder de “autonormación” y de
autogobierno, “que existe y se reconoce por/para la mejor satisfacción de un
círculo específico y concreto de necesidades peculiares que la justifican en
razón de la misma singularidad”, distingue siete capacidades a modo de
expresión teórica de esas opciones para la existencia comunitaria de las
universidades en su devenir histórico, las cuales, con las peculiaridades del
caso, igualmente aparecen registradas en el accidentado camino transitado por
la autonomía universitaria en Venezuela. Tales capacidades de las
universidades son: 1) autonomía teleológica (para establecer sus propios
fines); 2) autonomía académica (para establecer la libertad de cátedra); 3)
autonomía normativa (para establecer reglas de funcionamiento); 4) autonomía
gubernamental (para darse sus propios órganos de gobierno); 5) autonomía
administrativa (para establecer algunas formas o pautas de funcionamiento); 6)
autonomía económica y financiera (para obtener y gestionar fondos adecuados
para el logro de los fines); y 7) autonomía territorial (para disponer y decidir
sobre el propio espacio).
Lo que nos interesa en este trabajo es poner de relieve en qué
momentos y contextos y de qué modos se manifiestan esas capacidades en la
vida universitaria del país –con sus avances y retrocesos–, a partir de la
fundación de la Universidad de Caracas en el “magnífico, Real y Seminario
Colegio de Santa Rosa de Lima”, con base en el modelo de la Universidad de
Santo Domingo y las pautas de uno de los dos estatutos universitarios que
3
Nos permitimos utilizar esta expresión de Graciela Soriano (2005: 7).
12
gozaban de mayor reconocimiento en el mundo hispánico: la Constitución de la
Universidad de Alcalá de Henares.

1. La autonomía desde el momento fundacional de la Universidad a la


antesala del nacimiento de la Universidad republicana

En el año 1721, cuando fue creada la Universidad de Caracas, 4 puede


decirse que las Constituciones de esta institución no estipulaban su autonomía
académica, ni la administrativa, ni la gubernamental, ni la económica, ni la
territorial. Estos tipos de autonomía le fueron reconocidos a esa universidad en
el año 1784 por Real Cédula de Carlos III, como expresión de la tendencia a su
secularización, a diferencia del momento fundacional cuando fue dotada de sus
primeras normas y de una determinada autonomía jurídica, y “la institución
guardó una dependencia notoria del Obispo –y por ende de la Iglesia– en todos
los órdenes” (Soriano, 2005: 16).
Sobre el tránsito a la secularización de esa autonomía universitaria, que
al amparo de la Iglesia permitía una injerencia menos amplia de funcionarios
subordinados al poder de la Corona, dice Leal (1981: 52-53) lo siguiente:

Los obispos, como fundadores del Seminario de Santa Rosa, ejercieron una
notable influencia en la marcha y organización de la Universidad hasta el año
de 1784, en que fueron excluidos de toda injerencia en los asuntos
académicos. A los obispos, como patronos del Seminario, con cuyas rentas se
sostenían parcialmente las cátedras de la Universidad, se les confirieron
amplios privilegios, tales como designar al Rector, votar en las elecciones de
los catedráticos, ocupar sitio de honor en los actos académicos, censurar la
conducta de los estudiantes y profesores, y vigilar la marcha de los estudios.
Estas amplias facultades ocasionaron un cúmulo de controversias y disputas,
por Cédula Real de 4 de octubre de 1784, el Monarca se vio obligado a
excluirlos de toda injerencia ‘en asuntos comunes y particulares de la
Universidad y de tomar por cuenta las quejas y sentimientos de sus individuos’.
Igualmente se les privó de la facultad de nombrar al Rector. Dispuso Carlos III
la separación de la rectoría de la Universidad del Seminario, y ordenó que la
elección del cargo rectoral correspondía al Claustro pleno. Este fue un paso
importante hacia la autonomía universitaria que se mantuvo aún hasta muy
avanzado el siglo XIX, para perderse después con los regímenes de fuerza.
El Gobernador, en su carácter de vicepatrono, intervenía en una forma menos
amplia que los obispos en la vida universitaria. Ninguna cátedra podía fundarse
sin su asentimiento y recomendación. Además se exigía el visto bueno de este
funcionario para elevar alguna súplica a la Corte de Madrid. En los actos de
4
Si bien por un error de redacción en el “Breve de erección apostólica” expedido por el Papa
Inocencio XIII –en lugar de Caracas se estampó “Charcas” en el texto de dicho documento– su
institución y fundación con los títulos de Real y Pontificia se hicieron realidad hasta el 9 de
agosto de 1725. Véase Leal (1981: 47).
13
graduación y en los certámenes literarios, se sentaba en un lugar distinguido,
junto con el obispo y las autoridades universitarias, pero le estaba vedado
allanar con tropas el recinto de la Universidad, aun en los momentos más
graves. El desacato a esta norma significaba violar el fuero académico, que
establecía que los alumnos y catedráticos –en materia de estudios– debían ser
juzgados en el tribunal que presidía el Carcelario de la Universidad.
Únicamente el Carcelario estaba facultado para reclamar el auxilio de la fuerza
pública cuando estimara que las multas, censuras y la pena de la cárcel –que
se cumplía dentro de la misma Universidad – no eran suficientes para imponer
el orden dentro de la institución.

Cuenca (1967: 67), al aludir a una de esas controversias referidas en el


texto anterior –la habida entre el carcelario Fernández de León y el rector
Berroterán, en el año 1780– afirma que en respuesta a ese incidente comienza,
por la necesidad de un equilibrio político, el proceso autonómico de la
Universidad Central:

Un resultado fecundo, sin proponérselo el rey, se obtiene para la Universidad:


su separación del Colegio Seminario, al cual había estado subordinada por
imperio de las primeras constituciones. En adelante, según la cédula de Carlos
III de 1784, serán incompatibles las funciones de rector del Seminario y rector
de la Universidad, se prohíbe la intromisión de las autoridades eclesiásticas en
el Alma Máter y se dispone que “el Rector de la Universidad jamás deberá ser
Regular, sino siempre ha de ser este empleo en secular, una vez lego y otra
eclesiástico, cuya elección se ha de hacer en Claustro pleno de Doctores para
que con esta alternativa no llegue el caso de que se introduzcan abusos y
después permanezcan bajo el título de costumbre”.

Asimismo, en la valoración de la ampliación con tendencia a la


secularización de la autonomía universitaria durante esos años, habría que
tomar en cuenta –como uno de los ingredientes del contexto en el que ella se
produce– la difusión de las ideas del pensamiento ilustrado en Venezuela a
partir de la década de los setenta del siglo XVIII, precisamente en atención a
las consideraciones que a continuación hace Fernández Heres (1998: 2-3):

...no podemos perder de vista los siglos del período hispano con la huella
cristiana y el fenómeno del siglo XVIII, donde entre nosotros se observa la
convivencia o tolerancia de pensamiento cristiano con pensamiento ilustrado.
Porque el pensamiento ilustrado en materia educacional si bien irrumpe entre
nosotros, en 1770, con la disputa entre el Padre A. Valberde y el Conde San
Javier, donde el primero pedía liberarse de Aristóteles y Santo Tomás y dar
acogida a la enseñanza que se impartía en la Universidad de Caracas a la
ciencia moderna y otros teólogos y filósofos cristianos; y el segundo, profesor
aristotélico-tomista, y luego en 1789 el pleito entre el abogado Doctor Cayetano
Montenegro de la misma estirpe académica y el Padre Baltasar de los Reyes

14
Marrero, abanderado de la apertura ideológica, todos coinciden tanto
conservadores (el Conde San Javier y Montenegro) y avanzados (Valberde y
Marrero) en la profesión de fe y lealtad a la ortodoxia católica en materia de
dogma y moral. De modo que el pensamiento ilustrado venezolano en materia
educativa representado en la Venezuela del siglo XVIII por Valberde, Marrero, 5
Juan Agustín de la Torre, Evaristo de Buroz, Simón Rodríguez, Sanz y Andújar,
penetra en Venezuela, se puede afirmar, sin actitud volteriana y desafiante al
estatuto religioso imperante y luego recorre, aunque con tono ideológico y estilo
diferentes un itinerario hasta bastante avanzado el siglo XIX. Así pues,
pensamiento cristiano, pensamiento ilustrado y pensamiento positivista han
abonado buena parte de nuestro quehacer educacionista, no menos de
cuatrocientos años de cultura pedagógica.6

De igual manera, es importante tener presente lo que posteriormente dicho


autor afirma:

A fines del siglo XVIII, como consecuencia del progreso agrícola de la


provincia, se plantea, porque ya no suficientes los conocimientos teológicos y
filosóficos para los usos y necesidades de la vida civil, el ensanche de los
estudios para dar cabida a la enseñanza de las ciencias que puedan dar
sustentación al aprendizaje y práctica de las artes útiles, que se les considera
mecanismos promotores del progreso. Era este un planteamiento novedoso
que rompía la tradición pedagógica e incorporaba un nuevo objetivo educativo;
toma cuerpo la confianza en el método de observación y experimentación para
construir el saber científico, y esto contribuye a crear un ambiente de
autonomía intelectual y espiritual distinto al que propiciaba el régimen docente
imperante. Este ambiente de autonomía que comienza por reclamarla para los
usos científicos se amplía, dando cabida a las expectativas políticas hasta dar
espacio a propósitos de libertad y soberanía provocando la ruptura política de
1810 y 1811.
A partir de este momento surge como necesidad la pedagogía cívica para
fortalecer y consolidar el nuevo proyecto político de naturaleza republicana.
Objetivos de progreso económico y de avance político plantean a la educación
un más amplio protagonismo, y al Estado el deber de asumir el patronato de la
educación como servicio de carácter público. Este ensanche de
responsabilidades exigido al régimen educativo del país, es el aporte, en el
orden de los requerimientos, de la ilustración a la hechura de nuestro discurso
pedagógico (Fernández Heres, 1998: 12-13).

De igual modo, resulta bastante esclarecedor lo que dice Leal (1981)


sobre este particular, al distinguir tres etapas en la vida universitaria colonial
(1721-1827): la primera, correspondiente al período comprendido entre la

5
Dice Leal (1981: 29-30): “Ya en los últimos años del siglo XVIII, la Universidad de Caracas
comienza a vestirse de moderna, gracias a Baltasar de los Reyes Marrero, que inicia la
enseñanza de la filosofía racionalista de Locke, Newton, Spinoza, Leibnitz, Descartes y otros
pensadores”. Asimismo, señala Ruiz (2001: 61): “...con Baltasar Marrero tenemos los ecos de
la nueva filosofía en nuestra universidad colonial”.
6
Expresado con las palabras de Leal (1981: 120), quien –citando a Mariano Picón Salas– habla
en este caso de una “híbrida mezcolanza de escolasticismo medioeval y de racionalismo y
empirismo naciente”.
15
erección de la universidad y el año 1788, “donde la enseñanza de la filosofía se
hacía por la letra y ‘según el pensamiento de Aristóteles’”; la segunda, iniciada
con las lecciones de Baltasar de los Reyes Marrero y continuada por sus
discípulos, donde comienza a leerse y discutirse la nueva filosofía representada
por Locke, Descartes, Newton, Leibnitz, Spinoza, Hume y otros filósofos,
además de las obras de grandes pensadores de la Ilustración española como
Feijoo, Jovellanos y Campomanes; y la tercera, calificada como oscurantista,
que comienza en 1815 y termina en 1821, de ruptura de la convivencia y
maridaje de escolasticismo y racionalismo, en la cual la Universidad, además
de una enorme crisis financiera, padeció una gran persecución ideológica:

La Universidad en esos años cae en manos de los realistas, bajo el amparo y


dirección del rey Fernando VII. En esa etapa de reacción absolutista hay una
marcada tendencia a condenar las innovaciones y progresos alcanzados por la
Universidad desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la proclamación de la
Independencia en el año 1811.
Los sucesos de los años 1810-1811, la lucha armada contra el régimen
monárquico, el entusiasmo mostrado por algunos catedráticos y estudiantes
por sustituir las autoridades españolas e instalar la República, obligaron a los
jefes militares realistas y las autoridades universitarias nombradas por éstos, a
dictar una serie de medidas encaminadas a mantener la fidelidad de la
Universidad a la Corona española. Se ordenó que los catedráticos arrancaran
de las manos de sus discípulos los libros perjudiciales opuestos a la religión, al
Estado y pública tranquilidad, se ofrecieron premios para los estudiantes que
delataran a los sospechosos de poseer ese tipo de literatura política y hasta se
autorizó al gobierno para que allanara las casas de los colegiales, cuyos
padres estuvieran comprometidos con el movimiento emancipador. Se ordenó
también a los catedráticos no permitir a sus clientulos libro alguno que sea
contra la religión, buenas costumbres y sagrados derechos del Rey, y que no
enseñaran “en las aulas de sagrada teología y cánones, materia alguna por el
curso compuesto por mandado del arzobispo de León de Francia, llamado
comúnmente el Lugfunense, ni por él se propongan disputas públicas, ni
privadas, ni que en las aulas de Filosofía, se enseñe por el Condillac, ni de
modo alguno se permita su uso y lectura a los alumnos”.
Si a esta persecución ideológica agregamos la tremenda crisis financiera que
atravesaba la Universidad –sin fondos para pagar a los catedráticos y con
escasos alumnos que concurrían a ella–, podemos afirmar que esa fue la etapa
más difícil que ha vivido la institución universitaria desde su fundación.
A esta etapa sí la podemos calificar como “oscurantista”, pues la Universidad
se cierra a todas las corrientes del pensamiento, a toda innovación, a todo
progreso (Leal, 1981: 120-121).

Sin duda, habría que prestarle mayor atención a estos acontecimientos


de la vida universitaria venezolana en ese momento del período colonial, pues
no se exageraría si se afirmara que la aplicación de esas medidas del rey

16
Fernando VII, tal como se señala en la cita anterior, constituyen, conjuntamente
con la violación del recinto universitario por el realista Domingo Monteverde en
1812,7 los dos primeros golpes de gravedad dados a la autonomía universitaria
en nuestro país.

2. La autonomía en la Universidad para la República

Así pues, en un contexto en el cual se amplía el protagonismo de la


educación bajo la influencia del pensamiento ilustrado español y el
enciclopedismo francés,8 y a partir de su articulación con el propósito de
contribuir a fortalecer y consolidar el naciente proyecto político republicano en
el país, después de la declaración de la independencia en 1811 y del triunfo de
las huestes republicanas en el año 1821, surge, en sustitución de la elitesca y
monástica universidad colonial, una universidad inspirada en el designio
republicano con la aspiración de ser “más dinámica, tolerante y científica, y
más a tono con la nueva época” (Leal, 1981: 30). A esa universidad, que tiene
su origen en la promulgación de los Estatutos o Constituciones universitarias
por el Libertador Simón Bolívar, el 24 de junio de 1827, –una vez derogadas las
Constituciones de la Real y Pontificia Universidad de Caracas– se le otorgaba
la libertad para que trazase su propio destino, con la elección de sus
autoridades por el Claustro de profesores y la dotación de un vigoroso
patrimonio económico, “con nuevas cátedras, con amplios y bien dotados
laboratorios, abierta a todas las corrientes del pensamiento, a todos los credos,
sin que el color de la piel significara ningún obstáculo para recibir los títulos
académicos” (Leal, 1983).

En esos Estatutos Republicanos (UCV, 1983) –que en su texto constituido


por 289 artículos se aseguraba la autonomía gubernamental, la autonomía
académica, la autonomía administrativa y sobre todo la autonomía económica

7
Soriano (2005: 7) afirma que la violación del recinto universitario por Domingo Monteverde en
1812 abrió las puertas a una coyuntura violenta que “sólo se cerró en 1827, con las medidas
que tomó Bolívar para asegurar la vida académica en la nueva República independiente”.
8
Ruiz (2001) señala la influencia de la Ilustración, por un lado, como parte de la política
monárquica española y, por el otro, la que entró a escondidas por vías de pensamiento de
mayor radicalidad –de Montesquieu y otros– viniendo de las islas del Caribe, de las posesiones
francesas y holandesas del Caribe.
17
de la Universidad, a pesar de mantener en vigencia varias disposiciones de las
viejas Constituciones–, cabe destacar, entre otros, los aspectos siguientes:

 La Universidad deja de ser Pontificia, al eliminarse el cargo de Carcelario


(figura que fungía de representante papal en esta institución); lo que
significó la disminución de la tutela de aquélla por parte de los poderes
eclesiásticos, y una mayor categoría al cargo de Rector con la restitución a
éste de sus antiguas facultades.

 La autoridad suprema residía en el Rector, en el Claustro Pleno o Junta


General y en el Claustro de Catedráticos o Junta de Inspección o Gobierno.
En el gobierno universitario colaboran también el Secretario, el
Administrador, el Maestro de Ceremonias y los Bedeles.

 Tanto la elección del Rector como del Vicerrector, del Secretario y de los
otros colaboradores del gobierno universitario estaba bajo la
responsabilidad del Claustro Pleno o Junta General.

 Tanto el gobierno administrativo y económico como la orientación docente


de la Universidad residían en los Claustros (el Claustro Pleno y el Claustro
de Catedráticos).

 El Claustro Pleno lo componían, según el artículo 1º, el Rector, quien lo


preside, el Vicerrector, los Doctores y Maestros.

 Los miembros del Claustro de Catedráticos, de seis integrantes, eran


elegidos igualmente por la Junta General o Claustro Pleno, de acuerdo con
lo establecido en el artículo mencionado anteriormente.

 La decisión de dar a la Universidad Central y a los estudios que en ella se


realizaran la dotación más adecuada o un robusto patrimonio económico,
destinando a su sostén varias fincas y rentas, se expresa en el conjunto de
los dieciséis numerales del artículo 250.

18
 Para la provisión de las cátedras en propiedad (artículo 186), consideradas
autónomas además, estaban previstos ejercicios de oposición ante un
cuerpo examinador presidido por el Rector y compuesto por catedráticos y
Doctores de la respectiva Facultad (véase el artículo 176).

 Tal como se evidencia en los artículos referidos a los cursantes, para


matricularse en la Universidad no se establecen requisitos de tipo étnico, ni
limitaciones de edad ni obstáculos económicos. Como lo indica el artículo
55, para ser cursante en una clase superior era suficiente con aprobar un
“examen en que se acredite que sabe leer y escribir correctamente, los
principios elementales de la gramática y ortografía castellana y aritmética”.

 Ciertamente, como dice Soriano (2005: 19), la organización de la


Universidad plasmada en la reforma presentada por Simón Bolívar no
responde al modelo napoleónico, “...que comenzaba a proyectarse sobre la
institución universitaria desde 1806 y que hubiera parecido históricamente
lógico que suscribiera”. Esa no fidelidad es evidente en dos planos: por un
lado, al no concebirse la Universidad en una relación de dependencia y bajo
el control absoluto del Estado; y, por el otro, al no subordinar esa institución
al logro de unos fines puramente utilitarios y profesionalizantes.

No obstante, de acuerdo con lo que nos dice Caballero (1974), el primer


aspecto de esa no fidelidad en modo alguno impidió la injerencia directa del
Ejecutivo en la organización interna de la Academia:

En efecto, el 20 de octubre de 1828 el Libertador promulga el decreto que suprime


la cátedra de Derecho Público. La Universidad decide suspenderla aunque no
suprimirla, hasta tanto no haya recibido comunicación oficial al respecto. Pero en
marzo de 1829, el Intendente del Departamento comunica que, en razón de la
constitución particular de la Universidad de Caracas, esa disposición no la afecta;
la Universidad obedece y decide que se fijen nuevos edictos convocatorios de
oposición, y que se oficie al licenciado Rufino González para que la continúe
desempeñando en calidad de sustituto hasta la provisión en propiedad.
Por otra parte, también decide el Libertador la inclusión de los arzobispos de
Caracas como votos natos para el nombramiento de catedráticos de la Universidad
de Caracas, “posesión en que han estado por antiguas cédulas y disposiciones”

19
La injerencia ejecutiva no sólo es aceptada pasivamente por la Universidad, sino
que incluso es solicitada. Aquí podemos señalar que la Universidad toma la
iniciativa de sus propias reformas, y sugiere una política a seguir por el gobierno,
en el campo específico de la actividad académica (Caballero, 1974: 58-59).

Acerca de la valoración de la evolución posterior de la autonomía de la


Universidad Central, después de la tercera década del siglo XIX hasta finales
de éste, es menester tomar en consideración dos señalamientos hechos por
Pino Iturrieta (2000: XVII) en relación con la Independencia y los fenómenos
posteriores a ella, sobre todo en lo que respecta a la suerte de una “propuesta
de país que arranca en 1830, empeñada en una modernización dependiente de
nociones como productividad, aptitud y responsabilidad individuales,
honestidad en las funciones públicas y disminución de la injerencia del Estado
en el movimiento de la economía”. Por un lado –afirma el citado autor– no hay
que olvidar que “La épica de la independencia deja un país en escombros, una
tierra arrasada. Si en las postrimerías del siglo XVIII la comarca se caracteriza
por la prosperidad, cuarenta años después la distingue la bancarrota material”
(Pino Iturrieta, 2000: XI); por el otro, es preciso preguntarse si realmente fueron
asumidos, con convencimiento pleno, los valores republicanos por parte de los
protagonistas encargados de impulsar y concretar la referida propuesta de
país:

En medio de la guerra cambiarán tales valores, hasta mostrar una nitidez que
tal fuera antes retórica, pero como consecuencia de una evolución que no
termina por crear a un republicano cabal. El huracán que se desarrolla entre
1810 y 1830 liquida el dominio político de los realistas, pero quizá no haga lo
mismo con las inmunidades de los criollos, ni con lo que sentían sobre su rol en
la sociedad. En caso de que hubiera provocado el milagro de una mudanza
entre los miembros de la aristocracia que dirigen el conflicto, produce el
nacimiento de protagonistas inéditos que tampoco se ven dispuestos a dar la
vida por lo que dicen la Constitución y las nuevas leyes (Pino Iturrieta, 2000:
XV).

Pues bien, es muy importante tener presentes estas dos referencias a la


hora de examinar los tropiezos y las razones de los embates sufridos por la
autonomía universitaria en Venezuela, después de un poco más de veinte años
de haber nacido la Universidad republicana, cuando el peso negativo del
voluntarismo personalista y de la codicia de los gobernantes de entonces
comenzó a hacerse sentir.

20
3. Vía crucis de la autonomía de la Universidad republicana desde 1849
hasta finales del siglo XIX

Si bien los Estatutos Republicanos rigieron la vida universitaria del país


hasta el año 1843, cuando fue dictado el primer Código de Instrucción Pública, 9
bajo la presidencia de Carlos Soublette y del rectorado del doctor José María
Vargas,10 hay que decir que sus contenidos –incluido el principio de autonomía
universitaria– fueron conservados en ese Código, hasta que años más tarde:

Los gobiernos personalistas –casi todos de corte militar– van a reservarse el


privilegio de designar y remover las autoridades de la Universidad y su
personal docente, y bajo la presidencia de Antonio Guzmán Blanco se obligará
a las Universidades a enajenar sus propiedades, dejándolas así
económicamente dependientes del Presupuesto General de Gastos de la
Nación (Leal, 1981: 147).

Esa vulneración de la autonomía de la Universidad republicana


comienza a ponerse en evidencia, desde el año 1849 hasta finales del siglo
XIX, a través de los siguientes hechos:

 Por un lado, la descarada injerencia del Gobierno en la provisión de


Cátedras, desconociendo la autonomía académica de la Universidad, al
arrogarse la potestad de remover a los catedráticos que fueran
considerados desafectos a la política de turno. Esto se pone de manifiesto,
en primer lugar, con lo establecido en la medida dictada por el gobierno de
José Tadeo Monagas el 7 de mayo de 1849, según la cual:

9
Como afirma Mudarra (1972: 39), con la promulgación de este Código, constituido por un
cuerpo de catorce leyes, el Estado venezolano es dotado ciertamente de una legislación
escolar propia, de un instrumento llamado a proporcionar unidad o centralización a la
instrucción pública. Asimismo, se le considera el primer paso dado por nuestro Estado durante
su tercera etapa en materia educativa, “...cuyo origen se encuentra en la Constitución de 1830,
que dio atribución al Congreso de ‘promover por leyes la educación pública en las
Universidades y Colegios; el progreso de las ciencias y las artes y los establecimientos de
utilidad general y conceder por tiempo limitado privilegios exclusivos para su estímulo y
fomento’“; o bien como dice Márquez Rodríguez (1964), su importancia es doble: por sus
disposiciones de honda y valiosa significación en la historia de la educación nacional, y por el
intento de abarcar en un cuerpo orgánico de leyes todo el sistema educativo, en el empeño de
poner un poco de orden en el ambiente anárquico en que estaba nuestra enseñanza.
10
Primer Rector de la Universidad Republicana y en ese entonces Presidente del Congreso.
21
No podrán proveerse las cátedras en propiedad, ni en itineraria en personas
desafectas al Gobierno republicano o sospechosas de su amor al espíritu
democrático del sistema de Venezuela. El juicio que se forme sobre estas
cualidades es privativo y puramente gubernativo de la Junta y consiliarios. El
poder Ejecutivo por falta a las clases de los catedráticos, por ocultación,
emigración o bajo cualquier otros pretextos en odio al Gobierno, obrando
sumaria y gubernativamente, podrá remover de sus cátedras a los que incurran
a ellas; pero en el caso de que el catedrático salga del territorio de la República
por dichos motivos, quedará vacante la cátedra ipso-facto. También podrá el
Ejecutivo remover de sus cátedras a los catedráticos desafectos al Gobierno.
(Leal, 1981: 158-159).

Asimismo, se observa posteriormente, en segundo lugar, en la


reorganización del cuerpo de profesores de la Universidad, en la que se
declararon vacantes todas las cátedras de ésta, con base en el decreto del mes
de marzo de 1858 de Julián Castro, que establecía que “desde el día de la
transformación política que ha hecho la nación, han caducado los
nombramientos de todos los empleados en los diferentes ramos de la
Administración Pública” (Leal, 1981: 159).
En tercer lugar, también se hace patente, después de haber terminado la
Guerra Federal, en el decreto del 4 de agosto de 1863 de Juan Crisóstomo
Falcón, por medio del cual este caudillo, haciendo valer una vez más el
personalismo político sobre la institución:

...se reservó [...] el nombramiento de funcionarios, catedráticos, rector,


vicerrector y miembros de la Junta de Inspección y Gobierno y Tribunal
Académico de la Universidad. El rector y vicerrector durarían tres años en sus
funciones y estaban obligados a prestar juramento ante el Presidente de la
Federación Venezolana (Leal, 1981: 162).

Otro tanto hizo Antonio Guzmán Blanco, quien después de asumir el


Gobierno, en 1870, se reservó inicialmente –al igual que José Tadeo Monagas–
el derecho de designar a las autoridades y catedráticos de la Universidad, al
ser considerada ésta como un “nidal de godos” (Leal, 1981). Un atentado a la
autonomía, que si bien en el año 1880 el mismo autócrata intenta dejar a un
lado para darle a la Universidad autonomía plena,11 se convierte posteriormente
11
Al respecto Leal (1981: 166-167) habla de un ensayo de autonomía por parte del gobierno de
Guzmán Blanco, quien al pensar que “...la Universidad debía ser una `República, la República
de las ciencias y de las letras, en medio de la Patria regenerada` ”, decidió “...investir a la
Universidad ‘con la autoridad necesaria para constituirse y organizarse de nuevo en todos sus
ramos, atribuir al Rector junto con el Consejo Universitario el poder administrativo [...], crear un
Cuerpo Legislativo, formado por los Delegados de todas las Facultades, con poder suficiente
para sancionar los estatutos y reglas de carácter general, que su existencia autonómica
22
en la eliminación de la autonomía universitaria, cuando por decreto del 24 de
septiembre de 1883 se reorganiza toda la instrucción superior y científica en
Venezuela:

De la autonomía plena que jamás hubiera soñado, la Universidad pasó, así, a


la mayor de las dependencias del Ejecutivo de toda su historia. La autonomía
había desaparecido completamente, mientras todo el personal administrativo y
docente de la Universidad pasaba al rango genérico de “funcionarios públicos
sujetos a la discrecionalidad arbitraria del Ejecutivo”, cuyas resoluciones
pasarían a ser imprescindibles para la solución de problemas tan particulares y
nimios como la sustitución de un preparador de la Cátedra de Anatomía.
(Soriano, 2005: 31).

Acerca de esa autonomía plena, de muy efímera existencia, afirma


Caballero (1974) que Guzmán Blanco publica un decreto –el N° 2253, de fecha
16 de noviembre de 1880– mediante el cual otorga a la Universidad Central de
Venezuela la más plena autonomía que hasta entonces se tenga noticias, al
establecer que:

La Universidad Central de Venezuela será en lo sucesivo enteramente


independiente del Ejecutivo Nacional, y queda facultada para constituirse y
organizarse, resolver sus asuntos contenciosos, administrativos y disciplinarios,
administrar sus bienes y rentas, dar inversión a sus ingresos, así como también
resolver cuanto le sea particular, de la manera que lo tenga a bien.12

Tal decreto es derogado y sustituido inmediatamente por otro –el N°


2253-a, de fecha 7 de diciembre de 1880– que dice:

…Que aunque es satisfactorio el resultado de las elecciones verificadas en la


Universidad Central de Venezuela, de conformidad con el decreto de fecha 16 de
noviembre último, su proceso y los hechos que han tenido lugar hasta ahora en
ella, convencen que aquel Instituto no tiene la unidad y cohesión de elementos
indispensables para realizar con toda seguridad la trascendental reforma de cuyo
resultado sería responsable antes que nadie la actual administración.13

requiere [...], respetar al mismo tiempo los derechos adquiridos, así los que tienen los
catedráticos en el desempeño de sus cátedras y los que gozan de jubilación, por anteriores
resoluciones universitarias’ “.
12
El autor (Caballero, 1974: 63) se refiere al Decreto “...que declara a la Universidad Central de
Venezuela independiente del Ejecutivo Federal, y establece las bases a que debe ajustarse
para su nueva organización. 1880”. Véase, Leyes y Decretos de Venezuela, 1878-1880, tomo
8, p. 501 (Biblioteca de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales). Caracas, 1984.
13
Leyes y Decretos de Venezuela, 1878-1880, tomo 8, p. 501 (Biblioteca de la Academia de
Ciencias Políticas y Sociales). Caracas, 1984.
23
 Por otra parte, se atenta contra la autonomía económica de la Universidad y
se produce un serio daño a la misma mediante medidas gubernamentales
que lesionaron el patrimonio económico de la institución, en un período
donde, además, los cinco años de la Guerra Federal –desde 1859 hasta
1863– y las consecuencias sociopolíticas de la liberación de los esclavos en
1854 –con sus efectos perversos en el rendimiento de las haciendas de la
Universidad– contribuyeron a hacer más penosa la situación de las rentas
de esta institución.

Esas medidas se expresan, por un lado, en las exigencias hechas a la


Universidad por el gobierno de José Tadeo Monagas para que le proveyeran
fondos de numerario existentes en esa institución, en calidad de empréstito al
tesoro público, a fin de atender las graves necesidades del Ejército (Soriano,
2005). También en la expropiación de un inmueble de la Universidad –el edificio
de San Jacinto– ordenada por Juan Crisóstomo Falcón (Leal, 1981); y, por
último, en la venta de las propiedades urbanas y rurales de la Universidad 14
ordenada por Antonio Guzmán Blanco, el 11 de junio de 1883, ante las
solicitudes de préstamo hechas ante el Gobierno por las autoridades de esa
institución.
Cerrando el siglo XIX, el Código de Instrucción Pública promulgado por
Joaquín Crespo, el 3 de junio de 1897, preserva el cercenamiento de la
autonomía universitaria al mantener la potestad del Ejecutivo de designar las
autoridades y al personal docente de la Universidad.
Así, como señala Márquez Rodríguez (2007), el régimen antiautonómico
de Guzmán Blanco se mantuvo15 en lo que resta del siglo XIX y hasta el primer
tercio del siglo XX con las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente
Gómez, que ejercieron un dominio absoluto sobre las universidades y en todos
los demás ámbitos de la vida nacional.

4. A caballo entre tres siglos: contribuciones a la legitimación social de la


autonomía de la Universidad republicana

14
De la Universidad de Caracas y de Mérida.
15
Caballero (1974) indica que Juan Vicente Gómez demostrará que se podía ir más lejos en
contra de la autonomía.
24
Llegado a este punto del recorrido histórico de la autonomía
universitaria, una reflexión se impone sobre una preocupación de gran relieve
que va a estar presente en la Venezuela del siglo XX y de inicios del siglo XXI:
lo concerniente a la legitimidad social de la autonomía universitaria. Más allá de
la atención que le prestemos a los ataques infligidos a ésta, y a las respuestas
de distintos protagonistas de nuestra historia para reivindicarla y preservar el
funcionamiento de la institución universitaria ante intereses políticos e
ideológicos o de factores de otro tipo que han pugnado por secuestrarla,
debemos reconocer igualmente la función de su legitimación ante la sociedad a
lo largo del tiempo con base en el producto de sus realizaciones en el
cumplimiento de su misión primordial.
En tal sentido, no basta que dirijamos la mirada solamente a las
dificultades o a los avances y retrocesos de la autonomía universitaria como
principio; es imprescindible también que destaquemos los frutos de su ejercicio
que en cada momento de su trayectoria histórica son merecedores del
reconocimiento por parte de la sociedad, cuando han sido objeto de una
adecuada y suficiente visibilidad desde el punto de vista comunicacional.
Desde esa óptica, es muy importante que resaltemos particularmente, y
de una manera especial, los resultados del ejercicio autonómico de la
Universidad republicana en esa segunda parte del siglo XIX, como una
contribución significativa al proceso de legitimación social de la autonomía
universitaria. De esa Historia de la UCV que nos escribió Ildefonso Leal (1981),
se pueden entresacar, precisamente, varias realizaciones universitarias que
testimonian de un modo fehaciente –aun cuando parcialmente, porque están
referidas sólo a la Universidad Central de Venezuela– la valiosa contribución a
la cual estamos haciendo referencia.
En esa obra de nuestro historiador se hace referencia a los aportes de la
labor de José María Vargas en el desempeño de distintas responsabilidades en
la Universidad republicana –además de su papel como primer Rector de esta
institución– como por ejemplo, en la regencia de la cátedra de Anatomía y de la
cátedra de Cirugía, con la cual “la Universidad contribuía a estrechar el campo
de acción de los curanderos y los llamados romancistas que hasta esa época
habían gozado del aprecio público y de los organismos oficiales por la escasez
25
de cirujanos universitarios” (Leal, 1981: 152); al igual que a los resultados del
trabajo de Juan Manuel Cajigal al frente de la Academia de Matemática que,
una vez fundada como instituto independiente, fue integrada a la Universidad
como Facultad de Ciencias Exactas, dejando como valiosa contribución, entre
otras, la formación de “...los primeros tenientes de ingenieros que inician los
estudios y construcción de los caminos carreteros entre Caracas y las
poblaciones vecinas” (Leal, 1981: 142). Asimismo, se mencionan los servicios
prestados por José Gregorio Hernández a la medicina venezolana y a la
docencia universitaria, a su labor con los pobres; el papel jugado por la
Universidad Central de Venezuela en el renacimiento de la medicina
venezolana entre 1891 y 1900, así como las contribuciones de Luis Razetti,
quien:

...no limitó la exposición de las nuevas teorías biológicas a la Universidad, sino


que las exteriorizó fuera del aula, sosteniendo ruidosas polémicas con los
representantes de la Iglesia Católica [...] culminó [...] la revolución de la ciencia
iniciada en nuestro país por Ernst en su Cátedra de Historia Natural, y por
Villavicencio en su Curso de Filosofía de la Historia y el de Antropología (Leal,
1981: 186).

Y, de igual modo, destaca la relevancia de la creación de los cursos de


Historia Natural e Historia Universal en la Universidad, que:

...marca un acontecimiento extraordinario en el proceso del pensamiento


venezolano, pues los doctores Adolfo Ernst (1832-1899) y Rafael Villavicencio
(1837-1920), catedráticos de esas asignaturas, comenzaron a divulgar la
doctrina positivista que influyó en la educación, la política y la cultura en
general (Leal, 1981: 172); [de manera que] [...] las nuevas teorías –como
recuerda Gil Fortoul– pasaron de la Universidad a la Sociedad de Amigos del
Saber y de ésta a la prensa. La Historia, la Biología y la Política se enfocaron
con nuevos conceptos y hubo un verdadero renacimiento en las letras y las
ciencias (Leal, 1981: 174).

Refiriéndose a la influencia de estas nuevas ideas en las luchas de los


estudiantes universitarios y su vinculación con los problemas de la vida
nacional, dice Leal (1981: 210) lo siguiente:

Finalmente, en 1870, el positivismo les abrió nuevos campos. La vida


universitaria se iniciaba en una nueva etapa, buscando penetrar el alma
popular, procurando lograr una más afinada interpretación de la realidad
nacional.

26
Esta nueva actitud universitaria ante el país implica un cambio en la actitud de
muchos políticos frente a la Universidad.

Además, es de hacer notar algo que a nuestro entender es parte de esa


contribución de la Universidad republicana a la legitimación social de la
autonomía universitaria, precisamente en un momento histórico en el cual sufre
duros golpes: la Universidad es objeto de una mayor afluencia de estudiantes y
de una mayor democratización en el grupo de aspirantes a estudiar en ella, en
sintonía con las disposiciones sobre educación acordadas por el gobierno de
Antonio Guzmán Blanco (Leal, 1981).

5. La autonomía universitaria en el siglo XX: angustias, vientos de


esperanza, avances y retrocesos, retrocesos y avances e incertidumbres

La conculcación de la autonomía universitaria continúa, con nuevos


ingredientes, en las tres primeras décadas del siglo XX. A la tradición
centralista implantada por Guzmán Blanco, y seguida por los gobiernos
siguientes, se agregan sucesivos cierres de la Universidad, expulsiones de
estudiantes, manifestaciones recurrentes de descontento por parte de éstos, y
se evidencia, asimismo, en medio de una crisis institucional universitaria, un
claro propósito oficial de restringir la libertad académica como expresión de una
tendencia que ya venía perfilándose en años anteriores, con cambios en la
legislación educativa y en los estudios que le daban mayor importancia a las
ciencias naturales en comparación con el cultivo de las formas libres de
pensamiento.
Así, como parte de ese escenario donde se mantiene aún un régimen
antiautonómico en un nuevo siglo que, entre otras cosas –como señala Leal
(1981)– trajo sobre la Universidad violaciones del poder público y sevicia por
parte de sus agentes, cabe resaltar lo siguiente:
 En primer lugar, el cierre de la Universidad en tres oportunidades. La
primera, el 11 de marzo de 1900, siendo Santos Dominici rector de ese
establecimiento, en respuesta del Ejecutivo por la protesta que
desencadenó la expulsión de varios estudiantes de la Universidad Central, a
raíz de la participación de la juventud universitaria de Caracas en varios
actos de crítica al gobierno. La segunda, el 1 de octubre de 1912, después

27
de que la Asociación General de Estudiantes de Venezuela acordara la
realización de una huelga general para exigir la renuncia del rector Felipe
Guevara Rojas, como rechazo a las propuestas de reforma de la
Universidad hechas por éste; clausura “con la que la Universidad pasa
enteramente a manos del Ejecutivo” (Caballero, 1974: 67), y en la que el
gobierno trató de impedir la concentración de estudiantes a través de una
reorganización que separaba las diversas Escuelas. La tercera, en febrero
de 1928, después de la sustitución de Diego Carbonell por Juan Iturbe
como rector de la institución, al calor de las celebraciones de la “Semana
del Estudiante”, entre el 6 y el 9 de ese mes, que dieron paso a una fuerte
represión por parte de la tiranía y al encarcelamiento de muchos
estudiantes.
Por cierto, este protagonismo estudiantil –que bien pudiera ser visto
como parte de ese proceso al que aludimos anteriormente, el que se inició
después de 1870,16 cuando los estudiantes, abrazando las banderas del
positivismo, muestran una mayor beligerancia en vinculación con los problemas
de la vida nacional– en los años siguientes va a intensificarse, enriquecerse y
desarrollarse en oposición a la dictadura gomecista y en la búsqueda de
nuevos horizontes con el concurso de la Asociación General de Estudiantes, a
partir de 1921, y de la Federación de Estudiantes de Venezuela desde 1927, a
la cual se incorporaron estudiantes de educación media, y particularmente de la
llamada generación del 28 –considerada un hito en nuestra historia, con la cual
termina una etapa y otra comienza (Leal, 1981)– cuyos protagonistas “...no
fueron simples líderes políticos que escogieron esa como cualquier otra
profesión. En Venezuela, ellos inventaron la política; y esto en todos los
sentidos que quiera dársele” (Caballero, 2004: 15-16). Un rasgo esencial de
esa invención de la generación estudiantil venezolana de 1928, clave en el
devenir de nuestra democracia, como señala este autor en otro trabajo suyo
(Caballero, 2007: 217), fue la preocupación por “fundirse en la masa, por
representar y representarse como una voluntad colectiva”, en su oposición a la
egomanía de tiranos y anti-tiranos” (Idem): “Esa voluntad impersonal la ratifican
en la práctica con la entrega en masa de los estudiantes a la policía y la

16
Sin olvidar aquí, por supuesto, que como bien dice Weinberg (2001), la vieja y combativa
tradición estudiantil en nuestros países puede rastrearse desde la colonia.
28
adopción de un símbolo, como ellos mismos lo dijeron entonces, ‘despojado de
toda corporeidad’: la boina azul” (Caballero, 2007: 218). La importancia de esto
en lo sucesivo para la vida política del país se hace patente en la siguiente
afirmación de Velásquez (1993: 157):

Lo que diferencia al 23 de enero de los episodios similares de nuestra historia


es su carácter de jornada colectiva, tanto en lo militar como en lo civil. Pues
hasta 1948, la caída de todo Gobierno representaba en Venezuela, el triunfo y
consolidación en el poder del caudillo vencedor en la jornada.

 En segundo término, la reducción de la libertad académica que, con base


en el Código de Instrucción Pública de 1912, dictado en la gestión
ministerial de Gil Fortoul, se expresó en la eliminación de la Facultad de
Filosofía y Letras y su sustitución por la de Física y Matemáticas; por
cuanto, como sostiene Soriano (2005: 35):

...parecía más fácil controlar a los estudiosos del organismo humano y de la


exactitud de los números, que a los cultivadores de las formas libres del
pensamiento. Quiere decirse que las tensiones entre el espíritu libre del mundo
académico y el gobierno, se difuminaban en el reconocimiento que, desde el
mundo oficial se hacía de las ciencias en boga, desde los esquemas vigentes del
positivismo, mientras se cercenaba toda reflexión de carácter humanista y político.
Era la forma gubernamental de comprometer a la Universidad en el progreso,
aceptando y avalando las ideas positivistas y sus esquemas comprometidos con el
desarrollo científico, mientras se abatían las manifestaciones libres de cualquier
pensamiento filosófico o reflexión humanista que, centrados en el hombre y su vida
en sociedad, osaran cuestionar las políticas del régimen de turno.

 En tercer lugar, la reconstitución de la Universidad en el año 1922 a partir


de diversas Escuelas de Estudios Superiores que dependían directamente
del Ejecutivo, después de mantenerse cerrada desde el año 1912 esa
institución. De acuerdo con Caballero (1974: 68), esa reconstitución tenía
implícito un “atisbo de autonomía”, por cuanto algunas disposiciones del
reglamento de la UCV reservaban al Consejo Universitario “...la atribución
de servir de cuerpo consultivo y proponer al Ejecutivo Federal las reformas
y medidas que juzgare convenientes para la buena marcha de la Institución,
así como también la de dictar el Reglamento de la Institución, el cual
debería ser sometido a la aprobación del Ejecutivo”.

29
5.1. Vientos de esperanza sin eco inmediato: la Reforma Universitaria de
Córdoba

Un hecho cierto es que los aires renovadores de la Reforma


Universitaria de Córdoba no tuvieron influencia alguna en el desarrollo de la
vida de la Universidad en los años de la dictadura de Juan Vicente Gómez en
Venezuela. Una reforma que se expresó en un movimiento latinoamericano 17
que, trascendiendo lo académico-universitario, se inició en junio de 1918 en
Argentina, cuyo epicentro estuvo en la provinciana y claustral Universidad de
Córdoba –considerada la más cerrada y atada a la herencia colonial de las
universidades argentinas–, con una trama ideológica compleja alimentada por
varias corrientes de pensamiento sobre un trasfondo de positivismo –
convergentes éstas en la preocupación por encontrar una respuesta nacional y
americana–; motorizada esa reforma por una clase media emergente en un
contexto nacional de cambios sociales importantes y de evidencia de “…una
puja por el control efectivo del poder político por parte de los nuevos grupos en
ascenso” (Weinberg, 2001: 275), y en una “...situación internacional conmovida
y trágica” (Idem); objeto la misma de múltiples críticas y de explicaciones de
sus causas con base en factores no siempre coincidentes; y con un programa
que Tünnermann (2000: 74-75) resume en once postulados:

1) Autonomía universitaria en sus aspectos político, docente, administrativo y


económico; autarquía financiera; 2) Elección de los cuerpos directivos y de las
autoridades de la Universidad por la propia comunidad universitaria y
participación de sus elementos constitutivos, profesores, estudiantes y
graduados, en la composición de sus organismos de gobierno; 3) Concursos de
oposición para la selección del profesorado y periodicidad de las cátedras; 4)
Docencia libre; 5) Asistencia libre; 6) Gratuidad de la enseñanza; 7)
Reorganización académica, creación de nuevas escuelas y modernización de
los métodos de enseñanza. Docencia activa, mejoramiento de la formación
cultural de los profesionales; 8) Asistencia social a los estudiantes.
Democratización del ingreso a la Universidad; 9) Vinculación con el sistema
educativo nacional; 10) Extensión universitaria. Fortalecimiento de la función
social de la Universidad. Proyección al pueblo de la cultura universitaria y
preocupación por los problemas nacionales; 11) Unidad latinoamericana, lucha
contra las dictaduras y el imperialismo.

17
Con huellas incluso en países del Viejo Mundo, como Francia, donde, en los sucesos
registrados en mayo de 1968, en París, se notan reminiscencias de los episodios cordobeses,
que en la opinión de Weinberg (2001: 271), denotan “...una actitud, un clima, un aire de familia”.
30
Merece destacarse que en la literatura consultada no se registra un
consenso acerca de la proyección de esa reforma en nuestro país. Por un lado,
Tünnermann (2000) dice que ese movimiento, con las características que
Córdoba le imprimió, se ubica entre las dos guerras mundiales, si bien algunos
de sus postulados fueron incorporados en los textos legales de varios países
de la región latinoamericana después de 1945. En el caso de Venezuela, dicho
autor señala que es en 1944 cuando se incorpora buena parte de un plan de
reforma proclamado por la juventud en 1940. Sin embargo, por otra parte,
Caballero (1974: 91) sostiene que en el país “...sólo se comienza a hablar de
reforma, bajo la influencia de los planteamientos de la Universidad de Córdoba,
a partir de 1936”. Asimismo, es de hacer notar que en las referencias acerca de
la proyección continental de esa reforma que hace Weinberg (2001) no
aparecen rastros de Venezuela en lo que se considera una “valiosa
recopilación documental y testimonial” de dicho movimiento reformista. No
obstante, Bronfenmajer y Casanova (1982) hablan de la influencia de éste en el
modelo de Universidad liberal que impone la generación estudiantil del 28,
mientras Peñalver (1979) menciona los Congresos Nacionales de Estudiantes
en Venezuela, en 1938, como continuación de la extensión del movimiento de
“Reforma Universitaria” en este país y en otros de América Latina.

5.2. Avances y retrocesos entre los años 1936 y 1958

Así, ni los planteamientos de ese movimiento reformista, ni otras


propuestas innovadoras de verdadero progreso dejaron su huella en el ejercicio
autonómico de la Universidad en esas primeras décadas del siglo veintiuno,
que finalizaron con la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en el año 1935.

A partir de esta fecha y hasta 1936, con las condiciones miserables


dejadas por esa dictadura desde el punto de vista económico, social y cultural,
el país vivió una profunda convulsión social y política que abrió las puertas,
desde este último año, a un debate sobre variados asuntos de interés
nacional18 en los que la educación ocupó un espacio muy importante:
18
“...temas como la democracia y su alcance social, la modernización capitalista de la
sociedad, el papel del Estado en su sentido técnico y social, el desarrollo económico sobre
rieles antiimperialistas y nacionales, la defensa y potenciación técnica de nuestra fuerza de
31
Desde 1936 el tema educativo se asoció a la aspiración de una sociedad
democrática en un sentido más amplio que el estrictamente liberal. Se asoció
también –y esto es esencial–, a un nuevo concepto de nación abierto a la
inclusión de las grandes mayorías despojadas de recursos materiales, de
cultura universal, de saber especializado y marginada del ejercicio real de sus
derechos políticos (Luque, 1999: 104).

En ese contexto, uno de los grandes líderes de ese debate –Luis Beltrán
Prieto Figueroa– en representación de una comisión constituida por maestros,
profesores y miembros de la Federación de Estudiantes de Venezuela,
presentó el 23 abril de 1936 ante la Cámara del Senado del Congreso Nacional
un Proyecto de Ley Orgánica de Educación Nacional que, centrando su
atención de manera primordial en la responsabilidad del Estado en la
educación pública, dándole un nuevo sentido y una mayor amplitud a la
gratuidad de los estudios y concibiendo la escuela como una unidad
estructurada orgánicamente –en la idea de estructurar la educación nacional
desde el kindergarten hasta la Universidad– (Luque, 1999), “...se planteó la
cuestión de la autonomía universitaria con la creación del Congreso Nacional
Universitario; por si fuera poco, se afirmó en él ‘la obligación de los propietarios
de fincas a colaborar con el Estado en la educación del pueblo’ ” (Luque, 1999:
118).
Sobre tal propuesta en ese proyecto, que en definitiva no fue aprobado
por ese “Congreso gomecista”, vale la pena leer la reseña indicada por Luque
(1999) de los comentarios de un senador (Arreaza Calatrava), quien, no
obstante apoyar “la autonomía universitaria en su aspecto técnico”, opina que
las universidades no pueden aspirar a disfrutar de la autonomía económica
mientras no cuenten con rentas propias, y manifiesta su desacuerdo con:

…la cláusula que establece el derecho de los Estados de constituirse en


Distritos Universitarios cuando tengan los Centros de estos estudios, lo que
ocasionaría la multiplicación de las universidades, y por ende, el proletariado
profesional [...]; en fin, la cláusula que llevaría a la dirección de nuestros Altos
estudios al Estudiantado, porque envuelve el peligro de crear una dictadura
estudiantil (Luque, 1999: 124).

trabajo mediante la mejora del salario, la salud y la educación” (Luque, 1999: 103).

32
Asimismo, es de tomar en consideración lo señalado por Caballero
(1974: 90) acerca de un planteamiento sobre la autonomía universitaria que,
por cierto, reaparecerá formalmente diez años después en un proyecto de
estatuto universitario del cual hablaremos más adelante:

Cuando, a partir de 1936, se habla de autonomía, se buscará regresar a la


independencia también en el terreno rentístico. Sobre todo, la UCV comienza a
plantear la necesidad de tener una asignación fija, legalmente establecida,
según un porcentaje definido del Presupuesto Nacional destinado a todas las
universidades. Esto puede atribuirse al deseo de “despersonalizar” las
relaciones Universidad-Gobierno en este terreno.

Respecto a esta dimensión de la autonomía, acota Caballero (1974: 89):


“No siempre el goce de autonomía rentística indica que se tenga autonomía
académica, ni mucho menos política. Pero la recíproca no es verdadera, por lo
menos hasta 1958: a cero autonomía rentística corresponde siempre cero
autonomía política y académica”.
Dice este historiador, por otro lado, que tanto en el Gobierno como en la
Universidad se emplea más abiertamente el concepto de autonomía, 19 y
comienza desde entonces, a partir de 1936:

…una larga lucha por el rescate de la autonomía universitaria, que se liga con
otra por la reforma de la Universidad. Se puede decir que toda la discusión se
centra, hasta 1958 al menos, en estos dos problemas: la posibilidad por la UCV
de nombrar sus propias autoridades y personal, y la posibilidad de acceder a
este último por concurso (Caballero, 1974: 70).

Así, como parte de ese propósito de rescate de la autonomía


universitaria, en los años 1937 y 1939 son presentados ante el Congreso
Nacional dos Proyectos de ley (entre ellos, un Proyecto de Ley de
Universidades elaborado por el Consejo Universitario de la UCV) –los cuales
no fueron aprobados– en los que se propone el nombramiento de las
autoridades universitarias por el Ejecutivo Federal con base en ternas de
candidatos elegidas por los Consejos de Escuela (Caballero, 1974).

19
Al afirmar esto, este autor señala lo dicho por el Ministro de Instrucción Pública, Rómulo
Gallegos, en su Memoria anual (Caballero, 1974: 69), en la cual éste plantea la autonomía
como desiderátum y orientación; e igualmente hace referencia a la proclama donde los
estudiantes, a través de la Federación de Estudiantes de Venezuela, formulan varias
proposiciones acerca de la necesidad de la autonomía universitaria (Caballero, 1974: 70).
33
En los años siguientes, concretamente desde 1940 a 1946, varios
hechos de importancia se observan en la continuación del afán autonomista, a
saber:

 Restitución parcial y tímida de la autonomía universitaria en la nueva Ley de


Educación sancionada por el Congreso el 15 de julio de 1940, con base en
la discusión del Proyecto de Ley de Educación presentado ante la Cámara
de Diputados, el 25 de mayo de 1940, por el entonces Ministro de
Educación Nacional, Arturo Uslar Pietri. Esa Ley, que en opinión de Prieto
Figueroa (2005: 78-79) “...es clara y precisa sobre la función docente que
corresponde al Estado”, en lo concerniente a la autonomía universitaria,
establece para las universidades nacionales:

…una limitada recuperación de su autonomía, al permitirle a cada una de las


Escuelas que la integran, la elección de dos candidatos con los cuales el
Consejo Universitario formula una lista que cada tres años pasa al Ejecutivo
Federal para que de ella sean nombrados el Rector, Vicerrector y Secretario
(Febres Cordero, 1959: 54-56).

 Otra vez la injerencia del Ejecutivo Federal, mediante la reforma de la Ley


de Educación en el año 1943, en la designación y remoción libre de las
autoridades universitarias, así como en la provisión en interinato de los
cargos docentes no cubiertos por el sistema de concursos; bajo el
argumento de que la poca autonomía otorgada a la Universidad en la Ley
de Educación de 1940 “...dio origen a la formación, dentro de la UCV, de
‘roscas’ que hacía imposible todo remozamiento” (Caballero, 1974: 72).

 Propuesta de una amplia autonomía en el Proyecto de Estatuto Orgánico de


las universidades nacionales elaborado por una comisión universitaria
designada por el rector Juan Oropeza, en abril de 1946, e integrada por los
doctores Rafael Pizani, quien la preside, Eduardo Calcaño, Raúl García
Arocha, Francisco Montbrún, Eugenio Medina y el bachiller Alejandro
Osorio, el cual fue remitido al Rector de la UCV el 28 de mayo de 1946. En
ese documento se sostiene que “uno de los inconvenientes más ciertos con
que ha tropezado la formación de una conciencia universitaria en el país [...]
es el de haberla considerado y tratado, desde fines del siglo XIX, como un

34
simple apéndice burocrático del Ministerio de Educación Nacional” (Febres
Cordero, 1959: 205); e igualmente se plantea lo siguiente:

En nuestro concepto, si se quiere intentar seriamente una reforma a fondo de


las universidades nacionales, es necesario comenzar por independizarlas no
formalmente, como lo hizo la Ley de Educación Nacional de 1940, que mientras
admitía una tímida autonomía en la designación de las autoridades
universitarias, dejaba sin embargo a las Universidades atadas a la voluntad del
Ejecutivo con el cordón administrativo del presupuesto; sino una autonomía no
simulada que permita el amplio desenvolvimiento de la Universidad mediante la
fijación de una cuota anual fija (no menor del 2% en el Proyecto) del
Presupuesto de Rentas Públicas de la Nación y la garantía de libertad de
manejo de sus fondos, sin la perturbación agobiante del procedimiento
administrativo para su inversión (Febres Cordero, 1959: 205).

 Una amplia autonomía administrativa, la organización de las facultades


dentro de un sistema de autogobierno desde el punto de vista docente, la
participación estudiantil en todos los organismos de dirección universitaria
(¿eco de la Reforma Universitaria de Córdoba?), así como las funciones de
previsión y vigilancia de la educación universitaria por parte del Ministerio
de Educación Nacional, son aspectos incorporados en el Estatuto Orgánico
de las universidades nacionales de 1946, 20 en el que se establecía:

Artículo 4º.- El gobierno universitario estará integrado por los designados del
Ejecutivo Federal, los representantes del profesorado, los representantes de
los estudiantes y por los representantes de los egresados.
Artículo 5º.- Las Universidades Nacionales tienen personalidad jurídica
autónoma y patrimonio propio, distinto e independiente del Fisco Nacional. Este
patrimonio estará integrado por los bienes o valores que adquieran por
cualquier título legal.
Artículo 6º.- La autoridad suprema de cada Universidad reside en su Consejo
Universitario, presidido por el Rector de la Universidad.
Artículo 7º.- En la Ley de Presupuesto General de Rentas y Gastos Públicos de
la Nación se incluirá, anualmente, con destino a las Universidades Nacionales
que actualmente funcionan, una partida cuyo monto global será del 1 al 2% de
las rentas anuales que se presupongan en dicha ley (Febres Cordero, 1959:
210).

Y asimismo en ese Estatuto, donde se promulgaba la autonomía


universitaria y se le otorgaba al Consejo Universitario varias funciones en
sintonía y como expresión de ésta, el gobierno se reservaba una parcela de

20
Acerca de este Estatuto, afirma Luque (1999: 366) que “...se colocó a buena distancia de lo
que había sido la tradición universitaria venezolana: elitesca en cuanto a la composición social
de su comunidad y atrasada en lo concerniente a las nuevas ciencias, la tecnología y el
pensamiento social crítico”.
35
dicha autonomía para tener en sus manos la dirección general de la educación
del país (Caballero, 1974). Como observa Febres Cordero (1959), el Ejecutivo
se arroga la potestad de designar y remover libremente a las autoridades
universitarias, a fin de “contrarrestar el carácter reaccionario del Claustro y dar
paso a autoridades progresistas”;21 y además, al no aprobarse la propuesta de
la antes citada comisión universitaria de asignar una cuota fija anual del 2% del
Presupuesto de Rentas Públicas de la Nación, sino un monto variable
comprendido entre el 1 y el 2%, ello constituía, por supuesto, una rendija
abierta a posibles manipulaciones e indebidas presiones a la Universidad por la
vía de su presupuesto.

En definitiva, como es señalado por Luque (1999: 323):

…el Estatuto Orgánico de las Universidades Nacionales decretado el 28 de


septiembre de 1946, amplió y le puso límites –al mismo tiempo– a esa nueva
autonomía. El nuevo poder político establecido con la Junta no fue partidario de
la tesis de la autonomía absoluta y, en consecuencia, defendió lo que por ellos
fue llamado un “concepto racional de autonomía” que, en general, daba cabida
al Ministerio de Educación Nacional en asuntos inherentes a las “funciones de
previsión y vigilancia. Así, y sin contradecir la última reforma parcial a la Ley de
Educación del año 43, en el Estatuto mencionado el Ejecutivo se reservó la
facultad de elegir al Rector, Vice-Rector y Secretario de las Universidades.

Ese derecho del Ejecutivo en lo que respecta a la designación y


remoción de las autoridades universitarias se mantiene más tarde en la Ley
Orgánica de Educación Nacional de 1948 –reivindicativa de una educación
inspirada en el humanismo democrático, con sentido social y nacional,
orientada hacia las masas, la formación del profesorado, la integración del
sistema educativo, colaboradora de la sociedad y con inspección y control
(Luque 1999)– la cual establece en su artículo 46:

El Gobierno de las Universidades Nacionales estará formado por las


autoridades universitarias, designadas por el Ejecutivo Nacional, por los
representantes que elijan el profesorado, los estudiantes y los egresados, en la
forma que establezca el Reglamento.22

Esto, a pesar de lo contemplado en su artículo 44:


21
Propósito que se atribuye a quienes auparon esa facultad del Ejecutivo (Febres Cordero,
1959).
22
Véase, Prieto Figueroa (2005: 249).
36
Cada Universidad Nacional organizará su régimen docente, sus planes de
estudio, sus programas y métodos de trabajo, ajustándose a las correlaciones
que exige la unidad funcional del sistema educativo del Estado y atendiendo a
las necesidades nacionales.

Y a lo previsto en su artículo 47:

Las Universidades tienen personalidad jurídica autónoma y patrimonio propio,


distinto e independiente del Fisco Nacional. Este patrimonio estará integrado
por los bienes o valores que adquieran por cualquier título.

Algo que es de señalar también en esta Ley, que es parte del espíritu
que la anima en su concepción de la autonomía universitaria, presente ya en el
artículo 3 del Estatuto Orgánico de las Universidades Nacionales de 1946, es el
propósito de evitar que estas instituciones se aíslen de los otros ciclos de la
educación y se pongan de espaldas a los intereses nacionales, en atención a lo
cual en el contenido de esa Ley se establece, en su artículo 44, lo siguiente:

Para mantener la unidad pedagógica, cultural y científica de las Universidades


y asegurar su correlación con los otros ciclos del sistema educativo, funcionará
un Consejo Nacional de Universidades integrado por el Ministro de Educación,
quien lo preside; un representante del Segundo Ciclo y uno por las demás
ramas del Tercero, designados por Ministro de Educación Nacional; los
Rectores de las Universidades Nacionales; un representante de los profesores
y uno de los estudiantes por cada Universidad, elegidos por los sectores
respectivos. La organización y las atribuciones del Consejo Nacional serán
pautadas en el Reglamento.

Respecto a este asunto, planteaba Prieto Figueroa (2005: 253-254):


Es saludable que la Universidad disfrute de cierta autonomía administrativa dentro
del régimen de vida institucional de la nación, pero la actividad docente debe
guardar la necesaria coordinación y correlación con los diversos ciclos educativos
que le preceden, mediante la creación de organismos técnicos, que funcionarán lo
más alejado de los intereses momentáneos de las camarillas que dentro y fuera de
la Universidad piensan más en sus conveniencias que en los intereses nacionales.

Curiosamente, como ocurrió con ciertas funciones atribuidas al Consejo


Nacional de Universidades a partir de la década del 70 del siglo pasado,
algunas respuestas a esas aprensiones acerca de posibles extralimitaciones en
el ejercicio autonómico por parte de las universidades nacionales dieron paso
a decisiones que han sido interpretadas como violatorias de la autonomía
universitaria.

37
Asimismo, en lo que respecta a la idea de independencia ligada a la
concepción de autonomía presente en la Ley de Orgánica de Educación de
1948, bien vale la pena recordar hoy las palabras de un parlamentario –Jóvito
Villalba– en la oportunidad de discutirse el Proyecto de Ley de Educación
presentado por Arturo Uslar Pietri en el Congreso Nacional:

Si la universidad es autónoma ella no puede ser entregada en manos del


Ejecutivo para que el Ejecutivo reglamente su constitución y su vida. Si la
universidad es autónoma, este proyecto de ley no puede derogar el Estatuto
Orgánico de las Universidades. Si acaso, lo que podemos es reemplazar el
Estatuto Orgánico de las Universidades por una Ley Orgánica de las
Universidades Nacionales. Lo primero, ciudadano Presidente, sería ir contra la
propia autonomía que estamos creando, sería crear la autonomía de la
Universidad, reconocerla, para luego burlarnos de ella y pisotearla. Cuando se
habla de autonomía universitaria, ello quiere decir autonomía frente al Poder
Ejecutivo no frente al Estado, porque en Venezuela es tradicional el que la
Universidad se rija por la norma superior que el Soberano le dicta, que el
Estado le dicta23 (cursivas mías).

Después vendrán –en el marco de los hechos ocurridos entre el


derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos en 1948 y la larga dictadura
perezjimenista que duró hasta el mes de enero de 1958– la intervención de la
Universidad Central, mediante el Decreto Nº 321 dictado el 17 de octubre de
1951 por la Junta de Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela presidida
por Germán Suárez Flamerich, el restablecimiento de la tradicional
organización de la Universidad y la designación de sus nuevas autoridades por
el gobierno con la promulgación de la Ley de Universidades Nacionales de
1953.
Con el Decreto Nº 321, una vez intervenida la Universidad Central y
destituidas sus autoridades, se crea el Consejo de Reforma de la Universidad
Central de Venezuela cuyos miembros –un Presidente, un Vice-Presidente, un
Secretario y dos Vocales– son de libre nombramiento y remoción del Ejecutivo
Federal, con la responsabilidad de ejercer el gobierno de esa universidad y
promover la reorganización técnica y administrativa de la misma, así como la
de “mantener de modo parcial o total la suspensión de actividades acordada
formalmente por el Consejo Universitario de la Universidad Central de

23
Véase Diario de debates de la Cámara de Diputados de los Estados Unidos de Venezuela.
Mes VI. Caracas, 30 de agosto de 1948. N° 41, p. 403.
38
Venezuela el 16 de octubre de 1951, hasta tanto lo exija el proceso de
normalización de la vida universitaria”.24
Acerca de las consecuencias de ese Decreto, afirma Febres Cordero
(1959) que, además de sus efectos en el cambio de autoridades y de algunos
profesores del Instituto, y en la eliminación de la representación estudiantil en
el gobierno universitario, tuvo otras repercusiones graves: la división del
estudiantado y del profesorado en dos grupos antagónicos (en amigos y
enemigos del Gobierno); el espíritu dictatorial de las autoridades universitarias
impuestas por el régimen; el desaliento en la juventud universitaria; la pérdida
de numerosos científicos, investigadores y profesores eminentes; trastornos en
el funcionamiento de las Cátedras, Servicios y Escuelas; la destrucción de la
carrera profesoral; el clima de inseguridad y zozobra en el que debían actuar
los docentes; la frecuente interrupción de las tareas docentes por la constante
repulsa estudiantil; el desprestigio nacional ante el hecho de una universidad
que con su actitud cohonestaba el atropello a valores espirituales y morales
esenciales de la nacionalidad; la pérdida de reconocimiento en el ámbito
internacional de la universidad al eliminarse su autonomía; el éxodo fuera del
país de centenares de estudiantes; y traición a sí misma al desconocer
derechos fundamentales del ciudadano, y al permitir el encarcelamiento y
destierro de profesores y estudiantes que sólo defendieron principios que la
institución estaba obligada a mantener.

Por otro lado, la Ley de Universidades de 1953 resume el espíritu, los


métodos y las enseñanzas de un Consejo de Reforma que fracasa desde el
punto de vista académico y administrativo, y deja de existir formalmente a partir
de entonces en un marco legal: “Sin autonomía, sin Decanos elegidos por sus
respectivas Facultades, sin representación estudiantil en Consejos y
Asambleas, sin la participación de éstos ni de los graduados en el gobierno
universitario” (Febres Cordero, 1959: 119); pero con el nuevo ingrediente de
profesores considerados como funcionarios nacionales de libre elección y
remoción por el Presidente de la República.

24
Véase el artículo 1º del Decreto Nº 321 de fecha 17 de octubre de 1951, dictado por la Junta
de Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela.
39
Bronfenmajer y Casanova (1982: 282-283) afirman que con la
restauración militar autoritaria que significó la llegada al poder de Marcos Pérez
Jiménez, la Universidad:

…será sometida a sus primeras pruebas de fuego como centro de poder.


Asumida esta restauración como retroceso de la posibilidad de modernización
en términos democrático-populistas, las vanguardias universitarias
desempeñarán un papel importante en la lucha contra ese estado autoritario-
militar, desplegando una acción que dará lugar a la primera reorganización de
la enseñanza universitaria y será origen, en el marco del cierre temporal de la
Universidad Central, de las primeras experiencias de privatización, con la
fundación de las universidades no estatales: Católica Andrés Bello y Santa
María.

En los años que siguen, sobre todo a partir de los últimos meses de
1957 hasta los primeros veintitrés días del mes de enero del año siguiente,
cuando el estudiantado tuvo un destacado protagonismo al lado de otros
actores y comenzó la huelga estudiantil del 21 de noviembre, se desató una
profunda crisis que llevó al derrocamiento del gobierno de Marcos Pérez
Jiménez a consecuencia de una jornada colectiva de lucha.
Después de la dictadura perezjimenista, una nueva etapa se abre tanto
para el país, con el “renacimiento” de su vida democrática a partir del 23 de
enero de 1958, como para la Universidad venezolana en general y la
autonomía universitaria en particular, con el Decreto Nº 458 de promulgación
de la Ley de Universidades, con fecha 5 de diciembre de 1958, por la Junta de
Gobierno de la República de Venezuela presidida por el presidente Edgar
Sanabria.
Precisamente, por esto que acaba de decirse, antes de seguir adelante
queremos llamar la atención sobre algo dicho por Soriano (2005: 52-54) que
compartimos y hemos tenido siempre presente como criterio orientador en la
aproximación histórica a la autonomía universitaria en nuestro trabajo:

Esta aproximación a la autonomía universitaria desde los orígenes de la


universidad venezolana en el siglo XVIII hasta el siglo XX permite ahora
preguntarse: ¿Cuál es la universidad venezolana cuyo rastro se ha seguido
hasta aquí?, y ¿cuán Universidad es aquella tras cuya autonomía seguimos, a
partir de 1958? El seguimiento ha obviado la fundación y desarrollo de otras
instituciones del mismo género de temprana data como la Universidad de
Mérida (1806-1810) o las de Maracaibo (1891, 1946) y Valencia (1892-1958) y,
para tiempos más recientes no se propone expresamente acometer la

40
observación del proceso que, precisamente, en las últimas décadas del siglo
XX a las que hemos llegado en esta pesquisa, ha conducido a la existencia de
tantas instituciones de educación superior que aspiran ser o simplemente son,
acreedoras a este título. En consecuencia, es obligado reconocer que esta
aproximación es limitada, y preferentemente centrada en el examen y
desarrollo de la autonomía en la Universidad de Caracas, desde los tiempos de
su fundación en 1721, de su reorientación por Bolívar en 1827, hasta el 23 de
enero de 1958. Pero reconocerlo es recordar, a su vez, que en la historia de la
Universidad en Venezuela, la importancia de la Universidad Central ha sido
crucial y, por supuesto, cualitativamente diferente. Tan crucial, que examinarla
resulta del todo indispensable antes de acometer cualquier aproximación al
tema en relación con cualesquiera de las demás instituciones del mismo
género en el país, porque si bien puede decirse que la historia de la autonomía
en la Universidad Central puede obviar el examen de la autonomía de otras
universidades venezolanas, es imposible que éstas se propongan como
cometido su propio examen, prescindiendo del desarrollo del tema respecto a
la Universidad Central. En consecuencia, queda claro en todo caso, que
cualquier aproximación que incluya respecto al tema lo ocurrido después de
1958, tiene obligadamente que plantearse desde la perspectiva suficientemente
amplia de la educación superior en general, para integrar en ella,
discriminándolas, todas las posibilidades que en las cuatro últimas décadas ha
generado al respecto la circunstancia nacional.

5.3. De 1958 a 1999: entre la restitución y la consagración constitucional del


régimen autonómico

En el nuevo tiempo democrático25 que comienza a vivir el país después


de la caída del régimen personalista y autocrático del general Marcos Pérez
Jiménez, entre las primeras medidas del nuevo Gobierno, bajo la presidencia
de Wolfgang Larrazábal –en lo que concierne a las universidades– se
menciona el Decreto Nº 17 de fecha 3 de febrero de 1958, mediante el cual, en
su artículo 1º, crea una Comisión Universitaria (que fuera presidida por
Francisco De Venanzi), para que, entre otros objetivos: a) estudie y proponga
ante el Despacho de Educación un proyecto de Estatuto de las Universidades
Nacionales “...que contemple y asegure la autonomía universitaria”; b)
proponga al Despacho de educación las medidas dirigidas a adscribir a “...las
Universidades respectivas, las edificaciones y dotaciones actuales y las que se
realicen en el futuro para funcionamiento de los institutos o para fines rentales”;
c) presente al Despacho de Educación un “...proyecto de Presupuesto para las
Universidades Nacionales que permita desarrollar con amplitud todas las
labores científicas, docentes, administrativas y complementarias, de acuerdo

25
En modo alguno se quiere decir aquí que sólo a partir de 1958 comenzamos en Venezuela a
vivir en democracia, tal como lo sostiene Caballero (2007).
41
con las necesidades culturales, técnicas y científicas del país”; d) ejerza el
gobierno de la Universidad Central de Venezuela. Dicha Comisión, de acuerdo
con el artículo 3º, contaba con 60 días hábiles para presentar el resultado de
sus gestiones, prorrogables a criterio del Ministro de Educación.
Ese mismo mes de febrero de 1958, el día 11, la mencionada Comisión
acordó la reincorporación de los miembros del personal docente y de
investigación de la Universidad Central, que en el año 1951 fueron separados
de sus cargos por el Consejo de Reforma con el argumento de que
“...rehusaron al compromiso adquirido de no dictar clases hasta tanto ‘no se
llegue a una solución satisfactoria que deje incólume la autonomía universitaria’
”.26
Cumplida de una manera extraordinaria la labor que le fuera
encomendada a esa Comisión Universitaria, el 5 de diciembre de 1958 fue
promulgada la nueva Ley mediante el Decreto Nº 458, con la que “...la
Universidad recupera el ejercicio de su soberanía” (Febres Cordero, 1959:
145), y el 18 de ese mismo mes, en un solemne acto de proclamación de la
autonomía universitaria realizado en el Aula Magna de la UCV, el Presidente de
la Junta de Gobierno, Edgar Sanabria, señalaba:

El espíritu de análisis y de sano patriotismo que orienta la vida venezolana


hacia un conocimiento sincero de las propias fallas y defectos tenía que
aplicarse como deber impostergable, a la suerte de nuestras universidades.
Bien se sabe que no hay base firme y perdurable para un armonioso progreso
social allí donde no se cuente con una educación críticamente abierta a todas
las corrientes del pensamiento y de la ciencia, adecuada a las necesidades
presentes y futuras y accesible a todos los miembros de la colectividad, sin
otras limitaciones que las impuestas por la naturaleza humana.
Nuestra universidad reclamaba una vigorosa, consciente y eficaz acción
reformadora, capaz de ponerla a tono con sus altos destinos. Vinculada a
nuestras más nobles causas desde los albores mismos de la Independencia,
ha tenido el privilegio, no sólo de ser hogar de la cultura, sino también forja
donde se han templado caracteres republicanos, que no han vacilado en
ofrendar vida y libertad por la justicia y la dignidad humana.27

Y donde igualmente Rafael Pizani, para entonces Ministro de Educación,


decía:

26
Véase Febres Cordero (1959: 112).
27
Discurso pronunciado por el doctor Edgar Sanabria el 18 de diciembre de 1958, en el acto
solemne de proclamación de la autonomía universitaria llevado a cabo en el Aula Magna de la
Universidad Central de Venezuela, con base en el Decreto Nº 471 de la Junta de Gobierno.
Véase “Autonomía Universitaria”, UCV (1959: 11).
42
Y comparecemos con emoción y gozo, porque la autonomía de nuestras
Universidades no sólo abre para ellas las posibilidades de una reorganización
docente y administrativa; no sólo significa el rescate de un principio que, por
haber nacido con la idea misma de la Universidad, debe entenderse como un
principio esencial que orienta su destino; no sólo porque la autonomía sirva
para liberar la vida universitaria de los entorpecimientos que la Administración
Pública pueda implicar en su libre desarrollo [...] con la nueva Ley de
Universidades, se deposita en las manos de nuestros profesores, de nuestros
egresados y de nuestros estudiantes, una de las más delicadas y
comprometedoras responsabilidades.
Porque la autonomía no significa solamente prerrogativa académica que
configura el devenir histórico de las Universidades, sino que, especialmente en
nuestra hora y para los hombres de nuestro tiempo, la autonomía de la
Universidad venezolana debe significar el ejercicio de la responsabilidad que
esas Universidades tienen adquirida ante su propio pueblo.
Y es de alto contenido simbólico el que con la libertad para el pueblo, llegue
paralelamente la libertad para la Universidad, y que cuando al pueblo se le
reconoce y se le respeta el derecho a escoger sus propios gobernantes, a la
Universidad se le brinde la misma responsabilidad.28

Asimismo, resulta de interés tomar nota de las palabras de otros


miembros de la Comisión –Francisco De Venanzi, quien fuera después el
Rector de la UCV, Pedro Rincón Gutiérrez, Rector de la Universidad de los
Andes y Edmundo Chirinos, representante estudiantil– en relación a las cuales
nos permitimos transcribir los extractos indicados a continuación:

Francisco De Venanzi:

Nos hemos paseado a través del tiempo para mostrar como uno de los
aspectos fundamentales de la autonomía tal vez el más importante –como es la
elección de las autoridades en el propio seno de la institución– tiene sólidas
raíces históricas. Fue en efecto práctica común por unos 111 años en nuestra
casa de estudios. Por otra parte, para puntualizar la importancia que tiene la
incorporación de la correspondiente disposición a la nueva Ley de
Universidades cuya promulgación hoy celebramos, puede notarse que durante
unos 144 años no hemos podido poner voluntariamente al frente de la
Universidad a una persona que represente al sentir mayoritario de su
profesorado y de las representaciones estudiantiles y de egresados.
Y ahora que tenemos la autonomía ¿qué debemos hacer con ella?
La autonomía no es privilegio que recibe la institución para aislarse de los
dolores del pueblo y convertirse en círculo de intereses creados, cerrado al
llamado de la Nación. Es al contrario instrumento de superación técnica para
cumplir con toda efectividad la tarea de convertir a la Universidad en el factor
principal del progreso de la comunidad y en símbolo unitario esencial en la
28
Palabras del doctor Rafael Pizani en el acto solemne de proclamación de la autonomía
universitaria realizado en el Aula Magna de la UCV el día 18 de diciembre de 1958, con base
en el Decreto Nº 471 de la Junta de Gobierno. Véase “Autonomía Universitaria”, UCV (1959:
17).
43
vertebración de una sociedad pujante, aguijoneada por el hondo deseo de
satisfacer plenamente sus grandes necesidades espirituales y materiales.
Libre de interferencias extrañas a su esencia universal, podría así la
Universidad desempeñar a cabalidad la función que se ha impuesto de ser
“alma del pueblo” (UCV, 1959: 26-27).

Pedro Rincón Gutiérrez:

Hoy honramos a Venezuela, honrándonos nosotros mismos. Hoy


desagraviamos a la Patria, reivindicando a su más alta expresión cultural y
científica y la dignificamos, al ennoblecer con este acto la jerarquía moral de
sus Universidades.
Categorías éticas que ayer fueron pisoteadas y derechos inalienables que en
horrible pasado fueron conculcados, vuelven a brillar señeros en la frente
dolida, nunca mancillada, de la muy Ilustre Universidad Central de Venezuela.
Y junto con ella, madre y ductora, del destino universitario nacional, las
Universidades de Provincia sienten el aleteo majestuoso de los derechos
recuperados y el gozo infinito de saberse libres en un país que de nuevo
encontró la ruta de la dignidad humana y del apacible convivir democrático.
No es una coincidencia por cierto, que luego de proclamar al Presidente electo
de todos los venezolanos y de sentar el fundamento de nuestra
institucionalidad democrática, el primer acto de solemne contenido del
Gobierno provisorio, sea la entrega del Nuevo Estatuto Universitario (UCV,
1959: 31).

Edmundo Chirinos:

Pero no es propio del joven universitario de hoy a quien el decenio dictatorial


que incubó su personalidad hizo más sombrío analítico que alegre y ligero,
mostrarse sólo jubiloso cuando las circunstancias le interrogan. Con la
autonomía sucede como con esos “slogans” comerciales que a fuerza de
repetirse llegan al clamor sin que los que le coreen se impongan cabalmente de
sentido y significación, y pudiera pensarse que los jóvenes universitarios no se
han percatado de la responsabilidad, de los peligros, virtudes y contradicciones
que la concepción y práctica de la autonomía llevan implícitamente para la
Universidad y para la Nación.
Por ello vamos aunque sea tan sólo a bosquejar, cuál ha sido y es, la posición
doctrinaria que frente a la autonomía ha asumido y defendido el estudiantado
universitario.
Entendemos que un organismo es autónomo, no sólo cuando es
independiente, sino cuando en base de semejante independencia es capaz de
trazarse normas que regulen su conducta y orienten su desenvolvimiento
institucional; y referido al ámbito universitario esa autonomía se refleja por lo
menos en tres órdenes distintos pero complementarios: 1º el orden de su
gobierno, 2º el orden económico y administrativo y 3º el orden docente. Y en
cada uno de ellos, al lado de sus virtudes y beneficios, avizoramos serias
contradicciones y peligros que nos adelantamos responsablemente a plantear
(UCV, 1959: 38).

44
Sin duda alguna, esas palabras del presidente de la Junta de Gobierno y
de los miembros de la Comisión Universitaria traducen con plena conciencia la
enorme significación de la autonomía que es restituida a las universidades
nacionales, así como la responsabilidad que ella implicaba, tanto en el plano
colectivo como individual, para los universitarios. Y, desde luego, esos
discursos expresan en general de manera conjunta, con el contenido del texto
legal que los motiva, lo que Caballero (1974: 110) denomina, al calor de los
sucesos de 1958, “una nueva etapa en la adecuación histórica entre la
Universidad y la realidad nacional”, cuyo rasgo más significativo es:

…la súbita expansión de la Universidad y una profunda transformación en sus


estructuras fundamentales (autonomía, democracia interna, libertad de cátedra
y de investigación). Se trata, fundamentalmente, de la obra de una vanguardia
universitaria formada en la etapa anterior, que permaneció más vinculada a la
Universidad que al aparato del Estado. Surge así una Universidad con fines
propios, en función de un nuevo grupo social: el formado por los profesores y
los investigadores universitarios, una suerte de intelligentzia que entiende vivir
y producir sin dependencia directa del Estado, pero ejerciendo sobre el mismo
una vigilancia crítica imbuida del propio (sic) que esta gestión de la vanguardia
universitaria se produce en función de una coyuntura histórica que es
aprovechada por esa vanguardia, pero que es producto de una situación
política general caracterizada por el auge popular y democrático, del cual la
vanguardia universitaria es tan solo parte, cualquiera que sea la importancia de
su contribución (Caballero, 1974: 110).

En efecto, estos y otros aspectos de gran importancia relativos al tema


de la autonomía universitaria se establecen en la Ley de Universidades de
1958. Así, cabe destacar, entre otros, los siguientes rasgos esenciales:

a) la Universidad es definida como una comunidad de intereses espirituales


que reúne a profesores y estudiantes en la tarea primordial “...de buscar la
verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre”; b) las Universidades
son consideradas “instituciones al servicio de la Nación”, con la responsabilidad
de “colaborar en la orientación de la vida del país, mediante su contribución
doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales”, y además,
llamadas a “realizar una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia”;
c) se asume que la enseñanza universitaria “se inspirará en un definido espíritu
de democracia, de justicia social y solidaridad humana, y estará abierta a todas
las corrientes del pensamiento universal, las cuales se expondrán y analizarán

45
de manera rigurosamente científica”; d) se concibe que “la finalidad de la
Universidad es una en toda la Nación”, y “dentro de este concepto se atenderá
a las necesidades del medio donde cada universidad funcione y se respetará la
libertad de iniciativa de cada institución”; e) se consagra la autonomía de las
Universidades y la inviolabilidad del recinto de estas instituciones; f) las
Universidades nacionales son consideradas con “personalidad jurídica y
patrimonio propio, distinto e independiente del Fisco Nacional”; g) inclusión
anualmente en la Ley de Presupuesto General de Ingresos y Gastos Públicos
de la Nación, de una partida para las Universidades nacionales cuyo monto
global no sea inferior al 1 ½% del total de rentas presupuestadas en dicha ley;
h) “la autoridad suprema de cada Universidad reside en su Consejo
Universitario, el cual ejercerá las funciones de gobierno por órgano del Rector,
del Vice-Rector y del Secretario, conforme a sus respectivas atribuciones”; i) el
Rector, el Vicerrector y el Secretario serán elegidos por el claustro universitario
y durarán cuatro años en sus funciones, mientras que los Decanos serán
elegidos por la Asamblea de la respectiva Facultad y durarán tres años en sus
funciones; j) el nombramiento de los miembros del personal docente y de
investigación –cuyo ingreso, ubicación y ascenso están sujeto a las normativas
propias de las Universidades apegadas a esta Ley– estará a cargo del Rector,
considerada la propuesta del Consejo de la respectiva Facultad y con la
aprobación del Consejo Universitario; k) los miembros del personal docente y
de investigación disfrutarán de completa independencia en la enseñanza y en
la orientación y realización de sus trabajos, si bien los programas de sus
asignaturas o los planes de sus trabajos de investigación que elaborarán
deberán someterlos para su aprobación a las autoridades universitarias
respectivas; l) se consagra la participación de los estudiantes en las distintas
instancias de cogobierno universitario; m) se establece que funcionará el
Consejo Nacional de Universidades para coordinar las relaciones entre estas
instituciones y armonizar sus planes pedagógicos, culturales y científicos.
En gran parte, de tales rasgos se evidencia el contenido en general de la
autonomía que en ese entonces fue restituida a las Universidades, pudiéndose
discriminar el mismo de acuerdo con los distintos tipos de autonomía
universitaria mencionados por Soriano (2005), a los cuales hicimos referencia
anteriormente.
46
En lo que respecta a la interpretación y valoración de esas especies de
autonomía en ese momento, plantea esta autora:

En 1958, la autonomía se entendía preferentemente como inviolabilidad del


recinto universitario (autonomía territorial) y libertad de cátedra (autonomía
académica). Sobre la autonomía económica, a pesar de que desde 1959 se
había acordado incrementar el presupuesto a las universidades nacionales con
la consignación de una partida no inferior al 1,5% del presupuesto nacional
para financiarlas cabían, no obstante, suficientes reservas porque el
reconocimiento del mencionado acuerdo no daba a la universidad la iniciativa
acerca de sus fondos. Pero lo acordado, junto al reconocimiento de la
autonomía administrativa y gubernamental, permitió el aumento y mejora de los
institutos existentes, la creación de nuevas escuelas, el mejoramiento de las
instalaciones y, sobre todo, de los instrumentos y condiciones de trabajo, el
crecimiento y diversificación de la actividades de extensión no menos que la
estabilidad del personal docente y administrativo (Soriano, 2005: 57-58).

No obstante estos y otros avances tangibles en el cumplimiento de sus


misiones fundamentales por parte de la Universidad, que permiten hablar de un
gran progreso en el desarrollo de las actividades universitarias en la nueva
etapa democrática que comenzó a vivir la sociedad venezolana, muchas
dificultades y tensiones se fueron acumulando al cabo de pocos años en la
Universidad Central de Venezuela, al verse ésta:

…sacudida por la conmoción experimentada en el país como consecuencia del


proceso de remodelación de sus instituciones políticas. La influencia de este
proceso con su carga agitativa poco propicia para la normal evolución
académica, ha reducido la eficacia de sus orientaciones puestas en juego y el
desarrollo de nuevos planes (De Venanzi, 1963: 9-10).

Esas tensiones se van a extender e intensificar desde 1959 hasta 1970 y


producirán serios trastornos en el ejercicio autonómico de la Universidad. En la
acertada referencia hecha por Soriano (2005) de los acontecimientos vividos
por la Universidad Central de Venezuela durante ese período –Bronfenmajer y
Casanova (1982) sitúan en esta etapa el auge y la crisis de la Universidad
liberal– cabe diferenciar dos momentos desde el punto de vista de la
repercusión de esos hechos en la autonomía universitaria:
El primero, coincidente con el tiempo de gestión de Raúl Leoni (1964-
1969), donde recrudece la violencia que caracterizó al período de gobierno de
Rómulo Betancourt (1959-1964) y la Universidad, convertida en espacio de una
mayor politización, “fue una institución alterada por las avanzadas
47
revolucionarias de la izquierda comprometida con la ‘lucha armada’ ”. Este es el
momento de la primera ocupación militar de la Universidad Central de
Venezuela en el período de la llamada democracia representativa –con entrada
a la fuerza en el recinto y allanamiento de la residencia del Rector Jesús María
Bianco– ordenada por el gobierno de Leoni el 15 de diciembre de 1966, dos
días después de haber suspendido las garantías constitucionales en el país.
Vale la pena decir que ante hechos como éste dos posiciones contrapuestas se
esgrimían, valoradas en los siguientes términos por Soriano (2005: 65):

Desde la perspectiva de la izquierda ‘comenzaba a cercenarse orgánicamente


la autonomía universitaria’, mientras desde la perspectiva del gobierno y la
racionalidad académica propiamente dicha se habría producido el abuso y el
mal uso de la autonomía desde un movimiento anti-sistema ante el que éste
tenía que reaccionar contra la inviolabilidad del recinto al amparo de la cual se
propiciaba la insurrección. Lo que efectivamente pasaba era que se vulneraba
la autonomía sin calcular la capacidad de reacción del régimen establecido: si
se había convertido a la universidad en instrumento de la lucha armada en
virtud del abuso y malinterpretación (sic) de la autonomía, tenía que contarse
con la reacción del gobierno que, por lógica y necesidad de las cosas, allanaba
el recinto. Desde la óptica del sistema no podía concebirse, y menos admitirse
la idea de la lucha extra y antisistema desde la Universidad. En todo caso, el
allanamiento disolvía de un solo golpe el tópico y el mito de la
“extraterritorialidad” del recinto universitario.

El segundo, en tiempos de la gestión de Rafael Caldera (1969-1974),


específicamente durante el denominado proceso de “Renovación Universitaria”,
cuando la Universidad Central fue objeto de dos allanamientos: uno, el 31 de
octubre de 1969, mediante la “Operación Kanguro” por parte del gobierno, en
unas circunstancias en que el mencionado proceso, después de haberse
iniciado en el primer semestre de 1968 y asumido posteriormente a partir del
mes de abril de ese año por el gobierno universitario bajo el liderazgo de Jesús
María Bianco –con la denominación de “Renovación Académica”– se hace más
activo y profundo en el lapso comprendido entre marzo y octubre de 1969; el
otro, más brutal, de mayor duración y de peores consecuencias para esa
institución, llevado a cabo el 25 de octubre de 1970, después de que es
aprobada en el parlamento la Reforma a la Ley de Universidades en
septiembre de 1970, con el propósito fundamental de poner orden en una
institución donde el ejercicio de la autonomía y el citado proceso de renovación
se desenvolvían de un modo inadmisible para el Ejecutivo y, en general, para

48
los intereses de las agrupaciones partidistas signatarias del denominado “Pacto
de Punto Fijo” que, firmado el 31 de octubre de 1958 por los principales líderes
de Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y el Partido
Socialcristiano COPEI, fue concebido como un “verdadero tratado de
regularización de la vida política nacional”, a fin de lograr:

...la despersonalización del debate, la erradicación de la violencia interpartidista


y la definición de normas que facilitaran la formación del Gobierno y de los
cuerpos deliberantes, de modo que ambos pudieran agrupar equitativamente a
todos los sectores de la población venezolana, interesados en la estabilidad de
la República como sistema popular de Gobierno (Velásquez, 1993: 179).

Unos comentarios adicionales son necesarios acerca de los hechos que


durante ese período afectaron seriamente el ejercicio de la autonomía en la
Universidad Central de Venezuela y también, aunque en menor proporción, en
Universidades como las de Mérida y el Zulia. En primer lugar, hay que
puntualizar que ese proceso de renovación se inició y alcanzó mayor intensidad
y nivel de desarrollo en la Universidad Central –si bien se extendió a otras
universidades autónomas como la Universidad de los Andes, la Universidad del
Zulia y la Universidad de Carabobo– donde se hizo visible inicialmente en tres
Facultades (Ciencias, Ciencias Económicas y Sociales, y Humanidades y
Educación) con un debate intenso sobre la Universidad, sus funciones, sus
posibilidades de transformación y sus vinculaciones con la sociedad (Méndez,
1995); y posteriormente tuvo resonancia en toda el Alma Mater, como bien dice
este autor, con una multiplicidad de signos y hechos que, además de otros,
evidencian cambios en los planes de estudios, la estructura curricular, la
evaluación de los aprendizajes, la relación profesor-alumno en distintas
carreras, etc., y plantean diversas exigencias como, por ejemplo, la de tener
organismos de cogobierno paritarios de estudiantes y profesores para impulsar
la renovación en diferentes Escuelas y Facultades. Asimismo, es preciso
señalar –a partir de lo dicho por Méndez (1995)– que el origen y
desenvolvimiento de ese movimiento de renovación universitaria ha sido visto
por distintos autores como respuesta al agotamiento político dominante en la
institución, al ser considerada a ésta en deuda con la necesidad de una mayor
democratización interna y una mayor compenetración con la sociedad, así
como con los postulados en general de la Reforma Universitaria de Córdoba.
49
También ha sido valorado por otros autores en lo que respecta a lo que
significó como reacción a las razones políticas, atribuidas a las pretensiones de
modernización de la educación superior latinoamericana impulsadas desde los
Estados Unidos a partir de los años de los sesenta, a lo que representó como
expresión del reacomodo o de la búsqueda de una mayor oxigenación de la
izquierda revolucionaria después de su derrota política-militar en ese período, e
igualmente a lo que significó como resonancia de movimientos contestatarios
juveniles que se realizaban en diferentes partes del mundo durante esos años.
Hay quienes sostienen, con argumentos nada desdeñables, que en un
escenario como ése la práctica de la autonomía arrastra la misma carga
valorativa negativa que se le endilgó a la Renovación por algunos sectores; al
afirmarse que la defensa de la autonomía en ese entonces estaba asociada a
la salvaguarda de las cuotas de poder del mayor exponente de la izquierda
marxista, en alianza con otros factores importantes pero de menor peso político
en la vida universitaria. Desde este punto de vista, se coincide con quienes
desde la perspectiva gubernamental mantenían la idea de que “...la izquierda
vulneraba constantemente la autonomía, por el abuso y mal uso de la
inviolabilidad del recinto al favorecer desde allí la lucha armada...” (Soriano,
2005: 67):

El clamor de renovación era justo, pero circunstancias e intereses ajenos a lo


propiamente universitario, estaban interviniendo para desvirtuar aquellos sanos
propósitos. Lo de la renovación se agravó entre nosotros por una crisis de
autoridad y por un incontrolable desajuste presupuestario que llevaron la
situación universitaria a extremos lamentables (Hernández Carabaño, 1971:
XLIV).

Igualmente, había coincidencia con quienes consideraban que esa


defensa de la autonomía al servicio de fines políticos y violentos era no sólo
extraña a la racionalidad académica propia de la institución universitaria, sino
que era motivo de desviación de la misma, de su retroceso y perversión. Afirma
Albornoz (1969: 48):

...no es verdad una reforma exclusivamente de los aspectos técnicos de la


reforma universitaria, a fin de hacer una universidad más eficiente, sino que,
cómo evitarlo, es una faceta más de la encarnizada lucha por el poder político
de la universidad, escenario de la pugna entre el gobierno y los grupos de
oposición radical, además de que esos grupos radicales viven exclusivamente

50
en torno a las universidades autónomas. Es más en la competencia por la
posesión, el proceso de renovación podría llegar a ser un movimiento
sumamente conservador y reaccionario.

En segundo lugar, en relación con los hechos que precedieron a la


reforma de la Ley de Universidades en el mes de septiembre de 1970,
Hernández Carabaño (1971: XLIV) – en la Memoria y Cuenta presentada como
Ministro de Educación al Congreso Nacional de la República de Venezuela, con
fecha febrero de 1971– señalaba que:

En 1970 la Universidad venezolana vivió momentos de gran con-moción como


culminación de un proceso de deterioro que venía gestándose desde hace
algunos años y en el cual se conjugaban factores tanto internos como externos.
Esta situación exigía la aplicación de correctivos no previstos en la Ley. Ello
determinó que el Congreso, atendiendo un justo reclamo nacional sancionara
una reforma a la ley, que sin menoscabo de la autonomía, hiciera posible
corregir la línea torcida, que como rumbo se habían trazado las universidades.

Curiosamente, luego de la aprobación de la reforma de esa ley y del


allanamiento de la Universidad Central de Venezuela en el mes de octubre de
1970, se crea, con base en esa nueva normativa jurídica, el Consejo Nacional
de Universidades provisorio que procedió a la remoción de las autoridades de
esa institución en vista de su “actitud de franca rebeldía”, así como a la
designación de autoridades provisionales y a la declaración de la mencionada
universidad, en proceso de reorganización por Resolución N° 7 del 9 de enero
de 1971 (Hernández Carabaño, 1971).
Destituidos del cargo el rector Jesús María Bianco y las otras
autoridades de la Universidad Central de Venezuela, y designados rectores
interinos sucesivamente Rafael Clemente Arráiz y Oswaldo De Sola entre 1971
y 1972, posteriormente, a partir de este último año hasta finales del siglo XX,
transcurre un período donde se iniciaron y culminaron siete gestiones
rectorales con autoridades electas nuevamente por la comunidad universitaria,
encabezadas respectivamente por Rafael José Neri (1972-1976), Miguel
Layrisse (1976-1980), Carlos Alberto Moros Ghersi (1980-1984), Edmundo
Chirinos (1984-1988), Luis Fuenmayor (1988-1992), Simón Muñoz (1992-1996)
y Trino Alcides Díaz (1996-2000); y en el cual además, fue iniciada la gestión
de Giuseppe Giannetto, en el año 2000, que terminó en el mes de junio de
2004 y dio paso a la liderada por Antonio París (2004-2008).
51
En ese lapso cercano a los treinta años, cuando las autoridades de la
Universidad Central de Venezuela vuelven a ser electas por el claustro
universitario, puede decirse que el ejercicio de la autonomía en esta institución,
si bien no sufrió interrupciones traumáticas de marca mayor, estuvo
acompañado de varios conflictos y tensiones que lo afectaron; y también –es
necesario resaltarlo– de avances significativos en lo que respecta a diversas
dimensiones de la vida institucional, que tuvieron un lugar destacado en los
progresos que comenzaron a hacerse visibles en el conjunto de la educación
superior del país en esos años.
Lo ocurrido con la autonomía universitaria durante ese tiempo en
Venezuela, tanto en lo que concierne a su dinámica en general como al
contexto en el cual se desenvolvió, sin duda alguna hacen de ese período un
punto de referencia fundamental de la trayectoria de nuestra vida universitaria,
en el que ya encontramos varios elementos significativos para plantearse algo
a lo que habíamos aludido en el inicio de este trabajo: la necesidad de
resignificar la autonomía universitaria. Algunos de esos elementos que invitan a
reexaminar el tema de la autonomía en el país, con la incorporación de nuevas
consideraciones en su análisis, son los que se explican a continuación.
En primer lugar, es preciso que le brindemos la debida atención a lo que
significaron para toda la sociedad venezolana los cambios en su vida política
con la estabilización y consolidación de la democracia representativa, y en
particular lo que esto representó como una nueva situación en la que la
autonomía universitaria estaba llamada a legitimarse de otra manera desde el
punto de vista social y político. Las bases de tal legitimación comienzan a
trascender la sola preservación y defensa de la autonomía ante regímenes de
fuerza, en un contexto distinto de relación de la Universidad con el Estado, al
requerir, como ingredientes constitutivos primordiales de las mismas, las
realizaciones concretas de la institución universitaria en el ejercicio de su
autonomía de cara a su compromiso amplio y complejo con esa sociedad de
entonces.
En segundo lugar, cabe observar que en esas demandas de una mayor
legitimación social de la autonomía comienzan a hacerse sentir, con
regularidad y mayor fuerza, mecanismos de presión contra la Universidad,
entre ellos, por ejemplo, los aplicados de modo recurrente por la vía de la
52
imposición de presupuestos deficitarios, cuyos trastornos en el ejercicio
autonómico institucional deberían ser, por cierto, objeto de una mayor atención.
En tercer lugar, es menester revalorizar lo que en parte de ese período –
sobre todo al final de mismo– comienza a percibirse y sentirse en la vida
económica, cultural y educativa del país bajo los influjos de la globalización y la
mundialización; y la necesidad de incorporar tales efectos –de manera muy
especial, los que tienen que ver con las exigencias de la llamada sociedad del
conocimiento– en el afán de repensar y relegitimar la autonomía universitaria.
Y, en cuarto término, hay que destacar un hecho de gran relevancia que
tiene lugar en el año 1999, en el inicio de la gestión gubernamental del
presidente Hugo Rafael Chávez Frías: la consagración de la autonomía
universitaria en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; en la
cual, en el marco de un proyecto de país que apunta a la refundación de la
República con base en una democracia participativa y protagónica, es posible
derivar exigencias de relegitimación del ejercicio autonómico de la Universidad
que, desarrolladas en sintonía con planteamientos y acciones gubernamentales
posteriores sobre este tema, en los años de inicio del siglo XXI, podrían,
precisamente, significar en definitiva la muerte de la autonomía universitaria, al
pretender redimensionar ésta de acuerdo con las orientaciones del llamado
“socialismo del siglo XXI” que impulsa el actual gobierno.

5.4. La autonomía en los inicios del siglo XXI: angustias, respuestas y retos

Si bien representa un avance muy importante la consagración de la


autonomía en el artículo 109 de la citada Constitución, 29 hay que decir que el

29
Que dice textualmente así: “El Estado reconocerá la autonomía universitaria como principio y
jerarquía que permite a los profesores, profesoras, estudiantes, egresados y egresadas de su
comunidad dedicarse a la búsqueda del conocimiento a través de la investigación científica,
humanística y tecnológica, para beneficio espiritual y material de la Nación. Las universidades
autónomas se darán sus normas gobierno, funcionamiento y administración eficiente de su
patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. Se consagra la
53
desconocimiento de su espíritu a partir de ciertos abusos gubernamentales en
la interpretación y el afán de cumplimiento de algunos derechos establecidos
en el texto constitucional –aunados a diversas acciones de
desinstitucionalización de la educación y de reiterado acoso oficial a la
autonomía universitaria, al igual que a determinadas implicaciones derivadas
de la propuesta de reforma constitucional 30 presentada por el presidente de la
República ante la Asamblea Nacional el pasado mes de agosto de 2007–, han
constituido motivo de serias angustias en el ejercicio de la autonomía
universitaria, desde la fecha de su reconocimiento constitucional hasta el
presente.
Así, tanto diversos voceros gubernamentales como otros sectores de la
población identificados con el gobierno de Chávez se han hecho eco de
perversas y exacerbadas interpretaciones de ciertos principios establecidos en
el texto constitucional –uno de ellos, la equidad social, por ejemplo– para
ejercer presiones especialmente ante las universidades autónomas, con la
exigencia de que abran sus puertas a todos los excluidos de la educación
superior para garantizar una mayor inclusión social. En esas demandas,
potenciadas por los efectos de la Misión Ribas y la Misión Sucre 31
(componentes del denominado “sistema de inclusión revolucionario”),
sobresalen tres aspectos: 1) la poca o nula preocupación por la calidad
educativa, y, en el fondo, por la dignidad humana de los beneficiarios del
acceso a la educación superior en esos términos; 2) la atención se centra casi
exclusivamente en las universidades autónomas, perdiéndose de vista las
actuales condiciones precarias de éstas desde el punto de vista de la

autonomía universitaria para planificar, organizar, elaborar y actualizar los programas de


investigación, docencia y extensión. Se establece la inviolabilidad del recinto universitario. Las
universidades nacionales experimentales alcanzarán su autonomía de conformidad con la ley”
(p. 39).
30
Nos referimos al “Proyecto de Reforma de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela”, presentado por el Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia
ante la Asamblea Nacional, con fecha 15 de agosto de 2007. Ese proyecto fue rechazado por el
pueblo venezolano en el referéndum revocatorio celebrado el 5 de diciembre de 2007.
31
Una de las críticas más fuertes que ha recibo el gobierno en materia educativa, precisamente
es lo que se ha considerado la desinstitucionalización de la educación del país, al poner en
marcha políticas educativas por vías paralelas a las desarrolladas en las instituciones ya
existentes. Es lo que ha ocurrido con la implantación improvisada de Misiones de dudosa
calidad y efectividad: la Misión Robinson 1), para erradicar el analfabetismo; y 2), para atender
la prosecución de los alfabetizados y a los que sabiendo leer y escribir han sido excluidos del
sistema educativo), la Misión Ribas (dirigida a la graduación bachilleres y a garantizarles a
éstos la prosecución de estudios en la educación superior); y la Misión Sucre (para la
profesionalización de los excluidos de la educación superior), por ejemplo.
54
disponibilidad de recursos, dotación, infraestructura, etc., así como las otras
posibilidades de ingreso representadas por otros institutos del mundo
heterogéneo de nuestra educación superior; y 3) el sobredimensionamiento de
la docencia, olvidándose o ignorándose que nuestras universidades desarrollan
otras actividades importantes como la investigación y la extensión, entre otras;
es decir, no se tiene en cuenta que “Además de la propia organización la
Universidad cumple en el siglo XXI cinco objetivos fundamentales: cultura,
docencia, investigación, socialización y compromiso social” (De Miguel, 2003:
30).
Además de la toma de las instalaciones del rectorado de la Universidad
Central de Venezuela durante más de treinta días, a partir del 28 de marzo de
2001, con la cual un grupo de estudiantes con apoyo gubernamental,
enarbolando la bandera de la transformación universitaria, pretendió paralizar
esa institución, cabe mencionar, entre otros, varios hechos que durante el año
2005 contribuyeron a hacer más precarias las condiciones requeridas por
nuestras universidades autónomas, para ejercer la libertad necesaria en el
cumplimiento de sus misiones fundamentales, tales como: la aprobación y
ejecución del Decreto 3.444, mediante el cual se transfieren a un funcionario
gubernamental competencias propias del Consejo Nacional de Universidades y
de la Oficina de Planificación del Sector Universitario; la sistemática campaña
de descrédito contra las universidades autónomas y sus autoridades, llevada a
cabo a través de distintos medios y por parte de diversos funcionarios
gubernamentales (entre ellos, descolló tristemente en el ejercicio de ese papel
Samuel Moncada, profesor e historiador egresado de la Universidad Central de
Venezuela); las arbitrarias y perturbadoras decisiones del Ministerio Educación
Superior y de la Oficina de Planificación del Sector Universitario en materia
presupuestaria; el desconocimiento del Ejecutivo de las normas de
homologación de sueldos de los docentes emanadas del Consejo Nacional de
Universidades; el desconocimiento de la potestad del Consejo Universitario de
la UCV para decidir en torno a la impugnación de que fuera objeto la decana
electa de la Facultad de Odontología, una vez que el Tribunal Superior de
Justicia dictó dos sentencias sobre ese caso; y las recurrentes presiones
oficiales, en nombre de una equidad e inclusión social mal concebidas, para
elevar la masificación matricular en las universidades autónomas, sin la debida
55
preocupación por la actividad de investigación y la docencia de calidad en la
educación universitaria, y desconociendo, por otro lado, la situación precaria
del personal académico y administrativo de esas instituciones originada
básicamente por una nefasta política de no reposición de cargos que implantó
el Ejecutivo durante los años 2002, 2003 y 2004.
A esas presiones, que hasta los actuales momentos no han dejado de
producir sus efectos negativos en la práctica de la autonomía universitaria, hay
que agregarles, por un lado, las que han surgido de los discursos del
Presidente de la República y de varios de sus colaboradores: la exigencia de
subordinar la autonomía universitaria a los intereses del proyecto del
“socialismo del siglo XXI” que se busca implantar en el país; y, por el otro, las
que, en comunión con las anteriores, tuvieron que ver con algunos de los
planteamientos de la antes señalada reforma constitucional, en lo que
concierne específicamente, por ejemplo, a las actividades del Poder Popular,
centrados en el propósito de redimensionar la autonomía universitaria –en las
formas de autogobierno y de ejercicio de la democracia directa 32– para que las
fuerzas afectas al actual régimen tuviesen en el futuro inmediato una mayor
representación en el ejercicio del poder político en la Universidad.
A lo anterior se añaden las aprensiones que surgen, por un lado, con lo
que se establece sobre la autonomía universitaria en el Proyecto de Ley
Orgánica de Educación, aprobado en primera discusión por la Asamblea
Nacional en el año 2001, el cual fue retomado en el año 2005 para su
aprobación definitiva en un segundo debate, aún pendiente. En dicho proyecto,
específicamente en su artículo 38, el Estado –que en Venezuela hay evidencias
claras de que ha sido secuestrado por el Gobierno– se arroga la potestad de
reconocer a qué instituciones de la educación superior les será aplicable el
principio de autonomía con responsabilidad; ello en el marco de una
concepción del Estado docente que, además de ser obsoleta –dada su sola
identificación con dos ministerios del ramo educativo– tiene todos los atributos
de ser omnipotente e intervencionista. Asimismo, es preciso tomar en cuenta el
acoso y los temores que se han originado, por otro lado, con los intentos más
recientes por parte del sector gubernamental de imponer un sistema nacional

32
El planteamiento del voto paritario para profesores, estudiantes, empleados y obreros en la
elección de las autoridades universitarias es un ejemplo de ello.
56
de ingreso estudiantil a la educación superior, sin respetar y tener en
consideración las atribuciones que en esa materia tienen particularmente las
universidades autónomas, con base en la Ley de Universidades y en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
En ese cuadro de angustias, tensiones e incertidumbres se han
expresado y hecho sentir diversas voces individuales y colectivas de la
comunidad universitaria en defensa de la autonomía, especialmente en el caso
de la Universidad Central de Venezuela, donde, ante tal panorama y con motivo
del cumplimiento del cincuenta aniversario de la restitución de la autonomía el
5 de diciembre de 2008, se inició la celebración del Jubileo de la Autonomía
Universitaria el 12 de marzo de 2007, 33 en la perspectiva de promover una
mayor reflexión y consciencia acerca del valor, el significado y el sentido de ese
principio fundamental de la Universidad. Todo ello con la convicción plena de
que es necesario y urgente trascender una postura meramente reactiva en la
reivindicación de la autonomía universitaria, y ser más proactivo en el
fortalecimiento de la misma como eje transversal de las propuestas de
transformación institucional.
En tal sentido, en el marco de esa celebración se ha venido planteando,
con mucho énfasis, la necesidad de asumir el gran desafío de convertir la
autonomía en un concepto integrador y movilizador de la comunidad
universitaria y de toda la sociedad en la defensa y transformación de nuestra
Universidad; vale decir, en el concepto madre para darle respuesta a las
complejas exigencias que en la actualidad le toca enfrentar a la institución
universitaria venezolana.
Asimismo, se ha insistido en la urgencia de adelantar un paso en la
respuesta al reto antes señalado. La Universidad necesita hacer más visibles
las realizaciones en el ejercicio de su autonomía, a fin de potenciar la confianza
en ella de la comunidad universitaria y la sociedad en general, para abrir sus
puertas a la búsqueda de nuevos horizontes de racionalidad, para profundizar
su compromiso social y su pertinencia en diferentes dimensiones, y para crear
múltiples espacios de amplio compromiso y participación con distintos actores
en la formulación y el desarrollo de sus políticas.

33
Bajo el liderazgo del Vicerrectorado Académico de esa institución
57
58
LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA Y LA DEMOCRACIA VENEZOLANA EN EL
SIGLO XX

…la forma de conseguir que la Universidad


eduque mejor en pensamiento crítico,
capacidad de juicio, tolerancia y
comunicación. Son todos valores de la
Democracia constitucional.

Jesús De Miguel

59
Para comenzar, una breve nota de justificación y aclaratoria sobre el
punto en consideración. No está de más que insistamos en la urgente
necesidad de mostrar, con mayor decisión y de una manera amplia y compleja,
los frutos del ejercicio de la autonomía universitaria en el país, lo cual
contribuiría, sin duda, al fortalecimiento de ese principio primordial, tanto en la
propia comunidad universitaria como en la sociedad en general. Esta tarea, que
debemos reconocer que aún la tenemos pendiente, es preciso que abarque los
distintos momentos de la trayectoria histórica de nuestra universidad autónoma,
si bien pudiera argumentarse que en la misma debe dársele un lugar muy
especial a lo ocurrido a partir de la instauración y el desarrollo de la democracia
en nuestro país. Esto, por cuanto se puede argüir que aquí, al dejar atrás los
60
regímenes de fuerza e iniciarse y consolidarse un período de gobiernos
democráticos, se plantea, a modo de exigencia fundamental, un giro
significativo en la reivindicación de la autonomía universitaria a partir del
redimensionamiento de su legitimación social, con base en la mayor y mejor
visibilidad posible de las múltiples realizaciones de la universidad autónoma.
Como parte de esa preocupación se inserta el asunto que ocupa nuestro
interés en esta sección del trabajo, con una aclaratoria que estimamos
necesaria: al hablar de las contribuciones de la autonomía universitaria a la
democracia hay que dejar claro a qué dimensiones de ésta nos estamos
refiriendo, y con ello la precisión de los límites del alcance que tendrá aquí el
tratamiento de ese punto. Nos referimos a los valores de la democracia –
pensamiento crítico, capacidad de juicio, tolerancia, pluralidad y comunicación,
entre otros– que la Universidad Central de Venezuela, en su ejercicio
autonómico, asumió en su labor formativa y proyectó a través del papel
desempeñado por ella misma y por ciertos actores de la vida nacional en el
forjamiento de nuestra democracia durante el siglo veinte.
No obstante, es procedente y necesario agregar algo más a esa
aclaratoria: unas precisiones sobre la posible interrogante que podría surgir en
relación con el período en el que se enmarca el inicio y la consolidación de esa
democracia a la cual contribuyó nuestra universidad en el ejercicio de su
autonomía. Para los efectos de este trabajo, compartimos dos afirmaciones de
Caballero (2007):
La primera, cuando dice: “...no nos limitamos a pensar la democracia
como una realidad completada, culminada, dentro de ciertos límites y a partir
del desarrollo de algunos de sus atributos o de sus conquistas, sino como un
proceso continuo” (p. 278).
La segunda, en la que sostiene:

Pensamos que se vive en el reino de la democracia (si se nos permite llamarlo


así) no desde el momento en que se otorga el voto popular, sino desde el
momento en que la gente comienza a reclamar en la calle esa y otras formas
de participación. Sobre todo, si lo hace en forma sistemática e impone su
presencia, sea en la forma de un estallido social, sea por medio del voto; sea
incluso en la forma de abstención electoral (p. 277).

61
Diríamos entonces, desde esa óptica, que es pertinente ubicar el
momento inicial de contribución de la universidad autónoma al forjamiento de la
democracia, a partir de la visibilidad en el ámbito público de las luchas y
movimientos de diversos actores de la vida nacional que se inspiraron y
alimentaron de esas ideas, prácticas y valores consustanciales de la vida
democrática propios de una institución universitaria que no dejaba de abrazar
su autonomía, independientemente si el gobierno de turno se la reconocía o no,
para mantener siempre con vida “una de las facultades que confieren mayor
brillo a la dignidad humana: la capacidad de pensar críticamente” (De Venanzi,
1963: 17). Por supuesto, no hay que perder de vista que ese influjo de la
Universidad, más allá de sus muros, tiene un elemento de referencia
fundamental: el mismo papel asumido por esa institución en el ejercicio de su
compromiso social y en la tarea de contribuir a iluminar a la sociedad en
distintas dimensiones de la vida de ésta.
Además de esa labor propia de la institución, sobre la cual habría que
indagar y escribir con mayor atención y dedicación, hay que reconocer lo que
podría llamarse una muestra de su proyección a través de las luchas
emprendidas por estudiantes que hicieron vida en sus aulas y más allá de
éstas, los jóvenes del 28; quienes declarándose demócratas después de
diecinueve meses del inicio de aquella Semana del Estudiante celebrada en el
mes de febrero de 1928, en los tiempos de la dictadura de Juan Vicente
Gómez, expresaron en sus planteamientos tanto un proyecto político como un
proyecto de sociedad, el cual se haría nacional en esos términos (Caballero,
2007). Esa generación estudiantil venezolana de 1928, la “Generación del 28”,
que no sólo se rebela contra la tiranía sino que insurge como expresión de una
voluntad colectiva de construir un nuevo país, mantuvo, además de una
prolongada continuidad de su acción política, cierta coherencia doctrinal que no
excluía la divergencia, algunas veces encrespada (Caballero, 2007).
Caracterizada como el sujeto social de una universidad a la que se
atribuye el rasgo distintivo de ser un centro político de profunda inserción en el
proceso de la lucha de clases y del cambio en Venezuela, esa generación, al
imponer un modelo de universidad liberal en abierta oposición a la universidad
oligárquica, reivindica una práctica y un discurso fundamentados en el derecho
al libre acceso a esa institución; en la autonomía universitaria y el cogobierno
62
como base del poder; en la libertad académica como implantación del
pensamiento crítico; y en la secularización y cientifización de este pensamiento
como alternativa de organización interna (Bronfenmajer y Casanova, 1982).
Con la adopción de la boina azul como símbolo, esos estudiantes
universitarios, con su participación activa y protagónica, contribuyeron
notablemente a la confección del molde de la democracia en nuestro país,
proclamaron –como dice Caballero (2007)– la necesidad de una “democracia
decente”34 y dieron pie a la formación de los partidos contemporáneos.
En ese proceso continuo de construcción de la democracia venezolana
desde estos años en adelante, es muy difícil negarle a nuestra Universidad
Central de Venezuela su contribución decisiva en la divulgación de los
principios de la convivencia y el respeto que se han requerido para el ejercicio
de aquélla. Ello se pone de manifiesto con mayor relieve en la consolidación de
la democracia, la institucionalización del país y la materialización del Estado
moderno a partir de 1958, cuando esa institución, en el ejercicio de su
autonomía, juega un papel de gran relevancia como centro del pensamiento
crítico, del debate libre, sin cortapisas, y con ánimo de ayudar a construir un
país plural y diverso. Sin lugar a dudas, la libertad de cátedra fue un principio
que trascendió la vida académica dentro de las paredes de la Universidad y
convocó a todos los sectores de la sociedad venezolana.
En aquellos años iniciales de recomienzo y de consolidación de la
democracia en Venezuela, donde eran evidentes serias amenazas a ese
proceso, que obedecían tanto a factores internos como internacionales,
indicaba De Venanzi (1963: 21).

Las características de la lucha política que prevalece en la vida nacional, las


presiones de alineamiento que dependen de la existencia de la guerra fría, las
posiciones de los grupos de poder, las influencias foráneas que propenden a la
utilización productiva de nuestros recursos en su beneficio y a la protección de
sus inversiones, un sentimiento nacionalista creciente y la acción de los
sectores revolucionarios, entre otras causas, tienden a mantener en el medio,
una situación de pugna aguda.

34
Caballero (2007: 222) atribuye esta frase a dos de los líderes de esa generación: Rómulo
Betancourt y Miguel Otero Silva; “...la cual sería garantizada al estar manejada la cosa pública
por ‘elementos civiles’. Todo ello para asegurar a su vez ‘la conquista de un estado social
equilibrado y armónico, propicio al libre desenvolvimiento de las aspiraciones colectivas’ “.
63
Y más adelante, agregaba el Rector de la UCV, al finalizar su gestión, en
el mensaje al Claustro:

En Venezuela, influencias poderosas privan para que se adopte el tipo de


democracia discriminatoria, con el inconveniente adicional de que hay un
control absoluto de los órganos de formación de la opinión pública por los
sectores interesados en una política de esas características. La Universidad
autónoma, que está concebida con un criterio diametralmente opuesto y que
incluso por disposiciones legales expresas está obligada a respetar todas las
corrientes ideológicas, ha sufrido y probablemente habrá de experimentar
fuertes impactos. De la suerte que corra su estructura, dependerá en grado
apreciable el rumbo que tome la orientación política nacional en este aspecto
tan trascendental (Ídem, cursivas mías).

En esas palabras de Francisco De Venanzi ya pareciera reflejarse la


preocupación por la crisis de la universidad liberal y del modelo educativo que
la sustenta en su momento de auge –iniciada la misma en la década de los
sesenta– de la cual nos hablan Bronfenmajer y Casanova (1982: 283-284):

El auge y la crisis de la universidad liberal, en su primer momento, deben


considerarse en el interior de la crisis política desencadenada por el derrumbe
del gobierno militar-autoritario perezjimenista. La dinámica socio-política que
determina la caída de esta dictadura da lugar al cumplimiento práctico del
pensamiento cordobista: la independencia de las instituciones universitarias del
Estado, es decir, la puesta en práctica del fundamento autonómico como modo
de funcionamiento de las mismas. Esto ocurre en razón del papel cumplido por
la universidad en las luchas, que obligó a la concreción de este compromiso
con la élite universitaria por parte de la nueva dirección política.

De ese momento, en el que la universidad liberal se convierte en


universidad nacional autónoma, en un contexto político nacional donde se
mantiene un equilibrio precario entre distintos factores de poder de la vida del
país, se pasa progresivamente a otro –en un escenario de altísima
radicalización y polarización en la confrontación entre una opción democrática-
burguesa y otra revolucionaria inspirada en la experiencia cubana– que alcanza
su máximo nivel entre los años 1969 y 1970 (de gran intensidad en el
movimiento de “Renovación Académica”), en el cual la Universidad, como
centro de poder, redefine sus características con base en el predominio de las
ideologías marxistas, y se asocia a la práctica revolucionaria y a su opción
insurreccional (Bronfenmajer y Casanova, 1982). Tal redefinición implicó la

64
separación de la Universidad del Estado 35 y dio paso, como se dijo
anteriormente, a la reacción de éste contra la universidad autónoma de
diversas maneras, entre ellas por la vía legislativa (la reforma de la Ley de
Universidades), a través de su cierre e intervención y mediante la restricción
presupuestaria.
Esas particularidades del funcionamiento de la vida política universitaria
en tiempos de la Renovación, como en los años siguientes hasta el presente –
en los que se adelantaron varias iniciativas de reformas– es preciso tomarlas
en consideración a la hora de juzgar las contribuciones de la universidad
autónoma a la antes señalada dimensión de la vida democrática del país, en la
que se centra nuestro interés. Además de esas peculiaridades, habría que
examinar también las implicaciones de dos elementos en común en la práctica
política de la universidad autónoma venezolana desde 1969 hasta el día de
hoy, los cuales son: primero, se mantiene, aun cuando con rasgos muy
diferentes en cada momento, el distanciamiento Universidad-Estado en
distintos períodos de gestión rectoral; segundo, la universidad autónoma,
especialmente la Universidad Central de Venezuela, no ha dejado de
representar para la sociedad un elemento de referencia fundamental en la
preservación, defensa y fortalecimiento de la democracia. Sin duda, el examen
de la naturaleza y la significación de los factores, que de modo particular dan
cuenta de esos elementos en los diversos períodos de gestión rectoral durante
esos años, pueden ayudar a entender mejor en cada uno de esos momentos el
impacto de la práctica política de la Universidad en la democracia del país. Ello
representa un interesante tema que bien vale la pena estudiar en otra
oportunidad que tengamos de profundizar el presente trabajo.
Sin duda, tanto en la Venezuela de ayer como en la de hoy y de mañana
tiene vigencia lo que afirmaba De Venanzi en su “Mensaje al Claustro”, en
relación a la importancia de la autonomía universitaria para enfrentar los
peligros de lo que representaba la “democracia discriminatoria” en un ambiente
nacional donde era notorio el peso de las contingencias políticas, con sus
secuelas de discontinuidad y de ausencia de estabilidad, pues, “El
funcionamiento del sistema autónomo […] contribuye a crear una convivencia

35
Entiéndase, la ruptura del aludido compromiso de la nueva dirección política del país con la
élite universitaria.
65
entre los idearios opuestos, que puede dar importantes frutos para el avance
social y cultural del país” (De Venanzi, 1963: 20).

66
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA Y RENDICIÓN DE CUENTAS

...la universidad democrática y autonómica


exige la creación de un sistema de control
y contracontrol que conjugue la libertad de
crear, enseñar y aprender con la obligación

67
de rendir cuentas de los objetivos
alcanzados o frustrados.

Miguel Escotet

Uno de los rasgos que cabe destacar en el recorrido histórico de la


autonomía universitaria en distintos países, sin importar el nivel de desarrollo
de éstos, son las interpretaciones diversas y hasta contrapuestas que se hacen
de ese principio. En esa trayectoria donde se evidencia el carácter polisémico
del concepto de autonomía universitaria en diferentes contextos nacionales,
ciertamente se detectan valoraciones y posiciones de distinto tenor acerca del
ejercicio autonómico por parte de la Universidad, las cuales, por supuesto,

68
expresan las circunstancias concretas en las que se ha movido esta institución
a lo largo de su vida en cada país.
En reconocimiento de esto, nos permitimos recordar lo planteado por
Soriano (2005: 5), cuando afirma que “...habría que examinar [...] la medida en
la cual el significado y el sentido de la autonomía han sido, de un lado
homogéneos, y de otro –en función de la persistencia de la palabra que la
designa–, resistentes o trascendentes al paso de los siglos”; a fin de ir
“...mostrando similitudes y contrastes reveladores de una esencia más
portadora de lo que se hubiera pensado, de una validez universal de la
universidad (y de su autonomía) trascendente en el tiempo” (ídem).
Y además cabe proponerse, de igual modo, el desafío de indagar las
interpelaciones que en diversos momentos de la vida universitaria de cada país
se le hacen al significado y al sentido de la autonomía desde varias ópticas y
en relación con determinadas obligaciones que hoy exige la sociedad, como la
rendición de cuentas, la transparencia y la responsabilidad social, por ejemplo.
Precisamente, ese es el reto fundamental que asumimos en esta sección
del trabajo, al interesarnos en el examen de las implicaciones que tiene para la
autonomía universitaria las exigencias de la rendición de cuentas, desde
perspectivas diversas y a partir de algunos de los planteamientos de la reforma
de la educación superior que emergen en varios países, especialmente de la
América Latina y el Caribe, desde finales de la década de los ochenta del
pasado siglo.
En correspondencia con ese propósito, nuestra atención se centra en la
consideración de los siguientes tópicos: 1) La emergencia de la evaluación de
la calidad y de la rendición de cuentas de la educación superior y 2) Rendición
de cuentas y autonomía universitaria.

1. La emergencia de la evaluación de la calidad y de la rendición de


cuentas

A fin de comprender mejor la preocupación por la evaluación de la


calidad y la rendición de cuentas de la educación superior en la América Latina

69
y el Caribe de hoy,36 es necesario tener presente el contexto de origen en el
cual esos temas comienzan a llamar la atención de diversos actores sociales
en esa región. Dicho con otras palabras, es preciso que dirijamos la mirada a
un conjunto de exigencias y presiones ligadas fuertemente a ciertas
orientaciones en ese nivel educativo, que emergen al final de los años ochenta
del siglo XX en varios países latinoamericanos.
Entre esas orientaciones relacionadas específicamente de una manera
más estrecha con los temas antes mencionados, cabe señalar, además de
otras, las siguientes: la reducción del papel del Estado benefactor; la expansión
del sector privado y la incorporación de mecanismos del mercado; y la
consideración de indicadores de rendimiento en el financiamiento
gubernamental de la educación superior.
Así, no sólo se reconoce que la educación superior de esos años se
volvió más compleja, masiva y diversificada, sino que al mismo tiempo estaba
enmarcada en una situación de recesión o de debilitamiento del apoyo estatal.
Como dice Brunner (1990: 170):

El Estado-benevolente, que era nuestra propia versión local (y a veces


populista) del Estado-benefactor de los países desarrollados, no sólo ha
perdido su legitimidad ideológica sino, lo que es más grave, su propia base
económica-política de sustentación.

Kent (1997: 94), al señalar que “En el contexto de la crisis económica


que marcó al período, quedó de manifiesto para algunos sectores
(notablemente los gobiernos, algunos grupos empresariales y los medios
masivos de comunicación) que los patrones prevalecientes de expansión,
financiamiento y gestión de la educación superior habían llegado a su límite”;
sostiene que en ciertos casos, entre otros, este límite es concebido en términos
de “...las limitaciones financieras generadas por la crisis fiscal de los Estados,
que obligaban al abandono de modelos de financiamiento pensados para
épocas de crecimiento” (p. 94). Precisamente, este es uno de los elementos del
marco en el que el autor antes mencionado sitúa el aparecimiento del tema de

36
Tünnermann (2001) indica que si bien –como dicen varios autores– la preocupación por la
calidad ha estado presente desde el momento mismo del nacimiento de las universidades, su
consideración –en compañía de los conceptos de evaluación y acreditación– es reciente en
muchos países y en la educación superior latinoamericana, siguiendo lo dicho por Rollin Kent.
70
la evaluación como instrumento de las políticas gubernamentales de algunos
países latinoamericanos.37
Es en el contexto de esa crisis, y de la sustitución del concepto de
Estado benefactor por el de Estado evaluador, donde surgió la preocupación
por la evaluación de la calidad en la educación superior latinoamericana como
parte del llamado “discurso de la modernización”, bajo la consideración de que
las restricciones en el financiamiento público, entre otros factores que afectaron
a ese nivel educativo, fueron generalmente asociadas a percepciones sobre su
baja calidad y pertinencia (Tünnermann, 2001). En este cambio de conceptos,
con las diferencias del caso en lo que respecta a Latinoamérica, no deja de ser
válida la afirmación de Neave (2001) –referida a varios países del mundo
occidental– de que ello en modo alguno significaba que en épocas anteriores
los gobiernos no se ocupaban de la evaluación. Más bien, como lo expresa
este autor, el ascenso del Estado evaluador es acompañado por una
reasignación fundamental de la tarea misma de evaluar: superar la forma de
una verificación administrativa formal (verificación de rutina y la modalidad de
mantenimiento, por un lado, y la exploratoria, por el otro), para ponerla al
servicio de “una revisión ocasional y profunda de la política de enseñanza
superior de la nación, del rendimiento de lo que hoy se llamarían los recursos
institucionales y humanos; y todo esto se hacía con una profundidad mucho
mayor que la que podía alcanzar la verificación de ‘mantenimiento’ ” (Neave,
2001: 215).

Acerca de la crisis del Estado benefactor en América Latina y el Caribe,


afirma Gómez Buendía (1998: 144) que la misma estuvo asociada con la
globalización:
...ni el modelo de sustitución de importaciones podía sostenerse, ni las
aduanas podían seguir siendo una fuente esencial de recursos para el fisco.
Pero esta crisis tuvo cuando menos tres peculiaridades. Primera: que aquel
“Estado benefactor” en realidad no había madurado todavía; si bien la red de
protección social se había extendido notablemente desde los años cincuenta,
aún quedaban enormes bolsones de pobreza. Segunda: que el desequilibrio
fiscal se agudizó más tarde y por una razón distinta de los “Estados
benefactores” clásicos, durante los ochenta, y para cubrir los intereses de la

37
Además, Kent señala otros elementos de ese marco: las apreciaciones críticas de diversos
grupos sociales hacia la educación superior, en cuanto a su baja calidad y pertinencia, y la
inoperancia de ella por su misma estructura y sus desbordamientos políticos. Véase, Kent
(1997: 94).
71
deuda externa, el déficit fiscal se elevó en muchos países al nivel insostenible
de un 7% u 8% del Producto Interno Bruto. Y tercera: que la administración
pública estaba trabada por la serie de apropiaciones particulares.

Por otra parte, esa reducción del Estado benefactor tiene consecuencias
que se articulan con la segunda de las orientaciones de la educación superior,
a las cuales se hizo referencia anteriormente: la expansión del sector privado y
la incorporación de la dinámica del mercado. Al respecto, dice Schugurensky
(1998: 133) que los recortes en el financiamiento público a las universidades,
por la reducción del Estado benefactor:

...no sólo afectan la infraestructura física de las instituciones de educación


superior, los procesos de enseñanza y aprendizaje, la frecuencia de la
interacción maestro-alumno, la calidad de las actividades de investigación, así
como los salarios, las condiciones laborales y la moral, tanto de los académicos
como del personal de apoyo, sino que también han provocado cambios
importantes en la mentalidad de los administradores y académicos (quienes
están teniendo una actitud más empresarial) y han estimulado la aparición de
un clima propicio para el establecimiento de nuevas reglas del juego basadas
en criterios de costo-eficiencia y en las demandas del mercado.

Como consecuencia de esas restricciones, para expresarlo con las


palabras de Cortázar (2002: 24), se multiplican los esfuerzos que:

...tratan de incorporar una racionalidad empresarial en las dinámicas


universitarias, lo que se traduce en la presencia de valores y prácticas de
mercado, en la progresiva incorporación de esquemas que propician una
actitud competitiva en la búsqueda de fondos, subsidios, captación de
estudiantes, conformación de equipos, redimensionamiento de la función de
extensión, en el interés por incrementar las relaciones entre las instituciones de
educación superior y las empresas.

En tal perspectiva, no sólo se fomenta la diversificación institucional


mediante la creación de instituciones no universitarias de menor costo, sino
que se expande la privatización de la educación superior en un sentido amplio:
aumentan las instituciones privadas y se incorporan criterios de privatización en
las universidades públicas; acompañado esto del propósito de incentivar la
competencia y elevar la eficiencia y la calidad, un asunto al cual, por cierto, se
le asigna “...singular relevancia en función de los fenómenos de la globalización
y la competitividad internacional [...] que demandan recursos humanos de la
más alta calificación” (Tünnermann, 2001: 59).

72
En lo que respecta a la tercera orientación aludida anteriormente, la
consideración de indicadores de rendimiento en el financiamiento
gubernamental, lo planteado por Schugurensky (1998: 138-139) nos ayuda a
entender con bastante claridad de qué se trata:

En estos tiempos de restricciones presupuestarias, existe un supuesto


ampliamente difundido entre los funcionarios estatales en el sentido de que las
universidades no son instituciones efectivas en términos de costos, que no
responden a las necesidades sociales y que es poco probable que por ellas
mismas lleven a cabo reformas serias.
Como resultado de las presiones gubernamentales para una mayor rendición
de cuentas (generalmente entendida como la seguridad en la calidad y el “valor
del servicio que se paga” [value for money]), se está dando una gran
importancia a la evaluación externa de las actividades universitarias, y con ella
ocurre también un rápido incremento en el número de agencias evaluadoras de
la calidad alrededor del mundo. En términos generales, la evaluación de la
calidad en las instituciones de educación superior está cambiando de un
enfoque basado exclusivamente en los insumos (gastos por alumno, grados y
diplomas del personal académico, inventarios en las bibliotecas, equipos e
instalaciones para investigación, proporciones de maestros por alumno y de
personal académico y de apoyo, etc.) a uno que incluye también los productos.
Sin embargo, los productos son medidos generalmente en términos de
indicadores de rendimiento discutibles (índices de titulación, tiempo de
finalización de programas académicos, calificaciones obtenidas por los
estudiantes, grado de satisfacción de egresados y empleadores, contribuciones
económicas de ex alumnos, etc.) los cuales tienden a restar importancia a los
datos cualitativos y los factores contextuales, y generalmente ignoran las
misiones históricas particulares de cada institución. Los indicadores de
rendimiento son discutibles no sólo porque constituyen estándares arbitrarios
capaces supuestamente de valorar el éxito de los profesores, departamentos y
universidades, sino también porque generalmente están vinculados con la
asignación de recursos financieros.

A esto agregaríamos, ampliando lo dicho por Narváez (2002), que la


Universidad en modo alguno constituye una organización asimilable en lo
esencial a un sistema de producción y consumo, y, de igual manera, que la
calidad de los resultados o del rendimiento en la vida de esa institución no es
sólo la expresión del mecanismo y de los factores determinantes de su eficacia,
como cabría esperar bajo una orientación reduccionista-empresarial, sino que
tiene que ver también con la realización práctica de los valores educativos en
las transacciones entre profesores y estudiantes (Elliott, 1993).
Cabe agregar, además, que las propuestas de cambio de la educación
superior inspiradas en las orientaciones antes consideradas, con sus
implicaciones en cuanto a las exigencias de calidad y rendición de cuentas,

73
traducen lo que algunos autores denominan las “tendencias hacia la
convergencia”38 de ese nivel educativo, y que otros llaman el pensamiento
único39 expresado en el “consenso” de Washington ”, para designar los acuerdos
de fundaciones internacionales o agencias multilaterales que prestan ayuda
financiera a países como los nuestros.
Lo que interesa destacar aún más de esta referencia es precisamente
cómo, a partir de tales exigencias, se debilita la autonomía y se estimula la
heteronomía universitaria, al asumirse en esos acuerdos determinadas
perspectivas en la definición y evaluación de la calidad y en la definición,
metodología y propósito de la rendición de cuentas en la educación superior.
Digamos por los momentos, tal como sostiene Schugurensky (1998), que el
principio de autonomía ha sido cuestionado y redefinido de manera drástica en
el contexto de las presiones de la globalización, las reformas neoliberales
favorables al mercado y las demandas de rendición de cuentas. Con ello hay
una pérdida gradual de la autonomía que “...permite a las instituciones
establecer, de manera colegiada y libre de interferencias externas, sus propios
objetivos y misiones, contenidos y métodos de enseñanza, criterios de
evaluación, admisión y requisitos de graduación, agendas de investigación,
procedimientos de promoción y expulsión, entre otros” (p. 140-141); y se
transita hacia un modelo heterónomo, con una Universidad que “...cada vez es
menos capaz de diseñar por sí misma su propio desarrollo, y cuyo éxito deriva
de la rapidez y eficacia de su respuesta a las demandas externas” (p. 141).
Y, asimismo, es preciso poner de relieve cómo los retos de la evaluación
de la calidad y de la rendición de cuentas pueden ser asumidos desde
perspectivas que podrían implicar o no el resquebrajamiento de la autonomía
institucional, al plantearse esos desafíos en múltiples críticas y presiones
ejercidas ante los problemas confrontados por la educación superior, por
diversos actores sociales no identificados con las orientaciones que acaban de
examinarse. Las valoraciones de estos actores, que también forman parte del

38
Schugurensky (1998: 125) habla de la convergencia de los sistemas de educación superior
hacia el modelo norteamericano, la cual “...no significa que todos los sistemas de educación
superior se conviertan en uno solo, sino más bien que son gobernados en forma creciente por
presiones, procedimientos y patrones organizacionales similares”.
39
Cortázar (2002: 17) utiliza esta expresión como “...modelo de interpretación de los
fenómenos sociales [...] que redefinirá el rol desempeñado por la educación superior y las
políticas que deberá instrumentar el estado en este sector”.
74
contexto en el cual surge la preocupación por la evaluación de la calidad y la
rendición de cuentas en la educación superior, se expresan, entre otras críticas,
y con diferentes motivaciones, en severos cuestionamientos a este nivel
educativo en lo concerniente a su pertinencia, racionalidad del gasto,
legitimidad ante las comunidades institucionales, la sociedad y el Estado, y
capacidad de inclusión social, por ejemplo.

2. Rendición de cuentas y autonomía universitaria

Más allá de la impronta de las orientaciones anteriores en el significado,


alcance y repercusiones de la rendición de cuentas, como expresión de una
particular y muy cuestionable manera de concebir la calidad educativa, es
necesario tomar en consideración otras dimensiones de aquel concepto para
abrirnos a otras perspectivas en el análisis de sus implicaciones en un espacio
académico como el de la universidad autónoma. En tal sentido, tres aspectos
serán objeto de atención en esta sección del trabajo: el concepto y los usos de
la rendición de cuentas, la exigencia de ésta en ámbitos diversos y su relación
con el principio de autonomía en la institución universitaria.

2.1. Concepto, usos y exigencias de la rendición de cuentas

Si bien es considerado un concepto tan fundamental como elusivo, la


rendición de cuentas puede definirse, en términos generales, como el
mecanismo que está llamado a utilizar cualquier organización social, que se
desempeñe en el ámbito público, para informar sobre sus acciones, explicarlas
y responsabilizarse por ellas al someterlas al escrutinio crítico de la sociedad.
Concebida así, la rendición de cuentas implica sin duda –en el papel–
una transformación cultural en la concepción y en el ejercicio del servicio
público. En el plano de la vida política debe constituirse en un componente
esencial de la democracia y de los gobiernos democráticos, por medio del cual
se establecen y fortalecen los canales de comunicación y diálogo 40 entre el
Estado y los diversos actores sociales, a fin de propiciar y apoyar la
40
Señala Schedler (2004) que el “diálogo crítico” está en el corazón de la rendición de cuentas.
Se trata de un juego iterativo, un ir y venir de preguntas y respuestas, de argumentos y contra-
argumentos.
75
participación necesaria de la ciudadanía en la formulación, ejecución y
evaluación de las políticas públicas.
En la discusión contemporánea de la rendición de cuentas –ésta es la
traducción más común y más cercana del término inglés accountability–,41 que
en unos casos se traduce como control, otras veces como fiscalización y
también como responsabilidad, sostiene Schedler (2004) que en el ámbito
político la noción de rendición de cuentas tiene, por un lado, una dimensión
informativa –la obligación de políticos y funcionarios de informar acerca de sus
decisiones– y otra argumentativa –de justificarlas en público (answerability42)–;
y, por el otro, incluye la capacidad de sancionar a quienes hayan violado sus
deberes públicos (enforcement). Asimismo, la rendición de cuentas implica el
derecho de los actores sociales a recibir información y explicación de quienes
están obligados a informar y a justificar su ejercicio del poder.
Esta definición de la rendición de cuentas, con esas dimensiones e
implicaciones, y adaptándola a las particularidades de cada caso, se justifica y
es fundamental en todos los espacios de una sociedad democrática donde se
desarrolle un servicio público o, en un sentido general, donde se realicen
actividades de reconocida importancia para el bienestar colectivo.

Desde luego, estas consideraciones son válidas y esenciales para un


espacio académico como el universitario. Claro está, lo deseable y necesario
es que esa rendición de cuentas sea asumida como parte y expresión de un
sistema de evaluación institucional, concebido por la Universidad para asegurar
y fortalecer su calidad, en sintonía con su compromiso con la sociedad y en el
marco de una corresponsabilidad con el Estado que no lesione, o ponga en
entredicho, el cumplimiento de su misión primordial. Así, desde esta óptica, la
rendición de cuentas representaría un valioso recurso para hacer más visibles
las realizaciones de la Universidad en el cumplimiento de sus actividades de
docencia, investigación, extensión y gestión; para transparentar más sus
procedimientos y acciones en la administración de los recursos que utiliza; para
brindarle a la comunidad universitaria y a la sociedad la información necesaria
41
Schedler (2004) indica que hay matices para diferenciar los dos términos. Mientras que
accountability conlleva un sentido claro de obligación, la rendición de cuentas sugiere la idea de
ser un acto voluntario; de allí que pueda precisarse que el primer término denota una “rendición
obligatoria de cuentas”, e incluye, además de la obligación, la exigencia, el derecho.
42
Se le considera el sinónimo más cercano a la rendición de cuentas (Schedler, 2004).
76
y la justificación de la labor que lleva a cabo; para propiciar una mayor
cooperación e integración en el desarrollo de sus funciones en el ámbito
nacional e internacional; y, asimismo, para promover una cultura de
participación ciudadana y obtener mejores resultados de gestión.
Lo lamentable es que la mayoría de los regímenes en nuestros países
latinoamericanos –incluidas “poliarquías” 43 antiguas como Venezuela y
Colombia– tal como dice O’Donnell (1997), tiene una rendición de cuentas débil
o intermitente.

2.2. Tres perspectivas en la relación de la rendición de cuentas con la


autonomía universitaria

El examen de la relación de la rendición de cuentas con la autonomía


universitaria no puede verse sólo desde una perspectiva única. En este trabajo
se sostiene que es posible –y además necesario– tomar en consideración por
lo menos tres puntos de vista acerca de ese asunto, los cuales remiten a
posiciones diferentes en el modo de concebir la vinculación de la Universidad
con la sociedad y el Estado. Ellos son: la perspectiva neoliberal, la perspectiva
del fundamentalismo autoritario y la perspectiva del compromiso con el
fortalecimiento del ejercicio autonómico.
2.2.1. La perspectiva neoliberal

Tal como afirma Puiggrós (1996), de acuerdo con las políticas educativas
neoliberales los grandes sistemas escolares son ineficientes, carentes de
equidad y sus productos de baja calidad, por lo cual se justifica –desde la
óptica de esas políticas– la reducción de la inversión y en particular la
responsabilidad del Estado en la educación superior, por cuanto se estima que
ésta ha fracasado. Así, en correspondencia con ese debilitamiento del Estado
benefactor se promueve –junto con la privatización y la descentralización de los
servicios educativos, con el mercado como principal mecanismo de regulación
social– la mercantilización creciente tanto de los bienes culturales como de la
producción y el esparcimiento del conocimiento. En un panorama como éste,
donde aparece disminuida la consideración de las universidades como
43
O’ Donnell (1997) habla de las democracias políticas o poliarquías, y refiere los atributos que
deben cumplir los países para ser considerados como tales.
77
inversión pública vital, se atenta contra la calidad académica y la autonomía de
las universidades públicas (Narváez, 2005), entre otras razones, al ponerse el
acento en la evaluación externa de las funciones universitarias, en respuesta a
presiones gubernamentales por una mayor rendición de cuentas, y al
concebirse dicha calidad a partir de un enfoque que privilegia
fundamentalmente el uso de indicadores de rendimiento y subestima, o ignora,
la importancia que en ella tienen ciertos datos cualitativos y factores
contextuales, así como el peso particular de las misiones históricas de cada
una de esas instituciones.
En el marco de una evaluación de la calidad así asumida, cuya discusión
no puede abordarse en términos estrictamente técnicos, al tornarse
ciertamente un problema esencialmente político, “...tanto desde el punto de
vista de su concepción y de sus consecuencias para la Universidad, cuanto por
las dificultades de su asimilación por la comunidad académica” (Trindade,
1997: 594), la rendición de cuentas estaría al servicio de los propósitos de los
gobiernos de obtener información, supuestamente objetiva, para castigar o
premiar a la Universidad con el presupuesto económico, y para hacer sentir su
influencia de manera impositiva en distintas dimensiones de la vida
universitaria:

Por medio de la vinculación del presupuesto (que se reduce gradualmente) a


las evaluaciones del desempeño basadas en criterios de rendimiento, la
influencia que ejerce el estado en la definición de la dirección del sistema en
términos generales, y en el de cada institución en particular, aumenta
considerablemente.
Como parte del financiamiento condicionado, defendido por los funcionarios
estatales con base en la rendición de cuentas, el gobierno puede asignar una
proporción creciente del financiamiento a determinados investigadores y
proyectos de investigación, con la consiguiente pérdida del poder que la
universidad tiene para distribuir esos fondos económicos. Al incrementarse el
financiamiento de los gobiernos a la investigación aplicada, las universidades
están desatendiendo la investigación básica y están involucrándose en
proyectos que la industria podría realizar por sí misma. Se supone también que
el financiamiento condicionado promueve mercados más competitivos dentro
del mundo académico. Este modelo permite al estado desempeñar un papel
clave en la determinación del tamaño de la matrícula en las distintas áreas, el
tipo de habilidades y destrezas que se adquirirán, la clase de instituciones del
tercer nivel que habrán de ser fortalecidas, los recursos para la investigación en
las distintas disciplinas, el número de académicos por estudiante, etc.
(Schugurensky, 1998: 144).

78
2.2.2. La perspectiva del fundamentalismo autoritario

Asimismo, la rendición de cuentas en el ámbito universitario no puede


ser considerada solamente en términos técnicos en países donde, a
contracorriente del equilibrio de poderes propio de un Estado de Derecho, hay
claras señales de imposición de un fundamentalismo autoritario que lleva al
aparato del Estado a secuestrar todas las decisiones en materia educativa, con
exclusión del pluralismo y el debate, y de espalda a los compromisos con la
educación que en el mundo de hoy se le atribuyen en diferentes lugares, tales
como: la definición de prioridades mediante mecanismos de concertación
democrática con otros actores de la sociedad; la evaluación de resultados y su
amplia difusión entre los usuarios; y la protección especial a los grupos
socialmente vulnerables (Gómez Buendía, 1998).
En este caso se trata de una perspectiva de la rendición de cuentas
propia de regímenes que en verdad no la asumen como un mecanismo
democrático de gobernanza –en el sentido expuesto anteriormente en el punto
referido a dicho concepto– aun cuando sí la ponen en práctica, con una visión
muy limitada del significado, del alcance y de la importancia de la misma, como
instrumento político de acoso e intervención a la universidad autónoma, bajo el
disfraz de un supuesto propósito de saneamiento y transparencia de la
administración de los recursos presupuestarios en esa institución. 44 Se ataca a
la universidad autónoma con el argumento de que ésta no le rinde cuentas al
país, pues se esgrime que la autonomía representa para las autoridades
universitarias una cláusula de seguridad o un privilegio especial de soberanía
para funcionar como un Estado dentro de otro Estado, y no cumplir así con su
obligación de decir cómo y en qué son utilizados los recursos asignados por el
Estado.

2.2.3. La perspectiva del compromiso con el fortalecimiento del ejercicio


autonómico

44
Al decir esto en modo alguno se pretende desconocer que existan en nuestras universidades
latinoamericanas problemas de esa naturaleza y se quiera obviar su consideración en el
ejercicio de la rendición de cuentas que estamos obligados a cumplir.
79
Bien entendido, vale decir, como un mecanismo fundamental de
gobernabilidad democrática de las instituciones y organizaciones de la
sociedad que prestan un servicio público, por medio del cual éstas informan y
justifican sus acciones y además asumen su plena responsabilidad por las
decisiones tomadas –con el establecimiento y fortalecimiento de canales de
comunicación y diálogo entre los miembros de su comunidad y con diversos
actores sociales, y a fin de propiciar y apoyar una verdadera cultura de la
participación ciudadana– el ejercicio de la rendición de cuentas no sólo ha de
ser un compromiso ineludible de la universidad autónoma con la sociedad, sino
igualmente una exigencia esencial de ella consigo misma para la potenciación
de su práctica autonómica.
En tal sentido, se habla aquí de una rendición de cuentas
multidimensional –mucho más compleja y rica que aquella centrada en una
concepción administrativista– que ayudaría a hacer más visibles las
realizaciones de la universidad autónoma en el cumplimiento de sus
actividades de docencia, investigación y extensión; y además con múltiples
propósitos, no con el solo afán de satisfacer requerimientos administrativos
para que el gobierno asigne los recursos financieros que demanda la
institución. Sin duda, esa mayor visibilidad le permitiría a la Universidad lograr
una mayor confianza en ella de los miembros de su comunidad y de los
diversos sectores de la sociedad, con lo cual, por supuesto, adquiriría una
mayor legitimidad, tanto hacia adentro como hacia afuera, lo que sería de gran
utilidad para salirle al paso –de una manera bien fundamentada, con una mayor
conciencia y propiedad– a los frecuentes y muchas veces infundados ataques
que se le hacen a esa institución con base en su supuesta no pertinencia social
y bajo nivel de capacidad de inclusión social.
Y también, desde luego, serviría para abrir las puertas a un mayor
fortalecimiento del ejercicio autonómico de la Universidad con el estímulo y el
apoyo que pueda generarse con la rendición de cuentas, en lo que respecta a
una mayor participación ciudadana de los miembros de su comunidad y de la
sociedad en general en el desarrollo de las actividades de esa institución, y en
lo concerniente a la generación de condiciones más favorables para la
articulación e integración de los esfuerzos académicos y administrativos, en el

80
plano interno de cada institución y tanto en el ámbito nacional como
internacional.
Además de sus efectos positivos, García Guadilla (2002) indica también
los riesgos de la rendición de cuentas. Entre los primeros destaca: 1) la
elevación de la legitimidad de las instituciones académicas basada en una
nueva confianza; 2) el aumento de la calidad del desempeño de las
instituciones al obligarlas a examinar de manera crítica sus propios procesos;
3) la contribución a nuevas formas de gestión al proporcionar elementos para la
toma de decisiones; y 4) podría resultar un factor estratégico para
desencadenar procesos de cambio deseables. Respecto a los segundos,
señala: 1) el peligro de burocratización de esos procesos, al obtener resultados
que tengan poca incidencia en la corrección de las deficiencias detectadas; y 2)
la no visibilidad de aspectos cruciales de la vida académica, a partir de
evaluaciones basadas en indicadores cuantitativos.
En definitiva, vista en esta perspectiva, la rendición de cuentas permitiría
conocer mejor y fortalecer la Universidad como locus donde, a contracorriente
de la idea de un mundo uniformado, conviven múltiples expresiones del saber;
y en el cual se dan las condiciones necesarias y suficientes para el ejercicio de
la libertad, es decir, de la capacidad de conjugar conocimiento, imaginación y
decisión en el campo de lo posible: en su vida académica; en la elección de sus
autoridades; en la escogencia de su personal; en el cuestionamiento a sí
misma y a todo lo que le concierna; en sus normas de gobierno,
funcionamiento y administración de su patrimonio; y en la proposición y
contribución en la construcción de soluciones y alternativas de cambio que la
Universidad misma y la sociedad en general requieran.
Así concebida, desde el punto de vista de sus motivaciones e
implicaciones, la rendición de cuentas tiene incluso una mayor significación
para la Universidad en comparación con aquella posición donde se le reivindica
como expresión del ejercicio de una autonomía curiosamente denominada
“responsable”, vale decir, como una práctica a la que simplemente está
obligada la institución ante sí y los otros, sin argumentarse suficientemente y de
manera convincente el porqué de esa obligación. Que sirva como ejemplo de
esto lo que plantea Villarroel (2006: 88):

81
...la rendición de cuentas no sólo no es una amenaza para la autonomía
universitaria, sino más bien se convierte en uno de los principales mecanismos
con que cuenta la institución universitaria para evidenciar su carácter
autonómico. En otras palabras, la rendición de cuentas es consustancial al
ejercicio de una autonomía responsable; desde este punto de vista, las
instituciones responsables se caracterizan porque no necesitan que se les exija
una rendición de cuentas, porque ellas de “muto propio” se ofrecen a rendirlas.
De este modo, la evaluación se convierte en el principal medio para desarrollar
el mejoramiento constante de la institución.

Respecto a esos señalamientos caben las siguientes interrogantes, ¿Por


qué se habla de autonomía responsable cuando la institución rinde cuentas?
¿Sólo porque ésta lo hace sin que le pidan esa rendición? ¿En qué se traduce
esa autonomía responsable al rendir cuentas? ¿Qué posibilidades de acción en
el ejercicio autonómico de la vida universitaria surgen con la rendición de
cuentas? ¿Acaso es suficiente decir que las mismas están relacionadas con la
evaluación y el mejoramiento de la institución?

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Albornoz, A. (1969). “Renovación e inquisición”, en Acerca de la Universidad y


otros asuntos (1970). Caracas: Instituto Societas.

Arendt, H. (2003). Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión


política. Barcelona: Península.

Bronfenmajer, G. y Casanova, R. (1982). “Democracia burguesa, crisis política


y universidad liberal”, en Universidad, Clases Sociales y Poder (Bronfenmajer,
Casanova y otros). Caracas: Centro de Estudios del Desarrollo de la
Universidad Central de Venezuela (UCV) y Editorial Ateneo de Caracas.

Becerra, A. (2003). Autonomía y la autonomía universitaria. Caracas: Mímeo.


Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

82
Brunner, J. J. (1990). Educación Superior en América Latina: cambios y
desafíos. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.

Caballero, M. (2007). Ni Dios ni Federación. Crítica de la historia política.


Caracas: Editorial Alfa.

Caballero, M. (2004). Rómulo Betancourt, político de nación. Caracas: ALFADIL


y Fondo de Cultura Económica

Caballero, M. (1974). Sobre autonomía, reforma y política en la Universidad


Central de Venezuela 1827-1958. Caracas: Escuela de Historia de la Facultad
de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.

Carbonell Sebarroja, J. (2000). Pedagogías del siglo XX. Barcelona: Editorial


CISSPRAXIS, S.A.

Castells, M. (2006). Prólogo a ¿Universidad S.A.? Público y Privado en la


Educación Superior. (Ramón J, Moles Plaza). Barcelona: Ariel.

Cortázar, J. M. (2002). La evaluación de las instituciones universitarias:


tendencias, conceptos y modelos. Caracas: Consejo de Estudios de Postgrado
de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de
Venezuela.

Cuenca, H. (1967). La universidad colonial. Caracas: Ediciones de la Biblioteca


de la Universidad Central de Venezuela.

Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana.


Ediciones UNESCO.

De Miguel, J. M. (2003). Universidad y democracia. Cádiz: Fundación Municipal


de Cultura Excmo. Ayuntamiento de Cádiz.

Derrida, J. (2002). Universidad sin condición. Madrid: Editorial Trotta, S.A.

De Venanzi, F. (1963). Mensaje al Claustro. Caracas: Universidad Central de


Venezuela.

Elliot, J. (1993). El cambio educativo desde la investigación-acción. Madrid:


Ediciones Morata, S.L.

Escotet, M. (2005). “Gobierno, rendición de cuentas y financiamiento de la


universidad”, en La educación superior en el mundo 2006. La financiación de
las universidades. Barcelona: Ediciones Mundi-Prensa. Global University
Network For Innovation (GUNI).

Estados Unidos de Venezuela. Gaceta Oficial Nº 23.659. Año LXXX. Mes I.


Decreto Nº 321 del 17 de octubre de 1951.

83
Febres Cordero, F. (1959). Autonomía universitaria. Caracas: Publicaciones de
la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela.

Fernández Heres, R. (1998). La educación en el siglo XIX. Caracas: Website


de la Biblioteca Nacional de Venezuela.

Finocchiaro, A. (2004). UBA c/ Estado Nacional. Un estudio sobre autonomía


universitaria. Buenos Aires: Prometeo 3010.

García Guadilla, C. (2002). Tensiones y transiciones. Educación superior


latinoamericana en los albores del tercer milenio. Caracas: Centro de Estudios
del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Nueva
Sociedad.

Gómez Buendía, H. (1998). Educación. La Agenda del siglo XXI. Hacia un


desarrollo humano. Bogotá: Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) y TM Editores.

Hernández Carabaño, H. (1971). Memoria y Cuenta que el Ministro de


Educación presenta al Congreso Nacional de la República de Venezuela en
sus sesiones de 1971. Caracas.

Kent, R. (1997). Los temas críticos de la educación superior en América Latina:


los años 90. Expansión privada, evaluación y postgrado, vol. 2. México: Fondo
de Cultura Económica.

Leal, I. (1981). Historia de la UCV. Caracas: Ediciones del Rectorado de la


UCV.

Luque, G. (1999). Educación, estado y nación. Una historia política de la


educación venezolana 1928-1958. Caracas: Consejo de Desarrollo Científico y
Humanístico de la Universidad Central de Venezuela.

Luque, G. (2001). Historia oral. Momentos de la educación y la pedagogía


venezolana. (Entrevistas a Gustavo Adolfo Ruiz). Caracas: Fondo Editorial de
Humanidades de la Universidad Central de Venezuela.

Méndez, N. (1995). Érase una vez el futuro: una indagación socio-histórica


sobre la Renovación en la UCV y en la Facultad de Ingeniería. Trabajo de
Ascenso para ascender en el escalafón universitario. Caracas: Mímeo.

Márquez Rodríguez, A. (2005). Autonomía y democracia. Caracas: Dirección de


Información y Comunicaciones de la Universidad Central de Venezuela.

Márquez Rodríguez. A. (1964). Doctrina y proceso de la educación en


Venezuela. Caracas.

Mudarra, M. A. (1972). Historia de la legislación escolar contemporánea en


Venezuela. Caracas: Monte Ávila, C.A. Editores

84
Narváez, E. (2005). “La educación superior en América Latina ante los desafíos
de la globalización”. Revista Educere, año 9, número 29. Mérida-Venezuela:
Universidad de los Andes.

Narváez, E. (2002). “La calidad educativa en las escuelas eficaces”, en El


fracaso escolar: definición y modo de producción. Caracas: Ediciones de la
Secretaría de la Universidad Central de Venezuela.

Neave, G. (2001). Educación superior: historia y política. Estudios


comparativos sobre la universidad contemporánea. Barcelona: Editorial Gedisa.

O’Donnell, G. (1997). “Rendición de cuentas horizontal y nuevas poliarquías”.


Revista Nueva Sociedad Nº 152. Caracas: Editorial Texto.

Peñalver, L. M. (1979). Prólogo a 60 años de la Reforma Universitaria de


Córdoba 1918-1978 (Carlos Tünnermann). Caracas: Fondo Editorial para el
Desarrollo de la Educación Superior.

Pino Iturrieta, E. (2000). Fueros, civilización y ciudadanía. Caracas: Universidad


Católica Andrés Bello.

Prieto Figueroa, L. B. (2005). El Estado y la educación en América Latina.


Caracas: IESALC/UNESCO, IPASME y Fundación Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Puiggrós, A. (1996). “Educación neoliberal y quiebre educativo”. Revista Nueva


Sociedad Nº 146. Caracas: Editorial Texto.

República Bolivariana de Venezuela (2006). Propuesta de Informe para


segunda discusión de la Ley Orgánica de Educación. Comisión Permanente de
Educación, Cultura, Deportes y Recreación de la Asamblea Nacional. Caracas.

República Bolivariana de Venezuela. Constitución de la República Bolivariana


de Venezuela. Gaceta Oficial Nº 5.453 Extraordinario 24 de marzo de 2000.
Caracas: Ediciones Dabosan, C.A.

Schedler, A. (2004). “¿Qué es la rendición de cuentas?”. Cuadernos de


Transparencia 03. México: IFAI.

Schugurensky, D. (1998). “La reestructuración de la educación superior en la


era de la globalización: ¿Hacia un modelo heterónomo?”, en: Educación,
Democracia y Desarrollo en el fin de siglo. (Alcántara Santuario, A. y otros,
coords.). México: Siglo Veintiuno Editores.

Soriano De García Pelayo, G. (2005). Sobre la autonomía universitaria.


Caracas: Departamento de publicaciones de la Facultad de Ciencias Jurídicas
y Políticas de la Universidad Central de Venezuela.

Sosa Wagner, F. (2007). El mito de la autonomía universitaria. Madrid: Editorial


Aranzadi, S.A.

85
Tedesco, J. C. (2005). Educar en la sociedad del conocimiento. Buenos Aires:
Fondo de Cultura Económica.

Trindade, H. (1997). “Evaluación institucional y calidad académica: resistencia y


construcción”, en: La educación superior en el siglo XXI. Visión de América
Latina y el Caribe. UNESCO / CRESALC / Ministerio de Educación Superior de
la República de Cuba. Tomo I. Caracas: Colección Respuestas. Ediciones
CRESALC / UNESCO.

Tünnermann, C. (2001). “Los diferentes sistemas de evaluación institucional y


acreditación de la educación superior en América Latina”. Tribuna del
Investigador, volumen 8, número 1 y 2. Caracas: Asociación para el Progreso
de la Investigación Universitaria (APIU).

Tünnermann, C. (2000). Universidad y sociedad. Caracas: Comisión de


Estudios de Postgrado de la Facultad de Humanidades y Educación de la
Universidad Central de Venezuela y Ministerio de Educación, Cultura y
Deportes.

Tünnermann, C. (1979). 60 años de la Reforma Universitaria de Córdoba 1918-


1978. Caracas: Fondo Editorial para el Desarrollo de la Educación Superior
(FEDES)

Universidad Central de Venezuela. (1959). Autonomía Universitaria. Caracas:


Colección Testimonios Universitarios de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela.

Universidad Central de Venezuela. (1983) Los Estatutos Republicanos de la


Universidad Central de Venezuela 1827. Caracas: Edición (FACSIMIL) del
Rectorado de la UCV.

Vaccarezza, L. S. (2006). “Autonomía universitaria, reformas y transformación


social”, Universidad e investigación científica (Vessuri, Hebe ed.). Buenos Aires:
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Velásquez, R. J. (1993). “Aspectos de la evolución política de Venezuela en el


último medio siglo”, en Venezuela moderna. Medio siglo de historia 1926/1976
(Ramón Velásquez/ Arístides Calvani/ Carlos Rafael Silva/ Juan Liscano).
Caracas: Grijalbo, S.A.

Villarroel, C. (2006). Estado y mercado en la educación superior


latinoamericana. De la Reforma de Córdoba al Consenso de Washington.
Caracas.

Weinberg, G. (2001). De la “Ilustración” a la reforma universitaria. Ideas y


protagonistas. Buenos Aires: Santillana.

86
87
Anexos

Novísimos Estatutos de esta Universidad Central de Venezuela. Año de


1827

(Trascripción del libro: Los Estatutos Republicanos de la Universidad Central de


Venezuela 1827. 2da. Edición. 1983)

República de Colombia

Simón Bolívar, Libertador Presidente

Importando a la más cumplida ejecución de la ley de 18 de Marzo del


1826, sobre la organización y arreglo de la instrucción pública, adaptar mejor
aquella disposición al clima, usos y costumbres de estos Departamentos: dar a
esta Universidad Central y a los estudios de ellos, la planta que más conviene
al presente, y dotarlos más adecuadamente destinando a su sostén varias
fincas y rentas que, o tienen por objeto otras obras piadosas de menor
urgencia, o se arruinarían totalmente continuando sobre el pie en que se hallan;

88
en uso de las facultades extraordinarias que ejerzo; y oída la Junta General o
Claustro pleno de la misma Universidad, y el sentir de varios hombres
prudentes y amantes de la educación,

Decreto:
CAPITULO 1
De las Juntas Generales o Claustro pleno
Artículo 1° Se tendrán en la Universidad Juntas Generales que se
compondrán del Rector que las preside, del Vicerrector, Doctores y Maestros.
Harán periódicamente las elecciones que exprese esta Constitución en los
artículos correspondientes. Deben reunirse cada mes para tratar de los
negocios generales del establecimiento no atribuidos a las Juntas particulares y
deliberar sobre los acuerdos de éstas; y además en los días que citare el
Rector. La Junta General elegirá el día 20 de diciembre los seis catedráticos
que formen la Junta de Inspección o Gobierno; y en los años siguientes los
renovará por mitad. La suerte decidirá los que deban quedar en la primera vez.
En caso de vacante, la Junta General la llenará en la sesión más inmediata que
celebre.

Articulo 2° No se tratará en las Juntas Generales sino del asunto a que


se contraiga la citación de la boleta firmada por el Secretario, que se pasará a
cada Vocal el día antes, dejándose copia de ella en el libro de actas, autorizada
por el Secretario.

Articulo 3° Si alguno de los Vocales al acto de presentarle la boleta de


citación tuviese impedimento legítimo para concurrir a la Junta, deberá
expresar en la misma cédula bajo su firma, que no puede asistir por justo
impedimento; en inteligencia de que no haciéndolo así se considerará punible
en falta, e incurrirá en la multa de medio peso aplicado a los fondos de la
Universidad.

Artículo 4° El que estando en la ciudad, y habiéndosele citado, falte a


los actos generales de la Universidad, en el espacio de un año, un número
mayor de la mitad de todos ellos, y el que resista a pagar la multa será privado
por el espacio del año siguiente de voz activa y pasiva.

Artículo 5° Esta inasistencia punible y la renuencia al pago de las multas


serán calificadas por la Junta General en la primera sesión del mes de
septiembre, arreglándose en su averiguación a la razón presentada por el
Secretario, en cuanto a la primera, y a la del Administrador por lo que hace a la
segunda.

Artículo 6° Si el inconveniente ocurriere después de hecha la citación,


deberá manifestarlo al Rector por medio de oficio que se leerá en la Junta. Sin
esta formalidad, se considerará también punible, y queda sujeto a la misma
multa.

89
Artículo 7° Ni el Rector, ni el Claustro pleno o Junta General podrán eximir de la
multa a los que hayan incurrido en ella por su omisión; y queda a cargo del
Rector exigirla inmediatamente por medio del Bedel.

Artículo 8° En el mismo día, en que se celebre la Junta, tendrá el


Secretario la obligación de pasar al Administrador de las Rentas de la
Universidad una noticia firmada por él, de los sujetos que han incurrido en la
multa, para que procure también la exacción, y se haga cargo en sus cuentas
de los productos de este ramo.

Artículo 9° El que por legítimo impedimento no concurriere al Claustro,


no podrá enviar su voto sobre la materia que se ha de tratar en él; pero si
habiéndose comenzado la sesión, se viere alguno en la necesidad de
separarse, obtendrá el permiso del Rector, y podrá manifestar su voto en
público; en caso que la votación deba hacerse reservada o secreta por haberlo
solicitado así algunos de los Vocales, dejará su voto cerrado y firmado en poder
del Secretario, quien en su oportunidad lo leerá en la Junta.

Artículo 10° Ningún Claustro pleno o Junta General, podrá celebrarse con
menos de doce individuos, entre los cuales ha de haber por lo menos cuatro
catedráticos.

Artículo 11° A la Junta no concurrirá persona alguna que no tenga voto,


sino el Secretario, cuando no fuere miembro de la Universidad. El Bedel estará
del lado de fuera de la puerta para mantenerla cerrada y para avisar al Rector
cuando llegue alguno de los Vocales después de comenzada la discusión, y en
virtud de su orden permitirá la entrada; pero si a petición de un individuo
acordare el Claustro que la sesión sea pública, podrá así hacerse.

Artículo 12. Las Juntas se celebrarán con el orden y decoro propios de


un Cuerpo, que debe formar los hábitos morales, políticos y literarios de la
juventud confiada a su dirección. El Rector hará observar en todo caso el
orden con el toque de una campanilla.

Artículo 13. La Junta General no podrá revocar, alterar, ni dispensar ley


alguna ni resolución del Gobierno; sólo tiene derecho para promover y celar en
cumplimiento, y para consultar y suplicar por medio de la Dirección
Departamental lo que estime conveniente para la mejora o reforma de la
Universidad.

Artículo 14. Lo que se determine por una Junta, no podrá ser revocado
por otra, a menos que por este segundo acto se reúna la opinión de las dos
terceras partes de los concurrentes y que se haya hecho una citación previa y
expresa para tratar de la revocatoria.

Artículo 15. Cuando la materia que se tratare en el Claustro comprenda


directa o indirectamente la persona de alguno de los concurrentes, no deberá el
interesado hallarse presente en la sesión; y el Rector le prevendrá cortésmente
que se retire después de oída su exposición o informe.

90
Artículo 16. Siempre que haya temor fundado de que la publicación de
los sufragios en el caso presente o en cualquiera otro pueda causar disensión o
resentimientos de los mismos miembros de la Universidad, o entre
cualesquiera otras personas, el Rector podrá exigir a los concurrentes
juramento de no revelar lo que allí se haya tratado, después que el Claustro
convenga en que así lo exige lo arduo de la materia.

Artículo 17. La Junta General no podrá elegir para enviar a negocios


fuera de la ciudad a ningún catedrático en propiedad, a menos que haya
urgentísimas causas calificadas y aprobadas por ella misma; y en este caso, el
catedrático deberá nombrar un sustituto a satisfacción del Rector y Junta de
Gobierno.

Artículo 18. Tampoco podrá la Junta General acordar que se hagan de


los fondos de la Universidad gastos extraordinarios o diferentes de los que se
prescriben por esta Constitución.

Artículo 19. No podrá darse sueldo a persona alguna ni aumentar los


asignados sin aprobación de la Junta General y de la Dirección Departamental;
ni dispensarse derecho alguno a los que gradúen, sea de la caja o de los
examinadores.

Artículo 20. La votación se obtendrá por mayoría de votos: en caso de


resultar casada, el Rector tendrá voto de calidad.

Artículo 21. El Secretario de la Universidad deberá tener un libro, en que


extienda las actas que aprobadas por la Junta General o Claustro pleno, se
firmarán por el Rector, Vicerrector o catedrático más antiguo y Secretario.

Artículo 22. En las actas de la Junta General sólo se estampará la


opinión o acuerdo de la mayor parte, a menos que alguno de los concurrentes
quiera salvar su voto, en cuyo caso lo dictará por sí mismo, quedará
comprendido en la acta y podrá dársele testimonio de él, si lo pidiere; pero si
algún otro solicitare el testimonio se le dará el acuerdo de la Junta, sin
necesidad de especificar los votos particulares.

CAPITULO II

De Las Juntas particulares o Claustro de catedráticos

Artículo 23. Las Juntas particulares se formarán del Rector, Vicerrector y


seis catedráticos propietarios, o en su falta sustitutos; estas mismas personas,
además de los dos primeros, aun cuando sean catedráticos, compondrán la
Junta de Inspección y Gobierno encargada de velar en la exactitud de la
enseñanza, y que se observen los reglamentos y leyes académicas.

91
Artículo 24. La junta particular deberá celebrar sus sesiones con cinco
de sus miembros por lo menos, en los jueves de cada semana, y comenzarán a
las diez de la mañana.

Artículo 25. La Junta de Gobierno acordará: 1° todos los negocios


relativos a la economía y buen manejo de las rentas; 2° lo que mire a la
Secretaría y a la policía de la Universidad; 3° resolverá cuáles asuntos sean
arduos e importantes, que por su gravedad exijan la resolución de la Junta
General.

Artículo 26. La Junta particular tendrá también un libro de actas y


acuerdos que custodiará el Secretario. No podrá sacarse testimonio alguno de
tales actas sin mandato del Rector.

Artículo 27. La inasistencia de los miembros de la Junta particular será


excusada o multada del mismo modo que la de los señores Doctores y
Maestros conforme al artículo 3°.

Artículo 28. Cualquiera comunicación o despacho que venga dirigido a


la Universidad, lo abrirá el Rector en Junta de catedráticos, y se resolverá por
ella lo que crea conveniente; pero si el negocio fuere arduo o propio de las
atribuciones de la Junta General, la mandará convocar el Rector, y en ella se
leerá la comunicación recibida.

CAPITULO III

De la Junta de los miembros de cada Facultad

Artículo 29. Supuesto que en esta Universidad no hay el número


suficiente de catedráticos y examinadores, la Dirección Departamental a
propuesta de la Junta de cada facultad, elegirá un número de examinadores,
que con los catedráticos exceda en dos, por lo menos, al necesario para los
exámenes de cursantes, aspirantes a grados y opositores a cátedras.

Artículo 30. Para que los exámenes se hagan del modo más prolijo y
capaz de demostrar la suficiencia del aspirante a grados y oposiciones, se
reunirán al principio de cada bienio académico en Juntas particulares, los
miembros de cada facultad de las que se enseñan en esta Universidad, y
escogerán hasta treinta cuestiones, o más si se consideran necesarias, de las
materias que se hayan leído en los cursos que designará esta Constitución;
cada cuestión o proposición se extenderá en un billete separado en el cual se
expresará también el texto de donde se ha tomado, e incluidas todas las de
cada facultad en un pliego cerrado, sellado y rubricado al reverso por el Rector
con el rótulo de proposiciones del tal facultad, se entregará al Secretario para
que lo custodie cuidadosamente en el archivo, y lo presente a la Junta de
examinadores cuando tenga que dar puntos por grados de Bachiller o
Licenciado, y para oposiciones a cátedras.

92
Artículo 31. Los miembros de cada facultad al reunirse para escoger las
proposiciones de que trata el artículo anterior, jurarán ante el Rector que
presidirá el acto, no haber comunicado, ni comunicar en adelante las
proposiciones que se escogieren.

Artículo 32. Los autores que deban servir de texto para la enseñanza de
cada clase, serán también designados por los miembros de la facultad, que al
efecto deberán reunirse al fin de cada bienio académico, después de hechos
los exámenes públicos, en el día que señale el Rector, o siempre que se estime
necesario por consultas que promuevan ante él los catedráticos.

Artículo 33. Las disposiciones de los artículos 3°, 4°, 5°, 6°, 7°, 8° y 9°
tendrán también lugar en estas Juntas.

CAPITULO IV

Del Rector

Artículo 34. La elección de Rector se hará el 20 de diciembre cada tres


años en Junta General entre los Doctores de la Universidad, sean o no
catedráticos, y estén éstos en ejercicio o ya jubilados. Para la elección de
Rector entre los catedráticos bastará la pluralidad absoluta; para que sea
elegido entre los Doctores serán necesarios los dos tercios de los votos.
Ninguno podrá excusarse a menos que sea catedrático jubilado. Esta elección
será participada al electo en el mismo día por dos miembros del Cuerpo.

Artículo 35. Reunida toda la Universidad con sus insignias, y presente el


cuerpo escolar, irán cuatro miembros, dos Doctores y dos Maestros, los menos
antiguos, a buscarle a su casa y le acompañarán hasta la Capilla, en donde le
recibirán también a la entrada los dos catedráticos menos antiguos con el
Secretario, y le conducirán todos hasta la mesa rectoral, ocupando en seguida
sus asientos respectivos; el electo arrodillado prestará juramento sobre los
Santos Evangelios en la forma siguiente: “Yo N. juro y prometo observar y
cumplir fielmente la Constitución de la República y los reglamentos y leyes
académicas, y desempeñar con toda la exactitud posible los deberes del
empleo de Rector para que he sido nombrado”. Concluido este acto y colocado
en su silla por el Rector que acaba, dará posesión al Vicerrector.

Artículo 36. Seguidamente prestarán el juramento de obediencia al


Rector y Vicerrector, los Doctores, Maestros y todos los cursantes. En esta
función se omitirá todo gasto, y por un oficio el Rector saliente lo participará a
la Dirección Departamental, al Intendente y al Poder Ejecutivo de la República.

Artículo 37. El Rector de la Universidad permanecerá tres años en su


destino, y cuidará de la observancia de las leyes académicas, haciéndolas
cumplir y ejecutar puntualmente. El Vicerrector, los catedráticos, oficiales y
cursante están subordinados al Rector. Su celo no debe dejar alguna excusa al
descuido y negligencia de los que se hallan bajo su autoridad. Tendrá para con
los catedráticos los sentimientos de consideración que exigen sus empleos. Si

93
no correspondieren a este tratamiento honroso, acordará con la Junta de
Inspección y Gobierno los medios de reducirlos a su deber; mas si esto no
bastare, la Junta General resolverá lo que crea justo, dando cuenta a la
Dirección Departamental para la providencia conveniente, hasta la de
separación o privación del empleo con arreglo a la ley de estudios.

Artículo 38. Además de las visitas que el Rector hará a las clases
cuando se lo sugiera su celo, elegirá en cada bimestre dos estudiantes de cada
clase, para que informen sobre la conducta del catedrático, tomándoles o no
juramento, según lo juzgue conveniente.

Artículo 39. Esta visita bimestre será hecha por el Rector acompañado
del catedrático más antiguo, o del próximo en antigüedades (cuando la
conducta de éste haya de ser investigada) y el Secretario. Es antigüedad será
graduada por la data en que entró a servir la cátedra, sea temporalmente o en
propiedad, siempre que haya sido dada por oposición y el catedrático no se
haya distraído de la carrera.

Artículo 40. El Rector será Juez privativo, como lo ha sido hasta ahora
el Cancelario en los negocios académicos de los Doctores, Maestros y
cursantes.

Artículo 41. De las providencias del Rector, habrá recurso a un Tribunal


académico, compuesto de cinco miembros elegidos en la Junta General el
mismo día que el Rector, y continuarán en su comisión por un trienio. Todos
los cinco serán elegidos por la primera vez; mas en los trienios siguientes se
renovarán por elección en el primero, tres en el segundo, dos, y así
sucesivamente; decidiendo la suerte al fin del primer trienio los tres que hayan
de cesar. En esta segunda instancia se omitirán presentaciones por escrito, y
sólo se hará uso de nuevos documentos y de informes verbales. Después de
la resolución de cada Sala, bien confirme o revoque, no habrá recurso alguno
por la naturaleza breve y sumaria de los negocios académicos.

CAPITULO V
Del Vicerrector

Artículo 42. Habrá un Vicerrector que supla cualquiera falta del Rector;
tendrá las mismas calidades y será elegido cada tres años por la Junta
General, el mismo día que el Rector, quien dándole posesión con las mismas
formalidades que se usaron con él, lo colocará en el lugar que le designe el
artículo 221 de las precedencias.

Artículo 43. Las renuncias de los Vicerrectores, se decidirán lo mismo


que las de los Rectores.

Artículo 44. El Vicerrector será inspector especial, corriendo a su cargo


inmediatamente el buen orden y policía de la Universidad, y dando aviso al
Rector y Junta de Inspección de todo lo que merezca su conocimiento.

94
Artículo 45. Llevará el Vicerrector un registro o libro secreto, en que
ponga lista de los catedráticos e inserte la que le pase el Secretario, de los
cursante y pasantes, con expresión de su edad, patria, padres, tutores o
personas a quienes estén inmediatamente encomendados en esta ciudad. Se
escribirán por su orden los nombres del catedrático, cursantes y pasantes de
cada clase, dejando a cada uno dos fojas a lo menos en blanco para las notas
convenientes que se haga acreedor.

Artículo 46. El Vicerrector recibirá del Bedel de semana noticia diaria de


la asistencia o faltas de los catedráticos. Las faltas de los cursantes y pasantes
así como su aplicación, constarán de la noticia qué los catedráticos deben
pasar a la Junta de Gobierno, según se dirá en el título de los catedráticos.

Artículo 47. Cada mes participará el Vicerrector al Rector y Junta de


Inspección, lo que aparezca de las notas del libro, y hallándolas justas, las
rubricará el Rector con los miembros de la Junta.

Artículo 48. El sucesor ha de recibir el registro del Vicerrector Inspector


que acaba, para continuar el mismo orden prevenido en los artículos anteriores;
pero luego que esté lleno el libro, se depositará en el archivo, firmado al fin por
el Rector e individuos de la Junta de Inspección y Gobierno y comenzará otro
en la misma forma.

Articulo 49. Estos registros servirán de regla para las certificaciones


sobre la conducta y buen desempeño de los catedráticos y discípulos, para
hacer a los primeros los descuentos de sus rentas, y para comprobar los
cursos de los segundos, del modo que se dirá después.

CAPITULO VI
De las Matrículas

Artículo 50. Atendiendo a que en los meses de noviembre y diciembre


reina en esta capital la estación más hermosa y fresca de todo el año, y que
sería sensible pasarla en vacaciones, cuando por otra parte es también la más
a propósito para las lecciones de anatomía y cirugía; comenzará desde ahora
en adelante el año académico en 1° de septiembre, y se abrirá la matrícula el 5
de agosto anterior, cada año, por un edicto del Rector fijado a las puertas de la
Universidad. Los que quieran matricularse en cualquiera clase, deben hacerlo
desde aquel día hasta el último del mismo agosto ante el Secretario de la
Universidad, quien especificará en el libro que lleve llamado de Matrículas, el
nombre del cursante, su edad, patria, padres, tutores o personas a quines esté
inmediatamente encomendado en esta ciudad, la fecha en que se matricule y la
clase en que va a cursar; al efecto, cada estudiante concurrirá a matricularse
acompañado de su padre o encargado de su educación, para tomar razón de la
casa de éste y establecer las relaciones necesarias entre los maestros y
95
padres de los alumnos. El Secretario pasará una noticia de todo el Vicerrector
para que lo anote en su libro secreto, y la extenderá también en la certificación
de matrícula que debe dar a cada uno para manifestarla al catedrático, y que
éste haga la anotación correspondiente en su libro.

Artículo 51. Por justa causa probada por el Rector, podrán algunos
matricularse hasta el 15 de septiembre; y si lo hicieren después de este término
hasta dos meses, deberán reponer el tiempo que hayan faltado a los cursos,
con un examen de las materias leídas durante su ausencia, el cual deberán
desempeñar dentro de los dos meses siguientes a satisfacción del catedrático.
Este examen será certificado por el catedrático, con cuyo documento el Rector
mandará que se le matricule como si hubiese entrado en el principio del bienio.

Artículo 52- En seguida de la certificación de matrícula, pondrá el


respectivo catedrático razón de hallarse el discípulo en su clase. Al fin del año
certificará también a continuación, la asistencia, aplicación y aprovechamiento
del mismo cursante, poniendo el Secretario certificación de los exámenes
anuales. Este documento lo pasará el interesado al Vicerrector Inspector,
quien con vista de su libro secreto, expondrá seguidamente lo que conste de
las notas, sobre la conducta, aplicación y demás cualidades del cursante,
devolviéndole el documento original. La misma matrícula con iguales
formalidades se ha de repetir cada año, a fin de que con estos documentos se
califiquen las solicitudes de grados.

Artículo 53. Ni el Rector, ni la Junta de Gobierno ni la General podrán


dispensar las formalidades que quedan prescritas para ganar curso.

ARTICULO VII
De los Cursantes

Artículo 54. Cursantes son los que habiéndose matriculado en la


Universidad, se sujeten a ganar cursos literarios bajo la enseñanza de un
catedrático. Cualquiera que concurra a la clase sin estos requisitos, se
reputará por mero asistente bajo cuyo concepto no se impedirá a ninguno oír
las lecciones de un catedrático.

Articulo 55. Para ser cursante en una clase superior es necesario haber
obtenido aprobación en la anterior. Así ninguno será matriculado en la
Universidad sin que haya sufrido examen en que acredite que sabe leer y
escribir correctamente, los principios elementales de la gramática y ortografía
castellana y aritmética, habiendo obtenido la competente aprobación.

Artículo 56. Para oír ciencias naturales, debe preceder examen y


aprobación de la gramática latina, combinada con la castellana, de rudimentos
de poesía latina y de retórica.

Artículo 57. Para cursar jurisprudencia, teología o medicina deberá


acreditar el pretendiente haber sido examinado y aprobado en ciencias
96
naturales, bien sea presentado el título de Bachiller en filosofía o bien
remitiéndose a los exámenes que haya sufrido en los cursos de esta ciencia;
pero para la admisión a grados mayores será indispensable aquel título.

Articulo 58. Los discípulos deben ser muy exactos en el cumplimiento


de sus obligaciones. El que faltare voluntariamente a las clases de latinidad,
quedará sujeto a la reprensión del catedrático y a la pena que le imponga, que
deberá ser proporcional a la falta. Si ésta llegare a ocho días se le aplicará una
pena mayor a juicio prudente del catedrático; y si reincidiere podrá ser
expulsado con previo aviso a su padre o encargado, y por acuerdo del Rector.
El cursante de filosofía y facultades mayores incurrirá por una falta en las
consecuencias de la anotación que haga el catedrático en su informe a la Junta
gubernativa.

Artículo 59. Las faltas inculpables de los cursantes de filosofía y


facultades mayores por enfermedad u otro motivo justo, siempre que puedan
suplir con la aplicación y buena conducta del discípulo, se le pasarán como si
hubiese cursado; lo que se deja a la discreción prudente del catedrático
respectivo y de la Junta de Gobierno, que resolverá en cada caso según todas
las circunstancias.

Artículo 60. Los Cursantes de la Universidad no podrán ser alistados en


cuerpos de tropa de ninguna especie, ni aun de las que se titulen nacionales o
cívicas, ni ocupados en cosa alguna que los distraiga de la carrera literaria a
que se consagran.

CAPITULO VIII
De las cátedras de la Universidad y tiempo de su lectura
Artículo 61. Se leerán en esta Universidad dos cátedras de gramática
latina, una de literatura, una de ideología y metafísica, gramática general,
lógica, física general y particular; otra de matemática, geografía y cronología;
una de ética y derecho natural; cuatro de medicina, cuatro de jurisprudencia
civil y cuatro de ciencias exactas.

Artículo 62. Habrá dos clases de latinidad, una de mínimos y menores y


otra de mayores.

Artículo 63. Ningún alumno podrá pasar de la primera a la segunda


clase, ni de ésta a la de literatura sin haber sido examinado por un competente
catedrático, de las materias de su particular enseñanza, y sin que presente al
segundo catedrático una boleta firmada por el primero, que acredite tener ya el
estudiante la suficiencia necesaria para estudiar las materias que sigan en el
orden de la enseñanza.

Artículo 64. Solamente la Junta de Gobierno podrá eximir al estudiante


de la ritualidad contenida en el artículo anterior con respecto al examen; mas
esto con la precisa condición de que haya muy justa causa a juicio de la misma

97
Junta, que para tal caso deberá estar compuesta de todos sus miembros, y
tener el competente informe del catedrático de aquel alumno

Artículo 65. Habiendo la causa de que se ha hablado antes, la Junta nombrará


dos de los catedráticos más antiguos, y acompañados con el del estudiante,
procederán a su examen todos tres con la mayor exactitud.

Artículo 66. Ningún alumno podrá estudiar en una clase las materias
que corresponden a otra.

Literatura

Artículo 67. La enseñanza de literatura comprenderá un curso de


retórica, en que después de examinados los principios generales del gusto, se
formará el análisis de la oratoria en sus diversas acepciones. En esta clase se
enseñarán también la poesía latina y castellana en todas sus composiciones y
se darán unas breves lecciones de literatura antigua y moderna.

Artículo 68. Los estudiantes, así para fijar más sus conocimientos, como
para adquirir el buen gusto tan necesario a la profesión literaria, se ocuparán
con toda asiduidad: primero, en la versión de los autores latinos de mejor nota;
segundo, en las composiciones latinas y castellanas así en prosa como en
verso, sirviendo de objetos a tan interesantes ensayos, el esplendor y grandeza
de la religión, o las diversas perspectivas de la naturaleza.

Artículo 69. El catedrático presentará en su oportunidad a la Junta de


Gobierno las producciones más elegantes en prosa o en verso, las que
teniendo un mérito sobresaliente a juicio de la Junta, serán leídas con
expresión de sus autores el día 1° de septiembre al abrirse los cursos, o en
otros en que distribuyan premios. El Rector les remunerará con tarjetas que
contengan emblemas o inscripciones que les sirvan de documentos para sus
ascensos en la carrera de las letras.

Artículo 70°. El examen de las latinos y retóricos para pasar a


filosofía será verificado por una comisión compuesta de los dos catedráticos
de latinidad y del de retórica, presididos por el Rector.

Artículo 71. La calificación de este examen deberá hacerse por


votación secreta. Si resultare la aprobación, se dará una papeleta al alumno
firmada por el Rector y examinadores, con la que se presentará en Secretaría
para quedar matriculado.

Artículo 72. El que haya cursado estas materias fuera de la Universidad


y pretenda a oír filosofía, sufrirá el examen prescrito en los artículos anteriores.

Filosofía

Artículo 73. El curso de filosofía durará tres años. En su inicio que se


hará el día de la apertura de los demás y en un mismo acto, después de

98
pronunciado el discurso, que se dirá en el título de los catedráticos, tomará el
de lógica la cátedra y pronunciará en voz clara las primeras cláusulas de estas
lecciones.

Artículo 74. El primer año de filosofía comprenderá la ideología o


metafísica, gramática general, lógica y matemáticas.

Artículo 75. Los estudiantes oirán por la mañana en las horas


designadas por esta Constitución, las lecciones de las tres primeras materias, y
por la tarde las de matemáticas, que precisamente dará otro catedrático.

Artículo 76. El segundo año comprenderá la física general y particular, la


geografía y cronología.

Artículo 77. El primer catedrático continuará leyendo en el segundo año


las dos primeras materias; y el de matemáticas las otras dos.

Artículo 78. En el tercer año concluirá las lecciones de física el primer


catedrático por la tarde, ocupando las horas de la mañana en dar lecciones de
lógica a los nuevos cursantes, que para entonces habrán entrado en esta
clase.

Artículo 79. El de matemáticas leerá por la mañana en este mismo año


un curso de ética y de derecho natural; y por la tarde dará la lección de
matemáticas a los estudiantes del nuevo curso.

Artículo 80. Los alumnos de filosofía de todas las tres clases serán
examinados cada seis meses privadamente por una comisión que nombrará el
Rector, en las materias que hayan cursado en este tiempo, porque si por
desaplicación u otros motivos se encuentran algunos atrasados se tome en
consideración por la Junta de Gobierno que inmediatamente dictará las
providencias más enérgicas sobre el particular. Estos exámenes privados, de
ningún modo impedirán los que al fin de cada año académico deben hacerse
con el mayor esplendor y concurrencia posible.

Artículo 81. Con igual solemnidad, y omitiendo los gastos que hasta
aquí se han acostumbrado, se celebrará al fin del trienio filosófico un certamen
mayor que defenderá el lector de lógica por la mañana y el de matemáticas por
la tarde con los estudiantes que cada uno nombre a este fin, y contrayéndose a
las materias que enseñan en sus clases respectivas.

Artículo 82. Después de concluido el acto de la mañana, el catedrático de


matemáticas hará un discurso que no pase de un cuarto de hora dirigido
solamente a estimular a la juventud que concluye, a continuar su aplicación a
los nuevos estudios que van a emprender. Después del acto de la tarde, el
estudiante que lo ha sostenido se pondrá en pie y pronunciará un breve
discurso en que a nombre de todos sus condiscípulos insinúe su gratitud a la
Universidad y a sus preceptores que les han proporcionado un día tan
placentero. A continuación el catedrático de lógica pronunciará una oración
gratulatoria, con la que se dará fin a esta solemnidad.

99
Medicina

Artículo 83. Las clases de medicina se dividirán por el orden siguiente:


primero, una de anatomía general y descriptiva; segundo una de fisiología e
higiene; tercero, una de nosografía y patología interna o medicina práctica;
cuarto, una de nosografía y patología externa o cirugía; quinto, una de
terapéutica, materia médica y farmacia; sexto, una de obstetricia o partos;
séptimo, una de medicina legal. Además habrá cursos de clínica médica y
quirúrgica que darán en los hospitales sus respectivos profesores. Cuando
estén establecidas las cátedras de química y botánica, un curso de cada una
de estas ciencias, será necesario para el examen y grados en medicina.

Artículo 84. Luego que haya con qué dotar un catedrático más de
medicina, éste leerá en el tercer año y al mismo tiempo que se siguen los
cursos de medicina práctica y cirugía, uno de instituciones de medicina o
patología general en sus tres ramos: primero, de patología propiamente dicha,
o tratado de la naturaleza, causas y efectos de las enfermedades; segundo, de
semiología o signos de éstas, y de sus pronósticos; tercero, de terapéutica
general, o modos de curarlas.

Artículo 85. Anatomía general y particular. Un profesor enseñará la


anatomía general y descriptiva en el orden más conveniente. Las lecciones de
anatomía deberán ser siempre ilustradas por la vista de los órganos o de las
partes del cuerpo humano, de que se haga la descripción; ellas serán
preparadas al principio por un demostrador anatómico que deberá haber para
que auxilie al catedrático, asignándole alguna gratificación; podrán ser también
de utilidad las piezas de cera que hay en algunos gabinetes de las escuelas de
medicina, y aun preparadas en espíritu. Pero los verdaderos anatómicos se
formarán haciendo disecciones del cuerpo humano y de animales para
perfeccionarse en la anatomía comparada. Los jóvenes cursantes se
ocuparán pues, en las disecciones pasados los primeros cinco meses de su
curso de anatomía, dedicando todos los días el tiempo necesario para ellas en
el teatro anatómico, bajo la inspección del catedrático, el demostrador les
enseñará a dar los cortes para descubrir los órganos; conservará en la Sala el
orden y la decencia, cuidando de que los cadáveres no se desperdicien y que
se entierren cuando ya no sirvan.

Artículo 86. Fisiología e higiene. El catedrático de fisiología enseñará a


los cursantes las funciones de los órganos del cuerpo humano en el estado de
salud. Luego que sus alumnos hayan adquirido en las demás cátedras de la
escuela de medicina los conocimientos preliminares, se dedicará a dar
lecciones de higiene. El mismo catedrático estará encargado de enseñar
higiene pública, manifestando a los cursantes cuáles son las reglas que debe
seguir la administración civil de los pueblos para precaverse de las
enfermedades, epidemias y contagiosas en las ciudades, campamentos y
navegaciones; como también para impedir la propagación del mal cuando una
vez se ha declarado, o para disminuir a lo menos su actividad.

100
Artículo 87. Nosografía y Patología interna. En esta clase se explicarán
todos los ramos que comprende su asignatura. En ella se enseñará a conocer
las diferentes clases de enfermedades internas, por el método más natural y
conforme al carácter de la dolencia, desenvolviendo después sus causas,
síntomas y señales con que se distinguen.

Artículo 88. Nosografía y Patología externa. En esta cátedra se


enseñarán las enfermedades externas o efectos quirúrgicos en sus principios
elementales, teorías y operaciones prácticas de cirugía.

Artículo 89. Terapéutica, materia médica y farmacia. En esta cátedra se dará a


conocer radicalmente la materia médica, esto es, la naturaleza y diferentes
cualidades de los medicamentos, el modo de obrar ellos sobre la economía
animal. Igualmente la farmacia teórica y práctica, desenvolviendo todos los
principios en que se funda. Esta clase la desempeñará el mismo catedrático de
patología interna en el segundo año de su bienio.

Artículo 90. Obstetricia. En esta clase se enseñará el arte de partear en


toda su extensión. Su catedrático será el mismo de cirugía en el segundo año
de su bienio.
Artículo 91. Clínica médica y quirúrgica y medicina legal. En estas
cátedras se enseñará la clínica médica o la aplicación de los principios teóricos
a la práctica, igualmente la de clínica quirúrgica o externa en todos sus ramos;
por consiguiente el estudio de estos cursos no podrá hacerse con utilidad si no
se reúnen los conocimientos teóricos a una práctica asidua. Los mismos
catedráticos darán también lecciones de medicina legal, en las épocas que lo
exija la distribución de los cursos. Para los de clínica médica y quirúrgica los
respectivos profesores, que serán empleados en los hospitales, preferirán dar a
los estudiantes un resumen de las mejores doctrinas que hallen en los autores
más selectos de estos ramos.

Artículo 92. En la clase de medicina se ganarán los cursos siguientes:


en el primer año un catedrático dará un curso de anatomía general y
descriptiva; en el segundo año lo continuará y concluirá. En estos mismos dos
años de anatomía, otro catedrático enseñará un curso completo de fisiología, y
uno de higiene particular y pública en el segundo año. En el tercer año se
estudiará un curso de nosografía y patología interna o medicina práctica, uno
de nosografía y patología externa o cirugía por dos diferentes catedráticos.
Concluido este año, los cursantes podrán obtener el grado de Bachiller.

Artículo 93. Para graduarse de Licenciados y Doctores después de


obtenido el grado de Bachiller en medicina, han de estudiar otros tres años
ganando los cursos siguientes: uno de terapéutica, materia médica y farmacia,
teórica y práctica por el mismo catedrático de medicina y otro de obstetricia por
el de cirugía. En el segundo, uno de química y otro de botánica, cuando estén
establecidas estas clases; en el tercero, uno de medicina legal.

Articulo 94.- Seguirán al mismo tiempo los que se hayan de graduar en


medicina, los dos años últimos, la clínica médica del hospital, y los que hayan

101
de ser cirujanos, los dos mismos años de clínica quirúrgica, y todos la medicina
legal.

Artículo 95. Además de la asistencia de los matriculados en las clases


de medicina a los cursos prevenidos en los artículos anteriores, concurrirán el
primer año a la cátedra de francés y a la academia de bellas letras cuando se
establezcan. En el segundo, a la cátedra de inglés y a la academia de ciencias
físicas y médicas que frecuentarán en los cuatro años siguientes, cuando
igualmente se hallen establecidas.

Jurisprudencia
Artículo 96. La facultad de jurisprudencia se divide para su enseñanza
en canónica y civil; pero se estudiarán a un mismo tiempo de la manera
siguiente.

Artículo 97. El primer año del primer bienio de jurisprudencia canónica


se enseñará por la mañana Fundamento y apología de la religión, Lugares
Comunes o canónicos y la Historia eclesiástica de los tres primeros siglos; en
el segundo año la de los siglos posteriores hasta el presente, haciendo notar
oportunamente a los estudiantes, por las cartas geográficas, los lugares de las
asambleas generales que ha habido en la Iglesia, y de las particulares que más
recomienda la historia, como asimismo aquellos en que sucedieron las cosas
más notables.

Artículo 98. En el segundo bienio se enseñarán los prolegómenos o


prenociones que contengan los tópicos, historia de las colecciones y reglas del
estudio, interpretación de los cánones y derecho común público de la Iglesia.

Artículo 99. El primer año del primer bienio de jurisprudencia civil se


contraerá a las instituciones de Justiniano, y a la historia del derecho civil
romano; en el segundo año se estudiará el derecho patrio, que comprende las
leyes vigentes de España y las civiles de la República.

Artículo 100. En el primer año del segundo bienio se explicará la


Constitución de la República y el Derecho público político y ciencia
administrativa; en el segundo el Derecho Internacional o de gentes. Concluidos
estos cursos en jurisprudencia canónica y civil, y comprobados del modo que
prescribe esta Constitución, podrán recibir los estudiantes el grado de Bachiller
en cualquiera de las dos facultades o en ambas. Continuarán un tercer bienio y
en él se leerá por la mañana en el primer año, por un catedrático, principios de
legislación universal y de legislación civil y penal, y en el segundo Economía
política. En el mismo tiempo se leerá por otro catedrático por la tarde, la
práctica civil y criminal de juicios en el primer año, y en el segundo ganarán el
curso de medicina legal, en las épocas que deben proporcionarse en la
enseñanza de esta cátedra.

Artículo 101. En el tercer bienio los que aspiren a ser Abogados,


deberán instruirse en la elocuencia del foro y concurrir a las clases de idiomas
que se hallen establecidas.

102
Artículo 102. Los estudiantes que después de haber concluido sus
cursos de jurisprudencia quisieren oír teología, tendrán obligación de ganar los
cursos de instituciones teológicas e historia sagrada por dos años, al cabo de
los cuales podrán recibir el grado de Bachiller en teología.

Teología

Artículo 103. La facultad de teología comprende tres cátedras, que se


leerán cada una por un bienio: la primera de fundamentos y apología de la
religión, lugares comunes e historia eclesiástica, de que se ha hablado en el
artículo 97 de jurisprudencia canónica, por ser esta cátedra común a los
teólogos y canonistas; la segunda de historia sagrada; y la tercera de
instituciones teológicas.

Artículo 104. Queda ya especificado lo que debe estudiarse en la clase


de historia eclesiástica. La de historia sagrada comenzará el primer año por los
prolegómenos de la Escritura, la historia y exposición de los libros sagrados
desde el Génesis hasta el primero de los Profetas; y en el segundo continuará
desde el primero de los Profetas hasta el Apocalipsis, teniendo siempre a la
vista el mapa correspondiente.

Artículo 105. El catedrático de instituciones teológicas enseñará en el


primer año del segundo bienio la parte dogmática, y en el segundo año, la
moral, con tal método, que a cada proposición que se establezca se registre el
lugar en que se apoya el dogma o ley divina de que se habla, y que se
aumenten todas las pruebas que contribuyan a dilucidar la materia con la
solidez que se desea, recordando al mismo tiempo el origen, progresos y
término de las herejías suscitadas contra aquel punto, y la decisión de la Iglesia
que selló la controversia.

Artículo 106. Concluidos y comprobados estos cursos, podrán solicitar


los estudiantes el grado de Bachiller en teología y continuarán por dos años la
pasantía, concurriendo a los certámenes semanales de estas tres clases; y
calificada también esta concurrencia, podrán aspirar a los de Licenciado y
Doctor. En el tiempo de la pasantía, los que pretendan seguir la carrera
eclesiástica, deberán instruirse en la elocuencia del púlpito y en la liturgia.

Artículo 107. Los alumnos de teología que quieran cursar jurisprudencia,


podrán en el segundo bienio de teología ganar también los cursos del primer
bienio de jurisprudencia civil; y concluido, sólo deberán oír los cursos de un
bienio de instituciones canónicas y otro de derecho público y legislación para
graduarse en ambos derechos.

Artículo 108. Es permitido a cualquiera persona concurrir a las clases de


teología y proponer las dificultades y objeciones que le ocurran, en idioma
latino o vulgar; y es una obligación del catedrático resolverlas.

103
Artículo 109. Los cursos de todas estas clases se abrirán el 1° de
septiembre de cada año con un acto solemne en la Capilla de la Universidad, al
que deben concurrir todos los doctores y cursantes. Allí pronunciará un
discurso análogo a las circunstancias y sobre los puntos que se consideren
más útiles, el catedrático de elocuencia, o el que designe anualmente el Rector
y la Junta de Gobierno.

Artículo 110. Las lecciones diarias de las cátedras de latinidad y


literatura durarán desde las siete y media a las nueve y media de la mañana, y
por la tarde de las tres a las cinco.

Artículo 111. Las de filosofía desde las siete y media a las nueve de la
mañana, y de las tres a las cuatro y media de la tarde.

Artículo 112. Las de medicina, de nueve a diez de la mañana y de


cuatro a cinco de la tarde.

Artículo 113. La de historia eclesiástica, la de derecho canónico y la de


instituciones teológicas, de siete y media a ocho y media de la mañana.

Artículo 114. La de historia sagrada y la de derecho civil romano y


patrio, de las tres a las cuatro de la tarde; y la de derecho público, derecho
político y ciencia administrativa, de cuatro y media a cinco y media de la tarde.
En esta misma hora se leerá la clase de derecho práctico, civil y criminal. La
de legislación universal y legislación civil y penal, y economía política de diez a
once de la mañana.

Artículo 115. Las de idioma francés, y de cualquiera otro que se


establezca, de once a doce de la mañana.

CAPITULO IX

De los certámenes públicos y semanales

Artículo 116. En cada año habrá certámenes públicos mayores de todas


las facultades, en días feriados que comenzarán desde el primer domingo de
marzo hasta el último de mayo, quedando a juicio del Rector y de la Junta de
Gobierno hacer la distribución conveniente, que se publicará oportunamente a
las puertas de las clases respectivas, de modo que se guarde el mismo período
de uno a otro certamen, y quede libre el tiempo restante hasta julio para que los
cursantes se preparen a los exámenes.

Artículo 117. Cada catedrático propondrá para defender las materias


que haya enseñado hasta el día en que le toque su certamen, eligiendo para
sostenerlo a mañana y tarde, dos estudiantes, ninguno de los cuales podrá
excusarse.

104
Artículo 118. Se escogerán para los certámenes las materias más
propias para dar a conocer los progresos que hacen los jóvenes y el estado
que tienen los estudios en la Universidad.

Artículo 119. En ningún certamen público se defenderá proposición


alguna que sea contraria a las leyes fundamentales, libertades de la República,
a la fe católica y a la moral y decencia pública. Las proposiciones se escribirán
en castellano y en latín, para que pueda argüirse en cualquiera de los dos
idiomas.

Artículo 120. Los certámenes se sostendrán por el orden siguiente: 1° el


de instituciones teológicas; 2° el de instituciones canónicas; 3° el de historia
eclesiástica; 4° el de historia sagrada; 5° el de derecho práctico; 6° el de
legislación universal y economía política; 7° el de derecho público; 8° el de
derecho civil romano y patrio; 9° las cuatro cátedras de medicina por el orden
de antigüedad; y 10° las de filosofía.

Artículo 121. Quince días antes de cualquier certamen se pasarán las


proposiciones o materias sobre que se ha de versar al Rector, para que dentro
de cuatro días a lo más tarde las mande circular si no las encuentra opuestas al
tenor del artículo 119.

Artículo 122. A los certámenes se les dará la mayor solemnidad posible


en la Capilla de la Universidad, convidando a los empleados y personas
notables para que concurran y hagan sus objeciones o preguntas si lo tuvieren
a bien, valiéndose en el modo de hacerlas de un estilo puramente académico.

Artículo 123. Además de estos certámenes públicos habrá en cada


facultad otros privados en idioma latino y que sirva de ensayo para ejercitar a
los cursantes en la exactitud de raciocinio y en la dilucidación de las materias.

Artículo 124. Se tendrán éstos en las clases de filosofía los lunes y


sábados de cada semana. En las de derecho práctico y legislación universal
los lunes. En las de medicina los martes y viernes. En las de historia sagrada
y derecho canónico el martes. En la de historia eclesiástica el miércoles. En la
de derecho civil patrio el viernes. En la de instituciones teológicas y derecho
público el sábado.

CAPITULO X
De los exámenes, premios y vacaciones

Artículo 125. Al fin de cada año académico habrá exámenes públicos de


todos los cursantes y sobre todos los ramos que se hayan estudiado en cada
una de las facultades. Comenzarán los de ciencias el 15 de julio y concluirá a
lo más tarde el 31 del mismo mes. Los de gramática latina y literatura
comenzarán el 6 de agosto y concluirán el 12. Se verificarán en la sala de la
Universidad o en la Capilla a presencia del Rector, catedrático y examinadores,

105
y precisamente de todos los cursantes de la facultad sobre que se versa el
examen, pudiendo concurrir cualesquiera otras personas.

Artículo 126. Los exámenes han de verificarse por el orden de


facultades que queda detallado para los certámenes públicos; se reducirán a
preguntas y objeciones en castellano o en latín; concluido que sea cada
examen, conferenciarán entre sí los examinadores, y procederán a la votación
pública o reservada según lo creyeren conveniente.

Artículo 127. El que fuere aprobado ganará el curso, y el reprobado


tendrá que estudiar otro año la misma materia, y sufrir nuevo examen. El
resultado de todo se extenderá en el libro de exámenes y cursantes que debe
llevar el Secretario, y visto por los examinadores, firmarán la diligencia, el
Rector, los dos catedráticos más antiguos y el mismo Secretario. Este
expresará también la calidad del examen en la certificación anual, o matrícula
de cada discípulo.

Artículo 128. Los Bachilleres no tienen obligación de presentarse a


examen anual, pues se habilitan para obtener la licenciatura y el doctorado con
sólo asistir a la pasantía en las clases de sus respectivas facultades, y los
médicos con los estudios que hagan después de ser Bachilleres.

Artículo 129. De cada clase se escogerán los tres estudiantes más


sobresalientes a juicio del Rector y examinadores, y hecha la graduación de su
mérito por los conocimientos que hayan manifestado, se reservarán estas actas
en un pliego cerrado y sellado por el Rector, para publicarlas con la mayor
solemnidad y del modo más imponente el día 8 de diciembre, en que se
celebra la festividad de la Inmaculadas Concepción, conservándose así la
costumbre de esta Ilustre Universidad, y la grata memoria del señor doctor
Juan Agustín de la Torre, fundador de los premios en este Cuerpo. Con este
objeto podrá tomar el Rector anualmente de las cajas, la cantidad que la Junta
gubernativa juzgue conveniente para invertirla en obras elementales, o
medallas con emblemas e inscripciones alusivas, que distribuirá a los que
hayan merecido premios por su aplicación, con calidad de que puedan usar las
medallas en los actos académicos. El universitario que sea nombrado por el
Rector, pronunciará la oración acostumbrada en elogio de las ciencias.
Artículo 130. Esta distribución que resultará de los exámenes generales
no impedirá que algunos amantes de la instrucción pública ofrezcan otros
premios para el mismo día 8 de diciembre, bien sea sobre las materias que se
hayan enseñado hasta entonces en las clases, o bien para otras
extraordinarias, que no sea posible leer por ahora, y algunos estudiantes
aplicados puedan estudiar sin perjuicio de los cursos que hayan de ganar en su
facultad. Tampoco habrá inconveniente en que se ofrezcan otros premios y
que se hagan exámenes públicos en otros períodos, como las festividades de
los patronos de la Universidad.

Artículo 131. Se conservará como útil a la moral y conducente a los


progresos de la instrucción de los escolares, el establecimiento que tuvo
principio en 7 de marzo de 1825 y fue aprobado posteriormente por el Claustro

106
pleno, de las medallas de costumbre y aplicación destinadas a cada clase de
latinidad.

Artículo 132. Las vacaciones generales de cada año serán desde el día
en que se concluyan los exámenes de cada facultad en el mes de julio hasta el
1° de septiembre próximo; y la de los gramáticos desde el 12 de agosto hasta
esta última fecha; y fuera de ellas los cursantes no tendrán otra que las de los
días de fiesta entera, los feriados de pascua, toda la semana santa, y el jueves
en aquellas semanas en que no haya día de ambos preceptos.

CAPITULO XI
De los grados

Artículo 133. La Universidad, por medio del Rector, confiere diferentes


grados académicos o condecoraciones a los que, habiendo ganado los cursos
necesarios, dan una prueba pública y cierta de la instrucción y aptitud que pide
cada grado. Ellos habilitan para diferentes efectos civiles y eclesiásticos y
continuarán confiriéndose los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor en
jurisprudencia canónica y civil, en medicina y teología, y los de Bachiller,
Licenciado y Maestro en filosofía.

Artículo 134. El grado igual preferirá por razón de su antigüedad, y el


grado mayor al menor sin distinción de las facultades de jurisprudencia
canónica y civil, medicina y teología; pero los Maestros preferirán solamente a
los Bachilleres y Licenciados, aunque lo sean en facultad mayor.

Artículo 135. Los grados en jurisprudencia canónica y civil, medicina y


teología obtenidos en todas las Universidades de Colombia son iguales, y sin
necesidad de incorporación, habilitan para hacer oposiciones y obtener
cátedras y sustituciones en esta Universidad, con sólo acreditar estar graduado
en cualquiera otra de la República; pero cuando concurran un Maestro, se
observará el orden de precedencia, que queda establecido en el artículo
anterior.

CAPITULO XII
De los requisitos necesarios para obtener grados

Artículo 136. Los pretendientes de grados de Bachiller en cualquier


facultad, los han de solicitar ante el Rector por un memorial documentado con
las certificaciones que quedan especificadas en el capítulo de las matrículas,
ofreciendo al mismo tiempo una justificación de sus costumbres.

Artículo 137. El Rector pasará con decreto de solicitud documentada a


la Junta de Inspección y Gobierno, y ella calificará estos documentos
deliberando sobre la admisión o inadmisión del pretendiente, a pluralidad
absoluta de votos.

107
Artículo 138. Si la calificación resultare favorable, el Rector accederá a
la pretensión; en seguida, designará día y hora para el examen, poniéndolo
todo en noticia del pretendiente por medio del Secretario.

Artículo 139. El acto será presidido por el Rector con asistencia de los
catedráticos examinadores en la facultad, Secretarios, Bedeles y demás
personas que quieran concurrir; se verificará en días feriados, o en días u
horas de vacaciones con las formalidades siguientes:

1° Ocho días antes de aquel en que ha de ser examinado el


pretendiente, se fijará un anuncio firmado por el Rector a las puertas de la
Universidad, en que se exprese la persona que va a ser examinada y la
facultad en que se desea recibir el grado y se pasará aviso a los catedráticos
por escrito y a los examinadores de la facultad; si en este tiempo se presentara
alguno alegando mayor antigüedad será preferido en el examen.

2° Veinticuatro horas antes del examen concurrirán los dos catedráticos


más antiguos con el Rector a la Capilla de la Universidad, y a puerta abierta
rasgará el Rector el sello del pliego de proposiciones de la facultad, que le
entregará el Secretario, y tomando doblados, como deberán estar los billetes
que se hallen dentro de él, los incluirá del mismo modo en una de las cajillas en
que se recogen las votaciones, y la presentará al aspirante para que por sí
mismo saque un billete. La proposición que estuviere escrita en él será la que
debe sostener a las veinticuatro horas. El Rector hará en aquel mismo
memento cerrar, como se ha dicho antes, y sellar los billetes que quedan, y los
devolverá al Secretario para que los custodie. Desde este momento hasta
después que se haya verificado el examen, no podrán los examinadores visitar
ni comunicarse con el candidato. Dentro de una hora después de haber
recibido los puntos será obligado el examinando a enviar una copia firmada de
la proposición al Rector y examinadores por medio de los Bedeles; y al día
siguiente a la misma hora se entrará a examen en la Capilla. Los examinadores
prestarán entonces juramento sobre los Santos Evangelios de no haber
comunicado directa ni indirectamente al examinando las especies de sus
argumentos, ni las preguntas que piensan hacer, como también a obrar en la
calificación de la aptitud del candidato, conforme a justicia sin afición ni pasión.

3° El examinando, sentado al frente de los examinadores y teniendo por


delante una mesa en que estén los libros que sirven de texto en la facultad,
pronunciará una disertación en lengua latina, contraída toda a la materia del
punto escogido, y la dirá de memoria por el espacio de un cuarto de hora.
Cuando todos los examinadores sean catedráticos, los dos menos antiguos le
argüirán cada uno hasta que el candidato satisfaga completamente sus
objeciones, no pudiendo, sin embargo, pasar la réplica de un cuarto de hora; y
después, los tres más antiguos preguntarán por media hora cada uno,
contrayéndose especialmente a las materias que enseñan en la facultad en que
se ha de recibir el grado. En caso que no todos sean catedráticos dos de los
que no lo sean replicarán, y los catedráticos serán examinadores natos en sus
respectivas materias.

108
Artículo 140. Concluido el examen se retirará fuera de la Capilla el
candidato, y cerrada la puerta se procederá a calificar en aptitud con A y R por
los examinadores y el Rector, cuando sea Maestro o Doctor en la facultad. Al
efecto distribuirá el Secretario a cada uno de los sufragantes una A y una R y
recogerá después en la cajilla destinada a este fin la votación de los
examinadores. El Secretario vaciará las letras sobre la mesa y reconocidas por
el Rector, el Secretario y los dos catedráticos más antiguos, resultará la
aprobación a pluralidad absoluta de votos. Cuando por sufragar también el
Rector se halle casada la votación, será él quien decida la discordia.

Artículo 141. Hecho el escrutinio y publicada la votación, por ningún


pretexto volverá hacerse ni se admitirá la reforma de ningún voto, aunque
alguno de los sufragantes diga que se equivocó al poner la letra en la cajilla.

Artículo 142. Si fuere aprobado el examinado, lo anunciará el Secretario


a la puerta de la Capilla, volverá a entrar el candidato, y colocado en el centro
de ella, pedirá por una breve alocución se le confiera el grado a que aspira.

Artículo 143. El Rector le mandará acercarse a la mesa, a cuyo pie


arrodillado y puesta la mano sobre los Santos Evangelios, prestará el
juramento siguiente: Ego N, per sacrosanta evangelia spondeo ac juro obedire
et servare politican Constitutionem Reipublicae, ejus tueri libertates, custodire
leges, necuan istius Universitatis Statuta, muneraque implere ad me
expectantia, pro prima (vel secunda aut tertia) laurea in… et quantum in me erit
curaturum juventutem edocere, publicamque perficere educationem. En
seguida el Rector le conferirá el grado con estas palabras: Ego N. Doctor (in
tali facultate) vel Magíster, legis auctoritate et Reipublicae nomine, creo,
constituo et declaro te Baccallaureum, vel Licentiatum, vel Doctorem (in tali
facultate) vel in proeclara artium facultate Magístrum, et te concedo tibi omnes
facultates, functiones et immunitates, quae vis, quo adlime gradum
promoventur concedi solent. El graduado abrazará al Rector y examinadores y
será colocado por los Bedeles en el asiento siguiente al del último examinador
en señal de posesión. Se concluirá este acto poniéndose el graduado en pie y
dando las gracias al Rector y examinadores.

Artículo 144. Si el candidato fuere reprobado, se le mandará entrar, y


manteniéndose cerrada la puerta, le instruirá el Secretario del resultado de la
votación, advirtiéndole que podrá presentarse a examen pasado un año, que
deberá cursar en las cátedras de la facultad en que aspira a graduarse. Si
fuere reprobado por segunda vez no podrá ser examinado hasta después de
haber cursado dos años la misma facultad en las cátedras de la Universidad.

Artículo 145. El título de Bachiller que se ha de librar al graduado lo


firmará el Rector, con los dos catedráticos más antiguos, autorizándolo el
Secretario con el sello de la Universidad.

Artículo 146. Para solicitar la licenciatura debe acompañarse el título


que acredite el grado de Bachiller, con calidad de devolución, y los certificados
de los cursos que deben ganarse después, o los de pasantía que haya seguido
el pretendiente. Se observarán las mismas formalidades que quedan prescritas

109
para el grado de Bachiller, con la diferencia de que la oración será por espacio
de media hora, y que han de ser siete los examinadores. Los dos menos
antiguos argüirán sobre la cuestión que haya tocado en suerte al candidato,
hasta que satisfaga sus objeciones, no pudiendo pasar de un cuarto de hora, y
los cinco más antiguos harán después preguntas por media hora cada uno,
contrayéndose los catedráticos con especialidad a las materias que enseñan,
como se ha dicho en el grado de Bachiller.

Artículo 147. Concluido el examen, y siendo aprobado el candidato,


practicadas las ritualidades de petición, grado y juramento antes dicho, le
conferirá el Rector la licenciatura, invistiéndole de la muceta correspondiente a
la facultad, y usando de la fórmula prescrita en el artículo 143; acto continuo,
abrazará el nuevo Licenciado al Rector y a cada uno de los examinadores en
señal de fraternidad; y el Secretario con los Bedeles le colocará en el asiento
que sigue al último examinador; poniéndose luego en pie el graduado, dará
públicamente las gracias al Rector y examinadores por la condecoración que
se le ha concedido, con lo cual se concluirá el acto.

Artículo 148. Siendo la Facultad de medicina tan interesante a la


humanidad, y más bien práctica que teórica, el que aspire a recibir el grado de
Licenciado en ella, además de cumplir con todas las formalidades que se han
designado para el mismo grado en las otras facultades observará las
siguientes:

1° Presentará una tesis o memoria escrita en latín sobre cualquiera


enfermedad o punto en toda la extensión de los diversos ramos de las ciencias,
de la cual distribuirá, copias al Rector examinadores y Secretario una semana
antes del día del examen.

2° Concluido el examen de preguntas recibirá un caso médico o una


cuestión práctica de cualquier ramo de las ciencias que le darán los
examinadores y a las veinticuatro horas siguientes la traerá resuelta por escrito;
después de este último examen se procederá a la votación y demás
solemnidades.

Artículo 149. Supuesto que los grados de Licenciado son los que
habilitan para los efectos civiles y eclesiásticos con exclusión del de medicina,
se expedirá el título correspondiente a los que lo hayan obtenido conforme a
esta Constitución, firmado por el Rector con los dos catedráticos más antiguos
y autorizado por el Secretario; pero no serán miembros de la Universidad sino
los que hayan recibido el grado de doctor en jurisprudencia civil o canónica,
medicina o teología o el de Maestro en filosofía.

Artículo 150. El que aspire a recibir estos grados se presentará por


escrito ante el Rector, acompañando el título de Licenciado con calidad de
devolución y pidiendo que se le señale día en que haya de conferírsele. El
Rector, mandará fijar edictos en las puertas de la Universidad anunciando la
solicitud del aspirante y asignando el término de diez días, para que si hubiere
algún Licenciado más antiguo se presente a deducir su derecho.

110
Artículo 151. En caso que alguno se presente, produciendo también al
acto su título de Licenciado, será graduado con preferencia dentro del término
perentorio de veinte días; pero si no hubiere oposición, el Rector señalará
precisamente un día feriado para conferir el grado de Doctor o Maestro.

Artículo 152. A las cuatro y media de la tarde del día prefijado harán
seña los Bedeles con cuarenta toques pausados de la campana grande de la
Universidad. Los Doctores se reunirán en la Sala de las sesiones de la misma,
a donde deberá venir el Rector acompañado del aspirante, los Doctores y los
dos Maestros más modernos, a quienes los Bedeles recordarán esta obligación
al acto de citarlos para el grado.

Artículo 153. Si los Doctores o Maestros más modernos estuvieren


ausentes o legítimamente impedidos de concurrir, recaerá esta obligación en
los que siguen en turno, de modo que nunca falten cuatro universitarios que
con el aspirante acompañen al Rector.

Artículo 154. Al acto en que se confieran grados de Maestro o Doctor en


cualquiera facultad, deberán asistir todos los miembros de la Universidad que
se hallaren en esta capital y no tuvieren impedimento legítimo. Los que lo
tuvieren deberán manifestarlo al Rector del mismo modo que para dejar de
concurrir a las Juntas Generales y, no haciéndolo, incurrirán en la multa de
cuatro reales para cuya exacción se practicarán las diligencias especificadas
en los artículos 3° al 8°.

Artículo 155. La Universidad, formada con mucetas y borlas en la Sala


de sus sesiones y llevando por delante los Bedeles con mazas, saldrá en dos
alas por la puerta del Seminario a las cuatro y media de la tarde y entrará por la
mayor de la Capilla, en donde, deteniéndose los más modernos, darán paso al
Rector y a los más antiguos, para que ocupen sus lugares como se dirá
después. El candidato irá vestido de muceta y sin borla aunque sea graduado
en otra facultad, al extremo de una de las alas, después de los Bedeles, y
cuando ya los universitarios hayan ocupado sus asientos, lo tomará también
el candidato en el medio de la Capilla o en donde terminen los de aquellos,
dando el frente al Altar Mayor. Cuando toque el Rector la campanilla, ocurrirán
el Maestro de Ceremonias y los Bedeles a acompañar al Doctor decano de la
facultad en que se confiera el grado, desde el asiento que hubiese ocupado,
hasta el que estará prevenido al lado derecho del candidato. A los costados
estarán también prevenidas dos sillas sin brazos para un bachiller y un
cursante de la facultad. Hecha seña por el Rector con el toque de la
campanilla, pronunciará el candidato la arenga de dedicatoria que haga del
acto a su Mecenas y concluirá proponiendo una cuestión. En seguida harán
también sus arengas un Doctor o un Maestro cuando el grado sea en filosofía,
el Bachiller y el cursante en elogio del Mecenas y propondrán una breve
objeción que satisfará el graduando. Después de esto pedirá el grado por una
breve arenga, y mandándole acercar el Rector por el toque de la campanilla, irá
acompañándole el decano hasta quedar en su asiento y seguirá el candidato
con los Bedeles hasta la mesa rectoral, en donde arrodillado hará el juramento
conforme al artículo 143.

111
Artículo 156. El Rector conferirá entonces el grado en la forma que se ha
dicho en el artículo 143 y a continuación dirá: in hujus tam proeclarae dignitatis
signum his externis ornamentis decorandus es, quoe imperesentiarium adhiberi
solent.

Artículo 157. Tomará después el rector la borla del candidato que deberá
estar sobre la mesa, le dirá: in primis pileum albo diademate ornatum ( aut
ceruleo vel alio colore, habita ratione facultatis ) capiti tuo impono. El padrino
que deberá ocupar asiento después del Rector y Vicerrector, entregará
entonces el anillo al Rector, quien imponiéndolo en el dedo índice de la mano
izquierda del candidato le dirá: insero diggito tuo annulum scientiae, splendoris
signum. El rector poniéndose en pie ayudará al graduado a levantarse y lo
abrazará, continuando éste la misma demostración con todos los que
componen en aquel acto el Cuerpo de la Universidad en señal de fraternidad y
de pertenecer al mismo cuerpo. Después de esto el Maestro de Ceremonias y
los Bedeles con mazas colocarán al graduado en el asiento que le
corresponde. Seguidamente los Bedeles con mazas le irán a acompañar desde
su asiento hasta la cátedra y cuando el Rector haga señal con el toque de la
campanilla, pronunciará en idioma vulgar una oración laudatoria de la facultad
en que se le ha conferido el grado, concluyendo con una acción de gracias al
Cuerpo. Terminada la oración ocurrirán de nuevo los Bedeles a acompañarlos
desde la Cátedra hasta su asiento, y el Rector hará la señal de retirarse la
Universidad, que formada en dos alas y yendo por delante los Bedeles con
mazas, el nuevo graduado a la derecha del Rector y a la izquierda del
Vicerrector, saldrá por la puerta mayor de la Capilla y entrará por la del
Seminario a la sala de sus sesiones en donde se disolverá el Cuerpo.

Artículo 158. Los dos Doctores y los dos Maestros más modernos, sin
concurrencia del graduado, volverán a acompañar al Rector hasta su casa.

Artículo 159. Respecto a que los profesores de medicina quedan


habilitados por los grados de medicina que reciban para ejercer su profesión,
sin tener que sufrir nuevos exámenes, ni hacer otras contribuciones, será una
obligación indispensable de los que hayan de seguir tal carrera, recibir la borla
del Doctor, cuyo título solamente les servirá en delante de autorización.

Artículo 160. El Secretario debe llevar un libro de exámenes y otro de


grados, en que se anoten con exactitud y circunstanciadamente los que se
confieren en la Universidad, suscribiendo la diligencia el Rector, los dos
catedráticos más antiguos y el Secretario.

CAPITULO XIII
De las contribuciones que han de hacer los que quieran graduarse de
Bachiller, Licenciado, Maestro o Doctor

Artículo 161. Los que aspiren al grado de Bachiller en filosofía luego que
haya sido admitida la solicitud por el Rector, depositarán en poder del
Administrador de la Universidad 40 pesos.

112
Artículo 162. El Rector y los examinadores disfrutarán por este grado 3
pesos cada uno, 1 peso cada Bedel y 6 el Secretario por su asistencia, gastos
de Secretaría y título que debe despachar al graduado; los 14 pesos restantes
se aplican a los fondos de la Universidad.

Artículo 163. Para los grados de Bachiller en medicina, jurisprudencia


canónica o civil y teología, se depositarán 50 pesos, de los cuales recibirán el
Rector y examinadores 4 pesos cada uno, 1 peso cada Bedel, 8 el Secretario
por su asistencia y título; y los 16 pesos restantes para fondos de la
Universidad.

Artículo 164. Para el grado de Licenciado tanto en filosofía como en


cualquiera de las otras facultades, se depositarán 100 pesos: el Rector y cada
uno de los siete examinadores recibirán 6 pesos, 1 cada Bedel y 10 el
Secretario por su concurrencia y título del graduado; los 40 pesos que sobran
entrarán en la arca de la Universidad.

Artículo 165. El que pretenda recibir la borla de Maestro o de Doctor en


cualquiera facultad, depositará 171 pesos, de los cuales se destinan para las
cajas de la Universidad 150: se pagarán 10 al Secretario por concurrencia y
título, 4 al Maestro de Ceremonias, 3 a los que pronuncien las tres arengas en
el acto de conferirse, y 2 pesos a cada uno de los Bedeles.

Artículo 166. El Rector no podrá fijar los edictos en las puertas de la


Universidad anunciando la solicitud de los aspirantes a grado, ni practicar las
diligencias que se prescriben en los artículos 138, 146, 150 y 151, sin que se
acredite con recibo del Administrador de la Universidad haberse depositado la
cantidad designada para el grado que se solicita.

Artículo 167. Si el examinando para Bachiller o Licenciado en cualquiera


facultad fuere reprobado, se le devolverá la cantidad que debía ingresar en las
cajas y la que se ha señalado al Secretario por el título; pero se abonará a éste
por su asistencia la misma cuota que a cualquiera de los examinadores.

Artículo 168. Los estudiantes pobres que de ningún modo puedan


satisfacer las cantidades expresadas y que lo hayan comprobado con
documentos fehacientes a juicio de la Junta de Gobierno, deberán ser
admitidos a los grado de Bachiller o Licenciado sin pagar nada; pero nunca se
graduarán de balde más de dos en cada diez que obtengan los grados
académicos, ni se extenderá esta gracia a los grados de Doctor o Maestro,
pues sólo podrán recibirlos aquellos que contribuyan con la cantidad
designada. Se conserva no obstante la gracia de las dos borlas de que gozan
los colegiales.

CAPITULO XIV
De la incorporación de grados
Artículo 169. Para ser incorporado en esta Universidad cualquiera que
haya obtenido sus grados académicos en país extranjero, después de

113
acreditarlo debidamente sufrirá en la Universidad el mismo examen, y hará el
depósito que se exige para el grado en que pretende incorporarse. Resultando
aprobado, prestará el juramento correspondiente a su grado según dispone
esta Constitución, y se le expedirá el título.

Artículo 170. Mas si hubiere algún Licenciado o Doctor extranjero, cuya


adquisición convenga a esta Universidad para la enseñanza pública,
especialmente de aquellos ramos de las ciencias en que no hay el suficiente
número de profesores, o por algún otro motivo grave, podrá ser incorporado sin
sufrir examen, ni pagar derechos, siempre que así lo delibere la Junta General
de la Universidad por el sufragio de las dos terceras partes de los concurrentes.

Artículo 171. Los que habiendo recibido grado de Licenciado y Doctor o


Maestro en otra Universidad de Colombia quisieren incorporarse en ésta para
ser miembro de ella, deberán dirigir su solicitud documentada con sus títulos a
la Junta General; y si fuere admitida por las dos terceras partes de los vocales
practicarán los pretendientes las diligencias y ejercicios literarios que se
prescriben para el grado de Doctor o Maestro haciendo también las mismas
contribuciones.

CAPITULO XV
De las oposiciones a cátedras

Artículo 172. Cuando vacare cualquiera de las cátedras de la


Universidad, el Rector con la Junta de Gobierno declarará la vacante,
mandando fijar edictos por el término de sesenta días y formándolos con dos
de los catedráticos más antiguos de los que se compone la misma Junta.
Deben ir autorizados por el Secretario con expresión de las cargas, rentas y
preeminencias de la cátedra y de que los que aspiren a leerla deban tener por
lo menos el grado de Licenciado en la facultad. Los que no lo tuvieren podrán
oponerse para manifestar su aplicación y tener este mérito que siempre será
recomendable. El Rector remitirá un ejemplar de los edictos a la Dirección
Departamental y el original se fijará en las puertas de la Universidad. La
convocatoria para oposición a la cátedra vacante, y el día en que se cumpla el
término para las oposiciones, se anunciará también en los papeles públicos.

Artículo 173. Concluido el término de los edictos, y examinados por la


Junta de Gobierno los memoriales y documentos de los opositores declarará
los que deban ser admitidos.

Artículo 174. El Rector asignará día y hora par comenzar los actos de
oposición por el orden y turno de la antigüedad del grado de los opositores,
principiando el menos antiguo; y cuando no fueren graduados la suerte fijará el
orden que debe observarse.

Artículo 175. En las clases de literatura y de ciencias naturales,


exceptuada la medicina en todas sus partes, podrán por ahora ser admitidos
114
como opositores a cátedras, individuos que carezcan de grados académicos, y
aun extranjeros, especialmente para la enseñanza de aquellos ramos en que
haya escasez de profesores colombianos. La aptitud manifestada en los
ejercicios literarios y los méritos que hayan contraído los opositores, decidirán
cuál de ellos merezca la preferencia para leer la cátedra.

Artículo 176. El examen o ejercicios de oposición se harán en la Capilla


de la Universidad presencia del cuerpo examinador, que se compondrá de los
catedráticos y Doctores de la facultad hasta el número de cinco individuos
nombrados cada año por la Junta particular de la misma facultad. El Rector
presidirá este cuerpo y votará cualquiera que sea la cátedra que haya de
proveerse, y en caso de discordia la dirimirá él mismo.

Artículo 177. Respecto a que los opositores a las cátedras de la facultad


en que se confieren grados, han de ser por lo menos Licenciados, que han
acreditado su aptitud y suficiencia al recibir tal grado, se reducirán los ejercicios
literarios de la oposición a recibir puntos del modo que se ha dicho para el
grado de Bachiller; a hacer a las veinticuatro horas una oración exornada sobre
la proposición que le haya tocado en suerte, por el espacio de media hora, y a
satisfacer las objeciones que propongan los dos opositores más antiguos hasta
que se hayan repuesto, no pudiendo pasar de media hora cada uno, y
precediendo el juramento por los Santos Evangelios de no haber revelado sus
argumentos.

Artículo 178. Para las oposiciones a las cátedras de gramática latina, se


darán puntos por la obra de Virgilio, y, a las veinticuatro horas el opositor
pronunciará una oración por media hora y sufrirá un examen de preguntas que
le harán dos de los opositores por un cuarto de hora cada uno, acerca de los
diez versos primeros de la Egloga o Eneida que le hubiere tocado en suerte.

Artículo 179. Cuando no haya a lo menos tres opositores, el Rector


nombrará para completar este número Doctores de los menos antiguos en la
facultad, y por su defecto Licenciados que practiquen los ejercicios prevenidos.

Artículo 180. Si no hubiere más opositores que Bachilleres en la


facultad, los ejercicios de oposición se reducirán a un examen en todo igual al
que se ha prescrito para obtener el grado de Licenciado; y si tuvieren sus
cursos completos para recibir este grado, podrá conferírseles la cátedra en
propiedad con la condición expresa de que hayan de graduarse de Licenciados
y Doctores dentro de un año, sopena de quedar vacante la cátedra. Si no
tuvieren sus cursos completos, sólo podrán servir las cátedras como sustitutos
por un curso de dos años al cabo de los cuales se volverá a fijar para su
provisión. Esto mismo se observará con los que hayan sido graduados de
Bachiller en otras Universidades de Colombia.

Artículo 181. Los Licenciados y Doctores en otras Universidades de la


República que fueren nombrados para leer cátedras en ésta, deberán recibir
necesariamente dentro de un año el grado de Doctor en la facultad que hayan
de enseñar, del mismo modo que si sólo fuesen Licenciados en esta
Universidad.

115
Artículo 182. Concluido el ejercicio de cada opositor, que no sea cuando
menos Licenciado, se le mandará retirar de la Capilla y a puerta cerrada se
hará la calificación por A. y R. precediendo el juramento que prestarán los
calificadores, de obrar en justicia sin afición ni pasión; pero no se publicará el
resultado, que sólo deberá servir de Gobierno para la provisión de la cátedra y
para conceder o negar la certificación que solicitan los opositores de haber
practicado tales ejercicios a satisfacción del cuerpo examinador. Al efecto
llevará el Secretario un libro con el título de Actas de Aprobación en que
extenderá por diligencia formal lo que resulte de la calificación de los opositores
que no tengan grado de Licenciado; y el Rector firmará esta diligencia con los
dos examinadores más antiguos y el Secretario. Después de esta calificación y
concluidos los actos, prevendrá el Rector a los opositores que dentro de tres
días presenten los documentos que acrediten sus servicios a la enseñanza
pública y especialmente los prestados a la Universidad.

Artículo 183. El Rector reunirá el cuerpo examinador luego que los


opositores hayan producido sus documentos, se examinarán detenidamente los
de cada uno, y en atención a ellos, a la aptitud y principalmente a las ventajas
que se esperan de uno u otro, procederá el cuerpo examinador de la facultad a
elegir catedrático.

Artículo 184. A este elección y calificación del más digno podrá preceder
una conferencia privada entre los individuos del cuerpo examinador, si la
estimaren necesaria; y en seguida se procederá a las elecciones públicamente,
si en esto el cuerpo, o en reserva si así lo exigiere alguno de los vocales, en
cuyo caso formará el Secretario por separado, billetes de los nombres de los
opositores y entregará a cada examinador tantos cuantos sean los opositores.

Artículo 185. El Rector expedirá el título competente autorizado por el


Secretario y sellado con el (sello) de la Universidad, dando noticia por oficio a
la Dirección Departamental y al Gobierno de la República.

Artículo 186. Todas las cátedras se proveerán en propiedad mientras


quieran leerlas los que las obtengan, o dure su buen desempeño.

Artículo 187. El provisto comparecerá con su título a presencia del


Rector y Junta de Gobierno, quienes le darán posesión, previo el juramento de
observar la Constitución de la República y de cumplir con todos los deberes
que le impone el destino de catedrático, enseñando conforme a las leyes de la
República. En el mismo acto mandará el Rector al mayordomo que tome razón
del título del nuevo catedrático, para que le asista con su renta.

Artículo 188. Cuando el provisto para servir una cátedra sólo tuviere el
grado de Licenciado en la facultad, deberá recibir dentro de un año la borla de
Maestro o Doctor en la misma, bajo la pena indicada en el artículo 180.

CAPITULO XVI

De los catedráticos
116
Artículo 189. Desde el día de la posesión dada al provisto para una
cátedra, principian sus obligaciones y sus derechos. Los catedráticos deben
concurrir a sus clases con mucha exactitud en todos los días y horas prescritas
para la enseñanza. Cuidarán del aprovechamiento, asistencia y buena
conducta de sus discípulos, dándoles ejemplo con su buen porte, y con su
puntual concurrencia a todos los actos, juntas y ejercicios de la Universidad a
que deban asistir.

Artículo 190. La falta de asistencia personal a la cátedra, por una cuarta


parte del año escolar, sin que sea por impedimento físico u otra causa legítima
aprobada por el Rector y Junta de Gobierno, será suficiente para que pierda la
cátedra, haciéndose la declaratoria, por la misma Junta, y obtenida la
aprobación de la Dirección Departamental, se procederá a la provisión de la
cátedra.

Artículo 191. Los catedráticos mientras duren las horas de sus


lecciones, no podrán separarse de su cátedra, sino por una urgentísima causa,
y las faltas voluntarias que hicieren se anotarán por el Bedel, para participarlas
al Vicerrector Inspector, quien las anotará también en su libro secreto.

Artículo 192.
Los catedráticos deben ser el modelo de los jóvenes confiados a su
enseñanza; la decencia, el decoro, la urbanidad, la cultura en el idioma, todo
debe relucir en los maestros, a fin de que con estas lecciones prácticas formen
buenos discípulos.

Artículo 193. Los catedráticos tendrán un libro de matrículas de sus


discípulos en que expresarán el nombre, edad y demás circunstancias de cada
uno, según la noticia que dé la certificación de matrícula extendida por el
Secretario. De este libro extractarán una lista de sólo los nombres de los
cursantes para leerle diariamente en sus clases en períodos determinados de
las horas de lecturas; y anotarán las faltas de asistencia de sus discípulos. En
el mismo libro se pondrán las notas de aplicación, aprovechamiento, conducta,
talento pequeño, mediano o sobresaliente, con lo demás que convenga para
informar cada tres meses a la Junta de Gobierno de lo que resulte de dichas
notas.

Artículo 194. Cuando de éstas aparezca que el cursante ha faltado por


un exceso de tiempo considerable por enfermedad o causa aprobada a juicio
del catedrático, especificará éste las circunstancias que obren respecto de
aquel individuo, para que se observe lo que se ha dicho en el capítulo de los
cursantes.

Artículo 195. La renta de que debe disfrutar cada catedrático, será


señalada por la Junta General y aprobada por el Gobierno en vista de la
participación e informes que se le hagan.

Artículo 196. A los 20 años de enseñanza en una misma cátedra sin


interrupción que cause vacante, serán jubilados los catedráticos con renta

117
entera, debiéndose comenzar a contar dicho término desde el día en que cada
uno haya tomado posesión de la cátedra, bien sea en propiedad o por
sustitución, con tal que haya sido dada por oposición. Todas las cátedras de
latinidad se reputarán como una misma.

Artículo 197. El que haya servido cátedras diferentes por 20 años, bien
sea en propiedad o por sustitución, podrá retirarse con la mitad de la renta y el
título de Catedrático Benemérito. Si las hubiere servido 25, se retirará con las
dos terceras parte; y si 30 con toda la renta, expidiéndosele el título de jubilado
en la cátedra que haya regentado más tiempo; mas si éste fuere igual en dos
cátedras, el mismo catedrático elegirá lo que sea de su agrado.

Artículo 198. Por el tenor de los dos artículos antecedentes será


computado el tiempo de los actuales catedráticos que hayan de jubilarse,
según el primero, o de retirarse según el segundo.

Artículo 199. El que componga una obra elemental aprobada por la


Universidad por la Dirección Departamental, ganará para el efecto de su
jubilación el tiempo que la Junta gradúe según el mérito de la obra, con
advertencia de que no podrá exceder de 8 años; y el que en los mismos
términos haga una traducción e impresión de una obra clásica para uso de la
Universidad, siendo igualmente aprobada, ganará sólo 2 años. Un mismo
catedrático podrá obtener estos dos premios por una sola vez. El catedrático
que después de 10 años de enseñanza perdiere su salud y quedare inhábil,
será retirado con un tercio de su renta.

Artículo 200. No podrá declararse jubilado un catedrático ni benemérito


sino en Junta General de la Universidad por mayoría absoluta de votos en vista
de las certificaciones anuales del Vicerrector Inspector y con el visto bueno de
la junta de Gobierno. Tampoco podrá declararse a un mismo tiempo más de un
catedrático jubilado en una misma cátedra.

Artículo 201. El Rector expedirá el título de jubilado en virtud de los


actos precedentes, y será firmado también por los dos catedráticos más
antiguos de la facultad o de la Junta de Gobierno, autorizado y sellado por el
Secretario.

Artículo 202. En la Junta gubernativa, como que es propiamente de


catedráticos preferirá el jubilado a los demás; pero si concurrieren dos o más la
preferencia entre ellos será por la antigüedad del grado.

Artículo 203. Siempre que la cátedra vaque y el jubilado en ella quiera


volver a desempañarla, tendrá derecho a hacerlo sin nueva oposición.

Artículo 204. Los catedráticos de un mérito eminente a juicio de la Junta


General, recibirán después de su muerte los honores que ella decrete, bien sea
un elogio fúnebre, o bien una inscripción u otro monumento que perpetúe su
memoria.

CAPITULO XVII
118
De los sustitutos

Artículo 205. Sustitutos son los que leen las cátedras en las ausencias,
enfermedades u otros impedimentos legítimos de los catedráticos y cuando por
algún motivo vacare la cátedra.

Artículo 206. Cuando la ausencia fuere por menos de quince días, será
nombrado el sustituto por el catedrático con acuerdo del Rector.

Artículo 207. Cuando haya de ser por más de quince días, o cuando
vaque la cátedra, lo nombrará el Rector con la Junta de Gobierno, pudiendo en
el primer caso proponer el propietario al que haya de servirlo en su lugar.

Artículo 208. Siempre que el sustituto supla la falta de asistencia del


catedrático, se le abonará la tercera parte de la renta correspondiente al tiempo
que sirva; pero en la vacante absoluta de las cátedras, se la dará la mitad de la
renta.

Artículo 209. Los Doctores serán preferidos para sustitutos en las clases
de medicina, y jurisprudencia canónica o civil, y teología, así como los
Maestros para las de filosofía. Los sustitutos tienen las mismas obligaciones
que los catedráticos respecto de la enseñanza.

Artículo 210. Cuando concurran los sustitutos a los exámenes, o


cualquiera otro acto literario, ocuparán el asiento que les corresponde según la
antigüedad de sus grados.

CAPITULO XVIII
Del Secretario, archivo y sello

Artículo 211. El Secretario será nombrado por la Junta General de la


Universidad, de dentro o fuera de su seno, precediendo fijación de edictos
firmados por el Rector en las puertas de la Universidad por espacio de treinta
días, dentro de los cuales deberán los aspirantes dirigir sus pretensiones al
Rector, para que las manifieste a la Junta General. Luego que se celebre la
elección se le participará por medio de oficio para su conocimiento.

Artículo 212. Antes de entrar el electo al desempeño de su destino,


prestará juramento ante el Rector y Junta de Gobierno de cumplir exactamente
con las obligaciones de su cargo; en seguida se le pondrá en posesión,
comunicándose así al Intendente del Departamento y a las demás
Universidades de la República.

Artículo 213. Para separar al Secretario de su destino con causa justa,


deberá preceder la aprobación de la misma Junta General.

119
Artículo 214. El Secretario presencia, extiende y autoriza las actas de
las Universidad, y conserva con mucho arreglo y esmero los libros de ella con
los demás expedientes y papeles; cumple también con todo lo que es de su
cargo, según lo prevenido en diferentes artículos de esta Constitución. Deberá
asistir a todos los grados, oposiciones a cátedras, exámenes de cursantes,
Juntas Generales y particulares y cuando sea citado por orden del Rector o lo
exija el desempeño de su destino. El Secretario intervendrá en la recaudación
de las rentas como se dirá en el capítulo del Administrador.

Artículo 215. El Secretario no puede dar copia alguna de los


documentos, actas o libros de su oficina, sin mandato expreso del Rector, a
excepción de los certificados de exámenes anuales necesarios para comprobar
cursos.

Artículo 216. El Secretario no podrá ausentarse de esta capital sin


causa urgentísima que deberá manifestar al Rector proponiéndole el que haya
de desempañar entretanto su destino. Si la causa pareciere justa al Rector, y
se conformare con el propuesto, podrá conceder el permiso hasta por un mes;
pero cuando la ausencia haya de ser por más tiempo, se obtendrá el permiso
de la Junta de Gobierno, a quien se hará también la propuesta del interino.

Artículo 217. Si la Secretaría vacare por muerte u otra causa, nombrará


el Rector hasta la celebración de la primera Junta de Gobierno al que deba
servirla en clase de interino, mientras se provee en propiedad conforme a esta
Constitución.

Archivo

Artículo 218. El archivo de la Universidad será una pieza segura que


estará a cargo inmediato del Secretario. Los papeles, libros y expedientes
concluidos, se colocarán en legajos en el archivo y en armarios que tengan las
seguridades necesarias. Un índice exacto debe manifestar cuanto encierra el
archivo.

Artículo 219. Los documentos archivados que se necesiten para


despachar comunicaciones de la Universidad, de la Dirección Departamental,
etc., se franquearán en copia u originales bajo la responsabilidad del Secretario
archivero. El mismo debe hacerse cargo de los papeles del archivo por formal
inventario, y anualmente agregará los papeles y expedientes que de nuevo se
hubieren creado.

Sello
Artículo 220. Mientras se reciba en esta Universidad el sello que debe
remitir el Gobierno igual al de las otras de Colombia, se continuará usando el
mismo que hasta hoy en clase de provisional. El Secretario cuidará de la
conservación del sello, y de sellar los títulos y demás documentos que lo exijan.

120
CAPITULO XIX
De las precedencias y ceremonias

Artículo 221. En todos los actos de la Universidad presidirá el Rector a


todos los Doctores y concurrentes de cualquiera dignidad que sean: cuando las
Juntas se celebren en la Sala de Sesiones de la Universidad, se sentará el
Rector bajo el dosel en la testera principal; a su izquierda el Vicerrector y los
demás universitarios a los costados por el orden de su antigüedad. Cuando se
reúna el Cuerpo en la Capilla, se sentará el Rector bajo su dosel al lado del
Evangelio, teniendo por delante una mesa con carpeta, y al pie de su silla
alfombra y cojín como se ha usado hasta ahora. Le seguirá inmediatamente el
Vicerrector, y después los Doctores y Maestros por la antigüedad de sus
grados, sin que ninguno pueda ceder su lugar a otra persona por cortesía o
atención.

Artículo 222. Los Doctores en medicina que hasta aquí se han graduado
(y) en adelante se graduaren, gozarán de la antigüedad que según la data de
su título les corresponda.

Artículo 223. En los concursos de Universidad después de los Doctores


y Maestros, tendrán lugar los Licenciados y Bachilleres según la antigüedad de
sus grados y facultades.

Artículo 224. Siempre que el Secretario tenga que desempañar


funciones de su destino en los actos académicos, tomará asiento inmediato a la
mesa al frente del Rector; y cuando concurra como miembro de la Universidad,
ocupará el que le corresponda por su grado. Si no fuere graduado, se sentará
después de todos los que lo sean.

Artículo 225. Si asistiere el Presidente o Vicepresidente de la República,


o el Arzobispo metropolitano a la Capilla de la Universidad, serán colocados en
el Presbiterio bajo otro dosel, acompañándoles los Doctores que nombrará el
Rector, mientras dure el acto, y después de concluido, hasta despedirlos en la
puerta de la Universidad o del Seminario.

Artículo 226. Si concurrieren los Ministros de la Corte Superior, el


Intendente del Departamento y los Generales de ejército que fueren
convidados, ocuparán los primeros asientos del ala opuesta a la del Rector, o
los que sigan después de éste y el Vicerrector en su misma ala.

Artículo 227. Sobre la mesa del Rector habrá en todas las funciones una
escribanía; y en las de grados se pondrá además una cruz, el libro de los
Evangelios y el formulario de los juramentos.

Artículo 228. Al acto de conferir el grado de Doctor o Maestro, se


iluminará el altar de la gloriosa Patrona de Sana Rosa con seis hachas y se
descubrirá la imagen. Media hora antes de la colación de estos grados, de los
certámenes públicos y actos de oposición, se hará seña con la campana
grande de la Universidad.
121
Artículo 229. En cualquiera de estos actos que haya de proferirse
alguna arenga, se hará la venia primero al Rector, después a la Universidad o
al cuerpo de examinadores, y por último, a todos los concurrentes. A la venia
debida al Rector, sólo preferirá la que se haga al Presidente o Vicepresidente
de la República y al Arzobispo cuando ellos también asistan.

Artículo 230. A las Juntas Generales y particulares y a los exámenes


anuales de los cursantes, asistirán el Rector y los demás universitarios sin las
insignias de muceta y borla.

Artículo 231. A los certámenes públicos concurrirán con insignias el


Rector, el catedrático de la facultad en que se defiende el acto y también el
sustentante cuando sea graduado; los demás sin ellas.

Artículo 232. A los ejercicios de oposiciones a cátedras asistirán con


insignias el Rector y el opositor que haga el ejercicio. A los grados de Bachiller
y Licenciado solamente el Rector.

Artículo 233. A los grados de Doctor o Maestro, festividades de los


Santos Patronos u otros actos semejantes, asistirán todos con sus insignias.
Los Doctores y Maestros seculares se presentarán en tales actos vestidos de
negro con ropilla igual a la de los abogados.

Artículo 234. Al entierro y exequias de Doctores o Maestros, irán los


universitarios sin insignias, vestidos los seculares de ropilla solamente y los
eclesiásticos de manteo y bonete que usarán también en todos los actos que
no hayan de llevar las insignias de sus grados.

CAPITULO XX
Del Maestro de Ceremonias

Artículo 235. Se conservará en la Universidad un Maestro de


Ceremonias, cuya elección se hará con las mismas formalidades que la del
Secretario; deberá tener algún grado académico; y para que sea conocido en
los actos de su oficio, llevará en la mano una varilla de plata. Tendrá obligación
de concurrir a los certámenes públicos, a las oposiciones a cátedras, grados de
Doctor o Maestro, fiestas de los Santos Patronos, funerales de los
universitarios y a otros cualesquiera actos que el Rector le mandare. En todos
ellos cuidará de que los graduados estén colocados por el orden de sus
antigüedades, designando a cada uno su asiento en caso de duda, lo mismo
que a los que concurran en clase de convidados; hará también que se
observen puntualmente las ceremonias prevenidas, advirtiéndole al que
contraviniere a ellas, para que las observe; y (si) lo rehusare, dará aviso al
Rector a fin de que ponga el remedio oportuno.

Artículo 236. No consentirá que en los actos de Universidad se mezcle


con los miembros de ella persona alguna a quien no se lo permita esta
Constitución.
122
Artículo 237. Disfrutará de los derechos que se le asignan en este
Reglamento, y de la renta que le señale el Gobierno con informe de la
Dirección Departamental.

Artículo 238. Cuando vacare el empleo de Maestro de Ceremonias


nombrará el Rector un interino mientras se provee en propiedad.

CAPITULO XXI
De los Bedeles
Artículo 239. Los dos Bedeles que debe haber en la Universidad serán
nombrados por el Claustro pleno o Junta General, después de haber fijado el
Rector un anuncio de la vacante a las puertas de la Universidad por 15 días.

Artículo 240. Es obligación de los Bedeles asistir a todos los actos de


Universidad, así literarios, como los demás a que ella concurra en Juntas
Generales o particulares; citar a los Catedráticos, Doctores, Maestros y
cursante por mandato del Rector, Secretario o preceptores y ejecutar las
órdenes del Vicerrector Inspector; cuidar del silencio en la Universidad, anotar
la falta de asistencia de los catedráticos en el libro que deberán llevar dando
aviso al Inspector; distribuir las copias de las proposiciones de los que hayan
de graduarse de Bachilleres y Licenciados, como también los derechos
asignados al Rector, examinadores y Secretario.

Artículo 241. A los actos literarios y Juntas de la Universidad, asistirán


los Bedeles vestidos de negro y de casaca con mazas para acompañar al
Rector desde la puerta del Seminario hasta la Sala de sesiones, y de allí irán
delante del Cuerpo de la Universidad hasta la Capilla, cuando en ella deba
celebrarse el acto académico.

Artículo 242. Los Bedeles alternarán por semana en la concurrencia a


las horas de lecciones diarias a abrir y cerrar las puertas de las aulas y
mantenerlas con aseo y limpieza, e impedir todo alboroto cerca de la
Universidad, y el que entren a ella personas que puedan causar distracción.

Artículo 243. El Bedel de semana publicará en las aulas los días de


asueto o en que deban comenzar y concluirse las vacaciones que señala esta
Constitución.

CAPITULO XXII
De las fiestas
Artículo 244. Se continuarán celebrando las fiestas de la Patrona Santa
Rosa de Lima, de la Concepción de Nuestra Señora y del Angélico doctor
Santo Tomás, que ha celebrado esta Universidad desde su erección,
pagándolas de sus fondos, y de los del Seminario como hasta ahora; y si
alguna otra quisiere hacer la Junta General, será a expensas de sus miembros.

123
En todas estas fiestas deberán oficiar y predicar los Doctores o Maestros de la
Universidad nombrados por el Rector.

Artículo 245. Todos los miembros de la Universidad, son obligados a


concurrir a estas fiestas como está prevenido en los artículos 3º y 6º.

CAPITULO XXIII
De los entierros y honras
Artículo 246. Luego que muera algún Doctor o Maestro, o se reciba la
noticia de haber acaecido su muerte fuera de esta ciudad, se hará seña con el
doble de campañas por un cuarto de hora. El Maestro de Ceremonias será
obligado de informarse de la hora en que ha de hacerse el entierro y avisarlo al
Rector para que prevenga a los Bedeles que citen a todos los miembros de la
Universidad, quienes deberán concurrir a la casa del difunto y acompañar el
entierro con hachas en las manos. Asistirán igualmente a la vigilia y misa de
cuerpo presente si la hubiere, distribuyendo los Bedeles también, velas
encendidas al tiempo del responso.

Artículo 247. Cuando muera un eclesiásticos, miembro de la


Universidad, lo sacarán en hombros hasta fuera de la puerta de la calle los
cuatro Doctores o Maestros eclesiásticos más antiguos de la facultad en que
era graduado el difunto; pero si éste fuere secular le harán este honor los
cuatros seculares más antiguos de su facultad; y si el entierro por algún
accidente fuere de noche, sólo serán obligados los universitarios a asistir a la
iglesia donde se celebraren las honras. Los que faltaren sin cumplir con los
requisitos de los artículos 3º y 6º, incurrirán en la multa prevenida en ellos y su
producto será invertido por el Rector en misas por el alma del difunto. Al
entierro del Rector, Vicerrector o catedráticos, asistirán además de los
universitarios los catedráticos que no sean graduados, los Bachilleres y
cursantes.

Artículo 248. Dentro de nueve días de muerto el Doctor o Maestro, o de


haber llegado la noticia, cuando sucediere fuera de la capital, se celebrarán
honras en la Capilla de la Universidad con vigilia y misa cantada a que asistirán
todos los Doctores y Maestros bajo las multas mencionadas, haciéndose el
costo por los fondos de la Universidad.

Artículo 249. El día 10 de noviembre de cada año se celebrarán


exequias por los universitarios difuntos conforme a la fundación de un
particular, que ha aceptado el Claustro pleno. Serán preferidos para cantar la
misa y para hacer la oración fúnebre, los catedráticos, y por su defecto
nombrará el Rector.

CAPITULO XXIV
De las rentas y gastos de la Universidad y de su deuda activa y pasiva

124
Artículo 250. Son rentas de la Universidad:

1ª La cantidad de 200 pesos anuales que ha contribuido la Tesorería de


esta ciudad, desde el año 1592, a las dos cátedras de elocuencia y menores a
razón de 100 pesos a cada una y que continúan conforme al número 1º artículo
72 de la Ley de Estudios de 10 de marzo de 1826.

2ª La de 1.091 pesos, siete reales y un cuarto, renta anual de 21.838


pesos, cinco reales y medio, bienes de temporalidades de los ex jesuitas,
entrados en la Tesorería Nacional, y dispuestos por el Gobierno para otros
objetos según consta de los libros de ésta, certificado por los señores Ministros
y que reconoce aquella en virtud del artículo 72 de la citada ley de estudios;
asimismo todos los principales de temporalidades que se descubran estar en el
caso de ésta.

3ª La renta fluctuante de 500 a 600 pesos que abona la Tesorería de


diezmos de la suprimida canongía lectoral en virtud del número 6º del artículo
72 de la citada ley.
4ª La cantidad de 2.000 pesos de las vacantes mayores y menores de
este obispado que la misma Tesorería de diezmos contribuye a la Universidad
en virtud del número 7º del citado artículo de la ley de estudios.

5ª La cantidad de 1.338 pesos rédito anual asegurado del capital de


26.760 pesos, cuatro reales de la rentas de legítima fundación en favor de la
Universidad y que han estado siempre a cargo de sus Administradores.

6ª La cantidad de 774 pesos, cuatro reales, rédito anual del capital de


15.487 pesos, parte de las rentas originales de la Universidad que está en un
estado litigioso, a proporción que se vaya poniendo corriente.

7ª Los capitales dejados por bienhechores a beneficio de alguna


cátedra y que todavía no estén debidamente reconocidos y poseídos por la
Universidad.

8ª Las rentas de la obra pía de Chuao después de cumplir con sus


gravámenes de limosna a pobres, cera u otros objetos del culto.

9ª La obra pía de Cata con sus agregados de la hacienda de Miranda y


demás que posteriormente a su fundación la acrecieron, deduciendo sus
gravámenes, como son, principalmente reconocidos en ella, extipendio del cura
de Cata y las contribuciones anuales a fiestas, altares y limosnas de pobres, y
la deuda del mayordomo y administradores que haya tenido y esté
legítimamente probada antes de su arrendamiento.

10 La de la hacienda de caña dulce con trapiche, nombrada de la


Concepción en la jurisdicción de Tácata que fue del canario José Antonio
Sánchez Castro, adjudicada a la Universidad por decreto de 16 de mayo de
1827. El cobro y distribución de estas rentas y de las de los dos números
anteriores, así como el cuidado de las fincas y la intervención en su
125
administración o arrendamiento tocan al Administrador de la Universidad bajo
las determinaciones de su Claustro pleno.

11. Las rentas anuales sobrantes de los resguardos de los indígenas,


deducida la dotación de las escuelas de primeras letras que deberán
establecerse en las mismas poblaciones.

12. La manda benéfica de 6 pesos que deben hacer los Doctores,


Maestros y Licenciados de la Universidad en su favor, y que será considerada
como circunstancia necesaria para la validez de sus testamentos.

13. Los fondos del extinguido Colegio de abogados.

14. La cantidad de 363 pesos, cinco reales y tres cuartillos, rédito anual
del capital de 7.275 pesos, seis reales, fundados para las clases de derecho
canónico y civil y filosofía que corren a cargo del Administrador del Seminario
de esta ciudad, y deben ser incorporados a la caja de Administración de la
Universidad con arreglo al número 2º artículo 72 de la citada ley.

15. Las que en adelante le pertenecieren en virtud del citado artículo 72


de la misma ley.

16. En fin, son rentas eventuales de esta Corporación todos los


derechos de grados, oposiciones a cátedras y demás que están ordenados en
este reglamento.

Artículo 251. Los egresos de la Universidad son:


1º Los ordinarios para abonar los sueldos de 17 catedráticos que a
razón de 400 pesos anuales importan 6.800 pesos. Los catedráticos cuyas
rentas por consistir en capellanías tengan algún gravamen recibirán la
indemnización de éste, de modo que perciban completo su sueldo de 400
pesos, 100 para gastos anuales de Secretaría, 25 gratificación del Maestro de
Ceremonias, 10 pesos mensuales gratificación del preceptor de anatomía en
los meses en que ayude a las demostraciones de esta ciencia, 600 pesos para
los dos Bedeles a razón de 300 anuales cada uno. 51 pesos cuatro reales y
medio para las fiestas de los Patronos, 75 pesos cuatro reales para el
aniversario de los universitarios difuntos; en fin, los gastos de Administración
según el artículo 266.

2º La cantidad de 2.000 pesos que contribuye la Universidad cuando


haya entrado en el goce de sus rentas el Colegio de niñas educandas para su
auxilio.

3º Los gastos extraordinarios grandes que, acuerde el Claustro pleno


con aprobación de la Subdirección y los pequeños que ordene el Rector con
acuerdo de la Junta Gubernativa.

4º Los eventuales de aniversarios de los Doctores y Maestros que


fallezcan y los de cantidades destinadas a premios anuales.

126
Artículo 252. La Universidad reconoce la deuda de 7.130 pesos y tres
reales liquidados y aprobada hasta la fecha en favor de varios acreedores y la
que en adelante sea aprobada y legítima y se obliga a amortiguarla a prorrata:

1º Con las cantidades que cobre de su deuda activa.


2º Con el sobrante que resulte anualmente después de haber llenado
todos sus egresos, y ocurrido a sus mejoras a juicio del Claustro pleno
confirmado por la Subdirección.

Artículo 253. La Universidad adjudica para el pago de su deuda la


acreencia cobrable de 1.611 pesos, cuatro reales y la litigiosa de 15.427 pesos,
dos reales y un octavo.

Artículo 254. El Administrador bajo la fianza y con las formalidades


requeridas en el capítulo siguiente, se hará cargo de los documentos y
expedientes de todos los capitales que forman las rentas de la Universidad que
clasificará en un inventario y custodiará en un archivo particular. Con arreglo a
ellos pondrá corrientes y cobrará puntualmente todas las rentas de esta
Corporación, supervigilará la mejor conservación de las fincas número 8,9 y 10
del artículo 250.

Artículo 255. Siendo de esperar que arregladas las rentas de la


Universidad basten no sólo para cubrir todos sus gastos, sino para producir un
sobrante reservado con que mejorar el establecimiento de las diversas
enseñanzas que este reglamento comprende, y establecer otras muy
importantes luego que se presenten profesores bien calificados; esta suma
sobrante será aplicada:

1º A la adquisición de los instrumentos más necesarios para las


demostraciones de las matemáticas teóricas y prácticas.
2º A la de un gabinete de física experimental.
3º A la dotación de un catedrático de la lengua griega.
4º A la de otro de química y al costo del laboratorio necesario para
enseñar esta ciencia.
5º A la de otro de botánica o en general de elementos de historia
natural.
Artículo 256. De esta misma suma sobrante se destinará anualmente
una cantidad por lo menos de 200 pesos para comprar aquellas obras de costo
que no pueden ser adquiridas por la generalidad de los estudiantes, a fin de ir
gradualmente formando una biblioteca de la Universidad.

CAPITULO XXV
Del Administrador

Artículo 257. Habrá un Administrador elegido el día 20 de diciembre,


cada dos años, por la Junta General de su mismo seno o fuera de él, pudiendo
el mismo ser reelegido indefinidamente a juicio del cuerpo y practicándose para
la elección las misma formalidades que para el Secretario, participándolo
127
solamente al Intendente departamental y a las Tesorerías con las cuales la
Universidad tenga relaciones.

Artículo 258. Antes de entrar el Administrador en el ejercicio de su


empleo, prestará fianza de 3.000 pesos a satisfacción de la Junta de Gobierno;
y extendida por ante un escribano público, la escritura correspondiente, le
pondrá el Rector en posesión.

Artículo 259. Es obligación del Administrador, cobrar oportunamente


todo lo que corresponda a la Universidad por réditos de censos o por
cualesquiera otras asignaciones, y llevar una cuenta exacta del ingreso y
egreso. Las partidas del egreso ordinario serán comprobadas con las firmas de
los que las perciban, puesta al pie. Las de gastos extraordinario y eventual lo
serán por el libramiento del Rector, o con copia del acuerdo del Claustro pleno
sancionado por la Subdirección en los diversos casos del artículo 261. Los
recibos o cartas de pago que haya de dar a los deudores serán intervenidos y
firmados por el Secretario, quien sentará la partida con especificación de
nombres y fechas, en un libro que, con el título de Recaudación de rentas de la
Universidad, llevará por sí solo, además del que tenga el Administrador.

Artículo 260. Si después de firmado el recibo por el Secretario y sentada


la partida en su libro, no se cobrare efectivamente la cantidad, se descargará
de ella el Administrador produciendo el mismo recibo. Para examinar las
cuentas del Administrador, se tendrá a la vista el libro del Secretario, y con
arreglo a él se le formarán cargos.

Artículo 261. El Administrador pagará los gastos ordinarios que


establece este reglamento sin necesidad de orden, y sólo con el previo
requisito de obtener puntual informe del Secretario acerca de las personas de
los catedráticos y demás empleados de la Corporación y del tiempo que sirvan.
Abonará los gastos extraordinarios pequeños y del momento, en virtud de
orden del Rector fundado en acuerdo previo de la Junta de Gobierno y los
eventuales de Constitución: v.g., de los aniversarios de los Doctores o
maestros que fallezcan, la cuota designada para premios, etc. Pagará los
extraordinarios de alguna cuantía en virtud de acuerdo del Claustro pleno,
sancionado por la Subdirección y certificado por el Secretario.

Artículo 262. Cada seis meses presentará un estado del ingreso y


egreso de las rentas de la Universidad; y otro de las causas que hayan
pendientes relativas al aseguramiento de censos, sus réditos o cobros de
cualquiera otra calidad con especificación de la última providencia que haya
recaído en cada expediente.

Artículo 263. El Administrador será obligado a presentar sus cuentas


comprobadas para el día 1º de diciembre de cada año; en inteligencia de que
por no hacerlo así, se considerará vacante su destino y se procederá a
proveerlo en otra persona.

128
Artículo 264. El Rector podrá nombrar dos individuos de la Junta de
Gobierno que revisen y examinen las cuentas del Administrador, y expongan
dentro de seis días el juicio que formen de ellas.

Artículo 265. Sin que sean presentadas y aprobadas las cuentas, ningún
Administrador podrá continuar en su destino.

Artículo 266. El Administrador percibirá por su trabajo el 4 por ciento de


todo lo que entrare en su poder. En el cobro de las litigiosas tomará 8 por
ciento. El Secretario tendrá el 1 por ciento por su intervención.

CAPITULO XXVI
De los derechos que se pagan en esta Universidad

Artículo 267. El Rector y examinadores gozarán de los derechos que se


han especificado por los grados de Bachiller y Licenciado, y además por cada
ejercicio literario de los opositores a cátedras, 3 pesos cada uno.

Artículo 268. El Secretario además de los derechos que se le han


asignado por la colación de grados llevará los siguientes:

Artículo 269. Por la matrícula de cada cursante, al principiarse el año


académico, 4 reales.

Artículo 270. Por presentación de cursos ganados en otras


Universidades, para graduar o incorporarse en ésta, 3 pesos.

Artículo 271. Por asistir a los ejercicios literarios de cada oposición a


cátedras, 2 pesos; y además las costas del expediente que se formare con
arreglo al arancel de la República, las cuales se cobrarán siempre del
nombrado para leer la cátedra.

Artículo 272. Por el título de catedrático, 6 pesos.

Artículo 273. Por el título que ha de despachar al nuevo Secretario


cuando se elija, 6 pesos, y otros tantos por el del Administrador.

Artículo 274. Por cada edicto de incorporación de grados, oposiciones a


cátedras y nombramientos de empleados de la Universidad, 8 reales.

Artículo 275. En los casos en que haya de instruirse justificación o


practicarse diligencias no expresadas en esta Constitución se arreglará el
Secretario al arancel de la República.

CAPITULO XXVII
De las Academias

129
Artículo 276. La Universidad irá planteando sucesivamente las demás
cátedras y establecimientos que le permitan sus fondos. Procurará formar a la
mayor brevedad posible la Academia de Emulación, dividida en las cuatro
secciones de literatura y bellas letras, ciencias naturales, ciencias políticas y
morales y ciencia eclesiásticas. Cada una de ellas en los dos meses primeros,
después de haberse instalado, hará un reglamento para su organización
interior y para el mejor fomento de sus estudios, y con informe del Rector lo
aprobará o reprobará; mas respecto a que el bien general exige la más pronta
organización de la medicina en sus diversos ramos, se establece la sección de
las ciencias médicas bajo las reglas siguientes:

Artículo 277. Cualquiera que haya hecho sus cursos en otras


Universidades de Colombia, y recibido el grado de Doctor en medicina, queda
habilitado para ejercer su profesión en los Departamento de Venezuela,
Maturín, Orinoco y Zulia.

Artículo 278. Todos los que hayan hecho sus estudios de medicina, de
cirugía y de farmacia en países extranjeros, y que en ellos hayan recibido los
correspondientes grados que habilitan para ejercer la profesión, como de
ningún modo la ejercerán en estos Departamentos sin que hayan sido
habilitados por la Facultad de Medicina de esta capital, precediendo el examen
que abajo se expresará; cualquiera que contraviniere en las penas establecidas
por las leyes 5ª y 6ª, título 11, y la 12, título 12, libro 10 de la novísima
recopilación.

Artículo 279.- Habrá. Fuera de la Universidad una reunión de


Profesores de Medicina, Cirugía y Farmacia, aunque no sean Doctores, con tal
que sean profesores regulares y latinos de los antiguos protomedicatos; no
bajará de siete ni pasará de quince propietarios y un número indeterminado de
honorarios; se denominará esta Junta Facultad de Medicina del Departamento
o Distrito de Venezuela. Serán miembros natos de ella los catedráticos y los
nombrados para examinadores conforme a las Constituciones de esta
Universidad. Por la primera vez la Dirección Departamental completará el
número de propietarios. Los miembros honorarios y los reemplazos de los
miembros que no sean catedráticos o examinadores se harán en lo venidero
por la Facultad a mayoría absoluta de votos; la misma nombrará un Director y
un Vicedirector bienales con un Secretario que deberá permanecer durante su
buen comportamiento.

Artículo 280. Serán funciones de la Facultad de Medicina, de Cirugía y


de Farmacia en lo relativo a la instrucción pública:

1º Promover el estudio teórico y práctico de las ciencias médicas por


cuantos medios estén a su alcance y le sugiera su celo;

2º Llevar a la perfección el establecimiento de la Academia de


Emulación en la parte relativa a las ciencias médicas, y hacer que los jóvenes
cursantes reciban en las sesiones académicas particulares toda la instrucción
necesaria, especialmente para la práctica;

130
3º Cuidar que se forme e imprima a la mayor brevedad un curso
completo de los ramos de las ciencias médicas que deben enseñarse en esta
Escuela de Medicina, acomodado al clima, constitución y enfermedades de los
habitantes de estos países, el que a más de contener las mejores doctrinas de
los autores más selectos, y los últimos descubrimientos, tenga la brevedad
necesaria para las escuelas;

4º Promover que se formen inmediatamente para la Escuela de


Medicina los establecimientos más precisos de los que indica el artículo 47 de
la ley orgánica de estudios.

Artículo 281. Corresponderá a la Facultad de Medicina el examen de los


cirujanos que deben acreditar los mismos cursos que prescribe esta
Constitución para los Doctores en Medicina y practicar los mismos actos que
éstos, siempre que no tengan el mismo grado, pues teniéndolo, el examen
será de dos horas solamente en la materia de cirugía por los cinco
examinadores sin que le imponga el deber de escribir memoria, formar discurso
sobre punto, ni sufrir el segundo examen práctico; en caso de aprobación se le
expedirá el diploma del cuerpo. Los derechos serán los mismos que para los
grados de Doctor en Medicina.

Artículo 282. El examen de los Doctores Médicos, Cirujanos y


Farmacéuticos que hayan recibido sus grados fuera de Colombia, y que lo
acrediten debidamente, se verificará en una sesión por los siete examinadores
nombrados por la Facultad como se ha dicho; durará dos horas, haciendo al
examinando preguntas y objeciones sobre los diversos ramos de la ciencia.
Concluido el examen habrá una votación como la prevenida para los grados, y
si resultare aprobado se le dará un diploma, que firmarán el Director de la
Facultad y los examinadores, en que conste el examen y aprobación. Con este
documento quedará habilitado para ejercer la profesión en todo el Distrito de
Venezuela, obteniendo el pase del Intendente departamental y cumpliendo con
lo demás que prescriben las leyes y reglamento de policía.

Artículo 283. Corresponderá también a la Facultad de Medicina examinar


a todos los farmacéuticos o boticarios colombianos que se hallen en el caso de
la ley 1º , título 13, libro 8º de la novísima recopilación, lo mismo que a los
flebotomistas y parteras que deban sufrir examen; para cuya instrucción la
Facultad Médica adoptará las medidas que juzgue más convenientes. El
examen para los farmacéuticos durará hora y cuarto, haciéndose por cinco
examinadores nombrados por el Director, los que al fin del acto darán su voto a
favor o en contra de la aprobación. El de los sangradores y parteras podrá ser
por uno o tres examinadores y durará media hora. Todos los examinadores
tendrán el respectivo diploma que se presentará a las autoridades locales.
Acerca de los que fueren reprobados, se observará lo que dispone la ley 4º
título 12, libro 8º de la novísima recopilación.

Artículo 284. En los Departamentos de Maturín, Orinoco y Zulia, habrá


profesores nombrados por la Junta de Medicina de esta Universidad para el
efecto de examinar a los comprendidos en los artículos anteriores. En este
caso el cuerpo de examinadores que se nombrará entre los corresponsables de

131
la Facultad, si los hubiere, será de tres a cinco y durará el examen por el
tiempo fijado anteriormente. Resultando la aprobación, se remitirán los
documentos de los médicos, cirujanos y farmacéuticos a la Facultad Médica de
esta ciudad para que expida el diploma de licencia, que en este caso se firmará
por el Director de la Facultad y cinco de los catedráticos o Doctores más
antiguos. Los sangradores y parteras recibirán su licencia de la respectiva
Municipalidad, previo el certificado de examen y aprobación que darán los
examinadores. Cuando sean tres, presidirá el más antiguo.

Artículo 285. Por los exámenes de farmacéuticos, y por la reválida de los


Doctores Médicos, Cirujanos y Farmacéuticos extranjeros, recibirá cada
examinador 6 pesos, y además pagará el pretendiente 8 pesos por el diploma
para curar de medicina o cirugía, y 50 pesos para las cajas de la Facultad; y los
farmacéuticos colombianos y extranjeros, satisfarán 25 pesos para las cajas y 4
por el diploma. Los sangradores y parteras pagarán 2 pesos a cada
examinador, 10 para la caja y 4 para el diploma.

Artículo 286. La Facultad de Medicina quedará encargada de visitar


igualmente por sí o por la persona o personas que designe, todas las boticas
del distrito de la Universidad, y de cuidar que acerca de ellas y de los
exámenes que deben sufrir todos los boticarios, se observen las leyes vigentes,
especialmente las contenidas en el título 13 de la novísima recopilación. Todos
los derechos de visita quedan reducidos a 9 pesos.

Artículo 287. Estará a cargo de la Facultad de medicina:

1º Promover en este distrito por medio de representaciones dirigidas a


las justicias y demás autoridades, el cumplimiento de las leyes que tratan sobre
médicos, cirujanos, farmacéuticos, boticas y venta de drogas.

2º Proponer a las Juntas de Sanidad las medidas o reglamentos


sanitarios, según el clima y circunstancias del país para conservar la salud
pública o para restablecerla siempre que se hubiere alterado.

3º Formar y publicar los métodos curatorios que mejor convengan,


cuando haya enfermedades epidémicas o contagiosas.

4º Publicar iguales métodos para precaver a los pueblos de las


enfermedades más comunes o propias de estos países, como algunas
cutáneas, los cotos, la elefancia y demás que haya en los diferentes climas, y
para curar a los que adolezcan de ellas.

Artículo 288. La Facultad Médica procurará formar una colección de


todos los artículos de la Materia médica pertenecientes a los tres reinos,
animal, vegetal y mineral.

Artículo 289. El Secretario de Estado y General de mi Despacho está


encargado de comunicar este decreto a quienes corresponda.

Cuartel General Libertador en Caracas, a 24 de junio de 1827, 17º

132
Simón Bolívar
Por el Libertador Presidente

J. R. Revenga
El Secretario de Estado y General de S. E.

Es copia exacta:

El Secretario de la Universidad Central


C. Rodríguez

ESTATUTO ORGÁNICO
DE LAS UNIVERSIDADES NACIONALES45

45
Precedido de la siguiente parte motiva:
Considerando:
Que las Universidades Nacionales adolecen desde el punto de vista de su orientación y
funcionamiento de notables deficiencias que las han venido incapacitando para servir su noble
finalidad;
Considerando:
que las mencionadas deficiencias
han sido denunciadas en forma insistente por la opinión pública y muy especialmente por los
sectores profesorales y estudiantiles;

Considerando:
que las Autoridades Educacionales, las diversas Facultades y el estudiantado han estado
acordes en demandar una serie de reformas substanciales en lo que hace al régimen docente y
administrativo de las Universidades; y

Considerando:
133
(Transcripción exacta del texto reproducido en la Compilación Legislativa
Venezolana, Ministerio de Relaciones Interiores, Dirección de Justicia,
1946)

TÍTULO I
Disposiciones fundamentales

Artículo 1°- Las Universidades Nacionales son instituciones gratuitas al


servicio del pueblo que tienen por finalidad: Completar la función formativa
integral de la juventud, realizada en los ciclos educacionales anteriores; crear,
asimilar y difundir la Cultura y la Ciencia y formar los equipos profesionales y
técnicos que necesita la Nación para su progreso.

Estas funciones las ejercerán las Universidades por medio de institutos y


establecimientos de investigación y de educación superior, escuelas y
organismos anexos, de acuerdo con las disposiciones del presente Estatuto y
de los Reglamentos.

& único.- Las Universidades, en sus institutos, establecimientos y


organismos anexos, prestarán atención preferente a los problemas nacionales;
y estarán orientadas, en el estudio, la enseñanza y la difusión de todas las
corrientes del pensamiento, por un definido criterio de democracia y de justicia
social.

Art. 2°- La función universitaria es una en toda la Nación, pero se


realiza de acuerdo con las necesidades ambientales y con las disponibilidades
de cada Universidad. La planificación de las funciones universitarias deberá
orientarse dentro de este concepto de unidad y coordinación.

Art. 3°-Para mantener la unidad pedagógica, cultural y científica de las


Universidades Nacionales, funcionará un Consejo Nacional de Universidades
que estará constituído por un delegado de los profesores y un delegado de los
estudiantes de cada Universidad, elegido por votación directa y secreta en los
sectores respectivos; por los Rectores de las Universidades y por el Ministro
de Educación Nacional, quien lo preside.

&único.-La organización y funcionamiento del Consejo Nacional de


Universidades serán pautados en el Reglamento especial elaborado por el
Poder Ejecutivo.

Art.4°-El gobierno universitario estará integrado por los designados del


Ejecutivo Federal, los representantes del profesorado, los representantes de
los estudiantes y por los representantes de los egresados universitarios.

Art.5°-Las Universidades Nacionales tienen personalidad jurídica


autónoma y patrimonio propio, distinto e independiente del Fisco Nacional.

que es justamente en la oportunidad de la apertura de cursos cuando se hace más urgente la


reorganización sobre nuevas bases de los estudios universitarios, dicta el siguiente

134
Este patrimonio estará integrado por los bienes o valores que adquieran por
cualquier título legal.

Pasan a formar parte del patrimonio exclusivo de cada Universidad, los


bienes muebles o inmuebles que actualmente posean o les estén adscritos, así
como los que poseen los establecimientos oficiales que se incorporen a ellas
en virtud del presente Estatuto. A tal efecto, los Rectores de las Universidades
Nacionales procederán a cumplir las formalidades legales necesarias.

Art. 6°-La autoridad suprema de cada Universidad reside en su Consejo


Universitario, presidido por el Rector de la Universidad.

Art. 7°-En la Ley de Presupuesto General de Rentas y Gastos Públicos


de la Nación se incluirá anualmente, con destino a las Universidades
Nacionales que actualmente funcionan, una partida cuyo monto global será del
1 al 2 % de las rentas anuales que se presupongan en dicha Ley.

Art. 8°-La partida global asignada a las Universidades, se distribuirá


entre ellas de acuerdo con sus necesidades. A tal efecto, los Rectores de las
Universidades presentarán los respectivos proyectos al Consejo Nacional de
Universidades, organismo que distribuirá las disponibilidades tomando como
base los planes formulados.

Art. 9°-Los bienes y rentas de las Universidades Nacionales no estarán


sometidos al régimen de los bienes nacionales establecidos en la Ley Orgánica
de la Hacienda Nacional y sus ingresos y erogaciones no se consideran como
rentas o gastos públicos y no estarán sometidos al régimen del Presupuesto
Nacional. El control de los mismos se hará de conformidad con lo que disponga
el presente Estatuto y los reglamentos respectivos.

Art. 10°-Las Universidades gozarán en cuanto a su patrimonio, de las


prerrogativas que al Fisco Nacional acuerda la Ley Orgánica de la Hacienda
Nacional.

Art. 11°-Los funcionarios y empleados universitarios que manejen fondos


o dineros de la Universidad, así como cualesquiera otros que señalen los
Reglamentos respectivos, estarán sujeto a las prescripciones de la Ley
Orgánica de la Hacienda Nacional en cuanto a la caución que deben prestar y
a sus responsabilidades.

Art.12°- El Estado venezolano reconocerá para todos los efectos legales


los grados, títulos o certificados de competencia que expidan las Universidades
Nacionales.

Art. 13°-El régimen de seguros, ascensos, jubilaciones, despidos y


demás cuestiones relacionados con la asistencia y previsión social, que las
Universidades deben a todo su personal, se regirá por las disposiciones que a
tal efectos dicten los respectivos Consejos Universitarios.

135
TÍTULO II
Organización de las Universidades Nacionales

SECCIÓN PRIMERA
Del Consejo Universitario
Art.14.-El Consejo Universitario de cada Universidad es la autoridad
suprema del instituto y estará formado por el Rector, quien lo preside, el
Vicerrector, el Secretario, los Decanos de las Facultades, tres delegados
estudiantes y dos representantes de los egresados de cualesquiera de las
Universidades Nacionales.

Artículo 15.-Corresponde al Consejo Universitario:


1° Dirigir, coordinar y vigilar la enseñanza, la investigación y todas las
actividades universitarias.
2° Crear, modificar y suprimir facultades, escuelas e institutos
universitarios, dictar el Reglamento interno de la Universidad y aprobar los
Reglamentos de las facultades, institutos, escuelas y demás establecimientos
de su dependencia.
3° Aprobar o hacerle reparos al Presupuesto de Rentas y Gastos de la
Universidad, elaborado por el Rector.
4° Reglamentar la administración, gravamen y disposición del patrimonio
universitario, la inversión y manejo de su presupuesto, y decretar créditos
adicionales hasta por el 60 % de la disponibilidad del Tesoro Universitario
previo el cumplimiento de los requisitos que pauten los Reglamentos.
5° Acordar los aranceles universitarios.
6° Fijar los títulos, grados y certificados de competencia que deban
otorgar las Universidades, y a propuesta de la respectiva Facultad, los
requisitos necesarios para su obtención.
7° Dictaminar de acuerdo con lo que exija el Reglamento respectivo,
sobre el reconocimiento y validación de estudios, grados y títulos otorgados por
Universidades extranjeras, correspondientes a los que otorguen las
Universidades, y pronunciarse sobre las solicitudes que se les presenten al
respecto, previo informe del Decano de la Faculta respectiva.
8° Señalar y reglamentar los premios que se otorguen anualmente
por estudios, obras, trabajos de investigación o producciones literarias y
disponer que profesores, ayudantes y alumnos, perfeccionen sus estudios en el
extranjero, redacten obras o realicen trabajos de investigación.
9° Conocer y resolver en los procesos de remoción del Decano y del
personal docente.
10° Actuar como Tribunal Disciplinario para conocer de las faltas
cometidas por los miembros del personal docente y de investigación, de
acuerdo con este Decreto y su Reglamento.
11° Conocer en apelación de los recursos que se interpongan en contra
de las penas impuestas por el Rector o por los Decanos de las facultades.
12° Contratar para la Universidad profesores nacionales o extranjeros
para investigaciones científicas, docencia o extensión universitaria, previo
informe de la Facultad respectiva.

136
13° Otorgar el Doctorado Honoris Causa, previo el cumplimiento de las
formalidades que establezcan este Decreto y el Reglamento interno de la
Universidad.

SECCIÓN SEGUNDA
De los Designados Ejecutivos
Art.16.-Los Rectores, Vicerrectores y Secretarios de las Universidades
deben ser ciudadanos venezolanos, poseer títulos universitarios, credenciales
profesionales o científicas y ejercer o haber ejercido con idoneidad funciones
docentes.

Art. 17.- El Rector, el Vicerrector y el Secretario son de libre designación


y remoción del Ejecutivo Federal.

Art. 18.-Son atribuciones del Rector:


1° Cumplir dentro de la respectiva Universidad las disposiciones
emanadas del Consejo Nacional de Universidades.
2° Dirigir, coordinar y vigilar, en nombre del Consejo Universitario, la
marcha de la Universidad.
3° Presidir el Consejo Universitario y ejecutar sus acuerdos.
4° Conferir los grados y certificados de competencia que otorgue la
Universidad.
5° Elaborar, con vista de los presupuestos presentados por los Decanos
de las Facultades, y de los demás elementos necesarios, el proyecto de
presupuesto anual de rentas y gastos de la Universidad, y someterlo a la
consideración del Consejo Universitario para su aprobación o reparos.
6° Autorizar todos los ingresos, recaudaciones y cobros de fondos y los
pagos que deba hacer la Universidad.
7° Presentar un estado trimestral de cuentas al Consejo Universitario.
8° Presentar una Memoria y el estado anual de cuentas, previa
conformidad del Consejo Universitario, al Ministro de Educación Nacional.
9° Hacer los nombramientos de los miembros del personal docente y de
investigación de la Universidad, de acuerdo con las disposiciones del presente
Estatuto y del Reglamento de la Universidad.
10° Adoptar las medidas convenientes para la conservación del orden y
la disciplina en la Universidad, pudiendo suspender hasta por un año de clases,
trabajos prácticos, seminarios y examen al alumno o alumnos que den motivo a
la aplicación de estas medidas.
11ª Iniciar el expediente de remoción de los Decanos cumpliendo
instrucciones del Consejo Universitario, de oficio, o cuando lo soliciten la
mayoría de los miembros de la respectiva facultad.
12ª Presentar al Consejo Universitario una Memoria anual sobre la
marcha, estado y necesidades de la Universidad.

Art. 19.- El Rector es el representante legal de la Universidad y el órgano


de comunicación de ésta con todas las autoridades de la República y con las
corporaciones nacionales y extranjeras.

137
Art. 20.-El Vicerrector llenará las faltas temporales del Rector, colaborará
con él en el gobierno de la Universidad, tendrá a su cargo la Secretaría del
Consejo Universitario, llevará y mantendrá al día los inventarios de la
Universidad, y cumplirá los demás deberes que le señalen las leyes y
reglamentos.

Art. 21.-Corresponde al Secretario de la Universidad:


1° Refrendar la firma del Rector en los diplomas y decretos que éste
expida.
2° Ejercer, de acuerdo con las instrucciones del Rector, la vigilancia del
personal y de los servicios de la Secretaría.

Art. 22.-En caso de falta absoluta del Rector, del Vicerrector o del
Secretario, se procederá a una nueva designación.

SECCIÓN TERCERA
De las Facultades y de las Asambleas de Facultades
Art. 23.-Las Universidades están constituidas por entidades funcionales
denominadas Facultades, las cuales se consideran integradas por miembros
docentes, honorarios, estudiantes y egresados, en la forma pautada por este
Decreto y por los Reglamentos.

Art. 24.-El Gobierno de las Facultades será ejercido por la asamblea de


la Facultad, por el Consejo de la Facultad y por el Decano, según las
disposiciones del presente Decreto.

Art. 25.-La asamblea es la autoridad máxima de la Facultad y estará


integrada por sus miembros docentes y honorarios, por los representantes
estudiantiles y por los representantes de los egresados de la Facultad.

Art. 26.-Son miembros docentes de las facultades: los profesores que


tengan a su cargo una o más cátedras en alguna de las escuelas de la
respectiva Facultad; y los profesores de seminarios, laboratorios y demás
institutos de investigación que pertenezcan a la misma.

Art. 27.-Son miembros honorarios de las Facultades las personas


elegidas por éstas en virtud de sus obras científicas o literarias, de su trabajo
de investigación o de servicios eminentes prestados en el campo de las
actividades universitarias.

Art. 28.-Los representantes de los estudiantes serán elegidos,


anualmente en la primera quincena de octubre, de su seno, por los alumnos de
las escuelas de la respectiva Facultad, en un número igual al 25 % del de
profesores.

Art. 29.-Los representantes de los egresados de la Facultad, serán


elegidos cada tres años, en proporción de un 10 % en relación al número de
profesores.

138
& único.-Las normas que han de seguirse para la elección de estos
representantes, serán pautadas por los reglamentos de cada Facultad.

Art. 30.-Todos los integrantes de los organismos de la Facultad, tienen


en ellos voz y voto.

Art. 31.-Son atribuciones de las Facultades:


1° Proponer al Consejo Universitario el pensum de estudios y los
reglamentos respectivos para la distribución de las materias, tiempo en que
debe cursarse cada asignatura; requisitos para la presentación de los
exámenes; oportunidades y forma de realizarse éstos; régimen disciplinario;
provisión del personal; cursos de postgraduados y de especialización y
funcionamiento de la Facultad.
2° Nombrar miembros honorarios en la forma que indique el reglamento
de cada Facultad.
3° Elegir el Decano.
4° Indicar el procedimiento para el otorgamiento de doctorados Honoris
Causa.

SECCIÓN CUARTA
De los Consejos de las Facultades

Art. 32.-Los Consejos de las Facultades estarán integrados por


representantes de los profesores, representantes de los estudiantes y
representantes de los egresados universitarios.

& 1° Las normas que han de seguirse para la elección de estos


representantes, así como la forma en que habrán de quedar representadas en
cada Facultad las escuelas adscritas a ella, serán determinadas por los
reglamentos de cada Facultad.

& 2° Podrán funcionar sin Consejo de la Facultad las escuelas


universitarias que así la estimaren conveniente, previa aprobación del Consejo
Universitario.

Art. 33.-Son atribuciones de los Consejos de las Facultades:


1° Velar por la buena marcha de la Facultad y por el cumplimiento cabal
de todas sus funciones.
2° Proponer al Consejo de la Universidad la contratación de profesores
universitarios y las condiciones del contrato.
3° Evacuar las consultas que sometan a su consideración el Consejo
Universitario o el Rector de la Universidad.
4° Considerar, para su promulgación, los programas de enseñanza y de
investigación que han de seguirse en la respectiva Facultad.
5° Nombrar los jurados examinadores.
6° Iniciar de oficio o cumpliendo las instrucciones del Consejo
Universitario, los expedientes para la remoción de profesores.

SECCIÓN QUINTA
De los Decanos

139
Art. 34.-Cada Facultad tendrá un Decano que será elegido por ella cada
tres años, en la segunda quincena del mes de julio, dentro del cuerpo de
profesores que la integran. El quorum para esta elección será de las dos
terceras partes de los miembros de la asamblea de la Facultad. La elección
será por votación directa y secreta y por mayoría absoluta de los asistentes a la
asamblea.

Art. 35.-En caso de falta absoluta del Decano se procederá a nueva


elección. Las faltas temporales serán suplidas de acuerdo con lo que disponga
el Reglamento de cada Facultad.

Art. 36.-Son atribuciones del Decano:


1° Dirigir, coordinar y vigilar la enseñanza, la investigación y demás
funciones de la Facultad.
2° Presidir las sesiones de la Asamblea y el Consejo de la Facultad.
3° Representar la Facultad en el Consejo Universitario.
4° Convocar a la asamblea de la Facultad a reuniones por lo menos tres
veces al año, cada vez que lo estime conveniente y en la oportunidad y forma
que indique el reglamento de cada Facultad.
5° Mantener el orden y la disciplina en el funcionamiento de la escuela,
pudiendo imponer la suspensión de clases, trabajos prácticos, seminarios y
exámenes hasta por un año, a aquellos alumnos que den motivo a la aplicación
de esta medida. Para la imposición de estas penas deberá consultar al Consejo
de la Facultad.
6° Conocer de las apelaciones que se interpongan ante él, respecto a
las medidas disciplinarias acordadas por los Directores de las escuelas de su
dependencia.
7° Proponer al Rector de la Universidad el nombramiento o remoción de
los empleados de orden administrativo de la respectiva Facultad.
8° Las demás que le atribuyen las leyes y reglamentos.
Art. 37.-El Decano someterá a la consideración de la asamblea de la
Facultad un informe anual sobre la marcha, estado y necesidades de la misma
y lo pasará luego al Rector con el acuerdo dictado por la asamblea.

SECCIÓN SEXTA
De los Profesores

Art. 38.- El personal docente de las Universidades estará integrado por:


a) Profesores Ordinarios;
b) Profesores Extraordinarios;
c) Docentes Libres;
d) Profesores por Contrato;
e) Profesores Interinos; y
f) Profesores Honorarios

Art. 39.-Los Profesores Ordinarios los nombrará, por cinco años, el Rector
de la Universidad a propuesta de la Facultad respectiva y previo concurso de
antecedentes o de oposición.

140
& 1° Terminado el lapso de cinco años, la asamblea de la Facultad podrá
disponer la continuación del profesor titular, caso en el cual el Rector ratificará
el nombramiento sin que sea necesaria la celebración de nuevo concurso.
Después de dos designaciones consecutivas los profesores a tiempo completo
quedarán como titulares permanentes de las cátedras respectivas, con las
limitaciones que indica el artículo 48.

& 2° Se considerarán Profesores Ordinarios de la Universidad, los que para


la fecha de la promulgación del presente Estatuto hayan obtenido sus cátedras
por concurso de oposición.

Art. 40.-Los Profesores Extraordinarios y los Docentes Libres serán


nombrados o autorizados, respectivamente, por el Rector de la Universidad con
la opinión favorable del Consejo Universitario, a iniciativa de la Facultad
respectiva, que sólo podrá tomarla previas las consideraciones siguientes:
a) Que el aspirante posea títulos científicos y condiciones morales que lo
hagan acreedor a tal función;
b) Que sea autor de estudios calificados en la especialidad que aspire a
enseñar; y
c) Que llene los requisitos señalados por los reglamentos internos de la
Facultad respectiva.

Art. 41.-Los Profesores por Contratos son los designados para desempeñar
cátedras en virtud de contratos celebrados por la Universidad; y formen parte
integrante de la Facultad respectiva.

Art. 42.-A falta de profesores en número suficiente para desempeñar las


cátedras que debe tener cada asignatura, el Rector de la Universidad, a
propuesta del Decano, designará los Profesores interinos que sean necesarios.

Art. 43.-Son Profesores Honorarios aquellos Profesores que, al cesar en


sus actividades docentes y en virtud de los valiosos servicios que hayan
prestado a la Educación Pública, sean considerados merecedores de tal
distinción por el Consejo Universitario, a propuesta de la Facultad. Los
Profesores Honorarios tienen derecho a voz y voto en la Facultad respectiva.

Art. 44.-Los Profesores Ordinarios no podrán ser removidos sino en los


casos siguientes:
a) Por incapacidad física manifiesta;
b) Por incapacidad pedagógica o científica comprobada;
c) Por mala conducta pública o privada;
d) Por ausencia continua de la cátedra por más de dos años;
e) Por haber dejado de concurrir a más del 15 % de las clases que debe
dictar en un año lectivo; y
f) Por falta reiterada en el cumplimiento de los demás deberes de su
cargo, a juicio de la Facultad.

Art. 45.-Los Profesores de las Universidades Nacionales deben elaborar los


programas de sus correspondientes asignaturas y someterlas para su

141
aprobación a las Facultades, pero conservan completa independencia en la
exposición de opiniones o doctrinas acerca de la materia que enseñan.

Art. 46.-Los Profesores tienen la responsabilidad inmediata de la enseñanza


que imparten; y en consecuencia, les corresponde fijar la extensión que deben
darle en los programas correspondientes, dentro de las exigencias
pedagógicas de la Facultad; señalar los trabajos y ejercicios que deberán
realizar los alumnos y vigilar el aprovechamiento de éstos. En el Reglamento
interno de cada Facultad se indicarán los jefes de clínica, jefes de trabajos
prácticos, instructores, preparadores y ayudantes, que se estimen necesarios;
sus deberes y atribuciones y la jerarquía y dependencia en que se encuentren
con respecto a los Profesores, y, en general, en el escalafón universitario.

Art. 47. – Los cursos regulares de los Profesores extraordinarios y


contratados surtirán los mismos efectos legales que los Profesores ordinarios,
y estarán sujetos a las mismas disposiciones legales y reglamentarias.

Art. 48.- En la fijación del sueldo de los Profesores universitarios se tomará


en cuenta la antigüedad en el servicio para el establecimiento de aumentos
periódicos, en la forma y proporción que señale el Reglamento interno especial
que dictará al efecto el Consejo Universitario. Los miembros del personal
docente y de investigación después de veinte años de servicios universitarios,
tienen derecho a la jubilación con goce del sueldo completo que devenguen
entonces. Si después del décimo año de servicio llegaren a inhabilitarse en
forma permanente tendrán derecho a jubilación con tantos veinteavos del
sueldo como años de servicios tengan.

Art. 49.- Los Profesores universitarios están obligados a dedicarse a sus


funciones por todo el tiempo que indiquen los reglamentos correspondientes y
no podrán dedicarlo a otras actividades. A tal efecto, los Profesores de las
Universidades se consideran como:
a) Profesores de tiempo completo, cuando deben dedicar a las actividades
universitarias no menos de treinta y seis horas semanales;
b) Profesores de medio tiempo, los que deben dedicarle entre veinte y
veinticuatro horas semanales; y
c) Profesores de tiempo convencional, los que dediquen a la Universidad
menos de veinte horas semanales.
En el cálculo de las horas de trabajo universitario se entienden incluídas las
horas dedicadas a la enseñanza o a la investigación científica, las de
preparación de clases, revisión de trabajos, consultas para los estudiantes y las
demás obligaciones universitarias que establezcan los reglamentos
respectivos.

SECCIÓN SÉPTIMA
De los alumnos universitarios

Art. 50.-Son alumnos de las Universidades los nacionales o extranjeros que,


cumpliendo con los requisitos de admisión y matrícula que establezcan los
reglamentos internos universitarios, sigan los cursos para obtener los grados y
títulos que confiera la Universidad.

142
Los reglamentos de las escuelas e institutos establecerán las condiciones
de asistencia, exámenes de prueba, trabajos prácticos, de laboratorio, clínica,
seminarios y demás requisitos necesarios para rendir exámenes válidos para la
obtención de grados y títulos o certificados de competencia.

Art. 51.-Las Universidades deben protección a sus alumnos y procurarán su


bienestar y mejoramiento.

Art. 52.-El título de bachiller en la especialidad correspondiente será


necesario para incorporarse a las escuelas universitarias y para obtener los
grados y títulos que la Universidad confiera.

& único.-El Consejo Universitario podrá establecer condiciones diferentes


de ingreso en las Facultades de Ciencias Económicas y Sociales, Filosofía y
Letras, Medicina Veterinaria, Ingeniería Agronómica, Escuelas Anexas, así
como en otras que se crearen.
Art. 53.-Los Centros de Estudiantes de cada una de las Facultades y las
Federaciones de Centros Universitarios, serán considerados como organismos
capacitados, de acuerdo con sus estatutos, para representar ante las
autoridades universitarias.

Art. 54.-Para elegir los delegados estudiantiles ante el Consejo


Universitario, los estudiantes de cada Facultad elegirán un representante en la
primera quincena de octubre. Estos representantes formarán la Delegación
Estudiantil, la cual designará de su seno tres principales.

& único.-Los miembros de la Delegación Estudiantil que no resultaren


elegidos, serán considerados como suplentes y podrán asistir a las sesiones
del Consejo Universitario con derecho a voz, pero sin voto.

SECCIÓN OCTAVA
De los egresados

Art. 55.-Las Universidades mantendrán por todos los medios a su alcance,


los vínculos espirituales y materiales que deban existir entre ellas y sus
egresados.

Art. 56.-Los egresados universitarios colaborarán en la marcha de las


actividades de la Universidad y formarán parte de sus organismos, de acuerdo
con lo pautado por esta Ley y sus reglamentos.

Art. 57.-Los representantes de los egresados ante las Asambleas de


facultades serán elegidos por los Colegios o Asociaciones profesionales.

& único.- Cuando no existan dichos Colegios o Asociaciones la elección


será hecha por una asamblea de graduados convocada por el Decano, de
acuerdo con el reglamento de la Facultad.

143
Art. 58.-En la misma forma pautada en el artículo anterior se elegirá un
representante por cada Facultad ante el Consejo Universitario. Estos
representantes formarán la Delegación de Egresados, la cual designará de su
seno dos principales.

& único.-Los miembros de la Delegación de Egresados que no resultaren


elegidos serán considerados como suplentes y podrán asistir las sesiones del
Consejo Universitario con derecho a voz, pero sin voto.

SECCIÓN NOVENA
De Las incompatibilidades

Art. 59.-Los cargos de Rector, Vicerrector, Secretario, Decano y Director de


Escuelas e Institutos Universitarios, son de tiempo completo. Dichas funciones
y la de Profesor de tiempo completo son incompatibles con el ejercicio de
cualquiera otro cargo extra-universitario remunerado o con el ejercicio
profesional, salvo autorización especial del Consejo Universitario, para aquellos
casos que no menoscaben el tiempo que el cargo exige.

& único.- Cuando alguna Facultad estime que el Decano, los Directores de
Escuela y de Institutos pueden actuar eficientemente a medio tiempo o a
tiempo convencional, solicitará la autorización correspondiente del Consejo
Universitario.

Art. 60.-El Rector, el Vicerrector y el Secretario no podrán imputar a su


tiempo completo más de cinco horas semanales de clases.

Art. 61.-Los Decanos y los Directores de Escuelas no podrán imputar a su


tiempo completo más de veinte horas semanales de trabajo en la docencia o en
la investigación.
Art. 62.-Ningún funcionario universitario puede desempeñar a la vez dos
cargos administrativos en la Universidad, ni un cargo administrativo y uno
docente o de investigación con más de veinte horas semanales.

SECCIÓN DÉMICA
Del personal administrativo

Art. 63.-El Consejo Universitario de cada Universidad determinará el


número y organización del personal administrativo que sea necesario para el
servicio de la Universidad. La nómina de este personal figurará en el
presupuesto de las Universidades, con indicación de los respectivos sueldos.

Art. 64.-Dependiente directamente del Rectorado funcionarán las siguientes


Direcciones de la Universidad:
Dirección Docente y de Secretaría,
Dirección Administrativa,
Dirección de Cultura Universitaria, y
Organización de Bienestar Estudiantil.

144
Art. 65.-Los Directores de estos servicios, así como el personal subalterno
necesario, serán nombrados por el Rector de la Universidad, previa consulta al
Consejo Universitario.

Art. 66.-La Contraloría General de la Nación puede destacar, cuando lo crea


conveniente y con carácter temporal o permanente, a su costa, un fiscal para la
revisión de cuentas de la Universidad, a cuyo efecto, el Rector debe autorizar la
presentación de comprobantes, revisión de archivos, depósitos y libros que
fueren necesarios.

Art. 67.-El Director Administrativo de la Universidad no hará ningún pago


que no esté autorizado en el presupuesto universitario y previa conformación
del Rector de la Universidad.

Art. 68.-El funcionamiento de cada uno de los servicios administrativos de la


Universidad será establecido en virtud de reglamentación especial, que dictará
el Consejo Universitario.

Art. 69.-El personal de servicio, bedeles y sirvientes, será designado por el


Rector de la Universidad y sus funciones se establecerán en el Reglamento
interno de cada Universidad..
TÍTULO III
De la investigación científica

Art. 70.-La investigación científica se realizará por medio de los Institutos


que cree al efecto el Consejo Universitario a iniciativa propia o a propuesta de
las respectivas Facultades.

Art. 71.Los Institutos universitarios tienen por objeto:


a) El estudio e investigación de la ciencia sin finalidad utilitaria;
b) Propender al perfeccionamiento de la preparación científica necesaria
para los estudios profesionales y para la docencia superior;
c) Colaborar en el conocimiento y en la resolución de los problemas del
país, así como en la utilización y desarrollo de la riqueza nacional; y
d) Evacuar consultas y prestar servicios a institutos públicos y privados y a
los particulares en todos los ramos de su especialidad, previo el cumplimiento
de las disposiciones reglamentarias correspondientes.

Art. 72.- Los Institutos Universitarios tendrán un Director y el personal


subalterno que se estime necesario.

TÍTULO IV
De la enseñanza universitaria

Art. 73.-La docencia profesional superior se dará en las Escuelas


Universitarias de las Facultades.

145
& único.-El año escolar principia en las universidades nacionales el 16 de
septiembre. La primera quincena de septiembre se dedicará a inscripciones.

Art. 74.-Las Escuelas Universitarias podrán tener un Director cuyo


nombramiento y remoción lo hará el Rector de la Universidad, a propuesta del
Consejo de la Facultad y previo acuerdo con el Consejo Universitario.

Art. 75.-Son atribuciones de los Directores de las Escuelas Universitarias:


1° Proveer el material necesario al régimen docente de la Escuela y velar
por que se cumplan los planes de estudio y los reglamentos, debiendo dar
cuenta al Decano de cualquier deficiencia que note en el funcionamiento de la
Escuela.
2° Ejercer la vigilancia del personal administrativo de la Escuela y
comunicar al Decano sus observaciones.
3° Cobrar y distribuir, previa autorización del Decano, las cantidades
asignadas a la Escuela por la Universidad.
4° Ordenar y distribuir los trabajos que se les encarguen a los institutos,
laboratorios, talleres, clínicas o seminarios de las Facultades, otorgar los
recibos correspondientes y consignar en la Tesorería de la Universidad las
cantidades que por tal concepto deban percibirse.
5° Propender al bienestar de los alumnos.
6° Mantener el orden y la disciplina en la Escuela, pudiendo imponer la
suspensión de los trabajos prácticos, seminarios y exámenes hasta por dos
meses, de aquellos alumnos que den motivo a la aplicación de esta medida.
7° Fijar, de acuerdo con el Decano, el horario de las clases y calendarios de
exámenes.

Art. 76.- Además de los cursos dirigidos por los profesores ordinarios y
extraordinarios la Universidad podrá instituir cursos de docencia libre de
acuerdo con los reglamentos.

TITULO V
De la Integración Cultural y de la Extensión Universitaria
Art. 77.- Cada Universidad completará su función formativa del alumnado,
así como la de trasmisora de la Cultura, por medio de estudios, conferencia,
cursos y demás medios que acuerde su Consejo Universitario. Las Facultades
señalarán el número mínimo de cursos opcionales que cada estudiante deberá
elegir y cursar para que pueda optar al título o grado correspondiente.

Art. 78.- Las Universidades propenderán a la difusión en el pueblo, de la


Cultura y de la Ciencia estableciendo para ello departamentos de Extensión
Universitaria que realizarán esta labor mediante ciclos de conferencias, cursos
libres, radiotransmisiones, cine educativo, conciertos, exposiciones, cursos de
vacaciones, publicaciones y demás medios que señalen los respectivos
Consejos Universitarios y de acuerdo con lo pautado por los reglamentos.

TÍTULO VI
Disposiciones transitorias

146
Art. 79.- En la segunda quincena del mes de septiembre de 1946, el Rector
designará, con carácter de interinos, los Decanos y los miembros de los
Consejos de las Facultades, quienes permanecerán en sus funciones hasta la
primera quincena del mes de abril de 1947, fecha en la cual se realizará la
elección del Decano y del Consejo, según las normas pautadas en el presente
Estatuto.

& único.- En las Facultades recién creadas este régimen provisional será
observado hasta tanto no funcionen en forma integral, o antes; si así lo
dispusiere el Consejo Universitario.

Art. 80.- En la primera quincena del mes de octubre del presente año, el
Rector de la Universidad, de acuerdo con el Decano de la respectiva Facultad,
procederá a nombrar, para aquellos cargos docentes o de investigación no
servidos por profesores ordinarios, los profesores interinos necesarios, quienes
tomarán posesión el 1° del citado mes, fecha hasta la cual permanecerán en
sus cargos los actuales profesores.

Art. 81.-Para el presente año escolar el monto del presupuesto universitario


será el ya fijado en la Ley de Presupuesto vigente, y será administrado por
cada Universidad de acuerdo con las disposiciones del presente Estatuto.

Art. 82.-En la Universidad Central de Venezuela funcionarán por ahora


nueve Facultades, a saber:

147
I. Facultad de Filosofía y Letras.
II. Facultad de Derecho.
III. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.
IV. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
V. Facultad de Ciencias Médicas.
VI. Facultad de Farmacia y Química.
VII. Facultad de Medicina Veterinaria.
VIII. Facultad de Agronomía.
IX. Facultad de Odontología.
Las Escuelas e Institutos que dependen de estas Facultades son las que a
continuación se expresan:
I. Facultad de Filosofía y Letras.
a) Escuelas Universitarias:
Escuela de Filosofía.
b) Institutos:
Seminario de Filosofía.
c) Departamento de Ciencias.
II. Facultad de Derecho.
a) Escuelas Universitarias:
Escuela de Derecho.
b) Institutos:
Seminarios de Derecho.
III. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.
a) Escuela de Ciencias Económicas y Sociales:
b) Escuelas Anexas:
Escuela de Administración Comercial y de Hacienda.
c) Institutos:
Seminarios de Ciencias Económicas.
IV. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas:
a) Escuelas Universitarias:
1. Escuela de Ingeniería.
2. Escuela de Arquitectura.
V. Facultad de Ciencias Médicas:
a) Escuelas Universitarias:
Escuela de Medicina.
b) Institutos:
1. Instituto de Medicina Experimental.
2. Instituto de Cirugía Experimental.
VI. Facultad de Farmacia y Química:
c) Escuelas Universitarias:
1. Escuela de Farmacia.
2. Escuela de Química.
VII. Facultad de Odontología.
Escuela de Odontología

Art. 83.- Las Facultades de Agronomía y de Medicina Veterinaria, se regirán por


un reglamento especial elaborado por el Consejo Universitario, de acuerdo con
el Instituto Nacional de Agricultura.
149

Art. 84.- En la Universidad de Los Andes funcionarán por ahora cinco


Facultades, a saber:
I. Facultad de Derecho.
II. Facultad de Ciencias Médicas.
III. Facultad de Ciencias Físicas y de Matemáticas.
IV. Facultad de Odontología.
V. Facultad de Farmacia y Química.
Art. (*).- En la Universidad del Zulia funcionarán por ahora las siguientes
Facultades:
I. Facultad de Ciencias Médicas.
II. Facultad de Derecho.
III. Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

TÍTULO VII
Disposición final

Art.87.-El Consejo Universitario de cada Universidad queda facultado


para dictar las demás disposiciones transitorias que fueren necesarias para la
aplicación del presente Estatuto.

Art.88.-El Encargado del Ministerio de Educación Nacional, cuidará de la


ejecución del presente Decreto.
Dado, firmado y sellado en el Palacio de Miraflores, en Caracas, a los
veintiocho días del mes de septiembre de mil novecientos cuarenta y seis.- Año
137° de la Independencia y 88° de la Federación.

(L. S.) ROMULO BETANCOURT. – Tte. Cnel. Carlos Delgado


Chalbaud. – Doctor Raúl Leoni.- Mayor Mario R. Vargas C.- Doctor Gonzalo
Barrios.- Doctor Luís B. Prieto F.- Doctor Edmundo Fernández.

* Observamos que, sin duda alguna por un error, salta la numeración del
artículo 84 al 86 (N. de la E)
150

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL DOCTOR EDGARD SANABRIA,


PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBIERNO.
(Trascripción exacta del libro: Autonomía Universitaria, Universidad Central de
Venezuela. Ediciones de la Dirección de Cultura, 1959.

Señores Miembros de la Comisión Universitaria,


Distinguidos Colegas,
Señoras y Señores:

El espíritu de análisis y de sano patriotismo que orienta la vida


venezolana hacia un conocimiento sincero de las propias fallas y defectos tenía
que aplicarse como deber impostergable, a la suerte de nuestras
universidades. Bien se sabe que no hay base firme y perdurable para un
armonioso progreso social allí donde no se cuente con una educación
críticamente abierta a todas las corrientes del pensamiento y de la ciencia,
adecuada a las necesidades presentes y futuras y accesible a todos los
miembros de la colectividad, sin otras limitaciones que las impuestas por la
naturaleza humana.
Nuestra universidad reclamaba una vigorosa, consciente y eficaz acción
reformadora, capaz de ponerla a tono con sus altos destinos. Vinculada a
nuestras más nobles causas desde los albores mismos de la Independencia,
ha tenido el privilegio, no sólo de ser hogar de la cultura, sino también forja
donde se han templado caracteres republicanos, que no han vacilado en
ofrendar vida y libertad por la justicia y la dignidad humana.
A sus otras virtudes, nuestra Universidad añade el timbre de contar con
un estudiantado que salvaguarda hasta los límites del sacrificio el decoro del
recinto universitario; que vive en constante y fecunda compenetración con el
medio social del cual emana; y que ratifica a cada nueva generación su
definida militancia en las filas del más abnegado espíritu ciudadano. De
elemental justicia es que la República, por órgano de su Gobierno, premie y
estimule a quienes con tanta gallardía se han proyectado en los destinos de la
Patria, y que procure, en consecuencia, encauzar el deber en que está la
colectividad venezolana de amparar y mejorar los medios docentes de la
Universidad y de desarrollar sus más nobles y fecundas posibilidades.

Tiende a cumplir esta labor la Ley de Universidades recién promulgada.


Gracias a ella, nuestras instituciones universitarias pueden regirse por un
instrumento legal, inspirado en definidos principios democráticos, que les
confiere una total y auténtica autonomía y les restituye una de sus condiciones
ejemplares: la tradicional enseñanza gratuita.

Aspiramos a que en lo sucesivo nuestras máximas instituciones


docentes llamen la atención, no sólo por sus costosos edificios, sino también, y
principalmente, por ser, como deben ser, legítimas depositarias del
pensamiento más alto. En el seno de ellas ha de cumplirse sin tropiezos una de
las más delicadas misiones del hombre; la de orientar sus actividades con
miras “a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la
enseñanza; a completar la formación integral iniciada en los ciclos
educacionales anteriores, y a formar los equipos de profesionales y técnicos
151

que necesita la Nación para su desarrollo y progreso”. Al mismo tiempo habrán


de propenderse a la difusión y acrecentamiento de las Humanidades,
salvadoras y guías del espíritu.

En el conjunto de beneficios que depara la Ley Universitaria vigente


pueden destacarse algunos aspectos fundamentales. Por una parte se concede
a las Universidades Nacionales la más absoluta y plena autonomía, no sólo
jurídica y académica, sino también económica, y esta autonomía económica se
asegura con la asignación básica y permanente que se le otorga en la Ley
Nacional de Presupuesto y el traspaso, a la Universidad Central de Venezuela,
de las edificaciones y dependencias de la Ciudad Universitaria, con lo cual
obtiene un cuantioso patrimonio, enriquecido con recientes construcciones,
ejecutadas durante el presente año, como por ejemplo el edificio de la Facultad
de Odontología, el de la Facultad de Farmacia, próximo a concluirse, las
ampliaciones de la Escuela Técnica Industrial y un conjunto de instalaciones
deportivas que incluye un Gimnasio de entrenamiento y un estadio cubierto
para 7.000 espectadores.

La nueva Ley Universitaria constituye, sin duda, un motivo de orgullo


para el Gobierno que la ha promulgado. En ella todo, hasta donde es posible,
fue previsto para que pueda constituirse en firme apoyo del progreso de
nuestro país. El fervor patriótico, aunado a la experiencia venezolana y a la de
los pueblos más avanzados que el nuestro, dio por resultado un instrumento
jurídico lo suficientemente elástico y previsor como para favorecer el natural
desarrollo de las instituciones cuya vida regula; lo necesariamente liberal como
para dar iguales oportunidades a todos cuantos tengan interés por los estudios;
lo justicieramente equilibrado como para contemplar cuanto vaya en provecho
de profesores y alumnos, y de la común tarea de unos y de otros.

Como profesor vinculado a la Universidad Central de Venezuela por


lazos que forman más de veinte años de magisterio consecutivo, en nombre del
entrañable afecto y respeto que profeso a esta Institución y en mi carácter de
Jefe del Estado, deseo declarar mi júbilo ante la culminación de esta feliz
etapa, que abre para todos el derecho a trabajar y vivir con la convicción
honrosa de que esta salvaguardando el destino de nuestra Universidad.

En nombre de la Junta de Gobierno deseo dejar pública constancia de la


gratitud a que se ha hecho acreedora la Comisión Universitaria. Fruto en gran
parte de su democrática actividad y de su comprobada vocación venezolana es
el tránsito a esta nueva era, que a todos honra y beneficia. En testimonio de
reconocimiento por sus notables servicios, la Patria les otorga la condecoración
de la Orden de Andrés Bello, creada en memoria del primer humanista del
Continente, constructor intelectual del espíritu universitario que iluminó el
nacimiento de la América libre.

Señores:

Satisfactorios y en alto grado honrosos son los motivos que nos


congregan en esta oportunidad al hacer entrega, a la Comisión Universitaria,
de un ejemplar caligrafiado de la Ley de Universidades. Tengo la profunda
152

convicción de que con este importante estatuto se pone en manos de las


autoridades universitarias venezolanas un precioso instrumento legal llamado a
orientar con eficacia y dignidad el rumbo de nuestras máximas instituciones
educativas.
Y al concluir, deseo expresar el vivo y fervoroso anhelo de que sólo días
de prosperidad y de paz señalen el camino de las Universidades venezolanas,
y les permitan acrisolar, sin sobresaltos, sus mejores virtudes, y cumplir con
decoro sus más fecundos designios.
153

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL MINISTRO DE EDUCACION, DOCTOR


RAFAEL PIZANI

Comparecemos a este acto con la emoción y el gozo de quien, hijo


reverente y amante de esta Ilustre Casa de Estudios, y en ella y por ella de
todas las Universidades, tuvo la fortuna de luchar y de colaborar con fe en el
logro de esta hora esplendorosa que la nueva Ley de Universidades abre al
porvenir de la República.
Y comparecemos con emoción y con gozo, porque la autonomía de
nuestras Universidades no sólo abre para ellas las posibilidades de una
reorganización docente y administrativa; no sólo significa el rescate de un
principio que, por haber nacido con la idea misma de la Universidad, debe
entenderse como un principio esencial que orienta su destino; no sólo porque la
autonomía sirva para liberar la vida universitaria de los entorpecimientos que la
Administración Pública pueda implicar en su libre desarrollo; sino que se
fundan esta emoción y este gozo universitarios, en la confianza de que, con la
nueva Ley de Universidades, se deposita en las manos de nuestros profesores,
de nuestros egresados y de nuestros estudiantes, una de las más delicadas y
comprometedoras responsabilidades.
Porque la autonomía no significa solamente prerrogativas académica
que configura el devenir histórico de las Universidades, sino que,
especialmente en nuestra hora y para los hombres de nuestro tiempo, la
autonomía de la Universidad venezolana debe significar el ejercicio de la
responsabilidad que esas Universidades tienen adquirida ante su propio
pueblo.
Y es de alto contenido simbólico el que con la libertad para el pueblo,
llegue paralelamente la libertad para la Universidad, y que cuando al pueblo se
le reconoce y se le respeta el derecho a escoger sus propios gobernantes, a la
Universidad se le brinde la misma responsabilidad.
Este signo de libertad es recogido en el cuerpo normativo de la nueva
Universidad venezolana al declararla “abierta a todas las corrientes del
pensamiento universal” y orientada por “un definido espíritu de democracia, de
justicia social y de solidaridad humana”.
Y al calcular la fuerza espiritual con que contamos los universitarios
venezolanos para hacer honor al compromiso que contraemos, se robustece
en la confianza de que profesores, egresados universitarios y estudiantes
venezolanos sabremos responder al cometido normativo de nuestras Casas de
Estudios, con el ejemplar esfuerzo, el sacrificio sostenido, animados por la
convicción final de que la oportunidad que se nos brinda con la nueva Ley de
Universidades, al poner a prueba la seriedad de nuestras convicciones,
compromete, de una vez por todas, el porvenir de nuestra cultura y de nuestra
formación profesional y técnica.
De nada vale conquistar el reconocimiento en la Ley de principios y de
normas que no estemos preparados para hacer cumplir y respetar con nuestra
conducta de todos los días.
Queremos formar en nuestro país generaciones de hombres que no se
satisfagan con soluciones intelectuales para los problemas de conducta que les
plantee la vida; y quien ame la libertad, quien ame la Universidad que es el
regazo de la libertad, obligado está a luchar por ellas.
154

El advenimiento de la nueva Ley de Universidades reposa


confiadamente en la seguridad de que el venezolano de nuestro tiempo, que
frecuentemente ha perdido su libertad, está maduro para la siembra de la
libertad y del orden, y que esta Universidad venezolana que hoy nace,
aprenderá y enseñará a defender aquellos principios normativos que la han
inspirado y por los que estamos dispuestos a continuar luchando sin fatiga.
No son fórmulas mentales las que nos presenta el nuevo Estatuto de las
Universidades venezolanas. Es la alborozada esperanza de que en esta Ley se
abre el horizonte esplendoroso de un pueblo que ama la libertad y que el
porvenir de ese pueblo es depositado en las manos limpias y enérgicas de sus
universitarios.
Nosotros tenemos confianza en ellos.
155

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL DOCTOR FRANCISCO DE VENANZI,


RECTOR DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENZUELA

Un gran contenido emocional encierra este hermoso acto académico en


el cual la Universidad Central y con ella las otras instituciones universitarias,
reciben de manos del Gobierno Nacional, la nueva Ley que habrá de regir sus
actividades, marcando una nueva etapa en su progreso institucional.
Debemos agradecer con toda justicia el gran interés del Gobierno
Provisorio mostrado a través de la Honorable Junta de Gobierno y de los
Ministros de Educación, doctores Julio de Armas y Rafael Pizani, en atender
con la máxima eficiencia a las necesidades y problemas que confrontan las
Universidades. No podemos dejar de mencionar también la colaboración que
hemos recibido de los otros Despachos Ejecutivos que han puesto su empeño
en dar la mejor ayuda a las instituciones universitarias.
La Comisión Universitaria con motivo de haber terminado sus tareas, ha
recibido hoy del Gobierno Nacional, una distinción desproporcionada con sus
escasos merecimientos: la condecoración de la Orden Andrés Bello. La hemos
recibido, sin embargo, como si fuese un reconocimiento a la Universidad toda;
porque en nuestra labor no hemos hecho otra cosa que tratar de interpretar y
canalizar las aspiraciones y sentimientos que forman el basamento de ese
hermoso ideal universitario, esencia misma de la institución.
Reciban pues los distinguidos miembros del Gobierno Colegiado y del
Gabinete Ejecutivo la expresión de nuestro más sincero agradecimiento.

* *
*

El año de gracia de 1721 –el 22 de diciembre para ser más exactos – los
vecinos de la urbe de unos 7.000 habitantes denominada Santiago de León de
Caracas por voluntad nacida del otro lado del Océano, fueron autorizados para
poseer una Universidad. El Soberano Felipe V en Real Cédula de esa fecha
resolvió conceder al Seminario Tridentino de Santa Rosa de Lima “facultad
para que pueda dar grados y erigirse en Universidad en la misma conformidad
y con iguales circunstancias y prerrogativas que la de Santo Domingo y con el
título de Real como lo tiene la dicha Universidad”.
Se tuvieron en cuenta en la importante decisión “tantos costos y riesgos
de su vida” que confrontaban los egresados del Seminario para obtener sus
grados en Santo Domingo, México y Santa Fe y que “no se sigue perjuicio
alguno a las demás Universidades por hallarse el referido Colegio con nueve
Cátedras establecidas y dotadas con rentas suficientes, pues la de Filosofía
tiene ciento cincuenta pesos, los ciento veinte de dotación y los treinta que
paga dicho Colegio; la de Teología de prima y vísperas con cien pesos de
renta, la de Moral práctica con otros pesos y otra de Música para que los
Seminaristas aprendan según el Santo Concilio de Trento y la de Prima de
Cánones con tres mil pesos de principal, que dio a este fin el Reverendo
Obispo, habiéndose dado principio el día 15 de julio del año próximo
antecedente con grande concurso de los Cabildos eclesiástico y secular,
religiones, nobleza y plebe de aquella ciudad, y siendo de gran júbilo para
aquellos naturales el ver este acto tan conveniente para el adelantamiento de
156

los estudios, a que se añade el haber aumentado el Reverendo Obispo a la


cátedra de Leyes de Instituta mil quinientos pesos de principal para que llegue
su renta anual a ciento veinte pesos, ponderando al mismo tiempo que en el
curso de Filosofía a que se dio principio el día 18 de septiembre del año
setecientos y diez y nueve se matricularon 60 estudiantes latinos de
satisfacción”. Se hicieron además otras consideraciones tales como “estar todo
perfeccionado así en la fábrica material como en lo formal, teniendo (como
tiene) muy copiosa librería de todas facultades”.
El 22 de diciembre de mil setecientos veinte y dos, el Papa Inocencio XIII
en Bula Apostólica confirió a la Universidad Real, la categoría de Pontificia.
A las diez de la mañana, el día 11 de Agosto de 1725, en la Iglesia del
Colegio, actualmente sede del Ilustre Concejo Municipal, se celebró la
ceremonia de inauguración de la Universidad, presidida por el Obispo D. Juan
Joseph de Escalona y Calatayud que veía así coronados los numerosos
esfuerzos que dedicó a la creación de la institución. El Obispo designó Rector
al Señor D. Francisco Martínez de Porras, Canónigo de la S. I. Catedral de
Caracas y Rector del Colegio Real y Seminario de Santa Rosa. Gran júbilo en
todas las esferas ocasionó el trascendental acontecimiento.

La nueva Universidad, asociada al Seminario, vivió por muchos años


apaciblemente, turbada apenas por extemporáneas interferencias de autoridad,
pero en 1780 surgió el primer conflicto universitario grave. El recién designado
Maestrescuela de la Catedral, Don Francisco Fernández de León, dignidad que
al mismo tiempo implicaba el ejercicio del cargo de Cancelario o sea Juez de
estudios resolvió tomar sus funciones a pecho, produciéndose de inmediato
serias desavenencias entre él y las autoridades de la Universidad y el Claustro
de profesores.

El recio carácter del Cancelario lo llevó hasta detener al Rector e impedir


la participación del Obispo quien trató de mediar en el asunto, haciéndole notar
que no era Doctor de la institución. Las quejas llegaron a España y originaron
la primera expresión de la autonomía universitaria: la elección del Rector por el
cuerpo profesoral de la Universidad. En su Real Cédula del 4 de octubre de
1784, Carlos III separó el Rectorado de la Universidad del Colegio Seminario
Tridentino; textualmente decía: “que aquel sea bienal e incompatible con el del
mismo Seminario y También con el Vice-Rectorado y con el Provisorato de esa
Diócesis, pues no solo no han de poder optar al Rectorado de la Universidad
alguno de estos tales sujetos sino que, en el mismo punto en que entren a
servir cualquiera de estos empleos ha de resultar vacante aquel, si por acaso lo
tuviere alguno de ellos; que el Rector de la Universidad jamás deberá ser
Regular sino siempre ha de ser este empleo en Secular, una vez lego y otra
eclesiástico, cuya elección se ha de hacer en Claustro pleno de Doctores para
que con estas alternativas no llegue el caso de que se introduzcan abusos y
después permanezcan bajo el título de costumbre”.

El Rey encargó en la mencionada Cédula al Cancelario Don Lorenzo


Fernández de León la formación de las nuevas constituciones de la
Universidad, recomendándole que éstas fueran examinadas por una junta
integrada por el Rector, el Vice-Rector, un Catedrático y el Doctor más antiguo
de cada Facultad.
157

Pero aún en esas épocas distantes no han faltado los detractores de la


autonomía.

En el año de 1795 el Doctor José Carvallo Banguemert, Maestrescuela


de la S. I. C. y Cancelario de la Universidad se dirigió al Rey sobre la
inconveniencia de los claustros plenos de la Universidad, haciendo ver entre
otras cosas de que difícilmente se congregaban los integrantes para realizarlos
en la hora señalada a excepción de los casos en que se trataba de elección de
Rectores y otros empleados o cuando mediaba algún interés particular, en cuyo
caso “se juntaban muchos Maestros y Doctores resultando los perjuicios de
que por sólo aquella citación tan general e inoficiosa se hacían públicos los
asuntos de las Universidades y aun ruidosos, como también el que siendo la
mayor parte de los graduados jóvenes, fácilmente formaban parcialidades en
las elecciones contra el dictamen o modo de pensar de los demás antiguos con
lo que desairaban a éstos, guiados tal vez erróneamente por la intención nada
prudente y sana de alguno que por su mediación lograba elegir un rector u otro
empleado de su predilección nada conveniente al bien común de la
Universidad”. Muy parecido lenguaje se ha oído luego repetidas veces en el
ámbito universitario. Afortunadamente el Rey dispuso solamente que se le
mantuviese informado de la situación, sin eliminar esta función básica para la
autonomía universitaria.

En 1815, Fernando VII dio una Real Orden estableciendo una inspección
oficial de los Seminarios, Colegios, Universidades y Convictorios Reales. En
Caracas, el Doctor D. Juan Manuel Oropeza fue comisionado al efecto por el
Brigadier Ceballos, Capitán General interino. En el correspondiente informe se
mencionaba que continuaba para esa fecha en vigencia la Real Cédula de San
Lorenzo del 4 de Octubre de 1784 en la cual se establecía la elección del
Rector por el Claustro.
El Congreso de Colombia reunido en Bogotá, promulgó el 18 de Marzo
de 1826 una Ley que trataba de organizar la instrucción pública. El 3 de
Octubre del mismo año, el Poder Ejecutivo dictó a su vez un plan provisional de
enseñanza. El Claustro de la Universidad de Caracas se abocó al estudio de
las nuevas disposiciones solicitando que se mantuvieran por dos meses más
las antiguas constituciones. Finalmente presentó al Libertador un proyecto de
estatutos que fue aprobado con pocas modificaciones y adiciones. Los
Estatutos fueron solamente promulgados en la Capilla de la Universidad el 15
de Julio de 1827. En la nueva constitución universitaria se establecía la
elección del Rector por el Claustro Pleno por dos tercios de los votos presentes
o por mayoría absoluta según fuese o no catedrático el candidato.
En el Código de 1843 se facultaba a las Universidades para elegir al
Rector, pero la autonomía y con ella la designación de las autoridades por el
Claustro fue suprimida a partir del gobierno de Guzmán. Es solamente después
de la muerte de Juan Vicente Gómez cuando comienza a renacer la
independencia académica de las instituciones de educación superior.
El estudiantado universitario, agrupado en aquella memorable
Federación de Estudiantes de Venezuela, establece en 1936, que es la
autonomía universitaria una de las bases fundamentales de la reforma que
requerían las Universidades para su adecuado funcionamiento. Y entre otros
pedimentos proponen que el nombramiento de las autoridades principales,
158

Rector, Vice-Rector y Secretario, sea hecho por el Consejo Universitario. Como


resultado de las inquietudes sembradas por la FEV y de la preocupación
progresista de muchos profesores, se caldeó el ambiente para que resultase
imperativa la elaboración de una nueva Ley de Educación. Los proyectos
preparados por los Ministros del ramo durante el régimen de López Contreras,
Dr. Rafael Ernesto López y Dr. Enrique Tejera no llegaron a cristalizar, pero el
Dr. Arturo Uslar Pietro logró en 1940 la promulgación de una nueva Ley de
Educación en la cual se establecían una serie de disposiciones progresistas y
entre otras la posibilidad de que las Escuelas sometieran dos candidatos al
Consejo Universitario para que éste presentara una lista al Ministerio de
Educación a ser utilizada en la selección de las autoridades principales. En las
reformas a la Ley introducidas por el Dr. Rafael Vegas durante su ejercicio de
Ministro de Educación bajo el gobierno de Medina, queda de nuevo a cargo del
Despacho la designación y remoción de esas autoridades.
En Abril de 1946, el Dr. Juan Oropeza a poco de haber sido designado
Rector de la Universidad Central organiza una Comisión presidida por el Dr.
Rafael Pizani e integrada además por los Doctores Eduardo Calcaño, Raúl
García Arocha, Francisco Montbrún y Eugenio Medina, para elaborar un
Proyecto de Estatuto para las Universidades. El Proyecto realizado sobre las
bases de una sólida conciencia universitaria afirmaba definidamente el
concepto de la autonomía. Particularmente se dejaba al Claustro la elección del
Rector, Vice-Rector y Secretario y a las Facultadas la elección de los Decanos.
El proyecto fue podado en relación con la más importante aspiración, pero aún
así su promulgación en Septiembre de 1946 fue origen de un sólido progreso
universitario.
La supresión de la autonomía en 1951 es un triste episodio que no
merece siquiera ser comentado en noche jubilosa como la presente.
Alegrémonos de disfrutar de nuevo nuestra independencia, esta vez tan
reciamente estructurada como nunca lo ha sido en la vida de la institución.

* *
*

Nos hemos paseados a través del tiempo para mostrar como uno de los
aspectos fundamentales de la autonomía tal vez el más importante –como es la
elección de las autoridades en el propio seno de la institución- tiene sólidas
raíces históricas. Fue en efecto práctica común por unos 111 años en nuestra
casa de estudios. Por otra parte, para puntualizar la importancia que tiene la
incorporación de la correspondiente disposición a la nueva Ley de
Universidades cuya promulgación hoy celebramos, puede notarse que durante
unos 144 años no hemos podido poner voluntariamente al frente de la
Universidad a una persona que represente el sentir mayoritario de su
profesorado y de las representaciones estudiantiles y de egresados.

Y ahora que tenemos la autonomía universitaria ¿qué debemos hacer


con ella?

La autonomía no es privilegio que recibe la institución para aislarse de


los dolores del pueblo y convertirse en círculo de intereses creados, cerrado al
llamado de la Nación. Es al contrario instrumento de superación técnica para
159

cumplir con toda afectividad la tarea de convertir a la Universidad en el factor


principal del progreso de la comunidad y en símbolo unitario esencial en la
vertebración de una sociedad pujante, aguijoneada por el hondo deseo de
satisfacer plenamente sus grandes necesidades espirituales y materiales.
Libre de interferencias extrañas a su esencia universal, podrá así la
Universidad desempeñar a cabalidad la función que se ha impuesto de ser
“ alma de pueblo”.
Sensible, como quizás no pueda serlo institución alguna al atropello de
los derechos ciudadanos y a la injusticia social, continuará siendo la
Universidad baluarte de hondas reivindicaciones. Cumplirá así en todo su
alcance ese papel cívico que ha logrado crear dilatada tradición en la historia
venezolana. Como institución ajena a líneas preconcebidas de acción, estará
en capacidad de estudiar sin prejuicios los grandes problemas nacionales y de
ofrecer a la acción política las mejores soluciones.
La autonomía es por otra parte, un serio compromiso colectivo para la
institución universitaria y pesada responsabilidad individual para profesores y
estudiantes. Los lineamientos democráticos que son la base del sistema
autonómico demandan en efecto un estado de conciencia de continua
cooperación basado en el máximo respeto a las disposiciones legales. La
pequeña república universitaria habrá de dar buen ejemplo en el disfrute
armónico y efectivo de sus libertades.
Los meses pasados, durante los cuales se ha logrado un equilibrio
aceptable a pesar de la gran conmoción política que ha sacudido a la Nación,
nos hacen ser optimistas en relación con el futuro de la Universidad.
Podemos estar orgullosos, del papel que han desempeñado profesores y
estudiantes en el proceso de recuperación democrática de la Nación. A la Junta
de Gobierno, al Gabinete, a todas las ramas de la Administración ha llegado el
favorable influjo de nuestra institución. Unamos nuestros votos porque la
autonomía que hemos comenzado a disfrutar fortalezca la influencia
bienhechora que viene ejerciendo la Universidad en el seno de la Nación
Venezolana!

:::::::
Referencias Históricas

“Historia de la Universidad Central de Venezuela”. J. de Méndez y


Mendoza
Tipografía Americana. Caracas 1911. “Autonomía Universitaria”.
foción
Febres Cordero Inédita.
160

DISCURSO DEL DOCTOR PEDRO RINCÓN GUTIÉRREZ, RECTOR DE LA


UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

Hoy honramos a Venezuela, honrándonos nosotros mismos. Hoy


desagraviamos a la Patria, reivindicando a su más alta expresión cultural y
científica y la dignificamos, al ennoblecer con este acto la jerarquía moral de
sus Universidades.
Categorías éticas que ayer fueron pisoteadas y derechos inalienables
que en horrible pasado fueron conculcados, vuelven a brillar señeros en la
frente dolida, nunca mancillada, de la muy Ilustre Universidad Central de
Venezuela. Y junto con ella, madre y ductora, del destino universitario nacional,
las Universidades de Provincia sienten el aleteo majestuoso de los derechos
recuperados y el gozo infinito de saberse libres en un país que de nuevo
encontró la ruta de la dignidad humana y del apacible convivir democrático.
Ninguna ocasión más propicia que la de hoy, para demostrar al
Continente americano, que la cuna de Bolívar, Bello, Acosta y Toro, vuelve por
sus fueros civiles y republicanos, para sentar la misma cátedra de austeridad
republicana, de libertad sin ofensa, del magisterio del Bien y la Justicia, que en
el siglo pasado dio nombre y cariño continenta a Venezuela.
No es una coincidencia por cierto, que luego de proclamar al Presidente
electo de todos los venezolanos y de senta el fundamento de nuestra
institucionalidad democrática, el primer acto de solemne contenido del
Gobierno provisorio sea la entrega del Nuevo Estatuto Universitario.
No sólo es un hecho de impostergable justicia, sino un índice de cuál
será el derrotero por donde eche a andar la Venezuela de la esperanza.
La significación de la Ley universitaria, es de tal grandeza que escapa
aun somero análisis oratorio. Pero no puedo dejar de bosquejar algunos puntos
de ella, gratos por su esencia finalidad y necesarios para una República que en
diez años de bosquejar algunos puntos de ella, gratos por su esencia raíz
buena, el ideal de redención económica y social, la certeza de que la maldad
no podía segar los profundos hontanares del alma venezolana.

Este inicio de restauración autárquica universitaria -que a no dudar


seguirá el rumbo de una autonomía definitiva- que pauta la nueva Ley, abre
nuevos horizontes y crea graves responsabilidades a las universidades de mi
país. Si ayer la universidad fue barricada de lucha y crisol de rebeldía, en este
amanecer republicano, debe ser matriz de ciencia, laboratorio de audaces
técnicas, taller de acción positiva y cátedra de justa y armoniosa democracia.

Si en la dictadura, profesores y estudiantes, fueron en gran mayoría


luchadores y mártires, en la Venezuela actual y en la de porvenir, no se justifica
la política partidista dentro del aula que convierte a los claustros en plaza
mitinesca y a estudiantes y profesores en familia encontrada y recelosa que
persigue, no el bien nacional, tan caro a todos, sino la ambición partidista, la
bandera sectaria, la desunión de los mejores que existen en todos los partidos.
No quiere decir esto, que profesores y alumnos, deban ser eunucos políticos.
Sería anular el timbre más preclaro de la universidad venezolana: casa de luz y
ambiente libertario.
161

Sólo quiero señalar que la dedicación partidista por entero, si bien


forjaría excelentes cuadros democráticos de lucha, menguaría la avidez que
tiene el país de creadores y de técnicos, de pensadores y realizadores
democráticos, de hombres responsables para quienes el problema del hambre
nacional, la escasez de vías, el colonialismo económico, las áreas
despobladas, los ríos inútiles y los páramos que se desmenuzan bajo la huella
trashumante del andino merideño, deben estar primero que la Convención del
partido, la reunión del Comité Regional, o el censo de afiliación.

Venezuela debe ser ahora remanso, que no es quietud pasiva; debe ser
hogar de paz, que no es entrega ni renuncia ciudadana; debe ser fábrica para
todo hombre laborante; sindicato de todos los trabajadores, desde el peón del
bosque barinés o el vaquero que se regusta con el relente madrugador, hasta
el instructor universitario que expone fructífera lección o el investigador, que en
la soledad de la biblioteca llega al hallazgo mediante el cual la tierra se vitaliza
o el turbión del agua se amansa en la represa gigantesca.
La Ley de universidades enfoca sabiamente el problema que planteo. Ya
la Universidad no va a ser más el reducto de los recomendados, o el modus
vivendi de un profesional sin vocación. El ascenso por méritos de servicio, la
tendencia hacia la formación de tiempos completos, el Consejo de
Investigación, la autonomía de las Facultades, la libertad de cátedra y la libre
expresión de todo pensamiento, remozarán a nuestra universidad y forjarán un
grupo de universitarios de vocación dedicados por entero a la función
específica que puso en sus manos el Estado venezolano. Así la universidad no
será lugar de contingencia, o sitio de avatares, sino estable institución social,
que asesore a la Industria, que aconseje al Estadista, que vea al obrero y al
campesino como engranaje básico de la estructura nacional. Que abra
panorama de luz, que sueñe e imagine, que cree para el Arte y la Cultura y que
frene su ideal político o su credo religioso para no entorpecer o desviar el
esfuerzo pensante o la dinámica creadora del colega o del discípulo.
Y lo mismo debe ser el estudiante. La Ley le da el derecho bien
adquirido de gobernar la Universidad. Esta prerrogativa la alcanzó con varonil
determinación en la barricada y en la mazmorra, en la madrugada clandestina
cuando el corazón es más cálido y las estrellas auguran amenazas, en la
redacción del manifiesto de integral rebeldía o en la protesta ante la cátedra
profanada.
Pero la libertad ya fue lograda y si bien hay que permanecer con los ojos
bien abiertos desde atalaya democrático, comienza la hora del reposo, del
trabajo creador, de la lectura medulosa. No abandonéis vuestras armas –puños
y corazón bien templados- pero hacedle lugar al libro, al cuestionario y
encontrad horas para familiarizaros con complicados equipos y aparato de
estudio.
Sed dignos, profesores y estudiantes, de aquel mensaje de libertad, de
aquel canto de entereza formulado en la Declaración de Principios de los
Gremios Universitarios, que hará empalidecer y turbar a los nuevos aspirantes
a Dictadores. Pero sed dignos también de la nueva etapa de austeridad, de
silencioso laborar, de apacible convivencia que demanda Venezuela.
Acometed con el mismo entusiasmo las faenas pacíficas que pide la
Nación. Transformad racionalmente el atribulado medio venezolano; redimid la
162

miseria del compatriota; liberad a Venezuela de las trabas económicas y


vínculos colonialistas que la sujetan en demasía; sembrad buena simiente en el
cerebro de vuestros alumnos, para que esta Universidad hoy liberada, no
vuelva a ser “casa de segundones” , ni refugio de incapaces, ni mansión del
rencor, ni asidero de la desvergüenza y del oprobio.

Señores.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL DR. EDMUNDO CHIRINOS,


REPRESENTANTE ESTUDIANTIL ANTE LA COMISIÓN UNIVERSITARIA
163

Vuelve el joven universitario a alzar su voz en esta Aula Magna, corazón


de la Universidad, a su vez, médula democrática de la nueva Venezuela para
intervenir frente a una trascendental circunstancia: al acto en que a la
Universidad se le proclama lo que fue para nosotros viejo lema de lucha y lo
que para ella constituye su más íntima esencia y su más hermoso galardón: el
del hecho a que en su seno florezca el libre pensamiento, libérrima se temple
la férrea voluntad y se aquilaten sin trabas los valores del Hombre. Jubilosos
estamos porque a ella acudiremos a pensar en voz alta y a vivir sin temor la
emoción de la libre convicción de las ideas. Y hemos venido aquí a pensar en
voz alta . . . . hacer claros planteamientos sin comedidos convencionalismos ni
temerosas inhibiciones porque preferimos que se nos juzgue como
irrespetuosos antes que profanar con la expresión hipócrita este recinto donde
siempre hemos sido transparentes y que precisamente hoy se engalana con la
majestuosidad de la Soberanía. Y estamos jubilosos porque aquí no se
ilegalizarán ideologías ni tendrá que ser clandestina la Fe que se ponga en los
principios y porque estamos convencidos que en nuestros espíritus ahora con
el abono de lo permitido y la luz de lo que se consulta y se discute, seguirá
germinando esta revolución que los jóvenes de nuestra generación, ya
sentimos propia, consustancial con nuestro íntimo ser y ahora con el de nuestra
verdadera Universidad: Universidad autónoma, inalienable y soberana como
autónomo, inalienable i soberano ha sido el espíritu de los jóvenes que a sus
aulas acuden.
Mas debemos creer que la autonomía en su esencia nunca se perdió
puesto que aún cuando la Universidad fue dolorosamente intervenida y
desvirtuada e hijos bastardos permitieron que se le profanarse, un intangible
principio nunca se extinguió: se conservó latente, en sus profesores de actitud
limpia y decorosa; vigente, en la pléyade de renunciantes del 52 y que desde la
Patria o del exilio añoraron esperanzados que llegará esta noche de académica
fiesta; y estuvo siempre palpitante en sus estudiantes rebeldes y combativos
que la hicieron avasallante el 21 de noviembre cuando llenos del más
autonómico universitario tras la larga penumbra encendieron la antorcha que
iba a iluminar a Venezuela.
Pero no es propio del joven universitario de hoy a quien el decenio
dictatorial que incubó su personalidad hizo más sombrío y analítico que alegre
y ligero, mostrarse sólo jubiloso cuando las circunstancias le interrogan. Con la
autonomía sucede como en esos “slogans” comerciales que a fuerza de
repetirse llegan al clamor sin que los que le coreen se impongan cabalmente de
su sentido y significación, y pudiera pensarse que los jóvenes universitarios no
se han percatado de la responsabilidad, de los peligros, virtudes y
contradicciones que la concepción y práctica de la autonomía llevan
implícitamente para la Universidad y para la Nación.

Por ello vamos aunque sea tan sólo a bosquejar, cual ha sido y es, la
posición doctrinaria que frente a la autonomía ha asumido y defendido el
estudiantado universitario.
Entendemos que un organismo es autónomo, no sólo cuando es
independiente, sino cuando en base de semejante independencia es capaz de
trazarse normas que regulen su conducta y orienten su desenvolvimiento
institucional; y referido al ámbito universitario esa autonomía se refleja por lo
164

menos en tres órdenes distintos pero complementarios: 1° el orden de su


gobierno, 2° el orden económico y administrativo y 3° el orden docente. Y en
cada uno de ellos, al lado de sus virtudes y beneficios, avizoramos serias
contradicciones y peligros que nos adelantamos responsablemente a plantear.
La autonomía de la Universidad, aplicada al Gobierno, está representada
en la elección de sus propias autoridades, y nuestro Estatuto pauta que la
realicen, en porcentajes diferentes los miembros que integran el claustro
académico, es decir, la comunidad de profesores, estudiantes y egresados. Si
bien es una de las conquistas por la que más fervorosamente se ha luchado,
los porcentajes estatuidos pueden traer graves desajustes que es necesario
proveer. El sistema de Gobierno autonómico ha demostrado históricamente que
conlleva el defecto de propiciar hegemonías de grupos indeseables y la
formación de oligarquías dentro de la Universidad, que pueden llevarla a
convertirse en reducto de resistencia y combatividad democrática que
representa bajo los gobiernos de fuerza, a la guardia de reacción, isla
hermética e indiferente a la vida del país, en los regímenes democráticos. Por
obra misma de su naturaleza el cuerpo electoral estudiantil es progresista y
revolucionario, y es por esencia renovable, y esta permanente renovación de la
fuerza estudiantil siempre en guardia, es el arma más contundente para oponer
y neutralizar la posible hegemonía de las castas anti-democráticas. En nuestra
Universidad, esta situación la sentimos actuante, sabemos que los años de la
dictadura empobrecieron moral e ideológicamente a muchos de sus profesores
y que por otra parte, se le permitió el acceso a otros que precisamente no
satisfacen las elevadas exigencias que requiere ser ductor de juventudes
universitarias, con la lamentable consecuencia de que existe franca y
desmedida desproporción entre la estancada posición ideológica de muchos
cuadros profesorales y la actitud revolucionaria de las grandes mayorías
estudiantiles. Por ello y por muchas otras razones que absorberían esta
intervención es por lo que hemos defendido calurosamente una mayor
participación estudiantil en el Gobierno de la Universidad y una más influyente
intervención en sus comicios. Queremos que quede claramente expresado que
no obedecen nuestras peticiones a simple prurito de lograr mayoría
eleccionaria, y ni siquiera reclamar reconocimiento y premio a la madurez que
han demostrado los estudiantes universitarios en su actuación de este año. Su
principio dentro de la Reforma Universitaria ha sido objeto de preocupación
estudiantil en todo el continente desde hace muchos años; él estaba expresado
en el célebre manifiesto de 1918 redactado por los estudiantes de Córdoba
cuando se rebelaron contra aquella Universidad clerical y dogmática: “la
juventud exige que se le reconozca el derecho a pensar por su propia cuenta, y
que se le reconozca el derecho a expresar ese pensamiento propio por medio
de sus representantes en los cuerpos universitarios. Si ha sido capaz de hacer
una revolución en las conciencias no puede negársele a participar en el
gobierno de su propia casa”. Creemos firmemente que la beligerancia
estudiantil en la escogencia del Gobierno garantiza que a él vayan
personalidades, que no le hagan perder su brillante posición de vanguardia que
ya tiene ganada en Venezuela.
Aplicada la autonomía a lo económico, aspecto fundamental de la
Reforma, creemos que ella no tan sólo consiste en el derecho que tiene la
Universidad en el libre manejo de sus fondos y a planificar su propio desarrollo,
sino también el de poder disfrutar de una independiente, amplia y segura fuente
165

financiera; independiente, porque no escapa al estudiante que al ser la


Universidad recipendiaria de los favores del Estado, se le abre a su autonomía
una brecha por donde puede infiltrarse la presión política; y amplia y segura:
para que le permita el desarrollo de sus grandes programas y para que se
pueda expandir cada año con la vivificadora inyección de nuevos estudiantes,
sin que absurdos sistemas selectivos les frustren sus apetencias vocacionales
y le resten a la Nación los profesionales que ingentemente necesita. También
creemos que esta autarquía no debe tampoco llevar a al Universidad cuando
existe un estado representativo que planifica y emprende el progreso del país a
diverger de él su orientación, sino a establecer de común acuerdo un programa
de acción siempre mirando el panorama nacional, pues no sería aconsejable ni
patriótico desbaratar los fondos en empresas lujosas y arriesgadas.
El último aspecto de la autonomía es el referente al orden de la docencia
y de la investigación. Dentro de este orden la autonomía ha de entenderse
como la capacidad que tiene la Universidad de elegir y nombrar sus propios
docentes e investigadores y además, el derecho que se les confiere a éstos
para delinear y orientar sus enseñanzas e investigaciones. El mayor peligro
que frente a esto acecha es que los profesores y la enseñanza están
amparados ahora por una legislación quizás demasiado optimista que permite
a los profesores gozar de una inamovilidad altamente peligrosa que se
traduzca en enquistamiento de incapaces a la enseñanza, a que en ella se
incrusten los tradicionales vicios y defectos que hacen a menudo infecunda la
función universitaria. El estudiantado ha exigido frente a ellos un sistema de
control preciso y eficaz y la posibilidad de ejercer su opinión y vigilancia sobre
la marcha y los resultados de la enseñanza que se imparte sobre sus
profesores. No es, óigase bien, que el estudiantado aspire a tener “en jaque
constante” a los profesores y a ejercer indiscriminadamente un derecho de
“tacha” sobre su enseñanza, pero sí sería altamente conveniente que al alumno
se le concediera el derecho de convertirse en un elemento activo y moralizador
dentro de la Universidad. Nuestra generación está claramente asistida por la
conciencia de que es hora de combatir abiertamente a ese tipo de profesor
pernicioso y desorientador que viene a la Universidad simplemente a redondear
su sueldo con el simple desempeño de una cátedra donde no enseña más de
lo que pudo aprender cuando estudiante, que es hora de combatir también
aquél que disfruta de una canongía como investigador porque es incapaz de
dar decentemente una lección, o de aquel que simplemente regurgita año tras
año los mismos apuntes que un día tomó de un manual cualquiera y repite
incansablemente al modo de un fonógrafo docente. Tenemos clara conciencia
de que la autonomía docente no puede ser utilizada para defender estos vicios
y defectos. La libertad de cátedra tiene que ser aprovechada para formar en
cambio un cuerpo docente activo y responsable que cumpla con los verdaderos
deberes inherentes a esta altísima misión que se le encomienda a un hombre
cuando se le hace profesor universitario. Entre esos deberes no se cuenta solo
los de proporcionar al estudiante una enseñanza informativa, que esté a la
altura y responda a los requerimientos del saber y la ciencia de su tiempo, sino
que, además, sea capaz de formar en el alumno una apetencia de perfección al
transmitirle el interés por la materia que le enseña. No fracasa un profesor sólo
cuando es incapaz de enseñar una asignatura sino también cuando en el
estudiante que modela no se prolonga ni persiste su huella espiritual. La
libertad de cátedra debe ser aprovechada para formar un cuerpo de profesores
166

que no sean simplemente siluetas que va dejando atrás el estudiante en su


tránsito por la Universidad sino que sean presencia activa y permanente en la
vida futura de quienes formen y eduquen. Y en esta educación, no sólo deben
estar presentes los motivos y temas teóricos que transmita el profesor, sino
ante todo y de manera fundamental la huella ética de su ejemplo en la
conducta de aquél a quien formó.
Debemos decir que la misión fundamental que les reserva los futuros
años al estudiantado universitario es la de ser vigilantes activos para que el
hermoso principio que hoy se conquista no se corrompa y se transforme en
simiente dañina para la propia Universidad y para Venezuela. A ella daremos
todo nuestro esfuerzo porque en ella hemos puesto esperanzada fe. Mucho
vamos a darle porque mucho hemos de exigirle. Felizmente la Universidad
recibe el Estatuto que la autonomiza, después de una difícil y brillante jornada
que la ha reivindicado como institución, saliendo airosa de lo que pudiera ser
ensayo preparatorio para el goce del derecho. Creemos que la Universidad
autónoma no tendrá más que reafirmar la línea de política universitaria que se
ha perfilado en todos esos meses, pues en su valiente y positiva actuación han
estado vigente sus más hermosos postulados.
En todos estos azarosos meses la Universidad ha cumplido su primordial
misión, esto es, estar al lado de su pueblo compartiendo sus anhelos y sus
luchas. Y así habrá de seguir. Honrados y satisfechos debemos estar los
universitarios de haber penetrado al corazón de la barriada, a vivir con su gente
sufrida y sensitiva, motivo y símbolo de la lucha y el esfuerzo, la febril emoción
de la refriega libertaria. Los universitarios que aspiramos que forme la nueva
universidad autónoma, deberán ser consecuente con su pueblo pues por él y
para él existe y no deberá ensarzarle o denigrarle según la conveniencia del
momento o el interés de grupo. De ese contacto con su pueblo también extrajo
la Universidad su fervor unitario y convencido de interpretarlo dedicó su
esfuerzo para lograr la candidatura presidencial de unidad, pues sabíamos que
la pluralidad de candidaturas antagonizaba con el sentimiento unitario del
pueblo, y que cruel y ciegamente se le iba a escindir en grupos y regiones.
Pero la Universidad ha sido y seguros estamos seguirá siendo fortalecido
reducto de unidad, porque aquí estamos los jóvenes que sufrimos junto al
pueblo los negros años de la dictadura y que si hablamos su lenguaje, ellos sí
saben escuchar sus inquietudes y no han perdido como las viejas militancias la
sensibilidad para escucharle. Aquí habrá unidad porque si es cierto que son
distintas las ideologías y hasta opuestas las doctrinas, existe nobleza en el
propósito, desinterés e insobornable decisión de servir a Venezuela.
Aspiramos también que la Universidad autónoma nos haga hombres
perseverantes con los principios, fieles y tesoneros en la lucha ideológica e
inflexibles en la recta conducta, para que nos permita vencer y superar esa
aparentemente fatal curva de los hombres de tener que sufrir suerte de
menopausia espiritual de múltiple expresión en la que se le da la espalda a los
valores y motivos por los que se ha luchado y hasta se mira con desdén y
repugnante suficiencia el respetable y sagrado latir de la conciencia juvenil.
Hace años gente joven como nosotros, alzó en esta misma Universidad
su lideresca voz revolucionaria, defendió denodadamente la audaz filosofía
política y escribió apasionado el libro encendido de fervor transformista. La
juventud ha estado espectadora y les ha visto moverse, no sólo ahora en el
fácil teatro de esta nueva Venezuela, sino también en aquel duro escenario
167

donde se exigía entereza, consecuencia con los principios y honduras de


convicciones para ser buen galán de la dignidad y actor ejemplarizante para la
juventud. Inevitable destino al parecer biológico del hombre. Unos se
atrincheraron en sus cobardes mundos de diletante erudición, otros en lo
político se hicieron reformistas y elaboraron la tesis acomodaticia,
desvirtuadora y entreguista y otros, les vemos ahogarse insatisfechos con su
ración de democracia, para no seguir descendiendo hasta los subterráneos de
los que Don Rómulo Gallegos llamara “hermanos menores de la revuelta
armada”. Y tampoco queremos que la Universidad engendre, hombres jóvenes
aun pero vacío el interior de sedimento principista, que se mimetizan hacia el
color político que les ofrece sitial de prestigio o mueven intrigantes el
compadrazgo para saltar al escalón de turno que le señala su mediocre
ambición carrerista.
Queremos también que la Universidad se ponga a la vanguardia de la
lucha para desarrollar una valiente conciencia nacionalista sembrándola en sus
hijos y difundiéndola en toda la Nación. Actuando siempre en función del
desarrollo del país se avoque a diversificar su orientación y su enseñanza
creando con urgencia los técnicos petroleros, siderúrgicos y agropecuarios
para impulsar la Reforma Agraria y motorizar la recuperación de las industrias
para que se comience al fin a inundar a Venezuela con el río de riquezas, cuyo
caudal han llevado los gobiernos anti-patriotas a desembocar en los países
extranjeros.
Ha enturbiado el festivo esplendor de esta noche una desagradable
circunstancia, y es la de que la Universidad ha debido como casa dominguera
mostrase cuidadosamente pulcra para recibir la excelsa distinción, y no ha sido
así porque aun no hemos expulsado de sus rincones lo que debió salir por la
puerta de atrás. La juventud les ha señalado, pero la dedicadeza y pundonor
también se extravía con lo otro que perdieron. Sobre ellos seguirá cayendo
implacable, puesto que nos traicionaron, nuestra hosca mirada y nuestro noble
rencor.
A mis compañeros a quienes representé en la Comisión Universitaria y
cuyas inquietudes y deseos traté de interpretar y llevar al estatuto que hoy se
promulga, quisiera transmitirle no a la mesa Rectoral, junto a un grupo de
hombres en los que coincidían una saludable calidad humana, el más
acendrado sentimiento universitario y la más definida vocación democrática.
Ahora cuando concluye la misión que nos movió a la cita y cada uno prosiga su
interrumpida senda, podré decir cuando alguno de ellos pase frente a mí: allí va
un hombre vertical y robusto por dentro, allí va un universitario.
Tras diez años de penumbra y uno de viva luz, esta generación del 58,
sombría y luminosa, inmaculada y densa, madura y exigente, con la semilla de
la revolución muy dentro, entra por la puerta mayor del desde hoy inviolable
recinto de su Universidad.