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Constitución de 1889

Puede considerarse a la constitución de 1869 como la primera con un cierto


cariz democrático en la historia del constitucionalismo español. Habla, sí, de libertades
públicas, pero omite las económicas. Esta constitución estuvo vigente durante el
reinado de Amadeo I.
Tras el triunfo de la Revolución de 1868 se convocará elecciones a Cortes
Constituyentes, celebradas con sufragio universal masculino, que dieron mayoría
relativa a los progresistas, que, junto a los unionistas, eran mayoría absoluta. Pero la
oposición era fuerte: los republicanos, que nuevamente triunfan en capitales
importantes, aunque no en Madrid, suman más de 70 escaños; los carlistas, dieciocho,
y los isabelinos, catorce.
Tras elecciones se formó nuevo gobierno (ya no provisional), presidido
asimismo por Serrano, se nombra una comisión constitucional integrada
paritariamente por progresistas, unionistas y demócratas.
Las influencias más notorias son la Constitución de Estados Unidos, en materia
de derechos y libertades y la Constitución belga, en la regulación de la corona. Junto a
ellas puede detectarse la influencia general de la Constitución española de 1812.
Pueden fijarse tres principios políticos fundamentales: democracia,
iusnaturalismo racionalista en materia de derechos y monarquía parlamentaria.
El principio democrático se plasman el reconocimiento de la soberanía nacional
y en el sufragio universal (masculino).
Frente al opinión de Cánovas, los moderados y algunos unionistas, que
preferían que los derechos individuales figuraron con límites precisos y fueron
regulados por leyes técnicas; triunfó la tesis liberal conforme a la cual los derechos
individuales son naturales, inalienables y anteriores a toda legislación.
De los derechos civiles deben destacarse las garantías que los revisten: junto a
la garantía judicial general y a la especial del hábeas corpus se recogen también lo
principio de legalidad penal y procesal. Se reconocen por primera vez los derechos de
reunión y asociación. Por su parte, la libertad de expresión está reconocida en sus
términos más amplios.
Mención aparte merece la libertad de cultos. La constitución de 1856 ya la
había reconocido. En las proclamas revolucionarias se exigía también esa libertad. La
iglesia española se negaba aceptar nada que no fuera el mantenimiento del
concordato de 1851: unidad religiosa, confesionalidad del estado, amplias atribuciones
jurisdiccionales de la iglesia, etc.
Finalmente se llegó al texto del artículo 21º, con el que se intentará contentar a
todos, y lo que hizo, fue enfadar a la mayoría. Comienza declarando obligación de la
nación el mantenimiento del culto y de los ministros de la religión católica y termina
con un “si algunos españoles profesan otra religión que la católica, es aplicable a los
mismos todo lo dispuesto en el párrafo anterior”.
La forma de gobierno era la Monarquía. Pero el debate era qué tipo de
Monarquía. Por exigencias del proceso revolucionario tenía que ser una Monarquía
democrática.
A su vez, el liberalismo que informaba al régimen se plasmó en una división de
poderes, en el que el legislativo correspondía las cortes -compuesta de congreso y
senado-, el judicial los tribunales, y el ejecutivo al rey, aunque se establecía la
responsabilidad de los ministros ante las cortes, así como la de los jueces.
Constitución de 1876
Para la elaboración de la constitución de 1876, Cánovas árbitro un
procedimiento nuevo. Convocó una reunión de 600 antiguos parlamentarios, que
aceptaron las ideas básicas de la futura Constitución y designaron una comisión de 39
personas (comisión de los Notables) y más tarde otra comisión reducida, de nueve,
para que preparara el proyecto. Cánovas controló e influyó decisivamente en el
proceso. Terminado el trabajo de la Comisión había que presentarlo a las Cortes.
Cánovas, que era contrario al sufragio universal, prefirió la elección de este
procedimiento para la convocatoria a Cortes Constituyentes. Quería, así, reforzar la
legitimidad de la futura Constitución sin asumir realmente ningún riesgo. La abstención
fue considerable y la victoria de Cánovas, la prevista. Los constitucionales lograron 27
escaños, los moderados intransigentes, 12 y uno para Castelar que se presentó como
demócrata.
Se trata de una Constitución breve, flexible y elástica.
La soberanía es compartida entre el Rey y las Cortes. El poder legislativo es
compartido entre las Cortes y el Rey, pudiendo este último vetar leyes y disolver las
Cámaras. El poder ejecutivo recae el Rey, pudiendo nombrar al Jefe de Gobierno y los
Ministros.
Los derechos y deberes de los ciudadanos están limitados por las leyes
ordinarias. Así sucedió con el derecho al sufragio (en 1890 pasa a ser sufragio universal
masculino), derecho de asociación (regulado por ley de 1887), libertad de prensa
(regulada por ley en 1883); etc.
Establece también un derecho confesional católico, si bien se toleran otras
religiones siempre que la respeten. Pero también imponía la adecuación de la
enseñanza al dogma católico y al sistema monárquico.
Cotejo de ambas Constituciones

Constitución de 1869 Constitución de 1876


Soberanía Nacional Compartida entre Rey y
Cortes
Derechos Declaración de derechos Serán regulados por
naturales absolutos e ilegislables leyes posteriores
Religión Libertad de culto Confesional, aunque con
tolerancia religiosa
Sufragio Universal masculino Mixto
Parlamento Bicameral Bicameral
Congreso, directo Congreso, electivo
Senado, indirecto Senado por designación
real y sufragio censitario
División de poderes Si existe No existe
Forma de gobierno Monarquía Constitucional Monarquía
Carácter Democrática Oligárquica
Otros Burguesía revolucionaria Burguesía de negocios
El liberalismo radical Turno pacífico de
Juicios por jurados partidos