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La autodefensa social

Nuestra constitución organiza el Estado dominicano y para ello crea


tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial.
Esta organización tripartista del Estado, implica el inter-control de
esos poderes. Ese es el Estado ideal. Sin embargo, nuestra realidad es que,
desde varios años, estos tres poderes están en crisis.
El robo y la corrupción se apoderaron de la administración pública.
Se saquean los bienes del Estado. Se negocian sentencias. Se aprueban
préstamos y contratos con ligereza pasmosa y se hipotecan los sueños de
venideras generaciones.
El crimen y la delincuencia común, se apoderaron de nuestros
barrios, campos y ciudades. Nadie dice nada. Nadie hace nada. La
indiferencia es total.
Yanel Acosta Yapor, hija de Delcy Yapor, quien fuera víctima del
crimen y la delincuencia, en su dolor expresó: “me quitaron a mi mamá y
me quitaron a mi país y cuando al fin alguien hace algo, los mismos
políticos, carentes de valores, se encargaran de mover influencias para
salir ilesos”.
Muchos dominicanos, aún conservan su madre o la perdieron por
otra circunstancias, pero todos hemos perdidos nuestro país.
El acto involuntario del ex raso de la Fuerza Aérea, Franklin Padilla,
nos remonta al periodo primitivo del hombre, en el que los conflictos se
solucionaban mediante la autodefensa. En el caso particular,
presumiblemente, se trató de la legítima defensa de un tercero, que es la
defensa de personas desvinculada de su defensor, sujeto imparcial e
irrecusable, que se conduce como juez de forma instantánea o
circunstancial.
No me corresponde calificar este acto, pero si tengo la obligación de
expresar que en una época donde la sociedad no se había organizado en
Estado, se consideró justo y altruista, pues cumplía la importante misión
de reemplazo de los órganos estatales (policía y tribunales) y, en tal
sentido, representaba la forma más intensa de cooperación ciudadana a la
lucha contra el crimen y la delincuencia como igualmente fueron la
denuncia, los testimonios y el aprehender a un delincuente en estado de
fragancia.
No comparto esta conducta, pero ella es una representación del
estado social.
A mí también me duele el Alma, por la pérdida de Delcy Yapor,
aunque no la conocía, pero era mi hermana en la patria y ante Dios. A mí
también me duele el alma al ver el dolor, la angustia y la impotencia de
Yanel Acosta Yapor y de muchas madres, padres e hijos que han perdido
sus seres queridos producto del crimen y la delincuencia.
A mí me duele el alma, cuando un verdugo uniformado ejecuta un
ciudadano, cuando el verdadero culpable de su desgracia es un político
corrupto que aprovechando su miseria material e intelectual, compra su
voto y asciende a uno de los tres poderes, donde anida una “elite
distinguida” y “privilegiada”, desconociéndoles su derechos
fundamentales de presunción de inocencia y el debido proceso.
A mí me duele el alma cuando pienso que una vez compartía con
muchos de esos políticos, en las aulas universitarias, en los locales del
partido, el gimnasio o en el trabajo, las esperanzas de un mejor país y hoy
son señalados como corruptos o cómplices de la corrupción.
El país está en crisis, casi en el caos. El modelo de representación
está en crisis. Nuestras instituciones no funcionan. Una burocracia
disfuncional y costosa se enquistó en el poder. Presenciamos una crisis
moral de largo alcance que ha quebrantado la relación entre gobernantes
y gobernados.
Si el congreso y las demás instancias de autoridad ha asumida
formas mafiosas, como lo comprueba el caso Odebrecht, son los
ciudadanos, las comunidades y organizaciones colectivas, los que tendrán
que imponer desde sus propios espacios en la sociedad civil nuevas
formas de representación y defensas de sus intereses.
Solo nos queda un camino: la autodefensa social.
La marcha verde a efectuarse mañana, 26 de Marzo, a partir de las
10:00, en el área monumental, es la mejor expresión de autodefensa
social. No te quedes en casa. Apoyemos la marcha. Mañana tú puedes ser
la próxima víctima.