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JUEVES SANTO - ADORACIÓN EUCARÍSTICA.

GUÍA: Nos disponemos para comenzar este momento en que vamos a dedicar a Jesús Eucaristía un rato
de compañía, recogimiento y oración verdadera. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu....

GUIA: BENDITO Y ALABADO SEA JESÚS EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR.


TODOS: SEA POR SIEMPRE BENDITO Y ALABADO JESÚS SACRAMENTADO. (Repetir 3 veces)

GUÍA: (lee muy pausadamente y como una oración, mirando el Santísimo...) (P. Slavko Barbaric, ofm )
Ardo del deseo de tu Rostro, Jesús
Yo te adoro, Jesús! Tú eres mi Dios.
Te doy gracias porque deseaste vivir con los hombres.
Por tanto, has deseado vivir conmigo.

Bendito seas, Jesús, por el amor que te inspiró


a permanecer conmigo de este modo sacramental!
Tu vivo deseo de quedarte conmigo se ha realizado milagrosamente:
Tú estás presente en esta Santa Hostia!

Dios omnipotente e infinito, Hijo de Dios, oculto en un pequeño Pan!


Qué inmenso misterio!
Yo creo y te adoro, Jesús!
Deseo tu Rostro, Jesús!

CANCION: SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS (canción Hna. Glenda)

MOMENTO DE ENTREGA Y PRESENCIA FRENTE A JESÚS


GUÍA: Hagamos nuestra la Adoración Eucarística de Juan Pablo II
Señor Jesús:
Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.
“Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios” (Jn.
6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión
y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro
SÍ unido al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.
Siguiéndote a ti, “camino, verdad y vida”, queremos penetrar en el aparente “silencio” y “ausencia” de
Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: “Este es mi Hijo amado, en
quien tengo mi complacencia: Escuchadlo” (Mt. 17,5).
Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así
como los diversos sectores de la vida familiar y social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives “siempre intercediendo por
nosotros” (Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y
el fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la
que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida
concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: “Mi vida es Cristo” (Flp. 1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin ti.
Queremos aprender a “estar con quien sabemos nos ama”, porque “con tan buen amigo presente todo se
puede sufrir”. En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración “el amor es el
que habla” (Sta. Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas,
opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y
espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: “Quedaos aquí y velad
conmigo” (Mt. 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a
adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una
presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos “gemidos inenarrables”
(Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta
con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta,
aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o “misterio”.
Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el “misterio” de cada hermano y de cada
acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este
silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.
Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de
SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella,
recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.
Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para
transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.
Amén.
CANCION: ALMA DE CRISTO

MOMENTO DE ADORACION
GUÍA: Eterno Padre, yo te agradezco porque Tu infinito Amor me ha salvado, a través de tu Hijo
Jesucristo. Gracias, Padre mío, por tu inmensa paciencia que me ha esperado. Gracias, Dios mío, por tu
inconmensurable compasión que tuvo piedad de mí. La única recompensa que puedo darte en retribución
de todo lo que me has dado es mi debilidad, mi dolor y mi miseria.
Estoy delante Tuyo, Espíritu de Amor, que eres fuego inextinguible y quiero permanecer en tu adorable
presencia, quiero reparar mis culpas, renovarme en el fervor de mi consagración y entregarte mi
homenaje de alabanza y adoración.
Jesús bendito, estoy frente a Ti y quiero arrancar a tu Divino Corazón innumerables gracias para mí y
para todas los hombres, para la Santa Iglesia, tus sacerdotes y religiosos. Permite, oh Jesús, que estas
horas sean verdaderamente horas de intimidad, horas de amor en las cuales me sea dado recibir todas
las gracias que Tu Corazón divino me tiene reservadas.
Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, me uno a Ti y te suplico me hagas partícipe de los
sentimientos de Tu Corazón Inmaculado.
¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y
no te aman.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo
Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del
mundo, en reparación de todos los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y
por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la
conversión de los pecadores, de mí, pobre pecador.
CANCIÓN:

MOMENTO SE SÚPLICA DE PERDÓN


GUÍA: PEDIMOS PERDÓN por nuestros pecados recitando o cantando el Salmo 50:
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
Por tu inmensa compasión borra mi culpa;
Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,


tengo siempre presente mi pecado:
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,


En el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
Pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,


Y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
Lávame, quedaré ,as blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,


Que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
Borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,


Renuévame por dentro con espíritu firme;
No me arrojes lejos de tu rostro,
Ni me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,


Afiánzame con espíritu generoso:
Enseñaré a los malvados tus caminos,
Los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,


Dios Salvador mío! ,
Y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
Y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;


Si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
Un corazón quebrantado y humillado
Tu no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
Reconstruye las murallas de Jerusalén:
Entonces aceptarás los sacrificios rituales,
Ofrendas y holocaustos,
Sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Amén.

GUÍA: Con la confianza de haber obtenido de tu infinita Misericordia el perdón por mis innumerables
culpas, ofensas y negligencias me permito, oh Jesús, pedirte perdón también por mis hermanos. Pienso
en los innumerables pecados que se comenten en el mundo día a día: pecados de los individuos y de las
naciones, pecados de los súbditos y de los gobernantes; pecados de orgullo, de sensualidad y de codicia;
pecados de pensamiento, de palabra, de obras y de omisión.
Por todos estos pecados y por los pobres infelices que los cometen, me atrevo a pedir, oh Jesús, la
efusión de Tu infinita Misericordia. Son los pecados los que te hicieron agonizar en el Huerto de los
Olivos y sumergieron tu Alma santísima en un mar de tristeza.
No olvides, oh Jesús, que libremente quisiste cargar con ellos; que has querido “hacerte pecado”, para
borrar los nuestros; no olvides, oh Jesús, que te ofreciste a la ira del Padre, para rescatar a tus
hermanos culpables.
Oh Jesús, te ruego renueves tu ofrecimiento al Padre, presentándole nuevamente tus llagas;
Muéstrale las espinas, los flagelos y los clavos que traspasaron tus carnes; pero especialmente, hazle ver
tu Corazón herido y rebosante de Amor por Él y por nosotros, y pide su perdón.
Recuerda, oh Jesús, que mayor que todas nuestras culpas es tu misericordia. Viértela, oh Jesús, sobre el
mundo culpable. Busca las ovejas que se alejaron de tu redil y muéstrales cuán grande es la potencia de
tu Amor de Salvador.
Y ya que tu Corazón está herido por las culpas de los más íntimos, para los que renuevan el beso de
Judas o la negación de Pedro, también para ellos, oh Jesús, invoco tu perdón. Que ninguno de ellos
cumpla el gesto desesperado de Judas, sino que tu Gracia los induzca, como a Pedro, a una reparación de
Amor.
Oh, Dios mío, que posees en una abundancia incomprensible todo cuanto puede haber de perfecto y digno
de Amor, extingue en mí todo amor culpable, sensual y desordenado hacia las criaturas, y enciende en mí
corazón el fuego purísimo de tu amor, a fin de que te ame solo a ti, por ti, hasta el punto que, consumido
en tu santísimo amor, pueda yo ir a amarte eternamente en el cielo, con los elegidos. Amén.
CANCIÓN:

MOMENTO DE ACCION DE GRACIAS


GUÍA: Señor, la Iglesia me invita a darte Gracias por tu gran Gloria, me invita a agradecerte,
glorificarte y alabarte por lo que tú eres , Dios mío. Por este motivo, me es grato repetirte: Te doy
gracias, porque eres el Amor infinito.
Después de haberme postrado para adorarte, quiero agradecerte. Te agradezco, mi Dios, porque tú eres
el Amor y te agradezco por los dones de tu Amor. Y ya que los dones más preciados, los de la vida
sobrenatural, nos los diste por Jesús, es también por Él, con Él y en Él que quiero elevar hasta ti el
himno de reconocimiento.
En unión con Jesús te agradezco, Dios Padre, por todas las gracias que me has concedido. Tú me diste la
vida, sacándome de la nada y me la conservaste día a día hasta este momento. Pero tú me has dado otra
vida más valiosa, la de la gracia, que me hace partícipe de tu misma vida divina y, después de la primera
gracia con la que me santificaste el día de mi bautismo, ¡Cuántas gracias me han sido concedidas, que
conservaron, aumentaron y, tal vez, reconquistaron la vida sobrenatural!.
Pero no quiero y no puedo darte gracias solo por mí. Te doy gracias también por todos los dones que tu
Amor ha derramado en la Iglesia. Por los beneficios otorgados a los Ángeles y a los Santos, alabanzas
perennes de tu amor. Y sobre todo por los beneficios innumerables que has hecho a María Santísima,
nuestra dulce Madre.
Te doy gracias por haberla hecho tan grande, tan santa, tan hermosa.
Te doy gracias por los privilegios que le concediste, por el trono de gloria sobre el cual la colocaste, por
la misión que le confiaste. Te doy gracias por haber hecho de esta criatura predilecta, una madre en la
que puedo y debo colocar todas mis esperanzas.
Para que mi reconocimiento sea mas eficaz me permito, oh Señor, vivificarlo con el amor. Por eso te digo
y te repito: que te Amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis
fuerzas.
CANCIÓN:

MOMENTO DE REPARACIÓN
GUÍA: Señor, ahora quiero hacer ante ti reparación. Oh Jesús, víctima divina de nuestros altares,
grande y único Reparador, yo también me uno a Ti para cumplir, contigo y por medio tuyo, el oficio de
pequeña alma reparadora.
Y me dirijo también a Ti, oh Madre mía, para que así como en el Calvario ofreciste al Padre a Tú Jesús,
que se inmolaba por su gloria y por la salvación de las almas, así renueves en este momento el místico
ofrecimiento en mi lugar.
En el cáliz de tu corazón Inmaculado ofrece, oh Virgen dulce, los dolores de Jesús junto a los tuyos,
para invocar la Divina Misericordia sobre mí y sobre el mundo entero. Después de haberte dado gracias
por tus dones sin fin, ¿cómo puedo no confundirme a la vista de mis culpas y de mis infidelidades? ¡Con
cuanta ingratitud y frialdad he respondido a tus beneficios!
CANCION : NO ME MUEVE MI DIOS PARA QUERERTE
GUÍA: BENDITO SEA DIOS
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendito sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María santísima.
Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

OREMOS:
Oh Dios, que en este Sacramento Admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos
concedas venerar de tal modo Los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos
constantemente en nosotros los frutos de la redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.