DÉJAME QUE TE CUENTE

ÁLVAR NÚÑEZ (ABEZA DE VACA NACIÓ

EN JEREZ DE LA FRONTERA, EN LA ÚLTIMA
DÉCADA DEL SIGLO XV. EN SU PRIMER VIAJE
A AMÉRICA, A LAS ÓRDENES DEL CAPITÁN

PÁNFILO DE NARVÁEZ, NAUFRAGÓ MÁS DE
UNA VEZ Y TUVO QUE ATRAVESAR A PI E LO

QUE HOY ES TERRITORIO ESTADOUNIDENSE.

EN ESA TRAVESÍA, QUE DURÓ MÁS DE OCHO
AÑOS, CABEZA DE VACA VIVIÓ COMO UNO

DE LOS INDÍGENAS A QUIENES PENSABA
CONQUISTAR, SE CONVIRTIÓ PRIMERO EN
SU ESCLAVO Y LUEGO EN SU CURANDERO

Y, ENTRE OTRAS HAZAÑAS DIGNAS DE
MENCIÓN, DOCUMENTÓ LAS COSTUMBRES

SOCIALES Y RELIGIOSAS DE LOS PUEBLOS, CON

UNA VISIÓN ANTROPOLÓGICA CUYO RESPETO
Y PRECISIÓN SIGUEN SORPRENDIENDO EN
NUESTRA ÉPOCA.
COLECCIÓN

DÉJAME QUE TE CUENTE

SERIE CLÁSICOS NOVOHISPANOS

CABEZA DE VACA,
NÁUFRAGO
DE NUEVOS MUNDOS


BASADA EN
LOS NAUFRAGIOS

DE ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA

ADAPTACIÓN DE

JESÚS EDUARDO GARCÍA CASTILLO

1LUSTRACIONES DE ROS SANA BOHÓRQUEZ
que toda
hombres
nos lleva
que éstos
Anc
EL HURACÁN Y EL NAUFRAGIO
de voces.
trumenn
A DIECISIETE DÍAS DEL MES DE JUNIO DE 1527 partió del puerto de SAN- de lunes
LÚCAR DE BARRAMEDA el GOBERNADOR Pánfilo de Narváez, con poder SUS DESF

y mandado de VUESTRA MAJESTAD para conquistar y gobernar las pro- anduvim
vincias que están desde el río de las Palmas hasta el cabo de la Florida. La no encon
ARMADA que llevaba eran cinco navíos, en los cuales poco más o menos por ellos
íbamos seiscientos hombres. Yo estaba entre los oficiales de la TRIPULA- sobre un
CIÓN, pues era tesorero y ALGUACIL MAYOR. Cuando llegamos a Santiago navío, ta
de Cuba, muchos de los que iban con nosotros nos abandonaron, y un GEN- nocer. Er
TILHOMBRE que se llamaba Vasco Porcalle ofreció al gobernador ciertos Así
BASTIMENTOS que tenía en la villa de Trinidad, que está a cien LEGUAS del bastimer
puerto de Santiago. Fuimos por ellos y yo me quedé en la mar con otros bre regre
marinos, esperando a que volviera el gobernador. de la tor:
Al otro día, el tiempo comenzó a dar tan malas señales, que de la villa segura, ;
nos mandaron pedir que fuésemos para que estuviéramos seguros, pero yo nuevos, 1
no podía dejar los barcos. Pensé que lo mejor sería DAR CON LOS NAVÍOS AL él estaba
TRAVÉS, para que se salvase la gente y los caballos, pero los que estaban en había oc
los barcos no quisieron salir porque hacía mucha agua y frío, y porque la villa ron volv:
estaba muy lejos. Al poco tiempo la tormenta era tan fuerte que ya no era po- invierno,
sible llevar los BATELES a tierra ni dar con los navíos al través, así que muchos que esp(
hombres quedaron atrapados en ellos. La tempestad comenzó a crecer tanto de febre:
que todas las casas se cayeron, y era necesario que anduviéramos siete u ocho
hombres abrazados unos con otros para podernos amparar y que el viento no
nos llevase. También teníamos mucho temor de andar entre los árboles, por-
que éstos se caían al suelo igual que las casas, y temíamos que nos matasen.
Andando en esto oímos toda la noche mucho estruendo y grande ruido
de voces, y gran sonido de cascabeles y de flautas y tamborinos y otros ins-
trumentos que duraron hasta la mañana que la tormenta cesó. Esa mañana
Ie SAN- de lunes bajamos al puerto y no hallamos los navíos. En vez de ellos, vimos
n poder sus DESPOJOS en el agua, por lo que supimos que los habíamos perdido, y
las pro- anduvimos por la costa para ver si hallábamos alguna cosa de ellos, y como
irida. La no encontramos nada nos metimos hasta los montes, y andando y andando
» menos por ellos un cuarto de legua encontramos la barquilla de un navío puesta
UPULA- sobre unos árboles. Y a diez leguas de allí se hallaron dos personas de mi
)antiago navío, tan desfiguradas por los golpes de las peñas que no se pudieron reco-
.in GEN- nocer. En los navíos perdiéronse setenta personas y veinte caballos.
~ciertos Así estuvimos con mucho trabajo y mucha necesidad, porque todos los
~UAS del bastimentas que traíamos se perdieron. A los cinco días del mes de noviem-
on otros bre regresó el gobernador, que se había salvado
de la tormenta por haberse puesto en parte
~la villa segura, y ya había comprado barcos
pero yo nuevos, pero la gente que venía con
1.VÍOSAL él estaba tan asustada por lo que
1
:aban en había ocurrido, que no quisie- ,¡
l
e la villa ron volver a embarcarse en
) era po- invierno, así que tuvimos
muchos que esperar hasta el 20
.er tanto de febrero.
LA FLORIDA
un h01
dos. A

EL GOBERNADOR LLEGÓCONUN BERGANTÍNque compró en la Trinidad,
y traía consigo un piloto que se llamaba Miruelo, y que decía ser muy buen redan
conocedor de toda la costa Norte, pero la verdad es que sólo nos metió por pregui
los BAJÍOS,así que tuvimos que-esperar quince días a que una nueva tor- láronn
menta metiera tanta agua que AL CABOpudimos salir, aunque con mucho lache,
peligro. E
Por fin llegamos a la Florida. Al principio encontramos algunos in- car la
dios que nos dieron pescados y carne de venado. Luego, encontrábamos los ríamo:
BOHÍOSdesamparados y solos porque la gente se había ido en sus canoas. y pobl
En otro pueblo encontramos unos indios que vinieron a nosotros y nos ha- parte
blaron, pero como nosotros no teníamos LENGUAno pudimos entenderlos. buscar
Nos hicieron muchas señas y amenazas y nos pareció que nos decían que trar er
nos fuésemos de esa tierra, y con esto nos dejaron sin que nos hiciesen nin- en elle
gún impedimento y ellos se fueron. tres vt
Al otro día, el gobernador decidió que debíamos entrar por tierra, des- por qi
cubrirla y ver lo que en ella había. Fuimos con él varios oficiales y yo, ade- segurc
más de cuarenta hombres y seis caballos, que eran los únicos que nos queda- los de:
ban. Mientras tanto, el gobernador ordenó al bergantín que rodease la costa, miedc
hasta encontrar el puerto que Miruelo había dicho que conocía. porqu
Nosotros anduvimos por la tierra hasta que encontramos cuatro indios valent
y les mostramos maíz para que nos dijeran si sabían dónde encontrarlo. duda,
Ellos nos llevaron a su pueblo, pero el poco maíz que tenían todavía no es- poner
taba listo para cosecharse. Sin embargo, en ese pueblo encontramos muchas go qu
cajas de mercaderes de Castilla, y en cada una de ellas estaba el cuerpo de en ern

• 1 o.
un hombre muerto, y los cuerpos cubiertos de unos cueros de venado pinta-
dos. Al COMISARIO le pareció que esto era especie de idolatría y quemó las
cajas con su contenido.
Irinidad, Hallamos también pedazos de lienzo y de paño, y penachos quepa-
my buen recían de la Nueva España. Hallamos también muestras de oro. Por señas
netió por preguntamos a los indios de dónde habían traído esas cosas, y ellos seña-
ueva tor- láronnos que de muy lejos de allí había una provincia que se llamaba Apa-
o mucho lache, en la cual había mucho oro.
El gobernador dijo que tenía la voluntad de entrar en tierra para bus-
unos in- car la provincia de Apalache. Yo respondí que de ninguna manera debe-
amos los ríamos dejar los navíos sin que primero se quedaran en un puerto seguro
s canoas. y poblado, y que recordase que los pilotos no sabían exactamente en qué
, nos ha- parte estaban. Por eso, mi parecer era que debíamos subir a los barcos y
enderlos. buscar un puerto. Pero el gobernador me contestó que si tanto temía en-
cían que trar en tierra, me quedara y tomara cargo de los navíos y de la gente que
.sen nin- en ellos se quedaban. Entonces yo no guise quedarme; él me lo pidió
tres veces, y yo tres veces me negué. El gobernador me preguntó
.rra, des- por qué no aceptaba lo que me proponía, y yo le dije que estaba
yo, ade- seguro de que los navíos iban a naufragar, pero tampoco quería que
s gueda- los demás pensaran que yo tenía
la costa, miedo de entrar en tierra,
porgue de ese modo mi
.o indios valentía quedaría en
ontrarlo. duda, y más quería yo
ía no es- poner mi vida en ries-
muchas go que dejar mi honra
1erpo de en entredicho.
LA SELVA
de geno
tenía. A
grande
que se 1
Ca~
toda la
dejado r
Esto no:
Pe1
enferme
EL SÁBADO PRIMERO DE MAYO, el gobernador nos repartió a cada uno me- zaron a
dia LIBRA de tocino y dos libras de bizcocho, y con ese bastimento andu- mos en
vimos durante quince días por la selva, sin hallar otra cosa que comer más nuestro'
que PALMITOS como los de Andalucía. A veces pasábamos ríos y lagunas A todos
por las que veíamos canoas de indios, pero ellos, al vernos, huían. Los ríos había h
eran tan caudalosos que uno de nuestros compañeros de a caballo, por no ni cosa
esperar, entró en un río, y la corriente, como era recia, lo derribó de la mon- a Dios:
tura; él se asió de las riendas y se ahogó junto con el animal. En
La selva estaba llena de árboles muy altos, y eran tantos que había DOS cae
muchos tirados en el suelo que nos dificultaban el camino, de suerte que puesto
no podíamos pasar sin rodear mucho y con gran trabajo. De los árboles y rruent
caídos, había algunos partidos de arriba hasta abajo por los rayos que en hambre
aquella tierra caen. que no
Cuando llegamos a Apalache, los indios acudieron a encontrarnos y An
comenzaron a pelear tlechándonos, y con ello mataron uno de nuestros ca- apretad:
ballos. Después huyeron y nos dejaron. Estuvimos en este pueblo veinte y nos hiz:
. .
cinco días, en que hicimos tres entradas por tierra y hallárnosla muy pobre JOSa y SI

• 12 •
de gente y muy mala de andar por los malos pasos y montes y lagunas que
tenía. Al fin le preguntamos a algunos indios si Apalache era el pueblo más
grande de la región, y ellos nos dijeron que más adelante había un pueblo
que se llamaba Aute, y que sus habitantes tenían mucho maíz y frijoles.
Caminamos nueve días hasta Aute, y cuando llegamos encontramos que
toda la gente del pueblo había huido y había quemado sus casas, pero habían
dejado mucho maíz, calabazas y frijoles que estaban maduros para cosecharse.
Esto nos dio mucho gusto, porque pudimos comer y descansar allí dos días.
Pero la gente que iba con nosotros estaba intranquila, algunos estaban
enfermos por el trabajo y la mala comida, y los que iban a caballo empe-
.ino me- zaron a abandonarnos. Por eso, el gobernador decidió que si nos quedába-
·o andu- mos en Aute no se podría conseguir sino la muerte, y que el remedio para
ner más nuestros inconvenientes era hacer nuevos navíos en que pudiésemos irnos.
lagunas A todos nos parecía imposible, porque nosotros no los sabíamos hacer, ni
Los ríos había herramientas, ni hierro, ni FRAGUA, ni estopa, ni PEZ, ni JARCIAS,
. por no ni cosa ninguna de tantas como SON MENESTER. Pero nos encomendamos
la mon- a Dios Nuestro Señor y nos pusimos a trabajar.
En menos de dos meses teníamos cinco barcas de veinte y dos CO-
Lehabía DOS cada una, pero tal era la tierra en la que nuestros pecados nos habían

erre que puesto, que no hallamos piedras para lastre ni para anclas de las barcas,
árboles y mientras las buscábamos se nos murieron cuarenta hombres de sed y de
que en hambre. También se murieron los caballos, y nos comimos algunos, por-
que no había más alimento.
·arnos y Antes de que ocurrieran más cosas, decidimos embarcarnos. Íbamos tan
.tros ca- apretados que no nos podíamos menear, pero tanta era nuestra necesidad que
veinte y nos hizo aventurarnos a ir de esta manera y meternos en una mar tan traba-
iy pobre josa y sin tener noticias de la ARTE DE MAREAR ninguno de los que allí iban.

• 13 •
NUEVOS NAUFRAGIOS

EN NUESTRASBARCASANDUVIMOSMÁSDE TREINTADÍAS,al cabo de los
cuales la necesidad de agua era tanta, que tuvimos que tomar agua salada,
y algunos se descompusieron tanto por eso, que súbitamente se nos murie-
ron cinco hombres. Cuento esto así brevemente porque no creo que haya
necesidad de contar una por una las miserias en que nos vimos. Nos sentía-
mos tan perdidos, que ninguno hubo que no tuviera por cierta la muerte.
Luego vino otra tormenta, y tuvimos que soportarla en una BAHÍA,con
mucho frío y sin osar entrar en la mar por el mal tiempo que había. Pero el
NORTEque venía de la tierra comenzó a crecer tanto que nos metió en la mar
sin que nosotros pudiésemos evitarlo, y cuando amaneció, cada barca estaba
perdida de las otras. Los de mi barca estuvimos remando, y a la hora de VÍS-
PERASalcanzamos a ver otras dos barcas. Una era la del gobernador, y a él
nos dirigimos para pedirle que ordenara a algunos hombres que se pasaran a
su barca, y él me contestó que ya no era tiempo de mandar unos a otros, sino
que cada uno hiciera lo que mejor le pareciese para salvar la vida.
Al cabo de cuatro días, vino otra tormenta que nos hizo perder las barcas
que nos quedaban. Era invierno, el frío era muy grande y todos padecíamos
hambre y los golpes que la mar nos había dado. La gente que nos quedaba
viva empezó a desmayar, y todos creímos que ese día encontraríamos la muer-
te. Sin embargo, en el último momento, nos tomó una ola y, con el gran golpe
que nos dio, casi toda la gente que estaba como muerta TORNÓEN sí. Y como
vieron cerca la tierra, comenzaron a descolgarse y a nadar. Llegamos a la tierra
e hicimos lumbre, y con el calor del fuego la gente empezó a reponer fuerzas.
o de los
salada,
mune-
ue haya
; sentía-
nuerte.
IÍA, con
Pero el
i la mar

a estaba
de vís-
r, y a él
asaran a
.os, sino

s barcas
ecíamos
:¡uedaba
a muer-
mgolpe
Y corno
la tierra
fuerzas.
LOS INDIOS Yo pé
nos que h
que si lle¿
cuando 11(
parada pa
comer, y e
Pero
los indios
los canale
eran tan e
EN ESA TIERRA NOS ENCONTRARON UNOS INDIOS QUE VINIERON A NO- que estab:
SOTROS y NOS TRAJERON DE COMER: mucho pescado y unas raíces que los unos a
ellos acostumbran y que son como nueces. Como nosotros nos vimos nue- quien se 11
vamente proveídos de pescado y otros bastimentos, acordamos de embar- tal escánd
carnos otra vez cuando los indios se fueron, pero acabábamos de salir cuan- mos. Pero
do sufrimos otro golpe de mar que nos volteó la barca. éramos co
Muchos de nuestros hombres se ahogaron, y los que quedamos vivos que todos
salimos del agua desnudos como nacimos, y perdimos todo lo que traía- el nombré
mos. Pasamos tantas dificultades y estábamos tan mal que se nos podían
contar los huesos, porgue estábamos hechos la propia figura de la muer-
te. Quedamos tan mal, que cuando los indios regresaron y nos vieron se
espantaron y tuvieron la intención de huir, pero al reconocernos y ver el
desastre en el que estábamos con tanta desventura y miseria, se sentaron
entre nosotros y, por el gran dolor y lástima que sintieron al vernos en tan
mala fortuna, comenzaron a llorar tan recio que lejos de allí se les podía
oír. La barca en la que íbamos llegó a su fin, no se pudo sostener más en sí
misma y se hundió.

• 16 •
Yo pedí a los indios que nos llevaran a sus casas, pero algunos cristia-
nos que habían estado en la Nueva España no querían ir porque temían
que si llegábamos a sus casas nos sacrificarían a sus ídolos. Sin embargo,
cuando llegamos a su villa nos dimos cuenta de que tenían una casa pre-
parada para nosotros, y ellos nos hicieron muchas fiestas y nos dieron de
comer, y con eso perdimos algo del miedo del sacrificio.
Pero a los pocos días sucedió tal tiempo de fríos y tempestades, que
los indios no podían arrancar las raíces con las que nos alimentábamos, y
los canales en los que pescaban ya no daban provecho ninguno. Las casas
eran tan desabrigadas, que comenzose a morir la gente. Y cinco cristianos
-~A NO- que estaban en las casas de la costa llegaron a tal extremo que se comieron
iíces que los unos a los otros, hasta que sólo quedó uno que, por ser solo, no hubo
nos nue- quien se lo comiese. De esto se alteraron tanto los indios y hubo entre ellos
: embar- tal escándalo, que sin duda nos habrían matado a todos los que quedába-
.lir cuan- mos. Pero un indio que estaba con nosotros los convenció de que no todos
éramos como los que se habían comido unos a otros, y quiso Nuestro Señor
llOS VIVOS que todos se convencieron de ello y nos dejaron vivir. A esta isla le pusimos
lue traía- el nombre de MALHADO.
is podían
la muer-
vieron se
; y ver el
sentaron
os en tan
les podía
más en sí
LA ISLA DE MALHADO

EN ESAISLANOS QUISIERONHACERCURANDEROS,sin hacernos examen
ni pedirnos títulos, porque los indios de ese lugar curan las enfermedades
soplando al enfermo, y con ese soplo y con las manos echan de él la enfer-
medad. Nos ordenaron que hiciéramos lo mismo, y nosotros, al principio,
no queríamos probar, pero insistieron tanto que lo hicimos. Pero la manera
que teníamos nosotros de curarlos era santiguándolos y soplarlos y rezar un
PATER NosTER y un Ave María, y rogar lo mejor que pudiésemos a Dios

Nuestro Señor que les diese salud para que ellos nos diesen buen trato.
Más tarde, fue a mí a quien le dio una gran enfermedad, por lo que no
Dos
pude irme con mis compañeros, y tuve que quedarme con estos indios por
rantes, de
más de un año. Ellos me daban mucho trabajo y maltratos, así que decidí
buscan de
huir de ellos e irme con los que moran en los montes y en tierra firme.
día fue UI
Con estos otros indios me hice mercader. Ellos me daban de comer y
me dijere
me trataban bien, y me rogaban que fuese de una parte a otra para con-
todas par
seguirles pedazos de caracoles, conchas, cuentas de la mar y otras cosas.
tro Señor
Y este oficio me estaba bien porque andando en él tenía libertad para ir a
cabo trae
donde quería y no me obligaban a ninguna cosa ni era esclavo.
a huir y~
Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en esta tierra solo entre
Tu vi
ellos y desnudo como todos andaban. La razón por la que me detuve tanto
pre que
fue por llevar conmigo a otro cristiano que se llamaba Lope de Oviedo, que
ban, com
era esclavo de otros indios y tenía miedo de huir, por lo que siempre me
apartarrn
pedía que volviera por él al año siguiente. Nunca pude convencerlo de huir
camino y
conmigo, así que él se quedó con los indios y yo me fui solo.
examen
medades
la enfer-
>nnop10,
a. manera
rezar un
)S a Dios \_

trato.
lo que no
rdios por Dos días después me encontré a Alonso del Castillo y a Andrés Do-
ue decidí rantes, dos cristianos que eran esclavos de otro grupo de indios que venían
irme. buscando alimentos. Dimos muchas gracias a Dios de vernos juntos, y este
'comer y día fue uno de los de mayor placer que en nuestros días hemos tenido. Ellos
Jara con- me dijeron que no habían querido huir antes porque no sabían nadar y por
ras cosas. todas partes estábamos rodeados de ríos y lagunas, pero que si Dios Nues-
para rr a tro Señor había querido salvarme de tantos trabajos y enfermedades y al
cabo traerme a su compañía, que seguramente era para que yo les ayudara
.olo entre a huir y a pasar por las aguas.
uve tanto Tuvimos que esperar más de un año para poder hacerlo, porque siem-
.iedo, que pre que nos encontrábamos decididos a fugarnos, los indios nos separa-
mpre me ban, como si supieran lo que estábamos planeando. Cuando al fin pudimos
to de huir apartarnos de ellos, recogimos muchas tunas para tener qué comer en el
camino y nos fuimos de allí.

• 19 •
CÓMO CURAMOS A UNOS DOLIENTES

DESPUÉSDE UNOSDÍASQUE ÍBAMOSHUYENDO,llegamos con los indios Nuestro
Avavares, que entienden la lengua de los indios que nos habían tenido pri- nos regn
sioneros. El pueblo nos ofreció muchas tunas porque ya tenían noticia de con los e
nosotros y de cómo curábamos, y de las maravillas que Dios Nuestro Señor vantó fre
con nosotros obraba. muy con
Aquella misma noche que llegamos, vinieron unos indios a Alonso Nos
del Castillo y le dijeron que estaban muy malos de la cabeza, y le rogaron hacíamo.
que los curase, y después de que los hubo santiguado y encomendado a chas pan
Dios, al momento los indios dijeron que todo el mal se les había quita-
do y fueron a sus casas y trajeron muchas tunas y carne de venado para
pagarnos. Y como entre ellos se publicó la noticia, vinieron tantos otros
enfermos a que los sanásemos, que ya no sabíamos dónde pQner tanta
carne que nos traían.
De mí, sé decir que siempre tuve esperanza en que la misericordia de
Dios habría de sacarme de aquella cautividad, y así lo hablé siempre con
mis compañeros. Castillo era un médico muy temeroso, principalmente
cuando las curas eran muy difíciles, porque creía que sus pecados le iban a
estorbar y que no todas las veces iba a poder curar.

Una vez, los indios nos pidieron que fuéramos a sanar a un enfermo,
y cuando llegamos cerca de los ranchos que ellos tenían yo vi al enfermo, y
supe que estaba muerto porque había mucha gente alrededor de él, llorando,
y todas las señales eran de que él ya había fallecido. Cuando llegué le quité
una ESTERAcon la que estaba cubierto y, lo mejor que pude, le supliqué a

•20·
indios Nuestro Señor que le diera salud. Lo santigüé y lo soplé muchas veces, y
do pri- nos regresamos a nuestro aposento. Después, unos indios que se quedaron
:icia de con los dolientes me contaron que, luego de que lo curé, el muerto se le-
o Señor vantó frente a ellos, y se paseó y comió y habló con ellos, y todos quedaron
muy contentos, muy sanos y muy alegres.
Alonso Nosotros duramos con esos indios Avavares ocho meses, y esta cuenta
·ogaron hacíamos por las lunas. Y en todo ese tiempo nos venían a buscar de mu-
idado a chas partes, y decían que verdaderamente nosotros éramos hijos del Sol.
l qu1ta-

:lo para
)S otros

'.r tanta

irdia de
pre con
almente
e iban a ..
.nfermo,
fermo, y
lorando,
;/'
le quité
pliqué a

• 21 •
LA MALA COSA

ESTOSINDIOSTAMBIÉNNOSCONTARONUN SUCESOmuy extraño que les cuchilla,
había ocurrido quince o dieciséis años antes. Decían que por aquella tierra los lugar
anduvo un hombre que ellos llaman Mala Cosa, y que era pequeño de cuer- dicho.
po y que tenía barbas, aunque nunca le pudieron ver el rostro claramente. Eno
Cuando Mala Cosa venía a la casa donde ellos estaban, se les levantaban Cosa era
los cabellos y temblaban, y luego aparecía en la puerta de la casa un tizón dimos L
ardiendo. Entonces aquel hombre entraba y, al que quería, lo tomaba de los ellos ere'
cabellos y le daba tres cuchilladas grandes en las IJADAScon un PEDERNAL y fuesen
muy agudo, tan ancho como una mano y de dos PALMOSde largo. tendrían
Y Mala Cosa metía la mano por esas heridas, sacábales las tripas, cor- venir ar
taba una tripa del tamaño de una mano, y lo que cortaba lo echaba a las viesen p
brasas. Y luego les daba cuchilladas en los brazos y se los descoyuntaba. sotros es
Pero más tarde les arreglaba los brazos y les ponía las manos sobre las he- no osarf
ridas. Y dicen los indios que después quedaban sanos. holgaron
Y dicen que cuando los indios bailaban, se aparecía entre ellos, a veces parte de 1

vestido de mujer y a veces vestido de hombre, y, si quería, hacía subir las
casas hasta muy alto y las dejaba caer de golpe. También nos contaron que
muchas veces quisieron darle de comer, pero que él nunca comía; y que le
preguntaron dónde era su casa y él les mostró una HENDIDURAen la tierra
y les dijo que su casa quedaba allá debajo.
De estas cosas que nos contaban, nosotros nos reíamos mucho; nos
burlábamos de ellas porque no las creíamos, y para convencernos trajeron
a muchos de los que Mala Cosa había tomado, y vimos las señales de las

• 24.
que les cuchilladas que él les había dado en
1 nerra los lugares que los indios nos habían
e cuer- dicho.
mente. Entonces les dijimos que Mala
maban Cosa era un malo, y como mejor pu-
n rizón dimos les hicimos entender que si
i de los ellos creyesen en Dios Nuestro Señor
ERNAL y fuesen cristianos como nosotros, no
tendrían miedo de aquél, ni él osaría
as, cor- venir a hacerles esas cosas. Y que tu-
ia a las viesen por seguro que, mientras no-
rntaba. sotros estuviésemos en esa tierra, él
las he- no osaría aparecer en ella. De esto se
holgaron mucho y perdieron mucha
a veces parte del temor que le tenían.
ibir las
'on que
que le
a tierra

ho; nos
raJeron / '
; de las 0/
• 25 •
NUEVAS COSTUMBRES

PARTIMOS DE ALLÍ, y por todos los pueblos por los que pasábamos ya sa-
bían que nosotros curábamos a los enfermos. Era tanto el miedo y la tur-
bación que los indios tenían, que se daban prisa por llegar a nosotros antes
que los demás. Todos querían tocarnos, y a veces nos apretaban tanto que
por poco nos mataban, y sin dejarnos poner los pies en el suelo nos llevaban
a sus casas.
Toda la noche pasaban en AREITOS y bailes, y a la mañana nos traían
a toda la gente del pueblo para que la tocásemos y santiguásemos como
habíamos hecho con los otros con los que habíamos estado.
Y así, siempre que nos partíamos de unos y nos íbamos a otros, éra-
mos muy bien recibidos y nos traían a sus enfermos, porque decían que si
los santiguábamos estaban sanos, y el que estaba enfermo creía que podía-
mos sanarle, y a los que curábamos hacían tantas alegrías y bailes que no
nos dejaban dormir.
Nosotros seguíamos caminando. Y atravesando la tierra nos fijábamos
bien en sus particularidades y en la gente que la habitaba, y esto hacíamos
porque si Dios Nuestro Señor fuese servido de sacar a alguno de nosotros
de ese lugar y traerlo a tierra de cristianos, pudiese dar nuevas y relación de y saque
dónde nos encontrábamos. a sus ví
Entre los indios íbamos ganando autoridad. Llegaron a respetarnos enferme
tanto, que ninguno de ellos bebía agua si nosotros no dábamos nuestra mayores
LICENCIA. Luego empezó a crearse otra costumbre, y era que los indios grandes
del pueblo que dejábamos se adelantaban al pueblo al que nos dirigíamos, gún inn
ya sa-
a tur-
; antes
:o que
Yaban

traían
como

IS, éra-
que sr
podía-
::iueno

bamos
r
:::íamos
)sotros
y saqueaban las casas y robaban todo lo que encontraban, y para consolar
:ión de
a sus víctimas les decían que éramos hijos del Sol, y que podíamos sanar

eramos enfermos o que, si queríamos, podíamos matarlos, y otras mentiras aun
nuestra mayores que éstas. Y todo lo creían, porque toda esta gente de indios son
grandes amigos de NOVELAS y muy mentirosos, mayormente si tienen al-
indios
gún interés.
~íamos,

• 27.
OTRASCOSASQUENOSPASARON
D
nosotn
porque
alirnen
ANDUVIMOS POR TANTAS SUERTES DE PUEBLOS y de tan diversas len- dimos
guas que no me basta la memoria para contarlas todas. A nuestra autoridad ellos te
de FÍSICOS añadimos la ceremonia de llevar con nosotros unas calabazas, K
que para los indios representaban nuestro poder de curar. ir. Em
A mí me trajeron un hombre y me dijeron que hacía mucho tiempo lo Nos re
habían herido con una flecha por la espalda, y que tenía la punta de la fle- inrned
cha sobre el corazón, por lo que estaba siempre muy enfermo. Yo lo toqué enferrr
y sentí la punta de la flecha y vi que la tenía atravesada, y con un cuchillo eso, ro
que tenía le abrí el pecho hasta aquel lugar, y con gran trabajo la saqué. tarlos <
Era muy larga y con un hueso de venado. Usando mi oficio de medicina le penad
di dos PUNTOS, y cuando sanó, la herida sólo parecía una raya de la palma comen:
de la mano, y él dijo que no sentía dolor ni pena alguna. És
JOr con
dido se
porque
cielo he
traron 1
perfecr:
Clc
tianos ,
buenos
hacer, f
barcas
Desde entonces la gente nos seguía, y muchas veces traíamos con
nosotros tres o cuatro mil personas, y era muy grande nuestro trabajo,
porque a cada uno lo teníamos que soplar y santiguar, lo mismo que sus
alimentos y bebidas. Y para todas las cosas que iban a hacer venían a pe-
s len- dirnos licencia, de lo que se puede ver cuánta era la importancia que para
ridad ellos teníamos.
iazas, Nosotros quisimos seguir nuestro camino, pero ellos no nos dejaban
ir. Entonces fingimos estar enojados, lo que a ellos les dio mucho miedo.
lpo lo Nos rogaron que nos contentáramos, pero nosotros no quisimos ceder de
ta fle- inmediato, y luego sucedió una cosa muy extraña, y fue que ese mismo día
coqué enfermaron muchos de ellos y al día siguiente murieron ocho hombres. Por
::hillo eso, todos los indios estaban convencidos de que nosotros podíamos ma-
agué. tarlos con solamente quererlo. La verdad es que nosotros recibimos tanta
ina le pena de esto que rogamos a Dios Nuestro Señor que lo remediase, y así
salma comenzaron a sanar todos aquellos que habían enfermado.
Ésa fue la más obediente gente que hallamos por esta tierra, y de me-
jor condición y comúnmente muy dispuestos. Aunque ya habíamos apren-
dido seis lenguas, no podíamos en todas partes sacar provecho de ellas
porque hallábamos mil diferencias, así que dijímosles por señas que en el
cielo había un hombre que llamábamos Dios, y tan grande interés mos-
traron ellos, que si hubiéramos sabido su lengua para que nos entendieran
perfectamente, a todos los habríamos dejado hechos cristianos.
Claramente se ve que, para atraer a toda esta gente a ser buenos cris-
tianos y a obedecer a su Imperial Majestad, han de ser convencidos con
buenos tratos. Éste es el camino cierto, y otro no. Y no será tan difícil de
hacer, porque en dos mil leguas que anduvimos por tierra y por la mar en
barcas, no hallamos sacrificios ni idolatría.

•29•
lA HEB\LLA DE TALABARTE

EN ESE TIEMPO, Castillo vio al cuello de un indio una hebilla de TALA-
BARTE de espada, y en ella cosido un clavo de herrar. Preguntámosle de

dónde la había sacado y nos dijo que se la habían traído del cielo unos
hombres que traían barbas como nosotros, y que traían caballos y lanzas,
por lo que nosotros dedujimos que eran cristianos.
Fui a buscarlos, y ellos recibieron gran alteración de verme tan extra-
ñamente vestido y en compañía de indios. Les pedí que me llevasen a don-
de estaba su capitán, y así fuimos media legua de allí hasta donde estaba
Diego de Alcaraz, que estaba perdido, por lo que su gente comenzaba a
tener necesidad y hambre.
Yo le expliqué cómo era esa tierra y la gente que en ella vivía, y Alca-
raz mandó llamar a Melchor Díaz, que era el alcalde mayor de la expedi-
ción, y él les dijo a los indios que veníamos de parte de Dios, que está en el
cielo, y que habíamos andado por el mundo muchos años diciendo a toda
la gente que encontrábamos que creyesen en Dios y lo sirviesen porque
era señor de todas las cosas que hay en el mundo. A esto respondieron los
indios que ellos serían muy buenos cristianos y que servirían a Dios. Esto
pasó en presencia del escribano y otros muchos testigos .

• 30.
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LA PROFECÍA DE LA MORA

LLEGAMOS A MÉXICO UN DOMINGO, un día antes de la víspera de Santia-
go. Fuimos muy bien recibidos por el VISORREY y por el MARQUÉS DEL
VALLE, y fuimos tratados con mucha generosidad, y nos dieron de vestir y
nos ofrecieron todo lo que tenían. El día de Santiago hubo fiesta y juego de
CAÑAS y toros. Y porque es así la verdad como la he dicho en esta relación,
lo firmo con mi nombre: Cabeza de Vaca.
Y así como he hecho la relación del viaje hasta que volvimos a estos
reinos, quiero decir algo que sucedió antes de que nuestras desventuras
comenzaran. Y es que en los primeros barcos que llevábamos en el viaje
había diez mujeres casadas, y una de ellas había advertido al gobernador
todas las cosas que iban a sucedernos antes de que ocurriesen. Esa mujer le
avisó que, de toda la gente que iba a entrar con él en tierra, nadie iba a re-
gresar. Y que si alguno lograba volver, sería alguien con quien Dios hiciera
muchos milagros, pero que lo más probable era que muy pocos quedaran
VIVOS.

El gobernador le preguntó cómo sabía todas esas cosas, y ella respon-
dió que, en Castilla, una MORA se las había dicho. Por eso será bueno que
yo diga quiénes fueron aquéllos a quienes Dios eligió para escapar de tan-
tos y tan grandes peligros. El primero es Alonso del Castillo, natural de
Salamanca. El segundo es Andrés Dorantes, natural de Béjar. El tercero
es Álvar Núñez Cabeza de Vaca, natural de Jerez de la Frontera. El cuarto
se llama Estebanico, es negro árabe, natural de Azamor.
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GLOSARIO

AL CABO: al fin, por último.
ALGUACIL MAYOR: entre la tripulación, el oficial responsable de la justicia.
AREITO: fiesta, canto y baile de los indios que poblaban el territorio descrito.

ARMADA: grupo de barcos de guerra bajo las órdenes del gobernador.
ARTE DE MAREAR: arte de navegar.

BAHÍA: entrada del mar en la costa, de extensión considerable, que suele
servir de abrigo a las embarcaciones.
BAJÍOS: elevaciones del fondo del mar que impiden flotar y navegar a las
embarcaciones.
BASTIMENTOS: provisiones para un ejército.

BATELES: botes con los que se pasaba del barco a la orilla de tierra firme.

BERGANTÍN: buque de dos palos y vela cuadrada o redonda.

BOHÍOS: cabañas de madera, ramas y cañas, sin ventanas.

CAÑAS: fiesta que imita un combate; se organiza entre hombres a caballo,
que en diferentes cuadrillas hacen escaramuzas y se lanzan cañas, de las que
se defienden con escudos.
Cono: medida lineal que se tomó de la distancia del codo a la mano.
COMISARIO: encargado de pasar revista a la tropa.
DAR CON LOS NAVÍOS AL TRAVÉS: hundir los navíos para evitar que la tor-

menta los destruyera y poder sacarlos del agua después.
DESPOJOS: lo que quedó de los barcos después del naufragio.
ESTERA: petate, tapete tejido con palma o con juncos.
FÍSICOS: médicos.

• 35 •
FRAGUA:fogón en el que se calientan los metales para moldearlos. PuN~
GENTILHOMBRE: hombre de origen noble y de buen comportamiento. SANL
GOBERNADOR: persona que desempeña el mando de la expedición. a un
HENDIDURA: grieta. la épr
IJADAS:cavidades de la parte baja del vientre, entre las costillas y las caderas. puern
JARCIAS: aparejos,
cabos y cuerdas para una embarcación. SER~
LEGUA: medida de longitud definida por el camino que regularmente se SUER
anda en una hora, y que en el antiguo sistema español equivale a 5572.7 TALA
metros. ToM
LENGUA: el intérprete que podía explicar en español lo que los indios dijeran. haber
LIBRA: medida de peso antigua, usada en Castilla y que equivale a 460 g. TRIPl
LICENCIA: permiso. están
MALHADO: el nombre de la isla está compuesto de dos palabras: mal-hado. V1so1
El hado es una fuerza desconocida que guía irremediablemente el destino Españ
de los hombres. Por lo tanto, "mal hado" indica un mal presagio, un des- VÍSPE
tino fatal. sos. e
MARQUÉS DEL VALLE: Hernán Cortés, marqués del valle de Oaxaca. VUES'
MORA: mujer de religión musulmana. fuerar
NORTE:viento procedente del norte.
NOVELAS: en este caso, se refiere a fantasías o mentiras.
PALMITOS: cogollo o corazón de las palmeras o árboles de coco. Se utiliza
como alimento, generalmente en ensaladas.
PALMO: distancia que va de la punta del pulgar a la punta del meñique,
estando la mano completamente abierta.
PATER NosTER: la oración del Padre Nuestro, que se rezaba en latín.
PEDERNAL: cuchillo hecho de un cuarzo muy duro, resistente y afilado.
PEZ: sustancia sólida, brillante y quebradiza que se utiliza como pegamento .

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PUNTOS:puntadas de costura con las que se cierra una herida.
:o. SANLÚCARDE BARRAMEDA:ciudad española situada en la costa atlántica,
a un lado del río Guadalquivir, actualmente en la provincia de Cádiz. En
la época de Cabeza de Vaca, fue un importante centro comercial y de su
ideras. puerto salieron muchas expediciones al Nuevo Mundo.
SERMENESTER:ser necesario.
rite se SUERTES:clases, tipos.
5572.7 TALABARTE:pretina o cinturón de cuero, de donde se cuelga la espada.
:
TORNAREN sí: volver en sí, recuperar el sentido o la conciencia después de
.ueran. haber estado desmayado, por ejemplo.
í60 g. TRIPULACIÓN:conjunto de personas que van en una embarcación y que
están dedicadas a maniobrada y a su servicio.
-hado. VISORREY:virrey. Antonio de Mendoza era el representante en la Nueva
lestino España del rey Carlos V.
m des- VÍSPERAS:una de las horas en que se divide el día para los oficios religio-
sos. Corresponde al anochecer.
VUESTRAMAJESTAD:se refiere al rey. Los Naufragios están escritos como si
fueran una carta para el rey Carlos V.

utiliza

-ñique,
••• • •
ido.
.mento.

•3 ¡ •
COLECCIÓN DÉJAME QUE TE CUENTE

SERIE

DEFENDIÓ 5U HOl'iOR
BASADA EN EL CANTAR DE MIO CID

ADAPTACIÓN DEALEJANDRO HIGASHI

OEL Av\5 ESPECIAL OONAIRE
BASADA EN LA GITANILLA DE MIGUEL DE CERVANTES
ADAPTACIÓN DE ALMA MEJÍA

SERIE CLÁSICOS NOVOHISPANOS

LA VENTUROSA Y ATREVIDA ENTRADA EN LA GRAN CIUDAD DE TENOCHTITLÁN
BASADA EN LA HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA
DE LA NUEVA ESPAÑA DE BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO
ADAPTACIÓN DEMARÍA JOSÉRODILLA

WILLIAM LAMPORT, REY DE LAS AMÉRICAS Y EMPERADOR DE LOS MEXICANOS
BASADA EN DOCUMENTOS DE LA INQUISICIÓN DEL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN
ADAPTACIÓN DE NATALIA SILVA PRADA

EN DEFENSA DE UNA VOCACIÓN
BASADA EN RESPUESTA A SOR FILOTEA DE LA CRUZ DE SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

ADAPTACIÓN DE MARÍA DOLORESBRAVO ARRIAGA
Y MARÍA ÁGUEDA MÉNDEZ

SERIE CLÁSICOS MODERNOS

LA NIÑA DE (OMITÁN Y LOS BRUJOS DE CHACTAJAL
BASADA EN BALÚN CANÁN DE ROSARIO CASTELLANOS
ADAPTACIÓN DE LUZ ELENA ZAMUDIO

FELIPE CENTENO, UN HÉROE CHIQUITO
BASADA EN MARIANELA, EL DOCTOR CENTENO Y TORMENTO DE BENITO PÉREZGALDÓS
ADAPTACIÓN DEMARCO A. RAMÍREZ