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NEUROCIENCIA

¡ RESUCITA ,

CEREBRO!

Los científicos ya tienen pruebas de que es posible regenerar neuronas dañadas. Tomando estos hallaz- gos como base, una compañía de biotecnología se enfrenta a un desafío que parecía quimérico: desper- tar a pacientes declarados cerebralmente muertos.

Un reportaje de ELENA SANZ

E n los próximos meses, la compañía norteamericana Bioquark espera anunciar el comienzo, en algún país latinoamericano, de unos ex- perimentos muy singulares con pacientes declarados cerebralmente muertos y conectados a respiradores artificiales. Su objetivo: nada menos que reanimar su masa gris para traerlos de vuelta a la vida.

El año pasado recibieron autorización en la India para llevar a cabo sus prue- bas, pero el permiso fue retirado a los pocos meses. Y es que el tema, dentro de la propia comunidad científica, genera mucho escepticismo: “Aunque en los últimos años ha habido numerosas demostraciones de que el encéfalo y el sistema nervioso humanos pueden no ser tan fijos e irreparables como se sue- le suponer, la idea de que la muerte cerebral podría ser fácilmente reversible parece muy inverosímil”, declaraba en 2016 Dean Burnett, neurocientífico de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), al diario The Telegraph.

RESETEAR LAS CÉLULAS PARA QUE SE REGENEREN COMO RECIÉN NACIDAS

Bioquark se fundó en Filadelfia, hace una década, con la meta de desa- rrollar productos biológicos que permitan la regeneración endógena de las células y la reparación de cualquier tipo de tejido en seres humanos. ¿Có- mo? Modificando los estados reguladores de dichas células para que, aun formando parte de tejidos maduros, se comporten como recién nacidas y recuperen dinámicas que, en nuestra especie, solo se producen durante el desarrollo fetal. Se trata de lograr que las células adultas actúen como cuan- do tenían intacta su capacidad de construir y poner en marcha un organis- mo completo. Para ello, pretenden despertar sus capacidades epimórficas, es decir, lograr “que las células se vuelvan amnésicas y borren por completo de su memoria toda su historia para obligarlas a comenzar desde el principio siguiendo un patrón de desarrollo”, aclara Ira S. Pastor, director ejecutivo de Bioquark. Algo así como hacer un reseteo. La guinda del pastel de esta línea de investigación de Bioquark es su pro- yecto ReAnima, que usará estas técnicas de regeneración para sacar del co- ma irreversible a sujetos que han sido declarados cerebralmente muertos pero que todavía reciben soporte cardiopulmonar para mantenerlos vivos. Si hay un material biológico que puede hacer que la idea de resucitar ce- rebros no se quede en utopía imposible es el ooplasma, es decir, el citoplas- ma de los ovocitos, las células sexuales femeninas inmaduras previas a J

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¿Un término obsoleto? La muerte ce-

rebral o encefálica se define como el cese “to- tal e irreversible” de la actividad cerebral. Si la ciencia demuestra que es posible revertirla, quizá el concepto deje de existir como tal.

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Muy estimulante.

El futuro de la sana-

ción de los cerebros

dañados incluirá téc- nicas de modificación de la actividad neuro- nal como la estimula- ción transcraneal, magnética –foto–

o mediante láser.

J los óvulos. Es capaz de poner el contador de la

edad de una célula a cero, reparar daños en el ADN

y en el epigenoma, reconstruir los componentes

internos de la célula –orgánulos–, crear nuevas células madre e incluso proporcionar un escudo infranqueable a los embriones para que nada ex- terno los dañe. De hecho, el ooplasma se ha usado en trabajos de fecundación in vitro y clonación, así

como en ensayos con células cancerosas de pulmón

y de mama en humanos para reprogramarlas epi-

genéticamente y restablecer el equilibrio entre los protooncogenes –que favorecen el tumor– y los genes que lo suprimen. Todos ellos con bastante

éxito. “Nosotros tratamos de dar el siguiente paso:

exportar esas señales bioquímicas a otros tejidos para reanimar biomateriales aparentemente muer- tos”, explica Pastor, que anuncia a MUY que tiene varios artículos a punto de ser publicados sobre ex- perimentos con proteínas purificadas de ooplasma tanto en modelos animales como humanos. No obstante, las proteínas del ooplasma por sí so- las no serán suficientes. “Buscar un fármaco único para resucitar cerebros sería bastante inútil. Apos- tamos por una aproximación que combina varias terapias, como hacen quienes buscan la cura del sida, por ejemplo”, reflexiona Pastor. En este caso en concreto, los bioingenieros están combinando las moléculas del ooplasma con células madre ce- rebrales y con la técnica de estimulación nerviosa transcraneal con láser. En la reconstrucción de la sesera, las células madre harían las veces de ladri- llos para la regeneración de tejidos, mientras que

el papel de cemento y de planos de obra les corres-

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HAY SERES CAPACES DE REGENERAR TODO SU SISTEMA NERVIOSO TRAS HABER SIDO DESTRUIDO CASI POR COMPLETO

pondería a los péptidos del ooplasma. En cuanto a la estimulación transcra-

neal –que ya se ha empleado con éxito para tratar migrañas, devolver el habla

a pacientes con ictus y en pacientes hemipléjicos o tetrapléjicos–, ayudará a

modular y dirigir a las neuronas mientras están en proceso de cambio. Con es- ta tríada en sus manos, “la recuperación de pacientes cerebralmente muertos

es un objetivo a largo plazo, pero no imposible”, asegura Pastor.

EXISTEN MOLÉCULAS QUE REPARAN GRUPOS DE NEURONAS DAÑADAS

A principios de 2016, científicos de la Facultad de Medicina de la Universi- dad Case Western Reserve (EE. UU.) identificaron una proteína llamada CCL2

cuyo papel es dar la orden a los macrófagos del sistema inmune para que re- paren los nervios dañados en cualquier parte del cuerpo y activar la expresión de los genes que conducen a la formación de nuevas neuronas. Por su parte, un receptor de glutamato llamado GLUD2, cuando está presente en células nerviosas que han sufrido un corte, permite que se regeneren por completo,

e incluso aumenta el número de sinapsis o lazos entre neuronas, tal y como

sacaba a relucir hace poco un estudio japonés. Pero si hay una aliada con la que se puede contar para la reconstrucción natural de las células nerviosas dañadas, esa es la célula de Schwann. Además de fabricar la mielina aislante que recubre los nervios, este tipo de célula pone en marcha la reparación cuando hay neuronas destruidas. Su primera misión

es limpiar la zona de la catástrofe. “Si invitaras a las células de Schwann a una fiesta, recogerían las botellas y lavarían los platos antes de marcharse”, expli- ca John Svaren, del Centro Waisman de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE. UU.), quien ha descubierto su rol regenerador. Después mandan señales

a las células sanguíneas para que terminen la limpieza y trazan un plan de

AGE / EYE OF SCIENCE

SHUTTERSTOCK

Amigas de tu

cerebro. Las células de Schwann –en rosa– no solo generan mielina, la sustan- cia que envuelve y protege los nervios –amarillo–, también activan la reparación de las neuronas dañadas o destruidas.

reconstrucción de los axones. Todo ello sin necesi- dad de recurrir a las células madre. Las posibilidades que se abren en el campo de la regeneración neuronal plantean un mar de dudas. Por ejemplo, si regenerásemos el encéfalo de un pa- ciente con muerte cerebral, ¿sería como si volviera

a nacer? ¿O conservaría algo de lo aprendido? “Tendemos a considerar que el cerebro es en esencia las conexiones de miles de millones de neu- ronas que lo forman, pero el cerebro es mucho más que eso”,defiende Pastor. Y añade: “La memoria se puede recuperar, y prueba de ello es que hay orga- nismos capaces de regenerar todo su sistema ner- vioso tras haber sido destruido casi por completo y, aun así, recordar cosas que aprendieron antes de que sus neuronas fueran arrasadas”. En los seres humanos, la renovación y remodelación del cere- bro es constante. “Se estima que el cóctel bioquími- co que hay dentro de cada neurona se renueva miles

de veces a lo largo de la vida”, apunta Pastor. Y sin embargo, a pesar de las transformaciones, la infor- mación que almacenamos desde niños no se pierde, sino que sobrevive a la constante renovación. Los científicos están comprobando que las neu- ronas clínicamente muertas se pueden reponer

o reanimar. Ya lo decía Ramón y Cajal: “El Homo

sapiens posee un cuerpo pacífico y un cerebro be- licoso”. Ahora que sabemos que rendirse no es una opción para las luchadoras neuronas, la quimera de resucitar cerebros podría hacerse realidad.

El ejemplo de la naturaleza

A unque la idea de resetear las neuronas de nuestro encéfalo para

hacerlo resucitar puede parecer fantasiosa, no se trata de intentar

algo que la naturaleza no haya inventado antes. Muchos organismos no humanos, como el pez cebra y algunos anfibios, pueden reparar, regenerar y remodelar trozos bastante voluminosos de su cerebro y médula incluso después de sufrir traumas graves que amenazan con

poner fin a sus vidas. Es más, en el difícil tránsito de orugas a maripo- sas, los lepidópteros destruyen por completo sus sistemas nerviosos y los reconstruyen con una arquitectura radicalmente distinta a la ori- ginal. Incluso se ha comprobado en pequeños mamíferos –como los ratones– que, aunque durante la hibernación pierden gran parte de sus conexiones neuronales para ahorrar recursos, cuando pasa el invierno crean nuevas redes y no pierden memoria. “Si ellos pueden –se plan- tean en la compañía Bioquark–, ¿por qué no nosotros?”.

Paradigma de metamorfosis, las mariposas surgen del capullo con una configuración de su sistema nervioso completamen- te diferente a la que poseían en su fase de oruga.

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