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POR LA REGENERACIÓN ÉTICA Y DEMOCRÁTICA.

Izquierda Socialista PSOE

Los Ayuntamientos son y deben ser la administración más cercana y la que


resuelva directamente los problemas de l@s vecin@s. Esta teoría ha quedado en
eso: en teoría. La realidad es bien distinta: Ayuntamientos con superestructuras
políticas (incluyendo personal de confianza y asesores), empresas públicas
ineficaces por sufrir el mismo problema, burocratización , institucionalización de la
vida política, etc son la realidad común entre muchos –demasiados- Ayuntamientos
y Diputaciones. Estos males han llevado a una separación cada día mayor de l@s
ciudadan@s de sus representantes directos.

La izquierda, lejos de combatir los problemas ha pasado a formar parte de ellos. No


existe movilización ciudadana porque no existe participación La democracia se
limita ( al igual que a nivel general pero más grave al tratarse de entidades locales)
a su aspecto delegativo.

En el aspecto financiero, es cierto que las administraciones locales han ido


asumiendo cada día más servicios sin recibir financiación. La Ley de Bases de
Régimen Local, no se ha modificado y las modificaciones estatutarias no han
contemplado vías de financiación estables destinados a la financiación de servicios
directos. Los servicios que más se han ido deteriorando por esto han sido los de
carácter social.

Otro aspecto ha resaltar es la extensiva privatización y subcontratación de servicios


por parte de las administraciones locales. El ahorro financiero no es tal y la calidad
de los servicios se ha deteriorado por el carácter privado de la gestión, orientada
fundamentalmente a cubrir mínimos y obtener beneficios. Como antes señalábamos
en cuanto a la financiación, los servicios de carácter social son, a causa de las
privatizaciones y subcontrataciones los más debilitados y precarizados, redundando
en un debilitamiento de las coberturas sociales máxime en tiempos de crisis, que es
cuando la administración más respuestas debe dar a las diferentes problemáticas
que la crisis provoca: socio económicas , psicológicas, etc.

Es preciso, por lo tanto, una firme apuesta de la izquierda teniendo como ejes
fundamentales:

-Democratización de la toma de decisiones, estableciendo un escenario diferente


que no solo propicie la participación voluntaria de l@s ciudadan@s, sino que
movilice instrumentos como las Asambleas de barrio, distrito, etc como elemento
dinamizador de la democracia. La toma de decisiones debe ser compartida sin que
esto signifique una cesión de cuotas de poder, sino una verdadera y profunda
delegación o retorno del poder a sus legítimos propietarios: el pueblo.

-Recuperar la ética en el ejercicio de la actividad pública. En principio, deberíamos


empezar por la movilización de la sociedad en la composición de las candidaturas
de izquierdas. Las elecciones primarias deben ampliarse de forma consultiva a la
sociedad que desee participar. Igualmente, la elaboración de los programas y
propuestas no debe ser fruto de grupos cerrados sino de Asambleas abiertas donde
cualquiera pueda plantear una inquietud, iniciativa o propuesta. En segundo lugar
es necesario que las candidaturas no sean “reductos técnicos” compuestas por
profesionales sin compromiso ni ideología. Los trabajadores de las distintas ramas,
los profesionales liberales deben ver en las candidaturas de izquierdas una
herramienta de transformación solidaria y colectiva de la realidad.

-La clase política, que a base de crear barreras ha ideo provocando el que la
sociedad se apartase de la actividad política deben dar ejemplo, no solo en una
acción política honrada, sino en cuanto a los salarios que perciben como
compensación de su actividad. No es posible mantener las superestructuras
políticas con remuneraciones que poco tienen que ver con la realidad. El concepto
de responsabilidad no debe suponer un elemento para valorar la remuneración pues
ésta no se asume a cambio de remuneración sino por propia voluntad y por
compromiso social e ideológico. Es preciso articular un sistema retributivo que
como referencia tenga el salario que se percibía anteriormente y, en caso de no
existir, el salario mínimo interprofesional.
Acabar con esto y regular la figura del personal de confianza, ajustando salarios a
los funcionarios y funcionarias, limitando el número en función de la población
presentará a los ciudadanos un sustancial cambio. Cambio que en definitiva debe
redundar en el bienestar social al revertir la mayor parte de los fondos retraídos de
la estructura política en programas y acciones de bienestar social.

-La refundación de la empresa pública y de los entes autónomos.


¿Porqué la empresa pública y los entes autónomos?. Por una mera cuestión
democrática, además de económica. El control público directo con la participación
social, debe impedir que las empresas públicas de servicios o los entes autónomos
sean extensiones de la administración opaca y burocratizada. Debe propiciar que la
prestación de servicios compagine, por un lado los derechos y la justicia en la
contratación y la prestación ágil y eficaz de los servicios. El hecho de que no exista
el margen de beneficio de la empresa privada propicia que se produzca un ahorro
económico que debe redundar en la amortización de deuda y mejora de los
servicios. Igualmente, la justicia y la adquisión de derechos sociales plenos a través
de contratos públicos, propiciará un compromiso social de los trabajadores con el
servicio que prestan.

-Las infraestructuras y los servicios.


Los Ayuntamientos han cubierto la construcción de infraestructuras básicas de
forma coordinada con otras administraciones. No obstante hemos asistido a la
construcción indiscriminada de infraestructuras cuya prioridad no ha estado más
que en la mente de los políticos, pensando en demasiadas ocasiones en sus
prioridades e intereses y no en las necesidades sociales. Desde la izquierda
debemos recuperar la creación de infraestructuras y servicios destinados a las
familias. Infraestructuras y servicios que incidan, tanto en la conciliación de la vida
laboral y familiar, el acceso de la mujer al mercado laboral y la adecuación de
servicios a la dependencia y nuestros mayores.
Como antes decíamos, la gestión adecuada de los servicios no puede estar en
manos privadas sino gestionados a través de servicios públicos, empresas públicas
y entes autónomos. Esto debe servir de garantía de calidad y de justicia social.

-Las Diputaciones Provinciales.


Entes ademocráticos, que sufren los males de la administración municipal pero con
un añadido: no está expuesta a control periódico de los ciudadanos pues a los
candidatos y candidatas los eligen los partidos políticos y no los ciudadanos. Esto,
propicia que la principal misión de las Diputaciones ( cooperación con los municipios
de menor tamaño) se transforme en otra: la concesión –o no- de subvenciones en
función, no de criterios de necesidad, sino de oportunidad política.
Existen otras entidades públicas que, de hecho, asumen las mismas competencias
que las diputaciones pero con un plus de legitimidad: son elegidos por los y las
ciudadanos y ciudadanas. Estos son las Mancomunidades y los Consorcios de
servicios. Por esto, el planteamiento de la izquierda ante las diputaciones debe ser
crítico, trabajando activamente porque, en primer lugar, las candidaturas las elijan
los militantes y simpatizantes, y en segundo lugar, incidiendo desde la acción
política en esta institución en la delegación progresiva de servicios y fondos,
adelgazando voluntariamente a las Diputaciones, propiciando su progresiva
desaparición y la transferencia definitiva de los fondos y servicios a los entes
intermunicipales.