Está en la página 1de 1

La pena más grave es la privación de libertad (prisión), que se 13 aplica

incluso anticipadamente, como prisión preventiva, es decir, para evitar


que el procesado se fugue y no se lo pueda condenar, o sea, se le hace
sufrir la pena para que no la eluda si se le llega a imponer en la “...la sociedad ofrece estereotipos: los prejuicios (racistas, clasistas, xenófobos,
sexistas) van configurando una fisonomía del delincuente en el imaginario
sentencia. La mayoría de los presos, por ende, no son condenados, sino colectivo, que es alimentado por las agencias de comunicación: construyen una
que están presos por las dudas. Y la prisión es una institución que
deteriora, porque sumerge en condiciones de vida especialmente
violentas, totalmente diferentes de las de la sociedad libre y, sobre todo,
Si esta cárcel sigue así cara de delincuente. . Llevan una suerte de uniforme de cliente del sistema
penal, como pueden llevarlo los médicos, los enfermeros, los albañiles, los
sacerdotes o los mecánicos....”
hace retroceder al preso a estadios superados de su vida, porque por Esto sucede porque todos nos manejamos con estereotipos y conforme a ellos
elementales razones de orden interno le regula la vida como en su niñez
o adolescencia, de modo que no es raro que condicione patologías
regresivas. Además, asigna roles negativos (posiciones de liderato
todo preso es político. asignamos roles y formulamos exigencias de acuerdo a las funciones
asignadas.....” “.... Y nos enojamos con el panadero que dice que sólo vende
códigos porque no sabemos cómo seguir el discurso, nos desconcertamos (se
produce una disrupcióri). Lo mismo nos sucede sí quien porta el estereotipo
internas) y fija los roles desviados (se le exige asumir su papel y
comportarse conforme a él durante años, no sólo por el personal sino
también por el resto de los presos). Estas son características negativas
Un común va a pestañear criminal y hace que estemos atentos a sus menores movimientos en la parada
del ómnibus a la madrugada, nos muestra una credencial de juez de
instrucción....”
no coyuntura-les de las prisiones (que pueden ser más o menos “Todos nos vamos haciendo un poco como nos ven y nos demandan los demás,
superpobladas y limpias), sino estructurales de la institución. Por más
que se quiera no se pueden eliminar y produce estos efectos, que en con-
junto y técnicamente se llaman prisionización.
si tu preso es político. es decir, no sólo tenemos una apariencia externa sino que la internalizamos o
asumimos y y acabamos comportándonos conforme a ella.”
(Sobre las Carceles) En el imaginario colectivo éstas están llenas de homicidas
y violadores, pero en la realidad, éstos son minoría, y las prisiones están
repletas en un noventa por ciento de ladrones fracasados y vendedores

Obligados a escapar
minoristas de tóxicos prohibidos

si en las prisiones tenemos a un número reducido seleccionado entre los ladrones más pobres y tor-
pes de nuestras ciudades y a los vendedores minoristas de tóxicos prohibidos, el poder de
criminalizar y prisionizar a esas personas, desde el punto de vista político general, no es muy
significativo. Sería delirante que se haya montado semejante maquinaria para obtener tan pobre
resultado.
somos presos políticos,
reos de la propiedad,
Lo anterior indica que algo está faltando en el análisis y, efectivamente, a poco que se reflexione se Debe convenirse en que, en esta perspectiva, las penas deben aumentar en
verá que la verdadera importancia del poder punitivo no radica en el ejercicio represivo sobre la razón directa a la frecuencia de los hechos por los que se imponen y viceversa.En
ínfima miñona de marginados que abarca, sino en el poder de vigilancia que ejerce sobre toda la el plano político y teórico esta teoría permite legitimar la imposición de penas
población. siempre más graves, porque nunca logrará la disuasión en una sociedad donde el
conflicto social es estructural. De este modo, esta lógica conduce -como observó

los esclavos políticos.


. El poder punitivo no tiene importancia política porque se ejerce sobre unos pocos marginales
encerrados, sino porque se ejerce sobre todos los que estamos sueltos en la forma de vigilancia. Su Bettiol- a la pena de muerte para todos los delitos, pero no porque con ella se
importancia política radica en que permite que el poder vigile qué espectáculos preferimos, qué logre la disuasión, sino porque agota el catálogo de males crecientes con que se
libros y diarios leemos, qué enfermedades tenemos, con quiénes nos relacionarnos amistosa y puede amenazar. Por otra parte, el grado de dolor que debe infligirse a una
afectivamente, a qué conferencias concurrimos, qué decimos en nuestras clases, qué opinamos en persona para que otra sienta miedo no depende de la tolerancia del que lo padece
las reuniones, cuánto gastamos mensualmente, qué hablamos por teléfono, qué vamos a publicar sino de la capacidad de atemorizar a los otros. La pena no debiera guardar
en los diarios, qué información tenemos, etc.
Al poder político le interesa tener la radiografía de cada uno de sus habitantes y observar a los que
considera más peligrosos para sus intereses de cada momento, y eso lo hicieron siempre las
agencias del sistema penal y lo siguen haciendo hoy con creciente y formidable capacidad técnica.
El ascensor ya sube ninguna relación con la gravedad del hecho cometido, sino que su medida
debiera depender de hechos ajenos. Como en las crisis económicas recurrentes
tienden a aumentar los delitos contra la propiedad, deberían aumentarse las
penas para los más perjudicados y llegar a penar más el robo que el homicidio. En
Al poder de los sectores hegemónicos de toda sociedad le interesa tener a los excluidos
neutralizados (haciéndolos matar entre ellos) y a los incluidos peligrosos bien controlados
(mediante el poder de vigilancia).
(tu confesión ya sube). cualquier caso la lógica de disuasión intimidatoria propone una clara utilización
de la persona como medio o instrumento del estado para sus fines propios: la
persona humana queda convertida en una cosa a la que se hace sufrir para
atemorizar a otra.

¡Deténganme! El sistema penal es el conjunto de agencias que coinciden en la cuestión criminal.


Algunas son exclusivamente penales (policías, servicio penitenciario, tribunales

¡Deténgannos! penales, órganos políticos de interior, seguridad, inteligencia, etc.), otras


participan del poder punitivo pero sus funciones son más amplias como: las
agencias políticas (ejecutivos, legislativos); las agencias de reproducción
ideológica (universidades, facultades, academias); las cooperacio nes
internacionales (agencias de países acreedores que financian programas en países
deudores); los organismos internacionales que organizan programas,

Quince años pagó ayer conferencias, seminarios, etc. (ONU, OEA, etc.); y, por supuesto, el gran aparato de
propaganda sin el que no podría subsistir, o sea, las agencias de comunicación ma-
siva (de prensa, radio, televisión, etc.).. Cada una de estas agencias tiene sus
propios intereses sectoriales: las cúpulas policiales quieren aumentar su poder y

con tres bucos políticos, por ende su arbitrariedad e imponerse a los otros poderes y agencias; las cúpulas
penitenciarias quieren orden en las prisiones, porque los motines causan
escándalos y las ponen en peligro; los jueces quieren seguridad en la función,
estabilidad, pocos controles, más recursos, empleados y medios técnicos; los

En décadas pasadas se difundió otra perspectiva bélica, conocida como de seguridad


todos esquivándole, políticos y sus agencias quieren proyectar imagen positiva en la sociedad (ante los
medios) para obtener votos; los académicos de los países acreedores quieren más
recursos para investigación,las agendas de comunicación social masiva necesitan
clientes-y rating para raptar la publicidad que las financia y proporciona renta.
nacional, que comparte con la visión comunicativa del poder punitivo su carácter de
ideología de guerra permanente (enemigo disperso que da pequeños golpes). .. Con este
argumento, se consideró una guerra lo que era delincuencia con motivación política y, pese a
ello, tampoco se aplicaron los Convenios de Ginebra, sino que se montó el terrorismo de
temerosos políticos.
estado que victimizó a todos los sectores progresistas de algunas sociedades, aunque nada Lo cierto es que la legitimidad de los modelos
tuviesen que ver con actos de violencia. La transferencia de esta lógica perversa a la abstractos de coer ción jurídica recién
pretendida guerra contra la delincuencia permite deducir que no sería necesario respetar las
garantías penales y procesales por razones semejantes. De este modo, así como ía guerrilla
habilitaba el terrorismo de estado y el consiguiente asesinato oficial, el delito habilitaría el
1
"Un baión para el ojo idiota", mencionados es poco discutible. pero no sucede
lo mismo con el modelo punitivo, porque no
resuelve ningún conflicto.
crimen , de estado. En el proceso penal el estado dice que el lesionado
Con los cambios en el poder mundial, la llamada ideología de 4 la seguridad nacional ha sido
archivada, pero fue reemplazada por un discurso público de seguridad ciudadana como
ideología (no como problema real, que es algo por completo diferente). Aunque formulada de
1988 es él, y la victima, por más que demuestre que la
lesión la sufre en su cuerpo, o el robo lo sufre en su
patrimonio es ignorada.
modo inorgánico, dado el peso de la comunicación social sobre las agencias políticas y la Por ende, el modelo punitivo, incluso
abstractamente y a diferencia del modelo
reparador (civil), no es un modelo de solución de
conflictos, sino sólo de suspensión de conflictos.
es un acto de poder vertical del estado que
suspende (o cuelga) el conflicto. nada hace por la
victima, por definición y esencia

La imagen bélica del poder punitivo tiene por efecto: (a) incentivar el antagonismo
entre los sectores subordinados de la sociedad; (b) impedir o dificultar la coalición o el
acuerdo en el interior de esos sectores; (c) aumentar la distancia y la incomunicación
entre las diversas clases sociales; (d) potenciar los miedos (espacios paranoicos), las
desconfianzas y los prejuicios; (e) devaluar las actitudes y discursos de respeto por la
vida y la dignidad humanas; (f) dificultar las tentativas de hallar caminos alternativos de
solución de conflictos; (g) desacreditar los discursos limitadores de la violencia; (h)
proyectar a los críticos del abuso del poder, como aliados o emisarios de los
delincuentes; e (i) habilitar la misma violencia que respecto de aquéllos.