Está en la página 1de 110

MERCVRIO

PERVANO

REVISTA DE HUMANIDADES

FUNDADA EN 1918 POR VÍCTOR ANDRÉS BELAUNDE

FUNDADA EN 1918 POR V Í CTOR ANDR É S BELA U NDE MVLTA RENASCENTVR QVAE

MVLTA RENASCENTVR QVAE JAM CECIDERE

Nº 502

Director:

Antonio Belaunde Moreyra

AÑO 1991

EDITORIAL QUINTO CENTENARIO

Bela u nde Moreyra AÑO 1991 EDITORIAL QUINTO CENTENARIO ENSAYOS Sumario   Pág. 5 Primitivo Tineo;

ENSAYOS

u nde Moreyra AÑO 1991 EDITORIAL QUINTO CENTENARIO ENSAYOS Sumario   Pág. 5 Primitivo Tineo; LA

Sumario

 

Pág.

5

Primitivo Tineo; LA EVANGELIZACIÓN DEL PERÚ EN LAS INS- TRUCCIONES ENTREGADAS AL VIRREY TOLEDO (1569 - 1581)

9

María Marta Pajuelo: LAS MISIONES CATÓLICAS DE LA COLONIA

24

Jorge Basadre Ayulo: ALGUNAS NOTAS SOBRE LOS ANTECEDEN- TES DE LA RECOPILACIÓN DE 1680 Y LOS TRABAJOS POSTERIO- RES A ESTA.

28

José de la Puente Brunke: NOTAS PARA LA HISTORIA DE LA MINERÍA PERUANA.

35

Guillermo Descalzi. ENSEÑANDO A VALORAR, BOSQUEJO DE UN MODELO EDUCATIVO.

40

Arturo Salazar Larrain. LA MENTIRA: ENSAYO SOBRE LA POBLA- CION.

45

Rosario Pacheco Barandiaran. ALGUNAS NOTAS SOBRE

EL

REPARTO

DE

COMPETENCIAS

LEGISLATIVAS

ENTRE

EL

ESTADO

Y

LAS

COMUNIDADES

AUTÓNOMAS

EN

LA

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978.

 

49

Enrique Cipriani Thorne. UTOPÍAS Y TERRORISMO

57

Antonio Belaunde Moreyra. UNA APARENTE PARADOJA DEL CONTINUO.

 

61

ECONOMÍA Y SOCIEDAD

ECONOMÍA Y SOCIEDAD Pág. Erasmo Roca Navarro - Tomas Talledo García. EL PROYECTO HAPO PARA EL

Pág.

Erasmo Roca Navarro - Tomas Talledo García. EL PROYECTO HAPO PARA EL DESARROLLO AGRÍCOLA E HIDROENERGÉTICO DE LAS REGIONES GRAU Y NORORIENTAL DEL MARAÑON.

64

Alejandro García Vargas. LAS TENDENCIAS DEL COMERCIO IN- TERNACIONAL A TRAVÉS DEL GATT Y ALGUNAS CONSIDERA- CIONES ACERCA DE LA POLÍTICA COMERCIAL PERUANA A ESTE RESPECTO.

70

Pablo Ferreiro. DOS PARADOJAS ACERCA DE LA ÉTICA Y LA EMPRESA. 79

ARTES Y LETRAS

ACERCA DE LA ÉTICA Y LA EMPRESA. 79 ARTES Y LETRAS PERSONAS RESEÑA DE LIBROS Enrique

PERSONAS

DE LA ÉTICA Y LA EMPRESA. 79 ARTES Y LETRAS PERSONAS RESEÑA DE LIBROS Enrique Chirinos

RESEÑA DE LIBROS

Y LA EMPRESA. 79 ARTES Y LETRAS PERSONAS RESEÑA DE LIBROS Enrique Chirinos Soto. POETAS DE

Enrique Chirinos Soto. POETAS DE AREQUIPA

85

Luis Álvarez. CUARENTA Y CINCO AÑOS DE TEATRO

94

Antonino Espinoza Laña. DOS NOTAS. HECTOR VELARDE

100

Rosa Zeta De Pozo. CESAR PACHECO VELEZ, MAESTRO UNIVER- SITARIO.

102

José María Desantes-Gunanter. EL PROFESOR VICENTE RODRÍGUEZ

104

Luis Martínez Ferrer. PEDRO, BORGES. QUIEN ERA BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.

106

Ramón Mujica. JAKI, STANLEY. CIENCIA, FE, CULTURA.

110

EDITORIAL

EL MERCURIO DEL TERCER MILENIO

Multa renascentur quae jam cecidere: Muchas cosas renacerán que estaban muertas.

Es en cierto modo forzoso que, imitando la antigua práctica de los sacerdotes católicos al iniciar desde el púlpito sus homilías, comience esta peroración con un latinazgo. Como ustedes bien lo saben, o lo pueden comprobar con un simple vistazo, se trata del lema o epígrafe que está inscrito en el logotipo del Mercurio Peruano desde su reaparición en 1918, cuando volvió a fundar Víctor Andrés Belaunde para dar su expresión al esfuerzo común de su generación. Los fundadores de esta la tercera versión del Mercurio quisieron hacer con ese epígrafe mención de la tradición del viejo Mercurio Peruano, al de la Sociedad Amantes del País, en la cual pretendían inscribirse e inspirarse. Es decir, lo hicieron como gesto significativo del acto de aceptación de esa herencia. Y

en efecto encontraron ese lema en el texto de un número del viejo Mercurio, que siguió a cierta interrupción antes de la definitiva de 1795. Así nos lo ha explicado César Pacheco en su magnífico estudio de la historia del Mercurio Peruano, aparecida en el número índice que fue publicado hace dos años y al que tantos desvelos dedicó. Los fundadores, o más bien reanudadores del Mercurio Peruano, quisieron aludir a la renovación y permanencia de ese pasado histórico; pero el lema vino a resultar aludiendo también a los avatares de interrupción y relanzamiento que ha conocido la revista desde entonces a lo largo de los años.

De éstas ha habido varias; la de hoy no es la primera vez en que Mercurio revive. No siendo un

alma individual, no le ha sido otorgada la inmortalidad con la primera resurrección, y por eso ha tenido más de una, incluso alguna en vida de su nuevo fundador.

Hoy Mercurio ha vuelto a apa- recer y confiemos que esta resu- rrección no sea una más, sino abra un largo período de vida fecunda y proficua a nuestra re- vista. Nos hemos permitido convocarlos a ustedes, señoras y señores, como amigos de la casa y gente dispuesta a tomar con nosotros el relevo de la posta, posta con la antorcha del espíri- tu, para celebrar esta oportuni- dad y hacer público el relanzamiento del Mercurio.

El se produce, casi con exactitud cronológica, a los 200 años de aparecido Mercurio por primera

MERCURIO PERUANO

vez, bajo los auspicios de la So- ciedad Amantes del País, hecho que la prensa de Lima ha cele- brado con regocijo, al que noso- tros, como es natural, nos adhe- rimos. Sea la proximidad de esa fecha una señal de buen augurio.

2.- Mercurio reaparece después de una prolongada interrupción, sobre cuyas pausas no intentaré detenerme ni pronunciarme. Sólo diré que esa etapa de vacío y de silencio está ya superada, con- fiemos, definitivamente. Ya la aparición del número índice hace dos años fue un signo premonitor, que de ninguna manera constituyó un balance final de la revista, sino un heraldo adelantado del resurgimiento que hoy presenciamos y que nos tiene aquí reunidos a fin de celebrarlo.

El relanzamiento de Mercurio Peruano es un esfuerzo editorial de la Asociación para el Desa- rrollo de la Enseñanza Universi- taria (ADEU), entidad que así mismo patrocina la Universidad de Piura. Los sucesores del ctor Andrés Belaunde le hicieron entrega de sus derechos sobre la revista a su muerte, de lo que, como lo he dicho en alguna oportunidad anterior, puedo dar un testimonio presencial y activo. ADEU en efecto continuó editando Mercurio durante varios años después de fallecido mi padre, y ahora como vemos, re- nueva su esfuerzo.

3.- Cabe preguntarse porqué relanzar una revista ya antigua y no pensar en cambio en algo en- teramente nuevo. La razón fundamental es que el espíritu que alentó la obra y la enseñanza de Víctor Andrés Belaunde, según estamos con- vencidos, no ha muerto, y a él responde aún un sector muy apreciable de nuestra nacionali- dad que bien merece contar con un órgano de expresión y de cultura que se nutra de su visión, a la vez profundamente cristiana y peruanista. Revivir Mercurio es inscribirse en esa tradición, proclamarla y alinearse en ella, reavivando un fuego que no se ha apagado y no debe apagarse. La continuación y renovación de esta línea de pensamiento es tanto más necesario en una época tan perturbada como la que nuestro país atraviesa, quizá la más dura crisis de su historia. La solución de esta crisis, creemos, debe buscarse en la puesta al día de la tradición que Mercurio encarna, o en todo caso, la reanudación activa de esa tradición será una aportación valiosa para encontrar la salida a la aciaga hora actual. 4.- Mercurio Peruano se define como una revista de humanida- des. En vida de Víctor Andrés Belaunde decía de sí misma:

"Revista de ciencias sociales y letras", lo que en buenas cuentas es lo mismo. Así, nos interesa la cultura en el amplio sentido de

esta palabra, que abarca todas las manifestaciones del espíritu. En nuestras páginas han cabido y cabrán todas, desde la especula- ción filosófica y teológica, hasta el narrar histórico y literario, y la creación poética y artística, ade- más por cierto del derecho y las otras ciencias humanas y socia- les: sociología, antropología, psi- cología, economía, etc., sin excluir quizá, consecuentes con la inquietud filosófica, la apreciación del significado de otras ciencias, las exactas, que siempre en su trasfondo más profundo son filosofía e interesan a la imagen del hombre. Es pues de lo más amplio el espectro de nuestra apertura; tal es una primera di- mensión del Mercurio Peruano, según ha sido siempre y según lo seguirá siendo; con el ánimo más abierto a todas las inquietudes, en la disposición de acoger todo

EDITORIAL

empeño intelectual válido.

Una segunda dimensión de Mer-

curio le da un sesgo específico dentro de su vocación humanista

general, y es su interés patriótico

por el Perú y la cultura peruana.

Nos preocupa la identidad nacional de nuestra patria, la conformación de su personalidad moral y su conciencia colectiva, más la ansiosa búsqueda de un proyecto nacional válido que nos permita afrontar con decisión los problemas de la hora presente y prepararnos al próximo siglo XXI. Mercurio propugna una visión integral e integradora del Perú, visión tal que nada de lo peruano le es ajeno y cada cosa

nuestra encuentra en ella su justo lugar. Así lo ha sido a lo largo de los años y así debe seguir siéndolo. Recordaré una frase de

mi padre, que sin duda le fue

motivada por la profunda meditación de la realidad

peruana: "Unidad, conciencia de unidad, voluntad de unidad". Tal

era la condición que é1 veía

indispensable para conformación

e individualización de la

persona, tanto la persona natural de los seres humanos de carne y hueso, como la persona moral o colectiva que es una patria como

el Perú. Tal su respuesta a las

fuerzas disgregantes y centrifu-

gas que ponen en duda o que

combaten la integridad compleja

que es el Perú, como "síntesis

viviente" para usar otra frase de Belaunde.

La tercera dimensión del ideario de Mercurio Peruano, no se opo-

ne a las otras dos sino todo lo contrario, las completa y las lleva a su culminación. Es el apego a la fe cristiana y a la visión del mundo y de nuestra nación, ilu- minada por ella. Siguiendo la inspiración agustiniana de Belaunde, más que "entender para creer" nos interesa antes bien lo inverso, "creer para entender"; proyectar sobre el agitado mundo actual y nuestra aciaga hora presente, la sabiduría que dimana de la fe y de la enseñanza secular de la iglesia. Como Belaunde se preocupó profundamente por comprenderlo, ellas están en la base de la cultura occidental a que pertenecemos, y de la nacionalidad mestiza peruana, cuyo proceso formativo de aculturación básico fue la evangelización, cuya huella per- dura, y sin el cristianismo es im- posible comprender el verdadero alcance de la dignidad del hombre, hecho a imagen de Dios. Así afirmamos una vocación humanista, patriótica y cristiana, abierta a todas las auténticas inquietudes, pero no carente de un mensaje propio, coherente y definido. Como nuestros mayores; rehuiremos un eclecticismo informe o un perspectivismo inocuo y nos mantendremos fieles a lo que ha sido la actitud de ellos en la conducción del Mercurio Peruano.

hecho la vida intelectual del Perú en el siglo XX. Ya César Pacheco en su bello discurso necrológico, creyó ver ese lazo simbolizado por la consabida corbata negra de mi padre don Víctor Andrés.

El y sus amigos cofundadores de la revista, pertenecieron a la lla- mada generación del 900: Riva Agüero, Iberico, Gálvez, y tantos otros, que no voy a nombrar pero cuya memoria veneramos. A ellos se sumaron pronto los en- tonces jóvenes llamados "de la generación del conversatorio y la reforma universitaria": Porras, Basadre, Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía, y otros más, que tanto han hecho por la maduración de los estudios his- tóricos en el Perú.

5.- La larga trayectoria de Mer- curio, hace de él un "traid d'union", un lazo que reúne a las diferentes generaciones que han

MERCURIO PERUANO

En la siguiente etapa de Mercu- rio Peruano, después de su reaparición en 1939, figuran una nueva hornada de jóvenes en- tonces, como los hermanos Raúl

y Rómulo Ferrero, Carlos y José

Pareja, Manuel Irigoyen, Alber-

to Wagner de Reyna y, entre otros, Carlos Salazar Romero y Domingo García Rada, pronto incorporados por matrimonio a la familia Belaunde. Es lo que para nosotros puede llamarse generación del "Centro Fidis".

Corre el tiempo y tocará el turno

a la llamada generación del 50,

a la que con cierta senioridad

pertecenen Jorge Puccinelli, Luis Jaime Cisneros y José Agustín De la Puente, que me va a suceder en el uso de esa misma generación, en la que modestamente quiero también

* Texto de la disertación del Director de la Revista en el Acto de presentación del N° 501 del Mercurio Peruano el 25 de enero de

1991.

situarme, perteneció César Pacheco Velez, tan lastimosamente desaparecido, cuya memoria está ligada para los allegados a Mercurio, a la del fundador Belaunde y todo el grupo de conversatorio del Instituto Riva Agüero. Quizá sólo llegue hasta la generación del 50 la sucesión de hornadas de discípulos directos de Víctor Andrés Belaunde, muchos de los cuales están aquí presentes. La implacable cronología y la parca que la preside, no le permitieron llegar más lejos; antes bien, ya fue un gran lujo y regalo del destino su larga vida. Pero las siguientes generaciones sienten el influjo de su obra y enseñanza, como lo atestiguan muchos ejemplares del Mercurio ya en

su vida, y por cierto después de la muerte, muy en especial el número actual, que hoy nos complacemos en presentar.

En el número que presentamos trasunta bien la vastedad de in- tereses que siempre ha caracterizado al Mercurio Peruano, dentro de la unidad y coherencia de su propósito, al que hemos aludido antes. Al presentarlo hago un llamado a la juventud, a los escritores de las generaciones nuevas que quieran encontrar en esta revista un lugar propicio a la expresión

de sus inquietudes intelectuales,

y con ello, retomar la antorcha

en esta posta de la sucesión de las generaciones en el espíritu

del humanismo, la fe cristiana y

el amor a la patria.

LA EVANGELIZACIÓN DEL PERÚ EN LAS INSTRUCCIONES ENTREGADAS AL VIRREY TOLEDO

Primitivo Tineo

El periodo al que nos queremos referir 1569-1581 coincide en España con el de la reforma a todos los niveles. Era necesaria la unión de todas las fuerzas para llevarla adelante. Entre ellas se requería la colaboración de los príncipes católicos. En efecto, el 12 de julio de 1564 Felipe II recibía el Concilio de Trento como ley de Estado y dispuso el cumplimiento de sus decretos en el ámbito de sus dominios 1 . El rey estaba dispuesto a que se cumpliera el Tridentino.

Una de las medidas de reforma fue procurar que se convocaran concilios provinciales para poner en vigor las disposiciones tridentinas. Por tal motivo entre los años 1564 y 1565, en cumpli- miento del primer plazo esta- blecido por Trento, se celebraron concilios provinciales en todas las sedes metropolitanas de Es-

paña 2 . En cuanto a las metropolitanas del Nuevo Mundo en las de México, los obispos se reunieron en 1565 para celebrar el II concilio mexicano, y en la de Lima

apenas pudieron hacerlo, en el

II limense de 1567. Felipe II

había conseguido que en el

plazo de tres años los obispos efectuaran la publicación del Concilio de Trento.

Es de sobra conocido que el pri-

mer período de la evangeliza- ción en América corresponde al

descubrimiento y conquista, el segundo a la implantación de las instituciones y sujeción de los diversos movimientos de auto- nomía; a ellos debía seguir el tercero que era el afianzamiento

y organización del gobierno

temporal y eclesiástico, que en

buena parte corresponde al pri- mer decenio del reinado de Feli-

pe II. Para estas fechas ya se po-

(1569-1581)

día hacer un examen de la actua- ción española en Indias y por eso se suceden por este tiempo los informes, memoriales, instruc- ciones y juntas.

1. La Junta Magna de 1568 y el nombramiento de Toledo

Los asuntos y ocupaciones que tiene por estos años Felipe II en Europa son muchos y algunos muy dolorosos. A pesar de todo, el monarca percibió la importan- cia del momento para las pose- siones en Indias e hizo que se celebrara una junta Magna 3 . De ella se hace eco el nuncio Castagna y la pondera en sus despachos, de ella recibieron instrucciones los dos nuevos vi- rreyes, don Martín Enríquez, el de México, y don Francisco de Toledo, el de Perú. A sus resolu- ciones se refieren posteriormen- te, muchas veces las negociacio-

MERCURIO PERUANO

nes entre Roma y el consejo y la correspondencia con América 4 . La célebre Junta se reunió, con algunos intervalos, durante cinco meses, a partir del 27 de julio de 1568, en las casas de Espinoza. El promotor, alma y fiel instru- mento del Rey en ella fue el obispo de Sigüenza, presidente del consejo de Castilla e inquisidor general, don Diego de Espinoza, que entonces se en- contraba en lo más alto de su influjo con el Rey.

Dejando a un lado los problemas militares y sociales que allí se trataron y se encauzaron, nos centraremos en los religiosos y referentes a la evangelización 5 . Las determinaciones de la Junta en materia religiosa las conoce- mos por las Instrucciones, titula-

Al iniciar Felipe II su gobierno existían en las Indias españolas, cincuenta años después de des- cubiertas, tres arzobispados y veintiún obispados, con más o menos bien organizados cabil- dos y parroquias. Tan rápida implantación de la jerarquía se hizo en íntima dependencia del trono, conforme a la centraliza- dora concepción que planeó Fernando el Católico. Durante el pontificado de San Pío V hay un momento impor- tante que parece cambiar el rumbo de lo actuado hasta entonces y va unido a la Junta de 1568. Después de varios intentos frustrados, el 21 de abril de 1568, comunicaba el Papa al nuncio en Madrid; Castagna, su deseo y propósito de enviar un nuncio a las Indias

importancia que en la Corte se concedió a aquella reunión está patente en la correspondencia del nuncio Castagna publicada por Luciano Serrano 8 . Con esta Junta está también unida la decisión del Rey de enviar a México y al Perú nuevos y selectos virreyes, cuya principal preocupación de- bía ser la de poner en práctica las medidas de la Junta, tanto en lo civil y militar, como en lo ecle- siástico y evangelizador. La ac- tuación de los virreyes Martín Enriquez, para México, y Fran- cisco de Toledo, para el Perú (1569-1581), abre una nueva época en la historia de los virreinatos. Toledo fue, en efecto, el verdadero organizador, a base de las decisiones de la Junta, del gobierno del Perú. Tomó posesión el 30 de octubre

das Doctrina y gobierno

y

le rogaba que lo comunicase

de 1569 y cesó el 1 de mayo de

eclesiástico en 28 de diciembre

al

Rey. Mientras tanto, en Roma

1581. Ningún otro virrey ha

de 1568, que el Rey entregó a Toledo, tres meses antes de que iniciara su viaje rumbo al Perú 6 .

se constituía una Congregación permanente para los negocios de la conversión de los naturales 7 .

contribuido tanto al estable- cimiento del poder español en el Perú, y no hay otro virrey para el cual exista una documentación

La noticia de estos proyectos y la actuación del nuncio Castagna ante Felipe II y su poderoso mi- nistro cardenal Espinoza coinci- dieron con esta otra iniciativa del Rey y del Consejo. Esto hace del año 1568 un año clave en la evangelización de América. Po- siblemente la Junta se hubiera celebrado, pero la iniciativa de la curia romana aceleró la decisión y en septiembre de 1568, al mis- mo tiempo que se oponían al envío de un nuncio a América, se celebraba la Junta Magna. La

tan completa 9 . El Perú del siglo XVI fue una región mucho más difícil de ad- ministrar que México, como lo advirtió el Consejo de Indias. Perú no sólo era más extenso y presentaba mayor variedad en su territorio, sino que aquellos que fueron enviados para gobernarlo durante las primeras décadas no pudieron lograrlo o no permanecieron el tiempo sufi- ciente como para organizar real- mente el Virreinato. Todos los virreyes anteriores a Toledo murieron mientras ocupaban el

QUINTO CENTENARIO

cargo, con la excepción del mar- qués de Cañete, cuyo gobierno lo interrumpió el Rey a raíz de las numerosas quejas contra sus ac- ciones arbitrarias.

Felipe II pensó bien la persona elegida. Mediante estas Instruc- ciones confiaba sus preocupacio- nes a la «solicitud y cuidado» de su flamante virrey. Con ello ponía punto final a muchas de sus preocupaciones. Antes de su nombramiento las consultas ha- bían sido numerosas y minucio- sas sobre asuntos de gobierno tanto referente a cuestiones civi- les como religiosas.

Provisto de comisiones y despa- chos se embarcó el 19 de marzo de 1569 en Sanlúcar de Barrameda. El 30 de noviembre hizo su entrada en Lima. Con su llegada comienza una etapa im- portante en la historia del Perú y sobre todo de la evangelización. Debía ejecutar cuanto había re- suelto la Junta de 1568.

Otro factor que da más relieve a la Junta y al papel de Toledo

proviene del Papa. San Pío V, al ver la decisión con que el Rey rechazaba la nunciatura de In- dias y organizaba en sentido centralista aquellos virreynatos, se decidió a cambiar de táctica. En vez de insistir en su plan de intervención directa, se volvió al Rey, al Consejo y a los nuevos virreyes alegrándose en sus cartas por las nuevas decisiones y dando una instrucción misionera por medio de la Congregación de infieles. El Consejo, principalmente el virrey Toledo, interpretaron la conducta del Papa como una confirmación de las Instruc- ciones y, por eso, Toledo se presentó siempre en su fecunda tarea en el Perú como delegado a la vez del Rey y del Papa o, como escribió su biógrafo Tristán Sánchez, como «elegido por la majestad divina y nombrado por la humana» 10

2. Instrucciones dadas a Toledo

Las instrucciones de la Junta Magna sobre lo eclesiástico for- man un cuaderno titulado: Doc- trina y gobierno eclesiástico en 28 de diciembre de 1568 11 . En ellas se distinguen dos partes netamente diferenciadas: las Instrucciones propiamente dichas, hasta el folio 18v, y una serie de cédulas dirigidas al virrey sobre determinados puntos tocantes a las instrucciones y que, en caso ne- cesario, podía mostrar, mante- niendo secretas las instrucciones mismas.

Dejando a un lado las cédulas, en

las instrucciones se distinguen tres partes muy diversas, repar- tidas en sus 37 números: la pri- mera que va del número 1 al 11, trata de la organización general de las iglesias, patriarcado, diócesis provisión de obispados, facultades de los obispos, visitas pastorales, celebración de conci- lios provinciales, erección y pro- visión de parroquias, presenta- ción real, jurisdicción de los pá- rrocos; la segunda, que está ex- puesta del número 12 al 24, trata directamente sobre la evange- lización y los religiosos y perso- nas implicadas en ella; la tercera, finalmente, regula el problema económico de los diezmos y va desde el número 25 al 36.

La primera parte marca una pau- ta para todo el resto 12 y constitu- ye el núcleo de la política real indiana en lo religioso. Es la re- glamentación de las cosas ecle- siásticas y lleva consigo una centralización, volviendo a las primeras bulas del descubrimiento y del Patronato en la provisión de los beneficios mediante presentación regia. En estos momentos, Felipe II y la Junta se encuentran ante una importante decisión. Por una parte, la tradición, desde el descubrimiento, de carácter intensamente regio y en el que a la evangelización se juntaba la colonización y nacionalización de los indígenas; por otra parte, la dirección que manifestaba la Santa Sede con la intención de nombrar un nuncio para las Indias y lo que podríamos llamar

preludios de la

los

MERCURIO PERUANO

Congregación de Propaganda, con la intervención de una comi- sión de cardenales para el go- bierno de aquellos asuntos reli- giosos. Ni el Rey ni el Consejo de Indias, ni el cardenal Espinoza, ni el confesor Chaves tuvieron dudas: se atuvieron a la tradición ya formada, sin entender o al menos sin admitir los nuevos aires que brotaban en Roma. En las instrucciones a Toledo, no sólo se habla en el tono del más rígido centralismo tradicional, sino que prohíbe dar paso a cualquier intervención del nuncio de Madrid, extendiendo y generalizando órdenes parciales de los tiempos de Fernando el Católico y Carlos V. Las instrucciones sirvieron de base en algunos puntos a las posteriores leyes definitivas de Indias.

Pero los consejeros de la Junta de 1568 debieron ver los inconvenientes que llevaba consigo una centralización tan laica de las cosas eclesiásticas. Lo demuestra la correspondencia con el embajador en Roma, Zúñiga, manifestándole los temores de que los tribunales seculares se entrometan en las cosas eclesiásticas. Para paliar este inconveniente se eligió un camino intermedio: la creación de un patriarca de Indias «o legado nato para todas aquellas provincias con la autoridad que según derecho les compete». Este patriarca estaría sometido al Sumo Pontífice, lo elegiría el Papa a presentación del Rey y residiría en la Corte 13 . En sus manos estaría concentrada

toda la jurisdicción delegada para las Indias, y a él concurriría toda la correspondencia y gobierno de la diócesis; tramitaría la pre- sentación de mitras y beneficios, grandes y pequeños; procuraría que los obispos fueran pronto a sus sedes; de ellos recibiría relación anual del estado de la diócesis y reducciones de Indios; movería finalmente desde Madrid el intercambio de misioneros de las diversas Órdenes, pues le asistirían cuatro comisarios generales de franciscanos, do- minicos, agustinos y de la Com- pañía de Jesús, elegidos a pre- sentación regia.

Como puede observarse, era una especie de Congregación para las misiones de carácter nacional con delegación pontificia. Pero el proyecto de patriarcado de 1568 no pasó a convertirse en

realidad. Las instrucciones se- cretas a Toledo dicen expresa- mente que, aunque el patriarcado sea de toda urgencia," por la dificultad que se juzga habrá en obtenerlo y aun el inconveniente en moverlo, el tiempo y la forma en que esto se habrá de tratar se reserva para que según la ocasión, disposición y estado de los negocios se pueda tentar". No obstante, el Rey quería que quedase constancia de ello en el Consejo, para que cuando hubiere ocasión propicia se tra- tase. Esa ocasión no se dio mientras vivió Pio V y cuando creyeron en Madrid hallar una buena coyuntura, al subir al tro- no pontificio Gregorio XIII, recibieron de aquel papa una respuesta paralizadora, y bastante perspicaz: no se podía admitir, porque el patriarcado se convertiría fácilmente en una

paralizadora, y bastante perspica z: no se podía admitir, porque el patriarcado se convertiría fácilmen te

QUINTO CENTENARIO

Monarchia sicula 14 . A pesar de la negativa, el Papa aceptó

En vez del nuncio con la Congre-

dio de estas cosas eclesiásticas, y aun las temporales, sábelo Dios

posteriores a la junta general, para incorporarse más tarde

examinar el proyecto,

y

vémoslo los que lo tenemos

definitivamente a la Reco-

encomendando su estudio, como era obvio, a una congregación de

presente" 15 . La misma queja se repite en 1578

pilación de Indias, como ejes esenciales de ella. El impulso

cardenales parecida a la que

y,

al terminar su largo gobierno,

que las produjo provino de la

había funcionado en tiempo de Pio V. Entonces se vio que era

Toledo presentó en Madrid, en 1582, su último memorial al Rey,

asamblea de 1568, y el espíritu que la caracterizaba.

cierto lo que se temía.

y

se expresaba con la misma

De todas las materias sanciona- das por la Junta solamente dos llegaron a obtener la sanción pontificia: la facultad de acabar los juicios sin posibilidad de apelación a Roma y la confir- mación, hecha más tarde por Sixto V, de las prerrogativas al comisario franciscano de Indias. El resto del proyecto programa-

petición de volver a examinar los asuntos y legislar sobre ellos 16 . Estas palabras deben apreciarse como nacidas de la más honda convicción, pues las escribió poco antes de morir. Por no llegarse a un acuerdo con Roma sobre las decisiones de 1568, el gobierno eclesiástico de América, impulsado por las

erecciones de las iglesias en 1574,

La protesta contra ese mismo laicismo regio, hecha entre 1574 y 1600, tanto por el episcopado como por las Órdenes de América y, sobre todo, por santo Toribio de Mogrovejo, no logró un cambio sustancial, que con el tiempo hubiera sido beneficioso para la Iglesia, para América y para España 18 .

do quedó paralizado ante la firmeza del Papa, mientras Feli- pe II hacía fracasar las nuevas tentativas de Gregorio XIII, en- caminadas a realizar el plan de su antecesor sobre la nunciatura de Indias; en 1579, con monseñor Sega, y en 1581, con monseñor Taverna.

gación de Propaganda, y en vez del Patriarca con la vieja tradi- ción, reguló en muchas cosas las iglesias y las misiones "el Rey nuestro Señor". El virrey se es- forzaba por ir concretando las decisiones de la Junta, esperan-

reales cédulas de los decenios posteriores y en parte por la acción enérgica y centralizadora del mismo Toledo, iba tomando un cariz más centralista y regio. Es verdad que por respeto a la acti- tud contraria de la Santa Sede no llegaron a realizarse nunca muchas de las determinaciones de la junta, como la nueva orga- nización de los diezmos, la re- forma de las antiguas erecciones de las catedrales y el hacer regu- lares las diócesis. Pero otras muchas, y en especial la tensión máxima del Patronato contra las

do inútilmente día tras día que

la

prohibición de acudir con du-

llegaran las indispensables con- cesiones de Roma. Es suficiente

das sobre el mismo a Roma si no era por medio del Consejo en

 

una mirada a su corresponden-

1593, y la exclusión definitiva de

cia para comprobar la melanco-

la

nunciatura de Indias y aún de

lía con la que lamenta que no se

la

intervención en ellas de Madrid

le envíen soluciones: "Los daños que causa la dilación del reme-

en 1605 y 1607 17 , se fueron prescri- biendo y confirmando en los decenios

 

MERCURIO PERUANO

3. La evangelización en los docu- mentos entregados a Toledo.

La segunda parte de las instruc- ciones a Toledo, del número 12 al 24, es más directamente religiosa y evangelizadora. Pero hay que notar que en ella influye el espíritu centralista regio que se deriva de la primera parte y de la concepción del Patriarcado de Indias. Dentro de esa atmósfera contiene puntos de un gran in- terés para la organización pos- terior de la vida religiosa.

Por la fecha en que nos encontra- mos, presupone ya otras medidas tomadas para hacer más fácil la evangelización; entre otras, re- ducir los indios dispersos a for- mar poblaciones con vida polí- tica, y poner en cada pueblo o grupo de pueblos un doctrinero que les instruya en la doctrina cristiana. Reaparecen en las ins- trucciones a Toledo, y se recogen al final en una de las cédulas que se le entregan y que son para juzgar de los criterios interiores del Consejo y del éxito posterior conseguido por el virrey del Perú 19 .

Reducir los indios desparrama- dos a poblaciones, se decía en el párrafo primero, es de tal im- portancia, que de ello depende en gran parte su conversión a la fe; por eso se había insistido siempre en esto por parte del Consejo a virreyes y gobernado- res. Pero la cosa no resultaba fácil. Por eso mismo se recalca de nuevo a Toledo, y se le seña-

lan en particular los medios para

lograrlo: que no se reconozcan a los caciques derechos ni aprove- chamientos, si no viven en po- blado; que se entreguen a los in- dios que se reduzcan a comuni- dad, pastos y sementeras y ayu- da en las artes y oficios, negándoselos, y aun quitándose- los a los que se oponen a ello, para que se reduzcan; que se favorezcan y apoyen las fiestas

y honestas diversiones en los

pueblos y que se prohíban en despoblados, dificultado los continuos cambios de lugar y población a lo que son tan dados los indios. Pero, puesto que todos estos puntos eran difíciles de realizar, sería bueno que el virrey se buscase personas ade- cuadas para llevarlos a la práctica y, después de tratarlo con la Audiencia, se les diese instrucciones convenientes.

El trato recomendado en las ins-

trucciones para con los indios así reducidos sigue la misma tónica paternal con que lo miraron siempre los reyes. En el número 24 de las instrucciones se manda que el virrey impida el "mucho

trabajo y vejación de los indios", que a veces les hacían los mismos religiosos al construir sus iglesias con exces y desorden, "labrándolas con más magnificencia y suntuosidad de

lo que convenía según el sitio y

lugar donde se hacen". En la

cédula número 2, que se añade al despacho secreto (fol. 18) sobre

si se ha de mandar o no a Toledo

que visite personalmente todo el virreinato, se aduce como una de las razones para no imponer la visita, "sino dejarla al buen juicio del virrey", a causa de la "mucha carga y daño a los indios por donde hubiere de pasar" (el virrey).

La reducción a pueblos y el buen trato a los indios los supone la Junta Magna, sin entrar más de lleno en su estudio. Se fijó mucho más en lo que se refiere al personal misionero: recluta- miento, calidad, repartición, modo de vivir y evangelizar, se ve que la junta quiso abarcar todo el problema de las Órdenes religiosas en América a mediados del siglo XVI. Estas

disposiciones tuvieron influencia durante bastante tiempo. Los puntos reflejados obedecen

a la experiencia anterior y es

bueno subdividirlos en aparta- dos para estudiarlos con más claridad.

QUINTO CENTENARIO

a) Quejas contra las Órdenes religiosas

Mirando de lleno el problema, el descubrimiento del Nuevo Mundo exigió a la iglesia espa- ñola un esfuerzo considerable. Con mayor razón se puede afir- mar esto de las Órdenes Mendicantes, que de repente se vieron en la necesidad de des- plegar sus fuerzas en una tarea para la que no se habían prepa- rado, como era la evangelización

en tierras lejanas. Ello hace to- davía más admirable la prontitud

y la adaptabilidad con la que

trabajaron y respondieron al llamamiento que se les hacía. Por estas fechas, 1568, después de medio siglo de esfuerzos y experiencias, la Junta Magna se hallaba ya en condiciones para juzgar los frutos de la evangelización llevada a cabo. Por otras fuentes sabemos más detalladamente cosas que las instrucciones a Toledo apenas insinúan o mencionan: que las quejas amontonadas contra las

Órdenes, desde diversos puntos de vista, habían hecho necesaria alguna inspección, y obligaron a

la junta a deliberar sobre la se-

lección de los misioneros y los

métodos evangelizadores.

Según las instrucciones, tres eran los reparos principales. El primero se refiere a las intromisiones de los religiosos en asuntos políticos y de gobierno. El número 20 del mensaje a Toledo sintetiza bien la materia: "Y porque según lo que se entiende, los religiosos que

han residido y residen en aquellas partes, so color de que- rer tomar la protección de los indios y de favorecerlos y de- fender, se han querido entrome- ter a querer tratar de las cosas tocantes a la justicia y al gobierno y al estado, queriendo tocar en el derecho y señorío de las Indias, y en otras cosas que traen consigo mucho escándalo, especialmente tocando estos puntos en púlpitos y en otras congregaciones y pláticas". Es comprensible que fuera muy molesto para los gobernantes el que los religiosos dirigieran la sociedad desde los púlpitos. Pero también por parte civil existían las invasiones del terreno religioso, agresiones y abusos de gobernadores; la ma- yoría de las veces no les faltaba razón a los religiosos, pero hubo también poco tacto en el modo. Esto no desmerece la labor de los religiosos, y sería importante profundizar en su actuación en el terreno del

derecho y de su defensa. Es preciso añadir que gracias a ellos y a sus informaciones llegaron el Consejo de Indias y la Corona a asimilar y hacer prevalecer en sus reales cédulas el espíritu de modernidad que caracteriza las leyes de Indias.

Otra segunda fuente de fricciones, que reaparece en las instrucciones, se refiere a las relaciones de los religiosos con los obispos y sacerdotes seculares. Hay que considerar un poco la historia anterior para comprenderlo. Hasta el Concilio de Trento, las Órdenes habían gozado de la plena exención de los obispos, aún en la cura de almas de sus doctrinas: era un antiguo privilegio de sus trabajos misionales, aplicado ahora a la evangelización de América mediante la célebre bula Omnímoda de Adriano VI. Ayudó al disfrute de la

ahora a la evangelización de América mediante la célebre bula Omnímoda de Adriano VI. Ayudó al

MERCURIO PERUANO

exención el hecho de que, hasta el reinado de Felipe II, eran todavía pocos los obispados y escasa la organización y deli- mitación en las Indias. Cuando se van implantando las diócesis y

en ellas las reformas tridentinas, surgió para las Órdenes religio- sas la dificultad que expresa- mente se describe en el extenso número 19 de las instrucciones:

«Los religiosos de todas las di- chas Órdenes que en aquellas partes hay pretenden que en los distritos que están sus mo- nasterios y les tienen aplicados tienen poder y autoridad para lo que toca a la predicación, con- versión, doctrina e instrucción de los indios y para la adminis- tración de todos los sacramentos, como curas, y aún para el ejercicio de la jurisdicción y po- testad eclesiástica como prelados, y aun se dice que se extienden a usar y ejercer la secular en causas civiles y

criminales

no admiten que

tengan los tales prelados allí

ninguna jurisdicción, ni superioridad ni que los que

; de tal

puedan vistar ni corregir

manera, que haciéndose novedad alguna en ello, lo dejarán del todo, y que los que están allá se vendrán, y de acá no irán más, y como los prelados, fundados en el derecho y razón, pretenden lo contrario, ha nacido de esto gran diferencia y competencia».

;

La Junta reafirmaba las disposi- ciones: retirar a las Órdenes todo gobierno y jurisdicción y equipa- rarse a lo dispuesto para la Igle- sia universal; los obispos deben

tener jurisdicción en lo pastoral, en las parroquias, administración de sacramentos y «lo que es lo que es de este oficio y que estos (religiosos) deben y han de ser súbditos y subordinados a sus prelados como a sus superiores y por ellos visitados». Al mismo tiempo se atenía a la realidad, ya que no había suficientes sacer- dotes seculares para ser nom- brados párrocos; pero, en lo concerniente a predicación, doc-

trina, etc

y ministerio de curas pudiesen

ser visitados y corregidos por los prelados guardándoles en todo lo demás a éstos y los otros reli- giosos sus exenciones». El Rey

haría en Roma las gestiones per- tinentes para obtener todos los permisos de sus superiores ge- nerales, pero el virrey debía ha- cer todo lo posible para que no se perjudicara el bien de las almas, sin esperar a que llegaran de Roma las bulas o documentos. Los retrasos e inconvenientes que todo ello podía haber producido manifiestan la gravedad de la situación y con cuánta razón la Junta de 1568 se preocupó de esta cuestión. Un tercer reparo que aparece en diversos lugares de las instrucciones, especialmente en

el número 36 y 18, se refiere al

«en cuanto al oficio

,

temor de que los frailes, avenidos al sistema de tributación y "sínodos" introducidos en sus doctrinas para el propio sustento, y al tra- bajo impuesto a los indios en la construcción de sus iglesias, se opondrán a la implantación fé-

rrea y universal de los diezmos, tal y como los había previsto Fernando el Católico, y ahora Felipe II quería imponer a todo trance, como reforma económi- ca, tanto para reducir los gastos del erario en el sostenimiento de las misiones, como para respaldar y asegurar definitivamente el sistema económico de América. La seriedad e insistencia con que el Rey inculca a Toledo prevenir en esto toda oposición y ahogarla, caso de que brotase, es un antecedente para muchas de las incidencias posteriores en la historia de la evangelización americana.

QUINTO CENTENARIO

b) El favor prestado a las Órdenes

Será injusto juzgar y enfocar la labor de las Órdenes religiosas por los inconvenientes anterior- mente descritos, pues el esfuerzo es mucho mayor y las ventajas mucho más numerosas. Tam- poco esas y otras denuncias contra los religiosos, que se hi- cieron ante Felipe II y sus conse- jeros en 1568, les cegaron y de ningún modo perturbaron el fa- llo; no les hicieron desconocer lo que la historia plenamente ha reconocido en su trabajo para la evangelización de América. Al revés. El número 12 de las ins- trucciones al nuevo virrey es uno de los mejores testimonios históricos que pueden aducirse en favor de las Órdenes religio- sas de España durante el siglo XVI, como también del Consejo, que atinadamente juzgaba las cosas. En la matización pudo influir la cruda realidad que se expone en el número 19: "porque en el estado presente sería difi- cultoso haber clérigos en el nú- mero que es menester para pro- veer todas las dichas iglesias y el ministerio de los dichos religio- sos, que están tan introducidos e instructos, es muy conveniente". En definitiva, el juicio global positivo lo da la Junta, al redac- tar el número 12: "Los religiosos que han ido a aquellas provincias y están en ellas que cuanto se tiene entendido y se ha visto por experiencia, han sido de gran efecto para la conversión, ins- trucción y doctrina de los indios, y que su ministerio es muy nece-

sario-, es nuestra voluntad que sean favorecidos, y se les de, en

cuanto para su ministerio, adoperación y conversión de los indios en la doctrina sea necesa- rio, todo favor y ayuda, y se les haga muy buen tratamiento y acogida; y vos tendréis de ello particular cuidado guardando ellos asimismo de su parte lo que deben y de nuevo se les ordena". Estas últimas palabras indican que la determinación se hacía con conocimiento de las dificultades existentes. El momento en que se tomaba, y la

la

solemnidad

recomendación, significan un encuentro de la Corona con las Órdenes religiosas en la prose- cución de la evangelización del Nuevo Mundo.

de

c) Limitación de Órdenes religiosas

Las instrucciones que se daban no eran pasajeras ni circuns- tanciales en la mentalidad de la Junta, sino que debían tener un carácter duradero. Era necesario precisar qué Órdenes tenían la protección regia para su paso a la evangelización de las Indias, y así se hizo en el número 13. El número anterior hablaba de que sean favorecidos los religio-

sos, pues "se tiene entendido y se ha visto por experiencia ha sido de gran efecto para la conversión

e institución y doctrina de los

indios y que su ministerio es muy

necesario". Pero el número 13 limita esas atenciones a los reli- giosos de las Órdenes aprobadas para pasar a las Indias: «Los religiosos y monasterios que hasta ahora ha habido y hay en las Indias han sido y son de las Órdenes de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín y algunos de la Merced, pero éstos se van acabando con no recibir de allá de nuevo frailes ni de acá dárseles licencia para que pasen,

a frailes y religiosos de otras

Órdenes no se ha dado hasta ahora lugar que pasen en las dichas Indias ni estén en ellas, porque no ha parecido conveniente multiplicar Órdenes; de algunos días a esta parte se ha dado licencia a algunos de la Compañía de Jesús y que pasen allá como lo han hecho y esto ha sido sobre fundamento".

Los números restantes reglamen-

MERCURIO PERUANO

tan lo necesario para el estudio, la construcción de monasterios y normas para que los religiosos se dedicaran a la predicación y no a otros asuntos ajenos a su voca- ción.

Que la evangelización recayera sobre las Órdenes religiosas mencionadas es un hecho ca- racterístico de la evangelización de la América española. El mo- nacato benedictino, cisterciense y similares, con toda la técnica y trabajos en la cristianización de la Europa medieval, no se conoció en la evangelización de España en América. Los primeros benedictinos llegaron a México en 1602, procedentes de Monserrat, y mantuvieron en la capital un floreciente priorato, pero sin irradiación de ningún género en la cristianización y doctrina de indios 20 .

d) Religiosos y régimen de conventos

Determinado el número y calidad

de las Órdenes misioneras, preocupó a la Junta el reglamentar e intensificar el envío

y selección de los religiosos. Las

razones son claras y también los

inconvenientes del proceso seguido hasta entonces. En cuanto

a la primera, "por lo mucho que

importa que en aquellas provincias haya número de religiosos bastantes y que aquellos sean de ejemplo y vida y suficiencia que se requiere para tan santo ministerio y tan importante como allí han de hacer, lo cual depende de la se- lección y nombramiento que acá se hace de los frailes que allá han de ir y se envían".

En cuanto al procedimiento, se esperaba en la Corte a que de las provincias mismas llegan los procuradores a pedir expedicio- nes, proponiendo en cada caso y encargándose del reclutamiento. La Junta cambia de táctica, por los inconvenientes que se se- guían, y en este punto supone un cambio sustancial: "Habernos ordenado -le dice el Rey a Toledo- que lo que toca a este punto se prevenga y disponga más con tiempo y más de propósito, sin esperar que de allá pidan los religiosos y vengan el comisario que los ha de llevar, y que para este efecto se tenga esta orden: que en nuestra Corte residiesen de ordinario de cada una de las dichas Ordenes un procurador general, y que éste

-entre otras cosas- tenga particular cargo y continuo cuidado de hacer diligencia en toda la provincia para atender

los frailes que en ella hay que sean a propósito para enviar a aquellas partes, y que, usando de todos los medios que convenga

y comunicándolo con los del

Consejo de Indias, se procure de persuadir, mover y prevenir a los tales religiosos; y que para ello sean favorecidos por Nos y por el Consejo, dándole las car- tas y recomendaciones que con- vengan, y que haga al Consejo relación de los tales religiosos y nombres de ellos, para que con la primera disposición puedan enviarse. Y otro sí habemos mandado se procure bula y breve de Su Santidad, y mandatos y patentes de los generales dirigidos a los provinciales, para que ellos tengan este cuidado particular y continuo, y vayan eligiendo y depurando los frailes que para este efecto parecieren idóneos y quisieren ir; y dé luego de ello aviso al procurador y con su medio al nuestro Consejo "

A ésta y otras medidas tomadas

por el Rey y la Junta se debe la irradiación y la selección de reli- giosos que durante la segunda parte del siglo XVI partían periódicamente de Sanlúcar de Barrameda hacia las indias y Filipinas 21 .

Además del número e idoneidad de los misioneros, la Junta de 1568 cuidó con toda diligencia de su conveniente distribución y formación. El número 14 es claro

QUINTO CENTENARIO

a este respecto. Se propone allí

que en México y Lima tuviera cada Orden un monasterio nu- meroso y bien montado que sir- viera como seminario, lugar de formación y tácticas misionales; allí se recogerían los llegados de España, y, antes de ir a los pues- tos de doctrina, se instruirían acerca de la lengua y necesidades de los indios: "de allí se pudiesen proveer y enviar

a las otras partes donde han de

estar con menos compañía y que tuviesen más noticias de la

condición y natura de los indios

y más instrucción de lo que

habían de hacer y que en las casas y monasterios principales hubiese estudios y particular escuela para esto y que los frailes que fuesen de acá de nuevo se recogiesen en estas casas y no fuesen desde luego

puestos en las otras partes donde

no hay conventos de número de

religiosos por los inconvenientes que se presentan y la experiencia debe haber mostrado". Con este fin, se procuraría enviar más religiosos de España, y el virrey pondría allá los medios conve- nientes.

Para que estos monasterios en las grandes ciudades fueran una realidad, se derogaba la orde- nanza anterior que prohibía que los monasterios de Indias tu- vieran rentas: "Hasta ahora no se ha permitido en las Indias por algunas justas consideraciones que los monasterios de estas Órdenes tengan bienes propios ni estén dotados y así viven de limosna, aunque parece que en

lo común y en lo general de los dichos monasterios y religiosos convenga, pero en lo que toca a los dichos monasterios de los

no se

podrían así sostener de limosna y sería con mucha carga de los vecinos y naturales". Siendo además casas de estudio, el tiempo debía emplearlo en ello, no en pedir limosna; no podían ser dotados por personas parti- culares, ni por herencias ni mandas ni otras donaciones. Pero "se les podría asignar algunas heredades y pastos para sus sementeras y ganados

lugares muy principales

limitadamante cuando para su sostenimiento fuere necesario"

Al mismo tiempo se volvía a in- sistir y prohibir que en particular no se apropiasen los religiosos de oro ni riquezas, como especialmente estaba prohibido por documentos pontificios (N° 17 y 18)

En lo referente a los pequeños monasterios diseminados en las comarcas, se debería procurar que aumentase el número de re- ligiosos, enviándolos de España (Nº 15). Pero había que procurar también fundar en los parajes estériles y menos cómodos, pues "resulta haber gran falta de doctrina e instrucción y conversión de los indios" (Nº 16).

e) Métodos de evangelización

Por más que pudiera dar normas concretas, no podía la Junta

descender a los más pequeños detalles; por ello lo mejor era recomendar que se estudiara el asunto sobre el terreno: "En lo que toca a la orden que se tiene y debe tener en la conversión de indios en los catecismos y dili- gencias que para instruir los adultos se hacen y en la que está dada en la administración de los sacramentos y en el modo de la predicación, doctrina e instruc- ción de los indios y de los medios que en ello se usa y forma que se tiene y podría tener y de todo lo demás concerniente a la doctrina de que por ahora no ha habido tiempo para tratarse tan parti- cularmente, os encargamos mucho que vos allá lo tratéis con los prelados, así en particular como cuando se juntaren en el sínodo provincial; y que en tenido lo que hasta ahora tienen proveído y lo que demás de aquella convendría de

MERCURIO PERUANO

nuevo proveerse, procuréis que así cristiana; y que también se mire

en lo de los estudios (Universidades) y vos tratareis así mismo y conferiréis esto con los dichos prelados, y procurareis se de la mejor orden que se pueda, para que se haga lo de las dichas escuelas, colegios y seminarios, mirando por qué orden esto se pueda asentar y cómo y de qué se puedan sostener, y proveyendo en el entretanto lo que se pudiere, nos daréis aviso con vuestro parecer; visto lo cual se podrá con más fundamento ordenar" (N° 23).

lo hagan y provean, y tengáis muy

particular cuenta con lo que en esto se hiciere, que por tocar tanto al servicio de Dios y descargo de nuestra conciencia, nos desplacería

mucho que hubiese en ello falta o descuido alguno; y pues lo confiamos de vuestra solicitud y cuidado vos le tendréis según que la materia y calidad de los negocios lo requiere". (N° 22)

Aunque no se detallaba más la táctica evangelizadora no faltan algunas recomendaciones con- cretas. El número 19 habla de que los religiosos tengan parro- quias y cura de almas para que se pueda llegar en la instrucción a más gente y ahondar más en la fe de los indios ya convertidos, quedando sujetos en esa juris- dicción a los obispos como los demás sacerdotes.

Este párrafo dice mucho del acierto de la Junta. Antes de ella ya se siguió esa misma táctica por el Consejo y por los frailes, especialmente por los francisca- nos y agustinos en México; pero el auge que desde 1570 recibió la enseñanza en las Indias con las disposiciones de los concilios, con la acción de los dominicos y

Otro punto importante se refiere

a las escuelas y seminarios; su

trascendencia resalta más aún por jesuitas y con las acertadas ges-

las fechas en que se dice: "para la instrucción de los indios y para plantar en ellos la doctrina cristiana con más fundamento y más raíz, se tiene por medio muy sustancial el de las escuelas donde aprenden los niños y el de los seminarios y colegios donde se críen, y el de los estudios donde aprenden. Y así ha parecido se debe dar orden cómo las dichas escuelas las haya en

todos

4. Los problemas económicos:

tiones del mismo virrey Toledo, todo ello tiene sus raíces expli- cativas más profundas en las deliberaciones de aquella so- lemne Junta de 1568.

los diezmos La última parte de las instrucciones a Toledo está dedicada a los temas económicos, centrada en los diezmos. Ocupa esta materia 11 números, del 25 al 36. Tam- poco el tema era nuevo, ni las preocupaciones y consultas apa-

y

repartimientos, donde sean enseñados los niños en cartillas y libros a propósito de la doctrina

los

lugares

recían por primera vez en el Consejo. Se ve por ello que la

Junta meditó y discutió los pros

y los contras del sistema

financiero; sobre cuál sería más conveniente para las Iglesias y la evangelización de las Indias, ampliada ahora con nuevas funciones y cometidos. Esto

requería que quedaran suficientemente dotadas sin recargar el real erario desmesu- radamente.

Resulta también aquí clara la di-

ferencia con cualquier otro siste-

ma moderno de evangelización;

muchas misiones se han mante- nido a base de colectas y donati-

vos

del pueblo fiel. Este sistema

no

existía entonces, porque en

aquella concepción el proveedor y patrón de la cristianización era el Estado mismo, el Rey.

QUINTO CENTENARIO

Las instrucciones nada dicen de los gastos de viaje para los reli- giosos, pues era un punto ya de- terminado que se hacía a costa de la Corona: el mismo Rey le dice al embajador en Roma en 1572 que se gastaba anualmente más de 100.000 ducados de oro por este concepto. Como en este punto no había ninguna novedad ni tampoco le tocaba hacerlo al virrey, nada se le dice de este asunto.

La atención de la Junta se centra más bien en la erección, dotación y funcionamiento de catedrales, iglesias y doctrinas. Fernando el Católico quiso solucionarlo me- diante la solución medieval del diezmo. Pero el diezmo directo distaba mucho de estar organi- zado en 1568 a lo largo de los Andes, con aquella regularidad y extensión que hubieran sido necesarias para que sirviera de dotación de las iglesias y de las misiones, en las parroquias ru- rales y doctrinas se seguían más bien el sistema del tributo para el doctrinero que los colonos e in- dios debían dar, o el diezmo sobre los tributos ya recogidos por los oficiales reales.

Toledo y

otros dos importantes despachos que en 1572 pasó el Rey al embajador en Roma, para que los

comunicara con el Papa, prueban que la Junta tomó sobre tan capital materia tres determinaciones de cierta trascendencia.

Las instrucciones a

La primera se refería a la determi-

nación de que se volviera al diezmo como solución general del problema económico - eclesiástico cobrándose dicho impuesto con tal nombre, y diverso de otros tributos 22 . Como se temía que la contradicción más grande nace- ría de los religiosos, "procure el virrey tener en esto con ellos mano firme" (N° 36).

En segundo lugar la Junta susti- tuye el sistema de división cuatripartita por otro en tercias partes, porque "es más común y general y más conforme a dere- cho" (N o 33), y así se hacía en Castilla. "Conviene -se le decía a Toledo en el número 33-, a saber, que se distribuya por tres tercias partes, la una para el prelado y la iglesia, curas y beneficiados; la tercera para las fábricas, en que nos habemos

de haber nuestra parte, que sería

dos novenos de todos los diezmos, conforme a lo de las tercias que en estos reinos tenemos". Las instrucciones dan

como motivo para cambiar, ayudar más a los curas, pues

antes el obispo y cabildo se llevaban la mitad de los diezmos

y sólo quedaba a los curas y doctrineros cuatro novenas partes de la otra mitad.

La junta advirtió que la nueva medida tropezaría, no sólo con la oposición personal de los obispos y canónigos, sino con los textos y pactos hechos en la erección y fundación de la diócesis, en los que se hallaba consignado el método cuadripartito. En consecuencia, un cambio de esta categoría requería que se le diese cuenta al Papa para que el Romano Pontífice reformara las erecciones, por muy centralista

que se manifestara la Junta, sabía respetar las prerrogativas papales. Y esto no eran meras palabras, sino que no habiéndose podido obtener de Gregorio XIII que concediese sin largos exámenes lo que se pedía, se desistió de la medida y se siguió con el sistema anterior. Felipe II

se inclinó ante el Papa esta vez.

Tampoco resultó -y por el mis-

mo motivo- la tercera y atrevida reforma que planeó la Junta de 1568 de ella no hablan las ins- trucciones a Toledo, por no ser

él quien la tenía que implantar,

sino que correspondía al Papa y

al embajador en Roma. Su exis-

MERCURIO PERUANO

tencia la conocemos por otros documentos. Consistían en en- comendar a los religiosos las diócesis americanas, fuera de las sedes metropolitanas, ya que en ellas prevalecía el elemento español. Las demás catedrales e iglesias serían servidas por solo religiosos, con obispos religiosos también, unos y otros vivirían en comunidad y sólo en común poseerían las rentas de la iglesia.

La razón para ello era doble: se evitaba así el roce entre ambos cleros y se lograría una gran eco- nomía en los gastos: "porque (los seculares) todos quieren vivir con gran fausto, procurando apropiar para sí en particular los bienes de la iglesia; no las sirven, ándase ausentando; pro- curan de enriquecer y volverse a estos reinos, y apenas se pueden entender en ellas (las iglesias de las Indias) los obispos a quien mandamos dar nuestra hacienda real para sustentarse; y con poco más de lo que mandamos

real para sustentarse; y con poco más de lo que mandamos dar a los obispos (500.000

dar a los obispos (500.000 maravedíes), si las iglesias fue- sen regulares, se podrían susten- tar el prelado y regulares de ellas, y se irían aumentando los bienes y renta en común, y no los pudiendo apropiar para sí cada uno en particular, permanecería para la sustentación de la iglesia y sus ministros" 23 .

La medida tenía mucha inciden- cia y la Junta manifiesta poco entusiasmo en conseguirlo de la Santa Sede y se muestran un tanto suspicaces: "Por la mano que en esta ocasión querrán tener (en así el plan quedó en los papeles. Pero aún en esta materia de los diezmos fue trascendental la acción de la junta de 1568, pues el sistema de los diezmos fue imponiéndose desde entonces lentamente en todas las iglesias, parroquias y misiones de las In- dias españolas, constituyendo un sistema típico de economía religiosa, tan regular y seguro, como alejado del moderno de limosnas y donativos.

*Reproducido de Evangelización y Teología en América (siglo XVI).

- Simposio Internacional de Teología. Volumen Primero, Pamplona, EUNSA, 1990 1. Cfr. TEJADA Y RAMIRO, colección de cá- nones y de todos los concilios de la iglesia española, IV, 1. 2. Mansi, XXXIII, 1393ss (Cambria); J. SÁENZ DE AGUIRRE, Collectio maxima conciliorum, V, 390- 408 (Toledo), 445-460 (Salamanca), 411-436 (Valencia). 3. L. SERRANO, Correspondencia diplomática entre España y la Santa Sede durante el pontificado de San Pío V, Madrid 1914, II, 471; P. DE LETURIA, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica (1493-1800), Roma-Caracas 1959, I, estudio 4 y 7. 4. L. FRIAS, El patriarcado de las Indias occi- dentales, en «Estudios eclesiásticos»,1(1922) 297- 318; 2 (1923) 24-47. A ella hacen alusión los despachos del nuncio de octubre de 1568 y de 9 de febrero de 1569, cfr. L. SERRANO, II, 471 ss; III,

42.

5. Cfr. CDU, VIII, 218. La idea de celebrar en España la Junta General fue lanzada por Luis Sánchez en 1566, que había tenido la oportunidad de examinar la realidad indígena a lo largo de los 18 años de residencia americana, especialmente en el Perú. La misma idea habla manifestado en su Memorial sobre la despoblación y destrucción de las Indias. Cfr. CDIA, XI, 163-170. Para esta cuestión cfr. también J. MANZANO, Historia de las Recopilaciones de Indias, Madrid 5. Cfr. CDU, VIII, 218. La idea de celebrar en España la Junta General fue lanzada por Luis Sánchez en 1566, que había tenido la oportunidad de examinar la realidad indígena a lo largo de los 18 años de residencia americana, especialmente en el Perú. La misma idea había manifestado en su Memorial sobre la despoblación y destrucción de las Ideas. Cfr. CDIA, XI,163-170. Para esta cuestión cfr. también J. MANZANO, Historia de las Recopilaciones de Indias, Madrid 1950, 78-79. Noticias referentes a la Junta se encuentran en AGI, Lima 33: Informe en defensa del virrey Toledo, escrito probablemente en 1580. «Evidencia hay que la majestad del rey don Felipe nuestro Señor mandó juntar de todos sus tribunales personas, para que en aquella Junta tan calificada que se hizo en los reinos de España y en su Corte para dar asiento a las cosas de las Indias, cuando había de partir para este reino el virrey don Francisco de Toledo, le mando asistir a aquella congregación, como a ministro que había de venir a ejecutar lo que en ella se resolviese». Los debates de la Junta se centraron en torno al tratamiento de cuatro problemas básicos: militares, políticos, religiosos y sociales. Uno de los más discutidos fue el del Asiento y perpetuidad de las encomiendas. Los españoles del Perú habían ofrecido a la Corona siete o nueve millones de pesos a cambio de que hicieran perpetuos el repartimiento y el vasallaje de los indios y sus tierras. Cfr. P. DE

QUINTO CENTENARIO

LETURIA, Felipe II y el Pontificado en un momento culminante de la historia hispanoamericana, en Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica, I, 63, notas 9 y 10. 6. No poseemos las actas, pero sí tres docu- mentos que bastan para conocer las determi-

naciones de la Junta en lo eclesiástico: 1 º Las instrucciones que el Rey dio a Toledo, glosan- do las resoluciones de la Junta. Constituyen un manuscrito encuadernado con el título Doctrina y gobierno eclesiástico en 28 de diciembre de 1568, que se halla en AGI, Indiferente, 2859 y ésta publicado por LISSON, II, 438-456; la parte correspondiente a los jesuitas, en EGANA,

Monumenta peruana, I, 243

despachos enviados al embajador en Roma para obtener del Papa los privilegios propuestos por la Junta; uno del 9 de septiembre de 1572, en AGI, Patronato, 171, ramo 11, que está publicado en CDU, XI, 154-163; los otros dos, uno de la misma fecha y otro de 17 de septiembre de 1576, tomados del archivo de la embajada de España ante la Santa Sede, publicado en L. AYARRAGARAY, iglesia en América y la dominación española, Buenos Aires 1920, 104-108 y 65-69. 3 0 Proyecto de erecciones de las iglesias de Indias, sacado del mismo archivo y publicado en ibid., 85-104. No

ss.2 0 Tres

lleva fecha pero por el tono y lo tratado basta para afirmar que se trata de las resoluciones de la Junta Magna. 7. Cfr. P. DE LETURIA, Felipe II y el

Pontificado

8. L. SERRANO, Correspondencia

diplomática entre España y la Santa Sede durante el pontificado de San Pío V, Madrid 1914,11, 471.

9. R LEVILLIER, Don Francisco de Toledo,

supremo organizador del Perú, Madrid 1921- 1935, 3 vols.; R BELTRAN Y ROSPICE, Colección de memorias o relaciones que escribieron los virreyes del Perú acerca del estado en que dejaban las cosas generales del reino, Madrid 1921-1931, 2 vols.; L. HANKE, Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de Austria, Perú I, Madrid 1978: lo dedicado a Toledo, 71-157. Recoge todas las teorías y un repertorio de documentos que se encuentran en distintos archivos y que

,

p. 83-88.

tratan sobre Toledo. En la pág. 71, nota 3, puede verse la bibliografía aparecida después de la publicación de las obras de Levillier y Zimmermann, a base de documentos que no utilizaron estos dos principales biógrafos de Toledo. Levillier ha publicado en varios volúmenes la correspondencia y ordenanzas, se han dado a conocer numerosos documentos relacionados con su gobierno, se ha discutido si

tuvo éxito al establecer una sociedad indoeuropea cristiana y pacífica en lo que fue una región turbulenta, o si su actuación en realidad creó un despotismo severo y extraño, cuyo propósito era la destrucción de los indios. No puede, pues, sorprendernos que los estu- diosos, como James Lockhart, aboguen por una revisión y reinterpretación de lo realizado por Toledo. Un problema de significación en el conocimiento e interpretación del gobierno de Toledo se refiere a las numerosas ordenanzas que promulgó, lo que movió a Antonio de León Pinelo a llamarlo el «Solón del Perú», una calificación que ha sido consagrada por lo mucho que se ha aplicado. 10.Cfr. P. DE LETURIA, Felipe II y el

estudio 4, pág. 63.

Pontificado

, 11. AGI, Indiferente, 2859, fols. 104-113; LISSON, II, 438-456; L. HANKE, Los

virreyes españoles, I, 94-117. 12. Los textos en AYARRAGARAY, 104-113. El texto de las Instrucciones lo citamos según la numeración que trae el manuscrito del AGI, Indiferente, 2859. La misma numeración transcribe LISSON, II, 438-456. 13. P. DE LETURIA, Felipe II y el

Pontificado

, 14. El 9 de septiembre de 1572 dio curso el secretario Eraso a los despachos de petición decretados por la Junta de 1568, insistiendo principalmente en el patriarcado; el embajador comunicaba sus impresiones. " Lo del Patriarcado de las Indias pienso que no le concederá con las facultades que se piden, porque teme que se levantará de allí una Mo- narquía como la de Sicilia, y no es pontificado éste ni lo fue el pasado para ganar la tierra en las cosas de esta calidad, y a mi parecer se puede V. M. contentar con conservar las cosas

79-82.

que tiene. Cfr. Archivo General de Simancas, Estado, 919, fol. 176. 15. AGI, Lima, 29 y 30, carta al Rey, de 15 de octubre de 1578. 16. Memorial que D. Francisco de Toledo dio al Rey nuestro Señor del estado en que dejó las cosas del Perú, después de haber sido en él virrey y capitán general trece años, que comenzaron en 1569. Cfr. R LEVILLIER,

Organización de la Iglesia y Órdenes religiosas en el virreinato del Perú en el siglo XVI. Documentos del Archivo de Indias, Madrid 1919, II, 130-138; reales cédulas de 1 de junio de 1574 y 29 de diciembre de 1593:

Ibid., I, 575ss. 17. Reales cédulas de 3 de mayo de 1605 y 10 de 1607, en SOLORZANO PEREIRA, Política in-diana, 722ss. 18. Véase la protesta, contra la cédula magna, del Concilio de Lima en: R LEVILLIER, Or-

, I, 169ss.; LISSON,

II, 795-800 19. Las cédulas se encuentran después del de Doctrina y gobierno, y es la número 2, AGI, Indiferente, 2859, fols. 18v-20v. 20 Cfr. CUEVAS, Documentos inéditos del siglo XVI para la historia de México, III, 326- 330. Las tradiciones benedictinas de los monasterios españoles se oponían a una acción estrictamente misional. Cfr. B. SCHMITZ, Historie de Pordre de saint Benoit,8vols.,Maredsous1942- 1956, 237. 21. L. RUBIO Y MORENO, Pasajeros a Indias, en Colección de documentos inéditos para la historia de Hispanoamérica, Madrid 1930, VIII, pág. 45. El autor fijaba en 3.058 los misioneros que salieron de España a ultramar desde 1535 a 1592, y la mayor parte después de 1568. Pero cálculos posteriores arrojan cifras superiores. 22. Cfr. números 26 - 32; el nº 26 decía taxativamente: " Que los dichos diezmos se lleven y cojan en título y nombre de diezmos, sin mezclarnos con otros tributos ni derecho ni debajo de otro color". 23. Vid. texto en AYARRAGARAY, La Iglesia en América, 112ss.

ganización de la Iglesia

MERCURIO PERUANO

LAS MISIONES CATÓLICAS DE LA COLONIA

María Marta Pajuelo

Todavía no se ha escrito lo sufi- ciente acerca de los tres siglos de evangelización -afirma Mariano Picón Salas-* que comenzara en Santo Domingo y se difundiera por todo el Continente. El consi- dera que el experimento social de los Jesuitas en el Paraguay fue el fruto más importante de un esfuerzo tan prolongado. Otras órdenes religiosas como la de los dominicos y franciscanos han alcanzado también notable cele- bridad.

Las misiones católicas de la Co- lonia, constituyeron, pues, ex- perimentos políticos y sociales sobre el suelo americano. Los defensores de los indios, sacer- dotes y órdenes religiosas, ayu- dados por altos funcionarios ci- viles, organizaron instituciones sociales y económicas de carác ter teocrático, en las que aspira- ban a ofrecer no sólo un ejemplo

del orden social que defendían, sino un tipo de sociedad capaz de defender a los indios de los abusos. Significaban un esfuerzo para establecer las bases cristia- nas de la sociedad, adoptando las normas del derecho natural.

Fernando de los Ríos, * que ha hecho un estudio de la naturale- za de estas instituciones, que co- mentamos, afirma que la publi- cación de la "Utopía" de Thomas Moro y Civita Solis de Tomás Campanella, influyeron podero- samente en la fundación de las misiones. El estímulo idealista que llevó a estos pensadores a publicar sus libros, era acción en los monjes españoles. Buscaban un orden social sin el "pecado social"; y para lograrlo confiaron la dirección no al filósofo, como en Platón, sino al sacerdote, con- vertido prácticamente en autori- dad suprema. Fundaron la ciu-

dadanía en el trabajo activo para la comunidad; e hicieron de la concepción funcional de la eco- nomía, el fundamento de la or- ganización social.

En España, afirma de los Ríos en el ensayo citado, además del impulso religioso, aparecieron otros dos factores concurrentes:

el renacimiento del derecho na- tural, y la consecuente aspiración histórica de la iglesia militante, que lo es también en el campo de la vida social.

*A cultural History of Spanish America por M. Picón Salas, University of California Press,

1962.

* Action of Spain in America, ensayo de Fernando de los Ríos, aparecido en Concerning Latin America Culture, editado por Charles C. Griffin en Woodstock, New York 1939.

QUINTO CENTENARIO

Las misiones españolas se orga- nizaron internamente como uni- dades teocráticas, como "fronte- ras de la gentilidad". Ellas se ocupaban, con la dedicación que les es característica, del cultivo de la tierra, de la preparación de los alimentos, de la oración. Cada misión tenía sus escuelas agríco- las, industriales y primarias. Además de la enseñanza de los conocimientos fundamentales de lectura, escritura, aritmética y religión, se enseñaba música, cantos y bailes.

La tierra estaba dividida, en casi toda misión y durante toda la duración de las misiones, en tie- rras públicas cultivadas por los residentes para beneficio de la comunidad; y en tierra pública distribuida entre los jefes de fa- milia para atender a las necesi- dades hogareñas. Por supuesto, la vigilancia de las autoridades hacía obligatorio el trabajo co- munal y el propio. Había también tierras comunes para la ganade- ría comunal. El intercambio de los productos alimenticios por cía por medio de la organización pública de la misión, no habien- do lugar para actividades co- merciales privadas.

Un forjador ideológico de las mi- siones que destaca de los Ríos fue el Obispo Vasco de Quiroga. * En la historia de las misiones, dice, no hay ningún trabajo más lleno de sugestión social y más expresivo de las nobles ambicio-

* Op. Cit

nes que inspiran a las misiones, que el de Vasco de Quiroga. Ha- bía leído éste el Saturnalia de Lucian y la Utopía de Thomas Moro; y encontraba en la primera obra una evocación de la Edad de Oro, con la que comparaba la vida de los indios. En la segunda, veía un sistema de educación, la organización ideal para las "comunidades de inocentes", como él llamaba repetidamente a los indígenas. En una carta al Consejo de Indias, fechada en 1531, proponía organizar la vida de los indios en pueblos, en los cuales, trabajando la tierra y viviendo el fruto de su trabajo, puedan lle- var una vida ordenada de acuerdo con la doctrina cristiana. Su objetivo era la organización de una sociedad perfecta y sen- cilla.

En Pátzcuaro fundó el hospital de Santa Fe, que era al mismo tiempo un hogar para niños, una

escuela, y un alojamiento para quienes aspiraban a vivir una vida de perfección cristiana. En total había, en ciertas épocas, 30,000 indios. El estatuto indicaba que las tierras en todo hospital deberían permanecer como propiedad comunal; pero toda familia debería tener un huerto, con flores y hortalizas. Nadie podía vender la tierra, porque si lo hacía sería imposible mantener por mucho tiempo la hospitalidad existente…. "porque todos tratarían de adquirir lo más posible sin preocuparse por su prójimo, como se hace usual- mente. Debido a nuestros peca- dos, despreciamos lo que perte- nece a la comunidad, que es el patrimonio de los pobres".

Vasco de Quiroga organizó la familia bajo la autoridad del abuelo mayor. Estableció un in- tercambio constante entre la po- blación urbana y la rural; y, en

MERCURIO PERUANO

consecuencia, todos tenían que aprender agricultura y un oficio. Después de la escuela, los niños iban al campo a trabajar una o dos horas en algo que los entre- tenía; y lo que producían se dis- tribuía entre ellos, según la edad, trabajo y laboriosidad de cada uno. En toda casa de campo vi- vían de cuatro a seis familias que criaban ganado y aves de corral. Cada dos años podían volver a la ciudad y vivir allí el mismo pe- ríodo de tiempo.

En la ciudad y en el campo, los hombres de la ciudad y los agri- cultores, trabajaban juntos du- rante el periodo de la cosecha.

"Es mi propósito -decía Vasco de Quiroga- poner a los indios en la condición de soportar una vida de trabajo, sin la holganza que engendra tantos riesgos, tantas infamias".

"Deseo -continuaba- que ustedes vivan como hermanos en jesu- cristo, con los lazos de la paz y de la caridad"

Recomendaba la simplicidad en el vestido. Estableció la jornada de seis horas, y las comidas co- munales en todas las fiestas. In- corporó a las mujeres en el traba- jo del grupo, enseñándoles artes especiales, que incluían tejidos de lana, hilo, seda y algodón.

El misionero abolió el culto san- griento en el México prehispánico; aprendió el len- guaje del conquistado; inculcó el

concepto cristiano de la vida en sociedades altamente estratifi- cadas; buscó vencer la descon- fianza hostil hacia los españoles; utilizó las artes y manualidades nativas dentro de un nuevo sistema; buscó las palabras y símbolos de las lenguas aborígenes para su utilización en la enseñanza de la doctrina cristiana. Imágenes y metáforas de su mundo nativo servían para el mismo noble fin.

Según se ha estudiado, el franciscano Jacobo de Tastera fue uno de los primeros en elaborar un sistema de educación visual que; utilizando los jeroglíficos aztecas, hicieron accesibles a los indígenas las más importantes verdades cristianas.

Todo este incansable y noble esfuerzo hizo que, como ha dicho recientemente en España el eminente escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, al recibir el Premio de Asturias, a los cincuenta años de la Conquista, los indios fueran cristianos.

Al lado del sueño de los misio- neros para lograr una profunda reforma social que mejorara la condición de los indígenas, hay que recordar también, como lo afirman historiógrafos moder- nos, que los escritos de los misioneros españoles se antici- paron a los inicios de la etnología moderna. El material que recogie- ron ha constituido la base de esta ciencia en el Nuevo Mundo.

¿Por qué decayeron las misiones como unidades sociales? Se piensa que la misión representa- ba una unidad un tanto estática, a la que le faltaba capacidad para adaptarse a la variabilidad cons- tante de la vida; era escasa la posibilidad de ofrecer un lugar para la iniciativa del individuo, para la aventura.

Sin embargo, es necesario medi- tar y estudiar qué elementos psi- cológicos y antropológicos, institucionales e históricos, pre- servados en las costumbres de los actuales campesinos, pudie- ran ser aprovechables para pro- yectar políticas, definir formas de legislación y un programa más amplio de educación, como el de los núcleos escolares campesinos. Y entre esos elementos destaca indudablemente el carácter co- munitario indígena, de sociedad de primeros contactos. Hoy ad- quieren particular importancia en Sociología los llamados gru- pos primarios, tan importantes para modelar los ideales socia-

QUINTO CENTENARIO

les, en los cuales la vida personal se identifica con los propósitos de grupo. Cada individuo se afirma a través de todo ser vi- viente, en cuyo seno ha surgido y se encuentra. Las raíces de la comunidad se hunden en las pro- fundidades metafísicas del ser y del destino humano esencial- mente cristiano.

Pero la identificación con el gru- po no puede ser, entre nosotros, simplemente mecánica; somos un pueblo al cual sólo mueven los ideales - nuestros ideales reli- giosos, nuestros ideales colecti- vos como nación- que a través de las generaciones deben encontrar redefiniciones concretas.

No podemos buscar como antes el bienestar social, prescindien-

do del desarrollo de la personali- dad humana; pero nuestros es- fuerzos en favor del indígena, para ser eficaces, han de tener un sentimiento misional, fervor apostólico. Hemos de poner en contacto a todos los peruanos - desde niños- con los otros grupos sociales, cuya vida hemos hecho artificiosamente difícil por la in- fluencia del prejuicio, del egoís- mo y de la injusticia.

En cuanto al desarrollo de la per- sonalidad, creemos que puede jugar un papel preponderante el hoy renovado impulso de la artesanía indígena, del folklore, con una legislación social más justa que provea de seguridad económica, paralelamente con la aceptación consciente y colabo- ración de parte del campesino

con los programas de sanidad, educación y desarrollo agrícola.

Grandes pensadores latinoame- ricanos creen que es todavía el mayor problema de América Latina reconciliar la cultura ma- nual, artística, con el aprendizaje libresco, con la incorporación más rápida del campesino a la moderna tecnología de la civilización actual.

En el terreno educativo hay que comenzar, sin embargo, por una identificación más profunda de la escuela con el entorno social; y recoger válidamente las leccio- nes de la historia en su visión dinámica y conceptual, entroncada íntimamente con nuestra vida cristiana.

MERCURIO PERUANO

Algunas notas sobre los antecedentes de la recopilación de 1680 y los trabajos posteriores a ésta

Jorge Basadre Ayulo

1. Trabajos preliminares a la Recopilación de 1680 efectua- dos en España y en Indias antes del ingreso de Juan de Ovando al Consejo de Indias.- Los antecedentes de la célebre recopilación indiana efectuada en 1680 por Carlos II hay que rastrearlos a su momento inicial que está constituido por la real cédula de 3 de octubre de 1533 formulada en Madrid por la que se encarga a la Audiencia de Nueva España la búsqueda en sus archivos de todas las ordenanzas, provisiones y cédulas despachadas a este continente americano (1). Era evidente el caos y el cambalache que se iba a producir por el cuan- tioso volumen de leyes y normas jurídicas dictadas hasta esa fecha para el continente recién descu- bierto aún cuando sólo habían transcurrido cincuenta años de la imposición de un régimen ju- rídico nuevo en las Indias y se

28

hacía necesario juntar estos dis- positivos en un texto ordenado para su aplicación y manejo. Es que el Derecho castellano era el acervo jurídico que se trasplantó

a las Indias pero el surgimiento

de cuestiones y problemas con- cretos, novedosos, no previsibles

por la ley europea hizo necesaria la dación de normas específicas

y casuistas que entró en vigencia con torrente y profusión.

El transvase en bloque de toda la legislación castellana a las Indias no era posible hacerlo. En efecto, desde las instrucciones a los descubridores, conquistadores y primeros pobladores que es el inicio del Derecho Indiano, existen nuevas normas que se hacían necesarias por la nueva realidad imperante

y el hecho de que el continente

estaba poblado y no era simple veneno de riquezas. La monarquía empezó a hurgar

en los territorios recién descu- biertos para señalar las bases en su régimen jurídico ya que éstas no podrían encontrarse en otro lugar que no fuera en la propia

América ni buscarse o exhumarse en los fértiles campos de Castilla. Fue apareciendo un fárrago de normas y textos para regular las nuevas situaciones de

las Indias que fueron hasta contradictorias entre sí, como lo fue en materia de encomienda indiana y de yanaconaje tan cambiante, por citar dos ejemplos aislados. Existió pues la nota de la multiplicidad y la profusión en las normas indianas de las que brotarán pasiones e intereses diversos: los recién llegados en busca de fortuna, la de los aborígenes en su encuentro con el mundo

europeo, la de los religiosos que se trasladaban en masa a las Indias con el pretexto de la evangelización y los fines de la

ENSAYOS

propia monarquía y del numeroso séquito que viajó después de agotada la fase de la conquista en pos de el señuelo de oro que daba el nuevo mundo. Se hizo necesaria una labor pre- paratoria de ajuste y coordina- ción del Derecho Indiano hasta la referida real cédula de 3 de octubre de 1533 dada en Madrid. Además, de la gran cantidad de cédulas despachadas a las Indias, muchas no se publicaron y la mayoría no se conocían ni por los gobernantes ni por los gobernados. Además, el conocimiento de la legislación "en bloque" o normativa de la legislación dictada para las Indias se hacía tarea imposible y complicada el sistema jurídico vigente como quedó expuesto. Esta cédula que nace en Madrid inicia la coordinación del Derecho Indiano. 1.1.- El primer intento de recopi- lación indiana que culminó en 1680 puede ubicarse en el virreinato de Nueva España bajo el virrey don Luis de Velasco quien dispuso para suplir la falta de leyes y normas impresas, la publicación de dos libros de cé- dulas reales, uno por decisiones y otro por materias y que debie- ron estar terminados para octubre de 1552. Casi por este tiempo y en 1556 para ser más preciso, el licenciado Antonio Maldonado, fiscal de la Audiencia de México, empezó a preparar un "Repertorio de Cédulas" en orden alfabético, cuyo texto hoy no puede ser conocido ni ubicado según opinión de Juan Manzano

y Manzano conociéndose sólo por referencia. (2) Otro esfuerzo pulcro y termina- do de una recopilación indiana efectuado en el nuevo mundo fue el Virreynato de Nueva Es- paña y estuvo realizado por el oidor Vasco de Puga aglutinado en orden cronológico en 1563. Las cédulas de recopilaron con un preámbulo expositivo y es el realizado por este oidor con las disposiciones dictadas desde los años 1525 hasta 1560 para el Virreynato de México. La tarea preparatoria de este trabajo duró dos años y fue notoriamente in- completo pero reportó gran uti- lidad aunque tuvo saltantes erratas de fechas y nombres pero fue necesario bagaje jurídico para los trabajos posteriores de Solórzano y Pereira y León Pinelo que culminaron en la recopilación carolina de 1680. (3) 1.2.- Para el Perú se procedió a las tareas de recopilación orgánica con notoria tardanza por las luchas intestinas y las guerras civiles que azotaron el Virreynato con sede en Lima. Se recomendó al monarca Felipe II la persona de Francisco de Toledo para el desempeño del cargo de virrey del Perú (febrero de 1568). Este personaje llevó la orden de recopilar la inmensa cantidad de cédulas peruanas y fue éste su propósito desde que se echó a la mar el 19 de marzo de 1569 desde la barra de San Lúcar con destino al nuevo continente. El trabajo de recopilación se

empezó a realizar pese a que se ejecutaban simultáneamente los trabajos idénticos de Juan de Ovando en el Consejo Real de las Indias. Es que Ovando fue visitador primero y luego

presidente del Consejo de Indias

y dedicaba gran parte de sus

energías y tiempo valioso al importante trabajo de recopilación de cédulas y provisiones reales y tenía bajo sus hombros el favor oficial. Con la muerte de Ovando cesa- ron las envidias propias de quienes tienen el mismo oficio y se emprendió el propósito de Toledo de culminar su tarea recopiladora que por desgracia no se concretó. En tiempos de

Toledo sólo se redactó una "ta- bla" o plan de trabajo por el que

se dividió el libro recopilador en

títulos y materias para juntar la materia legislativa.

Un libro con el proyecto recopilador de Toledo pasó al Consejo y sirvió de bagaje al oficial Manuel Diego de Encinas en su tarea de reunir el material jurídico promulgado. Este funcionario ya preparaba una obra recopiladora. 1.3.- En la obra del virrey Toledo debe mencionarse a su célebre "Ordenanzas" que fueron formadas por éste con la colaboración de juristas como Polo de Ondegardo y Juan de Matienzo. En su contenido se rescatan costumbres y vivencias de indios, corregidores, jueces de los naturales, repartimientos

29

MERCURIO PERUANO

adquisición de propiedad por los españoles, caciques, tributos, hacienda real, minas, yanaconazgo, mita y obrajes. Tiene la importancia de ser una reglamentación y recopilación territorial peruana.

2. Alcance de la "Copulata de

leyes de Indias".- La "Copulata

de leyes de Indias

(1569) es

otro instrumento jurídico como texto importante de la difícil ruta hacia la recopilación general y continental que se plasmó recién en 1680 y está hecha a base de los estudios efectuados por don Juan de López de Velasco los que fueron empezados por los años 1561. Esta tabla o catálogo de López de Velasco tuvo por fin reunir en un solo volumen los sumarios de todos los dispositi- vos registrados en el Consejo de Indias desde el descubrimiento de América como pesado fardo de carga sobre sus hombros jun- tando todo el material legislado hasta ese momento.

"

Esta Copulata, como se conoce a este texto, viene a constituir los extractos de Juan de López Velasco y fue hecha a iniciativa de éste pero quien concibió la obra fue Ovando Reyes quien "puso orden a los extractos, distribuyéndose en sus lugares correspondientes de los libros, títulos y epígrafes" (4)

En la Copulata citada el material está resumido en un volumen dividido en siete libros, éstos en noventinueve títulos, y ellos a su vez en subtítulos. Tratase, según

30

Manzano, de un anteproyecto de recopilación escrita, sin orden y selección y hasta con normas re- petidas. Tuvo una doble utilidad:

fue a su vez orientadora y supletoria. En el primer carácter de la orientación al lector consti- tuyó un catálogo de los libros registrados del Consejo y con- servados en el Archivo de Indias que permitía una rápida ojeada del material existente en cual- quier lugar que uno se hallara y constituía una guía para quien quisiera conocer el acervo legal. Y, sobre la ventaja de la nota aclaratoria, deviene ésta de los vacíos en los registros de las normas legales por lo que su utilidad era pues indudable ya que llenó un importante vacío y suplió las lagunas que podían presentarse.

La Copulata aparece dividida en siete libros: primero, de la gobernación espiritual; segundo, de la gobernación temporal; tercero, de los indios; cuarto, de los españoles; quinto, de la justicia; sexto, de la hacienda real; y sétimo, de la contratación y navegación. Esta Copulata viene a constituir un anteproyecto de recopilación sin una redacción articulada. Se recogen en él todos los materia- les jurídicos (reales cédulas, ca- pítulos de cartas e instrucciones generales y particulares, capítu- los de ordenanzas, etc.) juntán- dose las normas vigentes y las derogadas. En algunos casos se añaden observaciones sobre al- gunas de las normas recogidas en su texto para conocimiento

del lector.

3. El anteproyecto de Ovando (1569-1575).- Juan de Ovando fue presidente del Consejo de Indias (octubre de 1571) y cumpliendo órdenes de Felipe II comenzó a juntar en forma ordenada los documentos legislativos dictados. Para su tarea recopiladora, Ovando seleccionó y depuró el material existente en la Copulata y de allí

nace

Espiritual y

Temporal de las

la obra "Gobernación

Indias" que viene a constituir un extracto del material legislativo dictado entonces. El plan del trabajo recopilador de Ovando está dividido en siete capítulos.

En el primero de ellos se trató de las cosas referentes a la Iglesia y de la gobernación espiritual de aquellos Estados de la Indias. El segundo capítulo versa sobre la gobernación temporal y el tercero sobre las cosas de justicia. En el cuarto rubro se regula sobre el régimen de la república de los españoles y en el quinto acerca de los indios, en el sexto de la hacienda real y el último de la navegación y contratación de las Indias.

El primer libro del proyecto de Ovando sirvió en forma parcial de base a los recopiladores carolinos de 1680. Y las orde- nanzas de descubrimientos, nuevas poblaciones y pacifica- ciones -parte del libro II de Ovando- se incorporaron casi en bloque y en gran volumen a la Recopilación de 1680 mas no el

ENSAYOS

libro sobre descripciones que no fue tomado en cuenta en este texto de carácter continental.

El 8 de setiembre de 1575 se ex- tinguía la vida del presidente del Real y Supremo Consejo de In- dias, Juan de Ovando. Con su muerte en ese año la obra de recopilación integral de Indias quedaba inconclusa. Y cabe for- mular esta aseveración al leer con detenimiento el libro del profesor don Juan Manzano y Manzano sobre "Historia de las

Se

Recopilaciones

advierte cómo este autor español expresa que ha existido un silencio total sobre los trabajos de continuación en el Consejo Indiano de los trabajos efectuados por su antiguo y olvidado presidente.

de

Indias".

3.1. Le corresponde el mérito de haber efectuado la primera inter- vención seria de reivindicar la obra del visitador del Consejo de Indias don Juan de Ovando a don Marcos Jiménez de la Espada en su trabajo titulado "El Código

en

1891. El arduo trabajo de di- vulgar la obra recopiladora de Ovando fue de nuestro compa- triota Víctor M. Maúrtua en su libro "Antecedentes de la Reco- pilación de Indias" del año 1906 en que reprodujo el primer libro sobre "Gobernación Espiritual".

Ovandino"

y

que

apareció

Ovando concibió y puso en prác- tica la idea de recoger en un cuerpo orgánico todas las dispo- siciones promulgadas con un plan de siete libros. Los recopila-

dores de la centuria decimosép- tima compulsaron el primer libro. No obstante hay discrepancias al respecto ya que Altamira opina que sólo fue aprobado en parte, y no totalmente ya que se habían sugerido adiciones importantes. Otros niegan este aporte de Ovando. No debe olvidarse que existieron muchas normas lega- les de la época de Felipe III y Felipe IV. Y lo que si es indudable que en materia de patronato muchas otras disposiciones se incorporaron al texto de 1680. Las ordenanzas de descubrimientos, nuevas poblaciones y pacificaciones se adhirieron a la Recopilación de 1680. El profesor sanmarquino doctor Vicente Ugarte del Pino ha destacado en sus clases del curso de Historia del Derecho Peruano, la obra magna de Ovando, la que considera "sobresaliente por lo completo y amplio de su plan de trabajo y que permitió investigar el medio natural, conocer el complejo social de los pueblos indígenas, la república de los indios y la república de los españoles" (5).Según este distinguido profesor. Ovando, muere con la

notoriedad que ni su tiempo ni el nuestro le ha reconocido ya que constituyó una síntesis del pen- samiento jurídico de su época.

4. Etapa recopiladora posterior a Ovando.- Durante mucho tiempo no se conoció el proyecto de recopilación de Alonso de Zorita quien fue oidor indiano en el Virreynato de Nueva España. Fue recién en 1909 que Manuel serrano y Sáenz descubrió en viejos folios manuscritos del Palacio Real de Madrid un proyecto de recopilación que ejecutó este funcionario indiano licenciado Alonso de Zorita.(6) Este trabajo recopilador debió ser iniciado en 1566 y finalizado alrededor de 1574 conforme reza en la portada de la obra publicada de Zorita con el título de "Recopilación de leyes y ordenanzas reales de las indias del Mar Océano".

Los antecedentes de la recopila- ción de Zorita son los siguientes:

el regreso de este oidor a España a fines de 1566 coincidió con la visita de Juan de Ovando al Consejo de Indias, comprobando este visitador la necesidad de contar con un trabajo recopilador escrito que facilitara el conoci- miento del bagaje jurídico indiano. Zorita quiso dar cumplimiento a la orden de Felipe II para la tarea recopiladora. Juan Manzano afirma que Zorita no conocía de los trabajos de Ovando ya que de haberlo sabido no se habría atrevido a ejecutarlo (7).

Zorita tuvo como fuentes para su

31

MERCURIO PERUANO

tarea recopiladora la colección completa de Vasco de Puga. Al margen de cada ley, Zorita seña- la la fuente de origen en cada cédula que le sirve para formar aquella. El autor cuidó de seña-

lar el lugar que ocupa cada

cédula en el folio del cedulario.

Y también usó Zorita una

colección particular hecha por él

cuando estuvo en Indias. Allí cogió todos los documentos que vio y tuvo a su alcance en Nueva España.

Los medios de Zorita para eje-

cutar este trabajo fueron prima- rios e incompletos. El proyecto recopilatorio de éste de 1574 tiene carácter privado y debió

ser sometido a su aprobación

por lo que no procedió su

vigencia al no haberse obtenido. El material devino en anacrónico ya que el ámbito cedular recogido por el oidor mexicano no pasaba del año 1562. Por lo tanto, en 1574 quedaba archivado este proyecto

de recopilación. Ovando tam-

poco debió darle mucha consi- deración a este trabajo recopilador de Zorita.

4.1.- Es de destacarse que en 1582 encargó el Consejo Supremo al oficial mayor de la escribanía de Cámara de Justicia, don Diego de Encinas, la formación de una recopilación. Este encargo a Encinas la hizo el Consejo sin consulta al monarca, por lo que el comentarista Manzano colige su limitada finalidad mediante un trabajo privado reducido y sin ningún alcance (8). Además, En-

32

cinas era un oficial oscuro de se- cretaría que no había tenido rela- ción alguna con obras análogas y le faltaba el vuelo intelectual necesario para un trabajo de esa naturaleza y envergadura. Pero Encinas suplió su falta de talento con voluntad indomable y

trabajo sin descanso y por doce años. Entregó al Consejo cuatro libros con más de dos mil quinientas fojas. Impresa la obra en estos cuatro volúmenes en 1596 quedó dividida en 129 capítulos de "Provisiones, cédulas, capítulos de ordenanzas, instrucciones y cartas" y fue de uso exclusivo del consejo y las audiencias. La obra incluyó las bulas pontificias de concesión de Indias, de patronato, la cláusula del testamento de Isabel La Católica sobre las Indias, algunos aranceles de la Cancillería real, el reglamento de Juan López de Palacios Rubio, entre otros insertos. El proyecto tenía incluida la legislación vigente en la segunda mitad del siglo XVI aunque hay cédulas repetidas en la obra. Su utilidad práctica era indudable. El "Cedulario de Encinas", como se conoce esta recopilación, no lle- gó a ser promulgado pues no tuvo sanción oficial por no someterse a la censura y tiene en consecuencia sólo fuerza referencial. Su texto fue de utilidad frecuente en el virreinato del Perú como por ejemplo en los tiempos del Virrey Conde de Lemos (Pedro Fernández y de Andrade) quien lo usó para evaluar los daños a los indios y las mitas de minas, principalmente de Potosí "que

aunque los indios voluntaria-

mente se querían ocupar de este ministerio, no los apremiaba a trabajar con voluntad". Fue im- preso por orden del Consejo en

el año 1569.

El cedulario de Encinas fue ma- terial útil para los trabajos que después realizaron Diego de Zorrilla, Juan de Solórzano y Antonio de León Pinelo en el proceso recopilador que se plas- mó y cristalizó con la recopila- ción carolina en 1690.

5. Antecedentes inmediatos de la Recopilación de 1680.- Fue durante los ochenta primeros años del siglo XVII que se

desenvuelve la tarea recopiladora en tres fases diferenciadas entre sí y con la presencia valiosa del profesor sanmarquino Antonio de León Pinelo. En la primera parte de esta división epocal aparecen la obra de Diego de Zorrilla, el ini- cio de los trabajos de Rodrigo de Aguilar y Acuña y del oidor de la Audiencia limeña don Juan de Solórzano Pereira. La segunda fase de la gestión de la Recopilación de 1680 se centra en el espíritu de León Pinelo y durante ella tiene vigencia la publicación de la obra de Aguiar

y la última etapa concluye con

la Recopilación de las leyes de Indias de 1690.

5.1. En 1603 el Consejo llamó a Diego de Zorrilla para que reali- zara la tarea de enmienda de los libros de las leyes y cédulas de las Indias, lo que equivalía, en el

ENSAYOS

fondo, a una revisión de los cua- tro libros de Encinas insertos en su Cedulario.

En virtud de este encargo, Zorrilla realizó un proyecto de recopilación en nueve libros que no fue aceptado por el Consejo de Indias.

Este fracaso o tacha de la obra de Zorita dio lugar a que se aquila- tara lo enorme y ciclópeo de la tarea pensándose en que mejor sería un alcance modesto. Rodrigo de Aguiar y Acuña em-

pezó a realizar esta tarea en sus ratos libres y en el Perú, Juan de Solórzano y Pereira empieza a redactar un libro con un plan valioso. Pero desde Madrid el insigne indianista recibe la noti- cia poco estimulante que la tarea

la está realizando el Consejo.

5.2.- Al empezar el reinado de Felipe IV llega a España proce- dente del Perú don Antonio León Pinelo quien cursa en 1623 al Consejo la publicación de un Discurso sobre la importancia, forma y disposición de la Reco- pilación de leyes de Indias y el que se propone un plan recopilatorio con los trazos de

éste. Este proyecto fue bien reci- bido por Aguiar quien coloca a León Pinelo como ayudante suyo

y se plasma la primera parte de

"Sumarios de la Recopilación"

del primero.

Entonces, con la muerte de Aguiar en 1629, León Pinelo ac- túa como único recopilador, si-

guiéndose el plan del Discurso. La y

La

obra tiene nueve libros y recibió la recopilación de 1680 es una obra aprobación del Consejo de Indias que es fruto de un trabajo colec- en 1636. No obstante, esta obra no tivo de León Pinelo por su es- llega a tener sanción legal ni fuerzo recopilador, de Solórzano aprobación. León Pinelo muere en Pereira por su genio y sabiduría,

1660 sin ser testigo de la de Jiménez Paniagua por su tarea

culminación del bagaje recopilador de ponerla al día para su

con carácter definitivo.

promulgación desde 1636 y tarea

ciclópea de muchos otros que 5.3.- Contemporáneo al trabajo yacen olvidados. de León Pinelo está el libro de Aunque existieron adiciones, co-

su amigo y condiscípulo Gaspar mentarios y nuevos trabajos en el

siglo XVIII, la Recopilación de 1680 subsistió como única en su

peruano" del que se escribió la carácter continental. Aparecieron

introducción y el índice de cua-

tro libros, y su ámbito es el guna tuvo este alcance vasto del

medio indiano criollo. Este texto carolino. Por ejemplo, el

trabajo se envió a España el 1°

de junio de 1635 y estuvo panameño Manuel José de Ayala

dedicado a don Lorenzo

(1728 - 1805) juntó las dis-

Ramírez de Prado, del Consejo posiciones posteriores a 1680 y

Cedulario Indico elaborado por el

recopilaciones locales pero nin-

Escalona y Agüero, quien pre- paró un "Proyecto de Código

su

progresión

posterior.-

de Indias. Escalona sólo expuso su idea en una introducción proemial y redactó el índice de

6.1.- En el año de 1755 se

los cuatro tomos, aunque en consideró conveniente un

forma incompleta (9).

volumen complementario a la Recopilación de 1680 en calidad

Con la muerte de León Pinelo en de Adiciones. Por este tiempo se 1660, se hizo más apremiante la empezaron a publicar trabajos tarea recopiladora. El Consejo complementarios como

elevó una nota urgiendo la nece-

Comentarios escritos

sidad de la obra. Fue nombrada inicialmente por Juan del Corral una junta de avance donde Calvo de la Torre (1713 - 1737) y

desempeñó un rol esencial el trabajo ejecutado por el

recopilador Fernando Jiménez nacido en La Plata y fue oidor en

Paniagua. Este asumió una la Audiencia de Chile, escribió actividad protagónica, y se dos volúmenes con comentarios y promulgó la Recopilación en explicó al rey que su obra

1680 que fue la única de carácter constaba de seis. Sólo terminó

continental. Nunca fue derogada.

seguidos por Tomás de Azúa (1751). El primero de ellos había

data del año 1778.

hasta el tercero. El segundo de los adicionistas fue fiscal de esta audiencia y continuó con el

6.-El trabajo recopilador de 1680

33

MERCURIO PERUANO

trabajo de del Corral. A su muer- te, el virrey designa a José Per- fecto de Salas para esta tarea

(1760).

Se consideró necesario en 1776 un texto que complementara o

suplantara este famoso texto carolino que era obsoleto por las nuevas normas dictadas. Así, Carlos III propuso el nombra- miento de una comisión redacto-

ra y a la vez se prohibió que se

hicieran glosas o comentarios a la Recopilación de 1690. Este edicto de 9 de marzo de 1776

termina con la fase de adiciones

a la Recopilación de 1680. El

fardo del trabajo en este nuevo texto recopilador recayó sobre las espaldas del jesuita Juan Crisóstomo Ansotegui, elaboran- dose un sólo libro en cinco años de trabajo. Este sirvió de mate- rial para el abogado panameño Manuel José de Ayala en un tra- bajo titulado "Cedulario Indico".

En 1780 el monarca creó una Junta de Leyes para revisar el

proyecto de Ansotegui, pero ésta

se extralimita en sus funciones y

en realidad redacta un nuevo proyecto el que se promulga por Carlos IV en 1792. No obstante esta promulgación, la referida junta revisora solicitó al Rey de- jara sin efecto y suspenda la promulgación de este primer li- bro. Diecinueve años más tarde y ya disuelta la junta de leyes, el rey encargó a Antonio Porcel quien fue secretario de la ante- rior junta de leyes, la revisión

del referido proyecto. Su obra

34

terminó en 1803 pero no fue

aprobada por el Consejo. Las turbulencias españolas generaron un compás de espera y ellas se juntan con los sucesos americanos de 1810. En 1818, Fernando VII designó una nueva Junta de Legislación para que terminara la redacción del Nuevo Código sin que se hiciera mayores avances. La era

independentista sepultó todos los proyectos y las repúblicas que emergieron a la vida libre

cortaron los efectos de la famosa

recopilación de 1680. 6.4.- En cuanto al Derecho

peruano y americano en general, sucede un fenómeno en el siglo

XVIII que Jorge Basadre

Grohmann llamaba en sus clases sanmarquinas de desintegración del Derecho indiano, ya que la famosa Recopilación de 1680 no fue cambiada en ninguna región americana y evidentemente se hacía anticuada con el paso de los años. Dentro del ámbito pe- ruano, un libro escrito por un sacerdote franciscano, fray Juan José Metraya y Ricci, adquirió gran importancia en 1819. Es el libro conocido como "El

moralista filaléthico" o "El con- fesor imparcial" que tuvo por fin ayudar a los sacerdotes en el cumplimiento de su apostolado de fe. Pero no es de interés sólo para los miembros de la Iglesia

católica, por contener una rela-

ción de los sistemas de orden moral, las listas de concilios ecuménicos y los errores contra los dogmas de la doctrina católi- ca. También están incluidos en

el libro de Matraya las pragmáticas y cédulas dictadas después de 1680 con criterio cronológico, con lo que adquiere gran valor como fuente jurídica local para el virreinato peruano después de 1680 (10).

(1) La información la consigna el muy valioso libro de Juan Manzano Manzano titulado " Historia de las recopilaciones de Indias". Madrid, 1950. p.8. Sobre los antecedentes de la recopilación carolina de 1680 constituyen fuentes directas la ley preliminar de ese texto y las obras de Antonio de León Pinelo " Discurso", "Epítome" y "Aparato Político " .

(2) Juan Manzano y Manzano. Op. Cit., pp. 21 y siguientes.

(4) Juan Manzano y Manzano. Op. cit., p. 117.

(5) Vicente Ugarte del Pino. Historia del Derecho Peruano. Copias del curso elaborado por la I. D. 78 - Noche en coordinación con el catedrático del curso. UNMSM. Programa Académico de Derecho. Lima, 1983, pág. 10. Texto a mimeógrafo.

(6) Manuel Serrano y Sanz. "Vida y escritos del doctor Alonso de Zorita " . 1909. (como Introduc- ción a la Historia de la Nueva España del mismo autor).

(7)

Juan Manzano

y Manzano.

Op.cit. pág. 286.

(8)

Juan Manzano

y Manzano.

Op.cit. pig.306.

l a

(9) Este

Biblioteca Real de Madrid. Escalona Agüero es también autor de Gazophilacium

Regium

compendio de Derecho Fiscal.

un

manuscrito

Perubicum

se

que

encuentra

e n

constituye

(10) El libro de Juan Joseph Matraya y Ricci ha sido reimpreso en Buenos Aires en 1978 con

un medular estudio de José Mariluz Urquijo.

El título del libro es "E1 moralista Filaléthico Americano, el Confesor Imparcial

instruido

moral,

ida

en

la

theología

conforme a las limitaciones indispensables en la América Española". Tomo I, Lima,

1819.

ENSAYOS

NOTAS PARA LA HISTORIA DE LA MINERÍA PERUANA

José de la Puente Brunke

Desde los tiempos de la con- quista del Perú por los súbditos de la Corona de Castilla, el solo nombre de nuestro país se con- virtió en Europa en sinónimo de opulencia. En efecto, el oro y la plata peruanos constituyeron in- gentes riquezas que llegaron a España y desde allí contribuye- ron al desarrollo económico y comercial del Viejo Mundo. No en vano el Diccionario de la Lengua Española consigna que la expresión "valer un Perú" significa "ser de mucho precio o estimación". Y es que ya el pro- pio Hernando Pizarro se encargó de deslumbrar a la península ibérica cuando hacia allá viajó en 1533 llevando el gran tesoro que suponía el quinto correspon- diente a la Corona en el rescate de Atahualpa. La minería fue la principal acti- vidad económica que se desa- rrolló en el virreinato del Perú.

Sin embargo, si bien fueron sor- prendentes las riquezas que en el siglo XVI se extrajeron de los yacimientos peruanos, en épocas posteriores los beneficios fueron disminuyendo. En este sentido, una de las etapas críticas de la minería peruana estuvo constituida por las últimas dé- cadas del siglo XVIII, tiempo en el cual al agotamiento de los ya- cimientos más ricos se añadió la creciente escasez del azogue, mineral cuya utilización era fun- damental en el proceso de bene- ficio de la plata por amalga- mación.

La magnitud de esos problemas condujo a la creación del Tribu- nal de Minería, que se instaló en Lima en 1787. Este organismo agrupó y dio importantes pode- res al gremio de mineros perua- nos, quienes se convirtieron -al menos en teoría- en los máximos

responsables de velar por el buen funcionamiento de la industria minera: entre otras funciones debían explicar a las autoridades los diversos problemas que en- frentaban, y sugerir las corres- pondientes soluciones. En esa línea, el Tribunal pensó crear un banco minero, con el objeto de resolver el problema de falta de capital que la mayoría de mineros afrontaba, y con el fin de ter- minar con la perniciosa labor de una serie de intermediarios que les forzaban a vender la plata a un precio menor. Igualmente, el Tribunal pensó que era impor- tante que se enviase desde Eu- ropa al Perú una expedición mineralógica integrada por es- pecialistas en la materia, que pudiesen contribuir a la recupe- ración de esa actividad.

Precisamente ya un tiempo atrás las autoridades españolas habían

MERCURIO PERUANO

sopesado la misma idea, y em- prendieron la organización de

tales expediciones, no sólo diri- gidas al Perú sino también a México. Por entonces los yaci- mientos mineros más desarrolla- dos se encontraban en Alemania y Hungría, hacia donde se diri- gieron funcionarios españoles

con la intención de contratar a

expertos dispuestos a poner en práctica su experiencia en el Nuevo Mundo. En Alemania co- nocieron a Timoteo Lebaecht von Nordenflicht Auerbach, quien terminaría encabezando la expedición que se envió al Perú. Nacido en 1756 en el seno de una noble familia en Mitau

compuesta por operarios que se encargarían de transmitir sus conocimientos en los mismos socavones de los yacimientos. El contrato fue firmado en Dresden el 12 de febrero de 1787, y en virtud del mismo los miembros de la misión se comprometieron a desempeñar su labor en el Perú por 10 años.

El salario de Nordenflicht, en su calidad de "Director de la Comisión Metalúrgica del Reino del Perú", quedó fijado en 3,000 pesos anuales, aunque

años

después fue

considerablemente aumentado en razón de la carestía de la vida en Lima que alegó el interesado.

neral para la amalgamación. Igualmente, hizo una serie de planos de las galenas. En defini- tiva, el paso por Potosí fue al parecer bastante provechoso.

A fines de 1790 llegó a Lima, y

al año siguiente presentó al virrey Gil de Taboada un amplio informe en el que expuso su opinión en cuanto a la situación de la minería peruana y en lo relativo a las acciones que deberían realizarse para su mejoramiento. Este informe se encuentra en el Archivo General de Indias de Sevilla, siendo su título completo el de Tratado del

Arreglo y Reforma que conviene

(Letonia), este prestigioso mineralogista había realizado sus estudios en Friburgo, y luego, como especialista en

química, metalurgia y minería, había prestado sus servicios al

También se le otorgaron garantías reales para que pudie- se profesar su religión luterana, así como para leer libros prohi- bidos.

introducir

en

la

Minería

del

Reyno

del

Perú

para

su

prosperidad,

conforme

al

Sistema y práctica de las Nacio- nes de Europa más versadas en ese Ramo.

rey de Polonia; recibiendo de

dicho monarca el título de barón y la calificación honoraria de "consejero íntimo".

Nordenflicht fue encargado de la búsqueda del personal que lo acompañaría al Perú, de esta- blecer el sueldo que cada inte-

grante de la expedición recibiría,

y de fijar las diversas

condiciones del contrato. La misión mineralógica terminó siendo conformada por 14 personas, las más importantes de las cuales - además del propio barón- fueron Daniel Weber - Vice Director de la misma-, Francisco Mothe - Maestro de Minas- y Antonio Zacarías Helms -Director de Beneficios y Fundaciones. También estuvo

En 1788 llegaron a Buenos Aires los integrantes de la expedición, para desde allí encaminarse a Lima. Al pasar por Potosí fueron requeridos sus servicios por el Intendente, y a pesar de que ya esos yacimientos mineros no pertenecían al virreinato del Perú, la comisión permaneció allí más de un año, en el transcurso del cual Nordenflicht inspeccionó las explotaciones e instaló la novedosa maquinaria "de barriles", mediante la cual aseguró que se conseguiría economizar azogue en el beneficio de la plata y aumentar la producción de ese metal, gracias a una serie de in- novaciones que en Europa se habían introducido en cuanto al sistema de preparación del mi-

Tras su llegada a Lima, los miembros de la comisión divi- dieron sus tareas, yendo en

principio a Tarma, Huancavelica

y Hualgayoc. Por su parte, el

barón instaló en la capital virreinal un laboratorio químico- metalúrgico de ensayos. Y logró instalarlo venciendo no pocas dificultades, entre las cuales es- tuvo -según denunció el propio Nordenflicht- la resistencia de los mineros peruanos a los cambios e innovaciones. Pero fuese esto cierto o no lo que el barón no logró demostrar de modo irrebatible fue la superioridad de los sistemas que patrocinó. En los diversos experimentos que hizo en su propio laboratorio demos-

ENSAYOS

tró que sus métodos suponían un ahorro de tiempo y de mano de obra en el beneficio de la plata, pero no reducían el consumo de azogue, con lo cual -argüían los mineros peruanos- no compen- saba la costosa instalación de las nuevas máquinas.

Pero independientemente de la mayor o menor eficacia de sus métodos, habría que decir -en descargo de Nordenflicht- que insistentemente solicitó a las au- toridades virreinales la creación en Lima de un colegio de minería - cosa que no hizo- el cual hubiera sido un elemento enriquecedor en la preparación técnica de los mineros. Es interesante anotar que Alexander von Humboldt quedó a su paso por Lima gratamente impresionado al ver la colección mineralógica que el barón había organizado, al examinar los planos de las minas y sus respectivas descripciones técnicas. Quizá la opinión del viajero alemán influyó en el gobierno virreinal, ya que en 1804 se encargó personalmente a Nordenflicht -luego de un largo tiempo en que fue muy criticado- la realización de una visita general de las minas de Huancavelica, Pasco y Hualgayoc.

Al parecer, los conflictos y malentendidos que el barón tuvo con los mineros peruanos em- pezaron a darse apenas llegó a Lima. Podría esto atribuirse al presunto descontento del gremio por haber sido éste respon-

sabilizado -y no la Real Hacien- da- del pago de los salarios de la comisión mineralógica. Lo cierto fue que ya en el Tratado de 1791 Nordenflicht se mostraba desalentado ante los obstáculos que veían sus deseos de modernización de la minería peruana. Llegó a decir que la presencia de expertos extranjeros no tendría ningún resultado "mientras los mineros de aquí permanezcan en la persuasión de saber más que los extranjeros, y entre tanto no se trate a éstos de otro distinto modo de los que aquí acostum- bran".

La idea que nos hemos formado del temperamento del barón nos revela a un hombre muy seguro de sus conocimientos técnicos, y que quizá no supo disimular un cierto desdén hacia las condiciones en las que en el Perú de desenvolvía el trabajo minero. Por ejemplo, cuando llegó a Potosí - antes de su inicial arribo a Lima- fue recibido con entusiasmo; pero

posteriormente no pocos mine- ros de la Villa Imperial se sintie- ron ofendidos por la actitud de Nordenflicht al comprobar sus atrasos técnicos.

Pero los conflictos que afrontó en Lima fueron mayores. Tras los citados experimentos en su laboratorio fue tildado "charlatán químico", y la Junta General de Minería exigió a los gobernado- res el retorno a Europa de "esa odiosa comisión", que había costado al gremio alrededor de 150,000 pesos. El laboratorio originó otro problema: al requerir éste para su funcionamiento fuerza hidráulica derivada del río Rímac, este hecho afectó la casa que en la vecindad habitaba Micaela Villegas -la Perricholi-, asunto que ocasionó un largo proceso judicial que finalmente perdió Nordenflicht.

Su laboratorio funcionó tan sólo hasta 1794, cuando las autorida- des ordenaron que fuese entregado al Tribunal de Mine- ría, y enviaron al barón a Huancavelica con el fin de vigi- lar la construcción de un nuevo almacén de azogues.

Quienes han estudiado la labor de esta comisión mineralógica y la situación de la minería en el Perú, coinciden en señalar que fue mínimo su aporte a la solu- ción de los problemas existentes. John Fisher -en Minas y mineros en el Perú colonial. 1776-1824- supone que una de las causas de ese fracaso debió radicar en el

MERCURIO PERUANO

hecho de que fueron muy vagas, y hasta desorientadoras, las ins- trucciones recibidas por la comi-

sión. La principal función que se le asignó fue la de mejorar los métodos de beneficio de los me-

tales; pero también se le indico

que su labor debería abarcar la propia minería, aportando mo- dernos métodos europeos para la explotación de los yacimientos.

Las instrucciones no brindaban información detallada sobre las particularidades de las minas, ni tampoco indicaban nada con respecto a si se deberían con- centrar esfuerzos en un solo ya- cimiento, o si la misión debería dividir su trabajo en varios de ellos. Como lo señala el citado

autor inglés, "la decisión de de-

jar dichos detalles a la discreción

de Nordenflicht, y consultas con el virrey y el tribunal de Lima, era tal vez sensible en teoría, pero en la práctica condujo a un sinfín de confusiones y desacuerdos". Por su parte, en un trabajo referido a esta expedición mineralógica -publicado en Mercurio Peruano, vol. XXXVIII (Lima, 1957)-Carlos Deustua Pimentel alude a la "ola de descontento" que el virreinato peruano terminó por suscitar la

labor de los citados especialistas,

a quienes se sostenía

económicamente y a cuyo trabajo se le achacaba no haber reportado mejoría alguna en la situación de la minería.

Aunque Nordenflicht llegó al

Perú premunido de las mencio-

nadas garantías reales para profesar su religión, no dejó de

preocupar a la Inquisición su condición de luterano. Durante su estancia en Huancavelica le fueron secuestrados por sospe- chosos una serie de libros alema- nes de metalurgia. También du- rante sus largos años de residen- cia limeña fue amonestado por el Santo Oficio, con la acusación de haber prestado libros prohibidos, cuando el permiso que de la corona era sólo referido al hecho de que él mismo pudiese leerlos.

En 1798 había ya vencido el plazo por el cual la comisión mineralógica había sido contra- tada, pero una Real Orden del año siguiente prorrogó su tér- mino. ¿Por qué se mantuvo la vigencia del contrato con una expedición cuyos resultados no habían sido al parecer satisfac- torios? La Real Orden de 1799 reconoció que no se habían al- canzado los objetivos previstos, pero indicó que Nordenflicht y sus compañeros debían seguir trabajando en el Perú hasta que el virrey preparase un informe completo de su desenvolvimien- to. Probablemente en la metró- poli se habrían recibido noticias contradictorias en cuanto al des- empeño de la comisión, y se in- tentaba llegar a conclusiones más claras. Además como el pago a la comisión era responsabilidad del gremio de mineros, se comprende mejor la decisión real de prorrogar sus funciones, ya que no ocasionaba gasto alguno a la Real Hacienda. En 1807 emitió su informe final

un comité especial nombrado por la Corona, concluyendo que la misión mineralógica había cons- tituido un fracaso. Por Real Or- den de 22 de septiembre de 1810 se decretó la conclusión de las labores de la misma.

En cuanto a Nordenflicht, había sido autorizado por la Corona para utilizar en el Perú su título de barón, y para que se le diese el tratamiento de señoría, tanto por escrito como de palabra. Se ufanó en Lima de su condición de "consejero íntimo" del monarca polaco, dando a entender que gozaba de gran proximidad hacia su persona, cuando en realidad ése era un título honorífico más que en ese reino se confería a quienes prestaban determinados servicios. Usó con orgullo en el Perú el uniforme oficial que en Polonia se le había otorgado, y siguió luciéndolo incluso des- pués de la desaparición del esta- do polaco, en 1795. Se sabe tam- bién que en la primera década del siglo XIX el barón estuvo bastante preocupado por su futuro en lo económico, previendo que las funciones de la comisión estaban próximas a terminar. Llegó incluso a gestionar -sin éxito-que se le nombrase intendente de alguna provincia que tuviese riqueza minera.

Tras el cese de la comisión, Nordenflicht recibió en 1811 una pensión consistente en los dos tercios del sueldo que en un prin-

ENSAYOS

cipio había percibido. Al año si- guiente le fueron otorgados por el gobierno 3,000 pesos para que pudiese realizar un viaje a Espa- ña, ya que pretendía alegar en la Corte sus servicios con el fin de obtener un empleo que le permi- tiese vivir en el Perú de la mejor manera. No pudo retornar a Lima: murió en la metrópoli en 1816. Pero la ilusión de volver se había fundamentado en el hecho de haber él formado en la capital virreinal una familia, al haber contraído nupcias con una aris- tócrata dama: María Josefa Cor- tés y Azúa, la cual había obliga- do al barón a convertirse al cato- licismo antes de la boda. Tuvie- ron cuatro hijos: Pedro, Dionisio, Francisca y Constanza. La baro- nesa fue una mujer bastante culta, aficionada a las letras y autora de unos célebres versos en elogio de Baquíjano y Carrillo, con ocasión de las fiestas que vivió Lima por el nombramiento del oidor y precursor de la independencia como miembro del Consejo de Estado, en 1812.

Aunque Nordenflicht no consi- guió en Madrid ninguna merced ni empleo, su esposa siguió go- zando en Lima del sueldo que a él le correspondía, como lo he- mos probado -por ejemplo- a la vista de un recibo firmado por ella misma el 3 de marzo de 1813, por el cual le fueron pagados 166 pesos y 5 reales, correspondientes al sueldo de su marido de ese mismo mes. En cuanto a sus hijos, sabemos por Luis Varela Orbegoso -en sus Apuntes para la Historia de

que

Dionisio de Nordenflicht Cortés

se casó con Clara Dolores Prieto

Herrera de la Vega, con la cual tuvo 8 hijos; Pedro, por su parte,

fue capitán del ejército realista, pero murió fusilado por los mismos españoles en Oruro, en 1820, por haber intentado adherirse a las fuerzas patriotas (en La Revolución de la

se

Independencia

refiere Benjamín Vicuña Mackenna a la "ardiente simpa- tía" del capitán Nordenflicht Cortés por la causa separatista).

la

Sociedad

Colonial-

del

Perú

A pesar del poco fruto que dio la

misión Nordenflicht, nos ha pa- recido interesante recordarla -ya que se cumplió el año pasado el bicentenario de su llegada a Lima- pues esa expedición constituye una muestra más del interés científico que existió en la España del siglo XVIII, y que al- canzó su punto culminante en el reinado de Carlos III, monarca que autorizó el inicio de la labor del barón, y que había contado con el permanente apoyo de José de Gálvez, ministro de Indias y propulsor de muchas de las re- formas que para sus dominios americanos emprendió la Corona. Tras la desaparición de ambos personajes empezó a notarse una ineficacia cada vez mayor en la gestión de los asuntos indianos, que se reflejó -por ejemplo- en el hecho de que algunos de los planteamientos que Nordenflicht hizo a la Corona estuvieron en la Corte por más de 10 años sin ser contestados. Aunque los méto-

dos patrocinados por el barón para el beneficio de la plata no mostraron mayor eficacia que los tradicionalmente usados en el Perú, la presencia de Nordenflicht pudo ser más útil.

Como dice el ya citado John Fisher, "con una mayor coope- ración por parte del Tribunal de Minería y un uso más coherente de los miembros de su equipo por los sucesivos virreyes, Nordenflicht hubiese podido contribuir a mejorar la tecnología minera peruana, posiblemente lo relacionado a los sistemas de desagüe o trabajos subterráneos. En la práctica, a su llegada al Perú se le confiaron demasiadas y diversas tareas e insuficientes recursos para llevarlas a cabo con eficacia, mientras los sucesivos virreyes parecían tener una idea poco clara, particularmente después de la clausura del laboratorio químico, del modo de explotar cabalmente sus conocimientos".

MERCURIO PERUANO

ENSEÑANDO A VALORAR

BOSQUEJO DE UN MODELO EDUCATIVO

Guillermo Descalzi

La educación, como es bien sabi- do, tiene que ver con la toma de conciencia de valores y con la capacidad para elegir correcta- mente el rumbo de la vida.

Algo debe andar mal en el pro- ceso educativo, en muchas par- tes del mundo, porque las gentes están eligiendo la muerte antes que la vida. Nosotros creemos saber cuál es el defecto funda- mental de los procesos educati- vos que conducen a este penoso resultado, y nos proponemos bosquejar un procedimiento para subsanarlo.

En el hombre todo comienza como idea. Antes de librar una batalla, un general diseña men- talmente su plan; antes de cons- truir una estatua, un artista con- cibe su forma. De la misma ma- nera, un maestro, antes de edu- car, analiza su modelo de hom

bre educado y de los valores que lo orientan.

Nuestro punto de vista es que los modelos educativos, es decir, las ideas básicas acerca de la educación, son erróneos y que a eso se debe en gran parte la debacle violentista que hoy se abate sobre el mundo.

El error original, aquél que está en el comienzo de los demás, consiste en presumir, como el sofista Protágoras, que Dios no establece la medida de todas las cosas, sino el hombre. La mayo- ría de las gentes no alcanza a comprender los alcances de esta idea, y la acepta como una mera tautología. Cree, que es irrestrictamente obvio que el hombre, todo hombre, es capaz de inventar las pautas llamadas a regular su vida. Pero esta apa- rente verdad no es tan obvia

como, parece. Es más bien un error muy contundente.

El hombre no "inventa" ningún valor, ni crea los patrones con que mide la calidad de su vida ni su significado. Para poder crear estos patrones tendría que ser él mismo, el creador del mundo, y de todos los entes que lo pueblan. Naturalmente, sí puede inventar los patrones que regulan el fun- cionamiento de las máquinas que él crea. Pero peca de una vanidad rayana en la locura si cree que puede inventar los patrones para medir la conducta de los seres vivos que él no crea, entre los que él mismo está comprendido.

Pero lamentablemente muchos maestros enseñan que el hombre crea su propio mundo y junto con él los patrones de vida llamados a regularlo. Entre estos maestros está de moda la filoso- fía de Jean Paul Sartre y ciertas técnicas de enseñanza de valores

ENSAYOS

que se deben a los profesores Simon y Kirschenbaum.

Las ideas de Sartre ejercen cierta fascinación en nuestros jóvenes y por eso conviene dedicarles un breve análisis.

Sartre satisface los afanes de re- beldía propios de la edad juvenil haciendo suya la frase de Nietzsche "Dios ha muerto", y la adorna con expresiones vacías, pero impactantes, como ésta:

"Dios está muerto; antes hablaba y ahora está en el silencio, todo lo que tocamos es su cadáver"(1). Pero no sólo dice trivialidades impactantes, sino que basándose en ellas, exige que el hombre recupere para sí la actividad creadora atribuida a Dios, y pide que en adelante se afirme a sí mismo como el ser por el cual el mundo existe. De allí concluye que al hombre "todo le está permitido" (2). Naturalmente. Si es el creador del mundo, todo tiene que estar- le permitido. "Si he suprimido a Dios padre, -llega a decir- , se

necesita alguien para inventar los

valores

A ti te toca

ficado de antemano

La vida no posee signi-

conferirle significado y el valor no es otra cosa que el significado que tú eliges" (3).

En nuestra opinión, la última fra- se formula claramente el error básico en que descansan todos los demás errores pedagógicos de que hoy nos lamentamos. El hombre pretende ser su propio

creador; cree que

la vida

no

tiene

sentido

de antemano;

y

que

le

confiere

sentido

al

momento de elegir el curso de

su vida.

inventando los valores

Después de esto, no es de extra- ñar que mientras haya más y más hombres enseñando a otros hombres con este equipo de ideas, los hombres tendrán que autodestruirse fatalmente.

En el fondo está la idea megalomaníaca, fruto de una va- nidad extrema, de que podemos suplantar a Dios. Es la falta de Luzbel cometida por el ego distorsionado de unos hombres rencorosos y extraviados. Luzbel no resulta estar tan lejos como antes se creía. Su trono está en el corazón de muchísimos hom- bres. Allí, en el corazón de los hombres tenemos que luchar contra él. Felizmente disponemos de un buen instrumento para librar esta lucha, es la luz de la conciencia

y el bálsamo del amor. Pero de

esto hablaremos después. Debemos hablar ahora de Simon

y Kirschenbaum, los autores de

un clásico educacional titulado "Clarificación de valores: manual de estrategias prácticas para maestros y estudiantes". El error de estos profesores está en con- siderar que un valor no es un valor mientras no sea "libremente escogido", lo cual constituye una media verdad, y por lo tanto una peligrosa falsedad.

Nietzsche decía "Haz lo que

quieras, con tal que sepas que- rer". Querer es escoger. No se trata pues sólo de escoger, sino de "saber escoger". Si alguien escoge o elige alimentarse con carne descompuesta, y beber diariamente un litro de alcohol,

no

por eso la carne

descompuesta y la bebida alcohólica se transforman en valores, por más que hayan sido escogidos libremente.

Debemos aclarar que los requi- sitos exigidos por el programa de clarificación de valores, para que un valor sea valor, son 7, a saber:

1. Debe ser libremente escogido. 2. Debe escogerse considerando sus alternativas. 3. Debe escogerse con conoci- miento claro de las conse- cuencias. 4. Debe ser apreciado y estima- do. 5. Debe proclamarse pública- mente. 6. Debe ser puesto en práctica. y 7. Debe ponerse en práctica re- petidamente.

MERCURIO PERUANO

culmina en ella. Comienza más bien con la adopción de diversas posturas o actitudes que son condiciones indispensables de la buena elección. Y por eso, para enseñar a valorar, proponemos un proceso que consta de siete pasos, a saber:

Pero nosotros sostenemos que ninguna de las seis condiciones que complementan a la libertad de elección hace efectivamente de algo un valor. Alguien, en efecto, puede escoger delibera- damente la violencia como un valor, con consideración clara de sus alternativas y consecuencias, hasta puede halagarle asesinar y proclamarlo así públicamente, y puede poner en práctica repeti- damente su original afición, pero no por ello la violencia resulta ser un valor.

1. Incentivar a los estudiantes para que establezcan los propios límites a sus actos. Esta actitud se basa en el reconocimiento de que nuestro propio bienestar puede verse seriamente perjudicado por una conducta desorbitada. Todo extremo nos daña. Los excesos de más y menos afectan nuestra salud corporal y espiritual. Y por eso es indispensable que comen- cemos por reconocer y fijar los parámetros a que debe someter- se nuestra conducta para no per-

proclame, y lo ponga en práctica judicarnos. Enseñar a hacerlo es

el primer paso de la pedagogía axiológica.

Tiene que haber pues, otra u otras condiciones para que lo que escojamos sea un valor. Y por eso decimos que lo fundamental no está en que alguien elija algo como valioso, por más que con- sidere sus alternativas, conozca sus consecuencias, lo aprecie, lo

muchas veces. Lo fundamental para que un valor sea valor sólo está al alcance de quienes lo buscan con ayuda de los demás y con el necesario reconocimiento de la propia limitación y falibili- dad. En la enseñanza de los va- lores, lo primero que hay que enseñar, por consiguiente, es aprender a "elegir"; y lo peor que puede hacerse es pedir que se elija sin ninguna preparación.

Nuestro punto de partida peda- gógico, por lo tanto, es una idea diametralmente opuesta a la que hoy prevalece en muchos círcu- los educativos. Nosotros creemos que el acto valorativo no comien- za con una elección, sino que

Por otra parte, todos necesitamos ayuda, y esta ayuda no la podemos recibir cuando provocamos malestar con nuestra conducta. Nadie podría desarrollarse sin alguien que lo cuidase. Nadie es tan fuerte como para no necesitar amor, intimidad y diálogo. Pero nadie puede recibir la ayuda que necesita mientras no delimite su conducta para que no ofenda y arrolle a los demás.

2. Para enseñar a valorar hay que enseñar, en segundo término, a ponernos en el punto de vista ajeno, y ver las cosas desde su

perspectiva, para ampliar la nuestra. No somos los únicos seres con una perspectiva de las cosas. Los otros también las ven, pero de manera distinta. ¿Cómo las ven? Todo depende, en gran medida, de los roles que desem- peñamos dentro de los distintos grupos sociales que integramos. Ejemplo: un hijo ve las cosas distintas que su padre; un estu- diante las ve distintas que su maestro. Los juegos de roles ayudan a ver las cosas desde dis- tintas perspectivas, y amplían de paso la propia. Pero no todo es asunto de ver, sino también de sentir. Es importante que el es- tudiante también se esfuerce por vivir los sentimientos, las nece- sidades y los deseos del otro. Esto le ayuda a descubrir lo que debe hacer. Los maestros necesitan fomentar y orientar los juegos de roles para alcanzar este objetivo.

3. En tercer término, para ense- ñar a valorar también necesita- mos enseñar a superar las con- tradicciones emocionales usual-

ENSAYOS

mente conocidas como "emocio- nes negativas", para lo que hay que comenzar enseñando a reco- nocer cómo funcionan. La emo- ción es un cúmulo de energía síquica en movimiento. Cuando las emociones son de vivo re- chazo a otra persona, como en el caso del rencor y el odio, no se trata de uno sino de dos cúmulos de energía síquica que combaten internamente entre sí, dentro de nosotros. Al uno lo aceptamos y al otro lo repudiamos, y lo vemos proyectado en las personas que nos provocan disgusto. Entonces es cuando odiamos y sentimos rencor; es cuando vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. La presencia de algún rasgo repudiado en nosotros hace que repudiemos a quien ostenta alguno similar. ¿A alguien le dis- gusta mucho la deslealtad de otro? La mejor curación de su disgusto es hacerle tener presente las ocasiones en que él mismo fue desleal. En fin, todo maestro empeñado en la enseñanza de valores tiene que enseñar a lu- char contra las emociones nega- tivas, porque éstas empañan nuestra conciencia e impiden ver el mundo correctamente. Un buen recurso para alcanzar este propósito lo proporcionan las dramatizaciones, la redacción de guiones, y su debate, tomando como tema la puesta en escena de alguna emoción negativa.

4. Luego, para enseñar a valorar también hay que enseñar a su- perar la autocompasión, que es fuente de una actitud quejosa y

reclamona que distancia a los demás, y encubre la renuncia al esfuerzo y al trabajo. Por eso, nadie puede elegir algo realmente valioso, si antes no aprende a superar la disposición

a quejarse y reclamar todo. Esto

plantea la necesidad de enseñar

a reprimir la autocompasión que

dispone al inmovilismo decadente. Una buena ayuda para alcanzar éstos propósitos la proporcionan las técnicas para "detener los pensamientos de

vergüenza obsesiva" elaborados por John Bradshaw (1).

5. Un quinto paso en el proceso de enseñar a valorar consiste en fomentar la estimación de sí mismo, en clara contraposición con el fomento de la vanidad. La estimación de sí mismo requiere abandonar los sentimientos fingidos, la pretensiosa afectación, en fin, lo que es "seudo" o "falso" en uno mismo, lo que uno aparenta para producir meros efectos en los demás. En cambio, la vanidad es el sentimiento que alienta el auto-engaño como medio para reforzar la mentira a los demás. En la medida en que un hombre gana autoestima y modera o suprime la vanidad, también gana en capacidad para decidir realmente, o sea para ac- tuar con buena voluntad, lo que es básico para una buena elec- ción.

Un hombre vanidoso deriva su bien del malestar de los demás, porque para mantener su edificio de engaño tiene que amedrentar.

La historia abunda en ejemplos extremos de esta verdad sencilla, cuyo análisis proporciona un buen recurso pedagógico para esclarecerla. En cambio, la autoestima se basa en la difusión del sentimiento de bienestar. El mejor medio para difundirla es la alegría, no el miedo. Se fomenta haciendo sentir bien al otro. De allí que una escuela, una clase, un diálogo, en que no predominen la alegría, sino el miedo, resultan nocivos para la enseñanza de valores.

6. En quinto lugar hay que ense- ñar que el amor no es un mero sentimiento que nace por gene- ración espontánea, o por la atrac- ción sexual o emocional. Hay que enseñar qué es, y cómo vivirlo. Hay que enseñar que es una inmensa riqueza y el tesoro más grande que está a disposición del hombre. Sólo nos separa de él la falta de contención, la ausencia de límites a nuestros actos, el egocentrismo que ciega, las emo- ciones negativas, la quejumbrosa autocompasión y la vanidad.

Pero una vez vencidos estos es- collos, cualquiera puede apren- der a amar, si aprende a atender, a ver al otro tal cual es, y a comunicar su propio trocito de conciencia con el del otro. El secreto está en aprender que el amor nace de la atención al otro; que basta con prestarle a alguien atención genuina, completa, real, libre de autocompasión, vanidad y emo- ciones negativas, para amarlo. Y que ésta es cuestión de reso-

MERCURIO PERUANO

lución y de voluntad. Cuando se siguen los cinco pasos anteriores se adquiere la preparación para la primera elección correcta: la de amar.

Porque sólo se ama cuando se

quiere, cuando se adopta la reso- lución de hacerlo. Y para enseñar

a valorar es indispensable enseñar

a amar, fomentando el enfoque de

la atención de los discípulos en

los necesitados que están más cerca de ellos.

7. Y luego, sétimo, hay que ense- ñar que muy por encima de lo material, que se ve y se toca, está el sentido de la vida que no se ve ni se toca; que este sentido está hecho de solicitud, atención, movimiento de ayuda y cuida- do, confianza y alegría, paz y sosiego, bondad, verdad y belle- za; y que todo esto también son necesidades humanas. Que el hombre no sólo necesita alimen- to, habitación y abrigo. Que por encima de estas necesidades meramente materiales que se sa- tisfacen con ayuda del dinero, hay otras mucho más importan- tes y que no pueden satisfacerse aún cuando se acumule todo el dinero de la tierra. El maestro tiene que abrir los ojos de sus discípulos a estas necesidades, y debe ponerlo en el camino de su satisfacción. Se trata de las nece- sidades espirituales, es decir, de las que dan sentido a la vida y que nos permiten darnos cuenta de que todos contamos con un apoyo superior a nosotros mis- mos para satisfacerlas, que lla-

mamos Dios.

Tanto el sexto como el sétimo paso presuponen la transforma- ción interna que evangélicamente recibió la designación de "metanoia". Se trata de una re- volución en la mentalidad, en el modo de ver y juzgar del discí- pulo, que afecta toda su percep- ción del mundo. No se opera en el plano del intelecto sino en el de la asimilación de las percepciones. Por lo tanto no puede enseñarse teóricamente. Lo que el maestro tiene que hacer es proporcionar ocasiones para que la transformación pueda tener lu- gar, y participar mediante el diá- logo, en el análisis de las viven- cias correspondientes. En este caso el maestro tiene que haber avanzado un paso más allá que el discípulo. Es indispensable que él sea fuente de alegría confiable en vez de un temido poder que amenaza y avergüenza.

nándolo a morir para las dimen- siones superiores de la vida, y hasta en un sentido literal del término.

otra

educación. Y aquí hemos bosquejado el modelo que actualiza esta posibilidad. Para enseñar a valorar hemos propuesto una estrategia de siete pasos que consiste en enseñar a:

Pero

es

posible

1. Fijar los límites a la propia conducta.

2. Ampliar la propia conciencia

poniéndose en el punto de vista

ajeno.

3. Superar las emociones negati- vas.

4. Superar la autocompasión.

5. Fomentar la estimación de sí y reducir la vanidad.

6. Decidirse a prestar atención a los necesitados.

7. Buscar la satisfacción de 1as necesidades espirituales.

El objetivo del sétimo paso es satisfacer las ansias del Dios vital que le permitirá al discípulo expandir su vida más allá de lo meramente material. Cuando un hombre no satisface esta necesi- dad, frustra su desarrollo, se es- tanca y empieza a deformarse.

La Educación actual no cumple con su función. Está llamada a fomentar el desarrollo de los hombres, pero los estanca y de- forma. Lo hace así, porque no reconoce las necesidades espiri- tuales, niega a Dios y desvía al hombre de su fin último, conde-

(1) Situaciones (I) 1947. (2) El existencialismo es un humanismo, 27 (trad. esp. 1947.) (3) Op. Cit. 58.

ENSAYOS

MENTIRA (Ensayo sobre la Población)

Arturo Salazar Larraín*

La población es el punto en que se cruzan todos los caminos de la humanidad: el de la historia, el de la política, el de la economía, el de las guerras, el del trabajo, el de la cultura

La acepción más pertinente del lenguaje refiere el término po- blación a la acción de poblar y ésta a "la acción de ocupar con gente un sitio para que se habite o trabaje en él"(1). Poblar es, pues, extender y fijar en un espacio determinado una pluridad de personas que, entre sí, tienen la característica común de su condición humana y de su propósito de vivir. Poblar es, por tanto, extender la vida y hacerla posible; es humanizar el derre- dor.

No obstante, poblar se ha con- vertido casi en sinónimo de acti- vidad delictiva. Términos como

"sobrepoblación", "explosión demográfica" o "bomba de la

población" traducen el pánico que, finalmente, se ha logrado transmitir ante la posibilidad de que la vida, así multiplicada haga aquello sin lo cual dejaría de ser vida: prolongarse. No obstante, se ha planteado que la multiplicación de la especie se ha convertido en una amenaza para la misma especie:

a) por sus efectos

negativos sobre el mecanismo de la actividad económica que depende del uso y consumo de

stock de recursos naturales y de capital disponibles.

b) por sus efectos sobre la

organización social, que se tornaría crítica debido a la polución humana de la aglomeración, la congestión y las demandas crecientes e insatisfechas.

Una Modernidad Muy Antigua

El punto de partida científico de esta alarma data del 7 de junio de 1798, fecha en la cual Thomas R. Malthus publicó su primer enfoque sobre la población en respuesta a "las especulaciones de Mr. Godwin,

Mr.

el

tema como su enfoque y sus principales consecuencias prác- ticas (tales como las políticas coercitivas y el control de la natalidad) vienen desde muy atrás. Decía Euripides que "la Guerra de Troya fue debida a

de

una

otros

escritores"

Condorcet

y

(2).

Pero

tanto

insolente

abundancia

gente" (3). Asumiendo que esa "insolente sobrepoblación" (las especulaciones sobre la población total del mundo antes de Cristo la sitúan entre 2 y 20 millones) hubiese seguido el ritmo de progresión malthusiano, no se comprende cómo, siglos después de la Guerra de Troya, Polibio sostuviera en su Historia que Grecia:

MERCURIO PERUANO

"sufre de una suspensión de la procreación y de una escasez de hombres tal, que las ciudades se han despoblado, y que hay esterilidad sin que hayamos sido atacados ni por guerras continuas ni por conse- cuencias desastrosas" (4).

La represión de la natalidad hinca sus raíces en lo más profundo de la historia. No hay necesidad de recordar el sacrificio de los niños pequeños o malformados en la roca Tarpeya de la Esparta confrontada con Atenas ni otros episodios igualmente crueles de la historia antigua, para concluir que el control de la natalidad, aunque con formas diferentes, es cosa del pasado más remoto. Pero el Presidente Fujimori, en estos finales del siglo XX, afirma que la defensa de la vida, que asumimos los cristianos -y no las políticas antinatalistas, la coerción estatal a las parejas y el control de la natalidad-, es regazo de una concepción medioeval y primitiva del problema de la población. Esas políticas represivas, que las autoridades peruanas, algunos periodistas y científicos sociales reclaman como modernas; son una vieja tentación del despotismo ilustrado más anti- guo que se conoce. Las prescripciones que en mate- ria de población daba Aristóteles 308 años antes de Cristo, por ejemplo, son las mismas de hoy. Vale la pena recordarlas. Por lo pronto, para Aristóteles, el

gobernante debe asumir como parte natural de su poder el derecho de disponer no sólo de la vida concreta y presente de los demás sino, incluso, la de aquellos que no han nacido o están por nacer.

"a semejanza de los demás artesanos, como el tejedor y el constructor de naves, que tienen que disponer de la materia necesaria para su trabajo (y cuanto mejor preparado esté más bello resultará el producto de su arte), así también el político y el legislador tienen que disponer de la materia que les es propia y ésta tiene que hallarse en las debidas con- diciones", Política, 136a(s).

Como para que no quepan du- das, a renglón seguido Aristóteles se refiere a la población como "el primer recurso de una ciudad". ¿Nos debe extrañar que, desde entonces, los gobernantes consideren como "materia

que les es propia" la

libertad

de procrear de sus ciudadanos?. Este despotismo ilustrado, de lesa intimidad, subsiste en nuestros días bajo la forma de las diferentes políticas de

incluso

población,

internacionales.

Establecida así la jurisdicción del político, Aristóteles sienta los principios de contabilidad demográfica que deben asumir los gobernantes, tal y como aún se practica hoy.

Podría "

necesario que fijar la cantidad de bienes es fijar el número de hijos, de suerte que no se engendren más de cierta cantidad, y establecer ésta teniendo en cuenta las probabilidades de que mueran algunos de los que nacen y la infecundidad de los otros. El descuidar esta cuestión, como ocurre en la mayoría de las ciudades, acaba por ser necesaria- mente causa de la pobreza para los ciudadanos, y la pobreza engendra sediciones y crímenes", Política, 1265b.

suponerse que más

Estos son los parámetros de to- dos los enfoques de la población, desde Malthus hasta Paul Ehrlich.

Compárece, si no, el texto aristotélico con el siguiente de R.T. Ravenholt, no hace mucho el número 1 de la US Office of Population:

ENSAYOS

"si la explosión de la población prosigue sin control se origina- rían tan terribles condiciones económicas que de ellas se segui- rían inmediatamente revolucio- nes. Y las revoluciones son muy difícilmente, o en absoluto, nada beneficiosas para los intereses de los Estados Unidos" (6).

Platón fue aún más radical. Sus prescripciones sobre el control de la natalidad en La República o Las Leyes pueden ser suscritas por cualquiera de nuestros polí- ticos y gobernantes: como se sabe, La República es la madre

Allí

prescribe:

de

todos

los

estatismos.

"Los magistrados deberán regla- mentar el número de matrimo- nios para mantener el mismo número de hombres, reparando los huecos producidos por las guerras, las enfermedades y otros accidentes y para que el Estado, en la medida de lo posible, no aumente ni disminuya", La República, I, II.

No extraña que más adelante, como lo destaca Gonnard, Platón proponga "declarar sacrílegos a los ciudadanos que se permitan ser padres fuera de los límites de edad y de las condiciones previs- tas por la ley". Ni tampoco que La República siente los primeros presupuestos de la selección genética de los mejores que, en el fondo, se encuentra en las políti- cas de población que ensayan los gobiernos de acuerdo a sus con- veniencias políticas:

es "

hombres se unan sexualmente a las mejores mujeres la mayor parte de las veces; y lo contrario, los más malos con las más malas; y hay que criar a los hijos de los primeros, no a los de los segundos, si el rebaño ha de ser sobresaliente"(7). Es evidente que Mao siguió las prescripciones aristotélicas y que Hitler lo hizo con las platónicas. En ambos casos, nadie osa referirse al fracaso estruendoso de tales políticas de población, asumiendo, sin embargo, la tesis general de cada una de ellas: la represión política de la natalidad y la selección genética de "los mejores". La vieja represión de la natalidad ha resistido el paso de los tiempos. Se habla ahora, sin embargo, de la "modernidad" de estas ideas. A su probada antigüedad ha unido siempre la crueldad y el crimen, desde la

necesario que los mejores

roca de Tarpeya hasta el aborto legalizado de nuestros días. A lo largo de los años y los siglos esa concepción represiva de la natalidad se ha mantenido. Algunos de sus extremos, entresacados de la abundante relación que da Gonnard en su "Historia de las Doctrinas de la Población", son las siguientes

(8):

Un consejero del Rey de Sajonia en su libro "Del exceso

Europa

de

Población

en

la

Central" propuso "la castración anual de cierto número de niños

de las clases populares y la infibulación (especie de cinturón de castidad) de los varones a partir de los 14 años" (Weinhold,

1827).

Sismondi en su Noveaux Principles (1819) sostenía que a los grandes propietarios y em- presarios les asistía "el derecho de impedir el matrimonio de sus asalariados". "Un tal Marcus", según Gonnard, propuso para la solución del problema de la población nada menos que "la asfixia sin dolor (painless extinction) de una parte de los recién nacidos". No pre- cisaba la proporción pero debe suponerse que tal proporción era el resultado matemático del cál- culo de "exceso" y de la progresión que arbitrariamente habían hecho las autoridades. Chateubriand en su Genie du

de

Christianisme

acuerdo al espíritu de la época,

como "plaga de los imperios" a la población.

calificaba,

Juan Bautista Say en su Cours

MERCURIO PERUANO

(1828) extendía una receta para

el desarrollo económico y el pro-

greso de la humanidad: "ahorrar

dinero antes que engendrar hi- jos".

Y en nuestros días Paul Ehrlich,

en su "bestseller" The population

Bomb,

sostenía

imperativamente: "No podemos ya permitirnos tratar tan sólo los síntomas del cáncer del creci- miento de la población; el mismo cáncer debe ser extirpado".

Kingsley Davis, que también ad- quirió fama internacional por su radical antinatalismo, sostenía al viejo estilo platónico: "se puede decir que la superreproducción (esto es, engendrar más de dos hijos) es el crimen peor que debe

como un haz de luz, Tomás de Aquino -que en tantos aspectos fue el que asimiló Aristóteles a la cultura cristiana y representó la razón iluminada por la fe-(9), para enfrentar precisamente a Aristóteles, demógrafo del con- trol y la represión de la natalidad.

"Es notable -dice Gonnard- que, desde este punto de vista, la influencia aristotélica, tan poderosa entonces en otros asuntos, haya sido nula. El moralismo cristiano no po- día admitir este sacrificio de la virtud individual en aras del interés, real o su- puesto, del Estado Quae

y

tiene que ser declarado fuera

familia plus multiplicatur in

de

la ley" (1968, Elliot et al).

prolem, dice Santo Tomás,

 

amplius

cedit

ad

Como se puede apreciar, la ac-

firmamentum