POESÍAS

DE

IGNACIO MARISCAL

COLECCIONADAS

POR

BALBINO DAVALOS

MADRID
TH». DE LA REVISTA DB ARCHIVOS
Olózagt, núm, i.
1911
ÍNDICE
Págs.

A GUISA DE PROEMIO 7

Poca ambición n
Tormenta y calma , 13
Despedida 15
¿ A quién ? 17
A unos ojos 18
A una joven en la muerte de su novio 19
En un cumpleaños 23
Sólo á ti *• 28
El alma de una madre 32
Para los funerales del Sr. D. Luis Martínez de Castro,
muerto en la acción de Ghurubusco 37
A Tamberlick 42
Descanso y vida 44
Para un álbum 47
En la muerte de un buen Sacerdote (Fr. Manuel Pinzón). 49
En la muerte de la Srta. Soledad Gómez Soto 53
Episodio de la vida de Juárez 58
6
Un sueño •• 5
68
Caridad

SONETOS
A *** 73
A ella •••• • ••• 74
A *** 75
%J2 ÍNDICE

Págs.

Después de una rifa de compadres ¿6
Tentación JJ
El día de difuntos 7B
A mi hijo recién nacido 79
A mi hija Clara 80
A mi nieta Laurita 81
En la muerte de un niño 82
A la muerte 83
Plegaria 84
A Juárez y á Grant 85
La tumba de Juárez 86
Franklin, Fulton y Morse 87
Tormento de Cuauhtemoc 88
A Bravo en 1812 , 89
Al General Santa Anna en su expedición ál Sur 90
Al General Zaragoza en sus últimos momentos 92
A Juan de Dios Arias 93
Intencionado 94
A un amigo que me regajo un tablero de antiguos mármo-
les romanos 95
Las señoritas toreras 96
Género propio 97
A un Diputado muy flaco y declamador 98
A un poeta chirle 99
A un galicista Diputado 100
Recedant velera, nova sint omnia 101
Ningún consuelo 102

POESÍAS HUMORÍSTICAS
Letrilla 105
Brindis entre amigos 108
A una parienta mía en la octava de su día 109
Sr. Dr, D. Juan N. Navarro 112
ÍNDICE %j3

Págs.

Epístola 116
Letrilla de circunstancias 125
Declaración pericial acerca de un esqueleto. 131
Humoradas plebeyas 136

TRADUCCIONES Y PARÁFRASIS
A medianoche. 149
A Inés 154
La oración natural 156
Godiva 159
Lady Clara 164
La Providencia 168
El brindis de un caballero 170
Thanatopsis.,. 173
El ave acuátil 178
Salmo de vida 180
Viajes en mi hogar 182
Fin del día 184
El cuervo 186
La hora de morir 193
El universo infinito 197
La novia y el león 202
Canción italiana ..., 205
Muerte de Judas. 206
A Italia 207
El esclavo 208
El hombre feliz 210
A una niña 212
El murciélago 213
Epitafio sin nombre 215
El silfo 217
Encoré á toi 221
El alma 223
18
274 ÍNDICE

Págs.

La lira y ei arpa 228
Los arqueros 233
Jehová 237
A S. B , 239
Un canto de Nerón 242
Acciones de gracias • 246
Las dos islas 249
Napoleón habla en Santa Elena 258
In excelsis 259
El soneto 261
La cristiana y el lteón 262
La bendición 263
La vida de los muertos 267
El extranjero 268
Fin de nuestras penas 269
"A GUISA DE PROEMIO,,

Lisboa, ig de Abril de igio,

SH. Lie. D. ALONSO MARISCAL Y PINA.—México.

Muy querido Alonso: La muerte del Sr. Mariscal ha sido
para mí motivo de profundísimo duelo. Todo el cariño, toda
la veneración que le tuve y toda la gratitud que le guardo se
agitan en mi espíritu con una sensación infinita de pena.
¡Cuan bueno era, cuan noble,cuan grande! Nunca lo admira-
remos ni lloraremos bastante.
Me duele, sobre todo, no haberle dado, yo que le debí tan-
tos bienes, la satisfacción de ver en vida el libro de sus versos.
Los impresores han estado tan remisos, que á mi reciente
paso por Madrid aún nada tenían hecho. A principios del co-
rriente escribí á Ñervo que los apremiase ó les retirara el ma-
nuscrito para darlo á otra imprenta, y hoy recibo carta de
Amado en que me dice: «No he hablado aún, por falta lite-
ral de tiempo, con la imprenta de «Archivos», y ahora pienso
que quizá no haya motivo para urgirlos, pues entiendo que la
edición era un regalo personal tuyo al Ssr. Mariscal, cuya
muerte será tan llorada. T ú me dirás, en todo caso, lo que
decidas.»
,¡Qué voy á decidir, contestaré á Ñervo, sino que hoy, más
que nunca, me urge cumplir un deber de conciencia y amor á
una memoria inolvidable y apresurar la edición para obse-
quiarla íntegra á la familia del Sr. Mariscal?
A usted enviaré, pues, la edición para que disponga de
ella á su gusto, y no vea usted en esto más que un tributo de
mi perdurable reverencia á su tío.
Suyo siempre,
BALBINO DÁVALOS.
México, 12 de Mayo de 1910.
SR. Lie. D. BALBINO DÁVALOS.—Lisboa.
Mi querido Balbino: Conservaré siempre la sentida carta
de usted del 19 de Abril próximo pasado, como digna muestra
de leal cariño y gratitud santa para que, cuando mis hijitos
sean mayores, al leerla, puedan apreciar el alma de su abuelo,
que los quiso tanto y tan tiernos los deja, ya que él no tuvo
otra ambición sobre la tierra sino la de que germinara la si-
miente de esos nobilísimos sentimientos en corazones genero-
sos como el de usted.
Acepto, fiel amigo, por mí y por todos los míos, muy reco-
nocido el valiosísimo presente que nos ofrece con tal delicade-
za; pero deseo que el libro lleve, á guisa de proemio, la expre-
siva carta de usted á que me refiero.
Cordialmente suyo,
ALONSO MARISCAL Y PINA.
POCA AMBICIÓN

No aspiro ni al poder ni á la fortuna,
Mi esperanza de dicha lisonjera
Allá se esconde en la tranquila esfera
Donde rodó mi cuna;
Y si el capricho de la suerte un día
Me alzara hasta el cénit de sus favores,
Poder, riqueza, gloria, cuanto el mundo
Mirando se extasía,
Cuanto idolatra con amor profundo
De la virtud y el mérito en olvido,
Cuanto sueña el poeta en sus cantares
De terrenal pasión enloquecido,
Cambiara yo al momento
Por la apacible luz de mis hogares,
Por ese tierno, delicado goce
Que la ambición desdeña
Y la rastrera envidia desconoce.
¡ Oh dulce vida fácil, ignorada
Y exenta de temores!
Por gozarte, con mente alborozada
Bajara yo de la empinada cumbre
Do se engríen del mundo los señores.
12 IGNACIO MAIUSCAL

Así el vapor de las flotantes nubes
No asciende á la región de los querubes,
Que ansioso de volver al campo humilde
Donde nació entre flores,
Deja la triste altura
Y, condensado en el ambiente frío
Que allí lo invade con la noche oscura,
Vuelve á la madre tierra
Disuelto en blancas perlas de rocío.

1854.
POESÍAS 13

TORMENTA Y CALMA

Negras nubes ocultan el cíelo,
Que presagia horrorosa tormenta;
Sin cesar el relámpago aumenta
El pavor con fatídica luz.
Truena el rayo, y veloz resbalando
Su fulgor entre densos vapores,
Sólo alcanza á mostrar los horrores
Que enlutaron la bóveda azul.

Lanza el viento espantosos rugidos;
Y al cruzar por la recia arbokda,
El silbido crispante remeda
Que descubre alevoso reptil.
Y ora al lejos parece escucharse
Algazara tremenda, alaridos;
Ora lánguidos, tristes gemidos
Y confuso clamor y ayes mil.

De, repente, con fiero estallido
Que en el ámbito oscuro sonando
Por el éter huyó retumbando,
Nuevo rayo se ve fulgurar.
14 IGNACIO MARISCAL

Y, rasgando su seno las nubes,
Se desploma la lluvia del cielo
En mil gotas que azotan el suelo
Con estrépito horrendo al chocar.

A torrentes el agua desciende
Y copiosa los campos inunda,
Que doquier una capa circunda
De agitado, negruzco vapor.
Lago inmenso es la fértil llanura,
Y en suaves, hermosas vertientes
Forma el agua abundosas corrientes
Que se arrastran con sordo rumor.

Mas ya cesa el turbión, y á lo lejos
Va barriendo la brisa el nublado,
Que en cien partes huyó desgarrado
Y los astros dejó relucir.
Libre en fin de su horror el espacio,
Yo vi alzarse la luna de un monte,
Y su faz retrató el horizonte
En un campo de puro zafir.

Oaxaca, Mayo 4 de 1850.
POESÍAS r5

DESPEDIDA

Parte, bien mío, de este ingrato suelo
Donde reina una atmósfera letal;
Busca el abrigo de más claro cielo,
Aquí todo se unió para tu mal.

No llores, no, porque de mí te alejas
Que en nuestra temporal separación
Un cuerpo solo, sin el alma, dejas
Y contigo se va mi corazón.

Huye, mi bien; tu delicado seno
Destroza hoy la bárbara inquietud,
Y gota á gota apuras el veneno
Que devora tu triste juventudt

Víctima aquí de sacrificio inútil.
Sucumbes ¡ay! al filo del dolor,
Y, sometida á su capricho fútil,
Te inmola en sus altares el Error.

Huye... las penas de tu cuerpo y alma
Tregua hallarán que es imposible aquí,
16 IGNACIO MARISCAL

Dios te dará la apetecida calma
Y al fin, tranquila, pensarás en mí.

En tanto volará mi pensamiento
Siempre afanado de tu huella en pos,
Y de tu ausencia calmaré el tormento
Por ti rogando sin cesar á Dios.

Septiembre de 1858.
POESÍAS 17

¿A Q U I E N ?

Un secreto amoroso el pecho mío
Guardará para siempre en su interior,
Donde yace, cual gota de rocío
En el cáliz profundo de una flor.

Cual lágrima del, cielo cristalina
Que el sol naciente colorando va^
Si la luz de tus ojos lo ilumina,
Con las tintas del iris brillará.

¿He dicho mi secreto? No, bien mío;
Aun lo vela densísimo capuz:
Descubro que te adoro; mas confío
En que falta saber... quién eres tú.
i8 IGNACIO MARISCAL

A UNOS OJOS

Hay unos ojos negros que mi mente
Doquier inflaman y doquier inspiran;
Su luz, como la estrella del Oriente,
MÍ rumbo marcan, y en su torno giran
Las ansias que devora mi alma ardiente.
Cuando esos ojos con placer me miran,
¡ Gran Dios!, tanta ventura en ellos leo
Que juzgo estar soñando y... ¡no lo creo!
Ellos me brindan con celeste gloria,
Contento y dicha sin igual me ofrecen...
i Ay! ¡ Ventura falaz, dicha ilusoria
Que locos mis sentidos apetecen...!
Mas si ellos me hacen olvidar mi historia,
Si en dulcísimo encanto me adormecen,
Si disipan mis ásperos enojos,
¿Cómo no delirar por esos ojos?

México, Marzo de 1834:
POESÍAS 19

A UNA JOVEN

EN LA MUERTE DE SU NOVIO

No llores, no; tus lágrimas hirvientes
Ese rostro gentil desolarán
Cual desoía campiñas florecientes
La lava de un volcán.

Y tus lozanas, fúlgidas mejillas,
Hoy rojas con el llanto abrasador,
Volveránse tan mustias y amarillas
Que infundirán pavor.

De tu beldad, en pálidos despojos
Velados ¡ ay! con fúnebre capuz,
Las gracias volarán, y hasta tus ojos
Esconderán su luz.

Uno á uno los rizos tembladores
Caerán de tu cabeza virginal,
Como las hojas de tempranas flores
Que azota el vendaval.

Tu regio talle, de atrevida palma
Que Amor columpia en lánguido vaivén,
20 IGNACIO MARISCAL

Se inclinará, y el torcedor de tu alma
Abrumará tu sien.

De tu cuello la altiva gentileza,
De tu seno el deleite embriagador,
Su delicada mórbida belleza
Consumirá el dolor.

Y en vano de los hombres fementidos
Evocarás la admiración infiel;
La turba vil que adora los sentidos
Se alejará en tropel.

¡ Ah! sólo yo que, el ideal buscando
De un tierno enamorado corazón,
Hallarlo pienso en la mujer llorando,
Velada en su aflicción;

Tan sólo yo que, en júbilo engañoso,
Ahogando de mi mial el sinsabor,
Un mundo labro de ilusión radioso
Do anida algún dolor;

Tan sólo yo, que la beldad terrena
Nunca pude frenético adorar
Sino á la luz de misteriosa pena,
Estela en negro mar;

Tan sólo yo que, arrebatado al cielo,
Me siento libre de la escoria vil,
Tus ojos contemplando tras un velo
De lágrimas sutil,
POESÍAS

Yo sólo te adorara en tu martirio,
De mi ilusión mirándote al través,
Y absorto, deslumbrado en mi delirio,
Postrárame á tus pies.

Mas calma, calma tu mortal congoja
Y olvida la emoción de un infeliz;
Yo lucho con el hado que me arroja
A la tremenda lid.

Enjuga el lloro que tu sien maltrata,
Ten piedad de tus gracias de mujer;
Ese amante que el cielo te arrebata,..
¡ Lo volverás á ver!

Hay (¿tu cristiana fe no lo presiente?)
Tras de esa azul, tranquila soledad
Una región de amor indeficiente,
De inmensa claridad.

Allí, del Criador en el regazo, f
Entrambos coronados de laurel,
La copa de la dicha, en tierno lazo,
Apurarás con él.

Goza en tanto el perfume de la vida,
Que el inocente goce es la virtud;
Con dulcísimo halago te convida
Tu rica juventud.
22 IGNACIO MARISCAL

No llores más, serénense tus ojos,
¡Oh del placer alado querubín!
Y déjame que llore mis enojos
En desamor sin fin.

Veracruz, Diciembre de 1860.
POESÍAS

EN UN CUMPLEAÑOS

Si alguna vez el sentimiento inspira
Concepto noble y expresión valiente,
Hoy al compás de mi modesta lira
Será mi voz armónico torrente;
¿O es sólo en mi la inspiración mentira?...
Mentira, sí, porque mi pecho siente
Grata y honda emoción ¡ oh Magdalena!
Y en mi insonoro labio no resuena,

Consiga yo esta vez, amada mía,
Tu oído regalar con dulce nota
Del gran concierto que al rayar tu día
Dentro del seno misterioso brota, 1
Tu nombre al exaltar mi fantasía,
Y por siempre mi lira quede rota
Y nunca vuelva á resonar mi acento,
Mudo como el sinfónico instrumento.

Que así pudiera al menos consagrarte,
A ti, que con imagen hechicera
Mueves al triste músicas á darte
H IGNACIO MARISCAL

De mi laúd la vibración postrera,
Y esa nota al oír pura, sin arte,
Que el corazón ingenuo te ofreciera,
Me dieras tú de mi emoción en pago
Una sonrisa de inocente halago.

Y con ella quedara satisfecho
Y mi ventura cifraría en ella,
Porque es el entusiasmo de mi pecho
Fogoso y puro cuanto tú eres bella;
Y si de males en turbión deshecho
Ni una esperanza hallare ni una estrella,
A disipar bastara mis enojos
Una mirada de tus lindos ojos.

He aquí la sola, dulce recompensa
Que aspira á merecer el canto mío,
Que si es del alma aspiración inmensa,
Su ardor modera el pensamiento frío.
Concédeme ese premio, hermosa, y piensa
Que, lejos de culpable desvarío,
Mostréme siempre en mis humildes cantos
Rendido admirador de tus encantos.

Y un tiempo fué que tu natal dichoso,
En metro vil y con rastrero estilo,
Canté entusiasta. ¡ Tiempo venturoso
De sueño y paz al corazón tranquilo,
Al corazón que en golpe cauteloso
Hirió el dolor con acerado filo!
;Ay! en mi seno hundió su mano ardiente
Y de mis risas desecó la fuente.
POESÍAS

No extrañes, pues, que dolorosa herida
En mi gozoso canto se revele,
Que por siempre amargó mi triste vida
El acíbar del mal: fuerza es que vele
Negro crespón mi frente dolorida...
Mas ¡ ah!, perdona que tus gozos hiele
Gimiendo á mi pesar, y condolida
De la honda pena que en el alma siento,
No culpes de importuno mi lamento.

No le culpes, Malena, que tú sabes
Cuánto al sensible corazón oprime
Un continuo callar, cuánto más graves
Sus cuitas siente quien á solas gime
Y no osa quebrantar las duras llaves
Con que guarda su lloro y lo reprime.
Tú me darás que lance en mi desvelo
Un ¡ay! que calme mi profundo duelo.

Y tú comprenderás mi amarga pena,
Que tú también, al cabo, has padecido
Y si alma abrigas de pesar ajena,
Inclinaste al dolor tu cuerpo herido.
¡ Ay! paloma torcaz de gracia llena,
El dolor, desoyendo tu gemido,
Con cruda mano desgarró tu seno
Y en él vertió su asolador veneno.

Paréceme, bien mío, contemplarte
En el horrible trance lastimero
Que para tu salud dispuso el arte
De duros cirujanos, y el acero
^6 IGNACIO MARISCAL

Les miro ya empuñar, abandonarte
Mirándote á su instinto carnicero,
Como suele una mansa corderilla
Tender el cuello á la feroz cuchilla.

Mas ¡ah! ¿qué intentan? Ciegos, inhumanos,
Se abalanzan con bárbara presteza
Sobre tu seno ¡ oh Dios! Tened, insanos,
Respetad su candor y su belleza;
No profanéis con vuestras torpes manos
Ese tesoro de gentil pureza;
Apartad de esa virgen tanto estrago,
O siempre Amor os negará su halago.

i Inútil exclamar! que á nada atienden
Y en vértigo infernal rasgan tu pecho,
Con la cuchilla ¡ ay Dios! tu seno hienden
Por la alba mano de las gracias hecho,
Y más su furia destructora encienden,
Tiñendose en la sangre que tu lecho
Inunda ya... ¡Piedad! detente ¡oh Musa!
Mi seca lengua proseguir rehusa.

Huid, huid, imágenes sombrías;
Perspectiva de horror, huye sangrienta.
¿ Por qué el recuerdo de tan negros días
En mi imaginación calenturienta
Viene á turbar las puras alegrías,
El gozo que hoy mi corazón alienta ?
¡ Ay! es que, á mi pesar enternecido,
Me acuerdo siempre de lo que has sufrido.
POESÍAS 27

¡ Mas ya no sufrirás! Si el hado injusto
Pensó ostentar su ciega omnipotencia
Mostrándote, mi bien, el ceño adusto,
Hoy, al fin, lo desarma tu inocencia
Y el pasado martirio vuelve en gusto;
Cambiado ya en benigna Providencia,
Si eres feliz, Malena, más felice,
Era más halagüeña te predice.

El compasivo Cielo te lo anuncia
Por ti lleno de amor y piedad santa,
Con voz solemne y mística pronuncia
Su oráculo y lo pone en la garganta
Del mísero poeta que renuncia,
Renuncia, sí, mientras tu nombre canta,
La vanidad de la mundana gloria,
Buscando tierno asilo en tu memoria.
18 IGNACIO MARISC/St

SOLO A TI

Je nieurs de ne pouvoir
nomraer ce que j'adore.
LAMARTINE

"¿Sabes lo que es amor? —con tierno acento
Partenia dijo al bárbaro Ingomar—
Dos almas con un solo pensamiento,
Dos senos que palpitan á compás."

Y yo, que de pasión inextinguible
Siento el fuego abrasar mi corazón;
Yo, que adoro en el mundo un imposible,
También puedo decir lo que es amor.

Antor es una fiebre, es un delirio
Que, estando oculto, mina nuestro sér;
Para el que gime á solas, un martirio
Que atroz le mata en invisible red.

En tanto lucha por romper sus lazos,
Presa de horrendo pólipo en el mar,
Sofocado en sus pérfidos abrazos,
Sin poder ni aun lamentos exhalar.
POESÍAS

Y no presume su dolor eterno
El triste que no alcanza á verle fin...
Amor es para algunos un infierno,
Mas no el de Dante y de creyentes mil;

Que todo amante forja una esperanza
Tal vez en mofa absurda á la razón,
Y viéndola confusa en lontananza,
Del fuego fatuo se encamina en pos.

A sus tibios y pálidos reflejos
Surca atrevido el piélago sin luz,
Náufrago delirante que á lo lejos
Divisa faro que no existe aún.

Y aquel fantasma luminoso, extraño,
Valor le infunde en la tremenda lid;
Mas ¡ay! si llega á comprender su engaño,
Se abandona en las olas á morir.

Así, cuando descubro en tu mirada
Vislumbres de amorosa compasión,
Revivo con el alma entusiasmada
Y renace en mi mente la ilusión.

Mas, si huyendo de mí tus negros ojos,
Al fin me miras con glacial desdén,
Trocado el mundo en páramo de abrojos,
La muerte ansio cual supremo bien.

Quizá á mi porvenir la vista lanzo
Por ver si allá en el fondo te hallas tú,
3o IGNACIO MARISCAL

Y en balde lo escudriño, á ver no alcanzo
Sino nieblas y fúnebre capuz.

Tu imagen otras veces me alucina
Dibujada en fantástico telón,
O sáleme al encuentro y me fascina
Cual la flama al insecto volador. .

Es ella la que mi hálito sustenta,
La que fuerza me da para vivir,
La que á un tiempo me halaga y atormenta,
Color y pena dando á mi existir.

Mujer idolatrada, ¡quiera el cielo
que nunca sufras lo que sufro yo!...
Si mi ventura ha de causar tu duelo,
¿Qué más?, he de pedií* tu desamor.

Antes mil veces que romper tu calma
Y hundirte en el abismo en que me ves,
Vivir acepto destrozada el alma,
Y en silencio á la tumba descender.

Mas no por eso indiferente y fría
Te muestres á mi férvida pasión,
Que en tus miradas sólo, vida mía,
En tu sonrisa está mi salvación...

¡ Ah! si amor no pudieres,, su apariencia
Concédeme, ángel mío, por piedad.
¿ Es cierto que en helada indiferencia
Tu pecho se abre sólo á la amistad ?
POESÍAS 3:

Si herido al fin tu corazón se siente
Por otro amor feliz y dulce unión
Meditas ¡ay!... tu dicha solamente
Será mi dominante aspiración.

No temas que, importuno y egoísta,
Surja entonces mi oculto padecer,
Que, huyendo para siempre de tu vista.
Sin lanzar un gemido partiré.

Duda, ansiedad, tormentos sin medida
Tal es amor, al menos para mi:
• Con él nació el secreto de mi vida
Que á nadie he revelado, sólo á ti (i).

(i) Estos versos pertenecían á una novela que dejé sin concluir hace
ilgunos años.—Nota del Autor.
32 IGNACIO MARISCAL

EL ALMA DE UNA MADRE

(RECUERDO DE ADELAIDE A. PROCTER)

I

Rendida al peso de fatal angustia,
Y allá en el fondo del obscuro seno,
Donde purga el espíritu sus faltas
Antes que logre remontarse al cielo,
Un alma gime en hondo desamparo
Sin alcanzar alivio á su tormento,
Cual si ya ni el pincel de la Esperanza
Trazara de su dicha algún bosquejo.
Mas súbito un celeste peregrino
Surcó el espacio en luminoso vuelo,
Rasgando la tiniebla en que gemía
El desdichado espíritu imperfecto.
Arcángel poderoso y deslumbrante,
Gabriel le nombran musulmán y hebreo,
Y del Señor á la infeliz criatura
Desciende cual ministro ó mensajero.
POESÍAS 33

"¿ Por qué —le dice— á tu dolor profundo
La Fe no imparte celestial consuelo ?
¿Ignoras por ventura que tus males
No siempre han de durar, no son eternos ?"
"¿Qué importa? —responde ella— ¡ desdichada!
Por mí no son las lágrimas que vierto,
Pues madre fui y al hijo idolatrado
Dejé en la tierra miserable huérfano.
"¿ Sé yo lo que padece, si egoísta
Su padre, ansiando frivolo himeneo,
Le dio verdugo en la mujer liviana
Que ceba en él la rabia de los celos ?
"¡ Ah! por piedad, dejadme que le mire,
Que le visite en el humano suelo,
Veréle un solo instante y en seguida
Podéis lanzarme al fondo del averno."
"Calla, calla, infeliz—r.epuso el Ángel—,
No insultes al Señor con loco acento.
El Dios de la justicia te perdona
Ese arranque de amor mundano y ciego;
"Que El sólo juzga el corazón del hombre
Contando sus latidos más secretos,
Y nada oculta á su infalible vista
En su infinito espacio el Universo.
"Escucha, pues, lo que el Señor propone
Bondadoso á la par que justiciero:
Ya vas el fin de tu expiación tocando,
Dentro de una hora subirás al Cielo;
"Mas quiere Dios dejarlo á tu albedrío,
Se cumplirá tu maternal deseo,
Verás al hijo de tu amor tan sólo
Por un minuto del humano tiempo.
3
34 IGNACIO MARISCAL

"Y el rápido placer que así alcanzares
Retardará tu dicha un siglo entero.
Piénsalo bien; por solo aquel minuto
Cien años de este horrible sufrimiento."
"¡Al punto—exclama sin temor el triste
Desventurado espíritu— lo acepto!
Aun eso es poco si he de ver al hijo
De mis entrañas; sólo verle quiero."
Tocó Gabriel las alas entumidas
Del ánima infeliz, y pronto el vuelo
Pudo ella alzar, mostrándole el camino
De blanca luz tenuísimo reguero.

II

Era alta noche, el aposento obscuro;
Solitario dormía en pobre lecho,
Quizá olvidado, con febril semblante
Y respirando ansioso, un niño tierno.
En tanto, por la abierta celosía
Penetra allí con lánguido reflejo
La opaca luna, y se desliza helado
De triste noche el importuno aliento.
Mas ved: de pronto á dominarlo acude,
Que del niño las sienes acaricia
Con tibio soplo embalsamado céfiro
Derramando en la frente sus cabellos.
Ya inunda sus mejillas, ya en sus labips
Los rizos pone, cual si á dulce juego
Le fuese á provocar... ya de un gemido
Profundo, sofocado, imita el eco.
POESÍAS

Solloza al fin desgarrador, convulso,
Y al expirar su ráfaga en el lecho,
Despierta el niño balbuciendo "¡ Madre!' :
Y resuena en la estancia ardiente beso.

III

Del negro limbo la espaciosa entrada
Gabriel custodia en ademán severo
Cuando vuelve el espíritu infelice
Y á punto se halla de lanzarse adentro.
"Detente —grita el Ángel conmovido—:
Basta ya de sufrir, remonta el vuelo;
De tu expiación el término cumpliste,
Que un siglo se confunde y un momento (i)
Ante la eternidad, y el tiempo es otro
En el reló sublime del Eterno.
"De madre agotas la suprema angustia
Por tu erección; pero el martirio horrendo
Duró un minuto, y en tan breve espacio
Cumplidos van cien años de tormento."

IV

Di jo, y al punto el éter iluminan
Espíritus de luz que en amplio cerco
A un niño traen, y á la madre ansiosa
Lo entregan con semblantes halagüeños.

) Así el original.—Pudiera modificarse:
Que un siglo se confunde en un momento,..
B. D.
36 IGNACIO MARISCAL

Elévase ella absorta entre los Angeles,
Al hijo unida con abrazo estrecho,
Y, sin cesar huyendo entusiasmada,
Se pierde en el azul del firmamento (i).

1870.

(1) Estos versos no son ni una traducción más ó menos libre, ni tam-
poco una imitación completa, pues los escribí con sólo el recuerdo que
me dejó la lectura» por un elocucionista americano, de la pocsfa de Ade-
laide A. Procter. Así podrá suceder que no tengan de común con la com-
posición inglesa otra cosa más que el argumento.—Nota del Autor.
POESÍAS 3y

PARA LOS FUNERALES

DEL SEÑOR DON LUIS MARTÍNEZ DE CASTRO, MUERTO EN uA
ACCIÓN DE CHURUBUSCO

¡Ilustre sombra! Tu reposo, inquieto;
Y triste al entonar un canto rudo,
La mente hundida en funeral respeto,
Gimiendo te saludo.
Mas ¡ ay! en vano lúgubre gemido
Mi labio exhala; sin vigor, sin eco,
Entre esas tumbas vagará perdido.

Subir no puede á tu elevado asiento,
Y rozando este suelo/funerario,
Alcanza hasta el oído desatento
De vago solitario
Que visitando tumbas más lejanas,
Oye sonar mis lánguidos clamores
Como el eco de fúnebres campanas.

Así al dolor consagraré mi llanto,
Viva efusión de sentimiento puro
Derramado al impulso del quebranto,
Y así de un labio obscuro
38 IGNACIO MARISCAL

Brotará el entusiasmo de mi seno,
Cual bella flor de espléndidos matices
Suele brotar en ignorado cieno.

Mas ¡ no ! mi voz encontrará propicio
El corazón del pueblo mexicano,
Porque ensalza de un héroe el sacrificio,
La gloria de un hermano.
¿De mi inexperta lira la rudeza,
Ferviente culto á su memoria dando,
El brillo empañará de su grandeza ?

Con roja sangre que esmaltó la tierra
Nos legó, al expirar, su nombre escrito,
Cuando hasta aquí llegó la injusta guerra
Del invasor maldito.
¡ Ah! que si fuera siempre la victoria
Premio al arrojo, al ardimiento santo,
¡ Hubiera coronado aquí su gloria!

Pero ¡oh suerte! mi Patria desvalida,
A quien la mano del destino azota
Con saña formidable, hoy afligida,
Llorando su derrota,
En vano en torno volverá los ojos;
Tan sólo ¡ oh Dios ! para calmar su pena
Tropezará con míseros despojos.

¡ Despojos y no más! que del valiente,
Si á morir, no á vencer, fué destinado,
Sólo queda un cadáver imponente,
Un cuerpo mutilado:
POESÍAS 39

¡ Despojos, y no más, de campeones!
Pero esas son tus glorias, Patria mía,
Las que encubren tu mengua á las naciones,

Con ellas puede el rostro placentero
Mostrar México aún, que ellas lo ensalzan...
Muéstralo ¡ oh Patria! y clama al mundo entero:
"Mirad cómo se alzan
Los héroes, de mi suelo envilecido."
El mundo, arrebatado al contemplarlos,
Admirará las glorias del vencido.

Vedlas allá en las lomas de Angostura,
Ved del Molino el sanguinoso campo,
Y en Churubusco ¡ oh Dios ! esa blancura,
De horrenda nieve el ampo,
Que en su brillo fatal revela muerte,
Y decid si es vergüenza entre la sangre
Sucumbir al capricho de la suerte.

Jamás, bravos guerreros, ciudadanos
Ilustres, denodados campeones,
Caros hijos del pueblo, mis hermanos,
Que en escasas legiones
Temblar la fortaleza celebrada
En fiel defensa aterradora hicisteis,
Vuestra gloria jamás será ofuscada;
Que mil grandes proezas á la llama
Del cañón fulguraron ese día;
El humo las cubrió... mas ya la Fama,
De excelsa nombradla
4o IGNACIO MARISCAL

Coronando sus ínclitos loores,
Los nombres proclamó de los valientes
De Churubusco heroicos defensores.

¡ Oh, cuántas veces en mortal refriega,
Nubes de combatientes dispersando,
El rudo ataque de la turba ciega,
Serenos contrastando,
Burlabais el orgullo de su intento,
Y esos hijos espurios del gran Washington
Lloraban en la fuga su escarmiento!

Mas ¡ ay! que ya al asalto á escape llegan
Unidos batallones numerosos
Que de cuerpos y sangre el campo riegan
Y restos espantosos.
Al nuevo embate crece la pelea,
Y en continuado y hórrido retumbo
Vivida luz el fuerte centellea.

Tenaz entonces el sajón acrece
De sus tropas el número, y aviva
El fuego, en que ni un punto desfallece
Cuando el asalto esquiva;
Y consúmese allí el pertrecho escaso,
E inermes ¡ oh dolor! al yankee fiero
Vuestra arrogancia disputaba el paso.

Cedéis al fin... ¡oh! sí, ¡con cuánta gloria!
Hay un laurel del que sucumbe honrado,
Bello como el laurel de la victoria.
Modesto y deslustrado
POESÍAS
4'

Lo veis; mas la fragancia percibid
Con que el honor sus hojas embalsama,
Sucias aún del polvo de la lid.

Con ese lauro vuestra sien corona
La grave historia en amoroso anhelo,
En tanto que la Patria se abandona
A la aflicción y el duelo;
Que, al perder su riquísimo tesoro
Se vuelve á los sepulcros de sus mártires
Y el rostro anega en abundante lloro.

¡ Inútil llanto de aflicción perdida!
Al joven héroe muerto en su defensa
No volverán sus lágrimas la vida,
Ni nuestra pena inmensa.
Era ¡ ay! un lirio del jardín hechizo,
Brilló unos días, vino la tormenta,
Y en recia lluvia lo tronchó el granizo.

¡ Víctima pura! á la región dichosa
Si de este pueblo la oración alcanza,
Permítele que encienda ahí en tu fosa
La luz de su esperanza;
Y al contemplar su tétrico destino,
Ruega al Señor que compasivo alumbre
Las sombras que obscurecen su camino (i).

Agosto de 1849.

(1) Estos versos que no fueron leídos en la ocasión á que se destina-
d o , se publicaron en El Siglo XIX del 12 de Octubre de 1854, con algu-
s más imperfecciones que ahora se han corregido en lo posible yque
«ebían, en parte, á la temprana edad é inexperiencia absoluta del autor
en
aquella época.- Nota del Autor.
4^ IGNACIO MARISCAL

A TAMBERLICK

Hijo preciado de la bella Ausonia,
De la ciudad eterna entre los muros
Meciéndose tu cuna, te adormía
El Tíber de sus ondas al arrullo.
Y ahí, en la tierra donde es canto el habla,
Música la oración del templo augusto,
Las arengas del foro y del liceo
Y aun las palabras del ignaro vulgo;
En el concierto que incesante eleva
Roma al empíreo, el Hacedor dispuso
Que tu infantil acento resonara
Vibrante, acorde, melodioso y puro.
Creciste, y pronto en las brillantes aras
Del arte celestial rindiendo culto,
Con el encanto de tu voz suspendes
Entre asombro y deleite al viejo mundo;
Que al fin de Italia el reducido suelo
Su armónico torrente no contuvo,
Y te oye absorto el español, el franco,
El grave inglés, el alemán y el ruso.
De lauros mil se coronó tu frente;
Y, como suele en horizonte fúlgido
POESÍAS 43

Bajar el sol espléndido al ocaso,
Venir al suelo occidental te plugo.
De América en las playas virginales
La fama de tu nombre vuela al punto,
Brillante heraldo de dichoso arribo,
De nuestras glorias inefable anuncio.
Y aquí, en la tierra donde al alba trinan
Miles y miles de cinzontes músicos,
Donde la brisa al remedar suspiros
Y el arroyuelo con gentil murmurio
Enseñan á cantar cual canta el ave
Sin arte peregrino, sin estudio,
¿ Qué has venido á encontrar ? —Un pueblo ardiente
Que en aplausos te rinde su tributo.
Sigue feliz en la triunfal carrera
Que á tu paso prolonga el Nuevo Mundo,
Glorioso artista, y su esplendor no empañe
Ni la envidia ruin ni el infortunio.
Y cuando vuelvas á la culta Europa,
Do, al mexicano, vengativo y rudo
Pinta la mala fe, di que no hallaste
De condición tan bárbara á ninguno;
Que si tenaz al invasor repele,
Un pueblo libre hasta alcanzar triunfo,
También con el amigo es generoso
Y le sabe apreciar, también es justo.

Julio de 1871.
44 IGNACIO MARISCAL

DESCANSO Y VIDA

Seguro fin previene á nuestros males
La Muerter en lecho de eternal reposo;
Mas qué, ¿ para los míseros mortales
No hay otro asilo que el angosto hueco
Del ataúd helado y pavoroso?
¿De vida y juventud será el destino
Quietud sombría, calma indeficiente,
La paz marmórea en la amarilla frente
Del cadáver mezquino ?
¡ Cuan pobre es del vivir la recompensa
Si nada el hombre tras la tumba alcanza,
Y nos engaña siempre la esperanza
Con perspectiva inmensa!
¿En ardua lucha el noble sacrificio
Sólo ilusión mentida galardona,
Y la virtud, á par de inmundo vicio,
Logra por fin esa árida corona?
¿El corazón del joven arrogante
Palpitará con animoso brío
Porque le anuncie calma,
Refrescando su sien el viento frío
POESÍAS

Del sepulcro distante
Que guarde á su ambición tan triste palma ?
¡ Oh! no, mil veces no, que es otro el sueño,
Otra la dicha que persigue ansioso
Del alma el claro instinto:
No espera hallarla en lóbrego recinto;
¡ La dicha ve en la luz de un sol radioso,
En el nervio que siente,
En el aliento cálido, el viviente!
No es ¡ ay! descanso mudo
Tras el combate desigual y rudo
Del hombre con los hombres, lo que ansia
Su pecho desgarrado;
No es el reposo inerte
Que le brinda la Muerte
En el arcano de la tumba fría;
Es vida, es otra vida en que, animado
Con nuevo ser, vestido en nuevas galas,
Tender pueda el espíritu sus alas
Por la región del éter infinito
Hasta llegar al cielo
Donde contemple la verdad sin velo,
Mirando al Sol eterno de hito en hito.
c
Bella ilusión que extático le guía
Por el mundo falaz, y con la suerte
Le resigna, le empuja hasta la muerte
Del mártir ó del héroe, su agonía
Trocada en la visión que le entusiasma.

¿ Seré quizá ludibrio de un fantasma
Que forjan la ignorancia y el deseo
46 IGNACIO MARISCAL

Con el espanto unidos ?
¡ Oh duda, horrible duda!
¿ Quién tus nieblas disipa cuando veo
Que en vano la razón me presta ayuda,
Si falta la evidencia á los sentidos
Y, afectando desdén, calla la ciencia ?...
¿ Ninguno al fin responde ? —Sí, ya escucho
La voz, la dulce voz de la conciencia
Que del seno más íntimo pregona:
" N o va al sepulcro tu inmortal esencia;
Ve más allá tu espléndida corona."

Marzo de 1884.
POESÍAS 47

PARA UN ÁLBUM

Al triste son de mí olvidada lira
Dejadme alzar un canto balbuciente,
Chispa de fuego que en ceniza expira,
Relámpago de luz incandescente:
Ya no será mi inspiración mentira,
Pues que insólito ardor mi pecho siente
Y, al sacudir su dolorosa calma,
Torrentes de armonía vierte el alma.
Mas de una vaga, mística armonía
Que tan sólo mi espíritu comprende,
Que nunca al mundo revelar podría
Con la terrena voz. que el mundo entiende,
Porque el alma tan pura melodía
De su seno más íntimo desprende
Y al punto la recoge, cual si á mengua
Tuviera el entregársela á mi lengua.
I Oh si pudiera un lánguido murmullo
Remedar de esa música divina,
Eco lejano de sentido arrullo,
Lamento de la flor que al aura inclina
Su cáliz entreabriendo su capullo,
48 IGNACIO MARISCAL

Suspiro de la fuente cristalina
Que solloza perdida entre las flores,
Ensueño de dormidos ruiseñores.
Mas ¡ ah! no puedo: reverente escucho,
Cual retumbo de música lejana,
El canto inmaterial, si tierno mucho,
Que el alma eleva á ti, preciosa Juana,
Y en balde yo por imitarlo lucho;
Seca la mente, la palabra vana,
El entusiasta corazón palpita
Y el torpe labio en rudo afán se agita.
Es que el avaro cielo me ha negado,
Al darme de poeta el sentimiento,
Su resonante voz y eco inspirado,
Y ese feliz, dominador talento,
Y ese fuego vivífico, sagrado,
Con que se lanza, en ímpetu violento,
El vate audaz que al firmamento sube
Sobre el vellón de refulgente nube.
Mas ya que en balde acento peregrino
Quise arrancar de mi infeliz garganta
Y, homenaje rindiéndote mezquino,
Cantar el numen que en tu seno canta,
Deja, al menos, que arroje en tu camino,
Como pérsica alfombra de tu planta,
Estos del alma míseros despojos,
Humildes versos que verán tus ojos.

México, Noviembre de 1857.
POESÍAS

EN LA MUERTE DE UN BUEN SACERDOTE

(FRAY MANUEL PINZÓN)

O Dieu, ne reprends pas
ceux que taflammeanime;
Si la vertu s*en ta,
que deviendra ie crime?
N'enléve pas au monde
un espoir salutaire:
Laisse des justes sur la terre.
VÍCTOR HUGO.

I

No la terrible, asoladora pena
Que el rostro inunda en llanto abrasador
Y al corazón inconsolable llena
Be viva angustia y funeral pavor;
No el duro padecer que el cuello oprime
Con recio nudo de áspero dogal,
Mientras el alma en sus tinieblas gime
Y ve en la riíuerte incomprensible mal;
No ese dolor que en su carnal miseria
Del escéptico rasga el corazón,
Instinto ciego de la vil materia
Que obscurece y domina la razón;
No ese dolor, sino el dolor del alma
Que alumbra pura, indeficiente luz
4
5o IGNACIO MARISCAL

Y ve en la muerte vividora palma,
Cual regio trono en la infamada cruz.
Tan íntimo, sereno, religioso,
Fué el pesar que en el ánimo cundió
Cuando el justo en su tránsito dichoso
La tierra para siempre abandonó.
¿ A qué llorar, si en nuestro amargo duelo
Vertió su dulce bálsamo la Fe ?
¿A qué llorar, si en cristalino cielo
Sublimado el espíritu le ve ?

II

Era el humilde sacerdote santo
Del Redentor purísimo secuaz;
El desvalido huérfano su encanto,
Su noble anhelo difundir la paz.
Tropezando sus plantas con el oro,
De caridad en instrumento vil
Tórnalo al punto y, pródigo, un tesoro
Vierte en alivios de congojas mil.
Sencillo, puro, su elocuente labio
Derramaba á torrentes la verdad;
Nunca moviólo rencoroso agravio,
Pasión ruin, ni estólida piedad.
i Quién, decidme, al sangriento fanatismo
Como él osó valiente reprimir ?
De la superstición el negro abismo,
¿Quién al pueblo dejaba traslucir?
Nuncio de paz en la afligida tierra,
Del homlbre huyendo la discordia atroz,
POESÍAS

Al vicio mueve compasiva guerra
De ejemplo armado y apacible voz.
¡ Ah! ¡ no creyó que fulminado acero,
Candente plomo, bronce aterrador,
Fueran del manso, celestial cordero
Digno sostén, amparo del Señor!
Y cuando vio que, hipócrita, entre hermanos,
Torpe ambición ensangrentó la lid,
Alzando al cielo las piadosas manos,
Por tus hijos oró, Patria infeliz.
Por tus hijos, que en largo descarrío
Rasgaron ¡ay! tu rico pabellón...
Y al iluso, al fanático, al impío
Confunde el justo en férvida oración.
Su pecho, cual de candida paloma,
Sed de sangre no enciende criminal,
Que sólo de Jesús ejemplo toma,
No del verdugo ó de feroz chacal.
Y nunca el nombre del Señor blasfema
Para ensalzar al matador cruel,
Ni en aras de su Dios incienso quema
Lleno el bastardo Corazón de hiél.
Paz y unión fué su angélico deseo,,
Caridad infinita su virtud;
Quizá movió su enojo el fariseo,
Mas venció de su amor la plenitud.
Llamóle Dios al puerto de ventura:
"Ese es tu premio; á tu morada ven".
Dijo el Señor; la humilde criatura
Así responde al hacedor del bien:
"Tan pronto ¡ oh Dios! arrebatarme al cíelo.
¡Piedad del hombre! En tu feliz mansión,
5j IGNACIO MARISCAL

i Qué oprimidos aguardan el consuelo?
¿A qué opresores llevaré el perdón?"
Oyó Jesús con ínclita sonrisa
La queja del pastor que amó su ley,
Y, arrebatando al ánima indecisa,
La vista huyó de la angustiada grey.

Julio de 1858.
POESÍAS 53

EN LA MUERTE

DE LA SEÑORITA SOLEDAD GÓMEZ SOTO

Dejando el triste suelo
Te vas ¡ oh niña hermosa!
Y en el radiante cielo
Donde el afán reposa,
Entre sus bellos ángeles
Te cuenta ya el Señor.
Tu muerte no es la pena
Que aguarda-el hombre injusto
De espanto el alma llena,
De horror teñido el busto,
Sino el dichoso tránsito r
De un mundo á otro mejor.
Por eso intento vano
Es de la parca aleve
Cuando, con torpe mano,
A tu beldad se atreve,
Y en tenebroso féretro
Bello tu cuerpo está;
Que si la atroz dolencia
Tu tierna vida extingue,
&4 IGNACIO MARISCAL

Su bárbara influencia
Tu hermosa faz distingue
Y á tu semblante lívido
Nuevo esplendor le da.
¡ Feliz, feliz mil veces
Quien, como tú, del mundo
Las corrompidas heces
Nunca probó y fecundo
De la virtud el mérito
Lleva sin mancha á Dios!
¡ Dichosa tú que dejas
La vida ansiosa y dura,
Donde entre amargas quejas
El mal su rabia apura,
Y vuela ya tu espíritu
De eterna dicha en pos!
Mas ¡ ay! ¡ desventurados
Los que en la tierra moran
Y en duelo abandonados
Tu amarga ausencia lloran!
¿ Quién hoy de tanta pérdida
Los puede consolar ?
Tu amante en vano piensa
Que eres feliz, no escucha
Que en tu ventura inmensa
Cesó la horrible lucha
Con este mundo pérfido
Y todo es bienestar.
Devoran á tu padre
Cuidados mil prolijos:
i Cómo dará una madre
A sus más tiernos hijos?
POESÍAS 55

Tu halago ¡ pobres huérfanos!
¿Quién les podrá volver?
Tú, de la edad ligera
En los alegres días,
Riendo placentera
Su infancia dirigías
Y, virgen pura y candida,
Madre supiste ser.
Cuando la voz del cielo
Oyó tu alma tranquila
Y, pronta á alzar el vuelo
Ni teme ni vacila,
Tus pensamientos últimos
Lanzaste al porvenir;
Y padre, amante, hermanos
Temores te infundían,
Por ellos los arcanos
Del hado te afligían
Y á Dios mil votos férvidos
Elevas al partir.
Si amor, que en vivo fuego
El corazón inflama,
Turbando tu sosiego
Su abrasadora llama
Prendió en tu seno púdico,
De virginal candor,
¡ Cuan tierno y acendrado
Se reveló en tu acento!
¡ Cuan puro y delicado
Fué el casto sentimiento!
¡ Dichoso amante el único
Que mereció tu amor!
56 IGNACIO MARISCAL

Mas hoy ¡ cuan inf elice!
Al contemplar su suerte
Gimiendo la maldice,
Que el genio de la muerte,
De nuestros goces ávidos,
Le arrebató su bien.
¿ Quién anunciar pudiera
Que, en vez de hallarte unida
Con él, la peste fiera
Cebándose en tu vida,
De una corona fúnebre
Iba á cargar tu sien ?
No la encendida rosa,
Ni el arrayán preciado,
Ni el azahar de esposa
Dan lustre á tu tocado,
Que, de pureza símbolo,
Mustio laurel te ornó.
Y leve tu alma sube
Por el espacio inmenso,
Como la blanca nube
De perfumado incienso,
Como el suavísimo hálito
De matutina flor.
Desde el sublime asiento
Donde el placer rebosa,
Escucha mi lamento,
Criatura venturosa,
Oye la ardiente súplica
Que osa elevar mi fe.
Y de tu padre el duelo
Mirando enternecida,
POESÍAS

Haz que el Señor consuelo
Derrame en su alma herida,
Y á tus hermanos míseros
Su bendición les dé.
Dilate entre los goces
Los días de tu amante
Y calme sus atroces
Dolores al instante,
Mostrándole tu espíritu
En la mansión de luz.
Las gracias y favores
En tus amigas lluevan
Que misteriosas flores
A tu sepulcro llevan.
Algunas ¡ ay! de lágrimas
Bañaron tu ataúd.
Dios á tu Patria libre
Del invasor malvado
Y ardiente rayo vibre
Sobre el traidor menguado
Que por extraño déspota
Lucha incesante aquí.
Y si mi pobre canto
Oyeres condolida
Y el frío desencanto
Que marchitó mi vida
Te inspira ¡ oh niña! lástima,
Ruega también por mí.

México, Enero de 1863.
38 IGNACIO MARISCAL

EPISODIO DE LA VIDA DE JUÁREZ

ADVERTENCIA

Habiendo visto, en la convocatoria publicada en Oaxaca para
unos Juegos florales, que se pedía entre otras composiciones, "una
leyenda literaria basada en algún episodio de la vida de Juárez",
y que había de ser en prosa, ocurrióme referir un hecho poco ó
nada conocido y que honra sobremanera á aquel hombre extraor-
dinario. Mas, no comprendiendo de qué modo pudiera darse á
semejante leyenda (en la acepción más amplia del vocablo) el es-
pecial carácter literario que se exigía, me pareció bien escribirla en
prosa rítmica, es decir, en endecasílabos sin rima alguna y con la
apariencia, casi con el estilo de prosa común, imitando en esto al
belga autor del drama Monna Vanna, escrito en alejandrinos fran-
ceses sin rima y traducido en forma análoga por el Sr. D. Balbíno
Dávalos. El estilo que me propuse emplear es, además, en lo ge-
neral tan llano y sencillo que no desdice del que á mi juicio con-
viene á toda narración histórica, siendo el hecho que relato verda-
dero hasta en sus últimos detalles. Así mi composición no tendría
de literaria más que el juego rítmico á que hago referencia, en el
cual ni aun parece necesario el rigor prosódico, sino en ciertos casos
atenerse á la pronunciación usual entre nosotros.
Por lo demás, la posición que ocupo en el Gobierno y la cir-
cunstancia de habérseme elegido para escoger un regalo destinado
POESÍAS 59

al autor de la mejor "leyenda literaria" me cerraban la puerta (aun
Prescindiendo de otras consideraciones) para entrar en el Concurso.
Publico, sin embargo, mi composición prosaica por rendir un hu-
milde tributo á la memoria del gran patricio que, hace cien años,
vio la luz primera en un rincón de la sierra de Oaxaca.

EPISODIO

En el año terrible para México,
Y al declararse la invasión francesa,
En esta hermosa capital vivía
Un subdito francés, que entonces era,
Entre otros varios, preceptor de un niño
De Juárez hijo y que, su nombre lleva.
Casado era el francés con mexicana,
Su amante y laboriosa compañera
Que, á su vez, educaba algunas niñas
Hijas del Benemérito de América.
Venido á la República años antes
Por una torpe y malhadada empresa
De colonización allá en la costa,
Que el caudaloso Coatzacoalco riega,
Quedóse en el país y á la enseñanza
Consagró desde luego sus faenas,
Para lo cual brindábale aptitudes
Su literaria educación completa.
Más, de genio versátil ú obligado
Por causa de salud, su residencia
Cambió diversas ocasiones, ora
60 IGNACIO MARISCAL

Viviendo en esta capital, ó fuera,
Ya en ciudades del Noite, ya en Oaxaca,
Donde más de tres años una escuela
Mantuvo por contrato con los padres
De Cañas y Quiñones, Beltranena,
Mariscal y otros varios, hoy difuntos,
Con la sola excepción del que esto cuenta.
Conociendo el país mejor que tantos
Como escriben sobre él á la ligera,
Además de trabajos pedagógicos,
Compuso con esmero y dio á la prensa
Un libro titulado Le Mexique,
Por Mathieu du Fossey" (su nombre ese era).
En él, como de paso, procuraba
Mostrarnos la notoria conveniencia
De recibir con gusto y entusiasmo
Una amistosa intervención francesa,
La cual debía hacernos muy felices
Al darnos protección, según se hiciera
Con Italia en Europa, levantando
Del poder á la cúspide soberbia
A la raza latina (aunque no aburide
Como especie animal en nuestra tierra).
Así nos libraría del peligro
De perecer, y no dejar ni huella,
Por el yankee invasor, con los embustes
Que de pretexto á Napoleón debieran
Servirle algo después para invadirnos
Separado de España y de Inglaterra.
El libro de Fossey halló fortuna
En la Corte Imperial y, en consecuencia,
A más de producirle otras ventajas,
POESÍAS

Puso al autor en relación estrecha
Con algún encumbrado personaje,
Con quien pronto entabló correspondencia.
De un primer matrimonio, á lo que entiendo,
Fossey tuvo dos hijas. Una de ellas
Manuelita llamábase en Oaxaca,
Emmeline en su patria y en su lengua.
De vuelta ya en Europa con la madre,
Que en breve sucumbió á su mala estrella,
Casó Emmeline en Francia y residía,
Cuando aquí declarábase la guerra,
Con su esposo en Argel. Su padre, cauto,
Sus cartas remitía más secretas
De México á París por medio de ella,
En tanto que ella le guardaba oculto
Diabólico rencor, según se cuenta,
Por la conducta que Fossey llevara
Con la difunta madre de Manuela,
O como otros dijeron y es posible,
Por mezquinas cuestiones de una herencia,
O por cualquiera causa que no importa.
El caso fué que en la .mayor reserva,
Algunas de esas cartas Emmeline
Interceptó con intención aviesa,
Posible contra un padre sólo cuando
El hijo negro corazón encierra,
De crímenes capaz, en donde anida
Sierpe que lo corrompe y envenena.
Al recibirse en México el aviso
De queia hostil expedición francesa
Sobre esta capital avanzaría,
Haciendo así del armisticio befa,
62 IGNACIO MARISCAL

Con fútiles pretextos que indignaron
Al jefe Prim de la española, inmensa
Irritación notóse en los caudillos
Del elemento popular y serio,
Precauciones tomáronse al instante
Para evitar insultos y torpezas
En contra de franceses laboriosos
Que el país habitaban por doquiera.
Felizmente se vio que la colonia
Con tacto se condujo y con prudencia,
Logrando que este pueblo no olvidara
Su inclinación simpática por ella.
Con todo, en aquel trance bien se pudo
Temer una explosión que de vergüenza
Nos hubiese cubierto, pues sobraban
Necios que ya querían promoverla
Acreditando su vajor salvaje
Contra gente pacífica, indefensa.
En situación tan llena de peligros,
Una abultada carta de la Argelia
Llegó, por el paquete inglés de Europa,
A Juárez dirigida; en su cubierta,
Otras viniendo por Fossey escritas
A su paisano y valedor del Sena.
Su texto claramente revelaba
Que era espía Fossey, en esa época,
Del Gobierno francés. Así Emmeline
Denunciaba á su padre traicionera,
Por venganza —¡ qué horror!—. Juárez^ discreto,
No habló ni una palabra; á su presencia
Llamó á Fossey y, cuando estuvo á solas,
Las cartas entregándole, "Usted lea",
POESÍAS 63

No más le dijo. Atónito el espía,
Sin poder dominar su gran sorpresa,
Tomó la de Em¡meline, su hija cara,
Distinguiéndola al punto ipor la letra.
Apenas comenzada su lectura,
Pálido el rostro de amarilla cera
Y con trémula voz, á Juárez dijo:
"Mande usted fusilarme, no me arredra
La muerte ya... mi hija es quien me mata...
¡ Feliz yo si la vida se me abrevia!
Usted, señor, es padre y me comprende."
"Ya está usted castigado —con severa
Voz le replica Juárez, que ocultaba,
En medio del rigor de aquella escena,
Su profunda piedad—; mas cuide en tanto
De obrar con discreción; de otra manera,
Usted se entenderá con la Justicia.'*
Partió Fossey confuso, y con presteza
De México alejándose, otro clima
Buscó para esconder su amarga pena.
Tal era el noble corazón de Juárez,
Tal la moderación y la prudencia
De aquel varón á quien los sicofantes
De las malignas Cortes europeas
Pintaban como torpe y sanguinario,
Cual indio testarudo zapoteca.
Hombre de hierro que el deber templara,
Jamás contra el deber ni un punto ceja;
Mas, fuera de esa inspiración, piadoso,
Humano siempre y sin rencor se muestra.
Era un varón prudente y compasivo
En quien sólo el rigor de la conciencia,
64 IGNACIO MARISCAL

Llevando el bien de la Nación por guia,
Daba impulso á la mano justiciera.
La fe con que aguardaba la victoria
No fué superstición ni estratagema,
Fué convicción profunda y confianza
En la fuerza invencible de su idea.
"Si en mi vida —pensaba— no la alcanzo,
Otra generación tendrá que verla."
De allí su abnegación y su constancia
Que vimos con asombro y que lo eleva
Tan alto en nuestro amor, mientras la historia
Su frente ciñe de inmortal diadema.

Mayo de igoó.
POESÍAS

UN SUEÑO

THE ROCK OF AGES

Soñaba yo que á misteriosa playa
Llegué en lóbrega noche; me aturdía
La mar con hondo estrépito; chocaban
Las olas con las olas, impelidas
Por fiera tempestad, y retumbando
El rayo en bronco estruendo, repetía
Su voz eco sonoro. Allí delante
Se alzaba un arrecife en cuya cima,
Y á la luz del relámpago frecuente,
Mirábase una cruz alta y sencilla,
Cual centinela inmóvil. La tormenta,
Rugiendo el huracán, se embravecía
Con inmenso furor; de blanca espuma
Cercado el arrecife, en negra tinta
Dibújase el peñasco y, por momentos,
Las encrespadas olas lo cubrían,
Dejando sólo dominar sobre ellas
La solitaria cruz. Mas ¡ ay! encima
66 IGNACIO MARISCAL

Del confuso oleaje... ¿veis?... ¿qué alcanza
Ya en alto, ya al bajar, mi incierta vista?
Es una barca, sí, que en lucha horrenda
Y de la mar juguete, se aproxima
A estrellarse en la roca, donde luego
La miro zozobrar. Temblando oía
(O en mi turbada mente resonaban)
Los doloridos ayes de las víctimas,
Cuando percibo, al descender las olas
Del árido peñasco, aun indecisa,
Humana forma de un cendal cubierta.
Profusa cabellera se tendía
Sobre su blanca veste y, abrazada
De la gigante cruz, en vano agita
La mar sus rudas olas en contorno,
Quedó ya en salvo la angustiada víctima.
Brillante luz de súbito amanece
Por el negro horizonte, y desde arriba
Un ángel se desprende en raudo vuelo,
Bajando hasta la peña en que gemía,
Colgada de la cruz, la triste náufraga.
La mano le tendió, y al punto asida
Del paraninfo celestial, la veo
Que va á perderse, en luminosa vía,
Detrás del firmamento, arrebatada
Para el asilo de la eterna dicha.
Mística voz resuena en mis oídos
Que en inefable acento me decía:
"Esa mujer es alma venturosa;
Ese mar en tormenta, nuestra vida;
La muerte, el arrecife inevitable,
POESÍAS 6?

Y la cruz es el áncora divina
Que salva del naufragio."
Poderoso
Trueno rasga los aires, y en seguida
Mi cuerpo, sacudiendo su letargo,
Despierta, y queda el alma pensativa.

1891.
68 IGNACIO MARISCAL

CARIDAD

(DE UNA LEYENDA EN VARIOS IDIOMAS)

A MI HIJA ELENA.

Lloviendo á mares, San Martín hallóse
A un pobre esclavo en m'edio del camino,
Y al punto en dos su capa dividiendo,
Regaló la mitad á aquel mendigo.
Quedando en consecuencia mal parado,
Comienza luego á tiritar de frío,
Mas con todo, feliz se considera
Por haber hecho al pobre un beneficio.
Satán furioso jura que al instante
Lo ha de ver de su acción arrepentido,
Y suelta desde el polo en aquel punto
Helado viento y lluvia con granizo.
El Norte azota con furor la cara
Del Santo, que ya tiembla entelerido;
Mas no por eso lamentó su suerte
Ni d haberse privado de su abrigo.
"Ya verás, ya verás loque te aguarda",
Prorrumpe en tanto Satanás maldito,
Y llueve, nieva, escarcha y se obscurece
La tierra toda como negro abismo.
POESÍAS

Entonces San Martín exclama triste:
"¡ Ay de aquel desgraciado! ¡ Pobrecito!
¿ Cómo no le cedí mi capa entera
Mirándole tan débil y enfermizo?"
"Silencio, y cáete pronto sobre el hielo
—rugió Satán de nuevo enfurecido—;
Cae y expira entre el lodo cual merece
Tu imbécil caridad, Santo ridículo!"
Cayó dormido el Santo entre la nieve
Y en sueños vio resplandeciente á Cristo,
Y al otro día despertó animado,
De vida lleno con calor divino.

México, Abril de 1906,
SONETOS
A ***

Rosa gentil, que extiendes tu capullo
De la aurora al crepúsculo sublime,
¡ Que la Fortuna en el rosal te mlime
Y que el rosal te muestre con orgullo!

Deslícese tu vida al blando arrullo
De la paloma que inocente gime,
Del aura errante que á la flor imprime
Dulce vaivén con lánguido murmullo.

Y si mañana tu reposo inquieta
Amor, que con sus cánticos de gloria
Vierte en las almas inquietud secreta,

Guarda en tu corazón una memoria
De que te amó también pobre poeta
Sin porvenir, sin sombra, sin historia.

Diciembre de 1853.
74 IGNACIO MARISCAL

A ELLA

Cándido lirio en su primer mañana,
En torno exhalas delicado aroma,
Y en el oriente de tu vida asoma,
Ardiente sol, tu juventud lozana.

Dulce es la miel que de tus labios mana
Como Ja abeja en el jardín la toma;
Sobre tu seno, virginal paloma,
Amor extiende el' ala soberana.

Las flores deí pudor ciñen tu frente
Y, de tu corazón eco fecundo,
Tu voz anuncia lo que tu alma siente.

¡ Feliz quien de la vida el mar profundo
Surque á tu lado en nave refulgente!
I En otro Edén le cambiarás el mundo!
POESÍAS 75

A ti, mi dulce amiga, á quien el cielo
Bendijo y dióle terrenal ventura,
Que avaro niega á la infeliz criatura
Lanzada á padecer en este suelo;

A ti, que has sido de virtud modelo,
Que un alma abrigas candorosa y pura,
Por vez primera hundida en amargura,
Bálsamo vengo á darte de consuelo.

Mas no lo invento yo, cara Fernanda,
Que voz de lo alto á mis oídos llega
Y así tu pena combatir me manda:

"¿A qué ese llanto en que tu faz se anega,
SÍ el hijo tuyo, en la celeste banda,
Un ángel es que por tu dicha ruega?"
7* IGNACIO MARISCAL

DESPUÉS DE UNA RIFA DE COMPADRES

Ya soy feliz, la suerte caprichosa,
Que adversa siempre á mi ventura ha sido,
Al punto va á cambiar, pues ha querido
Mi nombre al tuyo unir, Elena hermosa.

Tierno capullo de fragante rosa
Que de mi patria en el jardín florido
Eclipsando otras flores has nacido,
Mi acento escucha, ¡oh joven candorosa!

Tu solo dulce nombre me enajena,
Tu angelical sonrisa me arrebata
Y el eco de tu voz en mi alma suena.

A mi fervor tal vez serás ingrata;
Mas su inocencia es tanta, bella Elena,
Que tu infantil sonrisa la retrata.

1849,
POESÍAS 77

TENTACIÓN

¿Qué es ya la vida para mí? ¿Qué importa
Morir, cuando de pena ó de fastidio
Debo pronto acabar, y exhausto lidio
Hoy que ni una esperanza me conforta?

No más la lid mi espíritu soporta,
Y de las tumbas el reposo envidio:
t Dichosa tentación la del suicidio
Con que su infierno el desdichado acorta!

Mas ¡ ay! en vano el alma lo desea
Si indómita conciencia me persigue
Y con tremenda claridad me abruma.

Contra importuno vidrio se estropea
Luchando pobre insecto, y no consigue
Al fuego penetrar que lo consuma.
78 IGNACIO MARISCAL

EL DÍA DE DIFUNTOS

Ese clamor tan angustioso y lento
Que exhala á trechos funeral campana (1),
Remedo vago de querella humana
Que en sombras de dolor enluta al viento,

No es ¡ ay! perdido, engañador lamento,
Ni un eco inútil de oración cristiana,
Son voces de la tumba que el mañana
Me anuncian hoy con pavoroso acento.

Mañana, sí, cuando á mi muerto oído
No alcancen los murmullos de la tierra,
Ni el tétrico retumbo de esos bronces,

Escucharán su lúgubre tañido
Otros mortales que el futuro encierra...
¡ Quizá ninguno me recuerde entonces! •

(1) Hay, en el manuscrito del Autor, una variante de este verso, que
dice:
«Que al mundo arroja funeral campana»
B. D.
POESÍAS 79

A MI HIJO RECIÉN NACIDO

Cuando el dolor, no el peso de los años,
Me empuja ya á temprana sepultura,
Tú llegas, inocente criatura,
A un mundo de peligros y de engaños.

Cercado de enemigos y de extraños,
¿ Podrás tú solo por la senda obscura
Seguir do el mal la tentación apura,
Blanco de su perfidia y sus amaños ?

i Quién te podrá valer ? ¿ Qué tierno amigo
Será el apoyo de ,tu débil paso
Y en tan horrible dédalo tu guía ?
Í

Ninguno, pobre huérfano... ¿Qué digo?
¿ La mano del Señor no tiene acaso
Mayor bondad y fuerza que la mía ?
8o IGNACIO MARISCAL

A MI HIJA CLARA

No ha sido un sueño, no; vino del cielo
Tu venturoso hijo á consolarte,
Que si á mundo mejor el alma parte,
Permite Dios que vuelva al triste suelo.

Y vuelve por instantes; y en el duelo
Que, viéndonos sufrir, tal vez comparte,
Con su visible forma nos imparte
Santa resignación, dulce consuelo.

Fenómeno de física, ó portento,
Más de una aparición, por altos fines,
Hallamos en la Biblia y en la Historia.

Y de una madre el hondo sufrimiento
i No moverá á los mismos serafines
Y hará que un hijo venga de la Gloria?
POESÍAS Si

A MI NIETA LAURITA

Dulce, bella, inocente criatura,
Hija de mi hija, de mi cara Elena,
i Por qué sufriste tan horrible pena,
Aún no manchada por la tierra impura ?

En vano pienso que á celeste altura
Volaste, cual perfume de azucena,
Llegando ¡ oh Laura! á la región serena
De luz, de gloria, de eternal ventura;

En vano; mi tormento no se calma
Ni de tus padres el profundo duelo,
Que lloran viendo tu dichosa palma;(

Porque ellos ¡ ay! y tu infeliz abuelo
Te amaban con delirio y, para su alma,
Sin verte ¡oh niña! ¿dónde habrá consuelo?

México, Mayo de 1895.

6
82 IGNACIO MARISCAL

EN LA MUERTE DE UN NIÑO

¿Amabas una flor, una esperanza
Tal vez acariciabas dulcemente,
Y hora por hora, en calma indeficiente,
Gozabas del futuro en lontananza?

Y cuando, más dichoso en tu confianza
Del porvenir, ¿te hallaste de repente
Sin flor y sin fantasma reluciente,
De bárbaro inifortunio á la asechanza ?

Pues tal será su duelo: abrumadora
La pena que hoy el alma le taladre,
Medirla puede qwien á un hijo adora.

Mas ¡ ay! que, á más del afligido padre,
Un corazón herido sangre llora...
I Piedad, gran Dios, de la inocente madre!

Octubre de 1868.
POESÍAS 83

A LA MUERTE

Con mano justa y compasiva igualas,
En el abismo de tu noche oscura,
Al rico, al pobre, al rey, de la hermosura
Tornando en polvo las lucientes galas.

¿ Por qué, si del dolor el fin señalas,
Espanto al triste da la sepultura?
¿No sabe que la paz y la ventura
Se gozan al abrigo de tus alas?

De tu reposo el dulce bien ansio
Y oculta voz me dice que lo espere
Como la fresca lluvia en el estío.

He aquí mi corazón, al punto hiere;
No tiemblo j oh Muerte! ante ese dardo impío,
Porque algo siento en mí que nunca muere.
84 IGNACIO MARISCAL

PLEGARIA

A Ti, Señor, elévanse mis ojos;
Descienda á mí tu vista refulgente
Y sálvame, con mano providente,
De sierpe oculta en flores ó en abrojos.

Inspírame terror á tus enojos
Y amor á tu bondad indeficiente,
Temor que miedo al hombre no consiente,
Amor que mata frivolos antojos.

Y pues el alma á distinguir no llega
El bien del mal en la engañosa vida,
Porque el nublado del error la ciega,

Los bienes dame Tú sin que lo impida
Mí errada inclinación, y siempre niega
Los males que yo estólido te pida.

Julio de 1884.
POESÍAS 85

A JUÁREZ Y A GRANT

Cual tú, fué Grant humilde ciudadano,
Por sola su virtud noble patricio;
Cual tú, afianzó, del pueblo en beneficio,
Unión y libertad con fuerte mano.

Su espada al triste negro americano
Convierte en hombre y. llévale al comido;
De torpe intolerancia hollando el vicio,
Tu genio al fin liberta al mexicano.

Digna prole de Washington severo
Ha sido Grant; y tú, Juárez querido,
Prole insigne de Hidalgo y de Guerrero

Si de América el pueblo agradecido
Grabó ya vuestros nombres en acero,
Jamás el mundo los pondrá en olvido.
86 IGNACIO MARISCAL

LA TUMBA DE JUÁREZ

Si monumentum quceris, circumspice.

No en ostentoso mármol esculpido
Mueva tu admiración su excelso nombre,
Ni con su pompa funeral te asombre
La rica tumba en que le ves tendido.

Más bello y digno túmulo erigido
De Juárez tiene al* inmortal renombre.
En el santuario de su pecho, el hombre
Que le ama con un pueblo agradecido.

i Buscas el epitafio ? En esas leyes
Contémplalo en que altivo el mexicano
Su gloria encuentra y su robusta egida.

i Por monumento igual —decidme j oh reyes!—
La púrpura y el cetro soberano
No dierais, y también la inútil vida?

Julio 18 de 1880,
POESÍAS 87

FRANKLIN, FULTON Y MORSE

De Franklin el ingenio soberano,
Midiendo el orfce en portentoso vuelo,
"El rayo arranca del oscuro cielo
Y el cetro de las garras del tirano (1)."

Mas ni eso basta; el pérfido Océano
Burló al marino en su constante anhelo,
Y llega Fulton y á remoto suelo
Lo empuja en alas del vapor liviano.

No basta aún; que Morse, el alma ardiente,
Del relámpago torna vagabundo
En mensajero dócil y obediente;

Y un hilo leve, por el mar profundo.
Lleva en continua, rápida corriente
De un mundo el pensamiento al otro mundo.

U) Eripuit ccelofulmén sceptrumque tyrannis.
88 IGNACIO MARISCA!.

TORMENTO DE CUAUHTEMOC

Cuauhtemoc, ya vencido en lid sangrienta
De heroico ejemplo, con marcial decoro
Y á duras penas reprimiendo el lloro,
Al gran Cortés, sublime se presenta.

Le abraza el español y no le afrenta;
Mas cede al fin á chusma hambrienta de oro
Que, sórdida, anhelando su tesoro,
En lecho de tizones le atormenta.

"Su atroz codicia, su inclemente saña,
Escándalo y deshonra al mundo entero,
Crimen fueron del tiempo y no de España."

Mas ¡ ah! que, ardiendo el infernal brasero,
Con negro tizne al vencedor empaña
Y en luz de gloría inunda al prisionero.

Agosto de 1887.
POESÍAS 89

A BRAVO EN 1812

Venciendo al enemigo poderoso
En la porfiada lid, excelsa fama
Conquista de valiente, y lo proclama
La Patria su guerrero victorioso.

En gloria crece, y timbre más hermoso
Luce por fin, que su -blasón recama,
Y el Universo atónito lo llama
Entre los héroes grande y generoso;

Que el natural instinto de venganza
Volvió, del padre á la afrentosa muerte,
Piedad, perdón, ofrenda á su memoria.

Consigo lucha y la victoria alcanza,
Y al ver que rinde al adalid más fuerte,
Su prez admira sin rival la historia.

Septiembre de 1886.
90 IGNACIO MARISCAL

AL GENERAL SANTA ANNA
EN SU EXPEDICIÓN AL SUR

I

(EPISODIO DEL ÁGUILA)

Tu ciega voluntad, como un torrente,
Se estrella en el soberbio Peregrino,
Que ya á cumplir su lúgubre destino
Corriendo va tu alucinada gente.

Es a águila caudal que de repente
Paró el vuelo en mitad de tu camino,
Es, mensajero del' furor divino,
Buitre que el tufo de la carne siente.

¡ Es el buitre del Sur! Llega al encuentro
De tu hueste, que imbécil lo recoge,
Y de tu campo fíjase en el centro.

¡Míralo!... ya feroz la garra encoge,
Y allí, sañudo, de su jaula dentro,
La s«ña aguarda que al festín lo arroje.
POESÍAS 91

II

(EL VIENTO DERRIBA UN ARCO TRIUNFAL)

Sic transit gloria mttndi.

"¡AI Sur!", gritaste con terrible acento,
"j Muerte á su vil, estúpida canalla!"
Y la gente del Sur, en la muralla,
Tu ejército humilló, burló tu intento.

La adulación servil un monumento
Te alzó, cual vencedor en la batalla:
Sonríe el pueblo al contemplarlo, y calla;
I En tanto sopla y lo destruye el viento!

¡ Digno padrón de tu falaz victoria!
¿No ves, oh desdichado, en tal ruina
El anuncio terrible de tu historia?

Así el poder que tu razón fascina
Vendrá por tierra y tu mentida gloria
Al soplo de la cólera divina.

Mayo de 1854.
9* IGNACIO MARISCAL

AL GENERAL ZARAGOZA
EN S U S Ú L T I M O S M O M E N T O S

Sobre tu frente pálida y sombría
Tendió su hermoso nimbo el sol de Mayo,
Y de esa gloria el esplendente rayo
Disipaba el horror de tu agonía.

La Patria, la invasión, la guerra impía,
De vil traición el parricida ensayo,
Ya de la vida en el postrer desmayo,
Tu mente al contemplar, se estremecía.

Nueva luz de relámpago ilumina
Tu absorta faz, que la visión revela.
¿Lo ves?... De Francia el déspota en ruina...

La muerte acude, en tu semblante hiela
, Dukf sonrisa de emoción divina,
Y Ubre tu alma en el espacio vuela. >
POESÍAS 93

A JUAN DE DIOS ARIAS

No es cierto, Juan, que, ingrato y fementido,
No bien me alejo de mis patrios lares,
Cruzando alegre los revueltos mares,
Deberes y amistad ponga en olvido.

No ya al viajero absorto ó descreído
En elegante trova me compares,
Que afectos y memorias y pesares
Doquiera cual mi sombra me han seguido.

Así, en el vuelo de mi rauda pluma,
Irá incansable de amistad sincera
Mi voz hasta el vergel de Moctezuma.

¿Y así para escribir tan larga espera?
¿Por qué el silencio que mi pecho abruma?
—La verdad, por purísima flojera.

New York, Agosto de 1874.
94 IGNACIO MARISCAL

INTENCIONADO

Si yo fuese un Bellini ó Mercadante,
Tierna canción al punto escribiría,
Y cantándola tú me extasiaría
El eco de tu voz, dulce y vibrante.

Si yo fuese un poeta como el Dante,
Aquí mi inspiración derramaría
Con la palabra enérgica y sombría
Del gran cantor y desdichado amante.

Mas siendo sólo tu modesto amigo,
Ofrezco para tu álbum lo que puedo,
La, intención que expresarte no consigo.

Recíbela ¡ es tan pura!... y si concedo
Que el arte no embellece lo que digo,
¡ Oh niña I en intención á nadie cedo.
EOEStAS 9>

A UN AMIGO
QUE ME REGALÓ UN TABLERO DE ANTIGUOS MÁRMOLES ROMANOS

No en pasatiempo estéril ó profano
Pretendo usar, á guisa de tablero,
Este mármol augusto que venero,
Santa reliquia del poder romano.

Mirándolo, á Pómpeyo, á Coriolano
Mi mente evocará, y el circo fiero,
Y el pueblo rey que, en ademán severo,
Su indulto niega al vencedor cristiano;

La bella cortesana, el rudo atleta,
La procesión solemne gladiatoria,
Y el César, y la turba que alza el grito...

Y cuando en ilusiones de poeta
(Sin serlo) me deslumbre tanta gloria,
¿ Fijaré la atención en un gambito ?
c/> IGNACIO MARISCAL

LAS SEÑORITAS TORERAS

l No basta al hombre, en sanguinosa arena,
De su bestial origen fiel tributo,
Gozarse en el dolor de noble bruto,
Al par del tigre ó la rabiosa hiena ?

¿Y es fuerza que, además, la innoble escena
Parodie la mujer con diminuto,
Lánguido cuerpo, triste sustituto
Del torero en su bárbara faena ?

¡ Pobre ejemplar del sexo femenino
La hembra que se exhibe en tal pelea,
Burlando su pudor y su destino!

¿Y qué decir de la que no escasea
Turba que aplaude el torpe desatino
Y con sangre y descoco se recrea?

1898,
POESÍAS
97

GENERO PROPIO

—¿Sobre qué he de escribir?—¡ Vaya un aprieto!
Sobre la mesa.—Ya... pero ¿qué asunto?
—La creación.—Me pierdo en su conjunto.
—La amistad, el amor.—Soy muy discreto;

Y, á decir la verdad, no me sujeto
Ni á número ni á rima en ese punto.
—Celos, algún dolor vago ó presunto.
—"Ni engaño ni divulgo mi secreto.

—Pues, con transcendental filosofismo
Cantando á Kant, á Comte ó Malebranche,
Pruebe usted en rimado silogismo...

—No, dejad que mi espíritu se ensanche
En un género propio, en el mutismo,
Como en sus alaridos el comanche.

7
98 IGNACIO MARISCAL

A UN DIPUTADO MUY FLACO Y DECLAMADOR

En la tribuna contemplé un alambre,
Un hilo leve de sutil alpaca,
De la silla curul frágil estaca,
Humanada lombriz, pregón del hambre.

Era un Marat de delicado estambre,
Liberal de cartón, momia egipciaca,
Un tendón con levita ó con casaca,
Nervio agitado por feroz calambre.

Miradlo retorcerse, móvil hebra,
Cuando prorrumpe en guirigay confuso
Y, decidme, ¡ cómo es que no se quiebra!

¿ O es un tenia arrojado por el cuso
Y, cual un tiempo á la infernal culebra,
Dios le otorgó de la palabra el uso?

1857.
POESÍAS
99

A UN POETA CHIRLE

Ya me hostigas en ruda cantinela
Con la dulce memoria de tu madre:
i Por qué, si no conoces á tu padre,
No le haces una antífona á tu abuela ?

Pues bien: yo soy un bardo de otra escuela
Y he de trovar, qué cuadre ó que no cuadre,
A mi prima, á mi tía, á mi comadre
Y á toda mi infinita parentela.

La inspiración que férvida me arrastra
Es tan honda, tan bárbara, tan negra,
Que ha de hacerme cantar á mí madrastra,

Y el proyecto satánico me alegra
De casarme con polla ó con pollastra,
Por entonarle un réquiem á mi suegra.

Diciembre de 1857.
100 IGNACIO MARISCAL

A UN GALICISTA DIPUTADO

Yo no soy que un patriota sin mancilla
Que, vacando á negocios importantes,
A la Cámara arribo siempre en guantes,
Por assomar los hijos de Castilla.

Conocido de Mérida en la villa,
La presqu'isla, al nombrar representantes,
Me ordenó de sus modos obligantes,
De venirme sentar sobre esta silla.

Es por eso que yo me hallo dichoso
De tomar una parte á la tarea
Que agota vuestro aliento corajoso.

También yo hago observar á la Asamblea
Que, el español no estando lengua mia,
Jugarse de mi acento es villanía.

1856.
POESÍAS IOI

RECEDANT VETERA, NOVA SINT OMNIA

"¡ Paso á la juventud! ¡ Mueran los viejos!"
Tal es el grito audaz que resonando
Mantiene altivo el modernista bando
Rebelde á la experiencia y los consejos.

I Néstores y mentores ? Ni de lejos,
Que el mundo marcha y, siempre mejorando,
Prefiere cualquier joven educando
A doctores con títulos añejos.

SÍ lo nuevo es. lo justo, presurosos
Daremosfiná todo pupilaje
Dejando que gobiernen los mocosos,
c
Y para que á la ciencia no se ultraje
Reemplazaremos árboles frondosos
Con tiernos varejones sin follaje.

Diciembre de 1906.

NOTA DEL AUTOP. ASÍ se ha practicado en algunos paseos y calzadas
del Distrito Federal, donde, habiendo sujetado un buen número de árbo-
les á lo que se llama (no sé por qué) Poda científica, que los reduce á la
condición de horcones, ya secos suele sustituírseles con varitas que tal
vez prosperarían en una maceta.
102 IGNACIO MARISCAL

NINGÚN CONSUELO

Del mal que tú padeces conozco la amargura,
Sufrí con esa pena, lloré con ese llanto,
Cayendo en el abismo de tu mortal quebranto
Al apurar la copa de conyugal ternura.

Pasaron negros días, y, ciego en mi locura,
Pensaba yo aturdirme, tan sólo desencanto
Hallando en los placeres que el mundo elogia tanto,
Sin alcanzar olvido ni sombra de ventura.

En vano mis dolores cubrí con falso velo,
No me engañé yo mismo ni me forjé el consuelo,
Que abrasa un fuego oculto soplándole su llama.

¿Podré aliviar tu angustia si sufro igual dolencia?
¿ Cómo he de consolarte si sé, por experiencia,
Que todo se ha perdido perdiendo á la que se ama?

Febrero de 1905.
svoiisraownH svjsaoa
LETRILLA

Que Luis para hablar á Rosa
lugar incómodo elija
y con la joven hermosa
conversación muy prolija
tenga por una rendija,
su eterno afán repitiendo,
lo comprendo;

mas que Rosa á Luis platique
por el hueco de un tabique
sin darle sentidas quejas
de que por públicas rejas
su amor con otras explique,
burla de la pobre haciendo,
no lo entiendo.

Que, viéndose rodeada
Maruja, por sus encantos,
de una turba enamorada,
me juzgue á mí uno de tantos
cuando, sin pensar en nada,
no la miro y la estoy viendo,
lo comprendo:
io6 IGNACIO MARISCAL

pero que noble se crea
la pobre de Dorotea
y bailar conmigo esquive
cuando bien claro se exhibe
que ni ella es una presea
ni yo sus gracias pretendo,
no lo entiendo.

Que piense Gil que guardado
tiene como en un baúl
su bello asiento curul
y espere ser diputado
sólo por su sangre azul,
de méritos careciendo,
lo comprendo;

pero que á Juan, siendo un zote,
reputen buen candidato,
sin notar que el mentecato
en la frente lleva un mote
donde se lee "candidote"
y á las claras se está viendo,
no lo entiendo.

En fin, que á trovar se aplique
un coplero sin caudal,
como yo, que hago muy mal
en consentir se publique
esta letrilla fatal,
que en vano arreglar pretendo,
lo comprendo;
POESÍAS

pero que haya mozalbetes
que, al ensartar disparates,
se llamen bardos y vates
siendo no más los pobretes
bárbaros y botarates,
su nombre así confundiendo,
¡no lo entiendo, no lo entiendo!
IOS IGNACIO MARISCAL

BRINDIS ENTRE AMIGOS

No puedo entrar, señores, en la moda
De llamarme poeta ó vate, nombres
Que se aplican algunos contra toda
La voluntad de Dios y de los hombres;
Pero sí soy coplero y me acomoda
(Escúchalo, Benigno, y no te asombres);
Trovar me gusta coplas inocentes,
Muy malas, sí, mas nunca decadentes.

Bardo ó vate llamándome yo, fuera
Un bárbaro no más y un botarate ;
l Quién siendo así por genio se tuviera
A no encontrarse el pobre de remate?
Yo, pues, que no me lanzo á la alta esfera
Para decir desde ella un disparate,
Brindo en versos humildes y rastreros
"A la salud de ustedes, caballeros."
POESÍAS 109

A UNA PARIENTA MÍA
EN LA OCTAVA DE SU DÍA

A vos, la garrida, fermosa doncella
De lúcidos oyos, de talle sotil,
Amores platican, llamándovos bella,
Mancebos yocundos é zánganos mil.

Yo empero que grave, serioso é machucho,
Maguer seya mogo, yocundo non soy,
De zángano aviendo nin poco nin mucho,
Lición é consejo vos pienso dar hoy.

E porque mis trovas, ingratas é acedas,
Semblanza recabden de más gravedat,
Con que lerlas, niña, omiildosa puedas,
La parla te fablo que fabló otra edat.

A todo home, cierto, consejar es dado,
Maguer que en los años non fuere maior,
Ca al mogo ladino é assaz malhadado
Cuidosa experiencia lo faz sabídor.
rio IGNACIO MARISCAL

Por ende las mientes en mi útil dotrina
Para ya, Mercedes, para el tu magín;
E guarte non judgues, ingrata é indina,
D'aquestos ringlones torticero el fin.

Non cures ¡ oh niña! donceles mintrosos
De cara polida, de plácida voz,
Visages de fembra, é sandios é ociosos,
Que facen reseña del cuerpo veloz;

El pelo se encriespan muy lleno de ingüento,
La piel se adobando con fino barniz,
E los sus vestidos de grand lucimiento
Pecharlos non pueden al que gelos fiz.

¡ Guay de ti! si curas mancebos átales,
Ca nunca han talante de se maridar,
Salvo con las fembras ricas, principales,
Que súpito ricos los pueden tornar.

Otrosí non cures fieros adalides
Que ya en nuessa tierra les vino grand prez,
E luyen cobardes en todas las lides,
Con dueñas mostran-do su grand altivez.

Sepades, oh niña, que los sus mostachos
En balde escurecen sus labros é faz,
Ca dicen riyendo los sandios muchachos
De la su tizona que es virgen de paz.

Non cure tampoco la tu señoría
Ningún viejo rico é calvo otrosí,
POESÍAS III-

De piel é de huesos fiera notonía,
Que faz mucha cuenta d'un maravedí.

Chitón, la mía lengua, non fables sandeces
E fabla acuciosa lo que deva ser.
Cedo tengas, niña (ca ansí lo mereces),
Un esposo diño de una atal mujier;

Garcón muy complido é mucho loado,
En músicas diestro é gran tañedor;
De maravedises muy bien abastado
E de melecina físico é dotor.

A Don Jesuchristo é su Madre pura,
Que le fiz compaña cabe sancta Cruz,
Pedir haz te fagan la su derechura
Por que ansí mi rallo logres con su luz.

E mientras prendello falagosa puedes,
Porque cedo préndaslo facer he oración
A la Virgen Sancta que de las Mercedes
Dijeron los homes con cuánta razón.

E hoy que es Fotava de la su( función
Y ovo misas, prédicas é todo lo al,
Pedirél te libre de mala afición
E de malos fechos, é de todo mal.
Amén.

Fecho en la cibdad de México el i.° dia del mes de Octubre del año de
nuesso Señor Jesuchristo de 1854 años.
112 IGNACIO MARISCAL

Washington, 27 de Abril de 1893.

SR. D R . D. JUAN N. NAVARRO.

New York. N-Y.

Amigo Doctor: le escribo
Deseando averiguar
Qué dice ese.buen católico
El piadosísimo Grant,
Caballero tan ilustre
De la hermosa Maryland,
Discípulo aventajado
De Copérnico inmortal,
Partidario en Teología
Del Angélico Tomás...
¡ Tomista y copemicano!
¡Qué títulos, voto á San...!
Corredor se llama sólo
Porque corre sin parar
Cuando de saldar la cuenta
Llega el momento fatal,
Y comerciante se dice
Porque, en esa gran ciudad,
POESÍAS

Todos comercian con todo
Inclusive la moral ;
Teniendo yo por seguro
(Sin que él lo pueda negar)
Que es de oficio bebercianle
De espíritu y de verdad.

Mas, vamos al grano, amigo,
Ya no quiero divagar;
Al grano, que de un granícola
Corredor, de un soi-disant
Corn broker estoy hablando
Y ya es fuerza preguntar
Si pagó por fin la renta,
0 cuándo la pagará.
1 Aceptó el vale de marras,
O no lo quiso firmar ?
¿ Y qué plazo, ó cuántos plazos
Fijó el deudor contumaz ?
¿No fueron tres, por ventura:
Nunca, muy tarde y muy mal?
¿ Para las Calendas griegas,
La Pascua ó la Navidad ?
¿ En qué punto ha de esctipir
La mosca, ó llámese cash,
En Nueva York, Baltimore,
O el valle de Josafat,
Aprovechando el mass meeting
De toda la humanidad?

En fin: infórmeme usted
De cuanto ocurra con Grant
IGNACIO MARISCAL

Al fenecer su contrato
El primero del actual;
Pues, si no saldó su cuenta
Como hombre de probidad,
Prometo y juro y perjuro
Ya no volverme á fiar
En los días de mi vida
De ningún otro agarán,
Aun cuando sea tocayo
Del Presidente ó del Zar
Y tan perfecto católico
Como lo es Su Santidad,
O un caballero sin tacha
Igual al mismo Bayard,
Y por más que haya nacido,
Como mi deudor procaz,
En la tierra de María,
O en la patria celestial.

Business is business, my friend,
He de decir, never mind
La religión no me importa,
Que el fiador es lo esencial.
Si usté es mormón ó judío,
Ningún cuidado me da,
Buen pagano es lo que anhelo
Que usted se llegue á mostrar;
Y ya predique la Biblia,
O abogue por el Corán,
No se me oculta que adora
Sólo al dmighty dolar.
(Aquí trabuco el acento,
POESÍAS 115

Pero digo la verdad.)
Y, si no, que lo pregunten
A cualquiera bisnessman
De Nueva York al Pacífico
Y de Maine á Nueva Orleans.

Adiós, amigo querido,
Basta de tanto charlar.
Con las memorias de siempre
Queda suyo
MARISCAL,
IIÓ IGNACIO MARISCAL

EPÍSTOLA

Al Señor Don Luis Carbó
en la ciudad de Oaxaca.
Población de Cuernavaca,
ó bien ciudad ¿qué sé j o ?
Julio veintiocho del ano
mil ochocientos cincuenta
y cuatro, según la cuenta
cristiana, en que no hay engaño.

Mi muy apreciable amigo:
Contesto tu última grata
Sin citar ni fecha ó data,
Por no tenerla conmigo.

Me alegraré que el correo
Lleve ésta con prontitud
Y te halle con la salud
Que yo para mí deseo,

Por supuesto en compañía
De las personas que son
De toda tu estimación,
Porque ésas son de la mía.

Lá mía (i) es buena, á Dios gracias,
No obstante mis muchos males,

(i) Esta mía es mi salud.
POESÍAS

Como la escasez de reales
Y otras mil y mil desgracias.

Mi contestación no es trunca,
Ya verás, pues hace alarde
De prolija, y si va tarde,
Más vale tarde que nunca.

Su estilo no será terso,
Ni limado, ni pulido;
Pero en cambio, Luis querido,
Ya lo ves, te escribo en verso.

Ello, algo torpe en las tretas
Con que se hacen las letrillas,
Queriendo hacer redondillas,
Unas me salen cuartetas
Y otras, como ésta, quintillas.

Mas np es cosa que me aflige,
Pues, como dije yo mismo
Y es para mí el catecismo,
Supuesto que yo lo dije:
r

"Hace muy bien el que escoge,
Entre clásico y romántico,
Ser lo segundo; en su cántico
Hará lo que se le antoje."

Doy punto á. las digresiones
Y yéndome pronto al grano,
Me ocuparé muy ufano
En contestar tus razones.
Il8 IGNACIO MARISCAL

Todas voy á responderlas
Según que me las recuerdo,
Porque yo las cartas pierdo
A muy poco de leerlas.

I

Te quejas primeramente
De que dos vetes ó tres
Me has escrito inútilmente,
Quedándote, Luis, después
De la respuesta pendiente. -

Te juro, á fe de hombre honrado,
Que no he recibido ni una
De tus cartas, Luis amado;
Con que ó no vino ninguna,
O yo estoy desmemoriado.

Una tal vez, no Jo niego,
¿ Quién sabe ? no estoy muy fijo;
Mas que me digas te exijo
SÍ cuentas como el labriego
Que así le escribió á su hijo:

"Cuatro cartas te he escribido
Con ésta, querido Andrés,
Y me hallo muy sorprendido
De ver que no he recibido
Contestación más que á tres."

Seguramente que no,
Cuando hay distancias enormes
POESÍAS

De mi amigo Luis Carbó
A aquella bestia del Tormes
Que Villergas remedó.

Dime, pues, lo que hay en esto,
Pues yo ni ato ni desato,
Sin excusa ni pretexto
Trátame como te trato,
Con franqueza, por supuesto.

II

Sospechas, y es muy chistoso,
Que no te habré contestado
Porque estaré enamorado.
Vaya, que eres malicioso.

A la cuenta, amigo mío,
Te figuras imposible
Que mi corazón sensible
Se mantenga inerte, frío;

Piensas que, como en Oaxaca,
Mi pasión todo lo aborda,
Si no una flaca, una gorda,
Si no una gorda, una flaca.

Mas no, Luis, ya soy más cauto
Y comprendo que en amores
No son los males peores
Los que se curan con Santo.
120 IGNACIO MARISCAL

Hoy es tanta mi fortuna
Que mi pecho no palpita
Ni mi entusiasmo se excita
Por nadie... sólo por una;

Una joven linda, casta,
Que nunca tuvo otro amante...
Tú no lo creerás, tunante;
Mas yo lo creo y me basta.

Mucho maí dices de México:
Sé que no te agrada mucho,
Más en esta vez, oh Lucho,
Usas de un plan estratégico.

Tú quieres que yo te diga
Algo de nuestro país;
Voy á complacerte, Luis,
Porque tu ausencia me obliga.

Si á ti te huele á fermento
México que es un portento,
Mientras mande don Sempronio,
A mí me huele á demonio
Todo ese departamento.

Yo siempre quise á Oaxaca
Y hoy como siempre la quiero;
Mas hay allí un basurero
Que hasta aquí me apesta á cloaca.

Tú, como buen farmaceuta,
En un mar de dichas bogas
POESÍAS

Allí donde están tus drogas
Y allí yo estuviera en Ceuta.

Pertrechado con tus botes,
Olvidas á los amigos,
Los abiertos enemigos
Y los Judas Iscariotes.

Estás como un perejil,
Lleno de salud y gozo,
Mientras no te falte el pozo
Y el aceite del candil.

No te juzgo desleal
Ni tampoco un egoísta,
Nunca, Lucho, ¡ Dios me asista!
Pero eso es muy natural.

III

Dices que Amelia Tudor
Es para mí una amapola
Que me abre ya su coróla
Buscando vida y calor.

Yo de sol nunca serví: .
Calor tiene ella y no frío;
Deja que pase el estío
Y verás que vuelve en sí.

En cuanto á que ya se inclina
A un infante, ó un dragón,
122 IGNACIO MARISCAL

O su tierno corazón
Entrega á la medicina,

Es disputa sin provecho,
Pues cuando al fin nos veamos,
Ya verás si nos amamos
Y si triunfa mi derecho.

Dios la libre; mas si no
Quisiere librarse ella,
No la ha de librar su estrella,
Ni puedo salvarla yo.

Aun cuando "mi bien, te adoro"
Le escribiese en Cuernavaca,
Ella me haría en Oaxaca,
Con todo eso, euernitoro.

(No te espante ésa palabra,
Pues Guerrero muy formal
Nos habló de un animal
Que le nombran cuernicabra.)

*

Líbreme Dios de ser la pobre víctima
De la infidelidad de una mujer,
Con esos ¡ ay! ridículos apéndices
Que llaman'cuernos y jamás se ven.

Amelia, Amelia, de esa suerte mísera
Huyendo siempre al lejos me verás,
POESÍAS ia3

Hasta que se hundan nuestras almas pérfidas
No sé si en este mundo ó más allá.

*
* *

Perdona mi arranque lírico
En que imito á Calderón:
Vuelvo á mi estilo simplón
Entre candido y satírico.

Mas de Amelia baste y sobre,
Que ya este punto me carga
Y mi epístola es más larga
Que la esperanza de un pobre.

Dejémonos de razones
Porque empiezo á estar de prisa,
Y pues el tiempo precisa
Pasaré á las expresiones.

Dáselas muy respetuosas
A tu Dionisia querida,
Que es hoy para ti en la vida r
Todo un modelo de esposas.

A Lucho le das un beso
(Por supuesto no á ti mismo,
Que eso fuera un barbarismo,
Sino á tu hijito el travieso.)

A Alberto y tu nueva chica
Más besos, y á don Gregorio
u4 IGNACIO MARISCAL

Salúdalo, que es notorio
Que por él sé de botica.

Y aunque no sepa gran cosa,
Al menos yo te aseguro
Que en caso de grave apuro
Puedo hacer agua de sosa.

A todos, sin excepción,
Cuantos se acuerden de mí
Les dirás que sigo aquí
Bien y á su disposición.

Y ya con esto despacho,
Pues te he escrito mucho, mucho.
Adiós, mi querido Lucho,
Te dice tu amigo
NACHO.
POESÍAS 125

LETRILLA DE CIRCUNSTANCIAS

Si quieres de un modo fácil
Mostrarte más liberal
Que Rousseau, Guillermo Tell,
O Robespierre ó, Marat,
Bastará, sin que te apures
Por parecer racional,
Con fingirte más ateo,
De menos credulidad,
Que Ingersoll entre los yankees,
O en Francia el' Barón de Holbach,
Y que te declares victima
De clerofobia mortal,
Siendo más intolerante,
Más sañudo y suspicaz,
Con fraile, cura, presbítero,
Monaguillo ó sacristán,
De lo que fué Torquemada
En el Santo Tribunal
Con judío, con morisco
O un hereje contumaz.
Í20 IGNACIO MARISCAL

Y si sabes que algún clérigo
Visita en la vecindad
Donde habitas, al instante
Múdate sin vacilar;
Y si un conocido tuyo
Tiene con él amistad,
No lo trates, ni lo veas,
Ni un saludo ¡voto á San!...
Huye de las tentaciones
Del partido clerical.
Mira que son el demonio,
El mismísimo Satán,
Los que ejercen el oficio
De Don Opas y Caifas,
Y un gobierno progresista
Debiera luego ahorcar
Al último de los frailes
Con el tubo intestinal
Del último de los curas,
Para hacer un ej emplar.

I Transigir con el bonete,
Con la mitra episcopal ?
No, señor, ni de mentiras,
Ni de pura urbanidad;
Que es poner en gran peligro
La Constitución y en gran
Compromiso la Reforma,
Patria, honor y libertad;
Es pasarse al enemigo
Como el Conde Don Julián!
Porque todo fiel patriota
Obligado siempre está,
POESÍAS

Sin excusa ni pretexto
Y de corazón, á odiar
Al clérigo por ser clérigo,
Al abad por ser abad,
Aun cuando Hidalgo y Morelos,
Matamoros y otros más...
¡ Qué demonio! al fin salieron
Del gremio sacerdotal.

Aplicando esta doctrina
Con toda severidad,
No sólo á la clerecía,
Sino al hombre en general,
Dirás que traición comete
En la tregua él militar
Cuando trata afablemente
Del contrario al oficial,
Y prevarica el letrado
Que en ardiente lucha está
Con su adversario forense,
Si va con-él á almorzar.
Tales son hoy los principios,
Y así lo exige el ritual.
No te alucines tomando
Esto por vulgaridad
De gentecilla ignorante,
De cualquier pelafustán;
Mira que así nos lo enseña
El Monitor, ¿quieres más?

Pues yo pudiera citarte
Otra grave autoridad,
Aunque de distinta especie,
128 IGNACIO MARISCAL

De una especie sin rival.
Un gran centro-americano,
l Tn gobernante sin par
Daba palos que era un gusto,
Como no los da el Sultán
(Que en cuanto á dar otra cosa
Era más ducho en tomar)
Y por ser pródigo en palos
Le decían libera!.
Mas aunque tan generoso
Con todos en golpear,
Prefería en lo posible
Al cura y al sacristán,
Mostrándoles en palizas
Mayor liberalidad:
El, libertad no entendía
Sin furia anticlerical.

Sigue, pues, ten alto ejemplo
Y observa con" nimiedad
La clerofóbica regla
Que así te obliga á pensar:
"Tolerancia es tontería
Y música celestial
En principio, y en la práctica
Crimen atroz si los hay.
Huye ese abismo y si pecas
En punto á no tolerar,
No peques pOT moderado,
Peca por carta de más."
Así serás consecuente...
Con el Diario del Lugar
Que lanza justos reproches
POESÍAS I2Q

A Romero y Mariscal
Porque asistieron ¡ infames !
Al banquete arzobispal,
Y hasta brindaron ¡ traidores!
Con vino de consagrar,
Deseando al buen Don Próspero
La mayor prosperidad.

Y uno de ellos (¡ caracoles 1
¿Hay mayor barbaridad?)
En un sermón panegírico
Que hizo á la gente llorar,
Habló bien de Labastida,
Aquel Regente imperial
Que ni entonces ni después,
Como quien dice jamás,
Hizo nada ni siquiera
Excusable. A la verdad
El interesado muestra
Que sólo habló del actual...
Sin aludir al difunto,
Pues ni hubo oportunidad;
Mas un repórter de El Tiempo
Dice que lo oyó contar,
Y El Monitor, que no yerra,
En su oposición á utrans
(Como suena) ha reparado
Que, en punto á veracidad,
Ninguno cree á un Ministro,
A no ser ministerial.

Así es que en el otro Diario
Diz que un señor Barragán,
IGNACIO MARISCAL

Muy conocido sin duda
En toda la cristiandad
(O fuera de ella, en el círculo
Ultra-constitucional),
Ha dicho que es indudable,
Y él lo puede asegurar,
Que ha perdido la chaveta
El Ministro—claro está—,
Y pide que á San Hipólito
Lo lleven por caridad.
Así lo declara en forma
Testigo tan imparcial,
¡Y nadie atiende su dicho!
¡Oh injusticia, oh ceguedad!
Y el Ministro continúa
Viviendo como si tal...
¿Dónde estamos, compatriotas,
En México ó en Tetuán ?
POESÍAS l3l

DECLARACIÓN PERICIAL
ACERCA DE UN ESQUELETO

Quizá recuerden algunos que, durante el proceso instruí-
do por desaparición criminal de Concepción Hernández, se
exhumó una osamenta,en. el vecino pueblo de Nonoalco, en
el lugar donde se suponía, años atrás, cometido el crimen.
Examinados los huesos por varios peritos, disintieron y dis-
putaron todos ellos respecto al sexo, edad y raza del individuo
á quien pertenecieran esos restos, no menos que sobre el
tiempo que llevaban de enterrados, si el difunto tenía todos
sus colmillos, etc., etc. Hubo, además, algún sobrante al ar-
*narse el esqueleto. Todo esto, como lo publicó la prensa, dio
margen á la siguiente composición humorística:

Tras un .estudio prolijo,
Mi leal saber y entender
Me dice que esta osamenta
Que mandó exhumar el juez,
Fué en otro tiempo de un hombre,
O acaso de una mujer,
l32 IGNACIO MARISCAL

India pura, ó bien mestiza,
Uno ú otro, ¿yo qué sé?
Pero de estirpe curiosa,
Nunca estudiada tal vez.

Bien pudo ser un nonoalca,
Si no vino del Peten
Y era maya ó lacandón,
O ¿quién sabe si quiche?
•—¿ Qué tiempo estuvo enterrado ?
—Unos dos años ó diez,
O lo estaría por siglos,
Cual debemos suponer,
Si ha sido contemporáneo
De los hijos de Noé.
—¿ Su edad?—No es fácil decirlo,
Fué de... ¡Vaya usté á saber!
Diez y ocho años Ó cincuenta,
O los de Matusalem.

Así, aproximadamente,
La ciencia nos lo hace ver,
Que el sabio nunca adivina,
Ni hace de brujo el papel.
—Cuántos dientes tuvo en vida
El esqueleto no es
Cuestión que á bóbilis bóbilis
Hoy se pueda resolver.
Sancho Panza ó Don Quijote
Preguntó: "Vuestra Merced,.
Ya que de muelas se trata,
i Cuántas solía tener?"
POESÍAS

Pues yo con igual prudencia
He de averiguar también
Cuántos colmillos tenía
Ese hombre ó... ¿ cómo diré ?
Porque si fué Concha Hernández
Oaro está que tuvo tres,
Y si no, sólo Dios sabe
Con cuántos pudo morder.

*

Aquí los huesos me sobran
Para las piernas y pies,
A menos que fuera trípedo
Tan enigmático ser.
¿ Quién quita ? Nada sabemos
De su raza, y así es que
Más de dos piernas tendría:
¿Gentes con cuatro no veis?

La ciencia no se aventura
Al darnos su parecer,
Ni busca tres pies al jjato,
Para no dar un traspié.

Mas la cuestión palpitante
Es la cuestión de saber
(Como diría algún sabio
Hablando medio francés)
De saber, repito, el nombre
De esa india ó lo que fué,
Si Concepción le pusieron
! 34 IGNACIO MARISCAL

O Bárbara ó Isabel
Al darle el santo bautismo...
Si la bautizaron, ¿eh?
Lo cual un padre en la crisma
(Aun siendo al anochecer)
Ha de conocerle al punto
Por la cruz que allí se ve.

En fin, del todo ignoramos
Si era un cacique ó un rey,
Un topil ó un tiquitlato,
O algún mozo de cordel,
0 una reina bien vestida
Con la tela del maguey,
Joven, vieja, linda ó fea;
Si era macho ó hembra, ¿ó qué?

La ciencia no sabe nada
Y nos deja en un Belén.
Hasta aquí yo he declarado,
A su alta doctrina fiel;
Ahora va lo que dijo
Un médium que hipnoticé.
Unos dirán: "Disparate"
Otros dirán: "Puede ser";
Mas sólo el médium lo entiende
Y supo explicarlo bien.
Así me habló: "El esqueleto
A un tiempo es uno y son tres,
Y, completo hermaf rodita,
Tiene de hombre y de mujer;
POESÍAS

Que en parte fué de Juan Diego (i)
Y en parte de Doña Inés,
La que amó Don Juan Tenorio
Con amor de Lucifer.
Vinieron de ella unos huesos
En el siglo diez y seis,
Trayendo á México el sacro
Un fraile de la Merced.
Los demás, no cabe duda
Y hasta los ciegos lo ven,
Son huesos de la Malinche,
La querida de Cortés."

Así lo dijo el espíritu
Y, ó reventar ó creer.

(i) Del indio glorioso
hablamos que fué sobrino
del otro, Juan Bernardino,
poco menos milagroso.
Los dos bienaventurados
en su clase, ya se entiende,
al cabo indios, y por ende
no fueron canonizados.
136 IGNACIO MARISCAL

HUMORADAS PLEBEYAS

ARISTOCRACIA DE SANGRE

"Son los vizcondes unos condes bizcos",
Según lo dice el inmortal Quevedo,
Y yo diré muy quedo
Que no llegan á condes ni á pellizcos;
Y aun cuando por el nombre se asemejan
A' los condes, serán, sí se cotejan,
Lo que son á los blancos los blanquizcos.

En cuanto á los barones,
Son menos todavía, y tan pelones,
Que, escribiendo con b su noble título,
Hay quien no tiene título bastante
Para ser un varón de v consonante.
Mas doblemos la hoja.—Otro capítulo,—

En vano ¡ oh Julio! la verdad escondes,
Y á lo que pruebo llamas desatino;
No valen un comino
Los Duques, los Marqueses y los Condes.

Te doy cuatro semanas y aun dos meses
A fin de que me expliques lo que valen,
POESÍAS i 37

O bien de dónde salen
Esos Duques y Condes y Marqueses.

Y por más que los hechos me trabuques,
Verás que se fabrica de la pasta
De que son los palurdos, esa casta
De Condes, de Marqueses y de Duques.

Con armas y con todo
Han sido hechura de ese mismo lodo
De que hizo Dios á nuestro padre Adán,
Padre común del noble y del patán.
Resulta, pues, que á todos los mortales
En substancia el Señor nos hizo iguales;
Mas como en opinión de Sancho Panza
(Y es cosa cierta, aunque parezca chanza),
No son las gentes como Dios las hizo,
Sino á veces peores
{Verdad que sin temor yo garantizo),
Sucede que esos ínclitos señores
A los toscos y "rudos ganapanes
No sólo iguales son, sino inferiores;
Porque estos infelices, desde luego,
Ganan el pan bregando, r
En tanto que los otros haraganes
Sólo ganan al juego,
O adquieren, heredando,
Lo que gastan en vano desperdicio,
Cuando no lo derrochan eñ el vicio.

Será, pues, de mal gusto,
Será un gusto ordinario;
Mas yo mejor moviera el incensario
l38 IGNACIO MARISCAL

Ante el sano y robusto
Cuerpo de un jornalero,
Maguer que fuese estúpido y grosero,
Si allá me conducía mi desgracia,
Que no ante el poderoso
Relamido señor, miembro orgulloso
De añeja y linajuda aristocracia.

AR ISTOCRACIA DEL DINERO

Gran preocupación es la nobleza.
Pero suele tener un noble origen;
Ya un acto de valor, ya la grandeza
De ánimo en servicio de la Patria,
(O del Rey, que para ellos es lo mismo)^
Son relevantes títulos que erigen,
O más bien erigían
En alto personaje á algún guerrero
Y aun al pobre pechero,
Bien que estos desdichados no tenían
Sino muy rara vez la coyuntura
De escalar esa altura.

Tributo ha sido, pues, al patriotismo,.
Cuando no á la lealtad al fanatismo
De servir al señor en sus mesnadas,
O en calidad de paje, ó de escudero,
O combatir con reluciente acero
Por el Santo Sepulcro en las cruzadas-
Todo esto y la firmísima creencia
En la ley de la herencia
POESÍAS :3g

Que, según lo que Darwin nos explica,
Sin excepción se aplica
A todas las especies de animales,
Hacía que se viera como objeto
De profundo respeto
Y arriba del común de los mortales,
No tan sólo al valiente ó abnegado
Que hubiera sido ya recompensado,
Sino á su hijo, y su nieto, y su biznieto,
Por más que fuera un títere dorado
O algún pillo de cuenta,
Que el lustre del abuelo y sus blasones
Duraban veinte y más generaciones.

Posible es, en verdad, que, por orgullo
De raza, alguna vez se abstenga un noble,
Si no de vicio ó crimen, de ruindades
Que puedan parecer vulgaridades.
Lo que es mayor calamidad y doble
Preocupación, ó más grosero engaño
Que la de sangre, tonta aristocracia,
Tan orgullosa antaño,
Es la que priva hogaño
De dinero no más, la plutocracia.

Que el pobre, habiendo menester del rico.
Lo adule y se le humille reverente,
Triste cosa será, pero se explica.
Mi duda es diferente:
¿Cómo explicar que el hombre independiente-
También se postre ante la gente rica?
¿Qué gracia tiene acumular dinero
Un mercachifle, un bestia, un usurero?
140 IGNACIO MARISCAL

¿O es un talento raro
Comprar á bajo precio y vender caro,
Con ciertos negocitos en la lonja
Que no admiten escrúpulos de monja?
¿O piensa mucho y se calienta el morro
El que atesora cual hambriento avaro
Que exprime las ganancias y, al ahorro
En cuerpo y alma dándose, materia
De vida ó muerte lo hace y lo sepulta
Y su riqueza oculta
Vegetando en escuálida miseria?
Y aquí no aludo á medios como el agio,
La estafa, el robo, el contrabando, el plagio,
No obstante que de todo hay en la feria,
Porque al mirar que se improvisan Cresos,
Ninguno les pregunta ó averigua
Cómo es que hicieron con industria exigua
Sus millones de pesos.
A tan audaz pregunta
4 Cuántos ¡ ay! de rubor enmudecieran
Si el rubor esas gentes conocieran!

Mas vamos suponiendo
Que á fuerza de honradísimo trabajo
(Lo cual no es un fenómeno estupendo)
Un hombre allega colosal fortuna
Sin dilación alguna,
Y, viendo á sus compinches por abajo,
:Se encarama en los cuernos de la luna. '•
Justísimo es que goce de su renta
Comprando cuanto halague
Su gusto ó vanidad, y cuanto inventa
POESÍAS 141

El caprichoso lujo, todo, todo,
Con tal que el precio requerido pague,
Que el rico de comprar encuentra modo
Carrozas ó palacios, rancho, hacienda,
O aquello que mejor le dé la gana,
No faltando jamás quien se lo venda.

Y si le da por ostentar cultura,
Veréis que luego en adquirir se ufana
El cuadro de un maestro, una escultura,
O bien una acuarela
De mérito real ó imaginario,
Comprada en un remate
Y que él nos dice le legó su abuela.
Nada hay más natural y necesario
Para fomento de la industria y artes
Que buscan protección en todas partes.

Aun puede suceder, y á nadie ofende,
Que adquiera el rico hermosa biblioteca
De algún sabio tronado,
Y se quede embobado
Sus libros al mirar como un babieca,
Sin sospechar siquiera el' contenido.

Mas á veces le da la ventolera
Por comprarse una cruz, una venera,
Signo exterior al mérito debido,
Y esto ya me parece tentativa
De coronarse en nuevo Capitolio,
Teniendo por segura perspectiva
Fundar de honra y provecho el monopolio..
Y no es un caso excepcional ó raro,
I42 IGNACIO MARISCAL

Sino antes muy frecuente,
Lucir ante la Corte un insolente,
Con cínico descaro,
Doradas cruces que mercó el dinero
Cual dijes en la tienda de un joyero.

Así también se compra la nobleza,
Ya un título de conde,
De duque ó de marqués, según el precio,
Que nunca falta dónde,
Con oro, hacer de un necio
Un señor titulado, y siempre lo hacen,
Sin que ya en esto la calumnia quepa,
Entre otros que yo sepa...
Ya lo voy á decir, ya se me escapa,
El Rey de Portugal y el mismo Papa.

Nada, pues, falta a la sin par nobleza
Fundada solamente en la riqueza.
(No aludo yo al que, amén de sus millones,
Se adorna con distintas perfecciones,
Sino al rico ostentoso y majadero
Que sólo en su dinero
Su orgullo funde cual en firme base.)
Todo lo tiene la opulenta clase
En este desigual, picaro mundo:
Saber, nobleza, mérito profundo,
Los títulos, y honores, y la herencia
Que transmite las honras con el oro
Hasta la más remota descendencia;
A menos que al señor le dé la gana
De echar por la ventana,
•Con ínfulas y gloria, su tesoro.
POESÍAS

Y aquí tenéis de pronto un correctivo
Que á falta de remedio más activo
(Decir cuál fuera el radical excuso,
O no lo encuentro á mano),
El vicio del derroche
Suele oponer al malhadado abuso,
A la insolente empresa temeraria
De establecer doquiera á troche y moche
Nobleza mercantil ó monetaria,
Prodigando sin tino al opulento
Honores y homenajes
A la virtud debidos y al talento.

Aún hay otro expediente
Con el cual, sobre todo en nuestros días,
Misterioso el Destino y providente
Alivia las pictóricas fortunas
Por medio de sangrías
Copiosas y oportunas,
Tendiendo así á curar la plutocracia
Que hace al trabajador tan poca gracia.
Procede el sangrador de esta manera:

Tal vez el rico tiene una heredera
Y en vida, le dará cuantiosa dote
Para legarle, al fin, caudal inmenso.
Entonces se presenta un tagarote
Que, á poco de quemarle fino incienso,
Se la apropia con todas sus pesetas,
Sin otra habilidad y sin más tretas
Que unir á la apariencia de un Tenorio
Algún pomposo título ilusorio
De Duque, de Marqués ó Principone,
'44 IGNACIO MARISCAL

Según lo que se entone
La ambición de la pobre millonaria,
A menos que al echar por el atajo
Acepte algún vizconde renacuajo,
Resuelta á no hacer vida solitaria.
¡ Ah! ¡ Cuántos orgullosos europeos
De sangre azul y nombres resonantes,
Reducidos á nobles mendicantes,
Negocian lucrativos himeneos,
Y, al fin, redoran pálidos blasones
A fuerza de millones
De novias ¡ay! hispano-americanas,
O vanidosas é inocentes misses
Acaso de un oscuro nacimiento,
Pero que inundan al marido hambriento
De pesos, y de marcos, y de luises.
¡ Y cuántas ¡ ay! á poco de casadas
Se llaman á engañadas,
Y estando á punto de perder el juicio
Porque el novio se entrega á todo vicio,.
Compran su libertad á precio caro!
Pues él no admite divorciarse, á menos
Que se le tengan los bolsillos llenos;
De otra suerte, no entra por el^iro.

Con esa industria la gentil nobleza
Castiga á la fundada en la riqueza,
Por su rivalidad, según sospecho.
No sé si adrede lo hace; mas el hecho
Es que así le rebaja sus haberes
Y por ende el funesto predominio
Con que se burla de hombres y mujeres;;
POESÍAS

Al próximo exterminio
De la pureza y el honor conduce,
Y la igualdad i educe,
Cuando más, á un simpático problema.
¡Qué de males y enojos,
Reinando el democrático sistema,
Engendran con su orgullo y sus antojos
Los ricos ¡ay! que asumen privilegios,
No de un Creso ó un Fúcar, sino regios!

Así, acontece en la nación vecina
(República modelo
Donde la plutocracia es quien domina
Y el voto popular le arroja un velo)
Que hasta Rey un ricacho se titula
Por la masa infinita
De los explotadores que lo adula;
Y reyes hay á cientos y aun á miles,
Ya de ferrocarriles,
Ya de la dinamita,
O bien Rey del carbón, Rey del acero,
Del petróleo, el azúcar ó el cacao,
De la turba, el maíz, el bacalao,
r
O de otras mercancías
Vendidas en la Bolsa, y que el Primero
Hacen del vendedor, el jefe, el amo
Entre los negociantes de su ramo,
Y debido á cuantiosas granjerias
Que, dándole triunfos, llenen su arca,
Sublímanlo hasta el solio,
Poderoso monarca
Por la gracia del trust y el monopolio.
I46 IGNACIO MARISCAL

Otro, no yo, pondere en la política
Y en todos los fenómenos sociales
El grave daño, el cúmulo de males,
La influencia mefítica,
En gobiernos y pueblos, de esa casta
De reyes y pandillas comerciales
Que influyen con millares de millones;
A mí para esta crítica
Infiero que me basta
Con pocas y someras reflexiones.

Mas, en verdad, no quiero,
Lector, que tú me acuses de ligero:
Por eso, con prudencia y sin malicia,
De tu fallo esperando la justicia,
Donde no cabe el dolo,
Nada resuelvo en la materia y sólo
Te propongo la duda
De cuál es más contraria á los destinos
De la moderna sociedad, del hombre,
Si la nobleza rancia y linajuda,
O la que no se funda en pergaminos
Ni se cuida del nombre,
Sino de los valores y el estanco,
Que hacer procura de oro y metal blanco
Y sus representantes poderosos
Los billetes de banco.
TRADUCCIONES Y PARÁFRASIS
A MEDIANOCHE

(Traducción libre de Young.)

Dulce esperanza del mortal doliente,
Bálsamo celestial, sueño dichoso,
Tú, á par del mundo, con tu bien regalas
De la Fortuna ciega al favorito,
Y huyendo desdeñoso,
Con vaporosas alas,
Del infeliz que tu beleño implora
Con llanto inútil cuando el sol se aleja,
O cuando vuelve á sonreír la Aurora,
Te posas luego cariñoso y blando,
Negra abejilla que en la flor se mece,
En párpados que el llanto no humedece.

De turbado, brevísimo reposo,
Cual de costumbre, lánguido despierto.
¡ Dichoso aquel que á despertar no llega !
Yo envidio su ventura, si no es cierto
Que paz y olvido al desdichado niega
La tumba misma, que el sentir no agota,
150 IGNACIO MARISCAL

Y hasta en su espacio yerto
La plaga de los sueños nos azota.

Despierto y salgo del horrible piélago
De sueños tormentosos donde, náufraga,
Mi mente va impelida de ola en ola
De fingida miseria, sin la brújula
De la razón... Mas ya volver la siento;
Y en vano vuelve, que de penas cambio,
Logrando sólo á mi dolor aumento.
I No basta á mi penar la luz del día,
Y con su lobreguez la noche oscura
Es fuerza que redoble mi agonía ?

Piedad, oh Noche, que en el alto trono
Del cielo nebuloso hora asentada,
Y en torno rodeada
De este silencio lúgubre y profundo,
De plomo el cetro tiendes
Que rinde y avasalla al débil mundo.

Quietud que infunde horror y muchas sombras
Reinan doquier, cual si en letargo hundida
La creación entera, hiciese un alto
La vida universal. ¡ Pausa tremenda,
De fin cercano símbolo y anuncio!
Cúmplase en mí el pronóstico infalible;
Caiga luego el telón, que, aborrecible,
La farsa innoble del vivir renuncio.

Silencio, oscuridad, gemelos hórridos
Que la Noche abortó, dejad que al punto
Consulte á la razón mi pensamiento
POESÍAS 151

Y en ella funde el alma su energía,
Cuaí en robusto asiento.

Tú que pusiste en fuga el primer día
Del caos al 'silencio tenebroso,
Cuando, al lucir encantadora el alba,
Rompió Natura en armoniosos himnos:
Tú, cuya voz, hiriendo las tinieblas,
Chispas hizo brotar que soles fueron
Con que él espacio pueblas,
Disipa esta negrura,
Rasga la niebla que tu faz me esconde
Y brote al fin de mi alma lumbre pura.

Mi espíritu volando desprendido
De la mortal escoria, busca ansioso
Tu luz ¡resplandeciente,
Como infeliz avaro el que ha perdido
Riquísimo tesoro.
¡ Dios mío! en esta noche redoblada
Del mundo y de la mente, una mirada
De tu piedad im'ploro:
Envíala, Señor, del almo cielo;
Vendrá con ella á mi ánima expirante
El' germen de otra vida,
Ráfaga de esperanza y de consuelo.

Suena el reló... ¡la una! ¡oh tiempo, oh tiempo!
Sólo al perderte se halla tu medida,
E inútil voz y lengua te prestamos
Si tan 'sólo alcanzamos
Que nos des al volar tu despedida.
Misteriosa campana,
I 52 IGNACIO MARISCAL

Te escucho como al ángel de la tumba;
Tal vez oírte no podré mañana,
Que en tus voces pausadas y sonoras
De llanto un eco misterioso zumba
Y el doble suena de mis muertas horas

Muertas, sí, que se van y nunca vuelven;
Allá se engolfan en :el hondo abismo
A ido fueron los días y los años
Que de este mundo el rápido espejismo
Con su (fuga disuelven,
Que huyendo esparcen luto y desengaños
Y del vivir la nulidad pregonan;
Una tras otra sin cesar cayendo
Allá donde los siglos se amontonan
Y se pierden al fin... ¿ Será que espere
La eternidad al mísero gusano
Que en la cárcel 'de un punto vive y muere
Y se hunde ,en el olvido,
Gota que llueve en medio al océano,
A otras mil, á millones semejante,
Parásito infeliz de un breve instante?

¡ Cuan pobre y rico, augusto y degradado,
Se siente el hombre, y cuan incomprensible
Su Autor confunde á la razón mezquina!
El Hacedor unió, para formarle
• Con su mano divina,
Del caos 'los contrarios elementos,
Y en su obra dejó escrito
Con trazos refulgentes
Lo que ella fué en su mente soberana:
¡ Eslabón de dos mundos difcuentes,
POESÍAS ) 53

Término entre la nada y ,1o infinito,
Ráfaga de éter, corrompida escoria,
Luz inmutable, efímero Proteo,
De fango hechura vil y de alta gloria
Heredero inmortal, titán pigmeo,
Gusano y dios!.., Al contemplar mi esencia
Mi pobre entendimiento se extravía,
Tiemblo y me espanto y pienso que me burla
Mi loca fantasía.

¡ Profundo arcano el hombre para el hombre!
En vano lucha al apurar su idea;
Ya el júbilo, ya el miedo le arrebata,
Y su ánimo flaquea
Cuando su mente, de vagar rendida,
Volviendo á sí, de comprenderse trata.

¡Gran Dios! ¿quién puede eternizar mi vida?
Y mi existencia aniquilar, ¿quién puede?
La mano de un, arcángel poderosa
Salvarme de la tumba no podría,
Y ni ángel ni demonio, allá en la fosa.
La llama de mi ser extinguiría.

Agosto de 1878.
154 IGNACIO MARISCAL

A INÉS

(Traducido de Lord Byron.)

¡A mi lúgubre aspecto no sonrías!
¡Ay que yo ya no puedo sonreír!
Mas no permita el cielo que en tus días
Gimas y nada alcances con gemir.

La pena oculta descubrir no quiera,'
Que roe mi lozana juventud;
En vano mi tormento conocieras
Si á calmarlo no bastas ya ni tú.

No es el amor ni el odio envenenado,
Ni de baja ambición perdido bien
Lo que me impele á maldecir el hado
Y huir de todo lo que más amé.

i
Es el atroz cansancio que destila
De todo cuanto miro alrededor;
La belleza no hiere mi pupila,
Tus ojos ¡ ay! perdieron su fulgor.
POESÍAS [55

Es la condenación sin esperanza
Que Asavero por siempre arrastrará;
Más allá de ia tumba á ver no alcanza,
Y el reposo no espera más acá.

Sí, que huir de mí propio no consigo
Y siempre, adondequiera que llegué,
El cáncer de mi vida fué conmigo,
—Pensamiento ó demonio—no sé qué.

En cambio, hay otros que el placer embriaga
Y gozan lo que á mí me hostiga ya:
Sueñen, sí, y del sopor que los halaga
No lleguen, cual yo, nunca á despertar.

Vagar sobre la tierra fué mi sino,
Irónico mirar lanzando en pos,
Y es sólo mi consuelo que el destino
Tal vez sembró en mis pasos lo peor.

Lo peor... ya no más saber intentes,
Inés mía, sonríete feliz:
A desnudar mi corazón no atentes,
No... ¡que un infierno encontrarás allí!

Oaxaca, Agosto de 1852.
156 IGNACIO MARISCAL

LA ORACIÓN NATURAL

("The praycr of Nature" de Byron.)

¡ Oh padre de la luz, oh Dios del cielo!
I Atiendes Tú al gemir de la desgracia,
Sus crímenes perdonas á los hombres,
Del débil escuchando la plegaria?

¡ Oh padre de la luz, tu gracia imploro!
Tú viendo estás lo negro de mi alma;
Tú, que al insecto miserable cuidas,
Evita al pecador su muerte infausta.

No busco altar ni preste, sólo vivo
Ansiando la verdad... ¿dónde encontrarla?
Descubro ya tu omnipotencia y lloro
De mi azarosa juventud las faltas.

Aloe el devoto portentosa iglesia
Que el fanatismo reverente acata;
El sacerdote, en interés del culto,
Fomente las leyendas insensatas;

l Puede encerrar el hombre á un Dios inmenso
En templo oscuro ó bóvedas doradas ?
Tu rico templo es el espacio libre,
La tierra, el mar y cuanto el cielo abarca.
POESÍAS

¿Y así el mortal condenará á su hermano
Porque con otra fórmula te ensalza?
; Y creerá que, ofendiéndote uno solo
Castigas tú sin compasión la raza?

Si cada secta inventa un paraíso,
Al infierno destina á sus contrarias
Porque te ruegan de distinto modo
Y difiere en la forma su esperanza.

¡ Ah! reñirán por dogmas 'diferentes
Que la razón á comprender no basta.
I Podrá el gusano escudriñar el cielo
Cuando en el lodo el infeliz se arrastra?

Y los que viven para sí, egoístas,
Que en el inmundo crimen se encenagan,
¿ Podrán por su fe sola quedar limpios
Y vivir para siempre en tu morada?

¡ Gran Dios! no quiero biblias ni profetas,
Tu ley en la creación se ostenta clara.
Confieso que soy débil y perverso,
Mas mi oración del pecho se derrama.

Tú que, rigiendo el curso .de los astros
Por infinitas sendas y distancias,
De polo á polo con robusto cetro
En la extensión del universo mandas; •

Tú, que arrojaste al hombre en este mundo,
De donde cuando quieres lo arrebatas,
En tanto que yo pise el triste suelo
Tiéndeme ¡oh Dios! tu mano sacrosanta.
I 58 IGNACIO MARISCAL

A ti, Señor, levantaré mis ojos:
En próspera fortuna ó suerte ingrata
Tu sola voluntad será mi aliento,
Que tengo sólo en tu piedad confianza.

Cuando este polvo al cieno regresare,
Si quedan á mi espíritu sus alas,
¡ Con cuánto ardor, tu nombre bendiciendo,
He de lanzarme hasta besar tus plantas!

Mas si este pobre espíritu la suerte
Del cuerpo ha de sufrir en tumba helada,
Si ha de morir mi todo, mientras viva
Elevaré á tu trono mis plegarias;

Que, agradecida á tu bondad patente,
La humilde musa con amor te canta:
Yo espero ¡oh Dios! que al término del viaje
Mi torpe vida encontrará tu gracia (i).

Febrero de 1905.

(i) El original de esta poesía es una efusión de sentimientos religio-
sos y hasta humildes de lord Byron, conocido por uno de los hombres
más escépticos y orgullosos de su tiempo. Cierto que mostró con fre-
cuencia esos defectos y aun vicios que afean su extraordinaria vida; pero
también es verdad que, en medio de sus descarríos, brilla en él un fondo
de generosidad y de nobleza que lo hacen muy simpático. No puede ol-
vidarse, por ejemplo, que sacrificó gran parte de su fortuna, y al fin su
existencia, á la causa de la libertad en la tierra clásica de los helenos. Sus
conceptos en esta que él llama oración (prayer of Nature) rebosan de
sinceridad y no parecen escogidos con sólo un criterio estético. Por eso
he querido traducirla, aun en la duda de si no estará mejor vertida por
algún otro al castellano.-!. M.
POESÍAS i5g

GODIVA

(De Tennison.)

No solamente los que somos fruta
Que el tiempo da en sus últimas cosechas
Y desdeñamos hoy como inservibles
Leyes, instituciones y creencias
Que ayer aún existían; no tan sólo
Los que preconizamos nuestra época
De luces mil y universal sufragio,
Al pueblo amamos con ternura inmensa;
También en otro tiempo (muy antiguo,
Allá en el año mil de nuestra era)
Ilustre dama, candorosa y pura,
Celebrada en la historia ó la leyenda,
Godiva, esposa de soberbio noble
De Cóventry señor, en dura prueba,
Mostró su amor al pobre y desvalido,
No cual tribuno en retumbante arenga.

Juzgad, lectores, por mi fiel relato:
El caso fué que á la ciudad y tierra
Impuso el Conde abrumador tributo,
Y las madres, llegando á su presencia,
IGNACIO MARISCAL

Mostrábanle á sus hijos y exclamaban:
"¡Piedad, Señor, nos mata la pobreza!"
Godiva le buscó y hallóle absorto
Entre perros y halcones á Ja puerta
De su mansión, de un pie la roja barba
Y dos de largo las incultas greñas,
Mover su duro corazón pensando
"Mira esa pobre gente, ¡cuan hambrienta}
Cuan flaca está! —le dice conmovida—.
Si te pagan, los hunde la miseria."
Escúchala el sajón con ceño adusto
Y así responde: "Privación ó pena
Ninguna aceptarías ¡ voto á Sanes!
Por esa chusma imbécil y... plebeya."
"Mi sangre diera yo"—Godiva exclama.
Carcajada feroz el Conde suelta,
Jurando por Jos santos y el demonio
Que nunca vio locura tan completa.
Jugaba con sus.joyas y decíale:
—"Pues vaya que te luces de embustera!"
—"La prueba te daré que no es jactancia
Lo que digo y á todo estoy resuelta."
—"¿A todo? Bien—el bárbaro replica—,
Desnuda y á caballo, que te vean
Sus habitantes, cruza á mediodía
La ciudad, y les quito la gabela."
Y con risa ó ladrido, entre sus canes,
Se marcha celebrando su ocurrencia.

]
Godiva, solitaria, reflexiona:
De impulsos •encontrados su alma presa,
La agitan como vientos' borrascosos
POESÍAS i6¡

Que en mar revuelto con la nave juegan.
Triunfa la piedad; y al punto manda
Que, por doquier y al son de las trompetas,
Un heraldo pregone el duro pacto
Que ideara el vil Conde y que ella acepta
Por aliviar al pueblo en su infortunio:
El cual, con gratitud y con sorpresa
Noticia tal oyendo, determina
(Pues ama á su señora y la respeta)
Que nadie, hasta después del mediodía,
A estar en sitio público se atreva,
Ni á verla cuando pase, y que en las casas
Se ha de quedar la población entera
En tanto que ella cruce por la calle,
Cerradas las ventanas y las puertas.

Godiva entonces huye al más recóndito
Camarín del alcázar, donde empieza
Por desprender de su cintura el broche
(Dos águilas-unidas de oro y perlas
Del Conde rica dádiva). La asusta
Levísimo rumor, medrosa, trémula
Cual la luna en el río; mas de pronto
Se anima y, sacudiendo la cabeza,
Le bajan como un velo á las rodillas
Los rizos tembladores de ambas crenchas.
Desnúdase á gran prisa y, recatada,
Desciende en un instante la escalera,
De columna en columna deslizándose
Como rayo de luz, hasta que llega
Do está su palafrén 'luciendo el oro
En la bordada púrpura que ostenta.

1i
162 IGNACIO MARISCAL

Monta y su marcha emprende sin más ropa
Que el velo de su blonda cabellera.
El viento mismo pareció embargado
Mirando así á mujer tan pura y bella;
Los bustos de la fuente colosales
Sus ojos agrandaban; se le acercan
Ladrándole los perros y, encendido
El rostro, ella los mira con vergüenza.
De su montura el resonante paso
La hacía estremecer; por dondequiera,
En las paredes hoyos y rendijas
Se le figura que al pasar encuentra,
O bien que mil fantasmas por el aire
Curiosos y anhelantes la contemplan.
Mas sigue en eí camino que le traza
Su ardiente caridad, hasta que empiezan,
Al fin del caserío, de los campos
La verde alfombra y rústica maleza.

La rienda vuelve y sigue sin más ropa
Que el velo de su blonda cabellera.
Entonces un villano, torpe víctima
De su inmunda y vulgar naturaleza,
Baldón é infamia de futuros siglos,
De sutil abertura se aprovecha
Para admirarla... ¡Desdichado! súbito
Hundido queda en lóbregas tinieblas:
Los ojos, desprendidos de sus órbitas,
Cayéronle delante como piedras.

Así castiga Dios al temerario
•Que, en mofa de su santa providencia,
POESÍAS I

Amiga de las almas/generosas,
Con instinto brutal les hace ofensa.

Godiva, en tanto, sin saberlo pasa,
Y al punto doce campanadas suenan
Que lentas repitieron las cien torres
De Cóventry, dormida en apariencia,
Marcando la mitad de un claro día
Hermoso con el sol de primavera.

Cumplió la bella lo ofrecido. Rápida
Volviendo al camarín, allí se encierra
Y de manto y corona presto sale
A reclamar del Conde la promesa.
Salvó á la multitud desventurada
Del tributo, con él de honda miseria,
Y, bendiciones cosechando á miles,
Su nombre coronó de fama eterna.
164 IGNACIO MARISCAL

LADY CLARA

(De Tennison.)

En la estación de anémonas y lirios,
Cuando al amanecer las aves cantan,
Blanca gacela presentó lord Rónald
A su querida prima lady Clara.

Y á fe que ella aceptóla con deleite,
Pues ya, la unión de entrambos concertada
De tiempo atrás, la interesante boda
Debía celebrarse en la semana.

No bien se aleja el 'lord, en su alegría,
Exclama así la vanidosa dama:
"No el lustre sin igual de mi linaje
Ni mis terrenos que un condado abarcan,

Tan sólo mi virtud, mi propio mérito,
Mi hermosura quizá, taí vez mi gracia,
Eso no más Jo induce al matrimonio
Y no puedo dudar de que me ama."

"¡Gran Dios!—prorrumpe su nodriza Cora—:
Gracias te doy que al fin todo lo allanas.
Lord Rónald fué el legítimo heredero
De Dúncan y tú no eres lady Gara."
POESÍAS i65

—"¿Te has vuelto loca, ó tratas de burlarme
—La dama dice—con tan necia chanza?"
—"Como hay un Dios lo afirmo—grita Cora—
Que tú eres hija de esta pobre anciana.

'Ausentóse lord Dúncan, y su hija
Murió en mis brazas, pues me fué entregada,
Yo la enterré y en su lugar te puse:
Verdad en esto digo: ¡pese á mi alma!"

—"Muy mal, muy mal obraste, madre mía.
(Si lo eres)—replica lady Clara—;
Robaste largo tiempo á tan buen hombre
Los bienes que la ley y Dios le daban."

"No digas eso, no, que soy tu madre,
Y mi secreto para siempre guarda;
Al fin, de todo gozará lord Rónald
Uniéndose contigo ante las aras."

—"No, signad mendiga, ¿á qué ocultarlo?
"Todo lo he de decir; no quiero nada.
Quítame pronto este collar de perlas,
Despójame de todas mis alhajas."

"Calma, calma, hija mía, reflexiona
-Que tú y yo nos perdemos si no guardas
Reserva."—"No, imposible, y aun pretendo
Probar la fe que debo á sus palabras."

"¿Fe en un amante? Admiro tu inocencia,
Verás que el hombre su derecho afianza."
"¡Y lo obtendrá por mí!—gritó la hermosa—
Así entendiera yo morir mañana."
166 IGNACIO MARISCAL

—"Bésame, pues, al menos, hija mía,
Y perdona á mi amor mi grave ¡falta."
—"Peídon te pido yo. Madre, bendíceme,
Voy á cumplir obligación sagrada."

VestMa luego con humilde traje,
A pie él camino emprende, por la falda
Del collado, al castillo de lord Rónal'd,
Sin más adorno que una rosa blanca.

La fiel gacela que le dio su primo
(Era en extremo cariñosa y mansa)
Rompiendo su cadena, al punto uniósele
Y acompañóla en toda su jornada.

Bajó lord Rónald de la torre y díjole:
— u ¿ Habéis perdido el juicio, lady Clara ?
¿A pie y en trajee de villana tosca
Vos, de nuestra nobleza flor y nata ?"

—"Si llego así vestida pobremente,
Tal' corresponde á mi fortuna escasa;
Mendiga soy por nacimiento—añade—
Y no debéis llamarme lady Clara."

—"No me vengas con cuentos, amor mío,
Que tuyo soy por siempre en cuerpo y alma;:
No quieras hoy mofarte de tu primo
Que no puede entender tu loca chanza."

Serio se puso él Lord y pensativo;
Pero Gara en su intento no desmaya
Y le repite lo que cuenta Cora,
Fijando en él tranquila su mirada.
POESÍAS 167

Suelta la risa á lo último Lord Rónald
Y un beso imprime en su mejilla nácar :
<<gi t u —le dice—no heredaste rentas
Ni el nombre ilustre que tan bien te cuadra;

Si por la ley todo eso va á ser mío,
Haremos que conmigo lo compartas,
Nos casaremos pronto, y sin disputa
Serás de nuevo y siempre Lady Clara."

Febrero de 19°5-

!
168 IGNACIO MARISCAL

LA PROVIDENCIA

(Traducida de Cowper.)

Anda el Señor en misteriosa ruta
Sus grandes maravillas al obrar,
Camina por eLmiar con planta enjuta
O cabalga en el férvido huracán.

En abismo profundo, impenetrable,
Atesora designios de bondad,
Y, oculta para el hombre miserable,
Guarda su soberana voluntad.

¡ Justos! que su furor estáis temiendo,
Esa eléctrica nube que os da horror
Preñada está de bienes, y en rompiendo,
Verterá bendiciones sobre vos.

No juzguéis al Señor con vana ciencia
Y en su misericordia confiad,
Que tras una ceñuda providencia
Os oculta su amor risueña faz.
POESÍAS :6 9

Madurarán sus fines; bienhechora
Se ostentará la mente del Criador,
Y el que áspero botón palpáis ahora
Convertido veréis en Wanda flor.

La torpe duda, escudriñando el cielo,
No rasga su densísimo capuz,
Tan sólo Dios descorrerá su velo
Y á nuestros ojos enviará la luz.

Agosto de 1852.
170 IGNACIO MARISCAL

E L BRINDIS DE UN CABALLERO

(De Walter Scott.)

Termina ya el festín, las anchas copas
Un paje llena de espumoso vino;
Los paladines en silencio aguardan,
Al anfitrión mirando de hito en hito.

Alzóse el Conde, y con semblante alegre
Gritó empuñando el vaso: "Mis amigos;
Brindemos por las •damas cuya imagen
Guarda y venera el ¡corazón cautivo.
Ejemplo yo os daré..." y el nombre luego
Mentó de la señora del Castillo.

Con frenéticos vivas y palmadas
Fué el brindis amoroso recibido,
Y al punto cada comensal se apresta
A proclamar de su pasión el ídolo.

Bajo la fe de noble y caballero
Rompe de sus amores el sigilo,
Con claro acento pregonando el nombre
De la deidad qu« alumbra su destino;
1'OíiSIAS 171

Y en medio del aplauso que lo adula.
Pondera cada cual, enardecido,
Las gracias, la hermosura ó la fineza
Del ángel que le roba su albedrío.

Al caballero de León, por último,
Llegó su vez; y con curioso ahinco
Lo escuchan, que es de todos envidiado
Por bizarro y de damas favorito.

"Brindo—exclamó—por la mujer que adoro
Y en luz de gloria circundada admiro;
Viviente altar le consagré en mi pecho
Hasta que dé su postrimer latido.

Esa mujer en el amor me vence,
Y su ternura sin igual conmigo
Perenne vivirá después que se hundan
Vuestros leves amores en olvido;
Porque es más fina, generosa y pura
Que cuantas sueña el juvenil capricho..."

"¡Basta, basta!", los nobles concurrentes
Gritaron, y de cólera el instjnto
Llevar la mano ál formidable acero,
Con arrebato trémulo, íes hizo.

"El nombre, el nombre de la dama al punto,.
Caballero insolente, yo te exijo."
Asi prorrumpe él orgulloso Conde,
Balbuciente la voz, el rostro lívido.

El de León, con reposado acento,
"'Calmad ese furor—afable dijo—;
17* IGNACIO MARISCAL

Guardadlo para cuando en el combate
Lo incite 'de la patria e! enemigo.

Quién es la dama que ensalzó mi labio
Y adora el corazón agradecido,
Sabed, señores: ¡ brindo por mi madre!
¿Qué amor me dais cual ese amor divino?"
POESÍAS i73

THANATOPSIS

(Traducida de Bryant.}

Para el mortal que reverente admira
La creación, á su visible forma
El entusiasta corazón uniendo
Con vínculos de amor, vario lenguaje
Natura emplea. En horas de alegría
Ecos le brinda de ventura y gozo,
Y en las amargas horas
Que emponzoña la fúnebre tristeza,
Blandamente" en el ánima insinúa
De su doliente amigo
Una voz melancólica, suave,
Que, la profunda agitación calmando,
En corriente apacible sus ideas
Plácida mueve.—Cuando el pensamiento'
De los instantes últimos del hombre
En tu agobiado espíritu cayere,
Como la escarcha en débil florecilla,
Y el sombrío ataúd, y la agonía
Congojosa, y el hórrido sepulcro
En negra perspectiva te amenacen,
Y temblando de horror ya desfallezcas,.
174 IGNACIO MARISCAL

Sal pronto á la campiña, bajo el ancho
Pabellón de los cielos, y allí escucha
La misteriosa voz que se desprende
De la tierra y las aguas, del abismo
De los aires sin fin.
"En breve plazo
—Dirá la oculta voz —el sol radiante
Que alumbra todo en su triunfal carrera,
Ya no te alumbrará; bajo el helado
Terruño en que tu forma se escondiere
Por pocos años, ó en la mar salobre
Que un momento la abrigue, al fin tu imagen
Se perderá también. La madre tierra
Que alimentó tu vida, sus derechos
Reclamará; los elementos mismos
Con que el ser material te dió en el mundo,
Volverán á su seno; y, ya perdida
Tu identidad, con el peñasco rudo.
O el terrón insensible que el labriego
Pisa y rompe tal vez con el arado,
Se irán á confundir. La añosa encina
•Con su bronca raíz irá esparciendo
El vano polvo en que estribó tu hechura.

"Mas no sin numerosa compañía
Al vasto lecho de eternal reposo
Descenderás, ni un tálamo más regio
Pudieras concebir. En él descanso
Lograrás en unión de los Patriarcas
De la edad primitiva, de los Reyes \
Y grandes de la tierra, de los sabios,
Los héroes que los hombres divinizan,
Y las beldades que su pecho encienden;
POESÍAS I7&

Los poderosos y los buenos, todos
Allí en profusa confusión mezclados,
Los montes de granítico esqueleto,
Antiguos como el sol; los quietos valles
Que yacen soñolientos á su falda;
Los bosques venerandos; lentos ríos
Que fluyen majestuosos; arroyuelos
Triscando alegres por el verde prado
Que esmaltan en mil flores; y en contorno
Derramado, infinito allá en la bruma,
Del hondo mar el lúgubre d e s i e r t o -
He aquí la gran decoración, el cuadro
Solemne, inspirador de vuestra tumba.
El astro cuya luz engendra el día,
Los luceros que brillan en la noche,
Clara hueste sin número del cielo,
Ardiendo están cual fúnebres antorchas
En los vastos'dominios de la Muerte,
Y en tanto vuelan sin rumor los siglos.

"¿ Qué son sino un puñada,
Qué son los que se agitan en la tierra,
Al lado de las tribus incontables
Que duermen en su seno? A la mañana
Pedid sus alas de oro, y vuestra mente
Vuele atrevida el arenal cruzando
De Barca, ó bien divague en las florestas
Que baña el Oregón, rumor ninguno
Escuchando, á no ser el de sus ondas,
Y allí, en aquellos páramos, los muertos
También encontraréis; miles, millones,
En esas hoy tan hondas soledades,
De edad remota entre la opaca niebla,
I76 IGNACIO MARISCAL

Cansados de vivir, la sien doblaron
Al sueño entenebrido y sin memoria
Que duermen todavía. Los difuntos
Allí ocultan su reino solitario
Y allí reposan. A tu vez inmóvil
Con ellos dormirás, de los vivientes
Silencioso alejándote (¡ quién sabe
Si aun falto de un amigo que te llore!), '
Y todo cuanto alienta, cuanto vive
Al fin se te unirá. Los venturosos
Prolongarán su risa cuando mueras ;
Los míseros, su llanto; cada uno
Corriendo seguirá tras el fantasma
Favorito; á su turno empero todos,
La ilusión ó el capricho abandonando,
Contigo irán para ocupar su lecho.

"En larga procesión los canos siglos
Pasarán, y los hijos de los hombres—
El joven de la vida en la mañana,
El que toca al cénit de la existencia,
Doncellas y matronas, tierno infante,
O ya caduco y tembloroso anciano,
Sin faltar uno solo,
Tendidos á tu lado iránse viendo
Por otros y otros más que al fin sucumban.

"Vive, pues, de tal modo, que al llamarte-
Dios á seguir la caravana inmensa
Que va incesante al reino de las sombras,
Donde cada viajero encuentra lista
Su alcoba en los palacios de la Muerte,
No llegues ¡ay! cual llega á su mazmorra,.
POESÍAS

De noche, por el cómitre azotado,
Criminal infeliz; y, en calina, erguido,
De la esperanza con el dulce apoyo,
Desciendas á la tumba, cual se mira
Rendido labrador que llega ufano
A su lecho, tranquilo en él se arropa,
Y duérmese al instante
Olvidado entre plácidos ensueños."

12
178 IGNACIO MARISCAL

EL AVE ACUÁTIL

(De William C. Bryant.}

¿Adonde, entre esos húmedos celajes,
Perdida vas en el confín del cielo?
A dó se tiende al expirar el día
Tu> solitario vuelo?

Con ojo hambriento el cazador te sigue
Entre el oro y carmín del horizonte;
Mas ya en el fondo se embebió tu imagen
Del azulado monte.

¿Buscando vas la pantanosa orilla
De quieto lago ó de anchuroso río,
O la arenosa playa en que se aduerme
el piélago bravio?

¿Qué importa? Dios, en la extensión vacía,
Te marca el rumbo con potente mano,
Y cruzas la región del vago viento
Cual nave el océano.
POESÍAS I79

Batiendo con tesón las luengas alas
Todo el día bogaste allá en ia altura,
Y antes que humilles el cansado vuele
Vendrá la moche oscura.

Sigue, sigue; y, al fin, verán tus ojos
La mansión de apacible primavera,
Que al descanso y al goce te convida
Con dulce compañera.

Pasaste ya; el abismo de los cielos
Tu forma arrebató; mas en mi mente
Quedó esculpida en indelebles trazos
Lección grande, elocuente.

La mano amiga que de zona en zona
Por el desierto azul tus alas guía,
Guiará mí paso en el revuelto mundo
Hasta .la tumba fría.
i So IGNACIO MARISCAL

SALMO DE VIDA

{De Longfellow.)

No me digáis en plañidero canto
"La vida es sueño sin sentido alguno",
No, que el alma dormida es alma muerta,
Y algo más que apariencia hay en el mundo.

La vida es en verdad asunto grave;
No acaba su trayecto en el sepulcro,
"Polvo eres, hombre, y volverás al polvo"
'A el alma nunca referirse pudo.

Ni al goce ni al dolor predestinado
Viene el mortal en su mundano curso;
Luchar es su misión porque mañana
De ayer aumente el cosechado fruto.

tLabor inmensa y reducido tiempo!
Por eso el corazón, siquier robusto,
Fúnebre marcha toca á la sordina
Cual un tambor con su crespón de luto.
POESÍAS !8

Del mundo en el vastísimo palenque,
De ardor ceñidos, con la fe de escudo
Entremos como el héroe en la batalla
No cual la res si la quebranta el yugo.

Lo pasado enterrémoslo en olvido
Y, sin soñar en porvenir seguro,
El rápido presente aprovechemos
Confiando sólo en que el Señor es justo.

La vida de los buenos me alecciona
Y de sus bellas páginas concluyo
Que puedo bien, la tierra abandonando,
Una huella dejar y un nombre puro.

Una huella que en costa solitaria
Consuelo imparta al navegante rudo
Después de su naufragio, y fiel le indique
Para otro viaje el anhelado rumbo.

¡ Animo, pues, mortales! y al trabaja
Daremos con valor creciente impulso,
Siempre avanzando con alegre espíritu,
Sin loco afán y sin cobarde susto.

Londres, Junio J de 1884.
l82 IGNACIO MARISCAL

VIAJES EN MI HOGAR

(De Longfellow.)

Sí la lluvia desciende con porfía
Y la veleta, inmóvil algún tiempo,
Se agita-de repente y luego anuncia
Que viene de la mar furioso el viento,

Mi espíritu recojo; pensativo
Voy á mi hogar, y en solitario encierro
Me doy en cuerpo y alma á la lectura
De libros de viajes ó de versos;

Y al ver lo que otros dicen, ó bien cantan,
De climas y países extranjeros,
De mi temprana juventud los días
Me alumbran con vivísimo recuerdo.

Paréceme que escucho, como entonces,
De torrentes alpinos el estruendo,
Campanillas de muías en España,
La música del Golfo de Sorrento.
POESÍAS 183

Alzarse miro entre árboles negruzcos
La silueta de triste monasterio,
Las torres de vetustas catedrales,
Los castillos del Rhin, altos, desiertos.

O voy corriendo en parques y jardines
Sin sentir el más leve movimiento,
O el océano férvido cruzando
Sin miedo á la borrasca y sin mareo.

Ni el polvo ni el calor me mortifican,
Ni el cansancio me abruma, y atravieso
Las tierras más distantes yendo siempre
Mejor que con mis pies, con los ajenos.

Afánense otros por cruzar los mares
Y el mundo recorrer, climas diversos
Probando alegres; yo, al volver las hojas
De un libro,, doy la vuelta al mundo entero.

Por escritos de sabios y poetas
Lo que hay en él de interesante aprendo,
Pues mis débiles ojos no podrían
Nunca enseñarme lo que alcanzan ellos.
184 IGNACIO MARISCAL

FIN DEL DÍA

(De Longfellow.)

Murió ya el día; la tiniebla opaca
Del ala de la noche vino al suelo,
Cual pluma que soltara desde lo alto
El águila en su vuelo.

Mirando -estoy las luces de la aldea
En medio de la lluvia y la neblina,
Y un sentimiento de tristeza á mi alma
La asalta y la domina.

Un sentimiento de tristeza fúnebre
Que no será dolor, mas ¡ ay! en vano
Burlarlo intento, que al dolor semeja
Cual llovizna á la niebla en el verano.

Ven pronto á consolarme, dulce amiga,
Y al punto léeme versos melodiosos
Que alivien mi inquietud devoradora
Disipando recuerdos tormentosos.'

No el himno de un maestro venerable
Sembrado de sublimes armonías,
POESÍAS i85

De antiguo bardo cuya voz resuene
Del tiempo en las inmensas galerías;

Porque sus poderosos pensamientos
Cual música marcial hieren el alma
El ansia de da vida redoblando,
Y lo que anhelo es calma.

Léeme el canto de un vate más humilde
Cuyos ecos disipen mis enojos,
Del corazón brotando cual la lluvia
De las nubes, ó el llanto de los ojos;

De un vate que, en su largo sufrimiento,
Noche y día y en medio á sus labores,
Tal música al oir allá en su mente,
Calmara sus dolores.

Los dulces, tiernos ayes de ese espíritu
El pulso aquietan en febril congoja,
Como la bendición del sacerdote
Cuando á sus pies el pecador se arroja.
c
Y luego la canción que tú escogieres
Mejor y más sentida; tu voz pura,
Realce dando al ritmo del poeta,
Endulzará al instante mi amargura.

La noche llenarán tus melodías,
Y el fin de mi penar será tan cierto
Cual próxima partida de los árabes
Que recogen su tienda en el desierto.
186 IGNACIO MARISCAL

EL CUERVO

(Traducido libremente de Edgard A. Poe.)

Reina la medianoche; calma fúnebre
Se tiende en pos ¡del recio temporal:
Cansado al fin de recorrer volúmenes
De mi estancia en la triste soledad,
Al sueño me rendía, cuando, súbito,
Un sonido me viene á despertar.
"Alguien está-llamando en el vestíbulo:
Importuna visita!—exclamo—¡ Bah!
¡ Será algún necio amigo de ^farándulas;
Un necio, y nada más!"

Pasado ya el turbión, en ayes lúgubres
De lejos se oye el viento suspirar»;
Sobre el tapiz imágenes fantásticas
Arroja la luz trémula del gas:
Vanamente en los libros ün narcótico
A mi acerbo dolor pensé encontrar,
Que hasta mi sueño acibaró la pérdida
De esa adorada, angélica beldad
Que al cielo para siempre huyó, dejándome
Tormento y nada más.
POESÍAS

Meditando seguí: el rumor del céfiro,
Las cortinas de seda al agitar,
Me hacía estremecer, y un terror pánico
Teníame clavado en mi sitial,
Repitiendo con aire incierto, estúpido,
Sin dominar por ello mi ansiedad,
Sin dar yo mismo á mis palabras crédito:
"Es alguien que me viene á visitar
Y toca suavemente en el vestíbulo:
Eso es, eso es no más."

De repente sentí llenarme de ánimo
Y esforzando el acento más y más,
"Caballero ó señora—grité impávido—:
Allá voy; usted ha de dispensar:
Es el caso que estaba ya durmiéndome
Cuando de su venida la señal
Confusa y débil resonó en mi tímpano;
Tan suave fué que usted comprenderá...
Allá voy." Y la puerta abrí con ímpetu:
¡ Tinieblas, nada más!

Largo tiempo miré el espacio lóbrego,
Temblando receloso al comenzar,
Absorto al fin en sueño atrevidísimo,
Cual nunca lo soñara otro mortal.
Reinaba hondo silencio por los ámbitos
Del universo en calma sepulcral:
Sólo mi voz lo interrumpió "¡Felicitas!
Gritando en la vacía inmensidad,
Do un eco flébil repitió "¡Felicitas!"
Un eco y nada más.
188 IGNACIO MARISCAL

A mi estancia volví cual ciego autómata,
Con sólo un movimiento maquinal,
Y al punto á sonar vuelve toque rispido
Que su origen trazó con claridad.
"Vaya, vaya—exclamé—, rio en el vestíbulo,
Por la ventana alguno quiere entrar.
Veamos, que no tocan los espíritus
De ese modo: el misterio penetrar
Es preciso; de espantos ya dejémonos;
Será el viento no más."

En esto á la ventana llego rápido,
Y de golpe Ja abrí de par en par;
A poco revolando entró en mi cámara
Negro cuervo de aspecto funeral,
Y sin más ceremonia ni preámbulo
Que un vuelo silencioso, circular,
Sobre un busto de Palas, grave, tétrico,
Paróse en filosófico ademán:
Posado allí quedó con aire estólido,
Posado y nada más.

Tan serio continente en aquel pájaro
Parecióme fingida gravedad,
Y su actitud á risa provocándome,
Así con desenfado empecé á hablar:
"Por tu calva y tu gusto mitológico
Te reconozco al fin, ave infernal:
Cuervo más viejo que Saturno, prófugo
Del reino de la Noche, dime ya
Cuál es tu nombre en la región plutónica",
Y él respondió: "Jamás."
POESÍAS 189

A tan clara respuesta quedé atónito,
De un cuervo no pudiéndola esperar,
Si bien al pronto parecióme bárbara,
Sin sentido, ó sin mucha urbanidad;
Pues en verdad no pudo figurárseme
Que un adverbio de tiempo y nada más
Bastara á contestarme, ó que el ridículo
Avechueho que hiciera pedestal
Del sacro busto de una diosa olímpica,
Se nombrara "Jamás."

En tanto el cuervo, taciturno, tétrico,
Quedó sin otro acento articular,
Cual si el que lo animaba negro espíritu
En un vocablo comprendiera ya.
Ni un movimiento en su plumaje de ébano,
Ni un rumor descubría al animal;
Hasta que dije con acento lánguido:
"Lo haré mi amigo y pronto volará;
Me dejará cual me dejaron pérfidos..."
El prorrumpió: "Jamás."

Asustóme al oir tan pronta réplica,
Que ya no pareció casualidad:
"Tal vez—dije—'la ciencia de este pájaro
Tiene esa voz por único caudal,
Y la aprendió de un loco ó de una víctima
Del infortunio... Mísero! trovar
Quizá no pudo su canción monótona
Sin esa muletilla, y por final
De cada estrofa recalcó fatídico
Ese Jamás, jamás."
190 IGNACIO MARISCAL

Así pensé, y el misterioso cárabo
Volvió mi fantasía á recrear
Y á contemplar me puse busto y pájaro,
Tendido muellemente en un diván,
Imaginando en posición tan cómoda
Cuanto pudo Ja mente cavilar,
Sin penetrar en el sentido místico
(Ni siquiera entendí el gramatical)
Que daba á su graznido el ave exótica
Al repetir "jamás".

En medio á aquel delirio ni una sílaba
Dejaba yo á mis labios escapar;
Miraba al cuervo y su mirar flamígero
Mí mente convertía en un volcán.
Débil, exhausto, mi cabeza lánguida
Reclinaba en la pluma del sofá,
Y á su contacto mi cerebro mórbido
Evocaba una imagen celestial.
En vano; ya el diván su torma angélica
No ¡ha de oprimir jamás.

Mas al punto un aroma preciosísimo
De incienso comenzóme á circundar,
Y el eco me arrulló de blanda música
Que ahuyentaba del seno todo afán.
"Desdichado—clamé—, el Señor benéfico
Te envía con sus angeles la paz:
Apura, apura el delicioso bálsamo, i
Y cese tan continuo lamentar,
Olvida para siempre á tu Felicitas...''
Gritó el cuervo: "Jamás."
POESÍAS I9I

"Profeta de dolor, inmundo oráculo,
Ministro aterrador de Satanás,
Ora te envíe Belcebú del Tártaro
Y te arrojara aquí la tempestad
Para engañarme con falaz pronóstico
O el destino infalible revelar,
Dime—exclamé—, por compasión á un mísero
Responde: ¿ tendrá término mi mal ?
Yo te conjuro por tu dios: respóndeme";
Y él contestó: "Jamás."

"Profeta de dolor, inmundo oráculo,
Ministro aterrador de Satanás,
Por ese cielo de esplendor magnífico,
Por su Dios que obedecen tierra y mar,
Dime si de la tumba tras el límite,
En la región de inmensa claridad,
Al fin he de encontrar á mi Felicitas
Y absorto en su belleza virginal,
A par de los querubes darle un ósculo..."
El respondió: "Jamás."

"Esta sea—grité—la prenda única
De nuestra despedida, ave nnal:
Húndete pronto en el profundo báratro,
Tumbos dando al furor del huracán.
No dejes ni una pluma que en mi cámara
Me recuerde tu horóscopo fatal.
Vuela ya de ese busto y del vestíbulo;
Suelta, suelta; tu garra pertinaz
Mi alma rompe: retírate, retírate..."
Y él contestó: "Jamás."
I92 IGNACIO MARISCAL

Y desde aquella noche el cuervo lóbrego,
Posado allí, clavado siempre está
Sobre ese busto de la diosa, pálido,
Que le sirve de eterno pedestal.
Fiero demonio vigilando al reprobo,
No aparta de mí un punto su mirar,
Larga sombra arrojando, negra, fúnebre.
Do muere el sol y el ilumino so gas...
¡ Ay! de esta 'sombra que enlutó mi espíritu
¿ No he de salir ?—¡ Jamás!

1867.

ADVERTENCIA. — Esta versión, verdaderamente magistral, que
con diversas variantes se ha reproducido incontables ocasiones, apa-
rece aquf con las últimas correcciones que le hizo el Sr. Maris-
cal.—B. D.
POESÍAS ig3

LA HORA DE MORIR

(Imitación de Mrs. Hemans.) (1)

Llega su tiempo á las hojas
Y van cayendo una á una,
La flor perece en invierno
Y el ave entonces se oculta;
Tiene sus horas el astro
En que declina y se ofusca;
Mas no hay contigo un momento
De respiro, ¡oh Muerte cruda!
Son tuyos años y meses,
Todas las horas son tuyas.
r
El día para el trabajo
Del mundo avaro en la lucha,
Y cuando el sol, descendiendo,
Su faz radiante sepulta,
Es para el goce tranquilo
Que dulce hogar nos procura;

( 0 Estos versos son en parte traducción y en parte imitación, per
separarse á veces demasiado del original.—Nota del Autor.
r3
194 IGNACIO MARISCAL

La noche para el descanso
De la fatiga importuna.
Mas noche y día en tu imperio
¡Oh Muerte pálida! juntas.

Sus horas tiene la orgía
De aturdimiento y locura;
Y en pos, 'de duelo ó fastidio
Las negras horas pululan;
Otras en que hondos pesares
El corazón nos abruman,
O bien amarga tristeza
Al pobre espíritu anubla.
Mas ¿quién tus horas limita,
Muerte, si en todos triunfas?

La juventud orgullosa,
La salud y la fortuna
De ti parecen burlarse
Y del horror de la tumba.
¡Desventuradas! Muy pronto
Pagan con llanto la burla,
Que en tu impaciencia no aguardas
A ver la espiga madura
Para segar, y cosechas,
Aun verde estando, la fruta.

Sabemos cuándo ha de verse
Llena ó menguante la luna,
Cuándo el otoño ha de darnos
Su mies con mano profusa
Y, cuándo, huyendo del frío,
Las escarchas y la bruma,
POESÍAS

Veremos las golondrinas
Que bella estación anuncian.
Mas ¿quién de morir pudiera
Darnos la hora segura?

¿Será tal vez cuando el cielo
De heladas nubes se cubra,
O cuando llamas ardientes
El sol estivo difunda
Y aves y plantas y flores
Lánguidas queden y mustias?
jAh! ¡de morir tienen ellas
Una estación, no más una,
Y el hombre mísero en todas
Llega á fatal sepultura.

Estás i,oh Muerte! en las olas
Que el risco bañan de espuma,
Do muge el viento, ó el aura
Se duerme al son de la música.
En mi apacible morada
Te miro á veces oculta,
Huyendo voy á los campos
Y te diviso en la altura
De la colina, en el valle,
O en la barranca profunda.

Te veo donde el amigo
Blando al amigo saluda,
Donde se encuentran rivales
Y con los ojos se insultan;
Donde, olvidando las iras,
Manos con manos se juntan,
ig6 IGNACIO MARISCAL

Y donde, al hórrido estruendo
Con que se arroja la chusma,
Bandos guerreros se atacan
Y se destrozan con furia.

Y hasta en la cita amorosa
Que las estrellas alumbran,
Y hasta en las bodas alegres
Do amor eterno se jura;
En el cristal de la novia,
Del niño tierno en la cuna,
En el patlacio del rico,
Del pobre en la choza rústica,
Doquier, á todo momento,
Tu árida faz se dibuja.

Llega su tiempo á las hojas,
Y van cayendo una á una,
La flor perece en invierno
Y el ave entonces se oculta;
Tiene sus horas el astro
En que declina y se ofusca;
Mas no hay contigo un momento
De respiro ¡oh Muerte cruda!
Son tuyos años y meses,
Todas las horas son tuyas.
POESÍAS IQ7

EL UNIVERSO I N F I N I T O
(Imitación de J. P. Richter.)

La poderosa voz irresistible
Llamóme del Señor allá en mi sueño,
Y arrebatado me sentí en la altura
Hasta el inmenso pórtico del cielo.

"Ven—me dijo el Señor—, ven al instante
A contemplar las glorias de mi reino" ;
Y á los Angeles puros que su trono
Circundan, á sus órdenes atentos

"Tomadlo—dijo—y transformad al punto
Su túnica de carne, el tosco velo
De sus ojos romped, y en sus entrañas
Soplad de vida portentoso aliento;

"Mas no toquéis su corazón; dejadle,
De su prístina condición recuerdo,
El corazón que tiembla y se acongoja,
Pobre cautivo del humano pecho."

Súbito el cambio se operó; y un ángel
De enormes alas y ademán resuelto,
En sus brazos tomándome lanzóse
Del infinito espacio por los senos.
IQ8 IGNACIO MARISCAL

A veces al compás vertiginoso
Que marca de los ángeles el vuelo,
Cruzamos un abismo y otro abismo
De tinieblas y hondísimo silencio;

Saharas de la muerte, que dividen,
Con la inmedible nada de sus huecos
Los reinos de la vida en que pululan
Soles, mundos, satélites sin,cuento.

A veces encontramos nebulosas
Masas que hirviendo están, y en su fermento
De Dios sentimos el viviente soplo
Los átomos en giros revolviendo.

Y allá, al confín de célica distancia,
Que burla del astrónomo el ingenio,
Percibo apenas claridad confusa,
Blanca aurora de tímidos reflejos.

¡ Ya brilla esplendorosa! Ya llegamos
A un mar de luz en limpio firmamento,
Y entre soles volamos que deslumhran
Y aturden al fragor de rudo incendio;

Entre planetas mil de lunas pálidas,
De fúlgidos anillos foco y centro,
O al través de un cometa vaporoso
Que huyó al instante en el espacio etéreo.

Y eternidades luego de crepúsculos,
Y eternidades de distancia luego;
Y dondequiera alrededor brillando
i

Racimos incontables de luceros.
POESÍAS 199

Constelaciones mil y mil regadas,
Cual en desorden y que á grandes trechos
Mirándolas, parecen arreglarse
En grupos hermosísimos, simétricos,

Y en la extensión sin límite que alcanza
Ninguno á concebir, más que el Eterno,
Levantan al Señor triunfales arcos,
Ricas columnas y grandiosos templos.

Y otros más y otros muchos, por millones
Las leguas avanzando, alzarse vemos,
Cual montañas de cúspide atrevida,
Perennes, encendidos monumentos.

Y en medio de los arcos erigidos
A la gloria sin fin del 'Arquitecto,
Como escalones de astros se veían
Para llegar á su inmortal asiento;

Para escalar lo ilimitado en torno,
Que arriba no hay ni abajo en el inmenso
Espacio libre, donde las distancias
Sin rumbo van y sin hallar un término.
r
Allí la altura sin igual se abisma
De lo profundo en el terrible seno,
Y no hay profundidad si se repara
En la grandiosa anchura de los cielos.

Mar desprovisto de ribera y fondo,
Hundidos en su diáfano elemento
Bogamos sin hallarle superficie
Ni alejarnos un punto de su centro.
200 IGNACIO MARISCAL

Por el éter sutil atravesamos,
Cual de infinito en infinito yendo,
Creaciones sin número tocando,
Mundos y mundos contemplando al lejos.

Mas ya el enjambre de lucientes globos
Parece disminuir, y, al fin, sospecho
Que termina, mis ojos fatigados
Multitud menos densa percibiendo;

Cuando un clamor en el espacio vibra,
Que cien astros en torno repitieron,
A la alta voz solícitos prestando
De su sonora aprobación los ecos.

Y aquel clamor indefinible anuncia
Que existen otros mundos y hallaremos
En breve otros planetas más hermosos,
Con lunas mil y soles más espléndidos.

Confuso entonces, abrumado, exánime,
De la emoción el insufrible peso
No resistí, y entre abundosas lágrimas
Mi débil corazón rindió su aliento.

Y "¡Basta! ¡basta!" al ángel repetía,
"Suspende ya, por compasión, el vuelo;
Que es ¡ ay! de Dios la gloria insoportable,
Y yo admirarla en su esplendor no puedo!

"De la persecución del infinito
Sálvame pronto, y el recinto estrecho
Del sepulcro será mí dulce abrigo
Contra el espacio y su grandor tremendo.
POESÍAS 201

"Porque no tiene fin, jaimás termina..."
Y el ángel, espantado, deteniéndose:
"¿Con que no hay fin?"—exclama, vuelto el rostro
De las estrellas al concurso inmenso.

A tal pregunta respondieron todas:
"¡ No hay fin! ¡ no hay fin! en estruendoso acento:
El hombre dijo bien; es infinita
La poblada extensión del Universo."

Herida en lo más hondo el alma mía
Del vasto coro al formidable estruendo,
Rompe sus ligaduras, y al instante,
Sobrecogido cíe pavor, despierto.

Sereno, al fin, con pálido vislumbre
La ciencia al ilustrar mi pensamiento,
-"Tuya—exclamé—la inspiración ha sido;
Verdad, Señor, lo que entrevi en mi sueño."

Mayo 3 de 1874.
202 IGNACIO MARISCAL

LA NOVIA Y EL LEÓN

(Traducida libremente de J. Chamisso.y

Coronada de mirtos y azahares,
Blanca la veste, rojas las mejillas,
Ansiosa ya por acudir al templo,
Del guartiafieras la preciosa hija

Entra en la" jaula del león soberbio
Y con donosa mano le acaricia
La ruda crin, al tiempo que á sus plantas
Yace el león y atónito la mira.

Monarca de la selva destronado,
Fué déspota feroz, hoy de una niña
Esclavo humilde, emblema de la fuerza
Que con su magia la beldad cautiva.

"¡Cuántas veces—dice ella—en;nuestra infancia
Tú y yo jugamos' sin trabar rencilla!
Mas ¡ ay! de la inocencia y la locura
Pasaron ya los venturosos días.
POESÍAS 203

"En vano, cual entonces, la melena
Retozando agitaras, y á mi risa
Se unieran tus rugidos de alborozo,
El tiempo que pasó no volvería.

"Vinieron con la edad razón y penas;
Asi, dice mi madre, así es la vida:
Suceden á los juegos -los cuidados,
Y es hoy mujer la que era una chiquilla.

"Ay ¡ojalá que mi niñez durase!
Contigo y con mi madre viviría
Sin ambición ni orgullo, compartiendo
Con ambos mis pesares ó mi dicha.

"Mas voy á ser del hombre que me aguarda,.
Con él quedando para siempre unida,
Y es fuerza que después, abandonándote,
Por tierra y mares su fortuna siga.

"Me vio, gústele... y acepté su mano.
Hoy ha de ser mi -boda y mi partida...
i Adiós! te dejo con pesar; mis lágrimas
Son prenda de esta amarga despedida.

"¿Me entiendes? Calma tan adusto ceñor
Vuelve á mirarme con la faz tranquila...
I Lo ves ? mi novio ya á buscarme viene;
¡Un beso! y nunca divides á tu amiga."

Con tierno labio la sañuda frente
Del monstruo acarició, que en sacudida
204 IGNACIO MARISCAL

Violenta hace temblar la enorme jaula
Y hasta k puerta disparado brinca.

En vano, por salir, la joven luego
Forcejaba con él, no conseguía
Moverlo un punto, sin poder, cual antes,
Sobre la fiera rencorosa, altiva.

Ayes de angustia oyéronse y del novio
La acongojada voz que "¡Un arma!" grita.
'Un arma dadme pronto y muerte súbita
Yo le daré; mi pulso no vacila."

En tanto Amelia tras el monstruo, rápida,
De la jaula á la puerta se desliza;
Mas el león de un golpe derribándola,
La deja inmóvil en su sangre tinta.

Al verla entonces el feroz cuadrúpedo,
Se llega inquieto á contemplar la herida,
Aulla de dolor, ansioso, trémulo,
Y en desaliento la cabeza inclina.

Tiéndese al lado de la muerta joven,
Clavando en ella la doliente vista...
Un tiro se oye, la certera bala
Le parte el corazón, y mudo expira.

agosto de 1877,
POESÍAS 205

CANCIÓN ITALIANA

(De Stechetti.)

Morir quisiera en la estación de amores
Que el aire entibia serenando el cielo,
Cuando en la selva cantan ruiseñores
Y en verde pompa se engalana el suelo.

Morir quisiera cuando atrás del monte
Se pierde el sol en límpido horizonte:
¡ Feliz si vuelve á Dios el alma mía
En primavera, al expirar el día!

Mas cuando ruge el viento enfurecido,
Cubierto el sol con tenebroso manto,
Y oculto yace el pájaro entumido,
Entonces ¡ ay! morir me «diera espanto.

Morir quisiera cuando atrás del monte
Se pierde el sol en fúlgido horizonte:
¡ Feliz si vuelve á Dios el alma mía
En primavera, al expirar el día!
aOÓ IGNACIO MARISCAL

MUERTE DE JUDAS

SONETO

(Del italiano.)

Soltó el infame precio; y, empujado
Por la furia que engendra su despecho,
Llegó al Calvario, donde, en vil repecho,
De triste sauz colgóse el desdichado.

Pretende huir su espíritu malvado
Y, el paso hallando en la garganta estrecho,
Con fiero hervor agítase en el pecho,
Maldiciendo á su Dios y su pecado.

Sale, por fin, envuelto en ronco grito;
Sañudo un ángel préndelo' al momento
Y en sangre de Jesús el dedo moja;

Con ella ¡ay! en la frente del maldito,
Sentencia escribe de infernal tormento,
Y al hondo abismo con el pie lo arroja.
POESÍAS 207

A ITALIA

SONETO

(Traducido de Filicaja.)

Italia, Italia, te donó la suerte,
Pana hacerte infeliz, ,rara hermosura,
Funesto don, presagio de amargura
Que en tu pálida faz el mundo advierte.

Menos hermosa hallándote, ó más fuerte,
Con más temor te viera, ó más cordura,
El Príncipe que te ama con ternura
Y en brazos te abandona de la muerte.

Y no descendería cual torrente
Los Alpes esa hueste asotedora
Del Pó á teñir en sangre la corriente;

Ni en lid extraña á tu interés, señora,
Te forzaría la extranjera gente
Siempre á servir, vencida ó vencedora.
208 IGNACIO MARISCAL

EL ESCLAVO

(De Chateaubriand.}
A la oración convida dervis que, centinela,
Desde alto minarete ve moribundo al sol;
Corre el león á brincos en pos de la gacela
Y en el jardín buscando sigo una rosa yo.

Oh linda musulmana, de moro adusto y bravo
Encantadora hija, más ángel que mujer,
¿ Hay dicha que se iguale con la de ser tu esclavo
Y de besar tus pies?

Con indolente brazo la barca antes movía
Cruzando la llanura de mar quieto y azul,
El llanto del despecho mi remo humedecía;
Mas ya olvidé mi llanto, que lo has secado tú.

Me encantan estas peñas, la torre del' serrallo
Sonríeme á lo lejos, del piélago al través,
Que allí al morir el día señal dulcísima hallo
De ir á besar tus pies.

Y luego allá en la noche, bellísima criatura.
Ferviente y receloso deslizóme al harem,
Alfombras y perfumes, agua olorosa y pura
Y besos mil prodigas á tu cautivo fiel.
P0ESÍAS
209

Absorto en tal peligro, que yo imprudente a|
Te oprimo contra el seno, piadosa tú me ves
Mezclando á tus collares la argolla de tu esclavo
Y al fin caigo á tus pies.

En la movible arena tu blanco dromedario
Distingo si ligero trotando, al lejos va:
Entonces me apareces cual astro solitario
Que á tristes navegantes orienta en alta mar.

Mi patria, á quien amaba con ciega idolatría
No arranca mis sollozos ni inspira mi cantar
i Ay! olvidé á mi patria y hasta á la madre mía,
Y temo que un hermano me venga á rescatar.

No, nunca me libertes, que soy feliz al cabo,
Mi libertad, mi gloria sé tú, mi sola fe;
Si arrebatarme intentan, no dejes á tu esclavo:
Sobre él pon ¡ ay! tus pies.

Oaxaca, Agosto de 1850.

>4
210 IGNACIO MARISCAL

EL HOMBRE FELIZ

(De Víctor Hugo.)

Beatus qui non prosperl

Os aborrezco ¡oh dioses! Desde mi edad temprana
Me dais con larga mano cuanto imagino, todo:
Me agobian vuestros bienes y al cabo yo os detesto.
¿Qué mal—decidme—os hice que así cdlmáis mis votos?

Del paso de Leandro á las columnas de Hércules,
En todo mar mis naves se ven y en todo puerto,
Y mi palacio encierra, como insondable abismo,
Tesoros de ciudades y frutos del desierto.

Al eco de una fuente, ó al son de blanda música,
Busco el olvido en brazos de Mo>rfeo,
Y á refrescar ¡mis sienes con ceferino soplo
Diez vírgenes del Indo llamando están mi sueño.

Yo dejo en mis banquetes al infeliz parásito
Manjares que repelo con desgana,
Y en áureo plato mi hambre, que nada excitar puede,
Desecha los pescados que nutre sangre humana.
POESÍAS
21 I

Del Tíber en la vega y al lado del Vesubio,
Poseo cien jardines deliciosos :
Inmensos mis dominios, que habitan mil esclavos,
Fatigan mis corceles y cánsanme los ojos.

Me temen aun los grandes y César me sonríe,
Protejo á numerosos pretendientes;
De mármol son mis pisos, de pórfido mis baños,
Mi carro lo saluda la multitud de clientes.

Fastidióme en e! foro no menos que en el circo
Y allí no más pregunto: "¿Qué hay de nuevo?"
Arrojo un siervo al día de pasto á las murenas •
Mas ni eso me distrae, con nada me divierto.

De Europa las mujeres y las mujeres de Asia
Mover en vano intentan mi corazón inerte,
Que en su dorada copa sacióme ya el fastidio...
¿Y así eí imbécil pobre querrá envidiar mi suerte?

Con implacables dones ine perseguís tenaces:
¿Qué ha de esperar entonces mi juventud marchita?
¡Oh dioses! un consuelo, una esperanza imploro,
Quitadme tantos bienes y dadme, dadme dicha.

En el pagano templo, adonde exhausto llega,
Así exclamaba Arnulfo, rabioso, en vez de orar;
Reniega de sus dioses; y á Cristo bendiciendo,
Muere en el circo un mártir ante el impuro altar.
212 IGNACIO MARISCAL

A UNA NIÑA

(De Víctor .Hugo.)

Si á comprender no aciertas la infancia venturosa
¡ Oh niña! nunca envidies la edad de atroz quebranto
En que rebelde el alma lucha con suerte odiosa
Y suena nuestra risa más triste que tu llanto.

¡ Tu hermosa edad tan pronto se pierde en el olvido!
Pasa ¡ ay! cual soplo débil cruzando por los aires,
Cual eco de alegría que huyendo va perdido,
Como un alción en los revueltos mares.

No quieras que madure tu espíritu temprano;
Disfruta en la mañana, goza en la primavera:
Tus horas son cual flores que enlaza diestra mano;
No las deshojes, niña, y el tiempo en calma espera.

Vendrán al fin los años y, en la común re/friega,
Del mundo los pesares, su pérfida amistad,
Y sus ocultas penas que el vano orgullo niega,
Y sus placeres dignos de piedad!

Risueña en tanto, ignora del hado la sentencia,
Sin anublar tu frente purísima, infantil,
Ni humedecer tus ojos, espejo de inocencia,
Do tu alma se retrata y el cielo de zafir.
POESÍAS 213

EL MURCIÉLAGO

(De Víctor Hugo.)

Sí, ya te reconozco, te vi en mi ardiente, ensueño,
Fatídico avechucho que con tenaz empeño
Agitas en mi torno tu vuelo funeral.
De espectros desvelados tú llevas el mensaje,
Aparta, y mis temores no tomes por ultraje,
Que, al verte, á pesar mío recelo oculto mal.

Espera que la virgen que alumbra mi destino
Y el cielo como un ángel ha puesto en mi camino,
De mi esperanza férvida premie el constante ardor.
Entonces, si es preciso, vuelve a turbar mi calma
Y sobre mí tus alas sacude que en el alma
Infunden el pavor.

De la lechuza hermano y el buho macilento,
Frotándose afanadas con asqueroso ungüento
Te invocan en conjuro las hijas de Satán.
Huye mi alegre estancia, donde el amor se aspira,
Que si tus uñas corvas tropiezan en mi lira
Cien muertos se alzarán.
2
'4 IGNACIO MARISCAL

Quizá 'de los demonios que danzan en las nieblas
Seguiste el coro inmundo perdido en las tinieblas,
Y al son de impuros himnos volaste alrededor.
Huye ¡ay! que de mis flores marchítanse las galas
Y han de volar tus alas
En aire 'de sepulcros, de sangre en el vapor.

Mas ¿ quién á mí te trae ? ¿ Vienes de las colinas
A do la luna huyendo sepulta entre ruinas
Su frente, cual la tuya, de mustia palidez ?
¿ Tus ojos vagabundos siguieron á lo lejos
De mi nocturna lámpara 'los tímidos reflejos?
Así tras de la gloria sigue el dolor tal vez.

¿ O sales de la torre do el Vértigo se oculta,
Enano alado y fiero que al caminante insulta
Y enciende en los pantanos un vago resplandor,
Que rúe por el viento y de 'los altos pinos
Dobla la punta y chilla, rondando en los caminos,
Do arroja en las barrancas al pálido pastor?

En vano con tu vuelo querrás que me deslumbre
Y hedor á muerte siembras y humana podredumbre;
Me irrita tu presencia sin poderme espantar.
Huye de aquí, ó en breve tus tenebrosas galas,
Tu cuerpo sucio y feo, tus transparentes alas
Supersticioso rústico admirará en su hogar.

Sus hijos burlaránse de tus agudos dientes,
De tu fealdad mofándose con risas inocentes,
Y al pretender asirte con temblorosa mano
Te espantarán; al aire te 'lanzarás sin tino
Y, ciego al mediodía, tu tétrico destino
Será con torpe vuelo buscar la noche en vano.
POESÍAS 2l5

EPITAFIO SIN NOMBRE

{De Víctor Hugo,)

Mancebo audaz, ó temeroso anciano,
Tú que de clima en clima, cual nubécula errante,
Tras ttn fantasma vano prosigues tu jornada,
¿Adonde vas tan lejos, oh mísero viandante?
¿No es aquí, por ventura, la posada?

La Muerte, levantando su cetro victorioso,
Mi orgullo ha confundido con nieblas expiatorias,
Mi nombre oculta en ellas á tu mirar curioso,
Y torpe olvido encubre con velo desdeñoso
Si hay en mi polvo alguna de tus mentidas glorias,

Pasajero, cual tú pasé yo un ¡día;
Mías vine acá y perdióse vuelto á su fuente el río...
¡Silencio! ante mi tumba parándote un momento,
Depon tu grave fardo, cual yo depuse el mío,
Da fin al raudo viaje que apura ya tu aliento.

Si paz tan sólo anhelas, si la quietud ansias,
Aquí te guardo un lecho, ven á dormir conmigo;
Si vas en frágil bote surcando olas bravias,
Aquí del puerto llegas al suspirado abrigo.
2[6 IGNACIO MARISCAL

¿No sientes al mirarme que tu alma se estremece
Ciñéndote los pasos un círculo imperioso ?
En este quieto asilo que mi piedad te ofrece,
¿No ves tu nombre escrito con dedo misterioso?

Histriones ambulantes, los hombres aturdidos,
Con tímidos impulsos, ó arranque temerario,
De harapos mal cubiertos, ó de oropel vestidos,
Cruzáis unos tras otros del mundo el escenario.

Y aquí llegáis... No pises con planta indiferente
Mi fosa; es tuya, hermano, nuestra mansión oscura ;
Tocando va á su término el hombre y no lo siente,
E ignora cuándo huella su propia sepultura.

¡ Mas nada mueve, nada, tu corazón inerte!
¡ Ni una oración te debo, del pecho ni un latido!
En vano tu miseria pregona aquí la Muerte,
Sus voces no penetran tu mundanal oído.

Pasaste. "¿Qué me importa tú lápida sombría?
—Dijiste—. En un sepulcro ¿qué puedo yo encontrar?
Vil osamenta, restos de una ceniza fría:
¿Qué más allí se encuentra?" —¿Aquí?... ¡la eternidad!

Octubre de I8?I.
POESÍAS 217

EL SILFO

(De Víctor Hugo.)

I Oh tú, que en vieja torre, cual soñadora sílfide,
Con luz en tus vidrieras al desdichado atraes,
Ábreme, niña hermosa, la noche me da horror,
La noche que, poblando la atmósfera de espectros,
Reviste á los difuntos con mantos de vapor.

No soy, oh niña, de esos cansados peregrinos
Que larga historia cuentan después de largo viaje,
Ni paladín, al que ama y teme la beldad,
Si llega y á la gente despierta del castillo
Y con clarín guerrero pide hospitalidad.

Bordón no tengo grueso, ni lanza formidable,
Ni blonda cabellera, ni blancafy luenga barba,
Ni humilde escapulario, ni intrépido bridón.
Mi soplo, que no agita la planta más endeble,
De la trompeta arranca menos que débil son.

Yo soy del aire hechura, casi un ensueño, un silfo;
De invierno en las veladas soy huésped invisible,
Nacido en primavera cuando despunta el sol,
Espíritu que extrae su esencia del rocío,
Diáfano habitante de sideral región.
2:8 IGNACIO MARISCAL

Yo oí que dos amantes, con voz solemne y blanda,
Amor eterno, puro, jurábanse á la par;
Me aproximé curioso, y una ala por la punta
Prendiéronme en un beso que eterno parecía,
Y hasta cerrar ia noche logré mi libertad.

Mas ¡ ay de mí! ya es tarde para encontrar asilo,
Ya todo está cerrado, piadosa ábreme al punto;
Un hijo soy del día, la noche me extravió;
Permite hasta mañana que duerma yo en tu lecho,
Lugar no ocupo grande y no alzaré rumor.

Huyeron mis hermanos con la eclipsada lumbre,
Con las lucientes lágrimas que el campo humedecían,
Los lirios les abrieron sus cálices de miel.
¿Adonde huir?... No encuentro las gotas del rocío,
Ni flores en el valle, ni luz alcanzo á ver.

Escúchame ¡ oh doncella! la Noche va á prenderme
Con redes infernales cogiéndome en su sombra
Entre esqueletos fríos que dan asco y pavor,
Con diablos cuyo nombre hasta el infierno olvida;
Murciélagos y buhos, satánica legión.

Es hora en que los muertos danzando vacilantes,
La luna los contempla con faz inmóvil, lívida,
Y hambrientos los vampiros ¡ oh colmo del terror!
Con fuerte brazo alzando su lápida marmórea,
A su sepulcro arrastran al pobre enterrador.

Enanos monstruosos, de pólvora y ceniza
Cubiertos, van saliendo los gnomos de sus antros,
El trasgo huyendo salta por el cañaveral,
POESÍAS 219

Al fresco ondin se une la ardiente salamandra,
Y fuegos azulados doquier se ven cruzar.

¡ Ay! ¿cuál será mi suerte si un muerto me aprisiona
Llevándome á la tumba que guarda su osamenta,
O bien si, nigromante maligno ó burlador,
Desde su horrenda cámara donde Satán domina,
Liga mi vuelo errátil al negro torreón?

Ábreme ¡ oh castellana! ¡ Piedad! Si me repeles,
Iré á buscar un nido tal vez de sabandijas,
Con lagartija inmunda tendré que combatir ...
Abre, mi labio es puro, son dulces mis palabras
Como las dice un ángel en la región feliz.

¡ Y soy tan bello, oh niña! ¡ Si vieras tú mis alas
Del sol á los halagos temblando transparentes!
Soy blanco á par del lirio á do en la tarde voy;
Las rosas mis hermanas disputan con envidia
Mi aliento de perfumes, mi manto de arrebol.

Yo haré que un sueño dulce mi gloria te revele.
Al lado mío (sábelo de tiempo atrás mi sílfide)
La mariposa es burda, pesado (el colibrí,
Cuando de azul vestido, de tornasol y nácar,
De flor en flor paseo por mi ideal jardín.

Temblando estoy de frío y en vano lloro y ruego.
¿ Qué puedo darte en cambio de que abras tu ventana ?
¿Mis gotas de rocío, ó una exquisita flor?
¿ Qué estoy diciendo? ni una descubro ¡ oh desdichado !
Si el sol me dio un tesoro, con él despareció.
220 IGNACIO MARISCAL

¿ Qué quieres, ya dormida, que yo te traiga ? Dime,
¿ El velo de algún ángel, ó el cinturón de un hada ?
Yo te daré en la noche la claridad del día,
Y pasarás durmiendo, sin que tu dicha pase,
De ensueños amorosos á ensueños de alegría.

. Mas ¡ ay! mi aliento en vano ya empaña tu vidriera.
No temas nada ¡ oh virgen! ¿ Piensas que en noche obscura
Mi voz la intriga esconde de amante seductor ?
No temas, no; soy débil, tan inocente y candido
Que de mi sombra huyera si me la diese Dios."

Y el pobre sollozaba. —De pronto ante la torre
Se eleva como un eco de misterioso espíritu,
Cual de otro mundo vaga, desconocida voz.
Al fin la dama trémula por el balcón se asoma
Y un bulto allí embozado... ¿Fué silfo?—¿Qué sé yo?
POESÍAS 221

ENCORÉ A TOI

(De Víctor Hugo.)

Por ti, por ti, bien mío, vuelve á sonar mi lira,
Y á ti mi voz se eleva como un perfume santo:
¿Quién da á mi mente el vuelo? ¿Quién su calor le inspira?
¿Comprendo yo más glorias, ó sé más dulce canto?

Tan sólo tus miradas alumbran mis tinieblas,
Tu imagen solamente disipa mis enojos:
Tu mano me sostiene del mundo entre las nieblas,
Y hasta la luz del cielo me viene por tus ojos.

Tu sola fe me augura la paz, la dicha eterna;
Por mí velando en mi ángel custodio se convierte:
Mi corazón, si escucha tu voz afable y tierna,
Ni teme ya la vida ni tiembla ante la muerte.

El cielo te destina su más gloriosa palma;
Flor suya, te plantaron en campo estéril, seco;
Hermana de los ángeles, tu alma es para mi alma
De su beldad trasunto, de su armonía el eco.

Tus negros, lindos ojos si lánguido contemplo,
Y "blandamente roza mi cuerpo tu vestido,
Paréceme que toco el velo de algún.templo
Y exclamo cual Tobías: "¡Un ángel he sentido!"
122 IGNACIO MARISCAL

Al verte, de mis penas huyó el feroz nublado;
"Será por siempre—dije—común nuestro destino",
Como el pastor hebreo, sediento y fatigado,
Cuando Rebeca hermosa junto á la fuente vino.

Yo te amo cual la dicha que sueña el alma inquieta,
Como una madre anciana de venerable faz, ,
Como una hermana débil á mi pesar sujeta,
Cual se ama el último hijo, ya en la provecta edad.

¡ Bien mío! te amo tanto que al recordarlo gimo,
Gimo j ay! porque la vida es el tormento, el mal:
En su desierto valle tal vez no hay un arrimo;
Que un árbol hoy tenemos, mañana un campo erial.

¡ Dios de bondad, derrama sobre ella la ventura;
Endúlzale sus horas, bendícela, Señor!
Corona sus deseos, y logre su alma pura
El gozo en las virtudes, la dicha en el amor.

Mayo 1858.
POESÍAS 2l3

EL ALMA

(De Víctor Hugo.)

«... anímate, la raza de los hom-
bres es divina; cuando, despoja-
do de tu cuerpo, te eleves en las
regiones etéreas, la muerte no
tendrá sobre ti poder alguno, se-
rás un dios inmortal é incorrup-
tible.»
Versos dorados de Pitágoras.

I

Hijo del cielo, huyendo los goces de la tierra,
En mi modesto asilo guardo mi excelsitud;
Rey soy y desterrado-, con todo el mundo en guerra,
Y sólo pido el trono, ó bien el ataúd.
Del hombre el trato excuso, temiendo su vileza.
Retiro solitario, tranquilo en su altiveza,
Reclama el corazón independiente.
No quiero ver esclavos mi quiero ver señores:
En el desierto vivo, seguro y sin temores,
Buscando en él estoy la zarza ardiente.

Tú, que á mis hondas penas oculto un dios convida,
Compañera en el suelo de pobre humanidad,
Viajera incorruptible y esclava de la vida,
Reina en la eternidad,
224 IGNACIO MARISCAL

¡ Alma! en serenas horas como en horas de nieblas,
Ilumina el horror de mis tinieblas,
De mis sentidos torpes combate la actitud,
Rompe con áurea espada sus vínculos fatales,
Velando aquí en mi pecho cual candidas vestales,
El fuego celestial de la virtud.

¿ Tu soplo es el que mueve las cuerdas de mi lira,
Mi lira, casta hermana del arpa de Sión,
El que mi sueño arrulla y lánguido suspira
Como una bella y fúlgida visión?
En mis carnales grillos, oh virgen misteriosa,
Descansa, al fin, el ala convulsa y vaporosa
Que al cielo más lejano te llevó.
¿A revelarme vienes, con voz solemne y pía,
Dulcísimos secretos de amor y de armonía
Que un ángel bondadoso te confió?

II

¿Viste, al romper la luz de la inocencia,
Que el hombre admira y que jamás recobra;
Desplegar al Criador su omnipotencia,
Hacer el mundo y aplaudir su obra?
¿Y viste luego, en venturoso día,
De nuestro primer padre la alegría
Mirando de Eva el rostro encantador ?
Y eclipsando el fulgor del primer ángel,
¿Sobre la frente viste de un arcángel,
Deslumbrante lucir el primer sol?

En medio de confusos remolinos,
El torrente lumínico del ser,
POESÍAS a2 5

¿ No viste que lanzaba en torbellinos
Nuevos astros gozosos de nacer,
Cuando el Señor, en su poder fecundo,
De lejos inclinado sobre el mundo,
Se puso aquel gran cuadro á contemplar?
¡El, ante quien el universo es poco,
El, de toda alma y toda lumbre foco,
De tantas olas infinito mar!

III

i Y del Señor seguías la marcha deslumbrante
Cuando lanzó su espíritu con verbo resonante,
A las inmensas aguas, del fuego á la región,
El día en que, á la tierra de su seno abortando,
El caos, rey vencido que, en cuadriga veloz,
La desigual contienda prudente abandonando,
Huyó á los grandes ecos del fíat vencedor ?

¿ Y viste al que sus cómplices castiga despechado,
Al Rey del mal', de un cetro con áspides armado,
En la región do nunca se adormeció el dolor,
Antro funesto donde, repleto de amargura,
Despierta el duro crimen al grito del terror,
Antro que visitado del Dios fué de la altura
Cuando de limbo en limbo caza á la muerte dio ?

IV

¡Ah! muéstrame al Eterno, que da como un palacio.
El tiempo á la efeméride y al átomo el espacio,
El lóbrego vacío, refugio de los hielos,
15
226 IGNACIO MARISCAL

Cruzándose los rayos con eco retumbante,
Y allá el fugaz cometa que, en giro centellante,
Va arrastrando su cauda por los cielos.

Mi espíritu exhalado, que siempre te acompaña,
De valle en valle vuela, de montaña en montaña,
Y llega al campo ameno do el hombre fué proscrito,
Del dogma misterioso levanta el denso velo
Y mira más allá del triste suelo.
Porque es mi mente un mundo que vaga en lo infinito.

V

Mas, qué peligros tiene la vida ¡ oh alma mía!
Sé tú el cautivo heroico que su prisión defiende.
Del enemigo nota la pérfida falsía,
Y bajo un sol de fuego ó en noche opaca y fría
La vista ansiosa al horizonte tiende.

No soy de los que en vano puro entusiasmo agita,
Y casto amor expelen del seno que palpita,
El culto á Dios negando que rinden á Satán.
No soy el vil que aplaude del reprobo la palma
Y ya sin norte ó guía, girando en torno á su alma
Como en torno del cráter de un volcán;

A Dios rendir no puede su desnudez ornada,
Ni herir de Edén las flores con soplo criminal;
Hijo pródigo, ostenta miseria antes paliada,
Mendiga y llora imbécil á la grandiosa entrada
De paterna heredad.
POESÍAS 227

Y dicen ¡ay! los ángeles: "¡Mirad esa alma impía!
Bebió de falsos bienes el filtro engañador *
Del justo en la presencia su crimen ya se expía •
Y Dios desecha el alma que estólida dormía
Durante la vigilia del Señor.

¡ Oh! puedas tú muy pronto, radiosa alma divina
Mi polvo sacudiendo volver á tu mansión,
Allí beber las aguas de fuente cristalina
Y, como el sol se lleva la luz con que ilumina,
Llevarte sólo el fuego de tu amor.

VI

¡ Cuan desdichado el hombre que á ñn carnal se entrega
Y su alma ya no siente y estúpido la niega!
Mortal, lo encuentra sordo la voz del ataúd;
Su mente nunca vuela, su pecho no se inflama;
Ignora de su espíritu la llama
Vagando como el ciego que lleva inútil luz.
2^8 IGNACIO MARISCAL

LA LIRA Y EL ARPA

(De Víctor Hugo.)

Alterni dicetls, amant alterna Carmenae:.
VIRGILIO.

LA LIRA

Hijo de Apolo, duerme; su resplandor te inunda;
Velándote, las Musas en paz te ven dormir;
El coro de los isueños volando te circunda
Y canta dulce lira junto á ti.

EL ARPA

Despierta, incauto joven, camina diligente,
Que inútil sueño roba las horas de tu afán,
Y .en tanto que asi duermes, el misero indigente
Llega á tus puertas mendigando el pan.

LA LIRA

Amó tu tierna juventud la Gloria,
Y, niño aún, la Musa abrió tus labios:
Por eso audaz con inmortal memoria
Tu nombre coronaste entre los sabios.
I Qué te puede alarmar >en tu victoria?
POESÍAS 229

¿ Temes de un dios airado las saetas ?
No temas, que si el mundo es del Acaso,
Creación fué el Olimpo del Parnaso
E hicieron á los dioses los poetas,

EL ARPA

Hombre infeliz, de da mujer nacido,
Bañó la triste en lágrimas tu cuna.
Sufre á tu vez; en la existencia efímera
Tu herencia es el dolor, Ja fiera angustia,
Tal fué de Dios la voluntad suprema,
Que manda cual Señor á la Ifortuna;
Fijó sobre la tierra tu camino,
Tu puerto señalando allá en la tumba.

LA LIRA

Cantad; el mundo á Jove con grato acento implora;
En Marte impera Venus con cetro de marfil;
Reina en las nubes Iris y en la campiña Flora,
jCantad! los dioses llegan, partiendo con la Aurora,
En el carro de Febo hasta el cénit.

EL ARPA

Orad, y alzad los ojos al Hacedor demente;
Que un Dios tan sólo existe, piadoso, omnipotente;
Con soles en la altura su nombre tiene escrito:
Comienzo, y fin de todo, por El nuestra alma piensa;
:Su ser, que al mundo abarca, del mundo es alma inmensa,
Y vive así lo eterno en lo infinito.

LA LIRA

A huir la Musa celestial te invita,
Buscando asilo plácido y sereno;
a 3
° IGNACIO MARISCAL

El vulgo, á quien el sabio siempre evita,
De edad de bronce apurará el veneno.
Ven; y entregado á tus tranquilos lares,
Sabrás que mueren hombres á millares
De la discordia al ímpetu violento; .
Mas ¿qué te importa? dime;
¿Qué importa al solitario venturoso
Que estragos siembre el huracán furioso,
Si al llegar á su Edén es manso viento ?

EL ARPA

Jesús, que fué del hombre ejemplo y guía,
Bendice al que le paga con su amor,
Y adusto se mostró con gente impía,
Como Juan el terrible Precursor.
Ve, pues, y entre los pueblos de la tierra
La peste anuncia y hambre y cruda guerra,
Castigo deí Señor á su maldad.
Y rompan tus clamores sus oídos,
Resonando con ecos parecidos
Al fragor de sublime tempestad.

LA LIRA

El águila es el ave del dios que Olimpo adora,
Del Cáucaso y del Athos remonta su alto vuelo;
Y al fuego que fecunda, y al fuego que devora
Se lanza, el sol y el rayo buscando allá en el cielo.

EL ARPA

La tímida paloma bajó desde la altura
Y del divino Espíritu la forma santa fué;
Cara al varón selecto, como á la virgen pura,
Consuelos trajo al mundo, cual antes á Noé.
POESÍAS 23l

LA LIRA

¡ Amad! gobierna Venus á dioses y á mortales;
Su antorcha alumbra cielos ó abismos infernales,
Y, al sacudirla Paris, de Troya fué tizón.
Tú, de una en otra hermosa, busca al vivir su encanto,
Que amor sólo provoca acerbo llanto
Y en cambio los amores ligeros, seductores,
Hermanos de la risa alegre son.

EL ARPA

Con dulce amor apaga los odios del infierno,
Rindiendo afecto puro á un seno casto y tierno;
Quiere á tu esposa como Jehová á su pueblo quiso:
Dos seres que en la vida ligó misterio santo,
Atraviesan el mundo sin quebranto
Cual viajeros que van al Paraíso.

LA LIRA

¡ Gozad! al negro río de las sombras
Afluye de los vivos la corriente
Si en duro suelo, ó pérsicas alfombras,
Los pasos de la Muerte el sabio siente.
Salúdala con risas, como hermana,
Que el miedo no lo .embarga á lo que ignora,
Y duérmese en la noche sin aurora
Soñando en los placeres de mañana.

EL ARPA
Ten piedad del hermano que vacila,
Llora con él mirándolo sufrir:
Sudor del cuerpo y lágrimas destila,
Pues nació, como tú, para morir...
^32 IGNACIO MARISCAL

Aguanda el pecador, cuando sucumba,
Ver la nada en el fondo de la tumba,
Cual la mira en el fondo del placer;
Mas muere, y gime al encontrarse un alma
Y, perdida en su horror la necia calma,
La eternidad maldice de su ser.

* *

Absorto el vate escucha, dudando en tal porfía,
Las dos lejanas voces que imaginó del cielo:
Por eso, al recordarlo, con débil armonía
Del Pindó al canto mezcla los himnos del Carmelo.
POESÍAS 2 33

LOS ARQUEROS

(De Víctor Hugo.)

Dames, oye\ un conté lamentable.
BA'ÍF,

Era el momento lúgubre de noche triste, oscura,
En que á temer llegamos ver sólo la figura
De algún demonio prófugo de la infernal región,
Momento en que el viajero que lleva su rosario
Reza en silencio y juzga perverso ó temerario
Aun para el rezo levantar la voz;

Y llegan dos arqueros al fondo de ese valle,
Allí donde se encuentran al fin de larga calle
La torre y el castillo, desiertos y sin luz,
"Que alzó, según contaban los rústicos sencillos,
Un monje removiendo las piedras y ladrillos
Con la señal tan sólo de la cruz.

Sin miedo á Dios ni al diablo y en medio á la arruinada
Capilla abierta al viento, prendieron su lumbrada,
2Í4 IGNACIO MARISCAL

Sentándose atrevidos, con ademán burlón,
Sobre la tosca imagen de un santo de granito
Que, con las manos juntas y el aire más contrito,
Absorto parecía en la oración.

En tanto, por la torre y el bosque y la montaña,
Se ve como un reflejo vislumbre roja, extraña.
Que espanta á las lechuzas del torreón feudal,
Murciélagos volaban en torno al fatuo fuego
Y con sus alas negras, que agita impulso ciego,
Lo hacían como antorcha funeral.

Entonces el más viejo le dice al otro tuno:
"¿Te pones tú cilicios?" —"¿Y guardas tú el ayuno?"
Replica el mozo, á risa moviéndose los dos.
Mas ¡ ay! que iguales risas al lejos resonaron
Y estando solo el valle, los pillos exclamaron:
"El eco es quien repite nuestra voz."

De súbito á sus ojos luz tenue que rastrea
Descúbrese á distancia, ó en lo alto serpentea:
Los dos impíos todo lo juzgan natural,
Y echando al fuego ramas de robles y de encinas,.
"Vislumbres son—dijeron—de ciénegas vecinas,
O de alguna luciérnaga al volar."

Mas la lejana risa (no lo toméis á broma)
Fué de Satán riendo sobre la oscura loma,
Y la vislumbre opaca del mismo Lucifer:
Era el reflejo pálido que luce en las tinieblas,
El rayo sulfuroso que en las profundas nieblas
Suele el malvado espíritu encender.
POESÍAS 2 35

A los profanos ecos de necia carcajada
Acude como el lobo que espía la manada,
Mirando á los arqueros cual miran las serpientes:
"Reíd, canalla—dice—, reíd con chanzas locas,
Yo haré que pronto pasen convulsas vuestras bocas
De imbécil risa al rechinar de dientes."

Al terminar la noche todo acabó con ella,
Sólo de inmensa cabra se pudo ver la huella
En el desierto valle que iluminaba el sol;
Mas cuando el sol se oculta, do estaba la ceniza
Temblando ve un labriego luz mágica, rojiza,
Sombrío, misterioso resplandor.

Y apenas esa lumbre de espanto el aire llena.
Burlona carcajada por el espacio suena
Que del infierno mismo dijérase venir.
No ve el palurdo al.diablo ni á los del otro mundo.
Mas siente que son ellos y, en su terror profundo,
Ignora lo que sufren al reir,

<
Y siempre, noche á noche, la luz rojiza, extraña.
Veían los labriegos del bosque y la montaña,
La risa oyendo vuelan las aves del bastión,
Murciélagos sacuden en torno al fatuo fuego
Sus alas renegridas, que agita impulso ciego,
Cual antes de los pillos al redor.

Y nunca se extinguía sino al brillar la aurora,
Ardiendo siempre fúnebre la llama aterradora.
23b IGNACIO MARISCAL

Si en abundante lluvia soltábase el turbión,
Las risas estallaban á par del bronco trueno,
Lanzando aquella lumbre la tierra de su seno
Para unirse del rayo á la explosión.

Al fin, en noche clara, ¿qué vio la pobre gente?
Alzarse vio la imagen del santo de repente;
Tres pasos dio en silencio y en ademán contrito;
Del infernal ensalmo ya impávido exorcista,
La dura boca abriendo, gritó: í f ¡Que Dios me asista!"
Y agitó sus dos brazos de granito.

Todo acabó, la llama, la risa espantadora,
¡ Todo! al siguiente dia, la gente al ver se azora
Dos muertos de la imagen fatídica á los pies.
Les dieron sepultura, y una capellanía
Fundó el señor del pueblo y siempre se decía
Por ellos una misa cada mes.

*
* *

Si diversión os causa mi pobre cuento inédito,
No lo burléis ¿qué importa? mejor es darle crédito.
¡Creer! ¿qué estoy soñando? Ya no hay almas sencillas,
A medias á lo sumo se admite la creencia
Y nadie en nuestro siglo, tan vano con su ciencia,
Al cielo rinde culto doblando ambas rodillas.
POESÍAS 237

JEHOVA

(De Víctor Hugo.)

¡ Gloria al Señor! Su acento retumba en la tormenta,
Con pléyada de soles su nombre tiene escrito;
Al fin de las edades la eternidad ostenta
Y al fin de negro espacio despliega el infinito.

Al caos de su fiát un eco hirió fecundo
Y en breve de los átomos formado queda el mundo:
Un ángel á sus plantas recuenta las naciones
Cuando, á través de siglos y en grupos mil variados,
Pasando van los pueblos sumisos y afanados,
Jorque El fijó sus días á las generaciones.
r
Nada resiste, nada, su fuerza omnipotente,
Ora con soplo inmenso, cual huracán veloz,
Dispare por los cielos algún cometa ardiente,
O entre lejanos mundos apague un viejo sol,

O si de enhiesto monte las rocas precipita,
O siembra en los abismos las lavas de un volcán,.
O del infierno abriendo la bóveda maldita,
En él vencida arroja la hueste de Satán.
238 IGNACIO MARISCAL

La creación se mueve toda en tu pensamiento,
Señor, todo obedece tu previsor intento
Que estólido mortal discute en vano;
Tu aliento poderoso hunde y quema al perverso,
A pobre viuda salva del duro publicano,
O en la región del éter, allá en cielo lejano,
Llega y hace brotar un universo.

Por sí, ¿qué vale el hombre? ¡ Vil presa que disputa
La suerte en breves días al ávido ataúd!
Es Dios quien los maneja marcándole su ruta
Desde Ja cuna al féretro, por donde va sin luz,

De Dios el nombre cantan los ángeles en coro
Y el eco lo repite del mundo ya salvado;
Mas si Jehová se indigna y el grito alza sonoro,
Satán cobarde tiembla y el reprobo malvado.

¡ Gran Dios! los querubines, las almas escogidas
De santos y de vírgenes, en torno á Ti rendidas,
Levantan á tu gloria concierto sin igual.
Permite, pues, que el hombre, humilde ser, te cante
Y, errando en las tinieblas, con paso vacilante,
Su voz adune efímera al coro celestial.

¡ Gloría al Señor! Su acento retumba en la tormenta,
Con pléyada de soles su nombre tiene escrito;
Al fin de las edades la eternidad ostenta
Y al fin de negro espacio despliega el infinito.
POESÍAS 2^9

A S. B.

(Traducido libremente de Víctor Hugo,)

¡El águila es el genio! Ave altanera,
Reina en la tempestad, y excelsa cumbre
Tal vez elige en el abrupto monte
De donde anuncia con potente grito
La luz al despertar. Su noble garra
Jamás reposa en el inmundo fango,
Y su mirar flamígero devuelve
Relámpagos al sol.

Su nido, tosco y duro, es honda grieta
Que abrió en la peña retumbando el rayo,
El hueco de algún cóncavo arrecife,
O en rápida pendiente hendida roca
Batida de los vientos y suspensa
En medio á dos abismos insondables—
El negro precipicio que la aguarda,
Y el firmamento azul.

Allí, no es vil gusano, ni el insecto
De relucientes alas lo que espera,
Abierto el pico y la mirada ansiosa
De apetito voraz, su hambrienta prole;
H° IGNACIO MARISCAL

No, que el siniestro pájaro nocturno,
La fea sabandija, ó la serpiente,
Son de sus erizados aguiluchos
El único manjar.

¡ Nido real! Palacio tenebroso
Que circundan de nieve los aludes
Saltando por encima á los peñascos!
Allí á sus hijos alimenta el genio,
Y, con virtiendo al sol sus ígneos ojos,
Allí, bajo sus alas encendidas,
Solícito fecunda tiernas almas
Que un día han de volar.

¿Por qué extrañar entonces, caro amiga,
Que sobre tu cabeza de gigante
La nube de relámpagos preñada
Amenace estallar, y un bicho impuro
En tu nido se esconda ? ¡ Al punto mátale!
Ese es tu primer juego, ese es tu ensayo;.
Para vosotros, tiernos aguiluchos,
Un recreo es la lid, que os entusiasma,
Un combate el festín. ,

Brilla, sí, que ya es tiempo, y si viniere
La tempestad tu albor oscureciendo,
Súbito vuelve en prisma deslumbrante
La procelosa nube: ¡ brilla, brilla!
Cumpla su ley tu pensamiento altivo;
Ven, y tu mano junta con mi mano;
Poeta, canta al son de lira de oro ;
Águila, encumbra tu sublime vuelo:
¡ Sol, sol! ¡ Ven al cénit!
POESÍAS 24]

La triste niebla que empañó tu oriente
Hoy se disipa, hermano: águila tierna,
¡ Que las nubes y el rayo te conozcan!
Arranque un nombre tu inspirado acento:
Ven, que herida tu gloria desgarrada
De enemigps cobardes á los tiros,
Cual bélico estandarte resplandece
Destrozado en la guerra y flameando
Más bello que en la paz.

¿ Ves el astro de regia cabellera
Devorando, al rodar en el vacío,
Cien mundos que, en su curso arrebatados,
Su mole inmensurable siempre acrecen?
Tal, ¡oh joven coloso! yo te admiro:
Así tu ardiente genio, que arrebata
En carrera triunfal mundos de ideas,
Creciendo y avanzando en el espacio,
Resplandeciente va!

México, Abril de -1855.
242 IGNACIO MARISCAL

UN CANTO DE NERÓN

(De Víctor Hugo.)

Nescio quid molle atqite facetum,
HORACIO.

El tedio nos devora que el sabio siempre evita;
Venid, gozad, amigos, la fiesta á que os invita
Nerón, tres veces Cónsul y César inmortal;
Nerón, señor del mundo y dios de la armonía,
Que descuella en la dulce poesía
Y canta acompañado de lira celestial.

Mi voz, de gozo trémula, al punto aquí os reúna,
Pues de gozar conmigo tenéis la gran fortuna,
Cuaí no podéis con Palas, ni con el griego "Eudoro,
Ni en los festines donde cualquier enojo acaba
Y en que el adusto Séneca, si á Diógenes alaba,
Apura su Falermo en copa de oro;

Ni cuando, por el Tíber, Aglae de Falera
Desnuda casi, boga, risueña en su galera,
Sentada bajo un toldo de fúlgidos colores;
Ni cuando, al son de liras, el rey de los eslavos
Arrojaba á las fieras veinte esclavos,
Cubriendo sus cadenas con enlazadas flores.
POESÍAS 243

Venid; ¡ veréis, amigos, arder á Roma entera!
De lo alto de esta torre, tendido en mi litera
Podré admirar la llama de lúgubre fulgor.
¿ Qué son esos combates de fieras con cristianos ?
Los siete montes forman un circo á los romanos
Para luchar con fuego abrasador.

Así pretende, amigos, del mundo el soberano
Dar tregua al gran fastidio que enerva su alta mano;
Lanzar el rayo debe cual Júpiter tonante.
¡ Venid, llegó la noche, va á comenzar la fiesta!
i Ya el monstruo del incendio, con inflamada cresta
Las alas bate y vibra cien lenguas, anhelante!

¿ Lo veis, lo veis, amigos ? Con encendida proa,
Barco infernal avanza, repliégase cual boa,
Y acariciar parece lo que ha de destruir;
En sus halagos fúnebres las casas se evaporan,..
¿ Pues qué, no son mis besos los besos que devoran,
Nt mis caricias las que harán morir?

Oíd esos rumores, ese humo ved sombrío,
La gente ¡huyendo el fuego devorador, impío,
IY en pos silencio lóbrego cien veces renovado!
Columnas mil de bronce y arcadas mil se hunden;
Arroyos de metal hirviente cunden,
Y llegan humeantes al Tíber espantado.

¡ Perece todo! jaspes, y mármol, y figuras
Cuyos divinos ¡nombres no salvan sus hechuras.
Incendio victorioso prosigue airado, ciego;
Invade los palacios, de sótano á comiza;
£1 Aquilón furioso la combustión atiza
Y la transforma en tempestad de fuego
244 IGNACIO MARISCAL

Adiós ¡oh Capitolio!, tu fin se hallaba escrito
De Scylla el acueducto ya es puente en el Cocito...
¡ Nerón lo quiere! torres y bóvedas caerán,
Hundiendo á Roma en caos terrífico y profundo...
Dale gracias á él, reina del mundo,
Porque esas luces bellas tu frente orlando están.

De niño, me dijeron que voces sibilinas .
Al porvenir fiaban tus torres y colinas,
En pie tus muros siempre tras una y otra edad.
Tu estrella, me decían, hallábase en su aurora;
¡Eras ciudad eterna!... ¡Hoy dime si una hora,
O cuántas va á lucir tu eternidad!

¡ Qué hermoso es un incendio si brilla en noche oscura!
La gloria ¡de un Eróstrato no llega hasta mi altura.
¿De un pueblo á mi capricho qué importan los dolores?
Huyendo va espantado del gran brasero ardiente...
Quitadme esta corona de la frente,
Que el fuego en que arde Roma va á marchitar sus flores.

Cuando manchéis de sangre vuestro mejor vestido,
Lave la mancha luego blanco vino escogido,
Que el sanguinoso aspecto disgusto da y espanto;
El sabio los «placeres con sangre nunca altera;
¡ Cuan 'necio el que los aves de víctimas tolera
Sin apagarlos con alegre canto !

Castigo á Roma y vengóme de su procaz insulto:
¿ Por qué, humillada, quema su incienso y rinde culto
A Júpiter Olímpico y al Dios de Nazaret ?
¡ Yo soy también divino, su igual yo me contemplo!
i El terror os hará elevarme un templo!
¿Qué importa á los villanos un dios de más tener?
POESÍAS 245

Destruyo á Roma y pronto la he de fundar más bella;
Pero hoy la cruz odiosa terminará con ella:
¡ No quedará un cristiano que escape á mi rigor!
Ya el pueblo les increpa sus plagas espantosas.
¡Al punto exterminadlos!... Esclavo, tráeme rosas
Me encanta de la rosa el dulce olor.

Agosto de 1885.
246 IGNACIO MARISCAL

ACCIONES DE GRACIAS

(De Víctor Hugo.)

Al puerto condujiste, Señor, mi vela errante;
Mi vara ha florecido con místico verdor:
¡ Buen Dios ! por Ti se anima mi lámpara expirante,
Que al soplo de tus labios revive su esplendor.

Implume pajarillo que el aquilón maltrata,
Caí del alto fresno junto al arbusto vil;
De niño, el infortunio me acosa, y arrebata
La cuna en que bogaba con júbilo infantil.

Así desde la infancia probé la amarga vida,
Por más que el cielo nunca fulmine tierna flor,
Ni quiera que inocente criatura desvalida
Con blanda risa adune lo acerbo del ¡dolor.

En pos llegaron luego tus frivolos engaños,
Tu porvenir de gloria, de amor ¡ oh juventud!
Y cuando me adormía con sueños mil extraños,
¡ Ay! desperté en la sombra de un lóbrego ataúd.

Entonces aléjeme de en medio á mis iguales,
Tranquilo, porque el ansia del malo no sentí,
POESÍAS 247

Y acompañé de lejos las pompas funerales,
Que es grato un eco lúgubre al huérfano infeliz.

La vista allá en el cielo, la planta en el abismo,
De la Fortuna imbécil a! áspero desdén,
Vi llamas que brotaban de mi cerebro mismo,
Y lenguas vi de fuego bajar sobre mi sien.

De Patmos el delirio probé, sublime, santo,
El miedo que lo anuncia y que lo sigue en pos:
El alma sentí opresa, y de mi lira el canto
Era ¡ ay! como en la noche, triste, doliente voz.

Sin murmurar he visto perderse mi alegría;
Señor, al abandono me condenabas T ú :
Humilde, en el' desierto seguí la triple vía,
Y no maldije nunca mis días ni tu luz.

Oíd el desenlace, cantarlo al mundo quiero:
Al cielo en la desdicha mi corazón volví.
La oveja siempre acude llamándola el cordero;
Llamé al Señor, y,al punto vino el Señor á mí.

Y así me habló: "Hijo mío: blanda es mi ley, clemente,
Tú que en la niebla oscura buscabas la verdad,
Te ceñirás del justo la túnica esplendente
Y entre los elegidos tus manos lavarás."

No quiero ya brindarte mi pobre, inútil vida,
¡ Oh gloria, vil reflejo de la inefable 'luz,
Del genio, en su carrera, huella tal vez perdida,
O misterioso rayo que brota el ataúd!
248 IGNACIO MARISCAL

Sus alas en mi pecho ya un ángel ha plegado:
Amóme, que en el huérfano ella un hermano ve:
Las horas y los días son breves á su lado;
¡ Cuan leve el fardo ha sido, cuan dulce el yugo fué!

Ai puerto condujiste, Señor, mi vela errante,
Mi vara ha florecido con místico verdor:
¡ Gran Dios! por Ti se anima mi lámpara expirante
Y al soplo úe tus labios revive su esplendor.

Junio de 18¿8.
POESÍAS

LAS DOS ISLAS

(Traducido de Víctor

I

Dos islas hay misteriosas
Y en la historia memorables;
Las separa un mundo entero
En lá extensión de los mares
Y ellas dominan las ondas
Cual cabezas de gigantes.
Al contemplarlas se entiende
Que Dios á luz las sacase,
Del abismo en que yacieran,
Para designios fatales,
Y que el piélago de espumas
Airado sus costas bañe
Y el rayo hiera sus frentes
Y rujan allí volcanes.

Circundadas de arrecifes
Que rompen el oleaje,
Son dos navios de guerra
Que en eterna quietud yacen,
25o IGNACIO MARISCAL

Encadenados por anclas
Que á levar no alcanza nadie.
La mano que^de sus tierras
Hizo los tristes parajes
Quiso de espantos cubrirlos
Para que al mundo ensenasen
Que el nacimiento sería
En una, de Bonaparte,
Y en otra la triste muerte
De Napoleón el Grande.

Allí la cuna... el sepulcro
Más alia. ¿ No son bastantes
Para la historia esas peñas.,
Monumentos inmortales?
Pasarán generaciones
Y los pueblos á millares
Sin que esas rocas se pierdan
Sin que su memoria pase.
Los rayos que las fulminan
En continuas tempestades
De ese hombre la voz imitan
Que retumba en las edades.

Bien lejos de nuestra costa,
Donde nadie fea de olvidarle,
En esas remotas islas
Nació y expiró el gigante,
Para que su nacimiento,
En sacudidas mortales
No resistiese la tierra,
Pereciendo las ciudades,
POESÍAS 2bl

Y que la muerte pudiese
Sin cataclismos llevarle
Y en su lecho de soldado
Tranquilamente expirase.

íl

¡ Cuan soñador mostrábase en sus tempranos días!
Cuan pensativo y triste en sus postreros años!
Es que despierto hallóse de su insensato sueño,
Del trono y de la gloria la nulidad palpando;
Miró de cerca un día sus vanas ilusiones
Al disiparse el humo de un porvenir soñado (i).

De niño con visiones, en Córcega, su cuna,
Mil veces figurábase trono y cetro dorados,
Corona y manto y águilas de universal imperio,
Y en sus soberbios trances oía de antemano
El 'himno que en cien lenguas para ensalzar su nombre,
Cantábanle los pueblos vencidos y humillados.

III

ACLAMACIÓN

Gloria al sin par guerrero, su gloria es la suprema;
Dios en su frente fúlgida coloca la diadema,
Del Boristena al Nilo paséase triunfante,
Los reyes más altivos se inclinan á su paso
Y en Roma sólo halló lugar escaso
Para el futuro trono de un infante.

(i) d'un avenir passé, dice el original.—Nota del Autor.
252 IGNACIO MARISCAL

Por devorar ansiosas ciudades aterradas,
Sus águilas mantienen las alas desplegadas.
El manda hasta en el Cónclave ó impera en el Diván,
Mezclando sus banderas con togas y con clámides,
Con. trofeos que arranca en las Pirámides
Y la dorada cruz del Gran Iván.

El abronzado turco, el godo en su pujanza,
El polonés vibrando flamígera su lanza,
El brazo mueven ciegos para sus ambiciones.
Son leyes sus caprichos y fe su omnipotencia,
Como un solo hombre marcha, no hallando resistencia,
Su ejército de pueblos y naciones.

De orgullo haciendo alarde, con poderosa mano,
Por premio de un satélite da un cetro soberano.
Los reyes se disputan su gracia y sus mercedes
Y al expirar el día lo velan compungidos,
Para que duerma en paz con sus vencidos
Igual á un pescador sobre sus redes.

Tan alto se halla el nido de esa águila altanera
Que ya habitar parece ía superior esfera
Donde jamás llegaron tormentos á estallar.
Sólo á sus plantas oye la tempestad rugiente,
¡Y era preciso para herir su frente
Que el irayo se pudiese remontar!
POESÍAS 253

IV
i Y remontóse el rayo! De la soberbia cima
Cayó entre polvo y humo y escombros mil encima:
Los reyes se vengaron del tirano
Y vivo lo expusieron en solitaria roca,
Donde al gigante preso la Tierra al fin coloca
Bajo la guarda fiel del Océano.

¡ Ay! ¡ Cómo en Santa Elena vió con desdén la vida
Mirando en .lontananza, con alma dolorida,
Tras de las olas ocultarse el sol,
Cuando en la playa errante, perdíase en la arena
Hasta que un carcelero, sin comprender su pena,
De nuevo lo llevaba á la prisión !

¡ Ay! y con qué tristeza sabía el gran guerrero
Que lo acusaban cuantos, rendidos á su acero,
Deificaron su brazo triunfador!
La liga de los pueblos, con cólera implacable,
El fallo confirmaba secreto, inexorable,
i

Que él leía en su propio corazón.
i

V

IMPRECACIÓN

¡ Vergüenza, oprobio, muerte, venganza y anatema!
La tierra, al cielo unida, ya el escarmiento extrema
Y vemos al coloso tendido á nuestros pies.
¡ Sobre él ó sus cenizas recaigan inflamados
Los llantos por su causa derramados,
La sangre que él tan sólo hizo correr!
IGNACIO MARISCAL

¡ Que al pronunciar su nombre, del Tíber y del Sena,
Del' Volga y de la Alhambra y el foso de Vincena,
Del Kremlin y de Jafa, quemados y 'desiertos,
De los sangrientos campos, teatros de su gloria,
Se eleve como un eco de su infernal victoria,
La maldición terrible de los muertos!

¡ Que mire en torno suyo sus víctimas airadas
Y un pueblo de difuntos lo insulte á carcajadas,
Llamándolo insolentes á compartir su pena!
Mostrando sus heridas, con hierro mutilados
Sus huesos sacudiendo, de pólvora manchados,
En Josaf at le cambien su encierro en Santa Elena!

¡ Y viva, sí, que viva muriendo lentamente
Y el vencedor altivo baje al llorar la frente!
Su gloria escarneciendo y en burla de sus leyes,
Sus cómitres cargaron con vil cadena helada
La mano que él tenía acostumbrada
A humillar la cabeza de los reyes.

Creyó que con su sable, de hazañas tan fecundo,
Borraba la memoria del pueblo rey del mundo:
En tanto Dios de un soplo mató la negra luz,
Y no ha dejado al émulo de la potente Roma
Sino el lugar preciso que al cabo el hombre toma
Para esconder en tierra su ataúd.

El mar verá su tumba con nombre al fin dudoso;
En vano en San Dionisio se preparó orgulloso
Marmóreo monumento con oro refulgente;
POESÍAS 2b 5

El cielo no ha querido que, si los manes regios
Sus tumbas visitaban, soñando en privilegios,
Hallasen un extraño cadáver insolente (i).

VI

¡ Qué amarga es una copa si ya quedó vacia!
Recuerdos sólo deja de efímera alegría.
La juventud de ensueños puede nutrir su mente;
Mas llega un tiempo crítico y el ánima oprimida
Contempla descarnada muestra vida
Desde un rincón oscuro del Poniente

¡ Así, cuando pasares al pie de erguido monte,
Admirarás su bulto que opaca el horizonte,
Sus rocas en que el tiempo ni labra ni hace mella,
Sus mantos de verdura, sus húmedos boscajes
Y la rica diadema de celajes
Con que adorna su cúspide tan bella!

SÍ entonces á la cima con entusiasmo subes,
Pensando hallar un cielo, te pierdes en las nubes!
El monte 'luego cambia sus prados y sus frondas,
Es un abismo lóbrego con árboles sombríos
Y en el fondo los rayos y los ríos
Sus ^relámpagos cruzan y sus ondas.

(i) Víctor Hugo escribió esto en una época en que era legitimhta y
mn'nose trasladaban á París los restos de Napoleón I, que descansan
loy en los Inválidos. —Nota del Autor.
256 IGNACIO MARISCAL

VII

¡Viva imagen de la Gloria
Tras un prisma deslumbrante,
Se vio en espejo expiatorio
La púrpura vuelta sangre!
Potente ó esclavizada,
En diferentes edades,
Su vida requiere doble
Historia, dobles anales:
Joven, conquistó laureles,
Viejo, lloró sus pesares.

En Córcega y Santa Elena,
Si en invierno un navegante
Ve sobre negros peñascos
Las nubes amontonarse,
Sobre ellas mira la sombra
Del guerrero incomparable,
De pie, los brazos cruzados,
Volviendo al mundo á gozarse
Y reinar en la tormenta
Como reinó en los combates.

VIII

Perdió su vasto imperio, dos patrias ostentando
Por su recuerdo ilustres, gozosas ó llorando
Eo diferentes mares con estupor profundo.
Jamás en nuestro siglo, repleto de su nombre,
Podremos mencionarlo sin que al instante asombre
Un eco en ambos polos de este mundo.
POESÍAS

Tal una bomba ardiente, mortífera, incendiaria,
Describe en negro cielo su curva temeraria,
De espanto paraliza la débil población,
Y como buitre calvo, ¡de garra ensangrentada,
Que atrapa al abatirse la presa desdichada
Cae, y difunde en tomo la muerte y el pavor.

Por largo tiempo humea la boca del mortero,
De donde el globo horrible, con ímpetu certero
Atronador lanzóse y al lejos fué zumbando.
Exhala también humo la tierra en que por miles
Al reventar la bomba dispara proyectiles
Y muere, el exterminio ¡funesta vomitando.
258 IGNACIO MARISCAL

NAPOLEÓN HABLA EN SANTA ELENA
(Traducción libre.)

Contempla ¡oh mar!, por último, vencido
Al que humilló, en la tierra consternada,
Los más excelsos tronos, la manada
De reyes sin valor dando al olvido.

Mi cetro no fué el don inmerecido
De esa gracia de Dios tan decantada;
Que á mi invencible ejército, á mi espada,
Terror del Universo, fué debido.

La Libertad vencióme, no el germano,
Ni el Zar, ni Albión con sus repletas arcas,
Ni los rayos que forja el Vaticano.

Y grande soy aún: en cuanto abarcas
Mi cárcel eres tú, bello Océano,
Mis centinelas todos los Monarcas.
POESÍAS 259

IN EXCELSIS

(De Leconte de Lisie.)

Como el excelso cóndor que se remonta al cielo,
Hombre atrevido, sube por ese azur fulgente
Y olvida las miserias que oprimen este suelo.

Sube; el celeste abismo con vuelo prepotente
Cruza, y las olas de éter que el sol con luz flagela;
Su globo va perdiéndose en bruma transparente.

Sube; la llama ocúltase, en el espacio hiela,
Crepúsculo sombrío llena la inmensidad:
Sigue subiendo rápido y por el éter vuela,

Hundiéndose en profunda, sublime oscuridad...
¿ Qué sientes si no el vértigo de la infinita altura,
Silencio inenarrable, negrura y ceguedad?...

I Oh espíritu! aproxímate á aquella lumbre pura,
Murieron ya las otras envueltas en sudario;
Sube á la fuente que arde y ardiendo siempre dura.
l6o IGNACIO MARISCAL

De sueño en sueño aléjate del mundo; temerario,
Asciende por la cuesta de interminable vía,
Pisando ocultos dioses en lóbrego santuario.

La inteligencia acaba y empieza la agonía,
Desprecio de sí mismo, sombra y olvido inerte;
Renuncian á su orgullo razón y fantasía...
I Oh luz! si aquí no te hallo, ¿ te encontraré en la muerte ?
POESÍAS 2ÓI

EL SONETO

(Traducido de Soulary.)

"No quepo allí, no quepo—gritar oí al instante—,
Me viene ese vestido cual lecho de Procusto",
E hinchando el albo seno, movió el cuerpo robusto
Y díó de mala gana su brazo lujuriante.

Mas yo que en sus caprichos sigo mi humor constante
En el corpino estrecho su lindo talle ajusto,
Logrando se acomoden hombros y cuello y busto,
Por más que en tal empeño resulte algo tirante.

Con arte entre la ropa sus formas ya dibujo
Que muéstranse, oprimidas, quizá con mayor lujo.
¡ Miradla en ese traje que su beldad acusa!

I No veis en ella un garbo que la opresión no altera ?
En su átona nada hay menos, nada hay de más por fuera.
Me gusta así mi amada, me encanta así la Musa.
262 IGNACIO MARISCAL

LA CRISTIANA Y EL LEÓN

{De Catulle Mendes.)

Como era Edith cristiana, y firme resistía
Dar culto á falsos dioses en quienes no creía,
Su fe en Jesús probando con prácticas sinceras,
Manda el Pretor que al punto la arrojen á las fieras,
Y siendo hermosa joven que se ruborizaba
Si un juez con ojo impuro la vista le fijaba,
La bárbara sentencia con impureza ruda,
Previene qqe al suplicio la han de llevar desnuda.
Al circo así penetra, cubriendo el albo seno
Con ambas manos. Súbito león, de rabia lleno,
Hambriento se aproxima su presa olfateando:.
El pueblo el -espectáculo terrífico y nefando
Contempla con deleite, con fruición oyendo
Rugir la bestia uraña y enardecido viendo
Que su áspera melena por su color rojizo
Contrasta con la forma de blanco y puro hechizo
De la inocente víctima, que impávida la espera.
Mas el león soberbio, cual si la conociera,
Detiénese al instante, con estupor la mira,
Recuéstase á sus plantas y al bostezar estira
La garra enorme; quieto, sin ímpetus ni enojos,
Mirándola desnuda, cierra el león los ojos.
POESÍAS 263

LA BENDICIÓN

(De Frangois Coppée.)

(Traducción abreviada.)

Mil ochocientos nueve fué el año en que tomamos
A Zaragoza; horribles escenas presenciamos.
Ya la ciudad rendida, se puso inútil cerco
A varias casas donde, con patriotismo terco,
Lanzaba el pueblo airado, del techo y las ventanas,
Mil tiros, que nos dicen ser obras de sotanas.
Así, cuando una de ellas al lejos descubríamos
Con indecible gusto sobre ella fuego hacíamos
Buscando para herirlo, más que á( ningún soldado,
Manteo negro, enorme sombrero acanalado.
Mi rango era sargento; mi cuerpo, cazadores;
Yo al avanzar veía siniestros resplandores;
Mi batallón marchaba por una calle estrecha
Mirando los tejados á izquierda y á derecha;
De donde nos llovían á cientos y aun á miles
Las balas y otras veces extraños proyectiles
Lanzados entre gritos agudos de mujeres
Que, unidas á los hombres, cual otros Luciferes,
*64 IGNACIO MARISCAL

Pretenden acabarnos con endiablada furia
Sin omitir ni un medio ni perdonar injuria.
Cruzábamos las calles como por un desierto
No hallando ni un viviente y, en cambio, más de un muerto.

Si alguno de nosotros penetra á una accesoria,
De allí no sale, muere sin éxito ni gloria,
O vuelve ensangrentado y en el sombrío muro
Señal con sangre pinta, queriendo estar seguro
De hallar su rumbo luego. Sin cajas ni trompetas
Marchamos silenciosos calando bayonetas
Por miedo á la emboscada. Ya hasta los veteranos
Allá en sus corazones, que al cabo son humanos,
Vivo terror sentían lo mismo que el recluta.

De pronto, al ir siguiendo nuestra obligada ruta,
En nuestra lengua oímos ¡á l'aide! á un lado;
Volamos al paraje, donde hemos encontrado
Pidiéndonos ayuda toda una compañía
De bravos granaderos que desbandada huía
De veinte fieros monjes que allí los acosaban
Y grandes crucifijos sobre ellos descargaban,
Echándolos del atrio de un lúgubre convento.
Feroces disparamos las armas al momento
Hasta acabar con todos los frailes aguerridos,
Sin olvidar ninguno ni perdonar heridos.

Después que cometieron tales asesinatos
Las tropas, anhelantes de torces desacatos,
Al templo se dirigen; la entrada estaba abierta,
Con pasos presurosos llegamos á la puerta,
De donde se veían las bóvedas oscuras
Y allá en el fondo un viejo con sacras vestiduras,
POESÍAS

Un monje imperturbable que misa está diciendo,
Cual si no oyera nada de aquel combate horrendo,
Ni él ni el grupo humilde de fieles de rodillas
Que siguen atendiéndola con fe y almas sencillas.
En el recinto lóbrego del templo frío, inmenso,
Brillan algunos cirios, transciende olor de incienso.

Yo entonces era un mozo dado á la vida airada,
Impío, sin creencias y sin respeto á nada.
Robando en las iglesias, con fatuidad erguíame
Y, por mostrarme fuerte de espíritu, servíame
Para encender mi pipa de un cirio del altar:
Yo hería con palabras á fuerza de jurar,
Pasando á las blasfemias en mi delirio ciego.

De pronto en nuestras filas el jefe grita: "¡ Fuego!'
Mas no movióse nadie y al punto el oficiante,
Que oyó la voz, sin duda, volviósenos delante
Para enseñar tranquilo su santo Sacramento.
Llegaba el tiempo entonces, litúrgico momento,
En que á su pueblo mira, solemne lo bendice
Y Benedicat Deus omnipotens, le dice,
"iFuego!", repite el jefe, de rabia haciendo alarde,
Al fin hubo un imbécil, Uamésmolo un cobarde,
Que apunta' al monje y tira. Palideció el anciano
Y, cual si 'hiciera al vernos esfuerzo sobrehumano,
Permaneciendo inmóvil y alzando á Dios los ojos,
Pater et Filius, dijo, sereno y sin enojos.
No sé qué Furia entonces al venerable preste
Hizo por vez segunda que un tiro se le aseste.
Con una mano el fraile se apoya en la ara santa,
Con otra bendiciéndonos; ya trémulo levanta
266 IGNACIO MARISCAL

La gran custodia de oro con ella haciendo el signo
Que paz y amor anuncia del Salvador benigno.
Cayó en seguida al suelo, cerrando su plegaria
Con Et Spiritus Sanctus. La tropa temeraria,
Que vio morir al fraile y oyó su triste acento,
Tembló al instante presa de un hondo sentimiento,
Y cuando, al consumarse tan vil asesinato,
Quedamos como estatuas allí por breve rato,
De nuestro horror sin límites en claro testimonie
"¡Amén!", gritó un recluta con risa de demonio.
POESÍAS 267

LA VIDA DE LOS MUERTOS (1)

(Traducción libre de Heredia.)

Cuando la cruz sombría marque la tierra helada
Donde el destino á entrambos al polvo nos condena,
Saldrá de tu albo cuerpo la candida azucena
Y de mi carne lívida la rosa ensangrentada;

Y la divina Muerte, por ti tan ensalzada,
Con vuelo misterioso que ni se ve ni suena,
Abriendo irá en los cielos, entre la luz serena,
La ruta que sigamos en la final jornada.

Al sol llegando alegres, en su viviente fuego,
Espíritus dichosos, nos bañaremos luego,
Que allí no se consumen esencias eternaks;

Y junto á vates émulos, ya para siempre amigos,
De nuestra inmensa dicha tendremos por testigos
Mil sombras que sus liras hicieron inmortales.

(1) Tal vez no deban llamarse en español soneto estos catorce versos
alejandrinos, que imitan en la forma los del poeta francés Heredia. Hubo,
sin embargo, en España algún ejemplo de esto en el siglo xxi.—Nota del
A utor.
268 IGNACIO MARISCAL

EL EXTRANJERO

(De Sully Prudhomme.)

Yo á veces me pregunto: "¿De dónde habrás venido?
Tu corazón no encuentra nada satisfactorio
Y el goce que tú alcanzas es rápido, ilusorio:
¿Por qué llegaste al mundo con fin desconocido?

¿Qué Edén por tu desgracia será el que tú has perdido?
¿ Prestaste en otra vida servicio meritorio,
O un crimen cometiste y en tránsito expiatorio
Cruzando vas la tierra confuso y aturdido?"

A mi recuerdo vago de un esplendente cielo
Buscándole su origen, me afano y me desvelo.
Pues no hallo que provenga de la miseria de hombre ;

Y atónito yo mismo del ansia que me oprime,
A un extranjero escucho que en mis entrañas gime
Sin revelar su patria ni descubrir su nombre.
POESÍAS 209

F I N DE NUESTRAS PENAS

(De Pimodán.)

Venid, venid, enfermos; venid, desheredados;
¡ Oh débiles criaturas sin fe ni resistencia!
Mendigos, vagamundos, espíritus cansados
Vencidos en la lucha fatal de la existencia;
Venid, del pobre vate movéis la simpatía;
No despreciéis mis voces y no burléis mi empeño,
Que la verdad os digo: "Tras de la noche el día,
Tras de la pena el goce: no es ilusión ni sueño,
Mentira no es piadosa: que allá en celeste altura
La aurora es más espléndida y eterna nuestra vida.
Apenas rompe el alma del túmulo los velos,
Subiendo va entre nubes, del cuerpo desprendida,
Hasta llegar en éxtasis á los hermosos cielos
De paz y de ventura. Entonces desgraciados,
Encontraréis la dicha que en ciego desvarío
Buscabas tú, poeta, en ósculos soñados,
¡Oh mártir de ideales! ¡tú, pensador sombrío,
Con fútiles sofismas y cálculos obscuros;
Tú, virgen que encerrada tras renegridos muros,
270 IGNACIO MARISCAL

Desdeñas las caricias del hombre y te enamoras
De tu invisible Esposo; soldado que la muerte
Buscas en el combate, y tú, que á todas horas
Teniéndolos por locos, te burlas de su suerte
Porque se mortifican sin encontrar provecho,
Filósofo atrevido que juzgas sin derecho;
Desventurados locos que conserváis un tanto
De elevación en tiempos en que sufrís horrores
De un siglo de avaricia rebelde á lo que es santo,
¡ Vencidos de esfe mundo, seréis los vencedores!
ÍNDICE
Págs.

A GUISA DE PROEMIO 7

Poca ambición n
Tormenta y calma , 13
Despedida 15
¿ A quién ? 17
A unos ojos 18
A una joven en la muerte de su novio 19
En un cumpleaños 23
Sólo á ti *• 28
El alma de una madre 32
Para los funerales del Sr. D. Luis Martínez de Castro,
muerto en la acción de Ghurubusco 37
A Tamberlick 42
Descanso y vida 44
Para un álbum 47
En la muerte de un buen Sacerdote (Fr. Manuel Pinzón). 49
En la muerte de la Srta. Soledad Gómez Soto 53
Episodio de la vida de Juárez 58
6
Un sueño •• 5
68
Caridad

SONETOS
A *** 73
A ella •••• • ••• 74
A *** 75
%J2 ÍNDICE

Págs.

Después de una rifa de compadres ¿6
Tentación JJ
El día de difuntos 7B
A mi hijo recién nacido 79
A mi hija Clara 80
A mi nieta Laurita 81
En la muerte de un niño 82
A la muerte 83
Plegaria 84
A Juárez y á Grant 85
La tumba de Juárez 86
Franklin, Fulton y Morse 87
Tormento de Cuauhtemoc 88
A Bravo en 1812 , 89
Al General Santa Anna en su expedición ál Sur 90
Al General Zaragoza en sus últimos momentos 92
A Juan de Dios Arias 93
Intencionado 94
A un amigo que me regajo un tablero de antiguos mármo-
les romanos 95
Las señoritas toreras 96
Género propio 97
A un Diputado muy flaco y declamador 98
A un poeta chirle 99
A un galicista Diputado 100
Recedant velera, nova sint omnia 101
Ningún consuelo 102

POESÍAS HUMORÍSTICAS
Letrilla 105
Brindis entre amigos 108
A una parienta mía en la octava de su día 109
Sr. Dr, D. Juan N. Navarro 112
ÍNDICE %j3

Págs.

Epístola 116
Letrilla de circunstancias 125
Declaración pericial acerca de un esqueleto. 131
Humoradas plebeyas 136

TRADUCCIONES Y PARÁFRASIS
A medianoche. 149
A Inés 154
La oración natural 156
Godiva 159
Lady Clara 164
La Providencia 168
El brindis de un caballero 170
Thanatopsis.,. 173
El ave acuátil 178
Salmo de vida 180
Viajes en mi hogar 182
Fin del día 184
El cuervo 186
La hora de morir 193
El universo infinito 197
La novia y el león 202
Canción italiana ..., 205
Muerte de Judas. 206
A Italia 207
El esclavo 208
El hombre feliz 210
A una niña 212
El murciélago 213
Epitafio sin nombre 215
El silfo 217
Encoré á toi 221
El alma 223
18
274 ÍNDICE

Págs.

La lira y ei arpa 228
Los arqueros 233
Jehová 237
A S. B , 239
Un canto de Nerón 242
Acciones de gracias • 246
Las dos islas 249
Napoleón habla en Santa Elena 258
In excelsis 259
El soneto 261
La cristiana y el lteón 262
La bendición 263
La vida de los muertos 267
El extranjero 268
Fin de nuestras penas 269

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