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Ciertas cosas (Después de Las Bacantes de Euripides) Mondlogo Luisa Josefina Hernandez. A Edelmira Ramirez, Altar del templo de Zeus en Tebas. Es ef amanecer, Entra una esclava con un envoltorio y una vasija que pone frente af ara. El altar humea, La escla- va se prosterna hasta tocar el suelo con la frente. Luego, se dirige al dios. ESCLAVA: iOh Zeus! Omnipotente Zeus de mi altar tebano, en ti venero al més alto de los dioses, adorado y siempre respetado por tantos pueblos cultos. Vuelve a mi tus ojos luminosos y esctichame, pues he crecido en tu venera- cién y aqui me tienes dispuesta a que se haga en mi tu divina voluntad, Ruégote pues sea expresada claramente para que mi pobre comprensién no se equivoque. iOh Zeus! Remedia mis males; son tantos como los sufridos por la raza de Cadmo, pero no iguales porque a esa raza no perteneci nun- ca: yo soy Rea, la esclava. Mi triste condicion queda compensada, lo sé bien, por lo ocurrido a las damas de alta alcurnia; de ser libre y noble, no me verfan aqui tus ojos. Pero grandes son mis predicamentos: soy la Gnica mujer en una ciudad desierta, por ello, como mujer te hablo y no como es- clava. (Entra ahora en un tono confidencial y lentamente ird poniéndose cémoda.) De lejos me trajeron y creci junto ala princesa. . . Su esclava pe- quefia era, Con ella aprendi cuanto le ensefiaron, usé sus ropas, dorms a su lado y no-exagero al decirte que con frecuencia, comfamos en el mismo plato. Hasta que nos separé el gran desastre, (se corrige rpidamente) el gran acontecimiento, mas bien dicho. (He cometido una indiscrecién, se prosterna de nuevo) Zeus, sé paciente con esta pobre esclava; durante todo de mi vida he sufrido porque aunque haga el serio propésito de decir una cosa, indefectiblemente menciono otra. Zeus, perdén. Es mi naturaleza di- Vidida, es . .. el demonio que me habita. iEso es! iEso es! Nunca lo habfa pensado: un demonio. Perdona a ese demonio Zeus. Perdéname también a mi; debo hablarte de ciertas cosas. Y yo, pobre mujer, siempre que se tra- ta de ciertas cosas, me turbo y casi podria asegurar que me enfermo. iOh Zeus! Soy doncella. Nunca pisé el télamo nefasto. . . sagrado del cual se di- ce que desata la lengua y la imaginaciSn de la mujer. Zeus omnipotente, Soy un demonio con la lengua y la imaginacién amarradas por la doncellez. Compréndelo asf y perdéname. (Otra vez muy cémoda, cas! tirada en el suelo). Lo cierto y sin duda alguna es que no tengo y jamas tendré autori- dad necesaria para hablar de las cosas. .. esas, las ciertas cosas. Zeus, sea cual fuere mi situacién, a ti la debo; si me quisieras otra ya me hubiera cambia- do. . .por supuesto que no estoy aqui para solicitar cambios de ese tipo. (Con prisa, no vaya Zeus a hacer una intervencién directa) Bien, compadé- cete, perdéname, pero no me cambies, pues mi desgracia no me sienta tan mal. (Vuelve a tomar el hilo de fa narracién en un tono mas objetivo.) Se- mele, la princesa y yo éramos tan unidas que més parecia yo hija de Cad- mo que las otras hermanas de mi ama. Hasta que. . .(Andignada de pronto, sin dar 1a cara of altar) iZeus, ti no me conoces porque me met{ debajo de la cama, pero alli estuve presente todo el tiempo! (Se cubre el rostro con Jas manos) iQué vergiienza, dioses! iQué humillacién! Asf como no nos es posible elegir al mendigo que ha de pedirnos auxilio, tampoco es posi- ble escoger los sitios en donde una debe estar y los sucesos que debe presenciar. A mi favor ha de tomarse en cuenta que si bien allf estaba, ba- fiada en lagrimas de terror, NO SOY TESTIGO OCULAR. Cerré los ojos debajo de la cama y claro, desde alli, aunque lo hubiera intentado, no se vé nada, Se oye. Y si un reldmpago es muy fuerte el ambiente cambia de color y se husmea olor a quemado. . (rectifica) digo a incienso del Asia, del Asia que. . produce exquisitos perfumes. En resumen, no me conoces porque me escond/; si me viste, no te diste por enterado pues no era yo a quien buscabas afortu. . (ya estuvo a punto de meter la pata) Pobre Semele. . . ino sé de donde salié tanto rayo y tanto trueno! Qué, . felicidad, tal vez. Por supuesto se trata de tus atributos, Zeus, y no hubo modo de qué... (toma energia para volver al tema) Yo dormia en un lecho alos pies de mi ama, sélo tive que rodar un poco para quedar debajo de la ca. . en ese si- tio me desperté un espantoso rayo azul. (Se vuelve a Zeus) iSefior de los dioses! Esta narracién no progresa, siento que pierdo el aliento y me des- mayo. Pasaria por alto lo ocurrido, sino fuera la clave de cuanto después sucedi6. (Decide ser patética) La dureza de mi destino me impone el deber de repetir incansablemente ciertas cosas. Ten fuerza, esclava y termina de una vez y para siempre. (Vuelve a /a narracién) Hablaba del rayo azul y. . . bien, se desaté una tormenta tan ruidosa como para esperar una tromba en cualquier momento: las paredes se sacudian, rayos azules, verdes, rojos, blancos. ..2De donde. ..? Bueno, basta de rayos, digo, de hablar de eso: doy por seguro que ti ya recordaste la ocasién a la que me refiero aunque se dice de los hombres que jamds recuerdan esas cosas, en tanto que las ee tramowa mujeres las llevan escritas en el libro dorado de sus recuerdos. Cuando ter- miné la tormenta sali de... mi escondrijo y no vi a Semele dormiday desnuda y blanqui: das. No sabia qué hacer. . .por supuesto, la cubri. despertarla y solo pude conseguir que sonriera dul : de aquel olor a quemado!. (Estd entusiesmada y presenta sus disculpas s6lo @ medias) Zeus, ya sé que puede verse de otro modo, pero yo soy asf y eso fue lo que mis sentidos entendieron. (Entusiasmada) No avisé a mi sefior. 4Que hubiera podido decir para ser cre{da? iUn incendio? éLadrones? 2Un encantamiento? No dije nada. Y Semele slo desperté a medias; nun- a, nunca, volvi6 a ser duefia de si misma, . Yo la vest(a como a una nifia y la conducia aqui y alld; no hablaba, sonre/a. éQué la divertir(a tanto? La situacién no ten{a nada de agradable: su padre llamé varios médicos y dije- Ton que estaba. . .pues asi... bueno, prefiada. Hasta el dia de hoy no he visto mujer que se ria de. . eso iCiertas cosas se toman con seriedad! Mi sefior estaba fuera de si y yo, perdéname Zeus, empecé a perder la pacien- cia con Semele. No se ofendié porque quizé no me escuchaba, estaba como ausente y ahora se me ocurre que en la tempestad perdié su alma, pero yo me sentia sola y engafiada pues debia escuchar los reproches de toda la fa- mmilia y las burlas. Me tomaron por. . .una de esas mujeres que procuran. . . lo, que ayudan. . que sirven de medio para la. . .consumaci6n de. . .esas cosas. (Muy rapido, incontrolable) iY yo de alcahueta no tengo ni un pelo! Quiero decir que no estoy de acuerdo y no me prestaria. . .Zeus iQué me- ses fueron esos! Semele en las nubes, ti entre los truenos y yo aqui abajo con toda esa gente. No me mandaron azotar, me dijeron idiota y enferma de la mente y. . .no fue mala idea: empecé a poner cara de degenerada, No me quedaba otro camino y. .. Semele sonre‘a! El nifio crecia. . el. ..el bulto se hacia mayor (Se cubre el rostro) Pobrecita Semele. . .una noche escapé de casa y fue encontrada en una caverna, fulminada por un rayo y sin huellas de haber estado embarazada. Pequé entonces y todos conmigo. Pecamos por no pensar en ti, Gran Sefior. Vivimos bajo tu férula, te cono- cemos y después de tanto trueno, no fuimos capaces de decir: vienen de Zeus. Fué una gran impiedad, y como siempre ocurre, no tuvo efecto inmediata~ mente. Zeus, td, en tu sabiduria, fuiste capaz de esperar veinte afios. En tan- to tiempo, viene el olvido. Yo no olvidé a Semele aunque fui esclava de todas sus hermanas, Sin dejar de poner cara de tonta, porque alld, muy adentro, albergaba el temor de que. . .nos hicieras el favor de volver a acordarte de nosotras, amado Zeus. (Satisfecha, ahora si no fue indiscreta) Quiero que conozcas mi coraz6n: nadie pensé que a Semele le hubieran ocurrido dos milagros, pero yo, al contemplar la vida de sus hermanas, llegué a la con- clusion de que sélo el milagro podia explicar lo sucedido, por eso temia, sudaba de miedo y cuando veia un relémpago, me metia debajo de la. . .ca- ma iZeus! (Triste, disculpdndose) No aprendemos nunca nada, s6lo yo aprendi a meterme debajo de las camas. De pronto, mis temores volviéron- se realidad. iDespués de veinte afios, Zeus! iY qué realidad! Zeus: tu hijo Baco. El hijo de Semele. No encuentro las palabras, Un padre no se mues- sus sdbanas quema- el caso fue que quise tra satisfecho cuando se habla de su hijo sin. . .entusiasmo, pero debe agra- decer que con buena intencién se. . hhable de sus defectos. Yo lo hago con esa intencién. (Ahora violenta,) Y tu hijo Baco, Zeus. . .muy bien forma- do, hasta bello, ipero qué mala educacién le han dado! Tu hijo Baco. . . iré por orden para no olvidar nada. (Cuenta con los dedos) UNO. La sefial de su aparici6n. Llené este pueblo de vides: sembraban flores y salfan vides, sembraban frutos y salian vides, si no sembraban nada, aparecfan vides. UEs esto justo? DOS. Las historias del Citerén.No ful y no sé qué pasaba en esos montes, Cuentan que desde el Asia venia siguiéndolo una multitud de descaradas, vestidas con una piel de cervatillo, o mejor dicho, con la piel colgada de un hombro. . .y si ti te cuelgas una piel en un hombro, se ve lo que tienes debajo del otro. . .asi andaban. Y claro, con una rama de vid en la mano que segtin parece se llama TIRSO, y ellas, se llaman MENADES. Corrian de dia y de noche, tocaban la flauta frigia, bailaban. Se dice que la Madre Tierra volvidse loca de alegria y al paso de ellas escupia vino, leche y miel. Y eso no es nada; se dice que entre ellas habia. . de esas cosas. . .bue- no, no son cosas, son animales. . .bueno, monstruos. Zeus, debo hacer un esfuerzo para vencer mi pudor: iera satiros! Esos de. . .(los cuernos) y de. . (las patas de chivo) isdtiros! iqué rabia me dio! Sétiros, Gran Zeus, y nada menos. Me ahogo. (Pausa, toma aliento) No es todo, falta el nime- ro TRES. La aparicién personal de Baco. Un jovenzuelo de vida dudosa con dragones en la cabeza. iEso! Eso y nada mds. Vino a burlarse de mi se- fior Penteo, nuestro rey, hijo de Agave sobrino de Semele, nieto de Cadmo. Zeus, si asf vistes a tus hijos, no es posible que logren el respeto de los pue- blos. A mi sefior Penteo no le parecié verosimil que Baco fuera un dios. LY sabes qué hizo el hijo tuyo? Hechizé a todas las mujeres de Tebas, las conviertié en Ménades, las vistié como tales y las hizo hufr al Citerén en donde se entregaron a unas danzas frenéticas en medio de un fuerte olor a incienso sirio. Del olor s6lo soy testigo, pues yo no fui al Citerdn y no fui porque escapé al hechizo y escapé porque cuando Baco pas6 por las calles, en vez de salir a contemplarlo, me escondi debajo de la cama. (Esta vez Jo dice con orgullo). Desde alli contemplé ciertas cosas, aunque sdlo se vefan los pies de las personas se escuchaba cuanto dec/an. Bueno, numero CUA- TRO, Cuando digo que Baco se burié de Penteo, me quedo corta, Lo que le hizo a duras penas puede contarse y desde mi punto de vista. . (Decide no dar su opinién) Penteo, como era su deber, lo tomé preso; entre las mu- jeres tebanas convertidas en ménades, estaba Agave, la madre de Penteo y toda su familia, no es para menos. Baco no sufrié el ser encadenado y pro- vocé temblores, sacudimientos, perturbaciones de la Tierra, su intima ami- ‘ga; hasta un incendio. Ta dirds que esos son los modales de los dioses y que Penteo erré al no reconocerlo como tal en medio de tanto. . estropici Asi es. Los dioses acaban poniendo en tela de juicio la inteligencia de los mortales, por mucha que sea. Penteo se equivocd, estoy de acuerdo, ipero sas no son maneras de tratar a un rey! No sé como, después de! terremoto, Penteo accedié a hablar con Baco, inunca lo hiciera!, el muchachuelo pro- tramow. digé malas artes y feos encantamientos. El caso es que desde mi escondrijo escuché pasos y icual no seria mi asombro al ver entrar en la habitacin dos personas: una con voz de mi sefior y otra con la voz melodiosa siempre atribuida a tu hijo! Se acercaron al cofre de mi ama y vi caer al suelo las ropas de Penteo, mientras elegia un vestido femenino, iy se lo ponia! Lue- 80 quiso que Baco le dijera si le sentaba bien y que le arreglara el peinado. (Con cautela) Zeus icuanto sabes ti de ta conducta de ciertos hombres Jue . . se afeminan y. ..? {Cuanto sabes? ZHas visto bien aalguno de ellos? us amaneramientos, sus voces destempladas, su manera de hablar, sus risi- tas tontas, sus ojos de mona? iUn asco! Pues Penteo se portaba como ellos. Y mucho peor. Ese muchacho, tu hijo, a duras penas podia contener la risa y yo temblaba de ira, las ldgrimas corrfan por mis mejillas, me mordia los labios de humillacién. (Violenta) Zeus, confieso tener recelo de los dioses, confieso tener grave prevencién contra los hombres y también confieso que a nadie odio mas que a esos. . .seres! {Qué podemos hacer las mujeres en el mundo? No hay mas que dioses, hombres y . . .esas cosas. Se acabard la humanidad, las mujeres moriremos virgenes y estériles. . .i el mundo va Negando a su fin! (Muy deprimida) Baco lo disfrazé y Penteo se mostraba seducido por su propia imagen; encantado parecia y hasta se prodigaba ala- banzas. Salié del cuarto con unas sandalias doradas, una amplia falda color de rosa, los collares y las pulseras tintineaban a su paso. Terremotros, in- cendios y....iesas cosas! CINCO. Claro, después de haberle hecho eso a Penteo, no le faltaba mas que matarlo. Y lo mato. Se lo entregé a las mu- jeres que previamente habia enloquecido; Agave se presenté con la cabeza de Penteo, pensando que era un len. Dioses, nunca os compadeceis de las mujeres. Venia la pobre loca con la cabeza de su hijo en las manos, re/a y daba gritos de jdbilo. El cuerpo de Penteo lo habian despedazado las mé- fades con sus manos transformadas en garras. Asi lo mandé a la muerte. Hizo de Agave la asesina de su hijo. Mientras tanto Baco corria por el pala- cio vacio, cantaba con su voz melodiosa, tocaba su repulsiva flauta, reia a solas y no pude ver que hacian mientras los dragones que lleva en la cabe- za, La impudicia lo llevaba a cantar en versos barbaros su propia historia, asi me enteré de que segin parece, td, Zeus, lo sacaste del vientre de su madre y te lo guardaste en un muslo con dos, bueno, no sé con cuantos broches de oro. iQue aspecto tendrias con un muslo asi! Tenia que ser en el muslo porque los hombres no. . .no tienen lugar para poner nifios en. . otra parte. (Curiosa) iQué le dijiste ala sefiora Hera que tenias en el muslo? Segiin dicen es muy celosa. Con razén, con much sima razén. Los celos dan muy buenos ojos. {Te vio la pierna y no pregunt6 nada? éo no te lo vio? Claro esas son intimidades. A una sefiora tan sanguinaria que mato a Seme- le, no se le habia de pasar un muslo tan desmensurado.