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La clasificación de los marcadores del discurso y su valor operativo

Elena Landone Università degli Studi di Milano

En estas breves reflexiones nos vamos a ocupar del metalenguaje utilizado para definir los marcadores del discurso como categoría pragmática. Se esbozarán algunas de las dificultades que su estatuto categorial plantea para el estudiante de Español como Lengua Extranjera (ELE), para luego comentar el valor operativo y no meramente taxonómico que puede tener el metalenguaje en la Lingüística Aplicada.

1. El espacio funcional de la marcación del discurso y la categorización gravitatoria 1

El término ‘marcador del discurso’ se encuentra bastante asentado para identificar una categoría pragmática de unidades lingüísticas que son los engranajes del discurso (oral y escrito), ya que procesan su cohesión, coherencia, adecuación y eficacia 2 . El concepto

de ‘categoría funcional’, o mejor dicho, de ‘espacio funcional’ subraya la idea de que se trata de una macrofunción que engloba una serie de valores cuyos límites son imprecisos (Domínguez García, 1997: 34). Esto comporta entrar en el terreno

resbaladizo de la sistematización del estatuto de los marcadores donde “[

ocurrencia de un conector se puede analizar desde distintas, aunque complementarias, perspectivas.” (Briz, Val.Es.Co, 2000: 209-213), debido a que los criterios clasificatorios sintáctico y semántico no siempre son suficientes o necesarios 3 , por cuanto los marcadores tienen un alcance operativo sobre los enunciados (interpretación del sentido), y no sobre las oraciones (descodificación de las relaciones morfosintácticas y del significado proposicional) (Fraser, 1990: 388, 1999: 943-946, Llorente Arcocha, 1996: § 8; Lenk, 1997: § 6).

Si nos detenemos en algunas de las clasificaciones españolas recientes (por ejemplo, Fuentes Rodríguez, 1987; Casado Velarde, 1993: 32-38; Portolés Lázaro, 1993; Llorente Arcocha, 1996; Martín Zorraquino, Portolés Lázaro, 1999; Briz, Val.Es.Co, 2000: 205 y ss.; Montolío, 2001: 43; Cortés Rodríguez, Camacho Adarve, 2005) notamos la imposibilidad de ceñir un marcador a una categoría única; más bien, en dicha categoría encontraremos sus apariciones más típicas, porque las categorías incluyen ejemplos prototípicos de marcadores. Posiblemente proceda de ahí cierta dificultad para abarcar todos los niveles ‘de acción’ (o valor de procesamiento) de un

la

]

1 Toda mi gratitud va a Eugenia Sainz, a María del Rosario Uribe Mallarino y a Giovanna Mapelli por haberme ayudado a aclarar algunas dudas que albergaba sobre los principios clasificatorios de los marcadores del discurso.

2 Con esta identificación, intencionalmente genérica, tratamos de abarcar los rasgos funcionales que más comúnmente aparecen en las varias definiciones de los marcadores del discurso.

3 Véase, como ejemplo, la disertación de Pavón Lucero sobre preposición, conjunción y adverbio (2003:

48). Nótese que las propuestas que la autora avanza sobre el problema de definición de la categoría ponen en tela de juicio la oportunidad de crear una categoría nueva la de los marcadores – ‘externa’ a la gramática. Compárese con la defensa de la categoría por parte de Llorente Arcocha (1996: § 8).

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marcador del discurso, dado que la interpretación de sus funciones depende del plano discursivo en que nos situemos (Casado Velarde, 2000: 31, Briz y Val.Es.Co, 2000:

213; Stame, 1999: 173) 4 . La pregunta, pues, que nos hacemos y que dejamos para otro estudio más extenso es si en las clasificaciones de los marcadores del discurso más empleadas hay principios comunes que puedan reducir el efecto de dispersión 5 derivado de la polifuncionalidad intrínseca de los marcadores. En esta comunicación solo trataremos

de concretizar las dificultades que el estudiante de ELE encuentra a la hora de aprender

a usarlos, ya sea para su interpretación o para su producción. Además, como subraya

José Portolés Lázaro: “Los marcadores del discurso han sido unidades pobremente descritas en las gramáticas y los diccionarios del español. En muchas ocasiones quien se dedica a la enseñanza del español como primera lengua o como lengua extranjera, corrige la propuesta equivocada del alumno sin otro apoyo que su intuición lingüística” (Portolés Lázaro, 2001: 13).

2. Algunos ejemplos de problemas de clasificación

El primer problema que mencionamos es de tipo epistemológico y nace del hecho de que, generalmente, las clasificaciones de los marcadores son herramientas ad hoc que proceden de una perspectiva de investigación específica 6 (Llorente Arcocha, 1996: §

1.2; Fraser, 1999: 932), lo que complica la tarea de aclarar la naturaleza de la categoría 7 .

A modo de ejemplo citamos el concepto de metadiscursividad. Si cotejamos diferentes

clasificaciones, puede ser difícil entender su aporte a la definición de la categoría de los

marcadores. Antonio Briz define la función metadiscursiva en relación con la situación

enunciativa conversacional ya que su enfoque es el del Análisis de la Conversación

y la describe como una estrategia de control del habla, dentro de un plan rápido de

enunciación. Incluye en ella operaciones de estructuración y de reformulación que permiten al hablante precisar, matizar, desglosar, explicar, aclarar, reordenar su mensaje, regresar a lo anterior, etc.; es decir, permiten resolver los problemas de la organización no lineal de la conversación (Briz, 1993: 40 y ss.; 1998: 199-200). Portolés Lázaro (2001: 127 y ss.) adopta este concepto de Briz (1998: 208 y ss., ya presente en

Briz, 1993 y 1996: 50 y ss.) y él también lo enmarca en la conversación (los marcadores conversacionales - metadiscursivos conversacionales de Portolés Lázaro, Martín

4 Sobre los antecedentes de la definición lingüística de esta categoría, véase Fraser, 1990 y 1999.

5 Domínguez García habla explícitamente de ‘una especie de cajón de sastre’ (1997: 34).

6 Con la excepción de Martín Zorraquino y Portolés Lázaro (1999) cuyo intento descriptivo quizás sea el más abarcador. Véase también el proyecto in fíeri del Diccionario de partículas discursivas del español coordinado por A. Briz, S. Pons Bordería y J. Portolés Lázaro (2000-2004, http://textodigital.com/P/DDPD/). Ya en 1992 Martín Zorraquino subrayaba el interés y las consecuencias de metodologías dispares en el estudio de los marcadores (Martín Zorraquino, 1994: §

2.3).

7 Un corolario de este ‘perspectivismo’ es la dificultad para identificar las unidades lingüísticas que pueden adquirir funciones de marcadores. Un caso ilustrativo sería el de José Pérez Bouza (1997: 630), que presenta el artículo como marcador del discurso por su valor conectivo. El autor se basa en una cita - no suficientemente explicativa - de Portolés Lázaro (1993: 144) que se puede desmentir fácilmente con el hecho de que el artículo nunca se menciona como clase gramatical con funciones de marcación del discurso (Portolés Lázaro, 2001: 48 y ss., Martín Zorraquino, 1998: 34 y ss.). Véase también Llorente Arcocha (1996: 18 nota 16 y 204: 33) sobre las restricciones categoriales de J. Portolés Lázaro y de C. Fuentes Rodríguez.

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Zorraquino, 1999: 4191). Sin embargo, las operaciones metadiscursivas de estructuración y reformulación se contemplan también fuera de lo estrictamente conversacional en Portolés Lázaro y Martín Zorraquino (estructuradores de la información (1999: 4075) y reformuladores (1999: 4121)) y no queda claro si solamente los marcadores conversacionales son metadiscursivos o también otros marcadores pueden tener esta función en un plano no conversacional. Dicho de otra forma, ¿es la metadiscursividad un rasgo propio y general de la categoría de los marcadores 8 ? Un segundo conjunto de problemas de definición se encuentra a la hora de caracterizar marcadores concretos, puesto que su descripción a menudo se condensa en una lista de comportamientos sintácticos, usos, funciones, ‘efectos’ y valores ‘expresivos’. Con una costumbre bastante frecuente, en las gramáticas (Matte Bon, 2007: § 16.7, Bosque, 1990: 18-20) se tiende a presentar una casuística más o menos detallada que dificulta al estudiante la adquisición de un dominio suficiente del sistema. Al tratar los marcadores dircursivos, no siempre se aclaran los planos del discurso enfocados, y a veces se superponen de forma no muy explicativa para el estudiante (Martín Zorraquino, 1994: § 2.3). Por ejemplo, Catalina Fuentes Rodríguez (1998c: 177-192) presenta la complejidad de VAMOS, contemplando estas funciones:

“[S]irve para resaltar la enunciación” (p. 177), tiene “valor modal” (p. 178), “centra el interés informativo” (p. 178), tiene “valor reformulativo” (p. 178) “parafrástico” o “no parafrástico” (p. 180), para marcar la subjetividad puede “aparecer como un comentario” (p 178) e “Incluso tiene usos intensificadores e interjectivos” (p. 178), “se comporta como conector” (p. 178), “se comporta como un conector propiamente aclarativo o explicativo” (p. 186), “Es decir, tiene un contenido más propiamente continuativo” (p. 186), es “adverbio modal-enunciativo” no conectivo (p. 183), “sirve para jerarquizar la información” (p. 184), “se usa para llamar la

atención sobre un segmento [

como apoyo de la opinión” (p. 184), “parece ir

adoptando un sentido fático, continuativo” (p. 186).

]

La complejidad del marcador quizás comporte necesariamente la superposición de estos valores (Fuentes Rodríguez, 2003: 81), pero posiblemente al estudiante le resulte más útil una sistematización basada en el análisis de las condiciones en que se da esta complejidad. El mismo fenómeno se observa en Fuentes Rodríguez (1998a: 65-67) al sintetizar BUENO como:

1)

respuesta: aceptación de lo anterior

2)

conector a) recapitulativo o conclusivo b) inicio de respuesta:

- reacción

- cuando se va a contar algo largo

- cuando se va a objetar algo (cerca de lo

8 Según un enfoque procedimental - es decir, el marcador guía las inferencias del interlocutor - todo

el significado de estos

elementos constituye [

informaciones [

Zorraquino, Portolés Lázaro, 1999: 63.1.2 y 63.1.4, Montolío, 1997 y 1998).

(Montolío, 2001: 29) (Véase también: Portolés Lázaro, 2001: 21-25, Martín

una instrucción para el interlocutor sobre cómo tiene que procesar las

marcador podría tener de alguna forma un alcance metadiscursivo porque “[

]

]

]”

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3)

correctivo)

c) continuativo:

- consecutivo

- tras condicional

- tras titubeo

d) reformulativo:

- parafrástico

corrección)

(aclaración,

explicación,

- no parafrástico:

- generalización:

concesión

y

Adverbio

o intensificador modal.

modal

recapitulación

- particularización: ejemplificación y enumeración

dice,

interjección:

apoyo

de

lo

que

La impresión que podría llevarse el aprendiz es una mezcla de los planos de cuándo/dónde y para qué se usa el marcador. Además, parece ignorarse la diferente naturaleza de la organización de la lengua hablada y del texto escrito (Llorente Arcocha, 1996: 20-21, 24, 28). Paradigmático de estas dificultades es el caso de DE ACUERDO y POR SUPUESTO que Leonor Ruiz Gurillo (1999: 245) se ve obligada a resumir diciendo:

Las fórmulas de acuerdo y por supuesto han desarrollado funciones pragmáticas que les capacitan como marcadores discursivos de acuerdo (Martín Zorraquino, 1998), marcadores textuales de afirmación, asentimiento o aprobación (Casado Velarde, 1993 y 1998) u operadores discursivos de refuerzo argumentativo (Portolés, 1998). Como coinciden en señalar diversos diccionarios (DRAE, DUE, DFEM) constituyen expresiones de asentimiento.

Otro asunto problemático es que, a veces, en las descripciones se utilizan definiciones imprecisas, algo impresionistas y no siempre unívocas y coherentes. En

queda mucho por

sistematizar, pues las funciones señaladas hasta ahora se han delimitado con criterios un

tanto intuitivos y, además, de alcance muy heterogéneo.” (Martín Zorraquino, Montolío 1998: 13). A este propósito, véase la heterogeneidad (en cantidad y en calidad) de las descripciones del Diccionario de partículas (Santos Río, 2003). Frente al lema PUES (que se extiende a lo largo de unas seis páginas (534-540) encontramos, por ejemplo, PRIMERO y HOMBRE, donde se dice solamente:

palabras de M.ª Antonia Martín Zorraquino y Estrella Montolío “[

]

- El lema PRIMERO (p. 528) que se describe como: 1. Adv. orac.

enumerativo, 2. adv. orac. realizativo enumerativo, 3. Segmento enumerativo, 4. Adv. t. (deíctico-anafórico) 9

- El lema HOMBRE (p. 410) que resulta como 1. Expresión reactiva

fática que indica dubitación o indecisión ante lo que el interlocutor

9 En la clasificación de Martín Zorraquino y Portolés Lázaro (1999: 4086). se ubicaría en los estructuradores de la información - ordenadores (marcadores de apertura)

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asevera, propone o pregunta, 2. Expresión autocorrectiva de rectificación o de reformulación aclarativa, 3. Expresión reactiva de muestra de disgusto, acompañada o no de reproche, ante lo que el interlocutor acaba de comunicar, 4. Expresión reactiva de asentimiento evidencial enfático a lo que el interlocutor acaba de decir, 5. Expresión de sorpresa ante un hecho o dicho, 6. Vocativo muy usual de carácter principalmente fático.

Otra muestra la encontramos en Casado Velarde (2000: 32-38), quien define los marcadores de función textual como “piezas lingüísticas con alcance transoracional o textual, que desempeñan una función textual” e identifica estas relaciones textuales utilizando cuasi-sinónimos, a veces con definiciones recursivas y no bien especificadas. Por ejemplo:

«CONTINUACIÓN»: ahora bien, entonces, así pues, así que, y, con todo, pues bien, conque, ahora pues; cfr. “adición” «CONTINIUDAD»: cfr. “continuación”, “adición” «ADICIÓN»: además, asimismo, más aún, todavía más, incluso, aparte, encima, después, de igual forma, también, y (con valor adverbial), por otra parte, por otro lado.

En Cascón Martín (1995: 153), a ciertos marcadores se les atribuyen “valores expresivos” que, sin embargo, no se definen con exactitud:

[las partículas conjuntivas, en la lengua coloquial] adquieren nuevos matices, puesto que dejan de funcionar como nexos para convertirse en apoyos dialogales, en una especie de muletillas que los hablantes utilizan y repiten a lo largo del discurso conversacional. Se convierten, en definitiva, en palabras expletivas que sólo tienen sentido dentro del propio diálogo y que unas veces aportan connotaciones expresivas de deseo, rechazo, ironía, etc., mientras que otras se comportan como simples elementos de transición, sin apenas valor significativo.

Otro fenómeno endémico es que las categorías (y las subcategorías) de los marcadores suelen incluir usos prototípicos de una unidad pero, siendo los marcadores

polifuncionales 10 , frecuentemente cada unidad pertenece a diferentes categorías a la vez

(Portolés Lázaro, 2001: 135-137). Como afirma Estrella Montolío: “[

uno de ellos sea semejante, pero no idéntico, a sus parientes familiares, y ligera o completamente distinto de marcadores de otras ‘tribus’ conectivas.” (2001: 25). También Manuel Casado Velarde admite que “[a]lgunas formas, debido a la mentada multifuncionalidad, aparecen registradas bajo más de una función textual” (2000: 36) y clasifica BUENO como marcador de “aprobación”, “asentimiento”, “(auto)corrección”, “comienzo discursivo”, “conclusión”, “matización” (2000: 36-38) y “desacuerdo” (2000: 39-40). Además, muchas categorías, aun cuando coincidan en los diferentes

] hace que cada

autores, no incluyen los mismos marcadores. Es lógico, por lo tanto, que todos los autores renuncien a la exhaustividad (por ejemplo Martín Zorraquino, Portolés Lázaro,

10 La polifuncionalidad o multifuncionalidad no se refiere solamente a la capacidad de los marcadores de llevar a cabo diferentes funciones en diferentes contextos, sino también a la característica de operar en diferentes niveles - al mismo tiempo - en el mismo contexto de uso (Llorente Arcocha, 1996: 101).

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1999: 4056), como se nota en el ejemplo siguiente, que no deja de ser curioso. Esto es todo lo que se dice de BUENO en Santos Río (2003: 231):

BUENO [-¿Pero no va usted a describir una partícula tan interesante como ésta? - Bueno, sí, pero prefiero pedirle ayuda a María Antonia 11 .

[De este complejo marcador discursivo me interesan especialmente sus variantes

reactivas: puntualizaciones ante lo dicho por el interlocutor (entre otras, la de

asentimiento (-¿Te parece bien así? Bueno, vamos a ver qué pasa), las reacciones autocorrectivas (Cuando voy a Nueva York bueno, la verdad es que yo sólo he

estado allí una vez-, [

]), etc.]

Pons Bordería (1998: 227) expresa muy bien este concepto, que si bien es interesante para el lingüista, quizás le complique la vida al aprendiz de ELE:

es necesario adoptar una visión categorial no estricta, sino difusa. Las

categorías, pues, no se concebirán como compartimientos estancos de límites bien definidos, sino como centros de atracción con un núcleo y una periferia. En esta visión gravitatoria, el centro está ocupado por elementos como las conjunciones,

] [

que pasan a ser definidos como conectores prototípicos. La periferia está ocupada

por unidades que comparten menos rasgos de la categoría o que [ rasgos pertenecientes a otras categorías.

presentan

]

Para terminar este esbozo de las dificultades que la taxonomía de los marcadores del discurso puede plantear al aprendiz, notamos que, a veces, es fácil confundir la ‘categoría’ del marcador con su ‘función convencional’ (o prototípica o predominante) y con sus ‘usos contextuales’ 12 . Por ejemplo, en Fuentes Rodríguez (1993: 171) se presentan los conectores conclusivos y se les atribuyen las funciones de a) servir de final de una enumeración, b) señalar el cierre de un texto, c) señalar la conclusión de una argumentación. La estudiosa añade luego, en el marco de estas funciones, usos contextuales específicos, como el valor modal contextual de resignación (ej. finalmente) o valor fático (ej. en fin). Sin embargo, el destinatario tendría que recordar constantemente que se trata de grupos prototípicos y que sus funciones son dinámicas. Dicho de otra forma, lo que aquí se debería entender es que se trata de una categoría que no solo es polifuncional 13 , sino que también comparte las mismas funciones con otras categorías. Además, dicha categoría incluye elementos con usos prototípicos (de la categoría) más otros usos contextuales que les aportan funciones prototípicas de otras categorías. Por tanto, no son raros los fenómenos de ‘metamorfosis’: Fuentes Rodríguez, en otro ensayo de corte más didáctico (1998a: 51-52), al comentar un texto, dice:

11 Evidentemente, se refiere a la especialista María Antonia Martín Zorraquino.

12 A propósito de la relación entre el contexto y el valor del marcador, Luis Cortés Rodríguez (1991: 45 y 1998: 152) subraya que muchos marcadores que gozan de una significación convencional pueden adquirir nuevos valores según su lugar en la situación comunicativa. Esta variabilidad contextual lleva al lingüista a la imposibilidad de clasificar algunas ocurrencias del corpus que estudia, por desconocer las intenciones del hablante (Cortés Rodríguez, 1991: pássim). Briz sostiene que estas unidades siendo polivalentespueden funcionar en diferentes rangos del discurso, lo cual, sin embargo, no invalida su predominio funcional, es decir, un valor particular (que depende de su naturaleza léxica, prosódica y sintáctica) que el contexto puede desambiguar (Briz, 1993: 48). Se sitúan, pues, en la línea de Fraser (1990, 1999).

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En este texto abundan los elementos continuativos, que se usan más que nada para mantener hilado el discurso, aunque con pérdida de sus valores. En fin ha aparecido propiamente como reformulativo recapitulativo y con un uso menos claro con pérdida de su contenido, quedando en la mera ilación, lo continuativo. Bueno ha aparecido como relacionante pregunta-respuesta y como continuativo. Pero sus funciones son diversas, como veremos al final de este cuaderno.

Lo que no se explica es el porqué de esta transformación. Otro ejemplo aparece en Casado Velarde (2000), donde la función de ordenar el discurso se ve fraccionada en dos grupos diferentes: los modificadores oracionales (p. 34 punto c), por un lado, y los marcadores de función textual ordenación o enumeración (pp. 36-37), por otro. Por lo visto, la discriminante entre los dos grupos nótese, con la misma función - es la clase gramatical de “adverbio” o “no adverbio”.

3. El valor operativo del metalenguaje

En conclusión, con estas muestras hemos pretendido poner de relieve las dificultades que la categoría de los marcadores del discurso plantea al especialista en Lingüística Aplicada que quiera ofrecer al estudiante de ELE las herramientas para entender la complejidad de un marcador y aprender a usarlo luego. Evidentemente, existen también muchos ejemplos de descripciones acertadas, pero lo que queremos subrayar aquí es que, a menudo, entre ellas no emerge con claridad un denominador común que sirva como principio orientador para evitar esa sensación de que un marcador sirve un poco para todo. Briz afirma que “[l]a socorrida explicación de la ‘organización subjetiva del lenguaje’, aunque cierta, impide cualquier intento de regularización de un fenómeno”

(1995: 14) y ojalá los intentos de regularización de los marcadores llegaran a ser más ‘operativos’ para el aprendiz, es decir, eficaces para obtener una lógica del funcionamiento de un fenómeno lingüístico (Ruiz Campillo, 2001, Matte Bon, 2007: § 16.8). Por eso, concordamos con Martín Zorraquino (1992, pp.118-119, apud Casado

Velarde, 2000: 30) cuando dice que deberían “[

hicieran explícito el nivel de análisis en el que se opera (partículas discursivas / partículas oracionales)” Dichos niveles de análisis se pueden entender como planos operativos, es decir, niveles de acción del marcador o, para volver a Martín Zorraquino (Martín Zorraquino, Portolés Lázaro, 1999: 4072), “tipos de instrucciones en el significado de los marcadores”. René Lenarduzzi (2002), al comentar la realidad ecléctica de la noción de marcador y la inadecuación de enfoques de la gramática tradicional a la hora de ofrecer herramientas para la enseñanza de ELE (p.152), proporciona una propuesta didáctica que se enmarca precisamente en esta perspectiva. Nos adherimos a esta línea y nos proponemos reflexionar, en estudios futuros, sobre una sistematización de los niveles operativos (en lo escrito y en lo oral) donde quede más claro para el estudiante que:

utilizarse especificaciones que

]

1. Hay funciones diferentes en la lengua que se pueden realizar con los marcadores del discurso

2. Estas funciones tienen diferentes planos operativos y pueden llevarse a cabo en más de un plano a la vez.

3. Para realizar una función, el hablante dispone de diferentes marcadores que no son equivalentes (algunos son más prototípicos que otros)

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4. La elección de un marcador está supeditada a las circunstancias de enunciación (o contexto) y está regida por reglas de lógica de la lengua y de la pragmática.

Con estas reflexiones esperamos haber despertado el interés por el estudio de los marcadores del discurso con respecto a la adquisición de lenguas extranjeras, un campo que consideramos de sumo interés, tanto por los desafíos que presenta la definición de esta categoría pragmática, como por la novedad de los estudios sobre la correspondencia entre marcadores en diferentes lenguas (Lenk, 1997: § 5; Fraser, 1999: 950; Calvi, Mapelli, 2004)

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14 Le agradezco mucho a Giovanna Mapelli haberme aconsejado este estudio.