Está en la página 1de 10
“Falso testimonio. Desmantelamiento de siglos de historia anticatólica”. Un libro de Rodney Stark Antonio Piñero

Antonio Piñero

Noviembre-Diciembre 2017 Tomado de http://www.tendencias21.net/crist/

Conozco desde hace años a Rodney Stark, porque traduje al español, para Trotta, un libro breve pero muy ilustrativo, “La expansión del cristianismo”, hacia el 2009 o 2010. Y sé que Stark es protestante, sociólogo de la religión, y profesor de la Universidad Baylor en Estados Unidos. Así que un libro en defensa de la Iglesia católica escrito por un protestante me llamó poderosamente la atención. Y no me ha defraudado en absoluto.

El título del libro es el de esta postal, aunque me he permitido corregir el subtítulo. El traductor, Isidro Arias Pérez no lo hace mal, ni mucho menos, pero sucumbe a ciertos anglicismos, con los que finalmente conviviremos. No se puede luchar contra el uso inveterado, que es el amo de la lengua (Horacio). Pero sabemos que el gerundio en castellano no se usa de un modo absoluto, sino normalmente como complemento circunstancial… Así que el subtítulo inglés de la obra “Debunking Centuries of Anti-Catholic History” no lo traduciría por “Desmontando siglos de historia anticatólica”, sino por “Desmantelamiento”… etc. La ficha del libro se completa con los datos siguientes: Editorial Sal Terrae (Colección Panorama 20), Santander 2017, 302 pp. ISBN: 978-84-293-2680-2.

Y ahora, al grano. El libro ha sido prologado por el prestigioso historiador Fernando García de Cortázar, cuya “Breve historia de España”, escrita en colaboración con José Manuel González Vesga, ha vendido, según creo, un millón de ejemplares. ¡Menuda envidia! Destaca Cortázar, siempre con ágil y culta pluma, que los “principios humanistas nacieron en nuestra civilización occidental” y que deben “servir de inspiración a quienes desean superar el angustioso vacío que padece esa misma civilización”. Es esta afirmación totalmente cierta, y la he defendido en multitud de ocasiones. Si miramos a las religiones que hay en nuestro entorno y más allá de él, no veo que esas otras religiones, que no sean la cristiana hayan, propiciado, incluso con mil protestas en su seno, un humanismo que haya conducido a los principios de igualdad, libertad y fraternidad de la Revolución Francesa y a la Declaración universal de los derechos humanos, como sí lo ha hecho el cristianismo. Y la religión cristiana sí ha propiciado este movimiento, quizás porque ha generado aun sin pretenderlo expresamente un cierto individualismo y un espíritu interior de libertad, una posibilidad de crítica interna y una evolución del espíritu que condujo al humanismo.

Por esto precisamente parece asombroso que los cristianos mismos hayan denigrado sus orígenes que no son precisamente el catolicismo, que como tal designación externa solo existe desde la Reforma protestante, de tal modo que muchos estudiosos han visto en la historia de la Iglesia cristiana en general la fuente de todos los males que han aquejado a nuestra civilización: oscurantismo, fanatismo, intransigencia, persecución de los adversarios, odio a la ciencia, mantenimiento de la esclavitud y autoritarismo…, entre

otras “perversiones” menos notorias. Como toda sociedad que ha existido durante muchos siglos, no cabe duda de que en la religión cristiana se han generado tales lacras. Sin duda…, pero no solo eso. Ni mucho menos, ya que el cristianismo ha dado a luz igualmente todos los atributos de una civilización “fruto de la síntesis de la razón clásica y del mensaje cristiano” (Cortázar).

En concreto en los últimos cinco siglos numerosos investigadores protestantes han cargado las tintas con gran deleite acusando al catolicismo de degradación de la sociedad. Algo así como si el protestantismo hubiera sido el abanderado de la libertad y el progreso, mientras que el catolicismo no hubiera hecho otra cosa que promover el oscurantismo más rancio. Esta tendencia ha creado una buena cantidad de mitos ligados a los vicios que enumeré arribaque se han propagado hasta hoy. Y lo que llama la atención, como dije, en el libro que comento es que la refutación de tales mitos no parta de un estudioso católico, sino de uno protestante.

Escribe Cortázar en el Prólogo (p. 11): “Desde su honestidad académica, alejada de la militancia católica, el autor no duda en afirmar que a partir de la ruptura luterana los ataques a la Iglesia de Roma fueron cristalizando en falsos testimonios impulsados por los disidentes, que se incrustaron en la historia cultural de Occidente. A un lado, la innovación renacentista, la responsabilidad económica, la moral del esfuerzo, y la apertura ideológica promovida por el protestantismo; del otro, el anacronismo medieval, la Inquisición, la perezosa mentalidad de la opulencia rentista, el rechazo a la ciencia y la cerrazón espiritual administrada por una Institución, el catolicismo, arrumbada por la marcha de la historia”.

Los mitos que desmonta Stark en su libro son: los pecados del antisemitismo; la eliminación de ciertos evangelios; la persecución de los paganos tolerantes; la imposición del oscurantismo a la sociedad: el mito de la “Edad Oscura” medieval; las cruzadas como mero pretexto para la consecución de tierras, botín y conversos; la oposición a la ciencia; el autoritarismo; el mito de la modernidad protestante. Como se ve, temas jugosamente interesantes.

El desarrollo expositivo de Stark en cada capítulo es sencillo: comienza exponiendo el mito con toda su crudeza. Luego afirma brevemente lo que no es verdad, y a continuación expone una síntesis histórica, pero detallada, de lo ocurrido en realidad…, con todos los pelos y señales que le permite el espacio de un número razonable de páginas. Indica también someramente sus fuentes principales y termina con una conclusión contundente. La noción correcta contrapuesta al mito queda bien resaltada.

Dentro de los temas arriba expuestos, hay tres que interesan especialmente a mi ámbito de trabajo: el del antijudaísmo y la Iglesia cristiana en general, y en especial la católica, al final; el de los evangelios voluntariamente destruidos o rechazados, y el de la época constantiniana con sus repercusiones en el cristianismo. A estos temas deseo dedicar unas líneas en postales posteriores.

Adelanto, por si no quedaba ya claro, que el libro de Stark es nítido, concreto, breve, sencillamente espléndido. Y, por cierto, este libro de Stark ha llegado a su turno de

comentario por mi parte cuando ha aparecido en librerías el último libro de Juan Eslava Galán, titulado “Enciclopedia Eslava”, que va recorriendo los momentos de nuestra

historia y los mitos formados en ella…, naturalmente en contra de España; mitos formados

o promocionados sobre todo por españoles y otra gente de fuera que se aprovechan de

los “tontos útiles” internos, la quinta columna, como la denominó alguno. Y sin ponerse de acuerdo, tanto Stark como Eslava cumplen con la misma misión: debelar estupideces históricas dañinas que se han ido imponiendo a base de repetirlas.

Primer capítulo del libro.

Este primer capítulo es una buena muestra del modo de presentar la cuestión y de resolverla por parte del autor.

Comienza el texto exponiendo, modo de cita cuidadosa de autores modernos, como la conocida teóloga feminista Rosemay Ruether, quien afirma, tan tranquila, que el origen del antisemitismo hay que achacarlo a la Iglesia cristiana y en especial a la católica. Me parece insólita personalmente la ignorancia, o mala fe de esta señora, puesto que una breve ojeada a la historia demuestra lo contrario. El antisemitismo es tan antiguo en Occidente como el Antiguo Testamento mismo, donde basta con ojear a los profetas para ver las durísimas críticas que vierten contra Israel. Se dice que fue el rey Ajab / Acab de Israel el Reino del Norte, por el siglo IX (hacia 873-850 a. C.), quien calificó al profeta Elías como “el azote de Israel” (1 Re 18,17), que ha sido tomado in malam partem por ciertos judíos modernos (creo que fue Noam Chomsky). Segundo, y si no recuerdo mal, el sacerdote egipcio Manetón, hacia el 260 a. C. escribió un verdadero libelo antijudío dentro de su “Historia de Egipto”.

Esa tendencia antijudía siguió luego entre autores griegos y romanos, como puede comprobarse en el artículo “antisemitismo” de cualquiera buena enciclopedia (Cicerón, Séneca y Tácito son excelente muestra de ello; y por parte de los griegos Diodoro Sículo, Estrabón y Apión son célebres personajes antijudíos). En el 139 a. C. los judíos fueron expulsados de Roma porque sus usos y costumbres contaminaban las romanas. Así que achacar el antijudaísmo a la Iglesia Católica naciente y al Nuevo Testamento es pura ignorancia

Sí es cierto que en el Nuevo Testamento, sobre todo en los Evangelios de Mateo y de Juan,

hay duras recriminaciones contra los judíos. Véase si no Mt 27,23-25 (“Pero ¿qué mal ha hecho Jesús?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!». Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis». Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». Y en el Evangelio de Juan, para el autor y para Jesús mismo (como si el autor no lo fuere), son “los judíos” los causantes de todos los males que caerán sobre Jesús y culminarán en su injusta muerte.

Es cierto… Pero era una época en la que facciones judeocristianas y judías normativas luchaban entre sí por conservar vivos sus grupos respectivos. “No pueden leerse (tales manifestaciones antijudías) anacrónicamente como pronunciamientos de una mayoría cristiana cruel y abusiva” (p. 29). Fue un conflicto religioso ambivalente Simplemente

recordemos que Pablo de Tarso se confiesa perseguidor acérrimo de judeocristianos tanto en Gálatas 1,13 como en Filipenses 3,6 (recogido en 1 Timoteo 1,13) Tenemos información de ataques y denigraciones verbales de judeocristianos que en aquellos momentos eran expulsados violentamente de la sinagogas, acusados de diteísmo y otras “herejías”– contra judíos, como al revés…, con la diferencia de que los judeocristianos eran muy pocos (unos 8.000 en torno al año 100, según cálculos muy fehacientes) y los judíos podían ser

en torno a los siete millones, de los cuales cerca de un millón vivió en suelo israelita hasta

la catástrofe del 135 d. C.: la derrota segunda contra la Roma de Adriano. Por tanto, eran

más frecuentes los ataques de judíos a cristianos que al revés.

Otra cosa cierta, y que no se tiene en cuenta, es que salvo algún pogromo, precisamente en Baleares en el siglo IV, del que no estamos bien informadosdesde el año 500 hasta el 1096 transcurrieron más de cinco siglos de paz entre judíos y cristianos…, pues no se tienen informaciones de ataques serios contra los judíos por parte de cristianos. Y por otro lado, en esa época es cuando se componen los Talmudes de Babilonia y de Jerusalén. Examínense las obras de Peter Schäfer (“Judeophobia: Attitudes towards the Jews in the Ancient World”, y “Jesus in the Talmud”, de 1997 y 2007 respectivamente, recogidas en Stark, 32). Y sin ir más lejos visítese mis postales en el Blog con el título “Jesús en el Talmud”: diez entregas, que van desde finales de noviembre hasta mediados de diciembre del 2007, donde comento la obra de Robert Travers Herford, “Christianity in Talmud and Midrash” (“Cristianismo en el Talmud y Midrash”), Londres 1903, cuya primera parte examina hasta la mínima alusión al personaje que nos interesa Jesús, y también del cristianismorecogida en ese corpus de textos que compendian el rabinismo de los primeros siglos.

La idea normal entre las gentes hasta hoy es que a partir de la conquista de los árabes del norte de África y de una buena parte de la Península Ibérica, la convivencia entre judíos y musulmanes en las tierras conquistadas a los cristianos fue ejemplar y maravillosa. R. Stark se encarga de demuestra que no fue así. Y pone como ejemplo máximo y clamoroso

el estado de opresión que vivió la familia de Maimónides en Córdoba, y cómo tuvo que

fingir ser musulmana para salvar la vida… y cómo finalmente hubo de huir a Egipto. Es falso rotundamente el que los judíos vivieran bajo crueldades en la Hispania cristiana, y

entre delicias y en una suerte de paraíso entre los musulmanes de la Península (pp. 40- 41). El tolerante Islam es una pura ficción.

Sí es totalmente cierto que hacia 1096 cambió totalmente el panorama. La iglesia cristiana

de entonces se mostró mucho más antijudía, muy activa a veces en la crítica y persecución de los judíos…, pero a menudo no por ser judíos estrictamente, sino por considerarlos como una suerte de “herejes” que pertenecían al mismo seno del judeocristianismo. Y téngase en cuenta que en esa época las persecuciones más crueles de la Iglesia oficial no fueron antijudías, sino contra cátaros o albigenses, fraticelli, valdenses y otros (p. 42), todos herejes cristianos.

A partir de 1096 sí encontramos furiosos ataques antijudíos sobre todo en tierras de

Alemania y en Chequia; y durante la segunda cruzada (1146-1149) de nuevo en Alemania y en Francia… nunca en Italia ni en España. Debe decirse que el fanático monje Rudulfo,

que promovía tumultos antijudíos, fue frenado en seco por la intervención de san Bernardo y por Pedro, el abad de Cluny (Stark 37). La iglesia, pues intervino en contra.

Durante la terrible Peste Negra de 13471350 se acusó a lo musulmanes de España de haber envenenado secretamente fuentes y pozos, causantes, pues, de la terrible epidemia, y fuera de España se acusó de lo mismo a los judíos, con el resultado de matanzas en Alemania, una vez más. Fue en estos momentos cuando en Europa se comenzó a obligar a los judíos a vivir en zonas aisladas (guetos, del italiano borghetto, distrito pequeño). En este caso, la Iglesia adoptó una postura que para muchos historiadores es ambivalente, pero en líneas generales esa misma Iglesia “actuó de muro defensivo en favor de los judíos de Europa” (p. 39) .

Escribió T. Katz, prestigioso historiador judío, director del Centro Elie Wiesel de Boston:

“Aunque durante quince siglos de historia, el cristianismo pudo haber destruido el segmento del pueblo judío sobre el que tenía dominio, optó por no hacerlo …, porque la eliminación física de la judería no fue nunca en ninguna época la política oficial de ninguna Iglesia ni de ningún estado cristiano” (p. 43). La causa fue, según Stark, la creencia cristiana basada en Pablo (ciertamente así y de modo contundente en Romanos 11,25- 32)fue siempre la creencia en que Dios había dispuesto (Romanos 15,29) que al menos al final de los tiempos los judíos se convertirían al Mesías y se salvarían.

Este capítulo del libro de Stark termina con un detenido análisis del comportamiento de Pío XII respecto a Adolf Hitler y el Holocausto, y cómo muchas manos interesadas, fundamentalmente anticatólicas, como la obra teatral “El Vicario” de Rolf Hochhutz, de la extrema izquierda alemana, presentan una imagen muy negativa de un Pío XII, como mínimo no interesado por lo que ocurría con el Holocausto. Pero Pío XII, que nunca se encontró con Hitler como se afirmado, abandonó Alemania en 1929… cuatro años antes de que Hitler llegara al poder.

Stark analiza otras obras que critican el antijudaísmo católico, como las de de John Cornwell 1999, James Carroll. Gary Wills, Daniel J. Goldhagen, Michael Phayer y David Ketzer (de apellidos claramente judíos) que son “airados refritos de los mismos materiales elaborados de manera escasamente científica” (p. 49). A este respecto me parecen muy interesantes la noticias sacadas del New York Times desde 1939 a 1942 (p. 50) que sitúan en su verdadero sitio la postura pro judía del papa Pío XII.

En fin, un capítulo interesante que saca a la luz muchas falsas ideas sobre el antisemitismo de la Iglesia cristiana y que conviene tener muy en cuenta. Merece la pena citar la breve conclusión de Stark a este capítulo: (p. 51):

“Es sin duda verdad que, durante siglos, la Iglesia católica (sic; debería escribir “la Iglesia cristiana” matizando los siglos) toleró un feo abanico de creencias antisemitas y participó en diversas formas de discriminación contra los judíos, como harán más tarde los protestantes cuando entraron en escena. Este hecho desagradable otorga visos de credibilidad a las acusaciones según la cuales también la Iglesia habría estado profundamente implicada en los pogromos que se iniciaron en la Edad Media y culminaron en el Holocausto. Sin embargo, muchas cosas que son creíbles no son verdad, y en este caso no lo es. La Iglesia católica posee un

amplio y honroso historial de vigorosa oposición a los ataques contra los judíos. Y el papa Pío XII supo estar a la altura de esa tradición”.

Capítulo dos

El capítulo 2º tiene como título “Evangelio eliminados”. No se refiere el autor a la pugna intraeclesiástica que condujo a la formación del canon de libros sagrados cristianos, que se produjo en su núcleo entre el 150-170. Y lo sabemos porque en la obra de Ireneo de Lyón, “Contra las Herejías, compuesta hacia el 170-180, el núcleo de ese canon está perfectamente formado, sino a la pugna de la Gran Iglesia ya constituida, que durante el siglo III eliminó positivamente otros evangelios que según la hipótesiseran mucho más auténticos y verdaderos que los cuatro evangelios seleccionados por la Iglesia, a saber, Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

No entra Stark a discutir que una vez fijado el canonla Gran Iglesia sí eliminó aquellos evangelios de sectas cristianas que no pertenecían al grupo general (por ejemplo, El Evangelio de los ebionitas, de los nazarenos, de los hebreos, el de los Doce Apóstoles, etc.), cuyos restos escasos tienen Ustedes en mi edición de “Todos los Evangelios”, Edaf, Madrid, 2010), ni tampoco entra Stark en la manipulación que sufrieron otros Evangelios apócrifos, como el del Pseudo Tomás, filósofo israelita, y otros, que fueron más o menos reducidos a la ortodoxia a lo largo del siglo IV sobre todo. Stark se refiere en concreto a los evangelios gnósticos, descubiertos en 1945 en Nag Hammadi (cerca de Luxor) en Egipto, y cuyos títulos son: Evangelio de Tomás gnóstico, Evangelio de la Verdad, Libro secreto de Juan, a los que se han añadido otros no descubiertos en ese enclave, sino en los alrededores y en otros momentos, como el Evangelio de María (Papiro Berolinense 8504, o el Evangelio de Judas, publicado en 2006.

La edición española de todos estos textos las tiene el lector en los tres volúmenes, publicados por Trotta, Madrid, desde el 2009, más o menos, y que van por la quinta edición. Han sido editados por Fr. García Bazán, José Montserrat y por mí mismo. A este propósito diría que el traductor español de la obra de Stark podría haber hecho una buena acción científica no traduciendo del inglés los textos citados por Stark, sino yendo a la edición española (vertida directamente del copto) y copiando las traducciones.

Lo que señala Stark como muy negativo y falaz es la tesis propagada por Marvin Meyer, Burton M. Mack, Elaine Pagels y Karen King, Robert Funk, y otros, que consta de los siguientes asertos:

A. Esos evangelios son “exactamente tan valiosos, o incluso más valiosos que los textos evangélico que encontramos en el Nuevo Testamento”;

B. “El cristianismo promocionado o evidenciado por esos evangelios representaban en muchos lugares la forma predomínate del cristianismo”;

C. Consecuentemente que “el cristianismo convencional es un fraude”;

D. Gracias a estos evangelios se nos ha descubierto la verdad: “no es ya creíble pensar en Jesús como en un ser divino (…) y que hacerlo es infra racional e infra ético; que Jesús no resucitó de entere los muertos más que de un modo metafórico”. De esto sí se deduce con toda claridad que Jesús no fue un apocalíptico, ni un sedicioso, ni nada de eso, sino un sublime maestro de sabiduría.

E. Hay que celebrar el descubrimiento de la existencia en los primeros siglos de un cristianismo alternativo como el puesto de manifiesto por estos evangelios gnósticos.

F. Estoé evangelios positivamente suprimidos resultan más gratificantes que los que hoy forman el Nuevo Testamento. En especial es de destacar la relevancia e importancia del Evangelio de Tomás gnóstico. Este escrito “es una fuente más auténtica de los dichos de Jesús que el de los cuatro evangelios oficiales del Nuevo Testamento”.

G. Hay que lanzarse a la “búsqueda del auténtico Jesús hoy olvidado” (por culpa de las decisiones sobre todo de los Padres de la primera Gran Iglesia, quienes los atacaron, los eliminaron y los sepultaron en el olvido porque no les interesaban sus doctrinas.

H. Sobre todo el Evangelio de María “presenta el argumento más directo y convincente de toda la literatura cristiana primitiva en favor del liderazgo de las mujeres en la Iglesia.

I. Y por último, respecto al Evangelio de Judas, hay que tener en cuenta que “Judas no habría sido quien traicionó a Cristo, como hemos leído en el Nuevo Testamento, sino el más fiel de los apóstoles, el hombre a quien Jesús había confiado los misterios del Reino, desconocidos para el resto de los discípulos, y que Judas solo cumplió el encargo de Jesús, a saber entregarlo a las autoridades para que así pudiera cumplir con el sacrificio de la cruz y salvar a la humanidad.

Estas son fielmente reproducidas las tesis expuestas por estos comentaristas.

A ello responde Stark, y yo mismo, que soy el editor general español de estos evangelios

gnósticos, que todos estos argumentos parten de unos supuestos que en opinión de los expertos de hoy, en absoluto católicos la mayoría de ellosson erróneos; suponen una intelección apresurada del contenido de esos evangelios; suponen erróneamente que los Padres de la Iglesia, que conocían estos evangelios, como Ireneo de Lyón e Hipólito de Roma, los citaron mal a propósito para denigrarlos y quitarlos de la circulación porque al representar una imagen verdadera de Jesús… no interesaban…

Respecto a esto último y a todo en general: no se crean ni una sola de estas tesis, porque no se sostienen científicamente.

Podemos sostener al contrario, lo siguiente:

Pasada la euforia, y contrastados los pasajes citados por los Padres y los que hemos recuperado de Nag Hammadi, resulta que las citas hechas por los Padres no estaban tergiversadas… ¡eran exactas! Si criticaron esos evangelios fue por otros motivos

Y otras razones:

La imagen e intelección del Evangelio de Judas que presentan Pagels, King y otros, es errónea. Hoy todos los intérpretes sostienen que Judas no sale bien parado en ese Evangelio. Ni siquiera se salva por haber recibido revelaciones especiales, sino que al entregar a Jesús comete el peor de los actos posibles: continuar con el horrible sistema sacrificial de los judíos… un sacrificio con sangre, no espiritual.

Los Evangelios gnósticos son tan fantasiosos como los evangelios apócrifos corrientes. Y para leyendas…, ya tenemos bastantes.

El gnosticismo jamás fue la forma predomínate del cristianismo. La gnosis estaba reservada a una élite. Los gnósticos despreciaban a la mayoría de los cristianos vulgares, a la Gran Iglesia en general, porque sus miembros, los cristianos corrientes, no habían recibido revelaciones especiales como ellos… no eran dignos. Los gnósticos formaban sectas más o menos secretas… no eran el cristianismo general ni mucho menos, y estaban como grupúsculos dentro de grupos cristianos especialmente paulinos y johánicos.

Que el cristianismo convencional es un fraude es una cosa de fe. Depende de cómo opinemos de la tradición evangélica… pero desde luego la tradición gnóstica del Evangelio de Tomas o de Felipe no es más aceptable históricamente. Es mucho más legendaria aún, como he sostenido.

Presentar a Jesús como un simple maestro de sabiduría es conceder árbitramente razón a una serie de pasajes de los evangelios canónicos y a otros no…, por razones no de crítica histórica, sino porque el Jesús gnóstico es a priori un personaje atractivo, místico etéreo, celestial, más allá de lo real, trascendente, que naturalmente no tiene nada que ver con este mundo. Presentar como sabiduría lo esotérico, lo intimo, lo ideal, nada tiene que ver con lo histórico, sino con los deseos de los propios investigadores que desean un cristianismo menos jerárquico e individual, más libre y más íntimo. Pero así no era el Jesús de la historia. Posemos asegurarlo con certeza

El Evangelio de Tomás no es la fuente auténtica de los dichos de Jesús. Hay una inmensa discusión entre los estudiosos sobre si se trata de un evangelio independiente de los Sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) o bien si se inspira en ellos y los “espiritualiza”. Más bien parece esto último. No hay ni una sola razón absolutamente constriñente de que el Evangelio de Tomás sea totalmente independiente de los evangelios anteriores, salvo en algunos dichos de Jesús. Por ejemplo, el dicho 82: “Dijo Jesús: «Quien está cerca de mí está cerca del fuego. Y quien está lejos de mí está lejos del Reino»”. Y este dicho lo entendemos bien gracias a otros dichos evangélicos, conocidos por todos, que hablan de que Jesús no “vino a traer paz a la tierra, sino fuego y qué otra cosa quiero sino que arda” (Lc 12,49), que representan no a un Jesús celestial, sino a uno implicado totalmente en la política del Israel del momento, un Jesús antirromano y predicador de un reino de Dios terrenal, en Israel en el que no tienen cabida los romanos y que será instaurado por Dios por medio de sus ángeles, expulsando a los romanos de Israel.

El liderazgo de las mujeres en la Iglesia, sobre todo en los círculos paulinos del principio era evidente. Pero he explicado ya varias veces, sobre todo en mi libro “Jesús y las mujeres”(Trotta, 2ª edición de 2014), que el paso de un liderazgo femenino a otro masculino en la Gran Iglesia no fue cosa de un complot masculina para despojar a las mujeres, sino un paso sociológico de la iglesia doméstica, pequeña, ámbito del poder de las mujeres, a grupos mayores, compuestos de más gente, que ya no se reunían en casas particulares, sino en locales sociales… en

público, y por tanto, en el mundo friego o romano ese ámbito público era el reino de los varones. No hubo compló alguno, sino mera transformación sociológica.

Y respecto al valor /valía y estimación de las mueres en el sistema gnóstico no hay que pensar en otros textos además de lo que dice alguno de ellos en el mismo Evangelio de Tomás gnóstico. Por ejemplo, léase el dicho 114: “Simón Pedro les dijo: «Que María salga de entre nosotros, pues las mujeres no son dignas de la vida»”. Jesús dijo: «He aquí que yo la empujaré a que se haga varón, para que llegue a ser también un espíritu viviente semejante a nosotros, los varones; pues toda mujer que se haga varón entrará en el Reino de los cielos»”.

O léase el Evangelio de los egipcios (no el de Nag Hammadi), sino el “normal”, el cual no

habla nada bien de las mujeres ni del sexo, ni del matrimonio, ni de nada parecido. He aquí los fragmentos, que no suelen citar Elaine Pgels ni Karen King. He aquí los fragmentos que recojo en “Todos los Evangelios”:

“A Salomé que preguntaba: “¿Hasta cuándo dominará la muerte?”. El Señor respondió:

“Mientras vosotras las mujeres engendréis”. Y ello, no porque la vida sea mala o la creación perversa, sino demostrando lo que sucede naturalmente. Pues la corrupción sigue siempre a la generación (citado por Clemente de Alejandría, Strom III 6; PG 8 1149A- B).

2. El Salvador en persona dijo: “He venido a disolver las obras de la mujer. De la mujer, o sea, de la concupiscencia; sus obras, la generación y la corrupción” (Id., Ibíd., III 9; PG 8,

1165B).

3. De ahí que, al tratar el discurso sobre la consumación, dice Salomé con toda razón:

“¿Hasta cuándo los hombres seguirán muriendo?”. El Señor responde con toda razón:

“Mientras que las mujeres engendren”… (Id., Ibíd., III 9; PG 8, 1165C-1168A).

4. Dice Salomé: “Hice bien al no engendrar”… el Señor replica diciendo: “Come toda clase de hierba, pero la que es amarga no la comas” (Id., Ibíd., III 9; PG 8, 1168C-P).

5. Cuando quiso informarse Salomé acerca del tiempo en que sucederán las cosas que

había preguntado, dijo el Señor: “Cuando pisoteéis el vestido del pudor, y cuando las dos cosas se hagan una sola, y cuando el varón con la hembra no sean ni varón ni hembra” (Id., Ibíd., III 13; PG 8, 1192D-1193A)”.

· Que todo el “asunto” de María Magdalena y Jesús es un puro cuento chino (a mí me daría igual si fuese al revés); que el cacareado fragmento de “Jesús y su esposa”, publicitado a bombo y platillo por Karen King resultó falso (lo comuniqué en mi Blog al instante, nada más publicarse)…

Y,

por último, y quiñas lo más importante, destacado convenientemente por R. Stark: que

el

sistema filosófico y cosmológico en el que sitúan a Jesús de Nazaret los escritos

gnósticos, nada tiene que ver con el cristianismo, ya que es el mundo / cosmología del diálogo Timeo, de Platón, donde el Demiurgo, el dios secundario que crea el mundo, es un dios falso y tonto, que no sabe ni siquiera que encima de él está el verdadero Dios, el súper Trascendente… y ese –Demiurgo tonto creó el mundo sin saber en realidad lo que hacía. A este respecto, no hay más que consulta mi resumen de las ideas principales de la

gnosis, en el libro “Cristianismos derrotados” (Madrid Edaf, 2009), para enterarse de qué cosmología se trata y de cómo el Jesús que encaja dentro de ella tiene poco que ver con el Jesús histórico y con el cristianismo.

Pero si se empeñan ciertos estudiosos en que ese es el verdadero y atractivo Jesús histórico… allá ellas (Pagels y King) y ellos (M. Mayer) y otros…

En fin y en conclusión: que toda esa historia de los evangelios gnósticos, verdaderos, fiables, atractivos, históricos, el auténtico cristianismo… y bla, bla bla…, me parece que no resiste la crítica histórica que se practica por otros pagos, a la que le da igual una cosa que otra, pero que defiende las hipótesis más plausibles.

Y con esos mimbres tan discutibles se ha compuesto una historia anticristiana y por ende anticatólica que no resiste la menor ojeada crítica.