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BU TSM MN el rslacen Oe) (0) Rafael V. Orden Jiménez y Rogelio Rovira (eds.) Nuevas perspectivas sobre la filosofia de Kant Miquel Seguré Universitat Ramon Llull Junto ala del mundo y la de Dios, la idea regulativa del «alma» juega en la Critica de la razén pura un papel determinante. Este primer objeto trascendental, que para el caso regula sistematicamente la experiencia del «yo mismo, considerado como simple naturaleza pensante>', supone una solucién no exenta de problemas al problema metafisico de la identidad de eso que llamamos «yom. Si bien es clara a la hora de despachar los anhelos cognoscitivos de la psicologia racional tradicional, esta idea regulativa no rehuiye la posibilidad de sostener una suerte de realidad, ni que sea formal, como solucién de emergencia a los dilemas que el empirismo mis sutil (pongamos el humiano) ponia sobre la mesa. En esta comunicacién queremos reflexionar sobre este aspecto y ver hasta qué punto esta afirmacién implica una descomposicion del «yo», entendido como sujeto. Seria tentador ver en la critica kantiana un antecedente de la de- construccién contemporanea de su papel rector en el proceso de conocer y de actuar. Pero nada mis lejos de la realidad. La intencién del de Kénigsberg fue mas bien la contraria. Veamos por qué. I viene dada de forma espontanea y parece no responder a ningun acto inten- cional de ninguna voluntad. :Dénde buscar la instancia unificadora que ase- gure su estabilidad y reconocibilidad*? Podria ser en la combinacién de la KrV, A682/B 710 / RIBAS (2000): $54. *KrV, B130. ° Para Virgilio MELCHIORRE el tema de la unidad de lo multiple viene a constituir el motivo radical de la reflexion kantiana. En el fondo, se trata de buscar a ultima condicién de todo juicio, del fandamento iiltimo de la vida del intelecto, que Kant cree hallar en el «Yo pienso». Ck MELCHIORRE (1990): 319-321. 99 MiQuet SEGURO diversidad en la categoria y el papel de la imaginacion trascendental, pero eso no resuelve el problema, porque en ello tampoco podemos encontrar la unidad definitiva. Las categorias son doce, asi que debe postularse una unidad anterior gue seala condicién y el fandamento de las posteriores. De este modo llega Kant una de las afirmaciones més importantes y célebres de la primera Critica: El Yo pienso tiene que poder acompanar todas mis representaciones»'. Esta afirmacién no solo postula la apercepcion (trascendental), esto es, la conciencia de si mismo, sino que ademas nos desvela su esencia més radical. Si partimos de la sensibilidad solamente podemos llegar al objeto ~es decir, la unidad sintética, producto o manu-factum de la razon~ si presuponemos un ulterior principio que corone los principios del conocimiento humano. Se trata pues de un principio de unidad analitico’, por eso llegamos a su necesidad desde la objetividad de los juicios légicos -es decir, desde su no referencia a la sensibilidad- y su unidad condicionante omniabarcante®. Asimismo, este principio permite ala conciencia identificarse” consigo misma en todas las re- presentaciones, y es que los objetos se piensan de una forma determinada, pre- cisamente la que marcan las mencionadas categorias, que a su vez remiten a tuna unidad previa: la de la conciencia en general que las emplea*, y la de la articular que las siente como propias. El «Yo pienso» significa por lo tanto que reconozco Une funcion sintética en cualquier representaciOn que haga. Es decir, que me reconozco como una espontaneidad que sintetiza la diversidad perceptiva. Por eso el objeto como tal revela también lo que hace posible esta accién: la unidad sintética de la + KrV, B 132/ RIBAS (2000): 153, ‘Kr, B 136. ®VILLACANAS (1987): 151. ” PHILONENKO (1996): 246-247. « £¢ interesante ver como Cassirer subraya la necesidad de una unidad «objetiva» de Ia con: ciencia que garantice la viabilidad de las mismas reglas que objetivan las intuiciones, es decir, lanecesidad de la unidad del entendimiento. CASSIRER (1993): 669-673. ° KrV, B 139. "© Cf. ALQUIE (1968): 61 100 LA IMPOSIBLE ERRADICACION DEL » pen- sante'*, Por eso debe decirse que es cuando realizamos una experiencia de co- nocimiento cuando funcionamos como un «yo», lo que implica que debe ser de algtin modo real. Por eso Kant acota: la proposicién «Yo pienso», en la medida en que afirma que existo pensando, no es una simple funcién légica, sino que determina al sujeto (...) en relacién con su existencia. (...) Yano hay en ella simple espontaneidad del pensar, sino también receptividad de la intuicién"® I La Dialéctica Trascendental ocupa gran parte dela Critica de la razén pura. En ella it hac or la vé el mét ritico todas las afirmaciones de la me- tafisica. Hasta ahora ha venido trabajando sobre la sensibilidad y el entendi- miento. En adelante lo hard con las ideas. A pesar de que esto comportard confrontarse inevitablemente con las grandes tesis de la metafisica dogmatica y racionalista imperante en el momento, la Dialéctica puede entenderse como una critica constructiva de la metafisica, que ofrece una cimentacién de una nueva manera de afrontarla, mAs acorde con la finitud humana (Heidegger). El libro segundo de la Dialéctica contiene la critica a una de las grandes ideas de la metafisica: Ja cuestién del alma y los posibles atributos metafisicos aplicables a ella (sustancia, simplicidad, personalidad, idealidad de la realidad externa). Estamos en el terreno del paralogismo, que Kant define como la in- correccién del silogismo desde el punto de vista de la forma’, el cual, al tra- bajar sin premisas empiricas, hace transitar su deduccién de algo conocido a algo de lo que no tenemos ningiin concepto y alo que '’. Es un problema que atafie ala tazén misma y no al grado de sabiduria o pericia filoséfica del que cuestiona. Siguiendo esta definicién de paralogismo, y con todo lo que ya se ha dicho en torno a la cuestién, no es dificil intuir que el traslado del concepto del «yo» ‘RIVERA ROSALES (1993): 131 y ss; VILLACANAS (1987):156-158. *KrV, B 278 y sobre todo a B 422, notak: «'Tengo conciencia intelectual de mi existencia pero no una intuicién intelectual». RIVERA ROSALES (1993): 133. * KrV, B430/RIBAS (2000): 380. Para Kant la existencia viene dada por el acto que me deter- mina, es decir, por el pensamiento sintetizador (KrV, B 158, nota k) “KrV, A341 *KrV, B 397/RIBAS (2000): 321 101 Miquet SEGURO logico a planos no meramente légicos conducira a la razén a incurrir necesa- riamente en grandes desajustes'®. [El primer paralogismo|trata de descubrir qué se esconde bajo la afirmacion «, que es simple y como tal vacia de con: tenido. Se anticipa asi que el fundamento de dicha psicologia es mas que pro- blematico, pues de la apercepcién sabemos que es pensamiento a través del flujo de pensamientos que precisamente genera. Es, como henos visto, la huella tras- cendental que se deja ver en el proceso del entendimiento. La sustancialidad del sujeto es una inferencia erroneamente extraida, Cual- quier conocimiento de algo pasa por el filtro del «sujeto» trascendental, que es el que sintetiza las intuiciones en pensamientos. Y ya sabemos que del «su- jeto» trascendental solo conocemos su funcién. La afirmacién sustancial del clamente puede quedar como una afirmacién de idea y no de hecho” Dado que solamente lo que concuerda con las condiciones formales de la ex- periencia es empiricamente posible, ¢6mo podria experimentar en mila sus- tancialidad? ;Y ademas, en caso de hacerlo no estariamos ante la dicotomia del sentido interno y el «sujeto> logico? Y es que, insiste, hay que tener en cuenta que la no lo extraigo de Ia experiencia sensorial espacial, a dificultad de 1 Estamos condenados a la tautologia si pretendemos desarrollar una teoria racional en torno ala proposicién «Yo pienso». CASSIRER (1993): 679-683, 1 KV, A351. Esta sera la primera de les grandes ilusiones de la raz6n pura. Cf, PHILONENKO (1996): 239. * KrV, B 410. ’KV,A 102 LA IMPOSIBLE ERRADICACION DEL «YO» conectar un posible atributo material a una representacién modal «interna» se redobla. Para Kant, tanto la sustancialidad como la simplicidad del «yo> no remi- ten a una intuicién «interna» dada de tal concepto. Estamos confundiendo atributos logicos con atributos en sf: solamente podemos afirmar que yo soy el «sujeto» determinante de la relacién que constituye un juicio”. Lo mismo sucede con la tercera aspiracién de la psicologfa racional, la que pretende inferir la identidad de la conciencia del sujeto pensante por la con- ciencia que tenemos de nosotros mismos en diferentes momentos. De nuevo la identidad légica del «yo» solventa perfectamente la necesidad de afirmar la identidad personal, al considerarla como la cohesién de los procesos del juicio, sin ninguna referencia a la identidad numérica del propio sujeto”!. El conocimiento de la pervivencia de la identidad «interna» es una ilusion tras- cendental sobre la que la psicologia racional no puede establecer la identidad tiltima de la personalidad del alma. gEs entonces la realidad, tanto externa como interna, una pura ilusion? En Qlultine paralogisme trata Kant la posibilidad del idealismo radical. Sobre ello hay que notar que Kant se identifica ciertamente como partidariode un tipo de idealismo™ que considera alos fenémenos, internos y externos, repre: Los objetos empiricos no son la realidad en si, sino que esta, en su trascendentalidad, es el fundamento del «objeto empirico», 0 lo que es lo mismo, del fendmeno. Silos objetos fueran cosas en si seria imposible referir- nos a ellos. Sin embargo, ello no implica que la realidad no exista: el impide aplicar una categoria que presupone una intuicién que no se da y tomar la unidad de apercepci6n como sustancia en la autoconsciencia®. El limite critico no se puede superar, porlo que solamente cabe una suerte de reduccién trascendental en la que de- bemos suspender el juicio y callar. Lo que solamente podemos reconocer, y denunciar, son las exageraciones que intentan afirmar 0 negar condicién al- guna acerca del ”. Y es que esa es la sabiduria epistemolégica kantiana: no confundir poder pensarme como autoconciencia separada y auténoma con re-conocerme como sustancialmente tal. Al pensar me represento, es decir, me categorizo, me objetivo™, por lo que quedo remitido como objeto mental a una intuicion pensada que no cuenta con datos ab extra que me confirmen la existencia se- icos otorgados al «yo», sino 3 GV, A402. «La representacion del sujeto o del “yo” como un ente, como una res, es a idea de alma», dice MARTINEZ MARZOA (1989): 130. 2 HOFFE (1986): 96. KeV, B 420. B422 B24. B29. 104 LA IMPOSIBLE ERRADICACION DEL «YO» parada de la conciencia pura” y, por lo tanto, si es inmortal. En el fondo yo estoy mas alld del «sujeto>. Al hilo, las ultimas reflexiones kantianas de esta parte tienen que ver con la unica posibilidad de poder determinar a prior’ y legislar la existencia sin re- mitir ala sensibil que se refiere a un mundo inteligible, una «maravillosa facultad> que se hace patente solamente por medio de una revelacién de la ley moral, abre la puerta 2 ningiin progreso de la psicologia racional’®, Son dos planos diferentes. Dos usos de la razén que no se funden. dad: la raz6n practica. Pero ni aun asi esta facultad interior Il Ala vista de lo dicho huelga decir que las tesis de la psicologia racional son poco més que artificios ilusorios de la razén. No cabe duda de que Kant asest6 un golpe definitivo a la posibilidad de emitir juicios cognoscitivos positives acerca de algunas de las afirmaciones: sustancialistas sobre el . No pode- mos hacer de la conciencia una hipéstasis™, ni confundir una funcién del pen- sar con la adquisicién de una realidad en si, Entonces, ;significa esto que Kant niega el estatus ontolégico de «alguien>, en particular, que esté detrds de toda funcién del pensar, de toda autoconciencia general, de toda determinacion cognoscitiva? La respuesta, a nuestro juicio, debe ser negativa™'. En los paralogismos se aleja tanto del empirismo que afirma el es mds que una correccién, o mejor, una especie de psicologia racional negativ2 que lo aleja de los excesos de la razén en su uso epistemolégico y que lo dis pone para su reconocimiento en el advenimiento de la libertad. Porque, mejor proteccién para la dignidad del «yo>» que blindarlo de la razén objetu2 y con ello de la nocién ‘de «sujeto»? Lalibertad y la responsabilidad que se le exige al hombre ante la experie’ ética, la revelacién de la ley moral en su seno, no es comprensible sin un age particular, diferenciado, que pueda ejercerla y que pueda responder -segin = dica la misma etimologia de responsum- de su accidn (inter)subjetiva. Otra cost ¥ VILLACANAS (1987): 165. ® KpV, AA 0S: 3, ® KpV, AA 0S: 4. * KpV, AA OS: 6/ RODRIGUEZ ARAMAYO (2000): S6. 106 LA IMPOSIBLE ERRADICACION DEL «YO» es que los resultados de esta remision de la raz6n en su uso practico sean satis- factorios y solventen las comprometedoras aporias alas que apuntan los paralo- gismos de la primera Critica. Porque puede que, en efecto, el primado de la raz6n practica no sea otra cosa que un recurso ad hoc y «tapagujeros» impropio de un tenaz espiritu critico. Pero en todo caso eso ya son otros derroteros. BIBLIOGRAFIA ALQuIE, F. (1968): La critique kantienne de la métaphysique, Paris. Cassinr, E. (1993): El problema del conocimiento (vol. 2), México. 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