PROPUESTA DE AGENDA DE LOS PUEBLOS AFECTADOS POR METALES TÓXICOS PARA LA

DEFENSA Y RECUPERACIÓN DE LA SALUD AMBIENTAL

Los afectados en salud por metales tóxicos y contaminantes a consecuencia de las actividades
mineras y de hidrocarburos que se realizan en las regiones de Cajamarca, Loreto, Amazonas,
Pasco, Junín, Cusco, Puno, Lima Provincias y El Callao, reunidos en Lima, los días 28 y 29 de
noviembre de 2017, luego de intercambiar experiencias sobre la problemática de salud
ambiental y humana que sufrimos.

HEMOS CONSTATADO:

1. Que históricamente y hasta la fecha, las actividades mineras y de hidrocarburos, si bien
han generado ingresos al país, han sido y siguen siendo las principales fuentes de
contaminación ambiental y humana en nuestros territorios, debido al incumplimiento
de obligaciones ambientales y sociales. .
2. Que históricamente nuestros gobiernos nacionales han cedido a la presión de las
empresas para establecer normativa y políticas públicas favorables a sus intereses, con
Estándares de Calidad Ambiental laxos permisivos o ausentes, con una institucionalidad
ambiental débil para fiscalizar y otorgar autorizaciones que protejan la salud de las
personas, así como sus derechos e intereses.
3. Que nuestra institucionalidad en materia de salud pública no ha considerado hasta la
fecha a la persona afectada y al paciente como centro de la atención, ni ha buscado
tener una perspectiva de salud integral, que vincule la salud ambiental y humana,
entendiendo que todo aquello que afecte al ambiente tiene impacto directo en la salud
de las personas. Hay una ausencia de estándares sobre niveles de riesgo en relación a
metales tóxicos que tenga en cuenta la realidad nacional, tanto para la salud de las
personas, como para los animales y alimentos.
4. Que a lo largo de los años hemos visto como en el país poblaciones urbanas y rurales,
comunidades campesinas, y pueblos indígenas y originarios han sufrido y siguen
sufriendo (especialmente mujeres, madres gestantes, niños y ancianos) el impacto de
metales tóxicos como consecuencia de actividades extractivas en sus territorios, cuyos
daños a la salud humana y ambiental son evidentes incluyendo abortos espontáneos,
diversas enfermedades crónicas, degenerativas, cáncer, malformaciones etc. Cabe
precisar que además existe un daño a la salud mental y emocional ya que los afectados
tienen que vivir diariamente con la certeza que tienen niveles considerables de metales
tóxicos en sus cuerpos, sin que se haga nada reducirlos o atender sus efectos.
5. Que nuestras fuentes de agua se encuentran seriamente afectadas por los efluentes de
las actividades mineras y de hidrocarburos., los mismos que no cuentan con el
tratamiento adecuado.

Que nuestros pueblos, sus dirigentes y autoridades han sufrido y sufren la violencia y
criminalización de la protesta social, por el sólo hecho de ejercer la defensa de su derecho a la
salud y la vida Creemos que esta situación constituye una grave y sistemática violación del
derecho a la salud, y de varios otros derechos, algo inaceptable en una sociedad democrática.
Ello es particularmente problemático en un país que promueve las actividades extractivas como
eje de la economía nacional.

Ante ello, y considerando que hasta el momento ni el Estado, ni las empresas han asumido
acciones concretas para lograr un cambio en sus perspectivas de atención de la salud ambiental
y humana afectada por la actividad minera y de hidrocarburos, nosotros los y las afectados
planteamos nuestra agenda de demandas y propuestas

EXIGIMOS AL ESTADO:

1. Al momento de abordar la problemática de salud de las poblaciones afectadas, aplicar
una visión de salud integral, que considere los impactos ambientales y sociales, y que
integre la salud ambiental y humana.
2. Desarrollar una política de salud que se proponga lograr el bienestar general, que
busque prevenir enfermedades y no solo curarlas, así como la promoción de la salud.
Ello supone una respuesta articulada del Estado para mejorar los determinantes
ambientales que influyen en ella.
3. Establecer y dar cumplimiento a los planes de remediación de pasivos ambientales
efectivos, sostenibles y participativos, dando prioridad a los más graves, como
principales focos de contaminación ambiental. En zonas contaminadas como las
nuestras, el Estado debe identificar las fuentes de contaminación y controlarlas
(trasladar desechos a lugares seguros, etc.) No puede seguir postergando esta tarea
pues con ello hace que nos enfermemos.
4. Dotar de agua potable de calidad (libre de metales tóxicos y otros contaminantes) de
forma regular y permanente a la población afectada por la contaminación ambiental.
Dar un tratamiento adecuado a los efluentes de actividades extractivas y aguas servidas.
5. Priorizar la asignación de presupuesto desde el gobierno central para prevención,
atención, tratamiento, seguimiento e investigación en salud ambiental y humana.
Siendo el Perú un país que lidera la producción de minerales, es necesario que cuente
con un centro de investigación aplicada sobre afectación de la salud por metales tóxicos.
6. Asegurar el establecimiento de líneas de base de salud ambiental y humana, mediante
el uso de metodologías participativas, que permitan su actualización regular. Incluir el
desarrollo de mapas de riesgo sanitario y la creación del Registro Nacional de Personas
Afectadas en Salud por Actividades Extractivas, que permitan identificar a los/as
afectados/as (antiguos, presentes y futuros) a quienes debe darse una atención sanitaria
priorizada.
7. Asegurar la atención prioritaria adecuada y especializada para los afectados por metales
tóxicos, que sea realizada desde el nivel primario por personal debidamente capacitado,
siguiendo las guías de atención medica especializadas, durante las 24 horas del día,
priorizando que se realice en el mismo lugar de residencia, y si fuera el caso garantizar
el desplazamiento del paciente, todo ello sustentado en marcos normativos en los tres
niveles de gobierno (nacional, regional y local).
8. Asegurar la disponibilidad y accesibilidad de recursos: protocolos de atención
especializada para cada uno de los metales tóxicos existentes en el país y para aquellos
casos en que concurren varios de ellos a la vez, así como centros de atención
especializada de afectados por metales tóxicos a nivel macroregional, entre otros.
9. Incorporar medidas para la atención de la salud mental y psicológica de los afectados,
en especial las mujeres e infancia, dentro de las estrategias de salud ambiental a las
poblaciones afectadas.
10. Incorporar el enfoque de género en las políticas de salud, en especial en la atención
ginecológica y obstétrica (atención a mujeres por profesionales mujeres).
11. Indemnización a los afectados/as por metales tóxicos, restitución y reparación del daño
ambiental (agua, suelo y aire) y humano (infancia, madres gestantes, trabajadores/as
mineras/os y otros), además de uso de los fondos adquiridos por el pago de multas de
las empresas que generan la contaminación, para la mejora de la calidad de vida de las
comunidades.

Urge el establecimiento de políticas, estrategias y prácticas de salud ambiental y humana, y que
estas se articulen en los 3 niveles de gobierno, y en coordinación con las instancias del gobierno
central (MINSA, MINEM, MINAM, MINCUL, MINAG, etc.). En situaciones especiales, la
declaración de emergencia ambiental y sanitaria debe ejecutarse con la garantía de
cumplimiento y asignación de presupuesto.

NOS COMPROMETEMOS…

A la EDUCACIÓN Y SENSIBILIZACIÓN AMBIENTAL de nuestra población

1. Priorizar la educación y sensibilización ambiental y de salud, con especial atención a los
impactos de la minería e hidrocarburos, teniendo en cuenta el enfoque de género e
intergeneracional.
2. Promover la conmemoración del día de la no contaminación por metales tóxicos en el
Perú.

Al desarrollo de MONITOREO Y VIGILANCIA SOCIAL Y AMBIENTAL PARTICIPATIVOS

3. Para ello debemos organizarnos, las propias comunidades, a efectos de capacitarnos,
contar con las herramientas necesarias, de acuerdo a la realidad de cada región.
4. Ejercer la vigilancia con un enfoque científico y respetando los usos y costumbres
ancestrales de las comunidades, e incidir con nuestros resultados en las 3 instancias de
gobierno (nacional, regional y/o local).
5. Realizar alianzas con universidades, entidades del Estado, centros de investigación,
ONGs y otros, para contar con el apoyo técnico necesario para realizar el análisis de los
resultados de los monitoreos de agua y sedimentos en comunidades y poblaciones
organizadas.

EN LO ORGANIZATIVO:

6. Fortalecer las capacidades de nuestras organizaciones para ser eficientes en la
protección del ambiente y sus recursos naturales.
7. Impulsar y/o reforzar procesos de articulación de mujeres por la defensa de sus
derechos y por la salud y vida de sus familias.
8. Lograr niveles de articulación de organizaciones a nivel de cuencas para ejercer una
mejor acción de vigilancia.
9. Priorizar en las comunidades, en coordinación con los Gobiernos Regionales y Locales,
acciones destinadas a la protección del medio ambiente, que involucren la forestación
y otras actividades alternativas al desarrollo.
10. Conformar un Comité nacional de personas afectadas en salud por la minería e
hidrocarburos.

A generar INCIDENCIA NACIONAL E INTERNACIONAL

11. Incidir en nuestras autoridades nacionales e instancias internacionales, utilizando los
estudios y soporte técnico existentes, que brinden evidencia científica sobre los
impactos ambientales y a la salud de las comunidades, para sustentar nuestras
demandas y propuestas
12. Exigir que las empresas mineras brinden información completa, clara y transparente,
para conocer sus perspectivas y niveles de decisión, a fin de incidir en ellos, y asuman
su responsabilidad.
13. Buscamos hacer incidencia a nivel local, regional, nacional e internacional sobre el
respeto a nuestros derechos fundamentales como pueblos afectados por las actividades
extractivas.

Esperamos de parte de los gobiernos nacional, regional y local, y de las instancias competentes
respuestas concretas y el diálogo necesario para avanzar en el reconocimiento de nuestras
justas demandas.

Lima, 29 de noviembre de 2017

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