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* x Detect ese ne rr ee PRIMERA PARTE LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE Como su titulo indica, la primera parte de este libro se centra en torno a la geografia. Pero es una geografia muy sui generis, atenta especialmente a cuanto concierne a los factores humanos. Y fo sdlo eso: es también un intento de dar con una particular espe- cie de historia. ‘Aun en el caso de haber contado con datos mas numerosos y perfectamente fechados, nb nos habriamos podido contentar con ina investigacién sobre la gcografia humana, limitada estrictamente Al periodo que va del afio 1550 al ano 1600, ni siquiera en el caso de haberla emprendido con la falaz intencién de llegar a una expli- cacién determinista. Y dado que ni mucho menos disponemos de testimonios completés, y que ni siquiera han sido recogidos siste- maticamente por los historiadores, no nos queda otra posibilidad, si queremos iluminar ese corto instante de la vida mediterranea que va de 1550 a 1600, sino la de interpolar y analizar imagenes, paisajes y realidades de otras épocas, sean anteriores © posteriores; -y algunas son tan posteriores, que Jas hemos sacado del tiempo que estamos vivieado. El resultado de esta acumulacién sera un marco en el que, a través del tiempo y del espacio, se desarrolla una histo- ria a camara lenta que permite descubrir rasgos permanentes. En semejante contexto la geografia deja de ser un fin en si para con- vertirse en un medio; nos ayuda a recrear las mas lentas de las realidades estructurales, a verlo todo en una perspectiva segin el punto de fuga de la duracién mas larga '. También la geografia puede, como la historia, dar respucsta a muchos interrogantes. Y en nuestro caso, nos ayuda a descubrir el movimiento casi im- perceptible de la historia, a condicién, naturalmente, de que estemos abiertos a sus lecciones y aceptemos sus divisiones y categorias. | FERNANDBRAUDEL, «Histoire et sciencies sociales, lalongue durée», en Annales ic. 1958, pp. 725-53. 28 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE El Mediterraneo presenta por lo menos dos rostros. Esta com- puesto, en primer lugar, de una serie de peninsulas compactas y montafosas, interrumpidas por Ilanuras esenciales: Italia, la penin- sula de los Balcanes, el Asia Menor, el Africa del Norte y la penin- sula Ibérica, En segundo lugar, el mar insintia, entre estos conti- nentes en miniatura, sus vastos espacios, complicados y fragmenta dos, pues el Mediterraneo, mas que una entidad singular, es un complejo de mares, Peninsulas y mares seran las dos especies de am- bientes que consideraremos en primer lugar, para, gracias a ellos, establecer las condiciones generales de la vida de los hombres. Pero no bastara con ellos para llegar a saberlo todo. Por su parte sur el Mediterraneo esté muy poco separado del inmenso desierto que se extiende sin pausa del Sahara atlantico al desierto de Gobi, hasta las mismas puertas de Pekin. Del sur de Tunez al sur de Siria el desierto se asoma directamente al mar. Mas que un vecino, es un huésped, molesto algunas veces y exigente siempre. El desierto es, pues, uno de los rostros que ofrece el Mediterraneo. Por su parte norte el Mediterraneo se encuentra con Europa. Esta recibe de él multiples influencias y, reciprocamente, le afecta con otras igualmente numerosas y a veces decisivas. La Europa del Norte, ese mundo mis alla de los olivares, es una realidad con cuya presencia constante cuenta la historia del Mediterraneo. Y el auge de esa Europa, vinculada al Atlintico, sera el elemento que deci- dira el destino del mar Interior en los afos finales del siglo XVI. Los capitulos I, II y III describen la diversidad del mar y tras- cienden espacialmente sus orillas materiales. ;Se puede hablar, en estas condiciones, de una unidad fisica de este mar (capitulo IV, «La unidad fisica; el clima y la historia») o de una unidad humana nece- sariamente histérica (capitulo V, «La unidad humana: rutas y ciu- dades, ciudades y rutas»)? Estas son las etapas que cubre la amplia seccion introductoria, la cual se propone dibujar los diferentes ros- tros y el rostro del Mediterraneo, para asi poder comprender me- jor, dentro de los limites de lo posible, su destino multicolor. CAPITULO I LAS PENINSULAS MONTANAS, MESETAS, LLANURAS Las cinco peninsulas del mar Interior se asemejan. Si atende- mos a su relieve vemos que estin regularmente divididas entre su- perabundantes montafias, unas cuantas lanuras, escasas colinas y extensas mesetas. Sin afirmar que ésta sea la Ginica manera posible de disecar sus masas, las dividiremos recurriendo a estas sencillas categorias. Cada una de las piezas de tales rompecabezas pertenece ‘una determinada familia y puede clasificarse de acuerdo con una evidente tipologia. De modo que en lugar de considerar cada pe- ninsula como una entidad auténoma, trataremos de ver tinicamente Ja analogia de los materiales componentes. Dicho con otras pala- bras: extendamos las piezas del rompecabezas y comparemos lo comparable. Incluso en el plano hist6rico aportara no poca luz esta fragmentacién y su posterior reordenacién. EN PRIMER LUGAR, LAS MONTANAS El Mediterraneo es, por definicién, un mar rodeado de tierras, encerrado entre ellas. Sin embargo, hay que distinguir entre las tierras que abrazan y circundan este mar. {El Mediterraneo no es, ante todo, un mar entre montafias? ¢Y no conviene destacar esto con fuerza sobre el plano de la historia, ya que, generalmente, este hecho y sus miltiples consecuencias pasan inadvertidos? Caracteristicas fisicas y humanas Y no es que los gedlogos ignoren ese hecho y dejen de expli- carlo. El Mediterraneo, nos dicen, esta situado’todo él en la zona de los pliegues y las fallas de la Era Terciaria que se extienden por el Viejo Mundo, de Gibraltar a Insulindia; mas aun, constituye exac- tamente una parte de esta zona. Pliegues recientes, de la edad de los Pirineos los unos, los otros de la edad de los Alpes, han remo- vido y puesto en accién los sedimentos de un Mediterraneo secun- dario mucho mas grande que el nuestro, principalmente enormes yacimientos calcéreos cuyo espesor excede a veces de 1000 me- 29 30 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AsfBIENTE tros. Muchas veces, estos violentos pliegues han venido a deposi- tarse sobre moles de viejas y duras rocas, que casi siempre se han realzado (formando, por ejemplo, las Cabilias), incorporandose otras veces a poderosas cadenas montafiosas, como en el caso del Mercantour, y de numerosos macizos axoideos de los Alpes y los Pirineos, y que, en ocasiones, con mayor frecuencia ain, se han hundido —en relacién con algtin fendémeno mas o menos volcani- co—, para ser recubiertos por las aguas del mar. Aunque interrumpidas por las cuencas maritimas, las montafas se entrelazan de un borde a otro de las fosas liquidas, formando sistemas vastos y coherentes. Un puente comunicé en tiempos Sici- lia con Tiinez; otro, el puente bético, unié a Espafia y Marruecos; el puente egeo se tendia de Grecia al Asia Menor (su desapaticion ¢s tan reciente —en términos geolégicos— que coincidiria con el diluvio de que nos habla la Biblia); sin referirnos a los continentes, como la Tirrénida, de los que sélo quedan algunas islas como testi- gos y fragmentos adheridos al litoral. Todo esto suponiendo, claro esta, que las hipétesis geolégicas respondan a la realidad, pues se trata solamente de hipétesis.' En todo caso, puede afirmarse como No he creido necesario detenerme en esta controvertida cuestion, A. Pitt LippSON, Das Mittelmeérgebiet, 1904 (cuarta ed., Leipzig, 1922), que me ha servido de guia general, evidentemente es un texto envejecido, y, a este respecto, las edi- ciones posteriores nada cambian en cuanto al fondo. Para explicaciones geoldgicas mis nuevas habria que recurri a libros clasicos, como el de BuBNOrF Geologie von Europa. 1927; a un libro, de caracter general, a pesar de su titulo: VON SEIDLIT/, W., Discordanz und Orogenese am Mittelneer, XX1V-O15 pp., Berlin, 1931, 0a STILE, H.. Beitrige 2ur Geologie der westlichen Mediterrangebiete, hrsg. im Auftrag der Gesell- schaft der Wissenschaften, Gottingen, 1927-1935; 0 bien a estudios de deralle, como los de ASCHAUTR y J. S. HOLLISTER, «Ostpyrenaen und Balearen» (Beitr. 2. Gaologie d. westl. Mediterrangebiete. 0. 11), 208 pp., Berlin, 1934; WILHELM SIMON, Dia Sierra Morena der Provinz Sevilla, Franctort, 1942; 0 al profundo y nuevo estudio de PAUL FALLOT y A. MARIN sobre la cordillera del Rif, publicado en 1944 por el Instituto de Geologia y Mineralogia de Espana (cf. Académie des Sciences, sesién del 24 de abril de 1944, comunicacion de M. JACOB). Deliberadamente, no hago las innurmerables indicaciones que seria necesario hacer de los trabajos de P. Biro, de J. Bourtart, de G. Lecoinree... El retorno a la hipotesis, en apariencia pasada de ‘moda, de los puentes y los continentes sumergidos, me lo sugiere Le DaNois, L’Atlantique, bistoire et vie d'un océan. Albin Michel, Paris, 1938. El libro claro y dinamico de RAOUL BLANCHARD Géographie de Europe, Paris, 1936, hace hincapié fen que, para él, las montafias del Mediterrinco son una familia aparte, para la cual propone el nombre de Dinarides. Sobre las Dinirides propiamente dichas, v. JAC QUES BOURCART, Nowielles observations sur la estructure des Dindrides adviatiques. Ma- drid, ‘A le gloire de la Terre, quinta edici6n, contiene un capitulo sobre la geologia del Meciterrineo occidental. Repito que no he querido entrar en estos problemas zeoldgicos, ni en los problemas geogriticos de la cuenca del Medi- terrineo, acerca de los cuales pueden enconsrarse explicaciones en las obras genera- les. Fstado actual de las cuestiones y bibliografia puesta al dia en el manual de P. Binet y J. Drescns, La Méditerranée et le Moyen-Orient, 2 vol., Paris, 1953-56. Yh PUNINAUILAS: MONTANAS, MESETAS, LLANURAS. 31 Ju unidad estructural del espacio mediterraneo, “son las montafias; un esqueleto macizo, desme- went®, que por todas partes atraviesa la piel. ‘weunin su presencia por todas partes en torno al rrupelones de insignificante extensién, como if, el umbral de Narouze, el corredor del que yan del Bgeo al mar Negeo. Sélo en- ly extensa, es cierto—, la que se ex- Hwatt Siria, a lo largo de muchos Sahara, con una serie de ondula- ‘el mar, Montafias altas, anchas, reo Jos Apeninos, los Alpes di- ‘le Anutolia, ef Libano, el Ads, dle poderosos y exigentes ‘ide au altura; en otros, por sus wncho y mal cortadas por valles y encajonados, Todos vuelven sus ros- - Huiraion hacia el mar. ? ‘0 son, pues, s6lo los paisajes de vifiedos y Ws Webanizadas y las franjas frondosas; es también, ‘ese otf pals alto y macizo; ese mundo erguido, eri- llones, Cop sus extrafas viviendas y sus caserios, con ‘eortados a pico», * Nada recuerda aqui al Mediterraneo “fiauefio en el que florece el naranjo. wiernos, en estos parajes, son desoladores. La nieve cae en el Adas marroqui. Lo supo bien Leén el Africano 4, al franquearlo en invierno, tuvo la mala fortuna de que le ‘el bagaje y la ropa... * Pero, 2qué viajero del Mediterraneo vonocido también los tremendos aludes de la época invernal, saminos bloqueados por la nieve, los paisajes siberianos y pola- 4 Whos Cuantos kilémetros solamente de la costa soleada, las montenegrinas sepultadas bajo las nevadas o la garganta de velut, en la Cabilia, donde se concentran espantosos torbellinos 4) a caer hasta cuatro metros de nieve en una sola noche? Los + Pone muy en claro este caricter compacto de las montafias Hlamadas Dinéti- i HW WANCHARD, Geogr. de Europe, pp. 7-8. Le LANNOU, Patres et Paysans de la inne, W941, p. 9 i Pt expresion es de SR7¥GOWSkI. En Gre 4), al subir se puede con frecuencia sobrepasar la zona de los naranjales y de los Bier ‘cs, attavesar todas las zonas vegetales europeas y casi alcanzar las nieves eternas. see Thon tL AFRICANG, Descript. de l'Afrique, tierce partie du Monde, Lyon, 1556, pu scfiala A, PHILIPPSON, op, cit, 32 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE Fig. 2 Los plegamientos del Mediterrineo Los macizos hercinianos corresponden a las zonas rayadas; cn negro, los plega- mientos alpinos; las lineas blancas indican la direccién de las cadenas montafiosas. Al sur, la plataforma sahariana, en blanco, bordea el Mediterrineo desde Tiinez hasta Siria. Al este, las fracturas tectnicas del mar Muerto y del mar Rojo. Al norte, las planicies intra-alpinas y extra-alpinas, en blanco. La linea de puntos marca el limite extremo de los antiguos glaciares. esquiadores de Crea pueden deslizarse en una hora hasta Argel, cubierta de rosas, mientras a 120 kilémetros solamente de alli, en el Yuryura, cerca del bosque de cedros de Tindja, los indigenas se hunden en la nieve hasta la rodilla. {Quién no conoce también, en estos parajes, las nevadas tardias que duran, a veces, hasta bien entrado el verano y que, segtin dice un viajero «enfrian los ojos» ?* Las nieves perpetuas salpican de manchas blancas la cima del Mul- hacén, mientras a sus pies Granada se asfixia bajo un calor sofocan- te; se amontonan en el Taigeto, a la vista de la calida planicie de Esparta; se conservan sin fundirse en los ventisqueros de las mon- tanas libanesas o en los «glaciares» de Crea. ® 5 Presidente CHARLES DF BROSSES, Lettres fumiliéres écrites en Italia, Pris, 1740, 1, p. 100. *” Con mucha facilidad podria ampliarse la lista: el Mercantour, atris de Niza; el Olimpo, «con su verdeante corona de nieve» (W. HELWIG, Bracconiers de la mer en Grice, Leipzig, 1942, p. 164); las nieves de Sicilia, advertidas por EUGENE FROMEN- TIN en su Voyage en Exypte, Paris, 1935, p. 156; y «ese terrible desierto de nieve», cerca de Erzeroum, del que habla el conde de SERCEY (Une ambassade extraordinaire en Perse en 1839-1840, Paris, 1928, p. 46), a propésito de las montafias de Armenia. Ver también en Gaprir ESQuER, Iconographie de Algérie, Paris, 1930, aunque 20 sea mas que la estupenda litografia de Raffer sobre la retirada de Constantino en 1836, que se creeria mis bien un aspecto de la campifia rusa. O los detalles que da Hetnpo después las patrullas rusas, Sobre la persistencia de la nieve africana hace JAS PENINSULAS. MONTANAS, MESETAS, LLANURAS 3 Hiss Hieves perperuas nos explican la larga historia del «agua “ilever de la ona del Mediterraneo, que ya Saladino dio a beber Corazon de Leén y de la que el principe Carlos abusé ontiar la muerte, en el caluroso mes de julio de 1568, reso en el palacio de Madrid.” En la Turquia del | eayun dle nieve» no era siquiera un lujo de los ricos. En la, ¥ €6 Otros lugares —Tripoli de Siria, por ejem- viujeros Mencionan a vendedores de agua de nieve, 6 y sorbetes, articulos que se pueden comprar por . " Helon du Mans nos refiere que la nieve de |i en CargaMentos enteros. '° Podia del ao, dice Busbec, quien se sor- Ja beben diariamente en Amasia, en side! ejército turco. ' El comercio de ‘que lox Pachis se interesan en la explo- ) Mehemet Pacha ganaba con ellas, segin 4a 00 000 cequies al aio. '? ‘feleyos de veloces caballos la levaban de Siria 9 Wolf Mustafa Kémal, 1933, p. 68 de la trad. Mustapha Ké- | 1944) sobre los 30.000 soldados turcos sorprendidos por el invierno en las ‘Muntiins de la frontera curco-rusa durante la guerra de 1914-1918, quienes mucren duos UNOS Contra ocros por calentarse, y cuyos cadaveres encontraron largo Huth P. DUGO DE HArDO, Topografia e historia general de Argel, Valladolid, 1612, BY) ©. en las montafias mas altas del Cuco o del Labes (donde hay nieve todo Jano)». Bueron las abundantes nevadas las que salvaron a Granada, en diciembre BBNMGR, Ditco be MenDor.s, Guerra ae Granade, Biblioteca de Autores Espafoles, 1 XX, p, 75. * Sobre don Carlos, el mejor libro sigue siendo el de Louis Prosper Ga. ‘AND, Don Carlos y Felipe II, Paris, 1867, segunda edicidn, 2 vols. Vuelve a tratar jena, un poco pesadamente, LUDWIG PEANDL, Johanna die Wabnsinnige, Fr. i. 1940, pp. 132 ss. Debe rechazarse la tesis de Viktor Bibl, Der Tod des Don Furl, Viena, 1918, © Voyage faict par moy Pierre Lescalopier, manuscrito H. 385, Escuela de Medi- ‘iw de Montpellier, ff. 44 y 44 v, publicado en una edicién abreviada por EDOUARD ChMAY, con el titulo: «Le voyage de Pierre Lescalopier Parisien de Venise a Cons- {antinople lan 1574», en Rerwe d'Histoire diplomatique, 1921, pp. 21-59. Y SALOMON SCHWEIGGER, Ein Newe Reissbeschreibung auss Teutchland mach Comtantinopel und Jerusalem, Nuremberg, 1639, p. 126. © BELON DU MANS, Les observations de... singularités, Pacis, 1553, p. 189. Lettres du Baron de Busbec, Paris, 1748, 1, p. 164; Il, p. 189. S. SCHWEIGGER, op. cit., p. 125. J. SANDERSON, The Tratels of Jobn Sanderson in the Levant (1584-1602 1951, p. 50, 0. 3. * 34 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE LAS PHININSULAS. MONTANAS, MESETAS, LLANURAS: 35 los bergantines de la Intendencia; ' en Malta, donde los caballeros, si hemos de creerlos, morfan cuando no les llegaba la nieve prove. niente de Napoles, pues, por lo que parece, sus enfermedades re- querian «este remedio soberano», 'S era, al contrario, articulo de lujo. En cambio, tanto en Italia como en Espafia parece ser que estaba bastante extendida la consumicién de agua de nieve. Eso explica el temprano desarrollo, en Italia, del arte de confeccionar sorbetes y helados. '6 Tan productiva era su venta en Roma que se convirtié en monopolio. ” En Espafia se mea It sieve en grandes pozos, londe se conservaba hasta el verano. '® Sin embargo, peregrinos ore geetes accel ti naCeras ertal Sencaterat fata Ehren lr pieeiasierces, ute dues! bom cuando ven, en 1494, en la costa siria, que el propietario de su MY cigino. sar y cermi- barco recibe el regalo de «un saco leno de nieve, la vista del cual en este BaUsalc08 palsajes medixe- pais, en pleno mes de julio, colmé de asombro a la tripulacién». ! MRE conocido de toda la ¥ en esta misma costa siria, en 1553, un veneciano nota con sor- Presa que los «moras, ut nos utimur saccharo, iter spargunt nivem super cibos ef sua edulia», ® aponen nieve en sus platos y alimentos del mismo modo que nosotros les ponemos azticar». En pleno coraz6n del célido Mediterraneo, estas regiones neva- das acusan su poderosa fuerza de originalidad. Sus masss ubicuas dominan las planicies, la franja frondosa del litoral, todas esas crea- , ae ciones brillantes, pero diminutas, esas comarcas «felices», siempre ‘exetamente una montafa? Seria una indtil minuciosi- necesitadas de hombres, como mas adelante veremos, y que recla~ + lar una definicién precisa diciendo, por ejemplo, que man vias de comunicacién para su abundante tréfico. Se imponen a nto las tierras mediterréneas sobrepasan los 500 metros las tierras bajas, pero les infunden temor. El viajero, cuando pue- De lo que se trata es de fijar los limites humanos, de, procusa sorcear los) obsdiculos; cinctilics por sstldle cltloy fitwsilia mamiaeiertoe’y variables, y, por tanto, dificiles de se- del piso bajo, de planicie en planicie, pasando de un valle a otro. decir verdad, ¢no le ocurre también al historiador algo ‘También él se encretiene morosamente en la planicie, en | fearful en que se mueven los principes y los poderosos de } parece en absoluto deseoso de internarse en las altas y . Mas de uno se sorprende al descubrirlas, pues ‘4 posible que pasen inadvertidos esos grandes 4 de la historia, esas montafias pobres, medio sel hombre brota como una planta vivaz, y, : Montafas, y Telémaco, de vuelta en so cubierto de bosques, donde vivid «comedores de bellotas». ?? S6lo cuando no tiene mas remedio se aventura por ciertas sendas ee ee ence escarpadas, por desfiladeros de siniestro nombre. Pero sale de ellos Is por altas montafas, al pie de la cuales hay una playa azotada por todos lo antes posible. El viajero se siente, se sentia sobre todo hasta ‘yiwntos del mar, como seria la costa de Picardia azotada por el vendaval, excepto isi i A ‘ev na costa hay rios donde uno puede refugiarse, y en la otra no...», comuni- ayer, prisionero de las tierras Ilanas, de los jardines, del deslum- “Hein del abate MARCHAND con el titulo de «Documents pour 'histoire du régne brante litoral, de la vida abundosa del mar. iene! Hn, en Bulletin hist. et phil. du Comité des travaux bist, et scient., 1901, HK, 1 Y. Benard, Les Navigations d’Ulysse, 11, Penelope et les Barons des iles, 1928, ‘4B. M, Add. 28 488, f, 12, hacia 1627. J1K.9. Es imposible no ver a estos montafeses, lo mismo ahora que antaiio: 15 AN. A.E. B! 890, 22 de junio de 1754. siieayer, emigrantes montencgrinos se fueron a la América; ayer, soldados de la 16 Sobre los helados y sorbetes, FRANKLIN, Dict. hist. des Arts, pp. 363-4; wiv por la independencia turca, estos compaferos de Mustafa Kémal, de los que Enciclopedia Italiana, Treccani, ast. «Gelato. " (ONG (Mustapha Kemal, op. cit. p. 270 de la trad, francesa) ha dado una 17” Jean DELuMEau, La rie économique @ Rome, 1959, 1, p. 398. Proposicién de ipciin tan pintoresca: irregulares del «ejército verde de Edén, «salvajes, de un impuesto sobre la nieve, A. d. s. Napoles, Sommaria Consultationum, 7, ff. 418- i lwroe», los guardias de Mustafa, de la tribu montafesa de los lazzes (costa sur 20, 19 de julio de 1581. ‘uur Negro), «grandes salvajes esbeltos..., agiles como gatos», que por privilegio '§ OnreGa y Gasset, Papeles sobre Veldzquez y Goya, Madrid, 1950, p. 120. jwervaron sus trajes y sus danzas nacionales; la danza del «Zebek». Sefialaremos, 19 PerRus CasoLa, Viaggio a Gerusalemme, 1494 (edit. Milan, 1855), p. 55. lyinis, el ejemplo de los kurdos: sobre sus tiendas negras, sus galletas, con mas 28 Museo Correr, Cicogaa 796, Itintraire de Gradenigo, 1553. \s ve (igo, su queso de cabra, sobre su vida en general, algunas notas de viaje de SERCEY, pp. 216, 288, 297. JAN PININSULAS. MONTANAS, MESETAS, LLANURAS: 37 36 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE bres de los Balcanes, de Galitzia a Servia y al mar Egeo, sin cesar, pero empujando, a su vez, a otros. ** Igualan- ‘04 «en ligereza, bajaban de las montafias para hacerse cribe un viajero del siglo X11. 2? «Pasearon sus OVEjAE Y Sus EapOtes negros por toda la peninsula, hasta latapin y Creta, encontrando su mejor refugio en los dos -alfos, el Hemus y el Pindo. De estas dos montaias ; Manos para ircumpir bruscamente en la his- nos del siglo XL.» *° Todavia en el siglo x1x “eh foro & esas dos montafas, como pas- / todo, como arrieros de esas caravanas -_ falar sobre el mapa. Raoul Blanchard nos advirtié hace ya bastante tiempo: «Es casi imposible dar una definicidn de la montafia que sea a la vez clara y comprensiva.» ?> éDiremos, entonces, que las montajias son algo asi como los barrios pobres del Mediterraneo, sus reservas proletarias? Esta afir- macién podria ser cierta, muy a grandes rasgos. Pero en el siglo XVI nos encontramos con muchas regiones pobres enclavadas mas abajo de los 500 metros, como las estepas de Aragén o las maris- mas pontinas... Por lo demas, hay numerosas montafias que, si no muy ricas, se hallan por lo menos bastante favorecidas por la Natu- raleza y relativamente pobladas. Algunos de los valles mas altos del Pirineo catalan son capaces de absorber «parte de sus propios emi- grantes, de un pueblo a otro». 24 Y hay muchas montafias que son ri- cas a causa de las abundantes Iluvias: segin Arthur Young, importa poco el suelo en el clima mediterraneo: «la lluvia y el sol se encargan de todo». Los Alpes, los Pirineos, el Rif 0 las Cabilias, todas estas montafias que miran hacia el oeste y estan expuestas a los vientos del Addntico, son comarcas verdegueantes, con jugosos pastos y espesos bosques. 25 Otras montafias son ricas, en cambio, por su subsuelo, por sus recursos minerales. Otras sé hallan muy densa- mente pobladas, por haberse replegado sobre ellas poblaciones de las tierras de abajo, circunstancia ésta que se ha repetido inconta- bles veces. La montafia, como atestiguan tantos documentos y la misma Bi- blia, es un baluarte contra los soldados o los piratas. 7* A veces, de baluarte temporal se convierte en refugio. definitivo. 27 Lo demues- tra con bastante claridad el ejemplo de los puszto-valacos, que de- salojados de las Hanuras por los campesinos eslavos y griegos, vaga- ron como nomadas durante toda la Edad Media a lo largo de los “que en la cuenca del Medite- opciones a aquella regla de po- contramos tan abundantes pruebas en “at jyos del siglo Xvi. Desolados eran los Calabria que, en 1572, atravesd el embajador de iT *? deso- “Morena en Castilla, °° y las sierras de Espadin y de n el reino de Valencia, acerca de las cuales hicieron ie 46 agitaran en ellas los moriscos y se encendiera de nuevo la fra en aquellos abruptos parajes, en los que ya levantiscos Je 1526 habian resistido a los lansquenetes alemanes; mas desolados “wii, eternamente desolados, los montes agrestes y pelados del in- a ANDRE BLANC, La Croatie occidentale, 1957, p. 97. 2 BUNIAMIN DE TUDELA, Voyage di célebre Benjamin autour di monde commencé tun MCLNXII, trad. Pierre Bergeron, La Haya, 1735, p. 10. Victor BERARD, La Turgvie et Uhellenisme contemporain, 1893, p. 247. "BC. HLL. pe Povquevite, Voyage en Grice, 1820, t. IM, pp. 8 y 13; V. WiKanD, op. cit. pp. 79, 83 y 247. Sobre los valacos y los aromunes existe abun- slante literatura. Algunos detalles en BLACHE, op. cit., p. 22; Cvyic, La Péninsile MManique, Paris, 1918, pp. 115, 178, 178 n. 1, 202,3. Luca MICHIEL, 25 oct. 1572, Relazioni, A. d.S., Venecia, Collegio Secre- tw, filza 18 Don Quijote, episodio de Cardenio, «la razén que os ha traido (interroga el (aballero) a vivir y a morir en estas soledades como bruto animal » \4 Discurso sobre las sierras de Espadén y de Bernia (1564 0 1565). Sim. Eo 429. Creo que hay que relacionarlo con el documento B. N. Paris, Esp. 177; Ins jruciin a 105 Juan Baptista Antonelli. para que vayais a reconosegr el sitio de la Sierra de Vernia (sin fecha) 2 Prefacio a JULES BLACHE, L’homme et-la Montagne, op. cite, pe 7 24 PreRRE ViTAR, La Catalogue dans Espagne moderne, 1, 1962, p. 209; la frase de Arthur Young esta citada sbid., p. 242. 25 El Rif y el Atlas, «donde el plato tipico son las recontortantes gachas de harina, habas y aceite». BLACHE, L'bomme et la montagne, pp. 79-80. 28” Josué, II, 15-6. Después del fracaso de su conspiracién en Florencia, Buon- delmonti busca refugio en los Apeninos toscanos (AUGUSTIN RENAUDET, Machiarel 1941, p. 108). Escapando de los corsarios y de los navios eurcos, los Cretenses se refugiaron en las montanas de su isla (B. N., Paris, Ital. 427, 1572, £. 199 v.) 27 Este es el punto de vista de PAUL VIDAL DE LA BLACHE, Principes de séogr. humaine, Paris, 1922, p. 42. Entre los ejemplos dados, los Alpes de Transilvania, donde se reconstituye el pueblo rumano; los Balcanes, donde andlogamente, aunque en pequefia escala, se reconstituye el pueblo biilgaro; el Caucaso, etcétera, 38 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE i LAN PUNINSLILAS) MONTANAS, MESETAS, LLANURAS 39 terior de Sicilia, y tantas otras montafias estériles, hostiles incluso a | Ia vida pastoril. 35 Pero éstos son los casos extremos. Segin el geégrafo J. Cvi- ic, *° la montafia —€l se refiere a las de la zona balcdnica, pero sus observaciones pueden extenderse a todo el mundo mediterraneo— es la zona del Aabitat disperso, de las aglomeraciones de tipo al- deano; la Hanura, en cambio, es el medio propicio a las poblaciones ‘ros del Nuevo Mundo, también ellos urbanas, a la ciudad. Esta distincién es valida para la Valaquia y, en rabundance y en gran parte estéril 3° grado mayor atin, en Hungria, en las enormes aldeas de la Puszta y nto, de Contactos € intercambios, sin los la Alta Bulgaria, donde las aglomeraciones aldeanas, en otro tiempo \ Ja civilizacién. 4 La montafia se ve medio pastoriles, se conocen con el nombre de olibé. Asi sigue lo esencial; debe producirlo } ocurriendo todavia hoy en Servia, en Galitzia y en Podolia. Claro el olivo, aunque ni el que todo esto es exacto solamente en términos relativos. En mu- , civilizacién, economia: chos casos nos seria dificil marcar sobre un mapa, con precisiOn, la do de arcaismo y de zona de las poblaciones de tierra baja —a veces, verdaderas aglo- \ meraciones urbanas— y las de los caserios de las regiones altas, que suman a veces solamente un pujiado de casas, pertenecientes en ocasiones a una sola familia. Un concienzudo estudio del mismo autor sobre los confines servio-bilgaros, entre Kumanil y Kuma- novo, *” lleva a la conclusién de que es punto menos que imposible establecer una delimitacién precisa. Ademas, :podriamos extender esta realidad del continente balcanico, sin mas, a la cercana Gre- } cia * y, principalmente, a este Occidente, tan influido también por { la vida del mar, que ha vivido largos siglos bajo el temor de los W nov, 1381, public, por Virrorio ADAMI, «I Manoscritti della Bi- piratas, siempre en guardia contri las agresiones de Ia Ilanura, tan- brosiana di Milano, relativi alla storia di Corsica», en Archivio sto- tas vece: neo di 1932, 3, p. 81). A través de estas reprimendas se evoca la vida $ saqueado y devastado y, para colmo de males, en tantas mos ie chine “Icsplarindose con su pequetia caravana de bestias de carga a i dle Ia montatia. Comparar esto con las dificulrades del viaje de San, Carlos Mv 15RD, es verdad que en los Alpes, 0 con las del obipo de Day A wonia (su € enero "Cf, las observaciones de Drscams, Le Portugal, la ie sociale actuelle, 1935, a Ne nee a ee icra fo Prence dant le Larent 1840-1860, 1, propésito de la sierra da Estrela, pp. 123-4, con su vida pastoril menos desarrollada ins Trovcitar "por las vecinas montafas de Ragusa en invierno es una ha- Aneel norte hw eque trac, de ordinario, consecuencias muy fastidiosas para la salud», y aun __§ Sobre este tema, v. las dos paginas luminosas de VIDAL DE LA BLACHE, Prin Nulen (12 nov. 1593, documento publicado por VLADIMIR LAMANSKY, Secrets , cites de Géographie humaine, 1922, pp. 188-9. Las ideas de Cviic a este respecto Heiney Vonite, 1844, pe 104), Antes de 1923, niin se necesitaban tres dias para estin expuestes de manera bastante gris en su libro en francés, La péninsule balkant hg llegar las mercaderias de Viana de Castelo a ia desembocadura del Lima (Drs. que, 1918. A propésito de las aldeas de montana, ViDAL DE La BLACHE apunta: «Es oe ee Jy por un elima malsano? Nos vienen al recuerdo las de Corcega, de Cerdeda, de Sicilia, de la Provenza, y del Rif, Pero una cosa es cierta: tanto si habita en como en pueblos grandes, la poblacién montaiesa ral, insignificance en comparacién con los vastos, ‘tdnslt@, que Ia circundan, Son centros de po- wetamente ain, de una civilizacién in- iclente, efecto de la escasez de poblacién “wes Pyrintes frangise, 1943, p. 48, sefala que el espacio franceses, segun cl calculo del inspector general Thierry, wv departamento medio». Observacién bastante esclare- Corcema, ¥. la carta de reprimenda de F. Borromeo al obispo de WS, op. crt, 18). } de estos pueblos de los que Constantino Porfirogeneta escribié: ‘no pueden sufrie PAM ce Mauniin, Socilogie et Droit romain, 1930, p. 728, ve en la familia ‘que dos cababas estén una junto ala otra’, op. cp, 188 bila ceive te amis pathareal una gens romana, muy alterada, desde luego #7 .Grundlinien der Geographie und Geologie von Mazedonien und Ale-Ser- ® el arcaismo econdmico de la montafa, con frecuencia sefialado, cf. Cit. Mo- oan Introduction & U histoire économique, 1943, pp.. 45-6. Sobre lo que Cvuic Tama {1 “pattiarcalismo perfeccionado» de las regiones dinéricas, v. La péninsule balkani jueop. «it., p. 36. Prefiero su expresién de islas montafosas (ibid., p. 29). Monte- hero, esa fortaleza, y otras regiones altas, dice, han evolucionado «desde el punto le vista social como islas», Sobre la zadruga, otro ejemplo de arcaismo social, se Contienen algunas lineas de esclarecimiento y de orientacin bibliografica en R Wescit ZANTNER, Albanien, Leipzig, 1939, p. 59. bien», en Petermanns Mitteilungen aus J. Perthes Geographischer Anstalt, Erginzungs- heft, n.° 162, 1908. 3* Un hermoso cuadro de la «aldea-ciudad» de Grecia: ANCEL, Les peuples et nations des Balkaus, 1926, pp. 110-1. A titulo de prueba viva, ver en MARTIN HURLIMAN, Griechenland mit Rhodes und Zypern, Zurich, 1938, p. 28, la magnifica fotografia de la poblacién griega de Arajova, a 942 m. de altitud en las faldas del Parnaso. Poblacién conocida por sus tejidos. 40 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE humana. En un bello libro, Heinrich Decker #? ha estudiado el flo- recimiento de una cultura artistica en los Alpes; es cierto, pero los Alpes son los Alpes, es decir, una montana excepcional por sus recursos, sus disciplinas colectivas, la calidad de su poblacién, la abundancia de sus vias de comunicacién y la importancia extraordi- naria de sus contactos. Cuando se habla de las montaias del Medi- terraneo no hay que referirse precisamente a los Alpes, sino mas bien a los Pirineos, a su historia violenta, a su crueldad primitiva. Y aun podriamos decir que los Pirineos son, por su parte, una region bastante privilegiada; en rigor, podria hablarse, incluso, de una civi- lizacién pirenaica, dando a esta palabra su pristino sentido de au- téntica civilizacién. ;Acaso no ha habido en el Pirineo catalan —re- gion ala que habremos de referirnos con frecuencia— una vigorosa arquitectura romanica, ** nacida en los siglos XI y XII y llamada a sobrevivir, caso curioso, hasta el xvi? “+ Muy otra cosa acontece en el Aurés, en el Rif o en las Cabilias. Montaiias, civilizaciones y religiones Por Jo comin, la montafia es un mundo adusto. Un mundo marginal, situado a extramuros de las civilizaciones, que son pro- ducto de las ciudades y de las tierras Ilanas. Su historia consiste en no tenerla, en permanecer casi siempre al margen de las grandes corrientes civilizadoras, que discurren lentamente, pasando de largo ante el mundo de la montafia, Capaces de extenderse am- vliamente en sentido horizontal, estas corrientes parecen impoten- tes para ascender en sentido vertical y se detienen ante un obsta- culo de varios centenares de metros de altura. Para estos mundos encaramados, sin contacto con las ciudades, ni la misma Roma, a pesar de la pasmosa duracién de su poderio, significd gran cosa, + 2 Barwkplastib in den Alpenlindern: 336 pp.. Viena, 1944, Sobre las condicio- nes sociales de los Alpes, v. el gran estudio, discutible y discutido, de A. GUNTHER, Die Alpenlindische Gesellichaft, Jena, 1930. Sobre este tema, interesantes observa, ciones de SoLci, «Raum und Geselischaft in den Alpen» en Geogr. Zeitwhr., 1931, pp. 143-68. “Cf. los bellos estudios de J. PUIG 1 CADAFALC, Llarguitectura romdnica a Ca- talunya (en colaboracion), Barcelona, 1909-1918; Le premier art roman, Paris, 1928. 48 ARQUE, op. cite. p. 69. ** En la Bética, Roma tuvo éxito en la region baja, a lo largo de los rios, mucho mis que en los altiplanos (G. NieMeieR, Siedlungsgeogr. Untersuchungen in Niederan- dalusien, Hamburgo, 1935, p. 37). En el noroeste montanioso de Espana, debido, ademas, a la‘lejania, Roma penetrd tarde y mal (R. KONET/AKE, Geschichte des spunis- chen und portagiesischen Volkes, Leipzig, 1941, p. 31) JAS PRNINSULAS MONTANAS, MESETAS, LLANURAS 41 # los campamentos de las legiones que para su propia establecia el Imperio en los bordes mismos de estas mo- { surgié, por ejemplo, Leén, al pie de los montes ; asi Djemilah, en las estribaciones del Atlas berberis- fiwcieron Timgad y Lambesa, donde acampé la III legio au- Ja misma raz6n, el latin no legé a prevalecer como lengua ulguna de estos macizos hostiles del norte de Africa y de iwi, y la casa latina tuvo siempre su asiento en las tierras . uera de algunas infileraciones locales, no tuvo nunca ac- Ja montafia. Mas tarde, cuando la Roma de los Césares dejé 4 la Roma de San Pedro, el problema siguié siendo el mis- alli donde su accién pudo renovarse y reiterarse tenaz- CON insistencia pedagégica, logré la Iglesia ganar y evangelizar Ilos indémitos pastores y campesinos. Y aun asi, nece- jit ello muchisimo tiempo. En el siglo Xvi estaba lejos de 4 coronado Ia tarea, tanto para el catolicismo como para el simiamo, que hubo de tropezar con el mismo obstaculo. Y ain en wiulidad, no puede decirse que los beréberes del norte de {rica, parapetados en sus montafas, hayan sido ganados del todo, tal menos discretamente, a la fe de Mahoma; y otro tanto ocurre (00 los kurdos, en Asia. 47 En Aragon, en Valencia o en las tierras ile Granada, la montafa representa, a la inversa, una zona de disi- ilencia religiosa, de supervivencia de ciertos vestigios de la fe mu- sulmana, ** del mismo modo que las altas colinas selvaticas y desconfiadas de Luber6n protegen todavia hoy a los restos de los val- slenses. *? Por todas partes, en el siglo XVI, vemos que las alturas de las montafas estén unidas por hilos muy tenues a las religiones dominantes de la orilla del mar. Por todas partes, asi en lo espiri- tual como en los demas aspectos de la civilizacién, encontramos dlesajuste, extraordinario rezagamiento en la vida montaiesa. “ Dauzat, Le village et le paysan de France, p. 52. CONDE DE SERCEY, op. cit., p. 104: «Sin embargo, s¢ ve (puesto que danzan) que las mujeres kurdas, aunque musulmanas, no estin secuestradas.» “* V. infra los capitulos sobre los moriscos, Segunda Parte, cap. V, y Tercera Parte, cap. 1H En el corazn de las montaias de Lubéron, Lourmarin, Cabriéres, Mérindol ) otra veintena de aldeas —donde pulula la vida salvaje, jabalies, patos y lobos— sun refugio de protestantes (VaUDoYER, Beastés de la Provence, Paris, 1926, p. 238). No olvidemos a los valdenses de los Estados saboyanos y a los de los Apeninos, en el reino de Napoles. Ei movimiento citaro, escribe MARC BLOCH, habia disminuido usta «convertirse en una oscura secta de pastores montafieses», en Annales d’his- wire soctate, 940, p. 79. 42 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE Una prueba de ello la tenemos en la facilidad con que, al am- paro de circunstancias propicias, las nuevas religiones logran en las _ regiones altas conquistas masivas, aunque inestables. En el mundo balcanico del siglo xvi abrazaron la fe del Islam, en Albania y Herzegovina, alrededor de Sarajevo, zonas enteras de la montafia, lo que demuestra lo mal ensambladas que estaban con el cristia- nismo. Y hemos de ver que el mismo fendmeno se repite en la guerra de Candia, en 1647: un nimero importante de montafieses cretenses renegaron de su fe e hicieron causa comin con los tur- cos. Veremos también como en el siglo XVII, ante la presion rusa, el Caucaso se pas6 al lado de Mahoma e hizo surgir, para su propio uso, una de las formas mas virulentas del islamismo. ‘° En las montajias, la civilizacion tiene, pues, un valor poco segu- ro. Pedraza, en su Historia eclesidstica de Granada, escrita en tiempo de Felipe IV, afirma: «No hay que admirarse de que los habitantes de las Alpujarras» (que son, como se sabe, unas montafias altisimas de la regién de Granada) «hayan abandonado con tanta facilidad su antigua fe. Los que hoy las habitan son cristianos viejos, no corre por sus venas ni una gota de sangre impura, son subditos de su rey catélico y, sin embargo, faltos de directores, y a consecuencia de la opresién en que viven, ignoran de tal modo lo necesario para su salvacién, que apenas si quedan entre ellos algunos vestigios de la religién cristiana. {Cree alguien que si, lo que Dios no quiera, los infieles se ensefiorearan de nuevo de su pais, tardarian mucho en abandonar su fe y en abrazar las creencias de los vencedores?» *! Como se ve, el texto es definitivo. Asi surge una geografia religiosa aparte de los mundos monta- fieses, mundos que parecen constantemente destinados a ser con- quistados 0 reconquistados espiritualmente. Esta observacién da sentido a muchos pequefios hechos presentados sin comentario por la historia religiosa tradicional, muy especialmente durante la evan- gelizacién y predicacién organizadas en los siglos XV y XVI entre los pobladores de estas regiones altas. SE] marudismo. Cf. Houzar, «La Tragédie circassienne», en Rerue des Deux Mondes, 15-6-1943, pp. 434-5. 31 FRANCISCO BERMUDEZ. DE PEDRAGA (Granada, 1637), f. 95 v. Cita y traduc- cidn de REINHART-PIFTER A. DOZY, a quien corresponde el mérito de haber encon- trado ese bello texto (H. des Musulmans d'Espagne, 1861, M1, p. 45, n. 1). En cambio el ABATE DE VayRac (Etat présent de Espagne, Amsterdam, 1719, 1, p. 165) sostiene que los habitantes de las Alpujarras, aunque cristianos, son moriscos que han con- servado «su antiguo estilo de vida, sus costumbres y su lengua particular, que es una monstruosa mezcla de arabe y espanol». LAN WININAULAS MONTANAS, MESETAS, LLANURAS 43 poco relieve, no deja de tener su significacién el ita Teresa (que siendo nifia sofaba con encontrar moriseos de la sierra de Guadarrama) *? fun- primer monasterio de frailes carmelitas refor- que se establecié el convento era propiedad de tal bastante espacioso, una sala con su componfan el edificio», segrin lo des- que del portal se hiciera una capilla, ila el dormitorio, En este «perfecto con él en el otofo, lle- vn el hermano José. Alli vi- 0 ‘owe, la mas frugal de las (rida, pues salian a me- s caminos a predicar el on historia de las misiones el que nos Ja literatura religiosa consagrada a la COrcega en el siglo XVI; tanto mas signi- ‘algunos siglos atras, el pueblo corso habia sido Jos franciscanos. ¢Qué huellas habia dejado en tt conquista espiritual de la fe catdlica? Multiples heh revelan que, en el momento en que la Compafia iritual de sus pobladores habfase convertido en algo muy 6, Los curas no sabian leer, no tenfan la menor idea del latin ‘ile la gramatica y, lo que era atin mas grave, ignoraban hasta la iia del sacramento del altar. Vestidos con frecuencia como los julares, eran coscos campesinos como los que trabajaban las tie- © en los bosques, y mantenian a sus hijos a los ojos de todo el wndo, Bl cristianismo de sus feligreses era harto singular, pues ioe hasta el Credo y el Padrenuestro; algunos no sabian ni ijuiera santiguarse. Las supersticiones florecian por doquier. La ila era iddlatra, barbara y vivia a medias fuera de la Cristianidad y la ‘ivilizacion. El hombre, alli, era implacable para el hombre. Se ma- tuban hasta en plena iglesia, y los curas no se quedaban atras en el manejo de la daga tradicional y el trabuco, la nueva arma que habia "Cuando era nia, la santa se dirigid a la montaha con su hermano, en la esperanza de encontrar alli el martirio. SCiINURER, Katholische Kirche und Kultur in der Baruckzeit, 1937, p. 179. Louis BERTRAND, Sainte Thérise, 1927, pp. 46-7 *\E, BAUMANN, L'annean d'or des grands Mystiques, 1924, pp. 203-4. 44 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE hecho su entrada en la isla hacia mediados de siglo, recrudeciendo y envenenando todavia mas las querellas. Mientras tanto, en las iglesias desmanteladas llovia como afuera, crecia la hierba y se alo- jaban los reptiles... Aun descontando la natural exageracién de los misioneros, aun de los mejor intencionados, no cabe duda de que el cuadro es sin embargo veridico en su conjunto. Un rasgo lo com- pleta, y es que este pueblo semisalvaje era capaz, a pesar de todo, de grandes arrebatos espirituales y de un entusiasmo subito y es- pectacular. Apenas Hlegaba al pueblo un predicador de fuera, la igle- sia se llenaba de montafieses que no encontraban cabida en el tem- plo; los iltimos en Iegar permanecian a pie firme bajo la Iuvia y los penitentes acudian a confesarse hasta las horas de la media no- che... “4 Y lo mismo en el pais musulman: lo que sabemos de la conquista morabita de las montafias de Sous, en el siglo XVI, a través de los hagidgrafos de la época —principalmente Ibn Askar— nos permite comprender la atmésfera de lo maravilloso en que vi- vian los santos y sus admiradores: «Los encontramos confundidos con una muchedumbre de intrigantes, de locos y de pobres de es- piritu.» 8 No es de extrafiar que el folklore de estas altas regiones revele una credulidad totalmente primitiva. La magia y la supersticion lle- nan aqui la vida de todos los dias, propiciando conjuntamente los arrebatos misticos y las peores supercherias. ‘° Un relato del do- minico Bandello 5? nos transporta a una pequefia aldea de los Al- pes de Brescia, a comienzos del siglo XVI: unas cuantas casas, arro- yos, una fuente, vastos graneros y, en medio de la aldehuela, el S* Hay abundante documentacion sobre las deficiencias de la vida religiosa en Cércega: carta del cardenal Tournon a Pablo IV, 17 de mayo de 1556, pidiendo fa reforma de los abusos. M. FRANcols, «Le rdle du Cardinal Francois de Tournon dyna la. politique Frangiive en,lealie: de: janvier a, julllee 1956»,/en, Malenees...f TEcole Francaise de Rome, t. 50, 1933, p. 328; ILazio RINIERI, «I vescovi della Corsica», en Arvhirio storico di Corsica, 1930-1, pp. 344 ss; PERE DANIELE BARTOLI, Degli womini et de’ fatti della Compagniadi Gesi, Turin, 1847, II, 57-8; ABATE S. B. Casanova, Histoire de 'Eglise corse, 1931, 1, pp. 103 ss. $8 MONTAGNE, Les Berbires et le Makbzen dans le Sud du Maroc, 1930, p. 83. © Pero, ¢donde encontrar la vasta riqueza folklorica de esas montanas} Ve titulo de ejemplo, el bello cuento de los ¢ériels, que relata LEO FROBENIUS, Histoire dla tibdleaiile afrlodive, (936, pp: 263 35, a.ptupésive del pals Kabila, que oad revela su lejana existencia consagrada a las grandes cacerias y no a la agricultura. En. el mismo orden de ideas, ;dénde encontrar una coleccién de canciones montafiesas? Sobre la vida religiosa de los Alpes y la localizacién de los herejes, BoTERO, Le relations wnitersali, Nenecia, 1559, IM, 1, p. 76. Sobre la visita del cardenal Borro- meo.a Mesolina, bid. p. 17 57 IV, Segunda Parte, Novelle, ed. de Londres, 1709, II, pp. 25-43. Se sitéa la udeilbes ehvel Val it Sebbia que fara pure de lis Preaipes le Brescia JAS PININSULAS: MONTANAS, MESETAS, LLANURAS. 45 li en bendecir los umbrales de las casas, los campos, en predicar el bien y en dar ejemplo con sus virtudes. (ina joven montafesa llegaba a Ilenar su cubo en la -presbiterio, el santo vardn se inflamaba de amor y con- «latiis amenazados de fieros males —explicaba a su monstruo dotado de alas, un grifo, un angel extermi- iM sobre vosotros, en castigo por vuestros pecados. aparesca, haré sonar la campana; cuando la oigais, os y os quedaréis inmaviles.» Dicho y hecho: nadie segundo miido de la campana,., Y Bandello, el au- 4, HO fee Hecesario protestar de su veracidad. -©f mis que win simple ejemplo sacado del inmenso upernticiones: sinus que los historiadores aan no » Vixtensas y virulentas epidemias diabo. ‘extfemo a otro entre las antiguas poblacio- , sobre todo en las zonas altas, cuyo ef extadios muy primitivos. Brujos, hechi- primitivas, misas negras: floracién de un an- ‘cultural del que la civilizacion de Occidente no _ 1s montafias son el refugio por excelencia de uhermntes, surgidas de la noche de los tiempos, que win después del Renacimiento y la Reforma. A finales Jo XVI hay montafias mdgicas por todas partes, de Alemania a pes milaneses y piamonteses; del Macizo Central, en eferves- Weld revolucionaria y diabélica, a los soldados ensalmadores de Pirineos; del Franco Condado al Pais Vasco. En la regién de “Houergue, en 1595, «los brujos reinan sobre las masas ignorantes»; la “gurencia de iglesias locales hace que la misma Biblia resulte desco- jiocida, Y por todas partes el aquelarre viene a ser una compensa- in social y cultural, revolucién mental a falta de una revolucién ~ social Hevada adelante con coherencia. ** El diablo recorre todos los caminos de Europa en el momento en que el siglo XVI toca a su fin, y mas todavia durante las primeras décadas del siglo siguiente. Y parece ser que se adentra en Espafia a través de los elevados jusos de los Pirineos. En Navarra, en 1611, la Inquisicién castiga con severidad a una secta de mas de 12 000 adeptos, los cuales «adoran al diablo, le levantan altares y tienen trato familiar con él». °° ‘Estas indicaciones me las sugirié la obra de EMMANUEL Lr Roy Lapurie, Les Juysans de Languedoc, actualmente en imprenta, p. 407 (ed. 1966, n. del trad.). ‘A. S. V. Senato, Dispacci Spagna, Madrid, 6 de junio de 1611, Priuli al dux. —_ 46 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE Pero dejemos este interesante tema: lo que nos importa en este momento es el problema de la disparidad y retraso del mundo de la montafia en comparacién con las tierras bajas. La libertad montanesa °° Es indudable que la vida de las tierras bajas y de las ciudades penetra con muchas dificultades en este mundo primitivo de la montafia, infiltrandose en él lentamente, como con cuentagotas. Lo lo con el cristianismo no es un caso aislado. El régimen feu- dal, sistema politico, social y econdémico, y al mismo tiempo, ins- trumento de justicia, ¢no dejé fuera de su ambito a la mayor parte de las zonas montafiosas? Donde llegé a ellas, fue sélo de un modo muy incompleto. Es un hecho que se ha sefialado con frecuencia en lo tocante a las montafias de Corcega y Cerdefia, pero que podria comprobarse con la misma claridad en esa Lunigiana que los histo- riadores italianos consideran como una especie de Cércega conti- nental, enclavada entre la Toscana y la Liguria. 6' Y puede confir- marse donde quiera que la escasez del material humano, su débil espesor y su dispersién, han impedido la instauraci6n de las institu- ciones del Estado, de una lengua dominante y de grandes civiliza- ciones. Una investigacién sobre la rendetta nos llevaria a observaciones del mismo o parecido tipo: los paises de la rendetta (paises todos de montafa, bien entendido) son aquellos en que la Edad Media no echo raices, no legé a penetrar con sus ideas de justicia feudal, * los paises beréberes, Corcega o Albania, por ejemplo. Sefalando 6 Los contemporaneos la estudian. Loys Le Roy (De excellence dir gourernement imyal, Patis, 1575, p. 37) escribe: «El pais leno de montaias, rocas y bosques, c6- modo para los pastos, en el cual hay muchos pobres, como Io es Ja mayor parte de Suiza, es mas propicio a la democracia... Las tierras Hanas... donde hay muchos ricos y nobles, se prestan a la aristocracia.» JEAN BODIN, Les six livres de la République, 1583, p. 694, refiere que Leén el Africano se llend ‘de estupor ante la robustez de los montafeses del monte Megeza, en tanto que los habitantes de la llanura son pequefos. «La fuerza y el vigor hacen que el montafés ame la libertad popular, como hemos dicho de los suizos y los grisones.» La Edad Media corsa, dice DF BRAD}, La Cone inconnne, 1927, p. 35, es un periodo grandioso de libertad. «El corso no tolera jamas que se le arrebate el producto de su trabajo. La leche de su cabra, igual que la cosecha de su campo, eran muy suyos.» Y TAYNE, én su Voyage anx Pyrénées: «La libertad ha brotado aqui desde la mis remota antigiedad, hosca y salvaje», 1858, p. 138. ©! ARRiGo Soim!, «La Corsica», en Ar. st.-di Corsica, 1925, p. 32. * V., para una orientacin general, el libro clarividente, pero demasiado juri- dico, de Jacquis LAMBERT, La vengeance privée et les fondements du droit international, Paris, Sirey, 1936. En el mismo orden de ideas, la observacién de Michelet sobre el | PUNINDULAS MONTTANAS, MESETAS, LLANURAS 47 4 del pasado sardo en sus estudios sobre Cerde- c@ not que la Edad Media se encontré en wm sociedad «plagada de sefiorios, no feudaliza- ia permanecido «durante largo tiempo corrientes de las influencias continentales». en la insularidad de Cerdefia y cons- fuerga tenaz y decisiva del pasado sar- Hperio NE Menos poderoso, ha estado mar que rodea a la isla, y tal vez » de aquellas poblaciones; es e808 bandidos patéti- en rebeldia frente al ht impresionance reali- «Quien no roba—dice hombre y. Y otro: «Yo tengo .» Sien Cerdefa, al igual que todas las regiones en las que la nos revela una laguna con respecto historia, se conservan muchos rastros otros, el de la vendetta), ello se debe, fazOn sencilla: que la montaha es la montana, es , una barrera, pero al mismo tiempo un refugio, hombres libres. Todos los vinculos de coaccién y suje- ue In civilizacidn (en el orden social y politico o en el de la ia Monetaria) impone en otras partes, no pesan aqui sobre . Ninguna nobleza territorial echa aqui fuertes raices (los » del Atlas son creaciones recientes del Maghzen, datan ayer); en el siglo Xvi, el noble rural, el cavaser salvatje, vive con Cumpesincs, roza como ellos las tierras, no desdefia el arar, ni el la tierra, ni tampoco el acarrear lefia o estiércol con su asno. donde jamas «el. feudalismo pesé como en el resto de Francia». Y tam- W ld siguiente observacién de TAINE, op. cit. p. 138: «Estos son los fueros de ith, de los que solo se hizo mencién en la antigitedad, pues en Béarn no habia Wt» Sobre las venganzas de sangre en Montenegro y en la Alta Albania, v. Axi Nil, La Turquie d'Europe, Paris, 1840, Il, pp. 395 y 523. "Marc BLoch, La Société féodale, 1939, 1, p. 377. También en MARc BLOCH, las fvaciones atinadas sobre «Cerdena», en Mélanges d'histoire soc., Ul, p.194 ™ Maurice Le LANNOU, «Le bandit d’Orgosolo», Le Monde, 16-17 de junio de (00). La pelicula fue dirigida por Vittorio de Seta, y el estudio antropoldgico lo fealiz FRaNCO CaGuErTA. Traduccién francesa: Les Bandits d’Orgosolo, 1963; las jwvelas mencionadas son de Grazia Deteppa, La ria del male, Roma, 1869; I! Dio dei viventé, Roma, 1922. “Ibid. 48 So USNR ARIES TAN HININKULAN MONTANAS, MESETAS, LEANURAS 49 Es un oprobio constante «a ojos de la nobleza provenzal, esencial- mente urbana, como lade Italia». 6 Aqui no hay clero rico, opulento, envidiado y ridiculizado, todo a un tiempo: el pastor es tan pobre como sus ovejas; 7 no hay una trama urbana compacta, ni hay, co- mo consecuencia de ello, Gobierno, ni ciudades en el sentido estricto, de la palabra; ni gendarmes, afiadamos, para terminar. Los clérigos prebendados, la orgullosa nobleza y la severa justicia tienen si asiento en las tierras bajas, donde estan las sociedades herméticas y veces, hasta nues- opresoras. La montafia es el refugio de las libertades, de las demo- teas de vida, a despecho de cracias y de las «repablicas» campesinas. biernos Modernos. En el «Los lugares mas escarpados han sido siempre el asilo de la lontagne= 7" «las aldeas libertad», dice sabiamente el barén de Tott, en sus Memorias. 6* «Si- Js que se precipitan guiendo la costa de Siria —hace notar a continuaci6n—, ®’ vemos 8 regadas por las es- que el despotismo (de los turcos) se extiende sobre toda ly costa y pMos Nunca las mansiones se detiene al llegar a la montafa, al topar con las primera; rocas, MOS en estos valles, tra- con el primer desfiladero facil de defender; entre ellas conservan la del pobre, Cada uno de celosamente su independencia los kurdos, los drusos y los mutua- ontiia forma un feudo aparte, lis, los sefiores del Libano y del Antilibano.» ;Menguado despotis- Ci pacdos sobre una plataforma del mo, el de los turcos! Duefio de rutas, ciudades y lanuras, su accion Jana Oseura, los notables del lugar discu- no llega a las tierras altas de los Balcanes, de Grecia y el Epiro, de Jargas horas, los asuntos de la aldea; nin- Creta, donde los escafiotas, enrocados en sus cimas, desafian toda Y tudie podria saber, viéndolos, cual de ellos autoridad desde el siglo xvi, 0 de Albania, entre cuyas montafias estas libertades no estan salvaguardadas mas afirmara mas tarde su vida indémita Alf Pacha de Tebelen. El Wa- Cant Montahoso esta suficientemente alto, pro- libé, instaurado en Monastir por la conquista turca del siglo Xv, liv grandes rutas y donde tiene dificil acceso, caso élleg6 alguna vez a gobernar? Sobre el papel, su autoridad exten- nie rare hoy en dia, pero infinitamente mas frecuente en diase a las ciudades de Grecia y de Albania; pero, en la realidad, Hlos tempos, antes de que se multiplicaran las redes de cami- cada una de ellas era una fortaleza, un pequefio grupo indepen- vias cle comunicacién. Asi permanecié mucho tiempo al mar- diente, un avispero dispuesto siempre al ataque. 7 ;Puede sor- Jon de las rutas de los vehiculos, aunque unida al resto de la prendernos, en estas condiciones, que los Abruzos, la parte mas Cerdeha por una planicie de facil acceso, la serrania de Nu- alta, mas ancha y mas selvatica de los Apeninos, pudieran sus- Hin un, mapa del siglo Xvin encontramos Ia siguiente inscrip- traerse desde el primer momento a la dominacién bizantina, al Exarcado de Ravena y, més tarde, a la hegemonia de la Roma pon- hacia el norte, por del Po? ?! ;Puede sorprendernos que, en , el pais No sometido al sultan, sea princi- ¢Que siempre, en éstos como en tantos da: 1) A. Piiiuiprson, «Umbrien und Etrurien», en G. Z., 1933, p. 452. 1! Algunos ejemplos; Napoleén no pudo dominar la montaha alrededor de 5 -BeENANES BENGE Lacevnrnth ot Coma Vena tiiren, 1940527 Afnnva, refugio de insumisos, a pesar de las batidas que alli organizé (JAN BORE ®7 En el Alto Milanesado, v. PUGtitst, «Condizioni economiche ¢ finanziarie ie! 1041 Nupolein ler.. segunda edicién, 1929, p. 103). Hacia 1828, la policia turca ) ‘ynniguié dominar los brotes de bandolerismo entre los pueblos del Ararat della Lombardia nelle prima meta del s. xViim, en Mis. di Storia italiana, eercera t z serie, t. XXI, 1924. IHINDE DE SeRCEY, op. ct. p. 95). ¥ atin hoy en dia no logra mejor éxito en sus © Mbwoiietsar les Evres tt lie Tavtares. Arnareedlaen, 1784, 1l,p: IAP el acl ios de proteger las riquezas forestales de la montafia contra la voracidad de los Mion (HERMANN WENZEL, «Agrargeographische Wandlungen in der Tuirkei», en #1957, p. 407). Lo mismo sucede en Marruecos: «En realidad, en el sur de Jwiruecos la autoridad del sultéa se reduce a la lanura», escribe MONTAGNE, of Why 134 "Ibid. p. 131. de la libertad 0 —afade él— la reparacion de la tirania». Esto, @ propésito de las instalaciones zenovesas en Crimea. Ibid. 1, p. XX1. 2009 FRAN? SPUNDA, en Weanen BENNDORE, Das Mittdmverbach, 1940, pp. 50 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE TAN PRMINAUILAR, MONTANAS, MESETAS, LLANURAS st cién, estampada por los ingenieros piamonteses: «Nurra, pueblo iilsidie, ha sido aleanzada y sobrepasada rapidamente no conquistados, que no pagan impuestos.» 74 I we, periddicamente y a toda costa, tenga wura su exceso de hombres. 08 sean desdefables: no hay montaia Jabrantias, en el fondo de los valles o en ) por la mano del hombre a lo largo de las \ Recursos y balance de la montana " Como vemos, la montafia rechaza la gran historia, no soport cargas ni se aprovecha de sus beneficios; rehtisa los productos ma acabados de la civilizacién 0, por lo menos, los acepta con retic cia. Sin embargo, la vida misma se encarga de mezclar indefinida mente a la parte de la humanidad refugiada en las alturas con la qi mora en las tierras bajas. Fisicamente, no hay en la cuenca del Me diterraneo montaiias circundadas por limites infranqueables, cor las que abundan en el Lejano Oriente, en China, en el Japon, Indochina, en la India y aun en la peninsula de Malaca, ’* y que, sit contacto ni comunicacién con el piso de abajo, se constituyen otros tantos mundos aut6nomos. La montafia mediterranea se abre a las rutas, y estas rutas son siempre transitables, por muy escarpi das, sinuosas e inseguras que sean; son siempre «una especie d prolongacién de la llanura» y de su poder a través de las tien altas. 7° Por ellas hizo avanzar sus jarcas el Sultin de Marrueco por ellas avanzaron las legiones de Roma y los tercios del rey de Espajia, por ellas envié la Iglesia a sus misioneros y a sus predica dores ambulantes. 77 La vida mediterranea es tan poderosa, en efecto, que, obliga por la necesidad, derriba en miltiples puntos los obstaculos de k montafia y triunfa de sus relieves hostiles. De los veintitrés paso de los Alpes propiamente dichos, diecisiete eran utilizados ya pot los romanos... 7* Por otra parte, estas montafias estan con frecuen cia superpobladas 0, por lo menos, pobladas en exceso para s riquezas. La «poblacien Gptima», lo que Jean Brunhes llama «el neluso féetil, Espoleto se alza en y relativamente rica, Aqui- ila que avanzamos hacia ie superior de los culti- Jos Apeninos septen- ras de 900 metros; en cebada prosperan hasta maiz, este recién venido del 'y la avena hasta los 1 500; en las -viledos a 1100 metros y castaiios tects, el trigo cuaja a una altura de 1500 4 hasta los 1 250. *° Y los limites de altura Wik superiores en el norte de Africa. ‘ntajas de la montafia es que ofrece los recursos desde el olivar, el naranjo y la morera, que se dan en Jia, hasta los verdaderos bosques y los pastos de ove- i alturas, ¥ a la agricultura y la arboricultura hay que afadir i» de la ganaderia: ganado lanar y cabrio, pero también . Hatos ganados pululavan en otro tiempo, mas numerosos wy, en los Balcanes e incluso en Italia y en Africa del Norte. aqui por qué la montafia es también el reino de los productos oy y del queso 8! (barcos enteros cargados de queso sardo sur- 4) Ms aguas, en el siglo XVI, hacia el Mediterraneo occidental), lp li mantequilla fresca o rancia y de la carne cocida o asada... La ~ / MONtAhesa casi siempre es una morada de pastores y de gana- lev, mas apta para el ganado que para los hombres. 8? En 1574, Vierre Lescalopier, al atravesar las montafias de Bulgaria, prefiere 7# M. Le LANNOU, Patres et paysans de la Sardaigne, 1941, p. 14, 0. 1 75 J, BLACHE, op. cit. p. 12. Sobre esta oposicién, v. PuERRE GOUROU, L'bo me et la terre en Extrime-Orient, 1940, y la resefa critica de ese libro por Luci Fepvre, en Annales d’bist. soc, XM, 1941, p. 73. VIDAL DE LA BLACHE, op. ff 172. PUSS MONTAGNE, op cit. p. 17. 7° Pienso muy especialmente en los viajes de Sixto V, en su juventud y en st edad madura; segin las indicaciones de LuDWIG VON Pastor, Geschichte der Paps Prats, «Neue wirstchaftsgeographische Fragen Italiens», en Geogr. Zeitschr. Friburgo en Brisgovia, 1901-1931, X, 1913, pp. 23 y 59 (de la edicién alemat VON, p. 133. podria hacerse un croquis. 4 Pierson, Das Mittelmeergebiet, op. cit., p. 167 78 W. WoopsuRN HybF, «Roman Alpine routes», en Memoirs of the America Hl. Victron: Bexanrba TengavarPeelliniies comrenperaits ahicetiy’ px. WE philosophical society, Filadelfia, X, 11, 1935. De un modo andlogo, los Pirineos a ‘ibe al salir de Albania: «Después de tres dias de comer a todas horas queso de han sido nunca la barrera que uno se imagina (SoRKE, G. U., t. VIL, Primera Pare fara...» (p. 103) p. 70, KONET/KE, op. cit.. p. 9) ARQUE, op. cit., p. 68. 52 A INFLUENC M MBIENTE , aaa See DAR PENINSULAR MONTANA, MESETAS, LLANURAS 3 dormir soubs quelque arbre que en las casas campesinas construidas con tierra apisonada, donde los animales y las personas viven soubs un mesme toit... si ordement (tan suciamente) que n'en pourions porter’ Vodeur. ® Debe ajfiadirse que los bosques, en aquel tiempo, eran mucho més espesos que hoy en dia. ™ Podemos representiroslos, to- mando por modelo el parque nacional de Val di Corte, en los ‘Abruzos, con sus espesos hayedos, que trepan hasta. alturas de 1400 metros, y su abundancia de bestias salvajes, osos y gatos monteses. La abundancia del monte Gargano en robledales per- : 5 eis os ci. ous mite que viva alli todo un pueblo de lefadores y de tratantes en a Dapeteola.en eses tiecras madera, que generalmente prestan sus servicios a los constructores ‘ Bley domésticos? de naves de Ragusa. Entre las aldeas montafesas y en contra de los sefiores propietarios, esos bosques son tan disputados como los pastos de las alturas. Entre la espesura del monte bajo hay terrenos SUNMTISy hasta les cimas, donde de pastos, y a veces huertos de hortalizas; en ellos viven las abejas BEMPEE da piedras secas, entre y la caza menor. *§ Oras ventajas dignas de menci6n son la varie- Me Meabelo penoso ¢ interminable. dad de recursos, la abundancia de agua —tan preciosa en estas re- SEMEN Brcaha cecobra sv. saivajismo giones del Mediodia— y, por tiltimo, las minas y las canteras. De yar, Bn el siglo xvi, cuando los habi- hecho, casi todas las riquezas del subsuelo mediterréneo estan en MiMi peteri6a de las sites tierras pedregosas las montafias. Ja costa, los colonos se sorprenden al encontrar Pero estas ventajas no aparecen agrupadas globalmente en cada BAe ises olivos que sodavia producen, y cantén de la montafia. Hay montafias pobladas de castafios (las de BME hie ca conquisca era, en realidad, aha Cércega y los Cévennes), con su precioso «pan de Arbol», ** el pan. de castafia, que sustituye a veces al de trigo. Hay montafias cubier- tas de moreras: las que vio Montaigne alrededor de Luca en 1581, *7 o las de la regidn alta de Granada. El agente espafiol Fran- cisco Gasparo Corso explicaba a Euldj Ali, «rey» de Argel con que estin dentro de su tierra (del rey pratiea de guerra que en toda su vida no han w ganado y criar gusanos de seda?» Hay 110 de la aldea, se celebran en las noches ile la reconeiliacién en el Marruecos dlregosos, sujetando a Los montaneses en la ciudad . Tin esa vida dura °! de la montaia su pobreza es, ademas, junto 8 Op. cit. ff. My 44. . no *4 En las faldas del Vesubio habia bosques. Sobre este problema del bosque en ‘Hn la esperanza de una vida mas cémoda y el cebo de salarios general, v. as observaciones siempre tiles de THEOBALD Fischer, en B. zur physis- then Geogr. der Mittelmeerlander besonders Siciliens, 1877, pp. 155 $s. Sobre los bos- ques de Napoles, en Calabria y en la Basilicata, en 1958, cf EUGENt ALBERI Rela- zioni degli ambasciatori veneti durante ils, XV1. Florencia, 1839-63, I, III, p. 271. Se conservan todavia los numerosos restos de grandes bosques antiguos, diriamos bosques-reliquias. Para Cércega, v. su enumeracion en PHitipre Leca, prologo Mt Relaviin de to que yo. Fea. Gaspare Corso, be brhn en prosecnciin del negocio de Aime), orig. Sim. Eo. 333 (1569). MONTAIGNE, op. cit.. pp. 234-35. « W PkaNcrscitt CARRERAS y CANDI, Gengraphia general de Catalunya, Barcelo- Wh 1915, 49 p. 505. Carrera Pulal, Historia Politica} Econimica de Catala, VAG, de A. ALBITRECCIA, Guide blew de la Corse, Paris, 1935, p. 15, véase también de este 41, p. 10. También Brion DUMANS, 9p. cit. p. 140 v., hace notar que en las liltimo autor La Corse, son évolution au NIX* sitcle et au début du XX* sitcle, 1942, pp. 95 ss. Hntahas de Jerusalén hubo cultivos en bancales, que él ya vio abandonados. 8 CONDE JOSEPH DE BRADI, Mémoire sur la Corse, 1819, pp. 187, 195 ss. “ Pienso, entre otros ejemplos, en la vida de la Alta Provenza: «La finca de 86 VIDAL DE LA BLACHE, op. cit.. pp. 88, 139, 178. V. las excelentes observacio- ‘Aliw Provenza», escribe Maki MAURON, «Le Mas provengal», en Maisons et villages de nes de FAUCHER, Principes de géogr. agraire, p. 23. «El pueblo come pan de serrin», Frome, 1943, prélogo de R. Cristoflour, p. 222, «que soporta los largos inviernos, cerca de Luca, MONTAIGNE, Journal de toyage en Italie (ed. E. Pilon, Paris, 1932), + | tomor de los aludes, la vida reclusa durante largos meses, sin mis horizontes que p. 237. I tieve tras los cristales, replegada sobre sus reservas, como las hormigas sobre su #7" MontaiGne, ibid, p. 243. Ystublo, trabajando como prisionera...» oe 54 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE INAUILAN MONTANAS, MUSETAS, LLANURAS 55 de hisares, En Madrid, Tedfilo Gau- 4, «muchachos gailegos vestidos de pafio WON COR, Ehaqueta negra y un sombrero pun- remuneradores, lo que incita al montafiés a descender de las alt ras: baixar sempre, mountar no: descender siempre, no subir nuncé st 7 7 a fm. dice un proverbio catalan. °? Y es que los recursos de la montafa, ZI 1. “vs aunque variados y numerosos, son siempre escasos. Cuando yas colmena se vuelve demasiado populosa, °? deja de bastarse a “on el ial misma y, por las buenas o por las malas, el enjambre tiene qu hal 1468, EN Compaiiia de sus vecinos, Diego Suarez, soldado y cronista » XVI, HOS Cuenta sus aventu- emigrar. Todos los medios son buenos para encontrar espacio Como se ha dicho con referencia a los montes de la Auvernia, especialmente al Cantal de ayer, la montafia rechaza todas las boca lo win Hie, su Hegada a El Esco- inutiles: hombres y nifios, artesanos y aprendices, e incluso lo valli ed plato bueno. Pronto mendigos. °* ’ las montafias de Astu- Historia agitada y dificil de seguir. No por falta de documento: ros, en las faenas agri- que mas bien existen en demasia. Cuando abandonamos la monta _y Diego tuvo que alejarse un fia, de historia oscura, entramos, al llegar a las llanuras y las ciuda ja Ia extensibn de Casi des, en el reino de los archivos. Recién llegado o reincidente. sada por inmigrantes veni- bajar al Ilano, el montafiés encuentra siempre alguien que regist lande acababan volviendo a ve- su presencia y que hace su ficha o un esbozo mas 0 menos diverti i Pirineos, de Vizcaya a Galicia, do. Stendhal vio a los campesinos de la Sabina en Roma, el dia de 44 W sus habicantes. Bastantes de ellos la Ascensién. «Bajan de sus montafias para celebrar la gran fiesta vi wtos, de quienes luego hablaremos, !°? en San Pedro y asistir a la /unzione. 9° Visten chaquetas de paio dores del partido de Reinosa, que viajaban hecho girones; llevan las piernas envueltas en trapos, atados con cargados de aros y duelas de tonel, volviendo cuerdas entrelazadas; sus ojos hurafios se esconden detras de n ‘suis plieblos y ciudades del norte con trigo y vino. ' gros y revueltos cabellos; apoyan contra el pecho sus sombreros de: orld menuda entre mil. No hay una sola region medite- fieltro, a los que la lluvia y el sol han dado un color negro rojizo;, ade no pululen estos montafieses, indispensables para la acompaiian a estos campesinos sus familias, igualmente salvajes... * jus cludades y de las Hanuras, pintorescos, ataviados con Los habitantes de la montafia entre Roma, el lago de Tirano, ide colores chillones, a menudo singulares por su atavio y Aquila y Ascoli, representan bastante bien, a mi modo de ver, él pre curiosos por sus costumbres... Espoleto, cuya cumbre estado moral de la Italia de alrededor del afio 1400.» °? En Mace- donia, Victor Bérard encontré en 1890 a los albaneses de siempre. W Victor BERARD, La Turquie et Phellenisme contemporain. op. cit. passim. Voyage en Espagne, 1845, pp. 65, 106. Sobre los gallegos cultivadores y emi- wien, ver Los espaitoles pintados por si mismos, Madrid, 1843. En este relato se ‘Qnurarin; El Indiano, por ANTONIO FERRER DEL RIO; E/ segador, El pastor trashu- “wane y El maragato, por E. Git y CARRASCO; El aguador, por ABENAMAR... -* in Toledo, en la posada del Sevillano, hay dos mocetonas que son gallegas Vly slustre fregona, ed. GARNIER, TI, 71). Gallegos y asturianos hacen en Espaia Jon trabajos rudos, principalmente en las minas; CHAsTENET, Godoy, 1943, p. WO, Sobre los cosecheros gallegas en Castilla en el siglo xviii, v. EUGENIO LARRUGA, 9 J BLANCHE, op. cit. p. 88, segin PustLiper ARBOS, L’Awrergue. 1932, p. 86. Memorias politicas y ecomimicas sobre los fratos, comercio, fdbricas y minas de Espana, °s Es decir, a la misa Madrid, 1745, 1, p. 43. °% Promedaides dans Rome, ed. Le: Divan, 1931, 1, pp. 182-3. WH!” DieGO SUAREZ, manuserito del ex Gobierno General de Argelia, segtin la 97 Thid. p. 126. Cuadro analogo, pero a propésito del Caucaso, en Sumrenirs, del ‘opia que me comunicé gentilmente JEAN CavENAVE, f. 6. CONDE DE ROCHECHOUART, 1889, pp. 76-7, con ocasién de la toma de Anapa pot 102 Ver infra. pp. 594-5. el duque de Richelieu: los guerreros circasianos, algunos con vestiduras de hierro, 10% Jesus GARCIA FERNANDEZ, Aspectos del paisaje agrario de Castilla la Vieja: armados de flechas, evocan el siglo Xi1\ 0 el siglo Xtv. Valladolid, 1963, p. 12. 2 MAN SORRE, Les Pyrénées miditerranéennes. Paris, 1113, p. 10. % Este exceso de poblacion, que obliga al descenso hacia las lanuras, se sea también en la encuesta geogrifica de WitnitiMy, Hochbulgarien, 1936, p. 183. Pero} hay ottos motivos: vida que satisface o no al hombre. ALBITRECCA, et. PHILIPPE LEC. Li Corse... op. cit.. p. 129, que hace notar también a propésito de Cércega: « ausencia, al igual que la presencia de caminos, provoca la emigracién.» a 56 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE cruz6 Montaigne en 1581 camino de Nuestra Sefora de Loreto, un centro de emigrantes harto raros; merceros y buhoneros aptos para todos los cambalaches y comisiones que requieren astucia, o| fato y pocos escripulos. Bandello los presenta en una de sus histo rias como charlatanes y cuentistas, audaces y listos, nunca cortos en argumentos, admirablemente elocuentes cuando se lo proponen. No hay como los espoletinos —nos dice— para embaucar a lo: pobres diablos dandoles la bendicién de San Pablo, para sacar di- nero a los incautos con culebras y viboras desdentadas, para men: digar y cantar en las plazas, para vender polvos de haba como un. giiento para la sarna. Con una cesta colgada del cuello y sujeta bajo el brazo izquierdo, se pasean por toda Italia vendiendo sus bagate las a grandes gritos... '* q La gente de Brescia y de Bergamasco '’ —a la ultima se le llama comtinmente en Milan la gente del Contado— no era menos conocida en Italia en el siglo Xvi. Por todas partes se la encontra ba. Son los peones de Génova y otros puertos. Desde mis alla d Marignan vienen a repoblar las alquerias de los milaneses, abando nadas durante la guerra. '°® Algunos afios mas tarde, Cosme de Médicis trata de Ilevarselos a Liorna, la ciudad de la fiebre, dond nadie queria vivir. Eran hombres rudos, pesados, torpes, avaros, pero resistentes a la fatiga. «Van por el mundo entero —hace nota Bandello '®7 (en las obras del monasterio de El Escorial trabajo un arquitecto, Giovan Battista Castello, a quien Ilamaban "el Berga masco”) !°8— pero nunca gastan mas de cuatro quatrini al dia y no duermen en cama, sino sobre la paja...» Cuando hacian dinero, sé ponian sus mejores galas y comian hasta hartarse, pero no eran mas generosos ni menos ridiculos y groseros que antes. Verdade- 16 Banpelo, Norell, ed. de Londres, 1791-3, VI, pp. 200-1. Los espol tinos servian como soldados, sobre todo en el extranjero (VON PASTOR, op. «it: XVL p. 267), Sobre su astucia, v. BANDELLO, ‘id... 1, 418. 40S" BANDELLO, op. cit.. I] pp. 385-6. La pobreza obligé a los bergamascos emigrar. A pesar de su sobriedad, cuando comen en mesa ajena devoran coma lobos. No hay un solo lugar en el mundo donde no se encuentre al menos bergamasco. L&S subditos venecianos instalados en Napoles eran casi siempre ber: gamascos, ALBER), of. cit., Appendice. p. 351 (1597), toe JacQgues HEERS, Genes a X\~ siecle, Activité économique et problemes saciauX 1961, p. 19. BANDELLO, op. cit. LV. p. 241. También, despucs de la restauracién d Francisco. Sforza, legaron a Milan pumerosos campesinos procedentes de Brescia. 107 Op. cit.. IX, pp. 337-8. 1 L. Prat, Philippe Il. trad. franc., 1912, pp. 353-1. También eran be mascos el célebre Colleoni y el jesuita JIAN-PURRE Mati, autor de LMist, Indes, Lyon, 1603 LAS PENINSULAS: MONTANAS, MESET . LLANURAS. 37 pemonajes de comedia, eran, por lo general, maridos grotescos WE4 $US Esposas enviaban a Corneto; tal ese palurdo de una js de Bandello que tiene la excusa —suponiendo que lo sea— 4 encontrado mujer en Venecia entre las que, a la espalda Marcos, venden su amor por una piecetta. '° 40 @Ate retrato, gno tendra mucho de caricatura? El montafiés ile buen grado a que los sefiores de las ciudades y de las se mofen de él. Pero, ademas, inspira temor y desconfian- hacia 1850, en Ardéche, la gente de la montafa bajaba en jas grandes ocasiones, Llegaban en mulas enjaezadas, icos trajes de ceremonias; las mujeres, sobrecargadas tle oro, tiesas y pomposas, Los trajes de los montafeses de los de las villas, aunque unos y otros fuesen ‘ii rigidez arcaiea tenia la virtud de excitar la hilaridad pueblerinas, También el campesino de las tierras indnicamente a los rdsticos montafeses, y los matri- hos Y OffOs eran raros. 11° } wii nw barrera social y cultural que trata de reem- recta barren de la geografia, la cual se franquea sin il distintas maneras. Unas veces, el montaiés des- con sus rebafos, y ya tenemos aqui uno de los ntos de Ia crashumancia; otras, va a establecerse a la re- on ‘tuja durwnte las faenas de la siega o la recoleccion, y surge asi emigracion temporal muy frecuente y a menudo mucho mas dle lo que generalmente se cree: los saboyardos, '' en ruta hacia jo Rédano, gentes de los Pirineos enganchadas para la siega 40a de Barcelona, los campesinos corsos que en el siglo XV iban a Maremma toscana a trabajar todos los veranos. ''!? Otras veces, Ju gentes de la montafia se establecen definitivamente en la ciudad © pasan a trabajar como campesinos en las tierras bajas; jcudntas siudades provenzales o contadinas recuerdan, con sus calles tortuo- wy empinadas, y sus casas colgadas, las pequefias aldeas de los Alpes meridionales, ''? de donde Ilegaron sus habitantes! Hasta fe- WW Op. cit. IV, p. 335. Se trata de un bresciano establecido en Verona, 0 Resultado de una investigacién personal. En verdad, este contraste entre las Jepiones altas y las regiones bajas se encontraria también mas hacia el norte. Gas JON RovPNeL lo sefala en Le riewx Garain, 1939, en la costa borgofesa, por Ge- ‘rey y Nuits-Saint-Georges. Hacia 1870, los montafeses todavia usaban la blusa en Jas ferias de la region baja. P. GrorGe, La région du Bas-Rhine, 1935, p. 300: en los primeros aos del siglo. vit grupos de saboyanos iban a levantar las cosechas en la region de Arles. ‘1? GRoraNeLu, La Maremma toscana, Studi storici ed economici, 1, p. 19. 'S GeorGe, op. cit., p. 651. ry 38 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE \" MONTANAR, MESITAS, LLANURAS: =» chas muy recientes, llegado el momento de la cosecha, a estos montafieses en cuadrillas jévenes de ambos sexos, hasta I lanuras y el litoral de la Baja Provenza, donde al gavof, el hob arribado de Gap —en realidad, un nombre genérico—, se le consi: dera «como el tipo de trabajador resistence a las fatigas, que vist sin elegancia alguna y que esta acostumbrado a comidas muy ré ticas.» 14 veros que siguen a los ejércitos sin re- sa de combatir y saquear, son regulares. Los corsos combatian de Venecia o de Génova, al grito de 1 dueado de Urbino y los de las Ro- dian ieee contrat, escogfan gene- 10 cuando los sefiores trai- Idénticas observaciones, mas numerosas y sorprendentes, Gan, Agnadel en 1509, "7 demos hacer si incluimos las Ilanuras del Languedoc y la ininte- sequirles, Ja causa de San rrumpida marea de emigrantes que llega a ellas del norte, del Del. romafoles profugos, finado, y, scbre todo, del Macizo Central, Rouergue, Limousin, Thoma la absolucién de Auvernia, Vivarais, Velay y Cévennes... Esta marea se adentra en Hy cambio de lo cual el Bajo Languedoc, pero lo rebasa regularmente en direccién de l le Hapafia y del catoli- rica Espafia. Cada afio se forma de nuevo esa procesién, casi a dia~ likures de Morea y a los rio se puede decir, con campesinos sin tierra, artesanos sin empleo, otros paises extraian de las trabajadores agricolas venidos para la cosecha, la vendimia o la tri- lla, parias, mendigos y mendigas, predicadores ambulantes, giréra- g05, misicos callejeros y, también, pastores con sus rebafos... El hambre montafesa es la gran espoleadora de esta multitud en su viaje de descenso. «Como base de este éxodo —dice un historiador— encontramos una evidente disparidad de nivel de vida a favor de las llanuras mediterraneas.» ''S Estos mendigos van y vienén, mueren por caminos y hospitales, pero contribuyen a la larga a renovar el material humano de las tierras bajas, haciendo persistir durante si- glos un tipo humano aberrante: el hombre del norte, relativa- naa) D A ji : 9 v. y 30. mente mas alto, de cabello rubio y ojos azules... isse al rey, Venecia, 6 de junio de 1583, A. E. 31, ff. 29 v. y i ene titulo de orientacién bibliogrifica, ver R. Busch) ZANTNER, Albanien, dejaban sus montafas mas que para Hin el siglo Xvi los encontramos en Chi- . 1 en Mantua, 23 en Roma, en Napoles '*4 y ‘en Madrid; iban alli a exponer sus proyectos o sus La crit militari italiana nel Rinascimento, Napoles, primera ipie ia fi ‘Hulire las migeaciones albanesas, provocadas en la Edad Media por la escasez, Casos tipicos de diaspora montaiicsa Wield is Hlantas de Metohidja y de Podrina, cf. Cvurc, op. ct. p. 150. Sobre sus La trashumancia es, con mucho, el mas poderoso de estos mo- willoas Exitos en el Imperio turco en el siglo xix, #hid., p. 17. En la Biblioteca nal de Palermo hay una memoria inédita de MONGITORE ANTONIN, Memoria wl vennti dall’Albania in Sicilia, Qq E 32, f. 81. El albanés, gran bebedor de ) M_BaNDILLO, 9p. cit. IV, pp. 350-1. Sobre los albaneses que abrazaban cl ianismo un_documento entre mil, Joan de Pallas, consul en Ragusa, al gran Wor de Leén, Napoles, 3 de abril de 1536, A. N., K. 1632. Victor BERARD, La Turquie... op. cit., p. 164 111 Ein Chipre, donde son soldados de padres a hijos. Fr. STEFANO LUSIGNANO i GWRO, Corograffia et breve historia unitersale dellisola de Cipro, Bolonia, 1573 (B. WN. Paris, 4° G 459. . FERNAND BENOIT, of. cit., p. 23. 11 Consticuian una parte considerable del ejército veneciano. Cf. una serie de EMMANUEL LE ROY LADURIE, op. cit., pp. 97 ss. documentos edit. por LAMANSKY, op. cit., entre otros, p. 549 n. Imposible enumerar todos los ejemplos conocidos. Para el predominio del 1)" BANDE, op. cit. II, 329s reclutamienco en las regiones montaiiosas y pobres de Espaia, véase RAMON CA. 14 Museo Correr, D. delle Rose 21, £80 sobre los grandes pueblos albaneses RANDE, Carlos V y sus banqueros, Madrid, 1949, p. 14 (las tierras altas de Valencia y iv Apulia, 1598, Con frecuencia muy temidos a comienzos del siglo. Se les prohibe los montes de Leon). TH. Lereavee, Les Pyrintes atlantiques, 1933, p. 286 (3 000 14 te junio de 1506) salir armados de las ciudades y pueblos fortificados. Lu DWiG guipuzcoanos y navarros lucharon en la batalla de Pavia). Sobre los Pirineos arago- VON THALLOCZY, «Die Albanische Diaspora», en Mbrisch-albanische Forschungen neses, FERNAND BRAUDEL, La Méditerranée... primera edici6n, pp. 47-8 er vimientos de arriba abajo, pero es un viaje de ida y vuelta; la estudiaremos en detalle mas adelante. Las otras formas de expan- ion montaiiesa no presentan la misma amplitud ni la misma regu- laridad. No se observan sino casos particulares aqui y alla, a titulo ea de excepcidn, salvo en lo tocante a las migraciones «militares»; mas © menos, todas las montafias son «cantones suizos». ''® Ademas de | 6 ——————————_Es—te 60 LA INFLUENGIA DEL MEDIO AMBIENTE dolencias, a reclamar toneles de pélvora 0 anualidades de pensi siempre arrogantes, retadores y dispuestos a armar camorra. Ita después, les fue cerrando las puertas poco a poco. Se encamini entonces a los Paises Bajos, '25 a Inglaterra, '26 a la misma Fran durante nuestras guerras religiosas, como soldados aventureros, $ guidos por sus mujeres, sus hijos y sus popes. '77 Los regentes ¢ Argel" y de Tunez los rechazaban, y tampoco los admitian boyardos moldavos y valacos. En vista de ello, se enrolaron al se! vicio de la Puerta, como lo habian hecho al principio, en masa, partir del siglo XIX. Poco les importaba la bandera bajo la que enganchaban: «donde esta el sable, esta la fe». Peleaban por quien les daba para vivir. Y en cuanto expiraba su compromiso, tomaban, como en la cancién, «su fusil por pacha y su sable por visir», '7° se establecian por su cuenta y se volvian bandidos. A partir del siglo XV, gran numero de albaneses, ortodoxos en su mayor parte, | se desparramaron por las tierras de Grecia, acampando como en terti- torio conquistado. Alteraron la estructura de la poblacién de modo tan visible, que Chateaubriand no pudo menos que advertir su presencia en 1806. °° No menos curiosa y rica en ensefianzas es la historia de Core } ga, de la Corcega extrainsular. En todas partes tiene algo que rei- vindicar, con mas 0 menos raz6n, por lo demas. «En Espafia, mus chos insulares legaron a ser ilustres», apunta De Bradi: '*'! De Lecas, alias Vazquez, fue ministro de Felipe Il (el dato es exacto y Cervantes Ileg6 a dirigirle versos). Pero De Bradi continua: el ver- dadero Don Juan era corso, de padre y madre corsos; hasta se nos da su nombre y el nombre de sus padres. Hay quien piensa, inclu- so, que Cristobal Colén nacié en Calvi... Sin llegar hasta Don Juan, se puede identificar a muchos verdaderos corsos que como mari- nos, chalanes, mercaderes u obreros agricolas —cuando no pachas, 128, pETORNE, «Philippe et Henri de Guise», en Rerme Histarigne p. 324 1931, M, En 1940, G. LEFEVRE PONTALIS, Correspondance politique dOdet de Selve. i 1888, pp. 64, 65, 351, 354. Tee FEN. Lo. 3189, 1565, Inquisicién de Valladolid, curioso asunto de Guillermo de Modon. 128 HAEDO, Topngrafia.... p. 121 v., sehala a Alger Arnaut Mami y a un «re: negado, también albanés y arnaut como él», p. 122 v. 129" VicTOR BERARD, La Turgitit.... op. ¢it-. p. 26. 130 Jrinéraive de Paris a Jerusalem (ed. de 1831), 1, pp. LIL y 175. 131 La Core inconnue p. 44, con indicaciones sobre una serie de corsos ilustres, fuera de la isla POININILAN MONTTAN AR, MIBITAS, LLANUNAS ol “juren y Nanta alain rey de Argel—, 1? vivian game hoy dia viven tantos corsos en la wh ol acontinenter, como se dice en la isla. ‘ ceamd también por el mundo a los jwemnon hablado de los bergamascos, sub- ju hay colmena montafiesa que no tenga su Jevantar el vuelo; a menudo, también una se rodinen y Feagrupan. Los quin- (hun tradicionalmente a Fran- “definitivamente; de allt salieron, won do la rue de ta Paix." de sus filas salieron de Heanefort, A partir Jno comenzaron a emigrar a 4 en lus droguerias y las pa- ¥ también en Génova. De los tres ciulmente los de Dongo y de yan hasta Palermo a probar fortuna isl la curios relacion y las huellas visibles | Val de Brenzio "* en lo referente al ves- a jus mujeres, Pues los emigrantes retornaban Wait laren, Hin Napoles encontramos en el siglo XVI twee de nombres tipicamente milaneses, 137 apero esos que vienen aqui a trabajar por millares —decia en 1543 1, Hi Oslo, en cuanto ganan algan dinero se vuelven a PA MANAHO,.» 1" Albaniles lombardos —los muratori (sin mie de los Alpes)— construyen el castillo de Aquila, sii cuando legaba el invierno se volvian a su tierra. Pero si wos a estos albaiiles y tallistas de la piedra los veriamos Bi Par ¢lemplo, Hassan Corso, v.J, Cazinave, «Ua corse roi d'Alger 1518. WNiby en Afrique Latine. 1923, pp. 397-404. Feared, Mellerio, v. Giusepre MéLLERIO, Les Meleri. deur origive: lear Wowie, Paris, Ollendorf, 1895. Sobre la emigracién de los Alpes milaneses, CARLO Mitte Vianti10, «Atcuni documenti sul consolaro dei Lombardi a Palermo», Bh An hiiio Storico Lombardo, 1938, p. 186. ViANELto, thid.. p. 186. 1 ibid., p. 186. 1M jhid,, p. 187 1) hid, p. 187. ' Vi (bid. » 187. , console dei Lomberdi alla cameta dei mercanci di Mileno, poles, 27 de septiembre de 1543, publicado por Yiantsio, ibid., p. 187 Ninules, 27 dsc gpoles, Sommaaria Partium 240, ff, 111-3, 15 de enero de 1544, joy los nombres de los maratori. s 63 62 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE OMT ANAR, MISHTAS, LLANURAS eontunte, y, de regreso en sus hogares nenia de Ispahan, se daban una vida tan . Yestian suntuosamente a sus muje- y ‘enjaezaban con bridas de oro y de ie jugaban sobre dos tableros, y, dispersarse por toda Europa y, seguramente, por toda Italia. D de 1486 trabajaban /apicide lombardi en la construccion del Palac Ducal de Venecia. '4° Incluso una region tan enquistada y continental como Armen no logra escapar al inevitable destino de toda regién montafiosa No creemos que deba darse crédito a la fabula del origen menio de los Murat, cuyo verdadero nombre seria, de ser cierto Muratjan, oriundos de Karabagh, en el Céucaso; '4! sometida est especie a examen resulta mas inverosimil que la fabula del Dor Juan corso. Pero conocemos con absoluta certeza la diaspora menia hacia Constantinopla, Tiflis, Odesa, Paris y las Américas. Ocupa también un lugar importante en el desarrollo de la g Persia del Shah Abbas, a principios del siglo xvii, a la que sumii tr6, entre otros elementos, los indispensables mercaderes viaj ros, '4? cuya presencia se acusa entonces '3 hasta en las ferias d Alemania, en los muelles de Venecia y en las tiendas de Amster. dam. '** Otros, antes que ellos, habian intentado establecer esto nexos y fracasaron en el empefio. Si los armenios lograron éxito, debe, en cierto modo, a que eran cristianos, pero, sobre todo gente ruda, acostumbrada a pasarlo mal, resistentes y de pocas né cesidades, verdaderos montafieses, en una palabra. «Cuando regre. san de la Cristiandad —apunta Tavernier, que los conocié mu bien—, traen toda clase de mercancias y de quincalleria de Vene’ y de Nuremberg, como pequefios espejos, sortijas de laton y d esmalte, perlas falsas y otras cosas por el estilo, con las que pagan los viveres que sacan de las aldeas...» '45 Reunian por este medio «y por todo el Oriente, con 1 A veces iban ellos personal- ul vinje de Surate y de Gol- mmenio de Zolfa, a quien ‘ihen| OLNWK VERS Se aprove- Ja gran ciudad junto Hindtes, emisarios ya, Algunos arme- | océano Indico. 47 ) XVI y comienzos del xvii {ipo yeneciano con que nos “jBero no es precisamente por haber wiutalena, por necesidad, y con tantas ites, por lo que desde el siglo xIv Ar- y hasta un medio humano de alto poten- 6 su propio triunfo. mente la montaha: una fabrica de hombres para uso near eth 148 A. d. S. Venecia, Notatorio di Collegio 13, f. 121, 12 de octubre de 148¢ 1 vida difusa y prddiga alimenta toda la historia del_mar. De un articulo de prensa, «Eriwan, die Haupstade der Armenier», en tal vez haya sido ella misma, la montafa, la que produjo Frankfurter Zeitung, 9 de agosto de 1940, ‘ " la vida montaiiesa, movimiento | 2 JEAN-BAPTISTE TAVERNIER, Les six royages qur'il a faits en Turquie, en Perse Jstoria, en sus origenes; pues ‘sa, que vida sedentaria, ganaderia antes que agricultura, parece met anx Indes, Paris, 1681, 1, pp. 380 ss. "4" Entonces, es decir, en el siglo xvi. En el siglo xvi, en Constantinopla y el este mediterraneo, la hora de los armenios todavia no habia sonado, 1oRGA, Points de vue sur Vhistoire da commerce de lOrient a Pépogue moderne, 1925, p. 23. Po . . el contrario, en el siglo xvi, los armenios comerciaban hasta en cl Mediterr ila, cebolas, manceca, harina, vino y frutas secas. Se resisten a comprar carne occidental. Un navio armenio, E/ Armenio Comerciante, lleva trio a Liorna (Memo Aoi todo lo que pueden, salvo cuando encuentran en las montafias algunos corde~ res du Chevalier d’Arvienx, 1735, 1, p. 13). Sobre la actuacién de los armenios en. 14 cubyitillos baratos.» Op. cit., 1, p. 380. | : querella de los Santos Lugares en 1621, cf. TONGAS, L'ambassadeur L. Deshayes M6 Sobre la riqueza y el lujo de los armenios de Zolfa, v. TAVERNER, op. cit, I, Gormenin ‘1600; 1032). 1937, p. 142. Sobre Ia actual dispersion de os armenios, li OM a tha pocas palabras de WERNER SOMBART, Vom Menschen, 1940, pp. 178-9. 47 Tbid., M1, p. ‘ I ae evesestan is caniel ad alae comerciales, eseritos én armenifil 1 (La montaa? «Una zona de emisiin de hombres» (DEsrONTAINES, JEAN- esctitos ex profeso para la gran ciudad del norte WA\ININNS-DELAMARRE, BERTOQUY: Les problimes de giographie humaine, 1939, p. “8 TAVERNIER afiade: «Son tanto mas habiles para los negocios cuanto que 11, Sobre el contraste entre la Manura y la, montana, caracteristico de la cuenca viven con gran economia y sobriedad, ya por virtud, ya por avaricia. Cuando salen Wediterranea, v. PARAIN, La Méditerranée, les hommes et leurs travaux, Paris, +P. de sus casas para emprender largos viajes, hacen provision de galletas, de JUL, Sion, La France médit..., pp. 44 s. 4 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE AMALIA MONTANAS, MUSITAS, LLANURAS 65 haber sido, en efecto, la vida inicial del Mediterrineo, cuya civili rt cién, «lo mismo que la del Cercano Oriente y la de Asia Central, encubre y disimula a duras penas sus elementos pastoriles», '4? que evocan un mundo primitivo de cazadores y pastores, una vida di trashumancia y nomadismo, con algin que otro cultivo apresurado en chamiceras. Vida geogrificamente vinculada a las regiones altas, desde muy pronto pobladas, explotadas y organizadas por el y como por casualidad, los aleros mas poblaciones. '" wis HOS lleva fuera de los limites del Medite- e! ejemplo de la Toscana, en el mismo cora- Heyidn de estrechas Hanuras, naturalmente panta- “jr valles encajonados entre las colinas que se 4H Medida que vamos hacia el este y hacia el sur; y, hombre. / Donde encontramos las primeras, las mas anti- ¢Las razones? Sin duda, la variada distribucién de los recursos mente en el Ultimo piso; sobre las pendientes montafieses; pero también el hecho de que las Ianuras fueron pri- de viiedos y olivares, Alli se alzaban las ciu- mitivamente el reino de las aguas estancadas y de la malaria, o bien éppida, evcalonadas w muchos centenares de me- de zonas a lo largo de las cuales discurrian atin las aguas de curso ville, colgadas sobre las colinas: Hochriickenstadte, incierto de los rios. Las llanuras habitadas, que hoy en dia son ima gen de la prosperidad, han sido la culminacién tardia y penosa de siglos de esfuerzos colectivos. En la Roma antigua, en tiempo de Varrén, persistia atin el recuerdo de los dias en que se navegaba en barca por el Velabro. La ocupacién se extendié progresivamente de las alturas hacia las tierras bajas febriles, brillantes de aguas muer- tas. Abundan las pruebas de ello. En el bello estudio de P. Geor- ge 'S° encontramos un mapa de los establecimientos prehistoricos de la region del Bajo Rédano: todos los centros reconocidos apare- cen situados en las altas regiones calcareas que dominan la depre- sién del delta, al este y al norte. Hasta miles de afios mas tarde no se iniciaron, con el siglo XV, los trabajos de saneamiento de las marismas del Rédano. 'S' Lo mismo ocurre en Portugal, donde no existen depésitos prehistéricos en las cuencas y en los valles. En: cambio, las montafias estan pobladas desde la Edad del Bronce; su_ desforestacién no es reciente e iluminada por las luces de la histo- ria, como la de Europa Central. En los siglos 1X y X ain se vivia en las cumbres; las localidades mas antiguas que se conocen, y que | se remontan precisamente a esa época —la de los reyes asturoleo-_ won. !** Ba cambio, Pisa, Luca y Florencia, ciu- Mm, idquieren rango tardiamente, en la época ro- 1 de lox pantanos alrededor de Florencia con- largo tempo. ''S Todavia en el siglo xvi la ‘scans NO estaba totalmente desecada. En con- durante ese tiempo, por el contrario, una especie 1 de las aguas perniciosas. Los pantanos ganan ile Chiana y en las margenes de Ja Hanura inun- meno, Las fiebres se extienden en las marismas, 14 de Grossetto, donde todos los esfuerzos de la Ileqaron a desarrollar el cultivo intensivo del trigo necesa- Ja gran exportacidn. '5¢ jes, la pugna entre la Hanura y la montafa es también una iii de periodo histérico. Los estudios agrarios hechos en la Central y Occidental nos han ensefiado a distinguir los sue- tion de los nuevos, el Altland y el Newland de los historiado- y los gedgrafos alemanes, ganado aquél por los agricultores ticos, y éste habilitado por las colonizaciones medieval y mo- i Viejas terras, nuevas tierras... En el Mediterraneo casi po- ilecirse: montaias y Ianuras. Quien desee comprender la vida 189 JULES BLACHE, op. cit.. p. 15. La misma nota en P. GEORGE, 9p. cit., p. 352. 180 "P, GEORGE, op. cit., p. 237; BOURRILLY-BUSQUET, H. de la Provence, 1944, p. 7: «Se ha localizado a los habitantes mis antiguos de Provenza en los alrededores de Ventoux, las montafias de Vaucluse, al sur de Lubéron, en los valles a la derecha del MT Aperuniciin, ced: lanceisnlichalGliecietis Bovaeapi,, ar vgs Durance, en la confluencia del Verdon; parecen estar en relacién con la abundancia Bheih ios2 cos de ic ey co ple ry nce de gD Ht: Bes etn and Ren en Zan, 13, acuerdo con * >, i, 1943, 495, 457, 461 y 462. «La estructura esencialmente montaiiosa de los paises mediterrincos ha favorecido | ee is aot la fijacin y la permanencia de las razas prchistoricas y protohistoricas.» E> Acmiervcnsmeusionry; Caoliebit Pavkinaly, Gotha, TiGryp. 8682 1B. GroRGh, op. cits pp. 310-22 Ihid., pp. 368 ss. —" 66 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE PRAIHAUIAR MONTANAS, MusitTas, LLANURAS 67 mediterranea, debe encuadrarla dentro del marco de esta antite: a hi Ja Apulia, (podriamos llegar hasta decir, s6lo ella le da su sentido histérico y humano. han sido el escenario esencial de la historia dle le peninsula? Aunque asi no fuera, no ha sido grande, Baste sefalar el dle por af, de que esas regiones han Je reuidn del oeste, sobre el altiplano tendié rapidamente las vias Fla- 'y Aurelia, que conservaron hasta el Il, ALTIPLANOS, LADERAS Y COLINAS Reconocemos, desde luego, que la imagen de la montajia, ta como acabamos de esbozarla, es incompleta. Y es que la vida no deja reducir nunca a lineas demasiado simples; la montafia es m tiple por sus relieves, por su historia, por sus costumbres y ha sin cambio, La Apulia, al este, por sus fechorias. Y, sobre todo, al lado de la montajia alta apare iy wna vasta meseta cal- esa semimontafia de las llanuras, de las colinas, de las laderas, s Hwels el mar, hacia Albania, Gre- mimontafia que en nada se parece, sino que mas bien contrasta wiftviens en dos lineas cada uno de sus rasgos con la verdadera montafia. ¥ # Lecce; la otra, diez mito y a Putignano.., 1°? situado entre el mar ‘ya desde entonces, un foco de Las altas Hanuras Las mesetas son grandes y altas Ilanuras descubiertas, de suek seco —en el Mediterraneo, al menos— y, por consiguiente, durd \enelas procedentes del oeste con raros tajos fluviales. Los caminos, las vias de comunicaciét ‘Muy pronto sin dificultades— no pueden abrirse aqui con relativa facilidad. Asi, la meseta de la Emi “fils ablerto, de pals caminero, como la lia —que mas bien es casi una Hanura— esta profusamente del este, de Grecia y de Albania, por bierta de caminos, y desde hace mucho tiempo, desde siempre, époeas de su historia, da la impresin de dado vida a brillantes civilizaciones, cuyo simbolo es Bolonia. Ji eapulda a la peninsula. Evidentemente, Asia Menor, con sus preciosas capas terciarias (sin ellas seria sobre la que el hombre ha intervenido conti- salvaje como el Zagros o el Kurdistan, sus vecinos), 'S? sus multi 1) Tin el siglo XVI, In vasta y rica zona de la Apulia es ples calzadas, sus caravanas, sus caravanserrallos, sus ciudades Wit WH WtaNerO de trigo y un gran depésito de aceite. etapas, es el corazén de una incomparable historia caminera. ©) busea de productos alimenticios; Venecia, so- altas mesetas argelinas son también como un ininterrumpido ‘Wile sempre 4086 Con instalarse en aquellas tierras —lo mino de estepas que se extienden desde Biskra y la depresion | por certo, en dos ocasiones, en 1495, y en 1528—, y Chott-el-Hodna, hasta la Muluya marroqui... '* En la Edad Medii ‘is cludades del Adriatico, como Ragusa, Ancona y Fe- toda el Asia Menor, entre Ifriqyia y Marruecos, era, en realidad mediacion del pequefo archipiélago de las Tremiti y una gran ruta de este a oeste, que conectaba los mercados con es oficios de los Brati della Carita que alli habitan, habra sistema dorsal, antes del florecimiento de Bujia, antes de la cre: ie conteabando de trigo a todo lo largo del siglo Xvi. 16 cién de Argel y de Oran y antes del auge del mar sarraceno en el siglo x... 'S? En cuanto a las dos mesetas que en los umbrales de lo Apeninos, al oeste, se extienden sobre la Umbria y la Toscan WH NION, G. U., VIL, 2, 1934, p. 326. WAL BELA BLACHE, 0p. its, p. 85 N hn «Zu p Hh, (WIA, p. > 187 PiiLtPPSON, Das Mittelmeergebiet, p. 20. oilers 1 ese Fibir esto, en el traili, y mas ain en el sistema de riegos de k. iS*” E.-FELIX GAUTIER ha insistido con mucha frecuencia sobre el papel de esta Wiiele, en et «acquedorto pugliese». Fritz KLuTE, Handbuch der geogr. Wissen- espina dorsal del Africa del Norte, entre otras obras, en Le Passé de Afrique RUE GLa, F316, ak on basal exoyiies Pers zy vu bixeora? Nord, 1952, p. 115. Hewin A. dS. Napoles, Dipendenze della Sommaria, fascio 417, fasc. 1, {GORGES MaKcass, en Histoire d Algérie, por Gsrus, Manca, Yin, 192% p. 121. i Linbiriedt. ye art, ct. p. 450, i mn UU) olitischen Geographie des Adriatischen Meeres», en i " he A dS. Napoles, Sommaria, Consultationum, 1, 237-41. 68 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE TAL WRINALLAR MON TAN AD, Mustras, LLANURAS 09 Hiewor, Bilbao, gracias a lo cual se vinculd ‘ive que Nunca A la poderosa Europa septen- verorlmil, que tiene en cuenta también {Hilivo de carayanas sin el cual no se podria on A Conjunto, ni a Castilla en particular, w ile norte a sur, a la vera de las Pero tal vez el mas bello ejemplo de estas mesetas animadas todavia hoy el de las dos Castillas, en el centro de la penins espaiiola. Una y otra, la Vieja y la Nueva, estén surcadas de ruti © mas bien de veredas y de malos caminos de herradura. 7 Est caminos no por ello dejan de verse transitados por el trifago de hombres, por la agitacién de verdaderas caravanas de arrieros (I carreteros, cuyos defectos sefiala minuciosamente Cervantes, tie {weran, come es sabido, los mismos nen aqui un papel comparativamente secundario). '* Estos inte if I rleet y tan rapidamente minables convoyes de bestias de carga, mulos y asnos desaparec i Villalar, conducida por ellos casi bajo sus cargas, atravesando las Castillas de norte a sur y de si 4 embajador vene- a norte, segin el calendario de los pastos. Descendiendo hacia tle ecomunicaciones la sur en el invierno, subiendo hacia el norte en el estio, transpo » Castilla se convierte todo lo que se ofrece a su paso: trigo y sal, lana y madera, cerami © de gravedad de 0 loza de Talavera, mercaderias y viajer6s. Guzman de Alfarad el picaro de Sevilla, encuentra un arriero a las puertas de la ciud de donde huye y viaja con él hacia el norte, en compaiiia de uno dignos eclesidsticos, que le cuentan una bella historia. Este movimiento de «acarreo» es el que permite a Castilla vir de nexo de unién entre las regiones periféricas de la Penins que la rodean y la separan a menudo del mar. Es ese trafico, y Castilla solamente, como se ha dicho, '6? lo que ha hecho a Espafia Es ello lo que determina, y, si se quiere, lo que traiciona a la ¢ nomia profunda del pais. El hecho es que durante mucho tiempo este movimiento de caravanas se desplaza hacia la vertiente orien tal, principalmente a Barcelona, y Barcelona se convierte en mercado de venta de la lana espafola; después a Valencia, que € el siglo xv, '7° sobre todo en tiempos de Alfonso el Magnani (1416-1458), llegé a obtener una gran fortuna, y, por ultimo, Malaga y a Alicante, ciudades que llegaron a ser, en el siglo x los grandes puertos de embarque de la lana. En su trabajo sobre k Gross Ravensburger Gesellschaft, opina Schulte que el declinar dt Valencia a fines del siglo xv se debid a que la circulacién castel na, restablecida en todo su vigor bajo el régimen de los Reyes Cat6licos, vit6 ahora hacia el norte, hacia las activas ciudades d WWNI, Relvtions, 1, V, (Francesco Morosini, p. 293 HWAL DE LA BUAcitt, Brats et Nations de Europe, 1889, p. 358. BKM, Ler fondements biologiques de la gévgraphie humaine. Paris, 1934, “PL lina de las bajas moncanas y el de los primeros altiplanos es mis favo W/ Palwereo, al menos en el Mediterraneo, que el de las regiones bajas.» Un Paliaen en ANDKI SirGrRIED, Vie générale de la Méditerranée, Paris, 1943, a WH) ile lu cluderas» (p. 108). Laderas o rebordes |«revermonts» |, diremos, Filial la palabra de la zona del Jura, entendiendo por ella toda estribacion, Hiv |i curioa linea del Piamonte, esa linea festoneada tan importante princi We en Andalucia, V. Las observaciones de G. NueMEIFR, op. et. p. 109. An Montiha y el Nano, 17° debajo 0 lex Mama Dir—, presentan estre- '¥ tloreciente, Tal vez porque entre donde se encuentran situadas— esti el Mediterrineo, por sobre las miasmas de jute, dentro de los limites en que pueden Planta de ln toltwra mista. Ademés, el agua que permite la irrigacién y les sabios cultivos horti- Wi y Vidi & estas estrechas regions privilegia- , leade que nos alejamos del Atlas por el Dir prindes Hanuras del oeste, vemos aparecer en cada Jom eanales de riego, y con ellos, esos jardines y esos Wvables que fueron la admiracién del padre Foucauld. » wnilogo, para el viajero que viene del norte, la impre- Htlla, © mejor dicho del verdadero Mediterraneo, no se iMucho tempo después de pasar los Alpes, cuando se llega "7 GeoRG FRIEDERICI, Der Charakter der Entdeckung und Eroberung Amerikag durch die Europder, \, Gotha, 1925 y principalmente pp. 1 18s «EI licenciado Vidricra», Norelas ejemplares “© OnteGa ¥ Gasser, Esparta invertebrada: Madrid, 1934; encontramos est misma reflexi6n en autores como Unamuno, Antonio Machado © Menéndez Pid 170 “ScHuLte, Geschichte der grossen Ravensburger Gesellschaft, 1923, princi mente I, pp. 285'ss. y p. 295. 70 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE TAP HEMIAMUILAD MORTAR AS, Mustras, LLANURAS: 7 ‘He Comparable ala enorme Zagora, ese alto pais 4a amelie a la aleura de Ragusa como los Alpes se Munich, y que sirve de barrera del lado del a las primeras estribaciones de los Apeninos, que tienden, de Gi nova a Rimini, en la raiz de la peninsula, sus laderas a veces qi bradas, pero sembradas por todas partes de oasis maravillosos. impresionante, hace notar uno de estos viajeros, salir de la Ilan del Po en primavera y llegar a esas regiones verdegueantes, es: ‘soninute Mas impresionante de paisajes y tadas de flores, con sus campos cultivados, en los que se conjugan’ | anchor pulses montafiosos, desolados via, el olmo, el nogal, el olivo y las blancas ciudades, mientras q\ ¥ fine tne sequas catastrdficas del vera- en la Ilanura del Po los arboles desnudos —el alamo, el sauce, ineatuble, verdaderos paises col- morera— parecen atin azotados por el frio invernal. Porque est Wie HOKOEFON Kepamos —pero, regiones de coltura mista —mezcla de huertos, jardines y a vee prados— estan frecuentemente localizadas a lo largo de las faldi sobre los paises de mas sobre la linea de las laderas. Sab eueneds fluvinies mal dese- «A esta altitud (entre los 200 y los 400 metros) —apunta Vid le, con sus bosques; de la Blache— '7* alrededor de la campifia romana se despliega Ayrmia, No es posible co: linea de castelli romani; alli se levantaban las antiguas oppida, q\ y las finuras de su civi bordeaban sobre los montes Volscos la franja desértica (todavia y mas atrasada... Es una de era en tiempos de Vidal) de las lagunas pontinas, y las antigi de la peninsula, y siempre ciudades dominaban las orillas casi desiertas de la vieja Etruria. sleciv, sus desfiladeros y sus puertos— jardin aparece en el primer plano; al fondo emerge la montaiia gt . Por afadidura, en el siglo Xvi era Las oppida, antiguas ciudades fortificadas, se elevaban sobre los ln pals fronterizo enfrentado a los polones, en las partes no cultivables. No existia alli una vida urba ‘sin soldados nacos, bandidos o profugos, haj- propiamente dicha, sino una vida cantonal bastante poderosa, q la mano de Roma reunia en un haz... La pureza y la vivacidad d aire conserva y reforma un material humano que antafio sumi trara a Roma el mejor contingente de sus legiones, y que ahora proporciona la mano de obra que recluta para la explotacion de _ No debe sorprendernos que esta montafa salvaje se Campagna.» también hacia la Dalmacia. Pero estos desbordamientos El mismo paisaje en espaldera encontraremos frente al Adriat yuda de la anarquia de los del este o del norte, en direc- co, sobre el largo reborde de los Alpes dinaricos, desde los alred al interior, son, por el contrario, disciplinados y cuidadosa- dores de Istria hasta la altura de Ragusa o de Antivari. '* Un e: filttados. Se hacia una guerra eficaz contra los tropeles de trecho festén de vida mediterranea bordea la montafia casi junto vein pode(an esparcirse por la Baja Albania, pero no por los la costa, insinudndose en las brechas de los relieves hacia el int 4 esvechos y por los vergeles de la costa. Apenas se insinua- rior, por el paso de Carniola hasta Postojna, por la garganta d aul y alld, especialmente por la depresién del Narenta. El Prolog hasta Livno, en Bosnia, 0 por el calido valle del Narent ive, por su parte, se domestica; se convierte de bandido en hasta Mostar, en Herzegovina. Se trata, aun con esos anejos, de ut lave, el colono eventual se dirigia a las islas y aun mas lejos, a wes de Venecia, en direccién a Istria, donde el trabajo y las tie~ ‘yf sin Cultivar abundaban mas que en otras partes. we: li Months favorecta sus golpes de sorpresa, y mil , iil Peime, nos hablan de sus hazafias, de los beys Jue Carmvanas asaltadas, de las hermosas muchachas 04 Op, cit.. pp. 92-3. "5 Sobre toda esta cuestidn, v. el libro de Cvuic, La péninsule balkanique, 0 franc., 1918. Para la parte decorativa y pintoresca, R. GERLACH, Dalmatinisches Te gebuch, Darmstadt, 1940. Para la descripcién geogeifica, MILOIEVIC, Littoral et il dinariques dans le Royaume de Yougoslavie (Mém. de la Soc. de G., vol. 2), Bel do, 1933. mos de la sintesis de Cvijié lo que antecede a propésito de los movi- Julienne smetanascisicos». Sus alumnos han continuado los estudios sobre el gran Joldenne sle las emigeaciones de la montafia eslava. Asi, J. MAL, Uskoke seobe 7 slo- yuihe pokrajine (las migraciones de los uscoques y de las regiones eslovenias), Lu- RAS 7 72 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE TAN HRMINAULAN MONTANAD, iswras, LLANURA: 3 El invasor se encuentra aqui con un mundo eminentemente é vivin en la ociosidad, sobre las espaldas de table y tranquilo; un mundo que ignora, si no el movimiento, imo dle hortelanos y pescadores, toda una lo menos las migraciones en masa y los gestos de loco de los pais | alll pescador —nos dice Cvijic— pesca altos; un mundo rural cerrado, que habja desarrollado pacient Veh al cual eatd estrechamente asociado; el Sjor le mente sus huertos de frutas, sus vitiedos y sus prados, en el que 7 ile Jon suyory y al peseador le repugna ven- pendientes no eran demasiado fuertes, y que en los lugares meno is A (uwree dle ser estables, continia diciendo propicios habia ido plantando huertos a golpe de azada entre p - Lo quefios muros de contencién. Toda una serie de aldeas urbani : das, de pueblecillos con estrechas calles y de altas casas apretad tin bien que de sociedades una contra otra, ocupaban las bahias, ios draga, los promontorios » evolucionan socialmen- los istmos de la costa. La gente, en estos lugares, era laborio: ¥e trata de la Dalma- paciente, equilibrada y acomodada, aunque no rica, pues la pitanz fan en el que podria. aqui, es exigua, como en todo el Mediterrineo, ya que hay qi wel hecho complejo luchar contra la Naturaleza, contra el enorme Zagora amenazanté HOMO lon castell romani, contra el turco, y, por si todo ello fuera poco, contra el mar. Tod ine on el mar, que todo lo esto exigia un trabajo coordinado, y no gente libre para obrar a Hit, La franja dilmaca esea voluntad; desde el siglo xi, el campesino de Ragusa tenia la situ # Itulla y «un vasto mundo. Se cién de un colono, de un campesino en estado de semiservidum y Venecia, que la dominaba politi- bre. Un catastro del siglo XV nos revela una situacién aniloga ‘pene, aun sin quererlo, con su civ los paises cerca de Spalato, En el siglo Xvi, alrededor de las ciuda des venecianas de la altra sponda, una agricultura precaria se cob jaba bajo la proteccién de los soldados. Cuadrillas de campesino obligados a trabajar partian por la mafana y regresaban al atardecet bajo la proteccién de la tropa. '? Todo ello no contribuia, ciert mente, a estimular el individualismo ni las agitaciones campesin: de las que, sin embargo hay pruebas ¢ indicios. '78 Por otra parte, toda la sociedad dalmata se mantiene jerarq zada y disciplinada. En Ragusa habia un enjambre de familias no Las colinas ) las de Grecia, que a menudo siguen ostentando sus ‘isicos) las colinas de Toscana, con sus célebres comar- ‘lududles y sus pueblos, que son casi ciudades, en la campifia Alonante que existe en el mundo; por tiltimo, las Sahel ua del Norte, famosas tanto en Tinez como en Argelia. Ye ive el mar y Mitidja, apoyado contra ese macizo central en 7 DeJ.N. Tomic, Naselje Méetackoj Dalmaciji. Nich, 1915, t. 1, 1409-1645, a 2 ‘ un corto estudio sobre los lazos de dependencia personal y econémica de los c: ira que es Buzarea, el Sahel de Atel constituye la esencia pesinos en los dominios venecianos de Dalmacia. Este régimen tiende a expandirse ile Hahs, de la campifia argelina. '’? Una campitia toda ella en las islas y el interior de Istria. El peligro turco causa pérdidas que la inmigracion Wileada, repartida entre los dominios de los turcos argelinos, en servia de Bosnia y de Herzegovina no consigue reparar. Entrafia la organizacion de r bliana, 1924, muestra la utilizacion de esta migracién para la organizacion de to confines militares turcos, venecianos y austriacos. R. BUSCH ZANTNER, op. cit.. p. Bt Hama la acencién sobre la presidn albanesa, que determina los movimiencos migrato tos servios hacia el norte; presién albanesa, no turca, milicias obligatorias contra los ataques provenientes de los turcos, de los corsarios ie Impera el dialecto de la ciudad préxima, estrecho oasis en me- de los bandidos. Sobre la Dalmacia veneciana en el siglo xvi, V. LAMANSKY, op. it. » tle los dialeceos «némadas» '*° que rodean al centro urbano. principalmente, p. 552, los enjambres de soldados dilmatas que se posaban hasta ef inglaterra, y la utilizacion de otros contingentes en el ejército y en la flota veneci j ecard ge id’Al ated ein eh Eee lc 1) 11 Iowanp, «Caractere récent du peuplement indigéne du Sahel d’Alger», en. os, asi como en barcos extranjeros, donde les atraian condiciones de vida ma pe ARES 6Cacsctecene ak dis pee iat Wi des Suc, sav. d'Afrique du N., 1936. " " P Sobre el tema cf. G. Mitton, «Les Parlers de la région d’Alger», en Con- WH de Sovrites sar. d'Afrique du Nord, 1937. favorables que las de la flota veneciana. 78 Documentos leidos en el Archivio di Stato de Venecia, pero de los cuales no he tomado nota 74 LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE POWINAULAS MONTANAS, MisPTAS, LLANURAS 75 Arregladas, cultivadas y desecadas (se han descubierto en nuestro dias las canalizaciones de la época turca), '*! estas suaves colinas $0 yequieren las rompudes (rozas). '** Cuando #0 abandonan con frecuencia los pechs pe- terranea, son cerca de Argel suntuosos, y rodean las blancas ciudé des de arboles y de aguas brillantes que en 1627 fueron la admit ci6n de un cautivo portugués, Joao Carvalho Mascarenhas. 4 Admiracin bien comprensible, porque aunque Argel era una ciud: de corsarios, que habia brotado a la manera americana, era tambii una ciudad de lujo y de arte, muy italianizante a principios d siglo XVII. Es, con Liorna, que crecié de la misma manera, una de ciudades mas ricas del Mediterraneo en aquella época; en todo & s0, una de las mejor dispuestas a transformar su riqueza en lujo Es evidente que si consideramos estos ejemplos a la ligera, cor mos el peligro de hallarnos ante problemas de muy simple naturalezt ns HON Hagan olvidar las ‘Wii, Una importancia excesiva a estos §H, OH Hi CONjuNtO, poco numerosos. humanos mejor enraizados del alli se condcen, De aqui a ver {a eivilizacién medite- Way mis que un paso, y Lu- Jos peligros inherentes Jas colinas tosca- y especificos de estas regiones. La luz que arroja el reciente trabaj Mediterrineo... de René Baehrel sobre la Baja Provenza durante los siglos XVI y XVIII '§3 nos previene frente a semejante actitud. Sometido a ext men minucioso, nada hay mas complejo y mas variable en LLANURAS tiempo que esta fragil economia del cultivo en terraza en el flane de las colinas. Entre los pequefios muros de contencién, la franja d tierra, denominada restanque 0, mas frecuentemente, ou/iere, se en sancha © se estrecha, segtin sea mas 0 menos pronunciada la pei diente de la ladera. «La vifia se planté al borde de la ou/iere, y lo Arboles un poco por todas partes»; entre vitiedos y arboles crecen € trigo, la avena mezclada con las almortas (para las mulas) y, sob1 todo, las legumbres (lentejas, guisantes, farowns). Estos cultivo hubieron de competir entre si, a tenor de los precios del mercado también han de competir con los productos de las regiones vecina MEM Eg nite los pliegues alpino-pirenaicos de las cade- € incorporarse a la riqueza o pobreza de economias de mayor a SUE ercente.producidas por hundimientos se- plitud que la propia. A finales del siglo XVI, el campo alrededor d lus ile (exraplenes: el producto del trabajo paciente de los la- Vicence da la impresién de tener unidas todas sus tierras, consti dle lox Plos 0 de los mares. Huelga decir que, mas 0 menos tuido por una «sucesién ininterrumpida de huertos», y eso a pesar d 4a (4010 una docena de ellas son importantes, si no por sus estar formado por planicies, valles y movi. En cambio, en el BE ind: por sus dimensiones): y también, més 0 menos interior, en el Languedoc abundan las colinas desérticas que jis al mar, estas Hanuras presentan un aspecto totalmente dis- ulvocarse en lo referente al papel que “Wi el Mediterraneo. Si decimos: la montafia, steridad, aspereza, vida atrasada, poblacién dis- In Hlanura, responde un eco de abundancia, de riquiena, de alegria de vivir. En el tiempo en que si, ¥ Hatdndose del Ambito mediterraneo, es mas que “ae ef eco engafie a quien lo escucha. efia que hay en el Mediterraneo planicies pequefias y 1H ivMANUEL Le Roy LaDurie, op. cit., pp. 223 ss. WW Plasir de Prance, 1932, pp. 119-20: «Bl espiritu del Mediodia se formé en ‘oniuee, no en «la montafia, que ya era demasiado pobre y de donde la zente Jerialia periddicamente». Sobre esta gente de la regién de las colinas y las huellas ii dejan a su paso, véase lo que escribe ISABELLE EBERHARDT, Notes de route, 1921, '81 MM. Dattont, «Le probléme de Palimentation en eau potable de la ville d’ Ab ger», en B. de la Soc. de Ging. d’Alger, 1928, p. 8. 2” BERNARDO GoMrs Dr Brito, Historia tragio-maritima. Lisboa, «. VII 1905, p. 74 WO RENE BABHREL, Une croissance: la Basse-Provence rurale, fin du xvi siecle 1789, Paris, 1961, p. 125. ‘st Biblioteca Marciana de Venecia, 5838, C Il, 8, £8 Jaiilo del Sahel tunecino (p. 221), 0 MARCEL BRION de Toscana y de «su paisaje jyjtido 4 las dimensiones del hombre», Lavrent le Magnifique, 1937, p. 282. 76 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE WNINAULAN MONTARAS, StisHTAS, LLANURAS 7 MOHMAOIOS. Plants en ellas grandes aldeas Hat sus cludades. Por el contrario, en el Wpre amenazados por las aguas—, la dis- 4 Menudo In regla, Asi vio Montaigne la sy Mang Ia de Brousse; asi hemos visto 4), valorigada ya por los romanos: en. tinto al de las montafias que las circundan. No tienen la misma lt ni los mismos colores, ni las mismas flores, ni el mismo calendari Mientras que el invierno se eterniza en la Alta Provenza y en ¢ «Delfinado», «no dura mas de un mes» en la Baja Povenza, «de so quien cette saison mesme, on y void des-roses, des ovillets et des flew orange». '87 El embajador De Bréves, que el 26 de junio de 1 va, junto con sus compaiieros de viaje, a ver los cedros del Libano, ime Fegan; en los bordes, los plan- sorprende de las diferencias que produce la altitud: «Aqui [en “Hile lejow, la hilera de las aldeas céle Libano] vifias y olivos apenas estaban comenzando a florecer y el tri sive bajo fox ojos y que describio aamarillear, y en Tripoli [en la costa] ya se vefan uvas, las olivas esta dle eton centros habitados ban gordas, el trigo segado y los demas frutos muy adelantados.» 4 lon cireuloy de Thiinen, las Un flamenco, Pierre Coeck d’Alost, presenta un informe, acompaii do de dibujos, acerca de las dificultades que ha encontrado, ade de la pluye, vent, neige o gresle, al cruzar las montaias de Esclavoni {weron aprovechadas por el «Cuando se llega a la zona de las planicies, todo se hace més afabl ttunsitorio, Hasta hace mujeres griegas... se acercan a vender a los viajeros toda espi cie. ile Raiptiter la region de Mitid- provisiones de boca y articulos utiles, como son herraduras, cebad: eH) 1922 loged la colonizacién avena, vino, pan o tortas cocidas en la ceniza caliente.» '*? Del mis: ile Salnica, sobre las marismas. '°” Y modo, en 1573, Philippe de Canaye se regocijaba de encontrarse, ak Hil guerra mundial no se dio cima a salida de los nevados montes de Albania, con las risuefias planicies d en el deli del Ebro y en las lagunas la Tracia. '8° Muchos otros, al igual que él, se han sentido conme wlvierte que en el siglo Xvi las grandes pla- vidos ante la gracia de las calidas planicies que parecen propici ‘yids Como weneralmente se cree. Por aparente al hombre. 19" uni con mucha frecuencia cuadros de tristeza y Parecen. Porque es indudable que, aunque fuesen poco exten sas, estas Ilanuras se han sometido siempre con facilidad a la vol tad del hombre. '9? El hombre se posesioné inmediatamente d las eminencias, de los altozanos estratégicos, de las terrazas fluvia He hun aldo objeto de facil {14 campifia romana? Un semidesierto, a despe- “Wit serie de poblaciones fundadas en el siglo xv y prose- Hye el XVI. ¢Las marismas pontinas? Una cafada para sentenares de pastores, y refugio de hordas de bafa- ‘87 Andnimo (Claude de Varennes), Voyage de France, dressé pour l'instruction | ef es COMarca solamente abundaba la caza de toda Ja commodité tant des Francais que des étrangers, Ruin, 1647, p. 136. ft fndi sai 1” Op, cits pes 567, luyendo el jabali, indice seguro de una esporadica ocu- 189 BN. Estampes (Od 13, pet. in-fol): Les moeurs et fache 1s de faire des Tunez. contrefaictes par Pierre Coeck d’Alost 'an 1533. 19 PruLipPe DE CANAYE, sieur de Fresne, Le royage dv Levant, 1573, ed. WW bHH VILAK, of, ct. 1, p. 223. pm! rig Hauser, 1897, p. 40. Hh, ip 249 48. G. MARCAS, «Tlemcen, ville d'art et d'hist.», en IT Cong 18 CE. V. BERARD, La Turquie... p. 93: contraste entre Albania, sus montaf Airane dN: ¢ 1, 1936. sus rios «violentos y removedores de suclos», sus gargantas guardadas por los de 1) NUMEYER, op. c#t., p. 28. Esta observacién es de gran alcance. Por la aglo- rendjis, y Macedonia, con sus aguas tranquilas y sus espumeantes cascadas. V., HOH eH WW We ouiales yen; funekin: yx, paraside ells, hay ‘wos PAUL BOURGET, Sensations d'Italie, 1891, pp. 88-90, el paso de Toscana a Umbri Wael del espacio rural En Toscana, brusquedad, pero con pureza, en tanto que sobre las encinas y Hole este punto, v. los trabajos de JULIEN FRANC, La Mitidja. Argel, vifiedos de Umbria se extienden las brumas y se cierne el drama de la fiebre. ‘ Lyle Fol Gautier, «Le phénoméne colonial au village de Boufarik», en Un "92" Sobre esta precocidad de las pequefias Hanuras, estoy de acuerdo con ‘wlomiution. Argel, 1930, pp. 13-87. LEHMANN, «Die geographischen Grundlagen der kretisch-mykenischen Kultur», €1 F } Ancit, La plaine de Salowique. 1930. Geogr, Zeitschr., 1932, p. 337. De igual manera, son los pequeftos oasis los que, en 1% hobye el deltadel Ebro, v. E. H. Dosby, «The Ebro Delta», en Geogr. Journal, Cercano Oriente, han sido creados primero por los hombres, como se ha supuesto 4, mayo 1936. Sobre las lagunas pontinas, SCHILLMANN, «Die Urbarmachung. con verosimilitud. aiMininchen Sumpfe», en G. Wissenschaft, 1934. s 79 78 LA INFLUENCIA DEL MEDIO. AMBIENTE HIMIMAULAN MONTANAS, MustTAS, LLANURA 9 paci6n humana. Igualmente desiertas las tierras del Bajo Rodan ue femur mil precauciones, construir presas, apenas abordadas hace solamente una veintena de aiios por algut den Pero, a pesar de todos los esfuer- «bonificaciones» riberefias. '%° Vacia, totalmente vacia, la Ilanura d t ‘| Mediterrineo, en Portugal o en el Liba- Durazzo; todavia lo esta ahora, por lo demas. El mismo delta d Halle bajo la amenaza de estas peligrosas Nilo estaba insuficientemente poblado. 7° Y el del Danubio era ‘se sumerge algunos inviernos bajo las to- que contimtia siendo: un impresionante pantano, un mundo anfibi ; casi inextricable, con islas flotantes de vegetacién, bosques cenagé sos, tierras febriles, y en este ambiente hostil, donde pulula Ia vid salvaje, algunos miserables pescadores. En Anatolia, hacia 155: Busbec recorrié mas alla de Nicea llanuras sin pueblos ni casas; ¢ aqui, observa, «donde pastan las cabras cuya piel sirve para hac camelotes», lo que vale tanto como decir que esta zona queda cere de Ankara. 2°! Por el mismo tiempo, en Cércega, en Cerdefia, Chipre, las planicies interiores ofrecian también una estampa d desolacin. En Corfti, el provisor Justiniano atraves6 en 1576 un Ilanura casi desierta. 7°? Y las corsas de Biguglia y de Urbino una llaga incurable. 7° ies aneqaron la marisma toscana, iis de Was sementeras, La marisma era, con " ide Toneana; de ahi que ante | digi se vierw obligado a ir ) # CONRe UIE trigo para de vero provocan de In montafia des- ‘Ait que nada las contenga. Muchas veces, durante el . Hh low Baleanes, los puentes eh arco y sin pilares centrales, ‘feslstencia posible a las subitas cre- El problema del agua: la malaria Pero no pretendemos hacer un inventario de todas las planicie que en el siglo XVI atin no habjan nacido a la riqueza. Nos basi con saber que este nacimiento supone largos esfuerzos, y la sol cién de un doble, si es que no de un triple problema. Para comen. zar, el problema de las inundaciones. Las zonas montafiosas zonas donde los arroyos se despefian; en cambio, las planicies son casi siempre, colectoras de aguas. ?** Durante el invierno, estaciés normal de Iluvias, su suerte es permanecer inundadas; 2° para € ‘Ws Herras bajas, las aguas no siempre se el mar, Las que descienden de los Volseos se estancan a lo largo de 30 kilé- f sy el mar, creando asi las marismas pon- ‘pats en las débiles desigualdades de relieve del ile las Corrientes que eso determina y en la ile duns que hacen de dique de contencién a la “Tin el caso de la region de Mitidja, la planicie, bor- por ef Atlan, esti literalmente bloqueada del lado del ‘linus de Sahel, que apenas abren las brechas de Ued ile Ued Mazagan, al este y el oeste de Argel. Las variar de un caso a otro, pero, en definitiva, en casi planicies se produce un estancamiento de aguas mas 0 whundante, Y las consecuencias son en todas partes las | Hyd, Wha vita, Ora morte; s6lo que, en este caso, el agua no sleciy vida, sino muerte. Inmévil, forma inmensos pantanos ile juncos y cafiaverales; y en el verano conservan, wwnos, la peligrosa humedad de los bajos fondos o de los slules, bordeados por los caracteristicos laureles rosados. De 199 P, GEORGE, op. cit., pp. 296-9, 310-22, 348. Del siglo xi al siglo xvi, Camarga se hizo paulatinamente mis insalubre, p. 606. 200" J. Lozacn, Le Delta du Nil. 1935, p. 50. 291 Op. cit, I, pp. 142-3. Otros ejemplos, la multiplicacién de los arroyo cerca de Andrinépolis (ibid., 11, 10). En IGNACIO DE ASSO, Hist. de la economia pi tica de Aragin, 1798 (reedicién 1947), cf. detalles sobre el «tremedal» de Benav tre (p. 84), en la lanura de Huesca (72-3), de Zaragoza (94 s.), de Teruel (186 202 BLN, Paris, Ital., 1220, f. 35 203 PraipPe Leca, La Corse... op. cit., pp. 213 y 270; J. DE BRADI, op. city En la estacién lluviosa, las Hlanuras son lagos 0 campos de lodo (J. J. TH RAUD, La bataille 4 Scutari, 1927, p. 53, a proposito de las Hanuras albanesas); extensiones cenagosas y las marismas que crea el Bojona desbordado (ibid., p. 14 295 Por ejemplo, en 1940, en el sur de Espafia; en enero de 1941, en Port en febrero de 1941, en Siria; en octubre de 1940, en la cuenca del Ebro (infor ciones de prensa). Inundaciones en Cérdoba, 31 de dic. de 1554 y 1.9 de enero d 1555, FRANCISCO K. DE UHAGON, Relaciones historicas de los siglos XVI-y NVI, 1896, pp. 39 ss. Ko, BaeMonn, op. ct., p. 17. Del mismo autor, Yémen et Saondia, 1937,

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