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SWAMI PANCHADASI NUESTRAS FUERZAS OCULTAS TELEPATIA Y CLARIVIDENCIA TERCERA EDICION EDITORIAL KIER, S.A. Av. Santa Fe 1260 1059 Buenos Aires Ediciones en espatiol Editorial Kier, S.A. Buenos Aires afios: 1966 - 1980 - 1983 Dibujo de tapa HORACIO CARDO LIBRO DE EDICION ARGENTINA ISBN 950-17-0726-1 ‘Queda hecho el depésito que marca la ley 11.723 © 1983 by Editorial KIER, S.A. Buenas Aires Impreso en ta Argentina Printed in Argentina INTRODUCCION Al preparar esta obra para los estudiantes de paise’ ocoi- dentales nos vimos obligados a seguir un: plan completamente opuesto al empleado en el aleccionamiento de los estudiantes de la Indig, a causa de la opuesta actitud de los naturales de unos y otros paises. : -El estudiantée de la India espera que el instructor exponga .afirmativamente los principios y los métodos y procedimien- tos de explicacin de dichos principios con frecuentes ejemplos, generalmente fabulas o parabolas, que sirvan para enlazar el nuevo conocimiento con alguna cosa de antemano conocida. El estudiante de la India nunca espera ni solicita de su maestro pruebas de los principios que expone ni de los métodos que emplea, pues considerarfa como un insulto a su maestro semejante peticién, y en consecuencia-no espera ni demanda ejemplos ni ilustraciones que sirvan de prueba cientifica de los principios ensefiados sino que cree firmemente en la pala- bra del instructor. Puede el estudiante pedir mas. amplia informacién, pero s6lo con el objeto de esclarecer algan punto que no haya com- prendido; pero evita como la peste toda pregunta que denote _argumentaci6én, reparo o duda respecto de lo que le ensefia © que requiera prueba de lo ensefiado. 7 Per el contrario, el estudiante occidental esta acostum- brado a mantenerse en escéptica actitud mental, en la cienti- fica actitud de duda en demanda de prueba, y el instructor. asi lo entiende, de modo que ambos, estudiante e instructor, tienen la respectiva costumbre de pedir y dar ejemplos compro- 7 batorios de los principios ensefados; pero no ejemplos simbé- licos o alegéricos sino casos practicos, efectivos, auténticos y_atestiguados de suerte que den concluyente prueba de las afirmaciones del instructor. En resumen, el instructor occidental ha de probar practi- camente la verdad de sus principios y métodos, para que los estudiantes los acepten. Sin embargo, no es que el estudiante dude de la veracidad y buena fe-del instructor, sino porque la mentalidad. occidental gusta del didlogo inquisitivo e inda- gador en el proceso didactico. Por lo tanto, en las siguientes paginas evité cuanto me fue posible limitarme a exponer lisa y llanamente los principios y métodos, y procuré demostrar cada uno de los puntos de la ensefanza, aunque para eludir largas y técnicas discusiones filoséficas y metafisicas me vi en la precision de dar por admi- tidos los fundamentos postulados de la filosofia indica y de la ciencia hermética, porque la prueba experimental de estos pos- tulados sélo puede ser valida para los capaces de actuar en los planos superiores; pero, aparte de esto, he procurado dar prueba directa y positiva de cada punto de mis ensefanzas adaptadas a la mentalidad occidental. Al aducir’ las pruebas cientificas omiti de propdsito, ex- cepto en muy pocos casos, todo lo referente a los fendmenos de indole oculta y psiquica ocurridos en la India, y me contraje a exponer los acontecidos en personas y paises occidentales. También me abstuve. de citar autoridades de la India y en cambio cito las mas conocidas y prestigiosas de Occidente, como la Sociedad de Investigaciones Psiquicas y los eminen: tes cientificos interesados en la labor de dicha Sociedad. De esta suerte he procurado -proporcionar al estudiante occidental ejemplos, casos e ilustraciofies con los que esta familiarizado y de facil comprobacién, pues si hubiera citado casos de la India, tal vez se me acusara de aducir pruebas de dificil o imposible verificacién y de citar personas descono- cidas del lector. Desde juego que en la India abundan profusamente los casos de semejante indole, pero en general son tradicionales y refractarios a la letra impresa; por lo que no serian muy satis- factorios para el estudiante occidental. 8 Sin embargo, debo.afirmar rotunda. y positivamente que aunque los casos y ejemplos expuestos son exclusivos de Qcci- dente, los principios y’ verdades que comprueban los conoce ya desde muy antiguo la filosofia hermética de la India, y como estén admitidos secularmente sin lugar a duda, no re- quieren prueba mayor por parte de los indos; pero en el mundo occidental todas estas cosas son relativamente nuevas y deben por lo tanto demostrarse y atestiguarse debidamente, En cambio, por lo que toca a los principios, todos ellos son resultado de la investigacién filosofica del pensamiento indo, y quien intente descubrir sus raices ha de excavar muy hondo alrededor del arbol de la Sabiduria oriental que ha resis- tido el embate de los vientos y tempestades de millares de afios. Pero las ramas de este arbol milenario forman vastisimos rama- jes, a cuya sombra pueden guarecerse muchisimos estudiantes occidentales. SWAMI PANCHADASI PRIMERA PARTE: NUESTRAS FUERZAS OCULTAS CAPITULO | LOS SENTIDOS ASTRALES El estudiante de ocultismo sabe ‘por experiencia que hay quienes asumen la cémoda actitud de escepticismo respecto de las cosas ultraterrenas, diciendo que sdlo creen en lo que sus sentidos perciben, Les parece a estos tales que su ‘cOmoda ma- nera de pensar ha resuelto definitivamente el problema y que los ocultistas son gentes crédulas, muy propensas a tomar por ciertas y reales cosas contrarias a la percepcion sensorial, Aunque el punto de mira de los escépticos no merece la consideracién del genuino estudiante de ocultismo, no estard de més que nos detengamos interinamente en su examen, pues nos serviré de leccién objetiva respecto de la pueril actitud de los positivistas en cuanto atafie al testimonio de los. sentidos, pues alardean de tener sentido comiin y de no dejarse alucinar Por patrafias ni quimeras. Sin embargo, esta clase de escéptices- son-los mas- pre- pensos a creer en agiieros, hechicerias, supersticiones y'con- gojas vulgares, y aceptan sin pestafiear las mas absurdas ense- fianzas y los més ridiculos dogmas que les llegan de lengua o. pluma de alguna pretendida autoridad, mientras que se burlan de superiores ensefianzas por incapaces de comprénderias, Todo cuanto les parece insélito, extrafio o desusado, lo califican de quimérico y contrario al buen sentido de que. se jactan como si lo monopolizasen. 11 Pero no ‘es mi propdégito perder tiempo en. el anilisis de estos entendimientos de tres al céntimo, pues sdlo-aludo a ellos con abjeto de demostrar que hay quienes confunden el con- cepto de “‘sentido”-con el de “‘sentidos”’. Consideran todo conocimiento como resultado de la. per- cepcion sensoria, y desconocen por completo la fase intuitiva de la mente y los superiores procesos del razonamiento. Aceptan sin reparo cuanto los sentidos corporales les atestiguan, y tildan de herejia cualquier contradiccién a seme- jante testimonio. Una de sus expresiones favoritas cuando se les expone alguna verdad que no comprenden es: “No me haran creer lo contrario de lo que veo y toco’’. No advierten que sus sentidos son muy deficientes instrumentos y que la razon ha de en- mendar con mucha frecuencia su no muy fidedigno testimonio. Sin decir nada de la afeccién visual discromatopsia, que consiste en confundir unos colores con otros, nuestros sen- tidos distan mucho de ser exactos. Por sugestion podemos creer que olemos o gustamos-cosas que en realidad no afectan al olfato ni al gusto, y un sujeto hipnotizado veré lo que sdlo existe-en la mente del hipnoti- zador. El conocido experimento de palpar a ojos cerrados un gui- sante y después la punta roma de un lapiz de plomo, colocados entre el pulgar y el indice, demuestra hasta qué punto puede engafiar la sensacién del tacto. : Los numerosos' ejemplos de ilusiones Opticas justifican el conocido proverbio de que la vista engafia, y bien saben los hipnotizadores con cuénta facilidad suscitan ilusorias visiones en los sujetos propensos a la sugestién. Acaso el mas conocido ejemplo de la falacia de los sen- tidos sea el movimiento de la Tierra, pues a todos nos parece, si nos guiamos por nuestros sentidos, que la Tierra esta fija y que el Sol se mueve. Unicamente cuando aceptamos el infor- me de la razon, nos convencemos de que no sdlo la Tierra gira sobre su eje en 24 horas y alrededor del Sol en 365 dias, sino que el mismo Sol llevando en su torno a todos los astros de su sistema, se mueve rotariamente respecto de un centro de atrac- cién todavia desconocido. Si algun testimonio de los sentidos hubiera de ser fidedigno, 12 _ninguno como el que nos muestra la aparente inmovilidad de la Tierra y el movimiento del Sol respecto de la Tierra; y sin embargo, sabemos que ‘es mera ilusién, y que el fendémeno es totalmente opuesto a lo que parece. Por la ilusion del sentido de la vista creyé el hombre primi- tivo que la Tierra era una superficie erizada de montafias, y que estaba inmévil, sostenida sobre los hombros de los atlan- tes a que alude la mitologia y cubierta por una béveda que. cual inmensa cipula se movia de Oriente a Poniente surgida del seno de un mar para sepultarse o sumergirse en otro mar, La primera dificultad que le representé la raz6n en contra de lo que tan distintamente veian sus ojos, fue que no era posible que el Sol, la Luna y las estrellas pasaran por debajo de la Tierra. Asi es que la extrafieza desperté la’ curiosidad, de Ja curio- sidad nacié la atencién y de la atencién la observaci6n de las fases de la Luna y su retraso respecto del aparente, aunque para ellos efectivo movimiento del Sol, los eclipses que infun- dian espanto en su corazén, dando con ello prueba ‘de que siempre el temor es hijo de la ignorancia, y alguno que otro cometa cuya aparicién les ‘sefialaban también por ignorancia Jas calamidades que después de la aparicién sobrevenian, sin percatarse de que asimismo se encendian guerras, sufrian ham- bres y pestes y ocurrian terremotos sin que ningin cometa hubiese aparecido para predecir la calamidad que de pronto sobrevenia. Sin embargo, en algunos pueblos antiguos, como los indos- tanos y caldeos, hubo sacerdotes y hierofantes a quienes el pueblo llamaba magos, quienes mas adelantados que la genera- lidad de las gentes conocian el verdadero mecanismo de nuestro sistema planetario, aunque reservaban el conocimiento para transmitirlo, Gnicamente a los iniciados en los misterios reli- giosos. Conocian el fendmeno de la precesién de los equinoc- cios que mas tarde ensefié Hiparco en las escuelas de Alejandria y observaron que las estrellas no estaban distribuidas ‘sin orden ni concierto sino que formaban grupos arménicos y permane- cian las mas de ellas siempre en el mismo lugar, mientras que otras cambiaban de situacién respecto de aquéllas. Asi distinguieron las estrellas fijas de las errantes o pla- netas, a las que los filésofos griegos dieron los nombres de sus 13 dioses Mercurio, Venus, Marte, Jupiter y Saturno, pues no habfan descubierto Urane ni Neptuno. Guiado Hiparco por el ilusorio- sentido de la vista estable- cid el sistema del mundo, llamado impropiamente de Tolomeo, segun el cual la Tierra estaba fija en el centro del universo, y era esférica, ya no plana, y alrededor de la Tierra giraban en circwlos concéntricos la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, duapiter, Saturno, las estrellas fijas, y mas alla estaba el cielo de los bienaventurados. Aunque parezca extrafio, filosofos tan eminentes como Aris- tdteles creyeron verdadero este sistema, aunque otros como _ Pitagoras ensefiaban secretamente a sus discipulos que la Tierra y los planetas giraban alrededor del Sol. Pero durante las edades antigua y media, las lumbreras de: la filosofia y la ciencia, sin exceptuar a San Agustin y Santo Tomas, que hoy nos representan sus partidarios como los mas altos exponentes de la sabiduria humana, admitieron sin reparo~ tan absurdo sistema, que prevalecié entre doctos, doctores e ignorantes hasta 1543, en que Nicolas Copérnico, canénigo de la ciudad polaca de Thorn, reprodujo publicamente en su obra Revolutionibus orbium celestium, el sistema que veinte siglos atraés habian ensefiado secretamente Pitagoras, Anaxé- goras y otros filésofos griegos que habian recibido estas ense- fanzas de los hierofantes de la India, Caldea y Babilonia. Segin este sistema que todavia prevalece con algunas mo- dificaciones, el Sol es el centro del universo (pues tal creia Copérnico que era nuestro sistema planetario) el manantial de todas las modalidades de energia, en cuyo alrededor giran los planetas ‘en circulos”, pues Copérnico, siguiendo en esto a Aristételes, crefa que por ser “el circulo Ja figura geométrica mas perfecta y los cuerpos celestes divinos e incorruptibles sdlo podian moverse en circulo”’. A pesar de la racionalidad de este sistema, se levantaron contra él no sélo las gentes vulgares que se burlaban diciendo que no les era posible creer lo contrario de lo que estaban viendo, sino también los intelectuales e inteligentes de la época que no podian admirar cosa contraria al testimonio de los sentidos. Se armo ‘tal confusién entre los defensores y adversarios del sistema de Copérnico, que como suele ocurrir en casos seme- 14 jantes, quiso un astronomo llamado Tico Brahe, conciliar ambas opiniones, sin tener en cuenta que eran irreconciliables porque no eran términos extremos ni opuestos en que. cupiese el tér- mino medio de la virtud, sino que era la verdad en contienda con el absurdo. Y lo que hizo Tico Brahe fue un enorme pastel astroné- mico, un despropésito indigno de un cientifico, pues nada menos que salié con la cantata de que la Tierra esta fija en el centro del universo, y alrededor de ella gira el Sol en cuyo tomo giran a su vez los planetas, y el firmamento entero con todas las estrellas daba en 24 horas la vuelta ala Tierra. Por supuesto, este estrafalario sistema sin razOn siquiera apa- rente en que lo fundara su expositor, no agradé ni a unos ni a otros, y como la verdad sufre y padece pero no perece, qued6 el sistema de Copérnico sepultado bajo el universal prejuicio de la docta ignorancia, y para mayor opresién vino la Iglesia Romana, la infalible definidora de ta verdad, la depositaria y monopolizadora por exclusivo privilegio de la eterna sabi- duria, altavoz que difunde por el mundo terreno las voces del cielo, y declaro con su acostumbrada petulancia que el sis-. tema de Copémico era herético, pues se oponia a la verdad- revelada por Dios en la Biblia, que dice muy explicitamente que “extendié 1a tierra como una tienda”. Asi la Iglesia Romana condené a Galileo porque defen- dia el sistema heliocéntrico y condené cuantos libros lo expo- nian, sin perjuicio de retractarse al fin de haber hecho retractar al valetudinario Galileo, o de quitar importancia a la cosa, para reincidir hoy dia en el mismo error al condenar cerril- mente el sistema de Einstein diciendo que conduce al ateis- mo, cuando en realidad conduce a la firmisima creencia en el Dios manifestado en la armonia del universo, que equivale al ateismo o negacién del falso Dios medido con medidas humanas para atemorizar y esclavizar las conciencias de las masas ignorantes. Siglos enteros ha tardado ta humanidad en convencerse de que el mecanismo de nuestro sistema solar es precisamente lo contrario de lo que perciben los sentidos, cuyo testimonio, para ser fidedigno, ha de estar avalado por la razon. Sobre todo, el sentido de la vista es la mas falaz y asi dice el vulgar adagio que “‘la vista engafia’”, aunque los esco- 15, lasticos sdlgan del paso diciendo que los sentidos nos engafian “per accidens” y no “per. se”, es decit, que sdlo. nos enga- fian cuando: no hay la debida correspondencia entre el sen- fido y el objeto de percepcion. Pero los escoldsticos que tal dijeron no sabian que la ima- gen del objeto que ja vista percibe, queda invertida en nuestro aparato visual, y es necesario que la mente la coloque y per- ciba al derecho. Con todo, no trato de incitar a nadie a que rechace en-abso- luto el testimonio de los cinco sentidos, pues fuera manifiesta insensatez, ya que én la vida ordinaria dependemos de las per- cepciones sensorias, y mucho sufririamos si rechazaramos de plano su testimonio. Por el contrario, quiero exponer la verdadera naturaleza de los cinco sentidos, a fin de que se comprenda lo que son y también lo que no son, asi como que el ego dispone de otros conductos de percepcién y conocimiento ademas de los cinco sentidos corporales. 7 Una vez obtenido el exacto conocimiento de la verdadera naturaleza de los cinco sentidos corporales, seta posible com- prender la naturaleza de los sentidos astrales y estar dispuestos. para usarlos eficazmente. Al preguntar qué son los cinco sentidos, la respuesta mas natural es decir: “ver, oir, oler, gustar y tocar; o sea: vista, oido, olfato, gusto y tacto”. Sin embargo, esto no es mas que el recitado de las diversas “modalidades de sensacién; pero, ,qué es un “‘sentido” cuando de cerca nos proponemos examinarlo? Dicen los diccionarios que los sentidos son cada una de las aptitudes que tiene el alma de percibir, por medio de determi- nados Organos corporales, las impresiones de los objetos exte- riores, o también ‘‘la facultad que tienen los animales de perci- bir los objetos externos por medio de impresiones hechas en determinados érganos del cuerpo’’. Si examinamos ]a raiz de este-asunto, advertiremos que los cinco sentidos del hombre son los canales por cuyo medio recibe informacién de las cosas a é] externas. Pero no se han de confundir los sentidos con los érganos de los sentidos, pues estos Organos son el instrumento que transmite al cerebro las impresiones recibidas, y tras el cerebro” 16 esta el alma, el ego, con su mente, que percibe las impresiones transmitidas y es el verdadero conocedor. El ojo no es mas que una camara fotografica; el oido un receptor de ondas actsticas; la nariz un dispositivo a propd- sito para recoger las emanaciones odoriferas; la lengua un con- tinente de papilas gustativas; el sistema nervioso un aparato destinado a transmitir impresiones al cerebro; todo ello como partes o piezas de un mecanismo fisico, expuesto a las enfer- medades y la destruccién. Tras todo este mecanismo esta el verdadero Conocedor que lo utiliza. En prueba de ello notaremos, si bien observamos, que entre los cinco sentidos hay una muy estrecha solidaridad que hasta cierto punto los unifica en un solo sentido a que pudiéramos llamar el sentido mental. Por ejemplo: cuando vemos una cosa aspera, como una estera, y otra lisa y fina, como una pieza de seda o tercio- pelo, la vista de por si nos da la respectiva sensacion de aspe- reza o de finura sin necesidad de tocar la estera o el tercio- pelo. En este caso la vista suple al tacto. En cambio un ciego conocer por sdlo el tacto si la moneda que le dan es falsa o legitima y al pasar la mano por una tela no sdlo conocera su contextura sino también el dibujo y hasta los colores de la muestra. Una persona experta en el arte culinario conocera tan solo por la vista sin necesidad de valerse del gusto si un manjar esta soso o salado, y sin ser experto en dicho arte, cualquiera conoce por el olfato sin necesidad de la vista el manjar que se esta guisando en la cocina. La propiedad que tienen los metales y otros cuerpos sono- ros de vibrar con timbre peculiar, permite conocer por sdlo el oido, sin auxilio de los demas séntidos si una moneda es de oro, de plata, de niquel o de cobre cuando se la hace sonar sobre el marmol de una mesa de mostrador o en el duro suelo, a espaldas de quien percibe el sonido. Tampoco es necesario el uso de los demas sentidos, cuando oimos técar un instrumento, pues aunque nolo veamgs sabe- mos si es piano, violin, acordedn, guitarra o clarinete. Si a un chiquillo se le dice que cierre los ojos y abra la boca para darle una golosina, conocera por el gusto sin necesidad 17 de Ia vista ni-del olfato ni del tacto si es una pastilla de choco- late, un caramelo-o una peladilla. Estos ejemplos demuestran que las percepciones sensorias concurren todas a un punto central que es la mente del ego, del Conocedor, del verdadero ser del hombre, quien realmente percibe la sensacion. La ciencia nos ensefia que de los cinco sentidos el del tacto fue el inicial, del que los demas son modificaciones o especia-: Jes modalidades. ‘Muchas formas inferiores de la vida animal sdlo poseen el sentido del tacto.y aun escasamente desarrollado, Por el tacto perciben lo que les sirve de alimento y cuanto directa- mente les afecta. Las plantas también tienen algo semejante al tacto, como se observa en la por lo mismo llamada sensitiva. Tenemos pruebas de que mucho antes de que el sentido de la vista o la sensibilidad a la luz apareciera en la vida animal, aparecio. el sentido del gusto y rudimentos de percepcion auditiva. El olfato fue derivindose poco a poco del gusto, con el que esta intimamente relacionado; y algunos animales, como el perro, tienen el olfato muchisimo mas fino que el del hombre. El ofdo se fue desenvolviendo mas tarde, de la rudimen- taria percepcién de las vibraciones. La vista, Ultimo de los sentidos en e] orden de desenvol- vimiento, derivé de la elemental sensibilidad a la influencia de la Juz. 7 Sin embargo, el gusto, el olfato, ofdo y vista, son modifi- caciones o modalidades especiales del sentido del tacto. El ojo recibe por contacto la impresién de las vibraciones luminicas. El odo recibe por contacto la impresién de las vibraciones actsticas. El gusto recibe por contacto con las papilas de la lengua la impresion de las particulas de la sustancia disuelta en la saliva, de modo que las sustancias insolubles en la saliva nos parecen insipidas, sin sabor, aunque puedan ser sdépidas y tener sabor para los animales en cuya saliva puedan disolverse. El olfato percibe el olor de Jas.sustancias cuyas emana- cionfes se ponen en contacto con la membrana pituitaria por la que se ramifica el nervio olfatorio, y si dichas emanaciones 18 por lo sumamente sutiles no afectan al sentido del olfato, decimos que la sustancia’ es inodora, aunque puede ser odo- rifera para los animales a cuyo olfato afecten las etanacio- nes. El tacto necesita para la percepcién que el objeto o por lo menos su aura, se ponga en contacto con los nervios ramifi- cados por toda la extensién de la piel, y especialmente por las yemas de los dedos. Asi vemos que todos los sentidos requieren el tacto con o sea el contacto de los objetos de percepcién. Pero los érganos de los sentidos no dan por si mismos el conocimiento de los objetos de sensacién. No son mas que instrumentos a proposito para recibir las primeras impresiones del exterior. Por admirables que parezcan tienen su remedada amplia- cién en artificios inventados por la mente humana. Asi la camara fotografica, el micréfono, el fondgrafo y la radio son ojos y ofdos artificiales que reciben vibraciones mas sutiles de las que. son capaces de recibir el ojo y el oido naturales. El telégrafo tiene alguna semejanza con el sistema ner- vioso, pues se puede considerar el cerebro como la estacién central de la que parten los nervios a manera de alambres que transmiten las impresiones recibidas del mundo exterior. Si cortamos o extirpamos el nervio dptico, seguira el ojo recibiendo y registrando las impresiones visualés, pero las recibira el cerebro, porque falta el conducto transmisor. Si dejamos los nervios sensorios en toda su integridad y anestesiamos o estropeamos el cerebro, no recibira el cerebro, porque falta el conducto transmisor. Si dejamos los nervios sensorios en toda su integridad y anestesiamos o estropeamos el cerebro, no .recibiré las im- presiones que le transmitan los nervios de los sentidos. De todo esto se infiere que tanto los érganos de los sen- tidos como el sistema nervioso con su encéfalo son instru- mentos propios del ego, del alma, del verdadero hombre, de la entidad que conoce y por lo mismo se le llama el cono- cedor, que percibe el mundo externo por medio de los mensa- jes que transmiten los sentidos. 19 Si privaramos al ego, 0 dicho con mayor propiedad, a la mente del ego, de tales mensajes, quedaria del todo descono- cedora de] mundo exterior. Cada uno de los sentidos inutilizados privaria al ego del conocimiento de una parte o aspecto del mundo objetivo. Asimismo, cada nuevo.sentido que pudiera afiadirse a los cinco, y aun la ampliacién del campo de estos cinco, propor- cionarijan al ego mayor conocimiento del mundo exterior. Por lo general no se dan cuenta las gentes de esta verdad, y les parece que el mundo objetivo sélo consta de aquello que sus cinco sentidos perciben y que lo conocen en su maxima posibilidad. Pero este razonamiento es muy infantil. Consideremos cudn inferior al mundo objetivo de la persona normal es el mundo del ciego, del sordo y del sordomudo. Consideremos asimismo cuanto més amplio, hermoso y admirable serfa este nuestro mundo exterior si poseyéramos otro sentido capaz de recibir vibraciones a que no alcanzan nuestros actuales sentidos. Percibiriamos mucho que ahora no percibimos, y tendriamos mayor numero de objetos sobre los cuales.discurrir para llegar a su completo conocimiento. Con sélo nuestros cinco sentidos nos hallamos en ana- Joga situacién a la de aquella pobre muchacha ciega de naci- miento, para quien el color escarlata debia ser como el son de una trompeta. La pobrecita no podia tener-noci6n de los colores porque jamas_ habia visto un rayo de luz, y s6lo era capaz de refe- rirse a las sensaciones de oido, olfato, gusto y tacto. Su per- cepcion del mundo exterior era incompleta. Si ademas de ciega hubiera nacido sorda, tabe considerar la gran porcién de. mundo exterior que le fuera desconocida. Pero supongamos que poseyéramos un sentido capaz de percibir las vibraciones eléctricas que ahora sdlo conocemos por sus efectos. En tal caso podriamos saber lo que a cada momento sucede en todos los puntos de la tierra y aun en otros planetas, porque las ondas eléctricas recorren el espacio con velocidad superior a la de la luz. Si tuviéramos un sentido capaz de percibir los rayos X, podriamos ver a través de las paredes el interior de un aposento. Si nuestro ojo fuese muy telescépico, veriamos desde la 20 Tierra lo que-ocurre en Venus.y Marte, y nos. comunicariamos directamente con los habitantes de dichos planetas. _ En cambio, si fuese muy microscépico, o tuviera la propie- dad de aumentar y disminuir su alcance en relacién con el tamafio y la distancia del objeto externo, podriamos ver a simple yista los infusorios, Jos microbios y los 4tomos con sus electrones. Por otia parte, si poseyéramos un apropiado sentido tele- patico, podriamos conocer unos de otros lo que pensamos y sentimos, nuestras intenciones y propdésitos porque seriamos capaces de percibir las ondas mentales. Todo esto no seria mds admirable de lo que es el desen- volvimiento de los cinco sentidos que ya tenemos, y algo de ello nos facilitan los aparatos amplificadores de nuestra ordi- naria percepci6n sensoria. Acaso los habitantes de algin otro planeta poseen siete o nueve sentidos de percepcién. {Quién sabe! Sin embargo, no hay necesidad de imaginar en otros pla- netas seres vivientes con mayor numero de sentidos de los cinco que hoy por hoy tiene desenvuelto e+ hombre y no todavia en su maxima posibilidad, pues aunque las ensefianzas ocultas nos muestren que.en efecto moran en otros planetas seres vivientes cuyos sentidos superan a los actuales del hom- bre en proporcién andloga a como los del hombre superan a los de la ostra, no hemos de ir tan lejos para encontrar ejem- plos de la posesién de sentidos mucho mas agudos que los ordinarios del. hombre. Sdlo es necesario considerar las facultades psiquicas del ser humano, para convencernos de que nuestros mundos se abren a su percepcién. Quien alcanza un conocimiento cientifico de estas cosas, advierte que nada sobrenatural hay en la multitud de sor- prendentes experiencias de que el hombre presumido de prac- tico se burla tildandolas de quiméricas y contrarias al buen juicio. Por el contrario, se convence de que dichas experiencias, aunque superfisicas, son tan naturales como las que se em- plean en los sentidos fisicos ordinarios. Se ha de entender que hay muchisima diferencia entre lo superfisico y lo sobre- natural. 21 Saben los ocultistas que el hombre posee otros sentidos ademas de los, cinco del cuerpo fisico, aunque: pocos los han desenvuelto en el grado necesario para utilizarlos efectiva- mente. Los ocultistas laman sentidos astrales a los suprafisicos. La palabra “‘astral’’, tan frecuentemente usada por todos los ocultistas antiguos y modernos, deriva de la griega astros que significa estrella, y se emplea para denominar el plano de existencia inmediatamente superior al fisico. En rigor, los sentidos astrales son la centraparte de los fisicos, y se relacionan con el cuerpo astral del individuo de andloga suerte a como los sentidos ordinarios se relacionan con el cuerpo fisico. La finalidad de los sentidos astrales es relacionar al hombre con el mundo astral, asi como los sentidos fisicos lo rela- cionan con el mundo fisico. En el plano fisico, la mente humana sdlo recibe las impre- siones de los objetos fisicos; pero cuando la mente actia y vibra en el mundo astral, necesita sentidos astrales para recibir impre- siones de dicho mundo. Queda expuesto que cada sentido fisico del hombre tiene su contraparte astral; y por tanto, el hombre posee en latencia, la facultad de ver, oir, oler, gustar y tocar en-el mundo astral por medio de los sentidos astrales. Quienes han desarrollado sus sentidos astrales reciben por medio de ellos las impresiones del mundo astral con tanta claridad como las del mundo fisico por medio de los sentidos fistcos. Es entonces capaz de percibir lo que ocurre en el mundo astral, de leer los anales akasicos, de ver lo que sucede en otros puntos del mundo terreno, de escrutar el pasado y en ocasiones de vislumbrar el futuro, aunque esto Ultimo ya pertenece a una superior modalidad de la vision astral. - También por medio de la clariaudiencia puede el individuo oir los sones del mundo astral, tanto pasados como presentes, y en algunos casos los futuros. La explicacion es la misma en todo caso, sin otra dife- rencia que en vez de recibir las vibraciones del plano fisico, se reciben las del plano astral. Pero aunque ciertas fases de los fendmenos psiquicos 22 nos ofrezcan ejemplos de tacfo astral, no observamos mani- festaciones de gusto y olfato-astrales, por mas que haya sen- tido de ambas percepciones, excepto‘en algunos casos de viajes por el mundo astral. Los fenédmenos de telepatia y de transmision del pensa- miento, se observan igualmente en los planos fisico y astral. En el fisico se manifiestan mds o menos erraticos y espon- téneos, mientras que en el astral se manifiestan clara y termi- nantemente. Las gentes vulgares no van mas alla de ocasionales vis- lumbres de percepcién astral, y generalmente no son capaces -de valerse a voluntad de sus sentidos superfisicos. Por el contrario, el ocultista experto puede usar delibera- damente de sus sentidos fisicos y astrales segin le convenga valerse de unos u otros, asi como también puede actuar simul- tdneamente en los planos fisico, astral y mental, aunque sdlo en caso necesario ejercita esta facultad. Para ver astralmente, el ocultista no hace mas que transfe- rir la actividad de su ojo fisico a la contraparte astral, de la pro- pia suerte que a la mecandgrafa le basta pulsar una tecla para cambiar en maydsculas el alfabeto de minidsculas. Muchos se figuran que para percibir astralmente es nece- sario dejar el cuerpo fisico y actuar en el mundo astral. Esto es un error, En Jos casos de clarividencia, vision astral y psicometria, el ocultista permanece en su cuerpo fisico y percibe facil- mente -el fenédmeno astral, tal como se percibe el fendmeno del mundo fisico cuando se vale de los sentidos fisicos. En la mayoria de los casos ni aun necesita el ocultista colo- carse en éxtasis. La actuacion del cuerpo astral es otra fase completamente distinta de los fendmenos ocultos y de mucho mas @ificil mani- festacion. Nunca debe el estudiante intentar el paso al mundo astral sin antes recibir instrucciones de un experto ocultista. En el fenédmeno lHlamado hialioscopia, el psiquico se vale del cristal para concentrar su energia y formar un foco de vision astral. El espejo o superficie cristalina no tiene de por stvirtud alguna. Es tan solo el medio de lograr un fin, un aparato que contribuye a la realizacién de determinado fenémeno, como en una retorta se efecttia una combinacién quimica. 23 En psicometria se necesita un objeto material que relacione- al oculista con la persona o cosa que a su vez esté relacionada con el objeto; pero mediante los sentidos astrales se descubre el pasado de la persona o cosa en relacién. El objeto’no es mas que el cabo suelto del ovillo que el ocultista arrolla o desarrolla a voluntad. La psicometria, lo mismo que la hialioscopia o movimiento de los cuerpos a distancia,.se emplea a la par de la sensaci6n, la accién astral, acompafiadas en muchos casos de la efectiva proyeccién de parte de la sustancia del cuerpo astral. En el fendmeno llamado telequinesia 0 movimiento de los cuerpos a distancia, se-emplea a la par de la sensacién, la accién astral, acompajiadas en muchos casos de la efectiva preyeccién de parte de la sustancia del cuerpo astral. La clarividencia nos ofrece un ejemplo de la mas sencilla fra- se de la vision astral, sin necesidad de objeto de relacién como en,la psicometria ni de foco de energia como en la hialoscopia. No solo sucede asi en la ordinaria modalidad de clarividen- cia, cuando el ocultista ve astralmente lo que ocurre en un punto lejano en el momento de la observacién, sino-también en la clarividencia del pasado, y en la del futuro o vision profé- tica, pues todas son modalidades de un mismo fendmeno. Quizds alguien objete diciendo que todas estas cosas son sobrenaturales y que intento darlas a entender como si fueran naturales; pero no hay que juzgar tan a la ligera, porque quien tal objetara gconoce el limite que separa lo natural de lo.sobre- natural? gCon qué derecho afirma que es sobrenatural todo cuanto trasciende los fendmenos que esta acostumbrado a pre- senciar? gNo advierte que con ello intenta sefialar un limite ala ilimitable Naturaleza? Los hombres de las pasadas generacionés hubieran podido con la misma raz6n calificar de sobrenaturales las maravillas de la telegrafia inalambrica, de la radiotélefonia, de la aviacion, del. cine parlante y demas invenciones del siglo XX, si se. les hubiese hablado de la posibilidad de su realizacion. Retrocediendo ain mas en el tiempo, nuestros abuelos hubieran dicho lo mismo del teléfono y. de la lampara eléc- trica que ya encontré al nacer la actual veneracion, asi como nuestros tatarabuelos hubiesen calificado de imposible la idea del telégrafo.eléctrico, pues s6lo conocian el aéreo. 24 Sin’ embargo, todos estos inventos derivan del conaci- miento y aplicacién de las leyes y fuerzas de la Naturaleza. gSerd insensatez suponer que la naturaleza tiene todavia en reserva una mina de ocultos tesoros tanto en la mente del hombre como en la materia inorganica? No, por cierto. No es insensatez. Es discernimiento. Todo es perfectamente natural; pero la familiaridad con los fendme- nos fisicos es causa de que el hombre los considere naturales y le parezcan sobrenaturales los del mundo astral. Las obras de la Naturaleza son igualmente admirables en todos los planos, y todas estan.mas alla de nuestra compren- sién cuando queremos penetrar su real esencia. Mantengamos la mente abierta. 25 CAPITULO II LECTURA MENTAL Las mas sencillas modalidades de telepatia se agrupan colectivamente en la denominacidn de lectura mental, y algunos metapsiquicos opinan que en rigor no son peculiares de la telepatia.. Esta opinion deriva de que se han realizado espectacular- mente en circos y escenarios muchos fendmenos de falsa lectura mental, obtenida por habiles ardides, fraudes, supercherias y connivencias; pero la genuina lectura mental es una fase de la telepatia. La lectura mental se divide en dos clases, a saber: 1) La en que hay contacto fisico entre el emisor y el recep- tor. 2) La en que no hay contacto fisico, pero si relacién en el espacio entre ambos. A la primera clase pertenecen todos los casos en que el emisor esta en contacto inmediato con el receptor o bien en contacto mediato por la interposicion de-un objeto material. A la segunda clase pertenecen todos aquellos casos en que el sujeto ha de buscar un objeto previamente pensado por el emisor o por cualquiera de los circunstantes. La Sociedad de Investigaciones Psiquicas prescindié de estas dos clases de fendmenos en vista de la posibilidad- de fraude o connivencia. 26 Sin embargo, el estudiante hara bien en ejercitarse en estas dos modalidades de telepatia, no slo en su individual benefi- cio, sino también porque le predispondra al ejercicio de modali- dades superiores. En el caso de la primera clase de lectura mental, o sea cuando hay contacto fisico entre emisor y receptor, dicen algunos tratadistas que se explica el fendmeno por el incons- tante impulso muscular del emisor; pero quienes han estudia- do detenidamente el asunto y han experimentado por si mis- mos el fenémeno afirman que hay algo mas que dicho impulso. Saben quienes est4n familiarizados con el fendmeno, que hay una efectiva transferencia de ondas mentales del emisor al receptor y que éste nota cémo afectan su mente. La diferencia entre esta modalidad de telepatia y las de orden superior consiste en que las vibraciones mentales se trans- initen por los nervios y no a través del espacio. Saben cuantos han realizado esta clase de experimentos que a veces se nota una mudanza o transferencia en la trans- misi6n de la corriente mental. Durante un rato se notara que las vibraciones pasan por los nervios de las manos y brazos, cuando de pronto cesa esta sen- sacién, y la corriente se traslada directamente de cerebro a cerebro, Es imposible describir esta experiencia distinta de toda otra en la experiencia del ser humano y no puede comprenderla quien no la percibe por si mismo. Es una sensacion completamente distinta de toda otra en la experiencia del ser humano y no puede comprenderla quien ‘no la percibe por si mismo. La mas cercana analogia que puedo sefalar es la sensa- cién experimentada por una persona cuando algin nombre olvidado que en vano se esforz6 en recordar acude sibita- mente a su memoria, como si viniera de algan punto externo al campo de la conciencia. En el caso de la recepcién de la corriente mental, la sensa- cién es muy parecida, pero con mucho mayot caracter de extra- fieza respecto de la procedencia del pensamiento. A fin de esclarecer la distincién entre las dos clases de lectura mental, cabe comparar la primera con el telégrafo alam- brico, y la segunda con el inalambrico. 27 En ambos casos actia Ia misma energia y sdlo difieren los pormenores de la transmision. Si se fija bien este concepto en la mente, no habra dificultad en comprender el proceso de todas las modalidades de telepatia, teniendo en cuenta que hay casos en que se combinan dos o mas y otros en que se transmutan unas en otras. Se aprende mucho mas en una docena de experimentos de lectura mental que en la de una docena de tratados sobre la materia. Conviene leer los libros para fijar en la mente los principios tedéricos y elegir los mejores procedimientos emplea- dos por los experimentadores, pero sdlo por experiencia propia se llega a conocer la lectura mental. Ante todo debe el estudiante disciplinarse para convertirse en id6neo receptor, es decir, un buen lector mental, dejando para otros el papel de emisor, que el estudiante podra también desempefiar mas adelante si lo desea; pero la delicada labor incumbe al receptor, y por lo mismo se ha de ejercitar en ella el estudiante al amparo de frecuentes ensayos. Conviene comenzar los experimentos con amigos de con- fianza que se interesan por el asunto, evitando desde luego la co- operacién de personas de opuesto caracter 0 de aspecto antipa- tico, y mayormente las contrarias a los fendmenos psiquicos. Como quiera que el estudiante se ha de hacer muy “sen- sitivo”’ a fin de salir victorioso de la prueba de lectura mental, habra de ser susceptible a la influencia de quienes lo rodean en aquel momento, y por lo tanto debe rodearse de quienes con él simpaticen y congenien. Advertird el estudiante la gran diferencia entre las varias personas a quienes elija en prueba de emisores, pues unos se pondran en mas facil relacion que otros a pesar de ser todos buenos amigos. Dicha relacién es la armonia vibratoria, o lo que se llama, técnicamente, estar sintonizado. Cuando dos personas se hailan mutuamente relacionadas, pueden comparase a dos aparatos de telegrafia inalambrica perfectamente sintonizados; y en tal caso se obtienen excelen- tes resultados. Muy luego aprendera el estudiante a distinguir por ine- fable sensacion la diferencia entre los diversos grados de vibra- cién sinténica. 28 Al principio convendra experimentar con varias personas, una después de otra, a fin de escoger la que mejor se ‘sintonice y discernir entre los diferentes grados de sintonizacién. Aun en los casos més favorables convendra establecer un ritmo unisono entre el emisor y receptor, es decit, que ambos coordinen ritmicamente sus movimientos respiratorios y que espiren e inspiren al mismo tiempo. Después cuentan ambos: uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro, al compas de un péndulo de reloj, hasta que las dos” mentes se sintonicen o sea que actten con el mismo ritmo. Al inspirar o inhalar se cuenta mentalmente: uno, dos, tres, cuatro; se sostiene el aliento mientras se cuenta “‘uno,-dos”’; y al espirar se repite: uno, dos, tres, cuatro. Si este ejercicio se efectiia varias veces, acabara por estable- cer un ritmo unisono entre el emisor y el receptor; pero si durante el experimento se nota que no estan bien estable- cidas las condiciones, se repetira el ejercicio de respiracion ritmica hasta lograrlas. Entonces piensa el emisor en cualquier objeto del aposento, y con la mano derecha toma Ia izquierda del receptow, la levanta hasta la altura de la frente de este ultimo, quien cerrara los ojos y permanecera breve rato en actitud pasiva. El emisor concentrara su mente en el objeto elegido y expresara para si el deseo de que el receptor se encamine hacia dicho objeto; pero no ha de pensar en ninguna otra cosa y enfocara toda su voluntad en el intento de que el receptor se dirija hacia el objeto elegido. Entretanto, el receptor permanecera con los ojos cerrados y en actitud de recibir la impresion mental que le envie el emiisor. Esta impresién no ha de ser precisamente la del nombre del objeto elegido sino la del punto donde se halla situado y la del movimiento en diré¢cién a dicho punto. Al poco rato, el receptor experimentara el deseo de andar, y ha de obedecer a este impulsivo deseo, dando unos cuantos pasos en la direccién que mas facil le parezca. A veces tomara el receptor una direcci6n distinta de aquélla hacia el punto en donde se halla el objeto elegido; pero muy luego se dard cuenta del error y virara en la verdadera direccién y aun sin comprender en qué consiste este instintivo cambio de Después-de algunos experimentos de esta indole, el receptor 29

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