Está en la página 1de 10

-

'"

x~;¡;;'«;¿~:X.~&«:>:~~~~';~·:'~;;:':~«~«~~:¿:¿;~~;(;::;;««:;~~~;;'i:-.~~::>,:;¿$;:;~:,~~;:~<~~;:;;;;,;::»»:;X~;««@>.~{::::«;~~;:::~~~~~~~;:;;«.tC<~~~~'*f;:'~;'é'í'?¡$:¡~~:~%;;:¿i~'W;

14~U~A.lA~kt~~,~

~a.tU

\l~~~~~.

KA~ MA~

Varias son las razones que nos han llevado a publicar como separata este ensayo de Mariano Fernández

problemática fundamental para todas las disciplinas sociales: el trabajo

humano y su particular organización en las sociedades capitalistas. En segundo término, porque se trata de una temática pocas veces estudiada y a la cual tenemos, como estudiantes y graduados, limitado acceso bibliográfico.

Por último, porque el autor expresa

un profundo sentido crítico en su análisis y evidencia el importante desarrollo lo-

grado en el campo dela Sociología de la Educación en Espar\a luego de la muerte del dictador Franco.

Enguita.

En primer lugar, porque aborda una

\

Fernández Engulta es investigador y profesor de la Universidad Complutense en Madrid. Desde una perspectiva

marxista pretende aquí aproximarse a-las causas que originan determinada concepción y organización del proceso

1

del trabajo capitalista, presentando una serie de datos que permiten visualizar el carácter conflictivo y contradictorio desuevolución.

I

IJ

~~1

1

El problema fundamental es la naturaleza enajenada del trabajo en las sociedades de clases. Sin duda, Quien más brillantemente explica este fundamental hecho ·tradicionalmente oculto por la ciencia burguesa· es Karl Marx en los Manuscritos·Filosóficos de 1844. "8 trabajador se vuelve cada vez más pobre a medida que produce más riqueza y a medida que su producción crece en poder y en cantidad. El trabajador se convierte en una mercancía aún más barata con el 'incremento de valor' del mundo de las cosas. El trabajo no sólo crea bienes; también se produce a s( mismo y al trabajador como una 'mercancía' y en la misma proporción en que produce bienes". (F. C. E., 1962, Pago 105). Así, el hombre pierde sus necesidades humanas, las hace miserables transformando su existencia en mera ac- tividad mecánica guiada por la moral ascética y meritocrática producida y reproducida en los aparatos ideológicos, sobre todo la escuela. Esta última es una de las instituciones fundamentales donde se aprenden las relaciones so- caíes de producción dominantes en la sociedad. Se transmiten allí las prácticas, rituales y formas de relación entre los hombres. "En la educación, como en la producción, se invierten los términos de la realidad entre sujeto y predicado. El tra-

9stas_s.e.Jndepe1Kfizan.j.JermioaIlRPl

. baLador que--ProducaJlbjetos_Y-Jnáq.uinas,-.mercaoci~Y--cap.iíal,_ve c.QIJ10

¡ someterlo. El hombre pasa de ser el sujeto a ser el predicado de dominación (oo.) De manera análoga, la cultura yla

¡ educación resultan reificadas y someten al hombre a sus dictados" (M.F.E. -El aprendizaje de las relaciones sociales deproducción", página 78, 1987) La escuela, así como la familia, las iglesias y el servicio militar, produce y reproduce en su seno las relaciones de producción que, en las sociedades capitalistas no son otra cosa que relaciones de explotación. Sin embargo, las relaciones sociales dentro de la escuela (la realciones sociales de la educación) se transmiten en un proceso que, lejos deser interpretado mecánicamente, expresa las distintas manifestaciones delacontradicción entre el Capital y

~ elTrabajo.

Pero esto ya escapa a nuestras intenciones. Remitimos al lector a dos de las obras más importantes de M. F. E.:

I "Trabajo, escuela e ideología- (Akal, Madrid 1985) y "la escuela en el capitalismo democrático" (U. A. S.México, 1987). De esta última ha sido extraído el ensayo que presentamos con autorización de su autor.

'1 ¡

-{

Concebimos normalmente el trabajo como UM actividad regular y sin interrupciones, intensa y carente de satisfacciones intrtnsecas. Nos impacientamos cuando un camarero tarda en servirnos y nos sentimos indignados ante la imagen de dos funcionarios quecharlan entre

:11'77 ~
:11'77
~

haciendo un alto en sus tareas, aunque sabemos que sus empleos no tienen problablemente nada deestimulantes.

Consideramos quealguien quecobra un salario por ocho horas dejornada, o las quesean, debe cumplirlas desde el primer minuto hasta el último. Incluso

(p.G.)

cuando en nuestro propio trabajo hacemos exactamente locontrario, escurrirnos cuando podemos, lovemos como un excepción querevela nuestra escasa moral kantiana, adoptando la postura defree rider, delVÚljero gorron queincumple las normas en la

2

8

a

g

u

a

f

u

e

r

t

,

~

:::;;:~ ::::::::;;:;;';«\."':;<: ~ XM ~~ ::;';-;>:~~ ~ ~:;:X:~;:~~ :-':-;; :::;:iv'Y;; :::;'';::·:::;:x::::,::-,~:-,;,,«:,y.(~:,::~:;:,,:·:~ :;~ :;;;:::;;;:;;,.,::»:.:).;.:~"v~:; ;"«.$:.W* W;:;''¡':: ::;};;« ·:;'$:« $. <;'~ 1Ji$:)$$t; $'$$:.~ ~

rtonfianza de que otros las cumplirán ~r él y nad» se vendrá abajo. No se I trata simplemente de que pensemos que :el trabajador por cuenta ajena tiene contraídas obligaciones quedebe

cumplir, sino más bien de que somos

incapaces de imaginar el trabaje; deotra manera. Nos resultaría igualmente extraño que un dentista o un fontanero

proceso deconflictos que, por desgnuia, nos esprácticamente desconocido (la historia, noseolvide, laescriben los vencedores). Reconstruirlo es UTlIl ambiciosa tarea, apenas comenzada, que dará mucha trabajo a los historiadores - tanto más cuanto quesonpocos todavúz los que han comprendido que la historia rea! de la humanidad no puede tener su única ni su primera fuente en los testimonios delos poderosos. Aquf nos limitJzremos a argumentJzr que el trabajo hajugado un papel distinto en la vida de la gentea lo largo de la evolución de 1JJ sociedad. En el siguiente capítulo pasaremos a ocupamos, poras( decirlo, dela ontogénesis, osea del proceso que lleva a seres humanos quedesarrollan en

que ejercen su profesión

de modo

independiente lo hicieran sólo a medÚl jornada y veriamos como irracional que interrumpiesen una y otra tItZ sus tareas para entregarse al descanso, a sus aficiones oa sus relaciones sociales, en lugar de trabajar el máximo tiempo posible para obtener los máximos ingresos posibles. Por supuesto que conocemos las excelencias deestar tumbados o dedicamos a lo que nos plazca al margen del trabajo, pero éstos no nosparean motivos suficientes. Vivimos en UTlll cultura queparece haber dado por perdido elcampo del trabajo para buscarsatisfacciones solamente en el del consumo. Este fatalismo del trabajo se expresa lo mismoen máximas religiosas - "ganarás el pan con el sudor de t~ frente" - queen canciones -t'arrastrar

la dura cadena, trabajar sin tregua y sin fin, etcétera"-. En este contexto, aceptamos de buena o mala gaTlll empleos sin interés, compuestos por tareas monótonas y rutinarias, sin creaiioidad, ~ requieren nuelTa atención y nuestra dedicación permanentes, y elegimos -cuando podemos- entre uno Yotrono en fundó.n de lo que sonensí, sinode loquelos rodea: ingresos -loque nos darán a cambio-, horarios y vacaciones -duraniecuánto tiempo nos libraremos deellos-, prestigio, posibilidades de promocián -o sea de escapar de ellos-, etcétera. Víctimas de nuestro einocentrismo y de nuestra limitada experiencia histórica, no imaginamos quepueda serdeotro modo. Sin embargo, casi siempre hasido de otro m, . -, LA organización actual del trabajo y nuestra actitud hacia la misma soncosas quetratan defecha bien reciente y quenada tienen que ver con "la naturaleza de las cosas". Son, porel contrario, productos y construcios sociales quetienen UTlll historia y cuyas condiciones han de ser constantemente reproducidas. LA humanidad trabajadora ha recorrido un largo camino antes dellegar aquíy cada individuo debe recorrerlo para incorporarse al estadio alcanzado. La filogénesis de este estadio de la evolución ha consistido en todo un

principio apetitos~isvosiciones rsa y .*", ¡' (J." ~\ • .'r 1" , ~I . ~":~
principio apetitos~isvosiciones
rsa
y .*", ¡'
(J." ~\
• .'r
1"
, ~I
.
~":~
,"~" "''''
, ,'
'
.
. \.
"
'
.
~',,\
'.,v I k f"
,
. '
~
"'
,L
.CW'" \ ,
~
.y,-,( ;'¡' "1'-' ,'" \'
'
,
, '::~ .-:',
<
l[;,
_
~
~
,-
.;
'
f
··:;I · i;(,' ·':·
/
f,·
·/
·
·
·
\
;
':
\
:,· ~:"
' 1
,.
J
"
tt' f
\
' 1' ;
,
,
.
'
/tl
\
:
, '
j
i
/
'\
I
1 '
,
'
l
,
: '.
,' I' I, ,cí ' ; )
~.~
,
{;
¡~
~'
; iY';~
.'-:4
.
'
.¡ l.
rl':
.
,
,J'I
.
,. , '.
:~'j'i'
, -
-
.
~~
~~;
¡-, •:;"
:
'. ,-.
. "
'
.
~
'. \.~
/ / ·:,
"/
;
"
'
.
J
.
~~
~_~" 1~t~
'• .:; '.<~~ ~
: .; ;r r. /Y
o,, ;
.
,r,
.l)
"'''1; ,Jtt
i~onSta~tesyVáTiab ' ~~q,tar

empleos rutinarios y frustrantes, proceso en elque la escuela juega papel principal. Nos compadecemos de los pueblos primitivos y tendemos a imaginarlos sometidos a un durísimo trabajo para atender a sus meras necesidades de subsistencia. Sin embargo, y sin necesidad dehacer aquíel canto al buen salwje, podríamos envidiarlos por numerosas razones, la primera de ellas su trabajo. Eslo mínimo si tenemos en cuenta, por ejemplo, quelos bemba, los hauaianos o los kuikuru sólo trabajan cuatro horas diarias, y los bosqu(manos 'kungy los kaipaku seis; todavía mássi nos enteramos quelos mismos bosquimanos trabajaban dos dias y medio a la semana, loquehace quince

un

~

~

o

~

~

~

~

~

~

horas stmaTlll/es, JI los kuipaku un dfa 51 Yotro no; y mucha más 51consideramoe que se trat4 de jonuulas de trabajo tranquilas y jalonadas por interrupciones. No se trata deC4SOS excepcionales, sino de UTlll paubz normal entre los pueblos cazadores- recolectores (Lee y Devore, 1968; Sahlins, 19n; Mez1lassou:c, 1979). Podemos pensar queno trabajaban más porque con ello, dado su ptimitioismo, sólo podrian haber conseguido más subsistencias que no podrían conservar y másobjetos quenopodrían

transponar, lo que, dicJw sea de paso,

signifiCllría atribuirles UTlll racionalidad de la que nosotros, que acumulamos objetos queno necesiiamo« y que(l

veces ni siquiera tenemos tiempo de

uilisar, hacemos poca gala; pero, en todo caso, noesesa 1JJ cuestión. Elacceso a las técnicas agrícolas fue, lágicament« U7tQ condición necesaria para el paso de la caza y la recolecdón a 1JJ agricultura y la ganadería, pero quizá nofue suficiente. Seguramente fue más importantela presión del crecimiento demográfico sobre los recursos naturales, pues los cazadores-recolectores necesitaban de grandes extensiones para sobrevivir, al menos tierra adentro. Muchos pueblos han rechazado, mientras han podido, la agricultura porque implicaba UTlIl

mayor cantidad detrabajo, a pesar de

COnDCtTsus técnicas o poder acceder a ellas y de estar al tanto de su mayor

productividad: así, porejemplo, desde losmuy primitivos hadza, aun estando rodeados de pueblos agricultores

(Sahlins, 19n: 41), pasando por los germanos según el testimonio contemporáneo de Tácito (Le Golf, 1983: 108), hasta, en el siglo pasado, los bachkir de los Urales (Le Play, citado por lAlargue, 1970: 12). Como señala Marshall 5ah1ins 0977,99 Yss.), la antropologfa occidental hamantenido un doble prejuicio respecto a estos pueblos: por un lado, selos imaginaba trabajando constantemente sólo para sobrevivir, mientras porotro no dejaba deseñalar su Nharaganería congénita" . Pero la realidad era más sabia: tenfan unas necesidades limitadas y trabajaban solamente hastadonde se veían obligados a hacerlo para cubrirlas, más allá delocual preferían el ocio. Por otra parte, laestructura de parestesco existente nohabría resistido un proceso deproducción demayor excedente y acumulación, como lo muestra su disolución progresiva en las economias agrícolas.

~

jQ

a

9

u

a

t

u

e

r

t

e

2

9

10,

Jr

1

!

'1"

I

!

~rill·¡· ~5

t:;:

~

e.

:::;:~ ::'::;;;:.;:::;::.;::::;; ;:X : -:::::::: :: ;:;:;::::; ;:;:;:;:;:;:;: ;:;:; :;:;:;:; :;:;:;:;:;:;: ;:;';:;:,;:;:; :;; ;: :'.:.:;~; ::::: ;:;:;:;';:;;:~ ::;::::: ';:t~,,::~ ;,:~;:::::: :::: ~ : ;';:::::;~ :;.~ :; :::x ::;;X; :::::::~ ::::;:;:;: :« :::;':;:::::;;::~ * ;;:;::::::::':::-:;;:::> :« : :::::,::::::::::::::~ ::~ :::::;:~ ;:;:::::::;:::::::;:::::.::;.:.:: :;;::;:;;:~ x;:; :;: :·;::;,::':::::::: :::;;::;:;::::::;:;:: :;:::::;:;:~::; .: -: ,. • :.:.: ;.::;:::::::;::,:::~: :::;: : :;:.:::; ;-;.; : .-

•••• .

AUTUjiie¡á ecoñOiiílácampeSína supone mayores cantidades de trabajo

Ilustra: LaJo Cappelletti

y, con ello, mayores posibilidades de acumulación y dediferenciación social, conseroa la característica de buscar
y, con ello, mayores posibilidades de
acumulación y dediferenciación social,
conseroa la característica de buscar un
equilibrio entre esfuerzo de trabajo y
satisfacción de las necesidades. Ambos
se sitúanen un punto muy superior,
pero se mantiene, no obstante, la misma
.~~
-~
~
_
~
~.~, M
lógica cualitativa de la economía
-
,~
.~.~
primitiva. Esto es particularmente
cierto en la economía campesina de
\
subsistencia, autosuficiente, sobre todo
en sus formas más primitivas, pero
continúa siéndolo, aunque con una
~
11.",
.
intensidad muy mitigada, cuando el
~
ritmo de la producción seve forzJJdo por
elcontacto con el mercado o porla ~
explotación directa de un tercero. Asf,
estudiando la economía campesina de
subsistencia en la Rusia deprincipios """'-lV ,
desiglo, Chayanov (1966) llegaba a la
conclusión de que, cuanto nulyor era la
capacidad de trabajo de una familia,
menos trabajaban sus miembros y
viceversa. Dicho de otro modo, cada
familia tiene unas necesidades rígidas,
deacuerdo consus dimensiones, y las
cubre deacuerdo con sus posibilidades,
sea con mucho trabajo depocos o con
poco trabajo de muchos, según cómo se
distn'buyan lascapacidades laborales de
sus miembros. Esta "regla de :::- .
Chayanov", como la denomina Sahlins,
41'~
-
j
r:
/
--

I

'l·

;

j

i

~

i

vale 10 mismo para explicar el e5CilSC

trabajo de los nupe (Nadel, 1942) que las intensas jornadas delos campesinos sometidos al trabajo complementario a

domicilio de principios delcapitalismo

(Medick, 1976; Leoine, 1977; Berg,

1985).

j

I

El trabajo de los artesanos

independientes no ofrecía un panorama

esencialmente distinto. La imagen del laborismo artesano inclinado desola solsobre la rueca, el telar o el yunque tiene más quever con los enaniios de Blancanieoes queconla realidad. No queremos decir quelosartesanos fueran haraganes: bien al contrario, eran gente

! orgullosa desu condición trabajadores y CilpaZ degrandes esfuerzos, arropados poruna cultura gremial que consideraba al trabajo como un alto valor. Pero también eran gentecon ideas firmes sobre quéera un nivelde vidadecente y suficiente y quéera una jornada justa, quedaba unagran importancia al libre control de su propio tiempo Yque,más alláde un cierto límite, tenia una marcada preferencia sobre elocio. Tras la peste negra de 1348, porejemplo, los gremios artesanales de Orvíeto decidieron, como ofrenda, celebrar las fiestas delos

¡

santos aetodas la siglesias, capillas y barrios deladudad, cincuenta en total, con 10 que reduiercn en un día su jornada laboral (Kula, 1979: 206). Si hacemos caso a Lafargue (1970: 30) los artesanos delAntiguo Régimen no de- bían de trabajar másdecinco días a la semana, pues solamente la iglesia les garantizaba noventa días dedescanso al año (52 domingos y 38 festivos). Lo esencial, no obstante, no es la jornada laboral sinosu ritmo. El artesano podía decidir porsí mismo cuándo empezar y cuándo terminar su trabajo, cuándo interrumpirlo, cuándo ralentizarlo y cuándo intensificarlo. Los artesanos quetrabajan directamente para el mercado, cuando todavía nose había interpuesto el capitalista, daban una importancia mucho mayor a la calidad delproducto desu trabajo quea la cantidad, y a la dignidad desu proceso de trabajo quea sus resultados en renta. Incluso cuando ya producían para un capitalista que les proporcionaba las materias primas y llevaba sus productos al mercado, se mantenían en buena medida dueños y señDres desu proceso de trabajo. Oigamos a un historiador de la Revolución Industrial hablar del

sistema de trabajo a domicilio (putting-:

out)entre los campesinos, a los quese suponían más dóciles:

« Elmanufacturero no tenía forma

alguna defOrzJJr a sus trabajadores a

hacer un número dado dehoras de trabajo. El tejedor o elartesano domésticos eran dueños desu tiempo,

empezando y terminando cuando 10 deseaban. Y, si bien elempleador podía elevar el pago porpieza con visÚ2 a estimular ladiligencia, solía

encontrarse con que, en

reducía laproducción. El trabajador, quetenía un concepto bastante rigido

de 10 que consideraba

vida decente, prefería el ocio a los

ingresos porencima decierto punto;y,

cuando más altos fueran sus salarios, menos tendría quehacer para alcanzar esepunto. En momentos deabundancia

como un nivelde

realidad, esto

elcampesino vivía al día,

no pensando

en absoluto en el mañana. gastaba mucho desu magra pitanza en la taberna o la ceroeceria locales ; se iba de parranda el sábado de paga, el domingo sabático y también el "sagrado lunes", volvía de mala gana al trabajo el martes, entraba en calor el miércoles ''¡ trabajaba furiosamente el jueves y el viernes para terminar a tiempo para

3

o

a

s

u

a

f

u

e

r

t

#lit

~

8lII

otro fin desemana (úmdes, 1969:

58.$). »

I.cs amrpesi119$ que trabajaban R domicilio para los manufactureros tenían la ventaja de poder Rtender en bUCUl parte a SU$ n«esidades con el trabajo agr(cola, lZ1go que nopodÚln hacer los arlesanos sometidos almismo sistema. Pero, a cambio, htos ten/an idtd m4s firmes sobre hasttl d6nde estaban dispuestos a trabajar. "Cuando

elcomercio interior y elcomercio

exterior deGran Bretatt2 u desarrol1Jlron, los salarlos subieron y los obreros exigieron camOiAr 14Mparle de SU$ ingresos por m4 socio" (Marglin, 1973·72). Por eso los patronos/ que todirufa nohabfan podido

someterlos al trabajo {tlbril/ r«urrleron 14M y otra W% al parlamento, en el JigZo XV"/ para quefor7ASl mediante leyes a los trabajadores a domicilio a entregar elproducto terminado en plAzos determinados (Htdton, 1920). Tanto en el caso de los pueblos

primitivos como en los de la economía

campesina desubsistencia oeltrabajo arlesanal, incluido el trabajo 11 domidlio, nos encontramosllntt formas de trabajo sometidas solamente, de estarlo, a m«anismos de coerci6n externos. Elcazador primitivo oel campesino est4n merced de la relaci6n entre sus necesidadts y lafuerza productiva familiar, as(como de los cambios eco16gicos/ la aleatoriedad de las cosechas olapresi6n demogrdfic#. Elarltsllno y el trabajador por cuenta ajena a domidlio, por su parle, dependen delos precios del mercado o de la fuerza de intermediarios. Pero en ningún caso seejerce una coerei6n directa sobre el proceso detrabajo mismo. No obstante, esta coercién, por s( misma, tampoco esmuy útilcuando el trabajador controla loesencial de su

proceso de trabajo. Una muestra de ello

la tenemos en la bajísima productividad

del trabajo esclavo. Sabemos que la esclavitud hubo deserabandonada en el declive de la Antigüedad precisamente poreso/ porque cerradas

las fuentes de nuevos éSélavos la sociedad ya nopodía descansar sobre un trabajo tan improductivo (I<ovaliou,

1973; Anderson, 1979).1

o

mismo

puede decirse de la esclavitud

el surde Estados Unidos, con

diferencia de que, en este caos, la bajfsima productividad deltrabajo esclavo seveía parcialmente compensada a corto plazo por una actitud depredadora ante una disponibilidad de tierra prácticamente ilimitada (Willíams, 1973).

tardía en

la sola

Tampoco elfeudalismo u destac6

como una m4quina particularmente

efiau en la extracci6n de plU$trabajo. Aunque los campesinos tenían obligaci6n de trabajllr la tiemI de los seffortS, obligaci6n lila quenopodían escapar salvo huyendo 11 1Iu ciudades o emigrando, la mano deobra se vdiz notablemente desperdiciada en los

latifundios. La explotaci6n

campesinos por los sdlores u Jituaba muy por debajo ellfmitefisio16glco 111

rtdl de los

que tanto u aarcJlÑ despub con el capitalilmo fabril/ Yello tin duda por la rtSÍ$tenda acfit,Q o pastoa delos simx>s: con la mismA tknictl y con tierraI detimilar o mejor azlidAd, el trabGjo delos campeshlol rendfIJ notablemente mmoI en las timru del

seflor que enlas suytU propúD.lnclUlO

Istos se negaban 11 RCeptAr parcel4l

propúD.lnclUlO Istos se negaban 11 RCeptAr parcel4l mayores para sf por temor 11 UIUZ elevaci6n de

mayores para sf por temor 11 UIUZ elevaci6n delas cargas asociadas (Kula,

1979).

Tal como lohaexpresado LeGoff (1983: 64-65) refiriéndose aloccidente medieval ensu conjunto, "en 1Ineas generales, eltiempo del trabajo eselde una economía aúndominada por los ritmos agrarios, exenta deprisa, sin

pre~nporla~tiWd/~n

inquietud por la productividad, Yel de una sociedad 11 su imagen, sobria y púdÍCII, singrandes apetitos, poco

exigente, ~

cepaz deesfuerzos

cuantitativos". Estos hábitos resultaron di/fciles de romper para elcapitalismo naciente. Sin duda porque nosetrataba simplemente de la oposición entre dos culturas -en palabras de Sombari, antes del capitalismo se trabaja y seproduce para

fJif:lir, mientrru con eladMdmiento de

Iste u vive para trabajar y rn:oducir-,

sino del choque entre una cultura construidllll partir del solo criterio del beneficio empresarial, la de la maximizaci6n de la productividad del trabajo y otra basada en un sano c4lculo raCÍDMl de todos, en las disposiciones naturales o, al menos, en la inercia de las ~es/fsiau, la cidtur" que lnucA un equiUbrio entre elesfuerzo y SU$ rtlSultados. !Al formal mb espectaculares de este choqut pueden ome11111donde el Ctlpitalismo entra enslUrlto contado con Unll cultura entmmentedÍ$Hntil. E.s el CIlIO de lA primera colonizAci6n del

Nuevo Mundo o de la explotAci6n

de ,.

fuerrA detrabajo ind(gena todJzu(a My. Ma:t Weber u refiere repetidamente 111 tenuI en su HÍ$torúI Econ6miaJ General: "En los tiglos XVI YXVll (en elsurdeEstadOl UnidOl deAmIrial) u 1ulbúI intentado utilizAr 11 los indiol prlra la producci6n en mASII, pero pronto SI Pi6 que noserofan parll este Hpo de trtlbttjo/ por locual u 1lCudi6l1liJ imJ;1ortad6n deesclavos n.egros" (Weber, 1974; tambUn Wüliaml, 1973). La situad6n de los f11'01'ietarios de

esclavos, fI! enlaÁntfgUtdad, m delo

m4s desdichada, pues áebido 11 su falta de interb en el trabGJo "s6lo 11 base de UnII discipUnII brtrbGra podía obttnme elrendimiento qut hoyfdcilmente IIrraja un obrero Ubre enelsistema contractural. DeQh( que las grandes explotaciones con esclavos constituyeran grandes excepciones; en toda la mstoria aparecen sólo unagran tsCJlla cuando existe un monopolio absoluto en la rama en cuestión"

(Weber 1974: 121).

"lAs colonÚlS capitalistas se

resolvieron por lo regular en plantaciones. Los indígenas suministraban la mano deobra

necesaria. l

}

Pronto seevidenció que

los indios eran IIbsolutamente inservibles para eltrabajo en las plantaciones. A partir de entonces se inició la imporlaci6n deesclavos negros, negocio que poco apoco sehizo con regularidad y adquirió considerable extensión enlas Indias Occidentales". Pero ni siquiera los negros resultaron buenos para el trabajo propiamente fa- bril: "Durante largo tiempo los negros sehan mostrado ineptos para elservicio de máquinas; en muchas ocasiones quedaban sumidos enun sueño cataléptico" (Weber: 254).

En las colonias, la incorporaci6n de la poblaci6n indígena como mano de obra a laindustria exige su previo

a 9 n ll
a 9
n ll

u

a

f

~

iii

u

e

r

!i8SiSS&éU&

i:W7"'a!~~

= ~g

d~iento. AUd donde la poblad&n una legislación saniuinaria contra-la

COnstm2la posibilidad de!ubvenir total optl1CÚÚmente Q sU! neeesidades por

medio di la a~u1tura o el IIrltsill'UUlO por su transfort7flZCi¿n forzada en

indeptndienttl, su paso por la industrúJ vagabundos e indigentes . u legisúu:i6n

s~ ter, como COt7f4ntan compungidos los trataba como 11 deüncuentes los economisw burgueses del -dtsil- voluntarios: !uponúz quede la buena

rroUo·, ef(mero y oauional (dicho sa de

vagancia. A los ptUlres de la IUtual clase obrera se los CilStig6, en un principio,

¡

do

voluntad deelu» dependÚl el que continuaran trrlbajando bajo las viejas condiciones, ~ inexistentes (Marx, 1975a: 1, 3, 918). »

En 1530, Enrique V111legUla en lnglattrrll que los vagabundos atpaI:t$ de trabajllr smln litado! 11 la parle

J ptUO, esto sirve alCJlpital para justifia¡r
i

,

.h

ecoru1mialmente salarios m4s bajos -si

(

Jn

J

J

2

~

;i1

n

t~' ( .

),

-

~a

i

J

I

'''1

1

j ,

metrópoli, rechazan el tipo

d, t'NINjo ,al quepretende $Ometirseles o

inclUlO rro aceptan la explotad6n mRSitxl delos recursos naturales. Miguel Angtl &turW, por ejemplo, ha rqmsentaáo esplhulidamente, en

"Hombre de mA{:", la lucha de los indios maytUluichl contnl los cultivadores de mm:,que a sw 0101violaban elorden

natural al ext,."er de la tima

m4s de lo

quenecesitaban panl su subsistencia. Pero elproblem4 nofue muy dishnto en la indwtriafización de las metr6polis: simplemente, fue apuesto de una manera menos brutal por la literatunl de la ~, recubriéndose la lucha por el sometimiento de la mano de obra rebelde de toda esptdt de moraünas sobre las virtudes del trabajo

y los maJes de la indolencia. En Inglaterra, durante el siglo XVI, masas ingentes deCJlmpe5ÍnDS, jornaleros, pequeños aparceros y antiguos sirvientes [ueron arrojados desus tierras y apartados de sus medios de subsistencia sin otras pertenencias que su capacidad laboral nuda. Ah{ estaba la base humana dela Revolución

Industrial, elfuturo proletariado, pero muchos deestos nuevos ·trabajadores libres", libres decualquier fonna de propiedad que nofuera lapropiedad ajenJl, preferían vagaburu/ear y vivir de rafees y de la caridad pública y privada antes quevender sufuerza detrabajo en las condiciones reinantes en la naciente industria. Por lo demás, ésta ni siquiera era C'lpIJZ de absorber la mano de obra al mismo ritmo queera "liberada" por el

campo.

«

Deah{ -escribe Marx- que a fines del

siglo XV Ydurante todo elsiglo XVI proliferara en toda Europa Occidental

fueran m4s Rltos 51 lnan igu¡zl, pero :la: llb,." en pan parle de la de reproducir las fumas de t1tJbIIjo, al opmrse esta rtprOduccWn

sobre liu espt:tld¡u de otro modo de trrl.5tTtt de un carro y IUOtadOS Iwta

producci6nJ (Gunder Frank, 1979: 11,

236 y u; Mei1Lwoux, 1979).

Gtnmlmente el capital tientque f1t7IM' tIlml7iln fuertes resistencia6

culturales, putI b pueblo! 11 los que tarde que, en CMO de ter arrestados por

pretenden txplobtr tienen una gamA de

neCtlidades mucho menor que la de los

obmOt de la

que

mllne la 5angre, tra! lo cual deber4n prestar juramento deque rtgrtsllrdn a

su lugar deproctdtnCÚl y 51 pondrdn a trabajar; unanueva ley esbtb1«m1 m4I

segunda vez, y tras serfl¡zgelad08 de

esbtb1«m1 m4I segunda vez, y tras ser fl¡zgelad08 de nueoo, les sea cortada media oreja ya

nueoo, les sea cortada media oreja ya la

tercera serán ejecutados. Eduardo VI establece quequien rehúse trabajar será entregado como esclavo a su denunciante, elcual podrá forzarlo a poner manos a la obra con el uso de cadenas y de/látigo si espreciso;si se escapa másdequince dfas será condenado a la esclavitud de por vida y eldueño podrá venderlo, alquilarlo o legarlo; si seescapa por segunda vez será condenado a muerte; quien sea descubierto holgazaneando durante tres días será marcado con una V y, quien indique un fa[s() lugar de nacimiento, condenado a seresclavo enel mismo y marcado con una S; cualquiera tiene derecho a quitar a un vagabundo sus hijos y tomarlos como aprendices; los amos podrán poner a sus esclavos argollas enel cuello, los brazos o las

e pimIIlS panl iJmilflói,Tiimijor,

t

3

1

etcttm.l3abelregu1sl en 1572 que ro, mendigos noautorlzizdos serdn QZ()tadO! ]/, si nadie quiere tomar1Ós asu' smiido por dos aflDs, marClldos a hierro en la oreja izquierda; en Ctl.SO de reincidencia sm1n ejecutados si l'UUlie

los toma a su servicio y en la iercera

OCJlSi6n ejecutado! en todo CilSO. /lIcobo I dicta que los jutets depaz podrdn hacer IUOtar enpúblko/1 los oagabundo! y tnCIlTU1arlos hasta seU meses la primera oez y Juuta dos /lttos 111 ugunda, que m4n QZOtadO$ durante su estanciA enprisi6n, que [o, incorregibles 1t1'II" mllrau101 con la letra R y, Ii son /lmstad08 de nuevo, ejecutados. LA rnayorúl de estas dispoliciones corueroaron suvigtnCÚI hASta comienzOl del !iglo XV11I, siendo derogrulJu por la reina Ana (ibid.: 919- 921). MJu Weber prolonga este panorama:

« El reclutamiento deobreros para la numt forma de producd6n, tal como se ha des/lrrollado en Inglaterra desde el ligIo XV111, /1Nst dela reunWn de todO$los mtdiolJ productivos en manos del ~rlo, 51 rtll1iz6 en ocuiones utüiundo mtdiolJ coercitiOOl muy violtntol, en particular deCJlr4cter indirecto. Entre tsros figunln, ante todo, la ley de pobres y la ley de g¡mndicts de la reina lsabtl Tales regulaciones sehicieron necesarias dado el grlln número de vagabundos que existÚl en elpafs, gente a la que la mJOluci6n agraria habfa convertido en desheredados. u expulsi6n delos pequeffos llpicuItores por los grandes arrendatarws y la transformación de las titrnlS laborales en pastizales (si bien se hatXilgerado la importancia de este último fenómeno) han determinado que el número de obreros necesarios en el

campo sehiciera cada ve4 máspequeño,

dando lugar a un excedente de

población que seuió sometida al trabajo coerciiioo. Quien nosepresentaba ooluniariamente era conducido a los

talleres públicos regidos por seterisima

disciplina. Quien sin permiso del

maestro oempresario abandonaba su puesto enel trabajo, era tratado como vagabundo; ningún desocupado recibia ayuda sino mediante su ingreso en los talleres colectivos. Por este proce- dimiento se reclutaron los primeros

obreros para la fábrial.

Sólo a regaña-

dientes se eoinieron 11 esa disciplina de

trabajo. Pero la omnipotencia de la clase acaudalada era absoluta;apoyábase en

la adminisíradén. por

jueces de paz, quienes, a faIta de una ley

medio de los

3

2

a

9

u

a

f

u

e

r

t

e

-::::::;~

) :;:::-::: _:' :-::;:;;;:::::::.:::;::;~: :~~ :~ ;;:;;:::;;::.,~ ::~~{ :: ;:::::::~ :;.:.:~ ;,,'\:::.:-:;::::::~ ;:::~ :;; ;~ ::;:~ :.::~ ;~ ~ :;:;:.;~ :;::;~ ::::x ;::~ :;:.::{~;;;,,:~::~ ::;:.~::::;:::;;:;:;:;:;:;:;::;;::;;:; :::;:¿ ;;::~ :,:;¿;:~ ::::::~ ;:';:':;~ ;';::;:;i.:::< :;:~ ;:::::::::;:::;,:~ ::;:::::::;:; ~ :::;.:);~;.:;:;;~ :~ :::<:::;:: :::::;~ ::~ :::::::~:~ ;:;:::=::;:~~ .:.:~ :;;;::;;z: ;;;::::::;~ :::::;;:~ ~ ;:.e:i :t:':::-~ ;.':.:;"-::~';;~ :;~ ::* ;i:.:~ s :::~ ~ ::;,:~ ~

obligatoria, administraban justicia Úln sóloconjorm« a una balumba de instrucciones particulares, según el propio arbitrio;hasta la segunda mitad del siglo XIX dispusieron a su antojo de

la manodeobra, embutiéndola en 1JJS

nuevas industrias (Weber, 1974: 260-

1).

»

A principios de la Edad Moderna la concentración de obraos dentro delos tallere: seoperá en parle pormedios coactivos; 'pobres, vagabundos y criminales fueron obligados a ingresar en 11I fábrica, y hasta entrado el siglo XVIlllos obreros de las minasde , Neuxastle iban sujetos conargollas de hierro (ibid: 158). Sidney Pollard escribe, refiriéndose a Gran Bretaña, que:

« Hubo pocas áreas del país en las que

las industrias modernas, particularmeníe las textiles, no estuvieran, en elcaso de desarrollarse en grandes edificios, asociadas a prisiones, CJlSIlS de trabajo u orfanatos

El moderna proletariado industrial fue introducido ~ su papel no tantopor medio de laatracción de la recompensa monetaria como por medio de 11I compulsián, la fue17ll Y el temor lEso/, es raramente subrayado, particularmente poraqueúos histo- riadores quedanpor bueno que los nuevos talleres reclutaban solamente trabajo libre (Pollard, 1965:38; enel mismoseniido Berg, 1983:41).»

Los publicistas, en sintonía conlos poderes desu tiempo, se lanzaron también a la caza. Un folleto atribuido a Dekker, Greuious groan for ihe peor, se quejaba deque "muchas parroquias lanzan a mendigar, esÚlfar o robar para vivir, a los pobres ya los obreros válidos que no quieren trabajar, y de esta manera, elpaís estáinfesÚldo mise- rablemente" (Foucauli , 1967: 1, 106). En 1630, una comisión regia recomienda perseguir "a todos aquellos que vivan en laociosidad Yqueno desean trabajar a cambio de salarios razonables" (loe. cii.). El Board of Trade se propone "volverútilesal público" a lospobres y considera queel origen desu situación no estáen los bajos salarios ni en el desempleo, sino en "el debilitamiento de la disdplina y el relajamiento de las costumbres" (ibid .: 1, 117). La economía poiitica no se queda a 11I Zilga. Beniham propone una organización decasas de trabajo sobre el modelo desu panóptico, mientras Malthus, Ricardo y Say

criticarán toda la legislación asistencial

sobre los pobres y propondrán su

calcula exactamente-el valor desus

trabajos y se les da la cuarta parle

supresión (De Gaudemar, 1981). Say (Foucauli, 1967: 1, 107-108).» propondrá directamente el trabajo

forzado (Say, 1972).

Colberl es perfectamente consciente del papel ~nnativo dela legislación sobre pobres: "Todos los pobres capaces de trabajar deben hacerlo en los días laborales, tanto para evitar la ociosidad, que es la madre de todos los males, como para acostumbrarse al trabajo, y también para ganar parle de su alimento" <ibid. : 110). En 1657 se ordena elingreso de todos los mendigos de París en elHospiia! General, salvo queabandonen ladudad y, según un folleto anánimode 1676,"laprevisión de los directores habia sidotan esclarecida y su suputación tanjusta que el número de los encerrados resultá casi igual al proyecto queaque1los habian hecho: los 40 mil mendigos se redujeron a 4 mil O5 mil, que tutneron agran honor encontrar un refugio en el Hospital; pero desde entonces el número ha aumentado;a menudo ha pasado de6 mil, y es,en la actualidad, de más de 10 mil" (ibid.: JI,308). Un nueoo edicto real de 1661 ordena que "los pobres mendigos, válidos o inválidos, de uno o utrosexo, sean empleados en un hospital, para laborar en 1JJS obras, manufacturas y otros trabajos" (ibid.:

310-11). En el mismo edicto, el rey establece CC"'7W parle del reglamento a obsertar enel Hospital General que "para excitar a los pobres encerrados a trabajar en las manufacturas con mayor asiduidad y dedicación, los quehayan llegado a laedad de16 años, deuno u otrosexo, se quedarán conun tercio de laganancia desu trabajo, sin ningún

descuento" (ibid.: 313). Un siglo más

tarde, un "reformador" de los hospitales dará cuenta de que:

W~a,den~,nosin~nnade

queel[enámeno no quedaba restringido a 1JJS islas británicas: "Lasprimeras fábricas queaparecen en Alemania tienen el carácter deinstituciones obligatorias para ayudar isicla los pobres ya los necesitados" (Weber,

1974: 150;también Mumford, 1970).

En su Historia de la locura en la época clásica, Michel FOUCJlult ha documentado abundantemente esta cruzada en favor delsometimiento laboral delosindigentes, particularmente en el caso francés. En

delosindigentes, particularmente en el caso francés. En , ,'t ,~ ,. 1685, un edicto prohíbe toda
,
,

,'t ,~

,.

1685, un edicto prohíbe toda ~rma de mendicidad en la dudad de París, "so pena de látigo la primera vez;y la segunda, irána las galeras los quesean hombres o muchachos, y mujeres y muchachas serán desterradas" (Foucauli, 1967: 1, 104-5); cuatro años más tarde haycinco o seis mil personas encerradas en París.

«No olvidemos quelas primeras casas deinternación aparecen en Inglaterra en los puntos más ináusírializados del

país: worcester, Norwich, Bristol; queel prima Hospital General se inauguré en

Lyon cuarenta que la primera

alemanas que tiene su Zuchihaus es Hamburgo, desde 1620. Su reglamento, publicado en 1622,es muy preciso:

añcs antes queen París; entre todas 1JJS ciudades

todos los internos deben trabajar. Se

« Los holandeses han inventado un método excelente: consiste en destinar a la bomba a aquellos quedesean eierciiar en el trabajo; hacerles desear el empleo decultivarla tierra y prepararlos para ello mediante un trabajo mucho más

duro . 1

personaje al quese trata de habituar al trabajo en un reducto que los canales inundan,de Úll manera queloaJwgan si no da vueltas sin cesar a la manivela de la bomba. S610 sele dan tanÚl agua y tantas horas de ejercicio como soportan sus fuerzas los primeros días;pero se aumenta continuamente mediante graduación. ["'/ Es natural quese aburran degirarasí continuamente y deser los únicos ocupados tan laboriosamente. Sabiendo quepodrían

1Se

encierra ian sólo al

'~

a

9

Q¡" a8&

í

r

u

~ ~~

a

~~

f

u

e

~~~~tg2 m? ¡~ WCtSe: :

e;'~

!tnlbtljtlr lA'ttm8 del recinto en compa- Aviaricül,

lA ciaIl Cupidigúl de Dante.

r

t

e

3

'~

~

*S! '::e ;

¡ .~~

¡rU*,

" m~~ ~~~=«~.~.:~:.:

pequdfascolonias alrededor deLzs

•fffa, des5rrSn que se les permita irabaiar

Todos los tatos del siglo XVII

.como los otros. Es UPUZ graciA que se Z(S anuncian, por el contrario, el triunfo

infernal de lA Pereu: tS ellA, aJwra lA que dirige lA ronda de los vicios Y los

arrastm" (ibid.: 114).

.lICOrdarrS

falw r. sus disposicwnes actuales (ibid.:

tJlrde o ~no, según sus

325-6 . » Como explica Badt!tlU en medio de

su entusiasmo por la utilidJUl social de J75), '"el personal de las fdbricas

los polder, todo loque el pobre necesiía

1uIcer parrz escape« del castigo tS elementosmás dispares: amrpesinos

decidirse ti trtzbajar, es decir, someterse a

lAs nutVlZS reúu:iones deproducci6n. En

Deacuerdo conMantoux(1962:

e;tuvo,al principio, compuesto delos

f~pulstIdOS de sus IlldetlS por la

,rl-.'ensión delAs grandes prop!etLzdes,

t 1790, enplena rtOOlución, Musquind :lOl.üulos licendados, indIgentes ti

proyectJl una C4SIIcorreccional para

orzgabundas en la tpU ~ semana el trrzbajtuJor m4s iIpliaulo '"reribir4 del señor presidente un premio de un escudo de seis libras, y el que hat¡Q obtenido tresVta'S tI premio habr4

obtenido su liberttul'" (ibid.: 138). Pero

¡ ! parrz esto no Ñli:úI falúz lA revolución: ya un siSIo antes elprisionero que podÚ% Y queria trabajar errz liberado (ibid.: 1,

1 ;",~

.+,

r,,,,

J?~

,;,;~'?:'

118).

El internamiento noes enabsoluto unaforma deeIlridad, ni siquiera es principalmente Untl medid« de orden público, tS, sobre todo, un instrumento

f

;

I

:

·

parrz fo17Ar a la poblaci6n al trabajo .cuando hansidodestru.idJlS las viejas

,condiciones laborales y las nuevas no

.resultJln lo bastJlnte atractivas.

,

i« Antes de tener el sentido medicinal quele atribulmos, o que al menos queremos concederle, el confinamiento

.

'"' 'KOdelas parroquias, los deshedros ,le tt>dJzs las clases y de todos los oficú>s'". Losque másfieramente se resistieron ti caer en lA condición de asala,'Íados dependientes fueron, sin duda, 'os arlesanos y o{icia1es. Un tejedor deGloucestérsltire sequejaba

.
.

fdbrials

IJ,178).

(citildo Por Thompson, 1977.

Los artesanos pre{man maloioir di lacrisis desus oficios, trabajando a domicilio, pero manteniendo un cierto grado decontrol y autonomia en su tra~io,antesque traspasar la puerta dI

las {tibrkas, que eran fa negación desu

independencitl y Il las que vdan como lugartS de dqmroación moral y deshumanización. Como indica TItompson (1977: m, 143),

elA diferenda destatus entre un seroant, un trabajador asalariado sujeto a Lzs órdenes y a la disciplina desu

master, y un artesano, que podta ir y

venircuando le placiese, era lobastante grande como para que los hombres se dejasen mataren su ramo antes de tolerar lesllevasen de un sitiopara otro. Deacuerdo conelsistema devalores vigente en lacomunidad, quienes se resistfan a la degradación estaban en su perfecW derecho de hacerlo.)

En el mismo sentido seexpresa Malcomson (1981~ 126Yss.):sentían un alto respeto porel trabajo "independiente", pero ninguno por el

trabajo '"esclavizJu1o'". M, porejemplo, el número de ~edoresmanuales se mantuvoprdctica:mnete constante en la

primeras dkadas delsiglo pasado

en

hasido Untl exigenda dealgo muy gran Bretaña a pesar deque sus

distinto de la preocupaci6n de lA ingresos disminuyeron en más de la

curacién. Lo que lo ha hecho necesario,

mitady

de que el trabajo fabril ofrecía

hasidoun imperativo de trab:ljo. Donde

salarios

másaltos (Landes, 1969: 86-

nuestra fililntropía quisiera reconocer

87).

í

J

I

"1

señales de benevolencia hacia la enfermedad, s6lo encontramos !JI condenación delaociosidad (ibid.: 102).»

Aunque los pobres internados son explotildos en el HospitJll Genera.' y otras instituciones, tal exp1otaci6.'l distJl

.mucho deser renhzble, competitioa con

:lade lostrabajadores libres. Pero ·70

J que hoy nos parece una dialicfial inh4bif de lA producci6n Y de los prn:ios tenfa entonas su signifialción real de cierlIl conciencia étial del trabajo en que las dificultildes de los mecanismos :«OnÓmiCOS perdúzn su urgendaen ¡firoor de unaafiT77l«ión de oalor" ¡(íbid.: 112). Naturrzlmente, el discurso ,que justifialel internamiento es I esenciAlmente monú: '"En la Edad

.MedÚl, el pn peau1o, radie malorum

omnium, fue la soberbia. Si hemos de

creer a Huizinga, hubo un tiempo, en losalbores delRenacimiento, en queel pecado supremo tomó el aspecto dela

Con el tiempo, la presión mercantil,

fipuzncierrl, polltica Ytecnológiell delos patrones fue desplazando a los ofi~s así en 1838: "Nos /"" rn expulsado de independientes. Pero la incorporación

nuestras casas y mtestTos huertos para

.

.,.

.

_

delos trabajadores a las fábricas todavía

diflcümente a trabajar "bien", Edward Caoe, que quena introducir la maquinaria perfeccionada porWyatt, escribfa al cólaborador deéste, Lewis

Paul: '"La mitad de mi gente no ha

venido a trabajar hoyy nomeproduce un gran entusiasmo la idea de depender degentesemejante" (Wadsmorth y Mann, 1931: 433). Por ello proliferan diversos sistemas disciplinarios fabriles , Si hacemos caso a Andrew Ure, el mérit» de Arkwright no consistió en la invenci6n dela throstle, cuyos elementos esenciales ya habían sido introduddos por Wyatt,sinoen disciplinar a la fuerza de trabajo:

que t1'lÚNljemos como prisioneros ensus noera suficiente para que éstos fábricas y sus e:scu.!la.~deoicio" (citado actuaran a gusto de los patronos. Se les

por Wadsworlh y M/ll1n, 1931: 393). podúz obligar a trabajar, pero

Otro afirmaba anteun' Comité Especial sobre fJls peticiones de I~ tejedores manuales:

«

A ningún hombre le gustJlna

que

Todos losque trabajan en

trabajar en un telar mecénico, se

)

c4ndalo

produce tanto ruido y t~

cualquiera sevuelveloco:y dem4s, hay que someterse a unadisa ulintl que un

tejedor manual nopuede.ueptJlr

nunca. [

los telares mte4nicos lo hucen a lA

fuerzA, pues nopueden

vil tir de otro

modo; suele ser gentes t ~y '1S familias

hansufrido calamidadt S O que sehan

arruinado

sonloque

forn um esas

3

4

a

:J.

u

a

!

u

J

l os

e

r

t

e

-

~~

11 $\11

~

.Xl*.~~

l

;

~,.

~

1

-

e-En lafábrica automática, la

!

nzdicaba [

principal dificultad {

1a disciplina nectsllria ptlrtllograr que

los hombres abandcnartln sus hábitos inamstllntes tUtrrIbajo e identificarlos con Lz regularidad invariable del gnzn tlutómat4. Pero inoentar un c6digo disciplinario adaptado a Lzs necesidades

}en

y

ti laoelocidad tUl sistema autcm4tico

y

lIpliCllrlo améxiio, era

una tmp1'tSIl

di,"" de Hércules, ¡y en eso consiste la noble obrtl deArl:wright! (citAdo por

MArx, 1975:1, 2,517).- »

palalmzs, elsindicato prohibúl trrIbajar

meses de ver'/lI'lO. En 1884,

dUrrlnte los

le asambla loatlllev6 a cabo con b:i1o

moldeadores [del arsenal de

I.enin, por su parle, hizo una lU'erba

11lH

; '.

por hora", Yque d"'lamaRo est4ntÜlr de de la amduct« honorable en el tnlbajo

cadJllami1UUio tU fuerzA est4ntÜlr'"

debúz deser de "'40 x 58parrl cortar 'Watertoum} estaban deacuerdo en que

planchas de38 x 56"'. Nodebúz

ningunotrabajarla contra reloj. Un

trabajarse endetemrinadas festWidades, mec4nico del arsenal deRock Island,

y ningún soplador, lerxmtAdor O cizallador podfa trrIbajar entre el 15 de

iunioy el15 deseptiembre. En otras estantÜlrizados, fueaislado porsus

quefue vistomidiendo la base deuna cepilladOrrl detornillos y abrazaderas

comprzfleros detrabajo. Los hombres que retl1iZJlban estudios detiempos en la Ameriazn Locomotive Cumpany, de Piltsburgh, fumm atacados y golpttuJos por los trrIbajadores en 1911, a ptSilJ' del

frfbriCtl con el conseniimienta de los sindieltos. Úlllptlricién de rtÚJjes y de tIlrjetas detrrIbajo en Norfolk Navy

Yllrd en1915 prooocó unaenorme

huelrzy unamIlnifestJlCión en el sindfCAto "en una protestll enérgiaz".

esos relojes "como parte del mobilúzrio"'.

Úl mera sospecM de que se iba ti

unalarga huelga para proteger su limite

Lz St17UI1tII,

de 48 CIljas de vidrio a

norma que sus miembros considtra1J4r¡ 1r«ho de que se habúzn introducido en Lz

clave pmz preservar Lz dignidad Y el 1le

nestardel oficio (Montgomery, 1985:

30-31'.

" crftial tU Lz Ley de Multas impLzntadJt

, contrrIlos trabajadores fabriles porel Zllrismo,lIun cwmdo enparle era un

" intentode refreNl1' 111 discredonalidad

,"

o'

:,'.;

,

"

~

.

.

f4d1mente una cuarta parte tU los

SIl1arlos de los trrIbajadores y, en

Illgunos casos, la mitad, se dirla sobre

Elsindielto nacional de

moldesuWres dehierro estlzbltd61fU1 ningún miembro podrla ir 11 trabaflll'

de los ptltronos -en respuestll a 1a

protestll obrera-.LA imposici6n de antes deLzs siete tUlal1Ulñana. (;bid., Cinco lIflosantes, los m«ánicosde

multas, quellegaban a absorber

32). Un estudio de1912 sobre la

industrúl del acero revd6que en los

hornos 111 lugar abierto, el ocio tU los

trrIbajadores iba del54por cientc, del introducir un estudio de tiempo en los

Starrd Tool habfa decidido considerar

todo contnI diversas formas de turno parrl un segundo ayudantl! ti70 Wleres de reparaciones delnlinois

indisciplina en el trabajo porpari« de

unac1ase obrera quenohabúl perdido 'Análogamente,

$U$1azos conel campo o eltlrte:sano. A tlltos hornos trrIbajaban denodaiülntente ofidos y provocar unahuelga en 1911 '

porciento ptlrrl un colador detlQmI. Cmtnzl Railroad fue sufidente para

"los Jwmbres tUlos

duranu 38porciento delhfrno, modera damente durtlnte el3 por ciento l'

ligeramente, por nodecir naJ¡" I Urtlnte

59).

forju un frente unido de todos los

primero fJistll puede parear quelas multas no eran sino un truco de los patronos pa1t1 embolsllrse una m¡zyor amtidad tUplusvalor lo que

probablemente era ckrto. Pero el hecho ciento restllnte a vigiLzr el h,Jrnl'" (ibid., porque, a pesar tUsu carécter no

deque elsistema siguiera I1Ulnteniendo

el 47 por ciento, Y dedialban ell :Z por datos, testimonios Y valoraciones

que duro cuatro sangrientos dos (ibid.,

144-145).

Hemos traMo a colación todos estos

obligatfl tilos ptltronos a destinu lo

obtenido ti distint4s fornul deasistencúz delos trabajadores cualifi:mios, ;1UtSto taretl ftSdl. Conseguirlo exigió, en

soci4l tilos trabajadores, ¡ndielquelo

siendo dunznte largo tiempo UPl '1astWn

que sus conocimientos y Ilestre~lS

tnzbajadores 111 sisterna/llbril nofue

primer lugar, privarles decua1esquienz

pmnanederrm impresd, ulib1es!UZStll la otras posibilidades de subsistencill. Fue

ftuu/Ilmental era su CJlrdcter

disdplinario (Lenin, 1972: 11, 33-72).

.

Aunquetos trablljadores asaÚlriadOS perdieron pronto elcontrol sobre la durtzci6n desu tiempo de trabajo, lo

mtmtuvieron dunznte un per(odo sobre

$U intensidad. Yaunque habúln perdido el control sobre elprodudo desu

tnzbtIjo-

pbdida quese remontllba, tU

hecho, alsisterna de trrIbajo 11 domidlúr, lo mantenlan en un grado considertlble sobre elproceso, o stII sobre elproa- dimiento tU rtlllizar sus tIlrtQS. M, por ejemplo, en los estlztutos de Lz asamblea lócaI número 300de los tnzbajadores del vidrio deventllna del8s Knights of Lal-or {en EstAdos Unidos tifines del sigloXIX} habúz 66 ·norl1UlS de trabajo"'. Estas especificaban que"en cadIl crisol'" debúl estllr presente todo el grupo de trabajo; que Lz fusión s6lo se podfa hacer al comienzo delsoplado y en lahora delalmuerzo; quelos sopladores

y los levantadores nodebían "'trabajar Il &ni ritmo superior ti nuevelaminados

llegru/Q tU la lTUlquinarill autom4tial de

necesario arrancar tilos campesinos del CJlmpo, lo que se Iogr6 gracúzs tila combinaci6n delcrecimiento

comunales, laextensión de las gnzndes propiedJzdes en detrimento tUlas pequeñas Y 111 capitalizJlción tU las explotaciorus agnzrÚlS. Hubo que

predsi6n y el taylorism () (Úlnd'~, 1969:

306-307). Los artesanos y oficitlles

llevaron ronsigo tilos 'ttllJeres un alto y demogrdfico, 111 supresión de tierras

"gido concepto sobre iadignidad tUl trrIbajo. Por ejemplo, Lz tendencia de los inmignzntes campesinos [en Estados

Unidos, pero probabl17nente por empujar IIlns oficios tnzdiciona1es ti Lz

doquier! ti trrIbajar tlfnwsamente cuando estaba prtse' 11 e Lz autoridad y ti holgazanear cuand() lZt4ba a~te [ pronto sesustituyd en Lzs mtnas de

!

ru,na y Lz disolución, partllo culll se quebraron sus privilegios monopolistas,

se les arrebat6 elcontrol delaprendizAje y el acceso, sediseñ6 maquinaria fuenz

CJlrb6n o en los talleres tU fabricación de de su tllalnce eronómico y hasta se

vagones por Lz Itk:ll del artesano de ne~rsea trabajar cuando estaba mlrtlndo elpatr6711 (Montgomery, 1985:

prohibió s u organizAción rolectiva, lo que, junto con las presiones del mercado, determin6 su degradación hastll su prrktica desaparición en los terrenos delatlCtividad econ6miaJ codicúu(os porelcapital. Por lodem4s, esteproceso nopudo completarse sinoti medida que secerraban las fronteras

econ6nlials, esdecir, ti medida que

desapt1reda Lz posibilidad tU esatpar 111 NuetIO Mundoohacúz las frontenu

61).

"

Como puede 11nagtnarse, estll

tradición ltiaI art,!SQnal ac~ muy malloscomienzos de taylonsmo. Para el artes. mo, los estudios simbolizaban súnult4neamente el robo

de sus conocim¿mtos por parle de los

patronos Yun ult"Jlje contnz su sentido

sistem4tit:o, parecen suficientes para

---,·-rtJ4¡¡-sufjjgentunltsl'uls-ae-que se--------Úl$ind1tStrias-de-monbzje-slp.uierott-mostnzr-que la-adaptJzció1rddos---

a

g

u

a

u

e

r

t

e

3

5

~

1/ 1.

.

~

UtImoreIno

presenta sus novedades

RETRATO DE UN ALBAÑIL

TELO NES

ZURCIDOS PARA TITERES CON HIMEN (Arturo Carrera

&: Emeterio Cerro)

SANTA RITA

(Carlos Basualdo)

LOS FIFRIS DE GALIA

(Emeterio Cerro)

EL HUESO DE LA MEMORIA

<Verónica Zondek)

HASTA EL SOlSI1CIO

ADOLESCENTE &:

(Roberto

Piccio tto)

CARECE DE CAUSA (los é Kozer)

MUERTE. ORDEN. ANTEMUERTE

(Elsíe Ví vanco)

LE]lA

(Cris tian Aliaga)

GALERIA DE ECOS

(Alberto Boco)

FONDO BLANCO

(Horacío Zabaljauregui)

MINIMO FIGURADO

(Sergio Bizzío)

PAISAJE CON AUTOR

(lorge Ricardo Aulicino)

BARROCA MENTE

(Ricardo Gílabert)

LAS MINIATURAS

(Rcynaldo jíménez)

MERCADO DE OPERA

(Víctor F. A. Redondo)

EL U BRO DE UNOS SONIDOS:

14 poetas de l P erú.

[855 -3472 ]

'&':~

~

:o:;~~

:-'

",:,··,':" ~'''''''il~==>'= ~

1<~

móviles de éste. En segundo lugar, la organJZJICUIn del trabajo que hoy conocemos esel resultado de una farga cadena de

",npiel05 globaks, secior a seaor,

industria a industria, fdbrial afábncay taller a taUer entre los patronos Yíes

trabajadores.

Esros .conflictos se dt1SaTTO

~~~ ~

En cuarto y último lugar, fue preciso ~rar los mecanismos institucicJru¡les para que cada nuevo individuo, Imtes de incorporarse al

trabajo, recorriera en a/los ti camino

que susanúxesoTes habfan recorrido en siglos. Este mecanisma no podfa estar en el trabajo mismo, pues las leyes sobre

lIaron -y se desarrollan todavúl- en el lugar de trabajo mismo, y 5610 mllY ltnúzmentefueron sa1d4ndost COI! victoria tras victorilz de los patrOIt08. Primerofue laasfixill financiera delos artesanos independientes y su dificultad

para aaeder a los mercado« nacionales e inftmdll. Tampoco podía estar en la

el empleo de los nitlos en las ftlbrials

rompieron 1a úniaJ posibilidad: el aprendizaje que, intensamente degradado a partir desus fornuzs aTÚsana1es, sehabfa convertido enpura V simple super:explDtJu:i6n de 1a

fimlília, pues ~ta1uJ conservado,

internadonales .como vendedon!S

de

productos tenmnados o como au:-zqut diluidas, muchas delas pauÚlS compradores de materias primAs, que les de comporlmnientos Yrelaciones que 1a hizo caer bajo la{éru1a del sisterna de CtJrtlderiz.aban CUilndo eran unaunidad trabajo a domicilio. Des¡nds ft.~su de producción agrico1a o artesanal, y

agrupaci6n bajo un mismo techo y ti 1as 6rdenes de un solo patr6n. A fíGrlir de

ah{vinieron, inatricablemente unidos, tri rbajo.

los cambios en la organiz.ad6n del in vent6

proceso de trabajo, desde la dirlisión dc,nde no las habúl, se reformaron 1as

manufacturera ~ ~ Úlrt!lZS !W

al~nas incluso reforzadas desde que

d;;6 de serlo y se 1iber6 de 1a carga del

Habúz que invenÚlr algo, y se 1a escuela: se CTerlron escuelas

e:ristentes y semt!W1'0'. lafuer7J1. a t.>dil1a población rnfrmtil en ellas.

:\,",,;

""'}

[]

ta

los

estudIOS de mooimienu» y tiempos, y 1a

sustitución del trabajo VJOO porcapitlll fijo, desde las formas elemtntllles dela mecanización hasta las mássofisticadas de la automatización y 1a 11 informatización. En iodo este proaso, los patronos pudieron valerse no$dio de su prepotencia econámica, sinotambién

!

)

,J ti

I

'1

y mucho del poder policial, judicial Y miliÚlr del Estado. En tercer lugar, fue necesaria una

profunda reoolucián cultural. lA

'"eamomÚl moral" -en palabras de Thompson- delos artesanos y las tradiciones de los campesinos fueron

barridos porla idrologfa capilJllislJl del "'libre'" mercado. Elprofundo respeto por el trabajo personal bien h«ho dej6

paso alfetichismo dela maquinaria. lA

búsqueda de un equilibrio entre 1a SIltisfaaión delas necesidades de consumo '1 el esfuerzo labond necesario partl ellofue sustituida por 1JI identificaci6n del bientslJlr con elmito

J del consumo sinfin. La estimad6n del trabajo como parte integral de lavida quedebfa serjuzgada por sus valores materiales y morales intrinsecos cedió el terreno asu consideradén como mero medio de conseguir SIltisfrucio~ extrinsecas. Las reJes comunitarias de solidaridad, reciprocidad y obligaciones mutuas deartesanos y campesinos, e incluso el rigido c6digo dederechos y obligaciones entre el campesinado y 1a nobIeu, fueron reemplazmios por 1a

atomizaci6n de las relaciones sociales" 1a

expansión delindividualismo y la guerra de todos contra todos.

ANDERSON, P. (11179): Transiciones do la

Anliguedad al Feudalismo. Madrid, Siglo XXI.

BERG,

training robbery, Boston Bacon Presa. ClrlAYAtm , A. B. (1966): TIle tIleory 01peasant ecooorny. Homewood, 111, Thomer Kerblay and Smilh. FOUCAlA.T, M. (1967): Historia de la locura en la época cib ica. MéX ico, Fondo de Cultura Económica. FREEMAN. R. B. (1976) : The over·educated American. NuevaYorll, Academic Presa. GUNDER FRANK. A. (1919): La aisls mundial,

vol. 11, Barcelona. BnJll8f8.

KOVALlOV. S. l. (11173): Historia de Roma,

Madrid. Akal.

KULA, W. (1985): Teorla económica del sistema FeudaJ, México, Siglo XXi.

lAFARGt

México. Grijalbo.

LANDES,

Prometheul: Tectlnological change and industrial

dewlopment in West9ffi Europe lrom 1750 ID !he

present , Nueva York, Cambridge Unlvers ity Presa.

LEGOfF. J. (1983): Tiempo. trabajo y ClJltufa en

., Occidente m8die'J3l, Madrid,TlIlJnJlI.

LEE,

humer, Chicago, AIdine. LENIN, V. 1. (1972) : Explanalion 01 !he Law on !he Fines inposed on faclOly worker's. en V.I.L., Complete Works, vol. 11, pp.33-72 . Moscú, Lawrenoe and Wishart ·ProgrelO. MALCOMSOM, R. (11181) ; Lile and Labour in England, 1700-1800, Londres . And ouU ine 01 !he beginings 01 !he moler laetOlY systems. Londres. SAHLINS. M. (1977/ : Economla de la edad de piedra, Madrid, AkaJ. THOMPSON. E. p.119n) : La fonnaci6n histórica de la clase obrera . ~l vols ., Barcelona,Laia. WEBER . M. (1974) . HlslOria económica general, Madrid, Fondo de C~ltura Económica. WIlLIAM5, E. (1913) : capitalismo y Esclavitud, Bs. Al Siglo XX

(1968) : Man tIle

1. (1971) : Education and jobs : TIle great

E

. P. (1970): El derecho a la pereza .

D.

S .

(1969) :

The

umbound

R. B. Y Devore. l., eds.

E3I BASTA! - • J--., - .-l 0 Daniel Angel luzli, nacIó aqul, en Buenos
E3I
BASTA! -
J--.,
-
.-l 0
Daniel Angel luzli, nacIó aqul, en
Buenos Aires, hacia 1960. Entre las ex-
posiciones colectivas ~ realizó se dessa-
can, 'Argentina para México', 'Mencl6n Es-
pecial de la Embajada de México' en 1985:
'Croquis Teatro Colón', 'Primer Salón
Gremial de Mes Plásticas' en 1986; y la
exposición auspiciada pcl( la USA , fifiales
San Mart ln y VICente López en 1988. En
cuanto a las exposiciones ildivlduales vale
nombra!' la auspiciada pcl(la UBA y la caja
Nacional de Ahorro y seguro, filial Ave-
llaneda y filial
Ramos Mejla en 1985 y 1986

respectivamente. 'La falacia de la culbJfa oficlaJ -escribe en su artlcufo '8 arte latinoamericano'- se presenta en utUlzar la historia solo desdela I

perspectiva de rescate de '1écnicas' de los grandes maestros ~ produjeron la ruptura del arte; pero olvidan ~ maestros como Van Gogh en su lucha contra la CUtlXa oliciaJ de ' 3U época también fueron acusados de no saber pintar o de pintar mal por no respetar klS

parámetros culttxaJes establecldos

-J

). (

Por otro lado debemos entender loque buscamos

y luchamos por esa Mva 'ruptura' con el arte oliclaJ es que no debemos romper con :Os

moldes trad'lCÍona!es para establecer MVOS moldes, sino para Jograr en la diversidad en- contrar el erviqueclmlento del ane y no lXl8 MV8 'lictaclln artlstlca de l.Il sector sot>''8 otros'.

.,.Pct ~iWl hay que bw? Pct al rtl\ejo

deá , por 10

del rt lto en al espejo OSCUIO , •

c.onsabido Ypor lo inpreciso; por Jmi Hendrix que nlOO6 mal (la isla di mU8l1DS qoerictlI •

exlllnsa), por las mujeres y por los hombres mal amaOOs, por elporvenir (cantado por Si'Iio R~'uez), por la conspiración a favor di la himn¡¡; por lo que lit sabe: l.fl ~ano (Jarre!,

Corea) klcarnil el color del eotaz6n en plena

OSClXidad milflns afuera arden las kJces qJt

ilumillllll las ningunas partes. Hay qut llorar

por la frase: 'como si laItaran ~.OOO cama-

,lesapatecidos', por los desahuciados,

por los lJt nada tienen q.¡t perder, por elb'ol$o

radas

kismo llgentíno. por la /jslcria de esta ax1rafIo pala; pot ti ~ ~e hacemos (nuesn aJlpa

lIn ~); por las miMrias. ¿Pct lJl6 SIl necesita en la coyIIIm ~

~tica actual 1orar7. No se pueden 8I1lI-

m lasrazones ya: leer sino el A1eph patI

comlJObIr larickulez boIgiana. Hay que Rorar pila que 101 violines Im~lnarioI tlIlllntn " COI8Z6n l.fl poco. al. tambi6n, Imaginario. Hay

qu.1orar por las peIlcuIu de Bustar Kellon;

hay que Uorar por las poattrgadon81 di la

aJegrl& No hacen falta meláforll del linte: la lI- vla Y101ojos. las liQr1mu ylas luces, 101geml- doI y Iu calles ilciertal; haet " Iorw por

llorar como .1 cocodrilo d. F.II.b.rto

HemindtZ; hay que IIorJI tlI ~

101 Iadoe,

.n loe b8lII, .n ras vndu, , en \os ántl; Y

por mucho que loremos no YltnOl a entonll'lr la cicha propiam.nte ckha, la alegria ni la lit- r1a di vMr ( Iorarnos ind' nadol?J . El ~en.más b~oque 101 catllol ele Iall di

Glorondo .Jos oxida-. Recuerdo en loe filtroI di mi memoria de

,~

oceloll culbJral que lIngo, Aati.r IIor6 por la

violencia di IU fracaso. liay que lorw de 11I

manera ~e SIl Ill/eda. luego de lanlCll afIot,

hablar

IIn veroOenZl, de la trlsteZl y IUI

cosas. Hay que Iorar poi' ladiaIteb di la,

YOluci6n. Pct esla realidad fanDdlt de IU m.

ma virtJJarJdad hennosa; por es

bu aot

pregunta: ¿donde estar"'?,

¿~. hicieron di sus vidas? los etec1DS del Shock IUrr-.lista en esta sociedad SIl manil.

tan 811 loe gestos delllankl.

Ial que uno

AcotdírM lafruición de MaJdoror alaotbtr

las légrime del ni~ito acosado (las IégrVnlS,

no lo olvidemos, sabrosas, no tienen para

lauhamont gusto alguno).

#1, esas caruchas desoladas cuando en- tienden, p/ate de sopa tria de por medio. la soledad. lIuew sobre los andamIOS Ysobre los rieles y sobre un malcite 10 de agoste. PelO anod'Iacert

Hay que I()(ar por los recuerebs, poi' los

orgasmos raaI&s como par1Il constihJ~va de la conciencia ¡x¡sible (los vitJales al vez corre$- pondan alaconciencia reaJ). 1987.

Grupo de la. doslunasMenguanl

I

POESIAYPOLITICA La poesla bal1acantacarTinajuega por el horizonte de la nueva polltlca: el grupo de poesla
POESIAYPOLITICA
La poesla bal1acantacarTinajuega por el horizonte de la nueva polltlca:
el grupo de poesla ean:tue. durante el agotado Agosto reunió a la poesla
joven de todO el pals:fue el mejor encuentro al regreso de Juan Gelman.
En la primera noche, mágica Y humana, P\chuco habló sobre su ban1o;
con voz borracha cijo que nunca se habla Ido de
su barne. Luego, José
Luis Mangleri. al fundamentar por qué Gelman no es "un esteta de la
rrusrte" elaboró uno de los dIscursos polltlCOs más poéticoS ¿o al revés?:
desde Rlmbaud hasta Paco Urondo, Gelman es hermano de esta tradi-
ción, de esa hIstoria que late en la historia. Después Juan Gelman leyó
poemas ponlendo el acento, como se sabe, enel poema.
Al dla siguiente los jóvenes poetas del pals se reunieron a Intercam-
biar experiencias de la aedón poética. bellamente desplegada. Hablaron
sobre la relaclón entre movlrTiento Y grupo de poesla (los grupos tienen
que trabajar parael movlmento de la poesla y no al revés); demostraron
ser lf'Tl'Utsores de las publcaelones y no sus propietarios. Todo esto en
medio de un clima de soDdaridad e Imaginación Increlbk)s. Al término del
encuentro se realzó unamarcha de poesla bajo la consigna "con nuestra
poesla a la calle recuperando tos suenos perdldos-; por Comentes se
repartieron poemas en vez de cuadradoS volantes YseInventaban cantos
como estos: -poesla y utopla para la revoluclón" o "paredón, paredón a
todos los poetas que escriben en La Naclón-. En el obelsco se realizó
una suerte de recital asamblea por más de unahora y
nadie se aburrió.
Asl, la poesla ballacantacamlnajuega por el horizonte de la nueva
política.